un modelo para el comentario crítico de textos: Inger Enkvist sobre un texto de Juan Goytisolo


“Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos”.
Análisis de un artículo de Juan Goytisolo
FUENTE http://www.ucm.es/info/especulo/numero44/goytisol.html
AUTORA Inger Enkvist

Universidad de Lund
Suecia

Resumen: >El artículo que se va a analizar a continuacíon tiene el título “Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos” y se publicó en El País en 26 de noviembre de 1990. Más tarde fue publicado otra vez en El bosque de las letras (1995) y Ensayos escogidos (2007). Todo esto lleva a pensar que el propio autor está contento con su artículo, porque si no, no hubiera vuelto a publicarlo. El artículo consiste en 1956 palabras, distribuidas en 41 oraciones y 8 párrafos. El artículo ha sido elegido por varias razones: es típico de cómo escribe este autor que ha recibido muchos premios y está constantemente presente en la prensa; además, necesita ser analizado para ser comprendido cabalmente.

1. Durante mi reciente visita a un Buenos Aires sumido en una profunda crisis social y económica, pero con una curiosidad intelectual y afán de saber menos epidérmico tal vez que los de nuestra presunta “capital cultural de Europa”, los comentarios de mis interlocutores, ya en público, ya en privado, se centraron frecuentemente en un tema: el de la arrogancia y ostentación de riqueza de un vasto y llamativo sector de la actual sociedad española.

2. Desde la profesora que, tras preguntar por el precio de un artículo y no poder adquirirlo con sus devaluados australes, recibió en plena cara, como un cantazo, el calificativo de sudaca, hasta el escritor que a su llegada a Barajas fue sometido a un interrogatorio humillante y perdonavidas por el funcionario encargado de estampillarle la entrada, la lista de agravios con respecto a nuestra flamante identidad europea, modales desenfadados o agresivos y culto desmedido al dinero podría formar un variado y melancólico anecdotario.

3. El contraste entre la recepción cordial de los emigrantes españoles hace cincuenta años por una Argentina entonces boyante, situada en el pelotón de los diez primeros países con mayor renta per cápita y la dispensada hoy, cuando los papeles se han invertido y de solicitantes hemos pasado a ser solicitados, no puede ser más chocante.

4. La sociedad española de los noventa, advertían con desilusión y tristeza, se ha transformado al menos para ellos en algo muy distinto de la que sus padres conocieron: una sociedad de nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos.

En resumen, los españoles son unos nuevos ricos agresivos que tratan mal a los menos afortunados. Los argentinos son presentados como más humildes y más genuinamente intelectuales.

II.

5. La mutación de nuestro país tocante a la consideración ético-social del dinero se remonta, como sabemos, a la década de los sesenta.

6. La llegada al gobierno franquista de los tecnócratas vinculados al Opus Dei desempeñó en el hecho un papel primordial, a todas luces histórico: disculpabilizó las siempre ambiguas relaciones del catolicismo español de la Contrarreforma con el capital y permitió lo que podríamos denominar acumulación primitiva de éste, fundada en la filosofía de un rápido y desmesurado enriquecimiento; bajo este concepto cabe considerar a aquel escogido grupo de magnates de la banca e industria como auténticos calvinistas.

7. Dicho proceso era sin duda indispensable y fue el motor de la tardía modernización de España.

8. La ruptura de las relaciones tradicionales o arcaicas, la adopción de nuevas normas de conducta, los legítimos deseos de mayor bienestar material minaron las bases del régimen franquista y facilitaron su desmontaje incruento a la muerte del dictador.

9. Hoy, España, tras el necesario aprendizaje del sistema de producción capitalista y su invención incesante de nuevas necesidades destinada a convertir al ciudadano en consumidor, ha pasado de esa fase de acumulación primitiva de capital a la de una acumulación “desarrollada”, propia de sus congéneres europeos.

10. Pero, sorprendentemente, la mentalidad anterior, correspondiente a la fase primitiva – la del get rich quick de los sesenta- pervive aún e impregna el conjunto de las relaciones sociales.

11. La madurez y desenvolvimiento de las estructuras económicas no se han traducido en una madurez y desenvolvimiento paralelos de los hábitos mentales: la tendencia a un provecho inmediato y fácil -no compensado con la existencia de una ética social democrático-protestante- obstaculiza el buen funcionamiento de una economía adulta y contamina insidiosamente, a través de los medios de información de masas, la escala de valores de la sociedad.

12. Las fortunas ingentes acumuladas en unos pocos años por especuladores diestros, no suscitan recelo sino envidia y admiración.

