Robert Jay Lifton. Sobre el uso de la violencia como instrumento para la democracia de mercado (neoliberalismo y globalización)

Conferencia del siquiatra Robert Ray Lifton

(Tomado del sitio donde se encuentra el video , en youtube): Robert Jay Lifton (born May 16, 1926) is an American psychiatrist and author, chiefly known for his studies of the psychological causes and effects of war and political violence and for his theory of thought reform. He was an early proponent of the techniques of psychohistory. Lifton was born in 1926, in Brooklyn, New York, the son of Harold A. (a businessman) and Ciel (Roth) Lifton. He was fifteen when the United States declared war on Japan and Nazi Germany (December 1941). In 1942, he enrolled at Cornell University at the age of 16 and was admitted to New York Medical College in 1944, graduating in 1948.[1] He interned at the Jewish Hospital of Brooklyn in 1948-49, and had his psychiatric residence training at the Downstate Medical Center, Brooklyn, New York in 1949-51. From 1951 to 1953 he served as an Air Force psychiatrist in Japan and Korea, to which he later attributed his interest in war and politics. He has since worked as a teacher and researcher at the Washington School of Psychiatry, Harvard University, and the John Jay College of Criminal Justice, where he helped to found the Center for the Study of Human Violence. He married the children’s writer Betty Jean Kirschner in 1952 and has two children. She died in Boston on November 19, 2010, from complications of pneumonia. Lifton calls cartooning his avocation; he has published two books of humorous cartoons about birds. He is a member of Collegium International, an organization of leaders with political, scientific, and ethical expertise whose goal is to provide new approaches in overcoming the obstacles in the way of a peaceful, socially just and an economically sustainable world. Totalism, a word first used in Thought Reform, is Lifton’s term for the characteristics of ideological movements and organizations that desire total control over human behavior and thought. Lifton’s usage differs from theories of totalitarianism in that it can be applied to the ideology of groups that do not wield governmental power. In Lifton’s opinion, though such attempts always fail, they follow a common pattern and cause predictable types of psychological damage in individuals and societies. He finds two common motives in totalistic movements: the fear and denial of death, channeled into violence against scapegoat groups that are made to represent a metaphorical threat to survival, and a reactionary fear of social change. In his later work, Lifton has focused on defining the type of change to which totalism is opposed, for which he coined the term the protean self. In the book of the same title, he states that the development of a “fluid and many-sided personality” is a positive trend in modern societies, and that mental health now requires “continuous exploration and personal experiment”, which requires the growth of a purely relativist society that’s willing to discard and diminish previously established cultures and traditions. Lifton is featured in the 2003 documentary Flight From Death, a film that investigates the relationship of human violence to fear of death, as related to subconscious influences. In 2006, Lifton appeared in a documentary on cults on the History Channel: “Decoding the Past”, along with fellow psychiatrist Peter A. Olsson.[8] On May 18, 2008 Lifton delivered the commencement address at Stonehill College and discussed the apparent “Superpower Syndrome” experienced by the United States in the modern era.

Video documental IMPRESCINDIBLE PRA EL ANALISIS DE LOS TIEMPOS POSMODERNOS Y POS VERDADEROS DE LA SFAKE NEWS Y EL FAKE MUNDO, NOS MANIPULAN CON TODO TIPO DE MEDIOS A SU ALCANCE: LA SINALOGIA DEL NEOLIBERALISMO POSMODERNO Y EL ESTADO CAPITALISTA Y LA DESCOMPOSICION , DISTÁXICA, DE LA SOCIEDAD GLOBALIZADA

Hyper normalización en la Era de la Post Verdad , imprescindible documental film, de Adam Curtis, se puede ver con subtítulos en varios idiomas, entre ellos el español

Europa y los españoles: una entrevista con el sociólogo alemán Wolfgang Streeck

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ECONOMÍA  
Wolfgang Streeck: “Los españoles nunca han dado problemas en la UE porque sus políticos no saben dónde están metidos” 

El sociólogo Wolfgang Streeck habla de la “prisión” en la que están metidos los pueblos europeos y los muros que la conforman: los tratados de funcionamiento de la Unión Europea.

Wolfgang Streeck 2
El sociólogo y analista político aleman, Wolfgang Streeck.  DAVID F. SABADELL

PABLO ELORDUY 

@PELORDUY
22 MAR 2019 07:18

Ufano, campechano, la personalidad de Wolfgang Streeck (Lengerich, Alemania, 1946) no se corresponde con la del mordaz azote del capitalismo y de la izquierda altermundista que se denota de sus colaboraciones en prensa.Proveniente de las filas del neokeynesianismo, su posición acerca de las fronteras es polémica y, como la de otros referentes como Vicenç Navarro, parten de un diagnóstico que rechaza o minusvalora la potencia política de las clases trabajadoras de los países del sur en migración hacia Europa. A pesar de esas discrepancias con la izquierda marxista, los análisis de Streeck apuntan al corazón de las contradicciones de la Unión Europea. La preponderancia de Alemania —más débil de lo que aparenta—, la fragilidad del sistema monetario, el colapso del sistema de partidos o la amenaza perpetua de la deuda, se acumulan encima de una crisis que brotó en 2008 y que se ha superado con medidas “para los siguientes seis meses”. 

En el libro dices que estamos en un punto de indeterminación, de interregno, en la historia del capitalismo. ¿Qué es lo que define este punto?
La ausencia de previsibilidad. Hemos visto hechos que nadie hubiera pensado que fueran posibles en los últimos tres o cuatros años. El colapso del sistema de partidos en Francia, en Italia… Donald Trump siendo elegido. Comparo estos hechos a los fenómenos climáticos extremos respecto al calentamiento global. ¿Cuál es la explicación? Creo que en el interior del capitalismo, antes de 2008, había un consenso básico de que lo que se llama neoliberalismo podía revitalizar el capitalismo. Abriendo las fronteras, mediante el ilimitado libre comercio, etcétera. En 2008, ese consenso finalmente falló. Y todo el mundo fue consciente de que las promesas del neoliberalismo no iban a traer lo que habían prometido. Al contrario, lo que se vio fue la deuda crecer, el aumento de la desigualdad, el crecimiento estancado.

