¿Qué la Izquierda(política) y la Derecha(política). Una crítica, desde el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno, al llamado diagrama(o test) de Nolan al respecto. Un análisis de los mitos de las izquierdas y los mitos de las derechas.

Proyecto de Filosofía en Español: Programa Teatro Crítico (sección de Hispanoamérica), en vinculación con la Fundación Gustavo Bueno y el sistema del Materialismo Filosófico

¿Los caminos hacia el demofascismo posmoderno son inescrutables? Orígenes y desarrollo de la (acaso olvidada) Escuela de Frankfurt

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Teóricos de la primera generación de la Escuela de Fráncfort; Friedrich Pollock, Theodor Adorno, Max Horkheimer, Leo Löwental, Erich Fromm, Franz Neumann, Herbert Marcuse y Walter Benjamin. Curiosamente, todos eran de origen judío.

La Escuela de Fráncfort y los creadores del discurso marxista-victimista de la corrección política

AUTOR. Gil Sánchez Valiente  20/01/2020 InvestigaciónPolítica 0 Comments

Sólo para situar el relato en su punto de arranque, ubiquémonos históricamente en la Rusia del golpe de estado bolchevique de octubre del 1917, sobrevenido a pesar de que Nicolás II hubiese abdicado siete meses antes a favor del príncipe Lvov y de que éste, en un postrer desesperado intento, quisiese salir del apurado trance recurriendo al socialista Kerensky, nombre que ha pasado a la Historia como sinónimo de acción política contemporizadora o de mera contención… condenada al fracaso.

También el comunismo-a-la-soviética intentó el éxito en otros países. Tal fue el caso de la Alemania salida de la Gran Guerra, así pues en la embocadura de la corta y fracasada historia de la República de Weimar. Allí, la sublevación armada de los ‘espartaquistas’ en la semana sangrienta de enero de 1919, se saldó con la detención, ejecución sumaria y escamoteo posterior del cadáver de su carismática cabecilla, Rosa Luxemburg.

En Hungría triunfó el intento, desembocando en el gobierno de Bela Kuhn.

En estado alemán de Baviera, el bolchevismo ruso quiso implantarse bajo el infructuoso liderazgo de Kurt Eisner…

Sumándose a la decepción de los teóricos marxistas que no habían logrado romper las lealtades del proletariado para con sus respectivos países antes y durante La Gran Guerra, pronto se vio que los trabajadores de una y otra nacionalidad, tampoco después del armisticio, respondían a la incitación de los agitadores comunistas para que unieran sus fuerzas en pos del ansiado ‘paraíso-del-proletariado-sin-fronteras’.Añadamos que los intelectuales marxistas del momento jamás culparon de tan estrepitoso fracaso a la propia ideología ni al ejercicio en wishful thinking que todo aquello había sido, achacándolo en cambio a la cortedad de miras de los trabajadores. 

De un tal planteamiento emergió todo lo que a continuación aquí se glosa.

De entre aquellos teóricos, Georg Lukács, en Hungría, y el sardo Antonio Gramsci, en Italia, asumieron la labor de introspección necesaria para explicarse y explicar a los suyos qué había fallado en la praxis de la teoría marxista en la Europa Occidental. 

Era un primer paso -decían- para no repetir errores.

Georg Lukács

Lukács, comunista húngaro e hijo de uno de los banqueros judíos más importantes del Imperio Austro-Húngaro, comenzó su carrera política como espía al servicio de la Internacional Comunista. Hay quien ve en él al más grande teórico del marxismo tras el propio Karl Marx. 

En 1919, nuestro hombre llegó a la conclusión de que el verdadero y acaso único obstáculo para la aplicación real y efectiva de los principios comunistas en Europa era… ¡la mismísima cultura occidental!

Y tuvo ocasión de poner en práctica sus ideas cuando, en 1919, el gobierno bolchevique de Bela Kuhn se instaló en Hungría, bien que efímeramente, aprovechando él su nombramiento como comisario de cultura en aquél para que su primer acto de gobierno en el área de su competencia fuera introducir un radical programa de educación sexual destinado a los tiernos escolares húngaros, ello como primer paso para minar consciente y en la más directa de las maneras la institución familiar, la cultura y los valores de aquella sociedad para él despreciablemente católica. ¿A qué suena?

No hay exageración en el aserto: se alentaba a los niños a rechazar la autoridad paterna y la de la Iglesia; y a ignorar los preceptos morales. Ya de paso, también intentó llevar esta revolución de valores a las mujeres húngaras. Pero los trabajadores de aquel país, los padres en general -y muy especialmente las mujeres- rechazaron con firmeza tan brutales iniciativas.  

Lukács tituló Conciencia de Historia y Clase al compendio de toda su obra escrita. 

Que el gobierno de Bela Kuhn sólo durase sólo cinco meses fue debido en buena parte al ultraje que la clase trabajadora húngara sintió en sus arraigadas creencias religiosas por la aplicación de las corrosivas ideas del comisario Lukács. Además, en ese corto periodo murieron violentamente más de 200.000 personas, ello hasta que el almirante Miklos Horthy pusiera fin de un manotazo al desaguisado, incurriendo él mismo en masacres aun más atroces dentro y fuera de las fronteras de su país a lo largo de su despótico mandato. 

Bela Kuhn

Bela Kuhn acabó su vida en Rusia en 1938, condenado a muerte y ejecutado que fue tras uno de los famosos procesos de Moscú, se supone que en ‘agradecimiento’ a los servicios prestados. Lukács, más listo y precavido, logró pasar secretamente a Alemania en 1922, donde se unió a un grupo de pensadores marxistas. 

Una de sus frases famosas en aquella segunda etapa fue: este cambio mundial de valores sólo puede llevarse a cabo mediante la aniquilación de los viejos y la creación de otros nuevos por los revolucionarios

Por su lado, el importantísimo Antonio Gramsci, afecto a la Internacional Comunista y fundador del Partido Comunista Italiano, llegó a la conclusión de que los trabajadores nunca reconocerían sus verdaderos intereses de clase hasta que pudiesen liberarse de la cultura occidental y, sobre todo, del yugo de la religión cristiana, una noción que ya enunciara Karl Marx en su célebre apotegma Die Religion sie ist das Opium des Volkes.

Antonio Gramsci

Sostenía Gramsci que esos dos condicionantes escalonadas cegaban a la clase trabajadora, impidiéndola ver sus verdaderos intereses (que, por supuesto, el comunismo liberador les iba a revelar…). 

Por lo que se refiere al gran impedimento, el cultural, lo formuló sin ambages: Sólo se puede hablar con propiedad de revolución cultural si la protesta va dirigida al conjunto de la cultura, incluyendo los principios morales de la sociedad. Y también: Podemos afirmar que la idea tradicional de revolución y la idea tradicional de la estrategia revolucionaria han terminado. Son ideas anticuadas. Lo que debemos llevar a cabo es una forma difusa y dispersa de desintegración del sistema cultural

En su teoría, A. Gramsci defendía la estrategia de una revolución pausada y no violenta que se infiltrase en la cultura occidental durante un largo periodo de tiempo… para destruirla desde dentro. También fue el primero en proponer la aplicación de fórmulas psicológicas para acabar con las tradiciones, las creencias y la moral que constituían el basamento del sistema – la ‘superestructura’, decía- , de tal forma que, además, la gente no tuviese posibilidad de resistirse. Sus palabras dejaban poco lugar para la duda: El mundo civilizado ha sido saturado de cristianismo durante dos mil años. Por ello, una tal cultura, basada en tal religión, sólo puede ser vencida desde dentro

Enterrado como está en el cementerio protestante de Roma, su fijación no era tanto el cristianismo como la religión católica. Apartándose él de la línea oficial dictada por Moscú, el enemigo a batir era el Vaticano, no Wall Street. 

Una de las estrategias propugnadas por aquel Maquiavelo-en-clave-marxista para llevar a cabo su proyecto, fue la de formar alianzas con grupos no necesariamente izquierdistas, que también, con lo que demostró un gran sentido pragmático. Podemos en nuestro tiempo ver claramente esta maniobra en la alianza de sus epígonos con grupos ‘progres’ tales como los del catolicismo ‘obrerista’ y  de las iglesias ‘liberales’; del feminismo radical y del lobby gay; las asociaciones medioambientales anticapitalistas; los llamados movimientos ‘por los derechos civiles’; los que sostienen pretensiones mundialistas; y los inorgánicos y por ello desorganizados grupos supuestamente atacados por el establishmentoccidental en razón de la raza, nacionalidad, religión, etc.

Teorizaba el astuto padre del comunismo italiano que con esta nueva idea en marcha se podría formar un gran frente común cuyos esfuerzos lograrían la transformación de la vieja cultura occidental por vía de su destrucción. Si eso se conseguía en el futuro, decía, se obtendría la ‘hegemonía cultural’ y se podrían controlar a fondo los más íntimos deseos del pensamiento humano, todo ello con la ayuda de la ciencia que emana de un buen entendimiento del funcionamiento de la psicología de masas. El paradigma gramsciano consistía y consiste en lograr que lo seres humanos ‘amen la esclavitud’, lo que con gran aprensión nos hace recordar la orwelliana distópica sociedad descrita en la novela “1984”, obra del comunista por accidente que fue aquel genial pensador inglés cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair. 

La resistencia al marxismo cultural, predijo el sardo, sería totalmente inútil. Así como que se encerraría a los posibles disidentes en una ‘jaula de hierro’. Textual.

Otro de sus siniestros ardides versaba sobre la manipulación de las palabras en orden a la modificación de la percepción de la realidad por parte del desprevenido público en general, esto con fines revolucionarios. La idea subyacente era y es que, fuera mediante la creación ex novo (gay en vez de ‘maricón’), fuese por supresión (¿quién utiliza hoy las palabras ‘patria’ y ‘nación’?), fuere por sublimación (progresistas para designar a los suyos) o, finalmente, por dilución en la ambigüedad (este país en lugar de ‘España’), una vez consolidado el uso de los nuevos términos, las mentes de los usuarios construirán nuevas imágenes mentales favorables al propósito subversivo todo.

Construcción de la nueva realidad’ llaman sin disimulo alguno a esta clase de maquinación los corruptores de la cultura en general y los de la sección semiótica en particular, siempre recordando en esto, enternecidos, al padre de la idea, aquel gran manipulador que se llamó Antonio Gramsci.

El pensamiento e ideas gramscianas se ven reflejados en el libro de Charles A. Reich “The Greening of America” (1990). En él, su autor, celebrado profesor y homosexual comprometido, haciéndose eco de las palabras de su admirado maestro, dice: Hay una revolución en marcha. No será como las revoluciones del pasado. Su punto de partida será  la cultura y su objetivo el individuo;  y, como acto final, el cambio de la estructura política. No necesitará violencia para triunfar ni la violencia podrá detenerla. Es la revolución de la ‘Nueva Generación’.

Tanto Gramsci como Lukács pusieron las bases ideológicas para la creación en Alemania, allá por el año 1923, de lo que terminaría llamándose “Escuela de Fráncfort”, el objeto y título de este trabajo.

Sin embargo, la primera ‘Escuela’ en pretender un  marxismo aplicado fue la del “Revisionismo Marxista”, creada por Eduard Bernstein e influenciada por otro pensador comunista, el francés Jean Jaurès.

Aquella escuela de ‘pensamiento revisionista’ defendía el proyecto de que la revolución se llevase a cabo a través del parlamentarismo, un  principio que hoy practican los partidos socialdemócratas occidentales. Decir que Marx abominaba de esta gente es un hecho que por reconocidamente cierto resulta ocioso destacarlo.

En cuanto a la nuestra, la francfortiana, allá por el año 1923 el inicialmente llamado Institut für Sozialforschung, pasó a ser “Escuela de Fráncfort” a secas, adscrita estatutariamente a la Universidad del mismo nombre. Su objetivo, tras los ya citados fracasos y dificultades del comunismo de los años veinte en Europa, fue desarrollar un tipo de marxismo diferente del revisionismo marxista y del comunismo-revolucionario ‘a lo bestia’, esto referido al  modelo soviético. La ‘Escuela’ incorporó al marxismo las teorías de Sigmund Freud -otro anatema para los estalinistas- para, muy apropiadamente, crear un marxismo ‘freudiano’ que convirtiera esa amalgama ideológica en una destructora fuerza subversiva dirigida contra la civilización occidental, su cultura y sus valores.

Félix Weil

El fundador de la Escuela fue Félix Weil, un joven marxista de origen judío nacido en Buenos Aires y más inclinado hacia la teoría pura que a  la acción directa, llegando por ello a autodefinirse como “bolchevique de salón”. Disertó doctoralmente en la Universidad de Fráncfort sobre los métodos de socialización pero, debido a la persecución de los izquierdistas por parte del gobierno de la República de Weimar, Herr Weil decidió convertirse en benefactor-en-la-sombra de esa izquierda. 

La fortuna de su familia hizo el resto. 

Y es que su multimillonario padre, Hermann Weil, tratante internacional de granos argentinos, lejos de ser el clásico burgués egoísta y opulento, ayudaba y encarrilaba a su hijo por los filantrópicos aunque subversivos derroteros del marxismo utópico. La aportación inicial fue de 120.000 marcos alemanes, que por venir denominados en moneda extranjera evitaron los estragos de la hiperinflación reinante en aquellos turbulentos años, esto por decir que cubrieron con suficiencia no sólo los gastos de cualquier acto que su vástago tuviese a bien organizar, sino también los imputables a publicaciones, pasquines, propaganda, etc. 

Participantes del  Erste Marxistiche Arbeitswoche, Geraberg 1923.  

Este Hermann organizó en 1922 un simposio de una semana de duración apropiadamente publicitado bajo el título Erste Marxistiche Arbeitswoche.  Se celebró en el verano de 1923, en Geraberg, cerca del bosque de Turingia. Tenía por objetivo unir las varias posiciones teoréticas que los marxistas alemanes habían adoptado en respuesta a la situación en su país; y también en respuesta a los últimos poco halagüeños acontecimientos en la Unión Soviética. Además de Felix Weil y su mujer, en aquella reunión pudieron ser vistos juntos a Karl y Heda Korsch, Georg Luckács, Karl y Rose Wittfogel, Richard y Christiane Sorge,Friedrich Pollock, Julian y Hede Gumperz… y otra docena más de intelectuales marxistas.

LA CORROSIVA INFLUENCIA MORAL DE LA ESCUELA DE FRÁNCFORT EN LAS SOCIEDADES OCCIDENTALES

Aquel simposio tuvo tal éxito que el joven Weil pensó en levantar un edificio y dotar presupuestariamente una institución permanente para el avance de sus ideas, similar al Instituto Marx-Engels de Moscú, lo que hoy llamaríamos un think tank. De primera intención lo llamó “Instituto Marxista”, pero pronto cambió el nombre por uno más suave que ocultase sus verdaderos propósitos. Así es cómo terminó siendo “Instituto de Estudios Sociales”, según su traducción del alemán. Como curiosidad, uno de los alumnos que participó en el seminario fue el ya citado Richard Sorge, el famoso espía soviético que había sido ayudante de Kurt Albert Gerlach, hombre éste de temperamento difícil, traído aquí a colación porque fue el primero en postularse con éxito para dirigir la ‘Escuela’. 

Pertenecía Herr Gerlach al claustro de la Universidad de Fráncfort, requisito imprescindible para que ‘La Escuela’ tuviese cobijo bajo el techo de la prestigiosa institución docente. Pero he aquí que Gerlach murió de diabetes en Octubre de 1922, a los 36 años. En su entierro, algunos amigos susurraron al oído de un abatido Felix Weil el nombre del marxista austriaco Karl Grünenberg como posible sucesor. Vencidas unas primeras dudas, en enero de 1923 Weil logró se nombrase a Grünenberg consejero del departamento de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad francfortiana. Y en ese mismo momento pasó a ser el segundo director de la ‘Escuela’

Así fue cómo la Escuela de Fráncfort abrió oficialmente sus puertas el 3 de Febrero de 1923 como instituto adscrito a la vecina Universidad, por decreto del Ministerio de Educación alemán. Sin embargo, no fue hasta el 22 de junio del año siguiente que se inaugurara la sede oficial en la  Victoria Strassen de la ciudad del Main, ya bajo la batuta del mencionado Karl Grünenberg. Éste dejó claro desde el principio que se trataba de una institución de inequívoco sesgo marxista. Uno de sus declarados objetivos fue el de  ‘introducir la razón en el mundo’ y, como meta final, ‘la abolición de la Cultura’ (Aufhebung der Kultur), según ya dejaran consagrado Lukács y Gramsci… siempre en el entendimiento de que la acción de demolición versara exclusivamente sobre la odiada y odiosa cultura occidental.

A lo largo de la dilatada historia del Centro han pertenecido a ella figuras tales como Walter BenjamínFranz NeumannErnst Block, Julian Gumperz, Bruno Bettelheim, Nathan Ackerman, Theodor Adorno, Erich Fromm, Max Horkheimer, Otto Kirchheimer, Friedrich Pollock, Ernst Schachtel, Adries Sternheim, Leo Lowenthal, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas y una retahíla de pensadores marxistas; eso sí, gente pacífica, sin puños, hoces ni martillos.

Grünenberg y sus colaboradores trabajaron en la primera fase sobre temas relacionados con el movimiento obrero y algunas cuestiones económicas, siempre temas marxistas convencionales, todo ello con un éxito calificable como ‘perfectamente descriptible’.   

Hasta su retirada definitiva en 1929, tras haber superado a un ataque cardiaco, Grünenberg  pasó la dirección administrativa de la Escuela a su asistente Friedrich Pollock. Y tras el interinazgo de Pollock, en enero de 1931, un atípico intelectual marxista, Max Horkheimer, fue nombrado tercer director de la Escuela. 

Lo de ‘atípico’ va porque a Horkheimer se le puede muy bien considerar marxista renegado… y sin embargo amigo íntimo de los muy ortodoxos Weil y Pollock.  Especializado en filosofía y catedrático de esa materia en la universidad francfortiana, el joven nuevo director comenzó a utilizar la Escuela para desarrollar una teoría marxista muy diferente a la tenida por oficial, siempre en pos de un ente revolucionario que sustituyese a la manida ‘clase obrera’, algo que finalmente encontró en los años 60 (ya veremos más adelante en qué consistió). 

Mientras tanto, recuperó las ideas de Lukács, centrando el trabajo de la institución a su cargo en la cultura y no en la economía, esfera ésta en la que bien sabía que los comunistas eran ampliamente superados por los despreciables capitalistas, tanto en el campo teóretico como en la praxis.                                                                                 

Otro ámbito de actuación de la Escuela lo constituye el medio ambiente, tan enfatizado hoy por los epígonos de aquellos marxistas revirados ‘de los años treinta’ que son los greens. “El materialismo desde Hobbes había llevado a una actitud de dominancia manipulativa frente a la Naturaleza…” Así se pronuncia Horkhemier en un papel datado en 1933 y titulado Materialismo y Moral“El asunto de la dominación de la Naturaleza por parte del hombre…”, comentaba el profesor de Historia Martin Jayiba a convertirse en tema principal de estudio en la Escuela de Fráncfort en los años venideros.

Max Horkhemier

Por otra parte, la oposición de Horkheimer al viejo concepto marxista de la fetichización del trabajo (he aquí otra patente divergencia respecto a la ortodoxia marxista), se expresaba en una nueva dimensión del materialismo, a saber, la exigencia de una felicidad humana accesible por vía sensorial -sensualidad y sexualidad, para entendernos-, el pórtico plateresco del epicureísmo hedonista, hoy tan común y prevalente que casi no se nota. 

En uno de sus más mordaces ensayos, Egoísmo y el Movimiento para la Emancipación, escrito en 1936, Horkheimer discutía “la hostilidad al goce personal inherente a la cultura burguesa”. Allí hacía él específica y laudatoria referencia al marqués de Sade por su oposición al ascetismo en nombre de una más elevada moralidad

Sobre esa base se introdujeron las ideas freudianas para argumentar, como primer gran desarrollo, que en la cultura occidental los individuos vivían bajo una constante represión psicológica y sexual, causa principal de su infelicidad. Entre otras cosas, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, ha pasado a la historia de la ciencia especulativa como inventor del paradigma que explica los traumas humanos desde el ángulo de la sexualidad. La primera derivada de tal hallazgo fue la puesta en marcha de una hasta entonces prácticamente inexistente educación sexual, materia en la que, forzoso es admitirlo, hubo desde el principio y hay en la actualidad mucho sexo… y muy poca educación.

Sigmund Freud

Bajo el palio de las verdades indiscutibles, los seguidores de Freud presentan al mundo nociones tales como la de que si alguien piensa o sueña en objetos afilados o alargados, está evocando símbolos fálicos; que cualquier idea sobre algo redondo y cavernoso es una representación simbólica de la vagina; y que si una persona desea fervientemente meter un gol en la portería contraria, indica una represión… o que, en realidad, ¡desea fornicar con su madre! Para Freud, la sexualidad está basada únicamente en la libido. A este genio debemos el supuestamente luminosos hallazgo del indemostrado e indemostrable ‘complejo de Edipo’. Astutamente, la Escuela de Fráncfort mezcló el marxismo y las teorías de Freud para su trabajo de zapa cultural. 

Theodor Adorno-Erich Fromm

La irrupción del crítico musical Theodor Wiesengrund Adorno y del psicoanalista Erich Fromm en el escenario de la Escuela de Fráncfort fue un acontecimiento de la máxima importancia porque, en opinión de muchos, ambos fueron los miembros más brillantes y decisivos en su época. Fromm era conocido por su ‘Psicología Marxista Radical’, pionero que fue en los conceptos de ‘liberación sexual’ y ‘política de género’. Su visión de la masculinidad y la femineidad consistía en la en su tiempo peregrina afirmación de que ambas condiciones no eran consecuencia de diferencias sexuales hormonales o genéticas sino que derivaban de los roles que había fijado la sociedad para diferenciar los chicos de las chicas y viceversa; y que, por tanto, la Naturaleza tenía poco que ver en ello. En suma, que en la cuestión del sexo todo es artificial, convencional y por ende manipulable. 

Se puede apreciar aquí una de las primeras piezas del puzzle de un todo que terminaría siendo lo que hoy con temeraria indiferencia llamamos ‘Corrección Política’ y su primera derivada que es la no menos insidiosa ‘Educación para la ciudadanía’. Son importantes en este campo, es decir, en la aplicación de los dictados del “marxismo cultural”, los trabajos de Bruno Bettelheim, un especialista en psiquiatría infantil; y los de Leo Lowenthal, idem en estudios de los medios de comunicación de masas, los media.  

Junto con Adorno, merce mención expresa el también influyente Walter Benjamin, gran amigo de Bertoldt Brecht y del cabalista Gershom Scholem. La analítica obra del filósofo Walter Benjamin  -otro notorio homosexual- representa la base teórica que cimenta el edificio de la “Corrección Política”, central y sólidamente instalado que hoy lo vemos en nuestras universidades, en los despachos de gobierno, en los media subvencionados … y en nuestras vidas.

Walter Benjamin

Anecdóticamente, este importante intelectual marxista murió en Port Bou al poco de haber entrado en España huyendo de los nazis. La causa oficial de la muerte fue la de suicidio, provocado, también se dijo, por el rechazo de su persona por parte de las autoridades españolas que en su perjuicio cambiaron la ley de fronteras justo el día anterior al de su óbito. Hay quien piensa que fue eliminado por los alemanes que, en 1940, se movían a sus anchas en ambos lados del Pirineo. También a título de anécdota, Walter Benjamin estuvo emparentado con la célebre pensadora judía Hannah Arendt mientras duró el matrimonio de esta con un sobrino suyo.                              

El “Post-estructuralismo” de Roland Barhes, las ‘Microestructuras del poder’ de Michel Foucault, el  Deconstruccionismo” de Jacques Derrida y la ‘Semiótica’ de Humberto Eco se apoyan abiertamente en Walter Benjamin. Incluso en 1991, el Washington Post definía a éste como “el más fino teórico literario alemán”.

Herbert Marcuse

Herbert Marcuse se unió a la Escuela de Fráncfort en 1932 como asistente de Horkheimer para el trabajo filosófico. Terminó siendo uno de los miembros más importantes de aquel equipo, seguramente el más dañino y ciertamente el más conspicuo en su tiempo. Fue él quien afinó aún más los postulados del ‘fino’ Benjamin. Al alimón con Fromm introdujo uno de los elementos cruciales de la ‘Corrección Política’: el sesgo sexual. De hecho, Marcuse fue el primer teórico de la New Left americana y durante las décadas de los 50/60 completó la reconversión social del marxismo en términos culturales, inyectando la idea francfortiana en él. Todo esto sucedió tras el flujo migratorio desde la Alemania de 1933 a USA, protagonizado por los máximos proponentes de la Escuela de Fráncfort. Fue aquél un itinerario zigzagueante, en algunos casos con escala en Ginebra y París, siempre con el ominoso aliento de los nazis tras sus nucas dado que todos ellos eran judíos. Resulta sorprendente que  Hitler no acosara a los miembros de la ‘Escuela’ más allá de prohibirles dar conferencias e impartir clases. Sólo Adorno permaneció en Alemania varios años más, hasta que se mudó a Oxford.

En Ginebra, donde los francfortianos recalaron al principio, se limitaron a cambiar el nombre de la ‘Schule’ por su equivalente en francés. Horkheimer y Fromm analizaron allí las consecuencias que el desempleo, entonces imperante en Francia, tenía sobre las familias. También se plantearon, por vez primera  las ventajas que para sus designios tendría una hipotética ruptura del sistema patriarcal en favor de otro matriarcal. He aquí la base de las posteriores musitaciones ‘adornianas’ sobre su famosa noción de la ‘Personalidad Autoritaria’. 

Tras un tiempo en Suiza, ambos tuvieron claro que su estancia allí era  provisional, así que viajaron hasta París y desde allí a los EE.UU., lejos de los ‘tentáculos fascistas’, como solían decir.

En USA continuaron sus trabajos, siendo acogidos sin recelo ni reservas por la hasta nuestros días manifiestamente izquierdosa Universidad de Columbia, en Nueva York, siempre bien arropados por el entonces rector-presidente de esa institución, un criptocomunista de nombre Nicholas M. Butler. La llegada a esa Universidad debió mucho a las gestiones de Julian Gumperz, activo comunista y colaborador de Willi Muenzenberg, el infame espía bolchevique y especialista en el agit-prop. Quizás resulte chocante, pero incluso en los peores momentos del macartismo, casi toda la élite universitaria norteamericanas simpatizaba con los comunistas y sus teorías. Y en ello están todavía, sólo que con el cálido viento ‘progresista’ soplando hoy en sus velas.

Característicamente, a la par que criticaban abiertamente la cultura burguesa y las creencias, valores, etc. de las sociedades occidentales, aquellos incorruptibles santones comunistas guardaban silencio respecto a las purgas, ‘juicios’, deportaciones masivas, gulags y masacres -más de veinte millones de víctimas sólo en Rusia- llevados a cabo por bolcheviques y trotskistas. 

Gumperz y Muenzenberg eran lúcidamente conscientes de que el aterrizaje de la Escuela de Fráncfort en Norteamérica significaba, con el tiempo, introducir sendos y enormes caballos de Troya en todas las ‘Plazas Mayores’ de las capitales occidentales. 

Los francfortianos tuvieron notable presencia e influencia en las universidades de Princeton, Brandeis y Berkeley.

Desde 1940, una vez los francfortianos de la ‘sucursal’ americana consideraron estar  suficientemente asentados en su nuevo entorno, dieron una primera vuelta al horizonte y vieron que se  hallaban en territorio amigo y, mejor aun, ante a un público receptivo. Así pues, pronto comenzaron a ser detectables sutiles cambios en la descripción de los trabajos que desarrollaba la incipiente ‘Escuela de Fráncfort Trasatlántica’. Por ejemplo: el ‘sujeto revolucionario’ ya no era aquel que se oponía a la ‘personalidad autoritaria’, tal como había sido en los estudios previos en Europa. En USA, era el ‘demócrata’ quien se enfrentaba a ella. Con aquel incipiente y gramsciano encaje de bolillos terminológico, los francfortianos sólo pretendían hacer el mejor asiento ideológico posible en el ala liberal del New Deal  americano, lo que supuso un correspondiente alejamiento respecto al sector decididamente marxista o radical de la vieja ‘Escuela’. 

Según esto, ‘Educación’ pasó a ser ‘Tolerancia’; y en sustitución de ‘la praxis  para el cambio revolucionario’ se inventaron otros términos más ‘digestibles’. Aquellos maquinadores fueron astutamente adaptando su lenguaje para hacerlo grato a los oídos de la nueva corriente izquierdista norteamericana (liberal, que allí dicen), siempre, eso sí, manteniendo los sempiternos objetivos de la zapa cultural marxista.  

Para la Escuela de Fráncfort ‘la tolerancia’ nunca fue un objetivo en sí misma sino una especie de arma arrojadiza; y la ‘personalidad no-autoritaria’, tal como fue definida, era la de alguien que se postulaba como ‘no-dogmático’, todo esto dicho en el contexto de una fingida devoción por la diversidad. Añadamos aquí que este pensamiento es el dominante en la sociedad occidental actual. 

Estas ideas y otras teorías importantes, como la llamada ‘Estudios sobre los Prejuicios’, fueron desarrolladas en el decisivo libro de Adorno La Personalidad Autoritaria (1950), ayudado él en esa labor por tres psicólogos de la Universidad de Berkeley. Las ideas aquí anteriormente expuestas quedaron reflejadas y ampliadas en esa obra.

La influencia de La Personalidad Autoritaria fue enorme. En ella el autor dice que ‘la gente en Estados Unidos tiene tics fascistas y que cualquiera que defienda la cultura americana -y por extensión la occidental toda-, está desequilibrado psicológicamente’. No es casualidad que progresistas y comunistas etiqueten a sus opositores como ‘fascistas’, sugiriendo implícitamente que necesitan tratamiento psicológico a través de un ‘entrenamiento en sensibilización’, siendo ésta una más de la larga serie de nociones abstrusas adosadas a nombres rimbombantes. 

El libro de Adorno sobre la ‘Personalidad Autoritaria’ abrió la veda a la búsqueda de los entes culpables; y, con esta, la invención del ‘síndrome del mea culpa’, vigente en nuestros días, bien entendido, una vez más, que sólo aplicable al mundo occidental y, dentro de él, al ‘hombre heterosexual de raza blanca: caucásico, como allí gustan decir. Uno de sus primeros estudios -y el de más éxito- fue la teoría que explicaba la aceptación del fascismo por parte de los trabajadores. Decía que el sistema capitalista propiciaba primero y sostenía después un tipo de estructura familiar patriarcal que generaba niños con una típica y por ello definible deformidad del carácter. 

Este principio remataba la idea de Adorno: la gente que tenía esa personalidad aceptaba, ayudaba y promocionaba el fascismo. Aclaremos que el fascismo fue arbitraria e imprecisamente definido por los francfortianos como una manifestación del nacionalismo, del etnocentrismo y del racismo, idea desarrollada hasta el punto de que el vocablo ‘fascista’ pasó a constituir y constituye todavía hoy un epíteto, un insulto, por encima pues de cualquier pretensión definitoria que hubiese restado impacto expresivo y ámbito de aplicación al término. 

Volviendo al preciado y muy productivo tema del autoritarismo, repitamos que, desde la perspectiva freudiano-marxista, la gente con personalidad autoritaria son enfermos mentales necesitados de una terapia adecuada. 

Calcularon aquellos intrépidos francfortianos del dorado exilio americano que el 10% de la población USA estaba incursa en esa enfermedad; y que, obviamente, se necesitaría una terapia de masas para remediar semejante dictamen. Finalmente, la aplicación de esa terapia se llevaría a cabo a través de la educación pública y de los grandes medios de comunicación de masas, los media… 

Ya lo decía el conde Nikolaus Coudenhove-Kalergi en su “Praktischer Idealismus”, escrito ¡en 1925!: la escuela y la prensa son los dos puntos de partida desde los que el mundo se deja renovar y refinar, sin sangre ni violencia.  La escuela alimenta o envenena el alma del niño, tal como la prensa hace con el alma del adulto. Y he aquí que ambas instituciones se encuentran hoy en manos de una inteligencia no espiritual. Y que devolverlos a las manos del espíritu es la máxima tarea acometible por cualquier política idealista, de cualquier revolución idealista.  

Tomando al parecer buena nota de esto, a partir de 1937 la Fundación Rockefellercomenzó a inyectar dinero en la investigación de los efectos sociales de los media.  En ese año había en USA casi treinta millones de aparatos de radio, pero nadie había hecho una investigación seria sobre el asunto de la influencia social de tan poderoso vehículo de transmisión cultural. La Fundación Rockefeller solicitó la participación de varias universidades y montó su cuartel general en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Princeton, todo ello bajo el nombre de ‘Oficina de Investigación de la Radio’, conocido popularmente como Proyecto Radio. El director del mismo fue Paul Lazersfeld,  hijo adoptivo del economista marxista austriaco Rudolph Hilferding, otro viejo colaborador de la Escuela de Fráncfort. 

A las órdenes de Lazersfeld estaba Frank Stanton, a la sazón novel doctor en Psicología Industrial (sic) por la Universidad de Ohio y que acababa de ser nombrado director de investigación de la Columbia Broadcasting System (CBS), un gran título, sí, pero con poca ‘miga’. Tras la 2ª GM, Stanton llegó a presidir la CBS, a ser consejero de la Rand Corporation e introducirse en el gabinete personal del presidente Lyndon B. Johnson. 

Entre otros investigadores del ‘Proyecto Radio’ estaba la vienesa  Herta Herzog (la-ciencia-de-vender-cualquier-cosa), que casó con Lazersfeld y acabó siendo la primera directora de la Voice of America

Theodor Adorno fue nombrado responsable de la sección musical del proyecto. Las actividades del ‘Proyecto Radio’ dejaron claro que se buscaba comprobar empíricamente las tesis de Adorno y Benjamín sobre la capacidad de los media para llevar a cabo un ‘masivo lavado de cerebro’. 

