teoría de Chomsky sobre la información y medios de comunicación:materiales sobre manufacturing consent, necessary illusions


http://video.google.com/googleplayer.swf?docid=6578057572626633287&hl=es&fs=true
En el artículo publicado hace unos seis años en el diario mexicano El Financiero, la periodista María Elena Rivera hace referencia a planteamientos hechos por Stephen Hasam en los que vemos el modo de funcionamiento que caracteriza a los medios de comunicación dentro de lo que Noam Chomsky define como la corriente principal que tiene como función fabricar el consenso. Es un tema al que la filosofía crítica, materialista, ha prestado atención pero que no debe ser dejado a un lado siempre que haya que analizar o discutir acerca de los modos en que nos llega la información sobre temas cruciales en el terreno de la Economía, la Política, y demás asuntos que atañen a nuestra vida social en tiempos de globalización

Un trabajo de utilidad, en este sentido de fabricación del consenso sobre el caso del grupo español PRISA en este enlace http://www2.eptic.com.br/arquivos/Revistas/v.%20X,%20n.%202,%202008/10-%20NuriaAlmiron_P_.pdf

Trabajo útil para ver el modo de ejercitar el modelo de propaganda o manufacturación de consenso en el diario norteamericano The New York Times en este enlace http://ics.leeds.ac.uk/papers/pmt/exhibits/2658/boydbarret.pdf (en inglés)

Acerca de varios casos empíricos sobre el manufacturing consent el enlace siguiente http://www.medialens.org/alerts/08/080611_complicit_enablers_the.php

democracynow.org nos permite acceso a contenido sobre información y censura, disponible en español
http://www.democracynow.org/es/2008/2/25/titulares

El control de la información en el caso de la BBC británica
en el siguiente enlace http://www.zcommunications.org/propaganda-and-the-bbc-by-alex-doherty

Casos varios sobre la relación entre propaganda comercial y noticias en la televisión norteamericana, estudios de caso enel enlace que sigue http://www.prwatch.org/pdfs/CMD_Report_Public.pdf

Lo que parece una paradoja, acaso no lo sea. Me refiero al hecho de que enlas universidades, se encuentran trabajos acerca de los modelos ideales de prácticas del periodismo, como es el caso de este texto http://www.mediawise.org.uk/display_page.php?id=999 Es decir: da la impresión de que se permite trabajar sobre los ideales de un periodismo veraz, siempre y cuando se haga tan sólo en las facultades de periodismo, no en la vida real, fuera de esos recintos de formación escolástica donde las haya, de los informadores en el seno de las democracias formales del presente. Los periodistas preparados ad hoc para fabricar las ilusiones necesarias

Sobre lo esencial de la teoría de Chomsky y Herman acerca de la fabricación del consenso pongo un párrafo del artículo cuyo enlace sigue http://www.chomsky.info/onchomsky/200310–.pdf
Those with power will try to keep it, and those with power in capitalist
societies are primarily political elites and corporate conglomerates. Existing
institutions – including the universities and governments as well as the media –
function mainly to protect the interests of society’s elite. This does not require
conspiratorial coordination, simply rational pursuit of perceived self-interest. In
protecting those interests, many millions of people are killed through repressive
violence and denial of the means necessary for survival despite the fact that the
world has more than enough resources to meet the basic needs of all. Through the
social sciences and humanities and related careers such as journalism
, people often
learn to be obedient and then to produce obedience in others. This is rewarded with
inclusion and advancement deeper into the elite. The greater the internalisation of
the elite perspective, the more that obedience will feel like freedom and lack of
constraint.

On the whole, social science research gravitates towards innocuous
work or directly anti-democratic work
, that is, research which assists elite control of
society.

