El filósofo que el Wittgenstein del Tractatus ninguneó: Fritz Mauthner

TEXTO SOBRE EL LENGUAJE Y LA FILOSOFIA

Contribuciones a una crítica del lenguaje, de Fritz Mauthner

FUENTE http://bibliotecadelpsicoanalista.blogspot.com/2009/12/contribuciones-una-critica-del-lenguaje_11.html

AUTOR : Gabriel Meraz Arriola; practica el psicoanálisis en la ciudad de México, publica artículos en libros y revistas y participa en actividades relacionadas con la transmisión del psicoanálisis. Es miembro de la École Lacanienne de Psychanalyse.

Hoy casi nadie recuerda a Fritz Mauthner y presumo que, en buena medida, tuvo la culpa de su olvido Ludwig Wittgenstein, quien hizo el flaco favor a nuestro autor de distinguirlo en su célebre Tractatus con una cita que iba en estos términos: “Toda filosofía es ‘crítica del lenguaje’. Eso sí, no en el sentido de Mauthner“. Wittgenstein, como se sabe, publicó este libro (escrito en las trincheras, en plena Primera Guerra Mundial) en 1918 y quería dar solución en él a los problemas fundamentales de la filosofía. Ya no hay nada que pensar, dijo, y mandó a los filósofos a freír espárragos a la cocina.
Pero sabemos que el autor del Tractatus no prosperó en su  tentativa de asesinar la filosofía (Deleuze fue uno de los más persuadidos de sus criminales tentativas) o, más bien, de abolir la actividad filosófica (si estas dos palabras podían ir juntas en el siglo XX, cosa que Wittgenstein echó en falta más que ningún otro filósofo). Sabemos que no consumó su intento de acabar con la filosofía porque su libro hizo de escalera al ascenso del Círculo de Viena y la filosofía analítica. Era el tiempo en que los filósofos hacían agujeros al lenguaje -visto como una forma lógica- para mirar sus adentros y constatar si algo por ahí les develaba el misterio del conocimiento humano, una vez expurgada su inextricable (aunque inexpugnable, a fin de cuentas, ¡con qué tristeza lo comprobaron!) metafísica. Dicho de otro modo, tales filósofos tocaron con la punta de la lengua la cáscara del queso que Nietzsche había roído con furor.
Y a fin de cuentas Wittgenstein no acabó la filosofía porque él mismo abandonó las montañas para volver a la palestra de los pensadores a decir que no, que no había mostrado (porque una cosa es decir y mostrar muy otra) con tanta exactitud como llegó a pensar y a decir los límites de lo pensable y lo decible. Reconsideró el autor del Tractatusque los límites de su lenguaje no eran los límites del mundo y que no estaba tan mal quizás hablar de lo que no se puede hablar, si al final lo importante era el uso del lenguaje (que era el significado), visto como un juego que tiene reglas. Lo más raro es que -antes que Wittgenstein– Fritz Mauthner hablaba del lenguaje como un juego en sus Contribuciones a una crítica del lenguaje. Y es que si “el primero” las denostó, “el segundo Wittgenstein” debía bastante a la elucubración mauthneriana sobre el lenguaje, si bien hasta donde pude indagar nunca volvió a mencionar su nombre más allá del precitado aforismo 4.0031 del Tractatus Logico-philosophicus. De hecho, si hoy ya casi nadie recuerda a Fritz Mauthner hay quien parece recordarlo sólo por aparecer mentado allí (véase, como ejemplo, esta página donde pueden descargarse algunos de sus textos en lengua original). Nada más injusto para el destino de su obra. ..

Hijo de un fabricante de telas judío, Fritz Mauthner (1849-1923) fue una de las personalidades más polifacéticas y controvertidas de una ciudad (Viena) y una época (albores del siglo XX) en la que no escasearon los personajes controvertidos y polifacéticos. Periodista de profesión, abandonó en 1874 estudios de derecho para dedicarse de lleno a su pasión por la filosofía y la literatura. Publicó novelas (una policial), relatos, ensayos, obras de teatro, artículos y un monumental diccionario, pero consagró su más grande esfuerzo a un proyecto principal: la “crítica del lenguaje” (sprachkritik). La primera versión de esta obra (hoy desaparecida) fue escrita en 1874, y se sabe que ese año Mauthner redactó otra (también desconocida) en el mismo tenor: Der Spraschschreck (El espanto de la lengua). Uno de sus últimos trabajos, Tres imágenes del mundo, se abocaba también a la “crítica del lenguaje”.
Influida por el nihilismo de Nietzsche y el nominalismo de Ernst Mach, la crítica de Mauthner no se reducía a un análisis lingüístico, no era tanto un conocimiento del lenguaje como un escepticismo radical sobre su valía como instrumento de conocimiento. En la línea del Nietzsche de Sobre la verdad y la mentira en el sentido extramoralMauthner consideró que la naturaleza metafórica del lenguaje no podía más que falsear la “realidad”; por ello el hombre, animal dotado de palabra, debía satisfacer su pulsión de saber con las pálidas imágenes que el verbo le ofrecía en la forma de unos conceptos cada vez más gastados y alejados de las sensaciones, de la experiencia real. A diferencia de Kant, que confiaba en que las formas lingüísticas y lógicas del juicio eran también las formas de toda “experiencia genuina”, Mauthner sostuvo que el lenguaje hacía tropezar el pensamiento y era especialmente impropio para construir una imagen del mundo verdadera, un reflejo de la realidad. Al leer un fragmento de su Diccionario de Filosofía, no es difícil saber por qué el autor de las Contribuciones desagradó tanto al Wittgenstein del Tractatus; escribe Mauthner: “La filosofía es teoría del conocimiento, la teoría del conocimiento es crítica del lenguaje, y la crítica del lenguaje es trabajar con la idea liberadora de que los hombres nunca llegarán a ir más allá de una descripción metafórica (bildliche darstellung) del mundo”. Como recordarán quienes hayan trepado por los peldaños del Tractatus (para arrojarse al vacío del logicismo más místico -y tanto más místico cuanto más lógico- que pudo haber en la historia del pensamiento), Wittgenstein hacía reposar su sistema filosófico en una concepción de la representabilidad de los hechos del mundo como bildliche darstellung
Mauthner quiso abolir la “superstición” -un auténtico fetichismo de la cultura, decía- consistente en suponer que el lenguaje ofrece una imagen fidedigna de las cosas y los hechos del mundo, que además fomenta la mutua comprensión entre los individuos. Siendo tan inadecuada como era, en su opinión, para la ciencia, reducía la función de la palabra al silencio o a la poesía. No escapaba al autor, sin embargo, la paradoja esencial que envolvía a su proyecto: la “crítica del lenguaje” sólo podía ejercerse en y desde el lenguaje.
La redacción inicial de las Contribuciones data de 1892, los dos primeros vólumenes se publicaron en 1901, y el tercero y último en 1902. Por las mismas fechas H. Von Hoffmanstal publicó en Viena su Carta de Lord Chandos, otra demoledora crítica al lenguaje y sus posiblidades de expresión.
A pesar de que hoy casi nadie recuerda a Fritz Mauthner, como autorconoció celebridad en su tiempo, si bien mantuvo su pensamiento al margen de los círculos académicos. Escritores como Jorge Luis Borges (quien citaba el Diccionario de Filosofía de Mauthner como una de las obras más leídas, releídas, y “abrumada de notas” de su biblioteca), Samuel Beckett y James Joyce (se sabe que éste le pedía al primero leer en voz alta fragmentos de las Contribuciones mientras escribía el Finnegans Wake) trasladaron a la literatura elementos de la crítica mauthneriana al lenguaje. Sigmund Freud no lo menciona -que yo sepa- ni una sola vez en su obra, pero es impensable que ignorase la existencia de este protagonista clave de la vida cultural vienesa. La verdad es que no sé por qué hoy ya casi nadie recuerda a Fritz Mauthner, si dice cosas tan interesantes sobre el lenguaje. Juzguen si no: ..

Mitología en el lenguaje. En las ciencias del espíritu, especialmente en las intuiciones del lenguaje humano, existe todavía sin debilitación esta necesidad mitológica. Aquello que sostienen no solamente el cura y el pueblo acerca del lenguaje, sino también casi todos los lingüístas, uno tras otro, esto es, que el idioma sea un instrumento de nuestro pensamiento (un admirable, instrumento, además) me parece una mitología. Según esta representación, aun hoy comúnmente aceptada, está sentada en un lugar cualquiera del cauce del lenguaje una divinidad, figura de hombre o de mujer, el llamado pensar, y bajo las inspiraciones de una divinidad análoga, la lógica, domina el lenguaje humano con la ayuda de una tercera divinidad sirviente, la gramática. Yo lo tendría como el más orgulloso resultado de mi investigación si pudiera convencer a la humanidad de lo falso e inútil de estas tres divinidades, pues el servicio de los dioses falsos exige siempre sacrificios y, por consiguiente, es nocivo.
Amor. En parte alguna se ve más claro que en el diálogo de dos enamorados, cómo el lenguaje es un medio, algo entre los hombres. Pero, dejando toda poesía a un lado, aquí llega a ser realmente una regla de juego. Para la cópula de dos espíritus no es, pues, el mejor medio el idioma, porque o es muy tímido o muy burdo para los íntimos abrazos. Únicamente el pueblo africano efectúa esto abiertamente a la luz del sol y del lenguaje.
Poder de la palabra. Por ser el lenguaje una fuerza social entre los hombres, ejerce también una fuerza sobre el pensamiento del individuo. Lo que en nosotros piensa es el lenguaje, lo que en nosotros versifica es el lenguaje. La sensación tantas veces traída en palabras de “yo no pienso: algo piensa en mí” –esta sensación de coacción, de fuerza, es completamente justa.
Hipnosis. Hay grupos de dementes que hacen lo mismo sin la influencia exterior de la palabra. Pero todas las personas están en una relación mutua de hipnotizador e hipnotizado; toda persona se deja recíprocamente sugerir forzadas representaciones por medio de la palabra, y no es para mí una duda que ello sólo sea en momento de arrebato popular como en las guerras y persecuciones de hechicería, en los que la hipnosis logra enajenar artificialmente toda una masa de hombres, sino que todo el comercio espiritual de los hombres no es más que una no interrumpida y complicadísima red de intentos y logradas hipnosis, que hacen uso de la heredada propiedad evasiva de las asociaciones, y en los que le toca al lenguaje el triste papel de ser agitador y único medio de esta locura artificial. (…) Pudiéramos llamar a esta enfermedad logismo, y el que la palabra significa ya tanto como razón no es motivo para buscar otra. También pudiera llamársele silogismo o simplemente lógica.

