Un análisis y crítica materialista sobre el problema , filosófico y político, de la que podemos definir bajo el nombre o Idea de Hispanidad, y los diversos ataques que enfrenta a lo largo de México, EEUU, Centro y Sur América, y algunos españoles que reniegan de España( separatistas varios).

Análisis crítico del llamado movimiento de descolonización, eufemismo fabricado por “intelectuales” de vario pelaje, tanto en universidad de Hispanoamérica como de los EEUU e incluso en Francia, con algunos intelectuales españoles o secesionistas catalanes, etc., en la misma cuna del Hispanismo: España

FUENTE DEL VIDEO : CANAL DE LA FUNDACION GUSTAVO BUENO EN YOUTUBE : fgbuenotv. Este video forma parte de la serie de videos sobre diversos temas, presentados como Teatro Crítico.

Los dos investigadores ( Teatro Crítico ⋅ TC076 ⋅ Haniel Barazarte y Humberto González. http://teatrocritico.es/2020/p076.htm) nos presentan una serie de acontecimientos de gran relevancia para el presente y próximo futuro de los diversos Estados de América cuya idioma es esencialmente el español; ambos son venezolanos que viven en el Estado de Florida, EEUU, que plantean esa serie de cuestiones en torno a la llamada decolonización, o podríamos decir: reconstruir la Historia al modo posmoderno, generando un resultado político determinado y en suma, hispanófobo.

Este video nos aporta materiales de mucho interés para analizar varias tesis que ya planteaba el filósofo español Gustavo Bueno (1924-2016) en su libro titulado España frente a Europa( 1ª ed. 1999) En especial el capítulo V: España y América Hispana (Iberoamérica). También nos parece muy importante volver a consultar el libro de Gustavo bueno, España no es un mito. (Claves para una defensa razonada)(1ª ed. 2005) ; del cual consideramos esencial el capítulo(Final) titulado Don Quijote, espejo de la nación española.

Resulta de gran importancia lo que sostiene Haniel Barazarte , en cuanto al hecho de que existe en la actualidad( año 2020), una corriente , que procede sobre todo de las universidades estadounidenses, en sus Departamentos de Estudios Culturales, secciones de estudios “hispanos” o “Latinos”, sesgados por una rabiosa hispanofobia, y por un sesgo que, disfrazado de estudios ” culturales”, o ” de género”, o de “identidad”resulta llevar consigo una fuerte carga política, que busca favorecer, con este modo de reconstruir el pasado Histórico real, de toda la región heredera de los Virreinatos Hispánicos, esto es, del Imperio Español realmente existente, que enfrentaba a otros Imperios en competencia, la cual se trasladó desde Europa a América, tras el llamado Descubrimiento de Colón y posterior Conquista de Hernán Cortés, luego Pizarro y otros españoles al servicio del Imperio Español.

Vamos a citar un libro breve, pero muy polémico, al menos en México, escrito por el filósofo, historiador y arquitecto alemán Horst Kurnitzky, que en ciertas tesis coincide, de alguna manera con tesis manejadas por Gustavo Bueno, en los mencionados libros y en artículos de la revista El Catoblepas(on Line) y en la revista El Basilisco, en papel, y partes on Line en la web de la Fundación Gustavo Bueno, respecto de los mitos oscurantistas, cuya implantación política tanto favorecen los intelectuales pagados y que laboran en universidades estadounidenses, y en instituciones hispanoamericanas financiadas con generosas becas de fundaciones yanquis como por ejemplo la Fundación Ford , entre otras muchas. Se trata del libro titulado Extravíos de la Antropología mexicana (1ª ed. 2004); se trata en realidad de un opúsculo, cuyas 48 páginas provocaron entre el gremio de antropólogos e historiadores mexicanos un autentico vendaval de airadas reacciones en contra de Kurnitzky. ¡ Desde cuando un europeo, y menos un alemán, viene a enmendarnos la página a nosotros, los que SI SABEMOS lo que es la Historia y la Antropología de NUESTRO país !

Cito un texto como muestra para quienes tengan interés en ahondar en asuntos complejos sobre lo que es hoy en día, el problema de la Hispanidad desde una perspectiva no sólo histórica, lingüística, etc. , sino un problema cuya IMPLANTACION POLITICA, precisa de un sistema filosófico suficientemente fiable y potente. Creemos que el sistema ya lo tenemos a la mano, quienes buscamos evitar la descomposición y desmembración de España y de algunos Estados en Iberoamérica, enfrentados mediante el arma de la llamada decolonización, que no es sino el “divide y vencerás” de los Romanos del Imperio, frente a sus enemigos o frente a los pueblos “bárbaros” que trataron de incorporar a su Imperio( generador, más que depredador, en el sentido que da a estos conceptos Gustavo Bueno).

Cita de Kurnitzky, página 13: (…)Los historiadores no solamente confunden la crónica con la Historia, sino que los historiadores y los antropólogos también confunden los mitos con la Historia. Por ejemplo, el mito aparentemente de origen de los pueblos aztecas, su emigración de Aztlán hasta la fundación de México-Tenochtitlán , nos lo relatan como si se tratara de una verdadera peregrinación hasta encontrar la famosa águila posada en un nopal y devorando una serpiente, cuando todo eso debe ser interpretado como un mito y no como un relato de la historia real.Los antropólogos se comportan como los fieles de la Biblia que están seguros que la creación del mundo fue obra de un dios todopoderoso; que el éxodo de las doce tribus judías de la prisión egipcia, encabezada por el legendario Moisés, forma parte de la historia judía(…)

La cuestión más relevante planteada en el vídeo, a nuestro modo de entender, es que todos los movimientos identitarios, de deconstrucción, o mejor deberíamos decir, destrucción de la Historia de América, y en especial de la América surgida tras la llegada y posterior Conquista española y portuguesa, por medio de la ideología de tipo posmoderno (relativista cultural hasta el tuétano, al pairo de los franceses Derrida, Foucault, etc.)o de los indigenismos que gestaron las varias corrientes de la llamada Filosofía de la Liberación y los vínculos con la Teología de la Liberación y con las corrientes evangélicas llevadas por estadounidenses a América Hispana desde tiempos del célebre lingüista, director del Instituo Lingüístico de Verano yanki, Kenneth Pike. O la incorporación Sui generis de Marx y de Cristo a la propuesta de la Liberación( mera nebulosa ideológica , pero con muchos fieles seguidores) del argentino afincado en México Enrique Dussel.

Hay, creo, una opción , surgida de la obra filosófica del dominico mexicano, Mauricio Beuchot, que como es lógico, se posiciona , desde el Catolicismo y la Filosofía aristotélico tomista, en contra de estas corrientes fundamentalistas hispanofóbicas y negrolegendarias. Su propuesta filosófica respecto de estas cuestiones nos parece muy valiosa, porque presenta un sistema de análisis y crítica muy sólida frente a todas las variantes del dominante deconstruccionismo, que arrastra consigo, necesariamente, un importante componente negrolegendario y anti hispanista, en pro de vías “identitarias” que finalmente sólo sirven para anclar aún más a Hispanoamérica( Iberoamérica) en intereses ajenos a los que deben ser, por mera cuestión de eutaxia, los que deben guiar a las Naciones políticas que constituyen la Hispanosfera, enfrentada, aún hoy día, y teniendo presente la creciente influencia de China en estas cuestiones, a la anglosfera y sus aliados “internos” , sobre todo intelectuales y académicos posicionados, aparentemente, con los “más desfavorecidos y relegados” social y económicamente, los descendientes de los , por usar un término anglo: aborígenes.Aborígenes, según la Leyenda Negra construida por los enemigos del Imperio Español(Holanda, Francia, sobre todo Inglaterra y luego los Estados Unidos de Norteamérica)y sostenida por las élites hispanoamericanas y algunas españolas “sobre todo de izquierdas progresistas”, renegadas de su propia estirpe y raíz nacional, de su “patria” común, que se expresa en español.

Un análisis y crítica sobre la obra y la figura de Nicolás Maquiavelo. Por T. S. Eliot

Nicolás Maquiavelo

Por T. S. Eliot

Traducción de Luis Miguel Aguilar

“Porque de los hombres en general se puede afirmar esto: que son desagradecidos,

veleidosos, falsos, cobardes, codiciosos, y en la medida en que te vaya bien son tuyos

por completo”. Esta frase, y frases similares sacadas de su contexto, han sido causa de

molestia e irritación en las mentes de los hombres durante más de cuatrocientos años:

las palabras de un inofensivo y callado patriota florentino en retiro, ocupado en cortar

árboles y conversar con campesinos en su magra propiedad. Maquiavelo ha sido el

tormento de jesuitas y calvinistas, el ídolo de los Napoleones y los Nietzsches, una

figura de suministro para el drama isabelino, y el modelo de un Mussolini o un Lenin. A

Maquiavelo se le ha llamado cínico; pero no podría haber mayor fuente de inspiración

para el “cinismo” que la historia de la reputación de Maquiavelo. Nada como la historia

de la reputación de Maquiavelo podría ilustrar mejor la trivialidad y la irrelevancia de la

influencia. Desde su muerte, un persistente romanticismo ha falsificado su mensaje.

Maquiavelo ha contribuido a las trapacerías de cada siglo. Pero a ningún hombre tan

grande se le ha malentendido tan completamente. Siempre se le ve con cierto desdén.

Su lugar no está con Aristóteles, o con Dante, en teoría política; Maquiavelo intentó

algo diferente. Su lugar no está con Napoleón, y mucho menos con Nietzsche. Sus

observaciones sirven por sí mismas a cualquier teoría moderna del Estado, pero no

pertenecen a ninguno.

En ocasión del aniversario de Nicolás Maquiavelo, debíamos ocuparnos no tanto de la

historia de su influencia -que es meramente la historia de los diversos modos en que se

le ha malentendido- como de la naturaleza de su pensamiento y las razones de por qué

debió tener tal influencia.

“Así que en primer lugar yo pongo como una inclinación general de toda la humanidad

un deseo perpetuo y sin reposo del poder tras el de toda la humanidad un deseo

perpetuo y sin reposo del poder tras el poder, que sólo cesa con la muerte”. Parecería

a primera vista que estas palabras de Hobbes están pronunciadas en el mismo tono

que las ya citadas de Maquiavelo, y con frecuencia se han puesto juntos estos dos

nombres; pero el espíritu y el propósito de Hobbes y de Maquiavelo son totalmente

distintos. Con frecuencia se toma a El Príncipe en el mismo sentido que el Leviatán.

Pero Maquiavelo no sólo no es un filósofo de la política en el sentido de Aristóteles y

Dante; es, incluso, menos un filósofo en el sentido de Hobbes. Tiene la lucidez de

Aristóteles y el patriotismo de Dante, pero con Hobbes tiene poco en común.

Maquiavelo es totalmente devoto: a la tarea de su propio lugar y tiempo; no obstante, al

subordinarse a la causa de su Estado particular, y a la causa más grande de la Italia

unida que él deseaba, Maquiavelo llega a una mayor impersonalidad y a un mayor

distanciamiento que Hobbes. A Hobbes no lo conmueve apasionadamente el

espectáculo del desastre nacional; Hobbes está interesado en su propia teoría, y

podemos ver su teoría, en parte, como un resultado de las debilidades y las

distorsiones de su propio temperamento. En las observaciones de Hobbes sobre la

naturaleza humana hay con frecuencia un énfasis de más, un toque de spleen surgido

probablemente de alguna percepción de la debilidad y el fracaso de su propia vida y

carácter. A este énfasis de más, tan común en cierto tipo de filósofo desde el tiempo de

Hobbes, se le puede asociar atinadamente con el cinismo. Porque el verdadero cinismo

es una falta del temperamento del observador, no una conclusión surgida con

naturalidad de la contemplación del objeto; es con mucho el reverso de “enfrentar los

hechos”. En Maquiavelo no hay cinismo por ningún lado. Ninguna mácula de las

debilidades y fracasos de su propia vida y carácter mancha el claro cristal de su visión.

En los detalles, sin duda, donde el significado de las palabras sufre una ligera

alteración, sentimos una ironía consciente; pero la totalidad de su visión está limpia de

cualquier tinte emocional. Una visión de la vida como la de Maquiavelo implica un

estado del alma que puede llamarse un estado de inocencia. Una visión como la de

Hobbes es ligeramente teatral y casi sentimental. La impersonalidad y la inocencia de

Maquiavelo es algo tan raro que bien puede ser la clave tanto para su influencia

perpetua sobre los hombres como para la distorsión perpetua que sufre en las mentes

de hombres menos puros que él mismo.

No queremos decir que Maquiavelo es del todo frío e impasible. Por el contrario, ofrece

una prueba más de que el gran poder intelectual surge de grandes pasiones.

Maquiavelo no sólo era un patriota, sino que su pasión patriótica es el motor de su

mente. A escritores como Lord Morley les acomoda presentar a Maquiavelo como un

cirujano embozado lleno de inhumanidad, indiferente a la exhortación moral y a quien

sólo le importa el examen clínico. A diferencia de Maquiavelo, Lord Morley no había

visto a su país desgarrado y saqueado, humillado no sólo por invasores extranjeros,

sino por invasores extranjeros traídos por los facciosos príncipes nativos. La

humillación de Italia era para Maquiavelo una humillación personal, y el origen de su

pensamiento y de sus escritos.

Este intenso nacionalismo de ningún modo suprimió o distorsionó en Maquiavelo los

otros valores morales o espirituales. Sólo que en sus escritos él se ocupa de ellos

siempre desde un punto de vista, y se ocupa de ellos siempre en relación con el

Estado. Su concepción del Estado es una concepción vasta y generosa. El es el

consejero del Príncipe sólo porque le importa apasionadamente el bien de la república.

Por un hombre como Napoleón -quien tenía una gran opinión de Maquiavelo, y cuyo

sentido de realidad hizo que Maquiavelo le simpatizara- Maquiavelo sólo podría sentir

aversión; Napoleón le habría parecido un usurpador extranjero y un violento egotista. Y

a Maquiavelo no le interesa la idea moderna del Imperio; una Italia unida era el límite

de su visión; y de hecho sentimos con frecuencia, al leer la más importante de sus

obras, los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, que tiene mucha mayor

admiración por la Roma republicana que por la Roma imperial. Su primer pensamiento

siempre está por la paz y la prosperidad y la felicidad de los gobernados; pero sabe

muy bien que esta felicidad no reside meramente en la paz y en la riqueza. Esta

depende de, y a su vez apoya a, la virtud de los ciudadanos. La virtud cívica no puede

existir sin una medida de libertad, y a Maquiavelo lo ocupa constantemente en relación

con qué la libertad es obtenible:

Rara vez ocurre que las demandas de un pueblo libre resultan ya sea irrazonables o ya

sea perjudiciales para la libertad, siendo que comúnmente proceden ya sea de la

opresión real o del miedo a ella; pero si resulta que ese temor no tiene fundamento, no

es materia difícil pacificarlo mediante una conferencia pública, donde el pueblo siempre

está dispuesto a escuchar a cualquier hombre con méritos y autoridad al que crea

adecuado para la arenga: porque aunque el pueblo puede estar a veces en un error,

como dice Cicerón, está abierto a una mejor información, y se le puede convencer

pronto, cuando una persona de cuya veracidad e integridad el pueblo tiene una buena

opinión se encarga de mostrarles su error.

La actitud de Maquiavelo hacia la religión y hacia la religión de su país, ha sido con

frecuencia objeto de malentendidos. Su actitud es la de un estadista, y es tan noble

como la de cualquier estadista, qua estadista. De hecho, tal actitud no podría ser otra

de la que es. Maquiavelo no se opone ni a la religión ni a la Iglesia católica. Vio muy

claramente, y era difícil que no lo hubiera visto, la corrupción de la Iglesia y la bajeza de

los eclesiásticos eminentes con los que trató. Y en La mandrágora, su brillante

comedia, hace una burla excelente de las corrupciones más despreciables del clero.

Vio, por una parte, el grado en que la Iglesia y los poderosos individuos nobles de la

Iglesia habían contribuido a la desunión y a la desolación de su país. Pero él sostuvo

firmemente que una Iglesia establecida era de gran valía para un Estado.

