Poema a un intelectual mexicano, Enrique Krauze, amigo del Nobel Octavio Paz, y no tan amigo del historiador y periodista argentino Gregorio Selser

Perseguido, Mandela; perseguido, Trotsky; perseguido, Assange. Éste es un simple lavador de fraudes electorales que se quedó sin contratos. pic.twitter.com/0tVwc8fss9— Pedro Miguel (@Navegaciones) March 17, 2019

PINCHAR EN EL ENLACE PARA VER EL POEMA , contra Krauze. Podíamos titular esta entrada como: El soneto a un mentiroso


SONETO A UN PALAFRENERO
Octavio PAZ, premio Nobel de Literatura

La importancia de las palabras, por su implantación en las relaciones sociales y políticas , queda aquí de manifiesto, cuando comprobamos cómo a partir de una sola palabra, PALAFRENERO, se desarrolla toda una polémica entre intelectuales, periodistas, y los lectores de prensa , dentro de la dialéctica de clases, de Estados y de grupos internacionales de poder.

Artículo del periodista Eduardo R Huchim, titulado El debate que no pudo ser. Donde se exponen detalladamente los hechos que dieron lugar a un duro enfrentamiento entre Enrique Krauze y Gregorio Selser, en el que intervino el Nobel mexicano Octavio Paz, y otros influyentes y conocidos escritores mexicanos.

http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/3907/pdfs/35-43.pdfhttp://www.revistadelauniversidad.unam.mx/3907/pdfs/35-43.pdf

Uno de los libros de Gregorio SELSER

Agregamos a continuación el texto completo del artículo mencionado de Eduardo R Huchim publicado en 2007 por Revista de la Universidad de México :

Paz, Krauze, Selser… 

El debate que 

no pudo ser 

AUTOR Eduardo R. Huchim 

FUENTEhttp://www.revistadelauniversidad.unam.mx/3907/pdfs/35-43.pdf

(Publicación del año 2007)

Eduardo R. Huchim hace aquí una minuciosa y valiosa recons- trucción de aquella reveladora polémica entre Enrique Krauze, Gregorio Selser y Octavio Paz en 1991. Rescate periodístico que, entre otras cosas, nos permite comprender cómo, a menudo, una pequeña errata provoca el desbordamiento de la pasión por encima de las ideas. 

El lunes 21 de enero de 1991, como a las 7:30 de la mañana, desperté sobresaltado, tras de haber dormido tres o cuatro horas. 

—No revisé la prueba “dura” —me dije y me agre- gué—: Si no la revisaste, a esta hora no hay nada que hacer. Ya el periódico está circulando. 

Y me volví a dormir. Pero en alguna parte estaba es- crito que aquella no sería una mañana tranquila. Apro- ximadamente a las once, mi esposa me despertó y me entregó la bocina del teléfono. 

—Te llaman del periódico —me dijo, y entonces supe que mi temor de las 7:30 tenía fundamento. 

—Señor Huchim… —me dijo una voz un tanto malhumorada. 

—¡Don Carlos, no me diga que se publicó lo de “palafrenero mayor”!1 

1 El Diccionario de la Real Academia Española define así esta pala- bra: Palafrenero. (De palafrén).m. Criado que lleva del freno el caballo. 2. Mo zode caballos. 3. Criado que monta el palafrén. En las caballerizas reales, picador, jefe de la regalada, que tenía de la cabezada el caballo cuando montaba el rey. 

—Sí le digo, y no sabe la que se ha armado. Ya nos hablaron Octavio Paz, Enrique Krauze y también algu- nos escritores de casa. 

—Hace unas horas desperté sobresaltado. Mi sub- consciente ha de haberme avisado que no revisé esa parte de la primera plana en papel, antes de mandarla al taller. Sin embargo, al menos dos personas revisamos el original electrónico y la corrección estaba hecha, igual que en la página del pase, en Mundo. 

—Pues no, se publicó lo de “palafrenero”, y la bronca ya se armó, y bueno hay que afrontarla. 

—Pues no sé si decirle que lo lamento, puede darse un debate interesante. 

—Si, así es. Ya veremos —se despidió Carlos Payán Velver, director general deLa Jornada, diario de la Ciu- dad de México del que yo era coordinador de edición. 

Gregorio Selser, nacido en Argentina el 2 de julio de 1922, era para entonces un reconocido periodista, historiador, conferenciante y profesor universitario. Autor de cuarenta y siete libros, ha sido descrito por Roberto Bardini como: 

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Un voraz autodidacta que creció en un orfanato para niños judíos en el que su única posesión fue un diccio- nario, trabajó como aprendiz de relojero y oficinista en una fábrica de cajas de cartón, realizó estudios secunda- rios en colegios nocturnos e ingresó a la Universidad en 1956, a los treinta y cuatro años. Para entonces, Selser estaba casado, habían nacido dos de sus tres hijas y co- menzaba a trabajar como reportero del diario La Prensa, de Buenos Aires, así que sólo pudo cursar menos del primer año de Sociología. 

Selser —añade Ba rdini— se transformó en uno de los escritores más prolíficos de su tiempo, sin equivalentes en América. Durante décadas dedicó —con la ayuda de su esposa Marta Ventura— casi dieciséis horas diarias a la recolección de la más variada información histórico- política y a la redacción de artículos que publicaba en diarios, revistas y agencias de noticias, además de la pre- paración de numerosos libros, clases universitarias y con- ferencias en México, América Central, los Estados Uni- dos y Europa. 

EL RESPETO A LOS ARTICULISTAS 

La historia había comenzado la noche del domingo anterior, 20 de enero de 1991, con un artículo de Gre- gorio Selser, destinado a publicarse en la primera pági- na de La Jornada del lunes 21. 

Cuando leí el artículo, me percaté de que tres o cua- tro veces el autor calificaba a Enrique Krauze como “palafrenero de Octavio Paz”. El artículo, como la gene- ralidad de los escritos por Selser, era interesante, bien informado y estaba redactado con buena prosa, a la que la innecesaria calificación a Krauze restaba seriedad y pulcritud. 

EnLa Jornada se respetaba escrupulosamente lo que los articulistas querían decir, incluso los títulos que le colocaban a sus textos. Contra las prácticas de muchos periódicos que atribuían a “la redacción” el derecho a definir los títulos, en ese diario se consideraba que éstos formaban parte indisoluble de los textos y, en conse- cuencia, debían ser respetados. Sin embargo, por excep- ción, se hacía alguna modificación de estilo al texto o se cambiaba el título para mejorarlo a criterio del editor. “Consúltele” o “Avísele” al autor era la instrucción que en esos casos emergía habitualmente de Carlos Payán. Casi todos los colaboradores de ese periódico aceptaban debuengradoyagradecíantalesmodificacionesexcep- cionales, pero si el resultado de la consulta era la nega- tiva y él o ella insistían, entonces el texto se publicaba tal cual. 

Convencido de que la calificación ofensiva empo- brecía el artículo y hacía descender el nivel del debate sobre la Guerra del Golfo Pérsico, busqué a Gregorio 

Selser por medio de Socorro Valadez Morales, la efi- ciente secretaria de Payán, a quien particularmente yo agradecía su presencia los domingos por la noche, por- que me ayudaba a resolver muchos de esos pequeños- enormes problemas que cotidianamente se presentan en las redacciones de los periódicos. Aunque no tenía la obligación de estar también los domingos, Socorro iba a trabajar y a hacerse cargo —además de los apoyos al editor— de su sección (que coordina hasta la fecha),Elcorreoilustrado,lacualafrontasuspropiosproblemas d e r i vados, principalmente, de que siempre hay muchas más cartas de las que admite el espacio de la página dos de La Jornada, plana que las cartas enviadas por los lec- tores comparten con el editorial de la casa. 

Los domingos —que en toda mi carrera periodística han sido laborables para mí— eran días singulares por- que yo me quedaba a cargo del diario —igual que los lunes—, aunque el director frecuentemente se comu- nicaba por teléfono. 

—Sin embargo —decía don Carlos—, el responsa- ble de la edición es usted. Si La Jornada comete un error, aunque yo se lo haya propuesto, la responsabili- dad será suya y no mía, porque usted es quien está, no yo. Así que no deje resbalar a su director. 

Y la prevención se cumplía a cabalidad, aun cuando generalmente coincidíamos, pues a veces Payán y yo di- feríamos y no siempre pre valecía la opinión del director. 

—Si cree que eso es lo correcto, órale. Adelante —decía don Carlos.

AUTOR NO LOCALIZABLE 

Y bueno, aquel domingo Socorro no encontró a Gre- gorio Selser, de modo que, como ocurría raras veces, le pedí que buscáramos a don Carlos para consultarle. Tele- fónicamente le expliqué el contenido del artículo y la dureza de algunas adjetivaciones, la peor de las cuales era la calificación de “palafre n e ro” que le asestaba a Krauze. Payán estuvo de acuerdo en que tal calificación abara- taba el texto y enterado de que el autor no estaba loca- lizable, lo pensó unos segundos y me dijo: 

—Quítele esa palabra todas las veces que aparezca, siempre que no le cambie el sentido a la opinión de Selser. —No tiene problema, don Carlos, la palabreja no le 

quita nada al texto, excepto la ofensa. —Bien, quítela y yo mañana hablo con Gregorio. 

Estoy seguro de que lo entenderá e incluso lo agradecerá. Procedí a la minisupresión en el primer párrafo del a rtículo y en las dos o tres veces más que aparecía la pala- bra “palafrenero”. El artículo tenía entrada en la pri- mera plana, con pase a la sección internacional. De la p o rtada se encargaba aquel domingo el periodista Héctor Zamarrón, quien luego habría de ser editor de la sec- 

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ción Ciudad del periódico Reforma y actualmente es el subdirector editorial del diario El Centro

Con Héctor hicimos la supresión de la primera pági- na en la computadora del sistema Crosfield y luego ha- blé con el editor de internacionales para hacer lo mismo en la página correspondiente. Horas después, revisé en la computadora —en la primera plana y en la dieciséis— que estas correcciones hubieran sido hechas, como efec- tivamente lo habían sido. Hice otra comprobación en la “p rueba dura” o de papel de la página dieciséis, corre s- pondiente a la sección internacional. La verificación era conveniente porque a veces, a pesar de hacer todo lo necesario, el disco duro no registraba los cambios. Esto fue lo que ocurrió en la primera página. A pesar de que en la pantalla la corrección estaba hecha, la computa- dora no la guardó aun cuando en presencia mía se le dio la instrucción correspondiente. 

Cuando me fue llevada la prueba en papel de la pri- mera página, revisé la cabeza principal, los créditos, el pie de foto, las cabezas de los artículos y otros detalles, p e rono verifiqué que la palabreja hubiera desapare c i d o del texto de Selser. De ahí mi sobresaltado despertar de horas después. Es posible que haya dejado de verificar la supresión porque mi atención se concentró en revi- sar la cabeza, bajadas y sumarios relativos a la llamada Guerra del Golfo Pérsico, cuya información —coordi- nada por Guillermina Álvarez y Marcela Aldama— fue muy elogiada por su amplitud, precisión y objetividad (la opinión era otra cosa). En aquellos días, el periódico tuvo tirajes extraordinarios (en torno a los cien mil ejem- plares), de los mayores en toda su historia, los que repe- tiría tres años después, con la rebelión del Ejército Za p a- tista de Liberación Nacional en Chiapas. 

