Islamismo y democracia son incompatibles, “por definición”. El ejemplo de Egipto como muestra .

La paradoja Mursi

Por Redacción – lunes 08/07/20133WhatsAppFacebookTwitterEmailCompartir0

La Ley de Alá, la UNICA posible en el islamismo. Está escrita en El Libro: Corán.

GABRIEL ALBIAC.

Los islamistas han puesto todos los fundamentos para hacer que el país retorne a la Edad Media, que es donde Alá se siente de verdad a gusto.

El primer presidente civil electo en la historia de Egipto es un islamista. Más que eso: Mohamed Mursi lidera la cofradía de los Hermanos Musulmanes, la cual, desde su constitución en 1928, ha sido el germen del cual iba a nacer el islamismo político, que es el riesgo mayor sobre el cual se abre la política internacional en el siglo XXI. Y el islamismo no conoce democracia, ni Estado, ni nación que se pretenda independiente.

No es capricho. Es mandato coránico. En el rigor incuestionable de ese mandato, nación y Estado son abominaciones que traban el advenimiento de la umma, la universal comunidad de los creyentes bajo el dictado de la verdadera ley dada por Alá, en la cual no es admisible distinción entre sagrado y mundano: la sharía. Cualquier Constitución es teológicamente blasfema, desde tal supuesto: sólo Alá dicta ley. Y eso a lo cual el degenerado Occidente llama democracia, no puede sino aparecer como furtiva arma por cuyo medio agreden los infieles –cristianos y judíos de un modo particularmente odioso– a los hombres devotos, a los cuales encomendó Alá la sagrada misión de expandir la verdad de su Libro frente a quienes, por su testarudez en negarla, deben ser exterminados. Mohamed Mursi, primer presidente civil electo en la Historia de Egipto, sabe –no puede no saberlo, puesto que es un creyente– que la legitimidad de un presidente electo sólo es una blasfemia más, propia de las perversas cabezas de quienes, al afirmar su fe en la democracia, no afirman sino su no-fe en el mandato del Libro: su insumisión al Grande y Misericordioso. Una democracia y una teocracia se excluyen por exigencia del diccionario. No son conciliables modernidad política e Islam.

La paradoja egipcia es, estos días, la forma extrema del imposible sobre el cual se asienta esa re-islamización del mundo árabe, a la cual la estupidez europea bautizó como «primavera» y que da ahora sobre un invierno glacial sin transiciones. En Egipto se afrontan hoy delirios de diverso tipo. En ninguno de ellos suena un sólo acento democrático. Los islamistas de Mursi en el poder han puesto, a lo largo del año que va ya desde su triunfo, todos los fundamentos para hacer que el país retorne a la Edad Media, que es donde Alá se siente de verdad a gusto. Para conseguir eso, hay que pasar por la ruina. Lo han logrado. Aunque puede que a una parte de sus electores lo de la ruina no acabe de gustarles mucho. Los agazapados beneficiarios de la cadena de dictadores cuyo último espécimen fuera el caído Mubarak, aguardan su revancha: puede que ellos fueran corruptos, reconocen, pero al menos su incompetencia no llegaba al extremo de la cofradía de meapilas que, en doce meses, ha reducido el país a la miseria. Los militares aguardan su momento. Saben que, una vez que Hermanos Musulmanes y añorantes del régimen anterior se despanzurren convenientemente, habrá llegado su hora: la de salvar al país, que es algo que gusta mucho a los espadones del tercer mundo. También, la hora de embolsarse la compensación a la que su sacrificio los hace acreedores.

En el punto de cruce de esos tres vectores asesinos, habrá, como siempre, un puñado de gente decente. Gentes que quisieran vivir sin clérigos castradores, sin castas funcionariales fundadas en el robo, sin militares por igual asesinos y ladrones. Y esas gentes, esas pobres, decentes gentes, son las que están condenadas.

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¿Es suficiente para detener el islamismo , el uso de la razón?Leyendo este artículo, nuestras respuestas pueden esclarecer las dudas.

EL ODIO Y EL NIHILISMO COMO FUENTE DEL TERRORISMO: 91% EN EUROPA

6 MAYO, 2019   POR EDUARD YITZHAK

FUENTE https://secindef.org/el-odio-y-el-nihilismo-como-fuente-del-terrorismo-91-en-europa/

El diario francés Le Figaro informaba el 5 de marzo 2019 que se acababa de publicar el “Libro blanco y negro del terrorismo en Europa” por iniciativa de la eurodiputada española, Maite Pagazaurtundua, presidenta de la Fundación para Víctimas del Terrorismo, en el que enumera a las 753 personas asesinadas en ataques terroristas entre 2000 y 2018 en adelante en el territorio de la Unión Europea.

El informe-libro ha revelado que los terroristas islámicos han representado el 91% del total de víctimas de terror en Europa desde el año 2000 hasta la fecha.  Según estos informes, el 20% fue asesinado por terroristas suicidas yihadistas. Sabemos que el resto, 71%, pereció en ataques con cuchillos, ataques con camiones, ataques con armas de fuego, etc. Todos y cada uno de los medios que los yihadistas utilizan para asesinar y dañar al infiel. [1]

El estudio cuenta “los europeos que han sido víctimas de terrorismo fuera de las fronteras de la Comunidad durante el mismo período”, es decir, 1.115 personas, ya sean turistas, trabajadores expatriados, personal humanitario, periodistas, agentes. Fuerzas armadas … En total, 1.868 personas fueron asesinadas, de uno a 90 años, que figuran en este libro, realizadas con la asistencia de la Asociación Francesa de Víctimas del Terrorismo (AFVT). La gran mayoría (1.703 personas, 91,1%) fueron víctimas del «terrorismo yihadista», con casi el 20% de los atentados suicidas. 111 personas fueron víctimas del «terrorismo nacionalista». Los terroristas de extrema derecha y de extrema izquierda mataron a 14 y 13 personas respectivamente. Una persona ha sido víctima de “terrorismo de animales” (para 26 personas, el origen del acto terrorista es desconocido o sin queja).

“El olvido es lo peor” y este libro es “la manera de recordarlos”, dijo Elisabeth Pelsez, delegada interministerial responsable de ayudar a las víctimas de los ataques terroristas, y “Las víctimas son la parte muerta, no olvidemos a las personas con lesiones físicas o psíquicas, alrededor de 10 a 20 personas por una muerte”, insistió.

España es el país europeo más afectado por el terrorismo, y Francia, justo detrás es el segundo más afectado por los ataques durante el período estudiado (268 muertes en España en los últimos 18 años, 263 en Francia). Si agregamos a los franceses muertos en ataques fuera de la Unión Europea, murieron 379 personas. España y Francia son también los dos países de la Unión que han experimentado ataques a gran escala, el 11 de marzo de 2004 en Madrid (191 muertos, cometidos por islamistas radicales) y el 13 de noviembre de 2015 en París y en París y suburbios (121 muertos, reclamados por el grupo Estado Islámico). [2]

El porcentaje (91%) del terrorismo yihadista se incrementa aún más en el resto de continentes en los que se han contabilizado, desde el 11 de septiembre de 2001, 34.932 asesinatos en nombre del Islam, obviando aquellos muertos posteriormente por las heridas. [3]  El salafismo y el yihadismo, tanto sunnita como chiíta, son un arma de destrucción masiva, que se alimenta en el nihilismo religioso y el odio hacia la alteridad, hacia “el otro”

Ahmad Al-Khatwani, jeque y político árabe-palestino hace unas semanas afirmó categóricamente en la Mezquita Al-Aqsa, Jerusalén, que “el trabajo de los musulmanes es atraer a los ‘odiosos infieles’ hacia el Islam a través de la Yihad” y que “Roma (Europa, en lenguaje islamista) también será conquistada (por el Islam) según las predicciones de Mahoma”. Añadió que el Islam es una religión para toda la humanidad y que los “obstáculos físicos” serán derribados por “un enorme ejército musulmán que librará la Yihad por el bien de Alá”.  [4]

El problema del terrorismo islamista en Alemania no existiría sin la inmigración

El 13 de abril 2019 fue entrevistado por la TV húngara Hans-Georg Maaßen, ex presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución en Alemania, (Präsident des Bundesamtes für Verfassungsschutz), desde el 1 de agosto de 2012 hasta el 8 de noviembre de 2018.

Maaßen afirmó en dicha entrevista, con conocimiento de causa, que “En 2012 había 3.800 salafistas en Alemania. Hoy hay 11.500 y sin embargo, es importante entender que el problema del terrorismo islamista en Alemania no existiría sin la inmigración (musulmana). La gran mayoría de las personas consideradas potenciales terroristas son personas con antecedentes migratorios. Hablamos en alemán de las cuatro Ms, que son básicamente los factores que resulta en que una persona se convierta en miembro de esta y son hombres jóvenes con antecedentes de migración, musulmanes, y contratiempos en la escuela, el trabajo o la vida privada. Eso significa que la migración y el terrorismo islamista están conectados.”Añadió “La integración es posible siempre que exista un marco legal adecuado. Además, alentar a las personas a estar dispuestas a integrarse o para permitir la integración. La integración no solo debe solicitarse, sino que debe exigirse. Este es el requisito que debe esperarse de cada extranjero que venga a nosotros. Mi preocupación es que hay integración, pero no una integración en la sociedad alemana. Más bien es una integración en la sociedad árabe en la sociedad salafista, y en la sociedad turca en Alemania.”[5]

La violencia salafista y yihadista no es sólo contra las personas, sino también contra centros de culto no-musulmanes

El incendio “fortuito” de Notre Dame de Paris en la tarde del 15 de abril de 2019, “fortuito” tal como lo califica Infovaticana no es un hecho aislado [6], dado que innumerables iglesias de toda Europa occidental están siendo objeto de actos vandálicos, defecaciones e incendios. En Francia, se profanan dos iglesias de media cada día. Según PI-News, una web de noticias alemana, se registraron 1.063 ataques a iglesias o símbolos cristianos en Francia en 2018. Esto representa un aumento del 17% comparado con el año anterior (2017), cuando se registraron 878 ataques, lo que significa que esos ataques sólo están yendo de mal en peor. Llegan informaciones parecidas de Alemania. Cuatro iglesias fueron vandalizadas y/o incendiadas sólo en marzo. «En este país —explicó PI-News— hay una guerra sigilosa contra todo lo que simboliza el cristianismo: ataques a cruces en picos de montañas, a estatuas sagradas en los arcenes, a las iglesias… y desde hace poco también a cementerios». [7]

Pero estos “fortuitos”incendios y destrucciones y profanaciones de símbolos cristianos son celebrados por medios salafistas y yihadistas y considerados como “castigo de Alá y buenos augurios para el Islam en Europa.” [8]

¿Cuándo se acabará con el terrorismo yihadista?

El 14 de abril de 2019 el periodista Ibrahim Issa habló sobre el terrorismo islámico en un monólogo en su programa de entrevistas, el cual es transmitido en el canal de televisión estadounidense Al-Hurra.

Issa afirmó que “El Estado Islámico nunca llegará a su fin, Al-Qaeda nunca llegará a su fin, el terrorismo nunca terminará y el extremismo nunca tendrá un fin, a menos que nos libremos del ‘triángulo negro”. Y que el terrorismo islámico terminará solo cuando los musulmanes dejen de intentar restaurar su pasado, si se deshacen de los tres vértices de lo que él califica de “triángulo negro”, es decir: La primera punta es “la creencia indiscutible, sostenida por los musulmanes en general, de que su pasado fue un sueño hecho realidad, una era de ángeles y gloria”. La segunda punta es la creencia de “la mayoría de los musulmanes” de que esta edad de oro debe ser restaurada. La tercera punta es la creencia de “algunos musulmanes” de que este pasado debe ser restaurado incluso a través de utilizar “violencia, coerción, crueldad, brutalidad, espadas y bombas”.

Issa añadió que la única forma de deshacerse de este triángulo es que los musulmanes acepten que el pasado está compuesto de lo bueno y de lo malo y hacer las paces con el hecho de que “no existe necesidad alguna de restaurar ese pasado. Este se ha ido para no volver”. “Debemos vivir nuestras vidas en nuestros tiempos y en nuestro mundo, de acuerdo a nuestra comprensión renovada de la religión”. [9]

El terrorismo yihadista que nació en el año 622 con el inicio del Islam, contra aquellos que rechazaban a Mahoma como profeta y su religión,  no parece tener fecha de caducidad en un tiempo cercano, pues las nuevas generaciones, los niños, son adoctrinadas en el culto a la muerte, al martirio, alentados a asesinar “infieles”, como muestra el video que se ha hecho viral del 7 de abril de 2019 en la cuenta YouTube del canal de televisión en Gaza en la que se Amir Al-Khasawne, un niñito jordano que se ofrece como voluntario para ir a Jerusalén y morir como mártir. En el video, el chico, Amir Al-Khasawne, es visto marchando con una honda y un rifle de juguete. Cuando su madre le pregunta a dónde se dirigía, este dice: “Me voy de viaje muy lejos. Puede que no regrese”. Más adelante, en el video, Amir le dice a su madre que se marcha a Jerusalén, junto al «mártir Omar Abu Laila y sus amigos”. El 19 de marzo, 2019 Omar Abu Laila, apuñaló fatalmente al sargento Gal Keidan, tomó su arma y mató de un disparo al Rabino Achiad Ettinger. El chico Al-Khasawne continuó: “Le dispararé a los judíos que le dispararon a Omar”. Cuando su madre le advierte que lo mataran, el chico dice: “No es gran cosa, mamá. Moriré por Jerusalén. ¿No vale la pena morir por Jerusalén? ¿No vale la pena morir por Al-Aqsa?” Con lágrimas, Amir grita: “¡Por el bien de Alá, Oh árabes! ¡Esto es Jerusalén! ¡Es el destino del Viaje Nocturno del Profeta! ¡Vendieron Jerusalén!” Este concluyó invitando a Saladin a “despertarse”. [10]

Los niños son empleados como escudos humanos, desde hace décadas, a lo que Golda Meir, entonces Primer Ministro de Israel entre 1969 y 1974, declaró“Podemos perdonar a los árabes por matar a nuestros hijos. Pero nunca les vamos a perdonar el hacernos matar a los suyos.”

Este adoctrinamiento no se limita sólo contra los “infieles” judíos, es aún mayor contra los “infieles” cristianos, y contra todo “infiel” (el no-musulmán como Alá manda)

Los yihadistas adoctrinan a sus hijos en el odio contra el “infiel” basándose en los hechos y dichos de Mahoma. “Dos jóvenes del Ansar (Cuando Mahoma dejó La Meca para ir a Yathrib –más tarde Medina-, los Ansar fueron las personas que le dieron ayuda y quienes se volvieron unos devotos seguidores, prestando servicio en su ejército.) derribaron a Abu Jahl en la batalla de Badr. Y así como los niños de la Sahabah (compañeros de Mahoma)  mancharon sus espadas con la sangre del taghut (infiel) de ayer, el fuego del origen de la Umma, así también los niños del Califato mancharán sus balas con la sangre del tawaghit (idólatras) de hoy”, como Estado Islámico publica en su revista Dabiq número 8. [11]

Estado Islámico publica vídeos de niños que aspiran ser mártires (matando) y dice que se están preparando para atacar Roma, (Europa en versión islámico) y concretamente España. [12]  No hay que olvidar que más de 3.500 niños han sido reclutados y utilizados por yihadistas en el noreste de Nigeria desde 2013. [13]

Únicamente la paz llegará cuando los musulmanes amen a sus hijos más de lo que odian a los no-musulmanes.[14]

La ideología salafista y yihadista, tanto sunnita como chiíta, es una arma de destrucción masiva a nivel mundial, no sólo en Europa, también en Irreal, Sri Lanka, Nigeria, Filipinas, Rusia, China, Siria, Irak, Pakistán, y tantos otros países que han sufrido, y sufren, su zarpazo mortal, así como las poblaciones de Arabia Saudita, la República Islámica de Irán y otros países que están sometidas al yugo del totalitarismo islámico.

Para erradicar la violencia de género es preciso batallar contra el discurso machista y sancionar penalmente a los violentos.

Es totalmente necesario combatir la ideología del supremacismo blanco y los delitos de odio de sus seguidores, pero aún más es imprescindible combatir a los supremacistas islamistas que predican el odio religioso islámico y los delitos de odio que perpetran sus seguidores.

Es inexcusable combatir el salafismo y yihadismo, en caso contrario se alzarán voces supremacistas blancas europeas como pretendidos “verdaderos” defensores de los europeos.

El silencio de tantos líderes de opinión y políticos hacia la ideología religiosa que alimenta el terrorismo yihadista es un doble crimen contra la misma población europea, pues el que calla, otorga, como dice el refrán español, y sin combatirla no será posible tener paz en Europa.

NOTAS

[1]  https://www.jihadwatch.org/2019/03/study-islamic-jihad-accounts-for-91-of-european-terror-victims

[2] http://www.lefigaro.fr/flash-actu/2019/03/05/97001-20190305FILWWW00190-publication-d-un-livre-blanc-et-noir-du-terrorisme-en-europe.php?redirect_premium

[3]   https://www.thereligionofpeace.com/

[4]  El video de la alocución fue subido a Internet el 31 de marzo de 2019

[5] Hungarian TV interview of Hans-Georg Maaßen, former head of German Intel

El ex presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución en Alemania, (Präsident des Bundesamtes für Verfassungsschutz), Hans-Georg Maaßen, causó una controversia después de las protestas de Chemnitz en 2018, en las que se dijo que una multitud enojada había «cazado» a personas de aspecto extranjero. En una entrevista con Bild, el Sr. Maaßen cuestionó la existencia de cualquier evidencia de tales «cacerías» y declaró que su agencia de seguridad no había visto ninguna evidencia de ese tipo.

Hans-Georg Maaßen desde agosto de 2008 dirigió el Departamento de Seguridad Pública en el Ministerio Federal del Interior de Alemania como Director Ministerial del Departamento contra el terrorismo. Desde el 1 de agosto de 2012 hasta el 8 de noviembre de 2018, fue el Presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, (BfV), la agencia de seguridad nacional de Alemania y una de las tres agencias de la Comunidad de Inteligencia Alemana.