Lenguaje de los niños (…) El niño aprende su lenguaje, ya imitando mecánicamente primero la forma y la materia del lenguaje y llenándolas después, o aprendiendo a conocer un objeto nuevo con su nombre. En el último caso, estriba el aumento de conocimiento en el objeto nuevo; el nombre es importante sólo para retenerle en la memoria y para hablar de él si el objeto está ausente. En el primer caso no puede hablarse de aumento de conocimiento hasta que la materia y la forma están infladas de contendido real. Este hecho es claro respecto a la materia lingüística. Independientemente de todo aprendizaje mecánico, nunca penetrará en la memoria del niño nada que no haya penetrado antes por la puerta de sus sentidos. Si no hubiéramos perdido el recuerdo de nuestros años infantiles, sabríamos cuán irrepresentables nos eran la mayoría de las palabras aprendidas.

El silencio. Del temple momentáneo o del temple general del hombre, esto es, de su carácter, dependerá que prefiera hablar o prefiera callar. Dos clases de bestias son las más idiotas. Las que no pueden hablar nada, como, por ejemplo, puede suponerse de las ostras, y las que no pueden callar en absoluto. A ambas les está negado comunicarse. Las unas son mudas y las otras sólo hacen ruido. De aquí que parezca en sociedad, de cuando en cuando, que hablan muchos a la vez indefinidamente. No tienen nada que decirse unos a otros y no tiene importancia que el ruido se produzca con sonidos articulados.

Placer de la charla. Este placer no es más que un juego con el lenguaje, uno de los juegos que por sus pobrezas espirituales se recomiendan a los enfermos y a los ancianos. Este enorme uso del lenguaje como placer de charla me parece que tiene (ya verbalmente o en la lectura) una gran semejanza con el juego del dominó en el cual todo el trabajo espiritual consiste también en añadir, en tanto que se pueda, a la ficha del contrario una que lleve el mismo número. Igual que en una de las tales conversaciones.

Las palabras un poder. Resumamos brevemente: no hay “el” lenguaje, el lenguaje individual no es nada real tampoco; las palabras no engendran nunca conocimiento, no son más que un instrumento de la poesía; no dan intuición alguna real y ellas mismas no lo son. Y, no obstante, pueden ser un poder. Destructor como viento de huracán, que es aire como la palabra. Con facilidad la palabra puede ser más fuerte que la acción, pero la palabra no promueve la vida.

Virtuosos. Un defensor del lenguaje podría afirmar que su poder estimula también a la bondad. Cura, como la hipnosis, la enfermedad imaginativa, esto es, remedia, no la enfermedad, sino la imaginación. Así puede contrarrestar la palabra por medio de su fuerza social a la inclinación melancólica hacia la maldad.

En parte ninguna lengua materna. No hay dos hombres que hablen el mismo lenguaje. En un momento de hondo mal humor, cualquiera habrá pensado que ningún otro puede comprender precisamente su lenguaje particular. En imagen cualquiera comprende esta frase. Pero no se concede tan fácilmente que ella encierre una sobria verdad científica Una verdad que también dejaría definirse así: cada cual “domina” una parte diferente de la común lengua madre (…) En esta reflexión descansa a fondo el concepto de un lenguaje común a un pueblo, la lengua materna. ¿Dónde está la realidad de ese lenguaje? ¿Dónde en todo el mundo? No en uno. Pues no comprende más que una parte del tesoro de formas y palabras; no emplea más que una porción de aquello que comprende. No en los libros. En ese caso, antes del descubrimiento de la escritura no hubiera habido lenguaje. En los libros mismos no hay más que una colección de palabras y reglas a lo sumo, así como literaturas surgidas accidentalmente; pero en ninguna parte ni la probabilidad de un lenguaje reunido. ¿Dónde está pues, la realidad del abstracto “lenguaje”? En el aire, entre los hombres, en el pueblo. Así es que nadie puede alardear de conocer su lengua materna.
Pensar y hablar.
 Los señores que no ven en el lenguaje más que una vestidura del pensamiento, y, por cierto, una vestidura fea y no adecuada (mientras Max Müller ve en el lenguaje una vestidura que sienta admirablemente al pensamiento, como un guante a la mano, comme un gant) alegan que es imposible una completa inteligencia entre dos hombres, una comunicación de pensamiento sin resto. Esta verdad nos será cada vez más familiar. No hay más que lenguajes individuales, y no sólo hay diferencias en los lenguajes de dos hijos de una misma lengua, sino en los mellizos de una misma madre, lo que lleva a pequeñas incompresiones de lenguaje (…) El lenguaje de un individuo no es una imagen falsa de su pensamiento, sino una imagen falsa de su mundo exterior; expresa lo que piensa individualmente; pero su pensamiento sobre el mundo de la realidad es individual y, por lo tanto, falso. Su pensar es el tesoro de experiencias adquiridas o heredadas; la razón por la que ningún hombre comprende a los demás es que cada individuo entiende tan individualmente como sus propias experiencias las experiencias acumuladas de un modo uniforme, al parecer, en la lengua materna. La culpa no está en el lenguaje sino en el pensar. El pensar es lo que, como una defectuosa vestidura, sienta mal al mundo de la realidad. El lenguaje se diferencia tan poco del pensar, como la tela del vestido. Si un traje me va mal, la culpa no será del paño.
(De: CONTRIBUCIONES A UNA CRÍTICA DEL LENGUAJE, Herder, 2001)

La edición publicada por Herder recupera la selección, el prólogo y la traducción que realizara el poeta José Moreno Villa en 1911.

AUTOR DEL TEXTO : Gabriel Meraz Arriola; practica el psicoanálisis en la ciudad de México, publica artículos en libros y revistas y participa en actividades relacionadas con la transmisión del psicoanálisis. Es miembro de la École Lacanienne de Psychanalyse.


Contribuciones a una critica del lenguaje – Fritz Mauthner

Título Original: Beiträge zu einer Kritik der Sprache: Wesen der Sprache 
Autor(es): Fritz Mauthner
Editorial: Herder
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2001
ISBN: 84-254-2165-9
Referencia: 3386