Es curioso cómo funciona el subconsciente, porque éste sí registró la omisión y me la recordó horas después, cuando ya no había nada qué hacer. 

“EL PALAFRENERO MAYOR”: SELSER 

La cabeza principal del lunes 21 de enero de 1991 in- formaba que “Irak ataca otra vez a Saudiarabia”, comple- 

mentada con un “balazo” de que misiles iraquíes habían sido interceptados por cohetes de los Estados Unidos. Junto a ese título y a una fotografía del acorazado Wis consin disparando un misilTomahawk,estaba el artículo de Gregorio Selser, titulado “De falsificadores e hipó- critas” y cuyo largo primer párrafo decía: 

De haber dispuesto este cronista de la abundancia de espacio de que disfruta en el mensuario Vuelta el palafre- nero mayor de Octavio Paz, y de haber podido contar con el permiso para reproducir la abundante información que en la prensa europea volcaron los periodistas Pierre Salinger y Eric Laurente —entre otros— a propósito de parte de la administración de Bush, para provocar e inducir a Saddam Hussein a la invasión y ocupación de Kuwait, es probable que Enrique Krauze se hubiera medido antes de incurrir en las falsificaciones históricas y en las impu- taciones injuriosas que nos ha flagelado en La Jornada a quienes no compartimos la nueva muestra de barbarie internacional a que se han lanzado los Estados Unidos y sus países cortesanos, con la increíble e imperdonable bendición de la Organización de las Naciones Unidas, en su guerra petrolero —estratégica contra Irak. 

Selser se refería a un texto que Enrique Krauze había publicado un día antes, el domingo 20 de enero, tam- bién en la primera página de La Jornada, con el título “El transgresor y sus apóstoles”, dedicado a Aarón y Shabty Sulkes, donde el historiador consideraba inevi- table la guerra después de las acciones de Saddam Hussein y criticaba a “buena parte de la prensa que leen los uni- versitarios de México”, de la cual decía que “frente a los cambios copernicanos de fin de siglo, (…) ha renunciado a pensar: le basta condenar u homenajear, le basta decre- tar quiénes son de antemano los buenos y los malos”. 

Krauze también opinó: 

El velo ideológico distorsiona la línea editorial de varios periódicos que sólo ven en el conflicto la perenne respon- sabilidad de los Estados Unidos. Hemos llegado a tal extre- mo de hipocresía, simplificación y maniqueísmo, que nos cuesta trabajo disociar, matizar, distinguir fenómenos cuya 

A pesar de que en la pantalla la corrección estaba hecha, la computadora no la guardó aun cuando en presencia mía se le dio la instrucción correspondiente. 

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PAZ, KRAUZE, SELSER… 

Señor director y amigo: En La Jornada de ayer el señor Gregorio Samsa Selser llamó a Enrique Krauze “mi palafrenero mayor”. No, yo no tengo palafreneros porque no tengo establo pero, si lo llegara a tener, Gregorio Selser ocuparía 

su pequeño lugar en el pesebre de los burros. 

especificidad es obvia para cualquier observador de buena fe. Mirar con los ojos abiertos los crímenes de Hussein y condenarlos, no implica ninguna adhesión incondicio- nal ni permanente a los gringos, ni supone cerrar los ojos a las innumerables instancias históricas —Panamá es la más reciente— en las que los Estados Unidos ha burlado la legalidad internacional que ahora defiende. Pe rorecor- dar esos casos no debería bloquear la consideración espe- cífica de los momentos en que la acción norteamericana ha contribuido a la paz global y a la libertad. Las dos guerras mundiales y la actual en el Pérsico pertenecen a ese género. 

Krauze criticó con dureza las contradicciones de la izquierda, cuyos militantes, que “siempre caen parados”, no parten de la realidad ni les interesan las ideas, “par- ten de la doctrina y cuentan con el decidido y seguro aplauso de sus sectas (al cliente lo que pida)”. Añade que “están enfermos de ideología, pero su enfermedad es una máscara de un malestar moral más profundo e inconfesable: el resentimiento. A continuación, Krauze escribió el fragmento que probablemente provocó la ira de Selser: 

La animosidad contra Israel, cada vez más presente en nuestros diarios citadinos, es otra prueba del adocenamien- to intelectual que nos envenena y aletarga… La doble moral se ha vuelto característica de nuestra prensa en éste y otros temas. En el caso particular de la guerra del Pérsico, ningún diario de consumo universitario consi- deró siquiera elogiar el inusitado autocontrol israelí tras el ataque de Irak. Israel encabeza la lista de los malos y eso basta… Para colmo, en la actitud contra Israel se per- cibe un tema de fondo que muchos creíamos liquidado tras el Holocausto: me refiero al antisemitismo, prejuicio ajeno a un pueblo como el mexicano, formado en nociones profundas de igualdad natural, respetuoso de la diversi- 

dad, tolerante al extremo de haberse constituido siempre en puerto de abrigo para el perseguido de otras tierras. 

Es claro que al hablar de “la prensa que leen los uni- versitarios”, Krauze se refería fundamentalmente a La Jornada, cuya circulación era la más importante en ese ámbito y cuya línea editorial era abiertamente antiesta- dounidense, de modo que resultaba natural que Gregorio Selser, quien por esos días escribía más de una vez por semana sobre el tema, se sintiera aludido. La respuesta inmediata de Selser, cuyo inicio ya fue transcrito, decía en lo relativo al antisemitismo: 

Krauze expone exabruptos viscerales pero no argumen- tos documentales que no dudo que están a su disposición y que pudo tener en cuenta con un mínimo de buena fe. Ha optado por imputar “hipocresía, simplificación y mani- queísmo” a los numerosos editoriales deLa Jornada —periódico que le ha concedido un espacio queVuelta no otorga a sus leprosados— y tras conceder una tibia ecua- nimidad de cinco líneas en el espacio de una plana com- pleta para reconocer que con su salvajada en Panamá “los Estados Unidos ha burlado la legalidad internacional que ahora defiende”, nos propina la hijodeputez mayor de imputarnos motivaciones antisemitas. 

Con esta clase de sucias descalificaciones todo debate se torna fútil, a partir del elemental irrespeto hacia la opi- nión disidente contra la que manipula el imperio mayor del orbe. En lo personal puedo alegarle que en mis cuaren- ta años de periodista he escrito bastante más contra los nazis, contra el fascismo y contra el antisemitismo, que todo lo que haya producido Krauze a favor del liberalismo, la libert a d, la propiedad privada, la libre empresa y otras bienaventuranzas del imperialismo, el neocolonialismo y el hegemonismo expansionista de los Estados Unidos, del cual es servidor. Pero respeto demasiado a mis colegas de 

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La Jo rnada y de El NacionalExcélsior, El Día, unomásuno y Proceso, entre otros, para suponerles movidos por “el socia- lismo de los imbéciles”, como calificó Ma rx al antisemitis- mo, en sus análisis sobre el conflicto del Golfo Pérsico. 

Es tan falsa de toda falsedad su descalificación de “anti- semita” contra quienes no compartimos los crímenes de la medieval y feroz teocracia de Tel Aviv, como su olím- pica afirmación de que “Gorbachov no dudó en respon- sabilizar a Hussein de la guerra”. Como lo es por su incom- probabilidad su hipotética elucubración de que “después de Kuwait habría caído quizás Arabia Saudita y, tras ellas, uno a uno, los estados árabes que se hubiesen resistido a su hegemonía. El botín de petróleo y la destrucción de Israel se darían entonces, por añadidura (…) Hussein hu- biese estrenado un nuevo juguete: el botoncito rojo apun- tando a las ‘satánicas’ capitales de Occidente”. O sea la “teoría del dominó” dullesiana que sirvió de argumento para la genocida guerra de los Estados Unidos contra Vietnam, Laos y Camboya, reactualizada. 

Hasta para sostener esta conseja demuestra Krauze que es un pésimo lector de la historia reciente. Le des- mienten desde hace décadas pacifistas —humanistas israe- líes como Amós Oz, dirigente del Movimiento de Paz Ahora, y su conmovedora crónica publicada en The New Yo rk Times a continuación de la matanza de Rishon Letzion, cuando un oficial israelí puso en fila a dieciocho palestinos desarmados, a principios de 1990, y los asesinó utilizando el mismo método que Al Capone utilizó en Chicago cuando la masacre de San Valentín. Lo desmintió en el mismo periódico neoyo rquino el actor judío Woody Allen, cuando se preguntó acongojado cómo era posible que las piedras de los niños de la intifada fuesen retalia- das con ráfagas de ametralladoras. 

GREGORIO SAMSA SELSER: PAZ 

La reacción fue inmediata. Octavio Paz mandó una breve y contundente carta que se publicó el martes 22 en primera plana, en el mismo sitio que el artículo de Selser. Decía: 

Señor director y amigo: En La Jornada de ayer el señor Gregorio Samsa Selser llamó a Enrique Krauze “mi pala- frenero mayor”. No, yo no tengo palafreneros porque no tengo establo pero, si lo llegara a tener, Gregorio Selser o c uparía su pequeño lugar en el pesebre de los burros. 

Un párrafo y dos insultos aderezados con la caracte- rización de pequeñez. Uno implícito y literario (insecto, por la obvia alusión al personaje de Kafka) y otro explí- cito y asnal (burro). 

En la misma primera página, flanqueado por sen- dos textos de Pablo Gómez y Eduardo Galeano, Selser 

escribía de nuevo sobre la Guerra del Golfo Pérsico bajo el título “Cuando Hussein era un cumplido caballero árabe”, aludiendo a la venta de armas que un grupo de países había hecho a Irak en la década de los ochenta. Citando a The Independent de Londres, el periodista argentino comentaba que “el gobierno socialista de Fr a n- cia se había negado a proveer información sobre un sis- tema vendido a Irak, destinado a proteger a los aviones cazas contra los misiles estadounidenses”, lo cual resul- taba contradictorio por el alineamiento de Francia con los Estados Unidos, aunque probablemente se explica- ba por el deseo de mantener su imagen de “vendedora confiable”. 

El mismo día, en El correo ilustrado, se publicó la si- guiente carta de Carlos Monsiváis: 

SOBRE KRAUZE Y SELSER 

Señor director: Al responderle a Enrique Krauze por lo que considera sus hipocresías y falsificaciones, Gregorio Selser (La Jornada, 21 de enero) recurre a la descalifica- ción perentoria: “El palafrenero mayor de Octavio Paz” lo llama, y luego afirma: “(Krauze) propina la hijade- p utez mayor de imputarnos motivaciones antisemitas”. Lamento tales exclamaciones en un artículo en donde, por lo demás, se manejan información y razones. Precisa- mente en este momento, en medio de la gigantesca cam- paña de los massmedia que acompaña (y festeja) a la mons- truosidad belicista, es preciso redoblar esfuerzos para liberar el debate de los ataques ad hominem. Ya desde hace tiempo lo sabemos: recurrir al insulto, reducir al adversario a los límites de una frase feliz o desdichada, es permitir que se adueñe del escenario la prepotencia, aunque la intención sea muy diferente. 