Luego de considerar todas estas cosas, concluyo que el establecimiento de la religión

en Roma hecho por Numa fue una de las causas que contribuyeron principalmente a su

dicha y grandeza: porque la religión produjo buen orden, y el buen orden generalmente

trae buena fortuna y éxito a cualquier empeño. Y del mismo modo en que la estricta

observancia del culto a lo divino y de los deberes religiosos tiende siempre al

engrandecimiento de un Estado, el rechazo y el desprecio por ellos puede contarse

entre las primeras causas de su ruina. Porque, donde no hay temor de Dios, puede

ocurrir que el Estado caiga en la destrucción o se sostenga mediante la reverencia

mostrada a un buen Príncipe; esto puede sostenerlo por un tiempo, y suplir la

necesidad de religión en sus súbditos. Pero como la vida humana es corta, por

supuesto que el gobierno entrará en decadencia cuando se haya extinguido la virtud

que le daba forma y lo animaba.

Y más adelante (en los Discursos) Maquiavelo dice aún más afirmativamente:

Los gobernantes de todos los Estados, ya sean reinos o repúblicas, que buscan

preservar firmes y enteros a sus gobiernos, deberían sobre todas las cosas encargarse

de que a la religión se le mantenga en la más alta de las veneraciones, y que sus

ceremonias en todo tiempo sean incorruptibles e inviolables; porque no hay un

pronóstico más seguro de que la ruina amenaza a un Estado, que ver descuido y

desprecio en el culto a lo divino.

Y Maquiavelo sigue hasta mostrar, en el mismo capítulo, cómo el descuido de la

religión, ocasionado por los caprichos de la Iglesia de Roma, había contribuido a la

ruina de Italia. Es muy posible que una iglesia nacional establecida, como la Iglesia

Anglicana, pudo haberle parecido a Maquiavelo el mejor establecimiento para una

república cristiana; pero de lo que está seguro es de que para una nación es necesario

un establecimiento religioso de algún tipo. Si sus palabras fueron ciertas, lo siguen

siendo. En lo que respecta a la religión “personal” de Maquiavelo, fue al parecer tan

genuina y sincera como la de cualquier hombre que no es un especialista en devoción

sino, intensamente, un especialista en las cuestiones del Estado; y murió atendido por

un sacerdote. Vio con gran claridad y supo instintivamente que los esfuerzos de un

hombre como Savonarola no podrían traer ningún bien; su objeción real no era al

espíritu de Savonarola como a la contradicción entre los métodos de Savonarola y el

buen manejo del Estado. Pero con una mente destructiva como la de Voltaire, la mente

constructiva en lo esencial de Maquiavelo no habría sentido nada en común.

En varios capítulos de El Príncipe y de El arte de la guerra es muy claro que al

ocuparse de las cuestiones de la guerra a Maquiavelo le interesa siempre lo positivo y

lo constructivo. En cuestiones de guerra, y en el gobierno militar y en la ocupación, le

interesan tanto las fuerzas morales como los recursos técnicos. En sus observaciones

sobre la colonización, sobre la manera de ocupar un territorio extranjero, y en sus

repetidas advertencias contra el uso de tropas mercenarias, Maquiavelo siempre pone

como ejemplo de admiración al príncipe patriota y a la ciudadanía patriota. Tiene poca

paciencia para el príncipe que es meramente un general; de un imperio como el de

Napoleón habría dicho, desde el principio, que no podía durar. Uno no puede gobernar

a la gente por siempre contra su voluntad, y hay algunos pueblos extranjeros a los que

uno no puede gobernar de ninguna manera; pero si uno tiene que gobernar a un pueblo

extraño e inferior -un pueblo inferior en el arte de gobernar- entonces uno debe usar

todos los medios para tenerlos contentos y para persuadirlos de que el gobierno de uno

va en su interés. La libertad es buena, pero el orden es más importante; y el

mantenimiento del orden justifica todos los medios. Pero sus soldados debían ser

soldados ciudadanos, peleando por algo realmente valioso; y el príncipe debe ser

siempre un estadista, y un guerrero sólo cuando sea necesario.

Ningún registro de las ópticas de Maquiavelo puede ser más que fragmentario. Porque,

aunque Maquiavelo es constructivo, no es un constructor de sistemas; y sus

pensamientos pueden repetirse pero no compendiarse. Es quizás una característica de

la sorprendente exactitud de su visión y de sus observaciones el hecho de que

Maquiavelo no tenga un “sistema”; porque es casi inevitable que un sistema requiera

ligeras distorsiones y omisiones, y Maquiavelo no distorsionó ni omitió nada. Pero lo

más curioso es que ningún registro o recapitulación de su pensamiento parece dar una

clave ya sea de su grandeza o de su gran y grotesca reputación. Cuando lo leemos por

primera vez no recibimos la impresión ni de estar ante una gran alma ni ante un

intelecto demoníaco, sino meramente ante un observador modesto y honesto que

apunta los hechos como son y hace comentarios tan verdaderos que parecen planos.

Sólo después de la lenta absorción y el impacto en la mente de los repetidos contrastes

entre una honestidad así, y los engaños comunes, las deshonestidades y las

tergiversaciones de la mente humana en general, se abre paso hacia nosotros la

grandeza única de Maquiavelo. No queremos decir con esto que el pensamiento de

Maquiavelo es una excepción solitaria. Un escritor francés, M. Charles Benoist, ha

dedicado un volumen a Le machiavélisme avant Machiavel. Hay paralelos en su propio

tiempo. Es difícil que Maquiavelo conociera a Comynes, pero la mente y la visión de

este gran diplomático belga, quien sirvió tan bien y por tan largo tiempo a Luis de

Francia, se relacionan cercanamente con las de Maquiavelo. Pero Maquiavelo, aparte

de su diferencia de método, es un espíritu mucho más puro e intenso.

Es muy poco probable que el apasionado nacionalismo de Maquiavelo fuera entendido

en su propio tiempo, y mucho menos por sus compatriotas. Pero la honestidad de su

mente es tal que difícilmente se le entiende en cualquier tiempo. Al parecer, sus

escritos fascinaron y aterrorizaron a Europa desde un principio. La gente no pudo

escapar de la fascinación; del terror, la gente escapó convirtiendo a Maquiavelo en un

mito de terror. Incluso en Italia, como lo muestra Charbonnel en La pensée italienne au

XVI siècle, su pensamiento fue distorsionado de inmediato. Al parecer los papas y los

príncipes han tomado de sus libros lo que querían, pero no lo que Maquiavelo quería

transmitir. Pero cuando su obra rebasó las fronteras la distorsión se hizo aún más

grande. En Francia, y sobre todo entre los hugonotes, desató las más violentas

respuestas. Apenas se le trató como algo más que un astuto sicofante que daba

consejos a los tiranos sobre las mejores maneras de oprimir a sus súbditos. En Francia

no sólo los religiosos partidarios sino los politiques -notablemente Jean Bodin- se le

fueron encima. Bodin no pudo pasar por alto el elogio de Maquiavelo a César Borgia en

El Príncipe aunque, para cualquiera que lea este libro sin prejuicios, debía quedar muy

claro respecto a qué, y con cuantas reservas, Maquiavelo hace su elogio. En Inglaterra,

Thomas Cromwell y otros admiraban su obra, aunque es muy improbable que lo

entendieran mejor. Pero la impresión general de Maquiavelo en Inglaterra se debe a la

influencia francesa, a la traducción de Contre-Machiavel de Gentillet. A cada

desplazamiento Maquiavelo sufría. En cierta medida la civilización de Francia estaba

por abajo que la de Italia, y la civilización de Inglaterra ciertamente no había alcanzado

a la civilización de Francia. Uno sólo tiene que comparar el desarrollo del estilo de la

prosa en las tres lenguas. Maquiavelo es un maestro de estilo de prosa en cualquier

época; su prosa es madura. En Francia no hay nada comparable hasta Montaigne, y

Montaigne no es un classique para la crítica francesa. Y en Inglaterra no hay nada

comparable hasta Hobbes y Clarendon. Pero para ese tiempo, cuando la civilización de

los tres países estaba ya muy nivelada, hay un deterioro en todas partes. Montaigne es

inferior a Maquiavelo, y Hobbes es inferior a Montaigne. En su Maquiavelo y el drama

isabelino, Edward Mayer ha catalogado la dramatización de Maquiavelo en Inglaterra, y

Wyndham Lewis lo ha discutido más filosóficamente en su muy interesante estudio de

Shakespeare: El león y la zorra. La figura de Ricardo III es el testimonio de la impresión

que dejaba Maquiavelo, y la falsedad de esta impresión.

Por tanto debemos inquirir qué hay en Maquiavelo que impresiona la mente de Europa

de un modo tan prodigioso y tan curioso, y por qué la mente europea sintió la

necesidad de deformar su doctrina tan absurdamente. En efecto, hay causas que han

contribuido. La reputación de Italia como el hogar del crimen fantástico, pícaro y

diabólico, llenó la imaginación de los franceses, y más aún de los ingleses, como ahora

está llena con las glorias de Chicago o Los Ángeles, y predispuso a la imaginación a

crear un representante mítico de esta criminalidad. Pero el crecimiento del

protestantismo -y Francia, lo mismo que Inglaterra, era entonces un país protestante en

gran parte- creó aún más una disposición contra un hombre que en sus propias

costumbres aceptaba la óptica ortodoxa del pecado original. A Calvino, cuya visión de

la humanidad era mucho más extrema, y ciertamente más falsa que la de Maquiavelo,

nunca se le trató con tanto oprobio; pero cuando la reacción inevitable contra el

calvinismo surgió del propio calvinismo, y de Ginebra, en la doctrina de Rousseau, esto

también fue hostil a Maquiavelo. Porque Maquiavelo es un doctor de lo basto, y lo

basto siempre es insoportable para los partidarios de lo extremo. Un fanático puede ser

tolerado. El fracaso de un fanatismo como el de Savonarola asegura su tolerancia por

la posteridad e incluso su aprobación como patrono. Pero Maquiavelo no era un

fanático; él meramente dijo la verdad sobre la humanidad. El mundo de los motivos

humanos que él describe es verdadero -es decir, se trata de la humanidad sin el

añadido de la Gracia sobrehumana. Por tanto es tolerable sólo a personas que tienen

también una creencia religiosa definida; el credo de Maquiavelo es insoportable para el

esfuerzo de los últimos tres siglos de suplir la creencia religiosa por la creencia en la

Humanidad. Lord Morley se hace eco de la habitual admiración hostil moderna hacia

Maquiavelo cuando insinúa que Maquiavelo vio muy claramente lo que en efecto vio,

pero que vio sólo la mitad de la verdad sobre la naturaleza humana. Lo que Maquiavelo

no vio sobre la naturaleza humana es el mito de la bondad humana que para el

pensamiento liberal reemplaza la creencia en la Gracia Divina.

Es fácil admirar a Maquiavelo de un modo sentimental. Es sólo una de las poses

histriónicas y sentimentales de la naturaleza humana -y la naturaleza humana es

incorregiblemente histriónica- posar como “realista”, como una persona “que no admite

el sinsentido”, admirar la “franqueza brutal” o el “cinismo” de Maquiavelo. Esta es una

forma de autosatisfacción y autoengaño, que meramente propaga el mito “Judío de

Malta-Nietzsche” de Maquiavelo. En la Inglaterra isabelina la reputación de Maquiavelo

fue mera e inconscientemente manipulada para alimentar la tendencia perpetua a

recurrir a la herejía maniquea: el deseo de un mal al que adorar. Los impulsos heréticos

permanecen muy constantes; vuelven a darse en el Satán de Milton y en el Caín de

Byron. Pero Maquiavelo no tiene comercio alguno con estas gratificaciones de las

debilidades humanas. No tiene nada del instinto para posar; y por tanto los seres

humanos, para aceptarlo, tienen que convertirlo en una figura dramática. Su reputación

es la historia del intento de la humanidad de protegerse a sí misma, cubriéndose con

una capa de falsedad, contra cualquier exposición de la verdad.

Se ha dicho, en un tono de reproche, que Maquiavelo no hace ningún intento “por

persuadir”. Ciertamente él no era un profeta. Porque él estaba interesado primero que

nada en la verdad, no en la persuasión, lo cual es un motivo de que su prosa sea gran

prosa, no sólo de la italiana sino un modelo de estilo para cualquier lengua. El es un

Aristóteles parcial de la política. Pero es parcial no porque su visión esté distorsionada

o su juicio sesgado, o por cualquier falta de interés moral, sino por su sola pasión por la

unidad, la paz y la prosperidad de su país. Lo que lo vuelve un gran escritor, y para

siempre una figura solitaria, es la pureza y la sinceridad de su pasión. Nadie fue nunca

menos “maquiavélico” que Maquiavelo. Sólo un puro de corazón puede lanzar el arpón

sobre la naturaleza humana como lo ha hecho Maquiavelo. El cínico nunca puede

hacerlo; porque el cínico es siempre impuro y sentimental. Pero es fácil entender por

qué Maquiavelo no fue él mismo un político exitoso. Por un lado, no tenía la capacidad

para el autoengaño o la autodramatización. La receta dors ton sommeil de brute (algo

así como “hazte el tonto”) es aplicable en muchas formas, de las cuales Calvino y

Rousseau dan dos variaciones; pero la utilidad de Maquiavelo está en sus llamados

perpetuos a examinar las debilidades y la impureza del alma. Es probable que nunca

olvidemos sus lecciones políticas, pero a su examen de la conciencia no habría que

pasarlo por alto tan fácilmente.

Contacto: info@lamaquinadeltiempo.com

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¿Qué es el Estado? Notas sobre la Transición a la democracia , tras la muerte de Franco en España. Un estudio, desde el Materialismo Filosófico, por Pablo Huerga .

FUENTE: http://www.theoria.eu/nomadas/54.2018.1/pablohuerga_notassobrelaTransicion.pdf Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 04 (54.2018.1)

NOTAS SOBRE LA TRANSICIÓN DESDE LA IDEA MATERIALISTA DEL ESTADO AUTOR: Pablo HuergaMelcón

Universidad de Oviedo

Resumen.- Se analiza el papel de la filosofía marxista en el proceso de transformación del Estado español desde el inicio de la transición. Tomando como referencia la interpretación de la idea de Estado que ofrecen autores como Manuel Sacristán, o Jaime Pastor. Concretamente, cómo la idea de la eliminación del estado ha ido configurando un proceso de privatizaciones que ha resultado determinante en el debilitamiento objetivo del estado.

Palabras clave: Teoría del estado, Marxismo, filosofía política, Materialismo filosófico, Transición, España.

Notes on the transition from the state materialist idea

Abstract.- The role of Marxist philosophy in the process of transformation of the Spanish State since the beginning of the transition is analyzed. Taking as reference the interpretation of the idea of State offered by authors such as Manuel Sacristán, or Jaime Pastor. Specifically, how the idea of the elimination of the state has been configuring a privatization process that has been decisive in the objective weakening of the state.

Keywords: State theory, Marxism, political philosophy, philosophical materialism, transition, Spain.

El Materialismo filosófico como filosofía de la Transición

La Transición española a la democracia es, desde luego, un tópico en la literatura politológica actual. Por su cercanía, sigue siendo motivo de discusión, aunque el consenso alcanza a su propia interpretación. Según este consenso España vivió un tránsito modélico a la Democracia con mayúsculas. Hubo resistencias de los extremos radicales, pero se han superado con una moderación ejemplar. Delimitar el período comprendido como la Transición también resulta muy complicado, tal parece que estamos aún en ella, y seguramente es así, al menos por la inestabilidad que se respira en la política nacional, sin embargo, creo que no sería inapropiado concebir la transición como el período que se abre y se cierra con la monarquía de Juan Carlos I. Seguramente su reinado se superpone con el mismo proceso de transición española, salvo que el nuevo período del reinado de Felipe VI desemboque en un cambio de régimen, en una República por ejemplo, en cuyo caso cabría entender como Transición todo el período abierto desde la herencia monárquica de Franco, hasta la instauración de una III República. Pero, de momento, podríamos delimitarlo con el fin del reino de Juan Carlos I.

