Análisis en video reportaje de TV mexicana sobre la Evangelización por España del continente Americano

España: ¿ Leyenda Negra, o Madre Patria ?

España: ¿ Leyenda Negra o Madre Patria ?
Autor Eliseo Rabadán
Los términos que vamos a considerar son los Estados o sociedades políticas a través de sus relaciones nacionales e internacionales.
Y esas relaciones deben ser consideradas desde los sujetos gnoseológicos y sujetos operatorios.
¿Quiénes son los sujetos gnoseológicos que se ocupan de establecer las relaciones entre los Estados, tanto nacional como internacionalmente?
La respuesta esperada sería aquella que afirma que los sociólogos, los politólogos, periodistas, e incluso los políticos, cuando tratan de explicar las relaciones dadas en este contexto.
¿Quiénes son en este contexto los sujetos operatorios?
Podemos considerar como tales a los elementos de las tres capas del cuerpo político , a saber: la capa basal, la cortical y la conjuntiva, esto es , los productores, los políticos y los militares y diplomáticos.
No es en vano que dedicaremos un espacio a este tema, ya que resulta crucial establecer los criterios para delinear el mapa desde el cual nos podremos guiar en este laberinto de propuestas políticas que se observa tanto en nuestro país, España, como en el contexto de las relaciones internacionales .
Vamos a utilizar cuatro referentes que consideramos cruciales para nuestro propósito. Se trata de los siguientes estudios publicados a lo largo del siglo XX, los cuales, sin embargo, contienen multitud de referencias a hechos pasados.Todos tienen una fuerte implicación social y política. Todos se refieren a las sociedades políticas más importantes, en cuanto a su peso específico, sea este derivado de su población, de su situación geográfica o de la lengua y religión que representan como tales sociedades políticas , entendidas como “cuerpos políticos”, en el sentido de Bueno en su Primer Ensayo sobre las Categorías de las Ciencias políticas.
Los trabajos fundamentales que manejaremos son los siguientes:
1 – La libertad creadora, del médico y filósofo argentino Alejandro Korn
2 – España frente a Europa ,del filósofo español Gustavo Bueno.Este libro ha sido publicado por primera vez en octubre de 1999 y lleva hasta mayo del 2001 tres ediciones, lo cual me parece un interesante dato, y permítanme ustedes hacer este breve comentario, dado el actual contexto en el que se sigue, por parte de intelectuales españoles, anclado en dos posiciones bastante definidas, como son las de considerar
a España esa Madre Patria que sólo dejara en Hispanoamérica las lacras más detestables de una católica España oscurantista e intelectual y científicamente anti ilustrada y decadente o la que nos considera hoy como avocados sin remedio a formar parte de ese Imperio que sería el dirigido por los anglosajones, y ello en todos los ámbitos políticos, económicos ,militares y científicos.No quisiera parecer malicioso, pero debo
señalar que dos de estos intelectuales son empleados por célebres universidades norteamericanas, dentro de las políticas culturales del nuevo orden mundial.
3 – La violación de los Derechos humanos en los Estados Unidos, del periodista y politólogo argentino Gregorio Selser, autor de una extensa obra sobre la Historia política de Hispanoamérica en el siglo XX
4 – El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, del norteamericano Samuel Huntington, quien ha sido miembro del influyente Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos.
Podemos comenzar por plantear una evidente contradicción entre lo que leemos en el libro de Huntington y lo que encontramos tanto en Bueno como en Korn.
Una mirada al libro de Huntington llevada a cabo panorámicamente, sin entrar en demasiados detalles, nos presenta a Occidente enfrentado a una decadencia y a una serie de peligros.Los peligros más relevantes para Occidente son , según el profesor de Harvard , la explosión demográfica del Islam y la creciente potencia económica de los países de Asia. Respecto de Latinoamérica, ésta es considerada como fuera de Occidente.
Veamos ,por otra parte ,cómo consideran los argentinos, ya en las primeras décadas del siglo XX ,a su país, a través de una cita del prólogo al libro de Korn , escrito por Eugenio Pucciareli:
” Por pertenecer al orbe de la cultura occidental era lógico que nuestros hombres dirigentes, al luchar por europeizarnos, por elevarnos al nivel que exigía la cultura de la época, utilizaran el caudal de ideas que el viejo mundo les ofrecía.”
Ortega y Gasset , por otra parte, planteaba en La rebelión de las masas que Europa había sido en la modernidad la directora del mundo. Y ello bajo el supuesto de que “la dirección de unos hombres por otros no descansa en la fuerza”.La dirección , la regla, decía Ortega, es el normal ejercicio de la autoridad, y ésta está fundada siempre en la opinión pública.
Hace ya setenta años las cosas habían cambiado respecto de la época directora, rectora, de Europa, como vemos al leer La rebelión de las masas , porque Europa se adentraba en una decadencia muy preocupante.Ortega comentaba que si los europeos viven acostumbrados a no ser dirigentes, será bastante una generación y media para llevar a todo el continente europeo y con él a todo el mundo , hasta una inercia moral, a una
esterilidad intelectual ,y en suma, a la barbarie universal.
De Ortega y Gasset habría que sacar algunas enseñanzas de utilidad para nuestro presente como españoles y para el presente de los millones de hispanohablantes en América.
Considero un grave error suyo (de Ortega), decir que los animales humanos habitantes en las regiones tropicales son inferiores a los europeos.
Esto es una auténtica barbaridad, y no ayuda en nada para que el proyecto de rescatar la Idea de Imperio Español – en el sentido de la propuesta de Gustavo Bueno -, como alternativa para enfrentar ese “Occidente” del que habla Huntington, en el cual los anglosajones son los únicos capaces de evitar la decadencia de Occidente, en los términos actuales tal como son expresados por el citado Huntington. Otro de los temas clave de la obra de Ortega en este ámbito de la Europa como directora, se refiere a su afirmación de que ” se nos dice que Europa está cesando de dirigir
y que no sabe nadie quién va a ocupar su lugar”, para aclarar a continuación que entendemos por Europa, primaria y propiamente Francia, Inglaterra y Alemania.
El papel rector del mundo, tras la Segunda Guerra, quedó en manos de las dos superpotencias, EEUU y la URSS, hasta la fecha oficial del gran cambio y fin de la Guerra Fría : 1989.
Para Hispanoamérica, una especie de quimera que se pretendió similar al Plan Marshall para Europa, la llamada Alianza para el Progreso, fue el espejismo de la supuesta ayuda de su poderoso vecino del Norte. Los años 70 suponen el fracaso de un intento de desarrollo económico para América Latina que culmina con la entrada al GATT de la mayor parte de los países de esa zona excluida de Occidente, recordémoslo, por el señor Huntington, quien llega a afirmar que Latinoamérica se verá libre de la pobreza y desórdenes sociales y políticos en la medida en que sea capaz de abandonar el catolicismo y desarrollar el modelo protestante en su versión evangélica, por cierto.
España, por otra parte, hasta su – internamente – polémica entrada a la OTAN, era un apéndice de la Europa rica y del poderoso Estado norteamericano, y a ello contribuyó, quiero resaltarlo aquí, la masiva emigración que provocó la derrota de la IIª República manos de Franco y sus aliados- y no deberíamos olvidar a los “neutros benévolos”
de que se ha venido ocupando el historiador español Moradiellos -.
Desde luego, un dato relevante para nuestra cuestión de la Leyenda Negra , es el papel de estos científicos, literatos, sociólogos, historiadores, filósofos españoles del exilio. Porque ,¿cómo es posible que una sociedad atrasada pudiera dar esos frutos ? Este asunto no podemos ahora tratarlo con más detalle, pero es relevante y hay que anotarlo, al menos.
En el contexto de una Argentina – hacia los años veinte del siglo XX – deseosa de acertar en el rumbo político como nueva República ya en marcha, encontramos a Alejandro Korn, filósofo y médico ,que nos expresa algo muy interesante, similar, a mi juicio, a propuestas clave de la obra de Gustavo Bueno.
“Todos los sistemas son lógicos, pero su abigarrada multiplicidad patentiza la ineficacia de la argumentación lógica. Es que cada filosofía distinta es la expresión de una valoración distinta. Luego ha de correr la suerte fluctuante de las valoraciones. Toda filosofía sistematiza en un alegato la voluntad que la inspira. Alguna vez, también, en épocas de decadencia, la ausencia de una voluntad, la ausencia de una convicción viva, fueron sustituidas por las pobres y vacías lucubraciones de la cátedra”.
Lo interesante de estas ideas de Korn, nos parece, se encuentra en el hecho de que ” la selección – de las valoraciones propuestas a la sociedad – la verifica el proceso histórico; prevalecen las que triunfan”. Pero hay que tener presente la advertencia de Korn de que” no siempre triunfan las más justas propuestas, es decir, las nuestras”. ” Para propiciarlas acudimos al raciocinio, a la persuasión, a la coincidencia de los intereses o a la autoridad si la poseemos”.
Korn estaba convencido de que la formación de valoraciones sociales necesita de la pedagogía, entendida como lo que podemos definir al modo de la educación de los miembros de la sociedad, desde el seno familiar, hasta la educación institucional en las escuelas y universidades.
Me parece, sin embargo, que en la época actual, es preciso tener en cuenta el papel “educador” o transmisor de valoraciones que corresponde a los llamados medios de comunicación de masas.
Sobre el papel de la televisión, me permito recordar aquí la importante aportación de Bueno en su libro Televisión: apariencia y verdad.
Pero no es el de los medios el único ámbito donde se forja la llamada opinión pública, o como la denomina la experta alemana – muy bien criticada, por cierto, por el profesor Felicísmo Valbuena, desde las coordenadas del Materialismo Filosófico ,en su Teoría general de la información – Noëlle-Neumann, “nuestra piel social”, sino que se forja en universidades, congresos, conferencias, encuentros, centros de educación de todos los niveles y , cómo no, en los templos, todavía.
Pero aquí nos ceñiremos a los ámbitos del tipo de libro , dirigido a un público amplio, pero muy específico, que es el receptor de la obra de Huntington y de Bueno.
Lo que se constata al estudiar estos dos libros de fuerte implantación política, es el hecho de que existe una Leyenda Negra sobre la España que forjó un Imperio y un Imperio Universal Civil ( no “heril”).
Se niega la tesis que Bueno defiende, no sólo por parte de Huntington, sino por historiadores de enorme influencia en Hispanoamérica, como el célebre Leopoldo Zea .
Bueno plantea lo siguiente:
“Teniendo en cuenta todas estas distinciones, cabría reivindicar la estirpe hispánica de la Idea de Imperio de Carlos I, reivindicación que fue propuesta ya, como es sabido, por Ramón Menéndez Pidal, con argumentos emic muy sólidos y que reciben, nos parece, una enérgica reevaluación desde la perspectiva etic en que nos hemos situado. La Idea de Imperio de Carlos I, sin perjuicio de constituirse en torno a la Universitas
Christiana (como condición general previa), habría tenido desde el principio una conformación estrictamente política ( no religioso-positiva), incluso gibelina, como la tuvo la Idea de Imperio de Alfonso X el Imperio Universal Civil (no “heril”) sólo puede ser un Imperio conformado sobre reinos cristianos ya existentes o por crear; no puede ser un Imperio conformado por sociedades bárbaras o idólatras, ni tampoco un Imperio de dominación sobre pueblos cismáticos (musulmanes y, acaso también, protestantes). Según esto, si el Imperio debe ser cristiano no es tanto como medio de lograr la más plena unificación política (es la interpretación ordinaria ), sino como el único modo de lograr la unificación política misma de los pueblos de un modo no depredador o tiránico “.
Podemos, siguiendo el hilo de las propuestas de Huntington, pensar que lo que él llama Occidente, ha de realizar planes (prolépticos) para conseguir la consolidación del Imperio no depredador, en cuanto a Latinoamérica, hacer que se hagan protestantes, para no verlos como “enemigos”, esto es, en términos de Bueno, no actuar como Imperio depredador respecto a esos países que forman lo que se conoce como Latinoamérica.
Pero es necesario y de gran importancia para el análisis, ver las limitaciones gnoseológicas graves que el concepto de Occidente manejado por Huntington encierra. De tal manera que Occidente podría ser interpretado, si seguimos las alternativas del libro España frente a Europa, como ese organismo transnacional que se conoce como Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, hasta ahora mantenida en su aspecto militar prácticamente por el núcleo tecnológico de la industria norteamericana, con todos los vínculos de Poder (político, económico,&,que esto implica).