El siguiente video es una entrevista reciente con Hans-Georg Maaßen de la televisión húngara.

+Sr. Maaßen, cuando se abrieron las fronteras para cientos de miles de personas a principios de septiembre de 2015, ¿Tuvo escalofríos, como describió en una entrevista? ¿Qué pensó entonces?

*Pensé que era responsable en el país por contrarrestar el terrorismo, el extremismo y vi que ya habíamos tenido tantos problemas para defendernos del terrorismo islamista.

Me imaginé que sería aún más difícil. […] Hay que decir bastante categóricamente que las medidas de protección en la frontera, en las fronteras exteriores de Europa deben funcionar correctamente. Esto significa que solo esas personas pueden venir a Alemania, a Europa, que tienen derecho a asilo y que son elegibles para la residencia. No refugiados económicos; el uso del término no es de manera despectiva, pero no es posible para nosotros tener a todas las personas del mundo. Y ahí es donde deben funcionar las fronteras exteriores. No veo el funcionamiento de las fronteras externas. Hasta ahora no he visto que la UE, Frontex o incluso las autoridades nacionales de fronteras estén tomando las medidas necesarias para proteger a Europa, o las islas italianas y griegas y por lo tanto protegiendo indirectamente a Alemania.

En el momento de 2015, ya estaban señalando que terroristas podrían venir a Alemania con los refugiados. Sin embargo, la narrativa oficial era que no había conexión entre la migración y el terrorismo.

 + ¿En qué se basó su evaluación inicial?

* Bueno, en ese momento, asumí que entre tantos, muchos miles de los jóvenes, predominantemente hombres jóvenes, nos viene de los estados árabes, de Siria, de Irak o incluso desde Afganistán, por supuesto, habría gente entre ellos que lucharon por Estado Islámico o por otros grupos terroristas yihadistas. Durante ese tiempo, no dije que estaba seguro que estas personas tenían órdenes de venir y cometer terror. Mientras tanto, sabemos que algunos tuvieron, pero sin duda es una gran preocupación para nosotros cuando tantos miles de personas llegan incluyendo muchas que tienen experiencia en matar, experiencia en terror, y una ideología yihadista en sus corazones. Esa fue la mayor preocupación. […]

No quiero especular. La situación tomó el rumbo que tomó, y no sé si podría haber sido diferente. De todos modos, evitamos toda una serie de ataques terroristas en Alemania. Creo que el Ministerio que dirigí en ese momento, la Agencia Federal de Protección Constitucional, y la policía han hecho un muy buen trabajo. Las cosas podrían haber sido muy diferentes. Desafortunadamente, no se piensa mucho en eso, porque todos se alegran de que no hubiera docenas o cientos de víctimas del terrorismo. Me alegra que al menos durante mi tiempo cuando dirigí el ministerio, con la excepción del ataque a la Breitscheidplatz en Berlín, no hubo grandes ataques terroristas.

+ ¿Cuántas amenazas hubo, o hubo alguna amenaza?

*Había muchas amenazas. Tuvimos a veces dos o tres mensajes por día sobre posibles ataques terroristas o sospechas fundadas que tuvieron que ser procesadas. La carga de responsabilidad para mi personal era inmensa cuando se trata de determinar la validez de los cables. Por ejemplo, para determinar si Estado Islámico creó un engaño para engañarnos, o si existía una amenaza real con pistas reales que debían investigarse. Era una gran responsabilidad que llevaban mis empleados.

+ ¿Por qué la información proporcionada por los servicios de seguridad nacional no se tomó en serio en la esfera política? Es una pregunta. 

* Realmente deberías dirigirte a los políticos, pero puedo darte mi punto de vista sobre eso. Naturalmente, los políticos no ven todo a través de la misma lente que el jefe de seguridad nacional. Tienen diferentes perspectivas a considerar. Tienen cuestiones económicas a tener en cuenta. También consideran cuestiones de política exterior, y luego tienen que deciden por sí mismos qué aspectos son más importantes para ellos. Seguridad interna, política exterior y tal vez política de partidos, lo que sea. La esfera política en Alemania decidió la forma en que decidieron. Como Jefe de Seguridad nacional, por supuesto, hubiera deseado una decisión diferente desde mi perspectiva. […] Debido a mi larga experiencia como director de seguridad y como abogado, considero que mantener, hacer cumplir la ley y el orden, es ante todo, además de estar en el interés y por el bien de la gente. A pesar de que las imágenes son feas, y tal vez especialmente en la situación que produce imágenes feas, porque el estado de derecho

se ejemplifica cuando, especialmente cuando lo aplican los políticos en situaciones que producen imágenes feas. En 2012 había 3.800 salafistas en Alemania. Hoy hay 11.500

+ ¿Cuántos de ellos son capaces de ataques?

* Entre estos 11.500 salafistas, hay muchas personas que cuentan como teniendo un potencial terrorista islámico; la gente creía capaz de cometer ataques terroristas. Eso se estima actualmente para ser más de 2.000 personas. Y de estas alrededor de 700 personas son perpetradores terroristas. Amenazas terroristas islamistas. Estas personas son vigiladas, vigiladas, y están bajo vigilancia utilizando diferentes métodos. Con este gran número de 2.000 terroristas islamistas potenciales, es fácil de imaginar que incluso un buen servicio de seguridad nacional y bien equipado, la fuerza policial no puede vigilar a todas las personas a la vista y mucho menos poder entender cómo funcionan estas personas, lo que está pasando en sus cabezas o lo que están planeando.

+  ¿Cuántos de ellos llegaron a Alemania a través de la ruta de asilo? ¿Quizás sin papeles o con nombres ficticios?

*  Bueno, no puedo decirles cuántas de estas 11.500 personas acudieron a nosotros como solicitantes de asilo en los últimos años. Sin embargo, es importante entender que el problema del terrorismo islamista en Alemania no existiría sin la inmigración (musulmana). La gran mayoría de las personas consideradas potenciales terroristas son personas con antecedentes migratorios. Hablamos en alemán de las cuatro Ms, que son básicamente los factores que resulta en que una persona se convierta en miembro de esta Estos son hombres jóvenes con antecedentes de migración, musulmanes, y contratiempos en la escuela, el trabajo o la vida privada. Eso significa que la migración y el terrorismo islamista están conectados. Esto necesita ser discutido y reconocido como un problema para resolverlo. La policía, como usted ha mencionado, ya lo ha hecho, frustraron varios ataques terroristas el año pasado.

+ Precisamente seis en los últimos dos años, como he leído. ¿Se ha puesto más alerta la policía?

*En realidad, creo que evitamos aún más ataques terroristas. Para ser precisos, impidió la planificación del terrorismo contrarrestando preventivamente veo como uno de los mayores éxitos que tuvimos el año pasado, en junio, la prevención de la planificación de la guerra biológica con un veneno natural en Colonia. Un individuo planeaba detonar una bomba de ricino. La policía y los servicios de inteligencia están bien equipados en Alemania. No diré que están extraordinariamente equipados; ellos han hecho mejoras significativas en los últimos años en términos de personal y en cuanto a calidad de desempeño. Sin embargo, los desafíos a los que se enfrentan las autoridades de seguridad se deben a la gran cantidad de casos, y la tecnología utilizada por nuestros homólogos, es impresionante. Esto a veces resulta en que la policía y las agencias de inteligencia operen en sus límites.

+Más de 200.000 refugiados están obligados a abandonar el país. ¿Por qué no funcionan las deportaciones?

* Hay toda una lista de razones. Empezando por el hecho de que los países de origen a menudo no están dispuestos a recuperar a estas personas. Esto se debe en parte a razones económicas. Un solicitante de asilo en Alemania transfiere dinero a casa, lo que tiene dos beneficios. Por un lado hay divisas, y por otro lado una persona que posiblemente esté desempleada es una carga en el mercado laboral interno o es propenso a la delincuencia, que en última instancia hace daño a su patria. Es por eso que rara vez están dispuestos para permitir que estas personas vuelvan a entrar. Otra razón es que tenemos salvaguardas de deportación muy complicadas. Alguien en Alemania que tiene hijos alemanes está casado con un alemán o con alguien que pueden enfrentar tratos inhumanos, degradantes, el castigo o potencialmente enfrentar la pena de muerte; Él / ella está protegido de la deportación. Esto frustra en gran medida a las autoridades responsables por deportación. Además, también existen las llamadas ONGs que previenen deliberadamente la deportación al ayudar a los deportados a esconderse, etc. En general, hay que decir que la política de deportación en Alemania desafortunadamente es un desastre. Entonces otra vez,

Alemania no es el único país de Europa occidental que tiene dificultades para resolver este problema.

+ ¿Hay una industria de deportación, como dijo el Sr. Dobrindt?

* Hay muchas personas que ganan dinero con los solicitantes de asilo y evitando su deportación. Solo hay que decirlo abiertamente. Cada solicitante de asilo le cuesta al estado mucho dinero, pero el dinero entra en los bolsillos de ciertas personas que hacen dinero con ellos. Debido a la reunificación familiar, muchos más refugiados vendrán en los próximos años. Su integración requeriría la infraestructura adicional de una ciudad alemana del tamaño de Kassel.

+ ¿Es realmente posible la integración de tantos?

* La integración es posible siempre que exista un marco legal adecuado. Además, alentar a las personas a estar dispuestas a integrarse o para permitir la integración. La integración no solo debe solicitarse, sino que debe exigirse. Este es el requisito que debe esperarse de cada extranjero que venga a nosotros. Mi preocupación es que hay integración, pero no una integración en la sociedad alemana. Más bien es una integración en la sociedad árabe en la sociedad salafista, y en la sociedad turca en Alemania.

Esto crea sociedades paralelas, y en mi opinión todo lo necesario que se debe tomar para evitar esto.

+ ¿Cómo ha cambiado el clima social en Alemania?

*  Desde mi punto de vista, en los últimos años ha cambiado para peor. Como presidente de la Agencia Federal de Protección Constitucional, me causó preocupación. Especialmente debido al hecho de que muchas personas en Alemania entre la clase media que normalmente pertenece a los partidos CDU o SPD se apartó de estos partidos. En su lugar, apoyaron o votaron por el nuevo partido AfD, Alternativa para Alemania, un partido de derecha. Esta es una renuncia a los partidos establecidos y la transición a toda una fuerza nueva. Esto es algo que ya hemos visto en otros países de Europa occidental, como los Países Bajos, Italia o incluso Francia. Pero esto también conduce a una ruptura del actual sistema de partidos. También podría verse como una erosión de la confianza en la capacidad del actual sistema de partidos para funcionar, y un alejamiento de esta democracia. Este desarrollo todavía me llena de preocupación, especialmente porque no fue prevenido y continúa.

+Ahora muchas personas dudan en expresar su opinión libremente, porque tienen miedo de ser etiquetado como «ala derecha». ¿Está usted también?

* No, no me preocupa que me etiqueten de derecha. Sin embargo, me preocupa que muchas personas, por ejemplo, quienes se me acercan para decir que están de acuerdo con lo que he hecho, con lo que he dicho y me dicen que me apoyan. Por ejemplo, cuando voy a un restaurante, extraños me felicitan por mi actitud, y, sin embargo, estas personas no se atreven a decirlo de otra manera. Creo que es una pena, y me recuerda a mi propia biografía familiar. Hace poco escuchaba una grabación que grabé en 1980. de mi tío relatando su experiencia desde 1933 hasta 1945. Mi abuelo fue maltratado por los nazis. Mi tío había sido perseguido por ellos. Todo lo que dijo evoca los recuerdos del totalitarismo y la dictadura de opinión, que aún es posible incluso hoy. No estoy diciendo que este sea el caso en Alemania, pero que debe evitarse. Por lo tanto, debemos tener el valor de decir cosas que a los demás no les gustan.

+  ¿La corrección política impide eso? ¿Por qué otra cosa la gente tendría miedo de expresar su opinión libremente?

*  Podría ser debido al liderazgo. Me he dicho a mí mismo, si no puedo expresar mi opinión libremente, entonces, ¿cómo puedo esperar eso de mi personal? Mi expectativa es que los líderes en negocios, en la administración, en el gobierno se debe poseer suficiente columna vertebral para expresar su posición.

+ ¿Qué tan peligroso considera usted a las comunidades de la mezquita?

*  Bueno, entre las muchas comunidades de mezquitas en Alemania hay varias llamadas mezquitas de callejón. Por eso quiero decir, mezquitas lideradas por imanes autoproclamados que usualmente pertenecen al salafismo o alguna otra forma de islamismo radical que predican. En Alemania no hay control estatal de las sociedades religiosas y esto ha llevado finalmente al hecho de que tenemos un crecimiento salvaje de radicales. Las comunidades de mezquitas musulmanas y en estas comunidades de mezquitas, los jóvenes están definitivamente radicalizados.

+  ¿Y a veces reclutados?

*  Y a veces reclutado por el islamismo radical. Se podría decir que las comunidades de mezquitas salafistas son una especie de estación de entrada que conduce al yihadismo.

+ ¿Qué piensa usted de la legislación propuesta para retirar los pasaportes alemanes de los terroristas que regresan de Medio Oriente?

* Creo que es correcto e importante tener una ley así. De hecho, ya lo había exigido. Ahora es un poco tarde, en mi opinión. Necesitábamos tener esta ley en vigor antes de que estas personas se unieran al ISIS, y no cuando quieren volver a Alemania.

+ ¿No podría aplicarse retroactivamente?

* De acuerdo con mi entendimiento de la ley, no es posible adoptar tal regla de manera retroactiva. Si otros abogados constitucionales lo consideraran una posibilidad, entonces eso sería bueno en mi opinión. Sospecho que habría objeciones legales vigorosas.

+Y qué pasa con los yihadistas o los terroristas que ahora podrían volver a Alemania? ¿Se puede prevenir de alguna manera?

* En general, cualquier persona con ciudadanía alemana, sin importar quién, tiene derecho a volver a ingresar a Alemania. Si regresan a Alemania y se consideran un riesgo potencial, las autoridades de seguridad de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución y las autoridades policiales se encargará de la situación. Esto sería una carga considerable. También es bastante peligroso si estas personas albergan una motivación en sus cabezas que las autoridades de seguridad no pueden reconocer.

+Siguiendo esa información, ¿cómo se ve la situación de seguridad actual para 2019 en Alemania?

* Creo que la situación de seguridad es estable. Creo que las autoridades de seguridad, servicios de inteligencia o incluso la policía tener la situación de seguridad bajo control lo mejor posible. Cuando digo «lo mejor posible» significa que los riesgos permanecen. Esos riesgos son los muchos miles de personas que desconocemos y no pueden ver lo que pasa en sus cabezas. Aquellos en sus computadoras por la tarde, comunicándose con otros yihadistas o quizás descargando instrucciones de bombas para cometer un ataque al día siguiente. Creo que somos un país seguro en comparación con muchas otras naciones del mundo. Sin embargo, la preocupación es que estos riesgos están ocurriendo y eso no debería haberse permitido. Incluso hoy, cada segundo refugiado llega a Alemania sin documentos válidos.

+  ¿Qué tipo de riesgo de seguridad presenta eso?

*  Bueno, si una persona llega a Alemania sin documentos válidos, no sabemos quién es realmente esa persona. No podemos confiar en la información que nos dan. Hemos tenido gente quienes decían que su nombre era Abo Coca-Cola o Ronny Ice Cube solicitando permiso para entrar a Alemania. Incluso si la base de datos o la base de datos de mi ministerio en ese momento era bueno y tenía muy buen intercambio con todas las agencias de inteligencia europeas. Y nuestras bases de datos están llenas.

Así que incluso si tenemos el nombre de una determinada persona y sabemos que ciertas personas son un peligro, nada de eso ayuda cuando esa persona entra a Alemania con un nombre ficticio. Por lo tanto, tenemos un gran interés en asegurarnos de que las personas que llegan a Alemania tienen un nombre que corresponde a los documentos de viaje válidos.

+Según las estadísticas actuales, el número de ciudadanos que temen ser víctimas de un crimen o un ataque terrorista aumentó enormemente en 2018. Una sensación de seguridad no se refleja en esas estadísticas. ¿Cómo explica eso?

* Creo que esto es en parte porque muchas personas perciben la situación de seguridad personalmente. Podría ser a través de la televisión, cobertura de noticias, artículos periodísticos o por experiencia propia. De una manera se percibe de manera diferente a las estadísticas. En segundo lugar, creo que podría ser simplemente porque muchas personas notan los cambios en el paisaje urbano, en el barrio, y lo perciben como una amenaza personal. Estas amenazas personales se reflejan en el hecho de que estas personas pueden optar por votar por la AfD u otros partidos que no hayan tenido representación previamente en el Bundestag. Otra forma en que estas personas están expresando su ansiedad es equipándose con rociadores irritantes o instalando sistemas de alarma, etc.

+ ¿Qué cree que deparará el futuro? ¿Monitoreando por todas partes? ¿Cómo se ve Alemania en 2030?

* 2030 está, por supuesto, muy lejos en el futuro. Honestamente, no estoy pensando tan lejos, pero como oficial de inteligencia es necesario para imaginar posibles escenarios y crear previsiones. Desde mi punto de vista, el indicador decisivo para un pronóstico sería: ¿Cómo se ve Alemania a finales de este año o en tres años si no cambiamos nada; Si solo mantenemos el status quo? Lo que me preocupa es la inmensa presión de los refugiados de Medio Oriente, norte de África, y que muchas más personas vendrán a nosotros. Si seguimos intentando acomodarlos, proveerlos, de que tal vez la economía alemana no funcione como lo hizo en los últimos años. Esto resultará en una carga financiera significativa para todos.

El crimen y el terrorismo seguirían aumentando a pesar de que Estado Islámico ha sido derrotado en Irak, todavía están allí en Irak. Así que tenemos que asumir que Estado Islámico seguirá planeando en Alemania y otras partes de Europa occidental. Tomando todo eso en consideración, podemos esperar más ataques terroristas, mayor criminalidad y mayor inseguridad entre los ciudadanos en los próximos tres años. La gente ya no se sentirá cómoda en su propia comunidad; ya no se sentirán comprendidos o representados por la esfera política, lo que podría llevar a la radicalización.

