Propuestas para el estudio crítico de las Misiones jesuitas españolas en Paraguay, por el profesor Pablo Huerga Melcón

NOTAS SOBRE LA HISTORIA DE LAS MISIONES DEL PARAGUAY, A

PROPÓSITO DE LA PELÍCULA DE ROLAN JOFFÉE, LA MISIÓN, DE 1996

AUTOR: Pablo Huerrga Mellcón Universidad de Oviedo

FUENTE https://doi.org/10.33676/EMUI_nomads.55.15

Notes on the history of the Missions of Paraguay, with regard to the film by Rolan Joffée, The Mission, 1996.

Lauro Ayestarán (1913-1966), musicólogo uruguayo, en un artículo dedicado a uno de los grandes músicos del barroco musical hispanoamericano, Doménico Zipoli (1688-1726), dice:

“Las tinieblas de la Edad Media no son sino las de nuestra ignorancia, decía Gustave Cohen, en “La grande clarté du Moyen Age”. Creo que algo parecido acontece con las tinieblas culturales de la América del Sur durante la dominación hispánica.”

Así ocurre cuando tratamos de escudriñar el pasado imperial español. Una leyenda negra nos ha ocultado una realidad muy compleja y llena de interés. Y no es un caso menor el que aquí nos ocupa: Las Misiones del Paraguay, fundadas por los jesuitas, a petición de Felipe III en el año 1607.

Pedro de Mendoza

Para comenzar a hablar de la historia de las Misiones de Paraguay hay que remontarse a la expedición de Pedro de Mendoza (1499-1537), que le fue encargada para intervenir al sur de la delimitación establecida en el Tratado de Tordesillas (7 de junio de 1494). La expedición de Pedro de

Mendoza, que al parecer había participado en 1527 en el saqueo de

Roma, fue un verdadero suplicio. Partió de Sanlúcar de Barrameda el

día 24 de Agosto de 1535 con entre 11 y 14 naves, y unos 3000 hombres,

y con el objetivo de fundar tres fuertes, y construir un camino real que los

llevara hasta el Pacífico -nadie imaginaba entonces la enorme barrera

que suponía la cordillera de los Andes; esta empresa no se conseguiría

hasta el siglo XX). Le acompañaba, entre otros, un hermano de santa

Teresa de Jesús, Rodrigo de Cepeda y Ahumada (1511-1557), que

posteriormente moriría con 46 años en una batalla contra los Araucanos

en lo que hoy es Chile, el 10 de agosto de 15571. Además de la

tempestad que sufrieron cuando se acercaban a la costa brasileña, y la

sífilis de Pedro de Mendoza, que le mantenía prácticamente postrado,

sufrieron el acoso de los indígenas. A mediados de enero de 1536

arribaron a la isla de san Gabriel, en la costa sur del estuario del Río de

la Plata, y el día 2 ó 3 de febrero de 1536 fundaron la ciudad de Buenos

Aires, con el nombre de Santa María del Buen Ayre. Pero los indios

Querandíes les acosaron brutalmente hasta que en diciembre de 1536

entraron en la ciudad y la incendiaron. Pedro Mendoza y otros

sobrevivientes se vieron obligados a huir, buscando refugio en el fuerte

de Santi Spiritu, que es considerado el primer asentamiento europeo en

Argentina, luego llamado Corpus Christi, y finalmente Puerto Gaboto. Su

nombre actual se debe a su fundador, Sebastián Gaboto (Venecia

1484-1557), que había fundado esta ciudad en la expedición de 1527

en la que el soldado Luís Ramírez habla por primera vez del famoso y

legendario “Rey blanco”2 -del que luego hablarán también los

expedicionarios comandados por Francisco de Orellana (1511-1546), del

Amazonas (concretamente nos referimos al relato3 de Gaspar de

Carbajal, Trujillo 1500-Lima 1584). La expedición de Gaboto había

partido de Sanlúcar de Barrameda el día 3 de abril de 1526 con la

1 Estas batallas de los españoles con los mapuches o araucanos fueron narradas en el

mayor poema épico español de América,  La Araucana, escrito por Alonso de Ercilla y

Zúñiga (Madrid, 1533-1594), donde honra tanto a españoles como a indígenas.

2 Luís Ramírez, tripulante de la armada de Sebastián Gaboto, muerto trágicamente en

el ataque que los indios querandíes hicieron al fuerte de Santi Spiritu, dejó firmada en

una carta en 10 de julio de 1528 a sus padres, una  Relación de viaje que envió a

España desde San Salvador, en la costa del río Uruguay, recoge abundantes datos

etnográficos y geográficos así como el relato de las aventuras de esta expedición de

Gaboto. Habla, entre otros muchos datos, de la mítica sierra de plata y del rey blanco.

Luís Ramírez murió en el asalto que protagonizaron los indios a Santi Spiritu en

septiembre de 1529. Su relación no fue divulgada hasta el siglo XIX. La carta de Luís

Ramírez es la primera relación sobre las tierras del Paraná y el Caracañá y de sus tribus,

tierras en las que luego trascurrirá la historia de las Misiones.

3 Gaspar de Carvajal, Relación del nuevo descubrimiento del famoso río Grande que

descubrió por muy gran ventura el capitán Francisco de Orellana, escrita en 1542 pero

publicada sólo en parte en otro grandísimo libro en 1855, nos referimos a la obra de

Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las indias. La expedición

de Orellana relatada por Carvajal sirvió de inspiración a la película de Werner Herzog,

Aguirre o la cólera de Dios (Alemania del Oeste, 1972) y también a la película de

Steven Spielberg, La calavera de cristal (EEUU, 2008). La Relación de Carbajal sólo se

publicó completa en 1895, por el erudito chileno José Toribio Medina.

misma misión que la de Magallanes: dar la vuelta al mundo. Sin embargo, al llegar a la isla de Santa Catalina, en el actual Brasil, naufragó una de sus naves y casualmente se encontraron con algunos supervivientes de la expedición de Juan Díaz de Solís, el cual, nombrado almirante de la flota de indias por Fernando el Católico, había sido enviado a aquella zona en la primera expedición española que fondeó en el estuario de Río de la Plata y que había partido también de Sanlúcar de Barrameda en 8 de octubre de 1515. Los supervivientes, que, al parecer, habrían llegado hasta el imperio Inca, les hablaron de la existencia de una tierra rica en oro y plata que podrían alcanzar remontando los ríos Paraguay y Paraná, y Gaboto decidió cambiar los objetivos de su expedición. De la expedición de Gaboto procede además la leyenda de la ciudad de los Césares, una leyenda que nace, al parecer, de la expedición encomendada a uno de sus capitanes, Francisco César, hacia el oeste de Santi Spiritu, en busca de la legendaria Sierra de la Plata.

Pedro de Mendoza finalmente regresaría a España en 22 de abril de 1537, aunque murió cerca de las Canarias el 23 de junio. Buenos Aires fue reconstruida de nuevo, pero tuvo que ser despoblada e incendiada por sus 350 habitantes a finales de 1541, huyendo hacia el fuerte de Asunción. No volvería a refundarse hasta 1580, con Juan de Garay (Orduña o Junta de Villalba de Losa 1528-1583) que también moriría a manos de los indios Querandíes en marzo de 1583 en las cercanías de Santi Spiritu.

Uno de los expedicionarios de Pedro de Mendoza, Juan de Salazar y Espinosa (Espinosa de los Monteros, o Medina de Pomar 1508- Asunción 1560) fue precisamente el fundador de Asunción el 15 de Agosto de 1537, después de haber sido enviado por Pedro de Mendoza en busca del conocido como “rey blanco”. El fuerte de Asunción fue convertido en ciudad con la creación del Cabildo en 16 de septiembre de 1541. El primer gobernador fue Domingo Martínez de Irala (Vergara 1509-Asunción 1556), en virtud del mandato de otro expedicionario de la misma expedición de Pedro de Mendoza, Juan de Ayolas (Briviesca 1493-Candelaria 1538) que era teniente de gobernador general de Asunción en 1537. Según algunos relatos, la vida en el fuerte de Asunción debía ser corregida, algunos hablan del lugar como el “paraíso de Mahoma”, dando a entender que se habían generado situaciones de poligamia escandalosas, por lo que Carlos V envió como adelantado en 1542 a Vasco Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la Frontera 1488-Sevilla ó Valladolid 1559), conocido también como el Ulises español, y cuya historia también merece la pena de ser recordada4.

4 Juan Francisco Maura, en el libro  El gran burlador de América: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Parnaseo, Valencia 2011 arremete contra el relato de Cabeza de Vaca, poniendo en entredicho muchas de las cosas narradas en el libro de Cabeza de Vaca

Como se sabe, Vasco Núñez Cabeza de Vaca había participado en la expedición comandada por Pánfilo de Narváez que se organizó para la conquista de la Florida, en busca, al parecer, de la fuente de la eterna juventud, y que había partido de Sanlúcar de Barrameda en 17 de junio de 1527. La expedición alcanzó la bahía de Tampa en 12 de abril de 1528. Fue un fracaso importante, y después de diversos enfrentamientos con los indígenas, y de la falta de mando del propio Pánfilo de Narváez, quedaron supervivientes en territorio de América del Norte cuatro expedicionarios, el propio Cabeza de Vaca, un esclavo procedente del norte de África llamado Estebanico (probablemente, el primer negro que pisó territorio de lo que luego sería EEUU), Andrés Dorantes de Carranza, oriundo de Béjar (1500-1550) y Alonso del Castillo Maldonado, del cual, aunque oriundo de Salamanca, se ignoran al parecer los datos relativos a su nacimiento y muerte. Conviviendo con los indios, y separados unos de otros, lograron sobrevivir durante ocho años en esos territorios, hasta que de nuevo juntos se dirigieron andando hacia el oeste, con idea de encontrarse con los soldados de Cortés. Llegaron a California, a la costa del Pacífico, y contactaron finalmente con españoles. Al verlos, algunos soldados creyeron que se trataba de indígenas que hablaban español, dando pábulo a la idea de que el español podría ser un idioma antiquísimo (como en el relato de Heródoto), porque ciertamente estos expedicionarios habían adquirido hábito y costumbres de los indios. Cabeza de Vaca regresó a España en 1537 donde publicó su obra Naufragios (en Zamora en 1542), en la que relata esta extraordinaria aventura5. Naufragios es la primera descripción de las tierras del norte y de los indios que las pueblan, con detalles etnográficos muy interesantes, incluso referidos por Ruth Benedict en su estudio sobre los indios pueblo titulado El hombre y la cultura de 1934.

Vaca,  Naufragios. Sin embargo, más allá de que efectivamente siempre que se narra en modo autobiográfico hay muchos matices que responden a la vanidad del autor, o a sus mismas pretensiones, el relato tiene un sustrato real e histórico que no se puede discutir. De la misma manera que ocurre con cualquier otro relato autobiográfico de los viajes americanos. Cabe señalar cómo la propia presión de la leyenda negra anima a la crítica y desconfianza de todo relato que se aleje de las pretensiones hipercríticas negrolegendarias, lo que hace que se trate con muy diferente rasero según qué relatos. Lo que también debería ser objeto de una crítica historiográfica.

5 No todo el mundo concede autenticidad a este relato, señalando los muchos detalles que pueden considerarse falsos, aunque sin llegar a negar nadie la extraordinaria aventura, sí se ponen en duda muchos pormenores, como es obvio en cualquier relato autobiográfico. Véase, Juan Francisco Maura,  El gran burlador de América: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Parnaseo, 2011.

Como decíamos, a su regreso a España se le concedió por parte de Carlos V el título de Adelantado del Río de la Plata, en cuya virtud inició a finales de 1540 la expedición desde Cádiz que le llevó a Asunción. Esta expedición, como el resto de las que trascurrieron hacia América, tuvo también su punto de heroísmo. El viaje le llevó hasta la isla de Santa Catalina en el actual Brasil, y desde allí, a pié, guiado por los indios guaraníes-tupís, por la selva paranaense durante cinco meses, alcanzó Asunción, donde en 11 de marzo de 1542 fue nombrado gobernador. En esta expedición, como se sabe, Cabeza de Vaca describió por primera vez las cataratas de Iguazú. Su llegada a Asunción generó un conflicto con Domingo Martínez de Irala. Al parecer, Cabeza de Vaca llevaba entre sus planes imponer las leyes de Indias para proteger a los indígenas de los encomenderos y nuevos colonos, y organizar la colonización olvidándose de los quiméricos tesoros que todavía se estaban buscando, siguiendo las fantásticas descripciones que así lo indicaban relativas al rey blanco y a la sierra de oro y plata. Finalmente, una sublevación de los seguidores de Irala, que llegó a llamarse “primera revuelta comunera”, provocó que en 1544 Cabeza de Vaca fuera apresado y enviado a España en un barco al que habían bautizado como “Comunidades”6. Lo curioso es que no era la primera vez que Cabeza de Vaca tenía que vérselas con las revueltas de los señores “feudales” contra la Corona, pues ya en 1521, y en España, había participado en la batalla de Villalar de los Comuneros. Debemos señalar que, efectivamente, en la película de La Misión el gobernador de Asunción (cuyo escenario está grabado en Cartagena de Indias) se llama también “Cabeza”, un personaje ridículo de peluca imposible, que representa lo más detestable de la idea que sobre los españoles ha ido pergeñando la Leyenda negra. Sin embargo, este personaje ni su nombre tienen nada que ver con Cabeza de Vaca.

Doña Mencía de Calderón y el centauro de la Pampa

El fracaso de Vasco Núñez Cabeza de Vaca dio lugar, como se verá, a otra impresionante aventura española, que está a su vez absolutamente involucrada en el origen del proyecto de las Misiones jesuíticas en Paraguay. En efecto, Carlos V se vio obligado a nombrar a otro adelantado para sustituir a Cabeza de Vaca, lo que hizo en la figura de Juan de Sanabria (Trujillo, 1504- Sevilla, 1549), que era sobrino de Hernán Cortés. Nombrado Adelantado del Río de la Plata en 1547 se comprometió a llevar cien parejas con hijos para colonizar y doscientos cincuenta solteros para asentar allí, además de cerca de cien mujeres

6 Estos detalles se ponen también en entredicho en el libro referido de Juan Francisco Maura.

entre doncellas, hijas y solteras para casar allí e imponer un poco de orden en aquel “paraíso de Mahoma”. Regresaba con ellos al mando de la expedición el fundador de Asunción, Juan Salazar Espinosa, que había venido con el barco que llevaba preso a España a Cabeza de Vaca. El nuevo adelantado Juan de Salazar estaba casado con Doña Mencía de Calderón Ocampo, nacida en Medellín (1514-finales del XVI en Asunción). El caso es que cuando estaban con los preparativos del viaje en Sevilla, Juan de Sanabria murió inesperadamente. El título de Adelantado pasó a su hijo de 18 años, Diego de Sanabria, pero Doña Mencía decidió que tomaría parte en la expedición igualmente, al mando de las mujeres7.

El día 10 de abril de 1550 salía la expedición desde Sanlúcar de Barrameda. Aunque se dice que la memoria de este viaje quedó recogida por Hans Staden en su libro, Verdadera Historia y Descripción de un País de Salvajes Desnudos, que publicó en Alemania en 1557 en Marburgo lo cierto es que el alemán no hizo ninguna referencia concreta a dicho viaje, aunque probablemente iba en él. Tardaron cinco años en llegar a Asunción después de una odisea digna de Homero. En efecto, cerca del golfo de Guinea fueron atacados por piratas franceses en 25 de julio de 1550. Alcanzaron la isla de Santa Catalina en diciembre de 1550, después de un naufragio y hasta 1553 no pudieron iniciar viaje hacia Asunción, adonde llegaron, un grupo en octubre de 1555 después de recorrer a pie la misma ruta que había realizado Cabeza de Vaca anteriormente y, otro grupo, con Doña Mencía y sus acompañantes, que llegó en barco en abril de 1556. Mencía llevaba con ella a sus tres hijas, una de las cuales, María, sería la madre de Hernando Arias de Saavedra, conocido como Hernandarias, llamado “el centauro de la Pampa”, el primer criollo gobernador de Río de la Plata y del Paraguay (otro nieto de Mencía, Hernando del Trejo y Sanabria fue el fundador de la universidad de Córdoba). Fue Hernandarias (Asunción, 1564-Santa Fe, 1634) quien, en 1603, modificó la legislación para la supresión de las mitas y encomiendas entre los indígenas, lo que fue aprobado por el rey Felipe III, y en virtud de ello se dispuso en 1608 la creación de las misiones jesuíticas en la región del Guayrá, solicitando a Felipe III el envío de jesuitas para hacerse cargo de dicho proyecto. Los primeros jesuitas que se dirigieron hacia el Guayrá fueron los misioneros Maciel Lorenzana (León 1565-Asunción 12 de septiembre de 1632)8 y Antonio Ruíz de Montoya (Lima 1585-1625)9.

7 Para más detalles sobre la llamada “Expedición Sanabria” puede consultarse, María Gabriella Dionisi, “Doña Mencía la Adelantada: Una expedición al Paraíso”, en  América sin nombre, nº15 (2010) pp. 7-14.

8 Sobre Maciel de Lorenzana publicó el Diario de León en 27 de septiembre de 2009 un artículo Jesús Paniagua Pérez, dando algunas noticias, pues es de entre los jesuitas que protagonizaron la aventura de las misiones uno de los menos conocidos y de los que se conserva menos información. Véase: http://www.diariodeleon.es/noticias/filandon/maciel-lorenzana_479937.html

Subrayamos pues, que el proyecto misional de los jesuitas está promovido directamente por los poderes públicos del imperio y encargado directamente por el rey Felipe III, y no es, en absoluto, como algunos han pretendido decir, incluia la propia tesis de la película La Misión, un proyecto de los jesuitas como tales. Los jesuitas le darán al proyecto muchos aspectos importantes, pero el proyecto como tal sólo fue posible como proyecto imperial, en el que los jesuitas son agentes necesarios.

Las ordenanzas de Alfaro

El trato a los indígenas que se observará en las Misiones y su organización política y social van a estar determinados en gran medida por las consecuencias derivadas de la intervención del Visitador General de las provincias del Río de la Plata, Tucumán y Paraguay, Francisco Alfaro (Sevilla, 1575-Madrid, ¿?)10. Destinado primeramente en la Audiencia de Panamá, donde ejerció como fiscal en 1594, fue enviado a la Audiencia de Lima, donde el virrey Juan de Mendoza le nombró Visitador General de las provincias del Río de la Plata, Tucumán y Paraguay, para comprobar el trato que daban a los indios en las encomiendas. Inició su visita en 1611. En medio de una importante controversia publicó en Asunción sus conocidas Ordenanzas, el día 11 de octubre (para las cuales contó, al parecer, con la colaboración, entre otros, del jesuita Maciel Lorenzana). En ellas reiteraba la prohibición de tener indios como esclavos y el trato y comercio de indios como esclavos, condenando a quien los comprara o vendiera, tanto si fuera español o mestizo a “seis años de Galeras u otro servicio equivalente”. Algunas de estas ordenanzas, como las que comentamos, fueron incorporadas seis años después a las Leyes de Indias y figuran en la recopilación de 1681. También prohibía que los españoles, negros o mestizos, vivieran en los pueblos de indios y que los daños causados a los indios por los encomenderos, o sus esclavos, hijos, criados o huéspedes, fueran pagados por sus amos y proponía la creación de pueblos indígenas regidos por un alcalde de la misma etnia, siguiendo las tesis de Álvarez de Toledo. Alfaro fue posteriormente nombrado miembro del Consejo de Indias. En la película de La Misión, por ejemplo, el personaje principal también es un visitador, pero como se puede

9 El papel de Hernandarias y la aprobación de Felipe III y el Papa ponen de manifiesto, como no podía ser de otro modo, que las Misiones del Paraguay corresponden a un proyecto político, encomendado por la Corona española, de la cual dependían directamente como se verá, y no fueron nunca, como pretende, por ejemplo, la película de  La Misión, una iniciativa voluntaria e independiente de los jesuitas en absoluto, o del Papa.

10 Véase la web: http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=alfaro-francisco-jurisconsulto

apreciar, no tiene absolutamente nada que ver, entre otras cosas porque Alfaro es un jurista español, y no un enviado papal.

El Solón del Perú y el Plinio de América

Los jesuitas que, como el padre Maciel o Montoya, procedían de Lima, pusieron en marcha un proyecto que ya había sido probado con éxito anteriormente, y que también es digno de ser recordado. Pero para hablar de este asunto debemos referirnos a la figura del virrey de Perú, Álvarez de Toledo, también conocido como el Solón del Perú, según el jurista limeño Antonio de León Pinelo -y no por casualidad; y su particular relación, digna de ser contada en alguna película que nunca se hará, con el gran científico jesuita José de Acosta, tampoco por casualidad apodado “el Plinio de América”, según comenta el padre Feijóo.