Por otra parte, nunca está de más abordar el tema-pro- blema del antisemitismo. Creo que así surjan reacciones de antisemitas en nuestro medio, el antisemitismo en modo alguno forma parte de la vida social y política de México salvo en el caso de la ultraderecha, de los treinta al día de hoy. La devastadora experiencia del nazismo, el desarrollo de la tolerancia y la internacionalización cultural nos han librado, como sociedad, de ese oprobio. Aquí, el racismo que nos aflige es el practicado contra los grupos indígenas.

También, ni tiene sentido tachar de “antisemitas” a todas las críticas al comportamiento del gobierno israelí en los territorios ocupados (que ha merecido justas con- denas en todas partes), ni son admisibles las generaliza- ciones que sólo confunden. Por eso no entiendo esta frase de un escritor del prestigio y la trayectoria de Eduardo Galeano (La Jornada, 15 de enero): “¿Para que Israel pueda seguir haciendo a los palestinos lo que Hitler hizo a los judíos?”. 

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PAZ, KRAUZE, SELSER… 

A las opiniones de Monsiváis se sumó al día siguiente, miércoles 23 de enero de 1991, Miguel Ángel Grana- dos Chapa, con estas palabras aparecidas también en El correo ilustrado

SUSCRIBE GRANADOS CHAPA LAS OPINIONES DE CARLOS MONSIVÁIS 

Señor director: Casi siempre suscribo, mentalmente, lo que escribe Carlos Monsiváis. Ahora quiero sin embargo hacer explícita mi coincidencia plena con sus opiniones sobre los artículos de Enrique Krauze y Gregorio Selser, manifestados en la carta que ayer apareció en esta sección. 

También Homero Aridjis censuró la violencia verbal en los siguientes términos: 

SOBRE GUERREROS SANTOS Y PAX AMERICANA 

Señor director: Como hombre y como escritor, protesto ante expresiones y posiciones antisemitas de algunos de sus colaboradores, quienes aprovechándose de la Guerra en el Golfo Pérsico, emiten opiniones como verdaderos Sturm Abtelung (tropas de asalto) de la palabra. 

Lo que dice Eduardo Galeano sobre Israel, que está haciendo con los palestinos lo que Hitler con los judíos, me parece infame y exagerado. La violencia verbal utilizada por Gregorio Selser en su respuesta a Enrique Krauze cuan- do enumera los crímenes cometidos por el Estado judío contra los guerreros santos, es impropia y tendenciosa. 

Creo que en un conflicto como el que está ocurriendo en el Golfo Pérsico, con tantos odios desatados, y tantos daños que están sufriendo la humanidad y el medio ambien- te, la mejor posición es la que ha asumido un diario tan respetable como el suyo, que ha dado una información imparcial y mesurada, sobre todo en esta otra guerra de los medios y de las opiniones. 

Recordemos que el respeto a los individuos y a las naciones es la mejor manera de preservar la paz social y global. Porque la guerra no es santa, aunque lo digan los p rofetas de la violencia y sus cre yentes, ni lapax americana, aunque la ejerzan con las armas sus propugnadores. 

El mismo día se publicó esta breve carta de Carlos L. Wagner E., subdirector del semanario GUÍA: 

SE AGOTAN LOS ARGUMENTOS, OPINA 

Señor director: Desde el pasado domingo sigo con inte- rés el debate que en torno al conflicto del Golfo Pérsico 

sostienen Enrique Krauze, Gregorio Selser y Octavio Paz. Al respecto, sólo dos líneas: 

Cuando los argumentos se agotan, los epítetos y ofen- sas brotan. 

EN DEFENSA DE SELSER 

En el marco de una opinión pública polarizada sobre la Guerra del Pérsico, era natural que Gregorio Selser tam- bién recibiera manifestaciones de solidaridad. El pro- pio miércoles 23 de enero de 1991, se publicaron dos cartas de respaldo al escritor argentino. Sus textos fue- ron los siguientes: 

REIVINDICA BARDINI LA TRAYECTORIA DE GREGORIO SELSER 

Estimado Carlos: Se degrada Octavio Paz al insultar a Gregorio Selser. 

Conocí a Selser hace veinte años, cuando fui su alumno en la Facultad de Periodismo (lo conocía como lector, y lo admiraba, desde mucho antes). Creo que varias genera- ciones de estudiantes aprendimos de él, en sus clases y fuera de ellas, nociones de ética profesional y objetividad. Y sobre todo, nos enseñó a interesarnos tempranamente por América Latina en una época hermética en que Argen- tina se parecía mucho a Sudáfrica y no al país en vías de extinción que es hoy. 

Después di clases en esa misma facultad y acostum- braba a bromear con mis alumnos, casualmente, acerca de que si existiera el Premio Nobel de Periodismo, Selser era uno de los más sólidos candidatos. El chiste circuló en algunas salas de redacción, con un añadido: si se unieran todas las cuartillas que él ha escrito, se podría envolver al mundo. 

Gregorio es una de las personas más inteligentes y cultas que he conocido, y uno de los mejores periodistas latinoamericanos. Su honestidad y valentía rayan muchas veces en la temeridad. 

Gracias por el espacio, Carlos, y un saludo cordial. 

Roberto Bardini. 

EXPRESAN SU “DESAGRADO” POR LOS “INSULTOS” DE OC TAVIO PAZ A SELSER 

Señor director: Somos lectores asiduos de “la prensa que leen los universitarios de México” y queremos manifes- tar nuestro completo desagrado con la actitud adoptada por el laureado Nobel de Literatura, Octavio Paz, para asumir la defensa imposible del artículo del señor Krauze frente al trabajo de Gregorio Selser. Creemos que el señor 

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PAZ, KRAUZE, SELSER… 

Paz no debe disfrutar de impunidad para pretender dis- minuir, mediante insultos y ardides literarios, la valía de quien con pruebas y razones ha contribuido a desentra- ñarnos el complejo panorama internacional del que somos espectadores. 

María Novoa Po rtela, Alejandro de la Paz Toledo, Arturo Román Figueroa, Bernardor Dewers, Jorge Eduardo Carballo Arévalo, Juan Pedro Paniagua Escandón, Sergio Hernández, Antonio Zarur Osorio, Fernando Shultz, María de Lourdes Melgarejo A., profesores de la Universidad Autónoma Metro – politana (Azcapotzalco). 

NOSTRADAMUS Y EL AYATOLAH 

El mismo miércoles 23 de enero de 1991, junto a su cabeza principal que voceaba “Tel Aviv, atacada de nuevo por Irak”, La Jornada publicó en su primera pá- gina dos artículos: la respuesta de Enrique Krauze a Gregorio Selser y un texto solidario de Miguel Bonasso con el periodista argentino. 

Bajo el título “El ayatolah Selser”, Krauze comenzó escribiendo: 

Líbreme Dios de haber pretendido “flagelar” a quienes comparten el monoteísmo temático de Gregorio Selser. Aunque yo sí sentí el duro “flagelo” de sus anatemas (rabioso, doloso, palafrenero, servidor del imperialismo- neocolonialismo —hegemonismo— expansionismo y hasta proferidor de hijodeputeces), encontré consuelo en las simplezas de su propio artículo. Primero, su curiosa obsesión por el espacio, el lebensraum editorial: él que publica siete días a la semana en La Jornada y otros tantos en El Día, se queja del “poco espacio de que dispone”. En cambio, me reprocha el haber concedido sólo “cinco líneas en el espacio de una plana completa” a la invasión yanqui a Panamá. Por lo visto, Selser tiene una noción topográ- fica de las ideas: mide el pensamiento en líneas ágata. Como 

mi artículo sobre la Guerra del Pérsico era sobre la Guerra del Pérsico y no sobre Panamá, remito a Selser al número 159 de Vuelta, donde critiqué la invasión, en un texto de ciento cincuenta y seis líneas ágata. 

En el tercero de los cuatro párrafos de su texto, Krauze añadió: 

Es evidente que desde el siglo XIX los estadounidenses han desplegado una conducta imperialista que con frecuencia traiciona y contradice los ideales que los fundaron como nación. Es claro que el racismo y el ignorante desprecio a lo que está más allá de la “Fortress America” son rasgos profundos y detestables en esa cultura. Pero todo mi punto es que esta conducta ha tenido excepciones deci- sivas —como las dos guerras mundiales— y que negarse a verlas nubla la comprensión cabal de la historia moderna. El ayatolah Selser no las ve porque El ayatolah Selser no ve: El ayatolah Selser cree. Su monótona obsesión es alzar el dedo flamígero contra el Satán yanqui y los “jefes medievales y teocráticos de Tel Aviv”. ¿Qué es, entonces, Sadam Hussein? ¿Un jefe moderno y democrático? 

Por su parte, con el título “Nostradamus Krauze”, Bonasso escribió: 

Coincido con todos y cada uno de los conceptos ver- tidos por Gregorio Selser en su fulminante respuesta a Enrique Krauze, que La Jornada publicó en su edición de ayer. 

No voy a abundar, entonces, en una línea de argu- mentación que Selser ha sostenido con elocuencia y eru- dición. Es bien sabido que el Estado terrorista de Israel descalifica a todos sus críticos con el viejo mote de “anti- semitas”, omitiendo con mala fe que muchos de esos crí- ticos son analistas y observadores de origen judío. Me interesa más, como latinoamericano y como periodista, d e t enerme en otros aspectos del artículo de Krauze, pu- 

El artículo, como la generalidad de los escritos por Selser, era interesante, bien informado y estaba redactado con buena prosa, a la que la innecesaria calificación a Krauze restaba seriedad y pulcritud. 

42| REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO 

blicado también por La Jornada hace dos días, en los que este historiador insiste en distorsionar la verdad histórica para descalificar a sus oponentes… 

Conforme a mis pesquisas hemerográficas, el debate se cerró el jueves 24 de enero de 1991, con dos cartas de respaldo al periodista argentino y de rechazo a Octavio Paz y Enrique Krauze: “Los pueblos oprimidos necesi- tan de Selser”, de José Gabriel Alcocer Muñoz, y “La- mentable que los articulistas se cuelguen epítetos”, de Omar Sánchez Narváez. 

EN LA HORA DE LA MUERTE 

Esta historia no termina con la re c o n s t rucción resumida del debate sobre la Guerra del Golfo Pérsico, por más que éste contribuyó a arrojar luz —una luz múltiple, poliédrica— sobre lo que acontecía en aquellos lejanos sitios del orbe y que, no obstante, estaba tan cerca como la pantalla de televisión. La historia se prolonga unos meses más de aquel 1991, porque el recuerdo de tal episodio de esgrima intelectual que sin duda hizo mati- zar las percepciones en ambos bandos, acompañó lite- ralmente hasta la muerte a Gregorio Selser. 

El martes 27 de agosto de 1991, desde su residencia, Gregorio Selser “ejerció, a los sesenta y nueve años de edad, su derecho a morir” —como escribió La Jornada en el pie que acompañó a la foto publicada en el mismo sitio que siete meses atrás ocupó su artículo “De falsifi- cadores e hipócritas”—, aviso que anunció la muerte de quien “vivió con dignidad y valentía, y con los mis- mos atributos afrontó la muerte (…) como un hombre sin sombra de debilidad, se hizo cargo de su destino” (editorial de primera página “La humildad del sabio”, 28 de agosto de 1991). 