13. Ganar dinero como sea y ostentarlo sin complejo -esos rasgos característicos de la acumulación primitiva de los sesenta- siguen siendo los elementos fundamentales del ideal propuesto.

14. De ahí esa impresión de jactancia y prepotencia que el visitante de países económicamente deprimidos o brutalmente explotados saca de nosotros -conducta y mentalidad de nuevos ricos que nos distinguen de los demás países europeos más o menos adaptados a las exigencias de un capitalismo desarrollado y no se compaginan con la dinámica real de nuestra economía ni nuestra evolución social.

En resumen, España se ha desarrollado económicamente pero no mentalmente. El autor denuncia el capitalismo pero de una manera ambigua. Asocia la España de 1990 con la de Franco y con una mentalidad norteamericana. Considera inmadura España e insiste que la visión de España de los forasteros es negativa.

III.

15. Junto a ello, el espíritu de iniciativa individual, inherente a la ascensión de la clase social burguesa, se confundió en la península, por razones finamente analizadas por Américo Castro, en lo que éste denomina “separatismo de persona”: en lugar de la mesura y respeto de las opiniones ajenas necesarios al ejercicio de la libertad, nuestra falta de experiencia en el tema se manifestó casi siempre, en los cortos periodos de régimen democrático de la historia española, en el abuso generalizado de aquélla.

16. La feliz aclimatación de la democracia en España no ha eliminado con todo un hábito sólidamente arraigado: la convicción tozuda de ser titular cada cual de infinidad de derechos pero de ningún deber.

17. Dicha creencia, que tanto sorprende a los forasteros, se manifiesta de forma lamentable en el contenido y tono de nuestra prensa.

18. El “amarillismo” más descarado se ha extendido en efecto en los últimos años desde las revistas tradicionalmente especializadas en él a la mayoría de publicaciones de información semanal y, de la magra dieta de partidos de fútbol, corridas de toros y discursos del Caudillo en sus aniversarios e inauguraciones, hemos pasado al menú cuidadosamente aliñado de la vidas y hazañas públicas y privadas de una cincuentena de famosos: lectura de sobrecogedora indigencia y embotamiento de la facultad de pensar que muestran bien claro la manipulación de la libertad de opinar al servicio de una política de ventas oportunista y degradante.

En resumen, el autor considera que los españoles no han adquirido todavía costumbres democráticas y que la prensa española es sensacionalista.

IV.

19. En una sociedad desmemoriada como la nuestra, en la que en un lapso a veces muy breve se incumplen promesas solemnes, se cambian las chaquetas y se salta del donde dije digo dije diego en menos de un pestañeo se puede escribir lo que sale del cuelga cuelga -si se sabe escoger bien el blanco- con perfecta impunidad.

20. Nuestra actitud de nuevos libres nos diferencia de inmediato de los demás alumnos de la clase.

21. Cuando mis amigos argentinos apuntaban al fenómeno y sus consecuencias funestas para las víctimas fáciles de esa difusa agresividad, los hechos, desgraciadamente, les dan la razón.

22. Si la mirada de los demás forma parte del conocimiento global de nosotros mismos, los españoles no podemos ignorar la manera en que somos vistos desde fuera por quienes comparten, no obstante, con nosotros una misma cultura y lengua.

En resumen, el autor considera que los españoles son superficiales y que son mal vistos por los otros.

V.

23. El ingreso de España en la Comunidad Económica Europea es un acontecimiento positivo en la medida en que permite liquidar un debate que ha polarizado durante más de dos siglos la vida intelectual hispana: el problema de nuestra europeización.

24. Los hombres más lúcidos del siglo XVIII advirtieron el retraso de España con respecto a sus vecinos del Norte y sufrieron como un agravio la frasecilla, en verdad malintencionada, de L’Afrique commence aux Pyrénées.

25. La lucha entre los defensores de un particularismo español que nos diferenciaría para siempre de los demás europeos y quienes querían colmar el vacío existente entre España y Europa y negaban, por tanto, la existencia de aquél, desbordó, como sabemos, en el terreno político y enconó las guerras civiles del siglo XIX y la sangría de 1936-1939.

26. La postura de los primeros se basaba en verdad en unas tesis a la vez reaccionarias y erróneas: hablaban, como Ganivet, de una misteriosa esencia española “a prueba de milenios”, negando el hecho de que la España real fuera el resultado de una serie -eso sí, única- de mezclas culturales y vicisitudes históricas.

En resumen, el autor se muestra ambiguo frente al ingreso de España en la UE. Considera sin embargo que el ingreso zanja la discusión a propósito de si España pertenece o no a Europa culturalmente. Rechaza la idea de un particularismo español.

