Un análisis y crítica materialista sobre el problema , filosófico y político, de la que podemos definir bajo el nombre o Idea de Hispanidad, y los diversos ataques que enfrenta a lo largo de México, EEUU, Centro y Sur América, y algunos españoles que reniegan de España( separatistas varios).

Análisis crítico del llamado movimiento de descolonización, eufemismo fabricado por “intelectuales” de vario pelaje, tanto en universidad de Hispanoamérica como de los EEUU e incluso en Francia, con algunos intelectuales españoles o secesionistas catalanes, etc., en la misma cuna del Hispanismo: España

FUENTE DEL VIDEO : CANAL DE LA FUNDACION GUSTAVO BUENO EN YOUTUBE : fgbuenotv. Este video forma parte de la serie de videos sobre diversos temas, presentados como Teatro Crítico.

Los dos investigadores ( Teatro Crítico ⋅ TC076 ⋅ Haniel Barazarte y Humberto González. http://teatrocritico.es/2020/p076.htm) nos presentan una serie de acontecimientos de gran relevancia para el presente y próximo futuro de los diversos Estados de América cuya idioma es esencialmente el español; ambos son venezolanos que viven en el Estado de Florida, EEUU, que plantean esa serie de cuestiones en torno a la llamada decolonización, o podríamos decir: reconstruir la Historia al modo posmoderno, generando un resultado político determinado y en suma, hispanófobo.

Este video nos aporta materiales de mucho interés para analizar varias tesis que ya planteaba el filósofo español Gustavo Bueno (1924-2016) en su libro titulado España frente a Europa( 1ª ed. 1999) En especial el capítulo V: España y América Hispana (Iberoamérica). También nos parece muy importante volver a consultar el libro de Gustavo bueno, España no es un mito. (Claves para una defensa razonada)(1ª ed. 2005) ; del cual consideramos esencial el capítulo(Final) titulado Don Quijote, espejo de la nación española.

Resulta de gran importancia lo que sostiene Haniel Barazarte , en cuanto al hecho de que existe en la actualidad( año 2020), una corriente , que procede sobre todo de las universidades estadounidenses, en sus Departamentos de Estudios Culturales, secciones de estudios “hispanos” o “Latinos”, sesgados por una rabiosa hispanofobia, y por un sesgo que, disfrazado de estudios ” culturales”, o ” de género”, o de “identidad”resulta llevar consigo una fuerte carga política, que busca favorecer, con este modo de reconstruir el pasado Histórico real, de toda la región heredera de los Virreinatos Hispánicos, esto es, del Imperio Español realmente existente, que enfrentaba a otros Imperios en competencia, la cual se trasladó desde Europa a América, tras el llamado Descubrimiento de Colón y posterior Conquista de Hernán Cortés, luego Pizarro y otros españoles al servicio del Imperio Español.

Vamos a citar un libro breve, pero muy polémico, al menos en México, escrito por el filósofo, historiador y arquitecto alemán Horst Kurnitzky, que en ciertas tesis coincide, de alguna manera con tesis manejadas por Gustavo Bueno, en los mencionados libros y en artículos de la revista El Catoblepas(on Line) y en la revista El Basilisco, en papel, y partes on Line en la web de la Fundación Gustavo Bueno, respecto de los mitos oscurantistas, cuya implantación política tanto favorecen los intelectuales pagados y que laboran en universidades estadounidenses, y en instituciones hispanoamericanas financiadas con generosas becas de fundaciones yanquis como por ejemplo la Fundación Ford , entre otras muchas. Se trata del libro titulado Extravíos de la Antropología mexicana (1ª ed. 2004); se trata en realidad de un opúsculo, cuyas 48 páginas provocaron entre el gremio de antropólogos e historiadores mexicanos un autentico vendaval de airadas reacciones en contra de Kurnitzky. ¡ Desde cuando un europeo, y menos un alemán, viene a enmendarnos la página a nosotros, los que SI SABEMOS lo que es la Historia y la Antropología de NUESTRO país !

Cito un texto como muestra para quienes tengan interés en ahondar en asuntos complejos sobre lo que es hoy en día, el problema de la Hispanidad desde una perspectiva no sólo histórica, lingüística, etc. , sino un problema cuya IMPLANTACION POLITICA, precisa de un sistema filosófico suficientemente fiable y potente. Creemos que el sistema ya lo tenemos a la mano, quienes buscamos evitar la descomposición y desmembración de España y de algunos Estados en Iberoamérica, enfrentados mediante el arma de la llamada decolonización, que no es sino el “divide y vencerás” de los Romanos del Imperio, frente a sus enemigos o frente a los pueblos “bárbaros” que trataron de incorporar a su Imperio( generador, más que depredador, en el sentido que da a estos conceptos Gustavo Bueno).

Cita de Kurnitzky, página 13: (…)Los historiadores no solamente confunden la crónica con la Historia, sino que los historiadores y los antropólogos también confunden los mitos con la Historia. Por ejemplo, el mito aparentemente de origen de los pueblos aztecas, su emigración de Aztlán hasta la fundación de México-Tenochtitlán , nos lo relatan como si se tratara de una verdadera peregrinación hasta encontrar la famosa águila posada en un nopal y devorando una serpiente, cuando todo eso debe ser interpretado como un mito y no como un relato de la historia real.Los antropólogos se comportan como los fieles de la Biblia que están seguros que la creación del mundo fue obra de un dios todopoderoso; que el éxodo de las doce tribus judías de la prisión egipcia, encabezada por el legendario Moisés, forma parte de la historia judía(…)

La cuestión más relevante planteada en el vídeo, a nuestro modo de entender, es que todos los movimientos identitarios, de deconstrucción, o mejor deberíamos decir, destrucción de la Historia de América, y en especial de la América surgida tras la llegada y posterior Conquista española y portuguesa, por medio de la ideología de tipo posmoderno (relativista cultural hasta el tuétano, al pairo de los franceses Derrida, Foucault, etc.)o de los indigenismos que gestaron las varias corrientes de la llamada Filosofía de la Liberación y los vínculos con la Teología de la Liberación y con las corrientes evangélicas llevadas por estadounidenses a América Hispana desde tiempos del célebre lingüista, director del Instituo Lingüístico de Verano yanki, Kenneth Pike. O la incorporación Sui generis de Marx y de Cristo a la propuesta de la Liberación( mera nebulosa ideológica , pero con muchos fieles seguidores) del argentino afincado en México Enrique Dussel.

Hay, creo, una opción , surgida de la obra filosófica del dominico mexicano, Mauricio Beuchot, que como es lógico, se posiciona , desde el Catolicismo y la Filosofía aristotélico tomista, en contra de estas corrientes fundamentalistas hispanofóbicas y negrolegendarias. Su propuesta filosófica respecto de estas cuestiones nos parece muy valiosa, porque presenta un sistema de análisis y crítica muy sólida frente a todas las variantes del dominante deconstruccionismo, que arrastra consigo, necesariamente, un importante componente negrolegendario y anti hispanista, en pro de vías “identitarias” que finalmente sólo sirven para anclar aún más a Hispanoamérica( Iberoamérica) en intereses ajenos a los que deben ser, por mera cuestión de eutaxia, los que deben guiar a las Naciones políticas que constituyen la Hispanosfera, enfrentada, aún hoy día, y teniendo presente la creciente influencia de China en estas cuestiones, a la anglosfera y sus aliados “internos” , sobre todo intelectuales y académicos posicionados, aparentemente, con los “más desfavorecidos y relegados” social y económicamente, los descendientes de los , por usar un término anglo: aborígenes.Aborígenes, según la Leyenda Negra construida por los enemigos del Imperio Español(Holanda, Francia, sobre todo Inglaterra y luego los Estados Unidos de Norteamérica)y sostenida por las élites hispanoamericanas y algunas españolas “sobre todo de izquierdas progresistas”, renegadas de su propia estirpe y raíz nacional, de su “patria” común, que se expresa en español.

Un análisis y crítica sobre la obra y la figura de Nicolás Maquiavelo. Por T. S. Eliot

Nicolás Maquiavelo

Por T. S. Eliot

Traducción de Luis Miguel Aguilar

“Porque de los hombres en general se puede afirmar esto: que son desagradecidos,

veleidosos, falsos, cobardes, codiciosos, y en la medida en que te vaya bien son tuyos

por completo”. Esta frase, y frases similares sacadas de su contexto, han sido causa de

molestia e irritación en las mentes de los hombres durante más de cuatrocientos años:

las palabras de un inofensivo y callado patriota florentino en retiro, ocupado en cortar

árboles y conversar con campesinos en su magra propiedad. Maquiavelo ha sido el

tormento de jesuitas y calvinistas, el ídolo de los Napoleones y los Nietzsches, una

figura de suministro para el drama isabelino, y el modelo de un Mussolini o un Lenin. A

Maquiavelo se le ha llamado cínico; pero no podría haber mayor fuente de inspiración

para el “cinismo” que la historia de la reputación de Maquiavelo. Nada como la historia

de la reputación de Maquiavelo podría ilustrar mejor la trivialidad y la irrelevancia de la

influencia. Desde su muerte, un persistente romanticismo ha falsificado su mensaje.

Maquiavelo ha contribuido a las trapacerías de cada siglo. Pero a ningún hombre tan

grande se le ha malentendido tan completamente. Siempre se le ve con cierto desdén.

Su lugar no está con Aristóteles, o con Dante, en teoría política; Maquiavelo intentó

algo diferente. Su lugar no está con Napoleón, y mucho menos con Nietzsche. Sus

observaciones sirven por sí mismas a cualquier teoría moderna del Estado, pero no

pertenecen a ninguno.

En ocasión del aniversario de Nicolás Maquiavelo, debíamos ocuparnos no tanto de la

historia de su influencia -que es meramente la historia de los diversos modos en que se

le ha malentendido- como de la naturaleza de su pensamiento y las razones de por qué

debió tener tal influencia.

“Así que en primer lugar yo pongo como una inclinación general de toda la humanidad

un deseo perpetuo y sin reposo del poder tras el de toda la humanidad un deseo

perpetuo y sin reposo del poder tras el poder, que sólo cesa con la muerte”. Parecería

a primera vista que estas palabras de Hobbes están pronunciadas en el mismo tono

que las ya citadas de Maquiavelo, y con frecuencia se han puesto juntos estos dos

nombres; pero el espíritu y el propósito de Hobbes y de Maquiavelo son totalmente

distintos. Con frecuencia se toma a El Príncipe en el mismo sentido que el Leviatán.

Pero Maquiavelo no sólo no es un filósofo de la política en el sentido de Aristóteles y

Dante; es, incluso, menos un filósofo en el sentido de Hobbes. Tiene la lucidez de

Aristóteles y el patriotismo de Dante, pero con Hobbes tiene poco en común.

Maquiavelo es totalmente devoto: a la tarea de su propio lugar y tiempo; no obstante, al

subordinarse a la causa de su Estado particular, y a la causa más grande de la Italia

unida que él deseaba, Maquiavelo llega a una mayor impersonalidad y a un mayor

distanciamiento que Hobbes. A Hobbes no lo conmueve apasionadamente el

espectáculo del desastre nacional; Hobbes está interesado en su propia teoría, y

podemos ver su teoría, en parte, como un resultado de las debilidades y las

distorsiones de su propio temperamento. En las observaciones de Hobbes sobre la

naturaleza humana hay con frecuencia un énfasis de más, un toque de spleen surgido

probablemente de alguna percepción de la debilidad y el fracaso de su propia vida y

carácter. A este énfasis de más, tan común en cierto tipo de filósofo desde el tiempo de

Hobbes, se le puede asociar atinadamente con el cinismo. Porque el verdadero cinismo

es una falta del temperamento del observador, no una conclusión surgida con

naturalidad de la contemplación del objeto; es con mucho el reverso de “enfrentar los

hechos”. En Maquiavelo no hay cinismo por ningún lado. Ninguna mácula de las

debilidades y fracasos de su propia vida y carácter mancha el claro cristal de su visión.

En los detalles, sin duda, donde el significado de las palabras sufre una ligera

alteración, sentimos una ironía consciente; pero la totalidad de su visión está limpia de

cualquier tinte emocional. Una visión de la vida como la de Maquiavelo implica un

estado del alma que puede llamarse un estado de inocencia. Una visión como la de

Hobbes es ligeramente teatral y casi sentimental. La impersonalidad y la inocencia de

Maquiavelo es algo tan raro que bien puede ser la clave tanto para su influencia

perpetua sobre los hombres como para la distorsión perpetua que sufre en las mentes

de hombres menos puros que él mismo.

No queremos decir que Maquiavelo es del todo frío e impasible. Por el contrario, ofrece

una prueba más de que el gran poder intelectual surge de grandes pasiones.

Maquiavelo no sólo era un patriota, sino que su pasión patriótica es el motor de su

mente. A escritores como Lord Morley les acomoda presentar a Maquiavelo como un

cirujano embozado lleno de inhumanidad, indiferente a la exhortación moral y a quien

sólo le importa el examen clínico. A diferencia de Maquiavelo, Lord Morley no había

visto a su país desgarrado y saqueado, humillado no sólo por invasores extranjeros,

sino por invasores extranjeros traídos por los facciosos príncipes nativos. La

humillación de Italia era para Maquiavelo una humillación personal, y el origen de su

pensamiento y de sus escritos.

Este intenso nacionalismo de ningún modo suprimió o distorsionó en Maquiavelo los

otros valores morales o espirituales. Sólo que en sus escritos él se ocupa de ellos

siempre desde un punto de vista, y se ocupa de ellos siempre en relación con el

Estado. Su concepción del Estado es una concepción vasta y generosa. El es el

consejero del Príncipe sólo porque le importa apasionadamente el bien de la república.

