América Bárbara Entrevista sobre México a Carlos Fazio 05-06-2019

Estados Unidos necesita guerras los aranceles contra México no son misiles pero son una forma de desestabilizar y poner en crisis la economía. El gobierno de López Obrador va marcando importantes quiebres con gobiernos anteriores especialmente en materia de política exterior.

Origen: América Bárbara Entrevista a Carlos Fazio 05-06-2019

La Reforma energética en México. Privatizar los recursos mineros y energéticos , hasta hace años propiedad del Estado
Estrategias imperiales made in USA y aliados financieros globales

ESPAÑA: ¿Leyenda Negra, o Madre Patria? Un análisis y propuestas desde el Materialismo Filosófico y en base a varias tesis fundamentales propuestas por el filósofo español, Gustavo Bueno. Relaciones con el presente en curso.


España
: Leyenda Negra o Madre Patria

Autor Eliseo Rabadán Fernández

NOTA: El siguiente artículo fue publicado en El Basilisco(Oviedo), segunda época, nº 31 (julio-diciembre 2001) págs. 83-88

Los términos que vamos a considerar son los Estados o sociedades políticas a través de sus relaciones nacionales e internacionales.

Y esas relaciones deben ser consideradas desde los sujetos gnoseológicos y sujetos operatorios.

Hispanoamérica inmersa en la Globalización, in medias res

NOTA DE Introfilosofia : Por considerarlo de crucial interés, agregamos el enlace a esta reseña, que se conecta con los temas tratados en el video. Reseña del libro de Manuel Bartlett y Rosío Vargas analizando las consecuencias sociales y políticas de la Reforma energética implantada por México, bajo presiones de los EEUU y otros Estados interesados en los recursos mexicanos. http://www.scielo.org.mx/pdf/igeo/n92/2448-7279-igeo-92-00019.pdf

¿Quiénes son los sujetos gnoseológicos que se ocupan de establecer las relaciones entre los Estados, tanto nacional como internacionalmente?

La respuesta esperada sería aquella que afirma que los sociólogos, los politólogos, periodistas, e incluso los políticos, cuando tratan de explicar las relaciones dadas en este contexto.

¿Quiénes son en este contexto los sujetos operatorios?

Podemos considerar como tales a los elementos de las tres capas del cuerpo político, a saber: la capa basal, la cortical y la conjuntiva, esto es, los productores, los políticos y los militares y diplomáticos.

No es en vano que dedicaremos un espacio a este tema,ya que resulta crucial para establecer los criterios para delinear el mapa desde el cual nos podremos guiar en este laberinto de propuestas políticas que se observa tanto en nuestro país, España, como en el contexto de las relaciones internacionales.

Vamos a utilizar cuatro referentes que consideramos cruciales para nuestro propósito. Se trata de los siguientes estudios publicados a lo largo del siglo XX, los cuales, sin embargo,contienen multitud de referencias a hechos pasados.Todos tienen una fuerte implicación social y política.Todos se refieren a las sociedades políticas más importantes, en cuanto a su peso específico, sea este derivado de su población, de su situación geográfica o de la lengua y religión que representan como tales sociedades políticas, entendidas como cuerpos políticos, en el sentido de Bueno en su Primer Ensayo sobre las Categorías de las Ciencias políticas.

Los trabajos fundamentales que manejaremos son los siguientes:

1 – La libertad creadora, del médico y filósofo argentino Alejandro Korn

2 – España frente a Europa, del filósofo español Gustavo Bueno. Este libro ha sido publicado por primera vez en octubre de 1999 y lleva hasta mayo del 2001 tres ediciones, lo cual me parece un interesante dato,y permítanme ustedes hacer este breve comentario, dado el actual contexto en el que se sigue, por parte de intelectuales españoles, anclados en dos posiciones bastante definidas, como son las de consideran a España como esa Madre Patria que sólo dejara en Hispanoamérica las lacras más detestables de una católica España, oscurantista e intelectual y científicamente anti ilustrada y decadente; o la que nos considera hoy como avocados sin remedio a formar parte de ese Imperio que sería el dirigido por los anglosajones, y ello en todos los ámbitos políticos, económicos, militares y científicos. No quisiera parecer malicioso, pero debo señalar que dos de estos intelectuales son empleados por célebres universidades norteamericanas, dentro de las políticas culturales del nuevo orden mundial.

3 – La violación de los Derechos humanos en los Estados Unidos, del periodista y politólogo argentino Gregorio Selser, autor de una extensa obra sobre la Historia política de Hispanoamérica en el siglo XX.

4 – El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, del norteamericano Samuel Huntington,quien ha sido miembro del influyente Consejo de Seguridad nacional de los Estados Unidos.

Podemos comenzar por plantear una evidente contradicción entre lo que leemos en el libro de Huntington y lo que encontramos tanto en Bueno como en Korn.

Una mirada al libro de Huntington llevada a cabo panorámicamente, sin entrar en demasiados detalles, nos presenta a Occidente enfrentado a una decadencia y a una serie de peligros. Los peligros más relevantes para Occidente son, según el profesor de Harvard, la explosión demográfica del Islam y la creciente potencia económica de los países de Asia. Respecto de Latinoamérica, ésta es considerada como fuera de Occidente.

Veamos, por otra parte, cómo consideran los argentinos, ya en las primeras décadas del siglo XX ,a su país, a través de una cita del prólogo al libro de Korn, escrito por Eugenio Pucciareli:

” Por pertenecer al orbe de la cultura occidental era lógico que nuestros hombres dirigentes, al luchar por europeizarnos, por elevarnos al nivel que exigía la cultura de la época, utilizaran el caudal de ideas que el viejo mundo les ofrecía.”

Ortega y Gasset, por otra parte, planteaba en La rebelión de las masas que Europa había sido en la modernidad la directora del mundo.Y ello bajo el supuesto de que “la dirección de unos hombres por otros no descansa en la fuerza”. La dirección, la regla, decía Ortega, es el normal ejercicio de la autoridad, y ésta está fundada siempre en la opinión pública.

Hace ya setenta años las cosas habían cambiado respecto de la época directora, rectora, de Europa, como vemos al leer La rebelión de las masas, porque Europa se adentraba en una decadencia muy preocupante. Ortega comentaba que si los europeos viven acostumbrados a no ser dirigentes, será bastante una generación y media para llevar a todo el continente europeo y con él a todo el mundo, hasta una inercia moral, a una esterilidad intelectual y en suma, a la barbarie universal.

De Ortega y Gasset habría que sacar algunas enseñanzas de utilidad para nuestro presente como españoles y para el presente de los millones de hispanohablantes en América.

Considero un grave error suyo decir que los animales humanos habitantes en las regiones tropicales son inferiores a los europeos.

Esto es una auténtica barbaridad, y no ayuda en nada para que el proyecto de rescatar la Idea de Imperio Español – en el sentido de la propuesta de Gustavo Bueno – como alternativa para enfrentar ese Occidentedel que habla Huntington, en el cual los anglosajones son los únicos capaces de evitar la decadencia de Occidente, en los términos actuales tal como son expresados por el citado Huntington. Otro de los temas clave de la obra de Ortega, en este ámbito de la Europa como directora, se refiere a su afirmación de que “se nos dice que Europa está cesando de dirigir y que no sabe nadie quién va a ocupar su lugar”, para aclarar a continuación que entendemos por Europa, primaria y propiamente Francia, Inglaterra y Alemania.

El papel rector del mundo, tras la Segunda Guerra, quedó en manos de las dos superpotencias, EEUU y la URSS, hasta la fecha oficial del gran cambio y fin de la Guerra Fría : 1989.

Para Hispanoamérica, una especie de quimera que se pretendió similar al Plan Marshall para Europa, la llamada Alianza para el Progreso, fue el espejismo de la supuesta ayuda de su poderoso vecino del Norte. Los años 70 suponen el fracaso de un intento de desarrollo económico para América Latina que culmina con la entrada al GATT de la mayor parte de los países de esa zona excluida de Occidente, recordémoslo, por el señor Huntington, quien llega a afirmar que Latinoamérica se verá libre de la pobreza y desórdenes sociales y políticos en la medida en que sea capaz de abandonar el catolicismo y desarrollar el modelo protestante, en su versión evangélica, por cierto.