En efecto, ya en la segunda mitad del siglo XVI se había planteado la necesidad de fundar una especie de república de indios amparada por las Leyes de Indias11. Carlos V había enviado a Perú como quinto virrey a Francisco Álvarez de Toledo (Oropesa 15 de julio de 1515-Escalona, 21 de abril de 1582), que ocupó dicho cargo desde el 30 de noviembre de 1569 hasta el primero de mayo de 1581. (Hay que tener en cuenta que el virreinato de Perú recogía en su territorio prácticamente toda Sudamérica, salvo casi todo el territorio de Venezuela, y la parte correspondiente de Brasil.) Durante 5 años, desde 1570 hasta 1575 este virrey, siguiendo las recomendaciones del rey Carlos V, recorrió 8.000 kilómetros por los territorios del Virreinato, acompañado del cosmógrafo e historiador Pedro Sarmiento de Gamboa, el naturalista Tomás Vásquez, el licenciado Juan Polo de Ondegardo y Juan de Matienzo, así como José Acosta, el insigne naturalista jesuita. En dicho viaje promovió la creación de reducciones de indios, y la institución de cabildos de indios para su autogobierno, trató de incorporar muchas de las instituciones del período incaico y exigió que los encomenderos cumplieran con sus compromisos con los indígenas, esto es, su cuidado, catequización y la construcción de escuelas y hospitales. Dejó en el virreinato un marco jurídico estable que permaneció inalterable más de doscientos años. En 1573 promulgó las “Ordenanzas del Perú para un buen gobierno”, conocidas también como las Ordenanzas de Toledo, redactadas por los juristas Juan de Matienzo y Juan Polo de Ondegardo, que reglamentaban toda la vida del virreinato: ciudades, cabildos, impuestos, administración de justicia, trabajo agrícola, minería y defensa. Se dice que para regular incluso la vida privada de los indios,

11 En el libro de María Elvira Roca Barea,  Imperiofobia y Leyenda negra, pág. 330 se hace referencia a el Decreto Indiano de 1538 ratificado en 1549 que implantaba las repúblicas de indios, un régimen de autonomía que prohibía intervenir tanto a las autoridades eclesiásticas como civiles en estas repúblicas, cuyas leyes internas e instituciones se respetan.

“Toledo se cuidó de recoger de la boca de los ancianos sobrevivientes de la época prehispánica informes acerca del régimen gubernativo imperante bajo el dominio de los Incas, noticias que a su vez fueron sistematizadas en forma de una historia por el cronista Sarmiento de Gamboa”.

En cuanto a la ordenación de la demografía, aplicó una política de concentración de la población indígena en lugares estratégicos del territorio. Obligó a los indios a vivir en reducciones, poblaciones de aborígenes con plaza mayor, iglesia, cabildo y solares propios. Esta práctica había comenzado ya unos años atrás, pero Álvarez de Toledo llegó a crear una auténtica “República de indios”, en reducciones de unas 400 familias, con instituciones propias y apoyadas por los caciques o “curacas”, además de universidades, imprentas, el respeto a los idiomas locales, la fundación de hospitales y de ciudades. En medio de todo esto, los jesuitas, con José Acosta, organizaron una primera misión en el Perú en la que se encuentra en germen el modelo que después se aplicó en las misiones del Paraguay y la Chiquitanía, también probablemente la Orinoquia. Nos referimos a la ciudad de Juli, un enclave a orillas del lago Titicaca, en territorio actualmente del Perú, que recibió en 1660 el título de la “Roma de América”, por la grandeza de sus iglesias, donde vivió también bastante tiempo el propio José Acosta.

La reducción de Juli fue fundada en 1576. Según Manuel Revuelta González12 los jesuitas del Perú se decidieron a ocuparse prioritariamente de los indios a instancias, precisamente, de José Acosta, que publicó un libro al efecto, titulado De procuranda indorum salute, de gran influencia en lo que se refiere a la cristianización de los indios. Como se sabe, José Acosta es el autor también de un libro de importancia capital, La historia natural y moral de las Indias, publicado en 1590, en el que además de la descripción etnográfica crítica, el estudio de la historia natural de América, encontramos propuestas teóricas sorprendentes, por ejemplo, metodológicamente ya manifiesta una necesidad de remontar la autoridad aristotélica en asuntos naturales, o sus tesis acerca del origen de los habitantes de América, procedentes, según él, de Asia, especulando la idea de que hayan podido pasar a América por los hielos del norte, o sus comentarios acerca de las especies nuevas de América, que le inducen a considerar la posibilidad de transformaciones en la creación divina, apuntando a la teoría de la evolución. El libro de José Acosta fue traducido y muy leído en Europa y, de hecho, Alexander Humboldt lo tomó como referencia en su viaje por América. Hasta el punto de que la hoy llamada corriente Humboldt fue verdaderamente descubierta y descrita por José Acosta, donde Humboldt lo conoció. Pero hasta este punto

12 Manuel Revuelta González, “Los jesuitas en América. Utopía y realidad en las reducciones del Paraguay”, (Conferencia en Forum Deusto, 21 de Febrero de 2006). En este enlace

llega la hispanofobia en América. Al tiempo que su propia obra se convirtió en modelo para el viaje de Darwin en el Beagle. De modo que la fauna y la flora americana producen un contraste tal que permiten la especulación acerca del origen y transformación de las especies, actuando en la Historia Natural como un contexto determinante de la nueva Biología evolucionista tal y como la dejó establecida Darwin, porque América trastoca la visión unitaria y lineal de la historia natural. . No podemos olvidar, además de José Acosta (1540-1600), los trabajos de autores como Félix de Azara (1742-1821), los de José Quiroga (1706-1784), Antonio de Ulloa (1716-1795), o el manuscrito del naturalista jesuita José Sánchez Labrador (1717-1798) El Paraguay ilustrado, que sin duda influyen en Humboldt y en Darwin.

Ya hemos mencionado que el viaje de Darwin en el Beagle incluía la presencia de tres de los cuatro fueguinos que en un viaje anterior Fitz-Roy había secuestrado y trasladado a Inglaterra con el fin de prepararlos para fundar una colonia inglesa en Tierra de Fuego. Este proyecto que se inicia con el viaje de Darwin será un fracaso estrepitoso pero de él procede que hoy las Malvinas sean inglesas y no argentinas, como se puede conocer de modo magistral en la obra de Richard Lee Marks, Tres hombres a bordo del Beagle publicada en 1991.

Lorenzana, Montoya y Diego de Torres Bollo

Precisamente desde Perú llegaron a Asunción los jesuitas que hemos mencionado anteriormente, Montoya y Lorenzana. Maciel Lorenzana había arribado a América en la expedición del P. Diego de Zúñiga, y llegó a Lima en 1592, mientras que Antonio Ruíz de Montoya era oriundo de Lima, donde nació en 1585. Hernandarias había escrito al rey advirtiéndole que era imposible someter por las armas a los ciento cincuenta mil indios del Guairá, a lo que el rey Felipe III le escribe, según consta en el Archivo de Indias: “Y acerca de esto ha parecido advertiros, que aun cuando hubiere fuerzas bastantes para conquistar dichos indios, no se ha de hacer sino con la sola doctrina y predicación del Santo Evangelio, valiéndoos de los Religiosos (de la Compañía de Jesús) que han ido a este efecto”13. Según esto Hernandarias solicitó en 1609 al Padre Provincial residente en Asunción, el P. Diego de Torres, que destinase misioneros para los indios, tanto del Guairá, como del Paraná, y los Guaycurúes, enviando dos para cada región.

Diego de Torres Bollo (Villalpando, 1551-Sucre, 1638) fue el primer Provincial de la provincia del Paraguay, una provincia que había sido creada en 1604, independiente de las de Perú y Brasil, y constituida por las regiones del Rio de la Plata y Chile. El zamorano Diego de Torres Bollo había sido anteriormente durante años Superior de la misión de Juli que

13 Pablo Hernández, pág. 7.

antes mencionamos, y mantenía una postura decidida contra los abusos de las encomiendas y a favor de las nuevas leyes de Indias promulgadas por Carlos V que pretendían, entre otras cosas, la abolición irreversible del sistema de las encomiendas. Sus primeras medidas en las misiones de la provincia del Paraguay consistieron en liberar a los indígenas que la Compañía tenía asignados, y garantizar unas condiciones de autonomía de las misiones que habían de fundarse, manteniéndolas aisladas del resto de la sociedad colonial, con el fin de establecer un nuevo orden social cristiano, sobre la idea utópica de un reino de Dios en la tierra14, o como advertíamos hablando de Alvarez de Toledo, una república de indios. Susana Frías, en un artículo dedicado a Diego de Torres, “La dignidad del indígena en los escritos de Diego de Torres” (Anuario del CEH, nº 2-3, 2002-2003), señala que estos ideales acerca de la dignidad humana están fijados en el Concilio de Trento: La voluntad libre del hombre que subraya la idea de responsabilidad como artífice de su destino, frente a las tesis protestantes y jansenistas según las cuales la naturaleza humana es esencialmente corrupta. Hay que tener en cuenta que veinte años después del Concilio de Trento fue cuando estuvo destinado en Juli, entre 1581 y 1586. Y ya como procurador de la provincia jesuítica del Perú viajó a Europa de 1601 a 1604. En 1603 hizo el primer escrito (en Valladolid) denunciando la situación de los indios. Cuando en 1607 fue nombrado provincial de Paraguay fundó el Colegio de Córdoba que luego se convertiría en Universidad, y estableció contacto y cooperación con el oidor Francisco de Alfaro, enviado por la Audiencia de Chacras en 1611 para inspeccionar el estado de los indios en Paraguay, y cuyas ordenanzas hemos ya mencionado aquí. Este proyecto político de Alfaro se fraguó en colaboración con Diego de Torres, con el cual visitó Asunción precisamente.

En el Paraná, la primera misión fundada por los jesuitas fue la de San Ignacio-Guazú, que lo fue por el padre Maciel de Lorenzana, junto con el P. Francisco de San Martín el 29 de diciembre de 1609. Algunos dicen que en esta misión se inventó el fútbol, y así lo recoge José Peramás, por ejemplo, en su magnífico relato sobre las misiones15, aunque algunos lo han visto nacer ya entre los griegos, a juzgar por algunas representaciones. Maciel de Lorenzana sería sustituido en 1611 por el padre Roque González de Santa Cruz, en dicha misión. El P. Roque González fundó diversas reducciones durante los diecisiete años siguientes. Roque murió mártir en 1628 a manos del cacique Ñezu, el hacha con la que lo mataron y su corazón, que no se pudo quemar, están hoy en la capilla de los mártires de Asunción. En ese mismo ataque murieron otros dos misioneros españoles, Alonso Rodríguez de Olmedo y Juan del Castillo.

14 Héctor Sáinz Ollero, “introducción” a José Cardiel,  Las Misiones del Paraguay, ed. Crónicas de América, Madrid 2002; pág. 11.

15 José Peramás,  La república de Platón y los guaraníes, pág. 93.

Los PP. Jose Cataldino y Simón Maceta fueron enviados a la provincia del Guairá, donde comenzaron fundando la misión de Nuestra Señora de Loreto, en el río Paranapanema, y San Ignacio en el río Pirapó, en Julio de 1610, que acogieron a unas cinco mil familias, según refiere Pablo Hernández. A la de San Ignacio fue enviado el Padre Antonio Ruíz de Montoya, para organizarla, llegando a fundar posteriormente hasta once pueblos más entre 1622 y 1629. Montoya sería nombrado posteriormente Superior de estas misiones, y recogió esta aventura en un libro magnífico titulado Conquista espiritual del Paraguay16.

La Anábasis americana

Entonces comenzaron los ataques de las malocas, o mamelucos, los bandeirantes de San Pablo de Brasil, que incursionándose en la selva capturaban indígenas para venderlos como esclavos en San Pablo y otras poblaciones del Brasil, sin contar con los que perecían en los ataques. Los documentos jurídicos de la época hablan de trescientos mil indígenas cautivados o muertos. Entre 1628 y 1630 capturaron más de 60.000 indígenas de las reducciones como atestigua el gobernador D. Pedro Esteban de Ávila en su informe al Rey Felipe IV en carta de 12 de octubre de 1637, según refiere Montoya en su Conquista espiritual del Paraguay17. Se les considera “los verdaderos enemigos y verdugos de la raza indígena”18. Por ello, en 1631 se vieron obligados los jesuitas a retirarse al sur, hacia el actual territorio de la provincia de Rio Grande do Sul en Brasil, en un viaje por la selva con más de 12.000 indígenas, que se bautizó con el título de “la Anábasis americana”.

En el Tapé se reorganizaron nuevas misiones, pero volvieron a incursionar los bandeirantes en 1636, y más adelante en 1638 con gran violencia. Los asaltos al Guayrá, Itatín y al Tapé, obligaron a replegarse hacia el actual Uruguay, perdiendo definitivamente esos territorios a favor de Brasil, por lo que en Brasil honran a los mamelucos como héroes. Sin embargo, el P. Montoya, que había sido enviado a España y a Roma, consiguió que el rey Felipe III concediera permiso de armas a los guaraníes que, de algún modo, se organizaron como milicia, costeándose ellos mismos las armas de fuego para defenderse de los mamelucos, de modo que en 1641 derrotaron de manera estrepitosa a los bandeirantes en Mbororé. En esta batalla se utilizaron cañones de madera de naranjo perforados, y forrados con cuero, que soportaban tres disparos, y que aparecen aproximadamente en la película de La Misión. Los guaraníes se organizaron en las misiones con un perfil que

16 En Internet: https://archive.org/details/conquistaespiri00montgoog

17 Véase Pablo Hernández, pág. 11.

18 Pablo Hernández, pag. 20.

recuerda a los campamentos militares romanos, con plaza de armas incluida. Fueron los únicos indígenas que recibieron permiso de portar armas, y como ejército actuaron al servicio de la Corona española en diversas ocasiones. Su fidelidad a la Corona española, por razones obvias, hizo que los portugueses los acosaran y asediaran apoyándose en grupos indígenas menos gobernables, como en 1701, cuando yarós, mborhanes, munanes y charrúas apoyados por portugueses de la Colonia contra los guaranes “por lo mismo que sabían bien cuán resueltos y poderosos defensores de sus posessiones de América tenía en ellos la Corona española”19.

Pablo Hernández considera que esta fecha de 1641 señala el establecimiento definitivo de las misiones en los parajes que ocuparon hasta la expulsión de los jesuitas. Desgraciadamente, las élites locales de Asunción no apoyaron a los guaraníes como debían. Las Misiones quedaron divididas en dos grupos, el formado por los pueblos cuyas vertientes daban al Paraná y al Paraguay, y el segundo los pueblos cuyas vertientes corrían hacia el Uruguay. En total eran 22 reducciones en aquel entonces. Desde 1687 se añadieron ocho más, formando un total de 30 misiones, que suponían, según diversos cálculos, más de 150.000 indios guaraníes regidos en cada misión por dos padres jesuitas.

La República de Platón: la Tierra sin mal

Lo verdaderamente llamativo de estas misiones fue el régimen según el cual fueron organizadas, un sistema sorprendente que ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones, que dependen en gran medida también de la propia valoración que se hace del Imperio español, y de la institución de la Iglesia católica. La película de La Misión, por ejemplo, pone el énfasis en una exaltación idealista y utópica de las misiones, según la cual, este paraíso en la tierra, admirable y extraordinario, resulta ser la realización de una utopía imposible, porque tiene que darse contra el Imperio español, y contra la propia Iglesia católica. Este enfoque rousseauniano de exaltación de las misiones reconoce al menos ese carácter extraordinario, pero evitando al mismo tiempo atribuir a la Iglesia o al Imperio español ningún papel en el asunto. De hecho, la pirueta es impresionante porque se consigue poner al imperio español y al papado como responsables de su desaparición, al estilo tradicional: la iglesia da su veredicto y el imperio como brazo secular ejecuta el castigo. Esta valoración de las misiones es el resultado de una purificación de las valoraciones que sobre las misiones se han venido haciendo a lo largo de los siglos. La primera reacción, más básica y hoy prácticamente desautorizada es la de los críticos ilustrados franceses o españoles contra las misiones. Las críticas de Bouganville, Voltaire,

19 Pablo Hernández, pag. 22.

Diderot, todas ellas seguramente dadas en el contexto del conflicto del Imperio español con sus enemigos. Esas críticas ilustradas son las que resultan una y otra vez desmontadas por los propios jesuitas que escribieron en defensa de las misiones, como el padre Cardiel, o José Peramás. Sin embargo, fue precisamente la ideología de la ilustración anticatólica y antiespañola la que alimentó la persecución a los jesuitas y la que llevaría a cabo a través del gobierno de los borbones en España el desmantelamiento efectivo de estos proyectos políticos. Estas críticas venían todas ellas a negar la efectividad política, económica y cultural del proyecto de las misiones. Los datos históricos son tan abrumadores que esta posición hoy por hoy carece de cualquier recorrido. No obstante, ya habría cumplido con creces su función histórica. Sin embargo, una vez reconocida la importancia histórica de este proyecto político cabe la posibilidad de aceptar su importancia evitando asociarla causalmente al proyecto imperial español, lo que ha solido hacerse también entre interpretaciones provenientes de la propia Compañía de Jesús, que pretenden desmarcar el proyecto de su contexto histórico. Sin embargo, como hemos visto, no hay manera de desentrañar la historia de las misiones de su papel histórico y político en el contexto del Imperio católico español.

Según Manuel Revueltas González, el acta notarial firmada por Diego de Torres Bollo en Santiago de Chile el día 8 de junio de 1608 en virtud de la cual se decidía otorgar libertad a los indios de servicio de las casas de Santiago de Chile, Tucumán y Paraguay, el reparto de tierras para los indios que servían en los colegios o haciendas de los jesuitas, y un salario en metálico o en especie, sustento para los impedidos y viudas, catequesis para los que trabajaban en los colegios, y en general, libertad para quedarse o irse según su voluntad, puede entenderse como “la carta magna que había de regular la organización social” de las misiones20. Carta que, de algún modo, quedaría confirmada posteriormente con las Ordenanzas de Francisco Alfaro.

José Cardiel, uno de los padres jesuitas que participó en las misiones durante el siglo XVIII ha hecho un magnífico relato de la estructura y funcionamiento de las misiones en cuatro o cinco textos dedicados al tema. De entre ellos, la Breve relación de las misiones del Paraguay escrito ya en el exilio italiano en 1771, constituye, según Héctor Sáinz Ollero “uno de los mejores compendios que sobre la vida en las famosas reducciones jesuíticas de Paraguay se han realizado jamás”21.

20 En Manuel Revueltas González, “Los jesuitas en América. Utopía y realidad en las reducciones el Paraguay”, (Conferencia en Forum Deusto, 21 de febrero de 2006, pág. 8. Apud, M. María Morales,  Los comienzos de las Reducciones de la Provincia del Paraguay, en la relación con el Derecho Indiano y el Instituto de la Compañía de Jesús. Evolución y conflictos, Excerpta ex Dissertatione ad Doctoratum. Univ. Gregoriana, Roma 1995 (publicado también en ARSI 67 (1998), p. 111.

21 Héctor Sainz Ollero, “Introducción” a José Cardiel,  Las Misiones del Paraguay, ed. Dastin, Madrid 2002; pág. 39.

El libro es además de una descripción impresionante del funcionamiento económico y social de las misiones, una defensa de su organización frente a los ataques y vituperios que sufrían. Lo principal de la defensa de José Cardiel no es tanto demostrar su funcionamiento impresionante, cosa que ya nadie discute, sino sobre todo, el hecho de que está organizado al servicio y en función de las necesidades de la Corona, y que su organización es el principal baluarte para la defensa del territorio español frente a los portugueses, y frente a los criollos.

La regulación de la vida de las misiones quedó recogida en dos volúmenes editados en guaraní, siguiendo los planteamientos establecidos en época de José Acosta: el Araporuaguiyeihaba, o “Del recto uso del tiempo”, escrito por Ignacio Insaurralde y José Escandón.

Se trataba, en efecto, de uno de los diversos proyectos utópicos que proliferaron en América en el contexto de la colonización española, sobre la idea alimentada ya desde los primeros tiempos según la cual los indios americanos estaban en disposición natural, por las condiciones materiales de existencia, para permitir poner en marcha en América una nueva forma de sociedad basada en los ideales alcanzados por la humanidad entonces y que en Europa se hacían imposibles debido al secular envilecimiento social. Los ideales utópicos de América dieron lugar a teorías de largo recorrido histórico como la doctrina del Buen salvaje que aunque se atribuye a Rousseau, fue verdaderamente obra del filósofo español Antonio de Guevara que ya la dejó formulada en el siglo XVI. De hecho, América siempre será un lugar privilegiado en la ideación de los paraísos utópicos de la época, desde la Ciudad del sol de Campanella, la Utopía de Tomás Moro, o la Nueva Atlántida de Francis Bacon, hasta, por ejemplo, la novela utópica Erewhon, de Samuel Butler, ya escrita a finales del siglo XIX. Uno de los proyectos utópicos más sobresalientes en América fue precisamente el de los pueblos-hospitales de Santa Fe, puesto en marcha por Vasco de Quiroga (1470-1565), nacido en Madrigal de las Altas Torres, en Michoacán, México, tomando como referencia el libro de Tomás Moro, Utopía. Enviado como oidor de la Audiencia de México en 1532 y obispo de la diócesis de Michoacán por Carlos V en 1537.

Pero sin duda el proyecto más extraordinario por el volumen de población que albergó, como por el alcance transformador y político del modelo social es el de las Misiones del Paraguay. Del mismo modo que el de Vasco de Quiroga estaba inspirado en la Utopía de Tomás Moro, según él mismo reconoce, las Misiones del Paraguay tuvieron un modelo teórico sorprendente, al menos tal y como uno de los jesuitas que participó en aquel proyecto, en su etapa final, así lo indica. Me refiero al español José Peramás (1732-173), natural de Mataró, que estuvo en Paraguay entre los años 1755 y 1767. Precisamente el día 12 de julio se vio obligado a abandonar América y se refugió en Italia

como otros muchos jesuitas. Peramás escribió un sorprendente e impresionante libro en el que abunda en muchos de los detalles descritos por José Cardiel, pero abundando en una idea muy interesante y que remite a los propios orígenes de la Compañía de Jesús y particularmente a la figura de Francisco Suárez. José Peramás escribió un libro titulado así: La república de Platón y los guaraníes22, en donde defiende la idea de que efectivamente la conformación y estructura de las misiones guaraníticas se realizó tomando como referencia la propia teoría filosófica de la República de Platón y de Las leyes, pero, dice, incluso eliminando del proyecto aquellas cosas que a ojos de un cristiano resultan de todo punto absurdas, como por ejemplo, la crianza común de los niños, o la eliminación de las familias: “El ingenio portentoso de Platón, engañado por aquel difundido proverbio griego de que “todo en común entre los amigos, desbarró por completo en los libros de la República al pretender que las mujeres y los hijos fuesen comunes”. Lo cierto es que, en efecto, como él mismo dice al principio de su libro, las misiones alcanzaron un grado de perfección social que resultaba de todo punto absurdo pretender que los ideales ilustrados tan en boga pudieran verdaderamente aportar algo para mejorar ese paraíso llamado también “La tierra sin mal”. Peramás los llama “rebaño epicúreo de filósofos dementes”. Y en efecto, como veremos, los ideales ilustrados solo sirvieron para destruir las misiones, el propio imperio español y la dignidad de la vida de los indios.