Las dificultades para llevar a cabo la propuesta de Gustavo Bueno son enormes. No sólo por cuestiones históricas, pasadas, como el hecho de que los políticos y en general los habitantes de los distintos países iberoamericanos han sido educados en cierta medida, nada desdeñable en la mayoría de los casos, en la tradición de la Leyenda Negra respecto a España. ¿Qué significa esto?. Podemos afirmar que es un escollo enorme, al
cual habría de prestársele una importante atención si se quiere desarrollar el proyecto alternativo, frente a las opciones de ir perdiendo nuestra propia referencia al período Imperial católico- en el sentido planteado por Bueno- en beneficio, como se ha señalado, de nuestros tradicionales enemigos políticos, los que sí han desarrollado Imperios, sean éstos depredadores , sean generadores .
Además de los componentes históricos, que por cierto, desde la perspectiva política y social iberoamericana, afectan de modo semejante a anglosajones y otros europeos, sobre los que podemos considerar que España tiene una clara ventaja, al ser reconocido, a pesar de todo, por la contundencia de los mismos hechos históricos, que España en cuanto Imperio, sí fue efectivamente generador.
Otros problemas pueden verse en los aspectos económicos, concretamente, la ya larga crisis que afecta a los países de toda Iberoamérica.
El problema derivado de la llamada globalización, incluidos los cambios que afectan el campo político que supone, según los analistas, una descomposición de los llamados Estados-Nación, derivada de los cambios económicos inducidos por las nuevas tecnologías y la creciente “mediatización” de lo político, en una situación de ,podemos decirlo así, imperialismo mediático, en el sentido de que los intereses de los grandes consorcios financieros japoneses, norteamericanos y europeos, controlan los mensajes a través de esa red de grupos multimedia.
Dicho en otros términos, ¿de qué modo se puede llevar a la práctica el proyecto alternativo propuesto por Bueno?
Podemos pensar que este proyecto debiera, necesariamente, estar dado in medias res. Ello significa que, si el capitalismo es el único modo de organización social realmente existente, y cuya duración no parece verse comprometida, de momento, habrá que actuar en el intento de una coalición Iberoamericana, no sólo en el ámbito de la lengua
y el pensamiento en español, sino, además, en el modelo económico. Quizá esa sea la idea que el actual presidente español, Aznar, ha tenido en mente , al proponer una Fundación para relaciones con Iberoamérica, a la que ha invitado a los dirigentes de la Banca y las principales empresas españolas.
El proyecto quizá esté no sólo en este libro de Bueno, sino que acaso esté ya en marcha, y no sólo por parte de España, sino que se observa, cuando a esta Fundación se decide invitar como miembros, al anterior presidente de México y a otro ex presidente Hispanoamericano.
Y , me parece, si hay posibilidades de que dicho proyecto sea algo más que una quimera metafísica, como algún intelectual , encerrado en la ya citada Leyenda Negra, y aún más, obcecado en el marxismo dogmático ya agotado sin duda, que esas posibilidades de un proyecto político y social para el cual la Idea de Imperio, en el sentido de Bueno, sí tiene raíces muy sólidas en Hispanoamérica, que lo permitan al menos convertirse en una alternativa para enfrentar tanto a la Europa en la que se nos pretende dejar siempre como meros comparsas, como enfrentar a la América en la que se pretende
dejar a países como México(en el seno del Tratado de Libre Comercio ,NAFTA, por sus siglas en inglés) como meros comparsas o socios menores de un proyecto en el que se los trataría de neutralizar como miembros del mismo, achacándoles, precisamente- tal es la idea manejada por Huntington – de ser bárbaros, respecto de los norteamericanos y “occidentales”.
Volviendo a las propuestas de Huntignton, cuando a Iberoamérica se la deja fuera de Occidente, se está tratando de convertir en un hecho algo que es una absoluta impostura, un engaño histórico tal que es urgente denunciar. Porque si se deja a Iberoamérica fuera de Occidente, se tiene que dejar necesariamente, tanto a Portugal como a España, y perdón por la insistencia, esta es la razón del empeño recalcitrante de seguir
alimentando la Leyenda Negra.
No quiero dejar de recordar un tema que ,desde México y por la influencia y potencialización que ha gozado, desde esferas políticas, ha sido de gran relevancia para este asunto, y porque si se va a trabajar por un determinado proyecto como el propuesto en el libro España frente a Europa, hay que ser conscientes de que se va a encontrar este escollo, pero de manera tal que no resultará sencillo superarlo.
Me refiero a la extensa obra del historiador -esa es su formación fundamental – y filósofo mexicano, Leopoldo Zea, para quien incluso mereció la pena escribir un libro concreto, en el que se trata de mostrar que tanto Rusia como España jamás han formado parte de Europa, de tal manera, además , que ese hecho sería causa directa de la barbarie que engendran esas naciones. Esto explica la incapacidad de Latinoamérica, desde la perspectiva de Zea, para lograr estabilidad democrática y económica, en suma, para ser civilizados y no seguir en la barbarie; barbarie que nace en el seno de un Imperio Español bárbaro en sí, por la presencia de Inquisidores, de clérigos sumidos en
la barbarie del catolicismo, como decía un intelectual al
que me he referido, debido a que el Imperio era sólo retro feudal-militar y exclusivamente expoliador.
Hay mucho que discutir a este respecto, desde luego, pero sobre todo me interesa en este momento, entrar a la cuestión de la lucha entre los distintos Estados europeos por el dominio de los nuevos territorios de América.
El aspecto militar es inseparable de todo Estado político.Y este mismo aspecto es inseparable, como es bien sabido , de la
diplomacia. Todos estos factores están presentes en la Historia de
los Estados implicados.
Esto supone que, en el actual momento histórico, cada una de las diferentes naciones o Estados, tienen esa perspectiva etic, que podemos relacionar con los usos que hace Bueno como filósofo de los conceptos emic y etic.
Para el asunto concerniente a la posibilidad de, primero, poner en marcha el “ortograma imperial” y que los Estados de Iberoamérica lo comprendan, es naturalmente necesario hacerlo con claridad y teniendo muy en cuenta esos factores emic a que nos hemos referido.
Sin duda la propuesta, hecha desde España, puede resultar en cierto modo halagadora, pues se reconoce que los pueblos de Hispanoamérica son por derecho propio parte de la “civilización” de Occidente.
Pero por otra parte es preciso tener presente el llamado “problema indígena”, tan manipulado por unos y otros, por cierto. Este problema también puede enfocarse desde las coordenadas del materialismo filosófico, me parece, con buenas perspectivas prácticas, ya que coincide con planteamientos de algunos de los más relevantes antropólogos mexicanos, de los que quiero recordar especialmente a Gamio y a Aguirre Beltrán, quienes querían incorporar a los indios que no lo habían sido por las circunstancias que fuere, a la cultura europea.
La propuesta de Bueno podrá parecer descabellada, o inclusive , en términos “progres”, hasta una especie de vuelta a ese rancio nacionalcatolismo de la Patria imperial católica,&,&.
Lo que propongo es que no es así como se ayuda a establecer unas coordenadas seguras para manejar los problemas de España en Europa y de España en el mundo actual.
Creo que en Hispanoamérica se ha seguido una línea de continuidad en muchos aspectos de la vida social y política que han permitido, hasta la fecha, no ser engullidos por la cultura anglosajona, a pesar de los múltiples intentos de los principales- cuidado a este detalle: no los únicos- países que han tratado de ocupar el vacío de ese Imperio, primero Gran Bretaña, y luego, los Estados Unidos. Los dos han trabajado, respecto de América Latina, en una línea más depredadora que generadora, hasta fechas más o
menos recientes. Pero sí se está notando un creciente empeño en apuntalar su dominio -económico y político – a través de la “generación de ideas, de pensamiento, de maneras de ser y de estar”, becando a jóvenes, implantando modelos educativos y religiosos, con todo el poder económico y político disponible.
Y España, hasta la fecha, por multitud de circunstancias históricas , no pudo llevar a cabo esa tarea, pero lo que está sembrado ,tras esa época Imperial, no se ha podido aún eliminar o neutralizar.
La propuesta tiene muchos matices, muchos hilos, pero no me parece desdeñable, y como he dicho alguna vez, puede llegar a “preocupar” a los otros europeos, y claro está, a los otros americanos.
¿Qué puede aportar el filósofo Ortega y Gasset a estos debates? Me parece que encontramos muy interesantes asuntos de utilidad. Pongamos por caso su idea sobre las masas implicadas en un proceso de ascenso político de una nación que, según plantea Ortega, implica que dichas masas no ven mal el ser dirigidas por una cierta élite, ya que verían en ese proyecto beneficio para sí mismas.
Cuando no hay auge sino se vive un proceso de descomposición política , de decadencia de un proyecto como miembros de una sociedad política nacional o estatal, las masas no aceptan ser dirigidas y esto produce , según Ortega , el caos, o lo que viene a ser equivalente, se realimenta la decadencia de tal sociedad. Lo que se observa es una especie de decadencia, en este sentido, en muchos países de Iberoamérica. Los proyectos puestos en marcha por dirigentes políticos de los años sesenta, han fracasad
o todos , y los votantes se muestran, en algunos casos, como en el actual Perú, desencantados, porque hay una decadencia que se vive en el deterioro de las condiciones de vida .No se tiene “fe” en los políticos. Se promueve el voto en blanco. En otros casos, como en México, la sociedad, las masas(en el sentido de Ortega),estaban tan cansadas de la decadencia a que el PRI las arrastró desde los años setenta, que han buscado la salvación en un líder político que les presentó un proyecto, pero el riesgo es que ese proyecto sea fagocitado, digamos, por el de sus vecinos , los poderosos EEUU
imperiales.
Y aquí vemos cómo el tema planteado por Bueno es de la más urgente relevancia en este momento histórico.
Por otra parte, el hecho de que España forme parte tanto de la OTAN como de la Unión Europa, hace aún más compleja la cuestión de la propuesta de Bueno. Quiero decir que debe ser llevado a cabo con mucha “diplomacia” (cosa que espero seamos capaces de hacer, si de hecho este proyecto se va llevando a la práctica con la envergadura que precisaría), para evitar llevarlo a un posible fracaso prematuro.
Quizá un error, ya en marcha, derivado, quizá de falta de apoyo filosófico, lo encontramos en el actual modo de empezar el llamado Instituto Cervantes, desde España, dejando a un lado la participación de hispanoamericanos.
Creo que Bueno debe hacer un esfuerzo más para que desde España e Iberoamérica desarrollen estas propuestas. Ya existe, y es un enorme esfuerzo, la Fundación Gustavo Bueno, que trabaja en esta línea, pero , no esperemos todo de una sola persona, creo que es preciso el apoyo de quienes vemos valiosa la propuesta alternativa, como la vengo denominando, y más que demoler antes de edificar, tratemos de mirar los planos del proyecto y discutir si vale la pena o no seguir construyendo algo o reformar los planos o empezar por demoler los primeros ladrillos antes de saber qué se pretende construir.
Las posibilidades que se abren, desde la plataforma en que se ha situado Gustavo Bueno, a la América Hispana, se reducirían a tres, a saber:
1-“Ser el “reverso” de la América anglosajona: mano de obra barata del capitalismo del dólar; abrirse a la influencia de su organización económica, de su filosofía analítica, sus religiones evangelistas o calvinistas y su tecnología y su modo de vida”.
Por cierto, señalaré muy brevemente que esto no son palabras, sino que, al vivir (de nuevo) la realidad mexicana durante un año(entre el verano del 99 y el del 2000) pude constatar cómo esta “posibilidad” se está extendiendo de hecho, pero además, en el caso de la filosofía, de una manera totalmente “degenerada” ,en cuanto a su aplicación académica y política, respecto al modo en que los norteamericanos lo llevan a la práctica.
2-“Tratar de alcanzar una independencia efectiva, buscando la unidad o la identidad común mediante su “liberación” del capitalismo anglosajón, pero también del capitalismo europeo y , en particular, de España. Los promotores de la llamada “filosofía de la liberación” van por ese camino.
