Vargas Llosa desde la perspectiva crítico literaria de Inger Enkvist


CUBA Y FIDEL CASTRO
FUERON DECISIVOS EN EL DESARROLLO
DEL PENSAMIENTO DE VARGAS LLOSA
fuente http://www.hispanocubana.org/revistahc/pdf/REVISTA_HC_17.pdf
Inger Enkvist
Vargas Llosa conquistó la atención del mundo intelectual internacional
como uno de los novelistas del boom literario latinoamericano,
junto con Cortázar, Carpentier, Onetti, Fuentes, García
Márquez, Donoso y Roa Bastos. Ahora el boom ya pertenece al pasado,
pero Vargas Llosa ha seguido adelante y sin abandonar la literatura
se ha convertido en algo más que uno de los novelistas del boom, y
que conste que ser uno de ellos no es poco. Este artículo trazará el
camino de Vargas Llosa hacia unas posiciones cada vez más independientes
en el campo intelectual y personal hasta llegar a la posición
excepcional de la que goza en estos momentos como ensayista,
además de novelista. Cuba y Fidel Castro han tenido un papel decisivo
en ese desarrollo.
Por otra parte, la vida y obra de Vargas Llosa se presta como ejemplo,
como exemplum, para rechazar dos tesis muy en boga actualmente.
La primera dice: que el ser humano nace dentro de cierto ámbito cultural
y debe seguir adherido a las ideas del grupo: el multiculturalismo.
La segunda dice que los traumas sufridos en la infancia convertirán
al ser humano en una víctima de esas experiencias: el “victimismo”,
una mezcla de sociología y psicoanálisis. Vargas Llosa es, por el contrario,
ejemplo de lo que pueden el talento, la voluntad y el esfuerzo.
El fervor revolucionario de los años 60
Los comienzos de Vargas Llosa son similares a los de varios otros
escritores del boom: estudios universitarios, viajes en su propio país,
estancia en París y descubrimiento de un ámbito culturalmente muy
estimulante. Después de la experiencia de un colegio militar del cual
nos ha descrito la crueldad y la hipocresía en La Ciudad y los perros
(1963), y la experiencia de vivir bajo una dictadura militar, la de Odría,
trasfondo de Conversación en la Catedral (1969), el joven Vargas Llosa,
como tantos jóvenes latinoamericanos, sueña con un mundo mejor
y decide que su aportación se hará a través de la literatura.
Retrospectivamente se puede ver que el discurso
“La literatura es fuego”, pronunciado en 1967,
contiene muchos de los temas que acompañarán
a Vargas Llosa. Como es tradicional en
Latinoamérica, Vargas Llosa quiere para el escritor
un papel relevante en la transformación social:
“Nuestra vocación ha hecho de nosotros, los escritores,
los profesionales del descontento, los
perturbadores conscientes o inconscientes de la
sociedad, los rebeldes con causa, los insurrectos
irredentos del mundo, los insoportables abogados
del diablo” (Contra viento y marea I
1983:132).
Sería difícil exagerar la ilusión que despertó
la revolución cubana. Vargas Llosa estaba en París en los años 60, y
él y el nutrido grupo de intelectuales y escritores latinoamericanos sintieron
la euforia de experimentar la sensación de que podrían cambiar
el mundo. Durante años organizaron actos, firmaron declaraciones
de apoyo, viajaron a Cuba y publicaron libros y revistas de apoyo a
la revolución cubana.
Los años 60 y el comienzo de los años 70 son también los años
en que Soljenitzin y otros abren los ojos del público occidental sobre
la opresión y el enorme número de presos políticos en la Unión Soviética.
También de Cuba empiezan a llegar noticias alarmantes. En sus contactos
con los escritores extranjeros, los escritores cubanos empiezan
a hablar de coacción, de detenciones y de presos políticos. Empiezan
a aparecer libros que denuncian la omnipresencia y omnipotencia de
Castro en todos los sectores de la vida cubana. En esta situación, los
intelectuales latinoamericanos y entre ellos los escritores que viven en
París, adoptan dos posiciones diferentes. La mayoría decide apoyar
a Castro, haga lo que haga. Castro representa para ellos la ilusión de
otra América Latina y también de una revolución limpia, en una situación
en la que es cada vez más difícil negar la enorme violencia que
han supuesto tanto el comunismo ruso como el chino. La otra postura
consiste en preguntarse si la revolución cubana responde a las
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Inger Enkvist
“Como es
tradicional en
Latinoamérica,
Vargas Llosa
quiere para el
escritor un papel
relevante en la
transformación
social.”
expectativas que despertó, y ése es el camino que elige Vargas Llosa.
En 1968, la Unión Soviética invade Checoslovaquia para ahogar la
“primavera de Praga”, el intento de crear un socialismo con rostro
humano. Vargas Llosa publica el artículo “El socialismo y los tanques”.
Enseguida se convierte en el blanco de los ataques de los intelectuales
que han elegido la otra postura y que consideran a Vargas Llosa
como un traidor. El ataque es claramente político y no intelectual,
ya que no se discuten diferentes alternativas o interpretaciones, sino
que el lema es “quien no está con nosotros está contra nosotros”. El
artículo termina con una observación sobre el apoyo de Castro a la
invasión:
“A muchos amigos sinceros de la revolución cubana las palabras
de Fidel nos han parecido tan incomprensibles y tan injustas
como el ruido de los tanques que entraban a Praga” (Contra
viento y marea I 160-163).
