Ensayos sobre nazismo,Holocausto, Hannah Arendt , etc.

Este material contiene , en concreto, un artículo en el que se hace referencia a Hannah Arendt y su libro Los orígenes del totalitarismo.

En principio, lo utilizo como material para preparar clases de segundo de bachillerato( en Historia de la Filosofía), pero realmente es un tema cuya investigación me parece imprescindible para entender el mundo en el que vivimos

muse1
Nuestra Memoria
Año XI · Nº 26 · Diciembre de 2005
Coordinación Editorial
Lic. Sima Weingarten
Prof. Abraham Zylberman
Consejo Editorial
Lic. Patricio Brodsky
Dr. Mario Feferbaum
Prof. Abraham Huberman
Prof. Graciela Jinich
Lic. Sima Weingarten
Prof. Abraham Zylberman
Consejo Académico
Dra. Graciela Ben Dror
Dr. Yossi Goldstein
Prof. Avraham Milgram
Dr. Daniel Rafecas
Dr. Leonardo Senkman
Colaboración
Julia Juhasz
Estela Kuschnir
Producción
Lic. Claudio Gustavo Goldman
Adrián Royffer
Diseño e impresión
Marcelo Kohan
ISSN 1667-7382
«Nuestra Memoria» es una publicación de la Fundación
Memoria del Holocausto. Las colaboraciones
firmadas expresan la opinión de sus autores,
declinando la institución toda responsabilidad sobre
los conceptos y/o contenidos de los mismos. Permitida
su reproducción citando la fuente.
Se imprimieron 3.000 ejemplares de esta
edición.
Imágenes de tapa: Las maletas descubiertas
después de la liberación. Una carta de
despedida de la familia, sacada de contrabando
del campo, escrita en secreto por un
polaco condenado a fusilamiento.
De Auschwitz-Birkenau – Residencia de la
muerte. Museo Estatal Auschwitz. Bialy Kruk.
Nuestra Memoria
Esta publicación ha sido
posible gracias al apoyo del
doctor Mario Feferbaum

Sumario
7 No a los genocidios, sí a la vida
Dr. Mario Feferbaum
9 El deber de memoria
Lic. Sima Weingarten
13 Prueba, memoria y olvido
Dr. Carlo Ginzburg
27 La Segunda Guerra Mundial, Shoá y genocidio
Dr. Yehuda Bauer
37 La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del
Ministerio de Propaganda nazi
Dr. Jeffrey Herf
73 La perduración de la judeofobia. Negacionismo y antisionismo
Lic. Patricio Brodsky
97 Situando la maldad nazi. Las contrastantes miradas de Gershom
Scholem, Hannah Arendt y Victor Klemperer
Prof. Steven A. Aschheim
113 Reflexiones sobre el Vaticano, los judíos y América Latina durante la
Segunda Guerra Mundial
Prof. Avraham Milgram
127 Las comunidades sefaradíes y el Holocausto
Dr. Abraham Haim
137 Los romaníes y el Holocausto. Una nueva perspectiva
Dr. Ian Hancock
155 La “Noche de los Cristales”: cerrando el cerco…
Prof. Abraham Zylberman
161 Viena o los dilemas del pasado. Imágenes de una compleja
realidad citadina
Dr. Pedro Germán Cavallero
167 Resistir: el caso de Geneviève de Gaulle Anthonioz
Lic. María Gabriela Vasquez
175 Las víctimas del Holocausto honradas por las Naciones Unidas
Embajador José R. Sanchís Muñoz
181 Efectos persistentes de los traumas sociales en las nuevas
generaciones. Cambios en la imagen ética del hombre
Dr. Moisés Kijak
197 Psicología del racismo y el Holocausto
Dr. José Itzigsohn
205 Los cuatro profetas del Apocalipsis
Dr. Arnoldo Liberman
Testimonial
217 “Janek, el partisano”… Mi padre
Arq. Miguel Sztul
Documentación y reseñas bibliográficas
251 La destrucción de los judíos europeos de Raul Hilberg
Dr. Daniel Rafecas. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
258 Memoria, voces de sabiduría y esperanza
Historias de sobrevivientes de la Shoá en Argentina.
Arq. Andrea Poretti. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
263 …Y elegirás la vida de Adriana Schettini
Lic. Eduardo Alberto Chernizki. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
266 Oswald Menghin: ciencia y nazismo. El antisemitismo como
imperativo moral de Marcelino Fontan.
Lic. Eduardo Alberto Chernizki. RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
269 Biblioteca y Centro de Documentación del Museo del Holocausto-Shoá
Institucionales
273 La noche de los museos. Susana Rochwerger
274 El Museo del Holocausto en la International Task Force-ITF.
Prof. Graciela N. de Jinich
275 Seminarios de capacitación en Israel y los Estados Unidos.
Julia Juhasz Heymann
275 Eventos educativos (Julio-Diciembre 2005). Prof. Nejama Schneid
* Discurso pronunciado en ocasión del acto público homónimo realizado el 2 de noviembre
de 2005, en el Centro Cultural San Martín, por la Fundación Memoria del Holocausto-Museo
de la Shoá, la Asociación Cristiana de Jóvenes, el Consejo Nacional Armenio de Sudamérica,
el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Embajada de Austria.
No a los genocidios,
sí a la vida*
Dr. Mario
Feferbaum
Presidente de la
Fundación Memoria
del Holocausto-
Museo de la Shoá,
de Buenos Aires.
El 25 de enero de este año, el presidente de la Junta Directiva del Congreso Judío
Mundial, en un acto público en el Deutschen Theater de Berlín, en una velada
conmemorativa del sexagésimo aniversario de la liberación del campo de la
muerte denominado “Auschwitz”, reflexionaba que la memoria del Holocausto
está encerrada y aislada. Se trata de una suerte de ghetto para que los judíos lo
recuerden con sus amigos, acompañados de políticos que vienen y hacen uso de
la palabra. Es menester –señalaba entre otros conceptos– que todos nosotros nos
volvamos estudiantes.
En el caso de la Argentina es poco y nada lo que se sabe, por la sencilla razón
que esta temática no está incorporada a la educación común.
Es urgente educar al educador e ir corriendo el velo para describir esa ideología
mimetizada en nuestro medio. Nada se comenta respecto de la conducta
de ciertos dirigentes que –durante y después de la Segunda Guerra– difundían
el nazi-fascismo, llegando al extremo de identificar a los judíos que habitaban
nuestro suelo con la estrella de David en las cédulas de identidad. Además, se
les prohibía el acceso al país, antes, durante y después de la guerra.
Esto significó asesinarlos por el sólo hecho de ser judíos. Recordemos el caso
de los mil niños que los nazis autorizaron a venir a la Argentina y que un decreto
legitimó, pero que –con trucos administrativos de la autoridad de ese entonces–
terminaron asesinados en campos de exterminio.
Aquí se prohibió el ídish, se cerraron escuelas judías, al igual que diarios comunitarios,
y se canceló la faena kosher en mataderos municipales. Todo esto
está estudiado y escrito por historiadores de nota, pero silenciado para el gran
público.
No se estudia el régimen legal del nazismo, ni la estrecha colaboración intelectual
y científica de talentosos profesionales de distintas especialidades con
esa lacra humana. Ello incluye la maquinaria mediática, que sometió a pueblos
enteros y aún hoy se lleva a cabo de tal manera que devienen indiferentes matanzas
y genocidios que se siguen practicando. Más aún: en el presente, un fanático
político iraní proclama –con impunidad e indiferencia– el genocidio de
los habitantes de Israel.
Como señaló Marcelo Polakoff: “Para que el terror se adueñe de la escena,
hace falta alguien dispuesto a llevarlo a cabo”. Pero ello no alcanza. Se necesita
imperiosamente de la complicidad de aquellos que pueden evitarlo y nada
hacen porque lo que se requiere para que la maldad triunfe, es que la gente
común nada haga.
Agradecemos la constancia, la fuerza y el ejemplo de los sobrevivientes del
Holocausto, que testimonian con toda la energía que les queda lo pavoroso que
tuvieron que soportar y presenciar.
8 / Nuestra Memoria
Lic. Sima El deber de memoria
Weingarten
Secretaria general del
Museo del Holocausto-
Shoá de Buenos Aires.
Asistimos en la actualidad a críticas que alertan sobre una supuesta banalización
y ritualización de la memoria de la Shoá. Se dice que la erección de memoriales,
la construcción de museos y en general la tarea de preservación de la
memoria de la Shoá en cualquiera de sus formas –artística, literaria, arquitectónica,
conmemorativa– corren el riesgo de devenir en meras formas vacías de
todo contenido, destinadas al goce de un acto de recordación sin mayor trascendencia
socio-histórica. Y lo que es peor aún: al uso de la memoria como
mero ritual sin eficacia, que tiende a diluir los verdaderos actos de homenaje y
recordación en dispositivos banales, casi burocráticos, destinados quizás, a
lavar las “buenas conciencias” y a la construcción de un aparato de funcionarios
que obtienen beneficios de tales prácticas.
Por el contrario, nosotros pensamos que los actos que preservan la memoria,
al garantizar la transmisión, resultan un reaseguro contra el olvido y la repetición.
Recordar es abrir la posibilidad de evitar la reiteración de hechos históricos,
y además, todo acto de memoria –más a menos logrado, mejor o peor planteado–
es ya un acto ético que no es sin consecuencias. Recordar es asegurar la
información y obligar a inscribir los hechos acontecidos en el marco histórico
de esa época y a la vez, de nuestro tiempo actual.
El principal peligro reside pues, en el desconocimiento y la falta de información,
que imposibilita la conciencia crítica y desmiente en acto lo acontecido,
dado que sumen a las nuevas generaciones en la ignorancia. Preferimos todo
acto de memoria a la negación por falta de conocimiento. Obviamente aspiramos
a una memoria crítica, con ideología, no banal ni frívola, con profundidad
conceptual.
Abundan al respecto los ejemplos: Yad Vashem, el Centro de Documentación
Judía de París, el Museo de la Herencia Judía, en Nueva York, y cientos de centros,
memoriales e instituciones esparcidas por todo el mundo. Los que se resisten
a la memoria, alegando que ésta puede devenir en un refugio plañidero y
masoquista al servicio de la victimización, y a favor de algunos ejemplos desa10
/ Nuestra Memoria
fortunados, lo que persiguen es inhibir y paralizar el trabajo con la memoria
para finalmente abandonar los hechos históricos a su lento e inexorable olvido.
Prefieren diluir la Shoá en la serie de acontecimientos históricos-universales,
privándola de su extrema trascendencia y singularidad. Finalmente no persiguen
sino el que nos aboquemos a otras prácticas políticas y a otras convocatorias
históricas, para que la causa que nos convoca pierda así su perfil, especificidad
y proyección judía.
Sostenemos que la memoria es ya un acto de extrema trascendencia ética, y
que recordar supone movilizar categorías conceptuales e ideológicas, más allá
del valor formal o del uso contingente que se pueda eventualmente hacer de
este acto.
El problema más grave que nos aqueja en la actualidad es el olvido y la desinformación,
base del negacionismo, tanto más en cuanto nos distanciamos en el
tiempo y una generación de sobrevivientes-testigos, va desapareciendo
El deber de memoria se nos impone como un mandato ético irrenunciable,
dado que no sólo es una obligación que nos liga a las víctimas del pueblo
judío, sino que fortalece la conciencia política e ideológica destinada a evitar
reiteraciones nefastas, de graves peligros que continúan aún vigentes, tal
como lo evidencian, el antisemitismo y el antisionismo fundamentalista, que
finalmente coincide con los objetivos de destrucción del pueblo judío, su espíritu
y sus valores.
Cuando la crítica hacia los que nos hallamos comprometidos en sostener la
memoria y la transmisión proviene de judíos, no podemos dejar de pensar que
es una forma encubierta del autoodio, aun más cuando pensadores, intelectuales,
estudiosos, y profesionales no-judíos muestran un creciente compromiso
con la causa que moviliza la Shoá. Recordemos que esta tarea de rescatar
la memoria pone en acto el mayor compromiso moral por los derechos humanos,
la libertad, el pluralismo cultural, la igualdad de las minorías y los valores
democráticos.
Además, creemos que resulta falsa la oposición entre la historia –entendida
como la práctica teórica de un saber riguroso– y el deber de memoria, al que se
la confina al lugar de una práctica menor.
Las prácticas museísticas, comprometidas en transmitir la Shoá son formas
privilegiadas de poner en acto la memoria, facilitando su transmisión. El deber
de memoria se sostiene en un trabajo serio, histórico y testimonial, que afirma
el valor de la verdad, ya sea en forma directa o mediada, tal como se observa en
la gran cantidad de espacios culturales, publicaciones, obras de arte, investigaciones
que aparecen constantemente, y de las cuales el Museo del Holocauso-
Shoá y Nuestra Memoria son una muestra incontrovertible.
Por otro lado los que descreen del deber de memoria casualmente sostienen
la no singularidad de la Shoá, en el marco de un humanismo genérico de tinte
asimilacionista, y persiguen, de este modo, conciente o inconcientemente, la
desvalorización del espíritu judío.
La desinformación, la falta de conciencia y el desconocimiento de los hechos
históricos que conforman el período más trágico y doloroso de nuestro pueblo,
suele ser el suelo fecundo sobre el cual trabajan los epígonos del nazismo y los
fundamentalistas, a quienes les conviene la más efectiva forma de complicidad
de las mayorías: la ignorancia y el olvido.
El deber de memoria / 11

* Traducción del francés: Julia Juhasz.
1 Agradezco a Pier Cesare Bori, Saul Friedländer, Stefano Levi della Torre, Emanuela Fronza
y Andrea Lollini por sus sugerencias y a Martine van Geertruyden por su revisión de mi
texto, que corresponde, a excepción de algunos pequeños cambios, a lo que he leído en Bruselas
en el Coloquio sobre Negacionismo, en noviembre de 1998. Este artículo ha sido publicado,
en alemán, como: “Beweis, Gedächtnis, Vergessen”, en Memory, Nº 30, 2002.
(Werkstatt Geschichte), pp. 50-60.
2 Levi, Primo. Les naufragés et les rescapés. Paris, 1989, pág. 11. Traducción al francés: A.
Maugé.
Dr. Carlo Prueba, memoria y olvido*
Ginzburg1
Profesor de Historia
Europea. Universidad
de Los Angeles,
California (UCLA).
I
Al comienzo de su libro Los hundidos y los salvados, Primo Levi recuerda la angustiante
duda que obsesionaba a los sobrevivientes de Auschwitz: el no ser creídos.
Esta incertidumbre se hacía eco de los desafíos lanzados por algunos oficiales
de las SS que fueron recopilados por Simon Wiesenthal, entre otros.
Primo Levi lo formuló así:
De cualquier manera que esta guerra termine, ya la hemos ganado:
ninguno de ustedes quedará para dar testimonio, y aun si algunos sobreviven,
el mundo no les creerá. Quizás habrá sospechas, discusiones, investigaciones
de historiadores, pero no habrá certezas porque destruiremos
las pruebas, al igual que a ustedes. Y si acaso alguna prueba o alguno
de ustedes sobrevive, todo el mundo dirá que los acontecimientos
que cuentan son demasiado monstruosos como para que los pueda creer.
Se dirá que se trata de exageraciones de la propaganda de los Aliados.
Se nos creerá a quienes negaremos todo, no a ustedes. Seremos nosotros
quienes dicten la historia de los campos.2
Los hundidos y los salvados apareció en el 1986. Al año siguiente, Primo Levi
se suicidaría sin dejar explicaciones. Me abstendré de hacer conjeturas frívolas
14 / Nuestra Memoria
3 Levi, Primo. I sommersi e i salvati. Torino, 1986, pág. 4.
4 Vidal-Naquet, Pierre. Les assassins de la mémoire. Paris, 1987, pp. 11-92.
5 Vidal-Naquet, Pierre. Réflexions sur le génocide. Les Juifs, la mémoire et le présent. Vol. III.
Paris, 1995, pp. 271-291.
6 Aristóteles. La métaphysique. Vol. I. Paris, 1953, pág. 197 (1006 a). Nueva edición: J. Tricot.
Citado en Agamben, Giorgio. Quello che resta di Auschwitz. L’archivio e il testimone. Torino,
1998, pág. 58.
sobre esto, aun cuando es imposible impedir pensar que los últimos años de su
existencia coincidieron con el despliegue del discurso negacionista. Pero también
debe recordarse la observación que Primo Levi hizo, con su habitual sobriedad,
para comentar el texto antes citado: “Felizmente, las cosas no sucedieron
de acuerdo a los temores de las víctimas y las esperanzas de los nazis”.3
La tentativa de los nazis de borrar o destruir las huellas del genocidio ha fracasado:
dejaron tras de sí testigos y pruebas apabullantes de sus crímenes. El
propósito de quienes, haciéndose eco del feroz desafío de los SS, han tratado de
deshacerse de unos y otros fue analizado y refutado por Pierre Vidal-Naquet en
un ensayo que ha hecho historia.4
Reconozco que mi primera reacción al leerlo, en el momento de su aparición
en Esprit, se vio marcada por una mezcla de repugnancia y perplejidad. ¿Era
verdaderamente necesaria tan detallada refutación? Pero antes de terminar la
lectura comprendí que estaba rotundamente equivocado: hacía falta un gran coraje,
moral, político e intelectual, para inclinarse por escribir acerca de las controversias
(y las indecencias) de los negacionistas. Fue Pierre Vidal-Naquet
quien tuvo tal coraje, y nos ha dado una verdadera lección de método, en el sentido
más amplio de la palabra. La reflexión histórica, aun nutrida por la execración
moral, debe ser destacada. Un objetivo difícil de alcanzar.
Raul Hilberg –es Vidal-Naquet quien nuevamente lo evoca– ha escrito que los
negacionistas han presionado algunas veces a los historiadores de la Shoá a dar
pruebas más detalladas de sus afirmaciones.5
Las abyectas controversias habrían, pues, contribuido –indirectamente y sin
quererlo– al progreso del conocimiento histórico. Este es un caso ejemplar de lo
que se llama “la heterogénesis de los fines”. Pero esto, evidentemente, posee límites.
Un escepticismo radical que –de buena o mala fe– pone en duda toda afirmación
y toda prueba se compromete con una regresión sin límites que es, por
definición, ajena al debate científico. Se piensa en la observación realizada por
Aristóteles en su Metafísica: “Es absolutamente imposible demostrarlo todo: se
llegaría hasta el infinito, de tal manera que, aun así, no habría demostración”.6
Aristóteles hacía alusión al principio de contradicción. La existencia de la
Shoá y las cámaras de gas no son principios, sino hechos que han sido probados
de manera definitiva. En el dominio de la investigación –incluida la histórica–
la palabra “definitiva” tiene un sentido preciso: el peso de la prueba; el
Prueba, memoria y olvido / 15
7 Milner, Jean Claude. Ordre et raisons de langue. Paris, 1982, pp. 318-328. Citado en Vidal-
Naquet, Pierre. Oublier nos crimes? L’amnésie nationale: une spécificité française? Paris,
1994, pág. 222. Dirigido por D. Nicolaïdis.
8 Vidal-Naquet, P. Réflexions…, op. cit.
9 Ginzburg, Carlo. “Just one witness”, en Friedländer, Saul. Probing the limits of representation.
Nazism and the “Final Solution”. Cambridge, 1992, pp. 82-96 y 350-355.
onus probandi es, de allí en más, transferido a los contradictores. Para apelar a
un ejemplo clásico, no es la existencia de Napoleón lo que es necesario probar,
sino lo contrario.7 Si alguien, por motivos repugnantes o simple locura, afirma
que las cámaras de gas jamás han existido, es a él, o ella, a quien le corresponde
probarlo.
Se habrá comprendido: estoy entre aquellos que piensan que la discusión
acerca de la existencia de la Shoá no debería ser prohibida porque la verdad histórica
jamás debe transformarse en verdad oficial.8 Toda contribución científica
–incluidas las así llamadas “definitivas”– es, por definición, inacabada y falsificable.
Este es uno de los significados de la antigua máxima “Ars longa, vita
brevis”.
II
Se puede aceptar, con Hilberg, que el negacionismo ha contribuido, de manera
indirecta, a precisar los elementos fácticos más o menos importantes. Pero son
sobre todo los filósofos quienes percibieron al negacionismo como un verdadero
desafío intelectual. Hace algunos años, Hayden White, autor de varias
obras muy conocidas acerca de la Teoría de la Historia, declaró que los propósitos
de los negacionistas –que sostenía como aborrecibles desde los puntos de
vista político y moral– no podían ser considerados “contraverdades” dada la
imposibilidad de trazar un límite riguroso entre las narraciones falsas o ficticias
y las verdaderas.9
Se podría reconocer fácilmente en esta actitud el rechazo radical al positivismo,
que inspira desde hace algunos decenios a los investigadores –sobre todo,
norteamericanos– tanto en el campo de las ciencias humanas como en el de la
literatura. Si todo es –en última instancia– una narración, y toda narración
puede ser juzgada como falsa o verdadera –o si se prefiere, “verdadera”–, el
único criterio para triar entre diferentes relatos está dado por su respectiva eficacia.
No puedo analizar aquí las raíces profundas de esta actitud escéptica tan
difundida hoy en día, basada en una noción de retórica que no solamente ignora
la idea de prueba, sino que se opone a ella. Una retórica que no se ubica bajo
el signo de Aristóteles, sino el de Nietzsche.
Desearía solamente observar que la respuesta escéptica con respecto a la negación
del genocidio suscitó un cierto malestar en los medios académicos nor16
/ Nuestra Memoria
10 Levi, P. I sommersi…, op. cit., pág. 64.
11 Agamben, G. Quello…, op. cit., pp. 140-141.
12 Ibíd., pág. 147.
13 Ibíd., pág. 153. El destacado es propio.
teamericanos: se tuvo la impresión que un límite había sido franqueado y que
no se podía encontrar la paz en la partición –en el fondo tan cómoda– entre el
rechazo a los propósitos negacionistas a nivel político y moral y –en conclusión–
su no admisión a nivel intelectual. No eran los enunciados negacionistas
los que perturbaban, sino –más bien– la debilidad de algunas respuestas a ellos.
Durante los últimos años nos hemos cuestionado varias veces a este respecto.
Pienso en el coloquio de Los Angeles organizado por Saul Friedländer con el
título “Tanteando los límites de la representación”, pero también en los numerosos
encuentros que tuvieron lugar, desde Chicago a Berlín, sobre la noción de
la prueba. Estos son pequeños síntomas que podrían anunciar un cambio de
clima intelectual.
Un libro que acaba de aparecer, Quello che resta di Auschwitz (Lo que queda
de Auschwitz), del filósofo italiano Giorgio Agamben, muestra de una manera
muy nítida lo que se pone en juego en estas discusiones. Agamben parte de una
observación de Primo Levi acerca de los “musulmanes”, los prisioneros de los
campos que eran insensibles a todo, ya cercanos a la muerte. Esos “hundidos”,
aquellos que “no tuvieron la posibilidad de brindar su testimonio”, son –según
Levi– los “testigos integrales”.10
Agamben, quien definió esta afirmación como “la paradoja de Levi”, la comenta
formulando dos proposiciones formalmente contradictorias: “1) el musulmán
es el no-hombre, quien jamás podrá testimoniar; 2) aquél que no puede
testimoniar es el verdadero testigo, el testigo absoluto”.11
Esta interpretación implica una deformación considerable del pensamiento
de Primo Levi. El “testigo absoluto” de Agamben no se corresponde con el “testigo
integral” de Levi, estando la noción del “absoluto” tan alejada cuanto le es
posible del espíritu de este último.
Pero la metamorfosis de “testigo integral” a “testigo absoluto” relaciona al
“musulmán” de Auschwitz con una aproximación a un lenguaje profundamente
marcado por el pensamiento de Heidegger, de quien Agamben fue alumno.
“La autoridad del testigo –dijo Agamben– no está ligada a una verdad factual,
a la conformidad entre dichos y hechos, entre memoria y acontecimientos.”
Se relaciona con cualquier cosa que “es intrínseca al lenguaje como tal”,
“a la relación inmemorial entre lo que se puede decir y lo que no, entre lo externo
y lo interno del lenguaje”.12 De ahí la conclusión de Agamben: “Al definir
el testimonio únicamente a través del ‘musulmán’, la paradoja de Levi contiene
la única refutación posible de todo argumento negacionista”.13
Prueba, memoria y olvido / 17
14 Levi, Primo. Il sistema periodico. Torino, 1975, pág. 229.
Dicho de otra manera, sería únicamente a través de una característica intrínseca
del lenguaje –el testimonio– que se podrían refutar los “argumentos” (o
seudo tales) de los negacionistas.
Pero el lenguaje puede expresar tanto la verdad como la mentira. Una refutación
sacada de la naturaleza intrínseca del lenguaje jamás podrá refutar la mentira
del negacionismo.
Tal como lo he resaltado anteriormente, la aproximación de Agamben –sin
dejar de adjudicarse el pensamiento de Primo Levi– nada tiene en común con
éste. Primo Levi, lejos de definir “el testimonio únicamente a través del ‘musulmán’”,
afirma –por el contrario– que son las excepciones (los “salvados”)
quienes testimonian por la norma (los “hundidos”, los “musulmanes”). Se trata,
pues, de un testimonio parcial, imperfecto.
Incluso Primo Levi –quien decía de sí mismo: “mi voz es débil, y aun un poco
profana”– lo sabía mejor que nadie.14 Pero estaba convencido de que entre el
lenguaje y aquello que –a falta de algo mejor– debe llamarse “realidad” hay una
analogía: el lenguaje puede hablar de la realidad.
Esta convicción no es compartida por la tradición filosófica a la cual se vincula
Giorgio Agamben. El temor, desde el costado referencial del lenguaje, le ha dictado
esta propuesta sorprendente: que la refutación de los argumentos de los negacionistas
puede desarrollarse únicamente dentro del dominio lingüístico. Su
definición del testigo –que “no está ligado a una verdad factual, a la conformidad
entre dichos y hechos, entre memoria y acontecimientos”– permite a los negacionistas
el dominio de la “verdad factual”, tanto como el de la “conformidad entre
dichos y hechos, entre memoria y acontecimientos”. Conclusión irrisoria, y sin
embargo, resultado inevitable a causa del movimiento que la precedió.
III
El desafío lanzado por el genocidio nazi a nuestras categorías analíticas y a
nuestras capacidades de comprensión ha sido resaltado varias veces. No es
nueva la incapacidad de pensar en Auschwitz de una manera adecuada. Lo que
sí es nuevo es la utilización de Auschwitz como pretexto en una reflexión que
conduce a otra parte.
Se trata, a mi criterio, de un índice de la presencia debilitada de la Shoá –a
pesar del ruido mediático, y posiblemente a causa de él– en el mundo de hoy en
día. Esta “presencia debilitada” no es del todo resultado del negacionismo; por
el contrario, es el negacionismo en sí mismo al cual es necesario –si no se le quiere
dar una importancia que no merece– reemplazar en un contexto más amplio.
He evocado la palabra “memoria”. “La historia completa del Reich milenario
18 / Nuestra Memoria
15 Levi, P. I sommersi…, op. cit. Citado en Todorov, Tzvetan. Les abus de la mémoire. Paris,
1995, pág. 10.
16 Halbwachs, Maurice. Les cadres sociaux de la mémoire. Paris, 1925. Nueva edición: 1952.
17 Marianne und Germania, 1789-1889. Berlin, 1996. Catálogo editado por M.-L. von Plessen;
Warner, M. Monuments and maidens. The allegory of the female form. London, 1985; Schade,
S.; Wagner, M.; Weigel, S. (Hg.) Allegorien und geschlechterdifferenz. Köln, 1994; Ginzburg,
C. “Shared memories, private recollections”, en History & memory, Nº 9. Passing into History:
Nazism and the Holocaust beyond memory. In honor of Saul Friedländer on his sixty-fifth
birthday. Fall 1997, pp. 353-363.
18 Renan, Ernest. “Qu’est-ce qu’une nation?”, en Oeuvres complètes. Vol. I. Paris, 1947, pp. 887-
906, en especial pág. 892. Edición: H. Psichari.
puede ser releída como una guerra contra la memoria”, escribió Primo Levi.15 La
derrota póstuma de los nazis en un dominio en el cual se jugaba la relación entre
pasado y futuro explica por qué sus tardíos secuaces se encarnizaron en desvalorizar,
con diversas motivaciones, los testimonios de los sobrevivientes de los
campos, tanto víctimas como verdugos. Inversamente, todos aquellos que trataban
de comprender la Shoá tuvieron la sensación de que algo irreemplazable iría
a desvanecerse con la desaparición, ya consumada o futura, de estos individuos.
Por ello los múltiples esfuerzos para recoger sus recuerdos directos o indirectos.
Todo esto ha reactivado la reflexión sobre las relaciones entre historia y memoria,
que fuera iniciada en 1925 por Maurice Halbawchs, el gran sociólogo asesinado
en Buchenwald, en 1945. En su libro Los marcos sociales de la memoria,
Halbawchs presenta hasta qué punto la memoria individual es penetrada
por elementos colectivos, sociales.16 Esta aproximación invertía de una manera
casi paradojal la representación tradicional de las entidades colectivas –en primerísimo
lugar, los Estados nacionales– bajo una forma individual, antropomorfa,
normalmente –por razones que no puedo abordar aquí– femenina.
Las imágenes de Mariana, Germania, Italia exhibidas en los parlamentos y los
tribunales, en estampillas postales y caricaturas han contribuido poderosamente
a la idea de una memoria que será compartida por todos los miembros de la
comunidad nacional.17
Un texto de Renan, extraído de su célebre conferencia “¿Qué es una nación?”,
pronunciada en la Sorbona, en 1882, ilustra de una manera muy nítida esta fusión
entre lo individual y lo colectivo:
He aquí que la esencia de una nación es que todos los individuos tengan
muchas cosas en común y, también, que todos hayan olvidado varias
cosas. Ningún ciudadano francés sabe si es burgundio, alano, taifal, visigodo.
Todo ciudadano francés debe haberse olvidado de Saint-Barthélémy,
las masacres del Sur en el siglo XIII.18
Esta observación se relacionaba con una actitud más amplia del papel principal
del olvido. Allí, Renan pronunciaba unas palabras que se agregaban a lo
Prueba, memoria y olvido / 19
19 Ibíd., pág. 891. Sobre algunas convergencias entre Renan y Nietzsche ver la Introducción de
Campioni, G. a Renan, Ernest. Dialoghi filosofici. Pisa, 1992, pág. 47.
20 Renan, Ernest. Prefacio a Discours et conférences, 1887. Ver Oeuvres…, op. cit., pág. 719.
21 Pozzi, R. “Alle origini del razzismo contemporaneo. Il caso di Ernest Renan”, en Rivista di
storia contemporanea. Nº XIV, 1985, pp. 497-520; Olender, M. Les langues du Paradis. Paris,
1989, pp. 75-111.
22 Renan, E. “Qu’est-ce…”, op. cit., pág. 888.
23 Ibíd., pág. 905.
que Nietzsche venía de escribir recientemente en su inactual consideración
Sobre la utilidad y los peligros de la historia para la vida:
El olvido y –diría aun– el error histórico son un factor esencial de la
creación de una nación, y es así que el progreso de los estudios históricos
es frecuentemente un peligro para la nacionalidad.19
Al reimprimir, algunos años después, su conferencia “¿Qué es una nación?”,
Renan declaró que ella era “su profesión de fe, en lo que respecta a las cosas humanas”.
20 En este mensaje político de sesgo profético, Renan rechazaba toda definición
geográfica, lingüística o racial de la nación (aun si su actitud hacia la
idea de raza era, como se ha notado muchas veces, pasablemente ambigua).21 La
nación era, por el contrario, un fenómeno puramente ideal, el resultado de una
voluntad libre. Estas consideraciones eran tácita y típicamente limitadas al continente
europeo, donde la nación –resaltaba Renan– jugaba un rol fundamental:
Una especie de equilibrio se establece por mucho tiempo. Francia, Inglaterra,
Alemania, Rusia serán –aún por cientos de años y pese a las
aventuras por las que habrán de pasar– individualidades históricas, piezas
esenciales de un tablero cuyos casilleros cambian constantemente de
importancia y grandeza, pero jamás se fusionan totalmente.22
Pero antes de terminar su conferencia, Renan atraviesa el horizonte histórico
que venía de trazar: “Las naciones no son algo eterno. Ellas han tenido comienzo,
tendrán fin. Probablemente, la confederación europea las reemplazará. Pero
ésta no es la regla del siglo en que vivimos”.23
Renan ha sido un buen profeta. Pero la Europa plurinacional que está naciendo
bajo nuestros ojos ha cambiado los enunciados del problema que Renan
había formulado. “Todo ciudadano francés –escribió– debe haber olvidado a
Saint Barthélémy, a las masacres del Sur en el siglo XIII.” Hoy en día, en Francia,
un primer ministro protestante lanza una política de “lengua abierta” a las
lenguas –incluido el occitano– antaño aplastadas por el francés. ¿Es actual, todavía,
la invitación al olvido lanzada por Renan?
El texto que acabo de citar, extraído de “¿Qué es una nación?”, ha sido am20
/ Nuestra Memoria
24 Anderson, Benedict. Imagined communities. London, 1991, pág. 199. Sobre Renan y el tema
del “olvido activo” ver Déotte, Jean Louis. Oubliez! Les ruines, l’Europe, le Musée. Paris,
1994.
25 Una hipótesis parecida a ésta ha sido formulada, al mismo tiempo y de manera independiente,
por Mufti, A. R. “Auerbach in Istanbul: Edward Said, secular criticism, and the
question of minority culture”, en Critical Inquiry. 25:1, Autumn 1998, pp. 95-125, en especial
pág. 123.
pliamente analizado por Benedict Anderson en su Imagined communities (Comunidades
imaginadas), un libro que ha renovado la aproximación histórica al
nacionalismo. Anderson ha señalado que el “olvido” del cual hablaba Renan
postulaba –a través de los maestros y la escuela– la imposición previa de una
“memoria” histórica fundada en la existencia de una nación francesa desde su
mítico acto de fundación: el Tratado de Verdun, en 843.
Una historia familiar, con sus luchas fratricidas, debía ser –antes que nada–
construida e inmediatamente borrada en la unanimidad de la concordia nacional,
que era –según la celebre frase– “renovada en el plebiscito cotidiano”.
Benedict resalta –una vez más– que Renan silenciaba las masacres de la Comuna
porque eran demasiado recientes, demasiado ardientes para ser englobadas
en su estrategia reaseguradora de una memoria obligatoria y un olvido también
obligatorio.24
Imaginemos a alguien que, parafraseando a Renan, dijese hoy en día: “Todo
ciudadano europeo debe haber olvidado Auschwitz, Treblinka”. El significado
de estas palabras sería evidente: el olvido de la Shoá como condición para construir
una identidad común europea sería –tal como lo ha dicho Marek Edelman
en un contexto absolutamente diferente– “una victoria póstuma de Hitler”,
quien también tenía –por supuesto– su propia idea para Europa.
¿Es realmente absurdo el propósito hipotético que acabo de formular? No lo
creo.25 El fin de la Guerra Fría, que ha impuesto una aceleración inusitada al proceso
de construcción de Europa, también ha destruido el pacto tácito erigido sobre
el consenso antifascista que desde hacía medio siglo había dirigido la memoria de
la Segunda Guerra Mundial. Nadie sabe qué será lo que ocupe el lugar de esta versión
del pasado. Entre las posibles salidas me parece que está el olvido de la Shoá,
como una variación dentro de una gama que va desde la pura y simple negación
a la marginación, la banalización. Cada una de éstas ya ha dado pruebas de su
valor, pero la “zona gris” que rodea al negacionismo, en el sentido estricto de la
palabra, es –a mi criterio– mucho más admitida y peligrosa que aquél.
IV
La posibilidad del olvido evoca enseguida su antídoto: la memoria. Pero esta
oposición es, tal vez, demasiado simple. Hace algunos años, en su introducción
Prueba, memoria y olvido / 21
26 Yerushalmi, Yosef H. “Refléxions sur l’oubli”, en Usages de l’oubli. Paris, 1988, pág. 20.
27 Arendt, Hannah. Eichmann in Jerusalem. Harmondsworth, 1977, pp. 292-298.
28 Benveniste, Emile. Le vocabulaire des institutions indo-éuropéennes. Vol. II. Paris, 1969,
pág. 131.
al coloquio de Royaumont sobre los “Usos del olvido”, Yosef Yerushalmi resaltó
–con razón– que la memoria, siendo forzosamente selectiva, está –por así decirlo–
entretejida de olvido. Al final de su propuesta, Yerushalmi planteó una
pregunta que le había surgido a partir de un artículo aparecido en Le Monde, en
la víspera del juicio a Klaus Barbie: “¿Es posible que el antónimo de ‘olvido’ no
sea ‘memoria’, sino ‘justicia’?”.26
Se trataba, desde luego, de una cuestión retórica a la cual yo estaría dispuesto
a adherir con una respuesta positiva. Pero la palabra “justicia” es ambigua.
Puede referirse –literalmente– a la esfera de la ley. Se sabe cómo sucedieron las
cosas en ese sentido: algunos responsables del genocidio han sido condenados
a muerte; otros, tales como los “hombres comunes” de quienes nos ha hablado
Christopher Browning, han recibido sentencias irrisorias; y otros incluso han
expirado apaciblemente en sus lechos. Nadie osaría decir que “se ha hecho justicia”.
Pero, ¿es posible hacerla? Tal como lo ha destacado Hannah Arendt en
ocasión del proceso contra Eichmann, se pone en cuestión la idea misma de justicia
cuando hay que abordar crímenes desmesurados.27
Si –tal como su referencia en el juicio a Barbie parecía sugerirlo– Yerushalmi
oponía al olvido la justicia de los tribunales, es necesario concluir que es el olvido
el que ha ganado.
V
Pero la observación de Yerushalmi podría significar también otra cosa. La palabra
“justicia” podría estar relacionada a un entorno que no sería jurídico, sino
más bien moral. Allí encontramos un gran tema que querría evocar de manera
indirecta, apoyándome en algunos textos de Emile Benveniste, extraídos de su
Vocabulario de las instituciones indoeuropeas. El propósito de esta breve digresión
será fácilmente deducido.
“Ha sido necesaria una larga historia para que las nociones de Derecho y justicia
se acerquen”, escribió Benveniste al final de un capítulo sobre la noción de
“medida”. Explica que se trata de “uno de los grandes cambios acaecidos en las
lenguas y las instituciones de los diferentes pueblos indoeuropeos, cuando el
Derecho, sobrepasando su aparato técnico, se constituye en nociones morales,
cuando ‘díke’ (‘justicia’, en griego) proporciona el adjetivo ‘díkaios’, cuando
‘jus’ y ‘justus’ desembocan en la noción de ‘justitia’”.28
En el capítulo consagrado “a los términos que denotan las relaciones de cam22
/ Nuestra Memoria
29 Ibíd., pág. 170. El destacado es propio.
30 Ibíd., pág. 164.
31 Evangile selon Saint Matthieu. Paris, 1948 (Verbum salutis, I), pág. 98. Traducción: A. Durand
S. J.
32 Ver el artículo de Presiker H. en Theological dictionary of the New Testament. Vol. IV. G. Kittel,
pp. 695-728. Sobre este tema, ver reflexiones muy densas en Horkheimer, Mark; Adorno,
Theodor W. Dialectic of enlightenment. New York, 1972, pág. 177.
bio”, Benveniste proyecta una luz fulminante sobre otra faceta de la “larga historia”,
la que desemboca en la formación de las ideas morales. Al apoyarse en
premisas puramente lingüísticas, reconstruye la manera por la cual “las imágenes
de la guerra, del servicio mercenario han precedido y engendrado a aquéllas
del trabajo y la retribución legal que le es propia”.29
Benveniste señala que en los textos ligados a la predicación zoroástrica, la palabra
“mizda” designa tanto la retribución material como “la recompensa atribuida
en la vida futura”, y agrega al pasar: “Se destacará este encuentro curioso
con el empleo paralelo del griego ‘misthós’ en los Evangelios”.30
Podemos agregar que, en la Biblia de los setenta, la palabra “misthós” designa
tanto una recompensa material –normalmente, el salario del trabajador manual–
como una espiritual, así como aparece en Sabiduría 5:15: “Los justos
viven eternamente, y su recompensa está en el Señor”. Este significado se retoma
en los Evangelios sinópticos; por ejemplo en el comienzo de Mateo 6: “Tengáis
a bien no practicar vuestras obras de justicia frente a los hombres para ser
vistos por ellos; de otra manera, no tendréis recompensa (misthós) cerca de
vuestro Padre que está en el Cielo”. En los versículos siguientes, Jesús ataca a
los hipócritas que ofrecen limosna tocando la trompeta “en las sinagogas y en
las calles, a fin de ser loados por los hombres. En verdad se los digo: ellos han
recibido su recompensa (ton misthón)”.31
Aquí y en todas partes de los sinópticos, la noción de “recompensa” o “retribución”
tiene el mismo sentido que en el judaísmo antiguo, donde jugaba un rol
fundamental. Una obra de referencia protestante, como el Gran léxico del Nuevo
Testamento, lo percibe –con cierto desconcierto–, admitiendo que el imperio de
la idea judaica de retribución se prolonga incluso en los textos de San Pablo,
donde ella se incorpora –algunas veces– a la otra idea, tan diferente y aun
opuesta, de la gracia.32 Aquí puede ser dejado de lado el rol jugado por estas
ideas en la elaboración del Más Allá cristiano.
VI
Todo esto nos permite desempeñar, a un lado de la legal, una justicia que se podría
definir más bien como moral, centrada en una noción de retribución puramente
simbólica. Digo “moral” con hesitación, porque a la idea, tan densa, de
Prueba, memoria y olvido / 23
33 Mauss, Marcel. Essai sur le don. 1925. Reimpreso en Sociologie et anthropologie, con Introducción
de Lévi-Strauss, Claude. Paris, 1950.
34 Ginzburg, Carlo. Le juge et l’historien. Considérations en marge du procès Sofri. Lagrasse,
1997, pág. 18.
retribución se superponen –como lo hemos visto– moral y religión, Derecho y
economía. Desde este punto de vista se podría comparar la retribución con otro
“hecho social total”, según la famosa definición de Marcel Mauss: el “don”, que
es indudablemente otra cosa y se enlaza más bien con la gracia.33
Los dos formatos de justicia se entrelazan por una relación complementaria,
no alternativa; dicho de otra manera, ambos funcionan en niveles diferentes. La
diferencia crucial que los separa está ligada a la muerte. Para la justicia de los
tribunales, la muerte del criminal implica la extinción del crimen. Para la justicia
moral, por el contrario, todo queda abierto hasta el final de los tiempos: la
retribución (misthós) de los buenos y los malos, mencionada en el final del Apocalipsis
(22:12), es seguida por la afirmación de Cristo: “Soy alfa y omega”.
Es justamente este texto el que más ha contribuido a borrar la distinción entre
las dos justicias, la imagen del Cristo juez que pronuncia el Juicio Final habiendo
absorbido la idea de retribución simbólica, que nada tiene de propiamente
legal ni de específicamente cristiana.
La frase de Schiller –retomada por Hegel– “Die weltgeschichte ist das
weltgericht” destaca el núcleo cristiano de toda historia universal: la historia
del mundo es –al mismo tiempo– el Juicio Final y el tribunal del mundo.34 ¿Podría
la desaparición de la idea de “retribución simbólica” haber suprimido una
categoría intelectual que nos permitiría articular, de una manera admisible,
nuestra relación con el pasado?
VII
Una retribución simbólica en absoluto puede cambiar lo sucedido. Las injusticias,
los crímenes quedan como eran. Somos nosotros los acongojados, quienes
sentimos la necesidad de pagar nuestras deudas simbólicas con respecto al pasado.
Con certeza, es necesario tratar de comprender este pasado. Pero, a pesar
de algunas raras excepciones, la historia crítica no está preocupada por los objetivos
referidos por la historia tradicional. La transmisión de la memoria colectiva
reposa más bien sobre lo que podemos denominar, según Nietzsche, la
“historia monumental”.
La memoria del genocidio nazi –escribe Stefano Levi della Torre en su bello
ensayo Olvido y memoria de la Shoá– debe ser monumental porque la memoria,
siendo selectiva, “funciona gracias a los ‘monumentos’, polos de referencia
alrededor de los cuales se renuevan las tramas discontinuas del recuerdo, di24
/ Nuestra Memoria
35 Levi della Torre, Stefano. Mosaico. Attualità e inattualità degli ebrei. Torino, 1994, pp. 51-
78, en particular pp. 68-71.
36 Ver el notable ensayo de Laqueur, T. “The sound of voices intoning names”, en The London
Review of Books, 5/6/97. En la misma perspectiva ver también el discurso pronunciado por
Saul Friedländer cuando recibió el “Geschwister-Scholl-Preis” (Friedländer, Saul; Reemtsma,
Jean Philippe. Gebt der erinnerung namen. München, 1999, pp. 27-37, del cual tuve conocimiento
luego de haber escrito mi texto.
37 Hegel, XX, pág. 206, l:26, citado por Kojève, A. Introduction à la lecture de Hegel. Paris,
1962, pág. 467. Editado por R. Queneau, 2ª edición. La importancia de este tema me ha sido
señalada de una manera independiente por Vittorio Foa.
recto o transmitido; donde los acontecimientos devienen ‘experiencia’, es decir
que son interiorizados e incorporados como elementos de la visión del mundo,
como cultura”.35
Lo que acabo de decir podría ayudarnos a identificar –en el impulso hacia
una retribución simbólica respecto del pasado– un gesto monumental en el sentido
estricto –incluso literal– de la palabra. En efecto, yo también me siento molesto,
como Levi della Torre, por la idea de un “monumento al genocidio”, que
sería comparable a los consagrados normalmente a los santos y los mártires.
Pero en este sentido, el siglo XX, al finalizar, nos ha reservado una sorpresa: los
“monumentos antimonumentales”, que han inaugurado una nueva tradición.
Pienso en el de Washington consagrado a los soldados fallecidos en Vietnam; en
el dedicado a las hogueras de libros perpetradas por los nazis, que ha sido emplazado
frente a la Staatsbibliothek de Berlín, en Unter den Linden; en el Memorial,
de Serge Klarsfeld.36
La naturaleza casi inmaterial de este último es compartida, a su manera, por
los otros: los nombres inscriptos sobre un mármol negro en Washington; los estantes
de libros vacíos, introducidos en el suelo bajo vidrio, en Berlín. Estos son
monumentos huecos, minimalistas, que se limitan –a veces y contra toda retórica–
a registrar la marca imprescriptible e inmaterial dejada por cada individuo:
su nombre.
La gran carnicería de la Primera Guerra Mundial había sido conmemorada
por la invención de un mito colectivo, aquél del “soldado desconocido”. Hoy se
tiene el sentimiento de que son los nombres de los muertos, sin excepción, lo
que se debe salvar del olvido. Este esfuerzo ha sido inspirado tal vez por el horror
extremo de los campos nazis, donde todo –comenzando por la designación
de los prisioneros con números impresos en su carne– señalaba la transformación
de seres humanos en ganado, en cosas.
En el fondo del ser humano está la necesidad de ser reconocido: “Der mensch
ist anerkennen”, según la definición de Hegel.37 El reconocimiento, incluido el
póstumo, es el propósito de toda retribución simbólica. Este gesto de afirmación
se opone, evidentemente, a lo que se denomina “negacionismo”, evitando caer
Prueba, memoria y olvido / 25
en la trampa de una polémica estereotipada, cuyas coordenadas serían dictadas
por la secta siniestra que es el objeto de este encuentro. Las pruebas, a pesar de
ser abrumadoras (como en el tema que nos concierne), jamás son suficientes
para proteger la memoria de los acontecimientos de la pérdida de significación
que los amenaza.

* Conferencia brindada en la Universidad de Tel Aviv, 15/6/05.
Traducción del inglés: Lic. Patricio A. Brodsky.
1 Cuando Bauer dice: “ciclistas proverbiales, o a hombres con lentes y mujeres de cabello
La Segunda Guerra
Mundial, Shoá y genocidio*
Dr. Yehuda
Bauer
Consejero Académico
de Yad Vashem,
Jerusalem
Raramente nos hacemos la pregunta “¿Por qué estalló la Segunda Guerra Mundial?”.
Usualmente, la transformamos en: “¿Cómo ocurrió?, “¿Qué preparativos
se hicieron?”, “¿Quién hizo qué cosa y cuándo?”. Es claro que la Alemania nazi
inició el conflicto. ¿Por qué su liderazgo hizo eso, contra los deseos de la población
alemana?
El peso de la documentación parece indicarme que la conducción fue puramente
ideológica. El movimiento nazi llegó al poder comprometido con la expansión
y la conquista, basado en una ideología racista. Viendo a la guerra como
el estado natural de una sociedad humana saludable, esta rebelión contra el legado
de un Iluminismo del cual ellos mismos formaban parte fue –si se puede
utilizar el término– una separación ilegítima.
En función de prepararse para la guerra, los nazis usaron la recuperación económica,
primero, para rearmarse. Sobornaron a las masas alemanas con financiación
deficitaria, y como eso los condujo al borde del derrumbamiento financiero,
salieron de esa situación –principalmente– robando la propiedad judía, como
Goetz Aly ha mostrado recientemente.
Enfrentados con grandes obstáculos económicos, su única manera de superarlos
era una radicalización creciente, corriendo hacia la guerra y la conquista.
Su única manera de evitar un derrumbe económico total –una vez empezada la
guerra– era ocupar cada vez más países, explotándolos implacablemente, y –de
hecho– financiar su guerra robándoles todos los recursos posibles. El primer
blanco de esta política fueron los judíos.
El genocidio había estado implícito, no explícito. Era parte de la ideología; en
cualquier caso, fue uno de sus principales resultados. Primero, robaron, y luego,
asesinaron a los judíos –y no a ciclistas proverbiales o a hombres con lentes y
mujeres de cabello rojo– debido a su genocida ideología antijudía.1
28 / Nuestra Memoria
¿Por qué se dedicaron a la expansión? ¿Pudieron depender de la conquista la
recuperación económica y social alemanas? Muy poco. Hacia 1936/38, la economía
había salido de la crisis, el desempleo había dado un respiro, la estabilidad
social había sido lograda en parte y la guerra no era de manera alguna esencial.
Alemania no necesitó de una guerra para sostener un crecimiento sólido. No
necesitó ocupar Europa Oriental para conseguir granos o materias primas. Como
era productora de artículos manufacturados, fácil y lucrativamente pudo producir
para intercambiarlos por cosas que necesitaba. Por cierto que no necesitaba
tierra alguna
Alemania, hoy, es un país más pequeño que en 1937, con una población más
grande. No sólo no necesita explotar a persona superflua alguna, sino que necesita
la inmigración constante de otros para mantener su nivel de vida.
El hambre de tierra era un postulado ideológico; la expansión, una quimera;
la guerra, materialmente inútil. Repito: desde una perspectiva alemana racional,
una guerra vana.
El antisemitismo fue, obviamente, un componente de la ideología que produjo
la guerra, con sus 35 millones de víctimas, resultando en la destrucción de
la mayoría de Europa. ¿Cuán central fue? Pienso que existe un consenso entre
muchos –si no la mayoría– de los historiadores en que efectivamente tuvo un
lugar central, alimentado sobre el carácter cuasi religioso del nacionalsocialismo,
que prometía la redención y un Reich de mil años que sería llevado a cabo
por el Divino Mesías, quien se había vuelto de carne y sangre: Adolf Hitler.
La lucha por la felicidad eterna sería dirigida contra Satán y sus servidores, y
Satán fue el poder detrás del cual estaba el judío estereotípico; de hecho, era él
mismo. Esto fue fácilmente comprendido por las masas alemanas, como si se derivara
de una distorsión de la cristiandad, y en particular de su producto: el antisemitismo
cristiano, que nunca ha sido genocida, pero conformó la base de la
variedad nazi.
Según lo entiendo, el deseo de trasladar a los judíos desde Alemania en los
treinta, los planes de expulsión hacia Nisko, Madagascar y el Artico soviético, y
hasta el genocidio mismo formaron parte de los deseos de exorcizar al Diablo
del pueblo elegido del seno de los pueblos nórdicos de raza aria.
Los métodos, los momentos, los escenarios en los cuales estas políticas fueron
desarrollados fueron determinados por consideraciones pragmáticas. El
objetivo, sin embargo, fue totalmente no pragmático y –como digo– puramente
ideológico. De esta forma, la existencia de ghettos –por ejemplo, en Bialystok y
rojo” refiere indirectamente a un cuento que relata acerca de una conversación entre dos personas.
Dice así: “Un antisemita afirma que hay que matar a todos los judíos. La réplica del
otro es: ‘Sí, a los judíos y a un ciclista’. ‘¿Por qué a un ciclista?’, pregunta el primero. ‘¿Y por
qué a los judíos?’, le responde”. (Nota del traductor.)
La Segunda Guerra Mundial, Shoá y genocidio / 29
Lodz– fue de suma importancia para la maquinaria de guerra alemana y fue apoyada
por oficiales nazis locales. Contrariando toda la lógica capitalista moderna
de costo-beneficio, los ghettos fueron aniquilados por órdenes emitidas desde el
comando en Berlín, de acuerdo con los objetivos ideológicos. Hay muchos ejemplos
de esto.
Este carácter no pragmático del genocidio de los judíos –erróneamente llamado
‘Holocaust’ en inglés– es uno de los elementos que lo diferencian de otros
genocidios. Otros elementos –como he tratado de mostrar en otros lados– fueron
la totalidad, que es el deseo de aniquilar a cada persona singular del grupo
señalado (obviamente, no hubiera quedado ningún Satán si el proyecto nazi
para el pueblo elegido hubiera tenido éxito); la universalidad –esto es, la idea,
desarrollada en etapas, de que los judíos de todas partes deberían ser tratados
del mismo modo que en la Europa nazificada–; y el hecho que nuevos métodos
y usos de los modernos medios tecnológicos eran producidos dentro de una civilizada
y culta sociedad del centro de Europa, con el objetivo de realizar ese
genocidio.
De este modo, el gaseamiento e incineración de judíos no sólo fue un modo
pragmáticamente más eficiente que asesinarlos por fusilamiento en zanjas
–como en las zonas soviéticas ocupadas por los nazis–, sino que había un simbólico
paralelismo con los exorcismos practicados en los “autos de fe”,2 en la
Península Ibérica, cientos de años antes. En ambos casos, las personificaciones
de Satán fueron exorcizadas por el fuego.
El antisemitismo y los deseos de conquistar y gobernar no sólo Europa, sino
–finalmente y con aliados– el mundo entero, fueron los dos pilares mutuamente
complementarios del proyecto nazi. Complementarios porque el Bien nazi
sólo podía triunfar si el Satán judío era derrotado y aniquilado. De esta manera,
el antisemitismo fue una de las principales causas para la muerte de incontables
víctimas no judías en la Segunda Guerra Mundial y la devastación de gran parte
de Europa.
Está claro para todos, pienso, que la Shoá fue un genocidio, y como tal, no
sólo puede, sino que debe ser comparado con otros. Sólo entonces podremos
decir si fue diferente y hasta qué punto lo fue. Si la Shoá fuese única, atemporal
–como la mirada oficial políticamente correcta israelí la ve–, nunca ocurriría
de nuevo y a cualquiera. Se tornaría, entonces, no pertinente para el presente
y el futuro, y seguramente podríamos relegarla a las observancias anuales de
la liturgia, los monumentos conmemorativos y la gran cantidad de gastados clichés,
como nuestros políticos están habituados a hacer.
2 El auto de fe era una “manifestación pública de la Inquisición en busca de ejemplaridad, desde
humillaciones menores hasta la ejecución, que se practicaba a los condenados por herejía y
apostasía”. Enciclopedia online Wikipedia, en http://es.wikipedia.org/wiki/Auto_de_fe
(29/8/05). (Nota del traductor)
30 / Nuestra Memoria
Pero la Shoá no fue única, sino inaudita, y puede –porque ya ha ocurrido en
gran magnitud– volverse un precedente. Puede pasar de nuevo, a los judíos o a
otros; perpetrado por cualquiera, incluyendo a los judíos; no exactamente de la
misma forma, pero –seguro– si no, de formas paralelas y muy similares.
¿Cuál es, entonces, la categoría general de genocidio a la que la Shoá pertenece?
Tenemos, por supuesto, la muy problemática definición de “genocidio” de la
Convención de 1948, que fue ratificada por la mayoría de los gobiernos del
mundo. Esta definición –como todos usted saben–habla del intento de eliminar,
en parte o en todo, a un grupo étnico, nacional, racial, o religioso como tal, y
lista cinco maneras en que los perpetradores lo hacen: la matanza de miembros
del grupo; causar serio daño físico o mental al grupo; la creación de condiciones
de vida que limiten la existencia del grupo; la prevención de nacimientos
de miembros del grupo señalado; y el secuestro de niños del grupo indicado.
No está claro si se tienen que cumplir todas estas condiciones, o sólo una o
dos, para que el asesinato masivo sea considerado genocidio. No está claramente
delimitado cuándo una masacre se vuelve genocidio. Es más bien un sinsentido
hablar del secuestro de niños o el impedimento de nacimientos cuando
todos los miembros del grupo son los estigmatizados, como fue el caso de la
Shoá. También es difícil de ver al hecho de empujar a personas hacia las cámaras
de gas como la creación de condiciones de vida desfavorables. Y en la Shoá
no hubo ciertos miembros del grupo que eran señalados, sino todos ellos.
El caso de Ruanda es igualmente problemático. Hutus y tutsis no son grupos
étnicos: hablan el mismo idioma, tienen la misma cultura y son miembros de las
mismas denominaciones religiosas. Las diferencias eran originalmente de clase
y fueron exacerbadas por los misioneros europeos y los colonialistas, que introdujeron
una terminología básicamente racista.
Hablando estrictamente, la descripción de la tragedia ruandesa como un genocidio
podría criticarse. Pero por supuesto que lo fue. Las cosas están claras,
la que está equivocada es la definición.
No existe una investigación histórica que hable de genocidios anteriores al
siglo XX, aunque está absolutamente claro que el trato a los aborígenes americanos,
a todo lo largo del continente, lo fue. También éste fue el caso de la destrucción
de Cartago o de la hambruna irlandesa provocada intencionalmente.
Pero necesitamos herramientas analíticas más afiladas que las que nos fueron
proporcionadas por la Convención de 1948 para poder llamar “genocidio” a una
matanza cuando la vemos.
La razón de por qué esta convención es tan problemática es que fue producto
de negociaciones entre Occidente y el bloque soviético, y no el resultado de
una discusión académica. A exigencia soviética, el asesinato en masa por razones
políticas que hoy llamamos “politicidio” fue excluido, obviamente porque
la Unión Soviéticas podría haber sido acusada de genocidio.
La Segunda Guerra Mundial, Shoá y genocidio / 31
Los grupos religiosos fueron incluidos, aunque hay una diferencia básica
entre ellos y los étnicos. Las lealtades religiosas –al menos teóricamente, si bien
no siempre en la práctica– son cuestión de opción. Los judíos europeos y aquellos
que vivían amenazados de muerte en países musulmanes en el período premoderno
podían convertirse y –con esa acción– salvar sus vidas, aunque –de
todas formas– uno tiene que agregar “no siempre”. Pero si usted nace judío, alemán,
ruso, árabe o chino está ligado a su etnicidad porque –después de nacer–
es demasiado tarde para escoger a sus padres. No es lógico incluir a los grupos
religiosos y no a los políticos en las definiciones de “genocidio”, aunque sí lo
es limitar el concepto sólo a grupos étnicos y usar, entonces, otras definiciones
para los otros tipos de destrucción en masa.
Finalmente, este juego alrededor de las definiciones –tan estimado por los
académicos– es un total y verdadero sinsentido, excepto por el hecho que estamos
forzados por la definición de la convención. Muchos años atrás, Yoram
Dinstein, antiguo presidente de esta augusta institución, declaró en una discusión
que no hay puntos en disputa porque ésa es la única definición válida y
aceptada por la legislación internacional.
Nunca he favorecido esa mirada legalista, que –a mi entender– está totalmente
alejada de la realidad histórica. Nuestras definiciones son abstracciones
de la realidad, y ésta es mucho más compleja de lo que nuestras definiciones
pueden serlo. En lugar de intentar encajar la realidad en la abstracción, debemos
hacer el movimiento inverso, adaptando nuestras definiciones a la realidad.
La realidad es que los humanos son los únicos mamíferos que se matan los
unos a los otros en enormes cantidades. Es bastante obvio que se debe a que sus
cualidades psicológicas lo hacen posible. La prueba de esto yace en todas nuestras
leyes, que hacen ilegal el asesinato. Si no hubiese una tendencia homicida,
sería innecesario tener leyes contra ello, y quizás tendríamos nueve mandamientos,
en lugar de diez. La razón para esta inclinación, o instinto básico, es
–según algunos psicólogos– el deseo de defender a los más cercanos y, principalmente,
el espacio necesario para mantenerlos a resguardo de la competencia,
invasión u otro peligro real o imaginario.
En ese caso, se erige la pregunta de si existe alguna forma de detener las masacres
y genocidios. En vista de ello, las perspectivas no son halagüeñas. El sociólogo
norteamericano Rudolph J. Rummel estima el número de víctimas civiles
de los gobiernos y movimientos políticos en los primeros 87 años del
siglo XX (las fechas fueron escogidas arbitrariamente) en 169 millones, como
contraste con los 34 millones de soldados que murieron durante el mismo período,
que incluye las dos guerras mundiales; o sea, murieron cuatro veces más
civiles que soldados. Y 38 de los 169 millones de civiles murieron en genocidios
–como fueran definidos por la Convención–; de éstos, cerca de seis millones,
en la Shoá. Rummel llama “democidio” al asesinato de civiles o de pue32
/ Nuestra Memoria
blos, y esto incluye todas las masacres, incluyendo los genocidios definidos
por la Convención.
Sin embargo, así como uno puede decir que el asesinato en masa ha estado
con nosotros desde tiempo inmemorial –y probablemente antes–, lo mismo cabe
afirmar respecto de su contrario; a saber: el autosacrificio por otros.
El anhelo de muerte y el anhelo de vida –este último, circunscrito por Freud
a lo que parece ser un énfasis demasiado fuerte en la pulsión sexual–, al parecer,
forman parte de nuestra constitución básica. En el mundo real, así como en
el imaginario de la literatura que lo refleja, ambos tienen una existencia paralela.
“Justos entre las Naciones” rescataron a judíos, y eso incluye comunidades
enteras, incluso comunidades étnicas enteras; turcos y kurdos “justos” rescataron
a armenios durante ese genocidio; hutus “justos” rescataron a tutsis en
Ruanda; norteamericanos “justos” rescataron a aborígenes o nativos. A menudo,
tales actividades involucraron realmente correr el mismo riesgo por un extraño.
Es éste otro polo de nuestro ser mental e instintivo, el de quienes transformaron
las acciones contra el genocidio en una posibilidad real, aunque difícil y quizá
remota.
No hay duda alguna de que vivimos en un pequeño planeta que está amenazado
por la autodestrucción humana, la cual se ha hecho posible por los adelantos
tecnológicos. Tales amenazas no sólo incluyen los genocidios, sino las pujas
de poder entre naciones provistas de armas de destrucción masiva, desastres ecológicos
creados por la interferencia humana en la naturaleza y epidemias contra
las cuales no hay cura conocida. Por consiguiente, los genocidios no son el único
problema mayor que los humanos hemos creado para nosotros. Y claro, uno
siempre tiene que recordar que la raza humana empezó su meteórico crecimiento
hace un millón o un millón y medio de años y que su presencia en el planeta
está limitada temporalmente. Tarde o temprano desapareceremos, después de
haber recorrido –por así decirlo– nuestro camino. Y con nosotros, nuestras culturas,
nuestros logros y fracasos, nuestro Dios o dioses, nuestras creencias, nuestras
esperanzas y nuestras vanidades. Pero a lo que tenemos que aspirar –pienso–
es a que esta desaparición ocurra más tarde que temprano.
Los adelantos tecnológicos se han registrado no sólo en el armamento. En los
Estados Unidos, los científicos sociales han desarrollado modelos sociológicos
y politológicos basados en un número grande de variables que hacen posible
hacer valoraciones realistas del riesgo de desarrollo de genocidios. Hoy en día
es posible identificar los lugares en el mundo en los cuales se desarrollarán asesinatos
en masa, a menos que hagamos algo por impedirlos. Esto ha llevado al
desarrollo de un modelo de advertencia temprana que nos permite predecir
–con una exactitud aproximada– que entre tres y seis meses las amenazas se
convertirán en destrucción en masa de vidas humanas.
No sólo se necesitaron tales predicciones en los casos de Ruanda y Darfur,
La Segunda Guerra Mundial, Shoá y genocidio / 33
sino también el estrecho conocimiento de lo que allí acontecía, y fue voluntad
política, no una advertencia temprana, lo que se necesitó para prevenir esos genocidios.
Pero los gobiernos de los Estados Unidos y el Reino Unido, como así
también la ONU, hoy tienen tales medios a su disposición.
Basado en ello, un grupo de académicos se dirigió al gobierno sueco y le propuso
una importante conferencia política que no discutiría el genocidio, sino lo
que llamamos “amenazas de genocidio”, como una introducción a propuestas
para su prevención.
El uso del término “amenazas de genocidio” era una táctica: enfocarse en las
limitaciones de la Convención del Genocidio sin disminuir las perspectivas de
usarla para prevenirlos. La conferencia, llamada “Foro de Estocolmo”, se realizó
el 27 de enero de 2004 y asistieron representantes de 55 gobiernos (y un observador
del Vaticano; ellos siempre sólo observan).
En el discurso de apertura, que fue reconocido y aprobado por el gobierno
sueco, definí lo siguiente como el tema del foro: los genocidios según la definición
de la Convención, politicidios, la limpieza étnica cuando el propósito es
eliminar a un grupo como tal y las ideologías del genocidio global que predican
una propaganda asesina y prácticas de asesinato en masa; esto es, el islamismo
radical. Nadie lo objetó, pero no sé cuántos entendieron lo que el gobierno sueco
y el grupo de académicos que planearon la conferencia realmente querían decir.
Una declaración maravillosa, aprobada por aclamación, ahora adorna cestos
de basura de ministerios de Relaciones Exteriores por todo el globo. Pero el trabajo
práctico fue hecho: las opciones de la acción política para prevenir o detener
las amenazas de genocidio –como nosotros lo definimos– fueron discutidas,
y gran cantidad de ellas fue preparada para su uso por los grupos de presión.
Kofi Annan, que asistió, fue impulsado a nombrar un consejero especial para
prevención del genocidio, que ha empezado su trabajo. No salvamos al mundo,
y ninguna paz mundial está a la vista, pero quizá dimos un pequeño paso hacia
la reducción de los peligros.
Como ve, no creo en las utopías. Retomando la famosa cita de lord Acton, las
utopías siempre matan, y las utopías radicales –como el comunismo, el nacionalismo,
el extremismo religioso y similares– matan radicalmente.
Por lo tanto, tampoco creo en un mundo bueno, ni en la venida de un Mesías
terrenal o celestial para rescatarnos de nosotros mismos. Pienso y espero que,
con mucha suerte y trabajo muy duro, posiblemente podremos hacer del mundo
en el que vivimos uno un poquito mejor de lo que es ahora.
¿Cuáles son las opciones? Ellas están demostradas, no en los eruditos ensayos
–aunque debemos considerarlos como un trasfondo necesario–, sino en los
terribles dilemas que enfrenta el mundo ante los genocidios presentes y futuros.
Prácticamente, esto significa que tenemos que discutir Darfur –que es claramente
un genocidio– de acuerdo a la Convención, y tenemos que debatir su re34
/ Nuestra Memoria
lación con los genocidios que lo precedieron y aquellos que lo seguirán, como
perpetuando su legado.
Darfur es una región en el oeste de Sudán, de un tamaño aproximado al de
Francia, con quizá 4.000.000 habitantes. En su mayoría, éstos son negros, agricultores
y están divididos en cuatro tribus principales y algunas otras menores.
Una minoría importante tienen ganado vacuno, y se ve a sí misma como árabe.
Casi todos son musulmanes, al menos formalmente. Esta área es semiárida, adyacente
al desierto del Sahara, y se está desertificando lentamente. Ello conduce
a crecientes disputas por las mejores tierras arables y el agua, y los ganaderos
–cuyas tierras ya no soportan a su ganado– están tratando de expulsar a los
agricultores, quienes están jaqueados por las sequías y, lentamente, ven desaparecer
su medio de vida.
El gobierno, en Jartum, es islámico radical, y ahora se ha visto más o menos
forzado a arribar a un acuerdo con los negros cristianos y las tribus animistas
del Sur, después de una guerra civil que ha durado cerca de veinte años, durante
la cual los árabes del Norte trataron de aniquilar a sus enemigos. Cerca de dos
millones de vidas se perdieron en lo que –otra vez– fue indudablemente un conflicto
genocida. Resta ver si la paz firmada entre el Norte y el Sur se sostendrá.
En cierto sentido, la rebelión de las tribus negras de Darfur contra la creciente
opresión del gobierno sudanés, que apoya a los pastores árabes, es una continuación
de esa guerra civil.
La respuesta de Sudán a las demandas de una mayor autonomía y más ayuda
a Darfur fue la organización, por parte del gobierno, de las milicias “Janjaweed”,
que –desde 2003– han estado destruyendo aldeas negras, asesinando hombres
en masa y violando a mujeres sistemáticamente. Probablemente han ocurrido
unas 400.000 muertes, no sólo por matanzas directas, sino también por la agonía
en masa en campos de refugiados en Darfur y la vecina Chad; unos 2,5 millones
de personas han sido desplazadas y vegetan allí.
El año pasado no se realizó sembrado alguno, ni tampoco se hará después de
la actual estación de lluvias. Las agencias de ayuda humanitaria son incapaces
de manejar este desastre, y por consiguiente, estamos presenciando un genocidio
continuo por la muerte de los más débiles; a saber, los niños pequeños.
Las grandes potencias han sido incapaces de tratar con esto. China, que posee
las concesiones de aceite en el sur de Sudán, no quiere enfrentarse con el gobierno
y ha declarado abiertamente que vetará cualquier resolución que pueda
obligar al desarme de Janjaweed y estorbar los planes sudaneses de bombardear
las aldeas negras. El Congreso norteamericano aprobó una resolución que declara
a la situación como “genocidio”, pero la ONU y otros poderes no han estado
de acuerdo. El paralelo con Ruanda es obvio. La Unión Africana envió una
pequeña fuerza militar a Darfur, con el objeto de supervisar una tregua que
nadie guarda; no tiene mandato alguno para proteger a los civiles.
La Segunda Guerra Mundial, Shoá y genocidio / 35
¿Qué se puede hacer? Ante la inacción de la ONU y aunque los esfuerzos por
lograr revertirla deben continuar, ha habido una apelación a la intervención indirecta
de la OTAN, ya que la presencia de blancos cristianos y europeos en un
país musulmán sería bastante intolerada. La idea es obligar a la renuente Unión
Africana a enviar fuerzas significativas a Darfur con el mandato de proteger a los
civiles, las cuales contarían con entrenamiento, abastecimiento, equipo militar y
transporte de la OTAN. Este es el tipo de acción propuesto en los escritos y ensayos
producidos por académicos y otros grupos de presión. No es para prevenir
el genocidio, porque éste ya está aconteciendo, sino para detenerlo de una vez.
A los fines preventivos, los académicos ahora están trabajando en lo que llamamos
una “caja de herramientas”; es decir, una serie de medidas graduales, de
tipo no militar, a los efectos de ser empleadas en situaciones en las cuales hay
amenaza de genocidio, antes de que éste acontezca.
No es una cuestión de lógica, sino de presión en el mundo político. Descubrimos
que los académicos tienen mucho más impacto que el que ellos piensan.
La idea general es crear uniones de grupos de presión que traigan propuestas
prácticas, con campañas en los medios de comunicación y acciones similares, y
trabajaremos junto a políticos que simpaticen con esta propuesta. Se sorprenderán
de oír que hay algunos. ¿Esta idea tendrá éxito? No tengo ni la menor idea.
Todo lo que sé es que debemos intentarlo.
¿Por qué? ¿Y por qué en especial los judíos, fundamentalmente los israelíes?
Porque el Holocausto fue la forma más extrema de una enfermedad que atormenta
a la raza humana; esto es, el peligro de su mera existencia (no es el único
riesgo, por supuesto, pero es uno muy serio). Por lo tanto, el Holocausto se ha
tornado, generalmente, un paradigma para las amenazas de genocidio.
Los judíos son, hoy, por primera vez desde 1945, amenazados nueva y abiertamente
por una ideología genocida, la del islamismo radical. Estas proclamas
criminales deben ser tomadas más en serio de que lo que lo fueron los nazis, desafortunadamente,
más de dos generaciones atrás.
El estrecho pensamiento judío sectario que necesita aislar la memoria de la
Shoá de otros genocidios está intelectualmente equivocado y es moralmente inaceptable
y políticamente estúpido. Por el contrario, la conexión directa entre la
guerra, la Shoá y los actuales eventos y amenazas genocidas debe ser enfatizada.
La Shoá no tuvo antecedentes. Pero ella fue un precedente, y continúa siéndolo.
Debemos hacer todo lo que podemos para detener esto.

