ARTTICULO SOBRE CRIMENES DEL PCCH(Partido Comunista Chino)- REPUBLICA POPULAR CHINA- EN CUESTIONES DE DERECHOS DE LOS TRABAJADORES.(año 2020 D.C.)

FUENTE https://www.clublibertaddigital.com/ilustracion-liberal/69-70/laogai-raul-fernandez-vitores.html#sdfootnote1sym

AUTOR : RAUL FERNANDEZ VITORES

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El presente artículo pretende dar a conocer el sistema de trabajo forzoso vigente aún en la República Popular de China, su estructura e historia, así como su virtualidad dentro de la economía globalizada. Han existido en el país tres formas básicas de trabajo forzoso, la “reforma mediante el trabajo”, la “reeducación mediante el trabajo” y el “empleo forzoso”, integradas todas en la producción nacional y, más allá de las fronteras del centralizado estado, aceptadas vergonzantemente por el comercio internacional y el consumo de las economías más desarrolladas. Aún existen, bajo otros nombres o con ligeras modificaciones. 1

Introducción

Xi Jinping + Mao Tsetung: conceptos conjugados.

En el año 2008 se celebraron los Juegos Olímpicos de verano en Pekín. Desde la capital, la República Popular de China intentó mostrar al mundo entero su mejor rostro: la imagen de una China nueva, moderna y próspera. Indiscutiblemente incorporada a la senda del crecimiento económico, orgullosa de ser la campeona mundial de las exportaciones baratas, la República Popular de China exhibía sus trofeos.

Ante estos, Estados Unidos de América relajaba su exigencia en la defensa internacional de los Derechos Humanos y todos los países occidentales se dejaban seducir por el llamado “milagro económico chino”.

Por debajo de los oropeles y las marcas olímpicas, la República Popular de China era entonces el principal continuador de un sistema de trabajo forzoso que había nacido en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas pero en la cual, curiosamente, había desaparecido bastante antes del fin del propio Estado soviético.

Gulag

El sistema soviético tiene nombre propio: Главное управление исправительно-трудовых лагерей и колоний, esto es, Glávnoie upravlenie ispravítelno-trudovyj lageréi i koloniy (o, según su acrónimo, Gulag), es decir, “Gestor principal de los campos de trabajo forzoso y las colonias”. Fue creado el 25 de abril de 1930 y oficialmente disuelto el 13 de enero de 1960.

A los campos de Gulag iban a parar personas sentenciadas conforme a un código penal, con una pena que cumplir. En la Unión Soviética no hubo campos de exterminio como los de Kulmhof am Ner, Bełżec, Sobibór o Treblinka en Polonia. Ningún campo del Gulag fue un campo dedicado exclusivamente a matar personas. “En la historia del Gulag, sin embargo –advierte Anne Applebaum–, 1937 marca una verdadera línea divisoria, pues fue el año en que los campos soviéticos dejaron de ser prisiones administradas temporalmente con displicencia donde la gente moría por accidente, y pasaron a convertirse en verdaderos campos de exterminio donde los prisioneros eran obligados a trabajar hasta la muerte, o eran asesinados, en un número que no tenía precedentes en el pasado” 2. En los campos del Gulag sí se destruyeron hombres en masa de forma deliberada, sobre todo a partir del “gran terror”. Sin embargo, allí no hubo especiales construcciones asesinas como en Auschwitz o incluso Lublin en Polonia. Los campos del Gulag se asemejaron más al croata de Jasenovac por su rudimentaria simplicidad: fueron campos donde el gas o incluso las balas fueron simplemente el frío.

Gustaw Herling-Grudziński, un polaco prisionero en el complejo de campos de Kárgopol entre 1940 y 1942, describe (y su descripción se antoja un eco de algunos de los versos más inquietantes del poema de T. S. Eliot The Waste Land) la vuelta de los cautivos a sus barracones una vez cumplidos los trabajos forestales de la jornada: “Hacia las seis, procedentes de todos los extremos de la blanca llanura desierta, se dirigían al campo las brigadas cual cortejos fúnebres de sombras llevando a hombros sus propios restos mortales” 3. Todo el sistema de trabajos forzados de la Unión Soviética, afirma este autor, “más que para castigar al delincuente, está calculado para explotarlo económicamente” 4. El Estado soviético demandaba masas de trabajadores para colonizar tierras vírgenes y acceder a sus recursos.

El Gulag fue un sistema de trabajo y represión política, un eficacísimo mecanismo de eliminación de la oposición al Estado soviético. A él fueron a parar –más bien, a trabajar– muchos delincuentes comunes pero también, no pocos disidentes políticos, religiosos, prisioneros de guerra o, en general, “contrarrevolucionarios”.

Salvo excepciones, en los campos del Gulag no se mataba deliberadamente: en el peor de los casos se moría trabajando. De este modo, los soviéticos se adelantaron a los nazis alemanes y al movimiento ustasha croata en lo que a integración de trabajo y muerte en los campos respecta.

Cundió el ejemplo.

Laogai

El Gulag “chino” también tiene nombre propio:  动  造, esto es, Láo dòng gǎi zào (o, abreviadamente, Laogai5, es decir, “reforma mediante el trabajo”.

Al año siguiente de ser proclamada la República Popular, en 1950, China y la Unión Soviética firmaron un tratado de mutua defensa que permitió a los soviéticos exportar o a los chinos importar, entre otras muchas cosas, partes sustanciales del sistema penitenciario y laboral conocido hoy en y por todo el mundo, gracias a los libros del escritor ruso Alexander Solzhenitsyn, como Gulag.

Bajo la dirección del Gran Timonel, con la ayuda de la pericia soviética, el Partido Comunista Chino (PCCh) comenzó a desarrollar un gran sistema nacional de centros de trabajo “para la reforma”. Así, en la “Resolución de la Tercera Conferencia Nacional de Seguridad Pública” de 1951 puede leerse lo siguiente:

El elevado número de personas que están cumpliendo sus condenas es una fuente de trabajo enorme. Para su reforma, con la intención de solventar los problemas de las prisiones y conseguir que esos contrarrevolucionarios convictos no permanezcan en ellas sentados y alimentados a cambio de nada, deberíamos empezar a organizar nuestra reforma mediante el trabajo. Y, en las zonas donde este trabajo ya exista, debería expandirse. 6

Las bases legales del Laogai fueron establecidas en las “Regulaciones sobre la reforma mediante el trabajo” adoptadas por el Consejo de Administración Gubernamental el 26 de agosto de 1954, promulgadas por este mismo consejo el 7 de septiembre de ese mismo año. Citamos el documento.

Capítulo uno: principios generales

Artículo 1. Estas regulaciones se formulan para castigar a todos los contrarrevolucionarios y otros criminales y obligarles a que se reformen y transformen en nuevas personas, conforme al Artículo 7 del “Programa Común de la Conferencia Político-Consultiva del Pueblo Chino”.

