Dialéctica de Imperios y dialéctica de naciones. El problema hispano.Y clase sobre el problema de las Españas y las Rusias ( ver video )

En esta entrada, se sugiere la lectura y estudio del texto de José Ramón Bravo por considerar, desde INTROFILOSOFIA, que resulta de gran interés filosófico . Hemos agregado, además, el vídeo siguiente, titulado El problema político de las Españas y las Rusias, como complemento al propio artículo: (texto sobre el video, tomado del canal en youtube de la Fundación Gustavo Bueno) Lección en la Escuela de Filosofía de Oviedo, el lunes 14 de octubre de 2019 El problema político de las Españas y las Rusias Политическая проблема Испанского и Русского мира El vocabulario repartido y las imágenes proyectadas disponibles en: http://fgbueno.es/act/efo196.htm



FUENTE EL BASILISCO Revista de materialismo filosófico
Nº 52 (2019), páginas 20-32
AUTOR José Ramón Bravo García
King’s College London ORCID 0000-0002-4124-842X
Nación política, dialéctica imperial: el «problema hispano»
Resumen:
En base a la filosofía política de Espinosa y Bueno, en este artículo se reflexiona sobre lo que podemos llamar el problema político del
mundo hispánico y sus opciones prolépticas más viables. Partiendo de las ideas de Imperio y Comunidad Hispánica, se analiza la
cuestión de la fragmentación política como parte inseparable del proceso histórico de pérdida de la soberanía en el conjunto hispánico,
destacándose la importancia de la causa externa y la dimensión ideológica. Finalmente, en el contexto del presente geopolítico en
marcha, se discuten varias opciones de organización política para los pueblos hispánicos: Estado-nación, confederación y federación; y se
defiende esta última como la más racional para volver a operar en la historia universal.
Palabras clave: Spinoza, Bueno, imperio, soberanía, separatismo, federalismo, Hispanidad
–––––
Abstract:
Building on the political philosophy of Spinoza and Bueno, this paper discusses what could be termed the political problem of the Hispanic
world and its future options (prolepsis). Based on the ideas of Empire and Hispanic Commonwealth, the issue of political fragmentation is
analyzed as an inseparable part of the historical process of the loss of sovereignty in the Hispanic world as a whole, whilst emphasizing the
importance of the external cause and the ideological dimension. Finally, in the context of the ongoing geopolitical present, several options for
political organization for Hispanic peoples are discussed: nation-state, confederation and federation, with the latter being preferred as the
most rational option to re-engage as an active protagonist in world history.
Keywords: Spinoza, Bueno, empire, sovereignty, separatism, federalism, Hispanic world
EL BASILISCO
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Artículos
20 El Basilisco
José Ramón Bravo García. Nación política, dialéctica imperial: el «problema hispano»
El Basilisco, nº 52 (2019), págs. 20-32. ISSN 0210-0088 (vegetal) ISSN 2531-2944 (digital)
sugieren recientes estudios ampliamente documentados2–
en un gran Estado-nación continental moderno, que
hoy se hubiera medido con Estados Unidos, Rusia o
China, y que si se desintegró no fue, esencialmente,
por «problemas internos» –pese a tenerlos– o por una
«imposibilidad de totalización» –pues en el siglo XVIII
ya se sabía, en un contexto de lucha contra potencias
como Francia o Gran Bretaña, que tal totalización era
imposible–, sino por la acción externa de las potencias
enemigas, en una pura lógica de dialéctica de Estados.
Como recordó Gustavo Bueno en su célebre conferencia
España del 14 de abril de 1998, el Imperio español no
estaba calculado para caer, como tampoco el Imperio
romano; de ahí que constituya un problema filosófico.
Sobre la base de la ontología política de Espinosa3 y
Bueno –dos máximas figuras de lo que podemos llamar
el materialismo hispano–, en este artículo se reflexiona
sobre el «problema hispano» –un problema filosóficopolítico
que gravita en torno al Imperio, la Nación y el
Estado– desde una perspectiva histórica, geopolítica y
proléptica. En especial, se presta atención a las ideas de
(2) Regina Grafe y Alejandra Irigoin, «Absolutismo negociado: la trayectoria
hispana en la formación del Estado y el imperio», 74° Congreso
de la Conference of Anglo American Historians, Londres, 2005. Otros
estudios de estas investigadoras también parecen confirmar el carácter
fuertemente integrado del Imperio, sobre todo en lo monetario-fiscal.
(3) Optamos por la forma castellana Espinosa, más arcaizante, frente
a la más habitual de Spinoza, si bien se respeta esta última en las notas y
referencias correspondientes, cuando es la empleada por un autor o editorial
determinados.
Introducción
La caída de la monarquía hispánica no fue provocada
por una imposibilidad de totalización imperial. Para
entender sus causas, habría que distinguir dos grandes
etapas históricas: la de los Habsburgo, en la que España
se consolida como imperio con vocación universal y
como la mayor potencia mundial; y la borbónica, en
la que –sin perjuicio de que en algunos momentos las
dimensiones territoriales lleguen a ser incluso superiores
a las de los propios Austrias– ya desde principios del
siglo XVIII se inicia un proceso de centralización y
modernización que configurará a España como algo
intermedio entre un típico imperio universal y el Estadonación
liberal-capitalista en que se convierte, no sin
grandes dificultades, durante el siglo XIX. La España
borbónica experimenta una fundamental transformación
que consiste en una «integración política interna»1 –pese
a contradicciones y resistencias– a todos los niveles, la
cual, junto con la propia tradición católica hispánica,
preparará el terreno para el proceso constituyente de
Cádiz. En tal sentido, puede decirse que España estaba
de algún modo «preconfigurada» para convertirse –como
(1) Una buena síntesis de este proceso se encuentra en Fernando Olivié,
La herencia de un imperio roto. Dos siglos en la historia de España,
Marcial Pons, Madrid, 2016, 401 págs. Tras la Paz de Utrecht (1715),
España pierde la hegemonía en Europa y pasa a ser el centro del Imperio
atlántico de los Borbones: «una entidad política pluricontinental y
plurirracial pero cultural y religiosamente homogénea […] una entidad
política hispánica, superior a la propia España» (pág. 38).
Nación política, dialéctica imperial: el «problema hispano»
José Ramón Bravo García
King’s College London
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«España seguirá existiendo en la Hispanidad»
Gustavo Bueno
(Palabras pronunciadas por Gustavo Bueno en su conferencia
«España como nación política», Oviedo, 14 de abril de 2005)
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causa externa y de potencia ideológica como factores
clave tanto de la experiencia histórica del mundo hispano
como de su posición en la realidad material del «presente
en marcha». La lectura del ya clásico España frente a
Europa desde las ideas de Imperio y de Comunidad
Hispánica permite afirmar que Bueno dejó sentadas
las bases para un proyecto político que al materialismo
filosófico corresponderá concretar en el futuro.
Principios del materialismo político en Espinosa
y Bueno
Con razón Luis Carlos Martín ha calificado a Espinosa
–hispano, por sefardí– como patrón del materialismo
filosófico4. En efecto, a pesar de sus diferencias temporales,
culturales y metodológicas, Espinosa y Bueno comparten
unas bases filosófico-políticas esencialmente comunes en
cuanto parten de elementos materialistas y pluralistas de
la tradición católica hispana y, en especial, de los límites
de coordinación, de la inconmensurabilidad, de las partes
del mundo, evidenciados por el Imperio español ya en
el siglo XVII. La contraposición de las ideas de todo y
parte, así como la presencia implícita del principio del
actualismo («estar activamente»), en un mundo donde
ya no puede darse una totalización, llevará a cada uno de
estos filósofos a desarrollar categorías e ideas filosóficopolíticas
que guardan estrecha correspondencia, cuando
no coinciden en sus respectivos elementos centrales de
análisis. Así, por ejemplo, la idea de cuerpo es esencial
en la ontología de Espinosa5, mientras que en Bueno la
condición corpórea de todo ser viviente se concretará en
el sujeto operatorio, actuante ante otros cuerpos, en una
situación dialéctica originaria6.
El concepto político clave en ambos será el Estado7,
mediante cuyo derecho (normas jurídicas) se resolverá
el conflicto entre normas éticas y morales (Bueno), o
entre pasiones y razón (Espinosa). En Bueno, el Estado
es el protagonista de la historia política; en Espinosa,
el sujeto que reúne mayor potencia. Y en la medida
en que los atributos de los seres finitos de la ontología
ética espinosiana son aplicables al Estado –pues éste
«posee su propia naturaleza y obra, como cualquier ser
natural, conforme a ella»–8, se van a dar otras notorias
(4) Luis Carlos Martín, El patronazgo de Espinosa, lección impartida
en la Fundación Gustavo Bueno (Escuela de Filosofía de Oviedo), el 28
de enero de 2019.
(5) Con la definición de cuerpo se abre la parte II de la Ética.
(6) Pelayo García Sierra, voz «Cuerpo (idea de)», Diccionario filosófico,
2018: http://www.filosofia.org/filomat/index.htm
(7) Creemos importante subrayar que el vocablo que Espinosa, generalmente,
utiliza para referirse al Estado es imperium (véase TP/D, pág. 126).
(8) Baruch Spinoza, Tratado político (edición de Atilano Domínguez),
Alianza, Madrid 2013, pág. 45. En adelante, se abrevia esta edición de
Domínguez como TP/D, con referencias del texto de Espinosa, cuando
proceda, entre paréntesis.
correspondencias conceptuales con la ontología política
bueniana: por ejemplo, la tendencia del Estado, según
Bueno, a desbordar sus límites –hasta donde le permitan
otros hombres–, que tiene su paralelo en el «tanto
derecho cuanta potencia» de Espinosa, o la contradicción
observada por Bueno entre la duración internamente
ilimitada y externamente limitada de la sociedad estatal
(«carece siquiera de sentido la fundación de un Estado
con un límite temporal definido»)9, que se corresponde
en Espinosa con la contradicción, en los seres naturales,
entre su propia finitud y su tendencia indefinida a
perseverar en el ser («el esfuerzo con que cada cosa
intenta perseverar en su ser no implica tiempo alguno
finito, sino indefinido»10).
Por motivos de espacio, no podemos exponer aquí
en detalle la filosofía política de Espinosa y de Bueno,
pero sí es pertinente una referencia a sus principios más
importantes para advertir mejor su común fundamento
materialista. Veámoslo brevemente.
2.1. Ontología política espinosiana: conatus, razón,
potencia, derecho
El propio Bueno sugirió que fue Espinosa quien
principalmente ensayó la idea de Mundo en la Época
Moderna, en base a su identificación entre Dios y
Naturaleza (Deus sive Natura)11. El sujeto forma parte
de la naturaleza, en la que reina la inestabilidad, debido
a la lucha permanente entre las potencias individuales.
La necesidad de canalizar dichas potencias llevará a
la aparición del Estado12, en cuyo mantenimiento y
estabilidad ha de ponerse el máximo esfuerzo, lo cual
se correlaciona con el principio político de la eutaxia en
Bueno. El materialismo espinosiano se basa, así, en una
causalidad necesaria y en una radical impersonalidad,
al conceptualizar la racionalidad del Estado como ajena
a toda valoración moral individual y sustentada en una
capacidad limitada de estabilidad y permanencia, como
la de todo individuo finito, y en su perseverancia en
el ser13. La tendencia a la autoconservación (conatus)
es un principio central en la ontología espinosiana, y
se encuentra prefigurado ya en Santo Tomás («todos
(9) Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las «ciencias
políticas», Cultural Rioja, Logroño 1991, pág. 255. En adelante, se
abrevia esta edición como Primer ensayo.
(10) Baruch Spinoza, Ética (edición de Vidal Peña), Alianza, Madrid
2011, pág. 221 (III, Prop. VIII). En adelante se abrevia esta edición de
Peña como E/P, con referencias del texto de Espinosa, cuando proceda,
entre paréntesis.
(11) Gustavo Bueno, «Principios de una teoría filosófico política materialista
», Anuario Hispano Cubano de Filosofía, 15 de enero de 1995.
En adelante, se abrevia este artículo como «Principios…».
(12) Fco. Javier Ansuátegui, «El concepto de poder en Spinoza: Individuo
y Estado», Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), nº 100,
abril-junio 1998, pág. 141.
(13) José Sánchez Tortosa, «La razón de Estado. Política y ontología
en Spinoza», Res Publica, nº 21 (1), 2018, págs. 16-17.
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los seres apetecen su conservación»)14. De hecho, esto
constituye la esencia de todo ser; de ahí que conatus,
potencia y esencia se hallen íntimamente unidos15.
La idea de poder es fundamental en Espinosa por
cuanto delimita el derecho mismo: el Estado ostenta el
supremo derecho, ya que tiene el poder supremo, que
le han transferido sus súbditos «porque la necesidad les
obligó o porque la razón se lo aconsejó»16. El Estado es
el derecho que se define por el poder de una multitud de
hombres con derechos comunes, guiados como por una
sola mente (una veluti mente ducuntur). Para Espinosa,
el derecho de la suprema potestad es el mismo derecho
natural, lo que le llevará a concluir que «dos Estados
se relacionan entre sí como dos hombres en el estado
natural»17. Con la idea del poder absoluto (suprema
potestad), Espinosa conceptualiza al Estado soberano
como principal sujeto de la política, y en tal sentido
apunta a la posible dialéctica, pese a su lógica racionalgeométrica18.
Además, la razón de ser del Estado se basa
en la utilidad (la esperanza de algún bien o el temor de
algún mal), la cual fundamenta no sólo la transferencia
de poder (de derecho) del individuo al Estado, sino
también el pacto entre dos soberanos, que Espinosa
explica a través de la figura del confederado19.
A diferencia de Hobbes, Espinosa rechaza el
nominalismo extremo y la escisión entre derecho
natural y político. De hecho, uno de los aspectos más
importantes de la filosofía política de Espinosa es la
relación entre pasiones (individuales) y razón (de
Estado): ambas son políticamente inseparables, pero
mutuamente inconmensurables. Como señala Sánchez
Tortosa, «(l)o que a la perspectiva humana resulta
irracional, por pasional, no lo es a escala ontológica
de la cadena múltiple causal que constituye el orden y
(14) Fco. José Contreras, La filosofía del derecho en la historia, Tecnos,
Madrid 2016, pág. 51: Este principio se encuentra en la Suma Teológica,
dentro del tratamiento de la ley natural.
(15) Fco. Javier Ansuátegui, op. cit., págs. 133-134.
(16) Baruch Spinoza, Tratado teológico-político (edición de Atilano
Domínguez), Alianza, Madrid 2014, pág. 415 (XVI, III). En adelante,
se abrevia esta edición de Domínguez como TTP/D, con referencias del
texto de Espinosa, cuando proceda, entre paréntesis.
(17) TP/D (III, 11), pág. 136; en latín: duo imperia ad invicem sese
habere, ut duo homines in statu naturali. Los textos originales de
Espinosa pueden consultarse en la red; para tomar las citas originales
de este artículo se han consultado estas dos páginas: la del proyecto
Spinoza et Nous (spinozaetnous.org) y la de Rudolf Meijer (home.
kpn.nl/rudolf.meijer/spinoza/).
(18) E/P, pág. 34 y sigs.
(19) TTP/D (XVI, IV), págs. 420-421: «Confederados son los hombres
de dos ciudades que […] se comprometen mediante contrato […]
manteniendo cada uno su Estado». La traducción de Domínguez, aunque
generalmente acertada, en este punto nos parece insatisfactoria. El original
dice Confoederati sunt homines duarum civitatum qui […] inter se
contrahunt […] idque unoquoque suum imperium retinente: parece obvio
que aquí Espinosa se refiere con civitas al Estado (no a la ciudad) y con
imperium a la soberanía (no al Estado). De lo contrario, la frase no se
entendería bien. Recordemos que imperium, aunque generalmente se traduce
como Estado, también puede significar soberanía.
conexión de las cosas»20. Según Atilano Domínguez,
lo característico de Espinosa frente a otros teóricos del
Estado como Hobbes, Locke, Rousseau o Maquiavelo,
es que, pese a su determinismo y materialismo, introduce
una lógica humanista y pluralista, que concilia el poder
de la multitud con la seguridad del Estado21. Por su
parte, Vidal Peña afirma, en base a las limitaciones
del propio método geométrico, que «la contextura del
pensamiento de Espinosa es dialéctica» y que la realidad
de la que Espinosa habla es «absolutamente plural», lo
que se opone a las interpretaciones de Espinosa como
«monista-panteísta».
2.2. Filosofía política de Bueno: Teoría del Estado y
dialéctica de Estados
El Estado va a ser en Bueno la unidad central de análisis
de la ciencia política22. La concepción dualista Hombre/
Mundo se sustituye por la doctrina del llamado espacio
antropológico, organizado en tres ejes (circular, radial
y angular)23, que servirá de base a una teoría del Estado
como constituido por tres capas esenciales (conjuntiva,
basal y cortical), a partir de las cuales se elaborará un
modelo canónico de sociedad política que, al cruzar los
ejes semántico (capas del poder) y sintáctico (ramas del
poder), da lugar a 18 tipos específicos de poderes, según
el sentido ascendente o descendente de la relación entre
sociedad política y sociedad civil24. La filosofía política
de Bueno se basa en una vuelta del revés del marxismo, en
el sentido de anteponer la aparición histórica del Estado
a la de las clases sociales, lo que llevará a formular la
teoría de la dialéctica de Estados como verdadero motor
de la historia; la lucha de clases empieza y sólo es posible
en el seno de los Estados. La Historia universal será, en
consecuencia, la de los Imperios universales25.