Por un hombre como Napoleón -quien tenía una gran opinión de Maquiavelo, y cuyo

sentido de realidad hizo que Maquiavelo le simpatizara- Maquiavelo sólo podría sentir

aversión; Napoleón le habría parecido un usurpador extranjero y un violento egotista. Y

a Maquiavelo no le interesa la idea moderna del Imperio; una Italia unida era el límite

de su visión; y de hecho sentimos con frecuencia, al leer la más importante de sus

obras, los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, que tiene mucha mayor

admiración por la Roma republicana que por la Roma imperial. Su primer pensamiento

siempre está por la paz y la prosperidad y la felicidad de los gobernados; pero sabe

muy bien que esta felicidad no reside meramente en la paz y en la riqueza. Esta

depende de, y a su vez apoya a, la virtud de los ciudadanos. La virtud cívica no puede

existir sin una medida de libertad, y a Maquiavelo lo ocupa constantemente en relación

con qué la libertad es obtenible:

Rara vez ocurre que las demandas de un pueblo libre resultan ya sea irrazonables o ya

sea perjudiciales para la libertad, siendo que comúnmente proceden ya sea de la

opresión real o del miedo a ella; pero si resulta que ese temor no tiene fundamento, no

es materia difícil pacificarlo mediante una conferencia pública, donde el pueblo siempre

está dispuesto a escuchar a cualquier hombre con méritos y autoridad al que crea

adecuado para la arenga: porque aunque el pueblo puede estar a veces en un error,

como dice Cicerón, está abierto a una mejor información, y se le puede convencer

pronto, cuando una persona de cuya veracidad e integridad el pueblo tiene una buena

opinión se encarga de mostrarles su error.

La actitud de Maquiavelo hacia la religión y hacia la religión de su país, ha sido con

frecuencia objeto de malentendidos. Su actitud es la de un estadista, y es tan noble

como la de cualquier estadista, qua estadista. De hecho, tal actitud no podría ser otra

de la que es. Maquiavelo no se opone ni a la religión ni a la Iglesia católica. Vio muy

claramente, y era difícil que no lo hubiera visto, la corrupción de la Iglesia y la bajeza de

los eclesiásticos eminentes con los que trató. Y en La mandrágora, su brillante

comedia, hace una burla excelente de las corrupciones más despreciables del clero.

Vio, por una parte, el grado en que la Iglesia y los poderosos individuos nobles de la

Iglesia habían contribuido a la desunión y a la desolación de su país. Pero él sostuvo

firmemente que una Iglesia establecida era de gran valía para un Estado.

Luego de considerar todas estas cosas, concluyo que el establecimiento de la religión

en Roma hecho por Numa fue una de las causas que contribuyeron principalmente a su

dicha y grandeza: porque la religión produjo buen orden, y el buen orden generalmente

trae buena fortuna y éxito a cualquier empeño. Y del mismo modo en que la estricta

observancia del culto a lo divino y de los deberes religiosos tiende siempre al

engrandecimiento de un Estado, el rechazo y el desprecio por ellos puede contarse

entre las primeras causas de su ruina. Porque, donde no hay temor de Dios, puede

ocurrir que el Estado caiga en la destrucción o se sostenga mediante la reverencia

mostrada a un buen Príncipe; esto puede sostenerlo por un tiempo, y suplir la

necesidad de religión en sus súbditos. Pero como la vida humana es corta, por

supuesto que el gobierno entrará en decadencia cuando se haya extinguido la virtud

que le daba forma y lo animaba.

Y más adelante (en los Discursos) Maquiavelo dice aún más afirmativamente:

Los gobernantes de todos los Estados, ya sean reinos o repúblicas, que buscan

preservar firmes y enteros a sus gobiernos, deberían sobre todas las cosas encargarse

de que a la religión se le mantenga en la más alta de las veneraciones, y que sus

ceremonias en todo tiempo sean incorruptibles e inviolables; porque no hay un

pronóstico más seguro de que la ruina amenaza a un Estado, que ver descuido y

desprecio en el culto a lo divino.

Y Maquiavelo sigue hasta mostrar, en el mismo capítulo, cómo el descuido de la

religión, ocasionado por los caprichos de la Iglesia de Roma, había contribuido a la

ruina de Italia. Es muy posible que una iglesia nacional establecida, como la Iglesia

Anglicana, pudo haberle parecido a Maquiavelo el mejor establecimiento para una

república cristiana; pero de lo que está seguro es de que para una nación es necesario

un establecimiento religioso de algún tipo. Si sus palabras fueron ciertas, lo siguen

siendo. En lo que respecta a la religión “personal” de Maquiavelo, fue al parecer tan

genuina y sincera como la de cualquier hombre que no es un especialista en devoción

sino, intensamente, un especialista en las cuestiones del Estado; y murió atendido por

un sacerdote. Vio con gran claridad y supo instintivamente que los esfuerzos de un

hombre como Savonarola no podrían traer ningún bien; su objeción real no era al

espíritu de Savonarola como a la contradicción entre los métodos de Savonarola y el

buen manejo del Estado. Pero con una mente destructiva como la de Voltaire, la mente

constructiva en lo esencial de Maquiavelo no habría sentido nada en común.

En varios capítulos de El Príncipe y de El arte de la guerra es muy claro que al

ocuparse de las cuestiones de la guerra a Maquiavelo le interesa siempre lo positivo y

lo constructivo. En cuestiones de guerra, y en el gobierno militar y en la ocupación, le

interesan tanto las fuerzas morales como los recursos técnicos. En sus observaciones

sobre la colonización, sobre la manera de ocupar un territorio extranjero, y en sus

repetidas advertencias contra el uso de tropas mercenarias, Maquiavelo siempre pone

como ejemplo de admiración al príncipe patriota y a la ciudadanía patriota. Tiene poca

paciencia para el príncipe que es meramente un general; de un imperio como el de

Napoleón habría dicho, desde el principio, que no podía durar. Uno no puede gobernar

a la gente por siempre contra su voluntad, y hay algunos pueblos extranjeros a los que

uno no puede gobernar de ninguna manera; pero si uno tiene que gobernar a un pueblo

extraño e inferior -un pueblo inferior en el arte de gobernar- entonces uno debe usar

todos los medios para tenerlos contentos y para persuadirlos de que el gobierno de uno

va en su interés. La libertad es buena, pero el orden es más importante; y el

mantenimiento del orden justifica todos los medios. Pero sus soldados debían ser

soldados ciudadanos, peleando por algo realmente valioso; y el príncipe debe ser

siempre un estadista, y un guerrero sólo cuando sea necesario.

Ningún registro de las ópticas de Maquiavelo puede ser más que fragmentario. Porque,

aunque Maquiavelo es constructivo, no es un constructor de sistemas; y sus

pensamientos pueden repetirse pero no compendiarse. Es quizás una característica de

la sorprendente exactitud de su visión y de sus observaciones el hecho de que

Maquiavelo no tenga un “sistema”; porque es casi inevitable que un sistema requiera

ligeras distorsiones y omisiones, y Maquiavelo no distorsionó ni omitió nada. Pero lo

más curioso es que ningún registro o recapitulación de su pensamiento parece dar una

clave ya sea de su grandeza o de su gran y grotesca reputación. Cuando lo leemos por

primera vez no recibimos la impresión ni de estar ante una gran alma ni ante un

intelecto demoníaco, sino meramente ante un observador modesto y honesto que

apunta los hechos como son y hace comentarios tan verdaderos que parecen planos.

Sólo después de la lenta absorción y el impacto en la mente de los repetidos contrastes

entre una honestidad así, y los engaños comunes, las deshonestidades y las

tergiversaciones de la mente humana en general, se abre paso hacia nosotros la

grandeza única de Maquiavelo. No queremos decir con esto que el pensamiento de

Maquiavelo es una excepción solitaria. Un escritor francés, M. Charles Benoist, ha

dedicado un volumen a Le machiavélisme avant Machiavel. Hay paralelos en su propio

tiempo. Es difícil que Maquiavelo conociera a Comynes, pero la mente y la visión de

este gran diplomático belga, quien sirvió tan bien y por tan largo tiempo a Luis de

Francia, se relacionan cercanamente con las de Maquiavelo. Pero Maquiavelo, aparte

de su diferencia de método, es un espíritu mucho más puro e intenso.

Es muy poco probable que el apasionado nacionalismo de Maquiavelo fuera entendido

en su propio tiempo, y mucho menos por sus compatriotas. Pero la honestidad de su

mente es tal que difícilmente se le entiende en cualquier tiempo. Al parecer, sus

escritos fascinaron y aterrorizaron a Europa desde un principio. La gente no pudo

escapar de la fascinación; del terror, la gente escapó convirtiendo a Maquiavelo en un

mito de terror. Incluso en Italia, como lo muestra Charbonnel en La pensée italienne au

XVI siècle, su pensamiento fue distorsionado de inmediato. Al parecer los papas y los

príncipes han tomado de sus libros lo que querían, pero no lo que Maquiavelo quería

transmitir. Pero cuando su obra rebasó las fronteras la distorsión se hizo aún más

grande. En Francia, y sobre todo entre los hugonotes, desató las más violentas

respuestas. Apenas se le trató como algo más que un astuto sicofante que daba

consejos a los tiranos sobre las mejores maneras de oprimir a sus súbditos. En Francia

no sólo los religiosos partidarios sino los politiques -notablemente Jean Bodin- se le

fueron encima. Bodin no pudo pasar por alto el elogio de Maquiavelo a César Borgia en

El Príncipe aunque, para cualquiera que lea este libro sin prejuicios, debía quedar muy

claro respecto a qué, y con cuantas reservas, Maquiavelo hace su elogio. En Inglaterra,

Thomas Cromwell y otros admiraban su obra, aunque es muy improbable que lo

entendieran mejor. Pero la impresión general de Maquiavelo en Inglaterra se debe a la

influencia francesa, a la traducción de Contre-Machiavel de Gentillet. A cada

desplazamiento Maquiavelo sufría. En cierta medida la civilización de Francia estaba

por abajo que la de Italia, y la civilización de Inglaterra ciertamente no había alcanzado

a la civilización de Francia. Uno sólo tiene que comparar el desarrollo del estilo de la

prosa en las tres lenguas. Maquiavelo es un maestro de estilo de prosa en cualquier

época; su prosa es madura. En Francia no hay nada comparable hasta Montaigne, y

Montaigne no es un classique para la crítica francesa. Y en Inglaterra no hay nada

comparable hasta Hobbes y Clarendon. Pero para ese tiempo, cuando la civilización de

los tres países estaba ya muy nivelada, hay un deterioro en todas partes. Montaigne es

inferior a Maquiavelo, y Hobbes es inferior a Montaigne. En su Maquiavelo y el drama

isabelino, Edward Mayer ha catalogado la dramatización de Maquiavelo en Inglaterra, y

Wyndham Lewis lo ha discutido más filosóficamente en su muy interesante estudio de

Shakespeare: El león y la zorra. La figura de Ricardo III es el testimonio de la impresión

que dejaba Maquiavelo, y la falsedad de esta impresión.

Por tanto debemos inquirir qué hay en Maquiavelo que impresiona la mente de Europa

de un modo tan prodigioso y tan curioso, y por qué la mente europea sintió la

necesidad de deformar su doctrina tan absurdamente. En efecto, hay causas que han

contribuido. La reputación de Italia como el hogar del crimen fantástico, pícaro y

diabólico, llenó la imaginación de los franceses, y más aún de los ingleses, como ahora

está llena con las glorias de Chicago o Los Ángeles, y predispuso a la imaginación a

crear un representante mítico de esta criminalidad. Pero el crecimiento del

protestantismo -y Francia, lo mismo que Inglaterra, era entonces un país protestante en

gran parte- creó aún más una disposición contra un hombre que en sus propias

costumbres aceptaba la óptica ortodoxa del pecado original. A Calvino, cuya visión de

la humanidad era mucho más extrema, y ciertamente más falsa que la de Maquiavelo,

nunca se le trató con tanto oprobio; pero cuando la reacción inevitable contra el

calvinismo surgió del propio calvinismo, y de Ginebra, en la doctrina de Rousseau, esto

también fue hostil a Maquiavelo. Porque Maquiavelo es un doctor de lo basto, y lo

basto siempre es insoportable para los partidarios de lo extremo. Un fanático puede ser

tolerado. El fracaso de un fanatismo como el de Savonarola asegura su tolerancia por

la posteridad e incluso su aprobación como patrono. Pero Maquiavelo no era un

fanático; él meramente dijo la verdad sobre la humanidad. El mundo de los motivos

humanos que él describe es verdadero -es decir, se trata de la humanidad sin el

añadido de la Gracia sobrehumana. Por tanto es tolerable sólo a personas que tienen

también una creencia religiosa definida; el credo de Maquiavelo es insoportable para el

esfuerzo de los últimos tres siglos de suplir la creencia religiosa por la creencia en la

Humanidad. Lord Morley se hace eco de la habitual admiración hostil moderna hacia

Maquiavelo cuando insinúa que Maquiavelo vio muy claramente lo que en efecto vio,

pero que vio sólo la mitad de la verdad sobre la naturaleza humana. Lo que Maquiavelo

no vio sobre la naturaleza humana es el mito de la bondad humana que para el

pensamiento liberal reemplaza la creencia en la Gracia Divina.

