¿Quién fue el Maharal de Praga? Citado por el en sus tiempos(años 60-70 S XX) Henri -Levi, uno de los nouveaux philosophes. En su libro L´Émpire et les cine rois. Muy interesante para tratar de entender la actual situación tras la caída de la ex URSS y el retroceso de EEUU y auge de China, y otros reinos aspirantes a liberarse o aliarse con uno u otro Imperio resultante.

La figura del Golem, es un humano pero que no era exactamente humano.

Para la Historia del pueblo hebreo , la esclavitud, etc. Las guerras, etc. Es importante ese concepto o personaje Golem. Bernard Henri Levi, no es un rabino, sino un filósofo, pero los rabinos son realmente cierta especie de filósofos “teólogos”. Y para analizar el proceso actual de retraimiento del Imperio de los EEUU, recurre a la Torah y en concreto los escritos de Dante ( De Republica) y de Maharal de Praga, para tratar de analizar la situación dada en el llamado Nuevo Orden Mundial, surgido tras la caída de uno de los dos Imperios hegemónicos del S XX, la ex URSS. Ahora hay varios reinos y un Imperio, alguno o varios reinos tratan de tomar el lugar del ex Imperio soviético. De este tema trata el libro de este ya no tan nuevo filósofo, Henri Levi

David Alvargonzález, Biólogo y filósofo, profesor de la Universidad de Oviedo y autor de varios libros y artículos, nos ofrece este riquísimo artículo sobre un tema CLAVE del sistema del Materialismo Filosófico, aunque agrega algunas cuestiones , con el fin de delimitar con mayor precisión cualquier posible resquicio que algunos estudiosos del Materialismo Filosófico, o público interesado en la Teoría de la Ciencia(Teoría del Cierre Categoral) pudieran considerar de su interés y del interesara los estudios de las Ciencias y de la Filosofía Materialista


La idea de cierre categorial. Intervención en Santo Domingo de la Calzada el día 15 de marzo de 2019 con motivo de la presentación del número 175 de la revista 
Berceo dedicada a Gustavo Bueno

AUTOR: David Alvargonzález

Introducción

En esta exposición voy a intentar presentar la idea de cierre categorial del filósofo Gustavo Bueno (1924.2016). Para ello voy a explicar brevemente cuáles son los contenidos centrales de esa teoría y, a continuación, reivindicaré la importancia que puede tener para cualquier filosofía del presente. Gustavo Bueno es un filósofo español que tiene decenas de miles de seguidores en Internet y que, en Google Académico, tiene un valor treinta para el índice h. La teoría del cierre categorial es una de las partes más originales y nucleares de la filosofía de Bueno, y es de esperar que la importancia de esta teoría vaya en aumento, aunque solo sea a efectos polémicos, porque la idea de ciencia es relevante para cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, como voy a tratar de mostrar. La teoría del cierre categorial es una rectificación de la teoría de las categorías de Aristóteles y supone establecer una conexión interna entre la ontología y la filosofía de la ciencia, entre las categorías ontológicas y los campos de las ciencias.

Es una idea temprana y nuclear de la filosofía de Bueno, pero también de cualquier filosofía del presente que se precie ya que es una idea que tiene que ver con la verdad científica: es un intento de determinar qué es la verdad científica, en qué se diferencia la verdad científica de las verdades del sentido común, y qué es una ciencia. Este es un asunto central desde el origen de la filosofía, pues ya Platón y Aristóteles estaban discutiendo, precisamente, qué era la geometría. En la época moderna también se discutió profusamente acerca de lo que es una ciencia, y se sigue discutiendo en la actualidad. Las verdades científicas son el tipo de verdades más sólidas que tenemos, y sobre las que hay que construir cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, ya que es imposible hacer un sistema filosófico de espaldas a las verdades científicas. Por eso, hace falta tener un criterio muy sólido y muy discriminativo para saber qué son las verdades científicas porque los científicos, cuando hablan y escriben, lo hacen muchas veces en calidad de ciudadanos y es relevante poder distinguir cuándo están hablando como ciudadanos, o como literatos, o como filósofos espontáneos, y cuándo están hablando como científicos de cosas que son auténticas verdades científicas. La teoría del cierre categorial es la filosofía de la ciencia asociada a una ontología hiperrealista, materialista. Esto es una novedad dado que los filósofos materialistas del siglo XIX y XX no llegaron a desarrollar una filosofía de la ciencia específica, sino que se contentaron con seguir a grandes rasgos la filosofía de la ciencia del positivismo.