Habría que comentar sobre este asunto que además están , en concreto el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel (y lógicamente todos sus discípulos), haciendo el juego a los alemanes de la “ética del discurso” y de la “hermenéutica”, porque pretenden lograr con ello su aval filosófico. Realmente es fantástico este asunto, en el sentido de la ficción literaria y su fantasía.
Por cierto, merece la pena señalar en este momento la importancia de ofrecer alguna filosofía sistemática “fuerte” para entrar en la dialéctica que existe , con alguna alternativa que tuviera cuando menos posibilidades serias de enfrentar esta situación con éxito. Me parece que la Teoría del Cierre Categorial podría jugar este papel, no sólo en América, sino en la propia Europa.
3-“Tratar de construir la “liberación”, respecto de América del Norte, no en el sentido de la inmersión en los abismos de la Pachamama, sino en el sentido del desarrollo de la cultura y lengua que les es más común(…)”.
Es importantísimo, en el contexto de toda la argumentación sobre la oposición “Madre Patria/Leyenda Negra”, tener muy en cuenta lo que Bueno advierte sobre la relación entre los actuales Estados de la América Hispana (Iberoamérica) y España.
No se trata de ninguna manera de propuestas panhispánicas que desde España fueran vistas como una re españolización de América, que “serían vistas, desde América como un movimiento intelectual y económico “que no dejaría de ser imperialismo”.
Y esta es la tesis, que por lo que puedo comprobar, no ha sido entendida por los críticos o comentaristas del libro de Bueno. Una tesis fundamental que se puede enunciar de este modo :
“Aquí partimos de la soberanía y de la independencia, no sólo política, sino cultural, de los pueblos hispánicos americanos y de los intereses que ellos puedan tener en vivir dentro de una comunidad hispánica frente al imperialismo yanki. Pero lo que afirmamos es que el fundamento de estos intereses, si existen, aunque nada tenga que ver con un actual “imperialismo” español, no podría ser desconectado del “imperialismo
generador” pretérito”.
A continuación nos encontramos , en el libro de Bueno, una serie de propuestas para llevar a la realidad , en el caso de elegirse la opción tercera de las anteriormente propuestas, con las dificultades , muy serias, que encontraría su posible puesta en marcha. En especial , cuando de economía se trata, los intereses agrícolas europeos (especialmente franceses y los propios españoles).
Si tenemos en cuenta que la opción es muy difícil, ya que , como Bueno señala, las “Cumbres” Iberoamericanas recientes y las proyectadas, se han venido limitando a meros acuerdos en campos muy acotados: intercambios culturales, de cooperación(vía ONG s ) e inclusive en asesoría para temas de “seguridad ciudadana”,lo que parece quedar como más efectiva realidad, es que el imperio anglosajón se fortalece y que España sigue enfrentando sus propios problemas acerca del papel que le queda en este contexto -respecto de América Hispana y de Europa – .
Me parece que Bueno no es, ni mucho menos, tan ingenuo como para promover, como algunos quieren presentarlo, una alternativa tan descabellada como si fuera “la vía” a seguir. Lo que ha hecho en este libro, es , por una parte, advertir de las falacias derivadas de ese relativismo cultural, que tanto daño ha venido haciendo (y seguramente seguirá) en los países de América. (Por cierto, no creo que sea en absoluto algo casual o inocente, el hecho de la cantidad apabullante de cátedras especializadas en
los llamados “estudios de género ” y de “identidad”. Se busca potenciar, desde EEUU sobre todo (ojo, también se está trabajando de este modo en Europa, sobre todo últimamete en la Europa ex comunista) una antropología y sociología de las identidades culturales.
Por otra parte, se señala el enorme riesgo, no de desaparecer como “naciones” en el seno del bloque yanki, sino de conformar la parte de reserva de mano de obra barata manejada con la ayuda de las élites criollas de siempre(desde la Independencia es notorio ).
La razón de que Bueno “insista”, al menos eso podemos pensar, que hay una cierta insistencia, o mejor aún, una apuesta por la posibilidad de una relación España / Iberoamérica frente a Europa y frente a los Estados Unidos de Norteamérica, la encontramos en sus tesis sobre el proyecto “europeo” de Europa, el proyecto actualmente en marcha, que como muy bien ha mostrado el propio Bueno, es un “arrojado histórico” que determina las posibilidades de construcción de ese proyecto de Europa.
Pero es precisamente en este punto donde se ve reforzada la apuesta ,que en otro contexto no determinado desde las citadas coordenadas históricas que marcan el rumbo de la actual Europa en construcción, podía parecernos muy difícil de explicar y hasta descabellado o hasta, llegando al límite, reaccionaria(como ha hecho Fuentes Ortega, por ejemplo).
Consideremos a continuación dos aspectos muy relevantes para la propuesta de una Comunidad (sea de un tipo u otro) de Estados Iberoamericanos.
En primer lugar, el hecho de que España pertenece a la Unión Europea, lo cual condiciona las propias relaciones políticas españolas con los Estados Iberoamericanos, por ejemplo, en cuanto a la llamada doble nacionalidad. Que España acepte que un súbdito argentino pueda ser español no implica que el argentino que hubiese adquirido , desde las legislaciones argentina y española derechos de doble ciudadanía tenga por ello, los derechos como “europeo”.
En este ámbito, la consideración de Bueno acerca de la Comunidad o Unión Europea como una biocenosis, es aplicable también al caso de América. Un ejemplo muy conocido: el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en el que México , Canadá y Estados Unidos forman una “comunidad”. Allí el concepto de biocenosis que maneja Bueno es prácticamente
evidente.
En segundo lugar, y estrechamente relacionado con el concepto de biocenosis – en el citado sentido de Gustavo Bueno – podemos considerar dos aspectos :
1- Los distintos Estados de Iberoamérica, cuando firman Tratados , no lo hacen en nombre de esa “ideológica” noción de solidaridad entre pueblos “hermanos”,de la que se llenan los labios los políticos sino que se hacen teniendo que establecer estrategias prolépticas de fines y medios , dados en una “lucha por la vida”,en la que no se puede hablar de fraternidad latinoamericana. Esto ,por una parte, y sin perjuicio de reconocer que la misma idea de biocenosis, aplicada a este tema ,resulta ser factor de uniones efectivamente benéficas para los Estados que las construyen;
pues ellos mismos ,a su vez ,deben cooperar para mantener la vida de sus poblaciones .
2 – La relación de estos Estados Iberoamericanos, que forman esas biocenosis determinadas, como es lógico, por el propio medio: cercanía física, fronteras comunes, problemas similares, posibilidades de establecer políticas de colaboración académica,&,con otros grupos o biocenosis.
Mencionaré , a modo de ejemplo , el caso de México. Cuando México forma parte de ese tratado con Canadá y EEUU, se produce un cambio en su modo de relacionarse con sus vecinos al Sur, en especial con Centroamérica, que empiezan a ver cómo la distancia económica , política, demográfica, que los separaba, parece acrecentarse enormemente, ya que ello
s mismos ven muy difícil poder ser socios de ese Tratado(el TLC).Tratará México, sin embargo, de mantener las mejores relaciones con sus vecinos centroamericanos, pero teniendo a su vez que actuar en el seno del TLC. Le sucedería a México un poco lo mismo que a España en sus relaciones con Iberoamérica, radicalmente diferentes antes y después de ser miembros de la Unión Europea.
Otro aspecto de México, por ser además el país más emblemático en este sentido, es el de sus relaciones con el mundo anglosajón.
En México, las cuestiones a que Bueno hace referencia sobre el Imperio Católico español en cuanto que se enfrenta tanto al Islam como al cristianismo luterano y calvinista y sus “variantes evangélicas”, las encontramos especialmente desde que los gobernantes de EEUU comenzaron a prestar atención a la problemática de cómo consolidar y
desarrollar su proyecto imperial depredador en fase de paso a imperio generador- lo cual por cierto, supone la desaparición de la cultura anterior, vía sustitución, que es lo que propone claramente Huntignton -.
Enfrentaron el problema de que el cristianismo católico se transformaba en lo que la Iglesia (el Vaticano) consideraba una herejía, a saber: la teología de la liberación, pero más bien por la apropiación que los políticos marxistas (en concreto en Nicaragua) llevaron a la práctica real, abortada militarmente por las “contras” dirigidas por EEUU, como es bien sabido.Y este es el tema que Bueno advierte: cómo, tras la derrota político militar a la que ayudó el papa polaco, de esa opción marxista católica, totalmente contraria a los intereses capitalistas de EEUU, se presenta una situación completamente diferente, en la que el único modo de enfrentar al luteranismo (es decir , al imperio anglosajón ) en Iberoamérica ( y en España de diversa manera, pero con rasgos genéricos respecto de Iberoamérica), sería potenciar el catolicismo.
Es aquí donde encuentro un problema, acaso derivado de la falta de espacio- me refiero al libro España frente a Europa , pues un libro que se centra en la relación de España y Europa, el asunto de Iberoamérica , creo, no ha tenido la posibilidad “física” necesaria : hubiera sido necesario otro libro mucho más extenso.
Me refiero a lo siguiente:lo primero que saldrá a la luz, es la crítica que plantea que la España Católica no ayudó a mejorar las expectativas de las Naciones Iberoamericanas, tras la Independencia, porque era una España que censuró las Ideas de la Ilustración y por tanto, mantuvo a Iberoamérica en desventaja respecto a sus vecinos del Norte, que sí lograron avanzar social, económica y políticamente. Es la tesis de Zea sobre Ariel y Calibán, tan extendida en las universidades de Iberoamérica.
El hecho es que los dirigentes Iberoamericanos buscaron a lo largo del siglo XIX adaptar a sus Repúblicas el modelo europeo del liberalismo político. Pero aquí hay un periodo histórico de crucial importancia para comprender los problemas de Iberoamérica y sus relaciones con los Imperios europeos y el norteamericano.
No podemos extendernos en este tema, pero sí quiero prácticamente ya para terminar comentar que México, en el momento actual, está vinculado cada vez más, en todos los aspectos del comercio, la academia, el arte, la banca y la industria, a la vida estadounidense, en especial todo el Norte del país. Y la cuestión, en cuanto a la propuesta de Bueno, será la de saber si a los mexicanos les interesa realmente establecer esa relación con España o les interesa más seguir la relación ya en vías de una muy fuerte consolidación con los yankis.
Me interesa recordar la idea de un especialista mexicano en las relaciones de México y EEUU- por cierto , nada partidario de ellas, en el modo en que se vienen desarrollando , precisamente por la enorme asimetría de las culturas mexicana y estadounidense – de que existe una “absorción benevolente de México, por parte de su vecino anglosajón”. Para desarrollar un plan en el sentido de la propuesta de Bueno, hay que trabajar, me parece , en dos sentidos (entre otros temas) que son básicamente los siguientes:
Enfrentar la Leyenda negra o su mito fabricado por los enemigos de España, desde luego los ingleses y sus primos yankis , por medio de la “contra leyenda”. En este sentido es en el que he querido presentar a ustedes el libro de Gregorio Selser sobre la violación de los derechos humanos en Estados Unidos.
Mostrar cómo , a través de la manera en que el catolicismo puede manejar la filosofía, se puede obtener el beneficio de no ser “absorbidos” por ese Imperio que para generar pasa necesariamente por una fase depredadora a la que parece ser que no se le ha dado la importancia en el actual momento, pues muy hábilmente se presenta como el socio solidario, y esto también se puede demostrar recurriendo a autores como Selser que no es , por cierto , ni mucho menos utilizado en las universidades privadas de México , que miran a los EEUU o a los alemanes, para construir un capitalismo protestante, es decir, un capitalismo que beneficia a los alemanes, ingleses,
norteamericanos y a sus socios en Iberoamérica.Y ese problema también quiero advertirlo aquí, porque ,me parece , la Iglesia Católica puede adoptar tantas pieles como sea necesario a sus intereses. Pacta, con los anglosajones cuando le interesa, y este es un muy gran escollo para lograr algo.
Por lo tanto, y creo que Bueno lo ha visto con mucha claridad, hay que dedicar una atención especial al estudiar el concepto de Imperio español , cuando advierte el autor de España frente a Europa que los Reyes españoles no aceptaban un Imperio sometido a la Iglesia.