A estas alturas de la historia, no ha quedado una izquierda a la que regresar, porque la izquierda ha quedado contaminada por su cooperación con el capitalismo

Visto eso, el sistema de partidos —de centro-izquierda y centro-derecha— que había copado todas las esperanzas durante las políticas económicas del neoliberalismo, se rompe. Porque ahora se puede ver, emergiendo desde el fondo de las sociedades, una oposición a la apertura de fronteras, contra la privatización. Todos estos problemas han sido percibidos por la sociedad como algo que ha quedado demostrado. A estas alturas de la historia, no ha quedado una izquierda a la que regresar, porque la izquierda ha quedado contaminada por su cooperación con el capitalismo. 

Así que, ¿qué hacen las sociedades? Vuelven a los partidos nacionalistas porque quieren una restauración de las funciones proteccionistas de los Estados-nación. Ahora hay una situación de extrema inestabilidad, en una situación no conocida hasta ahora. Es un periodo de incertidumbre, en el que no podemos hacer predicciones. Esto no se ciñe solo al sistema político, se produce también en el mercado de trabajo. Hace 20 años tenías capacidad de saber que, si tenías un puesto de trabajo determinado, podrías conservarlo el resto de tu vida. Ahora se está diciendo en todo el mundo: “no, no, ya no funciona así”. Ya no hay vidas estables. Piensa en Japón, por ejemplo. Nadie se casa ya en Japón. Porque esa idea de estabilidad para toda la vida ha desaparecido. 

Tenemos que aprender —desde la sociología— que la gente no responde necesariamente sobre las condiciones del presente, si no que actúan en cuanto a sus expectativas. En este momento, básicamente, sigue funcionando el sistema de salud, el sistema de pensiones, pero la gente está pensando en el futuro y la confianza de que el futuro se puede prever ha desaparecido repentinamente. Si esto se combina con el hecho de que la gente parece creer —cree firmemente— que, para mantener lo que son, tienen que trabajar cada vez más duro, esa competición —cada vez más intensa— en el trabajo, funciona como una promesa de que tú y tu prole lo tendrá mucho mejor a diez años vista. Sólo desde la promesa de que si trabajas duro y tienes suerte, te mantendrás exactamente donde estás en este momento. Si no, te hundirás.  

Sí parece que Trump y la corriente política de la derecha que representa, tiene un plan trazado. En los últimos dos años hemos visto el aumento de la tensión con China —también a través de Corea del Norte y Venezuela—. ¿Puede ese plan funcionar para revitalizar la hegemonía de Estados Unidos? 
No lo sé, no soy un profeta y cuando digo que estamos en un momento de extrema incertidumbre lo digo en serio. Me contradiría si te digo que en los próximos 20 años esto será así. Pero creo que lo que puede decirse es que las instituciones que hemos heredado ya no aportan las certezas de que tenemos algún tipo de control sobre nuestros aliados. El denominador común es esa pérdida de control. No fue un accidente que, en el referéndum del Brexit, el eslogan fuera “recuperemos el control”.

La Unión monetaria es un dispositivo para que Alemania obtenga riqueza y otros países no. Eso es lo que heredó Merkel, ella no ha aportado ninguna idea nueva

Has hablado de la derecha y de la Alt-Right. Este es un mundo en el que los emprendedores políticos —si quieres llamarlos así— como Steve Bannon dan vueltas, tratando de ver cuáles son los lemas que impactan mejor en las experiencias vitales de la gente. La experiencia es de impredecibilidad, de pérdida de control, “todo tipo de fuerzas están obstaculizándome y el Gobierno no me ayuda”. Así, un tipo como Bannon, se pregunta, “qué es lo que tenemos que decir para absorber ese sentimiento”. Y la izquierda le da campo abierto, porque lo que hace la izquierda, la mayoría del centro izquierda es decir “las cosas no van tan mal, vamos a tener más internacionalismo” —y no menos—, “Confíemos en la Unión Europea, Europa es la respuesta”, etcétera. Pero la gente no se lo cree, cada vez menos gente se lo cree, y presta oídos a gente como Bannon. 

Las personas normales no son politólogas, quieren oír algo que tenga resonancias en su experiencia del día a día. Y si alguien viene y dice: “La gente ha sido dejada de lado, tu vida se ha ido a la mierda, ellos te hacen la vida más y más difícil…” entonces hay personas que dicen “sí, tiene que haber algo así, porque eso es lo que yo vivo”. Ellos, entonces, dicen que la razón es la retirada de las fronteras, que las fronteras protegen a esa gente. Y la izquierda ha tenido una respuesta dificultosa porque sí creo que las fronteras juegan un papel importante en el sentimiento de seguridad de la gente. La izquierda ha hablado de un mundo sin fronteras, cosmopolita, pero el tipo que vive en el sur de Francia, no sabe qué significa el cosmopolitismo, no sabe a lo que se refieren. Piensa que es una cosa de una serie de idiotas que viven en París. Esa idea de cómo la gente vive y piensa ha sido perdida por parte de la izquierda, porque se ha extendido en el imperio del cosmopolitismo: derechos humanos por todas partes pero el empleo, desafortunadamente, “ya vendrá después”. 

Merkel va a estar fuera de la cancillería este año. ¿Qué balance hace de su mandato?
No atribuyas demasiado pensamiento a los políticos. Ella heredó una una estructura. Cuando Merkel llegó al poder, la Unión monetaria ya estaba allí. La Unión monetaria es un dispositivo para que Alemania obtenga riqueza y otros países no. Eso es lo que heredó, ella no ha aportado ninguna idea nueva. Así que, durante su periodo en la oficina, ha hecho todo lo que ha podido para mantener esa estructura funcionando. Eso no es tan difícil si estás en el centro de un país rico, y no es tan complicado porque la manera en que funciona esa unión es muy difícil de cambiar. Tienes 18 Estados alrededor del Banco Central, tienes un Parlamento sin poder político, básicamente todas las cosas que tienes que hacer, o lo que debes hacer, para cambiar eso, es cambiar los tratados. Cambiar el Tratado significa que necesitas que 28 países de acuerdo para ese cambio, y además necesitas referéndums en cuatro o cinco de esos países. Es imposible. Así que ella se sentó en una estructura blindada, en la que lo único que debía hacer era comprar tiempo para los siguientes seis o siete meses. Y eso es lo que hizo. 

