Alimentación y territorio , audio sobre cuestiones de alimentación y corporaciones

audio “Surcos de Nuestra América”

FUENTE https://radioteca.net/audio/veronica-villa-alimentacion-y-territorio-p1/audioseries/surcos-de-nuestra-america/

ESPAÑA: ¿Leyenda Negra, o Madre Patria? Un análisis y propuestas desde el Materialismo Filosófico y en base a varias tesis fundamentales propuestas por el filósofo español, Gustavo Bueno. Relaciones con el presente en curso.


España
: Leyenda Negra o Madre Patria

Autor Eliseo Rabadán Fernández

NOTA: El siguiente artículo fue publicado en El Basilisco(Oviedo), segunda época, nº 31 (julio-diciembre 2001) págs. 83-88

Los términos que vamos a considerar son los Estados o sociedades políticas a través de sus relaciones nacionales e internacionales.

Y esas relaciones deben ser consideradas desde los sujetos gnoseológicos y sujetos operatorios.

Hispanoamérica inmersa en la Globalización, in medias res

NOTA DE Introfilosofia : Por considerarlo de crucial interés, agregamos el enlace a esta reseña, que se conecta con los temas tratados en el video. Reseña del libro de Manuel Bartlett y Rosío Vargas analizando las consecuencias sociales y políticas de la Reforma energética implantada por México, bajo presiones de los EEUU y otros Estados interesados en los recursos mexicanos. http://www.scielo.org.mx/pdf/igeo/n92/2448-7279-igeo-92-00019.pdf

¿Quiénes son los sujetos gnoseológicos que se ocupan de establecer las relaciones entre los Estados, tanto nacional como internacionalmente?

La respuesta esperada sería aquella que afirma que los sociólogos, los politólogos, periodistas, e incluso los políticos, cuando tratan de explicar las relaciones dadas en este contexto.

¿Quiénes son en este contexto los sujetos operatorios?

Podemos considerar como tales a los elementos de las tres capas del cuerpo político, a saber: la capa basal, la cortical y la conjuntiva, esto es, los productores, los políticos y los militares y diplomáticos.

No es en vano que dedicaremos un espacio a este tema,ya que resulta crucial para establecer los criterios para delinear el mapa desde el cual nos podremos guiar en este laberinto de propuestas políticas que se observa tanto en nuestro país, España, como en el contexto de las relaciones internacionales.

Vamos a utilizar cuatro referentes que consideramos cruciales para nuestro propósito. Se trata de los siguientes estudios publicados a lo largo del siglo XX, los cuales, sin embargo,contienen multitud de referencias a hechos pasados.Todos tienen una fuerte implicación social y política.Todos se refieren a las sociedades políticas más importantes, en cuanto a su peso específico, sea este derivado de su población, de su situación geográfica o de la lengua y religión que representan como tales sociedades políticas, entendidas como cuerpos políticos, en el sentido de Bueno en su Primer Ensayo sobre las Categorías de las Ciencias políticas.

Los trabajos fundamentales que manejaremos son los siguientes:

1 – La libertad creadora, del médico y filósofo argentino Alejandro Korn

2 – España frente a Europa, del filósofo español Gustavo Bueno. Este libro ha sido publicado por primera vez en octubre de 1999 y lleva hasta mayo del 2001 tres ediciones, lo cual me parece un interesante dato,y permítanme ustedes hacer este breve comentario, dado el actual contexto en el que se sigue, por parte de intelectuales españoles, anclados en dos posiciones bastante definidas, como son las de consideran a España como esa Madre Patria que sólo dejara en Hispanoamérica las lacras más detestables de una católica España, oscurantista e intelectual y científicamente anti ilustrada y decadente; o la que nos considera hoy como avocados sin remedio a formar parte de ese Imperio que sería el dirigido por los anglosajones, y ello en todos los ámbitos políticos, económicos, militares y científicos. No quisiera parecer malicioso, pero debo señalar que dos de estos intelectuales son empleados por célebres universidades norteamericanas, dentro de las políticas culturales del nuevo orden mundial.

3 – La violación de los Derechos humanos en los Estados Unidos, del periodista y politólogo argentino Gregorio Selser, autor de una extensa obra sobre la Historia política de Hispanoamérica en el siglo XX.

4 – El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, del norteamericano Samuel Huntington,quien ha sido miembro del influyente Consejo de Seguridad nacional de los Estados Unidos.

Podemos comenzar por plantear una evidente contradicción entre lo que leemos en el libro de Huntington y lo que encontramos tanto en Bueno como en Korn.

Una mirada al libro de Huntington llevada a cabo panorámicamente, sin entrar en demasiados detalles, nos presenta a Occidente enfrentado a una decadencia y a una serie de peligros. Los peligros más relevantes para Occidente son, según el profesor de Harvard, la explosión demográfica del Islam y la creciente potencia económica de los países de Asia. Respecto de Latinoamérica, ésta es considerada como fuera de Occidente.

Veamos, por otra parte, cómo consideran los argentinos, ya en las primeras décadas del siglo XX ,a su país, a través de una cita del prólogo al libro de Korn, escrito por Eugenio Pucciareli:

” Por pertenecer al orbe de la cultura occidental era lógico que nuestros hombres dirigentes, al luchar por europeizarnos, por elevarnos al nivel que exigía la cultura de la época, utilizaran el caudal de ideas que el viejo mundo les ofrecía.”

Ortega y Gasset, por otra parte, planteaba en La rebelión de las masas que Europa había sido en la modernidad la directora del mundo.Y ello bajo el supuesto de que “la dirección de unos hombres por otros no descansa en la fuerza”. La dirección, la regla, decía Ortega, es el normal ejercicio de la autoridad, y ésta está fundada siempre en la opinión pública.

