DEPENDENCIA ESTRATÉGICA: UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICO-CONCEPTUAL JOHN SAXE-FERNÁNDEZ

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La globalización , en el caso de México, lleva a una situación en la que el concepto de soberanía del Estado es prácticamente borrado del mapa de conceptos útiles para explicar la realidad, desde un punto de vista materialista

Conceptos
y fenómenos
fundamentales
de nuestro
tiempo
UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES SOCIALES
DEPENDENCIA ESTRATÉGICA:
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICO-CONCEPTUAL
JOHN SAXE-FERNÁNDEZ
Enero 2009
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DEPENDENCIA ESTRATÉGICA:
UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICO-CONCEPTUALi
Por John Saxe-Fernándezii
1. Preámbulo
Los referentes empíricos e históricos a los que apunta el concepto de “dependencia
estratégica”, aunque presentes en la experiencia de civilización humana y su relación con
el uso y transformación de los recursos naturales por el desarrollo de la agricultura, la
metalurgia y el empleo de los combustibles fósiles, están fuertemente engranados con la
mecanización e industrialización civil y militar experimentada por el capitalismo en el
periodo posrenacentistaiii y de manera particular e intensa con el arribo del carbón, uno de
los detonantes de la era industrial, abriéndose la posibilidad de un nuevo principio de
acumulación: la implementación de energía obtenida físicamente.iv
La experiencia de mediados del Siglo XVIII a la fecha muestra que el cuadro de
estratificación de poder de las relaciones internacionales está fuertemente impactado por la
productividad industrial. El acceso, control y utilización de los combustibles fósiles,
(carbón, petróleo, gas natural), la producción de hierro y acero y de un amplio espectro de
materias primas no sustituibles localizados en la periferia capitalista como bauxita, cromo,
cobalto, cobre, manganeso, níquel, zinc y uranio, entre muchos otros (ver cita L) son
parámetros básicos utilizados en la ciencia social para determinar el potencial militar e
industrial entre las naciones.
Como la demanda de recursos, incluyendo en tal categoría todas las materias primas y
todo tipo de deshechos crece en proporción a la expansión de la producción, al dar inicio
la segunda década del Siglo XXI parecen más nítidas las advertencias sobre los límites
materiales y ambientales al expansionismo capitalista, gestándose desde décadas atrás, un
predicamento en el que las necesidades de los países “desarrollados” en general y de
Estados Unidos (EUA) en particular, representan una fuerte carga tanto para los recursos
planetarios, que son finitos, como para la ecuación ecológica planetaria, requerida para el
funcionamiento y permanencia del vulnerable y delicado marco de referencia
“bioquímico” en que se sustenta la actividad humana sobre la corteza terrestre.
En los estudios convencionales se interpreta el consumo de combustibles fósiles, de la
hidroelectricidad, y la nucleoelectricidad, como un indicador básico para determinar el
grado de industrialización de cualquier nación. Según esta perspectiva, así se muestra la
capacidad técnica para explotar la energía y se refleja la intensidad del ritmo económico.v
La situación es más compleja porque no se consideran los costos al medio ambiente, su
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protección y defensa y porque se desestima el grado en que los guarismos indican la
intensidad del “derroche”vi energético, de metales y minerales, en los países capitalistas
centrales.
2. Recursos naturales y Guerra
La guerra es un fenómeno complejo y multifactorial, repleto de incertidumbre. La inmensa
literatura sobre la temática plantea perspectivas políticas y militares aisladas, dejando a un
lado la incidencia en su etiología de las fuerzas productivas que son las que, con su
industrialización en masa y el empuje de la Investigación y Desarrollo, se manifiesta en
mortíferos y ecológicamente devastadores despliegues aéreos, terrestres y marítimos. Por
ello conviene tener presente que la tecnología propia del proceso de industrialización tornó
primordial al logro “interés nacional” el acceso al carbón, hierro así como una amplia
gama de materias primas (ver adelante). La intensificación y mayor densidad en los flujos
de mercancía, capital y tecnología experimentados con altos y bajos durante el
posrenacimiento ocurrió entre el caos y el orden, en ecuaciones cambiantes de poder
donde, en especial a lo largo de los Siglos XIX y XX, el dominio de la tecnología, el
acceso a una vasta reserva de recursos humanos y materiales resultó central en la ecuación
internacional de poder. El acceso a esos recursos, dentro y/o fuera de la respectiva
jurisdicción nacional se posicionó, con creciente intensidad, como eje alrededor del cual
giraría cualquier intento serio de entendimiento de los intereses materiales de las clases
dominantes y para ponderar las necesidades, fortalezas o vulnerabilidades objetivas de los
aparatos bélico-industriales. En los últimos doscientos años su impacto en el desarrollo del
conflicto internacional en general y en la etiología e las guerras en particular, ha sido
decisivo.vii
La vinculación entre los asuntos de “seguridad” y las carencias de materia prima no es
historia nueva, pero durante el siglo XX con la masiva y penetrante “modernización”
militar alcanzada, registra un nuevo orden de magnitud, en especial en EUA después de la
vasta movilización bélico-industrial de la Segunda Guerra Mundial, misma que muchos
han visto como el “ariete” anti-recesivo que costó cerca de 70 millones de vidas y que
“rescató” a la economía mundial de la Gran Depresión.
Esa movilización profundizó todavía más la simbiosis entre los grandes monopolios
que se fueron gestando a lo largo de los siglos XIX y XX y la experiencia institucional
desarrollada desde la fundación de esa nación bajo lo que se conoce como la “presidencia
imperial”.viii Como lo hemos indicado en otra oportunidadix, a la luz de la experiencia
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histórica de dos guerras mundiales y de masivas evidencias documentales, los procesos
que se desarrollan alrededor del fenómeno de la “dependencia estratégica” son
imprescindibles en todo intento de elaboración conceptual porque, después de todo, la
dinámica de la economía industrial capitalista, tal y como ella se ha expresado hasta ahora,
ha sido de tal naturaleza que la necesidad de nuevas fuentes de materia prima, mercados y
suministros frescos y baratos de mano de obra se amplía constantemente, desempeñando
un papel preponderante en todas las etapas del conflicto internacional y en las crisis
económicas.x
En la era de armamentos nucleares, químicos y biológicos, capaces de ser desplegados
desde aire, mar y tierra por medio de la cohetería balística y anti-balística de alcance corto,
mediano e intercontinental, es de enorme importancia esclarecer el papel de factores
político-institucionales, como los vínculos entre la “presidencia imperial” y los intereses
de fracciones del alto capital, en particular en sectores clave como el energético (empresas
del petróleo, carbón, gas natural), automotriz y bélico-industrial. Es un sistema que, a
decir del politólogo Marcus Raskin opera bajo el principio de que “el gobierno es un
negocio y los negocios son el gobierno”.
De igual prominencia sobre la etiología bélica y el orden de probabilidad de su
intensificación a nivel local, regional o entre potencias centrales, lo es la dimensión
geoestratégica. Ello adquiere un sesgo de alta significación y urgencia cuando, como
ocurre en nuestro tiempo, se detecta una acelerada crisis hegemónica estadounidense. Un
asunto central a determinar es si el “hegemón” se preocupa por evitar procesos o la
gestación de eventos y dinámicas que adquieran un ímpetu propio y que conduzcan a los
desenlaces contemplados en el escenario planteado por Falk,( ver adelante) o si, por el
contrario, opta con el “brinkmanship”, es decir, la toma de riesgos de guerra general
terminal para “persuadir” a los adversarios, como se experimento durante la Guerra Fría y
como queda hecho explícito en el proyecto estadounidense de desplegar su sistema
antibalístico nacional en Polonia y la República Checa. Al respecto conviene recordar, con
Einstein, la naturaleza “Terminal” de una Tercera Guerra Mundial.
En esta esfera y a la luz de los procesos que desencadenaron dos guerras mundiales
durante el siglo XX, el manejo racional y equilibrado de la crisis hegemónica, en
particular aquella relacionada con la “dependencia estratégica” es crucial, por la
centralidad del petróleo, minerales y metales en el funcionamiento industrial y militar.
Como bien lo percibió Richard Falk en 1979, en un trabajo dedicado a explorar cómo una
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Tercera Guerra Mundial podría iniciarse en torno a la disputa por el petróleo en el Oriente
Medio:
…las guerras generales en el pasado siempre han ocurrido cuando una gran
potencia trata de compensar su declinación económica y política
recurriendo a instrumentos decisivamente militares. En estos momentos,
creo que el liderato estadounidense está tratando, cada vez con más vigor,
de neutralizar una realidad creada y expresada en la debilidad del dólar en
la esfera económica y por la pérdida de control sobre el Tercer Mundo en
términos de recursos naturales. Estados Unidos está tratando de vencer esa
debilidad por medio de la superioridad militar, y es en el contexto de tratar
de enfrentar la desventaja política y económica buscando la superioridad
militar que las guerras más horribles…han ocurrido.xi
La observación es más significativa si se tiene presente que ese análisis se hizo pocos
meses antes de la enunciación de la Doctrina Carter que fue el fundamento de la “guerra
de autosuficiencia anticipatoria” que forma parte central de la Estrategia de Seguridad
anunciada por Bush hijo en septiembre de 2002. Se trata de la más grave violación al
derecho internacional contemplada por la normatividad derivada de los Juicios de
Nuremberg. En 1979 eran contundentes los indicios de la crisis de acumulación del
capitalismo, cuyo despliegue se confirma en el descalabro económico-financiero que, al
cerrar la primera década del siglo XXI, abate a la economía de EUA y del mundo.