Y en eso tuvo éxito. 
Sí, ella es muy buena en eso. Todo lo que tiene es instinto para saber lo que tiene que hacer en los siguientes seis meses. Tiene un círculo de asesores, gente que ni siquiera pertenece a la CDU. Especialistas en los media. Ella es la primera política que se ha hecho extremadamente dependiente del social media. A lo que realmente responde es a su imagen: fotografías, imágenes. Sabemos muy poco acerca de lo que hace nuestra canciller, porque nuestro sistema político coloca un escudo contra el escrutinio público. Nunca ha acudido al Bundestag a responder preguntas, como hace la primer ministra británica, que todas las semanas confronta con la oposición. 

Ella solo trabaja con lenguaje guionizado, y lo hace bajo un guión que hace casi ininteligible lo que dice incluso para los alemanes. Pero eso es intencionado. Merkel dice cosas y posteriormente uno piensa “qué demonios acaba de decir”. Nunca ha dado un gran discurso, por ejemplo. Nunca. Lo que hace es que tiene “amigos” en los medios, en la televisión, que le hacen entrevistas para adorarla. 

Un periodista de investigación escribió sobre su política sobre refugiados, en el verano de 2015. Merkel solo dijo a su oficina de prensa y a su equipo que nunca quería aparecer en una foto con nada detrás suyo que recordase a los refugiados. Después de que machacase a los griegos, aparecieron todas esas imágenes de ella con esvásticas y entonces cambió inmediatamente de idea. De repente, a partir de la cumbre de Budapest, le dijo a todo el mundo que los sirios eran bienvenidos en Alemania. Eso abrió las puertas a los refugiados sirios que venían con fotos de Merkel, ella vio esas fotos en el periódico y dijo a su ministro de Interior, “si los detenemos ahora, no vamos a sobrevivir a esas fotos”. Entonces, sin consultar a nadie en la UE —nadie fue informado— abrió la frontera alemana y vino un millón de personas en los siguientes seis meses. Ella impuso a todos los países la misma política y lo hizo sin consulta alguna. Solo lo habló con Hollande, a quien le dijo que, si se mantenía callado, Francia podría mantener las fronteras cerradas a los refugiados. 

Aunque Merkel es la imagen de las políticas de la austeridad, Alemania está en una situación económica compleja. Al borde de la recesión.
Déjame decirte algo sobre la austeridad. La austeridad es algo que está escrito en los Tratados de la UE. Merkel solo ejecuta los tratados. No es algo que se haya inventado. Tienes la Unión monetaria y, al mismo tiempo, tienes Estados soberanos que comparten la misma economía, y no puedes permitir que los Estados hagan lo que quieran en política fiscal. Es una combinación imposible. Porque eso no permite ser competitivo en el sistema monetario común. Así escribieron los tratados, y todo el mundo los firmó, los italianos, los españoles, etc. Solo el 3% del déficit cada año y el 60% de su deuda general. ¡Y lo firmaron! 

Sí pero, incluso pese a “trucos” como la flexibilización cuantitativa, Alemania, está en medio de la tormenta. Merkel se va a ir y la situación sigue pareciendo insostenible.
Es una política. Ella tiene el sistema determinado por los tratados, que es beneficioso para Alemania, en el sentido de que si todo explota, la deuda, etcétera, la gente tiene que pagarle a Alemania. Otra cosa es cuando eso llegue a los bancos alemanes.

El público español no comprende que dejar de ser un país fascista es una gran cosa pero que el entorno en el que entraron es un entorno en el que los Estados juegan duro. Bruselas no es el Festival del Amor

El tipo del Deutsche Bank la llamó y le dijo “tienes que hacer algo, si no nos vamos al hoyo” y entonces ella hizo algo por el Deutsche Bank. Draghi llamó y dijo “qué debo hacer” y ella dijo —no estaba allí pero se sabe que lo dijo— “inventa algo, algo que nadie entienda. Y haz algo por mí, porque queremos que sobreviva la unión monetaria”. Y Draghi dijo: “pues el QE: nosotros compramos deuda tóxica de los bancos italianos y se la endosamos de vuelta al Estado italiano, o algo parecido”. 

Pero estas son medidas que toman para los siguientes seis meses y durante ese tiempo, por ejemplo, España ha disparado su deuda pública. Los españoles nunca han dado ningún problema en la Unión Europea porque —según mi punto de vista— los políticos españoles no comprenden dónde están metidos. Los italianos lo comprendieron en un momento dado, se dieron cuenta del gran hedor, Renzi es parte de ese hedor, y entonces Merkel dijo “hay que hacer algo que ayude a este muchacho Renzi”. Si vuestro hombre, Pedro Sánchez, no dijese que todo en Europa es maravilloso, si no que dijera “Europa nos pone en una posición difícil por el objetivo de déficit, obligándonos al aumento de la deuda pública, etcétera, etcétera…” Sánchez se convertiría en un problema. 

Pero los españoles fueron muy bien entrenados desde “su infancia” acerca de la Unión Europea. Siguen tratando de ser la criatura favorita de Juncker. Y creo que ustedes sufren por este motivo, ya que, como vengo repitiendo, el imperio —Alemania— no es lo suficientemente fuerte para ayudarles. No hay suficiente dinero alrededor.  

Entiendo que es por la posición del PSOE como único partido de la socialdemocracia que ha sobrevivido a la crisis en Europa.
Los españoles, en mi opinión, después de 1976 —cuando Franco desapareció definitivamente— cayeron enamorados de Europa. Y ese amor todavía perdura. El público español no comprende que dejar de ser un país fascista es una gran cosa pero que el entorno en el que entraron es un entorno en el que los Estados juegan duro. Bruselas no es el Festival del Amor. 