* Herf, Jeffrey. “The Jewish war”, en Holocaust and Genocide Studies. Vol. 19, Nº 1, Spring
2005. Oxford University Press, pp. 51-80. Traducción del inglés: Lic. Patricio A. Brodsky.
1 Dawidowicz, Lucy S. The war against the Jews. 1933-1945. New York, Holt, Rinehart and
Winston, 1975.
2 Por ejemplo: Browning, Christopher R. The path to genocide. Essays on launching the Final
Solution. Cambridge, Cambridge University Press, 1992; Browning, Christopher R., con
aportes de Matthäus, Jürgen. The origins of the Final Solution. The evolution of Nazi Jewish
policy. September 1939-March 1942. Lincoln & Jerusalem, University of Nebraska Press &
Yad Vashem, 2004; Breitman, Richard. Architect of genocide. Himmler and the Final Solution.
New York, Knopf, 1991; Burrin, Philippe. Hitler and the Jews. The genesis of the Holocaust.
London, Arnold, 1994. Edición en francés: 1989; Kershaw, Ian. Hitler. 1936-1945. Nemesis.
New York, Norton, 2000; Weinberg, Gerhard L. A world at arms. A global history of World
War II. Cambridge, Cambridge University Press, 1994; Goldhagen, Daniel. Hitler’s willing
executioners. Ordinary Germans and the Holocaust. New York, Knopf, 1996. Este es, probablemente,
el trabajo norteamericano sobre el Holocausto más ampliamente difundido luego
del de Dawidowicz. Está centrado en la tesis de la existencia de un extendido antisemitismo
entre los alemanes, sin establecer relaciones entre el Holocausto y la Segunda Guerra
Mundial o la interpretación de la guerra antisemita.
La “guerra judía”:
Goebbels y las campañas
antisemitas del Ministerio
de Propaganda nazi*
Dr. Jeffrey
Herf
Investigador del Centro
de Estudios Avanzados
del Holocausto
del Museo Memorial del
Holocausto de los
Estados Unidos y
profesor de Historia en
la Universidad de
Maryland.
I
En La guerra contra los judíos. 1933-1945, de 1975, Lucy Dawidowicz escribió que
los historiadores de aquel período necesitaban prestar atención a una segunda guerra
sostenida por el régimen nazi.1 Reclamó la incorporación de lo que pronto fue
conocido genéricamente como “Holocausto” en la historia general del período.
En las siguientes dos décadas, con algunas excepciones, emergieron dos corrientes
de especialistas, una enfocada en el discurso político-bélico convencional
–Pearl Harbor, Stalingrado, el “Día D”– y otra, en el Holocausto: la Conferencia
de Wannsee, Varsovia y otros ghettos, los campos de exterminio.
En la década de 1990, de la obra de Christopher Browning, Richard Breitman,
Omer Bartov, Gerhard Weinberg, Philippe Burrin y, más recientemente, Ian
Kershaw ha emergido una corriente que busca integrar las dos guerras en tiempo
y lugar.2 Más aún, la poderosa frase de Dawidowicz “la guerra contra los ju38
/ Nuestra Memoria
3 Esta investigación produjo como resultado un libro sobre el antisemitismo y la propaganda
de guerra nazi, a ser publicado por Harvard University Press.
4 Acerca de Dietrich y las conferencias de prensa diarias ver Hardy, Alexander. Hitler’s secret
weapon. The managed press and propaganda machine of Nazi Germany. New York, Vintage,
1967. El autor fue uno de los fiscales en el juicio por crímenes de guerra y contra la humanidad
entablado contra Dietrich en Nüremberg, luego de la guerra.
díos” continúa evocando específicamente el asesinato en masa de la judería europea
como un evento diferente de la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los propósitos de este ensayo es otorgar una renovada atención y ofrecer
una mirada mucho más detallada sobre los significados más abarcadores de
aquella frase, como así también los sentidos que el referido término de “la guerra
judía” (Der jüdische Krieg) poseía para Hitler y la propaganda de guerra nazi.
Exploré cómo los líderes y propagandistas nazis tradujeron tardíamente en
un discurso político el concepto ideológico fundamental.3 Entre 1939 y 1945,
Hitler mismo, su ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, y docenas de otros
oficiales y propagandistas nazis presentaron la guerra como una conflagración
entre la Alemania nazi y la conspiración judía internacional entonces existente.
Esta idea fue repetida en numerosas y detalladas minutas secretas referentes
a diversos temas y cómo la prensa debía cubrir, interpretar y revelar los eventos.
Estas eran despachadas diaria y semanalmente a periodistas y editores de
varios miles de periódicos y revistas por Otto Dietrich, director de la Oficina de
Prensa del Reich, y su personal.
El papel de Dietrich en el discurso político permanente de la guerra fue
mucho más importante de lo que generalmente se reconoce tanto en la percepción
académica como en la popular. A diferencia de Goebbels, cuya celebridad
fue muy superior, Dietrich trabajó en las oficinas de Hitler a diario. Cada mañana,
luego de hablar con Hitler, elaboraba instrucciones para su personal en Berlín,
que transmitía las directivas a la prensa.4
Como las apariciones en público de Hitler se volvieron menos frecuentes,
Goebbels dio pasos en dirección a brindar argumentos en los principales discursos,
en las publicaciones más prominentes y en las transmisiones de la radio
nacional. Otras figuras principales, como Hermann Göring y Robert Ley, también
aportaron ideas, como también autores mucho menos conocidos, en artículos
y editoriales del diario nazi Völkischer Beobachter. La “guerra judía” era
un tema importante en docenas de ensayos de propaganda, folletos y libros de
pseudoeruditos, todos trabajos que emergían del Ministerio de Propaganda e
“institutos de investigación” antisemitas. Los carteles y “periódicos de pared”
en lugares públicos integraron texto y llamativas imágenes con el propósito de
alcanzar su objetivo.
A pesar de los millones de palabras e imágenes de apoyo, la traducción de la
ideología antisemita nazi en el discurso político nazi de la Segunda Guerra
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 39
5 Publicado en castellano como El mito de la conspiración judía mundial. Madrid, Alianza
Editorial, 1983.
6 Cohn, Norman. Warrant for genocide. The myth of the Jewish world-conspiracy and the
Protocols of the Elders of Zion. New York, Harper and Row, 1967.
7 Friedländer, Saul. Nazi Germany and the Jews. Vol. 1: The years of persecution. 1933-1939.
New York, Harper Collins, 1997, pp. 99-101 especialmente.
8 Gombrich, E. H. Myth and reality in German war-time broadcasts. London, Athlone, 1970,
pág. 18.
9 Ibíd., pp. 20-21.
Mundial, como “la guerra judía”, el significado de la frase “la guerra contra los
judíos” aún tiene que entrar completamente en el campo de estudios históricos
de la era nazi. Tenemos que examinar la traducción de la ideología en el discurso
político y la interpretación del antisemitismo simultáneamente como una
cuestión de odios y una estructura explicativa.
Un segundo propósito de este ensayo es ahondar nuestra comprensión del
papel de la teoría conspirativa del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
En Warrant for genocide. The myth of the Jewish world-conspiracy and the
Protocols of the Elders of Zion,5 de 1967, Norman Cohn examinó los orígenes de
la creencia nazi en la existencia de una conspiración judía internacional, como
así también las implicaciones de genocidas en esa convicción.6
Más recientemente, Saul Friedländer desarrolló la tesis del “antisemitismo
redentivo” para describir la ideología y las políticas nazis en las décadas de
1920 y 1930, dirigiendo una renovada atención tanto hacia la importancia de la
creencia en una conspiración judía internacional como hacia la idea del impacto
político en la “era de persecución”, desde 1933 hasta 1939.7
El distinguido historiador de arte británico E. H. Gombrich fue el primero en
examinar la conexión entre la teoría conspirativa y la propaganda de guerra
nazi. En una conferencia dictada en 1969, Gombrich se refirió a su experiencia
en la BBC supervisando transmisiones de radio alemanas en tiempos de guerra,
para observar que “lo que es característico de la propaganda nazi no es tanto la
mentira, sino –más bien– la imposición de una mirada paranoica sobre los
acontecimientos mundiales”.8 En ese esfuerzo, la propaganda nazi creó un
mundo mítico, “transformando el universo político en un conflicto de personas
y personificaciones” en el cual una Alemania poderosa luchaba virilmente contra
malvados intrigantes; sobre todos, los judíos.
La noción de “los judíos” estableció la lógica de este mito originario en los
relatos de las batallas políticas dentro de Alemania y, luego, en el plano internacional.
Era, Gombrich continuaba, “esta gigantesca manía persecutoria, este
mito paranoico que (…) (fue sostenido) por el conjunto de las múltiples instancias
de propaganda alemana”.9
Gombrich argumentó que, para los nazis, “la guerra era sólo una guerra con40
/ Nuestra Memoria
10 Ibíd., pp. 22-23.
11 El primer trabajo fue hecho durante la guerra: Sington, Derrick; Weidenfeld, Arthur. The
Goebbels experiment. A study of the Nazi propaganda machine. New Haven, CT, Yale
University Press, 1943. Para los trabajos de posguerra ver Bramsted, Ernest. Goebbels and
National Socialist propaganda. 1925-1945. East Lansing, Michigan State University Press,
1965; Gombrich, E. H., op. cit.; Baird, Jay W. The mythical world of Nazi war propaganda.
1939-1945. Minneapolis, University of Minnesota Press, 1974; Herzstein, Robert Edwin. The
war that Hitler won. The most infamous propaganda campaign in history. New York, Putnam,
1978; Hagemann, Jürgen. Die Presselenkung im Dritten Reich. Bonn, Bouvier, 1970; Goldhagen,
Erich. “Obsession and realpolitik in the Final Solution”, en Patterns of prejudice. 12:1, 1978,
pp. 1-16; Aronsfeld, Caesar C. “Perish Judah! Extermination propaganda”, Patterns of
prejudice. 12:5, 1978, pp. 17-26; Aronsfeld, Caesar C. The text of the Holocaust. A study of
the Nazis’ extermination propaganda. 1919-1945. Marblehead, MA, Micah, 1985.
12 Bankier, David. The Germans and the Final Solution. Public opinion under Nazism. Oxford,
Blackwell, 1992, pp. 154-155; Kershaw, Ian. The “Hitler myth”. Image and reality in the
Third Reich. Oxford, Clarendon, 1987.
13 Como una joven mujer, la prominente especialista en opinión pública alemana Elizabeth
Noelle-Neumann trabajó en el Ministerio de Propaganda. Posteriormente publicó un estudio
clásico de opinión pública enfocado en un “espiral de silencio”, en el cual la gente era renuente
a hablar públicamente por miedo al ostracismo. El estudio se centraba en la formación
de la opinión pública en las sociedades democráticas. La tesis básica refería a “espirales
de palabra” y “espirales de silencio” aplicados con mayor fuerza aún en condiciones de
dictadura totalitaria, en la cual el gobierno posee el monopolio de los medios. Noelle-
Neumann, Elizabeth. The spiral of silence. Public opinion, our social skin. Chicago,
University of Chicago Press, 1993. 1ª edición: 1984.
tra el Demonio, el judío”, quien era el poder real detrás de los Estados soberanos
de Estados Unidos, el Reino Unido, y la Unión Soviética. Este mito era “autoconformador”:
una vez que la persona quedaba atrapada en él, se le volvía realidad,
“ya que si usted lucha con todos, todos lucharemos con usted, y mientras
menos misericordia muestre, mayor es el compromiso de su parte a luchar
hasta el fin”.10
Una impresionante cantidad de especialistas han sido pioneros, con trabajos
acerca de la propaganda nazi. En estudios publicados durante las décadas de
1960 y 1970, Jay Baird, Ernest Bramsted, Erich Goldhagen, E. H. Gombrich,
Jürgen Hagemann y Robert Herzstein presentaron temas claves, estructuras institucionales,
cauces de influencia y modelos de difusión.11
En un importante estudio sobre el impacto de la propaganda antisemita nazi,
David Bankier concluyó que la habilidad de la propaganda nazi “para penetrar
en la población alemana ha sido exagerada”, pero también que fue efectiva en
promover la indiferencia y la hostilidad hacia los judíos “porque extensos sectores
de la sociedad alemana eran propensos al antisemitismo”.12
A pesar de que algunos alemanes pudieron haber sido escépticos acerca de
los mensajes que emanaban del Ministerio de Propaganda, no tenían acceso a
interpretaciones alternativas de los eventos.13
Más recientemente, Yehuda Bauer y Robert Gellately han examinado la recepción
de los mensajes del régimen entre las élites y las no élites alemanas,
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 41
14 Gellately, Robert. Backing Hitler. Consent and coercion in Nazi Germany. Oxford, Oxford
University Press, 2000; Bauer, Yehuda. Rethinking the Holocaust. New Haven, CT, Yale
University Press, 2001.
15 Koonz, Claudia. The Nazi conscience. Cambridge, MA, Harvard University Press, 2004.
1ª edición: 2003.
para comprender lo que Bauer llamó la creación de un “consenso”, hacia fines
de la década de 1930, entre las élites políticas que incluyó un antisemitismo
radical.14
Claudia Koonz ha sostenido que mucha de la propaganda nazi durante la década
de 1930 construyó consenso sólo con modestas e intermitentes apelaciones
a temas explícitamente antisemitas.15 La figura emergente de esta especialista
es la de una minoría radical nazi operando en una sociedad con un consenso
antisemita menos radical, pero amplio. Un consenso general lo suficientemente
amplio como para tornar indiferentes a los individuos ante los rumores
y la diversidad de claros indicios que señalaban que estaba teniendo lugar un
asesinato en masa. Es más, el consenso en el apoyo a Hitler dependía más de sus
presuntos éxitos de 1939: la recuperación económica, la restauración del orgullo
nacional y la política exterior.
Un tercer propósito es mostrar cómo el aparato de propaganda nazi “modernizó”
las amplias teorías conspirativas, abarcando personas y eventos. El antisemitismo
nazi se volvió una forma de crear comunión entre eventos con sentido
y sin sentido.
En las últimas décadas, historiadores del pensamiento han dedicado gran
atención a los discursos políticos que utilizamos en nuestras reconstrucciones
del pasado. Centramos nuestra atención en la translación –por los propios actores
históricos– de la ideología en un discurso político cotidiano y semanal.
Este fenómeno es un importante y aún no examinado aspecto de la historia
de la cultura política. Las ideologías políticas no son meras afirmaciones de
principios. Su validez para sus creyentes y potenciales seguidores también se
asienta en su habilidad para ofrecer explicaciones plausibles acerca de qué es lo
que está ocurriendo en el mundo.
La propaganda nazi, repetitiva como fue, en lo central no consistió en interminables
repeticiones de citas de Mein Kampf. Además de crear un mito cercano
a la infalibilidad de Hitler y sus textos básicos, el régimen continuamente tradujo
el odio en una estructura interpretativa.
A través del prisma del antisemitismo radical, los nazis explicaban cuál creían
que era la paradoja central de la Segunda Guerra Mundial; a saber, la emergencia,
profundidad y persistencia de la alianza entre la Unión Soviética y las
democracias occidentales.
El presidente Franklin Roosevelt y el primer ministro Winston Churchill han
42 / Nuestra Memoria
16 La propaganda antisemita del régimen nazi fue “una mezcla compleja y singular de cálculo
racional y fanatismo irracional”. (Goldhagen, E., op. cit., pág. 1.) Para una mirada sobre la
reciente discusión acerca de la simultaneidad de motivaciones ideológicas y utilitarias en el
Holocausto ver Herbert, Ulrich. “Extermination policy. New answers and questions about
the history of the ‘Holocaust’ in German historiography”, en Herbert, Ulrich. National
Socialist extermination policies. Contemporary German perspectives and controversies.
New York, Berghahn, 2000, pp. 1-54; Bankier, David. “The uses of anti-semitism in Nazi
wartime propaganda”, en Berenbaum, Michael; Peck, Abraham J. (eds.). The Holocaust and
history. The known, the unknown, the disputed, and the reexamined. Bloomington, Indiana
University Press, 1998, pp. 41-55.
decidido hacer un pacto con el mal menor, el régimen de Stalin, con el objeto
de vencer a lo que veían como el mayor de los males, la Alemania de Hitler. Para
los propagandistas nazis –sin embargo– sólo la judería internacional podía lograr
que tan extraños aliados se juntaran.
De esta manera, la propaganda nazi fue simultáneamente un cínico y utilitario
instrumento político, tanto como una estructura interpretativa fanática y en
la cual creían profundamente.16
La proyección de la agresión y criminalidad de la Alemania nazi hacia el enemigo
justificaba un tipo (preventivo) de respuesta alemana; la profundidad de
la lealtad con el régimen era forjada por ligazones de complicidad en el crimen;
buscaba minar el apoyo al esfuerzo de guerra en Gran Bretaña, Estados Unidos
y la Unión Soviética presentando la Segunda Guerra Mundial como una guerra
emprendida por y para los judíos; e intentó destruir la coalición antinazi denunciando
que sus miembros eran títeres de los judíos.
En cuarto lugar, apoyo la revisión de algunos puntos de vista tradicionales
acerca de la naturaleza del lenguaje en el régimen nazi.
El sentido común sostiene que Hitler y otros asesinos de masas no revelaron
públicamente los crímenes que tenían intenciones de cometer o que estaban cometiendo;
más bien, los ocultaban tras una nube de mentiras y eufemismos burocráticos.
Por lo tanto, trabajar en los archivos de memorandos secretos o en los
diarios personales de los principales líderes, tales como Heinrich Himmler o
Goebbels, podría revelar detalles de los asesinatos en masa que los nazis mantenían
ocultos de la mirada pública.
Como erudito he indicado la importancia de tal investigación; como historiador
de las ideas y la cultura, especializado en cultura política alemana, necesito
destacar la importancia de los registros públicos del nazismo. Pues, en medio
de las mentiras y en ausencia de nombres propios y lugares específicos, líderes
y propagandistas nazis hablaron en público ante millones de personas en una
forma tan directa, rotunda y perversamente honesta acerca de sus intenciones
hacia los judíos que tanto oficiales y periodistas de aquel tiempo como los historiadores
ya han reconocido.
No sólo los nazis pretendían decir sus planes para la judería europea, sino
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 43
17 Este no es sólo un asunto de especialistas post-facto, sino también respecto a la masiva “falla
de inteligencia” actual de la Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos (OSS),
que falló en entender o centrar su atención en el asesinato masivo de judíos. Esto fue de lo
más sorprendente considerando que la División de Investigación y Análisis de la OSS fue
integrada por algunos de los más brillantes intelectuales de la izquierda alemana refugiados
durante ese período, incluyendo a Franz Neumann, Herbert Marcuse y Carl Schorske. El examen
de las relaciones entre la teoría social de la izquierda y la falla de inteligencia de la OSS
va más allá del alcance de este ensayo, pero abre fascinantes posibilidades para investigaciones
futuras. Los trabajos de Richard Breitman sobre la inteligencia en tiempos de guerra
ofrecen importantes ideas sobre este punto.
18 Los textos clásicos son Orwell, George. “Politics and the English language”, en Orwell,
Sonia; Angus, Ian (eds.). The collected essays, journalism, and letters of George Orwell. Vol. 4:
In front of your nose. 1945-1950. New York, Harcourt, Brace and Janovich, 1968, pp. 127-140;
y por supuesto, el libro de Orwell 1984.
19 Ver “Endlösung der Judenfrage” y “Sonderbehandlung”, en Schmitz-Bering, Cornelia.
Vokabular des National-Sozialismus. Berlin, De Gruyter, 1998, pp. 174-176 y 584-587. También
Lang, Berel. Act and idea in the Nazi genocide. Chicago, University of Chicago Press, 1990.
20 Lang, B., op. cit., pág. 88. Señala los infames eufemismos para “asesinato”, tales como
Entsprechend behandelt (“tratar apropiadamente”), Aussiedlung (“evacuación” o “reasentamiento”),
Befriedigungsaktion (“pacificación especial”) o Ausschaltung (“remoción”).
21 Ibíd., pp. 92-93.
que anunciaban sus intenciones en escritos y en la radio, llegando a cientos de
miles de lectores o millones de oyentes.
En discursos públicos hablaban con los eufemismos que se volvieron tan conocidos
en los análisis del lenguaje del totalitarismo de la posguerra.17
El famoso escritor George Orwell escribió que el lenguaje y la propaganda de
las dictaduras totalitarias están formados por “eufemismos, cuestiones mendaces
y puras vaguedades oscuras”. Argumentó que, en los esfuerzos por “defender
lo indefendible”, los regímenes totalitarios sustituyen abstracciones imparciales
por simples nombres propios y verbos viscerales.18
El lenguaje burocrático de los memorandos internos de la Oficina Principal de
Seguridad del Reich, la agencia del régimen nazi que implementó el genocidio,
ha utilizado ampliamente –según nuestro conocimiento– las actualmente infames
abstracciones “Solución Final” (Endlösung), “tratamiento especial”
(Sonderbehandlung) o “reasentamiento en el Este” (Aussiedlung nach den Osten).19
Más recientemente, Berel Lang se ha referido a “la evidente disparidad entre la
connotación normal de la palabra y su significado” en el vocabulario nazi y a “‘reglas
del lenguaje’ explícitamente designadas para encubrir el sentido literal”.20
Continúa diciendo que el lenguaje del eufemismo y el engaño se usó no sólo
en comunicaciones internas entre oficiales o en mensajes destinados a engañar
a los judíos, sino “también en los dirigidos hacia el mundo exterior (…). Las órdenes
para los más amplios y secretos planes de asesinato, bajo la égida general
de la Solución Final, fueron casi siempre dictadas en términos difusos y
abstractos”.21
44 / Nuestra Memoria
22 Arendt, Hannah. The origins of totalitarianism. New York, Meridian, 1958, pág. 343. 1ª edición:
1951.
23 Para evidencia de lo contrario ver Aronsfeld, C., “Perish…”, op. cit.; Aronsfeld, C., The
text…, op. cit.
Claro, el lenguaje de eufemismos y mentiras fue un aspecto crucial del Holocausto,
pero no fue la manera predominante en la cual los líderes nazis trataban
sus políticas hacia los judíos.
El trabajo de Caesar Aronsfeld sobre “el texto del Holocausto” presentó el
lenguaje no eufemístico del régimen nazi, pero no logró quebrar el saber convencional.
En una visión que no desarrolló totalmente, Hannah Arendt –en Los orígenes
de totalitarismo– también indicó otra manera de pensar el idioma nazi. Escribió
que “para no sobrestimar la importancia de las mentiras de la propaganda, uno
debe recordar los mucho más numerosos casos en que Hitler fue completamente
sincero y brutalmente inequívoco en la definición de los verdaderos objetivos
del movimiento”. Pero estas aserciones, continuó, “simplemente no fueron reconocidas
por un público desprevenido para tal lógica”.22
Tiempo después, no obstante, Arendt misma dirigió su intuición hacia lo periférico,
dado que también se centró cada vez más acerca del rol de la lógica burocrática
y la “banalidad del mal”. Esto indica la persistencia de la imagen de
un régimen que hablaba públicamente en código, reemplazando un discurso
claro con eufemismos, y daba pequeños indicios de sus intenciones.23
Quiero reformar el problema del eufemismo y la claridad en el discurso
público nazi. De hecho, el lenguaje público del régimen nazi a menudo fue
una cruda declaración de sus intenciones criminales, siempre asociadas con
proyecciones de sus propias políticas de asesinato en masa a la “judería internacional”.
Dos importantes verbos y sustantivos eran el centro de este idioma de asesinato
en masa. Ninguno de ellos, en ningún contexto, es un eufemismo. Estos
eran los verbos “vernichten” y “ausrotten”, que son sinónimos de “aniquilar”,
“exterminar”, “destruir completamente” y “matar”, y los sustantivos “Vernichtung”
y “Ausrottung”, cuyo significado es “aniquilación”, “exterminio”, “destrucción
total” y “asesinato”.
Si tomamos su significado del diccionario y lo ponemos en el contexto de los
discursos, párrafos y frases en que fueron proferidos, el significado de estos términos
era inequívoco. Cuando Hitler y otros líderes y propagandistas nazis los
profirieron, invariablemente lo hicieron en el contexto de proyectar sus verdaderas
intenciones y planes de “exterminar” (ausrotten) o “aniquilar” (vernichten)
a la “judería internacional” no al régimen nazi, ni al partido nazi, ni a los ejércitos
alemanes, sino al pueblo alemán en su conjunto.
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 45
24 Sobre el problema de la falencia de los adversarios del nazismo para tomar en serio la ideología
nacionalsocialista ver el ensayo clásico de Bracher, Karl Dietrich. “The role of Hitler.
Perspectives of Interpretation”, en Laqueur, Walter (ed.). Fascism. A reader’s guide. Analyses,
interpretations, bibliography. Berkeley, University of California Press, 1976.
25 Para una importante colección de transcripciones de discursos y ensayos antisemitas nazis
emitidos por la radio alemana desde principios de la década de 1930 hasta las declaraciones
en los juicios de Nüremberg ver Roller, Walter; Höschel, Susanne (eds.). Judenverfolgung
und jüdisches Leben unter den Bedingungen der nationalsozialistischen Gewaltherrschaft.
Vol. 1: Tondokumente und Rundfunksendungen. 1930-1946. Postdam, Verlag für Berlin-
Brandenburg, 1996. Sobre “trabajar para el Führer” ver Kershaw, I. Hitler…, op. cit. Para un
valioso estudio de las manifestaciones antisemitas de Hitler y sus decisiones de implementar
políticas antisemitas ver Longerich, Peter. The unwritten order. Hitler’s role in the Final
Solution. Stroud, Reino Unido, Tempus, 2001.
26 “13.9.1937. Adolf Hitler. Ansprache auf dem Reichsparteitag der NSDAP in Nürnberg”, en
Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pág. 98.
27 “6.9.1938. Adolf Hitler. Ansprache auf dem Reichsparteitag der NSDAP in Nürnberg”, en
Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pág. 113.
Cuando los nazis imputaban una política de Vernichtung o Ausrottung al
nombre propio colectivo “judería internacional”, el claro significado de las palabras
–en ese contexto– era que los judíos estaban siguiendo una política de
asesinato en masa del pueblo alemán en su conjunto.
Confiemos o no en las definiciones del diccionario, en el significado de las
palabras, en las frases individuales y párrafos o en el contexto en que los textos
aparecían, el texto escrito y los discursos ofrecidos son una poderosa evidencia
del significado no eufemístico y no metafórico de estas palabras. Cuando imputaban
tales intenciones a los judíos y hablaban de sus propias intenciones, la
evidencia no apoya la opinión de que los líderes nazis estaban hablando eufemísticamente.
El significado de sus palabras, para aquellos que los tomaron en
serio, era directo. Los nazis dijeron lo que quisieron decir, y su significado era
el que dijeron.24
II
Hitler, el principal propagandista y tomador de decisiones nazi, mostró su voluntad,
en muchas oportunidades, a través de declaraciones públicas que informaban
a otros líderes nazis qué significaba “trabajar para el Führer”, y otras
veces, mediante más explícitas conversaciones privadas con ellos.25
En su discurso ante el mitin partidario de Nüremberg, en septiembre de 1937,
Hitler imputó a la “judería” la intención de “exterminar a la intelectualidad nacional
alemana”.26
Durante el mitin de 1938 acusó al “enemigo judío mundial” de intentar la
“aniquilación de los Estados arios”.27
En su discurso ante el Reichstag del 30 de enero de 1939 pronunció su infame
profecía: “Si la judería financiera internacional, dentro y fuera de Europa,
46 / Nuestra Memoria
28 Domarus, Max (ed.). Reden und Proklamationen. 1932-1945. 2 vols. Wiesbaden, Löwit, 1973,
pág. 1058.
29 “30.1.1941. Adolf Hitler. Kundgebung im Berliner Sportpalast zum 8. Jahrestag der nationalsozialistischen
Machtergreifung”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pp. 165-166.
30 “30.9.1942. Adolf Hitler. Ansprache auf einer Kundgebung im Berliner Sportpalast zur Eröffnung
des Kriegswinterwerks”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pp. 216-217.
31 “8.11.1942. Adolf Hitler. Ansprache im Münchener Löwenbräukeller anläßlich einer Gedenkfeier
zum Marsch auf die Feldherrnhalle 1923”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pág. 219.
32 “30.1.1944. Adolf Hitler. Rundfunkansprache zum Jahrestag der nationalsozialistischen
Machtergreifung”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pág. 239.
tuviera éxito en sumergir a las naciones –una vez más– en una guerra mundial,
el resultado no será la bolchevización de la Tierra mediante la victoria de la judería,
¡sino la aniquilación (Vernichtung) de la raza judía de Europa!”.28
Repitió la “profecía”, exceptuando la palabra “Vernichtung”, el 30 de enero
de 1941, cuando dijo que el rol de los judíos en Europa había finalizado.29
En un discurso en el Palacio de los Deportes, el 30 de septiembre de 1942,
dijo (con el acompañamiento de aplausos) que serían los judíos y no el “pueblo
ario” quienes serían “exterminados” (ausgerottet).30
Unas pocas semanas más tarde (el 8 de noviembre de 1942), en el Löwenbräukeller
de Munich, repitió que el resultado de la guerra no será la “exterminación
(Ausrottung) de las razas europeas, sino –más bien– la exterminación de la judería
de Europa”.31
El 1º de enero de 1944, cuando cerca de cinco millones de judíos ya habían
sido asesinados, Hitler –en su discurso radial anual (desde su cuartel general del
este de Prusia)– imputó al “bolchevismo” intentar una guerra de “exterminio
completo” (völlige Ausrottung) de la nación alemana.32
Cada uno de estos discursos fue noticia de primera plana en el periódico oficial
del gobierno, el Völkischer Beobachter, y otros diarios importantes, fue transmitido
por la radio nacional y reproducido en panfletos. Algunos fueron extractados
en miles de posters, que cada semana eran colocados en lugares públicos de
las ciudades alemanas.
Aunque Hitler expresó estas amenazas en complejas frases, con estructuras
verbales pasivas y sujetos impersonales, estaba claro que estaba diciendo que si
estallara una guerra en Europa, estaba planeando un exterminio –esto es, el asesinato–
de los judíos de Europa.
Nada irónico había en sus amenazas. De hecho, su “sofisticación” –ya sea inspirada
en el marxismo, el liberalismo o el conservadorismo– es una barrera para
la comprensión de que el significado literal de las palabras era su significado
real. La publicación –en 1996, por historiadores alemanes que trabajaron con los
archivos de la radio alemana Deutschen Rundfunkarchiv, en Frankfurt am
Main– de transcripciones de unos 160 discursos antisemitas de líderes nazis
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 47
33 Goebbels, Joseph. “Die Juden sind Schuld!”, en Das Eherne Herz. Reden und Aufsätze aus
den Jahren 1941-42. Munich, Zentralverlag der NSDAP, 1943, pp. 85-91; Goebbels, Joseph.
Das Eherne Herz. Reden vor der Deutschen Akademie. Munich, Zentralverlag der NSDAP,
1942; Goebbels, Joseph. “Nr. 17. 18.2.43-Berlin, Sportpalast-Kundgebung des Gaues Berlin
der NSDAP”, en Reden. 1939-1945. Vol. 2. Munich, Wilhelm Heyne Verlag, 1972, pp.
172–208; Goebbels, Joseph. “Der Krieg und die Juden”, en Der Steile Aufstieg. Reden und
Aufsätze aus den Jahren 1942/43. Munich, Zentralverlag der NSDAP, Franz Eher, 1944, pp.
263-270.
34 “4.10.1942. Hermann Göring. Ansprache auf einer Feier zum Erntedankfest im Berliner
Sportpalast”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pág. 217.
transmitidos por la radio nacional ofrece alemana ofrece ejemplos contundentes
de su franqueza verbal.
Durante los años de la guerra, Hitler se retiró gradualmente de la vista pública.
Por el contrario, Goebbels se volvió –en forma creciente– la voz y el rostro
claves del régimen.
En discursos y ensayos en vivo en la radio alemana y publicados en la prensa,
Goebbels también utilizó las palabras Vernichtung y Ausrottung para describir
lo que la “judería” intentaba hacerle al pueblo alemán, pero también para lo
que el régimen nazi iba a hacer y ya estaba haciendo.
Algunas de estas amenazas aparecieron en cuatro discursos específicamente
dedicados a los judíos y la guerra: el editorial “¡Los judíos son culpables!”, en
Das Reich, el 16 de noviembre de 1941; el discurso “Corazón de bronce” a la
Deutschen Akademie en el mitin de la Universidad Friedrich Wilhelm, en Berlín,
el 1º de diciembre de 1941; el discurso “¿Queréis una guerra total?”, brindado
en el Berlin Sportpalast el 18 de febrero de 1943; y el ensayo “La guerra y
los judíos”, del 9 de mayo de 1943, publicado en Das Reich y entonces leído por
la radio alemana.33 Repitió estas proyecciones, amenazas y aseveraciones, como
una política permanente, en muchas otras numerosas ocasiones, como también
en discursos relacionados con otros temas, como la “cuestión judía”.
Antes de volver sobre algunos de estos textos, debemos tener presente que Hitler
y Goebbels no estaban solos. El régimen –a veces descrito por los historiadores
alemanes como una “policracia”– estaba atravesado por disputas internas y rivalidades,
hablando con una única voz pública cuando se refería a los judíos y a la
naturaleza de la Segunda Guerra Mundial. Cientos de declaraciones públicas antisemitas
fueron transmitidas por la radio alemana expresando este consenso.
En un discurso en el Berlin Sportpalast, el 4 de octubre de 1942, Hermann
Göring –sucesor designado por Hitler, director del Plan Cuatrienal, jefe de la
Luftwaffe y habitualmente considerado como la segunda figura más poderosa
del régimen nazi– dijo entre aplausos: “Si perdemos la guerra, ustedes (los alemanes)
serán aniquilados (vernichtet) (…). Esto no es la Segunda Guerra Mundial,
es una gran guerra de razas. Se trata de si el ario alemán sobrevivirá o si
el judío gobernará el mundo, y por eso estamos luchando en el extranjero”.34
48 / Nuestra Memoria
35 “Ende 1939. Robert Ley. Ansprache vor deutschen Arbeitern in Lodz”, en Roller, W.; Höschel,
S., op. cit., pág. 158.
36 “3.9.1941. Robert Ley. Ansprache in Troisdorf anläßlich der erstmaligen Verleihung von
Kriegsverdienstkreuzen an Frauen”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pág. 189; “6.2.1942.
Robert Ley. Schulungsappell der politischen und wirtschaftlichen Unterführer des Hauses
Siemens im Berliner Sportpalast”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pp. 206-207.
37 “10.5.1942. Robert Ley. Ansprache auf einer gemeinsamen Kundgebung der NSDAP und der
NSB in Heerlen”, en Roller, W.; Höschel, S., op. cit., pág. 210.
Mientras que nadie describiría a Hitler, Goebbels o Göring como sutiles pensadores,
sus evocaciones del “exterminio” de los alemanes y la “aniquilación”
de los judíos eran obras maestras de tortuosidad, comparadas con las terminantes
aserciones del líder del Frente Alemán del Trabajo, Robert Ley.
En diciembre de 1939, Ley advirtió –en la Lodz ocupada por los alemanes–
que si Inglaterra ganaba la guerra, “el pueblo alemán, hombres, mujeres y niños,
serían exterminados (ausgerottet) (…). El judío estaría chapoteando en la sangre.
Se construirían piras fúnebres, en las que los judíos nos quemarían”. Los
judíos harían esto en nombre de Dios, pero “nosotros queremos evitar esto. Más
bien deben ser los judíos quienes se frían, más bien son ellos quienes deben ser
quemados, quienes deben ser hambreados, quienes deben ser exterminados”.35
Estas palabras provocaron fuertes aplausos y gritos de “¡Sieg Heil!”. Ley lo repitió
en muchos de sus discursos durante 1941 y 1942.36
Hablando ante trabajadores alemanes y holandeses en Amsterdam, el 10 de
mayo de 1942, Ley dijo “sin pelos en la lengua”:
Camaradas, créanme. No estoy pintando un cuadro demasiado siniestro.
Es un asunto amargo para mí, amargamente serio. El judío es un peligro
para la humanidad. Si no tenemos éxito en la tarea de exterminarlo
(ihn auszurotten), entonces habremos perdido la guerra. No es suficiente
trasladarlos a otra parte (ihn irgend wohin zu bringen). Eso sería
como pretender encerrar a un piojo en una celda con llave. (Risas.) Ellos
encontrarían una forma de escaparse y venir nuevamente a generarnos
comezón. (Risas.) Ustedes tienen que aniquilarlos (vernichten), tienen
que exterminarlos (por lo que) ellos le han hecho a la humanidad. (Interrumpido
por continuos aplausos.)37
En Amsterdam, Ley llegó tan lejos como para afirmar públicamente que la migración
masiva de judíos de un lugar a otro no bastaría. La transcripción de la
radio no sólo indica que Ley quiso decir lo que dijo sino, además, que el público
lo entendió y estaba de acuerdo. El punto es que Hitler impuso el tono público y
que muchos otros de los líderes del régimen hablaron aun más francamente.
En la formulación de Caesar Aronsfeld, el “texto del Holocausto”, aunque privado
de detalles cruciales, era más franco que los eufemismos de memorando
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 49
38 El importante papel que los noticieros cinematográficos jugaron en el despliegue del discurso
político nazi durante la guerra va más allá del alcance de este ensayo. Películas antisemitas
nazis famosas, en particular Jüd Süss (El judío Süss) y Der Ewige Jüde (El judío
errante), eran más importantes como armazón ideológico y emocional para ahondar el odio
hacia los judíos que por su contribución a un discurso político de eventos continuos.
confidencial a menudo citados. Maestros de la tortuosidad y de una negación
creíble, los líderes nazis –no obstante– eran tan claros en su política general
como vagos en los detalles de su aplicación. Los lectores y oyentes podían recibir
sus afirmaciones con los prejuicios racionalistas de una era cínica, pero
aquellos que los tomaron al pie de la letra entendieron la conexión entre la palabra
y el hecho.
La propaganda antisemita en la Alemania nazi era penetrante, pero no se
bombardeaba con ella a lectores y oyentes en forma cotidiana. Más bien, el régimen
lanzó una serie de campañas.
El examen de titulares y noticias de primera plana que contienen temas antisemitas
en el periódico Völkischer Beobachter entre 1939 y 1945 ofrece un indicador
para medir esta maratónica carrera de vallas que aparecía como respuesta
a desarrollos particulares de la guerra.
En este período completo, sólo el cuatro por ciento (84 de 2.100) de las historias
de primera página expresaban denuncias antisemitas frecuentes: los judíos
empezaron la Segunda Guerra Mundial; planearon exterminar a los alemanes;
Churchill, Stalin y –sobre todo– Roosevelt eran herramientas del poder judío; la
alianza de las democracias y la Unión Soviética era la evidencia de una conspiración
judía mundial.
Hubo dos titulares de este tipo en 1939, ninguno en 1940, diecisiete en 1941,
cuatro en 1942, cincuenta en 1943, diez en 1944 y dos en la primavera de 1945.
La mayoría de las historias de primera página se pueden agrupar en cuatro
períodos: julio-agosto de 1941 (siete), abril-julio de 1943 (veintiséis), octubrenoviembre
de 1943 (trece) y mayo-junio de 1944 (nueve); veintiséis aparecieron
en otros momentos, durante la guerra y el Holocausto.
Debe tenerse presente que tales artículos eran publicados por unos medios de
comunicación completamente controlados. Sus contenidos podrían aparecer en
los discursos por Hitler o –más probablemente– Goebbels, en artículos de los
principales periódicos y revistas y en carteles pegados en lugares públicos prominentes,
como estaciones del tren y correos.
Claro está que los medios de comunicación no publicaron artículo alguno
sobre la “Solución Final”. Sin embargo, un lector de la prensa o un oyente de la
radio sabía que el régimen nazi había declarado a los judíos “culpables” de la
guerra y todo el sufrimiento por ella causado, y que se estaba implementando la
profecía de Hitler de la preguerra: que exterminaría a los judíos si una nueva
guerra mundial estallaba.38
50 / Nuestra Memoria
39 Para un ejemplo ver “Der grosse Entschluss des Führers. Wie jüdische-bolschewistische
Weltverschwörung vereitelt wurde. Invasion-der Weg zum Ziel Moskaus”, en Völkischer
Beobachter. Münchener Ausgabe, 22/6/44, pág. 1.
40 Sobre las diarias conferencias de prensa ver más abajo y también Reuth, Ralf. Goebbels. Eine
Biographie. Munich, Piper, 1995; Bramsted, Ernest K. Goebbels and National Socialist
propaganda. 1925-1945. East Velrag Lansing, Michigan State University Press, 1965.
41 Por las Presseanweisungen de 1939-1945 ver “Sammlung Oberheitmann” ZSg 109.
Zeitgeschichtliche Sammlung, Bundesarchiv Koblenz. Un examen detallado de las directivas
forma parte de un trabajo en progreso del cual este artículo es un adelanto.
42 Sobre Dietrich ver el material presentado por la Fiscalía en “The Ministries case”, en Trials
Como la periodización –más arriba mencionada– de las campañas lo indica,
éstas estallaron en cuatro oportunidades: cuando el curso de la guerra estaba a
favor del régimen (julio-agosto de 1941) y cuando el curso se volcó en su contra,
en la primavera de 1943.
Luego de la afirmación de Roosevelt y Churchill, en Casablanca, de su objetivo
de lograr una rendición incondicional y la capitulación del Sexto Ejército
Alemán en Stalingrado, en enero de 1943, la Oficina de Prensa del Reich dio directivas
para intensificar el foco en el antisemitismo.
Afirmaron que los “comisarios judíos” fueron responsables del asesinato de
oficiales del ejército polaco en Katyn y aprovecharon para lanzar el mensaje de
que la Segunda Guerra Mundial era una “guerra judía” contra Alemania.
En forma análoga, la invasión a Normandía, de junio de 1944, y las semanas anteriores
a ella provocaron diez encabezados antisemitas, en mayo y junio. Estos
presentaban la invasión como una prueba adicional de que la conspiración judía
internacional estaba dirigiendo la guerra y de que Roosevelt y Churchill eran víctimas
de Stalin, en un “complot judeobolchevique” para dominar Europa.39
III
Las historias de los titulares del Völkischer Beobachter eran sólo una parte de
las campañas coordinadas del Ministerio de Propaganda. En Berlín, todas las
mañanas durante la guerra, Goebbels sostuvo una conferencia de prensa en la
que brindaba un monólogo sobre los eventos del día y daba instrucciones acerca
de cómo la prensa y la radio debían presentar las noticias a las audiencias locales
y extranjeras.40
Poco más tarde, el jefe de la Oficina de Prensa del Reich, Otto Dietrich, o uno
de sus funcionarios daba una “conferencia de prensa”. En ellas, Dietrich –o aún
más a menudo, alguien de su equipo– transmitía a varios cientos de periodistas
y editores las Presseanweisungen (directivas de prensa), también llamadas las
Parole des Tages (Lema del día), en forma oral y escrita.41 Ellos transmitían las
órdenes a editores y publicistas, quienes trabajaban en los más de 3.000 periódicos
del país.42
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 51
of war criminals before the Nurenberg Military Tribunals. Vol. XII: Nurenberg, October 1946-
April 1949. Washington DC, United States Government Printing Office, 1949, pp. 198-199.
Por las Presseanweisungen de 1939-1945 ver the “Sammlung …” op. cit.
43 Dietrich, Otto. Parole des Tages. August 13, 1943, citado en Sünderman, Helmut. Tagesparolen.
Deutsche Presseanweisungen 1939-1945. Hitlers Propaganda und Kriegführung. Leoni Am
Starnberger. Druffel-Verlag, 1973, pp. 255-256.
Estas directivas eran entregadas con el máximo secreto y debían ser destruidas
o devueltas luego que las estudiaran. La revelación de sus contenidos podía acarrear
severos castigos. La coordinación de la prensa alemana fue –de esta manera–
un diario (para las revistas, semanal) ejercicio de control directo y detallado.
La discusión de las propias directivas va más allá del objetivo de este ensayo.
Es suficiente decir que ellas proveen abundante evidencia de que los propagandistas
del régimen tomaban seriamente sus discurso políticos referidos a
la conspiración judía internacional. Por el contrario, los memos marcados como
secretos no ofrecen evidencia de que sus autores en Berlín fuesen cínicos sobre
su propia propaganda. Por ejemplo, en la directiva de prensa del 13 de agosto
de 1943, Dietrich expresó la seriedad con que asumía la tesis de la conspiración
judía (a pesar de las quejas acerca de la falta de entusiasmo de algunos editores
por la última campaña de prensa):
El lema del día del jefe de Prensa del Reich, del 9 de agosto de 1943,
claramente se centró otra vez en el hecho que el bolchevismo y el capitalismo
son componentes de la misma estafa judía mundial, sólo que opera
bajo diferentes nombres, a pesar de que en el tratamiento de los temas
bolcheviques, los periódicos repetidamente sucumben a la ilusión de que
el capitalismo y el bolchevismo son dos perspectivas diferentes y antagónicas.
En particular, la agitación comunista recibe un estímulo permanente
porque la prensa toma las declaraciones bolcheviques seriamente,
como si el bolchevismo realmente necesitara destruir al capitalismo. En
realidad, estos dos sistemas judíos están trabajando mano a mano, uno
junto al otro. Ahora, la prensa alemana finalmente debe poner fin a esta
falsa y peligrosa tendencia que sabotea nuestra línea política. Los editores
que violen esta palabra del día serán considerados personalmente
responsables por ello.43
Numerosas declaraciones similares, en documentos internos del Ministerio
de Propaganda, atestiguan la convicción ideológica con que las afirmaciones
subyacentes eran pensadas para una audiencia de masas. La evidencia de la omnipresencia
de una creencia fanática entre los líderes y propagandistas es muy
convincente.
El siguiente examen de las declaraciones públicas de Goebbels desde los años
anteriores a la guerra hasta 1945 remarca la continuidad y la consistencia de su
52 / Nuestra Memoria
44 Foucault, Michel. Madness and civilization. A history of insanity in the age of reason. New
York, Random House, 1965.
45 La inmunidad a la refutación de las teorías conspirativas mediante realidades discordantes
es un tema familiar. Ver el estudio clásico de Hofstadter, Richard. The paranoid style in
American politics and other essays. Cambridge, MA, Harvard University Press, 1996. 1ª edición:
1965. Sobre la paranoia, los jacobinos y la Revolución Francesa ver el importante debate
en Furet, Francois. Interpreting the French Revolution. New York, Cambridge University
Press, 1981.
46 Goebbels, Joseph. “Rede des Reichsministers Dr. Goebbels auf dem Nürnberger Parteitag am
13. September 1935 gegen den Bolschewismus”, en Friedrichs, Axel (ed.). Dokumente der
Deutschen Politik. Deutschlands Weg zur Freiheit 1935. Vol. 3, de 4 volúmenes. Berlin, Junker
and Dunnhaupt, 1939, pp. 3-20. También Goebbels, Joseph. Kommunismus ohne Maske.
Munich, Zentralverlag der NSDAP, 1935.
47 Goebbels, J. Kommunismus…, op. cit., pág. 4.
48 Ibíd, pp. 4-5.
49 Ibíd., pág. 5.
propio fanatismo. Si uno estudia los treinta y pico de volúmenes de sus diarios
o los cientos de editoriales que ha escrito y discursos que ha brindado, uno se
encuentra con el carácter inquebrantable de su –en palabras de Foucault– “discurso
delirante”.44
El discurso político de Goebbels responde a eventos permanentes colocados
en una estructura preestablecida de una teoría conspirativa que –por definición–
era inmune a la refutación. Si fuerzas ocultas estaban detrás de los acontecimientos,
entonces allí no hay manera de desengañar a Hitler o Goebbels de
la idea que una poderosa conspiración internacional de los judíos fue la fuerza
conductora de la historia del mundo. Ya dentro del discurso delirante, todo
puede ser lógicamente adaptado dentro de un plan aparentemente coherente,
libre de las contingencias y las confusiones de explicaciones alternativas.45
Parte de su éxito yace en la repetición de temas básicos que aparentemente explicarían
eventos nuevos.
El discurso político antisemita del régimen quedó firmemente establecido
antes que Hitler comenzara la Segunda Guerra Mundial.
Durante el mitin en Nüremberg de 1935, llamado el Parteitag gegen den
Bolschewismus (Congreso del Partido contra el Bolchevismo), el discurso de
Goebbels hizo hincapié exactamente en el enlace entre el anticomunismo nazi
y el antisemitismo nazi. La imprenta del partido reprodujo el discurso en forma
de panfleto, bajo el título El comunismo sin máscara.46
Goebbels describió al bolchevismo como la “declaración de guerra” (Kampfansage)
judía en contra de la cultura.47 El bolchevismo fue un intento deliberado de ocasionar
“la destrucción absoluta” (die absolute Vernichtung) de los logros de Occidente
(Abendlandes), en provecho de una “camarilla internacional de conspiradores
desarraigados y nómades”,48 una pequeña camarilla judía que domina
la Unión Soviética.49
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 53
50 Ibíd., pág. 6.
51 Ibíd., pp. 14-15.
52 Goebbels, J. “Rede…” pág. 19.
53 Goebbels, Joseph. “Rede des Reichsministers Dr. Goebbels auf dem Parteikongress in Nurnberg
über die Weltgefahr des Bolschewismsus, vom 10. September 1936”, en Friedrichs, Axel
(ed.). Dokumente der Deutschen Politik. Band 4 Deutschlands Aufstieg zur Grossmacht.
Berlin, Junker and Dunnhaupt, 1937, pp. 53-77.
54 Ibíd., pág. 54.
55 Ibíd., pág. 55.
56 Ibíd., pág. 58.
57 Por ejemplo: Mosse, George. The crisis of German ideology. New York, Grosset and Dunlap,
1964; Stern, Fritz. The politics of cultural despair. New York, Anchor Doubleday, 1965; Herf,
La misión del nacionalsocialismo será prevenir la “bolchevización del mundo”.50
De hecho, “la internacional bolchevique” es “una internacional judía”.51
La “judería internacional” fue un sujeto históricamente existente, que representó
una amenaza a Europa y Occidente. El bolchevismo fue una amenaza porque
sirvió a los intereses de la judería internacional, que –desde el punto de
vista de Hitler y Goebbels– aportó los fundamentos raciales sobre los cuales reposaban
la teoría y la práctica comunistas.
El antibolchevismo del liderazgo nazi fue consecuencia de su antisemitismo.
Erradicar al bolchevismo a través de atacarlo y a sus supuestas raíces en los judíos.
Hitler tuvo que salvar Alemania y Europa estableciendo un “dique”, o bastión,
contra la propagación del bolchevismo.52
El nacionalsocialismo, lejos de ser un partido o un Estado con designios agresivos
hacia los demás, fue más bien un esfuerzo defensivo para salvar no sólo a
Alemania, sino también a la cultura europea y occidental de la destrucción a
manos de una amenaza previamente existente, pero ahora –al menos, parcialmente–
derrotada.
El discurso de Goebbels al Congreso del Partido, de 1936, “Weltgefahr des
Bolschewismus” (“El peligro mundial del bolchevismo”), repitió los fundamentos
del de 1935.53 Los judíos habían amenazado a Europa con Vernichtung.54 El
nacionalsocialismo ha de conducir la batalla contra el “judeobolchevismo” porque
la burguesía europea se ha tornado incapaz de hacerlo.55
La tarea de los nazis fue convencer a Alemania del “peligroso parasitismo de
esta raza” y abrir los ojos cerrados del mundo a la naturaleza de la judería y del
bolchevismo. De ahí que el régimen nazi nunca se cansó de afirmar públicamente
que “los judíos son culpables, los judíos son culpables”.56
La culpa, en el contexto de las reuniones partidarias en Nüremberg, radica en
la presunta relación entre los judíos y el comunismo. Estos elementos “antiorientales”
de la ideología y la propaganda nazi merecen tanta atención como
los ataques contra la modernidad occidental, que han recibido mayor atención
en la historia cultural e intelectual del nazismo.57
54 / Nuestra Memoria
Jeffrey. Reactionary modernism. Technology, culture and politics in Weimar and the Third
Reich. New York, Cambridge University Press, 1984.
58 Heider, Angelika. “Das Reich”, en Benz, Wolfgang; Graml, Herman; Weiß, Herman (eds.).
Enzyklopädie des Nationalsozialismus. Stuttgart, DTV, 1997, pág. 663; Kessemeier, Carin.
Der Leitartikler Goebbels in den NS-Organen ‘Der Angriff’ und ‘Das Reich’. Munster, Westf.,
Verlag C.J. Fahle, 1967, pp. 136-137. Acerca de la creación de Das Reich ver también Reuth,
R. G., op. cit. pp. 447-449; Baird, J., op. cit., pág. 25.
59 Kessemeier, C., op. cit., pp. 141-142.
60 Goebbels, Joseph. “Mimikry, 20 Juli 1941”, en Die Zeit ohne Beispiel. Reden und Aufsätze
aus den Jahren 1939/40/41. Munich, Zentralverlag der NSDAP, Franz Ever, 1941, pp. 526-
531; Goebbels, J. “Die Juden sind Schuld!”, op. cit., pp. 85-91; Goebbels, J. “Der Krieg… “,
op. cit., pp. 263-270; Goebbels, J. Der Steile Aufstieg…, op. cit. Para un listado completo
de los títulos de los editoriales de Goebbels en Das Reich ver Kessemier, C., op. cit., pp.
319-337.
La presentación que hizo Goebbels de la Alemania nazi como defensora de
Occidente contra el judeobolchevismo proveniente de Oriente continuó como
un elemento central de la propaganda durante la guerra.
Desde 1933 hasta la década de 1940, Goebbels publicó artículos en el Völkischer
Beobachter con cierta regularidad. En 1940 fundó un periódico semanal político
y cultural dirigido hacia un público intelectual en Alemania y el exterior. Das
Reich, publicado desde el 26 de mayo de 1940, hasta el 15 de abril de 1945, tuvo
una tirada que creció desde 500.000 en octubre de 1940 hasta 800.000 en 1941
y más de 1.400.000 hacia 1944.58 En 1940 Goebbels publicó sólo cuatro de sus
treinta y dos editoriales. No obstante, desde comienzos de 1941, escribió la mayoría
de los editoriales cada semana hasta el fin de la guerra. Él mismo u otros
los leían cada viernes por la tarde en la radio nacional.59 Das Reich se tornó el
periódico más importante leído por la élite política e intelectual de orientación
política nazi. La radio alemana, películas de cine, y la prensa gráfica difundieron
sus temáticas a un público mayor.
Goebbels frecuentemente incluyó temáticas antisemitas en los editoriales. De
los 218 que incluyeron condenas contra los judíos, tres se enfocaron exclusivamente
en ellos: “Mimesis”, del 20 de julio de 1941; “¡Los judíos son culpables!”,
del 16 de noviembre de 1941; y “La guerra y los judíos”, del 9 de mayo de
1943.60
Estos editoriales estructuraban argumentos claves, que podían ser insertos en
otros escritos, ya sea la temática sobre Inglaterra, los Estados Unidos, la Unión
Soviética, el bombardeo aliado a ciudades alemanas, la necesidad de la unidad
nacional en la “guerra total”, la alianza entre las “plutocracias” occidentales (un
termino nazi de uso frecuente para referirse a las democracias occidentales) y el
“bolchevismo judío”, o los orígenes de la guerra y su continuación, su intensificación
y su resultado eventual.
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 55
61 Goebbels, J. Die Zeit…, op. cit.
62 Sobre las percepciones de Roosevelt de la Alemania nazi como una amenaza para los Estados
Unidos ver Dallek, Robert. Franklin Delano Roosevelt and American foreign relations.
1932-1945. New York, Oxford University Press, 1979; Friedländer, Saul. Prelude to downfall.
Hitler and the United States. 1939-1941. New York, Knopf, 1967; Kimball, Warren F. Forged
in war. Roosevelt, Churchill and the Second World War. New York, William and Morrow,
1997; Kimball, Warren F. (ed.). Churchill and Roosevelt. The complete correspondence I.
Alliance emerging. Princeton, Princeton University Press, 1984. Para un estudio abarcativo
de la mirada sobre los Estados Unidos en la Alemania nazi ver Grassert, Phillip. Amerika im
Dritten Reich. Ideologie, Propaganda und Volksmeinung. 1933-1945. Stuttgart, Franz Steiner
Verlag, 1997. Para el punto de vista geopolítico de los Estados Unidos en la mirada de Hitler
ver Weinberg, Gerhard. Germany, Hitler and World War II. Essays in modern German and
world history. New York, Cambridge University Press, 1995.
Los lectores de Das Reich y los radioescuchas regulares de los discursos de
Goebbels recibían un consistente discurso político de eventos, en los cuales el
antisemitismo radical jugaba un rol central.
Entre agosto de 1939 y junio de 1941, el período de vigencia del pacto Hitler-
Stalin, Goebbels y la máquina de propaganda nazi amainaron los ataques sobre
el “bolchevismo judío”. No obstante, la propaganda antisemita continuó, ahora
dirigida hacia Gran Bretaña, Estados Unidos y los judíos, “los hombres tras
bambalinas” (Hintermänner).61
Si –como los nazis sostenían– estaban defendiendo a Europa contra la amenaza
bolchevique, su interés debería ser que la mayoría de los pueblos del Reino
Unido y los Estados Unidos al menos se mantuviesen neutrales y que la mayoría
apoyara el gran servicio a Occidente del nazismo.
Sin embargo, Roosevelt –con la consiguiente ocupación alemana de Bohemia
y Moravia, en marzo de 1939 (el nuevo Estado-títere de Eslovaquia no fue ocupado
hasta 1944)– y el primer ministro británico, Neville Chamberlain, advirtieron
contra la nueva expansión alemana.
El mensaje desde el Ministerio de Propaganda fue que el antinazismo norteamericano
y británico no se debía al expansionismo y el belicismo alemanes,
sino a la influencia judía en los gobiernos de las “plutocracias”.
Roosevelt veía la dominación nazi del continente europeo y las amenazas de
invadir Gran Bretaña y atacar barcos en el Atlántico como desafíos abiertos a la
seguridad nacional de los Estados Unidos. Si Gran Bretaña y su Armada cayeran
a manos de la Alemania de Hitler, la amenaza a los Estados Unidos –creía–
se agravaría.
A pesar de que Roosevelt se horrorizó por la persecución antijudía por parte
de los nazis, nunca presentó la intervención norteamericana en la guerra europea
como una respuesta dirigida, principalmente, a oponerse al asalto de Hitler
contra los judíos.62 A pesar de ello, los artículos y discursos de Goebbels de
1939-41 descartan la idea que la resistencia norteamericana se basaba en el
interés nacional.
56 / Nuestra Memoria
63 Goebbels, Joseph. “Was will eigentlich Amerika?”, en Die Zeit…, op. cit., pág. 24.
64 Ibíd., pág. 26.
65 Ibíd., pág. 27.
66 Idem.
67 Con respecto a miembros del gobierno norteamericano que, durante la Segunda Guerra Mundial,
pudieron interpretarla, dentro de los Estados Unidos, como una guerra para salvar a los
En lugar de eso, afirmaba que –en realidad– fue la influencia de los judíos,
combinada con lo que denunciaba como el imperialismo económico norteamericano,
lo que condujo a los Estados Unidos y Gran Bretaña a enfrentarse con la
Alemania nazi.
En “¿Qué es lo que Norteamérica realmente quiere?”, un ensayo aparecido en
el Völkischer Beobachter el 21 de enero de 1939, Goebbels escribió que el odio
y las mentiras acerca de la Alemania nazi estaban siendo difundidas en “casi
toda la prensa norteamericana, sobre todo en las partes que están dominadas
por los judíos”.63 Estos fueron los “inspiradores y beneficiarios de esta caza de
brujas”.64 Ellos controlan “la prensa de New York” y “casi toda la prensa (…),
radio (…) y cine” en los Estados Unidos, al servicio de la “caza de brujas” antialemana.
65
El régimen nazi –continuó– entiende que el pueblo norteamericano tiene “absolutamente
nada que ver con” esta campaña. En realidad, la Norteamérica no
judía se ha vuelto “víctima” de los judíos.66
Dado que la Alemania nazi nada tiene contra el pueblo norteamericano como
un todo, el camino obvio hacia las buenas relaciones entre el Tercer Reich y los
Estados Unidos pasa por que la mayoría gentil rechace las incitaciones “judías”
de oponerse a las políticas nazis.
“¿Qué es lo que Norteamérica realmente quiere?” muestra la naturaleza dual
del antisemitismo, ya sea un postulado ideológico o una herramienta política.
La vieja afirmación acerca de la influencia judía sobre Roosevelt. Esta última
afirmación buscaba –de hecho– convertir esta creencia en una herramienta política
para minar el apoyo hacia la ayuda de Roosevelt a Gran Bretaña y evitar el
respaldo a una posible intervención contra la Alemania nazi.
Poniendo la influencia judía sobre la política exterior norteamericana en el
centro del debate, Goebbels buscaba explotar y profundizar el antisemitismo
existente en los Estados Unidos, con la esperanza que la mayoría gentil creyera
que la influencia judía sobre Roosevelt era responsable de cualquier guerra potencial
entre Alemania y Estados Unidos.
Mientras Roosevelt se enfocaba en la amenaza que la expansión y la agresión
nazis representaban para los Estados Unidos y otros Estados de Europa, Goebbels
necesitaba colocar “la cuestión judía” en el centro de la discusión, con el objetivo
de fomentar la oposición a Roosevelt en la política interna norteamericana.67
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 57
judíos y, de esa manera, socavaron el apoyo público a los esfuerzos de guerra ver Novick,
Peter. The Holocaust in American life. Boston, Houghton-Mifflin, 1999; Friedländer, S.
Prelude…, op. cit.
68 Acerca de los alcances del antisemitismo en los Estados Unidos en las décadas de 1930 y
1940 ver Stember, Charles Herbert et al. Jews in the mind of America. New York, Basic
Books, 1966, pp. 114-115.
69 Esta mezcla de antisemitismo y antinorteamericanismo se evidencia en gran cantidad de
panfletos y libros publicados por los nazis. Diebow, Hans. Die Juden in den USA. Berlin,
Zentralverlag der NSDAP, 1941; Siebert, Theodor. Das amerikanische Rätsel, Die Kriegspolitik
der USA in der Ära Roosevelt. Berlin, Zentralverlag der NSDAP, 1941; Leers, Johan von.
Kräfte hinter Roosevelt. Berlin, Theodor Fritsch Verlag, 1941; Schadewalt, Hans. Was will
Roosevelt? Dusseldorf, Völkischer Verlag, 1941; Osthold, P.; Wagenführ, R. Roosevelt zwischen
Spekulation und Wirklichkeit. Berlin, Verlag E.S. Mittler & son, 1943. Para un análisis de
éstos y otros textos ver Grassert, P., op. cit.; Diner, Feindbild Amerika: über die Beständigkeit
eines Ressentiments.
70 Respecto de la controversia sobre lo que Estados Unidos y Gran Bretaña hicieron o no para
salvar a los judíos de Europa ver Wyman, David S. The abandonment of the Jews. New York,
New Press, 1984; Dallek, R., op. cit.; Wasserstein, Bernard. Britain and the Jews of Europe.
1939-1945. London & New York, Leicester University Press, 1999. 2ª edición.
Debido a la extensión del antisemitismo en la vida norteamericana, tal política
encontró algunos ecos de simpatía. Cuatro encuestas conducidas por la Opinion
Research Corporation (Corporación de Investigación de la Opinión) entre 1939
y 1941 hallaron que cerca de un tercio de la población norteamericana respondió
“sí” cuando se le preguntó si a “los judíos de este país les agradaría obtener
que los Estados Unidos se involucre en la guerra europea”.
A la luz de los alcances del antisemitismo norteamericano autóctono, Goebbels
intentó presentar la Segunda Guerra Mundial como una guerra a favor o en
contra de los judíos, combinando la convicción nazi con tácticas políticas
plausibles.68
Los propagandistas nazis interpretaban las críticas oficiales británicas o norteamericanas
de las políticas antijudías nazis como una evidencia de que la “judería
internacional” conspiraba contra el Tercer Reich.69 De hecho, la profundamente
estudiada reticencia retórica de la administración Roosevelt para explayarse
sobre los asuntos judíos no evitó que Goebbels afirmara que eran los judíos
quienes conducían a los Estados Unidos hacia la guerra.70 Posturas ideológicamente
emparentadas con el nazismo fueron adaptadas para ofrecer una explicación
aparente de la política exterior norteamericana.
La “profecía” de Hitler del 30 de enero de 1939 conformó el corazón del discurso
político nazi de la Segunda Guerra Mundial. Un sujeto histórico llamado
“judería internacional” ha desatado la Segunda Guerra Mundial, con la intención
de provocar la “bolchevización” del mundo. Esto falló. En cambio, la Alemania
nazi debió tomar represalias por esta agresión y aniquiló a los judíos. Debieron
hacer una “guerra” contra los judíos en respuesta a la “guerra” que los ju58
/ Nuestra Memoria
71 Los alcances de esta lógica especular, fantasiosa y paranoide -consistente en un mecanismo
psicológico inconsciente por el cual se proyectan las propias culpas en otros- llegan hasta
nuestros días de la mano de los negadores del Holocausto, los autodenominados “historiadores
revisionistas”. En forma particular, la “profecía” hitleriana del 30 de enero de 1939 y
la propaganda goebbelsiana alrededor de la “agresión judía” derivada de ella se han materializado
en las tesis desplegadas por el historiador conservador Ernst Nolte en su libro La
guerra civil europea 1917-1945. Nacionalsocialismo y bolchevismo. México, Fondo de Cultura
Económica, 1994. En él, Nolte desarrolla la idea que la guerra de conquista nazi fue una
“respuesta” a una previa agresión bolchevique, con lo cual la Shoá -en última instancia- es
vista como una acción justificada, parte de una guerra “defensiva” provocada por los propios
(judeo)bolcheviques. (Nota del traductor)
72 Acerca del concepto “trabajando para el Führer” ver Kershaw, I. Hitler…, op. cit.
73 Goebbels, Joseph. “Wer will den Krieg, 1. April 1939”, en Die Zeit…, op. cit., pp. 90-96.
74 Ibíd., pp. 93-94.
75 Ibíd., pág. 94.
díos comenzaron.71 Esta lógica invertida de represalias autojustificadas constituyó
el centro de la propaganda antisemita nazi entre 1939 y 1945. En el uso de
esta propaganda, Goebbels expresó sus propias creencias y ofreció un ejemplo
de lo que Ian Kershaw ha descrito como “trabajar para el Führer”.72
En violación de los acuerdos de Munich, Alemania invadió y ocupó la mayor
parte de Checoslovaquia, el 14 de marzo de 1939. Ahora, los planes de Hitler
para la expansión eran innegables. Gran Bretaña y Francia declararon su disposición
a defender Polonia si Alemania la invadía. Pero el 1º de abril, en un ensayo
titulado “¿Quién desea la guerra?”, Goebbels brindó una explicación
opuesta del origen de una nueva guerra.73
El ensayo contenía una profunda integración de elementos utilitarios e ideológicos
del antisemitismo, que caracterizaron la propaganda de guerra alemana.
Escribió que todas las críticas a las políticas nazis provenientes desde Gran Bretaña,
Estados Unidos y la Unión Soviética se debían al poder judío. Los judíos
están “interesados en una guerra”. Asesores judíos rodean a Roosevelt.74 Ellos
son:
El poder anónimo que se yergue detrás de todo (…). Los judíos son culpables.
Si en una hora oscura, una guerra sacudiera nuevamente a Europa,
el clamor debe llegar a todos los confines de la tierra: ¡los judíos son
culpables! Necesitan la guerra y están haciendo todo lo posible para empujar
a los pueblos a la guerra. Creen que no serán víctimas, sino beneficiarios
de tal guerra. Este es el motivo por el cual han lanzado esta entusiasmada
“casa de brujas” infernal contra Alemania e Italia y claman por
una alianza de combate de Estados democráticos en contra de Estados
autoritarios.75
El elemento de proyección –por ejemplo, acusar a los judíos de querer una
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 59
76 Kershaw, I. Hitler…, op. cit.; Weinberg, G., op. cit.
77 Goebbels, Joseph. “Im Gelächter der Welt, 16 February 1941”, en Die Zeit…, op. cit., pp. 394-
395. El Ministerio de Propaganda publicó varios panfletos y libros desarrollando la temática
de la afinidad electiva entre los puritanos ingleses y los judíos. Ver, por ejemplo, Myer-
Christian, Wolf. Die englisch-jüdische Allianz. Werden und Wirken der kapitalistischen
Weltherrschaft. Berlin & Leipzig, Nibelungen-Verlag, 1942. 3ª edición.
78 Goebbels, Joseph. “Britannia Rules the Waves, 30 March 1941”, en Die Zeit…, op. cit., pp.
441-445 (la cita, en pág. 444).
79 Churchill, Winston. The Second World War. Vol. 3, pp. 371-373.
guerra en el preciso momento en que la Alemania nazi estaba lanzando una–
permaneció como un elemento perenne de la propaganda nazi.76
Mientras que la resistencia británica, desde el verano (boreal) de 1940 hasta
comienzos de 1941, frustró los planes de Hitler de obtener una rápida victoria,
Goebbels intensificó sus ataques sobre Winston Churchill en Das Reich.
En “El objeto de la risa del mundo” (6 de febrero de 1941), Goebbels trazó paralelos
entre los ingleses y los judíos. Los primeros no son tan inteligentes como
se asume a menudo. Muchos alemanes han cometido el error de exagerar la habilidad
de los judíos en Alemania. Los ingleses son “los judíos entre los arios”;
deben colapsar bajo fuertes golpes.77
En “En Gran Bretaña gobiernan los agitadores” (30 de marzo de 1941), Goebbels
imputó intenciones homicidas a los enemigos de la Alemania nazi, al igual que
lo había hecho antes y lo volvería a hacer después. Si Churchill pudiera, “exterminaría
a Alemania (Deutschland ausrotten), destruiría a nuestro pueblo
(unser Volk vernichten) y dejaría a nuestro país hecho hollín y cenizas”.78
Para los nazis, la emergencia y persistencia de la coalición anti-Hitler conformada
por la Unión Soviética y las democracias occidentales constituyó uno
de los enigmas centrales de la Segunda Guerra Mundial, al igual que la prueba
más enfática de la existencia de una conspiración judía internacional.
La cuidadosa respuesta de Goebbels al discurso de Churchill, emitido por la
BBC el 22 de junio de 1941 (el día que Alemania invadió la Unión Soviética), es
reveladora.
El primer ministro británico dijo que “no tenemos sino un sólo objetivo y un
único e irrevocable propósito. Estamos resueltos a destruir a Hitler y cualquier
vestigio del régimen nazi”.79 En consecuencia, Churchill ofreció una alianza
con la Unión Soviética en una causa común contra el Tercer Reich. Al declarar
que “el peligro de Rusia es nuestro peligro”, Churchill se centró en la amenaza
que representaba la Alemania nazi para el Reino Unido y los Estados Unidos y
defendió el hecho de hacer alianza con la Unión Soviética basado en los intereses
nacionales británicos y en un compartido antagonismo con la Alemania
de Hitler.
Ineficaces, las desunidas respuestas a la agresión nazi por parte de la mayo60
/ Nuestra Memoria
80 Goebbels, Joseph. “Die alte Front, 26 Juni 1941”, en Die Zeit…, op. cit., pp. 508-513.
81 Ibíd., pág. 508.
82 Ibíd., pág. 511.
83 Ibíd., pág. 512.
84 Ibíd., pp. 512-513.
ría de las potencias europeas en los años previos a la guerra y también durante
el pacto de no agresión entre Hitler y Stalin (1939/41) han facilitado a Hitler
desencadenar la guerra. El discurso de Churchill propuso que Occidente y la
Unión Soviética necesitaban superar sus divisiones y crear una alianza –cada
uno debe aliarse con “el mal menor”– si la Alemania nazi iba a ser vencida.
En “Die alte Front” (Völkischer Beobachter, 26 de junio de 1941), Goebbels
refutó los argumentos de Churchill para la coalición anti-Hitler, basándose en la
ya conocida teoría conspirativa.80 Mientras los neófitos políticos fueron sorprendidos
por la “conspiración Moscú-Londres contra el Reich, llevada a cabo
entre la plutocracia y el bolchevismo”, ésta confirmaba las enormes sospechas
nazis.81 Supuestamente, tanto Gran Bretaña como la Unión Soviética buscaron
una guerra larga: la primera, para mantener a Europa débil y dividida; la segunda,
para prepararla para el bolchevismo.82
Ahora, la “cuidadosamente intrincada red de mentiras de los viejos enemigos
fue apartada. Miles de evidencias que señalan el hecho de una cooperación
secreta entre Moscú y Londres” fueron confirmadas cuando “uno de los acusados”
–esto es, Churchill– lo admitió en su discurso en la BBC.83
La misma alianza entre plutocracia y comunismo que se opuso a los nazis durante
la era de Weimar, en Alemania, se ha reconstituido internacionalmente en
la alianza británico-soviética de junio de 1941. Pero, así como los nazis han
triunfado sobre sus enemigos internos, también vencerían a esta nueva forma
del “viejo frente”.84
La teoría conspirativa ofrece una explicación simple para el más improbable
de los desarrollos. Churchill, uno de los líderes anticomunistas de Europa, ha
dirigido a la democrática y capitalista Gran Bretaña a una alianza con la dictadura
comunista de Stalin basándose en odios, temores e intereses comunes frente
a la agresión de la Alemania nazi.
La explicación conspirativa de Goebbels presenta a la Alemania nazi como
una víctima inocente en el mismo momento en que estaba invadiendo la Unión
Soviética. Si bien la teoría conspirativa envalentonó al núcleo ideológico, promovió
el desarrollo de errores estratégicos guiados ideológicamente, como dedicarse
sólo al antisemitismo.
En los siguientes cuatro años, la ideología, la política y la propaganda nazis
–que habían servido para incrementar el poder de Hitler hasta 1941– profundizaron
la solidaridad de la coalición anti-Hitler, al tiempo que contribuyeron a la
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 61
85 La brecha entre la ideología nazi y los poderes políticos convencionales fue un tema clave
de Hillgrüber, Andreas. Hitlers Strategie. Politik und Kriegführung. 1940-1941. Munich,
Vernard and Graefe, 1965.
86 Goebbels, J. “Mimikry…”, op. cit., pp. 526-531.
87 Ibíd., pág. 526.
88 Ibíd., pág. 527.
89 Ibíd., pp. 527-528.
pérdida del contacto con la realidad del régimen.85 La teoría conspirativa le dio
al liderazgo nazi la convicción de que había visto debajo de la superficie corrientes
y realidades más profundas, que ya habían logrado dominar internamente.
Así, procesaban toda nueva información en el marco de una narrativa
preestablecida, haciendo variaciones en temas conocidos en base a los sucesos
en curso.
Con la “Operación Barbarroja”, Goebbels y sus propagandistas renovaron su
ofensiva contra el “judeobolchevismo”.
En un artículo para Das Reich, el 20 de julio de 1941 –un mes después de la
invasión a la Unión Soviética–, Goebbels retornó a una temática conocida con
“Mimesis”.86 Los judíos –escribió– fueron maestros en la adaptación a su entorno
“sin perder su esencia. Ellos practican la mimesis”.87 Uno debe convertirse
en “un experimentado especialista en judíos” para desenmascararlos. Si
los nazis no hubieran llegado al poder en Alemania, “nuestro país habría estado
listo para el bolchevismo, la más diabólica infección que los judíos pueden
traer”.88 Si la Unión Soviética expande su poder,
el resultado sería la dominación de la judería sobre el mundo (…). Después
de que los estratos dirigentes de la judería internacional tuvieron
que advertir que era imposible provocar la bolchevización de cada país
de Europa por la vía de la agitación (política), decidieron esperar por la
gran oportunidad de una guerra cercana; entonces, optaron por que la
guerra durara todo lo posible. Lo hicieron para atacar (y bolchevizar) a
una Europa exhausta al final de la guerra (…). Las tácticas del bolchevismo
moscovita han estado dirigidas hacia ese objetivo desde el comienzo
de esta guerra.89
Los soviéticos habían intentado mantener a los “líderes judíos” tras bambalinas
y convencer a los alemanes de que
los judíos bolcheviques en Moscú y los plutócratas judíos en Londres
y Washington eran enemigos mortales. De hecho, (la Unión Soviética,
Gran Bretaña y los Estados Unidos) estuvieron muy cerca de lograr el estrangulamiento
con el cual deseaban exprimirnos cada vez más con más
fuerza. Detrás de todo están los mismos judíos, en ambas partes, ya sea
62 / Nuestra Memoria
90 La Internacional es, sin dudas, la más famosa canción del proletariado organizado. Es el
himno oficial de los partidos comunistas y socialistas de todo el mundo. La letra original,
en francés, es de Eugène Pottier y fue compuesta en 1871, con musicalización de Pierre Degeyter.
Este himno fue popularizado en los congresos de 1886 y 1889, de la Segunda Internacional.
Su letra ha sido traducida a múltiples idiomas del mundo. Entre 1917 y 1944 fue
el himno nacional de la Unión Soviética. (Enciclopedia On-Line Wikipedia: http://es.wikipedia.
org/wiki/La_Internacional.) (Nota del traductor)
91 Goebbels, J. “Mimikry…”, op. cit., pág. 528.
92 Ibíd., pág. 531.
93 Ver los registros de los diarios del 19 de agosto y 24 de septiembre de 1941 en Fröhlich, Elke
(ed.). Die Tagebücher von Joseph Goebbels. Teil II, Diktate 1941-1945, Band I, Juli–September
1941. Munich, K. G. Saur, 1996, pp. 268 y 480-481. Breitman, Richard. Official secrets.
What the Nazis planned, what the British and Americans knew. New York, Hill and Wang,
1998, pág. 68.
abiertamente o camuflados, quienes establecen el tono y también la
línea. Cuando rezan en Moscú y viajan hacia Londres para cantar La Internacional,
90 están haciendo lo que han hecho por generaciones (…). Se
adaptan a las respectivas condiciones y situaciones y lo hacen lenta y naturalmente,
paso a paso, de modo que los pueblos no se tornen suspicaces
y recelosos. Naturalmente, están muy enojados con nosotros porque
los desenmascaramos.91
Fue durante estas semanas y meses que el asesinato masivo de la judería europea
comenzó, encabezado por los Einsatzgruppen asesinos, tras las líneas del
Ejército Alemán en Polonia y la Unión Soviética.
Si bien Goebbels no formó parte del círculo íntimo de tomadores de decisión
que implementaron el Holocausto, su diario íntimo da fuertes indicios de que
estaba al tanto.
En “Mimesis” escribió que “el golpe debe ser dado sin compasión ni demora.
El enemigo del mundo (Weltfeind) está colapsando, y Europa tendrá su
paz”. Estas palabras de justificación e incitación aludían a la terrible política dirigida
contra los judíos, pero –como ocurriría todo el tiempo– omitían cualquier
detalle sobre los asesinatos en curso.92
En reuniones con Hitler, el 19 de agosto de 1941, y Reinhard Heydrich, el
24 de septiembre de 1941, Goebbels se interiorizó más acerca de la determinación
del primero de hacer realidad la “profecía” y del plan del segundo de deportar
a los judíos hacia el Este.93
Nuevamente se refirió al “asunto judío”, en público, en noviembre y diciembre
de 1941, primero en Das Reich y en la radio, y luego, en una conferencia en
una prestigiosa reunión de académicos y oficiales del gobierno en la Deutsche
Akademie de Berlín.
“Die Juden sind Schuld!” fue publicado el 16 de noviembre de 1941, en un
número de Das Reich. Fue una de las contribuciones más importantes de Goebbels
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 63
94 Goebbels, J. “Die Juden sind Schuld!”, op. cit., pp. 85-91.
95 Breitman argumenta –en Architect of genocide, op. cit.– que las decisiones cruciales han
sido tomadas en la primavera (boreal) de 1941, mientras que Browning dice –en The path to
genocide, op. cit.– que las dos principales decisiones que condujeron al genocidio a lo ancho
del continente fueron tomadas a comienzos del otoño de 1941. Ver también Browning, Ch.
The origins…, op. cit.
96 Goebbels, J. “Die Juden sind Schuld!”, op. cit.
al Holocausto, repitiendo afirmaciones pasadas y sentando el marco para posteriores
ataques.94
Por aquel entonces –de acuerdo a la mayoría de los historiadores de la toma
de decisiones durante el Holocausto–, Hitler le había ordenado a Himmler expandir
los fusilamientos en masa de judíos en el frente oriental a un programa
de asesinato de todos los judíos europeos.95
El texto marcaría la primera vez que un líder del régimen nazi anunció públicamente
que la “exterminación” (Vernichtung) de la judería europea estaba
teniendo lugar.
Goebbels prescindió del “si… entonces…”, el subjuntivo condicional de la famosa
profecía hitleriana, reemplazándolo por un simple presente continuo para
referirse a la acción en curso.
Tres semanas antes del ataque japonés sobre Pearl Harbor, Goebbels dijo que
“la culpabilidad histórica de la judería mundial por el estallido y la expansión
de esta guerra ha quedado tan ampliamente demostrada que no hay necesidad
de desperdiciar más palabras. Ellos deseaban su guerra, y ahora la tienen”.96
En el pasado, Hitler había sostenido que los judíos eran los responsables por
las pérdidas alemanas de la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versailles, la
hiperinflación de los años de la posguerra y la Gran Depresión. En otoño de
1941, Goebbels dijo que la “judería internacional” estaba continuando su ofensiva
contra una Alemania victimizada. Pero ahora, Alemania estaba por devolver
el golpe. Sería, finalmente, emprender una guerra contra los judíos en respuesta
a la que éstos habían lanzado en su contra. Si bien Goebbels nunca mencionó
la “Solución Final”, repetidamente usó verbos como “exterminar”, “aniquilar”,
“destruir” y “asesinar” para referirse a la política nazi vigente para los
judíos como un frente de la guerra total de autodefensa nacional:
Al desencadenar esta guerra, la judería mundial juzgó completamente
mal las fuerzas a su disposición. Ahora están sufriendo un proceso gradual
de aniquilación que habían intentado para nosotros y que habrían
desatado sin dudarlo si hubiesen tenido el poder para hacerlo. Ahora
están pereciendo como resultado de su propia ley: ojo por ojo y diente
por diente. En esta histórica disputa, cada judío es nuestro enemigo, ya
sea que vegete en un ghetto polaco, o a duras penas sobreviva su parasitaria
existencia en Berlín o Hamburgo, o sople las trompetas de guerra en
64 / Nuestra Memoria
97 Ibíd., pág. 88.
98 Ibíd., pág. 91.
99 Sobre la membresía del partido nazi ver Kater, Michael. “Figure 1. Growth of Nazi party
membership. 1919-1945”, en The Nazi party. A social profile of members and leaders. 1919-
1945. Cambridge, MA, Harvard University Press, 1983, pág. 263.
100 Goebbels, J. Das Eherne…, op. cit. Sobre el agrado de Goebbels con la recepción que tuvo
este discurso ver los registros de su diario personal de los días 2 y 3 de diciembre de 1941
en Fröhlich, Elke (ed.). Die Tagebücher von Joseph Goebbels. Teil II, Diktate 1941-1945,
Band I, Oktober-Dezember 1941. Munich, K. G. Saur, 1996, pp. 416 y 420.
Nueva York o Washington. Debido a su nacimiento y raza, todos los judíos
integran una conspiración internacional contra la Alemania nacionalsocialista.
Desean su derrota y aniquilación y hacen todo lo que pueden
para ayudar a provocarlas.97
Concluyó “Die Juden sind Schuld!” con una acusación de diez puntos. Los
judíos han comenzado la guerra y quieren destruir al Reich y el pueblo alemanes.
Todos los judíos, sin excepción, eran “enemigos declarados” del pueblo
alemán. La muerte de cada soldado alemán “fue anotada en la cuenta de culpabilidad
(Schuldkonto) de los judíos. Esto es, sobre sus conciencias, y deberán
–por lo tanto– pagar por ella”. Como los judíos tenían la culpa por empezar la
guerra, el trato que los alemanes les impartían no era una injusticia. “Tienen
más de lo que merecen.” De esta forma, “la política del gobierno será, finalmente,
darles lo que se merecen”.98
Publicadas en Das Reich y transmitidas por radio, estas aseveraciones ilustran
que el lenguaje público de la Alemania nazi fue cualquier cosa menos “ordinarias”
o “banal”. Pese a que pudieron haber sido ciudadanos u oficiales alemanes
comunes, las declaraciones que escucharon de Goebbels fueron extraordinarias.
Salvo confirmar detalles de fecha y lugar, Goebbels les dijo a sus lectores y
oyentes, en un alemán perfectamente entendible, que su gobierno estaba asesinando
a los judíos de Europa. El que tales afirmaciones se convirtieran en ordinarias
por la repetición es –en sí misma– una evidencia de cuán extraordinario
era el discurso nazi.
Muchos alemanes, ciertamente, hallaron formas de explicar tales aseveraciones;
pero, al menos para aquellos más de 6 millones que se habían afiliado al partido
nazi en el otoño de 1941 y que –naturalmente– prestaban cuidadosa atención
a las palabras de sus líderes, Goebbels hablaba un lenguaje que entendían.99
El 1º de diciembre de 1941, Goebbels dio una conferencia de dos horas a diplomáticos,
funcionarios de gobierno, miembros del partido, oficiales de la
Wehrmacht, periodistas, industriales y miembros de la Deutsche Akademie reunidos
en el Aula Magna de la Universidad Friedrich Wilhelm de Berlín. Fue publicado
en forma de panfleto como El corazón de hierro.100
Llamó “un necesario golpe preventivo” a la invasión de la Unión Soviética.
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 65
101 Ibíd., pág. 23.
102 Ibíd., pág. 25.
103 Ibíd., pp. 34-35.
104 Ibíd., pág. 37.
105Ibíd., pág. 41.
106Ver el escrito del diario del 2 de diciembre de 1941 en Fröhlich, E. Die Tagebücher…, op.
cit., Oktober-Dezember 1941, pág. 417.
Si los soviéticos hubiesen atacado primero, el Ejército Rojo “habría tenido,
como primera tarea, exterminar la intelectualidad nacional y el liderazgo espiritual
de la nación”.101 La invasión alemana fue, por lo tanto, una defensa de la
cultura y la civilización.
Gran Bretaña y los Estados Unidos han traicionado a Europa, abandonándola
a merced del bolchevismo.102 Los judíos han lanzado y expandido la guerra,
pero han equivocado sus cálculos.
Delante de esta audiencia de élite, Goebbels afirmó –sin rodeos– que la profecía
de Hitler estaba siendo implementada. Los judíos estaban sufriendo “un
proceso gradual de exterminación”.103
Usó el sustantivo “Vernichtung” para decir que la Unión Soviética habría asesinado
masivamente a alemanes; el exterminio de judíos podía ser “gradual”,
pero esta sofisticada audiencia sabía lo que significaba la realización de la profecía
de Hitler.
A lo largo de los años se ha dicho mucho sobre el uso del eufemismo, la indefinición
burocrática y aun la banalidad en el discurso nazi. Pero en público,
Goebbels fue directo con respecto a la política de homicidio sistemático.
Los alemanes no podían retroceder después de esta confrontación. Estaba en
el corazón de la guerra que Alemania ya estaba desencadenando.
“Una de las primeras y más importantes tareas del próximo período”, dijo
Goebbels ante el auditorio, era “la definitiva y final (endgültig) solución de la
cuestión judía”.104 Le recordó a cualquier escéptico que si Alemania iba a perder,
sus enemigos estaban unidos “en la firme voluntad de que Alemania debía
ser subyugada, exterminada, asesinada y borrada del mapa”.105 Los alemanes
deben encolumnarse detrás de Hitler y el régimen nazi.
Evocando esta pesadilla, Goebbels oscureció la naturaleza de la “Solución
Final”, al exponer el intento de destruir al adversario como el objetivo de los
enemigos de Alemania.
El discurso de Goebbels en la Deutsche Akademie había brindado suficientes
indicios de los asesinatos masivos en marcha para comprometer a las élites educadas
–y posteriormente, a círculos más amplios– con el régimen, si bien todavía
permanecía lo suficientemente difuso como para proveer una “hoja de
parra” para una desmentida creíble. Esa tarde, Goebbels escribió en su diario
que estaba “extraordinariamente satisfecho” con la recepción de sus palabras
por parte de la “intelectualidad berlinesa”.106
66 / Nuestra Memoria
107 Kershaw, I. Hitler…, op. cit., pág. 448-449.
108 Ver el registro del diario del 13 de diciembre de 1941 en Fröhlich, E. Die Tagebücher…, op. cit.,
Oktober-Dezember 1941, pp. 498-499. Sobre esto ver Gerlach, Christian. “Die Wannsee
Konferenz, das Schicksal der Deutschen Juden und Hitlers Politische Grundsatzentscheidung,
Alle Juden Europas zu Ermordern”, en Werkstatt Geschichte. Nº 18. 1997, pp. 7-44; “The
Wannsee Conference, the fate of German Jews and Hitler’s decision in principle to exterminate
all European Jews”, en Journal of Modern History. Nº 70. 1998, pp. 759-812.
109 Goebbels, Joseph. Reden. 1939-1945. Band 2. Munich, Wilhelm Heyne Verlag, 1972; Goebbels,
Joseph. “Nr. 17. 18.2.43…”, op. cit., pp. 172-208. También Moltmann, Günter. “Goebbels
Rede zum Totalen Krieg am 18. February 1943”, en Vierteljahreshefte für Zeitgeschichte,
1964.
En su diario, el 12 de diciembre –cinco días después del ataque japonés en
Pearl Harbor y la entrada de los Estados Unidos en la guerra–, Goebbels describió
el discurso de Hitler ante la reunión de líderes nazis de ese día en Berlín.107
Allí, Hitler había dicho a su público que, como la guerra mundial ya estaba
ocurriendo, “el exterminio de la judería debe ser su necesaria consecuencia”.
Debido a la muerte de “160.000” alemanes en el frente oriental, “el generador
de este sangriento conflicto deberá pagar con su propia vida”.108
Cuanto más se prolongara la guerra y más alemanes muriesen, más judíos merecerían
ser castigados. De este modo, Hitler le dio a la “Solución Final” una relación
causal e inherente –y no contingente o accidental– con la Segunda Guerra
Mundial. Como el número de soldados alemanes muertos se incrementaba
–y más tarde, el de civiles alemanes durante los bombardeos aliados–, el liderazgo
nazi se concentró en las supuestas conexiones entre una conspiración
judía internacional, la coalición anti-Hitler de la Unión Soviética, Gran Bretaña
y los Estados Unidos, la muerte y el sufrimiento del pueblo alemán, y la resultante
necesidad de hacer realidad la profecía de Hitler.
Por cada familia que perdió a un ser querido durante la guerra, Goebbels y el
Ministerio de Propaganda apuntó con un dedo acusador a los culpables fácilmente
identificables y ofreció una razón personal e íntima para “tomar represalias”.
En este sentido, para millones de alemanes, la abstracta consigna “los judíos
son culpables” asumía un significado emocional directo. El discurso político
de Goebbels ayudó a profundizar el odio hacia los judíos, mientras crecía la
devastación sufrida por Alemania a manos de los Aliados.
Al tiempo que continuaba el genocidio de los judíos, la propaganda nazi hablaba
de su creciente poder y del sufrimiento que estaban infligiendo a los alemanes.
Mientras los Aliados cambiaban el rumbo de la guerra, Goebbels y el Ministerio
de Propaganda incrementaban sus afirmaciones que de “los judíos son culpables”.
Estos temas aparecieron en el discurso de Goebbels más conocido de la guerra,
“¿Queréis una guerra total?,” de tres horas de duración, brindado en el Berlin
Sportpalast, el 18 de febrero de 1943, y transmitido por la radio alemana.109
Inmediatamente después de la derrota alemana en Stalingrado, Goebbels
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 67
110 Moltmann, G., op. cit., pág. 181.
111 Idem.
112 Ibíd., pág. 195.
113 Goebbels, J. “Der Krieg… “, op. cit., pp. 263-270.
114 Policía secreta del estalinismo.
115 Goebbels, J. “Der Krieg… “, op. cit., pp. 263-264.
planteó la amenaza de una Europa abandonada al bolchevismo por Gran Bretaña
y los Estados Unidos. “La judería ha penetrado intelectual y políticamente,
con mucha profundidad, en los Estados anglosajones”, de modo que éstos han
perdido su voluntad o deseo de resistir al comunismo o aun de reconocer que
la amenaza existe.110
Desde el comienzo, los nazis han señalado que “la conexión entre la plutocracia
internacional y el bolchevismo internacional no era una contradicción.
Más bien, tuvo un significado profundo y causal. La superficialmente civilizada
judería de Europa Occidental y la judería de los ghettos del Este ya han puesto
sus manos sobre nuestro país. Ese es el motivo de que Europa esté en peligro”.111
Así como la prensa judía, en la Alemania de Weimar, había amortiguado y paralizado
la lucha contra el comunismo, la judería está provocando una similar
“parálisis intelectual y cultural en las democracias europeas occidentales”.
Pero la guerra no sólo era para salvar a la civilización europea u occidental
de la amenaza judeobolchevique, ya era por la supervivencia de Alemania.112
Los alemanes debían responder desencadenando una guerra total. Goebbels se
condujo, y a su audiencia, a un estado de frenesí, y ante su pregunta retórica
“¿Queréis una guerra total?”, la audiencia bramó: “Sí”.
“La guerra y los judíos”, publicado en Das Reich el 9 de mayo de 1943, fue el
tercero de los ensayos en tiempo de guerra de Goebbels dedicado exclusivamente
a los judíos.113
Expresaba exasperación cuando había gente que todavía era demasiado ingenua
para entender de qué trataba la guerra y qué rol jugaba en ella la cuestión judía. La
“raza judía” y sus “ayudantes” estaban emprendiendo una guerra contra “la humanidad
aria, al igual que contra la cultura y la civilización occidentales”.
La judería necesita esta guerra. Dondequiera que miren en el campo
enemigo, ya sea en el lado plutócrata o en el bolchevique, uno ve a los judíos
trabajando como inspiradores y agitadores detrás de aquellos exponentes
que están en primer plano (…). (Los judíos) organizaron la economía
de guerra del enemigo y desarrollaron los programas de aniquilación
y exterminio dirigidos a los poderes del Eje. Es de entre sus filas que son
reclutados los agitadores sanguinarios, enfurecidos y buscadores de revancha,
los salvajes políticos en Inglaterra y los Estados Unidos y los terroristas
comisarios de la GPU114 en la Unión Soviética. Por lo tanto, conforman
el pegamento que mantiene unida a la coalición enemiga.115
68 / Nuestra Memoria
116 Ibíd., pág. 264.
117 Ibíd., pp. 269-270.
118 Ibíd., pág. 270.
119 Goebbels, Joseph. “Nr. 30, 28.2.45–Rundfunkansprache”, en Heiber, Goebbels Reden, Vol. 2.
Munich, Wilhelm Heyne Verlag, 1972, pp. 429-446.
Las “amenazas de revancha del Antiguo Testamento con los cuales llenan
sus periódicos y transmisiones de radio” no son “mera literatura política. Si tuvieran
el poder de hacerlo, cumplirían estos deseos hasta el último punto”. Los
judíos han comenzado una “guerra racial” que no tiene “otro objetivo más que
la aniquilación y el extermino de nuestro pueblo. Nos erguimos como el único
escollo contra la judería en su camino hacia la dominación mundial. Si los poderes
del Eje perdieran esta lucha, entonces el dique que podría rescatar a Europa
del peligro judeobolchevique ya no existiría”.116
O Alemania y sus aliados ganaban la guerra, o “incontables millones de personas
de nuestro propio país y de otras naciones europeas (…) quedarían indefensas
ante el odio y la voluntad de exterminio (Vernichtungswillen) de esta
diabólica raza”.117
Por lo tanto, en mayo de 1943, Goebbels les aseguró a sus miles de lectores y
millones de oyentes:
Estamos avanzando. La concreción de la profecía del Führer, de la
cual la judería mundial se rió en 1939, cuando la pronunció, se encuentra
en el final de nuestro curso de acción. Incluso en Alemania, los judíos
se rieron cuando los enfrentamos por primera vez. Para ellos, la risa
ya es cosa del pasado. Escogieron desencadenar una guerra en nuestra
contra. Pero la judería ahora comprende que la guerra se ha vuelto en su
contra. Cuando la judería concibió el plan de exterminio total del pueblo
alemán, escribió su propia sentencia de muerte. En este caso, como en
otros, la historia mundial también será una corte mundial.118
Goebbels continuó elaborando este discurso político central hasta el fin de la
guerra.
El 28 de febrero de 1945, con los ejércitos aliados muy cerca, Goebbels habló
a la Nación por radio para reforzar la moral, denunciar al enemigo y explicar por
qué la Alemania nazi estaba sufriendo tan serios reveses.119
No estamos avergonzados (…). (Nuestro revés) fue posible sólo porque
el Occidente europeo y los Estados Unidos conducidos con plutocracia
apoyaron a los militares soviéticos en (nuestros) flancos y ataron (las)
manos con las cuales –aún hoy– estamos tratando de derrotar al bolchevismo.
Los planes de los plutócratas de odio y venganza bañados de sangre
contra el Reich y el pueblo alemán de ningún modo son inferiores a
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 69
120 Ibíd., pág. 433.
121 Sobre las marchas de la muerte ver Gellately, R., op. cit.; Goldhagen, D., op. cit.
122 Sobre la desilusión y la desradicalización en las opiniones populares y de las elites ver Broszat,
Martin; Henke, Klaus Dietmar; Woller, Hans (eds.). Von Stalingrad zur Währungsreform.
Sozialge-schichte des Umbruch in Deutschland. Munich, R. Oldenbourg, 1988; Muller, Jerry Z.
The other God that failed. Hans Freyer and the deradicalization of German conservatism.
Princeton, Princeton University Press, 1987; Henke, Klaus Dietmar. “Die Trennung vom
Nationalsozialismus. Selbstzerstörung, politische Säuberung, ‘Entnazifizierung’, Strafverfolgung”,
en Woller, Hans (ed.). Politische Säuberung in Europa. Munich, Deutscher
Taschenbuch Verlag, 1991, pp. 21-83; y Kershaw, I. Hitler…, op. cit., caps. 12-17.
los de los soviéticos (…). Será la eterna vergüenza y desgracia de este siglo
que en el momento de su mayor amenaza desde el Este, Europa fue vergonzosamente
dejada plantada y abandonada por los países occidentales.
En efecto, estas naciones se hundieron tanto que incluso alentaron la
tormenta desde el interior de Asia y, al mismo tiempo, trataron de quebrar
el último dique de protección que podía haber sido roto. De todas
maneras, no esperábamos más. A lo largo de años de un trabajo sistemático
de desintegración y subversión internacional, la judería envenenó
tanto a la opinión pública de esos países que ya no es capaz de pensar
–ni qué hablar de actuar– por sí misma.120
Incluso en los meses finales, Goebbels halló en el antisemitismo la explicación
para la inminente derrota de la Alemania nazi, abandonada –uno podría
decir “apuñalada por la espalda”– por un Occidente que había sucumbido a la
dominación judía.
Para el nazi fanático, la Segunda Guerra Mundial terminó como la primera,
con una noble Alemania traicionada –quizás esta vez no desde adentro, sino, en
todo caso, desde afuera– a manos de las “plutocracias” occidentales dominadas
por los judíos. Si a los judíos no se les hubiese permitido ejercer su dominio
sobre las políticas de Londres y Washington, la Alemania nazi podría haber ganado
la guerra.
En febrero de 1945, Goebbels seguía sosteniendo que los judíos eran responsables
de la inminente derrota del Tercer Reich. Y como lo han mostrado los cronistas
de las marchas de la muerte de la primavera (boreal) de 1945, la generalizada
participación popular en la venganza de Alemania contra sus implacable
y pronto victorioso “enemigo” continuó hasta el mismo final.121
IV
Historiadores sociales e intelectuales han documentado el hecho que tras la derrota
en Stalingrado, en febrero de 1943, la desilusión y la desradicalización se
extendieron en partes de la sociedad alemana.122 Hitler había dejado de ser un
genio infalible. La raza superior no ganaría la guerra. La conspiración judía in70
/ Nuestra Memoria
123 Klemperer, Victor. I will bear witness. 1942-1945. New York, Knopf, 2000, pág. 335. Traducción:
Martin Chalmers; Klemperer, Victor. Tagebücher 1944. Berlin, Aufbau Verlag,
1995, pág. 85 y 353.
124 Arendt, Hannah. The origins of totalitarianism. New York, Harcourt, Brace, 1951.
ternacional nunca existió más allá de la imaginación de los líderes nazis. El ejército
fue derrotado claramente en el campo de batalla. No había una segunda puñalada
por la espalda.
Sin embargo, para el nazi fanático y sus líderes propagandistas, la derrota inminente
reforzó su convicción que la conspiración judía internacional efectivamente
existía. En la alianza entre la Unión Soviética, Gran Bretaña y los Estados
Unidos, estaba a punto de ganar la Segunda Guerra Mundial.
No es una sorpresa que Victor Klemperer, quien estaba entre los oyentes más
perspicaces y perceptivos de Goebbels en Alemania, escribiera en su diario,
poco después del “Día D”, que “a pesar de lo mucho que me resistí a ello, el
judío está –en todos los aspectos– en el centro del (lenguaje del Tercer Reich) y
en el de su mirada completa de la época”.123
Mi intención ha sido dar una renovada atención a los principales temas del
discurso político antisemita nazi y animar a repensar el significado de la ya famosa
frase “la guerra contra los judíos”.
El discurso político antisemita en los artículos y discursos de Goebbels, los
cuales reflejaban los deseos de Hitler y eran repetidos en otros órganos de propaganda
nazi, se enfocaba en el siguiente eje central: la Alemania nazi no combatió
dos guerras separadas, una contra las naciones-estado de la coalición anti-
Hitler y una segunda y separada “guerra” contra los judíos. Mejor dicho, en sus
imaginaciones, la Segunda Guerra Mundial y la “Solución Final” fueron diferentes
aspectos de una guerra entablada entre la Alemania nazi, o la “humanidad
aria”, de un lado, y una conspiración judía internacional, del otro.
Mientras que la Unión Soviética, Gran Bretaña y los Estados Unidos lucharon
la guerra para defender sus intereses nacionales, el liderazgo nazi creyó –y así
lo declaró públicamente del principio al fin– que la Segunda Guerra Mundial
había sido desencadenada por la judería internacional contra la Alemania
nazi.124 La propaganda nazi presentó las amenazas del régimen de exterminar a
los judíos como parte de una política de represalia masiva dirigida contra quienes
habían emprendido la guerra contra Alemania.
Durante los años de la guerra, como había ocurrido desde la campaña que derrumbó
la República de Weimar, el antisemitismo nazi fue –simultáneamente–
un instrumento político eficaz y un poderoso y sencillo marco interpretativo
para sus adherentes, con el cual daban sentido (o sinsentido) al curso de los
acontecimientos.
La “guerra judía”: Goebbels y las campañas antisemitas del Ministerio de Propaganda nazi / 71
Los detalles de la “Solución Final” permanecían envueltos en el secreto. Uno
de los principales logros del Ministerio de Propaganda fue imponer una censura
que evitó que la información llegase al público alemán. Sin embargo, Goebbels
–públicamente y ante millones de oyentes y miles de lectores– exponía repetida
y apasionadamente los argumentos para el asesinato masivo y anunciaba que
“ya” estaba implementándose la profecía de Hitler.
Lo hizo al comienzo de la guerra, en 1939; luego de la invasión de la Unión
Soviética, en junio de 1941; durante los meses de euforia de 1941 y comienzos
de 1942; cuando cambió el rumbo, en la primavera y el verano (boreales) de
1943; y cuando la derrota amenazaba, en 1944 y 1945.
Millones de alemanes que leyeron periódicos o escucharon radio entre 1939
y 1945 escucharon a Goebbels usar verbos explícitos como “ausrotten” y
“vernichten” refiriéndose a “exterminación”, “aniquilación” y “asesinato”, en
relación con el “cumplimiento” de las infames profecías de Hitler.
La proyección paranoica en el núcleo del antisemitismo nazi encontró en la
muerte y los sufrimientos de la guerra millones de razones para que los alemanes
profundizaran su antisemitismo asesino.
Concentrarse en lo que Hannah Arendt, hace mucho tiempo, llamó el “mentiroso
mundo de la consistencia” de la ideología totalitaria y la propaganda del
nazismo sigue siendo indispensable para comprender el Holocausto y su conexión
con la Segunda Guerra Mundial.