España, por otra parte, hasta su – internamente – polémica entrada a la OTAN, era un apéndice de la Europa rica y del poderoso Estado norteamericano, y a ello contribuyó, quiero resaltarlo aquí, la masiva emigración que provocó la derrota de la IIª República manos de Franco y sus aliados – y no deberíamos olvidar a los “neutros benévolos”, de que se ha venido ocupando el historiador español Moradiellos -.

Desde luego, un dato relevante para nuestra cuestión de la Leyenda Negra, es el papel de estos científicos, literatos, sociólogos, historiadores, filósofos españoles del exilio. Porque, ¿cómo es posible que una sociedad atrasada pudiera dar esos frutos? Este asunto no podemos ahora tratarlo con más detalle, pero es relevante y hay que anotarlo, al menos.

En el contexto de una Argentina – hacia los años veinte del siglo XX – deseosa de acertar en el rumbo político como nueva República ya en marcha, encontramos a Alejandro Korn, filósofo y médico, que nos expresa algo muy interesante, similar, a mi juicio, a propuestas clave de la obra de Gustavo Bueno.

“Todos los sistemas son lógicos, pero su abigarrada multiplicidad patentiza la ineficacia de la argumentación lógica. Es que cada filosofía distinta es la expresión de una valoración distinta. Luego ha de correr la suerte fluctuante de las valoraciones. Toda filosofía sistematiza en un alegato la voluntad que la inspira. Alguna vez, también, en épocas de decadencia, la ausencia de una voluntad, la ausencia de una convicción viva, fueron sustituidas por las pobres y vacías lucubraciones de la cátedra”.

Lo interesante de estas ideas de Korn, nos parece, se encuentra en el hecho de que ” la selección – de las valoraciones propuestas a la sociedad – la verifica el proceso histórico; prevalecen las que triunfan”. Pero hay que tener presente la advertencia de Korn de que” no siempre triunfan las más justas propuestas,es decir, las nuestras”. “Para propiciarlas acudimos al raciocinio, a la persuasión, a la coincidencia de los intereses o a la autoridad si la poseemos”.

Korn estaba convencido de que la formación de valoraciones sociales necesita de la pedagogía, entendida como lo que podemos definir al modo de la educación de los miembros de la sociedad, desde el seno familiar, hasta la educación institucional en las escuelas y universidades.

Me parece, sin embargo, que en la época actual, es preciso tener en cuenta el papel “educador” o transmisor de valoraciones que corresponde a los llamados medios de comunicación de masas.

Sobre el papel de la televisión, me permito recordar aquí la importante aportación de Bueno en su libroTelevisión: apariencia y verdad.

Pero no es el de los medios el único ámbito donde se forja la llamada opinión pública, o como la denomina la experta alemana – muy bien criticada, por cierto, por el profesor Felicísmo Valbuena, desde las coordenadas del materialismo filosófico, en su libro Teoría general de la información – Noëlle-Neumann, “nuestra piel social”, sino que se forja en universidades, congresos, conferencias, encuentros, centros de educación de todos los niveles y, cómo no, en los templos, todavía.

Pero aquí nos ceñiremos a los ámbitos del tipo de libro , dirigido a un público amplio, pero muy específico, que es el receptor de la obra de Huntington y de Bueno.

Lo que se constata al estudiar estos dos libros de fuerte implantación política, es el hecho de queexiste una Leyenda Negra sobre la España que forjó un Imperio y un Imperio Universal Civil (no “heril”).

Se niega la tesis que Bueno defiende, no sólo por parte de Huntington, sino por historiadores de enorme influencia en Hispanoamérica, como el célebre Leopoldo Zea.

Bueno plantea lo siguiente:

“Teniendo en cuenta todas estas distinciones, cabría reivindicar la estirpe hispánica de la Idea deImperio de Carlos I, reivindicación que fue propuesta ya, como es sabido, por Ramón Menéndez Pidal, con argumentosemicmuy sólidos y que reciben, nos parece, una enérgica reevaluación desde la perspectivaeticen que nos hemos situado. La Idea de Imperio de Carlos I, sin perjuicio de constituirse en torno a la Universitas Christiana(como condición general previa), habría tenido desde el principio una conformación estrictamente política (no religioso-positiva), incluso gibelina, como la tuvo la Idea de Imperio de Alfonso X el Imperio Universal Civil (no “heril”) sólo puede ser un Imperio conformado sobre reinos cristianos ya existentes o por crear;no puede ser un Imperio conformado por sociedades bárbaras o idólatras, ni tampoco un Imperio de dominación sobre pueblos cismáticos (musulmanes y, acaso también, protestantes). Según esto, si el Imperio debe ser cristiano no es tanto como medio de lograr la más plena unificación política (es la interpretación ordinaria), sino como el único modo de lograr la unificación política misma de los pueblos de un modo no depredador o tiránico “.

Podemos, siguiendo el hilo de las propuestas de Huntington, pensar que lo que él llama Occidente, ha de realizar planes (prolépticos) para conseguir la consolidación del Imperio no depredador, en cuanto a Latinoamérica, hacer que se hagan protestantes, para no verlos como enemigos, esto es, en términos de Bueno, no actuar como Imperio depredador respecto a esos países que forman lo que se conoce como Latinoamérica.

Pero es necesario y de gran importancia para el análisis,ver las limitaciones gnoseológicas graves que el concepto de Occidente manejado por Huntington encierra. De tal manera que Occidente podría ser interpretado, si seguimos las alternativas del libro España frente a Europa, como ese organismo transnacional que se conoce como Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, hasta ahora mantenida en su aspecto militar prácticamente por el núcleo tecnológico de la industria norteamericana, con todos los vínculos de Poder (político, económico, &, que esto implica).

Las dificultades para llevar a cabo la propuesta de Gustavo Bueno son enormes. No sólo por cuestiones históricas, pasadas, como el hecho de que los políticos y en general los habitantes de los distintos países iberoamericanos han sido educados en cierta medida, nada desdeñable en la mayoría de los casos, en la tradición de la Leyenda Negra respecto a España.¿Qué significa esto? Podemos afirmar que es un escollo enorme, al cual habría de prestársele una importante atención si se quiere desarrollar el proyecto alternativo, frente a las opciones de ir perdiendo nuestra propia referencia al período Imperial católico- en el sentido planteado por Bueno- en beneficio, como se ha señalado, de nuestros tradicionales enemigos políticos, los que sí han desarrollado Imperios, sean éstos depredadores , sean generadores.

Además de los componentes históricos, que por cierto, desde la perspectiva política y social iberoamericana, afectan de modo semejante a anglosajones y otros europeos, sobre los que podemos considerar que España tiene una clara ventaja, al ser reconocido, a pesar de todo, por la contundencia de los mismos hechos históricos, que España en cuanto Imperio, sí fue efectivamente generador.

Otros problemas pueden verse en los aspectos económicos, concretamente, la ya larga crisis que afecta a los países de toda Iberoamérica.

El problema derivado de la llamada globalización, incluidos los cambios que afectan el campo político que supone, según los analistas, una descomposición de los llamados Estados-Nación, derivada de los cambios económicos inducidos por las nuevas tecnologías y la creciente “mediatización” de lo político, en una situación de, podemos decirlo así, imperialismo mediático, en el sentido de que los intereses de los grandes consorcios financieros japoneses, norteamericanos y europeos, controlan los mensajes a través de esa red de grupos multimedia.

Dicho en otros términos, ¿de qué modo se puede llevar a la práctica el proyecto alternativo propuesto por Bueno?

Podemos pensar que este proyecto debiera, necesariamente, estar dado in medias res. Ello significa que, si el capitalismo es el único modo de organización social realmente existente, y cuya duración no parece verse comprometida, de momento, habrá que actuar en el intento de una coalición Iberoamericana, no sólo en el ámbito de la lengua y el pensamiento en español, sino , además, en el modelo económico. Quizá esa sea la idea que el actual presidente español, Aznar, ha tenido en mente, al proponer una Fundación para relaciones con Iberoamérica, a la que ha invitado a los dirigentes de la Banca y las principales empresas españolas.

El proyecto quizá esté no sólo en este libro de Bueno, sino que acaso esté ya en marcha, y no sólo por parte de España, sino que se observa, cuando a esta Fundación se decide invitar como miembros, al anterior presidente de México y a otro ex presidente Hispanoamericano.

