Günther Anders centra La obsolescencia del hombre -su gran obra de antropología filosófica publicada tras su experiencia de guerra y exilio- en la dominación universal de la técnica

Imagen de La Divina Comedia, de Dante

CRÍTICA:EL LIBRO DE LA SEMANA

“No hay hombres de repuesto”

FUENTE https://elpais.com/diario/2011/02/19/babelia/1298077940_850215.html

JOSÉ LUIS PARDO19 FEB 2011

Günther Anders centra La obsolescencia del hombre -su gran obra de antropología filosófica publicada tras su experiencia de guerra y exilio- en la dominación universal de la técnica

Decía el pensador italiano Franco Volpi que el hombre contemporáneo está ya, de antemano y en cualquier caso, sometido a las coacciones de la técnica, y que intentar escudarse frente a esa situación en el humanismo tradicional sólo indica impotencia y deseo de evadirse de la realidad, pues ninguna ética de este tiempo puede sobrepasar la condición de homilía. La obra de Günther Anders (1902-1992), un judío polaco que practicó todos los géneros literarios y que se hizo célebre por sus posiciones teóricas en el movimiento pacifista en la época de la estrategia de disuasión termonuclear, constituye toda ella un intento de sublevarse contra esa fatalidad del advenimiento del nihilismo cumplido, odioso huésped de la historia europea al que Nietzsche y Heidegger concedieron la carta de ciudadanía occidental y que desde entonces se ha hecho fuerte entre nosotros. Y precisamente porque esa omnipresencia del nihilismo toma cuerpo merced a la tiranía de los imperativos técnicos, la forma que toma el esfuerzo de Anders por pensar las bases teóricas de una posible resistencia a ese estado de cosas es la de la elaboración de una antropología (podríamos decir “antropología filosófica”, emulación de El lugar del hombre en el universo de Scheler, tantas veces considerado fundador del género); pero tendría que tratarse precisamente de una antropología apropiada a esta dominación universal de la técnica que han afianzado las sucesivas revoluciones industriales. Al servicio de este objetivo pone Anders todos sus recursos expresivos, que son muchos y muy agudos, desde el sentido del humor hasta la capacidad para la exhortación, escribiendo una obra cuya indiscutible unidad se sostiene sobre una variedad de géneros sabiamente dosificados y entremezclados en sus páginas: a ratos summa escolástica, con sus objeciones y respuestas, a ratos diario personal de viajes, a ratos anecdotario ejemplar o epistolario moral, y de vez en cuando obra de ficción que extrae efectos de verdad de personajes y territorios fantásticos. Y siempre en lucha con el tópico que sus críticos enarbolan contra él: la exageración, mostrando por doquier que es el mundo mismo el que exagera sin cesar para disimular su vanidad.

La obsolescencia del hombre

Sobre el alma en la época de la segunda revolución industrial (volumen I). Sobre la destrucción de la vida en la época de la tercera revolución industrial (volumen II)

Günther Anders

Traducción de Josep Monter Pérez

Pre-Textos. Valencia, 2011

312 y 428 páginas. 25 / 35 euros

Anders se propone mostrar por qué nos hemos vuelto ciegos al apocalipsis que protagonizamos

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Mientras que los principales argumentos de la crítica de la técnica que se habían desarrollado antes de que Anders escribiese La obsolescencia del hombre aludían a la “cosificación” de la vida humana y a la “serialidad” de la producción en masa, Anders centra su ensayo, desde el principio, en esta idea del hombre que se experimenta a sí mismo como “anticuado” y pequeño frente a los aparatos técnicos, que se presentan como los auténticamente “bien dotados” y que le hacen avergonzarse de su humanidad: “No hay hombres de repuesto”, escuchamos decir a un enfermo terminal en un asilo para desahuciados, y se lo escuchamos decir como sonrojado porque en la era de la técnica no se haya inventado aún nada definitivo contra la caducidad de la existencia humana. Este sentimiento de vergüenza, dado que no podemos sentir vergüenza sino ante una mirada ajena, nos indica que ahora son las cosas, las máquinas, quienes nos miran. El hombre moderno desearía ser sólo un engranaje, debería ser sólo eso, pero misteriosa y trágicamente aún no está del todo adaptado a la explotación mecánica, y eso es lo que le abochorna, su propia humanidad residual. Por eso, amedrentado y fascinado por el mundo de la producción, el hombre “decide” pasarse a la condición de producto, y la llamada “ingeniería humana” (human engineering), fisiotécnica y robótica, le suministra el modo de fragmentar su conocimiento en habilidades subhumanas que subsisten mecánicamente con independencia de la totalidad de la que proceden. Y esta eliminación técnica de la humanidad es completamente coherente con la aparición de la bomba nuclear, puesto que ella muestra mejor que ningún otro dispositivo el carácter prescindible de la humanidad. En estas circunstancias, Anders se propone con su antropología mostrar a sus lectores por qué nos hemos vuelto ciegos al apocalipsis que protagonizamos, y en qué condiciones podríamos recuperar el papel de agentes históricos que la ilusión de un mundo sin muerte nos oculta día tras día.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de febrero de 2011


3º NÚMEROENSAYO

FUENTE : http://revistazejel.com/ensayo/fragmento-del-libro-hombre-sin-mundo-escritos-sobre-arte-y-literatura-gunther-anders/

FRAGMENTO DEL LIBRO “HOMBRE SIN MUNDO. ESCRITOS SOBRE ARTE Y LITERATURA” GÜNTHER ANDERS

No sin razón se me tiene por uno que pasado decenios -ciertamente no es una dedicación muy divertida- pintando sobre la pared la imagen del globo pelado rotanto en el espacio, es decir, previniendo contra la autoaniquilación de la humanidad, contra el “mundo sin hombres” (tal vez incluso sin vida).

Esta “idea fija” (como acertó Bloch, condenado a esperar permanentemente sin esperanza) me ha compañado a lo largo de más de la mitad de mi vita philosophica. Ahora bien, esta “preocupación” por el posible final, que se puso en marcha de repente, el día de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, ciertamernte no se podía traducir de imediato en “textos”, pero sí representa propiamente un viraje(por utilizar términos de Heidegger): un viraje de mi original tema principal, pues, antes de esa fecha de cesura, casi todas mis preocupaciones especulativas, polítcias, pedagógicas, literarias -me parece que apenas tiene sentido diferenciarlas- habían valido justo para lo contrario, es decir, para hombres sin mundo. ¿Qué quiero decir con esa fórmulo?
Varias cosas.

