Moral y Política:aportes del filósofo hispano mexicano Adolfo Sánchez Vázquez a la filosofía crítica materialista


La trayectoria de Adolfo Sánchez Vázquez como profesor en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es conocida por todos quienes hemos pasado por esa facultad. Sin embargo, acaso sea en España donde es necesario recordar su trabajo crítico materialista en los complejos terrenos de la actividad filosófica

EL PENSAMIENTO CRÍTICO DE ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ
Andrés Martínez Lorca
Catedrático de Filosofía en la UNED
y Director del Centro Asociado de la UNED en Málaga

Ante la imposibilidad de desarrollar en unas breves líneas el pensamiento
de Adolfo Sánchez Vázquez, me parece oportuno concentrarme en un aspecto
que distingue como ningún otro su contribución intelectual: el criticismo. Para los
antiguos griegos el razonamiento filosófico era radicalmente kritikós, crítico, y se
basaba en un permanente ejercicio de no dar nada por sentado, de no admitir sin
más las enseñanzas recibidas, debiendo someter al juicio de la crítica los tópicos
del sentido común y muchas de las proposiciones transmitidas por la tradición
cultural. Esa crítica llevaba no sólo a iluminar la negatividad del adversario en el
debate dialéctico, a poder precisar su unilateralidad, sino que obligaba también a
afinar los conceptos propios, a desmontar las argumentaciones sofísticas, a saber
discernir lo verdadero de lo falso, lo demostrativo de lo retórico. Aunque poco
arraigado en la cultura hispana, marcada por un viejo dogmatismo de matriz
religiosa, el criticismo de Sánchez Vázquez entronca directamente con el
racionalismo griego, con el antidogmatismo cartesiano, con la mejor tradición
ilustrada europea, con el criticismo kantiano y con el radicalismo socialista de
Marx.
El compromiso político del joven Sánchez Vázquez en la Málaga de los
años efervescentes de la II República representaba un rechazo de la sociedad de
su época, pero su origen -como él mismo ha reconocido- estaba más en un acto
de rebeldía que de crítica filosófico-política: “mi ingreso en las filas de la JC
[Juventud Comunista] no había sido el fruto de una reflexión teórica, sino de un
inconformismo creciente un tanto romántico y utópico en el que los grandes
ideales desdeñaban medirse con la vara de lo real” 1. Sus estudios en la
prestigiosa Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid
durante la República se vieron dramáticamente truncados por el estallido de la
guerra civil, aunque en sus enseñanzas, bajo la hegemonía ideológica de Ortega y
Gasset, estaba ausente el marxismo.
Fue, pues, el marxismo que define el pensamiento de nuestro filósofo una
laboriosa conquista personal a lo largo de su exilio mexicano y no una herencia
recibida de España. En difíciles condiciones económicas, su primer paso hacia
una sólida formación teórica tuvo mucho de ejercicio autodidacta: la lectura y el
estudio sosegado en casa. Más tarde, vino la reanudación de la carrera en la
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde también el marxismo seguía
siendo rara avis entre el profesorado: sus únicos representantes eran Wenceslao
1 Adolfo Sánchez Vázquez, A tiempo y destiempo. Antología de ensayos, México D.F., FCE, 2003, p. 21.
2
Roces, en el Departamento de Historia, y Eli de Gortari, en el de Filosofía.
Subrayemos, por otra parte, la poderosa influencia entre los jóvenes intelectuales
de su generación del gran maestro José Gaos, brillante pensador, trabajador
infatigable y prestigioso republicano.
A las dificultades de diverso orden ya mencionadas se sumaba, ya en la
época de la Guerra Fría, sus incipientes dudas sobre la validez del marxismo de
inspiración soviética. Mas esto no le llevó a ocultar los problemas de su mundo
político sino a intentar comprenderlos y explicarlos desde una mejor perspectiva
crítica. “Sentí por ello la necesidad de consagrar más tiempo a la reflexión, a la
fundamentación razonada de mi actividad política, sobre todo cuando arraigadas
creencias -en la ‘patria del proletariado’- comenzaban a venirse abajo”2. Partiendo
de dos lemas marxianos, olvidados pronto en la tradición comunista, Sánchez
Vázquez comenzó a elaborar hacia los años 50 del pasado siglo su marxismo
crítico, lo que suponía, como era lógico, una buena dosis de autocrítica: “Fue así
[con su incorporación como profesor de la UNAM] como pude iniciar(…)un avance
cada vez mayor hacia un pensamiento abierto, crítico, guiado por estos dos
principios del propio Marx: dudar de todo y criticar todo lo existente. Naturalmente,
dentro de este todo cabían no sólo Lenin, sino el mismo Marx, y muy
especialmente, lo que se teorizaba o practicaba en nombre de Marx y Lenin”3.