En 1971 se ahonda la escisión entre Vargas Llosa y el grupo mayoritario
de los intelectuales latinoamericanos como consecuencia del
“caso Padilla”. Padilla era un poeta cubano acusado de ser un agente
de la CIA, cuya “autoinculpación” pública recuerda los tristemente
famosos juicios de Moscú bajo Stalin. Padilla se convirtió en el símbolo
de la figura del preso político en Cuba, el símbolo de que Cuba
no era mejor que otros países comunistas y que Cuba no era el paraíso
que muchos intelectuales querían ver. Un amplio grupo de escritores
firmó una carta pública muy breve a Fidel Castro. Por la importancia
que iba a tener esa carta en la vida de Vargas Llosa, vale la pena
reproducirla enteramente:
Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra
cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado
Heberto Padilla sólo puede haberse obtenido mediante métodos
que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias.
El contenido y la forma de dicha confesión, con sus acusaciones
absurdas y afirmaciones delirantes, así como el acto celebrado
en la UNEAC en el cual el propio Padilla y los compañeros Belkis
Cuza, Díaz Martínez, César López y Pablo Armando se sometieron
a una penosa mascarada de autocrítica, recuerda los momentos
más sórdidos de la época del estalinismo, sus juicios prefabricados
y sus cacerías de brujas. Con la misma vehemencia con
El pensamiento de Vargas Llosa
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que hemos defendido desde el primer día la revolución cubana,
que nos parecía ejemplar en su respeto al ser humano y en su lucha
por su liberación, lo exhortamos a evitar a Cuba el oscurantismo
dogmático, la xenofobia cultural y el sistema represivo que impuso
el estalinismo en los países socialistas, y del que fueron manifestaciones
flagrantes sucesos similares a los que están ocurriendo
en Cuba. El desprecio a la dignidad humana que supone forzar
a un hombre a acusarse ridículamente de las peores traiciones y
vilezas no nos alarma por tratarse de un escritor, sino porque cualquier
compañero cubano —campesino, obrero, técnico o intelectual—
pueda ser también víctima de una violencia y una humillación
parecidas. Quisiéramos que la revolución cubana volviera
a ser lo que en un momento nos hizo considerarla como un modelo
dentro del socialismo (Contra viento y marea I: 166-168).
Vargas Llosa escribe una carta a Haydée Santamaría, también publicada,
en la que dice entre otras cosas:
Le presento mi renuncia al Comité de la revista de la Casa
de las Américas, al que pertenezco desde 1965, y le comunico mi
decisión de no ir a Cuba a dictar un curso, en enero, como le
prometí durante mi último viaje a La Habana. Comprenderá que
es lo único que puedo hacer luego del discurso de Fidel fustigando
a los “escritores latinoamericanos que viven en Europa”,
a quienes nos ha prohibido la entrada a Cuba “por tiempo indefinido
e infinito”. ¿Tanto le ha irritado nuestra carta pidiéndole
que esclareciera la situación de Heberto Padilla? Cómo han cambiado
los tiempos: recuerdo muy bien esa noche que pasamos
con él, hace cuatro años, y en la que admitió de buena gana las
observaciones y las críticas que le hicimos un grupo de esos “intelectuales
extranjeros” a los que ahora llama “canallas”./…/
Sé que esta carta me puede acarrear invectivas: no serán peores
que las que he merecido de la reacción por defender a Cuba
(Contra viento y marea I: 164-165).
Es interesante comparar la situación de Vargas Llosa con la que
describe el búlgaro-francés Todorov cuando habla de los países de Europa
oriental bajo el comunismo. Dice que el totalitarismo convierte a todos
en cómplices porque todos se controlan a sí mismos. Cuando los ciudadanos
de estos países después dicen haber sido todos víctimas es
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Inger Enkvist
una verdad a medias, porque saben que hubo unos cuantos que sí se
atrevieron a decir la verdad, con lo cual los otros tuvieron que compararse
con los valientes y reconocer su cobardía. El totalitarismo no
necesita que todos estén de acuerdo con las tesis oficiales; sólo necesita
que nadie se
oponga. Todorov
constata que la verdad
es la primera
víctima en una dictadura
y que lo
típico del totalitarismo
coincide con
lo que se ha llamado
el relativismo
cultural, la idea que
la verdad no existe
y que todo depende
del ángulo según el
cual se mire. Esta
postura es la ideal para una dictadura; el punto de vista que vale es
el del grupo que detiene el poder, y si a éste le conviene cambiar “la
verdad”, esta nueva postura simplemente se presenta como la nueva
verdad (Las morales de la historia 1993).