“Hombres sin mundo” eran y son quienes están obligados a vivir dentro de un mundo que no es el suyo; dentro de un mundo, que, a pesar de estar producido y manntenido en movimiento por ellos con su trabajo cotidiano, no está construido para ellos (Morgenstern), no está-ahí para ellos; dentro de un mundo, para el que ellos han sido pensados, utilizados y están ahí, pero cuyos estándares, aspiraciones, lenguaje y gusto no son los suyos, no les están permitidos.

Esta tesis es una ampliación de la tesis principal de Marx, según el cual el proletariado no es dueño de los medios de producción, con  cuya ayuda produce y mantiene en movimiento el mundo de la clase dominante. Ciertamente, mi tesis es más general que la de Marx (pero no la contradice), pues se refiere a algo ontológico, a decir verdad, a algo negativamente ontologico. Con esto quiero decir que lo que el proletariado no puede denominar como propio no se reduce a los medios de producción creados y utilizados por él; tampoco a los products of easy life, creados igualmente por él: esta definición de falta de libertad sería demasiado estrecha. Lo desicivo es más bien -y en eso consiste lo “negativamente ontológico”- que el mundo, que él mismo fabrica o, al menos, en cuya fabricación participa, no es su mundo, en éste no está en su casa (tan poco como lo está el albañil en la casa en cuya edificación ha participado). En otras palabras: dado que vive sólo para el mundo de otros, para un mundo en que otros han de sentirse en su casa, no se le puede aplicar propiamente la caracterización fundamental de Heidegger del ser humano: que éste sea, de suyo, ser-en-el-mundo; propiamente no vive en, sino sólo dentro del mundo: dentro del mundo de otros, es decir, de la “clase dominante”, por más suaves y blandas que resulten las “cadenas” que le mantienen encadenado a ese mundo de los otros, y le lleven a considerarlas como el “mundo”, incluso como su mundo, y ya no pueda imaginarse otro mundo y no esté dispuesto de ninguna manera a “perderlo” y hasta quiera defenderlo con uñas y dientes. Mediante su lucha por el puesto de trabajo, en la que el trabajador produce a menudo cosas sin sentido y catastróficas, y sobre el que afirma tener un derecho (incluso sagrado), demuestra cuán poco vive en su mundo y que, sin ser consciente de ello, es sin mundo.

La expresión “hombre sin mundo” se refiere, pues, a un hecho de clase. La afirmación de Heidegger (concebida como antropología = universalmente válida) de que el Dasein (el ser específico del hombre) es de suyo un ser-en-el-mundo, vale esclusivamente para el hombre que pertenece a la case dominante: sólo él puede identificarse con lo que le rodea hasta el punto de reconocerlo como sumundo (con ello, “mundo como existencial”) y puede darle la razón a Heidegger. Que sus estudiantes (el noventa por ciento de los cuales eran pobres estudiantes obreros) jamás le hicieran esta objeción es un hecho político sorprendente, que no corresponde tratar aqui. Dicho hegelianamente: el “ser del esclavo” no es un “ser-en-el-mundo”, precisamente porque no vive en su mundo, sino en y para el mundo de los “señores”. La pregunta “¿a quién pertenece el mundo?”, que supuestamente define nuestro Dasein, jamás la propuso Heidegger en su prolijo análisis del concepto de mundo, a pesar de su insistencia en la Sorge y de su propia experiencia de pobreza duante años. Y tampoco tuvo nunca la idea de que quizás uno sólo “es en el mundo”, sólo se pertenece al mundo, que le pertenece de manera compartida.

Fragmento del libro Hombres sin mundo. Escritos sobre arte y literatura Günther Anders.

Pre-textos. Valencia, 2007. Págs. 13-14.

Una entrevista de gran interés para entender mejor las relaciones entre indígenas mexicanos y los usos de diversas lenguas

Primera Página

Revista Primera Página

LITERATURA, MÚSICA, CINE Y MUCHO MÁS

ENTREVISTASLITERATURA

“Siempre me he sentido extranjero en mi propio país”: entrevista a Víctor Cata

3 mayo, 2019Sofía Amezcua

Fotografías de Octavio Meléndez

El conocimiento de Víctor Cata desborda las barreras del lenguaje. Hablante de zapoteco y escritor de Sólo somos palabra (entre otros libros más), sus historias rememoran una amplia tradición oral que desafía a cualquier espectador por sus ideas del tiempo, del lugar y del género. En Santa María la Ribera, a un costado del histórico Kiosco morisco, nos cuenta un poco sobre su niñez, cómo fue su proceso de atracción por la literatura, algunas anécdotas personales y cómo se concibe al indígena en la actualidad en un país que aparentemente busca reivindicar su papel en la sociedad. Sin embargo, nos encontramos en una realidad muy distinta…

Primera Página: Bueno, Víctor, me gustaría que comenzáramos contigo, platicando acerca de ti. Naciste en Oaxaca, ¿cierto?

Víctor Cata: Sí, yo nací en la ciudad de Juchitán. En un barrio que se llama “el barrio de las limas”, en la década de los setentas. En el tiempo en el que nací era una sociedad casi monolingüe. Hablábamos más zapoteco todos los niños. Nuestro conocimiento del español era como cuando un extranjero aprende un idioma que no es el suyo, con tropiezos y con errores gramaticales. Todavía los seguimos arrastrando los que nacimos hablando un primer idioma. Esa parte marca mi pronta lingüística y, pues, tuve la fortuna de ser monolingüe primero; de poder captar el pensamiento zapoteco.

PP: ¿Hasta qué edad creciste y te educaste en esa zona?

VC: Ahí viví hasta la edad de 18 años que vine a la Ciudad de México, pero todo ese tiempo estuve viviendo allá.

PP: ¿Fue cuando viniste a estudiar historia?

VC: Sí. Casi estuve aquí veinte años viviendo.

PP: ¿Y cómo surge este interés, más bien, por la literatura y sobre todo por la escritura en tu lengua: el zapoteco?