VI.

27. Como consecuencia del descrédito de las doctrinas sostenidas primero por los tradicionalistas y luego por la Falange, los españoles han tendido en las últimas décadas a presentar una imagen de sí mismos que excluía cuidadosamente cuanto no era juzgado puramente europeo: así, en vez de reivindicar nuestra “occidentalidad matizada de elementos semitas” (Américo Castro), consideraban a éstos como un vergonzoso estigma si, saliendo de su casilla de vestigios muertos, probaban su actualidad y vigencia.

28. En un momento en el que nos hemos integrado económica, política y culturalmente en Europa, sería hora de enterrar por fin la controversia y mirar a nuestro pasado sin anteojeras.

29. Una reflexión crítica sobre la historia peculiar de España nos ayudaría, al revés, a percibir los elementos atípicos de nuestra cultura como una originalísima aportación a la riqueza y diversidad cultural de Europa.

30. La mejor forma de ser europeos sería la de serlo con naturalidad, sin mimetismos ni complejos.

31. Pero, una vez más, las mentalidades y hábitos creados por situaciones históricas rebasadas subsisten a su desaparición y, en muchos dominios de la vida social y cultural, seguimos aspirando todavía a aparecer más europeos que los europeos, esto es, a americanizarnos con mayor rapidez que ellos, imitando, indiscriminadamente cuanto nos viene, a menudo vía París, desde Nueva York.

32. Este influjo avasallador de la portentosa máquina cultural estadounidense es probablemente inevitable, pero requiere un mínimo de discernimiento si no se quiere caer sucesivamente en todas sus trampas.

33. En cuando a la dependencia cultural de Francia, resulta en verdad excusable en un periodo en el que, desaparecidas casi todas las grandes figuras del mundo literario y artístico parisiense, aquélla atraviesa una calma chicha similar a la nuestra y no puede procurarnos, por tanto, aliciente ni estímulo.

34. Los divertidos comentarios de Juan Valera a los seguidores retrasados de la última moda de París no han perdido del todo su actualidad y, como en otras épocas -pero sin una razón objetiva que los justifique- , el espectáculo que ofrecemos a menudo al observador puede resumirse gráficamente con las palabras de mi admirado Vicente Llorens acerca de “la confusión, el tropel innovador y el persistente anacronismo de la cultura española, que vive en los tiempos modernos no sólo en una posición de inseguridad, sino moviéndose constantemente a contratiempo”.

35. Mientras la curiosidad intelectual europea por otros mundos vivifica y renueva sus fuentes de inspiración, dicha actitud receptiva y abierta es percibida todavía entre nosotros como un resabio o extravagancia y suscita de ordinario la reprobación; y así, en vez de seguir el ejemplo de Juan Ruiz, Rojas, Delicado, san Juan de la Cruz o Cervantes -esos creadores geniales del árbol de nuestra literatura- , preferimos correr tras la última moda dirty o light y empeñarnos en considerar a Tom Wolfe como un gran artista.

En resumen, el autor considera que los españoles se niegan a ver la cultura como la ve el autor, es decir, marcada por ciertos escritores de la Edad Media y del Renacimiento. El autor considera que los Estados Unidos y Francia no tienen nada que ofrecer a España en el campo cultural. Como contraste, destaca cierta literatura medieval y renacentista española.

VII.

36. Nuevos europeos en vez de europeos a secas somos víctimas sin saberlo de la inercia de unos hábitos mentales forjados en la época de nuestro atraso.

37. La labor de contribuir con nuestra propia especificidad a la cultura de la casa común abierta con la caída del telón de acero se ve obstaculizada por la ignorancia, al menos en el ámbito literario, de lo que España puede aportar a una agrupación continental cimentada en los valores del pluralismo, ósmosis e intercambio.

En resumen, el autor critica la inercia mental de los españoles, ignorantes de la parte de la literatura española que más valora el autor.

VIII.

38. En corto: los comentarios de mis interlocutores de Buenos Aires revelaban, nos guste o no, el modo en que los españoles somos percibidos desde fuera y el hecho de que la prepotencia y afán de lucro que reprochamos con razón a nuestros dirigentes son el becerro de oro de una gran parte de nuestra sociedad.

39. Resulta, pues, comprensible que un número creciente de extranjeros -ya aferrados a unos valores humanos caídos aquí en desuso o de vuelta a ellos tras su desengaño de los trampantojos del capitalismo real- se sientan defraudados y ajenos a la euforia creada por tanta novedad.

