Una entrevista de gran interés para entender mejor las relaciones entre indígenas mexicanos y los usos de diversas lenguas

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“Siempre me he sentido extranjero en mi propio país”: entrevista a Víctor Cata

3 mayo, 2019Sofía Amezcua

Fotografías de Octavio Meléndez

El conocimiento de Víctor Cata desborda las barreras del lenguaje. Hablante de zapoteco y escritor de Sólo somos palabra (entre otros libros más), sus historias rememoran una amplia tradición oral que desafía a cualquier espectador por sus ideas del tiempo, del lugar y del género. En Santa María la Ribera, a un costado del histórico Kiosco morisco, nos cuenta un poco sobre su niñez, cómo fue su proceso de atracción por la literatura, algunas anécdotas personales y cómo se concibe al indígena en la actualidad en un país que aparentemente busca reivindicar su papel en la sociedad. Sin embargo, nos encontramos en una realidad muy distinta…

Primera Página: Bueno, Víctor, me gustaría que comenzáramos contigo, platicando acerca de ti. Naciste en Oaxaca, ¿cierto?

Víctor Cata: Sí, yo nací en la ciudad de Juchitán. En un barrio que se llama “el barrio de las limas”, en la década de los setentas. En el tiempo en el que nací era una sociedad casi monolingüe. Hablábamos más zapoteco todos los niños. Nuestro conocimiento del español era como cuando un extranjero aprende un idioma que no es el suyo, con tropiezos y con errores gramaticales. Todavía los seguimos arrastrando los que nacimos hablando un primer idioma. Esa parte marca mi pronta lingüística y, pues, tuve la fortuna de ser monolingüe primero; de poder captar el pensamiento zapoteco.

PP: ¿Hasta qué edad creciste y te educaste en esa zona?

VC: Ahí viví hasta la edad de 18 años que vine a la Ciudad de México, pero todo ese tiempo estuve viviendo allá.

PP: ¿Fue cuando viniste a estudiar historia?

VC: Sí. Casi estuve aquí veinte años viviendo.

PP: ¿Y cómo surge este interés, más bien, por la literatura y sobre todo por la escritura en tu lengua: el zapoteco?

VC: Fíjate que nosotros venimos de una tradición oral. Es otra manera de literatura, otra manera de narrar como en palabras o hacer libros con palabras. Estos recursos que tiene el idioma zapoteco. Crecí en un tiempo donde no teníamos televisor ni radio, entonces eran contados los vecinos que tenían estos aparatos y a veces dependía del humor de la gente; de cerrarnos las ventanas o dejarlas abiertas para ver el programa que esa señora o ese señor quería ver. También tuvimos la fortuna de vivir en un ambiente agrícola, campesino, entonces a las cinco de la tarde llegaban los campesinos con sus carretas llenas de sandía, melón, mazorca y había que ayudarles a descargar. El regalo era que te contaran un cuento… una adivinanza, una mentira fantástica, una narración fantástica que no buscaba engañarte, sino divertirte, distraerte, que tuvieras actividad mental; o preguntas capciosas en zapoteco. Esa parte oral fue mi primer libro. Después hubo un movimiento interesante en Juchitán que tiene que ver con la revitalización o recuperación del zapoteco como valuarte, como identidad de un pueblo originario. Crearon una biblioteca muy bonita en la casa de la cultura de Juchitán. Gracias al apoyo del maestro Francisco Toledo se creó esta biblioteca. Ahí tuve la fortuna, a los nueve años, de encontrar un texto de Rudyard Kipling, El libro de la selva. Entonces, como eran dos libros, yo hacía trampa. Antes de entrar a la escuela, porque la casa de la cultura estaba pegada a la escuela primaria, iba yo a esconderlo (risas).

PP: Ah, para que nadie más lo tomara (risas).

VC: Y al salir, ya sabía dónde estaba para leerlo como veinte minutos, porque mi mamá era muy exigente con el tiempo, y luego dejarlo en su lugar original.

PP: ¿Esta experiencia tuya con los libros y las historias influye en el proyecto “El camino de la iguana”?

VC: Fíjate que “El camino de la iguana” se hizo después. Ahora que preguntabas que por qué escribo en zapoteco, yo creo que es una cuestión de necesidad y de resistencia. Es una cuestión de decir “aquí estoy; estoy vivo”. En mi infancia me tocó una persecución horrenda dentro del sistema educativo; no sólo a mí me tocó esa pesadilla, sino a muchos compañeros, compañeritas, con quienes estudié. Nos pegaban por hablar en zapoteco. Estaba prohibido. Lo hablábamos nosotros, en cuchicheo, detrás de las puertas o en los recreos. Pero nunca faltaba un chismoso que iba a decirle al maestro: “Fulano habló zapoteco”.

PP: Sí, como si fuera casi un delito, ¿no?

