Orígen y auge de las lumpenburguesías Lationoamericanas

NOTA DE INTROFILOSOFIA: Estos hechos reflejan un modelo que opera no sólo en
 Latinoamérica, en España muy similar: la etapa más reciente, ocho años de 
gobierno de la
 Derecha (PP) y los anteriores ocho de un Partido Socialista Obrero Español,
 ex socialista y hoy y hace varias décadas,
 socialfascista, prueban la analoga manera de saquear 
lumpenburguesc38da-lumpendesarrollo-andrc3a9gunderfrank-portada-1971

+++"[...]unos pocos, entre los que me encuentro, llegamos a la conclusión 
de que buscar una coherencia estratégica general en esas decisiones no 
era una tarea fácil pero tampoco difícil sino sencillamente imposible. 
La llegada de la derecha al gobierno no significa el reemplazo del 
modelo anterior (desarrollista, neokeynesiano o como se lo quiera 
calificar) por un nuevo modelo (elitista) de desarrollo, sino 
simplemente el inicio de un gigantesco saqueo donde cada banda de 
saqueadores obtiene el botín que puede obtener en el menor tiempo 
posible y luego de conseguido pugna por más a costa de las víctimas pero 
también si es necesario de sus competidores. La anunciada libertad del 
mercado no significó la instalación de un nuevo orden sino el despliegue 
de fuerzas entrópicas, el país burgués no realizó una reconversión 
elitista-exportadora sino que se sumergió en un gigantesco proceso 
destructivo."ORIGEN Y AUGE DE LAS LUMPENBURGUESÍAS LATINOAMERICANAS

por Jorge Beinstein

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en 
algunos círculos académicos argentinos la reflexión en torno del “modelo 
económico” que la derecha estaba intentando imponer. Se trató no solo de 
hurgar en los curriculum vitae de ministros, secretarios de estado y 
otros altos funcionarios sino sobre todo en la avalancha de decretos que 
desde el primer día de gobierno se precipitaron sobre el país. Buscarle 
coherencia estratégica a ese conjunto fue una tarea ardua que a cada 
paso chocaba con contradicciones que obligaban a desechar hipótesis sin 
que se pudiera llegar a un esquema mínimamente riguroso. La mayor de 
ellas fue probablemente la flagrante contradicción entre medidas que 
destruyen el mercado interno para favorecer a una supuesta ola 
exportadora evidentemente inviable ante el repliegue de la economía 
global, otra es la suba de las tasas de interés que comprime al consumo 
y a las inversiones a la espera de una ilusoria llegada de fondos 
provenientes de un sistema financiero internacional en crisis que lo 
único que puede brindar es el armado de bicicletas especulativas.



Algunos optaron por resolver el tema adoptando definiciones abstractas 
tan generales como poco operativas (“modelo favorable al gran capital”, 
“restauración neoliberal”, etc.), otros decidieron seguir el estudio 
pero cada vez que llegaban a una conclusión satisfactoria aparecía un 
nuevo hecho que les tiraba abajo el edificio intelectual construido y 
finalmente unos pocos, entre los que me encuentro, llegamos a la 
conclusión de que buscar una coherencia estratégica general en esas 
decisiones no era una tarea fácil pero tampoco difícil sino 
sencillamente imposible. La llegada de la derecha al gobierno no 
significa el reemplazo del modelo anterior (desarrollista, neokeynesiano 
o como se lo quiera calificar) por un nuevo modelo (elitista) de 
desarrollo, sino simplemente el inicio de un gigantesco saqueo donde 
cada banda de saqueadores obtiene el botín que puede obtener en el menor 
tiempo posible y luego de conseguido pugna por más a costa de las 
víctimas pero también si es necesario de sus competidores. La anunciada 
libertad del mercado no significó la instalación de un nuevo orden sino 
el despliegue de fuerzas entrópicas, el país burgués no realizó una 
reconversión elitista-exportadora sino que se sumergió en un gigantesco 
proceso destructivo.



Si estudiamos los objetivos económicos reales de otras derechas 
latinoamericanas como las de Venezuela, Ecuador o Brasil encontraremos 
similitudes sorprendentes con el caso argentino, incoherencias de todo 
tipo, autismos desenfrenados que ignoran el contexto global así como las 
consecuencias desestabilizadoras de sus acciones o “proyectos” 
generadores de destrucciones sociales desmesuradas y posibles efectos 
boomerang contra la propia derecha[1]. Es evidente que el cortoplacismo 
y la satisfacción de apetitos parciales dominan el escenario.



