García Márquez, la prostitución como lumpen proletariado

El cuento es un género de la Literatura que siempre ha sido cultivado por los grandes artistas de la pluma, entre ellos el colombiano García Márquez. El artículo que ponemos a continuación es un excelente análisis del cuento María dos Prazeres. Los componentes sociales y éticos del relato son interesantes para introfilosofia

FUENTE http://sincronia.cucsh.udg.mx/lunaescudero06a.htm
Sincronía Otoño 2006

La soledad del lumpen proletariado en María dos Prazeres de Gabriel García Márquez.-

María-Elvira Luna-Escudero-Alie,

Howard University & The Johns Hopkins U./SAIS
Literature_courses@yahoo.com

La soledad es uno de los grandes temas o mejor dicho, ‘el tema’ de Gabriel

García Márquez, siempre presente en sus novelas, cuentos, y entrevistas, e incluso

en el discurso que pronunció al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982, al

que tituló: “La soledad de América Latina”. El relato María dos Prazeres como

todo buen cuento es plurisignificativo; pero es sobre todo, un cuento de la

soledad. Dejemos que sea el propio García Márquez quien nos ilustre sobre el

significado de la soledad:

“Es sobre el único tema que he escrito [la soledad], desde el primer libro hasta el que estoy escribiendo, que es ya una apoteosis del tema de la soledad; el del poder absoluto, que es lo yo considero debe ser la soledad total. Es un proceso que vengo tratando desde el principio. El del coronel Aureliano Buendía —el de sus guerras y el de su marcha hacia el poder— es verdaderamente una marcha hacia la soledad. Todos los miembros de la familia no sólo están solos -lo he dicho muchas veces en el libro, tal vez más de lo que hubiera debido- sino que es la anti­solidaridad, inclusive, de los que duermen en la misma cama. Pienso que los críticos que más han acertado son los que han llegado a la conclusión de que todo el desastre de Macondo —que es también un desastre telúrico— viene de esa falta

de solidaridad, la soledad de cada uno tirando por su cuenta”.

Entrevista con Rita Guibert
Siete voces (México: Organización Editorial Novaro, S.A., 1974)

La soledad, de acuerdo al propio GGM es el resultado de la carencia de

solidaridad entre los seres humanos. Es desde esta perspectiva de la soledad, en

su engranaje social, en tanto producto de la falta de solidaridad entre los seres

humanos, que hemos analizado el relato María dos Prazeres de García Márquez.

Con respecto a la soledad, es relevante también, destacar las siguientes palabras

de GGM de su discurso mentado: La soledad de América Latina (1982), en donde

se entretejen claramente los hilos de la soledad y la solidaridad:

“[…] Es comprensible que insistan en medirnos [los europeos de los países desarrollados] con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos.

La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. […] La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo […]”.

El relato María dos Prazeres, fue publicado en 1992 en la colección Doce cuentos

peregrinos; pero fue escrito en realidad en 1979. Este cuento nos narra la historia

de una prostituta brasilera de 76 años, mulata, afincada en Barcelona.

Este relato está narrado desde la omniscencia, en tercera persona del singular, y

nos comunica la angustia de la protagonista: María dos Prazeres, por dejar todo

arreglado y así esperar tranquila la muerte inminente que sus tormentosos sueños

le han presagiado. Ella deja todos los trámites arreglados con el “vendedor de

entierros”:

“María dos Prazeres, que había recibido a tantos hombres

a cualquier hora, se sintió avergonzada como muy pocas veces.

Acababa de cumplir setenta y seis años y estaba convencida de

que se iba a morir antes de Navidad, y aun así estuvo a punto

de cerrar la puerta y pedirle al vendedor de entierros que esperara

un instante mientras se vestía para recibirlo de acuerdo con sus

méritos.” (GGM, 127).

Lo que a María dos Prazeres, ahora que se siente en vísperas de la muerte, le

preocupa y atormenta es su profunda soledad; el hecho de no contar con nadie

que pueda ir a visitarla, una vez muerta, al cementerio. Con el propósito de vencer

su soledad, al menos cuando esté muerta, María ha entrenado a su perro Noi

para que sepa el camino del cementerio e identifique el lugar exacto donde estará

su tumba. El elemento real maravilloso se cuela en este breve relato, y así estamos

frente a un perro que sabe llorar:

-“¡Collons!,- exclamó él- ¡Ha llorado!

-Es que está alborato por encontrar alguien aquí a esta hora-lo

disculpó María dos Prazeres en voz baja-. En realidad entra

en casa con más cuidado que los hombres. Salvo tú como ya he visto.

-¡Pero ha llorado, coño!-repitió el vendedor, y en seguida cayó en

la cuenta de su incorrección y se excusó ruborizado-: Usted perdone,

pero es que esto no se ha visto ni en el cine.