VC: Fíjate que nosotros venimos de una tradición oral. Es otra manera de literatura, otra manera de narrar como en palabras o hacer libros con palabras. Estos recursos que tiene el idioma zapoteco. Crecí en un tiempo donde no teníamos televisor ni radio, entonces eran contados los vecinos que tenían estos aparatos y a veces dependía del humor de la gente; de cerrarnos las ventanas o dejarlas abiertas para ver el programa que esa señora o ese señor quería ver. También tuvimos la fortuna de vivir en un ambiente agrícola, campesino, entonces a las cinco de la tarde llegaban los campesinos con sus carretas llenas de sandía, melón, mazorca y había que ayudarles a descargar. El regalo era que te contaran un cuento… una adivinanza, una mentira fantástica, una narración fantástica que no buscaba engañarte, sino divertirte, distraerte, que tuvieras actividad mental; o preguntas capciosas en zapoteco. Esa parte oral fue mi primer libro. Después hubo un movimiento interesante en Juchitán que tiene que ver con la revitalización o recuperación del zapoteco como valuarte, como identidad de un pueblo originario. Crearon una biblioteca muy bonita en la casa de la cultura de Juchitán. Gracias al apoyo del maestro Francisco Toledo se creó esta biblioteca. Ahí tuve la fortuna, a los nueve años, de encontrar un texto de Rudyard Kipling, El libro de la selva. Entonces, como eran dos libros, yo hacía trampa. Antes de entrar a la escuela, porque la casa de la cultura estaba pegada a la escuela primaria, iba yo a esconderlo (risas).

PP: Ah, para que nadie más lo tomara (risas).

VC: Y al salir, ya sabía dónde estaba para leerlo como veinte minutos, porque mi mamá era muy exigente con el tiempo, y luego dejarlo en su lugar original.

PP: ¿Esta experiencia tuya con los libros y las historias influye en el proyecto “El camino de la iguana”?

VC: Fíjate que “El camino de la iguana” se hizo después. Ahora que preguntabas que por qué escribo en zapoteco, yo creo que es una cuestión de necesidad y de resistencia. Es una cuestión de decir “aquí estoy; estoy vivo”. En mi infancia me tocó una persecución horrenda dentro del sistema educativo; no sólo a mí me tocó esa pesadilla, sino a muchos compañeros, compañeritas, con quienes estudié. Nos pegaban por hablar en zapoteco. Estaba prohibido. Lo hablábamos nosotros, en cuchicheo, detrás de las puertas o en los recreos. Pero nunca faltaba un chismoso que iba a decirle al maestro: “Fulano habló zapoteco”.

PP: Sí, como si fuera casi un delito, ¿no?

VC: Sí. Entonces escribir para mí es una cuestión de necedad. Siempre fui necio desde niño. Siempre hice lo que quise… aunque me fuera mal (risas). Por eso escribí, por eso nació “El camino de la iguana” con la maestra Natalia Toledo, quien también padeció esta parte y ella desde pequeña se tuvo que salir de Juchitán. Es como una cuestión, te digo, de existencia, de mostrar otra forma de vida, de decir “no estamos mal”. No tiene nada de malo hablar una lengua indígena; al contrario, es una fortuna para el cerebro porque está desarrollado, programado, para que hablemos muchos idiomas. Y un idioma indígena no te hace tonto y el español tampoco te hace inteligente, entonces son idiomas que te permiten una comunicación, que te permiten comprender una partecita de este mundo enorme en el que estamos viviendo. Es una parte del ser humano, nos pertenece aunque yo no hable ruso, chino o alguna lengua indígena de Brasil. Me pertenece porque soy humano como ellos. Es parte de un desarrollo complejo.

PP: Lo que me cuentas me lleva a reflexionar en la enorme contradicción que se observa en el discurso nacional, que resalta lo prehispánico, pero a la vez aparta y margina al indígena actual, al indígena vivo.

VC: Hay un libro muy bonito de Manuel Gamio, que escribió por 1916-1917, que se llama Forjando patria, donde hace esta reflexión que tú acabas de decir. Después lo retoma Bonfil Batalla en su obra también de referencia dentro de la antropología, donde dice que se adora a los indios de muertos y se desprecia a los indios vivos. Muchos de los trabajos que se han hecho en la epigrafía maya o en la lectura de las piedras, de los lienzos, de los códices, son gracias a los grupos indígenas que hablan una variante del maya como el mam, el tsotsil, el maya yucateco, el maya que se habla en la selva Lacandona. Gracias a que los lingüistas, los epigrafistas y demás se enfocaron a esta gente (esta gente dio información lingüística) a tiempo, pudieron empezar a descrifrar los glifos mayas, si no no podría hacerse. No podría hacerse de ninguna manera; quedaría en esta parte hipotética y de interpretación nada más.

PP: También creo que, y un poco pasando al libro, es una forma en que de alguna manera se ha permitido el estudio de los pueblos indígenas: siempre desde fuera, sin darles la voz, lo cual es algo que hace tu libro, al estar escrito en la zapoteco y al ser narrado por ti, que perteneces a esa comunidad.

VC: Sí, además, como conozco el idioma conozco su estructura. Hay un relato donde hice un ejercicio a propósito de mi idioma y de su estructura. En el español, hay una necesidad casi morbosa de saber quién eres, si eres hombre o mujer. Esa es la obsesión del español. En el zapoteco esa no es una obsesión. Su obsesión es “dime a qué grupo perteneces”. ¿Eres humano, eres animal, eres objeto, eres cosa divina o cosa muerta?

PP: Y en realidad en tus relatos esto se mezcla, ¿no? Lo divino, lo sacro y lo profano… juegas un poco con esa mezcla.

VC: Sí. En el relato de “El reparto”, muchos me dicen que el personaje principal es una mujer. No, no, no. No es una mujer; es un muxeMuxe es un homosexual. Y al traducirlo al español, evité marcarle su pronombre de femenino o masculino, “él” o “ella”. Entonces ya hasta el final dice el texto: “Recuerda que estamos solos, que estoy solo” o algo así, y esa marca es la que te indica el sexo, pero toda la actividad y el pensamiento del personaje es femenino; igual en el otro relato, el que se llama “Un tal Jesús”. Jugué un poquito con la manera en la que tenemos de hablar, porque hacemos como calcos. Por ejemplo: “guarda tu teléfono, no lo vayas a tirar”. Tú me vas a decir, “pero cómo lo voy a tirar”; aunque en realidad lo que te estoy diciendo es “guárdalo, no lo vayas a perder”. Tirar y perder es igual en zapoteco. Entonces mucha gente que habló primero el zapoteco, al hablar el español jala esos calcos. Lo que hace es que estas “cajitas” que tiene el zapoteco se las pasa al español. “Un tal Jesús”, un chismoso que no se levanta de la cara de la gente… estoy traduciendo literalmente lo que viene del zapoteco al español.

PP: ¡Y se entiende muy bien!