De esa comprobación surgieron seriales en radio, las llamadas soap operas, que conectaban perfectamente con las amas de casa de nivel social inferior y vidas grises a quienes el relato trasladaba a parajes exóticos y, a través de encantadores personajes de ficción, les hacían vivir experiencias románticas propiciadoras del escapismo, es decir, del momentáneo olvido de la tediosa monotonía de sus vidas. Un estudio realizado por dos psicólogos de la Universidad de Chicago bajo el título de The Radio Daytime Serial: Symbol Analysis, confirmaba la bondad de esos programas y constataba la adicción que creaban en las oyentes, así como la credibilidad de que gozaban en su calidad de ‘realidad alternativa’. El Proyecto Radio analizó en profundidad el efecto que produjo el celebérrimo programa de Orson Welles de 1938 ‘La Guerra de los Mundos’, es decir, la histeria que provocó en la sociedad americana. Un dato curioso, descubierto por los analistas del Proyecto Radio, fue que la gente no creyó que los marcianos invadían el país sino que los invasores eran ¡los alemanes! La explicación que dieron fue la de que los oyentes norteamericanos estaban psicológicamente condicionados por las noticias radiofónicas sobre la crisis de Munich del mes anterior. Aquella crisis había sido presentada en el novedoso formato de ‘boletín de última hora’, de noticia corta, inserta a botepronto en el flujo noticioso y que por eso rompía sin avisar el programa en antena, lo que incrementaba la ansiedad del público oyente en el punto álgido de la emisión. Una tal práctica fomentaba la rumorología en la sociedad, en este caso sobre la inminencia de la guerra y la posibilidad de una tal invasión. Orson Welles utilizó a la perfección el truco de los ‘boletines sorpresa’ en aquel memorable programa suyo.

Con ello empezó en serio la manipulación de los media para introducir en la sociedad los cambios que se considerasen necesarios: programas destinados a ‘crear opinión’, decían. En la actualidad, este formato de serial radiofónico para adultos ha pasado a la televisión en sendas versiones para niños, jóvenes y personas mayores; en ellos, característicamente, siempre aparece una representación de las razas del mundo, algún mariquita, una pareja de lesbianas, mujeres fuertes y hombres medio lelos. Ejemplos de series que se ajustaron a este formato fueron ‘M.A.S.H’, ‘Dinastía’, ‘Dallas’, ‘Falcon Crest’, ‘Little Annie’, etc. Hoy día lo hace casi todos.

La CBS fue el primer ente radiotelevisivo en disponer de una estructura técnica para analizar el impacto social de los programas, algo hoy presente en todas las grandes emisoras. Con el análisis empírico que llevan a cabo y las aplicaciones resultantes de ellos, los colosales entes audiovisuales USA son los responsables de la muy común sensación de que cuando uno ve determinada escena en una nueva película o programa, cree haberla visto antes. Y es que si un analista de programas indica que la audiencia ha vibrado o ha vivido intensamente una escena determinada en un drama de la II Guerra Mundial, o que se ha emocionado mucho cuando un actor cualquiera besaba a una actriz cualquiera, el formato de esa escena se habría de repetir en docenas de obras situadas en la Edad Media, en el espacio sideral o en el tiempo y situación que convengan.

Será interesante reseñar que las técnicas para la aplicación del ‘entrenamiento en sensibilización’ utilizadas en las escuelas públicas americanas durante los últimos 40 años (y hoy día en los cursos de formación militar de los soldados), fueron desarrolladas durante la 2ª G.M. por  Kurt Lewin y sus colaboradores. Uno de ellos, Abraham Maslow fue el ‘inventor’ de la pirámide de ‘las jerarquías de las necesidades. Ambos eran miembros de la Escuela de Fráncfort. 

El primero escribió el libro ‘El Arte de la Facilitación’, del cual se extrajo el manual utilizado durante los ‘entrenamientos de sensibilización’ arriba citados. El quid de la teoría subyacente estribaba en lo que se llamó y se llama ‘dinámica de grupos’ o ‘del común destino grupal’. En él se adoctrinaba a los profesores no a enseñar sino a ‘facilitar’, a ser meros ‘vectores facilitadores’. Kurt Lewin desarrolló allí y entonces la técnica para cambiar la percepción que del mundo pudiera tener cualquier persona, ello a través de las referidas dinámicas (o terapias) de grupo, tal como vemos funcionan en los filmes que nos muestran cualquier reunión de “Adictos Anónimos”, por ejemplo.    

En ellas, los profesores se convierten en terapeutas aficionados; y el aula en centro de autoanálisis y círculo terapéutico donde los niños primero, más tarde los soldados rasos y finalmente toda suerte de inadaptados y drogodependientes, hablan de sus propias experiencias, sensaciones y sentimientos. Esta técnica fue diseñada para convencer a los participantes de que ellos eran la única autoridad en sus propias vidas. Era una forma de alejarles de la familia, de extraerles del círculo tutelar parental, de lavarles el cerebro y de así avanzar en el nuevo modelo social marxista.

LA INFLUENCIA MEDIÁTICA DE LA ‘ESCUELA’

Erich Fromm y Julian Gumperz dieron los primeros pasos y establecieron los contactos adecuados para que la Escuela de Fráncfort fuese aceptada en los círculos social-científicos norteamericanos serios, ya que ambos tenían contactos previos en el país y hablaban un inglés fluido.  Conduciéndose  siempre con mucho cuidado para no mostrar la-pata-de-lobo-marxista, fueron muy selectivos con la lista de instituciones y personas susceptibles de ser contactadas, concentrando sus esfuerzos en aquellas que tuviesen algo o mucho que ver con la sociología o las ciencias sociales. Enviaron cartas con copias de su Zeitschrift für Sozialforschung (Revista de Investigación Social) en las que se explicaban los estudios realizados sobre la autoridad y la familia, con una nota de acompañamiento escrita por Fromm y Gumperz. Algunos de sus más egregios receptores fueron Lewis Lorwin, de la Brooking Institution, Pitirim Sorokin, de la Universidad de Harvard, y W.F. Ogburn, de la Universidad de Chicago.

Afianzando su presencia en América, la Escuela de Fráncfort avanzó en sus “Estudios sobre los Prejuicios”, divididos estos en dos apartados: el de la “Personalidad Autoritaria” y el de la “Dinámica de los Prejuicios”. Ambos tenían como meta probar concluyentemente que los prejuicios y los desórdenes psicológicos enraizados en la estructura de la ‘Personalidad Autoritaria’ podían ser erradicados con sólo someter a los americanos a una prolongada y masiva sesión de psicoterapia colectiva, tratándolos como si fuesen internos de un gran manicomio. 

A través de aquellos pensadores marxisto-freudianos, los grandes medios de comunicación crearon el tipo hippie, sucintamente definible como una persona joven refractaria al orden social establecido, es decir, el nuevo ‘revolucionario’ socialista que por deriva declinante ha ido metamorfoseándose en un tipo del cual el contemporáneo ‘perroflauta’ hispano es cabal reflejo. El hippie, su estilo de vida, su promiscuidad sexual, sus drogas y su psicodelia sirvieron muy bien a los disolventes fines de sus creadores y nunca se les fue de las manos. Como ya se ha dicho, el resultado fueron miles artículos en revistas, programas de radio y televisivos o películas que martilleaban continuamente sobre los mismos conceptos de la estupidez de los padres y la brillantez de unos hijos que sabían más que sus ineptos progenitores; de la mujer dura y liberada que rechaza la maternidad y, sobre todo, la ubicua espada de la culpa pendiendo sobre la cabeza del hombre blanco heterosexual, el síndrome del mea culpa ya reseñado… que así pasó a ser la putativa causa de todos los males del mundo y que hoy ha ampliado su radio de acción para incluir a nuestros gobernantes. 

El interminable ‘machacamiento’ psicológico del deleznable estereotipo que ha pasado a ser el varón blanco y straight, vigente en nuestros días, es uno de los más perdurables legados de la Escuela de Fráncfort.

La idea de la Personalidad Autoritaria de Adorno tiene su base en un cuestionario que Fromm utilizó a principios de los años 30 en Alemania para analizar psicoanalíticamente a los trabajadores con el propósito de perfilar las personalidades que él encasilló en una triple tipología: la autoritaria, la revolucionaria y la ambivalente. Después retocó estos perfiles en su libro para  -tal como hiciera San Agustín con las jerarquías angélicas- dar paso a nueve categorías, todas comprendidas en un arco que iba desde la ‘personalidad revolucionaria’ a la ‘personalidad democrática’. Creyó él saber que su nueva tipología conectaba mejor con las percepciones del público de la posguerra en la América anglosajona.

Utilizando la ‘metodología de resultados’ de Rensis Likert, Theodor Adorno y sus colaboradores fueron capaces de lograr una definición empírica de lo que éste denominaba ‘un nuevo tipo antropológico’ que en concreto era la ‘personalidad autoritaria’.

Por ello, teorizaban, una vez que la tipología ha sido establecida estadísticamente, los comportamientos pueden ser perfectamente explicados… y modificados. Añadamos con intención adversativa que este principio ignora que, al menos en teoría, la mente humana es capaz de transformarse y desarrollarse independientemente de los estímulos externos recibidos, por ende también los comportamientos concomitantes.

El resultado de aquel estudio fue que quedaba probado que la población blanca norteamericana era genéricamente conservadora, que no quería abandonar el sistema capitalista, que creía en una familia fuerte, que la promiscuidad sexual merecía reproche, que el mundo de la posguerra era un lugar peligroso y que todavía recelaba de los judíos, de los negros y de los orientales. Pero lo verdaderamente importante fue que los intelectuales francfortianos audazmente apostasen por corregir un tal cuadro mediante un adoctrinamiento apropiado, ello en un momento de crecimiento económico y optimismo cultural. Por lo que hemos terminando viendo, habremos de admitir que los maquinadores de la zapa cultural no estaban del todo equivocados en asumir las posibilidades ‘reconductoras’ que semejante apuesta comportaba. 

     Por otro lado, aseguraban, uno podía coger esos resultados y mostrar que los progromsantijudíos, por ejemplo, aún palpitaban bajo de la superficie de las apariencias, a la espera de que un nuevo Hitler los revitalizase.

Sin embargo, bien mirado, como diría Popper, aquellas tajantes aseveraciones no eran otra cosa que sendos juicios políticos, por ende subjetivos y en absoluto científicos, aceptados no obstante sin rechistar y promulgados dogmáticamente por la ‘Escuela’. 

Fieles a la línea oficial, Horkheimer y Adorno aseguraban que todas las religiones, la hebraica incluida, eran el “opio del pueblo”. Su objetivo no era la protección de los judíos frente a los prejuicios de sus vecinos, sino la denuncia del imaginado feroz autoritarismo que según ellos, falseando o al menos exagerando grandemente la realidad, se daba en los EE.UU. A continuación, con el apoyo del poderoso clan judío, bastaba forzar al gobierno y a los media a ‘la reeducación científicamente planificada’ de los norteamericanos y de sus primos europeos, todo ello para alejarlos de los principios de la maleada civilización a que pertenecían, léase la cristiana, la eterna bestia negra de la ‘Escuela’.

En sus escritos de ese período, ambos forzaron su tesis hasta límites delirantes, tal como puede verse en su obra “Elementos del Antisemitismo” (1947):  …ya que el capitalismo es inherentemente fascista y la filosofía cristiana es en sí misma una fuente de antisemitismo”.  De esta manera, Cristo pasa a ser un hechicero deificado y, por ello, la intelectualización de lo mágico en el cristianismo es la raíz del mal. 

La antes mencionada Hannah Arendt, teórica de la ciencia política nacida en Hannover, ayudó en estos principios delirantes popularizando la investigación sobre la ‘Personalidad Autoritaria’ en su obra Los Orígenes del Totalitarismo

Hannah Arendt

En 1961, Arendt aportó también su famosa retórica sobre la “banalidad del mal” en su ensayo novelado (llevado al cine) “Eichmann en Jerusalén” diciendo que …dándose las condiciones psicológicas adecuadas, incluso alguien con aspecto de inofensivo librero puede convertirse en una bestia nazi; y por ello cada ‘gentil’ es psicoanalíticamente sospechoso. La interpretación extrema que H. Arendt hizo de la tesis de la adorniana ‘Personalidad Autoritaria’ ha terminado siendo la filosofía sobre la que opera el actual Cult Awareness Network (CAN), un grupo que trabaja con el departamento de Justicia USA y con la Liga Anti-Difamación de la Orden judía B’nai-B’rith, entre otras. Utilizando el método estándar de la Escuela de Fráncfort, el CAN identifica grupos políticos o religiosos como ostensibles enemigos, reales o potenciales; y los denominan ‘cultos’, sinónimo de secta, perniciosa en este caso, para poder justificar futuras acciones de represalia contra ellos.

Posteriormente, en 1964, la misma H. Arendt participó activamente en el ataque contra el Papa Pío XII, publicando una demoledora pieza literaria en el ‘New York Herald Tribune’ titulada The Deputy: Guilt by silence, donde recriminaba duramente al Papa Pacelli el no haber ayudado a los judíos durante la guerra. 

El ataque de la Arendt se basaba en una información que le suministró Karl Jaspers, basándoseeste a su vezen la obra del desconocido Rolf  Hochhuth titulada “El Vicario” (“The Deputy”), en la que se acusaba al Papa de negligente, esto en la más benigna de las lecturas posibles de sus actos. Hoy se sabe que fue el KGB, desde su departamento dezinformatsiya, en una misión llamada “Operación Asiento-12” quien estaba detrás de esa campaña difamatoria para destruir el Vaticano ‘desde dentro’, infiltrándose y manipulando los datos microfilmados. Su máximo responsable fue el legendario general  soviético Iván Agayants.

Nunca sabremos si Hannah Arendt actuó de buena fe o con malicia. Lo cierto es que atacar al papado siempre ha sido y sigue siendo ‘políticamente correcto’ para los comunistas y sus compañeros de viaje.  Atención pues, Papa Francisco, a quién Su Santidad ofrece asiento en la mesa pontificia.

Con todo esto en mente, algunos viejos amigos norteamericanos duchos en el tema tienen claro que mientras unos pocos compatriotas suyos trataban de contener la amenaza que suponía la Unión Soviética en aquellos años del inicio de la Guerra Fría, un grupo elitista de subversivos culturales buscaban hacerse con el control del aparato de creación de la opinión pública. Los sucesores de estos últimos se mueven hoy en el entorno de otro concepto abstruso que llaman ‘teorías deconstructivistas’. Las teorías cambian, pero siempre son los mismos atacantes y siempre también mismo el objetivo a batir.

Otra nueva teoría que desarrolló la ‘Escuela’ en aquella su nueva ubicación transatlántica fue la aplicación social de la llamada Teoría Crítica. Este nombre es un juego de dos palabras en el que lo inmediato es preguntar ¿de qué teoría hablamos? La verdad es que no había teoría alguna. El propósito de aquella entelequia era el de conseguir y aplicar una crítica destructiva a cada estamento social de la cultura occidental, con la esperanza de demolerla toda ella como resultado de haber hecho lo propio con cada una de sus partes. La ‘Teoría Crítica’ está en la base de los ‘Gay Studies’, ‘Women Studies’, ‘Black Studies’ y otros departamentos de ‘estudios’ que proliferan en las actuales universidades norteamericanas. Esos departamentos son el alma nutricia de la doctrina de lo ‘Políticamente Correcto’, entendida como arma social. Por esto la ‘Escuela’ es muy importante para el marxismo ortodoxo, en tanto que los francfortianos  -patética tribu de nihilistas desesperados- no creen en el futuro y sólo aspiran a la destrucción del capitalismo y de la sociedad burguesa… despejando así el camino a quienes sí saben qué ha de hacerse tras el derrumbe. Estamos pues hablando de un torpedeo dirigido a la línea de flotación de nuestra civilización que, lo quieran o no los del submarino, también es la suya. 

Obviamente, la Escuela de Fráncfort nunca definió la ‘Teoría Crítica’, limitándose a anunciar, eso sí, contra qué iba.  Horkheimer ya dijo que la lógica no es independiente del contenido, significando con ello que un argumento debe ser tenido por lógico si destruye la cultura occidental… y por ilógico si la apoya. Este principio forma parte de la educación de nuestros hijos en las escuelas y universidades contemporáneas. Hoy en España lo podemos ver en la forma de actuar -entre inconsciente y anarcoide- de una gran parte nuestra juventud; y en esa campaña organizada contra todo lo que se perciba como sostén de nuestro sistema democrático: representantes políticos, gobierno, judicatura, instituciones, banca, capital, empresarios, cultura ancestral, etc. No se salva nada ni nadie; con el añadido de millones de parados y la incesante e inquietante suma de inmigrantes… lo cual lleva a la destrucción total del edificio en que vivimos y que justicieramente aplastará en su caída a los Sansones causantes del derrumbe.

Ya en 1915, Nahum Goldmann, en su Der Geist des Militarismus (Stuttgart und Berlin, Deutsche Verlag-Anstalt, 1915), se alineó según el pensamiento citado más arriba, diciendo: Así, el primer cometido de nuestro tiempo es la destrucción. Todas las esferas y formaciones sociales que el antiguo sistema había creado deben ser eliminadas; los individuos deben ser arrancados de su entorno habitual; ninguna tradición debe considerarse sagrada; la edad sólo es signo de enfermedad. El lema es: “Lo que fue, ha de desaparecer”. Las fuerzas que ejercen esta tarea negativa serán el capitalismo en el terreno económico-social y la democracia en el terreno intelectual-políticoEs difícil pasar por alto el hecho de  que la línea de esta filosofía de Goldmann está muy cerca de los principios marxistas en clave nihilista desarrollados por la ‘Escuela’ desde sus comienzos.

Por eso mismo, uno de los objetivos básico de la Teoría  crítica era y es romper la familia en su forma o estructura tradicional actual. Los pensadores del Instituto creían que incluso una rotura parcial de la autoridad del padre en la familia permitirá incrementar la preparación de una nueva generación que aceptara los cambios sin rechistar.

El “Generational Gap” de los 60 y el “Gender Gap” de los 90, son sendas exitosas acciones de la Escuela de Fráncfort en su machacón empeño de transformar la cultura occidental según el dictado de la utopía marxista, en este caso también nihilista, contradicción de términos donde los haya y que muestra bien a las claras la neurosis con tintes esquizofrénicos que es el común denominador en los maestros francfortianos y por extensión sus discípulos. Y aunque la preceptiva común de la Escuela sea la de no hacerse cargo de describir o definir qué clase de sociedad haya de sustituir a la actual tras su aniquilamiento, alguien sí desliza la noción de que la transformación deseable y deseada esté basada en la Teoría Matriarcal, es decir, en la transformación de la cultura occidental en otra bien distinta dominada por el movimiento feminista. Abunda en esto el ‘disidente’ aunque-no-por-ello-menos-radical psicoanalista austriaco Wilhelm Reich cuando, en su libro“Psicología de Masas del Fascismo”, asegura que el matriarcado es la única forma posible de familia en la sociedad natural.  

Multiplicando las acusaciones de ‘fascismo potencial’, el ortodoxo francfortiano Adorno siempre mostró su oposición a cualquier institución social establecida, diciendo que toda jerarquía está basada sobre la prepotencia por un lado y la sumisión por el otro. La familia es una fábrica de la ideología reaccionaria en la que el padre es el ser superior ante quien el  niño es obligado a identificarse masoquistamente…

También Eric Fromm se mostró muy activo en la defensa de la teoría matriarcal, alumbrando la idea de que todos los sentimientos de amor y altruismo eran al final derivados de la necesidad de amor maternal, ello debido al extenso periodo de embarazo y a los maternales cuidados y mimos de la época infantil tras aquél. También afirmaba que el  amor no depende de la sexualidad, como Freud suponía. De hecho, el sexo está más ligado al odio y a la destrucción. La masculinidad y la femineidad no son reflejos de diferencias sexuales esenciales como creían los románticos. En vez de ello, derivan de las diferencias en las funciones de la vida, que son en gran parte determinadas por la sociedad.

De lo dicho es fácil inferir que el dogma del matriarcado es el antecedente de los pronunciamientos radicales feministas que tan machaconamente aparecen actualmente en todos los media occidentales. Para las féminas radicales de hoy, ser hombre o mujer es el resultado del adoctrinamiento llevado a cabo por el patriarcado machista en detrimento de los intereses de las mujeres. En estos chocantes conceptos marxistas, la Naturaleza no tiene protagonismo alguno.  

Si hurgamos en la historia constataremos que la simiente de este pensamiento se encuentra en Engels, concretamente en aquella  afirmación suya según la cual la primera oposición de clases que se manifiesta en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo conyugal o de pareja: entre el hombre y la mujer. Ya en su temprana obra Los Orígenes de la Familia, Propiedad privada y el Estado, Engels promueve el matriarcado. Y su colega Karl se sumaba a esa predilección adelantando de su propia cosecha el concepto de ‘la comunidad de las mujeres’, que así se dice en el Manifiesto Comunista. Entre ambos sostenían que el comunismo remediaría esta situación haciendo que la mujer y el hombre fuesen iguales en el sentido de que los dos sexos gozasen del mismo equiparable estatus de meros ‘trabajadores en y para la sociedad’. 

De esta manera, el comunismo permitiría que la mujer trabajara en la industria, haciendo desaparecer el matrimonio monógamo, lo que conllevaría la destrucción de la familia tradicional. Así pues, había que fomentar el amor libre y predicar hasta la saciedad la igualdad entre los sexos hasta lograr que fuesen intercambiables, una noción admirablemente condensada en el famoso grito “¡Hijos sí, maridos no!” que popularizara en el Madrid republicano del 36 la ilustre Dolores Ibárruri… del que la actual generación de féminas ha suprimido la primera parte. 

Por ello, la ‘Ideología de Género’, uno más de los preclaros ‘hallazgos’ de la ‘Escuela’, conduce finalmente a la desaparición de la familia, alcanzado el punto en que ésta ya no es ejemplo de acción complementaria entre ambos sexos sino de ‘reacción’ antagonista.  Preciso es insistir en ello: la intención de los ideólogos del marxismo cultural siempre ha sido demostrar, apoyándose en una corriente feminista muy activa, que las diferencias entre los sexos no son naturales sino que aparecen en la historia como constructos sociales, es decir obedecen a causas y leyes exclusivamente ‘culturales’ o, si se quiere, ‘políticas’.

     Cual si de un catecismo laico se tratase, la Escuela de Fráncfort establece la siguiente preceptiva:

  • Incluir en el Código Penal una nueva tipología de delitos y faltas calificables de homófobos, racistas y/o xenófobos.
  • Introducir la enseñanza sexual y de la homosexualidad en las escuelas.
  • Socavar la autoridad parental y profesoral.                                                
  • Destruir la noción de las identidades nacionales a base de  menosprecio y ridiculización de los conceptos de patria, heroísmo patriótico y de las respectivas Historias Nacionales y las gestas en ellas.
  • Complementariamente, impulsar la inmigración masiva.
  • Fomentar la tolerancia hacia el consumo de drogas y la ingesta de bebidas alcohólicas.
  • Vaciar los templos.
  • Poner en marcha de un sistema legal arbitrario, muy garantista, con un sesgo favorable al infractor, por ende perjudicial para las víctimas.
  • Promover toda suerte de subsidios y beneficios estatales para grupos y personas con el objeto de crear un alto grado de dependencia por parte de los beneficiarios: material primero y política después como consecuencia de la primera. 
  • Control y ‘atontamiento’ mediático. 
  • Denigrar y socavar la institución familiar. 
  • Negar cualquier diferencia esencial entre hombres y mujeres.  
  • Defender la idea de la liberación sexual y de la absoluta autonomía femenina en temas como la contracepción, el aborto y la maternidad, siendo esta última un mero residuo, es decir, lo que resulte tras la aplicación vigorosa de las dos primeras.

¿Suena o no familiar todo esto ahora mismo en España o, mejor, en todas las sociedades occidentales, desde Canadá a Australia pasando por Europa?

Algunos pensadores marxistas de la ‘Escuela’ regresaron a Alemania después de la guerra,pero Herbert Marcuse permaneció en los Estados Unidos, donde primeramente se hizo profesor en la Universidad de California en San Diego y después, durante diez años, profesó en la Brandeis. Allí se dedicó con fruición a terminar el trabajo intelectual de Fromm, Horkheimer y Adorno en orden a recuperar algunas de las ideas iniciales de la ‘Escuela’ para su ulterior desarrollo y aplicación práctica en su país de adopción durante las décadas de los 50 y 60, mezclando a tal propósito a Freud y Marx hasta llegar al Negativismo.  

Fatídicamente inevitable, el viejo Herr-Marcuse-reciclado-en-Míster se convirtió en el gurú de la nueva izquierda americana; y como tal se sacó graciosamente de la manga cuál habría de ser el gran sustituto de la vieja clase obrera comunista, o sea, cuál el nuevo agente desestabilizador ‘al servicio de la revolución’ en USA, dando así respuesta a la búsqueda iniciada por Horkheimer a mediados de los 30. La respuesta la tuvo en el descubrimiento de nuevos ‘grupos de víctimas’: gays, negros, mujeres, emigrantes, discapacitados, etc., la abigarrada tropa  que hoy conforma la coalición básica y ya clásica del ‘Movimiento de lo Políticamente Correcto’. Como ha quedado dicho, el caballo de Troya para conseguirlo fue el hippie americano, aquel genial constructo, que no manifestación espontánea de una manera de ser o de entender la vida, sin importar lo estrafalario que en sí era… además de improductivo en lo material, por decir que también era insostenible. 

Curiosamente, cuando terminó la 2ª GM, algunos de estos pensadores marxistas trabajaron durante un tiempo para el gobierno USA. Por ejemplo, H. Marcuse se convirtió en una figura clave del OSS, la predecesora de la CIA; y otros, como Horkheimer y Adorno, se trasladaron temporalmente a Hollywood para aplicar sus ideas desde los grandes medios y en el cine comercial.

LA ‘MARCUSIANA’ REVOLUCIÓN SEXUAL

Y la gran pregunta fue: si en un momento crítico del no-tan-glorioso pasado, los obreros en Europa no se movilizaron por y para la causa comunista, ¿qué permitía pensar que lo iban a hacer sin más ni más los remilgados grupos yankees, distantes entre sí y separados ideológicamente como además estaban?  Pues bien, la Escuela de Fráncfort ‘trasantlántica’ puso en marcha el mecanismo destinado a abatir las barreras de la separación ideológica y la distancia física. Fue un hecho crítico el de que estas teorías y los principios de ellas emanados se inyectasen en el movimiento estudiantil de los años 60 allí, en los Estados Unidos. Marcuse vio en la rebelión juvenil de aquella década la gran oportunidad para aplicar los preceptos de la ‘Escuela’ y desarrollar la teoría de la ‘Nueva Izquierda made in USA’, al tiempo que recuperar y aplicar los estudios de Fromm sobre la ‘Liberación Sexual’. 

Así fue cómo Marcuse se convirtió en el conducto principal de esas ideas,  plasmadas en su precursor libro de los años 50 titulado “Eros y Civilización”. En él proponía una nueva utopía basada en el psicoanálisis y en los trabajos ‘contraculturistas’ publicados bajo el generalizante epígrafe Vida sobre la Muerte y que tuvieron un gran impacto en la llamada Contracultura hippie, con su característico énfasis en la componente libertina en clave libidinosa.

El libro de Marcuse no sólo condenaba cualquier restricción en el comportamiento sexual, sino que afirmaba que las personas solían ser neuróticas porque reprimían sus impulsos eróticos. Por ello, decía, sólo se podía vislumbrar un futuro aceptable si se pudiese destruir el orden represivo existente liberando en las conciencias la pulsión sexual y con ella a ‘Eros’. El concepto cumbre creado a este fin por Marcuse fue el de la ‘Perversión polimórfica’ (Polymorphous perversity), según el cual cada uno podía hacer lo que quisiese con su cuerpo; y así, de paso, siguió afirmando, en el mundo desaparecería el trabajo… y sólo habría ¡JUEGO!  Entre liviano y gozoso, lo que sí parece cierto es que el mensaje del ‘sexo lúdico a raudales’ era lo que estaban esperando los hedonistas hippies de los años 60, de ahí el fulgurante éxito de una tal propuesta.

La base de este novel concepto de Marcuse es la de que en el incipiente desarrollo de la psique humana, la del niño, hay una expresión y un placer sexuales todavía no organizados, pero que desde el principio se ve sometido a la clase de sexualidad heterosexual restrictiva impuesta por la norma social imperante. Esas expresiones primarias ‘pueden ser revitalizadas’ porque ‘existe la capacidad para ello’, seguía él razonando. Así las cosas, la ‘Perversidad polimórfica’ ayudaba a abrir ciertas puertas ‘políticamente correctas’… tal como la de la Liberación Gay que finalmente se puso en marcha en Nueva York el año 1969.

He aquí por fin el basamento de una sociedad feliz donde la susodicha perversión y el narcisismo liberarían un ‘Eros’ no procreador pero sí placentero, en cuyo seno la sociedad encontraría ‘la luz’… y una gran felicidad. Tal era la supuesta llave de acceso a la utopía que desarrolló y aplicó Marcuse a la sociedad americana y, por contagio, al resto de los países occidentales o en su órbita. En suma, según Marcuse, en vez de parecernos al siempre conflictivo-aunque-creativo-chimpancé, los humanos debiéramos imitar a los pacíficos, sexualmente liberados y comparativamente inanes bonobos.

Como ya quedó dicho al glosar la etapa ‘Horkheimer’ de la Escuela, estas ideas ya habían sido trabajadas en el ensayo “Egoísmo y el Movimiento de Emancipación”. En él se pedía para el ser humano… una nueva dimensión del materialismo encarnada en la  felicidad sensual. 

Marcuse fue más allá, en tanto que pudo llevar con éxito a la práctica tales nociones, ello en el seno de una sociedad mentalmente preparada para recibirlas; y también en tanto que aquella generación de jóvenes americanos a la que él se dirigía fue la primera en que se dio el fenómeno de la transgresión moral ‘no pecaminosa’, sin sentimiento de culpa, no porque lo ontológicamente perverso hubiera dejado mágicamente de serlo, sino por la supresión del mismo concepto de pecado en la conciencia de los transgresores. Se pasó de lo moral y ético a lo amoral, o sea, a la inmoralidad más completa. 

Abundando en lo dicho, hoy es frecuente ver en ciertos espectáculos televisivos a individuos extraídos de la vida real que hablan de sus vicios y relatan sus miserias morales con el desparpajo propio de quien sinceramente no cree rechazables ni provocadores de  ajenas vergüenzas.  En suma: lo malo de antaño se ha convertido en aceptable hogaño, cuando no decididamente bueno. 

En la siempre ascendente línea de la desinhibición moral hemos pasado del descaro de las mujeres en la serie televisiva ‘Sexo en Nueva York’ (1998-2004), en la que ellas se comportan como hombres a la hora de buscar el placer sexual y de contarse sus avatares amorosos… a la total impudicia observable en la posterior ‘Californication’ (2007-14), la larga serie televisiva en que ellas, mujeres del montón, ya se comportan como rameras gratuitas que acosan a los hombres como ellos solían hacer con ellas en épocas pasadas, indiferentes ya estos novísimos personajes a los devaneos e incluso respecto a las flagrantes infidelidades de sus parejas. 

He aquí una apócrifa caracterización de la serie: 

Californication es ‘Doctor Fausto’ en moderno, la tesis según la cual vender la propia alma al Diablo parece al principio un buen negocio y al final resulta que es… ¡formidable!

La calavera de Marcuse sonríe y musita desde su tumba: “Misión cumplida”. 

En fin, ya que el marxismo había demostrado su fracaso y que la clase obrera no iba a ir a las barricadas, había que encontrar un sustituto con fuerza revolucionaria. En base a la llamada represión sexual descubierta por los gurús de la revolución cultural en la América de los 60, Marcuse dio a la endeble sociedad rebelde made in USA una justificación intelectual para tener mucho sexo, muy promiscuo, gratis y… ¡todo el tiempo!, el desiderátum de toda persona joven y rebelde que se preciase.La frase Haz el amor y no la guerra es una de las genialidades de este disolvente sujeto. No otra es la idea-fuerza toda que esgrime en su ‘Eros y Civilización’. 

H. Marcuse es también notorio por llamar ‘intolerante’ cualquier otro punto de vista distinto al suyo. Argumentaba él que la sociedad americana era decepcionante en todos los sentidos y que, por ello, tuvo que inventar el concepto de la ‘Tolerancia Liberadora’. Lo que en realidad quería pregonar era la legitimidad de la intolerancia hacia las ideas y acciones de la derecha conservadora y religiosa… y todo lo contrario para cualquiera venida de la izquierda; con lo que, sin proponérselo, dio al mudo una receta infalible para la represión… blandiendo un embudo de hojalata. Incluso un izquierdista admirador de la ‘Escuela’ tal como era y es el ya reseñado Martin Jay, dijo en una ocasión que Marcuse exhibía un carácter intolerante y que algunas de sus nociones exudaban un rancio dogmatismo. Con sus escritos y acciones, Marcuse fue el principal agente de transmisión de las ideas de la ‘Escuela’, insuflando devastadoras nociones de liviandad existencial en las mentes de millones de jóvenes y expandiendo sus ideas destructoras por todo el mundo occidental.  Llegó a ser una celebridad en aquellos días de pancartas ocurrentes en las que se leían cosas como la de las ‘Tres Emes’: “Marx, Mao y Marcuse”. 

Sus ideas fueron fundamentales para el desarrollo de… 

“EL MAYO FRANCÉS”

Quizás sea el ocurrente y marcusiano ‘Prohibido prohibir’ el lema que mejor resuma la exigua filosofía emanada de aquella movida estudiantil del 68, de la que surgió una acción del más puro estilo anarco-destructivo… a su vez característica el marxismo cultural. La algarada callejera de aquella primavera parisina vino inspirada por un nada inocente aunque sí atolondrado movimiento estudiantil nacido en el campus de la Sorbona y levantado sobre dos presupuestos básicos: la superación de la moral ‘represora’ tradicional y la de su primera derivada que era y es el principio de autoridad. Acabando con ambos, teorizaban aquellos estudiantes casquivanos, se alcanzaría la verdadera libertad; y ello sería el pistoletazo de salida hacia la meta de la destrucción de los valores de la tradición occidental, labor de zapa que sigue vigente hoy bajo ropajes más sedosos y multicolores. 

No nos engañemos: al igual que los hippies USA, aquellos estudiantes revolucionarios franceses del 68 estaban perfectamente dirigidos y tenían objetivos concretos. Lo dijo Frank Capell en un artículo publicado en ‘The Review of the News’ a principios de los setenta: 

Por supuesto que sabíamos que estos estudiantes radicales no se apoderarían del gobierno. Lo que sin embargo sí iban a hacer es dar motivos para que el gobierno se apoderase de la gente a través de la promulgación de más y más leyes represivas para mantener las cosas bajo control.

LA CAUSA MEDIOAMBIENTAL

Como brevemente quedó apuntado antes, la Escuela de Fráncfort también se las ha ingeniado para integrar en la esfera de lo políticamente correcto la causa hoy más de moda, la medioambiental, orgánicamente incorporada que hoy la vemos al marxismo cultural. Y todo ello a través del libro Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. Ambos habían regresado a Alemania en 1949 para ayudar en el proceso de ‘desnazificación’, ocasión que aprovecharon para  revitalizar la nueva ‘Escuela’, dentro de la cual lo ‘verde’, versión ‘progre’, tuvo cordial acogida.  