Y, me parece, si hay posibilidades de que dicho proyecto sea algo más que una quimera metafísica, como algún intelectual, encerrado en la ya citada Leyenda Negra, y aún más, obcecado en el marxismo dogmático ya agotado sin duda, que esas posibilidades de un proyecto político y social para el cual la Idea de Imperio, en el sentido de Bueno, sí tiene raíces muy sólidas en Hispanoamérica, que lo permitan al menos convertirse en una alternativa para enfrentar tanto a la Europa en la que se nos pretende dejar siempre como meros comparsas, como enfrentar a la América en la que se pretende dejar a países como México (en el seno del Tratado de Libre Comercio, NAFTA, por sus siglas en inglés) como meros comparsas o socios menores de un proyecto en el que se los trataría de neutralizar como miembros del mismo, achacándoles, precisamente- tal es la idea manejada por Huntington – de ser bárbaros, respecto de los norteamericanos y occidentales.

Volviendo a las propuestas de Huntington, cuando a Iberoamérica se la deja fuera de Occidente, se está tratando de convertir en un hecho, algo que es una absoluta impostura, un engaño histórico tal que es urgente denunciar. Porque si se deja a Iberoamérica fuera de Occidente, se tiene que dejar además fuera, necesariamente – de acuerdo a la lógicade Huntington – tanto a Portugal como a España, y perdón por la insistencia, esta es la razón del empeño recalcitrante de seguir alimentando la Leyenda Negra.

No quiero dejar de recordar un tema que, desde México y por la influencia y potenciación que ha gozado, desde esferas políticas, ha sido de gran relevancia para este asunto, y porque si se va a trabajar por un determinado proyecto como el propuesto en el libro España frente a Europa, hay que ser conscientes de que se va a encontrar este escollo, pero de manera tal que no resultará sencillo superarlo.

Me refiero a la extensa obra del historiador -esa es su formación fundamental – yfilósofo mexicano, Leopoldo Zea, para quien incluso mereció la pena escribir un libro concreto,en el que se trata de mostrar que tanto Rusia como España jamás han formado parte de Europa, de tal manera, además, que ese hecho sería causa directa de la barbarie que engendran esas naciones. Esto explica la incapacidad de Latinoamérica, desde la perspectiva de Zea, para lograr estabilidad democrática y económica, en suma, para ser civilizados y no seguir en la barbarie; barbarie que nace en el seno de un Imperio Español bárbaro en sí, por la presencia de Inquisidores, de clérigos sumidos en la barbarie del catolicismo, como decía un intelectual al que me he referido, debido a que el Imperio era sólo retro feudal-militar y exclusivamente expoliador.

Hay mucho que discutir a este respecto, desde luego, pero sobre todo me interesa en este momento , entrar a la cuestión de la lucha entre los distintos Estados europeos, por el dominio de los nuevos territorios de América.

El aspecto militar es inseparable de todo Estado político.Y este mismo aspecto esinseparable, como es bien sabido, de la diplomacia. Como es sabido, todos estos factores están presentes en la Historia de los Estados implicados.

Esto supone que, en el actual momento histórico, cada una de las diferentes naciones políticas o Estados, tienen esa perspectiva etic, que podemos relacionar con los usos que hace Bueno como filósofo de los conceptos emic y etic.

Para el asunto concerniente a la posibilidad de, primero, poner en marcha el ortograma imperial y que los Estados de Iberoamérica lo comprendan, es naturalmente necesario hacerlo con la más lograda claridad y teniendo muy en cuenta esos factores emica que nos hemos referido.

Sin duda la propuesta, hecha desde España, puede resultar en cierto modo halagadora, pues se reconoce que los pueblos de Hispanoamérica son por derecho propio parte de la “civilización” de Occidente.

Pero por otra parte es preciso tener presente el llamado problema indígena, tan manipulado por unos y otros, por cierto. Este problema también puede enfocarse desde las coordenadas del materialismo filosófico, me parece, con buenas perspectivas prácticas, ya que coincide con planteamientos de algunos de los más relevantes antropólogos mexicanos, de los que quiero recordar especialmente a Gamio y a Aguirre Beltrán, quienes querían incorporar a los indios que no lo habían sido por las circunstanciasque fuere, a la cultura europea (es decir, a la implantada por España en la Nueva España).

La propuesta de Bueno podrá parecer descabellada, o inclusive, en términos progres, hasta una especie de vuelta a ese rancio nacional catolismo de la Patria imperial católica, &,&.

Lo que propongo es que no es así como se ayuda a establecer unas coordenadas seguras para manejar los problemas de España en Europa y de España en el mundo actual.

Creo que en Hispanoamérica se ha seguido una línea de continuidad en muchos aspectos de la vida social y política que han permitido, hasta la fecha, no ser engullidos por la cultura anglosajona, a pesar de los múltiples intentos de los principales – cuidado a este detalle: no los únicos- países que han tratado de ocupar el vacío de ese Imperio Español; primero Gran Bretaña, y luego, los Estados Unidos. Los dos han trabajado, respecto de América Latina, en una línea más depredadora que generadora, hasta fechas más omenos recientes. Pero sí se está notando un creciente empeño en apuntalar su dominio – económico y político – a través de la “generación de ideas, de pensamiento, de maneras de ser y de estar”, becando a jóvenes, implantando modelos educativos y religiosos, con todo el poder económico y político disponible.

Y España, hasta la fecha, por multitud de circunstancias históricas, no pudo llevar a cabo esa tarea, perolo que está sembrado, tras esa época Imperial, no se ha podido aún eliminar o neutralizar.

La propuesta tiene muchos matices, muchos hilos, pero no me parece desdeñable, y como he dicho alguna vez, puede llegar a “preocupar” a los otros europeos, y claro está, a los otros americanos, a los anglosajones del Norte.

¿Qué puede aportar el filósofo Ortega y Gasset a estos debates? Me parece que encontramos muy interesantes asuntos de utilidad. Pongamos por caso su idea sobre las masas implicadas en un proceso de ascenso político de una nación, que según plantea Ortega, implica que dichas masas no ven mal el ser dirigidas por una cierta élite, ya que verían en ese proyecto beneficio para sí mismas.

Cuando no hay auge sino se vive un proceso de descomposición política, de decadencia de un proyecto como miembros de una sociedad política nacional o estatal, las masas no aceptan ser dirigidas y esto produce, según Ortega, el caos, o lo que viene a ser equivalente, se realimenta la decadencia de tal sociedad. Lo que se observa es una especie de decadencia, en este sentido, en muchos países de Iberoamérica. Los proyectos puestos en marcha por dirigentes políticos de los años sesenta, han fracasado todos, y los votantes se muestran, en algunos casos, como en el actual Perú, desencantados, porque hay una decadencia que se vive en el deterioro de las condiciones de vida. No se tiene “fe” en los políticos. Se promueve el voto en blanco. En otros casos, como en México, la sociedad, las masas (en el sentido de Ortega), estaban tan cansadas de la decadencia a que el PRI las arrastró desde los años setenta, que han buscado la salvación en un líder político que les presentó un proyecto, pero el riesgo es que ese proyecto sea fagocitado, digamos, por el de sus vecinos, los poderosos EEUU imperiales.

Y aquí vemos cómo el tema planteado por Bueno es de la más urgente relevancia en este momento histórico.

Por otra parte, el hecho de que España forme parte tanto de la OTAN como de la UniónEuropa, hace aún más compleja la cuestión de la propuesta de Bueno. Quiero decir que debe ser llevado a cabo con mucha “diplomacia”(cosa que espero seamos capaces de hacer, si de hecho este proyecto se va llevando a la práctica con la envergadura que precisaría), para evitar llevarlo a un posible fracaso prematuro.

Quizá un error, ya en marcha, derivado acaso de falta de apoyo filosófico, lo encontramos en el actual modo de empezar el llamado Instituto Cervantes, desde España, dejando a un lado la participación de hispanoamericanos.