Hace ya setenta años las cosas habían cambiado respecto de la época directora, rectora, de Europa, como vemos al leer La rebelión de las masas, porque Europa se adentraba en una decadencia muy preocupante. Ortega comentaba que si los europeos viven acostumbrados a no ser dirigentes, será bastante una generación y media para llevar a todo el continente europeo y con él a todo el mundo, hasta una inercia moral, a una esterilidad intelectual y en suma, a la barbarie universal.

De Ortega y Gasset habría que sacar algunas enseñanzas de utilidad para nuestro presente como españoles y para el presente de los millones de hispanohablantes en América.

Considero un grave error suyo decir que los animales humanos habitantes en las regiones tropicales son inferiores a los europeos.

Esto es una auténtica barbaridad, y no ayuda en nada para que el proyecto de rescatar la Idea de Imperio Español – en el sentido de la propuesta de Gustavo Bueno – como alternativa para enfrentar ese Occidentedel que habla Huntington, en el cual los anglosajones son los únicos capaces de evitar la decadencia de Occidente, en los términos actuales tal como son expresados por el citado Huntington. Otro de los temas clave de la obra de Ortega, en este ámbito de la Europa como directora, se refiere a su afirmación de que “se nos dice que Europa está cesando de dirigir y que no sabe nadie quién va a ocupar su lugar”, para aclarar a continuación que entendemos por Europa, primaria y propiamente Francia, Inglaterra y Alemania.

El papel rector del mundo, tras la Segunda Guerra, quedó en manos de las dos superpotencias, EEUU y la URSS, hasta la fecha oficial del gran cambio y fin de la Guerra Fría : 1989.

Para Hispanoamérica, una especie de quimera que se pretendió similar al Plan Marshall para Europa, la llamada Alianza para el Progreso, fue el espejismo de la supuesta ayuda de su poderoso vecino del Norte. Los años 70 suponen el fracaso de un intento de desarrollo económico para América Latina que culmina con la entrada al GATT de la mayor parte de los países de esa zona excluida de Occidente, recordémoslo, por el señor Huntington, quien llega a afirmar que Latinoamérica se verá libre de la pobreza y desórdenes sociales y políticos en la medida en que sea capaz de abandonar el catolicismo y desarrollar el modelo protestante, en su versión evangélica, por cierto.

España, por otra parte, hasta su – internamente – polémica entrada a la OTAN, era un apéndice de la Europa rica y del poderoso Estado norteamericano, y a ello contribuyó, quiero resaltarlo aquí, la masiva emigración que provocó la derrota de la IIª República manos de Franco y sus aliados – y no deberíamos olvidar a los “neutros benévolos”, de que se ha venido ocupando el historiador español Moradiellos -.

Desde luego, un dato relevante para nuestra cuestión de la Leyenda Negra, es el papel de estos científicos, literatos, sociólogos, historiadores, filósofos españoles del exilio. Porque, ¿cómo es posible que una sociedad atrasada pudiera dar esos frutos? Este asunto no podemos ahora tratarlo con más detalle, pero es relevante y hay que anotarlo, al menos.

En el contexto de una Argentina – hacia los años veinte del siglo XX – deseosa de acertar en el rumbo político como nueva República ya en marcha, encontramos a Alejandro Korn, filósofo y médico, que nos expresa algo muy interesante, similar, a mi juicio, a propuestas clave de la obra de Gustavo Bueno.

“Todos los sistemas son lógicos, pero su abigarrada multiplicidad patentiza la ineficacia de la argumentación lógica. Es que cada filosofía distinta es la expresión de una valoración distinta. Luego ha de correr la suerte fluctuante de las valoraciones. Toda filosofía sistematiza en un alegato la voluntad que la inspira. Alguna vez, también, en épocas de decadencia, la ausencia de una voluntad, la ausencia de una convicción viva, fueron sustituidas por las pobres y vacías lucubraciones de la cátedra”.

Lo interesante de estas ideas de Korn, nos parece, se encuentra en el hecho de que ” la selección – de las valoraciones propuestas a la sociedad – la verifica el proceso histórico; prevalecen las que triunfan”. Pero hay que tener presente la advertencia de Korn de que” no siempre triunfan las más justas propuestas,es decir, las nuestras”. “Para propiciarlas acudimos al raciocinio, a la persuasión, a la coincidencia de los intereses o a la autoridad si la poseemos”.

Korn estaba convencido de que la formación de valoraciones sociales necesita de la pedagogía, entendida como lo que podemos definir al modo de la educación de los miembros de la sociedad, desde el seno familiar, hasta la educación institucional en las escuelas y universidades.

Me parece, sin embargo, que en la época actual, es preciso tener en cuenta el papel “educador” o transmisor de valoraciones que corresponde a los llamados medios de comunicación de masas.

Sobre el papel de la televisión, me permito recordar aquí la importante aportación de Bueno en su libroTelevisión: apariencia y verdad.

Pero no es el de los medios el único ámbito donde se forja la llamada opinión pública, o como la denomina la experta alemana – muy bien criticada, por cierto, por el profesor Felicísmo Valbuena, desde las coordenadas del materialismo filosófico, en su libro Teoría general de la información – Noëlle-Neumann, “nuestra piel social”, sino que se forja en universidades, congresos, conferencias, encuentros, centros de educación de todos los niveles y, cómo no, en los templos, todavía.

Pero aquí nos ceñiremos a los ámbitos del tipo de libro , dirigido a un público amplio, pero muy específico, que es el receptor de la obra de Huntington y de Bueno.