Por ello el manejo soberano de los recursos naturales en contextos bien definidos por
el derecho internacional público resulta crucial, tanto desde la perspectiva de la paz
mundial como de los equilibrios ecológicos. Así lo reiteraron en 2008 las naciones
organizadas en torno a la Unión de Naciones de América del Sur (UNASUR). De aquí
también que el reconocimiento del papel de la “dependencia estratégica” en la etiología de
las guerras sea crucial.xii Al finalizar la década de 1970 Richard Barnet percibió este
asunto así:
Ya está en curso una lucha global sobre la distribución de los recursos
naturales. Un asunto político vital es si quienes detentan el poder del
presente sistema de recursos controlará el próximo. La guerra ha sido la
forma favorita usada por las grandes potencias para solucionar sus
necesidades de recursos. Si se desata otra guerra mundial, lo más probable
es que el conflicto ocurrirá en torno a lo que los estados industriales
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consideren los elementos de supervivencia. El petróleo, desde luego, pero
también el hierro, cobre, uranio, cobalto, trigo y el agua.xiii
Ciertamente el éxito logrado por el paradigma leninista, que incluye todas las fuerzas
presentes en la creación del producto social, sobre el clausewitziano ,que enfatiza la
dimensión político-militar para explicar a nivel de ciencia social los procesos que
conducen a la guerra y el conflicto se debió fundamentalmente a su más estricta
inmanencia. Además, explicitó condiciones objetivas en el sistema de relaciones
internacionales cuando ya el proceso de industrialización experimentaba grandes avances.
Es sobre la base de esa inmanencia, ampliamente corroborada por analistas entre
quienes sobresale Michael T. Klare,xiv que en este trabajo se propone que: a) el
surgimiento de cualquier guerra particular no es necesariamente un acto deliberado de un
actor claramente definido. Las naciones pueden ser compelidas hacia la guerra por fuerzas
objetivas internas y eternas, actuando en un sistema de intereses de clases en conflicto:
existen factores, como un embargo en el abastecimiento de un bien esencial como el
petróleo o el agotamiento de la reserva petrolera, que arrastran y actúan sobre el sistema
de intereses de clase, y estas fuerzas pueden desatar ciertos acontecimientos sobre los
cuales pueden tener poco o ningún control quienes deciden; y b) las guerras, las
operaciones encubiertas y los golpes de estado, usados por las potencias como parte de su
arsenal para el apoderamiento de los recursos naturales, pueden tener consecuencias
totalmente imprevistas para las mismas clases sociales en cuyo nombre e interés fueron
iniciados, financiados y llevados a cabo.xv
Antes de la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, Alemania importaba el 25% del
hierro y del plomo consumidos, y cerca del 78% del cobre, mientras que sus suministros
principales de plomo y zinc provenían de regiones poco confiables, bajo el control del
imperio británico. Se calcula que cerca de diez millones de trabajadores industriales
(aproximadamente el 40% del total) se mantenían gracias a actividades directamente
vinculadas con la materia prima importada. Naturalmente, la interpretación histórica
contemporánea sobre las causas de la Primera Guerra Mundial considera no sólo los
aspectos políticos y militares sino también los económicos. Entre los estudios recientes
más destacados puede mencionarse el de Fritz Fisherxvi, quien ha presentado abundantes
pruebas de que la decisión alemana por la opción bélica obedeció a su desesperado intento
por lograr una posición global similar a la belga y la inglesa, sobre la base de instrumentos
militares que le permitieran vencer su dependencia de materia prima vital. El autor
muestra que, en efecto, entre los objetivos militares de primer orden figuraban las
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campañas destinadas a la “toma” del hierro de la Lorena francesa, el manganeso, el carbón
y el hierro de Ucrania, así como otros recursos estratégicos de Bélgica, Turquía y de las
colonias africanas.
Así, la dependencia estratégica ocupa un lugar central entre las fuerzas y factores
presentes en la etiología de acontecimientos internacionales de tipo bélico. A nadie escapa
el papel de la “dependencia estratégica” alemana en los años treinta, por ejemplo en su
déficit de petróleo y hierro requeridos por el rearme y expansionismo militar. Alan
Millward,xvii muestra que en esa época Alemania, bajo la movilización bélico-industrial
nacionalsocialista, como parte de su respuesta a la humillación de Versalles, se transformó
en la principal potencia industrial en Europa. Su ejército surge como el más poderoso en
un momento en que, como señala Deightonxviii, la fuerza de trabajo, la generación de
energía y la máquina de vapor conformaban el fundamento de la prosperidad y del poder:
Los campos carboníferos alemanes eran inmensos, su población grande y
capaz, pero no contaba con abastecimientos petrolíferos. Aunque sólo un
sector de punta del Ejército utilizaba tanques y vehículos blindados la
economía como un todo se hacía más y más dependiente del transporte
motorizado. A pesar de la captura y control de campos petroleros y de la
producción de combustible sintético, el suministro petrolero se mantendría
como un problema constante para Alemania.xix
Aún más, según los altos responsables de la economía y del aparato militar, ante una
importación del 75% del petróleo consumido, la toma y control de los vastos recursos
naturales y petroleros de la Unión Soviética eran según ellos, una necesidad impuesta por
la “dependencia estratégica”. Desde junio de 1936, varios años antes de la brutal
operación Barbarosa contra Rusia, el general von Fritsch ordenó la realización de un
estudio sobre las necesidades financieras, de fuerza de trabajo y en particular de recursos
naturales. En un apéndice del estudio se mostró que el factor más delicado y vulnerable
era la falta de petróleo y la infraestructura para almacenar al menos un millón de
toneladas. Según la tasa de consumo en un escenario de guerra, aún tomando en cuenta la
producción de petróleo sintético, Alemania sólo podría pelear por siete meses. Además su
dependencia estratégica no se restringió al petróleo: importaba el 90% del estaño, 70% de
su cobre, 80% del hule y 99% de la bauxita. El estudio, con la apropiación violenta de los
recursos en mente, articulada bajo los parámetros de la “dependencia estratégica”,
advierte que “sólo los recursos de la Unión Soviética le permitirían a la máquina bélica
alemana continuar la guerra”. xx
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La competencia franco alemana por Alsacia-Lorena fue motivada esencialmente por
los depósitos de hierro más grandes de Europa. De igual manera, la controversia entre
Polonia y Alemania por la Alta Silesia difícilmente podría explicarse en forma cabal como
manifestación de puro sentimiento nacionalista o de un ente denominado “imperativo
territorial”, misteriosamente engranado en el aparato genético de los pueblos, porque
ciertamente comportó el control no sólo sobre el mayor yacimiento europeo de carbón
sino también de vastos depósitos de plomo y de zinc, todos ellos vitales para la expansión
industrial durante las primeras décadas del siglo XX.
3. La Centralidad bélico-industrial de la dependencia estratégica
La movilización bélico-industrial, que exige el acceso a una amplia gama de materias
primas, junto con el crecimiento del mercado mundial desde las primeras décadas del siglo
XX, impulsó un alto grado de interdependencia entre los estados nacionales europeos.
Pero la interdependencia también significaba tanto en el contexto europeo como mundial,
que algunos estados industrializados eran más dependientes y vulnerables que otros,
debido, entre otras razones, a que la distribución de depósitos minerales y de
combustible corresponde a ordenamientos geológicos que nada tienen que ver son las
divisiones territoriales existentes. No extraña entonces que entre los estados capitalistas,
los más dependientes de materias primas estratégicas y de mercados externos, como
Alemania, Japón e Italia, resultaron los más beligerantes, internacionalmente agresivos y
expansionistas. Inglaterra y EUA ya por entonces contaban con accesos asegurados por
medio de esquemas político-económicos y militares de corte imperialista, a los recursos en
ultramar: el “Imperio” en el primer caso, y la expansión del “espacio vital” estadounidense
sobre América Latina bajo los auspicios del monroísmo de la “presidencia imperial”.