Un día antes de su muerte, el 26 de agosto, Selser escribió a mano una carta conmovedora, dirigida a Carlos Payán. He aquí su transcripción: 

Qu i e rosin embargo dejar constancia por escrito de mi gratitud a México, que me brindó sin condiciones techo, trabajo y tribuna (las tres T de que hablaba Genaro Car- nero Checa). Los casi quince años que viví aquí fueron quizá los más felices y productivos como periodista y profesor universitario. A cambio, siempre fui respetuoso de las leyes de México, a cuyo pueblo amé y al que deseé servir con mis trabajos. Me voy con la conciencia cabal de haber cumplido con el país y con su pueblo. 

Reciba usted, don Carlos, las expresiones más hon- das de amistad, atentamente, 

Gregorio Selser. 

Por su parte, enterado de la muerte de su antagonista y de la evocación a los insultos que le endilgó, Enrique Krauze escribió el 29 de agosto, en El correo ilustrado una carta que decía: 

Querido Carlos: Lamento mucho la muerte de Gregorio Selser. No lo conocí ni sabía que estaba enfermo. Me con- mueve su mención a la polémica. Selser perteneció al viejo y noble árbol de socialismo judío exiliado en América. En México debió vivir el exilio en exilio. ¿Cómo decirle ahora que no había razón para sus disculpas y su pesa- dumbre? 

***

Unas breves palabras finales sobre el debate que pudo no ser. 

Han pasado dieciséis años desde aquel 1991. El ata- que de los Estados Unidos a Irak se ha repetido, si bien de una forma más cruenta para ambos bandos. En este 2007 no sé si, de no haber mediado la falla informática que dejó la calificación de “palafrenero mayor de Octa- vio Paz” adjudicada a Enrique Krauze, no sé —digo— si la omisión de tal frase hubiera evitado el debate que se dio, porque de todos modos el cuestionamiento de Selser a Krauze era muy fuerte. 

Sí sé, en cambio, que el debate fue enriquecedor, pese a los excesos y furias ya descritos, y que esta historia acaso pueda ser aleccionadora para que la sociedad mexicana —en particular los actores políticos y socia- les, editores, conductores de medios electrónicos… — practiquen genuinamente la tolerancia y, rechazando la exclusión, busquen sin tregua la ocasión de escuchar y dar foro a quienes piensan distinto. 

También podría ser motivo, esta historia, para re f l e- xionar en que, fuere quien fuere el que lo profiera, el insulto debe ser evitado. No se trata de restar énfasis y pasión al debate, pero sí de evitar desbordamientos que empobrecen la discusión y pueden ser tan nocivos como el no analizar los argumentos del adversario. 

A Carlos Payán 

La Jornada 

México, 26 de agosto de 1991. 

Estimado Don Carlos: Le envío estas líneas para agradecerle por sus atenciones. Me he sentido muy orgulloso de pertenecer al equipo de La Jornada y sólo me queda la pesadumbre de haber in- sultado a Alponte y a Krauze. Ése nunca fue mi estilo y creo que me dejé llevar por la ira antes que por el cerebro. ¡Ojalá ambos tengan la tolerancia de disculparme! 

Tengo ya metástasis ósea y no deseo abrumarle con detalles, pero siento que los dolores varios que me produce me están quitando los deseos de escribir, es decir, de vivir. 

REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO | 43

Más información sobre la polémica actual ( marzo de 2019) relacionada con el papel de Krauze como intelectual al frente de una campaña contra el actual presidente de México, López Obrador aquí: https://www.infobae.com/america/mexico/2019/03/15/el-intelectual-mexicano-enrique-krauze-acuso-a-tatiana-clouthier-de-difamarlo/

https://www.infobae.com/america/mexico/2019/03/15/el-intelectual-mexicano-enrique-krauze-acuso-a-tatiana-clouthier-de-difamarlo/

El historiador y periodista Enrique KRAUZE

Comunidades judías en Alemania ( en alemán )

Mucha e interesante información sobre poblaciones judías a lo largo de Alemania

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http://www.jüdische-gemeinden.de/index.php/gemeinden/p-r/1648-rendsburg-schleswig-holstein

Poblaciones judías en Alemania

Materialismo Filosófico contra misticismo teológico- Filosófico germano

Desde Kant y su fuerte componente pietista , pasando por Hegel, se llega a Bismarck y luego a Nietzsche ,Heidegger y HITLER o Mussolini

Filosofía nihilista y otras irracionales posiciones

Entrevista a Julio Quesada, sobre el nazionalsocialismo y Heidegger


Martin Heidegger y el nazionalsocialismo

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Nazismo y política del ser, según Heidegger, desde la crítica de Nicolás González Varela

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UN TEXTO QUE ME PARECE IMPRESCINDIBLE PARA ANALIZAR Y CRITICAR EL ALCANCE DE LAS IMPLICACIONES POLITICAS DEL FILOSOFO ALEMAN MARTIN HEIDEGGER, DESDE SU VINCULACION CON EL NAZISMO