Es fácil admirar a Maquiavelo de un modo sentimental. Es sólo una de las poses

histriónicas y sentimentales de la naturaleza humana -y la naturaleza humana es

incorregiblemente histriónica- posar como “realista”, como una persona “que no admite

el sinsentido”, admirar la “franqueza brutal” o el “cinismo” de Maquiavelo. Esta es una

forma de autosatisfacción y autoengaño, que meramente propaga el mito “Judío de

Malta-Nietzsche” de Maquiavelo. En la Inglaterra isabelina la reputación de Maquiavelo

fue mera e inconscientemente manipulada para alimentar la tendencia perpetua a

recurrir a la herejía maniquea: el deseo de un mal al que adorar. Los impulsos heréticos

permanecen muy constantes; vuelven a darse en el Satán de Milton y en el Caín de

Byron. Pero Maquiavelo no tiene comercio alguno con estas gratificaciones de las

debilidades humanas. No tiene nada del instinto para posar; y por tanto los seres

humanos, para aceptarlo, tienen que convertirlo en una figura dramática. Su reputación

es la historia del intento de la humanidad de protegerse a sí misma, cubriéndose con

una capa de falsedad, contra cualquier exposición de la verdad.

Se ha dicho, en un tono de reproche, que Maquiavelo no hace ningún intento “por

persuadir”. Ciertamente él no era un profeta. Porque él estaba interesado primero que

nada en la verdad, no en la persuasión, lo cual es un motivo de que su prosa sea gran

prosa, no sólo de la italiana sino un modelo de estilo para cualquier lengua. El es un

Aristóteles parcial de la política. Pero es parcial no porque su visión esté distorsionada

o su juicio sesgado, o por cualquier falta de interés moral, sino por su sola pasión por la

unidad, la paz y la prosperidad de su país. Lo que lo vuelve un gran escritor, y para

siempre una figura solitaria, es la pureza y la sinceridad de su pasión. Nadie fue nunca

menos “maquiavélico” que Maquiavelo. Sólo un puro de corazón puede lanzar el arpón

sobre la naturaleza humana como lo ha hecho Maquiavelo. El cínico nunca puede

hacerlo; porque el cínico es siempre impuro y sentimental. Pero es fácil entender por

qué Maquiavelo no fue él mismo un político exitoso. Por un lado, no tenía la capacidad

para el autoengaño o la autodramatización. La receta dors ton sommeil de brute (algo

así como “hazte el tonto”) es aplicable en muchas formas, de las cuales Calvino y

Rousseau dan dos variaciones; pero la utilidad de Maquiavelo está en sus llamados

perpetuos a examinar las debilidades y la impureza del alma. Es probable que nunca

olvidemos sus lecciones políticas, pero a su examen de la conciencia no habría que

pasarlo por alto tan fácilmente.

Contacto: info@lamaquinadeltiempo.com

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Gustavo Bueno, una explicación y análisis crítico materialista, desde el sistema del Materialismo Filosófico y la Teoría del Cierre Categorial, de los problemas relativos a las cuestiones de la finalidad y la teleología. Debate con las posiciones anti teleológicas o negacionistas de la finalidad , desde la Biología( y otras Ciencias)(Serie de cuatro videos)

NOTA DE INTROFILOSOFIA: Esta serie de videos son de crucial relevancia para conocer y analizar problemas de Teoría de las Ciencias, de Gnoseología y Epistemología de las Ciencias y para un estudio de lo que implica el papel del sistema filosófico desarrollado por Gustavo Bueno Martínez: el Materialismo Filosófico, y la Teoría del Cierre Categorial.

Sesión 1

En este enlace se encuentran las cuatro presentaciones sobre el asunto(Dos teselas y un video más amplio)

http://fgbueno.es/act/efo031.htm

Sesión 2
Sesión 3
Sesión 4

Propuestas para el estudio crítico de las Misiones jesuitas españolas en Paraguay, por el profesor Pablo Huerga Melcón

NOTAS SOBRE LA HISTORIA DE LAS MISIONES DEL PARAGUAY, A

PROPÓSITO DE LA PELÍCULA DE ROLAN JOFFÉE, LA MISIÓN, DE 1996

AUTOR: Pablo Huerrga Mellcón Universidad de Oviedo

FUENTE https://doi.org/10.33676/EMUI_nomads.55.15

Notes on the history of the Missions of Paraguay, with regard to the film by Rolan Joffée, The Mission, 1996.

Lauro Ayestarán (1913-1966), musicólogo uruguayo, en un artículo dedicado a uno de los grandes músicos del barroco musical hispanoamericano, Doménico Zipoli (1688-1726), dice:

“Las tinieblas de la Edad Media no son sino las de nuestra ignorancia, decía Gustave Cohen, en “La grande clarté du Moyen Age”. Creo que algo parecido acontece con las tinieblas culturales de la América del Sur durante la dominación hispánica.”

Así ocurre cuando tratamos de escudriñar el pasado imperial español. Una leyenda negra nos ha ocultado una realidad muy compleja y llena de interés. Y no es un caso menor el que aquí nos ocupa: Las Misiones del Paraguay, fundadas por los jesuitas, a petición de Felipe III en el año 1607.

Pedro de Mendoza

Para comenzar a hablar de la historia de las Misiones de Paraguay hay que remontarse a la expedición de Pedro de Mendoza (1499-1537), que le fue encargada para intervenir al sur de la delimitación establecida en el Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494). La expedición de Pedro de

Mendoza, que al parecer había participado en 1527 en el saqueo de

Roma, fue un verdadero suplicio. Partió de Sanlúcar de Barrameda el

día 24 de Agosto de 1535 con entre 11 y 14 naves, y unos 3000 hombres,

y con el objetivo de fundar tres fuertes, y construir un camino real que los

llevara hasta el Pacífico -nadie imaginaba entonces la enorme barrera

que suponía la cordillera de los Andes; esta empresa no se conseguiría

hasta el siglo XX). Le acompañaba, entre otros, un hermano de santa

Teresa de Jesús, Rodrigo de Cepeda y Ahumada (1511-1557), que

posteriormente moriría con 46 años en una batalla contra los Araucanos

en lo que hoy es Chile, el 10 de agosto de 15571. Además de la

tempestad que sufrieron cuando se acercaban a la costa brasileña, y la

sífilis de Pedro de Mendoza, que le mantenía prácticamente postrado,

sufrieron el acoso de los indígenas. A mediados de enero de 1536

arribaron a la isla de san Gabriel, en la costa sur del estuario del Río de

la Plata, y el día 2 ó 3 de febrero de 1536 fundaron la ciudad de Buenos

Aires, con el nombre de Santa María del Buen Ayre. Pero los indios

Querandíes les acosaron brutalmente hasta que en diciembre de 1536

entraron en la ciudad y la incendiaron. Pedro Mendoza y otros

sobrevivientes se vieron obligados a huir, buscando refugio en el fuerte

de Santi Spiritu, que es considerado el primer asentamiento europeo en

Argentina, luego llamado Corpus Christi, y finalmente Puerto Gaboto. Su

nombre actual se debe a su fundador, Sebastián Gaboto (Venecia

1484-1557), que había fundado esta ciudad en la expedición de 1527

en la que el soldado Luís Ramírez habla por primera vez del famoso y

legendario “Rey blanco”2 -del que luego hablarán también los

expedicionarios comandados por Francisco de Orellana (1511-1546), del

Amazonas (concretamente nos referimos al relato3 de Gaspar de

Carbajal, Trujillo 1500-Lima 1584). La expedición de Gaboto había

partido de Sanlúcar de Barrameda el día 3 de abril de 1526 con la

1 Estas batallas de los españoles con los mapuches o araucanos fueron narradas en el

mayor poema épico español de América,  La Araucana, escrito por Alonso de Ercilla y

Zúñiga (Madrid, 1533-1594), donde honra tanto a españoles como a indígenas.

2 Luís Ramírez, tripulante de la armada de Sebastián Gaboto, muerto trágicamente en

el ataque que los indios querandíes hicieron al fuerte de Santi Spiritu, dejó firmada en

una carta en 10 de julio de 1528 a sus padres, una  Relación de viaje que envió a

España desde San Salvador, en la costa del río Uruguay, recoge abundantes datos

etnográficos y geográficos así como el relato de las aventuras de esta expedición de

Gaboto. Habla, entre otros muchos datos, de la mítica sierra de plata y del rey blanco.

Luís Ramírez murió en el asalto que protagonizaron los indios a Santi Spiritu en

septiembre de 1529. Su relación no fue divulgada hasta el siglo XIX. La carta de Luís

Ramírez es la primera relación sobre las tierras del Paraná y el Caracañá y de sus tribus,

tierras en las que luego trascurrirá la historia de las Misiones.

3 Gaspar de Carvajal, Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande que

descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana, escrita en 1542 pero

publicada sólo en parte en otro grandísimo libro en 1855, nos referimos a la obra de

Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las indias. La expedición

de Orellana relatada por Carvajal sirvió de inspiración a la película de Werner Herzog,

Aguirre o la cólera de Dios (Alemania del Oeste, 1972) y también a la película de

Steven Spielberg, La calavera de cristal (EEUU, 2008). La Relación de Carbajal sólo se

publicó completa en 1895, por el erudito chileno José Toribio Medina.

misma misión que la de Magallanes: dar la vuelta al mundo. Sin embargo, al llegar a la isla de Santa Catalina, en el actual Brasil, naufragó una de sus naves y casualmente se encontraron con algunos supervivientes de la expedición de Juan Díaz de Solís, el cual, nombrado almirante de la flota de indias por Fernando el Católico, había sido enviado a aquella zona en la primera expedición española que fondeó en el estuario de Río de la Plata y que había partido también de Sanlúcar de Barrameda en 8 de octubre de 1515. Los supervivientes, que, al parecer, habrían llegado hasta el imperio Inca, les hablaron de la existencia de una tierra rica en oro y plata que podrían alcanzar remontando los ríos Paraguay y Paraná, y Gaboto decidió cambiar los objetivos de su expedición. De la expedición de Gaboto procede además la leyenda de la ciudad de los Césares, una leyenda que nace, al parecer, de la expedición encomendada a uno de sus capitanes, Francisco César, hacia el oeste de Santi Spiritu, en busca de la legendaria Sierra de la Plata.

Pedro de Mendoza finalmente regresaría a España en 22 de abril de 1537, aunque murió cerca de las Canarias el 23 de junio. Buenos Aires fue reconstruida de nuevo, pero tuvo que ser despoblada e incendiada por sus 350 habitantes a finales de 1541, huyendo hacia el fuerte de Asunción. No volvería a refundarse hasta 1580, con Juan de Garay (Orduña o Junta de Villalba de Losa 1528-1583) que también moriría a manos de los indios Querandíes en marzo de 1583 en las cercanías de Santi Spiritu.

Uno de los expedicionarios de Pedro de Mendoza, Juan de Salazar y Espinosa (Espinosa de los Monteros, o Medina de Pomar 1508- Asunción 1560) fue precisamente el fundador de Asunción el 15 de Agosto de 1537, después de haber sido enviado por Pedro de Mendoza en busca del conocido como “rey blanco”. El fuerte de Asunción fue convertido en ciudad con la creación del Cabildo en 16 de septiembre de 1541. El primer gobernador fue Domingo Martínez de Irala (Vergara 1509-Asunción 1556), en virtud del mandato de otro expedicionario de la misma expedición de Pedro de Mendoza, Juan de Ayolas (Briviesca 1493-Candelaria 1538) que era teniente de gobernador general de Asunción en 1537. Según algunos relatos, la vida en el fuerte de Asunción debía ser corregida, algunos hablan del lugar como el “paraíso de Mahoma”, dando a entender que se habían generado situaciones de poligamia escandalosas, por lo que Carlos V envió como adelantado en 1542 a Vasco Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la Frontera 1488-Sevilla ó Valladolid 1559), conocido también como el Ulises español, y cuya historia también merece la pena de ser recordada4.

4 Juan Francisco Maura, en el libro  El gran burlador de América: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Parnaseo, Valencia 2011 arremete contra el relato de Cabeza de Vaca, poniendo en entredicho muchas de las cosas narradas en el libro de Cabeza de Vaca

Como se sabe, Vasco Núñez Cabeza de Vaca había participado en la expedición comandada por Pánfilo de Narváez que se organizó para la conquista de la Florida, en busca, al parecer, de la fuente de la eterna juventud, y que había partido de Sanlúcar de Barrameda en 17 de junio de 1527. La expedición alcanzó la bahía de Tampa en 12 de abril de 1528. Fue un fracaso importante, y después de diversos enfrentamientos con los indígenas, y de la falta de mando del propio Pánfilo de Narváez, quedaron supervivientes en territorio de América del Norte cuatro expedicionarios, el propio Cabeza de Vaca, un esclavo procedente del norte de África llamado Estebanico (probablemente, el primer negro que pisó territorio de lo que luego sería EEUU), Andrés Dorantes de Carranza, oriundo de Béjar (1500-1550) y Alonso del Castillo Maldonado, del cual, aunque oriundo de Salamanca, se ignoran al parecer los datos relativos a su nacimiento y muerte. Conviviendo con los indios, y separados unos de otros, lograron sobrevivir durante ocho años en esos territorios, hasta que de nuevo juntos se dirigieron andando hacia el oeste, con idea de encontrarse con los soldados de Cortés. Llegaron a California, a la costa del Pacífico, y contactaron finalmente con españoles. Al verlos, algunos soldados creyeron que se trataba de indígenas que hablaban español, dando pábulo a la idea de que el español podría ser un idioma antiquísimo (como en el relato de Heródoto), porque ciertamente estos expedicionarios habían adquirido hábito y costumbres de los indios. Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 donde publicó su obra Naufragios (en Zamora en 1542), en la que relata esta extraordinaria aventura5. Naufragios es la primera descripción de las tierras del norte y de los indios que las pueblan, con detalles etnográficos muy interesantes, incluso referidos por Ruth Benedict en su estudio sobre los indios pueblo titulado El hombre y la cultura de 1934.