VC: Sí, se entiende. Quedó chistoso. Es chistoso porque no hablamos así en español. O la gente que nació hablando español y que conoce su idioma, pues no habla así; pero son estos giros lingüísticos que tenemos sembrados en todo el país. Por ejemplo, el maya yucateco, los que están en Veracruz. Cada quien habla un español que lleva la marca de nuestra lengua indígena.

PP: Sí, claro. Incluso en la ciudad son distintas entonaciones, distintas expresiones que denotan el lugar al que pertenecemos, ¿no?

VC: Y enriquece al español de México. Lo vuelve único dentro de su diversidad.

PP: También pensaba un poco en este juego que hay de pronto en los relatos sobre pasado y presente. ¿Cómo funciona el tiempo?

VC: Fíjate que eso es otro punto. En el zapoteco los tiempos no importan. Estás hablando del presente y usas tiempos del pasado o estás en el pasado y usas marcas del presente. En el español lo tienes que marcar. Si no lo marcas, se nota que no estás hablando un buen español (risas). Pero sí lo tomé a propósito, entonces jugué con el tiempo, jugué con el género y con las marcas gramaticales. Por ejemplo, la estructura del español es sujeto-verbo-objeto. Así tienes que hablar: “el caballo corre en el campo”, “el niño juega con la pelota”. En zapoteco no. Primero es el verbo-sujeto-objeto: “corre el niño en el campo”, “patea el niño la pelota”. Algo así. Ese tipo de cosas siempre las tuve presentes en el momento cuando creé estos relatos. Estos relatos en realidad son cosas que yo oí de niño.

PP: Parten justo de estas narraciones que tú dices.

VC: Sí, parten de una realidad que yo viví. Lo único, lo único, que lleva mío ahí es mi manera de narrarlo. Nada más. Había conocido a ancianos mañosos que para que no nos fuéramos y siguiéramos desgranando la mazorca, nos contaban un cuento, otro cuento y otro cuento (risas), como los de Las mil y una noches. Y ahí estábamos obsesionados, ¿qué otra cosa podríamos hacer? No había tele… no había radio, ni cine. O sí había cine pero había que pagar (risas).

PP: Y esa dinámica de alguna manera se reproduce de nuevo, cuando uno te lee. Yo tenía la sensación de que se estaba narrando para el lector, para el espectador. Casi como un chisme: “me contaron, me dijeron”, como lo que tú me dices, de esa forma. Como el campesino contándote a ti, yo sentí esa misma interacción entre el lector y el libro.

VC: Sí, como que hubo muchos espacios naturales donde podemos vivir la oralidad. Por ejemplo esto, a la hora de estarle ayudando al campesino a desgranar. Otro espacio femenino y que los niños a veces por ser niños no se les permitía ingresar, por las tardes, era la hora del rezo. Mi abuela siempre me llevaba porque era un niño que no molestaba; donde me sentaban me quedaba. Y después del rezo, las señoras platicaban sobre cosas de santos, de espantos y cosas así (risas). En los velorios, fuera, en el patio de las casas, cuando alguien moría, un nueve días o un cuarenta días, los señores se sentaban afuera y es otra manera de narrar, otro tipo de cosas que se contaban. Así que pude convivir en esos espacios, tanto en mi infancia, en mi adolescencia y de moverme de un mundo de mujeres a un mundo de hombres. 

PP: También el cambio de lo rural a lo urbano, porque viniste a vivir a la Ciudad de México; además insertarte en el ámbito académico, donde pareciera que se habla otro lenguaje y se vive otra vida.

VC: Ahí sí me sentí extranjero. Y siempre me he sentido extranjero en mi propio país. Por lo que tú dices, porque es otro pensamiento, porque la manera en cómo nos dieron instrucción en Oaxaca, por ejemplo, era más de memoria. Y aquí era un poco más una cuestión de resumir, de hacer análisis… no digo uno como indígena no pueda hacer análisis, porque toda nuestra base es de memoria. Somos más visuales. Tenemos otra forma de procesar la información y de repente te dan este otro mecanismo, que sí lo aprendí, pero no era parte de mi cultura. Falta mucho en el área de la educación para los indígenas. Como que tuviéramos una educación no para diferenciarnos de los mexicanos, pero sí para respetar nuestra cultura. Por ejemplo, la educación que recibe una persona que nació hablando español no me la puedes dar a mí, porque no lo hablo desde mi infancia. Entonces me costó mucho trabajo comprender cosas que un niño que habla español las comprende rapidísimo. Ese tipo de cuestiones nos han pasado a los indígenas y nos cuesta trabajo aprender en forma de otro conocimiento. Es como si llegáramos a las escuelas y tuviéramos que quitarnos nuestra ropa para ponernos otra diferente, la de los maestros, la de la educación oficial, la que nos viene a dar “luz” a la cabeza porque somos tontos. 

PP: Sí, es terrible esta concepción en la que se piensa que “tenemos que educarlos”.

VC: ¡Ese es el punto! Ese punto es horrible. Y bueno, ahí me ayudó mi necedad (risas).

PP: Sí, claro. Y el hecho de que tú irrumpas con tu texto y con tu trabajo, en un ámbito académico, donde se escribe en español o donde se escribe en inglés, es una forma de decir que eso también cuenta y también se puede contar en esa lengua.

VC: Sí, los idiomas nos permiten tener identidad, una vida, una presencia y una opinión.

PP: Sí, son formas de comprender el mundo.

VC: Totalmente.

PP: Pues, muchísimas gracias, Víctor. Te agradezco mucho.

VC: Por nada, qué agradable. Hace mucho que no daba entrevistas y vino a refrescar mi mente (risas).

***

Víctor Cata (Juchitán, 1973) es escritor, traductor, historiador por la UNAM y especialista en Lingüística Indoamericana por el Centro de Investigaciones en Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha publicado los libros: Libana. Discursos ceremoniales de los zapotecos (2012), El cuerpo humano (2014) y ha traducido numerosos relatos, poemas, documentales y fábulas al zapoteco. Su actividad editorial, crítica y creativa refleja la vida cotidiana de los muxes y promueve la conservación, difusión y revaloración de la cultura y la lengua zapoteca —Diidxazá— del Istmo de Tehuantepec, por lo que en 2015 recibió la medalla “Andrés Henestrosa” otorgada por el Congreso Estatal de Oaxaca.

Autor: Revista Primera Página Primera Página es una plataforma digital dedicada a la publicación de material literario creativo y crítica cultural en sus distintas manifestaciones. Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad directa de los autores que las emiten, y no del sitio como tal.​ 

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Materialismo Filosófico y Crítica de la Razón Literaria. El Arte , la Filosofía, actividades inocuas cuando están vacías de dialéctica.

