WIKILEAKS SVELA L’ACCORDO SEGRETO TRA USA E UE…DA SPAVENTO!

L’accordo punta alla chiusura o alla privatizzazione di ogni forma di servizio assicurato dal settore pubblico, il che include la sanità, l’istruzione, i trasporti, servizi cruciali per i cittadini, che non andrebbero considerati come “mercanzia generatrice di profitti e facente parte della sfero del libero scambio.”

vía WIKILEAKS SVELA L’ACCORDO SEGRETO TRA USA E UE…DA SPAVENTO!.

Carlos Fazio: discurso del doctorado honoris causa ( RECOMENDABLE LECTURA POR SU INTERÉS CRÍTICO MATERIALISTA)

Este texto que presentamos a continuación contiene una verdadera mina de información, de ideas críticas,

que merece la pena compartir, difundir, discutir…

Carlos Fazio

Biografía FUENTE : http://www.scribd.com/doc/214876186/Honoris-Causa-2014

Nació en Montevideo, Uruguay en  1948. Es naturalizado mexicano. Periodista de profesión, inició su carrera en Montevideo en 1968 en los  semanarios políticos Tierra y Libertad  y Respuesta, y en el diario La Idea.  Actualmente se desempeña como docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en  el posgrado en Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de la Ciudad de  México (UACM). Colaborador habitual  del diario La Jornada y corresponsal del  semanario Brecha, de Montevideo. Ha sido consultor de UNESCO y UNICEF,  y director de la Agencia Latinoamericana de Servicios Especiales de Información (ALASEI).

Miembro del Capítulo México  de la Red de Intelectuales en Defensa de  la Humanidad. Fue ponente en los Foros Social Mundial de Génova (2001) y  México (2008 y 2010). Fue presentador  del tema Guerra Sucia e Impunidad en  México, en el Tribunal Permanente de  los Pueblos, celebrado en Ciudad Juárez, Chihuahua, en 2012.

Ha sido conferencista y dictado cátedras en la Universidad Complutense de Madrid; The University of British  Columbia, Canadá; The University of  Victoria, Canadá; la Universitat Rovira i Virgili y la Universitat de Lleida,  en Cataluña, España y en la Université  de Toulouse Il-Le Mirail, Francia. 2.1. Colaborador habitual de la revista Trabajadores, de la Universidad Obrera de  México.

Desde enero de 2000 a la fecha  es colaborador en las páginas de Opinión del diario La Jornada, donde ha  publicado además reportajes y entrevistas. Colaborador del suplemento La  Jornada semanal. Fue colaborador de los Cuadernos de Marcha, dirigidos  por Carlos Quijano. Segunda época,  México (1981-84).Ha sido colaborador de la Agencia Inter Press Service  (IPS) y de Le Monde diplomatique en  español (formó parte del Consejo Editorial de la edición mexicana), así como  de diversos medios escritos y radiales  de América Latina. Es colaborador del  mensuario El Correo de Montreal; del  quincenario cooperativista Acción de  Argentina, y de la agencia noticiosa cubana Prensa Latina. Fue colaborador  de la sección editorial del diario El Universal; de la sección internacional del periódico Reforma y de la revista Milenio, de México. De 1996 a 2002 fue corresponsal del diario Clarín de Buenos  Aires, Argentina.

Desde su fundación en  1985, se desempeña como corresponsal  en México del semanario Brecha de  Montevideo, Uruguay. Asimismo, es  colaborador habitual del quincenario  Mate Amargo y realizó coberturas para  CX44 Radio Panamericana de Uruguay.  Entre enero de 1993 y febrero de 1995  fue editor responsable del quincenario  El Día Latinoamericano −con circulación en varios países de la región− y  columnista del diario El Día, en sus secciones nacional e internacional.

Entre 1995 y 1998 fue miembro  del consejo editorial y articulista permanente de la revista MUNDOCulturas  y gente. Entre 1992 y febrero de 1995  fue columnista semanal de la sección  internacional del periódico El Financiero y del suplemento dominical Zona  Abierta.

De 1986 a 1999 se desempeñó  como stringer en México de la agencia  noticiosa Unescopress, que depende de  la Oficina de Información al Público de  la UNESCO para América Latina, con  sede en Caracas. Entre 1984 y 1992 fue  primero editor jefe y luego director general de la Agencia Latinoamericana de  Servicios Especiales de Información  (ALASEI), organismo multinacional  conformado por 10 países (Bolivia,  Costa Rica, Cuba, Guatemala, Haití, México, Nicaragua, Panamá, República  Dominicana y Venezuela). En México  trabajó en la revista Proceso entre 1977 y 1991, especializándose en temas religiosos y político-diplomáticos, nacionales e internacionales.

Ha escrito los libros: La cruz  y el martillo. Una biografía política de  monseñor Sergio Méndez Arceo; El  Tercer Vínculo. De la teoría del caos a la  militarización de México; Samuel Ruiz.  El caminante; Juan Pablo II. El guerrero de DiosEn el nombre del padre.Depredadores sexuales en la Iglesia; El  eje Wojtyla-Ratzinger. ¿La dictadura del Papa? Guerra imperial y desinformación. La mentira del Pentágono como  arma de guerra. (En prensa).

Coautor de: Rebellion X (Das  Jahr des Streiks an der Universität in  Mexiko-Stadt.

La izquierda en Nuestra América. ¿Avance o retroceso? Violencias sistémicas: Los Derechos Humanos en  México, América Latina y el Caribe.  América Latina y el Caribe. Una región  en conflicto. La découverte des Amériques.  

El exilio uruguayo en México.  Democracias bajo fuego. Drogas y poder en América Latina. America Latina,  l’arreetramento de los de arriba.

PALABRAS DE ACEPTACIÓN DEL DOCTORADO HONORIS CAUSA

UMSNH, 2014

Sirvan mis primeras palabras para agradecer tan honroso grado académico, máxime porque me lo concede esta Universidad que recoge el apellido del cura Hidalgo, bachiller y antiguo rector del Colegio de San Nicolás, quien se alzó en armas con los veinte indios que con él hacían cuencos y vasijas, que luego fueron cincuenta mil y entonces la Inquisición lo declaró hereje, apostata de la religión, cismático, materialista, libertino,sedicioso.

Cabe recordar que en mayo de 1943 −hace ya siete largos decenios−, cuando esta Casa de Estudios distinguió con el doctorado honoris causa a Vicente Lombardo Toledano, en su discurso de aceptación éste habló de los insultos y diatribas que circulaban entonces en contra del viejo rector del Colegio de San Nicolás, y los consideró menores comparados con los calificativos que en 1810 le endilgaban al cura de Dolores sus detractores. Entre otros epítetos, lo llamaron “Generalísimo Capataz de Salteadores y Asesinos”.  Lombardo reivindicó entonces la actualidad del cura Hidalgo, no de un modo simbólico sino real.

Setenta años después, cuando pululan los desmitificadores y quienes se han dedicado a desacralizar en México a los héroes de la Independencia; cuando los falsificadores de la historia se han impuesto la tarea de convencernos, por ejemplo, que Miguel Hidalgo y Costilla era un “criminal” y no hay razón alguna para llamarlo Padre de la Patria, queremos reivindicar su vigencia hoy. La vigencia del insurgente que invadió Guadalajara con el estandarte de la virgen de Guadalupe y mandó retirar de las paredes el retrato del rey Fernando, y recordar, también, que el antiguo rector del Colegio de San Nicolás respondió al Santo Oficio decretando la abolición de la esclavitud, el fin de los tributos que pagaban los indios y la devolución de las tierras de cultivo que les habían usurpado los europeos. Es precisamente por eso que lo odian los conservadores, los reaccionarios y los falsificadores de la historia.