Gustavo Bueno expuso su teoría en un tratado en cinco volúmenes con más de mil cuatrocientas páginas, y siguiendo la teoría del cierre categorial se han realizado más de una docena de tesis doctorales monográficas (Lafuente 1973, Fernández, T.R. 1980, López 1983, Fuentes 1985, Alvargonzález 1989a, Hidalgo, 1990, Iglesias 1992, Fernández Treseguerres1993, Baños 1993, Fernández, S. 1995, Huerga 1997, Álvarez 2002, Madrid 2009, Barbado 2015).

La idea de cierre operatorio

La idea de cierre categorial tiene dos partes, la idea de cierre operatorio y la idea de categoría. Por lo que hace a la idea de cierre, todo el mundo tiene un conocimiento práctico de lo que es cerrar una puerta, todo el mundo conoce el concepto técnico de cerrar algo. Un concepto más específico es el concepto algebraico de cierre operatorio: en álgebra, una operación es cerrada cuando, dados dos términos de un conjunto, los operamos, y el término resultante pertenece al mismo conjunto. Por ejemplo, si tomamos los números naturales y aplicamos la suma, los resultados son siempre otros números naturales: esa es una operación cerrada. La operación no cerrada es cuando, dados dos números naturales, por ejemplo, el uno y el tres, los dividimos y obtenemos un tercio que ya no es un número natural. Esta es la idea de cierre operatorio, es decir, dos términos de un conjunto que operados dan elementos del mismo conjunto. Gustavo Bueno tomó está idea y la amplió, aplicándola no solamente a las ciencias formales, a las matemáticas, o al álgebra, sino a todas las ciencias. Si cogemos dos compuestos químicos y los operamos, nos resulta otro compuesto químico, no resulta una célula o un elefante, ya que esos son términos del campo de la biología. Si operamos con términos del campo de la química obtenemos términos del campo de la química y, sin embargo, si cogemos dos organismos biológicos y los cruzamos pues aparece otro organismo biológico, no nos da como resultado, digamos, ácido sulfúrico. Esa es la idea de cierre operatorio: cuando estamos en un campo y operamos dentro de ese campo, obtenemos nuevos términos de ese mismo campo. De este modo, a través del propio proceso de las operaciones, el campo se va ordenando y se va cerrando espontáneamente (cuando esto ocurre). 

Las categorías de Aristóteles

El adjetivo “categorial” viene del nombre “categoría”. “Categorial” es lo que tiene que ver con las categorías. Con antecedentes en Platón y Parménides, la idea de categoría es un invento de Aristóteles quien propuso una tabla famosa de categorías. “Categorein”, en griego, significa “predicar”, y las categorías son las cosas que se pueden decir del sujeto. Aristóteles supuso que de un sujeto se pueden predicar cosas acerca de su sustancia, de su cantidad, de su cualidad, de su relación, del lugar en donde está, del tiempo en el que está, de la posición, etcétera. Aristóteles hizo una lista y a esas cosas que se predican del sujeto las llamó categorías. Las categorías desde entonces, por la propia concepción de la filosofía aristotélica, se entendieron como una especie de géneros ontológicos máximos. Es un poco parecido, por poner un ejemplo proporcionado, a lo que ocurre en biología cuando se habla de los géneros máximos de los organismos biológicos. En ese caso, los géneros máximos son los reinos: vegetal, animal, los hongos, las moneras, las protoctistas (si nos referimos a la célebre clasificación, hoy ya superada, de Whitacker). Pues bien, si nos preguntamos ahora por los géneros máximos, no sólo de la biología, sino de todo lo existente, de toda la realidad, esos géneros máximos serían las categorías, y su determinación tiene mucha importancia porque se supone que esas categorías nos informan acerca de la manera cómo la realidad está estructurada. Decía Platón que el buen carnicero es el que corta al animal por las junturas naturales frente al mal carnicero que lo corta de cualquier manera (Fedro 265a-266c). Pues bien, lo que Aristóteles se estaba preguntando es cuáles son las junturas naturales, los géneros máximos, para dividir todo lo real, y esos géneros máximos son las categorías. El asunto de saber cuáles son las categorías, es decir, los círculos máximos, los géneros máximos de la realidad, es un asunto central de todo sistema filosófico: toda filosofía que aspire a cierta sistematicidad tiene que comprometerse con esta tarea pues necesita tener cierto mapa que establezca por dónde están las junturas naturales de la realidad.

