sociobiología y etología: la ética y la moral de los monos

TAMBIÉN LOS MONOS TIENEN MORAL
fuente http://148.206.53.230/revistasuam/signosfilosoficos/include/getdoc.php?id=19&article=22&mode=pdf
Entrevista con Edward O. Wilson 1
p. Ud. escribe en su nuevo libro2 que el amor, como todos los sentimientos
humanos, puede explicarse prácticamente como un proceso fisicalista, parecido
al de la formación de cristales. ¿No le parece demasiado pretenciosa esta S
1 Tomada de Der Spiegel, 46/1998. E. O. Wilson es el creador de la sociobiología y profesor emérito
de la Universidad de Harvard.
2 Consilience. The Unity of Knowledge, Nueva York, Random House, 1998.
afirmación?
W. No. En absoluto. Los seres humanos formamos una especie que busca, en
grado muy alto, un vínculo entre los sexos. Esta es la razón por la que nuestros
sentimientos y vivencias nos parecen tan poderosos cuando hablamos de un sentimiento
como el amor. Lo que experimentamos con ello es la manera en la que se
encuentra dispuesto nuestro cerebro; lo que se pone de manifiesto son los mecanismos
innatos que nos impulsan a buscar el apareamiento. Obviamente este fenómeno
es mucho más complejo que el de la formación de cristales y, por supuesto, hay aún
muchas cosas por investigar acerca del modo en que el cerebro humano funciona.
Pero, a no dudarlo, la ciencia llegará a esa comprensión.
Sp. La unidad del conocimiento que Ud. propone pretende que las ciencias naturales
y sociales, la religión, la ética e incluso el arte coincidan en una visión común
del mundo. Ud. mismo ha escrito en su libro que esta meta está impregnada de un
“olor faústico a azufre”. ¿Qué le hace pensar que esa visión podría hacerse algún día
realidad?
W. El notable éxito de las ciencias naturales, que ahora han comenzado a extenderse
a ciertos ámbitos limítrofes del conocimiento, como la genética humana, la
neurología o la biología evolutiva. Esto constituye un primer paso en la tarea de
Signos Filosóficos I.1 (junio 1999), 209-218
210 Signos Filosóficos
descifrar la esencia misma del ser humano, una empresa hasta ahora reservada a los
artistas, a los literatos y a los filósofos. El hecho mismo de que los científicos naturales
irrumpan en esta esfera es ya una de las aventuras intelectuales más grandiosas
de la historia.
Sp. ¿Cuáles serían, en su opinión, los logros más importantes de las ciencias
naturales?
W. No cabe duda, uno de los éxitos más significativos es la visión newtoniana,
según la cual las leyes de la gravedad actúan en el ámbito terrestre de igual manera
que en la esfera del Cosmos. Es esto lo que hace posible inferir el movimiento de los
planetas a partir de la caída de la manzana —en realidad, una síntesis temprana del
conocimiento.
Sp. Se pensaba en la época de Newton, la Ilustración, que las ciencias naturales,
las ciencias sociales y la filosofía formaban una unidad. ¿Cómo ocurrió la escisión
entre ellas?
W. La ciencia del siglo XVIII aún no estaba en condiciones de dar respuesta a
muchas de las preguntas que planteaba la filosofía de la época. Es cierto que investigadores
como Newton abren brecha en la física y que también en esos años se
sientan las bases de la química moderna. Pero la ciencia estaba todavía muy lejos de
conocimientos modernos como la psicología cognitiva, la neurología o la teoría de la
evolución. Esta es la razón por la que el sueño de los filósofos de la Ilustración de
que las ciencias sociales podían alcanzar un grado de exactitud parecido al de la física
no pudo realizarse. Porque la clave para todo ello es la investigación de la mente
humana y su desarrollo.
Sp. Goethe, quien también era dibujante y realizaba por cuenta propia investigación
en las ciencias naturales, es uno de los últimos que pretende salvar ese abismo,
aunque sin mucho éxito.