¿Hay algún tipo de solución dentro de la moneda común, el euro? o la izquierda europea debe plantearse la reconstrucción fuera del euro?
Creo que la unión monetaria europea, si me pides mi valoración honesta, es un niño nacido bajo el espíritu del neoliberalismo de los años 90. Para eso fue diseñado. Para abrir los mercados liberales, para las privatizaciones, para la competición entre Estados para bajar la regulación. La corte europea de Justicia dictó, básicamente, una constitución económica. Los tratados han cambiado todo en esa misma dirección, etc. Si pones todos esos elementos juntos, tienes una prisión. No puedes organizar a tus sociedades en torno a bases neoliberales, eso lo sabemos ahora. 

¿Qué puede hacer la izquierda en este momento? Tenemos que salir de la prisión. Liberarnos. Esto no es fácil, porque las prisiones tiene muros robustos. ¿Cómo consigues salir fuera? Creo que tiene que haber una alternativa entre el dinero europeo y el dinero de un país. Un espacio intermedio que se debe introducir en el sistema monetario, en las divisas. Los italianos han pensado muy seriamente en eso: en volver a acuñar la lira en conexión con el euro. Eso puede tener sentido, y de hecho recrearía algo que existió después de 1944, a partir del sistema de Bretton Woods. Estados Unidos quería una moneda supranacional atada al dólar, Keynes quería una moneda artificial, sintética, y entonces todas las monedas nacionales, ligadas a esa supermoneda en una relación flexible. Algo así, desde mi punto de vista, podría ser posible en el sistema europeo. 

Hay que ver si los italianos tienen la fuerza suficiente para ir a Bruselas, o a Berlín, o a París y les dan dos opciones: “o toleras que introduzcamos de una segunda moneda nacional o nos vamos al fondo del hoyo y nos llevamos al euro con nosotros”. Es el equivalente a un suicida con un cinturón con explosivos, “si no me ayudas, psshhh…”. Entonces, alguien como Schauble te dirá “tú morirás”, y sí, pero tú morirás también. 

Las clases altas y las clases medias-altas han prosperado mucho con el euro, se benefician del crecimiento de la desigualdad. Y también de la posibilidad de mover su dinero desde Italia a Suiza, o Alemania, o a Inglaterra. De coger un puñado de cash e ir a Berlín para comprar un piso. Para las clases altas del capitalismo, el euro es precioso. Y, muy a menudo, nuestros políticos pertenecen a esa clase, o tienen intereses similares, porque viven una vida cómoda. Así que el euro divide a las sociedades nacionales. 

¿Cuánto tiempo tenemos para evitar ese choque del que hablábamos al comienzo de la entrevista?
Es una pregunta acertada en el sentido en que puedes hacer la misma pregunta en referencia al cambio climático. La respuesta es siempre: no puedo decirte cuánto tiempo hay, pero lo que te puedo decir es “empieza hoy, empieza hoy”. Debes empezar a hacer cosas hoy. Puede que ya sea demasiado tarde pero puede que no. Comenzar puede significar poner en marcha nuevas formas de producción.

El socialismo hoy es, de alguna manera, muy similar al anarcosindicalismo: comenzar desde abajo. En forma de cooperativas, organizaciones locales. Comenzar a desarrollar formas alternativas de propiedad, etc. La lección fundamental es que, si la gente no se ayuda a sí misma, nadie le va a ayudar. Y ayudarse a uno mismo significa hacerlo como una colectividad, como una comunidad. El capitalismo ha conseguido un efecto devastador, que es hacer que la gente espere algo o alguien que venga y haga algo por ella, que se invente una nueva forma de crédito, en lugar de empezar a desarrollar sus propias cooperativas de crédito, por ejemplo, para prestarse entre ellos.

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5 Comentarios

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#32244 16:07 26/3/2019 

la puta publicidad tapa todo

Responder0 0 

Rafael  25:11 23/3/2019 

Que la integración europea está puesta en duda es un hecho. Pero que la alternativa a una Europa como sujeto político (en una forma aún por determinarse) sólo sea la vuelta al “modelo Westfalia”, es de un derrotismo que no debemos admitir. 

Responder0 0 

Euro-peo  14:14 23/3/2019 

Reflexión de 4 minutos sobre la soberanía de un país: https://www.youtube.com/watch?v=rBiVx9mrOI8

Responder1 0 

#32032 22:24 22/3/2019 

Completamente de acuerdo todo ha sido proyectado para unos pocos. 
Ya ni la izquierda se identifica. Todo sr ha convertido en un giganteproletariado para y por unos pocos.
Pensar nuevas formas de gestionar.

Responder2 2 

#32014 14:47 22/3/2019 

Comparto plenamente la conclusión, o nos ponemos a construir junt@s o nos va a caer la de Cain

Responder2 1 

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Narco: entre Cártel de Sinaloa y el de Jalisco (México), según agente de la DEA (EEUU, en Arizona)

EL MITO DEL LIBRE MERCADO. Un análisis desde las coordenadas del Materialismo Filosófico, por Daniel López Rodríguez

FUENTE: https://www.posmodernia.com/el-mito-del-libre-mercado/?fbclid=IwAR0Y60PDR7E__nTRjZ3HjSangQdEkuGJNQk5CYI73szPHd00stM0HVKy_ec

AUTOR Daniel López Rodríguez

Daniel López Rodríguez

La Idea (o más bien paraidea) de un «libre mercado» se remonta a los orígenes de la modernidad. A finales del siglo XVI Alberto Struzzi escribía que «por ley natural de las gentes el comercio deber ser libre por todo el mundo generalmente, sin limitación de naciones ni de leyes, por cuanto es imposible que un reino o país esté proveído de todo lo que ha menester» (citado por Juan Ignacio Gutiérrez, El renacimiento y los orígenes del mundo moderno, Editorial Planeta, Barcelona 1975, Pág. 140).