FRANKFORTIANOS DE 2ª GENERACIÓN Y  DESCARTE DEFINITIVO DEL PROLETARIADO COMO AGENTE DE LA REVOLUCIÓN MARXISTA

En 1960, ya con la ‘Escuela’ en pleno funcionamiento en Alemania, Jürgen Habermas se encontró en el fuego cruzado de una polémica espistemológica que le opuso a Arnold Gehlen por un lado y a los discípulos alemanes del austriaco Karl Popper por otro.

Contra Gehlen por su afirmación según la cual las instituciones son rigurosamente necesarias al hombre, ya que Habermans   -todo un Premio Príncipe de Asturias, no se olvide tan sabroso detalle- radicalmente sostenía (y sostiene) el carácter necesariamente ‘represivo y alienante’ de toda institución, la cultural incluida. 

Contra Popper, en lo que se llamó ‘la disputa positivista’ (Positivismusstreit), en la que este defendía que el criterio de falsabilidad no podía aplicarse a las ciencias sociales, en base a lo cual atacó la obra de Adorno y su discípulo Habermas, acusándolos de emplear un lenguaje inflado y pretencioso pero vacío de contenido, sin ciencia alguna en su interior en tanto que sus proposiciones no eran susceptibles de someterse a dicho criterio.

Fue la segunda generación de intelectuales francfortianos la que ha confirmó el veredicto de que el proletariado no constituye una clase especial, alienado que lo veían por el hecho de que los problemas sociales se ven solucionados por la abundancia de bienes, lamentablemente coincidiendo los obreros con sus enemigos naturales -patronos y tecnócratas- en la admisión jubilosa de su propia redención.  

Esto equivale a decir que el sistema capitalista seguiría siendo inaceptable incluso si lograra erradicar toda la miseria del mundo, absurda negación que expone la carga irracional y las oscuras intenciones que contiene el renovado marxismo que siguen practicando los proponentes y seguidores contemporáneos de la ‘Escuela’, por mucha que sea la apariencia de vegetarianismo ovolácteo con que gustan presentarse al público a través de sus marionetas políticas. 

Jürgen Habermas

Además de ardoroso proponente de la famosa ‘Teoría Crítica’,  Jürgen Habermas, todavía vivo en el momento de escribir estas letras, es un decidido ‘mundialista’, sin duda porque la meta de la descomposición se alcanza mejor cuando un solo francfortiano bien situado pueda influir de una sola tacada en el destino de varios entes nacionales ‘bizcochables’, previamente vaciados de sentimiento patrio y convenientemente amalgamados. Preciso es admitir que él no oculta sus propósitos más allá del lenguaje abstruso empleado en la formulación de sus varias entelequias, algo que constituye un rasgo común en todo francfortiano de pro. Recordamos a Karl Popper en su juicio sobre el galimatías léxico y conceptual del provecto francfortiano cuando leemos una de sus joyas expresivas: “La superación de una autocomprensión fundamentalista significa no sólo la refracción reflexiva de las pretensiones dogmáticas de verdad y, por tanto, una autolimitación cognitiva, sino el paso a otro nivel de la conciencia moral”. O esta otra parrafada: “El sentido del conocimiento y también la medida de su autonomía, no se puede explicar de ningún modo si no es mediante el recurso a su relación con el interés…

Precisamente porque la muestra literaria de arriba hace justicia al lenguaje usual de los francfortianos, merece la pena hacer un inciso para analizar el caso del insólito éxito del mensaje de estos señores, del predicamento de que hoy gozan no sólo en las aulas, los media y los pasillos del poder sino también, indirectamente, entre cierto sector de la juventud, sobre todo la parte punk de ella, la ‘perrofláutica’.

Si a la retorcida sintaxis y al galimatías léxico añadimos el significado de la parte que sí se entiende y que hiela la sangre, contemplando en un análisis final el bagaje expresivo y conceptual de los francfortianos, uno se pregunta cómo diablos semejante verborreica tropa ha podido llegar a ser un peligro cierto e inminente para nuestra civilización.

Una de las dos claves para poder entrar en el conocimiento de este arcano está en Marcuse, el ya glosado encantador de serpientes que logró galvanizar la averiada colectiva conciencia de la que vino en llamarse ‘generación hippy’ americana. Lo logró con un discurso llano y una sucesión de eslóganes cortos y vibrantes que entraban cual droga de aplicación intravenosa en el torrente sanguíneo de aquellos libertarios ya atolondrados por los efectos del cannabis y del ácido lisérgico, siempre anhelantes de formar parte del mundo feliz marcusiano en el que todo placer tendría su asiento… ¡y exento de culpa además! 

La segunda clave que explica el insólito éxito radica en la receptividad de la tierra en la que se sembró la cizaña gramsciana, cuyos tallos nos llegan hoy hasta las cejas. El asunto del declive de nuestra cultura viene de lejos, tratado in extensis que fue por sabios de la talla de Oswald Spengler y Arnold Toynbee. Según esto, sobreponiéndonos a la intuición inmediata, habremos de convenir en que  fueron los propios francfortianos las primeras víctimas de la moderna corriente imperante, en vez de verdugos de la criatura cultural. Para entenderlo bastará recordar el apotegma toynbiano según el cual las civilizaciones no mueren a manos de depredadores venidos de fuera, sino que se suicidan. ¿Acaso no constituye una nota-al-señor-juez en toda regla la declaración de intenciones de los marxistas culturales desde Lukács y Gramsci? 

Otra obsesión filosófica sobre la que trabajaron Adorno y Horkheimer fue la de cómo definir un sistema que nunca pudiera ser cómplice del orden establecido. Ambos respondieron a este reto con un: haciendo un discurso tan ‘móvil’ que se torne invisible. A esto llamaron ‘Pensamiento Negativo’. Consiste éste en buscar en cada aspecto de las cosas lo que implique límite y negación de sí mismas. Este aspecto negativo es tan importante como el aspecto positivo: su comprensión restituye la posibilidad de una verdadera dialéctica.

Como bien puede entenderse, a partir de ese punto todo es criticable y finalmente destruible. Una concomitante paradoja se dio en el asalto de un grupo de universitarios durante cualquiera de las revueltas estudiantiles europeas, esta vez contra el centro escolar que en Alemania dirigía Adorno: éste no tuvo ningún reparo en recurrir a la policía, en exigir una represión violenta in situ y en pedir el arresto de los revoltosos, todo ello sin contemplaciones. Así pues, ‘ley del embudo’ a troche y moche.

Afirmaba Marx en su Tesis sobre Feuerbach que el análisis crítico debe ser seguido por una acción concreta de transformación. La Escuela de Fráncfort respondió que la teoría se ‘emancipa’ de la praxis. Lógicos consigo mismos, sus representantes fueron siempre cautos ante el emprendimiento de cualquier tipo de acción de contenido físico, esto con  gran descontento y aun el reproche de la parte combativa de la izquierda, bajo acusación de falta de compromiso con el ideal.

En el lado positivo de la crítica eminentemente adversativa que este trabajo implica, podemos argumentar que, aunque la última característica descrita en el párrafo precedente pudiera servir para  mostrar la fuerza de la ‘Escuela’: …disolver todo pensamiento en la relación social y reducir toda sociología a una ‘ideología’, representa, con relación al marxismo ortodoxo, una crítica mucho más eficaz del mundo moderno…,  puede también mostrar su punto más débil en que, debido a su hipercriticismo y febrilidad mental, la ‘Escuela’ se condena a sí misma a la impotencia, que es lo que pasa cuando se sostiene la idea de que ‘todo poder corrompe’, porque de inmediato lleva a renunciar para siempre al ejercicio del mismo. Desear el ‘movimiento perpetuo’ y la ‘crítica permanente’ sin proponer nunca nada, equivale a proponer, automáticamente, el propio fracaso. 

Pero no nos hagamos muchas ilusiones: nuestro gozo al ver la impotencia del enemigo cultural en el terreno de los hechos se va derecho al pozo de la proclividad nihilista de los francfortianos (asiduamente negada por ellos) y el deseo suicida que se desprende de su doctrina de destrucción total sin pensar demasiado en qué haya de venir después porque, teorizan, nunca nadie ha realizado con éxito semejante experimento y es aventurado decir cómo y con qué se llenaría el hueco tras la implosión…  

Para el pensamiento dialéctico, la mismísima dialéctica debe ser superada. Solamente entonces se puede aspirar a ver el final de las contradicciones. Pero si el mundo sólo es contradicción, ¿cómo un estado de cosas ‘justo’ puede ser un estado de cosas ‘real’? 

Una vez más, aquí la ‘Teoría Crítica’ se nos ofrece como ejemplo acabado de un corpus doctrinal puramente centrado en lo negativo, demostrando al paso en qué consiste el poder estéril y finalmente letal de un intelecto obsesivamente orientado hacia la crítica y que progresivamente reniega de todo y desea destruirlo todo. 

Nos encontramos pues frente a la postura nihilista ya denunciada, no obstante lo cual -también ha quedado dicho-  ‘La Escuela’ ejerce hoy tremenda influencia sobre la acción política, sobre nuestras costumbres y, más importante aún, sobre la psique colectiva. Por ejemplo, en la acción comunicativa resaltan los francfortianos la importancia del diálogo como un fin en sí mismo, prescindiendo de su utilidad, de que se tenga llegar a un acuerdo. Semejante actitud está relacionada con Marcuse y su concepto de la ‘Tolerancia Liberadora’, expresión que ya sabemos quiere decir tolerancia con las ideas propias e intolerancia absoluta respecto a las ajenas ¿Suena o no familiar en la España contemporánea lo del ‘talante’ y el ‘diálogo’ conducentes a… ninguna parte?  He aquí pues el origen y la esencia del ‘diálogo para besugos’ preconizado y practicado por los nuevos adalides de la izquierda-marxista-bajo-otro-nombre.

LA CORRECCIÓN POLÍTICA: CENSURA, REPRESIÓN Y TIRANÍA… 

La que llaman ‘Acción Afirmativa’ es también parte del francfortiano siniestro todo. Como lo es el terror moral, intelectual y, llegado el caso, judicial, dirigido contra cualquier disidente de la ‘Corrección Política’, de la ‘Ideología de Género’ o, en España, de la versión ‘republicana’ de la ‘Memoria Histórica’. Consecuentemente, los francfortianos de hoy son también hostiles a cualquier atisbo de aversión homófoba o simplemente de afirmación ‘machista’; refractarios a toda expresión del sentimiento nacionalista-que-no-sea-separatista,  mostrado, eso sí,  fuera de un campo de fútbol; o xenófobo o racial siempre que se manifieste en el campus universitario, en el trabajo, en el cuartel… y hasta en mitad de la calle. Es la versión incruenta y light de lo que ya vimos en la Rusia soviética, con su GULAG y las terribles purgas; en la Alemania de Ulbritch, Honecker y la ominosa Stasi; en la China maoísta, con su demencial, sangrienta y finalmente vacua Revolución Cultural; en la actual Cuba y sus Pe-Ene-Erre, versión castrista que son de los tonton macoutes del terrible Papa Doc; en la Rumania estalinista de Ceaucescu; en los campos de la muerte de Campuchea; en los centros de reeducación política de Vietnam, etc… y que ahora viene hacia nosotros. Por todo ello, concluyamos que se trata de algo muy orwelliano, planificado y diseñado que ha sido para destruir todo lo que llamamos libertad, decencia y cultura: las nuestras, se entiende.

Como último comentario sobre esta influyente y devastadora escuela de pensamiento, digamos que, a su amparo, las sociedades están dotándose de ‘Estados de ideología oficial’ bajo el conjuro de los vastos poderes al alcance de los mandamases postmodernos. Además de la fuerte carga de indoctrinamiento introducida sin demasiados miramientos en la escuela pública por los francfortianos más descarados, habremos de tomar nota del hecho de que ya hay gente en la cárcel por haber cometido cualquiera de los llamados ‘crímenes de odio’ (hate crimes), una tipificación penal que impúdicamente condena lo que en esencia son manifestaciones del pensamiento político o del pensamiento a secas, así juzgadas desde la subjetividad de unas leyes que se adentran en el siempre-antes-prohibido terreno del pensar de las personas, en virtuosa imitación del orwelliano crimen del pensamiento (thoughtcrime). A más abundamiento, sabemos que algunos gobiernos están seriamente pensando en ampliar  la esfera de su acción policial y su capacidad pesquisidora, inicialmente intimidatoria esta, siempre intrusiva…  y finalmente represora.

Es el Reino Unido el ente estatal más adelantado en la aplicación estricta del hate crime, eso sí, siempre en el sentido que recomiendan los expertos ‘odiadores’ que, como buenos marxistas, son los francfortianos, asiduamente dirigida que vemos la acción represiva contra los varones heterosexuales blancos y, a ser posible, pertenecientes a cualquiera de los ‘partiditos’ políticos de allí que incluyan las palabras Independent, Free o, el colmo de los colmos, England, en sus siglas. 

En USA, fue el gobierno del eminente e indisimulado miembro de la secta, Barack Hussein Obama, quien sacó adelante una ley que extiende los enormes poderes que los inquilinos de la Casa Blanca poseen para, mediante lo que llaman ‘orden ejecutiva’, dictar sentencias de muerte fuera del control judicial contra personas propias y ajenas tenidas por hostiles y que, por el momento, operen fuera de las fronteras nacionales. La ejecución de las letales fatwas dictadas por todo un premio Nobel de la Paz corren a cuenta de comandos ‘patanegra’, los célebres SEAL, tal como ocurriera en la célebre acción de Abbottabad, en Pakistán, un país aliado, no se olvide; y a cuenta también de los eficacísimos y por eso temibles drones en cualquier parte del mundo tenida por hostil, controlados desde cualquier base aérea, a miles de kilómetros del lugar donde se ejecuta, nunca mejor dicho, la acción punitiva.

La aludida extensión de poderes se refiere cada vez más a los que afectan a los propios ciudadanos norteamericanos dentro del territorio nacional, sujetos que ya están a toda suerte de intromisiones, controles y vigilancias (electrónica, comunicacional, física, dineraria, documental y, poco a poco, también por medio de drones fabricados ‘a medida’). Bastará cualquier indefinida sospecha sobre alguien, es decir, adjudicada especulativa y por tanto subjetivamente para, sin limitaciones de tempo o espacio, atraer la atención del Gran-Hermano-que-todo-lo-ve-y-todo-lo-oye, el de verdad pues.

También se contempla en la citada ley la detención y custodia castrenses, por tiempo indefinido, de ciudadanos tenidos por peligrosos, entendido este adjetivo en su sentido más amplio y aplicada la norma sin tutela judicial. Añádase a esto la ambigüedad de los términos de su ejecución (enforcement) y tendremos un cuadro de tal discrecionalidad ejecutiva que deja totalmente inerme al ciudadano afectado, a la par que se ejerce una potente presión intimidatoria sobre todos los demás. Éste es el mundo que nos tienen preparado los francfortianos de última generación y sus circunstanciales compañeros de viaje que son los proponentes del Nuevo Orden Mundial (NOM). Conviene matizar que, en un tal maridaje, éstos buscan con sus abrasivas propuestas adormecer la conciencias para facilitarse el camino hacia la dominación global de un mundo que quieren heredar ‘funcionante’; por su parte, los marxistas culturales hacen de la total destrucción un fin en sí mismo. En realidad, como ya ha quedado dicho, tal es su único fin. 

Ambos grupos comparten objetivos en una primera fase en la que buscan el desarme moral y el desamparo legal e institucional de la ciudadanía, es decir, su desarraigo respecto a las nociones y sentimientos de religión, sociedad, patria y familia. Esos son pues los vínculos afectivos que deben ser eliminados antes de que los embozados acometan la segunda fase del plan: la destrucción total y final que desean los francfortianos… o la construcción, a partir de cero, del gobierno mundial que anhelan los Illuminati.

Por comparación, es de agradecer que estos últimos persigan un sueño finalmente constructivo que sin embargo pasa por el aniquilamiento de al menos la mitad de la humanidad. Ahí está el monumento megalítico denominado Las Piedras-Guía de Georgia, de clara adscripción iluminística que, en la primera línea de su decálogo prescriptivo (esculpido en piedra y en ocho idiomas) pide reducir la población ¡a 500 millones de almas! Traigo esto a colación porque, a pesar de su brutalidad física (de los males el menor), pudiera esto ser más aceptable que la destrucción ciega, sin horizontes y de carácter moral que se proponen ejecutar los dementes elementos francfortianos.

Allá en la reunión del Grupo Bilderberg del año 1991, las de más abajo en cursiva fueron las palabras dichas por uno de los ponentes, nada menos que el magnate David Rockefeller, esto en una de las pocas ocasiones en que algo de lo dicho en cualquiera de la 60 ‘tenidas’ anuales habidas hasta el día de la fecha haya traspirado al exterior: “Estamos agradecidos al The Washington Post, The New York Times  y a otras grandes publicaciones cuyos directores atienden asiduamente nuestras reuniones y que han venido respetando su palabra en cuanto al silencio editorial de sus contenidos durante  cuarenta años. Hubiese resultado imposible desarrollar un plan para el mundo de haber estado nuestras deliberaciones bajo las luces de la publicidad. Pero el mundo es hoy mucho más sofisticado y está más preparado para dirigirse en derechura al gobierno global. La soberanía supranacional de la élite intelectual y los banqueros centrales es sin duda preferible a la secular autonomía nacional hoy vigente”.

Confrontado después con sus propias palabras, contestó: “Algunos piensan que somos parte de una cábala secreta que actúa en contra de los intereses de los EEUU y caracterizan a mi familia y a mí mismo de ‘internacionalistas’ que conspiran en compañía de otras gentes venidas de los cuatro rincones del mundo para construir una estructura global más integrada a nivel político y económico: un mundo único, para quien así prefiera describirlo. Pues bien, si esos son las cargos imputados, debo decir que me siento orgulloso de ellos”. 

Anecdóticamente, asistió como invitado especial a aquella reunión, sin voz ni voto, un jovencísimo Bill Clinton, todavía un wannabe, esto es, un humilde aspirante a la nominación para contender representando al Partido Demócrata en la carrera electoral presidencial… que terminaría ganando dos años después.

FINALMENTE, UN RECORDATORIO DE QUE LA BESTIA SIGUE VIVA 

Desde el año 2001, el director de la Escuela de Fráncfort es Axel Honneth, el representante más aventajado de la tercera generación de la ‘Escuela’, heredero en línea directa de la tradición marxisto-cultural moderna iniciada por Theodor Adorno y Max Horkheimer… y proseguida por Jürgen Habermas, maestro y mentor de Honneth desde que en 1982 le fuese concedida a este una beca de investigación en el Instituto Max Planck de Ciencias Sociales, a la sazón bajo su dirección. En el campo de la filosofía social y práctica, A. Honneth está actualmente enfrascado en el proyecto de revitalizar la ‘Teoría Crítica’ por medio de unanovísima teoría, la del ‘reconocimiento recíproco’, cuyo primer bosquejo fue esbozado en su obra La lucha por el reconocimiento- Por una gramática moral de los conflictos sociales.

El trabajo de Honneth consiste en articular la dimensión descriptiva de una teoría del reconocimiento con la descripción prescriptiva de una teoría moral. Para ello, se apoya en la premisa antropológica según la cual el hombre solamente es hombre entre los hombres, es decir que la relación práctica consigo se constituye en una relación con el otro, dice de él un hagiógrafo, utilizando éste el ya comentado críptico lenguaje de la secta.

CONCLUSIÓN-RESUMEN A GUISA DE EPÍLOGO

Permítaseme comenzar la recta final de este humilde trabajo con la leve chanza que supone recitar el famoso “Oscuro se presentaba el reinado de Witiza…”, para significar que hoy nos encontramos muy próximos al punto de inflexión que marcará el destino de nuestra cultura o, mejor dicho, de nuestra civilización que, por cristiana, dejará de existir significativamente si se le niega o anula esta su esencial y originaria característica.

Hemos visto cómo la Escuela de Fráncfort inició su andadura hace poco menos de un siglo bajo el signo de la elucubración teórica y el libre juego de las ideas en clave marxisto-revolucionaria. También ha quedado dicho que fue la suya una respuesta crítica al comunismo soviético de los años treinta y, sin solución de continuidad, el de la postguerra, siempre aquél tan paranoico, desmesurado, liberticida y represor como se le veía desde este lado de la muga, ello incluso antes de que Winston Churchill popularizara el conocidísimo remoquete ‘Telón de acero’… ya utilizado por Joseph Goebbels pocos años antes.  

Todo discurrió por los relativamente inofensivos senderos del inocuo pensar y el decir hasta que la segunda diáspora judía, la provocada por la feroz persecución nazi, llevó a Norteamérica un buen número de intelectuales marxistas de tal origen étnico, ello tras un periplo europeo que les sirvió para, antes de dar el salto, desparramar en nuestro lado del charco la semilla de su particular cizaña. Una vez instalados allí, sólo fueron necesarios unos pequeños retoques en el vocabulario ‘oficial’ para que el caudal de la corriente francfortiana desembocase felizmente en las aguas del Mississippi izquierdista que el macartismo habían allí revuelto.

Cómodamente instalados en el territorio ideológico de la hasta entonces inoperante izquierda americana del rooseveltiano New Deal, una nueva generación de inquietos revoltosos con acento teutón y deje yiddish, pasaron allí del pensamiento a la acción, siempre no violenta, forzoso es decirlo, y aupada sobre la hasta entonces meramente especulativa ciencia emanada del psicoanálisis freudiano, plantada que finalmente la vimos en el fecundo campo de los media USA de los años sesenta.   

El maridaje del empirismo mediático y la subversión marxista logró triunfos tan espectaculares como la creación de aquel nuevo tipo humano, el hippie, antecedente lejano que se nos antoja del hispano ‘perroflauta’ de nuestros preocupantes días. 

Sorprende hogaño oír de boca de los ya provectos manipuladores de antaño su desenfadada explicación de cómo elaboraron las campañas mediáticas a través de las cuales introdujeron en la sociedad norteamericana de los años 50 hábitos tales como el tabaquismo femenino, este a partir del slogan torch of freedom de los años 30, preclara idea publicitaria salida de las mientes del reputado padre de las RR.PP, un tal Edward Gernays

Lo mismo cabe decir de la adopción por parte de las mujeres de ciertas prendas de la indumentaria masculina y, en el otro lado del espectro, algo después, la aceptación de adornos y acicalamientos estrictamente femeninos por parte de los hombres. Hoy sabemos que tales modas vinieron suscitadas primero, alentadas después y finalmente exacerbadas por otras tantas y sucesivas campañas mediáticas concienzudamente diseñadas por los gurús de la emergente ciencia de la manipulación mediático-social llegados de la Europa arrasada por la guerra. Exégetas venideros podrán confirmar la vehemente sospecha que cabe abrigar sobre la procedencia ‘revolucionaria’ de modas tales como el piercing y los tatuajes que han venido después a asolar estéticamente el paisaje cutáneo del sector más infantiloide de nuestras sociedades, bien que cabe la posibilidad de que estos y otros futuros excesos aún por conocerse sean un acné genuino, un mero y accidental subproducto de la dinámica de envilecimiento estético y moral puesta en marcha por las campañas mediáticas y de otro orden aquí descritas o por describir.   

Por si fuera poco con la puesta en juego de los medios clásicos -radio, televisión y prensa- para la experimentación previa y la acometida final del programa de la ‘Escuela’, sus profesores terminaron infiltrándose en ese bastión de la propaganda made-in-USA que era-y-es la potente industria cinematográfica de la que Hollywood es palabra mágica y resumen conceptual, no en vano el feliz título ‘La Meca del cine’ adjudicado a aquel paraje goza de universal predicamento. 

La importancia de la irrupción del marxismo aportado por los judíos alemanes de la segunda diáspora en el crucial ámbito cinematográfico hollywoodiense, radica en el alcance planetario de los subliminales mensajes culturales que los americanos logran aventar embebidos que nos vienen en sus filmes: mitos, modos, modas e interesadas versiones o descripciones de hechos y personajes históricos, amén de nuevos valores morales y culturales… e imposturas varias. 

En todo ello, la gran industria fílmica de aquel gran país, actúa como un inmenso ventilador que, para bien o para mal, esparce ‘cultura’ en cantidades industriales, en todo momento, en el mundo entero y, last but not least,  ¡lucrativamente!  ¿Que qué más se puede pedir? ¡Pues sí!, hay algo más: el desiderátum consistente en la transmisión/absorción de los mensajes tenga lugar en un contexto placentero o, mejor aún, lúdico, tal que asegure la absorción neuronal. Añádase cualquier aviesa intención a tan feliz combinación de elementos “facilitadores” y tendremos una situación de metástasis acultural tan eficaz y potente como la que en realidad ha terminado dándose. 

Igualmente importante ha resultado ser la infiltración en el mundo académico -aquí, acá y acullá- de las disolventes nociones que alberga en su seno la ponzoñosa doctrina de ‘la corrección política’. Prueba del éxito logrado es la contundente implantación y observancia del ‘catecismo laico de lo políticamente correcto’ en claustros y aulas, oficinas de redacción y gabinetes ministeriales, que es  decir en todas partes. 

La implacable censura del lenguaje y de las ideas en los centros del saber es el mejor exponente del declive de la institución universitaria, lastimoso fenómeno que en España es más patente que en ningún otro lugar del mundo occidental.  

Llegados a este punto, merece la pena insistir una vez más en algo que pertenece a la sustancia de la idea francfortiana, concretamente la ausencia en la mente de estos zapadores culturales de un proyecto cualquiera para ‘el día después’ de la anhelada meta, léase la destrucción del edificio cultural todo.  

Y es que los teóricos de la Teoría Crítica admitían que cualquier propósito de sustitución cultural no era posible porque nadie sabía cómo habría de ser o comportarse una sociedad enteramente libre, cual la que ellos ambicionaban o meramente vislumbran en sus ensoñaciones. Y es que resulta imposible figurarse tal cuadro, confiesan ellos sin aprensión alguna, sujetos como estamos a las condiciones creadas por la represión característica del orden capitalista y que produce los resultados alienantes que Freud describe. Tal era la argumentación de entonces… y sigue siendo hoy la de sus epígonos contemporáneos. 

Así que la Teoría Crítica se limita sólo a eso, a criticar y demoler, sin proponer ninguna alternativa, ello con la intención más destructiva posible y en todas las direcciones. Su confesada y anhelada meta es la quiebra del orden presente, de ahí el título ‘antisistema’ aplicable a la violenta tropa que invariablemente hace acto de presencia en la ocasión de cualquier foro internacional tipo ‘Davos’, como si de disputarles la presa a los muñidores del NOM se tratara.  

La presa no es otra que la conciencia, memoria y moral colectiva, la de la ciudadanía productiva, dedicada con fruición y abandono a su diario vivir.  En ese deleznable propósito, ninguna treta es desechable ni hay alianza rechazable. En base a esto último vemos con cierta sorpresa el patrocinio que los poderes públicos de aquí y allá -por sus obras los conoceréis- otorgan a la religión de Mahoma, ello en amnésico olvido del brutal espíritu supremacista, exclusivista y teñido de sangre que destilan las páginas del libro canónico de los musulmanes y que dictara el arcángel San Gabriel a un analfabeto rijoso y cruel, embarrancado que se hallaba en su mudo polvoriento, primitivo y carencial. Al hacerlo, los francfortianos del presente momento se han encaramado a lomos del tigre islámico sin pensar cómo habrán de descabalgarlo cuando la fiera haya devorado su presa. Bien mirado, actúan en esto en cartesiana consecuencia con el plan previsto, consistente en la ausencia de plan alguno para el aftermath, el día después del derrumbe. Suicidas vocacionales que todos ellos son, apenas les importa lo que la fiera pueda hacerles después de haber devorado al odiado otro.  

Así que esta gente quieren suicidarse y ‘suicidarnos’ a todos, arrojándose y arrojándonos a la más colosal pira funeraria que en lo espiritual el mundo haya  jamás conocido.

Preciso es admitir que vivimos tiempos declinantes y que hay que buscar en el carácter cíclico del acontecer humano la evidente degradación de la moral tradicional (recordemos el ciceroniano ¡o tempora, o mores!) cuando llega la hora de hacer mutis por el foro, un dictum fatalista por el que todo lo que construye el hombre nace, crece y muere… sin necesariamente dejar descendencia, tal como a veces pasa con el hombre mismo.  Explicar la teoría del eterno retorno espengleriano exigiría una larga exégesis en terrenos de la filosofía de la Historia que rebasaría los límites de lo que esta exposición pretende mostrar. Baste decir que algunas culturas se metamorfosean tras haber sido absorbidas por otras, véase si no la pervivencia del derecho romano en nuestro hispánico suelo a través del Fuero Juzgo, lo que de paso nos permite vislumbrar que el lento declive de aquel Imperio fue más bien consecuencia del agotamiento del modelo que del empuje de los bárbaros. 

Por contra, la extinción de las milenarias cultura egipcia, siria y persa a manos del islam es testimonio del feroz espíritu aniquilador de los muslimes y la ausencia de interacción cultural en todos esos casos, mal que le pese a un-en-esto parcialísimo Américo Castro.

Explicado lo cual, podremos esbozar una caracterización del declive espiritual y también, en parte, material, detectable a nuestro alrededor y que afecta al mundo occidental todo. Para ello valdrá parafrasear a André Malraux en su “el siglo XXI será espiritual o no será”, para poder nosotros afirmar aquí y ahora, sin dramatismo ni exageración, que la civilización occidental en nuestro siglo seguirá siendo cristiana o no será, lo que viene a decir que su salud y su futuro están íntimamente ligados a un linaje cuyas viejas entrelazadas hebras vemos hoy deshilachadas. 

Admitido esto, queda responder a la pregunta de la gallina y el huevo: ¿estamos como estamos por culpa y causa de los embates que desde fuera y también desde dentro sufre nuestra milenaria cultura? O, alternativamente, ¿sufrimos esos ataques precisamente porque el enemigo exterior huele nuestra debilidad, nuestra triple postración intelectual, anímica y moral… y el traidor surge intramuros del pudridero de la colectiva duda?

De cómo respondamos a esta pregunta dependerá el tratamiento que demos a lo que podría ser remediable invasión vírica… o que pudiera corresponder a un proceso degenerativo sólo tratable mediante dilatorios cuidados paliativos, dicho esto último sin detrimento de la importancia y urgencia de la campaña de rearme moral que, de todas maneras y por principio, debemos acometer.

Llegados a este punto cedo el testigo a mentes más doctas para que sean ellas las que diluciden cuáles pudieran ser nuestras posibilidades y en esa consecuencia arbitren las medidas capaces de, en un caso, devolver a su oceánica procedencia la devastadora ola, o, en otro, mantener la amenazante marea al otro lado del dique interpuesto al efecto… hasta que de entre nosotros surja un nuevo Don Pelayo. 

Por cierto, ¿alguien sabe qué fue del conde Don Julián y del obispo Don Opas?Compartir

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Acerca de Gil Sánchez Valiente 

Robespierre, visto por la poetisa judeo alemana Gertrude Kolmar, asesinada por los nazis. (Reseña de su obra poética al respecto, en francés)

Sujet du poème : Robespierre

AUTOR: par Jean-Luc Tiesset 6 juin 2017

FUENTE https://www.en-attendant-nadeau.fr/2017/06/06/robespierre-gertrud-kolmar/

Cousine de Walter Benjamin, Gertrud Kolmar était une jeune femme cultivée issue de la bourgeoisie juive, qui se sentait parfaitement intégrée à l’Allemagne. Parlant russe et français, elle vécut un temps à Dijon. Elle enseigna, s’occupa d’enfants, mais surtout, elle écrivit. Son œuvre courte, mais forte, à laquelle la guerre et la déportation mirent fin, fut heureusement sauvée du désastre grâce à sa sœur Hilde. Astreinte en 1941 au travail forcé dans une usine berlinoise, elle fut déportée et mourut en mars 1943 à Auschwitz, à moins de cinquante ans. Ce n’est qu’en 1951 que la République fédérale la déclara officiellement décédée.


Gertrud Kolmar, Robespierre, Poésie suivi de Le Portrait de Robespierre. Édition bilingue. Traduit de l’allemand et postfacé par Sibylle Muller, Éd. Circé 22,50 €, 214 p.

Gertrude Kolmar . Fuente de la imagen: https://www.en-attendant-nadeau.fr/2017/06/06/robespierre-gertrud-kolmar/

La publication de ces poèmes et du portrait de Robespierre, écrits au tout début du nazisme, prend un regain d’intérêt dans notre époque où passe furtivement l’ombre des années Trente, quand vacillaient les principes issus de la Révolution. Les interrogations face à un avenir incertain se ressemblent beaucoup, quels que soient l’heure et le lieu … Gertrud Kolmar en tout cas avait en son temps de bonnes raisons de s’inquiéter pour son pays et pour elle-même. Elle sentit très vite que son monde allait être mis à feu et à sang. Est-ce cela qui la conduisit à s’interroger sur une autre période de troubles et de souffrances, la Révolution Française, et plus spécialement la Terreur ? Tandis qu’elle voyait fleurir les dictatures et pressentait le désastre imminent, voulut-elle retrouver, sous les poussières de la carrière, les traces de l’antique Vertu qu’elle croyait logée dans le cœur de Robespierre, guidant sa pensée et son bras ? Elle donne en tout cas une vérité poétique à ces quelques mois qui furent ressentis comme un cataclysme en France et dans le monde.

Même si elle s’est documentée (lisant le français, elle connaissait notamment les ouvrages d’Albert Mathiez), il ne s’agit pas pour Gertrud Kolmar d’entrer dans une querelle d’historiens sur ces temps agités où la jeune République se battait pour sa survie, tout en voulant être un exemple pour les autres peuples. Pour son œil de poète, l’imagerie populaire, même simpliste, vaut autant que les analyses sérieuses, soucieuses d’impartialité et d’objectivité. Elle le dit clairement au début du Portrait de Robespierre : parmi tous les auteurs qu’elle a lus sur le sujet, « les peu crédibles ont autant de valeur que les consciencieux ». Image contre image, elle cherche à contrecarrer celle du tyran sanguinaire, véhiculée depuis si longtemps, qui escamote l’adversaire de l’esclavage, le défenseur des droits de l’Homme, l’admirateur de Rousseau. L’Allemagne n’a guère retenu que la face d’ombre du personnage. Mais la France, dont la capitale a refusé récemment encore de baptiser une rue du nom de Robespierre, ne se montre guère plus généreuse… George Sand, Balzac, Victor Hugo, beaucoup d’autres écrivains ont parlé de lui, parfois pour le louer, souvent pour le condamner. La Société des études robespierristes poursuit son travail depuis plus d’un siècle, mais aujourd’hui encore, la Terreur continue de diviser l’opinion.