Este es uno de los asuntos que, a mi juicio, implican una gran importancia, tanto para el estudio de la Literatura, como para la Filosofía. Podemos utilizar estos planteamientos para otros estudios en torno a las demás Artes.

Estas cuestiones , que el profesor Jesús G Maestro analiza en torno a lo que es el Arte , puede ser puesta en coordinación con el análisis que planteaba Gustavo Bueno en un artículo sobre Teorías de la Cultura, y Filosofías de la Cultura, para el análisis del alcance filosófico materialista en cuanto a su potencia crítica frente a otras “teorías y filosofías del arte ( y de la cultura )

El modo en que Gustavo Bueno expuso las cuestiones gnoseológicas y ontológicas que giran en torno al estudio crítico de la Idea de Cultura, como mito oscurantista ( auténtica hematología, operante a toda vela hoy en día) pero de gran utilidad para determinadas ideologías que podemos incluir en el término posmodernismo ( con sus múltiples derivadas en el presente , ya entrando casi a la tercera década del siglo XXI), desde el sistema del Materialismo Filosófico, lo podemos encontrar en una conferencia que fue dada con motivo de la presentación de la traducción alemana del libro , clave en el sistema del MF, El mito de la Cultura.

En este enlace se puede consultar el mencionado texto de G Bueno. http://nodulo.org/ec/2002/n004p02.htm

Este es el título :

Espiritualismo y materialismo
en filosofía de la cultura.
Ciencia de la cultura y filosofía de la cultura

Gustavo Bueno

Conferencia pronunciada en la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia,
el día 14 de mayo de 2002, al presentar Der Mythos der Kultur.

Sección primera Ciencia de la cultura y filosofía de la cultura. La Tabla I como tabla gnoseológica. 
Sección segunda Espiritualismo y materialismo en filosofía de la cultura. La Tabla II como tabla ontológica.

Masonería contra las Españas, el papel masónico en el proceso de las independencias de la América Hispana.

Los Virreinatos de Hispano América contra el imperio colonial depredador inglés. Factor religioso en el proceso de las independencias en el siglo XIX

PARTE 1 Brillante conferencia del profesor y doctor en Historia Contemporánea, D. Alberto Bárcena, en la que aporta muchos datos que nos ayudan a entender el crítico papel de uno de los enemigos de la Hispanidad y actor crítico para conseguir la disgregación en 20 estados débiles y enfrentados: la masonería.

PARTE 2 Disgregar la Hispanidad, objetivo fundamental de la masonería inglesa, y francesa.Y Estadounidense
PARTE 3 Traiciones pagadas por la masonería inglesa, tras los líderes de las independencias. El Golpe de Estado de Riego en España.

Conociendo España. Reportaje sobre el pueblo de Valdelarco. Provincia de Huelva. Andalucía . España

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Desde la Córdoba de las cuatro ( no tres) culturas. Presentando la revista electrónica Posmodernia

FUENTE http://www.posmodernia.com/posmodernia-desde-la-cordoba-de-las-cuatro-culturas/

Autor: Gustavo Bueno Sánchez

La Córdoba ( España) de las cuatro culturas ( no tres )

Supe del proyecto Posmodernia en Córdoba, hace dos años, cuando ya llevaba varios meses gestándose. No es por tanto algo improvisado, una ocurrencia, sino empresa tranquila, pausada y serenamente madurada, que se ha gestado durante tres años (el registro del dominio posmodernia.es se hizo en julio de 2014, un sitio que hasta hoy, 24 de marzo de 2017, no queda abierto al público). Sobran prisas cuando los asuntos que importan superan la escala de la inmediatez cotidiana, del curso anual de una liga de fútbol o de los ciclos electorales, pues han de ser considerados por décadas, generaciones, siglos y aún milenios.

Al escuchar el nombre Posmodernia por vez primera, mis fantasmas amenazaron náuseas, casi arcadas de asco y repulsión nada posmodernas; pero al poco advertí sus potenciales virtudes polisémicas, pues también podía sugerir, por ejemplo, genérico contenedor que observa, aséptico y distante, los cenagales malolientes de las corrupciones ideológicas y tantas simplezas ingenuas e insípidas, todavía más putrefactas.
Supe en efecto de Posmodernia hace dos años, precisamente antes y después de una conferencia sobre «El mito de las Tres Culturas», habida dentro del ciclo «Córdoba, ante el reto del multiculturalismo», organizado por la plataforma StopISIS en marzo y abril de 2015.

Sucede que el «mito de las tres culturas», como transformación del «mito de las tres religiones», es decir, el mito de la armoniosa convivencia medieval de judíos, cristianos y mahometanos, se cuaja precisamente en Córdoba, tras haberse celebrado en enero de 1929 una Semana califal, conmemorativa del milenario del Califato, al asumir la Diputación de Córdoba la creación en 1931 de un Centro de Estudios Andaluces «que había de estudiar las tres culturas, latina, árabe y hebrea que florecen bajo el Califato». Lanzada la idea, sin embargo, los intereses localistas y la complicidad de un ministro malagueño determinaron que la República pusiera en marcha instituciones similares en Madrid, Granada y Sevilla, ignorando a la pionera, que no pudo sobrevivir.

Pero sería un error asociar a Córdoba sólo con las tres religiones monoteístas y las mentadas tres culturas y sus mitos, que armoniosos ideólogos posteriores elevan incluso a civilizaciones inexistentes en alianza de papel.
Pues sucede que en Córdoba, donde hoy nace Posmodernia, han nacido nada menos que cuatro figuras esenciales de otros tantos círculos culturales pretéritos: Séneca el gran filósofo estoico romano, Osio el autor del Credo cristiano de Nicea, Averroes el último filósofo musulmán y Maimónides el último filósofo judío.

Séneca no fue cristiano, aunque la propaganda evangélica inventara una correspondencia apócrifa con San Pablo que fue tenida por cierta durante milenio y medio, y que siguen jaleando los péplum de Sacrobosque. Para mayor divertimento un iluminado, Giménez Caballero, llega a presentar a Séneca en 1934 como fundamento primero del fascismo, en una presunta continuidad que pasando por Petrarca, Maquiavelo, Montaigne, llegaría a través de Nietzsche a Mussolini y el Führer.