Creo que Bueno debe hacer un esfuerzo más para que desde España e Iberoamérica desarrollen estas propuestas.Ya existe y es un enorme esfuerzo, la Fundación Gustavo Bueno, que trabaja en esta línea, pero no esperemos todo de una sola persona, creo que es preciso el apoyo de quienes vemos valiosa la propuesta alternativa, como la vengo denominando, y más que demoler antes de edificar, tratemos de mirar los planos del proyecto y discutir si vale la pena o no seguir construyendo algo, o reformar los planos, o empezar por demoler los primeros ladrillos, antes de saber qué se pretende construir.

Las posibilidades que se abren, desde la plataforma en que se ha situado Gustavo Bueno, a la América Hispana, se reducirían a tres, a saber:

1-“Ser el “reverso” de la América anglosajona: mano de obra barata del capitalismo del dólar; abrirse a la influencia de su organización económica, de su filosofía analítica, sus religiones evangelistas o calvinistas y su tecnología y su modo de vida”.

Por cierto, señalaré muy brevemente que esto no son palabras, sino que, al vivir (de nuevo) la realidad mexicana durante un año (entre el verano del 99 y el del 2000) pude constatar cómo esta “posibilidad” se está extendiendo de hecho, pero además, en el caso de la filosofía, de una manera totalmente “degenerada”, en cuanto a su aplicación académica y política, respecto al modo en que los norteamericanos lo llevan a la práctica.

2-“Tratar de alcanzar una independencia efectiva, buscando la unidad o la identidad común mediante su “liberación” del capitalismo anglosajón, pero también del capitalismo europeo y ,en particular, de España. Los promotores de la llamada “filosofía de la liberación” van por ese camino

Habría que comentar sobre este asunto que además están, en concreto el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel (y lógicamente todos sus discípulos), haciendo el juego a los alemanes de la “ética del discurso” y de la “hermenéutica”, porque pretenden lograr con ello su aval filosófico. Realmente es fantástico este asunto, en el sentido de la ficción literaria y su fantasía.

Por cierto, merece la pena señalar en este momento la importancia de ofrecer alguna filosofía sistemática “fuerte” para entrar en la dialéctica que existe, con alguna alternativa que tuviera cuando menos posibilidades serias de enfrentar esta situación con éxito. Me parece que la Teoría del Cierre Categorial podría jugar este papel, no sólo en América, sino en la propia Europa.

3-“Tratar de construir la “liberación”, respecto de América del Norte, no en el sentido de la inmersión en los abismos de la Pachamama, sino en el sentido del desarrollo de la cultura y lengua que les es más común(…)”.

Es importantísimo, en el contexto de toda la argumentación sobre la oposición “Madre Patria/Leyenda Negra”, tener muy en cuenta lo que Bueno advierte sobre la relación entre los actuales Estados de la América Hispana (Iberoamérica) y España.

No se trata de ninguna manera de propuestas panhispánicas que desde España fueran vistas como una re españolización de América, que “serían vistas, desde América como un movimiento intelectual y económico “que no dejaría de ser imperialismo”.

Y esta es la tesis, que por lo que puedo comprobar, no ha sido entendida por los críticos o comentaristas del libro de Bueno. Una tesis fundamental que se puede enunciar de este modo :

“Aquí partimos de la soberanía y de la independencia, no sólo política, sino cultural, de los pueblos hispánicos americanos y de los intereses que ellos puedan tener en vivir dentro de una comunidad hispánica frente al imperialismo yanki. Pero lo que afirmamos es que el fundamento de estos intereses, si existen, aunque nada tenga que ver con un actual “imperialismo” español, no podría ser desconectado del “imperialismo generador” pretérito”.

A continuación nos encontramos, en el libro de Bueno, una serie de propuestas para llevar a la realidad, en el caso de elegirse la opción tercera de las anteriormente propuestas, con las dificultades, muy serias, que encontraría su posible puesta en marcha. En especial, cuando de economía se trata, los intereses agrícolas europeos (especialmente franceses y los propios españoles).

Si tenemos en cuenta que la opción es muy difícil, ya que, como Bueno señala, las “Cumbres” Iberoamericanas recientes y las proyectadas, se han venido limitando a meros acuerdos en campos muy acotados: intercambios culturales, de cooperación (vía ONG´s) e inclusive en asesoría para temas de “seguridad ciudadana”, lo que parece quedar como más efectiva realidad, es que el imperio anglosajón se fortalece y que España sigue enfrentando sus propios problemas acerca del papel que le queda en este contexto -respecto de América Hispana y de Europa – .

Me parece que Bueno no es, ni mucho menos, tan ingenuo como para promover, como algunos quieren presentarlo, una alternativa tan descabellada como si fuera “la vía” a seguir. Lo que ha hecho en este libro es, por una parte, advertir de las falacias derivadas de ese relativismo cultural, que tanto daño ha venido haciendo (y seguramente seguirá) en los países de América. (Por cierto, no creo que sea en absoluto algo casual o inocente, el hecho de la cantidad apabullante de cátedras especializadas en los llamados “estudios de género ” y de “identidad”. Se busca potenciar, desde EEUU sobre todo (ojo, también se está trabajando de este modo en Europa, sobre todo últimamente en la Europa ex comunista) una antropología y sociología de las identidades culturales.

Por otra parte, se señala el enorme riesgo, no de desaparecer como “naciones” en el seno del bloque yanki, sino de conformar la parte de reserva de mano de obra barata manejada con la ayuda de las élites criollas de siempre (desde la Independencia es notorio).

La razón de que Bueno “insista”, al menos eso podemos pensar, que hay una cierta insistencia, o mejor aún, una apuesta por la posibilidad de una relación España / Iberoamérica frente a Europa y frente a los Estados Unidos de Norteamérica, la encontramos en sus tesis sobre el proyecto “europeo” de Europa, el proyecto actualmente en marcha que, como muy bien ha mostrado el propio Bueno, es un “arrojado histórico” que determina las posibilidades de construcción de ese proyecto de Europa.

Pero es precisamente en este punto, donde se ve reforzada la apuesta, que en otro contexto no determinado desde las citadas coordenadas históricas que diseñan la actual Europa en construcción, podía parecernos muy difícil de explicar y hasta descabellado o hasta, llegando al límite, reaccionaria (como ha definido dicha apuesta de Bueno, Fuentes Ortega, por ejemplo).

Consideremos a continuación dos aspectos muy relevantes para la propuesta de una Comunidad (sea de un tipo u otro) de Estados Iberoamericanos.

En primer lugar, el hecho de que España pertenece a la Unión Europea, lo cual condiciona las propias relaciones políticas españolas con los Estados Iberoamericanos, por ejemplo, en cuanto a la llamada doble nacionalidad. Que España acepte que un súbdito argentino pueda ser español, no implica que el argentino que hubiese adquirido, desde las legislaciones argentina y española derechos de doble ciudadanía, tenga por ello, los derechos como “europeo”.

En este ámbito, la consideración de Bueno acerca de la Comunidad o Unión Europea como una biocenosis, es aplicable también al caso de América. Un ejemplo muy conocido: el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en el que México, Canadá y Estados Unidos forman una “comunidad”. Allí el concepto de biocenosis que maneja Bueno es prácticamente evidente.

En segundo lugar, y estrechamente relacionado con el concepto de biocenosis – en el citado sentido de Gustavo Bueno – podemos considerar dos aspectos :

1- Los distintos Estados de Iberoamérica, cuando firman Tratados, no lo hacen en nombre de esa “ideológica” noción de solidaridad entre pueblos “hermanos”, de la que se llenan los labios los políticos, sino que se hacen teniendo que establecer estrategias prolépticas de fines y medios , dados en una “lucha por la vida”,en la que no se puede hablar de fraternidad latinoamericana. Esto, por una parte, y sin perjuicio de reconocer que la misma idea de biocenosis, aplicada a este tema, resulta ser factor de uniones efectivamente benéficas para los Estados que las construyen; pues ellos mismos, a su vez, deben cooperar para mantener la vida de sus poblaciones, la eutaxia, en el sentido que de Bueno a este concepto de las Ciencias Políticas .

2 – La relación de estos Estados Iberoamericanos, que forman biocenosis determinadas, como es lógico, por el propio medio: cercanía física, fronteras comunes, problemas similares, posibilidades de establecer políticas de colaboración aacdémica, &, con otros grupos o biocenosis.