Los debates entre librecambismo y proteccionismo de la época de Adam Smith y David Ricardo siguen en vigor en nuestros días, con todas las variantes que la complejidad de nuestro presente supone. Pero la suposición de una libertad de mercado llevada a su plenitud -digamos, la libertad absoluta de mercado, es más, de un mercado pletórico– no es propia del liberalismo clásico, sino más bien del anarcoliberalismo. Según los anarcocapitalistas, el Estado debe ser abolido y sustituido por la iniciativa social privada de los propietarios, constituyéndose un mercado libre de las garras del Estado; es decir, este liberalismo radical y exacerbado toma partido por las personas individuales frente a cualquier hipóstasis de las corporaciones o sociedades en tanto «personas jurídicas». En última instancia, el liberalismo aspira a construir una sociedad regulada mercantilmente y no políticamente. Pero ya el mismo padre del liberalismo y, en palabras de Marx, «el fundador de la economía política moderna», Adam Smith, al que el joven Engels llamó en los Anales franco-alemanes el «Lutero económico» y el joven Lenin el «gran ideólogo de la burguesía progresista» (Lenin, Obras completas, Tomo II, Versión de Editorial Progreso, Editorial Ayuso Akal, Madrid 1974, Pág. 512), reconocía que la libertad completa de mercado era imposible: «Está claro que esperar que algún día se restaure completamente en Gran Bretaña la libertad de comercio es tan absurdo como esperar que se establezca en ella una Oceana o Utopía» (Adam Smith, Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, Traducción de Carlos Rodríguez Braum, Alianza Editorial, Madrid 2008, Págs. 560-561). Así pues, según Smith el Estado es al fin y al cabo necesario para el negocio de la circulación de mercancías. Sin Estado sencillamente no hay mercado (así como tampoco hay libertades ni derechos), y decir «más mercado menos Estado»es una forma solemne de no saber lo que se dice. La configuración del mercado está históricamente determinada por la acción política y militar. El mercado depende del Estado del mismo modo que el alma depende del cuerpo (aunque desde la doctrinade los tres géneros de materialidad de la ontología del materialismo filosófico postulamos que M1 no brota de Msino que, junto a M3,más que dependencia o subordinación de unos géneros a otros lo que hay que hablar es de codeterminaciónsinexión, además de la codeterminación con la Materia ontológico-general que desborda a los géneros al no agotarse en ellos).

Ya en 1845 decía en joven Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra: «La libre competencia no quiere ningún freno, ninguna intromisión del Estado; el Estado le es un estorbo; estaría a sus anchas en un estado de cosas privado de cualquier ordenación coordinadora, donde cada uno pudiera explotar al otro a su gusto, como, por ejemplo, en la “Unión” del amigo Stirner. Pero como la burguesía no puede tener frenado al proletariado sin el Estado, que le es necesario, entonces lo vuelve contra aquél y trata de tenerlo alejado de sí lo más posible» (Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, Akal Editor, Madrid 1976, Pág. 313).

En la doctrina fisiocrática del laissez faire, laissez aller, la libertad de comercio de la intervención estatal, en la que quedarían excluidos los monopolios que puedan entorpecer el proceso industrial, el Estado sigue viviendo en los poros de la sociedad, «al modo como Epicuro hacia vivir a sus dioses en los poros del mundo» (Karl Marx, Teorías de la plusvalía, Alberto Editor, Madrid 1974, Pág. 33).  

Pues bien, la relación del Estado con el mercado es de codeterminación y dependencia mutua, pues un mercado sin Estado es tan imposible como un Estado sin mercado, un Estado sin comercio de importación y exportación. La relación de Estado y mercado vendría a ser no ya de subordinación de uno a otro sino más bien de conjugación. Es la capa cortical del Estado, es decir, su ejército y su cuerpo diplomático, la que hace posible el funcionamiento del mercado, siendo además la capa decisiva para la adquisición de riquezas frente a otros Estados en incesante dialéctica, contra los que se disputan mediante la guerra las riquezas de diferentes capas basales (las riquezas de cada territorio) cuando ya no es posible hacerlo por el comercio o la diplomacia. Por ejemplo: el funcionamiento de las flotas mercantes sólo es posible por el respaldo de las marinas de guerra. Para los liberales o los neoliberales más ultramontanos la guerra no es -como decía Clausewitz- la continuación de la política por otros medios, sino la continuación del libre mercado. Por lo demás, sí es cierto que la guerra es una continuación de la economía.  

Para los liberales el gobierno que gobierna mejor es el que menos gobierna, el gobierno que deja hacer. Y así los liberales apoyan la menor cuota de gobierno posible. Pero la necesidad del Estado así la reconocía el padre del liberalismo, para el cual, por cierto, la defensa de la nación es más importante que su opulencia: «Según el sistema de la libertad natural, el soberano sólo tiene tres deberes que cumplir, tres deberes de sobresaliente importancia pero que están al alcance y compresión de una inteligencia corriente. Primero, el deber de proteger a la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades independientes. Segundo, el deber de proteger, en cuanto sea posible, a cada miembro de la sociedad frente a la injusticia y opresión de cualquier otro miembro de la misma, o el deber de establecer una exacta administración de la justicia. Y tercero, el deber de edificar y mantener ciertas obras públicas y ciertas instituciones públicas que jamás será del interés de ningún individuo o pequeño número de individuos el edificar y mantener, puesto que el beneficio nunca podría reponer el coste que representarían para una persona o un reducido número de personas, aunque frecuentemente lo reponen con creces para una gran sociedad» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 660). 

Es decir, es el Estado el que garantiza la propiedad privada, el orden público, la producción de obras e infraestructuras, la seguridad social de los trabajadores y su misma educación. De hecho el Estado liberal se definió como sinónimo de Estado de derecho, porque los ciudadanos estaban sometidos al imperio de la ley. No hay propiedad sin Estado así como no hay vida sin cuerpo o anverso sin reverso.  

