El Materialismo Filosófico analiza la conexiónentre elconcepto de Ideología y la Democracia realmente existente en el presente
Archivos Mensuales: octubre 2009
IDEALISMO DE KANT CRITICADO DESDE EL MATERIALISMO FILOSÓFICO: DOCE TESIS DE GUSTAVO BUENO VS DOCE TESIS DE KANT Y SUS CONTINUADORES EN EL PRESENTE

IDEALISMO DE KANT CRITICADO DESDE EL MATERIALISMO FILOSÓFICO: DOCE TESIS DE GUSTAVO BUENO VS DOCE TESIS DE KANT Y SUS CONTINUADORES EN EL PRESENTE
Concepto e Idea de Cultura
mito de la culturael mito de la Cultura
El enfoque crítico materialista que aplicamos en este wiio iplica que sea necesaria una completa revisión sobre el significado de la Idea de Cultura , tanto en la llamada Atropología científica(positiva) o Concepto de Cultura, como en cuanto a la llamada Antropología filosófica( Idea filosófica de Cultura)
Este texto de Gustavo Bueno desarrolla ampliamente la cuestión. El libro titulado El Mito de la Cultura, del mismo autor del artículo,srá una obra imprescindible para aquells lectores que quiseran ampliar este tema
DEFINICION DE DIALECTICA presentación en ppt
Para estudiar el concepto de dialéctica, el cual es fundamental en el trabajo filosófico, ponemos aquí una presentación enpower point que pensamos que resultará de utilidad
Kant y la Ilustración para estudiar , formato power point

http://educahistoria.com/reportajes/kant/preskant.php
Este es el enlace donde tenemos los seis bloques en formato ppt acerca de Kant y la Ilustración
frases en slideshare.net
texto sobre los límites del conocimiento
Los límites del conocimiento humano
La física newtoniana cambió nuestra percepción del mundo. Para el positivismo la experiencia sensible proporcionaba una información verdadera de los objetos. El positivismo, en definitiva, admitía que podemos tener conocimiento seguro y directo del mundo real, creía en la existencia de un objeto con independencia de la mente que lo conoce. Esta forma de concebir la realidad se denomina objetivismo, pero los hechos no son objetivos sino que se fundan en un mundo anterior a la ciencia, un mundo precientífico.
Desde Kant sabemos que el mundo es mundo para un sujeto que lo contempla y le da significación y sentido. El sujeto cognoscente (el científico) elige unos rasgos de los hechos y los declara esenciales en detrimento de otros. Por ejemplo, los elementos fundamentales (objetivos) del hecho son la velocidad, el espacio, el tiempo, la gravedad y los elementos no esenciales (subjetivos) son el color, el peso, la belleza, etc. Así, en la fórmula de Galileo V = e / t la caída de un cuerpo queda fijada en esas variables. Sin embargo, ¿describe Galileo un hecho tal cual es? El conocimiento del hecho que hemos obtenido nos aparece como tal porque es un conocimiento útil que nos permite controlar técnicamente el fenómeno de la caída de los cuerpos. Recordemos que Galileo no indaga en la esencia de las cosas, no aspira al conocimiento de lo que es y no cambia. A Galileo le importaba la relación matemática que expresa con exactitud los fenómenos y le permitirá dominarlos. Si no le interesa penetrar en la esencia de las cosas, es porque el saber de la ciencia moderna es un saber con intereses técnico-cognoscitivos. Galileo no encuentra lo que hay sino lo que quiere encontrar. No hay mirada sobre el mundo sin un para qué, una finalidad que la guíe: lo que vemos depende de nuestro objetivo. La objetividad del físico no es la objetividad de la mente que refleja la realidad. La retina es como un espejo, pero no vemos lo que hay reflejado en la retina, sino una parte de ese reflejo: la que escogemos según el método científico que elijamos. La pretendida objetividad del mundo natural, del mundo fenoménico, no es nada más que la construcción de un sujeto interesado por controlarlo técnicamente.