40. La sociedad española actual, ¿resulta moralmente incómoda y desapacible, como sostenía un colega?

41. A pique de agravar mi sólida reputación antipatriótica forjada ad vitam aeternam por los servicios de propaganda de Franco, concluiré esas breves reflexiones, enhebradas durante mi estancia en Buenos Aires, con la expresión de mi sentimiento de que las circunstancias parecen darle razón.

En resumen, el autor critica la importancia que, según él, dan los españoles al dinero y se presenta como perseguido.

Análisis general

Frente a Europa, el autor adopta una actitud ambigua: por un lado insinúa que él es más europeo que los españoles, provincianos ellos, pero por otro tilda a Europa de capitalista y añade que Francia no tiene nada que aportar culturalmente a España en los momentos en que está escribiendo. El se presenta como capaz de juzgar en qué fase de desarrollo están los españoles. Homogeneiza: todos los españoles son iguales, según él.

Menciona una y otra vez el franquismo, que es su propia justificación por reclamar una posición diferente dentro del panorama español. Desde hace varias décadas, Goytisolo lleva una campaña para hacer aceptar su versión de la historia y la literatura españolas y, en esas versiones, hay un espacio amplio para la influencia árabe y musulmana y para la sexualidad en todas sus formas. Se notan en el artículo las ideas de siempre del autor y de su manera típica de redactar. Unos ejemplos:

1. La cultura española está marcada por la temprana influencia árabe-musulmana.

2. La España de 1990 sigue marcada por el atraso y por el franquismo.

3. El autor se presenta como perseguido en España.

4. El autor salta entre épocas y situaciones muy diferentes.

5. Pronuncia unas afirmaciones contundentes en diferentes campos sin ofrecer pruebas.

6. Es agresivo cuando habla de España.

El texto utiliza una serie de técnicas retóricas para establecer la autoridad del autor. Al comienzo y al final del artículo, el autor habla de su propio viaje, de sus interlocutores y de su propia evaluación, usando la primera persona. Se refiere a una información que él ha recibido, y los lectores difícilmente podemos discutir las afirmaciones del autor porque no hemos estado presentes en las mismas situaciones. Una técnica similar es el uso de la primera persona plural que suele indicar cercanía y conocimiento personal. Para quien sólo echa un vistazo al texto, el artículo puede parecer una autocrítica que incluye al propio autor.

El autor también utiliza el conocimiento del lector de quién es él. Cuando se pronuncia sobre la situación cultural en Francia, sobre los autores españoles no suficientemente apreciados en España o la situación política en Europa, el autor cuenta con que el lector sabe que él es un escritor famoso que ha publicado ensayos sobre diferentes temas y ha vivido en el extranjero.

Otra técnica es que el autor utiliza un lenguaje y una sintaxis muy cultos combinados con referencias a la historia y a la literatura que podrían intimidar a un lector dispuesto a protestar contra el contenido del artículo. El resultado es que un lector no especializado en los mismos temas que Goytisolo puede sentirse frustrado: es atacado pero no tiene armas para defenderse.

Otro rasgo destacado que excluye a los lectores es que si las referencias no son concretas y privadas son muy abstractas y generales. En las primeras líneas, Goytisolo afirma que los españoles tratan peor a los argentinos de lo que ellos trataron a los españoles hace medio siglo. Para contradecir eso, el lector tiene que saber cómo tratan de verdad los españoles hoy a los argentinos, cómo trataron de verdad los argentinos a los españoles hace medio siglo y si son comparables las situaciones. Es decir, hace falta tener unos conocimientos especializados y haber estudiado el asunto para no caer en el mismo tipo de generalizaciones que el autor. Además, criticar la afirmación de Goytisolo sería criticar a los argentinos, lo cual sería descortés. Se junta a todo eso el hecho de que el lector puede reconocer ciertos elementos de verdad en algunas afirmaciones pero creer que las proporciones son exageradas. El artículo constituye un ataque en toda regla contra los españoles.

Primera persona plural

Uno de los recursos retóricos utilizados por el autor, quizá el principal, es la primera persona plural. Se trata de un uso poco frecuente, agresivo. En vez de señalar una solidaridad constituye un ataque. La palabra nuestro viene 18 veces y con alguna posible excepción, siempre de forma negativa para los españoles. Ya en la primera oración viene la expresión nuestra presunta “capital cultural de Europa” y en la segunda nuestra flamante identidad europea. Se habla a continuación de nuestra falta de experiencia, nuestra sociedad desmemoriada, el problema de nuestra europeización y nuestro atraso. Se podría hablar de un acondicionamiento del lector: el autor crea una asociación entre lo español y lo negativo, un rechazo hacia lo español similar al que parece sentir el autor desde su juventud. Los pronombres nosotros y nos se usan 14 veces y siempre en sentido negativo. Por ejemplo se habla de la conducta y mentalidad de nuevos ricos que nos distinguen.