Además, sin un control mínimo por parte de los diferentes Estados dentro de sus respectivas capas basales «muchas empresas (acaso venidas de otros países) arrasarían y depredarían, en su búsqueda de los máximos beneficios económicos por encima de cualquier otra consideración -entre otras cosas porque muchas de estas grandes empresas están movidas por una junta de accionistas que amenaza continuamente con llevarse su dinero a otra parte si no obtienen los beneficios esperados-, los recursos del medio ambiente en poco tiempo, o volverían en ocasiones, si por ella fuera -por ejemplo las empresas que no quieren seguir la tesis de Ford de que el bienestar de los trabajadores forma parte del bienestar de la empresa-, a las condiciones de los obreros en la escandalosa situación de la Revolución Industrial inglesa, con la esperanza de maximizar los beneficios a costa de minimizar los costes salariales. Sin embargo, con la progresiva pauperización de la sociedad civil dejaría de haber sociedad de mercado, al hundirse el consumo interno, así como trabajadores cualificados para puestos de trabajos que requieren conocimientos científicos. Una sociedad así, pauperizada a nivel social, y deforestada, contaminada y desertizada a nivel ambiental, sólo podría encontrar en el negocio de las exportaciones a países con medidas de protección social estatales su principal modo de subsistencia. Por lo que si el liberalismo económico se universalizase, hasta sus últimas consecuencias, implicaría su propia aniquilación» (Javier Pérez Jara, La filosofía de Bertrand Russell, Pentalfa Ediciones, Oviedo 2014, Pág. 425).  

Para el buen funcionamiento del comercio, tanto de importación como de exportación, más importante que la libertad es la seguridad. Y no es que lo diga yo: «El comercio y la industria rara vez florecen durante mucho tiempo en un estado que no disfruta de una administración regular de la justicia, donde el pueblo no se siente seguro en la posesión de sus propiedades, donde el cumplimiento de los contratos no está amparado por la ley, y donde la autoridad del estado no se ocupa regularmente de obligar a que paguen sus deudas todos aquellos que pueden pagarlas. En suma, el comercio y la industria no pueden progresar en ningún estado donde no hay un cierto grado de confianza en la justicia. La misma confianza que predispone a los grandes comerciantes e industriales en condiciones normales a confiar sus propiedades a la protección del estado, los predispone en circunstancias extraordinarias a confiarle al estado el uso de sus propiedades. Al prestar dinero al gobierno ni por un momento disminuye su capacidad de llevar adelante su comercio o industria. Al contrario, habitualmente la aumentan. La necesidad hace que el estado de la mayoría de las ocasiones esté dispuesto a pedir prestado en términos sumamente ventajosos para el prestamista. La seguridad que otorga al acreedor original es transferible a cualquier otro acreedor, y a partir de la confianza universal en la justicia estatal los títulos generalmente se venden en el mercado por más que su valor de emisión. El comerciante o persona acaudalada gana dinero cuanto le presta al estado, y en vez de disminuir su capital de giro lo aumenta. De ahí la inclinación o disposición a prestar de los súbditos de un estado comercial» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 781).

Desde las coordenadas críticas del materialismo filosófico, es imposible referirse a una economía política sin una moneda de curso legal y obligatorio. Pues «sólo el Estado establece esa moneda, determina las unidades monetarias, las reconoce e impone su utilización en el mercado. Y solamente los acuerdos entre Estados pueden lograr que las monedas de un Estado se confundan con las monedas de otros Estados… El Estado no sólo establece la moneda como parte formal del sistema económico. También, en su papel de Estado gendarme, hace posible que se mantengan a salvo los mercados de los asaltos de los que permanecen fuera de las cadenas de producción o distribución. Mediante la escolarización obligatoria hace posible la conformación de los individuos como productores y consumidores; mediante la política de seguridad social permite la subsistencia (incluyendo el panem et circenses) de una población que de otro modo causaría el desplome del sistema. El Estado crea además las infraestructuras (ferrocarriles, autopistas, líneas de alta tensión) sin las cuales la economía de mercado no podría funcionar» (Gustavo Bueno, La vuelta a la caverna. Terrorismo, guerra y globalización, Ediciones B, Edición de bolsillo, Barcelona 2005, Págs. 269-270). «Parece evidente que sólo en un estado de paz será posible que los vendedores distribuyan las mercancías entre los compradores y que las mercancías lleguen regularmente al mercado por caminos sin fronteras, sin asaltos, en paz y libertad. Pero las plazas de los mercados y los caminos tranquilos sólo se mantienen en paz cuando la circulación de mercancías se mantiene en equilibrio dinámico. Y por ello hace falta, ante todo, el Estado. Por ello, decir que el comercio genera la paz es una simple petición de principio, porque la paz está ya implicada en el mismo proceso de circulación, cuando este proceso está en marcha. Pero, ¿cómo ponerlo en marcha? ¿Acaso no había habido previamente una guerra que había despejado el campo de malhechores y de competidores? Y lo más importante, ¿cómo mantenerlo en marcha? ¿Acaso los mismo flujos comerciales, cada vez más abundantes, no rompieron de vez en cuando el equilibrio dinámico de la corriente de circulación, dando lugar a colapsos o a turbulencias?» (Bueno, La vuelta a la caverna, Págs. 386-387).