¿Por qué Bueno interpreta el cierre operatorio de las ciencias como un cierre “categorial”?

La teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno supone una “vuelta del revés” de la teoría de Aristóteles, en especial de la interpretación que la filosofía escolástica cristiana hizo de esa teoría aristotélica. Un fraile dominico, Nicolás Bonetti, sostuvo que, si las categorías eran géneros máximos, cada uno de esos géneros tendría que ser estudiado por una ciencia diferente: habría una ciencia de la cantidad, otra de la cualidad, otra del tiempo, del lugar, etcétera. Es decir, propuso la idea de que habría tantas ciencias como categorías. Gustavo Bueno dio la vuelta del revés a este planteamiento: no es que cada ciencia estudie una categoría determinada previamente por no se sabe qué procedimiento, sino que lo que ocurre es que cada ciencia realmente existente puede interpretarse como una categoría ontológica. Existe, pues, una categoría física, una categoría química, una categoría biológica, una categoría psicológica, histórica, lingüística, etcétera, y esas son las junturas naturales que dividen la realidad en partes. Ahora bien, la cuestión es justificar por qué se puede dar este paso. Para explicarlo voy a poner una analogía meteorológica que, manejada con el debido cuidado, puede resultar de utilidad. Imaginemos un ambiente atmosférico que está cargado de humedad y supongamos que, en un momento dado, baja la temperatura, se atraviesa el punto de rocío, y entonces la humedad se condensa y da lugar a una nube. Si no hay viento y está el ambiente en calma, la nube que se forma es un estrato, es una nube homogénea de estructura horizontal, pero, si hay movimientos de aire ascendentes y descendentes, por ejemplo, porque hay un calentamiento diferencial del suelo y una parte de ese suelo tiene un albedo más alto o más bajo que otra, ese calentamiento diferencial hace que se formen, por ejemplo, cumulus humilis, los llamados cúmulos de buen tiempo, que son la típica nube blanca de base plana y parte superior redondeada. Pues bien, nuestra especie lleva operando con las cosas del mundo más o menos desde el paleolítico medio, y lleva haciendo cosas, y transformando cosas, y mezclando, y separando, calentando, destilando, componiendo, descomponiendo, rompiendo y volviendo a unir, y cuando nosotros operamos con las cosas del mundo, lo que ocurre es que se forman “nubes” operatorias, que son los cierres operatorios. No se forma una estructura homogénea como la del estrato, o una estructura regular, como podría ser un diamante de carbono que tuviera todos sus átomos perfectamente alineados y a la misma distancia, con la misma disposición geométrica. Lo que se forman son torbellinos operatorios, y torbellinos que empiezan a tener una independencia unos de otros: el torbellino de la biología frente al de la física, o frente al de la química. En el ejemplo meteorológico, el sol tiene que estar calentando, pero no es el único responsable de que se formen las nubes porque éstas se forman por el calentamiento diferencial del suelo y por las diferencias de humedad y de energía cinética. En el caso de las ciencias, nosotros tenemos que estar operando, pero no tenemos control sobre los resultados de los torbellinos operatorios, sobre las ciencias que se forman, no sabemos por qué se forman esos y no otros. Esto es así porque nosotros no podemos estipular los resultados de las operaciones y esos resultados de esos torbellinos operatorios dan lugar a estructuras que no dependen de nosotros. Cuando nosotros mezclamos ácido sulfúrico con hidróxido de sodio para obtener el sulfato de sodio, el resultado no depende nosotros, ya que ese resultado depende de la estructura de la materia, de la estructura de la realidad. Cuando nosotros operamos, los resultados de las operaciones y el modo cómo se organizan los “cúmulos operatorios”, depende de la estructura de la realidad, es un resultado “anantrópico”. Nosotros no podemos decir “vamos a hacer una ciencia aquí” pues no podemos tener la seguridad de que vaya a resultar así. Tampoco podemos proponernos juntar dos ciencias existentes. Los físicos llevan dos siglos intentando unificar la física de partículas con la física de Einstein y muchos dudan incluso de que ello sea posible. Muchísimo menos podemos unificar la física con la biología, es decir, explicar todos los procesos biológicos desde los principios de la física. La realidad no funciona así: las leyes de la biología son otras, hay otros principios diferentes de los de la física, porque la biología es otra categoría, es otra región de la realidad distinta. Nosotros no podemos dictar la estructura de la realidad; nosotros operamos, vamos transformando cosas; en el propio proceso de las transformaciones se van organizando esos cúmulos operatorios; y esos cúmulos operatorios pueden ser interpretados como categorías ontológicas porque nos proporcionan las junturas naturales por las que se divide la realidad cuando se transforma. Este es el interés de la teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno: las ciencias, esos cúmulos operatorios, son el único criterio para conocer las junturas naturales por donde se rompe la realidad al codeterminarse sus partes, ya que nosotros no controlamos los cierres de las ciencias puesto que esos cierres son resultados anantrópicos. Las ciencias cierran de acuerdo con la estructura operatoria y con la estructura de los resultados de lo que se está operando: por eso el cierre operatorio puede interpretarse como un cierre categorial, es decir, el cierre de las ciencias nos da la pista de cómo está estructurado el mundo en categorías. Esto que parece tan sencillo, supone la vuelta del revés de la teoría de Nicolás Bonetti y de Aristóteles, y tiene muchísima importancia porque las categorías son algo así como el “mapa” de la estructura del mundo: las relaciones entre las ciencias, entre sus fronteras y entre sus cierres operatorios son las que nos informan que la legalidad biológica es distinta de la legalidad física, de la química, de la histórica, de la psicológica, de modo que esas categorías no se reducen unas a otras. Por mucho que los físicos pretendan hacer teorías del todo y reducirlo todo a física, la terca realidad es que el mundo no tiene esa estructura unificada. Es necesario reconocer un pluralismo gnoseológico y ontológico lo que significa reconocer que unas áreas de la realidad son irreductibles a otras. Ahora bien, podríamos preguntarnos: ¿por qué la estructura de la realidad es así? ¿por qué hay física, y química, y biología, como ciencias distintas, inconmensurables entre sí? La respuesta es que no lo sabemos ya que el mapa de las ciencias es un resultado anantrópico, es un resultado que se nos impone. La historia de las ciencias hace que se decanten unas determinadas ciencias y, en la medida en que esos cierres se imponen al sujeto, no queda más remedio que interpretarlos como la estructura de la realidad, como categorías ontológicas.