Central en la filosofía política bueniana es el concepto
de eutaxia o «buen orden» –en sentido político– como
capacidad para mantenerse en el curso del tiempo,
cuyo sentido intemporal podemos relacionar con el
del conatus espinosiano. La eutaxia se define, además,
como una relación circular entre el sistema proléptico
(planes y programas) y el proceso efectivo según el
cual se desenvuelve una sociedad; por ello las ideas de
causalidad teleológica y proléptica son centrales en la
(20) José Sánchez Tortosa, op. cit., pág. 19.
(21) TP/D, págs. 72-74.
(22) José A. Fernández Leost, «La teoría política de Gustavo Bueno»,
El Catoblepas, nº 48, 2006.
(23) Gustavo Bueno, «Principios…».
(24) Pelayo García Sierra, op. cit., voz «Ramas y capas del poder político
…».
(25) Gustavo Bueno, «La vuelta del revés de Marx», El Catoblepas,
nº 76, 2008. La teoría de la dialéctica de Estados, derivada de la propia
teoría del Estado de Bueno, puede considerarse como su más importante
teoría filosófico-política, y en ella se fundamenta la tesis defendida en
este artículo sobre el «problema (político) hispano».
El Basilisco 23
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teoría y la práctica políticas para Bueno26. Y esto explica
que España frente a Europa concluya con una propuesta
proléptica para el mundo hispánico.
La idea capital para explicar la historia política
hispánica es la de Imperio –originariamente como
κοινωνία: «comunión»–, la cual vertebra su obra España
frente a Europa. La fórmula del Imperio universal
(católico) podría ser «por Dios hacia el Imperio», reflejo
tanto de la eutaxia –como razón de Estado– cuanto de
la relación dialéctica con otros Estados, incluido el
Papado (Estados Pontificios). Como es bien conocido, la
clasificación más importante que Bueno establece entre
imperios es la que diferencia entre imperios depredadores
e imperios generadores (límites inferior y superior,
respectivamente, de los llamados imperios diapolíticos o
diaméricos, como totalidades atributivas)27.
Bueno también trata tanto de los diferentes modelos
postestatales (fase terciaria de las sociedades políticas),
en un escenario de abolición del sistema de Estados28,
como del modo de constitución de los Estados (como
sociedades secundarias), que en su opinión se produce por
codeterminación en situación dialéctica, como unidades
mutuamente enfrentadas o en guerra. En la fase histórica
presente esta codeterminación es total, al haberse alcanzado
un límite de estatalización, si bien en un «plano formal y
jurídico, el orden formal del derecho internacional»;29 con
lo que aquí Bueno apunta a la importancia de diferenciar
entre realidad formal y realidad material en el ámbito
jurídico-político y de las relaciones entre Estados.
2.3. La causa externa
La idea de causa externa es de gran relevancia tanto en
Espinosa como en Bueno y su importancia es fundamental
para nuestra tesis de base sobre el «problema hispano».
Espinosa afirma que «(n)inguna cosa puede ser destruida
sino por una causa exterior»30 y que la fuerza del sujeto para
perseverar en su ser es limitada, pues «resulta infinitamente
superada por la potencia de las causas exteriores»31.
Asimismo, defiende que el Estado Absoluto (indiviso) es
el que posee mayor estabilidad, es intemporal (eterno) y
necesario32: «(t)anto el Estado en el que sólo una ciudad
detenta el poder, como aquel […] en el que lo detentan
varias ciudades, son eternos […] no pueden ser disueltos o
transformados en otro por ninguna causa interna»33.
(26) Gustavo Bueno, Primer ensayo, pág. 127.
(27) Para una diferenciación conceptual de ambos tipos de imperios
véase Pelayo García Sierra, op. cit., voz «Imperios depredadores / Imperios
generadores».
(28) Gustavo Bueno, Primer ensayo, págs. 262-269.
(29) Gustavo Bueno, Primer ensayo, pág. 257.
(30) E/P, pág. 219 (III, Prop. IV). En latín: Nulla res, nisi a causa
externa, potest destrui.
(31) Fco. Javier Ansuátegui, op. cit., pág. 135.
(32) José Sánchez Tortosa, op. cit., pág. 19.
(33) TP/D (X, 10), pág. 280.
Por lo que respecta a Bueno, el concepto de causa externa
en las relaciones políticas es tratado específicamente en
España frente a Europa en relación con los procesos de
desintegración política (de «pérdida del ser o la unidad»):
«los nacionalismos fraccionarios [son] […] movimientos
que sólo pueden salir adelante cuando cuentan con ayuda
de terceras potencias que unilateralmente pueden estar
interesadas en el éxito de la secesión (como es el caso
de la “eclosión” de los nacionalismos surgidos a raíz del
desmoronamiento de la Unión Soviética en el territorio
que ella cubría, impulsados por las potencias capitalistas
[…]).34 Ninguno de estos nacionalismos hubiera llegado
a efecto si no hubiera sido por la cooperación de potencias
extranjeras35 stos “nacionalismos de segunda
generación” si llegaron a término, no fue tanto por un
impulso interno, como pretenden sus ideólogos […], sino,
ante todo, gracias al aprovechamiento de los conflictos
entre los propios Imperios o los Estados canónicos de
primera generación»36. Bueno es, pues, claro y explícito
en cuanto a la causa externa de la desintegración política,
y ello se correlaciona directamente con la superioridad
de las potencias exteriores en Espinosa.
La cuestión de la soberanía y la dimensión hispánica
A fin de comprender el «problema político hispano», es
pertinente recordar que la primera Constitución política
española (1812) instituye una nación política hispánica
que abarca ambos hemisferios y cuyo territorio describe
en su artículo 10, no por casualidad, como el de las
Españas37. Este hecho carece de parangón en la historia,
ya que se «positiviza» constitucionalmente lo que
históricamente había sido un Imperio universal, una
monarquía de dimensión mundial, como nación política.
Ninguna reflexión rigurosa sobre la realidad históricopolítica
de España y la Hispanidad en general, presente
o futura, puede obviar este hecho trascendental. No
obstante, la fundamentación jurídica de la soberanía
en una Nación política constituida por esa agregación
(34) Nos parece que, pese a la distancia temporal, cultural e institucional,
existen similitudes fundamentales entre la implosión de la Monarquía
hispánica y la de la Unión Soviética, por su rapidez y espectacularidad,
que alteró el equilibrio geopolítico mundial, y por el papel de un enemigo
común a ambos: la potencia anglosajona. No en vano, Ígor Panarin
sostiene que tanto la caída del Imperio Ruso como de la URSS fueron
operaciones británicas (Ígor N. Panarin, Первая мировая информаци-
онная война. Развал СССР [Primera guerra mundial de la información.
La caída de la URSS], Piter, San Petersburgo, 2010, 254 págs.
(35) Gustavo Bueno, España frente a Europa, Alba Editorial, Barcelona
1999, pág. 144. En adelante se abrevia esta edición como EfE. Todas
las notas de esta obra contenidas en este artículo se refieren a la edición
de 1999.
(36) Gustavo Bueno, EfE, págs. 151-152.
(37) Como sabemos, el territorio es un elemento constitutivo esencial
del Estado. La Constitución de Cádiz describe el territorio español
como formado por todas las provincias y posesiones de la Monarquía en
el mundo. Conviene recordar que el Estado español actual no es sino otro
fragmento surgido de la desintegración de la Monarquía hispánica.
24 El Basilisco
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de átomos que son los ciudadanos planteó grandes
problemas de organización política a las Cortes de Cádiz,
en un Imperio cuya estructura había sido históricamente
anatómica, incluso durante la época de supuesta
centralización borbónica38.
Pero el proceso de Cádiz no revela sólo la importancia
de la potencia del imperio en cuanto a sus dimensiones,
sino también en cuanto a su unidad. Según Bueno, el
ortograma hispano ha sido siempre el de un Imperio
universal, y «las categorías de nuestro Derecho Civil
o Constitucional no son adecuadas para conceptualizar
la unidad política efectiva de la España histórica»39.
Este principio de unidad está presente ya en la época
Habsburgo; la existencia del sistema polisinodial,
característico del Estado compuesto, no impide la
concepción unitaria de la Monarquía como entidad
soberana. En cuanto a las Indias (Hispanoamérica),
desde la Real Cédula de Carlos I, de 1519, se las concibe
como entidad unitaria que no debe ser ni fraccionada
ni amputada del resto de la Monarquía40. Incluso en las
propias abdicaciones de Bayona –tres siglos más tarde–,
en que se ceden los derechos soberanos a una potencia
extranjera (Francia), se observa la vigencia del principio
unitario cuando el hasta entonces Jefe del Estado declara
que ha pactado que «la Corona de las Españas é Indias
ha de ser siempre independiente é integra, qual ha sido y
estado baxo mi soberanía»41.
¿Por qué, entonces, se resquebraja la unidad
hispánica poco tiempo después de Cádiz? Se podría
aducir tal vez –así se ha hecho a menudo– que fue la
propia naturaleza generadora del Imperio lo que llevó
a la fundación de naciones políticas independientes;
por la imposibilidad de una efectiva universalización
imperial o porque sus pretendidas «naciones» internas
ya estaban «maduras» para emanciparse.42 En nuestra
(38) Esta realidad aún hoy es mal entendida; por ejemplo, Pedro Pascual
(La unión con España, exigencia de los diputados americanos en las
Cortes de Cádiz, Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid,
Madrid, 2001, 333 págs.) reduce la peliaguda cuestión de la igualación
en derechos, especialmente respecto de América, a un problema de «racismo
» de los diputados peninsulares (a los que él llama «españoles»;
como si los americanos no lo fueran), dando a entender que la España de
1812 no fue lo bastante «democrática». Razonar así es, evidentemente, un
ejercicio de anacronismo, algo por desgracia todavía muy frecuente entre
historiadores e investigadores en general.
(39) Gustavo Bueno, EfE, pág. 239.
(40) Véase Ramón Peralta, «Origen y significado de las Juntas Hispanoamericanas
de 1810», El Catoblepas, nº 109, marzo 2011, pág. 11, nota 1.
(41) Véase Consuelo Maqueda, «La imagen oficial del nuevo régimen:
La Gaceta de Madrid», Revista de Derecho UNED, nº 8, 2011, pág. 212).
(42) Aquí es justo reconocer que hubo proyectos de algunos estadistas
de Carlos III encaminados a emancipar políticamente a los territorios
americanos. Ahora bien, esto no tenía absolutamente nada que ver con
desintegrar el Imperio. En primer lugar, junto a varios planes «autonomistas
» (José Ábalos o el Conde de Aranda) hubo otros «unitaristas»
(Floridablanca) y, en cualquier caso, todos buscaban reestructurar el poder
hispano para hacer frente a las crecientes agresiones enemigas. En
segundo lugar, los territorios en cuya «emancipación» se pensaba coincidían
con los virreinatos, y no las amputaciones territoriales de donde proceden
las repúblicas actuales. En tercer lugar, lo que proponía, por ejemopinión,
tal posición debe rechazarse, por dos motivos:
a) el principio de unidad arriba referido, que se
manifiesta, principalmente, en el carácter fuertemente
integrado del imperio43 –justamente por ser generador
y católico– y que se simboliza, por ejemplo, en la
expresión utraque unum de la moneda hispánica; y
b) la concurrencia de causa externa, la invasión del
imperio napoleónico: «(f)ue a raíz de este ataque
cuando las “Españas” americanas desencadenaron
una serie de secesiones sucesivas que acabaron por
descuartizar prácticamente la totalidad del organismo
hispánico»44.
Por esto se afirma desde el materialismo filosófico
que «(l)a voluntad de secesión de las “naciones
étnicas” españolas no hace sino continuar el proceso
de descomposición de la Nación (política) española
constituida en Cádiz en 1812»45. El propio Bueno
reconoce que la idea de Imperio nunca dejó de actuar
en España, incluso después de 189846. El problema de
los separatismos hispánicos es, pues, inseparable, del
proceso histórico de la crisis o pérdida de la soberanía de
los dos últimos siglos; proceso que tiene, por ello mismo,
una dimensión hispánica y no sólo estatal-nacional.
Como célebremente afirmó Bueno: «el imperio español
cayó, pero no fue aniquilado»47.
3.1. Separatismos e «independencias»: dos siglos de
fragmentación
Diversas teorías han tratado de explicar, por un lado, por
qué se desintegra el Imperio español48 y, por otro, dónde
está la causa última de los separatismos fraccionarios
que hoy amenazan la integridad no sólo de España sino
de diversos Estados hispanoamericanos. Lo esencial,
sin embargo, es comprender cómo esos dos fenómenos
están estrechamente unidos, hasta el punto de formar
parte de un mismo continuum histórico de disolución
de la soberanía hispánica. Y la clave de ese proceso
de desintegración se halla en un contexto de potencias
plo, Aranda, era una unión indisoluble de cuatro grandes coronas bajo un
mismo emperador español. Por último, la visión de los grandes estadistas
y reformadores del siglo XVIII era hacer de la Monarquía «un cuerpo
unido de Nación» (Guillermo Céspedes del Castillo, América Hispánica
(1492-1898), Marcial Pons, Madrid 2009, pág. 353). Huelga explicar lo
poco que se parece todo esto a la gigantesca disgregación –catastrófica
para el poder geopolítico hispano– que sobrevino en el siglo XIX.
(43) Véase la nota 1. Además, hay que mencionar el derecho indiano
(basado en el derecho castellano, pero que incorporaba el derecho consuetudinario
indígena) como una de las más importantes instituciones integradoras
en Hispanoamérica, cuya influencia se extendió hasta el mismo
siglo XX, llegando incluso a servir de fuente de diversas legislaciones
codificadas en las repúblicas hispanoamericanas.
(44) Gustavo Bueno, EfE, pág. 366.
(45) Pelayo García Sierra, op. cit., voz «Nación española».
(46) Gustavo Bueno, EfE, pág. 18.
(47) Bueno, «España», El Basilisco, nº 24, 1998, págs. 27-50.
(48) Véanse los excelentes trabajos de Regina Grafe y Alejandra Irigoin,
pese a su tal vez excesivo economicismo.
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políticas en lucha (dialéctica imperial); de ahí que sus
causas deban ser necesariamente externas49.
Como afirmó el gran americanista Guillermo
Céspedes del Castillo, «(e)l desencadenamiento de ese
proceso disgregador [la desintegración de la monarquía
hispánica] no responde en absoluto a factores internos,
ni peninsulares ni americanos, sino a acontecimientos
foráneos que comenzaron con la Revolución francesa y
culminan con el Imperio de Napoleón; España tuvo la
desgracia de verse envuelta en la enorme crisis bélica
que se abatió sobre toda Europa, y ahí radicó el único y
verdadero motivo de que la crisis interna […] se iniciase
en el momento en que ocurrió y tuviera las características
y formas que tuvo»50. A su vez, Bueno ha resaltado la
importancia de la pérdida de la identidad imperial como
determinante decisivo del debilitamiento de la unidad
nacional española: «El Imperio hizo a España y […]
su caída, si no ha deshecho su unidad, al menos la está
haciendo retemblar»51. Independencias americanas y
nacionalismos fraccionadores serían, así, dos caras de
un mismo problema histórico.
La realidad de la historia política hispánica obliga
a interpretar la denominada norma IV de los principios
filosófico-políticos materialistas («Sinalogía de X con
[Y] con isología política máxima», que prescribe que
la norma de un imperio generador es «generar Estados
nuevos»)52 en un sentido no proléptico –no sería posible
una interpreración proléptica ni en base a la eutaxia ni
al conatus: después de todo, ¿por qué luchaba el bando
realista sino por mantener la unidad del Estado?53– sino
(49) No es casual que los dos últimos siglos la expulsión de la Hispanidad
de la geopolítica mundial haya ido acompañada de fraccionamiento,
separatismo y subordinación diplomática a potencias extranjeras
(Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos).
(50) Guillermo Céspedes del Castillo, op. cit., pág. 445.
(51) Gustavo Bueno, EfE, 367.
(52) Gustavo Bueno, «Principios…»: norma incluida en la tabla Tipología
de las normas políticas fundamentales (intencionales) que presiden
las relaciones uniplurívocas (X,[Y]) entre las sociedades políticas. En
nuestra opinión, «Estados nuevos» no puede interpretarse literalmente
como «nuevos Estados (soberanos)», sino como sociedades políticas
nuevas integradas en un mismo imperio, a las que éste, en su expansión,
dota de las virtudes políticas. En efecto, la Monarquía católica hizo la
unidad, y su estructuración político-territorial en virreinatos responde
a necesidades organizativas y de eutaxia del Imperio, no a ningún plan
proléptico para, en el futuro, romperse en pedazos. Debemos interpretarlo
necesariamente así si queremos mantener la coherencia del edificio
filosófico-político materialista. Además, si un imperio fuese generador
por el hecho de dar lugar a otros Estados soberanos, habríamos de admitir
que el imperio más generador de todos fue el británico, pues hoy existen
más de 50 Estados soberanos derivados directamente de él (¡!).
(53) La tesis de las «causas internas» tiene además otro grave inconveniente:
difícilmente explica el largo período de violencia, guerras
y enfrentamientos –internos y transfronterizos–, postindependencia (si
se supone que todas eran ya naciones «definidas» y «maduras» para la
independencia). Además, ¿cómo es posible que un imperio generador,
integrador, pudiera dar lugar a aquellas repúblicas fragmentarias, autodepredadoras
y subdesarrolladas? Y, ¿si esas sociedades estaban «maduras
» porque habían sido «elevadas», ¿cómo se explica entonces que
la mayoría de la población indígena estuviera en contra de separarse de
la Monarquía española, algo reconocido por numerosos historiadores,
acaso como «desenlace natural» de la vida histórica de
un sujeto político generador, no incompatible con su
tendencia universalista; a nivel individual, su paralelo