Artículo 2. Las instalaciones para la reforma mediante el trabajo de la República Popular de China son una de las herramientas de la dictadura del pueblo, son instalaciones para castigar y reformar a todos los contrarrevolucionarios y otros criminales.

Artículo 3. Para la reforma mediante el trabajo de los criminales, se establecen prisiones y grupos disciplinarios de reforma mediante el trabajo de acuerdo con la naturaleza de sus crímenes y la severidad del castigo.

Centros de detención deben ser establecidos para confinar en ellos a los criminales que aún no han sido sentenciados.

Centros disciplinarios para la delincuencia juvenil deben ser establecidos para educar y reformar a los jóvenes delincuentes.

[…]

Capítulo dos: instalaciones de reforma mediante el trabajo

Sección 1: centros de detención

Artículo 8. Los centros de detención se establecen principalmente para el confinamiento de los criminales que aún no han sido sentenciados.

Los criminales sentenciados a menos de tres años que den problemas a la hora de ser confinados en un grupo disciplinario para la reforma mediante el trabajo pueden ser confinados en un centro de detención. 7

En un “centro de detención” puede haber, pues, tanto gente meramente detenida, como la que se encontraba en los campos de concentración nazis, pero a la espera de juicio, como prisioneros convictos condenados a menos de tres años de reforma mediante el trabajo. Todos los reclusos de un centro de detención, detenidos a la espera de juicio o ya juzgados y condenados a menos de tres años, están sujetos forzadamente a la disciplina laboral.

El documento subraya el carácter político del sistema, calificándolo como un sistema represivo para contrarrevolucionarios y al servicio de la dictadura del pueblo.

Y siguen las regulaciones.

Sección 2: prisiones

Artículo 13. Las prisiones son utilizadas principalmente para el confinamiento de los contrarrevolucionarios y otros criminales graves condenados a cadena perpetua o presos indultados de la pena de muerte, a los que no se permite salir ni trabajar fuera de la prisión.

[…]

Sección 3: grupos disciplinarios de reforma mediante el trabajo

Artículo 17. Los grupos disciplinarios de reforma mediante el trabajo se conciben para el confinamiento de contrarrevolucionarios y otros criminales que pueden ser confinados y trabajar fuera de las prisiones.

Artículo 18. Los grupos disciplinarios de reforma mediante el trabajo deben incorporar a los criminales a la producción planificada: agricultura, industria, ingeniería de construcción, etc., y adoctrinarles políticamente en el trabajo y la producción.

[…]

Sección 4: centros disciplinarios de delincuencia juvenil

Artículo 21. Los centros disciplinarios de delincuencia juvenil se utilizan para el confinamiento y sometimiento a disciplina de los jóvenes delincuentes, con más de 13 y menos de 18 años.8

Una diferencia fundamental entre el Gulag y el Laogai estriba precisamente en el adoctrinamiento político. No sólo someter a trabajo sino también revolucionar las cabezas es el rasgo inconfundible que caracteriza al trabajo penal chino. Su objetivo último, o al menos su permanente justificación ideológica, es transformar las consciencias, construir nuevas personas.

Las Regulaciones de 1954 distinguen al menos cuatro tipos de instalaciones para la reforma mediante el trabajo; a saber:

  1. Las “prisiones” (jianyu), lugares donde van a trabajar forzadamente los presos peligrosos convictos, condenados a muerte indultados o condenados a cadena perpetua.
  2. Los “grupos disciplinarios para la reforma mediante el trabajo” (laodong gaizao dui), que recogen a los presos convictos no condenados a muerte ni a cadena perpetua pero sí a otras penas para someterlos a la disciplina del trabajo.
  3. Los “centros de detención” (kanshousuo), que recogen y obligan a trabajar a los detenidos a la espera de juicio y a los condenados a menos de tres años de reforma mediante el trabajo.
  4. Los “centros disciplinarios de delincuencia juvenil” (shaonianfan guanjiaosuo), que recogen a delincuentes entre 13 y 18 años de edad, detenidos por la policía, denunciados por ciudadanos comunes, familiares u otras autoridades administrativas, para imponerles la disciplina del trabajo.

El documento termina advirtiendo que la producción lograda en todas estas instalaciones debe ser integrada en la economía estatal, y señala que la administración de su desarrollo es responsabilidad de las provincias y los municipios.

Capítulo cuarto: producción de la reforma mediante el trabajo

Artículo 30. La producción de la reforma mediante el trabajo debe servir a la construcción económica del Estado y debe ser una parte del plan general de producción y construcción del Estado.

[…]

Artículo 33. El desarrollo de la producción de la reforma mediante el trabajo debe ser administrado de forma centralizada por las provincias y los municipios, y debe estar orientada a promover con rigor la producción agrícola; a incentivar la producción industrial o minero carbonífera que ofrezca oportunidades de desarrollo; a organizar el regadío, la construcción de carreteras y otros proyectos de construcción. 9

Laojiao

El 21 de enero de 1982 está fechada una comunicación del Ministerio de Seguridad Pública relativa a otra modalidad de trabajo forzoso:  动  养, esto es, Lao dong jiao yang (o, abreviadamente, Laojiao), es decir, “reeducación mediante el trabajo”. La citamos a continuación.

Principios generales

[…]

Artículo 2. Reeducación mediante el trabajo son las medidas administrativas coercitivas orientadas a la reeducación y reforma de los elementos susceptibles de ser reeducados mediante el trabajo; es un medio para gestionar las contradicciones del pueblo.

[…]

Artículo 4. Los recintos para la reeducación mediante el trabajo son dispositivos para la reeducación y reforma de elementos susceptibles de ser reeducados mediante el trabajo; son escuelas especiales para reformar y formar a la gente y también, a empresas especiales.

Artículo 5. Los gastos de los centros de reeducación mediante el trabajo forman parte del presupuesto financiero local.

[…]

Artículo 9. […] Los residentes rurales que emigran y delinquen en las ciudades, en el ferrocarril o empresas mineras también pueden ser enviados a ser reeducados mediante el trabajo, si sus casos lo requieren.

Artículo 10. Elementos de las siguientes categorías deberían ser enviados a reeducación mediante el trabajo:

  1. Elementos anti-Partido, antisocialistas, que cometen delitos que no requieren una pena criminal. 10

Parece aquí que los “centros de reeducación mediante el trabajo” (laodong jiaoyangsuo) cuestan dinero a las administraciones locales, que no producen beneficios o, al menos, que su finalidad primera es educativa antes que rentable.

Pero esto no es, como veremos, del todo cierto.