Las observaciones de Todorov nos ayudan a entender la furia de
los ataques contra Vargas Llosa. Ha dicho en voz alta lo que muchos
han visto sin atreverse a decirlo. Confronta a los intelectuales con su
propia cobardía. En vez de discutir el contenido de los artículos, muchos
comentaristas intentan descalificar a Vargas Llosa: siempre había sido
un pequeño burgués; su apoyo a la revolución no había sido tal; sus
declaraciones de apoyo a la revolución habían sido muy generales; más
que compromiso político había en él una actitud juvenil; antes había
tenido una actitud “correcta” pero que ahora se había vuelto reaccionario;
en suma, había sido más novedoso literariamente que en sus declaraciones
políticas. Prácticamente nadie discutió la invasión de
Checoslovaquia o los presos políticos en Cuba. En este debate sobre
la pureza ideológica de los escritores, se le hizo un juicio a Vargas Llosa
pero no a los otros representantes del boom que se habían callado, como
Cortázar o Carpentier, o que adulan a Castro, como García Márquez.
Vargas Llosa ha comentado que las continuas descalificaciones,
que todavía no han terminado, han sido duras pero que nunca se ha
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Vargas Llosa y su mujer visitan la tumba de Marx
arrepentido de su crítica a Castro. Al revés, se ha sentido más libre.
Como dijo en la carta a Haydée Santa María, sabe desde entonces que
le van a criticar haga lo que haga, y, siendo las cosas así, prefiere estar
en paz con su conciencia. Elegido presidente del PEN Club internacional
en 1976, sigue de cerca el desarrollo en cuanto a la libertad de expresión
en el mundo entero.
El papel del intelectual
Desde su juventud, Vargas Llosa compagina la literatura con el
periodismo. Releyendo hoy sus artículos de los años 70 y 80, se nota
que hay un hilo conductor en ellos que es la defensa de la democracia
y el no al dogmatismo. Como acabamos de ver, ha tenido razones
personales para ocuparse particularmente del papel del intelectual
en el debate público. Un ejemplo es su denuncia de una
declaración de Günter Grass en 1984 en la que éste sostiene que los
países latinoamericanos no resolverán nunca sus problemas si no adoptan
el modelo cubano. Vargas Llosa reacciona contra la doble moral
y la admiración por la violencia revolucionaria que se dan en bastantes
intelectuales occidentales que personalmente viven en libertad y democracia
en Occidente pero aceptan dictaduras para América Latina.
Cuando los latinoamericanos quieren romper el ciclo de dictaduras
de derechas y de izquierdas para abrazar la democracia se encuentran
con “la incomprensión —para no decir el desprecio— de aquellos a
quienes tienen por modelos y a quienes creen sus aliados“ (El País
4.3.1984).
En un discurso en el PEN Club de Nueva York en 1986, Vargas
Llosa afirmó que el discurso de las izquierdas se cortocircuita porque
se juzga de forma diferente el mismo fenómeno dependiendo del país.
“Todo lo que es imposible en Europa se proyecta hacia América Latina,
el reino de lo exótico y de lo misterioso donde cualquier fantasía puede
realizarse. Orientar la política según esos estereotipos puede causar
un daño tremendo. El apocalipsis está bien en el terreno artístico y
en la creación literaria. Llenar de sangre la literatura no hace daño a
nadie. Pero hay que erradicarla de la política, porque ya ha causado
demasiados muertos y suficiente sufrimiento” (Cambio 16 4.8.86).
En la misma ocasión califica a García Márquez de cortesano de Fidel
Castro, lo cual lleva a que Grass exija, a través de la prensa, que Vargas
Llosa exprese sus disculpas a García Márquez, algo que no hará.
En 1987, Vargas Llosa hizo unas declaraciones en una reunión
de la Comisión trilateral que los periodistas bautizaron “la declaración
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Inger Enkvist
de San Francisco de Vargas Llosa”. Dijo como en otras ocasiones que
muchos demócratas, liberales y progresistas en los países occidentales
defienden la democracia para sus países pero defienden soluciones
de tipo totalitario para el Tercer Mundo. “A mí me parece fundamental
la defensa del juego democrático. La defensa de unas reglas
de juego en las cuales se acepta el pluralismo, soluciones políticas de
consenso, libertad de crítica al poder” (Cambio
16 16.4.1987). En esta actitud Vargas Llosa ve
una conducta entre hipócrita y paternalista, que
se podría llamar también un tipo de racismo no
suficientemente denunciado. En el congreso de
intelectuales en Valencia, conmemoración del
congreso celebrado en 1937, Vargas Llosa volvió
al tema declarando que en política la línea
divisoria se encuentra entre la democracia y la
dictadura, no entre dictaduras de signo diferente.
En un debate en El País con Mario
Benedetti, Vargas Llosa menciona al intelectual
latinoamericano como un factor importante del
subdesarrollo político en Latinoamérica. Le
consta que un creador puede ser innovador en
la literatura y dogmático ideológicamente. Subraya que su crítica no
es que los intelectuales sirvan a cierto partido sino que no piensen por
sí mismos. “Muchos intelectuales latinoamericanos han renunciado
a las ideas y a la originalidad riesgosa y por eso entre nosotros el debate
político suele ser tan pobre: invectiva y clisé.” Cree que pueden haber
dos razones para ello: una sería el miedo a disminuir la eficacia política
si se introdujesen matices y la otra el miedo al ostracismo (El País
14.6,1984;15.6.1984).
Un campo en el que sí brillan los intelectuales latinoamericanos,
cree, es el campo de la satanización del enemigo político, la tergiversación
de las intenciones del otro. Si alguien por ejemplo no apoya a
Castro, se le adscribe automáticamente una adhesión al ideal de una
dictadura de derecha. “Las invectivas son, desde luego, lo de menos.