Peramás describe cómo se organizaba la educación de los niños, lectura, escritura, talleres y artesanías, música, danza, etc. Apunta la idea que recoge José Cardiel y que procede de la época de la “Anábasis” americana de Mendoza, según la cual los guaraníes de las Misiones tenían derecho de armas, y estaban organizados como milicia, así de hecho parecen los planos de las misiones, todos iguales, como un campamento militar, con plaza, iglesia, talleres, matadero, almacenes, etc., y las casas en manzanas distribuidas en damero dentro de las murallas con forma rectangular: “No había entre ellos –dice- un solo soldado profesional. Sin embargo, llegado el caso, todos estaban en condiciones de actuar como soldados. En esto seguían el consejo de Platón, el cual, deseaba que todos los ciudadanos, incluso las mujeres, estuviesen debidamente adiestrados para el posible caso de una guerra forzosa”23. Los guaraníes en armas frenaron a los bandeirantes portugueses y defendieron las fronteras del imperio español, lucharon en varias ocasiones contra los portugueses y redujeron motines provocados por los criollos enriquecidos de Asunción que no querían acatar las leyes

22 Este texto era la primera parte de una obra titulada  De vita et moribus tredecim virorum paraguaycorum, que estaba terminando al morir en Faenza, donde está actualmente enterrado en la iglesia de los Jesuitas. Ocupaba las 162 primeras páginas de este libro. Publicada en emecé editores, Buenos Aires 1946. No nos consta una edición española. (Agradezco a la Biblioteca de la Universidad de Oviedo el acceso a esta magnífica obra.)

23 Op. cit., pág. 94.

de Indias y pretendían practicar el tráfico de esclavos y acabar con las misiones puesto que aventajaban a sus encomiendas en calidad y cantidad de producción. Precisamente los guaraníes se convirtieron en los principales defensores de la Corona española en Paraguay y su abandono insensato por parte de Carlos III daría lugar con el tiempo a que cuando se produjeron los primeros motines contra España no hubiera quien los parara. De hecho, la guerra la hacían los guaraníes a requerimiento del representante de la corona pero a sus expensas, lo que llevó a Felipe V a eximirlos de impuestos.

Explica también el régimen económico que califica como Teocracia: “¿qué pueden lucrar los extranjeros en una ciudad en que no es posible la acumulación de riquezas?” (p. 136), se preguntaba. En efecto, los indígenas se distribuían por familias en casas, y estas se agrupaban en torno a los caciques. Tenían pequeños terrenos privados pero el resto eran tierras comunales que trabajaban en común, con producción organizada de mate, algodón, tabaco, maíz y otros productos, comerciaban entre las misiones (y se socorrían unas a otras en caso de escasez o inclemencias del tiempo) y criaban ingentes cantidades de cabezas de ganado que se daban muy bien en esas tierras, a donde habían sido llevados por las primeras expediciones de españoles. Aun hoy es proverbial la ingesta de carne en esas tierras. De hecho, una de las cosas en las que insiste tanto Peramás, como Cardiel, es que prácticamente todos los días se comía carne. Se sacrificaban reses y se repartía en lotes la carne para todas las familias, etc. Se describen también los ceremoniales y la organización sacralizada de la vida alrededor de la iglesia y sus rituales y fiestas. Las familias recibían también una proporción de algodón para fabricar sus ropas y entregaban algodón hilado para el común que después era repartido. Se realizaban obras públicas como las impresionantes iglesias que aún quedan en pie o arruinadas, y los trabajos y oficios artesanales eran públicos y pagados por asignación del común. Hubo observatorios astronómicos, talleres de instrumentos musicales, y un desarrollo cultural inusitado sobre la base de un modelo social verdaderamente vanguardista para la época. Al parecer, en cada pueblo había 30 músicos, oficios y talleres de carpinteros, herreros, escultores, albañiles, pintores, torneros, agricultores y médicos que cobraban del erario público como servidores de la comunidad y existía un sistema de aprendices. Las misiones procuraron conservar el idioma de los guaraníes, de hecho la primera imprenta de las misiones publicó un diccionario de español guaraní realizado por Mendoza, y cuidaron también la enseñanza del español. El jesuita que dirigía la misión era el encargado de coordinar todas las tareas, en colaboración con los caciques.

Cuando llegó el tiempo de su expulsión, había 457 jesuitas, 81 de los cuales eran naturales americanos, tenían sesenta domicilios y 14 colegios. De los jesuitas, dijo el conocido historiador francés Guillermo

Tomás Francisco Raynal (1713-1796), ex-jesuita y enciclopedista, lo siguiente: “Cuando en 1768 salieron las misiones de sus manos habían llegado estas al grado máximo de civilización a que quizás puedan ser conducidas las naciones nuevas; y ciertamente superior a todo cuanto existía en el resto del nuevo hemisferio. Allí se observaban Las leyes. Reinaba una exacta policía. Las costumbres eran puras. Una dichosa fraternidad unía los corazones. Todas las artes necesarias para la vida se habían allí perfeccionado; y eran conocidas algunas de las de adorno. La abundancia era universal y nada faltaba en los depósitos públicos. El número de ganado vacuno subía a 769.353; el de las mulas y caballos a 91.963; el de las ovejas, a 221.537; sin contar alguns otros animales domésticos.”24 Y Carlos R. Gallardo dice, en relación con el fin de las misiones lo siguiente: “Es tan exacto que los jesuitas implantaron el sistema de administración que aquellas reducciones exigían, que tan pronto como las autoridades civiles reales se hicieron cargo de esos pueblos, comenzó su desorganización primero y luego su aniquilamiento. Se abandonó la agricultura, desaparecieron las industrias, los indios volvieron a los bosques prefiriendo vivir en las selvas, como sus antepasados, que estar sujetos a las arbitrariedades y exacciones de los mandatarios españoles que sólo pensaban en enriquecerse a costa de los desgraciados indígenas. Tal fue la furia cleptómana de los nuevos mandatarios, que en dos años se deshizo la labor maravillosa de dos centurias de pacientísima labor civilizadora.”25 Los jesuitas aparecen así como agentes privilegiados del proyecto de globalización católica encarnado en el imperio español, y enemigos declarados del modelo capitalista liberal de estirpe protestante que invadía todo.

El neoliberalismo radical de Bucarelli y el fin de las misiones

El fin de las misiones comenzó con la expulsión de los jesuitas, de 1768, a consecuencia del Motín de Esquilache de 1766, que dio lugar a la pragmática sanción de 1767 firmada por Carlos III en 27 de febrero, y en virtud de la cual fueron expulsados de España seis mil jesuitas. Así dice Guillermo Furlong: “La supresión de la Compañía de Jesús en los países dependientes de las cortes borbónicas y la extinción total de la misma en el mundo católico fue obra –como es bien sabido- de los ministros enciclopedistas y de las logias masónicas. Pombal en Portugal, Choiseul y la Pompadour en Francia, Moñino Aranda y Campomanes en España, y Tanucci en Nápoles fueron los principales instigadores de esta magna injusticia que había de priva a la Iglesia de sus más ilustres soldados y all a humanidad de una falange numerosa de héroes, de santos y de

24 Citado en Peramás, Op. cit., pág. 184.

25  Ibidem.

sabios.”26 Para ello había sido enviado a América como nuevo gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula y Bucarelli (1708-1780), que da nombre al proyecto “neoliberal” que destruye definitivamente las misiones, abriendo el camino a los proyectos de independencia de estos territorios.

El llamado Plan Bucarelli supuso la decadencia absoluta de las misiones que durante años comenzaron a perder población a ojos vista, riqueza, y poderío económico. Bucarelli prometió reparto de las propiedades pero no lo hubo, y prácticamente redujo a los indígenas a la condición de esclavos que tenían que mantener a los nuevos funcionarios enviados para la gestión de las misiones. Propuso civilizarlos bajo tres fundamentos: el idioma castellano, el cultivo de tierras y el comercio. Pero el comercio libre lo que hizo fue que los indios fueran presa de la codicia de los comerciantes, que acuciándoles mataron sus reses, abandonaron sus campos y eliminaron las reservas productivas que les mantenían. La demanda de curso, grasas, sebo, a cambio de alcohol hizo el resto. Secuestro de niños, etc.

La adulación se basó, tal y como lo resume Pablo Hernández, en estos argumentos: que antes eran esclavos y los jesuitas les quitaban todo lo que era común; que los bienes incluidos los comunes eran de cada uno y particularmente de los caciques. Que ya no eran esclavos, y que caciques y cacicas eran nobles hidalgos de Castilla. Los nuevos administradores corruptos hicieron el resto. Es curioso porque Bucarelli pintó el régimen de la compañía de Jesús como un comunismo que hacía esclavos a los indios porque todo lo trabajaban para la comunidad, aunque él decía que iba todo para los jesuitas. Ahora, con Bucarelli cada pueblo debía sustentar a viajeros, jefes, administradores, burócratas y se convirtieron como algunos han dicho en “un vivero de esclavos”.

En 1801 Portugal ocupa los antiguos siete pueblos de la guerra guaranítica de 1750. En 1810-11 con la independencia de Argentina, 10 misiones quedan en territorio argentino, y 13 en Paraguay. Y con la guerra contra Portugal, y Uruguay por las fronteras, todo queda más o menos arrasado.

Resumiendo, podemos decir que si en 1768 había una población de unos cien mil indios, en 1772 ha se había reducido a ochenta mil. Trece años después, en 1785, había bajado a setenta mil, y en 1800 había cuarenta mil indios. Portugal entonces se anexiona los siete pueblos en litigio que argumentan la película de La Misión, con una población de catorce mil indios, quedando en 1814 en Argentina y Paraguay unos veintiún mil indios, mientras que la población de las siete misiones de Portugal albergaba ya solamente siete mil indígenas. En 1848 podemos cifrar ya el fin de las misiones.

26  Ibidem.

Es evidente que el modelo capitalista liberal racionalista ilustrado que implantó en el territorio de las misiones el plan Bucarelli arrasó con el proyecto, no hubo reparto de tierras, sino apropiación capitalista típica, se redujo a los guaraníes al trabajo semi-esclavo y se acabó con el orden social alcanzado en todas sus dimensiones.

Curiosamente, tal y como ocurre en la actualidad con el dominio del pensamiento único, también Bucarelli representó las misiones como un comunismo que convertía a los indios en esclavos, porque todos trabajaban para la comunidad. Con su plan, cada pueblo debía sustentar a los viajeros, jefes, burócratas y administradores, y se convirtieron las misiones en viveros de esclavos.

¿Qué la Izquierda(política) y la Derecha(política). Una crítica, desde el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno, al llamado diagrama(o test) de Nolan al respecto. Un análisis de los mitos de las izquierdas y los mitos de las derechas.

Proyecto de Filosofía en Español: Programa Teatro Crítico (sección de Hispanoamérica), en vinculación con la Fundación Gustavo Bueno y el sistema del Materialismo Filosófico

España y su Gobierno: Izquierda y agitprop comunistoide : Una crítica periodística, por Jiménez Losantos

www.youtube.com/watch

Teatro Crítico, desde la Fundación Gustavo Bueno en Oviedo(España). Comentarios críticos sobre el libro de Iván Vélez : Nuestro hombre en la CIA. Guerra fría, antifranquismo y federalismo

Primer video(de dos)
Segundo video ( de dos)

REDACCIÓN 25/04/2020 11:57

Cuenca, 25 abr (EFE).- La figura del dramaturgo Pablo Martí Zaro, su vinculación con la Fundación Juan March, y su paso “por algunos de los despachos más importantes de la guerra fría cultural”, centra la investigación del conquense Iván Vélez, publicada ahora en el libro “Nuestro hombre en la CIA. Guerra fría, antifranquismo y federalismo”.

Tras indagar varios años en los papeles de la Fundación Pablo Iglesias, y en concreto en el Fondo ‘Martí Zaro’, esas averiguaciones se recogen en un ensayo de 322 páginas, con prólogo de Gustavo Bueno, publicado por Ediciones Encuentro.

Documentos necesarios, en parte, “para entender la historia de España del último medio siglo”, y que se complementan con la información extraída de entrevistas realizadas por Vélez a Ramón Tamames, Raúl Modoro, Juan Velarde, o Enrique Múgica, este último fallecido recientemente.

En la obra, este investigador aborda cómo organizaciones estadounidenses estimularon en los años sesenta del siglo pasado una corriente antifranquista, que a la vez pretendía alejar a España de la órbita comunista.

La “ordenada y meticulosa labor” de Martí Zaro ha permitido reconstruir las actividades impulsadas entonces por el Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC), que ayudan a entender la socialdemocracia actual.

En entrevista con Efe, Vélez (Cuenca, 1972), reconoce que el Museo de Arte Abstracto Español (Fundación Juan March), creado en 1966 en las populares Casas Colgadas de la ciudad de Cuenca, es un ejemplo de cómo Estados Unidos incitó “el expresionismo abstracto” frente a “la pintura figurativa soviética”.

En el anexo documental de la publicación, Vélez apunta, entre otras cosas, que Pablo Martí Zaro (1920-2000), quien asistió al Contubernio de Múnich, recibió de la Fundación Juan March “una pensión literaria dotada con 75.000 pesetas” en 1958.

Cuenca también vio nacer a Federico Muelas (1909-1974), quien también aparece en las páginas de esta obra, que plasma además la relación entre fundaciones americanas como la Ford y el Banco Urquijo o la conexión entre CLC y la CIA.

Además, pone en el contexto de la época nombres propios como Julián Gorkin, el exalcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, el escritor José Luis Sampedro o el falangista Dionisio Ridruejo.

Este último, relata Vélez, fue protagonista de un destacado encuentro celebrado en L’Ametlla del Vallès (Barcelona), en la masía de Félix Millet, que sirvió para consolidar “un proyecto cuya meta era la España federal (…), que tenía como elementos a unas regiones en las cuales había arraigado un nacionalismo de fuerte impregnación católica”, reza el texto.

Décadas después, según Vélez, el actual sistema autonómico, “sustentado ideológicamente por colectivos como los analizados en esta obra”, ha mostrado hasta qué punto “debilitan la acción de la nación española”, como se ha podido observar en la crisis sanitaria que vivimos.

Sin embargo, para Vélez, el fuerte europeísmo de los que aparecen en sus páginas ha tenido un “rotundo éxito”, puesto que España, hasta ahora, “es el país con mayor fe europeísta”, si bien, opina, la pandemia del coronavirus “hará mella en este credo”.

A lo largo de una veintena de capítulos, titulados por ejemplo “Curas rojos, verdes dólares” o “Fastos machadianos”, aparecen multitud de documentos sobre ese mecenazgo. También nombres como el de Vicente Gállego, uno de los fundadores de la Agencia Efe, además de una batería de diarios y revistas, como Arriba, Ateneo o Triunfo. FUENTE: EFE

¿Cómo analizar la Cuba actual(2020)? Una perspectiva periodística crítica. Por el ex corresponsal de RTVE José M. Martín Medem

José Manuel Martín Medem: «Al hablar de Cuba no hay

que hacerlo en blanco y negro, sino entrar en los grises»

revistapueblos.org/blog/2006/03/15/jose-manuel-martin-medem-al-hablar-de-cuba-no-hay-que-hacerloen-

blanco-y-negro-sino-entrar-en-los-grises

15 de marzo de 2006 admin Deja un comentario Luis Nieto Pereira y Mercedes

Fernández Lagarejos,

José Manuel Martín Medem lleva casi 30 años vinculado a RTVE, para la que ha trabajado

como corresponsal en Cuba, el Caribe, Colombia y los países andinos. Esta trayectoria le

ha permitido conocer de primera mano la evolución de la radio televisión pública

española, los nuevos procesos políticos abiertos en América Latina, así como la Cuba de

los últimos años, que analiza en un libro recientemente publicado.

Tus 30 años en RTVE te dan una posición de privilegio a la

hora de hablar de ella. ¿Cómo ves su trayectoria y su

situación actual?

RTVE debería haber sido una de las batallas fundamentales de

los gobiernos socialistas para blindar y democratizar la

televisión pública. Sin embargo, lo único que se ha logrado es

arruinarla económicamente y desacreditarla por la

gubernamentalización que padeció entonces y que se ha

mantenido con la derecha en el poder. Lleva camino de

convertirse en una “televisión pública bonsái” y no en un

servicio público, como la sanidad o la educación, con el que la

gente se identifique y pague satisfecha.

La deuda que acumula RTVE ha contribuido a esa desacreditación de la que hablas.

RTVE se ha financiado con la publicidad y no con dinero del Estado, que es lo que marca

su estatuto, por lo que, al llegar las televisiones comerciales y autonómicas, esos

ingresos comenzaron a descender. Es en ese momento cuando se piensa en financiarla

con dinero público, pero en vez de aplicar los presupuestos generales del Estado, se

establece una ley para que se endeude por 7.000 millones de euros. Este hecho se utilizó

para camuflar déficit público que existía y cumplir con los criterios de convergencia de la

UE. El resultado final es que los bancos han hecho un negocio redondo: han prestado el

dinero y han cobrado millones de euros en intereses todos los años.

Quizá los ciudadanos desconocen esa realidad.

Hoy por hoy resulta imposible explicar a los ciudadanos lo que realmente ha sucedido

con la televisión pública. Llevamos 30 años de machacona y constante desacreditación.

Ha sido una televisión manipulada por los gobiernos de turno, con la agravante de que

ese envilecimiento progresivo ha envilecido a los propios profesionales que trabajamos

en ella. Ahora es prácticamente inviable una movilización a favor de la televisión pública.

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Los sindicatos han cometido también errores al hacer obrerismo donde había que hacer

política. Creo que si el gobierno decide que es necesario reducir la plantilla o se recorta

el presupuesto, no habrá ninguna oposición social.

Por otro lado, no se ha hecho nada por formar una audiencia crítica, introduciendo la

alfabetización en medios de comunicación como solicita la UNESCO. Tampoco se ha

impulsado el asociacionismo de esa audiencia. El resultado es una ciudadanía acrítica e

indefensa, y unos medios de comunicación desprestigiados, o sea, la peor combinación

posible.

Quizá habría que reformular RTVE.

Se podría hacer una televisión publica más barata, más democrática y más eficaz. Sería

posible crear un canal de información 24 horas que diera a la gente noticias de forma

gratuita y permanente, con una emisión internacional que difundiera la realidad

globalizada desde el punto de vista español y latinoamericano. Pienso que ese modelo

de canal de 24 horas, al estilo CNN, sería muy interesante y evitaría que la audiencia

estuviera esclavizada frente televisión a la tres de la tarde y las nueve de la noche, que es

cuando se emiten los informativos y se concentra gran parte de la publicidad; la

audiencia se dispersaría, una circunstancia que puede ser mala para la televisión

comercial, pero que no lo es para la pública. Además este modelo daría una referencia

de credibilidad a TVE. La gente la sintonizaría ante cualquier suceso.

Otra asignatura pendiente de nuestro panorama audiovisual han sido las

televisiones de proximidad, locales y comunitarias.

Efectivamente. No se ha establecido un triángulo de convivencia entre la televisión

pública, con información de calidad, la comercial, con contenidos de entretenimiento, y

las iniciativas sociales, las cuales se han mantenido en la alegalidad. Los gobiernos ha

preferido que este tema se resolviera de forma tecnológica, con el consiguiente

desplazamiento de las iniciativas que no se pudieran defender en un sistema de

competencia feroz. En España no existen las televisiones de las universidades, como

ocurre en América Latina, ni tampoco hay televisiones de sindicatos.

Y respecto a los profesionales, ¿qué opinas de las nuevas generaciones de

periodistas?

Con poco compromiso con lo público. Primero, la formación universitaria no es buena

porque hay pocos profesionales de los medios dando clase. Por otra parte, las empresas

han inventado los master para hacer la selección de los nuevos periodistas, que ahora

pagan por trabajar y se forman en las empresas a su imagen y semejanza. A lo anterior

hay que añadir la precarización laboral que lleva a que los jóvenes profesionales

trabajen muchas horas, cobren poco y tengan que ocuparse de muchos temas, sin una

formación permanente. Así, no existe ni vinculación sindical, ni actitud política, ni tan

siquiera una defensa corporativa. Además se da una circunstancia agravante: la gente

más lúcida, que defendería una dignificación de la profesión y una lucha contra la

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precariedad y a favor de los servicios públicos, es la gente que está fuera de este sistema,

la que no realiza masters aunque cuenta con otro tipo de preparación vinculada con

iniciativas sociales.

Tu trabajo como corresponsal también te ha permitido conocer en profundidad la

realidad de América Latina. ¿Qué piensas de los procesos políticos que se están

dando?

Para mí ha sido una relativa sorpresa ver como procesos que, aparentemente, no

encontraban una forma de organizarse hayan llegado al poder. Parecía difícil que esas

iniciativas pudieran obtener buenos resultados electorales y cristalizasen en las urnas.

Se trata de movimientos de distinto origen y con planteamientos muy diferentes, pero

que coinciden en una serie de reivindicaciones: buscar soluciones a los problemas que

afectan a la mayoría de la población de América Latina, que ha quedado excluida por las

políticas económicas emprendidas. No tienen participación política, ni cobertura social y

además les expropian los servicios públicos, lo que ha generado una indigencia social

tremenda.