La ausencia de una base interna diversificada de materia prima adquirió mayor peso en
el sistema de conflicto de la Europa continental después de la Primera Guerra Mundial,
paralelamente con los desarrollos sociales y económicos propios del proceso de
industrialización. Las relaciones entre las deficiencias minerales y de combustible y los
procesos que culminaron con la Segunda Guerra Mundial son complejas, ya que
comprenden tanto los conflictos sociales internos y las tendencias de la economía hacia
“soluciones” bélicas de la crisis, como los elementos ideológicos, entre los que destacaba
el fanatismo nazi-fascista. Pero la “dependencia estratégica” desempeñó un papel
imposible de soslayar. “En cuatro años”, escribía Adolfo Hitler en un memorándum de
1936 en el que discutía la dependencia estratégica teutona,
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…Alemania debe ser completamente independiente de otros países en lo
que respecta a aquella materia prima que nosotros mismos podremos
producir con la habilidad alemana, utilizando nuestra industria química y
mecánica y por medio de nuestra industria minera.xxi
Simultáneamente con un dinámico proceso de rearme, el reconocimiento de la
“dependencia estratégica” llevó a Hitler y su gabinete a elaborar todo un programa
ideológico centrado en dos objetivos principales que, en el terreno de la guerra y del
expansionismo aglutinaron, a decir de Eischoltz, “… a la camarilla de Hitler y a todos los
monopolios y grupos monopolistas importantes: a) el desmantelamiento de Versalles y b)
la incautación de un nuevo espacio vital”.xxii
Como paso inmediato para enfrentar su “dependencia estratégica” planearon un vasto
programa de invasiones y ocupación territorial contra Austria, Polonia y la URSS para
apropiarse de su fuerza de trabajo, infraestructura industrial e inconmensurables riquezas
naturales y erigir una Grossraumwirtschaftxxiii (economía de grandes áreas), europea y de
ser posible un gran imperio colonial africano.xxiv
El programa incluye una germanización de la Doctrina Monroe aplicada por EUA en
América Latinaxxv. Inspirados en la doctrina y en la práctica del monroísmo
estadounidense, los ideólogos del nacional socialismo procedieron a una elaboración
doctrinaria que justificara la aplicación de una agresiva e intervencionista política
internacional centrada casi exclusivamente en el impulso e interés de los grupos
dominantes del capital monopolista. Carl Schmitt, como bien apunta Neumann, surgió
como la voz cantante del grupo revisionista del nacional socialismo y encabezó la tarea de
reformular y adaptar la Doctrina Monroe a las necesidades del capital monopólico alemán
porque la consideraba como “el ejemplo más afortunado de un principio en gran escala de
derecho internacional”.xxvi No extraña que estas nociones hayan resultado atractivas entre
los altos círculos empresariales y de seguridad nacional de EUA, entre otras razones por la
hermandad entre las doctrinas de las grandes áreas económicas y la doctrina Monroe, cuya
primera gran experiencia, a nivel continental y territorial fue precisamente a costa de
vastos territorios mexicanos: una magna operación articulada, como lo ilustra Arthur
Schlesinger, bajo la presidencia imperial de James Polk.
El programa nacionalsocialista se orientó a transformar a Europa en su “reserva
estratégica” de fuerza de trabajo y recursos naturales, como Washington lo hacía con
Latinoamérica y el Caribe, ello como parte de un esquema económico-industrial que, lejos
de apoyar una difícil autosuficiencia, se encaminó al almacenaje de la materia prima
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adquirida del exterior para mejorar las capacidades bélicas, necesarias precisamente para
la ampliación del “espacio vital” (Lebensraum) de la base de recursos naturales. Para
Hitler et al, la “solución definitiva” a la dependencia estratégica consistió en “…una
extensión de nuestro espacio vital, es decir, una ampliación de la base de materia prima y
de alimentos de nuestra nación”.xxvii
Haciendo referencia al papel crucial en la dinámica histórica de los recursos naturales
en general, y de la energía en particular, William L. Shirer ha mostrado abundantemente el
papel de la dependencia estratégica en la conducción de los programa bélicos del régimen
nazi, mostrando que su éxito se basó no tanto de sus divisiones de infantería, sino de sus
tanques y de su fuerza aérea, que, a su vez, dependían del petróleo:
…bajo el mando de Hitler el toque consistió en desarrollar la
autosuficiencia alemana en dos materiales sin los que la guerra moderna no
podía pelearse: la gasolina y el hule, los cuales habían tenido que
importarse. El problema de elaborar gasolina sintética del carbón ya se
había solucionado (por los científicos de la compañía Farben) a mediados
de los 20. Después de 1933 el gobierno nazi le dio la luz verde a Farben
para la elaboración de petróleo sintético, y giró instrucciones para elevar la
producción a 300 mil toneladas para 1937.xxviii
Con el inicio de las operaciones bélicas, la situación relativa a los recursos naturales se
tornó crucial. Albert Speer, el ministro de armamentos de Hitler, dejó un relato bien
documentado sobre el impacto de la dependencia alemana de minerales en la elaboración
de los planes de “diplomacia coercitiva” (guerra sicológica y política) y de guerra, así
como su impacto en los criterios y razonamientos del primer círculo del dictador. Los
requerimientos de la industria bélica en torno a minerales como el manganeso, el níquel, el
molibdeno, el silicón y el cromo, entre otros, fueron centrales en los planteamientos de
Speer. En un memorándum del 11 de noviembre de 1934, dirigido a Hitler, intitulado
“Aleaciones en la producción de armamentos y la importancia de las importaciones de
cromo de los Balcanes y de Turquía”, Speer muestra la naturaleza de un predicamento
para el cual no había “solución” como la que ofrecía, aunque fuera sólo parcialmente, el
petróleo sintético:
…consecuentemente, el mineral más escaso es el cromo. Esto es
especialmente grave ya que el cromo es indispensable a una industria
armamentista altamente desarrollada. Si perdiéramos los suministros de
Turquía, las reservas de cromo sólo serían suficientes por 5.6 meses. La
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manufactura de aviones, tanques vehículos motorizados, proyectiles,
armazones de tanques, submarinos y casi la gama entera de artículos de
artillería cesarían su producción entre uno y tres meses después de este
límite, ya que para entonces las reservas en los canales de distribución
quedarían exhaustas.xxix
Para fines del primer semestre de 1945 la interrupción del suministro de cromo turco
asestó un golpe fatal a toda la industria armamentista, tal y como lo había previsto Speer.
“Suponiendo que continuáramos la producción de armamentos” –escribe Speer-,
…la última distribución de cromo a la industria sería hecha el 1 de junio de 1945.
Considerando el tiempo requerido por las industrias procesadoras, la producción
dependiente del cromo, que significa la producción entera de armamentos, cesará el 1 de
enero de 1946.xxx
La caída de Alemania se aceleró por dos acciones de guerra ejecutadas por la URSS y
EUA y dirigidas precisamente a paralizar la maquinaria de guerra alemana negándole
tanto el combustible sintético como el acceso a los campos petroleros de Ploesti, fuente de
más del 50% del petróleo natural consumido por Alemania. En relación con el primer
operativo, Speer expresó:
Jamás podré olvidar la fecha 12 de mayo de 1944. Ese día se decidió la
guerra tecnológica. Hasta entonces nos la habíamos arreglado para producir
aproximadamente tantas armas como las requeridas por las fuerzas
armadas, a pesar de sus considerables pérdidas. Pero con el ataque de 935
bombarderos de la Octava fuerza aérea norteamericana sobre varias plantas
de combustible en la Alemania central y del este comenzó una nueva era en
la guerra aérea. Significó el fin de la producción armamentista alemana. Al
día siguiente, junto con los técnicos de la planta de Leuna bombardeada
(una planta de carbón hidrogenado), difícilmente nos abrimos camino entre
las ruinas y los escombros de sistemas de conducción y tubos. Las plantas
químicas eran extremadamente sensibles al bombardeo.xxxi
El arquitecto y ministro de armamentos de Hitler se refería al hecho de que aun las
prospectivas más optimistas eran incapaces de concebir que la producción pudiera
resumirse sino hasta muchas semanas después.
El segundo incidente fue protagonizado por el ejército de la URSS que, luego de haber
encerrado a cincuenta divisiones alemanas en la región báltica, penetró hasta Vyborg en
Finlandia, destruyó al grupo central del ejército alemán, avanzó unos 650 kilómetros en
12
seis semanas hasta el Vístula, frente a Varsovia, mientras que en el flanco sur inició un
ataque el 20 de agosto del mismo año que “resultó en la conquista de Rumania a finales de
mes, y con ella de los campos petroleros de Ploesti, la única fuente de petróleo natural de
las fuerzas armadas alemanas”.xxxii
Bajo la desesperación e impacto de la dependencia estratégica, Hitler lanzó un fallido
intento para tomar Antwerp en Bélgica, no sólo para dividir las fuerzas de los aliados, sino
especialmente para tomar los depósitos de combustible y nutrir a los tanques y a la fuerza
aérea alemana. Con el flujo petrolero interrumpido y con las plantas de producción
sintética destruidas, la maquinaria de guerra alemana paralizada se transformó en un vasto
conjunto de ruinas inservibles, confirmando la advertencia hecha por Hitler a su estado
mayor en enero de 1941 en el sentido de que,“…Rusia puede transformar los campos
petroleros rumanos en basura humeante…y la vida misma del Eje depende de esos campos