Manipulaciones aparte, ni cristiano ni protofascista, Séneca es el filósofo, así reconocido varias veces en las Partidas de Alfonso el Sabio, por Gualterio Burley, por Alonso de Cartagena… «insigne cordobés, honor de la filosofía española», dejó escrito Salanova en 1793. Un Séneca filósofo mundano en la serie de la televisión tardofranquista, con guiones de Pemán, tras la conmemoración en Córdoba en 1965, por todo lo grande, del XIX

Centenario de su muerte, en suicidio obligado e inducido por Nerón. Séneca filósofo que puede servir de inspiración a Posmodernia, veinte siglos después.

Otras bandas, con dineros cataríes, esos dineros que también patrocinan al Barça, reclutan gavilla de islamizados católicos renegados para, apropiándose del nombre de Córdoba, mantener desde 2011 un canal de televisión mahometano en español, con sede en San Sebastián de los Reyes y oficinas por Iberoamérica, en monocorde propaganda coranizadora: Canal Córdoba Internacional, conectando culturas, pregonan en su propaganda.
Pero estos lodos vienen de aquellos polvos… cuando un egipcio y un jesuita, viviendo aún el general Franco, organizaron en Córdoba un Primer Congreso Islámico-Cristiano, cuya segunda edición en 1977, dedicada a Cristo y Mahoma, en plena transición, inauguró incluso el cardenal Tarancón. Pudieron entonces los mahometanos asistentes, en presencia de sus colegas clérigos católicos, celebrar la oración musulmana del viernes en la catedral católica, antes mezquita islámica, antes templo visigodo cristiano. Faltaban meses para que Jomeini regresara triunfal a Teherán desde París, en febrero de 1979, y se fuera propagando poco a poco la sangrienta realidad del «fundamentalismo islámico», la vanguardia de los creyentes musulmanes, a medida que van reconociendo sus errores tantos hipócritas apóstatas que seguían caminos equivocados alejados de la yihad.

La cosa mejoró en las elecciones municipales de 1979, cuando la lista del Partido Comunista de España fue la más votada en Córdoba y Julio Anguita fue renovando como alcalde hasta 1986. Suele olvidarse que en los albores de la República, cuando las constituyentes de junio de 1931, las dos provincias que sumaron más votos comunistas fueron Oviedo y Córdoba, 48.694 y 43.119, y después Sevilla 32.276, Vizcaya 13.104 y Jaén con 8.518 votos totales al PCE.

Hace ya treinta años, el alcalde cordobés sucesor del califa rojo, su continuador luego desde las listas de Izquierda Unida, auspició la afrancesada Fundación Garaudy de las Tres Culturas, cediendo la Torre de la Calahorra al escritor Garaudy, otrora comunista dialogante con cristianos, converso luego al catolicismo, converso en 1982 al mahometismo y a la causa palestina (quedando segregada de hecho, como es natural, maquillajes al margen, una de las tan manidas tres culturas, si no las otras dos). Por el mismo camino, tras la Expo del 92, Marruecos recibe autorización para transformar el Pabellón Hassan II de la Cartuja en sede de otra Fundación Tres Culturas, portaaviones ideológico que se mantiene activo con dineros del Reino de Marruecos.

Hace diez años, aunque triunfó la abstención por mayoría absoluta, la casta aprobó una reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía, que refrendaba la decisión de abril de 1983 de reconocer como «Padre de la Patria andaluza» a Blas Infante, un musulmán converso el 15 de septiembre de 1924, que ante la tumba de Motamid renació Ahmad Infante.
Con lo dicho puede intuirse perfectamente el determinismo histórico que ha dispuesto el nacimiento de Posmodernia, en marzo de 2017, en Córdoba, en la Córdoba de Séneca, de Lucano, de Osio, de Abenhasán, de Averroes, de Maimónides…

Posmodernia, como su propio nombre sugiere, no parece tener voluntad de encerrarse en el pretérito ni tampoco de agotarse en asuntos locales intrascendentes. Posmodernia habla en español y desde España, lo que no es poco, y quiere servir de motor y cauce para analizar y conocer mejor nuestro presente en marcha, tratar de entenderlo y hasta barruntar lo que nos espera, cuando ya sabemos que la armonía de las culturas no pasa de ser un cuento para niños o adultos infantilizados.

Si sabe sortear los mitos que van sosteniendo el equilibrio inestable de este periodo final de entreguerras en el que nos encontramos, podrá Posmodernia cumplir su cometido crítico y constructor, aunque los neroncitos de turno quieran inducirle, como a Séneca, un suicidio aniquilador, en cuanto adviertan que es una realidad molesta.

Desde Oviedo, donde todavía conservamos las reliquias de San Eulogio de Córdoba, obispo y mártir, que Alfonso III el Magno pudo negociar con el emir cordobés de turno, salvándolas para la cristiandad, saludamos el nacimiento de Posmodernia, el año del centenario de la Revolución de Octubre.

El libro El Poder y la Gloria, del inglés Graham Greene, sobre la llamada Guerra de los Cristeros, o Guerra Cristera, de 1926 a 1929, en México. Un análisis crítico, desde transductores, o intérpretes mexicanos.

Cristianos católicos mexicanos en la Guerra de los Cristeros, o La Cristiada

Fragmento del artículo sobre Graham Greene y su versión literaria de México:

“Greene, quien, todavía en su último volumen de memorias (Ways of Scape) sigue insistiendo en la veracidad de su irreal visión de México”

Adaptación teatral por Televisión Española, de la novela de Graham Greene

FUENTE : https://www.proceso.com.mx/145355/caminos-sin-ley-de-graham-greene-nunca-circulo-en-mexico

“Caminos sin ley”, de Graham Greene, nunca circuló en México

Reportaje sobre la Cristiada o Guerra de los Cristeros. Hecho por el canal de TV mexicano Televisa
Segunda parte del documental sobre la Guerra Cristera en México. Hecho por el canal mexicano de TV Televisa. Segunda parte.
Tercera parte del reportaje documental sobre la Guerra de los Cristeros ( 1926-1929) en México. Hecho por Televisa, TV mexicana.
Cuarta parte del documental sobre la Guerra de los Cristeros, México, 1926-1929