sería la contradicción entre «tender a la muerte» y
«evitar la muerte». En este punto es fundamental
recordar la diferenciación que hace Espinosa entre
tiempo y duración. La duración es una «continuación
indefinida de la existencia»54, de ahí que en la Ética
se repita con frecuencia la expresión existentia, sive
duratio. Como sabemos, el esfuerzo por conservarse
(conatus) es la esencia misma de la cosa y nunca implica
tiempo finito, sino indefinido (lo contrario es un absurdo
para Espinosa)55. Además, «las cosas son de naturaleza
contraria, es decir, no pueden darse en el mismo sujeto, en
la medida en que una de ellas puede destruir a la otra»56.
Ontológicamente, pues, vivir y morir son dimensiones
inconmensurables entre sí. Por ello, la tesis según la cual
la fragmentación de un Estado (Imperio) se produce por la
«maduración política» de sus propias partes anatómicas,
y está en su propio sistema proléptico, resulta, en base
a Espinosa, insostenible. Además, la norma IV debería
cesar una vez constituido el Imperio Universal, pero
comoquiera que ello es imposible, esta norma no puede
cesar sino por causa externa; en el caso español, cabría
hablar no sólo de invasión napoleónica, sino del papel de
las maniobras anglosajonas: agresiones y ocupaciones
territoriales ilegales, propaganda ideológica, apoyo
financiero y logístico a los insurgentes57. La concepción
actualista del presente en marcha nos sirve para rechazar
el cierre de los procesos históricos y explicar así mejor
el problema del «proceso abierto» de desintegración de
la soberanía hispánica como conjunto.
3.2. Dimensiones de la soberanía: la potencia ideológica
Tanto en Bueno como en Espinosa encontramos diversas
referencias directas o indirectas al poder de la ideología
como componente esencial de la soberanía y la política.
En concreto, la idea de potencia, esencial en la ontología
espinosiana, es la que nos sirve para conceptualizar las
tres grandes dimensiones del poder soberano, que se
corresponden directamente con las tres capas del Estado
incluso hispanoamericanos? Medítese sobre las conclusiones de varios
estudiosos: a) para la población negra e indígena la independencia fue un
día de duelo (Heraclio Bonilla, Metáfora y realidad de la independencia
en el Perú, Instituto de Estudios Peruanos, Lima, 2016, 201 págs.); b) las
repúblicas no tuvieron viabilidad monetaria-fiscal como Estados durante
la mayor parte del siglo XIX (Alejandra Irigoin, «Las raíces monetarias
de la fragmentación política de la América española en el siglo XIX»,
Historia Mexicana, vol. LIX, nº 3, enero-marzo 2010); c) la mayor parte
del Perú estaba en contra de la separación y hubo que independizarlo casi
a la fuerza (Fernando Olivié, op. cit.).
(54) E/P, II, Def. V, pág. 123.
(55) E/P, III, Prop. VIII, pág. 221.
(56) E/P, III, Prop. V, pág. 219.
(57) De entre la bibliografía, bastante amplia, al respecto, se recomienda
consultar a Julio C. González, La involución hispanoamericana.
De provincias de las Españas a territorios tributarios. El caso argentino,
1711-2010, Docencia, Buenos Aires 2010, 976 págs.
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en Bueno, como ilustramos en el cuadro siguiente, en el
que se sugieren varios de los principales instrumentos
de dominación que utilizan los Estados poderosos
para reducir o destruir a sus adversarios. Hablaremos,
entonces, de tres grandes tipos de potencia: militar,
económica e ideológica, siendo esta última la más activa
y eficiente –por basarse en un principio de persuasión– en
la fase actual del imperialismo anglosajón; en efecto, las
relaciones políticas de sinalogía entre Estados conllevan
a menudo lo que se conoce como difusión de políticas –
cuando no es coactiva o agresiva– a través de una acción
ejemplar (por ejemplo, aprendizaje). Estas acciones
raras veces son neutrales (exentas de ideología)58.
Capas Potencias
Instrumentos imperiales
(Imperialismo anglosajón)
Efectos principales
(en Estados dominados)
Conjuntiva Ideológica
Liberal-capitalismo, Democratismo,
Tecnocientifismo, Globalismo
Divisionismo, antipatriotismo, colonización cultural
Basal Económica
UE/SME, FMI, BM, Dólar, Sistema
financiero-monetario internacional
Depredación y extracción de recursos; dependencia;
deuda
Cortical Militar
OTAN, arma nuclear, bases
militares
Erosión de capacidades defensivas/ofensivas
Así como Espinosa exigía para la estabilidad
del Estado el que éste reuniese todo el poder, así
también tendrán que concurrir las tres potencias en
el Estado que tenga vocación de imperialización
mundial, que es lo que ocurre con Estados Unidos y
no ocurre con ninguno de sus adversarios. La idea de
dominación ideológica59 es, pues, fundamental, y por
ello Bueno propuso sustituir con ella a la metafísica
idea de alienación60, y, asimismo, afirmó que para
que la propagación de ideas tenga efectos políticos
será necesario que actúe a través de causas también
políticas61. En efecto, todo Imperio o Estado poderoso
(58) Sobre la naturaleza coactiva de estos mecanismos de difusión
de políticas, pueden consultarse dos buenos artículos críticos (en inglés):
David J. Blair, «Economic inequality and the global diffusion of
neoliberalism», presentado en el 24 Congreso mundial IPSA de ciencia
política, Poznan, Polonia, el 27 de julio de 2016; y asimismo Michael
P. Smith, «The global diffusion of public policy: power structures and
democratic accountability», Territories, Politics, Governance, nº 1:2,
2013, págs. 118-131.
(59) Como ejemplo de instrumento ideológico a gran escala puede
mencionarse la denominada guerra de la información, un fenómeno
ampliamente estudiado por Ígor Panarin en relación con las Guerras
mundiales y la posterior caída de la Unión Soviética: Ígor N. Panarin,
op.cit.
(60) Gustavo Bueno, «Principios…».
(61) Pelayo García Sierra, op. cit., voz “Imperio metapolítico o transpolítico”.
cuenta siempre con una ideología propia; en el caso
hispano, fue siempre el catolicismo, hasta que se
adoptó una ideología extraña a la tradición hispana,
como el liberal-capitalismo de raíz protestante, hoy
esencialmente transmutado en fundamentalismo
democrático62. Y la bien conocida leyenda negra antihispánica
constituye un ejemplo paradigmático de
ideología como potencia dirigida contra un poderoso
Imperio católico al que sus adversarios no podían
combatir fácilmente ni en el terreno militar ni en el
económico-monetario63.
Espinosa trata extensamente de la ideología como
dimensión o atributo fundamental de la soberanía, si bien
a menudo centrándose en la religión: «el derecho sobre
las cosas sagradas reside íntegramente en las supremas
potestades»64. El Estado que pretende que los hombres se
conduzcan por el miedo carece, en su opinión, de virtud:
«los hombres deben ser guiados de forma que les parezca
que no son guiados»65. Además, la preocupación por la
conservación del Estado le llevará a armonizar razón y
afectos, pues los derechos del Estado «si sólo se apoyan
en la ayuda de la razón, resultan ineficaces y fácilmente
vencidos»66. La ideología como «colonización cultural»
también se vislumbra desde el sentido espinosiano
(62) Siguiendo a Julio C. González: «El liberalismo económico no
es […] sino una metodología de conquista, de sojuzgamiento y de dominación
del país l accionar de los rebeldes de América, salvo
excepciones, no se basaba en ideales. Eran todos, absolutamente todos, en
distintas proporciones, instrumentos de buena o de mala fe de la conquista
económica y financiera de América que se había planificado y estaba
dirigida desde Londres» (Julio C. González, op. cit., pág. 23).
(63) Las valoraciones subjetivistas sobre la leyenda negra (del tipo
«nos tenían envidia») se apartan de posiciones político-materialistas y
resultan superfluas para entender la dialéctica imperial. Como afirmó Espinosa:
hostem enim imperii non odium, sed jus facit («pues no es el odio,
sino el derecho, lo que hace al enemigo del Estado»: TTP/D, XVI, IV,
pág. 421). La leyenda negra fue, objetivamente, una herramienta ideológica
dirigida a destruir la Monarquía Católica.
(64) TTP/D (XIX), pág. 480.
(65) TP/D (X, 8), pág. 276.
(66) TP/D (X, 9), págs. 277-278.
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negativo de paz (ausencia transitoria de guerra)67: «los
hombres en la paz, tan pronto deponen el miedo, se
transforman paulatinamente de feroces y bárbaros en
civilizados o humanos, y de humanos en blandengues e
inactivos. Lejos de emularse unos a otros en la virtud, se
emulan en la fastuosidad y en el lujo. Pronto comienzan,
pues, a sentir hastío de las costumbres patrias y a adoptar
las ajenas, es decir, a ser esclavos»68.
Mención especial merece, por su actualidad, el
nacionalismo, uno de los más poderosos instrumentos
ideológicos, que hoy operaría principalmente en tres
sentidos: a) como factor potencial de desintegración de
Estados canónicos, b) como arma esencial de resistencia
«nacional» de determinadas potencias en relación
dialéctica con otras (nacionalismos ruso y chino frente
al «liberalismo anglosajón»); y c) como barrera para
integrar políticamente a naciones étnico-históricas más
o menos definidas que incluso han podido tener unidad
política en el pasado (Hispanoamérica). En relación
con el separatismo, Espinosa parece argumentar contra
el mismo cuando sostiene que cada cual puede utilizar
su libertad de juicio, pero siempre dejando a salvo la
soberanía del Estado: «podemos determinar […] qué
opiniones son sediciosas en el Estado: aquellas cuya
existencia suprime, ipso facto, el pacto por el que
cada uno renunció al derecho a obrar según el propio
criterio»69. Y, al referirse al culto y práctica religiosos
establece que «deben adaptarse a la paz y a la estabilidad
del Estado […]. La piedad hacia la patria es sin duda la
máxima que uno puede practicar»70.
Acaso en la España actual cabría observar una doble
dominación ideológica: por un lado, un nacionalismo
fraccionador del Estado; por otro, un «orteguismoeuropeísmo
» –liberal e hispanófobo–, formidable
escollo para cualquier integración política panhispánica.
Curiosamente, en Hispanoamérica se ha dado una
evolución más bien inversa: la ideología liberal, que
en un principio impidió la integración política, con su
fracaso práctico ha permitido que las ideas de proyectos
«integracionistas» hispanos –pese a su dispersión y
escasos resultados– hayan seguido vivas hasta hoy71.
(67) José Sánchez Tortosa, op. cit., pág. 16.
(68) TP/D (X, 4), pág. 274. Sorprende la actualidad de este principio:
al margen de poses políticas, hoy se adoptan con naturalidad y sin cuestionamiento
todas las ideologías, mitos y productos culturales anglosajones
(capitalismo, protestantismo, liberalismo/progresismo, indigenismo,
relativismo, el idioma inglés…), con claros efectos destructivos de la unidad
e identidad del mundo hispano. Es exactamente la actitud de aquellos
a los que Espinosa llama aquí, con todo rigor, esclavos.
(69) TTP/D (XX, II), pág. 506.
(70) TTP/D (XIX, II), pág. 487.
(71) Esta es la conclusión del artículo de Jesús Hernández: «La metrópoli
de toda la América. Argumentos y motivos del fallido hispanoamericanismo
mexicano, 1821-1843», Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de
México, nº 51, 2016, págs. 19-36: «(D)ebido a que la forma de inserción al
sistema económico internacional elegida tampoco ha satisfecho las altas expectativas
económicas de los países hispanoamericanos, sobrevive el anhelo
de integración hispanoamericana como una alternativa para estos».
El presente geopolítico en marcha: Estados frente
a Imperios
La multiplicidad de sociedades políticas del presente
puede considerarse o bien como una totalidad distributiva,
según relaciones de isología basadas en la condición de
Estados soberanos de sus partes; o bien como totalidad
atributiva, según relaciones políticas de sinalogía entre
Estados, basadas esencialmente en la interacción o
influencia política de unos Estados sobre otros72.
Desde el rechazo del materialismo metodológico
hacia el formalismo, tomamos esta segunda perspectiva
como la más útil para comprender la realidad del
presente geopolítico «en marcha», en que la existencia
formal de más de 200 Estados no implica en ningún
caso la existencia real de otras tantas soberanías
efectivas. Si aceptamos al Estado como el principal
sujeto político y, asimismo, admitimos que los Estados
se relacionan entre sí dialécticamente, es claro que las
obvias desigualdades materiales entre los Estados van a
determinar directamente las relaciones internacionales
sobre la base de potencias políticas desiguales. De
ahí la inoperatividad político-material de categorías
como clases, razas, naciones, modos de producción o
el propio mercado73, que, al carecer de subjetividad
operatoria, resultan inútiles para comprender la
verdadera dialéctica política, que esencialmente se da
entre Estados y sobre todo entre Imperios, en contra de
todas las interpretaciones economicistas de la historia.
Por ejemplo, la acumulación de capital que posibilitó la
revolución industrial y el posterior predominio técnicoeconómico
de las naciones anglosajonas no se debe –pese
a la creencia vulgar– a una innata superioridad de sus
instituciones o modelo económico, sino básicamente a
una explotación implacable por unos Estados poderosos
(Gran Bretaña y luego EEUU) de la América hispánica74,
en un proceso que podemos calificar de «acumulación
por depredación».
Por ello, una posición político-filosófica materialista
debería rechazar tanto el marxismo como el liberalismo,
pues ambos prescinden del Estado y promueven una
ideología internacionalista que, en la práctica, sólo
favorece los intereses del imperio depredador anglosajón
(72) Gustavo Bueno, Primer ensayo.
(73) El mismo error de perspectiva cometen los marxistas-comunistas
respecto a las clases sociales que los liberales-capitalistas respecto al
mercado: unos y otros pretenden convertir a esas abstracciones en sujetos
de la historia y la política, incluso hasta el extremo de querer prescindir
del Estado, cuando ninguna de ellas puede existir al margen del Estado.
Es lo que se conoce como sustancialización (o sustantificación). Tomadas
en conjunto, ambas visiones son, sin embargo, dominantes en los ámbitos
académicos y políticos de hoy.
(74) Pelayo García Sierra, op. cit., voz “España y América hacia el
futuro…”. Este proceso expoliador de Hispanoamérica fue esencial para
cimentar la industrialización y prosperidad material de los países anglosajones.
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realmente existente. Como acertadamente señaló Bueno,
en la tradición marxista, la idea de sociedad civil tiene
mucho que ver con inspiraciones teológicas (agustinianas)
secularizadas75. De hecho, en lo que llamamos imperios
diapolíticos o diaméricos, organizados como sistemas
de Estados, y al margen de la presencia de elementos
generadores, cabe cuestionar absolutamente la soberanía
real de los Estados subordinados, en cualquiera de sus
dimensiones: económica, militar, cultural-ideológica.
Estrictamente, muy pocos Estados son hoy plenamente
soberanos76.
En relación con la cuestión política de Europa,
Bueno ya advirtió que el proyecto europeo defendido
por Ortega constituía una contradicción77, la cual
hoy se refleja en el proyecto de Unión Europea (UE),
consistente en una tendencia a integrarse disolviendo
soberanías nacionales, junto a la imposibilidad de
federarse como Estado soberano mientras subsistan
los Estados miembros, y, sobre todo, mientras la UE
continúe supeditada al sistema atlantista liderado por
Estados Unidos. Pero que esto constituya jurídica y
materialmente un absurdo no impide el continuo poder
erosionador de la UE sobre la soberanía española
(militar, económico-monetaria, cultural-ideológica)78.
Espinosa argumentaba que «cuando el Estado ordena
algo irracional contribuye a su autodestrucción»79, y eso
mismo cabe aplicarlo tanto al régimen constitucional
de 1978 como al proyecto imperial euro-atlantista: el
proceso histórico en marcha en que se encuentra España,
es, de facto, el de su disolución política80.
Pero, como sabemos, España «no se agota» en
Europa; pertenece a un espacio lingüístico y cultural-
(75) Gustavo Bueno, «Principios…».
(76) En base a criterios monetarios, diversos autores sostienen que
sólo un reducido grupo de países, los que ejercen control sobre su moneda
nacional (generalmente, emisores de divisa de reserva internacional),
son realmente soberanos: Estados Unidos, Japón, Reino Unido, China,
Canadá, Australia, Suiza. Véase Katharina Pistor, «From territorial
to monetary sovereignty», Theoretical Inquiries in Law, vol, 18, nº 2,
págs. 491-517. De hecho, si a la exigencia de emisión estatal de divisa de
reserva le añadiéramos la de la posesión del arma nuclear, resultaría que
sólo habría tres Estados realmente soberanos: Estados Unidos, China y
el Reino Unido.
(77) Bueno, «La idea de España en Ortega», El Basilisco, nº 32, 2002,
págs. 21-22.
(78) La entrada en la OTAN ha supuesto ante todo el menoscabo de
la soberanía militar española, y no un mayor refuerzo de la seguridad
exterior, a pesar de la propaganda del Gobierno español en su favor, obviamente
presionado por Estados Unidos; por ejemplo, las ciudades de
Ceuta y Melilla quedan fuera de la protección, y expuestas a las reivindicaciones
de Marruecos, aliado de Estados Unidos. Son esclarecedoras
estas palabras de Espinosa: «Cuantas más sociedades firman un tratado de
paz […] menos poder tiene cada una de hacer la guerra […] menos autónoma
es y más forzada se ve a acatar la común voluntad de las sociedades
aliadas» (TP/D, III, 16, pág. 139).
(79) Fco. Javier Ansuátegui, op. cit., pág. 147. Véase también el excelente
artículo de José Sánchez Tortosa, op. cit.
(80) De otra forma, no se entiende por qué son legales partidos cuyo
programa político persigue la desintegración del Estado, algo que en base
a Espinosa sería lo más peligroso e irracional en una sociedad política.