El Laojiao es una creación completa del PCCh, una auténtica innovación china que, a diferencia del genuino Laogai (materializado sobre todo en los grupos disciplinarios para la reforma mediante el trabajo), no tiene una larga historia oriental que pueda hundir sus raíces en el Gulag soviético. Sus centros se asemejan más a los campos de concentración nazis, porque son lugares de detención antes que de cumplimiento de penas establecidas por un tribunal de justicia.

Su prehistoria, sin embargo, puede encontrarse en los llamados “centros de detención” del Laogai. Por eso es lícito dar al término “laogai” un doble sentido. Uno general, que nombra la totalidad de las modalidades de trabajo forzoso desarrolladas en la República Popular de China, y otro específico, que se refiere sólo a los grupos disciplinarios para la reforma mediante el trabajo. “Los sujetos de un Laojiao –dice el recientemente desaparecido (26-IV-2016) director de la Laogai Research Foundation y ex prisionero chino Harry Wu Hongda– están organizados exactamente de la misma forma militar que los convictos de un Laogai. Los estilos y métodos de la producción laboral y la reforma del pensamiento son exactamente los mismos”.11

Otra diferencia estriba en el salario. Los trabajadores de un Laojiao están sujetos a un salario que nunca perciben directamente, del cual se deducen todos sus gastos (comida, abrigo, etc.); de modo parecido pagaba la IG Farben alemana a los trabajadores del tercer Auschwitz.

El origen legal de las políticas del Laojiao se encuentra en una ley aprobada en la septuagésima octava reunión del Comité Permanente del Congreso del Pueblo el primer día de agosto de 1957, promulgada por el Consejo de Estado dos días después. De acuerdo con esta ley, el Laojiao es un tipo de reforma administrativa diseñada para “reformar a los ociosos, a la gente físicamente capaz que viola la ley y la disciplina y no realizan ningún trabajo decente, para hacer de ellos personas que se ganen su propio sustento” y, añade, “para fortalecer el orden social y mejorar la construcción socialista”.12

No se necesita ningún procedimiento legal para sentenciar a un individuo a menos de tres años de permanencia en un laojiaosuo, que así se dice abreviadamente “centro de reeducación mediante el trabajo”. Los internos de estos centros ingresan, no pocas veces, debido a la denuncia de algún familiar o de un empleado público o, más frecuentemente, por haber sido detenidos directamente por la policía local. Están presos pero, como no son criminales convictos sentenciados a pena por un juez, no se les cuenta como prisioneros. Wu Hongda lo expresa en sus memorias así: “No había sido sentenciado y nunca me enfrentaría a un juicio. La reeducación mediante el trabajo no era una pena judicial sino administrativa. Podía ser aplicada y extendida sin hacer referencia a un código legal”. 13

Más aún: las mercancías producidas forzadamente en estos centros tampoco se consideran productos del trabajo forzoso en los acuerdos comerciales bilaterales.

Jiuye

Una tercera forma de trabajo forzoso viene a completar a las otras dos ya mencionadas: 强 制 就 业, esto es, Qiang zhi Jiuye o “empleo forzoso”, que brevemente se dice Jiuye.

Una vez que los convictos del Laogai o los detenidos del Laojiao han cumplido sus sentencias (judiciales o administrativas), es potestad del gobierno el alargar éstas asignándoles al Jiuye. Éste es una suerte de trabajo militarizado.

Citamos un documento fechado en diciembre de 1984 relativo a un “plan de pruebas de gestión del personal reeducado liberado, con residencia urbana cancelada, sometido al sistema de empleo forzoso”, que reconoce que:

los empleados forzosos […] pueden estar dentro de los recintos para la reeducación mediante el trabajo. 14

Pueden también formar parte de los grupos disciplinarios para la reforma mediante el trabajo o, si son muchos, vivir en algún lugar independiente de dichos recintos y grupos.

Los empleados forzosos perciben salarios inferiores que el salario medio de un trabajador estándar, aproximadamente el 70% de su salario, y apenas cuentan con una quincena de vacaciones al año para poder viajar (con un permiso especial) a visitar a sus familiares.

Aparte de estos “privilegios”, la vida de los empleados forzosos en poco se distingue de la del resto de los trabajadores forzosos. Tienen que vivir y trabajar como los prisioneros y, de hecho (aunque no “de derecho”), ven su castigo prorrogado indefinidamente. Para muchos de ellos, el Jiuye es incluso peor que el Laogai o el Laojiao porque su duración es absolutamente arbitraria, ya que depende de una decisión gubernamental discrecional.

De acuerdo con las regulaciones del gobierno de la República Popular de China, un prisionero que es considerado como “no completamente reformado o reeducado”, o que es un reincidente, puede ser obligado a permanecer indefinidamente dentro del sistema Laogai o Laojiao, o en un sistema muy similar, bajo la forma del Jiuye.

A veces también se permite que los familiares de los empleados forzosos vayan a vivir y a trabajar con estos, lo que hace que personas totalmente ajenas a este sistema de trabajo se incorporen a él.

Las cifras

En una publicación del año 2009 titulada Laogai: la maquinaria de represión en China se facilitan las siguientes escalofriantes cifras:

909 NÚMERO DE CAMPOS [CAMPS] LAOGAI VERIFICADOS POR LA LAOGAI RESEARCH FOUNDATION QUE ACTUALMENTE ESTÁN EN FUNCIONAMIENTO; EL VERDADERO NÚMERO ES SEGURAMENTE MUCHO MAYOR

3-5 MILLONES NÚMERO ESTIMATIVO DE PERSONAS ACTUALMENTE RECLUIDAS EN ESTOS CAMPOS

40-50 MILLONES NÚMERO DE PERSONAS ENCARCELADAS EN EL LAOGAI DESDE 1949 15

Debemos advertir, sin embargo, que es extremadamente difícil establecer el número exacto de dispositivos de trabajo forzoso y personas procesadas por estos en la República Popular de China, debido al carácter de su Estado, férreamente controlado por el PCCh, y al secretismo practicado por éste.

A esto hay que añadir las reformas legislativas llevadas a cabo y, sobre todo, los cambios de nombre. En 1997 se puso oficialmente fin al Laogai en China, mediante una reforma del Código de Procedimiento Penal, y el 28 de diciembre de 2013 el Comité Permanente del Congreso Nacional del Pueblo abolió formalmente el sistema Laojiao. Pero ya en 1994 el gobierno chino había reemplazado el término “laogai” por “jianyu” (prisión); y en el manual del Laogai citado en este artículo, Laogai Handbook 2007-2008, que facilita información sobre la localización, tamaño, población, producción y condiciones de trabajo de más de 1000 Laogai (algunos ya cerrados), se nos advierte que la mayoría de ellos tienen dos nombres, uno público (que suele ser el nombre de una empresa) y otro “interno” o administrativo, puesto por el Ministerio de Justicia, que efectivamente utiliza mayormente el término “prisión”. Ambos nombres quedan registrados en este manual, que también brinda en muchos casos el número de teléfono de las denunciadas fábricas, minas o granjas de trabajos forzosos.