La teoría matemática del espacio-tiempo tuvo una gran importancia epistemológica para la teoría de la relatividad de Einstein. Algunas hechos que la mecánica clásica, la newtoniana, consideraba absolutos ( por ejemplo, la simultaneidad de sucesos espacialmente distantes, el tiempo transcurrido entre dos sucesos, la longitud de un cuerpo sólido extenso, la separación de un espacio-tiempo cuatridimensional en un espació tridimensional y un tiempo unidimensional) se convirtieron en relativos al observador. En la física cuántica, la física de partículas, ya no considera la materia como la máxima expresión de de lo estático y predecible. Para Heisenberg la física cuántica sólo calcula posibilidades, los átomos no son cosas, sino tendencias. Pero entonces, ¿quién o qué elige de estas posibilidades aquella que será la experiencia misma?. La recuperación de la conciencia del observador junto a la elección de un sistema de coordenadas en el espacio y el tiempo, supone la vuelta a los supuestos epistemológicos kantianos que había olvidado el positivismo y el neopositivismo. En la actualidad, la física cuántica ha recogido el testigo de Kant al recordarnos que la estructura ontológica del mundo no es independiente del sujeto que la conoce y que en el conocimiento, en la ciencia, hay siempre una subjetividad que elige y que es fundadora de sentido.
KANT un texto comentado para modelo de ejercicio
Texto extraído de la obra de Kant: Idea de una historia universal en clave cosmopolita y otros escritos sobre filosofía. Tecnos, Madrid, 1990
FUENTE: Pedro López Ortega , en http://www.boulesis.com/didactica/textos/?a=163&p=2
Aunque pueda tenerse con propósito metafísico un concepto de la libertad de la voluntad, sus fenómenos, es decir, las acciones humanas, como cualquier otro acontecimiento natural, están determinados por leyes generales de la naturaleza. La historia, que se ocupa de la narración de estos fenómenos, nos hace esperar, por profundas que puedan ser sus causas remotas, que, al observar el juego de la libertad de la voluntad humana en conjunto, se pueda descubrir en ella una marcha regular; igual que se puede llegar a conocer en el conjunto de la especie, como un desarrollo en marcha constante, aunque lenta, de sus disposiciones originales, aquello que se ofrece confuso e irregular a la mirada en los sujetos particulares. [...] Apenas si reparan los hombres en particular, ni el mismo pueblo en su conjunto, en que, al buscar su sentido, según su propio propósito y a menudo en contraposición a otros, persiguen sin darse cuenta, como hilo conductor, el propósito de la naturaleza, que desconocen, y colaboran en su misma promoción, aunque, si les llegara a ser conocida, poco les importaría.».
CUESTIONES:
- Análisis del texto: ideas principales (Valoración 0-4 puntos).
- Análisis de los términos subrayados en el texto (Valoración 0-2 puntos).
- Relación de Kant con otros autores o corrientes de pensamiento: aproximaciones y diferencias (Valoración 0-4 puntos).
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Pregunta 1.- Análisis del texto: ideas principales
Las divergencias surgidas en el ámbito de la razón, entre el racionalismo y el empirismo, le llevaron a Kant a plantearse, como tarea fundamental de su filosofía, la necesidad de someter a examen la razón. A ello responden sus dos principales obras: “Crítica de la Razón Pura”: ¿qué puedo conocer?, y “Crítica de la Razón Práctica”: ¿qué debo hacer? Posteriormente publica la “Crítica del juicio”, cuyo objetivo es establecer el principio de la fundamentación a priori del sentimiento de placer y dolor. En 1784 editó un opúsculo titulado “Respuesta a la pregunta ¿qué es Ilustración?”, que contiene las ideas fundamentales de su filosofía política. En ese mismo año 1784 publica “Idea de una historia universal con propósito cosmopolita”, que recoge su filosofía de la historia.
El opúsculo, “Idea de una historia universal con propósito cosmopolita”, constituye el eje en torno al cual gira la filosofía de la historia de Kant. Él considera la historia como un posible sistema de las acciones humanas. Su visión cosmopolita de la historia establece la necesidad de acuerdos entre individuos y Estados desde la responsabilidad.
“Aunque pueda tenerse con propósito metafísico un concepto de la libertad de la voluntad, sus fenómenos, es decir, las acciones humanas, como cualquier otro acontecimiento natural, están determinados por leyes generales de la naturaleza”.
El texto comienza planteando la posibilidad de un doble concepto de libertad: uno metafísico, como idea, y otro fenoménico, referido a las acciones humanas.
En la “Crítica de la Razón Pura” distingue Kant entre noúmenos o mundo de las cosas en sí, y fenómenos o mundo de las cosas tal como yo las percibo. En sentido fenoménico, afirma Kant que, al igual que cualquier otro acontecimiento natural, las acciones humanas están determinadas por las leyes generales de la naturaleza.
Esto nos lleva a plantearnos si, desde el punto de vista kantiano, es posible hablar de libertad en un mundo determinado, y si se puede sostener un discurso moral o un discurso histórico sin afirmar la existencia de la libertad.