petroleros”.xxxiii
4. Dependencia estratégica: Alemania, Estados Unidos.
Tanto el sistema industrial-militar alemán, la primera “economía de guerra” cabalmente
desarrollada en el siglo XX como su proyecto histórico expresado en un Destino
Manifiesto (Lebensraum), resultaron demasiado grandiosos para las capacidades
geográficas y demográficas del estado alemán. El desarrollo de una política internacional
coercitiva e intervencionista resultó directamente proporcional tanto a la ambición de la
clase dominante alemana, como a su agudo estado de “dependencia estratégica”, es decir,
de limitaciones materiales. Por esta razón la finalidad dominante de la política exterior
alemana fue la de superar las carencias internas (en materia prima estratégica, en
población, en territorio) utilizando instrumentos económicos, políticos, psicológicos,
sociológicos y finalmente militares. El uso de medios no militares de intervención fue
amplio: haciendo recurso a la penetración o la infiltración, la desintegración forzada o la
atomización (Zerzetsung), la subversión y la defección, el aparato diplomático-militar
alemán logró tomar varios estados de la Europa central que eran de su interés por su fuerza
laboral, su infraestructura industrial y sus recursos naturales. En el curso de la experiencia
diplomática alemana se desarrollaron brutales técnicas intervencionistas que
posteriormente EUA habría de ampliar y financiar extensamente dentro y fuera de
América Latina y el Caribe, considerada en su planeación militar y económicaxxxiv como
“reserva estratégica”, es decir, fuente además de fuerza de trabajo barata de un amplio
espectro de minerales, agua, biodiversidad y de energéticos -gas, petróleo- un asunto nodal
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por el agotamiento de la reserva petrolera de EUA, que se acelera desde que se detectó a
principios de la década de 1970 como lo había previsto, utilizando una innovadora técnica
estadística, el geólogo estadounidense M. King Hubbert.xxxv Como técnica de guerra
política, la infiltración consistió en una penetración deliberada o planificada de ciertos
grupos políticos, militares y sociales de un estado dado por parte de agentes y agencias del
poder interventor (bajo los efectos de la codicia y la “dependencia estratégica”) con fines
de manipulación, es decir, para ampliar su influencia y control en la dinámica política
interna del estado a ser intervenido, en asuntos vinculados con concesiones petroleras,
gaseras, mineras, acuíferas y forestales. En tanto que tal tipo de penetración es un acto
deliberado de “manejo”, usualmente se la encubre bajo el manto del “secreto de seguridad
nacional”, mientras que, simultáneamente, se desarrollan capacidades para “negar
plausiblemente” su ocurrencia en caso de que la operación fuera descubierta
prematuramente. La política exterior nazi hacia Checoslovaquia es un ejemplo claro de
esta técnica de “política exterior”, especialmente por su exitosa explotación de
vulnerabilidades por las tensiones raciales y étnicas.xxxviLa utilización de los conflictos
entre checos y los eslovacos para dividir el país y facilitar así la intervención y el control
sobre las decisiones políticas y económicas de interés a las empresas alemanas fue intensa
y extensa, mientras el uso del antisemitismo como fuerza social y política para dividir a la
población fue sumamente efectiva, logrando no sólo la polarización interna, sino también
la desmoralización, el resentimiento y la amargura.
Después de la guerra fría y del uso del anticomunismo como táctica para proyectar
poder policial-militar y económico, Washington utiliza una vasta campaña “anti-crimen” y
“anti-narcóticos”, con fines semejantes, un programa de especial intensidad en el México
y la Colombia de principios del siglo XXI.
La correspondencia entre la política exterior nazi en Europa central y en la Unión
Soviética, y la estadounidense en América Latina, el Caribe en el Oriente Medio y
crecientemente en África, se percibe si se tiene en cuenta los rasgos que han caracterizado
esas diplomacias, así como el papel preponderante que desempeña la “dependencia
estratégica” en ambos casos. Es claro, como se plantea a lo largo de este trabajo, que
esta correspondencia no puede ser aprehendida si no es por medio de la
generalización y abstracción logradas a partir de acontecimientos concretos. En este
plano, en los dos casos, la penetración, la desintegración forzada y la subversión de los
estados victimados desembocó usualmente en periodos de control encubierto de las
acciones políticas internas o externas de importancia para el poder interventor. Tales
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acciones incluyen aquellas que afectan los “intereses vitales” del estado interventor (por
ejemplo las políticas sobre el manejo del petróleo desde PEMEX); las que impactan la
posición de poder relativo del estado victimizado en relación con el agresor y las acciones
que inciden en el poder relativo, dentro del estado agredido, de los círculos militares,
empresariales, partidos políticos o facciones por medio de las que el estado interventor
extiende su influencia y control.
Las operaciones clandestinas de la diplomacia nacionalsocialista alemana y
estadounidense pueden verse aisladamente y también se pueden percibir los
resultados aislados; pero su naturaleza sólo se aclara cuando esas operaciones se
conceptualizan en el contexto de la dinámica del sistema social y en relación con
rubros centrales como el relacionado con las políticas que favorecen los intereses
empresariales, bancarios, mineros, petroleros, etc., es decir con factores definitorios
como el de la “dependencia estratégica”. Por ejemplo, ya desde 1948 quienes decidían
en EUA habían dictaminado, por conveniencias y circunstancias cuyo análisis y
explicación rebasan la intención de este trabajoxxxvii, por una parte que el comunismo
soviético representaba la más seria amenaza a la seguridad nacional y a la prosperidad
estadounidense, mientras que la amenaza externa coincidía plenamente con el desarrollo
de mecanismos de intervención militar y no-militar por parte de los EUA para garantizar
el acceso de sus empresas a los mercados y, fundamentalmente, a la materia prima del
Tercer Mundo.xxxviii Al respecto cabe recordar que después de la Segunda Guerra Mundial
se observó un notable incremento en los precios de la materia prima industrial: no sólo el
petróleo sino también cobre, plomo y estaño. Durante los primeros nueve meses de 1947
EUA ya importaban el 31% del manganeso, el 47% de la cromita y el 57% del
platino.xxxixA principios del siglo XXI los niveles de dependencia estratégica, en la
mayoría de los minerales esenciales superan el 85% y en casos cruciales, como se verá
adelante, es del 100%. En la década de los setenta, para su funcionamiento anual EUA
importaba cuatro mil millones de toneladas métricas de minerales. Esa cifra, que no
incluye las importaciones petroleras, se acrecentó de manera incesante.xl
De acuerdo con Alan Bateman, los últimos años del decenio de 1940 fueron “un punto
crucial en la posición a largo plazo de la materia prima para EUA. Es inevitable –
recalcaba en 1948-, que EUA tendrá que depender de fuentes extranjeras de minerales”.xli
La utilización de la “guerra política” para lograr acceso seguro a materia prima esencial,
como el petróleo en el caso venezolano y mexicano, o el cobre en el de Chile o el estaño,
en el de Boliva, etc ad nauseam, fue inaugurada y recibió su más amplia ejemplificación
15
con la serie de acontecimientos auspiciados por EUA a fin de modificar los “obstáculos
políticos” que impedían su acceso y su control de los vastos depósitos petroleros de Irán.
El derrocamiento de Mohammed Mossadegh, de reconocida posición nacionalista y la
restauración de Reza Shah Pahlevi en 1953 se cuenta entre los operativos de
desestabilización más “exitosos” de la diplomacia encubierta de EUA por medio de la
recién establecida (1947) Agencia Central de inteligencia (CIA).
Los favorecidos por estas operaciones clandestinas, que de paso violan los principios
más elementales del derecho internacional, constitucional, mercantil y penal, han sido,
indefectiblemente, los grandes intereses monopólicos petroleros, del gas natural,
automotrices y bélico-industriales de EUA. Por ejemplo, la operación en Irán tuvo como
fin modificar su política nacionalista en relación con el petróleo. Como lo reseña Richard
Falk, los beneficiarios inmediatos del derrocamiento de Mossadegh,
…fueron los poderes corporativos multinacionales europeoestadounidenses.
La motivación no aceptada (es inaceptable), pero
ampliamente documentada ahora es el grado tan intenso en que la política
exterior estadounidense en el Golfo Pérsico reflejó los intereses
corporativos. Existía una relación simbiótica entre las corporaciones y el
gobierno estadounidense en el Cercano Oriente, en la cual cada una servía
de guardián de los intereses del otro.xlii
Hans Tofte, jefe de todas las operaciones clandestinas de la CIA en aquel entonces
corrobora el aserto de Falk cuando se ufanó de la operación, mencionando precisamente la
“dependencia estratégica” como motivo de fondo. Después de afirmar que Mossadegh era
una “marioneta soviética” que había derrocado al Sha “para abrir la puerta a una toma
soviética del Irán y su petróleo”, remató la idea diciendo que es
…un petróleo que ahora mantiene a las industrias europeas en
funcionamiento y que, incidentalmente, también mantiene un vasto número
de automóviles estadounidenses recorriendo nuestras carreteras de costa a
costa”.xliii
El programa de asistencia militar de EUA en América Latina, aplicado desde el
Comando Sur desde donde también opera a partir de 2008 la Cuarta Flota, -reactivada en
2008 después de 60 años- así como el programa de seguridad pública, el Plan Colombia, la
Iniciativa Mérida y la “integración” de México al Comando Norte que opera de Alaska al
Suchiate, el Golfo de México y una amplia franja del Océano Pacífico, tiene como fin, –
junto a un amplio despliegue de bases militares, la creación de capacidades para la
16
intervención y ocupación de las áreas donde se localizan los recursos naturales del mayor
valor estratégico-comercial.
