religión Católica , vista desde perspectivas socialdemócratas españolas; con algunas críticas desde el materialismo filosófico


Estamos trabajando en un proyecto Comenius financiado por la Unión Europea,somos cinco institutos de bachillerato (en España la Ley incrusta el bachillerato,neciamente, en la Enseñanza Secundaria, con lo cual lo debilita en todos los aspectos posibles)
Los centros participantes están en Bucarest, en Sofía, en Varsovia, Santander(España)y Turquía, en el Sur, ceca de Siria y casi al borde del Mediterráneo (Anthay)
En estos meses que llevo trabajando con el tema de Between Religions and Ethics: a common ground, voy comprobando que hay efectivamente un componente político muy importante en el tema de las religiones, esto, en cuanto a Europa y sus vecinos se refiere.
El sitio oficial del proyecto es este http://betweenreligions.com

Sin embrago, por motivos de método de trabajo, he puesto en marcha otro blog http://comeniussantaclara.wordpress.com en el que voy metiendo materiales que me van siendo de utilidad , pero a raíz de todo este tema del Comenius he ido comprobando lo complejo que es todo este asunto cuando lo tratamos in medias res, es decir, desde las cosas mismas, como diría Husserl. Pero no vamos a seguir un método hermenéutico, al modo de la analogía utilizada por Tomás de Aquino o los neotomistas al modo de Mauricio Beuchot, dominico mexicano del presente. Nuestras coordenadas son materialistas.Esto lo iremos desarrollando a lo largo de los dos cursos académicos que durará el citado Comenius.Pero en introfilosofia vamos a intentar avanzar más allá de los límites de un proyecto hecho en torno a los contenidos y niveles de bachillerato mencionados.
Este año , precisamente, la Fundación Gustavo Bueno, en el seno de los Encuentros de Filosofía , aborda el tema de la religión ( abril de 2011 en Oviedo )

Carlos Artola
FUENTE http://www.inisoc.org/artola75.htm
El desafío oscurantista de la Iglesia Católica

Iniciativa Socialista nº 75, primavera 2005

La elección del cardenal Ratzinger como supremo pontífice de la Iglesia Católica constituye un importante acontecimiento, cuya gravedad que no se debe minusvalorar. Es un signo más de una evolución del catolicismo que, en las últimas décadas, desafía cada vez más abiertamente a la modernidad, a los valores de libertad e igualdad que durante siglos se fueron construyendo en Occidente frente a su control medieval. La Iglesia Católica es un enemigo poderoso de la autonomía humana. Aspira a volver a una situación en la que su particular visión de la moral y del mundo pueda determinar el curso de nuestras vidas y de las instituciones políticas. Es consustancial a su ortodoxia querer imponer a los demás sus creencias y sus ritos.

Woytila y Ratzinger han representado ese giro antimoderno. Esa superación integrista de las contradicciones el Concilio Vaticano II se produce conjuntamente con el desarrollo de una estrategia dirigida a aumentar su control sobre los medios de comunicación y la educación, como instrumentos esenciales para poder seguir propagando sus creencias desde una sólida estructura de poder.
Muy acertadamente decía Andreu Nin, en un artículo de 1912, que la religión, el cristianismo, presupone “la sumisión del pensamiento y de la conciencia humanas al dogma” (La Barricada, 22-3-1912). Ese es el desafío planteado por Juan Pablo II y por Benedicto XVI: la reconquista de su derecho a controlar las mentes y a articular las leyes humanas en virtud de sus dogmas medievales. Efectivamente, medievales, pues como ha señalado Leonardo Boff al comentar la elección de Ratzinger, éste es un hombre con valores del siglo XIII actuando en el siglo XXI.

La coexistencia de un presidente de extrema derecha como Bush y un papado ultrarreaccionario implica una lucha mundial de ideas que será muy intensa. No es un peligro pequeño ni ridículo el que representan. Es, en esencia, la batalla entre la civilización o un nuevo dominio basado en dogmas ridículos con consecuencias aterradoras contra los derechos individuales y las normas colectivas propia de una democracia. Por todo ello, la batalla laicista será un terreno esencial para una izquierda de nuestro tiempo.

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