1 La fecha de conmemoración que han elegido las comunidades judías del mundo es el 27 del
mes del calendario judío nisán, que coincide con el 19 de abril de 1943, primer día del Levantamiento
del Ghetto de Varsovia, la rebelión armada judía antinazi más recordada, y se
recuerda como Iom HaShoá (El Día de la Shoá), destacando el heroísmo, la valentía y la soledad
de los judíos durante su genocidio.
2 Entrecomillo la palabra “liberación” pues acuerdo con el sobreviviente de dicho campo Jack
Fuchs, quien en un artículo publicado a principios de este año en el diario Página/12 de la
Argentina señaló que no hubo tal liberación pues ésta hubiese implicado la realización de
una acción militar encaminada a ese fin. Más bien, lo que ocurrió fue que, en su avance, las
tropas aliadas “tropezaron” con los campos, se los encontraron a su paso.
La perduración de
la judeofobia
Negacionismo y antisionismo
Lic. Patricio
Brodsky
Sociólogo, docente e
investigador del
Museo de la Shoá de
Buenos Aires.
Han pasado nada más que sesenta años (dos generaciones) desde el fin de la
Shoá y ya la mayoría de las víctimas y los testigos del horror han muerto. Junto
con este hecho biológico ocurre un fenómeno social: los anticuerpos de la sociedad
parecen haberse vuelto resistentes a la judeofobia, y ésta –una vez más–
tiende a reaparecer metamorfoseada, pero con el mismo hedor a muerte. Esta
vez aparece investida, por un lado, de un ropaje pseudocientificista (negacionismo
de la Shoá) y, por otro, de una postura política (antisionismo o antiisraelismo).
Nuestra tarea, como investigadores de la tragedia europea, nos obliga a
hacerle frente a esta nueva/vieja amenaza, que hoy resurge con nuevos bríos.
El establecimiento de “sitios de la memoria” (lieux de la memoire, según el
concepto desarrollado por Pierre Nora) es la instauración de espacios de rememoración
colectiva, de producción y reproducción de la memoria histórica.
Estos pueden ser un museo, un memorial o, simplemente, una fecha conmemorativa
(con cierta ritualidad).
En este sentido, Europa –la misma que dio la espalda a sus judíos antes y durante
la Shoá– estableció como día recordatorio de la caída nazi el 27 de enero,1
fecha de la “liberación”2 de Auschwitz. Este es un intento de crear una memoria
histórica de resistencia antinazi, si bien –en relación a los judíos– Europa se
caracterizó –salvo honrosas excepciones– por una pasmosa indiferencia, cuando
no un apoyo desembozado.
74 / Nuestra Memoria
3 Des, Mihaly. “Holocaustomanía”, publicado en Revista de Cultura Lateral. N° 99, Marzo de
2003. En http://www.lateral-ed.es/revista/editorial/099holocaustomania.htm.
4 Abd el-Mahsan Mortagi, comandante de las fuerzas terrestres egipcias, a la radio de su país
Saut el-Arab, 18/5/1967. En AA.VV. Informe sobre el Medio Oriente. Buenos Aires, Ediciones
OSA, 1968, pág. 326.
Pero las conmemoraciones de la Shoá son elaboraciones tardías, pues la memoria
es una construcción histórica. En efecto, durante los primeros quince
años luego de finalizada la Shoá, ésta permaneció “oculta” ante la conciencia de
Occidente, en parte porque los sobrevivientes necesitaban superar el trauma, en
parte porque la inmensa mayoría del resto del mundo no tenía apuro en que le
recordaran su abandono de los judíos.
Necesitó transcurrir casi una generación para que apareciera la necesidad de
visualizar la Shoá como parte de la historia de Occidente:
Como realidad histórica, el Holocausto no pudo ser digerido por la
opinión pública. A diferencia del Gulag, en menor o mayor grado, directa
o indirectamente, todo Occidente estaba implicado en él: como víctima,
verdugo, cómplice, colaboracionista, testigo y –en menor medida–
como oponente. Hacía falta la aparición de generaciones nuevas que no
tuvieran relación directa con él, para quienes no fuese historia viva.3
Pero en los años ’60 todo comenzó a cambiar. La articulación de dos fenómenos
acontecidos en el joven Estado judío de Israel contribuyó enormemente a
este cambio de óptica. El primero de esos hechos aconteció a principios de esa
década y se trató de la captura en la Argentina y el posterior juicio al llamado
“arquitecto de la Solución Final”, el principal responsable de la mayoría de los
asesinatos de judíos por toda Europa. Me refiero a Adolf Eichmann. Su juicio revivió
el horror, la siniestra “banalidad del mal” (Hannah Arendt) del régimen
nazi y su sistema de “taylorismo” de la muerte.
El segundo acontecimiento ocurrió en la segunda mitad de aquella década y
consistió en la serie de amenazas de exterminio de judíos proferidas por los líderes
del mundo árabe en declaraciones previas a la Guerra de los Seis Días
(julio de 1967). Estas intimidaciones revivieron el horror de la Shoá, ante el peligro
inminente de un nuevo exterminio.
Los líderes árabes dijeron cosas como las siguientes:
Las fuerzas egipcias tomaron posiciones de acuerdo a los planes predeterminados.
Nuestras fuerzas están completamente preparadas para
llevar a cabo una batalla fuera de los límites de Egipto (…). La Guerra
Santa restituirá la tierra robada a sus legítimos dueños.4
Nuestras fuerzas están –ahora– completamente prontas, no sólo para
La perduración de la judeofobia / 75
5 Hafez al-Assad, ministro de Guerra sirio, al periódico de su país Al-Thowra, 20/5/1967. En
AA.VV. Informe…, op. cit., pág. 326.
6 Gral. Abd el-Rahman Aref, Presidente de Irak, a Radio Bagdad, 1º/6/1967. En AA.VV. Informe…,
op. cit., pág. 328. Con “vergüenza” se refiere a la aplastante derrota de la agresión
árabe contra el naciente Estado judío.
7 Ahmed Shukairi al periódico jordano Al-Anwar, 2/6/1967. En AA.VV. Informe…, op. cit.,
pág. 328.
8 Stanton, Gregory. “Eight stages of genocide”, en Genocide Watch, 1998.
En http://www.genocidewatch.org/8stages.htm.
9 Shukairi es quien afirmó la tristemente célebre promesa de “arrojar a los judíos al mar”.
repeler la agresión, sino para iniciar la liberación y echar abajo la existencia
agresiva del sionismo en nuestra tierra árabe.5
La existencia de Israel es un error que debe ser rectificado. Esta es
nuestra oportunidad de borrar nuestra vergüenza de 1948. El objetivo evidente
es eliminar a Israel del mapa.6
O nosotros o Israel. No hay otro camino, y no aceptaremos otra solución
más que la liberación de Palestina (…). No puedo imaginar que ni
un solo israelí quedará vivo una vez que la batalla comience.7
Cuando, hacia principios de los ’70, la Shoá se tornó territorio de la memoria
histórica, comenzó –en oposición a ella– una especie de contramemoria o de
memoria virtual, la de los autodenominados “revisionistas históricos” (negacionistas),
o en palabras de Vidal-Naquet: los “asesinos de la memoria”. Nuevamente,
esta cultura de la negación se expresará extensamente en el mundo
árabe, señalando la presencia de una extendida judeofobia que pretende hacer
un “uso político” de la memoria.
En realidad –según Stanton–8 los genocidios cumplen ocho pasos. El último
de ellos es la negación, y la Shoá no es la excepción a esta regla. En efecto, los
criminales genocidas no sólo liquidan a sus víctimas, sino que luego intentan
destruir su memoria. Así es que hoy, a noventa años del genocidio armenio, el
gobierno turco aún niega su política de exterminio.
La principal fuente de judeofobia, hoy, parecería ser el mundo árabe, pero
existe una extensa tradición judeofóbica en el mundo árabe. Entre los más célebres
simpatizantes nazis islamistas estuvieron el primer comandante de la OLP,
Ahmed Shukairi;9 los presidentes de Egipto Abdel Nasser y Anwar Sadat, y los
fundadores del partido panarabista Baath, que gobierna Siria (Bashir al-Assad)
y dirigió Irak hasta la invasión de 2002 (Saddam Hussein). Esta agrupación fue
la que, después de la guerra, tradujo y difundió en todo el mundo árabe el libro
Mi lucha, de Adolf Hitler.
Asimismo, ese lugar del mundo se tornó un santuario para los criminales
nazis luego de la Shoá. Por ejemplo, Alois Brunner, mano derecha de Adolf
Eichmann en su acción genocida, halló refugio en Egipto y, más tarde, Siria.
76 / Nuestra Memoria
10 Haj Mohammed Amín al-Husseini (1895-1974) fue un político árabe y líder religioso musulmán.
Opositor inclaudicable a la creación de un Estado judío en el territorio del Mandato
Británico y sospechado de haber incitado motines antijudíos en Jerusalem (1920), huyó
para evitar su encarcelamiento. Retornó luego de una amnistía, siendo nombrado por los británicos
como Gran Muftí de Jerusalem, en 1921. Nuevamente huyó hacia El Líbano, siendo
luego arrestado por provocar la violencia entre árabes y judíos. Poco antes de la Segunda
Guerra Mundial, Husseini viajó a Irak. Luego del frustrado golpe de Estado pro nazi que encabezó
en dicho país, en 1941, tuvo que marcharse a Roma. Y más tarde, a Berlín, donde permaneció
desde 1942 como invitado del gobierno nazi, manteniendo una estrecha relación
con sus principales líderes; entre ellos, Hitler, Himmler, Eichmann, etc. En la Europa ocupada,
Husseini emitió propaganda radial nazi y ayudó a reclutar soldados musulmanes. En
1946, el muftí escapó de su arresto domiciliario en las afueras de París, arribando a Egipto,
donde vivió hasta comienzos de la década de 1960, cuando se mudó otra vez a El Líbano. Se
retiró de la vida pública en 1962, después de desempeñarse como presidente del Congreso
Mundial Islámico, que había fundado en 1931.
11 Wiesenthal, Simon. Justicia, no venganza. Buenos Aires, Grupo Editorial Zeta, 1989, pág. 292.
12 Río Negro. http://www.rionegro.com.ar/arch200304/p19j16.html.
13 Wiesenthal, S., op. cit., pág. 110.
14 En ellas puede leerse el pedido de Al-Husseini a Hitler de avanzar hacia Medio Oriente para
extender la “Solución Final” a los judíos que allí vivían.
Al respecto, Simon Wiesenthal dijo que “en 1954, los egipcios le dieron a
Brunner, bajo el nombre de Georg Fischer, una visa de inmigración, y viajó a El
Cairo (…). Muchos años después, contó nuevamente a un periodista que se
había encontrado, en El Cairo, con un propagandista nazi llamado Johannes
van Leers, y en otra ocasión, que había visitado al muftí de Jerusalem, Mohammed
Amín al-Husseini.10 El muftí le había aconsejado ir a Damasco”.11 Y en otra
parte dijo que “si está todavía vivo, reside en Siria, donde asesinar a judíos parece
no contar como un crimen”.12
Asimismo, otro criminal de guerra, Franz Stangl, estuvo refugiado un tiempo
en Siria. Wiesenthal dijo que “los sirios consideraban a las personas como
Stangl ‘hermanos de espíritu’ y expertos en la lucha contra Israel. Si Stangl se
hubiese quedado en Siria, aun hoy estaría seguro, al igual que su colega Alois
Brunner”.13
Tal vez el más conocido de todos los líderes árabes que se alió a los nazis fue
el ya citado muftí de Jerusalem Haj Mohammed Amin al-Husseini, máximo líder
religioso y presidente del Consejo Supremo Palestino, del cual –en la década de
1960– surgió la OLP. El muftí viajó a Berlín e intentó dar un golpe de estado pro
nazi en Irak. El 21 de noviembre de 1941 fue recibido por Hitler.
De esa reunión se conservan minutas, en las cuales puede leerse:14
El Führer le hizo, entonces, la siguiente aseveración al muftí, exhortándole
a que lo guardara en lo más profundo de su corazón:
1. El (el Führer) llevaría a cabo la batalla de la destrucción total del imperio
judeocomunista en Europa.
2. En algún momento no muy distante –pero que hoy es imposible de deLa
perduración de la judeofobia / 77
15 Memoria de un oficial de la Secretaría del Ministerio de Asuntos Exteriores, documento nazi
que recogía el encuentro del muftí con Hitler. En Ministerio de Exteriores de Alemania. Documentos
de política exterior alemana. 1918-1945. Serie D, Vol. XIII, Nº 515. Washington
DC, US Govt. Print. Off., 1949. En http://www.psych.upenn.edu/~fjgil/muftihitler.htm.
16 La íntima colaboración entre algunos líderes islámicos y el nazismo llevó a la formación de
dos divisiones de musulmanes para las Waffen SS: la Skanberg, de Albania, y la Handschar,
de Bosnia, responsables de innumerables asesinatos de serbios y judíos. Asimismo, fueron
reclutados voluntarios en Chechenia, Uzbekistán, etc.
terminar exactamente–, el ejército alemán llegaría, en el curso de esta
lucha, al flanco sur de Caucasia.
3. En cuanto esto ocurriera, el Führer, con su autoridad, le daría al
mundo árabe la seguridad de que su hora de liberación habría llegado.
El objetivo de Alemania sería, entonces, exclusivamente la destrucción
de los elementos judíos residentes en la esfera árabe, bajo la
protección del poder británico.15
Posteriormente, Al-Husseini se dedicó a crear las divisiones de musulmanes
de las SS,16 y fue un asiduo visitante de los campos de exterminio. Cuando fue
recibido en el comando de la Luftwaffe en Berlín, el muftí declaró su admiración
por los nazis por saber tratar con los judíos, y en su discurso, que fue transmitido
por radio, declaró: “Arabes: Unanse para luchar por los derechos divinos
y maten a judíos donde sea que se encuentren, para salvar vuestro honor”.
Existen ciertos lazos esenciales entre dos ideologías que podríamos definir
como “filosofías tanáticas”. Así –guardando muy bien las distancias históricas–
podemos hallar ciertas analogías, en especial por su judeofobia criminal (aunque
a muy diferente escala). Nos referimos al paganismo “ario-germánico” y al
ultrarreligioso fundamentalismo radical islámico.
En ambas ideologías hallamos un pensamiento enajenado, que lleva a sus
portadores a despreciar tanto su vida como la de los demás. Por eso denominamos
a esta mirada la “cultura del Tánatos”. Para ambas ideologías existe una visión
altruista, una épica que valora positivamente el sacrificio en aras de un objetivo
superior: en el caso de los nazis será el triunfo absoluto de la “raza aria”
y la construcción del “Reich de los mil años”; mientras que en el caso de los fundamentalistas
islámicos será la muerte en batalla en una Yihad (guerra santa) liberadora
del Waqf (Tierra Santa) ocupado por los infieles, para así poder garantizarse
la vida eterna junto a setenta vírgenes (siendo muy irónico, uno podría
decir que los asesinos terroristas musulmanes están impulsados por el onanismo)
y Alá, en el Paraíso.
El integrismo islámico posee elementos que lo colocan, de hecho, como “heredero”
natural del nacionalsocialismo.
El principal y más claramente expresado es su antijudaísmo desembozado, el
cual –a pesar de tener una motivación original de corte político (el conflicto
78 / Nuestra Memoria
17 “Una Fatwa es un pronunciamiento legal en el islam, emitido por un especialista en ley religiosa
sobre una cuestión específica. Normalmente, una Fatwa es emitida ante la petición de
que un individuo o juez establezca una cuestión donde la figh, la jurisprudencia islámica, no
es clara. Al erudito capaz de emitir una Fatwa se conoce como muftí. Ya que no existe un sacerdocio
islámico centralizado, no hay un método unánimemente aceptado para determinar
quién puede emitir una Fatwa y quién no, lo que ha llevado a algunos eruditos islámicos a
quejarse de que demasiada gente se siente calificada para emitir Fatwas. Tanto en la teoría
como en la práctica, diferentes clérigos islámicos pueden emitir Fatwas contradictorias. Lo
que ocurre entonces depende de si uno vive en una Nación en la que la ley islámica (Sharia)
es la base de la ley civil, o si vive en una Nación en la que la ley islámica no tiene estatus
legal. Hay que notar que muchas naciones en las que los musulmanes son la mayoría de la
población no reconocen la ley islámica como base de la ley civil. En las naciones basadas en
la ley islámica, las Fatwas de los líderes religiosos son debatidas antes de ser emitidas y se
deciden por consenso. En tales casos, rara vez son contradictorias y tienen el valor de ley ejecutable.
Si dos Fatwas son contradictorias, los órganos de gobierno (que combinan la ley civil
y religiosa) llegan a una interpretación acordada, que es considerada como ley. En las naciones
que no reconocen la ley islámica, los religiosos musulmanes se enfrentan a menudo
con dos Fatwas opuestas. En ese caso, deben seguir la Fatwa del líder de su misma tradición
religiosa. Es decir, los musulmanes sunitas, por ejemplo, no seguirían la Fatwa de un clérigo
chiíta.” Enciclopedia Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Fatwa (23/7/05).
18 “Un muftí es un experto islámico que es un intérprete o exponente de la ley islámica (Sharia),
capaz de dictar fataawa (plural de ‘Fatwa’).” Enciclopedia Wikipedia. http://en.wikipedia.
org/wiki/Mufti (23/7/05).
19 “El mundo árabe no lee. Según varios informes, el mundo árabe es meramente analfabeto.
El analfabetismo en el mundo árabe no es del 50%, como dicen en los informes. Yo digo que
está por encima del 80%. Prácticamente hablando, incluso a aquellos definidos como no
analfabetos, porque completaron ocho años de escuela, los considero analfabetos. En este
siglo, cualquiera que termine la escuela primaria realmente no sabe leer.” Masalha, Salman.
Entrevista con el semanario israelí Kol Hair, 31/3/04. En Middle East Media Research Institute.
Informe especial. N° 688. http://www.memri.org/bin/espanol/articulos.cgi?Page=subjects
&Area=reform&ID=SP68804 (23/7/05).
árabe-sionista desde fines del siglo XIX)– hoy en día ha asumido formas más
modernas, del tipo biológico-racial, que lo emparientan con el nazismo. De
hecho, la judeofobia árabe es una mixtura caótica de distintos argumentos antisemitas.
En efecto, el antijudaísmo árabe concentra en sí todas las formas históricas
de judeofobia: las religiosas, las pseudocientíficas y las políticas.
En un campo, la palabra del Führer conducía a la muerte heroica; en el otro,
análogamente, la propia vida es desdeñable ante la palabra de Alá, expresada en
las Fatwas17 (meras interpretaciones) de los muftís18 (especialistas), en una región
del mundo en la cual el analfabetismo alcanza al 80%19 y, por lo tanto,
quien interpreta lo hace en nombre de fieles que no están en condiciones, ya no
de interpretar, sino siquiera de leer el Corán.
Tanto el nazismo como el integrismo islámico han construido las miradas
más alienadas y cosificadas de los sujetos, tanto de los demás como de sí mismos.
De esta manera, para los nazis los arios eran piezas “sacrificables” de una
maquinaria bélica, sacrificables por el bien común (de tal forma se regían por
criterios de “utilidad-inutilidad” que ello los condujo, finalmente, a montar una
industria del exterminio de aquellos sujetos definidos como “nuda vida”).
La perduración de la judeofobia / 79
20 Es incorrecto referirse a los bombarderos “suicidas”, ya que –en la concepción de los
“yihadistas”– el shahid comete su acción guiado por un altruismo cuyo objetivo central
no será dejar este mundo, sino morir combatiendo por Alá.
21 Recordemos que, en la cultura griega, los esclavos eran considerados “instrumento vocalis”
(literalmente, “herramienta que habla”).
En la concepción “yihadista”, el shahid (“mártir”) se inmola20 (se sacrifica
voluntariamente), considerando su cuerpo como un arma, un “instrumento”21
de la Yihad.
Ambas culturas consideran un valor positivo el “sacrificio” (la inmolación)
individual.
En relación a la mirada acerca de “el Otro”, ambas sociedades ubicarán a los
judíos como el paradigma del Mal absoluto, ideología que puede apreciarse en
su discurso deshumanizador de dicho colectivo social.
El eje de ambas miradas consagra al judaísmo como el Mal absoluto, en una
confrontación global por la hegemonía contra las fuerzas del Bien (lugar asumido
como propio, primero por los nazis, y hoy, por el integrismo islámico).
El proyecto nazi apuntaba, centralmente, a la construcción de un imperio
racialmente “ordenado”, hegemonizado mundialmente en un orden fuertemente
estratificado, con una “jerarquía racial” en la cual los judíos no tenían
lugar alguno.
El proyecto del integrismo islámico apunta, en lo central, a la construcción
de un imperio panislámico (un gran califato como el de Saladino), homogéneo
en lo religioso, dominando globalmente, sin un Estado judío (y en algunos
casos, sin judíos).
Mientras que la “Solución Final de la Cuestión Judía” ocupó un lugar central
en la ideología y la práctica política nazis, hoy en día, la “Solución Final de la
Cuestión Israel” es el eje sobre el cual orbitan la ideología y la práctica política
no sólo del integrismo islámico, sino –lamentablemente, como puede apreciarse
en discursos y escritos– de grandes sectores del islam.
Otra de las características comunes es la aspiración a establecer una hegemonía
universal basándose, en el caso de los nazis, en una supuesta “pureza racial”
que les otorgaba “derechos naturales” sobre las demás “razas”; mientras que
para los integristas islámicos, su aspiración a la hegemonía tiene raíces religiosas:
supuestamente la palabra de Alá expresada en el Corán.
El fundamento último de ambas concepciones ideológicas es la “pureza” y su
supuesta “superioridad” (en un caso, racial; en otro, divina).
Debemos, asimismo, dejar sentado que este proyecto de dominación global,
al igual que las formas ideológico-políticas anteriores en el mundo islámico
–desde el fascismo “socialista” del partido Baath hasta el fascismo-clerical integrista
islámico–, tienen una base nacionalista (panárabe) y judeofóbica extrema
que lo emparienta con el nazismo. El objetivo de todas estas ideologías ha
22 “La Cuarta Guerra Mundial la está realizando, en nuestros días, el islam extremista contra
los países democráticos de Occidente (Europa, Estados Unidos, Israel) y también contra algunos
países islámicos que simpatizan con Occidente (como por ejemplo, la guerra civil en
Argelia, que comenzó en 1991 y ya ha causado más de 100.000 muertos, y el reciente asesinato
del embajador egipcio en Irak). No es claro cuándo empezó la Cuarta Guerra Mundial,
pero podría ser el 15 de mayo de 1948, el día siguiente a la independencia de Israel, cuando
Egipto, Siria, Jordania, Irak, Arabia Saudita y El Líbano -rechazando el Plan de Partición
de las Naciones Unidas- invadieron Israel con ejércitos mucho más grandes y mejor equipados
que las fuerzas del Estado judío, que en ese momento contaba con sólo 600.000 habitantes.
A pesar de su desventaja numérica, los judíos lograron rechazar a los árabes y firmar,
en 1949, un armisticio. En 1964, los árabes alentaron la creación de la OLP, Organización
de Liberación Palestina, cuyo objetivo no era crear un Estado palestino en Gaza (en ese
momento, bajo el control egipcio) y Cisjordania (anexada por Jordania), sino la destrucción
del Estado judío.” Mandel, David. Cuarta Guerra Mundial. Islam extremista contra Occidente.
Gentileza de Dori Lustron, directora del sitio de Internet http://www.porisrael.org.
80 / Nuestra Memoria
sido la conformación de una única nación islámica (cultural y religiosamente
homogénea).
En ambas sociedades (la nazi y la integrista islámica) la pertenencia a la comunidad
delimitará la posesión o no de privilegios dentro de sociedades con un
alto grado de estratificación. Es menester aclarar que la sociedad islámica es de
un carácter más “democrático”, menos elitista que la nazi, ya que uno puede
convertirse al islam y pasar a formar parte de la umma (comunidad), mientras
que la concepción racial nazi clausuraba esta posibilidad definitivamente.
Para los nazis, sólo un ario podía ser ciudadano del Reich. Para el islam, sólo
los creyentes pertenecerán a la Umma, y sólo ellos –de acuerdo a la Sharia– tendrán
plenos derechos. El resto sufrirá cierta conculcación de derechos y tendrá
que cumplir con obligaciones especiales (pago de impuestos adicionales, peores
condiciones de existencia, etc.).
Tanto el nazismo como el integrismo islámico han tenido pretensiones de establecer
una hegemonía universal. Desde esta óptica, algunos analistas señalan
que nos encontramos combatiendo la Cuarta Guerra Mundial.22 En esta oportunidad,
la guerra tiene un carácter global y, al igual que la Segunda –contra los
nazis– y la Tercera –la Guerra Fría contra el comunismo–, asume la forma de
una confrontación entre el totalitarismo (representado por el integrismo islámico)
y el antitotalitarismo (representado por las democracias occidentales, en
particular por Israel, principal enemigo del integrismo islámico, según los propios
dichos de éste).
Sesenta años después de la Shoá vemos reaparecer un renovado antisemitismo,
el cual involucra –además de a los judíos– a su organización política nacional y a
la ideología que la sustenta: el Estado de Israel y el sionismo, respectivamente.
En efecto, una ola renovada de judeofobia inédita en las últimas seis décadas
atraviesa la opinión pública internacional. Su origen puede hallarse en cuatro
fuentes (y partes integrantes de la misma):
La perduración de la judeofobia / 81
a. El antisemitismo de derecha (el neonazismo), en particular desde su forma
“científica”: el “revisionismo histórico” (el negacionismo de la Shoá).
b. El antisemitismo de izquierda (el “progresismo globalofóbico”), el cual asume
dos argumentaciones básicas: la primera es una adaptación del mito del
“judío conspirador” (los judíos son los supuestos responsables de manejar el
capitalismo, la globalización, las finanzas internacionales, etc.); la segunda es
la adaptación del negacionismo y los intentos de banalizar la memoria de la
Shoá, por un lado, y de “nazificar” al Estado judío, por el otro.
c. La comunicación social (el periodismo) y los organismos internacionales (la
ONU). En estas instancias, Israel recibe un tratamiento desigual en relación
al resto de los países.
d. La judeofobia del mundo islámico, que subsume –dentro de sí– todas las formas
históricas de la odio a los judíos.
Nuestra intención es centrarnos en las formas de judeofobia que tal vez estén
más extendidas: la criminalización de Israel y la banalización de la Shoá.
Son notables las similitudes y analogías en los conceptos y los fundamentos
ideológicos en los cuales se construye y sustenta la neojudeofobia “antisionista”.
Ella se basa en la construcción de una serie de prejuicios, en los cuales se
asienta la estructura ideológica, mera “representación de la representación”;
construcción falaz cuyo resultado es aterradoramente concreto: el resurgimiento
del antisemitismo.
Podemos hallar algunos conceptos-guía que actúan como el sedal que enhebra
(y a la vez, es eje) el desarrollo de las formas de la neojudeofobia. Estos
conceptos veremos que son, por ejemplo: el “Holocausto palestino” y el “judeonazismo”.
A continuación intentaremos esclarecer este punto, incluyendo algunas citas
(de la abrumadora cantidad que fácilmente pueden obtenerse de Internet) en las
cuales puede apreciarse el paralelismo en el uso de estos conceptos, independientemente
del contexto ideológico.
Para tener una clara idea de esta alianza judeofóbica que nos invade exponemos
–a continuación– una serie de ideas centrales, en esta línea de pensamiento
de tres fuentes diferentes: izquierda radical, extrema derecha y fundamentalismo
islámico.
Negación/banalización de la Shoá
a. En documentos y discursos del progresismo:
No veo implicaciones antisemitas en el hecho de negar la existencia
de las cámaras de gas, o incluso en el de negar el Holocausto. Ni tampo23
Chomsky, Noam. En el sitio neonazi Nuevo Orden. http://www.nuevorden.net/cc_11.html.
24 Ibrahim Alloush al canal de televisión árabe Al-Jazeera. En Middle East Media Research
Institute, 1º/9/05. http://memri.org/bin/espanol/articulos.cgi?Page=subjects&Area=
antisemitism&ID=SP97605.
25 Islam Sissalem a la televisión de la Autoridad Nacional Palestina, 29/11/00. En Jewish Virtual
Library. http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/spanish/chapter25.pdf.
26 Hasan al-Agha, autor palestino, en un programa cultural emitido por la televisión oficial palestina,
25/8/97 (durante la vigencia de los acuerdos de paz de Oslo, 1994-2000). En Malas
Noticias. http://www.malas-noticias.com.ar/10-1judeofobiapalestina.htm.
82 / Nuestra Memoria
co es una implicación antisemita, per se, decir que se está aprovechando
el Holocausto (crea uno que ocurrió o no), de forma agresiva, por parte
de apologistas de la violencia y la represión israelíes.23
b. En documentos y discursos del mundo islámico:
El Holocausto se explota para justificar las políticas sionistas y el derecho
del Estado enemigo a existir. Existe evidencia e investigaciones
científicas que demuestran que el Holocausto es una mentira.24
Se difundieron mentiras de que los judíos estaban siendo asesinados
aquí y allá, y el Holocausto. Y por supuesto, son todas mentiras y alegatos
infundados. ¡No hay un Chelmno, un Dachau, un Auschwitz! Eran sitios
de desinfección (…). Comenzaron a divulgar en su propaganda que
fueron perseguidos, asesinados, exterminados (…). Unos comités trabajaron
aquí y allá para establecer esta entidad (Israel), esta entidad extranjera,
implantada como un cáncer en nuestro país, donde vivieron
nuestros padres, donde vivimos y donde nuestros hijos, después de nosotros,
vivirán. Ellos siempre se pintaron como víctimas y crearon un
Centro para el Heroísmo y el Holocausto. ¿Qué heroísmo? ¿Qué Holocausto?
Heroísmo es el de nuestra nación, el Holocausto fue contra nuestro
pueblo (…). Nosotros somos las víctimas, pero no lo seremos para
siempre.25
Creo que estamos hablando de una inversión. Ellos (los judíos) han ganado
material, espiritual, política y económicamente a partir de las charlas
sobre los asesinatos nazis (…). Inflan los números de las víctimas todo
el tiempo. En otros diez años no sé qué número alcanzarán (…). En mi
opinión es una inversión, y como usted sabe, en lo que se refiere a economía
e inversiones, los judíos son expertos, aun desde los días del Mercader
de Venecia.26
c. En documentos y discursos de la derecha extrema:
Para proteger la sagrada mentira de los seis millones se han utilizado
maniobras que parecen casi de ciencia ficción, especialmente para ahogar
cualquier intento serio de demostrar su falsedad. Así, cuando en 1995 la
La perduración de la judeofobia / 83
27 “Las pruebas de que el Holocausto judío es una fantasía”, en el sitio neonazi Resistencia
aria. http://www.resistenciaria.org/revisionismo/MENTIRAS.htm.
28 Caballero, Antonio. “La naturaleza humana”, en La Semana.com. http://semana.terra.com.
co/opencms/opencms/semana/articulo.html?id=74630.
29 Declaraciones de José Saramago durante un viaje a Ramala, Autoridad Nacional Palestina,
25/3/02. En Terra. http://www.terra.com.ar/canales/internacionales/40/40414.html.
30 Declaraciones de José Saramago en http://pangea.upc.es/pipermail/infomoc/Week-of-Mon-
20020401/001291.html.
revista japonesa de economía y negocios Marcopolo publicó un inocente
comentario señalando que “cada vez eran menos las razones para creer
que en la Alemania nazi habría tenido lugar un Holocausto” de judíos y gitanos,
el todopoderoso judaísmo mundial movió sus hilos y consiguió que
tanto la revista como el periodista fueran sancionados, sin ajustarse a una
legislación existente, y que la revista Marcopolo no pueda hacer, por el
resto de su existencia, cualquier otra referencia sobre el Holocausto.27
“Nazificación” de Israel
a. En documentos y discursos progresistas:
Israel se está comportando con los palestinos, siento tener que volverlo
a decir, tal como la Alemania nazi se comportó en su tiempo con los
judíos. Y no me refiero sólo al gobierno de Israel, presidido por ese militar
ultraderechista que es Ariel Sharón, sino también al pueblo de Israel
en su conjunto.28
Lo que está ocurriendo en Palestina es un crimen que podemos considerar
igual a lo que ocurrió en Auschwitz (y) Buchenwald. Incluso si se
tienen en cuenta las diferencias de tiempo y lugar, es lo mismo. Desde el
punto de vista del ejército (israelí), toda Ramala es un enorme cuartel y
ustedes, los palestinos, son los prisioneros acuartelados.29
Eso de Auschwitz ha sido evidentemente una comparación forzada a
propósito. Una protesta formulada en términos habituales quizá no provocaría
la reacción que ha provocado. Claro que no hay cámaras de gas
para exterminar a los palestinos, pero la situación en la que se encuentra
el pueblo palestino es concentracionaria. Nadie puede salir de sus
pueblos. Lo he dicho, y dicho está. Pero si a alguien le molesta mucho eso
de Auschwitz, puedo sustituir esa palabra y, en lugar de decir “Auschwitz”,
decir crímenes contra la humanidad. No es una cuestión de más víctimas
o menos víctimas, no es una cuestión de más trágico o menos trágico. Es
el hecho en sí. Lo que está haciendo Israel con los palestinos es un crimen
contra la humanidad. Los palestinos son víctimas de crímenes contra
la humanidad, cometidos por el gobierno de Israel, con el aplauso de
su pueblo.30
84 / Nuestra Memoria
31 Núñez, Eduardo. “El Estado criminal de Israel. Un peligro para la paz del mundo”, en
http://ecuador.indymedia.org/es/2003/07/3114.shtml el 22/7/2003.
32 García Fajardo, José Carlos. “Holocausto del pueblo palestino”, en la página de la Universidad
Complutense de Madrid. http://www.ucm.es/info/solidarios/ccs/articulos/
oriente_med/holocausto_del_pueblo_palestino.htm.
33 LaRouche, Lyndon. Declaración “El demencial fascismo de Ariel Sharon”, 9/12/01. En
Webislam. http://www.webislam.com/numeros/2001/11_01/demencial_fascismo.htm.
34 En el website pro palestino No pasa nada. http://www.nopasanada.net/spanish/article_
22.html.
35 Hilmi, Nabil Ahmad. “A turning point in the Middle East region”, en Al-Ahram, 16/4/02. En el
sitio de la Anti-Defamation League. http://www.adl.org/Anti_semitism/arab/media_2q02.pdf.
36 Amayreh, Khaled. “The Axioms of Resistance”, en el semanario egipcio Al-Ahram,
30/12/2004. En el sitio de la Anti-Defamation League. http://www.adl.org/Anti_semitism/
arab/as_arabmedia_02_2005/Arab_Anti_Semitism-Jan-Feb2005.pdf.
El Estado de Israel es un Estado criminal, genocida y terrorista, y su
misma existencia es un problema para la paz mundial.31
Nunca podrán alegar los judíos del mundo entero –así como su patrocinador,
EE.UU.– que no sabían lo que estaba sucediendo. Se trata de un Holocausto
semejante al que padecieron sus antepasados por el hecho de pertenecer
a un pueblo. Como hoy padecen ese exterminio los ciudadanos palestinos.
El silencio de las personas que sostengan al Estado de Israel los
hará cómplices de un sistema de muerte, con terribles consecuencias.32
b. En documentos y discursos del mundo islámico:
Israel, bajo la actual dictadura de Sharon, es un régimen fascista de
corte nazi, que sigue los pasos de Napoleón I, Napoleón III, los carlistas
de España, Benito Mussolini y Adolfo Hitler.33
Israel y el Shin Bet tienen varios centros de detención equivalentes a
los campos de concentración nazis.34
No caben dudas de que lo que está ocurriendo en la Sagrada Tierra Palestina
(…) reanuda el fenómeno nazi.35
“Bajo el pretexto de combatir al terror, que es –en realidad– una legítima
resistencia a la criminal y bárbara ocupación militar, Israel está cometiendo
crímenes como los nazis contra nuestros civiles”, dijo Mohamed
Agha, un oficial local palestino en Khan Younis.36
Cuando comparamos a los sionistas con los nazis, insultamos a los
nazis, a pesar del terror detestable que llevaron a cabo, el cual no podemos
sino condenar. Los crímenes perpetrados por los nazis en contra de
la humanidad, con todas sus atrocidades, no son más que una diminuta
partícula comparada con el terror de los sionistas contra el pueblo palestino.
Mientras el desacuerdo prolifera acerca de la veracidad de los
cargos sionistas con respecto a los hechos de los nazis, nadie niega los
detestables crímenes sionistas, algunos de los cuales ha podido docuLa
perduración de la judeofobia / 85
37 Rantisi, Abdel Aziz, líder de la banda de delincuentes terroristas Hamas. “¿Cuál es peor: sionismo
o nazismo?”, en el semanario de Hamas Al-Risala, 21/8/03. En Middle East Media
Research Institute. http://www.memri.org/bin/espanol/articulos.cgi?Page=archives&Area=
sd&ID=SP55803.
38 “La falsa democracia hebrea”, en Dioses de Burja. http://diosesdeburja.iespana.es/la_falsa_
democracia_hebrea.htm.
39 “Libertad para Palestina”, en Dioses de Burja. http://diosesdeburja.iespana.es/libertad_
para_palestina.htm.
mentar la lente de las cámaras (…). Es imposible realizar una cuenta
(completa) de los crímenes del sionismo en (un solo) artículo. Hemos
mencionado algunos de sus crímenes, que si hubieran sido atribuidos al
nazismo, habrían insultado en gran medida a los nazis.37
c. En documentos y discursos de la extrema derecha:
Es triste ver la similitud casi paralela entre el trato que los nazis dispensaron
a los judíos y el que éstos les dan hoy a los palestinos y árabes
en general.38
Israel es un pueblo militarizado y genocida que quiere la expulsión de
cada palestino: es continua la actitud exterminadora de estos neonazis
con caftán, que –a pesar de esta nueva “Hoja de Ruta”– no cejan en su
empeño de apoderarse de todo el territorio.39
Apreciamos amargas quejas por parte de algunos críticos de Israel, quienes
rechazan el hecho que, ante sus implacables críticas a dicho Estado, en algunas
oportunidades se los catalogue como antisemitas. Se preguntan: ¿acaso Israel
debe ser inmune a las críticas?
Nuestra respuesta es una negativa rotunda. Criticar a Israel no sólo es lícito,
sino deseable. Este Estado, como todo producto humano, es perfectible. No toda
crítica a Israel es judeofóbica, pero el límite lo cruzan aquellas posturas que buscan
la descalificación absoluta, la deslegitimación del Estado judío a través de
acciones cuyos contenidos cumplen con alguna de estas condiciones: a) negación
al pueblo judío del derecho a tener su propio Estado; b) utilización de retórica
y estereotipos antijudíos; c) calificación de los judíos como nazis; d) juzgamiento
de Israel con parámetros distintos a los que se aplican a otras naciones;
y e) fundamentación conciente de las críticas en distorsiones de la realidad
o, directamente, en falacias.
Cuando se cumple alguna de estas condiciones decimos que nos hallamos en
presencia de una acción de discriminación judeofóbica, ya que la característica
peculiar que distingue al Estado de Israel del resto de las naciones es su esencia
judía. Y si –al mismo tiempo– observamos que Israel es tratado en forma distinta
(peor) a la que reciben los demás Estados, es lógico concluir que Israel recibe ese
86 / Nuestra Memoria
40 Schvindlerman, Julián. El otro Eje del Mal. Antinorteamericanismo, antiisraelismo, antisemitismo.
Buenos Aires, Milá, 2004, pág. 27.
trato debido a su identidad judía. Por lo tanto, nos hallamos en presencia de una
acción de discriminación antisemita.
Emanuele Ottolenghi dijo al respecto: “¿Es necesario evocar la conspiración
judía o describir a los judíos como asesinos de Cristo para denunciar las políticas
israelíes?”.40
Parecería ser que los intentos de criminalizar al Estado de Israel giran en
torno a condonar los crímenes judeofóbicos de toda la historia, en particular los
cometidos en Europa durante la Shoá. Es realmente sorprendente el resurgir del
antisemitismo en tierras donde, hace nada más que sesenta años, se asesinó a
una tercera parte de los judíos del mundo.
Pero Europa siempre ha tenido una relación conflictiva con los judíos. Dice
Pilar Rahola: “Europa no se explica sin los judíos, pero tampoco sin el antisemitismo”.
Es muy impresionante ver, hoy en día, cómo el negacionismo de la Shoá, nacido
en la derecha fascista, ha asumido formas más “democráticas”, apareciendo
por izquierda, como la banalización de la Shoá. En efecto, hoy cualquier cosa
es factible de ser comparada con la Shoá, se sobredimensiona la tragedia de
otros pueblos, etc.
Así, hallamos declaraciones como las realizadas en 2002 por el Premio Nobel
de Literatura José Saramago, quien comparó la ciudad palestina de Ramala con
el campo de exterminio de Auschwitz. Al respecto, en enero de este año, el escritor
Marcelo Birmajer se refirió –muy lúcidamente–, en una entrevista televisiva,
a este problema argumentando que aquel que conoce del tema sabe que la
comparación hecha por Saramago es una barbaridad; por lo tanto, no afectará su
visión de Ramala ni de Auschwitz. Pero quien no conoce del tema –y dado que
los medios hoy están saturando con (mala) información acerca del conflicto
israelo-palestino–, podrá interpretar que Auschwitz fue igual que Ramala (una
región judía “ocupada” por los nazis, desde la cual el terrorismo judío atentaba
permanentemente contra la vecina sociedad alemana, enviando atacantes suicidas
que asesinaban a civiles a mansalva, generando –entonces– una réplica del
gobierno alemán que incursionaba allí para detener a los líderes terroristas).
Esto es no más ni menos que una barbaridad que desvirtúa los acontecimientos
históricos.
En el último año y medio murieron 1.500 palestinos y 350 israelíes. En
Auschwitz moría esa cantidad en un cuarto de hora. Mientras que aquí
mueren en el marco de la guerra, allí no la había, sino que los llevaban
por la fuerza a cámaras de gas (…). No estoy en contra del hecho que
La perduración de la judeofobia / 87
41 Yehoshua, Abraham. “Saramago. La cara más brutal del pensamiento europeo”, entrevista
publicada en la página de Hagshamá. http://www.wzo.org.il/es/recursos/view.asp?id=986.
42 Perednik, Gustavo. “La naturaleza de la judeofobia”, en Masuah. http://www.masuah.org/
judeofobia.htm#Negaci?n%20del%20Holocausto.
Saramago haya dado su opinión, sino de sus palabras en sí. Un intelectual
tiene que ser cauto con las comparaciones que hace. Y al decir que
Ramallah es Auschwitz, dice que los judíos que sufrieron allí cargaban
bombas como los palestinos de Ramallah y que los 25.000 muertos por
día que había en Auschwitz son equiparables a los muertos palestinos en
Ramallah.41
Comparar acciones militares limitadas con el exterminio planificado y sistemático
de un pueblo entero por el único “delito” de existir es casi un acto de
guerra en sí mismo, dado que tiene la manifiesta intencionalidad de destruir la
memoria del genocidio judío a través de su banalización
Así como podemos hallar este elemento que emparienta a ciertas posturas de
la izquierda radical con el neonazismo, cuando comparamos el nazismo con el
integrismo islámico encontramos notables coincidencias.
Los objetivos buscados por los negacionistas son básicamente tres:
a. Rehabilitar la judeofobia criminalizando a las víctimas; por ejemplo, acusando
a los judíos de “extorsionar” a Alemania para obtener réditos económicos;
b. Rehabilitar al nazismo presentándolo como una alternativa política de aquel
momento que, al perder la guerra, fue criminalizado por la “mentira judía”,
con la complicidad de los aliados;
c. Deslegitimar al Estado de Israel presentándolo como el fruto de la extorsión,
en razón de la culpa, de los judíos sobre Occidente, presionando con su “leyenda
del Holocausto”.
Debo mencionar los cuatro niveles de la NH (negación del Holocausto),
en orden de la sofisticación de sus argumentos: 1) el Holocausto
nunca ocurrió; 2) las cifras fueron exageradas; 3) no hubo un plan sistemático
de exterminio; 4) en cada guerra hay holocaustos, y los judíos cacarean
sólo por el suyo, como si fueran los monopolizadores del dolor.42
En los últimos años se pueden apreciar –por parte de lo que podríamos denominar
un “neoantisemitismo”– ingentes y crecientes esfuerzos por destruir la
memoria de la Shoá a través de su banalización.
Las técnicas utilizadas por los revisionistas (negacionistas) son variadas. Sus
argumentaciones oscilan entre la relativización de las víctimas judías (que no
fueron seis millones, que los alemanes también sufrieron, etc.) y la negación de
la existencia de tales víctimas. El revisionismo puede ser catalogado como una
88 / Nuestra Memoria
43 Covington, Harold, líder del Partido Nacional Socialista del Pueblo Blanco de los Estados
Unidos de América. En nizkor.org. http://www.nizkor.org/hweb/orgs/american/nationalsocialist-
white-peoples-party/nswpp-on-revisionism.html (2/5/05).
44 Milmaniene, José. El Holocausto. Una lectura psicoanalítica. Buenos Aires, Paidós, 1996,
pp. 14-15.
ideología judeofóbica cuyo único efecto es la reivindicación del nazismo, ya que
si la memoria del asesinato de judíos pierde vigencia, sus asesinos pueden ser
reivindicados. En efecto, “el verdadero propósito del revisionismo del Holocausto
es volver al nacionalsocialismo una alternativa política aceptable”.43
El psicoanalista José Milmaniene realiza lo que –a mi entender– es un brillante
análisis de lo que acontece con los negacionistas del Holocausto:
El delirio de la barbarie se continúa con el delirio de la negación de la
existencia de los campos de exterminio y de los millones de muertos. Ya
no se trata de discrepar respecto de la interpretación de los acontecimientos,
sino de acordar sobre su irrefutable e incontrovertible existencia.
Esto nos lleva a pensar que el nazismo generó y se movió en una zona
de goce mortífero que desmiente, en cualquier caso, la aceptación de la
realidad tal cual es, para reemplazarla por otro orden, y que cuando esta
operación fracasa, reincide en la renegación y el desconocimiento histórico
de los hechos que generó.44
De este modo, el negacionismo aparecerá operando como una virtual renegación
de los asesinados. La negación de su muerte (negación de la negación) será
la afirmación de los crímenes y del antisemitismo (conciente o inconsciente) del
negacionista, tornado –así– en cómplice del encubrimiento del crimen.
Junto al negacionismo aparece ahora otra corriente, en este caso banalizadora,
por la relativización. Esta tendencia tiene un fuerte arraigo en ciertos estratos
intelectuales, especialmente europeos, cuyo carácter antisionista los conduce
–en su combate político contra Israel– a utilizar consignas banalizadoras de
los crímenes nazis, fundamentalmente a través de la realización de comparaciones
ahistóricas y forzadas.
El caso más emblemático fueron las ya citadas declaraciones de Saramago,
comparando Ramala con Auschwitz y la valla de contención antiterrorista con
el muro del Ghetto de Varsovia. Estas declaraciones son banalizadoras de la
Shoá, pues apuntan a destruir la memoria histórica del genocidio judío, virtualizándola,
relativizándola.
En el fondo, la negación de la Shoá es expresión de la impotencia del antisemita.
Vemos en la cita de abajo cómo el “autor” comienza negando la Shoá, pero
culmina con una encendida defensa de la política genocida de Hitler.
La perduración de la judeofobia / 89
45 Mahmoud, Fatma Abdallah. “Maldito por siempre”, en el periódico gubernamental egipcio
Al-Akhbar, 29/4/02. En Middle East Media Research Institute. http://memri.org/bin/espanol/
articulos.cgi?Page=archives&Area=sd&ID=SP37502.
46 El objetivo buscado por este tipo de comparaciones es debilitar la memoria del genocidio
judío para poder justificar la destrucción de Israel y masacrar a los “pérfidos” sionistas. Esto
es extremadamente peligroso dado el carácter universalmente pedagógico de la memoria de
la Shoá.
En relación al fraude del Holocausto (…) muchas investigaciones francesas
han demostrado que fue sólo una fabricación, una mentira, ¡un
fraude! Es decir, fue un escenario, un plan cuidadosamente elaborado utilizando
fotografías falsas, totalmente desconectadas de la realidad. De
hecho, es una película. Acusan a Hitler de nazismo, pero en mis ojos es
sólo un “alumno” dentro del mundo de sangre y matanza. ¡Es completamente
inocente de todos los cargos relacionados con este falso Holocausto!
(…) Todo el asunto, como han comprobado numerosos investigadores
franceses e ingleses, no es más que un plan enorme israelí destinado a extorsionar
al gobierno alemán, en particular, y a los países europeos, en general.
Sin embargo, personalmente y en relación a este cuento imaginario,
me quejo ante Hitler y le expreso, desde el fondo de mi corazón: “si tan
sólo hubieras cumplido tu objetivo, hermano; si sólo fuera realidad, el
mundo podría respirar aliviado, sin su maldad y sus pecados.45
Una tercera fuente de banalización la encontramos en el mundo islámico; en
especial, en el mundo árabe (aunque no exclusivamente). El discurso árabe subsumirá
–dentro de sí– ambas formas de banalización: el negacionismo y la “nazificación”
de los israelíes.
La extendida política de banalización de la Shoá nació en la ultraderecha
neonazi, y hoy es asumida por la “izquierda”, con su particular formato “saramaguiano”.
Los primeros recurren a la negación directa; los segundos, a la dilución
del carácter singular del Holocausto a través de su comparación con acciones
que no tienen punto de parangón (por ejemplo, asemejar la matanza planificada,
sistemática y universal de personas con muertes en combate de terroristas
asesinos de civiles, como una comisión de la propia ONU documentó que ocurrió
en Jenín, a pesar de la propaganda palestina, o las declaraciones del judeófobo
Saramago, comparando Auschwitz –la más importante fábrica de muerte
en toda la historia– con Ramala –una ciudad jordana ocupada por Israel durante
una guerra defensiva–, etc.).46
En los gráficos que siguen realizamos una rápida comparación visual para
mostrar –a simple vista– cómo la acusación de “genocida” contra el Estado de
Israel es un arma política de tipo göbbelsiano, que no tiene asidero empírico.
90 / Nuestra Memoria
47 Según la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio y sus conclusiones,
adoptadas por la resolución Nº 260 (III) A de la Asamblea General de las Naciones
Unidas el 9 de diciembre de 1948 (entrada en vigor: 12 de enero de 1951), la definición de
genocidio es: “Artículo II: En la presente Convención se entiende por genocidio cualquiera
de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o
parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como ser: a) Matanza de miembros
del grupo; b) Lesión grave a la integridad física o mental de miembros del grupo; c) Sometimiento
intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción
física, total o parcial; d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno
del grupo; e) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo”. En el sitio del Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Refugiados. http://www.acnur.org/biblioteca/
pdf/0023.pdf.
48 En el sitio del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. http://www.
acnur.org/biblioteca/pdf/0023.pdf
De acuerdo a las condenas antiisraelíes, el genocidio47 es redefinido como el
crecimiento sistemático de una población. Como vemos en el cuadro de la izquierda,
la Shoá fue una tragedia en la cual se asesinó a casi un tercio de los judíos
del mundo, mientras que el supuesto “genocidio” palestino, apreciado en
el cuadro de la derecha, generó condiciones tan favorables para el desarrollo de
la población que implicó su triplicación en el lapso de una generación.
Indudablemente, las “biopolíticas” (Foucault) desarrolladas por Israel hacia
la población palestina de los territorios de Gaza y Cisjordania, lejos de implicar
una “intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial
o religioso”,48 más bien implicó todo lo contrario: resultó en un crecimiento
exponencial.
Comparación de la población judía
antes y después de la Shoá
15.000.000
9.000.000
0
15.000.000
Población judía del mundo
Evolución de la población palestina
de la Franja de Gaza y de Cisjordania
antes y después de la “ocupación”
1.100.000
3.500.000
0
3.500.000
Población palestina
Antes de la Shoá (1939)
Después de la Shoá (1945)
Antes de la “ocupación” (1967)
Después de la “ocupación” (2002)
Cantidad de personas
Cantidad de personas
La perduración de la judeofobia / 91
49 Llegamos al absurdo de tener que recordar que esta acusación tiene un marcado carácter antisemita
debido no sólo a que Israel no ha cometido un crimen siquiera equiparable con los perpetrados
por los nazis, sino a que -además- en boca de los propios nazis su enemigo principal
eran los judíos y el norte de su política estaba orientado por la búsqueda de la aniquilación
completa de los mismos. El propio Hitler ha dicho que: “Cuando realmente estemos en el
poder, la destrucción de los judíos será mi mas importante trabajo (…). Entonces, los judíos
serán colgados uno tras otro, y continuarán siendo colgados hasta que desaparezcan. Deben
permanecer colgados tanto tiempo como sea higiénicamente posible. Apenas un grupo sea
descolgado, el próximo tomará su lugar, y así continuará hasta que el último judío de Munich
sea exterminado. Exactamente el mismo procedimiento se aplicará en otras ciudades hasta
que Alemania quede limpia de judíos”. Hitler, 1922. En Statements by Hitler and senior Nazis
concerning Jews and Judaism. http://www.ess.uwe.ac.uk/genocide/statements.htm.
50 Aun a pesar de la larga tradición de “islamonazismo”, que arranca en los ’30 con el muftí de
Jerusalem, Haj Amin Al Husseini, pariente de Yasser Arafat.
51 Ahmad Ragab, en una columna de opinión de Al-Akhbar, 18/4/01. En The Middle East
Media Research Institute, 20/4/01. http://memri.org/bin/espanol/articulos.cgi?Page=
subjects&Area=antisemitism&ID=SP20801.
52 Dr. Ahmed Abu Halabia, miembro del “Consejo Fatwa” nombrado por la Autoridad Nacional
Palestina y ex rector de la Universidad Islámica de Gaza. Palabras pronunciadas en la
mezquita Zayd bin Sultan Nahyan, de Gaza, el día posterior al linchamiento de dos reservistas
israelíes en Ramala y transmitidas en vivo por la televisión palestina, 13/10/00.
Otro elemento a destacar de la “neojudeofobia” lo tenemos en las absurdas
acusaciones al Estado de Israel de ser un “Estado nazi”,49 a pesar de la explícita
obscenidad de los líderes del integrismo islámico,50 los cuales alaban abiertamente
a Hitler y vociferan –a los cuatro vientos– su “voluntad” de exterminar
a los judíos:
Gracias a Hitler, bendita sea su memoria, que en nombre de los palestinos
se vengó por anticipado de los criminales más viles en la faz de la
tierra. Sin embargo, tenemos una queja contra él porque su venganza no
fue suficiente.51
Los judíos son judíos. Ni del laborismo, ni del Likud; los judíos son judíos.
No son razonables, ni abogan por la paz. Todos son mentirosos. Son
unos asesinos carniceros. Alá, el todopoderoso, nos lo ordenó: “Combátelos”
(…). Nuestro pueblo debe unirse en una sola trinchera y debe recibir
armas de los líderes palestinos para enfrentar a los judíos (…). No hay
que tener misericordia con los judíos, de ninguna manera, en ningún
lugar del mundo. Combatirlos, eso debes hacer. Dondequiera que los encuentres,
mátalos. Dondequiera que estés, mata a los judíos, y a los norteamericanos
junto con ellos. Todos ellos están en una misma trinchera
contra los árabes y los musulmanes porque establecieron Israel aquí, en
el seno del palpitante corazón del mundo árabe, en Palestina.52
Como vemos arriba, los hechos se han forzado y desvirtuado de tal manera que
hoy ya no se llama “nazis” a los asesinos de judíos, sino a los propios judíos.
Justo en el momento en que la memoria histórica de la Shoá ha hecho carne en
92 / Nuestra Memoria
la conciencia occidental y el antisemitismo nazi es condenado universalmente,
la opinión pública del mundo (que durante la Shoá volteó el rostro y quitó la
mano a los judíos urgidos, quienes –por la falta de “un lugar en el mundo”– terminaron
en las cámaras de gas nazis), agobiada por su propia vergüenza, ha hallado
la forma de desligarse de la culpa por su pasiva complicidad en el judeocidio
europeo. Y lo ha hecho recurriendo a la criminalización de sus víctimas;
una vez más, a la judeofobia (esta vez con una “careta” antiisraelí y antisionista).
En la antigüedad, el problema del antijudío era lo que los judíos hacían (“mataron
a Cristo”, “contaminaron las hostias”, “envenenaron las aguas”, “cometieron
sacrificios rituales”, “conspiran para la dominación global”, etc.). Luego,
para los antisemitas, el problema pasó a ser lo que los judíos eran (“plaga”,
“contaminante racial”, “virus”, “enfermedad”, etc.). Finalmente, para los contemporáneos
antisionistas, el problema es una combinación de lo que los judíos
(hoy devenidos Israel) hacen (“conquistan”, “masacran”, “segregan”, etc.) y
lo que son (“colonialistas”, “expansionistas”, “genocidas”, “nazis”, etc.). La
esencia es la misma fantasía judeofóbica.
Mientras tanto, en el mundo árabe baten records de venta Los Protocolos de
los Sabios de Sión y Mi lucha, junto con toda la basura propagandística de los
negacionistas de la Shoá.
La judeofobia se ha vuelto socialmente deseable y se llama abiertamente al
asesinato de judíos, al tiempo que se desarrolla un culto necrófilo a los asesinos
terroristas que se han “inmolado”. A pesar de todo esto, el odio antisemita en Occidente
ha llevado al absurdo de adjetivar como “nazis” a sus víctimas propiciatorias
(los judíos), banalizando al nazismo y demonizando a Israel y a los judíos.
Esto expresa, una vez más, el odio antijudío del mundo contemporáneo, en el
cual todo vale con tal de deslegitimar al Estado judío. Hemos podido apreciar
que el negacionismo de la Shoá aparece, hoy, como un elemento de judeofobia
compartido tanto por la derecha como por la izquierda.
Hacia la derecha, los esfuerzos se dirigen a generar una memoria histórica virtual,
desligada de los acontecimientos históricos y en la cual la Shoá nunca tuvo
lugar. Hacia la izquierda, si bien por ahora –al menos– no se ha llegado a la patológica
negación absoluta, se produce una negación relativa, mediante los intentos
de banalización y relativización histórica de la importancia y el carácter
singular de la Shoá a través de su “naturalización”, llamando “Holocausto” a
casi cualquier tragedia humana.
Existen pocas cosas en la historia tan duraderas como la identidad judía y tan
resistentes a la razón como su Némesis, el antisemitismo. Sesenta años después
de que Europa intentara (una vez más) destruir al pueblo judío, los responsables
de tamaña destrucción y sus herederos han perdido las inhibiciones que les habían
provocado sus propios crímenes y, nuevamente, han comenzado a proyectar
sus culpas sobre sus antiguas víctimas, de tal suerte que –por arte de magia–
La perduración de la judeofobia / 93
53 Finkielkraut, Alain. “El nuevo antisemitismo”, entrevista publicada en el diario La Nación,
4/1/04. http://buscador.lanacion.com.ar/Nota.asp?nota_id=560675&high=finkielkraut&
aplicacion_id=4.
54 Yehoshua, A., op. cit.
los asesinos de judíos y sus herederos hoy acusan falsamente al Estado de sus
víctimas de cometer los crímenes que los propios acusadores han cometido en
el pasado contra los acusados. (Las ex potencias coloniales acusan a Israel de ser
colonialista, los cómplices –por acción o pasividad– de los crímenes nazis, acusan
a Israel de ser nazi.)
En los años ’60, Europa tuvo miedo de volverse amnésica. Se preguntaba
qué nos pasaría si olvidáramos a Hitler. No dejaba de repetirse la
frase del filósofo norteamericano George Santanaya: “Una civilización
que olvida su pasado está condenada a revivirlo”. Así que Europa hizo
suyo el deber de la memoria y se precipitó con las mejores intenciones
en el arrepentimiento. Ese deber de memoria funcionó tan bien que Europa
no sólo se acuerda de Hitler, sino que parece acordarse únicamente
de él. Hitler ocupa, solo, la totalidad de la memoria, y ese suceso
único que fue la Shoah se convierte en un hecho paradigmático, un patrón
a partir del cual se mide toda forma de opresión. Y los judíos, que
eran considerados como los grandes beneficiarios de un deber de memoria
polarizado en un solo suceso, se han convertido en su víctima.
Nos acordamos tan bien de los crímenes de Hitler que, a partir de este
modelo, interpretamos la realidad palestino-israelí. Los israelíes se convierten,
entonces, en los nazis.53
Hablo de un síntoma que veo en Europa, donde se habla con demasiada
facilidad del Holocausto. Pienso que la causa tiene tres raíces. Primero,
a los europeos les es cómodo decir que los judíos son nazis porque así se
sienten mejor, igualando lo que hicieron. Y más ahora, cuando los judíos
no paran de repetirles que no se trataba sólo de Alemania, sino de los estonios,
los lituanos, los bosnios y los franceses, que colaboraron. Segundo,
los europeos ven el conflicto como un tema colonial, como si se tratase de
los conflictos territoriales que tuvieron en sus colonias, siendo que acá se
trata de un conflicto entre dos pueblos, como los que había en Europa. Tercero,
hay una sensación de que los judíos no se merecen un Estado, sino
que se lo regalaron, y por esa razón, hay que juzgar a Israel con una vara
diferente. Israel se merece una justicia más grave ya que le regalaron un Estado
que no era natural. Es por eso que le digo a Saramago: “Gracias por
habernos descubierto la cara más brutal del pensamiento europeo”.54
Una vez más, si el nazismo fue una ideología cuyo rasgo particular fue su criminal
judeofobia, mal puede ser nazi un judío. Nazis son quienes –por cual55
Ahlmark, Per. Citado en Sheleg, Yair. “Un mundo limpio del Estado Judío”, en Haaretz, 18/4/02.
94 / Nuestra Memoria
quier medio– quieren descalificar al Estado de Israel por ser un Estado judío.
Nazis son quienes “descubren” (elucubran) supuestas “conspiraciones judías”
para el dominio de… (Estados Unidos, la política mundial, la globalización, las
finanzas internacionales, la prensa occidental, Hollywood, etc.). Nazis son quienes
discriminan al Estado judío reduciéndolo a la categoría de único Estado
paria del mundo. Nazis son quienes, ante cualquier circunstancia, someten a
Israel a un trato discriminatorio en relación al resto de los Estados del mundo.
Los nazis no están en Israel, sino entre sus enemigos.
Las críticas a Israel se han vuelto muy parecidas al antisemitismo. El
neoantisemitismo impide a los judíos expresar su identidad propia, y no
juzga a Israel con el mismo rasero que aplica a otros países. Si el antisemitismo
de antaño se proponía limpiar al mundo de judíos, el de ahora
aspira a limpiar al mundo de la existencia del Estado de Israel.55
Como el antisemitismo abierto y desembozado, al estilo nazi, “cayó en desgracia”
–muy a pesar de los negacionistas de la Shoá y luego de la demostrada
criminalidad nazi–, tras la Segunda Guerra Mundial, ningún sujeto que pretenda
ser aceptado socialmente se asumiría públicamente como nazi. Es más, en los
últimos años, merced a una ingente labor de propaganda, la judeofobia halló su
forma de expresión políticamente correcta: el antiisraelismo, o su versión más
ideológica: el antisionismo.
Como suele ocurrir con las formas del odio antijudío, quien lo sufre no es
conciente de ello. Así,
El judeófobo de hoy boicotea a Israel, y sólo a Israel, pero no admite
su judeofobia, del mismo modo que no la reconocían los judeófobos pretéritos.
Un inquisidor del siglo XVI, si se hubiera horrorizado de las matanzas
de judíos en 1391, no habría sido capaz de notar que él mismo encarnaba
la continuación de aquella cruzada judeofóbica. “¿Cómo puede
usted comparar? –espetaría–. Ferrant Martínez masacró inocentes arbitrariamente.
Nuestra Inquisición, por el contrario, tiene el noble objeto de
proteger la unidad religiosa, y además, otorga a las víctimas la opción de
la fe antes de la hoguera”.
Quien durante el siglo XIX se enterara, con estupor, de las torturas inquisitoriales
no aceptaría que ese odio tuviera relación con la discriminación
e injurias que durante su propia época padecían los descendientes
de judíos: “¿Cómo se puede equiparar la brutalidad medieval –exclamaría–
con la autodefensa de la sociedad actual, frente a las perniciosas
influencias judaicas?”.
La perduración de la judeofobia / 95
56 Perednik, Gustavo. “Un país con sambenito”, en Libertad Digital, 16/5/05. http://exteriores.
libertaddigital.com/articulo.php/1276230134 (13/9/2005).
57 Anti-Defamation League. Attitudes toward Jews in twelve European countries. New York,
ADL, mayo de 2005. http://www.adl.org/anti_semitism/european_attitudes_may_2005.pdf
(20/6/2005).
58 http://www.profesionalespcm.org/_php/MuestraArticulo2.php?id=1713.
59 Idem.
La judeofobia es singular: no sólo porque es el odio más antiguo, universal,
profundo, persistente, obsesivo, quimérico y eficaz que haya existido,
sino porque quien lo porta, raramente lo asume conscientemente.
De entre los españoles de hoy, también pocos proclamarían abiertamente
odiarnos, pero la mayoría de ellos guarda –aun en el más cálido de los
corazones– un gélido rincón para “el judío de los países”.56
Los efectos de las sostenidas acciones de propaganda, como Göbbels acordaría,
finalmente rinden sus frutos: una encuesta57 reciente, realizada en doce países
europeos, indica que casi el 40% considera que las acciones de violencia
antijudía tienen su origen y fundamento en un sentimiento antiisraelí. Más que
un mero sentimiento antijudío, como vemos, hoy la judeofobia no puede desligarse
del antiisraelismo. Asimismo, hacia fines de 2003, otra encuesta,58 realizada
a ciudadanos europeos en los quince estados de la Unión Europea, signaba
que el 59% de los consultados consideraba que Israel es el principal peligro
para la paz del mundo.
En relación a los efectos de la banalización y la destrucción de la memoria de
la Shoá debemos citar, aquí, los resultados de otra encuesta,59 realizada en
Alemania por la Universidad de Bielefeld durante 2004 y citada en el periódico
Jerusalem Post el 7 de diciembre de 2004. El informe de esta investigación
afirma que el 51% de los alemanes cree que el trato actual de Israel hacia los palestinos
es similar al dispensado a los judíos por parte de los nazis durante la
Segunda Guerra Mundial. Asimismo, un 68% cree que Israel está emprendiendo
una “guerra de exterminio” contra los palestinos. El 82% de los entrevistados
dijo estar indignado con la forma en que son tratados los palestinos, mientras
que un 45% afirmó no sorprenderle que la gente esté en contra de Israel debido
a sus políticas. Finalmente, un 62% dijo estar harto de oír acerca de los crímenes
alemanes contra los judíos, y un 68% afirmó estar fastidiado por el hecho
que a los alemanes de hoy en día todavía se los culpe por los crímenes nazis
contra los judíos.
Los datos de esta encuesta son altamente preocupantes, teniendo en cuenta
el hecho que Alemania tal vez sea el país –a excepción de Israel– en el cual se
brinde más información sobre la Shoá y la población reciba más educación antinazi.
Así y todo, vemos cómo cunde la “desinformación” sobre el conflicto de
96 / Nuestra Memoria
60 Brodsky, Patricio. El islam, el “progresismo” y las “nuevas” formas del antisemitismo. Buenos
Aires, Mímeo, 2005.
Medio Oriente y se reproduce la ideología de la banalización de la Shoá y la criminalización
del Estado de Israel
Recordemos que Europa, a lo largo de los últimos 2.000 años, siempre ha hallado
la excusa ideal para expresar su judeofobia: que los judíos “mataron a
Jesús”, que “envenenaron los pozos de agua”, que “apuñalaron las hostias” (el
cuerpo de Jesús, reviviendo –así– el mito del deicidio), que “asesinan a gentiles
para consumir su sangre”, que “conspiran para la dominación absoluta”, que
“son un ‘contaminante’ de la pureza racial” y, finalmente hoy, que “son nazis,
genocidas, colonialistas, expansionistas, etc.”
Pero como claramente lo dijo el ex ministro israelí Nathan Sharansky, “el Estado
de Israel no puede ser la causa de un fenómeno que lo precede en más de
2.000 años.”
Quisiera terminar este escrito con palabras expresadas por mí en otro artículo:60
Si somos capaces de entender que cuando un judío singular sufre un
trato diferente, es discriminado por el simple hecho de ser judío, interpretando
que nos hallamos ante un repudiable hecho de antisemitismo,
entonces no podemos entender el motivo por el cual se toleran las cotidianas
acciones de discriminación, el perenne trato discriminatorio y segregacionista
cometido contra el Estado judío (Israel), sin que sean consideradas
como acciones de discriminación antisemita. Mucho más aún
cuando dicho Estado ocupa un lugar central en la identidad judía hegemónica
desde hace por lo menos 57 años. En otro escrito decíamos que
no toda crítica contra Israel es una acción de antisemitismo, sino que
para ser así considerada debe cumplir con cualquiera de los siguientes
dos requisitos:
a. Las críticas a Israel no son correspondidas por críticas similares hacia
otros Estados en situaciones análogas.
b. Las críticas tienen fundamentos mendaces y se basan en falacias.
Asimismo, afirmamos que lo que diferencia al Estado de Israel del
resto de las naciones es su carácter judío; por lo tanto, si se cumpliera alguna
–o ambas– de esas condiciones nos hallaríamos ante una acción de
antisemitismo, ya que deberíamos deducir que si la característica particular
de Israel es, justamente, su identidad judía, no encontramos otra
razón más que dicha identidad para ese trato discriminatorio tan frecuente.
La crítica, al igual que la solidaridad, debe ser pareja y fundada
(en verdades comprobables y no en falsedades) para ser justa. En tanto
no ocurra, estamos ante un repudiable hecho del más crudo y visceral
antisemitismo.
Prof. Steven
A. Aschheim
Profesor del
Departamento de
Historia, Universidad
Hebrea de Jerusalem
* Traducción del inglés: Lic. Patricio Brodsky y Lic. Claudio Gustavo Goldman.
1 Gran parte del material utilizado en este ensayo fue seleccionado de mi trabajo Scholem,
Arendt, Klemperer. Intimate chronicles in turbulent times. Bloomington, Indiana University
Press, 2001.
Situando la maldad nazi
Las contrastantes miradas de
Gershom Scholem, Hannah Arendt y
Victor Klemperer*
Uno bien podría preguntar por qué privilegio a Gershom Scholem (1897-1982),
Hannah Arendt (1906-1975) y Victor Klemperer (1881-1960) y sus confrontaciones
particulares con el nazismo y la experiencia judía. ¿No es ésta una opción bastante
arbitraria? No lo pienso así. En primer lugar, todos ellos fueron pensadores
judeogermanos que –de una forma u otra– lograron tener fama en el mundo postnazi.
Todos llegaron a su madurez intelectual durante los fatales pero creativos
años de la República de Weimar y fueron testigos, desde el surgimiento del nazismo
hasta su derrota y desaparición, en 1945. Todos, de maneras muy diferentes,
reflexionaron profundamente sobre la catástrofe y sus implicancias para alemanes
y judíos. Todos llevaron apuntes, no sólo en sus publicaciones académicas,
sino en sus crónicas íntimas de aquel tiempo, sus cartas y diarios personales.
La gran ventaja de estos documentos es que no se ven influidos por la percepción
retrospectiva. Más bien, habitan el preciso momento en que se desarrollaron
los acontecimientos y capturan y exponen en movimiento las reacciones
originales de estos pensadores. No sólo nos ilustran acerca de los tiempos turbulentos
en que estas fascinantes –aunque testarudas, obstinadas y, a menudo,
enfurecidas– personas vivieron, sino también acerca de las distintas maneras en
que cada uno concibió, y enfrentó, los cambios y desafíos a su alrededor. Nos
proporcionan mapas ideológicos distintivos, puntos de vista en el momento de
su concepción, instantáneas de las alternativas definidas y escogidas.1
Durante las décadas de 1930 y 1940, las diferencias entre estos pensadores ya
eran claras: Scholem –uno podría argumentar– era un sionista “primordial”, insistía
firmemente en el renacimiento personal y colectivo judíos en Palestina;
Arendt, aunque idiosincrásicamente era una judía dedicada y una antigua sio98
/ Nuestra Memoria
2 Steiner, George. Errata. An examined life. London, Phoenix Books, 1988, pág. 10.
3 Existe una extraordinaria colección de estas cartas en tres volúmenes: Scholem, Gershom.
Briefe I. 1914-1947. Münich, C. H. Beck, 1994. Edición: Itta Shedletzky; Scholem, Gershom.
Briefe II. 1948-1970. Münich, C. H. Beck, 1995. Edición: Thomas Sparr; Scholem, Gershom.
Briefe III. 1971-1982. Münich, C. H. Beck, 1999. Edición: Itta Shedletzky. También hay una
colección de alguna de estas cartas en inglés: Scholem, Gershom. A life in letters. Cambridge,
Harvard University Press, 2002. Edición: Antony Skinner.
4 Scholem, Gershom. Tagebuecher 1. Halbband 1. 1913-1917. Frankfurt am Main, Juedischer
nista, sospechaba de todos los etiquetados colectivos e ideológicos y era mucho
más provisional que Scholem en sus compromisos de grupo; y Klemperer era
nada menos que un converso al protestantismo (dos veces), ferviente defensor
del Deutschtum y la asimilación judeoalemana. Sus últimas localizaciones geográficas
(Israel, Estados Unidos y Alemania, respectivamente) reflejaron fielmente
sus diversas identidades ideológicas.
Claramente, también las respuestas a sus perspectivas sobre el fenómeno nazi
están teñidas por sus situaciones personales durante los años críticos. Scholem
había emigrado a Palestina en 1923 y había visto los eventos a distancia y casi
completamente a través de su peculiar enfoque sionista. Después de un breve
encuentro con las autoridades nazis, Arendt emigró apresuradamente de Alemania
en 1933 (primero, a Francia y luego, a Estados Unidos). Klemperer, por
su parte, permanecería en el Tercer Reich hasta su final (de hecho, vivió toda su
vida en Alemania, y murió en 1960, en la República Democrática Alemana). A
diferencia de Scholem y Arendt, sus observaciones sobre el nazismo se derivaron
casi exclusivamente de la realidad de su experiencia personal cotidiana.
Comencemos con Scholem. ¿Cómo, contemporáneamente y con posterioridad,
pudo ubicar al nazismo y el Holocausto? Debido a la falta de tiempo, forzosamente
debemos sacrificar algunos matices y proceder a los problemas centrales:
la magistral erudición de Scholem, su muy temprano rechazo –aún siendo
estudiante– de la posibilidad de un diálogo judeo-alemán franco y su aliá en
1923 (un acto que muy probablemente haya sido juzgado como extraño por la
mayoría de sus compañeros judeoalemanes) le han dado cierta estatura moral,
incluso algo de reputación de clarividente.
Acerca del eventual destino de alemanes y judíos europeos en manos de los
nazis, George Steiner ha escrito recientemente que Scholem poseyó una “clarividencia”
única y fue de los pocos que emitió una “advertencia”.2
La narrativa sionista de Scholem –recordemos– tuvo una aguda sensibilidad
ante las corrientes hostiles a los judíos, a pesar de que no hay registro alguno
que hiciera –ni siquiera en forma aproximada– una predicción o advertencia de
lo que estaba por venir.
Si bien tempranas cartas3 y diarios4 contenían algunas referencias aisladas a
los antisemitas, en ninguna parte –ni en su período juvenil ni en el más maduSituando
la maldad nazi / 99
Verlag, 1995. Edición: Karlfried Gruender y Friedrich Niewoehner, con Herbert Kopp-
Obsterbrink.
5 “Carta Nº 106, 25 de marzo de 1938”, en The correspondence of Walter Benjamin and Gershom
Scholem, 1932-1940. New York, Schocken Books, 1989, pp. 214-215. Traducción: Gary
Smith y Andre Lefevere.
6 “Carta 185, 26 de abril de 1933”, en Scholem, Betty; Scholem, Gershom. Mutter und Sohn
im Briefwechsel 1917-1946. Münich, C. H. Beck, 1989, pág. 297.
7 “Carta 250, 7 de marzo 1936”, en Scholem, B.; Scholem, G., op. cit., pág. 411.
ro– Scholem nos proporciona un considerado análisis histórico del desarrollo y
las particularidades del antisemitismo alemán, ni tampoco –a pesar de su obvio
e intenso interés por esos eventos– hizo alguna vez el intento de tratar concreta
y sistemáticamente las especificidades de la naturaleza, el origen y la caída del
nacionalsocialismo, o de sus atrocidades y su lugar global dentro de la historia
alemana.
Tal vez –en principio– la distancia geográfica explique esto de alguna forma.
Refiriéndose a la persecución de los judíos austríacos después del Anschluss,
Scholem escribió a Walter Benjamín, desde Palestina, que tales eventos asumieron
un carácter “abstracto”: “Están demasiado lejos, y nadie tiene noción alguna
de cómo podrían llegar a ser”.5
El comportamiento extremadamente no profético de Scholem es más vívidamente
claro en el continuo intercambio de correspondencia con su madre, Betty.
En abril de 1933, la tranquilizó diciéndole que incluso la peor de las circunstancias
puede cambiar, y poco después le aconsejó “tomarlo filosóficamente.
Quizá vendrán de nuevo tiempos en que los alemanes volk sabrán y comprenderán
que los judíos no eran tan peligrosos”.6
El detalle de la lujosa lista de compras (bienes de consumo escasos) que
Scholem proporcionó a su madre ante su inminente viaje a Palestina, en 1936,
traicionó demasiado su mesura y fue como un pequeño presentimiento acerca
de los futuros desarrollos alemanes: “Si quiere traerme algo especial, aparte del
mazapán de chocolate, tiene muchas alternativas: por ejemplo, seis muy buenas
camisas con cuellos suaves, talle 41, pero que sean realmente de calidad
muy buena, de colores gris azulado y crema. O muy buena tela para un traje
azul. O en caso que usted piense que esto no es económico: 2 buenos lazos color
rojo oscuro y de cualquier modelo”.7
Virtualmente no hay discusión alguna acerca de la necesidad de dejar Alemania
hasta 1939 (!), y –en el futuro se toca el tema– no es iniciativa de Scholem,
sino de su madre.
Obviamente, esto no significa que Scholem no estuviese interesado o alarmado
por estos eventos. Tempranamente hizo notar la magnitud histórica de esos
acontecimientos, pero de una manera tan sumamente general que no alertó más
que a los sionistas más sensibilizados.
100 / Nuestra Memoria
8 Berlin in lights. The diaries of count Harry Kessler (1918-1937). New York, Grove Press,
1999, pág. 117. Traducción y edición: Charles Kessler, con Introducción de Ian Buruma.
9 Ver el registro del 7 de diciembre de 1930 en Scholem, Gershom. Leben sammeln, nicht fragen
wozu und warum, Vol. 1: “Tagebuecher 1925-1932”. Berlin, Aufbau-Verlag, 1996, pág. 672.
Edición: Walter Nowojski y Christian Loeser.
10 “Carta 137 del 31 de agosto de 1968”, en Scholem, G., Briefe II…, op. cit., pp. 213-214. El pasaje
citado aparece en la página 214.
11 Gay, Peter. “In Deutschland zu hause”, en Die Juden im nationalsozialistichen Deutschland/
The Jews in Nazi Germany, 1933-1943. Tuebingen, J. C. Mohr, 1986, pág. 33. Edición: Arnold
Paucker.
No hay en Scholem, por ejemplo, algo que se compare a la predicción –temprana
y misteriosamente exacta– del conde Harry Kessler, quien en su diario, el
10 de enero de 1920, escribió: “Hoy, en París fue ratificado el tratado de paz; la
guerra ha terminado. Una era terrible empieza para Europa, como las nubes que
crecen antes de una tormenta, y probablemente todavía acabará en una explosión
más terrible que la de la Guerra Mundial. En Alemania hay señales continuas
de un crecimiento constante del nacionalismo”.8
Y fue el muy asimilado Victor Klemperer quien escribió, en diciembre de 1930:
“Nadie sabe lo que pasará, pero todos presentimos la llegada de una catástrofe”.9
Lo que se necesita, entonces, acentuar son las escasas declaraciones de
Scholem que giran en torno de un análisis predictivo y diferenciado de la sociedad
alemana y la política o la naturaleza del propio régimen. Antes, durante
y después del período nazi, éstas casi siempre estuvieron motivadas y se centraron
en su crítica al pensamiento y la conducta de los judíos de clase media
dentro de la sociedad alemana, la cual fue formulada mucho tiempo antes del
ataque del nazismo.
Siempre era el autoengaño y la naturaleza poco digna de la simbiosis “alemán-
judío” a lo que retornaba Scholem. La suya siempre era una crítica moral
del comportamiento judío, una acusación sionista a una asimilación acobardada
–de carácter ético, no político– y ciertamente inespecífica, un análisis desligado
de los perpetradores y la catástrofe. Pero el punto es que él había llegado
a esa convicción años antes, y no se relacionaba específicamente con el ascenso
nazi al poder.
La judería alemana –escribió a Karl Loewith, en 1968– había vivido una mentira,
que en el futuro tenía que resolverse de una manera u otra (ésta –en sí
misma– es una fascinante, pero muy refutable respuesta). Pero enfatizaba explícitamente
que tal mentira de ninguna manera tenía necesariamente que llevar al
exterminio: “ninguno de nosotros pensaba eso”.10
En ese sentido, Peter Gay le reprochó –implícitamente– a Scholem, ya que de
su postura se puede concluir que, dado su autoengaño y su postura asimilacionista,
los judíos “merecieron” su destino final.11
Pero la “mentira” que la judería alemana vivía no se conectaba con la “SoluSituando
la maldad nazi / 101
12 Suchoff, David. “Gershom Scholem, Hannah Arendt and the scandal of Jewish particularity”,
Germanic Review 72, Nº 1. Winter 1997, pp. 57-76.
13 “Carta N° 119 a Shalom Spiegel, 17 de julio de 1941”, en Scholem, G., Briefe I…, op. cit., pág.
285.
14 Ver el ahora famoso Klemperer, Victor. I shall bear witness. The diaries of Victor Klemperer,
1933-1941. London, Weidenfeld & Nicolson, 1999, pág. 21, registros del 30 de junio de 1933.
Compilación y traducción: Martin Chalmers.
ción Final”. Scholem nunca nos dice realmente cuáles eran las conexiones pertinentes.
No sólo Scholem no fue más clarividente que otros cuando enfrentó la
realidad del infierno por venir. Incluso post-facto, en ninguna parte suministró
un análisis del fenómeno histórico del nazismo, su llegada al poder, la horrenda
marca que dejó; ni siquiera de la dinámica asesina de la Shoá. Sí, posteriormente,
acusó a Hannah Arendt de realizar una crítica excesiva de las élites judías.
Debemos recordar la enorme cantidad de energía gastada en amonestar el autosacrificado
comportamiento de sus compañeros judeoalemanes, pero –a excepción
de Arendt– casi ninguno analizó las visiones y acciones de sus verdugos.
Debido a su posterior alejamiento intelectual y personal –fundamentalmente
relacionado, pero no limitado, al “caso Eichmann”–, algunas coincidencias
entre Scholem y Arendt tienden a ser olvidadas. Ambos, debemos recordarlo,
fueron la quintaescencia de los judíos de Weimar, fascinados por la ruptura y las
paradojas de los quiebres y la transmisión entre las tradiciones judía y general.12
Es verdad que, a diferencia de Scholem, el despertar político judío de Arendt
llegó más bien tarde y se enfocó fuertemente en el antisemitismo (en lugar de
centrarse en el renacimiento espiritual judío), pero no por eso era menos real.
Su primer trabajo, Rahel Varnhagen; los artículos de los años treinta y cuarenta;
parte del famoso Los orígenes del totalitarismo (e incluso su crítica a las élites
judías en su libro sobre Eichmann) fueron –en parte– escritos desde una
perspectiva nacional judía y fueron tan radicales como el fulminante enjuiciamiento
a la asimilación que hacía Scholem.
También fácilmente se olvida que, en 1941, Scholem la describió como “una
mujer maravillosa y una extraordinaria sionista”.13
Frente el nazismo, para Scholem y Arendt –comparados con el liberal asimilacionista
Klemperer–, la narrativa sionista –con sus dudas acerca del éxito y la
dignidad del proyecto de emancipación y su ineludible expectativa de antisemitismo–
actuó como un amortiguador ideológico parcial que –al menos– proporcionaba
una pizca de inmunización intelectual y psicológica. (Cuando los
nazis llegaron al poder, Klemperer –por ejemplo– notó intensamente que a
mayor ligazón con Alemania y el germanismo –que él encarnaba en un altísimo
grado–, mayor vulnerabilidad y desorientación.)14
Estos puntos en común no deben ser pasados por alto, pero tampoco las diferencias.
Si Scholem localizó al nazismo como el mal absoluto, lo hizo a través
102 / Nuestra Memoria
15 Friedländer, Saul. “From Anti-Semitism to extermination. A historiographical study of Nazi
policies toward the Jews and an essay in interpretation”, en Yad Vashem Studies. Nº 16.
1984, pág. 16.
16 Arendt, Hannah. “What remains? The language remains. A conversation with Guenter
Gaus”, en Arendt, Hannah. Essays in understanding, 1930-1954. New York, Harcourt &
Brace, 1994, pág. 14. Edición: Jerome Kohn.
17 Ver la carta de Hannah Arendt del 19 de julio de 1947, en Arendt, Hannah; Blumenfeld,
de la comparación tangencial de sus implicaciones (esto es, el caso español) o
simplemente profundizando en la Sonderweg (forma particular) del antisemitismo
alemán y el autoengaño de los judíos alemanes. Y si bien ocasionalmente
admitió que su modelo sionista no pudo predecir la Shoá, éste continuó a lo
largo de su narrativa de las relaciones judeo-gentiles.
Arendt, por otro lado, puso su objetivo explícito en proporcionar una explicación
acerca de la naturaleza y las especificidades del nazismo, una que fuera
coherente con la inaudita magnitud de mal (y así, el modelo sionista que inicialmente
la guió, pronto llegó a su límite y se tornó problemático).
Ya en los años treinta y cuarenta comenzó el proceso de elaboración de su
pensamiento. El resultado de estos esfuerzos fue su clásico Los orígenes del totalitarismo,
de 1951, un libro extraordinariamente idiosincrásico, tan evidentemente
equivocado en algunas partes, tan tercamente peculiar en su método histórico
(o en la falta del mismo), pero tan naturalmente salpicado por destellos
de brillo y originalidad.
Debemos recordar que –hasta entonces y, por lo menos, una década después
de ese trabajo– virtualmente no hubo esfuerzo serio alguno por forjar las herramientas
teóricas, históricas y conceptuales necesarias para explicar las grandes
calamidades del siglo XX. (Hasta el momento, los historiadores encuentran difícil
integrar, de forma persuasiva y coherente, estos eventos en el flujo de la historia
de este siglo.)
Arendt buscó proporcionar una consideración adecuada a la enormidad de
materiales y problemas a los que se enfrentaba. Claro que el término “Holocausto”
no había cristalizado todavía, ni aparece en el libro. De hecho, incluso
puede ser que el concepto general que guía su trabajo –el totalitarismo– excluya
cualquier análisis particular y completo de la “Solución Final”.15 Más aún, está
claro que el trabajo está animado por la convicción que el nazismo y Auschwitz
–mucho más que la experiencia soviética– fueron el gran momento transgresor
en la historia europea.
Al saber de Auschwitz en 1943, luego relató: “Realmente fue como si se hubiera
abierto un abismo (…). Algo pasó allí que no nos permite reconciliarnos
con nosotros mismos. Ninguno de nosotros podrá hacerlo jamás”.16 Mientras
escribía el libro, en 1947 le escribió a su mentor sionista, Kurt Blumenfeld: “Es
que no puedo superar las fábricas de exterminio”.17
Situando la maldad nazi / 103
Kurt. “…. in keinem Besitz verwurzelt”. Die Korrespondenz. Hamburg, Rotbuch Verlag, 1995,
pág. 43. Edición: Ingeborg Nordmann e Iris Pilling.
18 Friedländer, Saul. “A conflict of memories? The new German debates about the ‘Final
Solution’”, en The Leo Baeck Memorial Lecture. Nº 31. New York, Leo Baeck Institute, 1987,
especialmente pp. 7-10.
19 Para una discusión más completa ver Aschheim, Steven. “Nazism, culture and The origins
of totalitarianism. Hannah Arendt and the discourse of Evil”, en Aschheim, Steven. In times
of crisis. Essays on European culture, Germans and Jews. Madison, University of Wisconsin
Press, 2001.
20 Arendt, Hannah. “Social science techniques and the study of concentration camps”, en
Arendt, H., op. cit., pág. 235.
A diferencia del posterior Historikerstreit (el debate, durante los ’80, en el
cual algunos historiadores alemanes insistían no sólo en la moral –o inmoral–
equiparación de la Rusia estalinista y la Alemania nazi, sino que firmemente
buscaban colocar el “pecado original” causante de estos sucesos dentro del
campo comunista), Arendt –aun cuando su acercamiento al estudio del “totalitarismo”
fue, en esencia, metodológicamente comparativo– no buscó relativizar
el nacionalsocialismo: implícitamente, el “caso nazi” fue –en realidad– el único
que necesitaba ser explicado, él último con el cual otros crímenes fueron comparados.
18
La primera parte del libro situaba a los judíos en el “centro de la tormenta”.19
Tal enfoque carecía de otras explicaciones, las cuales –simplemente– no tenían
idea de cómo tratar esta aparente anomalía. Este énfasis surgió de una sensibilidad
indudablemente sionista (aunque los lectores ingenuos pueden haberse
confundido por su insistencia en la centralidad absoluta de los judíos en el Estado
y la economía modernos, su alianza instintiva con las élites gobernantes y
su concomitante alienación de la “sociedad”, implicando esto –de alguna manera–
que los judíos tuvieron algo de responsabilidad por su problema, pues
–de hecho– sus acciones y funciones no estaban desconectadas de la emergencia
del antisemitismo moderno).
Para Arendt, los judíos siempre fueron –o al menos, debieron haber sido– un
agente activo de la historia, y no objetos pasivos. Aun más, desde el principio
insistió en que el nazismo y la Shoá debían ser considerados como algo inédito
y radical. El odio a los judíos era requisito, pero no condición suficiente, para
el genocidio. “Ni el destino de la judería europea, ni el establecimiento de fábricas
de muerte –escribió en otra parte– pueden ser totalmente explicados y
comprendidos en relación con el antisemitismo.”20
Contra el sentido común sionista, ella afirmó repetidamente que el antisemitismo
no era eterno, ni intrínsecamente dado. De hecho, se apartó de su camino
para indicar que su crítica sionista a la asimilación de los judíos no implicaba
una conexión, causal o de otro tipo, con la novedad absoluta del totalitarismo y
los exterminios. “Temo –escribió a su amigo Karl Jaspers, en 1952– que las per104
/ Nuestra Memoria
21 Ver la destacable carta 135 de Arendt, del 7 de septiembre de 1952, en Hannah Arendt,
Karl Jaspers Correspondence, 1926-1969. New York, Harcourt & Brace Jovanovich, 1992, pp.
196-201. Edición: Lotte Koehler y Hans Saner. Traducción del alemán: Robert y Rita Kimber.
22 Arendt, Hannah. “Approaches to the ‘German problem’”, en Arendt, H., op. cit., pág. 111.
23 Gellner, Ernst. “From Koenigsberg to Manhattan (or Hannah, Rahel, Martin and Elfriede or
Thy Neighbours Gemeinschaft)”, en Gellner, Ernst. Culture, Identity and Politics. Cambridge,
Cambridge University Press, 1987; Wolin, Richard. “Hannah and the magician. An affair to
remember”, en New Republic, 9/10/95, pp. 27-37.
24 Kazin, Alfred. New York Jew. New York, Knopf, 1978, pág. 307.
sonas buenas vean una conexión que –de hecho– no existe entre (el intento de
asimilación) y la erradicación de los judíos. Todo esto fue capaz de crear un odio
social hacia los judíos y lo desarrolló, así como creó –por otro lado– una generación
de alemanes específicamente sionistas. El verdadero fenómeno totalitario
–y antes. el genuino antisemitismo político– apenas tenía algo que ver con
todo esto.”21
Por supuesto, su insistencia acerca de la novedad radical del nazismo implicó
omisiones que fueron tan significativas –y para algunos observadores, inquietantes–
como sus explicaciones “positivas”. Ella llamativamente eliminó todos los
factores de la historia y la continuidad alemanas de su consideración. No hay indicio
alguno de un Sonderweg (modo particular), ningún análisis del peso de los
desarrollos políticos y sociales particulares de Alemania. De hecho, toda conexión
con el rol de la tradición –la cultura misma– es absolutamente descartado.
Ya en 1945 declaró que “Lutero o Kant o Hegel o Nietzsche (…) no tienen la
menor responsabilidad por lo que está pasando en los campos de exterminio”.22
El nazismo fue el quiebre, no la realización, de la tradición y la cultura; sus
fuentes pueden hallarse en la ruptura nihilista, no en la continuidad.
Algunos críticos consideran que esta extraña renuencia a examinar las influencias
alemanas directas y a señalar las predisposiciones culturales y las actitudes
populares en esa sociedad tiene su fundamento en el hecho que la propia
Arendt surgió de –y siguió relacionada con– esas mismas sospechosas tradiciones
intelectuales que también fueron apropiadas por el nazismo (y en su
lealtad a su ex amante, Martin Heidegger).23
Ese tipo de argumento ad hominem es mejor dejarlo de lado, aun si aceptamos
que la negativa de Arendt a tomar en consideración –específicamente– aspectos
alemanes de la historia fue demasiado extrema, tal vez incluso equivocada.
Lo que debemos enfatizar aquí es la insistencia de Arendt en que las explicaciones
históricas convencionales podrían no dar cuenta de nuevos acontecimientos.
Estos eventos radicalmente transgresores requieren nuevas alternativas
de pensamiento.
Arendt, como alguna vez comentó Alfred Kazin, vio al totalitarismo “como
una catástrofe de proporciones bíblicas”,24 y esta ruptura trajo consigo nuevas
Situando la maldad nazi / 105
25 Arendt, Hannah. “Nightmare and flight”, en Arendt, H., op. cit., pág. 134.
leyes, que sistemas interpretativos y modelos cognoscitivos más viejos no podían
comprender. Claro que muchos de los esquemas de Arendt eran marcadamente
inadecuados e imperfectos. Así, su noción de totalitarismo como causa y
resultado de la dinámica política del desarraigo y la atomización se basa claramente
en un imperfecto –y hasta ahora, casi universalmente rechazado– modelo
sociopsicológico de la sociedad de masas derivado de la conservadora teoría
social europea.
Pese a todo, creyó que este impulso desintegrador para desafiar tabúes era el
mejor para dar cuenta de toda la mentalidad genocida. Más allá de los procesos
de atomización, Arendt argumentó que la nueva barbarie fue la “punta de lanza”
de una política y una economía burguesa, imperialista de expansión en su beneficio
que volvieron superflua no sólo a la Nación–Estado, sino a la propia cultura
y tradición. De hecho, Arendt vio la esencia del totalitarismo como ligada
a una pérdida de límites burguesa, donde “todo se vuelve posible”. El capital
excedente y la ambición política generaron la condición previa para el genocidio:
las personas excedentes. (Quizá no ha sido suficientemente destacado que
Los orígenes… fundió la idiosincrasia de la teoría conservadora de la sociedad
de masas con un análisis marxista del imperialismo, que probablemente provenía
de su marido, Heinrich Bluecher.)
No hay necesidad de entrar aquí en su análisis más común y aleccionador
acerca de la privación general de derechos civiles a las minorías y sus implicancias
potencialmente genocidas de acuerdo a lo que llamó una forzada
“desestatización, el fenómeno de masa más novedoso de la historia”; o su exposición
fenomenológica del impulso trasgresor detrás de los campos, donde la
creencia de que “todo es posible” se verificaba; o las concluyentes páginas poéticas
acerca de la pluralidad humana y los poderes recuperativos de la natalidad
y los orígenes.
El punto no es si sus juicios eran correctos o equilibrados (muchos –quizás,
incluso, la mayoría– no lo eran), sino que siguió con determinación el problema
que tempranamente identificó en 1945: “El problema del Mal será la pregunta
fundamental de la vida intelectual en Europa, así como la muerte se volvió un
problema fundamental después de la última guerra”.25
Fue ella –ciertamente más que Scholem– quien abrió el camino al “discurso del
Mal” de la post-Segunda Guerra Mundial, en el cual “nazismo” y “Auschwitz” se
volvieron palabras de un código simbólico, emblemáticas de nuestra concepción
cultural de la inhumanidad absoluta. Es más, lo hizo de modo tal que no
sólo irritó a Scholem, sino que continúa fastidiando a muchos de nuestros contemporáneos.
Pero a pesar del énfasis puesto en la radical novedad de los exterminios,
no estaba preparada para aislar o conceder el privilegio absoluto a la
106 / Nuestra Memoria
26 Arendt, Hannah. The origins of totalitarianism. Cleveland, Meridian Books, 1958, pág. 290.
1ª edición: 1951.
27 Klemperer, Victor. The language of the Third Reich. LTI-Lingua Tertiii Imperii. A philologist’s
notebook. London, New York, 2002. 1ª edición: 1946. Traducción: Martin Brady.
28 Klemperer, V., I shall…, op. cit.; Klemperer, Victor. Ich will Zeugnis ablegen zum letzten.
Tagebuecher 1933-1945. Berlin, Aufbau-Verlag, 1995. Edición: Walter Nojowski, con la asistencia
de Hadwig Klemperer.
29 Klemperer, Victor. Curriculum Vitae. Errinerungen 1881-1918. Berlin, Aufbau-Verlag, 1996.
30 Ver los dos enormes volúmenes cubriendo los turbulentos años de la República de Weimar
(1918-1924 y 1925-1932). Klemperer, Victor. Leben sammeln, nicht fragen wozu und warum.
Berlin, Aufbau-Verlag, 1996. Edición: Walter Nowojski.
31 Ver los dos volúmenes (1945-1949 y 1950-1959) de Klemperer, Victor. So sitze ich denn
zwischen allen Stuehlen. Berlin, Aufbau-Verlag, 1999. Edición: Walter Nowojski, en cooperación
con Christian Loeser.
historia y el sufrimiento judíos. Incluso, al analizar los asesinatos, insistió en localizar
al sionismo dentro de un contexto más amplio de victimización. “Virtualmente
como todos los otros eventos de nuestro siglo –escribió en Los orígenes…–,
la solución de la cuestión judía produjo otra categoría de refugiados, los
árabes, lo cual hizo aumentar –por esta razón– el número de los que no tienen
Estado ni derechos en unas 700.000 a 800.000 personas.”26
Victor Klemperer, profesor de literatura del romanticismo, nos proporciona
un caso que –al menos en lo superficial– está “a años luz” de Arendt o Scholem.
Mucho menos venerado como especialista –el único trabajo por el cual recibió
algún reconocimiento importante fue LTI, un estudio pionero acerca de la naturaleza
y las distorsiones del lenguaje nazi (y que –en forma bastante inverosímil–
ha sido traducido al inglés)27–, Klemperer se volvió célebre recién en la década
de 1990, con la publicación póstuma de sus diarios escritos bajo el Tercer
Reich.
Fue un inveterado diarista y cronista: además de los dos monumentales volúmenes
de sus diarios nazis28 tenemos sus igualmente locuaces memorias que
abarcan los años 1881-1918,29 los diarios de la República de Weimar30 y sus
apuntes cotidianos que cubren sus años de posguerra en la RDA hasta 1959.31
Todo esto suma miles de páginas impresas. Puede haber –de hecho– algo obsesivo
y profundamente egocéntrico en este reflejo grafomaníaco, pero debemos
agradecer este impulso.
Hacia 1933, tal escritura de crónicas se había vuelto una rutina cotidiana, un
hábito fuertemente establecido. Lo que lo estimuló no fue puro egoísmo, sino
también la disciplina y la pulida habilidad de un especialista preclaro, combinadas
con una creciente comprensión de que su testimonio y experiencia tendrían
una crucial importancia histórica.
Esta es la historia del despliegue del Tercer Reich –escrita no a la distancia,
sino desde la vívida experiencia cotidiana– de un sutil y todavía desconcertado
Situando la maldad nazi / 107
32 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pág. 152, registro del 5 de abril de 1936.
33 Ibíd., pág. 223, registro del 6 de agosto de 1937.
34 Ibíd., pág. 334, registro del 24 de julio de 1940.
35 Ibíd., pág. 47, registro del 16 de marzo de 1942.
observador y víctima, un judío converso que sobrevivía precariamente en –y debido
a– su matrimonio “mixto”.
Muestra gráficamente la vida en el miedo cotidiano, las incertidumbres, las
confusiones, el creciente aislamiento, las humillaciones, el empobrecimiento y
la expectativa de muerte que caracterizó a esos Mischehen (matrimonios “mixtos”),
que –de algún modo– aguantaron y sobrevivieron a la pesadilla.
Quiero aquí concentrarme en los conceptos de “identidad” e “ideología” de
Klemperer y contrastarlos con los de Scholem y Arendt. Pero primero debo
hacer notar en qué grado estos diarios iluminan la vida pública, los acontecimientos
de la época y la cambiante atmósfera de esos días, y lo hacen en tiempo
real y “desde adentro”. Entre otras cosas, ilustran sobre la molesta cuestión
de la opinión pública alemana entre 1933 y 1945.
Klemperer constantemente estaba probando estas cosas. Después de todo, la
naturaleza y extensión del apoyo a los nazis y sus políticas y el grado de antisemitismo
popular no eran –para él– temas académicos, sino índices de su perspectiva
de supervivencia. No surge una respuesta bien definida; la inhumanidad
coexiste con chistes críticos del régimen y conmovedoras expresiones de
decencia.
Klemperer es particularmente perspicaz en notar las ambivalencias encubiertas,
las dificultades de juicio. Así, relata la vacilación de un policía “entre la
brusquedad que le habían pedido que mostrara y el respeto y la simpatía”.32 Señala
cosas que conoce: “No son nazis y nos tienen cariño, pero el retrato del
Führer está colgado en la farmacia”.33 De la siguiente manera resumió la incertidumbre
analítica, en 1940: “Cada uno de nosotros quiere comprender el
humor de la gente, y éste depende del último comentario del barbero o el carnicero”.
34
Estas notas “desde el interior” también ayudan a clarificar la eterna cuestión
acerca de cuán conocidas eran las atrocidades nazis. A pesar de su persecución,
aislamiento y encierro en el Judenhaus (área de residencia judía), el conocimiento
de Klemperer –adquirido a través de rumores, sondeos de su esposa,
transmisiones extranjeras– es notable y lanza considerables dudas acerca de las
posteriores afirmaciones en el sentido que los alemanes eran bastante ignorantes
de lo que estaba ocurriendo. Siempre supo de los campos, de Buchenwald a
Theresienstadt. Informa de las deportaciones a Polonia y da detalles del programa
de eutanasia. Ya a mediados de marzo de 1942 conocía la existencia de
Auschwitz, “el más horrible de los campos”.35
108 / Nuestra Memoria
36 Ibíd., pág. 68, registro del 19 de abril de 1942.
37 Ibíd., pág. 385, registro del 29 de mayo de 1943. El artículo apareció en el diario Freiheitskampf.
38 Ibíd., pág. 606, registro del 24 de octubre de 1944.
39 Klemperer, V., Curriculum…, op. cit., pág. 248.
40 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pág. 305, registro del 12 de noviembre de 1939.
Aquel abril, bebiendo un vaso de cerveza en un bar local, en Dresde, alguien
que había servido en un batallón de la Policía en Rusia le contó a su aria esposa,
Eva, de los “repugnantes asesinatos en masa de judíos en Kiev. Niños pequeños
cuyas cabezas eran estrelladas contra la pared; hombres, mujeres y
niños amontonados de a miles (…) y las masas de cadáveres enterrados bajo la
tierra explotada”.36
En mayo de 1943 cita un folleto (un artículo de Johann von Leers) que abiertamente
llamaba al exterminio de judíos.37
Mucho antes del fin de la guerra, Klemperer reconoció –sagazmente– la especial
naturaleza total y metódicamente organizada del crimen, y en octubre de
1944 aventuró una afirmación valoración global del acontecimiento: “De seis a
siete millones de judíos (…) han sido masacrados (más precisamente: fusilados
y gaseados)”.38
Pero volvamos a nuestro enfoque central. Dadas las predilecciones personales
e ideológicas de Klemperer –“No me sentía judío, ni siquiera judeoalemán,
sino pura y simplemente alemán”,39 su protestantismo, Deutschtum (germanismo)
extático y antisionismo obsesivo– no es sorprendente el hecho que hubiese
ubicado al mal nazi en un marco bastante diferente al de Scholem o Arendt. De
hecho, éstos bien podrían haber visto a Klemperer con un desdén que bordea el
desprecio.
Hay una duda pequeña sobre lo que habrían pensado de su proclama de mediados
de la década de 1930: “Soy alemán por siempre”. Cuando estuvo seguro de
que los nazis nunca le concederían esto, disparó: “Los nazis son no alemanes”.40
Seguramente, la permanencia de su perdurable asimilacionismo y su apasionado
germanismo bajo el propio nazismo fue un clásico caso de lo que Scholem
y Arendt habrían considerado una ideología desvariada, una extravagante alucinación
gravemente desconectada de la realidad.
Pero los historiadores deben ser cautos ante los juicios rápidos, y en el muy
breve tiempo del que dispongo quiero poner a Klemperer en su propio contexto
histórico y así –por lo menos– hacer a su postura más comprensible y –quizá–
aun más defendible.
En el primer lugar, no es cierto que el nazismo no haya dejado mella alguna
en su cosmovisión. Al contrario, penetró hasta el centro de su identidad, afectando
–de hecho– su autodefinición misma. Sus diarios registran, con densos y
fascinantes detalles, su continuo esfuerzo por analizar y comprender las impliSituando
la maldad nazi / 109
41 Klemperer, V., Leben…, op. cit., Vol. 2, pág. 61, registro del 26 de mayo de 1925.
42 Ibíd., Vol. 1, pp. 480-481, registro del 12 de agosto de 1921.
43 Ibíd., Vol. 2, pág. 361, registro del 6 de agosto de 1927.
44 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pp. 260-261, registro del 9 de octubre de 1938.
cancias de los ataques contra su mundo ideológico e inventar nuevas defensas
y soluciones para ellos. Es más, sería equivocado retratar al Klemperer pre-1933
como un judío totalmente germanizado y exitosamente asimilado a una sociedad
alemana prenazi relativamente libre de tensiones. Una inquietud permanente
caracteriza la obra y las transformaciones de las identidades múltiples de
Klemperer: es en sus complejidades y ambivalencias, y no en su carácter en
blanco y negro, donde reside la fascinación.
Así, a pesar del obstinado “germanismo” de Klemperer –como claramente se
expresa en sus diarios de Weimar–, aun entonces su judaísmo residual “era” un
factor. A pesar de todo, él se sentía más en casa, más a gusto, con sus amigos judíos
(¡si bien de los suyos, en lugar del tipo ortodoxo, sionista u ostjuedisch
–judío polaco–!). ¡Este gran despreciador de todo separatismo judío notó una
vez que se sentía más cómodo cuando los “cuerpos extranjeros no judíos”
(nichtjuedische Fremdkoerper) no estaban presentes!41 Incluso compartía el
prejuicio de que los judíos eran inevitablemente inteligentes (como lo evidencia
su conmoción al encontrarse con uno particularmente estúpido).42
De igual modo, todas sus memorias y diarios muestran una aguda conciencia
de la omnipresencia del antisemitismo y de su creciente peligro. Representarlo
como autonegador y desilusionado sería, así, absurdo. De hecho, ya antes del
surgimiento del nazismo estuvo acosado por una especie de crisis de identidad.
En 1927 escribió: “Y ahora, todo en Alemania me empuja hacia los judíos. Pero
si me volviese sionista, sería más risible que si me hubiese vuelto católico. Siempre
estoy planeando, como un aeroplano, sobre estas cosas y sobre mí. Secundariamente,
ésa es la cosa más judía que hay en mí. Y quizá la más alemana.
Pero no obstante, el alemán en alguna parte encuentra una unidad de sentimiento.
El judío perdura también por encima de sus sentimientos”.43
En cierto nivel, también, el nazismo –que a veces fue considerado por él
como ajeno al espíritu alemán, y en otras oportunidades, su misma encarnación–
lo despojó de todos los sentimientos nacionales alemanes y le generó un
compromiso más profundo con la Ilustración. De allí su famosa declaración de
1938: “Definitivamente he cambiado (…). Mi nacionalismo y patriotismo se han
ido para siempre. Cada circunspección nacional me parece bárbara. Mi pensamiento
es ahora un completo cosmopolitismo voltaireano”.44 Sin embargo y significativamente,
Klemperer prologó estas palabras proclamando que “nadie
puede quitarme mi germanismo”.
¿Cómo podían coexistir ambos pensamientos? Klemperer se representó su
110 / Nuestra Memoria
45 Klemperer, V., Leben…, op. cit., Vol. 2, pág. 643, registro del 6 de agosto de 1930. El destacado
es original.
46 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pág. 60, registro del 5 de abril de 1934.
47 Acerca de esta tendencia en general ver Mosse, George L. German Jews beyond Judaism.
Bloomington, Indiana University Press, 1985.
48 Klemperer, V., Ich will…, op. cit., Vol. 2, pág. 75, registro del 28 de abril de 1942.
germanismo de una forma muy selectivamente específica e históricamente condicionada:
simplemente la igualó con un tipo de protestantismo ilustrado que
no funcionó como una descripción empírica de la realidad, sino como un tipo
de ideal regulador. Así fue que el nazismo pudo ser considerado la antítesis del
Deutschtum (ideal germánico) y no su realización.
Esta estrategia de escindirse, de conferir al germanismo un ideal mental en
lugar de un asunto de etnicidad ya estaba presente en 1930, cuando pregonó:
“Aquí, judíos; allí, arios. ¿Y dónde estoy yo? ¿Dónde están los muchos que son
‘espiritual e intelectualmente’ alemanes?”45 La obvia solución scholemiana a
este dilema –profundizar el sentimiento propio y el compromiso personal con
el judaísmo– fue para él menos que una opción sin entusiasmo (aunque, entre
1933 y 1945, a menudo se permitió salvajes autocríticas, consignando muchos
de sus propios autoengaños asimilatorios). Pero en el fondo, en el pensamiento
de Klemperer, el judaísmo permanecía inseparablemente ligado a un indefendible
separatismo, a la estrechez, a “la horrible opresión del ghetto”.46
Al evaluar sus elecciones y actitudes es importante que evitemos juicios baratos,
post-facto e indulgentes (esto es especialmente innecesario dadas las propias
preguntas que Klemperer se hace.) Las transparencias, contradicciones y
vulnerabilidades son demasiado obvias como para exponerlas. Pero debemos
ser cuidadosos porque aun hoy no está claro cuáles debieron haber sido las posturas
ideológicas “correctas”.
En varios sentidos, Klemperer –aunque pudo haberlo negado– fue un típico
Bildungs judeoalemán, intelectualmente caracterizado (como tantos de ellos)
por sus tendencias liberales-humanistas, apolíticas e iluministas.47 Realista o
no, seguía siendo un individualista liberal e iluminista cuyos valores supremos
(demasiado a menudo asumió la reconocible apariencia del Deutschtum) eran
los universales de “cultura” y “humanidad”. Su ligazón con estos valores de
ningún modo puede ser viciada o anulada por el hecho que poderes brutales
buscaran destruirlos.
En abril de 1942 lo expresó sucintamente: “Hoy, un judío alemán nada puede
escribir sin poner en el centro la tensión germano-judía. ¿Pero debe, por consiguiente,
capitular ante las opiniones de los nacionalsocialistas y adoptar su
idioma?”48 El insistía con que uno resista adecuadamente el poder y las categorías
del inmoral vencedor. Para él, la inmoralidad la constituía no el camino a
la asimilación, sino la negativa irracional de adaptarse a ella. Abrazar el judaísSituando
la maldad nazi / 111
49 Aschheim, Steven. “Comrade Klemperer. Communism, liberalism and jewishness in the
DDR. The later diaries, 1945-1959”, en Journal of Contemporary History. April 2001.
mo, o sustituir un exclusivismo por otro, perpetuaba el problema subyacente, en
lugar de resolverlo.
Su persistente creencia en una concepción del Deutschtum insuficientemente
problematizada y demasiado espiritual, hoy da la impresión de ser extraña;
su voluntariosa convicción en el éxito de la asimilación, como casi patética; y
su negativa a conceder una digna autenticidad y autonomía a la vida y cultura
judías, como desagradable y equivocada. Pero por su negativa a capitular ante
la brutalidad y su combate por mantener los valores de “cultura” y “humanidad”
merecen nuestro respeto y consideración. Klemperer se aferró a la visión
clásica del Bildung alemán cuando todo a su alrededor estaba siendo desechado,
a su sentido de curiosidad y apertura, a sus ansias por humanizar la experiencia,
al deseo de extender los horizontes, más que restringirlos.
De muchas maneras y como una ironía, Klemperer formó parte profundamente
de la historia judeoalemana. Fue renuente a admitirlo, y recién lo hizo
hacia el final de su vida, en la comunista Alemania Oriental.49 El forma parte de
esa historia no sólo porque las horribles circunstancias lo condujeron a ello,
sino porque incluyó muy agudamente –y de hecho, se inclinó fuertemente
hacia– aquellos valores iluministas que llegaron a caracterizar cada rama de la
judería alemana y conformaron su identidad.
De hecho, como hemos mostrado, si bien existen importantes diferencias
entre Scholem, Arendt y Klemperer, con distancia histórica también podemos
descubrir algunas similitudes significativas (las cuales, sin ninguna duda, ellos
habrían negado). Quizá no fue sólo un inevitable destino común lo que los unió,
sino también una cierta sensibilidad espiritual subyacente.
Todos ellos eran intelectuales judeoalemanes sumamente integrados, criaturas
de la tradición Bildungs, con su característica inclinación por la cultura y su
pasión por las ideas. Todos eran observadores incisivos y analistas sagazmente
sensibles a las patologías y los contornos especiales de su tiempo. Ellos personifican
las variadas respuestas a ese destino común y los diversos caminos tomados
para enfrentarlo. Si bien ninguno fue una figura representativa u “ordinaria”,
todos fueron emblemáticos, confrontando los cataclismos públicos de su
tiempo y forjando creativas –aunque muy diferentes– respuestas a los dilemas
que ningún judío alemán del siglo XX se dio el lujo de evadir.