De 1979 data la primera ley de empresas sino-extranjeras, que marca el inicio de la apertura económica –que no política– de la República Polular de China, permitiendo por primera vez desde su proclamación en 1949 las inversiones capitalistas en algunos sectores especiales del país. Desde entonces, gracias a las reformas promovidas por Deng Xiaoping y sus sucesores, la integración de la economía del Gigante Asiático en el concierto económico mundial no ha parado de perfeccionarse. Y los productos del trabajo forzoso no han parado de extenderse por todo el mundo, surtiendo los inframercados de los países más desarrollados. Té verde, por supuesto, pero también componentes informáticos y todo tipo de mercancías de bajo precio.

Es cierto que en 1991 el gobierno de la República Popular de China prohibió explícitamente la exportación de productos del trabajo forzoso, pero no es menos cierto que esos mismos productos siguen abriéndose camino en el mercado internacional.

Hay testimonios de ex prisioneros, detalladas investigaciones (nunca lo suficientemente actualizadas), documentos escritos en chino simplificado, fotos y vídeos, e incluso imágenes en el Google Earth16, que ayudan a mitigar el negacionismo y animan a seguir investigando.


1 Durante el curso 1993-1994 el autor de este artículo residió, gracias a una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, en la Universidad Nankai de Tianjin. Vio, en los paneles informativos de las puertas de esta universidad, fotos descoloridas de ejecuciones de personas y, bajo un puente de la ciudad, grupos de hombres mal uniformados, en cuclillas y custodiados por la policía, como a la espera de recibir una orden; también vio, en la estación de trenes de Pekín, la lividez del terror en el rostro de un hombre que a punto estuvo de ser detenido; pero nada supo entonces del tema sobre el que hoy escribe.

2 Anne Applebaum, Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos, Magdalena Chocano (trad.), Barcelona, Debolsillo, 2005, p. 132.

3 Gustaw Herling-Grudziński, Un mundo aparte, Agata Orzeszek y Francisco Javier Villaverde González (trads.), Barcelona, Libros del Asteroide, 2012, p. 65.

4 Gustaw Herling-Grudziński, op. cit., p. [92].

5 Para la transcripción de los caracteres chinos utilizamos el sistema de transcripción fonética denominado pinyin prescindiendo, en adelante, de los acentos.

6 Laogai Handbook 2007-2008, Hong Kong, The Laogai Research Foundation, 2008, p. 7.

7 Laogai Handbook, op. cit., p. 553.

8 Ibídem.

9 Ibídem.

10 Laogai Handbook, op. cit., pp. 556-557.

11 Harry Wu Hongda, Laogai – The Chinese Gulag, Ted Slingerland (trad.), Boulder – San Francisco – Oxford, Westview Press, 1992, p. 102.

12 Laogai Handbook, op. cit., pp. 16-17.

13 Harry Wu Hongda, Bitter Winds: A Memoir of my Years in China’s Gulag, Carolyn Wakeman (trad.), New York – Chichester – Brisbane – Toronto – Singapore, John Wiley & Sons Inc., 1994, pp. [71]-72.

14 Laogai Handbook, op. cit., p. 558.

15 Laogai: The Machinery of Repression in China, New York, Umbrage Editions, 2009, p. 63.

16 Cfr. Laogai: The Machinery of Repression in China, op. cit., p. 70. En esta página del libro se ofrecen las imágenes conseguidas utilizando Google Earth de la “granja agrícola Río Claro” o Qinghe Nongchang, ubicada en el condado de Ninghe, perteneciente al municipio de Tianjin, a unos 120 km al sureste de Pekín y 30 km al noreste de la ciudad de Tianjin, que fue donde estuvo prisionero Harry Wu Hongda. Se trata de un complejo concentracionario de unos 20 km de longitud por 15 km de anchura, regado por los ríos Chaobei, Jingzhong y Jiyun. Para más señas: latitud 39º28’ Norte y longitud 117º65’ Este.

Por amor al dinero: El colapso de Lehman Brothers. Los buitres se enfrentan por el botín durante la crisis de 2008. ¿Cómo se adueñaron d miles y miles de viviendas a nivel global las aves de rapiña financieras: bancos e inversionistas( que son equipolentes)

Documental: Los Príncipes del Yen: Japón, y cómo creció su Economía tras el final de la IIª Guerra Mundial

DIEM 25 y las propuestas políticas del ex ministro de Economía griego(defenestrado por la TROIKA de la UE), sobre lo que es y lo que no es y podría ser la Unión Europea y los Estados usando el euro como moneda.

Democracia ( o ¿ demofascismo disfrazado? ) sacrificada en el altar de las oligarquías cleptómanas europeas ¿Es posible tratar de detener a esta oligarquía que domina plutocráticamente la UE? Manda el dinero sobre todo lo demás , sin piedad alguna.

El ex ministro de Economía griego, Yanis Varoufakis, quien fue, como recordamos, defenestrado obligatoriamente, a causa de que sus posiciones como ministro molestaban a la TROIKA de la UE, sigue a pesar de ello, intentando formar una plataforma política para hacer cambios radicales en la forma de operar, de facto, de la UE y la TROIKA europea claramente neoliberal, con todo lo que ello implica para la mayoría de los que vivimos en la Europa del EURO. La clave está en el uso de una moneda ajena a los propios Bancos Centrales de los Estados miembros que utilizan tal moneda .

Aquí un extenso artículo de Varoufakis, que consideramos de gran interés para analizar lo que es realmente la Real Politik de la UE y sus instituciones democráticas al servicio d ellas oligarquías euro y transnacionales, que utilizan la UE para su propio beneficio, eso sí, bajo la fachada de la sacrosanta democracia, que en realidad podemos , me parece, sin error, definir más bien con el término de demofascismo.

DiEM25’s Vision of Europe for the post-Pandemic Era: Some personal thoughts

Campaigning Democratise The Euro! DiEM25 DiEM25’S Covid-19 Policy Response English Essays European CrisisEuropean New Deal EUROPEAN SPRING Politics And Economics PROGRESSIVE INTERNATIONAL Webmaster YanisVaroufakis558 Views0 Comment April 23, 2020

DiEM25 was created in February 2016 because Europe was disintegrating as a result of a pseudo-technocratic takeover of the EU that was imposing austerity everywhere in response to the financial crisis caused by the EU pseudo-technocracy’s controllers. Today, now that a mindless virus has placed European capitalism in suspended animation, it is time to re-assess our analysis and to re-purpose our policies.