W. De hecho, él es el último de los grandes que busca la unidad. En su tiempo, sin
embargo, estaba condenado a fracasar. Pero si Goethe hubiera podido disponer de la
neurobiología, de la biología evolutiva y de la genética humana, es posible que tuviéramos
ahora más obra escrita por él. De cualquier manera, en la actualidad los
investigadores poseen un conocimiento que ni Goethe ni Kant en sus fantasías más
descabelladas hubieran podido imaginar. Esta es la gran diferencia.
Sp. Suena muy optimista. Para que el sueño de la gran unidad de las ciencias
naturales y sociales se haga realidad, la investigación científica tendría que poder
explicar al hombre no sólo como individuo, sino también como un ente social. ¿RealTambién
los monos tienen… 211
mente cree Ud. que sea posible determinar con la misma precisión con la que ha descrito
los estados de hormigas procesos tan complejos como un colapso de la bolsa de
valores?
W. Espero que sí. Las ciencias económicas de la actualidad han evolucionado ya
en el sentido de incluir en sus conocimientos lo que sabemos acerca de la toma de
decisiones por parte del ser humano. Gracias a ello, la economía puede convertirse
en algo pronosticable. Y es sabido que los economistas han fracasado siempre, en
última instancia, por no haber prestado la debida atención a la influencia que en su
campo tienen el entorno y la naturaleza humana.
Sp. Ud. es conocido ante todo como investigador de hormigas. ¿Qué lo ha llevado
a estudiar la naturaleza humana?
W. Después de haber trabajado durante casi dos décadas en las hormigas y haber
investigado su vida social, en 1971 intenté llevar a cabo una síntesis de todo lo que
sabía. Mis conclusiones estaban basadas en la biología reproductiva y de población
y en las teorías de la herencia. Tengo una gran aversión al desorden. Más adelante,
extendí mi teoría analizando a los animales vertebrados. Esto me permitió observar
por primera ocasión la conducta social en el reino animal en toda su generalidad. Ese
enfoque, la sociobiología, tuvo mucho éxito. Pero debo añadir aquí que mi intención
no ha sido nunca la de equiparar a los seres humanos con las hormigas —simplemente
he ido ascendiendo en el reino animal desde abajo, por así decirlo.
Sp. La sociobiología enseña que la conducta humana se encuentra determinada
en gran medida por factores genéticos.
W. Pongámoslo así: nuestros instintos tienen una gran influencia en todo lo que
hacemos.
Sp. ¿Cómo habría tenido lugar esta programación del ser humano?
W. Muchos de nuestros instintos nos han sido heredados por nuestros ancestros,
los monos antropoides. Es cierto que en el curso de la evolución hacia el homo
sapiens el cerebro se ha ido agrandando y que a ello se suman notables hazañas
mnemotécnicas y la capacidad del lenguaje —logros, todos ellos, presumiblemente
del lóbulo frontal—. Pero esto no significa que el lóbulo frontal haya asumido el
mando en la cabeza, que haya desterrado a los instintos y que haya transformado al
cerebro en una computadora de gran versatilidad. Al contrario, la programación biológica
persiste y sigue teniendo una gran influencia en nuestra conducta. Dirige la
manera en la que tomamos decisiones, determina lo que aprendemos con facilidad,
lo que percibimos, el modo en el que buscamos una pareja, etcétera.
212 Signos Filosóficos
Sp. ¿Podría mencionar algunos ejemplos de esa programación?
W. El imperativo de evitar el incesto, por ejemplo, no es, en forma alguna, sólo un
tabú social, sino que tiene raíces biológicas. Los investigadores de la conducta han
demostrado que también los chimpancés evitan las relaciones sexuales con seres de
la misma especie con los que han crecido. Es evidente que una infancia común hace
inmune al amor. Esto es lo que yo llamo una regla epigenética, esto es, una inclinación
innata a formas definidas de comportamiento. Es verdad que los seres humanos
podemos violar tales reglas a voluntad. Pero en general no lo hacemos. Las reglas
epigenéticas se encuentran en la base del desarrollo de la cultura.