Partiendo de análisis concretos en el campo de la estética, de posteriores
estudios sobre la naturaleza del Estado en los países del llamado “socialismo real”
y de una reelaboración teórica del marxismo como filosofía de la praxis, Adolfo
Sánchez Vázquez ha llevado a cabo una implacable crítica de ese modelo
socialista. “…El socialismo real ha minado -y en algunas conciencias
profundamente o en forma irreparable- el ideal socialista. Aunque históricamente
pueda explicarse por una serie de condiciones que pueden esclarecer su realidad,
pero no su inevitabilidad, el socialismo real no constituye hoy [1981] un modelo
válido de nueva sociedad. Y ello no sólo para los países capitalistas desarrollados;
tampoco para los países del llamado Tercer Mundo si en la lucha -más próxima o
más lejana- por el socialismo se tiene presente ante todo su objetivo liberador y no
simplemente la eficacia en el incremento de las fuerzas productivas”4. Además de
a la escolástica soviética, su crítica se ha dirigido también, en el ámbito político, a
la dirección del PCE entre los años 1954-1957, a la que acusaba de autoritarismo
y falta de democracia interna, y en el ámbito filosófico al mecanicismo de
Althusser,en boga durante algunos años en los ambientes marxistas.
Pero, a diferencia de tantos izquierdistas de los años 60 que han
descubierto después las “maravillas” del capitalismo tardío, poniendo sordina a las
desastrosas condiciones sociales y económicas que él mismo ha generado en la
mayoría de la población mundial, sobre todo en el Sur, Adolfo Sánchez Vázquez
ha mantenido también su crítica al capitalismo, sistema al que culpa de “la
explotación y la opresión de los hombres y los pueblos” y en el que ve también “un
riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad”5. A pesar de los ataques con
2 O. cit., p. 34.
3 O. cit., p. 38.
4 O. cit.,p. 449.
5 O. cit., p. 41.
3
que los defensores del statu quo intentan destruir toda alternativa a nuestro mundo
globalizado, él apuesta por otra sociedad más humana y fraternal. “Mientras exista
la necesidad objetiva y subjetiva de transformar el mundo, el socialismo como
objetivo -el ideal socialista- subsistirá. Y esa necesidad no podrá ser ahogada por
los nuevos escuderos ideológicos de la burguesía que difunden el pesimismo más
exacerbado o ensalzan el individualismo, irracionalismo, utopismo o la
privacidad”6.
Como en sus años mozos, pero más lúcido y menos voluntarista, menos
ingenuo y más pesimista, este pensador andaluz anclado en tierras mexicanas y
cuya obra filosófica se distingue por su espíritu crítico, conserva la esperanza en el
socialismo. “Muchas verdades se han venido a tierra; ciertos objetivos no han
resistido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desvanecido. Y,
sin embargo, hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo (…) sigue
siendo una alternativa necesaria, deseable y posible”7.
(Artículo publicado en ATENEO DEL NUEVO SIGLO, Revista del Ateneo de
Málaga, nº 7, pp. 34-36)
6 O. cit., p. 451.
7 O. cit., p. 41.
4
TRES TEXTOS DE ADOLFO SÁNCHEZ VÁZQUEZ
Texto nº 1.- La vida cultural en la Málaga de preguerra.
” Mis estudios previos, de bachillerato y magisterio (grado profesional), los
había hecho en Málaga. Esta ciudad bravía, que había dado el primer diputado
comunista a las Cortes de la República y a la que por la combatividad de su
juventud y su clase obrera se le llamaba entonces Málaga, la Roja, se
caracterizaba también en los años de la preguerra por una intensa vida cultural.