Lo hemos experimentado en otras naciones de Europa occidental y también condujo relativamente rápido, en algunas naciones, a que el gobierno fuera expulsado.

[6]  Un ‘fortuito’ incendio en Notre Dame que no es un ‘hecho aislado’

https://infovaticana.com/2019/04/15/arde-la-catedral-de-notre-dame/

[7] https://es.gatestoneinstitute.org/14079/europe-iglesias-vandalicos-incendios

[8]  https://www2.memri.org/espanol/yihadistas-celebran-el-incendio-en-la-catedral-de-notre-dame-y-lo-denominan-castigo-y-buenos-augurios/54620

[9] MEMRI –  abril 23, 2019. Serie Comunicados Especiales No. 8017

[10] Adoctrinamiento de niños: Chico jordano jura querer martirizarse por Jerusalén en video viral

Por MEMRI –  abril 29. Comunicados Especiales No. 8026

[11] Dabiq 8  Jumada Al-Akhirah pág.  21

https://clarionproject.org/docs/isis-isil-islamic-state-magazine-issue+8-sharia-alone-will-rule-africa.pdf

[12] https://www2.memri.org/espanol/el-eiis-destaca-video-de-ninos-que-aspiran-ser-martires-y-dice-que-se-estan-preparando-para-conquistar-roma-y-espana-advertencia-imagenes-graficas/22583

[13] https://www.unicef.org/nigeria/press-releases/more-3500-children-have-been-recruited-and-used-non-state-armed-groups-north-east

[14] Parafraseando a Golda Meir cuando dijo: “La paz llegará, cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros.”EDUARD YITZHAKEUROPAISLAMTERRORISMO

Eduard Yitzhak

EDUARD YITZHAK

Doctor en Filosofía y en Medicina, habiendo sido docente de Filosofía en la Universidad y ejercido como médico-cirujano especialista en hospitales universitarios de Alemania y España. Es especialista en terrorismo islámico. Es colaborador en prensa especializada española, norteamericana e israelí sobre salafismo, yihadismo y terrorismo islámico. Ha dado conferencias sobre terrorismo islámico en el Ejército –en Capitanía General-, Guardia Civil, Cuerpo Nacional de Policía, Mossos d´Esquadra y Ertzaintza. Coautor junto con Eduardo Martín de Pozuelo y Jordi Bordas del libro Objetivo: Califato Universal. Claves para comprender el yihadismo. Ex presidente de Asociación Cultural de Hasbara [ACH]. Es copresidente, junto con Laurence Franks, de Maguen David Hasbara Sefarad.

Musulmanes colombianos y la Nación del Islam.

Así echó raíces el islam en una de las ciudades más peligrosas de Colombia

Escrito por Sibylla Brodzinsky

FUENTE https://www.desdeabajo.info/colombia/item/30702-asi-echo-raices-el-islam-en-una-de-las-ciudades-mas-peligrosas-de-colombia.html

Así echó raíces el islam en una de las ciudades más peligrosas de Colombia

La ciudad porturaira de Buenaventura es el hogar de una pequeña comunidad musulmana que abrazó con éxito la Nación del Islam.
El islam llegó a finales de los años 60 de la mano de Esteban Mustafa Meléndez, un marinero afroamericano originario de Panamá
Los musulmanes de Buenaventura, asentados entre la jungla y el Océano Pacífico, son negros, pobres y poco conocedores de las creencias y tradiciones del islam.


Los ritmos de salsa a todo volumen que llegan desde un bar cercano no perturban al Sheik Munir Valencia mientras se inclina durante la oración en una casa familiar convertida en mezquita en la pobre y violenta ciudad colombiana de Buenaventura. Sus rezos terminan, Valencia se quita la túnica marrón, se sienta en una mesa de plástico y relata cómo es ser el líder espiritual de una atípica comunidad islámica.


La pequeña comunidad musulmana afrocolombiana en la principal ciudad portuaria del Pácifico en Colombia ha adoptado en los últimos años las enseñanzas de la Nación del Islam, del islam suní y también de la interpretación chií.


Al principio atraídos por la fe de las promesas del poder negro, los musulmanes de Buenaventura aseguran que han encontrado en el islam un refugio de la pobreza y la violencia que carcome la ciudad. Buenaventura tiene una de las tasas de asesinatos más elevadas de Colombia.


El islam llegó aquí a finales de los años 60 de la mano de Esteban Mustafa Meléndez, un marinero afroamericano originario de Panamá, que difundió las enseñanzas de la Nación del Islam –un grupo nacido en EEUU que mezcla elementos del islam con nacionalismo negro– entre los trabajadores del puerto.


“Habló de la autoestima de los negros y esto causó un gran impacto. Esas enseñanzas llegaron a las cabezas y a los corazones de mucha gente”, cuenta Valencia, añadiendo que el mensaje llegó durante un periodo de profundo cambio social. La visita de Meléndez se produjo en un momento en el que muchos campesinos colombianos estaban migrando a las ciudades. Así lo explica Diego Castellanos, un sociólogo que ha estudiado diferentes religiones en Colombia, un país eminentemente católico.


Una ola de conversiones políticas


La primera ola de conversiones fue más política que espiritual. En sus oraciones (en inglés o español) leían más panfletos políticos que el Corán, y tenían un precario conocimiento de los postulados centrales del islam, comenta Valencia.


La atracción de la Nación del Islam fue disminuyendo gradualmente a medida que los viajes de Meléndez se hicieron menos frecuentes y el mensaje de supremacía negra comenzó a sonar hueco en una comunidad que –aunque sí que ha sido víctima de una importante discriminación estructural basada en su raza– nunca ha sufrido el mismo odio racial y las leyes segregacionistas que habían existido en EEUU.


Siguiendo el ejemplo de Malcolm X –que rompió con la Nación del Islam y abrazó el sunismo antes de su muerte en 1965– un miembro de la comunidad de Buenaventura viajó a Arabia Saudí a estudiar el islam y regresó para convencer al grupo de que abrazase una fe más ortodoxa.


“Fue así como nos hicimos suníes”, narra Valencia, que fue criado en el catolicismo y planeaba convertirse en sacerdote antes de convertirse al islam. “Aprendimos a leer árabe; ahora leemos el Corán y dejamos de fijarnos en EEUU para mirar hacia Arabia Saudí”.


La comunidad musulmana de Buenaventura se dirigió a grupos suníes en el país para conseguir apoyo, pero estos dos mundos no podrían ser más diferentes.


Los musulmanes de Buenaventura, asentados entre las vastas extensiones de jungla y el Océano Pacífico en el suroeste de Colombia, son negros, pobres y relativamente poco conocedores de las creencias y tradiciones del islam. La comunidad suní colombiana establecida era de herencia árabe, formada por prósperos comerciantes y se ubicaba en su mayoría en Maicao, una bulliciosa ciudad comercial situada en el desierto del noreste, en la frontera con Venezuela.


Becas para estudiar el Corán en Argentina e Irán


Aparte de algunas donaciones de alimentos de la comunidad árabe, las relaciones eran distantes. La revolución islámica de 1979 en Irán dio un soplo de aire fresco a la comunidad de Buenaventura. Las misiones chiíes contactaron con el grupo y ofrecieron becas y apoyo financiero. Valencia consiguió una beca para estudiar en la mezquita de At-Tauhid en Buenos Aires y después continuó sus estudios en la universidad de Qom en Irán.


A mitad del relato, suena el teléfono del Sheik. Su tono de llamada es un cántico árabe. Valencia responde: “Salaam alekum”, e inmediatamente después entabla una conversación en el trepidante español de la costa pacífica de Colombia.


Retratos de Malcolm X y del ayatolá Alí Jamenei adornan las paredes de los muros de la habitación trasera de la casa, la que sirve como centro comunitario y mezquita para aproximadamente 300 personas. Un mural colorido cubre otra pared, en el que se puede ver un frondoso árbol genealógico titulado “Genealogía islámica de los profetas”. Cualquier viernes se presentan entre 40 y 50 personas para la oración.


Valencia cuenta también que los vínculos con Irán han sido objeto de investigaciones secretas y no tan secretas por parte de los servicios de inteligencia tanto de Colombia como de EEUU. “No tengo nada que esconder”, asegura. “Los iraníes nos apoyan, pero no somos yihadistas”.


Valencia también dirige dos escuelas privadas subvencionadas donde 180 niños procedentes de los vecindarios más pobres de la ciudad no solo aprenden el ABC sino también el alfabeto árabe. Alojada en la planta baja de un edificio de tres plantas mal cuidado, la escuela de Silvia Zaynab se encuentra en uno de los vecindarios más violentos de Buenaventura, donde las bandas criminales luchan por control del territorio y los vecinos, a menudo, se ven atrapados en el fuego cruzado.


La escuela ofrece un pequeño refugio de esta realidad. Los estudiantes dan la bienvenida a los visitantes con canciones en árabe sobre la grandeza de Alá. En español cantan sobre los “cinco profetas de la creación”: Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma. Un estudiante de segundo grado corre a la pizarra para escribir con orgullo un número de tres dígitos en árabe.


Solo cinco de los niños que asisten a estas escuelas son miembros de la comunidad musulmana. “No tratamos de convertir a nadie; solo les enseñamos a los niños a respetar otras religiones y otras tradiciones”, defiende.

Sibylla Brodzinsky – Buenaventura
28/01/2017 – 19:34h

theguardian
Traducido por Cristina Armunia Berges

Desde la Córdoba de las cuatro ( no tres) culturas. Presentando la revista electrónica Posmodernia

FUENTE http://www.posmodernia.com/posmodernia-desde-la-cordoba-de-las-cuatro-culturas/

Autor: Gustavo Bueno Sánchez

La Córdoba ( España) de las cuatro culturas ( no tres )

Supe del proyecto Posmodernia en Córdoba, hace dos años, cuando ya llevaba varios meses gestándose. No es por tanto algo improvisado, una ocurrencia, sino empresa tranquila, pausada y serenamente madurada, que se ha gestado durante tres años (el registro del dominio posmodernia.es se hizo en julio de 2014, un sitio que hasta hoy, 24 de marzo de 2017, no queda abierto al público). Sobran prisas cuando los asuntos que importan superan la escala de la inmediatez cotidiana, del curso anual de una liga de fútbol o de los ciclos electorales, pues han de ser considerados por décadas, generaciones, siglos y aún milenios.

Al escuchar el nombre Posmodernia por vez primera, mis fantasmas amenazaron náuseas, casi arcadas de asco y repulsión nada posmodernas; pero al poco advertí sus potenciales virtudes polisémicas, pues también podía sugerir, por ejemplo, genérico contenedor que observa, aséptico y distante, los cenagales malolientes de las corrupciones ideológicas y tantas simplezas ingenuas e insípidas, todavía más putrefactas.
Supe en efecto de Posmodernia hace dos años, precisamente antes y después de una conferencia sobre «El mito de las Tres Culturas», habida dentro del ciclo «Córdoba, ante el reto del multiculturalismo», organizado por la plataforma StopISIS en marzo y abril de 2015.

Sucede que el «mito de las tres culturas», como transformación del «mito de las tres religiones», es decir, el mito de la armoniosa convivencia medieval de judíos, cristianos y mahometanos, se cuaja precisamente en Córdoba, tras haberse celebrado en enero de 1929 una Semana califal, conmemorativa del milenario del Califato, al asumir la Diputación de Córdoba la creación en 1931 de un Centro de Estudios Andaluces «que había de estudiar las tres culturas, latina, árabe y hebrea que florecen bajo el Califato». Lanzada la idea, sin embargo, los intereses localistas y la complicidad de un ministro malagueño determinaron que la República pusiera en marcha instituciones similares en Madrid, Granada y Sevilla, ignorando a la pionera, que no pudo sobrevivir.

Pero sería un error asociar a Córdoba sólo con las tres religiones monoteístas y las mentadas tres culturas y sus mitos, que armoniosos ideólogos posteriores elevan incluso a civilizaciones inexistentes en alianza de papel.
Pues sucede que en Córdoba, donde hoy nace Posmodernia, han nacido nada menos que cuatro figuras esenciales de otros tantos círculos culturales pretéritos: Séneca el gran filósofo estoico romano, Osio el autor del Credo cristiano de Nicea, Averroes el último filósofo musulmán y Maimónides el último filósofo judío.

Séneca no fue cristiano, aunque la propaganda evangélica inventara una correspondencia apócrifa con San Pablo que fue tenida por cierta durante milenio y medio, y que siguen jaleando los péplum de Sacrobosque. Para mayor divertimento un iluminado, Giménez Caballero, llega a presentar a Séneca en 1934 como fundamento primero del fascismo, en una presunta continuidad que pasando por Petrarca, Maquiavelo, Montaigne, llegaría a través de Nietzsche a Mussolini y el Führer.

Manipulaciones aparte, ni cristiano ni protofascista, Séneca es el filósofo, así reconocido varias veces en las Partidas de Alfonso el Sabio, por Gualterio Burley, por Alonso de Cartagena… «insigne cordobés, honor de la filosofía española», dejó escrito Salanova en 1793. Un Séneca filósofo mundano en la serie de la televisión tardofranquista, con guiones de Pemán, tras la conmemoración en Córdoba en 1965, por todo lo grande, del XIX

Centenario de su muerte, en suicidio obligado e inducido por Nerón. Séneca filósofo que puede servir de inspiración a Posmodernia, veinte siglos después.

Otras bandas, con dineros cataríes, esos dineros que también patrocinan al Barça, reclutan gavilla de islamizados católicos renegados para, apropiándose del nombre de Córdoba, mantener desde 2011 un canal de televisión mahometano en español, con sede en San Sebastián de los Reyes y oficinas por Iberoamérica, en monocorde propaganda coranizadora: Canal Córdoba Internacional, conectando culturas, pregonan en su propaganda.
Pero estos lodos vienen de aquellos polvos… cuando un egipcio y un jesuita, viviendo aún el general Franco, organizaron en Córdoba un Primer Congreso Islámico-Cristiano, cuya segunda edición en 1977, dedicada a Cristo y Mahoma, en plena transición, inauguró incluso el cardenal Tarancón. Pudieron entonces los mahometanos asistentes, en presencia de sus colegas clérigos católicos, celebrar la oración musulmana del viernes en la catedral católica, antes mezquita islámica, antes templo visigodo cristiano. Faltaban meses para que Jomeini regresara triunfal a Teherán desde París, en febrero de 1979, y se fuera propagando poco a poco la sangrienta realidad del «fundamentalismo islámico», la vanguardia de los creyentes musulmanes, a medida que van reconociendo sus errores tantos hipócritas apóstatas que seguían caminos equivocados alejados de la yihad.

La cosa mejoró en las elecciones municipales de 1979, cuando la lista del Partido Comunista de España fue la más votada en Córdoba y Julio Anguita fue renovando como alcalde hasta 1986. Suele olvidarse que en los albores de la República, cuando las constituyentes de junio de 1931, las dos provincias que sumaron más votos comunistas fueron Oviedo y Córdoba, 48.694 y 43.119, y después Sevilla 32.276, Vizcaya 13.104 y Jaén con 8.518 votos totales al PCE.

Hace ya treinta años, el alcalde cordobés sucesor del califa rojo, su continuador luego desde las listas de Izquierda Unida, auspició la afrancesada Fundación Garaudy de las Tres Culturas, cediendo la Torre de la Calahorra al escritor Garaudy, otrora comunista dialogante con cristianos, converso luego al catolicismo, converso en 1982 al mahometismo y a la causa palestina (quedando segregada de hecho, como es natural, maquillajes al margen, una de las tan manidas tres culturas, si no las otras dos). Por el mismo camino, tras la Expo del 92, Marruecos recibe autorización para transformar el Pabellón Hassan II de la Cartuja en sede de otra Fundación Tres Culturas, portaaviones ideológico que se mantiene activo con dineros del Reino de Marruecos.

Hace diez años, aunque triunfó la abstención por mayoría absoluta, la casta aprobó una reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía, que refrendaba la decisión de abril de 1983 de reconocer como «Padre de la Patria andaluza» a Blas Infante, un musulmán converso el 15 de septiembre de 1924, que ante la tumba de Motamid renació Ahmad Infante.
Con lo dicho puede intuirse perfectamente el determinismo histórico que ha dispuesto el nacimiento de Posmodernia, en marzo de 2017, en Córdoba, en la Córdoba de Séneca, de Lucano, de Osio, de Abenhasán, de Averroes, de Maimónides…

Posmodernia, como su propio nombre sugiere, no parece tener voluntad de encerrarse en el pretérito ni tampoco de agotarse en asuntos locales intrascendentes. Posmodernia habla en español y desde España, lo que no es poco, y quiere servir de motor y cauce para analizar y conocer mejor nuestro presente en marcha, tratar de entenderlo y hasta barruntar lo que nos espera, cuando ya sabemos que la armonía de las culturas no pasa de ser un cuento para niños o adultos infantilizados.

Si sabe sortear los mitos que van sosteniendo el equilibrio inestable de este periodo final de entreguerras en el que nos encontramos, podrá Posmodernia cumplir su cometido crítico y constructor, aunque los neroncitos de turno quieran inducirle, como a Séneca, un suicidio aniquilador, en cuanto adviertan que es una realidad molesta.

Desde Oviedo, donde todavía conservamos las reliquias de San Eulogio de Córdoba, obispo y mártir, que Alfonso III el Magno pudo negociar con el emir cordobés de turno, salvándolas para la cristiandad, saludamos el nacimiento de Posmodernia, el año del centenario de la Revolución de Octubre.

Esta es la cuestión. O defendemos nuestra propia tierra, nuestra propia raíz, o los demás acabarán quitándonos la tierra, la libertad y hasta la dignidad

EL MUNDO

Fuente https://e00-elmundo.uecdn.es/especiales/2001/09/internacional/ataqueusa/oriana.pdf

Por Oriana Fallaci

La rabia y el orgullo

http://www.elmundo.es

Europa es cristiana, y es griega por el Logos racional, y es filosófica por muchas razones, pero no ha de ser ni sometida ni dominada por teocracias intolerantes con la razón

Con este extraordinario relato, Oriana Fallaci rompe un silencio de décadas. La más célebre escritora italiana vive gran parte del año en Manhattan totalmente aislada. Pero el destino

quiso que, el 11 de septiembre, el Apocalipsis se abriese a poca distancia de su casa. En es- tas páginas plasma qué sintió. Ideas fuertes. Ideas para razonar y reflexionar.