Lo de más es la sensación de hallarse continuamente en una posición
absurda, arrastrado a un debate empobrecedor, a un pugilismo intelectual
de cloaca. Eso es lo que ocurre cuando uno intenta hablar del
problema de la libertad de expresión y le preguntan cuánto gana, por
qué escribe en tal periódico y no en el otro y si sabía quién financió el
congreso en el que participó.” Los periodistas no intentan demostrar
El pensamiento de Vargas Llosa
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“El apocalipsis está
bien en el terreno
artístico y en la
creación literaria.
Llenar de sangre la
literatura no hace
daño a nadie.
Pero hay que
erradicarla de
la política.”
nada sino denigrar al otro, porque entienden la política más como
un “acto de fe” que como un “quehacer racional”: “Por ello no quieren
convencer o refutar al adversario sino descalificarlo moralmente,
para que todo lo que salga de su boca —de su pluma—, por venir de
un réprobo, sea reprobable, indigno incluso de refutación” (El País).
Literatura, debate público y política peruana
Durante unos veinte años, Vargas Llosa siguió escribiendo
novelas y teatro, crónicas periodísticas, viajando y acumulando
experiencias. Llegó a ser reconocido como uno de los escritores más
importantes del momento, pero en las entrevistas, los periodistas solían
tocar casi más la política que la literatura, quizá porque no siempre
habían leído la obra que era objeto de la entrevista y en cambio tenían
opiniones sobre la política mundial. Vargas Llosa aprendió a saberse
vigilado en cada instante y a no pronunciarse nunca a la ligera, porque
cualquier declaración suya podía convertirse en grandes titulares.
Se convirtió en el peruano más conocido mundialmente, compartiendo
esta distinción en una época con el ahora ex secretario general
de la ONU, Pérez de Cuéllar. Vargas Llosa rechazó las ofertas de convertirse
en embajador o ministro y sólo aceptó formar parte de la comisión
de investigación sobre el asesinato de ocho periodistas en
Uchuraccay en los Andes en 1983 (Contra vientos y marea III 1990:
85-226). También en esta ocasión tuvo que aguantar una serie de ataques
que cuestionaban su voluntad de objetividad.
En 1985 publicó un largo reportaje sobre Nicaragua y el sandinismo.
Por el respeto que se le tiene y su credibilidad como disidente,
Vargas Llosa ha tenido acceso a todos los ambientes y a todas las personalidades
importantes. Sus conocimientos y su dominio del idioma
le permiten captar todos los matices y expresar todas las contradicciones
y complejidades. Hasta en la lejana Suecia, dos periodistas diferentes
expresan su admiración por el escritor y creen que este reportaje
es el “no va más”, que Vargas Llosa ha escrito el reportaje con el
que sueñan todos los periodistas. Y, además, claro, poder publicar el
resultado en el New York Times (Tempus 25.6.1987; Svenska Dagbladet
5.5.1985).
En 1987, el presidente aprista del Perú, Alan García, anunció
que iba a nacionalizar el sistema financiero peruano. Vargas Llosa publicó
el artículo “Hacia un Perú totalitario” en El Comercio el 2 de agosto
de 1987, y al día siguiente pronunció su primer discurso político en
la plaza San Martín, en Lima. Presionado por amigos y allegados fundó
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el Movimiento Libertad. En 1989 anunció su candidatura a la presidencia
por el Frente Democrático, una coalición de centro-derecha.
En 1990 fue derrotado en la segunda vuelta por Alberto Fujimori después
de una campaña durante la cual se menciona la existencia de una
“oficina de odio” que coordinaba la publicidad contra él.
En su propio relato de estas experiencias,
El pez en el agua, de 1993, cuenta que un factor
que le llevó a implicarse en la política fue
el ver cómo se venía abajo Perú. Treinta años
de nacionalizaciones habían terminado con el
superávit que solían producir la agricultura, la
pesca, las minas y la extracción de petróleo, y
un país potencialmente rico como Perú se había
convertido en uno de los más pobres de
América Latina. Su mujer Patricia le advirtió
desde el principio que, en un país como
Perú, “meterse en política” suponía un verdadero
peligro. Así fue. Vargas Llosa enumera los
intentos de asesinato, las bombas, las piedras,
además de las llamadas anónimas amenazantes de que fueron víctimas
él y su familia durante sus tres años en la política peruana.
Su asesor político cree que se cometieron varios errores graves
en esa campaña. Vargas Llosa no debería haberse aliado con políticos
ya gastados y asociados con las capas privilegiadas como eran
Belaúnde y Bedoya. Vargas Llosa se rodeó de familiares enérgicos y
bienintencionados pero todos ellos más o menos rubios y “blanquitos”,
lo cual no pudo menos de ser contraproducente en un país de
una extrema desconfianza entre diferentes grupos sociales y étnicos.
Vargas Llosa subestimó la fuerza de las costumbres políticas del clientelismo
en un país como el Perú. La gente ve la política como una
manera de prosperar personalmente, no como un debate de ideas.
Además, el estilo intelectual que gusta a Vargas Llosa no fue el más
indicado para ganarse las masas en un país de bajo nivel cultural (Granta
1991).