civilizatorio de dimensiones mucho mayores. Acaso
cabría plantear, en base a Espinosa, si de un aumento
de la inestabilidad –por cambios geopolíticos debidos al
incremento de Estados y la competencia por el control
de recursos– podría seguirse la necesidad (utilidad) de
grandes agrupaciones políticas que sustituyeran a los
Estados-nación canónicos; en todo caso, la dialéctica
entre Estados dificultaría esta posibilidad por la
holización política alcanzada o en curso en la mayoría
de ellos (nacionalismo como potencia ideológica) y por
su lógica resistencia a desaparecer.
En el Primer ensayo sobre las categorías de
las «ciencias políticas», Bueno llevó a cabo la
conceptualización de varias opciones para un futuro
hipotético de abolición del sistema de Estados actual81 en
torno a dos grandes posibilidades: a) por fragmentación,
que a su vez podría conllevar o un incremento del número
de Estados o un orden apolítico, aestatal, sin ningún
Estado; o b) por federalización, que a su vez podría o
bien conducir a un solo orden supraestatal mundial –
«Cosmópolis», que cancelaría la dialéctica y extinguiría
el Estado pero no la política–, o bien a un orden de
organizaciones transestatales. Bueno no desarrolló
esta última opción, aunque cabría prever aquí la
continuación del orden internacional estatal con Estados
«continentales» procedentes de la transestatalidad,
lo que no sería sino la reaparición de la dimensión
imperial en situación de codeterminación total, donde
continuaría la dialéctica, tanto a nivel intra como interestatal
(especialmente vinculada a la identidad). En
este contexto hipotético supraestatal, una alternativa
transestatal aplicada a la Hispanidad podría suponer,
de hecho, un super-Estado hispano, si bien tampoco se
excluye la posibilidad de que los distintos «fragmentos»
del mundo hispánico acabasen integrados, como partes
menores, en otras unidades mayores culturalmente
diferentes, lo que, a la postre, podría conducir a la
desaparición de la Hispanidad.
Opciones prolépticas: ¿Nación política, confederación
o federación?
En sus principios filosófico-políticos, Bueno propone
la reconstrucción de las ideas teleológicas (finalistas)
a partir de la idea de identidad, idea que también está
en la base de la dialéctica. Se distinguen dos tipos de
finalidades: lógicas y prolépticas, y son estas últimas las
que interesan especialmente a la teoría política, dado que
el campo de la misma es fundamentalmente práctico. La
prolepsis designa los planes y programas políticos para el
futuro, que se fundan sobre la anamnesis (recuerdo) del
pretérito. Para que se dé un fin proléptico es necesario,
pues, que medie un sujeto operatorio entre el referente y
(81) Gustavo Bueno, Primer ensayo, págs. 263 y sigs.
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el fin, para lo cual basta que dicho sujeto se represente
un análogo del resultado o contexto del proceso o
configuración82.
En el caso de los pueblos hispanos, tiene sentido
proponer que éstos partan de la anamnesis de su propia
historia y experiencia políticas, especialmente de aquellas
que les son únicas: por ejemplo, el proceso constituyente
de Cádiz o la tradición católica en que la Iglesia siempre
mantuvo un espacio propio separado del Estado (función
metapolítica de la Iglesia). De entre las varias opciones
políticas que informasen posibles opciones prolépticas
para España e Hispanoamérica, podríamos destacar las
siguientes: a) integracionismo «liberal-democrático» (al
estilo UE), b) opciones postestatales, c) nación política
(«Estado nación»), d) confederalismo, y e) federalismo.
Las dos primeras, en gran parte, han sido ya tratadas, por
lo que aquí nos centraremos en las otras tres.
Después de todo lo comentado hasta ahora, parece
evidente que, en un contexto de dialéctica de Estados, lo
más razonable –políticamente– es defender la opción del
Estado como proyecto más viable en cuanto constituye
el principal sujeto operatorio de la política. En tal
sentido, se haría preciso defender los Estados canónicos
ya constituidos en la actualidad frente al riesgo de los
secesionismos. Ahora bien, si «la identidad (esencia o
estructura) de España no se “agota” en su condición de
nación»83, cabría plantear si preservar el modelo canónico
europeo de Estado-nación debería ser un fin proléptico
en sí mismo84. Razones tanto de orden geopolítico como
histórico-culturales aconsejarían buscar la respuesta en
otro tipo de proyectos.
En palabras del propio Bueno, «La expresión “las
Españas” replantea de un modo nuevo la cuestión de
la naturaleza y de la identidad de España, en cuanto
unidad de alcance superior al de la mera yuxtaposición
del conjunto de “las Españas”. Una unidad que, en el
lenguaje político, podría incluso traducirse como una
propuesta de federación o confederación entre las
partes pertinentes»85. Es evidente que aquí se habla de
la Comunidad Hispánica, si bien Bueno no define sus
límites de forma precisa, al olvidar a Filipinas y en
cambio incluir a Portugal. En todo caso, parece sensato
sugerir que los tres vectores esenciales de cualquier
proyecto de alcance hispánico serían: a) la cuestión
de la naturaleza jurídica (confederación o federación
hispánica frente a la UE o la globalización aestatal); b)
(82) Gustavo Bueno, «Principios…».
(83) Gustavo Bueno, EfE, pág. 78.
(84) La España actual sólo representa el 0,6% de la población
mundial y su tasa de natalidad es de las más bajas del mundo (según
datos de la ONU para el período 2015-2020). Desde el 2000 sufre
el proceso más acelerado de desindustrialización entre los mayores
países de Europa (véase el informe de Funcas de 10 de julio de 2015:
https://blog.funcas.es/la-desindustrializacion-de-espana-en-el-contexto-
europeo/).
(85) Gustavo Bueno, EfE, pág. 57.
la identidad hispánica (frente al multiculturalismo o el
cosmopolitismo); y c) el ethos católico, que está en la
base de todo nuestro desarrollo histórico y aún define a
la Hispanidad como civilización.
En base a Espinosa, parece obvio que aspectos como
la potencia de otros grandes Estados e imperios o la
utilidad del conjunto hispánico deberían primar sobre el
«nacionalismo estatalista», pues la defensa del actual statu
quo desde posiciones «sentimentalistas», «racialistas» o
de otra índole subjetivista no sería políticamente racional,
dadas las condiciones de desigualdad material impuestas
por la potencia de otros Estados e imperios. Desde una
perspectiva hispanista y siguiendo tanto a Bueno como
a Espinosa, habría que decantarse siempre por adquirir
mayor potencia86. Por ello, pasaremos a comentar la
viabilidad del confederalismo y a continuación la del
federalismo.
Aunque en España frente a Europa, Bueno habla
de una «confederación hispánica o iberoamericana»,
con un mercado y moneda comunes, como única vía de
librar a Hispanoamérica del imperio angloamericano y
a España de la UE87, prescinde, expresamente, de toda
consideración sobre la específica naturaleza política de
dicha entidad. Por ello, aunque la dirección apuntada
por Bueno es enteramente correcta, hay que advertir
que su indefinición política y su exclusiva orientación
económica obvian las capas conjuntiva y cortical, sin
las cuales se haría de facto imposible liberar a los países
hispánicos del imperialismo exterior. No se olvide que
ningún proyecto de integración basado en criterios
sólo comerciales y económicos ha conseguido jamás
integración política efectiva alguna –de lo que es prueba
el fracaso del «integracionismo latinoamericano»–. Y
sobre las cumbres iberoamericanas el propio Bueno
ya advirtió que estas «dejan fuera los aspectos más
conflictivos»88. El gran problema, en definitiva, de la
confederación, es que no es un ente soberano; en ella
cada Estado conserva el derecho de romper la alianza
y por ello la confederación –salvo que evolucione por
vía federativa– siempre poseerá una naturaleza precaria
e inestable, cuando no efímera.
Teniendo en cuenta, en consecuencia, que tanto
desde un punto de vista jurídico, como filosófico-político
materialista, sólo el Estado soberano cumpliría los
requisitos para poder operar efectivamente en el mundo
(86) Recuérdese, por ejemplo, a este respecto, que el político e historiador
mexicano Lucas Alamán (1792-1853) defendía que los países
hispanoamericanos debían unirse porque sólo así alcanzarían «las consideraciones
que en la política sólo se concede a las grandes masas» [el
subrayado es nuestro] (véase Salvador Méndez, El hispanoamericanismo
de Lucas Alamán (1823-1853), Universidad Autónoma del Estado de
México, Toluca, 1996, pág. 278). Irónicamente, el proyecto de Alamán
fracasó por basarse en criterios sólo económicos, y no propiamente políticos
(el mito del «mercado común» sin Estado).
(87) Gustavo Bueno, EfE, pág. 388.
(88) Pelayo García Sierra, op. cit., voz “España y América hacia el
futuro…”.
30 El Basilisco
José Ramón Bravo García. Nación política, dialéctica imperial: el «problema hispano»
El Basilisco, nº 52 (2019), págs. 20-32. ISSN 0210-0088 (vegetal) ISSN 2531-2944 (digital)
político real, la única opción viable que nos restaría
sería la federación. Ahora bien, en este punto cabe hacer
dos observaciones importantes. En primer lugar, debe
criticarse la aplicación de la vía federativa para Estados ya
existentes hoy; por ejemplo, España. Aparte del absurdo
que ello supone desde el punto de vista teórico y más
aún práctico –requeriría disolver una unidad soberana
ya constituida para volver a reunir sus partes, pues no
otra cosa significa federar–, nada sustancial variaría en
cuanto a la potencia efectiva de dicho Estado respecto a
las relaciones de fuerzas del sistema ya dado de Estados
e imperios en permanente relación dialéctica. En la
práctica, esta «solución» sólo tiene un mero sentido de
reorganización institucional dentro de un mismo Estado
ya dado, por lo que debe descartarse en nuestro caso.
En segundo lugar, la experiencia histórica parece
demostrar que los procesos de federación exitosos sólo
se han producido por la concurrencia de una potencia
hegemónica o «directora», ya sea externa a la federación
(caso de España y Francia respecto de Estados Unidos),
ya de manera interna (Prusia respecto al resto de
Alemania); además, dichas uniones frecuentemente se
condujeron por la vía de la fuerza militar89. Si tenemos en
cuenta la obvia resistencia de los Estados a disolverse de
forma voluntaria, podría no quedar más opción realista
que considerar la fuerza, lo cual plantea, como es obvio,
grandes problemas.
En vista de todo lo dicho, las opciones prolépticas
generadoras que, en resolución, podrían proponerse
para el caso concreto de España, desde una hipotética
perspectiva panhispánica, serían esencialmente dos: a)
federarse con Hispanoamérica y Filipinas; ó b) promover
la integración política de Hispanoamérica y Filipinas,
pero manteniendo España su propia soberanía –al estilo
del «proyecto atlantista» de EEUU respecto a la UE–,
si bien para liderar este proceso no parece que España
disponga de la suficiente potencia en el presente.
Para finalizar, nos parece oportuno sugerir que, frente
al liberal-protestantismo capitalista dominante, acaso una
opción que podríamos denominar catolicismo político
no sólo sería lo más coherente con nuestra tradición
histórica, sino además un sistema más racional, incluso
en el sentido de la eficiencia del Estado democrático
espinosiano, por cuanto reconocería tanto la dimensión
(89) Julio C. González es taxativo al afirmar que Estados Unidos es
una creación de la acción militar terrestre de España y de la acción militar
de la escuadra francesa, e incluso llega a sugerir que fue José de Gálvez
quien programó la creación de Estados Unidos y la del Virreinato del Río
de la Plata –temporalmente casi simultáneas– para forjar una geopolítica
continental contraria a las pretensiones británicas de apoderarse de las
Indias. La posterior expansión imperialista de Estados Unidos a costa de
las Españas supuestamente habría frustrado estos planes iniciales (Julio
González, op. cit., págs. 51-92). En cualquier caso, es claro que lo que
animaba la acción de la Monarquía hispánica –al margen de la pretendida
anglofobia de Carlos III– era la destrucción del poder británico, lo que
prueba una vez más la potencia de la teoría materialista de la dialéctica de
Estados (imperios) para explicar el funcionamiento real de las relaciones
internacionales.
individual como la social, sin renunciar a lo político. Un
Estado que, al igual que Espinosa, «buscará por todos los
medios que el pueblo mantenga cierta autonomía y que
el poder estatal esté repartido y controlado por diversos
organismos, de suerte, además, que la utilidad de quienes
lo ejercen esté condicionada por el bien general»90.
Conclusiones
Afirmó Espinosa que la sociedad peca cuando hace o
deja hacer algo que puede provocar su ruina, cuando
obra en contra de la razón91. Tal vez la razón hispánica
se halle en esa búsqueda permanente de un proyecto
universal a la que diversas veces se refirió Bueno. No
es fácil saber si la salida al «leyendanegrismo», al
separatismo, al europeísmo y al fracaso del Estado liberal
(modelo franco-alemán), será justamente un proyecto
hispánico que, con variados matices y variantes, puede
ser mejor aceptado por todos los grupos que apoyan esas
tendencias, salvo quizás el europeísta. Si las «añoranzas
de Antiguo Régimen» de los separatistas fraccionan a
los Estados hispánicos, por su lado el «modelo liberaleuropeo
» fracciona a la Hispanidad. La solución más
racional al problema hispano puede estar en el modelo
de la «Nación política gaditana» de ambos hemisferios,
que integra respetando la diversidad hispana y admite
una liberalidad –que no liberalismo– cuyas raíces se
hunden en la propia tradición católica hispana.
El liberalismo político –como instrumento de
imperios enemigos– acabó con la unidad hispánica, pero,
si bien en España prevaleció la ideología «orteguianoeuropeísta
» (anti-hispánica), en Hispanoamérica, en
cambio, a pesar de la leyenda negra, del indigenismo y
del enorme influjo anglo-protestante y liberal-capitalista,
ha pervivido hasta hoy una ideología integracionista
que, aunque difusa y fragmentaria, habría que calificar
de propiamente hispánica92. Contra la opinión frecuente
de que España es la «generadora» de veinte repúblicas
hispánicas, sostenemos que son básicamente dos los
productos generados por España en América: a) una
nación étnico-histórica hispanoamericana y b) la república
de los Estados Unidos de Norteamérica. Las repúblicas
hispanoamericanas liberal-capitalistas fueron en realidad
una creación británico-angloamericana que no responde
ni a los intereses de España ni a los de Hispanoamérica,
(90) TP/D, pág. 48.
(91) TP/D (IV, 4), pág. 143.
(92) La nómina de autores hispanoamericanos que –desde ámbitos
variados y en distintas épocas– han defendido la integración de Hispanoamérica
es muy larga. Por citar tan sólo a algunos: Lucas Alamán,
Octavio Arizmendi, Alberto Buela, Felipe Ferreiro, José Galat, Julio C.
González, Pedro Henríquez Ureña, Juan José Hernández Arregui, Jorge
Luna Yepes, José Martí, Alberto Masferrer, Gabriela Mistral, Juan Rafael
Mora, Mariano Picón Salas, Jorge Abelardo Ramos, Carlos Rangel, José
E. Rodó, Ricardo Rojas, José María Rosa, Augusto César Sandino, Rafael
R. Seijas, Ricaurte Soler, Manuel Ugarte, José Vasconcelos.
El Basilisco 31
José Ramón Bravo García. Nación política, dialéctica imperial: el «problema hispano»
El Basilisco, nº 52 (2019), págs. 20-32. ISSN 0210-0088 (vegetal) ISSN 2531-2944 (digital)
sino a los del imperialismo anglo-capitalista93. La
persistencia de una Hispanidad fragmentada en una
veintena de Estados-nación señala el fin de su operatividad
en la Historia universal, frente a los grandes Estados
continentales e imperiales. Sólo una federación hispana de
dimensión imperial (continental) puede volver a operar en
la historia; ni los Estados-nación actuales –por sus obvias
limitaciones materiales– ni las confederaciones –por no
ser sujetos soberanos– tienen la capacidad de hacerlo y,
es más, pueden acabar disolviéndose frente a los Estados
imperiales realmente existentes.
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(93) Con independencia de los diferentes fundamentos históricos e
institucionales de Estados Unidos (liberal-protestantes) y de Hispanoamérica
(católico-tomistas), si aceptamos la teoría de que Estados Unidos
es creación franco-española y que la separación y fragmentación de Hispanoamérica
es obra británica, se concluye de forma bastante lógica que
el «fruto político» de dos potencias católicas –España y Francia– fue una
grande y poderosa nación (Estados Unidos), mientras que el de Gran Bretaña
fueron unas repúblicas depredadoras hacia adentro –las repúblicas
hispanoamericanas– y que hacia afuera cumplen la función de colonias
del imperio anglo-capitalista: su fracaso e involución históricos son bien
patentes.
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Recibido: 20.4.19
Aceptado: 4.6.19
ESCUELA DE FILOSOFÍA
DE OVIEDO
La Fundación Gustavo Bueno inauguró en
abril de 2010 las actividades de la Escuela
de Filosofía de Oviedo, rótulo con el que se
institucionalizan algunas de las actividades
académicas de la Fundación. Se asume así
una denominación que, desde hace años,
viene utilizándose informalmente para
denominar el entorno principal en el que,
desde hace décadas, se viene desarrollando
el sistema del materialismo filosófico. Una
denominación que gustaba particularmente
a José María Laso Prieto (1926-2009), que
fue patrono fundador de esta Fundación,
y que utilizó en 2004, una vez más, en
el discurso que pronunció al recibir el
nombramiento de Hijo adoptivo de la
ciudad de Oviedo: «…como consecuencia
de ello, me integré en la denominada
Escuela de Filosofía de Oviedo.»
Videos de las sesiones disponibles en:
http://www.fgbueno.es/act/efo.htm