Modelos de información adecuados por y para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Un ejército imperial debe tener sus propios fabricadores de consenso y de ilusiones, como parece bastante lógico,sin duda
http://www.iwar.org.uk/iwar/resources/io/io-roadmap.pdf

Un estudio de caso FUENTE http://www.saladeprensa.org/art142.htm ( disponible en español por cortesía de la edición mexicana de Le Monde Diplomatique ) Multimedia, más “rendimiento” y menos información
Los periodistas “multiusos”
del Chicago Tribune

Eric Klinenberg. Verlo en el siguiente enlace http://www.saladeprensa.org/art142.htm

Entrevista a EdHerman sobre las tesis de Manufacturing conset,The political Economy of Mass Media en el enlace a la revista Monthly Review http://www.chomsky.info/onchomsky/198901–.htm

La influencia de los medios de comunicación sobre los individuos en el seno de las democracias del presente,
recomendado por ASINCRO

María Elena Rivera
Jueves 4 de noviembre de 2004 El Financiero México DF

La tele, poder incuestionable de control social
http://www.google.es/search?q=cache:DnD_AmpiO5wJ:www.elfinanciero.com.mx/pages/NotaFinanciero.asp%3FShow%3DCNEF%26IdSeccion%3D12%26IdNota%3D88403+hasam&hl=es&lr=lang_es

