Neil Postman: Tecnópolis. La rendición de la cultura a la tecnología. Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1996, 277 págs.
Tema central: La difusión creciente de la tecnología y sus efectos en la sociedad (esencialmente la norteamericana), que involucran un cambio ideológico solapado.
Objetivo: Describir cuándo, cómo y por qué la tecnología se transformó en nuestro enemigo.
Características de toda nueva tecnología: siempre conlleva ciertos supuestos acerca del mundo (de cómo es o cómo debe ser), por lo cual está en condiciones de afectar la cosmovisión dominante; cuando surge, es muy difícil de descubrir hasta dónde se desarrollará y qué cambios introducirá en la sociedad.
Desarrollo histórico de la tecnología: Postman propone 3 etapas o tipos de cultura:
• Cultura de las herramientas (hasta el s. XVII en Occidente): se introducen soluciones limitadas, que no cambian la cosmovisión; la cultura sigue dominada por una teología o una metafísica, pero éstas no pueden tener los efectos a más largo plazo y la transformación en
• Cultura tecnocrática: se adopta una visión utilitarista del conocimiento; se descubre y promueve a la ciencia como medio para mejorar las condiciones de vida (Cf. influencia de F. Bacon)
• Tecnópolis: la tecnología se vuelve totalitaria y redefine los conceptos de religión, arte, inteligencia, familia, política, verdad.
- Deifica la tecnología, por lo que «la cultura busca su autorización en ella, encuentra en ella su satisfacción y de ella recibe sus órdenes».
- Afecta radicalmente la moralidad, porque su principio valorativo básico es la eficiencia y su modo de estimación es la cuantificación. Lo que no puede ser medido no tiene valor.
- Destruye por lo tanto los grandes símbolos (religiosos, patrios) y los valores a ellos asociados, que han orientado a nuestros mayores.
- Transforma la información en una suma de datos y cree que en la cantidad –siempre mayor– está el progreso (aunque el resultado es un caos).
- Coloca su fuente de autoridad en la idea de objetividad estadística (de ahí la reverencia por las encuestas).
- Desarrolla el ‘cientifismo’, que consiste en reemplazar toda creencia por la fe en la ciencia, para lo cual pretende también proyectar los métodos de las ciencias naturales en el estudio del comportamiento humano (desarrollando las «ciencias sociales», donde el principio popperiano de falsabilidad no tiene aplicación).
- La información (datos) pasa a ser el medio y el fin de la creatividad.
- Los intentos de control de la tecnología producen más tecnología y más información.
¿Cómo se producen estos intentos de control?
a) Con burocracia (multiplicación de los formularios y de los funcionarios para procesar los formularios);
b) con los expertos, cuya función es examinar toda la información disponible, eliminar la irrelevante y usar el resto para resolver los problemas, lo cual puede resultar desastroso, especialmente cuando el «objeto» es humano (medicina) y la eficiencia no es un criterio pertinente (educación); y
c) con «maquinaria blanda» (tests, encuestas, taxonomías…) y más tecnología: los expertos son los «sacerdotes» de la maquinaria… ¡A pesar de lo cual el control no funciona!
El paradigma, la quintaesencia de Tecnópolis es el computador, que ha llegado al punto que se redefina al hombre como una «máquina pensante» y a la naturaleza como «información que ha de ser procesada». Se facilita con él la matematización del mundo, objetivo esencial de Tecnópolis.
Se olvida que el computador es una herramienta y se lo transforma en actor (se le echa la culpa de los errores del operador). No se toma conciencia de que los computadores «no realizan ningún trabajo» sino que lo dirigen (las aplicaciones determinan lo que el usuario puede hacer).
¿Qué podemos hacer? A nivel individual, no aceptar sus criterios valorativos; no confundir información con comprensión; no creer que la ciencia sea la única fuente de verdad. A nivel social, bregar por una educación que entregue un sentido de coherencia y finalidad superior, como «lograr una comprensión unificada de la naturaleza y de nuestro lugar en ella, teniendo a la vista todo el panorama histórico del avance de la huma-nidad». Esto implica dar importancia a la filosofía de la ciencia, a la semántica y a las religiones.
Conclusiones. El precio que cobra la tecnología por «hacer la vida más fácil» consiste en que: destruye fuentes esenciales de nuestra humanidad (religión/sistema simbólico que sustenta los valores fundamentales); crea una cultura sin fundamentación moral; socava procesos mentales y relaciones sociales que dan valor a la vida.
Lo grave es que no lo hace «de cara al público» sino en forma solapada y mediante un lenguaje muy atractivo centrado en la idea de «progreso».
Comentarios. Se puede deducir que hay una fuerte relación entre Tecnópolis y la «economización» de la vida. La economía descansa en una valoración cuantitativa, que es característica de Tecnópolis. De hecho, otros autores han planteado que los valores económicos tienden a reemplazar a los valores científicos y éstos a los valores religiosos y metafísicos (Teoría de evolución de las culturas de Sorokin) y que ésta es la indicación de que una cultura entra en una fase de decadencia. La importancia creciente que la economía da a la información como mercancía va en la misma dirección que la deificación de la tecnología. Lo que no tiene valor económico es despreciado. Es lógico que las nuevas tecnologías sean un recurso privilegiado para registrar y procesar los valores económicos: computadores para la contabilidad y telemática para las «transferencias electrónicas de fondos»: todo se reduce a procesar datos.
El acceso a las nuevas tecnologías no es igualitario y, por lo tanto, tampoco podrá serlo la distribución de la riqueza, relacionada con el acceso a la información y su dominio.
Se cree que se podría estar gestando un «cuarto mundo», el de quienes no poseen acceso a las redes y quedarán marginados. Sin conocimientos y sin «poder de compra», ¿quién se preocupará de ellos? Éste es un aspecto no tratado por Postman. Quizás en ellos pueda residir un factor de conciencia crítica que frene la megalomanía de las cantidades propia de Tecnópolis. Pueden ser una reserva de «poder moral» que ni la tecnología ni la economía pueden controlar.
Pero el avance de la tecnología telemática ha sido extremadamente rápido y, si aún está en su «infancia», es también posible que nadie escape a su presencia, como casi nadie ha escapado de la televisión (a pesar de que hay mucho menos líneas telefónicas que televisores). Y, por lo tanto, también se puede dudar de que llegue a formarse este «cuarto mundo». Al menos muchos gobiernos, para reverenciar a Tecnópolis, hacen todo lo posible para que todas las escuelas estén unidas a Internet y, así, los niños aprendan a reverenciar a Mercurio, el prototipo del informador, el mensajero de los dioses (¡pero se ha de recordar que también era un ladrón!).
Raymond Colle (Cuadernos de Información, nº 12, 1997)
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