ME pides que hable, esta vez. Me pides que rompa, al menos esta vez, el silen- cio por el que he optado y que, desde hace años, me he impuesto para no mezclarme con las chicha- rras. Y lo hago. Porque he sabido que, incluso en Italia, algunos se alegraron, como aquella tarde se alegraron en televisión los palesti- nos de Gaza. «¡Victoria, victo- ria!». Hombres, mujeres y niños. Siempre que se pueda seguir defi- niendo como hombre, mujer o ni- ño al que hace una cosa así.

He sabido que algunas chicharras de lujo, políticos o supuestos po- líticos, intelectuales o supuestos intelectuales, amén de otros indi- viduos que no merecen la califi- cación de ciudadanos, se compor- tan sustancialmente de la misma forma. Dicen: «Les está bien em- pleado a los americanos».

Me siento muy, muy indignada. Indignada con una rabia fría, lú- cida y racional. Una rabia que eli- mina cualquier atisbo de distan- ciamiento o de indulgencia. Una rabia que me invita a responder- les y, sobre todo, a escupirles. Les escupo a todos ellos. Indig- nada como yo, la poetisa afroa- mericana Maya Angelou, rugió también: «Be angry. It’s good to be angry, it’s healthy» (Indignaos. Es bueno estar indignados. Es sa- no). No sé si indignarme es salu- dable para mí.

Pero sé que no les sentará bien a ellos, a los que admiran a Osama bin Laden, a los que le expresan comprensión, simpatía o solidari- dad. Con tu petición se ha encen- dido un detonante, que hace mu- cho tiempo que quiere explotar. Ya lo verás.

Me pides que cuente cómo he vivi- do yo este Apocalipsis. Que escri- ba, en suma, mi testimonio. Ahí va.

Estaba en casa. Mi casa está situa- da en el centro de Manhattan y, a las nueve en punto, tuve la sensa- ción de un peligro inminente que quizás no me alcanzase, pero que ciertamente me iba a afectar pro- fundamente. Era la sensación que se siente en la guerra, durante el combate, cuando con todos los po- ros de tu piel sientes las balas o el cohete que silba, estiras las orejas y gritas al que está a tu lado: «¡Down! ¡Get down!» (¡Al suelo. Echate al suelo!). Tardé un poco en reaccionar. ¡No estaba ni en Viet- nam ni en una de las numerosas y horribles guerras que, desde la II Guerra Mundial, han atormentado mi vida! Estaba en Nueva York, caramba, una maravillosa mañana de septiembre del año 2001.

Pero la sensación siguió apoderán- dose de mí, inexplicable, y enton- ces hice lo que no suelo hacer nunca por la mañana. Encendí la televisión. El sonido no funciona- ba, pero la pantalla, sí. Y en todos los canales, aquí hay casi 100 ca- nales, veía una Torre del World Trade Center que ardía como una gigantesca cerilla. ¿Un cortocir- cuito? ¿Una avioneta estrellada contra la Torre? ¿O un atentado te- rrorista planeado? Casi paralizada, permanecí fija ante la pantalla y, mientras la miraba fijamente y me planteaba esas tres preguntas, apa- reció un avión.

Blanco y grande. Un avión de lí- nea. Volaba bají- simo. Y volando bajísimo se diri- gía hacia la se- gunda Torre co- mo un bombarde- ro que apunta a su objetivo y se arroja sobre él. Entonces me di cuenta de lo que estaba pasando. Me di cuenta,

porque, en ese mismo momento, volvió la voz a mi tele, transmi- tiendo un coro de gritos salvajes. Realmente salvajes: «¡Oh God, oh, God, God, God, Gooooooo- od!». Y el avión penetró en la se- gunda Torre como un cuchillo que corta un trozo de mantequilla.

TROZO DE HIELO

Eran las nueve y cuarto. Y no me pidas que recuerde lo que sentí durante aquellos 15 minutos. No lo sé, no lo recuerdo. Era como un trozo de hielo. Incluso mi cerebro estaba helado. Ni siquiera recuer- do si algunas cosas las vi sobre la primera o sobre la segunda Torre. La gente que, para no morir abra- sada viva, se lanzaba por las ven- tanas desde el piso 80 ó 90, por ejemplo. Rompían los cristales de las ventanas y se lanzaban al va- cío como si se lanzasen de un avión en paracaídas, y caían len- tamente. Agitando las piernas y los brazos, nadando en el aire. Sí, parecía que nadaban en el aire. Y no acababan de llegar abajo. Ha- cia el piso 30, aceleraban. Se po- nían a gesticular, desesperados, supongo que arrepentidos, como si gritasen «Help, help». Y quizás lo gritasen de verdad. Por fin, caí- an en el suelo y paf.

Mira, pensaba estar vacunada contra todo y, esencialmente, lo estoy. Ya nada me sorprende. Ni siquiera cuando me indigno y me irrito. Pero en la guerra siempre vi a gente que mue- re asesinada. Nunca había vis- to a gente que muere matándo- se, es decir, lan- zándose sin para- caídas del piso 80, 90 ó 100. Además, en la

guerra siempre vi trastos que ex- plotan en abanico. En la guerra siempre oí un gran ruido. En cambio, las dos Torres no explo- taron. La primera implosionó y se tragó a sí misma. La segunda, se fundió, se disolvió. Por el calor se disolvió como un trozo de mantequilla al fuego. Y todo su- cedió, o al menos así me pareció a mí, en medio de un silencio de tumba. ¿Es posible? ¿Reinaba re- almente ese silencio o estaba den- tro de mí?

Tengo que decirte también que, en la guerra, siempre vi un núme- ro limitado de muertes. Cada combate, 200 ó 300 muertos. Co- mo máximo, 400. Como en Dak To, en Vietnam. Y cuando termi- nó la batalla y los americanos se pusieron a rescatar a sus heridos y a contar a sus muertos, no podía dar crédito a mis ojos. En la ma- tanza de Ciudad de México, aqué- lla en la que incluso a mí me hirió una bala, recogieron al menos 800 muertos. Y, cuando creyéndome muerta, me llevaron al tanatorio, los cadáveres que había a mi alre- dedor me parecían un diluvio.

Pues bien, en las dos Torres tra- bajaban casi 50.000 personas. Y pocos tuvieron el tiempo sufi- ciente para salir de ellas. Los as- censores no funcionaban, obvia- mente, y para bajar a pie desde los últimos pisos se tardaba una eternidad. Siempre que se lo per- mitiesen las llamas. Jamás sabre- mos el número exacto de muer- tos. ¿40.000, 45.000…? Los ame- ricanos no lo dirán jamás. Para no subrayar la intensidad de este Apocalipsis. Para no dar una sa- tisfacción más a Osama bin La- den e incentivar otros apocalipsis.

Y además, los dos abismos que han absorbido a decenas de miles de criaturas son demasiado pro- fundos. Como máximo, los opera-

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POR ORIANA FALLACI

rios desenterrarán trozos de miembros esparcidos por todas partes. Una nariz aquí y un bra- zo, allá. O una especie de barro, que parece café machacado, y que es, en realidad, materia or- gánica. Los residuos de los cuer- pos que en un momento quedan reducidos a polvo. El alcalde Giuliani envió otros 10.000 sa- cos. Pero no los utilizaron.

¿Qué siento por los kamikazes que murieron con ellos? Ningún respeto. Ninguna piedad. Ni si- quiera piedad. Yo que, casi siempre, termino cediendo a la piedad. A mí, los kamikazes, es decir, los tipos que se suicidan para matar a los demás, siempre me parecieron antipáticos, co- menzando por los japoneses de la II Guerra Mundial.

Sólo los consideré beneficiosos para bloquear la llegada de las tropas enemigas, prendiendo fuego a la pólvora y saltando por los aires con la ciudad, en Turín. Nunca los consideré sol- dados. Y mucho menos los con- sidero mártires o héroes, como aullando y escupiendo saliva me los definió Arafat en 1972, cuando lo entrevisté en Amán, el lugar donde sus mariscales entrenaban incluso a los terro- ristas de la Beider-Meinhoff.

KAMIKAZES

Los considero tan sólo vanido- sos. Vanidosos que, en vez de buscar la gloria a través del ci- ne, de la política o del deporte, la buscan en la muerte propia y en la de los demás. Una muerte que, en vez del Oscar, de la pol- trona ministerial o del título de Liga, les procurará (o eso cre- en) admiración. Y, en el caso de los que rezan a Alá, un lugar en el paraíso del que habla el Co- rán: el paraíso donde los héroes gozan de las huríes.

Son incluso vanidosos física- mente. Tengo ante mis ojos la fotografía de dos kamikazes de los que hablo en mi libro Ins- ciallah, la novela que comienza con la destrucción de la base americana (más de 400 muer- tos) y de la base francesa (más de 350 muertos) en Beirut. Se habían hecho sacar esta foto an- tes de ir a morir y, antes de diri-

girse a la muerte, habían pasado por el peluquero. ¡Qué buen corte de pelo! ¡Qué bigotes en- gominados, qué barbas tan bien recortadas, qué patillas tan bien igualadas…!

¡Cómo me gustaría poder decir- le cuatro cosas bien dichas al señor Arafat! Entre él y yo no hay buen feeling. Nunca me perdonó ni las repetidas dife- rencias de opinión que tuvimos durante aquel encuentro ni el juicio que hice sobre él en mi li- bro Entrevista con la historia. Y por mi parte, tampoco le he per- donado nada. Ni siquiera el que un periodista italiano, que se presentó ante él imprudente- mente diciendo que era «amigo mío», se encontrase al instante con una pistola apuntándole al corazón. No nos

dad para desmentirse, sería ca- paz de responderme que tengo razón. Pero cambiemos de dis- co. Como todo el mundo sabe, estoy muy enferma y, hablando de Arafat, me sube la fiebre.

Prefiero hablar de la invulnera- bilidad que muchos en Europa atribuían a Estados Unidos. ¿Qué tipo de invulnerabilidad? Cuanto más democrática y abier- ta es una sociedad, más expuesta está al terrorismo. Cuanto más libre es un país y menos gober- nado está por un régimen poli- cial, más sufre o se arriesga a su- frir las matanzas que durante tantos años se produjeron en Ita- lia, en Alemania y en otras zonas de Europa. Y ahora tienen lugar, agigantadas, en Norteamérica. No en vano los países no demo-

ñana mi subconsciente me lo advirtió con una profunda in- quietud y una rara sensación de peligro? ¿Por qué crees que, contrariamente a mis costum- bres, encendí el televisor? ¿Por qué crees que entre las tres cuestiones que me planteaba mientras ardía la primera Torre y la voz de mi tele no funciona- ba, estaba la del atentado? ¿Y por qué crees que apenas apare- cido en pantalla el segundo avión lo comprendí todo?

Por ser Estados Unidos el país más potente del mundo, el más rico, el más poderoso, el más moderno, cayeron casi todos en esa insidia. A veces, incluso los propios americanos. Y es que la invulnerabilidad de Norteaméri- ca nace precisamente de su fuerza, de su riqueza, de su po- tencia, de su modernidad. Es la habitual historia del pez que se muerde la cola.

Nace también de su esencia multiétnica, de su liberalidad, de su respeto por los ciudada- nos y por los huéspedes. Por ejemplo, cerca de 24 millones de americanos son árabes-mu- sulmanes. Y cuando un Mustafá o un Mohamed viene, por ejem- plo de Afganistán, a visitar a un tío, nadie le prohíbe apuntarse a una escuela para aprender a pi- lotar un 757. Nadie le prohíbe inscribirse en una universidad (una costumbre que espero que cambie) para estudiar química y biología, las dos ciencias nece- sarias para desencadenar una guerra bacteriológica. Nadie. Ni siquiera si el Gobierno teme que el hijo de Alá secuestre un 757 o eche un puñado de bacte- rias en el depósito de agua y de- sencadene una hecatombe. (Di- go si, porque, esta vez, el Go- bierno no sabía nada y el pape- lóndelaCIAydelFBInotiene parangón. Si fuese el presidente de Estados Unidos los echaría a todos a patadas en el culo por cretinos).

SIMBOLOS

Y dicho esto, volvamos al razo- namiento inicial. ¿Cuáles son los símbolos de la fuerza, de la riqueza, de la potencia de la mo- dernidad americana? No son el jazz y el rock and roll, el chicle

LA RABIA Y EL ORGULLO

volvimos a ver más. Pecado. Porque, si lo vol- viese a ver de nuevo, o mejor dicho, si me con- cediese audien- cia, le gritaría en las narices quié- nes son los márti- res y los héroes.

Estaba en casa. Mi casa está situada en el centro de Manhattan y, a las nueve en punto, tuve la sensación de un peligro inminente que quizás no me alcanzase, pero que ciertamente me iba a afectar profundamente.

cráticos, gober- nados por regí- menes policia- les, han alberga- do y financiado y ayudan a los terroristas.

Por ejemplo, la Unión Soviéti- ca, los países sa- télites de la Unión Soviética

Le gritaría: Ilustre señor Arafat, los mártires son los pasajeros de los cuatro aviones secuestrados y transformados en bombas hu- manas. Entre ellos, la niña de cuatro años que se desintegró en el interior de la segunda To- rre. Ilustre señor Arafat, los mártires son los empleados que trabajaban en las dos Torres y en el Pentágono. Ilustre señor Arafat, los mártires son los bomberos muertos por intentar salvarlos. ¿Y sabe usted quiénes son los héroes? Son los pasaje- ros del vuelo que iba a estrellar- se contra la Casa Blanca y que se estrelló en un bosque de Pen- silvania, porque se rebelaron contra los terroristas.

Ellos sí que están en el paraíso, ilustre señor Arafat. La desgra- cia es que ahora sea usted el je- fe de Estado ad perpetuum, que se comporta como un monarca, que visita al Papa y afirma que el terrorismo no le gusta y man- da condolencias a Bush. Y qui- zás con su camaleónica capaci-

y la China Popular. La Libia de Gadafi, Irak, Irán, Siria, el Lí- bano arafatiano, el propio Egip- to, la propia Arabia Saudí, el propio Pakistán, obviamente Afganistán y todas las regiones musulmanas de Africa. En los aeropuertos y en los aviones de esos países siempre me he sen- tido segura. Serena como un re- cién nacido que duerme pláci- damente. Lo único que temía era ser arrestada porque ponía a parir a los terroristas.

En cambio, en los aeropuertos y en los aviones europeos siem- pre me he sentido nerviosilla. Y en los aeropuertos y en los aviones americanos, realmente nerviosa. Y en Nueva York, dos veces más nerviosa. En Was- hington, no. Debo admitirlo. Realmente no me esperaba el avión contra el Pentágono.

A mi juicio, en suma, nunca ha sido un problema de si, sino un problema de cuándo. ¿Por qué crees que el martes por la ma-

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POR ORIANA FALLACI

o la hamburguesa, Broadway o Hollywood. Son sus rascacielos. Su Pentágono. Su ciencia. Su tecnología. Esos rascacielos im- presionantes, tan altos, tan be- llos que, al alzar los ojos, casi olvidas las pirámides y los divi- nos palacios de nuestro pasado. Esos aviones gigantescos, exa- gerados, que se utilizan como en otro tiempo se utilizaban los ve- leros y los camiones, porque to- do se mueve a través de los aviones. Todo. El correo, el pes- cado fresco y nosotros mismos (no olvidemos que la guerra aé- rea la inventaron ellos. O al me- nos la guerra aérea desarrollada hasta la histeria).

Ese terrible Pentágono, esa for- taleza que da miedo sólo con mirarla. Esa ciencia omnipre- sente y casi omnipotente. Esa extraordinaria tecnología que, en pocos años, cambió por com- pleto nuestra vida cotidiana, nuestra milenaria manera de co- municarnos, comer y vivir. ¿Y dónde les ha golpeado el reve- rendo Osama bin Laden? En los rascacielos y en el Pentágono. ¿Cómo? Con los aviones, con la ciencia, con la tecnología.

By the way. ¿Sabes qué es lo que más me impresiona de este triste millonario, de este fallido playboy que, además de cortejar a las princesas rubias y retozar en los night club (como hacía en Beirut, cuando tenía 20 años), se divierte matando a la gente en nombre de Mahoma y de Alá? El hecho de que su desmesurado patrimonio provenga también de los beneficios de una Corpora- tion especializada en demolicio- nes y que él mismo sea un ex- perto demoledor. La demolición es una especialidad americana.

Cuando nos vimos, te noté casi sorprendido de la heroica efica- cia y de la admirable unidad con la que los americanos han afrontado este Apocalipsis. Pues, sí. A pesar de los defectos que continuamente se le echan en cara, y que yo misma les echo en cara (aunque los de Eu- ropa y, especialmente, los de Italia son todavía peores), Esta- dos Unidos es un país que tiene grandes cosas que enseñarnos. A propósito de la heroica efica-

cia, déjame levantar una peana para el alcalde de Nueva York. Ese Rudolph Giuliani al que no- sotros, los italianos, deberemos dar gracias de rodillas. Porque tiene un apellido italiano y es de origen italiano y está que- dando como un héroe ante todo el mundo. Es una gran, un gran- dísimo alcalde, Rudolph Giulia- ni. Te lo dice una que nunca es- tá contenta por nada y con na- die, comenzando por sí misma. Es un alcalde digno de otro grandísimo alcalde con apellido italiano, Fiorello La Guardia, a cuya escuela deberían ir mu- chos de nuestros alcaldes. Ten- drían que presentarse humilde- mente, incluso con ceniza en la

como yo, hace como si estuvie- se sano y sigue trabajando. Pero yo trabajo en una mesa, caram- ba, y sentada.