Our 2016 Manifesto offered a pertinent analysis of why Europe was disintegrating, why the xenophobic Nationalist International was rising, how the nationalists and the EU technocracy were, essentially, the opposite sides of the same coin. A year or so later, to give policy substance to the Manifesto, DiEM25 put together, with the help of countless Europeans, our Green New Deal for Europe. In the May 2019 European Parliament election, along with political allies, we run in several countries promoting this Green New Deal policy agenda.

Bankers and fascists never let a ‘good’ crisis go to waste. They unite across borders and pursue their putrid agenda transnationally. This time round progressive Europeanists must not waste the opportunity to come together under a common analysis and policy agenda reflecting the new facts on the ground. The last thing we should want is a return to normality. If DiEM25 was right, there was nothing ‘normal’ about what was happening in Europe, and indeed the world, prior to Covid-19.

Just like the great wars, so too the Black Death, the Spanish Flu, all epidemics force humanity an opportunity to re-think its ways. The powers-that-be will do their utmost to force us back to business-as-usual. We must ensure they do not get their way. For two reasons: Business cannot go back to its usual ways, even if we all wanted it to. Secondly, those ‘usual ways’ were inefficient and detrimental to the interests of humanity.

Last year, in May 2019, a week or so before the European Parliament elections, DiEM25 published a delightful edited book entitled A Vision of Europe (edited beautifully by David Adler and Rosemary Blecher). A second volume is now ready since the past twelve months demanded of us to re-think our Vision of Europe, even though it was fresh of the printers.

Last week I had to write the introduction to A Vision of Europe Vol.2. It turned quickly into an exercise in re-thinking DiEM25’s manifesto and policy agenda for the post-pandemic era.

Over the next few months, DiEM25 will have to revisit its foundational texts and main policy papers. Already from last November, at our Prague get-together, we set a course toward a more radical agenda. The following thoughts are, in this context, intended to warm up this discussion both within DiEM25 and also with progressives out there interested in a dialogue on what must be done in Europe and beyond now.

“Europe will be democratised. Or it will disintegrate!”, was our prognosis in 2016. Well, Europe did not democratise its EU institutions and is now disintegrating. What should we now say and do?

The European paradox at the heart of the EU’s disintegration

A year is a long time in politics but would, ordinarily, be too short a time to make a difference to our vision of the future. Alas, last year was no ordinary year. By ensuring that the future no longer is what it used to be, the last twelve months made necessary a revised Vision of Europe. You are now, dear reader, holding the result.

In the May 2019 European Parliament elections, our Green New Deal for Europe, the Manifesto based on our Vision of Europe, was comprehensively trounced. Even though DiEM25 and our European Spring allies managed to gather one and a half million votes, we failed to elect a single MEP. Judging by that sorry result, some might plausibly say that our Vision of Europe sank like a lead balloon, at least electorally.

One explanation of our electoral failure is, indeed, this: Our analysis and policies were poor or at odds with Europe’s electorates. However, there is a second explanation: Even though many Europeans are ready to adopt DiEM25’s analysis and to support our policy agenda, Europe’s politics reproduces the dominance of unpopular institutions and the power of its functionaries. Judging by the evolution of conventional wisdom, especially among younger Europeans, this second explanation seems quite plausible. Indeed, since our electoral defeat in Germany, France etc., both the analysis in the Vision of Europe and the policies in DiEM25’s Green New Deal for Europe have gained incredible traction.

This paradox lies at the heart of Europe’s disintegration; a process that began in 2010 with the euro crisis, accelerated in 2015 with the crushing of the Greek Spring, gathered pace with Brexit’s triumphs in 2016 and 2019 and was turbocharged in 2020 by Covid-19 and the European Union’s pathetic response to the pandemic. The structure of the paradox is easy to dissect.

On the one hand, there is the widespread consensus that the European Union’s monetary and economic union is not merely flawed but the source of unnecessary recessions, environmental degradation, and avoidable pain for a majority of Europeans. On the other hand, Europe’s politics guarantee that this consensus is paid lip service by the dominant political forces while being kept brutally and ruthlessly away from Europe’s decision-making centres.

DiEM25’s Manifesto, our Green New Deal for Europe and, yes, the first volume of A Vision of Europe acknowledged this paradox as well as its capacity to undermine the European Union and progressive, radical Europeanism more broadly. However, I believe now that our language, our texts and the way we phrased our campaign speeches were far too timid. It was simply not enough to say “Europe will either be democratised or it will disintegrate”. Though correct as a prediction, our political campaign needed something more powerful than a prediction: It needed a more radical statement of what was happening and what we should be about.

What we are really up against

VAROUFAKIS, EN 2016: LA DEMOCRACIA SERÁ DEVORADA POR EL CAPITALISMO

Re-reading A Vision of Europe recently, I realised that it was missing something crucial: A class analysis of the true reasons Europe’s establishment are turning down sensible, moderate policies and institutional changes that would be mutually advantageous across Europe.

If I am right that DiEM25’s Green New Deal for Europe, including its smart public debt and investment financing technical proposals, would lift all boats at once (German and Italian, Dutch and Greek) why were the German and Dutch governments so hostile to the idea?

A Vision of Europe did not answer the question, leaving it to the reader mistakenly to think that either we are wrong or that the political agents of the northern establishment are inane. Neither is true. Our analysis is correct and the northern establishment is pursuing its self-interest smartly. Can it be so? How?

The events of 2020 settled this question. For example, it is clear that even the most hard-nosed fiscal conservative living in Northern Europe can see that, in the face of a gigantic recession caused by the pandemic, leaving each member-state to fend for itself will lead, sooner or later, to the euro’s disintegration. They are certainly smart enough to recognise that, given Italy’s state of affairs, forcing Rome to borrow billions at a time of collapsing national incomes will lead to default and exit from the eurozone with a very high probability. Or, that it will, alternatively, cause such a depression that a neofascist government will rise up to do what the recession failed: Bring on a fatal clash between Rome and Brussels.

But, if I am right, why has the EU establishment killed off the only alternative to crippling increases in national debt; i.e. Eurobonds? Why have they ignored DiEM25’s technically astute proposal for a European Central Bank bond issue, an ECB-bond, of thirty-years maturity by which to raise €1 trillion in order to absorb the catastrophic rise in national debt that will, inevitably, cause Italy’s default, then Spain’s, eventually France’s etc.?

Given that the establishment running the EU knows full well that Italy and the rest of Europe’s South are great contributors to the surpluses of the North (e.g. by keeping down their exchange rate and the interest rates of their Treasuries below zero), why are they taking great risks with the euro’s disintegration? Why are they not using the pandemic as an opportunity to solidify the North’s advantages from Europe’s monetary union by embracing DiEM25’s proposals both for an ECB-bond and a large pan-European investment drive financed by an alliance of the European Investment Bank (EIB) and the ECB? Who would benefit more from such an investment program than, say, Siemens and Volkswagen?