Mi perspectiva es la de un español que vivió estos años de transición “en sus propias carnes”. La muerte de Franco me cogió con 9 años. Fue mi madre quien me sentó ante el televisor para ver a Arias Navarro transmitir la noticia del___________________________________________________________________________________________________________________

EMUI_EuroMedUniversity | ISSN 1578-6730 · Nomads. Mediterranean Perspectives| ISSN 1889-7231 © 1999, Román Reyes, Fundador y Director · © 2016, Progetto Pier Paolo Pasolinipage1image1190684928

Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 04 (54.2018.1)

fallecimiento de Francisco Franco, el Gran Dictador. En el pueblo, los vecinos se pasaron los días viendo por la televisión la interminable cola de españoles que iban a despedir a Franco. Una cosa que siempre me sorprendió y nunca he olvidado es que este político muriera atendido en un hospital público, el de La Paz. En eso, las cosas sí han cambiado. Al rey lo hemos visto siempre ir a las clínicas más pijas y privadas de Madrid. Por lo demás, yo estudié en Universidades Laborales, de modo que para mí España era un país muy bien organizado y con una capacidad impresionante para gestionar recursos. No obstante, el hecho de haber vivido en ese momento histórico no da seguramente ningún privilegio para comprenderlo. De hecho, la impresión que hemos tenido de la Transición a través de los medios de comunicación no puede haber sido más confusa, más acomodaticia, ni más mediatizada. Revisando alguna literatura de la época, se observa cómo las categorías históricas de análisis dirigen machaconamente los acontecimientos por sendas interpretativas estériles que no hacen más que oscurecer el fenómeno.

Se hace necesario, pues, tomar como referencia algún sistema de ideas que permita organizar este fenómeno histórico y comprenderlo desde una perspectiva crítica, capaz, entre otras cosas, de organizar y comprender en su dimensión histórica, política y geoestratégica, los acontecimientos que conforman lo que históricamente se ha dado en llamar la Transición española. Nosotros tomamos como referencia el Materialismo filosófico de Gustavo Bueno, un sistema filosófico surgido a su vez en el mismo trasiego de la transición española, siendo posible pues afirmar que Gustavo Bueno es el filósofo español de la Transición. De hecho, aunque este sistema filosófico trasciende el marco histórico concreto en el que surge no puede dejar de tomarse en consideración el hecho de que efectivamente este sistema de ideas ha surgido y se ha alimentado de las propias contradicciones y de los numerosos acontecimientos y conflictos que han tenido lugar en España en el proceso de despliegue de la democracia constitucional monárquica que nace en 1975. Todas las obras de Gustavo Bueno, además de proyectarse como un sistema de ideas filosóficas, han nacido en el contexto de los conflictos presentes y actuales que, sin duda, iban planteándole a Bueno nuevos retos filosóficos. Las obras de Bueno han nacido en medio de la batalla por las ideas, porque la Transición ha sido, también, una batalla permanente por las ideas, y en ella ha demostrado que el trabajo filosófico riguroso puede dar frutos magníficos.

Bueno ha escrito desde las trincheras, siempre contra las tendencias y las modas, contra la pereza intelectual, contra la impostura y contra la traición; ha trabajado tomando como referencia a España, y su pensamiento ha sido siempre un pensamiento político rigurosamente marcado por la problemática que la Transición española ha puesto ante la disciplina filosófica. Así pues, es un privilegio disponer de este arsenal magnífico de ideas y, desde luego, un reto inabarcable para cualquiera, tratar de comprender y articular cómo ese arsenal filosófico ha ido jalonándose en la lucha diaria y en el compromiso permanente con España y su situación histórica y política en el mundo tal y como se define en este presente histórico. Sin duda, por otro lado, creo que se puede decir que el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno no sería como es de no haber mediado en su despliegue ideológico, la insistente premura de la acción política, del compromiso y la responsabilidad que ha suscitado la llamada “Transición española a la

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democracia”. Y a su vez, no creo que sea posible alcanzar una comprensión completa y seria de la Transición sin haber estudiado a fondo la obra de Gustavo Bueno, pero no como un fenómeno más de la transición, sino como quizá el único sistema de referencia capaz de permitir comprender y articular el panorama filosófico e ideológico español como efectivamente un entramado de fenómenos todos ellos determinados y terminados en su propio papel como actores de la Transición.

El marxismo entiende el Estado desde una perspectiva metafísica

Las categorías que suelen usarse para comprender la transición se nutren, a nuestro parecer, de una importante confusión ideológica, procedente principalmente de la ideología marxista, más concretamente de una interpretación de la idea de Estado que podemos considerar, desde la perspectiva del materialismo filosófico, como una interpretación metafísica. Consideramos metafísica esta interpretación marxista del Estado porque se entiende el Estado como una coyuntura histórica que está necesariamente al servicio de las clases poseedoras y cuyo origen y sentido radica solamente en esa condición de instrumento de represión de las “clases populares”, o del proletariado. Un instrumento al servicio de la lucha de clases que, necesariamente, debe ser derribado en el final de la historia de la humanidad. Así lo decía, por ejemplo, Jaime Pastor, en 1977, en plena transición española, en un texto titulado precisamente así, El estado1: “El Estado surgió en el momento de la aparición de las clases y no tiene por lo tanto ningún carácter “natural” sino que deberá “extinguirse” cuando desaparezcan las clases”2.

Según Pastor el Estado tiene siempre por definición un “carácter conservador” y represivo y el fin último de la revolución socialista debe ser la extinción del Estado como tal: “Como señalan Marx y Engels, la diferencia con los anarquistas no sehalla en el deseo de que el Estado desaparezca sino en la consideración de la necesidad de una época de transición que permita esa desaparición. Así, frente a la “abolición” por decreto del Estado propugnada por los anarquistas, Marx yEngels defendieron la creación de un nuevo Estado que, sobre las ruinas del viejo aparato estatal burgués, la transición a una sociedad sin clases en la cual el Estado no sería “abolido”, o suprimido, sino que se “extinguiría” como tal.”3

Como se ve, estamos ante una idea metafísica y, por tanto, confusa de la idea de Estado, pues se considera que es un instrumento de algún modo “creado” en el proceso de represión de una clase por otra, tal que sólo su abolición puede dar lugar a la desaparición de la lucha de clases, pero al mismo tiempo se considera que su estructura es esencialmente la misma en todo tiempo y lugar, y no cabe reforma alguna. “Porque la particularidad de la revolución proletaria es la de que, por ser la clase obrera una clase destinada a desaparecer, no puede heredar el viejo aparato de Estado, reflejo de una sociedad de clases y por tanto incapaz de

1 Jaime Pastor, El estado, editorial Mañana, Madrid 1977. He visto en Wikipedia que Jaime Pastor está actualmente en el Consejo Ciudadano de Podemos, partido del que es también uno de los fundadores.
2 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 29.

3 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 31.___________________________________________________________________________________________________________________

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abrir la vía hacia una nueva sociedad. El momento de la crisis revolucionaria ha de servir a los trabajadores, no para someterse a la “soberanía” de las instituciones del Estado burgués sino, al contrario, para crear otras nuevas basadas en larepresentación directa de la población.”4

No es posible una representación directa de “la población” en el Estado

Según este enfoque, lo esencial del Estado (que siempre habrá de ser burgués, puesto que está al servicio de la lucha de clases) es el hecho de que no hay representación directa de la población, sino el ejercicio del poder por una minoría. Aunque estos análisis resultan ser demasiado simples, recogen también la idea básica de la ideología marxista que lleva incluso a Marx a denunciar en el Programa de Gotha la escuela pública como instrumento de represión de las clases dominantes5. Aquí está una clave importante para comprender todo el confusionismo ideológico marxista acerca del Estado. El mismo Manuel Sacristán, en su famoso panfleto por la eliminación de la enseñanza de la filosofía, defendía efectivamente que la eliminación de la filosofía en la enseñanza universitaria es un factor necesario para la eliminación del propio estado, porque, según él, la enseñanza de la filosofía está al servicio de los intereses del estado burgués6. Es curioso, sin embargo, notar que una vez criticado por reduccionista Sacristán en su alegato contra la filosofía, cuando el Gobierno de Zapatero se inventa aquella asignatura de Educación para la ciudadanía, el propio Bueno sale a la palestra criticando dicha propuesta por ser una herramienta de domesticación por parte de las instituciones del Estado, y por tanto, al servicio de sus intereses ideológicos, como si la asignatura de Educación para la ciudadanía condujera necesariamente a la formación de individuos en lo que Bueno llamaba el “Pensamiento Alicia”7, algo tan absurdo, como absurdo era por parte de Manuel Sacristán alegar contra la Filosofía porque según él sólo servía para transmitir el espíritu nacional franquista y la filosofía escolástica y tomista que lo sustentaba. Absurdo sobre absurdo. Pero si el fin de la filosofía era necesario para el fin del Estado, según Sacristán, la eliminación de la enseñanza de la filosofía no traería mayores consecuencias políticas, lo que obviamente es más sensato, aunque no sé por qué necesariamente debe ser mejor que no se enseñe filosofía, como también ahora desea el –dicho con todos los respetos- desorientado Gabriel Albiac.

Atengámonos por el momento al asunto de la representación del “pueblo” en el Estado. Es lógico que el Estado surja como instrumento para el ejercicio del poder de unos grupos sobre otros, pero no porque ello sea efectivamente una alternativa

4 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 30.

5 Jaime Pastor lo simplifica muy bien: “Un ejemplo claro –dice- de lo que significan estos cambios se

halla en la crisis de la escuela y de la Universidad: obligadas a transmitir un saber cada vez más

desvirtuado por los valores burgueses dominantes y por la necesaria formación de una fuerza de

trabajo adecuada a las necesidades de producción, se encuentran cada vez más sometidas a los

imperativos de rentabilización capitalista y del control estricto del Estado.” (pág. 17).

6 Véase nuestro ensayo, “Notas para un análisis materialista de la noción de Filosofía de Manuel

Sacristán”, en El Catoblepas, no 48 (febrero de 2006). http://www.nodulo.org/ec/2006/n048p13.htm.

7 Gustavo Bueno, Zapatero y el Pensamiento Alicia. Un presidente en el País de las Maravillas, Temas

de Hoy, Madrid 2006

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posible desde el punto de vista no solo político sino incluso antropológico. Efectivamente los estados se caracterizan por eso no por azar, ni por razones estrictamente sociológicas, ni por la prevalencia de los intereses de clase, sino que todo ello es posible precisamente porque las condiciones materiales de las sociedades en las que va fraguando esta nueva forma de organización social que llamamos Estado son tales que es materialmente imposible eso que Jaime Pastor llama la “representación directa de la población”, o la llamada “democracia directa”. Y ello no solamente porque estamos ante un aumento particular de la población, elemento sin duda fundamental, sino porque la propia sociedad aparece organizada de un modo más complejo y diverso desde el punto de vista de la producción social de la vida. De modo que es precisamente esta forma nueva de organización de las sociedades que llamamos los estados, la que ha permitido la conformación de sociedades cada vez más complejas, capaces de albergar un número creciente de población que puede sobrevivir en dichas condiciones precisamente porque existe algún tipo de mecanismo de redistribución de la riqueza, mecanismo que, materialmente, define precisamente al estado, frente a modelos sociales anteriores. Y ello nos obliga, necesariamente, a hacer referencia a esa supina tontería que es lo que en los términos marxistas clásicos se llama el “comunismo primitivo”.

El comunismo primitivo como nota resultante de la idea metafísica de Estado

El comunismo primitivo no sería más que una forma de organización social previa al estado “basado en un escaso desarrollo de las fuerzas productivas”, se dice. Pero si el comunismo primitivo se entiende como un tipo de organización social en el que no hay prácticamente desarrollo de las fuerzas productivas, no sé qué añade a ello el llamarlas comunismo, y menos aun si lo que las caracteriza como comunismo es esto: “En la sociedad primitiva no existía el Estado. Ese tipo de sociedad, basada en la caza y la agricultura rudimentaria –con relaciones de producción que partían de la organización cooperativa del trabajo-, se regía sobre la base de una democracia “gentilicia” (de la “gens”), es decir, de un funcionamiento democrático del conjunto de la comunidad. Las funciones administrativas eran realizadas por todos los ciudadanos: todos ellos llevaban armas, todos participaban en las asambleas, las cuales decidían sobre todo lo concerniente a la vida colectiva y a las relaciones de la comunidad con el exterior. Del mismo modo los conflictos internos eran resueltos por el conjunto de los miembros.”8

Ese comunismo por ser primitivo es irrecuperable, y precisamente han sido las sociedades complejas, por su propia estructura, las que lo hacen absolutamente imposible. Pero tampoco eso merece consideraciones positivas acerca de las sociedades pre-estatales. Ya Marvin Harris estudió con atención “los asesinatos en el paraíso” 9 , aludiendo al hecho de que las sociedades pre-estatales se caracterizan por procesos de control de la población muy eficaces pero intratables desde el punto de vista ético. No obstante, el hecho es que sólo cuando determinadas sociedades primitivas comienzan a desarrollar

8 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 9.
9 Marvin Harris, Caníbales y Reyes, Alianza editorial, Madrid 2011.

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procedimientos de supervivencia del grupo ajenos a los controles de población basados en el infanticidio selectivo o en el gerontocido sistemático, comienzan a crecer y en su acumulación material se van conformando las condiciones materiales para la organización de formas de vida más complejas desde el punto de vista material.

Y es ahí donde debe situarse el Estado, no solamente visto como instrumento al servicio de las clases dominantes, sino al contrario. Surgen clases dominantes porque existe ya una organización social suficientemente compleja como para ser articulada mediante el ejercicio del poder por parte de unos grupos frente a otros. Precisamente porque los grupos son divergentes. Aunque el Estado efectivamente ha sido un instrumento de dominación entre grupos, no por ello podemos reducir el Estado a esa función. Más allá de ese enfoque reduccionista, debe entenderse como una estructura organizativa capaz de permitir el aumento de población y por tanto el desarrollo de la diversificación de los procesos productivos y de las fuerzas productivas de la sociedad, así como el aumento y complejización de las contradicciones. De hecho, el carácter fundamental de una sociedad política según la teoría de Gustavo Bueno10, radica en el hecho de que está constituida por grupos divergentes, siendo la política el arte de hacer posible la articulación del orden social en medio de esta complejidad de intereses contrapuestos. Y, aunque efectivamente los estados proceden de un modo esencialmente amoral en lo que se refiere a la consecución de sus propios fines, particularmente su conservación en el tiempo (su eutaxía, en palabras de Bueno), también puede decirse que el conflicto entre el individuo y la sociedad, entre los fines personales y los planes generales de la sociedad sólo en el Estado comienza a resolverse sin la conculcación de aquellos fines y, por tanto, podemos decir que sólo en el ámbito de esta nueva figura antropológica y ontológica que es el Estado, como modo de organización de las sociedades humanas (de algunas, no de todas), cabe el surgimiento de lo que llamamos la Ética, frente a la Moral. Puesto que es a través del Estado con todas sus contradicciones, como surge la reflexión sobre el conflicto entre los fines personales y los planes generales de la sociedad, y la propia posibilidad de establecer trayectorias divergentes dentro de la sociedad.

Hablamos de Ética y Moral en un sentido materialista también11. Ética se refiere al conjunto de disposiciones orientadas a la supervivencia del individuo, mientras que la Moral se refiere a los grupos, de manera que las virtudes éticas pueden entrar, y entran necesariamente, en conflicto con las virtudes morales. La virtud ética por excelencia es la Fortaleza, que se manifiesta como “Firmeza” cuando se refiere a la virtud que dirige la vida de un individuo para conservarse en el tiempo, y como “Generosidad”, que se refiere a la virtud que dirige la vida de un individuo cuando busca la conservación de la vida de sus semejantes. La profesión ética por excelencia sería la Medicina. Sin embargo, en la Moral la virtud de la Fortaleza se refiere a la conservación del grupo, lo que en muchos casos puede suponer el sacrificio de los individuos, contradiciendo los principios de la Ética. El conflicto entre Ética y Moral surge en el ámbito de las Ciudades, de los Estados, donde los

10 Véase, Gustavo Bueno, Primer ensayo de las categorías de las “ciencias políticas”, Biblioteca

Riojana, Logroño 1991. http://www.fgbueno.es/gbm/gb91ccp.htm

11 Para estas cuestiones, consultar la obra de Gustavo Bueno, El sentido de la vida. Seis lecturas de

filosofía moral, Ed. Pentalfa, Oviedo 1996. http://fgbueno.es/gbm/gb96sv.htm___________________________________________________________________________________________________________________

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fines personales pueden entrar en conflicto con los planes generales de la sociedad y desarrollarse dentro de ella. En las sociedades naturales, por así decir, los fines personales siempre aparecen subordinados a los planes generales de la sociedad, a la supervivencia del grupo, de ahí que prácticas como el infanticidio o el gerontocidio sistemático son síntoma de que estamos todavía en el seno de sociedades pre-estatales, dirigidas por los principios de la Moral. Y cuando estas prácticas, por ejemplo, comienzan a ponerse en entredicho es precisamente porque el conflicto entre el individuo y el grupo comienza a tener cabida, y es posible la modificación de las costumbres mediante las leyes escritas, etc.