Estos nuevos gobiernos no son la izquierda de antes ni el viejo populismo. Recuperan la

lucha indigenista y las tradiciones de los libertadores… Lo está por ver es en qué medida

van a ser capaces de consolidar la participación de los movimientos que les han llevado

al poder para cambiar de verdad las políticas económicas existentes.

¿Cuál puede ser la clave para lograrlo?

Los gobiernos tienen que tener en cuenta la integración regional porque es la única

forma de que las economías se democraticen, virando hacia los mercados internos y

fortaleciéndose entre ellas. Esta integración tiene varios enemigos: Estados Unidos y sus

acuerdos de libre comercio, ya sea el ALCA o los pactos bilaterales; las multinacionales; y

las dificultades para romper los estereotipos que durante décadas han enfrentado y

dividido a los latinoamericanos.

Por otro lado, América Latina no es la región más pobre del mundo, pero sí la más

desigual; cada vez se acumula más riqueza en una clase empresarial y terrateniente

poderosísima y desnacionalizada. No es la burguesía nacional de otros tiempos, ahora

sólo se identifican con las multinacionales y éstas, evidentemente, no interesadas en que

exista esa integración regional democrática en América Latina.

Parece que Colombia se mantiene al margen de esta ola de cambios.

Colombia es la gran asignatura pendiente. Está bloqueada por su propia historia y por la

terrible gestión del presiente Uribe, que por lo visto, va volver a ser reelegido. Es un país

donde se han hecho cosas tremendas: Gaviria empezó a aplicar una política neoliberal

dura que Samper intentó enmendar algo con un cierto giro social, pero que Pastrana

profundizó posteriormente. Creo que la privatización de la economía y la aplicación del

neoliberalismo ha sido lo más duro que le ha ocurrido al país, aunque se hable más de

otros temas como la violencia y el narcotráfico. La extensión de la pobreza y la exclusión

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en Colombia han sido tremendas y cada vez son mayores. A todo esto, Uribe le está

sumando la legalización del poder paramilitar, que ya es un poder político, militar y

económico, y que se extiende como poder social.

¿Por qué no me enseñaste cómo se vive sin ti?Otro país que conoces bien es Cuba.

Recientemente has publicado un libro sobre la isla titulado que ha levantado

cierta polémica.

La respuesta al libro ha sido triple: el gobierno cubano ha guardado silencio, la gente que

mantiene una solidaridad incondicional con Cuba considera que da armas al enemigo y

la disidencia de Miami entiende que es un elogio encubierto del gobierno cubano y que

soy un sicario informativo de Castro. Por tanto, sí es un libro polémico, que era lo que yo

buscaba. Quería dar mucha información sobre los cuatro años que viví en la isla,

ofreciendo datos no publicados antes.

De todas formas me llama la atención que nadie haya escrito diseccionado el libro,

realizando una crítica de análisis. Lo que planteo en él es que cuando se habla de Cuba

no hay que hacerlo en blanco o negro, sino entrar en los grises. Creo que tanto los

anticastristas capaces de llegar al terrorismo como quienes apoyan incondicionalmente

al gobierno cubano desconocen la auténtica realidad de Cuba. Hay quienes ven Cuba

como si fueran los años 80 y el mundo ya no es igual, Fidel tampoco y, mucho menos, los

cubanos. Se sigue prefiriendo hacer una descalificación total o mantener un apoyo

incondicional.

¿Qué ha pasado en Cuba durante los cuatro años que describes en tu libro?

Son cuatro años muy importantes durante los cuales Fidel se desmaya, se dolariza y

desdolariza la economía, se declara irrevocable la revolución, se establece la alianza

económica con China, se crean lazos políticos con Chávez. De todo ello, quizá lo más

importante es que la política de Fidel ha tenido un desenlace económico muy

afortunado y bien programado por el anclaje de la economía cubana de la china y la

alianza con Venezuela. Gracias a esta estrategia conjunta, Cuba va a tener en los

próximos años la mejor situación económica que haya tenido desde el comienzo de la

revolución.

Si todo esto se hubiera acompañado de la apertura a una transición tutelada por Fidel,

habría sido posible dar al régimen una gran credibilidad y volver a convertirlo en una

referencia internacional. Si Cuba se hubiese democratizado, la resistencia histórica de la

isla sería un modelo muy importante en estos tiempos de globalización y de luchas

contra ella, y se habrían blindado las ventajas comparativas respecto al resto de América

Latina en campos como la salud, la educación, la cultura, la alimentación o la vivienda.

Cuba también podría haber roto ese proceso imparable de desprestigio del socialismo

porque los gobiernos que democratizan la gestión del poder público en América Latina

se atreven poco a utilizar el término socialismo y si lo hacen, es con matices. Cuba habría

dado un ejemplo espléndido acabando con esa imagen de deterioro, recuperando el

socialismo como un modelo político perfectamente viable.

4/5

Otro de los temas que has investigado y sobre el que has escrito es el maltrato y la

explotación infantil en el mundo.

Niños de repuestoLa guerra contra los niñosEmpecé a investigar todas las barbaridades

que se comenten contra los niños en 1988 y he publicado dos libros: y . Y sigo

recogiendo material. Es curioso que mientras ha aumentado constantemente la

información sobre este tema, la situación de la infancia ha empeorado. Existe mayor

sensibilización social y más leyes nacionales, pero los chavales siguen siendo

maltratados por las guerras, los conflictos, los sistemas económicos… sufren daños

colaterales en todos los procesos. El empeoramiento es a veces en términos absolutos y

otras veces porque no se ha avanzado nada y la situación sigue como hace 15 años.

Llama la atención que se ofrezcan muchas noticias sobre la detención de redes de

pederastia, pero que no existan informaciones sobre los juicios a esas redes. En la

medida en que esto último no sale a la luz, se está dando una imagen de impunidad. Por

otra parte, se necesita voluntad política para implantar una legislación que, por ejemplo,

difunda qué empresas emplean niños. Y es que creo que hay sensibilización social pero

con sus amortiguadores, como las políticas de apadrinamientos, y sin una verdadera

política estructural detrás.

Luis Nieto Pereira y Mercedes Fernández LagarejosPueblos pertenecen al equipo de .

nº 20 de Pueblos- Revista de información y Debate, marzo de 2006 Artículo publicado en

el .

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Entrevista (2018) a Julio Anguita, ex lider del Partido Comunista (PCE) de España y fundador de Izquierda Unida(IU).

¿Será o ha sido ya, fagocitada IU por el actual partido llamado UNIDAS-PODEMOS liderado por Pablo Iglesias? ¿ O ambas , acaso, por el PSOE?

Julio Anguita(a la izquierda en la imagen) con Felipe González, ex presidente de España y líder del PSOE

La cruda( y ocultada , además de IMPUNE) realidad de la dictadura del general Stroessner en Paraguay. Niñas indígenas para el harén de ese asesino dictador del Sur de América, y para sus coroneles sicarios asesinos.

Con América

La mafia militar cazaba niñas para el dictador StroessnerLa tremenda impunidad ha facilitado que el actual presidente de Paraguay sea Mario Abdo Benítez, el hijo del secretario particular del general Alfredo Stroessner.

JOSÉ MANUEL MARTÍN MEDEM 16/04/2020

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El general Alfredo Stroessner, dictador de Paraguay entre 1954 y 1989, violaba a las niñas que una mafia de coroneles mantenía encerradas en dos lujosas residencias de Asunción. Secuestradas por los militares en comunidades campesinas de indígenas guaraníes, no podían tener más de catorce años (esa era la delicia reclamada por el tirano) y permanecían confinadas en grupos a la espera de las visitas del generalísimo.

Julia Ozorio tenía doce años cuando en 1968 la cazaron los sicarios del coronel Pedro Miers, que era el comandante del regimiento encargado de la escolta presidencial. Estuvo dos años en el harén infantil de Stroessner. Lo ha contado en su libro Una rosa y mil soldados. Asegura que muchas de las niñas fueron asesinadas.

En el documental Calle de silencio, dirigido por José Elizeche, otra de las víctimas que pudieron escapar cuenta su encarcelamiento en la residencia manejada por el coronel Leopoldo Perrier. La mafia de los oficiales que cazaban para el dictador se repartía a las niñas cuando el depredador no las utilizaba. Había en la casa un catálogo de las menores desnudas para elegir. Lo han denunciado también los periodistas Aníbal Miranda y Bernardo Neri Farina en sus libros Stroessner y El último supremo.

La tremenda impunidad ha facilitado que el actual presidente de Paraguay sea Mario Abdo Benítez, el hijo del secretario particular del general Alfredo Stroessner

¿Los caminos hacia el demofascismo posmoderno son inescrutables? Orígenes y desarrollo de la (acaso olvidada) Escuela de Frankfurt

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Teóricos de la primera generación de la Escuela de Fráncfort; Friedrich Pollock, Theodor Adorno, Max Horkheimer, Leo Löwental, Erich Fromm, Franz Neumann, Herbert Marcuse y Walter Benjamin. Curiosamente, todos eran de origen judío.

La Escuela de Fráncfort y los creadores del discurso marxista-victimista de la corrección política

AUTOR. Gil Sánchez Valiente  20/01/2020 InvestigaciónPolítica 0 Comments

Sólo para situar el relato en su punto de arranque, ubiquémonos históricamente en la Rusia del golpe de estado bolchevique de octubre del 1917, sobrevenido a pesar de que Nicolás II hubiese abdicado siete meses antes a favor del príncipe Lvov y de que éste, en un postrer desesperado intento, quisiese salir del apurado trance recurriendo al socialista Kerensky, nombre que ha pasado a la Historia como sinónimo de acción política contemporizadora o de mera contención… condenada al fracaso.

También el comunismo-a-la-soviética intentó el éxito en otros países. Tal fue el caso de la Alemania salida de la Gran Guerra, así pues en la embocadura de la corta y fracasada historia de la República de Weimar. Allí, la sublevación armada de los ‘espartaquistas’ en la semana sangrienta de enero de 1919, se saldó con la detención, ejecución sumaria y escamoteo posterior del cadáver de su carismática cabecilla, Rosa Luxemburg.

En Hungría triunfó el intento, desembocando en el gobierno de Bela Kuhn.

En estado alemán de Baviera, el bolchevismo ruso quiso implantarse bajo el infructuoso liderazgo de Kurt Eisner…

Sumándose a la decepción de los teóricos marxistas que no habían logrado romper las lealtades del proletariado para con sus respectivos países antes y durante La Gran Guerra, pronto se vio que los trabajadores de una y otra nacionalidad, tampoco después del armisticio, respondían a la incitación de los agitadores comunistas para que unieran sus fuerzas en pos del ansiado ‘paraíso-del-proletariado-sin-fronteras’.Añadamos que los intelectuales marxistas del momento jamás culparon de tan estrepitoso fracaso a la propia ideología ni al ejercicio en wishful thinking que todo aquello había sido, achacándolo en cambio a la cortedad de miras de los trabajadores. 

De un tal planteamiento emergió todo lo que a continuación aquí se glosa.

De entre aquellos teóricos, Georg Lukács, en Hungría, y el sardo Antonio Gramsci, en Italia, asumieron la labor de introspección necesaria para explicarse y explicar a los suyos qué había fallado en la praxis de la teoría marxista en la Europa Occidental. 

Era un primer paso -decían- para no repetir errores.

Georg Lukács

Lukács, comunista húngaro e hijo de uno de los banqueros judíos más importantes del Imperio Austro-Húngaro, comenzó su carrera política como espía al servicio de la Internacional Comunista. Hay quien ve en él al más grande teórico del marxismo tras el propio Karl Marx. 

En 1919, nuestro hombre llegó a la conclusión de que el verdadero y acaso único obstáculo para la aplicación real y efectiva de los principios comunistas en Europa era… ¡la mismísima cultura occidental!

Y tuvo ocasión de poner en práctica sus ideas cuando, en 1919, el gobierno bolchevique de Bela Kuhn se instaló en Hungría, bien que efímeramente, aprovechando él su nombramiento como comisario de cultura en aquél para que su primer acto de gobierno en el área de su competencia fuera introducir un radical programa de educación sexual destinado a los tiernos escolares húngaros, ello como primer paso para minar consciente y en la más directa de las maneras la institución familiar, la cultura y los valores de aquella sociedad para él despreciablemente católica. ¿A qué suena?

No hay exageración en el aserto: se alentaba a los niños a rechazar la autoridad paterna y la de la Iglesia; y a ignorar los preceptos morales. Ya de paso, también intentó llevar esta revolución de valores a las mujeres húngaras. Pero los trabajadores de aquel país, los padres en general -y muy especialmente las mujeres- rechazaron con firmeza tan brutales iniciativas.  

Lukács tituló Conciencia de Historia y Clase al compendio de toda su obra escrita. 

Que el gobierno de Bela Kuhn sólo durase sólo cinco meses fue debido en buena parte al ultraje que la clase trabajadora húngara sintió en sus arraigadas creencias religiosas por la aplicación de las corrosivas ideas del comisario Lukács. Además, en ese corto periodo murieron violentamente más de 200.000 personas, ello hasta que el almirante Miklos Horthy pusiera fin de un manotazo al desaguisado, incurriendo él mismo en masacres aun más atroces dentro y fuera de las fronteras de su país a lo largo de su despótico mandato. 

Bela Kuhn

Bela Kuhn acabó su vida en Rusia en 1938, condenado a muerte y ejecutado que fue tras uno de los famosos procesos de Moscú, se supone que en ‘agradecimiento’ a los servicios prestados. Lukács, más listo y precavido, logró pasar secretamente a Alemania en 1922, donde se unió a un grupo de pensadores marxistas. 

Una de sus frases famosas en aquella segunda etapa fue: este cambio mundial de valores sólo puede llevarse a cabo mediante la aniquilación de los viejos y la creación de otros nuevos por los revolucionarios

Por su lado, el importantísimo Antonio Gramsci, afecto a la Internacional Comunista y fundador del Partido Comunista Italiano, llegó a la conclusión de que los trabajadores nunca reconocerían sus verdaderos intereses de clase hasta que pudiesen liberarse de la cultura occidental y, sobre todo, del yugo de la religión cristiana, una noción que ya enunciara Karl Marx en su célebre apotegma Die Religion sie ist das Opium des Volkes.

Antonio Gramsci

Sostenía Gramsci que esos dos condicionantes escalonadas cegaban a la clase trabajadora, impidiéndola ver sus verdaderos intereses (que, por supuesto, el comunismo liberador les iba a revelar…). 

Por lo que se refiere al gran impedimento, el cultural, lo formuló sin ambages: Sólo se puede hablar con propiedad de revolución cultural si la protesta va dirigida al conjunto de la cultura, incluyendo los principios morales de la sociedad. Y también: Podemos afirmar que la idea tradicional de revolución y la idea tradicional de la estrategia revolucionaria han terminado. Son ideas anticuadas. Lo que debemos llevar a cabo es una forma difusa y dispersa de desintegración del sistema cultural

En su teoría, A. Gramsci defendía la estrategia de una revolución pausada y no violenta que se infiltrase en la cultura occidental durante un largo periodo de tiempo… para destruirla desde dentro. También fue el primero en proponer la aplicación de fórmulas psicológicas para acabar con las tradiciones, las creencias y la moral que constituían el basamento del sistema – la ‘superestructura’, decía- , de tal forma que, además, la gente no tuviese posibilidad de resistirse. Sus palabras dejaban poco lugar para la duda: El mundo civilizado ha sido saturado de cristianismo durante dos mil años. Por ello, una tal cultura, basada en tal religión, sólo puede ser vencida desde dentro

Enterrado como está en el cementerio protestante de Roma, su fijación no era tanto el cristianismo como la religión católica. Apartándose él de la línea oficial dictada por Moscú, el enemigo a batir era el Vaticano, no Wall Street. 

Una de las estrategias propugnadas por aquel Maquiavelo-en-clave-marxista para llevar a cabo su proyecto, fue la de formar alianzas con grupos no necesariamente izquierdistas, que también, con lo que demostró un gran sentido pragmático. Podemos en nuestro tiempo ver claramente esta maniobra en la alianza de sus epígonos con grupos ‘progres’ tales como los del catolicismo ‘obrerista’ y  de las iglesias ‘liberales’; del feminismo radical y del lobby gay; las asociaciones medioambientales anticapitalistas; los llamados movimientos ‘por los derechos civiles’; los que sostienen pretensiones mundialistas; y los inorgánicos y por ello desorganizados grupos supuestamente atacados por el establishmentoccidental en razón de la raza, nacionalidad, religión, etc.

Teorizaba el astuto padre del comunismo italiano que con esta nueva idea en marcha se podría formar un gran frente común cuyos esfuerzos lograrían la transformación de la vieja cultura occidental por vía de su destrucción. Si eso se conseguía en el futuro, decía, se obtendría la ‘hegemonía cultural’ y se podrían controlar a fondo los más íntimos deseos del pensamiento humano, todo ello con la ayuda de la ciencia que emana de un buen entendimiento del funcionamiento de la psicología de masas. El paradigma gramsciano consistía y consiste en lograr que lo seres humanos ‘amen la esclavitud’, lo que con gran aprensión nos hace recordar la orwelliana distópica sociedad descrita en la novela “1984”, obra del comunista por accidente que fue aquel genial pensador inglés cuyo verdadero nombre era Eric Arthur Blair. 

La resistencia al marxismo cultural, predijo el sardo, sería totalmente inútil. Así como que se encerraría a los posibles disidentes en una ‘jaula de hierro’. Textual.

Otro de sus siniestros ardides versaba sobre la manipulación de las palabras en orden a la modificación de la percepción de la realidad por parte del desprevenido público en general, esto con fines revolucionarios. La idea subyacente era y es que, fuera mediante la creación ex novo (gay en vez de ‘maricón’), fuese por supresión (¿quién utiliza hoy las palabras ‘patria’ y ‘nación’?), fuere por sublimación (progresistas para designar a los suyos) o, finalmente, por dilución en la ambigüedad (este país en lugar de ‘España’), una vez consolidado el uso de los nuevos términos, las mentes de los usuarios construirán nuevas imágenes mentales favorables al propósito subversivo todo.

Construcción de la nueva realidad’ llaman sin disimulo alguno a esta clase de maquinación los corruptores de la cultura en general y los de la sección semiótica en particular, siempre recordando en esto, enternecidos, al padre de la idea, aquel gran manipulador que se llamó Antonio Gramsci.

El pensamiento e ideas gramscianas se ven reflejados en el libro de Charles A. Reich “The Greening of America” (1990). En él, su autor, celebrado profesor y homosexual comprometido, haciéndose eco de las palabras de su admirado maestro, dice: Hay una revolución en marcha. No será como las revoluciones del pasado. Su punto de partida será  la cultura y su objetivo el individuo;  y, como acto final, el cambio de la estructura política. No necesitará violencia para triunfar ni la violencia podrá detenerla. Es la revolución de la ‘Nueva Generación’.

Tanto Gramsci como Lukács pusieron las bases ideológicas para la creación en Alemania, allá por el año 1923, de lo que terminaría llamándose “Escuela de Fráncfort”, el objeto y título de este trabajo.

Sin embargo, la primera ‘Escuela’ en pretender un  marxismo aplicado fue la del “Revisionismo Marxista”, creada por Eduard Bernstein e influenciada por otro pensador comunista, el francés Jean Jaurès.

Aquella escuela de ‘pensamiento revisionista’ defendía el proyecto de que la revolución se llevase a cabo a través del parlamentarismo, un  principio que hoy practican los partidos socialdemócratas occidentales. Decir que Marx abominaba de esta gente es un hecho que por reconocidamente cierto resulta ocioso destacarlo.

En cuanto a la nuestra, la francfortiana, allá por el año 1923 el inicialmente llamado Institut für Sozialforschung, pasó a ser “Escuela de Fráncfort” a secas, adscrita estatutariamente a la Universidad del mismo nombre. Su objetivo, tras los ya citados fracasos y dificultades del comunismo de los años veinte en Europa, fue desarrollar un tipo de marxismo diferente del revisionismo marxista y del comunismo-revolucionario ‘a lo bestia’, esto referido al  modelo soviético. La ‘Escuela’ incorporó al marxismo las teorías de Sigmund Freud -otro anatema para los estalinistas- para, muy apropiadamente, crear un marxismo ‘freudiano’ que convirtiera esa amalgama ideológica en una destructora fuerza subversiva dirigida contra la civilización occidental, su cultura y sus valores.

Félix Weil

El fundador de la Escuela fue Félix Weil, un joven marxista de origen judío nacido en Buenos Aires y más inclinado hacia la teoría pura que a  la acción directa, llegando por ello a autodefinirse como “bolchevique de salón”. Disertó doctoralmente en la Universidad de Fráncfort sobre los métodos de socialización pero, debido a la persecución de los izquierdistas por parte del gobierno de la República de Weimar, Herr Weil decidió convertirse en benefactor-en-la-sombra de esa izquierda. 

La fortuna de su familia hizo el resto. 

Y es que su multimillonario padre, Hermann Weil, tratante internacional de granos argentinos, lejos de ser el clásico burgués egoísta y opulento, ayudaba y encarrilaba a su hijo por los filantrópicos aunque subversivos derroteros del marxismo utópico. La aportación inicial fue de 120.000 marcos alemanes, que por venir denominados en moneda extranjera evitaron los estragos de la hiperinflación reinante en aquellos turbulentos años, esto por decir que cubrieron con suficiencia no sólo los gastos de cualquier acto que su vástago tuviese a bien organizar, sino también los imputables a publicaciones, pasquines, propaganda, etc. 

Participantes del  Erste Marxistiche Arbeitswoche, Geraberg 1923.  