Lo que se constata al estudiar estos dos libros de fuerte implantación política, es el hecho de queexiste una Leyenda Negra sobre la España que forjó un Imperio y un Imperio Universal Civil (no “heril”).

Se niega la tesis que Bueno defiende, no sólo por parte de Huntington, sino por historiadores de enorme influencia en Hispanoamérica, como el célebre Leopoldo Zea.

Bueno plantea lo siguiente:

“Teniendo en cuenta todas estas distinciones, cabría reivindicar la estirpe hispánica de la Idea deImperio de Carlos I, reivindicación que fue propuesta ya, como es sabido, por Ramón Menéndez Pidal, con argumentosemicmuy sólidos y que reciben, nos parece, una enérgica reevaluación desde la perspectivaeticen que nos hemos situado. La Idea de Imperio de Carlos I, sin perjuicio de constituirse en torno a la Universitas Christiana(como condición general previa), habría tenido desde el principio una conformación estrictamente política (no religioso-positiva), incluso gibelina, como la tuvo la Idea de Imperio de Alfonso X el Imperio Universal Civil (no “heril”) sólo puede ser un Imperio conformado sobre reinos cristianos ya existentes o por crear;no puede ser un Imperio conformado por sociedades bárbaras o idólatras, ni tampoco un Imperio de dominación sobre pueblos cismáticos (musulmanes y, acaso también, protestantes). Según esto, si el Imperio debe ser cristiano no es tanto como medio de lograr la más plena unificación política (es la interpretación ordinaria), sino como el único modo de lograr la unificación política misma de los pueblos de un modo no depredador o tiránico “.

Podemos, siguiendo el hilo de las propuestas de Huntington, pensar que lo que él llama Occidente, ha de realizar planes (prolépticos) para conseguir la consolidación del Imperio no depredador, en cuanto a Latinoamérica, hacer que se hagan protestantes, para no verlos como enemigos, esto es, en términos de Bueno, no actuar como Imperio depredador respecto a esos países que forman lo que se conoce como Latinoamérica.

Pero es necesario y de gran importancia para el análisis,ver las limitaciones gnoseológicas graves que el concepto de Occidente manejado por Huntington encierra. De tal manera que Occidente podría ser interpretado, si seguimos las alternativas del libro España frente a Europa, como ese organismo transnacional que se conoce como Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, hasta ahora mantenida en su aspecto militar prácticamente por el núcleo tecnológico de la industria norteamericana, con todos los vínculos de Poder (político, económico, &, que esto implica).

Las dificultades para llevar a cabo la propuesta de Gustavo Bueno son enormes. No sólo por cuestiones históricas, pasadas, como el hecho de que los políticos y en general los habitantes de los distintos países iberoamericanos han sido educados en cierta medida, nada desdeñable en la mayoría de los casos, en la tradición de la Leyenda Negra respecto a España.¿Qué significa esto? Podemos afirmar que es un escollo enorme, al cual habría de prestársele una importante atención si se quiere desarrollar el proyecto alternativo, frente a las opciones de ir perdiendo nuestra propia referencia al período Imperial católico- en el sentido planteado por Bueno- en beneficio, como se ha señalado, de nuestros tradicionales enemigos políticos, los que sí han desarrollado Imperios, sean éstos depredadores , sean generadores.

Además de los componentes históricos, que por cierto, desde la perspectiva política y social iberoamericana, afectan de modo semejante a anglosajones y otros europeos, sobre los que podemos considerar que España tiene una clara ventaja, al ser reconocido, a pesar de todo, por la contundencia de los mismos hechos históricos, que España en cuanto Imperio, sí fue efectivamente generador.

Otros problemas pueden verse en los aspectos económicos, concretamente, la ya larga crisis que afecta a los países de toda Iberoamérica.

El problema derivado de la llamada globalización, incluidos los cambios que afectan el campo político que supone, según los analistas, una descomposición de los llamados Estados-Nación, derivada de los cambios económicos inducidos por las nuevas tecnologías y la creciente “mediatización” de lo político, en una situación de, podemos decirlo así, imperialismo mediático, en el sentido de que los intereses de los grandes consorcios financieros japoneses, norteamericanos y europeos, controlan los mensajes a través de esa red de grupos multimedia.

Dicho en otros términos, ¿de qué modo se puede llevar a la práctica el proyecto alternativo propuesto por Bueno?

Podemos pensar que este proyecto debiera, necesariamente, estar dado in medias res. Ello significa que, si el capitalismo es el único modo de organización social realmente existente, y cuya duración no parece verse comprometida, de momento, habrá que actuar en el intento de una coalición Iberoamericana, no sólo en el ámbito de la lengua y el pensamiento en español, sino , además, en el modelo económico. Quizá esa sea la idea que el actual presidente español, Aznar, ha tenido en mente, al proponer una Fundación para relaciones con Iberoamérica, a la que ha invitado a los dirigentes de la Banca y las principales empresas españolas.

El proyecto quizá esté no sólo en este libro de Bueno, sino que acaso esté ya en marcha, y no sólo por parte de España, sino que se observa, cuando a esta Fundación se decide invitar como miembros, al anterior presidente de México y a otro ex presidente Hispanoamericano.