¿Cuál es hoy el poder real de los medios de comunicación?, ¿cuál es la influencia que tienen sobre los individuos?, ¿hasta dónde contribuyen a construir la realidad social y personal? EL FINANCIERO platica con diferentes especialistas sobre estos temas frecuentes de la comunicación, quienes sentencian que los tiempos del neoliberalismo reclaman enfoques poco ortodoxos de análisis.
-De acuerdo con Noam Chomsky y otros teóricos, hoy, los medios de comunicación son megaconsorcios; por lo tanto, lo que se dice en ellos (aunque evidentemente hay excepciones) refleja los intereses corporativos de la empresa. Todo lo que vaya en contra de sus intereses y de sus publicistas es incompatible con el medio -afirma Stephan Hasam, profesor investigador del Departamento de Educación y Comunicación de la UAM-Xochimilco.
Para Enrique Guinsberg, psicólogo, comunicador e investigador del Departamento de Psicología de la misma casa de estudios, la relación de los medios con el poder económico y político en México es “absoluta”.
-Los medios siempre han sido fuente de poder, han estado vinculados a él -dice Guinsberg-. Es sabido que mantener un periódico, una emisora de radio o televisión es privilegio de unos cuantos. Hoy, medios y poder son prácticamente lo mismo. El modelo neoliberal concentra la riqueza en cada vez menos empresas y los medios no son una excepción. En México existen algunas estaciones de radio alternativas y publicaciones distintas a las grandes empresas; pero, ¿qué poder tienen frente a la penetración de los universos mediáticos absolutamente dominantes? Su peso real hay que verlo en diferentes niveles. Uno: el económico; pero más allá de los grandes negocios, el poder es otro: formar a la opinión pública.
Pero al otro lado de la propiedad de los medios, ¿cuál es la incidencia real del poder mediático en la opinión pública?
Luis Razgado, coordinador del Departamento de Comunicación de la UAM-Xochimilco, define: “Los medios tienen una influencia innegable, pueden influir en la generación de una opinión. Su impacto es importante, pero más bien desde un punto de vista económico y político que desde hacer prevalecer cierta ideología.”
En este sentido, Marisela Soto, investigadora y docente de esa universidad, asegura que “los medios no son ya medios”, intermediarios, sino “agentes directos que se adjudican la autoridad de educar y moralizar de acuerdo con el discurso del grupo en el poder”. Por dar un ejemplo, cita: “Hay cierta censura en las publicaciones pornográficas, que se venden en bolsas oscuras; pero mientras esto ocurre, en los medios hemos visto las imágenes de los cuerpos destrozados por la guerra en Irak. Si eso no es pornografía, entonces, ¿qué cosa es? No lo sé, pero no se censura. Hay aquí una veta interesante de discusión de cómo se va significando y resignificando el cuerpo, ahora, en la sociedad. Es escandaloso que los cuerpos violentados y mutilados sean exhibidos. ¿Quién dice qué cuerpo es el que se tiene que ver y cuál no?”
La moral social
Para Razgado, los medios tienen un impacto económico y político importante, pero no como mecanismo para erigir una moral social. “Existen otros factores que influyen en la moral: la familia, la experiencia, la educación, etcétera. Todo esto construye una especie de filtro que rechaza o deja pasar ciertos mensajes mediáticos, que aquí no tienen un papel predominante. Más que moldear una moral social, pueden influir en la generación de una opinión”, asegura.
En cambio, Enrique Guinsberg asevera que los medios son instrumentos que marcan pautas de moral y también son reflejo de lo social: “El poder reside en formar a la opinión pública. La gente sigue al poder e, incluso, llega a adquirir posturas que van contra sus propios intereses, aunque tengan que enfrentar una serie de obstáculos.”
-¿Contribuyen los medios a erigir la moral de las sociedades?
-Los medios no son omnipotentes, sino expresión de un universo cultural en todo sentido -responde Guinsberg-. La revolución sexual fue producto de un conjunto de circunstancias que no crearon los medios, pero que sí potenciaron. ¿Por qué hace unos años era imposible ver algo sexual, como las infidelidades en las telenovelas, y hoy es lo más común? Porque los medios se adaptaron a un cambio social, lo mostraron y hoy se ve como una situación normal.
-¿A qué se refiere cuando dice que los medios de difusión masiva contribuyen a moldear al sujeto funcional?
-Primero, a los medios los llamo de difusión porque su uso dominante es precisamente eso: difundir. Por otro lado, toda sociedad tiene un objetivo básico, absolutamente primario: formar al modelo de individuo que permita el mantenimiento de esa sociedad. Si el capitalismo no crea un sujeto acorde con él, desaparece. Hoy, el poder no sojuzga a sangre y fuego. El control social es que la gente piense como el poder desea, con todas sus variantes. Siempre ha habido instituciones que cumplen ese papel, como las iglesias, o la escuela, con una ideología determinada. Hoy son los medios, de una forma incuestionable.
Guinsberg calibra la situación así: “Cerca de 97 por ciento de la población mexicana tiene televisión; la prensa casi no se lee. Sabemos que en los dibujos animados y en las telenovelas hay todo un código ético, moral, ideológico, que responde claramente al poder en general.”