Este Hermann organizó en 1922 un simposio de una semana de duración apropiadamente publicitado bajo el título Erste Marxistiche Arbeitswoche.  Se celebró en el verano de 1923, en Geraberg, cerca del bosque de Turingia. Tenía por objetivo unir las varias posiciones teoréticas que los marxistas alemanes habían adoptado en respuesta a la situación en su país; y también en respuesta a los últimos poco halagüeños acontecimientos en la Unión Soviética. Además de Felix Weil y su mujer, en aquella reunión pudieron ser vistos juntos a Karl y Heda Korsch, Georg Luckács, Karl y Rose Wittfogel, Richard y Christiane Sorge,Friedrich Pollock, Julian y Hede Gumperz… y otra docena más de intelectuales marxistas.

LA CORROSIVA INFLUENCIA MORAL DE LA ESCUELA DE FRÁNCFORT EN LAS SOCIEDADES OCCIDENTALES

Aquel simposio tuvo tal éxito que el joven Weil pensó en levantar un edificio y dotar presupuestariamente una institución permanente para el avance de sus ideas, similar al Instituto Marx-Engels de Moscú, lo que hoy llamaríamos un think tank. De primera intención lo llamó “Instituto Marxista”, pero pronto cambió el nombre por uno más suave que ocultase sus verdaderos propósitos. Así es cómo terminó siendo “Instituto de Estudios Sociales”, según su traducción del alemán. Como curiosidad, uno de los alumnos que participó en el seminario fue el ya citado Richard Sorge, el famoso espía soviético que había sido ayudante de Kurt Albert Gerlach, hombre éste de temperamento difícil, traído aquí a colación porque fue el primero en postularse con éxito para dirigir la ‘Escuela’. 

Pertenecía Herr Gerlach al claustro de la Universidad de Fráncfort, requisito imprescindible para que ‘La Escuela’ tuviese cobijo bajo el techo de la prestigiosa institución docente. Pero he aquí que Gerlach murió de diabetes en Octubre de 1922, a los 36 años. En su entierro, algunos amigos susurraron al oído de un abatido Felix Weil el nombre del marxista austriaco Karl Grünenberg como posible sucesor. Vencidas unas primeras dudas, en enero de 1923 Weil logró se nombrase a Grünenberg consejero del departamento de Ciencias Sociales y Económicas de la Universidad francfortiana. Y en ese mismo momento pasó a ser el segundo director de la ‘Escuela’

Así fue cómo la Escuela de Fráncfort abrió oficialmente sus puertas el 3 de Febrero de 1923 como instituto adscrito a la vecina Universidad, por decreto del Ministerio de Educación alemán. Sin embargo, no fue hasta el 22 de junio del año siguiente que se inaugurara la sede oficial en la  Victoria Strassen de la ciudad del Main, ya bajo la batuta del mencionado Karl Grünenberg. Éste dejó claro desde el principio que se trataba de una institución de inequívoco sesgo marxista. Uno de sus declarados objetivos fue el de  ‘introducir la razón en el mundo’ y, como meta final, ‘la abolición de la Cultura’ (Aufhebung der Kultur), según ya dejaran consagrado Lukács y Gramsci… siempre en el entendimiento de que la acción de demolición versara exclusivamente sobre la odiada y odiosa cultura occidental.

A lo largo de la dilatada historia del Centro han pertenecido a ella figuras tales como Walter BenjamínFranz NeumannErnst Block, Julian Gumperz, Bruno Bettelheim, Nathan Ackerman, Theodor Adorno, Erich Fromm, Max Horkheimer, Otto Kirchheimer, Friedrich Pollock, Ernst Schachtel, Adries Sternheim, Leo Lowenthal, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas y una retahíla de pensadores marxistas; eso sí, gente pacífica, sin puños, hoces ni martillos.

Grünenberg y sus colaboradores trabajaron en la primera fase sobre temas relacionados con el movimiento obrero y algunas cuestiones económicas, siempre temas marxistas convencionales, todo ello con un éxito calificable como ‘perfectamente descriptible’.   

Hasta su retirada definitiva en 1929, tras haber superado a un ataque cardiaco, Grünenberg  pasó la dirección administrativa de la Escuela a su asistente Friedrich Pollock. Y tras el interinazgo de Pollock, en enero de 1931, un atípico intelectual marxista, Max Horkheimer, fue nombrado tercer director de la Escuela. 

Lo de ‘atípico’ va porque a Horkheimer se le puede muy bien considerar marxista renegado… y sin embargo amigo íntimo de los muy ortodoxos Weil y Pollock.  Especializado en filosofía y catedrático de esa materia en la universidad francfortiana, el joven nuevo director comenzó a utilizar la Escuela para desarrollar una teoría marxista muy diferente a la tenida por oficial, siempre en pos de un ente revolucionario que sustituyese a la manida ‘clase obrera’, algo que finalmente encontró en los años 60 (ya veremos más adelante en qué consistió). 

Mientras tanto, recuperó las ideas de Lukács, centrando el trabajo de la institución a su cargo en la cultura y no en la economía, esfera ésta en la que bien sabía que los comunistas eran ampliamente superados por los despreciables capitalistas, tanto en el campo teóretico como en la praxis.                                                                                 

Otro ámbito de actuación de la Escuela lo constituye el medio ambiente, tan enfatizado hoy por los epígonos de aquellos marxistas revirados ‘de los años treinta’ que son los greens. “El materialismo desde Hobbes había llevado a una actitud de dominancia manipulativa frente a la Naturaleza…” Así se pronuncia Horkhemier en un papel datado en 1933 y titulado Materialismo y Moral“El asunto de la dominación de la Naturaleza por parte del hombre…”, comentaba el profesor de Historia Martin Jayiba a convertirse en tema principal de estudio en la Escuela de Fráncfort en los años venideros.

Max Horkhemier

Por otra parte, la oposición de Horkheimer al viejo concepto marxista de la fetichización del trabajo (he aquí otra patente divergencia respecto a la ortodoxia marxista), se expresaba en una nueva dimensión del materialismo, a saber, la exigencia de una felicidad humana accesible por vía sensorial -sensualidad y sexualidad, para entendernos-, el pórtico plateresco del epicureísmo hedonista, hoy tan común y prevalente que casi no se nota. 

En uno de sus más mordaces ensayos, Egoísmo y el Movimiento para la Emancipación, escrito en 1936, Horkheimer discutía “la hostilidad al goce personal inherente a la cultura burguesa”. Allí hacía él específica y laudatoria referencia al marqués de Sade por su oposición al ascetismo en nombre de una más elevada moralidad

Sobre esa base se introdujeron las ideas freudianas para argumentar, como primer gran desarrollo, que en la cultura occidental los individuos vivían bajo una constante represión psicológica y sexual, causa principal de su infelicidad. Entre otras cosas, el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, ha pasado a la historia de la ciencia especulativa como inventor del paradigma que explica los traumas humanos desde el ángulo de la sexualidad. La primera derivada de tal hallazgo fue la puesta en marcha de una hasta entonces prácticamente inexistente educación sexual, materia en la que, forzoso es admitirlo, hubo desde el principio y hay en la actualidad mucho sexo… y muy poca educación.

Sigmund Freud

Bajo el palio de las verdades indiscutibles, los seguidores de Freud presentan al mundo nociones tales como la de que si alguien piensa o sueña en objetos afilados o alargados, está evocando símbolos fálicos; que cualquier idea sobre algo redondo y cavernoso es una representación simbólica de la vagina; y que si una persona desea fervientemente meter un gol en la portería contraria, indica una represión… o que, en realidad, ¡desea fornicar con su madre! Para Freud, la sexualidad está basada únicamente en la libido. A este genio debemos el supuestamente luminosos hallazgo del indemostrado e indemostrable ‘complejo de Edipo’. Astutamente, la Escuela de Fráncfort mezcló el marxismo y las teorías de Freud para su trabajo de zapa cultural. 

Theodor Adorno-Erich Fromm

La irrupción del crítico musical Theodor Wiesengrund Adorno y del psicoanalista Erich Fromm en el escenario de la Escuela de Fráncfort fue un acontecimiento de la máxima importancia porque, en opinión de muchos, ambos fueron los miembros más brillantes y decisivos en su época. Fromm era conocido por su ‘Psicología Marxista Radical’, pionero que fue en los conceptos de ‘liberación sexual’ y ‘política de género’. Su visión de la masculinidad y la femineidad consistía en la en su tiempo peregrina afirmación de que ambas condiciones no eran consecuencia de diferencias sexuales hormonales o genéticas sino que derivaban de los roles que había fijado la sociedad para diferenciar los chicos de las chicas y viceversa; y que, por tanto, la Naturaleza tenía poco que ver en ello. En suma, que en la cuestión del sexo todo es artificial, convencional y por ende manipulable. 

Se puede apreciar aquí una de las primeras piezas del puzzle de un todo que terminaría siendo lo que hoy con temeraria indiferencia llamamos ‘Corrección Política’ y su primera derivada que es la no menos insidiosa ‘Educación para la ciudadanía’. Son importantes en este campo, es decir, en la aplicación de los dictados del “marxismo cultural”, los trabajos de Bruno Bettelheim, un especialista en psiquiatría infantil; y los de Leo Lowenthal, idem en estudios de los medios de comunicación de masas, los media.  

Junto con Adorno, merce mención expresa el también influyente Walter Benjamin, gran amigo de Bertoldt Brecht y del cabalista Gershom Scholem. La analítica obra del filósofo Walter Benjamin  -otro notorio homosexual- representa la base teórica que cimenta el edificio de la “Corrección Política”, central y sólidamente instalado que hoy lo vemos en nuestras universidades, en los despachos de gobierno, en los media subvencionados … y en nuestras vidas.

Walter Benjamin

Anecdóticamente, este importante intelectual marxista murió en Port Bou al poco de haber entrado en España huyendo de los nazis. La causa oficial de la muerte fue la de suicidio, provocado, también se dijo, por el rechazo de su persona por parte de las autoridades españolas que en su perjuicio cambiaron la ley de fronteras justo el día anterior al de su óbito. Hay quien piensa que fue eliminado por los alemanes que, en 1940, se movían a sus anchas en ambos lados del Pirineo. También a título de anécdota, Walter Benjamin estuvo emparentado con la célebre pensadora judía Hannah Arendt mientras duró el matrimonio de esta con un sobrino suyo.                              

El “Post-estructuralismo” de Roland Barhes, las ‘Microestructuras del poder’ de Michel Foucault, el  Deconstruccionismo” de Jacques Derrida y la ‘Semiótica’ de Humberto Eco se apoyan abiertamente en Walter Benjamin. Incluso en 1991, el Washington Post definía a éste como “el más fino teórico literario alemán”.

Herbert Marcuse

Herbert Marcuse se unió a la Escuela de Fráncfort en 1932 como asistente de Horkheimer para el trabajo filosófico. Terminó siendo uno de los miembros más importantes de aquel equipo, seguramente el más dañino y ciertamente el más conspicuo en su tiempo. Fue él quien afinó aún más los postulados del ‘fino’ Benjamin. Al alimón con Fromm introdujo uno de los elementos cruciales de la ‘Corrección Política’: el sesgo sexual. De hecho, Marcuse fue el primer teórico de la New Left americana y durante las décadas de los 50/60 completó la reconversión social del marxismo en términos culturales, inyectando la idea francfortiana en él. Todo esto sucedió tras el flujo migratorio desde la Alemania de 1933 a USA, protagonizado por los máximos proponentes de la Escuela de Fráncfort. Fue aquél un itinerario zigzagueante, en algunos casos con escala en Ginebra y París, siempre con el ominoso aliento de los nazis tras sus nucas dado que todos ellos eran judíos. Resulta sorprendente que  Hitler no acosara a los miembros de la ‘Escuela’ más allá de prohibirles dar conferencias e impartir clases. Sólo Adorno permaneció en Alemania varios años más, hasta que se mudó a Oxford.

En Ginebra, donde los francfortianos recalaron al principio, se limitaron a cambiar el nombre de la ‘Schule’ por su equivalente en francés. Horkheimer y Fromm analizaron allí las consecuencias que el desempleo, entonces imperante en Francia, tenía sobre las familias. También se plantearon, por vez primera  las ventajas que para sus designios tendría una hipotética ruptura del sistema patriarcal en favor de otro matriarcal. He aquí la base de las posteriores musitaciones ‘adornianas’ sobre su famosa noción de la ‘Personalidad Autoritaria’. 

Tras un tiempo en Suiza, ambos tuvieron claro que su estancia allí era  provisional, así que viajaron hasta París y desde allí a los EE.UU., lejos de los ‘tentáculos fascistas’, como solían decir.

En USA continuaron sus trabajos, siendo acogidos sin recelo ni reservas por la hasta nuestros días manifiestamente izquierdosa Universidad de Columbia, en Nueva York, siempre bien arropados por el entonces rector-presidente de esa institución, un criptocomunista de nombre Nicholas M. Butler. La llegada a esa Universidad debió mucho a las gestiones de Julian Gumperz, activo comunista y colaborador de Willi Muenzenberg, el infame espía bolchevique y especialista en el agit-prop. Quizás resulte chocante, pero incluso en los peores momentos del macartismo, casi toda la élite universitaria norteamericanas simpatizaba con los comunistas y sus teorías. Y en ello están todavía, sólo que con el cálido viento ‘progresista’ soplando hoy en sus velas.

Característicamente, a la par que criticaban abiertamente la cultura burguesa y las creencias, valores, etc. de las sociedades occidentales, aquellos incorruptibles santones comunistas guardaban silencio respecto a las purgas, ‘juicios’, deportaciones masivas, gulags y masacres -más de veinte millones de víctimas sólo en Rusia- llevados a cabo por bolcheviques y trotskistas. 

Gumperz y Muenzenberg eran lúcidamente conscientes de que el aterrizaje de la Escuela de Fráncfort en Norteamérica significaba, con el tiempo, introducir sendos y enormes caballos de Troya en todas las ‘Plazas Mayores’ de las capitales occidentales. 

Los francfortianos tuvieron notable presencia e influencia en las universidades de Princeton, Brandeis y Berkeley.

Desde 1940, una vez los francfortianos de la ‘sucursal’ americana consideraron estar  suficientemente asentados en su nuevo entorno, dieron una primera vuelta al horizonte y vieron que se  hallaban en territorio amigo y, mejor aun, ante a un público receptivo. Así pues, pronto comenzaron a ser detectables sutiles cambios en la descripción de los trabajos que desarrollaba la incipiente ‘Escuela de Fráncfort Trasatlántica’. Por ejemplo: el ‘sujeto revolucionario’ ya no era aquel que se oponía a la ‘personalidad autoritaria’, tal como había sido en los estudios previos en Europa. En USA, era el ‘demócrata’ quien se enfrentaba a ella. Con aquel incipiente y gramsciano encaje de bolillos terminológico, los francfortianos sólo pretendían hacer el mejor asiento ideológico posible en el ala liberal del New Deal  americano, lo que supuso un correspondiente alejamiento respecto al sector decididamente marxista o radical de la vieja ‘Escuela’. 

Según esto, ‘Educación’ pasó a ser ‘Tolerancia’; y en sustitución de ‘la praxis  para el cambio revolucionario’ se inventaron otros términos más ‘digestibles’. Aquellos maquinadores fueron astutamente adaptando su lenguaje para hacerlo grato a los oídos de la nueva corriente izquierdista norteamericana (liberal, que allí dicen), siempre, eso sí, manteniendo los sempiternos objetivos de la zapa cultural marxista.  

Para la Escuela de Fráncfort ‘la tolerancia’ nunca fue un objetivo en sí misma sino una especie de arma arrojadiza; y la ‘personalidad no-autoritaria’, tal como fue definida, era la de alguien que se postulaba como ‘no-dogmático’, todo esto dicho en el contexto de una fingida devoción por la diversidad. Añadamos aquí que este pensamiento es el dominante en la sociedad occidental actual. 

Estas ideas y otras teorías importantes, como la llamada ‘Estudios sobre los Prejuicios’, fueron desarrolladas en el decisivo libro de Adorno La Personalidad Autoritaria (1950), ayudado él en esa labor por tres psicólogos de la Universidad de Berkeley. Las ideas aquí anteriormente expuestas quedaron reflejadas y ampliadas en esa obra.

La influencia de La Personalidad Autoritaria fue enorme. En ella el autor dice que ‘la gente en Estados Unidos tiene tics fascistas y que cualquiera que defienda la cultura americana -y por extensión la occidental toda-, está desequilibrado psicológicamente’. No es casualidad que progresistas y comunistas etiqueten a sus opositores como ‘fascistas’, sugiriendo implícitamente que necesitan tratamiento psicológico a través de un ‘entrenamiento en sensibilización’, siendo ésta una más de la larga serie de nociones abstrusas adosadas a nombres rimbombantes. 

El libro de Adorno sobre la ‘Personalidad Autoritaria’ abrió la veda a la búsqueda de los entes culpables; y, con esta, la invención del ‘síndrome del mea culpa’, vigente en nuestros días, bien entendido, una vez más, que sólo aplicable al mundo occidental y, dentro de él, al ‘hombre heterosexual de raza blanca: caucásico, como allí gustan decir. Uno de sus primeros estudios -y el de más éxito- fue la teoría que explicaba la aceptación del fascismo por parte de los trabajadores. Decía que el sistema capitalista propiciaba primero y sostenía después un tipo de estructura familiar patriarcal que generaba niños con una típica y por ello definible deformidad del carácter. 

Este principio remataba la idea de Adorno: la gente que tenía esa personalidad aceptaba, ayudaba y promocionaba el fascismo. Aclaremos que el fascismo fue arbitraria e imprecisamente definido por los francfortianos como una manifestación del nacionalismo, del etnocentrismo y del racismo, idea desarrollada hasta el punto de que el vocablo ‘fascista’ pasó a constituir y constituye todavía hoy un epíteto, un insulto, por encima pues de cualquier pretensión definitoria que hubiese restado impacto expresivo y ámbito de aplicación al término. 

Volviendo al preciado y muy productivo tema del autoritarismo, repitamos que, desde la perspectiva freudiano-marxista, la gente con personalidad autoritaria son enfermos mentales necesitados de una terapia adecuada. 

Calcularon aquellos intrépidos francfortianos del dorado exilio americano que el 10% de la población USA estaba incursa en esa enfermedad; y que, obviamente, se necesitaría una terapia de masas para remediar semejante dictamen. Finalmente, la aplicación de esa terapia se llevaría a cabo a través de la educación pública y de los grandes medios de comunicación de masas, los media… 

Ya lo decía el conde Nikolaus Coudenhove-Kalergi en su “Praktischer Idealismus”, escrito ¡en 1925!: la escuela y la prensa son los dos puntos de partida desde los que el mundo se deja renovar y refinar, sin sangre ni violencia.  La escuela alimenta o envenena el alma del niño, tal como la prensa hace con el alma del adulto. Y he aquí que ambas instituciones se encuentran hoy en manos de una inteligencia no espiritual. Y que devolverlos a las manos del espíritu es la máxima tarea acometible por cualquier política idealista, de cualquier revolución idealista.  

Tomando al parecer buena nota de esto, a partir de 1937 la Fundación Rockefellercomenzó a inyectar dinero en la investigación de los efectos sociales de los media.  En ese año había en USA casi treinta millones de aparatos de radio, pero nadie había hecho una investigación seria sobre el asunto de la influencia social de tan poderoso vehículo de transmisión cultural. La Fundación Rockefeller solicitó la participación de varias universidades y montó su cuartel general en la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Princeton, todo ello bajo el nombre de ‘Oficina de Investigación de la Radio’, conocido popularmente como Proyecto Radio. El director del mismo fue Paul Lazersfeld,  hijo adoptivo del economista marxista austriaco Rudolph Hilferding, otro viejo colaborador de la Escuela de Fráncfort. 

A las órdenes de Lazersfeld estaba Frank Stanton, a la sazón novel doctor en Psicología Industrial (sic) por la Universidad de Ohio y que acababa de ser nombrado director de investigación de la Columbia Broadcasting System (CBS), un gran título, sí, pero con poca ‘miga’. Tras la 2ª GM, Stanton llegó a presidir la CBS, a ser consejero de la Rand Corporation e introducirse en el gabinete personal del presidente Lyndon B. Johnson. 

Entre otros investigadores del ‘Proyecto Radio’ estaba la vienesa  Herta Herzog (la-ciencia-de-vender-cualquier-cosa), que casó con Lazersfeld y acabó siendo la primera directora de la Voice of America

Theodor Adorno fue nombrado responsable de la sección musical del proyecto. Las actividades del ‘Proyecto Radio’ dejaron claro que se buscaba comprobar empíricamente las tesis de Adorno y Benjamín sobre la capacidad de los media para llevar a cabo un ‘masivo lavado de cerebro’. 

De esa comprobación surgieron seriales en radio, las llamadas soap operas, que conectaban perfectamente con las amas de casa de nivel social inferior y vidas grises a quienes el relato trasladaba a parajes exóticos y, a través de encantadores personajes de ficción, les hacían vivir experiencias románticas propiciadoras del escapismo, es decir, del momentáneo olvido de la tediosa monotonía de sus vidas. Un estudio realizado por dos psicólogos de la Universidad de Chicago bajo el título de The Radio Daytime Serial: Symbol Analysis, confirmaba la bondad de esos programas y constataba la adicción que creaban en las oyentes, así como la credibilidad de que gozaban en su calidad de ‘realidad alternativa’. El Proyecto Radio analizó en profundidad el efecto que produjo el celebérrimo programa de Orson Welles de 1938 ‘La Guerra de los Mundos’, es decir, la histeria que provocó en la sociedad americana. Un dato curioso, descubierto por los analistas del Proyecto Radio, fue que la gente no creyó que los marcianos invadían el país sino que los invasores eran ¡los alemanes! La explicación que dieron fue la de que los oyentes norteamericanos estaban psicológicamente condicionados por las noticias radiofónicas sobre la crisis de Munich del mes anterior. Aquella crisis había sido presentada en el novedoso formato de ‘boletín de última hora’, de noticia corta, inserta a botepronto en el flujo noticioso y que por eso rompía sin avisar el programa en antena, lo que incrementaba la ansiedad del público oyente en el punto álgido de la emisión. Una tal práctica fomentaba la rumorología en la sociedad, en este caso sobre la inminencia de la guerra y la posibilidad de una tal invasión. Orson Welles utilizó a la perfección el truco de los ‘boletines sorpresa’ en aquel memorable programa suyo.