En la década de 1980 pero sobre todo en los años 1990 el discurso 
neoliberal desbordaba optimismo, el “fantasma comunista” había implotado 
y el planeta quedaba a disposición de la única superpotencia: los 
Estados Unidos, el libre mercado aparecía con su imagen triunfalista 
prometiendo prosperidad para todos. Como sabemos esa avalancha no era 
portadora de prosperidad sino de especulación financiera, mientras la 
tasas de crecimiento económico real global seguían descendiendo 
tendencialmente desde los años 1970 (y hasta la actualidad) la masa 
financiera comenzó a expandirse en progresión geométrica. Se estaban 
produciendo cambios de fondo en el sistema, mutaciones en sus 
principales protagonistas que obligaban a una reconceptualización. En el 
comando de la nave capitalista global comenzaban a ser desplazados los 
burgueses titulares de empresas productoras de objetos útiles, inútiles 
o abiertamente nocivos y su corte de ingenieros industriales, militares 
uniformados y políticos solemnes, y empezaban a asomar especuladores 
financieros, payasos y mercenarios despiadados, la criminalidad anterior 
medianamente estructurada comenzaba a ser remplazada por un sistema 
caótico mucho más letal. Se retiraba el productivismo keynesiano 
(heredero el viejo productivismo liberal) y comenzaba a instalarse el 
parasitismo neoliberal.



El concepto de lumpenburguesía



Existen antecedentes de ese concepto, por ejemplo en Marx cuando 
describía a la monarquía orleanista de Francia (1830-1848) como un 
sistema bajo la dominación de la aristocracia financiera señalando que 
“en las cumbres de la sociedad burguesa se propagó el desenfreno por la 
satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada 
paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía , desenfreno en el 
que, por la ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza 
procedente del juego, desenfreno por el que el placer se convierte en 
crápula y en que confluyen el dinero, el lodo y la sangre. La 
aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en 
sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpenproletariado en 
las cumbres de la sociedad burguesa”[2]. La aristocracia financiera 
aparecía en ese enfoque claramente diferenciada de la burguesía 
industrial, clase explotadora insertada en el proceso productivo. Se 
trataba, según Marx, de un sector instalado en la cima de la sociedad 
que lograba enriquecerse “no mediante la producción sino mediante el 
escamoteo de la riqueza ajena ya creada”[3]. Ubiquemos dicha descripción 
en el contexto del siglo XIX europeo occidental marcado por el ascenso 
del capitalismo industrial donde esa aristocracia navegando entre la 
usura y el saqueo aparecía como una irrupción históricamente anómala 
destinada a ser desplazada tarde o temprano por el avance de la 
modernidad. Marx señalaba que hacia el final del ciclo orleanista “La 
burguesía industrial veía sus intereses en peligro, la pequeña burguesía 
estaba moralmente indignada, la imaginación popular se sublevaba. París 
estaba inundado de libelos. “La dinastía de los Rothschild”, “Los 
usureros, reyes de la época”, etc. en lo que se denunciaba y 
anatematizaba, con más o menos ingenio, la dominación de la aristocracia 
financiera” [4].



Resulta notable ver aparecer a los Rothschild como “usureros”, imagen 
claramente precapitalista, cuando en las décadas que siguieron y hasta 
la Primera Guerra Mundial simbolizaron al capitalismo más sofisticado y 
moderno. Karl Polanyi los idealizaba como pieza clave de la Haute 
Finance europea instrumento decisivo, según él, en el desarrollo 
equilibrado del capitalismo liberal, cumpliendo una función armonizadora 
poniéndose por encima de los nacionalismos, anudando compromisos y 
negocios que atravesaban las fronteras estatales calmando así la 
disputas interimperialistas. Describiendo a la Europa de las últimas 
décadas del siglo XIX Polanyi explicaba que: “los Rothschild no estaban 
sujetos a un gobierno; como una familia, incorporaban el principio 
abstracto del internacionalismo; su lealtad se entregaba a una firma, 
cuyo crédito se había convertido en la única conexión supranacional 
entre el gobierno político y el esfuerzo industrial en una economía 
mundial que crecía con rapidez”[5].