FUENTE http://www.lecturasinegoismo.com/2014/02/contribuciones-una-critica-del-lenguaje.html Sinopsis Presentamos aquí uno de los textos más influyentes del siglo XX. Publicado en los años 1901 y 1902, y leído con admiración por James Joyce, por Samuel Beckett, y por anarquistas como Gustav Landauer, Contribuciones a una crítica del lenguaje llega hasta la demolición del lenguaje practicada por el Grupo Vienés a partir de los años 1950. Fritz Mauthner  pone en duda de manera radical la capacidad del lenguaje para el conocimiento, para, reflejar de manera cabal la realidad. El lenguaje deforma nuestra percepción, engendra falsedades y supersticiones, crea dioses e ídolos y ejerce, a todo esto, un poder. Para Mauthner, es perentorio y liberador enfrentarse a este hecho con lucidez. Acerca del autorFritz Mauthner (Hořice, Bohemia, Imperio austríaco, 22 de noviembre de 1849 – Meersburg, Alemania, 29 de junio de 1923) fue un filósofo y escritor en lengua alemana. Su principal aportación intelectual se enmarca dentro de la filosofía –en particular, la filosofía del lenguaje- y de la historia de las ideas. Sus obras más importantes fueron Contribuciones a una Crítica del Lenguaje, que influyó en Wittgenstein y Borges. Nació en Hořice (Bohemia) en el seno de una familia judía formada por un fabricante de tejidos. En Praga inició la carrera de Derecho que más tarde interrumpió. Para su cosmovisión fue muy importante el conocimiento de Ernst Mach (1838-1916) y su obra. Mauthner reconoció en una carta escrita a Mach que había recibido de él el impulso «para eliminar de la ciencia las bases metafísicas latentes». En 1873 trabajó en un bufete de abogados. Se casó con la pianista judía Jenny Ehrenberg (?-1896), con quien tuvo una hija. Intensificó sus trabajos filosóficos sobre el lenguaje, aunque en 1898 debió interrumpirlos debido a que los esfuerzos requeridos le fueron debilitando la vista. Por ello, el escritor y filósofo anarquista y pacifista Gustav Landauer le brindó su colaboración. En 1901 aparecieron los dos primeros volúmenes de Beiträge zu einer Kritik der Sprache (“Contribuciones a una Crítica del Lenguaje “) y un año más tarde, el tercero. El rechazo que recibió esta obra de los círculos académicos le desilusionó profundamente. En 1905 intentó aliviar sus depresiones con una estancia en las islas Canarias. Después del matrimonio de su hija, trasladó su residencia a finales de 1905 a Friburgo de Brisgovia. Allí ingresó en la Sociedad Kantiana y conoció a Martin Buber. En 1907 trabó amistad con Hedwig Luitgardis Silles O’Cunningham (1872-1945). Con ella se mudó a Meersburg-am-Bodensee, donde se casaron poco después. Su compañera le ayudaría en su obra de manera destacada. En esta época, estimulado por Martin Buber, escribió la monografía Die Sprache (“El lenguaje”), que dedicó a su colaborador Gustav Landauer. Asimismo culminó su Wörterbuch der Philosophie (“Diccionario de Filosofía”), obra publicada en dos volúmenes publicados en 1909, el primero, y en 1911, el segundo. En 1912 terminó su novela Der letzte Tod des Gautama Buddha (“La última muerte de Gautama Buda”), donde vierte sus reflexiones filosóficas sobre la religión. De 1920 a 1923 aparecieron los cuatro volúmenes de Der Atheismus und seine Geschichte im Abendlande (“El ateísmo y su historia en Occidente”), obra que refleja el anhelo de Mauthner de que la gente se libere del concepto de “Dios” y de la “ilusión” religiosa. Poco antes de su muerte el 29 de junio de 1923, Mauthner trabajaba en su obra Die Drei Bilder der Welt (“Las tres imágenes del mundo”), publicada póstumamente. Mauthner es el representante de una corriente escéptica en la filosofía del lenguaje. Influyeron en él pensadores como Gorgias, Nietzsche y Schopenhauer. Se adhirió a la concepción evolucionista del conocimiento y de la vida psíquica: nuestro conocimiento es subjetivo y relativo, y está dirigido hacia metas prácticas y no hacia la aprehensión objetiva de la realidad. El conocimiento es fruto del azar y limitado, porque nuestros cinco sentidos, que Mauthner llama «Zufallssinne» («sentidos accidentales») son ventanas limitantes por las que penetra únicamente una parte de la realidad. Mauthner obtuvo en Praga de su maestro Ernst Mach los fundamentos especiales para sus trabajos posteriores. Mach fue como físico y teórico del saber un científico polifacético que también incluyó entre sus reflexiones la fisiología de los sentidos (en última instancia todo conocimiento se reduce a «sensaciones») y la psicología (el concepto de «yo» es irrecuperable). Mach, antes que Albert Einstein, ya propugnaba el continuo cuatridimensional espacio-tiempo. Mauthner lleva el escepticismo al ámbito del lenguaje, al que considera un útil medio de comunicación dotado de una importante función social, pero inútil para el conocimiento del mundo. El lenguaje sólo nos permite ver “el velo de Maya”, no la realidad que se oculta detrás. Es incapaz de hacernos compartir la experiencia sensorial, sólo aludirla. Lo que hace que las palabras tengan más o menos significados establecidos depende de las experiencias sensitivas de las personas que usan el lenguaje. Las personas que comparten una estructura psicológica semejante con aquellos que usan un lenguaje pueden entender mejor ese lenguaje. El lenguaje es un sistema arbitrario de símbolos y sonidos, sin vínculo con el mundo real, de naturaleza metafórica y tendencia inevitable a falsear la realidad. Sólo existen los individuos, las sensaciones y los contenidos intuitivos. El lenguaje carece de existencia objetiva independiente de quien lo usa. Mauthner coloca en el centro de interés el aspecto temporal de la “teoría de correlaciones de la investigación del cerebro”, nuestra “cadencia de trabajo en la conciencia”. La memoria adquiere en la filosofía del lenguaje de Mauthner una importancia central. La obra filosófica de Mauthner influyó en literatos como Hofmannsthal, Schnitzler, Oswald Wiener, Joyce, Beckett y Borges; y en filósofos, como Landauer y Wittgenstein. Entre los escritores se aprecia especialmente esta influencia en Brief des Lord Chandos an Francis Bacon (Carta de Lord Changos a Francis Bacon) de Hugo von Hofmannsthal, donde el protagonista muestra su profunda desconfianza hacia el lenguaje. Su pensamiento influyó en el Grupo de Viena, para el cual ocuparse del lenguaje es la forma fundamental de ocuparse del ser humano. Borges, otro escéptico radical, cita repetidas veces en su obra Discusión el Diccionario de Filosofía de Mauthner como uno de los libros que más ha leído, releído y “abrumado de notas” a través de los años. Borges, que se consideró un explorador de las posibilidades literarias de la filosofía, reflejó en su obra ideas mauthnerianas como la discrepancia entre el lenguaje y la realidad, la superstición de la palabra, el dominio de los arquetipos sociales sobre los procesos mentales individuales y la arbitrariedad de los sistemas de clasificación lingüística. Así mismo, Wittgenstein debe muchas de sus ideas a Mauthner, aunque sólo le cita una vez en su Tractatus logico-philosophicus (1921) en su proposición 4.0031: “Toda filosofía es una “crítica lingüística” (no en el sentido de Mauthner)” . Tras la obra demoledora de Mauthner, del lenguaje sólo queda su valor simbólico y artístico“… Las alternativas al lenguaje son el silencio y la acción (el acto surrealista o revolucionario). “Las palabras nunca engendran conocimiento, son tan sólo una herramienta de la poesía”. La lápida que cubre su tumba en el cementerio de Meersburg reza «vom Menschensein erlöst» («Liberado de ser hombre»). Publicado 22nd February 2014 por ZP5EZ Etiquetas: Filosofía Occidental

Correspondencia entre música y palabra(Baudelaire / Debussy y Bertrand / Ravel) Libro de Marta Vela (presentación en Madrid)

MARTA VELA EN LOS PODCASTS DE RADIO CLASICA http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-con-estilo/

Vídeo completo de la presentación del libro de Marta Vela,Correspondencias entre música y palabra, en la Sociedad Cervantina de #Madrid, publicado por Editorial Academia del Hispanismo, con Fernando Gómez Redondo y Jesús G. Maestro.

DEBUSSY Y EL MAR http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-con-estilo/musica-estilo-debussy-mar-01-07-18/4651714/#

Presentación del libro Correspondencia entre música y palabra, de Marta Vela.

https://www.yeyebook.com/es/category/poesia/charles-baudelaire-es-poesia/

IMPRESCINDIBLE, para analizar y criticar tanto los referentes del idealismo alemán como de los lazos de esta corriente, dominante por años, con los estudios críticos de la Literatura. Un aporte de gran relevancia, desde el Materialismo Filosófico y desde la Crítica de la Razón Literaria. Clase del profesor Ramón Rubinat.

CLASE Y DEBATE POSTERIOR DEL PROFESOR RAMON RUBINAT

Un asunto de gran interés, planteado por el profesor Rubinat, es el relativo al concepto de filosofía oracular, que Gustavo Bueno había a su vez desarrollado . Citaremos un artículo de G Bueno, que incluye un video extenso, en el formato de las teselas que ha ido publicando la Fundación Gustavo Bueno.

FRAGMENTO ( del artículo de Bueno sobre la filosofía oracular): ” Sin embargo, la historia de los oráculos filosóficos está por hacer. Hay que entrar más a fondo en el análisis de los oráculos que hablaron en el cisma de Occidente, a través de Lutero, de Calvino, de Servet o de Newton; y, si se quiere, de Kant o de Nietzsche.”

Gustavo Bueno Sobre la filosofía oracular y la historia oracular de la filosofía http://nodulo.org/ec/2016/n167p02.htm

Vargas Llosa y la Literatura, y unas propuestas en contraste con el poema del peruano César Vallejo. Poesía e Hispanidad. Propuesta crítico materialista del profesor Jesús G Maestro

¿Por qué no puede esperarse una crítica desde la cual el Nobel Vargas Llosa pueda mencionar, con honestidad , al poeta César Vallejo? Para tratar de enfocar esta cuestión, proponemos, desde introfilosofia, hacer una comparación entre dos modos de referirse a esta cuestión. Uno es un breve artículo sobre Vargas Llosa a raíz de su discurso de recepción del Nobel en Suecia. El otro no menciona a Vargas Llosa, por estar centrado en el análisis crítico del poema de Vallejo España: aparta de mí ese cáliz. , desde el Materialismo Filosófico, como Crítica de la Razón Literaria

PROPUESTA PRIMERA

Crítica de la poesía de César Vallejo . Profesor Jesús G Maestro (Universidad de Vigo, España)

SEGUNDA PROPUESTA

los desmanes del nóbel

LUNES, 13 DE DICIEMBRE DE 2010

por Guillermo Rodríguez Rivera

Los tiempos cambian y a veces no es para progresar.  FUENTE https://segundacita.blogspot.com/2010/12/los-desmanes-del-nobel.html

Hay quien dice que Suecia, la única socialdemocracia que lo era de veras, -cuando todas las demás que usaban el nombre se escoraban a la derecha- es ya un encubierto miembro de la OTAN.

Han pasado los tiempos en que el partido de Olof Palme gobernaba conjuntamente con los comunistas y en el que Suecia era el único gobierno del occidente europeo que se permitía acoger a los jóvenes norteamericanos que quemaban su tarjeta de reclutamiento para no ser enviados a matar (o a morir) en las selvas de Vietnam, en la primera guerra que perdieron los Estados Unidos, porque nunca tuvieron ni siquiera una consigna con la que justificarla ante su pueblo.

Las cosas se han puesto peor desde que desapareció la Unión Soviética, ciertamente más hija de su padrastro Stalin que de su padre Lenin, pero que era una izquierda beligerante que permitía la existencia de otras, porque había izquierdas. Los Estados Unidos ahora muestran abiertamente que se sienten capaces de hacer lo que quieran, sin que nada ni nadie interfiera.