La importancia de la teoría del cierre categorial y el hiperrealismo

El desarrollo de las ciencias de los últimos cuatro siglos nos permite saber, con certeza absoluta, que lo que ven nuestros ojos, lo que oyen nuestros oídos, y lo que perciben los órganos de nuestros sentidos, es decir, nuestro mundo fenoménico entorno, no es ni la centésima parte de lo que existe. Más allá de las ondas de luz están las ondas ultravioletas, los infrarrojos, las ondas de radio, todo el espectro electromagnético. Todo está lleno de cosas y de transformaciones que no podemos ver porque son minúsculas, o porque tienen unos tamaños gigantescos o están a grandes distancias. Tampoco podemos ver los procesos evolutivos de la historia natural, aunque están ahí actuando, por sus resultados, en nuestros cuerpos. Y lo mismo ocurre con toda la historia política que está presente en nosotros, ejercitada en el idioma, en las tradiciones, en la cultura. Todo eso son cosas que no se pueden ver porque son muy pequeñas o muy grandes, porque están en otras longitudes de onda, en otras longitudes acústicas, o porque están en el pasado al que no se puede viajar. Sin embargo, están determinando nuestro presente. La mayor parte de lo que sabemos que existe es “hiperreal”, es decir, es una realidad que está ahí, que nos está determinando íntegramente, que determina nuestras enfermedades y nuestro nacimiento y nuestra muerte, y que no podemos percibir pues no está a la escala de nuestras sensaciones. La realidad es mucho más densa de lo que aparece ante nuestros sentidos: esa es la idea del hiperrealismo. A todo ese mundo hiperrealista sólo se accede por la ciencia, única y exclusivamente. Por eso el asunto sobre el que gira la teoría del cierre categorial es un tema central de cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, porque ese mundo hiperrealista, hiperdenso, que no podemos ver, cada vez crece más, cada vez aumenta más, cada vez se amplía más, y cada vez es más importante desde un punto de vista práctico. Y sólo es accesible por las ciencias. 