VC: Sí. Entonces escribir para mí es una cuestión de necedad. Siempre fui necio desde niño. Siempre hice lo que quise… aunque me fuera mal (risas). Por eso escribí, por eso nació “El camino de la iguana” con la maestra Natalia Toledo, quien también padeció esta parte y ella desde pequeña se tuvo que salir de Juchitán. Es como una cuestión, te digo, de existencia, de mostrar otra forma de vida, de decir “no estamos mal”. No tiene nada de malo hablar una lengua indígena; al contrario, es una fortuna para el cerebro porque está desarrollado, programado, para que hablemos muchos idiomas. Y un idioma indígena no te hace tonto y el español tampoco te hace inteligente, entonces son idiomas que te permiten una comunicación, que te permiten comprender una partecita de este mundo enorme en el que estamos viviendo. Es una parte del ser humano, nos pertenece aunque yo no hable ruso, chino o alguna lengua indígena de Brasil. Me pertenece porque soy humano como ellos. Es parte de un desarrollo complejo.

PP: Lo que me cuentas me lleva a reflexionar en la enorme contradicción que se observa en el discurso nacional, que resalta lo prehispánico, pero a la vez aparta y margina al indígena actual, al indígena vivo.

VC: Hay un libro muy bonito de Manuel Gamio, que escribió por 1916-1917, que se llama Forjando patria, donde hace esta reflexión que tú acabas de decir. Después lo retoma Bonfil Batalla en su obra también de referencia dentro de la antropología, donde dice que se adora a los indios de muertos y se desprecia a los indios vivos. Muchos de los trabajos que se han hecho en la epigrafía maya o en la lectura de las piedras, de los lienzos, de los códices, son gracias a los grupos indígenas que hablan una variante del maya como el mam, el tsotsil, el maya yucateco, el maya que se habla en la selva Lacandona. Gracias a que los lingüistas, los epigrafistas y demás se enfocaron a esta gente (esta gente dio información lingüística) a tiempo, pudieron empezar a descrifrar los glifos mayas, si no no podría hacerse. No podría hacerse de ninguna manera; quedaría en esta parte hipotética y de interpretación nada más.

PP: También creo que, y un poco pasando al libro, es una forma en que de alguna manera se ha permitido el estudio de los pueblos indígenas: siempre desde fuera, sin darles la voz, lo cual es algo que hace tu libro, al estar escrito en la zapoteco y al ser narrado por ti, que perteneces a esa comunidad.

VC: Sí, además, como conozco el idioma conozco su estructura. Hay un relato donde hice un ejercicio a propósito de mi idioma y de su estructura. En el español, hay una necesidad casi morbosa de saber quién eres, si eres hombre o mujer. Esa es la obsesión del español. En el zapoteco esa no es una obsesión. Su obsesión es “dime a qué grupo perteneces”. ¿Eres humano, eres animal, eres objeto, eres cosa divina o cosa muerta?

PP: Y en realidad en tus relatos esto se mezcla, ¿no? Lo divino, lo sacro y lo profano… juegas un poco con esa mezcla.

VC: Sí. En el relato de “El reparto”, muchos me dicen que el personaje principal es una mujer. No, no, no. No es una mujer; es un muxeMuxe es un homosexual. Y al traducirlo al español, evité marcarle su pronombre de femenino o masculino, “él” o “ella”. Entonces ya hasta el final dice el texto: “Recuerda que estamos solos, que estoy solo” o algo así, y esa marca es la que te indica el sexo, pero toda la actividad y el pensamiento del personaje es femenino; igual en el otro relato, el que se llama “Un tal Jesús”. Jugué un poquito con la manera en la que tenemos de hablar, porque hacemos como calcos. Por ejemplo: “guarda tu teléfono, no lo vayas a tirar”. Tú me vas a decir, “pero cómo lo voy a tirar”; aunque en realidad lo que te estoy diciendo es “guárdalo, no lo vayas a perder”. Tirar y perder es igual en zapoteco. Entonces mucha gente que habló primero el zapoteco, al hablar el español jala esos calcos. Lo que hace es que estas “cajitas” que tiene el zapoteco se las pasa al español. “Un tal Jesús”, un chismoso que no se levanta de la cara de la gente… estoy traduciendo literalmente lo que viene del zapoteco al español.

PP: ¡Y se entiende muy bien!

VC: Sí, se entiende. Quedó chistoso. Es chistoso porque no hablamos así en español. O la gente que nació hablando español y que conoce su idioma, pues no habla así; pero son estos giros lingüísticos que tenemos sembrados en todo el país. Por ejemplo, el maya yucateco, los que están en Veracruz. Cada quien habla un español que lleva la marca de nuestra lengua indígena.

PP: Sí, claro. Incluso en la ciudad son distintas entonaciones, distintas expresiones que denotan el lugar al que pertenecemos, ¿no?

VC: Y enriquece al español de México. Lo vuelve único dentro de su diversidad.

PP: También pensaba un poco en este juego que hay de pronto en los relatos sobre pasado y presente. ¿Cómo funciona el tiempo?

VC: Fíjate que eso es otro punto. En el zapoteco los tiempos no importan. Estás hablando del presente y usas tiempos del pasado o estás en el pasado y usas marcas del presente. En el español lo tienes que marcar. Si no lo marcas, se nota que no estás hablando un buen español (risas). Pero sí lo tomé a propósito, entonces jugué con el tiempo, jugué con el género y con las marcas gramaticales. Por ejemplo, la estructura del español es sujeto-verbo-objeto. Así tienes que hablar: “el caballo corre en el campo”, “el niño juega con la pelota”. En zapoteco no. Primero es el verbo-sujeto-objeto: “corre el niño en el campo”, “patea el niño la pelota”. Algo así. Ese tipo de cosas siempre las tuve presentes en el momento cuando creé estos relatos. Estos relatos en realidad son cosas que yo oí de niño.