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“Caminos sin ley”, de Graham Greene, nunca circuló en México
Se filmó “Los caminos de Greene”, producida por el gobierno de Tabasco
Federico Campbell
Graham Greene llegó a México en “la primavera de 1938” El escritor inglés tenía entonces 34 años Cruzó el río Bravo por Nuevo Laredo, se detuvo en San Luis Potosí para entrevistar al general Saturnino Cedillo que se había rebelado contra el gobierno de Lázaro Cárdenas, conoció la ciudad de México y de aquí pasó a Veracruz a fin de trasladarse por barco a Frontera, Tabasco, el “estado sin Dios” que habría de ser escenario crucial del tema que sus editores le habían encomendado: la persecución religiosa, elaborado primero como reportaje en Caminos sin ley y recreado más tarde, en 1940, en la dimensión novelesca de El poder y la gloria
—Pero Greene llegó un poco tarde; ése es el dato esencial Ya había pasado la guerra de los cristeros y Tomás Garrido Canabal, luego de haber formado parte del gabinete de Cárdenas, se había exiliado en Costa Rica —dice Hugo Hiriart, guionista de Los caminos de Greene, la película de 1 hora 26 minutos que Guita Schyfter acaba de filmar para la televisión en la selva tabasqueña
Producida por el gobierno de Tabasco, la 30 Zona Militar (que prestó caballos mientras varios soldados contribuían con su trabajo), la Unión Ganadera (que facilitó camiones de carga), Lorente Torruco (el capturador de camarón que generosamente permitió el uso de su barco), la Comisión Federal de Electricidad y la Secretaría de Agricultura, Los caminos de Greene aspira a “recrear El poder y la Gloria, contrastarla con la experiencia de Greene en Tabasco y, de esta manera, intentar dilucidar cómo es posible que Greene haya podido, a partir de la incomprensión, el aborrecimiento y el anticlímax, escribir una indiscutible obra maestra”
¿Aborrecimiento y Anticlímax?
Sí Uno de los relatos más escépticos, malhumorados, despectivos que se han escrito sobre los mexicanos es sin duda alguna Caminos sin ley: “Creo que ese día empecé a odiar a los mexicanos”, dice Greene luego de una pelea de gallos en San Luis Potosí, “¿Por qué ponerse sombreros enormes y pantalones ajustados y hacer tocar a una banda?”
Si la depresión es un vocablo usurpado a la climatología, al estudio de los ciclones, en Greene tiene un sentido inequívoco de melancolía o de lo que Robert Burton llamaba la bilis negra: “Quizá sea la atmósfera de violencia, quizá sólo sea la altura, dos mil cien metros sobre el mar; pero después de unos días muy pocas personas se salvan de la depresión de la ciudad de México”
Con ser uno de los testimonios más sinceros que se han escrito sobre México, y que en su momento, 1938, vino a paliar un poco al excesivo sentimentalismo que se prodigaba respecto al país en el extranjero, Caminos sin ley (Ed Criterio; Buenos Aires, 1953) nunca se ha encontrado en las librerías mexicanas, a pesar de la curiosidad y la demanda de los lectores Una versión insinúa que su venta fue prohibida durante los regímenes de Manuel Avila Camacho y Miguel Alemán, puesto que los demás volúmenes de la colección Criterio circularon en México sin problemas
The Lawless Roads, en la edición inglesa, o Another México, en la edición neoyorkina, Caminos sin ley fue traducido por J R Wilcock y es un libro de viajes una —”novela de trayecto” en el sentido clásico— expuesto en una narración extraordinaria, sobre todo en los capítulos que llevan al personaje narrador de Frontera a Villahermosa, y de allí (en un aeroplano rojo, un Waspt de los años 30) a Salto, para pasar después en mula a Palenque, y otra vez en avión de Santo de Agua a Yajalón, hasta San Cristóbal de las Casas, donde el novelista inglés —tras haber perdido sus lentes y padecido una diarrea espantosa, entre guías que no hablaban una palabra de inglés— fue recibido con la animadversión o la franca hostilidad que en esos días de la expropiación petrolera se le dirigía a los ingleses o a los norteamericanos
“No me parecía un país donde se pudiera vivir, con ese calor y esa desolación; era un país donde sólo se podía morir, y dejar tras ruinas tras de sí”

De haberlo escrito en 1986, Graham Greene hubiera sido considerado como agente de la “campaña de desprestigio” en contra de México Al serle presentados tabasqueños de apellidos ingleses como Bartlett o incluso Greene, escribió:
“Y luego pasaron por el desfile las señoritas Greene: cabello azabache, dientes de oro, y ojos negros y estúpidos de mexicana”
Graham Greene también incurre en la estrechez de criterio, la mala fe y la arrogancia británica de Evelyn Waugh, que pergeñó en Robo bajo la ley, la mejor diatriba contra México, resentido asimismo por la expropiación de las compañías inglesas El que también Caminos sin ley haya aparecido en 1939 hizo correr la idea, nunca comprobada, de que tanto Greene como Waugh en realidad habían venido a México como agentes del Servicio Secreto de su Majestad (de hecho, durante la Segunda Guerra Mundial Greene trabajó para el M16 en Sierra Leona, en la misma oficina de Kim Philby, dicho sea entre paréntesis)
A Greene no le caían bien los mexicanos:
“Ninguna esperanza en ninguna parte; nunca estuve en un país donde uno tenga más conciencia, en todo momento, del odio Aquí la amistad es a flor de piel, un gesto de protección Ese ademán de saludo que uno ve en todas partes en la calle, las manos tendidas para tomar los brazos del otro, el medio-abrazo, ¿qué es si no el ademán de abrazar al otro para impedirle que saque la pistola? Siempre imperó el odio en México, supongo, pero ahora es la eseñanza oficial; ha desplazado al amor en los programas en las escuelas”
En la sinopsis de Los Caminos de Greene Hugo Hiriart y Guita Schyfter escriben que aparte de los dos libros, Greene escribió una serie de reportajes para revistas inglesas y dos cuentos “Al otro lado del puente” y “El billete de lotería”, recogidos en El espía o Nineteen Stories “Sin embargo, Greene entendió poco, y con frecuencia equivocadamente, la historia, la sociedad y los problemas políticos de nuestro país (hacia el que sentía, según sus propias palabras, un “odio patológico”)”
Tres objetivos se plantean el guionista y la directora:
1 Dar una versión televisiva, con actores y en los escenarios tabasqueños, de El poder y la gloria (adaptada, naturalmente, y reducida a sus líneas más significativas)
2 Mostrar algunos de los hechos de la visita del escritor a Tabasco (tomados de Caminos sin ley) y vincularlos con escenas de la novela para entender cómo tradujo Greene su experiencia a literatura
3 Precisar algunos de los errores de Greene en su interpretación de la realidad mexicana
Según Hiriart y Schyfter, estos errores se manifiestan así:
Greene confunde anticlericalismo con ateísmo e irreligiosidad porque ignora el papel negativo y retrogradante desempeñado a menudo por la jerarquía eclesiástica en nuestra historia
Extrapola los hechos de la guerra cristera a Tabasco porque desconoce o minimiza las enormes diferencias culturales, geográficas e históricas que separan al sureste de, por ejemplo, Jalisco o el Bajío
Y circunscribe la Revolución mexicana al conflicto religioso; no entiende, por tanto, ni los hechos políticos ni a los revolucionarios Su incomprensión de Garrido Canabal, por ejemplo, es total; la expropiación petrolera le pareció un hecho repugnante
“Sin embargo, El poder y la gloria es una gran novela Estos hechos aparentemente incompatibles plantean de manera clara, precisa y profunda, los problemas de la creación artística Por otra parte, es necesario hacer precisiones a Greene, quien, todavía en su último volumen de memorias (Ways of Scape) sigue insistiendo en la veracidad de su irreal visión de México”