Si admitimos la tesis de que las ciencias son el único modo de acceder a toda esa hiperrealidad, a toda esa realidad ampliada, tenemos que dejar de ver las ciencias como si fuesen un mapa de un terreno que pudiéramos recorrer directamente. En cartografía, nosotros hacemos unas operaciones sobre el terreno y unas operaciones con lápiz y papel sobre el mapa, de modo que se puede establecer una correspondencia entre las primeras y las segundas, y esa correspondencia es la que nos permite hablar de un mapa verdadero. En la mayoría de las ciencias que van referidas a esa hiperrealidad, no podemos proceder de ese modo precisamente porque los contenidos de sus teoremas (las partículas, las ondas, los procesos geológicos y evolutivos, las estructuras geométricas, etc.) no están dados a la escala de nuestros órganos sensoriales. No podemos comparar el “mapa” (las teorías científicas) con el terreno (la realidad de las cosas) porque no hay otra manera de acceder a esa realidad que no sea a través de esas mismas teorías. Por tanto, la verdad científica no puede entenderse ya nunca más como una adecuación entre las teorías y los hechos: es aquí donde la teoría del cierre categorial es capaz de ofrecer una alternativa que, cuando menos, es necesario discutir.

Referencias bibliográficas

Álvarez, Evaristo (2002): El cierre categorial de la geología, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Alvargonzález, David (1989a): Ciencia y materialismo cultural, Madrid, UNED.

Alvargonzález, David (2000): “Análisis gnoseológico del campo de la teoría de juegos.” El Basilisco 28: 17-36.

Baños, Carmen (1993): La antropología social de E.E. Evans-Pritchard: un enfoque gnoseológico, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Barbado, Pedro (2015): Ciencia, proceso, verdad. El estudio científico del delito desde el materialismo filosófico, tesis doctoral, Universidad de Oviedo

Bueno, Gustavo (1972): Ensayo sobre las categorías de la economía política. Barcelona, La Gaya Ciencia. http://fgbueno.es/gbm/gb72cep.htm

Bueno, Gustavo (1976): Estatuto gnoseológico de las ciencias humanas. Madrid, España, Fundación Juan March. http://fgbueno.es/gbm/egch.htm

Bueno, Gustavo (1978a): “En torno al concepto de ciencias humanas.” El Basilisco 2: 12-46. http://fgbueno.es/bas/pdf/bas10202.pdf

Bueno, Gustavo (1993): Teoría del cierre categorial. Oviedo, Pentalfa.

Bueno, G. (1995): ¿Qué es la ciencia? Oviedo, Pentalfa. http://www.filosofia.org/aut/gbm/1995qc.htm

Fernández Tresguerres, Alfonso (1992): Naturaleza filosófica de las teorías sobre la agresión, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Fernández, Secundino (1995): Estatuto gnoseológico de la Scienza Nuova de Giambattista Vico, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Fernández, Tomás R. (1980): Gnoseología de las ciencias de la conducta, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Fuentes, Juan Bautista (1985): El problema de la construcción científica en psicología: análisis epistemológico del campo de la psicología científica, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid.

Hidalgo, Alberto (1990): Gnoseología de las ciencias de la organización administrativa (la organización de la ciencia y la ciencia de la organización), tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Huerga, Pablo (1997): Filosofía, ciencia y sociedad en el materialismo filosófico: análisis filosófico de Las raíces socioeconómicas de la Mecánica de Newton de Boris Hessen, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Iglesias, Carlos (1991): El nacimiento de las ciencias filológicas: análisis gnoseológico, tesis doctoral, Universidad de Oviedo. 