El pez en el agua es un relato personal, apasionado, de defensa,
además de una reflexión. Sorprende un poco la enumeración de contratiempos
y traiciones de personajes de quizá poca monta a largo plazo.
El lector se lleva la impresión de que el autor se ha sentido realmente
mal tratado por casi todo el mundo y ahora da rienda suelta a su frustración.
Obviamente, ha sido una experiencia profunda en todos los
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“Vargas Llosa volvió
al tema declarando
que en política
la línea divisoria
se encuentra entre
la democracia y
la dictadura,
no entre dictaduras
de signo diferente.”
sentidos. Entre las reacciones peruanas al libro destacan quienes dicen
que el libro les muestra a los peruanos cómo funciona la política en
su país y que constituye una lectura importante pero amarga. Otros
comentaristas creen que el autor despotrica contra todo y todos para
liberarse de sus “demonios personales” después de su sonado fracaso
como político. Al verle tan emocional, algunos dicen más o menos:
“de lo que nos libramos”. La relación de Vargas Llosa con Perú sigue
siendo tensa. El haber aceptado el novelista una ciudadanía doble española
y peruana ha disgustado a algunos, aunque hay muchos otros
peruanos en esa misma situación. Sus enemigos políticos dicen, como
mínimo, que es “polémico” o “controvertido”. Entre otras cosas, su
crítica contra creencias antiguas de origen prehispánico disgustan a
los nacionalistas y a los multiculturalistas. La política peruana y Fujimori
siguen siendo los temas en los que Vargas Llosa no siempre muestra
su famosa ecuanimidad.
Poco después de haber abandonado la vida política peruana, en
1990, Vargas Llosa armó un revuelo en un congreso en México, declarando
que el PRI era la dictadura perfecta. Lo que quería decir era
que el partido mexicano que había gobernado tanto tiempo poseía
todos los mecanismos de una dictadura para guardar el poder sin tener
que aguantar el oprobio oficial de no ser democrático. Al encontrarse
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Inger Enkvist
Vargas Llosa junto a García Márquez en una foto de grupo
el poder en las manos de un partido y no de una persona, la dictadura
era menos visible. Lógicamente, entre los intelectuales cayó mal
la descripción de Vargas Llosa del típico intelectual mexicano, comprado
con honores, nombramientos y becas.
El novelista volvió a la actualidad política latinoamericana con
La Fiesta del Chivo (2000) que le ha supuesto nuevas amenazas, esta
vez en la República Dominicana. Vargas Llosa tuvo que acudir con
guardaespaldas a los debates que acompañaron la presentación de su
libro. Sigue habiendo trujillistas, y, además, también a los no trujillistas
puede causarles malestar el atraer demasiado la atención
nacional o internacional sobre ese periodo de la historia dominicana
(El País 28/4/2000).
La forja de un espíritu independiente
En líneas generales, la vida de Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú,
1936) es conocida por las personas que han seguido su evolución y
por eso sólo se van a repasar unos datos especialmente importantes
para explicar su desarrollo. Sufrió varios traumas de infancia y juventud.
El primero fue que sus padres se separaron antes de que conociera
el joven Mario a su padre; su madre le dijo que el padre había
muerto, pero cuando Mario tiene más o menos diez años, reaparece
el padre quien quiere retomar la convivencia con su esposa y empieza
a criticar la educación de su hijo. Para hacer de él un “hombre” lo matricula
en el colegio militar Leoncio Prado. Retrospectivamente, nos podemos
preguntar si no hay aquí dos elementos claves para explicar la
futura independencia de Vargas Llosa. El haber vivido una niñez feliz
puede dar una seguridad psicológica básica que ayuda a soportar el
ser blanco de ataques. La experiencia de haber tenido que convivir
con un padre autoritario y de sobrellevar el ambiente del colegio militar
le puede haber mostrado lo que es sufrir situaciones penosas. Además,
no sólo aprendió a sufrir sino también a sobreponerse al sufrimiento.
Como escuela para un futuro escritor, el colegio militar fue una
cantera de experiencias. El escritor aprendió, a un precio muy alto,
lo que es la presión del grupo, las diferencias sociales, la hipocresía y
la injusticia. Más tarde, en la Universidad de San Marcos, aprendió
a conocer desde dentro el ambiente de la izquierda latinoamericana,
siendo un tiempo miembro de una célula comunista. También
ayudó a forjar al futuro pensador independiente el matrimonio, a la
edad de diecinueve años, con Julia, una señora de treinta y tres años
de edad, que había estado casada con un tío suyo. El atreverse a ir en
El pensamiento de Vargas Llosa
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contra de la voluntad de su familia y tener que ganar dinero para dos,
estudiar y convertirse en escritor, todo esto a la vez y sin ayuda, también
fue toda una educación de independencia y de esfuerzo. En total,
Perú le brindó a Vargas Llosa una clase magistral de la “condición
humana”.
Lo que Europa le dio fue el estímulo y la tranquilidad para dedicarse
al trabajo intelectual. Leyó vorazmente y de todo, conoció a intelectuales
de diferentes países, aprendió el rigor
de la investigación escribiendo una tesis sobre
García Márquez, terminó su primera gran
novela —pero a costa de trabajar día y noche.
Este enorme esfuerzo, la acumulación rápida y
masiva de conocimientos, más la adquisición y
el perfeccionamiento de técnicas intelectuales
tanto en el campo del pensamiento como de la
expresión convierte a Vargas Llosa en alguien que
“juega en una liga diferente de los demás”.