El, en cambio… Parecía un ge- neral de ésos que participan di- rectamente en la batalla. Un soldado que se lanza al ataque con la bayoneta calada. «Ade- lante, vamos, vamos, arriba. Va- mos a salir de esto lo más pron- to posible». Pero podía hacer eso, porque la gente era, es, co- mo él. Gente sin vanidad y sin pereza, habría dicho mi padre, y con cojones. En cuanto a la ad- mirable capacidad de unirse, a la forma de cerrar filas de una manera casi marcial con la que

cuando les vi olvidarse de todas sus diferencias, me quedé de pie- dra. Lo mismo me pasó cuando oí a Bill Clinton (una persona ha- cia la cual nunca sentí ternura al- guna) declarar: «Apretémonos en torno a Bush, tened confianza en nuestro presidente». Y lo mismo me pasó cuando esas mismas pa- labras fueron repetidas con fuerza por su mujer, Hillary, ahora sena- dora por el estado de Nueva York. Y cuando fueron reiteradas por Lieberman, el ex candidato demócrata a la Vicepresidencia (sólo el desaparecido Al Gore permaneció escuálidamente ca- llado). Y cuando el Congreso vo- tó por unanimidad aceptar la gue- rra y castigar a los responsables.

LA RABIA Y EL ORGULLO

cabeza, ante él para preguntarle: «Sor Giuliani, por favor, díga- me cómo se hace». El no delega sus deberes en el prójimo, no. No pierde tiempo en tonterías ni en medrajes personales. No se divide entre el cargo de alcalde y el de ministro o diputado. (¿Hay alguien que me esté es- cuchando en las tres ciudades de Stendhal, es decir, en Nápo- les, en Florencia y en Roma?).

Llegó instantes después de la catástrofe, entró en el segundo rascacielos y corrió el peligro de transformarse en cenizas co- mo los demás. Se salvó por los pelos y por casualidad. Y al ca- bo de cuatro días, volvió a po- ner en pie la ciudad. Una ciudad que tiene nueve millones y me- dio de habitantes y casi dos sólo en Manhattan. Cómo lo hizo, no lo sé. Está enfermo, como yo, el pobre. El cáncer que va y viene, le ha mordido también a él. Y,

los estadounidenses responden a las desgracias y al enemigo, pues, tengo que decirte que me ha sorprendido incluso a mí.

Sabía, sí, que esa capacidad ha- bía explotado en los tiempos de Pearl Harbor, cuando el pueblo se fundió en torno a Roosevelt y Roosevelt entró en guerra contra la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini y el Japón de Hiro Hito. La había advertido, sí, des- pués del asesinato de Kennedy. Pero después de todo esto, había venido la Guerra de Vietnam, la lacerante división ocasionada por la Guerra de Vietnam y, en cierto sentido, esa guerra me ha- bía recordado su Guerra Civil de hace siglo y medio.

Por eso, cuando vi a blancos y negros llorar abrazados, y digo bien abrazados, cuando vi a de- mócratas y republicanos cantar abrazados God bless America,

¡Ojalá Italia aprendiese esta lec- ción! Está tan dividida nuestra Italia. ¡Es un país tan lleno de facciones y tan envenenado por sus mezquindades tribales! En Italia, se odian incluso en el seno del mismo partido. No consiguen estar juntos ni siquiera cuando tienen el mismo emblema, el mismo distintivo. Celosos, llenos de bilis, vanidosos y mezquinos, sólo piensan en sus propios inte- reses personales. En la propia ca- rrera, en la propia gloria, en la propia popularidad de periferia. Por los propios intereses perso- nales se desprecian, se traicio- nan, se acusan y se escupen…

Estoy absolutamente convenci- da de que, si Osama bin Laden hiciese saltar por los aires la To- rre de Giotto o la Torre de Pisa, la oposición le echaría la culpa al Gobierno. Y el Gobierno se la echaría a la oposición. Y los je- fecillos del Gobierno y de la

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POR ORIANA FALLACI

oposición se las echarían a sus propios compañeros y camara- das de partido. Y dicho esto, dé- jame que te explique de dónde nace la capacidad de unirse que caracteriza a los americanos.

Nace de su patriotismo. No sé si en Italia habéis visto y entendi- do qué pasó en Nueva York cuando Bush fue a dar las gra- cias a los operarios (y opera- rias) que excavan entre los es- combros de las dos Torres in- tentando encontrar algún super- viviente y sólo extraen narices y dedos. Y sin embargo, no ce- den. Sin resignarse y si les pre- guntas cómo lo hacen, te res- ponden: «I can allow myself to be exhausted, not to be defea- ted» (Puedo permitirme estar exhausto, pero no estar derrota- do). Todos. Jóvenes, jovencísi- mos, viejos y de mediana edad. Blancos, negros, amarillos, ma- rrones y violetas…

¿Los habéis visto o no? Mientras Bush les daba las gracias, ellos no paraban de agitar sus banderi- tas americanas, levantar el puño cerrado y rugir: «USA, USA, USA». En un país totalitario, ha- bría pensado: «¡Qué bien se lo ha montado el poder!». En Nor- teamérica, no. En Estados Uni- dos, estas cosas no se organizan. No se manipulan ni se ordenan. Especialmente en una metrópoli desencantada como Nueva York y con operarios como los opera- rios de Nueva York.

Son grandes tipos los operarios de Nueva York. Más libres que el viento. No se les puede mani- pular. No obedecen ni a sus sin- dicatos. Pero si le tocas la ban- dera, si le tocas la patria… En in- glés, no existe la palabra patria. Para decir patria hay que unir dos palabras. Father Land, Tierra de los Padres. Mother Land, Tie- rra Madre. Native Land, Tierra Nativa. O decir simplemente My country, mi país. Pero sí existe el sustantivo patriotismo. Y excep- tuando Francia, no me imagino un país más patriótico que Esta- dos Unidos. ¡Me emocioné tanto viendo a esos operarios apretan- do el puño y enarbolando las banderitas mientras rugían USA, USA, USA, sin que nadie se lo mandase!

HUMILLACION

Y sentí también una especie de humillación. Porque no me pue- do imaginar a los operarios ita- lianos enarbolando la bandera tricolor y rugiendo Italia, Italia, Italia. En las manifestaciones y en los comicios he visto enarbo- lar muchas banderas rojas. Ríos y lagos de banderas rojas. Pero siempre he visto enarbolar muy pocas banderas tricolores. Mal dirigidos o tiranizados por una izquierda arrogante y devota de

blo entero. Por ejemplo, los ope- rarios irreductibles que excavan entre las ruinas para sacar alguna oreja o alguna nariz de las criatu- ras masacradas por los hijos de Alá. O para recoger esa especie de café molido, que es lo único que queda de los fallecidos.

El hecho es que América es un país especial, mi querido amigo. Un país al que hay que envidiar, del que hay que estar celosos, por cosas que nada tienen que

que dicha Revolución comenzó en 1789, es decir, 13 años des- pués de la Revolución America- na, que comenzó en 1776. (Otra particularidad que ignoran o fingen olvidar los del «qué bien empleado les está a los america- nos». ¡Raza de hipócritas!).

Es un país especial, un país en- vidiable, además, porque aque- lla idea es entendida y asumida por ciudadanos a menudo anal- fabetos o con poca instrucción. Los ciudadanos de las colonias americanas. Y porque es mate- rializada por un pequeño grupo de líderes extraordinarios, por hombres de una gran cultura y de una gran calidad. The Foun- ding Fathers, los Padres Funda- dores, los Benjamin Franklin, los Thomas Jefferson, los Tho- mas Paine, los John Adams, los George Washington, etc. ¡Gente muy distinta de los abogadu- chos (como justamente los lla- maba Vittorio Alfieri) de la Re- volución Francesa! ¡Gente muy diferente de los sombríos e his- téricos verdugos del Terror, los Marat, los Danton, los Saint Just y los Robespierre!

Los Padres Fundadores eran ti- pos que conocían el griego y el latín como nunca lo conocerán los profesores italianos de griego y latín (si es que existen todavía). Tipos que en griego habían leído a Aristóteles y a Platón y que, en latín, se habían leído a Séneca y a Cicerón. Y que se habían estu- diado los principios de la demo- cracia griega más que los mar- xistas de mi época estudiaban la teoría de la plusvalía (si es que realmente se la estudiaban).

Jefferson conocía incluso el ita- liano (le llamaba toscano). En italiano hablaba y leía con gran facilidad. De hecho, junto con las 2.000 vides, los 1.000 olivos y los cuadernos de música que escaseaban en Virginia, el flo- rentino Filippo Mazzei, en 1774, le llevó varias copias de un libro escrito por un tal Cesa- re Beccaria titulado De los deli- tos y de las penas.

Por su parte, el autodidacta Franklyn era un genio. Científico, impresor, editor, escritor, periodis- ta, político e inventor. En 1752,

LA RABIA Y EL ORGULLO

la Unión Soviética, las banderas tricolores se las han dejado siempre a los adversarios. Y tengo que decir que tampoco los adversarios han hecho muy buen uso de ella, pero, al menos no la han despreciado, gracias a Dios. Y lo mismo digo de los que van a misa.

En cuanto al patán con la camisa verde y la corbata verde, ni si- quiera sabe cuáles son los colo- res de la tricolor y estaría encan- tado de retrotraernos a la guerra entre Florencia y Siena. Resulta- do: hoy, la bandera italiana se ve sólo en las Olimpiadas, si, por casualidad, se gana una medalla. Peor aún: se ve sólo en los esta- dios, cuando hay un partido de fútbol internacional. Unica oca- sión, también, en la que se puede oír el grito de Italia, Italia.

Hay, pues, una gran diferencia entre un país en el que la bandera de la patria es enarbolada por los gamberros en los estadios, y un país en el que la enarbola el pue-

ver con su riqueza, etc. Es un país envidiable porque ha naci- do de una necesidad del alma, la necesidad de tener una patria, y de la idea más sublime que el hombre haya concebido jamás: la idea de la libertad, o de la li- bertad esposada con la idea de la igualdad. Es un país envidia- ble porque, en aquella época, la idea de libertad no estaba de moda. Y mucho menos, la de igualdad. Sólo hablaban de ellas algunos filósofos llamados ilus- trados. Estos conceptos sólo se encontraban en un carísimo li- braco llamado Enciclopedia.

Y aparte de los escritores y de- más intelectuales, aparte de los príncipes y de los señores que tenían dinero para comprar el li- braco o los libros que habían inspirado el libraco, ¿quién sa- bía algo de la Ilustración? ¡No era algo que se pudiese comer la Ilustración! Ni siquiera ha- blaban de la libertad y de la igualdad los revolucionarios de la Revolución Francesa, dado

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descubrió la naturaleza eléctrica del rayo e inventó el pararrayos. Casi nada. Con estos líderes ex- traordinarios, con estos hombres de gran calidad, en 1776, los ciu- dadanos, a menudo analfabetos o poco instruidos, se rebelaron con- tra Inglaterra. Hicieron la Guerra de la Independencia y la Revolu- ción Americana.

LIBERTAD E IGUALDAD

Yapesardelosfusilesydela pólvora, a pesar de los muertos que conlleva toda guerra, no hi- cieron una guerra con los ríos de sangre de la futura Revolu- ción Francesa. No la hicieron con la guillotina ni con las ma- tanzas de La Vendée. La hicie- ron con un pergamino que, jun- to a la necesidad del alma (la necesidad de tener una patria), concretaba la sublime idea de la libertad o de la libertad esposa- da con la igualdad. La Declara- ción de la Independencia.

«We hold these truths to be self- evident… Consideramos eviden- te esta realidad. Que todos los hombres son creados iguales. Que son dotados por el Creador de ciertos derechos inaliena- bles. Que, entre estos derechos, está el derecho a la vida, a la li- bertad y a la búsqueda de la fe- licidad. Que para asegurar estos derechos los hombres deben instituir gobiernos…».

Y ese pergamino, que desde la Revolución Francesa en adelan- te todos hemos bien o mal co- piado o en el que nos hemos inspirado, constituye todavía la espina dorsal de Estados Uni- dos. La linfa vital de esta na- ción. ¿Sabes por qué? Porque transforma a los súbditos en ciudadanos. Porque transforma a la plebe en pueblo. Porque la invita o la exige a gobernarse, expresar su propia individuali- dad, buscar su propia felicidad.

Todo lo contrario de lo que hacía el comunismo, prohibiendo a la gente rebelarse, gobernarse, ex- presarse y colocando a Su Majes- tad el Estado en el trono que an- tes habían ocupado los reyes. «El comunismo es un régimen mo- nárquico, una monarquía de viejo cuño. Por eso, le corta los cojo- nes a los hombres. Y cuando a un

hombre se le cortan los cojones, ya no es un hombre», decía mi padre. Decía también que, en vez de rescatar a la plebe, el comunis- mo convertía a todos en plebe y mataba a todos de hambre.

A mi juicio, Estados Unidos res- cata a la plebe. Son todos plebe- yos en Norteamérica. Blancos, negros, amarillos, marrones, violetas, estúpidos, inteligentes, pobres y ricos. Incluso los más plebeyos son precisamente los ricos. En la mayoría de los ca- sos, son maleducados y grose- ros. Se ve rápidamente que no son nada refinados y que no se apañan con el buen gusto o la sofisticación. A pesar del dinero que se gastan en vestirse, por ejemplo, son tan poco elegantes que, a su lado, la reina de Ingla- terra parece chic. Pero están res- catados. Y en este mundo no hay nada más fuerte y más po- tente que la plebe rescatada. Te rompes siempre los cuernos contra la plebe rescatada.

Y contra Estados Unidos se han roto siempre todos los cuernos. Ingleses, alemanes, mexicanos, rusos, nazis, fascistas y comunis- tas. Por último se los han roto in- cluso los vietnamitas que, des- pués de su victoria, han tenido que pactar con ellos, de tal forma que, cuando un ex presidente de Estados Unidos va a hacerles una visita, tocan el cielo con un dedo. «Bienvenido señor presidente, bienvenido señor presidente». Con los hijos de

decir de parecer racistas (pala- bra totalmente inapropiada, por- que el discurso no es sobre una raza, sino sobre una religión), no os dais cuenta o no queréis daros cuenta de que estamos an- te una cruzada al revés.

Habituados como estáis al doble juego, afectados como estáis por la miopía, no entendéis o no que- réis entender que estamos ante una guerra de religión. Querida y declarada por una franja del Is- lam, pero, en cualquier caso, una guerra de religión. Una guerra que ellos llaman yihad. Guerra santa. Una guerra que no mira a la conquista de nuestro territorio, quizás, pero que ciertamente mira a la conquista de nuestra libertad y de nuestra civilización. Al ani- quilamiento de nuestra forma de vivir y de morir, de nuestra forma de rezar o de no rezar, de nuestra manera de comer, beber, vestir- nos, divertirnos o informarnos…

No entendéis o no queréis en- tender que si no nos oponemos, si no nos defendemos, si no lu- chamos, la yihad vencerá. Y destruirá el mundo que, bien o mal, hemos conseguido cons- truir, cambiar, mejorar, hacer un poco más inteligente, menos hi- pócrita e, incluso, nada hipócri- ta. Y con la destrucción de nuestro mundo destruirá nuestra cultura, nuestro arte, nuestra ciencia, nuestra moral, nuestros valores y nuestros placeres…

Dios. Pero no tengo intención al- guna de dejarme matar por serlo.

Lo vengo diciendo desde hace 20 años. Desde hace 20 años. Con cierta moderación, pero con la misma pasión, hace 20 años escribí sobre este asunto un artículo de fondo en el Corriere della Sera. Era el artículo de una persona acostumbrada a estar con todas las razas y todos los credos, de una ciudadana acos- tumbrada a combatir contra to- dos los fascismos y todas las in- tolerancias, de una laica sin ta- búes. Pero era también el artícu- lo de una persona indignada con los que no olían el tufo de una guerra santa que se acercaba y contra los que les perdonaban demasiado a los hijos de Alá.

CULTURA

Hacía en dicho artículo un razo- namiento que sonaba, más o menos, así, hace 20 años: «¿Qué sentido tiene respetar a quien no nos respeta? ¿Qué sentido tiene defender su cultura o su presun- ta cultura, cuando ellos despre- cian la nuestra? Yo quiero defender nuestra cultura y les informo que Dante Alighieri me gusta más que Omar Khayan». Se abrieron los cielos. Me cru- cificaron. «¡Racista, racista!».

Fueron los propios progresistas (en aquella época se llamaban comunistas) los que me crucifi- caron. El mismo insulto me lo dedicaron cuando los soviéticos invadieron Afganistán. ¿Recuer- dan a aquellos barbudos con so- tana y turbante que antes de dis- parar los morteros, elevaban pre- ces al Señor? «¡Allah akbar! ¡Allah akbar!». Yo los recuerdo perfectamente. Y al ver unir la palabra de Dios a los golpes de mortero, me ponía malita. Me parecía estar en el medievo y de- cía: «Los soviéticos son lo que son. Pero hay que admitir que, haciendo esta guerra, nos están protegiendo incluso a nosotros. Y les doy las gracias». Se vol- vieron a abrir los cielos. «¡Ra- cista, racista!». En su ceguera ni siquiera querían oírme hablar de las atrocidades que los hijos de Alá cometían con los militares a los que hacían prisioneros. (Les cortaban los brazos y las piernas, ¿recuerdan? Un pequeño vicio al

LA RABIA Y EL ORGULLO

Alá el conflicto será duro. Muy duro y muy largo. Anoserqueel resto de Occiden- te decida ayudar, razone un poco y les eche una ma- no.

No entendéis o no queréis entender que estamos ante una guerra de religión. Querida y declarada por una franja del Islam, pero, en cualquier caso, una guerra de religión.

¡Por Jesucristo!

¿No os dais cuenta de que los Osama bin Laden se creen autoriza- dos a mataros a vosotros y a vuestros hijos, porque bebéis vi-

No estoy hablando, como es ob- vio, a las hienas que se relamen viendo las imágenes de las ma- tanzas y se burlan diciendo «qué bien les está a los ameri- canos». Estoy hablando a las personas que, sin ser estúpidas ni tontas, están sumidas todavía en la prudencia y en la duda. Y a esas les digo: ¡Despertaos, por favor, despertaos de una vez! Intimidados como estáis por el miedo de ir a contracorriente, es

no o cerveza, porque no lleváis barba larga o chador, porque vais al teatro y al cine, porque escu- cháis música y cantáis canciones, porque bailáis en las discotecas o en vuestras casas, porque veis la televisión, porque vestís minifal- da o pantalones cortos, porque estáis desnudos o casi en el mar o en las piscinas y porque hacéis el amor cuando os parece, donde os parece y con quien os parece? ¿No os importa nada de esto, es- túpidos? Yo soy atea, gracias a

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POR ORIANA FALLACI

que se habían dedicado ya en el Líbano con los prisioneros cris- tianos y hebreos).