PP: Parten justo de estas narraciones que tú dices.

VC: Sí, parten de una realidad que yo viví. Lo único, lo único, que lleva mío ahí es mi manera de narrarlo. Nada más. Había conocido a ancianos mañosos que para que no nos fuéramos y siguiéramos desgranando la mazorca, nos contaban un cuento, otro cuento y otro cuento (risas), como los de Las mil y una noches. Y ahí estábamos obsesionados, ¿qué otra cosa podríamos hacer? No había tele… no había radio, ni cine. O sí había cine pero había que pagar (risas).

PP: Y esa dinámica de alguna manera se reproduce de nuevo, cuando uno te lee. Yo tenía la sensación de que se estaba narrando para el lector, para el espectador. Casi como un chisme: “me contaron, me dijeron”, como lo que tú me dices, de esa forma. Como el campesino contándote a ti, yo sentí esa misma interacción entre el lector y el libro.

VC: Sí, como que hubo muchos espacios naturales donde podemos vivir la oralidad. Por ejemplo esto, a la hora de estarle ayudando al campesino a desgranar. Otro espacio femenino y que los niños a veces por ser niños no se les permitía ingresar, por las tardes, era la hora del rezo. Mi abuela siempre me llevaba porque era un niño que no molestaba; donde me sentaban me quedaba. Y después del rezo, las señoras platicaban sobre cosas de santos, de espantos y cosas así (risas). En los velorios, fuera, en el patio de las casas, cuando alguien moría, un nueve días o un cuarenta días, los señores se sentaban afuera y es otra manera de narrar, otro tipo de cosas que se contaban. Así que pude convivir en esos espacios, tanto en mi infancia, en mi adolescencia y de moverme de un mundo de mujeres a un mundo de hombres. 

PP: También el cambio de lo rural a lo urbano, porque viniste a vivir a la Ciudad de México; además insertarte en el ámbito académico, donde pareciera que se habla otro lenguaje y se vive otra vida.

VC: Ahí sí me sentí extranjero. Y siempre me he sentido extranjero en mi propio país. Por lo que tú dices, porque es otro pensamiento, porque la manera en cómo nos dieron instrucción en Oaxaca, por ejemplo, era más de memoria. Y aquí era un poco más una cuestión de resumir, de hacer análisis… no digo uno como indígena no pueda hacer análisis, porque toda nuestra base es de memoria. Somos más visuales. Tenemos otra forma de procesar la información y de repente te dan este otro mecanismo, que sí lo aprendí, pero no era parte de mi cultura. Falta mucho en el área de la educación para los indígenas. Como que tuviéramos una educación no para diferenciarnos de los mexicanos, pero sí para respetar nuestra cultura. Por ejemplo, la educación que recibe una persona que nació hablando español no me la puedes dar a mí, porque no lo hablo desde mi infancia. Entonces me costó mucho trabajo comprender cosas que un niño que habla español las comprende rapidísimo. Ese tipo de cuestiones nos han pasado a los indígenas y nos cuesta trabajo aprender en forma de otro conocimiento. Es como si llegáramos a las escuelas y tuviéramos que quitarnos nuestra ropa para ponernos otra diferente, la de los maestros, la de la educación oficial, la que nos viene a dar “luz” a la cabeza porque somos tontos. 

PP: Sí, es terrible esta concepción en la que se piensa que “tenemos que educarlos”.

VC: ¡Ese es el punto! Ese punto es horrible. Y bueno, ahí me ayudó mi necedad (risas).

PP: Sí, claro. Y el hecho de que tú irrumpas con tu texto y con tu trabajo, en un ámbito académico, donde se escribe en español o donde se escribe en inglés, es una forma de decir que eso también cuenta y también se puede contar en esa lengua.

VC: Sí, los idiomas nos permiten tener identidad, una vida, una presencia y una opinión.

PP: Sí, son formas de comprender el mundo.

VC: Totalmente.

PP: Pues, muchísimas gracias, Víctor. Te agradezco mucho.

VC: Por nada, qué agradable. Hace mucho que no daba entrevistas y vino a refrescar mi mente (risas).

***

Víctor Cata (Juchitán, 1973) es escritor, traductor, historiador por la UNAM y especialista en Lingüística Indoamericana por el Centro de Investigaciones en Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). Ha publicado los libros: Libana. Discursos ceremoniales de los zapotecos (2012), El cuerpo humano (2014) y ha traducido numerosos relatos, poemas, documentales y fábulas al zapoteco. Su actividad editorial, crítica y creativa refleja la vida cotidiana de los muxes y promueve la conservación, difusión y revaloración de la cultura y la lengua zapoteca —Diidxazá— del Istmo de Tehuantepec, por lo que en 2015 recibió la medalla “Andrés Henestrosa” otorgada por el Congreso Estatal de Oaxaca.