Asimismo, es motivo de orgullo saber que otro egresado de esta Universidad fue el cura de Carácuaro discípulo de Hidalgo y también jefe insurgente y patriota mexicano, José María Morelos, nacido aquí en Valladolid, en estas serranías tarascas donde para decirlo con las palabras de Eduardo Galeano, el obispo Vasco de Quiroga había creado su utopía comunista.

De igual manera es motivo de satisfacción recibir este galardón en la Universidad Michoacana, enclavada en el estado donde nació el general Lázaro Cárdenas, oriundo de Jiquilpan, quien acogió al exilio republicano español y a los niños de Morelia, antes de expropiar los bienes a las transnacionales petroleras extranjeras.

Permítaseme aquí brindar un pequeño homenaje al nieto de un arriero de Churintzio, hijo de un comerciante transportista, otro gran michoacano que se crió en un clima de libre pensamiento dentro de un ambiente de confrontación política y armada en pleno bajío zamorano, entre la Revolución surgida en 1910 y el levantamiento cristero: hablo de don Vicente Muñiz Arroyo, quien conoció de solidaridades humanas en tiempos de dificultades en mi país. Como embajador de México en Uruguay brindó asilo a muchos perseguidos, y fue uno de los diplomáticos que como Gonzalo Martínez Corbalá en Chile y en otros tiempos Luis I. Rodríguez, Gilberto Bosques e Isidro Fabela, actualizaron el credo de la cultura mexicana que ve en la libertad la más valiosa de las posesiones y el principal de los valores.

Rascándole a la memoria

A partir de esta breve introducción y de algunos de los conceptos vertidos, tales como sedición, insurgencia, utopía, exilio, quisiera esbozarles de manera acotada la historia de vida de un refugiado uruguayo en México. Sé que no es fácil tratar de darle un abordaje “profesional” o “académico” a un testimonio personal, que por razón de serlo y en mi condición de refugiado político, está indudablemente moldeado por la parcialidad, la subjetividad, la ofuscación y la pasión; por la ambigüedad y la fragmentación de la memoria histórica; por la nostalgia, el miedo, la amargura, el olvido o la negación; por la ruptura, los sentimientos de culpa, la autocompasión y el dolor narcisista frente a la derrota y la patria perdida y añorada; peleando entre la resistencia y la metamorfosis; sufriendo la contradicción entre la identidad o pertenencia y la asimilación a un país, México, que imaginábamos tierra de paso, provisional, ante la seguridad de un pronto retorno al paisito; o entre ser apátrida y vivir en un gueto; entre el exilio y el desexilio, y finalmente, en mi caso, la integración a este pueblo solidario, a este país-refugio de los perseguidos políticos, incluida mi inserción profesional como docente en dos universidades , la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) −todo ello en un espacio temporal determinado: México, a 38 años de la llegada−, implica no sólo un gran esfuerzo de síntesis sino de valoración y criterio −en el sentido de la deconstrucción de nuestra elaboración individual y nuestros propios mitos−, a fin de poder presentarme ante todos ustedes que han decidido otorgarme el doctorado.

No sé si seré capaz de lograrlo, pero lo intentaré. Llegué a México en 1976, a la edad de 28 años. Como dice Sebastián Plá, nacido aquí en el exilio mexicano, “somos fragmentos de memoria desperdigados por la violencia y la derrota de un proyecto político, de un ideal político”.  La violencia criminal ejercida por la dictadura a comienzos de los años setenta en mi país, fracturó dos posibilidades de ser de miles de uruguayas y uruguayos: lo político y las redes identitarias. No fui una excepción y como muchos compatriotas de la diáspora “andábamos con las raíces al aire”.  Ocupábamos un lugar límbico, añorante y solitario que no se resuelve en la aceptación de su circunstancia. Como dicen en el campo uruguayo, el individuo “no se halla”.

Las relaciones de ese triángulo: lo político, lo identitario y la historia del exilio, se conjugaron en una y múltiples pérdidas que crean una incompletud a la que era necesario
satisfacer. Toda respuesta al cómo se construyen las pérdidas tiene una profunda impronta personal. En mi caso, esa respuesta ancló en dos variables: la práctica periodística y de manera más tardía, el ejercicio de la docencia universitaria. Ambas perspectivas, la periodística y la enseñanza son, al mismo tiempo, sociales. Como dice Paulo Freire, la acción educativa es una acción política. Ocultos o no, detrás de las propuestas pedagógicas y las estrategias didácticas, hay ideales del ser humano y de sociedad. Igual ocurre en el ámbito periodístico para quienes abrazamos con pasión esa profesión. Porque como dice Carlos Payán Velver, “ser periodista implica toda la pasión del mundo”.

Así, la práctica del periodismo y la docencia universitaria fueron sendas formas de hacer política, que promovieron la permanencia del legado del exilio, al mismo tiempo que permitieron la adaptación a las nuevas formas de resistencia y participación social surgidas en el último medio siglo mexicano. La búsqueda de formas de relación y solidaridad con los distintos exilios latinoamericanos en México, así como el acercamiento y la inserción en los procesos sociales del país de refugio, derivaron en la incorporación de un sentimiento de pertenencia al país de asilo; a tal punto que nuestra propia existencia pasó a tener una hibridez definitiva.

Como tantos transterrados, al principio nadie sabía que el exilio era ya una patria. Con Ricardo Vinós puedo decir que México “nos adoptó y nos hizo completamente suyos al fabricar juntos con nosotros nuestra patria verdadera, la del exilio”, compuesta de muchos “algos” que todos los de esa patria repetimos, queriendo o sin querer. 5 Nuestra heredad es la memoria; la memoria de Uruguay, de México y de Nuestra América. La patria del exilio es la pura memoria, y su sitio es México porque la patria mexicana la inventó con el refugio a los republicanos españoles en los tiempos de Lázaro Cárdenas, y sin esa invención los que llegamos después seríamos unos pobres exiliados sin patria como hay tantos por ahí.

Cosa seria la memoria, de la cual van saliendo nuestros propios fantasmas de la libertad. Sea como fuere, puedo decir que hoy soy un hombre más completo y aprendí a querer a México y a su gente por encima del sentimiento de gratitud.

Tierra y libertad en la comarca artiguista

Por otra parte, como ustedes podrán constatar, aquí estoy, vivo. Con mi realidad irreal. Con mis fantasías, mi experiencia y mis ladrillos a cuesta. Con mis derrotas y mis pequeñas victorias; con algunas cicatrices, pero restañadas hace tiempo las heridas. Metido en este cuerpo, con esta cara, más viejo. Otro. No aquel que llegó joven y al que marcó el exilio. Insertado en los diálogos creadores de la ciencia, el arte y la política. Agradecido y enriquecido. Mexicano por adopción, y luego, con la doble nacionalidad, a caballo entre dos tierras, pero con los pies aquí, acompañando el caminar de mis hermanos de Chiapas, Atenco, Oaxaca, Ciudad Juárez, Wirikuta, La Parota o Michoacán.