La forma verbal de la primera persona plural se utiliza 14 veces. La primera persona se utiliza en la voz pasiva para expresar cómo somos vistos, nosotros los españoles. La primera persona plural se usa también en la expresión como sabemos para indicar que lo que se dice es evidente. Un uso similar es cuando el autor dice podríamos denominar que se puede leer como un ‘nosotros’ que reemplaza un ‘yo’. El autor dice no podemos ignorar cuando de lo que se trata es que él considera que los españoles no deben ignorar un asunto. La expresión el espectáculo que ofrecemos trasmite la idea de que, según su opinión, los españoles deberían actuar de manera diferente. Habla de lo que reprochamos a nuestros dirigentes, cuando parece querer decir que él piensa que los españoles deberían reprochar cierta conducta a sus dirigentes. Una frase interesante es somos víctimas sin saberlo porque, supuestamente, los españoles no saben lo que les pasa pero el autor sí.

Si alguien todavía duda de la agresividad del autor contra los españoles, se puede destacar que el autor da el tono ya en la segunda oración utilizando unas expresiones muy fuertes como sudaca, como un cantazo, en plena cara, lo que vale decir que el autor acusa a los españoles de racistas y violentos. El autor utiliza dos veces la palabra agresivo refiriéndose a los españoles.

Lenguaje culto, abstracto y valorativo

Las oraciones son largas y el vocabulario culto. Hace falta cierto nivel cultural para no sentirse excluido por palabras como ostentación, anecdotario, calvinistas, magnate, recelo, embotamiento, lapso, agravio, vicisitudes, aliciente y lucro.

Es un texto caracterizado por sus muchos sustantivos y adjetivos. El nivel de abstracción es alto, a pesar de las referencias a la situación personal del autor ya mencionadas. En las oraciones 9 – 14, los sustantivos son los siguientes: aprendizaje, sistema, producción, invención, necesidades, ciudadano, consumidor, fase, acumulación, capital, acumulación (viene repetida la palabra), congéneres, mentalidad, fase, conjunto, relaciones, madurez, desenvolvimiento, estructuras, madurez, desenvolvimiento, hábitos, tendencia, provecho, existencia, ética, funcionamiento, economía, fortunas, años, especuladores, recelo, envidia, admiración, dinero, complejo, rasgos, acumulación, elementos, ideal, impresión, jactancia, prepotencia, visitante, países, conducta, mentalidad, países, exigencias, capitalismo, dinámica, economía y evolución. Todo esto quiere decir, que Goytisolo se dirige a un lector español culto. Además, las abstracciones invitan al lector a aceptar las evaluaciones en las que se basan las abstracciones. Hace falta estar muy atento para reaccionar y preguntarse en qué se basa el autor para fundamentar sus afirmaciones.

Es también llamativo el gran número de adjetivos presentes en el texto. En un recuento de los adjetivos y de los participios pasados usados como adjetivos, se llega a unos 255. Hay oraciones con hasta 13 adjetivos y, precisamente, el autor abre el artículo con una oración que contiene los 13 adjetivos siguientes: reciente, sumido, profunda, social, económica, intelectual, epidérmico, presunta, cultural, vasto, llamativo, actual y española. Como los sustantivos, los adjetivos se caracterizan por un alto nivel de abstracción. De manera general, los sustantivos y los adjetivos expresan el mismo tipo de concepto y podrían cambiar de posición. Esta densidad de adjetivos da un carácter culto al lenguaje a la vez que limita la libertad del lector porque el autor añade una valoración a lo que cuenta y señala así cuál es la interpretación de lo que se dice.

El español dispone de dos maneras de colocar un adjetivo en la función de determinante de un sustantivo. Además de la colocación normal de adjetivos como ‘grande’ y ‘bueno’ delante del sustantivo, se notan en el texto una acumulación y unos usos rebuscados de adjetivos antepuestos: un vasto y llamativo sector, devaluados australes, aquel escogido grupo de magnates, la tardía modernización de España, los legítimos deseos, el necesario aprendizaje, cortos periodos, la feliz aclimatación, la magra dieta, con perfecta impunidad, la portentosa máquina cultural, los divertidos comentarios y esas breves reflexiones. Las expresiones citadas no solamente tienen adjetivos antepuestos sino varias veces hasta parejas de adjetivos antepuestos. Indican una voluntad de escribir una prosa culta.