Los dos focos más vivos de ella eran la Sociedad de Ciencias y la Sociedad
Económica de Amigos del País. Por la tribuna de una y otra pasaron los
intelectuales más famosos de la época. Fue así como tuve ocasión de escuchar
entre otros a Miguel de Unamuno y a Ortega y Gasset. La Sociedad Económica
disponía además de una biblioteca circulante muy al día, que me permitió
familiarizarme con lo más importante de la novelística contemporánea, y en
particular, con la asociada a mis inquietudes revolucionarias, que brindaba la
editorial Cenit. De esa Málaga, tan viva política y culturalmente, pasé a Madrid en
octubre de 1935, para iniciar mis estudios universitarios”.
Vida y filosofía, en Adolfo Sánchez Vázquez, A tiempo y destiempo. Antología
de ensayos, México D.F., FCE, 2003, p. 22.
Texto nº 2.- El derrumbe del “socialismo real” y la crítica al capitalismo.
“No puede ignorarse que con el derrumbe del socialismo real, que se
presentaba por los ideológogos soviéticos y por los ideólogos más reaccionarios
del capitalismo como la realización del socialismo o socialismo realmente
existente, se tiende a identificar todo socialismo con el socialismo real. Y aunque
los ideólogos burgueses establecen semejante identificación para concluir que no
hay más alternativa social al capitalismo que el propio capitalismo, otros –
desencantados o desilusionados de buena fe- llegan a la misma conclusión al ver
convertido el ideal socialista en una terrible realidad.
Corresponde a los marxistas, que no se dejan embaucar por el engaño ni
dominar por el desencanto, cumplir en esta situación dos tareas fundamentales.
Una, explicarse y explicar cómo ha sido posible que un proyecto de emancipación
tan generoso se haya convertido -al realizarse- en su contrario: un nuevo sistema
de dominación y explotación.
(…) La otra tarea es la de mantener viva la crítica del capitalismo en cuanto
sistema injusto que no puede resolver las contradicciones estructurales que
generan sus injusticias (paro, miseria, mercantilización crecientes, destrucción de
la naturaleza y, sobre todo, lo que ya se denunciaba en los Manuscritos
económico-filosóficos de 1844 de Marx: la transformación del hombre en medio,
instrumento o mercancía)”
.
5
La filosofía de la praxis. (Balance personal y general) , en Adolfo Sánchez
Vázquez, Filosofía y circunstancias, Barcelona, Anthropos, 1997, pp. 163-164.
Texto nº 3.- Sobre la hostilidad a la filosofía.
“Sabemos también que las dificultades que entraña el reconocimiento de la
diversidad filosófica se explotan en nuestro tiempo ideológicamente, en apariencia
contra la filosofía, pero, en realidad contra cierta filosofía. Es la posición que
adoptan en nuestros días ciertos medios cientifistas (que no científicos) o
tecnócratas. A partir de una supuesta defensa del verdadero saber, la ciencia, y de
la técnica, como aplicación de ella, se asume una posición hostil a la filosofía y,
por tanto, hostil también a su enseñanza a nivel medio o universitario. La filosofía
se presentaría, como lo probaría su diversidad, falta de la objetividad del
verdadero conocimiento, es decir, como pura especulación, y de ahí su inferioridad
frente a la ciencia.
En verdad, tras esta aparente negación de la filosofía hay la defensa de una
filosofía: el viejo o remozado positivismo. Y tras este lugar privilegiado que se
atribuye a la ciencia, lo que se pretende privilegiar es cierta actitud cientifista ante
ella, que oculta su función social y su inserción en los aparatos ideológicos del
Estado. Esta función e inserción es justamente lo que pone de manifiesto la
filosofía que ve el mundo social sujeto a un proceso total de transformación, del
cual no puede ser separada la ciencia en nombre de una supuesta neutralidad
ideológica o moral”.
¿Por qué y para qué enseñar filosofía?, en Adolfo Sánchez Vázquez,
Filosofía y circunstancias, p. 37.
SOBRE LA OBRA DE ADOLFO SANCHEZ VAZQUEZ consultar http://csh.izt.uam.mx/cen_doc/cefilibe/Esbozo/09%20SANCHEZ%20VAZQUEZ%20ADOLFO%20ENCICLOPEDIA.pdf

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