Autor:
Eliseo Rabadán Fernández
erabadan@yahoo.com

Número especial sobre el exilio español ; revista Laberintos. UAM Iztapalapa México

http://bv.gva.es/documentos/lab17.pdf

LABERINTOS , 17. Año 2015 Revista de estudios sobre los exilios culturales españoles. Se trata de un especial , de más de quinientas páginas, donde se exponen las aportaciones de exiliados españoles en México, en varios campos de la Ciencia y las Artes.

ISOCRATES: Discurso areopagítico; sobre la antigua democracia

OAIRSS

Web de la Biblioteca Valenciana
Web de la Biblioteca Valenciana
Boton AddThis para compartir

está en:  › discurso areopagítico de isócrates, o sobre la antigua democracia ateniense. traducción del griego al latín por juan luis vives / isocratis areopagitica oratio sive de vetere atheniensium republica, joanne ludovico vive interprete

Buscar: en esta colección | en esta obraJuan Luís Vives – Índice… > Las disensiones de Europa,… > Discurso Areopagítico de Isócrates, o sobre la antigua democracia ateniense. Traducción del griego al Latín por Juan Luis Vives / Isocratis areopagitica oratio sive de vetere Atheniensium Republica, Joanne Ludovico Vive interprete

Navegación

  •  Traducción del griego al latín…
  • Isócrates: Nicocles o el… 

Datos del fragmento

Pag. Inicio93Pag. Fin111

Texto

[Texto latino en imágenes]

[Pg. 93] DISCURSO AREOPAGÍTICO DE ISÓCRATES,

O SOBRE LA ANTIGUA DEMOCRACIA

ATENIENSE. TRADUCCIÓN DEL GRIEGO

AL LATÍN POR LUIS VIVES

Creo que la mayoría de vosotros os preguntaréis con extrañeza con qué propósito he venido a este lugar para hablar de la salvación pública, como si la ciudad estuviese abocada a un peligro o su situación se deslizara a un precipicio, como si, por el contrario, no poseyese más de doscientas trirremes y con la paz en el interior no detentase el dominio del mar; 1 es más, tiene muchísimos aliados que nos ayudarían de inmediato, si la situación lo exigiese, así como numerosísimos mercenarios que ejecutan nuestras órdenes; confiados en estos hechos con razón cualquiera nos ordenaría ser optimistas, como muy alejados de todo peligro, como pensaría, a su vez, que nuestros enemigos tendrían que estar más temerosos y mirar por su salvación.

Por esta razón no dudo de que, reflexionando sobre esto, no daréis ninguna importancia a mi presencia entre vosotros y de que tendréis gran esperanza de apoderaros de toda Grecia con esos recursos. Yo, por el contrario, tengo un enorme miedo por ese mismo estado de cosas, puesto que veo que las ciudades que piensan que se encuentran en la mayor prosperidad toman las peores decisiones sobre sus asuntos, y que las que se apoyan en grado máximo en la confianza de sí mismas se precipitan a graves peligros.

Sin duda, la causa de este hecho es que ni las cosas prósperas ni las adversas les vienen nunca solas a los hombres, sino que siempre [Pg. 94] les sigue algún acompañante. A las riquezas y al poder les sigue la necesidad y el lujo; a la indigencia, por el contrario, y a la humildad les sigue la mesura y la moderación, de tal forma que apenas puede determinarse si es mejor dejar a los hijos riquezas o pobreza. En efecto, puede verse que de ésta, que se considera peor, nace las más de las veces un mejor sistema de vida, mientras de aquéllas, en apariencia mejores, las costumbres se deslizan hacia peor; los ejemplos de esto los tenemos a disposición: ciertamente los de personas particulares son muchísimos, pues entre ellas son frecuentísimas tales alternancias. Pero para los oyentes seria de más impacto y de mayor claridad tomarlos de nuestra historia y de la de los lacedemonios.