La distinción entre el uso especulativo y el uso práctico de la razón abre las puertas a la posibilidad de la moral, y a entender la historia como el ámbito objetivo de la realización de la libertad, y no como la marcha regular de una cadena de causas y efectos
Aplicando esta distinción a la noción de “voluntad”, podemos hablar de una voluntad libre: cosa en sí (noúmeno), no sometida a las leyes de la naturaleza, idea pensable, y de una voluntad no libre: fenómeno, objeto de la experiencia, sujeta a las leyes naturales.
Estos conceptos nos permiten hacer algunas consideraciones:
En primer lugar, el mundo fenoménico está regido por la necesidad de las leyes naturales y, por tanto, no puede concebirse en él la libertad, pues se incurriría en contradicción. Mientras que el mundo nouménico se rige por la libertad que, en cuanto cosa en sí, no puede ser conocida por la razón especulativa y es, por tanto, una mera suposición, una idea.
En segundo lugar, la idea de libertad no implica en sí misma ninguna contradicción, es decir, es perfectamente concebible, aunque no pueda ponerse ningún ejemplo en el mundo sensible, y juega un papel decisivo: es la condición necesaria de toda conducta moral y la explicación de la marcha uniforme e ininterrumpida de la mayor parte de los acontecimientos que constituyen la historia.
“La historia, que se ocupa de la narración de estos fenómenos, nos hace esperar, por profundas que puedan ser sus causas remotas, que, al observar el juego de la libertad de la voluntad humana en conjunto, se pueda descubrir en ella una marcha regular”
Para Kant la historia humana es el ámbito objetivo de la realización de la libertad; es resultado de una tendencia natural que conduce al ser humano a su plena realización. Precisamente, a explicar cómo, en su marcha histórica, el hombre va realizando las disposiciones naturales u originarias que hay en él, dedica Kant esta obra.
La más característica de las capacidades de la especia humana, según Kant, es la razón. Él, al igual que los filósofos ilustrados, cree en el progreso de la razón y en la perfectibilidad de la especia humana, que explica como un proceso de realización de las distintas disposiciones naturales u originarias con las que la naturaleza ha dotado al hombre, y que nos permiten descubrir el hilo conductor de la historia.
Los extremos del desarrollo progresivo del ser humano son el instinto y la razón. Entre ambos extremos, la historia del hombre encuentra su lugar intermedio en el espacio de la libertad. Sólo es responsable quien puede actuar con libertad, o sea, con independencia de inclinaciones sensibles que, por ser tales, siguen las inexorables leyes de la naturaleza.
La moralidad como meta de la determinación final del hombre supone la historia. Pero ésta es el escenario en que el ser humano representa todo lo que en él hay de egoísmo, pasión, rivalidad. Los antagonismos que brotan de las disposiciones a la animalidad y a la humanidad constituyen el motor que pondrá en movimiento la marcha ascendente del hombre hacia la moralidad. El conflicto de los intereses individuales llega a tornarse apremiante y obliga al individuo, que sigue una libertad sin ley, a ingresar en una sociedad regida por una constitución civil, es decir, a fundar el Estado
Pregunta 2.- Análisis de los términos subrayados en el texto
Libertad de la voluntad. La libertad es para Kant una de las cualidades que definen el ser humano y, tal como aparece en la Critica de la razón práctica, uno de los postulados necesarios para construir una moral. Si el ser humano no fuera libre, no sería posible hablar de comportamiento moral o inmoral. Sólo es responsable quien puede actuar con libertad, o sea, con independencia de inclinaciones sensibles que, por ser tales, siguen las inexorables leyes de la naturaleza. Para Kant, la libertad es la capacidad humana de decidir, teniendo en cuenta su dimensión racional. La cuestión que trata de dirimir Kant en el fragmento (y esta obra en general) es precisamente si esta libertad humana es compatible con la idea que rige la historia, combinando así necesidad y libertad.
Uno de los postulados en los que se apoya la exigencia moral de obrar por el respeto al deber es el de la libertad. El hombre participa de la naturaleza y está sometido a sus leyes; pero el hombre es algo más que naturaleza, pues tiene un modo de determinarse que le permite desligarse de las cadenas de la sensibilidad. “La presentación clara de los deberes, en oposición a las pretensiones de las inclinaciones, ha tenido por sí sola que producir la conciencia de la libertad”. En este campo de los fines, o de la libertad, es donde el hombre debe asumir la responsabilidad de su propia vida, respondiendo a la pregunta: ¿qué debo hacer?
