Augusto Salazar Bondy: imprescindible filósofo peruano del siglo XX


FICHA DEL LIBRO

Título : Dominación y liberación : escritos 1966-1974
Autor : Salazar Bondy, Augusto
Publicación : Lima : UNMSM, Facultad de Letras y Ciencias Humanas, Fondo Editorial, 1995
Descripción : 322 p. ; 21 cm.
Otros
autores : Orvig, Helen, ed.; Sobrevilla
Alcázar, David, 1938-, ed.
Tema : Filosofía latinoamericana

http://sisbib.unmsm.edu.pe/BibVirtual/libros/2006/domin_liber/contenido.htm

filosofía y religión en los racismos nazi y afrikaaner

FUENTE http://jsri.ro/new/?Archive:JSRI_Volume_7%2C_no._19%2C_Spring_2008_-_Interdisciplinary_Approaches_in_Religious_Studies_and_Ideologies

Derecho Petroleo Exxon Texaco en Ecuador

Los llamados Derechos Humanos tal como la ONU los ha propuesto en su Delaración Universal de 1948 ¿ son compatibles o no con los derechos realmente existentes ? Veamos un caso concreto,el de las comunidades de la región petrolera de Ecuador situada en la Amazonia del Ecuador
El libro que sugerimos para el estudio de la cuestión es de gran interés a mi juicio, para plantear la cuestión de los Derechos Humanos,in medias res, tal y como lo hace un sistema no idealista como es el materialismo filosófico

Globalización, pensamiento único y liberalismo.

Globalización:
La globalización es un fenómeno moderno que puede ser analizado desde diversos ángulos. El término proviene del inglés globalization, donde global equivale a mundial.
A grandes rasgos, podría decirse que la globalización consiste en integración de las diversas sociedades internacionales en un único mercado capitalista mundial. Por eso, el fenómeno es defendido desde teorías económicas como el neoliberalismo y por entidades como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Existen numerosas corrientes de pensamiento que creen que la globalización trasciende la cuestión económica y abarca a la cultura, por ejemplo. Como la relación de fuerzas entre las naciones más desarrolladas (como las europeas o los Estados Unidos) y las subdesarrolladas (como las latinoamericanas o africanas) es sumamente desigual, la globalización sin límites ni controles favorece el imperialismo cultural y el dominio económico, y atenta contra la identidad particular de cada pueblo.
El origen histórico de la globalización se remonta a 1492, cuando Cristóbal Colón llegó a América. A partir de allí, la voluntad expansiva de Europa se tradujo en una serie de imperios y el comercio global se intensificó año a año. Las potencias se basaban en la teoría económico-política del mercantilismo, que suponía la competencia por una cantidad finita de riqueza y la necesidad de un control estricto del comercio.
El avance de la tecnología, el auge de las telecomunicaciones e Internet y el desarrollo de los medios de transporte ha permitido que el fenómeno de la globalización sea una realidad ineludible en el mundo actual.

Pensamiento único:
El pensamiento único, asumido, al parecer como único modelo social posible por los dirigentes del sistema ha consagrado al mercado como el único agente de regulación social, La consecuencia de esta catástrofe intelectual es que el Mundo ha quedado en manos de personas sin escrúpulos que lo han llevado a una situación límite como consecuencia del expolio de la Naturaleza y de los pueblos “no competitivos”. Un expolio sistemático disfrazado con el nombre de “liberalismo” como falso sinónimo de libertad. Y para conferir un carácter científico a este auténtico yermo del pensamiento se han creado términos, conceptos e incluso teorías igualmente vacíos de los que se habla como si tuvieran una existencia real: “el precio del dinero”, los “índices bursátiles”, el “capital financiero”, el “índice de consumo” y algunos tan hipócritas como “la libre competencia” o “la renta per cápita”. Con estas bases científicas no resulta extraña la satisfacción de los expertos con la entrada de China en el “libre mercado” porque ya son “6000 millones de consumidores”. Esta especie de “pereza mental”, de no querer detenerse a reflexionar sobre el camino al que nos están conduciendo parece un síntoma de decadencia (incluso un indicio de catástrofe) de nuestra “civilización”.
Pero el pensamiento único no se ha detenido en el ámbito de la economía. La aparente necesidad de descargar responsabilidades en algún tipo de “poder incontrolable” se traduce en la explicación de la Naturaleza mediante la omnipotencia, igualmente aleatoria e imprevisible, de la selección natural: el único motor de la evolución de la vida y de las relaciones entre los seres vivos, cuyo fundamento es una competencia permanente de todos contra todos. Y, del mismo modo, la profusión de “términos científicos” creados en torno a ella (la fitness, el “coeficiente de selección”, el “valor reproductivo”, el “equilibrio genético”…) constituyen los puntales, apoyados en el aire de una Naturaleza inventada, que soportan la base del pensamiento único biológico.
Fragmento escrito por Máximo Sandín en 2004