Parmi les Conventionnels, membres ou non du Comité de Salut Public, la postérité a fait son choix. Georg Büchner avait déjà imaginé pour la scène, un siècle auparavant, les dernières heures de Danton et de ses compagnons. Dans ses poèmes, Gertrud Kolmar dresse à Robespierre le monument que la France ne lui élève que de mauvaise grâce, quand elle le fait, reculant devant le sang versé : « Je veux t’arracher, de mes griffes te tirer / Hors des désordres, hors du passé ». C’est en glissant son regard dans les lacunes et le flou d’une biographie que le poète trouve son mot à dire, là où bien des « faits » racontés depuis des siècles sont tout sauf avérés. Force est de constater qu’on ne connaît pas grand-chose de l’homme qui joua un rôle bref, mais déterminant dans notre histoire nationale, hormis les textes de ses discours parvenus jusqu’à nous. Son caractère, son quotidien, ses amours, et même son aspect physique sont controversés, jusqu’à la couleur de ses yeux ou de ses cheveux. Les portraits ne sont pas fiables, les témoignages divergent.

Les citations choisies pour l’épigraphe ne laissent aucun doute sur ce qui va suivre. On y trouve, voisinant avec trois textes du prophète Esaïe, cette confidence de Robespierre : « Ôtez-moi ma conscience, je suis le plus malheureux de tous les hommes. » De fait, le recueil a les accents d’un évangile dans lequel le Juste, Robespierre, prend une dimension toute messianique. Comme si les flots de sang versés étaient un mal nécessaire pour purifier la terre de ses démons, dans l’attente de la révélation d’un monde neuf et heureux : l’Apocalypse, telle qu’on la voit par exemple magnifiquement illustrée dans les tapisseries exposées au château d’Angers. Mais c’est au prix du sacrifice du Juste, comme le suggère le texte d’Esaïe : « Il n’avait ni beauté, ni éclat pour attirer nos regards, et son aspect n’avait rien pour nous plaire. On a mis son sépulcre parmi les méchants. »

Gertrud Kolmar, Robespierre, Circé
Fuente de la imagen : http://www.en-attendant-nadeau.fr/wp-content/uploads/2015/12/simon_une.jpg

Gertrud Kolmar

« Du mehr als Mensch », « Toi plus qu’un homme » : la figure de Robespierre, dans le poème, évoque celle de Jésus parmi ses disciples, et le recueil entre en résonance avec l’image véhiculée par la Bible. De son enfance et sa jeunesse, Gertrud Kolmar retient quelques détails symboliques, signes d’un destin pour lequel il semble avoir été choisi (par exemple, le compliment fait au roi par l’élève boursier du lycée Louis-le-Grand). Elle le fait avancer dans les pas du Christ : comme lui il connaît le doute, la peur, le reniement, les affres de la Passion ; et les insultes, les quolibets sur le chemin de l’échafaud, son Golgotha … Ils ne furent pas nombreux à le pleurer. Mais en invoquant sa dépouille, Gertrud Kolmar, convaincue que « Robespierre et les siens voulaient arracher Dieu à l’Église », croit surtout à la résurrection de ses idées.

Car la parabole relève évidemment de la poésie plus que de la religion, même si Gertrud Kolmar s’est par ailleurs intéressée de près à Catherine Théot, étrange personnage dont les prophéties, manipulées par les ennemis de Robespierre, tendirent à ridiculiser ce dernier dans le rôle du Messie… Si elle emprunte au sacré, c’est parce qu’elle adopte volontairement le ton et la forme qui conviennent en des temps apocalyptiques – l’extermination des Juifs d’Europe ne sera-t-elle pas, elle aussi, désignée après-coup en des termes religieux quand on parlera de Shoah ou d’Holocauste ?

Les poèmes jouent sur différents registres, hymnes ou ballades où se mêlent des strophes plus intimistes. Entre tendresse et cruauté, le lyrisme est tantôt élégiaque, tantôt incantatoire, mais toujours visionnaire, avec des images et des métaphores puissantes, hautes en couleurs, saisissantes. Ainsi voit-elle tomber, par exemple, la nuit de Thermidor, la dernière de Robespierre : « La ténèbre était tapie, lourde, étouffante, cette sorcière, / Couvant la ville dans les brouillards lascifs ; / Le nuage se traînait lourdement, lézard gris, / Et sur les arbres pas une feuille ne vibrait » (« Das Düster hockte stumpf und schwül, die Hexe, / In geilen Dünsten brütend ob der Stadt ; / Die Wolke kröchelte, die graue Echse, / Und an den Bäumen flirrte nicht ein Blatt »). Semblant faire corps avec son poème, Gertrud Kolmar entraîne quelquefois le lecteur dans un univers halluciné, chaotique, un nouveau crépuscule des dieux. Des hommes sont au supplice, des bêtes immondes paraissent, dans un entrelacs de symboles réalistes. « Mais le Pur vit dans le feu » : quand la violence s’apaise, on voit émerger la figure du rédempteur, prêt au sacrifice suprême. On songe parfois à Nelly Sachs, à Trakl devant Grodek, à Georg Heym, à bien d’autres encore. Mais le lyrisme de Gertrud Kolmar n’appartient qu’à elle, nourrie de toutes ses lectures. Portée par les courants de son époque, elle ne se laisse jamais emporter.

La fin de Robespierre est prétexte à parler de sa propre fin, et le dernier poème, Nécrologie, empreint de gravité et de mélancolie, résonne comme un adieu de la poétesse aux vivants : « Et je vous ai portés sur ce visage ; / Ce fut le faible miroir qui vous captura, / Qui fut jeté à terre, aveuglé et brisé. / Oh moi. Que suis-je pour votre éternité, / Sinon un regard, un grain de sable qui s’écoule, infime ? » La mort seule est grande, disait Bossuet …

Considérer la poésie comme un art difficile, réservé à quelques amateurs, est un préjugé dommageable à la réception de livres comme celui-ci. Et comme il touche à notre Panthéon national, il mériterait pourtant un large public ! Le travail de la traductrice pour aider à la compréhension est donc particulièrement méritant, car elle nous fournit avec cette édition bilingue le moyen d’ouvrir les poèmes à tous, tout en réservant à ceux qui connaissent l’allemand le plaisir du texte original avec sa musique, son rythme, ses couleurs. Ce scrupule était naturellement inutile pour le texte en prose consacré au portrait de Robespierre, fort intéressant lui aussi pour compléter l’approche purement poétique du personnage.

Ce n’est décidément pas un hasard si cet hommage à Robespierre et à la Révolution a été écrit par une Juive allemande en des temps où les libertés fondamentales allaient sombrer, non seulement en Allemagne mais aussi en Europe. Mais où des hommes courageux aussi allaient se lever pour combattre au prix de leur vie le pouvoir des nouveaux tyrans. Ce qui nous touche surtout, au-delà de l’aspect historique, c’est la force du lyrisme de Gertrud Kolmar, la charge visionnaire de certains vers qui donnent la troublante impression qu’elle eut la prémonition du sort qu’on lui réservait : « Le souvenir et la torture du feu dans le four qui me calcina / Faisant de moi une pierre rêche / Persécution : jet de pierres, bûcher, échafaud ; / Je n’ai rien d’autre que cela. Ces meurtres / Qui arrachèrent à mes ancêtres leurs membres sans force » (« Erinnerung und Qual der Herdglut, die mich sott / Daß ich zu sprödem Stein geworden, / Verfolgung : Schleuderwurf und Holzstoß und Schafott ; / Ich habe nichts als dies. Dies Morden, / Das meinen Ahnen so die schwachen Glieder riß »).

Jean-Luc Tiesset

HEIDEGGER, Cuadernos Negros. Análisis y crítica sobre el antisemitismo de Heidegger y conexiones con la Historia y la Política alemana en tiempos del surgimiento nazionalsocialista. Por Julio Quesada.

FUENTE: STOA Revista del Instituto de Filosofía. Universidad Veracruzana. Xalapa, Veracruz. México http://stoa.uv.mx/index.php/Stoa/article/view/2543/pdf

Vol. 9, no. 18, 2018, pp. 103–126

ISSN 2007-1868

HEIDEGGER: “MI ATAQUE (ANGRIFF) CONTRA HUSSERL”

METAFÍSICA Y ANTISEMITISMO

AUTOR: Julio Quesada

Instituto de FilosofÍa

Universidad Veracruzana

quesadajulio@yahoo.es

resumen: Este estudio gira en torno de un texto de Heidegger perteneciente a

los Cuadernos negros en donde el fil´osofo explica en qu´e consiste el “desarraigo”

de la “cultura” y “esp´ıritu” alemanes (y occidentales). Poniendo en relaci´on su

antisemitismo con la cr´ıtica a la metaf´ısica como olvido del Ser.

palabras clave: Ser 􀀀 metaf´ısica 􀀀 raza 􀀀 Husserl 􀀀 ataque 􀀀 verdad 􀀀 maquinaci

´on

abstract: This essay deals with a particular section of Heidegger’s Black Notebooks

in wichthe autor have explained the meaning of the “uprooting” of

the German (and Western) “culture” and “spirit”. This way, a relationship between

his anti-semitism and his critique of metaphysics as a forgot of the Being

is established.

keywords: Being 􀀀 Metaphysics 􀀀 Race 􀀀 Husserl 􀀀 Attack 􀀀 Truth 􀀀 Maquination

Hacia los colegas y amigos: Antonio Ziri´on e Ignacio Quepons

Soy el peque˜no jud´ıo que escribi´o la Biblia. He visto las naciones

levantarse y caer. He o´ıdo sus historias. las he o´ıdo todas. Pero el

amor es el ´unico motor de supervivencia.

Leonard Cohen

103

104 Julio Quesada

1. El texto en alem´an ¨ Uberlegungen XII-XV (Schwarze Hefte

1939-1941), GA 96, Klostermann, Frankfurt, 2014, p. 44-47 es

el siguiente

Die Geschichte des abendl¨andischen Menschen —gleichg¨ultig ob er

sich in Europa aufh¨alt oder anderswo—hat sich langsam auf eine Lage

vorgeschoben, in der alle sonst vertrauten Bezirke wie “Heimat”, “Kultur”,

“Volk”, aber auch “Staat” und “Kirche”, aber auch “Gesellschaft”

und “Gemeinschaft.” die Zuflucht verweigern, weil sie selbst zu bloßen

Vorw¨anden herabgesetzt und dem beliebigen Vorschub preisgegeben

sind, dessen bewegende M¨acli- Le unkenntlich bleiben und ihr Spiel

lediglich darin verraten, daß sie den Menschen in die Gew¨ohnung zur

je aufdringlicheren Massenhaftigkeit zwingen, deren “Gl¨uck” sich darin

ersch¨opft, ohne Entscheidungen auszukommen und in der Meinung

sich zu bet¨auben, immer mehr in ihren Besitz und Genuß zu

bringen, weil das Besitzw¨urdige stets geringer und gehaltloser wird.

Die einzige und dazu notwendig unechte Angst, die eine solche Lage

noch zul¨aßt, ist die Furcht, dieser Menschenbetrieb k¨onnte durch neue

Kriege pl¨otzlich ein linde nehmen und alles abhanden kommen; denn

wo die Versteifung auf das Vorhandene als Besitz und Beherrschung

des Seienden gilt, schrumpft das Ungl¨uck auf den Zustand ein, in dem

und durch den alles Vorhandene der Beseitigung unterliegen muß.

Wo k¨onnte hier noch eine Spur jener Angst erwachen, die erkennt,

daß eben die Vormacht des Vorhandenen und die Unbe- d¨urftigkeit

gegen¨uber Entscheidungen, das ungreifbar um sich greifende Anwachsen

der Bestimmung zu dieser Lage bereits und allein nicht nur

Zerst¨orung, sondern die Verw¨ustung ist, deren Herrschaft durch Kriegskatastrophen

und Katastrophenkriege nicht mehr angetastet, sondern

nur noch bezeugt werden kann. Ob das Herdenwesen des Menschen,

sich selbst ¨uberlassen, durch seine Vergemeinerung den Menschen zur

Vollendung seiner Tier- heit treibt, oder ob Rudel von Gewalthabern

die auf das H¨ochste durchgegliederten und ))einsatzbereiten(( Massen

der v¨olligen Entscheidungslosigkeit zujagen, ob also eine “Rangordnung”

innerhalb des endg¨ultig festgestellten Tieres im Sinne des

“ ¨ Ubermenschen” noch aufgez¨uchtet werden kann oder nicht, das bringt

in den metaphysischen Charakter des Seienden im Ganzen keine wesentliche

¨Anderung. Mit der k¨altesten K¨uhnheit und unter Abwehr jeheidegger:

”mi ataque (angriff) contra husserl” 105

des Zudr¨angens “moralischer” Wertungen und “pessimistischer” Stimmung

muß der denkerische Blick die Vollendung der metaphysischen

Geschichte des Seienden vor und um sich haben, damit die Luft f¨ur

anf¨angliche scheidungen rein und klar das Fragen der Besinnung durchwehe.

Zu wissen gilt hier, daß die Verw¨ustung innerhalb der Bezirke der

“Bildung” und des “Kulturbetriebes” schon wesentlich weiter fortgeschritten

ist als im Feld der gr¨oberen Besorgung der Lebensbed¨urfnisse.

Entsprechend hat sich hier —bei den vergeblichen H¨utern des geistigen

Erbes— eine h¨ohere Geschicklichkeit im Verzicht auf wesentliche

Besinnung ausgebildet. In die Entsprechung locken und steigern

sich auf der einen Seite die Entmach- tung aller Verwurzelungsbereiche

zugunsten der Erm¨achtigung der durchg¨angigen Machenschaft

und auf der Gegenseite der Verzicht des Massenmenschentums auf

alle Entscheidungs- und Maßstabsanspr¨uche. Durch diese sich auswcitende

Entsprechung entsteht eine unsichtbare Leere, deren verborgenes

Wesen aus der noch leitenden metaphysischen Grundstellung

nicht begriffen werden kann, zumal sie sich im Anschein ihres Gegenteils

zum Ansehen bringt: als bedingungslose Eingliederung des Menschen

in die Machenschaft des Seienden im Ganzen —dies oft noch

unter Berufung auf — geschichtliche Herrschaftsformen, denen bereits

jeder Boden weggezogen ist— z.B. meint heutiges Soldatenturn

noch auf “Preußentum” sich berufen zu k¨onnen; es ist im Wesen gewandelt

und sogar schon etwas anderes als der Krieger der letzten

Weltkriegsjahre —abgesehen davon, daß aus diesem Bereich menschlichen

Handelns, wenngleich er in einer eigengef¨ugten H¨arte vor den

Tod stellt, sch¨opferische geschichtliche Entscheidungen nie entspringen

k¨onnen— sondern nur Formen einer stets mittel-haften Zucht, die

ins “Totale” erweitern zu wollen, einer groben Unwissenheit um das

Wesen des Seyns und seiner Jenseitigkeit zur Macht und Ohnmacht

gleichkommt.

Aus demselben Grunde aber ist auch jeder “Pazifismus” und jeder

“Liberalismus” außerstande, in den Bezirk wesentlicher Entscheidungen

vorzudringen, weil er es nur zum Gegenspiel gegen das echte

und unechte Kriegertum bringt. Die zeitweilige Macht- sLeigerimg

des Judentums aber hat darin ihren Grund, daß die Metaphysik des

Abendlandes, zumal in ihrer neuzeitlichen Entfaltung, die Ansatzste106

Julio Quesada

lle bot f¨ur das Sichbreitmachen einer sonst leeren Rationalit¨at und Bechenf

¨ahigkeit, die sich auf solchem Wege eine Unterkunft im “Geist”

verschaffte, ohne die verborgenen Iwitscheidungsbezirke von sich aus

je fassen — zu k¨onnen. Je urspr¨unglicher und anf¨anglicher die k¨unftigen

Entscheidungen und Fragen werden, umso unzug¨anglicher bleiben

sie dieser “Rasse”. (So ist Husserls Schritt zur ph¨anomenologischen

Betrachtung unter Absetzung gegen die psychologische Erkl¨arung

und historische Verrechnung von Meinungen von bleibender Wichtigkeit

—und dennoch reicht sie nirgends in die Bezirke wesentlicher

Entscheidungen, setzt vielmehr die historische ¨ Uberlieferung der

Philosophie ¨uberall voraus; die notwendige Folge zeigt sich alsbald

im Einschwenken in die neukantische Transzendentalphilosophie, das

schließlich einen Fortgang zum Hegelianismus im formalen Sinne unvermeidlich

machte. Mein “Angriff ” gegen Husserl ist nicht gegen ihn

allein gerichtet und ¨uberhaupt unwesentlich— der Angriff geht gegen

das Vers¨aumnis der Seinsfrage, d. h. gegen das Wesen der Metaphysik

als solcher, auf deren Grund die Machenschaft des Seienden die Geschichte

zu bestimmen vermag. Der Angriff gr¨undet einen geschichtlichen

Augenblick der h¨ochsten Entscheidung zwischen dem Vorrang

des Seienden und der Gr¨undung der Wahrheit des Seyns.)

2. Nuestra propuesta de traducci´on

La historia del hombre occidental —sin importar si reside en Europa

o en alg´un otro lado— se ha desplazado hacia una situaci´on en la que

dominios conocidos como “patria”, “cultura”, “pueblo”, pero tambi´en

“Estado” e “Iglesia”, as´ı como “sociedad” y “comunidad” deniegan el

refugio, ya que ellas mismas son reducidas a meros pretextos y se encuentran

sujetas a cualquier avance, cuyos poderes en movimiento permanecen

irreconocibles y s´olo delatan su juego, en que obligan a los

hombres hacia una habituaci´on a las grandes cantidades cada vez m´as

intrusivas, cuya “felicidad” se reduce a un poder vivir sin decisiones

y aturdirse con la opini´on de traer cada vez m´as hacia su propiedad

y disfrute, porque lo digno de poseer se vuelve cada vez m´as escaso

y m´as insustancial. El ´unico miedo, y para ello necesariamente irreal,

que todav´ıa permite tal situaci´on, es el temor que este funcionamiento

del hombre podr´ıa llegar a su fin por nuevas guerras y todo podr´ıa

perderse; ya que donde la rigidez de lo existente se considera como

heidegger: ”mi ataque (angriff) contra husserl” 107

propiedad y dominio del ente, se contrae la desdicha a una situaci´on

en la cual y a trav´es de la cual todo lo existente se vuelve sujeto a la

eliminaci´on.

D´onde podr´ıa aqu´ı despertar todav´ıa una pizca de aquel temor, que

reconoce que precisamente la hegemon´ıa de lo existente y la falta de

indigencia frente a las decisiones, la ampliaci´on intocable de la disposici

´on tan s´olo hacia esta situaci´on no s´olo constituye la destrucci´on,

sino la devastaci´on, cuyo dominio no puede afectarse por cat´astrofes

de guerra y guerras catastr´oficas, sino s´olo puede ser testimonio de la

misma. Si la naturaleza gregaria del hombre, abandonado a su propia

merced, a trav´es de su comunicaci´on empuja al hombre a la perfecci´on

de su esencial animal, o si las manadas de gobernantes quienes en lo

m´as alto cazan las masas estructuradas y “disponibles” de una completa

falta de decisi´on, si podr´a generarse o no por lo tanto, una “jerarqu´ıa”

dentro del animal definitivamente determinado en el sentido de “los

hombres superiores”, eso no constituye una diferencia esencial en el

car´acter metaf´ısico del ser en su totalidad. Con la osad´ıa m´as fr´ıa y rechazando

cualquier afluencia de valoraci´on “moral” y estado de ´animo

“pesimista”, la mirada filos´ofica tiene que tener enfrente y a su alrededor

la perfecci´on de la historia metaf´ısica del ser, para que el aire

para tomar las decisiones iniciales sople de manera clara y pura por

las preguntas de la reflexi´on.

Lo que hay que saber aqu´ı es que la devastaci´on dentro de las ´areas

de la “educaci´on” y del “sector cultural” se ha consolidado mucho m´as

que en el campo de la satisfacci´on m´as rudimentaria de las necesidades

b´asicas. De manera correspondiente, se ha desarrollado aqu´ı —con

los in´utiles guardianes de la herencia espiritual— una habilidad mayor

de renunciar a la reflexi´on esencial. En esta correlaci´on se atraen y se

intensifican por un lado el derrocamiento de todas las ´areas de arraigo

a favor del empoderamiento de acciones universales, y por otro lado,

de la renuncia del hombre masa a todas las pretensiones de decisi´on

y de norma. A trav´es de esta analog´ıa, cada vez m´as amplia, surge un

vac´ıo invisible cuya esencia ocultada no puede entenderse desde la posici

´on metaf´ısica inicial que todav´ıa rige, sobre todo porque recibe su

reputaci´on por las apariencias de su opuesto: como la incorporaci´on

del hombre a las acciones del ser en su totalidad—frecuentemente apelando

incluso a las formas de dominio, de las que ya se ha removido

108 Julio Quesada

cualquier fondo— por ejemplo, la actual soldadesca cree poder acogerse

a´un al “Prusianismo”; su naturaleza ha cambiado y es ahora incluso

algo diferente que el guerrero de los ´ultimos a˜nos de guerra mundial

—adem´as del hecho de que desde este ´ambito de la acci´on del hombre,

si bien antepone a la muerte en una penuria causada por s´ı mismo, no

podr´an jam´as surgir decisiones hist´oricas creativas— sino s´olo formas

de un cultivo siempre fundamentales, de querer ampliarlas hacia lo

“total”, de una ignorancia burda de la esencia del ser y que equivale a

lo ulterior del poder y de la impotencia.

Por la misma raz´on, sin embargo, tampoco el “pacifismo” y cualquier

forma de “liberalismo” son capaces de avanzar hacia el dominio

de las decisiones esenciales, porque s´olo lo presenta como contraste

entre la milicia aut´entica y no aut´entica. El temporal aumento

en el poder´ıo del juda´ısmo se debe, no obstante, a que la metaf´ısica

del occidente, sobre todo en su desenvolvimiento moderno, ofrec´ıa un

punto de partida para que se propagara una racionalidad y habilidad

aritm´eticas por lo dem´as vac´ıas, que por tales medios logra alojarse en

el “esp´ıritu”, sin poder entender jam´as los dominios de decisi´on. Mientras

las decisiones y preguntas futuras se vuelven m´as fundamentales y

esenciales, m´as inaccesibles permanecen para esta “raza”. (De esta manera,

el paso hacia la reflexi´on fenomenol´ogica de Husserl mantiene

su importancia bajo la cr´ıtica contra la explicaci´on psicol´ogica y compensaci

´on hist´orica de opiniones —y aun as´ı no llega para nada a los

dominios de las decisiones esenciales, sino [que] presupone m´as bien

la tradici´on hist´orica de la filosof´ıa donde quiera; el resultado necesario

se muestra pronto en el alineamiento con la filosof´ıa trascendental

neokantiana, que al fin y al cabo hace inevitable una partida hacia el

hegelianismo en el sentido formal. Mi “ataque” contra Husserl no se

dirige s´olo hacia ´el y es de cualquier manera insignificante— el ataque

va en contra de la omisi´on de la pregunta por el ser, es decir, contra

la esencia de la metaf´ısica como tal, que busca determinar la historia

basada en las maquinaciones sobre el ser. El ataque establece un momento

hist´orico de la m´as elevada decisi´on entre (Vorrang) la prioridad

del ser y el establecimiento de la verdad del ser (Seyn).

Agradezco la ayuda recibida de los profesores Antonio Ziri´on e Ignacio

Quepons; lo que no significa que ellos sean responsables de mis

errores.

heidegger: ”mi ataque (angriff) contra husserl” 109

3. Notas metaf´ısicas, metapol´ıticas y apuntes biogr´aficos para un

comentario de texto

El problema del Ser no es otro que el desarraigo de Europa, gerifalte

del mundo. La ausencia de ra´ıces (existencia ontol´ogico-hist´orica: Ser

y tiempo (1927). Ya tenemos ah´ı un definitivo principio, arch´e, sobre la

jerarquizaci´on del Ser. La pregunta fundamental de la metaf´ısica (Introducci

´on a la Metaf´ısica de 1935): “¿Por qu´e hay Ser y no m´as bien Nada?”,

tiene su genealog´ıa hist´orica (historicidad), su comienzo y raz´on

de existir en Europa, Occidente; pero, desde 1933, y de forma impl´ıcita

desde los a˜nos 20 (Informe Natorp), exclusivamente en el Volk alem´an

—todo un pleonasmo— porque ´este es el ´unico pueblo metaf´ısico que

queda en la Tierra.

El problema del Ser es el del desarraigo (Nihilismo) que se ha apoderado

de “dominios” (Heidegger no utiliza el t´ermino “concepto”)

tan decisivos para el nuevo nacionalismo alem´an como “patria”, “pueblo”,

“cultura”, “Estado” e “Iglesia”. Dominios a los que podr´ıamos

a˜nadir, a la luz de la obra heideggeriana, otros como “comunidad”,

“sujeto”, “lengua” y “muerte”. El Nihilismo consiste en la destrucci´on

de las formas “propias” de la existencia humana que, seg´un Sein und

Zeit, es un encadenamiento tan limitado y mortal como irreferente.

A esta cadena la podemos nombrar, siguiendo la anal´ıtica ontol´ogica,

con sus t´erminos: Dasein-Boden-Blut-Volk-Schprach-Tod-Staat. En la Verdad

de la diferencia del Ser no se des-vela un sujeto moderno, una

persona o individuo o alma; sino el propio encadenamiento del Ser

como forma “propia”. Por lo tanto, el primado ontol´ogico del Dasein

no obedece a las revoluciones burguesas modernas empe˜nadas en

salvar la subjetividad y autonom´ıa del individuo frente a la totalidad

del estado; sino a la “revoluci´on conservadora” que el Ser estaba llevando

a cabo en Alemania mucho antes que el nacionalsocialismo y

el antisemitismo se hicieran con el poder oficial de la naci´on. Este

principio ontol´ogico-hist´orico en el que se des-vela el Dasein (estar-yaaqu

´ı) en calidad de comunidad-del-pueblo-en-su-Estado. Una comunidad

existencial-nacional que se opone tanto a la tentativa “comunista”

de la Rep´ublica de Plat´on, comunismo de las Ideas y proporcionalidad

geom´etrica, como al desarrollo moderno de la comunidad que

fluye desde f´usic a polic hasta transformarse, a trav´es de la revolu110

Julio Quesada

ciones modernas ilustradas (Inglaterra, Estados Unidos y Francia) en

“sociedad civil” con plena autonom´ıa ante el Estado. La radical cr´ıtica

de Heidegger a la modernidad en todos sus sentidos (filos´ofico,

cient´ıfico-t´ecnico, religioso y pol´ıtico) se mide en comparaci´on a c´omo

el desarraigo que “es” la modernidad como cumbre del Nihilismo que

ya apunta desde el comienzo de la filosof´ıa en tanto “teor´ıa” e “idea”.

Por ejemplo, toda teor´ıa del conocimiento que, a juicio de Heidegger,

y por su car´acter universalista, ya estar´ıa olvidando la pregunta por el

Ser, por la existencia singular, ´unica e irreferente (como la muerte) del

Ser. As´ı, pues, aquel frontispicio que Plat´on —y a la luz del movimiento

´orfico-pitag´orico (semita)— puso para la Academia, “Nadie entre

aqu´ı sin saber matem´aticas”, es considerado por Heidegger como el

inicio de la historia del olvido del Ser. Luego, por l´ogica, podemos

adelantar que Ser para Heidegger es una “decisi´on” por la cultura, la

sociedad, la comunidad, la patria, la lengua, la muerte, el pueblo, el

Estado y la Iglesia radicalmente a) finitos y b) excluyentes.

En este sentido el Discurso de Rectorado de 1933 —La autoafirmaci´on

de la Universidad alemana— es una aut´entica mina para comprender

que el problema del Ser remite al problema alem´an de una cultura

propiamente alemana, exclusivamente alemana, hasta el punto ontol

´ogico-hist´orico (historicidad) de haber identificado en ese texto al

“esp´ıritu” con el “cuidado” (Sorge) de la Kultur; en el entendido, obvio,

de que la cultura es un patrimonio exclusivo del pueblo alem´an. Salvando

a la cultura alemana de sus enemigos se salva, al mismo tiempo,

no solo la existencia de Alemania sino la del Ser.

Escribi´o y dijo Heidegger:

Pues “esp´ıritu” no es ni la sagacidad vac´ıa, ni el juego de ingenio que a nada

compromete, ni el ejercicio sin fin del an´alisis intelectual, ni una raz´on universal,

sino que esp´ıritu es el decidirse, originariamente templado y consciente,

por la esencia del ser. Y el mundo espiritual de un pueblo no es

una superestructura cultural como tampoco un arsenal de conocimientos y

valores utilizables, sino que es el poder que m´as profundamente conserva

las fuerzas de su raza y de su tierra, y que, como tal, m´as ´ıntimamente exalta

y m´as ampliamente conmueve su existencia. S´olo un mundo espiritual

garantiza al pueblo la grandeza; pues obliga a que la permanente decisi´on

entre la voluntad de grandeza y el dejarse llevar a la decadencia sea la ley

que rige la marcha que nuestro pueblo ha emprendido hacia su historia

futura (Heidegger 1989, p. 12-13. Cursivas en el original).

heidegger: ”mi ataque (angriff) contra husserl” 111

Retrospectivamente vemos con claridad que la “decadencia” de 1933

y el “desarraigo” de 1939-1941 apuntan a la falta de “esp´ıritu” y de

“ser”, o de “mundo espiritual”, que han alcanzado a t´erminos como

“sociedad”, “comunidad”, “cultura”, “pueblo”, “patria”, “Estado” e

“Iglesia”. Palabras vac´ıas y mentirosas respecto de lo que es la grandeza

del pueblo alem´an. Para Heidegger, como para la ideolog´ıa nazi, el

Idealismo alem´an habr´ıa fracasado en su intento de dirigir a la naci´on

alemana a trav´es de un discurso filos´ofico moderno que ha confundido,

por el olvido del Ser, la “autonom´ıa” con una subjetividad libre de

originarios compromisos con su pueblo y raza. La Universidad alema

que, suponen Heidegger y los nazis (Hitler, Rosenberg, los hermanos

J¨unger, entre tantos otros), debe ser el alma mater y ´angel custodio de

ese “patrimonio nacional”. O, con palabras del propio Heidegger, custodios

de la pureza de esos “dominios” que ya no son “refugios” para

la existencia alemana cuya Rep´ublica de Weimar representa al enemigo

a batir para el nuevo nacionalismo alem´an. Por lo tanto, “pueblo”,

“patria”, “sociedad”, “comunidad”, “Estado”, “Iglesia”, “cultura” aparecen

como carentes de un verdadero hogar que s´olo les puede dar la

continuidad en el Ser (alem´an). He ah´ı el Nihilismo como resultado

del olvido del Ser. Ni la filosof´ıa, ni la ciencia, ni el arte, ni ning´un ente,

tienen casa propia porque se han universalizados como parte de la

“ca´ıda” del Dasein en el das Man. Estos estudios que se vienen haciendo

en la Universidad alemana (Hegelianismo, Marxismo, Neokantismo,

Positivismo l´ogico y Fenomenolog´ıa, por citar varios “dominios”

filos´oficos en el coraz´on de la Universidad alemana) son investigaciones

sin patria, sin el hogar (Heimat) que le brinda la “historicidad”; tal y

como ha sido desarrollada en Sein und Zeit. En este sentido todos estos

dominios que se ense˜nan en la Universidad alemana se han quedado

sin fundamento, “sin suelo” (Bodenlosigkeit), tal y como aparece en

el §77 de la obra citada y que desde 2005 hab´ıa se˜nalado Emmanuel

Faye, 9 a˜nos antes de la aparici´on de los Cuadernos negros. As´ı, pues,

deber´ıa estar claro que la “autoafirmaci´on” de la Universidad alemana

es, al mismo tiempo, el ´angel exterminador que va a llevar a cabo la

purificaci´on de esos conceptos desarraigados. ¿Se entiende?

El 18 de octubre de 1916 Heidegger le escribe a su futura esposa:

“la judaizaci´on de nuestra cultura y de nuestras universidades es sin

112 Julio Quesada

duda espantosa, y creo que la raza alemana deber´ıa procurarse a´un

otro tanto de fuerza interior para llegar a la cima. ¡De lo contrario el

Capital!” (En Donatella Di C´esare: Heidegger y los Jud´ıos, p. 110).

En el pasaje citado de La autoafirmaci´on de la Universidad alemana

los enemigos a destruir, en aras de la conservaci´on o cuidado del

“mundo espiritual” del pueblo alem´an, no aparecen se˜nalados por sus

respectivos partidos pol´ıticos sino, y esto es esencial para calibrar el antisemitismo

de Heidegger, como parte esencial de la “autoafirmaci´on”

de la universidad alemana como lucha (Kampf) contra el intelectualismo

jud´ıo que, desde Werner Sombart (Los jud´ıos y la vida econ´omica,

1911), ha sido la etiqueta definitoria de la forma de vida de los jud´ıos.

He analizado este tema de la relaci´on entre el “pensamiento abstracto”

y los jud´ıos como “pueblo n´omada”, es decir, un no-pueblo para

la cultura alemana en Heidegger de camino al Holocausto (2008) y Cultura

y barbarie. Racismo y antisemitismo (2014). Pero ahora debo matizar.

Lo m´as importante del discurso de Rectorado de Heidegger no es la

m´ımesis con el nazismo: “raza” y “tierra”; sino el negativo revelador

de la foto. ¿Qu´e no puede ser “esp´ıritu”? ¿Qu´e mal esp´ıritu obstaculiza

esta autoafirmaci´on alemana?, en fin, ¿Cu´al es la vida de los jud´ıos en

la universidad alemana? O con m´as precisi´on hist´orica, y haci´endome

eco del panfleto de Richard Wagner La judeizaci´on de la m´usica (1860):

¿En qu´e consiste la judeizaci´on de la Universidad alemana de la que

Heidegger hace eco desde 1916?

La sagacidad vac´ıa y el juego del intelecto que a nada compromete

porque la Universidad alemana est´a llena de jud´ıos, de profesores y

maestros que “desarraigan” desde dentro. A lo que hay que a˜nadir que

se trata del conflicto presente en el xix alem´an con los jud´ıos “asimilados”

como, por ejemplo, el fundador de la Escuela de Marburgo y

neokantiano Hermann Cohen. Ya lo afirmaba Wagner: no se trata de

estar con los alemanes; sino “entre” los alemanes. Algo imposible de

llevar a cabo por los jud´ıos y raz´on por la que su m´usica, Mendelshon,

por ejemplo, carec´ıa del tono vital alem´an. Echando a perder, desde

las sinagogas, el ser de la m´usica originariamente alemana.