Fenómenos. Considera Kant las acciones humanas como perteneciente al mundo de lo fenoménico, y sometidas, por tanto, a las leyes de la naturaleza. La libertad es la que eleva al hombre por encima del mundo de los fenómenos.
Leyes generales de la naturaleza. El sistema filosófico kantiano se apoya sobre dos grandes pilares: naturaleza y libertad. Al primero se accede mediante el uso teórico de la razón, y su estudio pertenece a la Crítica de la Razón Pura, en la que Kant trata de construir una teoría del conocimiento, siguiendo el modelo de la ciencia newtoniana. El mundo de la naturaleza se rige por la necesidad de sus leyes.
Conjunto de la especie. Hace referencia al género humano. Se trata de un concepto científico (real), no de un concepto lógico, ni metafísico al estilo de Platón. El concepto kantiano de género humano es un “totum” entendido como una “idea” a realizar y no un “compósitum” al modo del concepto universal de los lógicos. Por eso el atributo de perfección no puede decirse de los individuos, sino del conjunto de la especie humana. Es el género humano el que tiene que realizarse como tal desarrollando sus disposiciones naturales y su disposición moral, que es la que le califica como verdadero género humano.
Historia. Kant considera la historia como un posible sistema de las acciones humanas. Para Kant la historia humana es el ámbito objetivo de la realización de la libertad; es resultado de una tendencia natural que conduce al ser humano a su plena realización. La más característica de las capacidades de la especie humana, según Kant, es la razón. Kant, al igual que los filósofos ilustrados, cree en el progreso de la razón y en la perfectibilidad de la especie humana, que él explica como un proceso de realización de las distintas disposiciones naturales u originarias con las que la naturaleza ha dotado al hombre, y que nos permiten descubrir el hilo conductor de la historia.
Pregunta 3.- 3. Relación de Kant con otros autores o corrientes de pensamiento: aproximaciones y diferencias
En la filosofía moderna el ámbito de los problemas filosóficos varió totalmente respecto a la filosofía medieval. La filosofía medieval se caracteriza por su preocupación ontológica, es decir, por los seres, por lo que las cosas son; mientras que a la filosofía moderna no parece interesarle el mundo en sí, sino el hombre, y el alcance y certeza de sus conocimientos.
Kant es una figura crucial en la historia de la filosofía. En Kant confluye el racionalismo de su maestro Wolf; el empirismo de Hume, quien, según sus palabras, le hizo despertar del sueño dogmático; la ciencia newtoniana, que interpreta de la naturaleza como un conjunto de leyes universales que rigen los fenómenos; la ideología de la Ilustración, que somete a revisión los dos conceptos fundamentales sobre los que había girado el pensamiento racionalista: razón y naturaleza; y la filosofía del sentimiento de Rousseau, de cuyo humanismo aprende que “la más grande tarea del hombre es saber qué debe hacer para serlo”. Por ello, nos llama la atención la crítica que en algún momento de esta obra realiza Kant frente a lo que considera “utopismo roussoniano”, la creencia de que el hombre es bueno por naturaleza.
Una de las consecuencias importantes de esta diferencia entre las antropologías de Rousseau y Kant es la que tiene que ver con el papel de la historia. La naturaleza ha destinado al hombre al bien y esto hace de él un ser perfectible; lo cual se cumple en el ámbito de la historia. De ahí que Kant critique, en el séptimo principio, la preferencia de Rousseau por el “estado salvaje” del hombre.
Existe una profunda diferencia entre la antropología de Rousseau y la de Kant. Para Kant el hombre supera la esfera de la apariencia gracias al uso de la razón, que es capaz de organizar el mundo de la experiencia de acuerdo con los fines humanos; mientras que en el caso de Rousseau es la intuición de sí mismo en la conciencia la que permite esa superación. Para él el individuo es algo en sí mismo (por naturaleza) y no se reconoce en las formas sociales, lo cual no es el caso de Kant. En la antropología roussoniana se privilegia el espacio de la interioridad; mientras que en la kantiana el espacio central es el espacio público. El camino hacia sí mismo en la antropología de Rousseau es el camino hacia la interioridad donde el individuo se aprehende como persona en la soledad de su conciencia. Es en la interioridad de la conciencia donde el yo descubre su arquetipo original, que no es otro que el del hombre natural, llámese “campesino” o “buen salvaje”. El lugar propio del hombre es la naturaleza y no la polis o ciudad. Kant, en cambio, está más de acuerdo con los filósofos ilustrados que consideran que el lugar propio del hombre es el de la sociedad civil y no el de la naturaleza como piensa Rousseau.