-Pero usted habla de procesos psicosociales en la recepción de contenidos y mensajes cargados de sentidos culturales, ¿puede explicar esto?
-El problema de la recepción es muy complejo. No obstante, hace unos diez o 15 años comenzó una moda en los estudios comunicológicos en torno a este proceso. Antes, con gran influencia estadounidense, las teorías hablaban de que los sujetos recibían mensajes y automáticamente los asimilaban. Después se empezó a ver, con toda razón, que el sujeto no es pasivo, sino activo. Lo que yo aporto es que a pesar de que vivimos una época que aún privilegia las disciplinas de forma aislada, hoy se tiene que hablar de una interdisciplinariedad o transdisciplinariedad. Los comunicólogos no saben psicología y lo reconocen; y, al revés, los psicólogos no saben comunicación. Una psicóloga de niños admitió una vez que no podía trabajar si no conocía los programas infantiles de televisión. ¿Por qué? Porque la terapia se hace con juegos y los niños juegan a ser los personajes de la televisión.
Lo psicopatológico,
sin embargo, se mueve
-Mi contribución -continúa Guinsberg- es aclarar qué elementos psíquicos existen en el ser humano que permiten la recepción de los mensajes. Para dar un ejemplo muy claro: todos sabemos que la mayor parte de los programas de televisión tiene que ver con dos ejes básicos: sexualidad y violencia, que no casualmente son lo que Freud llama pulsiones. El ser humano es inevitablemente reprimido. La mayor parte de sus deseos están cancelados porque la cultura los prohíbe. El no matarás es una prohibición universal, salvo en las guerras. Pero el deseo de la gente de matar o de agredir, existe. Y lo mismo pasa con la sexualidad, donde la mayor parte de la gente está frustrada.
“El aspecto sexual se puede proyectar en los medios en la medida en que cada vez hay una sociedad más libre, o mal liberada, a mi juicio. La mayor parte de la gente no vive una vida sexual liberada; es más una apariencia. ¿Por qué existe el Viagra? Porque soluciona problemas de impotencia. Por otro lado, la carencia de un auto último modelo y cosas así hacen que la frustración sea mayor. ¿Por qué hay depresión? Porque la gente está profundamente insatisfecha. Y no hablo de la gente con profundas carencias económicas, me refiero fundamentalmente a los sectores medios y altos. La depresión es producto de un narcisismo desenfrenado. Hoy, la gente está enajenada, convertida en un ajeno.”
Un ejemplo está en la cesión de la verdad a los medios, enfatiza. “Jacobo Zabludowsky era el padre bueno, conocedor. Se decía: «Lo dijo Jacobo» o «lo dijeron en la tele», como si ésta fuera una instancia absoluta de conocimiento. La gente se entrega a otros precisamente por sus propias carencias. Los procesos de recepción se apoyan y lo hacen muy bien, sin duda, en esas necesidades, en carencias, esencialmente psíquicas.”
-¿Cómo encajan los medios en los conceptos freudianos de principio de la realidad y principio del placer?
-El psicoanálisis plantea que hay un proceso de conversión en el ser humano -dice Guinsberg-. Y aunque parezca abrupto lo que digo, el niño no es un ser humano sino un animalito que tiene las condiciones para lograrlo; pero debe pasar por un proceso de socialización. Esta premisa se resume en esa frase famosa de Freud: el paso del principio del placer al principio de la realidad. Al niño, la escuela le empieza a dar elementos fundamentales de realidad y la familia también. Pero antes que otra cosa se los da la televisión.
-¿Hasta dónde llega esta influencia?
-Los países y sus gentes son cada vez más ricos o más pobres. Según la ONU, una de cada tres personas vive con menos de uno o dos dólares diarios; la gente sabe esto y, sin embargo, no reacciona. Los medios han logrado que asimile el modelo neoliberal.
Una reflexión ética
Entonces, ¿cuál es el papel de los medios o los periodistas independientes ante esta realidad?
Stephan Hasam responde: “El problema en México es que la gente no lee. El tiraje de los medios impresos de información es mínimo, no así el de las historietas. La pregunta sería cómo enfrentar ese problema, cómo tratar de adecuar la producción de prensa escrita de alta calidad a la realidad social. Si uno piensa que el tiraje de un libro que no sea un best-seller no es mayor que en la época de Gutenberg, deja mucho que pensar sobre el país. Y si el presidente de la República le dice a la población que no lea el periódico, es una tragedia.”
En varios países, incluso en el corazón de Estados Unidos, existen medios independientes que se sostienen por la garantía de sus suscriptores. También hay ejemplos contundentes de trabajo individual periodístico, responsables éticamente, que han roto con los parámetros del poder, sostiene Hasam.
-En Alemania, apenas terminada la Primera Guerra Mundial -afirma-, Ret Marut, que en México fue conocido como B. Traven, publicaba El ladrillero, que se contraponía al periodismo de dominación. En Estados Unidos, I. F. Stone, al ver censurado su trabajo en las empresas para las que trabajaba, decidió fundar su propio semanario, IF Stone, el cual producía absolutamente solo, y generaba algunos cuantos terremotos políticos durante la guerra de Vietnam. El periodismo de Stone era muy parecido al que hacía Gregorio Selser, de quien conocemos su honradez y trayectoria. No hay pretextos para quien quiera ser un periodista íntegro.