* Traducción del portugués: Julia Juhasz.
Presentado en el XI Congreso Mundial de Estudios Judaicos. Sección Latinoamericana.
Jerusalem, 1993.
1 Hochhuth, Rolf. O vigario. São Paulo, Grijalbo, 1968. Traducción e introducción: João Alves
dos Santos.
2 Actes et Documents du Saint Sitge relatifs a la Seconde Guerre Mondiale, Blet, Pierre; Graham,
Robert A.; Martini, Angelo; Schneider, Burkhart (edit.). Cittá del Vaticano, Lib. Edit.
Vaticana, 1972-1976. (De aquí en adelante, ADSS.)
3 Conway, John S. “Records and documents of the Holy See relating to the Second World
War”, en Yad Vashem Studies. Nº XV. Jerusalem, 1983, pp. 327-347; Morley, John F. Vatican
diplomacy and the Jews during the Holocaust 1939-1943. New York, Ktav Pub., 1980. Partidario
de la línea moderada, Conway sugirió volver a avalar la actuación de Pío XII a la luz
Reflexiones sobre el Vaticano,
los judíos y América Latina
durante la Segunda Guerra
Mundial*
Prof. Avraham
Milgram
Director del Centro de
Investigaciones Históricas
y asesor académico
del Instituto Yad Vashem,
Jerusalem.
La actitud del Vaticano y del papa Pío XII en relación a los judíos durante la Segunda
Guerra Mundial fue objeto de una vasta polémica histórica, iniciada en
ocasión de la publicación de la obra de Rolf Hochhut El vicario.1 Acusado y criticado,
el Vaticano decidió publicar su colección de documentos diplomáticos
relativa a 1939 a 1944, lo que normalmente se realiza después de 75 años de su
emisión.
Las circunstancias coaccionaron al Vaticano a rehabilitar su imagen y a probar,
a través de su documentación, cuánto fue hecho en favor de las víctimas.2 Los historiadores,
utilizando la correspondencia vaticana, llegaron a conclusiones divergentes
en cuanto al papel del Papa y sus representantes durante la guerra.3
La investigación histórica, al focalizar intensamente el silencio del Papa y la
neutralidad del Vaticano durante el Holocausto, relegó a un segundo plano –e
inclusive ignoró– asuntos importantes como el potencial de salvataje ofrecido
por los países latinoamericanos.
América Latina –distante de la guerra, profundamente católica, neutral al
principio y favorable a los países aliados posteriormente– ofrecía ventajas reales
a un Estado como el Vaticano, cuya preocupación por el destino de las víctimas
del racismo era esencial para su razón de ser. Este trabajo se propone de114
/ Nuestra Memoria
de la compleja realidad histórica, mientras que Morley fue categórico y crítico en relación a
ese Sumo Pontífice y sus embajadores.
4 No era nuevo el hecho que el Vaticano se relacionase con los judíos brasileños como víctimas
del nazismo. Este antecedente había sido establecido en los días del papa Pío XI. Al respecto
ver Lewy, Guenter. “The role of the Papacy in the Jewish Question”, en The Papacy
and totalitarianism between the two World Wars. New York, 1974, pág. 64. Edición: Charles
F. Delzell.
5 El 30 de noviembre de 1938, Pacelli, secretario de Estado del Vaticano y el mismo que luego
sería electo como el papa Pío XII, envió una circular-telegrama a dieciocho de sus representantes,
siete de los cuales estaban ubicados en países latinoamericanos (Argentina, Chile,
Perú, Bolivia, Colombia, Cuba y Costa Rica), en favor de los judíos conversos. Y el 9 de enero
de 1939 recomendó la creación de comités católicos de ayuda a esas personas. Ver ADSS,
op. cit., Vol. VI, pp. 49-50.
6 Los antecedentes de este asunto fueron descritos y analizados en la tesis de Maestría del
autor de estas líneas. “Os primeiros contatos entre o Vaticano e o govêrno brasileiro”, en O
Brasil e a questao dos refugiados judeus durante a Segunda Guerra Mundial. Universidad
Hebrea de Jerusalem, 1989, cap. II, it. b).
mostrar la naturaleza de esta preocupación: ¿en qué medida el potencial antes
mencionado era real o ilusorio?, ¿qué hizo o dejó de hacer el Vaticano en favor
de las víctimas?, y finalmente, ¿qué conclusiones nuevas pueden agregarse a la
historiografía del Vaticano de aquel período?
Estas cuestiones serán analizadas al focalizarnos en cuatro aspectos referidos
al Vaticano y la salvación de los judíos a través de los países latinoamericanos.
De acuerdo al orden que se sigue en este trabajo:
1. La cuestión de las 3.000 visas brasileñas destinadas a los judíos bautizados
de Alemania,
2. El proyecto de inmigración de religiosos alemanes a América Latina,
3. El Vaticano y los dirigentes judíos de América del Sur. Imagen y realidad, y
4. Los esfuerzos en favor de los judíos detenidos en los campos de concentración
de Vittel, en el nordeste de Francia.
A. La cuestión de las 3.000 visas brasileñas
La tan mentada “Noche de los Cristales”, ocurrida del 9 al 10 de noviembre de
1938, fue el estímulo que empujó a la autoridad papal a tomar una actitud en
favor de las víctimas del nazismo.4
El Vaticano únicamente se preocupaba por los judíos bautizados, quienes
–considerados miembros efectivos de la Iglesia católica– necesitaban urgentemente
abandonar el Reich alemán.5
El 31 de marzo de 1939, dos importantes dirigentes del catolicismo alemán,
el arzobispo Faulhaber, de Münich, y el obispo Berning, de Osnabrucke, apelaron
al recientemente electo papa Pío XII solicitándole que obtuviese del Presidente
del Brasil una concesión especial de 3.000 visas destinadas a los católicos
no arios de Alemania.6
Reflexiones sobre el Vaticano, los judíos y América Latina durante la Segunda Guerra Mundial / 115
7 Organo instituido por las leyes migratorias de 1938, subyugado al Presidente de la República,
con la finalidad de orientar, ordenar e instituir la política inmigratoria brasileña.
8 “Nuncio Aluisio Masella a Maglione. Rio de Janeiro, 31/7/1939”, en ADSS, op. cit., pág. 118.
9 “Grosser al nuncio Orsenigo. Hamburgo, 1/9/1939”, en ADSS, op. cit., pp. 133-134.
10 Acuerdo con John Morley, para quien este esfuerzo fue considerado por el Vaticano como el
proyecto de ayuda más importante de los dos primeros años de la guerra. Ver Morley, J., op.
cit., pág. 22.
11 “Nuncio Masella a Maglione. Rio de Janeiro, 28/6/1939”, en ADSS, op. cit., pp. 99-100;
“Berning a Maglione. Osnabruck, 20/7/1939”, en ADSS, op. cit., pp. 108-110.
12 Brasil insistía con que aquellos que viniesen por intermedio de la concesión del Papa fuesen
de religión católica. Según las palabras de Hildebrando Accioly, embajador en Roma,
“Brasil no hace problemas en lo que a la raza concierne, únicamente se preocupa por la religión”,
en ADSS, op. cit., pág. 252.
13 “La Embajada de Brasil (Roma) a la Secretaría de Estado del Vaticano. Roma, 4/3/1940”,
en ADSS, op. cit., pp. 253-254; “Accioly a Maglione. Roma, 30/9/1940”, en ADSS, op. cit.,
pág. 423.
A pesar de que el Consejo de la Inmigración y la Colonización7 se opuso a recibir
a esa gente, el presidente Getúlio Vargas y Oswaldo Aranha decidieron no
contrariar la voluntad del Papa.8
Dicha postergación, además de servir como catalizador de los esfuerzos diplomáticos
del Vaticano, suscitó tal optimismo en el éxito de la causa que
nada más se hizo en el ámbito de los países latinoamericanos para aumentar
su marketing de auxilio. Unicamente la Sociedad San Rafael, los patronos de la
causa en Alemania, se habían dado cuenta de la necesidad de buscar otra alternativa
para el caso que Brasil los decepcionara.9
El Vaticano, ingenuamente, gastó toda su munición diplomática en la alternativa
brasileña.10 Sin embargo, este gobierno no demoró mucho más en exponer
la primera de una larga serie de dificultades, validando la negación de las
visas especiales.
Primeramente, exigieron que los bautizados viniesen provistos de una cantidad
de dinero que los mismos obviamente no poseían, ya que habían sido victimizados
por la política de arianización del régimen nazi.11 Luego se opusieron
a aceptar “familias mixtas”, en las cuales uno de los cónyuges era judío.12
Al llegar los primeros inmigrantes, en Brasil surgió la sospecha en cuanto al
origen legal de sus certificados de bautismo, etc., etc.13
Pero no fue sólo Brasil el que invocó problemas para aceptar a judíos, sean
ellos bautizados o no.
El ambiente hostil de los países latinoamericanos hacia estas personas era –a
primera vista– más complejo de lo que podía parecer. La correspondencia del
Vaticano reflejó esta problemática.
En junio de 1939, el nuncio de Berna, Bernardini, informó al secretario de Estado
del Vaticano, Maglione, de las dificultades para obtener visados latinoa116
/ Nuestra Memoria
14 “Bernardini a Maglione. 6/6/1939”, en ADSS, op. cit., pp. 95-96.
15 “Taffi a Maglione. 5/6/1939”, en ADSS, op. cit., pp. 92-94.
16 El nuncio escribió: “La invasión a Chile por un gran número de judíos y católicos no arios
produjo un gran problema. Entrando con la excusa de dedicarse a la agricultura, dan un viraje
hacia el comercio en los grandes y pequeños centros, apoderándose del mismo a costa
de los comerciantes ya existentes”. Ver “Laghi a Maglione. Santiago, 18/1/1940”, en ADSS,
op. cit., pág. 222.
17 “Dom Odon de Wurttemberg a Maglione. New York, 14/11/1940”, en ADSS, op. cit., pp. 469-
470.
18 O Brasil…, op. cit., pp. 80-109; Tucci Carneiro, Maria Luiza. O Anti-semitismo na era Vargas
(1930- 1945). São Paulo, Brasiliense, 1988, pp. 327-333.
mericanas para los refugiados católicos de origen judío, solicitándole –por lo
tanto– que interviniese ante los gobiernos de esos países.14
El encargado de los asuntos apostólicos en La Paz, Taffi, sin esconder su desdén
personal por la inmigración judía a Bolivia, discurrió sobre los problemas y
escándalos públicos en los que estaban envueltos altos funcionarios del gobierno,
el ministro del Exterior y diversos cónsules, relacionados con esa inmigración.
Taffi, sin discriminar a los judíos de los judíos bautizados, concluyó que –debido
a esta publicidad y la gran penetración del elemento judaico en Bolivia–
sería prudente esperar otra ocasión para ayudar a los católicos de origen judío.15
El nuncio de Santiago de Chile, Laghi, describió a Maglione una situación
muy similar a la expuesta por Taffi. Haciéndose eco de los argumentos antisemitas
locales, dio a entender que dicha época era desfavorable para la venida de
más personas de ese origen.16
El gobierno de Venezuela, por su parte, estaba dispuesto a aceptar a refugiados
no arios siempre y cuando perteneciesen a la categoría de agricultores
o artesanos.17
Si bien estas actitudes reflejaban la crisis y el antisemitismo vigentes en los
países latinoamericanos, no es de sorprender –en consecuencia– la falta de
respuestas al llamado del Vaticano (de enero de 1939) en favor de los judíos
conversos.
El período 1939-1940 se caracterizaba, de este modo, por el silencio de la mayoría
de los nuncios apostólicos, la actitud hostil de los de La Paz y Santiago,
los esfuerzos diplomáticos del Vaticano en favor de los 3.000 judíos bautizados,
la oposición creciente a los no arios del Brasil y la objeción –en la mayoría de
los países latinoamericanos– a toda inmigración que no fuera destinada al trabajo
agrícola o la industria.
En los últimos meses de 1940, la probabilidad de que se le concedieran visas
a los católicos no arios se mostraba más remota que nunca. En Berlín, el embajador
Ciro de Freitas Vale, un antisemita de convicción, se oponía categóricamente
a cualquier concesión,18 causando malestar en la dirigencia católica alemana
por los fracasos y frustraciones. La preocupación de algunos de ellos no
Reflexiones sobre el Vaticano, los judíos y América Latina durante la Segunda Guerra Mundial / 117
19 ADSS, op. cit., pp. 500-501 y 524-525.
20 “Menningen, Secretario General de la Sociedad San Rafael, a Maglione. Roma, 2/12/1940”,
ADSS, op. cit., pp. 500-501.
21 “Notas de la Secretaría de Estado. Roma, 2/1/1941”, en ADSS, op. cit., pp. 525-526.
22 Avni, Haim. Judíos en América. Madrid, Mapfre, 1992, pp. 275-276.
era tan sólo por las vidas humanas en cuestión, sino también por el buen nombre
católico y el prestigio tanto de los obispos alemanes como de los de la Santa
Sede. Estos tenían plena conciencia de que las organizaciones judías obtenían
visas para los refugiados hebreos, cosa que el Vaticano no llegaba a obtener para
los bautizados.19
En diciembre de 1940, líderes católicos de Alemania sugirieron a Maglione
que solicitase visas de otros países de América Latina para salir –de ese modo–
del impasse creado.20 La respuesta, compuesta por las notas de la Secretaría de
Estado del Vaticano, decía “no ser oportuno solicitar a los países latinoamericanos
visas para los católicos no arios porque tal paso estaría signado por el
fracaso”.21
Esta opinión, aceptada por Maglione, demuestra –por lo tanto– que:
1. La decisión de no tratar de obtener visas en otros países fue motivada por
consideraciones de raison d’état (razones de Estado) y de diplomacia internacional,
desconsiderando totalmente los aspectos morales, religiosos y humanitarios
de la cuestión en sí.
2. La imagen que tenía el Vaticano de sí mismo reflejaba la impotencia, la frustración
y el resentimiento por los resultados obtenidos en aquellos países
constituidos mayormente por católicos. En las notas de la secretaría antes
mencionada constan las siguientes informaciones:
a. “Es con gran dificultad que los representantes de la Santa Sede en América
Central y Meridional obtuvieron algunas visas en casos especiales”.
b. “Se le ha manifestado al nuncio de Guatemala y San Salvador que no era
posible hacer excepciones a las leyes vigentes, relativas a la inmigración
de los no arios…”
c. “En otras repúblicas (Bolivia y Chile) se suspendió toda inmigración a los
no arios”.22
3. El Vaticano recibió pasivamente el veredicto de los países de América Latina
que rechazaron a los refugiados con certificados bautismales.
El Vaticano también podría haber respondido, ya sea apelando a su prerrogativa
de Estado que pretendía defender a sus protegidos o accionando la autoridad
papal en un asunto que hacía referencia a los Principios Universales de la
Iglesia.
El Vaticano abdicó de ambas prerrogativas. En total, solamente 1.000 visas
118 / Nuestra Memoria
23 “Vaticano, 18/2/1941”, en ADSS, op. cit., Vol. IV, pp. 389-398.
24 “Grober, Arzobispo de Friburgo, al Papa Pío XII”, en ADSS, op. cit., Vol. VIII, pp. 238-239.
fueron liberadas de la cuota especial concedida por el gobierno brasileño al
Papa. Se trata de las que estaban en poder del embajador Hildebrando Accioly,
en Roma. Las 2.000 restantes fueron congeladas por el embajador en Berlín.
La autoridad del Papa y los esfuerzos diplomáticos del Vaticano no fueron suficientes
para salvar a otros 2.000 judíos bautizados de Alemania.
B. El proyecto de inmigración de religiosos alemanes para América Latina
Las agresiones y actos de violencia cometidos en Alemania, en los primeros
años de la guerra, contra el clero católico y sus instituciones religiosas, sociales
y culturales demostraron la fragilidad e ineficacia de la política de neutralidad
del papa Pío XII.
Maglione relató detalladamente a varios nuncios –entre los cuales se encontraban
los de Argentina y Brasil– los desastrosos efectos físicos y espirituales
causados por el paganismo anticristiano nazi.23
Como consecuencia de estos hechos se desarticuló la estructura social y económica
de la cual dependían decenas y centenares de miembros de la Iglesia católica
en Alemania.
El arzobispo Grober, de Friburgo, escribió al Papa a este respecto, agregando
que muchos de esos religiosos se encontraban ante la inminencia de abandonar
la ética cristiana, en busca de soluciones existenciales fuera del ámbito eclesiástico.
Según Grober, la solución era hacerlos emigrar a países católicos, como
España, Portugal o América Latina.24
Su salida, según el autor del pedido, estaría coronada por el éxito siempre y
cuando fuesen esos países los que solicitasen su llegada, ya que Alemania no
permitiría que abandonasen el territorio alemán.
El escenario de este capítulo se parecía al anterior, con la diferencia fundamental
que estos religiosos no se encontraban en una situación de vida o muerte
como los judíos alemanes, quienes en los últimos meses de 1941 comenzaron
a ser deportados a regiones de Europa Oriental.
La situación obligaba a una defensa de los intereses legítimos de la Iglesia católica
alemana y sus adeptos, una actitud que el Vaticano en ningún momento
tomó en cuenta durante la guerra, ni siquiera para defender a la Iglesia y el clero
católicos en Polonia de las tremendas violaciones cometidas por los nazis.
La iniciativa de ayudar a los religiosos católicos y a los judíos conversos de
Alemania vino de parte del clero alemán, que creía en el prestigio del Vaticano
y en su capacidad diplomática para concretar soluciones propicias.
Este affaire, que se inició en los últimos meses de 1941, tuvo una corta duración.
Reflexiones sobre el Vaticano, los judíos y América Latina durante la Segunda Guerra Mundial / 119
25 ADSS, op. cit., Vol. VIII, pág. 304, nota al pie Nº 4.
26 “Nuncio de Lima Cento a Maglione. Lima, 13/12/1941”, en ADSS, op. cit., Vol. VIII, pp. 381-
382.
27 Avni, Haim. “Latin America and the Jewish refugees: Two encounters, 1935 and 1938”, en
The Jewish presence in Latin America. Boston, 1987, pp. 45-68. Edición: J. Elkin y G. Merx.
28 Laqueur, Walter. O terrivel segredo. Rio de Janeiro, Zahar Editores, 1980; Wyman, David S.
Abandonment of the Jews. New York, Pantheon Books, 1984, pp. 19-61.
29 Telegrama de Harold Tittmann al Dep. de Estado (30/7/1942). Foreign Relations of the United
La entrada de los Estados Unidos en la guerra no sólo modificó el cuadro de las relaciones
diplomáticas entre los países latinoamericanos y las potencias, sino que
disminuyó notablemente el potencial de auxilio para los católicos de Alemania.
Asemejándose a piezas de un dominó, la mayoría de los países latinoamericanos
se alinearon en favor de los Estados Unidos, cortando sus relaciones diplomáticas
con Alemania.
Las respuestas negativas a los pedidos de ayuda de Maglione transmitidas por
los nuncios de Venezuela,25 Perú26 y los demás países latinoamericanos reflejaron
los límites de acción del Vaticano y la “disfunción” de los inmigrantes motivados
por razones de índole religiosa, política o racial, judíos o no, en países
cuya política interna era concebida como un baluarte infranqueable hasta para
las potencias espirituales o militares.27
C. El Vaticano y los liderazgos judíos de América del Sur
En los meses de junio y julio de 1942, el movimiento clandestino polaco y los
representantes de las organizaciones judías de Suiza transmitieron al mundo
libre informaciones precisas sobre el proceso de asesinato en masa de los judíos
en Polonia y los territorios de la Unión Soviética,28 hechos que pasaron a ser,
entonces, conocidos en los países aliados.
En la Ciudad del Vaticano, el embajador brasileño, Hildebrando Accioly,
tomó la iniciativa de presionar al Papa para que éste tomase una actitud en favor
de las víctimas, según consta en el telegrama enviado por el representante norteamericano
en la Santa Sede al Departamento de Estado:
En el día de ayer, el embajador de Brasil en la Santa Sede vino a reunirse
conmigo para preguntarme si estaría dispuesto a sumarme a una
movida conjunta –no colectiva, pero sí simultánea– para persuadir al
Papa de condenar –públicamente y con términos específicos– las atrocidades
nazis en las regiones ocupadas por los alemanes. El Sr. Accioly me
dijo que ya había recibido las instrucciones necesarias de su gobierno
para tomar parte en dicha acción y que trataba de obtener la cooperación
de los representantes de Gran Bretaña, Polonia, Bélgica, Yugoslavia y de
tantos países sudamericanos como fuera posible.29
120 / Nuestra Memoria
States, Nº 111. 1942, pp. 772-773, en Friedländer, Saul. Pío XII y la Alemania nazi. Documentos.
Lisboa, Livraria Morais, 1967, pp. 112-113.
30 Ibíd., pág. 116.
31 “Valeri a Maglione. Vichy, 7/8/1942”, en ADSS, op. cit., Vol. VIII, pág. 615. Citado por Morley,
J., op. cit., pp. 55-56. En inglés.
32 El 1º de diciembre de 1942 fueron enviados telegramas a todas las capitales de los países latinoamericanos,
con noticias acerca del asesinato de millares de judíos y planes de exterminar
a todos. Ver, por ejemplo, Nuestro Diario. Guatemala, 2, 3 y 4/12/1942.
33 ADSS, op. cit., Vol. VIII, pág. 756, nota al pie Nº 1.
En un telegrama del 6 de octubre de 1942, el Departamento de Estado fue informado
que otros países de América Latina se agregaron a la iniciativa del embajador
brasileño. Sin embargo, no había habido unanimidad en el Vaticano en
cuanto a la sensatez de la acción del embajador de Brasil; o sea, la Santa Sede
aún seguía convencida de que una denuncia abierta sería contraproducente.30
El silencio del Papa, en la época en que los refugiados judíos de la Francia no
ocupada eran deportados, coaccionó al nuncio Valeri, de Francia, a justificar
esta actitud ante los diplomáticos sudamericanos:
En varias oportunidades, incluso no me he olvidado de hacer saber,
especialmente a diplomáticos sudamericanos, que no es cierto que la
Santa Sede guarde silencio ante tan inhumana persecución, ya que muchas
veces el Santo Padre ha hecho una muy clara alusión de condena a
la misma, mientras que –por otra parte– el peligro de nuevos rigores y de
una extensión de las regulaciones draconianas a otras partes de Europa
–como por ejemplo, Italia y Hungría– puede inducirlo a una prudente demora
y una iluminada reserva.31
El involucramiento de los diplomáticos sudamericanos con lo que sucedía en
los territorios conquistados queda entonces confirmado por la documentación
mencionada.
Queda aún por ser investigado cuáles eran las delegaciones que estaban involucradas,
a qué niveles de compromiso llegaron, qué fue lo transmitido a sus ministerios
y en qué medida la conciencia de los hechos influyó o no en la manera
de encarar la cuestión judía por parte de esas representaciones y sus gobiernos.
La idea según la cual una actitud crítica y severa por parte del Papa era necesaria
para aliviar la situación de las víctimas o influir en los eventos era
común tanto a los diplomáticos como Hildebrando Accioly como a los diferentes
dirigentes comunitarios judíos de América Latina.
En diciembre de 1942, cuando los planes y los hechos del exterminio del pueblo
judío se tornaron públicos,32 fueron enviados varios telegramas desde las comunidades
judías de Costa Rica, Bogotá, La Paz, Potosí, Managua y México,33
solicitando la intervención del Papa en favor del judaísmo europeo.
Reflexiones sobre el Vaticano, los judíos y América Latina durante la Segunda Guerra Mundial / 121
34 Ibíd., pág. 757.
35 Conway, J. S., op. cit.
36 Friedländer, S., op. cit., pp. 107-108. Hay comentarios al respecto en Morley, J., op. cit., pp.
56-57.
37 ADSS, op. cit., Vol. VIII, pág. 627, nota al pie Nº 4.
38 ADSS, op. cit., Vol. IX, pág. 498.
La respuesta que podemos encontrar en las notas de la Secretaría de Estado
encomendaba a los delegados apostólicos a responder en forma oral que “la
Santa Sede hizo todo lo que pudo…”.34
Este tipo de actitud –que a primera vista parece cínica– es un ejemplo que
daba la razón a la polémica originada en la posguerra en cuanto al papel del
Vaticano.
Los críticos del Vaticano alegaron que la Santa Sede podría haber hecho más
de lo que hizo, mientras que los defensores alegaron que –en las circunstancias
surgidas de una guerra total sin escrúpulos morales– cualquier actitud proveniente
del Papa sería –en la mejor de las hipótesis– ignorada.35
Cuando el ejército alemán invadió Italia, en 1943, sitiando la Ciudad del Vaticano,
ciertos dirigentes judíos sudamericanos se vieron en la obligación de expresar
palabras de simpatía y adhesión, en consideración a lo que ellos creían
que el Papa había hecho en favor de los judíos.
Una breve cita de estas cartas será suficiente para demostrar hasta qué niveles
de alienación, desconocimiento de causa e incapacidad de evaluación de la
realidad llegaron aquellos dirigentes.
Samuel Goren, presidente del Comité Representante de la Colectividad Israelita
de Chile, transmitió al nuncio el texto que sigue a continuación, publicado
en El Diario Ilustrado del 3 de octubre:
En estos trágicos días, nuestra mente evoca la elevada figura del Sumo
Pontífice, Su Santidad Pío XII, probado defensor de la causa de los perseguidos
y –en especial– de millones de hermanos europeos nuestros que
son víctimas inocentes de inhumanas masacres y crueles vejámenes…36
A veces era suficiente una simple habladuría acerca de una intervención favorable
de la Iglesia católica y del Papa en favor de los judíos franceses37 para
que la misma causase muestras de agradecimiento por parte de dirigentes comunitarios.
Verdaderos disparates, como el de Chile, que alimentaban equivocadamente
imágenes del Papa que aludían a hechos jamás realizados.38
La carta firmada por Elías Seroussi, presidente del Comité Central Israelita de
Uruguay, y su secretario, Roman Grutfreid, aunque más moderada que la anterior,
expresa la misma imagen desvirtuada de Pío XII como un defensor de la
causa de los judíos perseguidos:
122 / Nuestra Memoria
39 “Montevideo, 14/10/1943”, en ADSS, op. cit., Vol. IX, pág. 502.
40 “La Paz, 18/11/1943”, en ADSS, op. cit., Vol. IX, pág. 567.
41 Avni, Haim. “Patterns of jewish leadership in Latin America during the Holocaust”, en
Jewish leadership during Nazi era. City University of New York, 1985, pp. 87-125. Edición:
Randolph Braham.
…La comunidad que representamos acompañó siempre con la mayor
de las indignaciones la noticia –más o menos digna de fe– acerca de la
situación del Vaticano y la augusta persona de Su Santidad, cuando la
guerra se aproximó a los confines del Estado Pontificio; y desde lo más
íntimo de su corazón, los israelitas de Uruguay solicitan que les sea enviada
lo antes posible la noticia que asegure el fin del peligro que amenaza
a Su Santidad Pío XII, ardiente defensor de la causa de aquellos que
son perseguidos injustamente y a los cuales –con su altísima influencia–
había ayudado muchas veces: nuestros infelices hermanos de Europa.39
Y por último, la carta de Salomón Graitzer, presidente del Circulo Israelita de
la Paz, transmitida al nuncio:
Por la presente nos cumple manifestarle el profundo y más sincero
agradecimiento de todos nuestros connacionales radicados en Bolivia
por la generosa contribución de Su Santidad Pío XII y damas de la nobleza
italiana para el rescate de nuestros hermanos italianos, capturados
por los nazis como rehenes. Quedaríamos sumamente agradecidos a Su
Excelencia por transmitir éste, nuestro agradecimiento al Sumo Pontífice
y a todas las autoridades católicas por el generoso gesto que han tenido
en bien de un grupo de nuestro martirizado pueblo.40
Es impresionante la contradicción entre la imagen creada por las dirigencias
judías respecto de un Papa humanitario, militante y defensor de los judíos en
contraposición con la realidad personificada en la figura impotente de Pío XII,
quien nada hizo para salvar a los judíos y poco éxito tuvo en la ayuda tanto a
sus adeptos cristianos de origen judío como a los cristianos.
El profesor Haim Avni, en un estudio pionero, remarcó una cantidad de cuestiones
a ser investigadas en cuanto a la dirigencia judía durante el Holocausto.41
Sería menester investigar también la confrontación de estas dirigencias con la
realidad del exterminio judío. ¿Quién, cuándo y qué fue informado? ¿Qué es lo
que fue entendido? ¿Cuál fue el sentido de sus reacciones?
D. El Vaticano y los esfuerzos en favor de los judíos de Vittel
En 1943, los alemanes decidieron concentrar en campos especiales a aquellos
judíos polacos beneficiados con papeles consulares latinoamericanos, a fin de
Reflexiones sobre el Vaticano, los judíos y América Latina durante la Segunda Guerra Mundial / 123
42 Nathan Eck fue el primero en investigar esta cuestión. Ver Eck, Nathan. “The rescue of Jews
with the aid of passports and citizenship papers of Latin American states”, en Yad Vashem
Studies. Vol. I, 1957. David Wyman y Bernard Wasserstein escribieron al respecto teniendo
en cuenta la perspectiva de las potencias aliadas, mientras que Haim Avni nos aclaró acerca
del potencial de salvataje teniendo en cuenta el prisma de los países latinoamericanos.
Ver Avni, Haim. “The war and the possibilities of rescue”, en Cohen, Asher; Cochavi,
Yehoyakim; Gelber, Yoav (eds.). The Shoah and the war. New York, 1992, pp. 373-392. Edición:
Peter Lang.
43 Porat, Dina. An entangled leadership. The Yishuv & the Holocaust, 1942-1945. Versión en
hebreo. Tel Aviv, Am Oved, pp. 281-284; Wasserstein, Bernard. Britain and the Jews of
Europe 1939-1945. Versión en hebreo. Tel Aviv, Am Oved, pp. 185-191.
44 “A. Silberschein comentó al nuncio Bernardini acerca de la dimisión del cónsul peruano
J. M. Barreto”, en Yad Vashem Archives, M 20/69. Acerca del cónsul paraguayo ver Yad Vashem
Archives, M 20/20 y en los libros antes mencionados.
45 Avni, H., op. cit., pp. 384-388; ADSS, op. cit., Vol. X, pág. 246.
46 “Carta de A. Silberschain. Ginebra, 7/1/1944”, en Yad Vashem Archives, M 20/20. En los
campos de Vittel, Bergen Belsen, Tittmonig, Liebenau y Bolsenberg había judíos con pasaportes
latinoamericanos.
que fueran intercambiados por ciudadanos alemanes confinados en países aliados
y neutrales.42
Los intercambios de prisioneros habían sido realizados entre Alemania y Gran
Bretaña, en 1943 y 1944, involucrando incluso algunos centenares de judíos.43
La denuncia de la emisión ilegal de centenares de pasaportes sudamericanos
–además de causar la dimisión de cónsules diplomáticos44 y debilitar drásticamente
ese medio de salvación– condujo a los alemanes a dudar de la credibilidad
y reconocimiento de dichos documentos, lo cual –en consecuencia– significaría
un veredicto de muerte para sus beneficiarios.
Los alemanes estarían dispuestos a participar de esta farsa siempre y cuando
hubiese márgenes reales en posibles negociaciones de intercambio. En contraposición,
la disminución del valor artificial atribuido a los untermensch (gente
de poca valía) en caso que los documentos fuesen anulados ocasionaría la muerte
certera de sus portadores.
Los países latinoamericanos que estaban en guerra con Alemania mantenían algunos
centenares de ciudadanos alemanes detenidos, hecho que valorizó el sentido
y el propósito del intercambio45 –al menos teóricamente– ya que quedaba aún
por saber si esos países también estarían dispuestos a efectuar el intercambio y a
aceptar a individuos que ilegalmente se transformarían en ciudadanos.
El recelo se transformó en amenaza cuando los alemanes se dieron cuenta de
que países como Paraguay dejaron de reconocer dichos pasaportes. Unicamente
la intervención de organizaciones judías, junto a los gobiernos aliados y al Vaticano,
fue capaz de revertir la situación.
De acuerdo a lo que ya vimos en otras circunstancias, el Vaticano continuaba
gozando de una reputación que era considerada capaz de influir en los países de
los cuales dependía la suerte de centenares de prisioneros “latinoamericanos”.46
124 / Nuestra Memoria
47 ADSS, op. cit., Vol. IX, pág. 638, nota al pie; ADSS, op. cit., Vol. X, pp. 232-233.
48 Wasserstein, B., op. cit.; Wyman, D. S., op. cit., pp. 277-278.
49 ADSS, op. cit., Vol. IX, pp. 637-638; ADSS, op. cit., Vol. X, pp. 238 y 243.
50 ADSS, op. cit., Vol. X, pp. 238 y 252.
Estos países, al responder al llamado del Vaticano, ofrecieron renovadas perspectivas
a los esfuerzos de salvataje, ya que Paraguay, Chile, Bolivia, Nicaragua
y Costa Rica accedieron a reconocer los pasaportes emitidos. En contraposición,
Brasil y Uruguay, al contestar evasivamente, estaban prácticamente adoptando
la misma actitud negativa de Perú, Cuba, Guatemala o El Salvador.47
Probablemente la actitud positiva de determinados países latinoamericanos
se deba más bien a las acciones diplomáticas de las potencias aliadas que a la
influencia del Vaticano.48 Sin embargo, cuando las negociaciones que convalidaban
el hacer efectivo el intercambio de prisioneros llegaron a su auge, en abril
de 1944, los alemanes se decidieron por la deportación de los judíos de Vittel a
Auschwitz. Ese mes salió el primer transporte, con 163 judíos portadores de pasaportes
latinoamericanos, en dirección a Drancy, y de allí, el 29 de abril, a
Auschwitz. Un segundo transporte salió de Vittel en mayo, con idéntico destino.
La investigación académica realizada hasta hoy no fue capaz de responder
cuáles habrían sido los motivos para que los alemanes desistieran de realizar el
intercambio una vez que los documentos latinoamericanos ya habían sido oficialmente
reconocidos.
El involucramiento diplomático del Vaticano en este affaire fue –en gran
parte– producto de la actividad militante y solidaria del nuncio de Berna,
Philippo Bernardini, quien insistió vehementemente ante Maglione y los gobiernos
de Suiza y España (representantes de los países latinoamericanos en
Alemania) en favor de los detenidos en Vittel.49
El papel del Vaticano fue secundario no solamente por haber tratado directamente
con las instancias nazis, sino debido al descreimiento a priori de cualquier
acontecimiento por parte de los miembros de la Secretaría de Estado del
Vaticano. Las notas de esta secretaría de abril de 1944 demostraron cabalmente
la mentalidad derrotista de sus integrantes, al punto de evitar concientemente
reiterar esfuerzos o iniciativas tomadas por otros. En las notas mencionadas encontramos
frases representativas de esta manera de actuar:
• No creo que sea útil ni oportuno participar a la Nunciatura de Berlín.
Nada se obtendrá, y tal vez se agravará la posición de los judíos de Vittel,
y quizá también la muy delicada posición del monseñor nuncio…
• No me parece oportuno interesar nuevamente a las nunciaturas sudamericanas.
Ya se realizó todo lo necesario a este respecto.50
Reflexiones sobre el Vaticano, los judíos y América Latina durante la Segunda Guerra Mundial / 125
Eventualmente, los integrantes de la Secretaría de Estado tenían sus razones
para pensar de esta manera, ya que sus esfuerzos en favor de las víctimas revelaron
sus límites y deficiencias desde el mismo comienzo de la guerra. Sus acciones
tuvieron un éxito parcial en lo que respecta a la cuota especial de los
3.000 conversos, y ningún resultado en cuanto a la ayuda a los cristianos alemanes
y a los judíos detenidos en el campo de concentración de Vittel.
La crítica al Vaticano durante la guerra no es debido al fracaso en estas acciones
humanitarias.
De acuerdo a lo que fue descrito en este trabajo, las chances de éxito estaban
más allá de la capacidad de la Santa Sede en un contexto histórico en el cual su
influencia era mínima o nula.
La ideología y la práctica nazis, la dinámica de una guerra total, la inexpresión
política del Vaticano en cuanto a los parámetros militares y el desfasaje
entre la calidad de la mano de obra disponible (refugiados indeseables) y la búsqueda
de buenos inmigrantes (agricultores o técnicos) –en su mayoría proveniente
de países latinoamericanos– fueron solamente algunos de los factores
más importantes que contribuyeron a la marginalidad del Vaticano en el período
de la guerra.
Es interesante notar que la documentación oficial del Vaticano, originalmente
publicada para probar cuánto se había realizado en el ámbito humanitario,
dejó al descubierto los aspectos negativos de los eclesiásticos involucrados.
Los documentos mencionados en este trabajo denotan la facilidad con la cual
Maglione y los demás integrantes de la cúpula del Vaticano aceptaron la apatía
y la aversión de varios gobiernos por el destino de los refugiados. Derrotismo,
negligencia e indiferencia en cuanto a la manera de tratar los temas analizados
caracterizaron las actitudes de los integrantes de la Santa Sede y la de algunos
nuncios, con excepciones.
Basta con decir que el Papa y el Estado del Vaticano nunca tomaron iniciativas
humanitarias; el involucramiento de la Santa Sede fue producto de iniciativas
tomadas por personalidades o instituciones católicas.
El Vaticano, preocupado por su prestigio, creó ilusiones infundadas en cuanto
a sus propias capacidades.
El Vaticano podría haber hecho más de lo que hizo, independientemente de
los resultados, que irían en función de la compleja realidad política y militar
creada por la eclosión de la guerra.