No querían que lo contase. Y para hacerse los progresistas aplaudían a los estadounidenses que acongojados por el miedo a la Unión Soviética llenaban de armas al heroico pueblo afgano. Entrenaban a los barbudos, y con los barbudos al barbudísimo Osama bin Laden. ¡Fuera los ru- sos de Afganistán! ¡Los rusos tienen que salir de Afganistán!

Pues bien, los rusos se fueron de Afganistán. ¿Contentos? Pe- ro desde Afganistán los barbu- dos del barbudísimo Osama bin Laden llegaron a Nueva York con los barbudos sirios, egip- cios, iraquíes, libaneses, palesti- nos y saudíes que componían la banda de los 19 kamikazes identificados ¿Contentos? Peor aún. Ahora, aquí, se discute del próximo ataque que nos golpea- rá con armas químicas, biológi- cas, radiactivas y nucleares. Se dice que la nueva catástrofe es inevitable, porque Irak les pro- porciona los materiales. Se ha- bla de vacunación, de máscaras de gas, de peste. Hay quien se está preguntando ya cuándo tendrá lugar… ¿Contentos? Algunos no están ni contentos ni descontentos. Se muestran indiferentes. Norteamérica está muy lejos y entre Europa y América hay un océano… Pues no, queridos míos. No. El océa- nonoesmásqueunhilode agua. Porque cuando está en juego el destino de Occidente,

la supervivencia de nuestra ci- vilización, Nueva York somos todos nosotros.

América somos todos. Los italia- nos, los franceses, los ingleses, los alemanes, los austriacos, los húngaros, los eslovacos, los pola- cos, los escandinavos, los belgas,

los españoles, los griegos, los portugueses. Si se hunde Améri- ca, se hunde Europa. Si se hunde Occidente, nos hundimos todos. Y no sólo en sentido financiero, es decir en el sentido que me pa- rece que es el que más os preocu- pa. (Una vez, cuando era joven e ingenua, le dije a Arthur Miller: «Los americanos miden todo por el dinero, sólo piensan en el dine- ro». Y Arthur Miller me contestó: «¿Ustedes no?»).

Nos hundimos en todos los sen- tidos, querido amigo. Y en el lugar de campanas, encontrare- mos muecines, en vez de mini- faldas, el chador, en vez de co- ñac, leche de camello. ¿No en-

tendéis ni esto, ni siquiera esto? Blair lo ha entendido. Vino aquí y le renovó a Bush la solidari- dad de los británicos. No una solidaridad de pacotilla, sino una solidaridad basada en la ca- za a los terroristas y en la alian- za militar. Chirac, no. Como sa- bes, hace dos semanas estuvo aquí en visita oficial.

Una visita prevista desde hace tiempo, no una visita ad hoc. Vio las masacres de las dos To- rres, supo que los muertos son un número incalculable e, inclu- so, inconfesable, pero no se conmovió. Durante una entre- vista en la CNN, mi amiga Ch- ristiane Amanpour le preguntó más de cuatro veces de qué for- ma y en qué medida pensaba lu- char contra esta yihad y, las cuatro veces, Chirac evitó dar una respuesta. Se escurrió como una anguila. Me daban ganas de gritarle: «Monsieur le Presi- dent, ¿recuerda el desembarco en Normandía? ¿Sabe cuántos americanos murieron en Nor- mandía para expulsar a los ale- manes de Francia?».

Excepto Blair, en el resto de los demás líderes europeos veo po- cos Ricardos Corazón de León. Y mucho menos en Italia, don- de el Gobierno no ha descubier- to ni arrestado a ningún cómpli- ce de Osama bin Laden. ¡Por Dios, señor Cavaliere, por Dios! A pesar del temor de la guerra, en todos los países de Europa han sido descubiertos y arrestados algunos cómplices de Osama bin Laden. En Francia,

en Alemania, en el Reino Uni- do, en España… Pero en Italia, donde las mezquitas de Milán, de Turín y de Roma están reple- tas de bellacos que aplauden a Osama bin Laden, de terroristas que esperan hacer saltar por los aires la Cúpula de San Pedro, ninguno. Cero. Nada. Ninguno.

Explíquemelo, señor Cavaliere. ¿Es que son tan incapaces sus policías y sus carabineros? ¿Son tan ineptos sus servicios secretos? ¿Son tan estúpidos sus funcionarios? ¿Es que todos los musulmanes de Italia son unos santos? ¿Es que ninguno de los hijos de Alá que hospe- damos tiene nada que ver con lo que ha sucedido y está suce- diendo? ¿O es que por investi- gar, por descubrir y por arrestar a los que hasta hoy no ha descu- bierto ni ha detenido, teme que le canten la cantinela habitual de racista, racista? Ya ve que yo no.

¡Por Jesucristo! No le niego a nadie el derecho a tener miedo. El que no tiene miedo a la gue- rra es un cretino. Y el que quie- re hacer creer que no tiene mie- do a la guerra, tal y como he es- crito mil veces, es un cretino y un estúpido a la vez. Pero en la vida y en la historia hay casos en los que no es lícito tener miedo. Casos en los que tener miedo es inmoral e incivil. Y los que, por debilidad o falta de coraje o por estar acostumbra- dos a tener el pie en dos estri- bos se sustraen a esta tragedia, a mí me parecen masoquistas. s

LA RABIA Y EL ORGULLO

En esta segunda entrega, Oriana Fallaci re- flexiona, al hilo de su vivencia de los ata- ques del ‘Martes Negro’, sobre el mundo is- lámico y sus diferencias con la cultura occi-

dental. «En cada experiencia dejo jirones de mi alma», escribió la prestigiosa periodista italiana hace años. Una vez más, es absolu- tamente cierto.

Los hijos de Alá

¿QUE por qué quiero hacer este discurso sobre lo que tú llamas ‘contraste entre las dos culturas’? Pues, si quieres saberlo, porque a mí me fastidia hablar incluso de dos culturas. Ponerlas sobre el mismo plano,

como si fuesen dos realidades paralelas, de igual peso y de igual medida. Porque detrás de nuestra civilización están Ho- mero, Sócrates, Platón, Aristóte- les y Fidias, entre otros muchos. Está la antigua Grecia con su

Partenón y su descubrimiento de la Democracia. Está la antigua Roma con su grandeza, sus le- yes y su concepción de la Ley. Con su escultura, su literatura y su arquitectura. Sus palacios y sus anfiteatros, sus acueductos,

sus puentes y sus calzadas.
Está un revolucionario, aquel Cristo muerto en la cruz, que nos enseñó (y hay que tener paciencia si no lo hemos aprendido) el con- cepto del amor y de la justicia. Está incluso una Iglesia, que nos

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POR ORIANA FALLACI

dio la Inquisición, de acuerdo. Que torturó y quemó 1.000 veces en la hoguera, de acuerdo. Que nos oprimió durante siglos, que durante siglos nos obligó sólo a esculpir y a pintar cristos y vírge- nes, y que casi asesina a Galileo Galilei. Pero también contribuyó decisivamente a la Historia del Pensamiento, ¿sí o no?

Y, además, detrás de nuestra ci- vilización está el Renacimiento. Están Leonardo da Vinci, Mi- guel Angel, Rafael o la música de Bach, Mozart y Beethoven. Con Rossini, Donizetti, Verdi and company. Esa música sin la cual no sabemos vivir y que en su cultura, o en su supuesta cul- tura, está prohibida. Pobre de ti si tarareas una cancioncilla o los coros de Nabucco.

Y por último está la ciencia. Una ciencia que ha descubierto mu- chas enfermedades y las cura. Yo sigo viva, por ahora, gracias a nuestra ciencia, no a la de Ma- homa. Una ciencia que ha inven- tado máquinas maravillosas. El tren, el coche, el avión, las naves espaciales con las que hemos ido a la Luna y quizás pronto vaya- mos a Marte. Una ciencia que ha cambiado la faz de este planeta con la electricidad, la radio, el teléfono, la televisión… Por cier- to, ¿es verdad que los santones de la izquierda no quieren decir todo esto que yo acabo de enu- merar? ¡Válgame Dios, qué bo- bos! No cambiarán jamás. Pues bien, hagamos ahora la pregunta fatal: y detrás de la otra cultura, ¿qué hay?

Busca, busca, porque yo sólo encuentro a Mahoma con su Co- rán y a Averroes con sus méritos de estudioso (los comentarios sobre Aristóteles, etc.), al que Arafat encasqueta el honor de haber creado incluso los núme- ros y las matemáticas. De nuevo chillándome en la cara, de nue- vo cubriéndome de pollos, en 1972, me dijo que su cultura era superior a la mía, muy superior a la mía, porque sus antepasados habían inventado los números y las matemáticas.

MEMORIA

Pero Arafat tiene poca memoria. Por eso cambia de idea y se des-

miente cada cinco minutos. Sus antepasados no inventaron los números ni las matemáticas. In- ventaron la grafía de los núme- ros, que también nosotros, los infieles, utilizamos, y las mate- máticas fueron concebidas casi al mismo tiempo por todas las antiguas civilizaciones. En Me- sopotamia, en Grecia, en la In- dia, en China, en Egipto y entre los mayas… Sus antepasados, ilustre señor Arafat, sólo nos han dejado unas cuantas bellas mez- quitas y un libro con el que, des- de hace 1.400 años, nos rompen las crismas mucho más que los cristianos nos la rompían con la Biblia y los hebreos con la Torá.

Y ahora veamos cuáles son los méritos que adornan al Corán. ¿Se puede hablar realmente de méritos del Corán? Desde que los hijos de Alá casi destruyeron Nueva York, los expertos del Is- lam no dejan de cantarme las alabanzas de Mahoma. Me ex- plican que el Corán predica la paz, la fraternidad y la justicia. (Por lo demás, lo

Esta es, pues, mi respuesta a tu pregunta sobre el contraste de las dos culturas. En el mundo hay sitio para todos, digo yo. En su casa, cada cual hace lo que quiere. Y si en algunos paí- ses las mujeres son tan estúpi- das que aceptan el chador e in- cluso el velo con rejilla a la al- tura de los ojos, peor para ellas. Si son tan estúpidas como para aceptar no ir a la escuela, no ir al doctor, no hacerse fotografí- as, etcétera, peor para ellas. Si son tan necias como para casar- se con un badulaque que quiere tener cuatro mujeres, peor para ellas. Si sus maridos son tan bo- bos como para no beber vino ni cerveza, ídem. No seré yo quien se lo impida. Faltaría más. He sido educada en el concepto de libertad y mi madre siempre de- cía: «El mundo es bello porque es muy variado». Pero si me pretenden imponer todas esas cosas a mí, en mi casa…

de Torquemada cuando dirigía la Inquisición. De hecho, es impo- sible dialogar con ellos. Razo- nar, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o espe- ranza, un suicidio. Y el que crea lo contrario es un iluso.

Te lo dice una que conoció bas- tante bien ese tipo de fanatismo en Irán, Pakistán, Bangladesh, Arabia Saudí, Kuwait, Libia, Jordania, el Líbano y en su pro- pia casa, es decir, en Italia. Una que lo ha experimentado incluso en muchos y muy variados epi- sodios triviales y grotescos, con los que ha tenido confirmación absoluta de su fanatismo. Nunca olvidaré lo que me pasó en la embajada iraní de Roma, cuando fui a pedir un visado para viajar a Teherán, para entrevistar a Jo- meini, y me presenté con las uñas pintadas de rojo. Para ellos, signo de inmoralidad. Me trata- ron como una prostituta a la que hay que quemar en la hoguera. Me querían obligar a quitarme el esmalte. Y si no les hubiese di- cho lo que tenían que quitarse ellos, o incluso cortarse…

Nunca olvidaré tampoco lo que me pasó en Qom, la ciudad santa de Jomeini, donde como mujer fui rechazada en todos los hote- les. Para entrevistar a Jomeini tenía que ponerme un chador, para ponerme el chador tenía que quitarme los vaqueros y pa- ra quitarme los vaqueros quería utilizar el coche con el que había viajado desde Teherán. Pero el intérprete me lo impidió. «Está usted loca, loca de remate, hacer una cosa así en Qom es correr el riesgo de ser fusilada». Prefirió llevarme al antiguo Palacio Real, donde un guardia piadoso nos acogió y nos dejó la antigua Sala del Trono.

De hecho, yo me sentía como la Virgen que para dar a luz al Ni- ño Jesús se refugia junto a José en el pesebre del asno y del buey. Pero a un hombre y a una mujer no casados entre sí, el Corán les prohíbe estar en la misma estancia con la puerta cerrada y, hete aquí, que de pronto la puerta se abrió. El mulá dedicado al control de la moralidad irrumpió gritando «vergüenza, vergüenza, pecado,

LOS HIJOS DE ALA

dice hasta Bush,
pobre Bush. Y es
lógico que Bush
tenga que tran-
quilizar a los 24
millones de mu-
sulmanes esta-
dounidenses, con-
vencerlos de que
cuenten todo lo
que saben sobre los eventuales parientes o amigos o conocidos fieles de Osama bin Laden).

¿Pero cómo se come eso con la historia del ojo por ojo y diente por diente? ¿Cómo se come con el chador y el velo que cubre el rostro de las musulmanas, que hasta para poder echarle una ojeada al prójimo esas infelices tienen que mirar a través de una tupida rejilla colocada a la altu- ra de sus ojos? ¿Cómo se come eso con la poligamia y con el principio de que las mujeres de- ben contar menos que los came- llos, no deben ir a la escuela, no deben hacerse fotografías, etc? ¿Cómo se come eso con el veto a los alcoholes y con la pena de muerte para el que beba? Por- que también esto está en el Co- rán. Y no me parece tan justo, tan fraterno ni tan pacífico.

Porque la verdad es que lo pre- tenden. Osama bin Laden afirma que todo el pla- neta Tierra debe ser musulmán, que tenemos que convertirnos al Islam, que por las buenas o por las malas él nos hará convertir, que para eso nos masacra y nos seguirá masacrando. Y esto no puede gustarnos, no. Debe dar- nos, por el contrario, razones más que suficientes para matarle

a él.

CRUZADA

Pero la cosa no se resuelve, ni se termina, con la muerte de Osama bin Laden. Porque hay ya dece- nas de miles de Osamas bin La- den, y no están sólo en Afganis- tán y en los demás países árabes. Están en todas partes, y los más aguerridos están precisamente en Occidente. En nuestras ciuda- des, en nuestras calles, en nues- tras universidades, en los labora- torios tecnológicos. Una tecno- logía que cualquier idiota puede manejar. Hace tiempo que co- menzó la cruzada. Y funciona como un reloj suizo, sostenida por una fe y una perfidia sólo equiparable a la fe y a la perfidia

En su casa, cada cual hace lo que quiere. Y si en algunos países las mujeres son tan estúpidas que aceptan el chador e incluso el velo con rejilla a la altura de los ojos, peor para ellas.

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POR ORIANA FALLACI

pecado». Y, para él, sólo había una forma de no terminar fusi- lados: casarnos. Firmar el acta de matrimonio que el mulá nos restregaba en las narices.

El problema era que el intérpre- te tenía una mujer española, una tal Consuelo, que no estaba dis- puesta en absoluto a aceptar la poligamia y, además, yo no que- ría casarme con nadie. Y mucho menos con un iraní con esposa española y que no estaba dis- puesta en absoluto a aceptar la poligamia. Al mismo tiempo, no quería morir fusilada ni perder la entrevista con Jomeini. En ese dilema me debatía cuando…

Te ríes, ¿verdad? Te parecen tonterías. Pues, entonces, no te cuento el final de este episodio. Para hacerte llorar te contaré el de 12 jovencitos impuros que, terminada la guerra de Bangla- desh, vi ajusticiar en Dacca. Los ajusticiaron en el estadio de Dacca, a golpes de bayoneta en el tórax o en el vientre, ante la presencia de 20.000 fieles que, desde las tribunas, aplaudían en nombre de Dios. Chillaban «¡Allah akbar, Allah akbar!».

Lo sé, lo sé, en el Coliseo, los antiguos romanos, aquellos an- tiguos romanos de los que mi cultura se siente orgullosa, se divertían viendo morir a los cristianos como pasto de los le- ones. Lo sé, lo sé, en todos los países de Europa, los cristianos, aquellos cristianos a los que, a pesar de mi ateísmo, les reco- nozco la contribución que han hecho a la Historia del Pensa- miento, se divertían viendo ar- der a los herejes. Pero, desde entonces, ha llovido mucho. Nos hemos vuelto más civiliza- dos, e incluso los hijos de Alá deberían haber comprendido que ciertas cosas no se hacen.

Tras los 12 jovencitos impuros, mataron a un niño que, para in- tentar salvar al hermano conde- nado a muerte, se había abalan- zado sobre los verdugos. Los militares le rompieron la cabeza a puntapiés con sus botas. Y si no me crees, vuelve a leer mi crónica y la crónica de los pe- riodistas franceses y alemanes que, presos del terror como yo,

estaban también allí. O mejor aún, mira las fotos que uno de ellos consiguió.

De todas formas, lo que quiero subrayar no es esto. Lo que quie- ro subrayar es que, concluido el acto, los 20.000 fieles (muchas mujeres entre ellos) abandona- ron las tribunas y bajaron al te- rreno de juego.

dania, Husein. Pero esos dos eran tan musulmanes como yo católica.

Pero aterricemos y veamos la conclusión de mi razonamiento. Una conclusión que seguro no les gustará a muchos, dado que defender la propia cultura, en Italia, se está convirtiendo en

primos, cuñadas encinta e, in- cluso, parientes de los parien- tes. Una tienda situada al lado del bello Palacio del Arzobispa- do, en cuyas escalinatas dejaban sus sandalias o las babuchas que, en sus países, alinean fuera de las mezquitas. Y junto a las sandalias y a las babuchas, las botellas vacías de agua con la que se lavaban los pies antes de la oración. Una tienda colocada frente a la catedral con la cúpu- la de Brunelleschi y al lado del Bautisterio con las puertas de oro de Ghiberti.