En cuanto al Estado, Kant afirma que tiene un origen empírico y natural: es producto del antagonismo y del inevitable pacto que pone término a la libertad sin ley. O sea, se basa en el poder, pero al mismo tiempo está alimentado por la exigencia del derecho. Ello quiere decir que Kant desarrolla el mismo concepto de Rousseau sobre la constitución de la sociedad civil: “El acto por el cual el pueblo se constituye en ciudad es el contrato primitivo según el cual todos ceden su libertad exterior para recobrarla de nuevo como miembros de una república”.
De Kant arrancan las principales corrientes filosóficas de los siglos XIX y XX, que tratarán de desarrollar al máximo el giro copernicano realizado por Newton en el tema del conocimiento: es el objeto del conocimiento el que depende de la actividad del sujeto y no al revés. En concreto, este será el presupuesto básico de los idealistas alemanes: Fichte, Schelling, Hegel.
Hegel trata de crear una síntesis que supere la división kantiana entre ciencia y moral, o entre razón teórica y razón práctica. La razón, en Hegel, es una razón dialéctica, no analítica, y la explicación que da de la realidad es dinámica, no puramente conceptual. La razón tiene la capacidad de unificar y sintetizar los diferentes elementos que aparecen en la realidad. El proceso de desarrollo de la realidad y los procesos de despliegue de la razón son la misma cosa: la razón, al desarrollarse en su proceso, va interpretando la realidad. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el idealismo trascendental kantiano, construido desde el ser humano como un sujeto no trascendente, se convierte en idealismo absoluto en Hegel.
En sus «Lecciones sobre la filosofía de la historia», se propone Hegel demostrar la racionalidad de la historia. La historia puede parecer un tejido de hechos contingentes y mudables, es decir, algo que carece de un plan racional, dominada por un espíritu de miseria, de destrucción y de mal; pero ese será el punto de vista del que mide la historia por el rasero de sus ideales individuales. Los instrumentos de los que se sirve el espíritu para impulsar ese proceso hacia su plena realización son los individuos. Las pasiones de hombres como Alejandro, César, Napoleón, etc., que buscaban satisfacer sus propias ambiciones, han sido utilizadas, como instrumentos inconscientes, por el espíritu universal.
Según Hegel, la Historia se desenvuelve bajo el gobierno de la razón. La religión, la moral, la filosofía, el arte y todas las instituciones de la cultura de un país son la expresión de su «espíritu» o «alma del pueblo» en tanto que entidad colectiva. La historia universal constituye el proceso en el que el espíritu ha ido tomando conciencia de su libertad. Este espíritu, que se manifiesta y realiza en el curso de la historia, es el espíritu del mundo (Weltgeist), el cual se ha ido encarnando en el espíritu nacional de cada pueblo (Volkgeist). El espíritu de cada pueblo “es un miembro de la cadena que constituye el curso del espíritu universal o espíritu del mundo, el cual no puede perecer”. “El fin último del mundo es que el espíritu tenga conciencia de su libertad y que de este modo su libertad se realice”.
También la filosofía positivista de Comte recoge la herencia kantiana del conocimiento científico y la crítica a la metafísica. La ciencia positiva se atiene a la experiencia como criterio de validez de las proposiciones científicas y rechaza la metafísica como un conjunto de proposiciones sin sentido.
A finales del siglo XIX se produce una recuperación de la filosofía kantiana y un rechazo del idealismo por parte de las escuelas neokantianas, como la de Marburgo, que estimularon la creación de un nuevo método de conocimiento con la recuperación de la importancia del sujeto y de la conciencia en el proceso de conocimiento, y que condujo a la fenomenología de Husserl.
Sobre Kant escribió Ortega y Gasset lo siguiente: “En la obra de Kant están contenidos los secretos decisivos de la época moderna, sus virtudes y sus limitaciones. Merced al genio de Kant, se ve en su filosofía funcionar la vasta vida occidental de los últimos cuatro siglos simplificada en un aparato de relojería. Los resortes que con toda evidencia mueven esta máquina ideológica, el mecanismo de su funcionamiento, son los mismos que en vaga forma de tendencias, corrientes, inclinaciones, han actuado sobre la vida europea desde el Renacimiento”.