Comenzaré por decir que en mi país de origen, Uruguay, trabajaba, estudiaba y militaba. Era funcionario de uno de los tres poderes del Estado, el Judicial; estudiaba Historia en la Facultad de Ciencias y Humanidades, y pertenecía al Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), un grupo armado. Por mis tareas en la guerrilla, vinculadas, algunas, a actividades de prensa y propaganda clandestinas y semi-clandestinas, me desempeñé en distintos órganos de difusión. Entre ellos, una publicación que llevaba por nombre la vieja consigna de Emiliano Zapata, Tierra y Libertad y era expresión del Movimiento Nacional de Lucha por la Tierra (MNLT), que simbólicamente reproducía las cuatro letras de las siglas de la organización armada.

Tierra y Libertad, que alguna vez fue exhibido ante el Parlamento como un ejemplo de la “subversión” en los centros de enseñanza por Julio María Sanguinetti, entonces ministro de Educación del régimen liberticida de Jorge Pacheco Areco, era un órgano de difusión de los trabajadores agrícolas. En particular, del movimiento cañero del departamento de Artigas, el más norteño de Uruguay, que estaban nucleados en la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (UTAA), el sindicato organizado por Raúl Sendic, fundador de los Tupamaros. Asimismo, desempeñaba tareas políticas y periodísticas en el semanario Respuesta y en el diario La Idea, ambos de circulación nacional y adscritos a lo que podía considerarse el mar territorial de la guerrilla. Es decir, combinaba mi actividad política con el periodismo.

Sobre medios y dictaduras

Mientras tanto, ¿qué pasaba en Uruguay? El 27 de junio de 1973 se produjo el golpe de Estado de Juan María Bordaberry que completó el proceso de fascistización iniciado por Jorge Pacheco Areco, quien gobernó entre 1968 y 1972 bajo Medidas Prontas de Seguridad, un equivalente al Estado de sitio previsto en la Constitución para situaciones de excepción; Pacheco las utilizó de manera ininterrumpida. Bajo su mandato se aplicaron en Uruguay las técnicas de persuasión colectiva propias de la guerra sicológica importada de Estados Unidos, que, mediante la manipulación de los medios de difusión masiva bajo control monopólico, creaban “situaciones” que influían en las emociones, actitudes y acciones de la población.

La Ley de Seguridad del Estado estableció la detención “preventiva” de opositores, y de la mano del agente estadunidense Dan Anthony Mitrione, al frente de la misión de la Agencia Interamericana de Desarrollo (USAID) y la estación de la CIA en Montevideo, se fue estableciendo un régimen de terror. Mitrione, un torturador enamorado de su oficio que enseñó a los militares y policías uruguayos a aplicar el “dolor preciso, en el lugar preciso, en la proporción precisa”, combinaba las refinadas técnicas del interrogatorio y la picana eléctrica con la violación de mujeres y hombres por agentes ebrios o drogados y perros amaestrados, auxiliado siempre por médicos apóstatas que controlaban la resistencia del prisionero.

Una de las primeras medidas de Pacheco fue clausurar el diario Época que dirigía Eduardo Galeano y al semanario socialista El Sol, y mediante decretos sucesivos prohibió a la prensa oral, escrita y televisada referirse a los llamados “grupos delictivos” y “movimientos clandestinos” y el uso de nueve palabras: “comandos”, “células”, “terroristas”, “delincuentes políticos”, “delincuentes ideológicos, “extremistas” y “subversivos”. Después estableció la censura previa, prohibió la actividad de la agencia de noticias cubana Prensa Latina y siguió clausurando periódicos al amparo del “Estado de excepción”.

La obra fue completada por Bordaberry, un hacendado anticomunista mesiánico que llegó a la Presidencia a través de un fraude electoral y estableció el “Estado de guerra interno” en beneficio de la oligarquía financiera. Luego disolvió el Parlamento, ilegalizó la Convención Nacional de Trabajadores, intervino la Universidad, ilegalizó partidos políticos, clausuró medio centenar de medios impresos −entre ellos dos de la Iglesia católica, considerada “nido de marxistas” y a los semanarios Marcha, Respuesta, Compañero y El Oriental, los diarios El Popular, Ahora, Crónica y Ultima Hora−, militarizó el sistema educativo, suprimió en la Biblioteca Nacional las obras de Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, García Lorca, Guillén, Neruda, Antonio Machado, Miguel Hernández, Bertolt Brecht,Sigmund Freud y prohibió artistas como Alfredo Zitarrosa, Aníbal Sampayo, Daniel Viglietti, Joan Manuel Serrat, Concepción “China” Zorrilla, Atahualpa del Cioppo… Vamos,prohibió hasta grabaciones de Carlos Gardel, fallecido en 1935, porque sus letras aludían a la lucha de clases y la huelga.

En ese contexto, los escuadrones de la muerte ejecutaban y desaparecían luchadores sociales y uno de cada 450 habitantes fue a parar a la cárcel, por lo que, en proporción de su población, el número de presos políticos sólo se igualó al de la Alemania nazi.

Salir saltando

La voz exilio tiene su origen etimológico en ex solum, que significa “salir del suelo”, “ser arrancado del lugar de origen”. También hay que registrar que exilio conjuga ex y salio, en el sentido de “lanzarse fuera de”, “salir saltando”, “saltar de”. Es decir, el exilio, el éxodo del lugar de origen o el destierro, es la experiencia de ser arrancado del suelo patrio, de lanzarse afuera y de haber saltado, “a veces, al abismo de lo desconocido”. La referencia tiene que ver tanto con el espacio físico-geográfico, como con el dolor de perder los horizontes reales y materiales de la vida cotidiana, de romper amarres, raíces y vínculos sociales. Alude, también, a nexos familiares rotos o debilitados y a la conformación de grupos o colonias, de guetos en el país de asilo o refugio.

No está de más enfatizar, que en el caso de los refugiados y exiliados, la razón fundamental de la expulsión −o del saltar afuera− es de índole política. Se trata de perseguidos políticos que en su país se ven enfrentados al peligro inminente de ser sometidos a la represión, la cárcel, la tortura, la desaparición forzosa e incluso la muerte. A menudo se dice que la migración económica es más opaca, menos heroica, menos reconocida como trágica, que el exilio. Este tiene, como decía Juan Carlos Plá, “la teatralidad siniestra de la persecución, del castigo público. Infamante degradación: pérdida violenta de las insignias sociales, expulsión de un lugar de vida y de trabajo que se sentía como legítimamente propio”. En ese sentido, el país de asilo o refugio opera como amparo o protección de un extranjero frente a sus perseguidores. Puede ocurrir, también, que un refugiado se convierta en apátrida, al dejar su país, refugiarse en otro y ser despojado de su nacionalidad por las autoridades de su país de origen. Tal fue el caso de los judíos alemanes, pero también de algunos uruguayos como yo.

A propósito de salir saltando, a finales de abril de 1974, tras regresar de Buenos Aires, Argentina, donde había participado en un curso de propaganda organizado por una guerrilla hermana, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), y tras la caída en combate de un compañero tupamaro en Montevideo, compañero de célula, fui capturado por el Ejército. Tras un interrogatorio de más de ocho horas en el cuartel de La Paloma, fui liberado, con la condición de que cada semana debía ir a firmar al cuartel. Ese día pasé a la clandestinidad, y fui requerido por las llamadas Fuerzas Conjuntas de la dictadura cívico-militar. Un par de semanas después, mi organización decidió sacarme a Argentina, donde había un grupo grande de compañeros de la organización. Argentina era como un segundo frente de los Tupamaros.