* Conferencia organizada por la Fundación Memoria del Holocausto-Museo de la Shoá y la
Federación Sefaradí de la República Argentina, Buenos Aires, 21/6/05 y coordinada por el
Dr. José Menascé.
Las comunidades sefaradíes
y el Holocausto*
Dr. Abraham
Haim
Historiador e
investigador
El doctor Abraham Haim nació en Jerusalem. Es historiador e investigador,
comendador de la Orden del Mérito Civil, obtuvo la
Maestría de la Universidad Hebrea de Jerusalén en Historia de los
Países del Islam, incluida la historia de los judíos de Oriente Medio.
En 1985 obtuvo el Doctorado en Historia por la Universidad de Tel
Aviv. Habla hebreo, inglés, español, judeo-español, francés, árabe
y turco. Ha participado como conferencista en congresos científicos,
seminarios y jornadas de estudio. Publicó libros y artículos
sobre la historia moderna de Oriente Medio y las comunidades sefaraditas.
Fue investigador del Instituto Shiloa de Investigación del
Medio Oriente y Africa, catedrático de la Universidad de Tel Aviv,
jefe del Departamento de Divulgación Científica del Patrimonio
Judeo-Sefaradí del Instituto Ben Tzví de Jerusalem. Actuó como
coordinador científico del Instituto Universitario Misgav Yerushalaim.
Entre 1983 y 1999 fue director de los cursos de español del Consejo
de la Comunidad Sefaradí en Jerusalem. Entre 1989 y 1994
dirigió el Centro de Patrimonio Sefaradí del Ministerio de Educación
y Cultura de Israel. A partir de 1983 es profesor en el Colegio
de España, Salamanca.
En primer lugar, doy mis más sinceras gracias a los anfitriones, la Fundación
Memoria del Holocausto y la Federación Sefaradí de la República Argentina, y
a todos ustedes, que se han presentado a este acto.
Soy sefaradí, pero no de origen griego. Mis antepasados no fueron testigos de
la Shoá. En otras palabras, no tengo contacto directo con la Shoá, ni familiares
128 / Nuestra Memoria
1 Fracción del Pentateuco que se lee semanalmente. (Nota del editor).
o personas que hayan sobrevivido o sido exterminados. Pero soy historiador y
me interesa éste como un tema judío mundial de toda la humanidad. En Israel,
como ustedes saben, tenemos muchos museos alusivos: no solamente el de Yad
Vashem –el nuevo se inauguró hace pocos meses–, también el del Kibutz Lojamei
Haguetaot, en el Norte, y el de Yad Mordejai, en el Sur, además –por supuesto–
de otros en el mundo.
Hice una visita personal y privada a Auschwitz, y un matrimonio polaco no
judío me acompañó. También visité un cementerio de Riga. Me sentía más identificado,
pero a pesar de esas visitas, las películas y documentales que hay hoy
en día, y los testimonios, mi pregunta no cambia y es la misma que se hacen millones
personas: “¿Cómo ocurrió la Shoá?”. Con toda humildad y modestia digo
que no lo entiendo. Leo y entiendo más, conozco más el tema, puedo profundizar
en algo, pero no puedo responder.
En el libro Dvarim (Deuteronomio), capítulo 28, parashá1 “Ki tavó”, aparecen
muchos versículos con maldiciones. A veces me digo: “¿Cómo en la Torá se
podía pronosticar una situación parecida a esta Shoá del siglo XX?”. Y entre
otros versículos, dice la Torá: “Jamás descansarás en estos pueblos; nunca reposará
la planta de tu pie; el Señor te volverá ahí asustadizo, ciego y cobarde.
Vivirás ‘pendiendo de un hilo’; temblarás día y noche; jamás vivirás seguro. Por
la mañana dirás ‘ojalá anocheciese’ y por la tarde, ‘ojalá amaneciese’. Por el
pavor que estremecerá tu corazón por el espectáculo que verán tus ojos”.
Pasemos al siglo actual. Palabras de un escritor que todos conocen, Arnoldo
Liberman, quien escribió: “Los he visto también en mis fotos interiores, ahí
donde se hornean los fantasmas del alma. Desnudos, aterrorizados, contingentes,
pueriles, con un interrogante desmesurado en la mirada. Algunos rezando
un inútil llamado al milagro; otros, severos, silenciosos, mudos, con los labios
apretados, abrazados o desapegados ya; inconmovibles en su impotencia.
Ratas, he sentido odio hacia ellos, lo confieso. Eran mis semejantes, la misma
cara de rata, el mismo horror en las retinas, la misma fatalidad congelada, el
mismo sinsentido en el corazón. He visto las fotos, los cuerpos desnudos, una
interminable fila ante la muerte. Los niños en los brazos, el odio del mundo, y
he llorado”.
Una introducción breve al tema: el Holocausto no es solamente un episodio trágico
en la historia del pueblo judío. Pertenece a toda la historia de la humanidad,
y toda actitud sistemática de sacralización nos impedirá luchar contundentemente
contra el olvido que lo amenaza. Y ése es el papel clave y fundamental
de la Fundación Memoria del Holocausto y otras instituciones.
Las comunidades sefaradíes y el Holocausto / 129
2 Poema que se canta al comenzar el servicio de Shabat. (Nota del editor)
El Holocausto no es el asalto a una judería en la España de 1391, ni la expulsión
de 1492, ni una persecución en la Rusia zarista del siglo XIX, ni una matanza
espontánea y sin explicación, ni un terremoto que arrasó la vida de miles
de personas, ni una catástrofe técnica o natural. El concepto rebasa toda posibilidad
de acercamiento histórico, social, político y cultural.
El Holocausto es la aniquilación sistemática de colectivos étnicos, sociales
y políticos, organizada de forma industrial, planificada y calculada. En hebreo
tenemos un versículo que está incluido en los versos de Lejá Dodí:2 “Sof
maasé vemajshavat tejilá”. No fue algo improvisado, y por supuesto, se llevó
a cabo.
Una exterminación con objetivos pensados y programados, una auténtica maquinaria
de matar que respondía a una serie de programaciones y parámetros,
significa una concepción inimaginable en la historia de la humanidad, que ya
había conocido la Ilustración, el “Siglo de las Luces” y los avances científicotécnicos
de principios del siglo XX. Fue la aplicación de esos avances industriales
al exterminio de un colectivo.
El trabajo histórico no es la única respuesta para comprender el Holocausto.
El propio Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz y Premio Nobel de la Paz, lo
considera como un misterio irreductible para el cual no se halla explicación,
pues es tal su magnitud –y debería ser tal su alcance– que aún debería proponernos
muchos interrogantes. Además, escribió que nadie podía imaginar
Auschwitz antes de Auschwitz. Desde otra perspectiva, Theodor Adorno afirmó
que escribir un poema después de Auschwitz es un signo de barbarie.
Al ver rebasada la humanidad sus propios límites categóricos, el Holocausto,
la Shoá, es un crimen contra la humanidad, programado, orquestado y planificado
por los hombres del siglo XX. También puede proponer problemas de
orden metafísico: “¿Existe Dios después del Holocausto?”, “¿Dónde estaba?”,
“¿Dónde se halla el límite entre el Bien y el Mal?”, “¿Quién podría negar que el
Holocausto es un símbolo del fracaso implacable del pretendido humanismo de
la cultura occidental?”, “¿Se puede sobrevivir a un campo de la muerte?”.
Ahora paso al mundo sefaradí. Primero: una conclusión clave es que los nazis
no distinguían entre un sefaradí y un ashkenazí; no había dos categorías de sangre.
La Europa sefaradí de la época se reducía, principalmente, a Grecia, la comunidad
más numerosa; Bulgaria, donde los sefaradíes representaban casi el
85% de la población judía; Yugoslavia, con importantes comunidades en Serbia,
Bosnia y Croacia; y finalmente, Rumania, con una serie de comunidades sefaradíes
minoritarias en el ámbito judeorrumano. Además, debemos señalar la
importante presencia sefaradí en Europa Occidental, especialmente en Francia,
130 / Nuestra Memoria
Bélgica e Italia, lugares de asentamiento de numerosos inmigrantes judíos procedentes
del Este de Europa y la propia Turquía.
La vida judía en Grecia era brillante en vísperas de la Shoá. Salónica era la
comunidad más importante, pero también se destacaban la de Rodas, la isla de
Corfú, Atenas, Castoria, Drama, etc.
La pesadilla estaba a punto de comenzar con el desencadenamiento de la Segunda
Guerra Mundial. En 1940, la Italia fascista de Mussolini atacó Grecia,
ante la obstinada resistencia del ejército griego, en el que figuraban numerosos
sefaradíes. Las tropas italianas se retiraron a Albania, dando paso al ejército alemán,
que invadió Grecia el 19 de abril de 1941. Salónica cayó al día siguiente.
La ocupación de Grecia dividió el país en tres zonas, bajo la administración
de las potencias del Eje alemán-búlgaro-italiano. Las fuerzas italianas ocuparon
la Grecia occidental, incluida Atenas, el Peloponeso y las islas del Dodecaneso.
Tracia y Macedonia pasaron a la administración búlgara, y los alemanes se establecieron
en la zona central y en Salónica, sin duda la comunidad sefaradí
más importante de la época, con más de 56.000 miembros.
Las deportaciones comenzaron el 15 de marzo de 1943, con dieciséis expediciones
de unas 3.000 personas cada una, hasta el 9 de mayo, partiendo del ghetto
Barón Hirsch –habilitado para las deportaciones–, que se llenó y vació de judíos
según el ritmo de las partidas. Los últimos transportes incluyeron a los sefaradíes
de Salónica, que habían sido destinados a trabajos forzados, y a los empleados
de la comunidad judía y sus familias, entre los que se encontraba el rabino
Koretz, con su mujer e hijo, cuya deportación se dirigió a Bergen-Belsen.
Al parecer, Koretz fue detenido tras su entrevista con el primer ministro griego,
Rallis, a quien había suplicado intervenir ante los alemanes para parar las
deportaciones. Rallis les propuso a los alemanes enviar a todos los judíos griegos
a Creta, sin conseguirlo.
A partir del 19 de agosto de 1943, el ghetto transitorio del barrio Barón Hirsch
quedó completamente vacío. La inmensa mayoría de los sefaradíes de Salónica
había sido deportada, seleccionada y exterminada. Además, hay que señalar que
otros sefardíes griegos fueron deportados desde otras latitudes, como los aproximadamente
17.000 sefaradíes de Salónica residentes en París, enviados a los
campos desde noviembre de 1942.
Para quienes sobrevivieron, recuperar sus negocios y hogares fue imposible.
Bajo la protección de las leyes griegas, los ciudadanos locales que ocuparon sus
propiedades se negaron a devolverlas a sus legítimos dueños.
Como estoy muy vinculado con España, quiero destacar el papel muy importante
que jugó este país en la salvación de comunidades sefarditas.
Hace cien años, en 1905, un médico y senador no judío de España, Angel
Pulido Fernández, publicó Españoles sin patria y la raza sefaradí, una obra inLas
comunidades sefaradíes y el Holocausto / 131
mensa, de más de 650 páginas, dedicada al mundo sefaradí. Este libro fue el
fruto de unas giras que había llevado a cabo este sabio, visitando las comunidades
sefarditas de los Balcanes y otros países de Europa, el norte de Africa, Marruecos,
etc. Con esta obra despertó a la opinión pública española y también a
las autoridades de entonces para que otra vez abrieran las puertas de España a
los judíos.
Un paso más fue el decreto del general Primo de Rivera, de 1924, por el cual
se reconocía como ciudadanos españoles a los sefaradíes que así lo reclamaran.
Aunque fueron deportados a Bergen Belsen, más tarde fueron enviados a Barcelona
y Casablanca, desde donde la mayoría de ellos partiría hacia Palestina.
En abril de 1943, España abrió una oficina en Atenas, intentando rescatar a
los judíos españoles, aclarando que todos los sefaradíes que huyeron al Imperio
Otomano durante la Inquisición y por la expulsión de 1492 eran considerados
ciudadanos españoles con plenos derechos. A pesar de esto, el gobierno alemán
informó que no reconocería la ciudadanía española de los sefaradíes.
Puedo decir, además, que –a pesar de todo– el general Franco –aliado de Hitler
y Mussolini–, por sus propios intereses –no por amar a los sefaradíes–, ordenó
a los cónsules de España en Europa otorgar la nacionalidad española a cualquier
sefaradí que la solicitara. Y así se salvaron también ashkenazíes. A lo largo de
la Segunda Guerra Mundial, miles se salvaron gracias a este método.
Las deportaciones se organizaron por todo el territorio griego. En marzo de 1944
fueron trasladados 1.700 judíos de Iannina, y en junio, 2.000 de Corfú. Le siguieron
Kavalla, Drama, Castoria, Prevesa, Serres, etc.
La deportación de los judíos de Atenas se organizó a partir de la orden de
concentración de diciembre de 1943; unos 1.200 se presentaron, a pesar de que
el número era mucho mayor. La mayoría pudo permanecer escondida gracias a
la ayuda de parte de la población de la ciudad, la Iglesia Ortodoxa y miembros
de la Resistencia.
La valentía del gran rabino Barzilay permitió salvar miles de vidas judías, al
prometer a la Gestapo entregar las listas de todos los judíos en el lapso de seis
días. En lugar de eso, les dijo a los hebreos que buscaran refugio en las montañas
o el campo. El gran rabino fue responsable, junto con el arzobispo de la Iglesia
Ortodoxa de Atenas y el jefe de la Policía, de la salvación de numerosas
vidas judías. Suerte parecida corrieron las comunidades de Volos y Zakintos.
No obstante, fueron organizados dos convoyes de sefaradíes de Atenas a
Auschwitz, en julio de 1944.
En agosto llegaron los últimos judíos procedentes de Grecia. Se trataba de los
sefaradíes de Rodas. Prácticamente la totalidad de su población judía, unas
1.200 personas, fue deportada. Desde la isla fueron llevadas al campo de Haidari,
en Atenas, y de allí fueron transferidas a Auschwitz.
132 / Nuestra Memoria
La isla había caído en manos de los alemanes en septiembre de 1943. A partir
de la visita de una delegación del departamento de Eichmann, en junio de
1944, se recluyó a la población judía en antiguos edificios y comenzó a organizarse
la deportación.
Debemos señalar que la presencia de los sefaradíes griegos en los campos de
la muerte fue muy notoria, y no sólo por el número de gaseados. La mayoría de
los testimonios señala cómo los “griegos” formaban un colectivo destacado y dirigente.
Recordemos, además, que entre las sublevaciones de los deportados a
Auschwitz, una fue dirigida por un Sonderkommando de sefaradíes de Salónica,
quienes fueron los primeros en destruir hornos crematorios de Auschwitz-
Birkenau.
Es difícil concretar el número de hablantes de judeoespañol al inicio de la Segunda
Guerra Mundial. Las cifras rondan entre los 270.000 y los 450.000, establecidos
–principalmente– en el sudeste de Europa.
Lo cierto es que el judeoespañol estaba conociendo una época dorada como
lengua; la prensa sefaradí llegó a contabilizar más de trescientos diarios, semanarios
y mensuarios, en el período 1870-1930. Por ejemplo, Viena fue uno de los
centros más destacados de la prensa sefaradí en vísperas de la Segunda Guerra
Mundial.
La creación literaria comenzaba a dar sus primeros pasos hacia nuevos estilos
y se estaba produciendo el paso de la literatura oral y anónima a la escrita y
de autor. Comenzaba la elaboración de una poética de alta calidad, el desarrollo
de una rica narrativa y el nacimiento de un teatro sefaradí muy elaborado y preocupado
por complejas formas escénicas.
Al igual que sucedió con la otra gran lengua judía, el ídish, el estallido de la Segunda
Guerra Mundial y la aniquilación sistemática de la judería europea supuso,
para el judeoespañol, un duro golpe y una interrupción casi total de su dinámica.
En apenas cinco años, la lengua sefaradí perdió al 90% de sus hablantes, un punto
de localización reconocible y a quienes mejor hubiesen podido abrir nuevos caminos
hacia la normalización de la lengua: los escritores y creadores literarios.
Los campos de concentración se convirtieron en un auténtico crisol de lenguas.
Eran auténticas antesalas de la muerte, en las cuales el ser humano debía replantearse
todo lo que había conocido hasta el momento de descender del tren.
Debía olvidar su vida anterior, sus hábitos, sus costumbres, la imagen de sus familias,
y otro tanto sucedía con su lengua natal. Debían adaptar su capacidad de
aprendizaje a una multitud de nuevos vocablos, producto de un desesperado intercambio
de préstamos lingüísticos. Cada uno de estos colectivos era portador
de su lengua, y en muchos casos, los hablantes debieron aprender a reutilizarla,
a ampliar sus conceptos con otros nuevos e inicialmente ajenos o a recurrir a
Las comunidades sefaradíes y el Holocausto / 133
una serie de préstamos lingüísticos casuales, pues solamente existían en aquel
universo de muerte y destrucción.
Dentro de la vida cotidiana del campo, los deportados aprendían a expresar
numerosas lenguas. Un sobreviviente contó en lengua sefaradí (traducido al español
moderno): “Si hablaba con mi hermano pequeño, lo hacía en judeoespañol;
con el jefe del barracón y los soldados de las SS hablaba en alemán; y con
otros presos, en ídish o francés. Pero no es que hablara esas lenguas, sino que
aprendí algunas palabras básicas”.
A pesar de las terribles condiciones de vida, los sefaradíes mantuvieron su tradición
cultural, forjada durante siglos. El ejemplo más claro puede verse en la
música: muchos deportados podían ganar una cucharada de sopa más si cantaban
algo que les gustara a sus guardianes. Obviamente, los sefaradíes acudieron
a su magnífico repertorio de canciones, coplas y romances, cuyo origen se sitúa
en la España medieval.
De entre los cantos que los deportados entonaban en los campos hay que señalar
uno que casi llegó a convertirse en un himno para los sefaradíes. Se trata
de la cantiga lírica Arboles lloran por lluvias, cuya letra debió ser muy significativa
para ellos. Dicen sus dos estrofas: “Arboles lloran por lluvias/ y montañas
por aires./ Lloran mis ojos/ por ti, querida amante./ Vuelvo y me digo: ‘¿Qué
va a ser de mí?’./ En tierras ajenas/ yo me voy a morir”.
Y cambiaban esta estrofa por: “En tierras de Polonia/ yo me voy a morir./ Enfrente
de mí hay un ángel./ Con sus ojos me mira. /Llorar quiero y no puedo./
Mi corazón suspira./ Vuelvo y me digo: ‘¿Qué va a ser de mí?’./ En tierras ajenas/
yo me voy a morir”.
Sabemos por la mayoría de los testimonios que, incluso en los campos, los sefaradíes
se aferraron a su patrimonio lingüístico y cultural. Si hablaban en otras
lenguas era por una necesidad imperiosa de sobrevivir, pero la mayoría seguía
considerando al judeoespañol como su lengua principal de comunicación.
Dice un testigo: “Mi abuela dijo: ‘Si nos van a matar a todos, por lo menos
moriremos hablando nuestra lengua. Es lo único que nos queda y no nos lo van
a quitar’.”
Un sabio español no judío, un chico joven que hace pocos años recibió su doctorado
por la Universidad de Murcia, se enfoca hoy en el judaísmo español durante
el Holocausto. Hizo un trabajo de investigación de campo, entrevistó a
muchos sobrevivientes. El libro se llama Los sefaradíes y el Holocausto, y el
autor es Salvador Santapuche.
Al concluir la primera parte de su obra, llega a las siguientes conclusiones:
134 / Nuestra Memoria
• El judeoespañol fue una lengua más en el universo de los campos, aunque siguiera
siendo un vehículo de comunicación restringido al colectivo sefaradí.
• Su uso quedó limitado a los encuentros ocasionales entre los deportados, si
bien siguió siendo la lengua de uso cotidiano entre ellos y la lengua en la cual
pensaban y sentían.
• El concepto que los sefaradíes tenían de su propia lengua en los campos
llegó a ser un elemento de identidad, que los distinguió de otros colectivos
nacionales.
• En contra de lo que muchas veces se ha dicho, consideramos al Holocausto
–con su terrible cifra de exterminio del 90% de sus hablantes– como la principal
causa de la grave crisis que sufrió esta lengua desde los años ’40.
Dentro del sufrimiento de los campos hubo incluso lugar para la creación literaria,
especialmente de poesía. Y hay otro investigador, en este caso un judío
sefaradí que reside en South Carolina, Estados Unidos, Isaac Jack Lévy, que se
dedicó a grabar aquellos poemas, aquella creatividad literaria que se inició y
desarrolló en los campos de trabajo forzado o de exterminio.
Del mismo modo, cabe destacar que el Holocausto llegó a convertirse en uno
de los principales motivos de la creación literaria de la lengua sefaradí de posguerra,
la cual –como sucede con el resto de la literatura sefaradí– todavía no ha
sido estudiada en profundidad y permanece desconocida en los ámbitos de la
filología española.
Creo que una de las tareas del CIDiCSef, de esta capital, y de FeSeLa, en general,
es también dedicarse a este campo para llenar el vacío de este capítulo tan
trágico de la historia judía, en general, y la sefaradí, en particular.
Uno de los sobrevivientes, a quien conozco personalmente, se llama Jack Strumza.
Ingeniero de profesión, sabía hablar alemán y se salvó de Auschwitz. Publicó
sus memorias bajo el título Elegí la vida. Violinista en Auschwitz. Tocaba el violín,
y este instrumento, la música y el saber hablar alemán lo salvaron.
Nació en Salónica, en 1913, y en Auschwitz se convirtió en el número
121.097. Sus ojos vieron el infierno, sus oídos se llenaron de lamentos interminables
y su piel estuvo en contacto con sufrimientos que jamás había pensado.
En su cabeza entraron los interrogantes que aún no tienen respuesta, y que yo
decía al principio: “¿Por qué?”, “¿Para qué?”.
Hay otro testimonio de un sefaradí sobreviviente, Moshé Haelión, que también
publicó sus memorias, en ladino, contando cómo se sentía ante la liberación
de Auschwitz cuando entraron los norteamericanos: “Era un poco después
del mediodía cuando, por la puerta del campo, entraron dos o tres tanques.
‘¡Son americanos, son americanos!’, se expandieron voces entre los que estaban
agrupados. Lo que se pasó en los momentos que siguieron no tengo suficientes
Las comunidades sefaradíes y el Holocausto / 135
palabras para describirlo. Hubo una irrupción espontánea de sentimientos de
alegría, que tuvo con ella reacciones diversas que se expresaban de diferentes
modos. Lo que pasaba era una corriente enorme de masas de prisioneros que,
con un impulso que no se puede frenar, gritaban y movían las manos, corrían
hacia los tanques, caminando. Todos deseaban ver a sus liberadores, tocarlos,
abrazarlos si era posible, palpar los tanques. En la antena de un tanque vi una
banderita de Grecia; después entendí que uno del equipo de tanques era un
americano de origen griego”.
Ustedes saben que en Auschwitz hay algunas placas, pero hasta 2003 no había
una en judeoespañol, allí donde muchos miles de personas fueron exterminadas.
Al final se puso la placa, y uno de los promotores es un sobreviviente de
Salónica que reside en Francia: Haïm Vidal Sephiha, fundador, en París III, de
la primera cátedra de judeoespañol del mundo.
El inauguró, colocándola en Auschwitz-Birkenau, el 23 de marzo de 2003, la
placa en judeoespañol: “Que este lugar donde los nazis exterminaron a un millón
y medio de hombres, mujeres y criaturas, la mayor parte judíos de varios
países de Europa, sea para siempre, para la humanidad, un grito de desesperación
y unas señales”.
Hace dos semanas, representantes de 35 miembros de la Organización para la
Seguridad y la Cooperación en Europa y de más de un centenar de organizaciones
no gubernamentales se reunieron en Córdoba, España, símbolo de convivencia
entre culturas, para estudiar cómo combatir “el antisemitismo y otras formas
de intolerancia”, como rezaba el lema del encuentro.
El antisemitismo es, probablemente, la forma de intolerancia con más continuidad
histórica y que más arraigada está en el mundo, además de ser la que generó
las condiciones para que el nacionalsocialismo hitleriano perpetrara el
mayor crimen jamás habido: el Holocausto-Shoá.
En el antisemitismo confluyen todas las múltiples facetas de la intolerancia:
desde el menosprecio y el prejuicio al crimen masivo y sistemático. De ahí que
la lucha permanente contra cualquier manifestación antisemita es mucho más
que una obligación de todas las sociedades civilizadas. Es, también, el arma más
efectiva para combatir, de raíz, todo tipo de intolerancia y –por tanto– para la
defensa de la democracia, el respeto al individuo y la libertad.
Sesenta años después de los campos de exterminio nazis hay indicios alarmantes
de que el fenómeno vuelve a gozar de una buena coyuntura. Las profanaciones
de cementerios, las agresiones físicas y, sobre todo, la proliferación de
ataques contra los judíos en los medios de comunicación, en Internet o en manifestaciones
políticas han aumentado gravemente en Europa, un continente
con especial responsabilidad, y se producen cada vez con mayor fuerza en mu136
/ Nuestra Memoria
chos países de Asia y Africa. El Holocausto lo perpetró la Alemania nazi, pero
muchos otros Estados colaboraron activa o pasivamente.
En Córdoba se destacó el deber de la prensa de cuidar que la muy legítima
crítica al gobierno israelí no pase a ser un pretexto o una cobertura para manifestaciones
antisemitas. El ministro español de Relaciones Exteriores, Dr. Miguel
Angel Moratinos, pidió medidas concretas para combatir este fenómeno.
España, por su aislamiento durante el franquismo, y otros países tienen todavía
un camino por andar en la labor de concientización y educación, sobre todo en
las escuelas.
Termino con unas palabras que corresponden a estas tareas de la Fundación Memoria
del Holocausto y de otras. Es un artículo publicado por el embajador de
Israel en España, Víctor Harel, en el diario El País, el más divulgado en España.
Dice el embajador:
Los “afortunados” sobrevivientes, con sus números incrustados de por
vida en sus brazos, dejaron tras ellos en los crematorios y las cámaras de
gas a hijos, padres, familiares; en total, seis millones, un millón y medio
de niños. Un tercio del pueblo judío, aniquilado sistemáticamente por
haber cometido un único “crimen”: el haber nacido judío.
Se clausuraba así –¿realmente?– el Holocausto, la página más perversa
y diabólica de nuestra era, pero nosotros, israelíes y judíos de la Diáspora,
prometimos nunca olvidar, siempre recordar.
(…) El antisemitismo es una enfermedad crónica (¿incurable?) europea,
y como tal debe preocupar, más que a nadie y en primer lugar, a los
propios europeos.
Los remedios adecuados –y los hay– para combatir el cáncer antisemita
deben emanar de una obligación básica, de un principio moral europeo
y de un compromiso histórico ineludible. Uno de los caminos eficaces
reside en la educación, en la difusión de los conocimientos básicos
de la Shoá. Educar en el recuerdo, cultivar la memoria y todo lo que ella
acarrea, aun cuando sea desagradable. Si no, queda tristemente lo que
escribía Pilar Rahola: “El olvido ha sido una opción europea. De la desmemoria
nace la ignorancia, de la ignorancia renace el prejuicio y en el
prejuicio vuelve a habitar la intolerancia”.
El deber de recordar para nunca olvidar no es sólo del pueblo judío.
Para que nunca se repita la barbarie. ¡Nunca más!
*Traducción del inglés: Lic. Patricio A. Brodsky.
1 Copyright: Stone, Dan (ed.). The historiography of the Holocaust. New York, Palgrave-
Macmillan, 2004, pp. 383-396.
2 Broad, Percy. “KZ Auschwitz. Erinnerungen eines SS Mannes”, en Hefte von Auschwitz.
9:7-48, 1966, pág. 41. El autor fue oficial de las SS, en la División Política Auschwitz.
3 Novitch, Miriam. Le genocide des tziganes sous le régime nazi. Paris, AMIF and the Ghetto
Fighters’ House in Israel, 1968, pág. 3. La autora integra la Casa de los Combatientes del
Ghetto, en Israel.
4 Palabras pronunciadas el 16 de marzo de 1997, cuando se desempeñaba como Presidente Federal
de Alemania.
Los romaníes y
el Holocausto
Una nueva perspectiva*1
Dr. Ian
Hancock
Director de los Archivos y
Centro de Documentación
de los Romaníes de la
Universidad de Texas.
Fue el deseo del todopoderoso Reichsführer Adolf Hitler el hacer desaparecer
a los gitanos de la faz de la tierra.
PERCY BROAD.2
Los motivos invocados para justificar la muerte de los gitanos fueron los
mismos por los cuales se ordenó el asesinato de los judíos, y los métodos
usados con unos fueron idénticos a los que se emplearon con los otros.
MIRIAM NOVITCH.3
El genocidio de los Sinti y Roma fue llevado a cabo con la misma motivación
de manía racial, la misma premeditación y el mismo deseo de
exterminio sistemático y absoluto que el que orientó el genocidio de los
judíos. Familias completas, desde los muy pequeños hasta los muy ancianos,
fueron asesinados sistemáticamente dentro de la esfera de influencia
exclusiva de los nacionalsocialistas”
ROMAN HERZOG.4
Miriam Novitch se refiere, más arriba, a los motivos expresados para justificar el
asesinato de los romaníes –o “gitanos”– en el Holocausto, aunque en su pequeño,
pero original libro sólo está parcialmente en lo cierto: judíos y romaníes, de
hecho, compartieron –con los minusválidos– el estatus de ser señalados para su
138 / Nuestra Memoria
5 Bernadec, Christian. L’Holocauste oubié. Paris, Editions France-Empire, 1979, pág. 44.
eliminación debido a que eran percibidos como una amenaza contaminante de la
pureza genética del Herrenvolk, o “raza superior”, alemana, pero mientras los judíos
eran considerados una amenaza en diversos campos, como el político, el filosófico
y el económico, los romaníes sólo eran una amenaza “racial”.
Sin embargo, ninguno de los primeros ensayos sobre el Holocausto lo reconocía
en absoluto, o si no, entendían erróneamente que la “criminalidad” asociada
a nuestro pueblo era atribuida por los nazis a un mal incurable, de transmisión
genética y –por lo tanto– ideológicamente racial. En cambio, los escritores
sólo se centraron en la etiqueta de “antisocial” resultante de ella y fallaron
en conocer la conexión genética hecha por los propios científicos raciales nazis.
En 1950, el ministro del Interior de Württemburg les expresó a los jueces a
cargo de demandas de indemnización por crímenes de guerra que debían tener
presente que “los gitanos no fueron perseguidos, bajo el régimen nacionalsocialista,
por razones raciales, sino por sus antecedentes criminales y antisociales”.
Veintiún años después, la Convención de Bonn usó esto como justificación para
no pagar indemnizaciones a los romaníes, argumentando que su victimización
durante el período nazi sólo se debió a razones de seguridad. Nadie se pronunció
por cambiar esta posición, a consecuencia de lo cual se ha dañado inconmensurablemente
a los sobrevivientes y sus descendientes, si bien, en ese momento,
el genealogista francés Montandon observó: “Todos despreciamos a los
gitanos, ¿por qué entonces reprimirse? ¿Quién los vengará? ¿Quién se quejará?
¿Quién atestiguará?”.5
Las últimas dos o tres décadas han visto un gran aumento en las actividades
centradas en el Holocausto, el establecimiento de museos y monumentos conmemorativos
y la creación de programas educativos. Paralelamente ha surgido
un debate cada vez más estridente acerca de cómo será definido el Holocausto
y quién califica para ser incluido en él.
El sitio en Internet de la Liga Antidifamación define al “Holocausto” como
“la persecución y aniquilación sistemática de más de seis millones de judíos
como la principal política de Estado de la Alemania nazi y sus colaboradores
entre 1933 y 1945”.
El programa de la “33ª Conferencia Anual de Especialistas en el Holocausto
y las Iglesias” lo define como “el esfuerzo nazi por aniquilar a la judería europea”,
y en sus páginas no hace mención alguna a los romaníes.
En febrero de 1987, el US Holocaust Memorial Museum organizó una conferencia
titulada “Otras víctimas”, la cual incluyó un panel sobre los romaníes,
pero ni uno de ellos estuvo en la organización o entre los conferencistas. En este
momento (verano de 2003) no hay una representación romaní en el Consejo del
Holocausto.
Los romaníes y el Holocausto / 139
6 Lewy, Günther. The Nazi persecution of the gypsies. Cambridge, The University Press, 2000.
7 Margalit, Gilad. Germany’s gypsies. Cambridge, The University Press, 2002. Este aspecto “competitivo”
es particularmente explícito en una monografía anterior de Gilad Margalit, en la cual
afirmó que el “antigitanismo y el antisemitismo son dos fenómenos muy distintos de odio étnico,
diferentes en sus contenidos, dimensiones y apariencia. (…) (El) antigitanismo (…) es sólo
una preocupación marginal de la extrema derecha alemana, comparada con la constante, latente
y explícita preocupación respecto de los judíos y el judaísmo”. 1996, pp. 3 y 26.
8 En la West Chester University.
9 Ledgard, Jonathan. “Europe’s spectral nation”, en The Economist, 12/5/01, pp. 29-31.
10 Hancock, Ian. “Responses to the Porrajmos (the Romani Holocaust)”, in Rosenbaum Alan S.;
En forma análoga, la conferencia internacional “Los roma, una minoría en Europa.
Perspectivas históricas, sociales y culturales”, llevada a cabo en la Universidad
de Tel Aviv en diciembre de 2002, tampoco tenía romaníes entre sus
organizadores o conferencistas.
Sin embargo, sería impensable una conferencia acerca del destino de los judíos
en el Holocausto sin participación hebrea. No podemos ser tratados en
forma diferente.
Günther Lewy6 ha intentado argumentar que no sólo nuestro pueblo no fue
parte del Holocausto, sino que nuestro destino a manos de los nazis ni siquiera
calificó como un conato de acción genocida. Una postura similar ha sido tomada
recientemente por Margalit.7
Ya en las preguntas y respuestas de una charla que di en 2001,8 tras mi afirmación
de que los romaníes siempre fueron considerados sólo como una amenaza
racial, alguien del público gritó: “¡Y nada más!”. Es esta actitud competitiva
–y debo agregar, maliciosamente motivada y defensiva– la que quiero cuestionar
y desafiar.
Es poco erudito y profesional, especialmente en el contexto del Holocausto,
y no sirve a propósito alguno menospreciar la suerte de los romaníes. En cambio,
sólo debe reflejar la maldad de aquellos que intentan hacerlo. Si el Holocausto
nos enseña algo, es la preocupación por el tratamiento que reciben seres
humanos a manos de otros seres humanos y la vergonzosa insensatez de odiar a
otros por ser diferentes.
La relevancia actual de esto quedó clara en un editorial reciente de The
Economist, que señaló que los romaníes en Europa están “en el fondo de cada
indicador socioeconómico: el más pobre, el más desempleado, el menos educado,
el de vida más corta, el más dependiente de la seguridad social, el más encarcelado
y el más segregado”.9 Se pierde más energía argumentando contra
aquellos que buscan distanciar a los romaníes del Holocausto que en examinar
la relación entre éste y la actual condición de los primeros.
En un artículo publicado en 1996 señalé varios de los argumentos que han
sido elaborados para menospreciar el Porrajmos u Holocausto romaní,10 enfocando
uno por uno. En casi todos los casos, las declaraciones eran sencillamen140
/ Nuestra Memoria
Charney, Israel (eds.). Is the Holocaust unique? New York, Westview Press, 1996, pp. 39-72.
Algunos de los comentarios que he recibido incluyen: “los respectivos números totales de
víctimas no pueden ser comparados”, “había campos familiares para romaníes”, “el Holocausto
fue un castigo divino específicamente dirigido a los judíos”, “‘generalizar’ el Holocausto
disminuye su gravedad”, “‘generalizar’ el Holocausto debilita la justificación de la
existencia de Israel”, “los métodos nazis para tratar con los romaníes fueron más humanos”,
“los romaníes fueron responsables de su propio maltrato”. En idioma romaní, el Holocausto
es llamado “Baro Porrajmos”, o el “gran devorador” de vida humana.
11 Breitman, Richard. The architect of genocide. Himmler and the Final Solution. Hannover &
London, University Press of New England, 1991, pág. 20.
12 Reichsführer-SS-Dokument S-Kr. 1 Nr. 557/38. En realidad, las palabras “la Solución Final
de la Cuestión Gitana” aparecieron por primera vez en la página inicial del primer número
de The Journal of the Gypsy Lore Society, en 1888, cuya pregunta era cuál es el origen del
pueblo romaní, y su respuesta, el objetivo propuesto para esa nueva organización.
13 Hancock, Ian. “Gypsies, Jews and the Holocaust”, en Shmate. A journal of progressive Jewish
thought. Nº 17, 1987, pp. 6-15; Hancock, Ian. “Uniqueness of the victims. Gypsies, Jews and
the Holocaust”, en Without prejudice: International review of racial discrimination. Nº 1 (2),
1988, pp. 45-67; Hancock, Ian. “Gypsy history in Germany and neighboring lands. A chronology”,
en Crowe, David; Kolsti, John (eds.). The Gypsies of Eastern Europe. Armonk, E. C.
Sharpe, 1989, pp. 11-30; Hancock, Ian. “The roots of antigypsyism. To the Holocaust and
after”, en Colijn, Jan; Hancock, Ian; Sachs Littell, Marcia (eds.). Confronting the Holocaust.
A mandate for the 21st century. Lanham, University Press of America, 1997, pp. 19-49;
Hancock, Ian. “Downplaying the Porrajmos. The trend to minimize the Romani Holocaust”,
en Journal of Genocide Research. Nº 3 (1), 2000, pp. 56-63 y la nota 8.
te erróneas, como resultado de asumir que una situación había existido o no sin
molestarse en verificar los registros históricos.
Varios han escrito que no hubo una “Solución Final de la Cuestión Gitana”;
por ejemplo, Breitman escribió que “cualesquiera que sean sus debilidades, la
‘Solución Final’ se aplica a un grupo único y específico, que se define por descendencia.
A los nazis no se los conoce por haber hablado de la ‘Solución Final
del problema polaco’, o ‘del problema gitano’”.11
No obstante, el primer documento nazi referido a “la introducción de la solución
total al problema gitano a nivel nacional o internacional” fue bosquejado
bajo la dirección del secretario de Estado Hans Pfundtner, del Ministerio del Interior
del Reich, en marzo de 1936, y la primera referencia específica a “la solución
final de la cuestión gitana” fue hecha por Adolf Würth, de la Unidad de Investigación
de la Higiene Racial, en septiembre de 1937. La primera declaración oficial
del Partido acerca de la endgültige Lösung der Zigeunerfrage (“solución final de
la cuestión gitana”) fue emitida en marzo de 1938,12 firmada por Himmler.
Sin entrar en lo que cínicamente ha sido llamado las “Olimpíadas del sufrimiento”
–tema sobre el cual ya he expresado mis sentimientos más subjetivos
en otras partes–13, intentaré resumir los detalles y la secuencia del accionar nazi
contra los romaníes para quienes esta información es nueva.
He pagado un precio por mi franqueza y he perdido amigos y el apoyo de algunos,
mientras que ciertamente he ganado el de otros. Les propongo a quienes
Los romaníes y el Holocausto / 141
14 “The roots of antigypsysm…”, op. cit., pp. 19-49.
se han vuelto en mi contra que hagan una profunda revisión en sus corazones y
se pregunten por qué –realmente por qué– lo han hecho, si nada de lo que he
escrito ha sido fabricado ni escrito con un propósito malicioso.
Si bien es verdad que toda la retórica ‘minimizante’ se origina en algunos autores
judíos, debo apresurarme en aclarar que la mayoría de los argumentos en
apoyo del caso de los romaníes también nace de especialistas hebreos. De
hecho, casi la totalidad de las investigaciones sobre el Holocausto romaní es de
judíos. A pesar de los negadores, los hebreos son prácticamente los únicos amigos
que tenemos, y lo reconocemos.
Las razones del antigitanismo son complejas, y son el resultado de varios factores
diferentes que concurren al mismo tiempo. Lo he explicado más en detalle
en otro ensayo,14 pero –en síntesis– son: a) los primeros romaníes que llegaron
a Europa lo hicieron al mismo tiempo de –y debido a– la conquista turcootomana
del imperio cristiano-bizantino, y por consiguiente, también fueron
percibidos como una amenaza; b) los romaníes son una población no blanca, no
cristiana y extranjera; c) los romaníes nunca han reclamado un territorio geográfico,
ni han tenido economía, milicia o gobierno; d) su cultura mantiene un
estricto límite social entre los romaníes y el mundo no romaní.
Estas resultaron en métodos excesivamente bárbaros de control desde el
mismo momento de su llegada a Europa, a finales del siglo XIII, los cuales incluyeron
el asesinato y la tortura, la expulsión y la esclavitud. Sin embargo, la
mayor tragedia acontecida a la población romaní europea –aun mayor que los
cinco siglos y medio de esclavitud en Rumania– fue el intento por erradicarla,
como parte del plan nazi de tener una tierra ‘libre de gitanos’. Si bien no fue la
primera resolución gubernamental para exterminar romaníes (el emperador germano
Karl VI había emitido tal orden en 1721), fue –por lejos– la más devastadora,
destruyendo –finalmente– a más de la mitad de la población romaní en la
Europa ocupada por los nazis. Los romaníes fueron la otra –además de los judíos–
única población señalada para su exterminio por motivos étnico-raciales, siguiendo
las instrucciones de la “Solución Final”.
Cuando los nazis llegaron al poder, en 1933, las leyes alemanas contra los romaníes
ya habían estado vigentes por centenares de años. La persecución del
pueblo romaní empezó casi ni bien arribaron a las tierras germanoparlantes porque,
como forasteros, estaban –sin saberlo– rompiendo las leyes anseáticas, que
penaba el no tener casa o trabajo permanente, ni estar en el registro de contribuyentes.
También fueron acusados de ser espías de los musulmanes, a quienes
pocos alemanes habían visto alguna vez, pero sobre quienes habían oído muchas
historias aterradoras. No era ilegal matar a un romaní, y a veces había ‘cacerías
de gitanos’, en las cuales los romaníes eran atrapados y asesinados como
142 / Nuestra Memoria
15 Esta frase, usada por Tetzner, está documentada en Hehemann, Rainer. Die “Bekämpfung des
Zigeunerunwesens” im Wilhelminischen Deutschland und in der Weimarer Republik. 1871-
1922. Frankfurt, Haag & Herschen, 1987, pp. 99, 116 y 127; Wippermann, Wolfgang. Das
Leben in Frankfurt zur NS-Zeit. Die Nationalsozialistische Zigeunerfervolgung. Frankfurt,
Kramer, 1986, pp. 57-58. Nótese que, en Alemania, la población romaní se llama a sí misma
sinti y que la palabra “zigeuner” es el equivalente alemán de “gitano” y debe ser evitada.
16 Darwin, Charles. Die Abstammung des Menschen und die Geschlichtliche Zuchwahl. Stuttgart,
Scheitzerbartsche Verlag, 1871, pág. 63.
17 Dohm, Christian Wilhelm. On the civic improvement of the Jews. Stuttgart, 1781; Hundt-
Radowsky, Hartwig von. Der Judenspiegel. Munich, 1819; Knox, Robert. The races of men.
London, 1850; Gobineau, Arthur. L’inégalité des races humaines. Paris, 1855. Plötz, Alfred.
Grundlinie einer Rassenhygiene. Die Thchtigkeit unsrer Rasse und der Schutz der Schwachen.
Berlin, 1895. Schallmeyer, Wilhelm. “Einfhhrungen in die Rassenhygiene”, en Weichardt,
Wilhelm (ed.). Ergebnisse der Higiene. Berlin, 1917. Este último argumenta en favor del apareamiento
regulado de hombres y mujeres alemanes de “calidad genética conveniente” y de
la eutanasia de los de herencia inferior. (Op. cit., Vol. 2, pág. 455.)
18 Chamberlain, Houston S. Die Grundlagen des Neunzehnten Jahrhunderts. Leipzig, 1899.
19 Dillmann, Alfred. Zigeuner-Buch. Munich, Wildsche, 1905.
animales salvajes. Los bosques eran quemados para obligar a salir a cualquier
romaní que pudiera haber estado escondido allí.
Hacia el siglo XIX, especialistas en Alemania y otras partes de Europa escribieron
acerca de los romaníes y los judíos como seres inferiores y “el excremento
de la humanidad”.15 Incluso Darwin, en 1871, señaló a nuestras dos poblaciones
como no “culturalmente avanzadas”, como otros pueblos “asentados
territorialmente”.16 Esto cristalizó en actitudes específicamente racistas en los
escritos de Dohm, Hundt-Radowsky, Knox, Tetzner, Gobineau, Ploetz, Schallmeyer
y otros.17
Hacia 1880, el canciller Von Bismarck reforzó algunas de las leyes discriminatorias
estableciendo que los romaníes debían recibir un trato “especialmente
severo” si eran aprehendidos.
Alrededor de 1890, en Swabia, se dictó una conferencia sobre “La escoria gitana”
(“Das Zigeunergeschmeiß”), en la cual el ejército recibió plena autoridad
para limitar el desplazamiento de los romaníes.
En 1899, el inglés Houston Chamberlain, yerno del compositor Richard Wagner,
escribió el libro Los fundamentos del siglo XIX, en el cual abogaba por la construcción
de una “raza aria nuevamente concebida (…) y (…) especialmente
digna”.18 Esto fue usado para justificar la promoción de ideas acerca de la superioridad
racial germana y para cualquier acción opresiva tomada contra
miembros de poblaciones ‘inferiores’.
Ese mismo año fue creada, en Munich, la “Agencia de Información Gitana”,
dirigida por Alfred Dillmann, quien comenzó catalogando datos sobre todos los
romaníes en tierras germanas. Estos resultados fueron publicados en 1905, en el
trabajo de Dillmann Zigeuner-Buch,19 que sentó las bases de lo que le ocurriría
a nuestro pueblo en el Holocausto, treinta y cinco años después.
Los romaníes y el Holocausto / 143
20 Binding, Karl; Hoche, Alfred. Die Freigabe der Vernichtung Lebensunwerten Lebens. Leipzig,
Felix Meiner, 1920.
21 Liebich, Richard. Die Zigeuner in ihrem Wesen und ihre Sprache. Leipzig, Brockhaus, 1863.
22 Kulemann, Rudolf. “Die Zigeuner”, en Unserer Zeit. Nº 5 (1), 1869, pp. 843-871.
23 Un excelente resumen de esto puede encontrarse en Stone, Daniel. Breeding Superman.
Nietzsche, race and eugenics in interwar Britain. Liverpool, The University Press, 2002.
Zigeuner-Buch tiene unas 350 páginas, en tres partes. Primero, una introducción
que declaraba que los romaníes eran una “plaga” y una “amenaza” contra
la cual la población alemana debía defenderse usando “crueles castigos”, y que
advertía de los peligros de mezclar los genes romaníes y alemanes. La segunda
parte era un registro de todos los romaníes conocidos, con detalles genealógicos
y el prontuario criminal si existía, y la tercera parte era una colección de fotografías
de esa gente. Las ideas de Dillmann sobre la “mezcla de razas” después
se convirtieron en la parte central de las Leyes de Nüremberg, en la Alemania
nazi.
En 1920, un psiquiatra, Karl Binding, y un juez, Alfred Hoche, publicaron el
libro La erradicación de vidas indignas de vivirse,20 usando una frase que casi
sesenta años antes acuñara Richard Liebich en referencia específica a los romaníes,
21 y –poco después– empleara, otra vez para referirse específicamente a los
romaníes, Rudolf Kulemann.22 Entre los tres grupos “indignos de vida” estaban
los “enfermos mentales incurables”, y era a este grupo al que se consideraba que
pertenecían los romaníes. La eutanasia y, particularmente, la no reproducción a
través de la esterilización eran temas que –en aquel momento– recibían un trato
digno de atención en los Estados Unidos; los programas nazis fueron una extensión
de las investigaciones norteamericanas.23 Sólo cuatro meses después de
que Hitler se volvió canciller del Tercer Reich fue sancionada una ley que incorporaba
la frase “vidas indignas de vivirse”.
La percibida “criminalidad” romaní fue vista como una enfermedad de transmisión
genética, aunque no se tomaron en cuenta los siglos de exclusión de los
romaníes de la sociedad alemana, que hicieron del robo para el sustento una necesidad
para sobrevivir. Los “crímenes” enumerados en Zigeuner-Buch son casi
exclusivamente intrusiones ilegales y robo de comida.
En la década de 1920, la opresión legal de los romaníes en Alemania se intensificó
considerablemente, a pesar de que las leyes oficiales de la República
de Weimar decían que todos los ciudadanos eran iguales.
En 1920 se les vedó el ingreso a parques y baños públicos, y en 1925 se realizó
una conferencia sobre “La cuestión gitana” que resultó en la creación de
leyes exigiendo que los romaníes desempleados fueran enviados a campos de
trabajo “por razones de seguridad pública” y todos los romaníes fuesen registrados
por la policía. A partir de 1927, todos –aun los niños– debían llevar tarjetas
de identificación, que incluían sus huellas digitales y fotografías.
144 / Nuestra Memoria
24 Bartels, Erik; Brun, Gudrun. The Gipsies in Denmark. Copenhagen, Munksgaard, 1943, pág. 5.
25 Badische Zeitung, 28/8/92.
En 1929, se estableció, en Munich, la Oficina Central para el Combate contra
los Gitanos en Alemania, y en 1933, sólo diez días antes de la llegada de los
nazis al poder, funcionarios gubernamentales, en Burgenland (Austria), llamaron
a la anulación de todos los derechos civiles del pueblo romaní.
En septiembre de 1935, los romaníes quedaron involucrados en las restricciones
de las Leyes de Nüremberg para la Protección de la Sangre y el Honor
Germanos, que prohibía los matrimonios entre alemanes y “no arios”, específicamente
judíos, romaníes y afrodescendientes.
En 1937, la Ley de Ciudadanía Nacional relegó a romaníes y judíos al estatus
de ciudadanos de segunda clase, privándolos de sus derechos cívicos. También
en 1937, Heinrich Himmler emitió el decreto “La lucha contra la plaga gitana”,
que reiteraba que los romaníes de sangre mixta eran los más propensos a involucrarse
en la actividad criminal y requería que toda información sobre romaníes
fuese enviada desde los departamentos regionales de Policía a la Oficina Central
del Reich.
En su libro publicado en 1943, los sociólogos daneses Erik Bartels y Gudrun
Brun repitieron esta postura, evidentemente ignorantes de que la esterilización
de los romaníes ya estaba llevándose a cabo desde hacía una década:
Los gitanos puros no presentan grandes problemas, si sólo comprendiéramos
que su mentalidad no les permite insertarse en una sociedad
general ordenada (…). Los gitanos mestizos causan dificultades considerablemente
grandes. (…) (nada bueno) sale de la cruza entre un gitano y
una persona blanca (…). Alemania actualmente está contemplando la introducción
de disposiciones de esterilización para esas familias.24
Llamar plaga o enfermedad a una población en lugar de reconocerla como
parte de la familia humana es una técnica utilizada para deshumanizarla y distanciarla
de la sociedad. Tales términos fueron constantemente utilizados en el
Tercer Reich para referirse a judíos y romaníes, en un esfuerzo por insensibilizar
a la población general acerca del incremento en la rudeza en el trato impartido
en su contra; después de todo, las plagas y enfermedades necesitan ser erradicadas.
De modo perturbador, este idioma aún está entre nosotros: en 1992, el
Badische Zeitung tituló “¡Una pura enfermedad, estos gitanos!”.25
Entre el 13 y el 18 de junio de 1938 tuvo lugar en toda Alemania “La semana
de la limpieza de gitanos”(“Zigeunerauf-räumungswoche”, también llamada
“Aktion Arbeitschau Reich” y “Bettlerwoche” en la documentación), la cual
–como la “Kristallnacht” para el pueblo judío ese mismo año– señaló el coLos
romaníes y el Holocausto / 145
26 State Museum of Auschwitz-Birkenau (SMAB). Auschwitz memorial book. The Gypsies at
Auschwitz-Birkenau. Munich, K. G. Saur, 1993, pág. xiv. El resaltado es propio.
27 Kenrick, Donald. Historical dictionary of the Gypsies (Romanies). Lanham, The Scarecrow
Press, 1998, pp. 74-75.
28 Behrendt, Johannes. “Die Wahrheit über die Zigeuner”, en NS-Partei Korrespondenz. Nº 10,
1939, pág. 3.
mienzo del fin. Se envió un claro mensaje al público en general en relación a
ambas poblaciones: no habría penalización para el maltrato de judíos y romaníes,
ya que la propia institución que debía salvaguardar la sociedad alemana –la
Policía– así lo estaba haciendo abiertamente.
También en 1938 apareció la primera publicación partidaria referida a “La
Solución Final de la Cuestión Gitana” (die endgültige Lösung der Zigeunerfrage),
en un documento fechado el 24 de marzo, y fue repetida en una orden promulgada
por Himmler el 8 de diciembre de ese año y anunciada públicamente en el
NS Rechtsspiegel el 21 de febrero.
Así, en el Auschwitz memorial book hallamos que “la resolución final, como
fue formulada por Himmler en su ‘Decreto con regulaciones básicas para resolver
la cuestión gitana como lo requiere la naturaleza de la raza’, del 8 de diciembre
de 1938, significó estaban por comenzar los preparativos para la exterminación
total de los sinti y los roma”.26
También en 1938, Himmler publicó sus criterios para la evaluación biológica
y racial, los cuales determinaron que fuera investigado el origen de cada familia
romaní hasta tres generaciones atrás. La motivación racial de los nazis para
exterminar a los romaníes es clara a partir del hecho que incluso señalaron a las
personas semejantes a los romaníes, sin arriesgarse a que la población germana
sea contaminada con sangre romaní. Kenrick escribe:
En general, una persona con un abuelo judío no se veía afectado por la
legislación nazi antijudía, mientras que un octavo de “sangre gitana” era
considerada lo suficientemente fuerte como para prevalecer sobre siete octavos
de sangre germana; así de peligrosos eran considerados los gitanos.27
Este era un criterio dos veces más estricto que el que determinaba quién era
judío; si hubiesen aplicado éste a los romaníes, casi 20.000 habrían escapado de
la muerte.
El 16 de diciembre de 1941, Himmler emitió la orden de capturar romaníes a lo
largo de Europa Occidental y deportarlos a Auschwitz-Birkenau para su exterminio.
En 1939, Johannes Behrendt, de la Oficina de Higiene Racial, emitió una breve
declaración que decía: “Todos los gitanos deben ser tratados como hereditariamente
enfermos; la única solución es la eliminación. Por lo tanto, el objetivo debe
ser la eliminación sin vacilaciones de este elemento defectuoso de la población”.28
146 / Nuestra Memoria
29 Emil, Proester. Vrazdní cs. Cikánu v Buchenwaldu. Documento nº ÚV CSPB-K-135 de los Archivos
de Combatientes contra el Fascismo. Prague, 1940.
30 Müller-Hill, Benno. Murderous science. Elimination by scientific selection of Jews, Gypsies
and others. 1933-1945. Oxford, The University Press, 1988, pp. 58-59.
En enero de 1940 se llevó a cabo la primera acción genocida de masas del Holocausto,
cuando 250 niños romaníes de Brno fueron asesinados en Buchenwald,
donde fuero utilizados como conejillos de India para probar la eficacia de los
cristales de gas de cianuro “Zyklon-B”, que más tarde serían utilizados en las
cámaras de gas.29
En junio de 1941, Hitler ordenó la exterminación de todos los judíos, romaníes
y funcionarios políticos comunistas de toda la Unión Soviética. Reinhard
Heydrich, jefe de la Oficina Central de Seguridad del Reich y principal arquitecto
organizacional de la “Solución Final” nazi, ordenó a los Einsaztkommandos
matar a todos los judíos, romaníes y enfermos mentales, aunque –hasta ahora–
no ha sido hallada toda la documentación con los detalles completos relacionados
a judíos y romaníes.
Müller-Hill escribe:
Heydrich, a quien se le encargó la “Solución Final de la Cuestión
Judía” el 31 de julio de 1941, poco después de la invasión alemana a la
URSS, también incluyó a los gitanos en su “solución final” (…). El oficial
superior de las SS y jefe de Policía para el Este, en Riga, Dr. Landgraf, informó
al hombre de Rosenberg y comisario del Reich para el Este, Lohse,
de la inclusión de los gitanos en la “solución final”. Acto seguido, Lohse
dio la orden, el 24 de diciembre de 1941, de que los gitanos debían recibir
el mismo tratamiento que los judíos.30
Posteriormente, Burleigh y Wippermann escribieron:
El 21 de septiembre de 1939 tuvo lugar, en Berlín, una conferencia
sobre política racial organizada por Heydrich, en la cual pudo haberse
decidido una “Solución Final” de la “Cuestión Gitana”. De acuerdo a las
escasas minutas que han sobrevivido, se adoptaron cuatro temas: la concentración
de los judíos en ciudades, su relocalización en Polonia, el
traslado de 30.000 gitanos a Polonia y la deportación sistemática de judíos
hacia los territorios incorporados a Alemania usando trenes de
carga. El 17 de octubre de 1939 fue enviada una carta urgente de la Oficina
de Seguridad del Reich hacia sus agentes locales, mencionando que
la “Cuestión Gitana pronto será regulada en todo el territorio del Reich”
(…). En aquel momento, Adolf Eichmann recomendó que la ‘Cuestión Gitana’
sea resuelta simultáneamente con la ‘Cuestión Judía’ (…). El 16 de
diciembre de 1942, Himmler firmó la orden despachando a los Sinti y
Los romaníes y el Holocausto / 147
31 Burleigh, Michael; Wippermann, Wolfgang. The racial state. Germany. 1933. Cambridge,
The University Press, 1991, pp. 121-125.
32 Campo de gitanos.
33 SMAB, op. cit., pág. 3, nota 23.
Roma alemanes a Auschwitz. La “Solución Final” de la “Cuestión Gitana”
había comenzado.31
La orden de Himmler establecía que “todos los gitanos sean deportados hacia
el Zigeunerlager32 en el campo de concentración de Auschwitz, debido a su
grado de impureza racial”. El Memorial Book para los romaníes que murieron
en Auschwitz-Birkenau también dice:
El decreto de Himmler del 16 de diciembre de 1942 (Auschwitz-
Erlaß), de acuerdo al cual los gitanos debían ser deportados a Auschwitz-
Birkenau tiene el mismo sentido para los gitanos que la conferencia de
Wannsee, del 20 de enero de 1942, para los judíos. Este decreto –y el boletín
que le siguió, el 29 de enero de 1943– puede, de este modo, ser entendido
como una consecuencia lógica de la decisión tomada en
Wannsee. Después que había sido decidida que la suerte de los judíos
era terminar en la exterminación masiva era natural que el otro grupo
de personas racialmente perseguidas, los gitanos, se volvieran víctimas
de la misma política, la cual finalmente incluyó hasta soldados de la
Wehrmacht.33
En un artículo presentado en Washington, en 1987, en una conferencia sobre
el destino de las víctimas no judías del Holocausto patrocinado por el US
Holocaust Memorial Council, la doctora Erika Thurner, del Institut für Neuere
Geschichte und Zeitgeschichte de la Universidad de Linz, planteó que:
El infame decreto Auschwitz de Heinrich Himmler, del 16 de diciembre
de 1942, puede ser visto como la fase terminal de la solución final de
la cuestión gitana. El decreto sirvió de base para la exterminación completa.
De acuerdo a las instrucciones para su implementación, de 1943,
todos los gitanos –independientemente de su mezcla racial– serían destinados
a campos de concentración. El campo de concentración para familias
gitanas en Auschwitz-Birkenau fue previsto como su destino final
(…). Opuesto al hecho que la decisión de buscar una solución final para
la cuestión gitana llegó en una fecha posterior a la de la cuestión judía,
los primeros pasos para exterminar a los gitanos fueron dados antes de
esta decisión política.
148 / Nuestra Memoria
34 Milton, Sybil. “Nazi policies towards Roma and Sinti 1933-1945”, en Journal of the Gypsy
Lore Society. 5ª serie. Vol. 2 (1), 1992, pp. 1-18.
35 Breitman, R., op. cit., pág. 164.
36 Broad, P., oo. cit., nota 2.
37 Czech, Danuta; Laqueur, Walter. Auschwitz chronicle. 1939-1945. New York, Holt, 1979. Un
sobreviviente judío de Auschwitz que hoy vive en Los Angeles recordó la Zigeunernacht y
recientemente reveló que los nazis les dijeron a los hombres romaníes que si accedían a combatir
por Alemania en el frente ruso les perdonarían su vida y las de sus familiares. Accedieron,
fueron separados de sus mujeres y niños, y los fusilaron. Casi todos los gaseados a
continuación fueron mujeres y niños romaníes. El propósito de hacer –como Ulrich König
lo clarificó en su Sinti und Roma unter dem Nationalsozialismus (Bochum, Brockmeyer Verlag,
1989, pp. 129-133)– que las familias romaníes fuesen erradicadas juntas se volvió completamente
inmanejable para los guardias. Para una discusión adicional ver Hancock, I., op. cit.,
pág. 50, nota 8.
38 Rakelmann, G. A. (ed.). Loseblattsammlung für Unterrich und Bildungsarbeit. Freiburg im
Breisgau, 1979.
Esta orden parece haber sido el resultado de una decisión directa del propio
Hitler.34 Breitman reprodujo el comunicado emitido por el comandante de la
Policía de Seguridad, Bruno Streckenbach, luego de una reunión política con
Hitler y Heydrich realizada en Pretsch, en junio de 1941: “El Führer ha ordenado
la liquidación de todos los judíos, gitanos y funcionarios políticos comunistas
en todo el área de la Unión Soviética”.35
El oficial de las SS Percy Broad, quien trabajó en la división política en
Auschwitz y participó directamente en el asesinato de varios miles de prisioneros,
escribió en sus memorias, veinticinco años después, que “fue la voluntad
del todopoderoso Reichsführer Adolf Hitler hacer desaparecer a los gitanos de
la faz de la tierra”.36
El 14 de septiembre de 1942, en un encuentro partidario con Joseph Goebbels,
el Reichsminister de Justicia, Otto Thierack, anunció que “con respecto a la exterminación
de formas de vida antisociales, el doctor Goebbels es de la opinión
que judíos y gitanos deben ser –sencillamente– eliminados”.
El ex general de las SS Otto Ohlendorf dijo ante el tribunal militar de posguerra
de Nüremberg que, en las campañas de asesinato, “no había diferencia
entre judíos y gitanos”.
El 4 de agosto de 1944, unos 2.900 romaníes fueron gaseados y cremados en
Auschwitz-Birkenau en un solo acto, que es recordado como Zigeunernacht.37
No ha sido fácil determinar el porcentaje o el número de romaníes que murieron
en el Holocausto.
Bernard Streck señaló que “cualquier intento de expresar en términos numéricos
a las víctimas romaníes (…) no puede ser verificado por medio de listas o
ficheros o archivos de los campos. La mayoría de los gitanos murió en el este o
el sur de Europa, fusilados por las tropas de ejecución o por miembros de bandas
fascistas”.38
Los romaníes y el Holocausto / 149
39 König, U., op. cit., pp. 87-89, nota 33.
40 SMAB, op. cit., pág. 2.
Mucha de la documentación nazi aún debe ser analizada, y –como insinúa
Streck– muchos asesinatos no fueron registrados, ya que tuvieron lugar en los
campos y bosques donde los romaníes fueron arrestados. No hay datos precisos
acerca de la población romaní de preguerra en Europa, aunque el censo oficial
del Partido Nazi, de 1939, la estimó en unos dos millones, ciertamente una subrepresentación.
Con relación a los números, König dice:
La cifra de medio millón de Sinti y Roma asesinados entre 1939 y 1945
es demasiado baja para ser sostenida; por ejemplo, en la Unión Soviética,
muchos de los muertos romaníes fueron enumerados con rótulos inespecíficos
como “Liquidierungsübrigen” (saldo a ser liquidado), “parásitos”
y “partisanos” (…). El número definitivo de los muertos Sinti y Roma
nunca podrá ser determinado. No conocemos con precisión cuántos fueron
encerrados en campos de concentración; no todos los campos de concentración
produjeron material estadístico. Por otra parte, los Sinti y
Roma –a menudo– eran anotados bajo el encabezado de “saldo a ser liquidado”
y no aparecen en las estadísticas de gitanos.39
En los territorios orientales, especialmente en Rusia, los romaníes asesinados
–a veces– fueron clasificados en los registros en la categoría “Judíos muertos”.
El Memorial Book también trata la forma en que los romaníes fueron asesinados:
A diferencia de los judíos –la abrumadora mayoría de los cuales fue
asesinada en las cámaras de gas de Birkenau, Belzec, Treblinka y los
otros campos de exterminio masivo–, los gitanos, fuera del Reich, fueron
masacrados en muchos lugares; a veces, sólo unos pocos; y otras, por
centenares. Solo en el Generalgouvernement (los territorios orientales) se
conocen 150 lugares de matanzas gitanas. La investigación sobre el Holocausto
judío puede cuenta comparar los censos anterior y posterior a la
guerra para ayudar a determinar el número de víctimas en los países involucrados.
Sin embargo, esto no es posible para los gitanos, ya que sólo
rara vez eran incluidos en los censos nacionales. Por consiguiente, es una
tarea imposible encontrar el número real de víctimas gitanas en Polonia,
Yugoslavia, la Rutenia blanca y Ucrania, los lugares que quizá tuvieron
las mayores cantidades de víctimas.40
El cálculo realizado, en 1997, por el doctor Sybil Milton, entonces historiador
principal del US Holocaust Memorial Research Institute (Instituto de Inves150
/ Nuestra Memoria
41 Latham, Judith. “First US conference on Gypsies in the Holocaust”, en Current Affairs
Bulletin. Nº 3-23928. Washington, Voice of America, 1995.
42 Heine, Marie-Agnes. Roma victims of the Nazi regime may be entitled to compensation.
Geneva, International Organization for Migration-Office of Public Information, 2001, pág. 1.
tigación del Memorial del Holocausto de EE.UU.), de Washington, estimó el número
de vidas romaníes perdidas hasta 1945 en “entre medio millón y un millón
y medio”.41 Significativamente, la misma cifra apareció, otra vez, en noviembre
de 2001, en un informe de la International Organization for Migration
(Organización Internacional para la Migración), una institución creada para localizar
y compensar a víctimas romaníes, sobrevivientes del Holocausto. El informe
establece que “investigaciones recientes indican que más de 1,5 millones
de roma perecieron durante la era nazi”.42
Ciertamente es un hecho que las entrevistas, realizadas en los últimos cuatro
años, por personal romaní especializado que ha obtenido testimonios de primera
mano de demandantes de toda Europa central y oriental, han aportado sorprendentes
revelaciones sobre este tema: el número de sobrevivientes romaníes
es muy superior a cualquier estimación previa. Por extrapolación y a partir de
los relatos de testigos oculares documentados recientemente, el número de romaníes
que perecieron a manos de los nazis también ha sido groseramente subestimado.
Eventualmente, estas cifras corregidas encontrarán su lugar en el registro
público.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el registro de Alemania con respecto
al pueblo romaní ha sido menos que ejemplar. Nadie fue llamado a testificar
en nombre de las víctimas romaníes en los Juicios de Nüremberg, y nunca
se han pagado indemnizaciones por crímenes de guerra a los romaníes como
pueblo. Hoy, la actividad neonazi en muchas partes de Europa central y oriental
hace de los romaníes su principal blanco de violencia racial.
Kenrick resumió muy bien la situación posterior a 1945:
En los primeros años posteriores al final de la dominación nazi de Europa,
la comunidad gitana estuvo desorganizada. Las pequeñas entidades
educativas y culturales (romaníes) que existían antes de 1939 habían
sido destruidas. La estructura familiar fue rota con la muerte de las personas
mayores, los guardianes de las tradiciones. Mientras, en los campos,
los gitanos no habían podido mantener sus costumbres –la Romanía–
respecto de la preparación de la comida y el lavado de la ropa. Ellos
resolvieron los problemas psicológicos no hablando acerca del tiempo en
los campos. No podían contar su propia historia ya que sólo un pequeño
número de gitanos podía leer o escribir. Pero tampoco éstos tenían voluntad
de contar sus historias a otros, y pocos estaban interesados, de
todos modos. En los muchos libros escritos describiendo el período nazi
Los romaníes y el Holocausto / 151
43 Kenrick, D., op. cit., pág. 4.
44 Clayton, Martyn. Roma. A people on the edge. Braiswick, Felixstowe, 2002, pág. 110.
45 Resource book. Holocaust and human behavior. The facing history and ourselves national
foundation. Brookline, 1994.
46 Friedman, Ina. The other victims. First-person stories of non-Jews persecuted by the Nazis.
Boston, Houghton-Mifflin, 1990.
47 Bauer, Yehuda. “Gypsies”, en Gutman, Israel; Berenbaum, Michael (eds.). Anatomy of the
Auschwitz death camp. Bloomington, Indiana University Press, 1994, pp. 441-455.
y la persecución de los judíos, generalmente los gitanos aparecen como
una nota al pie o una pequeña sección.43
Martin Clayton ha hecho observaciones similares:
A diferencia de los judíos, cuya experiencia en el Holocausto dio nacimiento
a una renovada militancia política y una ráfaga de furiosa creatividad,
los gitanos fueron acallados cuando la guerra llegó a su fin. Su
circunspección se debió –en gran medida– a la eficiencia de la maquinaria
nazi de la muerte. Los más claros, integrados y jóvenes escritores, oradores,
actores y soñadores que produjeron los roma de la preguerra fueron
enterrados en fosas comunes a través de Europa central y oriental.
Hacia el final de la guerra, los roma europeos eran un pueblo decapitado
que buscaba a alguien que les ayudara a explicarse lo que había ocurrido.
En cambio, fueron recibidos con un muro de silencio y miradas en
blanco por parte de las autoridades. Ninguna indemnización, ninguna
disculpa, ninguna película u obra de teatro sobre su situación, ninguna
tierra nueva para establecerse y defender.44
Aún tenemos un largo camino por recorrer tanto para nuestra comprensión
del Porrajmos como para alcanzar su propio reconocimiento en el aula; el incluir
una sección acerca del Porrajmos debe ser visto como esencial en todo programa
de estudios romaní y del Holocausto. Uno de esos cuadernillos, Facing
History and Ourselves Organization’s Holocaust Resource Book,45 enumera sólo
cinco páginas en el índice “Sinti y Roma”, pero dieciocho de “Armenios” –quienes
no fueron víctimas del Holocausto–, mientras que la pregunta a continuación
de la sección sobre los romaníes –que consiste, únicamente, en una cita del
libro Las otras víctimas, de Ina Friedman–46 interroga cuáles son las “notables
diferencias” en el trato a los romaníes y a los judíos. Nuestra historia debe ser
presentada en su propio contexto y no como corolario de la de otro pueblo.
Un argumento que, a veces, se presenta es que los romaníes simplemente no
preocupaban a los nazis; hemos sido llamados una “ocurrencia tardía” en la política
nazi, incluso una mera “irritación menor”.47 Esto no es justo ni verdadero,
y las declaraciones que han sido publicadas sobre los romaníes, de haber
152 / Nuestra Memoria
48 Haberer, Eric. “The second sweep. Gendarmerie killings of Jews and Gypsies on January
29th, 1942”, en Journal of Genocide Research. Nº 3 (2), pp. 207-218.
49 Thurner, Erika. National Socialism and Gypsies in Austria. Chicago, The University Press,
1998, pág. xvi.
sido hechas acerca de los judíos, habrían sido inmediatamente condenadas por
antisemitas. A algunas de ellas probablemente se les pueda dar la razón por el
hecho que nuestro pueblo era –por lejos– muy inferior en número, era mucho
más fácilmente identificado y eliminado, y ya había sido blanco de políticas discriminatorias
aun antes de que Hitler llegara al poder. No requería mucho esfuerzo
por parte de los nazis para localizar y destruir a una población que no
tenía a alguien que se pusiera de su lado.
Haberer agrega:
(Respecto) de la persecución de gitanos debemos señalar que su situación
iguala a la de los judíos. Su liquidación fue parte integrante de la
agenda nazi para erradicar la “vida sin valor”. Inserto en el Holocausto
per se, el genocidio de los Roma en el Este permanece –en su mayor
parte– como una historia no contada. De alguna forma, su victimización
fue practicada aún más despiadadamente porque no tenían “‘valor económico”
y tradicionalmente fueron considerados como un pueblo con
una particular inclinación asocial y criminal (y) más extraño en apariencia,
cultura y lenguaje.48
Frente a todo esto y volviendo al problema de la motivación racial del exterminio,
podemos añadir la conclusión de la historiadora del Holocausto austríaca
Erika Thurner, quien escribió
Judíos y gitanos fueron igualmente afectados por las teorías y las medidas
raciales de los tiranos nazis. La persecución de los dos grupos se
llevó a cabo con la misma intensidad y crueldad radical. El genocidio
judío recibió la máxima prioridad en el planeamiento y ejecución, debido
al diferente estatus social de los judíos y también por su mayor número.
Debido a su cantidad más pequeña, los Roma y Sinti fueron un
problema “secundario” para los nazis.49
Los Naciones Unidas nada hicieron por ayudar a los romaníes durante o después
del Holocausto, ni –lamentablemente– los romaníes fueron mencionados
en alguna parte de la documentación del US War Refugee Board. Todo esto es
más enigmático dado que su situación ya era conocida por el Tribunal de Crímenes
de Guerra de Washington en 1946, dado que sus archivos contienen el
texto de la reunión entre el ministro de Justicia Otto Thierack y Josef Goebbels,
el 14 de septiembre de 1942, quienes llanamente declaran que:
Los romaníes y el Holocausto / 153
50 USGPO. War Crimes Tribunal File No. 682-PS, Volume 3: Nazi conspiracy and aggression.
Washington, The U.S. Government Printing Office, 1946, pág. 496. El destacado es propio.
El entonces fiscal titular del tribunal Benjamín B. Ferencz, fundador del Pace University’s
Peace Center de New York, recomendó que la U.S. War Refugee Board no incluyera a los romaníes
en sus pagos de compensación a sobrevivientes, los cuales sumaron varios centenares
de millones de dólares. “Gitanos” no fue mencionado en su documentación, y hasta la
fecha, el señor Ferencz no ha contestado a los varios pedidos de aclaración.
51 Heye, Uwe-Karsten; Sartorius, Joachim; Bopp, Ulrich (eds.). Learning from History. The Nazi
era and the Holocaust in German education. Berlin, Press and Information Office of the
Federal Government, 2000, pág. 14.
Con relación a la destrucción de la vida asocial, el doctor Goebbels es
de la opinión que los siguientes grupos deben ser exterminados: los judíos
y los gitanos, incondicionalmente; los polacos que hayan cumplido una
condena de 3 a 4 años de servidumbre penal, y los checos y los alemanes
condenados a muerte (…). La idea de exterminarlos mediante el trabajo
es la mejor.50
No obstante, la situación está mejorando gradualmente. En la propia Alemania,
el manual y el CD Rom sobre educación acerca del Holocausto preparado
para maestros y publicada por la Oficina de Prensa e Información del gobierno
federal en 2000 deja en claro que:
La investigación histórica reciente en los Estados Unidos y Alemania
no respalda el argumento convencional que los judíos fueron las únicas
víctimas del genocidio nazi. En verdad, el asesinato de judíos por los
nazis difiere de otros asesinatos nazis de prisioneros políticos y opositores
extranjeros porque estaba basado en un fundamento genético del origen
de las víctimas y no en su conducta. El régimen nazi aplicó una consecuente
y completa política de exterminio basada en la herencia genética
sólo contra tres grupos de seres humanos: los discapacitados congénitos,
los judíos y los Sinti y Roma (“gitanos”). Los nazis asesinaron multitudes,
incluyendo a opositores políticos y religiosos, miembros de la resistencia,
las élites de naciones conquistadas y homosexuales, pero siempre
basó estos asesinatos en la creencia, acciones y estatus de esas víctimas.
El criterio diferente sólo se aplicó al asesinato de los discapacitados,
los judíos y los “gitanos”. Los miembros de estos grupos no podían
escapar a su destino cambiando su conducta o creencia. Ellos fueron seleccionados
sólo por existir.51

La “Noche de los Cristales”:
cerrando el cerco…
Prof. Abraham
Zylberman
Docente de Historia
e Historia judía,
especializado en
estudios de la Shoá.
El año 1938 fue decisivo en las condiciones de vida de los judíos alemanes.
Luego de la anexión de Austria, en marzo, la política antijudía comenzó a implementarse
allí con mayor brutalidad, dado que en poco tiempo debieron entrar
en vigencia normas que en la propia Alemania habían demorado cinco años.
Entre las medidas tomadas encontramos la declaración obligatoria de los bienes
de los judíos, paso previo a las confiscaciones masivas (20 de abril); la imposición
de agregarse los nombres “Israel”, el varón, o “Sara”, la mujer (18 de
agosto); la eliminación de las excepciones que favorecían a los abogados excombatientes
(27 de septiembre); el sellado de los pasaportes y documentos de
identidad con la letra “J” (7 de octubre). Una semana después, Goering declaró
que había llegado el momento de terminar con la “cuestión judía”. Los hebreos
debían abandonar Alemania, pero no ponían a su disposición los medios para
hacerlo o para poder iniciar una nueva vida en el extranjero.
El mismo día que se impuso el sellado de los pasaportes de los judíos, el gobierno
polaco ordenó confidencialmente a sus embajadas no renovar esos documentos
a los judíos que estaban en el extranjero por un lapso mayor a cinco
años. Más de veinte mil israelitas polacos que vivían en Alemania desde hacía
muchos años, escapando de las penurias y miserias existentes en su país natal,
se convirtieron en apátridas.
El gobierno polaco negó el permiso de entrada tanto a los judíos germanos
como a los de Austria, y entonces, varios millares de desplazados debieron permanecer
en Zbaszyn, una “tierra de nadie” cercana a la frontera, bajo un clima
riguroso y esperando que esos regímenes acordaran qué hacer con ellos.
Un judío expulsado en la ocasión, Zindl Shmuel Grynszpan, declaró como
testigo en el juicio a Adolf Eichmann, realizado en Jerusalén, en 1961 después
de su captura en la Argentina:
Nací en Polonia, en 1886, y llegué a Alemania desde mi ciudad natal,
Radomsk, en 1911. El 27 de octubre de 1938, un jueves por la tarde, vino
156 / Nuestra Memoria
1 Hashoá Vehamishpat. Parashat mishpat Eichmann utkufat hashoá. Jerusalén, 1961, pág. 96.
(Traducción del autor.)
2 Ibíd., pág. 97.
un policía y nos dijo que fuéramos a la seccional de la Zona 11 con nuestros
pasaportes. Nos dijo que volveríamos de inmediato y que nada debíamos
llevar con nosotros. Cuando llegué a la oficina, vi mucha gente. Algunos,
parados; otros, sentados; algunos, llorando. Un empleado policial
les gritaba que firmaran, la orden de expulsión. Me vi obligado a firmar.
Uno de los hombres –creo que se llamaba Guershom– se negó a firmar. Se
lo obligó a pararse en un rincón por veinticuatro horas. Nos llevaron al
“Salón de Conciertos”, donde habían reunido a personas de diferentes
zonas, unas seiscientos en total. Nos quedamos hasta el viernes a la
tarde, unas veinticuatro horas. Luego nos llevaron en unidades de la Policía,
unas veinte personas por coche, hasta la estación de tren. En el camino
escuchamos gritos como “Judíos a Palestina”. Nos transportaron
por tren a Zbaszyn, en la frontera polaca, el sábado por la mañana.
Vimos convoyes que llegaban desde distintos puntos: Berlín, Colonia,
Hamburgo, Düsseldorf, Bremen. En total, éramos unas 12.000 personas.
Cuando llegamos a la frontera, nos revisaron buscando dinero. Quien
tenía más de diez marcos debía entregar la diferencia. Nos dijeron: “Diez
marcos. Más no trajeron a Alemania y más no se llevarán”.1
Entre esos deportados se encontraba la familia Grynszpan, cuyo hijo Herszel
vivía con un tío en París. Su hermano, Mordejai Eliezer, también testigo en el
juicio a Eichmann, relató:
Vi a mi hermano Herszel (Herman) por última vez en 1935, cuando
viajó de Hannover a Frankfurt para estudiar en la Ieshivá. De allí viajó a
Francia, invitado por un tío. Su última carta desde París la recibimos en
Zbaszyn. Dos semanas antes del estallido de la guerra nos mudamos a
Radomsk, y ya no recibimos cartas de él. Le escribimos, y cuando llegaron
los alemanes, enseguida buscaron a los Grynszpan. Ellos sabían de
nosotros (…). Cruzamos la frontera en Bialystok y llegamos a Rusia. Fui
enrolado en el ejército, y al finalizar la guerra, encontré a mis padres en
Astrakán, Rusia. Al regresar a Polonia, después de la guerra, escribí a
distintas organizaciones en busca de familiares. Respecto de mi hermano,
recibí respuestas negativas. Viajé a París. Busqué por todas partes, les
escribí a los medios de prensa, envié mensajes por medio de la radio,
pero –hasta hoy– no recibí respuesta alguna.2
El 6 de noviembre, Herszel compró un revólver, aprendió su uso y se dirigió
a la embajada alemana. Intentaba buscar una víctima que expiara por el sufrimiento
que sus familiares y el resto de los judíos expulsados de Alemania y
La “Noche de los Cristales”: cerrando el cerco… / 157
3 Ibíd., pág. 101.
4 Poliakov, León. Breviario del odio. Buenos Aires, 1954, pág. 32.
Austria atravesaban en Zbaszyn. Le salió al encuentro el consejero de la embajada,
Ernst vom Rath, a quien Grynszpan disparó su arma. Dos días más tarde,
Vom Rath murió como consecuencia de las heridas recibidas.
En Alemania, el NSDAP (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes)
se organizaba para conmemorar, el 9 de noviembre, el 15º aniversario
del putsch de Münich. Esta conmemoración habría de transformarse en manifestaciones
“espontáneas” de venganza contra los judíos. Contó Beno Cohen en
el juicio a Eichmann:
El 7 de noviembre de 1938 fue un día histórico. Se difundió la noticia
que el consejero de la embajada alemana en París, Ernst vom Rath, fue
víctima de los disparos de un joven judío, Herszel Grynszpan (….). Pocos
años antes, otro joven judío, David Frankfurter, hoy en Israel, había atentado
contra el gauleiter Gustloff, entregándose luego a la policía suiza.
Dijo entonces que su acto fue en venganza por los ataques contra los judíos
y la degradación de su pueblo. Estuvo encarcelado hasta 1944. La
noche del 9 de noviembre, cuando se difundió la noticia de la muerte de
Vom Rath, fue la más tormentosa y decisiva de toda aquella época. Es conocida
como la Kristallnacht. La palabra no refleja toda la gravedad de
los hechos. La rotura de los cristales no fue más que un pequeño capítulo
de los acontecimientos. Por la noche hubo ataques y fueron destruidas
las vidrieras de los comercios judíos.3
Un documento nazi, el informe que el juez supremo del partido, Walter Buch,
redactó tres meses después, ilustra acerca de la génesis de los hechos:
La noche del 9 de noviembre de 1938, el camarada doctor Goebbels
reunió a los jefes del Partido en una velada amigable en el viejo hotel de
Münich y les comunicó que en las provincias de Hesse y Magdeburg se
habían producido manifestaciones antisemitas, destruido comercios judíos
e incendiado sinagogas. Se dio parte de los sucesos al Führer, quien
decidió que esas demostraciones no debían ser preparadas ni organizadas
por el Partido, pero que –siendo espontáneas– no debían ponerse
obstáculos a las mismas.
Las instrucciones verbales del ministro de Propaganda fueron interpretadas
por todos los jefes con exactitud: el Partido no debía aparecer
públicamente como instigando las demostraciones, pero –bajo
cuerda– debía organizarlas y ejecutarlas. Una gran parte de los camaradas
presentes se apresuró a telefonear a sus respectivas provincias
en ese sentido.4
158 / Nuestra Memoria
5 Ibíd., pág. 33.
6 Hashoá…, op. cit., pág. 101.
En la madrugada, un telegrama de la Gestapo fue dirigido a todas las seccionales
de la Policía. El mismo, firmado por Reinhard Heydrich, jefe de la Oficina
de Seguridad del Reich, especificaba que se esperaban manifestaciones antisemitas
esa misma noche. También ordenaba a las seccionales de Policía contactarse
con la dirección política de la provincia y velar por que no peligrara la
vida y propiedad de alemanes, impedir el saqueo de negocios y viviendas de judíos
después de su asalto y procurar que los extranjeros, incluso judíos, no fuesen
molestados. Los comisarios no debían intervenir, sino limitarse a observar.
Tan pronto se inicien los acontecimientos, los inspectores de Policía
procederán a detener a los judíos –preferentemente los judíos ricos–,
tanto como lo permitan los calabozos. Debe apresarse, en primer lugar, a
los judíos relativamente jóvenes, de sexo masculino y que gocen de
buena salud. Después de efectuadas las detenciones deberán ponerse en
comunicación con los campos de concentración correspondientes, a fin
de que procedan a albergarlos.5
En su testimonio, Cohen continuó relatando que en todas las ciudades se repetían
las mismas imágenes: destrucción, irrupción en casas de judíos, destrucción
de objetos, captura de los hombres y su traslado a lugares desconocidos,
quizá campos de concentración. Los judíos eran detenidos, y si no los encontraban
en sus hogares, los buscaban en las calles hasta completar el número que
debía ser apresado, el cual –hasta el 20 de noviembre– superó los 30.000. “Cada
judío arrestado era informado que si abandonaba Alemania, sería liberado. Esta
promesa promovió una afluencia masiva y desordenada hacia las oficinas palestinas,
que fueron cerradas por la Policía.”6
Otro testigo de los hechos fue el corresponsal de The New York Times, quien
narró:
Soy el corresponsal de la oficina en Berlín, reportando a The New
York Times, en Nueva York. Son las 9.30 aquí, en Berlín, el 10 de noviembre
de 1938. He pasado ocho horas y media espantosas, siguiendo a
las tropas nazis en lo que podría ser la peor agresión contra los judíos en
este hemisferio. Acabo de llegar de una de las más grandes sinagogas de
Alemania, que está totalmente en llamas. El ejército inició el fuego antes
del amanecer. El incendio deliberado de la sinagoga y el pogrom fue en
venganza por el asesinato de un diplomático alemán, Ernst vom Rath,
por un muchacho polaco judío, Herszl Grynszpan, de 17 años. Han habido
más saqueos e incendio de sinagogas. Muchos judíos asesinados,
La “Noche de los Cristales”: cerrando el cerco… / 159
7 Genocidio, filme de 1981.
8 Poliakov, L. Breviario…, op. cit., pág. 33.
9 Ibíd., pág. 34.
10 Idem.
mujeres violadas. El líder de la comunidad judía, el rabino Leo Baeck, me
acaba de decir por teléfono: “Después de esto, el futuro es doloroso. No
tenemos adónde ir. Nadie nos quiere”.7
Al día siguiente, Hermann Goering recibió el siguiente informe de Heydrich:
Aún no podemos suministrar las cifras completas de las propiedades
judías saqueadas. He aquí las ya conocidas: 815 almacenes demolidos,
29 depósitos incendiados. Dada la urgencia, la gran mayoría de los informes
que nos han llegado dan datos generales como “destrucción de
numerosos negocios” o “destrucción de la mayoría de los almacenes”.
Unas 111 sinagogas fueron incendiadas y 18, completamente destruidas.
Unos 20.000 judíos detenidos, al igual que 7 arios y 3 extranjeros. Unos
36 judíos asesinados y 26 con heridas graves.8
Lo ocurrido la noche del 9 al 10 de noviembre fue tratado con amplitud en la
reunión convocada por Goering después de recibir el informe de Heydrich. El
jefe del RSHA mencionó la destrucción de 7.500 comercios. Los archivos del
campo de Buchenwald señalan que, entre el 10 y 13 de noviembre, ingresaron
10.454 judíos, que sufrieron maltratos, torturas, golpizas y humillaciones, mientras
que a través de altoparlantes se proclamaba: “A todo judío que quiera ahorcarse
se le ruega hacerlo cuidando tener en la boca un trozo de papel con su
nombre, para que sepamos de quién se trata”.
El pueblo alemán, testigo del pogrom, no se conmovió ante los acontecimientos,
manteniendo su actitud de indiferencia. Como escribió Rauschning, en
1939: “La reacción del pueblo alemán ante los pogroms del otoño de 1938 prueba
hasta qué punto Hitler lo envileció en sólo cinco años”.9 Y Karl Jaspers agregó:
“Mientras las sinagogas ardían y los judíos eran deportados por primera vez,
en noviembre de 1938… los generales miraban; los comandantes de las distintas
ciudades podían intervenir… pero nada hicieron”.10
Algunos magistrados de la Justicia ordinaria abrieron sumarios por asesinatos
y violaciones, actos que no habían sido incluidos en las órdenes de la Gestapo.
El Partido intervino y llevó los casos a su jurisdicción. El juez supremo, Buch,
examinó solamente dieciséis de los 91 sumarios. En trece casos de asesinato suspendió
las actuaciones, pues los actores malinterpretaron las órdenes recibidas
y “debieron sobreponerse a fuertes inhibiciones psíquicas al cumplir su cometido”.
¿Podían ser castigados quienes no hicieron más que obedecer las exigen160
/ Nuestra Memoria
cias del Partido? Cada participante del pogrom aplicó, además de la aparente voluntad
del liderazgo partidario, lo que su propia voluntad percibía.
Al pogrom le siguieron decisiones legales y administrativas para completar el
proceso de “arianización”; es decir, la transferencia de bienes de manos hebreas
a arias para impulsar –con mayor fuerza– la emigración de judíos, aislarlos
completamente de la población general y anular la relativa autonomía con la
cual se manejaba el cuerpo representativo del judaísmo alemán.
Estos objetivos fueron impulsados en una reunión convocada el 12 de noviembre,
y en la cual Goering anunció que el Führer le había asignado la implementación
de esa política hacia los judíos del Reich. Allí se decidió, entre otras
cosas, que las víctimas pagaran una multa de 1.000 millones de reichsmarks…
¡por haber provocado a los alemanes, que no hicieron más que defenderse!
La reacción ante los acontecimientos fue expresada en la prensa occidental y
la opinión pública, pero no afectó a Alemania. El presidente Roosevelt convocó
al embajador Hugh Wilson en protesta y declaró su profunda conmoción; el
embajador alemán, en respuesta, también fue convocado a su patria ante la “interferencia
norteamericana en los asuntos internos de Alemania”. La reacción
pública logró que los países europeos aceptaran el ingreso de más refugiados,
especialmente niños. Pero tampoco era suficiente para responder a las necesidades
reales de los judíos.
En la noche del 9 al 10 de noviembre se produjo un giro crucial en la historia
de los judíos alemanes. Fue la primera experiencia de violencia antisemita a
gran escala y abrió el camino para la completa erradicación de los judíos de la
vida alemana. Para éstos, en definitiva, significó un agravamiento extraordinario
de sus condiciones; para los jefes nazis, implicó el convencimiento de que
–en adelante– estarían permitidas todas las brutalidades y excesos contra los judíos.
La “Noche de los Cristales”, con de los Cristales”, con todo su peso de
crueldad y agresividad, aún no mostraba la verdadera cara del horror nazi.
Viena o los dilemas del
pasado
Imágenes de una compleja realidad
citadina
Dr. Pedro
Germán
Cavallero
Abogado. Coordinador
del National Council
of La Raza (NCLR)
Washington.
Acaso pocas ciudades europeas presenten contrastes tan difíciles de conciliar
como Viena. Los acontecimientos políticos y las manifestaciones sociales y culturales
que en ella tuvieron lugar durante el siglo XX la convierten en una metrópolis
compleja, con múltiples interrogantes.
La sofisticación de los vieneses ha sido una constante histórica, con sus tradicionales
cafés, la afición por los periódicos, una devoción sin límites por la
ópera, la sobriedad y elegancia en el vestir y las interminables veladas de waltz.
Un mundo que inspiró a compositores como Mozart, Beethoven y Schubert.
También al padre del psicoanálisis. Sigmund Freud desarrolló en Viena sus estudios
–en su momento escandalosos– sobre las neurosis e histerias y el mundo
por entonces inexplorado de los sueños.
Por otra parte, esa innegable sofisticación no logró inmunizar a la ciudad contra
el avance totalitario de las décadas de 1930 y ’40. Entonces, Viena se rindió
por completo a los “encantos” del nazismo, y sus habitantes sucumbieron a las
manifestaciones antisemitas más grotescas.
Paul Hoffman, periodista norteamericano de origen vienés, equiparaba su
ciudad natal con un gigantesco museo al aire libre: “La capital austríaca exhibe
todo aquello que fue hace ya mucho tiempo”.
Al recorrer la espectacular avenida Ringstrasse –que encierra el casco histórico
y enmarca un repertorio interminable de palacios–, a uno lo invade una
fuerte sensación de melancolía. Parece que el presente vienés fuera simplemente
una ilimitada y eterna reedición del pasado.
El final de la guerra dejó a Viena en ruinas: entre 1943 y 1945, cuarenta mil
viviendas fueron destruidas –incluyendo hitos urbanos, como el edificio de la
Opera y la Catedral de San Esteban–, además de causar casi diez mil víctimas.
Sin embargo, ese capítulo quedó cerrado hace tiempo, y su geografía urbana ha
recuperado su armonía distintiva. En la actualidad, Viena es una de las capitales
más atractivas del continente.
162 / Nuestra Memoria
Una presencia incómoda
Al preguntarle unos periodistas a Simon Wiesenthal por qué había decidido radicarse
en Viena tras la Segunda Guerra Mundial, el legendario “cazador de
nazis” respondió cándidamente que una parte de su sociedad era “responsable”
de la Shoá. De este modo, su vida entre los vieneses constituía una declaración
de alto contenido emocional y político.
Wiesenthal se convirtió en un “recordatorio humano”, rodeándose de quienes
estaban empeñados en olvidar. Hasta su muerte, ocurrida en septiembre pasado,
a los 96 años, se dedicó a la búsqueda obsesiva de los perpetradores de la
Shoá. Hasta el mismo final de su vida resistió las reiteradas invitaciones para
emigrar, incluso aquellas llegadas desde Israel. En última instancia, lo sorprendente
no resultó su compromiso con dicha empresa, sino que escogiera dar esa
batalla en un medio tan poco dispuesto a acompañarlo.
Wiesenthal había nacido en 1908, en Buczacz (hoy, parte del territorio ucraniano).
Sobrevivió el exterminio nazi y fue rescatado por los aliados del campo
de Mauthausen. Posteriormente fue transferido a un centro de recuperación, en
la base aliada de Lidz. Una vez concluida la guerra, echó raíces en Austria,
cuando el país empezaba a transitar, de forma errática, la realidad de la posguerra.
Detrás quedaban siete años como provincia satélite del Tercer Reich; por delante,
una década bajo la ocupación de las cuatro potencias aliadas victoriosas.
Con el paso de los años, su enorme capacidad para convocar a la prensa y generar
polémicas, anuncios y revelaciones inesperadas (según sus detractores,
motivado por un marcado egocentrismo) sacudieron ese impenetrable muro de
silencio construido en torno al pasado. Al mismo tiempo, el viejo “cazador de
nazis” se convertía en una presencia incómoda, recuperando imágenes de la
vida nacional desvanecidas del ideario colectivo.
Uno de los elementos que contribuyó a fomentar en los austríacos esa condición
de “víctimas del nacionalsocialismo” (cuando la unión al Reich alemán fue
apoyada masivamente) surgió de una olvidada declaración política. Emitida
sobre fines de 1943, la “Declaración de Moscú” aludía a Austria como una víctima
de la opresión alemana. A su vez, condicionaba el tratamiento que los aliados
darían al país en la posguerra a los esfuerzos que los mismos austríacos hicieran
por “liberarse” del Tercer Reich. Según Hoffman, este documento fue
posteriormente manipulado y convertido en una especie de salvoconducto que
permitiría a Austria reingresar en la comunidad internacional.
Tan pronto concluyó la guerra, las relaciones entre los antiguos aliados (Estados
Unidos, Francia y el Reino Unido, por un lado, y la Unión Soviética, por
el otro) se deterioraron de manera irreversible. Al poco tiempo, el mundo de
posguerra daba paso a la “Guerra Fría”.
Como consecuencia de su ubicación en las mismas puertas del imperio soViena
o los dilemas del pasado / 163
viético, Austria adquirió un valor geoestratégico crucial en el tablero global.
Washington, Londres y París decidieron anclarla políticamente en Occidente.
La realidad de una inminente confrontación con la Unión Soviética no dejaba
espacio para “otras consideraciones”. Al mismo tiempo, las cuentas pendientes
de un conflicto ya superado debían hacerse a un lado. Había nacido la confrontación
entre los dos bloques.
Tropezando con el pasado
En la actualidad, uno de los puntos de mayor interés en la ciudad es la Judenplatz,
en el sector histórico. En 2000, allí se construyó el memorial de la Shoá. Tras
largas marchas y contramarchas, éste fue inaugurado oficialmente en un momento
político muy delicado para el país: la coalición gobernante se había integrado
nada menos que con la participación del Partido de la Libertad como
socio minoritario. Esta agrupación política se caracterizaba por una fuerte retórica
antieuropeísta y antiinmigrante y estaba integrada por nacionalistas, revisionistas
históricos y otras voces del neonazismo local.
Por entonces, su líder –y artífice de la llegada al poder– era el mediático Jorg
Haider. Precisamente, Haider construyó su ascenso político sobre el final de la
década de 1990, cuando Austria trataba de reparar su dañada imagen internacional
en la era post-Waldheim.
Haider surgió, entonces, como un hábil e incansable manipulador de la opinión
pública. Oriundo de la región de Carintia, de aspecto atlético y jovial, proyectó
su imagen al plano nacional con una seguidilla de comentarios disparatados.
La prensa local, y luego los medios del exterior, amplificaron estas declaraciones
estridentes sobre la “excelente política laboral del nazismo” o los importantes
“servicios prestados” por tantos austríacos a las tropas del Tercer
Reich.
Haider también dirigió sus ataques a un conocido dirigente judío local, jugando
con palabras y expresiones (“barra de jabón”) que en ese contexto evocaban
el genocidio nazi. Curiosamente, la batería de ataques e insultos terminó por
posicionarlo como un referente indiscutido de la derecha local. Lejos de marginarlo
de la vida política, lo catapultó internacionalmente. Con un Haider fortalecido
y su partido sentado cómodamente a la mesa del gabinete nacional, Austria
se disponía a rememorar la Shoá.
Mucho se ha escrito acerca del memorial. También sobre el controvertido proceso
que transcurrió desde la gestación de la idea hasta la construcción de la
obra. La misma corresponde a la artista británica Rachel Whiteread. Consiste en
una biblioteca cerrada (su doble puerta de ingreso está sellada), cuyas paredes
exteriores exhiben estantes completos de libros invertidos, simbolizando acaso
un conocimiento inalcanzable o perdido para siempre.
164 / Nuestra Memoria
En cambio, poco se ha analizado la relación existente entre el memorial y la
ciudad. Resulta sorprendente para quien recorre la zona cómo esta construcción
sólida, maciza, que se interpone en el camino, puede eventualmente ver debilitado
su mensaje. Al haber sido levantada en una plaza, encajonada por enormes
edificios que se cierran sobre ella, lleva a preguntarnos si acaso el paso del tiempo
lo convertirá en un mero accidente urbano cuando sus numerosos críticos y
opositores pierdan interés o la misma inclemencia del tiempo lo vuelva menos
conspicuo, erosionándolo y volviéndolo una pieza más de la realidad citadina.
En última instancia, Viena es una ciudad en la cual las capas de historia se
superponen unas a las otras, cubriendo por igual grandes proezas, sostenidas luchas
y también una buena dosis de tragedias e infamias. Quizá la clave radique
en desarrollar proyectos educativos que aseguren la perdurabilidad de las enseñanzas
dejadas por el siglo XX.
Kreisky y después
Bruno Kreisky fue una de las figuras políticas austríacas más interesantes de la
posguerra. De origen judío, procedente de una familia oriunda de Moravia, agnóstico
y fuerte exponente del socialismo centroeuropeo.
Desde Viena, gobernó como canciller un país que literalmente vio extinguirse
a su población judía. A comienzos de 1938, 170.000 judíos vivían en la capital,
integrantes de una comunidad con altos índices de integración y también de
conversión al catolicismo. Sobre finales de ese mismo año, la presencia judía en
Viena cayó drásticamente a 64.000 personas, como resultado del acelerado proceso
de expulsión implementado. Seis años después, al ingresar en la ciudad las
tropas rusas –tras arduos combates con los últimos vestigios del Tercer Reich–,
entre los sobrevivientes se contaban alrededor de doscientos residentes judíos.
Por todo ello, no deja de ser sorprendente la elección de Kreisky como canciller,
cuando las secuelas de la guerra –y la misma experiencia de la Shoá– estaban
aún tan frescas.
Kreisky se mantuvo en el poder durante trece años, entre 1970 y 1983. Su
administración despojó a Viena de esa condición provinciana a que la había reducido
su asociación como satélite de la Alemania hitlerista. También debió
despojarse de los grises años vividos bajo la ocupación aliada, que habrían de
culminar con la recuperación de la soberanía, en 1955.
El “Kaiser Bruno” –como lo apodaron sus connacionales– fue el promotor de
la Viena actual: una capital cosmopolita, altamente integrada a Europa, conectada
al mundo, frecuentada por funcionarios internacionales, hombres de negocios
y viajeros y centro predilecto del turismo continental. Su visión quedó plasmada
a través de los varios organismos internacionales que aceptaron su propuesta
–tras intensos cabildeos en los foros mundiales–, radicándose en Viena.
Viena o los dilemas del pasado / 165
En última instancia, Kreisky buscaba “amarrar” a Austria de manera definitiva
a la comunidad internacional. Quería convertir la experiencia del Anschluss
de 1938 en una aberración histórica, algo que nunca debió haber ocurrido.
Sin embargo, a mediados de los ’80, ese sueño sufrió un fuerte cimbronazo.
La llegada a la Presidencia del país de Kurt Waldheim (acusado por su participación
en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial) conmovió todo el
sistema político de esa tranquila “nación-isla”. El escándalo en torno al pasado
del mandatario austríaco tiñó toda su administración.
A Austria le tomaría tiempo sanear su imagen y reestablecer sus lazos con la
comunidad internacional. Finalmente, tras años de zozobra, la normalidad regresó
a la vida del país.
Sin embargo, el pasado reciente de los austríacos ha demostrado transitar un
sueño muy liviano. Sus caprichosos e imprevisibles giros pueden, en cualquier
momento, alterar el ritmo de esta apacible ex capital imperial. Mientras tanto,
Viena continúa dirimiendo los dilemas de su propio pasado.