Entrevista a Nicolás González Varela sobre Heidegger. Nazismo y política del Ser (I)
Salvador López Arnal
Viernes, 16 de Junio de 2017 11:51
“La oscuridad de Heidegger, la denostada “jerga de la autenticidad” denunciada por Adorno es una barrera primigenia para cualquier lector incauto”
Nicolás González Varela es ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Ha estudiado Filosofía y Psicología y ha enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger, Graves, Negri, Marx y Pessoa, entre otros. Es autor de diversos artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Céline, Heidegger, Engels, Graves, Gramsci, Lenin, Stalin, Marx, Pound, Spinoza y colabora en distintos medios gráficos y digitales de actualidad y cultura. Sus últimas obras publicadas son: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos, Barcelona, 2010), Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur, Buenos Aires, 2011) y ha sido traductor y cuidador de la edición del Cuaderno Spinoza, de Karl Marx (Montesinos, Barcelona, 2012), así como de la edición de Sobre el suicidio, también de Marx (El Viejo Topo 2012). En 2013 publicó una edición crítica de textos de Fernando Pessoa: Política y profecía. Escritos políticos 1919- 1935.
Esta conversación -una versión parcial apareció en El Viejo Topo de mayo- se centra en su último libro Heidegger. Nazismo y política del Ser, publicado por la editorial Montesinos en 2017.
***
SLA: Mi enhorabuena por tu nuevo libro. Para entrar en el tema poco a poco. ¿Cuántos años de trabajo ha representado tu libro sobre Heidegger? La bibliografía abarca 33 páginas, incluyendo la obra completa de Heidegger, y son más de 800 las notas a pie de página.
NGV: Tienes toda la razón. Se condensa un trabajo de más de 20 años rumiando textos de y sobre Heidegger. Se puede decir que era un lector “ingenuo” de su Filosofía, como diría Barthes, la lectura escolar de superficie, hasta que tuve una primera conmoción sobre el tema de Heidegger y la Política, que implicaba directamente su militancia activa con el Nazismo. Leyendo a Herbert Marcuse, un artículo de 1934, descubrí que citaba literalmente textos
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desconocidos en español de Heidegger que lo presentaban como un ideólogo tosco y agitador de las ideas de Hitler. El momento de estupefacción académica dejó paso a la pregunta que inicia toda investigación: “¿qué pasa aquí?” Había leído a Heidegger con la anteojeras catedráticas, pero el Heidegger-Hyde, filósofo de barricada racista y anticomunista, me conmocionó. Esto fue mucho antes del libro de Víctor Farías de 1987. No podía creer que Heidegger pudiese considerar siquiera la posibilidad de votar y mucho menos de militar activamente en el Nacionalsocialismo.
Heidegger y el nazismo.
Exacto. Estamos hablando de principios de los 1980’s, la mayoría de sus textos más cercanos a lo político eran inhallables, inaccesibles, no se podían leer ni siquiera en alemán en sus “Obras completas” (llamémoslas así). Gracias a un dossier sobre Bloch y Heidegger (a cargo de Richard Wolin) en un prestigiosa revista de germanística de los EEUU, New German Critique, era ya el año 1988, pude leer en inglés por primera vez los textos que escandalizaban el mundillo académico. Se trataba de la traducción de los textos más importantes de su compromiso político con el SS-Staat, que había compilado en una edición de autor un (indignado) exdiscípulo de Heidegger, Guido Schneeberger, libro aparecido en Suiza en 1962. Mi primer instinto filosófico fue intentar traducirlos del alemán y entregarlos rápidamente al lector español, tarea que inicié consiguiendo el ejemplar de Schneeberger, la “edición princeps” del Heidegger político. No quedó mi tarea allí: busqué más material importante de Heidegger sobre el tema, así como testimonios de profesores, discípulos o de su correspondencia. Conseguido ese punto cuantitativo de acopio material, proceso tortuoso en esos años, trabajé en un tosco estudio preliminar que presentara ese Heidegger desconocido y shockeante. El libro estuvo a punto de ser editado en la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), de la cual fui editor, pero se frustró su salida por problemas de derechos de autor y exigencias de la política editorial de los albaceas de Heidegger. Esa introducción fue creciendo en las sombras, ampliándose, incorporando todos los escalones del debate, los nuevos materiales de que disponemos, para transformarse en una obra más exhaustiva. El producto de todo ello es el libro que presentamos, que ha intentado explicar el nexo necesario entre la Filosofía existencial de Heidegger (sin dudas junto con Wittgenstein, el filósofo más decisivo del siglo XX) y su disposición por incorporarse al proyecto de Adolf Hitler. Pero además, Con Heidegger es una especie de trabajo militante, de crítica a la ideología casi profesional, buscando la médula espinal de esa reacción filosófica llamada “Postmodernismo”. El ensayo debe ser
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autosuficiente del inicio al final, el lector no debería necesitar nada externo a él, salvo la precisa inserción de la cita erudita, ese URL del siglo XVII. La cita erudita en una nueva valencia crítica, además de cumplir una función formal “antidilettante”, es la posibilidad infinita de la intertextualidad, la deriva del conocimiento, la plenitud de la cadena infinita del conocimiento. Pero además el uso de la cita erudita es hoy es ir a contracorriente, es una postura ideológica precisa, antipostmodernista. La cita erudita instrumentada en esta función histórico-crítica incuba un nuevo texto, un nuevo sendero del pensamiento.
SLA. Junto con Wittgenstein, acabas de afirmar, Heidegger es el filósofo más decisivo del siglo XX. ¿Por qué? Más allá de mis simpatías y fobias, déjame citarte otros filósofos que también han sido muy decisivos: Bertrand Russell, Walter Benjamin, Antonio Gramsci, Karl Popper, W. O. Quine
NGV: “Decisivos”, Salvador, no en el sentido de mi canon personal (creo que hay más que esos dos nombres ilustres) sino en el desarrollo hegemónico, amplio, imperial, de la idea de Filosofía occidental que tenemos actualmente. No hablo de mis preferencias (todos tenemos nuestra listita secreta) sino el impacto de larga duración y el grado de amplitud de ese impacto, incluso a nivel institucional…
SLA: ¿Qué lector busca tu libro? ¿Los especialistas, los filósofos académicos?
NGV: Los libros tienen su destino, pro captu lectoris habent sua fata libelli decían los
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romanos… Lo que primero se nota en un (buen) ensayo, sea cual fuera su extensión, como decía Schopenhauer, es si el autor realmente tenía algo que decirnos, el resto viene por añadidura… Si lo he logrado con este ensayo mi tarea casi se ha cumplido. Tengo una tendencia a que los ensayos, por definición arbitrarios en forma y contenido, puedan incorporar niveles de lectura distintos, horizontales o verticales. Quizá sea alguna hipoteca de lector múltiple o un pecado de librero. Creo que la misma forma del ensayo le empuja hacia la propedéutica, lo acerca a la ilustración, hacia lo escolar… los alemanes tienen un proverbio muy bueno que dice “Der Essay ist der große Bruder des Aphorismus”, o sea: el Ensayo es el Hermano mayor del Aforismo, con todo lo que esto significa en términos comunicativos, informativos y de figuras retóricas. El término ensayo tiene una curiosa etimología del Latín, ya que proviene de “exagium”, la acción de (so)pesar algo, poner a prueba o examinar una cosa… Intento siempre que el ensayo tenga al mismo tiempo una función pedagógica indirecta, que anule la jerga de la autenticidad académica, evitando la popularización, la escolarización obligatoria, la subestimación final del lector. Al mismo tiempo, no sé si a veces lo logro, pienso el ensayo como una pequeña estructura literaria, una suerte de ensayo-historia, ¿ensayo-cuento?, cuya primera parte atraiga la atención desde el incipit y conduzca a aguas más profundas a través de la curiosidad y la estrategia indirecta. Es de alguna manera ordenar las cosas de otra forma. De alguna manera, y esto ya lo intuía Hegel, el ensayista crítico sólo dice a través de la configuración del texto, pero sin dejar que ella participe. Parafraseando a Goethe, el ensayo debe deja entrever lo preciso, lo iluminado, no la luz cegadora. El ensayo debería ser un lanzamiento de anzuelos, con señuelos distintos para cada recepción y para cada interés, con su estructura argumental y lógica de punta-ojo-curva-cuello-brecha. El ensayo debe “tutear” al lector, hablarle de vis-á-vis, ¿como en una mesa de café?, abrir la posibilidad de ir más allá y más acá del tema. La lucha del ensayista contra la violencia del dogma, del concepto sin movimiento, consiste precisamente en este dislocamiento, de descentrar la ley de gravedad oficial sobre cualquier obra, persona o suceso, en este caso Heidegger. El (buen) ensayo es eminentemente anticartesiano, ya no hay nada claro y distinto. El producto creativo de este proceso sería que el a posteriori, el ensayo, termina siendo al final de la lectura el a priori para el lector… El libro de Heidegger busca esta idea ensayística, va al encuentro de todas estas vocaciones y a los lectores que puedan responder a ellas, desde el interesado en Filosofía, en la Historia, en la Política, en el Nacional-Socialismo o en el Fascismo europeo o también, por qué no, el especialista académico. Creo el cumplir con lo que el buen ensayo siempre fue desde su origen: la forma crítica par excellence…
SLA: Gracias -hablo desde el punto de vista de lector- por el léxico heideggeriano que has incluido. ¿Están ahí los conceptos centrales de su obra?
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NGV: Lo del léxico lo sentí como una necesidad casi de cualquier lector para poder alcanzar una comprensión mediana de la compleja Analítica existencial de Heidegger, tal como se expone en el libro. Es a la vez un instrumento de lectura y una herramienta de estudio, lamentablemente no cubre ni siquiera las categorías y conceptos centrales de sus obras, tarea ciclópea que ya algunos han intentado, sino los más utilizados y centrales entre 1919 y 1945, y que usamos de manera intensiva en el libro. O sea: se trata de una pequeña muestra categorial. Heidegger tiene una característica creativa muy especial entre los filósofos profesionales, que ya notaron sus contemporáneos: una enorme y desbordante creatividad, una inquietud filosófica que genera un vertiginoso devenir en su pensamiento y en la misma categorización de ese pensamiento. Su apodo entre sus amigos y círculo académica era precisamente “Dínamo”. Heidegger es tan rico, complejo, variable y creativo que necesitaría un léxico casi por obra escrita.
SLA: Heidegger, dices, es tan rico, complejo, variable y creativo…¿y oscuro? ¿Heidegger es un también un pensador oscuro como decimos o hemos dicho a veces de Heráclito?
NGV: Bueno, ¡o el mismo Hegel! La “oscuridad” de Heidegger, la denostada “Jerga de la Autenticidad” denunciada por Adorno, incluso para quién maneja los trucos técnicos del filósofo profesional, es una barrera primigenia para cualquier lector incauto. Uno se encuentra con un planificado hermetismo, choca con “Heidegger, el Oscuro”. Muchas dificultades se encuentran en el (hiper) cripticismo exasperante del Grand Stil heideggeriano, que sabemos fue una táctica buscada y refinada, pero que no solo es una cuestión estilística sino que remite a su propia Filosofía y, como no, a la Historia del Ser. Heidegger logró conformar textos filosóficos “exotéricos/esotéricos” al mismo tiempo, en los cuales lograba transmitir el sentido correcto de sus ideas. Este obstáculo terminológico se engarza y confunde con la propia tarea explícita heideggeriana, su radical Sprachkritik, crítica al Lenguaje, una de las funciones fundamentales de la Fenomenología hermenéutica: tomar el vocabulario dominante en la propia Ciencia y el glosario del sentido común (hipotecado en un nivel onto-teológico) para transformarlo críticamente, con violencia: el proceso de Abbau-Erwiderung. Para Heidegger todos los títulos esenciales en Filosofía (pero no sólo) se han vuelto imposibles por el desgaste de todas las palabras fundamentales y la destrucción de la genuina relación de la palabra con la cosa. De tal manera que, a través de esta destrucción-transformación, nuestra propia arraigada jerga