A mediados de 1976, después del golpe militar de Jorge Rafael Videla y en medio de una gran represión que había derivado en varias desapariciones forzosas y en la captura de 22 compañeros tupamaros en Argentina, la dirección del MLN resolvió que había que evacuar ese país “como se pudiera”. Como le dijo en una carta Marie Langer a Juan Carlos Plá, “no eran tiempos ésos para detenerse en casas y en paisajes”. Fue así que en julio de ese año me presenté en la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y me entrevisté con el representante Guy Prim. Me dio dos opciones como país de refugio: Austria y México. No dudé un segundo. Prim hizo consultas con el gobierno de México y exiliados uruguayos aquí y resolvió concederme el estatuto de refugiado político. Llegué a México el 6 de agosto de 1976. Tenía 28 años. Por segunda vez en dos años había tenido que salir saltando.

La actuación del cónsul de México en Buenos Aires fue clave, para que junto con mi familia pudiéramos abandonar el país, dado que carecía de documentación oficial en regla (pasaporte). En el avión que me trasladó de Ezeiza a México coincidimos con otro refugiado uruguayo, el profesor Roberto Ares Pons. Al llegar al aeropuerto Benito Juárez
del Distrito Federal, un grupo de periodistas mexicanos y extranjeros, entre quienes estaban el uruguayo José Manuel Quijano y el boliviano José Luis Alcázar, nos estaban esperando con la finalidad de evitar cualquier contratiempo con las autoridades migratorias locales.

Mi primer alojamiento en México, en un edificio sobre la avenida Escobedo en la colonia Polanco, fue en el departamento de un compañero tupamaro. Él había sido mi último contacto en Buenos Aires y quien me comunicó que había que evacuar Argentina la víspera de su salida a México. Con él habíamos desarrollado actividades de la organización en el diario La Idea de Montevideo. Otro compañero tupamaro, que había estado varios años preso en Uruguay y salió luego al exilio, Ettore Pierri, vivía en el mismo piso. Pierri era un conocido periodista de investigación, que se había desempeñado en varios de los diarios de Federico Fasano, director de periódicos clausurados por la dictadura, también exiliado y con quien nos reuníamos de manera habitual en los primeros meses de estancia en México.

Recuerdo que al otro día de mi arribo al país fui a la agencia noticiosa Inter Press Service (IPS), donde trabajaban Pepe Quijano y el boliviano Alcázar, y al leer los cables en el teletipo me enteré que el día de mi partida había sido desaparecido en Buenos Aires el presidente del gremio de los periodistas argentinos, Luis El Negro Demarqui, del diario El Cronista Comercial. Él me había “aguantado” en su casa de Buenos Aires, un par de días,antes de mi salida hacia México.

Dio la casualidad, que a los dos días de estar en México, un vecino del edificio, también periodista, el argentino Carlos Quito Burgos, me invitó a la inauguración de la sede de la Federación de Periodistas Latinoamericanos, fundada en junio anterior en un congreso en Cuernavaca, Morelos. La Felap había surgido como reacción de los periodistas independientes ante la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), órgano representativo de los empresarios de la información y vocero de los Estados Unidos en el marco de la guerra fría.

Es decir, a un par de días de estar en México pude establecer un vínculo orgánico con la Felap, cuya dirección estaba constituida por un grupo de periodistas latinoamericanos exiliados en México, en representación de sus organizaciones sindicales en sus países de origen. En particular, establecí una cálida relación personal con el veterano luchador peruano, mariateguista e internacionalista, Genaro Carnero Checa, secretario general de la Felap. Allí coincidimos con un grupo de periodistas uruguayos, entre ellos, Carlos Borche, Salomón Schwarz, Federico Fasano, Carlos Puchet, Eduardo Payssé González, Daniel Waksman Schinca y Nelson Biasotti, todos militantes en el exilio de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU). Algunos, como Borche, se dedicaron preferentemente a las tareas gremiales y otros nos insertamos en el periodismo mexicano: Daniel Waksman y Niko Schwarz en el diario El Día; Fasano, quien ocupó un alto cargo en la Oficina de Comunicación Social de la Presidencia de la República durante el gobierno de José López Portillo,participó en la edición de Le Monde Diplomatique en México; yo primero en El Universal y después en el semanario Proceso y los diarios El Financiero, Reforma y La Jornada. Otros uruguayos exiliados que se desempeñaron en medios mexicanos fueron José Manuel Quijano en la agencia IPS; Diego Achard y Nelson Keiman, en el Canal 13 de televisión; Rubén Montedónico en El Día y ahora en La Jornada. Ettore Pierri y Luciana Posamay publicaron varios libros, igual que el poeta Saúl Ibargoyen.

A su vez, Carlos Quijano, prolífico intelectual uruguayo, “maestro de dignidad, de nacionalidad, de latinoamericanismo”, fundador del semanario Marcha en Montevideo, llegó a México “con la valija de libros, la ropa sucinta y el cepillo de dientes”, daría vida aquí a la segunda época de los Cuadernos de Marcha, hasta que la muerte lo alcanzó en
el exilio. En los Cuadernos mexicanos de Quijano −quien en esta tierra hospitalaria y generosa se desempeñaría además como maestro en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y coordinador del Centro de Estudios de la Comunicación de la UNAM−, escribirían otros orientales de la diáspora, entre ellos Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti y Eduardo Galeano, y algunos intelectuales compatriotas exiliados en México, como Samuel Lichtensztejn, Carlos Martínez Moreno, Nelson Minello, Jorge Ruffinelli, Rubén Svirsky, Juan Carlos Plá, Daniel Waksman, su hijo José Manuel Quijano y yo mismo.

De alguna manera, todos, unos más, otros menos, nos insertamos en la sociedad mexicana y nos desarrollamos profesionalmente. En mi caso, el vínculo inicial entre periodismo y política sigue presente, combinado ahora con mi actividad académica en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y en el Posgrado en Defensa y para la Promoción de los Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

Los uruguayos tenemos una tradición de pueblo pequeño, indómito, pero cordial, modesto, abierto a las nuevas gentes y a las nuevas ideas. Somos fieles en la gratitud y quizá no envanecidos nacionalistas. Pienso, con Plá, que tenemos un humor especial que nos rescata del mal gusto y la trampa de un posible engolosinamiento en posiciones de víctimas. Y por eso, puedo decir, con Galeano, que alguna vez la muerte me tocó el hombro y yo la mandé a la puta madre que la parió.

La Ilustración, Bertolt Brecht y la guerra de espectro completo

Cuando en 1784 Immanuel Kant describió a la Ilustración como “la salida del hombre de su subdesarrollada individualidad”, lo convocó a tener el valor de servirse de su propia inteligencia. A partir de entonces, la autoliberación del individuo de cualquier tutela se convirtió en la divisa de la Ilustración.

Sin embargo, más de dos siglos después vivimos globalmente en la época de una contra-Ilustración que no sólo involucra a una doctrina económica dirigida por una supuesta mano invisible y sus correspondientes formas políticas de gobierno, sino también a unos medios de difusión masiva que en las últimas dos décadas se han conformado como gigantescos monopolios de la contra-Ilustración y determinan todas las relaciones sociales. Vivimos en democracias dirigidas por unos mass media que promueven la aceptación dogmática de una política que rechaza o prohíbe cualquier cuestionamiento radical y busca sustituir la ausencia de solidaridad con la subordinación y el conformismo.