De modo que el Estado aparece como una forma de organización social más compleja que surge de la propia canalización de los conflictos, de manera que no solamente es una estructura que reprime y explota, favorece a las clases poseedoras, etc., sino que a su vez, es el marco necesario para la conformación de los ideales políticos, para la lucha de clases, y para el surgimiento y defensa de los ideales políticos más diversos. Es una plataforma objetiva que permite canalizar las fuerzas transformadoras y el nacimiento y despliegue de los ideales políticos más elevados. Una plataforma que marca precisamente los límites ideológicos posibles de la política: el límite de la disolución del Estado, que ahora podemos ver como la disolución de la plataforma en la que es posible la configuración de los ideales políticos que regulan el conflicto permanente entre individuos y sociedad, y el límite de un estado “totalitario” que regularía la vida de los individuos conforme a los principios de la moral. Ambos límites son, en rigor, humanamente imposibles, son ideales de la razón, ideas reguladoras de imposible ejecución por el carácter conflictivo y anómalo de la vida de los pueblos. Porque no hay posibilidad objetiva de que un Estado pueda someter a la población sistemáticamente a la neutralización de sus fines personales, en una sociedad compleja, por más sistemática y expeditiva que sea la eliminación física de todo disidente posible (hoy en Turquía se aspira a una limpieza de estas características), y porque en una sociedad compleja es imposible el anarquismo sistemático.

Tal vez otros modelos híbridos, que recojan apariencias de los dos límites aquí señalados están en la mente de los poderosos: en la película Wall-E de Andrew Stanton (EEUU, 2008), por ejemplo, se habla de un mundo así organizado, también en Un mundo feliz de Huxley, no así en 1984 de George Orwell, aunque el ideal con el que culmina la novela parece obedecer a ese mismo proyecto: un modelo en el que la población entienda su existencia como totalmente libre, pero cuya realidad es estar sometidos a un poder omnímodo y basado en el abastecimiento sistemático de un soma que puede ser sexual, tecnológico, o una mezcla que contribuya a la idiotización de la sociedad. Algo parecido a los rebaños de animales bípedos implumes de El Político de Platón. Pero, es evidente que ese tipo de sociedad no sería ya una sociedad humana en el sentido político, y nuevamente, consideramos que se trata de un exabrupto de la imaginación. No obstante, las tecnologías de los big data que investigan con pasión en el MIT están abriendo horizontes muy interesantes, como por ejemplo, la posibilidad de regular la vida de los individuos más allá de la voluntad consciente ejercida en las urnas, a partir de los datos estadísticos resultantes de las decisiones cotidianas que los individuos toman, a pesar o contra su propia voluntad o ideario político. Pero esto

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Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 04 (54.2018.1) es otro asunto que requiere un estudio particular y que convendría que se

convirtiera en objeto de investigación sistemática por algún doctorando español.

Sobre el origen del Estado

De hecho, como hemos analizado ya en otro lugar12, el origen del Estado puede identificarse como aquella situación social en la que ya es posible la acumulación de trayectorias personales divergentes en la sociedad sin que ello “te cueste la vida” –por así decirlo. Y por tanto, el estado, las ciudades, constituyen un entramado institucional suficientemente complejo como para albergar dentro de sus límites trayectorias personales divergentes, conflictos sociales que no pueden resolverse absolutamente mediante los procesos represivos, aunque sin duda se utilicen sistemáticamente, pero teniendo en cuenta que estos procesos represivos dejan de ser completamente eficaces, si se quiere decir así. Frente a las sociedades pre-estatales, cuya nota particular consiste en delimitar de modo irrevocable las trayectorias personales de cada individuo en su función social, de manera tal que resulta imposible para cualquier individuo contravenir las costumbres establecidas. El conflicto entre el campo y la ciudad estudiado por muchos marxistas, recoge algunos aspectos de esta división esencial entre la vida pre-estatal y la vida estatal o en ciudades.

El estado no es natural, pero tampoco, por ser cultural, es menos necesario, de la misma manera que lo es la rueda, o la palanca. Es un artefacto resultante de la propia complejidad de determinadas sociedades. De manera que invocar hoy por hoy el fin del Estado sólo puede hacerse por una aspiración a recuperar utópicamente el comunismo primitivo -cosa absurda-, o bien dando por hecho que el estado se desvanecerá de por sí en una especie de sopa germinal de seres humanos interconectados. Si además a eso añadimos que el proceso de desaparición del estado debe ser mundial, según la tesis procedimental del marxismo, pero surgiendo a partir de un estado que comience él mismo por auto- inmolarse, resulta de todo punto absurdo concebir así la cuestión, habida cuenta de que la prudencia política nunca llevará a una nación a auto-disolverse esperando que las demás hagan lo mismo. Lo que harán las demás naciones será absorber a la nación que se disuelve, y sin problemas. Es lo que ocurre con España y sus independentismos periféricos. El hecho de que existan grupos divergentes en el Estado es sin duda síntoma del vigor de nuestro estado, pero también un peligro, porque requiere precisamente de un arte de la política muy afinado. Cuando Cataluña pretendió independizarse en la Segunda República lo hizo entregándose a Gran Bretaña, y lo mismo hizo el País Vasco (esto lo estudia muy bien, por ejemplo, Enrique Moradiellos en su impresionante biografía de Juan Negrín13). De la misma manera que ahora el nuevo independentismo catalán pretende entregar la defensa de su territorio al ejército francés, a cambio de dinero. La URSS, perfectamente consciente de estas contradicciones no solamente no se inmoló en aras de la revolución mundial, sino que practicó un patriotismo magnífico que le dio la victoria en la Segunda Guerra Mundial, denominada en la URSS, con toda lapage8image1231154144page8image1231154432

Nota para una fundamentación antropológica de la Globalización” en 13 Enrique Moradiellos, Don Juan Negrín, Ed. Península, Barcelona 2006page8image1231166832

12
Eikasia: revista de filosofía, No. 52, 2013, págs. 133-142. http://www.revistadefilosofia.org/52-09.pdf

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razón, la Gran Guerra Patriótica. El éxito del socialismo cubano y de la ideología política de Fidel Castro está en su patriotismo sin fisuras. Los Estados no es que sean naturales, es que son la forma natural de organización de una sociedad compleja, compuesta de grupos divergentes que hay que integrar y dirigir por medio del arte de la política. De hecho, es en el seno del estado en el que ha surgido todo el conjunto de ideas (justicia, igualdad, libertad, autonomía, soberanía, patria, internacionalismo, humanidad) que han contribuido a transformar y reorganizar la vida de los hombres conforme a normas, como forma de regulación del conflicto sistemático que lo caracteriza entre los fines personales y los planes generales de la sociedad, que es lo que constituye, más allá de la lucha de clases, el verdadero motor de la historia14.

Sobre la metafísica separación entre Estado y Sociedad

Otro de los argumentos que sitúa esta idea de Estado en el terreno de la metafísica monista, es el hecho de que se interpreta como una entidad, una institución “separada” formalmente de la “sociedad”. De hecho, así comienza el propio Jaime Pastor su libro: “El Estado, en tanto que institución separada respecto al resto de la sociedad que asume unas funciones propias, es producto de la división social del trabajo, de la aparición de las distintas clases sociales.”15 La cuestión es qué puede significar Estado como institución separada de la sociedad, o cómo es concebible una sociedad “dividida en clases”, al margen del Estado. Es un absurdo, porque el Estado es la forma en que una sociedad compleja, dividida en clases, se organiza para dar cabida a esa misma complejidad. No hay un Estado al margen de la sociedad política en la que surge, sino que el Estado es una forma de organización de las propias sociedades cuando alcanzan un grado de complejidad creciente, esto es, cuando comienzan a surgir grupos divergentes en conflicto. Entenderlo como algo separado es concebir el Estado como un aparato represor, o entender la sociedad como compuesta de lo que ahora sellama “la ciudadanía”, o “el pueblo”, como si el pueblo no estuviera conformado por distintos relieves y capas, articuladas entre sí y conformando un Estado. Qué puede significar una sociedad sin estado: sería solamente una masa informe de sujetos, y ahí está precisamente un error fundamental del análisis no del marxismo, sino de estudios como este de Pastor. ¿O tal vez se refiere al hecho de que por naturaleza los hombres tienden a organizarse conforme al patrón del comunismo primitivo y que precisamente cuando unos malvados se hacen con el poder imponen a esa sociedad que naturalmente tiende al comunismo, un orden extraño, artificial, ajeno y totalmente injusto? De ahí que luego se entienda como una posibilidad real la eliminación del Estado. Sin embargo, este planteamiento tan ingenuo es el que se desprende de la ideología del buen salvaje de Rousseau, que no tiene, por supuesto, mayor recorrido, a día de hoy, por lo que no vamos a discutirlo más.

Sólo si entendemos el Estado como una entidad independiente de la Sociedad, es posible concebir la idea marxista y anarquista en función de la cual se entiende que el fin último de la revolución socialista es la eliminación del estado, o como

14 Véase nuestro ensayo, El fin de la educación, ed. Eikasía, Oviedo 2009. 15 Op. Cit., pág. 9.

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dice Pastor citando el Anti-Dühring de Engels: “la vía de solución de las nuevas contradicciones que surgen será la de la aceleración de las condiciones de desaparición de las clases con el fin de que el Estado se “extinga” progresivamente y “en lugar del gobierno sobre las personas aparezca la administración de las cosas y la dirección de los procesos de producción (Engels, “Anti-Dühring”)”16. Pero esto significa que estaríamos ante un tipo de relaciones entre Estado y Sociedad que llamamos, desde la perspectiva del materialismo filosófico, como yuxtaposición metamérica, según la teoría de los conceptos conjugados que ha desarrollado Gustavo Bueno17. En ella, la sociedad “civil” se enfrenta a otra estructura institucional, el Estado, que reprime, somete, explota y asfixia la libertad de los pueblos. Pero esta concepción adolece precisamente de una concepción metafísica monista del Estado y de una concepción también monista y metafísica de la sociedad. Sin embargo, eso no significa que no se pueda hablar del Estado como idea filosófica, o de la Sociedad. Diríamos que entre Estado y Sociedad habría que ensayar distintas formas de comprensión de sus relaciones, lo que permitiría organizar distintas teorías acerca del Estado.

Si el Estado es la forma que adquieren distintas sociedades a lo largo de la historia en función de su propio crecimiento demográfico que requiere y supone no solamente la división del trabajo sino la aparición de todo tipo de estructuras jerárquicas y organizativas y la división de la sociedad en clases, estamentos, grupos, etc., entonces sería posible tratar de analizar las relaciones entre Estado y Sociedad en términos de su composición diamérica, teniendo en cuenta que la Sociedad no es solamente una masa de individuos atómicos, sino una estructura compleja compuesta de partes, familias, grupos de presión, gremios, partidos, fratrías, etc., y teniendo en cuenta también que los Estados están compuestos de partes, instituciones, funcionarios, etc. La articulación diamérica de las partes componentes de la sociedad y las partes componentes del estado permite comprender que los estados son esencialmente la forma en la que se articula una sociedad compleja. Y a su vez, que esa forma de organización ha podido pasar por diferentes fases en función de diferentes factores, como son la población, el propio desarrollo técnico y las transformaciones internas que tienen que ver con la regulación de los conflictos entre los grupos y de los individuos con los grupos y con el Estado, así como los conflictos que unos estados mantienen con otros a lo largo del tiempo.

Más allá de los Estados impera la ley del más fuerte

De hecho, no ha sido el estado la única forma de organización social que los hombres han alcanzado una vez que han superado, para decirlo con Morgan, el estado de barbarie, sino que los estados, a su vez han dado lugar a nuevas figuras, particularmente, a los imperios, que surgen cuando un estado se comienza a organizar como la forma del todo que integra nuevos territorios o incluso estados. Y desde el punto de vista histórico tal vez con el siglo XX y más aún en el siglo XXI se están efectivamente ensayando nuevas ideas acerca de formas de vida post-

16 Pastor, Op. Cit., pág. 45.
17 Gustavo Bueno, “Conceptos conjugados”, El Basilisco, no 1, 1978; págs. 88-92.

http://www.filosofia.org/rev/bas/bas10109.htm

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estatales, con más o menos acierto. Existen organismos internacionales como el tribunal internacional de la Haya, o la ONU, etc., pero todas estas instituciones están hoy por hoy sometidas de hecho al poder de los estados más fuertes, dando por buena para los estados la tesis que Trasímaco defendía en La República de Platón. Entre los estados, desde luego, la ley del más fuerte es lo único que rige. ¿Es posible un poner supranacional? A esta cuestión, hoy por hoy, sólo podemos contestar con un sí condicional, esto es, cuando un estado o un grupo de estados se impone al resto de los estados “del mundo”, por las armas. Sólo cuando una organización, como por ejemplo, la OTAN, sea capaz militarmente de someter a todas las naciones según sus planes políticos, podremos contestar afirmativamente a esta cuestión, porque un gobierno supranacional efectivo de otro modo sólo podría alcanzarse como lo pretendían cándidamente los marxistas trostkistas, esto es, cuando cada estado haya alcanzado el socialismo y se encuentre en la antesala de la superación de la transición desde la política a “la administración de las cosas”, como se solía decir.

La cuestión que se discute actualmente mucho entre los ideólogos de la izquierda, sobre todo, es la que se refiere al asunto de la existencia de poderes supranacionales, que no son exactamente políticos, pero que son capaces de dirigir a las naciones, como es el caso del llamado capitalismo financiero. Un tópico muy propio del pensamiento de izquierdas que llamamos divagante, siguiendo las enseñanzas de Gustavo Bueno en su libro El Mito de la izquierda18, es que las multinacionales financieras son ajenas a los intereses de los estados en los que surgen, y las naciones y pueblos no tienen nada que ver con ellos. Consideramos ingenua esta apreciación, habida cuenta de que la articulación de intereses entre multinacionales y estados es tal que no se entienden separados. No todos los estados hacen la pascua a los demás, ni tienen el poder suficiente para promocionar a sus empresas más allá de sus fronteras, defenderlas, o incluso convertirlas en verdaderos poderes financieros a base de derrocar gobiernos y usurpar recursos naturales, como se viene haciendo por parte de EEUU desde 1991 con la Guerra del Golfo contra Irak hasta la actual guerra civil de Siria. Otra cosa es que la “gente normal de la calle”, en un país cualquiera, esté en contra de esas malvadas prácticas de sus estados, pero esto no permite concluir que los estados y las multinacionales no están involucradas sobre todo por la coincidencia de planes políticos y económicos. Así pues, por más impoluto, moderno, sofisticado, y atractivo que sea, por más elegante, moderado y canoso que sea un presidente de una institución supranacional como la ONU o del FMI, no dejará de estar al servicio de intereses nacionales, o imperiales, y ello aunque un presidente de la nación que pretende ejercer mayor poder sobre el resto reciba con todos los honores el Premio Nobel de la Paz.

Estado como forma de organización universal de la vida en el presente

Actualmente, todo hombre pertenece a algún estado, es ciudadano de alguna nación política, independientemente de que quiera o no pertenecer a ella. Los pueblos indígenas, las sociedades bárbaras que perviven hasta el presente,

18 Gustavo Bueno, El mito de la izquierda, ediciones B, Barcelona 2003. http://fgbueno.es/gbm/gb2003mi.htm

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pueden poblar grandes territorios y reservas, pero al fin y al cabo, son ciudadanos de alguna nación política, más allá de su “nación étnica”19. No hay hombre sin estado, ni existe territorio habitado que no forme parte de algún estado. Los estados incluso se hacen cargo de su espacio aéreo, y de sus zonas marítimas. Los más poderosos se reparten territorios deshabitados del continente antártico, para llevar a cabo diferentes experimentos, pero sobre todo para ampliar su propia soberanía frente a otras naciones. Y es que los estados están en conflicto mutuo permanente. Los orígenes de estos conflictos, por supuesto, tienen que ver con cuestiones fundamentales que pocas veces se tienen en cuenta en los análisis políticos que se hacen, por ejemplo, sobre la transición española: me refiero obviamente a la cuestión de la escasez y las carencias que todos los estados deben afrontar. No son autosuficientes. Y esta situación de desigualdad entre los estados, es una fuente constante de conflictos. Los estados nacen, de hecho, del conflicto. La conformación de las fronteras de las naciones suelen surgir de conflictos bélicos, de guerras y escaramuzas varias, que poco a poco han ido afianzando y reafirmando las diferentes fronteras. La guerra no solo es la continuación de la política por otras vías, sino también el origen mismo de la política, de las polis, de los estados. Por esta particular debilidad constitutiva de los estados, están en conflicto permanente. Ahora bien, los conflictos no siempre son susceptibles de ser soportados por los estados, por lo que parece obvio que la propia debilidad de diversos estados hace que muchos alcancen pactos y uniones que les fortalecen frente a terceros. Pero también suele ocurrir que los estados débiles se ven sometidos a la presión de otros estados más fuertes, viéndose obligados a asumir pactos e integrarse en programas que tal vez no les beneficien objetivamente, aunque al menos esto pueda garantizar un estado de equilibrio o de paz más o menos estable. Decía Rousseau que el fin de todo estado es su conservación en el tiempo todo lo posible. Y esto supone, sin duda, el sostenimiento de planes y programas capaces de hacerlos perdurar, teniendo en cuenta su particular estado de debilidad relativa frente a otros estados y su tendencia inevitable hacia la corrupción.