1 De Gaulle Anthonioz, Geneviève. La travesía de la noche. Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 2000, pág. 26.
Resistir: el caso de
Geneviève de Gaulle
Anthonioz
Lic. María
Gabriela
Vasquez
Historiadora. Docente
de la Facultad de
Filosofía y Letras,
Universidad Nacional
de Cuyo, Mendoza,
Argentina.
La vida de Geneviève de Gaulle Anthonioz ha sido un ejemplo de resistencia a
la opresión y la degradación de las personas. Por su formación, valores e ideales
se opuso, desde el primer momento, al nazismo y participó activamente en
la Resistencia francesa. Más tarde, fue arrestada y conducida al campo de Ravensbrück,
donde también luchó para preservar su humanidad y la de sus compañeras
y para evitar ser convertidas en objetos sin valor. Tras la guerra, continuó
defendiendo los derechos humanos y combatió con firmeza la pobreza y la
exclusión social. Así, toda su vida fue un ejemplo de resistencia activa al totalitarismo
y sus expresiones concentracionarias, y también, de oposición a la
marginación social. En pocas palabras, esta mujer se dedicó siempre, con pasión,
tenacidad y valor, a la defensa de la dignidad humana.
Había nacido en el seno de una familia católica de clase media, el 25 de octubre
de 1920, en Saint-Jean de Valériscle, Francia. Hija mayor de Germaine
Gourdon y Xavier de Gaulle y, a la vez, sobrina del general Charles de Gaulle,
fue criada en los valores de la solidaridad y la ayuda al prójimo. Su niñez transcurrió
en la región minera del Sarre, donde su padre se desempeñaba como ingeniero
y fue educada en un internado de monjas.
Dos acontecimientos dolorosos marcaron su vida y templaron y fortalecieron
su carácter desde muy temprano. Primero, la muerte de su madre. “Una niñita
de cuatro años y medio entraba de golpe en la desdicha”, escribió más tarde.
Luego, la de su hermana menor. “En 1938, justo después de los ‘acuerdos de
Munich’, la que nos abandonó fue mi hermana. No tenía ni diecisiete años.”1
Resistir I
En 1939 comenzó sus estudios de Historia en la Universidad de Rennes; sin
embargo, éstos se vieron interrumpidos al poco tiempo debido al estallido de
168 / Nuestra Memoria
2 Ibíd., pp. 38 y 39.
3 Eck, Hélène. “Mujeres del desastre. ¿Ciudadanas por el desastre? Las francesas bajo el Régimen
de Vichy (1940-1944)”, en Duby, Georges y Perrot, Michelle. Historia de las mujeres en
Occidente. Madrid, Taurus, 1993. Tomo IX, pág. 245.
4 “Sisters in resistance. Their stories. Geneviève de Gaulle”, en http://www.pbs.org/independentlens/
sistersinresistance/gen.html. Septiembre de 2005. Traducción propia.
5 De Gaulle Anthonioz, G., op. cit., pág. 64.
la Segunda Guerra Mundial y la invasión de Francia por los nazis, al año siguiente.
A pesar de que Geneviève escribió sobre aquellos años difíciles recién en
1998 –es decir, después de más de cincuenta años–, los recuerdos de aquel tiempo
continuaban todavía vívidos en su memoria:
“El 17 de junio de 1940 habíamos escuchado juntos la alocución del
mariscal Pétain transmitida por radio; la oímos con indignación y estupor.
¿Cómo aceptar casi sin luchar esa cobarde derrota? Roger [su hermano]
tenía diecisiete años, yo diecinueve. Al día siguiente estábamos en
las rutas de Bretaña con muchos otros refugiados.” 2
Humillación y furia en el corazón eran los sentimientos de Geneviève –según
escribió–, que eran compartidos por muchos otros hombres y mujeres franceses
que se unieron a distintos grupos –tras el llamamiento que había hecho su tío
Charles desde Londres– para luchar por la liberación del país y resistir con
todas sus fuerzas al régimen opresor.
La resistencia era secreta y silenciosa y se disimulaba bajo el aspecto de una
vida cotidiana común. Todas las acciones –entre ellas, alojar, guiar, aprovisionar,
ocultar y pasar información– eran igualmente peligrosas.3 Geneviève era
consciente de tal peligro; sin embargo, consideraba que el camino de la resistencia
era el camino del honor, según sus propias palabras.
Esta joven de 20 años trabajó en distintos grupos clandestinos y después se
unió a la red “Defensa de Francia”, que publicaba un periódico con el mismo
nombre. Ella no sólo escribía artículos, sino que, además, ayudaba a distribuir
los escritos afuera de las estaciones del subterráneo.
El 20 de julio de 1943 fue a misa a la Catedral de Notre-Dame y, a la salida,
en la calle Bonaparte, la arrestaron y condujeron a las oficinas de la Gestapo,
donde fue interrogada.4 “(…) personalmente, no fui torturada, sólo arrojada al
piso y golpeada a puñetazos y patadas.” 5 Pero esos golpes en la cabeza y los
oídos casi la dejaron sorda.
Posteriormente fue trasladada a la prisión de Fresnes, donde permaneció varios
meses. A principios de 1944 fue transferida al campo de Royallieu, cerca de
Compiègne, donde se encontró con centenares de mujeres que provenían de
Resistir: el caso de Geneviève de Gaulle Anthonioz / 169
6 Ibíd., pág. 56.
7 Ibíd., pág. 20.
8 Ibíd., pág. 64.
todos los rincones de Francia. “Casi todas arrestadas por resistencia, pero con
motivos bastante distintos, unidas en la negativa de aceptar la derrota y el nazismo.”
6 En efecto, junto a ella se encontraban mujeres de diferentes edades,
formación, ideologías y condiciones sociales que habían formado parte de redes
de información, habían alojado aviadores aliados o familias judías o participado
en sabotajes o atentados. Estas acciones, que muchas no dudaron en llevar a
cabo para luchar contra un régimen que las oprimía y esclavizaba, ponían de
manifiesto su valor, coraje y entereza en aquellos tiempos difíciles.
Resistir II
El 2 de febrero de 1944 llegó a Ravensbrück el tren de carga que transportaba a
Geneviève junto a otras muchas mujeres cansadas en extremo luego de tres días
de viaje, hambrientas y sedientas, y sin saber bien adónde llegaban y qué les esperaba.
Seguramente ésta fue la etapa más dura y difícil de su vida, debido a que
conoció el costado más oscuro y siniestro de la humanidad. “Al entrar en el
campo, fue como si Dios se hubiera quedado afuera”, escribió.7 En efecto, estas
mujeres entraban en el Infierno, en un mundo donde el sufrimiento y la muerte
lo cubrían todo.
Los días transcurrían en forma monótona, regidos por las sirenas que iniciaban
la jornada laboral y también la concluían. Geneviève trabajó arduamente, de
sol a sol, cargando vagones de carbón, y más tarde, lo hizo en un taller de ropa.
Ambos trabajos eran penosos, ya que las condiciones eran inhumanas y los golpes
y maltratos de las guardias de las SS, constantes.
Ella tenía la certeza de que la destrucción del alma era el programa del campo
de concentración. “(…) destrucción gradual de lo que constituye un ser humano,
su dignidad, su relación con los demás, sus derechos más elementales.
Somos ‘Stücke’, es decir, pedazos; cualquier guardiana e incluso policías del
campo, las jefas de barraca –detenidas como nosotras– pueden insultarnos impunemente,
golpearnos, pisotearnos, matarnos, sólo será un gusano menos. Yo
vi, sufrí ese avasallamiento.” 8
Muchas encontraron una manera de oponerse a ese programa de destrucción
y lucharon como pudieron para seguir siendo seres humanos. Fueron pequeños
grandes actos en medio de tanto horror y miseria los que les permitieron conservar
su dignidad. Así, por ejemplo, la lectura que, aunque estaba prohibida, se llevaba
a cabo en silencio y en secreto constituía un acto de rebeldía y resistencia
que les permitía, por unos instantes, evadirse y viajar en el tiempo y el espacio.
170 / Nuestra Memoria
9 Ibíd., pág. 42.
10 Ibíd., pp. 12 y 13.
11 Todorov, Tzvetan. Frente al límite. México, Siglo XXI, 1993.
“Durante unas horas –escribió Geneviève–, había tenido en mis manos Moby
Dick en alemán, una antología de la poesía francesa y Salammbô de Flaubert.
Y aquí estoy bajo el cielo de Africa, al pie de la muralla de Cartago. La guerra
de Amilcar me parece tan presente como la de hoy. Ya no hay tiempo, ya no hay
frontera entre el sueño, o la pesadilla, y la realidad. Puedo salir de mi celda, recorrer
las distancias y los siglos.” 9
A principios de octubre de 1944, todo empezó a cambiar para Geneviève,
aunque no lograba explicarse la razón de tales modificaciones. El comandante
de las SS de Ravensbrück, Fritz Suhren, habló con ella, y de inmediato fue trasladada
a otra barraca, en la cual gozó de ciertos privilegios. Sin embargo, ella
sólo quería estar con sus amigas, no le interesaba tener un catre para ella sola,
una toalla y unos zuecos casi nuevos; necesitaba, en cambio, de sus compañeras,
de sus cuidados y palabras. En medio de tanta oscuridad y muerte habían
nacido amistades inquebrantables, como las que la habían unido a Germaine
Tillion y Jacqueline d’Alincourt, dos compatriotas que también habían participado
en la Resistencia.
El 25 de octubre era su cumpleaños, el primero que pasaba en Ravensbrück,
y pudo celebrarlo junto a sus amigas:
“En la torta –recordaba–, para la cual cada una aportó un poco de
miga de pan aplastada con algunas cucharadas de esa especie de melaza
que llaman mermelada, veinticuatro ramitas representaban las velas
en una escenografía de hojas recogidas a toda prisa durante el trabajo
de remoción de tierras al borde del pantano; un verdadero momento de
felicidad.” 10
En efecto, se trataba de un breve, pero especial, momento de felicidad en
medio de tanto sufrimiento, y a la vez, constituía un acto de cuidado, como lo
llama Tzvetan Todorov,11 un gesto de atención, contención y solidaridad hacia
otra persona que ayudaba a las deportadas a mantener la esperanza y seguir resistiendo.
A fines de octubre se produjo otro cambio: Geneviève fue trasladada a un
búnker. No sabía por qué razón había sido aislada y encerrada en una celda,
pero estaba convencida de que sería ejecutada en cualquier momento. Sin embargo,
los días pasaban –entre recuerdos, llantos, angustias y anhelos– y continuaba
preguntándose por qué seguía con vida.
La Navidad estaba cerca; entonces, se preparó para celebrarla: “dibujé con mi
lápiz una especie de imagen. Es mi pesebre. El niño Jesús se apoya en una cruz,
Resistir: el caso de Geneviève de Gaulle Anthonioz / 171
12 De Gaulle Anthonioz, G., op. cit., pág. 31.
13 Ibíd., pág. 69.
tiene el dedo levantado para bendecir. Se apoya sobre él una mujer deportada
con su uniforme rayado y su pañuelo. Bajo el triángulo marcado con una ‘F’, dibujé
el número de inscripción: es el mío, 27.372”.12
Y aunque estuvo sola aquel día, sus amigas se hicieron presentes en unos regalitos
que le fueron entregados secretamente por la encargada de la limpieza,
una anciana Testigo de Jehová. Se trataba de una ramita de pino con una canción
francesa de Navidad, unas masitas en forma de estrella, una manzana roja, dos
terrones de azúcar, un minúsculo trozo de panceta y una muñequita. Estos sencillos
presentes, pero de un valor incalculable para ella, la llenaron de alegría y
de fuerzas para seguir resistiendo. En realidad, muchas mujeres lograron sobrevivir
a aquella experiencia gracias a estos gestos y cuidados de sus compañeras.
Geneviève estaba débil y su salud se deterioraba día a día. Un médico de las
SS la visitó en su celda y le dio unos medicamentos, lo que la sorprendió y confundió
mucho. Más tarde, dos personas la interrogaron largo rato sobre sus actividades
en la Resistencia y sobre el trato recibido por los nazis. Sus respuestas
eran escuetas y trataba de no dar detalles ni tampoco nombres, ya que no
sabía de qué se trataba eso. Todo era misterioso y nadie le daba explicaciones.
A los pocos días, le ordenaron prepararse. “Unos instantes más tarde, abandono
mi celda, ¿para siempre? Me da la sensación de haber pasado ahí años enteros,
y vivido varias vidas.”13 Luego, fue escoltada fuera del campo y conducida
a la frontera suiza.
Después supo que esos tratos preferenciales recibidos en Ravensbrück durante
los últimos meses se debían a su parentesco con el general De Gaulle y que
los nazis la conservaron con vida para utilizarla, eventualmente, como moneda
de cambio.
Resistir III
Geneviève –al igual que cada una de las demás deportadas, sin excepción– pasó
por una experiencia extrema que marcó su vida para siempre. Finalmente, tras ser
liberada, en abril de 1945, se reencontró con su padre y regresó a su Francia natal.
Al año siguiente se casó con Bernard Anthonioz, un joven editor de arte que
también había resistido al nazismo, y Charles de Gaulle fue testigo de la boda.
Tuvieron cuatro hijos: Michel, en 1947; François, en 1949; Isabelle, al año siguiente,
y Philippe, en 1953. Al fin podía disfrutar de momentos de paz y felicidad
junto a su familia. Sin embargo, Geneviève seguía siendo una mujer comprometida
con los derechos humanos, y todas sus actividades y trabajos posteriores
se orientarían en tal sentido.
172 / Nuestra Memoria
Formó parte activa de la Asociación de Deportadas e Internas de la Resistencia
desde el primer momento, y llegó a su presidencia en 1958. También siguió
de cerca el proceso a los criminales nazis, y ella misma testificó en el juicio contra
Klaus Barbie, en 1987. El hecho de revivir aquellos años y aquellas experiencias
tan dolorosas y siniestras fue muy fuerte para su corazón y, a la salida
del tribunal, sufrió un infarto.
Por otro lado, recién en 1998, a los 77 años, emprendió la tarea de dejar por
escrito sus recuerdos de Ravensbrück, en el libro titulado La travesía de la
noche. Se trataba de una obra breve, que rescataba episodios de su vida, pero
que se centraba –especialmente– en los últimos meses que pasó en aquel campo,
en una celda aislada de todo y de todos.
A esta lucha contra el totalitarismo se unió, más tarde, el combate contra la
miseria y la exclusión social. En 1958, su tío volvió al poder, y junto a su marido
comenzaron a trabajar en el Ministerio de Asuntos Culturales. A fines de ese
mismo año visitó la villa miseria de Noisy-le-Grand, cerca de París, y quedó profundamente
conmovida.
Por ello, al año siguiente, renunció a su puesto en el ministerio para dedicar
todas sus fuerzas a combatir la pobreza y defender la dignidad de los más necesitados.
Se unió al padre Joseph Wresinski y trabajó arduamente en el movimiento
ATD-Cuarto Mundo fundado por él. En 1964, Geneviève llegó a la presidencia
de dicha asociación.
En 1988 murió el sacerdote, y esta mujer, junto a tantos otros, continuó su
obra. Fue nombrada, por pedido de Jacques Chirac, en el Consejo Económico y
Social, y desde allí trabajó por una ley contra la pobreza que reclamaba el derecho
fundamental de cada persona a tener techo, cobertura social y educación.
Luego de diez años de tratativas, fue votada por el Parlamento francés la ley contra
la exclusión. Esa década había sido intensa para Geneviève, y también había
tenido su trago amargo, ya que el 14 de julio de 1994 había fallecido su esposo
y compañero de lucha.
El año 1998 fue, entonces, crucial en su vida, ya que, por un lado, sus esfuerzos
se vieron coronados con la aprobación de la ley contra la exclusión, y
por otro, fue la primera mujer en ser condecorada con la Gran Cruz de la Legión
de Honor, un merecido reconocimiento a su labor incansable a favor de la dignidad
de las personas y la resistencia activa al nazismo y la marginación.
Por aquel tiempo dejó la presidencia de ATD, pero continuó trabajando con
la misma pasión, ya que en 2001 apareció su segundo y último libro, titulado El
camino de la esperanza, que recogía sus experiencias y actividades junto a los
más necesitados.
Geneviève de Gaulle Anthonioz murió el 14 de febrero de 2002 y fue enterrada
junto a su marido, en Bossey.
Como dije al comienzo, su vida ha sido un ejemplo de lucha contra la opreResistir:
el caso de Geneviève de Gaulle Anthonioz / 173
14 Neau-Dufour, Frédérique. “Qui est Geneviève de Gaulle Anthonioz?”, en http://www.autredegaulle.
com/index.htm. Septiembre de 2005. Traducción: C. Mercado.
sión y la degradación humanas en sus variadas y extremas manifestaciones. En
efecto, esta mujer resistió al totalitarismo nazi desde el primer momento y trabajó
arduamente para combatirlo; resistió, también, en Ravensbrück, la cosificación
y la destrucción del alma humana por medio de pequeñas pero muy significativas
y valiosas acciones que la ayudaron a sobrevivir, a ella y a sus compañeras;
y posteriormente, resistió a la marginación y la pobreza. En otras palabras,
dedicó su vida a la defensa de la dignidad y los derechos humanos.
Por ello, para terminar, retomo las palabras de su biógrafa, la historiadora Frédérique
Neau-Dufour, para quien esta mujer encarnó toda su vida la esperanza
y luchó sin respiro para defender lo único válido: el Hombre.14

Las víctimas del
Holocausto honradas por
las Naciones Unidas
Embajador
José R.
Sanchís Muñoz
Diplomático.
Ex Embajador
argentino en Japón y
Director del Instituto
del Servicio Exterior.
Profesor Universitario
de Relaciones
Internacionales y
de Historia.
La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, en noviembre, por consenso,
es decir sin una sola voz discordante en la comunidad internacional de
191 Estados miembros, la Resolución titulada “Recordación del Holocausto”. El
texto fue copatrocinado por más de 90 países, inclusive la Argentina, y los copatrocinadores
incluyeron a Estados Unidos, Alemania, Rusia, China, Japón, Israel,
y los demás países europeos y latinoamericanos, así como muchos africanos
y asiáticos.
La Resolución, cuyos considerandos reafirman la Declaración Universal de
los Derechos Humanos, y los principios fundamentales de la Carta de las Naciones
Unidas, y recuerdan el sexagésimo aniversario de la liberación de los
campos de concentración nazis, establece la fecha del 27 de enero (liberación de
Auschwitz) como “Día Internacional de Conmemoración Anual de las Víctimas
del Holocausto”. Insta a los miembros de las Naciones Unidas y también al
Secretario General a elaborar programas educativos para inculcar las enseñanzas
del Holocausto, con el fin de prevenir actos de genocidio en el futuro, y rechaza
toda negación, parcial o total del Holocausto como hecho histórico.
La Resolución también condena sin reservas toda manifestación de intolerancia
religiosa, y la incitación, acoso o violencia contra personas o comunidades
sobre la base del origen étnico o las creencias religiosas.
Es la primera vez que la Asamblea General adopta una resolución propuesta
por Israel y esto le da un significado especial al homenaje a las víctimas del Holocausto,
estimadas en unos seis millones. Tiene además un valor de mucha
trascendencia en esta época en que las alternativas de la política internacional,
los conflictos regionales, y la supervivencia de prédicas y crímenes de discriminación
e intolerancia parecieran haber debilitado en la conciencia universal
el sentido de horror por el hecho histórico sin igual del Holocausto, y el firme
propósito de que no ocurriera nunca en el futuro un hecho similar.
Con su resolución, y las declaraciones vertidas durante el debate, la comunidad
internacional expresó claramente su convicción de que el Holocausto es un
176 / Nuestra Memoria
crimen que se extendió, más allá de sus víctimas directas, para afectar a toda la
humanidad, y la reflexión sobre las responsabilidades debe ir mas allá que el
mero repudio a la crueldad nazi.
Uno de los delegados intervinientes, acertadamente, expresó que el Holocausto
fue un genocidio diferente, un genocidio en el que la maldad se unió a
una estructura altamente organizada, y se convirtió en un crimen de las más colosales
proporciones.
La satisfacción por tales expresiones de la comunidad internacional no deben
hacernos olvidar que con anterioridad, durante y después del holocausto muchos
países y grupos humanos cometieron y cometen atrocidades, formas de genocidio
(aunque ahora se use con ligereza de esta palabra, definida taxativamente
en el instrumento internacional que la condena) y exterminio de opositores.
Lamentablemente también, y como sucede a menudo con instrumentos a
los cuales sólo se les rinde un acatamiento formal, un número de países pertenecientes
a las Naciones Unidas sigue predicando mensajes de odio, discriminación
y amenazas.
Por ello, quienes aman la libertad y creen en la defensa de la dignidad de la
persona no deben considerar que la lucha finalizó con el derrumbe del siniestro
sistema nazi. Cada generación debe continuar, o a veces emprender un combate
que nunca cesa contra los predicadores del odio, y contra quienes disculpan
cualquier violación de los derechos humanos si sirve a sus fines.
* * *
Quizá convenga recordar algunos hechos, por desagradables que sean, para que
los jóvenes puedan apreciar la magnitud de la masacre.
El sistema represivo nazi era un elemento inherente a su filosofía, negadora
de toda garantía legal. Hermann Göring, quien declaró que “la ley y la voluntad
del Führer son una sola cosa” fue encargado de la creación de los campos de
concentración para los opositores del régimen.
Poco después de la ascensión de Hitler al poder, ya el 22 de marzo de 1933,
se abrió el primer campo de concentración en Dachau con 5.000 internados que
comprendían a líderes de la oposición social demócrata, comunista, católicos,
liberales e independientes, académicos y escritores. Crecientemente fueron incorporándose
en esos campos a judíos, comunidad que desde sus principios el
nazismo había decidido eliminar, o bien por la deportación, o bien, como pronto
se advirtió, por el exterminio. A finales de 1933 ya se habían establecido casi
100 campos de diferentes dimensiones y sólo en el pogromo de 1938, 20.000 judíos
alemanes fueron internados por la Gestapo. La persecución contra los judíos
fue adquiriendo volumen con la proximidad de la guerra y en 1938, además de
otras leyes raciales discriminatorias, se decretó que todos los judíos debían lleLas
víctimas del Holocausto honradas por las Naciones Unidas / 177
var como segundo nombre el de Israel si eran hombres o Sara si eran mujeres,
obviamente para distinguirlos con facilidad.
Con el estallido de la guerra, por un lado aumentó la demanda de trabajadores
y las autoridades nazis recurrieron a los prisiones y campos para incrementar
el número de la población laboral. En agosto de 1944 se calcula que había
más de siete millones y medio de trabajadores forzados de distinto origen.
Por otro lado, de 1940 a 1942 se establecieron algunos de los principales campos
que ya no eran de concentración sino de exterminio, especialmente para
cumplir tal propósito con poblaciones de los países ocupados, y particularmente
con los judíos. El 7 de octubre de 1939 el Reichsfürer Heinrich Himmler fue
designado Comisionado del Reich para la Consolidación de la Nacionalidad
Alemana, a cargo de los centros de exterminio. Göring impartió a su subordinado
Heidrych instrucciones para la “Solución Final”, o sea, la eliminación masiva
de la comunidad judía, el 31 de julio de 1941, lo que se ratificó en la Conferencia
de Wannsee el 20 de enero de 1942. Si bien los principales destinatarios
de esa política eran los judíos también se incluían los eslavos, gitanos, muchos
prisioneros de guerra y otras categorías.
Bajo el decreto denominado “Noche y niebla”, disposición claramente terrorista,
ciudadanos prominentes de países ocupados fueron secretamente secuestrados
por la Gestapo y enviados a los campos. Y millones de personas de esas
poblaciones marcadas fueron arrancadas de sus hogares, de sus ciudades, y de
sus países, para integrar el ominoso contingente de los internados en los campos
de la muerte
Los campos estaban bajo la administración de la SS y custodiados por escuadrones
especiales de ese tristemente famoso servicio denominados “Unidades
de la calavera”. Algunos de esos campos, cuyos nombres han pasado a la memoria
de la infamia de la humanidad, eran los de Auschwitz-Birkenau (Oswieczim),
Buchenwald, Sobibor, Maidanek, Treblinka, Bergen-Belsen, y Orianenburg. Las
condiciones generales eran degradantes y brutales. En muchas ocasiones los
prisioneros eran usados para experimentos médicos en los que resultaban mutilados,
inválidos o asesinados. Las condiciones de alojamiento, alimentación y
trabajos forzados eran tan rigurosas que pocos sobrevivían a un periodo relativamente
corto, y las torturas, violaciones y sevicias eran habituales. Se establecieron
crematorios para disponer mas rápidamente de los restos. Hacia fines de
la guerra, cuando no se contaba con disponibilidad de comida y combustible,
miles murieron de inanición y enfermedades.
Estos centros, situados especialmente en territorio polaco, fueron establecidos
con el propósito fundamental y explícito del asesinato en masa de grupos
humanos determinados, especialmente los judíos. La eliminación de estas poblaciones
se explicaba en la psicología nazi como parte de su plan para el desarrollo
y supremacía de la “raza aria superior”. Las víctimas eran en su mayoría
178 / Nuestra Memoria
transportadas en trenes de carga y aquellos que no eran aptos para pesados trabajos
manuales eran asesinados sin demora. Al principio se utilizaban fusilamientos
masivos pero luego se generalizó el uso de gas venenoso (en particular
el “Zyklon B” producido por la industria alemana) en cámaras usualmente disfrazadas
como recintos para baños. Ese proceso de eliminación no distinguía
niños, mujeres ni hombres. Los cadáveres eran incinerados en el terreno o en
crematorios y previamente se despojaba a las víctimas de equipaje, ropa o calzado
y todo objeto de valor incluso las prótesis dentales
El mas notorio de esos campos fue el de Auschwitz, en Cracovia, cuyo comandante,
sometido a juicio, confesó que en él se habían eliminado a dos millones
y medio de personas aunque luego alegó que “sólo habían sido un millón”.
El complejo constaba de 3 campos principales de unos 40 km2 y 39 campos suplementarios
en Silesia. Los primeros prisioneros arribaron en julio de 1940 y
fue evacuado y cerrado al ser liberado el 27 de enero de 1945. En 1946 se fundó
el museo del Estado en Oswiecim y se ha convertido en un centro de peregrinaje,
recogimiento y homenaje a las víctimas.
* * *
Cabe hacer alguna consideración sobre la actitud del resto del mundo cuando
sucedían los horrores descriptos y matanzas contra otras poblaciones, pero específicamente
en lo que se refiere al hecho del Holocausto.
Ciertamente los nazis buscaron ocultar, incluso de la propia población alemana,
los horrores de sus intenciones y prácticas, y procuraron no dejar por escrito,
en forma explícita o cruda, referencias a ellos. Utilizaban a menudo en su
documentación términos eufemísticos que escondían significados de terribles
consecuencias. Muchos colaboraron o aprobaron esas políticas, pero millones
de alemanes, y nacionales de otros países ocupados no supieron – u optaron por
no querer enterarse– de esos crímenes. Por supuesto cometidos en el contexto
de un régimen totalitario que castigaba con la muerte hasta la sospecha de crítica
u oposición.
En el resto del mundo, tanto en ambientes judios como en los que no lo eran,
se sabía de las políticas discriminatorias y brutales de los nazis, y se procuraba
aunar esfuerzos a favor de los perseguidos y desplazados, pero pocos llegaban a
imaginar la magnitud y crueldad del proceso que se desarrollaba. Los primeros
informes concretos sobre los campos llegaron al Consejo Mundial Judío de
Lausana en agosto de 1942 y provocaban estupor o incredulidad.
Cabe recordar que incluso los militares que los liberaron quedaron atónitos
ante lo que vieron. Los países aliados (EE.UU. y Gran Bretaña) celebraron una
reunión al respecto en las Bermudas, en abril de 1943, pero no decidieron medidas
concretas. Las Cancillerías, incluso de países aliados, mostraban, en alguLas
víctimas del Holocausto honradas por las Naciones Unidas / 179
nos casos políticas de ribetes ciertamente no simpatizantes con los padecimientos
de las poblaciones judías. Casi ningún país recibió generosamente a los refugiados
que huían de Europa, y la Argentina, a pesar de las críticas que se le
han formulado, en ocasiones justificadas, recibió un número de refugiados, que,
proporcionalmente a su población de entonces, es de los más altos.
El Presidente Roosevelt de los EE.UU. formuló enérgicas amenazas de juicio
a los jerarcas nazis, que estos desoyeron. Recién con los juicios de Nüremberg
después de la guerra, y posteriormente, se reunió una enorme masa documental
y de testimonios que hace imposible negar la verdad histórica. Se condenó a los
jerarcas nazis, y a sus organizaciones (entre ellas, la SS) así como a militares,
médicos, auxiliares y otros cómplices, alemanes, y de otros países, y un número
fueron ejecutados, pero para principios de 1951 todos los industriales alemanes
condenados por su participación en la construcción y provisión de material
para los campos habían salido liberados.
Para compensar el peso terrible de estos asentimientos o despreocupación
está la conducta de miles, sino decenas de miles de no-judíos que arriesgaron
sus vidas y las de sus familias para proteger, esconder y facilitar la huída de prójimos
judíos, muchas veces en forma anónima. Esos ejemplos, de ciudadanos
comunes, diplomáticos, religiosos y funcionarios de diversos países, incluso
alemanes, prueban que los imperativos morales movieron la conducta de muchos,
aún en los climas más siniestros de miedo y odio.
* * *
Sea bienvenida la Resolución de la Asamblea. Pero confiemos en que no quede
en sus hermosas palabras. Debe ser útil para que se muestre que no tienen asidero
alguno las demenciales expresiones que niegan la existencia o gravedad de
la masacre. Y es necesario, como expresa la Resolución, que se eduque a todos
los pueblos sin excepción, y a las nuevas generaciones, sobre los peligros del
odio, el fanatismo, el racismo y la discriminación, y se ayude así a prevenir en
el futuro barbaries como el Holocausto.
Buenos Aires, diciembre de 2005.

* Conferencia pronunciada en el “XLIV Congreso de la Asociación Psicoanalítica Internacional”,
Rio de Janeiro, Julio de 2005.
1 Encyclopedia Judaica. Tomo 15. Israel, Keter, 1972, pág. 1.371.
Efectos persistentes de los
traumas sociales en las nuevas
generaciones.
Cambios en la imagen ética del hombre*
Dr. Moisés
Kijak
Médico psicoanalista
Mi propósito es hacer una muy breve reseña histórica sobre la aproximación
psicoanalítica a las catástrofes sociales y a los efectos permanentes de las mismas
en los sobrevivientes y las generaciones siguientes.
Me centraré, especialmente, en el Holocausto o Shoá, por ser ésta la mayor
catástrofe social ocurrida y la que puede servir, también, para entender otras.
Expondré mis ideas respecto de algunas de las consecuencias permanentes del
Holocausto en la sociedad en general –y no sólo en los directamente involucrados
y sus descendientes– y formularé algunos interrogantes, con la esperanza de
encontrar, con ustedes, las respuestas.
Rio de Janeiro, la hermosa ciudad que hospeda el “XLIV Congreso de la Asociación
Psicoanalítica Internacional”(IPA, tal su sigla en inglés), hace exactamente
75 años recibió generosamente a mi padre. Tenía 22 años y venía de un
pequeño pueblo de Polonia, huyendo de la miseria y el creciente antisemitismo.
Anhelaba poder trabajar y vivir en libertad, y lograr traer a su numerosa familia,
que había quedado en condiciones difíciles de sobrellevar.
Con mucho esfuerzo logró en parte su propósito, pero al invadir los nazis Polonia,
gran parte de su familia quedó atrapada. Stoczek, su pueblo natal, está situado
a pocos kilómetros de Treblinka, y en este tristemente célebre “campo de
muerte”, casi todos los judíos de su pueblo fueron conducidos a las cámaras de
gas por los alemanes y sus colaboradores ucranianos. En Treblinka fueron asesinados
731.600 seres humanos: judíos, polacos y gitanos.1
Triste privilegio para mi padre el saber que las cenizas de su hermana Beyle
están mezcladas con las de Mitzi, Paula y Rosa, las hermanas de Sigmund
Freud, que hasta allí fueron conducidas desde Theresienstadt.
A pesar de mi corta edad, estaba al tanto de los avatares de la guerra y sus ne182
/ Nuestra Memoria
2 Freud, Sigmund. Postcript to the question of lay analysis. S. E. XX. 1927, pág. 253.
3 Freud, Sigmund. Moisés y el monoteísmo. Viena, 1939.
fastas consecuencias. Al finalizar la misma, acompañé a mis padres en la búsqueda
desesperada y sin resultados de familiares sobrevivientes. Lo que más me
quedó grabado de aquellos años fueron las frecuentes reuniones con los residentes
del pueblo. Cada orador expresaba su penoso sentir, y la mayor parte del
tiempo lo ocupaba un desgarrador llanto compartido. Cada uno lloraba a sus familiares
y amigos, su pueblito y ese mundo del cual provenían, que se habían
perdido para siempre.
Con el transcurso del tiempo se fueron atenuando las expresiones de dolor.
La creación del Estado de Israel fue cicatrizando, por lo menos en parte, las profundas
heridas. Las reuniones recordatorias pasaron a ser anuales, y un libro de
homenaje quedó como único testimonio de lo que durante siglos fuera una comunidad
judía.
Siendo ya psicoanalista, me interesé en el estudio de las catástrofes sociales
y las consecuencias de las mismas. A ello me llevó el tener bajo tratamiento a
sobrevivientes del Holocausto e hijos de los mismos. Por otro lado, viví la conmoción
que los asesinatos, desapariciones y torturas habían producido en mi
país durante los años de la dictadura. Ambas situaciones me volvieron a acercar
a las experiencias de mi infancia y adolescencia.
Los psicoanalistas estudian las catástrofes sociales
En mi juventud –dice Freud– se apoderó de mí la omnipotente necesidad de
comprender algo acerca de los enigmas del mundo en que vivimos y de contribuir,
quizás, en algo a su solución.2
Dentro de estos enigmas, ocupa un lugar prominente su interés por las manifestaciones
masivas de la agresividad humana. Sus últimas obras dedicadas
a los problemas sociales, El malestar en la cultura y Moisés y el monoteísmo,
las escribió –en gran parte– influido por sus temores respecto del futuro inmediato
de la humanidad ante las amenazas provenientes de los regímenes totalitarios.
Pero también expresa su opinión crítica respecto del rol que estaban jugando
las naciones y los grupos no directamente involucrados. En el primer Prefacio a
la tercera parte de Moisés y el monoteísmo, escrito en Viena, Freud dice: “Vivimos
en una época harto extraña. Comprobamos asombrados que el progreso ha
concluido un pacto con la barbarie”.3 Se refería, con gran preocupación, a la indiferencia
y complicidad con la que el mundo reaccionaba frente al nazismo.
Con la asunción de Hitler al poder, las sociedades psicoanalíticas en la Europa
ocupada dejaron de existir, y sus miembros se exiliaron donde tuvieron suerEfectos
persistentes de los traumas sociales en las nuevas generaciones / 183
4 Chasseguet-Smirgel, Janine. “Wrestling with the angel”, en Internacional Review of Psycho-
Analysis. Special Nº 7, 1992.
te de ser recibidos, tratando de continuar con su tarea habitual. Es llamativo, sin
embargo, que no se ocupasen del fenómeno nazi.
Janine Chasseguet-Smirgel comenta que, buscando un trabajo en Psychoanalytic
Quarterly, de 1942, le llamó poderosamente la atención que “nada en esa publicación
permitió al lector entender que se estaba en un momento culminante
de la Segunda Guerra Mundial, que un nuevo Moloch –Auschwitz– estaba devorando
a cientos de niños diariamente (sin mencionar a los adultos), que toda
Europa estaba viviendo en un estado de terror, etc.”. 4
Al finalizar la guerra, las perturbaciones psíquicas sufridas por las víctimas
del nazismo fueron estudiadas por numerosos investigadores, movidos por el
horror despertado por la barbarie nazi y la conmiseración por los sobrevivientes.
Motivos de orden práctico también se sumaron: había que ayudarlos
a readaptarse al mundo de posguerra y era necesario evaluar los daños psíquicos
que estos pacientes sufrían, a fin de ser indemnizados.
Esto obligó a un estudio exhaustivo de la sintomatología observable y llevó a
una serie de conjeturas sobre la génesis de la misma. Tanto la comprensión teórica
como el abordaje técnico fueron apartándose del estrecho marco de las teorías
psicoanalíticas habituales, en la búsqueda de otras más adecuadas. De los
muchos analistas que han hecho aportaciones importantes, sólo quiero mencionar
a W. Niederland, quien describió las características del “síndrome del
sobreviviente”.
Por último, un interés científico se sumó a los anteriores. Debido a las situaciones
extremas a las que se vieron expuestas las víctimas en los campos de concentración
y exterminio, se podían observar aspectos del psiquismo sobre los
cuales –hasta ese momento– sólo se podía conjeturar. Henry Krystal es uno de
los psicoanalistas que más se ha ocupado de los efectos de la traumatización
masiva.
Con el correr de los años, el interés por estos pacientes no decayó, ya que las
manifestaciones patológicas no se fueron atenuando. Por otro lado, se fue observando
una serie de conductas particulares en los hijos de los sobrevivientes
y una especial relación con las víctimas. Judith Kestenberg y Milton Jucoby fueron
algunos de los que más impulsaron dicho estudio, y por su iniciativa, el
tema sigue ocupando un lugar importante en los congresos psicoanalíticos internacionales.
Paulatinamente, la investigación se extendió a la comprensión de la conducta
de los victimarios, tanto de los jerarcas nazis como de sus seguidores, así
como la de los no directamente involucrados.
En 1985, el congreso de la IPA se realizó en Hamburgo. Se habían puesto mu184
/ Nuestra Memoria
5 Ostow, Mortimer. “The psychodynamics of apocalyptic”, en Internacional Review of Psycho-
Analysis. Nº 67. 1986, pp. 277-285.
6 Moses, Rafael; Moses, Rena. “A form of group denial at the Hamburg Congress”, en International
Review of Psycho-Analysis. Nº 13. 1986, pp. 175–180.
7 Idem.
8 Idem.
chas expectativas en el mismo. Un panel fue dedicado a “La identificación en
relación con el fenómeno nazi”.
Mortimer Ostow, en la discusión que hace de los trabajos presentados, señala
que los panelistas han tratado “las consecuencias y efectos del Apocalipsis
nazi en ausencia, aparentemente completa, de material clínico relacionado con
su iniciación y motivación, y enfocando la psicología de la participación individual
a este problema masivo”. Más adelante agrega que “comprender, aunque
sea brevemente, cómo los grupos se involucran en ese fenómeno es mucho más
útil que comprender cómo los individuos responden a él o, inclusive, lo utilizan”.
5 “Psicodinámica de lo apocalíptico” es una de las aportaciones más valiosas
al estudio del nazismo. La observación que hace el autor es clara: al nazismo
sólo se lo trató tangencialmente.
Meses después del congreso apareció en la Internacional Review of Psycho-
Analysis el trabajo “A form of group denial at the Hamburg Congress”, de Rafael
y Rena Moses.6
Los autores opinan que no se discutieron las características del Holocausto
nazi, sus causas, los aspectos cualitativos y cuantitativos que hacen que ese genocidio
sea único y diferente a los otros, la planificación y el método de ejecución
y el sistemático método de terror que lo acompañó.
Sostienen los autores que equiparar el Holocausto que cometieron los nazis
con toda otra serie de actos de crueldad –desde torturas hasta masacres masivas
ocurridas en otras épocas y lugares– es una forma de diluir, distorsionar y evitar
tratar directamente con el Holocausto alemán. “Pero quisiéramos también preguntar
–continúan– cuál es la razón por la cual estas dos cuestiones no pudieron
ser planteadas sistemáticamente: ¿cómo pudo haber ocurrido esto y como
podría ser prevenida una recurrencia (de otro genocidio de tal naturaleza)?”.7
Los autores llaman a los colegas a plantearse preguntas como: “‘¿Qué hay en
los humanos que pudo originar el Holocausto?’ y ‘¿Qué se puede hacer para evitar
que se repita?’. Quizá no sea demasiado tarde para continuar la búsqueda
de respuestas”.8
A raíz del llamamiento realizado por Rafael y Rena Moses se convocó, en el
congreso de Montreal, de 1987, el panel “Continuación de las discusiones sobre
las reacciones de los psicoanalistas ante la persecución nazi y qué se puede
aprender de ello”, del cual fui invitado a participar.
Quiero, en forma resumida, repetir algo de lo que expuse sobre el nazismo,
Efectos persistentes de los traumas sociales en las nuevas generaciones / 185
9 Kijak, Moisés. “Further discussions of reactions of psychoanalysis to the Nazi persecution,
and lessons to be learnt”, en Internacional Review of Psycho-Analysis. Nº 16. 1989, pág. 213.
ya que lo considero importante para poder entender los efectos duraderos que
dejó en las nuevas generaciones.
La persecución nazi
Existen muchos ejemplos de agresividad extrema llevada a cabo contra grandes
grupos humanos, desde los albores de la civilización hasta las matanzas más recientes
en países africanos y en los Balcanes
Todos los genocidios nos llenan de horror, poseen elementos en común y –en
última instancia– son consecuencia de la agresividad humana. Esto nos tienta a
calificarlos en forma similar. Pero el genocidio alemán contra los judíos posee
elementos únicos que lo hacen diferente a todos los otros, actuales o pasados.
Estas diferencias hacen que el Holocausto no sólo sea un hecho cuantitativamente
distinto. La Alemania nazi dio un salto cualitativo en lo que a persecuciones
respecta, y es este cambio el que es imprescindible reconocer y estudiar.
Enumeraré algunos signos distintivos del genocidio perpetrado por los alemanes
y me centraré sólo en la persecución contra los judíos, aunque también fueron
víctimas millones de seres pertenecientes a otros pueblos y grupos humanos:9
1. Toda la ideología racista nazi estaba centrada en la necesidad de aniquilar a
los judíos para salvar a la raza aria. No estaba dirigida sólo a los judíos de Alemania,
sino a los de toda Europa y, en última instancia, el mundo.
2. Jamás un genocidio contó con una organización tan eficiente. Era una gigantesca
planta industrial, perfectamente organizada, en la que nada fue dejado
a la improvisación. Nada de las víctimas que podía ser aprovechado se perdía:
bienes, capacidad de trabajo como esclavos (había filiales de las fábricas
I. G. Farben y Krupp junto a las cámaras de gas) y, después de asesinadas,
ropa, calzado, aparatos ortopédicos, dientes de oro, cabello. Todo era rigurosamente
contabilizado y distribuido. Jamás existió, en la ejecución de un genocidio,
una conjunción tan perfecta entre los jefes políticos, militares y espirituales
y sus respectivos subordinados.
3. Todo el proceso genocida contó con un apoyo legal absoluto. Desde las primeras
leyes antijudías, en 1933, y las Leyes de Nüremberg, en 1935, hasta
cada uno de los pasos dados hacia la “Solución Final”, a partir de 1942, todo
era realizado dentro de las normas legales establecidas.
186 / Nuestra Memoria
10 Weinreich, M. Hitler’s profesorn. New York, Yivo, 1947, en ídish.
11 Idem.
4. Jamás un movimiento genocida contó con semejante cantidad y calidad de
ideólogos, ni con una ideología como el nazismo. Es un enorme error considerar
a los nazis como “locos” y al nazismo como una “psicosis colectiva”
(en el sentido habitual de ese término), y –más aún– describirlo como un fenómeno
de masas en una situación de extrema regresión, dominados por un
líder psicótico. Después de la Primera Guerra Mundial, científicos alemanes
comenzaron a brindar las herramientas ideológicas que luego utilizaría el
nazismo.
He aquí un fragmento de una declaración aparecida el 12 de mayo de 1924,
después del encarcelamiento de Hitler a raíz del putch de Münich: “queremos
tener personalidades puras e íntegras (…) como la de Hitler. El y sus
amigos en la lucha nos parecen un regalo del Dios de una época ya pasada,
cuando las razas todavía eran puras, los hombres eran más grandes, las
mentes, menos engañadas”.
Este manifiesto fue firmado por Philipp Lenard y Johanes Stark, ambos Premio
Nobel de Física en 1905 y 1919, respectivamente. No fueron la excepción:
cientos de renombrados antropólogos, etnólogos, filósofos, historiadores,
juristas, economistas, geógrafos, demógrafos, teólogos, lingüistas y médicos
se adhirieron espontáneamente al nazismo y –en forma individual o a través
de institutos creados al efecto– brindaron las “bases científicas” para la
preparación, justificación y ejecución del genocidio.
Sus nombres quedaron registrados. “Sólo quedan sin conocer los nombres de
los ingenieros que construyeron con tanta eficacia las cámaras de gas, pero
los hechos demuestran que conocían el oficio.”10
Estos mismos científicos se ocuparon de difundir la doctrina nazi a nivel
mundial. La “ciencia antijudía” que desarrollaron formó una parte orgánica
de toda la ciencia puesta al servicio del Tercer Reich.
Quiero también citar unas líneas escritas en 1933: “el saber significa para nosotros:
tener poder sobre las ideas y estar preparados para los hechos (…). La
revolución nacionalsocialista no significa sólo que un partido con suficiente
fuerza tome el poder; esta revolución significa una revolución total de nuestra
existencia alemana (…). ¡Heil Hitler!”. Quien firma esto es el filósofo
Martin Heidegger.11
5. Jamás se llegó a tal deshumanización de las víctimas. Ello quedó demostrado
por el más cruel de los sadismos desatados contra los judíos durante las deportaciones;
los confinamientos en los ghettos; la reducción a un número y
un objeto en los campos de concentración, quitándoles la identidad; los torEfectos
persistentes de los traumas sociales en las nuevas generaciones / 187
12 Kuper, L. Genocide. New Haven, Yale University Press, 1982.
13 Idem.
mentos gratuitos, el terror, la humillación, la degradación y la tortura destinados
a destruir el espíritu antes de la aniquilación total.12
El exterminio ideológicamente justificado era un fin en sí. La prioridad era
matarlos, aunque todavía se podía aprovechar su trabajo como esclavos. La
orden era enviar los trenes a los campos de exterminio, aun cuando las vías
eran necesarias prioritariamente para fines bélicos. Esa es la razón por la cual
el exterminio de los judíos de Hungría, Italia, Grecia y Eslovaquia continuó
hasta el último momento, a pesar de que la guerra estaba irremediablemente
perdida. “El genocidio de los judíos fue la más completa realización de la
aniquilación de un pueblo como tal.”13
6. Jamás otro genocidio en la historia se caracterizó por el establecimiento de
eficientes centros de exterminio. Basados en esa ideología, millones de alemanes
y sus aliados tomaron activamente en sus propias manos la masacre
de cuantos judíos pudieron, a pesar de que igualmente habrían muerto con
sólo exponerlos al hambre y las epidemias.
7. Aunque se infiere de lo anteriormente expuesto, creo importante recalcar las
diferencias con otros genocidios. Tomaré como referencia el realizado por los
turcos contra los armenios. Ambos tienen muchos elementos en común, pero
el alemán fue más radical, ya que su ideología racista no permitía excepciones,
mientras que los turcos –a través de la conversión forzada– les daban a
las víctimas cierta posibilidad de sobrevida. Fue infinitamente más sistemático,
no dejando –como los turcos– lugar a la espontaneidad en los planes y
ejecución de sus crímenes. En ambos genocidios se crearon condiciones de
privación, como para que las víctimas perecieran espontáneamente, pero los
alemanes prefirieron tomar la ejecución de los asesinatos en sus propias
manos. Reitero lo ya dicho: en ningún genocidio anterior fueron asesinados
tantos millones de seres humanos, en centros altamente especializados creados
para ese fin.
8. Jamás se había usado la propaganda en la forma y con la eficiencia que lo hicieron
los nazis. Utilizaron el gran bagaje de material antisemita preexistente
y aprovecharon el terreno fértil que el mismo había dejado en casi todo el
mundo, pero modificaron el contenido para hacerlo más apropiado a sus
fines.
El aparato de propaganda nazi logró ampliamente sus metas en todos los frentes:
a) pudo cohesionar a la enorme mayoría de los alemanes; b) facilitó la ad188
/ Nuestra Memoria
14 The righteous among the nations. Jerusalem, Yad Vashem, 2004.
15 Kijak, M.; Pelento, M. L. “Mourning in certain situations of social catastrophe”, en International
Review of Psycho-Analysis. Nº 13. 1986, pág. 463.
hesión de países aliados y satélites; c) vio facilitada la conquista de otros países
y la colaboración de gran número de sus habitantes, estimulando el antisemitismo
preexistente; d) logró mantener la neutralidad –generalmente, colaboración
pasiva– de muchos países no involucrados en la guerra; y e) pudo,
usando la propaganda antisemita en forma de quinta columna, infiltrarse en
los países enemigos, captando gran cantidad de simpatizantes que colaboraron
con ellos.
Como resultado de esta propaganda, los judíos de la Europa ocupada se vieron
en una situación de total aislamiento, perseguidos por los alemanes y sus
colaboradores ucranios, polacos, croatas, lituanos, letones y estonios, sin
ayuda de sus vecinos y ante la casi total indiferencia del mundo.
Sólo traeré dos ejemplos de los efectos de este aislamiento, que hacían imposible
la ayuda que los judíos del resto del mundo intentaban brindar. Cuando
aún podrían haberse salvado muchos judíos de Europa, los burócratas de los
países libres, amparándose en leyes inmigratorias severas y haciendo oídos
sordos a los ruegos, los arrojaron al final conocido. Cuando las instituciones
judías, tratando de salvar a sus hermanos húngaros, suplicaban a los Aliados
que bombardeasen las vías férreas que conducían a los campos de exterminio,
la respuesta fue que no se podían arriesgar aviones y personal en misiones
no prioritarias.
Justo es reconocer la noble actitud de los 20.205 “Justos entre las Naciones”,
gentiles que –arriesgando o inmolando sus vidas– tanto hicieron para salvar
a sus vecinos judíos.14
La humanidad después de Auschwitz
Cada catástrofe social marca un antes y un después para el grupo humano que
la padece. La Argentina no es ni será la misma después de la terrible represión
sufrida durante el gobierno militar (1976/83) y su secuela de 30.000 desaparecidos.
Y lo mismo podríamos decir de todo otro genocidio. Elaborar un duelo
semejante es imposible, tanto para el individuo como para la sociedad.15 La
mente humana está preparada para sobrellevar pérdidas habituales, pero no catástrofes,
y los efectos de éstas dejan sus huellas en las generaciones siguientes.
Los efectos traumáticos de la persecución nazi dieron lugar –además de a los
que aparecen en toda otra catástrofe social– a otro fenómeno que afecta no sólo
a los pueblos y grupos que fueron víctimas de la misma, sino a toda la humanidad.
El Holocausto puso al descubierto una característica del ser humano que
Efectos persistentes de los traumas sociales en las nuevas generaciones / 189
16 Kren, G.; Rappoport, L. The Holocaust and the crisis of human behavior. New York, Holmes
& Meier, 1980. Citado en Luel, S. A.; Markus, P. (eds.). Ktav. New York, Ktav, 1984.
17 Hanover, Nosn Note. Yeven Mezulah. Citado en Leivick, H. Di khasene in Fernwald. New
York, Cyco, 1949.
18 Leivick, H., op. cit., New York, Cyco, 1949, pág. 10.
cambió por completo la visión que éste tenía de sí mismo. Como dicen Kren y
Rappoport, “El Holocausto es el equivalente, en lo moral, de la revolución copernicana”.
16 Y es a este efecto traumático al que quiero referirme.
En los años 1648/49, durante el levantamiento contra los polacos, los cosacos
liderados por Bogdan Chmelnicki masacraron a 100.000 judíos. A dicha catástrofe,
por su magnitud y consecuencias, se la equiparó con las destrucciones del
Primero y Segundo Templo de Jerusalén.
Un cronista de la época, Nosn Note Hanover, escribe en el Prólogo de Abismo
de desesperación que, para no avergonzar al género humano, no relatará
todo lo que ha visto. Para dicho autor, el narrar las atrocidades de los cosacos
mostraría una imagen del hombre que él prefería no poner en evidencia.17
En 1946, después de la hecatombe nazi, el poeta y dramaturgo Leivick, citando
las palabras de este cronista, se preguntó si “hoy, por el contrario, ¿no
sería necesario relatar todo, todo, todo, para avergonzar al ser humano por toda
la eternidad, para que deje –de una vez por todas– de mentir con las hermosas
palabras ‘mañana’, ‘futuro’?”. Recuerda este autor que los nazis también pertenecen
al género humano y que –por lo tanto– fueron hombres los que cometieron
esos horrendos crímenes.18
No creo que se haya relatado todo –suponiendo que ello fuera posible– a la
mayor parte de la gente. Es difícil saber, además, cuál es el grado de conciencia
que se tiene de esa realidad, ya que toda la información respecto a la misma es
emitida y recibida a través de filtros defensivos. Pero lo que sí a todos llega y
todos saben es suficiente para conmocionar hasta sus cimientos lo que se entiende
por “condición humana”, para llegar a comprender que en Auschwitz se
modificó la imagen del ser humano que hasta ese momento se creía auténtica. El
Holocausto mostró cruelmente lo que el hombre puede hacer, más lo que puede
presenciar sin inmutarse. La maldad desplegada por los nazis y sus colaboradores,
agravada por la enorme indiferencia de quienes podrían haber ayudado a las
víctimas y no lo hicieron, terminó derribando la imagen ética preexistente.
La imagen que el ser humano tenía de sí mismo distaba de ser ideal. Su capacidad
destructiva había sido descrita y denunciada desde los albores de la
historia, y la Primera Guerra Mundial fue considerada su máxima expresión.
Existía el temor de que dicha destructividad llegase a ser mayor aún.
En 1930, Sigmund Freud manifestó: “A mi juicio, el destino de la especie humana
será decidido por la circunstancia de si –y hasta qué punto– el desarrollo
190 / Nuestra Memoria
19 Freud, Sigmund. Civilization and its discontents. S.E. XXI. 1930, pág. 145.
20 Mansell Pattison, E. “The Holocaust as sin. Requirements in psychoanalytic theory for
human evil and mature morality”, en Luel, Steven A.; Markus, Paul (eds.). Psychoanalytic
reflections on the Holocaust. New York, Ktav, 1984.
cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas
del instinto de agresión y autodestrucción. En este sentido, la época actual
quizá merezca nuestro particular interés. Nuestros contemporáneos han llegado
a tal punto en el dominio de las fuerzas elementales que –con su ayuda– le
sería fácil exterminarse mutuamente hasta el último hombre. Bien lo saben, y
de ahí buena parte de su presente agitación, su infelicidad y su angustia. Sólo
nos queda esperar que la otra de ambas ‘potencias celestes’, el eterno Eros, despliegue
sus fuerzas para vencer en la lucha con su no menos inmortal adversario.
Mas, ¿quién podría augurar el desenlace final?”.19 Strachey nos recuerda
que la última frase la agregó Freud en 1931, frente a la amenaza del nazismo.
Evidentemente, no se llegó al exterminio del género humano. Pero en otro
sentido, sucedió lo que Freud intuía: el “eterno Eros” no llegó a cumplir su cometido.
No quiero reiterar las características del nazismo, pero jamás en la historia
se produjo tal grado de defusión pulsional en la conducta colectiva.
A las palabras de Freud recién citadas habría que agregar que el hombre no
sólo posee la capacidad física para destruirse, sino también la habilidad psíquica
para realizarlo. Que puede derribar las barreras de la ambivalencia y desembocar
en una orgía tanática. Y esto último lo comprobó con el nazismo. (Wangh,
1984.)
Se aceptaba –siguiendo el pensamiento de Blas Pascal– que el ser humano no
es ni ángel ni animal. Aunque perfectible, siempre están presentes sus atributos
éticos. De hecho, el vocablo “humano”es usado como sinónimo de “el poseedor
de cualidades éticas”. Cuando ellas faltan, se lo califica como inhumano, salvaje,
bárbaro o animal.
A los actos de agresividad descontrolada se los consideraba propios de una
regresión a estadios previos a la adquisición de su condición de civilizado, equiparable
a la vuelta a la condición animal. Probablemente esto sea aplicable a los
actos de barbarie individual o colectiva, cuando la regresión masiva hace que
aparezcan conductas aberrantes. En lo colectivo, es la agresividad desenfrenada
de la turba o la soldadesca; la de los pogroms o las orgías de muerte desatadas
por las tropas invasoras sobre las poblaciones civiles o los prisioneros.
En cambio, la destructividad desplegada por el nazismo no es equiparable a
las recién mencionadas. No es animal, sino humana. Es también de fundamental
importancia no confundir ese despliegue con el que se observa en algunos
cuadros psicopatológicos, ni compararlo con actos aislados de aberración de la
conducta.20
Efectos persistentes de los traumas sociales en las nuevas generaciones / 191
21 Hanson, J. “Nazi culture. The social uses of fantasy as repression”, en Luel, S. A.; Markus,
P., op. cit., pág. 35.
22 Mark, B. Megillas Auschwitz. Tel Aviv, Israel-book, 1977. La traducción es propia.
Y es el reconocimiento de este grado de agresividad lo que modifica de raíz
la visión de sí mismo que tiene el hombre en la dimensión ética. “Ese” es el ser
humano; el que, a partir de Auschwitz, descubrió que tiene en sí los componentes
capaces de cometer esos horrendos crímenes. En los campos de exterminio
desapareció para siempre lo que el hombre creía que era.
Este ser humano –en el cual, como espejo y por más que nos horrorice, nos
vemos reflejados– es el que pasó a ocupar el lugar del anterior. “Para los occidentales,
el horror del Holocausto reside en reconocer que los crímenes fueron
cometidos por nuestros dobles y que las monstruosidades se cometieron por europeos
en nombre de la Kultur.”21
Creo que pocas palabras pueden ser más claras y elocuentes que las que incluiré
a continuación:
Enterrada en las cenizas del crematorio de Auschwitz se encontró una lata
conteniendo las crónicas de Zalmen Gradovski, un judío polaco obligado a formar
parte del Sonderkommando, que se encargaba de las víctimas en las cámaras
de gas. Sabiendo cuál sería su fin, se propuso dejar un testimonio de lo que
había visto y vivido. Sus anotaciones se encuentran en el Museo de Medicina
Militar, en San Petersburgo, bajo el número 21.429. Quiero transcribir algunos
fragmentos del comienzo de su escrito:
Ven, amigo mío. Levántate y abandona tus cálidos y seguros palacios.
Junta coraje y ven conmigo a hacer un paseo por el continente europeo,
donde el demonio tomó posesión, y te relataré y demostraré con hechos
de qué manera la raza altamente civilizada aniquiló al débil, indefenso e
inocente Pueblo de Israel.
Que no te asuste el trágico camino. No te aterrorices por los horrores que
tendrás que presenciar. Te mostraré las cosas paulatinamente, y poco a
poco tus ojos se nublarán, se endurecerá tu corazón y tu oído ensordecerá.
¿Ya estás listo para la travesía? Sólo una condición más te exigiré: despídete
de tu mujer y de tu hijo porque después de ver estos cuadros horribles
no has de querer vivir más en un mundo en el cual pueden realizarse
estos hechos diabólicos. Despídete de tus amigos y conocidos porque,
con certeza, después de ver los horribles actos sádicos cometidos por
el aparentemente culto pueblo satánico querrás borrar tu nombre de la
familia humana y te lamentarás del día de tu nacimiento.22
Soy de la opinión, siguiendo a Laub y Auerhahn, que “la realidad del Holocausto
es un principio organizador inconsciente para las futuras generaciones.
192 / Nuestra Memoria
23 Laub, D.; Auerhahan, N. “Reverberations of genocide. Its expression in the conscious and
unconscious of post-Holocaust generations”, en Luel, S. A.; Markus, P., op. cit.
24 Aslan, C. M. “Traumas patógenos y traumas normógenos”, disertación en el “XLII Symposium
de la Asociación Psicoanalítica Argentina”. Buenos Aires, APA, 2004.
25 Kliger, Kehos. Khvel mir koyfn a gelekhter. Ior-bukh fun idishn ishuv in Argentine. Buenos
Aires, Ed. Idish, 1946.
Este hecho histórico configura la representación interna de la realidad, incluyendo
las relaciones interpersonales. Esto es válido no sólo para los sobrevivientes
y sus hijos, sino para todos. La realidad del Holocausto sensibilizó al ser
humano ante la potencialidad de la agresión ajena y propia. El Holocausto dejó
una impronta psíquica permanente”.23
Si queremos entender el mecanismo por el cual se produce esa impronta psíquica
permanente, debemos tener en cuenta la magnitud traumática de la percepción
de ese grado de agresividad del ser humano.
Para las generaciones siguientes al Holocausto, la realidad pasada y las marcas
que la misma dejó en sus padres y en la sociedad en general, por su enorme
intensidad traumática, actúan como un estímulo que sobrepasa la posibilidad
del Yo de enfrentarlo en forma adecuada. La magnitud de lo que se fantasea respecto
de estos hechos, que se conocen predominantemente por la información,
es tanta que produce resultados similares a los que se generan por la acción de
los traumas, ya sean reales o psíquicos. Como resultado, se produce una modificación
del aparato psíquico, una desestructuración parcial, generándose como
resultado una identificación normógena. La misma es el producto de la internalización
de lo traumático a nivel del Yo o el Superyo, y tiende a emerger del inconsciente
cuando –por razones internas o externas– ello se ve facilitado.24
De diferentes maneras se expresa el impacto de tal traumatización.
Relataba en la introducción la manera en que mis padres y los residentes de
su pueblo lloraban por sus seres queridos y su mundo aniquilado. También en
esa época se elevó otro llanto desgarrador, que se sumó a los anteriores. Este
fragmento de un poema es una expresión del mismo:25
Yo había tenido un mundo,
un enorme, infinito mundo de sueños;
sueños sin fronteras, sin guardianes ni barreras.
Yo había tenido un mundo,
un enorme, hermoso, floreciente mundo de sueños,
y se lo quemó,
se lo arrojó al infierno, a los abismos
de oscuridad, lamento y desgracia;
se lo hundió
en lágrimas, se lo ahogó en sangre.
Efectos persistentes de los traumas sociales en las nuevas generaciones / 193
26 Isaías, 2:4.
Yo había tenido un mundo de soleados espacios,
luminoso, enorme,
entonces apagaron el Sol, y sembraron al mundo con semillas
de plomo y munición,
de dolor y de muerte,
y se lo inundó con ardiente metralla
de acero y de hierro,
con mortíferos gases,
con hogueras calcinantes,
con muerte y con sangre.
Yo había tenido un mundo radiante, enorme.
Un mundo infinito de sueños.
El poeta judeoargentino Kehos Kliger escribió, en 1946, estos versos, pertenecientes
al poema Me compraré una risa. Llora la pérdida de aquella visión de
la condición humana en la que el sueño de lograr la perfección ética ocupaba un
lugar prominente. Aquélla en la cual está presente el anhelo profético de “transformar
las espadas en arados”, sustentada en la certeza de la existencia –a pesar
de todo– de una bondad básica en el ser humano y en la posibilidad de que la
agresividad se vaya atenuando hasta desaparecer.
“No alzará pueblo contra pueblo la espada y no se enseñará más a guerrear.”
26 Esta es una ilusión que se sostiene sobre la imagen del hombre que, pese
a su parte “animal”, es capaz de la perfección. La destructividad desplegada por
el nazismo echó por tierra con esa idea, instaurando una nueva, con características
siniestras. El nazismo puso en evidencia no la “potencialidad” destructiva
del ser humano, sino la que efectivamente desplegó. “Ese” ser humano no es un
fantasma, sino un ser real en el cual pueden convivir armónicamente dos facetas:
la habitual, junto con la que es capaz de cometer las crueldades jamás imaginables.
El eficiente ejecutor de la “Solución Final” es un padre amoroso para
con sus hijos y se conmueve hasta las lágrimas escuchando Mozart.
El “eterno Eros” sigue funcionando –como deseaba Freud en El malestar en
la cultura–, pero de una manera distinta a la imaginada hasta ese momento. La
nueva defusión no llevó –como temía Freud– a una destrucción total de unos a
otros, sino a una forma de destrucción inédita. Esta se desplegó en toda su magnitud
y conmocionó a la humanidad.
¿Cómo es la reacción frente a este descubrimiento, esta evidencia, y cómo se
duela por la imagen perdida?
El llanto desgarrador, desconsolado, del cual el poema citado es un ejemplo,
se sigue expresando en múltiples formas. Las creaciones artísticas son uno de
194 / Nuestra Memoria
27 Lifton, R. Y. “Beyond psychic numbing. A call to awareness”, en American Journal of
Orthopsychiatry. Vol. 52, Nº 4. 1982, pp. 619-629.
28 Zac, J.; Grinfeld, P. “El futuro del psicoanálisis en América Latina”, disertación en el “XIV
Congreso Psicoanalítico de América Latina”. Buenos Aires, 1982.
los medios más frecuentes en los cuales se exterioriza dicho horror. Los monumentos
recordatorios, los actos de homenaje, el estudio sistemático del Holocausto,
tratando de conocerlo en toda su magnitud, son diferentes formas de
tomar conciencia de lo que el nazismo significa, de intentar hacer el duelo por
todo lo perdido y de bregar para que esa potencialidad destructiva del ser humano
no vuelva a desplegarse. El incremento de la lucha por los derechos humanos,
después del final de la Segunda Guerra Mundial, también es producto
de esto último.
Probablemente no exista modalidad defensiva que no se haya movilizado
para atenuar o alejar la percepción de lo que ocasionó el nazismo. Es más fácil
atribuir lo inhumano a un grupo –los nazis–, localizable en un tiempo y espacio
especial, y pensar que es obra de un líder psicótico que arrastró a grupos
marginales con tendencias sádicas preexistentes, o tratar de explicarlo acudiendo
a teorías conocidas, que reconocerlo como algo que hicieron seres humanos:
el Holocausto es obra del ser humano. Es lo que expresa Leivick en el párrafo
anteriormente citado.
Otro tanto puede decirse respecto de las múltiples opiniones que intentan
explicar el Holocausto como provocado o favorecido por la complicidad masoquista
de las víctimas; modificada esta última, no hay posibilidades de que
se repita. Más allá del error de querer explicar fenómenos sociales tan complejos
equiparándolos al comportamiento de una pareja sadomasoquista, creo
que éstas son racionalizaciones que intentan mitigar el horror frente a la nueva
realidad.
Formas burdas de defensa son la negación total o parcial de los hechos; a menudo,
al servicio de fines propagandísticos pro nazis y antisemitas. Lifton describe
la utilización de un agrupamiento de defensas –como la negación, la supresión
y la represión–, que caracterizó como “pérdida de sentido” (“numbing”).27
Tal vez la modalidad defensiva que masivamente predomina sea la que Zac y
Grinfeld denominan “superficialización”,28 resultado de una conjunción de diversos
mecanismos. Estas modalidades defensivas explican el modo en que es
posible recibir un grado tan grande de información (la enorme cantidad de películas
y escritos que muestran los horrores de la persecución nazi son un ejemplo
de ello) y –al mismo tiempo y en forma manifiesta– continuar, casi sin inmutarnos,
con lo cotidiano. De más está decir que los psicoanalistas no estamos
exentos de caer en estas distorsiones que nos llevan a perder nuestra objetividad,
tanto en nuestra labor terapéutica como en el estudio teórico, ya que estaEfectos
persistentes de los traumas sociales en las nuevas generaciones / 195
29 Kijak, M.; Pelento, M. L. “La labor analítica en época de crisis”, en Revista de Psicoanálisis.
Año XL, Nº 2. Buenos Aires, 1983.
mos involucrados y somos víctimas de este extremado incremento del “malestar
en la cultura”.29
¿De qué manera retorna de lo reprimido el horror que causa el conocer a ese
ser humano nuevo, dotado de tales características destructivas, y la imposibilidad
de hacer un duelo por la imagen previa perdida?
Caemos, inevitablemente, en el terreno de las conjeturas si queremos responder
esos interrogantes.
Un ejemplo muy frecuente es el uso indiscriminado de términos como “nazi”,
“Holocausto”, “Auschwitz”, “Gestapo”, etc., aplicándolos indiscriminadamente a
personas y circunstancias triviales. Un padre que castiga a su hijo es calificado de
“nazi”, y a una Policía que reprime una manifestación se la iguala a la Gestapo.
Es cierto que el uso de las generalizaciones es habitual, pero en estos casos, no
creo que se las emplee sólo como metáforas o comparaciones. Pienso que están
relacionadas con la necesidad inconsciente de expresar algo siniestro instalado
en el imaginario colectivo, pero que –al mismo tiempo– está al servicio de su distorsión.
Y ello conlleva un riesgo: si un padre o la Policía son calificados de esa
manera, automáticamente el nazismo pasa a ser sólo un régimen autoritario y represor,
desconociendo lo esencial del mismo y la impronta imborrable que dejó.
En qué medida la realidad del Holocausto se preste sólo a su uso metafórico
o también ayude a darle forma e intensifique los conflictos psíquicos en las generaciones
no directamente involucradas es un tema que merece ser estudiado
con detenimiento y que –por el límite de tiempo del cual dispongo– dejo para
otra oportunidad.
¿La repetición permanente de genocidios y la ambivalente –generalmente, indiferente–
forma de reaccionar de individuos, grupos y gobiernos frente a ellos
están relacionadas con ese duelo no elaborado? ¿El profundo malestar generado
por el terrorismo organizado, desplegado por los movimientos fundamentalistas,
está también incrementado por la certeza –que el nazismo puso en evidencia– de
que la destructividad humana puede ser ilimitada? No son preguntas fáciles de
responder, pero lo que sí me parece inevitable es que la nueva imagen de lo que
es el ser humano, que el nazismo puso en evidencia, se instaló definitivamente
y agravó el preexistente malestar en la cultura. Y para nosotros, los psicoanalistas,
es imprescindible saber que no se puede estudiar en forma integral al ser humano
sin tener en cuenta el Holocausto y lo que éste puso al descubierto.
Dejo para el final un par de preguntas difíciles de responder: ¿Cómo se verá
el ser humano en un futuro? ¿Tendrá recursos para balancear sanamente esta visión
de sí mismo, alterada a partir del Holocausto?
La predicción no ha sido el fuerte del psicoanálisis. Suponer que se puede
196 / Nuestra Memoria
30 Wiesel, Elie. …un di velt hot geshvign. Buenos Aires, Unión Central Israelita Polaca en la Argentina,
1956.
llegar a una situación ideal en la cual Tánatos quede totalmente supeditado y al
servicio de Eros es caer en una fantasía mesiánica. Pero, ¿es posible volver a una
situación en la que predomine, en la relación entre los seres humanos, al menos
una ambivalencia tolerable? ¿Habrá caminos para poder lograrlo? ¿Podemos
tener fe en la fuerza del “eterno Eros”?
Elie Wiesel, sobreviviente de Buchenwald, relata –diez años después de la liberación–
su terrible experiencia en el libro …un di velt hot geshvign (…y el
mundo callaba). Como cierre de mi presentación quiero transcribir dos pasajes
del mismo. Comienza su crónica con estas palabras:30
En el principio estaba la creencia, la tonta creencia; y la confianza, la
vana confianza; y la ilusión, la peligrosa ilusión. Creíamos en Dios, teníamos
confianza en el hombre y vivíamos con la ilusión de que en cada
uno de nosotros existe una chispa del resplandor divino, de que cada uno
de nosotros posee en sí mismo, en sus ojos y en su alma, la imagen divina.
Esa fue la fuente –si no la causa– de todas nuestras desgracias.
Después del largo y pormenorizado relato de su horrible experiencia en
Buchenwald, finaliza su libro en el momento de la liberación. Estaba gravemente
enfermo, y en el hospital donde fue internado lo consideraban desahuciado.
En un momento, y con sus últimas fuerzas, se incorporó y quiso ver su
imagen en un espejo.
Vi mi propia imagen después de mi muerte. En ese instante se despertó en mí
el deseo de vivir. Levanté –sin saber por qué– mi desfalleciente puño y rompí el
espejo. Destruí la figura que en él se reflejaba.
Paulatinamente comenzó a mejorar, y durante su convalecencia se propuso
escribir sus crónicas. En el momento de su publicación estaba terriblemente decepcionado
por el derrumbe moral de la humanidad, posterior al Holocausto.
Termina su libro afirmando que, por más que denuncie lo sucedido, “no soy
tan ingenuo como para creer que este libro modificará el curso de la historia y
sacudirá la conciencia de la Humanidad (…). Los que callaban ayer, seguirán
callando mañana. Me pregunto con frecuencia, ahora, diez años después de
Buchenwald: ¿Valió la pena romper el espejo? ¿Valió la pena?”.
Si nos guiamos por todo lo que este luchador por los derechos humanos ha
realizado hasta el momento, y que le valió el Premio Nobel de la Paz, pensamos
que –a pesar de su gran decepción– la respuesta es afirmativa.
Tal vez, como psicoanalistas y desde nuestro modesto lugar de trabajo, también
tengamos que seguir ese ejemplo y tratar de ayudar a recuperar, en lo posible,
una mejor imagen del ser humano.
* Conferencia organizada por la Fundación Memoria del Holocausto-Museo de la Shoá y la
Facultad de Humanidades de la Universidad de Belgrano, dictada en esta última. Buenos
Aires, 21/10/05.
Psicología del racismo y
el Holocausto*
Dr. José
Itzigsohn
Cofundador y director
de la carrera de
Psicología en la
Universidad de
Buenos Aires.
Presentación a cargo de la Decana de la Carrera de Humanidades
de la Universidad de Belgrano, doctora Susana Seidmann:
El doctor José Alberto Itzigsohn fue uno de los fundadores de
la Carrera de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y director
de la misma.
El 1º de octubre recibió el título de doctor honorario de la Universidad
de Buenos Aires, acto en el cual se conmemoraban los
veinte años de la Facultad de Psicología como independiente de la
Facultad de Filosofía y Letras.
En la actualidad, el doctor reside en Jerusalem, donde ha sido
cofundador de la Asociación de Trabajadores de la Salud Mental
de Lengua Hispana de Israel.
Es autor de varios libros entre otros: Las marcas de Abel y Una
experiencia judía contemporánea.
La presencia del doctor Itzigsohn es auspiciada por la Universidad
Hebrea de Jerusalem y por el Centro Internacional para la
Enseñanza de la Cultura Judía”.
El tema del Holocausto nos preocupa mucho a todos: judíos y no judíos, a cualquier
persona que tenga sensibilidad humana porque es una catástrofe singular
en un siglo, el siglo XX que fue pródigo en ellas, como la Primera y Segunda
Guerra Mundial.
Cuando se analiza el fenómeno del Holocausto hay personas que tienden a
considerarlo como una de las tragedias mayores del siglo XX, como un fenómeno
totalmente diferente de los demás.
198 / Nuestra Memoria
Comenzaré esta exposición hablando del racismo en general, para ver cuáles
son los elementos comunes que puede tener con el Holocausto, y después pondré
el acento en aquellos aspectos que lo diferencian.
El racismo es una forma de la xenofobia.
La xenofobia es un comportamiento del ser humano registrado desde el
mismo comienzo de la historia.
No nos debe sorprender la xenofobia. Nos debe llamar la atención cómo
emergemos y en circunstancias especiales volvemos a ella. Avances y recaídas
en la percepción de la humanidad, como una humanidad única y total.
Lo primero que vemos cuando estudiamos la psicología de la historia y la comunidad
social es que los seres humanos se organizaron como entidades humanas
numéricamente pequeñas, con una gran disociación: con el afecto puesto
adentro y la hostilidad, afuera. Es comprensible, ya que no había otra manera
de subsistir: esos grupos correspondían a la realidad inmediata en la cual se
iba desarrollando el ser humano. Tenemos muchos ejemplos que no tienen que
ver con el nazismo, pero sí con la xenofobia.
Muchos pueblos designaron a sus vecinos con epítetos denigratorios. Los eslavos
designaron a los germanos con una raíz: “nemetz”, que quiere decir mudo,
vale decir que no era solamente gente que hablaba un idioma diferente, sino
seres incapaces de hablar.
Otros ejemplos mas cercanos: El nombre que sus vecinos dieron a los “yamanes”
(indígenas extinguidos de Tierra del Fuego), significa: “los que comen caracoles”
o “esquimal” que significa “comedor de carne cruda”.
La xenofobia persistió en la historia. A partir de un proceso de ampliación de
las relaciones interhumanas a veces, por conquistas; a veces, por negociaciones;
otras, por intercambio de bienes, o de mujeres vamos ampliando nuestro pequeño
marco –como dijo Levi-Strauss– e incluyendo al otro con una gran disociación:
con el afecto puesto adentro y la hostilidad, afuera.
Es un proceso lento y contradictorio, sujeto a continuos retrocesos. Una de las
formas de retroceso es el racismo. La xenofobia no es forzosamente racista. Por
ejemplo, en la época del imperio romano había esclavos de todo color y origen.
Vale decir que el otro podría ser sometido, oprimido, muerto, sin necesidad
de diferenciar su color de piel. Más adelante comienza a haber una elaboración
psicosocial del otro en función de su aspecto, su piel.
Un paso enorme en ese sentido fue el descubrimiento de América, cuando
–de pronto– ante los ojos del europeo apareció el indio, que era alguien completamente
diferente en su aspecto.
Otro momento fue el comienzo de la esclavitud africana, en el siglo XV, a partir
del cual el negro comenzó a ser objeto de una utilización que se basaba
–sobre todo– en su aspecto físico.
Psicología del racismo y el Holocausto / 199
Esto no quiere decir que antes no había diferencia racial. Una es su percepción
y otra, su institucionalización como una escala de valoración humana que
nos permita comportarnos con el otro de una manera que no aceptaríamos con
nuestro propio grupo.
En el templo de Abusimbel, en Egipto, hay una entrada en la cual se ve una
hilera de prisioneros asiáticos, y del otro lado, una fila de prisioneros africanos.
Ambos prototipos son inmediatamente reconocibles. Vale decir que la percepción
del otro ya estaba instalada.
Si agregamos el estigma que –a través de la praxis– transforma al otro no sólo
en un ser físicamente diferente, sino en uno carente de derechos, surge lo que
llamamos el “racismo contemporáneo”, que tiene diversas formas.
Una es la que se da frente al individuo que se explota y a quien no se le
conceden derechos. Por ejemplo: los esclavos africanos o los indios del altiplano,
explotados por los conquistadores y de quienes se decía –para justificar
la explotación– que se trataba de seres que no podían acceder a una cultura
superior por contar con una inferioridad genética y que su lugar en una
estructura social era estar al servicio de otros. Es decir, el grupo explotador
se justifica y les asigna una desigualdad genética para llegar a las formas superiores
de cultura.
Una forma aun más destructiva que el racismo es cuando se le concede a ese
grupo no sólo la incapacidad de acceder a la “cultura superior”, sino la de convivir
culturalmente.
En general, en este tipo de racismo, se trata de eliminar físicamente al otro,
cuya ocupación de la tierra es un obstáculo. El ejemplo típico en nuestra región
son los Onas, de Tierra del Fuego y los Tehuelches patagónicos. Se decia que
eran incapaces de evolucionar y no eran aptos para cualquier forma elemental y
mínima de convivencia.
Así vemos cuál es el tipo de praxis que configura el racismo.
Es interesante que la gente que comete estas atrocidades necesite justificarse.
Veremos que la noción de humanidad se venía desarrollando desde mucho
antes, y únicamente cuando ésta da un paso hacia atrás, se necesita explicarlo.
Tenemos que diferenciar muy bien entre las etapas de comprensión del otro
ser humano. Muchas veces esa comprensión ya existe, pero es dejada de lado
por intereses de otra naturaleza (porque quiero ocupar el territorio con ovejas,
porque quiero que trabajen hasta la muerte por mí, porque quiero que ocupen el
lugar que necesito o que desaparezcan).
Nadie tenía intenciones de matar a los esclavos, sino que murieran trabajando.
Aparece otro tipo de contextualización con respecto a pueblos que corresponden
a esa categoría que los griegos en su tiempo llamaron “metecos”. ¿Qué eran
200 / Nuestra Memoria
los “metecos”? Para los griegos o los romanos eran extranjeros que cumplían determinadas
misiones que no entraban en su escala de valores.
Esto se aplica a todo un grupo de pueblos que podemos llamar “intermediarios”,
en el sentido que cumplen la función de comercio, en relación con otras
naciones. Una función necesaria, pero que –a veces– es vista con recelo, miedo
y desprecio por parte del pueblo huésped.
Dentro de estos “pueblos intermediarios” hemos tenido –a lo largo de la historia
del mundo occidental– a los judíos, a los sirios y los distintos grupos árabes,
en la actualidad; y en el mundo oriental, sobre todo, a los chinos. Estos son
–básicamente– intermediarios en toda el Asia oriental. Y para este grupo de pueblos
se elabora una teoría racista específica.
Nadie puede decir que los judíos, los hindúes o los chinos son tontos. Hay un
viejo proverbio chino que viene al caso y dice que la gente que va a la montaña
es afable, y la que va al mar es inteligente. Vale decir que quien construye su
vida en el aislamiento es afable y quien lo hace en relación con el otro puede no
serlo, pero se supone que es inteligente.
¿Cómo se configura una teoría racista respecto de estos grupos? Se los ve
como pérfidos, corruptores, inadaptables, corruptores sexuales, y moralmente
inferiores. Esto los transforma –de alguna manera– en pueblos completamente
ajenos, provocando reacciones muy parecidas: por ejemplo, han habido pogroms
contra los judíos en Europa y contra chinos e hindúes en diferentes países de
Asia y África.
Si tuviese que definir “antisemitismo” dentro de una forma particular de racismo,
ésta comportaría la idea de extrañeza, de perfidia, de confabulación junto
con temor, porque siempre –dentro del racismo– cualquiera sea su forma, hay
temor en el grupo opresor con respecto al oprimido. Los propietarios de esclavos
tenían miedo de que éstos se rebelaran, y a veces estaba justificado, como
en el caso de Haití, donde pasaron por las armas a todos los esclavistas. El indio
también era temido porque podía reaccionar de una manera cruel. El judío el
chino o el hindú son aún más temibles, porque pueden afectar de maneras más
sutiles y más difíciles de percibir. Para el racista se introducen en su sociedad y
dañan sus valores y su identidad sexual.
Configuran básicamente el miedo al extraño en el que se supone que hay una
fantasía de sed de revancha destructiva, y de dominio, como puede leerse en los
famosos Protocolos de los Sabios de Sión.
Cuando hablamos de antisemitismo u otra forma de racismo no dejamos ver
la intensidad del miedo hacia esos pueblos. Es una actitud de perseguido-perseguidor.
Hay un gran temor.
Aquí llego a la especificidad del antisemitismo.
Psicología del racismo y el Holocausto / 201
Debe diferenciarse el racismo “judío” de otros similares.
Hay equivalencias entre un pogrom antijudío y uno antichino. Hasta aquí
vamos juntos.
Pero hay un momento histórico en el que se pasó del odio antijudío de
base religiosa y de larga data, al antisemitismo moderno, de base puramente
racial. Ese tipo de antisemitismo nace en Alemania y en Austria en la década
del 70 del siglo XIX y se extendió muy rápidamente a Rusia, Francia y
otros países.
El rechazo al judío ya no se basaba en su religión o su cultura, de la cual podría
“escaparse”, sino en la existencia de genes (no se usaba ese término), un
elemento racial que el judío no puede eludir.
Supongamos que el judío sea una persona absolutamente honorable, aún para
el antisemita. Pero ese judío tiene la maldición de ser portador de genes que
–tarde o temprano– darán lugar a un individuo corruptor, conspirador, que dañará
la sociedad.
¿Y cuáles son las alternativas? Las únicas que aparecen son aislarlo por completo,
castrarlo o eliminarlo. Y surge con el nazismo la idea hitleriana de que la
solución para el “problema judío” debe ser de una vez y para siempre: la “Solución
Final”.
Los ghettos eran considerados “porosos”; es decir, la gente podía salir de
ellos. Convertirse era una ficción porque la estructura genética no variaba.
Surgió la idea de que al pueblo judío había que exterminarlo.
No era una concepción simple del problema. Incluso entre los propios nazis
hubo planteos previos y diferentes. Uno fue cuando se ocupó el imperio colonial
francés: querían llevar a todos los judíos del mundo a Madagascar y rodear
esa isla con barcos de guerra, para que ninguno pudiera escapar. Aquí está la
idea de la exclusión, un gran ghetto. Pero deja vivir a esa gente.
Hubo otra idea, la de colonizar zonas más atrasadas de Polonia, con la idea
de que la mayoría moriría, pero llevaría –de alguna manera– a la regeneración
de esa raza, para que un grupo se liberara de esa maldición genética.
Pero finalmente esto fue dejado de lado por impracticable y predominó la
idea de la exterminación total. Una idea terrible, no sólo para las víctimas, sino
dificilísima de concebir para los propios planificadores y promotores. No nos
olvidemos de que éstos vivían en una sociedad en la cual la idea de la comunidad
del género humano ya existía. Hubo que retroceder milenios para decir que
la única solución posible era el exterminio, e incluso muchos formularon esto
de la siguiente manera: “hoy en día, los liberales nos critican, pero más adelante
nos justificarán”. Vale decir: la humanidad terminaría por comprender que
este sacrificio de ciertos aspectos de la humanidad, de una población genéticamente
inferior, estaba justificado por una ideología derivada del darwinismo social,
y de allí al Holocausto.
202 / Nuestra Memoria
Esto es lo que el Holocausto tiene de diferente.
Conocemos otros genocidios históricos previos; por ejemplo: el de los armenios,
en el cual un millón y medio de personas perecieron en manos de los turcos.
Pero una vez realizado ese genocidio, nadie promovía la idea de que el armenio
que había vivido no merecía hacerlo, y habría que seguirlo hasta el último
rincón y matarlo.
Lo desplazaron, realizaron una limpieza étnica, pero a quienes vivían en
otros lugares no se los persiguió.
Podemos pensar en genocidios más recientes, pero –una vez que se los desplazó–
aquellos sobrevivientes que están por el mundo viven tranquilos. Como
éstos hay muchos otros ejemplos de limpieza étnica.
No así en el caso del Holocausto. No bastaba con desplazar al judío, había que
perseguirlo hasta el último rincón, eliminarlo, porque un solo judío podía –dentro
de esa concepción racista– ser la fuente del mal, así que había que buscarlo
hasta el último extremo de la Tierra.
Los nazis crearon un ministerio de difusión de propaganda antisemita en
todo el mundo, incluso la Argentina. Como contemporáneo de aquella época,
puedo dar fe de que había grupos, no mayoritarios que adherían a esa ideología.
Tengo ejemplos en algunos de mis trabajos.
Leros es una isla del Dodecaneso que pertenecía a Italia. Cuando se produjo
la guerra mundial, los italianos no perseguían con saña a los judíos, los dejaban
vivir. En un momento dado, el gobierno cayó y fue reemplazado por una República
fascista.
Todas las posesiones italianas, incluida Leros pasaron a manos de los nazis,
quienes mandaron barcos a un mar infestado de submarinos aliados. Ya en la
última época de la guerra, cuando el Eje estaba perdido, fueron hasta allí para
llevar a Auschwitz al único judío de la isla.
Para mí es el símbolo máximo del Holocausto: exterminar a un pueblo hasta
su última persona.
Si hubiese alguna persona que tenía que quedar viva porque su oficio lo hacía
indispensable, a ese señor le habrían dado, como ocurrió muchas veces, la opción
entre morir o someterse a la castración para neutralizarlo como amenaza genética.
Esto es el Holocausto.
Lo que pasó ya lo conocemos: millones de personas sacadas de sus casas, millones
de personas hacinadas, millones de personas muertas. Vivieron en las
condiciones más inhumanas que podemos concebir.
Como psiquiatra, he tratado con muchos sobrevivientes del Holocausto, tanto
en la Argentina como en Israel. De las muchas historias que he escuchado, las
que más me han impresionado son aquellas que tenían que ver con la etapa final
de la guerra, cuando el único escape posible era refugiarse bajo tierra.
En una época en que un grupo de personas ya no tenía dónde esconderse, caPsicología
del racismo y el Holocausto / 203
vaban un refugio bajo la tierra. Allí vivían grupos de cinco o seis personas, en
la oscuridad e inmovilidad, esperando que algún campesino –por compasión o
por dinero–, les bajase algo de comida día a día y se llevase los excrementos. Es
que los nazis usaban perros para detectar si había algún judío escondido.
Reducir a un grupo humano a esa condición es quizá tan drástico como
matarlo.
Hay mucha gente, en otros países, que son testigos del Holocausto. En España
he podido hablar con oficiales de la Legión Azul, que fueron parte del ejército
alemán y me relataron simplemente lo que habían visto. Del relato de la gente
de esa ideología podemos sacar nuestra conclusión.
Estamos acostumbrados a pensar que de cada catástrofe se puede deducir:
“pasó algo terrible y nos dejó una enseñanza”. Pero no sé si podremos sacar alguna
conclusión de esto.
Me animaría a decir que la regresión a las formas más primitivas y destructivas
de la xenofobia, como el racismo, es una amenaza para todos los grupos humanos
y para la humanidad.
El Holocausto lo llevó a cabo un grupo al que conocemos como “los nazis alemanes”
con cómplices en toda Europa, sobre la base de una larga historia de exclusión
y odio a los judíos. Pero el genocidio es como una regresión para todo
grupo humano. Y no estamos hablando de historia, sino del presente. Recordemos
el destino trágico, muy reciente, de los Tutsis en Ruanda.
Y si es que hay una conclusión, ésta tiene que ser la permanente vigilancia
de nosotros sobre nosotros mismos, en cuanto individuos y en cuanto grupo,
para evitar este tipo de situaciones.