Nosotros, en efecto, después de la obstrucción de esta ciudad por los bárbaros, al provocar el miedo nuestra actividad y nuestra preocupación, llegamos a apoderarnos de Grecia. Pero, cuando pensamos que nuestro poder era invencible, ¡qué poco faltó para que fuésemos capturados! Hace mucho tiempo los lacedemonios, atreviéndose a salir de sus míseras y pequeñas ciudades, gracias a su frugalidad y a su disciplina militar sometieron el Peloponeso. Después de esto, sin embargo, por causa de los éxitos se volvieron bastante insolentes y, tras haber conseguido el dominio de la tierra y el mar, llegaron a los mismos peligros que nosotros.

Así, pues, ¿quién si no es un loco, después de conocer estos cambios y de pensar que los más grandes imperios han desaparecido tan de repente, podría confiar en la fortuna del momento? Pero incluso nuestro estado es ahora mucho más pobre que en aquellos tiempos, en parte por el odio de los griegos hacia nosotros, en parte por la renovación de la enemistad del Rey de los persas con nosotros; hace tiempo ya estas dos causas abatieron esta ciudad. Por esta razón, el hecho de que vosotros desconozcáis qué tempestad tan grande se aproxima a nuestra ciudad no puedo ciertamente atribuirlo a ninguna de estas dos posibilidades, si es porque no os preocupa el estado o porque, aún preocupándoos, habéis perdido el sentido de la realidad.

No os dais cuenta de que vosotros sois aquellos que perdisteis las ciudades de Tracia, 2 que gastasteis en vano más de mil talentos para [Pg. 95] reunir un ejército mercenario a causa del odio de los griegos y de la guerra suscitada contra los persas, que además os visteis obligados a salvar a los tebanos, que eran enemigos, al verse sometidos vuestras aliados a los de ellos, y de que por estas actuaciones, con el visto bueno de los dioses como si hubierais recibido noticias de la buena administración del estado, va por dos veces se han hecho rogativas en torno a los templos de los dioses. 3 ¿ Qué se puede decir del hecho de que sobre todo eso consultamos bastante remisamente a los que mayores méritos han contraído con el estado? Por esta razón merecidamente hacemos y padecemos todas esas cosas.

En efecto, ¿qué pueden hacer bien aquellos que han tomado malas decisiones sobre asuntos capitales? Si se han cometido errores en parte de los asuntos, se corrigen por un favor de la fortuna o por el valor de algún hombre y, sin embargo, caen de nuevo en las mismas dificultades; cualquiera comprenderá esto con facilidad a partir de lo que nos ha sucedido a nosotros. Conquistamos toda Grecia tanto después de la batalla naval de Conón, 4 como después de la guerra llevada a cabo por Timoteo, y ni siquiera un momento pudimos mantener la prosperidad adquirida, sin que inmediatamente y por nuestra imprudencia se viniese abajo y desapareciese.

Y ¿cómo no iba a ser así, al no tener y no preocuparnos por tener un sistema de gobierno de la ciudad, por el que podamos servirnos de las cosas como conviene? ¿Hay alguien que ignore que la prosperidad no se consigue ni se mantiene con la construcción de magníficas murallas ni con una población numerosa, sino gracias a la sabiduría y a la moderación de los que gobiernan el estado? En efecto, el alma de la ciudad no es otra cosa que su administración, que no tiene en ella menos influencia que la prudencia en el cuerpo. Evidentemente ésta es la que delibera sobre todos los asuntos, va sea para conservar lo beneficioso va para evitar lo perjudicial. A ella 5 conviene que se parezcan las leyes, los oradores y los hombres privados, [Pg. 96] así como que cada uno actúe en la medida que la consiga. Si ella se echa a perder, no os importa nada ni nos preocupamos por cómo pueda ser reestablecida.

Acusamos ciertamente a los jueces y nos quejamos de que nunca bajo un régimen democrático el estado se ha visto más abatido, pero en los talleres y cada uno en sus pensamientos anteponemos nuestra prudencia a la de nuestros antepasados, para hablar de la cual he salido aquí. Sé ciertamente que los peligros que nos amenazan pueden ser alejados y que las desgracias actuales pueden ser evitadas, si existiera el ánimo de reinstaurar aquella constitución democrática de la ciudad, establecida por Solón, el más demócrata con mucho de todos los hombres, y restablecida por Clístenes, quien expulsó a los tiranos y reincorporó al pueblo. 6 Nadie ha ideado nunca una más democrática o más útil a esta ciudad que aquélla. Sirva de única, pero la más importante, prueba del hecho que los que vivieron bajo ella llevaron a cabo hazañas hermosísimas, gozaron de gran renombre entre todos los pueblos y a ellos fue confiado espontáneamente el mando por consenso de toda Grecia.

En cambio, a los que les gusta la actual situación, odiados por todos y tras haber sufrido con frecuencia graves descalabros, qué poco les faltó para ser llevados a la extrema necesidad. ¿Quién alabaría ahora o amaría este sistema de gobierno, que hace algún tiempo nos proporcionó tantas desgracias y que ahora cada año nos lleva a peor? ¿Acaso no hay que temer que la situación avance hasta un punto en el que, oprimidos por algunos acontecimientos penosos y difíciles, nos veamos despojados por completo de la soberanía y de la ciudad?

Pero, para que, escuchando no sólo cosas generales sino también concretas, podáis juzgar y elegir lo que os parezca útil, vuestro deber será mostraros vosotros y mismos atentos a lo que diga, mientras el mío será hacerlo con la mayor brevedad que pueda. Los que hace [Pg. 97] tiempo gobernaron nuestro estado establecieron un sistema de gobierno tal que a los que vivían bajo él no les pareciese democrático y muy suave sólo de palabra, y en la realidad algo completamente distinto. Y no educaban a sus conciudadanos de forma que creyesen que la democracia era la falta de moderación, que la libertad era no obedecer las leyes, que la igualdad ante la ley era la procacidad de la lengua desenfrenada, que la felicidad era el libertinaje impune para toda clase de delitos.

Por el contrario, la moderación y el buen orden en el estado organizaban de tal forma la vida pública que reprimían con castigos tales delitos y los perseguían con el desprecio, volviendo con facilidad a los ciudadanos buenos y moderados. Entre otras cosas, la ayuda más importante que tenían para gobernar la ciudad lo mejor posible era el hecho de que, existiendo dos clases de igualdad, una que iguala a todos los ciudadanos sin ninguna diferencia y otra que pondera la dignidad de cada uno, no ignoraron que ésta es más útil y despreciaron aquélla como injusta, va que considera dignos de las mismas cosas a los buenos y a los malos, manteniendo la que premia o castiga según los merecimientos; ésta es la que introdujeron en la ciudad, de forma que promovían para las magistraturas no a cualesquiera sin orden y sin selección, sino que ponían al frente de cada uno de los cargos públicos a los mejores y especialmente a los más capacitados. No dudaban, en efecto, de que todos los ciudadanos serían como fuesen los gobernantes mismos.

Después, consideraron que la elección de los magistrados era una de las principales competencias del pueblo, en vez de confiarla a la suerte 7 pues con mucha frecuencia al azar hace que el gobierno de la ciudad vaya a pasar a partidarios de cambios, que desean pasar el poder del pueblo a una oligarquía. Por esta razón es justo que para elegir a los más moderados el poder supremo radique en el pueblo, a fin de que pueda poner a su frente a los que haya averiguado v sepa bien que les gusta el poder democrático. Ahora bien, la causa por la que había un gran consenso en la ciudad y no había disputa [Pg. 98] por los cargos es porque cada uno actuaba atento a su trabajo y al ahorro; nadie, desatendiendo sus asuntos, preparaba trampas a los demás ni derivaba nada del tesoro público para utilidad particular; al contrario, más bien cada uno ayudaba al estado de lo suyo cuando lo erigía la necesidad, y nadie conocía con mayor exactitud lo que producía el cargo público que lo que ganaba con sus propiedades particulares. 8

Hasta tal punto se abstenían del dinero público, que en aquella época era más difícil encontrar ciudadanos que quisiesen ser magistrados que en ésta encontrar los que no lo soliciten. Sin duda, ellos mismos habían establecido que desempeñar un cargo público no era un negocio lucrativo sino un servicio. Desde el momento en que tomaban posesión del cargo no escudriñaban si sus predecesores habían dejado alguna ocasión para enriquecerse, sino si algo había sido hecho de forma más descuidada por los que tenían prisa en dejarlo. Finalmente y como resumen, todos estaban muy convencidos de que el pueblo debía estar como dueño al frente de los propios magistrados, castigar a los que delinquieran, discutir y dictaminar sobre asuntos controvertidos, así como de que aquellos ciudadanos, que tuviesen tiempo libre por sus abundantes riquezas, se dedicasen a los asuntos públicos con el mismo interés que a los suyos; los que habían actuado con justicia eran honrados con alabanzas y se contentaban con este premio; los que habían administrado mal el estado no recibían ningún perdón por culpa tan grande, sino que eran castigados con multas y pérdidas.

¿Qué régimen podría encontrarse más estable o más justo que éste, que encomendaba el gobierno de los ciudadanos a los más poderosos, pero imponían al pueblo como dueño de tales gobernantes? Y ésta era ciertamente la constitución de la ciudad, gracias a la cual es fácil comprender que la vida cotidiana transcurría para ellos con rectitud y de acuerdo con la ley. En efecto, es necesario que, quienes tenían establecido y organizado el conjunto del estado de [Pg. 99] esa forma, estuviesen de acuerdo con la misma en cuanto partes.

En primer lugar, por lo que se refiere a los dioses inmortales, pues es justo empezar por ahí, no de forma insegura y sin orden, ni por una locura o una irreflexión ni cuando les era grato mataban trescientos 9 bueyes en un solo sacrificio ni se apartaban nunca de los sacrificios establecidos desde antiguo, ni celebraban con demasiada magnificencia las fiestas en las que había que hacer un banquete, sino que se hacían los sacrificios en los templos sacratísimos con el dinero reunido entre los asistentes, procurando con escrupulosidad no quitar nada de los ritos ancestrales ni añadir nada a las costumbres de los antepasados. En efecto, pensaban que la piedad no residía en los grandes dispendios, sino en no cambiar nada de lo que habían heredado de sus antepasados.

De esta forma, lo que se refería a la religión y a las fiestas no lo colocaban de forma irreflexiva y sin orden en momentos inoportunos, sino en los más ventajosos tanto para beneficio de la región como para almacenar las cosechas. De forma parecida a lo dicho pasaban la vida relacionados unos con otros, pues no sólo había unidad en los asuntos públicos, sino también en la vida privada manifestaban unos para con otros la prudencia que exigía la justicia, tanto por pensar con rectitud como por tener una patria común.