Autor: Revista Primera Página Primera Página es una plataforma digital dedicada a la publicación de material literario creativo y crítica cultural en sus distintas manifestaciones. Las opiniones aquí vertidas son responsabilidad directa de los autores que las emiten, y no del sitio como tal.​ 

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www.youtube.com/watch

Manipulaciones de la literatura

El filósofo que el Wittgenstein del Tractatus ninguneó: Fritz Mauthner

TEXTO SOBRE EL LENGUAJE Y LA FILOSOFIA

Contribuciones a una crítica del lenguaje, de Fritz Mauthner

FUENTE http://bibliotecadelpsicoanalista.blogspot.com/2009/12/contribuciones-una-critica-del-lenguaje_11.html

AUTOR : Gabriel Meraz Arriola; practica el psicoanálisis en la ciudad de México, publica artículos en libros y revistas y participa en actividades relacionadas con la transmisión del psicoanálisis. Es miembro de la École Lacanienne de Psychanalyse.

Hoy casi nadie recuerda a Fritz Mauthner y presumo que, en buena medida, tuvo la culpa de su olvido Ludwig Wittgenstein, quien hizo el flaco favor a nuestro autor de distinguirlo en su célebre Tractatus con una cita que iba en estos términos: “Toda filosofía es ‘crítica del lenguaje’. Eso sí, no en el sentido de Mauthner“. Wittgenstein, como se sabe, publicó este libro (escrito en las trincheras, en plena Primera Guerra Mundial) en 1918 y quería dar solución en él a los problemas fundamentales de la filosofía. Ya no hay nada que pensar, dijo, y mandó a los filósofos a freír espárragos a la cocina.
Pero sabemos que el autor del Tractatus no prosperó en su  tentativa de asesinar la filosofía (Deleuze fue uno de los más persuadidos de sus criminales tentativas) o, más bien, de abolir la actividad filosófica (si estas dos palabras podían ir juntas en el siglo XX, cosa que Wittgenstein echó en falta más que ningún otro filósofo). Sabemos que no consumó su intento de acabar con la filosofía porque su libro hizo de escalera al ascenso del Círculo de Viena y la filosofía analítica. Era el tiempo en que los filósofos hacían agujeros al lenguaje -visto como una forma lógica- para mirar sus adentros y constatar si algo por ahí les develaba el misterio del conocimiento humano, una vez expurgada su inextricable (aunque inexpugnable, a fin de cuentas, ¡con qué tristeza lo comprobaron!) metafísica. Dicho de otro modo, tales filósofos tocaron con la punta de la lengua la cáscara del queso que Nietzsche había roído con furor.
Y a fin de cuentas Wittgenstein no acabó la filosofía porque él mismo abandonó las montañas para volver a la palestra de los pensadores a decir que no, que no había mostrado (porque una cosa es decir y mostrar muy otra) con tanta exactitud como llegó a pensar y a decir los límites de lo pensable y lo decible. Reconsideró el autor del Tractatusque los límites de su lenguaje no eran los límites del mundo y que no estaba tan mal quizás hablar de lo que no se puede hablar, si al final lo importante era el uso del lenguaje (que era el significado), visto como un juego que tiene reglas. Lo más raro es que -antes que Wittgenstein– Fritz Mauthner hablaba del lenguaje como un juego en sus Contribuciones a una crítica del lenguaje. Y es que si “el primero” las denostó, “el segundo Wittgenstein” debía bastante a la elucubración mauthneriana sobre el lenguaje, si bien hasta donde pude indagar nunca volvió a mencionar su nombre más allá del precitado aforismo 4.0031 del Tractatus Logico-philosophicus. De hecho, si hoy ya casi nadie recuerda a Fritz Mauthner hay quien parece recordarlo sólo por aparecer mentado allí (véase, como ejemplo, esta página donde pueden descargarse algunos de sus textos en lengua original). Nada más injusto para el destino de su obra. ..