Esp´ıritu (Geist) no es el ejercicio sin fin del an´alisis intelectual, tampoco

una raz´on universal. De un plumazo quedan al descubierto los

obst´aculos universitarios no alemanes como el neokantismo y la fenomenolog

´ıa: el citado Cohen, Ernst Casirer, Edmund Husserl y dem´as

heidegger: ”mi ataque (angriff) contra husserl” 113

jud´ıos alemanes. Tambi´en aparece como enemigo a destruir toda l´ogica

basada en una raz´on universal justificada con argumentos; de manera

que el positivismo l´ogico, el neokantismo y la fenomenolog´ıa a

ojos de Heidegger no son errores gnoseol´ogicos sino una traici´on al

esp´ıritu alem´an. Ninguna de estas escuelas vive “entre” los alemanes

porque su filosof´ıa forma parte del desarraigo y de la decadencia en

tanto agentes modernos instalados como “par´asitos” en el coraz´on de

la Universidad alemana. De nada sirvi´o que en la i Guerra Mundial

murieran, aproximadamente, 12.000 jud´ıos en el frente; inclu´ıdo uno

de los hijos de Husserl.

Que el esp´ıritu no es una superestructura cultural pone de relieve

que el an´alisis que lleva a cabo el materialismo hist´orico de la din´amica

de la sociedad moderna ahonda el problema del desarraigo de lo

propiamente alem´an-Europeo-Occidental. Este, y no otros idealismos

del tipo “hermen´eutica para todos los pueblos de la Tierra”, como se

cree en Latinoam´erica, Heidegger salvador de la originalidad de cada

forma de ser, es el contexto hist´orico, cultural y pol´ıtico desde el que

emerge, y cobra su sentido, la filosof´ıa de Heidegger y su pregunta por

el olvido del Ser.

Tanto la filosof´ıa como la ciencia y la pol´ıtica tienen que elegir entre:

“universalidad” o “mundo espiritual”. Disyunci´on exclusiva que el

nazismo, cual ´angel purificador de la raza pone encima de la mesa como

Leyes de N´uremberg en 1935. El mismo a˜no, qu´e casualidad, que

“el mejor pensador del siglo xx” (Jes´us Adri´an Escudero) se pregunta

en clase “¿Por qu´e hay Ser y no m´as bien Nada?”, es decir, “¿Qui´enes

somos nosotros mismos?” (Introducci´on a la Metaf´ısica).

Por lo tanto, de aqu´ı se sigue, en buena l´ogica, la repetici´on de la

apor´ıa pol´ıtica del nazismo: nacional-socialista; de la misma forma que

para salvar el “mundo espiritual” del pueblo alem´an tanto la ciencia

como la filosof´ıa (la pol´ıtica, el derecho, la religi´on, el arte, la econom

´ıa, la medicina y dem´as “Facultades”) han de volver a ponerse en

el comienzo “nacional”. ¿C´omo combatir la judeizaci´on de la Universidad

alemana?: a trav´es de un “segundo comienzo” del origen. El ataque

a Husserl por parte de Heidegger solo es, nada m´as y nada menos,

una ejemplaficaci´on m´as del ataque general que se viene llevando a

cabo en Alemania desde la derrota contra la judaizaci´on de Alemania.

Esta judaizaci´on ser´ıa la culpable de la derrota porque por su (ma114

Julio Quesada

la) educaci´on los alemanes, el pueblo alem´an, no habr´ıa estado a la

altura del “destino” que el Ser se jugaba en esta Primera Guerra Mundial.

Heidegger se˜nala, tanto desde su c´atedra como desde sus Escritos

Pol´ıticos —ninguneados en espa˜nol— la profunda relaci´on filos´ofica del

jud´ıo con “la sagacidad vac´ıa” que nunca podr´a comprometerse con

las “decisiones” que afectan a la conservaci´on del “mundo espiritual”

del Volk alem´an.

En este primer p´arrafo del texto aparece la cuesti´on del ente en relaci

´on a la “decadencia” que sufren esos t´erminos fundamentales “cultura”,

“patria”, “pueblo”, “sociedad”, “comunidad”, “Estado” e “Iglesia”

que se han quedado al borde del abismo (Ab-grund), si es que ya

est´an dentro del cicl´on universalista del desarraigo. Algunos tard´ıos

rom´anticos a´un podr´ıan seguir creyendo en la atracci´on de la muerte

como abismo del ser. Nada de esto. La radical finitud del Ser del

pueblo alem´an no da para lamentos, ni nostalgias, ni flirteos posmodernos

con ese abismo deconstructor: dejar de ser como le ocurrir´a a

toda persona porque el hombre es mortal. Ese tipo de “vac´ıo” carece

de inter´es para Heidegger. Lo que en el Ab-grund est´a en juego es

la judaizaci´on del Ser. Contra esta “falta de suelo” de toda la filosof´ıa

de Occidente Heidegger va a emprender la tarea inversa, contraria, a

trav´es de una anal´ıtica existencial en la que el hombre, a trav´es de su

pueblo hist´orico, est´a, o deber´ıa estar, encadenado. Dasein-Volk-Boden-

Blut-Schprach-Tod-Staat.

Para entender a Heidegger, y as´ı poder renunciar a ´el desde su propia

forma de pensar, tenemos que partir de la cr´ıtica que Herder (Otra

filosof´ıa de la historia para la educaci´on de la humanidad) y Nietzsche (Verdad

y mentira en sentido extra-moral) llevaron a cabo como parte de sus

cr´ıticas respectivas a “la igualaci´on de lo desigual” (Nietzsche). En este

sentido las ideas, que tienden a la universalidad desde Plat´on, aparecen

a los ojos de Heidegger como el veh´ıculo cient´ıfico y filos´ofico

am´en de pol´ıtico de la modernidad en tanto revoluci´on contra la tradici

´on. La visi´on del mundo propia de la modernidad tiene un concepto

de la verdad, una teor´ıa sobre la verdad, basada en el mundo como ente

(e¨ıdoc que tambi´en significa “im´agen”). Aquel inicio (ya mal inicio

para Heidegger) de la filosof´ıa: “Nadie entre aqu´ı sin saber matem´aticas”

convierte al mundo en una “idea”. La geometr´ıa de Descartes, la

raz´on universal de Spinoza, el principio de Raz´on suficiente de Leibheidegger:

”mi ataque (angriff) contra husserl” 115

niz, la sociedad civil de Locke, el escepticismo ilustrado de Hume, la

Dial´ectica Trascendental y cosmpolita de Kant, la Dial´ectica de la historia

(Hegel-Marx), la genealog´ıa de Nietzsche-Foucault que nos hace

sospechar tanto del .origenc¸omo de la propia ”historia”, la libertad y

el pacifismo de J. S. Mill, la intencionalidad de Husserl que es una

flecha lanzada m´as all´a de cualquier identidad nacionalista, en fin, la

lista es muy larga, el existencialismo humanista (para todos) de un Sartre

que nos comparte, al describirla, la n´ausea, se˜nalamientos que no

agotan, ni mucho menos, la riqueza plural de los modernos y en cuyo

acervo nos es fundamental la historia revolucionaria de la ciencia moderna,

Cop´ernico, Kepler y Galileo entre tantos otros como Newton. . .

y Darwin, y Einstein. ¡Como para poner el destino de la Tierra y el del

hombre en funci´on del Boden como si de toda la vida hubi´eramos estado

ah´ı (Da), suelo natal, patria, comunidad, hogar; cuando sabemos

que todo nacionalismo solo es un invento hist´orico cultural tal y como

dicen Fernando Savater (El mito del origen) y Jes´us Turiso (El ser

genuflexo).

Pero para Heidegger —justamente— la “visi´on” del mundo y del

hombre, un animal de ideas que siempre anda m´as all´a de “s´ı mismo”,

se convierte en la prueba esencial para montar su historia del olvido

del Ser. Toda la modernidad es la prueba de la decadencia y desarraigo

de Occidente, de Europa, porque tanto la ciencia como la filosof´ıa

y la pol´ıtica son hijas de lo que denomina la “entificaci´on” del Ser.

A la pregunta fundamental de la metaf´ısica, “¿Por qu´e hay ente y no

m´as bien nada?”, punto de partida de su Introducci´on a la —Metaf´ısica

(1935), Heidegger no responde con otro ente u otra ¨ıdea”(eidoc) ni

con la siempre pen´ultima “teor´ıa” acerca del sentido y estructura de

ese ente, ya sea econ´omico, l´ogico, hist´orico, moral o est´etico. Todo

esto no dejan de ser “ideas” que igualan lo desigual (animal pol´ıtico,

animal racional, mortal y libre) y, por lo tanto, “conceptos” cuya

din´amica conlleva una universalidad en donde lo originario de la existencia,

la raza, el Ser, se pierde en el Nihilismo filos´ofico, cient´ıfico,

religioso y pol´ıtico de la Democracia.

A partir de este comentario de texto cobra sentido pol´ıtico, Gran

Pol´ıtica, una hermen´eutica de la facticidad hist´orica o historicidad del

Ser. Es importante comprender el sentido y la estructura del ente a

trav´es del cual se desvela el mundo; pero la pregunta fundamental no

116 Julio Quesada

gira en torno al ente, sino en torno al Ser que es su aut´entico Grund o

“suelo” (Boden). “¿Por qu´e hay Ser y no m´as bien Nada?” ya no espera

otra teor´ıa sino la “decisi´on” o “lucha” por el Ser. ¿Cu´al es la batalla y

el campo de batalla de esta Kampf?: o el Ser o las ideas.

D´ejenme hacer un par´entesis cinematogr´afico. Spielberg llev´o en

2012 a la pantalla el libro de Doris Kearm Good win Team of Rivals. The

Political Genius of Abraham Lincoln. En esencia Lincoln de Spielberg nos

hace entrar en el mundo de la deliberaci´on con todas sus limitaciones

y contingencias. Este director nos representa lo que estaba en juego

en 1863, que no es sin m´as la D´ecimotercera Enmienda gracias a la

que aquellos 4 millones de esclavos negros pasar´ıan a ser libres. Esto

era cierto, pero lo que estaba en juego era el fundamento racional del

humanismo. No se trataba de un arrebato sentimental, sino de una

deuda que este hombre, presidente de los Estados Unidos, ten´ıa con

la “raz´on humana”. Por eso no nos debe extra˜nar que, en uno de los

momentos ´algidos de la cinta, Lincoln se base en los razonamientos de

Euclides para amonestar a sus propios compa˜neros de gabinete que

dudaban no ya de la “oportunidad” de promover esa Enmienda antes

de que acabe la guerra y el mandato presidencial, sino, lo peor, que no

ven con la claridad racional que la Enmienda se proponga contra viento

y marea. ¡Acci´on!: “Dos cosas iguales entre s´ı —rum´ıa el actor en voz

alta— y esta, a su vez, igual a una tercera, son iguales entre s´ı”. Se trata,

exclama Lincoln, “de una verdad autoevidente”. Desde los bancos proesclavistas

se le acusa de “tirano” y de haberse convertido en “su majestad

Abraham i el africano”. Para que los amables lectores de mi ensayo

hagan clic con el racismo de Heidegger, les recomiendo la escena, ya

casi al final de la pel´ıcula, en la que el representante del Sur le propone

a Lincoln este intercambio: “la paz por nuestro derecho a paralizar

la Enmienda”. Y Lincoln le contesta que el Sur no es una naci´on; sino

un lugar de EEUU en donde unos rebeldes quieren enfrentarse a la

Constituci´on. Entonces el representante, abatidamente desesperado,

hace un ´ultimo esfuerzo ampar´andose en algo as´ı como la “historicidad”

de Heidegger: “perderemos nuestra econom´ıa”, “perderemos

nuestras tradiciones”. . . y Lincoln le rebate con calma: “la esclavitud

ha sido derogada”. Lo que no significa otra cosa —advierte Lincoln a

los de su propio partido— que la vida vuelve a abrirse desde sus propias

problem´aticas nuevas. Que viene al hilo de la incertidumbre y

heidegger: ”mi ataque (angriff) contra husserl” 117

pesimismo que se apoderan de sus propios compa˜neros de gabinete:

entonces, los negros tambi´en votaran. “Y, entonces, ¿qu´e haremos?”

—le preguntan al presidente. “Entonces —contesta— habr´a que avanzar

a base de tener que improvisar”.

¿No ser´a el humanismo de la igualdad de todos los seres humanos

una “idea” que hace del propio ser humano una perpetua Enmienda

a partir de principios morales basados en la propia l´ogica de la raz´on?

El 20 de junio de 1932 —pr´acticamente un a˜no antes de la toma

de posesi´on como rector— Heidegger le dice a Elfride desde Friburgo

lo siguiente: “aun cuando el esfuerzo que exigen los nazis es grande,

ser´a siempre mejor que este pernicioso envenenamiento al que hemos

sido expuestos durante las d´ecadas pasadas bajo el lema de ‘cultura’ y

‘esp´ıritu”’ (Heidegger, G (ed.): “¡!Alma m´ıa!”. Cartas de Martin Heidegger

a su mujer Elfride (1915-1970). Manantial. Buenos Aires, p. 130. Citado

por Donatela Di Cesara: oc., p. 112. Las cursivas son m´ıas).

De forma autobiogr´afica recuperamos el problema, la cuesti´on filos

´ofica, el problema del Ser. Los siete t´erminos del principio de este

texto que, dec´ıamos con Sein und Zeit, est´an en decadencia por ser

expresiones vac´ıas, carentes de “suelo” (Bodenlosigkeit): “patria”, “cultura”,

“pueblo”, “Estado”, “Iglesia”, “comunidad” y “sociedad”, ahora

(y haciendo pie en la carta que acabamos de citar) podemos, por un

lado, sintetizar lo que para Heiedegger era el tema de su tiempo: el envenenamiento

que la judaizaci´on de la Kultury del Geisthan provocado

en las ´ultimas d´ecadas. Suficiente para sostener, como vengo haciendo

junto a otros investigadores, que la intencionalidad de la Obra de Heidegger

no se entiende al margen de la lucha por la reconquista de una

c¸ultura 2 .esp´ıritu.aut´enticamente alemanes, europeos, occidentales. Lo

que exige, filos´ofica y pol´ıticamente, una ”vuelta.al comienzo del Ser.

Por esta raz´on Heidegger se pregunta en el texto (2° p´arrafo) por

las condiciones que podr´ıan “despertar” el ancestral “temor” ante la

posible p´erdida de “la hegemon´ıa de lo existente”, as´ı como la conciencia

hist´orica de esta “indigencia frente a las decisiones”. El estilo

heideggeriano es muy oscuro y su “jerga de la autenticidad” (Adorno)

nos exige de cierta micro hermen´eutica. As´ı, para Heidegger, esta situaci

´on hist´orica en la que est´a Alemania y el mundo aparece como un

Hermes bifronte: a) testigo y testimonio no ya de la “destrucci´on”; sino

de la “devastaci´on” que la judaizaci´on del “esp´ıritu” y la “cultura” han

118 Julio Quesada

provocado en la vida alemana; sino que b) ese mismo “testimonio” debe

transformarse en el nuevo espacio y tiempo que haga posible, desde

Alemania, “las preguntas de la reflexi´on”.

El que Heidegger aceptara el nazismo como soluci´on de la crisis

alemana de la cultura y el esp´ıritu no signific´o, es cierto, una entrega

a las “totalidades” del mismo porque su filosof´ıa del Ser es radicalmente

finita y excluyente: no se puede exportar. De ah´ı que manifieste

que lo importante no es seguir la l´ınea que marca la finalidad hist´orica

de un ¨ Ubermensch o perfecci´on de un animal biol´ogico. ¿Por qu´e?

Porque la biolog´ıa moderna es, fundamentalmente, un ente sin patria,

sin suelo, en fin, un Bodenlosigkeit. Otro pensamiento sin suelo con el

que el Das Man —del que no escapa el nazismo vulgar— aspira desde

su total desconocimiento de la pregunta por el Ser a llevar a cabo una

pol´ıtica en base a la “perfecci´on” del animal definitivamente fijado. La

biolog´ıa moderna, lo supo Heidegger, va en la direcci´on contraria: la

vida abierta a una pluralidad incalculable e incorsetable a una ´unica y

´ultima definici´on. Lo que Heidegger a˜nora, m´as all´a del ¨ Ubermensch,

y de todo ¨ Uber o ir m´as all´a de s´ı mismo, es el hombre y el mundo

que hab´ıa (para la quimera del “origen”) antes del desarraigo con el

Ser. Dicho en otros t´erminos: la “jerarqu´ıa” que confusamente busca el

nacionalsocialismo no puede venir de m´as entifafci´on del Ser; sino de

la destrucci´on de la ´epoca de la “im´agen” del mundo gracias a lo que

el “esp´ıritu” y la “cultura” alemanas han ca´ıdo en un casi total “desarraigo”.

El problema del Ser (y aunque la selecci´on del hombre sea

necesaria) no se ubica en ninguna ciencia moderna; sino, son palabras

de Heidegger, “en el car´acter metaf´ısico del ser en su totalidad”. Este

“car´acter metaf´ısco” del Ser conlleva una praxis que nada, absolutamente

nada, tiene que ver con la deliberaci´on; sino con la “osad´ıa”

m´as fr´ıa. Tanto que hay que rechazar cualquier valoraci´on de orden

moral (como la ofonesic, podemos a˜nadir) y dejar fuera cualquier duda

que aparezca a trav´es del “pesimismo”, porque “la mirada filos´ofica

tiene que tener enfrente y a su alrededor la perfecci´on de la historia

metaf´ısica del ser” para que renazca el “aire” que posibilite poder de

nuevo tomar “las decisiones iniciales” a trav´es de las cu´ales la cultura y

el esp´ıritu puedan volver a ser los guardianes que alguna vez fueron.

Y es que, para Heidegger, la devastaci´on llevada a cabo por la raza

jud´ıa de la cultura y esp´ıritu propiamente alemanes hasta su desarraiheidegger:

”mi ataque (angriff) contra husserl” 119

go, mundializaci´on, cosmopolitismo, infinitud y universalidad, habr´ıa

pegado m´as en la “educaci´on” y “sector cultural” que en cualquier otra

parte (3° p´arrafo). Ah´ı tenemos al descubierto la intencionalidad (que

nunca ocult´o Heidegger) de una hermen´eutica en busca del “origen”

de los conceptos aut´enticamente griegos; tarea que comienza en los

a˜nos 20 con su “estrategia de desmontaje” de las interpretaciones recibidas

de los griegos como parte de una experiencia “inaut´entica” de

aquellos “arquetipos” de la vida. Desde 1922 Heidegger sabe c´omo

destruir al enemigo de la verdadera tradici´on espiritual alemana que

son los griegos. Toda su filosof´ıa es una reconquista de los griegos

frente a las “interpretaciones heterog´eneeas” que en su nombre se han

dado de la “vida” y de la “sustancia”. “La hermen´eutica, pues, cumple su

tarea s´olo a trav´es de la destrucci´on (Destruktion)” (M. Heidegger: Informe

Natorp, p. 51. Cursivas en el original). Desde estos Cuadernos negros vemos

confirmadas, por el propio Heidegger, nuestras tesis. La Obra de

Heidegger no se entiende al margen de su antisemitismo. ¿De qui´en

es Plat´on?; ¿de qui´en Arist´oteles?, ¿de qui´en Kant y Nietzsche?; en fin,

¿de qui´en es H¨olderlin? Frente a esas “d´ecadas” en las que la cultura

y el esp´ıritu alemanes han ido siendo educados universitariamente en

el “desarraigo”, Heidegger opone esta hermen´eutica de la facticidad

del Ser como Dasein que hay que recuperaren toda su pureza hist´orica.

Lo que pasa, por ejemplo, por una interpretaci´on “fenomenol´ogica”

de Arist´oteles que haga de la ousia no una “sustancia”; sino “bienes

patrimoniales” y “bienes familiares” (Informe Natorp, p. 58) con lo que,

muy h´abilmente, deconstruye, destruye, el alcance trascendental que

ten´ıa la “sustancia” para hacer de ella un bien nacional de la que, como

veremos, la raza jud´ıa est´a radicalmente fuera.

Lo explica con claridad, ahora s´ı, al inicio del 3° p´arrafo cuando

al se˜nalar la “devastaci´on” de la cultura alemana —“con los in´utiles

guardianes de la herencia espiritual”— se˜nala, al mismo tiempo, la

escuela que ha ido dejando esta situaci´on: “una habilidad mayor de

renuncia a la reflexi´on esencial”.

Tengo aqu´ı que llamar la atenci´on sobre el t´ermino “habilidad” como

una de las etiquetas emblem´aticas acu˜nada por Sombarten 1911,

Los Jud´ıos y la vida econ´omica, para distinguir la forma de pensamiento

que se da entre los pueblos alemanes y los pueblos semitas. Siguiendo

a Sombart podemos hacer esta divisi´on. Alemanes: Producci´on120

Julio Quesada

Pensar-Comunidad (org´anico-viviente). Jud´ıos: Circulaci´on-Calcular-

Sociedad (contractual sin alma). Y dos paisajes que se contraponen

como el “bosque” (alem´an) y el “desierto” (jud´ıo). El hecho que todo

se vuelva “cantidad” y “cuantificaci´on”, afirm´o Sombart, se debe

a que en la “base” del jud´ıo se produce una perversi´on fundamental:

la “negociaci´on” disuelve la “actuaci´on” de una econom´ıa personal, es

decir, propiamente nacional. Por lo que, y en general, toda la actividad

econ´omica mundial, gracias al capitalismo, se ha transformado en

“un asunto puramente intelectual”.1 La fuente de Heidegger, aunque

no lo cite, es Sombart. “Heidegger retoma todos estos motivos”, afirma

Di Cesare, aunque en el paisaje ha habido un importante cambio.

Ahora “el v´ınculo con su madre ‘suaba’ confluye en el lenguaje de su

pensamiento, que sigue la senda abierta por H¨olderlin” (oc., p. 131).

La “devastaci´on” de la cultura alemana y la “habilidad” para el

c´alculo como forma de no pensar en lo esencial formar un binomio en

el que al mismo tiempo se da esta situaci´on: a) la eliminaci´on de todos

los “dominios” de arraigo (patria, cultura, esp´ıritu, sociedad, comunidad,

Estado, Iglesia. . . y lengua) se desvanecen engullidos por ese

“empoderamientode acciones universales”, y b) la renuncia del “hombre

masa” a la pregunta por el Ser, esto es, “a la pretensi´on de decisiones

y normas”. Ah´ı, dice Heidegger, surge “un vac´ıo invisible”. ¿Por

qu´e el Nihilismo es “invisible”? Porque hasta Heidegger no ha sido

pensado a trav´es de la historia del olvido del Ser. Este “vac´ıo” es “invisible”

porque desde determinada percepci´on del mundo y del hombre

es imposible verlo, sentirlo. Esta invisibilidad respecto del vac´ıo (de

Ser) no puede aparecer en la ´epoca de la imagen del mundo porque,

precisamente, es esta “metaf´ısica” la que a´un sigue rigiendo y que se

encarga de ocultar habilidosamente a trav´es de una pseudo acci´on del

pseudo pensamiento racional-calculador cuya intencionalidad sobrepasa,

va m´as all´a de la facticidad del Dasein-Volk-Boden-Blut-Schprach-

Staat. El Ser, entonces, se ha perdido por la metaf´ısica; una mala, perversa,

metaf´ısica que directamente ayuda al mantenimiento del olvido

del Ser como parte de una “maquinaci´on” mundial. Todo lo que

conlleva un ejercicio de totalidades y universalismo, esencia de la me-

1 Cf. Herf, J., El modernismo reaccionario. Tecnolog´ıa, cultura y pol´ıtica en Weimar y el Tercer Reich,

p. 289; Quesada, J., Heidegger de camino al Holocausto, p. 34 y 31.

heidegger: ”mi ataque (angriff) contra husserl” 121

taf´ısica, es, precisamente, la causa de que aqu´el vac´ıo se haya hecho

invisible.

Encuentro pasajes dif´ıciles por todo lo que Heidegger dice y no dice.

Al fin y al cabo son fragmentos de pensamiento nada lineales, apuntes

autobiogr´aficos en donde Heidegger se explica (a s´ı mismo). Por

lo tanto, da muchas cosas por obvias para un lector inmerso en la situaci

´on cultural y espiritual de Alemania. Por ejemplo, la diferencia y

cr´ıtica que establece entre la “soldadesca” actual y el “guerrero” de los

´ultimos a˜nos de la anterior guerra mundial. Hay un aire j¨ungeriano en

esta apolog´ıa del “Prusianismo” del que, como parte del desarraigo del

Ser, cree, equivocadamente, la “soldadesca” venir de ese esp´ıritu guerrero.

Pero, ¿qu´e puede tener esto que ver con la cr´ıtica heideggeriana

a la metaf´ısica? “Veo muchos soldados: ¡muchos guerreros es lo que yo

quisiera ver! ‘Uni-forme’ se llama lo que llevan puesto: ¡ojal´a no sea

uni-formidad lo que con ello encubres”. Se trata de Nietzsche a finales

del xix en De la guerra y el pueblo guerrero perteneciente a la Primera

Parte de As´ı habl´o Zaratustra (p. 79). ¿Qui´en es un guerrero? “La guerra

y el valor han hecho m´as cosas grandes que el amor al pr´ojimo. No

vuestra compasi´on, sino vuestra valent´ıa es la que ha salvado hasta ahora

a quienes se hallaban en peligro” (p. 80. Cursivas nuestras).Para Heidegger

lo que queda claro es que de esta “soldadesca”, y a pesar de

que se anteponga la “muerte” a la “penuria” de una vida, no obstante,

de esa acci´on “no podr´an surgir decisiones hist´oricas creativas” porque

estar´ıan basadas en “la ignorancia burda de la esencia del ser”, es decir,

en ese aire de totalidades que ignora la verdad del Ser. ¿Podr´ıamos

establecer una analog´ıa entre: a) la cr´ıtica de la metaf´ısica como “totalidad”

y b) la diferencia entre “soldado” y “guerrero”? ¿La cr´ıtica a la

metaf´ısica no requiere “soldados” sino “guerreros”? Entonces, la cr´ıtica

a la metaf´ısica es como la cr´ıtica al amor al pr´ojimo?

Esta autocr´ıtica no significaba, ni mucho menos, un aval para el

“pacifismo” y el “liberalismo” porque se tratan, ya lo podemos decir,

de la misma “maquinaci´on” que ha llevado a cabo la uni-formidad

del Ser. Lo que implica necesariamente una imposibilidad radical a la

hora de avanzar, escribe Heidegger, “hacia el dominio de las decisiones

esenciales”.

A partir de aqu´ı (estamos ya en el 4° par´agrafo del texto) Heidegger

reivindica un antisemitismo nada vulgar para implicar, de su pluma y

122 Julio Quesada

letra, el antisemitismo como expresi´on alemana de la cr´ıtica a la metaf

´ısica de Occidente. Y lo hace resaltando, precisamente, el papel del

juda´ısmo en la historia del olvido del Ser. Que Heidegger estaba convencido

entre 1939 y 1941 de que el poder´ıo de la maquinaci´on jud´ıa

contra el Ser hab´ıa llegado a su fin, lo demuestran los tiempos empleados

en la descripci´on de la situaci´on: “el temporal aumento en el

poder´ıo de los jud´ıos”. Obvio, el final de la filosof´ıa se correlaciona

con el final de este poder. Siendo la propia “modernidad” la que le da

asilo espiritual al par´asito jud´ıo que se ha instalado, a trav´es de su “habilidad”

aritm´etica (o “abstracta” como afirm´o Sombart), en el coraz´on

de centro Europa. ¿C´omo pudo un pueblo n´omada hacerse cargo del

“esp´ıritu” y de la “cultura”? Por el punto de apoyo que le daba la subjetividad

moderna capaz —por la verdad del ente (ciencias)— de dejar

atr´as, superar, la patria, el suelo, la sangre, la comunidad, la lengua,

la Iglesia y hasta el Estado. Vuelve a repetir Heidegger lo del “vac´ıo”

que ahora se nos hace visible: los jud´ıos se han podido instalar durante

d´ecadas en la Universidad alemana porque anteponen la verdad

a la patria y la filosof´ıa al Estado. De tal forma que, en medio de la

revoluci´on nazi que se lleva a cabo en Alemania, Heidegger reflexiona

sobre el porvenir de la metaf´ısica afirmando (desde una inequ´ıvoca

victoria de Alemania) que en la medida en que se avance hacia las preguntas

y decisiones fundamentales, resulta obvio que a la raza (Rasse)

jud´ıa le ser´an completamente inaccesibles los dominios existenciales

recuperados para lo aut´enticamente aleman, como la patria, la cultura,

el pueblo, el Estado, la Iglesia, la sociedad, la comunidad, en fin, el

esp´ıritu.

El par´entesis que a continuaci´on mont´o Heidegger es un corolario

de su tesis en la que explica su “ataque” a Husserl. No cabe duda, asegur

´o el alumno, que el maestro de la fenomenolog´ıa ten´ıa raz´on en

la cr´ıtica del psicologismo. Pero la fenomenolog´ıa de Husserl “no llega

para nada a los dominios de las decisiones esenciales” porque, de

ra´ız racial, est´a imposibilitado para ello. Una muestra de ello ser´ıa su

acercamiento a la filosof´ıa trascendental neokantiana. Ahora lo importante

no es entrar en el detalle de la cr´ıtica de Husserl al neokantismo

porque lo que une, por encima del nazismo, a Hermann Cohen con

Edmund Husserl es la continuidad filos´ofica del sujeto trascendental,

de un sujeto que va m´as all´a de s´ı mismo.

heidegger: ”mi ataque (angriff) contra husserl” 123

Por eso Heidegger es consciente de que su ataque a Husserl va m´as

all´a de una diferencia entre alumno y maestro. Jam´as la fenomenolog´ıa

los hab´ıa unido, como crey´o Husserl; sino que hab´ıa una diferencia

ontol´ogica o metaf´ısica insalvable desde el principio. Husserl aparece

en este fragmento como parte esencial de la cr´ıtica a un pensamiento

abstracto, indiferente, hacia el Estado y la patria. No ve a Husserl como

un alem´an m´as; sino como una existencia andante del olvido del Ser

que, durante d´ecadas, se hab´ıa “alojado” en la cultura y esp´ıritu de

Alemania. La cr´ıtica a todo lo que representaba Husserl se ubic´o “un

momento hist´orico de la m´as elevada decisi´on respecto de la prioridad

del ser y el establecimiento de la verdad del ser”.

Por lo que este guerrero del saber hist´orico careci´o de la menor

compasi´on hacia su maestro, mentor y amigo. Y al matar al padre

lleg´o tanto el final de la filosof´ıa como el nazismo en tanto acontecimiento

(Ereignis). ¿Cu´al ten´ıa que ser la reflexi´on esencial?: “¿Por

qu´e hay Ser y no m´as bien Nada?”. ¿Cu´al la decisi´on esencial a la que

no pueden acceder los jud´ıos?: “¿Qui´enes somos nosotros mismos?”

4. Pol´ıticas de la “epoch´e”

Por lo tanto, en la epoch´e nos encontramos con una pol´ıtica del Ser diametralmente

opuesta a la que se despliega como facticidad hist´orica

del “ser-Ah´ı” en su alumno Heidegger. Si el maestro ense˜na en la Universidad

a poner entre par´entesis el Da para reactivar la trascendentalidad

que los une a pesar de sus diferencias de “origen”; el alumno,

inscrito en el “contra movimiento”, anhela la pureza de lo finito, limitida

y excluyente que “es” el esp´ıritu y la cultura de Alemania.

El “Amar´as a tu pr´ojimo como a ti mismo”, ¿no implica hacer epoch´e

del s´ı mismo para encontrarse con el Otro? ¿No es la propia acci´on

fenomenol´ogica del poner al mundo entre par´entesis una radical cr´ıtica

contra el nacionalismo? La utop´ıa fenomenol´ogica que late en el

proyecto husserliano de “mundo”, la recuperaci´on del “mundo de la

vida cotidiana” (Lebenswelt) en la clave de su “pluralidad” e “infinitud”,

lo que no se puede rescatar y sostener frente a la “destrucci´on”

(Destruktion) del mundo si no es a trav´es de una filosof´ıa de la intersubjetividad

que al “pensar” sabe que ya est´a fuera de “s´ı mismo”, esta

actitud filos´ofica, ¿no es la clave para entender la diferencia ontol´ogica

y pol´ıtica entre las “interpretaciones fenomenol´ogicas” que Heidegger

124 Julio Quesada

hace del mundo y de la historia de la filosof´ıa occidental, y la “fenomenolog

´ıa” de Husserl? Y esta nueva actitud filos´ofica ante el mundo,

¿no es el motor que provoca la “autoafirmaci´on” de la Universidad alemana

contra los intelectuales jud´ıos que siempre ser´an considerados,

precisamente, como malos guardianes de la cultura, cr´ıticos indiferentes

respecto de las reflexiones y decisiones “esenciales” respecto de la

patria, el pueblo, el estado, la cultura, el esp´ıritu?

La pol´ıtica husserliana fundamentada en la necesidad de la epoj´e intenta,

como tarea para un eterno “principiante” de la filosof´ıa fenomenol

´ogica, reactivar la pluralidad infinita de la vida humana (abierta a

todo ser viviente, como explica Julia Valentina Iribarne en “La antigua

y dif´ıcil propuesta del amor”, en La fenomenolog´ıa como monadolog´ıa; y

lamento no poder dar el nombre de la autora o autor de la referencia

a la fenomen´ologa argentina porque se trata de un art´ıculo, “Fenomenolog

´ıa del amor”, al que he tenido acceso gracias a una evaluaci´on)

contra el ordenamiento finito, limitado y excluyente de unos pueblos

contra otros. Heidegger sab´ıa, pues, que su ataque “contra” (gegen)

Husserl hab´ıa que inscribirlo, al menos seg´un ´el, en la lucha por el Ser

(Seyn); de forma que la “autoafirmaci´on” del esp´ıritu alem´an era parte

esencial del contra movimiento filos´ofico existencial (Dasein-Boden-

Schprach-Blut-Volk-Staat). Siendo el antisemitismo, su antisemitismo ontol

´ogico, lo que le va a separar radicalmente tanto de Husserl como del

existencialismo humanista de Sartre. “Historicidad” y “antisemitismo”

son las dos caras de la misma moneda. El ataque contra su maestro

y mentor es, al mismo tiempo, el ataque a un “in´util” guardi´an de la

cultura alemana. Inutilidad que percibe, a la luz de “su” historia de la

filosof´ıa, como parte de una “maquinaci´on” de orden mundial contra

el Seyn.