Liberalismo:
El liberalismo es una doctrina filosófica y política que se caracteriza por ser una concepción individualista, en otras palabras, es una concepción para la cual el individuo y no los grupos constituyen la verdadera esencia; citando nuevamente a García Pelayo: “Los valores individuales son superiores a los colectivos y el individuo decide su destino y hace historia”.
En su aspecto predominantemente filosófico, el liberalismo es una posición intelectual que basa exclusivamente en la fuerza de la razón la posibilidad de interpretar los fenómenos, con autonomía de todo principio que se considere absoluto o superior. Particularmente por este aspecto -desvincular al individuo de toda instancia sobrenatural- ha sido motivo de condenaciones pontificias.

Gustavo Bueno , ¿Para que sirve la filosofia?

Paula Prieto Fernández de Velasco

Fundamentalismo…¿democrático?

El filósofo Gustavo Bueno ha publicado recientemente un libro sobre lo que es realmente, desde el MaterialismoFilosófico, el concepto de fundamentalismo democrático

A  juicio de introfilosofia un libro de urgente e imprescindible lectura

Definiciones: globalización, pensamiento unico y doctrina liberal

GLOBALIZACION

Se conoce por globalización el fenómeno de apertura de las economías y las fronteras, como resultado del incremento de los intercambios comerciales, los movimientos de capitales, la circulación de las personas y las ideas, la difusión de la información, los conocimientos y las técnicas, y de un proceso de desregulación. Este proceso, tanto geográfico como sectorial, no es reciente, pero se ha acelerado en los últimos años. La globalización es fuente de múltiples oportunidades, aunque sigue siendo uno de los mayores retos a los que debe enfrentarse hoy la Unión Europea. Para poder explotar plenamente el potencial de crecimiento de este fenómeno y garantizar un reparto justo de sus beneficios, la Unión Europea procura establecer un modelo de desarrollo sostenible mediante una gobernanza multilateral a fin de reconciliar el crecimiento económico, la cohesión social y la protección del medio ambiente.

PENSAMIENTO UNICO

La expresión pensamiento único (del francés pensée unique) es una fórmula retórica de cuño reciente, que forma parte del ideo léxico político actual, generalmente utilizada en el mundo político-mediático para descalificar a las ideas que, en opinión de quienes lo emplean, serían hegemónicas o dominantes. Grupos que tienen cada uno un pensamiento determinado y opuesto pueden acusarse mutuamente de practicar un pensamiento único. Se trataría entonces de lo que algunos psicólogos denominan un pensamiento de grupo.

DOCTRINA LIBERAL

Orientación intelectual y política que enfatiza el valor fundamental de la libertad individual. Liberalismo es un concepto fluido y su significado político ha variado con el tiempo. Sin embargo, en cuanto doctrina política, el Liberalismo tiene un significado que se puede circunscribir desde un punto de vista histórico.

La doctrina, elaborada en los siglos XVIII y XIX, se funda en el principio de la libertad individual, defiende la libre iniciativa y el libre comercio (laissez faire, laissez passer) en economía, la igualdad jurídica de los ciudadanos, la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), un estado de derecho garantizado por una constitución, la participación en la vida política de un electorado seleccionado (sufragio censitario), la representación de ese electorado en un parlamento con poder legislativo, la tolerancia religiosa, el laicismo del Estado. La revolución liberal supuso el final del Antiguo Régimen.

El liberalismo, en conjunción con las corrientes democratizadoras, está en la base de las democracias modernas.

Noive Salas Alastrué

Enlace interesante: https://introfilosofia.wordpress.com/2010/01/19/globalizacion-pensamiento-unico-y-doctrina-liberal/

Globalización, pensamiento unico y doctrina liberal.

¿Qué es la globalización?

     La globalización es un proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capitales. Este proceso no es nuevo, viene desarrollándose paulatinamente desde 1950 y tardará muchos años aún en completarse, si la política lo permite.

¿Cuáles son los factores que determinan el proceso de globalización?
     El primero es, sin duda, la tecnología. El desarrollo de nuevas tecnologías en el transporte y en las telecomunicaciones ha permitido que sus costes caigan de una manera espectacular… El segundo factor ha sido la liberalización de los intercambios de bienes, servicios y capitales, tanto a través de negociaciones multilaterales…, como por decisiones unilaterales y bilaterales de las autoridades económicas de los países o de las áreas de integración en las que se encuentran inmersos.