Lo que para Marx era una anomalía, un resto degenerado del pasado, para 
Polanyi era una pieza clave de la “Pax Europea”, del progreso liberal de 
Occidente quebrado en 1914.  La permanencia de los Rothschild y de sus 
colegas banqueros durante todo el largo ciclo del despegue y 
consolidación industrial de Europa demostró que no se trataba de una 
anomalía sino de una componente parasitaria indisociable (aunque no 
hegemónica en ese ciclo) de la reproducción capitalista. Por otra parte 
el estallido de 1914 y lo que siguió desmintió la imagen de cúpula 
armonizadora, estableciendo acuerdos, negocios que imponían equilibrios. 
Sus refinamientos y su aspecto “pacificador” formaban parte de un doble 
juego peligroso pero muy rentable, por un lado alentaban de manera 
discreta toda clase de aventuras coloniales y ambiciones nacionalistas 
como por ejemplo las carreras armamentistas (y de inmediato pasaban la 
cuenta) y por otro las calmaban cuando amenazaban producir desastres, 
pero esa sucesión de excitantes y calmantes aplicadas a monstruos que 
absorbían drogas cada vez más fuertes terminó como tenía que terminar: 
con un gigantesco estallido bajo la forma de Primera Guerra Mundial.



El concepto de “lumpenburguesía” aparece por primera vez hacia fines de 
los años 1950 a través de algunos textos de “Ernest Germain” seudónimo 
empleado por Ernest Mandel haciendo referencia a la burguesía de Brasil 
que el autor consideraba una clase semicolonial, “atrasada”, no 
completamente “burguesa” (en el sentido moderno-occidental del término). 
Fue retomado más adelante, en los años 1960-1970 por André Gunder Frank 
generalizándolo a las burguesías latinoamericanas[6]. Tanto Mandel como 
Gunder Frank establecían la diferencia entre las burguesías centrales: 
estructuradas, imperialistas, tecnológicamente sofisticadas y las 
burguesías periféricas, subdesarrolladas, semicoloniales, caóticas, en 
fin: lumpenburguesas (burguesías degradadas).



Pero ese esquema empezó a ser desmentido por la realidad desde los años 
1970 con la declinación del keynesianismo productivista y sus 
acompañantes reguladores e integradores.  Se desató el proceso de 
transnacionalización y financierización del capitalismo global que desde 
comienzos de los años 1990 (con la implosión de la URSS y la aceleración 
del ingreso de China en la economía de mercado) adquirió un ritmo 
desenfrenado y una extensión planetaria. Mientras se desaceleraba la 
economía productiva crecía exponencialmente la especulación financiera, 
una de sus componentes principales, los productos financieros derivados 
equivalían a unas dos veces el Producto Bruto Mundial en el 2000 y 
representaban en 2008 unas 12 veces el Producto Bruto Mundial, por su 
parte la masa financiera global (derivados y otros papeles) equivalía en 
ese momento a una 20 veces el Producto Bruto Mundial. Hegemonía 
financiera apabullante que transformó completamente la naturaleza de la 
elites económicas del planeta, la desregulación (es decir la violación 
creciente de todas las normas), el cortoplacismo, las dinámicas 
depredadoras, fueron los comportamientos dominantes produciendo veloces 
concentraciones de ingresos tanto en los países centrales como en los 
periféricos, marginaciones sociales, deterioros institucionales 
(incluidas las crisis de representatividad).



Todo ello se ha agravado desde la crisis financiera de 2008 confirmando 
la existencia de una lumpenburguesía global dominante (resultado de la 
decadencia sistémica general) cuyos hábitos de especulación y saqueo 
enlazan con ascensos militaristas que potencian su irracionalidad, los 
Estados Unidos se encuentran en el centro de esa peligrosa fuga hacia 
adelante. Escalada militar en el Este de Europa, Medio Oriente y Asia 
del Este acompañada por claros síntomas de descontrol financiero donde 
por ejemplo el Deustche Bank acumula actualmente unos 75 billones de 
dólares en productos financieros derivados[7], papeles altamente 
volátiles que representaban en 2015 unas 22 veces el Producto Bruto 
Interno de Alemania y unas 4,6 veces el Producto Bruto Interno de toda 
la Unión Europea, del otro lado del Atlántico solo cinco grandes bancos 
norteamericanos (Citigroup, JP Morgan, Goldman Sachs, Bank of America y 
Morgan Stanley) acumulaban derivados por cerca de 250 billones de 
dólares[8], equivalentes a 3,4 veces veces el Producto Bruto Mundial o 
bien unas 14 veces el Producto Bruto Interno de los Estados Unidos. 
Imaginemos las consecuencias económicas globales del muy probable 
desplome de esa masa de papeles, mientras tanto los grandes lobos de 
Wall Street juegan alegremente al poker admirados por pequeñas aves 
carroñeras de la periferia deseosas de “abrirse al mundo” y participar 
del festín.