Una tienda, por fin, amueblada como un vulgar apartamento: si- llas, mesas, chaise-longues y col- chones para dormir y hacer el amor, y hornos para cocer la co- mida y apestar la plaza con el hu- mo y con el olor. Y, gracias a la inconsciencia del ENEL que ilu- mina nuestras obras de arte cuan- do quiere, luz eléctrica gratis.

Gracias a una grabadora, los gritos de un vociferante muecín que puntualmente exhortaba a los fieles, ensordecía a los infie- les y tapaba el sonido de las campanas. Y junto a todo esto, los amarillos regueros de orina que profanaban los mármoles del Bautisterio (¡qué asco! ¡Tie- nen la meada larga estos hijos de Alá! ¿Cómo hacían para lle- gar al objetivo, separado de la verja de protección y, por lo tanto, distante casi dos metros de su aparato urinario?). Junto a los regueros amarillos de orina, el hedor de la mierda que blo- queaba el portón de San Salva- dor del obispo, la exquisita igle- sia románica (del año 1000) que se encuentra a la espalda de la plaza del Duomo y que los hijos de Alá habían transformado en un cagatorio. Lo sé de primera mano.

Lo sé bien porque fui yo la que te llamé y te rogué que hablases de ellos en el Corriere, ¿recuer- das? Llamé también al alcalde, que tuvo la amabilidad de venir a mi casa. Me escuchó y me dio la razón: «Tiene razón, toda la razón…». Pero no hizo levantar la tienda. Se olvidó del tema o no fue capaz de conseguirlo. Llamé incluso al ministro de Exteriores, que era un florenti-

LOS HIJOS DE ALA

No de una forma
despavorida, no.
De una forma
ordenada y so-
lemne. Lenta-
mente compu-
sieron un cortejo
y, siempre en
nombre de Dios,
pisaron a los cadáveres. Siempre gritando «¡Allah akbar, Allah akbar!». Los destruyeron como a las Torres Gemelas de Nueva York. Los redujeron a un tapiz sanguinolento de huesos rotos.

REHENES ESTADOUNIDENSES

Y así podría seguir hasta el infi- nito. Podría contarte cosas nun- ca dichas, cosas para ponerte los pelos de punta. Sobre el chocho de Jomeini, por ejem- plo, que después de la entrevis- ta celebró una asamblea en Qom para declarar que yo le acusaba de cortarle los pechos a las mujeres. De tal asamblea sa- lió un vídeo que durante meses fue transmitido por la televisión de Teherán, de tal forma que, cuando al año siguiente volví a Teherán, fui arrestada apenas puse el pie en el aeropuerto. Y las pasé canutas, muy canutas.

Era la época de los rehenes es- tadounidenses. Podría hablarte de aquel Mujib Rahman que, siempre en Dacca, había orde- nado a sus guerrilleros que me eliminasen por ser una europea peligrosa, y menos mal que un coronel inglés me salvó, po- niendo su propia vida en peli- gro. O de aquel palestino, de nombre Habash, que me mantu- vo durante 20 minutos con una metralleta colocada en la sien. ¡Dios mío, qué gente! Los úni- cos con los que mantuve una re- lación civilizada fueron el po- bre Alí Bhutto, el primer minis- tro de Pakistán, ahorcado por ser demasiado amigo de Occi- dente, y el bravísimo rey de Jor-

un pecado mor- tal. Y dado que, intimidados por la palabra «racis- ta», impropia- mente utilizada, todos callan co- mo conejos. Yo no voy a levantar tiendas a La Me-

ca. Yo no voy a cantar padre- nuestros y avemarías ante la tumba de Mahoma. Yo no voy a hacer pipí en el mármol de sus mezquitas ni a hacer caca a los pies de sus minaretes.

Cuando me encuentro en sus países (de los que no guardo buen recuerdo), jamás olvido que soy huésped y extranjera. Estoy atenta a no ofenderles con costumbres, gestos o com- portamientos que para nosotros son normales, pero que para ellos son inadmisibles. Los trato con obsequioso respeto, obse- quiosa cortesía, me disculpo si por descuido o ignorancia in- frinjo algunas de sus reglas o supersticiones.

Y este grito de dolor y de indig- nación te lo he escrito teniendo ante los ojos imágenes que no siempre eran las apocalípticas escenas con las que comencé mi discurso. A veces, en vez de di- chas imágenes, veía otras, para mí simbólicas (y por lo tanto, indignantes), de la gran tienda con la que, el verano pasado, los musulmanes somalíes hollaron, ensuciaron y ultrajaron durante tres meses la plaza del Duomo de Florencia. Mi ciudad.

Una tienda levantada para cen- surar, condenar e insultar al Go- bierno italiano que les alberga- ba, pero que no les concedía los visados necesarios para pasear- se por Europa y no les dejaba introducir en Italia la horda de sus parientes: madres, abuelos, hermanos, hermanas, tíos, tías,

Pero la cosa no se resuelve, ni se termina, con la muerte de Osama bin Laden. Porque hay ya decenas de miles de Osamas bin Laden, y no están sólo en Afganistán.

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POR ORIANA FALLACI

no, un florentino de esos que hablan con acento muy florenti- no y, por lo tanto, perfecto co- nocedor de la situación. Tam- bién él me escuchó. Y me dio la razón: «Sí, sí, tiene usted toda la razón». Pero no movió un de- do para quitar la tienda. Y no sólo eso sino que, además, rápi- damente contentó a los hijos de Alá que orinaban en el Bautiste- rio y cagaban en San Salvatore del Obispo (me da la sensación de que de las abuelas, las ma- dres, los hermanos y hermanas, los tíos y tías, los primos y las cuñadas encinta están ya donde querían estar. Es decir, en Flo- rencia y en las demás ciudades de Europa).

Entonces cambié de sistema. Llamé a un simpático policía que dirige la oficina de seguri- dad de la ciudad y le dije: «Querido agente, no soy un po- lítico. Por eso, cuando digo que voy a hacer una cosa, la hago. Además conozco la guerra y hay ciertas cosas que me son fa- miliares. Si mañana por la ma- ñana no levantan la jodida tien- da, la quemo. Juro por mi honor que la quemo y que ni siquiera un regimiento de carabineros conseguirá impedírmelo. Y por esto que acabo de confesarle, quiero, además, ser arrestada, llevada a la cárcel esposada. Así termino saliendo en todos los periódicos».

Pues bien, siendo más inteligen- te que todos los demás, al cabo de pocas horas hizo levantar la tienda. En el lugar de la tienda quedó sólo una inmensa y re- pugnante mancha de suciedad. Toda una victoria pírrica. Pírrica porque no influyó para nada en los demás estúpidos que, desde hace años, hieren y humillan a la que era la capital del arte, la cul- tura y la belleza. Pírrica porque no desanimó para nada a los otros arrogantísimos huéspedes de la ciudad: a los albaneses, su- daneses, bengalíes, tunecinos, argelinos, paquistaníes y nigeria- nos, que con tanto fervor contri- buyen al comercio de la droga y de la prostitución, por lo que pa- rece no prohibido por el Corán.

Sí, sí, están todos donde estaban antes de que mi policía levanta-

se la tienda. Dentro de la plaza de los Uffizi, a los pies de la Torre de Giotto. Delante de la Logia de Orcagna, alrededor de la Logia de Porcellino. Frente a la Biblioteca Nacional, a la en- trada de los museos. En el Puente Viejo, donde de vez en cuando se lían a cuchilladas o a tiros. En todos los lugares en los que han pretendido o conse- guido que el municipio les fi- nancie (sí, señor, les financie).

En el atrio de la iglesia de San Lorenzo, donde se emborrachan con vino, cerveza y licores, raza de hipócritas, y donde profieren todo tipo de obscenidades a las mujeres. (El verano pasado, en ese atrio, me las dijeron incluso a mí, que soy ya una mujer ma- yor. Y, como es lógico, les plan- té cara. Sí, sí les planté cara. Uno sigue todavía allí, dolién- dole los genitales). En medio de las históricas calles, donde cam- pan a sus anchas con el pretexto de vender sus mercancías. Por

excelencia, ¿no le molestaría demasiado apartarse un poquito para dejar pasar a la gente?». Se lo comen vivo. Lo agreden con sus navajas. O, como mínimo, insultan a su madre y a su pro- genie. «Racista, racista». Y la gente lo soporta todo, resigna- da. No reacciona ni siquiera cuando les gritas lo que mi abuelo gritaba durante la época del fascismo: «¿No os importa nada la dignidad? ¿No tenéis un poco de orgullo, cabestros?».

Sé que eso pasa también en otras ciudades. En Turín, por ejemplo. Esa Turín que hizo Italia y que, ahora, ya casi no parece una ciudad italiana. Pa- rece Argel, Dacca, Nairobi, Damasco o Beirut. En Venecia. Esa Venecia en la que las palo- mas de la plaza de San Marcos fueron sustituidas por tapetes con la mercancía y, donde in- cluso Otelo se sentíría a dis- gusto. En Génova. Esa Génova donde los maravillosos pala-

los hijos de Alá en Italia se les llama «trabajadores extranje- ros». O «mano de obra que ne- cesitamos». No hay duda algu- na de que algunos de ellos tra- bajan. Los italianos se han vuel- to unos señoritingos. Van de va- caciones a las Seychelles y vienen a Nueva York a comprar ropa en Bloomingdale’s. Se avergüenzan de trabajar como obreros y como campesinos y no quieren que se les asocie ya con el proletariado.

¿Pero aquellos de los que estoy hablando qué trabajadores son? ¿Qué trabajo hacen? ¿De qué forma suplen la necesidad de mano de obra que el ex proleta- rio italiano ya no cubre? ¿Vaga- bundeando por la ciudad con el pretexto de las mercancías para vender? ¿Zanganeando y estro- peando nuestros monumentos? ¿Rezando cinco veces al día?

Además, hay otra cosa que no entiendo. Si realmente son tan pobres, ¿quién les da el dinero para el viaje en los aviones o en los barcos que los traen a Italia? ¿Quién les da los 10 millones por cabeza (10 millones como mínimo) necesarios para com- prarse el billete? ¿No se los es- tará pagando, al menos en parte, Osama bin Laden, con el objeti- vo de poner en marcha una con- quista que no es sólo una con- quista de almas, sino también una conquista de territorio?

Y aunque no se lo dé, esta histo- ria no me convence. Aunque nuestros huéspedes fuesen abso- lutamente inocentes, aunque en- tre ellos no haya ninguno que quiera destruir la Torre de Pisa o la Torre de Giotto, ninguno que quiera obligarme a llevar el cha- dor, ninguno que quiera quemar- me en la hoguera de una nueva Inquisición, su presencia me alarma. Me produce desazón. Y se equivoca el que se plantea es- te fenómeno a la ligera o con op- timismo. Se equivoca, sobre to- do, quien compara la oleada mi- gratoria que se está abatiendo sobre Italia y sobre Europa con la oleada migratoria que nos condujo a América en la segun- da mitad del siglo XIX, incluso a finales del XIX y comienzos del XX. Y te digo el porqué. s

LOS HIJOS DE ALA

mercancías entiendo bolsos y maletas copiadas de modelos protegidos con sus respectivas marcas y, por lo tanto, ilegales. Amén de sus postales, lapice- ros, estatuillas africanas que los turistas ignorantes creen que son esculturas de Bernini, o ro- pa. («Je connais mes droits [Co- nozco mis derechos]», me espe- tó, en el Puente Viejo, uno al que vi vender ropa).

RESIGNACION

Y si al ciudadano se le ocurre protestar, si les responde que «esos derechos los vas a ejercer a tu casa», se le tacha inmedia- tamente de «racista, racista». Mucho cuidado con que un po- lícía municipal se le acerque y le insinúe: «Señor hijo de Alá,

cios que Rubens admiraba tan- to fueron secuestrados por ellos y se deterioran como be- llas mujeres violadas. En Ro- ma. Esa Roma donde el cinis- mo de la política, de la menti- ra, de todos los colores, los corteja con la esperanza de conseguir su futuro voto y donde los protege el mismísi- mo Papa. (Santidad, ¿por qué no los acoge, en nombre del Dios único, en el Vaticano? A condición, que quede claro, de que no ensucien incluso la Ca- pilla Sixtina, las estatuas de Miguel Angel y los cuadros de Rafael).

TRABAJO

En fin, ahora soy yo la que no entiende. No entiendo por qué a

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La escritora concluye su experiencia en los ataques del 11 de septiembre con una refle- xión sobre la patria. «Algunas de estas cosas

tenía que decirlas. Las he dicho. Ahora de- jadme en paz. La puerta se cierra de nuevo y no quiero volverla a abrir».

NO hace mucho tiempo tuve la oportunidad de captar una frase pronunciada por

uno de los miles de presidentes del Consejo que honraron a Italia desde hace décadas. «¡Mi tío también fue emigrante! ¡Recuer- do a mi tío marchar con la maleta de tela a América!» O algo así. Pues no, querido. No. No es lo mismo. Y no lo es, por dos moti- vos bastante sencillos.

bo una decisión del Parlamento invitando o solicitando a nuestros huéspedes a abandonar sus paí- ses. «Venid, venid, que os necesi- tamos. Si venís os regalamos una finca en Chianti». Han llegado aquí por propia iniciativa, con sus malditas pateras y ante las barbas de los policías que inten- taban hacerles regresar. Más que una emigración es, pues, una in- vasión efectuada bajo la consigna de la clandestinidad. Una clan- destinidad que preocupa porque no es una clandestinidad bonda- dosa y dolorosa. Es una clandes- tinidad arrogante y protegida por el cinismo de los políticos que cierran un ojo y, a veces, los dos ante ella.

Nunca olvidaré las asambleas con las que los clandestinos lle- naron las plazas de Italia, el año pasado, para conseguir sus per- misos de residencia. Sus rostros turbios y feos. Sus puños alza- dos, amenazantes. Sus voces ai- radas que me retrotraían al Tehe- rán de Jomeini. No lo olvidaré jamás, porque me sentí vejada por los ministros que decían: «Querríamos repatriarlos, pero no sabemos dónde se esconden». ¡Estúpidos! En nuestras plazas había miles de ellos y ciertamen- te no se escondían en absoluto. Para repatriarlos, hubiera bastado con ponerlos en fila, por favor, querido señor, acomódese, y acompañarlos a un puerto o a un aeropuerto.

El segundo motivo, querido so- brino del tío de la maleta de tela, lo entendería incluso un escolar de primaria. Para exponerlo, bas- tan un par de elementos. Uno: América es un continente. Y en la segunda mitad del XIX, es de- cir cuando el Congreso estadou- nidense dio su visto bueno a la inmigración, dicho continente es- taba casi despoblado. La mayoría de la población se condensaba en los estados del Este, es decir, en los estados de la zona del Atlán-

tico y en el Mid West había toda- vía muy poca gente. Y California estaba casi vacía. Pues bien, Ita- lia no es un continente. Es un pa- ís muy pequeño y muy poblado.

Dos: Estados Unidos es un país bastante joven. Piense que la Gue- rra de la Independencia tuvo lugar a finales del 1700, se deduce, pues, que apenas tiene 200 años y se en- tiende por qué su identidad cultural no está todavía bien definida. Ita- lia, por el contrario, es un país muy viejo. Su historia tiene al menos 3.000 años. Su identidad cultural es, pues, muy precisa y, dejémonos de tonterías, no está dispuesta a prescindir de una religión que se llama la religión católica y de una iglesia que se llama la Iglesia cató- lica. La gente como yo suele decir: «No quiero tener tratos con la Igle- sia católica. Pero claro que los te- nemos. Y muchos. Me guste o no. Nací en un paisaje de iglesias, con- ventos, cristos, vírgenes y santos. La primera música que oí al venir al mundo fue la música de las campanas. Las campanas de Santa María del Fiore, cuyos tañidos so- focaba con su cháchara el muecín de la época de la tienda. Y con esa música y en medio de ese paisaje crecí. Y a través de esa música y de ese paisaje aprendí qué es la ar- quitectura, qué es la escultura, qué eslapinturayquéeselarte.Ya través de esa iglesia (después re- chazada) comencé a preguntarme qué es el Bien, qué es el Mal… ¡Por Dios!

¿Lo ves? He escrito «por Dios». Con todo mi laicismo, con todo mi ateísmo, estoy tan impregna- da de la cultura católica que for- ma parte incluso de mi forma de expresarme. Adiós, gracias a Dios, por Dios, Jesús, Dios mío, Madonna mía, qué Cristo… Estas frases me vienen espontáneas. Tan espontáneas que ni siquiera me doy cuenta de que las pro- nuncio o las escribo. ¿Quieres que te las diga todas? A pesar de que no le haya perdonado jamás

al catolicismo las infamias que me impuso durante siglos, co- menzando por la Inquisición que quemaba incluso a las abuelas, pobres abuelas, y a pesar de que no esté en absoluto de acuerdo con los curas y no entienda nada de sus plegarias, me gusta tanto la música de las campanas… Una música que me acaricia el cora- zón. Me encantan también esos cristos y esas vírgenes y esos santos pintados o esculpidos. In- cluso tengo la manía de los ico- nos. Me gustan también los con- ventos y los monasterios. Me proporcionan un sentido de paz y, a veces, incluso envidio a sus inquilinos. Y, además, admitá- moslo: nuestras catedrales son más bellas que las mezquitas y las sinagogas, ¿sí o no? Son más bellas también que las iglesias protestantes.