Ramiro Fonte, poeta español, que escribe en gallego y español, al que podemos relacionar con el peruano César Vallejo cuando se dirige a los niños del mundo, en el poema España, aparta de mí este cáliz.

Os nenos de Europa – Los niños de Europa

Os nenos de Europa                                                 Ramiro Fonte

Estes nenos que xogan ó balón                       Xunto ás mortas ruínas dunha casaBombardeada;Alleos á convulsa paisaxe que os circunda,Ignorantes do que pasou na guerra,                                 5Son os nenos de Europa.
Estes nenos que xulgan, con ledicia,A perfección do branco trasatlánticoQue aparece no porto,Porque non saben o que significan                                 10Certas palabrasComo lonxe, decenios ou periplos,Son os nenos de Europa.
Estes nenos que amosanAs cifras tatuadas nos seus brazos;                               15Viúvos para sempre da tristuraPorque eles xa cruzaron a fronteiraDas terras habitadas soamentePolos desesperados, e volveronNos lentos trens,                                                           20Son os nenos de Europa.
Estes nenos que xoganÁs escondidas,Entre as tumbas sen nomesDun frío camposanto suburbial                                        25E, cando cae a noite,Regresan fatigados ás súas casasE despois se acubillan nun cuarto de madeiraE non queren mancharA almofada de lágrimas, tamén                                       30Son os nenos de Europa.
Ningún outro país puideron darnos.Ningún máis verdadeiroNin menos doloroso recibimos:                       
Durmimos e soñamos                                                     35Sobre a mesma almofada que eles foron tecendoCon ese fío escuro dos seus soños.
Tódalas noitesConciliamos o sono                                                                           Sobre o tremor do mundo,                                               40Sobre vellos temores aceptados.
Somos os fillos raros deses nenos[1].                                               


[1]      Citamos el texto según la siguiente edición, revisada por el autor: “Os nenos de Europa”,  Mínima moralidade, Deputación Provincial da Coruña, A Coruña, 1997, págs. 51-52.


Sugerimos , para analizar y criticar este poema, el estudio atento de este importante artículo escrito desde el Materialismo Filosófico, como sistema aplicado a la Crítica Literaria y la Literatura comparada. Su autor, el profesor Jesús González Maestro, es el autor de la obra en tres tomos, titulada Crítica de la Razón Literaria. Consultar el siguiente enlace: https://www.ersilias.com/wp-content/uploads/ramiro-fonte.pdf


Los niños de Europa                                                Ramiro Fonte

Estos niños que juegan al balón                      Al pie de las ruinas de una casaBombardeada,Ajenos al convulso paisaje que los cerca,No sabiendo lo que pasó en la guerra,                               5Son los niños de Europa.                                                        Estos niños que juzgan, divertidos,La perfección del blanco trasatlánticoQue aparece en el puerto,Porque no saben lo que significan                                    10Ciertas palabrasComo lejos, decenios o periplos,Son los niños de Europa.
Estos niños que muestranunas cifras tatuadas en sus brazos,                                  15De la tristeza viudos para siempre,Pues ellos ya cruzaron la fronteraDe las tierras pobladas solamentePor los desesperados, y volvieronEn lentos trenes,                                                             20Son los niños de Europa.
Estos niños que jueganA escondidasEntre tumbas sin nombresDe un frío cementerio suburbial                                         25Y, cuando cae la noche,Regresan fatigados a sus casasY se acogen después a un cuarto de maderaY no quieren mancharLa almohada de lágrimas, también                                    30Son los niños de Europa.
Ningún otro país pudieron darnos.Ninguno más auténticoNi menos doloroso recibimos:                          
Dormimos y soñamos                                                      35En la misma almohada que ellos fueron tejiendoCon el oscuro hilo de sus sueños.
Todas las nochesConciliamos el sueño                                                                        Sobre el temblor del mundo,                                             40Sobre viejos temores aceptados.
Somos los hijos raros de esos niños[1].