Sp. ¿Cuál sería la utilidad de esas reglas?
W. Como todos los rasgos heredados, estas reglas sirven, según la teoría darwinista
de la evolución, para garantizar a cada individuo el máximo de posibilidades de
reproducción.
Sp. ¿De acuerdo con esto, el sexo constituiría el fundamento de toda la actividad
humana?
W. Bueno, digamos que es extemadamente importante. Sin embargo, en el curso
de la evolución se agregan muchas formas de comportamiento sutiles, el pensamiento
abstracto, la expresión de sentimientos profundos, la actividad artística. Si bien la
selección darwiniana está en el fondo de todo ello, no puede, por supuesto, explicar,
por sí misma, toda la variedad de las posibilidades humanas.
Sp. La diversidad de estrategias de reproducción explicaría, de acuerdo con Ud.,
por lo menos muchas diferencias entre hombres y mujeres. Según su teoría del instinto
sexual óptimo, los varones tenderían por naturaleza a la infidelidad, al querer
diseminar sus genes tan ampliamente como sea posible, mientras que las mujeres
buscarían, ante todo, la seguridad material. Cuando escribió esto por primera vez en
1975, provocó Ud. la ira de las feministas. ¿Le resulta comprensible su actitud?
W. Sí. El feminismo de esos años quería que hombres y mujeres tuvieran no sólo
los mismos derechos, sino que fueran en todo sentido iguales. Por supuesto, la
sociobiología se opone a ello. Dicho sea de paso, esta fue la causa de que en una de
mis clases en Harvard se me arrojara un cubo de agua fría en la cabeza. En verdad un
hecho sin precedentes.
Sp. Su teoría ha sido acusada de reforzar aún más la injusta distribución de las
funciones en la sociedad.
W. Sí. Con toda razón. Muchos han interpretado la sociobiología en el sentido de
que, desde el punto de vista biológico, los hombres estarían en una posición de venTambién
los monos tienen… 213
taja respecto a las mujeres, puesto que sus genes los han programado para convertirse
en el género más agresivo. Pero puede ser que esto realmente sea el caso. Por lo
menos hasta hoy, toda sociedad habida en la historia ha estado dominada por los
hombres.
Sp. ¿Y las excepciones, la mítica tribu de las amazonas?
W. Tales excepciones —si es que las hay— son tan raras que hoy en día incluso
muchas feministas han aceptado ya la sociobiología.
Sp. Otra de las críticas se refiere al problema del origen de un comportamiento
desinteresado. Después de todo, esto parecería oponerse a un impulso reproductivo
sin cortapisas. ¿Hay programada en los seres humanos una especie de ética?
W. Hay, sí, con toda certeza, programada, la capacidad de darse reglas éticas. Aún
no sabemos mucho al respecto, pero las bases para que los seres humanos puedan
relacionarse parecerían ser algo parecido a los contratos a largo plazo. Esto que digo
se pone de manifiesto, por ejemplo, en el análisis de las conversaciones entre los
bosquimanos en Kalahari en Sudáfrica. Como las nuestras, sus conversaciones consisten,
en gran medida, en chismorreo. El sentido de éste es determinar qué tan
confiables son nuestros interlocutores. El chisme es algo absolutamente necesario.
Esta es también la razón por la que los chimpancés mismos poseen un sentido muy
fino que les permite percatarse de que otros miembros del grupo son infieles o que
engañan. La cohesión de una sociedad parecería descansar en la vigilancia recíproca.
Sp. ¿También entre los chimpancés habría algo así como una ética?
W. Probablemente saben de algo parecido a lo que está bien y a lo que está mal.
En todo caso, recompensan la amistad y el acuerdo mutuo y castigan a aquellos
individuos que violan las reglas de la comunidad. Es posible que en esas formas de
comportamiento se encuentre el origen de la moral humana.
Sp. ¿Cree Ud. que el hombre es bueno?
