FILOSOFOS DEL SIGLO XX

  

Nota: Retratos fulgurantes
Autor de la nota: Gustavo Santiago
Medio: La Nación
Fecha: 20/05/2007
Autor del libro: Élisabeth Roudinesco
Extracto: Élisabeth Roudinesco, una de las principales teóricas del psicoanálisis francés contemporáneo, incursiona, en ‘Filósofos en la tormenta’, en el campo de la filosofía. El libro se compone de seis textos breves acerca de algunos de los más importantes pensadores franceses del siglo XX: Georges Canguilhem, Jean-Paul Sartre, Michel Foucault, Louis Althusser, Gilles Deleuze y Jacques Derrida.
En la introducción, Roudinesco advierte que su intención es, simplemente, rendir homenaje a estos filósofos. Esto la libera de tener que incurrir en explicaciones o en esquematizaciones con pretensiones de totalidad -que tanto habrían disgustado a sus homenajeados-, y le permite seguir las derivas del placer, del dolor, de la indignación o de la admiración que emergen de la propia escritura.
El hilo conductor entre los diferentes textos es el intento por parte de la autora de reflejar la tormenta personal que fulguraba sobre y dentro de cada uno de estos filósofos: “los seis -sostiene Roudinesco-, por negarse a ser los sirvientes de una normalización del hombre -que, en su versión más experimental, no es más que una ideología de la sumisión al servicio de la barbarie-, pagaron el precio de lo que podría llamarse una travesía por la tormenta”. Tormenta bifronte que, cuando de cuestiones sociopolíticas se trataba, mostraba el rostro de Marx, y cuando se jugaba en el terreno de la interioridad, proyectaba la mirada de Freud.
En el capítulo sobre Canguilhem, Roudinesco expone algunos de los puntos salientes de ‘Lo normal y lo patológico’, obra que Foucault consideraba el principal trabajo de su maestro, y destaca el hecho de que ese texto, originariamente la tesis de medicina del filósofo, fuera escrito y defendido por Canguilhem en 1943, al mismo tiempo que con el nombre de Lafont formaba parte, como médico, de la Resistencia en Auvergne. Ensayando una interpretación para este hecho, afirma que “si su llegada a la medicina permitió al filósofo Canguilhem convertirse en Lafont, fue porque la Resistencia, como rebelión singular, funcionó para él como el paradigma de una discontinuidad en el orden de la normatividad”.
De Sartre le interesa a la autora mostrar, por un lado, el camino que conduce al escritor de la época de ‘La náusea’, “impermeable a toda forma de compromiso real”, a convertirse en el ícono político de años posteriores y, por otro lado, su tensa relación con el pensamiento de Freud. Para esto último, Roudinesco se sirve no de los textos teóricos de Sartre, sino del guión cinematográfico -no filmado- que el cineasta John Huston le había encargado sobre Freud. En ese guión tiene lugar “la construcción de un Freud perfectamente freudiano por parte de Sartre: más riguroso y verdadero que el que Freud había querido mostrar en su ‘Autobiografía'”.
El texto sobre Foucault es un relato del escándalo que produjo la aparición de ‘Historia de la locura’ en el mundo psiquiátrico y psicoanalítico francés. Por esa obra Foucault fue reiteradamente acusado de “perverso”, “enfermo mental”, “caso patológico” y su obra fue vista como “habitada por una mística suicida”. Estas acusaciones forman parte, según Roudinesco, de una “empresa de erradicación del pensamiento foucaultiano” que, sostiene, “ha fracasado por completo, tanto en Francia como en el resto del mundo”.
En el caso de Althusser, la conmoción se produce no por sus obras, sino por un acto: el homicidio de su esposa Hélène Rytmann. Tras comparar el texto autobiográfico en que Althusser cuenta cómo estranguló a su esposa, ‘El porvenir es largo’, con una película de Hitchcock, Roudinesco recorre y descalifica las interpretaciones que de ese hecho dieron algunos de sus contemporáneos. También se detiene en la conflictiva relación que Althusser mantuvo con el marxismo y el psicoanálisis, donde no deja de resonar el nombre de su esposa, ya que Hélène había sido miembro de la Resistencia y militante comunista y paciente del mismo analista que Althusser.
Deleuze es presentado como “el filósofo de los extremos y de la risa, de lo grotesco y de lo sublime, del sueño y del deseo […], lo animaba una especie de pasión incandescente hacia el genio creador”. Fue la defensa de lo múltiple, lo rizomático, lo deviniente lo que, desde la perspectiva de la autora, llevó a Deleuze a realizar agudos ataques “contra el monumento más psicologizado del edificio freudiano, el complejo de Edipo”. No obstante señalar que “el programa antiedípico nunca se realizó”, Roudinesco afirma: “aquellos que, como yo, conocieron a Félix Guattari y asistieron al seminario fulgurante que dictó Deleuze en Vincennes entre 1969 y 1972 piensan que ‘El Antiedipo’ es un gran libro […], una lección de placer, de rebelión y de libertad”.
El texto sobre Derrida, con el que se cierra el libro, es una deliciosa despedida del amigo escrita en un diálogo con ‘Los tres mosqueteros’ de Dumas.
Escrito con un tono ameno, pasional, poblado de vivencias muy fuertes (como cuando Roudinesco afirma: “Althusser me visitaba con frecuencia, acompañado a veces por Hélène” y cuenta que insistía en comprarle su departamento porque quería huir de aquel en el que poco después iba a sobrevenir la tragedia), ‘Filósofos en la tormenta’ es, sin dudas, un logrado homenaje a quienes fueron figuras clave del pensamiento occidental del siglo pasado.