Vaca,  Naufragios. Sin embargo, más allá de que efectivamente siempre que se narra en modo autobiográfico hay muchos matices que responden a la vanidad del autor, o a sus mismas pretensiones, el relato tiene un sustrato real e histórico que no se puede discutir. De la misma manera que ocurre con cualquier otro relato autobiográfico de los viajes americanos. Cabe señalar cómo la propia presión de la leyenda negra anima a la crítica y desconfianza de todo relato que se aleje de las pretensiones hipercríticas negrolegendarias, lo que hace que se trate con muy diferente rasero según qué relatos. Lo que también debería ser objeto de una crítica historiográfica.

5 No todo el mundo concede autenticidad a este relato, señalando los muchos detalles que pueden considerarse falsos, aunque sin llegar a negar nadie la extraordinaria aventura, sí se ponen en duda muchos pormenores, como es obvio en cualquier relato autobiográfico. Véase, Juan Francisco Maura,  El gran burlador de América: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Parnaseo, 2011.

Como decíamos, a su regreso a España se le concedió por parte de Carlos V el título de Adelantado del Río de la Plata, en cuya virtud inició a finales de 1540 la expedición desde Cádiz que le llevó a Asunción. Esta expedición, como el resto de las que trascurrieron hacia América, tuvo también su punto de heroísmo. El viaje le llevó hasta la isla de Santa Catalina en el actual Brasil, y desde allí, a pié, guiado por los indios guaraníes-tupís, por la selva paranaense durante cinco meses, alcanzó Asunción, donde en 11 de marzo de 1542 fue nombrado gobernador. En esta expedición, como se sabe, Cabeza de Vaca describió por primera vez las cataratas de Iguazú. Su llegada a Asunción generó un conflicto con Domingo Martínez de Irala. Al parecer, Cabeza de Vaca llevaba entre sus planes imponer las leyes de Indias para proteger a los indígenas de los encomenderos y nuevos colonos, y organizar la colonización olvidándose de los quiméricos tesoros que todavía se estaban buscando, siguiendo las fantásticas descripciones que así lo indicaban relativas al rey blanco y a la sierra de oro y plata. Finalmente, una sublevación de los seguidores de Irala, que llegó a llamarse “primera revuelta comunera”, provocó que en 1544 Cabeza de Vaca fuera apresado y enviado a España en un barco al que habían bautizado como “Comunidades”6. Lo curioso es que no era la primera vez que Cabeza de Vaca tenía que vérselas con las revueltas de los señores “feudales” contra la Corona, pues ya en 1521, y en España, había participado en la batalla de Villalar de los Comuneros. Debemos señalar que, efectivamente, en la película de La Misión el gobernador de Asunción (cuyo escenario está grabado en Cartagena de Indias) se llama también “Cabeza”, un personaje ridículo de peluca imposible, que representa lo más detestable de la idea que sobre los españoles ha ido pergeñando la Leyenda negra. Sin embargo, este personaje ni su nombre tienen nada que ver con Cabeza de Vaca.

Doña Mencía de Calderón y el centauro de la Pampa

El fracaso de Vasco Núñez Cabeza de Vaca dio lugar, como se verá, a otra impresionante aventura española, que está a su vez absolutamente involucrada en el origen del proyecto de las Misiones jesuíticas en Paraguay. En efecto, Carlos V se vio obligado a nombrar a otro adelantado para sustituir a Cabeza de Vaca, lo que hizo en la figura de Juan de Sanabria (Trujillo, 1504- Sevilla, 1549), que era sobrino de Hernán Cortés. Nombrado Adelantado del Río de la Plata en 1547 se comprometió a llevar cien parejas con hijos para colonizar y doscientos cincuenta solteros para asentar allí, además de cerca de cien mujeres

6 Estos detalles se ponen también en entredicho en el libro referido de Juan Francisco Maura.

entre doncellas, hijas y solteras para casar allí e imponer un poco de orden en aquel “paraíso de Mahoma”. Regresaba con ellos al mando de la expedición el fundador de Asunción, Juan Salazar Espinosa, que había venido con el barco que llevaba preso a España a Cabeza de Vaca. El nuevo adelantado Juan de Salazar estaba casado con Doña Mencía de Calderón Ocampo, nacida en Medellín (1514-finales del XVI en Asunción). El caso es que cuando estaban con los preparativos del viaje en Sevilla, Juan de Sanabria murió inesperadamente. El título de Adelantado pasó a su hijo de 18 años, Diego de Sanabria, pero Doña Mencía decidió que tomaría parte en la expedición igualmente, al mando de las mujeres7.

El día 10 de abril de 1550 salía la expedición desde Sanlúcar de Barrameda. Aunque se dice que la memoria de este viaje quedó recogida por Hans Staden en su libro, Verdadera Historia y Descripción de un País de Salvajes Desnudos, que publicó en Alemania en 1557 en Marburgo lo cierto es que el alemán no hizo ninguna referencia concreta a dicho viaje, aunque probablemente iba en él. Tardaron cinco años en llegar a Asunción después de una odisea digna de Homero. En efecto, cerca del golfo de Guinea fueron atacados por piratas franceses en 25 de julio de 1550. Alcanzaron la isla de Santa Catalina en diciembre de 1550, después de un naufragio y hasta 1553 no pudieron iniciar viaje hacia Asunción, adonde llegaron, un grupo en octubre de 1555 después de recorrer a pie la misma ruta que había realizado Cabeza de Vaca anteriormente y, otro grupo, con Doña Mencía y sus acompañantes, que llegó en barco en abril de 1556. Mencía llevaba con ella a sus tres hijas, una de las cuales, María, sería la madre de Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, llamado “el centauro de la Pampa”, el primer criollo gobernador de Río de la Plata y del Paraguay (otro nieto de Mencía, Hernando del Trejo y Sanabria fue el fundador de la universidad de Córdoba). Fue Hernandarias (Asunción, 1564-Santa Fe, 1634) quien, en 1603, modificó la legislación para la supresión de las mitas y encomiendas entre los indígenas, lo que fue aprobado por el rey Felipe III, y en virtud de ello se dispuso en 1608 la creación de las misiones jesuíticas en la región del Guayrá, solicitando a Felipe III el envío de jesuitas para hacerse cargo de dicho proyecto. Los primeros jesuitas que se dirigieron hacia el Guayrá fueron los misioneros Maciel Lorenzana (León 1565-Asunción 12 de septiembre de 1632)8 y Antonio Ruíz de Montoya (Lima 1585-1625)9.

7 Para más detalles sobre la llamada “Expedición Sanabria” puede consultarse, María Gabriella Dionisi, “Doña Mencía la Adelantada: Una expedición al Paraíso”, en  América sin nombre, nº15 (2010) pp. 7-14.

8 Sobre Maciel de Lorenzana publicó el Diario de León en 27 de septiembre de 2009 un artículo Jesús Paniagua Pérez, dando algunas noticias, pues es de entre los jesuitas que protagonizaron la aventura de las misiones uno de los menos conocidos y de los que se conserva menos información. Véase: http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/maciel-lorenzana_479937.html

Subrayamos pues, que el proyecto misional de los jesuitas está promovido directamente por los poderes públicos del imperio y encargado directamente por el rey Felipe III, y no es, en absoluto, como algunos han pretendido decir, incluia la propia tesis de la película La Misión, un proyecto de los jesuitas como tales. Los jesuitas le darán al proyecto muchos aspectos importantes, pero el proyecto como tal sólo fue posible como proyecto imperial, en el que los jesuitas son agentes necesarios.

Las ordenanzas de Alfaro

El trato a los indígenas que se observará en las Misiones y su organización política y social van a estar determinados en gran medida por las consecuencias derivadas de la intervención del Visitador General de las provincias del Río de la Plata, Tucumán y Paraguay, Francisco Alfaro (Sevilla, 1575-Madrid, ¿?)10. Destinado primeramente en la Audiencia de Panamá, donde ejerció como fiscal en 1594, fue enviado a la Audiencia de Lima, donde el virrey Juan de Mendoza le nombró Visitador General de las provincias del Río de la Plata, Tucumán y Paraguay, para comprobar el trato que daban a los indios en las encomiendas. Inició su visita en 1611. En medio de una importante controversia publicó en Asunción sus conocidas Ordenanzas, el día 11 de octubre (para las cuales contó, al parecer, con la colaboración, entre otros, del jesuita Maciel Lorenzana). En ellas reiteraba la prohibición de tener indios como esclavos y el trato y comercio de indios como esclavos, condenando a quien los comprara o vendiera, tanto si fuera español o mestizo a “seis años de Galeras u otro servicio equivalente”. Algunas de estas ordenanzas, como las que comentamos, fueron incorporadas seis años después a las Leyes de Indias y figuran en la recopilación de 1681. También prohibía que los españoles, negros o mestizos, vivieran en los pueblos de indios y que los daños causados a los indios por los encomenderos, o sus esclavos, hijos, criados o huéspedes, fueran pagados por sus amos y proponía la creación de pueblos indígenas regidos por un alcalde de la misma etnia, siguiendo las tesis de Álvarez de Toledo. Alfaro fue posteriormente nombrado miembro del Consejo de Indias. En la película de La Misión, por ejemplo, el personaje principal también es un visitador, pero como se puede

9 El papel de Hernandarias y la aprobación de Felipe III y el Papa ponen de manifiesto, como no podía ser de otro modo, que las Misiones del Paraguay corresponden a un proyecto político, encomendado por la Corona española, de la cual dependían directamente como se verá, y no fueron nunca, como pretende, por ejemplo, la película de  La Misión, una iniciativa voluntaria e independiente de los jesuitas en absoluto, o del Papa.

10 Véase la web: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=alfaro-francisco-jurisconsulto

apreciar, no tiene absolutamente nada que ver, entre otras cosas porque Alfaro es un jurista español, y no un enviado papal.

El Solón del Perú y el Plinio de América

Los jesuitas que, como el padre Maciel o Montoya, procedían de Lima, pusieron en marcha un proyecto que ya había sido probado con éxito anteriormente, y que también es digno de ser recordado. Pero para hablar de este asunto debemos referirnos a la figura del virrey de Perú, Álvarez de Toledo, también conocido como el Solón del Perú, según el jurista limeño Antonio de León Pinelo -y no por casualidad; y su particular relación, digna de ser contada en alguna película que nunca se hará, con el gran científico jesuita José de Acosta, tampoco por casualidad apodado “el Plinio de América”, según comenta el padre Feijóo.

En efecto, ya en la segunda mitad del siglo XVI se había planteado la necesidad de fundar una especie de república de indios amparada por las Leyes de Indias11. Carlos V había enviado a Perú como quinto virrey a Francisco Álvarez de Toledo (Oropesa 15 de julio de 1515-Escalona, 21 de abril de 1582), que ocupó dicho cargo desde el 30 de noviembre de 1569 hasta el primero de mayo de 1581. (Hay que tener en cuenta que el virreinato de Perú recogía en su territorio prácticamente toda Sudamérica, salvo casi todo el territorio de Venezuela, y la parte correspondiente de Brasil.) Durante 5 años, desde 1570 hasta 1575 este virrey, siguiendo las recomendaciones del rey Carlos V, recorrió 8.000 kilómetros por los territorios del Virreinato, acompañado del cosmógrafo e historiador Pedro Sarmiento de Gamboa, el naturalista Tomás Vásquez, el licenciado Juan Polo de Ondegardo y Juan de Matienzo, así como José Acosta, el insigne naturalista jesuita. En dicho viaje promovió la creación de reducciones de indios, y la institución de cabildos de indios para su autogobierno, trató de incorporar muchas de las instituciones del período incaico y exigió que los encomenderos cumplieran con sus compromisos con los indígenas, esto es, su cuidado, catequización y la construcción de escuelas y hospitales. Dejó en el virreinato un marco jurídico estable que permaneció inalterable más de doscientos años. En 1573 promulgó las “Ordenanzas del Perú para un buen gobierno”, conocidas también como las Ordenanzas de Toledo, redactadas por los juristas Juan de Matienzo y Juan Polo de Ondegardo, que reglamentaban toda la vida del virreinato: ciudades, cabildos, impuestos, administración de justicia, trabajo agrícola, minería y defensa. Se dice que para regular incluso la vida privada de los indios,

11 En el libro de María Elvira Roca Barea,  Imperiofobia y Leyenda negra, pág. 330 se hace referencia a el Decreto Indiano de 1538 ratificado en 1549 que implantaba las repúblicas de indios, un régimen de autonomía que prohibía intervenir tanto a las autoridades eclesiásticas como civiles en estas repúblicas, cuyas leyes internas e instituciones se respetan.

“Toledo se cuidó de recoger de la boca de los ancianos sobrevivientes de la época prehispánica informes acerca del régimen gubernativo imperante bajo el dominio de los Incas, noticias que a su vez fueron sistematizadas en forma de una historia por el cronista Sarmiento de Gamboa”.

En cuanto a la ordenación de la demografía, aplicó una política de concentración de la población indígena en lugares estratégicos del territorio. Obligó a los indios a vivir en reducciones, poblaciones de aborígenes con plaza mayor, iglesia, cabildo y solares propios. Esta práctica había comenzado ya unos años atrás, pero Álvarez de Toledo llegó a crear una auténtica “República de indios”, en reducciones de unas 400 familias, con instituciones propias y apoyadas por los caciques o “curacas”, además de universidades, imprentas, el respeto a los idiomas locales, la fundación de hospitales y de ciudades. En medio de todo esto, los jesuitas, con José Acosta, organizaron una primera misión en el Perú en la que se encuentra en germen el modelo que después se aplicó en las misiones del Paraguay y la Chiquitanía, también probablemente la Orinoquia. Nos referimos a la ciudad de Juli, un enclave a orillas del lago Titicaca, en territorio actualmente del Perú, que recibió en 1660 el título de la “Roma de América”, por la grandeza de sus iglesias, donde vivió también bastante tiempo el propio José Acosta.