Hijo de un fabricante de telas judío, Fritz Mauthner (1849-1923) fue una de las personalidades más polifacéticas y controvertidas de una ciudad (Viena) y una época (albores del siglo XX) en la que no escasearon los personajes controvertidos y polifacéticos. Periodista de profesión, abandonó en 1874 estudios de derecho para dedicarse de lleno a su pasión por la filosofía y la literatura. Publicó novelas (una policial), relatos, ensayos, obras de teatro, artículos y un monumental diccionario, pero consagró su más grande esfuerzo a un proyecto principal: la “crítica del lenguaje” (sprachkritik). La primera versión de esta obra (hoy desaparecida) fue escrita en 1874, y se sabe que ese año Mauthner redactó otra (también desconocida) en el mismo tenor: Der Spraschschreck (El espanto de la lengua). Uno de sus últimos trabajos, Tres imágenes del mundo, se abocaba también a la “crítica del lenguaje”.
Influida por el nihilismo de Nietzsche y el nominalismo de Ernst Mach, la crítica de Mauthner no se reducía a un análisis lingüístico, no era tanto un conocimiento del lenguaje como un escepticismo radical sobre su valía como instrumento de conocimiento. En la línea del Nietzsche de Sobre la verdad y la mentira en el sentido extramoralMauthner consideró que la naturaleza metafórica del lenguaje no podía más que falsear la “realidad”; por ello el hombre, animal dotado de palabra, debía satisfacer su pulsión de saber con las pálidas imágenes que el verbo le ofrecía en la forma de unos conceptos cada vez más gastados y alejados de las sensaciones, de la experiencia real. A diferencia de Kant, que confiaba en que las formas lingüísticas y lógicas del juicio eran también las formas de toda “experiencia genuina”, Mauthner sostuvo que el lenguaje hacía tropezar el pensamiento y era especialmente impropio para construir una imagen del mundo verdadera, un reflejo de la realidad. Al leer un fragmento de su Diccionario de Filosofía, no es difícil saber por qué el autor de las Contribuciones desagradó tanto al Wittgenstein del Tractatus; escribe Mauthner: “La filosofía es teoría del conocimiento, la teoría del conocimiento es crítica del lenguaje, y la crítica del lenguaje es trabajar con la idea liberadora de que los hombres nunca llegarán a ir más allá de una descripción metafórica (bildliche darstellung) del mundo”. Como recordarán quienes hayan trepado por los peldaños del Tractatus (para arrojarse al vacío del logicismo más místico -y tanto más místico cuanto más lógico- que pudo haber en la historia del pensamiento), Wittgenstein hacía reposar su sistema filosófico en una concepción de la representabilidad de los hechos del mundo como bildliche darstellung
Mauthner quiso abolir la “superstición” -un auténtico fetichismo de la cultura, decía- consistente en suponer que el lenguaje ofrece una imagen fidedigna de las cosas y los hechos del mundo, que además fomenta la mutua comprensión entre los individuos. Siendo tan inadecuada como era, en su opinión, para la ciencia, reducía la función de la palabra al silencio o a la poesía. No escapaba al autor, sin embargo, la paradoja esencial que envolvía a su proyecto: la “crítica del lenguaje” sólo podía ejercerse en y desde el lenguaje.
La redacción inicial de las Contribuciones data de 1892, los dos primeros vólumenes se publicaron en 1901, y el tercero y último en 1902. Por las mismas fechas H. Von Hoffmanstal publicó en Viena su Carta de Lord Chandos, otra demoledora crítica al lenguaje y sus posiblidades de expresión.
A pesar de que hoy casi nadie recuerda a Fritz Mauthner, como autorconoció celebridad en su tiempo, si bien mantuvo su pensamiento al margen de los círculos académicos. Escritores como Jorge Luis Borges (quien citaba el Diccionario de Filosofía de Mauthner como una de las obras más leídas, releídas, y “abrumada de notas” de su biblioteca), Samuel Beckett y James Joyce (se sabe que éste le pedía al primero leer en voz alta fragmentos de las Contribuciones mientras escribía el Finnegans Wake) trasladaron a la literatura elementos de la crítica mauthneriana al lenguaje. Sigmund Freud no lo menciona -que yo sepa- ni una sola vez en su obra, pero es impensable que ignorase la existencia de este protagonista clave de la vida cultural vienesa. La verdad es que no sé por qué hoy ya casi nadie recuerda a Fritz Mauthner, si dice cosas tan interesantes sobre el lenguaje. Juzguen si no: ..

Mitología en el lenguaje. En las ciencias del espíritu, especialmente en las intuiciones del lenguaje humano, existe todavía sin debilitación esta necesidad mitológica. Aquello que sostienen no solamente el cura y el pueblo acerca del lenguaje, sino también casi todos los lingüístas, uno tras otro, esto es, que el idioma sea un instrumento de nuestro pensamiento (un admirable, instrumento, además) me parece una mitología. Según esta representación, aun hoy comúnmente aceptada, está sentada en un lugar cualquiera del cauce del lenguaje una divinidad, figura de hombre o de mujer, el llamado pensar, y bajo las inspiraciones de una divinidad análoga, la lógica, domina el lenguaje humano con la ayuda de una tercera divinidad sirviente, la gramática. Yo lo tendría como el más orgulloso resultado de mi investigación si pudiera convencer a la humanidad de lo falso e inútil de estas tres divinidades, pues el servicio de los dioses falsos exige siempre sacrificios y, por consiguiente, es nocivo.
Amor. En parte alguna se ve más claro que en el diálogo de dos enamorados, cómo el lenguaje es un medio, algo entre los hombres. Pero, dejando toda poesía a un lado, aquí llega a ser realmente una regla de juego. Para la cópula de dos espíritus no es, pues, el mejor medio el idioma, porque o es muy tímido o muy burdo para los íntimos abrazos. Únicamente el pueblo africano efectúa esto abiertamente a la luz del sol y del lenguaje.
Poder de la palabra. Por ser el lenguaje una fuerza social entre los hombres, ejerce también una fuerza sobre el pensamiento del individuo. Lo que en nosotros piensa es el lenguaje, lo que en nosotros versifica es el lenguaje. La sensación tantas veces traída en palabras de “yo no pienso: algo piensa en mí” –esta sensación de coacción, de fuerza, es completamente justa.
Hipnosis. Hay grupos de dementes que hacen lo mismo sin la influencia exterior de la palabra. Pero todas las personas están en una relación mutua de hipnotizador e hipnotizado; toda persona se deja recíprocamente sugerir forzadas representaciones por medio de la palabra, y no es para mí una duda que ello sólo sea en momento de arrebato popular como en las guerras y persecuciones de hechicería, en los que la hipnosis logra enajenar artificialmente toda una masa de hombres, sino que todo el comercio espiritual de los hombres no es más que una no interrumpida y complicadísima red de intentos y logradas hipnosis, que hacen uso de la heredada propiedad evasiva de las asociaciones, y en los que le toca al lenguaje el triste papel de ser agitador y único medio de esta locura artificial. (…) Pudiéramos llamar a esta enfermedad logismo, y el que la palabra significa ya tanto como razón no es motivo para buscar otra. También pudiera llamársele silogismo o simplemente lógica.