En su afán de usar un vocabulario rico y variado, autor introduce algunas variantes personales. Los que han leído otros textos suyos pueden adivinar que epidérmico significa aquí ‘duro’. El autor utiliza en la última oración la expresión ir a la pique, pero según el DRAE la expresión es irse a pique en el sentido de ‘malograrse’.

Ironía o sarcasmo

El autor se posiciona en el texto como alguien muy culto y, desde esta posición, muestra su distancia de los españoles, usando una serie de dispositivos irónicos. Uno es el uso de las comillas para referirse a nuestra presunta “capital cultural de Europa”. Es decir, que pone en cuestión el estatus de capital cultural tanto por la palabra presunta como por las comillas. Hace algo similar cuando habla de una acumulación de capital “desarrollada”. También utiliza las comillas de manera irónica para adscribirle a Ganivet una idea sobre una esencia española “a prueba de milenios”.

El autor usa también las comillas de manera convencional para citas, sólo que no se entiende muy bien por qué utiliza algunas citas. Cuando el autor cita a Américo Castro hablando de “separatismo de la persona” es poco claro a lo que se refiere. Es más clara la segunda cita de Américo Castro porque expresa una idea favorita de Goytisolo, la de la occidentalidad matizada de elementos semitas. Sin embargo, no se ve por qué cita a Vicente Llorens, un favorito personal del autor pero no muy conocido. El contenido de la cita reitera la afirmación sostenida por el autor de que los españoles sufren de un retraso cultural pero si el lector no conoce a Llorens, la cita no funciona como refuerzo a la argumentación de Goytisolo.

También vale la pena estudiar la utilización del autor de la cursiva. Las palabras y expresiones que vienen en cursiva en el texto son las siguientes: sudaca, nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos, get rich quick, famosos, nuevos libres, L’Afrique commence aux Pyrénées, dirty o light, telón de acero, novedad y ad vitam aeternam. Es decir que el autor usa la cursiva para destacar su crítica contra los españoles y para las expresiones en otras lenguas que, simultáneamente, sirven reforzar la idea de que el autor es culto. No se entiende bien por qué el autor pone en cursiva la expresión telón de acero que, además, tiene poco que ver con el contenido.

El mundo del autor es un mundo en blanco y negro. El autor menciona unos cuantos nombres propios y vienen marcados claramente con valor positivo o negativo. Los que tienen un valor positivo para el autor son Américo Castro (a quien se menciona dos veces), Juan Ruiz, Rojas, Delicado, san Juan de la Cruz, Cervantes, Valera y Vicente Llorens. Los que tienen un valor negativo son Tom Wolfe, Ganivet y Franco (llamado también el Caudillo, el dictador y presente también en el adjetivo franquista).

Lo europeo, lo francés y lo norteamericano

Lo europeo se menciona constantemente, 17 veces, pero de un modo ambiguo. El concepto de ‘europeo’ viene asociado a ‘rico’ y ‘libre’ pero también a ‘maduro’. Esta ambigüedad dificulta la comprensión del texto porque a veces lo europeo es un valor positivo y a veces un valor negativo. El valor que adquiere la palabra es el que quiere darle el autor en cada momento. Cuando se habla de los demás países europeos, la palabra ‘europeo’ significa una aceptación de los demás países y una crítica contra España. Cuando la palabra ‘europeo’ se utiliza junto con ‘nuevo’, el uso es directamente irónico, indicando que los españoles apenas son europeos en el sentido positivo. Fundamentalmente, la palabra se utiliza para insultar a los españoles.

Vale la pena comentar un poco más dos oraciones. Se dice primero: La mejor forma de ser europeos sería la de serlo con naturalidad, sin mimetismos ni complejos. Un poco más lejos, sin embargo, se dice: Pero, una vez más, las mentalidades y hábitos creados por situaciones históricas rebasadas subsisten a su desaparición y, en muchos dominios de la vida social y cultura, seguimos aspirando todavía a aparecer más europeos que los europeos, esto es, a americanizarnos con mayor rapidez que ellos, imitando, indiscriminadamente cuanto nos viene, a menudo vía París, desde Nueva York. Por un lado, parece que se puede ser europeo con naturalidad y eso sería positivo pero, por otro lado, los españoles, criticados por no ser suficientemente europeos todavía, son criticados por querer ir demasiado lejos y dejarse americanizar. ¿En qué quedamos?