W. Definitivamente sí. Hay una nueva corriente en la sociobiología que enseña
precisamente esto. Hasta ahora se había aceptado que la conducta altruista era sólo
aparentemente desinteresada y que se extendía, sobre todo, a la propia familia, por
servir también a la propia reproducción. Se ha podido demostrar, sin embargo, tomando
como ejemplo a algunas tribus australianas, que diferentes clanes trabajan
entre sí, a pesar de no existir ningún parentesco entre ellos. Es evidente que el altruismo
es un instinto humano íntimamente ligado al cuidado de la propia familia,
pero que no se limita a ella. El hecho de que el impulso al comportamiento moral
esté tan arraigado ha hecho pensar a los hombres en el pasado que reglas morales
214 Signos Filosóficos
como los Diez Mandamientos debían ser sagradas y haber sido inspiradas directamente
por Dios.
Sp. Ud. escribe que aun las vivencias más personales, como los sueños, se encuentran
condicionadas por regularidades genéticamente programadas en el desarrollo
espiritual. Las pesadillas en donde aparecen serpientes nos torturan porque
nuestros ancestros biológicos se veían obligados a tener miedo de las víboras. Todo
ello proporcionaría indicios de que las vivencias de los monos han impregnado nuestros
simbolismos. ¿No le parece una exageración?
W. No, en absoluto. Todos los grandes monos temen a las serpientes, y se ha
observado, por ejemplo, que los chimpancés tienen miedo a ellas aun cuando nunca
han visto previamente una. Esta impronta primitiva bien podría ser una de las razones
por las que las imágenes de serpientes se presentan en casi todas las culturas. En
todo caso, una explicación de este tipo resulta mucho más plausible que las interpretaciones
del psicoanálisis.
Sp. Conforme a la teoría de la evolución, cada especie desarrolla sus capacidades
y características justamente en la medida en que ello resulta necesario para ocupar de
manera óptima su nicho ecológico. Sigue siendo un enigma, sin embargo, por qué el
hombre primitivo desarrolla un cerebro que le permite acceder más tarde a la civilización.
O, en sus propias palabras, ¿cómo explicar el cálculo diferencial y a Mozart?
W. Todas estas son facetas del enigma aún no resuelto acerca de la manera en la
que el desarrollo genético y cultural se condicionan mutuamente. Es probable que
tenga que ver con el hecho de que en la Edad de Piedra el entendimiento humano
contaba ya con una disposición a pasar a conclusiones generales y que ello habría
aumentado su capacidad de aprendizaje. Un procesamiento de datos de esta índole
podría constituir, por ejemplo, el fundamento que habría hecho posible el razonamiento
matemático.
Sp. Algunos analistas, por ejemplo el biólogo evolucionista Stephen Jay Gould,
creen ver cierta circularidad en la sociobiología. La teoría considera, dicen, algún
rasgo característico del ser humano —por ejemplo, el placer de chismear— y pasa
luego a afirmar que esto debe ser de ese modo, puesto que, desde el punto de vista
de la evolución resulta útil. Con ello no se habría dado, argumentan, ninguna explicación.
W. Gould ha criticado la teoría, a pesar de no entender gran cosa de la misma. La
sociobiología ha hecho muchas predicciones sobre la conducta social que han probado
ser correctas.
También los monos tienen… 215
Sp. ¿Podría darnos un ejemplo?
W. Tomemos el caso del maltrato a los niños. La sociobiología predice que la
violencia de los adultos en contra de los niños es menos probable en la medida en
que su relación de parentesco sea mayor. Como cada uno desea reproducirse, los
padres atacarán, por ejemplo, a sus hijastros antes que a sus propios hijos. Entre los
monos langures, los machos matan a las crías de su pareja cuando éstas no han sido
engendradas por ellos mismos. Los ratones secretan inclusive ciertos olores que producen
una expulsión del feto. Y, por lo demás, una serie de estudios sociales llevados
a cabo en Canadá ha mostrado que el maltrato a los niños procede, con una frecuencia
muy superior al promedio, de los padrastros.