Con ello empezó en serio la manipulación de los media para introducir en la sociedad los cambios que se considerasen necesarios: programas destinados a ‘crear opinión’, decían. En la actualidad, este formato de serial radiofónico para adultos ha pasado a la televisión en sendas versiones para niños, jóvenes y personas mayores; en ellos, característicamente, siempre aparece una representación de las razas del mundo, algún mariquita, una pareja de lesbianas, mujeres fuertes y hombres medio lelos. Ejemplos de series que se ajustaron a este formato fueron ‘M.A.S.H’, ‘Dinastía’, ‘Dallas’, ‘Falcon Crest’, ‘Little Annie’, etc. Hoy día lo hace casi todos.

La CBS fue el primer ente radiotelevisivo en disponer de una estructura técnica para analizar el impacto social de los programas, algo hoy presente en todas las grandes emisoras. Con el análisis empírico que llevan a cabo y las aplicaciones resultantes de ellos, los colosales entes audiovisuales USA son los responsables de la muy común sensación de que cuando uno ve determinada escena en una nueva película o programa, cree haberla visto antes. Y es que si un analista de programas indica que la audiencia ha vibrado o ha vivido intensamente una escena determinada en un drama de la II Guerra Mundial, o que se ha emocionado mucho cuando un actor cualquiera besaba a una actriz cualquiera, el formato de esa escena se habría de repetir en docenas de obras situadas en la Edad Media, en el espacio sideral o en el tiempo y situación que convengan.

Será interesante reseñar que las técnicas para la aplicación del ‘entrenamiento en sensibilización’ utilizadas en las escuelas públicas americanas durante los últimos 40 años (y hoy día en los cursos de formación militar de los soldados), fueron desarrolladas durante la 2ª G.M. por  Kurt Lewin y sus colaboradores. Uno de ellos, Abraham Maslow fue el ‘inventor’ de la pirámide de ‘las jerarquías de las necesidades. Ambos eran miembros de la Escuela de Fráncfort. 

El primero escribió el libro ‘El Arte de la Facilitación’, del cual se extrajo el manual utilizado durante los ‘entrenamientos de sensibilización’ arriba citados. El quid de la teoría subyacente estribaba en lo que se llamó y se llama ‘dinámica de grupos’ o ‘del común destino grupal’. En él se adoctrinaba a los profesores no a enseñar sino a ‘facilitar’, a ser meros ‘vectores facilitadores’. Kurt Lewin desarrolló allí y entonces la técnica para cambiar la percepción que del mundo pudiera tener cualquier persona, ello a través de las referidas dinámicas (o terapias) de grupo, tal como vemos funcionan en los filmes que nos muestran cualquier reunión de “Adictos Anónimos”, por ejemplo.    

En ellas, los profesores se convierten en terapeutas aficionados; y el aula en centro de autoanálisis y círculo terapéutico donde los niños primero, más tarde los soldados rasos y finalmente toda suerte de inadaptados y drogodependientes, hablan de sus propias experiencias, sensaciones y sentimientos. Esta técnica fue diseñada para convencer a los participantes de que ellos eran la única autoridad en sus propias vidas. Era una forma de alejarles de la familia, de extraerles del círculo tutelar parental, de lavarles el cerebro y de así avanzar en el nuevo modelo social marxista.

LA INFLUENCIA MEDIÁTICA DE LA ‘ESCUELA’

Erich Fromm y Julian Gumperz dieron los primeros pasos y establecieron los contactos adecuados para que la Escuela de Fráncfort fuese aceptada en los círculos social-científicos norteamericanos serios, ya que ambos tenían contactos previos en el país y hablaban un inglés fluido.  Conduciéndose  siempre con mucho cuidado para no mostrar la-pata-de-lobo-marxista, fueron muy selectivos con la lista de instituciones y personas susceptibles de ser contactadas, concentrando sus esfuerzos en aquellas que tuviesen algo o mucho que ver con la sociología o las ciencias sociales. Enviaron cartas con copias de su Zeitschrift für Sozialforschung (Revista de Investigación Social) en las que se explicaban los estudios realizados sobre la autoridad y la familia, con una nota de acompañamiento escrita por Fromm y Gumperz. Algunos de sus más egregios receptores fueron Lewis Lorwin, de la Brooking Institution, Pitirim Sorokin, de la Universidad de Harvard, y W.F. Ogburn, de la Universidad de Chicago.

Afianzando su presencia en América, la Escuela de Fráncfort avanzó en sus “Estudios sobre los Prejuicios”, divididos estos en dos apartados: el de la “Personalidad Autoritaria” y el de la “Dinámica de los Prejuicios”. Ambos tenían como meta probar concluyentemente que los prejuicios y los desórdenes psicológicos enraizados en la estructura de la ‘Personalidad Autoritaria’ podían ser erradicados con sólo someter a los americanos a una prolongada y masiva sesión de psicoterapia colectiva, tratándolos como si fuesen internos de un gran manicomio. 

A través de aquellos pensadores marxisto-freudianos, los grandes medios de comunicación crearon el tipo hippie, sucintamente definible como una persona joven refractaria al orden social establecido, es decir, el nuevo ‘revolucionario’ socialista que por deriva declinante ha ido metamorfoseándose en un tipo del cual el contemporáneo ‘perroflauta’ hispano es cabal reflejo. El hippie, su estilo de vida, su promiscuidad sexual, sus drogas y su psicodelia sirvieron muy bien a los disolventes fines de sus creadores y nunca se les fue de las manos. Como ya se ha dicho, el resultado fueron miles artículos en revistas, programas de radio y televisivos o películas que martilleaban continuamente sobre los mismos conceptos de la estupidez de los padres y la brillantez de unos hijos que sabían más que sus ineptos progenitores; de la mujer dura y liberada que rechaza la maternidad y, sobre todo, la ubicua espada de la culpa pendiendo sobre la cabeza del hombre blanco heterosexual, el síndrome del mea culpa ya reseñado… que así pasó a ser la putativa causa de todos los males del mundo y que hoy ha ampliado su radio de acción para incluir a nuestros gobernantes. 

El interminable ‘machacamiento’ psicológico del deleznable estereotipo que ha pasado a ser el varón blanco y straight, vigente en nuestros días, es uno de los más perdurables legados de la Escuela de Fráncfort.

La idea de la Personalidad Autoritaria de Adorno tiene su base en un cuestionario que Fromm utilizó a principios de los años 30 en Alemania para analizar psicoanalíticamente a los trabajadores con el propósito de perfilar las personalidades que él encasilló en una triple tipología: la autoritaria, la revolucionaria y la ambivalente. Después retocó estos perfiles en su libro para  -tal como hiciera San Agustín con las jerarquías angélicas- dar paso a nueve categorías, todas comprendidas en un arco que iba desde la ‘personalidad revolucionaria’ a la ‘personalidad democrática’. Creyó él saber que su nueva tipología conectaba mejor con las percepciones del público de la posguerra en la América anglosajona.

Utilizando la ‘metodología de resultados’ de Rensis Likert, Theodor Adorno y sus colaboradores fueron capaces de lograr una definición empírica de lo que éste denominaba ‘un nuevo tipo antropológico’ que en concreto era la ‘personalidad autoritaria’.

Por ello, teorizaban, una vez que la tipología ha sido establecida estadísticamente, los comportamientos pueden ser perfectamente explicados… y modificados. Añadamos con intención adversativa que este principio ignora que, al menos en teoría, la mente humana es capaz de transformarse y desarrollarse independientemente de los estímulos externos recibidos, por ende también los comportamientos concomitantes.

El resultado de aquel estudio fue que quedaba probado que la población blanca norteamericana era genéricamente conservadora, que no quería abandonar el sistema capitalista, que creía en una familia fuerte, que la promiscuidad sexual merecía reproche, que el mundo de la posguerra era un lugar peligroso y que todavía recelaba de los judíos, de los negros y de los orientales. Pero lo verdaderamente importante fue que los intelectuales francfortianos audazmente apostasen por corregir un tal cuadro mediante un adoctrinamiento apropiado, ello en un momento de crecimiento económico y optimismo cultural. Por lo que hemos terminando viendo, habremos de admitir que los maquinadores de la zapa cultural no estaban del todo equivocados en asumir las posibilidades ‘reconductoras’ que semejante apuesta comportaba. 

     Por otro lado, aseguraban, uno podía coger esos resultados y mostrar que los progromsantijudíos, por ejemplo, aún palpitaban bajo de la superficie de las apariencias, a la espera de que un nuevo Hitler los revitalizase.

Sin embargo, bien mirado, como diría Popper, aquellas tajantes aseveraciones no eran otra cosa que sendos juicios políticos, por ende subjetivos y en absoluto científicos, aceptados no obstante sin rechistar y promulgados dogmáticamente por la ‘Escuela’. 

Fieles a la línea oficial, Horkheimer y Adorno aseguraban que todas las religiones, la hebraica incluida, eran el “opio del pueblo”. Su objetivo no era la protección de los judíos frente a los prejuicios de sus vecinos, sino la denuncia del imaginado feroz autoritarismo que según ellos, falseando o al menos exagerando grandemente la realidad, se daba en los EE.UU. A continuación, con el apoyo del poderoso clan judío, bastaba forzar al gobierno y a los media a ‘la reeducación científicamente planificada’ de los norteamericanos y de sus primos europeos, todo ello para alejarlos de los principios de la maleada civilización a que pertenecían, léase la cristiana, la eterna bestia negra de la ‘Escuela’.

En sus escritos de ese período, ambos forzaron su tesis hasta límites delirantes, tal como puede verse en su obra “Elementos del Antisemitismo” (1947):  …ya que el capitalismo es inherentemente fascista y la filosofía cristiana es en sí misma una fuente de antisemitismo”.  De esta manera, Cristo pasa a ser un hechicero deificado y, por ello, la intelectualización de lo mágico en el cristianismo es la raíz del mal. 

La antes mencionada Hannah Arendt, teórica de la ciencia política nacida en Hannover, ayudó en estos principios delirantes popularizando la investigación sobre la ‘Personalidad Autoritaria’ en su obra Los Orígenes del Totalitarismo

Hannah Arendt

En 1961, Arendt aportó también su famosa retórica sobre la “banalidad del mal” en su ensayo novelado (llevado al cine) “Eichmann en Jerusalén” diciendo que …dándose las condiciones psicológicas adecuadas, incluso alguien con aspecto de inofensivo librero puede convertirse en una bestia nazi; y por ello cada ‘gentil’ es psicoanalíticamente sospechoso. La interpretación extrema que H. Arendt hizo de la tesis de la adorniana ‘Personalidad Autoritaria’ ha terminado siendo la filosofía sobre la que opera el actual Cult Awareness Network (CAN), un grupo que trabaja con el departamento de Justicia USA y con la Liga Anti-Difamación de la Orden judía B’nai-B’rith, entre otras. Utilizando el método estándar de la Escuela de Fráncfort, el CAN identifica grupos políticos o religiosos como ostensibles enemigos, reales o potenciales; y los denominan ‘cultos’, sinónimo de secta, perniciosa en este caso, para poder justificar futuras acciones de represalia contra ellos.

Posteriormente, en 1964, la misma H. Arendt participó activamente en el ataque contra el Papa Pío XII, publicando una demoledora pieza literaria en el ‘New York Herald Tribune’ titulada The Deputy: Guilt by silence, donde recriminaba duramente al Papa Pacelli el no haber ayudado a los judíos durante la guerra. 

El ataque de la Arendt se basaba en una información que le suministró Karl Jaspers, basándoseeste a su vezen la obra del desconocido Rolf  Hochhuth titulada “El Vicario” (“The Deputy”), en la que se acusaba al Papa de negligente, esto en la más benigna de las lecturas posibles de sus actos. Hoy se sabe que fue el KGB, desde su departamento dezinformatsiya, en una misión llamada “Operación Asiento-12” quien estaba detrás de esa campaña difamatoria para destruir el Vaticano ‘desde dentro’, infiltrándose y manipulando los datos microfilmados. Su máximo responsable fue el legendario general  soviético Iván Agayants.

Nunca sabremos si Hannah Arendt actuó de buena fe o con malicia. Lo cierto es que atacar al papado siempre ha sido y sigue siendo ‘políticamente correcto’ para los comunistas y sus compañeros de viaje.  Atención pues, Papa Francisco, a quién Su Santidad ofrece asiento en la mesa pontificia.

Con todo esto en mente, algunos viejos amigos norteamericanos duchos en el tema tienen claro que mientras unos pocos compatriotas suyos trataban de contener la amenaza que suponía la Unión Soviética en aquellos años del inicio de la Guerra Fría, un grupo elitista de subversivos culturales buscaban hacerse con el control del aparato de creación de la opinión pública. Los sucesores de estos últimos se mueven hoy en el entorno de otro concepto abstruso que llaman ‘teorías deconstructivistas’. Las teorías cambian, pero siempre son los mismos atacantes y siempre también mismo el objetivo a batir.

Otra nueva teoría que desarrolló la ‘Escuela’ en aquella su nueva ubicación transatlántica fue la aplicación social de la llamada Teoría Crítica. Este nombre es un juego de dos palabras en el que lo inmediato es preguntar ¿de qué teoría hablamos? La verdad es que no había teoría alguna. El propósito de aquella entelequia era el de conseguir y aplicar una crítica destructiva a cada estamento social de la cultura occidental, con la esperanza de demolerla toda ella como resultado de haber hecho lo propio con cada una de sus partes. La ‘Teoría Crítica’ está en la base de los ‘Gay Studies’, ‘Women Studies’, ‘Black Studies’ y otros departamentos de ‘estudios’ que proliferan en las actuales universidades norteamericanas. Esos departamentos son el alma nutricia de la doctrina de lo ‘Políticamente Correcto’, entendida como arma social. Por esto la ‘Escuela’ es muy importante para el marxismo ortodoxo, en tanto que los francfortianos  -patética tribu de nihilistas desesperados- no creen en el futuro y sólo aspiran a la destrucción del capitalismo y de la sociedad burguesa… despejando así el camino a quienes sí saben qué ha de hacerse tras el derrumbe. Estamos pues hablando de un torpedeo dirigido a la línea de flotación de nuestra civilización que, lo quieran o no los del submarino, también es la suya. 

Obviamente, la Escuela de Fráncfort nunca definió la ‘Teoría Crítica’, limitándose a anunciar, eso sí, contra qué iba.  Horkheimer ya dijo que la lógica no es independiente del contenido, significando con ello que un argumento debe ser tenido por lógico si destruye la cultura occidental… y por ilógico si la apoya. Este principio forma parte de la educación de nuestros hijos en las escuelas y universidades contemporáneas. Hoy en España lo podemos ver en la forma de actuar -entre inconsciente y anarcoide- de una gran parte nuestra juventud; y en esa campaña organizada contra todo lo que se perciba como sostén de nuestro sistema democrático: representantes políticos, gobierno, judicatura, instituciones, banca, capital, empresarios, cultura ancestral, etc. No se salva nada ni nadie; con el añadido de millones de parados y la incesante e inquietante suma de inmigrantes… lo cual lleva a la destrucción total del edificio en que vivimos y que justicieramente aplastará en su caída a los Sansones causantes del derrumbe.

Ya en 1915, Nahum Goldmann, en su Der Geist des Militarismus (Stuttgart und Berlin, Deutsche Verlag-Anstalt, 1915), se alineó según el pensamiento citado más arriba, diciendo: Así, el primer cometido de nuestro tiempo es la destrucción. Todas las esferas y formaciones sociales que el antiguo sistema había creado deben ser eliminadas; los individuos deben ser arrancados de su entorno habitual; ninguna tradición debe considerarse sagrada; la edad sólo es signo de enfermedad. El lema es: “Lo que fue, ha de desaparecer”. Las fuerzas que ejercen esta tarea negativa serán el capitalismo en el terreno económico-social y la democracia en el terreno intelectual-políticoEs difícil pasar por alto el hecho de  que la línea de esta filosofía de Goldmann está muy cerca de los principios marxistas en clave nihilista desarrollados por la ‘Escuela’ desde sus comienzos.

Por eso mismo, uno de los objetivos básico de la Teoría  crítica era y es romper la familia en su forma o estructura tradicional actual. Los pensadores del Instituto creían que incluso una rotura parcial de la autoridad del padre en la familia permitirá incrementar la preparación de una nueva generación que aceptara los cambios sin rechistar.

El “Generational Gap” de los 60 y el “Gender Gap” de los 90, son sendas exitosas acciones de la Escuela de Fráncfort en su machacón empeño de transformar la cultura occidental según el dictado de la utopía marxista, en este caso también nihilista, contradicción de términos donde los haya y que muestra bien a las claras la neurosis con tintes esquizofrénicos que es el común denominador en los maestros francfortianos y por extensión sus discípulos. Y aunque la preceptiva común de la Escuela sea la de no hacerse cargo de describir o definir qué clase de sociedad haya de sustituir a la actual tras su aniquilamiento, alguien sí desliza la noción de que la transformación deseable y deseada esté basada en la Teoría Matriarcal, es decir, en la transformación de la cultura occidental en otra bien distinta dominada por el movimiento feminista. Abunda en esto el ‘disidente’ aunque-no-por-ello-menos-radical psicoanalista austriaco Wilhelm Reich cuando, en su libro“Psicología de Masas del Fascismo”, asegura que el matriarcado es la única forma posible de familia en la sociedad natural.  

Multiplicando las acusaciones de ‘fascismo potencial’, el ortodoxo francfortiano Adorno siempre mostró su oposición a cualquier institución social establecida, diciendo que toda jerarquía está basada sobre la prepotencia por un lado y la sumisión por el otro. La familia es una fábrica de la ideología reaccionaria en la que el padre es el ser superior ante quien el  niño es obligado a identificarse masoquistamente…

También Eric Fromm se mostró muy activo en la defensa de la teoría matriarcal, alumbrando la idea de que todos los sentimientos de amor y altruismo eran al final derivados de la necesidad de amor maternal, ello debido al extenso periodo de embarazo y a los maternales cuidados y mimos de la época infantil tras aquél. También afirmaba que el  amor no depende de la sexualidad, como Freud suponía. De hecho, el sexo está más ligado al odio y a la destrucción. La masculinidad y la femineidad no son reflejos de diferencias sexuales esenciales como creían los románticos. En vez de ello, derivan de las diferencias en las funciones de la vida, que son en gran parte determinadas por la sociedad.

De lo dicho es fácil inferir que el dogma del matriarcado es el antecedente de los pronunciamientos radicales feministas que tan machaconamente aparecen actualmente en todos los media occidentales. Para las féminas radicales de hoy, ser hombre o mujer es el resultado del adoctrinamiento llevado a cabo por el patriarcado machista en detrimento de los intereses de las mujeres. En estos chocantes conceptos marxistas, la Naturaleza no tiene protagonismo alguno.  

Si hurgamos en la historia constataremos que la simiente de este pensamiento se encuentra en Engels, concretamente en aquella  afirmación suya según la cual la primera oposición de clases que se manifiesta en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo conyugal o de pareja: entre el hombre y la mujer. Ya en su temprana obra Los Orígenes de la Familia, Propiedad privada y el Estado, Engels promueve el matriarcado. Y su colega Karl se sumaba a esa predilección adelantando de su propia cosecha el concepto de ‘la comunidad de las mujeres’, que así se dice en el Manifiesto Comunista. Entre ambos sostenían que el comunismo remediaría esta situación haciendo que la mujer y el hombre fuesen iguales en el sentido de que los dos sexos gozasen del mismo equiparable estatus de meros ‘trabajadores en y para la sociedad’. 

De esta manera, el comunismo permitiría que la mujer trabajara en la industria, haciendo desaparecer el matrimonio monógamo, lo que conllevaría la destrucción de la familia tradicional. Así pues, había que fomentar el amor libre y predicar hasta la saciedad la igualdad entre los sexos hasta lograr que fuesen intercambiables, una noción admirablemente condensada en el famoso grito “¡Hijos sí, maridos no!” que popularizara en el Madrid republicano del 36 la ilustre Dolores Ibárruri… del que la actual generación de féminas ha suprimido la primera parte. 

Por ello, la ‘Ideología de Género’, uno más de los preclaros ‘hallazgos’ de la ‘Escuela’, conduce finalmente a la desaparición de la familia, alcanzado el punto en que ésta ya no es ejemplo de acción complementaria entre ambos sexos sino de ‘reacción’ antagonista.  Preciso es insistir en ello: la intención de los ideólogos del marxismo cultural siempre ha sido demostrar, apoyándose en una corriente feminista muy activa, que las diferencias entre los sexos no son naturales sino que aparecen en la historia como constructos sociales, es decir obedecen a causas y leyes exclusivamente ‘culturales’ o, si se quiere, ‘políticas’.