Por medio de la campaña anti-crimen y anti-narcóticos desplegada desde el
Departamento de Defensa, la CIA, la Drug Enforcement Administration y la Nacional
Security Agency, antes y después de la guerra fría, Washington desarrolló un esquema de
guerra política semejante al esquema de Zersetzung o desintegración forzada del
nacionalsocialismo. El vínculo entre Zersetzung y dependencia estratégica es crucial ya
que consiste en
…el desgarre de la estructura política y social de un estado victimizado
hasta que la estructura de la moral nacional se desintegra y el estado es
incapaz de resistir una intervención más intensa…La idea de explotar las
vulnerabilidades políticas, psicológicas y sociológicas no es nueva, pero no
es sino desde la era nazi que esta idea ha logrado aclararse como parte
integral de la planificación política y militar; es decir, como parte de los
planes de guerra. Ciertamente, el término Zersetzung fue utilizado primero
por los nazis para describir sus operaciones-altamente exitosas- de
desmoralización en el extranjero, combinadas con otras técnicas de guerra
política, incluyendo todo tipo de persuasión, desde la propaganda hasta la
violencia más brutal”.xliv
En países latinoamericanos como el Chile de Allende, México y Colombia, las
operaciones de guerra política y urbana son utilizadas como técnicas de
“desestabilización” y se realizan con la acción combinada de las corporaciones privadas
transnacionales de EUA coordinadas por medio de las cámaras de comercio
estadounidenses, las burocracias de seguridad nacional con sede en Washington que
operan desde las respectivas embajadas y los instrumentos policial-militares desarrollados
por medio de los programa respectivos, en nuestros días incluyendo dotaciones especiales
para el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida en México dedicadas a la adquisición de
equipo y adiestramiento militar-policial estadounidense.
Desde el gobierno de James Carter, cuando EUA sufrió un fuerte impacto
geoestratégico por haberse comprobado el inicio del agotamiento de su reserva de petróleo
convencional y el simultáneo embargo decretado por la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP) a raíz de la Guerra del Yom Kippur en 1973, la Casa
Blanca ordenó una intensificación del Zersetzung y otras operaciones de espionaje con la
finalidad de consolidar el control abierto y/o encubierto sobre el proceso de decisiones
17
local en asuntos vitales relacionados con la política petrolera. En estas tareas los
programas tanto del Banco Mundial como del Banco Interamericano de Desarrollo se
articulan con las del aparato de seguridad nacional.xlv Las dimensiones de la actividad
estadounidense de corte diplomilitar, de espionaje y el impulso a esquemas de integración
comercial y en materia de seguridad en México, aumentó en proporción al incremento en
las estimaciones hechas tanto sobre la reserva petrolera mexicana y el agotamiento de la
estadounidense como de otros recursos naturales incluyendo los minerales, el agua y la
biodiversidad.
5. México: punta de lanza hacia América Latina.
Aunque se remarca poco en las discusiones suscitadas por la repentina, prematura y
riesgosa decisión del gobierno mexicano, bajo Salinas de Gortari, de apresurar la firma de
un tratado de libre comercio con EUA, el factor geoestratégico y de seguridad aglutinados
en el concepto de “dependencia estratégica” juega un papel imposible de soslayar. La
interrelación de los procesos de “integración profunda” con EUA y Canadá, auspiciados
desde el Council on Foreign Relationsxlvi, la adopción de una política económica dirigida
hacia afuera, y los aspectos militares y de seguridad impulsan sinergias que afectan la
viabilidad del Estado nacional mexicano, situación que adquiere un carácter más complejo
y delicado si la atención se enfoca a la región norte de México. Un estudio sobre la
dialéctica entre microrregionalización y macroregionalización realizado por el autor con
base en análisis ofrecidos por Pablo González Casanova y Robert Cox sobre el contexto
(la “globalización neoliberal” experimentada después del fin de la guerra fría) en que
ocurren esos procesos, advierte que el juego de fuerzas desatadas por la incautación
neoliberal de bienes, empresas e infraestructuras nacionales puede inducir una
fragmentación de la “jurisdicción territorial” de la Federación Mexicana.xlvii
La vinculación que históricamente ha existido entre los programas militares, de
seguridad y las inversiones de los grandes monopolios de EUA en América Latinaxlviii
adquiere mayor peso en momentos en que la potencia norteña enfrenta su “peak oil” y el
agravamiento de una crisis de acumulación sin precedentes. De aquí que la proyección de
poder militar de EUA hacia áreas donde están localizados los recursos vitales, Oriente
Medio, África y América Latina y el Caribe, se ha intensificadoxlix. Su propensión a
utilizar a América Latina como plataforma de re-lanzamiento, después de su fracaso
militar en Irak, no puede desestimarse. Si en el caso alemán la naturaleza parasítica del
capitalismo alemán fue intensa, la inclinación fagocítica del actual capitalismo
18
estadounidense en crisis quizá sea mayor. La cada vez más visible disolución del orden de
posguerra (Bretton Woods, OTAN, etc con Washington a la cabeza) en varias subunidades
con intereses encontrados en aumento, ocurre paralelamente a la creciente incapacidad de
la economía estadounidense o cualquier otra, de coordinar el sistema capitalista como un
todo y con un perceptible “repliegue” de EUA hacia el hemisferio occidental después de la
catástrofe estratégica en Irak, algo semejante a lo ocurrido en los años setenta del siglo
pasado después del desplome militar sufrido en Vietnam. Pero en el país sudasiático el
revés, que costó millones de vidas, fue táctico. En Irak y Oriente Medio es un descalabro
estratégico.
El entusiasmo de republicanos y demócratas de establecer “fortalezas regionales” en
América Latina coincide con intentos prácticos y retóricos por socavar a regímenes
nacionalistas, en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y en cierta medida en Brasil,
Argentina y Paraguay, que han distanciado su diplomacia y política económica de los
lineamientos estadounidenses encaminados a promover sus intereses privados nacionales y
a resolver o al menos mitigar su dependencia estratégica. En esencia la postura de EUA
fue sintetizada por Alan Stoga de la firma consultora Kissinger Associates, representante
de intereses empresariales, bancarios y de seguridad nacional así:
Por razones estratégicas y comerciales, el futuro de América Latina está en
EUA y viceversa…Es necesario empezar a explorar lo que significaría un
acuerdo de libre comercio hemisférico…el eje clave es México, Estados
Unidos y Canadá. Si este acuerdo trilateral de libre comercio se
desarrolla…se empezaría a alentar el desarrollo de relaciones comerciales
que a la larga conduciría a una zona comercial hemisférica.l
Frente a esta versión estadounidense de una Grossraumwirtschaft hemisférica la
soberanía territorial es un aspecto crucial para las naciones latinoamericanas: se trata de la
preservación en manos nacionales de los recursos naturales localizados los espacios bajo
esas jurisdicciones. La codicia empresarial y la “dependencia estratégica” serían dos
pilares centrales en el intento estadounidense por desplegar en América Latina, sea a
través de la “guerra anti-terrorista” o anti-narcóticos, las nociones centrales derivadas de la
Doctrina Carter y de Doctrina de Seguridad presentada por Bush en Septiembre de 2002
bajo la rúbrica de la Guerra de Auto-defensa Anticipatoria”. La petroguerra contra Irak,
una mezcla palpable de codicia y “dependencia estratégica”, se realizó bajo las premisas
anidadas en la Doctrina Carter cuando éste, con los vastos recursos petroleros del Golfo
Pérsico en la mira, proclamó en enero 23 de 1980 ante el Congreso –y el mundo- que,
19
Todo intento de una fuerza exterior de controlar el Golfo Pérsico será
percibido como un ataque a Estados Unidos. Se utilizarán los medios
adecuados, incluyendo el uso de la fuerza, para rechazar este ataque.li
Además, según Carter, la presencia del ejército de la URSS en Afganistán “constituía
una amenaza” en una región que posee “dos terceras partes de los recursos petroleros
exportables del mundo”, localizada “a trescientas millas del océano Índico y el estrecho de
Ormuz, una vía marítima por la cual debe transitar una parte esencial de los recursos
petroleros del mundo”.lii
Ese mismo año y bajo el impacto triple, de la “dependencia estratégica” de EUA en el
petróleo del Oriente Medio, el embargo petrolero decretado contra EUA por la OPEP en
1973 –con apoyo del Rey Faisal de Arabia Saudita, quien pronto sería asesinado- y el
arribo de la reserva petrolera, de EUA desde los inicios de esa década al “techo” de
producción, Carter creó en 1980 el núcleo del Comando Central, cuya “responsabilidad es
proteger el flujo petrolero” en esa región.liii Para tal efecto se destinaron fondos para la
creación de un Destacamento Conjunto de Despliegue Rápido en la base aérea de MacDill,
“asignándole la responsabilidad de las operaciones de combate en el Golfo”. Tres años
después, Ronald Reagan transformó ese Destacamento en el Comando Central.liv
Así, desde la “doctrina” y la “práctica” Carter enteró al mundo y a sus sucesores, que
su país tenía “derecho” al uso de toda medida, incluida la fuerza, para garantizar, sus
“intereses vitales”. Y el acceso y “protección” del petróleo del Oriente Medio encabeza la
lista de esos “intereses”. Como lo supo Zbigniew Brzezinski, el entonces asesor de
seguridad nacional de Carter, aquello fue una réplica de los argumentos y de la práctica de
las fuerzas de despliegue rápido (blitzkrieg) nazi para apoderarse de los recursos naturales
y humanos que codiciaban los monopolios alemanes en Europa y Rusia.