Y tan lejos estaban de odiar los más humildes a los ricos, que se preocupaban de las grandes fortunas como de las suyas propias, pensando que la prosperidad de aquéllas repercutía en su bien. Los ricos no despreciaban a los pobres, sino que pensaban que la pobreza de sus conciudadanos era una vergüenza para ellos también y socorrían sus necesidades, entregando a unos campos para cultivar por una módica renta, 10 enviando a otros como representantes de sus negocios, y ofreciendo a otros oportunidades de ganar dinero. Y no tenían miedo de caer en ninguno de los dos inconvenientes, esto es, verse privados de todas sus fortunas o ciertamente de alguna parte; es más, no confiaban menos en lo que habían dado que en lo que [Pg. 100] conservaban en su casa. Sabían que los que estaban al frente de los tribunales no solían abusar del justo y del bueno sino obedecer las leyes; sabían también que no se apoyaban en las luchas de los demás para conseguir la posibilidad de hacer una injusticia, sino que por el contrario acostumbraban irritarse más contra los injustos que los que habían perdido los bienes por causa de las injusticias, por no ignorar que los contratos de mala fe suelen perjudicar más a los pobres que a los ricos. Éstos, en efecto, si dejan de ingresar, el perjuicio será de unas pocas rentas, pero aquéllos, si son llevados a dificultades en la alimentación, por necesidad llegan a la extrema escasez.

Como la opinión y el sentir común de todos fuesen así, no se encontraba nadie que ocultase sus riquezas ni nadie que rehusara pedirlas prestadas, ya que no era más desagradable la imagen del acreedor que la del deudor. De esta forma las dos cosas deseadas por las personas más sensatas las conseguían ellos: ser útiles a los ciudadanos y al mismo tiempo poseer fortunas seguras y consolidadas. Finalmente, los ciudadanos vivirían muy a gusto entre ellos, pues las propiedades estaban aseguradas a quienes les habían correspondido legalmente, y al mismo tiempo eran comunes y estaban a disposición de los necesitados. 11

Quizás alguien critique mi discurso por alabar hasta el cielo los hechos de aquellos tiempos, y no exponer, en cambio, las causas de por qué se comportaban tan bien entre sí y gobernaban tan bien su estado. Sin embargo, creo que ya he dicho algo en ese sentido, si bien intentaré aclararlo con mayor amplitud y claridad. Nuestros antepasados no tenían muchos maestros para educar a sus niños y, desde que empezaban a ser contados entre los hombres, les estaba permitido hacer lo que quisieran; sin embargo, en la adolescencia eran tratados con más cuidados que de niños.

Nuestros antepasados, en efecto, amaban de tal forma la moderación que ordenaron que el consejo del Areópago se encargase de velar por la virtud 12 y la moderación; para este consejo no podía [Pg. 101] ser elegido nadie que no fuese libre de nacimiento y hubiese dado grandes pruebas de virtud y de moderación. 13Por esta razón este consejo nuestro es preferido sin ninguna discusión a los restantes de Grecia. Cualquiera podrá servirse de testimonios tanto de tiempos pasados como de los nuestros, va que todavía se continúa en ese clima de virtud y en ese tenor de vida. Se puede comprobar que algunos, indeseables en lo demás, tan pronto como han sido elegidos para el Areópago y como si se olvidaran de su naturaleza, siguen las leves de esta institución con preferencia a las confirmadas por las costumbres: tan grande es el miedo que se infunde en los malos y tan grande el recuerdo transmitido de su moderación.

Así, pues, según decía, establecieron este consejo como específico para conformar las costumbres. Pero, si alguien piensa que en él los hombres se hacen buenísimos porque se han dado con toda precisión leyes sobre la virtud, en mi opinión se equivoca completamente; en efecto, si fuese así ¿qué impediría que todos los de Grecia fuesen semejantes a éste de inmediato, puesto que nada sería más fácil que intercambiarse entre ellos mismos las tablas de las leyes? Sin embargo, con este intercambio no se comunicaría al instante ni una sola virtud, ya que ésta nace de la práctica cotidiana. 14 Así, es necesario que tengan costumbres parecidas entre sí precisamente los que han tenido la misma educación y los mismos hábitos de vida.

En cuanto a que, por el hecho de haber en una ciudad gran abundancia de leyes sancionadas con precisa escrupulosidad, se saca argumento para probar que los ciudadanos son de mal natural y de mala educación, al verse obligados los magistrados a amontonar leyes sobre leyes, oponiendo las leyes como obstáculo en los vicios que brotan de diversas formas, conviene que los que miran por el bien del estado no llenen los pórticos con tablas de leves, sino que inculquen en los corazones de los hombres la justicia, ya que la ciudad no se gobierna de la mejor forma por medio de decretos sino por las buenas costumbres.

[Pg. 102] En efecto, los que están mal educados y mal enseñados no tienen ningún respeto por las leyes, por más que estén bien prescritas; por el contrario, a los que tienen buena educación les basta lo aceptado en las buenas costumbres. Porque nuestros antepasados entendían estas verdades, no fue su principal preocupación de qué forma castigaban a los que vivían mal, sino más bien por qué medios podían conseguir en definitiva que los ciudadanos no quisiesen cometer algo digno de castigo. Consideraban que ésa era precisamente su misión y lo que en grado máximo convenía a los gobernantes de las ciudades, pues pensar en castigos es actuar como enemigos, no como ciudadanos.

Así, pues, les preocupaban todos los ciudadanos, pero, ante todo, los jóvenes, en los que veían que ejercían gran influencia las tormentas de las pasiones, y que sus espíritus eran domeñados por muchos placeres, así como que por esa razón necesitaban en grado máximo una buena educación, de forma que llegasen a pensar que todos sus deleites radicaban en buscar trabajos honrados y hermosos. Éstas son las apetencias en la edad siguiente de aquellos que, educados como hombres libres, acostumbran buscar puestos elevados y honrosos. Pero todos no pueden ser llevados a las mismas prácticas, por ser tan grande la diferencia en los aspectos que se refieren a la vida. Por esta razón, de acuerdo con las posibilidades de cada uno, le asignaron un sistema y un modo de vida: a los de clase inferior los relegaron a la agricultura y al comercio, 15 sin desconocer que de la pereza se origina la indigencia, y de ésta la mayoría de los vicios. Así, pues, eliminada la causa de los vicios, comprendían que se quitaban también los vicios que de allí podrían originarse.

A aquéllos, en cambio, a los que sobraban recursos los obligaban a practicar la equitación, la lucha, la caza o la filosofía, pues sabían por experiencia que con estas ocupaciones unos llegaban a ser hombres importantes, y que a otros los apartaban de muchos vicios. Y todo esto ciertamente no lo realizaban de forma que, un poco después de promulgar las leves sobre tales asuntos, se desentendían de [Pg. 103] ellos. Antes bien, estando la ciudad dividida en barrios y el campo en demos, les era fácil observar la vida de cada uno; 16 a los que vivían de forma vergonzosa los llamaban al consejo público, que a unos les aconsejaba cosas mejores, a otros los amenazaba y a otros los castigaba, según parecía que era necesario.

Y no se les pasaba por alto que hay dos sistemas, por los que somos incitados a los vicios o somos apartados de ellos, pues entre los que no hay observación de los delitos, ni castigos, ni se practican con severidad los juicios, necesariamente los caracteres, incluso los buenos por naturaleza, degeneran. Pero donde a los delincuentes no les es fácil el engaño, ni para los culpables manifiestos existe ninguna esperanza de perdón, allí las malas costumbres no arraigan con frecuencia; tomando esto en consideración, por doquier reprimían a sus conciudadanos con dos procedimientos: con la vigilancia y con los castigos propuestos. En efecto, tan lejos estaba de escapárseles si alguien había cometido algún mal, que incluso ellos presentían quiénes estaban pensando en cometer un delito.

Así, pues, la juventud no estaba sentada en la plaza del juego, ni en casa de las flautistas, ni en esas reuniones en las que ahora pasa los días, sino en los ejercicios prescritos, admirando y viviendo con los que en aquella disciplina eran los más admirados. Por el contrario, la plaza la evitaban de tal forma que, si alguna vez les era preciso ir allí, se llenaban de vergüenza y mostraban un gran recato; contradecir a un viejo o injuriarle se consideraba entonces como más grave que ahora hacer daño a los padres Es más, ni siquiera el esclavo menos frugal se hubiera atrevido a entrar en una taberna o a beber; todos se preparaban para la seriedad, para el decoro, para la moderación; nadie se rebajaba a hacer el bufón; a los graciosos y mordaces, que en estos tiempos consideramos ingeniosos, ellos los tenían por desgraciados y ruines.

Pero que no crea nadie que yo pienso que los hombres de esta época son malos por completo, pues no creo que ellos sean la causa [Pg. 104] de lo que pasa; conozco a muchos que se lamentan de que las costumbres públicas de la ciudad les hayan permitido, incluso a ellos mismos, una libertad tan grande en los placeres. ¿Quién en su sano juicio los podría reprender? Aquéllos, aquellos que gobernaron la ciudad un poco antes de nuestro recuerdo son los que han de ser acusados. Éstos son los que posibilitaron el inicio del descuido en las antiguas costumbres, los que echaron abajo el poder del consejo público; 17 cuando éste tenía influencia, no había en la ciudad una cantidad tan grande de castigos, de delitos, de impuestos, de escasez y de guerras, sino que en el interior vivían tranquilamente entre ellos, mientras fuera por doquier había una paz firme, como que se mostraban a sí mismos amables con los griegos y temibles con los bárbaros; a aquéllos, en efecto, los habían salvado y a éstos los habían castigado de tal forma que podían fácilmente volver con ellos a la paz, con tal de que no les infringiesen ningún otro daño.

Por estas causas vivían tan seguros, que los campos con su instrumental estaban más bellos y más adornados que las casas de la ciudad. Muchos ciudadanos ni siquiera iban a la ciudad en las fiestas, pues preferían mantenese en sus posesiones particulares que disfrutar en la ciudad de los bienes públicos. Por lo que se refiere a los juegos, por cuya causa iban algunos, no se organizaban de forma libertina e insolente, sino de forma ordenada y razonable; y no pensaban que la prosperidad estuviese en las procesiones, en las rivalidades por conducir un coro o en vanas manifestaciones de ese tipo, sino en un sistema de vida bueno y moderado, así como en no defraudar a nadie en sus intereses.