Lenguaje de los niños (…) El niño aprende su lenguaje, ya imitando mecánicamente primero la forma y la materia del lenguaje y llenándolas después, o aprendiendo a conocer un objeto nuevo con su nombre. En el último caso, estriba el aumento de conocimiento en el objeto nuevo; el nombre es importante sólo para retenerle en la memoria y para hablar de él si el objeto está ausente. En el primer caso no puede hablarse de aumento de conocimiento hasta que la materia y la forma están infladas de contendido real. Este hecho es claro respecto a la materia lingüística. Independientemente de todo aprendizaje mecánico, nunca penetrará en la memoria del niño nada que no haya penetrado antes por la puerta de sus sentidos. Si no hubiéramos perdido el recuerdo de nuestros años infantiles, sabríamos cuán irrepresentables nos eran la mayoría de las palabras aprendidas.

El silencio. Del temple momentáneo o del temple general del hombre, esto es, de su carácter, dependerá que prefiera hablar o prefiera callar. Dos clases de bestias son las más idiotas. Las que no pueden hablar nada, como, por ejemplo, puede suponerse de las ostras, y las que no pueden callar en absoluto. A ambas les está negado comunicarse. Las unas son mudas y las otras sólo hacen ruido. De aquí que parezca en sociedad, de cuando en cuando, que hablan muchos a la vez indefinidamente. No tienen nada que decirse unos a otros y no tiene importancia que el ruido se produzca con sonidos articulados.

Placer de la charla. Este placer no es más que un juego con el lenguaje, uno de los juegos que por sus pobrezas espirituales se recomiendan a los enfermos y a los ancianos. Este enorme uso del lenguaje como placer de charla me parece que tiene (ya verbalmente o en la lectura) una gran semejanza con el juego del dominó en el cual todo el trabajo espiritual consiste también en añadir, en tanto que se pueda, a la ficha del contrario una que lleve el mismo número. Igual que en una de las tales conversaciones.

Las palabras un poder. Resumamos brevemente: no hay “el” lenguaje, el lenguaje individual no es nada real tampoco; las palabras no engendran nunca conocimiento, no son más que un instrumento de la poesía; no dan intuición alguna real y ellas mismas no lo son. Y, no obstante, pueden ser un poder. Destructor como viento de huracán, que es aire como la palabra. Con facilidad la palabra puede ser más fuerte que la acción, pero la palabra no promueve la vida.

Virtuosos. Un defensor del lenguaje podría afirmar que su poder estimula también a la bondad. Cura, como la hipnosis, la enfermedad imaginativa, esto es, remedia, no la enfermedad, sino la imaginación. Así puede contrarrestar la palabra por medio de su fuerza social a la inclinación melancólica hacia la maldad.

En parte ninguna lengua materna. No hay dos hombres que hablen el mismo lenguaje. En un momento de hondo mal humor, cualquiera habrá pensado que ningún otro puede comprender precisamente su lenguaje particular. En imagen cualquiera comprende esta frase. Pero no se concede tan fácilmente que ella encierre una sobria verdad científica Una verdad que también dejaría definirse así: cada cual “domina” una parte diferente de la común lengua madre (…) En esta reflexión descansa a fondo el concepto de un lenguaje común a un pueblo, la lengua materna. ¿Dónde está la realidad de ese lenguaje? ¿Dónde en todo el mundo? No en uno. Pues no comprende más que una parte del tesoro de formas y palabras; no emplea más que una porción de aquello que comprende. No en los libros. En ese caso, antes del descubrimiento de la escritura no hubiera habido lenguaje. En los libros mismos no hay más que una colección de palabras y reglas a lo sumo, así como literaturas surgidas accidentalmente; pero en ninguna parte ni la probabilidad de un lenguaje reunido. ¿Dónde está pues, la realidad del abstracto “lenguaje”? En el aire, entre los hombres, en el pueblo. Así es que nadie puede alardear de conocer su lengua materna.
Pensar y hablar.
 Los señores que no ven en el lenguaje más que una vestidura del pensamiento, y, por cierto, una vestidura fea y no adecuada (mientras Max Müller ve en el lenguaje una vestidura que sienta admirablemente al pensamiento, como un guante a la mano, comme un gant) alegan que es imposible una completa inteligencia entre dos hombres, una comunicación de pensamiento sin resto. Esta verdad nos será cada vez más familiar. No hay más que lenguajes individuales, y no sólo hay diferencias en los lenguajes de dos hijos de una misma lengua, sino en los mellizos de una misma madre, lo que lleva a pequeñas incompresiones de lenguaje (…) El lenguaje de un individuo no es una imagen falsa de su pensamiento, sino una imagen falsa de su mundo exterior; expresa lo que piensa individualmente; pero su pensamiento sobre el mundo de la realidad es individual y, por lo tanto, falso. Su pensar es el tesoro de experiencias adquiridas o heredadas; la razón por la que ningún hombre comprende a los demás es que cada individuo entiende tan individualmente como sus propias experiencias las experiencias acumuladas de un modo uniforme, al parecer, en la lengua materna. La culpa no está en el lenguaje sino en el pensar. El pensar es lo que, como una defectuosa vestidura, sienta mal al mundo de la realidad. El lenguaje se diferencia tan poco del pensar, como la tela del vestido. Si un traje me va mal, la culpa no será del paño.
(De: CONTRIBUCIONES A UNA CRÍTICA DEL LENGUAJE, Herder, 2001)