Sp. Es muy difícil saber cómo surgen las pautas innatas de comportamiento. Los
llamados psicólogos de la evolución, por ejemplo, han intentado deducir, apoyándose
en que no existe, en realidad, ningún dato histórico acerca del hombre primitivo,
conclusiones acerca de la conducta de éstos en las cuevas de la Edad de Piedra a
partir de algunos restos óseos y de la conducta animal. Un par de huesos de los dedos
bastan, con frecuencia, para reconstruir la vida de toda una sociedad. ¿No cree Ud.
que tales saltos resultan problemáticos?
W. No. Esta es la manera en que la ciencia funciona, nos guste o no. Nadie, que yo
sepa, se ha molestado cuando, por ejemplo, los físicos, apoyándose en bases bastante
vagas, llevan a cabo especulaciones acerca del origen del Universo. No se trata, en
absoluto, de dar a conocer verdades grabadas en piedra, sino de hipótesis cuya validez
pueda luego investigarse.
Sp. En todo caso, en la física se es consciente de que niveles diferentes de complejidad
requieren diferentes tipos de descripción. Por ejemplo, el agua que hierve
en una tetera no puede explicarse únicamente echando mano de la física nuclear,
sino que es necesario recurrir a la termodinámica. ¿No podría ser este también el
caso de la conducta humana? Es decir, ¿no habría ciertos límites sólo dentro de los
cuales las analogías serían satisfactorias?
W. Tiene Ud. razón. Es verdad que con frecuencia los sociobiólogos han ido demasiado
lejos al extraer directamente de la selección darwiniana reglas culturales.
Es evidente que todavía sabemos demasiado poco acerca de la manera en que las
reglas escritas en los genes influyen en la civilización. Esta casi total ignorancia se
debe, entre otras cosas, a que muchos aspectos del desarrollo del sistema nervioso,
del sistema hormonal, de los neurotransmisores y de los genes responsables de todo
ello nos son aún desconocidos.
216 Signos Filosóficos
Sp. Tal vez no los conozcamos nunca. En todo caso, en la investigación genética
y neurológica se ha podido constatar que más conocimiento no equivale necesariamente
a una mejor comprensión. Mientras más detalles se conocen, más complejo se
presenta el todo. “Leer en los genes es peor que descifrar jeroglíficos” ha dicho el
biólogo molecular Craig Venter.
W. Es la verdad. El ser humano podría tener 50 000 ó 100 000 genes distintos —
no lo sabemos aún con exactitud— y cada uno de estos genes posee muchas funciones
diferentes. Sin embargo, el problema que aquí se presenta es más de carácter
práctico que fundamental. Es posible que esto constituya un obstáculo que la investigación
no pueda superar en mucho tiempo. Personalmente estoy convencido de
que puede ser resuelto.
Sp. Y aun así, en la actualidad muchos investigadores parecen haber caído en una
especie de éxtasis, buscando dar explicaciones genéticas de todo. Prácticamente cada semana
escuchamos hablar de un nuevo gene responsable del alcoholismo, de la homosexualidad
o de la disposición agresiva. ¿Qué piensa Ud. de esto?
W. Creo que la expresión “éxtasis” describe adecuadamente lo que ocurre en este
momento. Pero aun en aquellos casos en los que los investigadores parecerían caer
en tal vértigo, debemos sobrellevarlo y alentar lo que hacen. Después de todo, son
seres humanos que necesitan confianza para emprender su misión de descubrimiento,
que necesitan creer firmemente en la existencia de otros continentes. Quizás más
tarde podamos constatar que estaban equivocados o que las cosas son más complejas
de lo que se pensaba.
Sp. ¿Pero no cree Ud. que explicaciones excesivamente simplificadas como las
del alcoholismo o la homosexualidad resultan peligrosas?
W. Obviamente. Explicaciones demasiado simples pueden hacer creer que basta
disponer de los medicamentos genéticamente apropiados para hacer desaparecer los
problemas. Me parece que esta expectativa no podrá cumplirse. Pero, además, considero
peligroso estigmatizar, por ejemplo, a quienes son portadores de una disposición
al alcoholismo antes de que se conozca en qué condiciones el gene
correspondiente tiene efectos prácticos.