Para Heidegger, Husserl era, a pesar de su acertada cr´ıtica al psicologismo,

un fenomen´ologo: alguien capaz de poner entre par´entesis

nuestras diferencias para ir a lo esencial: “Esp´ıritu com´un” (Gemeingeist)

—tal y como lo ha estudiado Julia Valentina Iribarne. Si este

esp´ıritu com´un (de una rica plasticidad que invita, precisamente, a no

destruir al Otro conmigo) hubiera entrado en contacto con Heidegger,

dif´ıcilmente se habr´ıa afiliado al nacionalsocialismo y dif´ıcilmente

habr´ıa dejado a su maestro y amigo solo ante el peligro. Pero, ay, la

intersubjetividad husserliana era un obst´aculo (y parte de la maquinaheidegger:

”mi ataque (angriff) contra husserl” 125

ci´on del Jud´ıo) para la “autoafirmaci´on”. Hab´ıa que decapitar al padre

por doble motivo: era “jud´ıo” y “fenomen´ologo”.

As´ı, pues, estamos ante dos pol´ıticas de la epoch´e bien diferentes tanto

a nivel filos´ofico como pol´ıtico. Y esto no es un tema balad´ı o meramente

acad´emico; sino que, en mi opini´on, forma una de las clave

para comprender el tema de nuestro tiempo. Aquella Krisis aparece en

el siglo xxi tal y como Heidegger lo dej´o expuesto al final del texto

que estamos comentando. Su ataque contra Husserl solo es la punta

del iceberg de su ataque a la esencia de la metaf´ısica que tender´ıa a

desarraigar a todas las patrias y razas del mundo. Aquel ataque como

“momento hist´orico” entra˜naba una decisi´on por lo esencial: o el

ser o el Seyn. Tambi´en: o la prioridad del ser como universal o la implantaci

´on de la verdad del Dasein-Volk-Staat. O epoch´e o nacionalismo.

En fin: o Esp´ıritu com´un o Destruktion. Y es que, estar´an de acuerdo

conmigo, el mundo se balcaniza cada vez m´as. Todos quieren ser desiguales

y con base en la “diferencia ontol´ogica” que hace furor entre

los que quieren seguir en el “bucle melanc´olico” en el que se les educa

como identidad olvidada en cada “laberinto de la soledad”, el mundo

parece gravitar, anti-fenomenol´ogicamente, en raz´on de la diferencia

insalvable. No una grat´ısima diferencia desde la que nos atrae el Otro;

sino una diferencia metaf´ısica, ontol´ogica, que no se puede poner entre

par´entesis para percibir lo que, a pesar de todo, nos parecemos. El

siglo xxi tiene que ser, por supervivencia, un siglo fenomenol´ogico.

Referencias

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Editores, Madrid.

Entrevista a Julio Quesada, sobre el nazionalsocialismo y Heidegger


Martin Heidegger y el nazionalsocialismo

heideggerandnazis11

Nazismo y política del ser, según Heidegger, desde la crítica de Nicolás González Varela

heideggerandnazis11
UN TEXTO QUE ME PARECE IMPRESCINDIBLE PARA ANALIZAR Y CRITICAR EL ALCANCE DE LAS IMPLICACIONES POLITICAS DEL FILOSOFO ALEMAN MARTIN HEIDEGGER, DESDE SU VINCULACION CON EL NAZISMO

Entrevista a Nicolás González Varela sobre Heidegger. Nazismo y política del Ser (I)
Salvador López Arnal
Viernes, 16 de Junio de 2017 11:51
“La oscuridad de Heidegger, la denostada “jerga de la autenticidad” denunciada por Adorno es una barrera primigenia para cualquier lector incauto”
Nicolás González Varela es ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Ha estudiado Filosofía y Psicología y ha enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger, Graves, Negri, Marx y Pessoa, entre otros. Es autor de diversos artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Céline, Heidegger, Engels, Graves, Gramsci, Lenin, Stalin, Marx, Pound, Spinoza y colabora en distintos medios gráficos y digitales de actualidad y cultura. Sus últimas obras publicadas son: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos, Barcelona, 2010), Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur, Buenos Aires, 2011) y ha sido traductor y cuidador de la edición del Cuaderno Spinoza, de Karl Marx (Montesinos, Barcelona, 2012), así como de la edición de Sobre el suicidio, también de Marx (El Viejo Topo 2012). En 2013 publicó una edición crítica de textos de Fernando Pessoa: Política y profecía. Escritos políticos 1919- 1935.
Esta conversación -una versión parcial apareció en El Viejo Topo de mayo- se centra en su último libro Heidegger. Nazismo y política del Ser, publicado por la editorial Montesinos en 2017.
***
SLA: Mi enhorabuena por tu nuevo libro. Para entrar en el tema poco a poco. ¿Cuántos años de trabajo ha representado tu libro sobre Heidegger? La bibliografía abarca 33 páginas, incluyendo la obra completa de Heidegger, y son más de 800 las notas a pie de página.
NGV: Tienes toda la razón. Se condensa un trabajo de más de 20 años rumiando textos de y sobre Heidegger. Se puede decir que era un lector “ingenuo” de su Filosofía, como diría Barthes, la lectura escolar de superficie, hasta que tuve una primera conmoción sobre el tema de Heidegger y la Política, que implicaba directamente su militancia activa con el Nazismo. Leyendo a Herbert Marcuse, un artículo de 1934, descubrí que citaba literalmente textos
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desconocidos en español de Heidegger que lo presentaban como un ideólogo tosco y agitador de las ideas de Hitler. El momento de estupefacción académica dejó paso a la pregunta que inicia toda investigación: “¿qué pasa aquí?” Había leído a Heidegger con la anteojeras catedráticas, pero el Heidegger-Hyde, filósofo de barricada racista y anticomunista, me conmocionó. Esto fue mucho antes del libro de Víctor Farías de 1987. No podía creer que Heidegger pudiese considerar siquiera la posibilidad de votar y mucho menos de militar activamente en el Nacionalsocialismo.
Heidegger y el nazismo.
Exacto. Estamos hablando de principios de los 1980’s, la mayoría de sus textos más cercanos a lo político eran inhallables, inaccesibles, no se podían leer ni siquiera en alemán en sus “Obras completas” (llamémoslas así). Gracias a un dossier sobre Bloch y Heidegger (a cargo de Richard Wolin) en un prestigiosa revista de germanística de los EEUU, New German Critique, era ya el año 1988, pude leer en inglés por primera vez los textos que escandalizaban el mundillo académico. Se trataba de la traducción de los textos más importantes de su compromiso político con el SS-Staat, que había compilado en una edición de autor un (indignado) exdiscípulo de Heidegger, Guido Schneeberger, libro aparecido en Suiza en 1962. Mi primer instinto filosófico fue intentar traducirlos del alemán y entregarlos rápidamente al lector español, tarea que inicié consiguiendo el ejemplar de Schneeberger, la “edición princeps” del Heidegger político. No quedó mi tarea allí: busqué más material importante de Heidegger sobre el tema, así como testimonios de profesores, discípulos o de su correspondencia. Conseguido ese punto cuantitativo de acopio material, proceso tortuoso en esos años, trabajé en un tosco estudio preliminar que presentara ese Heidegger desconocido y shockeante. El libro estuvo a punto de ser editado en la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), de la cual fui editor, pero se frustró su salida por problemas de derechos de autor y exigencias de la política editorial de los albaceas de Heidegger. Esa introducción fue creciendo en las sombras, ampliándose, incorporando todos los escalones del debate, los nuevos materiales de que disponemos, para transformarse en una obra más exhaustiva. El producto de todo ello es el libro que presentamos, que ha intentado explicar el nexo necesario entre la Filosofía existencial de Heidegger (sin dudas junto con Wittgenstein, el filósofo más decisivo del siglo XX) y su disposición por incorporarse al proyecto de Adolf Hitler. Pero además, Con Heidegger es una especie de trabajo militante, de crítica a la ideología casi profesional, buscando la médula espinal de esa reacción filosófica llamada “Postmodernismo”. El ensayo debe ser
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autosuficiente del inicio al final, el lector no debería necesitar nada externo a él, salvo la precisa inserción de la cita erudita, ese URL del siglo XVII. La cita erudita en una nueva valencia crítica, además de cumplir una función formal “antidilettante”, es la posibilidad infinita de la intertextualidad, la deriva del conocimiento, la plenitud de la cadena infinita del conocimiento. Pero además el uso de la cita erudita es hoy es ir a contracorriente, es una postura ideológica precisa, antipostmodernista. La cita erudita instrumentada en esta función histórico-crítica incuba un nuevo texto, un nuevo sendero del pensamiento.
SLA. Junto con Wittgenstein, acabas de afirmar, Heidegger es el filósofo más decisivo del siglo XX. ¿Por qué? Más allá de mis simpatías y fobias, déjame citarte otros filósofos que también han sido muy decisivos: Bertrand Russell, Walter Benjamin, Antonio Gramsci, Karl Popper, W. O. Quine
NGV: “Decisivos”, Salvador, no en el sentido de mi canon personal (creo que hay más que esos dos nombres ilustres) sino en el desarrollo hegemónico, amplio, imperial, de la idea de Filosofía occidental que tenemos actualmente. No hablo de mis preferencias (todos tenemos nuestra listita secreta) sino el impacto de larga duración y el grado de amplitud de ese impacto, incluso a nivel institucional…
SLA: ¿Qué lector busca tu libro? ¿Los especialistas, los filósofos académicos?
NGV: Los libros tienen su destino, pro captu lectoris habent sua fata libelli decían los
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romanos… Lo que primero se nota en un (buen) ensayo, sea cual fuera su extensión, como decía Schopenhauer, es si el autor realmente tenía algo que decirnos, el resto viene por añadidura… Si lo he logrado con este ensayo mi tarea casi se ha cumplido. Tengo una tendencia a que los ensayos, por definición arbitrarios en forma y contenido, puedan incorporar niveles de lectura distintos, horizontales o verticales. Quizá sea alguna hipoteca de lector múltiple o un pecado de librero. Creo que la misma forma del ensayo le empuja hacia la propedéutica, lo acerca a la ilustración, hacia lo escolar… los alemanes tienen un proverbio muy bueno que dice “Der Essay ist der große Bruder des Aphorismus”, o sea: el Ensayo es el Hermano mayor del Aforismo, con todo lo que esto significa en términos comunicativos, informativos y de figuras retóricas. El término ensayo tiene una curiosa etimología del Latín, ya que proviene de “exagium”, la acción de (so)pesar algo, poner a prueba o examinar una cosa… Intento siempre que el ensayo tenga al mismo tiempo una función pedagógica indirecta, que anule la jerga de la autenticidad académica, evitando la popularización, la escolarización obligatoria, la subestimación final del lector. Al mismo tiempo, no sé si a veces lo logro, pienso el ensayo como una pequeña estructura literaria, una suerte de ensayo-historia, ¿ensayo-cuento?, cuya primera parte atraiga la atención desde el incipit y conduzca a aguas más profundas a través de la curiosidad y la estrategia indirecta. Es de alguna manera ordenar las cosas de otra forma. De alguna manera, y esto ya lo intuía Hegel, el ensayista crítico sólo dice a través de la configuración del texto, pero sin dejar que ella participe. Parafraseando a Goethe, el ensayo debe deja entrever lo preciso, lo iluminado, no la luz cegadora. El ensayo debería ser un lanzamiento de anzuelos, con señuelos distintos para cada recepción y para cada interés, con su estructura argumental y lógica de punta-ojo-curva-cuello-brecha. El ensayo debe “tutear” al lector, hablarle de vis-á-vis, ¿como en una mesa de café?, abrir la posibilidad de ir más allá y más acá del tema. La lucha del ensayista contra la violencia del dogma, del concepto sin movimiento, consiste precisamente en este dislocamiento, de descentrar la ley de gravedad oficial sobre cualquier obra, persona o suceso, en este caso Heidegger. El (buen) ensayo es eminentemente anticartesiano, ya no hay nada claro y distinto. El producto creativo de este proceso sería que el a posteriori, el ensayo, termina siendo al final de la lectura el a priori para el lector… El libro de Heidegger busca esta idea ensayística, va al encuentro de todas estas vocaciones y a los lectores que puedan responder a ellas, desde el interesado en Filosofía, en la Historia, en la Política, en el Nacional-Socialismo o en el Fascismo europeo o también, por qué no, el especialista académico. Creo el cumplir con lo que el buen ensayo siempre fue desde su origen: la forma crítica par excellence…
SLA: Gracias -hablo desde el punto de vista de lector- por el léxico heideggeriano que has incluido. ¿Están ahí los conceptos centrales de su obra?
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NGV: Lo del léxico lo sentí como una necesidad casi de cualquier lector para poder alcanzar una comprensión mediana de la compleja Analítica existencial de Heidegger, tal como se expone en el libro. Es a la vez un instrumento de lectura y una herramienta de estudio, lamentablemente no cubre ni siquiera las categorías y conceptos centrales de sus obras, tarea ciclópea que ya algunos han intentado, sino los más utilizados y centrales entre 1919 y 1945, y que usamos de manera intensiva en el libro. O sea: se trata de una pequeña muestra categorial. Heidegger tiene una característica creativa muy especial entre los filósofos profesionales, que ya notaron sus contemporáneos: una enorme y desbordante creatividad, una inquietud filosófica que genera un vertiginoso devenir en su pensamiento y en la misma categorización de ese pensamiento. Su apodo entre sus amigos y círculo académica era precisamente “Dínamo”. Heidegger es tan rico, complejo, variable y creativo que necesitaría un léxico casi por obra escrita.
SLA: Heidegger, dices, es tan rico, complejo, variable y creativo…¿y oscuro? ¿Heidegger es un también un pensador oscuro como decimos o hemos dicho a veces de Heráclito?
NGV: Bueno, ¡o el mismo Hegel! La “oscuridad” de Heidegger, la denostada “Jerga de la Autenticidad” denunciada por Adorno, incluso para quién maneja los trucos técnicos del filósofo profesional, es una barrera primigenia para cualquier lector incauto. Uno se encuentra con un planificado hermetismo, choca con “Heidegger, el Oscuro”. Muchas dificultades se encuentran en el (hiper) cripticismo exasperante del Grand Stil heideggeriano, que sabemos fue una táctica buscada y refinada, pero que no solo es una cuestión estilística sino que remite a su propia Filosofía y, como no, a la Historia del Ser. Heidegger logró conformar textos filosóficos “exotéricos/esotéricos” al mismo tiempo, en los cuales lograba transmitir el sentido correcto de sus ideas. Este obstáculo terminológico se engarza y confunde con la propia tarea explícita heideggeriana, su radical Sprachkritik, crítica al Lenguaje, una de las funciones fundamentales de la Fenomenología hermenéutica: tomar el vocabulario dominante en la propia Ciencia y el glosario del sentido común (hipotecado en un nivel onto-teológico) para transformarlo críticamente, con violencia: el proceso de Abbau-Erwiderung. Para Heidegger todos los títulos esenciales en Filosofía (pero no sólo) se han vuelto imposibles por el desgaste de todas las palabras fundamentales y la destrucción de la genuina relación de la palabra con la cosa. De tal manera que, a través de esta destrucción-transformación, nuestra propia arraigada jerga
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nos ayude a describir mejor fenómenos e incluso las cosas mismas que antes eran imposible de describir- Obviamente lo “político” y sus categorías también deberán soportar este proceso tormentoso de Destruktion para su reinicio auténtico y originario. Es decir: la complicación en Heidegger, invirtiendo el caso de Hegel y su Dialéctica, excede la que le impone el contenido. Heidegger defendía ya en 1925 su terminología y su jerga revolucionaria, llena de arcaísmos y neologismos de esta manera: “si nos vemos en la obligación de introducir aquí palabras pesadas y que quizá no resulten bonitas, eso no se debe a un capricho mío, ni se basa en una afición especial a una determinada Terminología, sino que responde a las exigencias de los fenómenos mismos… No hay que escandalizarse por el hecho de que tales formulaciones aparezcan con frecuencia… las ciencias, y menos la Filosofía, no pueden presumir de una terminología más bonita… Nuestro tema de investigación no es una cosa extraña y desconocida, sino, por el contrario, la más próxima, por lo cual puede inducir a ver falsamente”. Pero Heidegger siempre advierte que este recurso ortográfico nada tiene de extravagancia o moda, no es sino la fachada exterior de un esfuerzo radical y profundo para desvincularse-superar el Lenguaje contaminado de la Metafísica, y en primer lugar del concepto tradicional del Ser. El Lenguaje y su consideración, para Heidegger, se atascan en formas rígidas “como en una Red de Acero”…
SLA: También es muy útil la cronología, la sección “datos biográficos” del ensayo. Dos o tres preguntas sobre ellos. ¿Por qué exigió Heidegger la publicación póstuma de la que creo que fue su última entrevista, la de Der Spiegel?
NGV: Bueno, podría hablarse de una auténtica “Aktion-Heidegger”. La historia es digna de una conspiración: el cuidadoso reportaje (póstumo como bien señalas) apareció el 31 de mayo de 1976, después de la muerte de Heidegger según expreso pedido de él mismo. La entrevista se realizó en su propia casa, con un convenio explícito aún no hecho público. Erhart Kästner, gran amigo y estratega de la defensa de Heidegger, y H.W. Petzet, su hagiógrafo, convencieron a Heidegger, a comienzos de 1966, precisamente cuando el tema de su adhesión al NSDAP se estaba debatiendo en “Der Spiegel” debido a la aparición del libro de Alexandre Schwan en 1965, para que le concediera una larga entrevista a la revista, con el objeto de defenderse. Esta entrevista, muy bien preparada inclusive en sus preguntas, y que después fue corregida por Heidegger, se llevó a cabo al término del verano de 1966. Este documento planificadamente “póstumo” (lleno de verdades a medias o pre-fabricadas) es, junto con “Tatsachen und Gedanken” publicado por su hijo Hermann Heidegger en 1983, los dos
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informes “justificativos” oficiales sobre su actividad en los años 1933/1945. El reportaje fue supervisado por el mismo director de la revista, Rudolf Augstein, el chefredakteur Georg Wolf (curiosamente un exoficial de las SS/SD, es el que diseñó la entrevista y lleva la voz cantante), el mismo Petzet y la fotógrafa D. Meller-Markovic. Se trataba de “fijar” desde la autorictas de Heidegger las líneas fundamentales de interpretación de su compromiso político y de la relación de su Filosofía con la Política. Incluso en esta entrevista Heidegger no tiene ningún tapujo en seguir reconociendo en el Nacionalsocialismo, a pesar de sus errancias y desvíos, a pesar de sus crímenes a la Humanidad, a pesar de ser un régimen agresor y racista, tanto el rasgo ontológico de “Grandeza” (Grosse) como el de poseer una “Verdad interna” (inneren Warheit). Hemos hecho una traducción cuidadosa del reportaje con un aparato de citas que puede consultarse en Internet. Heidegger exigió que no hubiera “preguntas inquisitoriales”, y controló toda la entrevista, su corrección y su forma final. No se pregunta sobre su compromiso con el NSDAP antes de 1933, no se le interroga por su afiliación pública al partido nazi, etc. Como fue grabada en cinta, puede incluso percibirse el tono de sumisión-veneración del entrevistador. Lo llamaría con diplomacia una suerte de “consentimiento sumiso” que tiñe todo el reportaje. Aquí Heidegger pudo establecer el canon de defensa para el Futuro. Es al mismo tiempo su testamento filosófico-político definitivo (o al menos eso creía).
SLA. Grabada en cinta, no lo sabía, no había pensado en ello. ¿Es pública? ¿La has podido escuchar?
NGV: No lo sé, pero no lo creo. He leído parte de sus transcripciones en un libro exhaustivo que investiga el trasfondo sobre la entrevista de un investigador alemán, Lutz Hachmeister…
SLA: Te pregunto a continuación sobre los versos que recitó su hijo Hermann el día de su entierro,
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NGV. Cuando quieras.
Entrevista a Nicolás González Varela sobre Heidegger. Nazismo y política del Ser (II)
“Entre Heidegger y Arendt se establece una relación de dominio unilateral, asimétrica, de autoridad de su persona y su filosofía sobre ella”
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Nicolás González Varela es ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Ha estudiado Filosofía y Psicología y enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger, Graves, Negri, Marx y Pessoa, entre otros. Es autor de diversos
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artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Céline, Heidegger, Engels, Graves, Gramsci, Lenin, Stalin, Marx, Pound, Spinoza y colabora en distintos medios gráficos y digitales de actualidad y cultura. Sus últimas obras publicadas son: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos, Barcelona, 2010), Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur, Buenos Aires, 2011) y ha sido traductor y cuidador de la edición del Cuaderno Spinoza, de Karl Marx (Montesinos, Barcelona, 2012), así como de la edición de Sobre el suicidio, también de Marx (El Viejo Topo 2012). En 2013 publicó una edición crítica de textos de Fernando Pessoa: Política y profecía. Escritos políticos 1919- 1935.
Esta conversación, una parte de la cual se publicó en El Viejo Topo del mes de mayo, se centra en su último libro Heidegger. Nazismo y política del Ser, publicado recientemente por la editorial Montesinos.
***
SLA: Nos habíamos quedado en este punto. ¿Qué versos fueron los que recitó su hijo Hermann el día de su entierro? ¿Nos los traduces? ¿Por qué Hölderlin?
NGV: Heidegger fallece el 26 de mayo en Freiburg, Zähringen; es enterrado en su pueblo natal, Messkirch, el 28 de mayo y sobre su tumba su hijo Hermann recita, según sus deseos, los siguiente versos de Hölderlin: Brod und Wein (cuarta estrofa), An die Deutschen (primera y segunda estrofa), Versöhnender, der du nimmergeglaubt, Der Titanen y Brod und Wein (tercera
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estrofa). Es muy sintomático, pero incluso en el momento de su despedida del mundo de los vivos, Heidegger quiso reafirmar su versión oficial de su compromiso con el Nacionalsocialismo. ¿Heidegger cometió una “travesura” porque se sintió mayor para intervenir en la Política? ¿el filósofo debe ser siempre por definición un indigente en su praxis y un opulento en la teoría? Como en una suerte de (falso) epitafio de su vida filosófica Heidegger pidió expresamente que recitara su hijo y albacea literario Hermann la verdad encerrada en especial en la primera y segunda estrofa del poema: “A los Alemanes” de Hölderlin, que dice así:
“Nunca se burlen del niño, cuando sólo comete travesuras
creyéndose mayor y atareado sobre su caballo de madera
¡Oh, nuestra bondad! También nosotros somos
pobres en actos y ricos en pensamientos
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Pero: ¿viene, tal como el rayo surge de las nubes,
de un pensamiento acabado una acción espiritual y madura?
¿Surge la acción, como el fruto de las sombrías
hojas del follaje, del escrito apacible?”
En cuanto a Hölderlin debemos señalar que en una etapa de su pensamiento “meta) político Heidegger recurre al poeta en su etapa madura, más reaccionaria, ya no es el joven Hölderlin, amigo de Hegel, que plantaba árboles revolucionarios en honor de la Gran Revolución francesa, no es el romántico republicano idealista de su juventud, sino el tardío reaccionario, el de la disposición apocalíptica heroica y contra-ilustrada…
SLA: ¿Cómo consiguió recuperar Heidegger la venia docenti que le fue retirada previamente? ¿Fue decisiva la intervención de Hannah Arendt?
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NGV: En el proceso de des-nazificación que las fuerzas aliadas, en este caso la zona de Freiburg quedaba bajo jurisdicción francesa, la épuration, Heidegger fue investigado, calificado de “nazi típico” y por poco no le fueron confiscados todos su bienes personales, incluida su biblioteca tan querida. Como consecuencia se le retira por tiempo indeterminado la llamada venia docenti (que había obtenido en 1916 con un trabajo sobre Duns Scoto). Después de tener una gran crisis nerviosa, Heidegger se resguarda en su cabaña de Todnauberg, se siente perseguido, incomprendido y proscripto se mantiene en silencio. En 1949 cumple 60 años, una edad que en la academia alemana es una milenaria tradición festejar al catedrático de turno con homenajes, escritos hagiográficos y libros conmemorativos, es la época en que se está por constituir la República Federal de Alemania (RFA), se entendía que la desnazificación y la justicia aliada ya habían terminado su tarea. Parecía el momento para “liberar” al castigado Heidegger de su situación de limbo jurídico. La Facultad de Filosofía de Freiburg, con mayoría conservadora, propone dados los nuevos tiempos y el enorme interés “de todo el Mundo” por su pensamiento, re-integrar a Heidegger su nómina y todos sus derechos como funcionario, discusión que se traslada al Senado académico. Éste termina aprobando por una exigua mayoría la medida. El artífice de esta “reparación” no fue Hannah Arendt sino Max Müller, titular de la cátedra de Filosofía cristiana y discípulo de Heidegger, quién logró reunir informes de expertos del extranjero, por ejemplo Romano Guardini, para impresionar al Senado acerca de la estatura universal de la Filosofía heideggeriana. También ayudó el inicio de la Guerra Fría, cuando la contradicción Liberalismo-Nazismo había dejado de ser la principal. La Facultad finalmente le otorga una pensión extraordinaria (a pesar que Heidegger no había cumplido legalmente los 62 años) y el levantamiento de la prohibición de enseñar. Otra parte del papel principal en esta rehabilitación recayó además sobre el rector de la época, Tellenbach y un grupo mayoritario de profesores conservadores de la Universidad.
SLA: Por cierto, relacionado con lo anterior, ¿hay alguna vinculación filosófica entre el pensamiento de Arendt y el de Heidegger?
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NGV: Entre Heidegger y Arendt se establece una relación de dominio unilateral, asimétrica, de autoridad de su persona y Filosofía sobre ella. Tenemos que retrotraernos al año 1924, la ciudad es Marburg. Una estudiante de familia judía de dieciocho años desembarca en la estación del ferrocarril ansiosa por estudiar con un tal Martin Heidegger. Arendt procedía de una familia de una ciudad que ya no existe (Königsberg, la patria chica de Kant); su daemon filosófico despertó después de leer “Kritik der reinen Vernunft”.
La Crítica de la razón pura de Kant.
Exacto. Dominaba el griego y el latín. Su primer viaje fue a Berlín, buscando la sabiduría del teólogo-ensayista veronés, Romano Guardini (el mismo que con su informe ayudará a re-establecer la ‘venia docendi’ a Heidegger en 1949), cuando oyó rumores sobre un “fenómeno” en la enseñanza de la filosofía: “El nombre recorrió toda Alemania como el rumor sobre un rey secreto…” recordaba Hannah en 1969. Preguntas con razón: ¿Tuvo este amor profundo pero clandestino, la suficiente fortaleza como para crear una convicción en la perspectiva filosófica? Heidegger había confesado que Hannah había sido sin duda la musa de su gran obra incompleta (“sin ella no habría podido escribir nada”). Recordemos que desde 1922 Heidegger estaba construyendo (aunque no lo sabía) los borradores de su opera magna: Ser y Tiempo. Lo cierto es que el voltaje del romance aumenta y aparecen en la estructura primitiva del Dasein nuevos continentes teoréticos abiertos por la propia experiencia. La primera figura relacionada con el amor es el “ser-con-otros”, categoría inexistente hasta 1925, el “Mit-Sein/Mit-Dasein”, introducida subrepticiamente para articular el encuentro con el Otro, pero lo otros que comparten la autenticidad conmigo: otros que “son aquí con” (mit da sein) mí” y yo soy “con (sein mit) el Otro”. El otro no es todos los demás, sino más bien aquellos entre los cuales uno “es”. La propia pasión en Hannah es la que le permite superar las aporías de la comprensión de la subjetividad de su maestro y mentor Husserl. Heidegger descubre un camino que va desde su propia praxis hacia la aprehensión de una fenomenología crítica. Muchos especialistas deducen esta aufheben heideggeriana en su hermenéutica obsesiva sobre Aristóteles, pero eso es insuficiente para explicar esta nueva constitución del Dasein, del “ser-ahí” como praxis humana unitaria. La relación con Hannah, finalmente, es la que le permite abandonar la teoría tradicional de la autoconciencia (entendida como un repliegue del alma sobre sí misma) y entender el Dasein como obligado a “tener-que-ser” (Zu-sein). Es la propia concepción de Heidegger, para quién la teoría es una forma de praxis. Y esta auto referencia de tipo eminentemente práctico no se desarrolla sólo por medio de los actos
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intelectivos superiores sino que pasa por los actos más inferiores: pasiones, estados de ánimo, afectos, las Stimmungen: es decir a través de los componentes sensibles, pasivos, carnales de la vida humana. Otro concepto clave que aparece en la época del romance es el de “Befindlichkeit” (disposición), que eleva a potencia ontológica las determinaciones del sujeto que tradicionalmente se trataban en la teoría de las pasiones: pasividad, receptividad, finitud, angustia, miedo, corporeidad, erotismo. Heidegger quiere indicar que el Dasein está constituido originariamente por momentos turbios, opacos, contradictorios, por el caos de afectos y pasiones.
¡Quién lo diría! Ni lo sospechaba.
En las cartas encontramos el lado explotador del Meister: órdenes, códigos cifrados, excusas sobre la doble vida, cursilerías de un hombre casado, temores; del lado de Hannah una perversa y total entrega. Finalmente, por presiones de Heidegger, Hannah “se obliga” (como el primer soldado del Tercer Reich, Albert Leo Schlageter) a marcharse a otra Universidad, recomendada por Heidegger a otro mandarín del existencialismo: Karl Jaspers. Se las arreglará para seguir con encuentros furtivos y cada vez más fugaces. Como el funcionario Klamm, en “El Castillo” de Kafka, dispone a voluntad de Frieda. Con Jaspers desarrollará, ¡como no!, su tesis doctoral sobre el concepto de libertad y amor en San Agustín: “Augustinus und das paulinische Problem der Freiheit”. Aprovechará para criticar el sesgo utilitarista y manipulador del “Ser-en-el-mundo”: el objetivo de su trabajo es desarrollar una visión del mundo que Heidegger ha olvidado, “el mundo concebido como lo ven los amantes del mundo”. La reconciliación vendrá después de la guerra y la caída del nacionalsocialismo, en 1950. Arendt, que lo siguió amando, le perdonará todo: la adhesión al nazismo, su admiración por Hitler, su silencio cómplice de posguerra (duramente censurado por Marcuse o Celan), se transformará en su agente literario, revisará traducciones y contratos, se cree de cabo a rabo la leyenda propagada por el mismo Heidegger de que fue un “resistente espiritual” desde su cátedra, exonerará de todo fascismo a su sistema filosófico (mientras Adorno afirmaba que la filosofía de Heidegger es fascista “en su núcleo más íntimo”), le dedicará explícita (su libro póstumo, “The Life of the Mind” lleva una cita completa de Heidegger) o implícitamente (dixit Hannah: mi obra “Vita Activa”, le escribe en otra carta, “te debe casi todo en todos los aspectos”) todas sus obras de madurez. Curiosamente su “heideggerianismo de izquierdas” nunca la abandonó, llegando a defender liquidar el sufragio universal, el elitismo natural de los grandes hombres, y las oligarquías aristocráticas en política: “el modo de vida político nunca será el de la multitud”.
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Arendt además ayudo a la expansión planetaria de Heidegger e incluso a permitirle tener una cierta “aura” de respeto académico. Arendt parece mantener las posiciones sobre la Historia del Ser, incluso el antimodernismo y antibolchevismo, de Heidegger! Actualmente existe un polémico estudio de Emmanuel Faye sobre las raíces diríamos “racial-populares” de la teoría de Arendt, una “contaminación totalitaria” que se mantiene en segundo plano, que nunca dejó de ser una conservadora alemana modélica [1] La pregunta es: ¿cómo una autora puede al mismo tiempo conciliar una defensa hiperbólica de Heidegger in toto y realizar una crítica eficaz al Totalitarismo nacionalsocialista o al caso Eichmann?
SLA: ¿Y es posible, en tu opinión, esa tarea? ¿Tu pregunta es retórica?
NGV: Creo que es imposible para Arendt hacerlo de manera eficaz y hasta la última consecuencia. Y este déficit se nota a lo largo de su obra sobre el Totalitarismo. Su raro juicio sobre Eichmann, la peligrosa idea de la “Banalidad del Mal” de los verdugos voluntarios y fanáticos es una suerte de confirmación ex post, posterior de su condonación a Heidegger…
SLA. Antes de que me olvide, has hablado de Celan. ¿Su poesía, su poesía a veces digamos oscura, es una poesía heideggeriana?
NGV: Soy un gran admirador, lector y re-lector de la obra de Celan (Celan es anagrama de Ancel, su apellido judío en rumano), que lamentablemente no es muy extensa. La situación aquí es a la inversa: Heidegger es el que podría denominarse “celaniano”, fue a iniciativa de
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Heidegger que se produjo el famoso (des)encuentro en la cabaña de Todtnauberg en 1967, luego de recitar sus poemas en Freiburg con gran éxito. Heidegger veía en la poesía de Celan un vigor filosófico y una búsqueda de nuevas relaciones entre la palabra y la cosa (neologismos, cripticismo, rodeos verbales). Celan en un primer momento rechazó la petición de Otto Pöggeler de hacerle una dedicatoria a Heidegger en su libro Rejas de lenguaje ya que consideraba inapropiado que su nombre se viese vinculado al de Heidegger. Celan había sufrido primero la invasión de la URSS de Bukovina en 1940, con deportaciones de familiares y amigos a Siberia; después la invasión alemana de 1941 a la URSS y el horror de la solución judía de Hitler, su familia internada en un ghetto, sus padres aniquilados, él se salvo de ser eliminado en un campo de la muerte en Moldavia por el avance del Ejército Rojo. Celan en su visita esperaba de su admirador-lector Heidegger al menos un “beu geste” de arrepentimiento explícito sobre su relación con el Nazismo, cosa que Heidegger no hizo, ni haría en el futuro. Hoy sabemos que Celan fue un fino y crítico lector de Heidegger a partir de 1951, pero nunca fue un heideggeriano. De ese tenso encuentro, Celan incluso se negó a fotografiarse con Heidegger, surgió el poema “Todtnauberg”, donde convierte el senderismo con el filósofo por la Selva Negra en un descenso a los infiernos del Nacionalsocialismo. En el libro de visitas de la cabaña, Celan escribió: “Al libro de la cabaña, con la mirada a la estrella de la fuente, con la esperanza de una palabra venidera del corazón”. La rara mención a una “estrella de la fuente” tiene su explicación: era un surtidor de agua en el exterior de la cabaña que durante los años 1933-1945 lucía una bonita swastika, que se transformó mágicamente en una estrella después de la derrota del IIIo Reich…
SLA. En cuanto a Marcuse, ¿siguió estando marcado por Heidegger a lo largo de su evolución filosófica? Resulta un poco chocante que un filósofo que inspiró a una parte sustantiva de la izquierda estudiantil del 68 en muchos países del mundo fuera un heideggeriano.
NGV: Creo que la seducción de Marcuse con Heidegger duró muy poco tiempo, la inmunización vino de que ya era lukácsiano y marxista antes de recibir el influjo del Dasein. Marcuse reconoce que leyó Sein und Zeit en 1927 y que esa lectura fue lo que le decidió a ir a estudiar a Freiburg. Estuvo allí entre 1928 y diciembre de 1932, tomando la Analítica de la Existencia heideggeriana con mucho cuidado y cautela crítica. Creyó ver en Heidegger lo que le había fascinado también en el último Husserl: la posibilidad de un nuevo inicio de la Filosofía como tal, concreta y fundamentada en la existencia del Hombre, basado en la praxis radical, y no en principios académicos-abstractos. Heidegger podía ser un punto de partida, dentro del
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marco general esbozado por Marx, para superar tanto al Neokantismo como al Positivismo, es decir, a la Kathederphilosophie. Pero el intento fue de corto alcance: Marcuse reconoce que en 1932 cuando conoció gracias al trabajo de Riazanov, los Manuscritos de Marx de 1844 “el problema de Heidegger versus Marx dejó de ser un problema”. Fue el primer discípulo en criticarlo abiertamente y muy temprano, en 1934, y además fue el primero en 1947 en exigirle que pidiera disculpas públicamente de su compromiso político con el SS-Staat y de su responsabilidad como filósofo por apoyar a un régimen que produjo el Holocausto. Heidegger ni siquiera se dignó a leer su Habilitationschrift: además bloqueó sus posibilidades de habilitación aparentemente por su tendencia de izquierda y su hegeliano-marxismo. Analizando a posteriori su obra Sein und Zeit Marcuse afirmará que términos técnicos como Da-sein, das Man, Sein, Seiendes, Existenz serían “malas abstracciones”, abstractos defectuosos, en el sentido de que no son vehículos conceptuales adecuados para comprender la concreción real de lo aparente. Heidegger habría construido un nuevo Idealismo trascendental, más extremo, más alejado aún de la existencia que el del mismo Husserl…
SLA: Vuelvo ahora a la biografía de Heidegger. Te pregunto por el “campo de trabajo científico” que organizó siendo rector de Friburgo.
NGV: Buen tema, buena pregunta.
Nota:
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1) Emmanuel Faye: Arendt et Heidegger, Albin, Paris, 2016.
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“Heidegger afirmaba que en su concepto de ‘historicidad’ (Geschichtelichkeit) estaba el verdadero fundamento de su compromiso político con Hitler”
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Nicolás González Varela es ensayista, editor, traductor y periodista cultural. Ha estudiado Filosofía y Psicología y enseñado Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires, así como traducido a Heidegger, Graves, Negri, Marx y Pessoa, entre otros. Es autor de diversos artículos y estudios sobre Arendt, Blanchot, Céline, Heidegger, Engels, Graves, Gramsci, Lenin, Stalin, Marx, Pound, Spinoza y colabora en distintos medios gráficos y digitales de actualidad y cultura. Sus últimas obras publicadas son: Nietzsche contra la Democracia (Montesinos, Barcelona, 2010), Los Archivos de Nación Apache (Libros del Sur, Buenos Aires, 2011) y ha sido traductor y cuidador de la edición del Cuaderno Spinoza, de Karl Marx (Montesinos, Barcelona, 2012), así como de la edición de Sobre el suicidio, también de Marx
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(El Viejo Topo 2012). En 2013 publicó una edición crítica de textos de Fernando Pessoa: Política y profecía. Escritos políticos 1919- 1935.
Esta conversación se centra en su último libro Heidegger. Nazismo y política del Ser, publicado muy recientemente por la editorial Montesinos. Una versión parcial de esta entrevista se publicó en El Viejo Topo, mayo de 2017.
***
SLA: Me había quedado aquí, volviendo a la biografía de Heidegger. ¿Qué fue eso del “campo de trabajo científico” que organizó siendo rector de Friburgo?
NGV: El famoso “Campo Científico de Trabajo” de Todtnauberg, que dirigió Heidegger siendo ya Rektor-Führer, supuestamente tenía también la misión de ser una prueba piloto, laboratorio de ensayos y pre-diseño de la futura Academia que estaría situada en Berlín. La Kampfgemeinschaft, “Comunidad de Lucha” de los trabajadores intelectuales, una suerte de orden de correligionarios de raza, se asemejaba a una cofradía religiosa, por lo que la comunidad universitaria se basaría en las relaciones de Lealtad, Confianza y Obediencia entre el cuerpo de profesores universitarios y el cuerpo de los estudiantes, arraigada en el suelo común de una novísima (meta) Ciencia Política. De esa Kampfgemeinschaft surgiría una auténtica vinculación de la Universidad con la vida profesional del Volk, que debía iniciar un trabajo común, en todas las distintas especialidades, entre el cuerpo de estudiantes y los
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trabajadores intelectuales ya profesionalizados. La idea de una (meta) Ciencia Política, ahora pensada ontológicamente, tematizada en su proyecto para la nueva Academia, se basaba en su propia definición emitida en la Rektoratsrede: la Ciencia debe ser ahora el Centro que resiste, desde lo profundo, todo su Da-sein como Volk y como Estado, para Heidegger un Poder que abarca y da dureza a todo el Da-sein: “la Ciencia es el firme mantenerse preguntando en medio de la Totalidad de lo que Es (Seiende), que sin cesar se oculta. Este paciente accionar sabe de su impotencia ante el Destino (Shicksal)..” Se trataba, de tal manera, de inculcar una formación totalmente novedosa y radical, gracias a la íntima vinculación con una Wissenschaft que procede de lo más íntimo del Geist alemán, y de su íntima conexión con el Anfang, el Inicio de la Ciencia en Grecia, una Ciencia que se ha despertado, como Alemania, a la Realidad efectiva, vital del Pueblo, de la Naturaleza y de la Historia. Esta Erziehung, ya no mera Bildung iluminista, habría superado la Weltanschauung del Mundo teológico-cristiana y el Pensamiento técnico-matemático del Das Man liberal, así como la Dualidad sujeto-objeto cartesiana. El sentimiento de Obediencia era considerado, en perfecta consonancia con el Füherprinzip, central y clave en la estructura de la futura Universidad nacionalsocialista y, concretamente, en la relación entre la jefatura y la auténtica sumisión de aquellos que están decididos y poseídos por el nuevo valor, los poseedores de la phrónesis auténtica, de la sabiduría práctica genuina. La nueva Kampfgemeinschaft debía aprovechar su tiempo muerto en actividades colectivas y grupales, recreacionales, incluyendo ejercicios marciales, largas marchas y celebraciones neopaganas del nuevo calendario del NS-Staat. Pero no todo era actividad en común, por supuesto, en estas Napolas heideggerianas: después de las conferencias y consignas del Führer local, que servían para establecer el ambiente, el clima de base y la actitud fundamental, llegaría el tiempo del Besinnung para la soledad y el recogimiento en pequeñas células de conversación. Y hay más: estaba previsto, para cada miembro de la Academia, su propia y monástica celda. Esta pre-visión de la futura Volksgemeinschaft nacionalsocialista, que se prefiguraría, según Heidegger, en este tipo de nuevas instituciones, tiene claras reminiscencias de las comunidades monásticas más radicales y primitivas, incluso se asemeja a los retiros espirituales extremistas de los “ebrios de Dios” en el Cristianismo primitivo.
SLA: Perdona mi desconocimiento. Napolas: ¿qué es eso?
NGV: Napolas: Nationalpolitische Erziehungsanstalten; abreviatura oficial: NPEA, escuelas superiores y secundarias de elite en el IIIo Reich pensadas como lugares de educación
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comunitarios y disciplina militar, que se proponían generar la nueva generación de líderes y grandes burócratas; las primeras se crearon a lo largo de 1933, llegando a ser cuarenta y tres en 1945.
SLA: El Volk del que hablabas hace un momento, ¿cómo lo concibe Heidegger? ¿A qué “pueblo” hace referencia, qué “pueblo” tiene en mente?
NGV: El componente esencial de la nueva Comunidad popular-racial del Nazismo no es ya ni el “Yo liberal” ni el comité central del Partido único (los “pocos nominados” de Stalin), sino el auténtico Da-sein alemán en cuanto sujeto colectivo: el Pueblo, das Volk. El Volk es imaginado como una Unidad racial primordial atemporal, ontológica, en relación con la cual el Führer habría sido elegido por el Destino para ejercer su autoridad total e ilimitada. El Volksgenosse, el miembro pleno de la Comunidad racial-popular, enfrentado al Kamerad de la izquierda cosmopolita, se encuentra más allá de toda segmentación social, es la encarnación de la superación de la atomizada Gesellschaft liberal y todas sus divisiones, incluso las religiosas; por otro lado es la superación definitiva de la Lucha de Clases en sentido marxista. La noción de pertenencia en la Volksgemeinschaft viene legitimada ontológico-biológicamente (jamás a la inversa)y es ella la que forma los actos y declaraciones de lealtad. El concepto en la Ideología NS como en la (meta) Política de Heidegger se nos hace inteligible si no lo remitimos a la historia semántica de la palabra alemana de Volk. Volk significa algo muy distinto a la palabra española “Pueblo” y por eso preferí no traducirla en este libro y mantener su carga semántica en alemán. En la cosmovisión nacionalsocialista Volk significaba “Comunidad étnica”, ethnische Gemeinschaft, lo que implicaba todos los miembros de una Raza, vivos y muertos, así como las futuras generaciones. Se trata de una Unidad eterna, Einheit ontológica cuyas cualidades se exhiben en los miembros particulares; Volk es más que una blosse Mehrzahl, una mera “Mayoría simple” de las matemáticas parlamentarias burguesas, como Heidegger lo subraya, incluso la apariencia física, el carácter psicológico, inclusive la forma de pensar vienen predeterminados desde la profundidad por esta predisposición racial que porta la Einheit primordial. El re-conocer esta pertenencia, cuidarla y protegerla desde nuestro puesto de trabajo, es lo que para Heidegger nos permite llegar a ser un brauchbares Glied, un miembro útil de la naciente Comunidad racial.
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Entrevista a Nicolás González Varela sobre Heidegger. Nazismo y política del Ser (I)
Salvador López Arnal
Viernes, 16 de Junio de 2017 11:51
SLA: ¿Han existido investigaciones similares a la tuya en el ámbito de la filosofía y de la historia del pensamiento? Pienso, por poner un ejemplo, probablemente erróneo, en el ensayo -antes hemos hablado de él- de Víctor Farias -Heidegger y el nazismo- que tanto revuelo ocasionó en su momento.
NGV: Bueno, el caso Heidegger requiere dos niveles críticos que muchos investigadores y comentaristas no llegan a cumplir: explicar primero el compromiso nazi de Heidegger en tanto filósofo académico, como una cuestión ética, sin considerar el eventual trasfondo filosófico; después buscar si esa decisión, diríamos “personal”, tuvo o no un nexo de necesidad con su propia Filosofía, tarea que es la más difícil y a las que pocas obras han podido, en especial rastrear la “transmogrificación” de categorías ontológicas en logos político. Farias, como Adorno o Lukács, tiene ese problema del abismo entre los dos niveles y si bien puede explicarnos la irresponsabilidad de la Filosofía alemana en esta adhesión política vergonzosa, queda en el limbo si la decisión política de Heidegger emanó (o no) naturalmente de su famosa Analítica de la Existencia.
Y éste es el punto filosóficamente hablando.
Heidegger afirmó en todo momento que sí, afirmaba que en su concepto de “Historicidad” (Geschichtelichkeit) estaba el verdadero fundamento de su compromiso político con Adolf Hitler. Muy bien, pero el problema crítico es exponerlo y demostrarlo, mostrar su necesidad y su movimiento de lo filosófico a lo político. El no poder combinar de manera adecuada los dos niveles, o hacer hincapié solo en el primero, tiene el problema de la exterioridad, de una crítica errando blanco o recurriendo a recursos de la Ideología para reducir la complejidad filosófica de Heidegger y amoldarla a una etiqueta previa. He intentado, espero haberlo logrado, explicar este intento de Heidegger de dotar de una Metapolítica adecuada al “Principio bárbaro” (como
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Salvador López Arnal
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le denominaba) del Nacionalsocialismo…
SLA. Creo que sí, creo que lo has logrado. Por cierto, ¿de dónde tu interés por la obra del ex rector de Friburgo en tiempos turbulentos?
NGV: Sin Heidegger no puede explicarse la evolución moderna y posmoderna de la Filosofía en Occidente. Ni de sus formas naturales de Ideología, como el Post-modernismo (o ahora: Post-Marxismo!). Para mal y para bien. La clásica, objetiva y flemática Encyclopaedia Britannica, obra de indispensable referencia, afirma que “su Ontología y Metafísica determinaron todo el curso de la Filosofía del siglo XX en la Europa continental”. La posmoderna Wikipedia dice lo siguiente: “es considerado, junto con Ludwig Wittgenstein, como uno de los pensadores más influyentes en la filosofía contemporánea.” El impacto de la filosofía heideggeriana en Europa y el resto del Mundo después de 1945 (por no hablar de su dominio imperial absoluto en Francia) ha sido comparado con el suceso que tuvo Kant en Alemania y en Europa al publicarse su Kritik de reinen Vernunft en 1781. Tal como sucedió a fines del siglo XVIII, muchos filósofos europeos no tenían interés en la teoría de Kant e incluso algunos se opusieron a ella. Pero en su mayor parte, la popularización de su filosofía (y la discusión en torno a su validez) dominó la discusión inmediata post-kantiana en la filosofía por casi dos siglos. Sin comentar a Kant, ya sea pro o contra, sin “posicionarse”, un pensador no tenía visibilidad ni posibilidades de publicar o ser considerado en los cenáculos intelectuales. De alguna manera se repite la historia: algunos filósofos están interesados en la teoría de Heidegger, otros les resulta incomprensible y otros la rechazan in toto (desde Carnap y Ayer, a todos los filósofos analíticos anglosajones), pero por más de setenta años ha seguido ejerciendo una influencia decisiva en la discusión filosófica institucional, ascendiente que aún no da señales claras de abatimiento. Como una estrella oscura que sólo deja ver su magnetismo, Heidegger se ha convertido en el pensador maestro de la filosofía académica mundial, es ella la que configura el horizonte en el que la filosofía formula sus problemas y busca las soluciones, entonces Heidegger es literalmente comparable al sujeto kantiano, en su unidad trascendental de apercepción, en la transmisión de sus categorías en el debate, en la estructuración de la discusión filosófica.
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Salvador López Arnal
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SLA. “Todos los filósofos analíticos anglosajones”, has dicho. ¿Y por qué esa oposición tan generalizada? Por lo demás, ¿todos? ¿Rorty no sería un contraejemplo?
NGV: Bueno, volviendo a los dos filósofos “decisivos”: Rorty confesó que Wittgenstein (el de la segunda etapa) y después Heidegger fueron los dos pensadores que dieron un vuelco en su Filosofía. Lo que confirma nuestro diagnóstico epocal. Además terminó adorando a Nietzsche, Derrida, Lyotard, Foucault… Creo, no soy un especialista en Pragmatismo, que Rorty no puede considerársele un “analítico”, salvo en sus inicios, su uso de Literatura y del Lenguaje, su sincretismo entre Dewey y el poeta Whitmann, ¡horrorizaría a Carnap! No puede considerarse un “filósofo analítico” típico como del que hablamos…
SLA. Tienes razón. Insisto en un punto. ¿De dónde la importancia que se concede a su obra en la filosofía, en algunas de sus tendencias, de los siglos XX y XXI?
NGV: El dominio imperial de Heidegger y su influencia en la cultura occidental es impresionante (desde el Existencialismo pasando por el Estructuralismo a la Hermeneútica hasta el Posmodernismo) y vasto, incluso en lugares insospechados como el Existencialismo francés (producto de un malentendido! Malraux, Camus, Sartre), la Hermeneútica (Banfi, Bultmann, Gadamer, Ricoeur, Vattimo), la Política postmarxista (Badiou, Laclau, Zizek) la Genealogía del Poder (Foucault), la Teoría arquitectónica (Sharr), la Crítica literaria (Ziarek), la nueva Teología (Caputo), la Psicoterapia (Binswanger, Guignon, Irigaray), la Ciencia cognitiva (Dreyfus; Kiverstein, Wheeler), el Neopragmatismo (Rorty), el Euroasiatismo de Putin (Dugin), etc. Y me quedo corto con esta angustia de las influencias!
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SLA: Daría para muchas preguntas lo que acabas de señalar pero no se puede hablar-preguntar sobre todo. Cuándo hablas de política del Ser, ¿de qué estás hablando exactamente? Puedes precisarlo un poco. Incluso, previo a ello: ¿de qué entidad, entidades o categorías habla Heidegger cuando habla del Ser?
NGV: Heidegger pasó de considerar al “Mundo de la Vida” (Lebenswelt) como fundamento-fundamentado del Da-sein a poner esa determinación ontológica en la “Historia del Ser” (Seinsgeschichte). El Heidegger medio (1929-1945) sostiene que todo está determinado por la “Historia del Ser”, una narrativa histórica metódico-funcional a la puesta en escena filosófica de la gran cuestión del Ser. Esta Seinsgeschichte se despliega en épocas, Epochen, como por ejemplo la de los presocráticos, la Edad Media cristiana o la Modernidad burguesa (Neuzeit). Cada una de ellas tiene una relación de verdad y de ocultamiento peculiar y especial basada en la Historicidad del Da-sein. En la Modernidad burguesa, cada vez más esclavizada a la Técnica, a medida que la relación del Ser de Dios se disolvió poco a poco, sólo existía el moderno sujeto cartesiano (ego cogitatum) que reconoce el Ser meramente como objeto y fingió su propia medida, evidente por ejemplo en la Voluntad de Poder de Nietzsche. Esta afirmación y reajuste falso entre el Da-sein y el Ser indica un “olvido” de la cuestión ontológica, que depende de la época puede ser más desgarrador, más profundo o menos significativo. Cuando en mi libro hablo de “Política del Ser” estoy diciendo que la intervención de Heidegger en la Política cotidiana (su adhesión al Nazismo) siempre está guiada por una Meta-política, que se mueve en los requerimientos y exigencias de esta particular época de la “Historia del Ser”. Esta reversión del Olvido, que Heidegger califica como “reformatorische Wende“, será el rol que jugará el propio Heidegger dentro del Nacionalsocialismo en tanto un principio bárbaro… Modificar la Historia y la Gran Política a través de la interpretación y práctica sobre lo no-histórico.
SLA: Te formulo a continuación una pregunta muy general: ¿qué es la metafísica para Heidegger?
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NGV. Pienso la respuesta.
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Julio Quesada sobre el nazismo en Heidegger y sus conexiones con el presente del nacionalismo étnico