¿Qué papel le queda al Estado después de la globalización?
La menor efectividad de la política macroeconómica, tanto monetaria como fiscal, en una economía globalizada, hace que los gobiernos tengan que dedicar mayores esfuerzos a las políticas institucionales y microeconómicas. Lo que sin duda es muy positivo ya que tienen que hacer una política de permanente reforma y flexibilización de su economía para que pueda ser competitiva, a través de un mejor funcionamiento de los mercados y de las empresas.

Una buena educación, una formación de calidad, unas buenas infraestructuras, un sistema eficiente de salud, un sistema financiero saneado y bien supervisado, una justicia rápida e imparcial, una seguridad ciudadana, etc., son todos ellos elementos decisivos para salir favorecido de la globalización económica, obtener una mayor confianza y recursos financieros estables y a precios razonables. La triple calamidad de la corrupción, la delincuencia y la inseguridad jurídica y policial, que sufren muchos países en desarrollo (y algunos más desarrollados) es enormemente disuasiva de la inversión internacional.

¿Qué es el pensamiento único?

     Desde tiempos de Aristóteles ya se sabe que el ser humano es un animal que piensa. Algo que después quedó bien claro con buena parte de la filosofía moderna, particularmente con Descartes. En fin, que el simple (o no tan simple) hecho de que pensemos nos ha dado bastante que hablar. Sin embargo, parece hay un concepto que podría sugerirnos que no pensamos tanto como creemos, sino que, por el contrario (y muy sospechosamente) muchos de nosotros coincidimos bastante en el contenido de nuestros pensamientos. Vivimos entregados, entonces, al pensamiento único, un concepto de que de vez en cuando se deja oir por ahí, pero cuyo significado no está del todo claro. Por eso quisiera dialogar hoy con vosotros en torno a este concepto, para que entre todos lleguemos a saber qué es exactamente eso del “pensamiento único”.

    Desde mi punto de vista, hay tres componentes esenciales de esta forma de pensamiento que se nos va filtrando a través de los medios de comunicación y las formas de vida: el capitalismo, el liberalismo y la democracia. El movimiento libre del capital y todo lo que lleva aparejado (globalización, multinacionales y consumismo, entre otras cosas) se ha convertido casi en una nueva religión, no por las virtudes del sistema sino por la debilidad de todos sus rivales. Así vamos todos viviendo, insatisfechos con el capitalismo, pero alimantándonos de él, convencidos de que es muy difícil idear algún sistema mejor. Algo que tampoco son capaces de ofrecer muchos de sus críticos. Y claro, el sistema político perfecto para una economía capitalista es el que está sacralizado en muchas de nuestras sociedades: la democracia liberal. El liberalismo se nos presenta como la fórmula mágica de la libertad: dedícate a tú vida privada (se nos dice) que el Estado (así, con mayúsculas) se preocupará de que nadie se entrometa en la misma. ¿Quién cuestionaría el liberalismo con esta tarjeta de visita? Nadie, salvo cuando vamos comprobando que a menudo las libertades de unos valen más que las de otros, y que la libertad entendida de un modo absolutamente individualista y radical termina convirtiendo al hombre en un lobo para el hombre. Civilizado, sí, pero un lobo.

    Este individualismo basado en la competitividad parece atenuarse en el tercer gran pilar del pensamiento único: la democracia. Un sistema político defectuoso, que no por ser el menos malo termina convertido en bueno: sometido a la manipulación y a la irracionalidad de la masa (no hay mayor mentira que esa de “el pueblo nunca se equivoca”), parece que la democracia es algo intocable, que no se puede criticar de ninguna de las maneras. La espada de Damocles del adjetivo “fascista” pende sobre aquel que se atreva a dudas de ella. ¿Acaso no existen problemas en las democracias contemporáneas? ¿Garantiza la democracia la representatividad o la legitimidad del poder político? Grandes preguntas que, unidas al cuestionamiento del liberalismo y el capitalismo, deberían llevarnos a cuestionar ese gran monstruo conceptual que es el pensamiento único. ¿Estamos condenados a vivir así? ¿Acaso no somos capaces de pensar en mejores sistemas políticos y económicos?

Doctrina Liberal

Orientación intelectual y política que enfatiza el valor fundamental de la libertad individual. Liberalismo es un concepto fluido y su significado político ha variado con el tiempo. Sin embargo, en cuanto doctrina política, el Liberalismo tiene un significado que se puede circunscribir desde un punto de vista histórico.

La doctrina, elaborada en los siglos XVIII y XIX, se funda en el principio de la libertad individual, defiende la libre iniciativa y el libre comercio (laissez faire, laissez passer) en economía, la igualdad jurídica de los ciudadanos, la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), un estado de derecho garantizado por una constitución, la participación en la vida política de un electorado seleccionado (sufragio censitario), la representación de ese electorado en un parlamento con poder legislativo, la tolerancia religiosa, el laicismo del Estado. La revolución liberal supuso el final del Antiguo Régimen.