La Historia como fundamento de la capa basal de todo Estado

De modo que en todo estado tenemos unas fronteras que delimitan un territorio en el que vive una población organizada conforme a leyes escritas. El hecho de tener fronteras requiere por parte de los estados una capacidad de defensa del territorio, que la da el ejército, sin duda. Territorio, fronteras, y población conforman los elementos básicos de cualquier estado, por grande o pequeño que sea. Ahora bien, a estos elementos es necesario añadirles al menos otro: la historia. Cuando se afronta la historia de los pueblos se insiste en el conjunto de acontecimientos políticos que han tenido lugar, las guerras, conflictos internos y detalles de diversos tipos, pero cuando hablamos de historia de las naciones no nos referimos al conjunto de acontecimientos que jalonan su paso por el tiempo, sino a otro asunto mucho más profundo: a la conformación de su propio entramado territorial, material. Una de las propiedades objetivas de la Materia es precisamente la

19 Para estos conceptos puede consultarse el libro de Gustavo Bueno, España frente a Europa, Alba editorial, Barcelona 1999. http://www.fgbueno.es/gbm/gb1999es.htm

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Memoria. De todo queda rastro. Y eso mismo ocurre con el territorio. Un estado se conforma en el tiempo a través de los procesos de transformación material que los habitantes van realizando, de modo que ese territorio adquiere el aspecto de una estructura, un entramado tecnológico y productivo articulado, un entramado que acaba regulando la vida y las acciones de los individuos en ese territorio. La regulación de la vida es la que confiere un patrón diferencial que constituye lo que podemos llamar la nación política. Una nación no es un invento y no se puede establecer constitucionalmente, si no hay una intervención constante en el territorio y una transformación del mismo de modo cerrado. Porque el entramado tecnológico que llamamos “basal” está organizado de modo cerrado dentro de sus fronteras. Cuando las constituciones definen naciones y pueblos, mucho tiempo atrás ya esos pueblos y naciones han ido conformándose, y si ello no es así la situación es inestable y puede que explosiva. Es lo que ocurre por ejemplo con la instauración del estado de Israel en Palestina. Una masa de población impone un nuevo orden estatal sobre otro ya organizado y necesariamente tiene que intervenir no solamente a escala conjuntiva, a la escala de las relaciones de producción, tiene que intervenir en la transformación del territorio, poblamiento, destrucción de poblaciones anteriores, eliminación de pobladores del anterior estado, destrucción de sus infraestructuras y recomposición de otras nuevas orientadas al sostenimiento de la población hegemónica. Muros, fronteras, colonias, y destrucción del entramado basal previo, todo es poco para reconfigurar el territorio en una nueva nación.

La profundidad de la huella que se deja en el territorio define gran parte de la

propia estabilidad y fortaleza de una nación política. Así, por ejemplo, diríamos

que la URSS era un estado fuerte en muchos tramos de su estructura, pero su

intervención en la capa basal se hizo de un modo tan apresurado que no alcanzó

a la consolidación de una capa basal capaz de sobreponerse a las herencias

previas de los territorios que después se alzaron como naciones a poco más de los

70 años de su existencia histórica. El entramado de la capa basal alcanzó a Rusia,

quizá a Bielorusia, Kazajstan, y a la parte oriental de la actual Ucrania, pero no a

su parte occidental y central, o no de manera suficiente. Por supuesto que esto no

explica el fin de la URSS, pero es importante. No obstante, su intervención si dio

para que de ese inmenso territorio surgieran nuevas naciones políticas más o

menos capacitadas para autosostenerse. Desgraciadamente, estas naciones no

son lo suficientemente fuertes para sobreponerse a la presión que puede ejercer

sobre ellas Rusia, pero también son los suficientemente débiles como para

convertirse en un verdadero problema para Rusia, había cuenta de que otras

naciones, particularmente EEUU, están tratando de socavar el estado ruso,

atacando a través de los “eslabones débiles” que la protegen, así Georgia,

Armenia, Azerbaiyán, Ucrania, o Bielorrusia, y poco a poco el Imperio americano,

consciente de su necesidad de expandirse por ese vasto territorio cargado de

recursos y estratégicamente esencial para el dominio final del mundo, irá

horadando, como un rompehielos esas plataformas estatales y rompiéndolas para

abrirse paso hacia Rusia. Es cuestión de tiempo y oportunidad, porque sólo así

puede atribuirse alguna finalidad al disparatado imperio del caos que ha

sembrado la administración estadounidense en todo el territorio que rodea a la

antigua Unión Soviética. El caos en Yugoslavia, Grecia, Ucrania, Siria, Libia,

Afganistán, Irak, Palestina, Líbano, Turquía, Azerbaiyán, Georgia, todo contribuye

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poco a poco a abrir brechas que permitirán posteriormente avanzar hacia Rusia. Y en la resolución de ese conflicto está la consecución de los objetivos imperiales de EEUU.

De la misma manera, los independentismos periféricos en España que pretenden desgajar parte de su territorio tienen en la capa basal su principal dificultad, porque la capa basal de esos territorios está articulada en el contexto de la organización general de España, de manera que resulta prácticamente imposible ejercer la soberanía sobre la capa basal de territorios como Galicia el País Vasco, Cataluña o Andalucía. Y por ello mismo, se insiste en estas regiones en la capa conjuntiva, esto es, en la dimensión política y social del independentismo como ideología, como símbolo, como emoción; haciendo a lo sumo instituciones regulativas como por ejemplo “embajadas”, medios de comunicación, etc., instituciones conjuntivas que no tienen suficiente fuerza para la ruptura efectiva del Estado.

Sobre el carácter anómalo de la población

El aspecto de la organización política, lo que Bueno llama la capa conjuntiva, aquella que tiene que ver con las relaciones de producción, es decir, la regulación de las relaciones que organizan la vida de las poblaciones dentro del estado sin duda afecta también a la fortaleza del estado. Pero su carácter generacional y anómalo hace mucho más difícil la sostenibilidad de los estados a escala conjuntiva si no hay una suficientemente convincente masa ideológica que sostenga la unidad política. El idioma es fundamental, eso bien lo sabemos, por eso las regiones separatistas españolas se preocupan mucho de renegar del Español y promocionar de modo oligofrénico sus idiomas locales. Pero también, los símbolos y el contexto de la interpretación histórica, la ideología envolvente en la que se forja la cosmovisión de los ciudadanos. Es más difuso y débil porque las poblaciones tienen un existir anómalo e indeterminado por las generaciones, y por el ritmo biológico de la vida. Es así como ha sido posible transformar la mentalidad de los habitantes de Cataluña desde la implantación de la LOGSE, y convertir a una importante cantidad de población en nacionalistas xenófobos, pero a esta escala conjuntiva estas situaciones son reversibles.

No obstante, es en la capa conjuntiva donde se establecen la mayor parte de los debates acerca del Estado y en donde se sitúa, seguramente, la discusión marxista del Estado, porque en ella se perfilan los gobiernos, y las instituciones regulativas de las relaciones entre los individuos, códigos, leyes, sistemas de gobierno y representación, etc. La discusión política centrada en la capa conjuntiva, sin hacer alusión a la capa basal y cortical suele dar lugar a reflexiones ideológicas y políticas formalistas que pierden por ello todo fundamento político materialista, de manera que resulta de todo punto imposible una discusión filosófica seria sobre las formas de gobierno que no tenga en cuenta la intervención y la necesidad de la presencia de la capa basal y cortical.

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Sobre la fortaleza de los estados

Si el fin de todo estado es su permanencia en el tiempo, esta permanencia sólo depende de la fortaleza de cada estado, y la fortaleza de los estados depende, sin duda, de las relaciones de producción, pero particularmente, de la consolidación de estas relaciones a través del entramado basal productivo tecnológico que conforma, canaliza y articula la vida de la población. Eso es lo fundamental. Una mayor cantidad de población, incluso juvenil y productiva, no da la fortaleza a un estado si no tiene un entramado productivo capaz de canalizar esta población: el ejemplo es China, o Bangladesh. Igualmente, si ese entramado basal deja de estar sostenido por una población decreciente, estamos igualmente ante una crisis del estado.

No obstante, la fortaleza de los estados es siempre relativa a la fortaleza de sus vecinos, y con ellos se tiene que medir y se mide necesariamente. Los estados están en permanente conflicto. Cuando su fortaleza relativa es equiparable, estamos ante equilibrios inestables, esto es lo que favorece estados de tolerancia mutua. Los estados son tolerantes entre sí en función de su fortaleza. Si son demasiado fuertes con respecto a sus vecinos pueden ser perfectamente intolerantes. Históricamente los estados más fuertes se han impuesto sobre otros, conformando situaciones de transformación histórica objetiva, en lo que suelen llamarse los imperios. No todos los imperios actúan del mismo modo y proceden con los mismos criterios de organización política, aunque en sus componentes basales coincidan. La explotación de los recursos puede hacerse de muchas maneras, y requiere una organización social que puede tener distintas perspectivas, pero en la medida en que nos referimos al trato de unas naciones con otras, unas poblaciones con otras, habría dos modos de tratar, al menos, este conflicto: cuando la población imperial entiende como inferior y explotable a la población imperiada, o cuando la población imperial se articula con la imperiada identificándose mutuamente. Esto es lo que Bueno ha definido con la distinción entre imperios generadores e imperios depredadores. El imperio de Alejandro Magno, el Imperio Romano, el Imperio español, fueron imperios generadores, el Imperio de la Unión soviética. El imperio británico ha sido un imperio depredador, el imperio belga, el imperio francés, el imperio alemán (en todas sus vertientes), y el imperio anglosajón norteamericano. También la Liga de Delos hegemonizada por los atenienses. De hecho, creo que la liga de Delos se parece peligrosamente a la OTAN, siendo la Atenas moderna EEUU, y Pericles el ideal de todo presidente norteamericano. La diferencia fundamental es que los imperios depredadores por esencia tienden a perpetuarse y crecer exponencialmente, por ello es más propio de los imperios depredadores la destrucción de naciones. El imperio del caos que actualmente siempre EEUU por países como Afganistán, Irak, Siria, o Libia ha tenido un claro interés depredador, aunque se adorne con el discurso acerca de la democracia, pero eso no es creíble. Irak, Afganistán, Siria o Libia hubieran podido recorrer, igual que España un proceso de transición política si las políticas intervencionistas de sus respectivos gobiernos hubieran podido seguir adelante, y el propio islamismo radical hubiera sido una mera anécdota dentro de estos territorios, pero EEUU ha abandonado sus proyectos originales para entregarse a su estrategia depredadora tal vez inspirada por megaproyectos multinacionales de alcance impreciso. Mientras que los imperios generadores responderían a un

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proceso cíclico generacional en virtud del cual, en un determinado momento de su desarrollo los nuevos territorios comienzan antes o después a organizarse de manera circular interna, y segregarse del resto, aunque ello suponga crisis y conflictos irremediables, porque nadie puede anteponerse a los procesos históricos.

II El caso de España

Si analizamos el fenómeno de la transición española desde la perspectiva de la teoría del estado que ofrece Gustavo Bueno en su importante obra, Primer ensayo sobre las categorías de las “ciencias políticas”, creo que podemos extraer algunas interesantes precisiones que no se suelen tener en cuenta en los estudios tradicionales. Al fin y al cabo, el tema de la transición sólo se enfoca desde un punto de vista político, y ello, en efecto, contribuye a ocultar importantes aspectos de España, que simplifican y convierten en leyenda la transición como una especie de estado de gracia de España.

España es un país resultante de ese proceso de desmembramiento de un imperio generador, el imperio español. De su matriz surgieron diferentes naciones políticas, entre ellas España; que es el país que se instituyó como forma del todo durante el proceso de su despliegue como imperio. Nadie responda a la pregunta de por qué fue imperio, si no contesta simplemente, “porque pudo hacerlo”, pues otra razón no hay más profundamente histórica. Es muy difícil hablar de voluntad de Estado, de Imperio, pero el ortograma del catolicismo es el que canaliza esa pujanza histórica que adquiere el reino de Castilla. Está claro que el siglo XIX y todos sus conflictos están en relación con la destrucción de esa idea que guiaba a la nación desde tiempos de los Católicos. El fin del imperio supone una reorganización sangrienta de la nación, plagada de intentos y proyectos en conflicto que desembocaron en un período histórico magnífico, la llamada Edad de plata, en la que se alcanzó de algún modo el renacimiento de la nación española ya como nación canónica, replegada a sus fronteras “naturales”, una vez que la guerra con EEUU desmembró los últimos territorios nacionales ultramarinos. Ese período sin embargo no consiguió estabilizar los conflictos que se realimentaron con las nuevas ideologías fascistas y marxistas, dando lugar a la Guerra civil española. El triunfo de Franco significó la reorganización objetiva de la nación española conforme a una idea de unidad de estilo francés, basada en el desarrollo del entramado productivo basal, un desarrollo inusitado y eficaz. Durante ese período se alcanzó una reorganización efectiva de toda la trama basal del estado, una actualización sistemática de los factores productivos y una modernización productiva generalizada de la nación.

El resultado de la guerra permitió el fortalecimiento del estado, con empresas públicas muy poderosas para la distribución de la energía, transportes y comunicaciones, la industria extractiva y de transformación. De esta manera España llegó a 1975 como un estado fortalecido por la propiedad pública de los factores productivos fundamentales, y con unos índices de desarrollo extraordinarios. El cambio de régimen es, como dice Bueno, una metamorfosis de esa propia crisálida. Pero el sistema político español se orientó de un modo perverso. En gran medida el fin del período de Franco está marcado por una cada ___________________________________________________________________________________________________________________

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vez más ostensible debilidad, a consecuencia de una clara definición del relevo político y una enorme presión exterior de países como EEUU, y los países europeos como Francia o Alemania, que ven con recelo la fortaleza de este estado. Todos ellos intervienen, pero particularmente EEUU. Antes de nada arrebata Marruecos a España la provincia del Sáhara, con aprobación norteamericana. El rey necesita consolidar su poder, y ello será a costa de la nación. Los partidos políticos nacientes necesitan consolidar su poner, y ello también será a costa de la nación. Demasiadas fuerzas actúan sobre España con intereses contrapuestos, lo que contribuye a su debilitamiento ostensible.

Dice Eslava Galán en su libro Historia de España contada para escépticos20 que a partir de los años setenta comienza a actuar en nuestra historia un nuevo factor que él prefiere llamar simplemente “el gran hermano”. Y así es. Desde la muerte de Carrero Blanco, hasta el Golpe de estado de Tejero, así como otros luctuosos acontecimientos que han jalonado la historia reciente de España, encontramos siempre la sombra de una duda, que resulta preocupante. Pero sin echar culpas a nadie, lo acontecido responde claramente a un programa bastante preciso que consiste, fundamentalmente, en el debilitamiento sistemático del estado. Un debilitamiento que permite en primer lugar la entrada en la OTAN y en la Unión europea, hasta la entrega irreversible que supone la renuncia a la soberanía monetaria con la entrada en el marco-euro. El debilitamiento se ha producido, sin duda, en la capa basal mediante un desmantelamiento sistemático. La reconversión industrial permitió la privatización y el cierre de gran parte de la industria nacional; la entrada en la Unión europea, y el tratado de Maastricke supuso la renuncia por parte de España a su propia cabaña ganadera, la reconversión del sector agrario y pesquero. Se privatizaron las empresas nacionales de energía eléctrica (con la consabida puerta giratoria), y las de telecomunicaciones, las empresas energéticas, transportes como Iberia, industrias tan solventes y poderosas como la fábrica Pegaso, o Seat, vendidas a empresas extranjeras, y particularmente la industria siderúrgica. En aquellas primeras y salvajes oleadas se argumentaba siempre sobre la base de que la privatización mejoraría los servicios y haría más rentables las empresas, y por tanto, resultarían más baratos los servicios prestados, pero nada de eso era cierto y, aunque lo fuera a corto plazo, a la larga los españoles nos veríamos privados de la fortaleza necesaria para afrontar nuestro destino político.