Además, no deja de desarrollarse. Vargas Llosa
profesa un gran interés por todo lo que pasa a
su alrededor, es voraz lector de periódicos y los
puede leer también en inglés, francés y alemán.
En sus viajes visita a personalidades muy diferentes,
y sus lecturas incluyen a economistas, filósofos
y un largo etcétera. Es difícil no relacionar esta amplitud de lecturas
con su independencia frente a las modas intelectuales del día.
Como crítico literario, Vargas Llosa es una persona respetada y
citada, un miembro natural de la comunidad universitaria tanto en
Europa como en los Estados Unidos y no sólo un objeto de estudio.
Tiene publicada su tesis doctoral sobre García Márquez, Historia de
un deicidio (1971), un libro sobre Flaubert, La orgía perpetua (1975)
y otro sobre Arguedas, La utopía arcaica (1996) además de varias colecciones
de ensayos literarios. Hasta la fecha, nadie ha publicado un estudio
más profundo sobre la obra de García Márquez. Además, también
como crítico es valiente. En su obra sobre Arguedas, Vargas Llosa
ha osado mostrar que la visión del mundo de alguien tan admirado
en Perú como Arguedas tiene aspectos cuestionables. Como era de
esperar, Vargas Llosa ha sido duramente atacado también a causa de
este libro. Su posición como crítico, sin ir más lejos, también le coloca
en una situación diferente de los otros escritores del boom.
Durante los últimos veinte años, el postmodernismo ha acaparado
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Inger Enkvist
“En los artículos
periodísticos,
Vargas Llosa es la
racionalidad
misma, y los
lectores a quienes
no gusta, muchas
veces lo ven como
demasiado
racional.”
el interés crítico con sus relatos fragmentados, los yoes dispersos y la
violencia. Muchos textos se han vuelto tan ensimismados que el público
lector no los entiende. La experimentación de Vargas Llosa ha sido,
otra vez, diferente: se ha divertido ejercitándose en géneros nuevos
para él como la historia detectivesca en ¿Quién mató a Palomino Molero?
(1986), la novela erótica en Elogio de la madrastra (1988), el periodismo
en Lituma en los Andes (1993) y un género entre lo erótico y
lo estético en Los cuadernos de don Rigoberto (1996) antes de volver
a una novela política como las de su primera etapa con La Fiesta del
Chivo, esta vez con un toque feminista.
La posición actual de Vargas Llosa en el debate público
La excepcionalidad de la posición lograda por Vargas Llosa se ve
claramente en sus colaboraciones en la página de debate de El País.
Primero porque de todas las firmas, él es quien más artículos publica,
un artículo cada dos semanas. Además publica bajo una rúbrica especial,
“Piedra de toque”, lo cual significa que los artículos de Vargas
Llosa funcionan casi como una “columna”. (“Piedra de toque” fue también
la rúbrica bajo la que publicó sus crónicas en Cambio 16 durante
muchos años hasta que desapareció esa revista.) Es más regla que excepción
que sus artículos sean largos y también ocupen parte del espacio
de la segunda página. Estas colaboraciones suelen publicarse los
domingos, lo cual quiere decir que el periódico cree que atraen lectores.
Finalmente, bajo el nombre del autor se repite cada vez que El
País se reserva los derechos de publicación para el mundo entero, es
decir que se prevé que otros periódicos pueden querer reimprimir los
artículos, y que el periódico no piensa que esto suceda con los artículos
de sus demás colaboradores. Otra manera de comentar la mención
de “Piedra de toque” sería decir que la redacción ha querido subrayar
que lo que publica el autor es de su responsabilidad, ya que es
conocido que Vargas Llosa no comulga con la línea política generalmente
favorecida por el periódico.
En los artículos periodísticos, Vargas Llosa es la racionalidad misma,
y los lectores a quienes no gusta, muchas veces lo ven como demasiado
racional. Le cuenta a su lector lo que ha visto, leído o oído a
propósito de un tema y después discute las posibles razones y efectos.
Los textos dan la impresión de una mente abierta que intenta orientarse
antes de sacar su conclusión. El lector se lleva la impresión de
que si el autor hubiera tenido acceso a más información, la hubiera
tomado en cuenta. Por eso, el lector puede respetar las conclusiones
El pensamiento de Vargas Llosa
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de Vargas Llosa aunque no las comparta. Esa es también una opinión
que expresa Rosa Montero en una crónica en la que elogia la independencia
intelectual de Vargas Llosa, concluyendo que tenemos todos
una obligación moral de pensar por nuestra
cuenta. Esta independencia ha llevado a Vargas
Llosa a ver, antes que otros, cree Rosa Montero,
la verdadera naturaleza del régimen cubano
pero la novelista confiesa seguir sin entender su
admiración por Margareth Thatcher (El País
Semanal 16/3/2003).
Otro rasgo llamativo en Vargas Llosa es la
cortesía con la que trata a las personas a las que
nombra en sus artículos. Tiene cuidado en elogiar
lo que puede elogiar antes de criticar, y
cuando discrepa con alguien, critica las ideas y
no a las personas (Véase por ejemplo los artículos
sobre Colombani El País 31/3/2002; Coetzee El
País 23/6/2002; Glucksmann El País 15/9/2002;
Chatwin El País 13/10/2002) La autoironía típica
del autor también desarma las posibles críticas.