Y, me parece, si hay posibilidades de que dicho proyecto sea algo más que una quimera metafísica, como algún intelectual, encerrado en la ya citada Leyenda Negra, y aún más, obcecado en el marxismo dogmático ya agotado sin duda, que esas posibilidades de un proyecto político y social para el cual la Idea de Imperio, en el sentido de Bueno, sí tiene raíces muy sólidas en Hispanoamérica, que lo permitan al menos convertirse en una alternativa para enfrentar tanto a la Europa en la que se nos pretende dejar siempre como meros comparsas, como enfrentar a la América en la que se pretende dejar a países como México (en el seno del Tratado de Libre Comercio, NAFTA, por sus siglas en inglés) como meros comparsas o socios menores de un proyecto en el que se los trataría de neutralizar como miembros del mismo, achacándoles, precisamente- tal es la idea manejada por Huntington – de ser bárbaros, respecto de los norteamericanos y occidentales.

Volviendo a las propuestas de Huntington, cuando a Iberoamérica se la deja fuera de Occidente, se está tratando de convertir en un hecho, algo que es una absoluta impostura, un engaño histórico tal que es urgente denunciar. Porque si se deja a Iberoamérica fuera de Occidente, se tiene que dejar además fuera, necesariamente – de acuerdo a la lógicade Huntington – tanto a Portugal como a España, y perdón por la insistencia, esta es la razón del empeño recalcitrante de seguir alimentando la Leyenda Negra.

No quiero dejar de recordar un tema que, desde México y por la influencia y potenciación que ha gozado, desde esferas políticas, ha sido de gran relevancia para este asunto, y porque si se va a trabajar por un determinado proyecto como el propuesto en el libro España frente a Europa, hay que ser conscientes de que se va a encontrar este escollo, pero de manera tal que no resultará sencillo superarlo.

Me refiero a la extensa obra del historiador -esa es su formación fundamental – yfilósofo mexicano, Leopoldo Zea, para quien incluso mereció la pena escribir un libro concreto,en el que se trata de mostrar que tanto Rusia como España jamás han formado parte de Europa, de tal manera, además, que ese hecho sería causa directa de la barbarie que engendran esas naciones. Esto explica la incapacidad de Latinoamérica, desde la perspectiva de Zea, para lograr estabilidad democrática y económica, en suma, para ser civilizados y no seguir en la barbarie; barbarie que nace en el seno de un Imperio Español bárbaro en sí, por la presencia de Inquisidores, de clérigos sumidos en la barbarie del catolicismo, como decía un intelectual al que me he referido, debido a que el Imperio era sólo retro feudal-militar y exclusivamente expoliador.

Hay mucho que discutir a este respecto, desde luego, pero sobre todo me interesa en este momento , entrar a la cuestión de la lucha entre los distintos Estados europeos, por el dominio de los nuevos territorios de América.

El aspecto militar es inseparable de todo Estado político.Y este mismo aspecto esinseparable, como es bien sabido, de la diplomacia. Como es sabido, todos estos factores están presentes en la Historia de los Estados implicados.

Esto supone que, en el actual momento histórico, cada una de las diferentes naciones políticas o Estados, tienen esa perspectiva etic, que podemos relacionar con los usos que hace Bueno como filósofo de los conceptos emic y etic.

Para el asunto concerniente a la posibilidad de, primero, poner en marcha el ortograma imperial y que los Estados de Iberoamérica lo comprendan, es naturalmente necesario hacerlo con la más lograda claridad y teniendo muy en cuenta esos factores emica que nos hemos referido.

Sin duda la propuesta, hecha desde España, puede resultar en cierto modo halagadora, pues se reconoce que los pueblos de Hispanoamérica son por derecho propio parte de la “civilización” de Occidente.

Pero por otra parte es preciso tener presente el llamado problema indígena, tan manipulado por unos y otros, por cierto. Este problema también puede enfocarse desde las coordenadas del materialismo filosófico, me parece, con buenas perspectivas prácticas, ya que coincide con planteamientos de algunos de los más relevantes antropólogos mexicanos, de los que quiero recordar especialmente a Gamio y a Aguirre Beltrán, quienes querían incorporar a los indios que no lo habían sido por las circunstanciasque fuere, a la cultura europea (es decir, a la implantada por España en la Nueva España).

La propuesta de Bueno podrá parecer descabellada, o inclusive, en términos progres, hasta una especie de vuelta a ese rancio nacional catolismo de la Patria imperial católica, &,&.

Lo que propongo es que no es así como se ayuda a establecer unas coordenadas seguras para manejar los problemas de España en Europa y de España en el mundo actual.

Creo que en Hispanoamérica se ha seguido una línea de continuidad en muchos aspectos de la vida social y política que han permitido, hasta la fecha, no ser engullidos por la cultura anglosajona, a pesar de los múltiples intentos de los principales – cuidado a este detalle: no los únicos- países que han tratado de ocupar el vacío de ese Imperio Español; primero Gran Bretaña, y luego, los Estados Unidos. Los dos han trabajado, respecto de América Latina, en una línea más depredadora que generadora, hasta fechas más omenos recientes. Pero sí se está notando un creciente empeño en apuntalar su dominio – económico y político – a través de la “generación de ideas, de pensamiento, de maneras de ser y de estar”, becando a jóvenes, implantando modelos educativos y religiosos, con todo el poder económico y político disponible.

Y España, hasta la fecha, por multitud de circunstancias históricas, no pudo llevar a cabo esa tarea, perolo que está sembrado, tras esa época Imperial, no se ha podido aún eliminar o neutralizar.

La propuesta tiene muchos matices, muchos hilos, pero no me parece desdeñable, y como he dicho alguna vez, puede llegar a “preocupar” a los otros europeos, y claro está, a los otros americanos, a los anglosajones del Norte.

¿Qué puede aportar el filósofo Ortega y Gasset a estos debates? Me parece que encontramos muy interesantes asuntos de utilidad. Pongamos por caso su idea sobre las masas implicadas en un proceso de ascenso político de una nación, que según plantea Ortega, implica que dichas masas no ven mal el ser dirigidas por una cierta élite, ya que verían en ese proyecto beneficio para sí mismas.