1 Mélich, Joan-Carles. La lección de Auschwitz.
Los cuatro profetas del
Apocalipsis
Dr. Arnoldo
Liberman
Psicoanalista, escritor.
El pasado es un recuerdo que siempre se encuentra a la misma distancia.
Por eso es posible vivir la experiencia de un pasado del que no he
tenido experiencia directa. Como ha escrito Franz Rosenzweig en La estrella
de la redención, el judío considera que el recuerdo histórico no es
un punto fijo en el pasado que vaya estando cada año un año más pasado,
sino que es un recuerdo siempre igual de cercano, que propiamente
no ha pasado sino que es un recuerdo eternamente presente. Cada uno
en particular ha de ver la salida de Egipto como si él mismo hubiera participado
de ella.
JOAN-CARLES MÉLICH.1
En Wansee, en las afueras de Berlín y en enero de 1942, los jerarcas nazis decidieron
acabar definitivamente con el pueblo judío. La llamada “Solución Final”
se puso en movimiento, y todo aquello que había sido un tenebroso preparativo
de años de persecución y muerte se transformó en un programa sistemático de
aniquilación en las cámaras de gases y los hornos crematorios. En ese mismo
mes, yo (que nací el año en que Hitler se encaramó en el poder) cumplía nueve
años y medio, en un pueblo lejano de la provincia de Entre Ríos, en la Argentina,
rodeado de caminos que sentía tan míos como si allí se aposentaran las más
sólidas justificaciones del vivir. Porque justamente entre esos caminos, en aquel
verde inigualable de la campiña entrerriana, en las aguas de aquel río que por
algo llamábamos el río azul y entre los árboles de aquella ciudad que por algo
llamábamos la ciudad del río azul, nacieron mis primeras aproximaciones al
mundo de los interrogantes, de las respuestas inaccesibles, de la nostalgia, de la
decisión de Wansee. En ese verde salvaje que enmarcaba el azul de mi río, en
esas calles de mis padres que diariamente me conducían a mi colegio y mi
plaza, en esos árboles que acogían eternamente aquellos ruidosos gorriones de
206 / Nuestra Memoria
mi pueblo, comencé lo que alguna vez Jorge Luis Borges llamaría el prolongado
comercio con los colores de la vida y los estremecimientos de una identidad que
comenzaba a crecer en mí para siempre: la inocencia de un niño feliz a quien,
desde Europa, en esos mismos momentos, destinaban a aquellas respuestas
inaccesibles, a aquellas nostalgias, a aquellas neblinas, por el simple expediente
de ser judío. Yo, que comenzaba a intuir que la alegría lejos del resto de los
hombres es una alegría contra ellos, comenzaba a saber también que Wansee era
el lejano cuestionamiento de dicha alegría. Mi infancia no era un edificio abandonado
y soñado –como en aquella canción de Schubert–, sino el testimonio rocoso
de mi legítima pertenencia a la vida. La canción de la tierra, la terca serenidad
de aquellos crepúsculos provincianos, la mirada protectora de mis padres
y esos juegos secretos y festivos en los cuales Dios era mi interlocutor privilegiado.
La felicidad estaba presente con sólo evocarla entusiastamente. Pero en
Wansee, a una distancia de millones de calles y ríos, de gorriones y árboles, mi
destino era otro. Jerarcas de un totalitarismo genocida decidían mi futuro súbitamente.
Yo no tenía derecho a esas calles, esos árboles, ese río, esos gorriones;
en fin, a ese asombro. Sólo tenía derecho, con mis nueve años y medio, a esa mínima
conciencia de lo que en Europa estaban decidiendo, y yo quedaba adherido
a esa conciencia con una intensidad que sólo hoy puedo ponderar realmente.
De una manera turbadora, desasosegada, mi pequeña conciencia recién nacida
aprehendía los primeros indicios de mi identidad, la cual –por siempre, ya–
se instalaría en un espacio de interrogantes, conflictos sangrantes, sonambulismo,
arduas fidelidades. Comenzaba a ser un apátrida por decreto, o como diría
Hannah Arendt: un individuo sin Estado. Habitaba dos espacios a la vez (cosa
que marcaría para siempre mi mundo interno): uno, en mi pueblo, rodeado de
aparentes seguridades y de un clima liberal de convivencia; otro, en algún secreto
lugar de mi mundo fantasmático, recorriendo Europa en el vagón de un
tren de Ferrocarriles del Tercer Reich, oprimido y aterrorizado, camino a Auschwitz.
Una rata, codo a codo con miles de ratas, llevada al matadero por el simple
hecho de ser judío.
Una infancia en la cual el amor me ha rozado y todo parece bien escrito en
ese cielo que la candidez me regala se transforma repentinamente en “Zyklon
B”, en cientos de cuerpos machacados, en estrellas amarillas devoradas por un
fuego diabólico, en tortura y destrucción apocalípticas. Ya no tenía derecho a
reivindicar la legitimidad de mi existencia en un mundo en el cual era yo quien
ya no tenía sitio. Fue allí, en aquellos momentos de mis nueve años y medio,
que aprendí, por primera vez, lo que quería decir “Apocalipsis”. Hasta un minuto
antes, estaba inserto en un orden absoluto, fiel a los colores de mi pueblo,
a los árboles de mis calles, a mis amigos entrañables. Un gran teatro de engaños,
en el cual protagonizaba el papel del portador de la felicidad eterna, un mensajero
de la bienaventuranza. Mi reino era de este mundo, y coincidía con Dios en
Los cuatro profetas del Apocalipsis / 207
la plegaria de una fiesta secreta. Y de pronto, la tormenta recóndita, el cielo
transformado en una enorme llamarada, un incendio ebrio y alucinante transformaban
mis seguridades en puro escombro, pura arena movediza, desazón
esencial, trágica opereta (no puedo dejar de pensar en aquella definición de
Walter Benjamin en la cual señalaba que la historia no es un largo camino de la
humanidad hacia el progreso, sino una montaña de escombros que sube hacia
el cielo). En la sinagoga del amor, lo esencial es permanecer fieles a la maravilla
de la tierra. Pero un campo de batalla –el de mi mundo interior– comenzaba
a cruzar los anhelos del amor con la impía desconfianza que Wansee introducía
en mis temores. Yo me transformaba –como dice Wordsworth– en un viajero
entre la vida y la muerte. Habíamos de morir, claro, pero yo ya no tenía el derecho
de dejar la tierra por una muerte biológica: la irrupción de una vasculopatía
o un infarto, por una artrosis senil o una diabetes hereditaria; sino que sólo
tenía un destino de muerte imprevista, apenas pasados los nueve años de edad,
en medio del horror, la humillación, la impotencia y la cólera. La vida de mis
amigos cristianos comenzaba por la vida; la mía, por la muerte. ¿Qué de extraño
podía tener que un judío –en estas circunstancias– se definiera por la única
definición y el único valor que le dejaban, por el único espacio permitido? Sólo
era un judío, y se trataba de asumir la historia que me había marcado. Años más
tarde me haría sonreír irónicamente aquella definición de Althuser: “La historia
es un proceso sin sujeto”. Un desacato narcisista se me instalaba en la piel. Yo
era el sujeto de esa historia, y a mí me condenaban desde Wansee a dejar mi prometeico
empecinamiento de creer en la vida y la alegría. “Vendrá la muerte y
tendrá tus ojos”, había escrito el poeta. De eso se trataba: del Apocalipsis al cual
me sentenciaban cuando aún creía en el tranquilizador sonido del río azul y el
rumor de las calles de mis padres.
No insistiré en esta memoria, pero años más tarde, ya lector empecinado e interrogador
sistemático de todo cuanto sucedía, me encontré con seres –auténticos
profetas de dicho Apocalipsis– que muchos años antes dibujaron en sus páginas
el vaticinio feroz que Wansee anunciaba. En dichas lecturas aprendí a
amarlos como si fueran mis hermanos, como si ellos también hubieran tenido
nueve años y medio en el cielo azul de un pueblo provinciano. Max Weber,
Franz Kafka, Walter Benjamin, Gustav Mahler, eran esa sangre fraterna que recorría
mis venas a través de la lectura de sus intuiciones, de ese arte de mil centinelas
(como habría dicho Forster), de ese eco de mil laberintos que ellos habían
recorrido cuando el mundo aún nada sabía de Hitler, ni yo de Wansee. Mi sabiduría
iniciaba un singular tránsito: no se desarrollaba sólo gracias a lo que
aprendía, sino en cuanto a todo lo que perdía. El Apocalipsis era una amenaza
real, y la vida plena de un niño se hacía pedazos temiendo morir a los veinte
años de un balazo en el corazón disparado cuando tenía nueve años y medio.
Luego de ese disparo, mis fidelidades se hicieron arduas y susceptibles –las pa208
/ Nuestra Memoria
labras son revólveres cargados, escribió alguna vez Brice Parain–, y ya no llegaría
a extrañarme ni siquiera que los guardianes de Auschwitz leyeran a Goethe
y escucharan a Schubert. Todo el sentido mismo de la vida, la mirada aprendida
en la serenidad de un hogar entrerriano, se disolvía ante un vaticinio siniestro:
uno de los pueblos más antiguos y civilizados debía desaparecer –reitero–
por el simple hecho de ser el judío. Mis padres me habían enseñado que veníamos
de ese pueblo, que me había dado a Einstein, Freud, Marx, Spinoza, Mahler,
Schönberg y tantos otros, que el mismo Proust (de quien mi madre leía A la búsqueda
del tiempo perdido) era judío. Que una enorme cantidad de judíos científicos,
economistas y escritores eran premiados en los distintos rincones del
mundo. Que el cincuenta por ciento de los Premios Nobel eran judíos. Todo ello
–decían mis padres– me señalaba hasta qué límites la pertenencia a este pueblo
debía ser un orgullo porque esa tradición judía, enormemente grávida y creativa,
había cambiado el mundo (como diría George Steiner: uno se sentía orgulloso
de ser miembro de ese club). Pero un día, súbitamente, esa identidad histórica
era cuestionada. Ya no podía ejercer mi transparencia de argentino, mi
densidad de argentino, mi absoluto de argentino (aunque en mi país todo era
paz para los judíos) porque la historia se escribía en lugares lejanos, muy allende
las fronteras de mi pueblo y de mi patria. Aprendía desde ese momento que
–como dice Santiago Kovadloff– el judío no se define como judío en virtud del
lugar que ocupa, sino de la espera en que consiste. Y no se trataba de esa espera
que tiene que ver con un devenir mesiánico (al fin de cuentas, pacífica y
plena de religiosidad o de teofanía), sino con algo mucho más brutal e inmediato:
la espera de la muerte, el cumplimiento del decreto de Wansee, mi existencia
dependiente de lo que pasara en Europa, mi seguridad hecha añicos.
Aquellos cuatro profetas del Apocalipsis me habían dado la voz de alarma, pero
no los había oído. Jack-Alain Léger, el notable autor de Wanderweg, dice a través
de uno de sus personajes: “Aquellos años que él había añorado tanto en su
vejez, aquellos años vividos con el sordo presentimiento de una catástrofe,
aquellos años en que se inventó la modernidad. Si entonces se hubiera sabido
oír las cosas inauditas que decían los creadores y los pensadores, todo podría
haberse evitado aún: la matanza de 1914-1918, la revolución de 1917, Hitler,
Stalin, Auschwitz, Hiroshima, los Campos Soviéticos. Al menos, eso era lo que
pensaba en el crepúsculo de su vida: ‘No nos escucharon. No escucharon nuestra
música. No escucharon lo que canta la contralto de la Tercera Sinfonía de
Mahler (‘¡Oh, hombres, tened cuidado!’). No escucharon las palabras de Nietzsche.
Ni las de Freud tampoco. ¡Ay, nadie supo entendernos entonces!”. Justamente
son estas palabras las que me incitaron a pensar en ellos, en aquellos cuatro jinetes
del Apocalipsis, aquellos profetas que Enzo Traverso (que menciona sólo
a tres) estudia en su La historia desgarrada, uno de los ensayos más lúcidos nacidos
de pensar Auschwitz.
Los cuatro profetas del Apocalipsis / 209
Como es hoy frecuente observar, Auschwitz se ha transformado en una palabra
única, en el símbolo mismo de la perversidad y la tragedia que asoló el siglo
pasado, en un referente obligado de toda meditación sobre el destino del hombre,
en una metáfora imprescindible para dar cuenta de los aspectos más inhumanos
e irracionales de la gestación del mundo moderno. Pero vayamos, respetando
la prioridad que registra Traverso, hacia aquellos profetas de lo infausto
que desde el corazón de Alemania alertaron al mundo (“¡Oh, hombres, tened
cuidado!”) sobre lo que sucedería pocos años más tarde.
El primero de ellos fue Max Weber, el conflictivo pensador que murió en
1920, que no vivió los horrores del nazismo ni de Auschwitz, pero –a la manera
de Hugo von Hofmannsthal– añoró un pasado imperial (“Avancen hacia
atrás”, como dicen los carteles de los autobuses, progresar hacia atrás, regresar
a las fuentes) que debía impedir el advenimiento de las fuerzas destructivas. El
fue uno de los primeros en ocuparse del tema del antisemitismo, y aunque algunos
señalan que su pensamiento “ayudó” a la gestación del monstruo otorgándole
una especie de modelo de Solución Final al hablar de “la revolución carismática”
(“el pueblo judío es un pueblo paria”), lo cierto es que se trata de una
interpretación injusta y arbitraria. Weber fue el primero en lanzar un grito de
alerta frente a lo que él intuía como un emergente siniestro de un mundo en el
cual la racionalización y la barbarie comenzaban a juntarse, despojando a la
ética de su lugar privilegiado. Este “desencanto del mundo” –así lo llamaba–
centraba sus famosas conferencias de 1919 sobre ciencia y política, y transformaba
en vaticinio apocalíptico su crítica de la civilización occidental. “Lo que
nos espera no es la floración del verano, sino ante todo una noche polar, glaciar,
sombría y ruda”, decía. Recordaba en todo momento aquella frase –luego tantas
veces repetida– del Infierno del Dante: “lasciate ogni speranza” (“abandonad
toda esperanza”). Muchos años antes del advenimiento franco del nazismo y la
Segunda Guerra Mundial, Weber veía con mirada de profeta.
Cuenta Traverso que Detlev Peukert esbozó un retrato intelectual de Weber
con una sorprendente alegoría: la imagen de un condenado que aparece en el
Juicio universal, de Miguel Angel. Aunque le hayan agarrado por las piernas y
el Infierno le esté devorando, mantiene la postura clásica del pensador occidental.
Reflexiona con la cabeza apoyada en el brazo; la mano le oculta un ojo,
mientras el otro mira aterrado el paisaje apocalíptico que le rodea. Su tesis era
desesperada: todo intento de cambiar el curso de los acontecimientos era vano,
estéril. Un romántico resignado al devenir de una historia inexorablemente absurda
y horrible. Traverso señala, con incisiva agudeza, que esta visión –mediatizada
por el hermano de Max Weber, Alfred, profesor de Kafka en la Facultad
de Derecho de Praga– influyó significativamente en el joven escritor judeocheco.
El análisis comparado de un artículo de Alfred Weber titulado El funcionario
(Neue Rundschau, 1910) y de Una colonia penitenciaria, el famoso cuento
210 / Nuestra Memoria
de Kafka (1914), revela sorprendentes afinidades entre el sociólogo alemán y el
escritor de Praga. Alfred recuperaba pensamientos de su hermano Max sobre el
destino ineludible de Europa. “La burocracia es un estado social despojado de
alma”, decía. ¿Y qué fue el nazismo sino una espantosa máquina burocrática al
servicio del asesinato colectivo, una “máquina productora de muerte”, como
diría el esposo de Hannah Arendt, Günther Anders? Otra de las significativas influencias
de este pensador profético (Max Weber) fue su presencia en la obra de
Walter Benjamin a través del discipulado de éste en la escuela de Francfort,
escuela que marcó al escritor berlinés. Ya volveremos a él. De una manera indirecta
y sutil, Max Weber coloreó con su melancolía racional, con sus predicciones
siniestras, con su augur lúcido, el comienzo de la hecatombe que el nacionalsocialismo
traería a Europa.
El segundo de los profetas que quiero mencionar es Franz Kafka. Theodor
Adorno, en Reflexiones sobre Kafka, ya anticipaba esta mirada que sería refrendada
por Steiner en La larga vida de la metáfora. Una aproximación a la Shoah,
en la que el notable investigador y pensador dice que Kafka prevé “con exactitud
el vocabulario, la tecnología y la política” del sistema de aniquilamiento
nazi. El personaje kafkiano es el centro (descentrado) de un universo enloquecido,
absurdo, opresor, inaccesible, que finalizaría en las cámaras de gases. Un
personaje sometido al arbitrio de otros personajes siempre siniestros y triviales
que conforman el código secreto de un orden infernal y víctima de instituciones
siempre secundarias y siempre impenetrables que configuran una pirámide jerárquica
con un último juez siempre penúltimo. Los héroes de las novelas de
Kafka –dice Traverso– no tienen lugar en este mundo (“Usted no es del castillo,
no es del pueblo, no es nada”), donde están condenados a vivir en una condición
de “parias” (existencias totalmente contingentes y gratuitas que no encuentran
sentido al cual pertenecer). Lukács llamó a esta literatura “realismo
profético”. Hannah Arendt describiría minuciosamente en Eichmann en Jerusalén
el funcionamiento de esa máquina de destrucción donde el ser humano dejaba
primeramente de serlo para luego ser desaparecido como si nunca hubiera
existido (“cavamos unas tumbas en los aires allí hay lugar de sobra”, dirá Paul
Celan en su conmovedor poema Todestango – El tango de la muerte, llamado
luego Todesfuge – Huída de la muerte). Kafka, en El Proceso –refiriéndose a los
funcionarios de aquella máquina; en este caso, guardianes del tribunal– escribió:
“Sólo somos empleados subalternos; nos conocemos apenas por el documento
de identidad y no tenemos otra cosa que hacer que vigilarle diez horas al
día y cobrar nuestro sueldo por ese trabajo. Eso es todo; no por ello ignoramos
que las autoridades que nos emplean investigan muy minuciosamente los motivos
del arresto antes de entregar la orden. En eso no cabe error”. Como se ve, los
empleados sólo cumplen una función neutra, asignada por autoridades mayores,
sin jamás preguntarse por la finalidad de su trabajo. Si les ordenan matar, lo
Los cuatro profetas del Apocalipsis / 211
hacen sin odio ni pasión, como un emergente lógico del deber y de la obediencia
a la autoridad. En este aspecto, se puede matar como se puede atornillar un
clavo, sin ningún sentimiento de origen moral, ni ninguna implicación de conciencia.
Adolf Eichmann defendería, en el juicio de Jerusalén, esta “obediencia
debida”, como lo harían años más tarde, los torturadores argentinos. Como dice
otro personaje de El Proceso: “Mi oficio es zurrar, por lo tanto zurro”. En La colonia
penintenciaria el oficial que pone en acción la máquina de tortura –que
graba en la carne de la víctima la condena– es insensible al dolor del condenado
porque toda su mentalidad está puesta en la concentración que le exige el
deber y la fascinación que ejerce el funcionamiento del engranaje. El carácter
profético de estas secuencias kafkianas reside –como dice Traverso– en un proceso
de destrucción sin sujeto, en el cual la ejecución de la pena es confiada a
una máquina, sin que la víctima pueda mirar a su verdugo. El asesinato es sólo
un derivado tecnócrata –exento de culpabilidad, naturalmente– que dibuja con
exactitud lo que años más tarde serían los campos de exterminio. Primo Levi señala
que el tatuaje de los Häftlinge en Auschwitz era ese número indeleble que
le hacía sentir “su condena escrita en la carne”. Walter Benjamin señalaría el carácter
profético de la literatura kafkiana, y ya en 1938 decía que prefiguraba las
matanzas nazis. Lo que en Kafka eran las vicisitudes de un individuo, serían
luego las de millones de seres humanos, singularmente judíos, víctimas de un
terror único en la historia.
El tercer profeta es el mismo Walter Benjamin, que se suicidó en Port Bou en
1940, antes de la decisión de Wansee. Sin embargo sus escritos son como faros
de luz arrojados a un porvenir oscuro y tenebroso. Si las premoniciones de
Weber y Kafka eran fantasmáticas porque aún la Solución Final no se había decidido,
las de Benjamin eran ya la anunciación de la Shoah (Jacques Derrida
dice que en 1921 el escritor berlinés ya era “víctima” del nazismo y anunciador
del Apocalipsis). “Todo lo que es terrestre se transformará en un campo en ruinas”,
dirá en 1925. En alguna oportunidad he hablado del cuadro de Paul Klee
Angelus Novus, que Benjamin compró en Munich en 1921, que tanta influencia
tuvo en su pensamiento y que sería un ingrediente principal en su epistolario
con Gershom Scholem. Es curioso que este cuadro es recuperado por Benjamin
en su exilio en París, en 1940 es confiado a Georges Bataille, después de la guerra
pasa a las manos de Theodor Adorno en New York y hoy en día es expuesto
en el Museo de Jerusalén. Mientras Klee quiso hacer de ese ángel un mensajero
de la Resurrección, Benjamin lo convertiría en testimonio de la catástrofe que
asolaría a Europa. En su tesis, el Ángelus Novus aparece como un auténtico
Angel de la Historia, alegoría de la inmensa catástrofe del nazismo como expresión
última del “progreso” histórico. En un marxista como Benjamin, esta premonición
tiene toda la fuerza de una verdad desesperada. En dicha tesis, dice
que –empujado por una tempestad que sopla desde el Paraíso– el ángel de la
212 / Nuestra Memoria
historia da la espalda al porvenir y contempla el pasado que se presenta ante él
como un incesante amontonamiento de escombros. En Angelus Novus, Klee
muestra al ángel con los ojos desorbitados, la boca abierta, las alas desplegadas
y el rostro vuelto hacia atrás. El sólo ve una sola y única catástrofe –escribe
Traverso–: que no deja de amontonar ruinas sobre ruinas. El quisiera despertar
a los muertos y reunir a los vencidos, pero la tempestad que se ha enredado en
sus alas es tan intensa que el ángel ya no puede cerrarlas. “A esta tempestad es
lo que llamamos el progreso”, escribirá Benjamin a su amigo Scholem. Pocos
años más tarde, este dibujo de una previsible realidad se transformó en una fiel
descripción de un infierno en la tierra. En esa unión creativa de judaísmo, marxismo
y sensibilidad romántica, Benjamin creó un sentido de la historia desesperado
y trágico. Dice Traverso: “La fusión de la dimensión apocalíptica heredada
del judaísmo con el impulso revolucionario propio del marxismo constituye
la singularidad de las Tesis, donde el Anticristo se identifica con el nazismo,
la última encarnación de la civilización moderna”. Como referencia anecdótica
pero altamente significativa y metafórica quiero señalar que desde 1920,
Benjamin tenía una intensa neurosis manifestada como “obsesión por el gas”
que marca sus escritos (Sentido único, 1928).
El cuarto profeta es Gustav Mahler, a quien he dedicado numerosos ensayos
y que cierra con pentagramas dolidos y premonitorios este artículo. Como dice
Léger y el mismo Mahler en su programa del concierto inicial de su Tercera Sinfonía,
Nietzsche señalaba “¡Oh, hombres, tened cuidado!”, y ya en sus pentagramas
anteriores, Segunda Sinfonía Resurrección, la colectividad de los muertos
salía de sus tumbas a juzgar a los seres humanos. Perseguido como judío en
los primeros años del siglo XX –tuvo que convertirse al cristianismo para acceder
a la dirección de la Opera de Viena, a la que convirtió en el centro iluminado
de la música en Europa por espacio de diez años– su música, desde un primer
momento, tuvo para mí esencial semejanza con la literatura kafkiana. En mi
libro Previamente, la alegría, he recorrido este tema en extensión. “El arte es un
espejo que a veces adelanta, como los relojes”, escribió Kafka. Gustav Mahler
vivió ese arte, ese anticipo y esa Europa amenazante de tempestades ya en 1905
(moriría en 1911), y pocos años más tarde, lanzaría ese grito de plegaria y SOS
que marca a fuego su Octava Sinfonía, o el lamento último y desgarrador de su
Novena Sinfonía, aquella que es “la muerte en persona”, como dice Alban Berg.
“En todas partes sopla el mismo clima. Se está haciendo insoportable ser judío”,
exclama antes de su exilio en los Estados Unidos, virtualmente expulsado por
los nazis austríacos. Que hoy su música sea una de las expresiones más auténticas
del pueblo de Israel no es una mera casualidad. Como su alumno Arnold
Schönberg –que culminaría estas admoniciones proféticas con su testimonio de
El sobreviviente en Varsovia, uno de los gritos judíos más desgarradores que ha
dado la historia del arte–, ellos conforman ese eje musical que es otra de las maLos
cuatro profetas del Apocalipsis / 213
neras de la identidad verdadera. Escribe Celan: ich bin du, wenn ich ich bin (“yo
soy tú cuando yo soy yo”). De esa autenticidad judía ante la historia (estar condenados
a ser ratas para que sus verdugos tengan la sensación de que no están
asesinando a personas) nace esa otra autenticidad honda y definitiva: pertenecer
al milagro que comienza, a la cartografía de la vida, a ser siempre la palabra
que será.
Profetas judíos que han habitado todos los tiempos: éste ha sido un breve
tránsito por algunos de ellos y sus iluminaciones.

Testimonial

1 Cohén: Sacerdote judío descendiente de Aharón, hereditariamente consagrado a los oficios
religiosos.
“Janek, el partisano”…
Mi padre
Arq. Miguel
Sztul
Testimonio desde los escritos dejados por Juan Janek Sztul, con
aportes en vida de su esposa y compañera de lucha, Mala
“Male” Abel, transcritos por su hijo, Miguel “Misha” Sztul (Mijael
ben Johanan).
Antecedentes y llegada de los nazis a Polonia
Nació el 24 de octubre de 1919 en Radomsko, provincia de Kelce, en Polonia,
con el nombre de Johanan, pero siempre fue conocido por los suyos como
Janek… y así es recordado. Sus padres, Moisés Sztul e Ide Aizen, se radicaron a
unos 40 kilómetros de allí, en Czentechowa –conocida en el mundo por su Virgen
Negra–, cuando Janek tenía tres meses.
En esa ciudad creció, se educó y trabajó hasta 1939, cuando estalló la Segunda
Guerra Mundial y Polonia fue invadida por la Alemania nazi.
Su padre, laico, fundó con sus dos hermanos –un comunista, acorde al nuevo
pensamiento imperante, y un religioso, acorde a la ascendencia Cohén1 de la familia–
una próspera sociedad, que se dedicaba a fabricar juguetes de chapa en
la calle Poniatowka y les brindaba un buen pasar a sus familias, a pesar de sus
obvias divergencias ideológicas.
Una de las actividades que solía realizar en sus frecuentes viajes de comercio
era adquirir las matrices y equipamiento necesarios para la fábrica, generalmente
desde la vecina Alemania. Allí nacieron también sus hermanos Hela y
Abraham.
Concluyó la escuela primaria polaca y, luego, el colegio técnico “Szkota
Pzemustova”, adquiriendo amplios conocimientos de mecánica y del uso de las
218 / Nuestra Memoria
2 Huberman, Abraham. Los ghettos bajo el dominio nazi. Ediciones Tarbut. “Entre las dos guerras
comenzó a difundirse entre los judíos el uso del idioma polaco, que era hablado por una
importante proporción de la población judía. Pero para Polonia los judíos eran considerados
ajenos, extraños, no merecedores de gozar de todos los derechos. Un fuerte sentimiento antisemita
se hacía sentir cada vez con mayor fuerza, dando origen a sangrientos pogroms en
vísperas de la Segunda Guerra Mundial. El ejemplo de lo que estaba sucediendo en Alemania
constituía un modelo a seguir para los polacos y una amenaza para los judíos, que abrigaban
sentimientos ambivalentes. Amaban ese país, sus paisajes, su naturaleza, pero no eran
correspondidos.”
máquinas y herramientas. La formación impartida incluía un entrenamiento militar,
el cual le permitió también familiarizarse con el manejo de las armas. Todo
este aprendizaje le serviría a lo largo de su vida, y tendría que ponerlo en práctica
mucho antes de lo que pudo imaginar.
Como un rayo del cielo cayó entre los judíos la noticia de la invasión alemana
a Polonia. Corría el mes de setiembre de 1939.
La ocupación trajo mucha tristeza y dolor al pueblo judío. Comenzaron a ocurrir
cosas imposibles de imaginar; torturas y barbaries de todo tipo pasaron a ser
hechos cotidianos. Miles de inocentes perecían a la vista de todos, y muchos
seres queridos quedarían allí para siempre.2
La sangre judía brotaba por las calles clamando venganza, y sus jóvenes sentían
la impotencia de no poder tomar alguna acción reivindicatoria, castrados
en sus sentimientos de tomar revancha contra el invasor nazi que mataba a su
gente y sus afectos. Ese espíritu de lucha sin armas ni equipo alguno fue ganando
el corazón de muchos jóvenes para vengar a sus muertos.
Estos sentimientos y el haber escuchado y, luego, visto con sus incrédulos
ojos las atrocidades que allí se desarrollaban con total impunidad fueron los que
llevaron a Janek a levantar su temprano vuelo, abandonando la seguridad de su
hogar sin saber si alguna vez volvería a ver a su familia.
Contaba con tan sólo 19 años cuando voló de su nido de Czentechowa, con el
tronar del ejército nazi en sus talones. Cuando alcanzó su supervivencia, al final
de la guerra, contaba con 25 años… y una nueva familia.
En los intensos años transcurridos entre 1939 y 1945 supo de la miseria humana
de propios y ajenos, conoció de cerca el heroísmo, vio morir y matar, llorar
y reír… y otras mil veces llorar. Enseñó el uso de las armas, enseñó a sobrevivir,
luchó, se refugió… conoció el amor.
En 1939, al irrumpir el ejército alemán desde el sur, escapó a la ciudad polaca
de Lemberg, ocupada por entonces por la Unión Soviética. Desde ese lugar y
junto a otros jóvenes judíos –muchos de ellos, con la vista puesta en alcanzar
las costas de Palestina, bajo el mandato británico; más tarde serían las del Estado
de Israel– se organizaron para partir hacia el norte, esperando poner distancia
al avance nazi.
3 Bauer, Yehuda. Holocausto. Formas de la resistencia judía, en español Biblioteca Nuestra
Memoria, Buenos Aires, 2004.
“Janek, el partisano”… Mi padre / 219
Así atravesaron las tierras polacas bajo el dominio nazi hasta alcanzar la ciudad
de Vilna, en la parte del territorio polaco dominada por la Unión Soviética
y lindante con Lituania por el norte. Allí se asentaron para desarrollar sus actividades
futuras.
Lituania –Estado que históricamente alternaba su condición de soberana y
dominada por el invasor de turno– era por entonces un país libre, bajo la presidencia
de Smetana. Vilna no escapaba a esa situación, pasando de manos de Polonia
a Lituania en innumerables ocasiones hasta que, terminada la guerra,
quedó reconocida como la capital de esta última.
En Lituania se desarrollaba y florecía una de las tantas comunidades judías
dispersas por Europa. Y Vilna era particularmente fértil en su intenso desarrollo
cultural y comunitario. Escuelas, hospitales, centros juveniles y comunitarios
y hasta las mayores bibliotecas judías conocidas en toda Europa le valieron,
con justicia, el mote de “La Jerusalem de Lituania”.
… la importancia que adquirieron las instituciones culturales en una época como
ésa. Estaba, por ejemplo, el YIVO, el Instituto Científico Idish de Vilna, donde actuaba
Abba Kovner y el poeta Abraham Sutzkever en la conservación de materiales,
organización de una biblioteca y estímulo a la producción literaria, en un esfuerzo
por mantener la moral. No fue casual que el grupo del YIVO constituyese un territorio
para el reclutamiento de la FPO, el movimiento de la resistencia en Vilna.3
A esta ciudad llegó Janek con sus compañeros, esperando que la pesadilla terminara
en poco tiempo, para poder, luego, retomar su vida y sus proyectos personales.
Entonces nadie conocía el real poderío que sigilosamente había alcanzado el
ejército alemán bajo el mando de Adolf Hitler, el cual mantuvo en absoluto secreto
ante el mundo entero.
En Vilna siguió estudiando técnica y mecánica bajo el patrocinio de la Escuela
ORT, perfeccionando su habilidad en el uso de las máquinas y herramientas.
Entre 1940 y 1941 Lituania fue ocupada, sucesivamente, por la Unión Soviética
y –poco tiempo después– por los alemanes que avanzaban desde el sur polaco.
Eran los tiempos previos a la creación y encierro de los judíos en los ghettos.
Existía una norma básica en el plan de la ‘Solución Final’: quebrantar el espíritu
de los judíos antes de matarlos, deteriorando las condiciones de vida en los ghettos,
acrecentando el terror y creando la ilusión de que aquellos que se sometiesen tendrían
la oportunidad de salvarse. Heydrich habló de los 11 millones de judíos previstos
por el plan nazi para la ‘solución final del problema judío’. Se refería también a los
territorios que, en el futuro, caerían en manos nazis. (Prof. Abraham Zylberman)
220 / Nuestra Memoria
Como a tantos otros, se le asignó un trabajo acorde a su aptitud: en los talleres
metalúrgicos Fahrsad Samuelstelung, en Zeligowskiego 4, tomados por los
invasores, que habían ocupado la ciudad dos días atrás. Allí se agrupaban todas
las bicicletas civiles de la comarca, que –como tantas otras cosas que podían ser
de alguna utilidad– eran confiscadas por los alemanes.
El trabajo impuesto consistía en revisarlas, repararlas y entregarlas en perfectas
condiciones de uso. En esos talleres, con dos muchachos de su edad, Fric y
Max –judíos de Alemania que también se las arreglaron para llegar a Vilna–, y
su amigo Haim Ratzer de la ciudad polaca de Pecynizyn, Janek inició sus primeras
tareas de sabotaje.
Su tarea fue asegurarse de que las bicicletas en cuestión estuvieran en condiciones
de uso… muy limitado. Con la rapidez necesaria para no ser descubiertos,
se trataba de tomar el eje de una de las ruedas, practicarle el corte adecuado
con la sierra apropiada o rectificarlo a espesores mínimos y volver a armar el
conjunto. El obvio objetivo era que, en algún momento, éste se partiera en dos
sin despertar sospechas. Este grupo de cuatro jóvenes organizados por su cuenta
“acondicionó” así unas quinientas bicicletas.
Pero este período de relativa tranquilidad duró muy poco tiempo.
Por esa época, muchos judíos fueron llevados, para no volver, a la cárcel de
Lukishki. La gran mayoría era llevada a la muerte en los bosques de Ponar. Los
viejos y chicos estaban en la primera selección de ese fatal destino. Lo macabro
era –si todavía cabía– que, antes de la invasión nazi, esos bosques eran muy
apreciados por su belleza y la de sus paisajes montañosos y muy frecuentados
en los descansos veraniegos.
Ese lugar fue utilizado por los nazis para ejecuciones masivas de quienes eran
trasladados desde Vilna y sus alrededores. No existen registros de las miles de
personas que allí murieron fusiladas y enterradas en las mismas fosas que habían
sido obligadas a cavar.
Los nazis, en la Segunda Guerra Mundial, cuando llevaron a cabo la ‘Solución
Final’, asesinaron a los judíos, en una primera etapa, en fosas, y después, en un sistema
más sofisticado de asesinato en masa de seres humanos en cámaras de gas y
quemaron los cuerpos, así que no solamente asesinaron a los judíos: este asesinato
tenía otro sentido, querían borrar su memoria, no dejar ningún vestigio; es decir,
además del gran crimen de asesinar a seres humanos, trataron de borrar su memoria.
(Prof. Avraham Milgram)
El Ghetto de Vilna
Mientras tanto, el Ghetto de Vilna estaba siendo preparado para encerrar a los
judíos sobrevivientes. En tres ocasiones fue llevado Janek a Lukishki, y de todas
ellas salió gracias a la documentación del colegio que lo acreditaba como técni4
Huberman, A., op. cit. La muerte por hambre era uno de los objetivos del régimen nazi hacia
los judíos… Podía hablarse, tal vez, de una exterminación provocada por la acción combinada
del hambre, las enfermedades endémicas y epidémicas, la deportación y las durísimas
condiciones en los campos de trabajo. La tasa de mortalidad entre los judíos aumentó veinte
veces, en comparación con la existente en agosto de 1939. La razón principal era la desastrosa
situación imperante en materia de alimentación.
“Janek, el partisano”… Mi padre / 221
co mecánico. Por esa condición de “persona útil” a los fines del invasor era dejado
libre una y otra vez y enviado nuevamente al ghetto. En una de esas ocasiones
encontró a Niusia Kartuz, esposa de un amigo asesinado, y juntos tuvieron
la suerte de salir vivos de allí.
Para todas las acciones de este tipo, los nazis contaban con la invalorable
ayuda de las “patingas” lituanas, especie de policía cuya finalidad era localizar
y entregar a los judíos ocultos. Así fueron encerrados los judíos sobrevivientes
tras las murallas del ghetto, para no tener contacto con el mundo exterior y disponer
de sus vidas a su antojo.
En Vilna, al momento de su ocupación, vivía una población judía cercana a
las 100.000 personas. Al ghetto llegan escasamente unos 20.000, número que
iría decreciendo dramáticamente. Quienes lograron sobrevivir conocieron el hacinamiento,
el hambre, el terror y la enfermedad. La muerte por inanición gradual
era una de las formas de exterminio elegida por los nazis en los ghettos.4
Pero allí nació también el germen de la resistencia, con la profunda convicción
de morir luchando, cuando las esperanzas de sobrevivir eran muy remotas.
Janek había conocido a Mala Abel, de 16 años, en 1939, a su llegada a Vilna.
Se casaría con ella el 11 de noviembre de 1941, en el ghetto. Juntos se vincularían
al movimiento de la Resistencia. No sabían entonces cuánto duraría su vida
en común, en un lugar y una circunstancia en que los jóvenes, ya en las vísperas
de la liquidación del ghetto, llegarían a escribir sus propios testamentos, pues no
sabían cuál sería su suerte al día siguiente. Testamentos que, en realidad, eran
despedidas dirigidas a seres queridos… que ni siquiera sabían si aún vivían.
Así relataría Male su experiencia de esos días:
Soy una sobreviviente del ghetto y partisana de Vilna. Nací en Vilna, Polonia, el
16 de setiembre de 1923. Allí vivió mi familia. Eramos once cuando empezó la guerra;
quedé sola cuando terminó.
Allí estudié. Allí conocí a ‘Janek’, quien luego sería mi esposo. Allí me casé, a los
17 años, en el ghetto impuesto por el invasor. Allí luché y allí nació mi primer hijo,
cuando la guerra llegaba a su fin. Tenía entonces apenas 22 años, y era como si hubiera
vivido cien.
Teníamos nuestras ieshivot, con sus rabinos, y escuelas donde los maestros nos
inculcaban el amor a nuestro pasado, amor por nuestros escritores. Nos enseñaban
a ser y crecer como judíos orgullosos de serlo. Jóvenes de todas las comarcas eran
enviados allí para estudiar y aprender nuestra cultura. Todas las materias se estu222
/ Nuestra Memoria
5 Raquel Hodara, en la conferencia “Las preguntas que debemos y no debemos hacer sobre la
Shoá”, dictada en ocasión de la inauguración de la primera sede de la Fundación Memoria
del Holocausto, expresó: … A través de los sobrevivientes entendemos cuáles son las preguntas
que debemos dejar de hacernos: 1) ¿Cómo no sabían que esto iba a pasar? ¿Cómo no
lo previeron? ¿Cómo no se fueron a tiempo? cuando uno estudia y entiende, empieza a comprender
que la Shoá fue un acto único en la historia hasta el momento. Tenemos entonces que
preguntarnos cómo podía gente en la Europa culta, avanzada, vencer la barrera de la lógica,
anular todo lo que había aprendido hasta ese momento o intuir o adivinar que un gobierno
iba a poner toda una maquinaria tecnológica al servicio de un objetivo, que consistía en borrar
a todo un pueblo de la faz de la tierra. No se trataba de lograr un objetivo territorial, económico
o político, sino tomar un pueblo entero, desde el mayor de los hombres hasta el más
pequeño, y borrarlo de la tierra. Es el único caso en la historia en que el asesinato sistemático
diaban en ídish y hebreo, y el idioma polaco era una asignatura más. También teníamos
escuelas en que se enseñaba todo en idioma polaco, para atender a los hijos
de las familias asimiladas o gentiles que buscaban la excelencia que brindaban a
quienes quisieran acudir.
Pero Vilna, como el resto de Polonia, anidaba también un antisemitismo tristemente
célebre. Jamás pensamos que, por ser judíos, tendríamos tan trágico destino.
Es muy difícil ponerse en el lugar de quien pasó por aquel infierno.
No tuvimos la suerte de nacer en un país libre, con armas en la mano para poder
resistir o morir luchando. Y quienes tuvimos la suerte de poder hacerlo, sólo lo vivimos
como un privilegio para poder sobrevivir y narrar lo inenarrable, honrando
así a nuestros muertos, asesinados por el sólo hecho de ser judíos.
Cada acción exitosa, cada arma capturada, eran tan sólo un paso más en un largo
camino que no sabíamos dónde ni cuándo terminaría.
Hay que entender muy bien esto: no éramos militares, ni una fuerza de choque
con entrenamiento profesional. Así eran nuestros enemigos.
La lucha por la supervivencia fue nuestra principal instructora. Por eso, ¡cómo
duele cuando todavía nos preguntan: ‘¿Por qué se dejaron matar?’!
¿Cómo podíamos saber que nuestro enemigo era una bestia con rostro humano?
Entonces no sabíamos que la mente del ser humano era capaz de producir, con frialdad
absoluta, campos de exterminio con cámaras de gas, calculando cuántos cuerpos
de otros seres humanos podían quemarse por hora, día, semana, mes. Tan simple
como eso.
Una persona normal jamás podría entenderlo. Nosotros, los que sobrevivimos a
esa matanza, aún no podemos creerlo.
Los alemanes armaron, junto a la industria bélica, la industria de la acción psicológica.
Mintiendo y engañando con falsas promesas mataron a millones. Prometían
la vida, pero daban la muerte.
Columnas de hombres y mujeres eran llevados a trabajar. No sabían que los llevaban
a morir.
El que recibía en mano un jabón antes de entrar a las duchas ni remotamente
podía imaginar que estaba a punto de morir gaseado. Por eso, nunca más debe pensarse
que los judíos fueron llevados como corderos al matadero. Nunca más. Por respeto
a nuestros muertos.5
“Janek, el partisano”… Mi padre / 223
fue tanto el medio como el objetivo en sí… ¿Cómo lo iban a adivinar? Entonces, la pregunta
señala una paradoja difícil de superar: nosotros hoy no podemos creer que entonces no se
podía creer lo que no se podía creer, es decir: antes de la Shoá nadie podía creer que algo así
sucedería y hoy nosotros no podemos creer que entonces nadie lo sabía. 2) ¿Por qué no salieron
a tiempo? Si entendemos que no podían saber, tenemos parte de la respuesta de por
qué no salieron a tiempo. Debemos estudiar adónde podían salir, y entonces es cuando aprendemos
acerca de la historia de la imposible emigración de Europa, de las puertas cerradas del
mundo entero. Y aquí muere la pregunta. 3) ¿Por qué fueron a las cámaras como ovejas al matadero?
Si sabemos que no podían saber lo que iba a pasar, porque la información no existía
y era casi imposible llegar a ella o intuirla; si sabemos que no era gente que pudiera organizarse
de antemano para una situación así, no podemos hacernos esta pregunta. 4) ¿Fue la armada
la única resistencia posible? La historia nos enseña que nuestros datos estaban equivocados.
El Ghetto de Varsovia no es el único ejemplo de heroísmo judío: hubo subversiones e
intentos de subversiones en decenas y quizá centenares de ghettos grandes y pequeños. Hubo
quienes lucharon en los bosques como partisanos, en los campos de concentración. …
Ya instalado en el ghetto, junto a un grupo de diversos profesionales Janek organizó
los talleres del Judenrat, que no tardaría en usarlos secretamente para su
actividad clandestina. Mecánicos, torneros, carpinteros, ingenieros y arquitectos
trabajaban produciendo los encargos más diversos y caprichosos que allí llegaban.
De los talleres de carpintería salieron modernos muebles que muchos oficiales
alemanes mandaban a sus propias familias o los vendían. Había hornos
para fundición de bronce y talleres de hojalata, chapas zincadas y electricidad.
Janek estaba a cargo de un torno recientemente instalado para las tareas de
mecánica, y al poco tiempo tuvo como aprendiz a una joven de 15 años, hija
de uno de los ingenieros del taller, quien demostró bastante rapidez en su
aprendizaje.
En proyectos de diversa índole se destacó la arquitecta Roona. Uno de los encargos
recibidos fue realizar una maqueta de Vilna y algunas de sus construcciones
más destacadas.
Fue una verdadera maravilla lo que allí se hizo para satisfacer el antojo de los
nazis. El ingeniero Marcos se destacó por inventar un horno redondo para el taller,
pero que secretamente servía para calefaccionar las viviendas del ghetto en el durísimo
invierno polaco. En su honor, las estufas llevaban el nombre de Markosuwski.
A esa fuerza clandestina, conocida como “FPO” (Fareinikte Partizaner
Organizatzie), un comando colegiado formado por militantes provenientes de
distintas agrupaciones políticas de jóvenes judíos, se integró Janek en el ghetto,
presentado por Nisan Resnik, quien representaba a la agrupación juvenil y sionista
Hanoar Hatzioni.
La estrategia a seguir fue variando con el correr de los acontecimientos. Al
principio, la idea dominante era organizar la resistencia teniendo como centro
operativo al mismo ghetto, y de ser posible, enviar operativos de sabotaje al otro
lado. A medida que fue transcurriendo el tiempo, especialmente con los sucesos
que sobrevinieron a la delación y posterior captura de su máximo líder,
224 / Nuestra Memoria
Itzjak Wittemberg, en los amargos días de julio de 1943 –que anticiparon la decisión
de la liquidación definitiva del ghetto–, se les hizo clara la necesidad de
proseguir la lucha desde los bosques.
Se formaron, en absoluto secreto, grupos-comando integrados por no más de
cinco personas, que desconocían la composición o actividad de los otros equipos.
Sólo un miembro de cada grupo hacía de contacto con la organización, para
recibir órdenes. Este accionar hermético, con células tan reducidas, tenía el
obvio motivo de la autoprotección contra las delaciones promovidas desde la jefatura
del ghetto, presionada –a su vez– por las exigencias de los alemanes, o
aquellas que, bajo tortura, solían conseguir los nazis. Se procuraba, así, minimizar
las consecuencias nefastas que podían depararles a los integrantes de la
organización clandestina que alguno de sus miembros cayera vivo en manos de
la Gestapo.
En palabras de Male:
Cuando los alemanes entraron en Vilna, en 1941, comenzaron días muy difíciles
para nosotros, los judíos. Mientras iban preparando el ghetto –el espacio donde luego
fuimos confinados a vivir en un reducido número de manzanas amuralladas y alambradas–
cada día nos deparaba nuevas humillaciones. Teníamos que llevar las estrellas
amarillas en nuestras ropas; caminar por las calles junto a los caballos, y no por
las veredas. Cerraban los comercios judíos, y también las escuelas. Pero lo más triste
era las razzias que, de día o de noche, llevaban a hombres y mujeres a destinos inciertos,
con la consiguiente desesperación de sus familias.
En medio de esa realidad, el obligado traslado al hacinamiento del ghetto parecía
la mejor opción de supervivencia, si no la única, para muchos. Por esos días pensábamos
que allí, entre los nuestros, estaríamos mejor, sin verles la cara a los alemanes.
Pero no fue así.
Empujados a vivir dentro de un reducido espacio de siete callecitas angostas,
apenas veíamos la luz del sol. Las edificaciones nos tapaban el cielo, y bajo los nuevos
colores de aquellos días grises tuvimos que aprender a convivir con la miseria,
la enfermedad y el hambre.
El comandante del ghetto era un militar judío de Lituania llamado Gens. Su función
era hacer cumplir las órdenes alemanas. Los nazis entraban y salían del ghetto
a su antojo. ¡Eran los dueños del ghetto y de nuestras vidas! Con las promesas de trabajo
a cambio de los certificados que los acreditaban como mano de obra útil, muchos
se fueron para jamás regresar, creyendo en las mentiras de nuestros verdugos.
La resistencia comenzó desde nosotros mismos. Todos, sin excepción, queríamos sobrevivir.
Eran tiempos difíciles, momentos límites en los cuales conservar la condición
humana ya era un acto de heroísmo… y ése fue el primer objetivo de la resistencia.
En el ghetto tuvimos que luchar para no caer en el estado depresivo que el medio
imponía. Los médicos mostraban su excelente labor evitando, en cuanto podían, las
enfermedades y epidemias. ¡Nuestros maestros abrieron colegios, para que los chicos
aprendieran a leer, escribir, bailar y cantar!
“Janek, el partisano”… Mi padre / 225
También teníamos un teatro para mayores, donde se dramatizaban nuestros pesares
cotidianos con tanto humor que era posible arrancar una sonrisa entre tantas
lágrimas.
Buscábamos olvidar por momentos la gravedad de nuestro presente y resistir el
incierto y oscuro mañana.
Así fueron pasando los días y los meses en el ghetto. Cada día éramos menos.
Al principio nadie sabía adónde llevaban a tanta gente. A diario faltaba alguien
de cada familia. Más tarde supimos la triste verdad… Ponar, los campos de exterminio,
las cámaras de gas y otros lugares en que eran matados nuestros hermanos.
En el ghetto nacía el FPO, Organización Clandestina para la Resistencia Activa.
Sólo podían pertenecer a ella jóvenes judíos con alguna ideología, sin importar a
qué movimiento o corriente política respondieran. El carácter secreto del movimiento
conspirativo era cuidado con mucho celo. La razón era que no todos los
nuestros creían en ella y otros la rechazaban abiertamente, como amargamente pudimos
comprobar más adelante.
Teníamos un Estado Mayor compuesto por cinco miembros, uno por cada movimiento
político. Nos fijamos nuestras propias leyes, las que juramentamos cumplir.
Nadie debía saber de nuestra existencia ni de nuestras actividades. Ningún familiar,
ni amigo. Operábamos en grupos de cinco personas que reportaban sólo a
una, y ninguno sabía algo del otro grupo. Ni quiénes eran, ni qué hacían. Nada. Ni
siquiera se nos permitía saber quién era nuestro comandante de Estado Mayor.
Para organizar la resistencia del ghetto era prioritario conseguir armas, crear un
arsenal, dar entrenamientos básicos. Los compañeros que trabajaban del otro lado
del ghetto negociaban con los polacos, y muchos de ellos, que trabajaban donde estaban
los alemanes, las robaban. ¡Cada arma ponía en peligro una vida!
Janek fue designado comandante de su grupo, y el sagrado objetivo de ese comando
era conseguir armas para la resistencia armada. En los últimos tiempos del
ghetto, y a medida que crecía la certeza de su inminente liquidación, aumentaba
también el número de voluntarios de la mano de la credibilidad del FPO.
Pero no había armas para todos. Estas se conseguían comprándolas a los polacos,
con quienes trababan contacto los compañeros que trabajaban fuera del
ghetto, o robándolas donde fuera, inclusive a los mismos alemanes.
La otra cuestión, igualmente peligrosa, era introducirlas al ghetto sin ser sorprendidos
en las requisas a que eran habitualmente sometidos por la policía del
ghetto al regresar. Lo habitual era traerlas desarmadas entre las ropas, con el
grave peligro consiguiente. Revólveres, granadas, proyectiles, fusiles… Hubo
respuestas muy creativas, como la introducción de un mortero dentro del estuche
de un violonchelo.
Janek fue el responsable del arsenal de las armas que iban ingresando clandestinamente,
tarea que mantendría hasta el final del ghetto. En un lugar seguro
y fuertemente protegido, debajo de los depósitos de la biblioteca de la calle
Strashuna, se dedicó a instruir a los voluntarios en el uso y mantenimiento de
las armas. Un sótano acondicionado para aislar los ruidos hacía de lugar de
práctica de tiro.
La organización los unía muy fuertemente. En varias ocasiones participó en
la liberación de compañeros del FPO de la cárcel del ghetto. Una noche, con
Kaplinski y otros liberaron de ser entregado a la Gestapo a su comandante, Josef
Glasman, cortando a último momento las cadenas que lo sujetaban al carro a caballo
en que lo había dejado la policía judía del ghetto para entregarlo prisionero.
Una frase muy fuerte fue acuñada por su camarada en aquellos terribles días
del ghetto, el escritor Abraham Sutzkever: “Huele tu cuerpo y sentirás el olor de
la muerte” (“Ven du vest a szmek gueibn zu dain laib, vest du merder filn”).
En los ghettos, la población judía estaba hambreada y diezmada por las enfermedades
y los trabajos forzados. Además, estaba rodeada de una población gentil
cuyas reacciones frente a los sufrimientos judíos variaban entre la indiferencia, mayormente
hostil, y una enemistad desembozada para con las víctimas. El movimiento
clandestino gubernamental polaco, el Armia Krajowa (AK), no fundó destacamentos
guerrilleros de importancia antes de 1943, y de cualquier modo, los judíos
no sólo no eran aceptados en las filas del AK sino que había un número de destacamentos
para darles caza y asesinarlos. Por consiguiente, cuando los judíos comprendieron,
en 1942, que los amenazaba el asesinato masivo, no había destacamentos
del AK a los cuales unirse. Cuando éstos surgieron, la mayor parte de los judíos
ya había sido asesinada y esos destacamentos, de cualquier modo, seguían negándose
a aceptar a los sobrevivientes. La Guardia Ludowa comunista, luego Armia
Ludowa (AL), fue fundada en la primavera de 1942. Era muy débil entonces, tenía
La calle Rodnicki,
Janek, el partisano. en el ghetto, Vilna.
226 / Nuestra Memoria
6 Bauer, Y., op. cit.
7 Himno de los Partisanos. Fue escrito después del primer acto de sabotaje realizado por los
partisanos judíos del Ghetto de Vilna, contra las vías de comunicación alemanas, en 1942.
Se cantaba en los encuentros del movimiento clandestino de resistencia. En las reuniones
de los partisanos se acostumbraba entonar esta canción, que así se convirtió en himno. Su
autor, Hirsch Glick, había nacido en 1920, en Vilna. Comenzó su carrera literaria escribiendo
en hebreo, y luego pasó al ídish, bajo la influencia del grupo artístico-literario Iung Vilne
(Joven Vilna). En un campo de concentración cercano a Vilna escribió una serie de poemas
de mayor aliento, que hizo llegar al ghetto. En 1943 fue trasladado allí, junto con los demás
prisioneros. Allí escribió Nunca digas. Luchó como partisano en los bosques. Los nazis lo
capturaron y fusilaron en 1944.
“Janek, el partisano”… Mi padre / 227
muy pocas armas y alrededor de la mitad de sus fuerzas guerrilleras la constituían,
de hecho, los destacamentos judíos en los bosques. Cuando se fortaleció, en 1943,
ya no quedaba con vida gran número de judíos, pero los sobrevivientes se unieron
al AL. Sus armas fueron compradas o capturadas a campesinos o lanzadas en paracaídas
por la Fuerza Aérea soviética.
Los judíos encerrados en los ghettos generalmente no tenían modo de procurarse
armas. El Armia Krajowa (AK) no se las proporcionaría; los comunistas de la Armia
Ludowa (AL) aún no las tenían. Los controles de ingreso eran tan estrictos que resultaba
virtualmente imposible introducir en el ghetto cualquier arma que pudiera
conseguirse. La excepción más conocida a la regla fue la del Ghetto de Vilna, en el
cual los judíos trabajaban en diversos establecimientos alemanes, incluyendo sus arsenales.
Allí, y a pesar de las estrictísimas medidas de seguridad, se hacían entrar al
ghetto, de contrabando, armas desde la ciudad.6
En palabras de Janek:
“La canción”, que se convirtió en el Himno de los Partisanos7
Vilna. De ser una comunidad activa, en una ciudad pujante y de amplia vida cultural,
que albergaba a una población judía cercana a los 100.000 miembros y generadora
de lo que dio en llamarse ‘La Jerusalem de Lituania’, pasamos a integrarla
los 17.000 sobrevivientes que llegamos al ghetto, al que fuimos obligados a confinarnos,
con sus siete callecitas en las cuales el hacinamiento, el hambre y la enfermedad
eran compañeras permanentes.
Nuestra actividad clandestina en el Ghetto de Vilna llevaba ya varios meses.
De allí partían diariamente aquellos que tenían el permiso para trabajar afuera,
entre los gentiles de la ciudad, y era a través de algunos de ellos que se trataba de
conseguir, como fuera, las armas para la futura resistencia.
La idea de trasladarnos a los bosques para continuar desde allí la lucha era cada
vez más fuerte. Los días del ghetto estaban contados. Esta vez me referiré a la fuerza
tan potente que impactó en mí y me acompañó el resto de mi vida. Estoy hablando
de una canción… “la canción”.
Ocurrió en el Ghetto de Vilna. La noche era cálida y estrellada. El cielo, aquél que
era nuestra única belleza natural, estaba parcialmente oculto por las edificaciones
de unos dos pisos de altura que delimitaban el paisaje del ghetto, adonde estábamos
8 “Nagan” y “P. P. Sha” eran armas utilizadas por los guerrilleros.
confinados dentro de unas pocas callecitas que pasaron a ser nuestro mundo cotidiano.
Cuando queríamos soñar con un mundo mejor, siempre elevábamos la vista
al cielo, y cuando podíamos, nos trepábamos a lo alto para verlo y apreciarlo un poquito
más. En el patio se encontraban apilados los troncos que usábamos de combustible
para producir el vapor en los baños, para higienizarnos y desinfectar nuestras
ropas. Una rara mezcla de olores a leña cortada, ropa desinfectada y vapores
flotaba en el aire aquella noche clara.
En ese lugar, una joven pareja, invisible para todos, monta guardia. Ver todo y no
ser visto. Vestían ropa liviana, botas y cinturones de cuero, y camisas con el cuello
abierto. Pantalón, uno, y pollera, la otra, era lo único que los diferenciaba en la oscuridad.
Ambos llevaban revólver al cinto, bien sujeto al cuerpo, y la culata del
‘Nagan’ asomaba presta para ser empuñada. La pareja estaba cubriendo su turno en
la shmirá (guardia) de aquella noche (…).
Al lado del patio de los baños se encontraba una biblioteca (…) que no sólo guardaba
libros. Una estantería repleta de diversos ejemplares escondía una puerta de
entrada al sótano secreto, cuyo acceso era absolutamente restringido.
Una gran habitación, debidamente acondicionada, hacía las veces de arsenal y
lugar de entrenamiento en el uso de armas. Ese era mi mundo secreto. En una oportunidad,
tratando de reemplazar un resorte del mecanismo de una “P. P. Sha” 8 rusa
automática, se me ocurrió hacerlo con una cuerda de piano… y me salió bien: “Cuando
Dios quiere… ¡hasta un piano dispara!”, bromearía luego con mis compañeros y camaradas
de armas.
Allí, bajo la biblioteca de la calle Strashuna, estaban reunidos nuestros máximos
líderes en la FPO para tomar una decisión nada fácil en aquellos momentos desesperados:
organizar la resistencia dentro del ghetto o abandonarlo y tratar de alcanzar
los bosques para sumarnos a la guerrilla contra el común enemigo nazi.
La primera alternativa era cada vez menos promisoria. No se trataba sólo de resistir
al enemigo hasta una liberación en fecha incierta por el “Ejército Rojo”, sino
que tendríamos que enfrentarnos a nuestros propios hermanos de sangre, que en
gran número seguían creyendo en las falsas promesas y obedeciendo al opresor,
como el camino más seguro para sobrevivir. Pero las últimas noticias recibidas
–dando cuenta de que el primer grupo enviado por la organización hacia los bosques,
comandado por Glasman, había caído en las manos de la Gestapo– hacían que
quienes estábamos a favor de la otra alternativa, la de la resistencia activa y armada,
nos viéramos sumergidos en un sombrío panorama.
En el fondo, se estaba discutiendo ya no cómo salvar la vida, sino cómo, dónde y
cuándo morir luchando. Las discusiones seguían hora tras hora, aquella noche en el
Ghetto de Vilna, y cuando en algún momento cesaron… dieron lugar a un profundo
silencio.
De repente, un murmullo –apenas audible al principio– comenzó a elevarse al
cielo como un coro de ángeles, marcando una rítmica letanía que va creciendo… creando
un clima que no puedo describir de otra manera que sobrenatural.
228 / Nuestra Memoria
“Janek, el partisano”… Mi padre / 229
“Zog nisht kein mol az du gueist dem letztn veg…” (“Nunca digas que emprendes
tu último camino…”) se iba transformando en una marcha de esperanza, en las palabras
de Hirshke Glick, quien con sus 15 jóvenes y maduros años supo plasmar en
palabras el sentimiento de luchar, luchar, aun vencidos… “Mir zainen do!” (“¡Estamos
aquí!”).
“La canción” tomaba más cuerpo a medida que se sumaban las voces. Como una
oración de nuevas esperanzas que entraban en nuestros cuerpos, dándole a nuestras
almas un verdadero bálsamo en aquellas horas difíciles. Luchar para vivir… O por
lo menos, ¡que paguen caro nuestro morir!
Se escuchaba como un himno de gloria, y el aire se hizo inexplicablemente más
puro. “La canción” alcanzaba nuestras más profundas entrañas y nos transportaba
hacia las alturas, acercándonos a las estrellas. “La canción” tomaba cada vez más y
más fuerza. Sentí como si me crecieran alas en el cuerpo y que de pronto podría
volar… ¡Volar! Y mirar desde las alturas hacia abajo. Pensaba y reflexionaba sobre el
Hombre, la lucha entre los hombres… y todo se resumía en las preguntas “¿Por qué?”
y “¿Para qué?”. ¿Hasta cuándo la lucha del hombre contra el hombre? Y todos estos
pensamientos con preguntas sin respuestas me pusieron nuevamente con los pies
sobre la tierra. Tierra tan bella, y tantas cosas hermosas en ella… ¿Por qué te hacen
esto? Si todos somos tus hijos… ¡Danos la sabiduría para comprender y, algún día, tomarnos
de las manos para disfrutar de ti, Madre Tierra! No nos dejen encerrados en
estas siete callecitas del Ghetto de Vilna, donde nadie es dueño de sí mismo. Estoy seguro
de que muchos de los superhombres que hoy dominan nuestras vidas no saben
lo que hacen. Ninguna guerra se gana por completo. En todas se pierde, pues todos
pagan su precio de una u otra manera. ¿No es estúpidamente inútil esta guerra?
“La canción”, nuestro himno a partir de aquella noche, nos empujaba por nuevos
caminos. ‘Aún vendrá la hora ansiada y nuestro paso marcará: ¡Estamos aquí!’,
uniéndonos a todos los que allí estábamos bajo un solo sentimiento: ¡Luchar para
vivir, o cobrar caro nuestro morir!
En tanto, observando todo alrededor –mirando sin ser visto–, el tiempo se detuvo
aquella noche en la mirada profunda de aquellos jóvenes que se entendían sin palabras.
‘¿Existirá un mañana para nosotros, o seremos parte de la historia?’ ‘¿Quedará
alguien para contarlo?’ Y así, mientras brotaban los pensamientos en este diálogo
de silencios, seguían cavilando sobre su destino en la noche de shmirá.” (Jane
Sztul –Johanan ben Moshé–, partisano del Ghetto de Vilna.)
“¡Cómo me gusta escuchar, en silencio, el nombre de mi padre, que a los 43 años
fue arrancado de nuestro lado y asesinado en los campos de Treblinka!” (Janek.)
Hasta ese entonces, la tarea era realizar actos de sabotaje a comandos alemanes
apostados en Vilna y retornar al ghetto, que era su base y refugio, cuidando
las ausencias injustificadas, que comprometían al resto de los judíos sobrevivientes,
verdaderos rehenes del verdugo nazi.
La dirigencia del FPO no tardó en tomar conciencia de que la vida en el ghetto
era sólo una cuestión de tiempo. Pero no podían manifestarse abiertamente todavía,
a menos que la existencia del ghetto se encontrase fehacientemente comprometida.
230 / Nuestra Memoria
9 Huberman, A., op. cit.
10 Szmerke Kaczerginski, llamado con toda justicia “El poeta guerrillero”, en sus escritos plasma
con precisión y pasión dignas de una novela e inusual poesía toda la epopeya de los partisanos
de Vilna en el período aquí narrado. Ver Kaczerginski, Szmerke. Diario de un guerrillero.
Ed. Milá-AMIA.
La alternativa del triunfo ante la maquinaria alemana estaba descartada de
antemano. Se organizaron en una estructura clandestina que tenía entre sus
principales objetivos constituirse en la fuerza que liderara la rebelión contra el
opresor nazi, y ante la inminencia de perecer en una lucha a todas luces desigual,
vender cara la vida y morir con honor… tratando de llevarse consigo la
mayor cantidad posible de asesinos.
Ante la inminencia de la liquidación del ghetto, que sobrevino a los tristes
episodios que culminaron con el inútil sacrificio del máximo líder de la organización
del Ghetto de Vilna, Itzjak Wittemberg, quedó claramente de manifiesto
el peligro que aparejaba el hábil manejo del que hacían gala los alemanes a través
del Judenrat –sus personeros en el ghetto–, quienes, mediante falsas promesas,
manipulaban el enfrentamiento y la delación entre hermanos.
Se tomó la decisión de proseguir la lucha desde afuera del ghetto, unirse a los
guerrilleros de los bosques como partisanos judíos y tomar la tan anhelada venganza
junto a ellos.
El Judenrat no estaba para satisfacer las necesidades de los judíos, sino las de los
alemanes. Debía ser el transmisor de sus órdenes y personalmente responsable por
su cumplimiento. Dichas órdenes implicaban severas restricciones y sacrificios para
los pobladores del ghetto. El Judenrat actuaba bajo una incesante presión, que debía
forzosamente transmitir a los habitantes del ghetto. Estos pensaban que el Judenrat
era el responsable directo por sus privaciones. Por lo tanto, dirigían contra él sus
quejas y también su ira. Los líderes de los ghettos, bajo el dominio nazi, trataron desesperadamente
de que éstos perduraran, de que sobrevivieran la mayor cantidad
de tiempo posible. Tal vez, la guerra se terminaría, Hitler sería derrotado y lo vivido
sería recordado como una terrible pesadilla. Pero no pudo ser. El Ghetto de Varsovia
no duró siquiera dos años.9
En lo que creyeron sería el asalto final al Ghetto de Vilna, Janek fue designado
–junto con Kaplinski, Szmerke Kaczerginski10 y dos compañeros más– para
defender una de las posiciones previamente establecidas. En el balcón del primer
piso de Strashuna 8, cerca del Judenrat –donde habían recibido la orden de
resistir hasta morir–, les llegó finalmente la contraorden por el primer repliegue
nazi, producido a pocos metros de allí, ante la bravura de la resistencia de sus
compañeros del Nº 12 de la misma calle, que terminaron sucumbiendo ante los
morteros.
“Janek, el partisano”… Mi padre / 231
11 Bauer, Y., op. cit.
Pero era cuestión de tiempo. La decisión de abandonar el ghetto estaba tomada.
Los nazis mataron a muchísimos judíos en represalia por actos de rebeldía o por
sospechas de sedición por parte de unos pocos, en lo que dio en llamarse “responsabilidad
colectiva”. Sin embargo, el principal problema interno para los judíos era el
de la responsabilidad familiar. Para pertenecer a un grupo de resistencia había que
dejar liberada a la muerte a la propia familia (…). El joven judío debía tomar la nítida
decisión de abandonar a sus padres, hermanos, hermanas, parientes y seres queridos
y contemplar cómo se los llevaban hacia la muerte, mientras él permanecía impotente,
aunque se cubriese con la capa de luchador de la resistencia. Abba Kovner,
siendo jefe de la FPO, el movimiento de resistencia del Ghetto de Vilna, cuenta cómo
impartió a su gente la orden de reunirse a una hora convenida para abandonar el
ghetto por las alcantarillas, para proseguir la lucha en los bosques. Llegada la hora y
hallándose él mismo junto a la entrada a las alcantarillas, apareció su anciana
madre y le preguntó qué hacer. Tuvo que responderle que no sabía. Y, según afirma
Kovner, a partir de ese momento ya no supo si merecía la gloria de un guerrillero que
combatía a los nazis o el estigma del hijo infiel.11
La salida del ghetto
Janek y Abba Kovner fueron los encargados de distribuir las siempre insuficientes
armas entre los miembros del FPO. Varios grupos ya habían salido anteriormente
en dirección a los bosques que rodean el lago Naroch, y no todas
las noticias eran buenas. Empezaron a salir del ghetto por el portón de la
calle Jatkowa, en grupos pequeños. Contaban con duplicados de las llaves, que
realizaron fácilmente en los talleres, y con la complicidad de algunos policías
leales, que avisaban cuando cedía la vigilancia. Se elegían las noches más oscuras
para salir, en grupos armados de no más de veinticinco personas. Los grupos
mayores debían salir utilizando los canales cloacales, que los llevaban hasta un
punto de encuentro en las afueras de Vilna, y desde allí –guías mediante– debían
alcanzar la protección de los lejanos bosques de Rudniki. En un grupo así salió
Janek. Su esposa estaba en otro grupo, haciendo el mismo camino subterráneo.
El guía erró inicialmente el camino, debiendo retroceder hasta dar con la tapa
de la toma de aire de la calle convenida. La salida de los canales daba a un lugar
totalmente en ruinas. Allí se mantuvieron escondidos, y formando parejas continuaron
la marcha atravesando la ciudad, procurando no llamar la atención de
donde provenían ni hacia donde iban. Así se fueron desplazando al lugar convenido,
en la periferia de Vilna, donde los estaban esperando. Al oscurecer se
trasladaron a un edificio abandonado, que pudo haber sido un colegio, donde finalmente
pasarían su primera noche fuera del ghetto. Allí, por intermedio de
232 / Nuestra Memoria
Sonia, el nuevo contacto del grupo, tuvo la alegría de recibir noticias del grupo
de Kraulis y Male, su mujer.
A lo largo de la segunda noche empezaron a abandonar el lugar, en pequeños
grupos y en dirección a los bosques. El camino lo encabezaba el grupo de Abba
Kovner, que se desplazaba en formación de defensa, como los habían adiestrado;
esto era: mientras dos cubrían las espaldas del grupo, el resto avanzaba, y
así sucesivamente. Había que cuidarse muy especialmente de las guerrillas polacas,
antisemitas en su mayoría.
Toda precaución era poca. Los caminos elegidos no eran los más fáciles de recorrer.
La seguridad exigía atravesar espacios poco poblados y obligaba a dar
grandes rodeos por zonas pantanosas o áridos pedregales. La travesía hacia los
bosques de Rudniki, en los alrededores del lago Naroch, insumió varios días.
Varios puentes de madera fueron quemados para evitar ser perseguidos. Transcurría
octubre de 1943.
En palabras de Male:
La salida a los bosques, a través de los canales cloacales, fue una tarea muy difícil.
Nos guiaba nuestro compañero Kaplinski, quien había trabajado en la construcción
de los canales. Cuando salimos al exterior, en pleno centro de Vilna, el ghetto
había quedado atrás. Una nueva etapa comenzaba: la marcha a los bosques.
Nos desplazábamos en parejas, manteniendo prudente distancia entre nosotros y
siguiendo a nuestros contactos, guías que nos habían aguardado. Sin documentos ni
la estrella amarilla, emprendimos la marcha. Buscar los caminos más seguros, avanzar
de noche, descansar de día, no perder de vista a los guías, señales para parar, ocultarse
y continuar. Dos noches enteras avanzando, evitando cruzar los lugares peligrosos,
vigilancias, puentes, hasta alcanzar la región boscosa ocupada por la guerrilla.
Teníamos los pies destrozados, inflamados, sangrantes. Nuestro calzado no estaba
preparado para hacer tantos kilómetros sobre las piedras, los pozos y el barro de los
caminos seguros, después de haber atravesado las hediondas cloacas… ¡Pero no sentíamos
el dolor! Vengar a nuestros muertos, luchar hasta ver la derrota de Hitler, nos
daba la fuerza para ser libres y seguir vivos. ¡Por ellos! Eso era lo más importante.
En los bosques
El grupo se fue sumando a las bases guerrilleras en los bosques de Rudniki,
donde lograron completar cuatro batallones de judíos que serían reconocidos
como grupos de lucha a medida que pasara el tiempo. Los batallones de partisanos
judíos asumían tareas cada vez más peligrosas y se iban ganando el respeto
de sus pares gentiles, no siempre amistosos con ellos.
Grande era el deseo de vengar la sangre derramada. Al principio, la situación
era muy difícil. A la escasez de las armas largas que requería el nuevo medio selvático
se sumaban las dificultades para acostumbrarse a la nueva vida, impues“
Janek, el partisano”… Mi padre / 233
tas por la naturaleza agreste del bosque, hasta alcanzar a vivirlo como el nuevo
hogar que los protegería del enemigo.
La siguiente anécdota pinta el doloroso proceso de adaptación sufrido en los
bosques. En un breve descanso, ya cerca de un destino asignado, Jane se dio
cuenta de que sus botas estaban pegadas a las plantas de sus pies. Con mucho
esfuerzo y los dolores consiguientes lograron cortarle las botas y quitárselas.
Ver el estado miserable en que se hallaban sus pies y permanecer varios días
vendado con trapos sobre la carne viva le hizo comprender, duramente, que un
buen calzado era tan importante como las armas.
Al principio sentía que la naturaleza del bosque era muy cruel. Le costaba
acostumbrarse a las lluvias, las nevadas, los mosquitos en las noches oscuras, o
las noches claras con luna llena. Todo ayudaba a crear un clima de amenaza y
mucho peligro.
Hasta ese momento, su vida había transcurrido en la ciudad. El bosque llegaría
a ser su nuevo hogar. El refugio seguro después de cada incursión contra el
ejército alemán, que llegó a respetar –y hasta temer– a esta tierra de partisanos.
Así, con todas esas dificultades a cuestas, comenzó para estos flamantes partisanos,
sobrevivientes del Ghetto de Vilna, la posibilidad de luchar en libertad
por la sangre derramada de sus padres y hermanos, pero ahora sin la carga que
suponían las restricciones impuestas en el ghetto, donde –entre otras cosas– la
vida de los más débiles dependía de las represalias a que se los sometía por el
accionar de los jóvenes activistas. Ya no más rehenes del ghetto. ¡A luchar como
partisanos judíos contra el bárbaro nazi!
Empezaron a organizarse y prepararse para la lucha. El máximo jefe era un
maestro de la ciudad lituana de Kovno, de apellido Jurgis. Se procedió a crear
grupos de sesenta personas, con un jefe con jerarquía de comandante, que reportaba
al jefe principal, y por su intermedio recibían las instrucciones de las
actividades a ejecutar. Cada grupo tenía autonomía y órdenes propias a cumplir.
Ningún grupo conocía qué pasaba fuera del suyo. Hasta el propio espacio de alojamiento
en los bosques era secreto. El comando que integraba Janek adoptó el
sugestivo nombre de “Muerte al fascismo”.
Pero prepararse para vivir en el bosque requería de algunas tareas. Cavaron
un corredor totalmente forrado en madera –material disponible en abundancia–,
de un ancho suficiente para alojar –a ambos lados– cuchetas de madera a 20
centímetros del suelo, y salidas en ambos extremos. Este espacio estaba cubierto
con troncos y ramas, a su vez camuflados por follajes que hacían prácticamente
invisible su existencia. Construyeron un comedor y, a su lado, un espacio
que hacía de cocina, donde podían colgar hasta tres grandes recipientes a
una altura tal que permitía encender fuego con maderos de árboles secos que
juntaban entre todos.
¡Construyeron también un “baño turco” en el bosque! Era un verdadero alar234
/ Nuestra Memoria
de. De unas cercanas vías de trocha angosta obtuvieron una vagoneta de transporte
de forma triangular, que acondicionaron para llenarla de piedras, sobre
un fuego de leños. Una vez que las piedras alcanzaban la temperatura adecuada,
le arrojaban agua, produciendo una gran cantidad de vapor e inundando el
ambiente como un verdadero y muy buen “baño turco”. Janek tuvo una participación
muy activa, y fueron puestos a prueba su formación técnica y su ingenio.
Estas tareas fueron compartidas con el ingeniero Kagganovich, esposo de
Simka.
Estos espacios también servían para el adiestramiento en el uso de armas y
para probar las nuevas armas automáticas que iban consiguiendo.
En palabras de Male:
Al principio nos costó acostumbrarnos a la vida en plena naturaleza. Frío, lluvias,
nieve. ¿Qué importaba? ¡Eramos libres y podíamos luchar!
Construimos búnkeres bajo tierra. Ese fue nuestro hogar. Los techos eran troncos
de árbol, camuflados con tierra y pasto para no ser vistos. Era necesario que nadie
imaginara que allí, bajo tierra, había vida. Tenían las dimensiones necesarias para
que 150 personas pudieran moverse con relativa comodidad. Sobre los costados
construimos nuestras camas, con el mismo material que abundaba en los bosques:
troncos de árbol.
Cada batallón tenía su propio búnker y objetivos a cumplir. Ninguno sabía dónde
estaban los otros batallones, ni sus búnkeres.
Nuestro comandante se llamaba Kraulis. Era un militar lituano, un paracaidista
enviado por el ejército soviético como parte del apoyo aliado de hombres y armamento
con que contaba la guerrilla.
Llegamos a levantar, en el medio del bosque, un aeropuerto clandestino, que
abastecía las necesidades de todos los batallones diseminados en los bosques de
Rudniki. Al poco tiempo, nuestra gente demostró su sed por luchar. El guerrillero
judío no quería descansar un sólo día. Se ofrecía permanentemente como voluntario
para las misiones de más alto riesgo. Teníamos hambre de venganza.
Nuestros motivos eran mucho más fuertes que los de los guerrilleros que integraban
los otros batallones. Sólo sabíamos que nuestros seres queridos no estaban más.
No sabíamos dónde ni cómo los mataron. ¿Qué más podíamos perder?
Nunca nos poníamos a pensar que podíamos perder la vida en esas peligrosas misiones.
Todo cuanto hacíamos nos parecía poco. Castigamos al enemigo. Demoramos
el accionar de los nazis, ayudando al avance de las fuerzas rusas aliadas.
Nuestras emboscadas llegaron a ser temibles para el enemigo. Impedimos y aniquilamos
cuanto pudimos. Con cargas de explosivos bajo los trenes y convoyes, volábamos
por los aires ejércitos, pertrechos y armamentos que iban al frente de batalla.
¡Y todo nos parecía poco!
Entonces soñábamos con ver la derrota de Hitler. Sobrevivir para verla. Contarle
al mundo, a todos ustedes, de nuestra lucha en nombre de todos ellos. Sobrevivir
para dar testimonio de lo que allí pasó. No permitir que la muerte de nuestros padres,
hermanos y niños inocentes quedara en el olvido, ¡y morir así por segunda vez!
“Janek, el partisano”… Mi padre / 235
Entonces soñábamos con un mundo que, al precio de tanta sangre, aprendiera a
nunca más repetir esto.
Nosotros, los sobrevivientes del terrible Holocausto, logramos ver la derrota de
Hitler. Seis millones de hermanos judíos no pudieron.
La vida en el bosque duraría aproximadamente un año. Las tareas específicas
asignadas al grupo estaban vinculadas al sabotaje para dificultar el accionar de
las fuerzas alemanas y facilitar, así, la llegada de las tropas aliadas rusas. Cortar
postes telegráficos, inutilizar vías férreas, volar trenes o locomotoras, inutilizar
o sacar de circulación trenes con equipos o tropas con destino al frente de batalla
ruso y todo aquello que pudiera debilitar o poner fuera de acción al enemigo.
El grupo se destacó por las acciones heroicas que produjo, generando sentimientos
de profundo orgullo ante propios, respeto ante ajenos y creciente temor
de los enemigos. Ello se vería luego reflejado en el sitio de honor que les cabe a
los partisanos judíos en la entrada triunfal para recuperar Vilna de las manos
alemanas.
Entre noviembre de 1943 y mayo de 1944, por su formación técnica y las condiciones
de liderazgo alcanzadas a sus maduros 24 años, Janek fue puesto a
cargo de la dirección de la brigada de explosivos, que intervino en más de veinte
operativos de sabotaje.
Uno de los explosivos más utilizados eran las pastillas de trotyl. Semejantes
a panes de jabón, de color amarillento, con un orificio en el centro en el cual se
colocaba el detonador, con una mecha bicolor. Cada centímetro de largo representaba
un segundo para activar el detonador.
Resultado de estas tareas fueron los trenes volados mientras buscaban llegar
a Vilna desde Grodno, Lida o Kovno, causando verdaderos estragos en las filas
enemigas. Las noticias que llegaban por radio a la base daban cuenta de que,
como resultado de estas acciones de sabotaje, habían perdido la vida unos 250
soldados italianos, con todos sus pertrechos bélicos. Tres locomotoras habían
quedado totalmente inutilizadas, al igual que varios transportes llevando soldados
alemanes al frente ruso, cuyo número de bajas jamás se dio a conocer. La
línea telegráfica Vilna-Grodno fue literalmente volada en un radio de cuatro kilómetros,
impidiendo las comunicaciones enemigas desde y hacia Vilna. Minaron
las rutas y caminos que transitaban los autos y camiones alemanes transportando
tropas y equipos, volándolos por los aires.
El bosque, verdadero territorio de guerrilleros partisanos, era evitado por las
tropas alemanes de las comarcas fronterizas entre Polonia y Lituania, en tanto y
en cuanto les fuera posible. Hacia allí avanzaba el ejército ruso, encontrando un
apoyo invalorable en estas acciones clandestinas de los guerrilleros del bosque,
a quienes –a su vez– proveían de armas y pertrechos desde el aire, lanzados con
paracaídas.
236 / Nuestra Memoria
Pero los resultados no siempre eran brillantes. El precio pagado resultaba a
menudo demasiado alto. Muchos de los camaradas de Janek quedaron allí para
siempre, y era doloroso comprobar que volvían a su base menos de los que habían
salido.
Una dolorosa anécdota que le dejó a Janek una marca literalmente inolvidable
comienza cuando, junto con tres compañeros, salieron a cumplir una tarea
de reconocimiento, para tomar contacto con otro grupo y volar un tren de la
línea Grodno-Vilna.
Un grupo enemigo, anticipando estos movimientos de los guerrilleros, los
sorprendió, acorralándolos y dejándoles como única vía de escape una zona de
terreno húmedo, muy blando y difícil para huir rápidamente hacia la escasa arboleda
que se encontraba a unos interminables quinientos metros de distancia.
Comenzó el nutrido fuego enemigo. Con el consabido movimiento de retirada,
dos devolviendo el fuego y dos avanzando buscando refugio y luego alternando,
uno de los jóvenes, Motke Gopstein, fue alcanzado de lleno por varios
proyectiles en el estómago. Janek, herido en la pierna derecha con un profundo
raspón que lo acompañaría de por vida, se acercó al herido, que se encontraba
muy dolorido y sin posibilidades de escapar.
Motke alcanzó a pedirle que lo ayudara a morir –esto era rematarlo de un
tiro–, pero imposibilitado de hacerlo, tan sólo lo acompañó mientras éste llevaba
el revólver a su cabeza y, con un último adiós, apretó el gatillo. Janek vio dibujada
en su rostro una leve sonrisa de alivio mientras moría. Calzó sobre su
hombro esa arma y otras dos automáticas “P. P. Sha”, y así prosiguió la retirada,
devolviendo fuego con fuego. En ese encuentro, otro miembro del grupo, Bloch,
recibió un balazo que le atravesó la mano. En medio de gritos de dolor alcanzaron
el refugio buscado, salvando milagrosamente sus vidas.
De regreso a la base pasaron por el hospital de campaña, donde les cosieron
las heridas.
Atrás quedaban cuatro alemanes muertos y, por lo menos, dos más heridos…
y Motke. Su recuerdo lo llevaría por siempre en las cicatrices dejadas en su pierna
y en el alma.
En palabras de Janek:
Jugando con la muerte
Verano de 1990, frente a las costas de Brasil.
Hasta donde alcanza a verse en el horizonte, todo el mar se junta en un abrazo
infinito con el cielo, sólo interrumpido por alguna que otra isla en este cálido Atlántico,
donde la naturaleza nos hace saber –una vez más– que el Paraíso es un lugar
posible.
Han pasado ya 47 años. Este mismo cielo que vio erguirse al Hombre cuando dejó
de ser un animal más sobre la Tierra debió, sin embargo, contemplar aquello y pre“
Janek, el partisano”… Mi padre / 237
guntarse si en verdad el Hombre había dejado realmente su condición de bestia… Y
no puedo creer que, aun así, siga siendo tan hermoso.
Era un cielo como el de hoy, en otro tiempo, en otro lugar, pero tan vívido como
éste dentro de mí, una y otra vez.
Verano europeo de 1943, en algún lugar en los bosques de Vilna.
La madrugada de aquel día de julio de 1943 nos encontró desplazándonos entre
los bosques. Atrás había quedado la seguridad de nuestra base guerrillera, adonde
dos horas antes había llegado Abraham Szabrinski, integrante de otro grupo partisano
que operaba sobre el frente oriental, por donde se acercaban las fuerzas aliadas
rusas.
Cuando terminó su informe, sin prisa ni vacilaciones solicité tres o cuatro voluntarios
para una tarea especial. La misión era simple. Consistía en desplazarnos unos
cinco kilómetros al este de nuestra base –instalada en el corazón de los bosques de
Rudniki, en las afueras de Vilna–, localizar una bomba de cemento sin detonar arrojada
por los alemanes, desactivarla y tomar los panes de trotyl de su interior para
llevar adelante el objetivo de nuestro grupo: utilizar los explosivos en las tareas de
sabotaje que teníamos asignadas, procurando infligir el mayor daño posible a las
fuerzas regulares alemanas, trabar sus comunicaciones y ganar tiempo para permitir
el avance del ‘Ejército Rojo’.
Diez minutos más tarde, un silencioso grupo de cuatro personas se alejó de la
base en la dirección indicada. Hacía apenas cinco semanas que habíamos abandonado
el Ghetto de Vilna. Hacía tiempo que sabíamos que los alemanes entrarían a
aniquilarlo definitivamente. Nuestras instrucciones fueron resistir dentro del ghetto
hasta donde fuera posible, y luego –siempre dentro del marco de las organizaciones
juveniles judías, entre la que estaba Hanoar Hatzioní, organización a la que pertenecía–,
sumarnos a la guerrilla que operaba en los bosques para combatir o morir en
la lucha.
Ante nosotros despuntaba la mañana, tornando el azul oscuro del cielo en manchas
rojas y naranjas. Los primeros rayos del sol nos revelaban el espectáculo siempre
sorprendente del día que sigue a la noche, descorriendo las últimas sombras del
alba. Era la estación más hermosa del año. El verano en la Europa oriental era un
verdadero bálsamo entre tanto sufrimiento. Ya conocíamos la muerte por una gangrena
no tratada a tiempo, producida por congelamiento en el crudo invierno europeo,
como si no tuviésemos suficiente en nuestra lucha desigual contra el enemigo
nazi. Nuestra mejor protección, el camino boscoso, iba presentando claros cada vez
más amplios de arenas blandas.
Todo lo aprendido desde la escuela técnica de Czentechowa, mi ciudad natal, me
ayudó a montar verdaderos talleres clandestinos en el Ghetto de Vilna, donde acondicionar
y reparar armas, reciclando piezas dañadas. Era parte de un entrenamiento
que nos permitía manipular y desarmar, con los ojos vendados, las armas livianas,
utilizadas por los alemanes, que caían en nuestro poder. Adiestramiento que
luego nos serviría para sobrevivir como partisanos en el bosque. Toda mi experiencia
sería puesta a prueba.
Las formas, ahora más nítidas, iban adquiriendo su verdadero color a medida que
238 / Nuestra Memoria
la nueva luz los alcanzaba. Allí, detrás de un pequeño bosquecillo y en medio de
grandes médanos, estaba la bomba. Se asemejaba a un gran pez grisáceo cuya nariz
estaba casi a ras del suelo, a escasos centímetros de la arena. Era increíble que no se
hubiese destruido por su propio peso, pero así ocurría a veces, para nuestra suerte.
Parados frente al monstruo, imaginamos qué pudo haber pasado. Los alemanes
estaban sumamente exigidos en todos sus frentes, tal como no dejaban de informarnos
por radio casi a diario nuestros camaradas en la frecuencia de onda corta
que utilizábamos para comunicarnos.
Los talleres donde se fabricaban las bombas habían hecho gala, una vez más, del
ingenio al servicio de la destrucción: el acero, al igual que los combustibles, son vitales
en períodos bélicos, y el esfuerzo por preservarlos justificaba cualquier alternativa.
Con finas mallas de acero revestidas en cemento se reemplazaba la costosa
carcasa de la bomba, en cuyo interior se disponían los explosivos, los buscados
panes de trotyl.
Era probable que las aletas encargadas de dirigir la trayectoria del artefacto se
hubiesen desprendido en algún punto de su transporte y posterior lanzamiento,
como consecuencia del apuro en el montaje, y que al caer de costado, sobre la superficie
blanda de los médanos, no se accionara el mecanismo detonante alojado en
su nariz.
Ahora faltaba lo principal: desarmar la bomba. Ninguno de nosotros –especialmente
yo, que era el especialista en explosivos del grupo– conocía de cerca este tipo
de artefactos. Habíamos adquirido adiestramiento y práctica en un sinnúmero de
armas, granadas y explosivos, pero esta bomba era realmente nueva para nosotros.
Pedí a mis compañeros que buscaran rápidamente refugio, y completamente solo
me acerqué al monstruo dormido. Dejé de lado todos mis pensamientos, todos los
proyectos y sueños que tan sólo horas antes habíamos repasado por milésima vez
con ‘Male’ si salíamos con vida de esta sucia guerra. Dejé incluso de ver los tres aterradores
metros de largo que tenía la bomba, que –recostada sobre su vientre en la
arena– sobrepasaba mi estatura en cuanto me puse de cuclillas.
Dejé de pensar en absolutamente todo y me concentré en su nariz. El mecanismo
del detonador era de bronce, armado en vuelo durante el trayecto al punto de destino,
mediante un perfecto juego de piezas enroscadas que sujetaba al conjunto a la
única pieza enroscada, fija y fundida en la carcasa de cemento. Esta operación de
armado se completaba pocos minutos antes de ser arrojada al vacío, asegurando que
no se activase la bomba antes de ser descargada, y era ejecutada a mano por tensos
soldados… Tan tensos como yo lo estaba en ese momento.
Mi cabeza trabajaba a ritmo febril, obligando a mis manos a obrar con precisión
y lentitud. Tomé fuertemente la punta de la nariz y empecé a realizar movimientos
de giro lento, pero con firmeza, en el sentido contrario a su montaje… y nada.
Durante minutos, o tal vez fueron horas, no logré mover un solo milímetro. De
pronto, el mecanismo empezó a ceder. Sabía que entonces comenzaba lo más delicado
de este juego con la muerte. Respirando apenas y sin soltar ni por un instante
la nariz exterior, completé los giros necesarios para superar la rosca que lo unía a la
bomba y, una vez libre, la retiré en línea recta, con mucho cuidado de no tocar el
“Janek, el partisano”… Mi padre / 239
borde interior, retirando el fulminante fijado en su cara interna, donde cualquier
movimiento brusco hace detonar su mortífera carga.
Tenía en mis manos una bella pieza de bronce, con los hilos de la rosca desnuda
brillando al sol y el fulminante en su centro, que tiene unos treinta centímetros de
largo. Todo el mecanismo, recién arrancado de las entrañas de la bomba, no pesaba
más de 1,5 kilos. Calculaba que, adentro, nos encontraríamos, por lo menos, con unos
100 ó 120 kilos de panes de trotyl. Habíamos levantado por los aires una locomotora
alemana, con soldados y armas, con sólo unos diez kilos de ese poderoso explosivo…
Sólo cuando el conjunto detonante estuvo totalmente separado de la bomba y depositado
en la arena me di cuenta de que estaba totalmente bañado en sudor, con
mis pulmones a punto de estallar y el corazón latiendo furiosamente, a un ritmo alucinante.
El grito de alegría de mis compañeros me hizo volver a la realidad y les pedí que
se ocuparan del resto del desarme, ya neutralizado el peligro de explosión.
Encendimos una fogata. Era nuestra manera de acompañar el descanso en los
momentos de desamparo o alegría… como ése. Tiré allí el detonador de la bomba.
Un estallido seco y una voluta blancuzca que se desvaneció en el aire, dejando un
olor ácido y dulzón, dieron por terminada la operación, en este hermoso día que nos
dejó un regalo del Cielo, sin bajas que lamentar.” (Janek Sztul –Johanan ben Moshé–,
partisano del Ghetto de Vilna.)
Muchísimas tareas de sabotaje fueron realizadas. Cada paso fue pagado bastante
caro, pero también lo pagó el enemigo. Los partisanos judíos de Vilna estaban
escribiendo, sin saberlo, uno de los tantos capítulos anónimos de la resistencia
armada judía de aquellos que tuvieron la suerte de poder empuñar un
arma contra la barbarie nazi y organizarse para la lucha. Pero muchísimos más
no tuvieron esa oportunidad.
Esta etapa culminó con la llegada definitiva del “Ejército Rojo” y el consiguiente
desbande de los sobrevivientes alemanes, que procuraban huir. La entrada
triunfal a la recuperada Vilna fue realizada por las fuerzas regulares del
ejército ruso, conjuntamente con los guerrilleros. Esto suponía el merecido reconocimiento
al valor y el heroísmo demostrado en los campos de batalla por
estos últimos, entre los cuales los partisanos judíos que tuvieron la suerte de
empuñar un arma se habían destacado especialmente, con un rol importante en
las actividades clandestinas contra la bestia nazi. Reducidos los últimos focos
de francotiradores adictos a los alemanes, se inició la etapa de la reconstrucción,
en la cual a los luchadores de los bosques se les asignaron cargos de relevancia.
En palabras de Male:
En 1945 terminó la guerra y recibimos la orden de ocupar Vilna, y compartir el
honor con las fuerzas aliadas rusas de recuperar nuestra ciudad, que todavía albergaba
a un número indeterminado de francotiradores. Allí nos encontramos con el horror
de la muerte diseminado en todas partes, entre escombros y ventanas sin vidrios.
12 La directora del Museo del Holocausto de Washington, Estados Unidos, Lic. Sara Bloomfield,
expresó: “Cuando pensamos cómo murieron, tenemos que tener en cuenta la forma sistemática,
burocrática, de alta tecnología aplicada por los nazis para exterminar a los judíos
y por qué murieron tiene que ver con una nueva forma de antisemitismo que tenía el respaldo
de la pseudociencia. (…) Y en esto se diferencia de todo período anterior de la historia:
los judíos no podían convertirse para salvar sus vidas porque este antisemitismo tenía
que ver con la así llamada ‘raza judía’. Otro motivo por el cual la gente fue asesinada tiene
que ver con la indiferencia de la gente, que veía que esto sucedía (…) Y también es importante
considerar quién concretó esto: fue llevado a cabo por un gobierno, no por un grupo
de gente insatisfecha y desorganizada, sino por un gobierno legítimo que llegó al poder a
través de un proceso democrático en la nación que era la más altamente educada del
mundo en ese momento, así que hemos aprendido que los valores democráticos y la educación
no son suficientes. Hubo muchos asesinatos masivos en la historia, pero nunca antes o
después ha sucedido algo parecido al Holocausto, con este nivel de intención y motivación
profunda, con este alcance y metodología. (…) el silencio del observador, el silencio del testigo
es la más grande ayuda que puede tener un asesino. Si podemos hacer que los observadores
y los testigos sean gente que hable en público, que denuncie, tendremos una oportunidad
para cambiar la vida de los vivos”.
Si a lo largo de toda la historia, el hombre no termina de aprender que en la guerra
no hay ganadores, aquí teníamos –delante de nuestros azorados ojos– la más acabada
muestra: cuerpos de combatientes rusos, polacos y tantísimos guerrilleros, junto a
los cadáveres de los soldados alemanes, por todos lados. Centenares de rostros sin
vida. Era el reino de la muerte.
¿Dónde estaba nuestra alegría? No era la Vilna que tanto amaba.
Vilna, Polonia toda sin judíos. ¿Cómo podía reconocerla? No podíamos gozar de
nuestro retorno victorioso. La tristeza y los recuerdos que nos invadían transformaban
la alegría del triunfo en un profundo y doloroso luto que jamás cesó.
A partir de ese momento comenzaba una nueva etapa: recomponer los pedazos
de afectos, buscando a familiares sobrevivientes, y empezar de nuevo con una nueva
familia, en un mundo libre pero todavía hostil que –como nos iríamos dando cuenta
más tarde– no quiso o no supo minimizar las atrocidades cometidas por los
nazis.12
De los bosques a Vilna
Con la recuperación de Vilna, la mayoría de los partisanos cambió los bosques
por la ciudad y se fue incorporando a su reconstrucción, ocupando –en algunos
casos– funciones públicas y administrativas de relevancia.
Mala había culminado su vida guerrillera en los bosques desconociendo que
llevaba un embarazo de cuatro meses, y en Vilna nacería su hijo, Miguel. La ausencia
de menstruaciones y espejos durante su vida a la intemperie no le hizo
sospechar de su estado de gravidez.
Mientras tanto, Janek consiguió un importante cargo en el Ministerio de
Obras Públicas (Usrozdov) para la reconstrucción de puentes y caminos.
Al momento del parto se encontraba lejos, habiendo dejado a su mujer al cui-
240 / Nuestra Memoria
“Janek, el partisano”… Mi padre / 241
dado de una pareja amiga, compañeros en el ministerio. Estaba asignado a la
tarea de recuperar dos vagones cisterna de combustible desaparecidos en algún
punto de la ruta que unía Vilna con Kovno. Sabían dónde buscar. En un pueblito
pequeño y sin control alguno, donde era muy fácil desenganchar un par de
vagones del convoy principal, había un oficial ruso que se los había apropiado
para vender su preciosa carga en el mercado negro. Pistola visible al cinto y con
flamante cargo oficial, le hizo saber que disponía de un minuto para abandonar
el lugar y olvidarse del asunto.
Janek no necesitaba nuevas complicaciones, pues estaba muy ocupado con
sus trabajos en la “Brijá”… y no sabía a quiénes podía conocer el oficial corrupto.
Levantó un acta, que firmó conjuntamente con el jefe de la estación, que daba
cuenta de la aparición del cargamento perdido… abandonado por error, en una
vía muerta. Al notificar por radio a su oficina las buenas nuevas, se enteró del
nacimiento de su hijo.
Con los papeles en orden y los vagones enganchados, volvió rápidamente a
Vilna, en escasas horas. Allí envolvieron a su hijo con mantas calientes, y todos
juntos se trasladaron al lugar que tenían asignado para alojarse, el edificio del
hotel de la calle Mickievicha.
Todos los camaradas del bosque se acercaron para felicitar a la pareja y conocer
a Misha, el tercer niño judío nacido en la Vilna recientemente liberada, a
fines de diciembre de 1944. El primero fue el hijo de Heinke; el segundo, el de
Penousow; y el tercero, Miguel, hijo de Mala Abel y Janek Sztul, casados en el
Ghetto de Vilna y partisanos judíos en las fuerzas irregulares contra los nazis.
Cuando preparaban la documentación personal para la salida de Vilna a
Lublin, en el documento de Miguel registraron “1-1-45” como su fecha de
nacimiento.
Cada uno traía su regalo al flamante bebé. Siempre recordaría con una sonrisa
el presente del “tontito” del grupo, a quien apodaban cariñosamente “Shloime,
de beheime”. Este se apareció con un hermoso paquete de masas para el recién
nacido, arrancando las carcajadas de todos los presentes.
Al poco tiempo, Mala tuvo la suerte de conseguir trabajo en una cocina, puesto
verdaderamente importante en un momento de escasez de alimentos y distribución
todavía desorganizada. Gracias a ello, nunca faltó el alimento.
Janek sólo tenía un superior en el ministerio, un capitán retirado del ejército
ruso enviado desde Moscú, inválido de guerra y con una visible renguera. Había
sido afectado a las tareas de reconstrucción, alejándolo de la comodidad de su
retiro, pero no de su afición al vodka. Poco a poco, Janek logró ganar su confianza,
y así, le fue delegando mayores responsabilidades y acceso a información
restringida y a los preciosos sellos de goma que le confiaba en medio de sus
continuas borracheras.
Sus responsabilidades abarcaban las tareas de limpieza y acondicionamiento
242 / Nuestra Memoria
de rutas y el retiro de los tanques, camiones y armamento en general que quedaron
abandonados tras los enfrentamientos. Contaban con un grupo bastante
numeroso de gente, incluyendo un cuerpo de ingenieros, y sus tareas incluían
la reparación de los puentes alcanzados por los bombardeos y reconstruir o
construir puentes más chicos, todo tendiendo al principal objetivo que era permitir
el libre movimiento de las tropas del “Ejército Rojo” en la ciudad recientemente
recuperada.
Como las herramientas y equipos escaseaban, estaban autorizados a secuestrar
los vehículos enemigos que quedaron detrás del frente y llevarlos donde
fueran útiles a las tareas de reconstrucción, cerca de las líneas del frente. Muchos
vehículos fueron reacondicionados por los mecánicos movilizados para
estas tareas.
La estructura de la organización fue creciendo en gente y recursos, alcanzando
a formar una base de operaciones, en las afueras de Vilna, con treinta camiones,
grúas, aplanadoras, equipos y herramientas diversas. Conforme crecía
la responsabilidad de Janek, se le asignó un automóvil Opel, con chofer.
Actividades de la “Brijá”
Por esos días, Janek incrementó su tarea clandestina en la organización sionista
que operaba en el marco de la “Brijá”. Su vínculo era a través de Nisan Reznik
y Abba Kovner, ex compañeros de armas en el ghetto y, luego, en los bosques.
Aprovechó los camiones para trasladar gente de Kovno a Vilna, con vistas a
llevarlos a Polonia y, de allí, organizar la aliá. Tal vez fueron éstos los primeros
trabajos de la “Brijá” en Vilna.
Por sus manos pasaban los traslados de camiones y personas a los fines de
cumplimentar los trabajos de reconstrucción, y tenía acceso a transportes, documentos…
y sellos. Todo ello fue utilizado para moverse por toda Lituania en
sus actividades clandestinas con la “Brijá”.
La necesidad de trasladar a los judíos lituanos a lo largo y ancho del país,
pero más aún, la necesidad de cruzarlos por sus fronteras especialmente hacia
Polonia, fuera del alcance de las autoridades soviéticas –como paso intermedio
a la “Aliá Bet”–, exigía la tenencia de una variada y adecuada documentación,
como certificados escolares, formularios diversos, actas de nacimiento y, por supuesto,
pasaportes para poder demostrar el supuesto origen polaco y la necesidad
del “retorno para la reconstrucción de la arrasada tierra natal”.
La creación de documentos falsos fue una de las actividades delicadas a las
que tuvo que hacer frente la gente de la “Brijá” para poder sacar a los sobrevivientes
lituanos hacia su libertad. Feiguele Kerperberg, Nisan Resnik, Abba
Kovner y Janek fueron responsables de muchas vidas rescatadas por este medio.
La nueva especialidad de Janek fue la falsificación de firmas y sellos.
“Janek, el partisano”… Mi padre / 243
Los materiales utilizados debían desaparecer fácilmente, sin dejar huella alguna.
Debía contarse con alcohol, un buen compás, tintas para sellos, plumines,
papel para dibujo técnico, una lupa, un vidrio y una lámpara para calcar a trasluz,
un buen pulso y una muy buena vista para poder copiar y no dejar anomalías
que llamaran la atención. Estos trabajos clandestinos ya se hacían anteriormente
durante la ocupación alemana.
Los sellos no eran como los comunes de goma. Estaban dibujados sobre papel
técnico, con tinta de sello, y trasladados al papel original humedecido con alcohol.
Llegó a adquirir una técnica buena y eficiente, que difícilmente podía diferenciarse
del original. A propósito ejercía una presión de manera desigual
sobre los sellos, lo que confería al documento resultante un aspecto absolutamente
convincente. Ese era el detalle final, su marca de fábrica.
El objetivo final consistía en sacar a los judíos de Lituania, ahora bajo el
poder ruso; trasladarlos transitoriamente a Polonia, y de allí, al mundo libre o
procurar la aliá: trasladarlos a la todavía Palestina, la milenaria tierra judía que
aún tendría que esperar unos años más –hasta 1948– para ser reconocida como
Estado (Israel).
El antisemitismo seguía enseñoreándose libremente entre rusos, lituanos y polacos.
Muchos judíos sobrevivientes del horror de la maquinaria nazi encontraron
la muerte entre las bandas polacas o lituanas aun después de la liberación.
Más de quinientas personas salieron de Vilna con documentos que pasaron
por las manos de Janek, entre quienes se contaba el matemático Berenstein. La
ida apresurada de Vilna, en tren hacia Lublin, hacía que delegara en Feiguele
todas esas tareas.
No existen registros de cuántos judíos fueron rescatados del territorio lituano
ocupado por los rusos, pero fueron los suficientes como para que los organismos
soviéticos empezaran a buscar a los activistas sionistas responsables.
Los tiempos se tornaban difíciles. Nisan Resnik debió dejar Vilna y le delegó
el trabajo a Janek. Muchos de sus compañeros debieron buscar refugio en Polonia
y abandonar Lituania, al ser descubiertas sus tareas clandestinas. También a
él le llegó el turno de integrar esas “listas negras” para ser arrestado y deportado
con destino incierto.
Una noche fue avisado de que era buscado y debía abandonar la ciudad cuanto
antes, preferentemente con documentación católica, que debía proveerse con
rapidez, con la invalorable ayuda de sus camaradas. Gracias a sus contactos y
preparación, partió en tren junto a su esposa y su hijo de tres meses hacia Varsovia,
como un devoto supervisor de civiles que, junto con un grupo de religiosas,
“retornaban a su tierra polaca natal para su reconstrucción”.
Llevaba vagones completos de refugiados judíos de Lituania a Polonia. En el
grupo se encontraba Berenstein, quien se destacaría –más tarde– como matemático
en la Universidad de Jerusalem. No sabía una palabra de polaco, al igual
244 / Nuestra Memoria
que el resto del contingente, y portaba toda la documentación que lo acreditaba
para su “retorno” a Polonia… provista por Janek y sus camaradas.
En la frontera lituano-polaca, la policía rusa detuvo el convoy e indagó por el
responsable del contingente… y allí estaba Janek. Recabaron, de viva voz, información
sobre la presencia de judíos en el tren, y como tantas veces hubo visto
o vivido, el estar vivo resultó el producto de una serie de factores ignotos, cuyas
coordenadas debían coincidir en el momento y lugar adecuado… y a veces, la
suerte ayudaba.
La arrogante soberbia de sus 26 años le permitió gritarles, a su vez, en un perfecto
y pulcro polaco: “¿Cómo os atrevéis a insinuar siquiera la presencia de judíos?
¿No veis a todos estos cristianos, regocijados de poder retornar a su tierra
para reconstruirla?”. Esto y la documentación presentada permitieron la prosecución
de este viaje increíble.
Una vez alcanzada la tierra polaca, la que –en algún momento– ya no esperaban
ver, la alegría estalló entre todos los presentes. ¡Hasta entonaron con júbilo
el Himno Nacional polaco! La emoción allí vivida nunca se le borraría.
El viaje en tren de los “repatriados” desde Vilna demoraría unas dos semanas
en alcanzar Lublin, su destino final, con sus obligadas paradas, a veces de un par
de días, y cambios de locomotora. Estas detenciones en pequeños pueblitos eran
aprovechadas para conseguir alimento, leña seca y abrigo entre los campesinos.
Janek había conseguido una jarra metálica, de unos diez litros, con la cual se
aseguraba de que no le faltara leche a su hijo. En verdad, casi nada les faltaba.
La solidaridad entre los viajeros era muy grande. Llegaron a improvisar una especie
de horno a leña en un recipiente metálico que les daba calor durante las
noches frías, en los vagones casi descubiertos.
El regreso a Polonia, después de los años y las experiencias transcurridos, le
depararía más sorpresas. En Czentechowa, su ciudad, se reencontró con su
madre y su hermana Hela. A su hermano Abraham volvería a verlo más tarde,
en Alemania. La mala noticia fue que su padre había sido asesinado en Treblinka,
cerca de Varsovia, en una de las tantas acciones alemanas.
De Czentechowa viajó a München, Alemania, eludiendo a los rusos. Pero
antes, en Lublin, siguió trabajando en la “Brijá”, en cuya organización intervenían
todos los partidos, en una unión a la que llamaron “Ihud”.
Con dos nuevos compañeros, “David, el grande” y “David, el chico”, trabajaron
coordinadamente en lo que sería un archivo histórico del tiempo del nazismo,
clasificando y archivando todo tipo de documentación que encontraban.
Los centros operativos estaban en Lublin y Lodz. Una compañera, Hana, fue
como oficial polaco –con documentación provista por la “Brijá”–, en compañía
de “David, el grande”, a rescatar a su hermano encarcelado. El operativo culminó
con resultado positivo, y no fue el único caso.
Dejar Polonia cuanto antes fue el próximo paso. Se instalaron como pudieron,
“Janek, el partisano”… Mi padre / 245
a medida que el grupo familiar crecía. Al principio pensaron en llegar al puerto
de Bari, en Italia, y luego –“Aliá Bet” mediante–, alcanzar la Tierra Prometida.
De Polonia sacaron a cientos de niños judíos huérfanos, alojados transitoriamente
en casas polacas, y los enviaron por tren vía Praga a la zona norteamericana
de Alemania. En esta acción participó Abba Kovner, su viejo amigo de
armas, y una compañera de nombre Viela.
En ese mismo tren trasladó a su mujer e hijo hacia München, donde fue alojado
en el sanatorio “Santo Tilien”. Desde esa ciudad continuó con su trabajo de
trasladar gente de los países bajo influencia rusa hacia Alemania, donde la
“Brijá” tenía mayor libertad de movimiento. Logró reunirse con su madre y hermana,
y al poco tiempo recibiría las primeras noticias de su hermano menor,
Abramek, quien había sobrevivido a la guerra y con quien se reuniría poco tiempo
después.
Todos juntos fueron transitoriamente alojados en Fraiman, en las cercanías de
München. Era un centro residencial de buenas viviendas, tipo chalet, donde
iban alojando a las familias que se estaban reencontrando, mientras preparaban
la documentación para partir al destino que fijaran para su futuro. Toda la gente
que pasaba por ese centro llevaba la denominación oficial de “Disperse personal”
(DP) y recibía todos los cuidados y protección necesarios con vistas a su próxima
emigración.
En Alemania, a medida que se producían los reencuentros, la familia de
Janek alcanzó las ocho personas. De la familia de “Male” no hubo otro sobreviviente.
Los servicios de Janek dentro de la “Brijá” fueron reconocidos con el ofrecimiento
de tres preciosas visas para ingresar a Palestina por la vía legal (“Aliá
Alef”) para él, su esposa e hijo. El resto de su familia tendría que intentar llegar
allí mediante la vía ilegal (“Aliá Bet”), con todo el riesgo que ello significaba.
Como una nueva separación del grupo familiar recientemente reencontrado estaba
fuera de toda consideración, decidieron no aceptarlas. El destino final lo
Ruinas en la ciudad de Vilna, después
de la guerra.
Partisanos de Vilna
definió su madre, que contaba con cuatro hermanos en una lejana y todavía ignota
tierra en América del Sur llamada República Argentina.
El grupo pasó de Alemania a París, donde esperó tres meses más para abordar
el barco que los llevaría finalmente al destino elegido. A la Argentina ingresaron
por el norte, vía Paraguay, en abril de 1948, y un año más tarde salió el
decreto que legalizaba a todos los que habían entrado por esa vía en busca del
nuevo hogar que sus tierras de origen no les pudieron dar.
Como tantos otros sobrevivientes de la Shoá, Janek y su familia habían dejado
atrás la dolorosa experiencia de la guerra, que los tuvo como protagonistas
de su más horrendo costado. La más grande expresión de odio y discriminación
jamás perpetrada, con el aval jurídico de una nación que la enarboló como una
cuestión de Estado y el de un mundo hostil que la seguía con indiferencia.13
Palabras finales
Sesenta años más tarde de los sucesos aquí relatados, mis padres, que siguen
vivos dentro de mí, ya no están entre nosotros. Sus restos descansan juntos en
el Cementerio de la Tablada, en Buenos Aires, en el sector que la comunidad
local ha asignado para honrar a sus muertos sobrevivientes del Holocausto.
Debo decir que a lo largo de los años que compartí con ellos he recibido permanentemente
el mensaje de honrar la vida, que me legaron con su propio
ejemplo. En realidad, eso es lo que han venido haciendo desde que tomaron la
decisión de sobrevivir y ayudar a otros, a pesar de todo.
Releo una y otra vez lo escrito, llevado de la mano por mis padres a través de
sus escritos, relatos y canciones.
Vuelvo a vivir esa sensación del niño al que su madre le cuenta una historia
una y otra vez, para llamar al sueño. Pero, ¿qué clase de historia es ésta? ¿Qué
clase de sueño es éste que convoca tan vívidas imágenes? Sin duda no es una
historia para niños, aunque millones de ellos la sufrieron y muchos pagaron con
sus vidas. Tampoco debería ser una historia para adultos, a pesar de que fue escrita
por algunos que se creyeron superhombres, padecida por otros millones de
hombres y mujeres… y tolerada por tantos otros.
Releo la epopeya de los dramáticos años vividos por mis padres y otros que
ya no están. Leo los escritos de nuestros estudiosos, que intentan explicar lo que
pasó, a veces sin éxito. Es difícil explicar lo inexplicable. Y surge, inevitable, la
pregunta: ¿Todo esto nos enseñó algo?14
Quisiera terminar con estas palabras de mi madre, las cuales –como el resto
de sus escritos aquí entrelazados con los relatos de mi padre– fueron transcrip-
13 En Los vecinos de Jedwabne, la sobreviviente de Auschwitz Hanka Grzmot.
14 El director del Centro de Investigaciones Históricas de Yad Vashem, Prof. Avraham Milgram,
246 / Nuestra Memoria
expresó: “La pregunta que me hago es: ¿Qué es lo que se puede aprender del Holocausto
para el futuro, para el presente y el futuro, se puede aprender algo? ¿Se puede sacar una lección
del Holocausto? (…) Y una de las lecciones que se pueden sacar está en el hecho que
el Holocausto ocurrió, y desde el momento que un fenómeno de este tipo ocurrió, significa
que algo similar puede volver a ocurrir, (…) ésa es una lección universal que uno tiene que
aprender del fenómeno del Holocausto: esto puede volver a ocurrir. Los nazis nos aportaron
dos cosas terribles: primero, hicieron lo que hicieron, y segundo, aportaron la idea, la sugerencia,
de que eso es posible y puede volver a ocurrir, si es que se crean las condiciones básicas
como las que hubo en la Segunda Guerra Mundial. (…) Otro aspecto (…) es que no
siempre logros intelectuales y científicos van juntos con la moral, con la integridad y les
puedo dar ejemplos: en la ciudad de Kielce, en el centro de Polonia, el comandante nazi de
la SS que comandó las acciones, el asesinato de la comunidad judía en la ciudad de Kielce
era un oficial de 60 años y con el título de doctor en Filosofía. (…) Y un tercer aspecto y
quizá sea el menos negativo dentro de este mar de inmoralidad, de maldad: en el ser humano
también hay un potencial positivo, y el Holocausto también vino a probar que el ser
humano, con mucho coraje, no se dejó llevar por la corriente, por el odio, me refiero a los
‘Justos entre las Naciones’, aquellos pocos, miles en los distintos países de la ocupación
nazi, que tuvieron la integridad, el coraje moral de salvar judíos, y éstos fueron reconocidos,
así que eso también es un aspecto que debe ser tratado en la educación, destacar las figuras
antagónicas del bien absoluto y del mal absoluto. (…) Algo se aprendió del Holocausto.
Esta es una de las funciones del estudio y la difusión de la historia del Holocausto, que nosotros
los judíos aportamos a un precio carísimo. Este es el aporte a la humanidad: aprender
de esta lección y una de las cosas que hay que decirles a los jóvenes y a todos es: jamás
encontrarnos en uno de los tres grupos activos en el Holocausto, jamás llegar a ser victimarios,
cuidarse para no ser víctimas… y no ser indiferentes”.
“Janek, el partisano”… Mi padre / 247
tas entre marzo y diciembre de 1998 para ser leídas en distintos encuentros con
jóvenes judíos de Buenos Aires y el interior del país, en el marco de su formación
como futuros líderes de la comunidad judía en la Argentina.
(…) Pero hoy, como ayer, debemos combatir el olvido.
No es necesario vivir holocaustos para ser judíos. Pero sí es preciso, imperioso, recuperar
y mantener la memoria. Hoy y aquí tenemos nuevos muertos, nuevos sobrevivientes.
La estremecedora impunidad que soporta el país nos está empezando a mostrar,
con toda crudeza, quiénes nos arrojaron los atentados de la Embajada de Israel y
la AMIA. Ambos crímenes, amparados por la voluntad manifiesta de nada esclarecer.
En Israel, los muertos sin fin nos dicen que el odio existe y que la bestia aún está
viva… Y mientras ella viva, todos nosotros no seremos más que sobrevivientes.
En nombre de nuestros muertos –los 6.000.000 que se llevó la Shoá– el deber, la
obligación de cada uno de nosotros, los sobrevivientes de entonces y los sobrevivientes
de ahora, es evitar que esto se repita. Nunca más dejar que se riegue la tierra
con sangre inocente.
Tratar de lograr ese objetivo será nuestro mejor legado.
Mis padres han cumplido ampliamente con el sagrado precepto “…y le contarás
a tus hijos”. Espero haber estado a la altura de sus vivencias y anhelos en
este relato y haber hecho mi parte, aunque sea poco… para así colaborar a que
nunca más debamos conmemorar a nuevos mártires ni sobrevivientes.