Se puede destacar también que Europa se asocia sobre todo al desarrollo económico, siempre muy ambiguo para Goytisolo, y no en primer lugar a la cultura, la democracia y la libertad.

Se constata que desde hace siglos los franceses critican el atraso de España, diciendo que “L’Afrique commence aux Pyrénées”. El hecho de citar la frase es ambiguo. El autor da muestras de su propia cultura, une su voz a la crítica de los franceses a la vez que esta crítica le duele un poco como español. A propósito de la influencia cultural de París, el autor también es ambiguo. Se junta a la mofa de Valera sobre los imitadores retrasados de la moda parisiense pero al mismo tiempo afirma que, cuando está escribiendo él mismo en 1990, España no puede aprender nada de Francia porque Francia atraviesa un momento cultural poco interesante. Sin embargo, diciendo esto, el autor insinúa que él mismo conoce bien la situación en París y en otras épocas sí sucedían cosas importantes allí.

Los Estados Unidos son presentes a través de la lengua inglesa y algunas menciones, siempre negativas. En cursiva está la expresión get rich quick, supuestamente un lema de los años sesenta, y los adjetivos dirty o light, usados como términos para referirse a subgéneros de mala literatura. El escritor estadounidense Tom Wolfe es elegido como ejemplo de un mal escritor. Se culpa a la portentosa máquina cultural estadounidense de ejercer una influencia negativa en los españoles y el autor recomienda cautela para no caer en las trampas que él ha identificado.

Al contrario, como ya se ha observado, según el autor los españoles deberían dejarse inspirar por los autores de la Edad Media y del Renacimiento favoritos del autor y asociados a la cultura musulmana y judía.

Un autor omnisciente

El autor construye su texto incluyendo referencias históricas tomadas de diferentes épocas y países, mezcladas con datos de la actualidad. Habla de temas muy variados: los vestigios de la presencia semita en la Edad Media, sus autores favoritos de la Edad Media y del Renacimiento, la Contrarreforma, los espíritus lúcidos del siglo XVIII, las guerras civiles del siglo XIX y la guerra civil del siglo XX, el franquismo, la situación en Argentina en los años cuarenta y cincuenta, la entrada de los tecnócratas en el gobierno franquista en los años sesenta, el get rich quick, supuestamente también de los años sesenta, y la influencia cultural francesa y estadounidense.

El autor es escritor; no es ni historiador ni crítico literario pero se pronuncia sobre asuntos que pertenecen a estos dos campos. Un historiador puede de vez en cuando hacer una comparación entre diferentes situaciones históricas, pero los historiadores suelen ser muy cautos con las comparaciones, porque precisamente dicen que influyen tantos factores que las situaciones nunca son exactamente iguales. La manera de Goytisolo de utilizar las referencias históricas es problemática precisamente porque las afirmaciones pueden contener algo de verdad sin ser correctas de manera global.

No sólo se presenta como historiador y crítico literario. El autor también hace afirmaciones sobre la etnografía y antropología cuando afirma saber cómo piensan y cómo son los españoles, los europeos y los argentinos. También se atreve a hacer afirmaciones sobre la economía sin ser economista. Combina lo que dice sobre los cambios en la economína española con el método retórico llamado ‘guilt by association’, presentando la realidad económica española de 1990 como ligada no solo a Franco, a la Falange y al Opus Dei sino hasta a la Contrarreforma. Finalmente, también se pronuncia sobre cómo es y cómo debería ser la prensa.

Contradicciones y ambigüedades

Goytisolo afirma: La lucha entre los defensores de un particularismo español que nos diferenciaría para siempre de los demás europeos y quienes querían colmar el vacío existente entre España y Europa y negaban, por tanto, la existencia de que desbordó, como sabemos, en el terreno político y enconó las guerras civiles del siglo XIX y la sangría de 1936-1939.

Pero unas oraciones más adelante dice que España debería aportar a la cultura europea precisamente aquello en que es diferente, sus raíces semíticas. El lector puede preguntarse si el autor piensa o no que hay un particularismo español. Quizá piensa que sí pero que el particularismo que él ve es diferente del particularismo que quiere denunciar. En otras palabras, es ambiguo.

Nótese cómo ‘libre’ y ‘europeo’ se convierte en algo negativo por la asociación con ‘rico’, un concepto asociado con el término ‘capitalismo’, criticado por Goytisolo en el artículo.