De todo eso necesariamente se deduce que aquéllos vivían bien de acuerdo con la verdad y la autenticidad, y que gobernaban el estado de forma agradable. Pero en este tiempo, ¿ qué persona sensata no se dolería si viese a algunos ciudadanos, tanto si tienen lo necesario para el sustento como si no, participar en los sorteos para los juicios, solicitar que les sea permitido alimentar a los marinos de las naves griegas y a los aliados en las guerras navales, dirigir coros [Pg. 105] en el verano y esto con mantos de oro, pasar el invierno donde da vergüenza y tristeza decirlo, así como hacerse habituales en este estado otras costumbres que chocan de forma necia contra esa moderación, y que causan enorme vergüenza a la ciudadanía?

Nada de eso ocurría bajo el antiguo Areópago, puesto que alejaba de los pobres la escasez gracias a ingresos y ventajas procedentes de los ricos, de los jóvenes alejaba los excesos gracias a los ejercicios v a su preocupación por ellos, de los que gobernaban el estado alejaba la avaricia por medio de castigos, de los malos alejaba los vicios porque no esperaban que los pudiesen ocultar, y de los viejos alejaba la inacción confiándoles cargos públicos y el cuidado de los jóvenes. ¿Qué democracia podría encontrarse mejor que ésta, que había organizado todos los asuntos por doquier con tanta prudencia?

Ciertamente creo que he explicado lo más posible el funcionamiento de aquella primitiva democracia; lo que he omitido es fácil comprender que fue semejante a lo dicho. Ahora bien, escuchadas las cosas que he expuesto hasta ahora, no dudo de que algunos me alaban sobremanera y piensan que nuestros antepasados fueron muy felices por haber pasado la vida en tal ciudad, a pesar de que no creen que vosotros tengáis que tener las mismas costumbres que ellos, así como que os es mejor vivir dentro de la situación ya establecida, incluso con desventajas, que anhelar una democracia mejor organizada, en la que os desenvolveríais mejor. Es más, hay quienes me han asegurado que existe el peligro de que, mientras os aconsejo lo mejor, doy la impresión de odiar al pueblo y de buscar de qué modo conduzco la ciudad al gobierno oligárquico.

Ahora bien, si yo hablase de cosas desconocidas o nuevas, y de acuerdo con ellas os hubiese ordenado elegir el senado o a aquellos que soléis nombrar con plenos poderes para que expresen sus opiniones sobre los acontecimientos, gracias a los cuales se eliminase el poder del pueblo, con razón sería sospechoso de esta acusación. Pues bien, hasta ahora no he dicho nada así; 18 solamente he hablado de [Pg. 106] cosas no ocultas para ninguno de vosotros, y que todos tenéis bien sabidas desde hace tiempo, sin duda antiguas y heredadas de nuestros antepasados, que con bastante frecuencia han traído riquezas y la salvación a nuestra ciudad y a toda Grecia. Se puede añadir a esto que fueron ideadas y consolidadas por hombres tales que, según confesión unánime de todos, fueron con mucho los más favorecedores del pueblo de cuantos han existido jamás.

Por esta razón, desde que existen los hombres a mí seria el único a quien sucedería algo muy indigno, si por explicar aquel régimen fuese considerado como amante de cambios políticos. Mi actitud puede percibirse incluso por la forma de sentir de mi espíritu, va que en todos los discursos que he pronunciado hasta ahora claramente he atacado el poder y la ambición de la oligarquía; y, sin embargo, no he aprobado cualquier igualdad o mando democrático, sino los establecidos con rectitud, y no de forma irreflexiva o sin elección, sino con prudencia y con cautela. Tenía presente yo que nuestros antepasados preferían con mucho este régimen entre todos los posibles, y que los lacedemonios se comportaron de la mejor forma posible en su ciudad por esta razón, esto es, porque eran enormemente democráticos. En efecto, tanto en la elección de los magistrados, como en las actividades cotidianas y finalmente en toda su vida la igualdad y la paridad tuvieron más fuerza entre ellos que entre todos los demás hombres; estos dos principios, así como son rechazados por los gobiernos oligárquicos, de la misma forma son adoptados muy fuertemente por los auténticamente democráticos.

Por otra parte, a las más ilustres y poderosas de las restantes ciudades, si alguien lo examina con seriedad, descubrirá que les es más útil el poder democrático que el oligárquico, y en nuestra ciudad, si alguien compara el actual gobierno, que todos critican, no digo con aquél que veis explicado por mí sino con el que hubo bajo los Treinta, sin duda pensará que ha sido enviado del cielo. Y, aunque algunos digan que cae fuera de propósito, no puedo evitar el aclarar qué gran diferencia hay, entre ambos, a fin de que nadie piense que indago demasiado en los desaciertos del pueblo y que paso por alto si algo ha sido hecho con prudencia y con rectitud.

Ciertamente hablaré de este asunto de forma que, sin alargarme, de ninguna manera sea inútil a los que me escuchan. Después de perder nuestra flota en el Helesponto y de verse la ciudad abatida [Pg. 107] por aquellas desgracias, ¿quién de los viejos no vio que los más demócratas estuvieron completamente dispuestos a soportar cualquier situación, antes que aceptar las condiciones de paz que imponían los lacedemonios, y que consideraban muy vergonzoso que alguien contemplase como esclava a la ciudad que poco antes era la dueña de Grecia? Y a éstos, por cierto, los vimos excluidos de las alianzas y pactos. En cambio, a los partidarios de la oligarquía, ¿quién no los vio destruyendo las murallas con rapidez y soportando la esclavitud? Sin embargo, cuando el pueblo era dueño del poder, defendíamos incluso las fortalezas de los demás.

Por el contrario, cuando los Treinta 19 tomaron el poder, de inmediato todo lo nuestro cavó en poder de los enemigos y los lacedemonios nos sojuzgaron. Ahora bien, cuando los desterrados volvieron y se atrevieron a tomar las armas por la libertad y Conón venció en el combate naval, 20 le fueron enviados embajadores que ofrecían a nuestra ciudad el dominio del mar. ¿Quién de los de nuestra edad no se acuerda de esto? Así, pues, el gobierno democrático engalanó esta ciudad con templos y ceremonias sagradas, de tal forma que incluso ahora los extranjeros la consideran digna de mandar no sólo sobre Grecia sino sobre todo el mundo. En cambio, los Treinta, juzgando todo esto de ningún valor, saquearon muchos templos y abandonaron por tres talentos las bases navales, en cuya construcción la ciudad gastó no menos de cinco mil. ¿Qué, pues?; ¿serán alabados por su clemencia? Nada es menos conveniente; el pueblo será alabado por su desempeño del poder. Aquéllos, en efecto, tomado el mando de la ciudad por decreto público, mataron mil quinientos ciudadanos sin juicio, y obligaron a huir al Pireo a más de cinco mil. Por el contrario, cuando los demócratas volvieron y recuperaron la patria por medio de las armas, ciertamente eliminaron a los principales responsables de las desgracias, pero a los restantes los aceptaron en el sistema 21 con tanta benevolencia y respeto a las leves, que no [Pg. 108] tuvieron peores condiciones que aquellos que habían sido exiliados por ellos.

La máxima prueba incluso de la justicia y moderación del gobierno democrático fue ésta: como los que habían permanecido en la ciudad hubiesen pedido un préstamo de cien talentos a los lacedemonios para sitiar a los que habían ocupado el Pireo, al celebrarse una asamblea para su devolución y a pesar de que algunos pensaban que era justo que lo devolviesen los que lo habían pedido y no los sitiados, sin embargo el pueblo ordenó que fuese pagado por todos en común; esta decisión del pueblo aglutinó la concordia mutua de los ciudadanos, y aumentó las fuerzas del estado, de tal forma que los lacedemonios, que casi todos los días nos daban órdenes como mantenedores de la oligarquía, vinieron a pedir ayuda a nuestro pueblo, suplicando que no los despreciásemos tras ser derrotados por los tebanos.

Lo esencial de la comparación es esto: Treinta hombres y otros poderosos en aquel momento tenían el pensamiento de querer mandar sobre los ciudadanos y obedecer a los enemigos, mientras los demócratas querían mandar ciertamente sobre los demás y vivir con sus conciudadanos en igualdad de derechos. He expuesto esto por dos causas: la primera para demostrar que no soy defensor de la oligarquía o de la avaricia, sino de una democracia honesta y justa; la segunda para dar a conocer que el gobierno democrático, aunque esté constituido de forma torpe y mala, sin embargo no acarrea desgracias demasiado grandes, mientras, si es administrado de forma correcta, aventaja a los demás regímenes tanto por la justicia como por la vida agradable de los ciudadanos.

Quizás alguien se pregunte con extrañeza qué es lo que pretendo, al aconsejaros adoptar otro régimen en lugar de éste, del que han surgido tan importantes y tan numerosos excelentes resultados, o por qué razón alabo ahora de forma tan extraordinaria la democracia y, sin embargo, acuso y critico a sus representantes cuando de pronto me viene a la mente una opinión completamente distinta. Pero yo a los hombres concretos, cuyos fallos son numerosos y sus aciertos poquísimos, los critico con vehemencia y pienso que son peores de lo que puede soportar la ciudadanía; en grado máximo corrijo a aquellos que, contando con grandes e ilustres hazañas de sus antepasados, son aventajados por sus padres con una gran diferencia en la [Pg. 109] práctica de las virtudes. Y no distan mucho de éstos aquéllos, a los que no les falta nada por hacer para llegar a una vida de la mayor perdición y maldad. A éstos he decidido aconsejarles y persuadirles a que quieran ser distintos de sí mismos.

Éste es el sentir de mi espíritu; ésta mi opinión: que no debemos enorgullecernos ni contentarnos con ser mejores que los hombres desgraciados o necios, sino reprendernos y llevar a mal que nuestros antepasados nos superen con mucho en méritos y en gloria. Conviene, en efecto, que su disciplina y sus costumbres nos sean propuestas para imitación, y no los crímenes de los Treinta, sobre todo, porque es preciso que seamos los mejores entre todos los hombres, lo que no digo por primera vez en este lugar, sino antes con frecuencia y delante de muchos.

