Globalización, pensamiento unico y doctrina liberal.

¿Qué es la globalización?

     La globalización es un proceso dinámico de creciente libertad e integración mundial de los mercados de trabajo, bienes, servicios, tecnología y capitales. Este proceso no es nuevo, viene desarrollándose paulatinamente desde 1950 y tardará muchos años aún en completarse, si la política lo permite.

¿Cuáles son los factores que determinan el proceso de globalización?
     El primero es, sin duda, la tecnología. El desarrollo de nuevas tecnologías en el transporte y en las telecomunicaciones ha permitido que sus costes caigan de una manera espectacular… El segundo factor ha sido la liberalización de los intercambios de bienes, servicios y capitales, tanto a través de negociaciones multilaterales…, como por decisiones unilaterales y bilaterales de las autoridades económicas de los países o de las áreas de integración en las que se encuentran inmersos.

¿Qué papel le queda al Estado después de la globalización?
La menor efectividad de la política macroeconómica, tanto monetaria como fiscal, en una economía globalizada, hace que los gobiernos tengan que dedicar mayores esfuerzos a las políticas institucionales y microeconómicas. Lo que sin duda es muy positivo ya que tienen que hacer una política de permanente reforma y flexibilización de su economía para que pueda ser competitiva, a través de un mejor funcionamiento de los mercados y de las empresas.

Una buena educación, una formación de calidad, unas buenas infraestructuras, un sistema eficiente de salud, un sistema financiero saneado y bien supervisado, una justicia rápida e imparcial, una seguridad ciudadana, etc., son todos ellos elementos decisivos para salir favorecido de la globalización económica, obtener una mayor confianza y recursos financieros estables y a precios razonables. La triple calamidad de la corrupción, la delincuencia y la inseguridad jurídica y policial, que sufren muchos países en desarrollo (y algunos más desarrollados) es enormemente disuasiva de la inversión internacional.

¿Qué es el pensamiento único?

     Desde tiempos de Aristóteles ya se sabe que el ser humano es un animal que piensa. Algo que después quedó bien claro con buena parte de la filosofía moderna, particularmente con Descartes. En fin, que el simple (o no tan simple) hecho de que pensemos nos ha dado bastante que hablar. Sin embargo, parece hay un concepto que podría sugerirnos que no pensamos tanto como creemos, sino que, por el contrario (y muy sospechosamente) muchos de nosotros coincidimos bastante en el contenido de nuestros pensamientos. Vivimos entregados, entonces, al pensamiento único, un concepto de que de vez en cuando se deja oir por ahí, pero cuyo significado no está del todo claro. Por eso quisiera dialogar hoy con vosotros en torno a este concepto, para que entre todos lleguemos a saber qué es exactamente eso del “pensamiento único”.

    Desde mi punto de vista, hay tres componentes esenciales de esta forma de pensamiento que se nos va filtrando a través de los medios de comunicación y las formas de vida: el capitalismo, el liberalismo y la democracia. El movimiento libre del capital y todo lo que lleva aparejado (globalización, multinacionales y consumismo, entre otras cosas) se ha convertido casi en una nueva religión, no por las virtudes del sistema sino por la debilidad de todos sus rivales. Así vamos todos viviendo, insatisfechos con el capitalismo, pero alimantándonos de él, convencidos de que es muy difícil idear algún sistema mejor. Algo que tampoco son capaces de ofrecer muchos de sus críticos. Y claro, el sistema político perfecto para una economía capitalista es el que está sacralizado en muchas de nuestras sociedades: la democracia liberal. El liberalismo se nos presenta como la fórmula mágica de la libertad: dedícate a tú vida privada (se nos dice) que el Estado (así, con mayúsculas) se preocupará de que nadie se entrometa en la misma. ¿Quién cuestionaría el liberalismo con esta tarjeta de visita? Nadie, salvo cuando vamos comprobando que a menudo las libertades de unos valen más que las de otros, y que la libertad entendida de un modo absolutamente individualista y radical termina convirtiendo al hombre en un lobo para el hombre. Civilizado, sí, pero un lobo.