La polémica Kant-Herder. Un problema concreto relacionado con la publicación de esta obra por parte de Kant, lo puso de manifiesto la esposa de Herder, autor del libro “Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad”. Ella afirma que Kant se apresuró a publicar, en noviembre de 1784, la “Idea de una historia universal con propósito cosmopolita”, con el fin de refutar las ideas de Herder. Herder se sorprendió desagradablemente por ese proceder de Kant, pues tenía conciencia de no haber hecho nada en contra de él. Pero es cierto que en la obra de Herder aparecían algunos motivos antikantianos.
Kant sostenía que el hombre es un animal que necesita ser gobernado; de otro modo se abandonaría a los abusos de una libertad sin ley y arbitraria. Herder hace una irónica observación al respecto, indicando que el hombre dominado por un amo no es un hombre, sino un animal.
Kant se limita a decir que el principio por él establecido se halla confirmado por la experiencia histórica de todos los pueblos: la existencia de un país está condicionada por una justa limitación de las libertades individuales, para lo cual hace falta un Estado que ejercite el poder de acuerdo con el derecho. Según Kant, el hombre abandona la condición de su natural salvajismo cuando ingresa en una sociedad civil y se somete, de ese modo, a la voluntad general. El Estado constituye, pues, el centro de las relaciones humanas.
Herder, en cambio, sostiene que “padre y madre, varón y mujer, hijo y hermano, amigo y hombre, son relaciones naturales mediante las que somos felices. El Estado puede darnos instrumentos artificiales; pero, desgraciadamente, tiene la posibilidad de arrebatarnos algo mucho más esencial: nos puede arrebatar a nosotros mismos”.
Kant estima que en la discordia y en la guerra se halla el motor que impulsa al perfeccionamiento de las capacidades del hombre, demasiado dócil a los halagos de la pereza animal que laten en su seno. Herder le responde: “No la guerra, sino la paz constituye la condición natural del acosado género humano, puesto que la guerra es un estado de penuria (Not) y no de goce ordinario”.
El ideal a que el curso histórico se va aproximando está dado -afirma Kant- por una sociedad cosmopolita. En ella el hombre sentirá a lo humano como tal. Herder considera esta idea como una abstracción que suprime la vida palpitante y concreta de los individuos
CRITICA A LA IDEA DE TECNOPOLIS
Neil Postman: Tecnópolis. La rendición de la cultura a la tecnología. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1996, 277 págs.
Tema central: La difusión creciente de la tecnología y sus efectos en la sociedad (esencialmente la norteamericana), que involucran un cambio ideológico solapado.
Objetivo: Describir cuándo, cómo y por qué la tecnología se transformó en nuestro enemigo.
Características de toda nueva tecnología: siempre conlleva ciertos supuestos acerca del mundo (de cómo es o cómo debe ser), por lo cual está en condiciones de afectar la cosmovisión dominante; cuando surge, es muy difícil de descubrir hasta dónde se desarrollará y qué cambios introducirá en la sociedad.
Desarrollo histórico de la tecnología: Postman propone 3 etapas o tipos de cultura:
• Cultura de las herramientas (hasta el s. XVII en Occidente): se introducen soluciones limitadas, que no cambian la cosmovisión; la cultura sigue dominada por una teología o una metafísica, pero éstas no pueden tener los efectos a más largo plazo y la transformación en
• Cultura tecnocrática: se adopta una visión utilitarista del conocimiento; se descubre y promueve a la ciencia como medio para mejorar las condiciones de vida (Cf. influencia de F. Bacon)
• Tecnópolis: la tecnología se vuelve totalitaria y redefine los conceptos de religión, arte, inteligencia, familia, política, verdad.
- Deifica la tecnología, por lo que «la cultura busca su autorización en ella, encuentra en ella su satisfacción y de ella recibe sus órdenes».
- Afecta radicalmente la moralidad, porque su principio valorativo básico es la eficiencia y su modo de estimación es la cuantificación. Lo que no puede ser medido no tiene valor.
- Destruye por lo tanto los grandes símbolos (religiosos, patrios) y los valores a ellos asociados, que han orientado a nuestros mayores.
- Transforma la información en una suma de datos y cree que en la cantidad –siempre mayor– está el progreso (aunque el resultado es un caos).
- Coloca su fuente de autoridad en la idea de objetividad estadística (de ahí la reverencia por las encuestas).
- Desarrolla el ‘cientifismo’, que consiste en reemplazar toda creencia por la fe en la ciencia, para lo cual pretende también proyectar los métodos de las ciencias naturales en el estudio del comportamiento humano (desarrollando las «ciencias sociales», donde el principio popperiano de falsabilidad no tiene aplicación).