El liberalismo, en conjunción con las corrientes democratizadoras, está en la base de las democracias modernas.

La doctrina liberal de la libertad de expresión y sus límites: el papel actual de los medios de comunicación.

 

Enuncia la doctrina liberal

El reconocimiento y la garantía de la libertad de expresión constituyen elementos imprescindibles de toda democracia que aspire a ser justa1. Este vínculo fundamental entre democracia y libertad de expresión no es algo reciente, sino que más bien constituye uno de los tempranos frutos del triunfo liberal sobre la sociedad tradicional. Frente al control de la información y la censura propios del orden tradicional, una de las primeras consecuencias de la instauración de un régimen liberal allí donde se produjo fue el reconocimiento de la libertad de expresión como una de las libertades fundamentales de los individuos y la sociedad en general. Así ocurrió tras las revoluciones liberales de Inglaterra o Francia, o en EE.UU. Esta vinculación histórica ha marcado profundamente una de las concepciones de la libertad de expresión: la que suele conocerse precisamente como doctrina liberal.

Sin embargo, con ser fundamental en el más pleno sentido de la palabra, lo cierto es que la doctrina liberal tiene cada día más dificultades para integrar y dar normativamente cuenta de las complejidades de la sociedad de la información y, especialmente, del protagonismo que en ella adquieren los medios de comunicación . A nuestro juicio, esta insuficiencia no vendría dada por algún error o inconsistencia internos, sino más bien por un cambio en las circunstancias del entorno. Cambio que tendría que ver, por un lado, con las limitaciones del modelo de democracia institucionalizado hoy, tema que no nos ocupará aquí. Y, por otro, con las transformaciones producidas en el propio ámbito de la comunicación social.

Al hilo de estos cambios la doctrina liberal se habría quedado, por decirlo así, «pequeña». Aunque llamar la atención sobre esta insuficiencia tampoco es algo en absoluto reciente o novedoso, el comienzo del nuevo siglo -el de la anunciada sociedad de la información- lleva aparejado la necesidad -quizá también la urgencia de revisar una vez más los supuestos de la doctrina liberal, de constatar nuevamente sus limitaciones y plantear su necesaria complementación 2. Lo que sigue son sólo unos apuntes de esta vasta y exigente tarea.

Jonathan Salmón Laguillo

Pierre Bourdieu sobre el papel del Banco Central Europeo

 Pierre Bourdieu voila el Gran Hermano...

http://permisoparaexistir.blogspot.com

 Los motivos de la ira

 Inglaterra fue en los años ochenta la primera estación de la política neoliberal en Europa. El nombre de Margaret Thatcher define y evoca una era que quedó cifrada en el desmantelamiento del Estado social, el auge del monetarismo y la globalización del comercio y los mercados financieros: una nueva e inesperada revolución del capitalismo. Felipe González llegó a pensar que se trataba de otra “excentricidad británica”. El thatcherismo no fue en realidad más que el preludio. España, Grecia, Francia, Alemania, Suecia, Austria… viven hoy el síndrome de aquella excentricidad. La religión de los mercados financieros se ha apoderado de la mayor parte de las élites dirigentes europeas. En algunos países, como en Italia, ha fracasado; en otros, como en Alemania y Francia, ha servido para imponer un sesgo dramático y conflictivo a la unificación europea. Pierre Bourdieu ha sido uno de los críticos más notables de este neoliberalismo tardío. En octubre del año pasado, el periódico Liberation publicó un ensayo de Bourdieu en el que impugnaba la política de Hans Tietmeyer, presidente del Deutsche Bundesbank. El semanario alemán Der Spiegel propició una conversación con el sociólogo francés.

 ROMAIN LEICK y DIETER WILD: Profesor Bourdieu, en su crítica a Hans Tietmayer, presidente del Deutsche Bundesbank, lo acusa de ser el abanderado del neoliberalismo europeo. ¿Pretende declarar la guerra a Bonn y a sus planes para Europa?

PIERRE BOURDIEU: No, yo impugné al banquero no al alemán, pero sobre todo al banquero dogmático. Mi crítica, en cierta medida irónica, no quiso expresar ninguna animadversión francesa hacia Alemania. Habría en cambio que pensar en la urgencia de construir un Estado federal europeo que sea capaz de defenderse del poder y las obsesiones de un banco central.

LEICK y WILD: ¿Acaso los franceses atribuyen al Bundesbank una autoridad semejante a la que tuvo alguna vez el estado mayor prusiano?