Ante ese estado de cosas, pensamos que Ilustración, hoy, quiere decir cuestionar radicalmente todo lo que parezca seguro, poner en duda todos los supuestos hechos, examinar, dudar y criticar aquello donde no cabe duda alguna, lo que parece evidente, lógico,natural.

En 1934, en plena noche del nazi-fascismo, el poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht, preguntó: “¿De qué sirve escribir valientemente que nos hundimos en la barbarie si no se dice claramente por qué?”. Agregó que quien quiera luchar contra la mentira y escribir la verdad, tendrá que vencer algunas dificultades: “Tendrá que tener el valor de escribir la verdad aunque se la desfigure por doquier; la inteligencia necesaria para descubrirla; el arte de hacerla manejable como un arma; el discernimiento indispensable para difundirla”.

Según Brecht, el escritor −y podríamos agregar el periodista− debe escribir la verdad, es decir, no debe rechazarla ni ocultarla ni deformarla. No debe doblegarse ante los poderosos, no debe engañar a los débiles. “Escribir la verdad es luchar contra la mentira, pero la verdad no debe ser algo general, elevado y ambiguo, pues son esas las brechas por donde se desliza la mentira”. En la Alemania nazi, para Brecht, escribir la verdad era decir que el fascismo era una fase histórica del capitalismo. En ese texto exhortó a describir el fascismo y la guerra como efectos de la lucha de clases. Escribió: “Nuestro continente se hunde en la barbarie porque la propiedad privada de los medios de producción se mantiene por la violencia. ¿De qué sirve escribir valientemente que nos hundimos en la barbarie si no se dice claramente por qué? Los que torturan lo hacen por conservar la propiedad privada de los medios de producción. (…) Digamos la verdad sobre las condiciones bárbaras que reinan en nuestro país…” (hasta aquí la cita de Brecht).

Dice Horst Kurnitzky, que cuando desaparecen los poderes y las alianzas que constituyen, cohesionan y mantienen unida a la sociedad, no queda nada que pueda impedir el proceso de disolución social: la sociedad se desintegra en una selva socialdarwinista; en una lucha de todos contra todos que se desploma encima de la sociedad y arrastra los últimos restos de las instituciones en el remolino de la autodestrucción social. Con ello se diluye la organización de los individuos autónomos en un Estado de derecho y se anulan todos los sistemas civiles de protección. En su lugar se instala la lucha de grupos sociales e intereses económicos por territorios y para participar en el escenario bélico de la desenfrenada economía del mercado total, en donde las fronteras entre mercados formales e informales se vuelven tan flexibles como las fronteras entre una lucha económica aparentemente sin violencia y los conflictos que son resueltos con la fuerza de las armas. Entonces la sociedad se convierte en un compuesto amorfo de tribus, mafias y organizaciones criminales de todo tipo.

La globalización de la economía neoliberal ha ido acompañada de la globalización de la violencia criminal. La violencia es la extrema consecuencia del principio de una economía para la cual sólo vale el éxito. En fechas recientes, en México, hemos vivido ese proceso de violencia criminal y disolución social en Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Morelos, y tiene su epicentro, hoy, en Michoacán.

Pero ese fenómeno está ligado con lo que hemos venido denominando la construcción social del miedo, como parte de un larvado proceso de conformación de Norteamérica como nuevo espacio geopolítico bajo control del complejo militar, industrial, energético y mediático de Estados Unidos, con la consiguiente “integración silenciosa” de México. Con eje en políticas de seguridad y un uso intensivo de las nuevas tecnologías de la comunicación, el Pentágono ha venido cristalizando una “dominación de espectro completo”, cuyo objetivo a mediano o largo plazo podría ser una balcanización o desmembramiento de algunas regiones del territorio mexicano ricas en recursos geoestratégicos, en particular los energéticos (petróleo, gas, agua).

Como resumió en 2007 el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica, “se trata de transformar el territorio; adecuarlo a las nuevas mercancías, a las nuevas tecnologías y los nuevos negocios. Cuadricularlo, ordenarlo, hacerlo funcional y… productivo”. En el marco del renovado expansionismo imperial, México no sería la excepción. Al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, 1994), que vinculó al país de manera asimétrica y subordinada a Estados Unidos, siguieron el Plan Puebla Panamá (2001); la ASPAN (o TLCAN militarizado, 2005); la Iniciativa Mérida (o Plan México, símil del Plan Colombia, 2007), que implicó una acelerada readecuación de las Fuerzas Armadas y las distintas fuerzas policiales mexicanas por asesores e instructores de operación e inteligencia estadunidenses, combinada con una reanudación de las actividades paramilitares y el aterrizaje en el territorio mexicano de compañías privadas de seguridad subcontratadas por el Pentágono y el Departamento de Estado; el Acuerdo Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés), diseñado para contener a China, y la Alianza del Pacífico, conformada por México, Colombia, Perú y Chile, instrumento político y económico mediante el cual Washington pretende modificar el mapa sociopolítico regional acabando con los gobiernos de los países del ALBA y socavar desde dentro proyectos que suscitan el visceral rechazo de la Casa Blanca como la UNASUR, la CELAC y, en menor medida, el Mercosur.

La ocupación integral de México forma parte de la “dominación de espectro completo” (full espectrum), noción diseñada por el Pentágono antes del 11 de septiembre de 2001, 15 que abarca una política combinada donde lo militar, lo económico, lo mediático y lo cultural tienen objetivos comunes. Dado que el espectro es geográfico, espacial, social y cultural, para imponer la dominación se necesita manufacturar el consentimiento. Esto es, colocar en la sociedad sentidos “comunes”, que de tanto repetirse se incorporan al imaginario colectivo e introducen, como única, la visión del mundo del poder hegemónico. Eso implica la fabricación y manipulación de una “opinión pública” legitimadora del modelo. Ergo, masas conformistas que acepten de manera acrítica y pasiva a la autoridad y la jerarquía social, para el mantenimiento y la reproducción del orden establecido.

Como plantea Noam Chomsky, para la fabricación del consenso resultan clave las imágenes y la narrativa de los medios de difusión masiva, con sus mitos, medias verdades, mentiras y falsedades. 16 Apelando a la guerra psicológica y otras herramientas de la acción encubierta, a través de los medios se construye la imagen del poder (con su lógica de aplastamiento de las cosmovisiones, la memoria histórica y las utopías), y vía una sucesión de hechos signados por una violencia caótica y de apariencia demencial, se imponen a la sociedad las culturas del miedo y de la delación.

La fabricación de imaginarios colectivos busca, además, facilitar la intervención−ocupación de Washington con base en el socorrido discurso propagandístico de la “seguridad nacional” estadunidense y/o la “seguridad hemisférica”. Con tal fin se introducen e imponen conceptos como el llamado “perímetro de seguridad” en el espacio geográfico que contiene a Canadá, Estados Unidos y México, que como parte de un plan de reordenamiento territorial de facto fue introduciendo de manera furtiva a México en la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte.

La ASPAN, que como se dijo antes ha venido construyendo de manera larvada el concepto Norteamérica como una nueva estructura geopolítica/geoeconómica –que en la etapa ha logrado escindir a México de América Latina−, incluye una integración energética transfronteriza (hidrocarburos, electricidad) subordinada a Washington y megaproyectos del capital transnacional que subsumen los criterios económicos a los de seguridad, justificando así acciones que de otro modo no podrían ser admitidas por ser violatorias de la soberanía nacional, y una normativa supranacional que hace a un lado el control legislativo,mientras se imponen leyes contrainsurgentes que criminalizan la protesta y la pobreza y globalizan el disciplinamiento social.