Sin duda, pienso que la naturaleza ha establecido que unos lugares sobresalgan sobre otros en determinadas cosas: unos en cereales, otros en árboles, otros en ganado. En cambio, nuestra región produce y cría hombres no sólo activos y diligentes para las artes y los negocios, sino al mismo tiempo ilustres en sumo grado en fortaleza y en las restantes virtudes, como testimonian las antiguas guerras con las Amazonas, 22 con los tracios y con todos los peloponesios, así como los peligros en las guerras contra los persas, en las que en parte solos y en parte con los peloponesios, vencidos por tierra y por mar los bárbaros, trajeron copiosa alabanza por su fortaleza; con seguridad no harían nada de eso, si no dispusiesen de una naturaleza superior a las demás.

Pero que no piense nadie que este honor pertenece también a aquéllos en cuyas manos está ahora el estado; la situación es muy distinta. Este discurso, en efecto, tiende ciertamente a la alabanza de aquellos que no son indignos de la gloria de sus antepasados, pero también a la acusación de los que por su fuerza y sus vicios aportan una deshonra a su nobleza; también nosotros mismos somos culpables, si queremos confesar sinceramente la verdad, pues, a pesar de que tenemos la naturaleza propia de este país, sin embargo no [Pg. 110] nos servimos de ella, sino que nos ocultamos en el desconocimiento del bien, en las revueltas y en las pasiones.

Y si, como conviene al mérito de nuestros antepasados, me lanzo a la crítica de los vicios de esta época, harto me temo que me tendré que salir mucho del tema propuesto. Por lo demás, de estos asuntos he hablado en otras ocasiones y seguiré hablando, a no ser que casualmente os convenciera a que adoptarais alguna vez costumbres mejores.

Ahora bien, si añado unas cortas palabras a lo que me había propuesto decir al principio, terminaré mi discurso y cederé la palabra a los que quieran expresar su opinión sobre estos mismos temas. Nosotros ciertamente, si seguimos gobernando la ciudad como hemos empezado, no veo para qué conviene deliberar; haremos la guerra, seremos derrotados, y aguantaremos y haremos poco más o menos todo lo que ahora nos sucede y nos ha sucedido en los años anteriores. Si, por el contrario, cambiamos la democracia de acuerdo con el sistema vigente entre nuestros antepasados, nuestra situación llegará a la que tuvieron ellos; evidentemente con la misma forma de gobierno los asuntos tienen que desarrollarse de forma similar y muy parecida.

Habrá merecido la pena que, gracias a la comparación de sus importantísimos e ilustres hechos con los nuestros, deliberásemos sobre cuáles nos conviene más desear. Hacedlo, recordad en primer lugar qué disposición tenían los griegos y también los bárbaros con respecto a aquella ciudad primitiva, y cuál es la que tienen para con la nuestra. Todos los griegos se habían formado en su espíritu una opinión tal sobre nuestros antepasados, que la mayor parte de ellos se entregaba espontáneamente a su lealtad. Los bárbaros, por su parte, no se entrometían en los asuntos de Grecia, hasta tal punto que ni en grandes barcos navegaban hasta Faselis en Panfilia ni pasaban el río Halys con la infantería. 23 Así estaban de pacíficos con respecto a lo nuestro.

Ahora, por el contrario, nuestra situación ha llegado a tal extremo[Pg. 111] que los griegos nos odian y los bárbaros nos desprecian; sobre el odio de los griegos habéis oído a los propios generales; y qué animo tiene para con nosotros el Rey de los persas lo ha puesto sobradamente de manifiesto la carta que nos ha enviado. 24

A todo esto se añade que con la recta formación de otros tiempos los ciudadanos eran educados para la virtud, de tal forma que entre sí estaban en paz y, si algún enemigo invadía la región, fácilmente lo vencían en la lucha. Y nosotros ¡cuán al contrario! No amanece ningún día en el que no nos hagamos injusticias y daños unos a otros; servimos en el ejército de tal forma que ni siquiera tenemos ánimo para salir a explorar si no es por la paga. Y lo que es lo más importante de todo, en aquellos tiempos no había ningún ciudadano al que le faltase lo necesario y, si alguno pedía a los transeúntes, no constituía una deshonra para los ciudadanos. Ahora, por el contrario, son más numerosos los pobres que los que tienen recursos, y es muy justo perdonarles si consideran el estado como algo ajeno y que no tiene nada que ver con ellos, y se dedican solamente a cómo sustentar su desgraciada vida cada día.

Ésta es, pues, la causa por la que he pronunciado este discurso ante vosotros, porque pienso que vosotros seréis la salvación no sólo de esta ciudad sino de toda Grecia si emulamos los hechos de nuestros antepasados. Vosotros, por vuestra parte, sopesad con interés todo esto y determinad lo que consideréis que será más útil para la ciudad.Volver Arriba

1 . En el comienzo de su discurso presenta Isócrates unas breves pinceladas sobre la situación política de Atenas en aquellos momentos, así como sobre acontecimientos importantes en la historia de la ciudad: el gran peligro ante la invasión de los persas, la decisiva victoria sobre ellos y el comienzo de su apogeo, y la gran derrota ante Esparta en la guerra del Peloponeso.

2 . La alusión a la pérdida de estas ciudades, Anfípolis, Pidna, Potidea y Olinto, ha sido utilizada para fechar la composición de este discurso, sin que se haya llegado a una unanimidad de pareceres, ya que se han propuesto los años 356, 355 y 354 a. C.

3 . En Atenas se hicieron sacrificios para celebrar la victoria contra Artajerjes III de Persia, en la que participó el general ateniense Cares ayudando al sátrapa Artabazo.

4 . Isócrates, al repasar la historia de Atenas en la primera mitad del siglo IV a.C., omite lo que no le interesa y se fija solamente en la victoria naval de Conón en Cnido el año 394 a. C. en la de su hijo Timoteo en los años 375-373 a.C.

5 . El autor se refiere aquí a la prudencia.

6 . Isócrates formula con claridad la tesis que va a defender en todo el discurso, esto es, que la solución a los problemas de Atenas está en la vuelta de la democracia antigua, la de Solón (siglo VII a C.) y la de Clístenes ; último tercio del siglo VI a. C.). A pesar de que existieron profundas diferencias entre las constituciones Solón y Clístenes, Isócrates las iguala porque los atenienses estaban acostumbrados a unir ambos nombres.

7 . En la democracia ateniense hubo dos formas para elegir magistrados: por elección y por sorteo, y precisamente ésta última fue la preferida por los partidarios de la democracia.

8 . Isócrates atribuye a la antigua democracia una serie de valores ideales: elección de los ciudadanos más capacitados para los cargos públicos, ausencia de interés lucrativo en los gobernantes, espíritu de servicio a la comunidad, etc.

9 . Los sacrificios de trescientos bueyes debían ser completamente excepcionales. En este caso, como en los demás asuntos concernientes a la religión, Isócrates es partidario de la moderación en los gastos, así como de permanecer fieles a los ritos ancestrales.

10 . Dentro del clima de idealismo en que se mueve Isócrates hay alusiones a hechos concretos, como el que se refiere a los contratos de arrendamiento de tierras por la sexta parte de la cosecha.

11 . No es que las riquezas fuesen de todos, sino que estaban a disposición de los necesitados por los intereses correspondientes.

12 . Lo que aquí atribuye Isócrates al Areópago es la vigilancia de las costumbres; también lo hace Aristóteles en su Constitución de Atenas 3, 6.

13 . Para entrar en el Areópago no bastaba con ser libre y ser virtuoso, ya que se componía de antiguos arcontes; sólo a partir de los años 458 – 457 a.C. pudieron entrar los zeugitas, esto es, la clase media.

14 . La mayor importancia de las costumbres con respecto a las leyes escritas es defendida también por otros autores griegos.

15 . Las ideas de Isócrates sobre la educación no son nada democráticas, ya que para él es la riqueza la que determina la clase de formación que ha de recibir el muchacho.

16 . Aunque se practicara con buena intención, debía de resultar incómoda esta estrecha vigilancia de los ciudadanos. Téngase en cuenta que la división del Ática en demos entró en vigor oficialmente con los Clístenes.

17 . La limitación de los poderes del Areópago tuvo lugar bastante antes, concretamente con las reformas de Pericles de Efialtes.

18 . Isócrates se defiende aquí de las críticas de sus adversarios, que le hacían partidario de la oligarquía; en realidad, y a pesar de su defensa teórica de la democracia, se hace perceptible su simpatía por otras formas de gobierno, ya sea la oligarquía ya la monarquía, como se evidenciará en su discurso Nicocles.

19 . Al ser derrotada Atenas en la guerra del Peloponeso, quedó por completo a merced de Esparta; en el año 404 se estableció un gobierno oligárquico formado por 30 miembros, quienes se dedicaron a eliminar a sus oponentes; de esta forma, en ocho meses mataron a 1.500 y desterraron a 5.000. Por su actuación arbitraria y salvaje se llamó el gobierno de los Treinta Tiranos.

20 . Con anterioridad ha hecho alusión Isócrates a la batalla naval de Cnido (394 a. C.).

21 . Referencia a la amnistía concedida el año 403 a.C.

22 . La guerra con las amazonas pertenece a la leyenda.

23 . En el año 448 a. C. tuvo lugar la paz de Calias, por la que Persia se comprometía a no avanzar al oeste de Faselis (costa de Licia); en cambio, es inverosímil que se estableciera como límite por tierra el río Halys, que sirve de frontera entre Capadocia y Frigia.

24 . Se refiere al ultimátum del Rey de Persia, que exigía la retirada de Cares.Volver Arriba

Navegación

  •  Traducción del griego al latín…
  • Isócrates: Nicocles o el… 
Logotipo Ministerio de Educación, Cultura y Deporte
Hispana
Europeana Data Model

 bivaldi@gva.es

DIGIBÍS

Literatura mexicana y antiespañolismo en el siglo XIX

Españoles emigrantes

https://revistas-filologicas.unam.mx/anEcdotica/index.php/anec/article/view/39/22