Nacido en 1904, el autor de El revés de la trampa y El tercer hombre, se convirtió al catolicismo en 1926 Ahora tiene 82 años
De México le llaman la atención los dentistas, los aviadores y los sacerdotes El proceso creador que va de Caminos sin ley a El poder y la gloria ilustra el antiguo dilema entre el periodista que quiere escribir una novela pero, por la inercia de su oficio, se siente paralizado ante la falta de información, y el novelista a quien unas cuantas imágenes, unos olores, dos o tres rostros, unas frases oídas aquí o allá, le bastan para desencadenar su impulso imaginativo “Como Greene demostró, una estancia breve puede revelar a un escritor profundas intuiciones acerca de una cultura, que pueden no ser experimentadas por quienes se familiarizan demasiado con ella”, dice D Wyane Gunn en Escritores norteamericanos y británicos en México, editado por el FCE (Otro buen estudio sobre México y la novela inglesa, también publicado por el Fondo, es Paraíso infernal, de Ronald G Walker) Y Greene estuvo apenas ocho semanas en México, de finales de febrero al 31 de abril de 1938
“Todos los curas eran perseguidos y matados, excepto uno que subsistió durante diez años en las selvas y los pantanos, aventurándose sólo de noche Ahora Garrido está en Costa Rica, pero su política continúa”, anota Greene en su libro de viajes, prefigurando al sacerdote de su novela Y añade otro párrafo que podría leerse como el apunte de un escritor para una obra aún no concebida: “En Tabasco no quedaba un solo cura, dijo, ninguna iglesia en pie, excepto una a ocho leguas de allí, utilizada ahora como escuela Antes había un cura del otro lado de la frontera de Tabasco, en Chiapas, pero los pobladores le habían dicho que se fuera, porque ya no podían seguir protegiéndolo”
Hugo Hiriart recuerda los años que precedieron a la visita de Greene, la época de los socialistas del sureste: Adalberto Tejeda, Salvador Alvarado, Tomás Garrido Canabal, Felipe Carrillo Puerto
—La Revolución llegó al sureste, no se hizo allí La Revolución se hizo en el norte, pero alcanzó su punto de radicalización en el sureste En el norte nunca alcanzó esa radicalidad —dice Hiriart—
Si Greene hubiera llegado antes habría sido espectador de la guerra cristera en que había desembocado el conflicto entre la Iglesia y el Estado revolucionario
Entre otros estados del sureste, el Tabasco de Garrido Canabal fue El laboratorio de la Revolución (ED Siglo XXI), según lo estudia en su libro Carlos Martínez Assad
En Ways of scape, de 1980, Graham Greene refrenda la visión que tenía de México: “Me dicen que las cosas han cambiado, pero me di una vuelta por la casa del jefe de la policía”
—Su visión es equivocada —añade Hiriart— Pensar que el conflicto religioso fue por razones teológicas y no políticas El Estado mexicano no tenía tesis teológicas opuestas a las de la Iglesia, sino que le disputaba ciertos territorios políticos, como el de la educación
Guita Schyfter cuenta, por su parte, que Greene alcanzó a percibir la inercia, la escuela de Garrido Canabal y vio cosas que no entendía
—Pierde los anteojos, recorre varios tramos en mula, se enferma del estómago, lo tratan mal en San Cristóbal El misterio es que con esos elementos haya hecho una obra maestra —dice Guita Schyfter
En Los caminos de Greene el actor Martin Aylett hace los papeles de Tench y del doctor Winters Alejandro Parodi es el cura, y Eduardo Caña, el teniente, la contraparte del sacerdote, en cierto modo el idealista Garrido Canabal María Rojo interpreta a la mujer del cura
Filmada en Tiapa, Frontera, Macuspana, Guatacalca, Redención de Campesinos y Tenocique, Los caminos de Greene contiene, pues, elementos del viaje de Greene por Tabasco, las “fuentes de su creatividad”, que le sirvieron para la realización de El poder y la gloria, y el hilo argumental de la novela se va entrelazando con algunas escenas de Caminos sin ley
Ya había habido una versión fílmica de El poder y la gloria: la de John Ford en 1947, El fugitivo, fotografiada por Gabriel Figueroa y actuada por Henry Fonda, Dolores del Río y Pedro Armendáriz
—Para Ford, católico irlandés, el cura es un santo y el teniente un salvaje —dice Hiriart

Los caminos de Greene se filmó a finales del año pasado en 19 días
Fotografía: Mario Luna
Sonido: Carlos Aguilar
Producción: Leonor Alvarez y Josefina Caparroso (hija de Amado Caparroso, secretario privado de Garrido Canabal)
Ambientación: Brigitte Broch
Vestuario: Angela Dodson
Musicalización: Joaquín Gutiérrez Heras
Años después de la publicación de El poder y la gloria, Graham Greene recordó que durante su estancia en México “nada estaba más lejos de mis pensamientos que una novela” Pero en Caminos sin ley había anotado: “Era como si México fuese algo que no pudiese sacudirme de encima, un estado mental

Gustavo Bueno, filósofo español. Fragmento de su conferencia,ESPAÑA. Se plantea el tema de España y el catolicismo, frente a los protestantes y frente al islamismo.
Corrido cantado para la presentación del libro de Manuel Garibay : Cuando se acabaron las misas.

Corrido del padre Pedroza, cristero mexicano fusilado por los federales.

Otra película sobre la Guerra Cristera en México, que no se basa en la novela el Poder y la Gloria , de Greene. (Trailer)