historias de animales, númenes y humanos:el gorila y el juez…de G Brassens

Las tesis planteadas en El Animal Divino, de Gustavo Bueno, nos proponen lo siguiente: en la fase primaria del curso de las religiones, los dioses estaban realmente entre los humanos, ya que los animales del paleolítico eran para los humanos de esas épocas históricas, auténticos númenes, es decir, los bisontes, ciervos, mamuts, caballos ( por ejemplo, los que encontramos en las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira en Cantabria, España, o tantas otras cuevas a lo largo del planeta )
La canción El Gorila, del célebre cantautor francés Georges Brassens, puede servirnos en cierto modo y con sentido del humor, como una muestra mundana de animal divino. Lo realmente irónico, en el sentido más filosófico-mundano del asunto, es la relación entre el gorila, la viejecita y el juez togado que Brassens propone ante nuestra consideración

Una cita sobre cuestiones de jueces en la que Gustavo Bueno muestra argumentos tan interesantes como contundentes sobre el llamado poder judicial en las democracias realmente existentes en el presente:(los subrayados son de introfilosofia)
FUENTE http://www.fgbueno.es/hem/2004a25.htm
«Los jueces nos llevan al caos,
a la catástrofe total»

Oviedo, J. N.

—¿Y el Estado de derecho?

Los constitucionalistas son como los teólogos que parten de unas premisas positivas, de las verdades de la fe, de la revelación. Con esas premisas organizan un sistema y un órgano de control, sea la Curia o el Papa, que vigila la legitimidad de las conclusiones que se sacan. La teología es garantista, nadie puede inventar normas. Pues lo mismo sucede con la Constitución. Una garantía para frenar la hemorragia de leyes. Los constitucionalistas crean un mecanismo de cierre postulatorio en base al término juridicidad. La infracción de la Constitución, dicen, es un delito jurídico. Pero eso es como lo del barón de Münchausen, que tiraba de sus propios cabellos hacia arriba para levantarse. Es como la teología. Así la Constitución es cerrada y hay unos agentes como el Tribunal Constitucional que en virtud de ir de la ley a la ley por la propia fuerza de la ley hacen funcionar a la democracia. Los jueces se consideran como el Papa, por encima de todo, y creen que por sus dictámenes funciona todo. Ignoran que sin el Ejecutivo sus sentencias son papel mojado. Del dicho famoso «Hágase la justicia, perezca el mundo» se podría pasar al «Hágase el mundo, perezcan los jueces». Los jueces nos llevan al caos, a la catástrofe total. Se ve en el País Vasco. Pero los postuladores del Estado de derecho, los que piensan como Habermas, creen que sencillamente hablando el Derecho por sí mismo operará.

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