El manejo de una red de medios sistémicos bajo control monopólico privado permite, también, la construcción social del miedo, 18 la fabricación del “enemigo interno” y el aterrizaje de doctrinas y matrices de opinión como “narcoinsurgencia” o “narcoterrorismo”y las referentes a los Estados fallidos y los Estados delincuentes, que por constituir un “riesgo” a la seguridad nacional de Estados Unidos deben quedar bajo su control y tutela. Ayer Colombia, la ex Yugoslavia, Afganistán, Irak. Hoy Libia, Paquistán, Siria, México.

La fabricación mediática de México como Estado fallido durante la transición Bush/Obama en la Casa Blanca (enero-febrero de 2009), incluía la previsión de un “colapso rápido y sorpresivo”, lo que según el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (USJFCOM, por sus siglas en inglés) no dejaría más opción que la intervención
militar directa de Washington. 19 Entonces, la posibilidad de un colapso fue atribuida al accionar de grupos de la economía criminal y llevó a una acelerada militarización del país, con la injerencia directa de elementos del Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de Investigación (FBI), la agencia antidrogas DEA y otras dependencias estadunidenses en el territorio nacional, bajo la mampara de la Iniciativa Mérida.

La fabricación del enemigo interno

En su fase actual, a través de grandes campañas de intoxicación propagandística, el modelo de dominación en México ha estado avocado a la fabricación de nuevos enemigos internos. Es decir, a la construcción social del miedo. El miedo genera escenarios de riesgo en la subjetividad colectiva y altera la vida cotidiana mediante la angustia, el temor y una sensación de peligro latente. También provoca odio; porque el odio es el miedo cristalizado, objetivizado. Miedo/odio a los pobres, a los marginados, a los resentidos, a los diferentes, a los indígenas, a los negros, a los jóvenes, a los antiCristos. A los “enemigos de México”. Verbigracia: el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), Andrés Manuel López Obrador, los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el movimiento estudiantil #YoSoy132, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Así, todo lo que se opone a los intereses de los que mandan forma parte del mal, de lo diabólico. De un orden irracional y violento.

Sembradas en el subconsciente colectivo las imágenes del enemigo; identificados y socializados intencionalmente los culpables; impregnado el virus del terrorismo mítico; fabricado el miedo ante enemigos imaginarios e invisibles presentados como violentos y potenciales agresores, ante el temor de la sociedad, el sistema invade y controla la vida privada, genera imaginarios de exclusión: guetos, comunidades, urbanas cerradas,barrios amurallados en fraccionamientos con seguridad privatizada. Una forma de crear fragmentación social; de promover el individualismo; de erosionar la vida comunitaria y la solidaridad entre hombres y mujeres, mientras el miedo, la (in)seguridad estatal y el mercado se dan la mano. 

Los tres ejes clave en esa construcción del miedo, como caballos de Troya para militarizar al nuevo Estado autoritario e imponer la tolerancia cero de la Doctrina Giuliani, son el terrorismo (y el “eje del mal”, Cuba y Venezuela incluidas); el populismo radical (Hugo Chávez, Evo Morales, Andrés Manuel López Obrador) y el crimen organizado. Ante esos enemigos míticos, imaginarios, impredecibles, utilizados como distractores (que en algunos casos existen, pero son potenciados por los medios de difusión masiva como propagandistas de “la razón de Estado” para imponer leyes más duras y recortar las garantías constitucionales e individuales), el modelo que busca imponer el sistema de dominación al interior de nuestros países es la “mano dura”: la militarización de las policías y la policialización de las Fuerzas Armadas (Ejército y Marina). 

En ese escenario manufacturado, el nuevo Estado policial se presenta ante la sociedad como “el salvador”. No como parte del conflicto sino como su solución. Así, la respuesta es la violencia institucionalizada. Por ello busca legitimar el uso de la fuerza y genera de facto un Estado de excepción. Con el juego de la “lucha contra el terrorismo” y el “crimen organizado”, encarcela a la sociedad. La vigila. Limita los espacios públicos. Invade la privacidad de las personas. Impone nuevas leyes represivas como la Ley Antiterrorista −a imagen y semejanza de la Ley Patriota en Estados Unidos−, que permite la intervención de las comunicaciones privadas (telefónicas, Internet o grabaciones ilegales). Inventa guerras para que las veamos en vivo y en directo por la televisión. Discrimina. Fomenta la delación. El no te metas. Mata en los retenes. Viola mujeres. Y deja expedito el camino para que “agentes privados, corporaciones del mercado, mercenarios, paramilitares y sicarios detecten la oportunidad de lucrar con el crimen”.

Porque de lo que se trata, en definitiva, es “hacer gritar a la inseguridad”, para abrir las puertas al control y la represión. Un proyecto relativamente fácil para los diseñadores de la guerra de baja intensidad, toda vez que para ello se necesita de sectores ilegales y corruptos dentro de las instituciones policiales, militares y de seguridad del Estado, como ocurrió en el Cono Sur, por ejemplo, con las operaciones de contrainsurgencia de la Operación Cóndor.

Sólo que entre la represión al delito y la represión al conflicto social hay un hilo muy delgado. Ese es un tema clave de la GBI. La construcción del miedo y la fabricación de enemigos míticos, elusivos, como el terrorismo y el crimen organizado, obedece a la necesidad de aterrizar las armas, el entrenamiento y las asesorías para la represión. Para la guerra contra el pueblo. Eso han sido el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida, proyectos diseñados, en realidad, para imponer la “geopolítica del desalojo y el despojo”. Es porque los pueblos de Colombia y México se vienen organizando desde abajo de múltiples maneras, sistémicas y antisistémicas, acumulando fuerza, elaborando proyectos alternativos, avanzando en grados de conciencia y organización, que los que mandan y sus administradores necesitan militarizar, paramilitarizar y mercenarizar al Estado.

Universidad: radicalidad y conflicto

Decíamos líneas arriba que la ocupación integral de México forma parte deuna “dominación de espectro completo” que combina lo militar con lo económico, lo mediático y lo cultural. Lo cultural contempla a la enseñanza, incluida la educación superior.
Bajo la rectoría uniformadora del llamado Consenso de Washington y en pleno auge de las políticas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), desde hace un cuarto de siglo se ha venido abogando por la mercantilización de la educación superior en detrimento del artículo tercero constitucional. Desde entonces, quienes impulsan un capitalismo académico y la idea del estudiante-cliente, decretaron la muerte de las universidades como centros de crítica y prácticamente borraron la diferencia entre universidades públicas y privadas.

Ante el apotegma setentero de que “no hay maestro cierto ni auténtico si no trabaja por la liberación de los pueblos”, uno de los propósitos deliberados del proyecto excluyente neoliberal era que la educación dejara de ser un factor de movilidad social. Eran los días de la dictadura del pensamiento único neoliberal y mediante una campaña de intoxicación propagandística manipuladora, cobraba auge la degradación de todo a la perspectiva mercantil. El modelo de mercado y el paradigma socio-técnico inundarían, también, las universidades, para garantizar la “gobernabilidad”. Es decir, para asegurar la dominación y el control. Un orden social al servicio de las plutocracias. Una educación en función del poder corporativo; del poder del dinero.