BOURDIEU: Se dice que Prusia fue un Estado constituido por militares. Sin embargo, nunca antes se había erigido un Estado en torno a un banco. En mi opinión, comenzar la unión europea con la unificación monetaria, tal y como se le concibe en la actualidad, es una mala señal; es decir, el banco central se convierte en la piedra de toque. Si provoqué a Tietmeyer fue para desatar un debate a nivel europeo.

LEICK y WILD: ¿Y él le respondió?

BOURDIEU: No. Helmut Schmidt escribió, como ustedes saben, un ensayo en el periódico Die Zeit…

LEICK y WILD: …donde denuncia la política de deflación de Tietmeyer.

BOURDIEU: Eso me satisfizo plenamente. Schmidt utilizó argumentos precisos.

LEICK y WILD: Un sociólogo francés de izquierda y un socialdemócrata alemán de derecha, ¿no le parece una alianza extraña?

BOURDIEU: La verdad no tiene patria ni partido. Hoy impera una suerte de ceguera colectiva. Todo lo que tiene que ver con la moneda, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o el Deutsche Bundesbank se ha convertido en un fenómeno casi religioso. Las consignas de globalización y flexibilidad se repiten de manera frenética, como si alguien supiera lo que significan. Son sólo conceptos imprecisos y carentes de definición que circulan por ahí, de manera similar a una retahíla religiosa.

LEICK y WILD: Esta supuesta religión no tiene su origen en Alemania.

BOURDIEU: Tiene seguidores alrededor de todo el mundo, también en Francia, donde Jean-Claude Trichet, jefe del Banque de France, es su vocero. Un hombre que, para colmo, tiene ambiciones de poeta. No obstante, su verdadero sacerdote es el señor Hans Tietmeyer.

LEICK y WILD: ¿No le da demasiada importancia?

BOURDIEU: No. Su lenguaje dogmático y ritual es revelador. Lo peligroso de estas creencias es que se difunden como si fueran verdad. Nadie se asombra, nadie pregunta, todo parece obvio. La mayoría de los que repiten esta letanía religiosa no tienen la menor idea de lo que es la teoría económica. Hoy el neoliberalismo es lo que en la Edad Media fue el “communis doctorum opinio”.

LEICK y WILD: Una ideología con disfraz de ciencia. ¿Se trata de una confusión ideológica?

BOURDIEU: Exactamente. Se trata de un dogmatismo conservador que se apoya de manera injustificada en la autoridad de la ciencia.

LEICK y WILD: ¿Se ha convertido el Bundesbank en un chivo expiatorio de los problemas económicos de Francia?

BOURDIEU: De ninguna manera. Me sorprende que se hable de enemistad entre franceses y alemanes. Tietmeyer representa el enorme poder del Bundesbank. Su discurso es impositivo, brutal y desesperante. Pero el objetivo de la resistencia es el neoliberalismo.

LEICK y WILD: ¿Qué hay de malo en la política que propone comenzar con la unificación monetaria?

BOURDIEU: Es una política unidimensional. ¿Por qué nadie habla de unificar las conquistas del Estado de bienestar en Europa y de que cada país cuente con los mismos derechos sociales? Hay que crear un poder [europeo] fundado en un Estado de derecho al que se supedite la economía a través de una estructura jurídica. La relación patrón-trabajador debe replantearse. Sobre todo, hay que controlar el dumping social porque es la causa del desempleo. Asimismo, habría que impulsar un pacto europeo de crecimiento económico y creación de empleos.

LEICK y WILD: ¿No es demasiado irreal?

BOURDIEU: No hay por qué doblegarse ante el terrorismo ideológico. Entre la forma de pensar de Tietmeyer y el Libro rojo de Mao existe una analogía: para ambos las ideas son armas. El Libro rojo respondía a una estructura de pensamiento autoritario, mediante la cual Mao podía exigir a su pueblo cualquier cosa por absurda que fuera, como El-Gran-Salto-Hacia-Ade-lante, por ejemplo. Las creencias que enarbola Tietmeyer se rigen por el mismo principio y están basadas en el fatalismo económico. El jefe del Bundesbank pretende vendernos los famosos “mercados financieros” como si su poder fuera parte del destino. El economicismo aniquila cualquier utopía: nunca parece haber otra opción que no sea la de capitular frente a su punto de vista.

LEICK y WILD: ¿No es un exceso concluir que existe la amenaza de una dictadura económica sólo porque el banco central europeo debería actuar de manera independiente frente a cualquier tipo de intervención política?

BOURDIEU: La filosofía de Tietmeyer sostiene que no se puede hacer nada contra los mercados financieros: cualquier tipo de resistencia es inútil. Y personas como él son las que hablan de libertad y liberalismo, como si libertad y laissez-faire fueran una y la misma cosa. El neoliberalismo pugna por un simple dejar hacer a las fuerzas económicas, es decir, por el fatalismo económico.