América Latina



América Latina no ha quedado fuera de esa mutación de carácter global. 
Existe un consenso bastante amplio en cuanto a la configuración de las 
elites económicas latinoamericanas durante las dos primeras etapas de la 
“modernización” regional (es decir su integración plena al capitalismo) 
entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX: la 
agro-minera-exportadora con sus correspondientes “oligarquías” seguida 
por el llamado período (industrializante) de sustitución de 
importaciones con la emergencia de burguesías industriales locales. 
Especificidades nacionales de distinto tipo muestran casos que van desde 
la inexistencia de  “segunda etapa” en pequeños países casi sin 
industrias hasta desarrollos industriales significativos como en Brasil, 
Argentina o México con burguesías y empresas estatales poderosas. Desde 
prolongaciones industriales de las viejas oligarquías hasta irrupciones 
de clases nuevas , advenedizos no completamente admitidos por las viejas 
elites hasta integraciones de negocios donde los viejos apellidos se 
mezclaban con los de los recién llegados.



En torno de los años 1960-1970 el proceso de industrialización fue 
siendo acorralado por la debilidad de los mercados internos y su 
dependencia tecnológica y de las divisas proporcionadas por las 
exportaciones primarias tradicionales, apabullado por un capitalismo 
global que impuso ajustes y destruyó o se apoderó de tejidos productivos 
locales. La transnacionalización y financierización globales se 
expresaron en la región como desarrollo del subdesarrollo, firmas 
occidentales que pasaron a dominar áreas industriales decisivas mientras 
bancos europeos y norteamericanos hacía lo propio con el sector 
financiero, al mismo tiempo se agudizaba la exclusión social urbana y 
rural. La llamada etapa de industrialización por sustitución de 
importaciones había significado el fortalecimiento del Estado y en 
varios casos importantes la “nacionalización” de una porción 
significativa de las elites dominantes con la emergencia de burguesías 
industriales nacionales inestables, pero eso comenzó a ser revertido 
desde los años 1960-1970 y el proceso de colonización se aceleró en los 
años 1990.



Lo que ahora constatamos son combinaciones entre asentamientos de 
empresas transnacionales dominantes en la banca, el comercio, los medios 
de comunicación, la industria, etc. rodeados por círculos multiformes de 
burgueses locales completamente transnacionalizados en sus niveles más 
altos rodeados a su vez por sectores intermedios de distinto peso. Los 
grupos locales se caracterizan por una dinámica de tipo “financiero” 
combinando a gran velocidad toda clase de negocios legales, semilegales 
o abiertamente ilegales, desde la industria o el agrobusiness hasta el 
narcotráfico pasando por operaciones especulativas o comerciales más o 
menos opacas. Es posible investigar a una gran empresa industrial 
mexicana, brasileña o argentina y descubrir lazos con negocios turbios, 
colocaciones en paraísos fiscales, etc. o a una importante cerealera 
realizando inversiones inmobiliarias en convergencia con blanqueos de 
fondos provenientes de una red-narco a su vez asociada a un gran grupo 
mediático. Las elites económicas latinoamericanas aparecen como una 
parte integrante de la lumpenburguesía global, son su sombra periférica, 
ni más ni menos degradada que sus paradigmas internacionales. Muy por 
debajo de todo ese universo sobreviven pequeños y medianos empresarios 
industriales, agrícolas o ganaderos que no forman parte de las elites 
pero que si consiguen ingresar al ascensor de la prosperidad 
inevitablemente son capturados por la cultura de los negocios confusos, 
si no lo hacen se estancan en el mejor de los casos o emprenden el 
camino del descenso.



Aunque cuando estudiamos a esas elites rápidamente descubrimos que su 
dinámica puramente “económica” solo existe en nuestra imaginación, un 
negocio inmobiliario de gran envergadura seguramente requiere conexiones 
judiciales, políticas, mediáticas, etc., por su parte para llegar a los 
niveles más altos de la mafia judicial es necesario disponer de buenas 
conexiones con círculos de negocios, políticos, mediáticos, etc. y ser 
exitoso en la carrera política requiere fondos y coberturas mediáticas y 
judiciales. En suma, se trata en la práctica de un complejo conjunto de 
articulaciones mafiosas, grupos de poder transectoriales vinculados a, 
más o menos subordinados a (o formando parte de) tramas extra-regionales 
a través de canales de diverso tipo: el aparato de inteligencia de los 
Estados Unidos, un mega banco occidental, una red clandestina de 
negocios, alguna empresa industrial transnacional, etc.