Cuando no hay auge sino se vive un proceso de descomposición política, de decadencia de un proyecto como miembros de una sociedad política nacional o estatal, las masas no aceptan ser dirigidas y esto produce, según Ortega, el caos, o lo que viene a ser equivalente, se realimenta la decadencia de tal sociedad. Lo que se observa es una especie de decadencia, en este sentido, en muchos países de Iberoamérica. Los proyectos puestos en marcha por dirigentes políticos de los años sesenta, han fracasado todos, y los votantes se muestran, en algunos casos, como en el actual Perú, desencantados, porque hay una decadencia que se vive en el deterioro de las condiciones de vida. No se tiene “fe” en los políticos. Se promueve el voto en blanco. En otros casos, como en México, la sociedad, las masas (en el sentido de Ortega), estaban tan cansadas de la decadencia a que el PRI las arrastró desde los años setenta, que han buscado la salvación en un líder político que les presentó un proyecto, pero el riesgo es que ese proyecto sea fagocitado, digamos, por el de sus vecinos, los poderosos EEUU imperiales.

Y aquí vemos cómo el tema planteado por Bueno es de la más urgente relevancia en este momento histórico.

Por otra parte, el hecho de que España forme parte tanto de la OTAN como de la UniónEuropa, hace aún más compleja la cuestión de la propuesta de Bueno. Quiero decir que debe ser llevado a cabo con mucha “diplomacia”(cosa que espero seamos capaces de hacer, si de hecho este proyecto se va llevando a la práctica con la envergadura que precisaría), para evitar llevarlo a un posible fracaso prematuro.

Quizá un error, ya en marcha, derivado acaso de falta de apoyo filosófico, lo encontramos en el actual modo de empezar el llamado Instituto Cervantes, desde España, dejando a un lado la participación de hispanoamericanos.

Creo que Bueno debe hacer un esfuerzo más para que desde España e Iberoamérica desarrollen estas propuestas.Ya existe y es un enorme esfuerzo, la Fundación Gustavo Bueno, que trabaja en esta línea, pero no esperemos todo de una sola persona, creo que es preciso el apoyo de quienes vemos valiosa la propuesta alternativa, como la vengo denominando, y más que demoler antes de edificar, tratemos de mirar los planos del proyecto y discutir si vale la pena o no seguir construyendo algo, o reformar los planos, o empezar por demoler los primeros ladrillos, antes de saber qué se pretende construir.

Las posibilidades que se abren, desde la plataforma en que se ha situado Gustavo Bueno, a la América Hispana, se reducirían a tres, a saber:

1-“Ser el “reverso” de la América anglosajona: mano de obra barata del capitalismo del dólar; abrirse a la influencia de su organización económica, de su filosofía analítica, sus religiones evangelistas o calvinistas y su tecnología y su modo de vida”.

Por cierto, señalaré muy brevemente que esto no son palabras, sino que, al vivir (de nuevo) la realidad mexicana durante un año (entre el verano del 99 y el del 2000) pude constatar cómo esta “posibilidad” se está extendiendo de hecho, pero además, en el caso de la filosofía, de una manera totalmente “degenerada”, en cuanto a su aplicación académica y política, respecto al modo en que los norteamericanos lo llevan a la práctica.

2-“Tratar de alcanzar una independencia efectiva, buscando la unidad o la identidad común mediante su “liberación” del capitalismo anglosajón, pero también del capitalismo europeo y ,en particular, de España. Los promotores de la llamada “filosofía de la liberación” van por ese camino

Habría que comentar sobre este asunto que además están, en concreto el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel (y lógicamente todos sus discípulos), haciendo el juego a los alemanes de la “ética del discurso” y de la “hermenéutica”, porque pretenden lograr con ello su aval filosófico. Realmente es fantástico este asunto, en el sentido de la ficción literaria y su fantasía.

Por cierto, merece la pena señalar en este momento la importancia de ofrecer alguna filosofía sistemática “fuerte” para entrar en la dialéctica que existe, con alguna alternativa que tuviera cuando menos posibilidades serias de enfrentar esta situación con éxito. Me parece que la Teoría del Cierre Categorial podría jugar este papel, no sólo en América, sino en la propia Europa.

3-“Tratar de construir la “liberación”, respecto de América del Norte, no en el sentido de la inmersión en los abismos de la Pachamama, sino en el sentido del desarrollo de la cultura y lengua que les es más común(…)”.

Es importantísimo, en el contexto de toda la argumentación sobre la oposición “Madre Patria/Leyenda Negra”, tener muy en cuenta lo que Bueno advierte sobre la relación entre los actuales Estados de la América Hispana (Iberoamérica) y España.

No se trata de ninguna manera de propuestas panhispánicas que desde España fueran vistas como una re españolización de América, que “serían vistas, desde América como un movimiento intelectual y económico “que no dejaría de ser imperialismo”.

Y esta es la tesis, que por lo que puedo comprobar, no ha sido entendida por los críticos o comentaristas del libro de Bueno. Una tesis fundamental que se puede enunciar de este modo :

“Aquí partimos de la soberanía y de la independencia, no sólo política, sino cultural, de los pueblos hispánicos americanos y de los intereses que ellos puedan tener en vivir dentro de una comunidad hispánica frente al imperialismo yanki. Pero lo que afirmamos es que el fundamento de estos intereses, si existen, aunque nada tenga que ver con un actual “imperialismo” español, no podría ser desconectado del “imperialismo generador” pretérito”.