De su experiencia literaria utiliza no sólo un lenguaje
flexible y rico sino también la costumbre
de dar puntos de vista complementarios. Sus crónicas,
más que artículos, son ensayos.
Los intereses de Vargas Llosa son amplios,
y se podría repetir a propósito de él el lema romano: nihil humano
me alienum puto, que nada humano le es ajeno. El pensamiento expresado
en estos artículos se podría resumir en unas líneas. Vargas Llosa
es profundamente moderno, universalista, en la tradición de la
Ilustración, ciudadano del mundo y no particularista como los multiculturalistas
de hoy. En el plano ideológico es pragmático y no dogmático.
Vargas Llosa aboga a favor de la economía de mercado y el
liberalismo político, también en el Tercer Mundo. Defiende la
democracia y la libertad económica como dos aspectos de la vida pública
que no se pueden separar. Critica al nacionalismo, al fundamentalismo
religioso y a los regímenes autoritarios en el Tercer Mundo.
Para entender lo que Vargas Llosa tiene de excepcional, hay que
mencionar el trasfondo de las corrientes filosóficas de los últimos treinta
o cuarenta años, principalmente el relativismo. El enorme avance en
el campo de la tecnología y la economía no ha traído consigo el apoyo
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Inger Enkvist
“Cuando se ve
de cerca la lista de
intelectuales
occidentales que
se han dejado
guiar por motivos
ideológicos y
que han sido
antioccidentales
en su mayoría,
uno siente la
tentación de poner
la palabra
‘intelectual’
entre comillas.”
de la mayoría de los intelectuales, entre los más destacados han sido
antimodernistas inspirados en Nietzsche y Freud. Estos intelectuales
han luchado contra la idea del
progreso y la idea del sujeto.
Decepcionados de la política,
muchos se han interesado por
la sexualidad o la estética,
encerrados en una posición
negativa. Uno de los intelectuales
emblemáticos, Foucault,
habla de la sociedad liberal
como una máscara que
esconde la opresión. Cree que
el pensamiento siempre está
sesgado según los intereses de
cada uno, es decir que profesa
un tipo de nihilismo intelectual.
Todo es interpretación, no
hay hechos, y, por consiguiente,
no hay por ejemplo
pensamiento científico.
Cuando se ve de cerca la
lista de intelectuales occidentales que se han dejado guiar por motivos
ideológicos y que han sido antioccidentales en su mayoría, uno
siente la tentación de poner la palabra “intelectual” entre comillas.
A pesar de considerarse intelectuales no han acatado la tradición de
racionalidad y respeto por la verdad que ha sido la base de los avances
científicos y de la sociedad abierta. Sorprendentemente, estos intelectuales
han disfrutado de la libertad y las garantías jurídicas de la
sociedad occidental democrática pero no han defendido la democracia,
sino que la han criticado a la vez que han permanecido mudos ante
los abusos cometidos en las dictaduras de otras latitudes. Muchos de
los que se presentan como intelectuales repiten ideas aprendidas; no
tienen un pensamiento propio, sino que son autoritarios en el sentido
de que basan su pensamiento en la autoridad de otros.
Indigenismo
Con la decepción creciente que causa el comunismo y sin que
haya surgido ninguna ideología política que pudiera tomar el
relevo, el debate ideológico se ha desviado hacia campos que no parecen
El pensamiento de Vargas Llosa
Revista Hispano Cubana
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directamente políticos pero que ocupan una posición de definición
política como son el multiculturalismo y su variante latinoamericana
el indigenismo. El interés por el indigenismo lo tiene Vargas Llosa
desde sus días de estudiante cuando pudo participar en el viaje de
unos antropólogos en el Amazonas y hasta la selva peruana. Todo esto
lo describió en Historia secreta de una novela, de 1971. Su interés por
el mundo y las creencias de los indígenas sudamericanos también es
visible en El hablador (1987), La guerra del fin
del mundo (1981), Lituma en los Andes (1993),
y La utopía arcaica (1996).
En La utopía arcaica, Vargas Llosa describe
a Arguedas como un etnólogo con un interés
especial por los ritos ancestrales, un interés
profesional que combina en su visión del
mundo con los recuerdos de niñez y su ideología
personal. Vargas Llosa subraya que
Arguedas no incluye en su descripción del
pasado incaico a los elementos negativos
como los asesinatos políticos, la opresión de
otros grupos y los sacrificios humanos. La vida
del grupo y de los individuos estaba prefijada y no se permitían cambios.
En la opinión de Vargas Llosa, los elementos míticos y religiosos
mencionados por Arguedas son una manera de no integrarse a la vida
real de nuestros días. Además, en el mundo narrativo de Arguedas,
los blancos de la costa siempre eran los malos y los indios los buenos.
Vargas Llosa llega a la conclusión de que Arguedas era un ecologista
cultural conservador que quiere proteger a los indígenas, moralmente
superiores, del contacto con el mundo blanco o mestizo. Esta
actitud se puede rastrear en la cultura inca que no permitió tampoco
que los indios se casaran fuera del grupo. Por eso, concluye Vargas
Llosa, el indigenismo de Arguedas es una ideología nacionalista y conservadora,
no progresista.