LEICK y WILD: Usted propone, en cambio, volver al dirigentismo estatal.

BOURDIEU: Un banco europeo tiene sentido como instrumento de un Estado europeo que, al igual que cualquier Estado, debe responder a obligaciones económicas, pero sobre todo debe alcanzar metas que vinculen la economía con otros objetivos: la felicidad, la igualdad, la libertad, el derecho de los ciudadanos al trabajo. En cambio, un banco que persigue el poder absoluto sobre el mercado es un peligro para el interés público.

LEICK y WILD: El poder de los mercados financieros es una realidad que usted ni nadie puede ignorar.

BOURDIEU: Así es. En contra de ello debemos desarrollar estructuras estatales a nivel europeo. La globalización de los mercados financieros, que incrementa el capital sin necesidad de invertir en la industria, ha creado un nuevo e inmenso poder que infringe y desborda la autoridad y la soberanía de los gobiernos de cada país.

LEICK y WILD: ¿Qué puede hacer un Estado nacional si su margen de acción se halla limitado por el déficit interno y el incremento permanente de la deuda?

BOURDIEU: Me obliga a hablar más allá de lo que me compete como sociólogo. Hablo porque el silencio de los intelectuales me aterra. A su objeción podría responderle que la desregulación de los mercados financieros propició una masiva evasión de impuestos de la que nadie dice nada. Respondo con una pregunta. La evasión de impuestos es una consecuencia inmediata de la pérdida del control que ejercía el Estado sobre los mercados financieros, ¿cuál es el porcentaje del déficit interno que se debe a esta evasión?

LEICK y WILD: Es probable. Pero, ¿por qué no dice nada acerca del problema del gasto? El Estado social se ha vuelto dema- siado caro.

BOURDIEU: Ahora habla usted como Hans Tietmeyer.

LEICK y WILD: ¿Acaso usted no cree en ello?

BOURDIEU: No. Hay que analizar cómo se hacen las cuentas. Los economistas cometen errores al hacer sus balances. Por mé-todo, olvidan el gasto social y económico que generan las medidas de ahorro y austeridad. Por ejemplo, los gastos necesarios para combatir el desempleo y sus consecuencias, así como la pobreza. A ello hay que agregar, por supuesto, los gastos en el ámbito de la salud.

LEICK y WILD: ¿Cuáles otros gastos?

BOURDIEU: Pensemos tan sólo en la violencia. Eso sí cuesta caro. Al igual que la energía, la violencia nunca desaparece, sino que se transforma y cambia de apariencia. El desempleo, la pobreza, la falta de vivienda son formas de violencia. La violencia económica aparece en otro lugar y con otros rostros. Ni hablar de la violencia de los seres humanos en contra de sí mismos: crimen, alcohol, drogas…

LEICK y WILD: …problemas que siempre han estado allí. No puede usted atribuirle todos los males al neoliberalismo.

BOURDIEU: A usted le parece que exagero, porque el neoliberalismo se ha metido de tal manera en la mente de los individuos, que pensar de manera lógica y normal se ha vuelto hoy una paradoja. Insisto: vivimos una revolución conservadora que quiere restaurar el capitalismo original y salvaje con un nuevo atuendo.

LEICK y WILD: Hans Tietmeyer tendría una objeción definitiva: diría que usted ve moros con tranchetes.

BOURDIEU: Claro. Lo curioso de esta revolución es que se mueve con pasos silenciosos; aparenta ser apolítica. Tietmeyer no se concibe a sí mismo, ni por un instante, como un político cuando en realidad no hace más que hablar todo el tiempo de política. La lógica que se desprende de esta revolución es que a los pobres les toca lo que merecen: perecer.

LEICK y WILD: Si Tietmeyer dijera eso no permanecería ni un día más al frente del Deutsche Bundesbank.

BOURDIEU: Analicemos su retórica. Sería demasiado hermoso que lo dijera así, de manera abierta. Su discurso no hace más que reiterar que los mercados financieros lo controlan todo, que necesitan flexibilidad y desregulación. En otras palabras, más despidos y menos Estado social. Es paradójico, pero Tietmeyer habla como aquellos austromarxistas que, en la época del cambio de siglo, proclamaban la era del capitalismo financiero.

LEICK y WILD: El poderío alcanzado por la banca es una consecuencia de la debilidad del Estado, que ha fracasado ante los problemas económicos y sociales.