La entrada en la Unión europea trajo consigo una inflamación del cuerpo del estado con dinero rápido y fácil, que enriqueció a los españoles disolviendo poco a poco su capacidad de resistencia. Es el mecanismo de las arañas que tienen que tragarse una presa demasiado voluminosa. Le insuflan los jugos gástricos primero, antes de comerse a la víctima, y cuando el cuerpo está licuado, simplemente se lo beben poco a poco. Así ocurrió con España en Europa. Se nos inundó de dinero a golpe de financiación y subvenciones para paliar el cierre sistemático de empresas nacionales, de industria extractiva, y de industria pesada y media. Todo iba bien. Parecía que la reconversión no nos afectaba, cada vez vivíamos mejor, y trabajábamos menos. Programas de prejubilación, y bancos cada vez más agresivos facilitaban el dinero líquido y vivíamos, como dicen los

20 Juan Eslava Galán, Historia de España contada para escépticos, Planeta, Barcelona 2004.___________________________________________________________________________________________________________________

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políticos, por encima de nuestra posibilidades. El sistema de banca pública que en España era muy poderoso y había jugado un papel esencial en la organización productiva del país durante el franquismo, comenzó a privatizarse poco a poco a favor de bancos privados. El banco de Bilbao se hizo con la Caja Postal, el banco público que repartía el salario de todos los funcionarios del estado durante muchos años, y que por supuesto no facilitaba la posibilidad de que algún banco privado pudiera lucrarse en los mercados financieros con la gestión de estos sueldos. Argentaria fue el instrumento de transición hacia la privatización. Hoy por hoy, todos los funcionarios reciben su dinero en su banco desde el banco de Bilbao, y en los mercados financieros cada segundo cuenta. Las cajas se entregaron a los políticos regionales que hicieron de ellas su propio negocio hasta que la gestión politizada hizo que todos deseáramos que se privatizaran.

Muchas de las grandes empresas estatales que todavía perduran han eliminado a sus funcionarios, reconvertidos en personal laboral, evitando con ello que por su naturaleza pública se evite cualquier tipo de presión contra los trabajadores. Ahora tampoco la naturaleza pública de una empresa garantiza la estabilidad laboral, y menos aún la independencia del criterio del funcionario. Volvemos poco a poco hacia el viejo sistema clientelar, hoy reconvertido y purificado por los mass media. Y todos nos alegramos de que los funcionarios públicos sean reducidos en sus condiciones laborales, “porque es una injusticia”.

La reconversión en la capa basal ha sido tremenda, ha permitido la entrada masiva de multinacionales que se han hecho con los despojos del estado y que han reducido las condiciones laborales, endurecido la explotación y la inestabilidad, la desigualdad, y el abuso de poder. Han debilitado al estado. Las multinacionales ahora apelan a la deslocalización y en el mercado mundial el trabajo de los españoles vale menos que nada, por lo tanto, se puede explotar y reducir sus garantías laborales hasta límites insospechados hace algunos años. Como el estado no tiene fuerza para bloquear esta presión de las multinacionales, y no tiene capacidad para afrontar la renacionalización de sectores estratégicos o simplemente no tiene programa político alguno que se atenga a estos sanos preceptos consistentes en el fortalecimiento del estado, los españoles no tenemos capacidad ni individualmente ni en sindicatos o partidos para afrontar las oleadas de explotación laboral y precariedad en el empleo que caen sobre nosotros como el maná del cielo de las finanzas internacionales. En el proceso de privatización de las empresas públicas se ha llegado incluso a declarar el estado de alarma (2010), por parte de Rubalcaba y Zapatero, para hacer frente a la huelga de controladores aéreos que protestaban contra la privatización de AENA. Tales fueron los intereses en conflicto en esta operación financiera el gobierno no dudó en intervenir a escala militar para facilitar la privatización hoy ya realizada, mientras que los trabajadores de AENA, y los controladores aéreos en particular, se convirtieron poco menos que en monstruos dispuestos a destruir la felicidad de nuestros compatriotas que necesitaban a toda costa viajar a sus lugares de vacaciones para seguir siendo felices mientras que estos aguafiestas paraban a capricho el tráfico aéreo en el “puente de la Constitución” precisamente. Una vergüenza.

En el proceso de transición, faltaba atacar a la capa cortical y conjuntiva. Faltaba reconvertir a la sociedad, eso era en principio cuestión de tiempo, de cambio___________________________________________________________________________________________________________________

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generacional. Y se hizo muy bien. Se aprovechó la circunstancia de la adustez, respetabilidad, sacrificio y capacidad de trabajo, responsabilidad de nuestros mayores, la generación de nuestros padres y abuelos, para ir abriendo el camino a la democracia con la ilusión de la libertad sin ira. Y fue bueno, pero nadie entendía entonces que la libertad sin ira era sobre todo, la libertad sin fuerza, sin tejido productivo, la libertad neoliberal. De momento era solo la libertad sin ira, y los españoles obviamente votaron sí. Pero ahora había que ir abriendo nuevas brechas y sobre todo evitar que nos diéramos cuenta de que bajo nuestros pies alguien segaba nuestra libertad esquilmando nuestro tejido productivo nacional. Era necesario que fuéramos mirando hacia otra parte: y así nació la movida madrileña, el gran escaparate de escapismo y buen rollo que nos despistó mucho a todos los jóvenes que no habíamos caído en el abismo de la heroína que pululaba a raudales por ahí, desahuciando vidas a mansalva. Por si fuera poco con estas salvas cargadas de rock and rollo, del buen rollo british que nos mostraba el Mike Jagger de turno, pagado por sus enormes servicios a la City de Londres con el nombramiento como caballero británico. A mí siempre me gustó el Rock, sin embargo, reconozco que no pude por menos de sonrojarme cuando vi en la ceremonia de relevo de las Olimpiadas de Pekín al guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page tocar con su guitarra aquel tema de Whole Lotta Love, comprendiendo casi de golpe la importancia que el Rock ha tenido como disolvente de la soberanía nacional. Claro que en China resultaba tan ridículo que daba vergüenza ajena, y al mismo tiempo uno se sentía en cierto modo estafado, ahora nos dábamos cuenta de qué iba todo aquello del Sex, and Drugs and Rock and Roll, el gran ortograma anarco-neoliberal anglosajón. También producía cierta sensación de ridículo: qué podían pensar los chinos viendo semejante escena. Pensarían acaso: ¿es así como el imperio anglosajón se ha comido todas las tostadas? Pues casi sí. Bien fácil ha sido.

Y cuando esto ya no era suficiente, vino la gran revolución cultural que supuso la

LOGSE a primeros de los años noventa. La LOGSE eliminó sistemáticamente lo

poco que quedaba en la capa conjuntiva de un modelo de estado basado en la

necesidad de la fortaleza productiva. Algunos simplemente lo llamaban una

reforma educativa para evitar el modelo desarrollista franquista que quería formar

trabajadores al servicio de Franco. Tonterías: lo importante era eliminar la

formación profesional y se hizo bien. Se adujo que era una vergüenza que se

discriminara a los jóvenes por su capacidad, que todos eran iguales y todos

debían tener el mismo sistema educativo, la temible ESO. “Y si te va mal estar

sentado en un pupitre seis horas al día durante cuatro años, pues estás cinco, o

seis, y si tienes dificultades te ponemos un psicólogo, o dos, o tres, uno para cada

uno si hace falta, con el fin de mantenerte en el sistema. Si luego a los 16 años, o

17, ya bien cargado de frustración y abatimiento quieres hacer un módulo de

grado medio, ya puedes, pero antes, la ESO. Y no contestos con eso, para evitar

que la discriminación fuera mayor, si luego querías pasar a un módulo de grado

superior, debes pasar por el bachillerato. Esta última barbaridad se ha atenuado

últimamente, pero el sistema es igual. La ESO son cuatro años para todos. Se

eliminaron todos los centros de formación profesional, se les obligó a integrarse en

la ESO, se eliminó el cuerpo de profesores de Formación Profesional, se

equipararon todos los cuerpos, porque todo aquello era discriminatorio. Siempre

sobre el prejuicio ideológico absurdo según el cual la formación profesional en un

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oficio era algo peyorativo, frustrante y denigrante, que generaba una sociedad desigual e injusta. ¿Qué queda de esa palabrería hoy, cuando la desigualdad ha aumentado a límites intolerables, la precariedad laboral campea, y los trabajadores además reciben una formación nefasta?

En la LOGSE primaban otros criterios. No formamos a trabajadores que sostengan el entramado productivo de un estado fuerte, sino a ciudadanos que buscan la felicidad, y cuyo fin último es ser felices, como dice el intragable Marina una y otra vez. La felicidad personal, la satisfacción, el sentirse bien, estar a gusto, disfrutar de la vida, olvidarse de los problemas, gozar. Lo otro era condenar a los españoles a una vida austera dedicada al trabajo al servicio del gran Leviatán. Ahora lo cambiamos por sentirse bien, aunque tu libertad quede reducida a tu libertad personal individual. Vale. (En uno de los últimos capítulos de El Ministerio del Tiempo, se especula sobre la posibilidad de que Felipe II se hubiera convertido en emperador no solamente del espacio y su tiempo, sino también del futuro, y cómo sería la vida de los españoles entonces. Resulta interesante ver qué modelo de vida se habría establecido, según los guionistas.)

El otro gran factor de reconversión de la capa conjuntiva vino del sector audiovisual. Aquí se produjo, como en el resto de los sectores productivos una transformación brutal y muy definida. Es lo que relata Sidney Lumet en Network: un mundo implacable. Una película de 1976 que aborda el asunto de la transformación de la televisión en EEUU, cuando la audiencia y el éxito económico se imponen sobre el ideal de servicio público que todavía perduraba en las cadenas de televisión. William Holden y Faye Dunawey caracterizan respectivamente dos modos de entender la televisión en conflicto. El respetable periodista, maestro de periodistas, que defiende la responsabilidad del medio televisivo como un servicio público, y la empresaria agresiva capaz de inventarse un nuevo modelo televisivo (que por cierto es el que está establecido en la Sexta, en España, sin ninguna duda) basado en el espectáculo, en la búsqueda de audiencia y en la persecución de las ganancias, sobre la consigna que Charles Foster Kane dejó establecida en Ciudadano Kane: cuando el viejo director del Inquirer se quejaba porque se estaban publicando noticias de “comadres”, que no tenían importancia, Kane le responde, si la noticia va en portada se hace importante. La Sexta hace lo mismo. Utiliza el descontento, lo azuza, lo amplifica, se regodea en él desde todos los puntos de vista, con el único fin de aumentar la audiencia y mantener a los televidentes pendientes de rasgarse las vestiduras unas cuantas veces a diario, a la hora de comer, de cenar, y después de comer, y después de cenar, y a cualquier hora, con sátiras “guayóminas”, o con debates teatrales, da lo mismo.

El último gran hito en el proceso de desarticulación del estado en su entramado productivo, era ya la capa cortical, y esta tuvo dos grandes etapas. La primera, cuando el Golpe de estado de Tejero reforzó el poder del rey que para sostenerse en su trono necesitaba el apoyo sistemático de EEUU, y por ello o por gusto, no se sabe, o por prudencia “monárquica”, quería entrar en la OTAN a toda costa, incluso haciendo dimitir a Suárez, que nunca quiso que España entrara en la OTAN, cuando aun España era suficientemente fuerte para decir que no, pero Suárez

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dimitió (esto lo dice Pilar Urbano21), y el golpe de estado dio permiso al rey para entrar en la OTAN. Con ello, de entrada, ya la capa cortical quedaba mediatizada por poderes militares internacionales y la debilidad del estado era más que notoria. Pero aun teníamos la milicia nacional, todos los jóvenes españoles iban a la “mili”, y allí se hacían cargo de que algo de la defensa de la patria tenía que ver con las escopetas y la marcialidad militar. Pero el movimiento de objeción de conciencia, alimentado por la ideología de la felicidad personal, y el individualismo liberal, junto con el ideal del buen salvaje roussoniano y la doctrina marxista y anarquista del fin del estado represor, de fuerza arrolladora, llevó a una situación que aunque hubiera podido resolverse de otro modo, se resolvió del modo más inesperado y solvente: Aznar eliminó la “mili”, profesionalizó el ejército y ahora mismo su estructura nacional está totalmente entretejida por el entramado militar de la OTAN como fuerza bélica defensiva de los intereses occidentales en general, europeos en particular, y verdaderamente correspondientes con los planes generales del imperio de EEUU y sus diversas estrategias internacionales: Irak, Afganistán, Libia, Siria, Yugoslavia, Rusia… La eliminación de la milicia nacional fue recibida con júbilo por todos los españoles que ya no tenían el más mínimo interés por pasar un año haciendo el tonto en un cuartel, mientras que podían dedicar ese año a disfrutar de la felicidad en cualquiera de sus modos magníficos de ser consumida con un poquillo de la pasta que venía de Europa a raudales.

Lo último ya es ver cómo funciona todo este mecanismo. Ahora que hemos convertido a la nación española en una marioneta anclada por los temibles hilos de acero de las multinacionales, la moneda única marco-euro, los bancos privados y el sistema financiero internacional, y la OTAN; ahora que la tenemos amarrada por los cuatro costados, vamos a ver cómo se comporta. Montamos una crisis financiera y procedemos a extraer a manos llenas de ese país toda su riqueza, porque a todo van a contribuir los diferentes gobiernos de turno, entregados ya a la lógica de no hacer nada que atente contra los intereses del capital. La debilidad del estado es también la debilidad moral de nuestra sociedad.

La privatización va alcanzando paradójicamente los ideales a los que aspiraba el marxismo y el anarquismo en su doctrina del fin del estado. Efectivamente, la disolución del entramado productivo nacional favorece el debilitamiento del estado, que cada vez, como en un círculo vicioso, irá perdiendo más fuerza. Incluso, las nuevas ideologías de la izquierda neoliberal pedirán la desaparición del aparato represor del estado, esto es: la policía, la guardia civil y el ejército, con el fin de contribuir a la disolución del estado represor, dando cabida así a la universalización de las iniciativas privadas de seguridad que ya se llevan ensayando muchos años. La privatización sistemática, de hecho, favorecerá la posibilidad del desmembramiento de la capa basal del estado, precisamente aquello que por ahora sostiene la efectiva y material unidad territorial del Estado, por lo que los intereses de los partidos independentistas, más si son de izquierdas divagantes, pero también si son de derechas, por razones obvias, coincidirán con los intereses de las multinacionales, y aun de otras naciones, a costa de la libertad

21 Pilar Urbano, La gran desmemoria, Planeta, Barcelona 2014.___________________________________________________________________________________________________________________

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y la soberanía de España. Esos intereses pueden coincidir o pueden actuar conjuntamente, mientras que el Estado pierde poco a poco capacidad de intervención para sostener la soberanía nacional.

Cuando todo esté preparado, el acuerdo TTIP traerá consigo el fin de eso a lo que se aferran los socialdemócratas “más radicales”: los servicios públicos, la educación y la sanidad. Como si eso fuera lo único para lo que debe servir el Estado. Pero bien, incluso esos servicios quedarán disueltos en el proceso de privatización y disolución del Estado, y esto, obviamente, también interesa al secesionismo. La debilidad del Estado es también la debilidad de la sociedad que acaba convirtiéndose a su vez en eso a lo que aspiran las ideologías divagantes de la izquierda: una sociedad civil, disuelta, sin fuerza, sin dominio propio, sin soberanía sobre su territorio y su destino. Que ya no tendrá nada sobre lo que decidir y cuyas decisiones no tendrán trascendencia alguna en el destino de la sociedad. Es el credo que Jeremy Rifkin, el asesor de Clinton, puso de moda para los ideólogos de la socialdemocracia europea, en su libro El fin del Trabajo22: los Estados deben desaparecer en aras de la sociedad civil, el tercer sector, la voluntad de servicio de las personas que por voluntad anarquista quieren ayudar, pero todo ello, articulado por el implacable dominio de la única verdad recogida en las bombas que tiran los aviones de la OTAN allí donde haya la más mínima resistencia.