     Cual si de un catecismo laico se tratase, la Escuela de Fráncfort establece la siguiente preceptiva:

  • Incluir en el Código Penal una nueva tipología de delitos y faltas calificables de homófobos, racistas y/o xenófobos.
  • Introducir la enseñanza sexual y de la homosexualidad en las escuelas.
  • Socavar la autoridad parental y profesoral.                                                
  • Destruir la noción de las identidades nacionales a base de  menosprecio y ridiculización de los conceptos de patria, heroísmo patriótico y de las respectivas Historias Nacionales y las gestas en ellas.
  • Complementariamente, impulsar la inmigración masiva.
  • Fomentar la tolerancia hacia el consumo de drogas y la ingesta de bebidas alcohólicas.
  • Vaciar los templos.
  • Poner en marcha de un sistema legal arbitrario, muy garantista, con un sesgo favorable al infractor, por ende perjudicial para las víctimas.
  • Promover toda suerte de subsidios y beneficios estatales para grupos y personas con el objeto de crear un alto grado de dependencia por parte de los beneficiarios: material primero y política después como consecuencia de la primera. 
  • Control y ‘atontamiento’ mediático. 
  • Denigrar y socavar la institución familiar. 
  • Negar cualquier diferencia esencial entre hombres y mujeres.  
  • Defender la idea de la liberación sexual y de la absoluta autonomía femenina en temas como la contracepción, el aborto y la maternidad, siendo esta última un mero residuo, es decir, lo que resulte tras la aplicación vigorosa de las dos primeras.

¿Suena o no familiar todo esto ahora mismo en España o, mejor, en todas las sociedades occidentales, desde Canadá a Australia pasando por Europa?

Algunos pensadores marxistas de la ‘Escuela’ regresaron a Alemania después de la guerra,pero Herbert Marcuse permaneció en los Estados Unidos, donde primeramente se hizo profesor en la Universidad de California en San Diego y después, durante diez años, profesó en la Brandeis. Allí se dedicó con fruición a terminar el trabajo intelectual de Fromm, Horkheimer y Adorno en orden a recuperar algunas de las ideas iniciales de la ‘Escuela’ para su ulterior desarrollo y aplicación práctica en su país de adopción durante las décadas de los 50 y 60, mezclando a tal propósito a Freud y Marx hasta llegar al Negativismo.  

Fatídicamente inevitable, el viejo Herr-Marcuse-reciclado-en-Míster se convirtió en el gurú de la nueva izquierda americana; y como tal se sacó graciosamente de la manga cuál habría de ser el gran sustituto de la vieja clase obrera comunista, o sea, cuál el nuevo agente desestabilizador ‘al servicio de la revolución’ en USA, dando así respuesta a la búsqueda iniciada por Horkheimer a mediados de los 30. La respuesta la tuvo en el descubrimiento de nuevos ‘grupos de víctimas’: gays, negros, mujeres, emigrantes, discapacitados, etc., la abigarrada tropa  que hoy conforma la coalición básica y ya clásica del ‘Movimiento de lo Políticamente Correcto’. Como ha quedado dicho, el caballo de Troya para conseguirlo fue el hippie americano, aquel genial constructo, que no manifestación espontánea de una manera de ser o de entender la vida, sin importar lo estrafalario que en sí era… además de improductivo en lo material, por decir que también era insostenible. 

Curiosamente, cuando terminó la 2ª GM, algunos de estos pensadores marxistas trabajaron durante un tiempo para el gobierno USA. Por ejemplo, H. Marcuse se convirtió en una figura clave del OSS, la predecesora de la CIA; y otros, como Horkheimer y Adorno, se trasladaron temporalmente a Hollywood para aplicar sus ideas desde los grandes medios y en el cine comercial.

LA ‘MARCUSIANA’ REVOLUCIÓN SEXUAL

Y la gran pregunta fue: si en un momento crítico del no-tan-glorioso pasado, los obreros en Europa no se movilizaron por y para la causa comunista, ¿qué permitía pensar que lo iban a hacer sin más ni más los remilgados grupos yankees, distantes entre sí y separados ideológicamente como además estaban?  Pues bien, la Escuela de Fráncfort ‘trasantlántica’ puso en marcha el mecanismo destinado a abatir las barreras de la separación ideológica y la distancia física. Fue un hecho crítico el de que estas teorías y los principios de ellas emanados se inyectasen en el movimiento estudiantil de los años 60 allí, en los Estados Unidos. Marcuse vio en la rebelión juvenil de aquella década la gran oportunidad para aplicar los preceptos de la ‘Escuela’ y desarrollar la teoría de la ‘Nueva Izquierda made in USA’, al tiempo que recuperar y aplicar los estudios de Fromm sobre la ‘Liberación Sexual’. 

Así fue cómo Marcuse se convirtió en el conducto principal de esas ideas,  plasmadas en su precursor libro de los años 50 titulado “Eros y Civilización”. En él proponía una nueva utopía basada en el psicoanálisis y en los trabajos ‘contraculturistas’ publicados bajo el generalizante epígrafe Vida sobre la Muerte y que tuvieron un gran impacto en la llamada Contracultura hippie, con su característico énfasis en la componente libertina en clave libidinosa.

El libro de Marcuse no sólo condenaba cualquier restricción en el comportamiento sexual, sino que afirmaba que las personas solían ser neuróticas porque reprimían sus impulsos eróticos. Por ello, decía, sólo se podía vislumbrar un futuro aceptable si se pudiese destruir el orden represivo existente liberando en las conciencias la pulsión sexual y con ella a ‘Eros’. El concepto cumbre creado a este fin por Marcuse fue el de la ‘Perversión polimórfica’ (Polymorphous perversity), según el cual cada uno podía hacer lo que quisiese con su cuerpo; y así, de paso, siguió afirmando, en el mundo desaparecería el trabajo… y sólo habría ¡JUEGO!  Entre liviano y gozoso, lo que sí parece cierto es que el mensaje del ‘sexo lúdico a raudales’ era lo que estaban esperando los hedonistas hippies de los años 60, de ahí el fulgurante éxito de una tal propuesta.

La base de este novel concepto de Marcuse es la de que en el incipiente desarrollo de la psique humana, la del niño, hay una expresión y un placer sexuales todavía no organizados, pero que desde el principio se ve sometido a la clase de sexualidad heterosexual restrictiva impuesta por la norma social imperante. Esas expresiones primarias ‘pueden ser revitalizadas’ porque ‘existe la capacidad para ello’, seguía él razonando. Así las cosas, la ‘Perversidad polimórfica’ ayudaba a abrir ciertas puertas ‘políticamente correctas’… tal como la de la Liberación Gay que finalmente se puso en marcha en Nueva York el año 1969.

He aquí por fin el basamento de una sociedad feliz donde la susodicha perversión y el narcisismo liberarían un ‘Eros’ no procreador pero sí placentero, en cuyo seno la sociedad encontraría ‘la luz’… y una gran felicidad. Tal era la supuesta llave de acceso a la utopía que desarrolló y aplicó Marcuse a la sociedad americana y, por contagio, al resto de los países occidentales o en su órbita. En suma, según Marcuse, en vez de parecernos al siempre conflictivo-aunque-creativo-chimpancé, los humanos debiéramos imitar a los pacíficos, sexualmente liberados y comparativamente inanes bonobos.

Como ya quedó dicho al glosar la etapa ‘Horkheimer’ de la Escuela, estas ideas ya habían sido trabajadas en el ensayo “Egoísmo y el Movimiento de Emancipación”. En él se pedía para el ser humano… una nueva dimensión del materialismo encarnada en la  felicidad sensual. 

Marcuse fue más allá, en tanto que pudo llevar con éxito a la práctica tales nociones, ello en el seno de una sociedad mentalmente preparada para recibirlas; y también en tanto que aquella generación de jóvenes americanos a la que él se dirigía fue la primera en que se dio el fenómeno de la transgresión moral ‘no pecaminosa’, sin sentimiento de culpa, no porque lo ontológicamente perverso hubiera dejado mágicamente de serlo, sino por la supresión del mismo concepto de pecado en la conciencia de los transgresores. Se pasó de lo moral y ético a lo amoral, o sea, a la inmoralidad más completa. 

Abundando en lo dicho, hoy es frecuente ver en ciertos espectáculos televisivos a individuos extraídos de la vida real que hablan de sus vicios y relatan sus miserias morales con el desparpajo propio de quien sinceramente no cree rechazables ni provocadores de  ajenas vergüenzas.  En suma: lo malo de antaño se ha convertido en aceptable hogaño, cuando no decididamente bueno. 

En la siempre ascendente línea de la desinhibición moral hemos pasado del descaro de las mujeres en la serie televisiva ‘Sexo en Nueva York’ (1998-2004), en la que ellas se comportan como hombres a la hora de buscar el placer sexual y de contarse sus avatares amorosos… a la total impudicia observable en la posterior ‘Californication’ (2007-14), la larga serie televisiva en que ellas, mujeres del montón, ya se comportan como rameras gratuitas que acosan a los hombres como ellos solían hacer con ellas en épocas pasadas, indiferentes ya estos novísimos personajes a los devaneos e incluso respecto a las flagrantes infidelidades de sus parejas. 

He aquí una apócrifa caracterización de la serie: 

Californication es ‘Doctor Fausto’ en moderno, la tesis según la cual vender la propia alma al Diablo parece al principio un buen negocio y al final resulta que es… ¡formidable!

La calavera de Marcuse sonríe y musita desde su tumba: “Misión cumplida”. 

En fin, ya que el marxismo había demostrado su fracaso y que la clase obrera no iba a ir a las barricadas, había que encontrar un sustituto con fuerza revolucionaria. En base a la llamada represión sexual descubierta por los gurús de la revolución cultural en la América de los 60, Marcuse dio a la endeble sociedad rebelde made in USA una justificación intelectual para tener mucho sexo, muy promiscuo, gratis y… ¡todo el tiempo!, el desiderátum de toda persona joven y rebelde que se preciase.La frase Haz el amor y no la guerra es una de las genialidades de este disolvente sujeto. No otra es la idea-fuerza toda que esgrime en su ‘Eros y Civilización’. 

H. Marcuse es también notorio por llamar ‘intolerante’ cualquier otro punto de vista distinto al suyo. Argumentaba él que la sociedad americana era decepcionante en todos los sentidos y que, por ello, tuvo que inventar el concepto de la ‘Tolerancia Liberadora’. Lo que en realidad quería pregonar era la legitimidad de la intolerancia hacia las ideas y acciones de la derecha conservadora y religiosa… y todo lo contrario para cualquiera venida de la izquierda; con lo que, sin proponérselo, dio al mudo una receta infalible para la represión… blandiendo un embudo de hojalata. Incluso un izquierdista admirador de la ‘Escuela’ tal como era y es el ya reseñado Martin Jay, dijo en una ocasión que Marcuse exhibía un carácter intolerante y que algunas de sus nociones exudaban un rancio dogmatismo. Con sus escritos y acciones, Marcuse fue el principal agente de transmisión de las ideas de la ‘Escuela’, insuflando devastadoras nociones de liviandad existencial en las mentes de millones de jóvenes y expandiendo sus ideas destructoras por todo el mundo occidental.  Llegó a ser una celebridad en aquellos días de pancartas ocurrentes en las que se leían cosas como la de las ‘Tres Emes’: “Marx, Mao y Marcuse”. 

Sus ideas fueron fundamentales para el desarrollo de… 

“EL MAYO FRANCÉS”

Quizás sea el ocurrente y marcusiano ‘Prohibido prohibir’ el lema que mejor resuma la exigua filosofía emanada de aquella movida estudiantil del 68, de la que surgió una acción del más puro estilo anarco-destructivo… a su vez característica el marxismo cultural. La algarada callejera de aquella primavera parisina vino inspirada por un nada inocente aunque sí atolondrado movimiento estudiantil nacido en el campus de la Sorbona y levantado sobre dos presupuestos básicos: la superación de la moral ‘represora’ tradicional y la de su primera derivada que era y es el principio de autoridad. Acabando con ambos, teorizaban aquellos estudiantes casquivanos, se alcanzaría la verdadera libertad; y ello sería el pistoletazo de salida hacia la meta de la destrucción de los valores de la tradición occidental, labor de zapa que sigue vigente hoy bajo ropajes más sedosos y multicolores. 

No nos engañemos: al igual que los hippies USA, aquellos estudiantes revolucionarios franceses del 68 estaban perfectamente dirigidos y tenían objetivos concretos. Lo dijo Frank Capell en un artículo publicado en ‘The Review of the News’ a principios de los setenta: 

Por supuesto que sabíamos que estos estudiantes radicales no se apoderarían del gobierno. Lo que sin embargo sí iban a hacer es dar motivos para que el gobierno se apoderase de la gente a través de la promulgación de más y más leyes represivas para mantener las cosas bajo control.

LA CAUSA MEDIOAMBIENTAL

Como brevemente quedó apuntado antes, la Escuela de Fráncfort también se las ha ingeniado para integrar en la esfera de lo políticamente correcto la causa hoy más de moda, la medioambiental, orgánicamente incorporada que hoy la vemos al marxismo cultural. Y todo ello a través del libro Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. Ambos habían regresado a Alemania en 1949 para ayudar en el proceso de ‘desnazificación’, ocasión que aprovecharon para  revitalizar la nueva ‘Escuela’, dentro de la cual lo ‘verde’, versión ‘progre’, tuvo cordial acogida.  

FRANKFORTIANOS DE 2ª GENERACIÓN Y  DESCARTE DEFINITIVO DEL PROLETARIADO COMO AGENTE DE LA REVOLUCIÓN MARXISTA

En 1960, ya con la ‘Escuela’ en pleno funcionamiento en Alemania, Jürgen Habermas se encontró en el fuego cruzado de una polémica espistemológica que le opuso a Arnold Gehlen por un lado y a los discípulos alemanes del austriaco Karl Popper por otro.

Contra Gehlen por su afirmación según la cual las instituciones son rigurosamente necesarias al hombre, ya que Habermans   -todo un Premio Príncipe de Asturias, no se olvide tan sabroso detalle- radicalmente sostenía (y sostiene) el carácter necesariamente ‘represivo y alienante’ de toda institución, la cultural incluida. 

Contra Popper, en lo que se llamó ‘la disputa positivista’ (Positivismusstreit), en la que este defendía que el criterio de falsabilidad no podía aplicarse a las ciencias sociales, en base a lo cual atacó la obra de Adorno y su discípulo Habermas, acusándolos de emplear un lenguaje inflado y pretencioso pero vacío de contenido, sin ciencia alguna en su interior en tanto que sus proposiciones no eran susceptibles de someterse a dicho criterio.

Fue la segunda generación de intelectuales francfortianos la que ha confirmó el veredicto de que el proletariado no constituye una clase especial, alienado que lo veían por el hecho de que los problemas sociales se ven solucionados por la abundancia de bienes, lamentablemente coincidiendo los obreros con sus enemigos naturales -patronos y tecnócratas- en la admisión jubilosa de su propia redención.  

Esto equivale a decir que el sistema capitalista seguiría siendo inaceptable incluso si lograra erradicar toda la miseria del mundo, absurda negación que expone la carga irracional y las oscuras intenciones que contiene el renovado marxismo que siguen practicando los proponentes y seguidores contemporáneos de la ‘Escuela’, por mucha que sea la apariencia de vegetarianismo ovolácteo con que gustan presentarse al público a través de sus marionetas políticas. 

Jürgen Habermas

Además de ardoroso proponente de la famosa ‘Teoría Crítica’,  Jürgen Habermas, todavía vivo en el momento de escribir estas letras, es un decidido ‘mundialista’, sin duda porque la meta de la descomposición se alcanza mejor cuando un solo francfortiano bien situado pueda influir de una sola tacada en el destino de varios entes nacionales ‘bizcochables’, previamente vaciados de sentimiento patrio y convenientemente amalgamados. Preciso es admitir que él no oculta sus propósitos más allá del lenguaje abstruso empleado en la formulación de sus varias entelequias, algo que constituye un rasgo común en todo francfortiano de pro. Recordamos a Karl Popper en su juicio sobre el galimatías léxico y conceptual del provecto francfortiano cuando leemos una de sus joyas expresivas: “La superación de una autocomprensión fundamentalista significa no sólo la refracción reflexiva de las pretensiones dogmáticas de verdad y, por tanto, una autolimitación cognitiva, sino el paso a otro nivel de la conciencia moral”. O esta otra parrafada: “El sentido del conocimiento y también la medida de su autonomía, no se puede explicar de ningún modo si no es mediante el recurso a su relación con el interés…

Precisamente porque la muestra literaria de arriba hace justicia al lenguaje usual de los francfortianos, merece la pena hacer un inciso para analizar el caso del insólito éxito del mensaje de estos señores, del predicamento de que hoy gozan no sólo en las aulas, los media y los pasillos del poder sino también, indirectamente, entre cierto sector de la juventud, sobre todo la parte punk de ella, la ‘perrofláutica’.

Si a la retorcida sintaxis y al galimatías léxico añadimos el significado de la parte que sí se entiende y que hiela la sangre, contemplando en un análisis final el bagaje expresivo y conceptual de los francfortianos, uno se pregunta cómo diablos semejante verborreica tropa ha podido llegar a ser un peligro cierto e inminente para nuestra civilización.

Una de las dos claves para poder entrar en el conocimiento de este arcano está en Marcuse, el ya glosado encantador de serpientes que logró galvanizar la averiada colectiva conciencia de la que vino en llamarse ‘generación hippy’ americana. Lo logró con un discurso llano y una sucesión de eslóganes cortos y vibrantes que entraban cual droga de aplicación intravenosa en el torrente sanguíneo de aquellos libertarios ya atolondrados por los efectos del cannabis y del ácido lisérgico, siempre anhelantes de formar parte del mundo feliz marcusiano en el que todo placer tendría su asiento… ¡y exento de culpa además! 

La segunda clave que explica el insólito éxito radica en la receptividad de la tierra en la que se sembró la cizaña gramsciana, cuyos tallos nos llegan hoy hasta las cejas. El asunto del declive de nuestra cultura viene de lejos, tratado in extensis que fue por sabios de la talla de Oswald Spengler y Arnold Toynbee. Según esto, sobreponiéndonos a la intuición inmediata, habremos de convenir en que  fueron los propios francfortianos las primeras víctimas de la moderna corriente imperante, en vez de verdugos de la criatura cultural. Para entenderlo bastará recordar el apotegma toynbiano según el cual las civilizaciones no mueren a manos de depredadores venidos de fuera, sino que se suicidan. ¿Acaso no constituye una nota-al-señor-juez en toda regla la declaración de intenciones de los marxistas culturales desde Lukács y Gramsci? 

Otra obsesión filosófica sobre la que trabajaron Adorno y Horkheimer fue la de cómo definir un sistema que nunca pudiera ser cómplice del orden establecido. Ambos respondieron a este reto con un: haciendo un discurso tan ‘móvil’ que se torne invisible. A esto llamaron ‘Pensamiento Negativo’. Consiste éste en buscar en cada aspecto de las cosas lo que implique límite y negación de sí mismas. Este aspecto negativo es tan importante como el aspecto positivo: su comprensión restituye la posibilidad de una verdadera dialéctica.

Como bien puede entenderse, a partir de ese punto todo es criticable y finalmente destruible. Una concomitante paradoja se dio en el asalto de un grupo de universitarios durante cualquiera de las revueltas estudiantiles europeas, esta vez contra el centro escolar que en Alemania dirigía Adorno: éste no tuvo ningún reparo en recurrir a la policía, en exigir una represión violenta in situ y en pedir el arresto de los revoltosos, todo ello sin contemplaciones. Así pues, ‘ley del embudo’ a troche y moche.

Afirmaba Marx en su Tesis sobre Feuerbach que el análisis crítico debe ser seguido por una acción concreta de transformación. La Escuela de Fráncfort respondió que la teoría se ‘emancipa’ de la praxis. Lógicos consigo mismos, sus representantes fueron siempre cautos ante el emprendimiento de cualquier tipo de acción de contenido físico, esto con  gran descontento y aun el reproche de la parte combativa de la izquierda, bajo acusación de falta de compromiso con el ideal.

En el lado positivo de la crítica eminentemente adversativa que este trabajo implica, podemos argumentar que, aunque la última característica descrita en el párrafo precedente pudiera servir para  mostrar la fuerza de la ‘Escuela’: …disolver todo pensamiento en la relación social y reducir toda sociología a una ‘ideología’, representa, con relación al marxismo ortodoxo, una crítica mucho más eficaz del mundo moderno…,  puede también mostrar su punto más débil en que, debido a su hipercriticismo y febrilidad mental, la ‘Escuela’ se condena a sí misma a la impotencia, que es lo que pasa cuando se sostiene la idea de que ‘todo poder corrompe’, porque de inmediato lleva a renunciar para siempre al ejercicio del mismo. Desear el ‘movimiento perpetuo’ y la ‘crítica permanente’ sin proponer nunca nada, equivale a proponer, automáticamente, el propio fracaso. 

Pero no nos hagamos muchas ilusiones: nuestro gozo al ver la impotencia del enemigo cultural en el terreno de los hechos se va derecho al pozo de la proclividad nihilista de los francfortianos (asiduamente negada por ellos) y el deseo suicida que se desprende de su doctrina de destrucción total sin pensar demasiado en qué haya de venir después porque, teorizan, nunca nadie ha realizado con éxito semejante experimento y es aventurado decir cómo y con qué se llenaría el hueco tras la implosión…  

Para el pensamiento dialéctico, la mismísima dialéctica debe ser superada. Solamente entonces se puede aspirar a ver el final de las contradicciones. Pero si el mundo sólo es contradicción, ¿cómo un estado de cosas ‘justo’ puede ser un estado de cosas ‘real’? 

Una vez más, aquí la ‘Teoría Crítica’ se nos ofrece como ejemplo acabado de un corpus doctrinal puramente centrado en lo negativo, demostrando al paso en qué consiste el poder estéril y finalmente letal de un intelecto obsesivamente orientado hacia la crítica y que progresivamente reniega de todo y desea destruirlo todo. 

Nos encontramos pues frente a la postura nihilista ya denunciada, no obstante lo cual -también ha quedado dicho-  ‘La Escuela’ ejerce hoy tremenda influencia sobre la acción política, sobre nuestras costumbres y, más importante aún, sobre la psique colectiva. Por ejemplo, en la acción comunicativa resaltan los francfortianos la importancia del diálogo como un fin en sí mismo, prescindiendo de su utilidad, de que se tenga llegar a un acuerdo. Semejante actitud está relacionada con Marcuse y su concepto de la ‘Tolerancia Liberadora’, expresión que ya sabemos quiere decir tolerancia con las ideas propias e intolerancia absoluta respecto a las ajenas ¿Suena o no familiar en la España contemporánea lo del ‘talante’ y el ‘diálogo’ conducentes a… ninguna parte?  He aquí pues el origen y la esencia del ‘diálogo para besugos’ preconizado y practicado por los nuevos adalides de la izquierda-marxista-bajo-otro-nombre.