En Europa se está acabando todo: la izquierda ya no tiene casi partidarios (ni partidos) y como desapareció esa amenaza a la vieja burguesía y el fantasma de recorrido se ha mudado a otros sitios, va desapareciendo también la “sociedad de bienestar”, que era la vitrina para evitar que los desvariantes cayeran en manos de algún hijo de Marx. 

Los nuevos paquetes que la UE acuerda con los administradores yanquis del FMI se aplican a los más pobres dentro de los privilegiados países de Europa: a griegos e irlandeses, al menos por ahora. Pero aunque sea por partes, el paquetazo neoliberal se va extendiendo: empiezan a retrasar la edad de la jubilación, a bajar las cuantías de las pensiones, a liquidar la seguridad social, a aumentar el desempleo.

Porque eso que empieza a perderse, aunque los europeos no lo sepan, era también una consecuencia de la existencia del comunismo que ellos se permitían el lujo de mirar de arriba abajo, sin sospechar el bien que les hacía.

Ahora Suecia le da asilo a los disidentes cubanos y su fiscalía acuerda con la Interpol la persecución, con alerta roja –como si fuera Martin Bormann o Jack The Ripper– del australiano Julian Assange, por formicar con dos suecas amigas, dicen ellas que sin condón. 

Ahora no hay reclutamiento obligatorio y “patriótico” en las fuerzas armadas estadounidenses. Los hijos de los millonarios ya no tienen que ir –o hacer como que van– a cumplir ese deber. Algunos cumplían y otros no: John F. Kennedy fue un valiente teniente en la Segunda Guerra Mundial; George W. Bush se pasó la de Vietnam entre los soldados de su padre en el estado de Texas, bebiendo whisky y dejando correr los años de peligro para luego encaramarse en la silla presidencial y mandar a los jóvenes a la guerra, cuando el supo esconderse muy bien de la suya. Ahora los soldados son los pobres, que arriesgan la posibilidad de morir no por patriotismo, sino por el salario que les pagan.

Acabo de leer –lo tengo ante mí– el discurso con el que Mario Vargas Llosa aceptó el Nóbel de literatura que le fuera conferido por la obra de toda su vida.

Quisiera empezar diciendo que soy un declarado admirador del escritor Mario Vargas Llosa: lo sigo desde su temprana La ciudad y los perros y de aquella excelente noveleta titulada Los cachorros, que Casa de las Américas editó en los años sesenta. He accedido, como he podido, a sus novelas a pesar de que en Cuba no se editan.

Soy un decidido opositor de la idea de que los escritores que se han convertido en enemigos de la Revolución Cubana, no deben ser editados en nuestro país. Algunas personas entienden que esa exclusión es un castigo a nuestros enemigos ideológicos. Yo no lo veo así: creo que se castiga a los lectores cubanos cuando dejan de leer páginas excelentes: la medida, para nada afectará al escritor en cuestión. Tampoco sé si Vargas Llosa, como han hecho García Márquez o Julio Cortázar, amigos de la Revolución Cubana, cedería los derechos de sus novelas para ser editadas en Cuba, pero creo que el gran público lector que tenemos disfrutaría obras como La fiesta del chivo, apasionante crónica de la conspiración que puso fin a la vida del tirano dominicano Rafael Leónidas Trujillo.

Leer el discurso de aceptación del novelista lo obliga a uno, forzosamente, a tener que contrastarlo, compararlo con su obra, y nos da idea de la distancia que media entre el brillante narrador -capaz de hacernos ver el sentido y las trágicas, dramáticas o cómicas dimensiones de la realidad latinoamericana- y el acomodado pequeño burgués de Arequipa (elevado a burgués por su talento, su vanidad y sus temores) que abjuró no ya de la Revolución Cubana, sino de cualquier modalidad de marxismo o socialismo, para ser el escritor “admitido” al que celebra el mundo burgués de este tiempo, porque esa propia abjuración es el gran requisito para su admisión, mucho más que la excelencia de su prosa.

El marxista que fuera en su juventud nunca pretendió buscar otra lectura de Marx que se apartara del verticalismo soviético asumido por la Revolución Cubana: su desencanto lo llevó directamente a engrosar la momificada colección de demócratas liberales que han sido y que han sumido a la América Latina en esa subordinación a los intereses norteamericanos que pobló nuestros países de las dictaduras que el novelista dice despreciar, pero que eran la salida a la que los buenos demócratas liberales y sus jefes norteamericanos echaban mano cuando los pueblos se les ponían indóciles. 

Don Mario dice repudiar esas tiranías –gestada la de Pinochet por el demócrata liberal Kissinger– aunque reverencia a sus propulsores. Don Mario, en fin, no fue el revisionista que busca otra verdad en la revolución, sino el arrepentido que abandonó la plaza de la tía Julia para irse al salón de la prima Patricia; el claudicante que, aunque persistan la explotación y las injusticias sociales que vio en su juventud, regresa al conformista redil de los demócratas liberales: no hay nada que hacer sino mantener la alternancia de gobiernos que protegen los privilegios de los de arriba, que son el verdadero poder.

De dientes para afuera se indigna porque América Latina ha incumplido con la emancipación de sus indígenas pero, como una Malinche andina, considera una “seudodemocracia payasa” el gobierno de Evo Morales en Bolivia, uno de los pocos regímenes democráticos del país donde mayor número de golpes militares han ocurrido en el mundo, en el que existe una feroz oligarquía que no ha podido socavar el abierto apoyo popular a Evo. 

Que yo sepa, el presidente boliviano nunca se ha propuesto escribir una novela como La casa verde. Acaso intentar ese propósito que no conseguiría, sería una bufonada del dirigente sindical cocalero, pero esa bufonada es hipotética. La payasada de Mario Vargas Llosa sí tuvo lugar, cuando aspiró a la presidencia de Perú y fue vapuleado nada menos que por Alberto Fujimori. Acaso de esa desastrosa aventura presidencial provenga la herida no cicatrizada del novelista, y también la envidia que el político Evo Morales le provoca.

Don Mario irá a codearse en la historia política peruana –no rebasa ese localismo– con Prado Ugarteche, Belaúnde Terry, Alejandro Toledo y el diz que aprista Alan García. En su discurso sueco, menciona al nunca desmentido marxista que fue César Vallejo, quien seguramente se revolvería en su tumba de Montparnasse si lo escuchara. Sólo le faltaría invocar a José Carlos Mariátegui para que la comedia fuera perfecta.

Haydee Santamaría lo liberó de la farsa de mencionar al Che, y el ego de Don Mario nunca pudo perdonárselo. Ahí está el verdadero punto de quiebre del hispanoperuano: hasta ahí llegaron sus ínfulas de revolucionario. 

A ver quién logra liberarlo de citar al autor de España, aparta de mí este cáliz.

Recordaremos siempre al excelente narrador que es Mario Vargas Llosa. Se nos irá al basurero el adocenado político que se ha empeñado en ser. Quizás ahí le hubiera sido útil el consejo de su prima-esposa, que él mismo entiende como el mayor elogio que ha recibido: “Mario, para lo único, para lo que tú sirves es para escribir”.


 Entre los poetas míos… César Vallejo – 2 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

CON el título genérico “Entre los poetas míos” hemos iniciado la publicación, en el mundo virtual, de esta colección de cuadernos monográficos con los que deseamos contribuir a la divulgación de una poesía crítica que, denominada “poesía social”, “poesía compro-metida”, “poesía de la conciencia,… se caracteriza por centrar su temática en los seres humanos, bien sea para ensalzar sus valores genéricos, o bien para denunciar los atropellos, injusticias y abusos cometidos por quienes de-tentan el Poder en cualquiera de sus formas. 

Poesía ésta que no se evade de la realidad, sino que in-cide en ella con intención transformadora. Se entiende por ello que tal producción y sus autores hayan sido fre-cuentemente acallados, desprestigiados, censurados e in-cluso perseguidos por dichos poderes dominantes. Se tra-ta, en fin, de una poesía, rebelde, teñida por el com-promiso ético de sus autores. 

Los textos aquí incorporados proceden de muy diversas fuentes. Unos de nuestra biblioteca personal, otros de In-ternet. 

La edición digitalizada de estos cuadernos poéticos carece de toda finalidad económica. No obstante, si alguien se considera perjudicado en sus legítimos derechos de pro-piedad intelectual, rogamos nos lo haga saber para que retiremos los textos cuestionados. – 3 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Entre los poetas míos… 

César Vallejo 

(1892 – 1938) 

César Abraham Vallejo Mendoza es un poeta y escritor considerado en-tre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX. Nació en Santiago de Chuco, Perú, el 16 de marzo de 1892. De origen mestizo y provinciano, era el menor de once hermanos. Alumno brillante en los estudios primarios, la familia consideró que podía seguir la carrera ecle-siástica. Sin embargo, en 1910 parte para Trujillo y se inscribe en la Fa-cultad de Filosofía y Letras. Un año después la idea de hacerse médico lo lleva a Lima, pero pronto renuncia a la medicina y vuelve a Trujillo. Entra a trabajar en una hacienda azucarera donde es testigo de la exte-nuante explotación de los peones. Esa experiencia marcó para siempre su sensibilidad ante la injusticia social. 

En 1913 renuncia a su empleo en la hacienda y regresa a Trujillo, donde reanuda sus estudios (Letras y Derecho), consiguiendo paralelamente un puesto de profesor en un colegio. Por entonces publica sus primeros versos y se convierte en miembro destacado de un grupo de intelectua-les y artistas 

En 1917 marcha a Lima donde, ya conocido en el medio intelectual, publica algún que otro poema. Sus dificultades económicas se suavizan al conseguir un puesto de director de colegio. Continúa sus estudios en la Universidad. En 1918 lleva su primer poemario “Los heraldos negros” al impresor. Su publicación se demora hasta el año siguiente. La obra, desde su aparición, recibe entusiastas elogios y primeros dardos. 