En definitiva, la privatización del entramado productivo trae consigo la debilidad manifiesta del estado, y con ella, su dependencia del exterior. De hecho, en la visita que Obama ha hecho a España este verano ya se puede observar que su papel no es el de representante de un estado amigo, sino el de emperador visitando sus colonias. EEUU garantiza, en palabras de su presidente, la unidad de España, si y sólo si, seguimos proporcionándole territorio y cobertura para el despliegue de su estrategia imperial en Occidente. Desde sus bases militares recibe, pues, a los representantes políticos españoles, conscientes hoy más que nunca de su secundario papel en cualquier proceso político en España.

Y este es el resultado más vistoso de la transición española: un estado debilitado y dependiente, entregado a la soberanía europea y norteamericana, cuyo destino y unidad sólo están garantizados por el interés que nuestro país hegemónico tenga en conservarlo como tal. Ciertamente, el contexto geopolítico tal vez excluyera cualquier otra posibilidad, porque los países que se han resistido a la presión imperial no han tenido precisamente buena suerte, y tal vez la prudencia política ha dirigido de modo menos traumático nuestro destino presente teniendo en cuenta cómo se comportan los ejércitos de la OTAN y las cosas que han ocurrido por aquí. Pero dentro de los márgenes que la prudencia política nos permite, creo que los partidos políticos españoles no han tenido en cuenta las más mínimas y discretas razones prudenciales que permitieran, dentro de los márgenes que se nos ofrecen, mantener una mínima dignidad nacional, tal vez por eso definirse como españoles resulte ser hoy prácticamente clandestino y disidente.

Benavides de Órbigo, 4 de agosto de 2016
22 Jeremy Rifkin, El fin del trabajo, Paidós ibérica, Barcelona 2010.

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¿Quién fue el Maharal de Praga? Citado por el en sus tiempos(años 60-70 S XX) Henri -Levi, uno de los nouveaux philosophes. En su libro L´Émpire et les cine rois. Muy interesante para tratar de entender la actual situación tras la caída de la ex URSS y el retroceso de EEUU y auge de China, y otros reinos aspirantes a liberarse o aliarse con uno u otro Imperio resultante.

La figura del Golem, es un humano pero que no era exactamente humano.

Para la Historia del pueblo hebreo , la esclavitud, etc. Las guerras, etc. Es importante ese concepto o personaje Golem. Bernard Henri Levi, no es un rabino, sino un filósofo, pero los rabinos son realmente cierta especie de filósofos “teólogos”. Y para analizar el proceso actual de retraimiento del Imperio de los EEUU, recurre a la Torah y en concreto los escritos de Dante ( De Republica) y de Maharal de Praga, para tratar de analizar la situación dada en el llamado Nuevo Orden Mundial, surgido tras la caída de uno de los dos Imperios hegemónicos del S XX, la ex URSS. Ahora hay varios reinos y un Imperio, alguno o varios reinos tratan de tomar el lugar del ex Imperio soviético. De este tema trata el libro de este ya no tan nuevo filósofo, Henri Levi

¿Cual es el papel de la Filosofía en una sociedad política?¿Para qué sirve la Filosofía?Breve video donde el filósofo español Gustavo Bueno(Santo Domingo de la Calzada , 2014- Niembro, Asturias, 2016)expone sus argumentos con precisión de cirujano. Breve extracto de un video más extenso. Fijarse en especial desde el minuto 4.0

La filosofía en el conjunto del saber…y del hacer. Exposición desde el sistema del Materialismo Filosófico (ojo, no es el Materialismo Histórico de Marx, ni el Materialismo Dialéctico de Engels)

COMENTARIO DE INTROFILOSOFIA: Este breve comentario sobre qué es y para qué sirve la Filosofía, resulta vital para sobrevivir en esta Era de la Post-Verdad a donde nos quieren conducir , las mafia políticas ,periodísticas, sindicales y financieras, como corderos al matadero, o al esquiladero. La Filosofía sirve , como dice en la célebre metáfora expresada a través de El Mito de la Caverna, Platón, en su libro tuitulado La República, para quitarnos las cadenas de la ignorancia y tratar, con mucho esfuerzo de lograr ver la realidad de las cosas que conforman el mundo en que vivimos, con la mayor claridad posible, para ,precisamente , no ser esclavos de la opinión, del subjetivismo que cae en la oscuridad más vil. Por esto hemos presenciado en estos tiempos de posmodernismo, globalización, de cualquiera de sus partes y segmentos diversos, permanentes ataques contra la introducción de los estudios serios y rigurosos d ella Historia de la Filosofía, y de una Introducción a la Filosofía como un saber de segundo grado, no idealista ,ni metafísica, sino fuertemente arraigada en un materialismo gnoseológico, que parte de los saberes de las demás Ciencias, y del conocimiento de las tecnologías, para buscar desarmar las nebulosas que sirven a los que manipulan con engaños y recursos a la inteligencia emocional y otras lindezas posmodernas , para mantener a la mayor parte posible de gente en el fondo de la caverna platónica, atado s por las cadenas de la ignorancia y creyendo que las meras sombras de sombras , las apariencias que oscurecen y ocultan la realidad que es nuestro mundo material, puedan seguir sacando de nosotros todo lo que pude a cambio de unos mendrugos y migajas de sus festines.Esto es la decadencia de una sociedad. Por eso es importante la Filosofía.El arte de separar, de cribar, de triturar para ver mejor cada parte de los todos complejos que enfrentamos a lo largo de la vida. En resumen : triturar y denunciar los mitos de todo tipo que son perjudiciales para ser más libres, en el sentido de la palabra que le da el filósofo sefardí Espinosa

Propuestas , desde la obra del profesor Jesús G Maestro, para una lista de cuáles son las treinta obras más relevantes de la Literatura . El Decamerón, de Boccaccio.

Decameron como instrumento de libertad: erótica, sexual, de las mujeres, y el atractivo de la sensualidad entre hombre y mujer.

Artículo de NACLA sobre el presidente de México , Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Su modo de girar o volver a su base religiosa, antes las presiones para que cumpla promesas electorales que hizo en su campaña.

As AMLO faces pressure to enact his campaign promises, he increasingly turns to his religious base. 

FUENTE: https://nacla.org/news/2020/02/10/Church-and-State-AMLO-Mexico https://nacla.org/news/2020/02/10/Church-and-State-AMLO-Mexico

AUTORA Madeleine Olson

Vírgen de Guadalupe, Patrona del Catolicismo mexicano

Amid international trade discussions in mid-December 2019, Mexican senator María Soledad Luévano Cantú of President Andrés Manuel López Obrador’s MORENA party introduced a contentious new proposal to soften the relationship between Church and State in the country’s century-old constitution. The moved sparked controversy, particularly in the Twitter community. Many saw Luévano’s proposition as an attempt to break a revered part of political culture, the secular Mexican State, in efforts to “turn Mexico into the religious Venezuela of the north.”

Soon after, AMLO, who publicly reveres Benito Juárez’s ideals, came out against the proposal. “A Dios lo que es de Dios y a César lo que es del César” (Render to Caesar the things that are Caesar’s; and to God the things that are God’s) he remarked, stating his firm belief in this touchstone of Juárez’s presidency, the separation of Church and State. “I think it’s a subject that shouldn’t be touched,” Lopez Obrador continued at a news conference at the National Palace in Mexico City. Catholic cardinal and the archbishop of Mexico City, Carlos Aguiar Retes, voiced support for the president, expressing respect for the lay nature of the state. The president of the National Brotherhood of Evangelical Christian Churches, Arturo Farela, also spoke out in support of AMLO. However, he also said he didn’t believe the bill would have ended the separation of church and state altogether.

Secularism has been a reigning principle in Mexican politics since Juárez was in power (1858-72), and Article 130 of the 1917 Constitution ramped up the state’s authority over the Church. Despite the lack of support by the president, Luévano’s proposal touches on many important issues as Mexico evaluates AMLO’s first year in office, especially considering this first year unfolded quite differently than many of AMLO’s supporters on the progressive and center-left—both in Mexico and the United States—had hoped. His approach has had the positive effect of prompting a reassessment of the most fundamental “rules” of Mexican politics. However, going into 2020, the president needs to demonstrate that the programs he has put forward can strengthen Mexico—especially as 2019 was the most violent year on record in Mexico, with more than 34,000 murders nationwide.

Luévano’s initiative proposed to reform the 1992 Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público(Law of Religious Associations and Public Worship) to give churches additional powers to perform philanthropic activities for the benefit of the community. Some measures within her proposal include increasing religious groups’ access to media, relaxing regulations on Church ownership of property, and permitting chaplains to perform spiritual work in government facilities, including on military bases. Additionally, amid turmoil in the Catholic Church regarding persistent accusations of clerical sexual abuse and cover-up scandals, her reform proposed requiring church officials to immediately report knowledge of wrongdoing to authorities. This directive could conceivably compromise a tenet of the Catholic priesthood, the vow of silence in the confessional. Despite bringing this proposal to the Morena-controlled Senate floor, it has little to no chance of moving forward without the express backing of the president.

From Benito Juarez to the architects of the 1917 Mexican Constitution, Mexican politicians hoped that their reforms would usher in a distinctly secular, peaceful era for the nation.The difficulty of maintaining the secular character of the state while guaranteeing freedom of religious practice and expression has been a defining tension in modern Mexican politics. From Benito Juarez to the architects of the 1917 Mexican Constitution, Mexican politicians hoped that their reforms would usher in a distinctly secular, peaceful era for the nation. Politicians conveyed the weight of this principle by placing it as one of the initial articles of the Constitution and sharply delimiting the bases of Church political and social power, particularly through secularizing state-education. This reduction of Church power culminated in the 1926-28 Cristero Rebellion, when Mexico’s bishops halted church services in protest of these new regulations. As a result, close to 50,000 religious peasants died during this conflict. Despite “solving” this religious question—or the place of the Church in a Catholic-majority country after a markedly anticlerical revolution—the issue frequently came into public discussion throughout the 20th century. However, it wasn’t until 1992 that religion’s place in secular Mexico was significantly reconsidered, producing the first major constitutional overhaul on the question.   

Amid North American Free Trade Agreement negotiations in the early 1990s, President Carlos Salinas de Gortari promoted a constitutional reform to assuage internal political forces, including to garner Catholic support for Salinas’s neoliberal project. Prior to his administration, renewed religious sentiment developed as the Catholic Church became increasingly critical of the government’s authoritarianism. Salinas pushed forward an amendment to Article 1 of the Constitution by passing the enabling legislation, the Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, on July 15, 1992. In essence, the reform granted legal status, or juridical personality, to legally registered religious associations that could demonstrate five years of religious activity and genuine community standing. It also allowed exceptional acts of religious worship to be celebrated in public, enabled the church to own indispensable properties, and suppressed restrictions on the founding of religious congregations. Two months following the amendment’s passing, Mexico and the Holy See exchanged diplomatic notes, reestablishing diplomatic ties, for the first time since breaking formal relations in 1862.

Though the 1992 reform navigated Congress rapidly, it earned criticism and lasting disgruntlement in religious circles because it strengthened the idea that the government only needed to deal with Rome and then the Mexican church would fall in line, but did not reflect Mexican pastoral reality. Its legalistic, classical liberal language describing where and under what circumstances acts of worship might be celebrated also departed from what the Conference for the Episcopate of Mexico, the reigning body of the Catholic Church, deemed the much broader human right of religious liberty. Moreover, critics disagreed with the failure to reform Article 5, which continued to uphold the exclusively lay character of public education. In general, too, it could be said that the law gave more, not less, power to the state, which could in theory regulate religious associations like small businesses. Most divisive was the fact that the 1992 reform seemed to reflect the kind of European agenda associated with Pope John Paul II more than it responded to the actual needs of Mexican Catholics.

Nonetheless, since 1992, religion in Mexico, legally, has been freer than at any other time during the 20th century. This has coincided with the expansion of Evangelical Protestant presence throughout Mexico. While Protestant congregations can date their presence in Latin America widely to the 19th century, there was a marked boom from the 1960s to 1980s. Mexico was no exception. From the reformist era of Benito Juárez to the progressive liberal governments during the early 20th century, Mexican politicians often created extensive relations with Protestant communities with the goal of breaking the social power of the Catholic Church. This Liberal-Evangelical alliance has continued to the present, and partially explains the paradoxical relationship of AMLO with Evangelical congregations.

Luévano’s proposal to reform Article 1 comes as the federal government has shown increasing religious inclusiveness, especially with regard to Evangelical groups, which have a growing followership throughout Mexico, Central, and South America. Her initiative would mostly benefit evangelicals and other religious minority groups in a country that remains around 81 percent Catholic. AMLO has notoriously cultivated a large base of Evangelical Protestant support, particularly through the Partido Encuentro Social (PES), a recently founded socially conservative party dominated by Evanglical Christians that formed part of AMLO’s coalition. By aligning with AMLO, PES has rapidly grown from a fringe party to the fourth largest faction in both chambers of Mexico Congress. Morena’s alliance of political parties won majorities in the Senate and Chamber of Deputies, surpassing the political powerhouse of the PRI, the party of previous president Enrique Peña Nieto. Meanwhile, left critics questioned AMLO’s willingness forge an alliance with such a conservative political force and raised concerns about how this would shape his policy.

Now that he’s in office, AMLO’s campaign promises to put an end to neoliberalism have given way to language of moral renewal and social reconciliation that has profoundly conservative undertones.Like many Latin American populists, he put neoliberalism and corrupt, privileged elites at the center of his critique of the policy path Mexico has followed over the past three decades. Now that he’s in office, AMLO’s campaign promises to put an end to neoliberalism have given way to language of moral renewal and social reconciliation that has profoundly conservative undertonesRecently, Evangelical groups have debuted in mass media, in businesses, and particularly in the real estate sector. This is an unprecedented move, particularly as previous presidents favored alliances with Catholic factions. Additionally, AMLO has invited religious associations to join interior ministry working groups to co-design social policies aimed at restoring the social fabric. This move has included the president tapping religious groups to help distribute a government-published book on morals and citizenship through their churches and proposing television and radio concessions to religious movements in order to “strengthen values.” In mid-December, during a meeting in the president’s office, the National Confraternity of Evangelical Churches announced that several thousand youths enrolled in a federal scholarship program will also be tutored in biblical precepts.

Though the government maintains that Church and State are separate entities, this partnership between conservative religious associations and the Federal Government, particularly in carrying out AMLO’s so-called “Fourth Transformation” (4T)—founded on eradicating corruption, alleviating poverty, and work for social justice and equality—challenges the president’s secular political function. This 4T is billed as far-reaching regime change that, through a combination of radical government austerity, honesty, and the president’s sheer personal magnetism, will usher in a new era. Fulfilling everything promised in these reforms will be no small accomplishment, given Mexico’s previous three transformations were the seminal events in Mexican history: independence from Spain (1810-1821), the 1850s War of Reform that led to Benito Juárez’s rise, and the Mexican Revolution of 1910.

AMLO speaks starkly about morality and the “conservatives” and “neoliberals” he claims seek to destroy Mexico and bring down his presidency. Many, though, have criticized him for failing to follow through on lofty promises: While he has proven successful in talking about transforming Mexico, he has been less adept at crafting actionable policy. This is compounded by the disillusion with his support for the new NAFTA, the United States-Mexico-Canada Agreement (USMCA). When NAFTA passed in the United States in 1993, AMLO led a protest of peasants and fishermen in Mexico City’s main plaza against the state-owned oil company Pemex. Nevertheless, AMLO still commands a 71 percent approval rating, a phenomenon scholars attributes to dissatisfaction with prior governments, notably the scandal-ridden term of AMLO’s predecessor.

As for the senator with whom he disagreed on religious reform, Luévano justified her proposal saying the 1992 law was obsolete and outdated. “With respect, tolerance and without taboos, we can work together so that thousands of religious associations in our country can help Mexico become a country where we all live better-off,” Luévano wrote on Twitter. Reflecting early critics when the Law of Religious Associations and Public Worship first passed in 1992, she argued that outside major cities, the secular state must coexist with the enormous capacity of religious organizations that can assist the government in carrying out social work—including the administration of orphanages, asylums, community canteens—and participating in peace strategies through the diffusion of ethical, moral, and religious values. This is interesting as many have critiqued the government in not responding well to high rates of crime and violence, pervasive corruption, and declining rural communities.