Lafuente, M. Isabel (1973): Causalidad y conocimiento según Piaget, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

López, José Antonio (1983): Gnoseología e historia de la prueba automática de teoremas lógicos, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Madrid, Carlos (2009): La equivalencia matemática entre mecánicas cuánticas y la impredecibilidad en las teorías del caos: dos casos de estudio para el debate realismo-instrumentalismo, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid.

El materialismo Filosófico, forjado por el filósofo español Gustavo Bueno, aporta muy interesantes apoyos para ayudar en la investigación , hecha por científicos (biólogos, médicos especializados en varias ramas de la Medicina, sociólogas, especialistas en estudios de género, en igualdad y equidad, etc.) Con conceptos como metodologías alfa y beta operatorias, como symploké, como etic y emic, entre otros , se aclararía mucho el panorama. Recomendamos recurrir, en un primer acercamiento al sistema, al Diccionario Filosófico de Pelayo García

Un enlace al Diccionario Filosófico , de Pelayo García , hecho plenamente a partir de la magna obra del filósofo riojano ( de La Rioja, España) Gustavo Bueno ( 1924-2016)


El Hombre: ese animal ceremonioso.
Para muestra , un botón vale. Una de las muchas Teselas que nos ha legado Gustavo Bueno, y que gracias a la Fundación Gustavo Bueno, la podemos ver on Line sin coste alguno. Aquí explica , con brevedad, pero con la precisión de un cirujano, el asunto clave sobre lo que son la Ideas y los Conceptos y su relevancia , a tener muy presente en los estudios sobre las igualdades y diferencias entre hombres y mujeres, tal como el tema de actualidad se está planteando , realmente de modo muy borroso, derivado de la carencia de ideas claras y distintas sobre lo que es la Ciencia y lo que distingue unas Ciencias de otras. Y la carencia absoluta de un criterio para entender que no todo está relacionado con todo, tal como lo expone Platón en su Idea de symploké, que Bueno adapta a su sistema del Materialismo Filosófico y a su Teoría de la Ciencia : el Cierre Categorial y las Metodologías alfa y beta operatorias, entre otros temas conexos con esta problemática tan importante, tanto desde una perspectiva gnóstica, es decir, académica, como desde la implantación política de la Filosofía y de las Ciencias ( su impacto social, digamos )

¿Cual es el papel de la Filosofía en una sociedad política?¿Para qué sirve la Filosofía?Breve video donde el filósofo español Gustavo Bueno(Santo Domingo de la Calzada , 2014- Niembro, Asturias, 2016)expone sus argumentos con precisión de cirujano. Breve extracto de un video más extenso. Fijarse en especial desde el minuto 4.0

La filosofía en el conjunto del saber…y del hacer. Exposición desde el sistema del Materialismo Filosófico (ojo, no es el Materialismo Histórico de Marx, ni el Materialismo Dialéctico de Engels)

COMENTARIO DE INTROFILOSOFIA: Este breve comentario sobre qué es y para qué sirve la Filosofía, resulta vital para sobrevivir en esta Era de la Post-Verdad a donde nos quieren conducir , las mafia políticas ,periodísticas, sindicales y financieras, como corderos al matadero, o al esquiladero. La Filosofía sirve , como dice en la célebre metáfora expresada a través de El Mito de la Caverna, Platón, en su libro tuitulado La República, para quitarnos las cadenas de la ignorancia y tratar, con mucho esfuerzo de lograr ver la realidad de las cosas que conforman el mundo en que vivimos, con la mayor claridad posible, para ,precisamente , no ser esclavos de la opinión, del subjetivismo que cae en la oscuridad más vil. Por esto hemos presenciado en estos tiempos de posmodernismo, globalización, de cualquiera de sus partes y segmentos diversos, permanentes ataques contra la introducción de los estudios serios y rigurosos d ella Historia de la Filosofía, y de una Introducción a la Filosofía como un saber de segundo grado, no idealista ,ni metafísica, sino fuertemente arraigada en un materialismo gnoseológico, que parte de los saberes de las demás Ciencias, y del conocimiento de las tecnologías, para buscar desarmar las nebulosas que sirven a los que manipulan con engaños y recursos a la inteligencia emocional y otras lindezas posmodernas , para mantener a la mayor parte posible de gente en el fondo de la caverna platónica, atado s por las cadenas de la ignorancia y creyendo que las meras sombras de sombras , las apariencias que oscurecen y ocultan la realidad que es nuestro mundo material, puedan seguir sacando de nosotros todo lo que pude a cambio de unos mendrugos y migajas de sus festines.Esto es la decadencia de una sociedad. Por eso es importante la Filosofía.El arte de separar, de cribar, de triturar para ver mejor cada parte de los todos complejos que enfrentamos a lo largo de la vida. En resumen : triturar y denunciar los mitos de todo tipo que son perjudiciales para ser más libres, en el sentido de la palabra que le da el filósofo sefardí Espinosa