Sp. ¿Cómo explicaría este nuevo entusiasmo por la genética?
W. El conocimiento ha avanzado muy rápidamente en ese terreno. Una consecuencia
es que ya no se puede explicar al ser humano exclusivamente a partir de su
entorno —como lo han intentado durante mucho tiempo los científicos sociales—.
Sencillamente los hechos hablan en contra de ello. La influencia del factor biológico
es no sólo poderosa, sino evidente.
También los monos tienen… 217
Sp. ¿No le parece que la inclinación a atribuir todo a los genes tiene su origen en
la tendencia humana a favorecer explicaciones simples?
W. Sí, indudablemente. El éxito de la ciencia consiste también en la búsqueda
constante de explicaciones sencillas para fenómenos complejos.
Sp. Es evidente que en nuestros días la ciencia desempeña una doble función: por
una parte, desmitifica el mundo, por la otra, crea también nuevos mitos…
W. Definitivamente. Prueba de ello es el entusiasmo público por los hoyos negros
y las supercuerdas, que son objetos nunca vistos del mundo subatómico. En realidad,
puede afirmarse que la teoría darwinista de la evolución posee prácticamente la misma
fuerza mítica que la historia de la Creación.
Sp. Ud. escribe en su nuevo libro que el ser humano debe cobrar conciencia de su
herencia primitiva, si es que quiere sobrevivir: “Si nos tomamos por dioses y queremos
prescindir de nuestra herencia ancestral, seguramente nos diluiremos en la nada”.
¿Podría aclarar un poco estas afirmaciones?
W. Los seres humanos nos hemos concentrado tanto en nosotros mismos que
hemos llegado a convencernos de habernos elevado sobre nuestro entorno y nuestros
instintos. Nos consideramos como criaturas parecidas a los ángeles y pensamos que
nuestros conocimientos nos permiten todo. Quien así piense ignora la verdadera
naturaleza del ser humano. Es un hecho que la mayor parte de nuestros sentimientos,
deseos y preferencias tiene su origen en nuestra historia biológica y que dependemos
de nuestro entorno. La humanidad haría bien en no renunciar a esta concepción
naturalista del mundo.
Sp. ¿Podría decirlo de manera más concreta?
W. El peor error que la humanidad comete en este momento es el de destruir la
diversidad biológica del mundo. Con ello se pierden también riquezas verdaderamente
invaluables. Por otra parte, con el crecimiento de la población mundial, la
humanidad socava las bases mismas de su vida natural. El resultado es también un
abismo cada vez mayor entre ricos y pobres. Nos movemos en una dirección en la
que los problemas que en el futuro afrontarán los países en vías de desarrollo serán
enteramente distintos de los que se presentarán en el mundo industrializado. La tierra
y el agua se agotarán en los primeros y todo esto tendrá graves consecuencias
políticas. Me temo, en consecuencia, que nos encaminamos a un siglo XXI bastante
incómodo.
Sp. Ud. afirma en su libro que “los cerebros superiores son aquellos que toman
las decisiones más sabias” y que son ellos los que se han impuesto en la evolución.
¿Cómo es posible que la humanidad haya llegado a una situación de esa índole?
218 Signos Filosóficos
W. Estrategias que pueden resultar útiles desde el punto de vista individual y de
algunos grupos pueden resultar en ocasiones fatales para la especie como un todo.
Muchas de las pautas de conducta que hemos heredado del hombre de la Edad de
Piedra tienen efectos desastrosos en nuestros días. Pero lo que más me asusta es la
incomprensión que priva acerca de ello. La abrumadora mayoría de quienes hoy en
día ocupan puestos de importancia en los gobiernos y en los medios de comunicación
carece por completo de una sensibilidad respecto a ello. No entienden ni siquiera
lo poco que hemos logrado saber acerca del hombre y su naturaleza.
Traducción: Luis Felipe Segura

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