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Nazismo y Filosofía: audio entrevsita sobre los Cuadernos Negros, de M. Heidegger ( en español, sobre el libro , vol.I en español, Ed Trotta)http://www.filosofiahoy.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.5897/idpag.6928/prev.true/chk.9d2b99f076c320861a0830c9bd0ba72a.html

Hannah Arendt, Totalitarismo y democracia en tiempos de globalización

He leído un artículo de Antonio Muñoz Molina publicado en Babelia, el suplemento cultural del diario El País del 29 de abril de 2016 ( fuente http://cultura.elpais.com/cultura/2016/04/26/babelia/1461669894_626416.html?id_externo_rsoc=FB_CC

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Se trata el tema de Hannah Arendt y sus tesis acerca del totalitarismo y sus orígenes, de un modo muy poco argumentado, en el sentido de que se hacen afirmaciones al estilo periodístico al uso, poco serio, a mi juicio. El asunto es que el autor del artículo hace exclusivamente referencia a los artículos que Arendt escribió para la revista The New Yorker , artículos que dieron lugar al libro de Arendt , Eichmann en Jerusalén. ( Un reporte sobre la banalidad del mal)  sobre el proceso al nazi Eichmann, que tuvo lugar en Jeruslalén.

Se puede ver un trailer del nuevo reportaje en video sobre el asunto aquí https://youtu.be/_J6YWRTrnf4

Si se expone el tema del mal banal sin mencionar la conexión, fundamental, con el libro de Arendt Los orígenes del totalitarismo, podría caerse en copntradicciones o inter`retaciones desviadas , incluso falseadas de los conceptos expuestos por Arendt

Me refiero a que en el libro se refiere Arendt a otro concepto , el del mal absoluto.

Fragmento del capítulo XIII de la tercera parte del libro Los orígenes del totalitarismo, de Hannah Arendt.Titulo: IDEOLOGIA Y TERROR, UNA NUEVA FORMA DE GOBIERNO
La soledad, el terreno propio del terror, la esencia del Gobierno totalitario, y para la
ideología o la lógica, la preparación de ejecutores
y víctimas, está estrechamente relacionada con el
desarraigamiento y la superfluidad, que han sido el
azote de las masas modernas desde el comienzo
de la revolución industrial y que se agudizaron
con el auge del imperialismo a finales del siglo
pasado y la ruptura de las instituciones políticas
y de las tradiciones sociales en nuestro propio
tiempo. Estar desarraigado significa no tener en el
mundo un lugar reconocido y garantizado por los
demás; ser superfluo significa no pertenecer en
absoluto al mundo. El desarraigamiento puede ser
la condición preliminar de la superfluidad, de
la misma manera que el aislamiento puede ser
(aunque no lo sea forzosamente) la condición pre
liminar de la soledad. Considerada en sí misma,
sin atender a sus recientes causas históricas y a su
nuevo papel en política, la soledad es al mismo
tiempo contraria a los requerimientos básicos de
la condición humana y una de las experiencias
fundamentales de cada vida humana. Incluso la ex
periencia del mundo material y sensualmente
dado depende de este hallarse en contacto
con otros hombres, de nuestro sentido
común,
que
regula y controla todos los demás sentidos y sin
el cual cada uno de nosotros quedaría encerrado
en su propia particularidad de datos sensibles que
en sí mismos son inestables y traicioneros. Sólo
porque tenemos sentido común, es decir, sólo po
rque la Tierra no está habitada por un hombre,
sino por los hombres, podemos confiar en nues
tra inmediata experiencia sensible. Sin embargo,
hemos de recordarnos a nosotros mismos que un día dejaremos este mundo común, que seguirá
como antes y para cuya continuidad resultamos su
perfluos, si es que queremos comprender la
soledad, la experiencia de ser abandonados por todo y por todos.

http://www.imdb.com/video/imdb/vi248231193/imdb/embed?autoplay=false&width=480

Me parece que estos temas , el mal absoluto , incluso el mal banal , en el sentido de Arendt, cuando se los utiliza como referentes para sugerir que en el asunto de los exiliados o inmigrantes o refugiados que han llegado por mlies a Europa, como si esto tuviera alguna semejanza importante con la época nazi, es , acaso, una sugerencia poco seria, en cuanto a que es una comparación cuyos alcances, en todo caso, habría que debatir, analizar, ver las enormes diferencias que hay entre los tiempos oscuros del nazismo o del stalinismo y la actual Europa.

Un último comentario sobre la cuestión de las estructuras funcionales e ideológicas, operativas, del totalitarsmo: es muy probable que algunos rasgos de las estructuras políticas y económicas, ideológicas también, del presente en el mundo globalizado en curso, tengan rasgos que pueden resultar que estaban en los regímenes totalitarios y que hoy, aggiornatos, pueden aparecer, más o menos ocultos, más o menos simulados y disimilados, en las democracias plutocráticas y cleptómanas de nuestros días. Me refiero a cosas como el aislamiento , la atomización e individualismos crecientes vía sutil ciber control conductista de las masas de consumidores, ex ciudadanos, etc.

 

Situando la maldad nazi ( Arendt, Scholem,Klemperer)

desfilenazicolor

autor: Prof. Steven
A. Aschheim
Profesor del
Departamento de
Historia, Universidad
Hebrea de Jerusalem

 