[1]      Traducción española de Xavier R. Baixeras, en “Los niños de Europa”, Capitán Invierno, Valencia, Pre-Textos, 2002, págs. 50-51.

Cuatro estampas de niños: jugando entre ruinas, admirando los barcos en un puerto, niños supervivientes de un genocidio, niños jugando entre tumbas anónimas. Niños de otra época, marcados por la tragedia, conscientes unos, inconscientes otros.
Que los niños de la primera estampa ignoren la guerra es cierto sólo en parte, porque las consecuencias del bombardeo están aún en el escenario; intentan más bien jugar a que no lo recuerdan, enajenándose del paisaje desolado. Sí parece que los de la segunda ignoran del todo la amargura de la emigración; para ellos el barco sólo les puede ofrece un viaje maravilloso de aventura.
El horror de la tercera estampa ya no se puede ocultar. Estos niños han vuelto de la muerte. Sus mentes están tan marcadas como sus cuerpos. Desde su futuro, nosotros sabemos que sobrevivirán.
De los niños de la última estampa se nos muestra algo más. Vemos que sufren de noche, en sus cuartos miserables; y que resisten.  Son diferentes formas de seguir viviendo. Algunos no saben nada del pasado cruel, otros lo saben todo. Pero sobre todos pesa y condiciona lo que llegarán a ser.
El poeta, desde un tiempo menos duro, compara presente y pasado, y los sueños de aquellos niños con nuestros sueños, en apariencia menos angustiosos. La Europa de aquellos niños es la nuestra. Nosotros lo sabemos, y nuestro ser de hoy es inexplicable sin la historia de ayer. Somos herencia, síntesis de conflictos y dificultades, hijos raros.
Somos capaces de dormirnos sobre un mundo convulso; los viejos temores están aceptados, pero no amortizados. Cuidado.
¿Explica nuestra historia, tan diferente de la norteamericana, algunas actitudes diferentes ante la guerra?
                                                           Juan José GuiradoMayo de 2003
Publicado por Juan José Guirado en 21:07Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir con TwitterCompartir con FacebookCompartir en PinterestEtiquetas: Daños colateralesMis escritos revisitadosTeoría de la literatura

1 comentario:

  1. jorge iván Grisales8 de enero de 2018, 1:35Muchas gracias, fui remitido a buscar este poema de Ramiro Fonte al escuchar un poema de Cesar Vallejo el 15 de España aparta de mi este caliz

Crítica literaria del poema de César Vallejo: España. aparta de mí este cáliz.

César Vallejo País: Perú Nacimiento: Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 Defunción: París, 15 de abril de 1938 Biografía de César Vallejo Estudió Literatura en la Universidad de la Libertad de Trujillo, a donde se había trasladado a vivir, abandonando los estudios por razones económicas. Trabajó en una plantación de caña de azúcar, con el fin de sufragarse los estudios, licenciándose más tarde en Literatura Española en la Universidad Nacional mayor de San Marcos. Marchó a lima trabajando allí como profesor, publicando por entonces sus primeros poemas. En 1923, emigró a Europa, viviendo en París, viajando tres veces a la URSS, y viviendo otros dos años en España, ganándose escasamente la vida con colaboraciones en las revistas Variedades y Mundial de su país, y en otras de Francia, España e Italia. Nunca regresó a Perú.


En este enlace se puede acceder a una edición en línea del poema , completo, de Vallejo https://es.wikisource.org/wiki/España,aparta_de_m%C3%AD_este_cáliz(1939)


Un ejemplo del modo ( uno de los muchos posibles usos) en que puede ser utilizada como instrumento político , la poesía, la Historia. O del uso ideológico y sofisticado, aun diríamos, inclusive que sofista, de la cosa pública y de la Literatura y la Historia. https://www.pscp.tv/Gob_CDMX/1vAGRqzdYqRKl?t=8s

Concepción de la Literatura , según Mario Vargas Llosa. Propuesta Para la crítica y el análisis desde el Materialismo Filosófico (Gustavo Bueno), como Teoría, Crítica y Dialéctica de la Razón Literaria (Jesús González Maestro)

Desde INTROFILOSOFIA, sugerimos contrastar los contenidos de la entrevista , en los que Vargas Llosa expone de modo condensado, dado el formato, sus propias teorías acerca de la Literatura y sus contenidos e implicaciones sociales, políticas, históricas.

Para el contraste, de carácter dialéctico y científico, basado en un sistema de Ideas y conceptos categoriales, proponemos (desde INTROFILOSOFIA ) utilizar como criterio los materiales que nos aporta la obra del profesor de Teoría de la Literatura y de Literatura Comparada, Jesús G Maestro, de la Universidad de Vigo (España). En su obra, en tres volúmenes, titulada Crítica de la Razón Literaria, Maestro se podría referir a la novela más reciente del Nobel peruano español, Vargas Llosa, Tiempos recios, como una novela escrita en la línea de lo que en la Crítica de la Razón Literaria son las literaturas definidas como Literatura programática o imperativa . Otro de los temas importantes que hemos podido ver en esta entrevista es cómo para Vargas Llosa , las relaciones entre la Historia y la Literatura, resultan ser un asunto de tipo gnoseológico, ya que se plantea la conexión entre Historia y realidad, entre Literatura y realidad. Pero lo que Vargas Llosa trata de explicar, no lo logra eficazmente, por carecer de una teoría de la Literatura sistemática lo suficientemente racional y científica, como para analizar estas cuestiones con precisión gnoseológica


Sobre el concepto de ficción y su lugar en la Literatura y la Teoría y crítica de la Literatura, según Jesús G Maestro, ver el texto en este enlace: http://jesus-g-maestro.blogspot.com/2015/02/ficcion-literatura.html


Para estudiar esta novela de Vargas Llosa, donde se trata, desde la ficción literaria, un tema con un importante componente histórico, relativamente reciente, como fue el golpe orquestado para derrocar a un presidente democráticamente elegido , como lo fue el guatemalteco Jacobo Arbenz, derrocado en 1954, bajo el plan orquestado por la United Fruit Company,el Departamento de Estado de los EEUU y la CIA, con colaboración interna, y de siervos de los EEUU como el dictador nicaragüense de la saga de los Somoza. Gregorio Selser (Buenos Aires, 1922-México , 1991) periodista argentino , exiliado en México, e historiador y analista político, resulta un autor imprescindible para esta labor de análisis crítico que INTROFILOSOFIA sugiere, de las conexiones entre ficción literaria y hechos y relatos aportados desde la Historia. Selser es autor de más de una treintena de libros sobre Hispanoamérica y las relaciones internacionales de sus Estados, en especial con su vecino del Norte de América, cuyo intervencionismo es ya bien conocido, por ejemplo, desde su demagógica y cínica Doctrina Monroe. Sugerimos consultar el sitio de CAmeNA, Centro Académico de la Memoria de Nuestra América, donde se encuentra el Archivo Gregorio y Marta Selser, además de otros valiosos materiales para el estudio riguroso y científico de Hispanoamérica. https://selser.uacm.edu.mx/busca_registros.php?lista_fondos=1&lista_secc_tem=0&lista_serie_geo=&palabras=Jacobo%20Arbenz

Datos del volumen IV de la obra De Gregorio Selser : Crónica de las intervenciones extranjeras en América Latina.
Datos sobre el derrocamiento de Jacobo Arbenz mediante lo que se conoce como El Guatemalazo, tomados del Vol. IV de la obra De Gregorio Selser titulada Crónica de las intervenciones extranjeras en América Latina.
Diego Rivera, pintor muralista mexicano. Título de este cuadro: La gloriosa victoria, cuyo contenido político , y podemos decir, histórico, resulta importante destacar. Es una muestra de la concepción comunista del arte , que es entendida y ejercitada como un arma al servicio de la Revolución y para educar a las masas obreras y campesinas, que en su mayoría eran , en las primeras décadas del siglo XX, analfabetas.
Simbolismo anti monopolista sobre las compañías estadounidenses que dieron lugar al concepto de repúblicas bananeras. La United Fruit Company estuvo siempre plenamente implicada en la organización y puesta en marcha del derrocamiento del presidente guatemalteco Jacobo Arbenz, víctima del guatemalazo , en el cual la CIA y el Departamento de Estado de los EEUU fueron cerebros y motores esenciales. Habrá que leer la novela de Vargas Llosa para ver cómo el escritor maneja los datos históricos , desde una perspectiva de la Historia real, para tratar de hacer una crítica literaria a fondo , y con criterios fuertes, científico filosóficos no relativistas ni ideológicos .

FUENTE Diario ABC , Suplemento ABC Cultural https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-mario-vargas-llosa-mision-literatura-no-solo-procurar-placer-sino-formar-ciudadanos-criticos-201910190354_noticia.html

AUTORA DE LA ENTREVISTA

Laura Revuelta

Actualmente es Redactora Jefe del ABC Cultural. Antes formé parte de la Redacción del suplemento dominical Blanco y Negro. Licenciada en periodismo por la Universidad Complutense, de Madrid. También ha sido docente del Máster de Cultura Contemporáne en el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset.

Mario Vargas Llosa(Arequipa, Perú, 1936) nos recibe en su casa madrileña de Puerta de Hierro. Puntual, impecable, entra en el despacho-biblioteca presidido por un retrato de Isabel Preysler donde nos han indicado que esperemos. Una tarde del mes de octubre de un calurosísimo Madrid. Verano en pleno otoño. Él nos invita a que charlemos en el jardín rodeado de castaños sobre su útima novela Tiempos recios.

¿Por qué esta novela en este preciso momento?

Comenzó de una manera muy anecdótica: yo estaba hace unos tres años en la República Dominicana, en una cena y, de pronto, una persona que no reconocí -habíamos sido amigos, pero hace mucho que no lo veía- me dijo: «Mario, tengo una historia para que la escribas». Basta que alguien me diga que tiene una historia para que la escriba, para que yo no la escriba nunca. Pero lo que él me contó -era Tony Raful, un amigo escritor, periodista, poeta- me dejó muy intrigado. No conocía la implicación que tuvo el generalísimo Trujillo en el golpe de estado que llevó a cabo Castillo Armas contra el presidente Árbenz, con ayuda de la CIA en la Guatemala del año 1954. 

¿Para escribir estos «Tiempos recios» se ha documentado como en anteriores trabajos sobre el terreno, al modo periodístico?

Guatemala la conocía como turista, había visto las ruinas mayas… Y con este motivo fui a hacer trabajos de documentación, viajé mucho por todo el país, seguí toda la ruta de la ascensión militar de Castillo Armas contra Árbenz, y fue muy interesante; entrar en una historia que es tan rica, tan diversa, tan violenta… Probablemente es la historia más violenta de América Latina, la de Guatemala en esas fechas.

Trujillo es el protagonista de «La fiesta del chivo» y ahora regresa en esta novela. ¿Cierra un ciclo centrado en la Historia de América Latina del último siglo?

La Historia siempre ha estado muy presente en mi trabajo de escritor. Yo tuve la suerte, en San Marcos, la universidad donde estudié, de tener un profesor de Historia extraordinario, el doctor Raúl Porras Barrenechea. Y eran tan extraordinarias sus clases que a mí me hicieron dudar si debía seguir Literatura o Historia. Afortunadamente no lo hice, pero la Historia siempre me ha fascinado.

¿Nos perdimos a un gran historiador y ganamos a un gran novelista?

Un novelista es mucho más libre que un historiador, porque no tiene esa responsabilidad con la verdad que tiene un historiador o un sociólogo, en fin, un investigador científico. Yo creo que nadie se engaña cuando abre una novela, sabe que no es Historia. Es la verdad literaria, que no siempre coincide con las verdades históricas. Una novela lo que tiene es que persuadir al lector de que la historia que le cuenta es verdad, pero puede ser una historia que no tenga muchas relaciones con la verdad objetiva.

Ha viajado al pasado al citar la universidad de San Marcos, yo retrocedo un poco más en el tiempo y le recuerdo la época en la que escribió crónica de sucesos. ¿Ese componente periodístico nunca ha abandonado su manera de contar?

Espero que sí, porque creo que soy un escritor realista en el sentido ancho de la palabra. Creo que la literatura es un elemento que pone en contacto a los lectores con una realidad profunda, que muchas veces, en la superficie, puede desentonar con la verdad. No obstante, a largo plazo, es el mejor testimonio sobre la verdad de una época. Pienso en la verdad de las sagas novelescas. Pérez Galdós, pongamos por caso, es un documento fundamental para entender la España del siglo XIX, para entender un poco la Historia moderna de España.

¿Entonces cuál sería la función de la literatura?

La función de la literatura no es solo procurar placer, entretenimiento, fascinación, a los lectores, sino también formar buenos ciudadanos para la sociedad democrática, para la sociedad libre. Es decir, dotarlos de un espíritu crítico. 

Una gran responsabilidad, mientras cada año los niveles de lectura bajan. Al menos, aquí en España de una manera sobrecogedora.

Debemos enfrentarnos a esa tendencia cultural que, por desgracia, se da tanto en el Primer mundo como en el Tercer mundo. La cultura tiene una orientación que es fundamentalmente audiovisual, y la importancia de las ideas que trascendían de los libros va quedando muy marginalizada. Hoy en día la cultura tiende a ser solo entretenimiento. La educación llega a mucha más gente, pero es mucho más superficial. Ese elemento crítico en los ciudadanos, que es tan importante en una sociedad libre, se puede perder si las imágenes suplantan completamente a las ideas.

Para usted, la lectura fue el refugio para huir de la hostilidad de su entorno.

Sobre todo en la relación con mi padre, que fue muy difícil, muy mala… Me salvó la literatura, la lectura, entrar en un mundo muy distinto, un mundo de aventuras, de fascinación, de existencias absolutamente fuera de lo común. Además, es un mundo que a mí me hacía viajar, me sacaba de la pequeña «cárcel» de Lima y me hacía viajar por el mundo, por el tiempo, hacia el pasado, hacia el futuro. La literatura fue mi salvación en esos años de adolescencia muy difíciles que pasé con mi padre.

¿Y ahora qué representa para Vargas Llosa la lectura?

Sigue siendo el placer de los placeres. Encontrar un buen libro… Ahora soy más crítico a la hora de juzgar los libros. Entonces, uno creía que tenía tiempo para leer toda la literatura. Ahora ya no, uno descubre que tiene un tiempo relativo disponible, y procura leer buenos libros, o releer buenos libros. 