Documentación y
reseñas bibliográficas

Primera parte
Son muchas las expectativas que el
lector puede depositar en una obra
como la que aquí comentamos.
En un número anterior de esta
misma revista subrayaba la rara homogeneidad
puesta de manifiesto
por parte de los principales pensadores
del Holocausto al señalar a este
autor –Raul Hilberg– y esta obra –The
destruction of the European Jews–
como ineludibles en toda investigación
sobre el tema.
Ello también viene sugerido por la
conocida circunstancia que Hilberg
–tras haber sido, él mismo, un niño judeoeuropeo
perseguido, y luego, un
soldado aliado en el frente occidental–
se convertiría, en la temprana posguerra
–con apenas 22 años y una incipiente
carrera en Ciencias Políticas–,
en el más dedicado e implacable escrutador
de los archivos estadounidenses
y europeos referentes a la Shoá.
Fue en ese entonces que dedicó
trece años continuos de investigación y
escritura para finalmente concebir, en
1961, los tres tomos de aquella primera
edición de ochocientas páginas –a
doble columna– de The destruction…
Si a estas circunstancias le sumamos
que Hilberg no ha abandonado
la cuestión hasta nuestros días, desde
su vitalicia cátedra en la Vermont
University de los Estados Unidos, y
que en 2002 entregó una nueva edición
revisada, en la que buceó hasta
en los archivos recientemente abiertos
del Este europeo, queda claro que
nos encontramos frente a un hombre
y una obra dignos de conocer más de
cerca.
Pues bien, casi medio siglo después,
la publicación en castellano de
dicha obra viene a ocupar un vacío fenomenal
no sólo para el investigador
–que se las arreglaba, hasta ahora, con
las anteriores ediciones, ya sea en inglés,
alemán, francés o italiano–, sino
especialmente para estudiantes, docentes
y público en general.
Reseñas bibliográficas / 251
* Traducción: Cristina Piña Aldao. Primera edición en inglés: 1961. Primera edición en castellano:
2005. (De la edición 2002 revisada, publicada por Yale University Press.)
La destrucción de los judíos
europeos*
Hilberg, Raul
Madrid, Ediciones Akal, 2005, 1.455 pp.
Dr. Daniel Rafecas
Profesor de Derecho
Penal (UBA). Juez federal.
Ya en el Prólogo a la primera edición,
Hilberg nos anticipa qué vamos
a encontrar en esta obra y qué no.
Y es que The destruction… no es un
Aleph: es un libro que trata acerca de
aquellos que destruyeron a los judíos,
es decir que se ocupa de los perpetradores
y de la gigantesca maquinaria estatal
–y también privada– puesta al
servicio del exterminio físico de hombres,
mujeres y niños inermes por
parte de la Alemania nazi.
Está claro que lo que obsesiona a
Hilberg es cómo pudo realizarse semejante
empresa, cuando las barreras
morales y fácticas parecían imposibles
de superar.
Esa es la historia que se cuenta en
este libro.
El texto va creciendo en intensidad.
Comienza, naturalmente, con algunas
breves referencias al antisemitismo en
Europa, enquistado desde el mismísimo
siglo IV; esto es, allí cuando se
asentó el cristianismo. (Capítulo I:
“Precedentes”.)
Ya en estas primeras páginas, Hilberg
dispara un pensamiento que ya es patrimonio
del saber universal: “han habido
tres políticas antijudías: la conversión,
la expulsión y la aniquilación.
La segunda apareció como alternativa
a la primera, y la tercera surgió como
alternativa a la segunda”. Ello relacionado
con que, en un primer momento,
se les dijo a los judíos: “no tienen derecho
a vivir en Europa siendo judíos”
(conversión), para luego abreviar a:
“no tienen derecho a vivir en Europa”
(expulsión) y finalmente: “no tienen
derecho a vivir” (aniquilación).
A continuación, Hilberg es convincente
al sostener que Hitler, al asumir
el poder en 1933, tenía por delante un
camino mucho más allanado de lo
que se suele pensar respecto de la
opresión del pueblo judío: para ese
entonces ya estaban latentes los sentimientos
antijudíos, así como también
los mitos, los discursos “científicos”
racistas y criminológicos, el impuesto
a la emigración judía (¡de 1931!), el
proceso de industrialización y, especialmente,
la poderosa burocracia estatal,
desapasionada, omnipresente y
–como se vio en la década siguiente–
terroríficamente eficiente. (Capítulo
II: “Antecedentes”.)
De este modo, ya en abril de 1933
se publica el primer decreto antijudío
(que establecía que los funcionarios
“no arios” debían dimitir), coincidente
con la primera oleada de propaganda,
boicot y violencia del partido.
Sin embargo –relata Hilberg–, los
nazis se dieron cuenta de que a través
de la agitación y los pogromos no iban
a llegar muy lejos, de modo que, a fines
de los años ’30, cambiaron de estrategia:
poco antes de entrar en la conflagración
mundial, el hitlerismo se convenció
de que se debían tomar medidas
sistemáticas contra los judíos. “A
partir de ese momento –dice Hilberg–
la cuestión judía se trataría de modo
jurídico”; esto es, de forma ordenada y
planificada centralmente.
Para Hilberg, aquí comienza realmente
su objeto de estudio.
En efecto, transpuesta la Kristallnacht
(10 de noviembre de 1938) y su repercusión
negativa, tanto en Alemania
252 / Nuestra Memoria
como en el extranjero, su costo económico,
etc., los nazis viraron el rumbo
de su empresa criminal y la pusieron
en manos del artefacto moderno que
hizo posible la evaporación de seis
millones de almas en un breve lapso:
la burocracia.
En palabras del propio autor, fue
éste el momento en que “la burocracia
había asumido el poder. Fue el
proceso burocrático de destrucción el
que, paso a paso, condujo finalmente
a la aniquilación”.
Acto seguido, Hilberg se adentra en
esa maquinaria compleja puesta al
servicio del nazismo, no sin antes
dejar aclarado que el proceso de destrucción
se asentó sobre dos políticas:
la emigración (1933-1940) y la aniquilación
(1941-1945). (Capítulo III: “La
estructura de la destrucción”.)
Señala también que, en el devenir
de los acontecimientos, el régimen
nazi fue degradando la calidad de su
producción legislativa a medida que
se pronunciaba el carácter genocida
de sus políticas, con un comienzo
sembrado de leyes y decretos, pasando
luego a directivas escritas, pero no
publicadas, para terminar con directivas
y autorizaciones simplemente
orales.
Es en este apartado donde el autor
toma partido para describir los enormes
aparatos de poder puestos al servicio
de Hitler, que condensa en cuatro:
el gobierno, que desde sus ministerios
redactó leyes antijudías, etc.;
las fuerzas armadas, con su rol activo
en los fusilamientos y la deportación
al Este; la industria, que expropió empresas
judías, explotó mano de obra
esclava y hasta proveyó el “Zyklon B”;
y el partido, cuyo brazo militar eran
las SS, proveedoras principales del
discurso y la praxis del exterminio.
Según el scholar de Vermont, todos
ellos estaban de acuerdo en la empresa
criminal e interactuaron de modo
tal que se fundieron en una única maquinaria
de destrucción. Hay cuadros
esclarecedores respecto de las máximas
jerarquías.
Seguidamente, Hilberg comienza a
desandar el camino recorrido por la
burocracia nazi tendiente a lograr el
objetivo final. (Capítulo IV: “La definición
por decreto”.)
Este camino está jalonado de pasos
sucesivos, a esta altura célebres: “definición”-“
expropiación”-“concentración”-“
deportación”-“aniquilación”-
“confiscación”.
En este primer paso, el de la “definición”
de quiénes serían considerados
judíos y quiénes no, hay una exploración
sin concesiones de la usina
ideológica desde la cual se emitieron
las leyes y los decretos determinantes
para la suerte de los perseguidos, el
Ministerio del Interior del Reich, y se
detiene especialmente en un burócrata
de carrera, experto en “asuntos judíos”,
autor o coautor de nada menos
que veintisiete normas antijudías
–entre ellas, las leyes de Nüremberg,
de 1935–: el doctor Bernhard Lösener.
No será ésta una cuestión menor,
puesto que el basamento normativo
creado por éste y otros burócratas ministeriales
durante los ‘30 se mantendrá
vigente, casi sin variantes, hasta
Reseñas bibliográficas / 253
el final de la guerra, condenando a
millones y, asombrosamente, excluyendo
a algunos pocos miles (cierta
clase de mischlinge y de judíos en
matrimonios “mixtos”).
En el apartado siguiente, Hilberg se
aboca a un proceso que tuvo lugar en
los años siguientes, durante los cuales
la maquinaria de destrucción apuntó
a los bienes judíos. “Se les privó de
sus profesiones, sus empresas, sus reservas
financieras, sus salarios, su derecho
a alimentos y refugio y, finalmente,
de sus últimas pertenencias
personales”, un proceso que define
como “expropiación”. (Capítulo V:
“La expropiación”.)
Allí explica cómo, a partir de la
purga en la administración pública
(decreto del 7 de abril de 1933), ésta
continuó en la Justicia y la universidad,
alcanzando incluso a las becas de
estudiantes universitarios, mediante
una interpretación extensiva que
–Hilberg denuncia puntualmente–
fue pergeñada por quien fuera, en
aquel entonces, rector de la Universidad
de Friburgo: Martin Heidegger.
Se obligó también a “arianizar” los
periódicos y todas las áreas artísticas.
Y hubo decretos para definir la “empresa
judía” y para obligar a despedir
a directivos judíos de empresas arias.
También llegó, en 1938, la orden de
registro de todas las propiedades. Y
ese mismo año se obligó el cierre de
comercios judíos, así como la cancelación
de actividades de médicos y
abogados judíos y el depósito estatal
de todas las tenencias financieras en
manos judías.
Se propició el despido de trabajadores
judíos y su degradación salarial,
a la vez que se les prohibió todo acceso
a la asistencia social y se puso en
marcha la legislación sobre trabajos
forzosos.
Así, la comunidad judeoalemana
ya había sido golpeada duramente en
su desenvolvimiento económico, y
aún la guerra no había comenzado.
Hilberg termina este capítulo señalando:
“Y de esa manera, de unos
cuantos plumazos, la burocracia
había reducido una comunidad en
otro tiempo próspera (…) a una banda
de famélicos trabajadores forzados
que suplicaban su magra comida al
final del día”.
Ya estamos en otro apartado (Capítulo
VI: “La concentración”), pero el
hilo conductor del relato parece no
percatarse.
Es aquí donde Hilberg se ocupa de
las leyes raciales de Nüremberg, sus
definiciones, sus contradicciones y
vacíos legales, cubiertos obedientemente
por los tribunales –crecientemente
“nazificados”– siempre en perjuicio
del acusado.
Por supuesto, aquí está el “caso
Katzenberger”. Se ocupa también de
las marcas en los pasaportes (“J”) y
los nombres obligatorios.
Las cosas no pudieron menos que
empeorar para el pueblo judío con el
advenimiento de la guerra, a fines del
’39, a partir de la cual la dictadura
nazi se reveló abiertamente totalitaria
(Arendt).
Se fijaron horarios de veda, se redujeron
las raciones de alimentos, se les
254 / Nuestra Memoria
prohibió el uso de teléfonos, se obligó
al uso de la estrella de David, se los
trasladó a residencias especiales y se
constituyeron los “consejos de autoridades”
para hacer más dócil a la población
judía frente a las medidas más
drásticas que estaban por venir.
Acerca de los consejos judíos, Hilberg
anota: “Fue un sistema que permitió a
los alemanes ahorrar personal y fondos,
y al mismo tiempo, aumentar su
dominio sobre las víctimas. Una vez
dominados los dirigentes judíos, estaban
en posición de controlar a toda la
comunidad”.
En este sexto apartado, Hilberg abre
el espectro de su análisis y dirige su
mirada al Este, a Polonia.
Es que desde su anexión, a fines del
’39, la maquinaria de destrucción que
operó en Polonia alcanzó y superó a la
burocracia que se ocupaba de Alemania,
se manejó sin mayores rodeos y
fue mucho más punzante y decidida.
Paradójicamente, el universo de
perseguidos era mucho mayor, tanto
en cantidad como en proporción:
3.300.000 personas, un 10% de la población.
Sólo Varsovia tenía una cantidad
equivalente a la comunidad judeoalemana
del ’33: 400.000 personas.
Aquí, el autor efectúa un profundo
estudio de la maquinaria destructiva
instaurada en Polonia, y en especial,
nos presenta un perfil acabado de uno
de sus jerarcas, Hans Frank.
Pero Frank –un jurista nazi– no
manejaba todos los resortes del aparato,
que en modo creciente fueron concentrados,
sin moverse de Berlín, por
otro líder nazi más poderoso: Heinrich
Himmler, Reichsführer, líder de las SS
y, a partir de 1943, también ministro
del Interior.
La genealogía de este personaje
clave de la dictadura nazi y del proceso
de exterminio, como así también
el aparato partidario que le respondía
ciegamente (con doce áreas SS, una
de las cuales era conocida como Dirección
General de Seguridad del
Reich, RSHA, a cargo de Heydrich, de
la cual dependía la Gestapo, de Müller
y Eichmann), están en este apartado.
Luego de estas incursiones indispensables,
se retoma el relato del proceso
de destrucción.
Estamos en 1940, año en el cual comenzaron
las deportaciones en masa
desde el Reich a suelo polaco, para
dejar el territorio alemán judenfrei
(“libre de judíos”).
Para esta época, en los circuitos del
poder político y militar nazi se debaten
distintas ideas acerca de adónde hacer
emigrar definitivamente a los judíos
europeos.
Aquí, Hilberg sigue la pista –y aumenta
las pruebas con documentos
hallados recientemente– del “Proyecto
Madagascar”, el cual parece que
fue tomado en serio por buena parte
de la burocracia, Eichmann incluido,
hasta que se convencieron de su inviabilidad,
a mediados de 1941.
También comienza la descripción
de otra aberrante institución medieval,
desenterrada por los nazis: el
gueto, que irrumpe en escena durante
el invierno de 1939/40; en especial, el
de Lodz, en abril de 1940 (activo durante
más de cuatro años), y el de
Reseñas bibliográficas / 255
Varsovia, en octubre de ese año. El
otro importante, en la ciudad de Lvov,
se erigió recién en diciembre de 1941.
Tal fue la importancia de los guetos
en Polonia que –según Hilberg– a finales
de 1941 casi todos los judíos vivían
en ellos. Se justifica, pues, el
desmenuzamiento de la administración
y la vida cotidiana en ellos que
efectúa el autor.
Es conocida la descripción negativa
que hace Hilberg del papel cumplido
por los líderes judíos de los
guetos, su burocracia y su policía, teniendo
en cuenta las enormes cifras
de asesinados y, a la vez, las raquíticas
de salvados.
Se aborda también con detenimiento
la explotación del trabajo ridículamente
asalariado o directamente esclavo,
el cada vez peor racionamiento,
las deplorables condiciones higiénicas
y las elevadas tasas de mortalidad,
no obstante lo cual –remata Hilberg
sobre el final del apartado– “a los alemanes,
el ritmo no les parecía suficientemente
rápido. No podían esperar
dos o tres décadas”.
La emergencia de la Endlösung, la
“Solución Final”, era inminente.
A continuación (Capítulo VII: “Las
operaciones móviles de exterminio”),
el autor nos prepara para lo que parece
–ya a esta altura– inevitable.
Para ello, en primer lugar, radiografía
la columna vertebral de la maquinaria
de destrucción, desde la cual se
centralizaban y coordinaban los esfuerzos
genocidas: la ya mencionada
RSHA, una de las direcciones generales
de las SS.
Es que esta primera etapa, con fusilamientos
masivos de judíos en el
Este mientras se concebían y levantaban
los campos de exterminio, estuvo
a cargo de esta dirección.
(Recorriendo el espinel de detallados
cuadros que nos presenta aquí el
libro descubrimos la doble lejanía del
teniente coronel Adolf Eichmann,
tanto de la cúspide como de la base
del aparato de poder que integraba, remarcada
por Arendt. Veamos: Hitler-
Himmler (SS) – Heydrich (RSHA) –
Müller (IV Gestapo) – Hartl (IV-B Sectas)
– Eichmann (IV-B-4 Judíos), y de
allí en más, la cadena prosigue en
Berlín, para ramificarse luego en los
territorios ocupados.)
En mayo de 1941, el autor nos
ilustra acerca de un acuerdo entre
Heydrich (RSHA) y Wagner (OKH, el
Estado Mayor Conjunto) por el cual
los Einsatzgruppen o unidades móviles
(de exterminio) podrían desplazarse
libremente por todo el frente ruso.
El ejército no se mostró pasivo en el
acuerdo: les proveería toda la logística
para que los ejecutores pudiesen
llevar adelante óptimamente su cometido.
Sólo cabía esperar el comienzo
de la invasión, un mes después.
Luego analiza la conformación de
los cuatro batallones (letras “A” a
“D”) y el perfil terroríficamente “civilizado”
de sus líderes (uno de
ellos, Otto Ohlendorf, era doctor en
Leyes).
Allí cuando la línea del frente comenzó
a moverse empujando a los
rusos al Este, comenzaron –sin más–
las ejecuciones.
256 / Nuestra Memoria
A partir de aquí, Hilberg es Virgilio,
y llevados por su pluma, el descenso
siniestro por los anillos del Infierno
quita la respiración.
En un primer momento, la cuestión
estaba rodeada de ciertos discursos limitadores
(“partisanos”, “agitadores”,
“sólo hombres”), pero pronto –antes
de terminar el verano, estamos en
agosto/septiembre del ’41– la maquinaria
destructiva desatada fue liberada
de toda restricción en punto a los
judíos, señal clara de que en la Cancillería
del Reich se había ordenado la
“Solución Final de la cuestión judía”.
Se agregaron cuerpos de alistados letones,
estonios, lituanos y ucranianos,
que muchas veces se encargaron de
las tareas más crueles.
Hilberg da cuenta de los métodos
empleados: si bien hubo casos de encierro
de víctimas en recintos que
luego eran incendiados o ametrallados,
la regla eran los fusilamientos masivos
a campo abierto y frente a fosas comunes.
Los hubo de cientos, de miles y de
decenas de miles (Minsk, 25.000; Riga,
28.000; Kiev, 34.000).
Reconstruye el fervor con el que se
sumaron a la empresa criminal algunos
aliados del Reich, especialmente
los rumanos.
Se detiene en la parálisis con la que
fue recibida la estrategia del terror
asesino por parte de los pobladores
invadidos no judíos y la nula resistencia
de las propias víctimas.
Hilberg describe dos barridos sucesivos.
Durante el primero, de junio a
diciembre de 1941, fueron masacrados
medio millón de judíos. El segundo
comenzó inmediatamente después
y perduró todo el año siguiente. En
total, según los cálculos del autor, las
operaciones móviles de exterminio
acabaron con la vida de casi un millón
y medio de víctimas (cfr. cuadro
de pág. 1.367).
A fines de 1942, los fusilamientos,
que no se habían detenido incluso
frente a demandas estratégicas impostergables
–tanto bélicas como económicas–,
repentinamente cesaron.
Y no es que no quedaran víctimas
por alcanzar.
Es que en un enclave ferroviario
cerca de Cracovia, y en algunos otros
puntos de la Polonia oriental, había
comenzado –rodeada del máximo secreto–
la fase final, culminación de un
frío y planificado proceso de maximización
de la producción y minimización
de los costos que se estaba desenvolviendo
con éxito, verificado en el
incesante fulgor de las chimeneas de
unos establecimientos industriales
allí levantados.
¿La producción? Era de cadáveres.
¿Los costos ahorrados? En munición,
en dispersión de rumores por todo el
Reich y en deterioro psicológico de
los perpetradores. ¿Las chimeneas?
Escupían cenizas humanas provenientes
de los hornos crematorios. ¿La
industria? No era otra que la de la
muerte. ¿El éxito? El fijado por la burocracia
nazi en la Conferencia de
Wansee, el 20 de enero de 1942: la desaparición
física de los judíos europeos
al mayor ritmo imaginable.
La página más negra de la historia de
la modernidad había sido inaugurada.
Reseñas bibliográficas / 257
En su contacto directo con los sobrevivientes
de la Shoá que viven en la Argentina,
la Comunidad de Sant’Egidio
ha querido hacerse eco de sus voces, y
por eso ha reunido en un volumen las
historias de diez de ellos. Sin embargo,
más que una cronología de acontecimientos
del pasado, este libro tiene
la pretensión de ser un homenaje a la
memoria.
De hecho, la memoria es el único
medio que puede ayudar a los hombres
a detener la repetición de los crímenes
del pasado. Para la Comunidad
de Sant’Egidio, los sobrevivientes son
–ante todo– amigos y personas con
una gran carga de sufrimiento. Acercarse
a ellos ha significado descubrir
no sólo el dolor de un pasado dramático,
sino también una gran voluntad
de vivir el futuro, transmitiendo esperanza
y confianza.
“Hay que recordar –expresó el profesor
Andrea Riccardi, fundador de la
Comunidad de Sant’Egidio, en Roma,
hacia 1968, en su reflexión con motivo
del 60º aniversario de la razzia de
los judíos romanos– cómo fue que se
llegó a aquel dolor: primero, con la
muerte de la libertad; luego, con la discriminación
y el aislamiento de la comunidad
judía en una gran soledad.”
Fueron justamente la soledad, la
discriminación y el atropello algunas
de las situaciones vividas por los sobrevivientes
que sobresalen con claridad
en los relatos, demostrando que
–en la mayoría de los casos– la indiferencia
ha sido el cómplice más fiel
de aquel mal transformado en la “máquina
de muerte”. Por eso, la memoria
no es una elección: tanto para
quien ha sufrido, como para quien no
se ha visto involucrado en aquellas
circunstancias, tener memoria del pasado
es no querer repetirlo.
En la década de los noventa ha nacido,
en muchos sobrevivientes de la
Shoá de distintas partes de mundo,
la conciencia de dar su “testimonio”,
brindar abiertamente los “encumbrados
destinos” de la guerra, madre de
todas las pobrezas, los enfrentamientos
y –especialmente– la absurdidad
de los odios raciales.
De hecho, para cada uno de ellos el
ejercitar la memoria es cada vez más
enriquecedor, no sólo por la incorpo-
258 / Nuestra Memoria
Memoria, voces de sabiduría
y esperanza*
Historias de sobrevivientes de la Shoá en
Argentina.
Buenos Aires, Ed. Paulinas, 2005, 204 pp.
Arq. Andrea Poretti
Integrante de la
Comunidad de
Sant’Egidio.
ración de nuevos detalles a sus historias,
sino por la voluntad manifiesta
de que se comprenda bien a qué nivel
de bestialidad, barbarie y locura
puede llegar la naturaleza humana.
Esta memoria es como una compañera
de camino que nos ayuda a no repetir
los errores del pasado. Y es una
deuda que tenemos hacia quienes
jamás han vuelto.
Por lo demás, frente al devenir de
los acontecimientos históricos se
debe ejercitar fielmente la memoria,
sobre todo cuando el tiempo transcurre
y los acontecimientos se diluyen
hasta perderse y caer en el olvido.
Porque éste es la antecámara de la
cancelación del pasado y, por ende,
su repetición en el futuro. Desde esta
perspectiva, recordar no es meramente
el ejercicio de una retórica, sino
que constituye –fundamentalmente–
una barrera que ponga fin a aquella
idea de la vida en la cual el dolor y el
sufrimiento nada significan, como sucede
muchas veces entre los jóvenes.
Los sobrevivientes también sienten
la urgente necesidad de que su testimonio
sea como un legado para las
nuevas generaciones y de que no se
repitan –ni hoy, ni mañana, ni pasado
mañana; es decir, nunca más– situaciones
similares a la Shoá.
Esta inquietud los une entrañablemente
a una elección de la Comunidad
de Sant’Egidio, empeñada desde
hace tiempo en hablarles a los jóvenes
y depositar en ellos también esta herencia.
Quien ha vivido la Shoá tiene
–muchas veces– la angustia de cómo
transmitir aquel horror, ya que no se
trata de una pesadilla lejana, correspondiente
al pasado remoto, sino que
–más bien– es un fantasma que siempre
puede aparecer de nuevo.
Se quiere, entonces, brindar la posibilidad
de darles a conocer, a las nuevas
generaciones, el testimonio de los
sobrevivientes. Son dos mundos que
parecerían virtualmente paralelos,
pero que –en cambio– sabemos hasta
qué punto hoy, con tantos signos, van
encontrando puntos de contacto.
Por eso, este volumen tiene también
la importancia de ser un material
que habla por sí mismo, para enriquecer
los conocimientos y valores que se
pretende transmitir a los estudiantes.
Recordamos las palabras que Juan
Pablo II ha expresado durante la histórica
visita al Mausoleo de Yad Vashem,
en Jerusalén, en marzo de 2000: “He
venido a Yad Vashem para rendirles
homenaje a los millones de judíos que
–privados de todo, en particular de su
dignidad humana– fueron matados en
el Holocausto. Más de medio siglo ha
pasado, pero los recuerdos permanecen
(…). Nosotros queremos recordar.
Pero queremos recordar con un objetivo;
es decir, para asegurar que nunca
más el mal prevalecerá, como sucedió
con millones de víctimas inocentes
del nazismo”.
Refiriéndose a la experiencia del
campo de concentración, el psicoterapeuta
Victor Frankl se interrogaba diciendo:
“La pregunta que, personalmente,
me angustiaba era ésta otra:
‘¿Tiene algún sentido todo este sufrimiento,
todas estas muertes?’. Si carecen
de sentido, entonces tampoco lo
Reseñas bibliográficas / 259
tiene sobrevivir al internamiento. Una
vida cuyo último y único sentido consistiera
en superarla o sucumbir, una
vida –por tanto– cuyo sentido dependiera
–en última instancia– de la casualidad,
en absoluto merecería la
pena ser vivida”.
Pero en una suerte de contrapunto,
las historias aquí relatadas son testimonios
del dolor humano que –quizá
paradójicamente– muestran una mirada
hacia la esperanza. En efecto, el
presente trabajo apunta hacia dos direcciones:
por un lado, la posibilidad
de internalizar –por parte del lector–
el testimonio de los “testigos del
dolor”, que en sus propias vidas, sus
cuerpos y hasta en lo más profundo
de sus existencias han pasado por humillaciones
y vejaciones, despojos
como los que se propusiera un aparato
precisamente ideado como “máquina
de muerte”.
De hecho, leyendo sus relatos, los
de los sobrevivientes, surgen las preguntas
de unas vidas en búsqueda de
un sentido, cuya experiencia “concentracionaria”
quería borrar rápidamente.
Junto al dolor sobresale el anhelo,
el deseo de transmitir sus experiencias,
que durante muchos años habían
ocultado también a sus propios familiares.
Las perspectivas de comenzar
una vida en la Argentina han representado,
para la totalidad de ellos,
una página nueva, en la cual el dolor
pasado debía ser autocensurado.
Nosotros, en nuestra Argentina actual,
hemos vivido –y quizás estamos
viviendo– momentos en los cuales parece
difícil hablar de esperanza, en
los cuales todo habla de incertidumbre,
crisis, problemas de difícil solución.
Los testimonios que transcribimos
pueden y deben indicarnos los
valores fundamentales de la convivencia
civil, del respeto por la diversidad,
del bien común, de la conciencia
de que la felicidad no está en
construirse –cada uno por su cuenta–
un espacio sin problemas, del propio
bienestar. Mi felicidad está –sin
dudas– en la felicidad del otro.
Justamente hoy se debate –y se
cuestiona mucho– la búsqueda del
bien común, que es el bien de todos,
el bien de los otros. Es claro que ya no
existe la posibilidad de salvarse
“solo” o “sola”, sin mirar a los costados.
Es evidente ya que nadie tiene
garantizado su futuro si no lo construye
desde la perspectiva del bien
común. Debemos asumir una responsabilidad
a pleno, como sociedad
civil. Es la responsabilidad de dejar
de perseguir intereses individuales,
de grupo o corporativos, que producen
la fragmentación tan dañina que
vivimos y que va invadiendo todos
los estratos de la sociedad.
La historia misma de nuestro país
es también la de una convivencia y
una cohabitación pacífica entre grupos
distintos de inmigrantes, que paulatinamente
han poblado estas tierras.
Gente distinta desde un punto de
vista étnico, religioso y cultural, con
valores diferentes, ha sabido vivir
junta y construir ésta, nuestra Patria.
Nuestro trabajo deberá tender también
a hacer esto cada vez más verdadero,
sin permitir –en consecuencia–
260 / Nuestra Memoria
que surjan o resurjan los mínimos
atisbos de discriminación o violencia
hacia algún grupo social.
Curiosamente, en una lectura
transversal, la Argentina aparece en
los relatos de los sobrevivientes como
la nueva tierra, el lugar en donde formar
una nueva familia. Un lugar que
–a pesar de las dificultades para llegar
(muchos de ellos se vieron obligados
a entrar clandestinamente)– es considerado
una tierra hospitalaria y que
favorece la integración entre quienes
son distintos.
Estas historias nos recuerdan cómo
sólo con la solidaridad es posible resistir
a las fuerzas del mal. Aquellas
que se han manifestado en la terrible
máquina de muerte del nazismo.
Aquellas fuerzas que permanecen sin
rostro, y sin embargo, son tan cotidianas
como la pobreza, la violencia, el
prejuicio.
Dietrich Bonhoeffer, teólogo protestante
y mártir de un campo de concentración
nazi, escribía: “Todo es oscuro
dentro de mí, pero cerca de ti
está la luz; estoy solo, pero tú no me
abandonas; estoy asustado, pero cerca
de ti encuentro la ayuda; estoy inquieto,
pero cerca de ti está la paz”. Concluye
con las palabras de un salmo
(56:9), que quizá muchos judíos recordaban
cuando se encontraban arrastrados
por el mal, junto a los gitanos y
muchos opositores que fueron asociados
a la misma locura: “Tú has anotado
los pasos de mi destierro. ¡Recoge
mis lágrimas en tu odre! ¿Acaso no
está todo registrado en tu libro?”.
Las lágrimas de muchos hombres y
mujeres, como los sobrevivientes en
sus historias, nos testimonian que debemos
conservarlas también nosotros
como algo precioso, que nos vuelve
más atentos a la vida y al hombre. Son
lágrimas de hombre, pero se hacen lágrimas
de Dios, del Dios que no olvida
y a nadie abandona.
Las historias de vida recopiladas
surgen de una serie de encuentros y
entrevistas que se remontan a 1997.
De hecho, dos espacios organizados
por la Comunidad de Sant’Egidio son
la base de la publicación: el primero
fue un encuentro muy familiar en el
que sobrevivientes de la Shoá han relatado
los acontecimientos de sus
vidas a jóvenes de la Comunidad de
Sant’Egidio de Buenos Aires, quedando
significativamente marcados por el
hecho que se trataba de un auditorio
católico, una de sus primeras experiencias
en ese sentido. Posteriormente,
en agosto de 2002, un seminario de
similares características, llevado a
cabo en la Universidad Católica Argentina,
en colaboración con la Fundación
Memoria del Holocausto.
Con Elie Wiesel, sobreviviente de
Auschwitz y Premio Nobel de la Paz,
encontramos el valor de la palabra escrita,
que es justamente el objetivo de
la publicación, cuando él mismo expresa:
“Hay que respetar las palabras,
pues. No son sombras que se cabalgan
mutuamente. Cada una posee su
propia razón de ser, cada una alberga
su propio secreto. La palabra no debe
ser aprisionada ni yugulada, ni siquiera
en el silencio de la página; es
preciso liberarla para captarla.
Reseñas bibliográficas / 261
Luego, se trata de sujetarla con firmeza.
Para que la cuerda del violín
vibre, es necesario tensarla aun a riesgo
de romperla; floja es solo un cordel.
Lo mismo ocurre con la frase escrita.
Debe contener una página, y la
página un capítulo, y el capítulo una
vida. Tras cada palabra hay otras palabras,
y tras ellas, otras palabras
aún, y otras, todas intangibles, invisibles,
pero cargadas de expectativa y
de anticipación. Cada palabra es
asombro y, en los instantes de gracia,
descubrimiento y maravilla. Para escribir
se desciende a las insondables
profundidades del ser. Escribir participa
del misterio. Entre dos palabras,
el espacio es mayor que entre el Cielo
y la Tierra. Para cruzarlo se cierran
los ojos y se salta. En la Torah, dice
una tradición hadísica: también los
espacios en blanco proceden de Dios.
En último término, escribir es un acto
de fe, tanto como de fervor”.
262 / Nuestra Memoria
Reseñas bibliográficas / 263
Adriana Schettini, eximia periodista
argentina, encaró una tarea ciclópea,
que gran cantidad de miembros de la
comunidad judía –ella no lo es– no
tienen la fuerza interior de realizar:
recoger el testimonio de sobrevivientes
de la Shoá.
Luego de afirmar, en la Introducción
del libro, que ni en los ghettos ni
en los campos de exterminio hubo
una cantidad significativa de suicidios,
pues “contra todo lo esperado,
quienes sobrevivieron, de milagro, a
ese universo endemoniado [el exterminio
sistematizado] volvieron a elegir
la vida. Sacando fuerzas de flaqueza,
juntaron migajas de sus cuerpos
torturados, cosieron las hilachas
de sus almas descuartizadas por el
espanto, se cargaron el peso de los
muertos al hombro y continuaron
(…). Así se comportó la inmensa mayoría
de los salvados: tras la destrucción,
se dedicaron a reconstruir la
vida”. De este modo, Adriana Schettini
explica los motivos que la llevaron a
realizar la labor, condensada en las siguientes
440 páginas.
Su interés era saber cómo lo hicieron,
y se los preguntó. Pero para ello,
aclara: “No me alcanzaba con entrevistarlos;
precisaba vivir con los sobrevivientes
de la Shoah. Y ellos – los
que podrían haberse desencantado,
de una vez y para siempre, de la humanidad
toda– me abrieron las puertas
de sus biografías, me otorgaron un
lugar de privilegio y compartieron
conmigo su pan de cada día: las heridas
que el tiempo no cicatrizará; la
memoria del horror, omnipresente;
los ojos de los muertos sin tumba, que
aún siguen velando; pero también la
celebración de la vida aquí y ahora; el
gusto por los días y las noches que se
les ofrecen, tal y como esos soles y
esas lunas sean”.
Sin lugar a dudas que Adriana
Schettini logró el cometido que se
propuso, y al dejar constancia de los
testimonios de diez sobrevivientes de
la Shoá, con sus vivencias y emociones,
ofrece a los lectores de …Y elegirás
la vida un material incomparable
para conocer lo ocurrido en los años
nefastos del nazismo, en los de la pos-
…Y elegirás la vida
Schettini, Adriana.
Buenos Aires, Eds. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara,
2005, 467 pp.
Lic. Eduardo Alberto
Chernizki
Sociólogo y periodista.
264 / Nuestra Memoria
guerra e inicios de la “Guerra Fría” y
también las vicisitudes de quienes decidieron
radicarse en la Argentina.
Un detalle no menor es la identificación
de la autora con cada uno de
los sobrevivientes, ante quienes no se
comporta como una periodista inquisidora,
sino como una “amiga” a la
cual le pueden contar los aspectos
más sombríos, al igual que aquellos
que les permitieron reconstruir sus
vidas.
Adriana Schettini se identifica con
los sobrevivientes, pero no solamente
con los que entrevistó, sino con todos,
y es por ellos que asume posturas críticas
para con aquellos que – de alguna
manera– quieren evitar conocer la
tragedia sufrida por los judíos en la
quinta década del siglo XX.
Un ejemplo lo encontramos en la
página 433, cuando escribe: “Tengo
para mí que D´s debería estar implorando
el perdón de la que se quedó
en Birkenau, ardiendo con los muertos.
Pero enseguida me arrepiento.
Sólo quienes han padecido el infierno
tienen derecho a sentar a D´s en el
banquillo. Los demás deberíamos pedirnos
cuentas a nosotros mismos, en
tanto miembros de la humanidad que
perpetró lo indecible. Además,
¿cómo podríamos exigirle a El que se
disculpe con los muertos si los sobrevivientes
están entre nosotros y casi
nadie quiere oír el horror que destilan
sus corazones? ¿Cómo reclamarle
a D´s si hemos construido un mundo
que – en el mejor de los casos– enciende
velas y pronuncia discursos
por los seis millones de muertos
cuando se lo reclama el calendario,
pero les exige a los sobrevivientes
que se abstengan de importunar con
el relato del espanto fuera de los
actos de recordación? ¿Quién de nosotros
puede demandar a D´s por los
aniquilados si a los que se salvaron
los condenamos a llorar en un gueto
invisible, entre pares?”.
Quizá posturas como la mencionada
puedan resultar molestas para quienes
–desde hace años– están trabajando
activamente en instituciones como la
Fundación Memoria del Holocausto,
sin ser sobrevivientes o descendientes
de ellos, pero se debe reconocer que
son el resultado de la detenida observación
de una periodista profesional
que se acercó a este tema, lo investigó
y se compenetró tanto que donó las
regalías que le corresponden como
autora de este texto al Instituto Yad
Vashem de Jerusalem y colabora en
forma voluntaria, organizando y coordinando
actividades en la asociación
de sobrevivientes Sherit Hapleita, de
la Argentina.
Los testimonios reflejados en …Y
elegirás la vida corresponden a José
Rajchenberg, Salomón Feldberg, Isak
Lempert, Elizabeth Szatmari de Marchak,
Moniek Taub, Moisés Borowicz, Stella
Knyszynska de Feigin, Sarita Chakim
de Rosenberg, Julio Pitluk y Regina
Kenigstein de Hubel. Cada uno de
ellos debe ser considerado como un
ejemplo de los miles de sobrevivientes
de la Shoá, algunos de los cuales
pueden contar lo que vivieron, mientras
que otros no pueden hacerlo.
…Y elegirás la vida no es un libro
Reseñas bibliográficas / 265
de fácil lectura, pues –aunque en
cada uno de sus capítulos la prosa
mantiene un ritmo que incita a conocer
el final de cada testimonio– la temática
abordada obliga al lector
–además de enfrentarlo a sus propias
vivencias– a adentrarse en un aspecto
doloroso de la humanidad que muchas
veces no se desea conocer, pero
que –para evitar que se repita– es necesario
rememorar.
Adriana Schettini intenta romper
ese “gueto invisible, entre pares” que
tan bien describe en el párrafo citado,
y lo logra poniendo a disposición de
los lectores hispanoparlantes testimonios
de sobrevivientes de la Shoá que
eligieron la vida.
266 / Nuestra Memoria
El 10 de noviembre, coincidente con
la fecha en que en 1938 se produjera
el progrom nazi conocido como
Kristallnacht (La noche de los cristales
rotos), en el Salón del Consejo Directivo
de la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Buenos
Aires, la Fundación Memoria del Holocausto
presentó su reciente publicación
de Biblioteca Nuestra Memoria, de
Marcelino Fontán: Oswald Menghin:
ciencia y nazismo, que lleva como
subtítulo “El antisemitismo como imperativo
moral”.
El autor, Marcelino Fontán, es licenciado
en Ciencias Antropológicas de la
Universidad de Buenos Aires, con una
vasta carrera de docente e investigador
en temas de discriminación y derechos
humanos, con diversos trabajos publicados
en el país y el exterior.
Dedica este texto a demostrar cómo
una figura que, en su momento, fue
considerada en el país como un científico
destacado, había sido un difusor
de ideas racistas aquí y en su anterior
actuación académico-política en Austria,
pese a lo cual se retiró de la docencia
universitaria en la Argentina,
con el título de “Profesor Honorario”
de la Universidad de Buenos Aires,
luego de haber dictado clases y ocupado
cargos de responsabilidad docente
en las universidades nacionales
de Buenos Aires y La Plata desde
1948, año en que llegó al país con pasaporte
oficial del gobierno argentino,
hasta 1970.
Oswald Menghin fue un austríaco
nacido en el siglo XIX, formado en la
Universidad de Viena y especializado
en los estudios de la Prehistoria, que
en 1927 fue designado miembro de la
Academia Austríaca de Ciencias; un
año después decano de la Facultad de
Filosofía de Viena y en 1936 rector de
dicha universidad, cargo en el que permaneció
hasta la caída del nazismo.
En 1938, Menghin ocupó, por pocos
meses, el cargo de Ministro de Educación
austríaco, en el gobierno presidido
por Arthur Seyss Inquart, que es el
que decretó el Anchluss, la desaparición
de Austria como Estado independiente
para convertirse en provincia
de la Alemania nazi.
Oswald Menghin: ciencia y
nazismo
El antisemitismo como imperativo moral
Fontan, Marcelino
Buenos Aires, Biblioteca Nuestra Memoria, 2005, 93 pp.
Lic. Eduardo Alberto
Chernizki
Reseñas bibliográficas / 267
Menghin, al finalizar la Segunda
Guerra Mundial, fue detenido y procesado
como criminal de guerra, pero
logró huir y en 1948 llegó a la Argentina
al igual que otros cientos de nazis
que tenían cierto prestigio como científicos,
siendo contratado como profesor
de la Universidad de Buenos
Aires apenas dos semanas luego de su
arribo.
El trabajo de Marcelino Fontán,
que la licenciada María Rosa Neufeld
muy bien definió como un “libro de
tamaño pequeño, pero de importante
contenido”, se basa en documentación
traducida del alemán, en muchos
casos desconocida en nuestro medio,
como también en dos libros publicados
por Menghin, uno de ellos una
novela, en los cuales resulta clara y
evidente su adhesión ideológica al
nazismo.
Además, en muy pocas páginas
describe la manera en que esos personajes
eran traídos a la Argentina luego
de finalizada la contienda bélica y
cómo, aquí, eran ubicados en puestos
de responsabilidad académica.
Durante el acto, el presidente de la
Fundación Memoria del Holocausto,
doctor Mario Feferbaum, gracias a
cuyo apoyo la publicación fue posible,
destacó que la institución que
preside apoyó la publicación de este
trabajo como una manera de instalar
la revisión de prácticas académicas
que ocurrieron en la Argentina, así
como en otros lugares del mundo, que
no deben ser olvidadas.
Marcelino Fontán a su vez, luego
de agradecer a la Fundación Memoria
del Holocausto y a su presidente el
apoyo recibido, expresó que su trabajo
se refiere a la memoria, a la amnesia,
a la impunidad y al “mirar para
otro lado”, que permitió no sólo que
personajes como Menghin pudieran
enseñar en la Argentina y formar a
profesionales con su cosmovisión racista,
sino que –además– eludieran
tratar el pedido de expulsión de
Menghin por sus antecedentes nazis,
que la representación estudiantil en el
Consejo Directivo de la Facultad de
Filosofía y Letras planteó hace exactamente
cuarenta años. En ese ámbito
del Consejo donde se presentó el libro,
la mayoría había decidido “pasar su
tratamiento para otra sesión, dado lo
avanzado de la hora”.
Manifestó que cuarenta años de postergación
ya es un tiempo suficiente y
que la Universidad de Buenos Aires
debe saldar su deuda hacia sus docentes
y estudiantes y también hacia la
cultura de este país, e instó a que se
adoptara una resolución al respecto.
También habló Alberto Rex González,
una figura medular en los estudios
antropológicos del país y Latinoamérica,
aclarando que no deseaba exculparse
por haber realizado una investigación
de campo con Menghin. Explicó
que, en aquellos años, a principios de
los cincuenta del siglo pasado, lo que
se conocía era su prestigio académico,
que velaba otros aspectos de su historia,
pues aunque se sabía que había
sido ministro de Educación de un gobierno
austríaco pro nazi, no se conocían
los detalles de su actuación; por
ejemplo, que durante ese período se
268 / Nuestra Memoria
eliminó de los claustros a los profesores
judíos y a los opositores al nazismo.
La presentación del libro en el prestigioso
marco académico de la Facultad
de Filosofía y Letras de Buenos Aires
contó, además, con la presencia de su
decano, Prof. Félix Schuster; el vicedecano
Prof. Hugo Trinchero, y destacados
profesores y alumnos de la casa.
Esta actividad es sólo una de las
tantas que realiza la Fundación Memoria
del Holocausto en ámbitos académicos
del país, destinados a mantener
vigente la memoria de la Shoá y a
esclarecer cómo, pese a la derrota del
nazismo, los criminales nazis encontraron
refugio o protección en países
que quisieron aprovechar sus presuntos
“conocimientos científicos”, gracias
al amparo y gestiones realizadas
por funcionarios gubernamentales o
políticos ideológicamente afines a
esos personajes.
Biblioteca y Centro de Documentación
del Museo del Holocausto-Shoá
Textos correspondientes a la sección “Educación y Shoá”.
EYS 1. The Holocaust In university teaching. Holocaust Series. Editor: Gideon Shimoni.
1991.
EYS 2. L’enseignement de la Shoa. Paris, Centre de Documentation Juive Contemporaine,
1982.
EYS 3. Justman, Stuart. Holocaust for beginners. New York, Writers and Readers
Publishing Inc., 1995.
EYS 4. El Holocausto (Testimonios poéticos). Buenos Aires, Vaad Hajinuj Hamerkazi,
1979.
EYS 5 (2 ejemplares). Ser testigo. Cuaderno didáctico. Jerusalem, Yad Vashem, 1992.
EYS 6 (2 ejemplares). Cuadernos de educación judía. Shoá: Enseñar a pensar. Buenos
Aires, Vaad Hajinuj Hamerkazi, 1993.
EYS 7. Huberman, Abraham. El Holocausto. Buenos Aires, 2000.
EYS 8. El Holocausto. Lucha y Redención. Antología. FUSLA.
EYS 9. The Holocaust. Classroom Conections. Guidelines for Holocaust education.
Grades K-12.
EYS 10. Teaching about the Holocaust. Resource book for educators. Washington
D.C.
EYS 11. How was it humany possible? Pedagogical guide. Jerusalem, 2002.
EYS 12. Steinfeld, Irena. How was it humany possible? A study of perpetrators and
bystanders during the Holocaust. Jerusalem, Yad Vashem, 2002.
EYS 13. Para saber y recordar. Varsovia, March of Living, 1990.
EYS 14. Klarsfeld, Serge. Les Juifs en France. Preludio a la Solución Final. International
conference. Jerusalem, Yad Vashem, 1991.
EYS 15. The Holocaust and education. 1996.
EYS 16 (2 ejemplares). La vida cotidiana en el Ghetto de Varsovia. Jerusalem, Yad
Vashem, 1941.
EYS 17 (4 ejemplares). El Holocausto. Un estudio histórico.
EYS 18. El Holocausto. Propuesta de estudio y materiales para su comprensión.
EYS 19. History teaching in Austria.
270 / Nuestra Memoria
EYS 20. The memory of the Holocaust in the 21st century. The challenge for education.
Jerusalem, Yad Vashem, 1999.
EYS 21 (3 ejemplares). Teaching about the Holocaust. Washington, United States
Holocaust Memorial Museum.
EYS 22 (3 ejemplares). El Holocausto. Instituto de Conmemoración de los Mártires y
de los Héroes.
EYS 23. Salmons, Paul. How to teach the Holocaust in schools? Imperial War Museum.
EYS 24 (2 ejemplares). Teaching the Holocaust and National Socialism. Approaches
and suggestions, 2001.
EYS 25. L’univers concentrationnaire. Paris, de Documentation Juive Contemporaine,
1996.
EYS 26. Teaching about the Holocaust. A resource book for educators. 2001.
EYS 27. Bresheeth, Haim; Hood, Stuart. The Holocaust for beginners. 1994.
EYS 28. Institute Mens. International Institute for Holocaust Research, 2005.
EYS 29. Shulman, William L. Educational resource guide on the Holocaust 1997-
1998. Queenshorough Community College.
EYS 30. Thanasselsos, Yam; Timperman, Sarah. Enquete pedagogique II. Bruselas,
2002.
EYS 31. I wanted to fly like a butterfly. Guía pedagógica. Jerusalem, Yad Vashem,
2000.
EYS 32. I wanted to fly like a butterfly. Teacher’s guide. Jerusalem, Yad Vashem,
2000.
EYS 33. Holocaust and genocide studies. Oxford University Press, 2005.
EYS 34. Hand book for teachers. Varsovia, Holocaust Education Remembrance and
Research-Polish Chairmanship, 2005.
EYS 35. Why should me teach about the Holocaust? Cracovia, The Jagiellmonian
University, 2005.
EYS 36. Holocaust education. Toronto, Holocaust Education and Memorial Centre of
Toronto, 2005.
EYS 37. Bauer, Yehuda. El lugar del Holocausto en la Historia Contemporánea. Ed.
Biblioteca Nuestra Memoria, Buenos Aires, 2002.
EYS 38. Zuroff, Efraim. Worlwide investigation and prosecution of Nazi war criminals.
Israel, Simon Wiesenthal Center, 2004-2005.
EYS 39. Barton, Dan; Chautin, Julia. Parenthood and the Holocaust. Jerusalem, Yad
Vashem, 2001.
EYS 40. Project for the study of anti-Semitisism. Tel Aviv University.
EYS 41. The International School for Holocaust Studies. Yad Vashem, 1999.
EYS 42. Holocaust Education Week. Holocaust Centre of Toronto, 2004.
EYS 43. The Holocaust. 1933-1945. Educational resources kit. Los Angeles, Simon
Wiesenthal Center, 2000.
Institucionales

Institucionales / 273
En el marco de una política de jerarquización
de la cultura y afirmación de una
nueva concepción sobre la museología, la
Secretaría de Cultura del Gobierno de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires convocó
a los museos de esta urbe a participar
de “La noche de los museos”.
“La larga noche de los museos” es una
idea que nació en Berlín, en 1977, con el
propósito de ampliar la convocatoria de
público, abriendo las puertas de los mismos
un sábado a la noche. Desde entonces,
esta iniciativa ha sido adoptada en
más de 130 ciudades europeas.
De modo análogo, el sábado 1º de octubre,
Buenos Aires adoptó ese modelo,
convirtiéndose en la primera capital de
América que desarrolló “La noche de los
museos”.
A través de la Dirección General de Museos
y en una gestión orientada a la formación
de nuevos públicos para la difusión
del patrimonio y las actividades de los mismos,
se invitó a museos públicos y privados
a participar del emprendimiento.
Unas 53 instituciones se integraron al
diagrama proyectado, por proximidad, de
cinco circuitos por los barrios de la ciudad.
El gobierno metropolitano proveyó un
servicio gratuito de minibuses y líneas de
transporte colectivo que comunicaban a la
mayor parte de los museos intervinientes.
Asimismo, distribuyó folletería de programación
de los museos participantes,
pasantes de la carrera de Museología, a fin
de colaborar con la coordinación de las
actividades, y un refuerzo de agentes de
seguridad en las calles próximas a esas
entidades.
La Fundación Memoria del Holocausto
– Museo de la Shoá
Participamos en este evento con la convicción
que cumplimos con una doble finalidad:
a) Difundir y mantener viva la conciencia
testimonial del Holocausto, generando
una apertura educativa dirigida a todo el
público que deseara descubrir, en una
noche, un museo que se abre generosamente
como un espacio vivo.
b) Fortalecer la pertenencia del museo a
la comunidad y reforzar su vinculación
con los otros existentes en la ciudad
como un espacio cultural alternativo.
A raíz de la preparación para esa jornada,
ampliamos el área expositiva: contamos
con cuatro muestras que son patrimonio
propio, de las colecciones del
museo, y agregamos a los valores visuales
expuestos la narración viva de sobrevivientes
y la puesta en pantalla de documentales
y películas alusivas.
Durante las siete horas de apertura tuvimos
la visita de 1.202 personas, que fueron
rotando por las secuencias programadas.
A cada visitante le entregamos una postal,
que incluía una poesía y un dibujo realizados
por niños en el campo de concentración
de Terezin. Ella aporta una dimensión
humana y un lugar para la reflexión y
el recogimiento.
Esperamos haber logrado que los participantes
de esta visita hayan experimentado
una fuerte vivencia emotiva y racional
y que los contenidos trasmitidos estimulen
e incrementen su deseo de conocer y pro-
La noche de los museos
274 / Nuestra Memoria
fundizar en el tema de la Shoá, que es la
línea en que trabaja la institución.
Nuestro desafío es que el Museo de la
Shoá se convierta en un centro educativocultural
dinámico y participativo, en el cual
se integren las áreas expositivas y de documentación
especializada, la investigación
histórica y los encuentros de intercambio
con los diversos públicos, guardando
el nivel de excelencia que el tema
que nos ocupa merece y destacando
–desde la singularidad de la Shoá– el mensaje
universal que aporta.
Susana Rochwerger
El Museo del Holocausto en la
International Task Force – ITF
Argentina es la única delegación latinoamericana
de la ITF (Grupo de Trabajo para
la Cooperación Internacional en Educación,
Rememoración e Investigación del
Holocausto) y participa como miembro
pleno.
La ITF está compuesta por representantes
de veinte países, entre los que se
encuentran Estados Unidos, Israel, Alemania,
Polonia, Austria, Italia, Hungría, Francia,
Inglaterra, y Argentina.
Fundación Memoria del Holocausto-
Museo de la Shoá ha tenido una importante
e ininterrumpida presencia en los encuentros
programados por la ITF desde el
primer momento en el que se invitó a participar
a la República Argentina, en Estocolmo
en enero de 2000.
En los encuentros de la ITF que se han
llevado a cabo en los últimos años, la representación
argentina fue encabezada
por el Embajador Alejandro Dosoretz, quien
es Vicepresidente de la Fundación Memoria
del Holocausto – Museo de la Shoá.
Acompañaron al Embajador Dosoretz representantes
de las Embajadas Argentinas
en los distintos países en que tuvieron
lugar los encuentros, la CEANA, miembros
de Comisiones Directivas y profesionales
de ONGs como AMIA, DAIA, B’nai B’rith,
Centro Wallenberg de Bahía Blanca, Fundación
Memoria del Holocausto-Museo de
la Shoá, Nuevos Derechos del Hombre.
En el 2005, el país anfitrión es Polonia.
Entre el 26 y el 30 de junio se realizó la
reunión en Varsovia.
La representación argentina, que fue
encabezada por el Embajador Dosoretz,
estuvo integrada por el Consejero de la
Embajada Argentina en Polonia, Bernardo
Juan Ochoa; Graciela Jinich, directora ejecutiva
de la Fundación Memoria del Holocausto-
Museo de la Shoá; el representante
de la AMIA, Julio Schlosser; el Director
Ejecutivo de la DAlA, Claudio Avruj y la Secretaria
Ejecutiva de la ONG Nuevos Derechos
del Hombre, Marta Vidal Young.
La delegación fue acompañada, en
distintos momentos, por el Embajador
Argentino en Polonia, Alberto Passalacqua.
En esta ocasión, se aprobó la incorporación
de la Dra. Dina Porat, como
Consejera Académica, en reemplazo del
Dr. Yehuda Bauer.
En materia de educación se recomendó
la formulación de cursos de entrenamiento
a docentes, la traducción de manuales
y guías y la realización de foros
académicos.
El Grupo de Trabajo sugiere a cada
país informar en forma regular de su accionar
a través de un link dentro de la Web de
la Task Force.
Con relación a los memoriales, el objetivo
trazado por la Task Force consiste en
fortalecer la tarea de los museos y memoriales
y crear una base de datos con el detalle
de los diferentes recordatorios que
existen en el mundo. Entre las conclusiones,
se pone énfasis en promover la enseñanza
del Holocausto.
El motivo de estos encuentros es trabajar
sobre el Holocausto –con el compromiso
de los Estados en la inclusión de esta
temática en las currículas– desde la educación,
los ámbitos académicos, los museos
y la información.
Cada uno de los países miembros de
la ITF, muestran su involucramiento con la
presencia, con las delegaciones conformadas
por funcionarios de distintos Ministerios
–en especial, del Ministerio de Educación-
y de ONGs, mostrando materiales,
compartiendo experiencias y brindando la
posibilidad de desarrollo de actividades
conjuntas y mancomunadas.
Prof. Graciela N. de Jinich
Seminarios de capacitación en
Israel y los Estados Unidos
El Museo del Holocausto de Houston
confió nuevamente en el Museo del Holocausto-
Shoá de Buenos Aires para la elección
de cuatro docentes de escuelas medias
que habrán de recibir becas de estudio
y capacitación en la temática del Holocausto
en esa Institución, en un viaje a realizarse
entre el 21 y el 16 de enero de
2006. Los postulantes debían estar en actividad
en el área de las Ciencias Sociales,
con posibilidad de acreditarlo. Con gran
orgullo informamos que se han recibido
más de 150 propuestas de todo el país.
Asimismo, la Fundación Memoria del
Holocausto-Museo de la Shoá de Buenos
Aires, colaboró con la tarea de difundir y
convocar a participar del concurso de
becas de estudio que otorga Yad Vashem
a realizarse entre el 13 y el 27 de enero de
2006.
El perfil de los aspirantes contempla a
educadores o profesionales de instituciones
educativas o académicas, en actividad.
Este Seminario de Capacitación para
Docentes lleva por título “Memoria de la
Shoá y los dilemas de su transmisión” y
será dictado en español, en Yad Vashem,
en la Universidad Hebrea –Campus
Mount Scopus– y otros sitios relacionados
con la temática del Holocausto, en
Israel. La confección y el diseño académico
del programa general, fueron realizados,
en forma mancomunada y coordinada,
por la Escuela de Enseñanza de la
Shoá de Yad Vashem y el Centro Internacional
para la Enseñanza Universitaria de
la Cultura Judía, de la Universidad Hebrea
de Jerusalem.
Julia Juhasz Heymann
Eventos educativos
(Julio-diciembre 2005)
Entre julio y diciembre hemos recibido la visita
de 3193 alumnos provenientes de escuelas
de Capital y Gran Buenos Aires,
246 jóvenes de instituciones de educación
no formal, turistas del interior y del exterior
así como visitantes de la Ciudad de Buenos
Aires, quienes recorrieron el Museo
acompañados siempre por un profesional
en las visitas guiadas, así como por un sobreviviente.
El promedio mensual de visitantes en
este semestre a nuestra página Web
(www.fmh.org.ar) es de 15.028 personas.
Visitaron también el Museo, 230 estudiantes
universitarios, de la Facultad de
Derecho y de Ciencias Sociales de la
U.B.A. y de la Universidad de Palermo.
Asimismo se han realizado actividades
–en muchos casos con testimonios de sobrevivientes–
para estudiantes de escuelas y
universidades de Capital, Gran Buenos Aires
Institucionales / 275
y del interior del país: Universidad de la Matanza,
de Mendoza, escuelas medias, el
Museo de Arte Contemporáneo de Mendoza,
Universidad del Comahue, Corrientes,
Universidad de San Luis, de Rosario, Liceo
Militar de Córdoba, Escuelas de la Policía
Federal Argentina, Universidad Nacional de
Mar del Plata, Universidad de Belgrano, los
Servicios Penitenciarios de Santa Fe, Escuelas
Rurales de Córdoba y Santa Fe, entre
otras.
Prof. Nejama Schneid
276 / Nuestra Memoria
Si usted está interesado en recibir
esta publicación periódicamente
contáctese a través de nuestro mail:
secretaria@fmh.org.ar

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