BOURDIEU: Sí, pero el pesimismo con respecto al Estado es equívoco. Fracasaron los que sirven al Estado. Sobre todo la aristocracia estatal francesa, que ha sido autoritaria, necia y engreída, como si hubiese arrendado a la ciencia. Pero puedo imaginar un Estado europeo más sensible, libre de prejuicios, más hegeliano…

LEICK y WILD: …el Estado como el agente que procura el espíritu del mundo. ¿Está usted sucumbiendo ante las tentaciones del idealismo alemán?

BOURDIEU: ¿Sabe?, el que está inmerso en el luto se vuelve con facilidad utópico. Ya Max Weber juzgó alguna vez a los profesores, esos pequeños profetas fanfarrones mantenidos por el Estado. Pero de vuelta a la conversación, lo más interesante de la construcción de Europa es lo menos visible –el trabajo de todos esos burócratas y juristas en Bruselas, que día a día diseñan nuevas reglas para unificar y fortalecer a Europa.

LEICK y WILD: En realidad, la burocracia de Bruselas se ha convertido en el símbolo de una casta de tecnócratas sin rostro ni alma.

BOURDIEU: Es un error verlos como enemigos. Los tecnócratas de Bruselas son aliados que deberían ser alentados a pesar de que es necesario controlarlos. Ellos pueden dotar al Estado europeo de los medios para defenderse del neoliberalismo.

LEICK y WILD: Una bella esperanza. Ni siquiera Suecia, el Estado social modelo, lo pudo lograr.

BOURDIEU: Los socialdemócratas suecos destruyeron en parte el Estado social, así como los socialistas franceses dieron pie al desarrollo que condujo al fin del Estado de bienestar en mi país. François Mitterrand gobernó en nombre del socialismo, pero fue su gran sepulturero.

LEICK y WILD: ¿Una contrarrevolución progresista en contra de la revolución conservadora?

BOURDIEU: Ésa es la pregunta. Hay que comenzar con una revolución en la forma de pensar. Por eso me siento comprometido a argumentar de manera radical; de lo contrario, nadie me escucharía. La ideología de Tietmeyer se ha anclado en la mentalidad de la gente, incluso en la de los periodistas, tanto de derecha como de izquierda.

LEICK y WILD: ¿Dónde reside la fuerza contraria si los socialdemócratas traicionaron al Estado social? Como usted lo ha dicho, el poder de los sindicatos se tambalea.

BOURDIEU: A largo plazo, el mismo Hans Tietmeyer detonará las fuerzas contrarias. Personas como él, y antes Margaret Thatcher y Ronald Reagan, ocasionan con su política violenta que la crisis sea de tal magnitud que la Europa social se vuelva imprescindible. Un ejemplo es la huelga de los camioneros…

LEICK y WILD: …con quienes simpatizaron la mayoría de los franceses.

BOURDIEU: Los camioneros son explotados de manera inconcebible. A veces trabajan más de sesenta horas y el índice de accidentes es alarmante. ¿Por qué? Porque la desregulación que defiende Tietmeyer obliga a las empresas pequeñas a sacar los máximos dividendos de sus empresas. Lo que se presenta como “recortes” es, en realidad, el triunfo del capitalismo frenético y cínico. El proceso civilizatorio del Estado europeo, que requirió varios siglos para desarrollarse, está siendo destruida en nombre de una de las leyes más estúpidas: la maximización de la ganancia.

LEICK y WILD: ¿Es un nuevo llamado a la lucha de clases: trabajo versus capital?

BOURDIEU: Las fuerzas ideológicas son de suma importancia. La caída de la caricatura del socialismo que gobernó a los países de Europa del Este acalló toda oposición. Hoy la gente siente que no hay nada más allá en el horizonte, que la historia ha llegado a su fin. Semejante desencanto es fatal.

LEICK y WILD: ¿Cuáles serían las consecuencias del hundimiento de la civilización europea?

BOURDIEU: En principio, una amenaza generalizada. El temor de la gente a perder el empleo conlleva una desmoralización. Pienso también en la autocensura de los intelectuales. El nuevo movimiento nacionalsocialista en Francia no es ajeno a esta evolución; tampoco el peligro que representa el fundamentalismo en todo el mundo.

LEICK y WILD: Al parecer, Le Pen nunca podrá ganar la mayoría en Francia.

BOURDIEU: El Frente Nacional de Le Pen puede proliferar como un cáncer. En cierto modo, Le Pen ya ganó. Su manera de ver el mundo flota como una nube oscura sobre el país. En lo que a la inmigración respecta, al igual que en muchas otras cues-tiones, la izquierda ya ha cedido.

LEICK y WILD: ¿Teme una revolución fascista?