Con Bush –hijo- la receta para Latinoamérica sería un corolario de la Doctrina Carter
conocida como “doctrina de las fronteras flexibles”, que Washington trató de aplicar en
marzo de 2008 por medio de un ataque a la soberanía territorial ecuatoriana realizado
desde Colombia, pocos días antes de la sesión inaugural, en Brasilia, de la Unión de
Naciones Sudamericanas (UNASUR), cuyo fundamento es, precisamente, la defensa
común de la soberanía territorial de los países firmantes. Sin duda, como lo percibe Carlos
Gabetta, la agresión colombiana,
…es una prolongación lógica, un paso más de la estrategia estadounidense
para la región a través del Plan Colombia. La pretensión de imponer la
doctrina de que cualquier país puede incursionar militarmente en otro con
20
la excusa de perseguir insurgentes, supone arrogarse la decisión de cometer
cualquier ilegalidad. Pero como aun así Estados Unidos no podría justificar
su participación en América Latina, es necesario que además los
insurgentes resulten narcotraficantes.lv
La “doctrina” derivada de la operación contra Ecuador es clara: en la guerra contra el
terrorismo o el narcotráfico la “interdependencia en materia de seguridad” estaría por
encima de la soberanía territorial. El planteamiento no es nuevo. Henry Hatch, miembro
del Estado Mayor del Departamento de Defensa en declaraciones hechas durante su visita
a México con motivo de la lectura del Tercer Informe de Gobierno de Salinas de Gortari
expresó que,
…la interdependencia en la seguridad, la economía y el medio ambiente
han cambiado la noción de soberanía nacional, dictando una nueva era de
administración común de los problemas comunes, tanto a México como a
Estados Unidos.lvi
El rechazo de las naciones sudamericanas a lo ocurrido el 1 de marzo no se hizo
esperar: desde la OEA y luego el Grupo de Río se rechazó la agresión “colombiana” al
tiempo que se reafirmó, por medio de UNASUR, la intención de presentar un frente
común ante cualquier amenaza a la integridad territorial y el manejo soberano de los
recursos naturales localizados en las jurisdicciones nacionales sudamericanas. Esta postura
cuestiona, en su raíz, la tendencia histórica de la clase gobernante de EUA de concebir y
usar a América Latina y el Caribe como su reserva estratégica. La “narcotización” de las
operaciones diplomilitares de EUA por medio de la Iniciativa Mérida en México y el Plan
Colombia tiene como objetivo propiciar la ocupación militar en la porción norte y sur de
América Latina. En el sur queda claro que por medio del Plan Colombia, EUA se instala
política y militarmente “en el corazón de lo que los geólogos van detectando como la más
importante cuenca petrolera del mundo, que incluye la enorme reserva venezolana, “con
balcón sobre la Amazonia, la mayor reserva vegetal y acuífera del mundo”.lvii
Además de las cañoneras, (Cuarta Flota, Comando Sur y Comando Norte) el recetario
oligárquico-imperial incluye “libre” comercio y desregulación financiera y de la inversión
extranjera.
Con la excepción de Cuba, desde 1982 se restauran en México y América Latina,
desregulación y librecambismo a ultranza, en medio de creciente corrupción, entreguismo
y más autoritarismo policial y militar. Con el TLCAN se renuncia al desarrollo
retrocediéndose en los frágiles, pero significativos, logros del desarrollo estabilizador. La
21
“compra-venta de México” se realizó en medio de la capitulación por Salinas y Zedillo de
la política exterior y de seguridad. Con Fox y Calderón se combina lo económicoempresarial
con lo policial-militar, según dos diseños de la Casa Blanca: la Alianza para la
Seguridad y la Prosperidad de la América del Norte (ASPAN) y la mencionada Iniciativa
Mérida. La ASPAN comporta una integración profunda (saqueo) de recursos naturales, un
apartheid laboral y la tajante exclusión de población y legislaturas de la “agenda
trinacional”.
Ante el rechazo sudamericano del esquema de integración “hemisférica” auspiciado
por EUA, con México y Colombia como principales “socios” comerciales y militares, el
aparato empresarial y de seguridad de EUA insiste y trata de revivir el Acuerdo de Libre
Comercio de las Américas (ALCA). En el tramo final de su mandato Bush, con apoyo del
Banco Mundial y el BID, intentó ampliar y “legar” pactos y transas empresariales y
policial-militares de ASPAN a América Latina por medio de un engendro dado a conocer
el 24 de Septiembre de 2008 como “Caminos hacia la Prosperidad de las Américas”, que
la Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC) califica como el “Plan B
del ALCA”, es decir, un “refrito” del proyecto imperial enterrado por las naciones
latinoamericanas en Mar del Plata en 2005 y apoyado por Vicente Fox, el exgerente de
Coca Cola que ocupó la presidencia mexicana (2000-2006). Siguiendo los lineamientos
sintetizados por Stoga, como el TLCAN y ASPAN, el Plan B contiene: a) “una agenda y
acuerdos económico-mercantiles y financieros cubiertos bajo los nombres de
competitividad y prosperidad”, y b) “una agenda complementaria de carácter militar y
policial de lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, la migración ilegal, etc., usando el
placebo de la seguridad”.lviii
Bush lanzó la propuesta desde el Consejo de las Américas/Sociedad Americana, con
endosos de presidentes y funcionarios de Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República
Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá y Perú. Desesperados y
decididos a frenar y desactivar coaliciones regionales y de construcción social alternativa
como UNASUR, EUA y sus aliados (auténticos unos y bajo coacción o soborno otros)
promueven el Plan B, el despliegue de la Cuarta Flota, los Comandos Norte y Sur del
Pentágono, con un rosario de bases militares y los dos programas de ocupación territorial
en México y Colombia, sustentados en terrorismo de Estado y ejércitos mercenarios
(outsourcing militar).
Existe concordancia entre la perspectiva empresarial y militar estadounidense en el
sentido de que el acceso y control de los recursos naturales del “hemisferio” resulta asunto
22
crucial, en particular después del desgaste estratégico sufrido en Irak. La “dependencia
estratégica” de EUA encabeza su agenda militar hemisférica tanto por lo que se refiere a
los abastecimientos de petróleo y gas como de los metales y el resto de los minerales, de la
A de aluminio a la Z de zinc.
En un contexto de creciente competencia con otros polos industrializados por esos
recursos naturales Washington recurre a un inusitado fortalecimiento de su marina a nivel
global, dirigido a intensificar su ya de por sí amplia presencia en los puntos clave de las
líneas de comunicación marítimas (LCM) en general, y de las que son fundamentales en
relación al hemisferio occidental como un todo, incluyendo las de América Latina. Una
presencia naval sobre la región como la que ya se experimentó durante el gobierno de
Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial: después de todo, exceptuando el arrastre
terrestre y los oleoductos entre EUA y sus dos vecinos, las crecientes importaciones
petroleras y mineraleslix, tanto de México y Canadá como del resto del mundo que
requiere el funcionamiento del aparato industrial estadounidense se realizan por la vía
marítima. De ahí el ascenso del almirantazgo en el escalafón del Pentágonolx: un indicio
del reforzamiento de su marina, que posee nueve portaaviones nucleares y tres
convencionales, que transportan hasta ochenta aviones o helicópteros y grandes
contingentes de soldados, marinos y pilotos:
Alrededor de estos gigantescos buques gravitan cruceros, destructores,
submarinos a menudo autodirigidos y equipados con misiles. La marina
estadounidense vigila en bases diseminadas en la superficie del globo y
patrulla las principales rutas marítimas. Es la espina dorsal, el torrente
sanguíneo de una nueva clase de imperio. Los barcos transportan a los
aviones, que son los principales proveedores de soldados, material y
provisiones. Tanto en Washington como en el Pentágono, la navy adquirió
recientemente mayor importancia que los ejércitos de tierra y aire.lxi
Leonard G. Gastonlxii indica que desde 1980 el General Alton D. Slay, entonces a
cargo del Comando del Sistemas de la Fuerza Aérea, advirtió al Congreso que no sólo se
presentaban “serios problemas” con la “dependencia de las importaciones petroleras” por
parte de EUA sino con la carencia de al menos cuarenta minerales, “esenciales para una
defensa adecuada y una economía fuerte”. En ese entonces, recordó Alton, EUA
importaba más de la mitad de al menos veinte minerales “esenciales”.lxiii Los estudios del
Naval War College apuntan desde hace tiempo que no sólo en tiempos de guerra o de
crisis y “emergencia nacional” le será necesario a EUA “minimizar” su dependencia de
23
suministros petroleros y minerales localizados “fuera” del hemisferio occidental, sino
también en “tiempos de paz”. Las propuestas planteadas en investigaciones sobre la
“dependencia y vulnerabilidad” que acarrea la importación de materia prima adquirida de
fuentes “fuera del continente americano” y definida como “estratégica y esencial”,
plantean la conveniencia de que las vetas de estos minerales “puedan ser substituidas por
fuentes latinoamericanas, incluyendo el Caribe, América Central y Sur América”lxiv.