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nos ayude a describir mejor fenómenos e incluso las cosas mismas que antes eran imposible de describir- Obviamente lo “político” y sus categorías también deberán soportar este proceso tormentoso de Destruktion para su reinicio auténtico y originario. Es decir: la complicación en Heidegger, invirtiendo el caso de Hegel y su Dialéctica, excede la que le impone el contenido. Heidegger defendía ya en 1925 su terminología y su jerga revolucionaria, llena de arcaísmos y neologismos de esta manera: “si nos vemos en la obligación de introducir aquí palabras pesadas y que quizá no resulten bonitas, eso no se debe a un capricho mío, ni se basa en una afición especial a una determinada Terminología, sino que responde a las exigencias de los fenómenos mismos… No hay que escandalizarse por el hecho de que tales formulaciones aparezcan con frecuencia… las ciencias, y menos la Filosofía, no pueden presumir de una terminología más bonita… Nuestro tema de investigación no es una cosa extraña y desconocida, sino, por el contrario, la más próxima, por lo cual puede inducir a ver falsamente”. Pero Heidegger siempre advierte que este recurso ortográfico nada tiene de extravagancia o moda, no es sino la fachada exterior de un esfuerzo radical y profundo para desvincularse-superar el Lenguaje contaminado de la Metafísica, y en primer lugar del concepto tradicional del Ser. El Lenguaje y su consideración, para Heidegger, se atascan en formas rígidas “como en una Red de Acero”…
SLA: También es muy útil la cronología, la sección “datos biográficos” del ensayo. Dos o tres preguntas sobre ellos. ¿Por qué exigió Heidegger la publicación póstuma de la que creo que fue su última entrevista, la de Der Spiegel?
NGV: Bueno, podría hablarse de una auténtica “Aktion-Heidegger”. La historia es digna de una conspiración: el cuidadoso reportaje (póstumo como bien señalas) apareció el 31 de mayo de 1976, después de la muerte de Heidegger según expreso pedido de él mismo. La entrevista se realizó en su propia casa, con un convenio explícito aún no hecho público. Erhart Kästner, gran amigo y estratega de la defensa de Heidegger, y H.W. Petzet, su hagiógrafo, convencieron a Heidegger, a comienzos de 1966, precisamente cuando el tema de su adhesión al NSDAP se estaba debatiendo en “Der Spiegel” debido a la aparición del libro de Alexandre Schwan en 1965, para que le concediera una larga entrevista a la revista, con el objeto de defenderse. Esta entrevista, muy bien preparada inclusive en sus preguntas, y que después fue corregida por Heidegger, se llevó a cabo al término del verano de 1966. Este documento planificadamente “póstumo” (lleno de verdades a medias o pre-fabricadas) es, junto con “Tatsachen und Gedanken” publicado por su hijo Hermann Heidegger en 1983, los dos
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informes “justificativos” oficiales sobre su actividad en los años 1933/1945. El reportaje fue supervisado por el mismo director de la revista, Rudolf Augstein, el chefredakteur Georg Wolf (curiosamente un exoficial de las SS/SD, es el que diseñó la entrevista y lleva la voz cantante), el mismo Petzet y la fotógrafa D. Meller-Markovic. Se trataba de “fijar” desde la autorictas de Heidegger las líneas fundamentales de interpretación de su compromiso político y de la relación de su Filosofía con la Política. Incluso en esta entrevista Heidegger no tiene ningún tapujo en seguir reconociendo en el Nacionalsocialismo, a pesar de sus errancias y desvíos, a pesar de sus crímenes a la Humanidad, a pesar de ser un régimen agresor y racista, tanto el rasgo ontológico de “Grandeza” (Grosse) como el de poseer una “Verdad interna” (inneren Warheit). Hemos hecho una traducción cuidadosa del reportaje con un aparato de citas que puede consultarse en Internet. Heidegger exigió que no hubiera “preguntas inquisitoriales”, y controló toda la entrevista, su corrección y su forma final. No se pregunta sobre su compromiso con el NSDAP antes de 1933, no se le interroga por su afiliación pública al partido nazi, etc. Como fue grabada en cinta, puede incluso percibirse el tono de sumisión-veneración del entrevistador. Lo llamaría con diplomacia una suerte de “consentimiento sumiso” que tiñe todo el reportaje. Aquí Heidegger pudo establecer el canon de defensa para el Futuro. Es al mismo tiempo su testamento filosófico-político definitivo (o al menos eso creía).
SLA. Grabada en cinta, no lo sabía, no había pensado en ello. ¿Es pública? ¿La has podido escuchar?
NGV: No lo sé, pero no lo creo. He leído parte de sus transcripciones en un libro exhaustivo que investiga el trasfondo sobre la entrevista de un investigador alemán, Lutz Hachmeister…
SLA: Te pregunto a continuación sobre los versos que recitó su hijo Hermann el día de su entierro,
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NGV. Cuando quieras.
Entrevista a Nicolás González Varela sobre Heidegger. Nazismo y política del Ser (II)
“Entre Heidegger y Arendt se establece una relación de dominio unilateral, asimétrica, de autoridad de su persona y su filosofía sobre ella”
Salvador López Arnal
Nicolás González Varela es ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Ha estudiado Filosofía y Psicología y enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger, Graves, Negri, Marx y Pessoa, entre otros. Es autor de diversos
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artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Céline, Heidegger, Engels, Graves, Gramsci, Lenin, Stalin, Marx, Pound, Spinoza y colabora en distintos medios gráficos y digitales de actualidad y cultura. Sus últimas obras publicadas son: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos, Barcelona, 2010), Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur, Buenos Aires, 2011) y ha sido traductor y cuidador de la edición del Cuaderno Spinoza, de Karl Marx (Montesinos, Barcelona, 2012), así como de la edición de Sobre el suicidio, también de Marx (El Viejo Topo 2012). En 2013 publicó una edición crítica de textos de Fernando Pessoa: Política y profecía. Escritos políticos 1919- 1935.
Esta conversación, una parte de la cual se publicó en El Viejo Topo del mes de mayo, se centra en su último libro Heidegger. Nazismo y política del Ser, publicado recientemente por la editorial Montesinos.
***
SLA: Nos habíamos quedado en este punto. ¿Qué versos fueron los que recitó su hijo Hermann el día de su entierro? ¿Nos los traduces? ¿Por qué Hölderlin?
NGV: Heidegger fallece el 26 de mayo en Freiburg, Zähringen; es enterrado en su pueblo natal, Messkirch, el 28 de mayo y sobre su tumba su hijo Hermann recita, según sus deseos, los siguiente versos de Hölderlin: Brod und Wein (cuarta estrofa), An die Deutschen (primera y segunda estrofa), Versöhnender, der du nimmergeglaubt, Der Titanen y Brod und Wein (tercera
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estrofa). Es muy sintomático, pero incluso en el momento de su despedida del mundo de los vivos, Heidegger quiso reafirmar su versión oficial de su compromiso con el Nacionalsocialismo. ¿Heidegger cometió una “travesura” porque se sintió mayor para intervenir en la Política? ¿el filósofo debe ser siempre por definición un indigente en su praxis y un opulento en la teoría? Como en una suerte de (falso) epitafio de su vida filosófica Heidegger pidió expresamente que recitara su hijo y albacea literario Hermann la verdad encerrada en especial en la primera y segunda estrofa del poema: “A los Alemanes” de Hölderlin, que dice así:
“Nunca se burlen del niño, cuando sólo comete travesuras
creyéndose mayor y atareado sobre su caballo de madera
¡Oh, nuestra bondad! También nosotros somos
pobres en actos y ricos en pensamientos
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Pero: ¿viene, tal como el rayo surge de las nubes,
de un pensamiento acabado una acción espiritual y madura?
¿Surge la acción, como el fruto de las sombrías
hojas del follaje, del escrito apacible?”
En cuanto a Hölderlin debemos señalar que en una etapa de su pensamiento “meta) político Heidegger recurre al poeta en su etapa madura, más reaccionaria, ya no es el joven Hölderlin, amigo de Hegel, que plantaba árboles revolucionarios en honor de la Gran Revolución francesa, no es el romántico republicano idealista de su juventud, sino el tardío reaccionario, el de la disposición apocalíptica heroica y contra-ilustrada…
SLA: ¿Cómo consiguió recuperar Heidegger la venia docenti que le fue retirada previamente? ¿Fue decisiva la intervención de Hannah Arendt?
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NGV: En el proceso de des-nazificación que las fuerzas aliadas, en este caso la zona de Freiburg quedaba bajo jurisdicción francesa, la épuration, Heidegger fue investigado, calificado de “nazi típico” y por poco no le fueron confiscados todos su bienes personales, incluida su biblioteca tan querida. Como consecuencia se le retira por tiempo indeterminado la llamada venia docenti (que había obtenido en 1916 con un trabajo sobre Duns Scoto). Después de tener una gran crisis nerviosa, Heidegger se resguarda en su cabaña de Todnauberg, se siente perseguido, incomprendido y proscripto se mantiene en silencio. En 1949 cumple 60 años, una edad que en la academia alemana es una milenaria tradición festejar al catedrático de turno con homenajes, escritos hagiográficos y libros conmemorativos, es la época en que se está por constituir la República Federal de Alemania (RFA), se entendía que la desnazificación y la justicia aliada ya habían terminado su tarea. Parecía el momento para “liberar” al castigado Heidegger de su situación de limbo jurídico. La Facultad de Filosofía de Freiburg, con mayoría conservadora, propone dados los nuevos tiempos y el enorme interés “de todo el Mundo” por su pensamiento, re-integrar a Heidegger su nómina y todos sus derechos como funcionario, discusión que se traslada al Senado académico. Éste termina aprobando por una exigua mayoría la medida. El artífice de esta “reparación” no fue Hannah Arendt sino Max Müller, titular de la cátedra de Filosofía cristiana y discípulo de Heidegger, quién logró reunir informes de expertos del extranjero, por ejemplo Romano Guardini, para impresionar al Senado acerca de la estatura universal de la Filosofía heideggeriana. También ayudó el inicio de la Guerra Fría, cuando la contradicción Liberalismo-Nazismo había dejado de ser la principal. La Facultad finalmente le otorga una pensión extraordinaria (a pesar que Heidegger no había cumplido legalmente los 62 años) y el levantamiento de la prohibición de enseñar. Otra parte del papel principal en esta rehabilitación recayó además sobre el rector de la época, Tellenbach y un grupo mayoritario de profesores conservadores de la Universidad.
SLA: Por cierto, relacionado con lo anterior, ¿hay alguna vinculación filosófica entre el pensamiento de Arendt y el de Heidegger?
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NGV: Entre Heidegger y Arendt se establece una relación de dominio unilateral, asimétrica, de autoridad de su persona y Filosofía sobre ella. Tenemos que retrotraernos al año 1924, la ciudad es Marburg. Una estudiante de familia judía de dieciocho años desembarca en la estación del ferrocarril ansiosa por estudiar con un tal Martin Heidegger. Arendt procedía de una familia de una ciudad que ya no existe (Königsberg, la patria chica de Kant); su daemon filosófico despertó después de leer “Kritik der reinen Vernunft”.
La Crítica de la razón pura de Kant.
Exacto. Dominaba el griego y el latín. Su primer viaje fue a Berlín, buscando la sabiduría del teólogo-ensayista veronés, Romano Guardini (el mismo que con su informe ayudará a re-establecer la ‘venia docendi’ a Heidegger en 1949), cuando oyó rumores sobre un “fenómeno” en la enseñanza de la filosofía: “El nombre recorrió toda Alemania como el rumor sobre un rey secreto…” recordaba Hannah en 1969. Preguntas con razón: ¿Tuvo este amor profundo pero clandestino, la suficiente fortaleza como para crear una convicción en la perspectiva filosófica? Heidegger había confesado que Hannah había sido sin duda la musa de su gran obra incompleta (“sin ella no habría podido escribir nada”). Recordemos que desde 1922 Heidegger estaba construyendo (aunque no lo sabía) los borradores de su opera magna: Ser y Tiempo. Lo cierto es que el voltaje del romance aumenta y aparecen en la estructura primitiva del Dasein nuevos continentes teoréticos abiertos por la propia experiencia. La primera figura relacionada con el amor es el “ser-con-otros”, categoría inexistente hasta 1925, el “Mit-Sein/Mit-Dasein”, introducida subrepticiamente para articular el encuentro con el Otro, pero lo otros que comparten la autenticidad conmigo: otros que “son aquí con” (mit da sein) mí” y yo soy “con (sein mit) el Otro”. El otro no es todos los demás, sino más bien aquellos entre los cuales uno “es”. La propia pasión en Hannah es la que le permite superar las aporías de la comprensión de la subjetividad de su maestro y mentor Husserl. Heidegger descubre un camino que va desde su propia praxis hacia la aprehensión de una fenomenología crítica. Muchos especialistas deducen esta aufheben heideggeriana en su hermenéutica obsesiva sobre Aristóteles, pero eso es insuficiente para explicar esta nueva constitución del Dasein, del “ser-ahí” como praxis humana unitaria. La relación con Hannah, finalmente, es la que le permite abandonar la teoría tradicional de la autoconciencia (entendida como un repliegue del alma sobre sí misma) y entender el Dasein como obligado a “tener-que-ser” (Zu-sein). Es la propia concepción de Heidegger, para quién la teoría es una forma de praxis. Y esta auto referencia de tipo eminentemente práctico no se desarrolla sólo por medio de los actos