Mencionaré, a modo de ejemplo, el caso de México. Cuando México forma parte de ese tratado con Canadá y EEUU, se produce un cambio en su modo de relacionarse con sus vecinos al Sur, en especial con Centroamérica, que empiezan a ver cómo la distancia económica, política, demográfica, que los separaba, parece acrecentarse enormemente, ya que ellos mismos ven muy difícil poder ser socios de ese Tratado(el TLC).Intentará México, sin embargo, de mantener las mejores relaciones con sus vecinos centroamericanos, pero teniendo a su vez que actuar en el seno del TLC. Le sucedería a México un poco lo mismo que a España en sus relaciones con Iberoamérica, radicalmente diferentes antes y después de ser miembros de la Unión Europea.

Otro aspecto de México, por ser además el país más emblemático en este sentido, es el de sus relaciones con el mundo anglosajón.

En México, las cuestiones a que Bueno hace referencia sobre el Imperio Católico español en cuanto que se enfrenta tanto al Islam como al cristianismo luterano y calvinista y sus “variantes evangélicas”, las encontramos especialmente desde que los gobernantes de EEUU comenzaron a prestar atención a la problemática de cómo consolidar y desarrollar su proyecto imperial depredador en fase de paso a imperio generador – lo cual por cierto, supone la desaparición de la cultura anterior, vía sustitución, que es lo que propone claramente Huntington -.

Enfrentaron el problema de que el cristianismo católico se transformaba en lo que la Iglesia (el Vaticano) consideraba una herejía, a saber: la teología de la liberación, pero más bien por la apropiación que los políticos marxistas (en concreto en Nicaragua) llevaron a la práctica real, abortada militarmente por las “contras” dirigidas por EEUU, como es bien sabido.Y este es el tema que Bueno advierte: cómo, tras la derrota político militar a la que ayudó el papa polaco, de esa opción marxista católica, totalmente contraria a los intereses capitalistas de EEUU, se presenta una situación completamente diferente, en la que el único modo de enfrentar al luteranismo (es decir, al imperio anglosajón) en Iberoamérica (y en España de diversa manera, pero con rasgos genéricos comunes, respecto de Iberoamérica), sería potenciar el catolicismo.

Es aquí donde encuentro un problema, acaso derivado de la falta de espacio – me refiero al libro España frente a Europa, pues un libro que se centra en la relación de España y Europa, el asunto de Iberoamérica, creo, no ha tenido la posibilidad “física” necesaria : hubiera sido necesario otro libro mucho más extenso.

Me refiero a lo siguiente: lo primero que saldrá a la luz, es la crítica que plantea que la España Católica no ayudó a mejorar las expectativas de las Naciones Iberoamericanas, tras la Independencia, porque era una España que censuró las Ideas de la Ilustración y por tanto, mantuvo a Iberoamérica en desventaja respecto a sus vecinos del Norte, que sí lograron avanzar social, económica y políticamente. Es la tesis de Zea sobre Ariel y Calibán, tan extendida en las universidades de Iberoamérica.

El hecho es que los dirigentes Iberoamericanos buscaron a lo largo del siglo XIX adaptar a sus Repúblicas el modelo europeo del liberalismo político. Pero aquí hay un periodo histórico de crucial importancia para comprender los problemas de Iberoamérica y sus relaciones con los Imperios europeos y el norteamericano.

No podemos extendernos en este tema, pero sí quiero prácticamente ya para terminar comentar que México, en el momento actual, está vinculado cada vez más, en todos los aspectos del comercio, la academia, el arte, la banca y la industria, a la vida estadounidense, en especial todo el Norte del país.Y la cuestión, en cuanto a la propuesta de Bueno, será la de saber si a los mexicanos les interesa realmente establecer esa relación con España o les interesa más seguir la relación ya en vías de una muy fuerte consolidación con los yankis.

Me interesa recordar la idea de un especialista mexicano en las relaciones de México y EEUU- por cierto, nada partidario de ellas, en el modo en que se vienen desarrollando, precisamente por la enorme asimetría de las culturasmexicana y estadounidense – de que existe una “absorción benevolente de México, por parte de su vecino anglosajón”. Para desarrollar un plan en el sentido de la propuesta de Bueno, hay que trabajar, me parece, en dos sentidos (entre otros temas) que son básicamente los siguientes:

Enfrentar la Leyenda negra o su mito fabricado por los enemigos de España, desde luego los ingleses y sus primos yankis, por medio de la “contraleyenda”. En este sentido es en el que he querido presentar a ustedes el libro de Gregorio Selser sobre la violación de los derechos humanos en Estados Unidos.

Mostrar cómo, a través de la manera en que el catolicismo puede manejar la filosofía, se puede obtener el beneficio de no ser “absorbidos” por ese Imperio que para generar pasa necesariamente por una fase depredadora a la que parece ser que no se le ha dado la importancia en el actual momento, pues muy hábilmente se presenta como el socio solidario, y esto también se puede demostrar recurriendo a autores como Selser que no es, por cierto, ni mucho menos utilizado en las universidades privadas de México, que miran a los EEUU o a los alemanes, para construir un capitalismo protestante, es decir, un capitalismo que beneficia a los alemanes, ingleses, norteamericanos y a sus socios en Iberoamérica.Y ese problema también quiero advertirlo aquí, porque, me parece, la Iglesia Católica puede adoptar tantas pieles como sea necesario a sus intereses. Pacta con los anglosajones cuando le interesa,y este es un muy gran escollo para lograr algo.

Por lo tanto, y creo que Bueno lo ha visto con mucha claridad, hay que dedicar una atención especial al estudiar el concepto de Imperio español, cuando advierte el autor de España frente a Europa que los Reyes españoles no aceptaban un Imperio sometido a la Iglesia.

Autor

Eliseo Rabadán Fernández

erabadan@yahoo.com

Guerra Hispano Cubana contra EEUU y nacimiento del colonialismo norteamericano en Hispanoamérica. El caso de Puerto Rico como motín de guerra, ilegalmente ocupada.

GREGORIO SELSER

https://www.ivoox.com/1889356 Intervención e imposición de un gobierno colonial en Puerto Rico , por parte de los EEUU https://www.ivoox.com/1889356

La propaganda yanki , digno modelo de la nazi hitleriana

Metástasis del terror. Reflexiones sobre las mafias del poder en México y sus impactos en la sociedad

Texto: Alejandro Castillejo-Cuéllar Foto: Héctor Guerrero / Archivo Pie de Página 

19 de marzo de 2018

La metástasis del terror: meditaciones intempestivas sobre la violencia en México

A inicios de este año, el antropólogo colombiano Alejandro Castillejo estuvo en México compartiendo con periodistas y académicos su experiencia en las narraciones de la violencia. Este texto reúne las impresiones de Castillejo sobre esos encuentros que sucedieron en Ciudad de México y la Sierra de Puebla. Sobre la importancia de la escucha como un acto político y la reivindicación del silencio

Me siento a escribir este texto, entre la reflexión académica y la meditación personal, movido por mi última visita a México, a la Ciudad de México y a la Sierra Norte en Puebla. No es la primera vez que voy a este país. De hecho, durante los últimos cuatro años he ido con frecuencia, a veces para cumplir compromisos académicos en universidades y centros de derechos humanos, y en una ocasión fallida con el objeto de profundizar mi trabajo de campo sobre los procesos de búsqueda de personas desaparecidas, explorando lo que llamo “la vida social de la búsqueda”[1]. Un intento por crear una relación de más largo aliento, y no una mera práctica pasajera de “trabajo de campo” y sus respectivas geo-políticas extractivas de testimonios, con una realidad concreta y sus historias de heroísmo y tragedia. Digo “fallida” porque una cosa es lo que uno se imagina haciendo como investigador (aunque suene obvio) y otra lo que realmente podemos hacer en medio de violencias concretas. Ahora, al releer esto de manera retrospectiva, retomo mi propia experiencia de trabajo etnográfico cuando comencé a estudiar el terror, la corporalidad y el desplazamiento en Colombia hace dos décadas: en medio de la guerra, la ausencia de “datos” (lo que eso quiera decir) es el “dato” más relevante. La “imposibilidad” o lo “fallido” son de hecho centrales para entender la manera como la violencia se entreteje con el “paisaje existencial” de los seres humanos que lo habitan.