Y para terminar este tema, creemos importante ver lo que respondía Noam Chomsky a The Guardian, en la revista Z Magazine FUENTE http://www.zcommunications.org/chomsky-answers-guardian-by-noam-chomsky
RESPUESTA A THE GUARDIAN , por Noam Chomsky

Chomsky Answers Guardian
By Noam Chomsky

Sunday, November 13, 2005

Noam Chomsky’s ZSpace Page

This is an open letter to a few of the people with whom I had discussed the Guardian interview of 31 October, on the basis of the electronic version, which is all that I had seen. Someone has just sent me a copy of the printed version, and I now understand why friends in England who wrote me were so outraged.

It is a nuisance, and a bit of a bore, to dwell on the topic, and I always keep away from personal attacks on me, unless asked, but in this case the matter has some more general interest, so perhaps it’s worth reviewing what most readers could not know. The general interest is that the print version reveals a very impressive effort, which obviously took careful planning and work, to construct an exercise in defamation that is a model of the genre. It’s of general interest for that reason alone.

A secondary matter is that it may serve as a word of warning to anyone who is asked by the Guardian for an interview, and happens to fall slightly to the critical end of the approved range of opinion of the editors. The warning is: if you accept the invitation, be cautious, and make sure to have a tape recorder that is very visibly placed in front of you. That may inhibit the dedication to deceit, and if not, at least you will have a record. I should add that in probably thousands of interviews from every corner of the world and every part of the spectrum for decades, that thought has never occurred to me before. It does now.

It was evident from the electronic version that t was a scurrilous piece of journalism. That’s clear even from internal evidence. The reporter obviously had a definite agenda: to focus the defamation exercise on my denial of the Srebrenica massacre. From the character of what appeared, it is not easy to doubt that she was assigned this task. When I wouldn’t go along, she simply invented the denial, repeatedly, along with others. The centerpiece of the interview was this, describing my alleged views, in particular, that:

….during the Bosnian war the “massacre” at Srebrenica was probably overstated. (Chomsky uses quotations marks to undermine things he disagrees with and, in print at least, it can come across less as academic than as witheringly teenage; like, Srebrenica was so not a massacre.)

Transparently, neither I nor anyone speaks with quotation marks, so the reference to my claim that “Srebrenica was so not a massacre,” shown by my using the term “massacre” in quotes, must be in print – hence “witheringly teenage,” as well as disgraceful. That raises the obvious question: where is it in print, or anywhere? I know from letters that were sent to me that a great many journalists and others asked the author of the interview and the relevant editors to provide the source, and were met by stony silence – for a simple reason: it does not exist, and they know it. Furthermore, as Media Lens pointed out, with five minutes research on the internet, any journalist could find many places where I described the massacre as a massacre, never with quotes. That alone ends the story. I will skip the rest, which also collapses quickly.

More interesting, however, is the editorial contribution. One illustration actually is in the e-edition. I did write a very brief letter in response, which for some reason went to the ombudsman, who informed me that the word “fabrication” had to be removed. My truncated letter stating that I take no responsibility for anything attributed to me in the article did appear, paired with a moving letter from a victim, expressing justified outrage that I or anyone could take the positions invented in the Guardian article. Pairing aside, the heading given by the editors was: “Fall out over Srebrenica.” The editors are well aware that there was no debate or disagreement about Srebrenica, once the fabrications in their article are removed.

The printed version reveals how careful and well-planned the exercise was, and why it might serve as a model for the genre. The front-page announcement of the interview reads: “Noam Chomsky The Greatest Intellectual?” The question is answered by the following highlighted Q&A, above the interview:

Q: Do you regret supporting those who say the Srebrenica massacre was exaggerated?

A: My only regret is that I didn’t do it strongly enough

It is set apart in large print so that it can’t be missed, and will be quoted separately (as it already has been). It also captures the essence of the agenda. The only defect is that it didn’t happen. The truthful part is that I said, and explained at length, that I regret not having strongly enough opposed the Swedish publisher’s decision to withdraw a book by Diana (not “Diane,” as the Guardian would have it) Johnstone after it was bitterly attacked in the Swedish press. As Brockes presumably knew, though I carefully explained anyway, there is one source for my involvement in this affair: an open letter that I wrote to the publisher, after editors there who objected to the decision, and journalist friends, sent me the Swedish press charges that were the basis for the rejection. In the open letter, readily available on the internet (and the only source), I went through the charges one by one, checked them against the book, and found that they all ranged from serious misrepresentation to outright fabrication. I then took – and take – the position that it is completely wrong to withdraw a book because the press charges (falsely) that it does not conform to approved doctrine. And I do regret that “I didn’t do it strongly enough,” the words Brockes managed to quote correctly. In the interview, whatever Johnstone may have said about Srebrenica never came up, and is entirely irrelevant in any event, at least to anyone with a minimal appreciation of freedom of speech.