The answer that A Vision of Europe Vol. 1 lacked begins with a realisation: Yes, the politicians representing the oligarchy-without-frontiers recognise all of the above as well as you and I, dear reader. But they also see something that most progressives don’t: That the architecture of the eurozone is unique in the history of capitalism in the way it has empowered the oligarchy that those politicians represent.

Having created a gargantuan central bank without a state to control or to support it, nineteen states (those using the euro) have been left without a central bank to support them directly. Once bereft of the power to control money and interest rates, soon these states hit the limits of their spending. Once on the fiscal ropes, no government, independently of its political and ideological colours, can do much in the sphere of income and wealth re-distribution.

Having removed control of money and interest rates from the states, the designers of the eurozone did something that had never been accomplished before: They robbed every democratically elected Prime Minister or President of the instruments by which to transfer significant amounts of wealth from the rich to the poor who constitute the majority – or, in Aristotle’s definition, the Demos. In short, they surreptitiously took the Demos out of European Democracy. Whether they did this intentionally or not is neither here nor there.

The only fact that matters is that, with the creation of the euro, democratically elected governments could no longer shift large quantities of value from the oligarchy to the majority. Future economic historians will surely mark this as a momentous development.

Compare and contrast the German Chancellor with the Prime Minister of the UK. Even though Germany is far richer, its trade surplus is enormous, and the country is better run than the UK, the German Chancellor, even if she wanted to, could not shift large amounts of income and wealth from rich to poor Germans. Why? Because she is constrained not to run large deficits and has no control of the central bank. In contrast, the UK’s Prime Minister, backed by the Bank of England, can run large deficits in pursuit of public investment or even simply to transfer large amounts of wealth to poorer residents, e.g., in Northern England.

We are now ready to see what we are up against. Yes, the EU oligarchy can see that the implementation of our Green New Deal for Europe would do wonders to end the euro crisis that began in 2009 and which turned ballistic, courtesy of Covid-19, in 2020. They can see as well as you and I, dear reader, that their profits would rise, not fall, as a result. However, they also realise that DiEM25’s policy proposals usher in new instruments, like ECB-bonds and a Green Investment Fund empowered by an EIB-ECB alliance.

These new instruments will, surreptitiously, re-enable elected politicians in Germany, in France, in Italy etc. to re-distribute large chunks of income and wealth from the European oligarchy to poorer people living both in Europe’s North and South. Is it not understandable that this is not something the oligarchy will consent to lightly?

In summary, A Vision of Europe erred in not explaining to the reader two key points: First, that our proposed policies for transforming Europe are policies that even the oligarchs see as mutually beneficial for Europeans in Central, Northern, Southern and Eastern Europe. Secondly, they don’t care. Understandably!

Indeed, the oligarchy-without-borders fears European disintegration far less than they fear the instruments of public finance that we propose because of their potential to re-distribute some of their ill-gotten wealth. They are, thus, prepared to push Europe to the brink rather than allow these instruments to be forged.

Why not just accept that this EU must end?

We are faced by an EU oligarchy willing and able to push the EU to the brink rather than acquiesce to financial instruments that democratically elected governments can use against them and in the interests of a majority of Europeans in every EU member-state. A Vision of Europe failed sufficiently to stress this reality, letting readers surrender to the mistaken belief that our task was one of persuasion. How can you persuade all-powerful people already convinced by, but wholly uninterested in, your argument?

No, our task was never to persuade the powers-that-be. It was to confront them. No, our task was never to reform the EU by winning arguments in the Eurogroup or the European Council. It was to transform the EU through fierce confrontation taking the form of, what at DiEM25 we refer to as, Constructive Disobedience: Constructive proposals like our Green New Deal for Europe coupled with a readiness to say NO, to disobey, until the cows come home.

Lexiteer friends, leftists who have given up on the EU long ago and campaigned in favour of existing the EU, have been admonishing us for the ‘constructive’ part of our Constructive Disobedience and our refusal to campaign for exiting the EU. “Why make pie-in-the-sky proposals that the EU establishment will never consider?”, they ask us. “Why maintain the false hope that this EU can be transformed?”, they continue. “Why not do the honest thing and campaign to bring our countries out of this toxic EU?”, they conclude. Our answers were, and remain, solid for at least three reasons:

  1. Any campaign to exit the EU, even if it is meant for good progressive reasons, will alienate middle-of-the-road, relatively apolitical, Europeans that progressives must attract. They will ask: “Won’t the dissolution of the EU, however terrible the EU might be, come at a huge cost for common people?” “Won’t the end of the EU boost nationalism thus jeopardising peaceful coexistence on our Continent?” The only honest answers to both questions are affirmative.
  2. Any campaign to exit the EU will devastate activists in Germany and other surplus countries where the conservative establishment is unassailable. I recall happily the excited faces of audiences of young activists in Hanover or Hamburg every time I recite DiEM25’s call to unity across the continent, not as Germans or as Greeks, but as progressive Europeans forming a transnational movement aiming at a transnational European Demos that will eventually construct a genuine European Democracy. Do you know, dear reader, what these same young Germans would feel if the message was “To hell with the EU, let’s all go back to our nation-states and collaborate via our governments”? Let me tell you how they would feel: Devastated! They would immediately think to themselves: “We are alone. Us and the ironclad German oligarchy!” No, this is not something I would ever do. The call for a transnational movement to build a transnational European Democracy was right and, given the existence of this EU, uniquely consistent with progressive politics.
  3. Any campaign to exit the EU, even if motivated by a left-wing agenda, will only be appended by the Nationalist International which will lose no time weaponising the tumult caused by the EU’s rupture to build tall walls, to demonise foreigners, to turn European peoples and communities against one another, and to reinforce the alliance between an increasingly authoritarian state and an unfettered oligarchic corporate cartel.

DiEM25 was, for the three reasons above, right to reject the Lexiteers’ strategy of calling for a campaign to disintegrate the EU via Brexit, Grexit, Italexit, Fraxit etc.

Moreover, DiEM25 was not at all naïve to put forward a Vision of Europe that begins with specific policy recommendations for the short and medium term – our Green New Deal for Europe which provides a sensible, moderate blueprint that could, tomorrow morning, and under the current EU rules, cure all sorts of ills: the public and private debt crisis, how to fund the Green Transition, a job’s guarantee scheme to end precarity, a universal basic dividend to deal with inequality and automation etc.

No, DiEM25 did not naïvely think that the EU establishment would be so impressed by our Green New Deal for Europe that they would begin to implement it under the pressure of its logic. We knew full well that they would rather blow up the Continent than allow its implementation. So why promote it as an EU-healer when we knew that those in control of the EU would prefer the EU’s disintegration to our policies’ implementation? The answer is: Because it is the only way to win the hearts and minds of a majority of Europeans.