La reducción de Juli fue fundada en 1576. Según Manuel Revuelta González12 los jesuitas del Perú se decidieron a ocuparse prioritariamente de los indios a instancias, precisamente, de José Acosta, que publicó un libro al efecto, titulado De procuranda indorum salute, de gran influencia en lo que se refiere a la cristianización de los indios. Como se sabe, José Acosta es el autor también de un libro de importancia capital, La historia natural y moral de las Indias, publicado en 1590, en el que además de la descripción etnográfica crítica, el estudio de la historia natural de América, encontramos propuestas teóricas sorprendentes, por ejemplo, metodológicamente ya manifiesta una necesidad de remontar la autoridad aristotélica en asuntos naturales, o sus tesis acerca del origen de los habitantes de América, procedentes, según él, de Asia, especulando la idea de que hayan podido pasar a América por los hielos del norte, o sus comentarios acerca de las especies nuevas de América, que le inducen a considerar la posibilidad de transformaciones en la creación divina, apuntando a la teoría de la evolución. El libro de José Acosta fue traducido y muy leído en Europa y, de hecho, Alexander Humboldt lo tomó como referencia en su viaje por América. Hasta el punto de que la hoy llamada corriente Humboldt fue verdaderamente descubierta y descrita por José Acosta, donde Humboldt lo conoció. Pero hasta este punto

12 Manuel Revuelta González, “Los jesuitas en América. Utopía y realidad en las reducciones del Paraguay”, (Conferencia en Forum Deusto, 21 de Febrero de 2006). En este enlace

llega la hispanofobia en América. Al tiempo que su propia obra se convirtió en modelo para el viaje de Darwin en el Beagle. De modo que la fauna y la flora americana producen un contraste tal que permiten la especulación acerca del origen y transformación de las especies, actuando en la Historia Natural como un contexto determinante de la nueva Biología evolucionista tal y como la dejó establecida Darwin, porque América trastoca la visión unitaria y lineal de la historia natural. . No podemos olvidar, además de José Acosta (1540-1600), los trabajos de autores como Félix de Azara (1742-1821), los de José Quiroga (1706-1784), Antonio de Ulloa (1716-1795), o el manuscrito del naturalista jesuita José Sánchez Labrador (1717-1798) El Paraguay ilustrado, que sin duda influyen en Humboldt y en Darwin.

Ya hemos mencionado que el viaje de Darwin en el Beagle incluía la presencia de tres de los cuatro fueguinos que en un viaje anterior Fitz-Roy había secuestrado y trasladado a Inglaterra con el fin de prepararlos para fundar una colonia inglesa en Tierra de Fuego. Este proyecto que se inicia con el viaje de Darwin será un fracaso estrepitoso pero de él procede que hoy las Malvinas sean inglesas y no argentinas, como se puede conocer de modo magistral en la obra de Richard Lee Marks, Tres hombres a bordo del Beagle publicada en 1991.

Lorenzana, Montoya y Diego de Torres Bollo

Precisamente desde Perú llegaron a Asunción los jesuitas que hemos mencionado anteriormente, Montoya y Lorenzana. Maciel Lorenzana había arribado a América en la expedición del P. Diego de Zúñiga, y llegó a Lima en 1592, mientras que Antonio Ruíz de Montoya era oriundo de Lima, donde nació en 1585. Hernandarias había escrito al rey advirtiéndole que era imposible someter por las armas a los ciento cincuenta mil indios del Guairá, a lo que el rey Felipe III le escribe, según consta en el Archivo de Indias: “Y acerca de esto ha parecido advertiros, que aun cuando hubiere fuerzas bastantes para conquistar dichos indios, no se ha de hacer sino con la sola doctrina y predicación del Santo Evangelio, valiéndoos de los Religiosos (de la Compañía de Jesús) que han ido a este efecto”13. Según esto Hernandarias solicitó en 1609 al Padre Provincial residente en Asunción, el P. Diego de Torres, que destinase misioneros para los indios, tanto del Guairá, como del Paraná, y los Guaycurúes, enviando dos para cada región.

Diego de Torres Bollo (Villalpando, 1551-Sucre, 1638) fue el primer Provincial de la provincia del Paraguay, una provincia que había sido creada en 1604, independiente de las de Perú y Brasil, y constituida por las regiones del Rio de la Plata y Chile. El zamorano Diego de Torres Bollo había sido anteriormente durante años Superior de la misión de Juli que

13 Pablo Hernández, pág. 7.

antes mencionamos, y mantenía una postura decidida contra los abusos de las encomiendas y a favor de las nuevas leyes de Indias promulgadas por Carlos V que pretendían, entre otras cosas, la abolición irreversible del sistema de las encomiendas. Sus primeras medidas en las misiones de la provincia del Paraguay consistieron en liberar a los indígenas que la Compañía tenía asignados, y garantizar unas condiciones de autonomía de las misiones que habían de fundarse, manteniéndolas aisladas del resto de la sociedad colonial, con el fin de establecer un nuevo orden social cristiano, sobre la idea utópica de un reino de Dios en la tierra14, o como advertíamos hablando de Alvarez de Toledo, una república de indios. Susana Frías, en un artículo dedicado a Diego de Torres, “La dignidad del indígena en los escritos de Diego de Torres” (Anuario del CEH, nº 2-3, 2002-2003), señala que estos ideales acerca de la dignidad humana están fijados en el Concilio de Trento: La voluntad libre del hombre que subraya la idea de responsabilidad como artífice de su destino, frente a las tesis protestantes y jansenistas según las cuales la naturaleza humana es esencialmente corrupta. Hay que tener en cuenta que veinte años después del Concilio de Trento fue cuando estuvo destinado en Juli, entre 1581 y 1586. Y ya como procurador de la provincia jesuítica del Perú viajó a Europa de 1601 a 1604. En 1603 hizo el primer escrito (en Valladolid) denunciando la situación de los indios. Cuando en 1607 fue nombrado provincial de Paraguay fundó el Colegio de Córdoba que luego se convertiría en Universidad, y estableció contacto y cooperación con el oidor Francisco de Alfaro, enviado por la Audiencia de Chacras en 1611 para inspeccionar el estado de los indios en Paraguay, y cuyas ordenanzas hemos ya mencionado aquí. Este proyecto político de Alfaro se fraguó en colaboración con Diego de Torres, con el cual visitó Asunción precisamente.

En el Paraná, la primera misión fundada por los jesuitas fue la de San Ignacio-Guazú, que lo fue por el padre Maciel de Lorenzana, junto con el P. Francisco de San Martín el 29 de diciembre de 1609. Algunos dicen que en esta misión se inventó el fútbol, y así lo recoge José Peramás, por ejemplo, en su magnífico relato sobre las misiones15, aunque algunos lo han visto nacer ya entre los griegos, a juzgar por algunas representaciones. Maciel de Lorenzana sería sustituido en 1611 por el padre Roque González de Santa Cruz, en dicha misión. El P. Roque González fundó diversas reducciones durante los diecisiete años siguientes. Roque murió mártir en 1628 a manos del cacique Ñezu, el hacha con la que lo mataron y su corazón, que no se pudo quemar, están hoy en la capilla de los mártires de Asunción. En ese mismo ataque murieron otros dos misioneros españoles, Alonso Rodríguez de Olmedo y Juan del Castillo.

14 Héctor Sáinz Ollero, “introducción” a José Cardiel,  Las Misiones del Paraguay, ed. Crónicas de América, Madrid 2002; pág. 11.

15 José Peramás,  La república de Platón y los guaraníes, pág. 93.

Los PP. Jose Cataldino y Simón Maceta fueron enviados a la provincia del Guairá, donde comenzaron fundando la misión de Nuestra Señora de Loreto, en el río Paranapanema, y San Ignacio en el río Pirapó, en Julio de 1610, que acogieron a unas cinco mil familias, según refiere Pablo Hernández. A la de San Ignacio fue enviado el Padre Antonio Ruíz de Montoya, para organizarla, llegando a fundar posteriormente hasta once pueblos más entre 1622 y 1629. Montoya sería nombrado posteriormente Superior de estas misiones, y recogió esta aventura en un libro magnífico titulado Conquista espiritual del Paraguay16.

La Anábasis americana

Entonces comenzaron los ataques de las malocas, o mamelucos, los bandeirantes de San Pablo de Brasil, que incursionándose en la selva capturaban indígenas para venderlos como esclavos en San Pablo y otras poblaciones del Brasil, sin contar con los que perecían en los ataques. Los documentos jurídicos de la época hablan de trescientos mil indígenas cautivados o muertos. Entre 1628 y 1630 capturaron más de 60.000 indígenas de las reducciones como atestigua el gobernador D. Pedro Esteban de Ávila en su informe al Rey Felipe IV en carta de 12 de octubre de 1637, según refiere Montoya en su Conquista espiritual del Paraguay17. Se les considera “los verdaderos enemigos y verdugos de la raza indígena”18. Por ello, en 1631 se vieron obligados los jesuitas a retirarse al sur, hacia el actual territorio de la provincia de Rio Grande do Sul en Brasil, en un viaje por la selva con más de 12.000 indígenas, que se bautizó con el título de “la Anábasis americana”.

En el Tapé se reorganizaron nuevas misiones, pero volvieron a incursionar los bandeirantes en 1636, y más adelante en 1638 con gran violencia. Los asaltos al Guayrá, Itatín y al Tapé, obligaron a replegarse hacia el actual Uruguay, perdiendo definitivamente esos territorios a favor de Brasil, por lo que en Brasil honran a los mamelucos como héroes. Sin embargo, el P. Montoya, que había sido enviado a España y a Roma, consiguió que el rey Felipe III concediera permiso de armas a los guaraníes que, de algún modo, se organizaron como milicia, costeándose ellos mismos las armas de fuego para defenderse de los mamelucos, de modo que en 1641 derrotaron de manera estrepitosa a los bandeirantes en Mbororé. En esta batalla se utilizaron cañones de madera de naranjo perforados, y forrados con cuero, que soportaban tres disparos, y que aparecen aproximadamente en la película de La Misión. Los guaraníes se organizaron en las misiones con un perfil que

16 En Internet: https://archive.org/details/conquistaespiri00montgoog

17 Véase Pablo Hernández, pág. 11.

18 Pablo Hernández, pag. 20.

recuerda a los campamentos militares romanos, con plaza de armas incluida. Fueron los únicos indígenas que recibieron permiso de portar armas, y como ejército actuaron al servicio de la Corona española en diversas ocasiones. Su fidelidad a la Corona española, por razones obvias, hizo que los portugueses los acosaran y asediaran apoyándose en grupos indígenas menos gobernables, como en 1701, cuando yarós, mborhanes, munanes y charrúas apoyados por portugueses de la Colonia contra los guaranes “por lo mismo que sabían bien cuán resueltos y poderosos defensores de sus posessiones de América tenía en ellos la Corona española”19.

Pablo Hernández considera que esta fecha de 1641 señala el establecimiento definitivo de las misiones en los parajes que ocuparon hasta la expulsión de los jesuitas. Desgraciadamente, las élites locales de Asunción no apoyaron a los guaraníes como debían. Las Misiones quedaron divididas en dos grupos, el formado por los pueblos cuyas vertientes daban al Paraná y al Paraguay, y el segundo los pueblos cuyas vertientes corrían hacia el Uruguay. En total eran 22 reducciones en aquel entonces. Desde 1687 se añadieron ocho más, formando un total de 30 misiones, que suponían, según diversos cálculos, más de 150.000 indios guaraníes regidos en cada misión por dos padres jesuitas.

La República de Platón: la Tierra sin mal

Lo verdaderamente llamativo de estas misiones fue el régimen según el cual fueron organizadas, un sistema sorprendente que ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones, que dependen en gran medida también de la propia valoración que se hace del Imperio español, y de la institución de la Iglesia católica. La película de La Misión, por ejemplo, pone el énfasis en una exaltación idealista y utópica de las misiones, según la cual, este paraíso en la tierra, admirable y extraordinario, resulta ser la realización de una utopía imposible, porque tiene que darse contra el Imperio español, y contra la propia Iglesia católica. Este enfoque rousseauniano de exaltación de las misiones reconoce al menos ese carácter extraordinario, pero evitando al mismo tiempo atribuir a la Iglesia o al Imperio español ningún papel en el asunto. De hecho, la pirueta es impresionante porque se consigue poner al imperio español y al papado como responsables de su desaparición, al estilo tradicional: la iglesia da su veredicto y el imperio como brazo secular ejecuta el castigo. Esta valoración de las misiones es el resultado de una purificación de las valoraciones que sobre las misiones se han venido haciendo a lo largo de los siglos. La primera reacción, más básica y hoy prácticamente desautorizada es la de los críticos ilustrados franceses o españoles contra las misiones. Las críticas de Bouganville, Voltaire,

19 Pablo Hernández, pag. 22.

Diderot, todas ellas seguramente dadas en el contexto del conflicto del Imperio español con sus enemigos. Esas críticas ilustradas son las que resultan una y otra vez desmontadas por los propios jesuitas que escribieron en defensa de las misiones, como el padre Cardiel, o José Peramás. Sin embargo, fue precisamente la ideología de la ilustración anticatólica y antiespañola la que alimentó la persecución a los jesuitas y la que llevaría a cabo a través del gobierno de los borbones en España el desmantelamiento efectivo de estos proyectos políticos. Estas críticas venían todas ellas a negar la efectividad política, económica y cultural del proyecto de las misiones. Los datos históricos son tan abrumadores que esta posición hoy por hoy carece de cualquier recorrido. No obstante, ya habría cumplido con creces su función histórica. Sin embargo, una vez reconocida la importancia histórica de este proyecto político cabe la posibilidad de aceptar su importancia evitando asociarla causalmente al proyecto imperial español, lo que ha solido hacerse también entre interpretaciones provenientes de la propia Compañía de Jesús, que pretenden desmarcar el proyecto de su contexto histórico. Sin embargo, como hemos visto, no hay manera de desentrañar la historia de las misiones de su papel histórico y político en el contexto del Imperio católico español.