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intelectivos superiores sino que pasa por los actos más inferiores: pasiones, estados de ánimo, afectos, las Stimmungen: es decir a través de los componentes sensibles, pasivos, carnales de la vida humana. Otro concepto clave que aparece en la época del romance es el de “Befindlichkeit” (disposición), que eleva a potencia ontológica las determinaciones del sujeto que tradicionalmente se trataban en la teoría de las pasiones: pasividad, receptividad, finitud, angustia, miedo, corporeidad, erotismo. Heidegger quiere indicar que el Dasein está constituido originariamente por momentos turbios, opacos, contradictorios, por el caos de afectos y pasiones.
¡Quién lo diría! Ni lo sospechaba.
En las cartas encontramos el lado explotador del Meister: órdenes, códigos cifrados, excusas sobre la doble vida, cursilerías de un hombre casado, temores; del lado de Hannah una perversa y total entrega. Finalmente, por presiones de Heidegger, Hannah “se obliga” (como el primer soldado del Tercer Reich, Albert Leo Schlageter) a marcharse a otra Universidad, recomendada por Heidegger a otro mandarín del existencialismo: Karl Jaspers. Se las arreglará para seguir con encuentros furtivos y cada vez más fugaces. Como el funcionario Klamm, en “El Castillo” de Kafka, dispone a voluntad de Frieda. Con Jaspers desarrollará, ¡como no!, su tesis doctoral sobre el concepto de libertad y amor en San Agustín: “Augustinus und das paulinische Problem der Freiheit”. Aprovechará para criticar el sesgo utilitarista y manipulador del “Ser-en-el-mundo”: el objetivo de su trabajo es desarrollar una visión del mundo que Heidegger ha olvidado, “el mundo concebido como lo ven los amantes del mundo”. La reconciliación vendrá después de la guerra y la caída del nacionalsocialismo, en 1950. Arendt, que lo siguió amando, le perdonará todo: la adhesión al nazismo, su admiración por Hitler, su silencio cómplice de posguerra (duramente censurado por Marcuse o Celan), se transformará en su agente literario, revisará traducciones y contratos, se cree de cabo a rabo la leyenda propagada por el mismo Heidegger de que fue un “resistente espiritual” desde su cátedra, exonerará de todo fascismo a su sistema filosófico (mientras Adorno afirmaba que la filosofía de Heidegger es fascista “en su núcleo más íntimo”), le dedicará explícita (su libro póstumo, “The Life of the Mind” lleva una cita completa de Heidegger) o implícitamente (dixit Hannah: mi obra “Vita Activa”, le escribe en otra carta, “te debe casi todo en todos los aspectos”) todas sus obras de madurez. Curiosamente su “heideggerianismo de izquierdas” nunca la abandonó, llegando a defender liquidar el sufragio universal, el elitismo natural de los grandes hombres, y las oligarquías aristocráticas en política: “el modo de vida político nunca será el de la multitud”.
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Arendt además ayudo a la expansión planetaria de Heidegger e incluso a permitirle tener una cierta “aura” de respeto académico. Arendt parece mantener las posiciones sobre la Historia del Ser, incluso el antimodernismo y antibolchevismo, de Heidegger! Actualmente existe un polémico estudio de Emmanuel Faye sobre las raíces diríamos “racial-populares” de la teoría de Arendt, una “contaminación totalitaria” que se mantiene en segundo plano, que nunca dejó de ser una conservadora alemana modélica [1] La pregunta es: ¿cómo una autora puede al mismo tiempo conciliar una defensa hiperbólica de Heidegger in toto y realizar una crítica eficaz al Totalitarismo nacionalsocialista o al caso Eichmann?
SLA: ¿Y es posible, en tu opinión, esa tarea? ¿Tu pregunta es retórica?
NGV: Creo que es imposible para Arendt hacerlo de manera eficaz y hasta la última consecuencia. Y este déficit se nota a lo largo de su obra sobre el Totalitarismo. Su raro juicio sobre Eichmann, la peligrosa idea de la “Banalidad del Mal” de los verdugos voluntarios y fanáticos es una suerte de confirmación ex post, posterior de su condonación a Heidegger…
SLA. Antes de que me olvide, has hablado de Celan. ¿Su poesía, su poesía a veces digamos oscura, es una poesía heideggeriana?
NGV: Soy un gran admirador, lector y re-lector de la obra de Celan (Celan es anagrama de Ancel, su apellido judío en rumano), que lamentablemente no es muy extensa. La situación aquí es a la inversa: Heidegger es el que podría denominarse “celaniano”, fue a iniciativa de
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Heidegger que se produjo el famoso (des)encuentro en la cabaña de Todtnauberg en 1967, luego de recitar sus poemas en Freiburg con gran éxito. Heidegger veía en la poesía de Celan un vigor filosófico y una búsqueda de nuevas relaciones entre la palabra y la cosa (neologismos, cripticismo, rodeos verbales). Celan en un primer momento rechazó la petición de Otto Pöggeler de hacerle una dedicatoria a Heidegger en su libro Rejas de lenguaje ya que consideraba inapropiado que su nombre se viese vinculado al de Heidegger. Celan había sufrido primero la invasión de la URSS de Bukovina en 1940, con deportaciones de familiares y amigos a Siberia; después la invasión alemana de 1941 a la URSS y el horror de la solución judía de Hitler, su familia internada en un ghetto, sus padres aniquilados, él se salvo de ser eliminado en un campo de la muerte en Moldavia por el avance del Ejército Rojo. Celan en su visita esperaba de su admirador-lector Heidegger al menos un “beu geste” de arrepentimiento explícito sobre su relación con el Nazismo, cosa que Heidegger no hizo, ni haría en el futuro. Hoy sabemos que Celan fue un fino y crítico lector de Heidegger a partir de 1951, pero nunca fue un heideggeriano. De ese tenso encuentro, Celan incluso se negó a fotografiarse con Heidegger, surgió el poema “Todtnauberg”, donde convierte el senderismo con el filósofo por la Selva Negra en un descenso a los infiernos del Nacionalsocialismo. En el libro de visitas de la cabaña, Celan escribió: “Al libro de la cabaña, con la mirada a la estrella de la fuente, con la esperanza de una palabra venidera del corazón”. La rara mención a una “estrella de la fuente” tiene su explicación: era un surtidor de agua en el exterior de la cabaña que durante los años 1933-1945 lucía una bonita swastika, que se transformó mágicamente en una estrella después de la derrota del IIIo Reich…
SLA. En cuanto a Marcuse, ¿siguió estando marcado por Heidegger a lo largo de su evolución filosófica? Resulta un poco chocante que un filósofo que inspiró a una parte sustantiva de la izquierda estudiantil del 68 en muchos países del mundo fuera un heideggeriano.
NGV: Creo que la seducción de Marcuse con Heidegger duró muy poco tiempo, la inmunización vino de que ya era lukácsiano y marxista antes de recibir el influjo del Dasein. Marcuse reconoce que leyó Sein und Zeit en 1927 y que esa lectura fue lo que le decidió a ir a estudiar a Freiburg. Estuvo allí entre 1928 y diciembre de 1932, tomando la Analítica de la Existencia heideggeriana con mucho cuidado y cautela crítica. Creyó ver en Heidegger lo que le había fascinado también en el último Husserl: la posibilidad de un nuevo inicio de la Filosofía como tal, concreta y fundamentada en la existencia del Hombre, basado en la praxis radical, y no en principios académicos-abstractos. Heidegger podía ser un punto de partida, dentro del
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marco general esbozado por Marx, para superar tanto al Neokantismo como al Positivismo, es decir, a la Kathederphilosophie. Pero el intento fue de corto alcance: Marcuse reconoce que en 1932 cuando conoció gracias al trabajo de Riazanov, los Manuscritos de Marx de 1844 “el problema de Heidegger versus Marx dejó de ser un problema”. Fue el primer discípulo en criticarlo abiertamente y muy temprano, en 1934, y además fue el primero en 1947 en exigirle que pidiera disculpas públicamente de su compromiso político con el SS-Staat y de su responsabilidad como filósofo por apoyar a un régimen que produjo el Holocausto. Heidegger ni siquiera se dignó a leer su Habilitationschrift: además bloqueó sus posibilidades de habilitación aparentemente por su tendencia de izquierda y su hegeliano-marxismo. Analizando a posteriori su obra Sein und Zeit Marcuse afirmará que términos técnicos como Da-sein, das Man, Sein, Seiendes, Existenz serían “malas abstracciones”, abstractos defectuosos, en el sentido de que no son vehículos conceptuales adecuados para comprender la concreción real de lo aparente. Heidegger habría construido un nuevo Idealismo trascendental, más extremo, más alejado aún de la existencia que el del mismo Husserl…
SLA: Vuelvo ahora a la biografía de Heidegger. Te pregunto por el “campo de trabajo científico” que organizó siendo rector de Friburgo.
NGV: Buen tema, buena pregunta.
Nota:
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1) Emmanuel Faye: Arendt et Heidegger, Albin, Paris, 2016.
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“Heidegger afirmaba que en su concepto de ‘historicidad’ (Geschichtelichkeit) estaba el verdadero fundamento de su compromiso político con Hitler”
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Nicolás González Varela es ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Ha estudiado Filosofía y Psicología y enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger, Graves, Negri, Marx y Pessoa, entre otros. Es autor de diversos artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Céline, Heidegger, Engels, Graves, Gramsci, Lenin, Stalin, Marx, Pound, Spinoza y colabora en distintos medios gráficos y digitales de actualidad y cultura. Sus últimas obras publicadas son: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos, Barcelona, 2010), Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur, Buenos Aires, 2011) y ha sido traductor y cuidador de la edición del Cuaderno Spinoza, de Karl Marx (Montesinos, Barcelona, 2012), así como de la edición de Sobre el suicidio, también de Marx
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(El Viejo Topo 2012). En 2013 publicó una edición crítica de textos de Fernando Pessoa: Política y profecía. Escritos políticos 1919- 1935.
Esta conversación se centra en su último libro Heidegger. Nazismo y política del Ser, publicado muy recientemente por la editorial Montesinos. Una versión parcial de esta entrevista se publicó en El Viejo Topo, mayo de 2017.
***
SLA: Me había quedado aquí, volviendo a la biografía de Heidegger. ¿Qué fue eso del “campo de trabajo científico” que organizó siendo rector de Friburgo?
NGV: El famoso “Campo Científico de Trabajo” de Todtnauberg, que dirigió Heidegger siendo ya Rektor-Führer, supuestamente tenía también la misión de ser una prueba piloto, laboratorio de ensayos y pre-diseño de la futura Academia que estaría situada en Berlín. La Kampfgemeinschaft, “Comunidad de Lucha” de los trabajadores intelectuales, una suerte de orden de correligionarios de raza, se asemejaba a una cofradía religiosa, por lo que la comunidad universitaria se basaría en las relaciones de Lealtad, Confianza y Obediencia entre el cuerpo de profesores universitarios y el cuerpo de los estudiantes, arraigada en el suelo común de una novísima (meta) Ciencia Política. De esa Kampfgemeinschaft surgiría una auténtica vinculación de la Universidad con la vida profesional del Volk, que debía iniciar un trabajo común, en todas las distintas especialidades, entre el cuerpo de estudiantes y los