A continuación nos encontramos, en el libro de Bueno, una serie de propuestas para llevar a la realidad, en el caso de elegirse la opción tercera de las anteriormente propuestas, con las dificultades, muy serias, que encontraría su posible puesta en marcha. En especial, cuando de economía se trata, los intereses agrícolas europeos (especialmente franceses y los propios españoles).

Si tenemos en cuenta que la opción es muy difícil, ya que, como Bueno señala, las “Cumbres” Iberoamericanas recientes y las proyectadas, se han venido limitando a meros acuerdos en campos muy acotados: intercambios culturales, de cooperación (vía ONG´s) e inclusive en asesoría para temas de “seguridad ciudadana”, lo que parece quedar como más efectiva realidad, es que el imperio anglosajón se fortalece y que España sigue enfrentando sus propios problemas acerca del papel que le queda en este contexto -respecto de América Hispana y de Europa – .

Me parece que Bueno no es, ni mucho menos, tan ingenuo como para promover, como algunos quieren presentarlo, una alternativa tan descabellada como si fuera “la vía” a seguir. Lo que ha hecho en este libro es, por una parte, advertir de las falacias derivadas de ese relativismo cultural, que tanto daño ha venido haciendo (y seguramente seguirá) en los países de América. (Por cierto, no creo que sea en absoluto algo casual o inocente, el hecho de la cantidad apabullante de cátedras especializadas en los llamados “estudios de género ” y de “identidad”. Se busca potenciar, desde EEUU sobre todo (ojo, también se está trabajando de este modo en Europa, sobre todo últimamente en la Europa ex comunista) una antropología y sociología de las identidades culturales.

Por otra parte, se señala el enorme riesgo, no de desaparecer como “naciones” en el seno del bloque yanki, sino de conformar la parte de reserva de mano de obra barata manejada con la ayuda de las élites criollas de siempre (desde la Independencia es notorio).

La razón de que Bueno “insista”, al menos eso podemos pensar, que hay una cierta insistencia, o mejor aún, una apuesta por la posibilidad de una relación España / Iberoamérica frente a Europa y frente a los Estados Unidos de Norteamérica, la encontramos en sus tesis sobre el proyecto “europeo” de Europa, el proyecto actualmente en marcha que, como muy bien ha mostrado el propio Bueno, es un “arrojado histórico” que determina las posibilidades de construcción de ese proyecto de Europa.

Pero es precisamente en este punto, donde se ve reforzada la apuesta, que en otro contexto no determinado desde las citadas coordenadas históricas que diseñan la actual Europa en construcción, podía parecernos muy difícil de explicar y hasta descabellado o hasta, llegando al límite, reaccionaria (como ha definido dicha apuesta de Bueno, Fuentes Ortega, por ejemplo).

Consideremos a continuación dos aspectos muy relevantes para la propuesta de una Comunidad (sea de un tipo u otro) de Estados Iberoamericanos.

En primer lugar, el hecho de que España pertenece a la Unión Europea, lo cual condiciona las propias relaciones políticas españolas con los Estados Iberoamericanos, por ejemplo, en cuanto a la llamada doble nacionalidad. Que España acepte que un súbdito argentino pueda ser español, no implica que el argentino que hubiese adquirido, desde las legislaciones argentina y española derechos de doble ciudadanía, tenga por ello, los derechos como “europeo”.

En este ámbito, la consideración de Bueno acerca de la Comunidad o Unión Europea como una biocenosis, es aplicable también al caso de América. Un ejemplo muy conocido: el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en el que México, Canadá y Estados Unidos forman una “comunidad”. Allí el concepto de biocenosis que maneja Bueno es prácticamente evidente.

En segundo lugar, y estrechamente relacionado con el concepto de biocenosis – en el citado sentido de Gustavo Bueno – podemos considerar dos aspectos :

1- Los distintos Estados de Iberoamérica, cuando firman Tratados, no lo hacen en nombre de esa “ideológica” noción de solidaridad entre pueblos “hermanos”, de la que se llenan los labios los políticos, sino que se hacen teniendo que establecer estrategias prolépticas de fines y medios , dados en una “lucha por la vida”,en la que no se puede hablar de fraternidad latinoamericana. Esto, por una parte, y sin perjuicio de reconocer que la misma idea de biocenosis, aplicada a este tema, resulta ser factor de uniones efectivamente benéficas para los Estados que las construyen; pues ellos mismos, a su vez, deben cooperar para mantener la vida de sus poblaciones, la eutaxia, en el sentido que de Bueno a este concepto de las Ciencias Políticas .

2 – La relación de estos Estados Iberoamericanos, que forman biocenosis determinadas, como es lógico, por el propio medio: cercanía física, fronteras comunes, problemas similares, posibilidades de establecer políticas de colaboración aacdémica, &, con otros grupos o biocenosis.

Mencionaré, a modo de ejemplo, el caso de México. Cuando México forma parte de ese tratado con Canadá y EEUU, se produce un cambio en su modo de relacionarse con sus vecinos al Sur, en especial con Centroamérica, que empiezan a ver cómo la distancia económica, política, demográfica, que los separaba, parece acrecentarse enormemente, ya que ellos mismos ven muy difícil poder ser socios de ese Tratado(el TLC).Intentará México, sin embargo, de mantener las mejores relaciones con sus vecinos centroamericanos, pero teniendo a su vez que actuar en el seno del TLC. Le sucedería a México un poco lo mismo que a España en sus relaciones con Iberoamérica, radicalmente diferentes antes y después de ser miembros de la Unión Europea.

Otro aspecto de México, por ser además el país más emblemático en este sentido, es el de sus relaciones con el mundo anglosajón.