En 1920, de camino para su pueblo natal, se detiene en una localidad a pronunciar una conferencia que produce escándalo. Se ve mezclado en un sangriento conflicto local, y sin motivo es acusado por incendiario y agitador social. Permanece cincuenta días encarcelado, hasta que, de-mostrada su inocencia, es absuelto y devuelto a la libertad. – 4 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

1922: Consigue imprimir su segundo poemario “Trilce”, muchos de cu-yos versos han sido escritos en prisión. 

1923: Aparecen “Fabla salvaje” y “Escalas melografiadas”. 

Vallejo venía proyectando su marcha a Europa desde tiempo atrás. Con 500 soles, sin recursos ni conocimiento del idioma, en julio llega a París, donde sufrirá una vida de duras penurias, que no le impiden establecer relaciones amistosas con numerosos artistas. 

Hasta su muerte residió mayormente en París, con algunas breves estan-cias en Madrid y en otras ciudades europeas en las que estuvo de paso. Vivió del periodismo, complementado con trabajos de traducción y do-cencia. En la última etapa de su vida no publicó libros de poesía, aun-que escribió una serie de poemas que aparecerían póstumamente. En el cultivo de la prosa, escribió la novela proletaria El tungsteno (Madrid, 1931) y el libro Crónicas Rusia (Madrid, 1931). Por entonces escribió también su más famoso cuento, Paco Yunque, que fue publicado años después de su muerte. Sus poemas póstumos fueron agrupados en dos poemarios: Poemas humanos y España, aparta de mí este cáliz, publica-dos en 1939 gracias al empeño de su viuda, Georgette Vallejo. La poesía reunida en estos últimos poemarios es de corte social, con esporádicos temas de posición ideológica y profundamente humanos. Para muchos críticos, los “poemas humanos” constituyen lo mejor de su producción poética, que lo han hecho merecedor del calificativo de “poeta univer-sal”. 

Murió en París, 15 de abril de 1938), 

Para una información más amplia sobre la vida y obra de César Vallejo, véase: 

César y Georgette: un amor de leyenda 

La vida íntima en las obras de César Vallejo 

César Vallejo en Wikipedia 

Biografía de César Vallejo 

César Vallejo, por Mónica Saldías 

d – 5 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

¡Ande desnudo, en pelo, el millonario! 

¡Ande desnudo, en pelo, el millonario! 

¡Desgracia al que edifica con tesoros su lecho de muerte! 

¡Un mundo al que saluda; 

un sillón al que siembra en el cielo; 

llanto al que da término a lo que hace, guardando los 

[comienzos; 

ande el de las espuelas; 

poco dure muralla en que no crezca otra muralla; 

dése al mísero toda su miseria, 

pan, al que ríe; 

hagan perder los triunfos y morir los médicos; 

haya leche en la sangre; 

añádase una vela al sol, 

ochocientos al veinte; 

pase la eternidad bajo los puentes! 

¡Desdén al que viste, 

corónense los pies de manos, quepan en su tamaño; 

siéntese mi persona junto a mí! 

¡Llorar al haber cabido en aquel vientre, 

bendición al que mira aire en el aire, 

muchos años de clavo al martillazo; 

desnúdese el desnudo, 

vístase de pantalón la capa, 

fulja el cobre a expensas de sus láminas, 

majestad al que cae de la arcilla al universo, 

lloren las bocas, giman las miradas, 

impídase al acero perdurar, 

hilo a los horizontes portátiles, 

doce ciudades al sendero de piedra, 

una esfera al que juega con su sombra; 

un día hecho de una hora, a los esposos; 

una madre al arado en loor al suelo, 

séllense con dos sellos a los líquidos, 

pase lista el bocado, 

sean los descendientes, – 6 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

sea la codorniz, 

sea la carrera del álamo y del árbol; 

venzan, al contrario del círculo, el mar a su hijo 

y a la cana el lloro; 

dejad los áspides, señores hombres, 

surcad la llama con los siete leños, 

vivid, 

elévese la altura, 

baje el hondor más hondo, 

conduzca la onda su impulsión andando, 

tenga éxito la tregua de la bóveda! 

¡Muramos; 

lavad vuestro esqueleto cada día; 

no me hagáis caso, 

una ave coja al déspota y a su alma; 

una mancha espantosa, al que va solo; 

gorriones al astrónomo, al gorrión, al aviador! 

¡Lloved, solead, 

vigilad a Júpiter, al ladrón de ídolos de oro, 

copiad vuestra letra en tres cuadernos, 

aprended de los cónyuges cuando hablan, y 

de los solitarios, cuando callan; 

dad de comer a los novios, 

dad de beber al diablo en vuestras manos, 

luchad por la justicia con la nuca, 

igualaos, 

cúmplase el roble, 

cúmplase el leopardo entre dos robles, 

seamos, 

estemos, 

sentid cómo navega el agua en los océanos, 

alimentaos, 

concíbase el error, puesto que lloro, 

acéptese, en tanto suban por el risco, las cabras y sus crías; 

desacostumbrad a Dios a ser un hombre, 

creced… ! 

Me llaman. Vuelvo. 

(De Poemas humanos, 1939) – 7 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Completamente 

Completamente. Además, ¡vida! 

Completamente. Además, ¡muerte! 

Completamente. Además, ¡todo! 

Completamente. Además, ¡nada! 

Completamente. Además, ¡mundo! 

Completamente. Además, ¡polvo! 

Completamente. Además, ¡Dios! 

Completamente. Además, ¡nadie! 

Completamente. Además, ¡nunca! 

Completamente. Además, ¡siempre! 

Completamente. Además, ¡oro! 

Completamente. Además, ¡humo! 

Completamente. Además, ¡lágrimas! 

Completamente. Además, ¡risas!… 

¡Completamente! 

De Poemas humanos (1939) – 8 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Confianza en el anteojo, no en el ojo 

Confianza en el anteojo, no en el ojo; 

en la escalera, nunca en el peldaño; 

en el ala, no en el ave 

y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo. 

Confianza en la maldad, no en el malvado; 

en el vaso, mas nunca en el licor; 

en el cadáver, no en el hombre 

y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo. 

Confianza en muchos, pero ya no en uno; 

en el cauce, jamás en la corriente; 

en los calzones, no en las piernas 

y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo. 

Confianza en la ventana, no en la puerta; 

en la madre, mas no en los nueve meses; 

en el destino, no en el dado de oro, 

y en ti sólo, en ti sólo, en ti sólo. 

De: Poemas humanos, (1939) – 9 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Considerado en frío, imparcialmente… 

Considerando en frío, imparcialmente, 

que el hombre es triste, tose y, sin embargo, 

se complace en su pecho colorado; 

que lo único que hace es componerse 

de días; 

que es lóbrego mamífero y se peina… 

Considerando 

que el hombre procede suavemente del trabajo 

y repercute jefe, suena subordinado; 

que el diagrama del tiempo 

es constante diorama en sus medallas 

y, a medio abrir, sus ojos estudiaron, 

desde lejanos tiempos, 

su fórmula famélica de masa… 

Comprendiendo sin esfuerzo 

que el hombre se queda, a veces, pensando, 

como queriendo llorar, 

y, sujeto a tenderse como objeto, 

se hace buen carpintero, suda, mata 

y luego canta, almuerza, se abotona… 

Considerando también 

que el hombre es en verdad un animal 

y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza… 

Examinando, en fin, 

sus encontradas piezas, su retrete, 

su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo… 

Comprendiendo 

que él sabe que le quiero, 

que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente… – 10 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Considerando sus documentos generales 

y mirando con lentes aquel certificado 

que prueba que nació muy pequeñito… 

le hago una seña, 

viene, 

y le doy un abrazo, emocionado. 

¡Qué más da! Emocionado… Emocionado… 

De: Poemas humanos, 1939) – 11 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

¡Cuídate, España, de tu propia España! 

¡Cuídate de la hoz sin el martillo, 

cuídate del martillo sin la hoz! 

¡Cuídate de la víctima a pesar suyo, 

del verdugo a pesar suyo 

y del indiferente a pesar suyo! 

¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo, 

negárate tres veces, 

y del que te negó, después, tres veces! 

¡Cuídate de las calaveras sin las tibias, 

y de las tibias sin las calaveras! 

¡Cuídate de los nuevos poderosos! 

¡Cuídate del que come tus cadáveres, 

del que devora muertos a tus vivos! 

¡Cuídate del leal ciento por ciento! 

¡Cuídate del cielo más acá del aire 

y cuídate del aire más allá del cielo! 

¡Cuídate de los que te aman! 

¡Cuídate de tus héroes! 

¡Cuídate de tus muertos! 

¡Cuídate de la República! 

¡Cuídate del futuro! 

De; España, aparta de mí este cáliz, 1939) – 12 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

El momento más grave de mi vida 

Un hombre dijo: 

-El momento más grave de mi vida estuvo en la batalla del Marne cuando fui herido en el pecho. 

Otro hombre dijo: 

-El momento más grave de mi vida, ocurrió en un maremoto de Yo-kohama, del cual salvé milagrosamente, refugiado bajo el alero de una tienda de lacas. 

Y otro hombre dijo: 

-El momento más grave de mi vida acontece cuando duermo de día. 

Y otro dijo: 

-El momento más grave de mi vida ha estado en mi mayor soledad. 

Y otro dijo: 

-El momento más grave de mi vida fue mi prisión en una cárcel del Perú. 

Y otro dijo: 

-El momento más grave de mi vida es el haber sorprendido de perfil a mi padre. 