BOURDIEU: Dije, tal vez por capricho, que el mismo Tietmeyer habrá de detonar las fuerzas subversivas. Dichas fuerzas pueden desarrollarse en cualquier dirección. No tienen por qué ser progresistas. Claro está que pueden ser de naturaleza nihilista. En los Estados Unidos, el hundimiento del Estado social –en realidad, el Estado de bienestar nunca existió allí– va de la mano con el surgimiento del Estado policíaco. Desde hace más de dos años, California gasta más en cárceles que en educación. Eso da mucho de qué hablar.

LEICK y WILD: No todo es noche en el modelo norteamericano; por ejemplo, la creación de más de diez millones de empleos en los últimos años.

BOURDIEU: ¿Alguna vez ha estado usted en el ghetto de Chicago? Yo sí. Es uno de los lugares más bárbaros del mundo. Con excepción de los campos de concentración, no existe nada peor.

LEICK y WILD: Si pensamos en las condiciones de los subur-bios de las ciudades en Francia, ¿encuentra diferencias con Chicago?

BOURDIEU: Por supuesto. Aquí el Estado no ha renunciado aún.

LEICK y WILD: Las circunstancias parecen ser las mismas: crimen, desempleo y racismo.

BOURDIEU: En Estados Unidos, cada día son asesinados siete niños. Espero que no se sospeche que prefiero la pobreza francesa por razones nacionalistas. Sin embargo, en nuestros suburbios todavía funcionan las escuelas, los profesores y los trabajadores sociales. Viven una vida difícil, pero la decadencia aún no es total. Pero si el primer ministro Alain Juppé permanece en el cargo cinco años más, podrían surgir aquí también los Harlem y los Chicago.

LEICK y WILD: El Estado social europeo en el que usted piensa no podría existir, como si fuera una isla paradisíaca, en la autarquía comercial. Sin embargo, ¿no tendría acaso que buscar refugio en el proteccionismo para defender las conquistas sociales frente a la competencia de Estados Unidos y Asia?

BOURDIEU: Ni lo afirmo ni lo niego, pero hay que formular la pregunta de otra manera. Es preciso sustituir las mitologías que flotan en el aire por conocimientos concretos.

LEICK y WILD: ¿Por qué evade la pregunta?

BOURDIEU: Uno de los obstáculos que se interponen en el desarrollo armónico de un Estado federal europeo es la postura ambigua de Estados Unidos. Los norteamericanos impulsaron una Europa independiente, ahora observan con recelo la unión europea. Estados Unidos es, de hecho, un país proteccionista; a veces no lo es de manera evidente, pero hay ocasiones en que su proteccionismo es abierto y brutal. Los grandes profetas norteamericanos del liberalismo, la desregulación y la libertad absoluta siempre están prestos a blandir el mazo del embargo comercial. Una de las tareas del Estado europeo consistiría en convertirse en un poder capaz de resistir la presión de los mercados financieros que a menudo no hacen más que reflejar las necesidades de Estados Unidos.

LEICK y WILD: Hasta la fecha, la izquierda no ha encontrado una receta en contra del neoliberalismo. ¿Ha muerto el socialismo en Europa?

BOURDIEU: Depende si se refiere al socialismo real o al socialismo ideal. El socialismo real que existió en Europa está muerto, gracias a Dios. En Suecia y Alemania, la socialdemocracia anda con pies de plomo. A mi parecer, el socialismo francés también ha muerto. Necesitamos una nueva manera de ver el mundo, una visión colectiva que trascienda las ideas tradicionales. Una democracia verdadera es impensable sin un mínimo de democracia económica.

LEICK y WILD: Francia, la cuna de los derechos humanos y la igualdad republicana, parece haberse erigido en la punta de lanza contra la política de ahorro y austeridad. ¿Casualidad o misión histórica?

BOURDIEU: Por razones históricas, Francia ocupa una posición singular. El país se especializa en revoluciones. Pero veo movimientos por todos lados. La gente ya no soporta más. En España se avecina un enorme conflicto en las empresas del servicio público. Incluso en Alemania, la disposición a la huelga se ha incrementado. El cambio ha comenzado. Puede incluso suceder que las enormes presiones económicas desatadas por la globalización acaben por engendrar una resistencia de proporciones internacionales.

Pierre Bourdieu, “Los motivos de la ira”, Fractal No 4, Enero-Marzo, 1997, año 2 Volumen II,

pp. 101-118.

 Esto lo dijo Bourdieu hace 12 años y no es vidente, simplemente lógico.

 “Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo Importante.” 

http://permisoparaexistir.blogspot.com/

Jesús Turiso Sebastián

DERECHOS(HUMANOS) DE LOS NIÑOS EN LA DEMOCRACIA (IDEOLOGIA Y CLEPTOCRACIA) COLOMBIANA

enlace a donde lo encontré , que es una página a mi juicio imprescindible   http://www.nosmeanylosdiariosdicenllueve.org