La idea de época colonial es tanto falsa como inductora de la Leyenda Negra

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Autor : Jesús Turiso Sebastián. Profesor e historiador; investigador de la Universidad Veracruzana ( Xalapa, México )

El lenguaje es un utillaje que de manera silenciosa modela las mentalidades. Las corrientes posmodernas han contribuido en gran medida a que el lenguaje se imponga y sustituya al discurso de la razón: los valores y las verdades universales se relativizan en una espiral permanente que niega la objetividad -la historia es solo un mero relato y solo tiene “valor” como tal-. Está negación permite dejar a la Historia a la intemperie de los juegos del lenguaje. La verdad histórica, entonces, no existe, remplazada por el lenguaje y las infinitas interpretaciones que se puedan hacer de ella y la subsume en un galimatías de confusión. En este sentido, la misma validez tendrá la afirmación de que “las pirámides de Egipto fueron construidas por los egipcios de la antigüedad”, que interpretar de manera acrítica que las pirámides de Egipto las levantaron gigantes o, mejor aún, los extraterrestres, dado que la base objetiva es ya prescindible. Señalaba Kant en la Crítica a la razón pura que es precisamente la crítica de la razón la que “…. nos conduce, pues, necesariamente a la ciencia. Por el contrario, el uso dogmático de ésta, sin crítica, desemboca en las afirmaciones gratuitas —a las que pueden contraponerse otras igualmente ficticias— y, consiguientemente, en el escepticismo”. Esto lo traigo a consideración como ejemplo de cómo el lenguaje ha tenido nefastas consecuencias para la historiografía, distorsionando con su sesgo la verdad histórica. Ahora bien, la realidad de los hechos contradice al lenguaje que empleamos para definirlos. Un poner: en la época de la construcción del mundo americano por la presencia de España se nomina hasta la saciedad con el nombre de “período colonial. Ahora bien, si acudimos a los hechos objetivos de la historia, América nunca fue conceptualizada por España como una colonia -en el sentido francés o anglosajón de la palabra-, los americanos estaban considerados como españoles desde el siglo XVI,  de la misma manera que un vasco, un murciano o un canario. Y esto no podría entenderse si no se comprende que históricamente España se ha caracterizado por ser una nación inclusiva: cuando en 1812 la nación se deshilachaba por todas partes, todavía la Constitución que se elabora en Cádiz insistía desde el artículo primero que “La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”, y abunda más en ello en el “Art. 5 -Son españoles: Primero. Todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, y los hijos de éstos”, o más adelante en el “Art. 18 – Son ciudadanos aquellos españoles que por ambas líneas traen su origen de los dominios españoles de ambos hemisferios y están avecindados en cualquier pueblo de los mismos dominios”. Finalmente, el artículo 10 señala que España “… comprende en la Península con sus posesiones e islas adyacentes: Aragón, Asturias, Castilla la Vieja, Castilla la Nueva, Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia, Navarra, Provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia, las islas Baleares y las Canarias con las demás posesiones de África. En la América septentrional: Nueva España con la Nueva-Galicia y península de Yucatán, Guatemala, provincias internas de Oriente, provincias internas de Occidente, isla de Cuba con las dos Floridas, la parte española de la isla de Santo Domingo y la isla de Puerto Rico con las demás adyacentes a éstas y al continente en uno y otro mar. En la América meridional, la Nueva Granada, Venezuela, el Perú, Chile, provincias del Río de la Plata, y todas las islas adyacentes en el mar Pacífico y en el Atlántico. En el Asia, las islas Filipinas, y las que dependen de su gobierno.” Considero que los americanistas llevamos utilizando erróneamente la denominación de “colonias” al referirnos a la continuidad de España en América, cuando en realidad los territorios americanos eran una extensión de la Península y estaban establecidos y considerados como otras provincias más de una totalidad. Por lo tanto, la recurrente denominación que se hace de una parte de la historia americana como “periodo colonial” es una papanatada de los historiadores que cabestramente hemos asimilado las denominaciones de las historiografías francesa y anglosajona, tan devastadoras en muchos casos con la realidad histórica de España. A fuerza de repetir sempiternamente este paradigma lingüístico errado, y herrado, lo hemos convertido en una realidad comúnmente asumida, alejada de la verdad, pero que sirve perfectamente al sostenimiento de medias verdades y leyendas negras.

Fuente https://permisoparaexistir.blogspot.com/?m=1

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