Por tanto, eso que llaman «Estado liberal» o «libre mercado» llevado a su límite ni existe ni puede existir (sin perjuicio de que existan los liberales y aún todavía los libertarios), y se trata simplemente de una ficción comparativa con respecto a los Estados llamados «intervencionistas» o  «socialistas» en el contexto de los grados de involucración de las categorías políticas en las económicas. «La diferencia entre un Estado liberal y un Estado socialista no es una diferencia entre economía libre y economía intervenida; más bien es una diferencia entre “economías intervenidas”, según determinadas proporciones… la diferencia entre una economía liberal y una economía con planificación central, tipo soviético, no será tanto una diferencia económica cuanto una diferencia política… La apariencia de una economía libre que funciona entregada a las leyes puras del mercado es una ilusión derivada de que esa economía, en el marco de la economía política, se comporta como si estuviera sometida a leyes naturales» (Bueno, La vuelta a la caverna, Págs. 270-271). «Si el Estado liberal propugna un intervencionismo mínimo y una privatización máxima en materia económica, cultural, etc. no es porque carezca de una perspectiva globalizadora, sino porque la burguesía dominante, dueña del control económico, y con sindicatos débiles, no necesita que nadie, fuera de ella misma, intervenga en sus planes y programas. Pero cuando ese Estado de equilibrio se rompe por motivos internos o por una coyuntura internacional, entonces es el mismo “Estado burgués” el que pedirá la intervención “totalitaria”» (Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las «ciencias políticas», Biblioteca Riojana, http://www.fgbueno.es/med/dig/gb91ccp2.pdf, Logroño 1991, Pág. 203).                

Aparte de garantizar la existencia del mercado y la seguridad de la clase burguesa que lleva ese mercado, el Estado también garantiza la seguridad de los más débiles. Antes que Marx, ya el padre del liberalismo dijo: «El gobierno civil, en la medida en que es instituido en aras de la seguridad de la propiedad, es en realidad instituido para defender a los ricos contra los pobres, o a aquellos que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 681). Así, Adam Smith postula, frente a Locke e influenciando en Marx, que el Estado no es neutral, sino un instrumento de los ricos o propietarios frente a los pobres o no propietarios.

La idea de Smith era que Gran Bretaña renunciase al dominio de sus colonias e inmediatamente después entablase un comercio libre que resultaría más ventajoso para la mayoría del pueblo, terminando así con los monopolios de los grandes magnates: «Al separarnos así como buenos amigos, el afecto natural de las colonias hacia la madre patria, que acaso se haya extinguido por nuestras recientes disensiones, podría revivir rápidamente. La dispondría no solamente a respetar durante siglos enteros el tratado comercial acordado con nosotros al separarnos, sino a apoyarnos tanto en la guerra como en el comercio, y a convertirse en los aliados más fieles, afectuosos y generosos, en vez de súbditos turbulentos y facciosos; y quizás pueda renacer entre Gran Bretaña y sus colonias el mismo tipo de afectos paternal de una parte, y de respeto filial de la otra, como el que solía existir entre las de la antigua Grecia y la metrópoli de la que descendían» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 609-610).

En resumen: esa libertad de la que disponen los capitalistas para comprar maquinaria, materias primas y fuerza de trabajo y vender mercancías sólo es posible a través del Estado de referencia y de la dialéctica de Estados (sin olvidar que ésta está constantemente codeterminada con la dialéctica de clases). Sin Estado sencillamente no hay mercado, por lo tanto la libertad de los burgueses depende del poder del Estado. Ya lo dejó dicho Marx en 1845: «Poder y libertad son idénticos» (Karl Marx y Friedrich Engels, La sagrada familia, Akal, Traducción de Carlos Liacho, Madrid 2013, Pág. 163). Por tanto, es el Estado el que garantiza los límites del mercado, las vías de comunicación, el orden público y la protección ante otros Estados a través de la capa cortical (en los tiempos del primer capitalismo contra los piratas y más tarde contra las empresas competidoras extranjeras). Sin Estado el libre mercado es un mito. Compartir

ACERCA DE LAS IMPLANTACIONES POLITICAS Y ECONOMICAS, SOCIALES, DE LA LLAMADA ERA DE LA POST-VERDAD. Reseña bastante bien elaborada, del libro del ex ministro de Economía griego Yanis Varoufakis, Comportarse como adultos. Mi batalla contra el establishment europeo

 Ciclos, Año29, Nro. 50, enero-junio 2018 ISSN 1851-3735, pp. 133-139 

 Reseñas bibliográficas ATUORA : NOEMÍ BRENTA

Yanis Varoufakis

Yanis Varoufakis, Comportarse como adultos. Mi batalla contra el establishment europeo. Barcelona, Deusto, 2017, 718 páginas. 

El autor de este libro es profesor de teoría económica y econometría. Doctorado en Essex, investigó y enseñó en Cambridge, la Universidad de Texas en Austin, la Universidad de Atenas, Glasgow, Sidney y otras. Es indiscutible que este experto griego conoce en profundidad las teorías, modelos y herramientas de la disciplina. También goza de una gran red de contactos globales construida a lo largo de su vida académica y profesional, y se maneja fluidamente en inglés. Un candidato ideal a funcionario económico de un gobierno endeudado con el extranjero. Pero no es así. Alejado de la ortodoxia, critica los efectos devastadores de las finanzas desreguladas, y llama con urgencia recuperar la democracia desplazada por ese minotauro global, título de un libro anterior de este autor. 

Varoufakis saltó a la fama cuando se hizo cargo del ministerio de finanzas de Grecia en 2015, en el gobierno de Syriza. Este partido de izquierda ganó las elecciones a los socialdemócratas y conservadores. El país estaba en ruinas por la depresión económica causada por el ajuste brutal, instaurado como fruto de las negociaciones por la enorme deuda externa del estado griego, que nadie quiso ver mientras crecía, y que al estallar la crisis, se extendió como un tsunami arrasando soberanía, vidas y bienes. En seis años el PIB griego cayó 28%, el desempleo pasó del 7% al 27%, y 65% en los jóvenes. El nuevo gobierno se comprometió a negociar la deuda preservando la dignidad del pueblo griego. Llamó a un referendum para someter al escrutinio popular la aprobación del programa de la troika formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, que implicaba sostener la austeridad, pero a pesar de que los griegos votaron por rechazar el programa ortodoxo y asumir los riesgos de tomar otro un camino, el gobierno ignoró estos resultados y volvió a firmar un acuerdo desfavorable para los intereses del país y de la mayoría de sus habitantes. 