LA CORRECCIÓN POLÍTICA: CENSURA, REPRESIÓN Y TIRANÍA… 

La que llaman ‘Acción Afirmativa’ es también parte del francfortiano siniestro todo. Como lo es el terror moral, intelectual y, llegado el caso, judicial, dirigido contra cualquier disidente de la ‘Corrección Política’, de la ‘Ideología de Género’ o, en España, de la versión ‘republicana’ de la ‘Memoria Histórica’. Consecuentemente, los francfortianos de hoy son también hostiles a cualquier atisbo de aversión homófoba o simplemente de afirmación ‘machista’; refractarios a toda expresión del sentimiento nacionalista-que-no-sea-separatista,  mostrado, eso sí,  fuera de un campo de fútbol; o xenófobo o racial siempre que se manifieste en el campus universitario, en el trabajo, en el cuartel… y hasta en mitad de la calle. Es la versión incruenta y light de lo que ya vimos en la Rusia soviética, con su GULAG y las terribles purgas; en la Alemania de Ulbritch, Honecker y la ominosa Stasi; en la China maoísta, con su demencial, sangrienta y finalmente vacua Revolución Cultural; en la actual Cuba y sus Pe-Ene-Erre, versión castrista que son de los tonton macoutes del terrible Papa Doc; en la Rumania estalinista de Ceaucescu; en los campos de la muerte de Campuchea; en los centros de reeducación política de Vietnam, etc… y que ahora viene hacia nosotros. Por todo ello, concluyamos que se trata de algo muy orwelliano, planificado y diseñado que ha sido para destruir todo lo que llamamos libertad, decencia y cultura: las nuestras, se entiende.

Como último comentario sobre esta influyente y devastadora escuela de pensamiento, digamos que, a su amparo, las sociedades están dotándose de ‘Estados de ideología oficial’ bajo el conjuro de los vastos poderes al alcance de los mandamases postmodernos. Además de la fuerte carga de indoctrinamiento introducida sin demasiados miramientos en la escuela pública por los francfortianos más descarados, habremos de tomar nota del hecho de que ya hay gente en la cárcel por haber cometido cualquiera de los llamados ‘crímenes de odio’ (hate crimes), una tipificación penal que impúdicamente condena lo que en esencia son manifestaciones del pensamiento político o del pensamiento a secas, así juzgadas desde la subjetividad de unas leyes que se adentran en el siempre-antes-prohibido terreno del pensar de las personas, en virtuosa imitación del orwelliano crimen del pensamiento (thoughtcrime). A más abundamiento, sabemos que algunos gobiernos están seriamente pensando en ampliar  la esfera de su acción policial y su capacidad pesquisidora, inicialmente intimidatoria esta, siempre intrusiva…  y finalmente represora.

Es el Reino Unido el ente estatal más adelantado en la aplicación estricta del hate crime, eso sí, siempre en el sentido que recomiendan los expertos ‘odiadores’ que, como buenos marxistas, son los francfortianos, asiduamente dirigida que vemos la acción represiva contra los varones heterosexuales blancos y, a ser posible, pertenecientes a cualquiera de los ‘partiditos’ políticos de allí que incluyan las palabras Independent, Free o, el colmo de los colmos, England, en sus siglas. 

En USA, fue el gobierno del eminente e indisimulado miembro de la secta, Barack Hussein Obama, quien sacó adelante una ley que extiende los enormes poderes que los inquilinos de la Casa Blanca poseen para, mediante lo que llaman ‘orden ejecutiva’, dictar sentencias de muerte fuera del control judicial contra personas propias y ajenas tenidas por hostiles y que, por el momento, operen fuera de las fronteras nacionales. La ejecución de las letales fatwas dictadas por todo un premio Nobel de la Paz corren a cuenta de comandos ‘patanegra’, los célebres SEAL, tal como ocurriera en la célebre acción de Abbottabad, en Pakistán, un país aliado, no se olvide; y a cuenta también de los eficacísimos y por eso temibles drones en cualquier parte del mundo tenida por hostil, controlados desde cualquier base aérea, a miles de kilómetros del lugar donde se ejecuta, nunca mejor dicho, la acción punitiva.

La aludida extensión de poderes se refiere cada vez más a los que afectan a los propios ciudadanos norteamericanos dentro del territorio nacional, sujetos que ya están a toda suerte de intromisiones, controles y vigilancias (electrónica, comunicacional, física, dineraria, documental y, poco a poco, también por medio de drones fabricados ‘a medida’). Bastará cualquier indefinida sospecha sobre alguien, es decir, adjudicada especulativa y por tanto subjetivamente para, sin limitaciones de tempo o espacio, atraer la atención del Gran-Hermano-que-todo-lo-ve-y-todo-lo-oye, el de verdad pues.

También se contempla en la citada ley la detención y custodia castrenses, por tiempo indefinido, de ciudadanos tenidos por peligrosos, entendido este adjetivo en su sentido más amplio y aplicada la norma sin tutela judicial. Añádase a esto la ambigüedad de los términos de su ejecución (enforcement) y tendremos un cuadro de tal discrecionalidad ejecutiva que deja totalmente inerme al ciudadano afectado, a la par que se ejerce una potente presión intimidatoria sobre todos los demás. Éste es el mundo que nos tienen preparado los francfortianos de última generación y sus circunstanciales compañeros de viaje que son los proponentes del Nuevo Orden Mundial (NOM). Conviene matizar que, en un tal maridaje, éstos buscan con sus abrasivas propuestas adormecer la conciencias para facilitarse el camino hacia la dominación global de un mundo que quieren heredar ‘funcionante’; por su parte, los marxistas culturales hacen de la total destrucción un fin en sí mismo. En realidad, como ya ha quedado dicho, tal es su único fin. 

Ambos grupos comparten objetivos en una primera fase en la que buscan el desarme moral y el desamparo legal e institucional de la ciudadanía, es decir, su desarraigo respecto a las nociones y sentimientos de religión, sociedad, patria y familia. Esos son pues los vínculos afectivos que deben ser eliminados antes de que los embozados acometan la segunda fase del plan: la destrucción total y final que desean los francfortianos… o la construcción, a partir de cero, del gobierno mundial que anhelan los Illuminati.

Por comparación, es de agradecer que estos últimos persigan un sueño finalmente constructivo que sin embargo pasa por el aniquilamiento de al menos la mitad de la humanidad. Ahí está el monumento megalítico denominado Las Piedras-Guía de Georgia, de clara adscripción iluminística que, en la primera línea de su decálogo prescriptivo (esculpido en piedra y en ocho idiomas) pide reducir la población ¡a 500 millones de almas! Traigo esto a colación porque, a pesar de su brutalidad física (de los males el menor), pudiera esto ser más aceptable que la destrucción ciega, sin horizontes y de carácter moral que se proponen ejecutar los dementes elementos francfortianos.

Allá en la reunión del Grupo Bilderberg del año 1991, las de más abajo en cursiva fueron las palabras dichas por uno de los ponentes, nada menos que el magnate David Rockefeller, esto en una de las pocas ocasiones en que algo de lo dicho en cualquiera de la 60 ‘tenidas’ anuales habidas hasta el día de la fecha haya traspirado al exterior: “Estamos agradecidos al The Washington Post, The New York Times  y a otras grandes publicaciones cuyos directores atienden asiduamente nuestras reuniones y que han venido respetando su palabra en cuanto al silencio editorial de sus contenidos durante  cuarenta años. Hubiese resultado imposible desarrollar un plan para el mundo de haber estado nuestras deliberaciones bajo las luces de la publicidad. Pero el mundo es hoy mucho más sofisticado y está más preparado para dirigirse en derechura al gobierno global. La soberanía supranacional de la élite intelectual y los banqueros centrales es sin duda preferible a la secular autonomía nacional hoy vigente”.

Confrontado después con sus propias palabras, contestó: “Algunos piensan que somos parte de una cábala secreta que actúa en contra de los intereses de los EEUU y caracterizan a mi familia y a mí mismo de ‘internacionalistas’ que conspiran en compañía de otras gentes venidas de los cuatro rincones del mundo para construir una estructura global más integrada a nivel político y económico: un mundo único, para quien así prefiera describirlo. Pues bien, si esos son las cargos imputados, debo decir que me siento orgulloso de ellos”. 

Anecdóticamente, asistió como invitado especial a aquella reunión, sin voz ni voto, un jovencísimo Bill Clinton, todavía un wannabe, esto es, un humilde aspirante a la nominación para contender representando al Partido Demócrata en la carrera electoral presidencial… que terminaría ganando dos años después.

FINALMENTE, UN RECORDATORIO DE QUE LA BESTIA SIGUE VIVA 

Desde el año 2001, el director de la Escuela de Fráncfort es Axel Honneth, el representante más aventajado de la tercera generación de la ‘Escuela’, heredero en línea directa de la tradición marxisto-cultural moderna iniciada por Theodor Adorno y Max Horkheimer… y proseguida por Jürgen Habermas, maestro y mentor de Honneth desde que en 1982 le fuese concedida a este una beca de investigación en el Instituto Max Planck de Ciencias Sociales, a la sazón bajo su dirección. En el campo de la filosofía social y práctica, A. Honneth está actualmente enfrascado en el proyecto de revitalizar la ‘Teoría Crítica’ por medio de unanovísima teoría, la del ‘reconocimiento recíproco’, cuyo primer bosquejo fue esbozado en su obra La lucha por el reconocimiento- Por una gramática moral de los conflictos sociales.

El trabajo de Honneth consiste en articular la dimensión descriptiva de una teoría del reconocimiento con la descripción prescriptiva de una teoría moral. Para ello, se apoya en la premisa antropológica según la cual el hombre solamente es hombre entre los hombres, es decir que la relación práctica consigo se constituye en una relación con el otro, dice de él un hagiógrafo, utilizando éste el ya comentado críptico lenguaje de la secta.

CONCLUSIÓN-RESUMEN A GUISA DE EPÍLOGO

Permítaseme comenzar la recta final de este humilde trabajo con la leve chanza que supone recitar el famoso “Oscuro se presentaba el reinado de Witiza…”, para significar que hoy nos encontramos muy próximos al punto de inflexión que marcará el destino de nuestra cultura o, mejor dicho, de nuestra civilización que, por cristiana, dejará de existir significativamente si se le niega o anula esta su esencial y originaria característica.

Hemos visto cómo la Escuela de Fráncfort inició su andadura hace poco menos de un siglo bajo el signo de la elucubración teórica y el libre juego de las ideas en clave marxisto-revolucionaria. También ha quedado dicho que fue la suya una respuesta crítica al comunismo soviético de los años treinta y, sin solución de continuidad, el de la postguerra, siempre aquél tan paranoico, desmesurado, liberticida y represor como se le veía desde este lado de la muga, ello incluso antes de que Winston Churchill popularizara el conocidísimo remoquete ‘Telón de acero’… ya utilizado por Joseph Goebbels pocos años antes.  

Todo discurrió por los relativamente inofensivos senderos del inocuo pensar y el decir hasta que la segunda diáspora judía, la provocada por la feroz persecución nazi, llevó a Norteamérica un buen número de intelectuales marxistas de tal origen étnico, ello tras un periplo europeo que les sirvió para, antes de dar el salto, desparramar en nuestro lado del charco la semilla de su particular cizaña. Una vez instalados allí, sólo fueron necesarios unos pequeños retoques en el vocabulario ‘oficial’ para que el caudal de la corriente francfortiana desembocase felizmente en las aguas del Mississippi izquierdista que el macartismo habían allí revuelto.

Cómodamente instalados en el territorio ideológico de la hasta entonces inoperante izquierda americana del rooseveltiano New Deal, una nueva generación de inquietos revoltosos con acento teutón y deje yiddish, pasaron allí del pensamiento a la acción, siempre no violenta, forzoso es decirlo, y aupada sobre la hasta entonces meramente especulativa ciencia emanada del psicoanálisis freudiano, plantada que finalmente la vimos en el fecundo campo de los media USA de los años sesenta.   

El maridaje del empirismo mediático y la subversión marxista logró triunfos tan espectaculares como la creación de aquel nuevo tipo humano, el hippie, antecedente lejano que se nos antoja del hispano ‘perroflauta’ de nuestros preocupantes días. 

Sorprende hogaño oír de boca de los ya provectos manipuladores de antaño su desenfadada explicación de cómo elaboraron las campañas mediáticas a través de las cuales introdujeron en la sociedad norteamericana de los años 50 hábitos tales como el tabaquismo femenino, este a partir del slogan torch of freedom de los años 30, preclara idea publicitaria salida de las mientes del reputado padre de las RR.PP, un tal Edward Gernays

Lo mismo cabe decir de la adopción por parte de las mujeres de ciertas prendas de la indumentaria masculina y, en el otro lado del espectro, algo después, la aceptación de adornos y acicalamientos estrictamente femeninos por parte de los hombres. Hoy sabemos que tales modas vinieron suscitadas primero, alentadas después y finalmente exacerbadas por otras tantas y sucesivas campañas mediáticas concienzudamente diseñadas por los gurús de la emergente ciencia de la manipulación mediático-social llegados de la Europa arrasada por la guerra. Exégetas venideros podrán confirmar la vehemente sospecha que cabe abrigar sobre la procedencia ‘revolucionaria’ de modas tales como el piercing y los tatuajes que han venido después a asolar estéticamente el paisaje cutáneo del sector más infantiloide de nuestras sociedades, bien que cabe la posibilidad de que estos y otros futuros excesos aún por conocerse sean un acné genuino, un mero y accidental subproducto de la dinámica de envilecimiento estético y moral puesta en marcha por las campañas mediáticas y de otro orden aquí descritas o por describir.   

Por si fuera poco con la puesta en juego de los medios clásicos -radio, televisión y prensa- para la experimentación previa y la acometida final del programa de la ‘Escuela’, sus profesores terminaron infiltrándose en ese bastión de la propaganda made-in-USA que era-y-es la potente industria cinematográfica de la que Hollywood es palabra mágica y resumen conceptual, no en vano el feliz título ‘La Meca del cine’ adjudicado a aquel paraje goza de universal predicamento. 

La importancia de la irrupción del marxismo aportado por los judíos alemanes de la segunda diáspora en el crucial ámbito cinematográfico hollywoodiense, radica en el alcance planetario de los subliminales mensajes culturales que los americanos logran aventar embebidos que nos vienen en sus filmes: mitos, modos, modas e interesadas versiones o descripciones de hechos y personajes históricos, amén de nuevos valores morales y culturales… e imposturas varias. 

En todo ello, la gran industria fílmica de aquel gran país, actúa como un inmenso ventilador que, para bien o para mal, esparce ‘cultura’ en cantidades industriales, en todo momento, en el mundo entero y, last but not least,  ¡lucrativamente!  ¿Que qué más se puede pedir? ¡Pues sí!, hay algo más: el desiderátum consistente en la transmisión/absorción de los mensajes tenga lugar en un contexto placentero o, mejor aún, lúdico, tal que asegure la absorción neuronal. Añádase cualquier aviesa intención a tan feliz combinación de elementos “facilitadores” y tendremos una situación de metástasis acultural tan eficaz y potente como la que en realidad ha terminado dándose. 

Igualmente importante ha resultado ser la infiltración en el mundo académico -aquí, acá y acullá- de las disolventes nociones que alberga en su seno la ponzoñosa doctrina de ‘la corrección política’. Prueba del éxito logrado es la contundente implantación y observancia del ‘catecismo laico de lo políticamente correcto’ en claustros y aulas, oficinas de redacción y gabinetes ministeriales, que es  decir en todas partes. 

La implacable censura del lenguaje y de las ideas en los centros del saber es el mejor exponente del declive de la institución universitaria, lastimoso fenómeno que en España es más patente que en ningún otro lugar del mundo occidental.  

Llegados a este punto, merece la pena insistir una vez más en algo que pertenece a la sustancia de la idea francfortiana, concretamente la ausencia en la mente de estos zapadores culturales de un proyecto cualquiera para ‘el día después’ de la anhelada meta, léase la destrucción del edificio cultural todo.  

Y es que los teóricos de la Teoría Crítica admitían que cualquier propósito de sustitución cultural no era posible porque nadie sabía cómo habría de ser o comportarse una sociedad enteramente libre, cual la que ellos ambicionaban o meramente vislumbran en sus ensoñaciones. Y es que resulta imposible figurarse tal cuadro, confiesan ellos sin aprensión alguna, sujetos como estamos a las condiciones creadas por la represión característica del orden capitalista y que produce los resultados alienantes que Freud describe. Tal era la argumentación de entonces… y sigue siendo hoy la de sus epígonos contemporáneos. 

Así que la Teoría Crítica se limita sólo a eso, a criticar y demoler, sin proponer ninguna alternativa, ello con la intención más destructiva posible y en todas las direcciones. Su confesada y anhelada meta es la quiebra del orden presente, de ahí el título ‘antisistema’ aplicable a la violenta tropa que invariablemente hace acto de presencia en la ocasión de cualquier foro internacional tipo ‘Davos’, como si de disputarles la presa a los muñidores del NOM se tratara.  

La presa no es otra que la conciencia, memoria y moral colectiva, la de la ciudadanía productiva, dedicada con fruición y abandono a su diario vivir.  En ese deleznable propósito, ninguna treta es desechable ni hay alianza rechazable. En base a esto último vemos con cierta sorpresa el patrocinio que los poderes públicos de aquí y allá -por sus obras los conoceréis- otorgan a la religión de Mahoma, ello en amnésico olvido del brutal espíritu supremacista, exclusivista y teñido de sangre que destilan las páginas del libro canónico de los musulmanes y que dictara el arcángel San Gabriel a un analfabeto rijoso y cruel, embarrancado que se hallaba en su mudo polvoriento, primitivo y carencial. Al hacerlo, los francfortianos del presente momento se han encaramado a lomos del tigre islámico sin pensar cómo habrán de descabalgarlo cuando la fiera haya devorado su presa. Bien mirado, actúan en esto en cartesiana consecuencia con el plan previsto, consistente en la ausencia de plan alguno para el aftermath, el día después del derrumbe. Suicidas vocacionales que todos ellos son, apenas les importa lo que la fiera pueda hacerles después de haber devorado al odiado otro.  

Así que esta gente quieren suicidarse y ‘suicidarnos’ a todos, arrojándose y arrojándonos a la más colosal pira funeraria que en lo espiritual el mundo haya  jamás conocido.

Preciso es admitir que vivimos tiempos declinantes y que hay que buscar en el carácter cíclico del acontecer humano la evidente degradación de la moral tradicional (recordemos el ciceroniano ¡o tempora, o mores!) cuando llega la hora de hacer mutis por el foro, un dictum fatalista por el que todo lo que construye el hombre nace, crece y muere… sin necesariamente dejar descendencia, tal como a veces pasa con el hombre mismo.  Explicar la teoría del eterno retorno espengleriano exigiría una larga exégesis en terrenos de la filosofía de la Historia que rebasaría los límites de lo que esta exposición pretende mostrar. Baste decir que algunas culturas se metamorfosean tras haber sido absorbidas por otras, véase si no la pervivencia del derecho romano en nuestro hispánico suelo a través del Fuero Juzgo, lo que de paso nos permite vislumbrar que el lento declive de aquel Imperio fue más bien consecuencia del agotamiento del modelo que del empuje de los bárbaros. 

Por contra, la extinción de las milenarias cultura egipcia, siria y persa a manos del islam es testimonio del feroz espíritu aniquilador de los muslimes y la ausencia de interacción cultural en todos esos casos, mal que le pese a un-en-esto parcialísimo Américo Castro.

Explicado lo cual, podremos esbozar una caracterización del declive espiritual y también, en parte, material, detectable a nuestro alrededor y que afecta al mundo occidental todo. Para ello valdrá parafrasear a André Malraux en su “el siglo XXI será espiritual o no será”, para poder nosotros afirmar aquí y ahora, sin dramatismo ni exageración, que la civilización occidental en nuestro siglo seguirá siendo cristiana o no será, lo que viene a decir que su salud y su futuro están íntimamente ligados a un linaje cuyas viejas entrelazadas hebras vemos hoy deshilachadas. 

Admitido esto, queda responder a la pregunta de la gallina y el huevo: ¿estamos como estamos por culpa y causa de los embates que desde fuera y también desde dentro sufre nuestra milenaria cultura? O, alternativamente, ¿sufrimos esos ataques precisamente porque el enemigo exterior huele nuestra debilidad, nuestra triple postración intelectual, anímica y moral… y el traidor surge intramuros del pudridero de la colectiva duda?

De cómo respondamos a esta pregunta dependerá el tratamiento que demos a lo que podría ser remediable invasión vírica… o que pudiera corresponder a un proceso degenerativo sólo tratable mediante dilatorios cuidados paliativos, dicho esto último sin detrimento de la importancia y urgencia de la campaña de rearme moral que, de todas maneras y por principio, debemos acometer.

Llegados a este punto cedo el testigo a mentes más doctas para que sean ellas las que diluciden cuáles pudieran ser nuestras posibilidades y en esa consecuencia arbitren las medidas capaces de, en un caso, devolver a su oceánica procedencia la devastadora ola, o, en otro, mantener la amenazante marea al otro lado del dique interpuesto al efecto… hasta que de entre nosotros surja un nuevo Don Pelayo. 

Por cierto, ¿alguien sabe qué fue del conde Don Julián y del obispo Don Opas?Compartir

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Acerca de Gil Sánchez Valiente 

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