Para garantizar esos objetivos se llevó a cabo una verdadera colonización de los discursos y las prácticas de quienes oponían resistencia al modelo de dominación. En forma paralela a las políticas imperiales, con eje en la seguridad y la llamada guerra al terrorismo de las administraciones Clinton y Bush Jr. se impuso el vocabulario de quienes combaten en el mercado por la mayor ganancia. Un lenguaje empresarial corporativo con eje en la productividad, la competitividad, la excelencia, la calidad, la rendición de cuentas. Ergo, la rivalidad como nuevo paradigma, en detrimento de la cooperación. El egoísmo en vez de la fraternidad. La propuesta del orden dominante fue formar personas egoístas en disputa permanente por puestos de trabajo, sin otra recompensa que el dinero. Con una idea subyacente: el retorno al destino (ley natural) o la liquidación de la sociedad por la sociedad misma (Horst Kurnitzky).

Entonces como ahora había que liberar al comercio y a la industria de la tutela y control del Estado. Desregulación y laissez faire fueron las palabras mágicas para una competencia sin obstáculos legales. En ese contexto, el argumento central de las políticas educativas neoliberales fue que los grandes sistemas escolares eran ineficientes, inequitativos y sus productos de baja calidad. La educación pública había “fracasado” y emergió en las universidades un discurso funcionalista cargado de atributos técnicos y de un lenguaje organizacional, y medidas que impulsaban la descentralización y la privatización, la flexibilización de la contratación, la piramidalización y la reducción de la planta docente, junto a un fuerte control gubernamental de contenidos y evaluaciones comunes impuestos de manera condicionada por el Banco Mundial, el FMI y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) .

Las estrategias del conservadurismo educacional imprimieron a los discursos pedagógicos la tónica de su lógica económica; un modelo educativo que es un facsímil de las reglas del mercado, y está basado en la competitividad absoluta entre las instituciones y los individuos. La “responsabilidad” de la educación era ahora contribuir a elevar la capacidad de competir en el mercado globalizado. Competir en un mundo desregulado, en el “nuevo capitalismo” basado en el uso intensivo de las tecnologías de la información y la comunicación.

Impuestas verticalmente y en forma inconsulta, tales políticas y mecanismos inspirados en el conductismo, con su sistema de premios y castigos que busca la estratificación y la exclusión, requirieron de medidas autoritarias para sostenerse. Fue en ese marco que de manera perversa se introdujeron en las universidades aspiraciones paranoicas de perfección: quien no busca la famosa “excelencia” es tachado de irresponsable o de “analfabeta científico”. 26 El efecto fue un deterioro profundo de los enunciados dirigidos a enseñar y aprender.

Todo eso ocurrió a partir de la fabricación de un discurso escolar, universitario y pedagógico gubernamental masmediático, que postulaba el fin de las dimensiones histórica e ideológica (Francis Fukuyama), y por lo tanto imaginaria, aplicando directamente a la educación la ecuación costo-beneficio económico. Un discurso mítico, castrador, disciplinador, autoritario, paralizante, a contramano del generado por una Universidad definida como centro de desarrollo de la teoría, la crítica y la práctica transformadoras.

Como resultado de la ofensiva ideológica neoliberal, las instituciones educativas quedaron sujetas a mediciones formales de evaluación de eficiencia similares a las de una empresa; sus profesores e investigadores sometidos a nociones de productividad y escalas salariales, en tanto que la noción de docencia pasó a estar motivada por su utilidad en el mercado y no en la libertad académica y la autonomía. Como resultado del mercadeo en las universidades, hubo un retraimiento hacia la división del trabajo interno, en particular hacia la especialización, y desapareció prácticamente la crítica, que tendió a ser doctrinaria y falta de alternativas.

La utilización generalizada de la idea de crisis de paradigmas, llevó a un abandono de los modelos analíticos generales y afloró el posmodernismo, con las consecuencias señaladas por Perry Anderson, 27 recuperadas por Emir Sader: 28 estructuras sin historia, historia sin sujeto, teorías sin verdad, un verdadero suicidio de la teoría y de cualquier intento de explicación racional del mundo y de las relaciones sociales.

Frente a la filosofía del mercado y el socialdarwinismo neoliberal que preconiza el derecho natural al éxito del más apto en un mundo lobo; ante los modelos vitalistas o biologicistas que han propagado, naturalizado y normalizado los atributos del caos, la violencia y el terror sin límites en una “guerra” cotidiana donde prevalece la ley de la selva y el hombre es el enemigo del hombre, creemos que la propuesta cultural, educativa, científica, autonómica de toda Universidad debe ser brindar a los jóvenes un conocimiento socialmente útil; una formación sólida, amplia, avanzada; dotarlos de capacidad para razonar, criticar,analizar y decodificar los usos y abusos del poder y su propaganda, sus mitos, falacias, tabúes, estereotipos y obsesiones; ayudarlos a forjar una voluntad férrea para trabajar por una sociedad más justa, fraterna, solidaria, diversa, donde todos quepan.

Por lógica, lo anterior se opone a un concepto de escolarización que tiene como único propósito “saber para subir” (Gabriel Said), así como al concepto de educación-mercancía que, como señala Domingo Argüelles, brinda “paquetes de conocimiento”, certificados luego por un título o un diploma como prueba irrefutable de “saber”. 30 Con el agravante, de que bajo la tecnocracia gobernante, ya ni los títulos ni los diplomas sirven para que los estudiantes puedan salir de la pobreza.

En rigor, a la visión eficientista de la educación no les interesa las personas y menos la formación de ciudadanos críticos. Impulsan una “educación domesticadora” (Paulo Freire), deshumanizada, alienante y tecnocrática que produce personas bien adiestradas y adoctrinadas para hacer lo que hay que hacer sin originalidad, sin iniciativa y sobre todo,sin chistar. En ese sentido, la escuela y la universidad siguen siendo instrumentos de control social, diseñadas para cerrar el paso a la rebeldía creadora y la búsqueda de alternativas.

En una perspectiva histórica, más allá de la dictadura de los “papeles” (de las calificaciones, los créditos, grados académicos, cédulas o títulos profesionales y diplomas),de procesos meritocráticos y clasistas, y de la búsqueda de certificados burocráticos o comerciales de productividad, calidad, evaluación y eficiencia, 31 se trata de formar jóvenes comprometidos con la verdad, para que puedan contribuir en la práctica a solucionar los problemas de la sociedad en donde viven.

La educación verdadera, enseñaba Paulo Freire, es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo. En una época de barbarie y caos como la que nos toca vivir, en que se menosprecia de tantas formas el ministerio de la palabra humana y se hace de ella máscara para los opresores y trampa para los oprimidos, educar significa ruptura, cambio, transformación total. Una sociedad inteligente, más informada y culta, se deja manipular menos por el poder y tiene más capacidades de autonomía.

Pero nadie dice la palabra solo. Decirla, significa decirla para otros. Por eso la educación es diálogo. De allí que Julio Barreiro no hablara de una “educación dialogal”, tan opuesta a los esquemas del liberalismo dominante. A su vez, la tarea de educar es auténticamente humanista en la medida en que procure la integración del individuo a su realidad nacional, regional y local. En la medida en que pierda el miedo a la libertad.

Educar es sinónimo de concientizar. Una concientización entendida como un proceso de liberación o despertar de la conciencia, y no como sinónimo de ideologizar o de proponer consignas, slogans o nuevos esquemas mentales, que le harían pasar al estudiante de una forma de conciencia oprimida a otra. Una auténtica Universidad no debe buscar la uniformidad. Por el contrario, debe fomentar la diversidad, la discusión y el diálogo; para
eso se garantizan la autonomía y las libertades de cátedra e investigación, no para abrir espacios al adoctrinamiento y la manipulación.