La edición publicada por Herder recupera la selección, el prólogo y la traducción que realizara el poeta José Moreno Villa en 1911.

AUTOR DEL TEXTO : Gabriel Meraz Arriola; practica el psicoanálisis en la ciudad de México, publica artículos en libros y revistas y participa en actividades relacionadas con la transmisión del psicoanálisis. Es miembro de la École Lacanienne de Psychanalyse.


Contribuciones a una critica del lenguaje – Fritz Mauthner

Título Original: Beiträge zu einer Kritik der Sprache: Wesen der Sprache 
Autor(es): Fritz Mauthner
Editorial: Herder
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2001
ISBN: 84-254-2165-9
Referencia: 3386

FUENTE http://www.lecturasinegoismo.com/2014/02/contribuciones-una-critica-del-lenguaje.html Sinopsis Presentamos aquí uno de los textos más influyentes del siglo XX. Publicado en los años 1901 y 1902, y leído con admiración por James Joyce, por Samuel Beckett, y por anarquistas como Gustav Landauer, Contribuciones a una crítica del lenguaje llega hasta la demolición del lenguaje practicada por el Grupo Vienés a partir de los años 1950. Fritz Mauthner  pone en duda de manera radical la capacidad del lenguaje para el conocimiento, para, reflejar de manera cabal la realidad. El lenguaje deforma nuestra percepción, engendra falsedades y supersticiones, crea dioses e ídolos y ejerce, a todo esto, un poder. Para Mauthner, es perentorio y liberador enfrentarse a este hecho con lucidez. Acerca del autorFritz Mauthner (Hořice, Bohemia, Imperio austríaco, 22 de noviembre de 1849 – Meersburg, Alemania, 29 de junio de 1923) fue un filósofo y escritor en lengua alemana. Su principal aportación intelectual se enmarca dentro de la filosofía –en particular, la filosofía del lenguaje- y de la historia de las ideas. Sus obras más importantes fueron Contribuciones a una Crítica del Lenguaje, que influyó en Wittgenstein y Borges. Nació en Hořice (Bohemia) en el seno de una familia judía formada por un fabricante de tejidos. En Praga inició la carrera de Derecho que más tarde interrumpió. Para su cosmovisión fue muy importante el conocimiento de Ernst Mach (1838-1916) y su obra. Mauthner reconoció en una carta escrita a Mach que había recibido de él el impulso «para eliminar de la ciencia las bases metafísicas latentes». En 1873 trabajó en un bufete de abogados. Se casó con la pianista judía Jenny Ehrenberg (?-1896), con quien tuvo una hija. Intensificó sus trabajos filosóficos sobre el lenguaje, aunque en 1898 debió interrumpirlos debido a que los esfuerzos requeridos le fueron debilitando la vista. Por ello, el escritor y filósofo anarquista y pacifista Gustav Landauer le brindó su colaboración. En 1901 aparecieron los dos primeros volúmenes de Beiträge zu einer Kritik der Sprache (“Contribuciones a una Crítica del Lenguaje “) y un año más tarde, el tercero. El rechazo que recibió esta obra de los círculos académicos le desilusionó profundamente. En 1905 intentó aliviar sus depresiones con una estancia en las islas Canarias. Después del matrimonio de su hija, trasladó su residencia a finales de 1905 a Friburgo de Brisgovia. Allí ingresó en la Sociedad Kantiana y conoció a Martin Buber. En 1907 trabó amistad con Hedwig Luitgardis Silles O’Cunningham (1872-1945). Con ella se mudó a Meersburg-am-Bodensee, donde se casaron poco después. Su compañera le ayudaría en su obra de manera destacada. En esta época, estimulado por Martin Buber, escribió la monografía Die Sprache (“El lenguaje”), que dedicó a su colaborador Gustav Landauer. Asimismo culminó su Wörterbuch der Philosophie (“Diccionario de Filosofía”), obra publicada en dos volúmenes publicados en 1909, el primero, y en 1911, el segundo. En 1912 terminó su novela Der letzte Tod des Gautama Buddha (“La última muerte de Gautama Buda”), donde vierte sus reflexiones filosóficas sobre la religión. De 1920 a 1923 aparecieron los cuatro volúmenes de Der Atheismus und seine Geschichte im Abendlande (“El ateísmo y su historia en Occidente”), obra que refleja el anhelo de Mauthner de que la gente se libere del concepto de “Dios” y de la “ilusión” religiosa. Poco antes de su muerte el 29 de junio de 1923, Mauthner trabajaba en su obra Die Drei Bilder der Welt (“Las tres imágenes del mundo”), publicada póstumamente. Mauthner es el representante de una corriente escéptica en la filosofía del lenguaje. Influyeron en él pensadores como Gorgias, Nietzsche y Schopenhauer. Se adhirió a la concepción evolucionista del conocimiento y de la vida psíquica: nuestro conocimiento es subjetivo y