Y el último hombre dijo: 

-El momento más grave de mi vida no ha llegado todavía. 

(De: Poemas en prosa, 1923) – 13 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

El pan nuestro 

Para Alejandro Gamboa 

Se bebe el desayuno… Húmeda tierra 

de cementerio huele a sangre amada. 

Ciudad de invierno… La mordaz cruzada 

de una carreta que arrastrar parece 

una emoción de ayuno encadenada! 

Se quisiera tocar todas las puertas, 

y preguntar por no sé quién; y luego 

ver a los pobres, y, llorando quedos, 

dar pedacitos de pan fresco a todos. 

Y saquear a los ricos sus viñedos 

con las dos manos santas 

que a un golpe de luz 

volaron desclavadas de la Cruz! 

Pestaña matinal, no os levantéis! 

¡El pan nuestro de cada día dánoslo, 

Señor…! 

Todos mis huesos son ajenos; 

yo tal vez los robé! 

Yo vine a darme lo que acaso estuvo 

asignado para otro; 

y pienso que, si no hubiera nacido, 

otro pobre tomara este café! 

Yo soy un mal ladrón… A dónde iré! 

Y en esta hora fría, en que la tierra 

trasciende a polvo humano y es tan triste, 

quisiera yo tocar todas las puertas, 

y suplicar a no sé quién, perdón, 

y hacerle pedacitos de pan fresco 

aquí, en el horno de mi corazón…! 

(De Los heraldos negros, 1918) – 14 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

España, aparta de mí este cáliz 

Niños del mundo, 

si cae España —digo, es un decir— 

si cae 

del cielo abajo su antebrazo que asen, 

en cabestro, dos láminas terrestres; 

niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! 

¡qué temprano en el sol lo que os decía! 

¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! 

¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno! 

¡Niños del mundo, está 

la madre España con su vientre a cuestas; 

está nuestra madre con sus férulas, 

está madre y maestra, 

cruz y madera, porque os dio la altura, 

vértigo y división y suma, niños; 

está con ella, padres procesales! 

Si cae —digo, es un decir— si cae 

España, de la tierra para abajo, 

niños ¡cómo vais a cesar de crecer! 

¡cómo va a castigar el año al mes! 

¡cómo van a quedarse en diez los dientes, 

en palote el diptongo, la medalla en llanto! 

¡Cómo va el corderillo a continuar 

atado por la pata al gran tintero! 

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto 

hasta la letra en que nació la pena! 

Niños, 

hijos de los guerreros, entre tanto, 

bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo 

la energía entre el reino animal, 

las florecillas, los cometas y los hombres. – 15 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

¡Bajad la voz, que está 

en su rigor, que es grande, sin saber 

qué hacer, y está en su mano 

la calavera, aquella de la trenza; 

la calavera, aquella de la vida! 

¡Bajad la voz, os digo; 

bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto 

de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun 

el de las sienes que andan con dos piedras! 

¡Bajad el aliento, y si 

el antebrazo baja, 

si las férulas suenan, si es la noche, 

si el cielo cabe en dos limbos terrestres, 

si hay ruido en el sonido de las puertas, 

si tardo, 

si no veis a nadie, si os asustan 

los lápices sin punta, si la madre 

España cae —digo, es un decir—, 

salid, niños, del mundo; id a buscarla!… 

De España, aparta de mí este cáliz, 1939) – 16 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Gleba 

Con efecto mundial de vela que se enciende, 

el prepucio directo, hombres a golpes, 

funcionan los labriegos a tiro de neblina, 

con alabadas barbas, 

pie práctico y reginas sinceras de los valles. 

Hablan como les vienen las palabras, 

cambian ideas bebiendo 

orden sacerdotal de una botella; 

cambian también ideas tras de un árbol, parlando 

de escrituras privadas, de la luna menguante 

y de los ríos públicos! (Inmenso! Inmenso! Inmenso!) 

Función de fuerza 

sorda y de zarza ardiendo, 

paso de palo, 

gesto de palo, 

acápitcs de palo, 

la palabra colgando de otro palo. 

De sus hombros arranca, carne a carne, la herramienta 

[florecida, 

de sus rodillas bajan ellos mismos por etapas hasta el cielo, 

y, agitando 

agitando sus faltas en forma de antiguas calaveras, 

levantan sus defectos capitales con cintas, 

su mansedumbre y sus 

vasos sanguíneos, tristes, de jueces colorados. 

Tienen su cabeza, su tronco, sus extremidades, 

tienen su pantalón, sus dedos metacarpos y un palito; 

para comer vistiéronse de altura 

y se lavan la cara acariciándose con sólidas palomas. – 17 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Por cierto, aquestos hombres 

cumplen años en los peligros, 

echan toda la frente en sus salutaciones; 

carecen de reloj, no se jactan jamás de respirar 

y, en fin, suelen decirse: Allá, las putas, Luis Taboada, los 

[ingleses; 

allá ellos, allá ellos, allá ellos! 

(De: Poemas humanos, 1939) – 18 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Himno a los voluntarios de la República 

Voluntario de España, miliciano 

de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón, 

cuando marcha a matar con su agonía 

mundial, no sé verdaderamente 

qué hacer, dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo, 

lloro, atisbo, destrozo, apagan, digo 

a mi pecho que acabe, al que bien, que venga, 

y quiero desgraciarme; 

descúbrome la frente impersonal hasta tocar 

el vaso de la sangre, me detengo, 

detienen mi tamaño esas famosas caídas de arquitecto 

con las que se honra el animal que me honra; 

refluyen mis instintos a sus sogas, 

humea ante mi tumba la alegría 

y, otra vez, sin saber qué hacer, sin nada, déjame, 

desde mi piedra en blanco, déjame, 

solo, 

cuadrumano, más acá, mucho más lejos, 

al no caber entre mis manos tu largo rato extático, 

quiebro con tu rapidez de doble filo 

mi pequeñez en traje de grandeza! 

Un día diurno, claro, atento, fértil 

¡oh bienio, el de los lóbregos semestres suplicantes, 

por el que iba la pólvora mordiéndose los codos! 

¡oh dura pena y más duros pedernales! 

!oh frenos los tascados por el pueblo! 

Un día prendió el pueblo su fósforo cautivo, oró de cólera 

y soberanamente pleno, circular, 

cerró su natalicio con manos electivas; 

arrastraban candado ya los déspotas 

y en el candado, sus bacterias muertas… 

¿Batallas? ¡No! Pasiones. Y pasiones precedidas – 19 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

de dolores con rejas de esperanzas, 

de dolores de pueblos con esperanzas de hombres! 

¡Muerte y pasión de paz, las populares! 

¡Muerte y pasión guerreras entre olivos, entendámonos! 

Tal en tu aliento cambian de agujas atmosféricas los vientos 

y de llave las tumbas en tu pecho, 

tu frontal elevándose a primera potencia de martirio. 

El mundo exclama: “¡Cosas de españoles!” Y es verdad. 

Consideremos, 

durante una balanza, a quemarropa, 

a Calderón, dormido sobre la cola de un anfibio muerto 

o a Cervantes, diciendo: “Mi reino es de este mundo, pero 

también del otro”: ¡punta y filo en dos papeles! 

Contemplemos a Goya, de hinojos y rezando ante un espejo, 

a Coll, el paladín en cuyo asalto cartesiano 

tuvo un sudor de nube el paso llano 

o a Quevedo, ese abuelo instantáneo de los dinamiteros 

o a Cajal, devorado por su pequeño infinito, o todavía 

a Teresa, mujer que muere porque no muere 

o a Lina Odena, en pugna en más de un punto con Teresa… 

(Todo acto o voz genial viene del pueblo 

y va hacia él, de frente o transmitidos 

por incesantes briznas, por el humo rosado 

de amargas contraseñas sin fortuna) 

Así tu criatura, miliciano, así tu exangüe criatura, 

agitada por una piedra inmóvil, 

se sacrifica, apártase, 

decae para arriba y por su llama incombustible sube, 

sube hasta los débiles, 

distribuyendo españas a los toros, 

toros a las palomas… 

Proletario que mueres de universo, ¡en qué frenética armonía 

acabará tu grandeza, tu miseria, tu vorágine impelente, 

tu violencia metódica, tu caos teórico y práctico, tu gana – 20 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

dantesca, españolísima, de amar, aunque sea a traición, 

a tu enemigo! 

¡Liberador ceñido de grilletes, 

sin cuyo esfuerzo hasta hoy continuaría sin asas la extensión, 

vagarían acéfalos los clavos, 

antiguo, lento, colorado, el día, 

nuestros amados cascos, insepultos! 

¡Campesino caído con tu verde follaje por el hombre, 

con la inflexión social de tu meñique, 

con tu buey que se queda, con tu física, 

también con tu palabra atada a un palo 

y tu cielo arrendado 

y con la arcilla inserta en tu cansancio 

y la que estaba en tu uña, caminando! 

¡Constructores 

agrícolas, civiles y guerreros, 

de la activa, hormigueante eternidad: estaba escrito 

que vosotros haríais la luz, entornando 

con la muerte vuestros ojos; 

que, a la caída cruel de vuestras bocas, 

vendrá en siete bandejas la abundancia, todo 

en el mundo será de oro súbito 

y el oro, 

fabulosos mendigos de vuestra propia secreción de sangre, 

y el oro mismo será entonces de oro! 

¡Se amarán todos los hombres 

y comerán tomados de las puntas de vuestros pañuelos tristes 

y beberán en nombre 

de vuestras gargantas infaustas! 