A comienzos del siglo XX la elites latinoamericanas formaban parte de 
una división internacional del trabajo donde la periferia 
agropecuaria-minera exportadora se integraba de manera colonial a los 
capitalismos centrales industrializados, en aquellos tiempos Inglaterra 
era el polo dominante[9]. Luego llegó el siglo XX y su recorrido de 
crisis, guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, keynesianismos, 
fascismos, socialismos… pero al final de ese siglo todo ese mundo 
quedaba enterrado, triunfaba el neoliberalismo y el capitalismo 
globalizado y cuando este entró en crisis en América Latina emergieron y 
se instalaron las experiencias progresistas que intentaron resolver las 
crisis de gobernabilidad con políticas de inclusión social a sistemas 
que eran más o menos reformados buscando hacerlos más productivos, menos 
sometidos a los Estados Unidos, más igualitarios y democráticos. Las 
elites dominantes se pusieron histéricas, aunque no habían sido 
seriamente desplazadas perdían posiciones de poder, se les escapaban de 
las manos negocios suculentos y su agresividad fue en aumento a medida 
que la crisis global dificultaba sus operaciones. Por su parte los 
Estados Unidos en retroceso geopolítico global acentuó sus presiones 
sobre la región intentando su recolonización. Al comenzar el año 2016 
los progresismos han  sido acorralados como en Brasil o Venezuela o 
derrocados como en Paraguay o Argentina, Obama se frota las manos y sus 
buitres se lanzan al ataque, los capriles y macris cantan victoria 
convencidos de que estamos retornando a la “normalidad” (colonial), pero 
no es así; en realidad estamos ingresando en una nueva etapa histórica 
de duración incierta marcada por una crisis deflacionaria global que se 
va agravando acompañada por señales alarmantes de guerra.



Las éĺites dominantes locales no son el sujeto de una nueva 
gobernabilidad sino el objeto de un proceso de decadencia que las 
desborda, peor aún esas lumpenburguesías aportan crisis a la crisis más 
allá de sus manipulaciones mediáticas que tratan de demostrar lo 
contrario, creen tener mucho poder pero no son más que instrumentos 
ciegos de un futuro sombrío. Aunque la declinación real del sistema abre 
la posibilidad de un renacimiento popular, seguramente difícil, 
doloroso, no escrito en manuales, ni siguiendo rutas bien pavimentadas y 
previsibles.



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Este texto ha sido publicado en el número 6 de la revista Maíz, Facultad 
de Periodismo y Ciencias de la Comunicación – Universidad Nacional de La 
Plata, Argentina, mayo de 2016.

- Jorge Beinstein es economista argentino, docente de la Universidad de 
Buenos Aires.

jorgebeinstein@gmail.com


[1]   Jorge Beinstein, "Serra contra o Mercosul: o auge das direitas 
loucas na América Latina" 
http://cartamaior.com.br/?/Editoria/Internacional/Serra-contra-o-Mercosul-o-auge-das-direitas-loucas-na-America-Latina
/6/15507

[2]   Carlos Marx, “Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”, en 
Carlos Marx-Federico Engels, Obras Escogidas, Tomo I, páginas 128-129, 
Editorial Progreso, Moscú 1966.
[3]   Ibid.
[4]   Ibid.
[5]   Karl Polanyi, “The Great Transformation.The Political and Economic 
Origins of Our Time”, Bacon Press, Boston, Massachusetts, 2001.
[6]   Andre Gunder Frank, “Lumpenburguesía: lumpendesarrollo”, Colección 
Cuadernos de América, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1970.
[7]   Tyler Durden, "Is Deutsche Bank The Next Lehman?", Zero Hedge, 
http://www.zerohedge.com/news/2015-06-12/deutsche-bank-next-lehman

[8]   Michael Snyder, "Financial Armageddon Approaches", INFOWARS, 
http://www.infowars.com/financial-armageddon-approaches-u-s-banks-have-247-trillion-dollars-of-exposure-to-derivatives/

[9]   "La inversión de las naciones industriales, en especial de 
Inglaterra, fluyó hacia América Latina. Entre 1870 y 1913, el valor de 
las inversiones británicas aumentó de 85 millones de libras esterlinas a 
757 millones, una multiplicación casi por nueve en cuatro décadas. Hacia 
1913, los inversores británicos poseían aproximadamente dos tercios del 
total de la inversión extranjera". Skidmore, Thomas E. y Smith, Peter 
H., "Historia contemporánea de América Latina. América Latina en el 
siglo XX", Ed. Grijalbo. 4a. edición, España, 1996.

URL de origen: http://www.alainet.org/es/articulo/177207


			

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