Decía Malraux que la historia la hacen los que saben decir no. Pensemos, al respecto, en el cura Hidalgo, con quien empecé estas reflexiones. O en los compañeros que me iniciaron en la senda de la rebeldía allá en el río de la Plata: Raúl Sendic, José El Pepe Mujica y el viejo Marenales. Con Galeano, uno de mis padrinos de lujo para este honoris causa junto con Daniel Viglietti, aprendí que “somos las historias que vivimos”. Hasta aquí, la utopía nos ha servido para caminar. Acepto y agradezco con profunda emoción este doctorado, y tengan la seguridad los distinguidos miembros del Consejo Universitario de la Nicolaita que me honran con esta distinción, que seguiré contando historias y diciendo mi palabra con pasión y espíritu crítico, siempre en la búsqueda de una verdad liberadora.

                                                                                                        Carlos Fazio

La CIA y el golpe militar de 1973 en Chile. Un libro de Gregorio Selser

Este libro de Gregorio Selser es de lectura obligada si se quiere conocer a fondo lo que sucedió en 1973 en Chile y el modus operandi de la CIA en todo ese sucio golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende, en Chile

 

http://www.blest.eu/biblio/cia/index.html

Crítica filosófica de la Liberación latinoamericana

Este libro ofrece un estudio crítico, desde coordenadas filosófico materialistas, de los movimientos conocidos como Teología ( y Filosofía) de la Liberación Latinoamericana y su impacto en las políticas vaticanas y estadounidenses.

pensamientos de la izquierda desde y después de Marx

Escuelas de pensamiento, un breve panorama que plantean los editores del Le Monde Diplomatique, en su edición en inglés, de mayo de 2014.

La referencia es el pensamiento marxista y la izquierda, en tanto han ido cambiando , camaleónicamente, desde hace más de medio siglo ya.

Source

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http://mondediplo.com/2014/05/11schools

Marxist theory, universalism and the left

Schools of thought

Structuralism reacts against the humanist and freedom philosophies fashionable after the second world war (Jean-Paul Sartre) and seeks to identify structures that govern the behaviour of individuals, without their necessarily being aware of them. It developed in France in the 1950s in linguistics (Ferdinand de Saussure), then spread to anthropology (Claude Lévi-Strauss), history (Jean-Pierre Vernant), philosophy (Louis Althusser) and psychoanalysis (Jacques Lacan).

La teoría marxista, el universalismo y la izquierda

Escuelas del pensamiento

El estructuralismo reacciona contra el humanista y la libertad filosofías de moda después de la segunda guerra mundial (Jean-Paul Sartre) y busca identificar las estructuras que rigen el comportamiento de los individuos, sin que éstas necesariamente conscientes de ellos. Se desarrolló en Francia en la década de 1950 en la lingüística (Ferdinand de Saussure), luego se extendió a la antropología (Claude Lévi-Strauss), la historia (Jean-Pierre Vernant), filosofía (Louis Althusser) y el psicoanálisis (Jacques Lacan).

 

Poststructuralism rejects all pretensions to truth — any notion that things or groups have a true “nature” or “essence” — unlike modern human sciences, which are suspected of establishing “unequivocal truths”. It postulates that reality is “constructed”, a tangle of beliefs that must be deconstructed. Inspired by French philosophers (Jacques Derrida, Michel Foucault), it developed in US universities in the 1980s, especially in philosophy, literature and aesthetics, inspiring some academic circles within the feminist, homosexual and black movements.

Postestructuralismo rechaza todas las pretensiones a la verdad – toda noción de que las cosas o grupos tienen una verdadera “naturaleza” o “esencia” – a diferencia de las ciencias humanas modernas, que son sospechosos de establecer “verdades inequívocas”. Postula que la realidad está “construido”, una maraña de creencias que deben ser desestructuradas. Inspirado por los filósofos franceses (Jacques Derrida, Michel Foucault), se desarrolló en las universidades de Estados Unidos en la década de 1980, especialmente en la filosofía, la literatura y la estética, inspirando a algunos círculos académicos dentro de los movimientos homosexuales y negros feministas.

Postcolonial studies: following third-world struggles for freedom, historians, anthropologists and researchers in literature used the conceptual framework of poststructuralism to revisit questions relating to the ethnicity, identity, history and culture of colonised peoples. They set out to break with the dominant vision, a western creation, and emphasise the cultural resistance of dominated groups.

Estudios poscoloniales: siguientes luchas del tercer mundo por la libertad, historiadores, antropólogos e investigadores de la literatura utilizan el marco conceptual del postestructuralismo a revisar cuestiones relacionadas con la etnia, la identidad, la historia y la cultura de los pueblos colonizados. Se propusieron romper con la visión dominante, una creación occidental, y hacer hincapié en la resistencia cultural de los grupos dominados.

Orientalism: a view of the Orient influenced by western stereotypes (in painting, literature). Edward Said’s Orientalism(1978), showing how the Orient is perceived as fundamentally different from the West, became a founding text of postcolonial studies, with the work of Frantz Fanon.

Orientalismo: una visión de Oriente influida por los estereotipos occidentales (en la pintura, la literatura). Orientalismo de Edward Said (1978), que muestra cómo el Oriente se percibe como algo fundamentalmente diferente de la occidental, se convirtió en un texto fundador de los estudios poscoloniales, con la obra de Frantz Fanon.

Subaltern studies: a historiographic current within the postcolonial movement; it revisits the Indian subcontinent’s history from the viewpoint of dominated or ignored groups. Partha Chatterjee, Homi Bhabha and Dipesh Chakrabarty are leading exponents. In its early years (the 1980s) the Subaltern Studies Group, led by Ranajit Guha and Gayatri Spivak, unlike most postmodern thinkers, claimed to be followers of Antonio Gramsci’s Marxism.

Estudios Subalternos: una corriente historiográfica dentro del movimiento post-colonial; que retoma la historia del subcontinente indio desde el punto de vista de los grupos dominados o ignoradas. Partha Chatterjee, Homi Bhabha y Dipesh Chakrabarty son líderes exponentes. En sus primeros años (los años 1980), el Grupo de Estudios Subalternos, dirigido por Ranajit Guha y Gayatri Spivak, a diferencia de la mayoría de los pensadores postmodernos, afirmó ser seguidores del marxismo de Antonio Gramsci.

Culturalism sees the human group as an intangible, fixed given, and as the major explanatory factor in the history of the group, before social, economic, political or other factors.

El culturalismo ve el grupo humano como un intangible, fija concreta, y como el principal factor explicativo de la historia del grupo, antes de que los factores sociales, económicos, políticos o de otra índole.

UE/EEUU: NUEVO TRATADO EN CURSO …COMO ES LO USUAL, LO ESENCIAL DEL MISMO, EN SECRETO

La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP en inglés) abarca un gran abanico
de temas y sectores, entre los cuales la seguridad alimentaria, los productos transgénicos,
los productos químicos tóxicos, los combustibles altamente contaminantes y la protección
de datos. Las conversaciones amenazan con mermar o erosionar salvaguardias acordadas
democráticamente y establecidas para proteger el ambiente y las personas en beneficio de las
ganancias de las grandes empresas.

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http://www.tni.org/sites/www.tni.org/files/download/ttip-isds-fracking-briefinges.pdf