Viniendo de Colombia, además, me interesaba explorar algo que he terminado por llamar la gubernamentalidad del terror y sus desprotecciones e indiferencias estructurales como modos de organización de la experiencia social. Una especie de necro-política por indiferencia, porque genera cuerpos en tanto ruinas, cuerpos considerados irrelevantes: los cuerpos de los botaderos y casas de pique en Buenaventura en Colombia (cuerpos negros), los cuerpos de los vertederos de Tamaulipas o Ciudad Juárez (de jóvenes o mujeres), generados masivamente ante la indiferencia instalada en tanto forma de operación de la llamada Estatalidad. No puedo ser más escéptico con la figura del Estado, que más que una entelequia conceptual, es un conjunto de formas de hacer y ser Estado. Y todo esto en medio del “evangelio global del perdón y la reconciliación”, de la instauración de la víctima como sujeto político (al menos en el abstracto legal y moral) y la aplicación de criterios internacionales de justicia, verdad y reparación en los contextos sociales más disimiles posibles.

Con esto en mente, nos reunimos en un dialogo colectivo con una grupo de colegas provenientes del periodismo (Periodistas de a Pie y otr@s), del mundo de acompañamiento a víctimas, y el trabajo académico. El tema central de esos tres largos e intensos días de reflexión fue el acto de testimoniar la violencia y sus encuadres textuales, visuales y sonoros. “Implosionar” el testimonio era lo que yo quería proponer, sacarlo de sus dimensiones orales, cuestionar sus modos de recolección y poner en perspectiva sus modos de circulación social. Implosionar el testimonio y la palabra hablada en tanto certificación del dolor quiere decir poner en tela de juicio las condiciones de su enunciación, y quizás de su domesticación. El nuestro fue un gesto que a todos y todas nos sirvió para hacer un alto en el camino, un gesto similar al del Ángelus Novus de Walter Benjamin (1940), el ángel del tiempo y la historia, quien (sacudido por los vientos del futuro) voltea su rostro hacia atrás,  hacia el pasado, para divisar con espanto sus ruinas y el silencio que conllevan.

En lo que sigue, además, retomo un encuentro muy conmovedor con un grupo amplio de escuelantes (aquellos, yo creo, quienes retornamos a la escuela) del Colectivo de Prácticas Narrativas reunidos en el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural y su Universidad con los Pueblos. También tejo este texto con un breve encuentro con colegas de la Universidad Ibero y mis impresiones durante el conversatorio de lanzamiento de uno de mis libros en la Casa Refugio Citlaltépetl, ambos en Ciudad de México[2]. Todos a una, sin distingo de contexto, se mezclan en los párrafos que vienen.  Finalmente, el carácter de este texto —escrito en primera persona y asumiendo sus riesgos— es provisional y parcial, por lo que todos los errores son mi entera responsabilidad.

¿Y qué es el terror?

México es una sociedad aterrorizada. Paralizada. Enmudecida. Anestesiada. Esto no obstante sus momentos de movilización y el trabajo continuo de muchos. El terror ha adquirido una carácter metastásico: las noticias locales giran en torno a la criminalidad rampante, al abaleo entre vecinos, a la ingobernabilidad de regiones enteras controladas por mafias de narcotraficantes en colusión con agentes estatales. Ese secreto a voces, o a grito herido. Metastásico por que junto con los medios, el rumor, el chisme, la historia, y el relato grotesco circulan como pólvora encendida, sobre todo para quienes estos temas son parte de su trabajo profesional. Los mensajes de los barones de la muerte se escuchan y su violenta forma de signar, o imponer un signo al Otro, viene acompañada de una cierta indiferencia institucional que emerge como condición de posibilidad.   

En otras palabras, las clásicas fronteras entre el orden y el desorden, entre la legalidad y la ilegalidad, entre las márgenes externas e internas del Estado se han vuelto porosas, si no lo han sido siempre, incluso en las llamadas “democracias maduras”. Es más, la misma idea del Estado como principio de realidad organizativo está en entre dicho, como centro cognitivo de autoridad y la protección. Se ha vuelto torturador administrativo, que se anestesia ante el sufrimiento de otros. Hay lugares, como en Colombia,  que como huecos negros absorben la capacidad social de significar y muestran dicha porosidad de manera evidente: Tamaulipas, Coahuila, Ciudad Juárez, Ayotzinapa, por mencionar unos “lugares” en medio de esa vastísima cartografía de la muerte Mexicana reciente.

Y aquí quisiera tomar un atajo: cuando digo que como antropólogo estudio la violencia entonces me concentro en tres cosas interrelacionadas: en las inscripciones del poder (entendido de manera amplia) sobre el cuerpo del Otro (ser humano), produciendo ciertas corporalidades; las inscripciones del poder sobre el espacio, creando territorialidades; y sobre los modos de nominar la realidad, es decir sobre los modos como se producen las metáforas que habitamos en nuestra vida diaria. La violencia es entonces una forma de “negación” de la projimidad de ese Otro, o literalmente del Otro, que se ejerce en estas tres dimensiones de lo humano en interacción con campos de poder más amplios. Obviamente, nada de esto habita el vacío histórico. Por ejemplo, si hablara de la dimensión corporal de la violencia se podría afirmar que a veces puede ser literal, como la signatura violenta en los casos de violencia contra las mujeres, quienes han sido vistas en Colombia como territorios, instrumentos o la guerra misma. A veces menos literal, como las signaturas que deja el hambre crónica administrada estatalmente sobre los cuerpos macerados de los niños.

Sin embargo, la experiencia del terror emerge, a mi modo de ver, no sólo cuando se tejen estas “signaturas” (como la metáfora Kafkiana en la Colonia Penitenciaria)[3], sino cuando las estructuras del mundo de la vida, nuestras experiencias del tiempo, de la continuidad y la ritualidad humanas, y el orden de la vida cotidiana, se trastocan radicalmente, cuando las categorías que estructuran la vida diaria se sobreponen, se transgreden, se hacen simultáneamente excluyentes e incluyentes. Es el reino de la alteridad radicalizada, posiblemente de la ininteligibilidad, donde lo radicalmente extrañado cohabita con lo familiar, lo que Freud llamaría en su ensayo de 1919 Das Unheimliche y que traducimos, con ambivalencias semánticas, como lo siniestro. Por supuesto, como antropólogo también me dedico a estudiar, a través de éticas del hacer y epistemologías colaborativas, las maneras como las personas habitan y sobreviven creativamente en momentos de violencia y en momentos de post-violencia. Como antropólogo, paradójicamente, no me dedico a entender la cultura, el orden social o sus estructuras de significado, sino lo que los derrumba, a la posibilidad misma de las ausencias del sentido[4].

La Innombrabilidad del mundo

Y con esto retorno a México. Quizás uno de los elementos más sobresalientes en los diálogos sostenidos fue el tema de la innombrabilidad de lo que acontece en el país, es decir, asignarle un nombre a esa especie de tsunami permanente de violencias. Pareciera que las palabras le quedaran chicas a la realidad: violencia, impunidad y desaparición no contienen o parecieran no representar lo que buscan representar. Para comenzar, asignar un nombre o nombrar el mundo es situar la experiencia en un orden de categorías, en un sistema de clasificación: son una serie de modos de codificación y edición de la realidad. Formas de ordenar y procesar información. Es uno de los mecanismos sociales a través de los cuales los seres humanos navegamos la vida. Bien podría uno preguntarse entonces qué quiere decir para una sociedad que ciertas experiencias sean innombrables, in-clasificables, in-ordenables, in-codificables (o que sobrepongan todas las clasificaciones posibles), y que encarnen la posibilidad de lo abyecto, como escribiera Julia Kristeva en los Poderes del Horror.

 En esa misma línea, aunque explorando otra arista, veo en esa innombrabilidad algo más fundacional. El acto primigenio que constituye lo humano, en algunas sociedades, es el hecho social de asignar un nombre al recién nacido a través de un ritual. Asignar un nombre, nombrar el mundo, implica el ingreso a una comunidad moral, a una historia que se materializa incluso en el nombre como tal, que en algunas ocasiones son relatos históricos en sí mismos además de trayectorias familiares,  o formas sociales de contar el tiempo. Asignar un nombre es también acoger, llevar de la mano por un camino concreto, es habitar el mundo de una forma particular, es incluso trasegar por un territorio pedagógico donde las líneas entre lo posible y lo no posible se instauran. Esa asignación, para bien o para mal, viene acompañada de una distribución social de su administración y en cierta medida crea las condiciones para un tipo de futuro a recorrer, como creyente, como parte de una comunidad.