Estudios más recientes del Mineral Information Institute ofrecen listados sobre la creciente
falta de autosuficiencia de EUA en materiales prioritarios que debe importar al 100 %,
entre ellos arsénico, columbo, grafito (estratégico), manganeso, mica, estroncio, talantium,
ytrium. EUA también es deficitario al 99% de la bauxita y alúmina; 98% de piedras
preciosas; 95% de diamantes industriales y asbestos; 94% del tungsteno; 91% del grupo de
metales del platino; 84% del estaño; 79% del cobalto; 75% del cromo; 66% del níquel,
etc.lxv A este predicamento de aguda “dependencia estratégica” mineral se agrega, como
ya se indicó, la más crucial de todas: el déficit petrolero y de gas natural.
“De acuerdo con el Departamento de Energía”, dice la versión no-clasificada del
documento United States Command Strategy 2016 presentado por el Comando Sur del
Pentágono,
…tres naciones, Canadá, México y Venezuela, forman parte del grupo de
los cuatro principales suministradores de energía a EUA, los tres
localizados dentro del hemisferio occidental. De acuerdo con la Coalition
for Affordable and Reliable Energy, en las próximas dos décadas EUA
requerirá 31% más producción de petróleo y 62% más de gas natural, y
América Latina se está transformando en un líder mundial energético con
sus vastas reservas petroleras y de producción de gas y petróleo.lxvi
Ciudad Universitaria, México D.F. Enero de 2009.
i La presente es una actualización y ampliación de una reflexión histórico-conceptual preliminar de la
“dependencia estratégica”, en Saxe-Fernández, John, Petróleo y Estrategia, México, Siglo XXI, 1980.
ii Entre sus libros recientes: La Compra-Venta de México, México, Plaza & Janés, 2002; Terror e
Imperio, México, Random House 2006; México. Energía: Situación y Alternativa, México, UNAMCeiich,
en prensa. Es docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y coordina con Víctor Flores
Olea el Programa de Investigación el Mundo en el Siglo XXI del Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM.
iii Una discusión amplia sobre las modificaciones experimentadas en el medio ambiente político
(absolutismo) y la realidad económica en ese periodo es ofrecida por Moore, Barrington, Los Orígenes
sociales de la dictadura y la democracia, Barcelona, Edicions 62, 1973). La economía política clásica
presenta una “síntesis” de una estructura económica, tecnológica y social hecha realidad en la Inglaterra de
la industrialización, cuando ya, por doscientos años se fue disolviendo el orden feudal y cuando, como bien
24
lo plantea Moore, la vida económica, rural y urbana, de los siglos XVI y XVII ocurrió en contrapunto con la
institucionalidad absolutista.
ivLa génesis de la revolución industrial es de una vasta complejidad histórica y geográfica imposible de
abordar en este trabajo. La interrelación de los procesos de urbanización, burocratización e industrialización
son objeto de la vasta bibliografía desarrollada por la ciencia social en los últimos doscientos años. Sólo se
quiere enfatizar que el carbón se utilizó para calentar hogares y espacios de trabajo y para la
transformación química del mineral de hierro en hierro y acero, los fundamentos de la industria.
Deffeyes Kenneth S. Beyond Oil, New York, Hill & Wang, 2005; Bairoch, P., “International
Industrialization Levels from 1750 to 1980”, Journal of European Economic History, 11, 1982.
v Kennedy, Paul, Rise and Fall of Great Power, New York, Random House 1987, p 199 y ss
vi Tampoco se tienen presentes las “externalidades” implicitas a esas modalidades de generación de energía.
Al respecto consultar Saxe-Fernández, John, y Delgado, Gian Carlo, “Engaños contables de los monopolios
de la energía”,
vii Giovanni Arrigí y Beverly J. Silver, Caos y Orden en el Sistema-Mundo Moderno, Madrid, Akal, 2001.
viii Schlesinger, Arthur, Imperial Presidency, New York, Houghton Miffin, 1973; LaFeber, Walter, The
American Search for Opportunity, 1865-1913, New York, Cambridge University Press, 1995; Saxe-
Fernández, John, “México und die imperiale Präsidentschaft der USA” Das Argument, 260,2 (June),
Berlin, pp 169-177
ix Saxe-Fernández, John, Petróleo y Estrategia, México, Siglo XXI, 1980, p 102 y ss
x La literatura sobre esta cuestión es extensa. Desde la perspectiva política, uno de los más adecuados
análisis de la experiencia histórica lo ofrece Neumann, Franz en Behemoth, FCE, 1942; también Gunder
Frank, André World Accumulation 1492-1789, Londres,s McMillan Press, 1978; del mismo autor,
Dependent Accumulation and Underdevelopment, Nueva York, Monthly Review Press, 1978; Magdoff,
Harry The Age of Imperialism, Nueva York, Monthly Review Press, 1969; Dobb, Maurice Estudios sobre
el Desarrollo del Capitallismo, México, Siglo XXI, 1979; Los trabajos de Hobson, Rosa Luxemburgo y
Lenin, entre otros son adecuadamente discutidos por O´Connor, James en “ The Meaning of Economic
Imperialism”, en Rhodes, Robert I (comp) Imperialism and underdevelopment, Nueva York, <Monthly
Review Press, 1970, pp 101-150.
xi Falk, Richard, “How a Nuclear War can Stara in the Middle East”, Bulletin of Concernid American
Scientists, Boston-Washington, Union of Concernid Scientists, April, 1979, citado en Saxe-Fernández John,
“Globalization and Security: The US Imperial Presidency. Global Impacts in Iraq and Mexico”, en Brauch,
H, Oswald U, Mesjasz C, Grin John et al, Globalización and Environmental Challenges, Heildelberg-
Berlin, Springer, 2008, p 378.
xii En esta esfera la dimension de incertidumbre es crucial. Consultar Saxe-Fernández, John, “Incertidumbre
Estratégica”, La Jornada, Febrero 15, 2007. Disponible en http://www.jsaxef.blogspot.com.
xiii Barnet, Richard, The Lean Years, New York, Simon & Schuster, 1980 p 19. Para un excelente estudio
sobre la relación entre guerra y recursos naturales consultar: Klare, Michael T, Resource Wars, New York,
Harcourt College Publishers, 2002. Un desarrollo de esta temática es ofrecida por Saxe-Fernández, John, en
Petróleo y Estrategia, México, Siglo XXI, 1980 y en Saxe-Fernández, John “ Globalization and Security: the
US Imperial Presidency: Global Impacts in Iraq and México”, en Brauch, Hans Günther, Oswald Spring,
Úrsula, Czeslaw Mesjasz, John Grin, et al, Globalization and Environmental Challenges:
reconceptualizing security in the 21st Century, Berlin, Heildelberg, New York, 2008, pp363-378
xiv Klare, Michael T. Rising Powers, Shrinking Planet, New York, Metropolitan 2008.
xv Para una puntual elaboración revisar los análisis de Rapoport, Anatol sobre, On War de Clawsevitz, en
“Editor´s Preface” a Clawsevitz, On War, London, Penguin, 1968.
xvi Fisher, Fritz, Germany´s aims in the First World War, New York, Norton, 1967, p 538.
xvii Consltar, Millward, Alan, La Segunda Guerra Mundial, 1939-1945, Barcelona, Crítica, 1986; Brebler,
Leo y Winklres, Wilhelm The cost of the World war to Germany and to Austria-Hungary, Yale
Univerwity Press, 1940, pp 12-13
xviii Deighton, Len, Blitzkrieg, London, Pimlico, 2007.
xix Ibid, p 26. las cursivas son mías.
xx Deighton, op cit p 69.
xxi Hitler, citado en Weinberg, Gerhard L., The Foreign Policy of Hitler´s Germany: diplomatic
revolution in Europe, 1933-1936, Chicago, University of Chicago Press, 1970 pp 353-354
xxii Eischltz, D. Geschichte der deutschen Kriegswirtschaft, 1939-1945, Vol I, Berlín, 1969, obra citada
por Milward, Allan S, La Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Editorial Crítica, 1986, pp 22-23
xxiii Me he referido a los paralelismos entre la diplomacia de “areas económicas amplias” de la Alemania nazi
y la “Grand Area” desplegada por EUA sobre México y Canadá en el Tratado de Libre Comercio de la
América del Norte, en Saxe-Fernández, John, “La Doctrina de las Áreas Económicas Amplias: su relevancia
25
para México”, en, Delgado, Javier y Villarreal, Diana R, Cambios Territoriales en México: Exploraciones
Recientes, México, UAM-Xochimilco 1991, pp 23-41
xxiv Milward, op cit p 29 y ss
xxv Para una discussion sobre la germanización de la Doctrina Monroe consultar, Neumann, Franz,
Behemoth: Pensamiento y Acción en el Nacional Socialismo,, México, Fondo de Cultura Económica,
1943; Saxe-Fernández, John, “Dependencia Estratégica e Intervencionismo: Lebensraum Hemisférico”, en
Petróleo y Estrategia, op cit pp 148-159..
xxvi Neuman, op cit p 187.
xxvii Citado en Carrol, Berenice, Design for total war: armas and economics in the Third Reich, The
Hague, Mouton, 1968, p 103.
xxviii Shirer, William L. The Rise and Fall of the Third Reich, Londres, Pan Books, 1972, p. 349.
xxix Speer, Albert, Inside the Third Reich, London Sphere Books, 1971, p 432.
xxx Speer, op cit p 544
xxxi Ibid, p 468
xxxii Shirer, op cit, p 1289
xxxiii Citado en RIch, Norman, Hitler´s war aims, Norton, 1974, pp 206-207.
xxxiv Este trabajo se centrará en los instrumentos políticos y militares de cara a la dependencia estratégica.