-Todos los perros pueden hacerlo si los enseñan-dijo ella-.Lo que pasa

es que los dueños se pasan la vida educándolos con hábitos que

los hacen sufrir, como comer en platos o hacer sus porquerías a

sus horas y en el mismo sitio. Y en cambio no les enseñan las

cosas naturales que les gustan, como reír y llorar. ¿Por dónde

íbamos?”(GGM, 131).

María había dispuesto siempre de su cuerpo en tanto herramienta de trabajo, y

ahora quería organizar también los homenajes que se le rendirían a su cuerpo sin

vida:

“Al cabo de muchas tentativas frustradas, María dos Prazeres

consiguió que Noi distinguiera su tumba en la extensa colina

de tumbas iguales. Luego se empeñó en enseñarlo a llorar

sobre la sepultura vacía para que siguiera haciéndolo por

costumbre después de su muerte. Lo llevó varias veces a

pie desde su casa hasta el cementerio, indicándole puntos

de referencia para que memorizara la ruta del autobús de

las Ramblas, hasta que lo sintió bastante diestro para mandarlo

solo.[…] Poco después de las cinco, con doce minutos de

adelanto, apareció el Noi en la colina, babeando de fatiga y

de calor, pero con unas ínfulas de niño triunfal. En aquel

instante, María dos Prazeres superó el terror de no tener a

nadie que llorara sobre su tumba.” (GGM, 135,136).

Aunque la vida de María dos Prazeres ha sido una vida triste, Gabriel García

Márquez nos deleita en su relato con esas pinceladas de buen humor en su

expresión más fina: la ironía, que tanto caracterizan su estilo zumbón.

“-Tengo la manía de adivinar el oficio de la gente por las

cosas que hay en su casa, y la verdad es que aquí no acierto-dijo él-

¿Qué hace usted?

María dos Prazeres le contestó muerta de risa:

-Soy puta, hijo. ¿O es que ya no se me nota? ” (GGM, 132)

María, la protagonista de este relato es pues un ser marginal en lo relativo a su

función social: por ser una prostituta (y en tanto tal, pertenece al lumpen

proletariado), a su diversidad u “otredad”cultural: es brasilera y cree en

supersticiones que aluden quizás a la macumba, a su origen étnico: es una mulata,

y a su condición de inmigrante en Cataluña, proviniente de un país del Tercer

Mundo. La soledad de María es tan patente que cuando se cree próxima a la

muerte, se aferra aun más a su perrito Noi; su única compañía.

“Tan pronto como cerró la puerta cargó el perrito

y empezó a mimarlo, y se sumó con su hermosa

voz africana a los coros infantiles que en aquel

momento empezaron a oírse en el parvulario

vecino. Tres meses antes había tenido en sueños

la revelación de que iba a morir, y desde entonces

y desde entonces se sintió más ligada que nunca a

aquella criatura de su soledad.” (GGM, 132-133)

Las relaciones capitalistas de compra y venta han estado siempre presentes en la

vida de María dos Prazeres; fue vendida por su madre en el puerto de Manaos

a los catorce años, y en su labor de prostituta ella obviamente vendió sus servicios

sexuales, y además el cuento comienza con una conversación con el “vendedor de

entierros”, acerca de los detalles de la tumba que María quiere comprarse.

María es una mujer solitaria que a sus 76 años sólo se comunica bien con su perro

Noi. A pesar de las múltiples relaciones de comercio sexual que María ha

establecido en su vida, y de su vacua amistad con el conde de Cardona,

ella está sola, y únicamente su perro Noi, la quiere y hasta cierto punto,

‘comprende’. En efecto, los niveles de contacto que María detenta con su perro,

exigen una explicación casi patológica o real-maravillosa, desde luego. Ella habita

en la alienación y todas las relaciones sexuales pagadas que ha tenido a través de

su larga trayectoria en el oficio más viejo del mundo, parecen haberla convertido

en una autómata que ya no siente ni desea nada y que sólo espera la muerte

anunciada en sus sueños y premoniciones.

Es interesante mencionar que además de Noi, María dos Prazeres había contado

con la aparente amistad del conde de Cardona:

“[…] El conde llegaba puntual entre las siete y las nueve de la noche

con una botella de champaña del país envuelta en el periódico de la

tarde para que se notara menos, y una caja de trufas rellenas. […]

Después de la cena, larga y bien conversada, hacían de memoria

Un amor sedentario que les dejaba a ambos un sedimento de desastre.

Antes de irse, siempre azorado por la inminencia de la media noche,

el conde dejaba veinticinco pesetas debajo del cenicero del dormitorio.

Ese era el precio de María dos Prazeres cuando él la conoció en un

hotel de paso del Paralelo, y era lo único que el óxido del tiempo

había dejado intacto.” (GGM, 138).