The article is then framed by a series of photographs. Let’s put aside childhood photos and an honorary degree — included for no apparent reason other than, perhaps, to reinforce the image the reporter sought to convey of a rich elitist hypocrite who tells people how to live (citing a comment of her own, presumably supposed to be clever, which will not be found on the tape, I am reasonably confident). Those apart, there are three photos depicting my actual life. It’s an interesting choice, and the captions are even more interesting.

One is a picture of me “talking to journalist John Pilger” (who isn’t shown, but let’s give the journal the benefit of the doubt of assuming he is actually in the original). The second is of me “meeting Fidel Castro.” The third, and most interesting, is a picture of me “in Laos en route to Hanoi to give a speech to the North Vietnamese.”

That’s my life: honoring commie-rats and the renegade who is the source of the word “pilgerize” invented by journalists furious about his incisive and courageous reporting, and knowing that the only response they are capable of is ridicule.

Since I’ll avoid speculation, you can judge for yourselves the role Pilger plays in the fantasy life of the editorial offices of the Guardian. And the choice is interesting in other ways. It’s true that I have met John a few times, much fewer than I would like because we both have busy lives. And possibly a picture was taken. It must have taken some effort to locate this particular picture, assuming it to be genuine, among the innumerable pictures of me talking to endless other people. And the intended message is very clear.

Turn to the Castro picture. In this case the picture, though clipped, is real. As the editors surely know, at least if those who located the picture did 2 minutes of research, the others in the picture (apart from my wife) were, like me, participants in the annual meeting of an international society of Latin American scholars, with a few others from abroad. This annual meeting happened to be in Havana. Like all others, I was in a group that met with Castro. End of second story.

Turn now to the third picture, from 1970. The element of truth is that I was indeed in Laos, and on my way to Hanoi. The facts about these trips are very easy to discover. I wrote about both in some detail right away, in two articles in the New York Review, reprinted in my book At War with Asia in 1970. It is easily available to Guardian editors, because it was recently reprinted. If they want to be the first to question the account (unlike reviewers in such radical rags as the journal of the Royal Institute, International Affairs), it would be very easy for a journalist to verify it: contact the two people who accompanied me on the entire trip, one then a professor of economics at Cornell, the other a minister of the United Church of Christ. Both are readily accessible. From the sole account that exists, the editor would know that in Laos I was engaged in such subversive activities as spending many hours in refugee camps interviewing miserable people who had just been driven by the CIA “clandestine army” from the Plain of Jars, having endured probably the most intense bombing in history for over two years, almost entirely unrelated to the Vietnam war. And in North Vietnam, I did spend most of my time doing what I had been invited to do: many hours of lectures and discussion, on any topic I knew anything about, in the bombed ruins of the Hanoi Polytechnic, to faculty who were able to return to Hanoi from the countryside during a lull in the bombing, and were very eager to learn about recent work in their own fields, to which they had had no access for years.

The rest of the trip “to Hanoi to give a speech to the North Vietnamese” is a Guardian invention. Those who frequent ultra-right defamation sites can locate the probable source of this ingenious invention, but even that ridiculous tale goes nowhere near as far as what the Guardian editors concocted, which is a new addition to the vast literature of vilification of those who stray beyond the approved bounds.

So that’s my life: worshipping commie-rats and such terrible figures as John Pilger. Quite apart from the deceit in the captions, simply note how much effort and care it must have taken to contrive these images to frame the answer to the question on the front page.

It is an impressive piece of work, and, as I said, provides a useful model for studies of defamation exercises, or for those who practice the craft. And also, perhaps, provides a useful lesson for those who may be approached for interviews by this journal.

This is incidentally only a fragment. The rest is mostly what one might expect to find in the scandal sheets about movie stars, familiar from such sources, and of no further interest.

Noam Chomsky

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