Rubén Darío: Letanía de Nuestro Señor Don Quijote

El gran poeta nicaragüense Rubén Darío escribía este poema el año 1905. En el marco de la obra Cantos de Vida y Esperanza.

Leyendo el poema, se puede constatar que, efectivamente, como el profesor Jesús G Maestro – autor de la magna obra Crítica de la Razón Literaria – ha propuesto, la poesía es filosofía en verso. De hecho en este poema vemos (entre otras cuestiones relacionadas con la filosofía) una referencia a Nietzsche, como el nefasto forjador del nihilismo, que abarca poco más allá de los últimos cien años, hasta nuestros tiempos que muchos definen como posmodernos.

Jesús G Maestro , acerca de un poema de Rubén Darío.

En cuanto al análisis crítico de Nietzsche, desde INTROFILOSOFIA, nos permitimos sugerir el importante artículo del profesor Jesús González Maestro titulado El irracionalismo de las teorías de Nietzsche sobre la tragedia griega. http://www.nodulo.org/ec/2008/n081p13.htm

Ponemos a continuación un fragmento de dicho artículo, a modo de incentivo para continuar la lectura completa , pues nos parece un texto realmente fundamental para entender qué implicaciones sociales, políticas, antropológicas, e históricas, puede generar el actual pensiero débole – el pensamiento débil – , característico del posmodernismo que nos tiene sitiados férrea y a un tiempo, sutilmente.

FRAGMENTO INCIAL DEL ARTÍCULO DE JESUS MAESTRO SOBRE NIETZSCHE:

JESUS G MAESTRO :

Nietszche ha sido siempre un escritor muy valorado por quienes desde la impotencia, la cobardía o la sofística, han tratado una y otra de vez de renunciar al uso de la razón para explicar la verdad de los hechos, imponiendo, incluso a través de sistemas educativos estatales y académicos, esta renuncia a todo tipo de racionalismo al mayor número posible de personas. Los escritos nietzscheanos, pletóricos de metáforas psicologistas y de aberraciones autológicas, constituyen el principal arsenal de la inflamable sofística posmoderna. Algo muy semejante sucedió respecto al nazismo. Nietzsche representó para el fanatismo y la superchería hitlerianas toda una carta de navegación y de justificación genealógicas y teleológicas. El delirio racista persistente en todos sus textos, el irracionalismo fantasmagórico de sus prejuicios, y la destrucción o deconstrucción sistemática de la Lógica de la Filosofía por la tropología de la Retórica, han legalizado para muchos incautos la posibilidad de justificar cualquier disparate sólo por ser el «hecho de conciencia» de un individuo o de un gremio. Nietzsche es el más enfermizamente teológico de los escritores europeos. Es el Lutero del psicologismo decimonónico. Un místico del yo contra todo y contra todos. Un teólogo que sólo concibe la razón identificada con dios, de modo tal que si dios muere, la razón muere con él, privando así al género humano de cualquier posibilidad de ser un ser racional (Die fröhliche Wissenschaft, 1882: § 125). Nietzsche condena el mundo de la razón del mismo modo que un dios veterotestamentario castiga eternamente al ser humano que accede al conocimiento. Nietzsche no quiere que el hombre use la razón. De hecho, no lo concibe como una animal racional, sino simplemente como un animal. Nietzsche pretende en sus escritos la destrucción o deconstrucción de nuestro mundo racional, de modo que en su lugar sólo habiten la locura, la sinrazón y las más violentas pasiones, sin límite alguno. Nietzsche no quiere un mundo civilizado: quiere un mundo animal y místico, donde el ser humano sea una bestia onírica e inconsciente. He ahí el mito del superhombre. Los sueños, las imaginaciones y las supercherías alcanzan el mismo estatuto de realidad que los hechos de la vigilia, la verdades científicas o los axiomas filosóficos. Con Nietzsche, el psicologismo irracionalista y el autismo de la conciencia dispuesta a negar todas las evidencias se precipitan hacia la funesta cima de un orgasmo disparatado. Sólo con Nietzsche en la mente se puede tener la desvergüenza de afirmar la existencia de interpretaciones cuyos hechos causales y consecuentes no han existido jamás. No cabe mayor idealismo. Afirmar que no hay hechos, sino sólo interpretaciones, equivale a afirmar con todo descaro que no se tiene ni la más mínima idea de los hechos que se dice estar interpretando. Así actúa la posmodernidad, digna heredera de un tropoturgo de la talla de Nietzsche. FUENTE http://www.nodulo.org/ec/2008/n081p13.htm

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