Propuestas , desde la obra del profesor Jesús G Maestro, para una lista de cuáles son las treinta obras más relevantes de la Literatura . El Decamerón, de Boccaccio.

Decameron como instrumento de libertad: erótica, sexual, de las mujeres, y el atractivo de la sensualidad entre hombre y mujer.

Propuestas del profesor Jesús G Maestro para un canon de las 30 obras más importantes de la Literatura de todos los tiempos. El Antiguo Testamento

La mentira como terapia de choque. Artículo de Pedro Gómez Carrizo, de lectura muy interesante para tratar de ver uno de los puntos clave de la llamada Era de la Post-verdad.

https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20200219/mentira-terapia-choque/468573140_12.html https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20200219/mentira-terapia-choque/468573140_12.html

LA TRIBUNA

FUENTE https://www.elespanol.com/opinion/tribunas/20200219/mentira-terapia-choque/468573140_12.html

La mentira como terapia de choque

El autor alerta de que los españoles estamos siendo víctimas de un proceso de insensibilización ante las falsedades, algo que supone en sí mismo un riesgo para la democracia.

Pedro Gómez Carrizo 19 febrero, 2020 03:26

Critias, un sofista , partidario de imponer la Tiranía en Atenas, al estilo de la de Esparta. Gran dominador de lo que hoy se llama Post-Verdad, aunque sin tweeter ni redes sociales de por medio.

La disposición a mentir ha resultado muy provechosa desde que el mundo es mundo. Hay un pasaje en la vida de san Agustín que lo ilustra bien. Es cuando Agustín, a la sazón un joven y prometedor abogado, toma consciencia de que sus éxitos en el foro se deben a su talento para convencer con su poderosa elocuencia, aunque la razón no esté de su parte. En rigor, lo que descubre el flamante orador imperial en Milán es que cuando el fin es ganar el debate a cualquier precio, la pasión por la verdad es un lastre.

Para el santo fue este un momento de crisis espiritual. A Agustín le faltó valor para seguir adelante, sacrificando la verdad; le faltó ese coraje que a Pedro Sánchez le sobra. De hecho, si Iván Redondo tuviese a una Leni Riefenstahl en su equipo, de buen seguro le pediría exaltar la apoteosis de la mendacidad. A sus mentiras —googleen si no las recuerdan: ocupan demasiado espacio como para listarlas aquí— se lo debe todo: sus triunfos, y los de su asesorado, se cuentan por embustes.

El éxito era previsible, habida cuenta de que poseer una maquinaria perfectamente engrasada para mentir es hoy una de las estrategias más inteligentes que puedan diseñarse en política. Cada época tiene su potencia física o moral destacada, y en la que nos movemos ese espíritu de los tiempos es la mentira.

Hace un par de años un artículo de la prestigiosa revista Nature daba noticia de un estudio del Massachusetts Institute of Tecnology (MIT), dirigido por el director científico de Twitter, que revelaba que una noticia falsa tiene, en promedio, un 70% más de difusión en internet que una información verdadera. Y sucede que nuestro gobierno ha sabido impregnarse de este clima mendaz con elevadísimo aprovechamiento.

La combinación de la codicia de poder y colocaciones de la agencia PSOE con el apetito ideologizante de sus socios podemitas ha producido un ente mendaz imbatible. Un gobierno de relatos, varios vinculados a otras tantas identidades, cada una con su correspondiente neolengua, que parece la culminación del sueño posmoderno. Cualquier posverdad se convierte en verdad si está amparada por un relato poderoso.