Let’s be clear on this: There are two types of Europeans. A large minority ready do become convinced that this EU must end, people we are bound to lose to the Matteo Salvinis and Boris Johnsons of Europe. And a majority comprising people who know that there is something rotten in the EU but who, also, roll their eyes when hearing progressives repeat empty slogans such as ‘Another Europe is Possible’, especially when we tell them that this ‘Other Europe’ will come only if we end the existing EU. If we tell them “this EU must end” all we achieve is to make them feel oddly sympathetic to the EU functionaries. To abandon their apathy and to withdraw their tacit consent to the EU establishment’s ways, they need first to experience rational rage against the EU establishment.

How do we instil rational rage in the majority’s souls and minds against the EU establishment? First, we need to answer their legitimate question: “Precisely how could things be done differently within the existing institutional framework?” If we do not provide them with a definitive, convincing answer, we shall lose them either to the racist Nationalist International or to the illiberal establishment. In particular, telling them that nothing good can happen within this EU is the death knell of every progressive political force. Euro-TINA (the doctrine that there is no alternative within this EU) is a right-wing, reactionary mantra that DiEM25 sensible rejected from Day 1; that is, on the 9th of February 2016 when we founded our transnational movement, the first ever, in Berlin.

DiEM25’s analysis was right: The only way to generate rational rage amongst Europeans is to demonstrate to them how easy it is to end every single crisis destroying the life prospects of most Europeans. To show them how much good could be done to so many even within the awful rules and Treaties of the EU. Once they see that, they will automatically ask the pertinent question: “If all that good could be done today, why are those in power not doing it?” Since the only answer is that the authorities are in the pockets of an oligarchy ready and willing to destroy not only their lives but the EU as well, helping them ask this question is the first step to making possible generalised civil disobedience to the EU’s rulers. That’s the essence of DiEM25’s Constructive Disobedience: Demonstrate what could be done and let even the politically apathetic feel rational rage that it is not being done.

In conclusion, DiEM25 rejected, and continues to reject, Lexit because there is no point in campaigning for the end of the EU. Progressives, we believe, must take a leaf out of the EU oligarchy’s manual. Look at the oligarchy’s political agents: They wrap themselves up in the EU flag pretending to be Europeanists so as to exploit the gut feeling of most Europeans that the EU’s disintegration will cost common folk dearly and, also, help hatch the serpent’s egg in every country. But, at the same time, they are ready and willing to destroy the EU to serve their interests. We should do something very similar on behalf of the suffering many.

What should we do? Like the oligarchy, we must remain tuned to the prescient gut feeling of most Europeans that ending the EU will inflict most costs upon the weakest while, at the same time, strengthening only the neofascists. This rules out a Lexit campaign. However, like the oligarchy, we must be prepared to take the EU to the brink in pursuit of the minimum policies that are necessary to serve the interests of the many against those of the oligarchy. To put it bluntly, just like the Dutch and German finance ministers, we must be prepared to blow up the EU in order to protect the interests of our people; i.e. the vast majority of Europeans.

Re-reading A Vision of Europe, my self-criticism is that we put too much emphasis on the ‘constructive’ part of Constructive Disobedience and not enough on the ‘disobedient’ part – and the necessity of contemplating, and even planning for, the EU’s ending.

The obvious case-study: Brexit

Covid-19 hit hardest people living in countries, like Italy and Spain, with the least capacity to spend the monies necessary to save lives and jobs. Faced with the EU’s determination to insist on lending the victims money, with interest, instead of accepting the logic of fiscal union as a prerequisite for a stable and civilised monetary union, I wrote in The Guardian the following:

“The message today to Italians, Spaniards, Greeks etc. is: Your government can borrow large amounts from Europe’s bailout fund. No conditions. You will also receive help to pay for unemployment benefits from countries where employment holds up better. But, within a year or two, as your economies are recovering, huge new austerity will be demanded to bring your government’s finances back into line, including the repayment of the monies spent on your unemployment benefits. This is equivalent to helping the fallen get up but striking them over the head as they begin to rise.”

On 25th March 2020, Ambrose Evans-Pritchard reported in The Telegraph on a conversation we had thus:

“The Greek socialist said he had always tried to keep the European faith – even in his worst clashes with Brussels – but has finally given up. “I don’t think the EU is capable of doing anything to us other than harm. I opposed Brexit but I have now reached the conclusion that the British did the right thing, even if they did it for the wrong reason,” he said.”

Those were, I can confirm, my words. Interestingly, they impressed immensely many Brexiteers who welcomed my ‘conversion’. Some Lexiteers went further by mixing approval of my ‘new’ stance with scorn that it took me too long, that when I was finance minister I had not enacted Grexit, that DiEM25 had wasted energy by sticking to a Remain-and-Reform agenda.

Did I have a Road-to-Damascus moment after the EU’s Covid-19 moment? No, I did not. For decades I have admonished the EU with strong arguments exposing its vicious misanthropy. Since the euro crisis began, I spoke of its ‘fiscal waterboarding’ practices (that were recently referred to as ‘torture devices’ even by Heiko Mass, the current German Foreign Minister). I even referred to Brussels as a democracy-free zone. So, telling Evans-Pritchard that the EU is only capable of dishing out pain to our people was nothing new.

What was new was my assessment that, in the end, by opting for Brexit Britons made the right choice for the wrong reasons. This is a statement that requires some unpacking if only because it has an important bearing on, at least, my vision of Europe.

First, let me explain why I said that Britons were, in the end, right to get out of the EU. The eurozone is often described as a union within a union, or a club within a club. While this description is formally correct, it fails to capture the centrifugal forces that the euro’s creation unleashed. Once the single currency was created, in the designed absence of common debt instruments and a common banking system, the EU train was put on a track leading inexorably to a junction. There, it could turn sharply toward unification or continue on the same route until, running out of track, it disintegrated. That junction was reached with the euro crisis but the EU establishment, for reasons explained earlier, are resisting unification – thus forcing the EU off its rails. Under these circumstances, it is not wrong for the people of Britain to bail out of this slow-motion train wreck.

Secondly, why did I say, seemingly condescendingly, that the British got out for the wrong reasons? That should be obvious to progressives: The lies about the billions of pounds that would be saved and re-channelled to the National Health Service; the demonisation of EU migrants as having been the cause of stressed social services (when it was all down to Tory austerity); the jingoistic projections of a liberated free-market Britain sailing the oceans of enterprise and re-constituting its Empire; the role of dark networks of disinformation targeting those vulnerable to hate speech.

Thirdly, and most importantly: Have I regretted that DiEM25, and me personally, campaigned against Brexit? No, I have not. Anyone who witnessed our 2016 campaign will realise that it was two-pronged: Against Brexiteers who were blowing, willingly or unwillingly, fresh wind into the sails of nationalism. And, with equal ferocity, against Remainers who were portraying the EU as the best thing since sliced bread.