- La información (datos) pasa a ser el medio y el fin de la creatividad.
- Los intentos de control de la tecnología producen más tecnología y más información.
¿Cómo se producen estos intentos de control?
a) Con burocracia (multiplicación de los formularios y de los funcionarios para procesar los formularios);
b) con los expertos, cuya función es examinar toda la información disponible, eliminar la irrelevante y usar el resto para resolver los problemas, lo cual puede resultar desastroso, especialmente cuando el «objeto» es humano (medicina) y la eficiencia no es un criterio pertinente (educación); y
c) con «maquinaria blanda» (tests, encuestas, taxonomías…) y más tecnología: los expertos son los «sacerdotes» de la maquinaria… ¡A pesar de lo cual el control no funciona!
El paradigma, la quintaesencia de Tecnópolis es el computador, que ha llegado al punto que se redefina al hombre como una «máquina pensante» y a la naturaleza como «información que ha de ser procesada». Se facilita con él la matematización del mundo, objetivo esencial de Tecnópolis.
Se olvida que el computador es una herramienta y se lo transforma en actor (se le echa la culpa de los errores del operador). No se toma conciencia de que los computadores «no realizan ningún trabajo» sino que lo dirigen (las aplicaciones determinan lo que el usuario puede hacer).
¿Qué podemos hacer? A nivel individual, no aceptar sus criterios valorativos; no confundir información con comprensión; no creer que la ciencia sea la única fuente de verdad. A nivel social, bregar por una educación que entregue un sentido de coherencia y finalidad superior, como «lograr una comprensión unificada de la naturaleza y de nuestro lugar en ella, teniendo a la vista todo el panorama histórico del avance de la huma-nidad». Esto implica dar importancia a la filosofía de la ciencia, a la semántica y a las religiones.
Conclusiones. El precio que cobra la tecnología por «hacer la vida más fácil» consiste en que: destruye fuentes esenciales de nuestra humanidad (religión/sistema simbólico que sustenta los valores fundamentales); crea una cultura sin fundamentación moral; socava procesos mentales y relaciones sociales que dan valor a la vida.
Lo grave es que no lo hace «de cara al público» sino en forma solapada y mediante un lenguaje muy atractivo centrado en la idea de «progreso».
Comentarios. Se puede deducir que hay una fuerte relación entre Tecnópolis y la «economización» de la vida. La economía descansa en una valoración cuantitativa, que es característica de Tecnópolis. De hecho, otros autores han planteado que los valores económicos tienden a reemplazar a los valores científicos y éstos a los valores religiosos y metafísicos (Teoría de evolución de las culturas de Sorokin) y que ésta es la indicación de que una cultura entra en una fase de decadencia. La importancia creciente que la economía da a la información como mercancía va en la misma dirección que la deificación de la tecnología. Lo que no tiene valor económico es despreciado. Es lógico que las nuevas tecnologías sean un recurso privilegiado para registrar y procesar los valores económicos: computadores para la contabilidad y telemática para las «transferencias electrónicas de fondos»: todo se reduce a procesar datos.
El acceso a las nuevas tecnologías no es igualitario y, por lo tanto, tampoco podrá serlo la distribución de la riqueza, relacionada con el acceso a la información y su dominio.
Se cree que se podría estar gestando un «cuarto mundo», el de quienes no poseen acceso a las redes y quedarán marginados. Sin conocimientos y sin «poder de compra», ¿quién se preocupará de ellos? Éste es un aspecto no tratado por Postman. Quizás en ellos pueda residir un factor de conciencia crítica que frene la megalomanía de las cantidades propia de Tecnópolis. Pueden ser una reserva de «poder moral» que ni la tecnología ni la economía pueden controlar.
Pero el avance de la tecnología telemática ha sido extremadamente rápido y, si aún está en su «infancia», es también posible que nadie escape a su presencia, como casi nadie ha escapado de la televisión (a pesar de que hay mucho menos líneas telefónicas que televisores). Y, por lo tanto, también se puede dudar de que llegue a formarse este «cuarto mundo». Al menos muchos gobiernos, para reverenciar a Tecnópolis, hacen todo lo posible para que todas las escuelas estén unidas a Internet y, así, los niños aprendan a reverenciar a Mercurio, el prototipo del informador, el mensajero de los dioses (¡pero se ha de recordar que también era un ladrón!).