El autor no discute la diferencia entre la inmigración legal e ilegal y tampoco la razón por la que Argentina está sumida en una crisis. No aporta pruebas de que los argentinos sean más cultos o curiosos que los españoles. La fuente o la garantía de las afirmaciones es el propio autor. Es decir, si el lector cree que el autor está bien informado y responsable, el artículo funciona retóricamente; si el lector nota la ausencia de pruebas o la exageración, podría empezar a cuestionar las afirmaciones del autor.

La imagen del propio autor

La imagen que da de sí mismo el autor es de alguien de vastos conocimientos, que tiene presente toda la historia europea, la literatura, los ambientes culturales y políticos en Francia y en España, la economía, la prensa, de alguien que viaja, que tiene amigos en otros países y que está preparado a criticar su propia cultura. El autor conoce bien los clásicos literarios españoles y desprecia la literatura popular y las modas literarias. En cuanto a la cultura mediática, ve lo superficial que es. También desprecia la jactancia de sus compatriotas menos cultos que él.

Para entender bien lo que dice el autor, el lector tiene que saber algo de él. Cuando habla de pluralidad, ósmosis e intercambio, se suele referir al mundo musulmán. El autor quiere que la cultura española incorpore rasgos de la cultura musulmana, pero no al revés (Enkvist-Sahuquillo 2001). El autor ha encontrado precisamente en Américo Castro y Vicente Llorens a dos escritores que piensan como él a propósito de esto. El lector entiende mejor por qué el autor se atreve a pronunciarse con la contundencia que le caracteriza sobre Francia si sabe que Goytisolo durante mucho tiempo ha vivido una parte del año en París. Cuando el autor habla de la mirada de los otros suena como algo tomado de las teorías culturales en boga en Francia. La observación sobre la europeización de los españoles insinúa que Goytisolo conoce bien la historia de las ideas en España, tan bien que puede pronunciarse sobre la relación entre diferentes ideas y las sucesivas guerras en la Península. El autor cita a Ganivet, a Castro y Llorens sin indicar la fuente, como si los autores a los que él suele citar fueran igual de conocidos por todos.

En ese texto tan abstracto, el autor establece una conexión con la realidad a través de las referencias a las conversaciones que ha tenido en Buenos Aires. Además, utiliza varias veces las expresiones real, verdadero y el hecho que: habla de la dinámica real de la economía y la evolución social españolas, de posturas que se basan en verdad en unas tesis a la vez reaccionarias y erróneas, de la España real y de los trampantojos del capitalismo real y de diferentes situaciones que presenta como hechos. El autor sabe cómo son las cosas.

Sus observaciones sobre la máquina cultural de los EE.UU. y sobre la prensa española señalan que el autor se ve como pertenenciente al grupo de progresistas. Su tono perentorio y moralizante podría hacernos pensar que él es el primero por ejemplo en sacar la conclusión de que la prensa es sensacionalista. El autor habla de la ética en dos ocasiones. El artículo da a entender que el autor está en un nivel ético más alto que los españoles que son nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos. El autor, libre y europeo desde hace tiempo, puede esudiarlos a ellos desde arriba.

El autor cierra el artículo con la afirmación de que para los franquistas él resulta antipatriótico. Si el lector también piensa que el autor es antipatriótico se encuentra encerrado en un conjunto etiquetado como franquista. Esta es otra maniobra que coacciona la libertad del lector; el texto resulta autoritario. El autor proclama agresivos a los españoles, pero – ¿y él mismo? Goytisolo termina el artículo en el que ha atacado ferozmente a los españoles, proclamándose perseguido él. Confunde a los lectores y dificulta la comprensión de lo que realmente dice.

El artículo analizado parece tratar de los españoles y de cómo son. ¿Pero si en realidad tratara del propio autor? ¿De lo mal que se siente frente a sí mismo, de sus ganas de destacar como progresista, de sus fobias y querencias? (Enkvist – Sahuquillo 2001). Su uso del ‘nosotros’ indica que vive inmerso en un psicodrama, una tensión entre él y el contexto en el que nació. En este drama hay dos actores: él y el conjunto de los otros, los españoles. Está claro también que quién tiene el papel de ‘bueno’ y quiénes el de ‘malo’.

Bibliografía

Inkvist, Inger – Sahuquillo, Ángel. Los múltiples yos de Juan Goytisolo. Un estudio interdisciplinar. Instituto de estudios almerienses, Diputación de Alméria, 2001.

Goytisolo, Juan. El bosque de las letras. Madrid: Alfaguara, 1995.

—— Ensayos escogidos. México: Fondo de cultura económica, 2007.

—— “Nuevos ricos, nuevos libres, nuevos europeos”. El País,16 de noviembre de 1990.

© Inger Enkvist 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero44/goytisol.html

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