relativo, y está dirigido hacia metas prácticas y no hacia la aprehensión objetiva de la realidad. El conocimiento es fruto del azar y limitado, porque nuestros cinco sentidos, que Mauthner llama «Zufallssinne» («sentidos accidentales») son ventanas limitantes por las que penetra únicamente una parte de la realidad. Mauthner obtuvo en Praga de su maestro Ernst Mach los fundamentos especiales para sus trabajos posteriores. Mach fue como físico y teórico del saber un científico polifacético que también incluyó entre sus reflexiones la fisiología de los sentidos (en última instancia todo conocimiento se reduce a «sensaciones») y la psicología (el concepto de «yo» es irrecuperable). Mach, antes que Albert Einstein, ya propugnaba el continuo cuatridimensional espacio-tiempo. Mauthner lleva el escepticismo al ámbito del lenguaje, al que considera un útil medio de comunicación dotado de una importante función social, pero inútil para el conocimiento del mundo. El lenguaje sólo nos permite ver “el velo de Maya”, no la realidad que se oculta detrás. Es incapaz de hacernos compartir la experiencia sensorial, sólo aludirla. Lo que hace que las palabras tengan más o menos significados establecidos depende de las experiencias sensitivas de las personas que usan el lenguaje. Las personas que comparten una estructura psicológica semejante con aquellos que usan un lenguaje pueden entender mejor ese lenguaje. El lenguaje es un sistema arbitrario de símbolos y sonidos, sin vínculo con el mundo real, de naturaleza metafórica y tendencia inevitable a falsear la realidad. Sólo existen los individuos, las sensaciones y los contenidos intuitivos. El lenguaje carece de existencia objetiva independiente de quien lo usa. Mauthner coloca en el centro de interés el aspecto temporal de la “teoría de correlaciones de la investigación del cerebro”, nuestra “cadencia de trabajo en la conciencia”. La memoria adquiere en la filosofía del lenguaje de Mauthner una importancia central. La obra filosófica de Mauthner influyó en literatos como Hofmannsthal, Schnitzler, Oswald Wiener, Joyce, Beckett y Borges; y en filósofos, como Landauer y Wittgenstein. Entre los escritores se aprecia especialmente esta influencia en Brief des Lord Chandos an Francis Bacon (Carta de Lord Changos a Francis Bacon) de Hugo von Hofmannsthal, donde el protagonista muestra su profunda desconfianza hacia el lenguaje. Su pensamiento influyó en el Grupo de Viena, para el cual ocuparse del lenguaje es la forma fundamental de ocuparse del ser humano. Borges, otro escéptico radical, cita repetidas veces en su obra Discusión el Diccionario de Filosofía de Mauthner como uno de los libros que más ha leído, releído y “abrumado de notas” a través de los años. Borges, que se consideró un explorador de las posibilidades literarias de la filosofía, reflejó en su obra ideas mauthnerianas como la discrepancia entre el lenguaje y la realidad, la superstición de la palabra, el dominio de los arquetipos sociales sobre los procesos mentales individuales y la arbitrariedad de los sistemas de clasificación lingüística. Así mismo, Wittgenstein debe muchas de sus ideas a Mauthner, aunque sólo le cita una vez en su Tractatus logico-philosophicus (1921) en su proposición 4.0031: “Toda filosofía es una “crítica lingüística” (no en el sentido de Mauthner)” . Tras la obra demoledora de Mauthner, del lenguaje sólo queda su valor simbólico y artístico“… Las alternativas al lenguaje son el silencio y la acción (el acto surrealista o revolucionario). “Las palabras nunca engendran conocimiento, son tan sólo una herramienta de la poesía”. La lápida que cubre su tumba en el cementerio de Meersburg reza «vom Menschensein erlöst» («Liberado de ser hombre»). Publicado 22nd February 2014 por ZP5EZ Etiquetas: Filosofía Occidental

Correspondencia entre música y palabra(Baudelaire / Debussy y Bertrand / Ravel) Libro de Marta Vela (presentación en Madrid)

MARTA VELA EN LOS PODCASTS DE RADIO CLASICA http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-con-estilo/

Vídeo completo de la presentación del libro de Marta Vela,Correspondencias entre música y palabra, en la Sociedad Cervantina de #Madrid, publicado por Editorial Academia del Hispanismo, con Fernando Gómez Redondo y Jesús G. Maestro.

DEBUSSY Y EL MAR http://www.rtve.es/alacarta/audios/musica-con-estilo/musica-estilo-debussy-mar-01-07-18/4651714/#

Presentación del libro Correspondencia entre música y palabra, de Marta Vela.

https://www.yeyebook.com/es/category/poesia/charles-baudelaire-es-poesia/