Situando la maldad nazi
Las contrastantes miradas de
Gershom Scholem, Hannah Arendt y
Victor Klemperer*
Uno bien podría preguntar por qué privilegio a Gershom Scholem (1897-1982),
Hannah Arendt (1906-1975) y Victor Klemperer (1881-1960) y sus confrontaciones
particulares con el nazismo y la experiencia judía. ¿No es ésta una opción bastante
arbitraria? No lo pienso así. En primer lugar, todos ellos fueron pensadores
judeogermanos que –de una forma u otra– lograron tener fama en el mundo postnazi.
Todos llegaron a su madurez intelectual durante los fatales pero creativos
años de la República de Weimar y fueron testigos, desde el surgimiento del nazismo
hasta su derrota y desaparición, en 1945. Todos, de maneras muy diferentes,
reflexionaron profundamente sobre la catástrofe y sus implicancias para alemanes
y judíos. Todos llevaron apuntes, no sólo en sus publicaciones académicas,
sino en sus crónicas íntimas de aquel tiempo, sus cartas y diarios personales.
La gran ventaja de estos documentos es que no se ven influidos por la percepción
retrospectiva. Más bien, habitan el preciso momento en que se desarrollaron
los acontecimientos y capturan y exponen en movimiento las reacciones
originales de estos pensadores. No sólo nos ilustran acerca de los tiempos turbulentos
en que estas fascinantes –aunque testarudas, obstinadas y, a menudo,
enfurecidas– personas vivieron, sino también acerca de las distintas maneras en
que cada uno concibió, y enfrentó, los cambios y desafíos a su alrededor. Nos
proporcionan mapas ideológicos distintivos, puntos de vista en el momento de
su concepción, instantáneas de las alternativas definidas y escogidas.1
Durante las décadas de 1930 y 1940, las diferencias entre estos pensadores ya
eran claras: Scholem –uno podría argumentar– era un sionista “primordial”, insistía
firmemente en el renacimiento personal y colectivo judíos en Palestina;
Arendt, aunque idiosincrásicamente era una judía dedicada y una antigua sio98
/ Nuestra Memoria
2 Steiner, George. Errata. An examined life. London, Phoenix Books, 1988, pág. 10.
3 Existe una extraordinaria colección de estas cartas en tres volúmenes: Scholem, Gershom.
Briefe I. 1914-1947. Münich, C. H. Beck, 1994. Edición: Itta Shedletzky; Scholem, Gershom.
Briefe II. 1948-1970. Münich, C. H. Beck, 1995. Edición: Thomas Sparr; Scholem, Gershom.
Briefe III. 1971-1982. Münich, C. H. Beck, 1999. Edición: Itta Shedletzky. También hay una
colección de alguna de estas cartas en inglés: Scholem, Gershom. A life in letters. Cambridge,
Harvard University Press, 2002. Edición: Antony Skinner.
4 Scholem, Gershom. Tagebuecher 1. Halbband 1. 1913-1917. Frankfurt am Main, Juedischer
nista, sospechaba de todos los etiquetados colectivos e ideológicos y era mucho
más provisional que Scholem en sus compromisos de grupo; y Klemperer era
nada menos que un converso al protestantismo (dos veces), ferviente defensor
del Deutschtum y la asimilación judeoalemana. Sus últimas localizaciones geográficas
(Israel, Estados Unidos y Alemania, respectivamente) reflejaron fielmente
sus diversas identidades ideológicas.
Claramente, también las respuestas a sus perspectivas sobre el fenómeno nazi
están teñidas por sus situaciones personales durante los años críticos. Scholem
había emigrado a Palestina en 1923 y había visto los eventos a distancia y casi
completamente a través de su peculiar enfoque sionista. Después de un breve
encuentro con las autoridades nazis, Arendt emigró apresuradamente de Alemania
en 1933 (primero, a Francia y luego, a Estados Unidos). Klemperer, por
su parte, permanecería en el Tercer Reich hasta su final (de hecho, vivió toda su
vida en Alemania, y murió en 1960, en la República Democrática Alemana). A
diferencia de Scholem y Arendt, sus observaciones sobre el nazismo se derivaron
casi exclusivamente de la realidad de su experiencia personal cotidiana.
Comencemos con Scholem. ¿Cómo, contemporáneamente y con posterioridad,
pudo ubicar al nazismo y el Holocausto? Debido a la falta de tiempo, forzosamente
debemos sacrificar algunos matices y proceder a los problemas centrales:
la magistral erudición de Scholem, su muy temprano rechazo –aún siendo
estudiante– de la posibilidad de un diálogo judeo-alemán franco y su aliá en
1923 (un acto que muy probablemente haya sido juzgado como extraño por la
mayoría de sus compañeros judeoalemanes) le han dado cierta estatura moral,
incluso algo de reputación de clarividente.
Acerca del eventual destino de alemanes y judíos europeos en manos de los
nazis, George Steiner ha escrito recientemente que Scholem poseyó una “clarividencia”
única y fue de los pocos que emitió una “advertencia”.2
La narrativa sionista de Scholem –recordemos– tuvo una aguda sensibilidad
ante las corrientes hostiles a los judíos, a pesar de que no hay registro alguno
que hiciera –ni siquiera en forma aproximada– una predicción o advertencia de
lo que estaba por venir.
Si bien tempranas cartas3 y diarios4 contenían algunas referencias aisladas a
los antisemitas, en ninguna parte –ni en su período juvenil ni en el más maduSituando
la maldad nazi / 99
Verlag, 1995. Edición: Karlfried Gruender y Friedrich Niewoehner, con Herbert Kopp-
Obsterbrink.
5 “Carta Nº 106, 25 de marzo de 1938”, en The correspondence of Walter Benjamin and Gershom
Scholem, 1932-1940. New York, Schocken Books, 1989, pp. 214-215. Traducción: Gary
Smith y Andre Lefevere.
6 “Carta 185, 26 de abril de 1933”, en Scholem, Betty; Scholem, Gershom. Mutter und Sohn
im Briefwechsel 1917-1946. Münich, C. H. Beck, 1989, pág. 297.
7 “Carta 250, 7 de marzo 1936”, en Scholem, B.; Scholem, G., op. cit., pág. 411.
ro– Scholem nos proporciona un considerado análisis histórico del desarrollo y
las particularidades del antisemitismo alemán, ni tampoco –a pesar de su obvio
e intenso interés por esos eventos– hizo alguna vez el intento de tratar concreta
y sistemáticamente las especificidades de la naturaleza, el origen y la caída del
nacionalsocialismo, o de sus atrocidades y su lugar global dentro de la historia
alemana.
Tal vez –en principio– la distancia geográfica explique esto de alguna forma.
Refiriéndose a la persecución de los judíos austríacos después del Anschluss,
Scholem escribió a Walter Benjamín, desde Palestina, que tales eventos asumieron
un carácter “abstracto”: “Están demasiado lejos, y nadie tiene noción alguna
de cómo podrían llegar a ser”.5
El comportamiento extremadamente no profético de Scholem es más vívidamente
claro en el continuo intercambio de correspondencia con su madre, Betty.
En abril de 1933, la tranquilizó diciéndole que incluso la peor de las circunstancias
puede cambiar, y poco después le aconsejó “tomarlo filosóficamente.
Quizá vendrán de nuevo tiempos en que los alemanes volk sabrán y comprenderán
que los judíos no eran tan peligrosos”.6
El detalle de la lujosa lista de compras (bienes de consumo escasos) que
Scholem proporcionó a su madre ante su inminente viaje a Palestina, en 1936,
traicionó demasiado su mesura y fue como un pequeño presentimiento acerca
de los futuros desarrollos alemanes: “Si quiere traerme algo especial, aparte del
mazapán de chocolate, tiene muchas alternativas: por ejemplo, seis muy buenas
camisas con cuellos suaves, talle 41, pero que sean realmente de calidad
muy buena, de colores gris azulado y crema. O muy buena tela para un traje
azul. O en caso que usted piense que esto no es económico: 2 buenos lazos color
rojo oscuro y de cualquier modelo”.7
Virtualmente no hay discusión alguna acerca de la necesidad de dejar Alemania
hasta 1939 (!), y –en el futuro se toca el tema– no es iniciativa de Scholem,
sino de su madre.
Obviamente, esto no significa que Scholem no estuviese interesado o alarmado
por estos eventos. Tempranamente hizo notar la magnitud histórica de esos
acontecimientos, pero de una manera tan sumamente general que no alertó más
que a los sionistas más sensibilizados.
100 / Nuestra Memoria
8 Berlin in lights. The diaries of count Harry Kessler (1918-1937). New York, Grove Press,
1999, pág. 117. Traducción y edición: Charles Kessler, con Introducción de Ian Buruma.
9 Ver el registro del 7 de diciembre de 1930 en Scholem, Gershom. Leben sammeln, nicht fragen
wozu und warum, Vol. 1: “Tagebuecher 1925-1932”. Berlin, Aufbau-Verlag, 1996, pág. 672.
Edición: Walter Nowojski y Christian Loeser.
10 “Carta 137 del 31 de agosto de 1968”, en Scholem, G., Briefe II…, op. cit., pp. 213-214. El pasaje
citado aparece en la página 214.
11 Gay, Peter. “In Deutschland zu hause”, en Die Juden im nationalsozialistichen Deutschland/
The Jews in Nazi Germany, 1933-1943. Tuebingen, J. C. Mohr, 1986, pág. 33. Edición: Arnold
Paucker.
No hay en Scholem, por ejemplo, algo que se compare a la predicción –temprana
y misteriosamente exacta– del conde Harry Kessler, quien en su diario, el
10 de enero de 1920, escribió: “Hoy, en París fue ratificado el tratado de paz; la
guerra ha terminado. Una era terrible empieza para Europa, como las nubes que
crecen antes de una tormenta, y probablemente todavía acabará en una explosión
más terrible que la de la Guerra Mundial. En Alemania hay señales continuas
de un crecimiento constante del nacionalismo”.8
Y fue el muy asimilado Victor Klemperer quien escribió, en diciembre de 1930:
“Nadie sabe lo que pasará, pero todos presentimos la llegada de una catástrofe”.9
Lo que se necesita, entonces, acentuar son las escasas declaraciones de
Scholem que giran en torno de un análisis predictivo y diferenciado de la sociedad
alemana y la política o la naturaleza del propio régimen. Antes, durante
y después del período nazi, éstas casi siempre estuvieron motivadas y se centraron
en su crítica al pensamiento y la conducta de los judíos de clase media
dentro de la sociedad alemana, la cual fue formulada mucho tiempo antes del
ataque del nazismo.
Siempre era el autoengaño y la naturaleza poco digna de la simbiosis “alemán-
judío” a lo que retornaba Scholem. La suya siempre era una crítica moral
del comportamiento judío, una acusación sionista a una asimilación acobardada
–de carácter ético, no político– y ciertamente inespecífica, un análisis desligado
de los perpetradores y la catástrofe. Pero el punto es que él había llegado
a esa convicción años antes, y no se relacionaba específicamente con el ascenso
nazi al poder.
La judería alemana –escribió a Karl Loewith, en 1968– había vivido una mentira,
que en el futuro tenía que resolverse de una manera u otra (ésta –en sí
misma– es una fascinante, pero muy refutable respuesta). Pero enfatizaba explícitamente
que tal mentira de ninguna manera tenía necesariamente que llevar al
exterminio: “ninguno de nosotros pensaba eso”.10
En ese sentido, Peter Gay le reprochó –implícitamente– a Scholem, ya que de
su postura se puede concluir que, dado su autoengaño y su postura asimilacionista,
los judíos “merecieron” su destino final.11
Pero la “mentira” que la judería alemana vivía no se conectaba con la “SoluSituando
la maldad nazi / 101
12 Suchoff, David. “Gershom Scholem, Hannah Arendt and the scandal of Jewish particularity”,
Germanic Review 72, Nº 1. Winter 1997, pp. 57-76.
13 “Carta N° 119 a Shalom Spiegel, 17 de julio de 1941”, en Scholem, G., Briefe I…, op. cit., pág.
285.
14 Ver el ahora famoso Klemperer, Victor. I shall bear witness. The diaries of Victor Klemperer,
1933-1941. London, Weidenfeld & Nicolson, 1999, pág. 21, registros del 30 de junio de 1933.
Compilación y traducción: Martin Chalmers.
ción Final”. Scholem nunca nos dice realmente cuáles eran las conexiones pertinentes.
No sólo Scholem no fue más clarividente que otros cuando enfrentó la
realidad del infierno por venir. Incluso post-facto, en ninguna parte suministró
un análisis del fenómeno histórico del nazismo, su llegada al poder, la horrenda
marca que dejó; ni siquiera de la dinámica asesina de la Shoá. Sí, posteriormente,
acusó a Hannah Arendt de realizar una crítica excesiva de las élites judías.
Debemos recordar la enorme cantidad de energía gastada en amonestar el autosacrificado
comportamiento de sus compañeros judeoalemanes, pero –a excepción
de Arendt– casi ninguno analizó las visiones y acciones de sus verdugos.
Debido a su posterior alejamiento intelectual y personal –fundamentalmente
relacionado, pero no limitado, al “caso Eichmann”–, algunas coincidencias
entre Scholem y Arendt tienden a ser olvidadas. Ambos, debemos recordarlo,
fueron la quintaescencia de los judíos de Weimar, fascinados por la ruptura y las
paradojas de los quiebres y la transmisión entre las tradiciones judía y general.12
Es verdad que, a diferencia de Scholem, el despertar político judío de Arendt
llegó más bien tarde y se enfocó fuertemente en el antisemitismo (en lugar de
centrarse en el renacimiento espiritual judío), pero no por eso era menos real.
Su primer trabajo, Rahel Varnhagen; los artículos de los años treinta y cuarenta;
parte del famoso Los orígenes del totalitarismo (e incluso su crítica a las élites
judías en su libro sobre Eichmann) fueron –en parte– escritos desde una
perspectiva nacional judía y fueron tan radicales como el fulminante enjuiciamiento
a la asimilación que hacía Scholem.
También fácilmente se olvida que, en 1941, Scholem la describió como “una
mujer maravillosa y una extraordinaria sionista”.13
Frente el nazismo, para Scholem y Arendt –comparados con el liberal asimilacionista
Klemperer–, la narrativa sionista –con sus dudas acerca del éxito y la
dignidad del proyecto de emancipación y su ineludible expectativa de antisemitismo–
actuó como un amortiguador ideológico parcial que –al menos– proporcionaba
una pizca de inmunización intelectual y psicológica. (Cuando los
nazis llegaron al poder, Klemperer –por ejemplo– notó intensamente que a
mayor ligazón con Alemania y el germanismo –que él encarnaba en un altísimo
grado–, mayor vulnerabilidad y desorientación.)14
Estos puntos en común no deben ser pasados por alto, pero tampoco las diferencias.
Si Scholem localizó al nazismo como el mal absoluto, lo hizo a través
102 / Nuestra Memoria
15 Friedländer, Saul. “From Anti-Semitism to extermination. A historiographical study of Nazi
policies toward the Jews and an essay in interpretation”, en Yad Vashem Studies. Nº 16.
1984, pág. 16.
16 Arendt, Hannah. “What remains? The language remains. A conversation with Guenter
Gaus”, en Arendt, Hannah. Essays in understanding, 1930-1954. New York, Harcourt &
Brace, 1994, pág. 14. Edición: Jerome Kohn.
17 Ver la carta de Hannah Arendt del 19 de julio de 1947, en Arendt, Hannah; Blumenfeld,
de la comparación tangencial de sus implicaciones (esto es, el caso español) o
simplemente profundizando en la Sonderweg (forma particular) del antisemitismo
alemán y el autoengaño de los judíos alemanes. Y si bien ocasionalmente
admitió que su modelo sionista no pudo predecir la Shoá, éste continuó a lo
largo de su narrativa de las relaciones judeo-gentiles.
Arendt, por otro lado, puso su objetivo explícito en proporcionar una explicación
acerca de la naturaleza y las especificidades del nazismo, una que fuera
coherente con la inaudita magnitud de mal (y así, el modelo sionista que inicialmente
la guió, pronto llegó a su límite y se tornó problemático).
Ya en los años treinta y cuarenta comenzó el proceso de elaboración de su
pensamiento. El resultado de estos esfuerzos fue su clásico Los orígenes del totalitarismo,
de 1951, un libro extraordinariamente idiosincrásico, tan evidentemente
equivocado en algunas partes, tan tercamente peculiar en su método histórico
(o en la falta del mismo), pero tan naturalmente salpicado por destellos
de brillo y originalidad.
Debemos recordar que –hasta entonces y, por lo menos, una década después
de ese trabajo– virtualmente no hubo esfuerzo serio alguno por forjar las herramientas
teóricas, históricas y conceptuales necesarias para explicar las grandes
calamidades del siglo XX. (Hasta el momento, los historiadores encuentran difícil
integrar, de forma persuasiva y coherente, estos eventos en el flujo de la historia
de este siglo.)
Arendt buscó proporcionar una consideración adecuada a la enormidad de
materiales y problemas a los que se enfrentaba. Claro que el término “Holocausto”
no había cristalizado todavía, ni aparece en el libro. De hecho, incluso
puede ser que el concepto general que guía su trabajo –el totalitarismo– excluya
cualquier análisis particular y completo de la “Solución Final”.15 Más aún, está
claro que el trabajo está animado por la convicción que el nazismo y Auschwitz
–mucho más que la experiencia soviética– fueron el gran momento transgresor
en la historia europea.
Al saber de Auschwitz en 1943, luego relató: “Realmente fue como si se hubiera
abierto un abismo (…). Algo pasó allí que no nos permite reconciliarnos
con nosotros mismos. Ninguno de nosotros podrá hacerlo jamás”.16 Mientras
escribía el libro, en 1947 le escribió a su mentor sionista, Kurt Blumenfeld: “Es
que no puedo superar las fábricas de exterminio”.17
Situando la maldad nazi / 103
Kurt. “…. in keinem Besitz verwurzelt”. Die Korrespondenz. Hamburg, Rotbuch Verlag, 1995,
pág. 43. Edición: Ingeborg Nordmann e Iris Pilling.
18 Friedländer, Saul. “A conflict of memories? The new German debates about the ‘Final
Solution’”, en The Leo Baeck Memorial Lecture. Nº 31. New York, Leo Baeck Institute, 1987,
especialmente pp. 7-10.
19 Para una discusión más completa ver Aschheim, Steven. “Nazism, culture and The origins
of totalitarianism. Hannah Arendt and the discourse of Evil”, en Aschheim, Steven. In times
of crisis. Essays on European culture, Germans and Jews. Madison, University of Wisconsin
Press, 2001.
20 Arendt, Hannah. “Social science techniques and the study of concentration camps”, en
Arendt, H., op. cit., pág. 235.
A diferencia del posterior Historikerstreit (el debate, durante los ’80, en el
cual algunos historiadores alemanes insistían no sólo en la moral –o inmoral–
equiparación de la Rusia estalinista y la Alemania nazi, sino que firmemente
buscaban colocar el “pecado original” causante de estos sucesos dentro del
campo comunista), Arendt –aun cuando su acercamiento al estudio del “totalitarismo”
fue, en esencia, metodológicamente comparativo– no buscó relativizar
el nacionalsocialismo: implícitamente, el “caso nazi” fue –en realidad– el único
que necesitaba ser explicado, él último con el cual otros crímenes fueron comparados.
18
La primera parte del libro situaba a los judíos en el “centro de la tormenta”.19
Tal enfoque carecía de otras explicaciones, las cuales –simplemente– no tenían
idea de cómo tratar esta aparente anomalía. Este énfasis surgió de una sensibilidad
indudablemente sionista (aunque los lectores ingenuos pueden haberse
confundido por su insistencia en la centralidad absoluta de los judíos en el Estado
y la economía modernos, su alianza instintiva con las élites gobernantes y
su concomitante alienación de la “sociedad”, implicando esto –de alguna manera–
que los judíos tuvieron algo de responsabilidad por su problema, pues
–de hecho– sus acciones y funciones no estaban desconectadas de la emergencia
del antisemitismo moderno).
Para Arendt, los judíos siempre fueron –o al menos, debieron haber sido– un
agente activo de la historia, y no objetos pasivos. Aun más, desde el principio
insistió en que el nazismo y la Shoá debían ser considerados como algo inédito
y radical. El odio a los judíos era requisito, pero no condición suficiente, para
el genocidio. “Ni el destino de la judería europea, ni el establecimiento de fábricas
de muerte –escribió en otra parte– pueden ser totalmente explicados y
comprendidos en relación con el antisemitismo.”20
Contra el sentido común sionista, ella afirmó repetidamente que el antisemitismo
no era eterno, ni intrínsecamente dado. De hecho, se apartó de su camino
para indicar que su crítica sionista a la asimilación de los judíos no implicaba
una conexión, causal o de otro tipo, con la novedad absoluta del totalitarismo y
los exterminios. “Temo –escribió a su amigo Karl Jaspers, en 1952– que las per104
/ Nuestra Memoria
21 Ver la destacable carta 135 de Arendt, del 7 de septiembre de 1952, en Hannah Arendt,
Karl Jaspers Correspondence, 1926-1969. New York, Harcourt & Brace Jovanovich, 1992, pp.
196-201. Edición: Lotte Koehler y Hans Saner. Traducción del alemán: Robert y Rita Kimber.
22 Arendt, Hannah. “Approaches to the ‘German problem’”, en Arendt, H., op. cit., pág. 111.
23 Gellner, Ernst. “From Koenigsberg to Manhattan (or Hannah, Rahel, Martin and Elfriede or
Thy Neighbours Gemeinschaft)”, en Gellner, Ernst. Culture, Identity and Politics. Cambridge,
Cambridge University Press, 1987; Wolin, Richard. “Hannah and the magician. An affair to
remember”, en New Republic, 9/10/95, pp. 27-37.
24 Kazin, Alfred. New York Jew. New York, Knopf, 1978, pág. 307.
sonas buenas vean una conexión que –de hecho– no existe entre (el intento de
asimilación) y la erradicación de los judíos. Todo esto fue capaz de crear un odio
social hacia los judíos y lo desarrolló, así como creó –por otro lado– una generación
de alemanes específicamente sionistas. El verdadero fenómeno totalitario
–y antes. el genuino antisemitismo político– apenas tenía algo que ver con
todo esto.”21
Por supuesto, su insistencia acerca de la novedad radical del nazismo implicó
omisiones que fueron tan significativas –y para algunos observadores, inquietantes–
como sus explicaciones “positivas”. Ella llamativamente eliminó todos los
factores de la historia y la continuidad alemanas de su consideración. No hay indicio
alguno de un Sonderweg (modo particular), ningún análisis del peso de los
desarrollos políticos y sociales particulares de Alemania. De hecho, toda conexión
con el rol de la tradición –la cultura misma– es absolutamente descartado.
Ya en 1945 declaró que “Lutero o Kant o Hegel o Nietzsche (…) no tienen la
menor responsabilidad por lo que está pasando en los campos de exterminio”.22
El nazismo fue el quiebre, no la realización, de la tradición y la cultura; sus
fuentes pueden hallarse en la ruptura nihilista, no en la continuidad.
Algunos críticos consideran que esta extraña renuencia a examinar las influencias
alemanas directas y a señalar las predisposiciones culturales y las actitudes
populares en esa sociedad tiene su fundamento en el hecho que la propia
Arendt surgió de –y siguió relacionada con– esas mismas sospechosas tradiciones
intelectuales que también fueron apropiadas por el nazismo (y en su
lealtad a su ex amante, Martin Heidegger).23
Ese tipo de argumento ad hominem es mejor dejarlo de lado, aun si aceptamos
que la negativa de Arendt a tomar en consideración –específicamente– aspectos
alemanes de la historia fue demasiado extrema, tal vez incluso equivocada.
Lo que debemos enfatizar aquí es la insistencia de Arendt en que las explicaciones
históricas convencionales podrían no dar cuenta de nuevos acontecimientos.
Estos eventos radicalmente transgresores requieren nuevas alternativas
de pensamiento.
Arendt, como alguna vez comentó Alfred Kazin, vio al totalitarismo “como
una catástrofe de proporciones bíblicas”,24 y esta ruptura trajo consigo nuevas
Situando la maldad nazi / 105
25 Arendt, Hannah. “Nightmare and flight”, en Arendt, H., op. cit., pág. 134.
leyes, que sistemas interpretativos y modelos cognoscitivos más viejos no podían
comprender. Claro que muchos de los esquemas de Arendt eran marcadamente
inadecuados e imperfectos. Así, su noción de totalitarismo como causa y
resultado de la dinámica política del desarraigo y la atomización se basa claramente
en un imperfecto –y hasta ahora, casi universalmente rechazado– modelo
sociopsicológico de la sociedad de masas derivado de la conservadora teoría
social europea.
Pese a todo, creyó que este impulso desintegrador para desafiar tabúes era el
mejor para dar cuenta de toda la mentalidad genocida. Más allá de los procesos
de atomización, Arendt argumentó que la nueva barbarie fue la “punta de lanza”
de una política y una economía burguesa, imperialista de expansión en su beneficio
que volvieron superflua no sólo a la Nación–Estado, sino a la propia cultura
y tradición. De hecho, Arendt vio la esencia del totalitarismo como ligada
a una pérdida de límites burguesa, donde “todo se vuelve posible”. El capital
excedente y la ambición política generaron la condición previa para el genocidio:
las personas excedentes. (Quizá no ha sido suficientemente destacado que
Los orígenes… fundió la idiosincrasia de la teoría conservadora de la sociedad
de masas con un análisis marxista del imperialismo, que probablemente provenía
de su marido, Heinrich Bluecher.)
No hay necesidad de entrar aquí en su análisis más común y aleccionador
acerca de la privación general de derechos civiles a las minorías y sus implicancias
potencialmente genocidas de acuerdo a lo que llamó una forzada
“desestatización, el fenómeno de masa más novedoso de la historia”; o su exposición
fenomenológica del impulso trasgresor detrás de los campos, donde la
creencia de que “todo es posible” se verificaba; o las concluyentes páginas poéticas
acerca de la pluralidad humana y los poderes recuperativos de la natalidad
y los orígenes.
El punto no es si sus juicios eran correctos o equilibrados (muchos –quizás,
incluso, la mayoría– no lo eran), sino que siguió con determinación el problema
que tempranamente identificó en 1945: “El problema del Mal será la pregunta
fundamental de la vida intelectual en Europa, así como la muerte se volvió un
problema fundamental después de la última guerra”.25
Fue ella –ciertamente más que Scholem– quien abrió el camino al “discurso del
Mal” de la post-Segunda Guerra Mundial, en el cual “nazismo” y “Auschwitz” se
volvieron palabras de un código simbólico, emblemáticas de nuestra concepción
cultural de la inhumanidad absoluta. Es más, lo hizo de modo tal que no
sólo irritó a Scholem, sino que continúa fastidiando a muchos de nuestros contemporáneos.
Pero a pesar del énfasis puesto en la radical novedad de los exterminios,
no estaba preparada para aislar o conceder el privilegio absoluto a la
106 / Nuestra Memoria
26 Arendt, Hannah. The origins of totalitarianism. Cleveland, Meridian Books, 1958, pág. 290.
1ª edición: 1951.
27 Klemperer, Victor. The language of the Third Reich. LTI-Lingua Tertiii Imperii. A philologist’s
notebook. London, New York, 2002. 1ª edición: 1946. Traducción: Martin Brady.
28 Klemperer, V., I shall…, op. cit.; Klemperer, Victor. Ich will Zeugnis ablegen zum letzten.
Tagebuecher 1933-1945. Berlin, Aufbau-Verlag, 1995. Edición: Walter Nojowski, con la asistencia
de Hadwig Klemperer.
29 Klemperer, Victor. Curriculum Vitae. Errinerungen 1881-1918. Berlin, Aufbau-Verlag, 1996.
30 Ver los dos enormes volúmenes cubriendo los turbulentos años de la República de Weimar
(1918-1924 y 1925-1932). Klemperer, Victor. Leben sammeln, nicht fragen wozu und warum.
Berlin, Aufbau-Verlag, 1996. Edición: Walter Nowojski.
31 Ver los dos volúmenes (1945-1949 y 1950-1959) de Klemperer, Victor. So sitze ich denn
zwischen allen Stuehlen. Berlin, Aufbau-Verlag, 1999. Edición: Walter Nowojski, en cooperación
con Christian Loeser.
historia y el sufrimiento judíos. Incluso, al analizar los asesinatos, insistió en localizar
al sionismo dentro de un contexto más amplio de victimización. “Virtualmente
como todos los otros eventos de nuestro siglo –escribió en Los orígenes…–,
la solución de la cuestión judía produjo otra categoría de refugiados, los
árabes, lo cual hizo aumentar –por esta razón– el número de los que no tienen
Estado ni derechos en unas 700.000 a 800.000 personas.”26
Victor Klemperer, profesor de literatura del romanticismo, nos proporciona
un caso que –al menos en lo superficial– está “a años luz” de Arendt o Scholem.
Mucho menos venerado como especialista –el único trabajo por el cual recibió
algún reconocimiento importante fue LTI, un estudio pionero acerca de la naturaleza
y las distorsiones del lenguaje nazi (y que –en forma bastante inverosímil–
ha sido traducido al inglés)27–, Klemperer se volvió célebre recién en la década
de 1990, con la publicación póstuma de sus diarios escritos bajo el Tercer
Reich.
Fue un inveterado diarista y cronista: además de los dos monumentales volúmenes
de sus diarios nazis28 tenemos sus igualmente locuaces memorias que
abarcan los años 1881-1918,29 los diarios de la República de Weimar30 y sus
apuntes cotidianos que cubren sus años de posguerra en la RDA hasta 1959.31
Todo esto suma miles de páginas impresas. Puede haber –de hecho– algo obsesivo
y profundamente egocéntrico en este reflejo grafomaníaco, pero debemos
agradecer este impulso.
Hacia 1933, tal escritura de crónicas se había vuelto una rutina cotidiana, un
hábito fuertemente establecido. Lo que lo estimuló no fue puro egoísmo, sino
también la disciplina y la pulida habilidad de un especialista preclaro, combinadas
con una creciente comprensión de que su testimonio y experiencia tendrían
una crucial importancia histórica.
Esta es la historia del despliegue del Tercer Reich –escrita no a la distancia,
sino desde la vívida experiencia cotidiana– de un sutil y todavía desconcertado
Situando la maldad nazi / 107
32 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pág. 152, registro del 5 de abril de 1936.
33 Ibíd., pág. 223, registro del 6 de agosto de 1937.
34 Ibíd., pág. 334, registro del 24 de julio de 1940.
35 Ibíd., pág. 47, registro del 16 de marzo de 1942.
observador y víctima, un judío converso que sobrevivía precariamente en –y debido
a– su matrimonio “mixto”.
Muestra gráficamente la vida en el miedo cotidiano, las incertidumbres, las
confusiones, el creciente aislamiento, las humillaciones, el empobrecimiento y
la expectativa de muerte que caracterizó a esos Mischehen (matrimonios “mixtos”),
que –de algún modo– aguantaron y sobrevivieron a la pesadilla.
Quiero aquí concentrarme en los conceptos de “identidad” e “ideología” de
Klemperer y contrastarlos con los de Scholem y Arendt. Pero primero debo
hacer notar en qué grado estos diarios iluminan la vida pública, los acontecimientos
de la época y la cambiante atmósfera de esos días, y lo hacen en tiempo
real y “desde adentro”. Entre otras cosas, ilustran sobre la molesta cuestión
de la opinión pública alemana entre 1933 y 1945.
Klemperer constantemente estaba probando estas cosas. Después de todo, la
naturaleza y extensión del apoyo a los nazis y sus políticas y el grado de antisemitismo
popular no eran –para él– temas académicos, sino índices de su perspectiva
de supervivencia. No surge una respuesta bien definida; la inhumanidad
coexiste con chistes críticos del régimen y conmovedoras expresiones de
decencia.
Klemperer es particularmente perspicaz en notar las ambivalencias encubiertas,
las dificultades de juicio. Así, relata la vacilación de un policía “entre la
brusquedad que le habían pedido que mostrara y el respeto y la simpatía”.32 Señala
cosas que conoce: “No son nazis y nos tienen cariño, pero el retrato del
Führer está colgado en la farmacia”.33 De la siguiente manera resumió la incertidumbre
analítica, en 1940: “Cada uno de nosotros quiere comprender el
humor de la gente, y éste depende del último comentario del barbero o el carnicero”.
34
Estas notas “desde el interior” también ayudan a clarificar la eterna cuestión
acerca de cuán conocidas eran las atrocidades nazis. A pesar de su persecución,
aislamiento y encierro en el Judenhaus (área de residencia judía), el conocimiento
de Klemperer –adquirido a través de rumores, sondeos de su esposa,
transmisiones extranjeras– es notable y lanza considerables dudas acerca de las
posteriores afirmaciones en el sentido que los alemanes eran bastante ignorantes
de lo que estaba ocurriendo. Siempre supo de los campos, de Buchenwald a
Theresienstadt. Informa de las deportaciones a Polonia y da detalles del programa
de eutanasia. Ya a mediados de marzo de 1942 conocía la existencia de
Auschwitz, “el más horrible de los campos”.35
108 / Nuestra Memoria
36 Ibíd., pág. 68, registro del 19 de abril de 1942.
37 Ibíd., pág. 385, registro del 29 de mayo de 1943. El artículo apareció en el diario Freiheitskampf.
38 Ibíd., pág. 606, registro del 24 de octubre de 1944.
39 Klemperer, V., Curriculum…, op. cit., pág. 248.
40 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pág. 305, registro del 12 de noviembre de 1939.
Aquel abril, bebiendo un vaso de cerveza en un bar local, en Dresde, alguien
que había servido en un batallón de la Policía en Rusia le contó a su aria esposa,
Eva, de los “repugnantes asesinatos en masa de judíos en Kiev. Niños pequeños
cuyas cabezas eran estrelladas contra la pared; hombres, mujeres y
niños amontonados de a miles (…) y las masas de cadáveres enterrados bajo la
tierra explotada”.36
En mayo de 1943 cita un folleto (un artículo de Johann von Leers) que abiertamente
llamaba al exterminio de judíos.37
Mucho antes del fin de la guerra, Klemperer reconoció –sagazmente– la especial
naturaleza total y metódicamente organizada del crimen, y en octubre de
1944 aventuró una afirmación valoración global del acontecimiento: “De seis a
siete millones de judíos (…) han sido masacrados (más precisamente: fusilados
y gaseados)”.38
Pero volvamos a nuestro enfoque central. Dadas las predilecciones personales
e ideológicas de Klemperer –“No me sentía judío, ni siquiera judeoalemán,
sino pura y simplemente alemán”,39 su protestantismo, Deutschtum (germanismo)
extático y antisionismo obsesivo– no es sorprendente el hecho que hubiese
ubicado al mal nazi en un marco bastante diferente al de Scholem o Arendt. De
hecho, éstos bien podrían haber visto a Klemperer con un desdén que bordea el
desprecio.
Hay una duda pequeña sobre lo que habrían pensado de su proclama de mediados
de la década de 1930: “Soy alemán por siempre”. Cuando estuvo seguro de
que los nazis nunca le concederían esto, disparó: “Los nazis son no alemanes”.40
Seguramente, la permanencia de su perdurable asimilacionismo y su apasionado
germanismo bajo el propio nazismo fue un clásico caso de lo que Scholem
y Arendt habrían considerado una ideología desvariada, una extravagante alucinación
gravemente desconectada de la realidad.
Pero los historiadores deben ser cautos ante los juicios rápidos, y en el muy
breve tiempo del que dispongo quiero poner a Klemperer en su propio contexto
histórico y así –por lo menos– hacer a su postura más comprensible y –quizá–
aun más defendible.
En el primer lugar, no es cierto que el nazismo no haya dejado mella alguna
en su cosmovisión. Al contrario, penetró hasta el centro de su identidad, afectando
–de hecho– su autodefinición misma. Sus diarios registran, con densos y
fascinantes detalles, su continuo esfuerzo por analizar y comprender las impliSituando
la maldad nazi / 109
41 Klemperer, V., Leben…, op. cit., Vol. 2, pág. 61, registro del 26 de mayo de 1925.
42 Ibíd., Vol. 1, pp. 480-481, registro del 12 de agosto de 1921.
43 Ibíd., Vol. 2, pág. 361, registro del 6 de agosto de 1927.
44 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pp. 260-261, registro del 9 de octubre de 1938.
cancias de los ataques contra su mundo ideológico e inventar nuevas defensas
y soluciones para ellos. Es más, sería equivocado retratar al Klemperer pre-1933
como un judío totalmente germanizado y exitosamente asimilado a una sociedad
alemana prenazi relativamente libre de tensiones. Una inquietud permanente
caracteriza la obra y las transformaciones de las identidades múltiples de
Klemperer: es en sus complejidades y ambivalencias, y no en su carácter en
blanco y negro, donde reside la fascinación.
Así, a pesar del obstinado “germanismo” de Klemperer –como claramente se
expresa en sus diarios de Weimar–, aun entonces su judaísmo residual “era” un
factor. A pesar de todo, él se sentía más en casa, más a gusto, con sus amigos judíos
(¡si bien de los suyos, en lugar del tipo ortodoxo, sionista u ostjuedisch
–judío polaco–!). ¡Este gran despreciador de todo separatismo judío notó una
vez que se sentía más cómodo cuando los “cuerpos extranjeros no judíos”
(nichtjuedische Fremdkoerper) no estaban presentes!41 Incluso compartía el
prejuicio de que los judíos eran inevitablemente inteligentes (como lo evidencia
su conmoción al encontrarse con uno particularmente estúpido).42
De igual modo, todas sus memorias y diarios muestran una aguda conciencia
de la omnipresencia del antisemitismo y de su creciente peligro. Representarlo
como autonegador y desilusionado sería, así, absurdo. De hecho, ya antes del
surgimiento del nazismo estuvo acosado por una especie de crisis de identidad.
En 1927 escribió: “Y ahora, todo en Alemania me empuja hacia los judíos. Pero
si me volviese sionista, sería más risible que si me hubiese vuelto católico. Siempre
estoy planeando, como un aeroplano, sobre estas cosas y sobre mí. Secundariamente,
ésa es la cosa más judía que hay en mí. Y quizá la más alemana.
Pero no obstante, el alemán en alguna parte encuentra una unidad de sentimiento.
El judío perdura también por encima de sus sentimientos”.43
En cierto nivel, también, el nazismo –que a veces fue considerado por él
como ajeno al espíritu alemán, y en otras oportunidades, su misma encarnación–
lo despojó de todos los sentimientos nacionales alemanes y le generó un
compromiso más profundo con la Ilustración. De allí su famosa declaración de
1938: “Definitivamente he cambiado (…). Mi nacionalismo y patriotismo se han
ido para siempre. Cada circunspección nacional me parece bárbara. Mi pensamiento
es ahora un completo cosmopolitismo voltaireano”.44 Sin embargo y significativamente,
Klemperer prologó estas palabras proclamando que “nadie
puede quitarme mi germanismo”.
¿Cómo podían coexistir ambos pensamientos? Klemperer se representó su
110 / Nuestra Memoria
45 Klemperer, V., Leben…, op. cit., Vol. 2, pág. 643, registro del 6 de agosto de 1930. El destacado
es original.
46 Klemperer, V., I shall…, op. cit., pág. 60, registro del 5 de abril de 1934.
47 Acerca de esta tendencia en general ver Mosse, George L. German Jews beyond Judaism.
Bloomington, Indiana University Press, 1985.
48 Klemperer, V., Ich will…, op. cit., Vol. 2, pág. 75, registro del 28 de abril de 1942.
germanismo de una forma muy selectivamente específica e históricamente condicionada:
simplemente la igualó con un tipo de protestantismo ilustrado que
no funcionó como una descripción empírica de la realidad, sino como un tipo
de ideal regulador. Así fue que el nazismo pudo ser considerado la antítesis del
Deutschtum (ideal germánico) y no su realización.
Esta estrategia de escindirse, de conferir al germanismo un ideal mental en
lugar de un asunto de etnicidad ya estaba presente en 1930, cuando pregonó:
“Aquí, judíos; allí, arios. ¿Y dónde estoy yo? ¿Dónde están los muchos que son
‘espiritual e intelectualmente’ alemanes?”45 La obvia solución scholemiana a
este dilema –profundizar el sentimiento propio y el compromiso personal con
el judaísmo– fue para él menos que una opción sin entusiasmo (aunque, entre
1933 y 1945, a menudo se permitió salvajes autocríticas, consignando muchos
de sus propios autoengaños asimilatorios). Pero en el fondo, en el pensamiento
de Klemperer, el judaísmo permanecía inseparablemente ligado a un indefendible
separatismo, a la estrechez, a “la horrible opresión del ghetto”.46
Al evaluar sus elecciones y actitudes es importante que evitemos juicios baratos,
post-facto e indulgentes (esto es especialmente innecesario dadas las propias
preguntas que Klemperer se hace.) Las transparencias, contradicciones y
vulnerabilidades son demasiado obvias como para exponerlas. Pero debemos
ser cuidadosos porque aun hoy no está claro cuáles debieron haber sido las posturas
ideológicas “correctas”.
En varios sentidos, Klemperer –aunque pudo haberlo negado– fue un típico
Bildungs judeoalemán, intelectualmente caracterizado (como tantos de ellos)
por sus tendencias liberales-humanistas, apolíticas e iluministas.47 Realista o
no, seguía siendo un individualista liberal e iluminista cuyos valores supremos
(demasiado a menudo asumió la reconocible apariencia del Deutschtum) eran
los universales de “cultura” y “humanidad”. Su ligazón con estos valores de
ningún modo puede ser viciada o anulada por el hecho que poderes brutales
buscaran destruirlos.
En abril de 1942 lo expresó sucintamente: “Hoy, un judío alemán nada puede
escribir sin poner en el centro la tensión germano-judía. ¿Pero debe, por consiguiente,
capitular ante las opiniones de los nacionalsocialistas y adoptar su
idioma?”48 El insistía con que uno resista adecuadamente el poder y las categorías
del inmoral vencedor. Para él, la inmoralidad la constituía no el camino a
la asimilación, sino la negativa irracional de adaptarse a ella. Abrazar el judaísSituando
la maldad nazi / 111
49 Aschheim, Steven. “Comrade Klemperer. Communism, liberalism and jewishness in the
DDR. The later diaries, 1945-1959”, en Journal of Contemporary History. April 2001.
mo, o sustituir un exclusivismo por otro, perpetuaba el problema subyacente, en
lugar de resolverlo.
Su persistente creencia en una concepción del Deutschtum insuficientemente
problematizada y demasiado espiritual, hoy da la impresión de ser extraña;
su voluntariosa convicción en el éxito de la asimilación, como casi patética; y
su negativa a conceder una digna autenticidad y autonomía a la vida y cultura
judías, como desagradable y equivocada. Pero por su negativa a capitular ante
la brutalidad y su combate por mantener los valores de “cultura” y “humanidad”
merecen nuestro respeto y consideración. Klemperer se aferró a la visión
clásica del Bildung alemán cuando todo a su alrededor estaba siendo desechado,
a su sentido de curiosidad y apertura, a sus ansias por humanizar la experiencia,
al deseo de extender los horizontes, más que restringirlos.
De muchas maneras y como una ironía, Klemperer formó parte profundamente
de la historia judeoalemana. Fue renuente a admitirlo, y recién lo hizo
hacia el final de su vida, en la comunista Alemania Oriental.49 El forma parte de
esa historia no sólo porque las horribles circunstancias lo condujeron a ello,
sino porque incluyó muy agudamente –y de hecho, se inclinó fuertemente
hacia– aquellos valores iluministas que llegaron a caracterizar cada rama de la
judería alemana y conformaron su identidad.
De hecho, como hemos mostrado, si bien existen importantes diferencias
entre Scholem, Arendt y Klemperer, con distancia histórica también podemos
descubrir algunas similitudes significativas (las cuales, sin ninguna duda, ellos
habrían negado). Quizá no fue sólo un inevitable destino común lo que los unió,
sino también una cierta sensibilidad espiritual subyacente.
Todos ellos eran intelectuales judeoalemanes sumamente integrados, criaturas
de la tradición Bildungs, con su característica inclinación por la cultura y su
pasión por las ideas. Todos eran observadores incisivos y analistas sagazmente
sensibles a las patologías y los contornos especiales de su tiempo. Ellos personifican
las variadas respuestas a ese destino común y los diversos caminos tomados
para enfrentarlo. Si bien ninguno fue una figura representativa u “ordinaria”,
todos fueron emblemáticos, confrontando los cataclismos públicos de su
tiempo y forjando creativas –aunque muy diferentes– respuestas a los dilemas
que ningún judío alemán del siglo XX se dio el lujo de evadir.

fuente Nuestra Memoria
Año XI · Nº 26 · Diciembre de 2005

 

Against American gigantism: on Peter Trawny’s Heidegger & the myth of a Jewish World Conspiracy. (Gerardo Muñoz)

Origen: Against American gigantism: on Peter Trawny’s Heidegger & the myth of a Jewish World Conspiracy. (Gerardo Muñoz)