La relación de María dos Prazeres con el conde de Cardona se basaba en

la fuerza de la costumbre, y en las urgencias de la soledad:

“Ninguno de los dos se había preguntado nunca en qué

se fundaba esa amistad. María dos Prazeres le debía a él

algunos favores fáciles. […] Ella le había contado al

conde […] que el primer oficial de un barco

turco la disfrutó sin piedad durante la travesía del

Atlántico, y luego la dejó abandonada sin dinero, sin

idioma y sin nombre, en la ciénaga de luces del Paralelo.

Ambos eran conscientes de tener tan pocas cosas en común

que nunca se sentían más solos que cuando estaban juntos,

pero ninguno de los dos se había atrevido a lastimar los

encantos de la costumbre. Necesitaron de una conmoción

nacional para darse cuenta, ambos al mismo tiempo, de

cuánto se habían odiado, y con cuánta ternura, durante

tantos años.”(GGM 138,139).

Veamos ahora cómo María dos Prazeres termina –debido a divergencias

políticas- su larga relación de amistad sui-géneris con el conde de Cardona:

“[…] El general Francisco Franco, dictador eterno de España, había

asumido la responsabilidad de decidir el destino final de tres

separatistas vascos que acababan de ser condenados a muerte.

El conde exhaló un suspiro de alivio.

-Entonces los fusilarán sin remedio-dijo-porque el Caudillo

es un hombre justo.

María dos Prazeres fijó en él sus ardientes ojos de cobra real,

Y vio sus pupilas sin pasión detrás de las antiparras de oro, los

dientes de rapiña, las manos híbridas de animal acostumbrado

a la humedad y las tinieblas. Tal como era.

Pues ruégale a Dios que no-dijo-, porque con uno solo que

fusilen yo te echaré veneno en la sopa.

El conde se asustó.

-¿Y éso por qué?

-Porque yo también soy una puta justa.

El conde de Cardona no volvió jamás […]”. (GGM, 139, 140)

Mientras María se prepara para morir, intentado interpretar señales naturales

como indicios de la llegada de la muerte, el final del cuento, que será también el

“cráter” del mismo, nos indica que sus premoniciones apuntaban más bien hacia

otra cosa. Efectivamente, hacia el final del cuento, María encuentra sin buscar

algo que podría ser el amor; ese “rapto de locura”, como lo llamaba Platón, y que

ella había confundido con la muerte, en esas premoniciones que la acosaban, y

por las cuales había comprado su tumba en el Panteón de Montjuich, cerca de las

tumbas de unos famosos anarquistas catalanes muertos durante la Guerra Civil

Española, como Buenaventura Durruti.

María se enfrenta entonces a su inesperado destino:

“María dos Prazeres había conocido muchos hombres como ése,

había salvado del suicidio a muchos otros más atrevidos que ése, pero nunca

en su larga vida había tenido tanto miedo de decidir. Lo oyó insistir sin el

menor indicio de cambio en la voz:

-¿Subo?

Ella se alejó sin cerrar la puerta del automóvil, y le contestó en castellano para

estar segura de ser entendida.

-Haga lo que quiera”. (GGM, 143).

A María le cuesta decidir si debe recibir en su casa y en su vida al joven de

veintitantos años que con tanta premura y desenfado la seduce. Y María no se

atreve a decirle que no y así arrojarlo de su vida; pero tampoco se anima a

responderle afirmativamente, y por tanto lo que hace es entregar su suerte al azar:

“Entró en el zaguán apenas iluminado por el resplandor oblicuo de la calle, y empezó a subir el primer tramo de la escalera con las rodillas trémulas, sofocada

Por un pavor que sólo hubiera creído posible en el momento de morir.

[…] En una fracción de segundo volvió a examinar por completo el sueño

premonitorio que le había cambiado la vida durante tres años, y comprendió

el error de su interpretación. <>, se dijo asombrada. <> […] y entonces comprendió que había valido la pena esperar tantos y tantos años, y haber sufrido tanto en la oscuridad, aunque sólo hubiera sido para vivir aquel instante”. (García Márquez, 143-144)

Ese “instante de maravilla”, para prestarnos una frase de Octavio Paz, el que

María cree suficiente para compensar su larga soledad, representa acaso el amor.

Sin embargo, la ilusión de María no es tanto, creemos, por la esperanza del amor,

o del encuentro sexual con ese joven atractivo, sino quizás por encontrarse por

primera vez frente a alguien que parece haberse interesado en ella como ser

humano, y no sólo como objeto para el placer. Alguien que se solidariza con ella

y al hacerlo la arranca de la soledad.

Bibliografía.-

García Márquez, Gabriel. Doce Cuentos Peregrinos. Editorial Oveja Negra. Bogotá: 1992.

Guibert, Rita. Entrevista a Gabriel García Márquez.
Siete voces (México: Organización Editorial Novaro, S.A., 1974)

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