En México, las cuestiones a que Bueno hace referencia sobre el Imperio Católico español en cuanto que se enfrenta tanto al Islam como al cristianismo luterano y calvinista y sus “variantes evangélicas”, las encontramos especialmente desde que los gobernantes de EEUU comenzaron a prestar atención a la problemática de cómo consolidar y desarrollar su proyecto imperial depredador en fase de paso a imperio generador – lo cual por cierto, supone la desaparición de la cultura anterior, vía sustitución, que es lo que propone claramente Huntington -.

Enfrentaron el problema de que el cristianismo católico se transformaba en lo que la Iglesia (el Vaticano) consideraba una herejía, a saber: la teología de la liberación, pero más bien por la apropiación que los políticos marxistas (en concreto en Nicaragua) llevaron a la práctica real, abortada militarmente por las “contras” dirigidas por EEUU, como es bien sabido.Y este es el tema que Bueno advierte: cómo, tras la derrota político militar a la que ayudó el papa polaco, de esa opción marxista católica, totalmente contraria a los intereses capitalistas de EEUU, se presenta una situación completamente diferente, en la que el único modo de enfrentar al luteranismo (es decir, al imperio anglosajón) en Iberoamérica (y en España de diversa manera, pero con rasgos genéricos comunes, respecto de Iberoamérica), sería potenciar el catolicismo.

Es aquí donde encuentro un problema, acaso derivado de la falta de espacio – me refiero al libro España frente a Europa, pues un libro que se centra en la relación de España y Europa, el asunto de Iberoamérica, creo, no ha tenido la posibilidad “física” necesaria : hubiera sido necesario otro libro mucho más extenso.

Me refiero a lo siguiente: lo primero que saldrá a la luz, es la crítica que plantea que la España Católica no ayudó a mejorar las expectativas de las Naciones Iberoamericanas, tras la Independencia, porque era una España que censuró las Ideas de la Ilustración y por tanto, mantuvo a Iberoamérica en desventaja respecto a sus vecinos del Norte, que sí lograron avanzar social, económica y políticamente. Es la tesis de Zea sobre Ariel y Calibán, tan extendida en las universidades de Iberoamérica.

El hecho es que los dirigentes Iberoamericanos buscaron a lo largo del siglo XIX adaptar a sus Repúblicas el modelo europeo del liberalismo político. Pero aquí hay un periodo histórico de crucial importancia para comprender los problemas de Iberoamérica y sus relaciones con los Imperios europeos y el norteamericano.

No podemos extendernos en este tema, pero sí quiero prácticamente ya para terminar comentar que México, en el momento actual, está vinculado cada vez más, en todos los aspectos del comercio, la academia, el arte, la banca y la industria, a la vida estadounidense, en especial todo el Norte del país.Y la cuestión, en cuanto a la propuesta de Bueno, será la de saber si a los mexicanos les interesa realmente establecer esa relación con España o les interesa más seguir la relación ya en vías de una muy fuerte consolidación con los yankis.

Me interesa recordar la idea de un especialista mexicano en las relaciones de México y EEUU- por cierto, nada partidario de ellas, en el modo en que se vienen desarrollando, precisamente por la enorme asimetría de las culturasmexicana y estadounidense – de que existe una “absorción benevolente de México, por parte de su vecino anglosajón”. Para desarrollar un plan en el sentido de la propuesta de Bueno, hay que trabajar, me parece, en dos sentidos (entre otros temas) que son básicamente los siguientes:

Enfrentar la Leyenda negra o su mito fabricado por los enemigos de España, desde luego los ingleses y sus primos yankis, por medio de la “contraleyenda”. En este sentido es en el que he querido presentar a ustedes el libro de Gregorio Selser sobre la violación de los derechos humanos en Estados Unidos.

Mostrar cómo, a través de la manera en que el catolicismo puede manejar la filosofía, se puede obtener el beneficio de no ser “absorbidos” por ese Imperio que para generar pasa necesariamente por una fase depredadora a la que parece ser que no se le ha dado la importancia en el actual momento, pues muy hábilmente se presenta como el socio solidario, y esto también se puede demostrar recurriendo a autores como Selser que no es, por cierto, ni mucho menos utilizado en las universidades privadas de México, que miran a los EEUU o a los alemanes, para construir un capitalismo protestante, es decir, un capitalismo que beneficia a los alemanes, ingleses, norteamericanos y a sus socios en Iberoamérica.Y ese problema también quiero advertirlo aquí, porque, me parece, la Iglesia Católica puede adoptar tantas pieles como sea necesario a sus intereses. Pacta con los anglosajones cuando le interesa,y este es un muy gran escollo para lograr algo.

Por lo tanto, y creo que Bueno lo ha visto con mucha claridad, hay que dedicar una atención especial al estudiar el concepto de Imperio español, cuando advierte el autor de España frente a Europa que los Reyes españoles no aceptaban un Imperio sometido a la Iglesia.

Autor

Eliseo Rabadán Fernández

erabadan@yahoo.com

Polémica (explicada y argumentado) por la construcción de un nuevo mega aeropuerto en la zona de Texcoco, para la Ciudad de México,capital del país

En el proyecto para un nuevo aeropuerto que se trata de construir en los entornos de la CD de México, ex DF, surgen una serie de hechos que muestran la enorme corrupción de autoridades implicadas, coludidas con grupos oligopólicos nacionales, y suponemos que internacionales.
En este video se muestran los hechos que presentan contradicciones, incoherencias y abusos de un sistema político, el mexicano, que es desbordado por los grandes intereses de los capitalistas neoliberales, internos al país y exteriores al mismo México.
La democracia es una mera palabra sin mucho contenido, flatus vocis, decían en latín, meros sonidos de la voz.