As for the charge of my British Lexiteer friends that, when I was Greece’s finance minister, I was not prepared to pull the trigger and exit the eurozone, this is simply a lie. I was prepared and I would have done it, if my own government had not buckled. Indeed, the reason I was so hated by the EU establishment was that I was not a Lexiteer but that would not (and the troika knew this well) stop me from pulling the trigger and issuing a new drachma. Had I been a Lexiteer, they would have not minded me, since the majority of Greeks would not have followed me. What made 2015 a moment when the EU establishment feared for its dominance, even only for a few short months, was that they were facing a Europeanist foe ready and willing to do as they did: To take matters to the brink by being ready even to blow up the euro, the EU itself, rather than betray the interests of his people (i.e. the majority of Europeans, not just of Greeks).

Our Vision of Europe demands new radicalism, new alliances, new ruptures

Our constantly evolving Green New Deal for Europe is crucial. But it is not enough. Covid-19 has created new facts on the ground. The sums our Green New Deal proposed for funding the Green Transition (€500 billion annually) were ridiculed in 2019 but, today, appear utterly understated.

Capitalism has been, temporarily, suspended. Our Vision of Europe can no longer rely only on the constructive proposals that are the ‘constructive’ part of our Constructive Disobedience strategy. This is the time to envision a Post-capitalist Europe. In this context, the Green New Deal must be recognised as the first stepping stone to a vastly different future. We must now inspire people with a vision of what follows both capitalism and our Green New Deal. What should that Vision be? Here are some ideas: An economic democracy where companies are ran on a one-person-one-non-tradeable-share-one-vote principle; where there are no private banks but, instead, the central bank provides free digital accounts to every citizen; a society that grants a trust fund to every baby born.

Turning to alliances, the original Vision of Europe got it right when warning xenophobes and crypto-fascists that we shall fight them everywhere. But it was remiss when it failed to warn the remnants of what was once social democracy that we shall treat them too as toxic agents of a recalcitrant establishment. Let’s be clear on this: The social democratic establishment forces have done the most damage to the progressive cause in Europe.

Who gave the EU’s oligarchy the greatest effective support and legitimacy over the past decade? No, it was not the conservative parties. It was the German and Austrian SPDs, the Socialists in France, the Democratic Party in Italy, Greece’s PASOK and SYRIZA parties that signed up to every piece of troika nastiness, the new socialist Eurogroup President from Portugal etc. etc. While many progressive people are still entangled in the poisonous web of those parties, and need to be rescued, our Vision of Europe will only stand a chance if DiEM25 has nothing to do with their leadership.

In contrast, the rift between us, DiEM25, and Lexiteers must now end. We must agree to disagree on whether the right tactic is to demand an exit from the EU or, as DiEM25 believes, to continue to envision a democratic union. But we must move beyond this disagreement and plan ahead for an internationalist, post-capitalist Europe. DiEM25 is about bringing European progressives together independently of the EU. Europe, we must scream from the rooftops, is NOT the EU. Like bankers and fascists unite across EU and non-EU borders, so should we.

Finally, to make our Vision of Europe consistent with our internationalism, we need to embed it within the Vision for the World – exactly as DiEM25 is currently struggling to do by building the Progressive International together with wonderful progressives from all over the planet.

There is no doubt that to make any of this remotely feasible there is a lot of work to be done. Work that is physically exhausting, mentally gruelling, emotionally destructive. But work that, nevertheless, we can’t even imagine giving up on. The best way to carry on is to take breaks during which to develop further our Vision of Europe, our Vision of the World.

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Robert Jay Lifton. Sobre el uso de la violencia como instrumento para la democracia de mercado (neoliberalismo y globalización)

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(Tomado del sitio donde se encuentra el video , en youtube): Robert Jay Lifton (born May 16, 1926) is an American psychiatrist and author, chiefly known for his studies of the psychological causes and effects of war and political violence and for his theory of thought reform. He was an early proponent of the techniques of psychohistory. Lifton was born in 1926, in Brooklyn, New York, the son of Harold A. (a businessman) and Ciel (Roth) Lifton. He was fifteen when the United States declared war on Japan and Nazi Germany (December 1941). In 1942, he enrolled at Cornell University at the age of 16 and was admitted to New York Medical College in 1944, graduating in 1948.[1] He interned at the Jewish Hospital of Brooklyn in 1948-49, and had his psychiatric residence training at the Downstate Medical Center, Brooklyn, New York in 1949-51. From 1951 to 1953 he served as an Air Force psychiatrist in Japan and Korea, to which he later attributed his interest in war and politics. He has since worked as a teacher and researcher at the Washington School of Psychiatry, Harvard University, and the John Jay College of Criminal Justice, where he helped to found the Center for the Study of Human Violence. He married the children’s writer Betty Jean Kirschner in 1952 and has two children. She died in Boston on November 19, 2010, from complications of pneumonia. Lifton calls cartooning his avocation; he has published two books of humorous cartoons about birds. He is a member of Collegium International, an organization of leaders with political, scientific, and ethical expertise whose goal is to provide new approaches in overcoming the obstacles in the way of a peaceful, socially just and an economically sustainable world. Totalism, a word first used in Thought Reform, is Lifton’s term for the characteristics of ideological movements and organizations that desire total control over human behavior and thought. Lifton’s usage differs from theories of totalitarianism in that it can be applied to the ideology of groups that do not wield governmental power. In Lifton’s opinion, though such attempts always fail, they follow a common pattern and cause predictable types of psychological damage in individuals and societies. He finds two common motives in totalistic movements: the fear and denial of death, channeled into violence against scapegoat groups that are made to represent a metaphorical threat to survival, and a reactionary fear of social change. In his later work, Lifton has focused on defining the type of change to which totalism is opposed, for which he coined the term the protean self. In the book of the same title, he states that the development of a “fluid and many-sided personality” is a positive trend in modern societies, and that mental health now requires “continuous exploration and personal experiment”, which requires the growth of a purely relativist society that’s willing to discard and diminish previously established cultures and traditions. Lifton is featured in the 2003 documentary Flight From Death, a film that investigates the relationship of human violence to fear of death, as related to subconscious influences. In 2006, Lifton appeared in a documentary on cults on the History Channel: “Decoding the Past”, along with fellow psychiatrist Peter A. Olsson.[8] On May 18, 2008 Lifton delivered the commencement address at Stonehill College and discussed the apparent “Superpower Syndrome” experienced by the United States in the modern era.

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Hyper normalización en la Era de la Post Verdad , imprescindible documental film, de Adam Curtis, se puede ver con subtítulos en varios idiomas, entre ellos el español