En las religiones del Libro (por mencionar unas), el bautizo católico o el aqiqah en el Islam son parte de ese lazo primigenio que significa nombrar. Incluso la marca de esa communitas moral, también en el Judaísmo y en el Islam, se sella con la circuncisión en los niños. Me reservo el tema de la distribución social del trabajo de la memoria para otro momento. En el mundo de lo humano, nuestras relaciones con lo sagrado, y con lo no sagrado, están atravesadas por esta “nombrabilidad”. Hay en la herida una forma de la memoria, hay en ese dolor que se incrusta en el cuerpo como recuerdo, un signo y una forma de la comunidad y la continuidad: el dolor es constitutivo del relato de origen.

A la luz de esto, ¿qué implica para una sociedad esa innombrabilidad? ¿En qué escalas podría verla? ¿Qué se derrumba, que se disgrega, qué communitas se fractura? Se rompen los órdenes de clasificación de la experiencia, el mapa con el que se recorre el tiempo y el espacio, y se rompe un sentido de unidad. Un mundo innombrable es un mundo colonizado por el terror, que se hace metastásico. Sin embargo, como la circuncisión, el dolor colectivo tiene una dimensión productiva. Creo que la sensación de vacío de muchos de mis colegas se debe a que no sabíamos cómo conectar dolor, con la idea de la nación y con la posibilidad de la narración. ¿Cómo se podría contar en pequeña y en gran escala, para el beneficio de nuestros hijos, lo que acontece en México (o en Colombia, o en Guatemala, o en el Salvador)? Por supuesto, me refiero a cómo hacer nombrable el dolor colectivo, ¿en qué registro, en qué escala, en qué lenguaje?. Que dice esa relación de un “nosotros”? ¿Qué es la herida y a quién exactamente le duele? ¿Dónde se localiza el dolor? ¿Qué quiere decir, si es que lo dicen, que a una “nación” le duelan sus desaparecidos, o que a la “patria” le duelen sus muertos?. Estos fueron y han sido temas recurrentes en mi trabajo etnográfico en Sudáfrica, en Perú y en Colombia. En México me parece toman una dimensión particular.

La “reducción” de la experiencia
 

Sin embargo, hay un término que parece colapsarlo todo, “desaparecido” o “desaparecida”, y por supuesto la palabra “víctima”. Digo “colapsar” en el sentido de “agregar” una variedad de experiencias en una unidad (como cuando se crea un corpus), incrustada en la relación entre dos términos: víctima-desaparición. De hecho, durante los encuentros se hizo obvio. Eran colegas acompañantes de familiares de desaparecidos o que escribían sobre sus diferentes mutaciones en la contemporaneidad del “capitalismo gore”, según la sugerente provocación de Sayak Valencia: escribían por ejemplo sobre jóvenes capturados y capturadas por la “institucionalidad” y que nunca regresaron (a los confines del mundo familiar), mujeres que luego de vivir el limbo de la ausencia forzada y la agresión sádica “aparecían” tiradas o abandonados sus cuerpo en una autopista, o jóvenes que ni siquiera habían dejado rastros y cuyas ausencias se convertían en moneda de cambio entre expertos. En fin, incluso, bastaba con ir al cualquier librería (mientras leía los repostajes de Daniela Pastrana y Marcela Turati) y solicitar lo publicado sobre violencia en México. Sobre la mesa llegaban Procesos de la Noche de Diana Ángel; Ni Vivos ni Muertos de Federico Mastrogiovanni, Una Historia Oral de la Infamia de John Gibler y Nadie les Pidió Perdón de Daniela Rea. Claro que lo que aparece depende del mercado, de sus modos de circulación. Por su puesto, también llegaban los reportajes sobre las Maras y los Zetas, es decir, sobre lo grotesco, creando una continuidad con el carácter metastásico del terror. Claramente, son los periodistas quienes están frente al cañón, literalmente, junto a organizaciones locales de acompañamiento y derechos humanos. Se podría construir un mapa del país basado en esta red de instituciones y localidades. El mapa de lo humanitario se sobrepone siempre sobre al mapa del terror.

Esta unidad semántica víctima-desaparición (acompañada de lo grotesco) también emergió en escenarios “académicos”, no sólo en esta sino en otras ocasiones. Por ejemplo, invitar a las “víctimas” es por definición invitar a los “familiares” (de desaparecidos), que con frecuencia, al menos en Colombia y en Sudáfrica, emergen en lo público como ilustraciones del dolor, “víctimas iconizadas” les llamo yo, cuando tienen suerte. Digo “ilustraciones” porque con frecuencia sus voces habitan una epistemología del dolor que no entendemos quienes no la habitamos. Hay una economía política de la experiencia del dolor, por (igualmente) grotesco que parezca. En ocasiones incluso ese fenómeno de desterritorialización que llamamos migración forzada (por condiciones estructurales y amenazas) y otras formas de tráfico propios de algunas zonas fronterizas, también se colapsaban en la triada desaparición-víctima-grotesco. En últimas, muchos “traficados” y “traficadas” entran a ese espacio gris que es la frontera-desierto con Estados Unidos (y supongo que al sur también) dejando apenas rastros de su tránsito, restos, ruinas del recorrido, residuos, botellas, y plásticos. Este tema de “la tierra de nadie” donde las personas entran y no se sabe cuándo ni cómo salen es algo que también vivimos en Colombia, en particular en la región del Pacífico y en la frontera con Panamá. Víctima-desaparición-lo-grotesco como núcleo estético vienen aunados. No creo que sean, como dice mi amigo Gabriel Gatti, “nuevas” formas de desaparición.

Pero ese hueco negro de la desaparición absorbe y ha absorbido las energías vitales de una sociedad: sólo las estadísticas por si mismas dan un sentido de la magnitud, al impacto humano, al punto que el número como tal parece carecer de sentido. Todos los días se encuentran fosas y restos de personas sometidas ya al olvido. El listado de atrocidades, de maltratos del cuerpo y la persona, de historias de árboles tiznados de tortura,  las gestas heroicas de las buscadoras, de la creatividad para la muerte administrada parecen que no tuvieran parangón. Una sociedad avasallada por lo inimaginable es una sociedad aterrorizada. Hasta en Colombia, auto-proclamados campeones de la excepcionalidad de la violencia (que los relatores de eso no hemos encargado de hacer visible y amplificar), vemos a México con compasión, con un amos histórico y con tristeza. Paradójicamente, México pareciera que mirara más hacia el Norte. 

Y para sumarle ambivalencia a estos hechos facticos, también tenemos el tema de las responsabilidades, y por tanto de la impunidad ya hecha estructural: con frecuencia, el principio explicativo del mal es el “narco” (cuestión que justifica una política de seguridad donde la frontera entre la policía y el ejército se desvanece y el Estado de excepción se hace permanente). Conozco que quiere decir habitar esa (E)stado. De los responsables se dice que son todos y ninguno a la vez.  Carteles grandes y pequeños, colusión del Estado en diversas escalas con su (I)legalidad, con agentes de seguridad involucrados a niveles locales y federales producto de sus compleja arquitectura de seguridad. Drogas, crímenes de estado, traficantes, maras, políticos, policías, paramilitares (término polisémico en América Latina), en fin, la amalgama es interminable y los matices regionales complejos. Y eso sin entrar a debatir la genealogía de algunos de estos grupos conformados por armados desocupados de la guerra fría y conflictos regionales anteriores. Dicho de otra forma: es apenas obvio que la figura de la “víctima” y la “desaparición” se constituyan en huecos negros (que canibaliza las energía gravitacional de lo humano) al punto de ser la única violencia visible a través de las historias recurrentes de lo grotesco.