¿Qué ha releído y releería una y mil veces?

Muchas cosas. Por ejemplo, he releído de Tolstói Guerra y paz por lo menos tres veces; el Quijote, un libro que he leído, releído, para enseñarlo. Ha sido un gran placer, es un verdadero monumento. Una novela que a mí me gusta muchísimo, y a la que he procurado defender y, sobre todo, darla a conocer en España, es el Tirante el blanco, de Martorell. Es un libro extraordinario que yo leí cuando estaba en la universidad, y lo leí en catalán. Pienso que en la novela ha habido siempre esa ambición de competir con el mundo real de igual a igual. Creo que las mejores novelas son también novelas largas.

¿Novelones, grandes frisos, retratos de épocas?

Exactamente, grandes panoramas de una época o de un problema determinado. Creo que esa vinculación entre la literatura y el mundo real es absolutamente indispensable para que la literatura cumpla con su función de crear lectores críticos, lectores insatisfechos con la realidad. Para mí, esto es la locomotora del progreso.

Con Carlos Ney, quien inició a Vargas Llosa en el periodismo de sucesos

Hablando de lectores críticos, a usted un lector más joven le puede asociar con un pensamiento político cercano al liberalismo, y les sorprende la crítica feroz a la CIA, a Estados Unidos, de su última novela.

Esa crítica la puede hacer un demócrata y un liberal como yo. Esa crítica es una crítica a una imposición abusiva contra un gobierno legítimo salido de elecciones libres y en la que el presidente pidió un mandato para las reformas que iba a hacer. Digamos que los liberales tenemos que defender eso: el derecho de los países a tener gobiernos elegidos y rechazar que una potencia pueda intervenir militarmente para cambiar la decisión de los ciudadanos. 

¿Y cuando ve movimientos campesinos como los recientes de Ecuador, qué piensa?

¿Quién está detrás de esta operación para acabar con el Gobierno de Lenín Moreno? Desde luego, Venezuela, desde donde se dirigen prácticamente las acciones insurreccionales, y está Correa, el expresidente populista, nacionalista, que llevó prácticamente a la ruina al Ecuador. Lenín Moreno mantiene enderezada esa política, la ha movido hacia un centro más realista, más presentable y quieren acabar con la democratización del Ecuador que vino con él.

Venezuela salió a relucir, ¿dedicaría una novela a contar su historia reciente?

Venezuela tiene muy buenos novelistas, no me necesitan a mí. Pero tiene muy buenos temas ahí. Mire, el país, probablemente más rico de América Latina y uno de los potencialmente más ricos del mundo, como Venezuela, convertido en la ruina en la que está. Yo creo que no hay precedentes en la historia de América Latina, y acaso del mundo, de un país al que una ideología colectivista y estatista arruina, hasta expulsar a más de cuatro millones de venezolanos que tienen que huir para no morirse de hambre, literalmente. ¿Qué mejor ejemplo para el mundo de que el comunismo no es la solución, que el comunismo solo trae problemas a los que quería resolver? Y es el caso trágico, absolutamente trágico, de Venezuela. Yo creo que hoy en día hay una mayoría, inmensa seguramente, que está en contra del régimen y quiere volver a la democracia, pero tampoco hay que olvidarse de que tuvieron cinco elecciones libres, los venezolanos, y votaron por Chaves. Había que ser ciego para no darse cuenta de que ese militarón demagogo iba a arrastrar a Venezuela a una catástrofe. Ha sido peor de lo que podría sospecharse, pero mire, a veces los pueblos se equivocan y votan mal. La ventaja de la democracia es que esas equivocaciones se pueden corregir. En cambio, en las dictaduras, es mucho más difícil corregirlas. 

Usted ha dicho que Faulkner es su referente de escritor total. ¿Qué tiene que ver él con todo esto?

Es el primer autor que yo leí con lápiz y papel. Además, Faulkner construye en el sur de Estados Unidos un mundo que es muy semejante al mundo de Latinoamérica: en nuestras sociedades había culturas, razas, creencias, costumbres muy distintas entre sí; sociedades que se habían llevado siempre mal, sin entenderse mutuamente.

Ahora retrocedo a otra anécdota suya: sus primeros textos los escribió en la Academia militar Leoncio Prado y fueron cartas de amor…

Sí, fueron cartas de amor. 

Y novelas o relatos eróticos, picantes.

O verdes, como dicen en España. Lo que más exaltaba era la dignidad. Un escritor, un joven que amaba la poesía, era considerado un marica, entonces había que adaptar la vocación literaria al entorno. Yo escribía cartas de amor a los chicos que recibían cartas de sus enamoradas, y después ya escribía pequeños textos pornográficos, que me parecía muy viril en ese contexto. Creo que nunca leí tanto como había leído en ese cuartel de Leoncio Prado cuando me quedaba los fines de semana castigado. Ahí leí a Víctor Hugo, por ejemplo, uno de los libros capitales de mi vida fue Los miserables. Lo leí en una época en que estuve confinado.

De usted siempre se destaca que es un gran trabajador, muy disciplinado… nada de que la inspiración llega por las buenas…

La inspiración llega por las malas, a base de trabajo. Eso lo aprendí de Flaubert. Es un genio que él construyó a base de esfuerzo, a base de trabajar como un galeote, buscando esa perfección. 

¿Considera que la novela es el gran género para contar nuestro tiempo tan complejo?

Se ha dicho que la novela es la Historia llevada al gran público. Algo de esto creo que es cierto; la Historia y la novela están muy cerca una de otra. La novela llega donde no pueden llegar los historiadores muchas veces, por falta de documentos, de testimonios; allí el novelista usa la imaginación, y, a veces, la imaginación es tan certera que acierta.

¿Cómo separa Mario Vargas Llosa su lado de ensayista del de narrador?

Soy la misma persona. Cuando escribo un ensayo o un artículo, o doy una conferencia, sí procuro moverme dentro de una racionalidad que es muy estricta, y que en ningún caso yo aplicaría sistemáticamente a una novela. Con una novela, yo muchas veces me siento empujado en una dirección que no entiendo muy bien por qué y creo que las sorpresas que uno se lleva son muy fascinantes, muy reveladoras sobre lo que uno mismo es. 

¿Cómo se lleva el peso de la fama, de qué se reclame su presencia y su opinión para todo?

Se esperan, sobre todo, declaraciones políticas. Lo terrible de eso es que la política prevalece sobre la literatura. Yo no quisiera que fuera así, pero como no me niego a contestar preguntas políticas, muchas veces se confunde la gente y creen que yo soy un político por encima de todo. Yo soy un escritor, fundamentalmente, y la política es una obligación total. De ninguna manera la política es lo más importante en mi vida; lo más importante es la literatura.

¿Se definiría como un escritor comprometido?

Yo nací a la vida literaria en una época en la que en las tesis de los existencialistas, sobre todo, de los existencialistas franceses, primaba la idea de que el escritor tenía que tener una responsabilidad que no solamente era literaria, sino moral, social, política. Creo que sigo fiel a esas convicciones. Hoy día ya no están muy de moda, los jóvenes escritores ya no sienten esta responsabilidad moral, pero yo sí creo que, para que la literatura cumpla su función, tiene que haber un compromiso del escritor con su tiempo, con la problemática que lo rodea. Yo prefiero aquella literatura que tiene una vinculación con el mundo real a aquella que es pura fantasía.

Jacobo Árbenz y su esposa

«Todo fue una operación orquestada de ‘fake news’»

«En la época de Árbenz, era la primera vez que tenían elecciones libres realmente los guatemaltecos, y la verdad es que las acusaciones contra Árbenz de que era comunista no eran ciertas; no fue nunca comunista. Las reformas que quería hacer Árbenz en Guatemala eran reformas democráticas. No es verdad que expropiara, expropió solo las tierras ociosas, los latifundios abandonados completamente para crear pequeños empresarios capitalistas. Y eso es lo que él intentó crear, repartió las tierras entre millones de campesinos guatemaltecos, no le dio tiempo para más, pero fue un acto injusto, producto de la Guerra Fría. Es verdad que en ese tiempo la Guerra Fría orientaba la política tanto de la Unión Soviética como de Estados Unidos hacia las cosas prácticas. No había siquiera relaciones diplomáticas entre Guatemala y la Unión Soviética, no había un solo ciudadano soviético en Guatemala viviendo en la época de Árbenz. Todo fue una operación de ‘‘fake news’’ maravillosamente hecha por un publicista, que aparece ahí, que además era sobrino carnal de Freud, Bernays. Este Bernays prepara una operación… Me acuerdo de las teorías que él tenía, de que la propaganda y la publicidad serían el gran instrumento de poder del siglo XX. Un visionario, realmente. Él preparó esto. Árbenz quería hacer de Guatemala una democracia, quería que fuera moderna, con libertad de expresión, con libertad de prensa, y eso fue lo que el golpe de Castillo Armas destruyó al fin».

España y sus enemigos , internos, y externos. O luchamos por una defensa sin miedo y con inteligencia por España , para vencer a sus actuales y ya viejos enemigos, o cada día perderemos más libertad y fortaleza para segur siendo libres.

Jesús G Maestro, grito por la libertad de España contra sus enemigos de siempre

Gustavo Bueno: es probable que Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una nación independiente dentro de la UE

Proyecto Filosofía en español Hemeroteca
Chispas
nº 33 [enero 2006], págs. 26-31 Unificación Comunista de España
UCE
Entrevista a Gustavo Bueno

«Es probable que Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una nación independiente dentro de la UE»

Chispas, Unificación Comunista de España, nº 33 Gustavo Bueno anda este fin de año particularmente atareado –más incluso de lo que en él es habitual– con la presentación de su nuevo libro, «España no es un mito». En él, el profesor Bueno trata, con el rigor y la profundidad a las que nos tiene habituados, además de con la precisión propia de un taxidermista, un tema de rabiosa actualidad política: la existencia real de España frente a los ataques de quienes la consideran un mito, una invención artificial; bajo cuya artificiosa estructura conviven las «otras» identidades nacionales realmente existentes: Cataluña, Euskadi, Galicia,… Dar respuesta a estos y otros ataques contra España es el objetivo de su libro. Para hablar de él nos atendió –haciendo un paréntesis en los agotadores viajes de presentación de su libro entre Sevilla y Bilbao– en su casa de Oviedo, donde mantuvimos con él la siguiente entrevista.

Chispas. Dices en la introducción que este libro «es uno más de los libros españoles de contraataque contra los enemigos de España». Afirmación que encierra dos proposiciones. La primera que es de contraataque, es decir, de reacción frente a un ataque. ¿En que consiste este ataque?

Gustavo Bueno. El ataque es una condensación de procesos muy difusos y que yo los mido en diversos planos: externos e internos.

Ch. Vayamos pues a los ataques internos. ¿Son de una única categoría?

G.B. En los ataques internos hay que distinguir en primer lugar los ataques activos, directos, concretamente de los sectores separatistas, de los nacionalismos fraccionarios como los solemos llamar. Nacionalismos que como siempre han negado no sólo la unidad sino la propia identidad de España, pues constituyen directamente un ataque sin disimulos a España. Ataques que vienen de lejos y que tienen ya una tradición, desde Prat de la Riba y Pi y Margall hasta Sabino Arana.

Ch. ¿Pero son lo mismo unos que otros?

G.B. No, la tradición de los ataques a España de Arana o de Prat de la Riba son muy distintos. Porque, por ejemplo, Sabino Arana y el PNV más que negar a la nación española, lo que hace es considerarla como enemiga suya, como algo inferior, una especie de basura, pero a fin de cuentas la consideraba una nación. Aunque fuera una nación degenerada por la raza o impura por la mezcla de razas. Mientras que el nacionalismo catalán, concretamente Prat de la Riba, sencillamente no considera a España una nación. Para él, España históricamente ha sido un conglomerado de cosas diferentes. Incluso el imperio español lo considera una fantasía, y afirma que el único imperio digno de ser llamado así es el catalán. Lo que es una cosa muy curiosa, porque normalmente pasa desapercibido. Y sin embargo se observa muy bien, por ejemplo, en la «Historia de España» de Soldevilla, escrita en los años 60 y que se extendió mucho entre la gente de izquierdas. Y aunque estaba muy mesurada por haberse escrito en pleno franquismo, ahí se insinuaba claramente y se planteaba la cuestión: el imperio español fue una fantasía, una especie de entelequia religioso-ideológica sin ninguna base real, el verdadero imperialismo español, en el sentido más positivo, es el catalano-aragonés.

Ch. Luego la profundidad de los ataques a España vienen de lejos

G.B. Sí claro, lo que interesa subrayar ahora es que los ataques a España de ahora están ya configurados en el siglo XIX con el nacionalismo vasco y el catalán. El gallego vendría después con estas cosas de los celtas que luego se han extendido a Asturias. El otro día hubo aquí una «noche celta» donde van un montón de individuos engalanados tipo «Astérix», con cascos con unos cuernos de buey y dan saltos y dicen que son celtas, una cosa verdaderamente ridícula… Pero sí, estos ataques internos han sido constantes durante mucho tiempo. Y siguen siéndolo y se han reavivado los últimos años con lo del Estatuto de Cataluña y el Plan Ibarretxe. Y por supuesto con otros intentos que hay en varios sitios de España como sabemos. Entre ellos, para mi sorpresa, el otro día me contaron que en La Rioja hay un movimiento nacionalista e incluso separatista que reivindican como propio el español. Lo que ya es una cosa de locura, pero de tipo delirium tremens. Dicen que el español es suyo porque nació en La Rioja, afirmación que es falsa. Una cosa es que allí estén los primeros documentos del español, en San Millán de la Cogolla. Pero si el español es importante es precisamente porque enseguida rebasó las zonas donde se conservan los primeros testimonios. Si justamente una de las cosas más sólidas de la lengua española es que tan importante es el acento andaluz o el boliviano como el castellano. La estructura ha desbordado la génesis, y ahí está su potencia. Pero querer volver a sus orígenes o llamarle ahora otra vez castellano es tan insensato como querer llamarle toscano al italiano actual.

Ch. ¿Acaban aquí los ataques internos?

G.B. A todos estos ataques internos habría que sumarle lo que podríamos llamar un ataque pasivo, que se podría identificar con el pasotismo. En el que vive una gran parte de la burguesía media e incluso de los sectores de la clase trabajadora que han alcanzado un cierto nivel de prosperidad. Y que simplemente viven bien en el estado del bienestar y no quieren ningún lío. Y entienden que aquí ni hay ataques ni nada, que eso son bobadas de los políticos o formas que tienen para ganarse la vida. A mi juicio, aunque su intención no sea esta, contribuyen también al ataque por lo pasivo, por no ver la realidad.