RELIGIONES

Mira, el cementerio de mi familia es un cementerio protestante. Acoge a los muertos de todas las religiones, pero es protestante. Y una bisabuela mía era valdense. Una tía abuela, evangélica. A la bisabuela valdense no la conocí. Pero sí conocí, en cambio, a la tía abuela evangélica. Cuando era ni- ña, me llevaba siempre a las fun- ciones de su iglesia en Vía de Benci en Florencia y, Dios mío, cómo me aburría… Me sentía to- talmente sola en medio de aque- llos fieles que sólo cantaban sal- mos, con aquel cura que no era un cura y que sólo leía la Biblia, en aquella iglesia que no me pa- recía una iglesia y que, excepto un pequeño púlpito, sólo tenía un gran crucifijo. Nada de ángeles, ni de vírgenes, ni de incienso… Echaba de menos incluso el olor del incienso y me hubiera gusta- do estar en la vecina basílica de la Santa Cruz donde había todas es- tas cosas. Las cosas a las que es- taba acostumbrada. En mi casa de campo, en Toscana, hay una pe- queña capilla. Está siempre cerra- da. Desde que murió mi madre,

POR ORIANA FALLACI

Mi patria, mi Italia

MI PATRIA, MI ITALIA

El primero es que, en la segunda mitad del XIX, la oleada migrato- ria hacia América no se realizó de una forma clandestina ni por pre- potencia de quien la efectuaba. Fueron los americanos los que la querían y la solicitaron. Y por me- dio de una disposición concreta del Congreso. «Venid, venid, que os necesitamos. Venid y os regala- mos un buen trozo de tierra». Los estadounidenses han hecho inclu- so una película sobre el tema, pro- tagonizada por Tom Cruise y Ni- cole Kidman, cuyo final me llamó muchísimo la atención. Se trata de la escena en la que los desgracia- dos corren para plantar su bande- rita blanca en el terreno que será suyo, pero sólo los más jóvenes y los más fuertes lo consiguen. Los demás se quedan con un palmo de narices y algunos mueren en la carrera.

Que yo sepa, en Italia nunca hu-

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POR ORIANA FALLACI

nadie entra en ella. Pero, a veces, yo voy a limpiarle el polvo, a controlar que los ratones no ha- gan allí sus nidos y, a pesar de mi educación laica, me encuentro en ella muy a gusto. A pesar de mi anticlericalismo, me muevo en la capilla como pez en el agua. Y creo que la mayoría de los italia- nos te confesaría lo mismo (A mí me lo confesó Berlinguer).

¡Santo Dios!, (me río), te estoy diciendo que nosotros, los italia- nos, no estamos en las mismas condiciones que los estadouni- denses: mosaico de grupos étni- cos y religiosos, mescolanza de 1.000 culturas, abiertos a cual- quier invasión y, al mismo tiem- po, capaces de rechazarlas todas. Te estoy diciendo que, precisa- mente porque está definida desde hace muchos siglos y es muy precisa, nuestra identidad cultu- ral no puede soportar una oleada migratoria compuesta por perso- nas que, de una u otra forma, quieren cambiar nuestro sistema de vida. Nuestros valores. Te es- toy diciendo que entre nosotros no hay cabida para los muecines, para los minaretes, para los fal- sos abstemios, para su jodido medievo, para su jodido chador. Y si lo hubiese, no se lo daría. Porque equivaldría a echar fuera a Dante Alighieri, a Leonardo da Vinci, a Miguel Angel, a Rafael, al Renacimiento, al Resurgimien- to, a la libertad que hemos con- quistado bien o mal, a nuestra patria. Significaría regalarles Ita- lia. Y yo, no les regalo Italia.

Soy italiana. Se equivocan los ton- tos que me creen ya estadouniden- se. Nunca he pedido la ciudadanía estadounidense. Hace años, un embajador americano me la ofre- ció a través del celebrity status y, tras haberle dado las gracias, le respondí: «Sir, estoy bastante vin- culada a América. Me peleo siem- pre con ella, le echo en cara mu- chas cosas y, sin embargo, estoy profundamente vinculada a ella. América es para mí un amante o, incluso, un marido al que siempre permaneceré fiel. Siempre que no me ponga los cuernos. Me gusta este marido. Y no me olvido ja- más de que si no hubiese decidido luchar contra Hitler y contra Mus- solini, hoy hablaría alemán. No ol- vido jamás que si no le hubiese

plantado cara a la Unión Soviéti- ca, hoy hablaría ruso. Le quiero bien a mi marido y me resulta simpático. Me encanta, por ejem- plo, el hecho de que cuando llego a Nueva York y entrego mi pasa- porte con el certificado de residen- cia, el aduanero me diga con una gran sonrisa: «Welcome home». Me parece un gesto tan generoso y tan afectuoso. Además, me recuer- da que Estados Unidos siempre ha sido el refugium peccatorum de la gente sin patria. Pero yo, Sir, ya

zo austriaco. Por esta tricolor, mis tíos paternos soportaron todo tipo de penalidades en las trincheras del Carso. Por esta tricolor, mi padre fue arrestado y torturado en Villa Triste por los nazi-fascistas. Por es- ta tricolor, toda mi familia hizo la Resistencia. Una Resistencia que hice incluso yo. En las filas de Jus- ticia y Libertad, con el nombre de guerra de Emilia. Tenía 14 años. Cuando al año siguiente, me dieron el alta en el Ejército Italiano-Cuer- po de Voluntarios de la Libertad, me sentí tan orgullosa. ¡Jesús y

rum, pontifican desde las pantallas televisivas con monstruosos erro- res de sintaxis. Tampoco es la Ita- lia de los jóvenes que, teniendo ta- les maestros, se ahogan en la igno- rancia más escandalosa, en la su- perficialidad más ingenua y en el vacío más absoluto. De ahí que a los errores de sintaxis ellos añadan los errores de ortografía y si les preguntas quiénes eran los Carbo- narios, quiénes eran los liberales, quién era Silvio Pellico, quién era Mazzini, quién era Massimo D’A- zeglio, quién era Cavour, quién era Victor Emmanuel II, te miran con la pupila cerrada y la lengua floja. No saben nada. Como máximo, es- tos pequeños idiotas sólo saben re- citar los nombres de los aspirantes a terroristas en tiempos de paz y de democracia, ondear las banderas negras y esconder el rostro detrás de pasamontañas. Ineptos.

Y tampoco me gusta la Italia de las chicharras que, después de leer esto, me odiarán por haber escrito la verdad. Entre un plato de espa- guetis y otro, me maldecirán, de- searán que sea asesinada por uno de sus protegidos, es decir, por Osama bin Laden. No, no. Mi Ita- lia es una Italia ideal. Es la Italia que soñaba de muchacha, cuando fui dada de alta del Ejército Italia- no-Cuerpo de Voluntarios de la Li- bertad, y estaba llena de ilusiones. Una Italia seria, inteligente, digna y valiente y, por lo tanto, merece- dora de respeto. Y cuidado con el que me toque a esa Italia o con el que se ría o se burle de ella. Cui- dadoconelquemelarobeocon el que me la invada. Porque para mí es lo mismo que los que la in- vaden sean los franceses de Napo- león, los austriacos de Francisco José, los alemanes de Hitler o los comparsas de Osama bin Laden. Y me da lo mismo que, para inva- dirla, utilicen cañones o pateras.

Te saludo afectuosamente, mi querido Ferrucio, y te advierto: no me pidas nada nunca más. Y mu- cho menos que participe en polé- micas vanas. Lo que tenía que de- cir lo dije. Me lo han ordenado la rabia y el orgullo. La conciencia limpia y la edad me lo han permi- tido. Pero ahora tengo que volver al trabajo y no quiero ser molesta- da. Punto y final. s

COPYRIGHT: CORRIERE DELLA SERA TRADUCCIÓN DE JOSÉ MANUEL VIDAL

tengo una patria. Mi lia. Italia es mi ma- dre. Sir, amo a Italia. Y coger la ciudada- nía americana me parecería renegar de mi madre».

patria es Ita-

También le dije que
mi lengua es el italiano, que en ita- liano escribo y que, en inglés, me traduzco y basta. Con el mismo es- píritu con el que me traduzco en francés, sintiéndola una lengua ex- tranjera. Y también le conté que, cuando oigo el himno nacional me conmuevo. Que cuando escucho el «Hermanos de Italia, la Italia que está despierta, parapá, parapá, para- pá» se me hace un nudo en la gar- ganta. Ni siquiera me doy cuenta de que, como himno, es más bien malucho. Sólo pienso: es el himno de mi patria. Por lo demás, el nudo en la garganta también se me pone cuando contemplo la bandera blan- ca, roja y verde que ondea al vien- to. Forofos de los estadios aparte, se entiende. Tengo una bandera blanca, roja y verde del XIX. Toda llena de manchas, de manchas de sangre y toda roída por la polilla. Y si bien en el centro está el escudo saboyano (sin Cavour y sin Victor Emmanuel II y sin Garibaldi que se inclinó ante esa insignia, no habría- mos conseguido la Unidad de Ita- lia), la guardo como oro en paño. La conservo como una joya. ¡He- mos muerto por esta tricolor! Ahor- cados, decapitados, fusilados. Ase- sinados por los austriacos, por el Papa, por el duque de Módena, por los Borbones. Con esta tricolor he- mos hecho el Resurgimiento. Y la unidad de Italia y la guerra en el Carso y la Resistencia.

Por esta tricolor mi tatarabuelo ma- terno, Giobatta, luchó en Curtatone y en Montanara y quedó horrenda- mente desfigurado por un trabuca-

liras, no sabía si aceptarlas o no. Me parecía injusto aceptarlas por haber cumplido mi deber con la pa- tria. Pero las acepté. En casa, nadie tenía zapatillas. Y con ese dinero compramos zapatillas para mí y pa- ra mis hermanas.

Naturalmente, mi patria, mi Italia, no es la Italia de hoy. La Italia ja- ranera, cazurra y vulgar de los ita- lianos que piensan sólo en jubilar- seantesdelos50yquesólose apasionan por las vacaciones en el extranjero y por los partidos de fútbol. La Italia tonta, estúpida, pusilánime de esas pequeñas hie- nas que, por estrechar la mano de una estrella de Hollywood, vende- rían a su propia hija a un burdel de Beirut, pero si los kamikazes de Osama bin Laden reducen miles de neoyorquinos a una montaña de cenizas que parece café machaca- do, dicen contentos: «Les está bien empleado a los americanos».

La Italia escuálida, cobarde, sin al- ma, de los partidos presuntuosos e incapaces que no saben ni ganar ni perder, pero saben como pegar los grasientos traseros de sus represen- tantes a las poltronas de diputados, de ministros o de alcaldes. La Ita- lia todavía mussoliniana de los fas- cistas negros y rojos que te indu- cen a recordar la terrible profecía de Ennio Flaiano: «En Italia, los fascistas se dividen en dos catego- rías: los fascistas y los antifascis- tas». Tampoco es la Italia de los magistrados y de los políticos que, ignorando la consecutio-tempo-

Entre nosotros no hay cabida para los muecines, para los minaretes, para los falsos abstemios, para su jodido medievo, para su jodido chador.

María, había si- do un soldado italiano! Y cuando me in- formaron de que, al darme de alta, me corres- pondían 14.540

Invasores mahometanos en España y Europa. Un problema muy grave a resolver de modo urgente

La existencia libre ha de ser aliada de la razón, y alejarse de todo dogma irracional o metafísicamente fabricado. Europa y España se guían por la razón, el Logos de los griegos antiguos, el derecho de los romanos, el judaísmo en parte , y la filosofía que ha permitido racionalizar al dogma teológico cristiano , con el catolicismo que adopta la Escolástica o el aristotélico-tomismo, con las variaciones históricas que implica esto.

Nos lo tienen que poner bien clarito …desde Israel, que es donde están ahora las más duras trincheras del frente de guerra , la III Guerra Mundial que , una vez más, enfrenta a España, Italia, Francia, a toda Europa, contra el expansionismo del fundamentalismo religioso-político del Islam

Corderos pacíficos en apariencia, son lobos sedientos de venganza contra el cristianismo y su modelo de razón anti dogmática, que tantas veces los ha logrado contener, detener, alejar, cercar.

SPINOZA ( 1632-1677), ETICA: Parte IV, Proposición LXIII: “Quien se deja llevar por el miedo, y hace el bien para evitar el mal, no es guiado por la razón”

Y para Espinosa, el poder del entendimiento es el que garantiza la libertad humana. Por lo tanto si nos dejamos invadir o dominar por sociedades cuyas bases son dogmas teológicos que excluyen o someten a la racionalidad, correrá un grave riesgo nuestra propia libertad, la real, la social y política. No me refiero a libertades de corte ni idealista, ni psicologista , ni extravagante. Ni tampoco místico religiosa. Y por supuesto, tampoco la libertad soñada de los posmodernos.

Y seguiremos defendiendo , nuestras razones, nuestras tierras , nuestras tradiciones de libertad, y contrarias al fanatismo e intolerancia religioso-políticas de los mahometanos.

Leer el enlace que contiene esta entrada. por mera sobrevivencia,
por el puro y duro CONATUS del que hablaba un filósofo de origen sefardita, español, llamado Baruch o Benito Espinosa.
Y esto ya en el siglo XVII.
Ahora, entrando en el siglo XXI, es muy buen consejo práctico tomar en cuenta lo que este sabio judío escribía en su libro : ETICA, demostrada al modo de la geometría.
Tercera Parte, Proposición VI: Cada cosa se esfuerza, cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser.
Se trata de un esfuerzo, o conatus ( en latín) encaminado a mantenerse, políticamente, históricamente, en el sentido de la duración , la eutaxia, de un Estado, de una nación, en este caso, naciones, políticas.España, Israel, Europa como conjunto de naciones no musulmanas, sino judeo-romano-cristianas. Este asunto ya lo planteó, tras el histórico ataque a las Torres Gemelas, la italiana Oriana Fallaci, cuando hablaba de La fuerza de la razón, la razón filosófico política que impregna toda Europa, desde Gracia hasta el presente. No es el cristianismo, no es Occidente quien declara la guerra, es el islamismo, porque en su libro fundamental, el Corán, se dice, bajo un formato teocrático y dogmático que hay que hacer la guerra al infiel.

https://israelnoticias.com/islam/conquista-islamica-inmigracion-musulmana/  DEFIENDE TU VIDA, TUS LIBERTADES, TU TIERRA , TU MANERA NO FANATIZADA DE VIVIR. STOP ISLAMIZATION OF EUROPE. ALTO A LA ISLAMIZACION DE ESPAÑA Y DE EUROPA.

España jamás volverá a ser invadida ni mucho menos conquistada por los seguidores de Mahoma. Tampoco Europa.
Gustavo Bueno, en su conferencia ESPAÑA, en torno a la herencia católica frente al protestantismo y frente al islamismo (fragmento del video completo, del 14 de abril de 1998

Recomendable, al hilo de estas cuestiones, es una tesis doctoral que se defendió en la Universidad de Oviedo (Asturias. ESPAÑA) que lleva el título La Idea de España de Julián Marías, desde el Materialismo Filosófico, defendida por Rubén Franco González que se puede leer en el enlace siguiente http://digibuo.uniovi.es/dspace/bitstream/10651/37378/1/TD_RubenFrancoGonzalez.pdf

http://digibuo.uniovi.es/dspace/bitstream/10651/37378/1/TD_RubenFrancoGonzalez.pdf

FRAGMENTO (Y CITA DE JULIAN MARIAS) tomada de la tesis mencionada:

“Aquel pequeño encuentro fue el origen del reino de Asturias, que va a aparecer como un intento de restauración del reino godo. Aquí empieza a actuar la imagen de la España perdida como meta, como ideal, terminus ad quem de unas luchas que, vistas desde Córdoba, parecían de muy limitado alcance. La crónica de Alfonso III de 883, se titula Historia Gothorum, y en ella se dice que el pequeño reino de Pelayo habrá de ser la salvación de España, salus Hispaniae, porque combatirá “día y noche hasta que la predestinación divina decrete la expulsión total de los sarracenos”. Esta es la formulación más clara y temprana del programa de la Reconquista.”

las batallas ideológicas del islamismo y la yihad en y contra Europa

Tariq Ramadan percevrait 35 000 euros par mois du Qatar

Le théologien Tariq Ramadan, qui dirige un centre d’étude islamique à Doha depuis 2012, percevrait depuis de confortables émoluments mensuels, selon une note de Tracfin consultée par « Libé ».

FUENTE https://www.nouvelobs.com/societe/20190405.OBS11160/tariq-ramadan-percevrait-35-000-euros-par-mois-du-qatar.html Par L’ObsPublié le 05 avril 2019 à 14h59

Tariq Ramadan, le 7 février 2016 à Lille, lors d’une réunion d’associations musulmanes françaises. (MICHEL SPINGLER/AP/SIPA)

« Libération » a eu accès à une note du service de surveillance des circuits financiers clandestins Tracfin, selon laquelle Tariq Ramadan recevrait depuis des années 35 000 euros par mois du Qatar. Le théologien musulman, poursuivi pour deux viols en France et un autre en Suisse, recevrait cette somme en tant que consultant de la Qatar Foundation, « l’une des filières permettant à l’émirat de financer à travers le monde des projets, liés le plus souvent à la mouvance des Frères musulmans », note « Libération ».

Casualidades de la vida

« Très influente et bénéficiant de fonds importants, la Qatar Foundation est présidée par la cheikha Mozah, la mère de l’actuel émir, qui aurait selon d’anciens proches de Ramadan facilité l’installation de l’intellectuel à Doha », ajoute le quotidien.« L’intellectuel a aussi bénéficié de l’appui du Youssef al-Qaradawi, le théologien de référence de la mouvance des Frères musulmans, un proche de la famille Ramadan depuis de très nombreuses années. »

LIRE AUSSI > La justice maintient les deux inculpations de Tariq Ramadan pour viols

D’après Tracfin, Tariq Ramadan a rapatrié en juin 2017 en France l’équivalent de 590 000 euros, de son compte qatari alimenté par les versements mensuels de la Qatar Foundation. Cet argent lui aurait servi à acheter un duplex rue Gabrielle à Montmartre. Il aurait aussi versé d’autres fonds à deux associations, lui permettant en partie de financer ses frais judiciaires.

Ramadan dirigeait depuis 2012 à Doha un centre d’étude de l’éthique islamique. Il y a été remplacé et son contrat avec le Qatar arriverait à échéance dans quelques mois, selon d’ex-proches joints par « Libé ».

Le livre « Qatar Papers, comment l’émirat finance l’islam de France et d’Europe » des journalistes Christian Chesnot et Georges Malbrunot (qui vient de paraître aux éditions Michel Lafon) mentionnait déjà les versements du Qatar à Tariq Ramadan, indique le quotidien suisse « la Tribune de Genève ».

Contacté par « Libération », Emmanuel Marsigny, l’avocat de Tariq Ramadan, n’a pas souhaité faire de commentaire.