Vargas Llosa no sólo se ha atrevido a criticar este rasgo de Arguedas,
sino también ha cuestionado la bondad de la herencia incaica de los
peruanos. En un artículo largo sobre el Perú, escrito para un público
español, dice nunca haber sentido simpatía por los incas, sino al revés,
cree que la tristeza peruana podría tener que ver con el incario, “una
sociedad regimentada y burocrática, de hombres-hormigas, en la que
un rodillo compresor omnipotente anuló toda personalidad individual”
(El País Semanal 26/2/1984).
Revista Hispano Cubana
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Inger Enkvist
“Esta independencia
ha llevado a Vargas
Llosa a ver, antes
que otros, cree Rosa
Montero, la
verdadera
naturaleza del
régimen cubano.”
Frente al indigenismo, Vargas Llosa se basa también en experiencias
propias más recientes. En los años 80, durante su colaboración
con la comisión de investigación en Uchuraccay, llegó a conocer
personalmente la manera de pensar de algunos grupos de
indígenas que viven aislados en los Andes a gran altura. Un grupo
de periodistas había sido asesinado por los indígenas quienes, a su
vez, habían sido hostigados por Sendero Luminoso y creían que los
periodistas pertenecían a esta organización. Tanto en el informe elaborado
sobre los sucesos de Uchuraccay como en la novela Lituma
en los Andes, Vargas Llosa hace referencia al pensamiento premoderno
de estos grupos, un pensamiento que incluye creencias irracionales
y la aceptación de la violencia.
Independiente y novelista
Hemos ido viendo que Vargas Llosa se ha forjado a sí mismo.
No representa a la literatura peruana, en el sentido de que no pertenece
a ninguna de las corrientes literarias peruanas y la literatura peruana
tampoco pasa ahora por un momento de esplendor. No es el típico
representante de los intelectuales latinoamericanos, primero porque
no existe ningún grupo homogéneo latinoamericano y segundo porque
la mayoría de estos intelectuales han adoptado el típico victimismo
del postcolonialismo: ellos y sus países no tienen la culpa de nada,
sino que todas sus desgracias les vienen de fuera. Vargas Llosa tampoco
representa al típico novelista o intelectual europeo del momento,
porque también dentro de un marco europeo es independiente.
Vargas Llosa es un intelectual que se documenta, observa personalmente,
saca conclusiones, las hace públicas, también si no cuajan
con las de la mayoría, y finalmente cambia su pensamiento y su
conducta según el resultado de sus conclusiones. En otras palabras,
se comporta como se supone que se comportan todos los intelectuales.
Si se habla tanto de la independencia de Vargas Llosa, eso podría
ser al mismo tiempo una observación sobre la falta de independencia
de otros intelectuales.
La Fiesta del Chivo podría servir como colofón. En esta novela,
Vargas Llosa vuelve al tema fundamental de la literatura latinoamericana:
la violencia política. Lo hace después de documentarse minuciosamente
sobre la época de Trujillo. Utiliza múltiples puntos de
vista como en sus novelas anteriores: el del propio dictador, el de
los allegados del dictador, el de los conjurados y el de las mujeres
de la familia del personaje Urania. De esta manera, crea una novela
El pensamiento de Vargas Llosa
Revista Hispano Cubana
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no monológica porque el lector se siente con libertad para comparar
los diferentes datos que le llegan y valorar lo que sucede en el mundo
narrado. La Fiesta del Chivo utiliza técnicas narrativas ya ensayadas
por Vargas Llosa pero esta vez combinadas con
un nuevo material y un punto de vista femenino.
Una novedad en la obra de Vargas Llosa, y dentro
de la especialidad latinoamericana que es la
”novela del dictador”, es que el principal acusado
es el machismo. Dicho de otra manera, la dictadura
queda ejemplificada a través del trato dado
a la mujer. El convertir a una mujer en protagonista
podría parecer una simple adaptación a
las modas del día, pero la perspectiva convence
y está en consonancia con el tono que utiliza
Vargas Llosa para hablar de su mujer Patricia en
El pez en el agua.
El éxito de la novela entre lectores y críticos
ha llevado al crítico Armas Marcelo a hablar
de un “cambio cualitativo” en la relación entre
Vargas Llosa y el público lector. En un país sin
gran tradición de lectura como lo es la República
Dominicana, una novela se ha convertido en el
tema general de conversación. Muchos han
leído la novela como un ensayo histórico,
denunciando que algún episodio no sucedió exactamente
así. Otros creen que Vargas Llosa como
peruano no puede entender un tema dominicano.
Vargas Llosa novelista suele despertar la admiración general, pero
Vargas Llosa ensayista provoca reacciones variadas. Cuando algún lector
le comenta esto al autor, Vargas Llosa tiene lista una respuesta ligera
y humorística: “Lea mis novelas y evite mis artículos”. El despertar
sentimientos fuertes es una constante en la obra y vida de Vargas Llosa.
Ejemplares de su primera novela, La ciudad y los perros, fueron quemados
en el patio del colegio militar retratado, y ahora, en la República
Dominicana, el novelista necesita guardaespaldas. La literatura ha sido
y sigue siendo fuego en la vida de Vargas Llosa.

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