El desánimo cunde cuando advertimos que, una vez descubiertas, las mentiras no causan mella

Más aún, el desánimo cunde cuando advertimos que, una vez descubiertas, las mentiras no causan mella. Ni las mentiras más objetivamente falsables tienen consecuencias. La hemeroteca que revela falsedades es un mero divertimento, una anécdota que no es ya que carezca de derivaciones políticas, en forma de dimisiones o desmentidos, es que ni siquiera posee la capacidad de provocar el menor rubor en el mentiroso. ¿O alguien ha apreciado algún tono carmesí en las mejillas de Ábalos?

Ahora bien, ¿cómo es posible gobernar contra la verdad sin caer en el descrédito, sin provocar la indignación mayoritaria de los gobernados?

El poder de los relatos al que acabo de hacer mención tiene, sin duda, buena parte de culpa. Nos movemos de manera creciente en burbujas de opinión, en sistemas de pensamiento —por así decir— condicionados predominantemente por nuestras emociones y filiaciones identitarias, y tendemos más a revalidar nuestras creencias que a conocer la verdad. Es el conocido sesgo de confirmación gracias al cual las mentiras que nos interesan nos resultan tan convincentes.

Pero esto no basta para explicar el presente de nuestra política. Tiene que haber algo más. El espectáculo de la mentira sin disfraz, victoriosa y altiva; el desparpajo con el que miente el Gobierno de Pedro y Pablo sólo es posible a causa de la impunidad que le otorga un clima moral estragado. Los embustes han superado los umbrales de nuestra percepción de tal modo que ya apenas reaccionamos a ellos. Al igual que no alcanzamos a percibir un olor en el que nos hallamos completamente inmersos.

Naomi Klein describió un fenómeno social semejante. Para elaborar su controvertida doctrina del shock, estudió los experimentos encubiertos sobre torturas llevados a cabo por el psiquiatra Ewen Cameron, concluyendo que un cuerpo social es mucho más fácilmente modelable si previamente ha sido sometido a un proceso de conmoción y confusión.

Bombardeados sistemáticamente por mentiras, saturados de relatos, estamos embotados frente al fraude

La teoría del choque vendría a ser así la versión socioeconómica del consejo culinario de dar una buena paliza al pulpo antes de cocinarlo, para que esté tierno. Mutatis mutandis, tal vez estemos siendo víctimas de un proceso similar. Nuestras papilas para percibir falsedades están abotargadas. Bombardeados sistemáticamente por mentiras, saturados de relatos, estamos embotados frente al fraude, listos para comulgar con cualquier rueda de molino.

Además, en nuestro paisaje devastado después de la tormenta ha tenido un papel determinante otro largo proceso de falsedades, el procés y su corolario, nada menos que un intento de golpe de Estado. Cuanto mayor es el shockinfligido, más dócil y maleable es el paciente.

En consecuencia, si se ha sufrido un proceso de tensión máxima que ha llevado a la sociedad al borde del conflicto civil, las mentiras pasan a ser algo baladí siempre que se profieran en un clima de distensión. Y en tales casos, en aras de esa prometida distensión, no sólo es a la verdad a lo que se está dispuesto a renunciar: la justicia o la dignidad se ven igualmente sacrificadas.

Así está la situación de España en estos momentos. Con una ciudadanía mayoritariamente anestesiada ante la falsedad, la injusticia y la indignidad, preparada para considerar aceptables incluso las manifestaciones más palmarias de racismo, y con un presidente Sánchez que podrá seguir haciendo gala de su proverbial resiliencia y decir, como el corregidor del cuento popular: “Ahí me las den todas”, conocedor de que no será él, sino sus monedas de cambio —ya sean navarros vasquizados, charnegos atropellados o manchegos minimizados—, quienes asuman el alto precio que está dispuesto a pagar por mantenerse en el poder.

Sin embargo, sobre el sacrificio de la verdad, la justicia y la dignidad no puede construirse nada sólido y duradero. El diálogo mendaz con el nacionalismo en el que el Gobierno de Pedro y Pablo están embarcando a toda España sólo puede producir frutos enfermos, caducos a muy corto plazo. Y el efecto de la anestesia no es perpetuo. Esperemos que para cuando despertemos, el daño no sea irreparable.

*** Pedro Gómez Carrizo es editor.