Ch. Pasemos entonces a los ataques externos

G.B. En cuanto a los ataques externos, yo creo que el principal es el islam. Según los últimos estudios se calcula que más de un tercio de los musulmanes, es decir alrededor de 400 millones de personas, son partidarios o simpatizantes, a distintos niveles, de la «yihadd». Lo cual es algo serio, porque ya no se trata de unas minorías ungidas, cultas y elitistas sino de una masa importante de gente que contribuye principalmente a través de las limosnas recogidas en las mezquitas y a través de las cuales se sufraga las actividades de la «yihadd» en todo el mundo. Y luego está Europa. Con respecto a la cual pienso, aunque no creo en ninguna teoría conspiratoria, pero sí me parece muy probable que las posiciones de Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una región o una nación independiente dentro de la Unión Europea, por ejemplo. En ese sentido ahora hay unos ataques más o menos velados en el sentido de favorecer excesivamente a Cataluña –y al País Vasco más seguramente–. Lo que se ve claramente por ejemplo en Frankfurt, las cátedras de catalán que hay allí, toda la creación en Alemania de grupos culturales que van en esta dirección y que por ahí se empieza.

Ch. Sí, pero no es que sean grupos culturales sólo ni principalmente. Es que, por ejemplo, en el Parlamento europeo existe un grupo que se llama Alianza Libre Europea, capitaneado por Los Verdes alemanes y en el que participan los eurodiputados del PNV, ERC, BNG, &c., y con el que trabajan todos los grupos europeos en defensa de las lenguas minoritarias, de las minorías étnicas, de las «naciones sin Estado»,… y cuya financiación principal procede directamente del Ministerio del Interior alemán. Y esto no son teorías conspiratorias, sino hechos palpables y demostrados,…

G.B. Sí pero a eso te contestarán que ellos lo que están defendiendo es lo del pluralismo cultural, la protección de los débiles y cosas de esas. E incluso explícitamente te dirían que se sienten ofendidos por estas acusaciones. Que ellos no quieren eso, que ellos no atacan a España.

Ch. De acuerdo. Pero seguramente los financieros de Wall Street que diseñaron, conspiraron y financiaron para separar a Panamá de Colombia también se sentirían ofendidos si alguien les acusara de atacar a Colombia. Y argumentarían también que ellos sólo lo hicieron en nombre de la libertad de comercio y del altruista objetivo de favorecer el comercio entre los pueblos del Atlántico y del Pacífico. Tu eres un buen conocedor de la historia de Alemania, y en particular de la historia de las ideas políticas en ese país, y sabes de sobra que la idea de la «Europa de los pueblos» es un proyecto largamente acariciado por la burguesía monopolista germánica.

G.B. Sí, eso por supuesto. Y los mapas que he visto reproducidos en el De Verdad y en Chispas han sido muy importantes porque hizo que mucha gente se enterara del asunto y de cómo está el patio. Y sí, yo lo he conocido muy de cerca porque en los años 40 el profesor que nos daba alemán en Zaragoza nos traía folletos donde se explicaba esto precisamente, qué papel tenían que jugar países como España y Francia, o incluso la Unión Soviética. Y lo tenían todo calculado milimétricamente para proceder a una explotación sistemática y racional de toda Europa. Algo para lo que se habían inspirado en el modelo aplicado por la administración colonial inglesa en la India. O sea que la cosa está más clara que el agua, lo que pasa es que todo eso se ha olvidado.

Ch. Precisamente, tanto porque se ha olvidado como porque mientras de los ataques internos todo el mundo habla, mientras que de los enemigos externos nadie tiene conciencia es por lo que resulta especialmente importante hablar de ello, hacer hincapié y abrir los ojos ante esta realidad oculta. Ahora por ejemplo acaban de detener al criminal de guerra este, Ante Gotovina, en Tenerife. ¿Es qué no está suficientemente claro, 15 años después, cómo Alemania estuvo detrás de la sangrienta fragmentación de Yugoslavia, cómo financiaron y apoyaron a los independentistas croatas y eslovenos durante muchos años antes de la explosión fratricida?

G.B. Sí desde luego, está clarísimo. Y además contando con la colaboración inestimable del Vaticano también, apoyando a los croatas católicos frente a los comunistas de Tito.

Ch. En el libro te preguntas hasta qué punto el ingreso o la pertenencia de España a una Confederación de Estados o de pueblos europeos no facilitaría el descenso en rango o incluso la balcanización de España. Pero la cuestión no sería más bien preguntarse si este es únicamente un proceso que favorece objetivamente la fragmentación o si, por el contrario, este es el objetivo que se busca explícita y objetivamente, por parte de la potencia imperialista emergente en Europa, es decir Alemania.

G.B. Desde luego mi respuesta sería positiva, claro, yo creo que sí. Y entiendo que el proceso de la Unión política europea lo facilita más que otra cosa. Y lo que ha ocurrido en la última Cumbre, con la que nos va a caer encima ya se ve que es así. Ahora nos van a machacar completamente con los famosos fondos estructurales y de cohesión y a ver que va a pasar aquí. Por ejemplo, en Asturias está la gente alarmadísima. Porque aquí ya con Maastrich la partieron por la mitad, con el carbón, la siderurgia, la leche,… y es una sociedad que prácticamente vive de las jubilaciones. Sólo en la minería hemos pasado de 40.000 a 3.000 mineros. Y el resto viviendo con 40 años o menos de las prejubilaciones, ellos y sus hijos. Jubilaciones que mueven un flujo de dinero muy considerable que por el momento permiten disimular la realidad. Pero ya veremos qué ocurre cuando todo esto empiece a acabarse o a recortarse.

Ch. Diferencias en el libro entre «estar amenazado» y «estar en peligro». Entonces, ¿España está amenazada o está en peligro? ¿Y cuál sería, de acuerdo con ello, la amenaza o el peligro?

G.B. Yo creo que hay más amenaza que peligro. Porque todo eso depende del grado de resistencia que pueda ofrecer España a los distintos ataques. Por ejemplo, yo no creo que en estos momentos la amenaza musulmana ponga en peligro a España, porque está todavía muy desorganizado, tiene muchos puntos sin tocar, está muy controlado por otras potencias. Y por eso me parece un peligro a largo plazo y que depende de cómo vaya evolucionando también: cómo se desarrolle la situación en Marruecos, Argelia, los grupos salafistas, qué dimensiones tenga realmente Al Qaeda,… Y aunque ahora hay muchos datos sobre estas cuestiones, hay que ver también hasta qué punto todos estos datos están bien filtrados, entendidos, analizados. Pero, en ese sentido, es una amenaza de más largo alcance y que dependerá mucho de cómo se desarrolle la situación internacional. Lo cual no quita, claro, para que cualquier día te pongan una bomba o te monten otro 11-M. Pero eso, aunque sea muy doloroso, no pone en peligro a España.

Ch. ¿Y los ataques internos? ¿Constituyen según tu diferenciación una amenaza o un peligro?

G.B. Ahí está la cuestión. Porque el peligro que aparece ahí es si va a producirse un desguace de España como quieren los catalanes con su forma de tributación independiente, y esto aparte de las cuestiones políticas, de si se definen como una nación, &c. Y en Euskadi, claro, las amenazas son totales. Ahora bien, hasta qué punto se va a sostener la reacción que ha habido –y que debo reconocer que a mí me ha sorprendido, yo no me la esperaba– por parte del PSOE, incluso del propio Felipe González, que se ha llegado a decir que crítica a Zapatero no haber sabido gestionar todo esto del Estatuto, de Guerra, de Ibarra,… es imposible saber ahora mismo como va a acabar la cosa ahí dentro. Porque aunque existen todos esos sectores está también la figura de Zapatero, al que yo le he declarado la guerra total, por razón de su imbecilidad. He escrito hace poco un artículo sobre el «pensamiento Alicia» a raíz de sus declaraciones sobre la Alianza de Civilizaciones. Y es un pensamiento y un tipo tan bobo, tan bobo –Rajoy se lo llamó hace unos días, pero yo se lo vengo diciendo hace años– con una especie de pensamiento medio místico, de influencias masónicas a través de su abuelo que era masón, de la humanidad y la paz universal y todo eso…

Ch. Pero el PSOE es bastante más que Zapatero

G.B. Por supuesto, lo que se ha puesto de manifiesto es cómo existe un fondo en España todavía, un fondo muy importante, de gente que, sobre todo, ve con muy malos ojos –y hablamos de millones de españoles, tanto votantes de PP, de PSOE o de cualquier otro partido no nacionalista– que les indigna ver que se fomenten las desigualdades territoriales tan patentes que pretenden los catalanes o los vascos. Y sobre todo en las cuestiones de distribución tienen que andarse con mucho cuidado porque se les puede montar un follón tremendo. Y claro, hay que esperar a ver cómo evoluciona esa reacción, si se sostiene y se desarrolla, para calibrar el grado de peligro o amenaza que esta situación representa. Yo por mi parte me mantengo a la expectativa sobre esto a ver que pasa estos días en el Parlamento, a ver qué van a hacer con el Estatuto.

Ch. Planteas dos cuestiones que son distintas pero que están íntimamente relacionados. Por un lado lo que dices –y yo no creo que sea sólo un problema económico de distribución, aunque esto en efecto pese mucho– de que existe un fondo, un sustrato común a toda España de mucha unidad. Y es que son muchas raíces comunes, mucha historia compartida, muchas luchas conjuntas durante muchos siglos, una mezcla constante,…

G.B. Si es que esto yo lo veo en mi propia familia. Yo tengo un yerno catalán, mi hija está casada con un catalán de Barcelona. Y esto nos da una serie de relaciones, a mi familia, a mis nietos que tienen sus raíces catalanas y asturianas, y eso no se puede romper así por las buenas. Eso sí, mi familia política allí en Cataluña está dividida. Un hermano de mi yerno es catalanista cerrado, del PSC más cerrado, su hijos no hablan ni español. Y sin embargo mi yerno se siente tan español como catalán. Y esto que me pasa a mí puedes multiplicarlo por ni se sabe cuanto. Ya vivas en Asturias o en Sevilla tienes múltiples relaciones con Cataluña, no es como si fuera Bulgaria, no son relaciones abstractas sino muy concretas. Y esto se multiplica por toda España, por eso no se puede romper de cualquier manera ni fácilmente sin negar la historia y las raíces comunes que tú decías o las relaciones comerciales, como estamos viendo ahora con lo del cava.

Ch. Sí, esa es otra cuestión sobre la que quería que habláramos después. Pero antes de eso, yo creo que es esta base material, este fondo de unidad, que comparten plenamente el 80 o el 90% de los afiliados y votantes socialistas, incluidos los de Cataluña y Euskadi…

G.B. En eso se basa precisamente mi esperanza de que esto no va a llegar a mayores, aunque siempre puede haber algún imprevisto. Yo utilizo la siguiente fórmula: que la unidad de España no corre tanto peligro como su identidad. Es decir, la unidad de España, los lazos entre los españoles de todo tipo se van a mantener. Porque claro, ¿quién no va a ir a Barcelona o de Barcelona a Madrid habiendo tantísimos lazos comunes? Eso es prácticamente imposible. Ahora, la identidad, eso corre más peligro. Porque claro, si se empieza a hacer concesiones sin parar en este terreno… Un ejemplo que conozco de cerca por alumnos míos; hay una indignación total por el hecho de que no puedan ir de profesores a Cataluña. Si no sabes bien el catalán –y muchos de ellos no pueden aprenderlo por la razón que sea– no pueden ir a trabajar allí. Y lo mismo puede empezar a pasar ahora con jueces y demás profesiones así. Pero, si el español es una de las dos lenguas oficiales de Cataluña, ¿por qué coño no puedo ir yo allí a dar clases tranquilamente? Y claro, si esto llega a mayores, si se llega a que el catalán sea, en los hechos, el único idioma de Cataluña, convirtiendo al español en una lengua instrumental, «vehicular» como la llaman ellos, ahí empezarían a cambiarse completamente los términos. El otro día estuve justamente con dos profesoras catalanas y estaban completamente aterrorizadas. Dicen que es un estado de miedo, que no dejan utilizar el español ni en el recreo, que continuamente están pasando inspectores para controlar lo que hacen, se ven obligadas a dar las clases de literatura española en catalán, o sea, tener que explicar Cervantes a través de Verdaguer, la cosa tiene bemoles. Una situación que ha ido «in crescendo» y que hasta ahora no ha habido nadie que hiciera algo. Es lo que ha pasado en el País Vasco, que tú vas allí y empiezas a ver todos los carteles y letreros en vasco, hasta en las carreteras, que es imposible entender nada –ni siquiera seguramente para la mayoría de la gente que vive allí– y parece que estés en Checoslovaquia o algo así. Y luego te paras en el peaje de la autopista y resulta que el que está en la cabina es un paisano tuyo, de tu pueblo. Una cosa totalmente ridícula.

Ch. Yo creo que el juego que está sobre la mesa y que es el que tú planteas como el problema de la relación entre unidad e identidad es que, precisamente por lo que hablábamos antes del sustrato común tan fuerte de unidad, aquí no se puede avanzar hacia la fragmentación como se hizo en Yugoslavia. Sino que hay que avanzar en etapas y hacia una «muerte indolora» del paciente, una especie de «eutanasia dulce» en la que progresivamente se vayan debilitando, adormeciendo, extinguiendo esos vínculos de unidad. Y su primera etapa, en la que estamos, es la de la desarticulación política del Estado, o sea, la vía catalana que se ha emprendido con la reforma del Estatuto.

G.B. Y ahí el problema vuelve a ser hasta qué punto el PSOE está dispuesto a llegar. Y la propuesta sobre financiación de Solbes demuestra cómo es imposible e inviable el modelo económico que proponen.

Ch. Imposible a no ser que exista un «socio oculto». Porque económicamente, si nos fijamos, lo de Cataluña no tiene explicación. En sus relaciones comerciales con el resto de España, la burguesía catalana obtiene anualmente un superávit de más de tres billones de pesetas. Nadie en su sano juicio, y mucho menos una clase tan calculadora como la burguesía, está dispuesta a arruinar ese negocio por difusos ideales patrióticos. A no ser, claro está, que exista un socio oculto que le esté prometiendo que lo que pierde por un lado (el mercado español) puede recuperarlo con creces por otro (el mercado europeo).

G.B. Eso es un suicidio para la burguesía catalana, sería una cosa de imbéciles, porque el caso de Cataluña no parece que sea el del País Vasco donde los empresarios se ven obligados por el terror a sostener a una banda que –como ya dijo Caro Baroja hace mucho tiempo– es una banda de tipo mafioso. En cuanto a que se les estuviera ofreciendo a cambio una participación importante en otros mercados, es posible, pero eso habría que demostrarlo.

A. Lozano

Fundación Gustavo Bueno
http://www.fgbueno.es

Relatos sobre la Revolución sandinista en Nicaragua, por la escritora y periodista Gabriela Selser. Presentación en Barcelona del libro Banderas y harapos por su autora: Gabriela Selser