Según Manuel Revueltas González, el acta notarial firmada por Diego de Torres Bollo en Santiago de Chile el día 8 de junio de 1608 en virtud de la cual se decidía otorgar libertad a los indios de servicio de las casas de Santiago de Chile, Tucumán y Paraguay, el reparto de tierras para los indios que servían en los colegios o haciendas de los jesuitas, y un salario en metálico o en especie, sustento para los impedidos y viudas, catequesis para los que trabajaban en los colegios, y en general, libertad para quedarse o irse según su voluntad, puede entenderse como “la carta magna que había de regular la organización social” de las misiones20. Carta que, de algún modo, quedaría confirmada posteriormente con las Ordenanzas de Francisco Alfaro.

José Cardiel, uno de los padres jesuitas que participó en las misiones durante el siglo XVIII ha hecho un magnífico relato de la estructura y funcionamiento de las misiones en cuatro o cinco textos dedicados al tema. De entre ellos, la Breve relación de las misiones del Paraguay escrito ya en el exilio italiano en 1771, constituye, según Héctor Sáinz Ollero “uno de los mejores compendios que sobre la vida en las famosas reducciones jesuíticas de Paraguay se han realizado jamás”21.

20 En Manuel Revueltas González, “Los jesuitas en América. Utopía y realidad en las reducciones el Paraguay”, (Conferencia en Forum Deusto, 21 de febrero de 2006, pág. 8. Apud, M. María Morales,  Los comienzos de las Reducciones de la Provincia del Paraguay, en la relación con el Derecho Indiano y el Instituto de la Compañía de Jesús. Evolución y conflictos, Excerpta ex Dissertatione ad Doctoratum. Univ. Gregoriana, Roma 1995 (publicado también en ARSI 67 (1998), p. 111.

21 Héctor Sainz Ollero, “Introducción” a José Cardiel,  Las Misiones del Paraguay, ed. Dastin, Madrid 2002; pág. 39.

El libro es además de una descripción impresionante del funcionamiento económico y social de las misiones, una defensa de su organización frente a los ataques y vituperios que sufrían. Lo principal de la defensa de José Cardiel no es tanto demostrar su funcionamiento impresionante, cosa que ya nadie discute, sino sobre todo, el hecho de que está organizado al servicio y en función de las necesidades de la Corona, y que su organización es el principal baluarte para la defensa del territorio español frente a los portugueses, y frente a los criollos.

La regulación de la vida de las misiones quedó recogida en dos volúmenes editados en guaraní, siguiendo los planteamientos establecidos en época de José Acosta: el Araporuaguiyeihaba, o “Del recto uso del tiempo”, escrito por Ignacio Insaurralde y José Escandón.

Se trataba, en efecto, de uno de los diversos proyectos utópicos que proliferaron en América en el contexto de la colonización española, sobre la idea alimentada ya desde los primeros tiempos según la cual los indios americanos estaban en disposición natural, por las condiciones materiales de existencia, para permitir poner en marcha en América una nueva forma de sociedad basada en los ideales alcanzados por la humanidad entonces y que en Europa se hacían imposibles debido al secular envilecimiento social. Los ideales utópicos de América dieron lugar a teorías de largo recorrido histórico como la doctrina del Buen salvaje que aunque se atribuye a Rousseau, fue verdaderamente obra del filósofo español Antonio de Guevara que ya la dejó formulada en el siglo XVI. De hecho, América siempre será un lugar privilegiado en la ideación de los paraísos utópicos de la época, desde la Ciudad del sol de Campanella, la Utopía de Tomás Moro, o la Nueva Atlántida de Francis Bacon, hasta, por ejemplo, la novela utópica Erewhon, de Samuel Butler, ya escrita a finales del siglo XIX. Uno de los proyectos utópicos más sobresalientes en América fue precisamente el de los pueblos-hospitales de Santa Fe, puesto en marcha por Vasco de Quiroga (1470-1565), nacido en Madrigal de las Altas Torres, en Michoacán, México, tomando como referencia el libro de Tomás Moro, Utopía. Enviado como oidor de la Audiencia de México en 1532 y obispo de la diócesis de Michoacán por Carlos V en 1537.

Pero sin duda el proyecto más extraordinario por el volumen de población que albergó, como por el alcance transformador y político del modelo social es el de las Misiones del Paraguay. Del mismo modo que el de Vasco de Quiroga estaba inspirado en la Utopía de Tomás Moro, según él mismo reconoce, las Misiones del Paraguay tuvieron un modelo teórico sorprendente, al menos tal y como uno de los jesuitas que participó en aquel proyecto, en su etapa final, así lo indica. Me refiero al español José Peramás (1732-173), natural de Mataró, que estuvo en Paraguay entre los años 1755 y 1767. Precisamente el día 12 de julio se vio obligado a abandonar América y se refugió en Italia

como otros muchos jesuitas. Peramás escribió un sorprendente e impresionante libro en el que abunda en muchos de los detalles descritos por José Cardiel, pero abundando en una idea muy interesante y que remite a los propios orígenes de la Compañía de Jesús y particularmente a la figura de Francisco Suárez. José Peramás escribió un libro titulado así: La república de Platón y los guaraníes22, en donde defiende la idea de que efectivamente la conformación y estructura de las misiones guaraníticas se realizó tomando como referencia la propia teoría filosófica de la República de Platón y de Las leyes, pero, dice, incluso eliminando del proyecto aquellas cosas que a ojos de un cristiano resultan de todo punto absurdas, como por ejemplo, la crianza común de los niños, o la eliminación de las familias: “El ingenio portentoso de Platón, engañado por aquel difundido proverbio griego de que “todo en común entre los amigos, desbarró por completo en los libros de la República al pretender que las mujeres y los hijos fuesen comunes”. Lo cierto es que, en efecto, como él mismo dice al principio de su libro, las misiones alcanzaron un grado de perfección social que resultaba de todo punto absurdo pretender que los ideales ilustrados tan en boga pudieran verdaderamente aportar algo para mejorar ese paraíso llamado también “La tierra sin mal”. Peramás los llama “rebaño epicúreo de filósofos dementes”. Y en efecto, como veremos, los ideales ilustrados solo sirvieron para destruir las misiones, el propio imperio español y la dignidad de la vida de los indios.

Peramás describe cómo se organizaba la educación de los niños, lectura, escritura, talleres y artesanías, música, danza, etc. Apunta la idea que recoge José Cardiel y que procede de la época de la “Anábasis” americana de Mendoza, según la cual los guaraníes de las Misiones tenían derecho de armas, y estaban organizados como milicia, así de hecho parecen los planos de las misiones, todos iguales, como un campamento militar, con plaza, iglesia, talleres, matadero, almacenes, etc., y las casas en manzanas distribuidas en damero dentro de las murallas con forma rectangular: “No había entre ellos –dice- un solo soldado profesional. Sin embargo, llegado el caso, todos estaban en condiciones de actuar como soldados. En esto seguían el consejo de Platón, el cual, deseaba que todos los ciudadanos, incluso las mujeres, estuviesen debidamente adiestrados para el posible caso de una guerra forzosa”23. Los guaraníes en armas frenaron a los bandeirantes portugueses y defendieron las fronteras del imperio español, lucharon en varias ocasiones contra los portugueses y redujeron motines provocados por los criollos enriquecidos de Asunción que no querían acatar las leyes

22 Este texto era la primera parte de una obra titulada  De vita et moribus tredecim virorum paraguaycorum, que estaba terminando al morir en Faenza, donde está actualmente enterrado en la iglesia de los Jesuitas. Ocupaba las 162 primeras páginas de este libro. Publicada en emecé editores, Buenos Aires 1946. No nos consta una edición española. (Agradezco a la Biblioteca de la Universidad de Oviedo el acceso a esta magnífica obra.)

23 Op. cit., pág. 94.

de Indias y pretendían practicar el tráfico de esclavos y acabar con las misiones puesto que aventajaban a sus encomiendas en calidad y cantidad de producción. Precisamente los guaraníes se convirtieron en los principales defensores de la Corona española en Paraguay y su abandono insensato por parte de Carlos III daría lugar con el tiempo a que cuando se produjeron los primeros motines contra España no hubiera quien los parara. De hecho, la guerra la hacían los guaraníes a requerimiento del representante de la corona pero a sus expensas, lo que llevó a Felipe V a eximirlos de impuestos.

Explica también el régimen económico que califica como Teocracia: “¿qué pueden lucrar los extranjeros en una ciudad en que no es posible la acumulación de riquezas?” (p. 136), se preguntaba. En efecto, los indígenas se distribuían por familias en casas, y estas se agrupaban en torno a los caciques. Tenían pequeños terrenos privados pero el resto eran tierras comunales que trabajaban en común, con producción organizada de mate, algodón, tabaco, maíz y otros productos, comerciaban entre las misiones (y se socorrían unas a otras en caso de escasez o inclemencias del tiempo) y criaban ingentes cantidades de cabezas de ganado que se daban muy bien en esas tierras, a donde habían sido llevados por las primeras expediciones de españoles. Aun hoy es proverbial la ingesta de carne en esas tierras. De hecho, una de las cosas en las que insiste tanto Peramás, como Cardiel, es que prácticamente todos los días se comía carne. Se sacrificaban reses y se repartía en lotes la carne para todas las familias, etc. Se describen también los ceremoniales y la organización sacralizada de la vida alrededor de la iglesia y sus rituales y fiestas. Las familias recibían también una proporción de algodón para fabricar sus ropas y entregaban algodón hilado para el común que después era repartido. Se realizaban obras públicas como las impresionantes iglesias que aún quedan en pie o arruinadas, y los trabajos y oficios artesanales eran públicos y pagados por asignación del común. Hubo observatorios astronómicos, talleres de instrumentos musicales, y un desarrollo cultural inusitado sobre la base de un modelo social verdaderamente vanguardista para la época. Al parecer, en cada pueblo había 30 músicos, oficios y talleres de carpinteros, herreros, escultores, albañiles, pintores, torneros, agricultores y médicos que cobraban del erario público como servidores de la comunidad y existía un sistema de aprendices. Las misiones procuraron conservar el idioma de los guaraníes, de hecho la primera imprenta de las misiones publicó un diccionario de español guaraní realizado por Mendoza, y cuidaron también la enseñanza del español. El jesuita que dirigía la misión era el encargado de coordinar todas las tareas, en colaboración con los caciques.

Cuando llegó el tiempo de su expulsión, había 457 jesuitas, 81 de los cuales eran naturales americanos, tenían sesenta domicilios y 14 colegios. De los jesuitas, dijo el conocido historiador francés Guillermo

Tomás Francisco Raynal (1713-1796), ex-jesuita y enciclopedista, lo siguiente: “Cuando en 1768 salieron las misiones de sus manos habían llegado estas al grado máximo de civilización a que quizás puedan ser conducidas las naciones nuevas; y ciertamente superior a todo cuanto existía en el resto del nuevo hemisferio. Allí se observaban Las leyes. Reinaba una exacta policía. Las costumbres eran puras. Una dichosa fraternidad unía los corazones. Todas las artes necesarias para la vida se habían allí perfeccionado; y eran conocidas algunas de las de adorno. La abundancia era universal y nada faltaba en los depósitos públicos. El número de ganado vacuno subía a 769.353; el de las mulas y caballos a 91.963; el de las ovejas, a 221.537; sin contar alguns otros animales domésticos.”24 Y Carlos R. Gallardo dice, en relación con el fin de las misiones lo siguiente: “Es tan exacto que los jesuitas implantaron el sistema de administración que aquellas reducciones exigían, que tan pronto como las autoridades civiles reales se hicieron cargo de esos pueblos, comenzó su desorganización primero y luego su aniquilamiento. Se abandonó la agricultura, desaparecieron las industrias, los indios volvieron a los bosques prefiriendo vivir en las selvas, como sus antepasados, que estar sujetos a las arbitrariedades y exacciones de los mandatarios españoles que sólo pensaban en enriquecerse a costa de los desgraciados indígenas. Tal fue la furia cleptómana de los nuevos mandatarios, que en dos años se deshizo la labor maravillosa de dos centurias de pacientísima labor civilizadora.”25 Los jesuitas aparecen así como agentes privilegiados del proyecto de globalización católica encarnado en el imperio español, y enemigos declarados del modelo capitalista liberal de estirpe protestante que invadía todo.

El neoliberalismo radical de Bucarelli y el fin de las misiones

El fin de las misiones comenzó con la expulsión de los jesuitas, de 1768, a consecuencia del Motín de Esquilache de 1766, que dio lugar a la pragmática sanción de 1767 firmada por Carlos III en 27 de febrero, y en virtud de la cual fueron expulsados de España seis mil jesuitas. Así dice Guillermo Furlong: “La supresión de la Compañía de Jesús en los países dependientes de las cortes borbónicas y la extinción total de la misma en el mundo católico fue obra –como es bien sabido- de los ministros enciclopedistas y de las logias masónicas. Pombal en Portugal, Choiseul y la Pompadour en Francia, Moñino Aranda y Campomanes en España, y Tanucci en Nápoles fueron los principales instigadores de esta magna injusticia que había de priva a la Iglesia de sus más ilustres soldados y all a humanidad de una falange numerosa de héroes, de santos y de

24 Citado en Peramás, Op. cit., pág. 184.

25  Ibidem.

sabios.”26 Para ello había sido enviado a América como nuevo gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula y Bucarelli (1708-1780), que da nombre al proyecto “neoliberal” que destruye definitivamente las misiones, abriendo el camino a los proyectos de independencia de estos territorios.