 

Nota: Retratos fulgurantes
Autor de la nota: Gustavo Santiago
Medio: La Nación
Fecha: 20/05/2007
Autor del libro: Élisabeth Roudinesco
Extracto: Élisabeth Roudinesco, una de las principales teóricas del psicoanálisis francés contemporáneo, incursiona, en ‘Filósofos en la tormenta’, en el campo de la filosofía. El libro se compone de seis textos breves acerca de algunos de los más importantes pensadores franceses del siglo XX: Georges Canguilhem, Jean-Paul Sartre, Michel Foucault, Louis Althusser, Gilles Deleuze y Jacques Derrida.
En la introducción, Roudinesco advierte que su intención es, simplemente, rendir homenaje a estos filósofos. Esto la libera de tener que incurrir en explicaciones o en esquematizaciones con pretensiones de totalidad -que tanto habrían disgustado a sus homenajeados-, y le permite seguir las derivas del placer, del dolor, de la indignación o de la admiración que emergen de la propia escritura.
El hilo conductor entre los diferentes textos es el intento por parte de la autora de reflejar la tormenta personal que fulguraba sobre y dentro de cada uno de estos filósofos: “los seis -sostiene Roudinesco-, por negarse a ser los sirvientes de una normalización del hombre -que, en su versión más experimental, no es más que una ideología de la sumisión al servicio de la barbarie-, pagaron el precio de lo que podría llamarse una travesía por la tormenta”. Tormenta bifronte que, cuando de cuestiones sociopolíticas se trataba, mostraba el rostro de Marx, y cuando se jugaba en el terreno de la interioridad, proyectaba la mirada de Freud.
En el capítulo sobre Canguilhem, Roudinesco expone algunos de los puntos salientes de ‘Lo normal y lo patológico’, obra que Foucault consideraba el principal trabajo de su maestro, y destaca el hecho de que ese texto, originariamente la tesis de medicina del filósofo, fuera escrito y defendido por Canguilhem en 1943, al mismo tiempo que con el nombre de Lafont formaba parte, como médico, de la Resistencia en Auvergne. Ensayando una interpretación para este hecho, afirma que “si su llegada a la medicina permitió al filósofo Canguilhem convertirse en Lafont, fue porque la Resistencia, como rebelión singular, funcionó para él como el paradigma de una discontinuidad en el orden de la normatividad”.
De Sartre le interesa a la autora mostrar, por un lado, el camino que conduce al escritor de la época de ‘La náusea’, “impermeable a toda forma de compromiso real”, a convertirse en el ícono político de años posteriores y, por otro lado, su tensa relación con el pensamiento de Freud. Para esto último, Roudinesco se sirve no de los textos teóricos de Sartre, sino del guión cinematográfico -no filmado- que el cineasta John Huston le había encargado sobre Freud. En ese guión tiene lugar “la construcción de un Freud perfectamente freudiano por parte de Sartre: más riguroso y verdadero que el que Freud había querido mostrar en su ‘Autobiografía'”.
El texto sobre Foucault es un relato del escándalo que produjo la aparición de ‘Historia de la locura’ en el mundo psiquiátrico y psicoanalítico francés. Por esa obra Foucault fue reiteradamente acusado de “perverso”, “enfermo mental”, “caso patológico” y su obra fue vista como “habitada por una mística suicida”. Estas acusaciones forman parte, según Roudinesco, de una “empresa de erradicación del pensamiento foucaultiano” que, sostiene, “ha fracasado por completo, tanto en Francia como en el resto del mundo”.
En el caso de Althusser, la conmoción se produce no por sus obras, sino por un acto: el homicidio de su esposa Hélène Rytmann. Tras comparar el texto autobiográfico en que Althusser cuenta cómo estranguló a su esposa, ‘El porvenir es largo’, con una película de Hitchcock, Roudinesco recorre y descalifica las interpretaciones que de ese hecho dieron algunos de sus contemporáneos. También se detiene en la conflictiva relación que Althusser mantuvo con el marxismo y el psicoanálisis, donde no deja de resonar el nombre de su esposa, ya que Hélène había sido miembro de la Resistencia y militante comunista y paciente del mismo analista que Althusser.
Deleuze es presentado como “el filósofo de los extremos y de la risa, de lo grotesco y de lo sublime, del sueño y del deseo […], lo animaba una especie de pasión incandescente hacia el genio creador”. Fue la defensa de lo múltiple, lo rizomático, lo deviniente lo que, desde la perspectiva de la autora, llevó a Deleuze a realizar agudos ataques “contra el monumento más psicologizado del edificio freudiano, el complejo de Edipo”. No obstante señalar que “el programa antiedípico nunca se realizó”, Roudinesco afirma: “aquellos que, como yo, conocieron a Félix Guattari y asistieron al seminario fulgurante que dictó Deleuze en Vincennes entre 1969 y 1972 piensan que ‘El Antiedipo’ es un gran libro […], una lección de placer, de rebelión y de libertad”.
El texto sobre Derrida, con el que se cierra el libro, es una deliciosa despedida del amigo escrita en un diálogo con ‘Los tres mosqueteros’ de Dumas.
Escrito con un tono ameno, pasional, poblado de vivencias muy fuertes (como cuando Roudinesco afirma: “Althusser me visitaba con frecuencia, acompañado a veces por Hélène” y cuenta que insistía en comprarle su departamento porque quería huir de aquel en el que poco después iba a sobrevenir la tragedia), ‘Filósofos en la tormenta’ es, sin dudas, un logrado homenaje a quienes fueron figuras clave del pensamiento occidental del siglo pasado.

 

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