Comportarse como adultos es la memoria de los seis meses que Varoufakis duró en su cargo de ministro de finanzas, y tiene un valor enorme, 134 Reseñas bibliográficas 

por varias razones. Una, como crónica de primera mano de las negociaciones de la deuda griega con la troika, de las distintas estrategias que el gobierno y los demás actores fueron ensayando, hasta derivar en el arrinconamiento de Grecia y la salida del ministro. Otra, por las ideas novedosas sobre alternativas para que la economía siguiera funcionando si la troika bajaba el pulgar o si el gobierno griego decidía suspender las negociaciones, por ejemplo, cómo mantener el sistema de pagos, cómo evitar las ejecuciones de pymes y los desalojos, cómo afrontar la crisis humanitaria. Y también por la creatividad de las opciones elaboradas durante las negociaciones, con el asesoramiento de expertos internacionales, en busca de una estrategia que permitiera resolver la deuda de manera ligada al crecimiento del deudor, o que al menos no profundizara su miseria. 

El libro también revela el mundillo lábil de componendas, alianzas y traiciones dentro del propio gobierno, los compromisos y vacilaciones de los líderes, los funcionarios quintacolumnistas que en realidad trabajaban para los acreedores y/o para la oposición, y saboteaban las estrategias oficiales. Aparecen también los dobleces del más alto poder mundial que, con sonrisas, amenazas o indiferencia accionaron para cumplir su objetivo de mantener viva una deuda impagable y de salvaguardar su autoridad. 

Todos sabían que la austeridad no funcionaba. Pero la cuestión de fondo era armar grandes operaciones internacionales de rescate a Grecia para que, a su vez, pagara a los bancos alemanes y franceses, y así evitar la bancarrota por sus préstamos irresponsables, como ocurrió con la deuda latinoamericana. Con ingenierías bizantinas para sortear las prohibiciones de aplicación de fondos del FMI y del BCE para financiar salida de capitales. 

La troika ya había asumido el control de recursos clave de Grecia, como el fondo de privatizaciones y el que contenía la mayoría de las acciones de los bancos; y también, revela Varoufakis, funcionarios de las instituciones presionaban para obtener beneficios para las compañías transnacionales, y desplazar a las empresas locales. Por ejemplo, el autor menciona que el FMI exigió que Grecia termine las restricciones para que los supermercados vendan remedios farmacéuticos. A su vez, el organismo recibió presiones para no publicar su análisis de sostenibilidad de la deuda griega. 

El libro también muestra las técnicas de manipulación y dominación ejercidas a través de las instituciones internacionales, banqueros, medios de comunicación, partidos políticos. Humillaciones, incertidumbre sostenida, roles confusos, no saber con quién hablar, arbitrariedad en la aplicación de las normas. La continua descalificación a través de los medios, la negación de la existencia de estrategias alternativas para negociar la deuda; las amenazas a la familia del ministro, que determinaron su salida del país, nada Ciclos, Año29, Nro. 50, enero-junio 2018, pp. 133-139 135 

se ahorró para torcer la voluntad inicial del gobierno de Syriza, de rescatar a Grecia de su ruina. 

Una noche lluviosa Lawrence Summers, poderoso miembro del establishment estadounidense y ex secretario del tesoro, reveló a Varoufakis la línea divisoria entre los políticos de adentro y de afuera. Los de adentro no escuchan a los de afuera ni les revelan nada de lo que pasa o se dice adentro. Tienen privilegios y poder, a condición de jamás oponerse ni criticar a los de adentro. Los que firman la entrega de sus países entran al selecto grupo. Varoufakis no firmó, y quedó afuera. 

Noemí Brenta 

¿Cual es el papel de la Filosofía en una sociedad política?¿Para qué sirve la Filosofía?Breve video donde el filósofo español Gustavo Bueno(Santo Domingo de la Calzada , 2014- Niembro, Asturias, 2016)expone sus argumentos con precisión de cirujano. Breve extracto de un video más extenso. Fijarse en especial desde el minuto 4.0

La filosofía en el conjunto del saber…y del hacer. Exposición desde el sistema del Materialismo Filosófico (ojo, no es el Materialismo Histórico de Marx, ni el Materialismo Dialéctico de Engels)

COMENTARIO DE INTROFILOSOFIA: Este breve comentario sobre qué es y para qué sirve la Filosofía, resulta vital para sobrevivir en esta Era de la Post-Verdad a donde nos quieren conducir , las mafia políticas ,periodísticas, sindicales y financieras, como corderos al matadero, o al esquiladero. La Filosofía sirve , como dice en la célebre metáfora expresada a través de El Mito de la Caverna, Platón, en su libro tuitulado La República, para quitarnos las cadenas de la ignorancia y tratar, con mucho esfuerzo de lograr ver la realidad de las cosas que conforman el mundo en que vivimos, con la mayor claridad posible, para ,precisamente , no ser esclavos de la opinión, del subjetivismo que cae en la oscuridad más vil. Por esto hemos presenciado en estos tiempos de posmodernismo, globalización, de cualquiera de sus partes y segmentos diversos, permanentes ataques contra la introducción de los estudios serios y rigurosos d ella Historia de la Filosofía, y de una Introducción a la Filosofía como un saber de segundo grado, no idealista ,ni metafísica, sino fuertemente arraigada en un materialismo gnoseológico, que parte de los saberes de las demás Ciencias, y del conocimiento de las tecnologías, para buscar desarmar las nebulosas que sirven a los que manipulan con engaños y recursos a la inteligencia emocional y otras lindezas posmodernas , para mantener a la mayor parte posible de gente en el fondo de la caverna platónica, atado s por las cadenas de la ignorancia y creyendo que las meras sombras de sombras , las apariencias que oscurecen y ocultan la realidad que es nuestro mundo material, puedan seguir sacando de nosotros todo lo que pude a cambio de unos mendrugos y migajas de sus festines.Esto es la decadencia de una sociedad. Por eso es importante la Filosofía.El arte de separar, de cribar, de triturar para ver mejor cada parte de los todos complejos que enfrentamos a lo largo de la vida. En resumen : triturar y denunciar los mitos de todo tipo que son perjudiciales para ser más libres, en el sentido de la palabra que le da el filósofo sefardí Espinosa