El llamado Plan Bucarelli supuso la decadencia absoluta de las misiones que durante años comenzaron a perder población a ojos vista, riqueza, y poderío económico. Bucarelli prometió reparto de las propiedades pero no lo hubo, y prácticamente redujo a los indígenas a la condición de esclavos que tenían que mantener a los nuevos funcionarios enviados para la gestión de las misiones. Propuso civilizarlos bajo tres fundamentos: el idioma castellano, el cultivo de tierras y el comercio. Pero el comercio libre lo que hizo fue que los indios fueran presa de la codicia de los comerciantes, que acuciándoles mataron sus reses, abandonaron sus campos y eliminaron las reservas productivas que les mantenían. La demanda de curso, grasas, sebo, a cambio de alcohol hizo el resto. Secuestro de niños, etc.

La adulación se basó, tal y como lo resume Pablo Hernández, en estos argumentos: que antes eran esclavos y los jesuitas les quitaban todo lo que era común; que los bienes incluidos los comunes eran de cada uno y particularmente de los caciques. Que ya no eran esclavos, y que caciques y cacicas eran nobles hidalgos de Castilla. Los nuevos administradores corruptos hicieron el resto. Es curioso porque Bucarelli pintó el régimen de la compañía de Jesús como un comunismo que hacía esclavos a los indios porque todo lo trabajaban para la comunidad, aunque él decía que iba todo para los jesuitas. Ahora, con Bucarelli cada pueblo debía sustentar a viajeros, jefes, administradores, burócratas y se convirtieron como algunos han dicho en “un vivero de esclavos”.

En 1801 Portugal ocupa los antiguos siete pueblos de la guerra guaranítica de 1750. En 1810-11 con la independencia de Argentina, 10 misiones quedan en territorio argentino, y 13 en Paraguay. Y con la guerra contra Portugal, y Uruguay por las fronteras, todo queda más o menos arrasado.

Resumiendo, podemos decir que si en 1768 había una población de unos cien mil indios, en 1772 ha se había reducido a ochenta mil. Trece años después, en 1785, había bajado a setenta mil, y en 1800 había cuarenta mil indios. Portugal entonces se anexiona los siete pueblos en litigio que argumentan la película de La Misión, con una población de catorce mil indios, quedando en 1814 en Argentina y Paraguay unos veintiún mil indios, mientras que la población de las siete misiones de Portugal albergaba ya solamente siete mil indígenas. En 1848 podemos cifrar ya el fin de las misiones.

26  Ibidem.

Es evidente que el modelo capitalista liberal racionalista ilustrado que implantó en el territorio de las misiones el plan Bucarelli arrasó con el proyecto, no hubo reparto de tierras, sino apropiación capitalista típica, se redujo a los guaraníes al trabajo semi-esclavo y se acabó con el orden social alcanzado en todas sus dimensiones.

Curiosamente, tal y como ocurre en la actualidad con el dominio del pensamiento único, también Bucarelli representó las misiones como un comunismo que convertía a los indios en esclavos, porque todos trabajaban para la comunidad. Con su plan, cada pueblo debía sustentar a los viajeros, jefes, burócratas y administradores, y se convirtieron las misiones en viveros de esclavos.

El Derecho Natural, un concepto metafísico, según la tesis de Gustavo Bueno.

youtu.be/c0bv3BRdmvY

Materialismo Filosófico: Una teoría del Arte, como parte del sistema.

NOTA tomada del sitio de youtube fgbuenotv:

Lección en la Escuela de Filosofía de Oviedo. 18 de noviembre de 2019 http://fgbueno.es/act/efo202.htm

Gustavo Bueno. Busto a la derecha de la imagen. Siguiendo la saga de Sócrates, Platón, Aristóteles.Hasta llegar a la Teoría del Cierre Categorial y al sistema del Materialismo Filosófico

El nervio dialéctico que precisa todo discurso filosófico se abre paso en la filosofía del arte que aquí proponemos de manera contundente contra dos frentes: el primero de ellos se ha estado desarrollando durante varios años en trabajos, supuestamente, cercanos al materialismo filosófico y que tratan de reducir la idea de arte exclusivamente (o, al menos, principalmente) al espacio gnoseológico desarrollado en la Teoría del cierre categorial; y el segundo frente lo conforman aquellas afirmaciones que tildan al materialismo filosófico como un sistema carente de fundamentos para tratar los campos artísticos por no poseer una teoría estética sólida desde la cual puedan conformarse diversos análisis al respecto. Así pues, la lección dará comienzo con la clarificación de la idea de Arte, así como con la imprescindible distinción entre “filosofía del arte” y “estética” a partir del análisis de diversos textos de Gustavo Bueno, para, posteriormente, tratar la racionalidad del arte desde el materialismo filosófico en su plano ontológico, gnoseológico y, sobre todo, noetológico (un plano esencial del sistema que ha pasado desapercibido para aquellas teorías o concepciones contra las que nos dirigimos). La segunda parte de la lección se basará en el análisis de la idea de sustancialismo actualista, así como en la crítica de algunas tentativas filosóficas que, pese a intentar liberarse del reduccionismo estético, no desarrollan de manera potente una ontología sobre la filosofía del arte, para, finalmente, y apoyándonos siempre en la doctrina de Bueno, exponer una tabla de clasificación de las artes análoga a la tabla de clasificación de las ciencias. Todo ello, asentará los cimientos de una tesis general que fundamentará la solidez del materialismo filosófico para abordar la clarificación y distinción de una idea tan compleja, oscura y confusa como lo es la idea de Arte. Vicente Chuliá (1984), director de orquesta, compositor y filósofo de la música, es autor del Manual de Filosofía de la Música, y director de la «Escuela hispánica de Dirección de Orquesta», fundada desde las coordenadas del materialismo filosófico de Gustavo Bueno.

Teoría literaria del Hispanismo, contra las presuntas teorías literarias anglosajonas.

Conferencia del profesor Jesús González Maestro, con motivo de un congreso universitario en Perú, sobre asuntos de la Lengua Española y el Hispanismo ( 11 de noviembre de 2019 )

ENLACE A LA BITACORA (BLOG) DEL PROFESOR JESUS G MAESTRO http://jesusgmaestro.weebly.com/

La Crítica de la Razón Literaria y el Materialismo Filosófico como armas para defendernos del nihilismo pánfilo de estos tiempos pos modernos decadentes

Capítulo 6: Análisis de ‘La más bella niña’ y ‘Amarrado a un duro banco’, de Luis de Góngora. Lecturas de Selectividad. Aula de Literatura, de Ramón de Rubinat. Aplicaciones prácticas de la Crítica de la Razón literaria, de Jesús G. Maestro

NOTA DE INTROFILOSOFIA: Consideramos que el análisis de estos dos versos de Luis de Góngora, desde las coordenadas donde se sitúa el profesor de Literatura Comparada y de Teoría de la Literatura, Ramón de Rubinat, resulta de enorme relevancia para el tiempo presente, año 2019 dC., sobre todo si estos análisis se llevan a cabo en una zona geográfica de lo que aquí, siguiendo propuestas de Gustavo Bueno, se denomina “La Europa sublime”. Dado el auge del islamismo prácticamente a lo ancho de toda Europa,es obligado razonar sobre este hecho, no por una cuestión o asunto de intelectuales, filósofos o historiadores, politólogos , etc. Sino que se trata de una cuestión de puro y simple CONATUS; (en el sentido del filósofo de origen sefardí, Espinosa) :Conatus, es, resumiendo

El conatus es, en y por sus efectos, un esfuerzo en acto, una potencia activa de afirmación y resistencia de una cosa frente a cualquier otra cosa externa que pudiere vulnerar su perseverancia indefinida. Es el apetito de afirmación y resistencia inmanente que juega en la relación de potencias. En este sentido, el esfuerzo de perseverancia de la cosa está siempre en conformidad con los afectos que expresan su grado de potencia y, además, la determinan.


29 de julio de 2019 por Ramon de Rubinat

AUTOR: Ramón de Rubinat

En este capítulo analizamos los dos poemas de Góngora que entrarán en las Pruebas de Acceso a la Universidad 2019-2020.

La cuestión sobre la que más incidiremos es el trato que en ellos se hace de la guerra contra el Islam, concretamente -y a partir de Gustavo Bueno-, veremos que esta guerra fue la garante de nuestra libertad, ¡de nuestra libertad de entonces y de nuestra libertad de hoy!, que sobre la victoria cristiana sobre el turco (batalla de Lepanto) descansa la Europa de los Derechos Humanos, el aconfesionalismo, la economía de mercado y todas las libertades con que tanto nos llenamos la boca. 

¿Alguien que haya viajado a la Europa sublime (Dinamarca, Alemania, Bélgica, Francia…) puede negar que en muchas partes de estos territorios ya rige la Sharía, la ley islámica? Léanse estos dos poemas. Y que no se engañe nadie: aquí no se está haciendo apostolado de ninguna idea, no hace falta profesar ninguna fe para entender lo que aquí se cuenta y admirar su dimensión, su trascendencia histórica. Pasee quien lo dude por ciertas calles de Dinamarca, Alemania, Bélgica o Francia… 

A partir de la idea aristotélica de que la paz es el resultado de la guerra, contrastaremos estos dos poemas con unos versos del grupo musical El último de la fila que profesan un irenismo muy posmodernamente papanatas

Y para indicar la vigencia de este conflicto nos remitiremos, también, a la novela Sumisión, de Michel Houellebecq, puesto que en ella se narra la llegada de los Hermanos Musulmanes al gobierno de Francia y cómo vive este cambio el típico intelectual francés, en concreto: el profesor universitario de Letras.

LA MAS BELLA NIÑA (GÓNGORA)

La más bella niña 
De nuestro lugar, 
Hoy viuda y sola 
Y ayer por casar, 
Viendo que sus ojos 
A la guerra van, 
A su madre dice, 
Que escucha su mal:
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


Pues me disteis, madre, 
En tan tierna edad 
Tan corto el placer, 
Tan largo el pesar, 
Y me cautivasteis 
De quien hoy se va 
Y lleva las llaves 
De mi libertad,
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


En llorar conviertan 
Mis ojos, de hoy más, 
El sabroso oficio 
Del dulce mirar, 
Pues que no se pueden 
Mejor ocupar, 
Yéndose a la guerra 
Quien era mi paz,
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


No me pongáis freno 
Ni queráis culpar, 
Que lo uno es justo, 
Lo otro por demás. 
Si me queréis bien, 
No me hagáis mal; 
Harto peor fuera 
Morir y callar,
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


Dulce madre mía, 
¿Quién no llorará, 
Aunque tenga el pecho 
Como un pedernal, 
Y no dará voces 
Viendo marchitar 
Los más verdes años 
De mi mocedad?
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


Váyanse las noches, 
Pues ido se han 
Los ojos que hacían 
Los míos velar; 
Váyanse, y no vean 
Tanta soledad, 
Después que en mi lecho 
Sobra la mitad.
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

AMARRADO AL DURO BANCO (GÓNGORA)

Amarrado al duro banco 
de una galera turquesca, 
ambas manos en el remo 
y ambos ojos en la tierra, 

un forzado de Dragut 
en la playa de Marbella 
se quejaba al ronco son 
del remo y de la cadena: 

¡Oh sagrado mar de España, 
famosa playa serena, 
teatro donde se han hecho 
cien mil navales tragedias!, 

pues eres tú el mismo mar 
que con tus crecientes besas 
las murallas de mi patria, 
coronadas y soberbias, 

tráeme nuevas de mi esposa, 
y dime si han sido ciertas 
las lágrimas y suspiros 
que me dice por sus letras; 

porque si es verdad que llora 
mi captiverio en tu arena, 
bien puedes al mar del Sur 
vencer en lucientes perlas. 

Dame ya, sagrado mar, 
a mis demandas respuesta, 
que bien puedes, si es verdad 
que las aguas tienen lengua, 

«pero, pues no me respondes, 
sin duda alguna que es muerta, 
aunque no lo debe ser, 
pues que vivo yo en su ausencia. 

¡Pues he vivido diez años 
sin libertad y sin ella, 
siempre al remo condenado 
a nadie matarán penas!» 

En esto se descubrieron 
de la Religión seis velas, 
y el cómitre mandó usar 
al forzado de su fuerza.

QUERIDA MILAGROS ( DE EL ÚLTIMO DE LA FILA )

...por ahora la suerte me ha sonreído;
necesito verte, aquí no hay amigos;
no estaría de más que alguien me explicara,
qué tiene esto que ver contigo y conmigo.

Querida Milagros, queda tanto por vivir.
sería absurdo dejarse la piel aquí...