Descansarán andando al pie de esta carrera, 

sollozarán pensando en vuestras órbitas, venturosos 

serán y al son 

de vuestro atroz retorno, florecido, innato, 

ajustarán mañana sus quehaceres, sus figuras soñadas 

[y cantadas! – 21 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

¡Unos mismos zapatos irán bien al que asciende 

sin vías a su cuerpo 

y al que baja hasta la forma de su alma! 

¡Entrelazándose hablarán los mudos, los tullidos andarán! 

¡Verán, ya de regreso, los ciegos 

y palpitando escucharán los sordos! 

¡Sabrán los ignorantes, ignorarán los sabios! 

¡Serán dados los besos que no pudisteis dar! 

¡Sólo la muerte morirá! ¡La hormiga 

traerá pedacitos de pan al elefante encadenado 

a su brutal delicadeza; volverán 

los niños abortados a nacer perfectos, espaciales 

y trabajarán todos los hombres, 

engendrarán todos los hombres, 

comprenderán todos los hombres! 

¡Obrero, salvador, redentor nuestro, 

perdónanos, hermano, nuestras deudas! 

Como dice un tambor al redoblar, en sus adagios: 

qué jamás tan efímero, tu espalda! 

qué siempre tan cambiante, tu perfil! 

¡Voluntario italiano, entre cuyos animales de batalla 

un león abisinio va cojeando! 

¡Voluntario soviético, marchando a la cabeza de tu pecho 

[universal! 

¡Voluntarios del sur, del norte, del oriente 

y tú, el occidental, cerrando el canto fúnebre del alba! 

¡Soldado conocido, cuyo nombre 

desfila en el sonido de un abrazo! 

¡Combatiente que la tierra criara, armándote 

de polvo, 

calzándote de imanes positivos, 

vigentes tus creencias personales, 

distinto de carácter, íntima tu férula, 

el cutis inmediato, 

andándote tu idioma por los hombros – 22 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

y el alma coronada de guijarros! 

¡Voluntario fajado de tu zona fría, 

templada o tórrida, 

héroes a la redonda, 

víctima en columna de vencedores: 

en España, en Madrid, están llamando 

a matar, voluntarios de la vida! 

¡Porque en España matan, otros matan 

al niño, a su juguete que se para, 

a la madre Rosenda esplendorosa, 

al viejo Adán que hablaba en alta voz con su caballo 

y al perro que dormía en la escalera. 

Matan al libro, tiran a sus verbos auxiliares, 

a su indefensa página primera! 

Matan el caso exacto de la estatua, 

al sabio, a su bastón, a su colega, 

al barbero de al lado -me cortó posiblemente, 

pero buen hombre y, luego, infortunado; 

al mendigo que ayer cantaba enfrente, 

a la enfermera que hoy pasó llorando, 

al sacerdote a cuestas con la altura tenaz de sus rodillas… 

¡Voluntarios, 

por la vida, por los buenos, matad 

a la muerte, matad a los malos! 

¡Hacedlo por la libertad de todos, 

del explotado, del explotador, 

por la paz indolora -la sospecho 

cuando duermo al pie de mi frente 

y más cuando circulo dando voces- 

y hacedlo, voy diciendo, 

por el analfabeto a quien escribo, 

por el genio descalzo y su cordero, 

por los camaradas caídos, 

sus cenizas abrazadas al cadáver de un camino! – 23 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Para que vosotros, 

voluntarios de España y del mundo, vinierais, 

soñé que era yo bueno, y era para ver 

vuestra sangre, voluntarios… 

De esto hace mucho pecho, muchas ansias, 

muchos camellos en edad de orar. 

Marcha hoy de vuestra parte el bien ardiendo, 

os siguen con cariño los reptiles de pestaña inmanente 

y, a dos pasos, a uno, 

la dirección del agua que corre a ver su límite antes que arda. 

(De: España, aparta de mí este cáliz, 1039) – 24 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Intensidad y altura 

Quiero escribir, pero me sale espuma 

Quiero escribir, pero me sale espuma, 

quiero decir muchísimo y me atollo; 

no hay cifra hablada que no sea suma, 

no hay pirámide escrita, sin cogollo. 

Quiero escribir, pero me siento puma; 

quiero laurearme, pero me encebollo. 

No hay toz hablada, que no llegue a bruma, 

no hay dios ni hijo de dios, sin desarrollo. 

Vámonos, pues, por eso, a comer yerba, 

carne de llanto, fruta de gemido, 

nuestra alma melancólica en conserva. 

Vámonos! Vámonos! Estoy herido; 

Vámonos a beber lo ya bebido, 

vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva. 

(De: Poemas humanos, 1937) – 25 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

La rueda del hambriento 

Por entre mis propios dientes salgo humeando, 

dando voces, pujando, 

bajándome los pantalones… 

Váca mi estómago, váca mi yeyuno, 

la miseria me saca por entre mis propios dientes, 

cogido con un palito por el puño de la camisa. 

Una piedra en que sentarme 

¿no habrá ahora para mí? 

Aún aquella piedra en que tropieza la mujer que ha dado a luz, 

la madre del cordero, la causa, la raíz, 

¿ésa no habrá ahora para mí? 

¡Siquiera aquella otra, 

que ha pasado agachándose por mi alma! 

Siquiera 

la calcárida o la mala (humilde océano) 

o la que ya no sirve ni para ser tirada contra el hombre 

ésa dádmela ahora para mí! 

Siquiera la que hallaren atravesada y sola en un insulto, 

ésa dádmela ahora para mí! 

Siquiera la torcida y coronada, en que resuena 

solamente una vez el andar de las rectas conciencias, 

o, al menos, esa otra, que arrojada en digna curva, 

va a caer por sí misma, 

en profesión de entraña verdadera, 

¡ésa dádmela ahora para mí! 

Un pedazo de pan, tampoco habrá para mí? 

Ya no más he de ser lo que siempre he de ser, 

pero dadme 

una piedra en que sentarme, 

pero dadme, 

por favor, un pedazo de pan en que sentarme, – 26 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

pero dadme 

en español 

algo, en fin, de beber, de comer, de vivir, de reposarse 

y después me iré… 

Halló una extraña forma, está muy rota 

y sucia mi camisa 

y ya no tengo nada, esto es horrendo. 

(De: Poemas humanos, 1939) – 27 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Los heraldos negros 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! 

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, 

la resaca de todo lo sufrido 

se empozara en el alma… ¡Yo no sé! 

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras 

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. 

Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas; 

o los heraldos negros que nos manda la Muerte. 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma 

de alguna fe adorable que el Destino blasfema. 

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones 

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. 

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como 

cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; 

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido 

se empoza, como charco de culpa, en la mirada. 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! 

De: Los heraldos negros, 1918) – 28 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Masa 

Al fin de la batalla, 

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre 

y le dijo: «No mueras, te amo tanto!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

Se le acercaron dos y repitiéronle: 

«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, 

clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

Le rodearon millones de individuos, 

con un ruego común: «¡Quédate hermano!» 

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo. 

Entonces, todos los hombres de la tierra 

le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado; 

incorporóse lentamente, 

abrazó al primer hombre; echóse a andar… 

De: España, aparta de mí este cáliz (1939) – 29 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Los mineros salieron de la mina 

Los mineros salieron de la mina 

remontando sus ruinas venideras, 

fajaron su salud con estampidos 

y, elaborando su función mental 

cerraron con sus voces 

el socavón, en forma de síntoma profundo. 

¡Era de ver sus polvos corrosivos! 

¡Era de oír sus óxidos de altura! 

Cuñas de boca, yunques de boca, aparatos de boca 

(¡Es [formidable!) 

El orden de sus túmulos, 

sus inducciones plásticas, sus respuestas corales, 

agolpáronse al pie de ígneos percances 

y airente amarillura conocieron los trístidos y tristes, 

imbuidos 

del metal que se acaba, del metaloide pálido y pequeño. 

Craneados de labor, 

y calzados de cuero de vizcacha, 

calzados de senderos infinitos, 

y los ojos de físico llorar, 

creadores de la profundidad, 

saben, a cielo intermitente de escalera, 

bajar mirando para arriba, 

saben subir mirando para abajo. 

¡Loor al antiguo juego de su naturaleza, 

a sus insomnes órganos, a su saliva rústica! 

¡Temple, filo y punta, a sus pestañas! 

¡Crezcan la yerba, el liquen y la rana en sus adverbios! 

¡Felpa de hierro a sus nupciales sábanas! 

¡Mujeres hasta abajo, sus mujeres! 

¡Mucha felicidad para los suyos! – 30 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

¡Son algo portentoso, los mineros 

remontando sus ruinas venideras, 

elaborando su función mental 

y abriendo con sus voces 

el socavón, en forma de síntoma profundo! 

¡Loor a su naturaleza amarillenta, 

a su linterna mágica, 

a sus cubos y rombos, a sus percances plásticos, 

a sus ojazos de seis nervios ópticos 

y a sus hijos que juegan en la iglesia 

y a sus tácitos padres infantiles! 

¡Salud, oh creadores de la profundidad…! (Es formidable.) 

(De: Poemas humanos, 1939) – 31 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Los nueve monstruos 

Y, desgraciadamente, 

el dolor crece en el mundo a cada rato, 

crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, 

y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces 

y la condición del martirio, carnívora, voraz, 

es el dolor dos veces 

y la función de la yerba purísima, el dolor 

dos veces 

y el bien de ser, dolernos doblemente. 

Jamás, hombres humanos, 

hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, 

en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! 

Jamás tanto cariño doloroso, 

jamás tan cerca arremetió lo lejos, 

jamás el fuego nunca 

jugó mejor su rol de frío muerto! 

Jamás, señor ministro de salud, fue la salud 

más mortal 

y la migraña extrajo tanta frente de la frente! 