This instrumentalization of churches is a significant turnabout and a flagrant violation of laicist principles enshrined in the 1992 Law, but it does makes sense in the historical relationship between Church and State prior to the Juárez years when Church and State were united—only Protestants are likely to be the dominant partner now. Despite this proposal having little to no chance of passing—Morena dominates both houses of Congress and the party would not push legislation without the president’s support—it nevertheless highlights an important trend that is forming under AMLO.

Given the disappointments in his first year in office, particularly in failing to adequately develop and undertake actionable work to solve Mexico’s rising rates of violence, unemployment, and public health crises, leaning on religious organizations is one of many strategies AMLO has employed to distract from actually carrying out the transformative work he has promised. By doing so, is AMLO admitting that the government cannot carry out all of his promises and slowing giving these duties over to religious organizations?


Madeleine Olson is a Ph.D. Candidate in History with a Latin American focus at The University of Texas at Austin. She is currently conducting research between Mexico City and Vatican City, examining interreligious violence and Church-State relations in Mexico during the twentieth century. molson@utexas.edu | Twitter: @maddieohhhh

El Islam y Europa, difundir ideología, nematología, nebulosas tras las cuales ocultar la verdadera Real Politik islamista , a nivel global. Con el apoyo de la Comisión Europea, y de varios países árabes, obviamente en un modo de aparente pacifismo irenista , al modo kantiano: La Paz perpetua , o al modo John Lenon. Y la Universidad de Oxford en primera línea apoyando esta sutileza, tan musulmana, por cierto. Pero tan sospechosa también.

En Europa, desde varios centros de difusión de “análisis científico sociales”, se encuentra , una y otra vez al conocido , y auto definido como musulmán moderado, Tariq Ramadan.

Dese varias instituciones europeas y de otros Estados no europeos , se apoya la idea que se lee en el texto que sigue inmediatamente a este párrafo.

El profesor Tariq Ramadan y los académicos de estas nuevas instituciones abogan por el uso de la razón y la lógica para comprender el Islam. Enfatizan cómo el Islam, la razón y el espíritu liberal occidental no solo pueden coexistir, sino que el Islam ha contribuido y puede contribuir al desarrollo de Occidente.

La fuente de donde hemos tomado el texto que resume la “filosofía” del islamismo moderado, cuyo máximo exponente en Europa, aparecen, es Tariq Ramadan. Y podemos ir analizando su juego aparentemente muy dialéctico, muy abierto a un diálogo que ayude a mejorar el entendimiento, pacífico,”civilizado”, entre musulmanes y el resto de la población, en Europa sobre todo, pero no únicamente.

La última frase del texto , que habla desde las tesis de Tariq, es , si nos detenemos cuidadosamente a analizarlo, expresivo, a mi juicio, como si nos diera una pista de las verdaderas intenciones POLITICAS , del llamado, islamismo moderado. ME REFIERO A ESTAS PALABRAS: (…) el Islam ha contribuido y puede contribuir al desarrollo de Occidente (…)

Puede contribuir- el Islam – al desarrollo de Occidente, dice Ramadan, pero no queda nada claro el modo en que se supone que va a contribuir. Y creo que muchas personas e instituciones europeas, tampoco lo deben de tener nada claro. Incluso algunos pensamos que es una especie de cebo envenenado, tras el cual hay un cazador al acecho de Europa. La Historia lo muestra bastante claramente, desde tiempos de las Guerras de Grecia contra los Persas- ya antes de Mahoma trataban de dominar territorios europeos- , pasando por invasiones en oleadas – ya mahometanos – de la Península Ibérica, salvo un reducto en lo que es hoy la parte montañosa de Asturias y León, Norte de la actual España. Etcétera.

En el caso de España, en la España de 2019, tenemos uno de los centros asociados con este proyecto ampliamente “estudiado” desde las universidades , en sus departamentos e institutos especializados de estudios árabes , etc.( Veremos los sitios , más adelante)

Alqueria de Rosales

Alqueria de Rosales

Ubicada en las montañas al norte de Granada en el sur de España, Alqueria de Rosales es una de las primeras madrasas en Europa occidental en ofrecer un plan de estudios basado en el renacimiento del pensamiento intelectual islámico.
Establecida hace casi 20 años, y abriendo sus puertas por primera vez a los estudiantes en 2002, esta iniciativa educativa y cultural está dirigida por un pequeño grupo de conversos españoles que están trabajando para revivir la rica tradición intelectual asociada con la herencia islámica de Andalucía.

La enseñanza en la actualidad se centra en el estudio intensivo del idioma árabe, aunque hay planes para expandirlo a otras disciplinas islámicas. Alqueria también ofrece una biblioteca de investigación con una de las mayores colecciones privadas de manuscritos andaluces en manos musulmanas en España. Hay cursos residenciales disponibles, así como estudios en línea.

Si bien la Fundación tiene como objetivo avanzar hacia el establecimiento de programas de educación más formales, actualmente ofrece retiros de una a dos semanas diseñados para centrarse en el resurgimiento de una beca racionalista en el Islam. Dos de sus retiros anuales más populares se centran en el trabajo de Al-Ghazali y en el credo (aquida). Estos retiros reúnen a musulmanes de todos los ámbitos de la vida y son enseñados por dos conversos y académicos musulmanes extremadamente influyentes de Cambridge y Chicago, respectivamente, Abdul Hakim Murad y el Dr. Umar Faruq Abdullah. Proporcionan programas intensivos de inmersión que se centran en la razón y la reforma intelectual dentro del Islam en Occidente y que crean vínculos estrechos entre los participantes. Además de sus propios retiros, Alqueria también alberga los programas ofrecidos por otras instituciones musulmanas durante todo el año.


Para más información sobre esta temática, sugerimos entrar en el enlace siguiente

https://www.csia-oxford.org/institutions-studied


Desde luego, el asunto aquí propuesto, no sólo es una plataforma pro islamización de Occidente, bajo apariencia de cooperación entre religiones de modo racionalista y todo ese discurso retórico . También se muestra bajo apariencia de estudios de alto nivel académico, para el uso de Gobiernos, ONGs , etc. Y puede ser sin duda de utilidad consultar todas las investigaciones que en la Universidad de Oxford encontramos ( verle enlace y su contenido, ampliamente explicado )


Ponemos un ejemplo – de los varios que hay – como muestra de lo dicho en el párrafo inmediatamente anterior a este.

Hanane Bendai

FUENTE https://www.csia-oxford.org/hanane-bendai

Hanane Bendai

Project Research Collaborator

Hanane Benadi is a PhD candidate in the Department of Social Anthropology, University of Manchester. Combining ethnographic fieldwork and textual analyses, her PhD dissertation explores Islamic discourses on state-formation, political ethics and sovereignty in the aftermath of the military coup in Egypt. Her other research interests include Islamic history, contemporary religious hermeneutics, and morality and ethics in Islam.

She is working on two articles for CSIA in collaboration with Masooda Bano. The first article examines how Al-Azhar retains its authority as a seat of Islamic learning when taking controversial political positions. The paper particularly examines Al-Azhar’s support for the Al-Sisi government and its treatment of the Muslim Brotherhood.

The second article draws on fieldwork with two new Egyptian institutions that have been inspired by a desire to revive what they view as the ‘real Al-Azhari tradition’. In examining their idealised image of Al-Azhar, the paper highlights where – in the popular imagination – Al-Azhar has been compromised due to its close association with the Egyptian state.


Importante información histórica.

A mi juicio , este video es de obligado análisis y crítica, para el conocimiento científico, serio, de la Historia y el proceso de conquista y posterior forjado de lo que es hoy día Hispanoamérica.

El forjador del Materialismo Filosófico, Gustavo Bueno, expone el papel de los filósofos en la novela La regenta, de Leopoldo Alas, Clarín.

Estatua de La Regenta, en Oviedo, con la Catedral de “Vetusta”, referente de Oviedo en la novela de Leopoldo Alas, Clarín: La Regenta.

Gustavo Bueno

Los filósofos en La Regenta

En La Regenta aparecen personajes en cuya silueta es decisiva la profesión: médicos, abogados, criados, sacristanes. Podría decirse, en algún sentido, que Clarín usa en La Regenta una “óptica profesional”: ve a sus personajes desde sus profesiones respectivas.

Pero entre los personajes de La Regenta no figuran filósofos profesionales. Tan sólo fugazmente un profesor de filosofía, el Catedrático de “Psicología, Lógica y Ética” del Instituto de Vetusta, interviene para sacar ciertas conclusiones “de sentido común” sobre las costumbres de Don Fermín de Pas. Este profesor, en efecto –de quién ni siquiera se nos da el nombre (lo que importa, sin duda, es su oficio)– aparece en La Regenta informándonos sobre la clase de pescado que compra el Magistral. Es partidario de la Escuela Escocesa y se pasa la vida en el mercado cubierto “como si aquello fuese la Stoa o la Academia”. Y lo que ese filósofo dice es que jamás ha visto a la criada del Provisor comprar salmón, “y besugo sólo cuando está barato, muy barato”. Nos recuerda al profesor de “Psicología, Ética y Rudimentos del Derecho” del Instituto de Bilbao en La Colmena.

Los filósofos aparecen, sin embargo, citados de vez en cuando en La Regenta. A veces de un modo, diríamos, ornamental y emblemático: el retrato de Balmes en el comedor del Palacio de Vegallana; los bustos en escayola de Voltaire y Rousseau en el despacho de Don Pompeyo Guimarán. Se citan los nombres de Hipócrates, confundido con Sócrates, por Ronzal; o de Büchner, de Lucrecio y de San Agustín.

Pero lo más importante es la utilización que hace Clarín de ciertos filósofos clásicos, o del arquetipo del “filósofo mundano”, para trazar el perfil de los personajes centrales de La Regenta o de otros que, sin serlo, desempeñan en la obra maestra una función importante. Por ejemplo, Don Pompeyo Guimarán, que es “el filósofo oficial de Vetusta” y que vive con su mujer y cuatro hijas de las rentas de algunas haciendas provenientes de la desamortización. Don Pompeyo no es un filósofo profesional, porque apenas ha leído más de un libro (en nuestra sociedad es indispensable que los filósofos profesionales lean libros). Pero Don Pompeyo Guimarán, el racionalista y ateo de Vetusta, es hombre de principios, de principios filosóficos, más o menos comtianos. Hombre recto y por ello más escandaloso. Su muerte, abjurando de sus errores, consigue purificar su recuerdo. Figura esquemática, como la de Don Avito Carrascal de Amor y Pedagogía, no por ello menos real si pensamos en que la propia realidad de tipos como Don Pompeyo o Don Avito consiste precisamente en su esquematismo.

La acción dramática de La Regenta tiene lugar dentro del ámbito de lo que Veblen llamaba “la clase ociosa”. Aquí se dibujan, en efecto, los dos triángulos dramáticos en torno a los cuales gira la casi totalidad de la acción: Ana Ozores-Don Fermín de Pas-Don Álvaro Mesía y Ana Ozores-Don Víctor Quintanar-Don Álvaro Mesía. Los problemas más profundos de la novela circulan, sin duda, entre los vértices del primer triángulo. Ana Ozores, Don Fermín y Don Álvaro son los auténticos protagonistas de La Regenta.

Ahora bien, es verdaderamente interesante constatar la importancia principalísima que los filósofos y el arquetipo del filósofo asumen en La Regenta para perfilar la silueta precisamente de cada uno de estos tres personajes centrales.

Ante todo, la de la Regenta. La Regenta es hija de su padre. Y su padre, Don Carlos, es un caballero aristócrata, generoso, libre de prejuicios –hasta el punto de que se atreve a casarse con una modista italiana–, que se retira del Ejército para dedicarse a la filosofía. Vende fincas y casa para comprar libros, y sostener tertulias de librepensadores, que tanta huella dejarán en Anita Ozores. La Regenta es un espíritu eminentemente religioso, cuando trata de ser fiel a su marido; por cierto, un espíritu religioso nutrido por un filósofo, San Agustín, cuyas Confesiones encontró Anita entre los libros de su padre, porque Don Carlos consideraba a San Agustín filósofo a pesar de ser santo. Ana leyó de joven, entre lágrimas, a San Agustín, y lo volvería a leer más tarde cuando su confesor le aconseja que lea obras filosóficas para elevar su alma hacia la virtud. Pero cuando vacila ante su seductor, Anita recuerda a su padre: “Sin que ella los provocase acudían a su memoria recuerdos de la niñez, fragmentos de las conversaciones de su padre, el filósofo, sentencias de escéptico, paradojas de pesimista, que en los tiempos lejanos en que las había oído no tenían sentido claro para ella, mas que ahora le parecían materia digna de atención.”

El Magistral, Don Fermín de Pas, es un eclesiástico y un teólogo. Pero es un teólogo positivista, que cree ante todo, cuando lee el último evangelio, no ya que el Verbo se hizo carne, sino que hay unas letras rojas en un tablero situado encima del altar que dicen: “El Verbum caro factum est.” Y es que propiamente el magistral, más que un teólogo, es un filósofo. Lo dice el mismo Clarín: en su juventud de seminarista sus tristezas eran propiamente “ansiedades de filósofo atado a un teólogo”. Ya Provisor, todas las mañanas acostumbra a estudiar filosofía. Y en sus sermones subraya el aspecto ético, utilitario, pragmático, de la religión. Don Fermín presenta sus consignas no como dogmas en los que hay que creer, sino como doctrinas evidentes que, mecánicamente, matemáticamente, se imponen. No era su afán pintar a los enemigos como criminales, sino como duros de mollera. La vanidad del predicador, comunicada luego a la de sus oyentes, se hacía una sola. Nacía el entusiasmo cordial, magnético, de dos vanidades conformes:

“¡Lástima que tantos y tantos millones de hombres como viven en las tinieblas de la idolatría, de la herejía, &c. no tuviesen el talento natural de los vetustenses apiñados en el crucero de la Catedral, alrededor del púlpito. La salvación del mundo sería un hecho.

El empeño del magistral en el púlpito, en consecuencia, es demostrar filosóficamente la verdad del dogma. “Prescindamos por un momento del auxilio de la fe, ayudémonos sólo de nuestra razón… ella basta para probar…”.

Pero la filosofía de Don Fermín no es una pasión especulativa, como hemos dicho. Es una actitud racionalista y pragmática que lo mantiene apartado de todo tipo de tentación mística o contemplativa. “Una filosofía profesional, especulativa, es una manera de bostezar”, piensa Don Fermín.

Por último, el presidente del Casino, el Don Juan de Vetusta, el seductor, el oportunista y el “cínico”, Don Álvaro Mesía, no es, con todo, un personaje frívolo. La filosofía es precisamente lo que le confiere densidad, lo que eleva su vulgaridad psicológica, lo que dignifica, si cabe decirlo así, ante sus amigos, sus mismos vicios. Es la actitud filosófica de Don Álvaro lo que permite a Clarín presentárnoslo paradójicamente como un hombre de principios –de principios epicúreos. En un momento de celos y rabia, he aquí cual es la íntima exclamación de Don Álvaro: “Nada, nada. Fuerza y materia; no hay más que eso”. Don Álvaro toma su exclamación del título de la obra de Büchner, pero vive una vida epicúrea, que no es precisamente una vida superficial, frívola y aturdida, sino una vida “esférica” que se traza planes a sí misma utilizando categorías abstractas, filosóficas. Es esencial que Don Álvaro haya meditado a Büchner, puesto que es un materialista culto, ilustrado –y es esencial que Don Álvaro haya leído a Lucrecio. A decir verdad, sólo ha leído la mitad del De rerum natura, pero no porque no le interesase la otra mitad, sino porque ya sabía lo que Lucrecio iba a seguirle diciendo. “Ya no veía más que átomos y su buena figura era un feliz conjunto de moléculas en forma de gancho para prender a todas las mujeres bonitas que se le pusieran delante”. ¿Escuchó Don Álvaro Mesía, allá en su juventud, al profesor de Psicología, Lógica y Ética, la filosofía de Lucrecio?

Clarín ha utilizado, pues, ampliamente, en La Regenta a los filósofos como parámetros, si puede hablarse así, para perfilar los personajes centrales de Vetusta. Es ésta una circunstancia que, me parece, debería tenerse muy en cuenta en el análisis de los problemas estilísticos que La Regenta, como obra maestra, planteará siempre a los críticos. Y una circunstancia que debería tenerse muy en cuenta en el análisis de los problemas, ya no estilísticos, de esta nuestra ciudad de Oviedo.

[ Tomado de Gustavo Bueno, Sobre Asturias, Pentalfa, Oviedo 1991, páginas 43-46. ]


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