PARA ESCUCHAR EL COMENTARIO Y LA CRITICA DE RUBINAT, HAY QUE ENTRAR EN EL ENLACE Y PINCHAR EN DONDE APARECE EL AUDIO DE LA MISMA , DESPUES DE LOS TEXTOS ESCRITOS: https://www.auladeliteratura.com/2019/07/29/gongora-selectividad/


SUGERIMOS, (INTROFILOSOFIA) LA LECTURA DE ESTA ENTREVISTA A HOULLEBECQ, SOBRE EL LIBRO TITULADO SUMISIÓN:

FUENTE : https://elpais.com/cultura/2015/04/23/babelia/1429802066_046042.html

EL PAÍS EN PORTADA

Michel Houellebecq: “La élite está asesinando a Francia”

El autor dispara su munición contra lo que considera el silencio de los hombres, contra las clases dirigentes y la pérdida de libertades. ‘Sumisión’ retrata una Francia al borde de la guerra

AUTOR DE LA ENTREVISTA GONZALO GARCÉS 23 ABR 2015 – 17:14 CEST

Michel Houellebecq: “La élite está asesinando a Francia”

Michel Houellebecq tiene escolta oficial. Después del atentado contra Charlie Hebdo el pasado 7 de enero, el Gobierno francés prefiere no arriesgarse: como otras personalidades locales, el autor de Plataforma va ahora a todas partes flanqueado por dos policías de civil. Bromea con ellos y parece cómodo con la situación. Aunque no deja de resultar algo irreal entrevistarlo en esta brasserie de Saint-Germain, bebiendo vino blanco, mientras Houellebecq (Saint Pierre, Isla Reunión, 1958) habla con entusiasmo de los cuentos de Borges y sus custodios echan discretos vistazos a los edificios cercanos en busca de francotiradores.

Parece una escena de una mala película, pero es sólo uno más en la sucesión de malentendidos que han rodeado la publicación de Sumisión (Anagrama). En la actualidad, Houellebecq es tan importante en su país que el primer ministro habla de su nuevo libro como si fuera un asunto de Estado; un efecto colateral es que nadie lo toma como una novela. Se lo compara con El suicidio francés, de Éric Zemmour, o El gran reemplazo, de Renaud Camus, best sellers estridentes que machacan dos ideas obsesivas: el Occidente judeocristiano está en retirada, los bárbaros musulmanes se aprestan a tomar el poder. PUBLICIDADinRead invented by Teads

No se trata de negar la dimensión social de Sumisión, que pinta una Francia al borde de la guerra civil. En esta fábula política el conflicto se resuelve con el triunfo electoral de Mohammed Ben Abbes, candidato de la imaginaria Fraternidad Musulmana, y la conversión de Francia en Estado islámico, pero el libro está lejos de presentar el hecho como un desastre. Al contrario: para el protagonista, solitario profesor experto en el escritor decadente Joris-Karl Huysmans, lo urgente es encontrar una fe. “¿Cuánto tiempo puede una sociedad subsistir sin una religión cualquiera?”, se leía ya en Las partículas elementales (1998). Ahora el adjetivo “cualquiera” resulta sugerente: si ya no es posible ser cristiano, ¿por qué no abrazar otra religión más vigorosa?

PREGUNTA. Sumisión es una sorpresa para sus lectores. Aunque la inquietud religiosa aparece en todo lo que ha escrito, es la primera vez que describe a un personaje que busca una fe y que, además, la encuentra. ¿Cómo se le ocurrió esta historia?

RESPUESTA. Jugó un papel el hecho de que mi protagonista, François, sea un profesor experto en Huysmans; en su obra, esa búsqueda que menciona juega un papel crucial. Huysmans tiene novelas enteras dedicadas a su relación con el catolicismo. Ahí tenemos el caso de una conversión religiosa relatada en la ficción.

P. ¿Es usted creyente?

R. Tiendo a creer cuando voy a misa; pero apenas salgo, se me pasa. Así que ahora lo evito, porque el bajón es desagradable. Pero la misa en sí misma es muy convincente; es una de las cosas más perfectas que conozco. Y mejor todavía son los entierros, porque ahí se habla mucho de la supervivencia después de la muerte, y con una apariencia de convicción total. La verdad es que mi ateísmo no salió indemne de la muerte de mis padres y de mi perro Clément.

P. Pero entonces, ¿todo es cuestión de querer creer?

R. Pues sí. Porque, en realidad, la razón no se opone a la fe de una manera tan clara. Si nos fijamos en la comunidad científica, los ateos se cuentan sobre todo entre los biólogos. Los astrónomos, en cambio, son cristianos sin mayor dificultad. Esto tiene una explicación, y es que el universo está bien organizado. Cuando se trata de seres vivos, la cosa es más dudosa. Los seres vivos no están bien organizados, y son un poco repugnantes. Un matemático no tiene mayor dificultad para creer en Dios; al contrario, trabajar con ecuaciones pega bien con la idea de un orden, y por ende un creador de orden.

El islam siempre evitó pronunciarse sobre cuestiones como si la Tierra giraba alrededor del Sol. No había nada en juego en ello”

P. De todos modos, su cristianismo es selectivo. Le interesa la vida eterna, pero no tanto, digamos, el perdón o la caridad.

R. Sí, eso me importa menos. Pero san Pablo lo dice con toda claridad: si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana. Así que Cristo, mal que mal, vino por eso. Para prometernos que la muerte había sido vencida. La caridad, bueno, no es algo específico del cristianismo. Y en cuanto al perdón de los pecados, es algo que le importa más a los protestantes. Antes, en el catolicismo, el perdón de los pecados era algo casi automático. Ego te absolvo, y ya está.

P. Su protagonista, François, afirma que tampoco hay oposición entre la ciencia y la fe musulmana.

R. Yo diría incluso menos. El islam siempre evitó pronunciarse acerca de cuestiones del tipo de: “¿Gira la Tierra alrededor del Sol?”. Evitó meterse en dificultades que el catolicismo, por su parte, podría haber evitado. No había nada en juego para la fe cristiana en el hecho de que la Tierra gire en torno al Sol.

P. François tiene otro argumento a favor del islam: dice que es la única religión que acepta el mundo tal como es.

R. Es que es un muy buen argumento. Incluso los yihadistas, que no aceptan el orden político del mundo, aceptan el mundo natural tal como es. Si lees a Darwin te das cuenta de que, en el fondo, lo que lo aleja de Dios —porque Darwin no creía en Dios, aunque haya fingido lo contrario— son las consideraciones morales. Por ejemplo, en una carta analiza el ciclo de vida de no recuerdo qué parásito que vive dentro del ojo, y exclama: ¡No, un Dios de bondad no puede ser el autor de este mundo! Podemos arriesgar un teorema: cuanto más se observa a los ácaros, más disminuye la fe en Dios. En mi caso, desgraciadamente, estudié biología, así que empecé con mal pie.

P. François busca a Dios a través de ciertas figuras femeninas. Hay dos momentos clave: primero, cuando François pierde a su amante, y después, cuando entra a la iglesia de Rocamadour y parece a punto de recuperar la fe, pero fracasa. La pérdida de su amor y la pérdida de la fe representan una misma clausura en su vida.

R. Es muy cierto, esos son los dos momentos clave. Mas en general, te diría que la construcción de este libro es bastante simple: pongo en escena a este personaje y progresivamente le quito todo. Empiezo por lo más grave, le quito el amor. Después, y ya es menos importante, le quito a sus padres. Después, en esa escena en la iglesia de Rocamadour, le quito la posibilidad de creer en Dios. Y para terminar le quito su relación con Huysmans, que califico como la más antigua de su vida. Porque es verdad —y yo lo sé por haber dedicado todo un libro a Lovecraft— que escribir de manera profunda acerca de un escritor significa, en la práctica, privarse de releerlo. Pasado cierto punto, no puedes más. Así que a este pobre personaje yo le quito todo, hasta que sólo le queda convertirse.

P. En su libro, una vez que el régimen islámico se instala en Francia, las mujeres adoptan el velo, dejan de trabajar y se dedican a la familia. ¿No hay en esto algo de expresión de los deseos del protagonista? Después de todo, perdió a su chica porque era demasiado independiente.

El escritor Michel Houellebecq.
El escritor Michel Houellebecq. PHILIPPE MATSAS

R. Sí, él personalmente no tiene motivo para solidarizarse con el régimen laico. La solución que le proponen, mal que bien, funciona.

P. Como dice al final: “No tendré nada que lamentar”.

R. Esa frase puede entenderse como usted dice, pero también al revés: tendrá mucho que lamentar. Haber perdido a Myriam, para empezar. Y también haber perdido a la Virgen de Rocamadour. Aunque cueste creerlo, mi proyecto inicial era que él se convirtiera al catolicismo. Lo cual habría dado lugar a un libro bastante gracioso; mi personaje se habría convertido a un catolicismo que ha cambiado mucho desde la época de Huysmans. Un catolicismo, por decirlo de algún modo, un poco bobo.

P. ¿Y por qué no lo escribió?

R. Porque no pude. A ver: supongamos que la Virgen de Rocamadour hubiera funcionado, que François hubiera recuperado la fe. Después de eso, yo ¿cómo sigo mi libro? (ríe). En cambio, en Sumisión no hay verdaderos creyentes, ni cristianos ni musulmanes. Incluso para Ben Abbes se trata de una opción política. Esto ya estaba a mi alcance.

P. Ben Abbes aparece como un salvador, en un momento en que el sistema político ya no funciona…

R. Esa parte es real. Viví 10 años fuera de Francia, y cuando volví me impresionó el desprecio total de los franceses por sus élites dirigentes y mediáticas. Quizá el periodismo sea la única profesión más despreciada que la de los políticos. Hay que decir que la situación es relativamente alucinante. Ya en 2012, Hollande fue elegido presidente, a pesar de que Francia se había volcado a la derecha. Y ahora no es imposible —como imagino en mi libro— que Hollande sea reelegido en 2017, aunque Francia está aún más a la derecha. La estrategia del Partido Socialista, que es impulsar al Frente Nacional para excluir al centroderecha, ha llevado las cosas a un lugar insalubre. Y el hecho es que la vida en Francia se ha deteriorado. Hay muchos más pobres que antes. Hay cada vez más gente que no cree lo que dicen los medios. Y lo que te muestra que somos un país extraño es que, pese a todo, los franceses se siguen reproduciendo: salvo Irlanda, tenemos la natalidad más alta de Europa.

P. Es un argumento contra la idea del “suicidio francés”.

R. Es que no es un suicidio, es un asesinato.

P. ¿Cometido por quién?

R. Por nuestras clases dirigentes.

P. Es usted muy duro con los políticos de su país.

R. Es que se les fue la mano. El caso más impresionante que conocí fue el referéndum de 2005 sobre la Constitución europea. Los franceses votaron claramente por el no. Y semanas más tarde el Gobierno lo hizo aprobar por vía parlamentaria. Es un desprecio muy claro a la democracia. Así que la hostilidad de la gente contra los dirigentes es muy fuerte, y eso en un momento de crisis económica y desempleo alto. Y tenga en cuenta que el paro en Francia es desempleo de verdad: no hay trabajo en negro, como en España o América Latina, y tampoco hay solidaridad familiar, eso desapareció. La gente está totalmente desvalida.

En Occidente la palabra masculina ha desaparecido. Lo que los varones piensan, nadie lo sabe. El varón ya no habla, la mujer sí”

P. Hablemos del proyecto político de Ben Abbes. ¿Podría funcionar su idea de expandir la Unión Europea hacia el sur, de convertirla en una Unión Mediterránea?

R. No es ninguna tontería. Para empezar, muchos países mediterráneos lo percibirían como una garantía —aunque quizá se equivoquen— contra sus islamistas radicales. Europa del Norte pasaría a segundo plano. Pero, para ser honestos, la principal interesada en esto sería Francia. La verdad es que Francia nunca aceptó el hecho de perder el liderazgo. Por eso tenemos una relación extraña con Alemania; nos gusta flagelarnos diciendo que somos menos que ellos. Malestar que, dicho sea de paso, es una de las claves del éxito de Marine Le Pen.

P. Muchas veces ha hablado contra el patriotismo. Pero después del atentado contra Charlie Hebdo, parecería que está dispuesto a defender ciertos valores franceses. Como dicen en Rambo III: esta vez, es personal.

R. Es que es personal: han matado a alguien a quien yo quería, a Bernard Maris. Y además está la cuestión de la libertad de expresión, que me concierne. Esa libertad la hemos perdido. Cuando yo era adolescente, en los años setenta, había más cosas permitidas. En la actualidad, el debate de ideas se limita a la detección de los derrapes. Una vez que el derrape ha sido cometido, el responsable puede disculparse; a eso se limitan sus derechos.

P. Su protagonista se define como machista. ¿Cree que en esto François es representativo?

R. Lo que pasa es que en Occidente la palabra masculina ha desaparecido. Lo que los varones piensan, nadie más lo sabe. Una hipótesis horrible, pero verosímil, es que no han cambiado; sólo han aceptado cerrar la boca. El varón occidental ya no habla; la mujer sí. La vida mental masculina ahora es algo desconocido, y por eso es verosímil pensar que el varón estaría dispuesto, si se presentara el caso, a una vuelta inmediata al patriarcado.

P. ¿Sus novelas serían las últimas noticias de esa vida mental masculina?

R. Pues sí, las mujeres pueden leerlas para enterarse de lo que realmente piensan los hombres.

P. ¿Cree realmente que Europa, al perder la religión, la reemplazó con el patriotismo, y que terminará por volver a la religión?

R. Sí, aunque para mí es absurdo imaginar que el patriotismo pueda reemplazar a la religión. La cristiandad duró más de mil años; el patriotismo, un poco más de cien, desde la Revolución Francesa hasta la Primera Guerra Mundial. También podemos decir las cosas de una manera más siniestra: el patriotismo, para alcanzar la incandescencia, necesita enemigos.

P. ¿Mientras que el único enemigo de la religión es la muerte?

R. Y es un enemigo más confiable.

AUTOR DE LA ENTREVISTA: Gonzalo Garcés es escritor argentino, autor de la novela Los impacientes (Seix Barral).ARCHIVADO EN:

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