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trabajadores intelectuales ya profesionalizados. La idea de una (meta) Ciencia Política, ahora pensada ontológicamente, tematizada en su proyecto para la nueva Academia, se basaba en su propia definición emitida en la Rektoratsrede: la Ciencia debe ser ahora el Centro que resiste, desde lo profundo, todo su Da-sein como Volk y como Estado, para Heidegger un Poder que abarca y da dureza a todo el Da-sein: “la Ciencia es el firme mantenerse preguntando en medio de la Totalidad de lo que Es (Seiende), que sin cesar se oculta. Este paciente accionar sabe de su impotencia ante el Destino (Shicksal)..” Se trataba, de tal manera, de inculcar una formación totalmente novedosa y radical, gracias a la íntima vinculación con una Wissenschaft que procede de lo más íntimo del Geist alemán, y de su íntima conexión con el Anfang, el Inicio de la Ciencia en Grecia, una Ciencia que se ha despertado, como Alemania, a la Realidad efectiva, vital del Pueblo, de la Naturaleza y de la Historia. Esta Erziehung, ya no mera Bildung iluminista, habría superado la Weltanschauung del Mundo teológico-cristiana y el Pensamiento técnico-matemático del Das Man liberal, así como la Dualidad sujeto-objeto cartesiana. El sentimiento de Obediencia era considerado, en perfecta consonancia con el Füherprinzip, central y clave en la estructura de la futura Universidad nacionalsocialista y, concretamente, en la relación entre la jefatura y la auténtica sumisión de aquellos que están decididos y poseídos por el nuevo valor, los poseedores de la phrónesis auténtica, de la sabiduría práctica genuina. La nueva Kampfgemeinschaft debía aprovechar su tiempo muerto en actividades colectivas y grupales, recreacionales, incluyendo ejercicios marciales, largas marchas y celebraciones neopaganas del nuevo calendario del NS-Staat. Pero no todo era actividad en común, por supuesto, en estas Napolas heideggerianas: después de las conferencias y consignas del Führer local, que servían para establecer el ambiente, el clima de base y la actitud fundamental, llegaría el tiempo del Besinnung para la soledad y el recogimiento en pequeñas células de conversación. Y hay más: estaba previsto, para cada miembro de la Academia, su propia y monástica celda. Esta pre-visión de la futura Volksgemeinschaft nacionalsocialista, que se prefiguraría, según Heidegger, en este tipo de nuevas instituciones, tiene claras reminiscencias de las comunidades monásticas más radicales y primitivas, incluso se asemeja a los retiros espirituales extremistas de los “ebrios de Dios” en el Cristianismo primitivo.
SLA: Perdona mi desconocimiento. Napolas: ¿qué es eso?
NGV: Napolas: Nationalpolitische Erziehungsanstalten; abreviatura oficial: NPEA, escuelas superiores y secundarias de elite en el IIIo Reich pensadas como lugares de educación
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comunitarios y disciplina militar, que se proponían generar la nueva generación de líderes y grandes burócratas; las primeras se crearon a lo largo de 1933, llegando a ser cuarenta y tres en 1945.
SLA: El Volk del que hablabas hace un momento, ¿cómo lo concibe Heidegger? ¿A qué “pueblo” hace referencia, qué “pueblo” tiene en mente?
NGV: El componente esencial de la nueva Comunidad popular-racial del Nazismo no es ya ni el “Yo liberal” ni el comité central del Partido único (los “pocos nominados” de Stalin), sino el auténtico Da-sein alemán en cuanto sujeto colectivo: el Pueblo, das Volk. El Volk es imaginado como una Unidad racial primordial atemporal, ontológica, en relación con la cual el Führer habría sido elegido por el Destino para ejercer su autoridad total e ilimitada. El Volksgenosse, el miembro pleno de la Comunidad racial-popular, enfrentado al Kamerad de la izquierda cosmopolita, se encuentra más allá de toda segmentación social, es la encarnación de la superación de la atomizada Gesellschaft liberal y todas sus divisiones, incluso las religiosas; por otro lado es la superación definitiva de la Lucha de Clases en sentido marxista. La noción de pertenencia en la Volksgemeinschaft viene legitimada ontológico-biológicamente (jamás a la inversa)y es ella la que forma los actos y declaraciones de lealtad. El concepto en la Ideología NS como en la (meta) Política de Heidegger se nos hace inteligible si no lo remitimos a la historia semántica de la palabra alemana de Volk. Volk significa algo muy distinto a la palabra española “Pueblo” y por eso preferí no traducirla en este libro y mantener su carga semántica en alemán. En la cosmovisión nacionalsocialista Volk significaba “Comunidad étnica”, ethnische Gemeinschaft, lo que implicaba todos los miembros de una Raza, vivos y muertos, así como las futuras generaciones. Se trata de una Unidad eterna, Einheit ontológica cuyas cualidades se exhiben en los miembros particulares; Volk es más que una blosse Mehrzahl, una mera “Mayoría simple” de las matemáticas parlamentarias burguesas, como Heidegger lo subraya, incluso la apariencia física, el carácter psicológico, inclusive la forma de pensar vienen predeterminados desde la profundidad por esta predisposición racial que porta la Einheit primordial. El re-conocer esta pertenencia, cuidarla y protegerla desde nuestro puesto de trabajo, es lo que para Heidegger nos permite llegar a ser un brauchbares Glied, un miembro útil de la naciente Comunidad racial.
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SLA: ¿Han existido investigaciones similares a la tuya en el ámbito de la filosofía y de la historia del pensamiento? Pienso, por poner un ejemplo, probablemente erróneo, en el ensayo -antes hemos hablado de él- de Víctor Farias -Heidegger y el nazismo- que tanto revuelo ocasionó en su momento.
NGV: Bueno, el caso Heidegger requiere dos niveles críticos que muchos investigadores y comentaristas no llegan a cumplir: explicar primero el compromiso nazi de Heidegger en tanto filósofo académico, como una cuestión ética, sin considerar el eventual trasfondo filosófico; después buscar si esa decisión, diríamos “personal”, tuvo o no un nexo de necesidad con su propia Filosofía, tarea que es la más difícil y a las que pocas obras han podido, en especial rastrear la “transmogrificación” de categorías ontológicas en logos político. Farias, como Adorno o Lukács, tiene ese problema del abismo entre los dos niveles y si bien puede explicarnos la irresponsabilidad de la Filosofía alemana en esta adhesión política vergonzosa, queda en el limbo si la decisión política de Heidegger emanó (o no) naturalmente de su famosa Analítica de la Existencia.
Y éste es el punto filosóficamente hablando.
Heidegger afirmó en todo momento que sí, afirmaba que en su concepto de “Historicidad” (Geschichtelichkeit) estaba el verdadero fundamento de su compromiso político con Adolf Hitler. Muy bien, pero el problema crítico es exponerlo y demostrarlo, mostrar su necesidad y su movimiento de lo filosófico a lo político. El no poder combinar de manera adecuada los dos niveles, o hacer hincapié solo en el primero, tiene el problema de la exterioridad, de una crítica errando blanco o recurriendo a recursos de la Ideología para reducir la complejidad filosófica de Heidegger y amoldarla a una etiqueta previa. He intentado, espero haberlo logrado, explicar este intento de Heidegger de dotar de una Metapolítica adecuada al “Principio bárbaro” (como
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le denominaba) del Nacionalsocialismo…
SLA. Creo que sí, creo que lo has logrado. Por cierto, ¿de dónde tu interés por la obra del ex rector de Friburgo en tiempos turbulentos?
NGV: Sin Heidegger no puede explicarse la evolución moderna y posmoderna de la Filosofía en Occidente. Ni de sus formas naturales de Ideología, como el Post-modernismo (o ahora: Post-Marxismo!). Para mal y para bien. La clásica, objetiva y flemática Encyclopaedia Britannica, obra de indispensable referencia, afirma que “su Ontología y Metafísica determinaron todo el curso de la Filosofía del siglo XX en la Europa continental”. La posmoderna Wikipedia dice lo siguiente: “es considerado, junto con Ludwig Wittgenstein, como uno de los pensadores más influyentes en la filosofía contemporánea.” El impacto de la filosofía heideggeriana en Europa y el resto del Mundo después de 1945 (por no hablar de su dominio imperial absoluto en Francia) ha sido comparado con el suceso que tuvo Kant en Alemania y en Europa al publicarse su Kritik de reinen Vernunft en 1781. Tal como sucedió a fines del siglo XVIII, muchos filósofos europeos no tenían interés en la teoría de Kant e incluso algunos se opusieron a ella. Pero en su mayor parte, la popularización de su filosofía (y la discusión en torno a su validez) dominó la discusión inmediata post-kantiana en la filosofía por casi dos siglos. Sin comentar a Kant, ya sea pro o contra, sin “posicionarse”, un pensador no tenía visibilidad ni posibilidades de publicar o ser considerado en los cenáculos intelectuales. De alguna manera se repite la historia: algunos filósofos están interesados en la teoría de Heidegger, otros les resulta incomprensible y otros la rechazan in toto (desde Carnap y Ayer, a todos los filósofos analíticos anglosajones), pero por más de setenta años ha seguido ejerciendo una influencia decisiva en la discusión filosófica institucional, ascendiente que aún no da señales claras de abatimiento. Como una estrella oscura que sólo deja ver su magnetismo, Heidegger se ha convertido en el pensador maestro de la filosofía académica mundial, es ella la que configura el horizonte en el que la filosofía formula sus problemas y busca las soluciones, entonces Heidegger es literalmente comparable al sujeto kantiano, en su unidad trascendental de apercepción, en la transmisión de sus categorías en el debate, en la estructuración de la discusión filosófica.
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SLA. “Todos los filósofos analíticos anglosajones”, has dicho. ¿Y por qué esa oposición tan generalizada? Por lo demás, ¿todos? ¿Rorty no sería un contraejemplo?
NGV: Bueno, volviendo a los dos filósofos “decisivos”: Rorty confesó que Wittgenstein (el de la segunda etapa) y después Heidegger fueron los dos pensadores que dieron un vuelco en su Filosofía. Lo que confirma nuestro diagnóstico epocal. Además terminó adorando a Nietzsche, Derrida, Lyotard, Foucault… Creo, no soy un especialista en Pragmatismo, que Rorty no puede considerársele un “analítico”, salvo en sus inicios, su uso de Literatura y del Lenguaje, su sincretismo entre Dewey y el poeta Whitmann, ¡horrorizaría a Carnap! No puede considerarse un “filósofo analítico” típico como del que hablamos…
SLA. Tienes razón. Insisto en un punto. ¿De dónde la importancia que se concede a su obra en la filosofía, en algunas de sus tendencias, de los siglos XX y XXI?
NGV: El dominio imperial de Heidegger y su influencia en la cultura occidental es impresionante (desde el Existencialismo pasando por el Estructuralismo a la Hermeneútica hasta el Posmodernismo) y vasto, incluso en lugares insospechados como el Existencialismo francés (producto de un malentendido! Malraux, Camus, Sartre), la Hermeneútica (Banfi, Bultmann, Gadamer, Ricoeur, Vattimo), la Política postmarxista (Badiou, Laclau, Zizek) la Genealogía del Poder (Foucault), la Teoría arquitectónica (Sharr), la Crítica literaria (Ziarek), la nueva Teología (Caputo), la Psicoterapia (Binswanger, Guignon, Irigaray), la Ciencia cognitiva (Dreyfus; Kiverstein, Wheeler), el Neopragmatismo (Rorty), el Euroasiatismo de Putin (Dugin), etc. Y me quedo corto con esta angustia de las influencias!
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SLA: Daría para muchas preguntas lo que acabas de señalar pero no se puede hablar-preguntar sobre todo. Cuándo hablas de política del Ser, ¿de qué estás hablando exactamente? Puedes precisarlo un poco. Incluso, previo a ello: ¿de qué entidad, entidades o categorías habla Heidegger cuando habla del Ser?
NGV: Heidegger pasó de considerar al “Mundo de la Vida” (Lebenswelt) como fundamento-fundamentado del Da-sein a poner esa determinación ontológica en la “Historia del Ser” (Seinsgeschichte). El Heidegger medio (1929-1945) sostiene que todo está determinado por la “Historia del Ser”, una narrativa histórica metódico-funcional a la puesta en escena filosófica de la gran cuestión del Ser. Esta Seinsgeschichte se despliega en épocas, Epochen, como por ejemplo la de los presocráticos, la Edad Media cristiana o la Modernidad burguesa (Neuzeit). Cada una de ellas tiene una relación de verdad y de ocultamiento peculiar y especial basada en la Historicidad del Da-sein. En la Modernidad burguesa, cada vez más esclavizada a la Técnica, a medida que la relación del Ser de Dios se disolvió poco a poco, sólo existía el moderno sujeto cartesiano (ego cogitatum) que reconoce el Ser meramente como objeto y fingió su propia medida, evidente por ejemplo en la Voluntad de Poder de Nietzsche. Esta afirmación y reajuste falso entre el Da-sein y el Ser indica un “olvido” de la cuestión ontológica, que depende de la época puede ser más desgarrador, más profundo o menos significativo. Cuando en mi libro hablo de “Política del Ser” estoy diciendo que la intervención de Heidegger en la Política cotidiana (su adhesión al Nazismo) siempre está guiada por una Meta-política, que se mueve en los requerimientos y exigencias de esta particular época de la “Historia del Ser”. Esta reversión del Olvido, que Heidegger califica como “reformatorische Wende“, será el rol que jugará el propio Heidegger dentro del Nacionalsocialismo en tanto un principio bárbaro… Modificar la Historia y la Gran Política a través de la interpretación y práctica sobre lo no-histórico.
SLA: Te formulo a continuación una pregunta muy general: ¿qué es la metafísica para Heidegger?
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NGV. Pienso la respuesta.
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