    Este individualismo basado en la competitividad parece atenuarse en el tercer gran pilar del pensamiento único: la democracia. Un sistema político defectuoso, que no por ser el menos malo termina convertido en bueno: sometido a la manipulación y a la irracionalidad de la masa (no hay mayor mentira que esa de “el pueblo nunca se equivoca”), parece que la democracia es algo intocable, que no se puede criticar de ninguna de las maneras. La espada de Damocles del adjetivo “fascista” pende sobre aquel que se atreva a dudas de ella. ¿Acaso no existen problemas en las democracias contemporáneas? ¿Garantiza la democracia la representatividad o la legitimidad del poder político? Grandes preguntas que, unidas al cuestionamiento del liberalismo y el capitalismo, deberían llevarnos a cuestionar ese gran monstruo conceptual que es el pensamiento único. ¿Estamos condenados a vivir así? ¿Acaso no somos capaces de pensar en mejores sistemas políticos y económicos?

Doctrina Liberal

Orientación intelectual y política que enfatiza el valor fundamental de la libertad individual. Liberalismo es un concepto fluido y su significado político ha variado con el tiempo. Sin embargo, en cuanto doctrina política, el Liberalismo tiene un significado que se puede circunscribir desde un punto de vista histórico.

La doctrina, elaborada en los siglos XVIII y XIX, se funda en el principio de la libertad individual, defiende la libre iniciativa y el libre comercio (laissez faire, laissez passer) en economía, la igualdad jurídica de los ciudadanos, la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), un estado de derecho garantizado por una constitución, la participación en la vida política de un electorado seleccionado (sufragio censitario), la representación de ese electorado en un parlamento con poder legislativo, la tolerancia religiosa, el laicismo del Estado. La revolución liberal supuso el final del Antiguo Régimen.

El liberalismo, en conjunción con las corrientes democratizadoras, está en la base de las democracias modernas.

La doctrina liberal de la libertad de expresión y sus límites: el papel actual de los medios de comunicación.

 

Enuncia la doctrina liberal

El reconocimiento y la garantía de la libertad de expresión constituyen elementos imprescindibles de toda democracia que aspire a ser justa1. Este vínculo fundamental entre democracia y libertad de expresión no es algo reciente, sino que más bien constituye uno de los tempranos frutos del triunfo liberal sobre la sociedad tradicional. Frente al control de la información y la censura propios del orden tradicional, una de las primeras consecuencias de la instauración de un régimen liberal allí donde se produjo fue el reconocimiento de la libertad de expresión como una de las libertades fundamentales de los individuos y la sociedad en general. Así ocurrió tras las revoluciones liberales de Inglaterra o Francia, o en EE.UU. Esta vinculación histórica ha marcado profundamente una de las concepciones de la libertad de expresión: la que suele conocerse precisamente como doctrina liberal.

Sin embargo, con ser fundamental en el más pleno sentido de la palabra, lo cierto es que la doctrina liberal tiene cada día más dificultades para integrar y dar normativamente cuenta de las complejidades de la sociedad de la información y, especialmente, del protagonismo que en ella adquieren los medios de comunicación . A nuestro juicio, esta insuficiencia no vendría dada por algún error o inconsistencia internos, sino más bien por un cambio en las circunstancias del entorno. Cambio que tendría que ver, por un lado, con las limitaciones del modelo de democracia institucionalizado hoy, tema que no nos ocupará aquí. Y, por otro, con las transformaciones producidas en el propio ámbito de la comunicación social.

Al hilo de estos cambios la doctrina liberal se habría quedado, por decirlo así, «pequeña». Aunque llamar la atención sobre esta insuficiencia tampoco es algo en absoluto reciente o novedoso, el comienzo del nuevo siglo -el de la anunciada sociedad de la información- lleva aparejado la necesidad -quizá también la urgencia de revisar una vez más los supuestos de la doctrina liberal, de constatar nuevamente sus limitaciones y plantear su necesaria complementación 2. Lo que sigue son sólo unos apuntes de esta vasta y exigente tarea.

Jonathan Salmón Laguillo

Esta entrada fue publicada en ARTFILO.

2 comentarios el “Globalización, pensamiento unico y doctrina liberal.

  1. MUY INTERESANTES LOS DOS COMENTARIOS Y ARGUMENTOS SOBRE LAS CUESTIONES DE LA RELACION ENTRE GLOBALIZACION Y LIBERALISMO CON LA DEMOCRACIA EN EL JUEGO QUE PODEMOS VER ENTRE LOS DOS CONCEPTOS …AHORA TOCARÍA ENTONCES EL DEBATE, LA DISCUSIÓN..Y EN ELLO ESTAMOS

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