Pero aquellos de corte económico, manejados por instituciones como el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo son de gran peso: una dimensión que el autor ha
abordado extensamente en Saxe-Fernández, John, La Compra-Venta de México, op cit; Saxe-Fernández,
John y Delgado Ramos, Gian Carlo, Imperialismo y Banco Mundial en América Latina, La Habana,
Marinello, 2004; Saxe-Fernández, John y Delgado Ramos Gian Carlo, El Imperialismo en México: las
operaciones del Banco Mundial en nuestro país, México, Random House, 2005
xxxv Entre otros, consultar Deffeyes, Kenneth, Hubbert¨s Peak, Princeton, Princeton University Press,
2003; Deffeyes, Kenneth, Beyond Oil: the view from Hubbert´s Peak, New York, Hill & Wang, 2005;
Saxe-Fernández, John, “El Terror: Bush, Petróleo y Criminalidad de Estado”, en Saxe-Fernández, John,
Terror e Imperio, México, Random House, 2006, pp297-236.
xxxvi Consultar Blackstock, Paul, The Strategy of Subversion, Chicago, Quadrangle Books, 1964
xxxvii Al respecto consultar el imprescindible estudio de, Kolko, Joyce y Gabriel, The Limits of Power: The
World and United States Foreign Policy, 1945-1954, New York, Harper & Row, 1972
xxxviii Para un estudio extenso de la relación entre la intervención bajo auspicios del anticomunismo y el
control empresarial estadounidense sobre vastos yacimientos de recursos en la periferia capitalista, consultar
Barnet, Richard, Intervention and Revolution: America´s confrontation with insurgent movements
around the World, New York, Simon & Schuster,a 1968.
xxxix Detalles en Foreign relations of the United D¿Status, Documentos oficiales del Senado, “memorando
Kennan”.
xl Además del Bureau of Mines del Departamento del Interior , Washington D.C., consultar revistas
especialisadas como Mining Engineering
xli Bateman, Alan M. “America´s stake in World mineral resources”, Mining Engineering, Julio de 1959, p.
25.
xlii Falk op ci.
xliii Citado por Falk, Richard, “Iran and American geopolitics in the gulf”, Race & Class, Vol XXI, N. 2,
verano de 1979, pp 41 y ss. Las cursivas son mías. Consúltese también, Selser, Gregorio, “De cómo la CIA
derrocó a Mossadegh y devolvió el trono al Sha Reza Pahlevi I”, El Día, 9 de diciembre de 1979, p 11; “De
cómo la CIA derrocó a Mossadegh y devolvió el trono al sha Reza Pahlevi.II”, El Día, 16 de diciembre de
1979, p8.
xliv Blackstock, op cit, pp 50-51. Consúltese también Saxe-Fernández, John “La Contra-Reforma
hemisférica”, Trimestre Político, año 1, N. 3 Enero-Marzo de 1976, pp 48-64 y del mismo autor, De la
Seguridad Nacional, México, Grijalbo, 1976.
xlv Como se ejemplifica en Saxe-Fernández, John, La Compra-Venta de México, México, Plaza & Janés,
2002; y en Saxe-Fernández, John y Delgado Ramos, Giancarlo, El Imperialismo en México, México,
Random House, 2005
xlvi Para una análisis del CFR consultar Saxe-Fernández, John, Terror e Imperio, op cit, nota 11, p.277
xlvii Ver Saxe-Fernández J. “Mexamérica: la dialéctica entre la macro y microrregionalización”, en Saxe-
Fernández, John y Petras, James, compiladores, Globalización, Imperialismo y Clase Social, Buenos
Aires-México, Lúmen, 2001, pp 305-331; González Casanova, Pablo, Globalidad, neoliberalismo y
democracia”, México, Ceiich/UNAM 1995; Cox. Robert, “Global Perestroika”, en Milliband R y Panith L.
compiladores, New World Order? Socialist Register 1992, London, Merlin Press, 1992 pp 26-43.
26
xlviii Consúltese Saxe-Fernández, John, Proyecciones Hemisféricas de la Pax Americana, Buenos Aires,
Amorrortu Editores, 1975
xlix Klare, Michael, Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America´s Growing Dependence
on Imported Petroleum, New York, Metropolitan, 2004; un primer borrador de trabajo bien documentado
lo ofrece Cordesman,Anthony H. US and Global Dependence on Middle Eastern Energy Exports: 2004-
2030. Washington, Center for Strategic and Internacional Studies, November 23, 2004.
l Stoga, Alan, citado en Saxe-Fernández, John, “Aspectos Estratégico-Militares inmersos en el Proyecto de
Integración de América del Norte”, en Ortiz Wadgymar, Arturo, compilador, La Integración Comercial de
México a Estados Unidos y Canadá, México, Siglo XXI, 1990 p 84.
li Carter, James, State of the Union Address, January 23, 1980, disponible en http://www.jimmycarterlibraqry.org
Al respecto consultar, Klare, Michael T., Rising Powers, Shrinking Planet, New York, Metropolitan, 2008
lii Carter, Jimmy, ibidem.
liii Klare, Rising Powers… op cit p 149.
liv Klare, Michael, Sangre y Petróleo: peligros y consecuencias de la dependencia del petróleo;
Barcelona, Urano 2006 p 23.
lv Gabetta, Carlos “Plan Colombia e Integración Regional”, Le Monde Diplomatique, Abril, 2008 p 3.
lvi Hatch, Henry, citado en Saxe-Fernández, John, “La Doctrina de las Áreas Económicas Amplias…”, op cit
p 31
lvii Gabetta, ibidem
lviii Documentos y detalles en rmalc@prodigy.net.mx.
lix En 1981 ya el orden de magnitud de la dependencia y vulnerabilidad de EUA de las importaciones
minerals era grande como se indica en, A Congressional Handbook on US Minerals
Dependency/Vulnerability, a Report to the Subcomité on Economic Stabilization of the House
Committee on Bankin, Finance, and Urban Affairs, Congressional Research Service, Library of
Congreso, Washington D.C., US Government Printing Office, 1981, citado por Leonard Gastón-ver
siguiente nota.
lx Como informa Arno J. Mayer, (ver siguiente nota), el almirante Mike Mullen es el jefe del Estado Mayor
Conjunto de las Fuerzas Armadas; el almirante Eric Y Olson dirige el Comando de Operaciones Espaciales,
que planifica y coordina las operaciones secretas antiterroristas en el mundo; el almirante William J. Falton
dirige el Comando Central, que protege los intereses estadounidenses en una zona que abarca más de treinta
países, desde el Cabo de Hornos hasta Asia meridional, desde el Golfo y la Península Arábiga, hasta Asia
central- A este listado debe agregarse que tanto el Comando Sur como el Comando Norte están al mando de
almirantes.
lxi Mayer, Arno J. “Permanencia del Imperio Americano”, Le Monde Diplomatique, Septiembre 2004, p.12
lxii Gaston, Leonard G. “Mineral Import Dependency: Does it Matter?”, Air University Review, November-
December 1983. http://www.airepower.maxwell.af.mil/airchroniclesaureview1983/Nov-Dec/gaston.html
lxiii Algunos detalles y tablas oficiales de esa dependencia de minerales en la década de los 70 del siglo
pasado es ofrecida por Saxe-Fernández, John, De la Seguridad Nacional, México, Grijalbo, 1977
lxiv Naval War Collage, New Port, Center for Naval Warfare: US Strategic and Critical Materials
Imports: Dependency and Vulnerability. The Latin American Alternative, Report Date: 31 May, 1989.
lxv Además depende de importaciones del 88% de flúor; 86% de tántalo; 82% de barita; 79% de barita: 74%
de potasio; 65% de piedra dimensionada; 62% de antimonio; 58% de iodina; 50% de cadmio, todos
“esenciales y estratégicos”. Fuente: Minerals Imported by the United Status, Mineral Information
Institute, Denver, Colorado, 1996.
lxvi Department of Defense. United States Souther Command, Command Strategy 2016, unclassified.sd,
Washington DC, March 2007. http://www.us southcom command strategy 2016. Las negritas son mías.

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