Raymond Colle (Cuadernos de Información, nº 12, 1997)
DAVID ALVARGONZALEZ LIBRO SOBRE CLONACION ABORTO , BIOTECNOLOGIA
La editorial Pentalfa, del Grupo Helicón (Oviedo,Asturias,Espña) ha publicado recientemente el libro titulado La clonación, l anticoncepción y elaborto en la sociedad biotecnológica
Puede leerse también en formato pdf a través de la misma editorial en la web http://www.helicon.es/pen/7848529.htm
Este es el modo en que la editorial present el libro que desde luego recomendamos como materia para ser tratada en las clases de Filosofía y Ciudadanía
En Marzo de 2005, la Federación Española de Estudiantes de Medicina (IFMSA) invitó a David Alvargonzález a impartir una conferencia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo que llevó por título «Aspectos éticos, morales y políticos de la clonación humana artificial y del aborto provocado». La redacción de los contenidos de aquella conferencia dio lugar al texto del presente libro que fue redactado en el 2006, y permaneció inédito hasta la actualidad (2009) en que la editorial Pentalfa lo presenta en versión digital e impresa. A pesar de las novedades políticas del nuevo proyecto de ley sobre el aborto del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, el autor ha preferido no modificar la redacción original pues considera que los argumentos expuestos entonces siguen, por completo, vigentes.
David Alvargonzález (1960). Estudió en la Universidad de Oviedo con los profesores Gustavo Bueno y Vidal Peña. Fue becario del Plan Nacional de Formación de Personal Investigador y profesor contratado de universidad desde 1985 hasta 1991, año en que pasó a ocupar la plaza de profesor titular en la Universidad de Oviedo. Profesor tutor del Centro Asociado de Asturias de la UNED desde 1984. Su actividad docente ha estado centrada, de manera principal, en la «Filosofía de la religión», la «Historia de la ciencia» y la «Filosofía de las ciencias humanas». Ha impartido numerosas conferencias y cursos en congresos e instituciones españolas y extranjeras. Ha ejercido también cierta actividad como publicista en periódicos, y en programas de radio y televisión (Tele5, Euskal Telebista, TeleMadrid, TVG, TeleAvilés, TeleOviedo y TPA). Autor de los libros Ciencia y materialismo cultural (1989) y El sistema de clasificación de Linneo (1992). Entre sus trabajos en revistas y obras colectivas destacamos: «Problemas en torno al concepto de ciencias humanas» (1989), «El darvinismo visto desde el materialismo filosófico» (1996), «Del relativismo cultural y otros relativismos» (1999), y «Análisis gnoseológico del campo de la teoría de juegos» (2000). En el año 2005 publica el texto de la conferencia titulada «El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico» que dio origen a una interesante discusión sobre la filosofía de la religión de Gustavo Bueno.
Índice
Capítulo 1. Las nuevas realidades de las ciencias y de las tecnologías y la necesidad de su análisis filosófico, 7
Capítulo 3. Asuntos de naturaleza filosófica que se pretenden discutir en este ensayo a propósito de la clonación, la anticoncepción y el aborto provocado, 19
1. Cuestiones éticas: Individuo humano y persona humana, 21
2. Cuestiones políticas, 32
3. Cuestiones ontológicas, 37
Capítulo 4. La embriogénesis como proceso constitutivo epigenético, 43
Capítulo 5. La clonación humana artificial y sus diversos tipos, 59
Capítulo 7. Problemas éticos y políticos suscitados por la clonación cultural, 81
Capítulo 8. Problemas éticos suscitados por la clonación humana reproductiva, 83
Capítulo 9. La clonación humana terapéutica o no reproductiva desde un punto de vista ético. Cuestiones filosóficas sobre el individuo, 93
Capítulo 10. Cuestiones políticas en torno a la clonación humana biológica, 105
Capítulo 11. Las variedades de las operaciones sexuales. Cuestiones éticas y políticas en torno a las técnicas y las tecnologías de la anticoncepción, 111
Capítulo 12. Problemas filosóficos (ontológicos y gnoseológicos) en torno al aborto provocado teniendo en cuenta la ciencia y la tecnología del presente, 129
1. El derecho sobre el propio cuerpo, 130
2. ¿Es el embrión o el feto una persona?, 136
3. Teorías psicoetológicas y neurológicas para caracterizar al sujeto de la ética, 142
4. Finalidad y teleología, 149
Capítulo 13. Justificación ética del aborto provocado, 159
Capítulo 14. Problemas políticos en torno al aborto provocado. Comentarios a la ley española de despenalización del aborto de 1985, 169
Epílogo, 187
Glosario, 191