Y el mueble tuvo en su cajón, dolor, 

el corazón, en su cajón, dolor, 

la lagartija, en su cajón, dolor. 

Crece la desdicha, hermanos hombres, 

más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece 

con la res de Rousseau, con nuestras barbas; 

crece el mal por razones que ignoramos 

y es una inundación con propios líquidos, 

con propio barro y propia nube sólida! 

Invierte el sufrimiento posiciones, da función 

en que el humor acuoso es vertical 

al pavimento, – 32 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

el ojo es visto y esta oreja oída, 

y esta oreja da nueve campanadas a la hora 

del rayo, y nueve carcajadas 

a la hora del trigo, y nueve sones hembras 

a la hora del llanto, y nueve cánticos 

a la hora del hambre y nueve truenos 

y nueve látigos, menos un grito. 

El dolor nos agarra, hermanos hombres, 

por detrás, de perfil, 

y nos aloca en los cinemas, 

nos clava en los gramófonos, 

nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente 

a nuestros boletos, a nuestras cartas; 

y es muy grave sufrir, puede uno orar… 

Pues de resultas 

del dolor, hay algunos 

que nacen, otros crecen, otros mueren, 

y otros que nacen y no mueren, otros 

que sin haber nacido, mueren, y otros 

que no nacen ni mueren (son los más) 

Y también de resultas 

del sufrimiento, estoy triste 

hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo, 

de ver al pan, crucificado, al nabo, 

ensangrentado, 

llorando, a la cebolla, 

al cereal, en general, harina, 

a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo, 

al vino, un ecce-homo, 

tan pálida a la nieve, al sol tan ardio! 

¡Cómo, hermanos humanos, 

no deciros que ya no puedo y 

ya no puedo con tanto cajón, 

tanto minuto, tanta 

lagartija y tanta 

inversión, tánto lejos y tánta sed de sed! – 33 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? 

¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos, 

hay, hermanos, muchísimo que hacer. 

(De: Poemas humanos, 1939) – 34 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Pequeño responso a un héroe de la República 

Un libro quedó al borde de su cintura muerta, 

un libro retoñaba de su cadáver muerto. 

Se llevaron al héroe, 

y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento; 

sudamos todos, el ombligo a cuestas; 

caminantes las lunas nos seguían; 

también sudaba de tristeza el muerto. 

Y un libro, en la batalla de Toledo, 

un libro, atrás un libro, arriba un libro, retoñaba del cadáver. 

Poesía del pómulo morado, entre el decirlo 

y el callarlo, 

poesía en la carta moral que acompañara 

a su corazón. 

Quedóse el libro y nada más, que no hay 

insectos en la tumba, 

y quedó al borde de su manga el aire remojándose 

y haciéndose gaseoso, infinito. 

Todos sudamos, el ombligo a cuestas, 

también sudaba de tristeza el muerto 

y un libro, yo lo vi sentidamente, 

un libro, atrás un libro, arriba un libro 

retoñó del cadáver ex abrupto. 

(De: España, aparta de mí ese cáliz, 1939) – 35 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Un hombre pasa con un pan al hombro 

Un hombre pasa con un pan al hombro 

¿Voy a escribir, después, sobre mi doble? 

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo 

¿Con qué valor hablar del psicoanálisis? 

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano 

¿Hablar luego de Sócrates al médico? 

Un cojo pasa dando el brazo a un niño 

¿Voy, después, a leer a André Bretón? 

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre 

¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo? 

Otro busca en el fango huesos, cáscaras 

¿Cómo escribir, después del infinito? 

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza 

¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora? 

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente 

¿Hablar, después, de cuarta dimensión? 

Un banquero falsea su balance 

¿Con qué cara llorar en el teatro? 

Un paria duerme con el pie a la espalda 

¿Hablar, después, a nadie de Picasso? 

Alguien va en un entierro sollozando 

¿Cómo luego ingresar a la Academia? 

Alguien limpia un fusil en su cocina – 36 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

¿Con qué valor hablar del más allá? 

Alguien pasa contando con sus dedos 

¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito? 

De Poemas humanos, 1939 – 37 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Va corriendo, andando, huyendo 

Va corriendo, andando, huyendo 

Va con dos nubes en su nube, 

sentado apócrifo, en la mano insertos 

sus tristes paras, sus entonces fúnebres. 

Corre de todo, andando 

entre protestas incoloras; huye 

subiendo, huye 

bajando, huye 

a paso de sotana, huye 

alzando al mal en brazos, 

huye 

directamente a sollozar a solas. 

Adonde vaya, 

lejos de sus fragosos, cáusticos talones, 

lejos del aire, lejos de su viaje, 

a fin de huir, huir y huir y huir 

de sus pies -hombre en dos pies, parado 

de tanto huir- habrá sed de correr. 

¡Y ni el árbol, si endosa hierro de oro! 

¡Y ni el hierro, si cubre su hojarasca! 

Nada, sino sus pies, 

nada sino su breve calofrío, 

sus paras vivos, sus entonces vivos… 

(De: Poemas humanos, 1939) – 38 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Y no me digan nada 

Y no me digan nada, 

que uno puede matar perfectamente, 

ya que, sudando tinta, 

uno hace cuanto puede, no me digan.. 

Volveremos, señores, a vernos con manzanas; 

tarde la criatura pasará, 

la expresión de Aristóteles armada 

de grandes corazones de madera, 

la de Heráclito injerta en la de Marx, 

la del suave sonando rudamente… 

Es lo que bien narraba mi garganta: 

uno puede matar perfectamente. 

Señores, 

caballeros, volveremos a vernos sin paquetes; 

hasta entonces exijo, exigiré de mi flaqueza 

el acento del día, que, 

según veo, estuvo ya esperándome en mi lecho. 

Y exijo del sombrero la infausta analogía del recuerdo, 

ya que, a veces, asumo con éxito mi inmensidad llorada, 

ya que, a veces, me ahogo en la voz de mi vecino 

y padezco 

contando en maíces los años, 

cepillando mi ropa al son de un muerto 

o sentado borracho en mi ataúd… 

(De: Poemas humanos, 1939) – 39 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Bibliografía 

En papel: 

Poesía 

Los heraldos negros 

Trilce 

Poemas completos 

Poesía completa (4 vol). 

Obras esenciales 

En Internet: 

Poemas escogidos. Editorial Ayacucho 

César Vallejo: Poemas totales 

d – 40 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Í N D I C E 

3 Reseña biográfica 

5 ¡Ande desnudo, en pelo, el millonario! 

7 Completamente 

8 Confianza en el anteojo, no en el ojo 

9 Considerando en frío, imparcialmente… 

11 ¡Cuídate, España, de tu propia España! 

12 El momento más grave de mi vida 

13 El pan nuestro de cada día 

14 España, aparta de mí este cáliz 

15 Gleba 

18 Himno a los voluntarios de la República 

24 Intensidad y altura 

25 La rueda del hambriento 

27 Los heraldos negros 

28 Masa 

29 Los mineros salieron de la mina 

31 Los nueve monstruos 

34 Pequeño responso a un héroe de la República 

35 Un hombre pasa con un pan al hombro 

37 Va corriendo, andando, huyendo 

38 y no me digan nada 

39 Bibliografía 

d – 41 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Colección de Poesía Social 

“Entre los Poetas míos…” 

1: Ángela Figuera Aymerich 

2: León Felipe 

3: Pablo Neruda 

4: Bertolt Brecht 

5: Gloria Fuertes 

6: Blas de Otero 

7: Mario Benedetti 

8: Erich Fried 

9: Gabriel Celaya 

10: Adrienne Rich 

11: Miguel Hernández 

12: Roque Dalton 

13: Allen Ginsberg 

14: Antonio Orihuela 

15: Isabel Pérez Montalbán 

16: Jorge Riechmann 

17: Ernesto Cardenal 

18: Eduardo Galeano 

19: Marcos Ana 

20: Nazim Hikmet 

21: Rafael Alberti 

22: Nicolás Guillén 

23: Jesús López Pacheco 

24: Hans Magnus Enzensberg 

25: Denise Levertov 

26: Salustiano Martín 

27: César Vallejo 

28: Óscar Alfaro 

29: Abdellatif Laabi 

30: Elena Cabrejas 

31: Enrique Falcón 

32: Raúl González Tuñón 

33: Heberto Padilla 

34: Wole Soyinka 

35: Fadwa Tuqan 

Continuará – 42 – 

Entre los poetas míos… César Vallejo 

Cuaderno 27 de Poesía Social 

“Entre los poetas míos” 

César Vallejo 

Omegalfa 

Junio2013 

Triturando a Gadamer desde la Crítica a la estética de la recepción alemana de Jauss

Breve y con mucha sustancia gnoselógica crítica materialista

www.youtube.com/watch


Triturando a Gadamer, desde el Materialismo Filosófico(Gustavo Bueno) y la Crítica de la Razón Literaria (Jesús González Maestro)

Indigenismo, populismo, conquista española de América, desde el punto de vista del Nobel de Literatura , el escritor Vargas Llosa. Entrevista de marzo de 2019

El escritor peruano, nacionalizado español, Vargas Llosa, hace referencia a la polémica carta del presidente de México, López Obrador, en la que solicitaba al rey de España, Felipe VI, que pidiera perdón por la agresiva conquista y colonización de lo que hoy conocemos como México…y por derivada, toda la Hispanoamérica en el presente.

La ideología del llamado indigenismo, entendida como populismo o construcción metafísica, falsaria y demagógica, es criticada por el célebre escritor, quien en un momento de su vida fue candidato a la presidencia del Perú, sin lograr el objetivo, derrotado por el peruano , semi japonés, Fujimori