Como en Colombia, y me atrevería a decir que en el marco de nuestras formas globales de recordar la violencia, el maltrato sobre el cuerpo (la tortura, el asesinato, y la  desaparición)  tiene una centralidad incuestionable. ¿Y de las otras violencias “invisibles” (…)? Digo esto con cierta sorpresa ante lo obvio: la palabra “víctima” es polisémica, tiene contenidos diversos no obstante la estandarización implícita en los criterios internacionales de justicia. En Sudáfrica, por ejemplo, excombatientes del ala militar del Congreso Nacional Africano, fueron considerados víctimas del apartheid  mientras que en Colombia los mismos excombatientes de las FARC (indistintamente de si tienen o no responsabilidades ante el Derecho Internacional en algunos casos) son considerados globalmente como “perpetradores”. En otras palabras, una enunciación de la violencia hace ilegible otras formas de violencia, las hace “invisibles”. ¿Qué constituyen entonces las condiciones para la visibilidad o audibilidad de la violencia?: la violencia no es solamente un acto sobre un cuerpo, sino una serie de relaciones entre corporalidades, territorialidades y modos de nominar el mundo.

Y claro, emergen las preguntas necesarias: ¿qué otras violencias son canibalizadas por lo grotesco?, ¿es “testimoniable” o “mediatizable” lo que no es grotesco, como nos ha pasado en Colombia? ¿Qué tal el desplazamiento forzado, que por no implicar cruces nacionales y fronterizos, parece no capturar la imaginación local?. ¿Qué implica adjudicar la responsabilidad de la violencia al “narco”? ¿Qué es lo que no se dice cuando se dice eso? Y ¿cuál es la relación entre las economías políticas regionales, los llamados proyectos de desarrollo y la desaparición?, ¿ entre las operaciones armadas, la militarización de la vida cotidiana y las formas contemporáneas de acumulación de riqueza? Y es casualidad que algunos de los estados ingobernables (o gobernados por efectos de la necro-política por indiferencia en complemento a lo grotesco) queden justo en el andén pacífico del país? ¿Cuál sería la cartografía de la violencia si sobrepusiéramos todos estos niveles? ¿Cómo sería ese mapa, y como cambiaría el sentido de las relaciones de nombrabilidad de lo que acontece en México? La unidad semántica desaparición-víctima-grotesco constituyen y limitan la estructura de significados a través de los cuales se lee el presente, y posiblemente el pasado. En cierta forma, creo que es el drama de lo que oí y sentí esos días.    

La generosidad de la palabra

En medio de una sociedad aterrorizada nos quedan las palabras, la projimidad, y el amor (a veces un mezcal). Siempre he dicho, hasta la saciedad, que sólo hay dos temas sobre los que vale la pena escribir y hablar: la muerte y el amor. En México entendí que la generosidad para oír viene acompañada con la generosidad para hablar, y viceversa. Para tener una voz se requiere oír.

Me encontré con un grupo de “escuelantes” (es la mejor palabra que se me ocurre ahora), hombres y mujeres cuyas vidas se encuentran en momentos biográficos descoyuntados, llevados a la Sierra en Puebla por diversas razones. Querían aprender a narrar en las palabras de otros, creo. Luego de un largo viaje desde Ciudad de México, la fiebre -efecto de la somatización de días de dialogo sobre el testimonio- llegó a su culmen. Lo que comenzó por ser un par de horas de dialogo se convirtieron en muchas. Perdí el control de mí mismo (lo confieso, deliré), perdimos el control de la escucha. Hablamos durante muchas horas y más horas. Y luego llegó la noche, y luego llegó el frio, que era como el Bogotano, donde vivo. Algunos venían de Colombia, otros de Chile, y muchos otros y otras de México. Jamás me había sentado a inspeccionar mi trabajo hasta ese día. Oyeron, conversamos, compartimos. Luego, inesperadamente, se juntan en grupos a interpelar, de cara a sus intereses, lo que habíamos conversado.   Hablaron, grabaron en audio, discutieron. Cuando llegó el momento leyeron lo que habían conversado.

Al comienzo no puse mucha atención. Luego oí. Los académicos, los que nos jugamos una vida íntimamente pública, estamos acostumbrados al control del auditorio. Al final, ese encuentro se me salió de las manos. Uno a uno me dijeron, me leyeron a voz en cuero, en mi cara, lo que pensaban y lo que sentían.  “Puta!!”, pensé, “se me aguaron los ojos!”. Ahora digo: “Aquí les devuelvo lo que hicieron conmigo, pinches mexicanos!”. Me acuerdo de dos amigos, discutiendo mientras grababan en audio. Un hombre con aspecto indígena (todos tenemos ese aspecto), preocupado al tuétano por el “silencio”. Qué había ahí, no sé. “Tú me contarás algún día compa”, pienso. Otro con una historia de trabajo comunitario, ansioso, angustiado. Me acuerdo además de una señora, de pelo canoso, que pide permiso para abrazarme al final de la sesión. Yo lo hago, y en segundos, una cascada de palabras increíbles. Queríamos seguir hablando, como si fuera nuestro último instante, como si “ahora o nunca” fuera el lema. Me acuerdo de la risa desparpajada de la colega feminista que manejó hasta allá, y al día siguiente me llevó de regreso al DF (sin musitar queja) con una copilota que no sabía conducir. Mentes segases, eternas conversadoras. Me acuerdo, por último, de una mujer que me contó su historia con las abejas. No supe si me enamoré de ella o de su historia, “reconectándose con la espacie”.  Al día siguiente, luego se semejante periplo, llegamos al lanzamiento del libro. No paramos de hablar con mis amigos, con aquellas (porque muchas en el mundo humanitario eran mujeres) y con ellos, con l@s que estaban y con los que no. Espero que sepan que los llevo conmigo, aunque la vida académica (o la vida) nos desvíe y nos desencuentre.     

En este retorno, entendí además que allá, en México, cohabitan diversas formas del silencio: el silencio que es producto del miedo y que es un verbo: silenciar. Segundo, el silencio como protección de la subjetividad, de la integridad. Y finalmente, el silencio como testimonio, como modo de articulación de la experiencia. No en vano fue uno de los temas que vertebraron nuestras conversaciones de Ciudad de México hasta la Sierra.

Recuerdo aún las palabras de afecto que me traje a Colombia donde la guerra también rompió con la solidaridad, con la empatía, con aquello intangible que constituye el lazo social. Creo que han sido las palabras, a golpe de verbo, lo que nos ha permitido vivir.[5] 

Colinas de Colombia, Febrero 8 del 2018

 Consulta también:

“La memoria es un campo de poderes muy jodido” 

[1] Castillejo Cuéllar, Alejandro. 2018. Del Ahogado el Sombrero, a manera de manifiesto: Esbozos a una Crítica al Discurso Transicional  En: Gramáticas da [pós] violência: identidades, guerras, corpos e fronteiras” Vibrant: Virtual Brazilian Anthropology (Universidad Federal de Rio de Janeiro)volumen 15.

[2] Castillejo Cuéllar, Alejandro. 2017. Poética de lo Otro: una antropología de la guerra, el exilio interno y la soledad en Colombia (Bogotá: Universidad de los Andes), 2ª Edición ampliada.

[3] En la Colonia (1920), Kafka describe la manera como la pena en un universo penitenciario es literalmente impuesta sobre el cuerpo del confinado a través de una máquina. Sobre su cuerpo se inscribe la ley que ha violado. En el centro de su cuento emerge la idea de la violencia de la ley, la violencia de la llamada civilización elemento que conecta con el gesto de Benjamin mencionado anteriormente.

[4] Castillejo, Alejandro. 2013. Los Archivos del Dolor: Ensayos sobre la Violencia y el Recuerdo Colectivo en la Sudáfrica Contemporánea (Bogotá: Universidad de los Andes), 1ª reimpresión.

[5] Con agradecimientos a Daniela, a Atala y a Ingrid. Por ayudarme a volver.


Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente. 

“Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: http://www.piedepagina.mx“.

Categoría: Análisis.  Memoria /Masacres. Memoria /Desaparecidos 



Alejandro Castillejo-Cuéllar


Profesor Asociado, Director del Programa de Estudios Críticos de las Transiciones Políticas, Departamento de Antropología, Universidad de los Andes, Colombia.  Co-Investigador del Arts and Humanities Research Council de Inglaterra.

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Héctor Guerrero

Es fotoperiodista Mexicano ha participando en festivales como el festival internacional de fotoperiodismo Visa Pour L´ Image en Perpignan Francia, Festival de fotografía.

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