Calentamiento global y cambio climático, problema que implica acción urgente

Hace ya más de veinte años supe por primera vez acerca del agujero de la capa de ozono . Desde entonces han ido pasando cosas graves como por ejemplo, la central nuclear de Chernobyl en la Ex Unión Soviética, el gravísimo accidente de la nuclear de Fukushima en Japón. Y el cambio climático, vinculado según afirman científicos muy cualificados de todo el mundo, con el calentamiento global , que es un efecto de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra.
Recuerdo que un danés , Lomborg, negaba que el cambio climático fuera algo grave. Sin embargo, tuvo que rectificar ante las crecientes evidencias empíricas aportadas por científicos y …por los propios datos materiales sobre el incremento de la temperatura media en el planeta Tierra

Desde la Filosofía Materialista es , desde luego, un asunto de importancia que debemos analizar .

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Aquí sugiero la lectura de un breve artículo sobre el tema, a fecha de noviembre de 2017,publicado por el diario mexicano La Jormada

FUENTE http://www.jornada.unam.mx/2017/11/15/opinion/024a1eco

CAMBIO CLIMATICO: Faltan 19 años
Alejandro Nadal

La capacidad de la atmósfera para almacenar gases de efecto invernadero sin que se desencadene un proceso catastrófico de cambio climático es limitada. Es algo así como una cuota fija que puede ser cuantificada. Si esa cantidad es rebasada como resultado de las emisiones anuales (globales) de gases de efecto invernadero (GEI) el calentamiento podría alcanzar magnitudes verdaderamente dramáticas. Como el tiempo de residencia en la atmósfera de los distintos gases invernadero es muy largo, es importante tomar en cuenta el efecto inercial del acervo de gases acumulado y no sólo las tasas de emisiones anuales.

El quinto informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) concluye que para mantener el calentamiento global por debajo de los 2 grados centígrados, el volumen de gases invernadero acumulado en la atmósfera no debe rebasar los 2.9 billones (castellanos) de toneladas de dióxido de carbono equivalente (ipcc.ch). Al ritmo actual de emisiones de gases invernadero, en sólo 19 años alcanzaremos esa cuota total: a partir de ese punto será difícil evitar que el incremento en la temperatura global promedio rebase los 2 oC.

Un aumento superior a los 2 oC respecto de la temperatura promedio del periodo 1850-1900 provocará daños muy graves en todas las dimensiones del medio ambiente. Por ejemplo, la tasa de extinción de especies se incrementará notablemente pues muchas no podrán adaptarse a las nuevas condiciones ambientales. Es casi seguro que los rendimientos de la agricultura mundial y de las pesquerías oceánicas sean perturbados seriamente. Y aunque los cambios en el ciclo global del agua no serán uniformes, se acentuará el contraste en las precipitaciones entre las regiones húmedas y secas. Además, la frecuencia de eventos atmosféricos extremos (como huracanes u ondas de calor) aumentará con severos daños para las poblaciones más vulnerables. Por supuesto, un incremento de 3 oC conduce a escenarios verdaderamente escalofriantes.

Pero numerosos científicos concluyen que incluso un incremento de 1.5 oC representa un umbral peligroso que no debe ser alcanzado. Hoy sabemos que el incremento en la temperatura global con respecto a 1880 ha sido de 0.85 oC, lo que significa que queda poco margen de maniobra. Esa meta de 1.5 oC es casi inalcanzable hoy en día; quizás por esa razón el Acuerdo de París (adoptado en la Conferencia de las partes o COP 21 en 2015) fijó la meta de no rebasar la cuota asociada a un incremento en la temperatura global de 2 oC. Es evidente que la diplomacia, la ciencia y los intereses económicos no caminan siempre por el mismo sendero.

En el Acuerdo de París cada país fijó sus compromisos de reducción de emisiones de gases invernadero de manera voluntaria. Esas promesas individuales sí están conduciendo a una reducción de emisiones, pero no al ritmo que se requiere para hacer realidad el objetivo global de dicho acuerdo. Aun si se llegan a cumplir sin contratiempos los compromisos (voluntarios) nacionales, la temperatura global promedio aumentará entre 2.6 oC y 3.1 oC para el fin de siglo.

La organización Climate Action Tracker acaba de realizar un estudio sobre los compromisos de reducciones y la capacidad de su aplicación por los principales 55 países emisores de gases invernadero. El resultado de esta jerarquización en seis niveles es alarmante. En el nivel más bajo se encuentran seis países cuya política sobre clima se considera críticamente insuficiente por ser compatible con incrementos de temperatura superiores a los 4 oC. Rusia y Estados Unidos se encuentran en esta categoría. El siguiente nivel se denomina altamente insuficiente e incluye otros seis países (entre ellos China y Japón). La política de estos seis países conduce a incrementos de temperatura de 3 oC.

En el tercer nivel se ubican 38 países con una política sobre cambio climático insuficiente porque permite aumentos de entre 2 oC y 3 oC. En esta categoría se encuentran Brasil, la Unión Europea y México. Finalmente, sólo un grupo de cinco países se ubica en el nivel adecuado para mantener el incremento de temperatura por debajo de los 2 oC, pero con excepción de India, se trata de economías pequeñas.

El Acuerdo de París contempla el fortalecimiento periódico de los compromisos nacionales, pero las reglas precisas para hacerlo apenas están siendo discutidas en la COP23 de Bonn esta semana. El tiempo apremia pero es necesario esperar para ver qué sucede con la aplicación de esas metas nacionales. Mientras tanto, una buena noticia es que a pesar de que Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París, varios estados, muchas ciudades y decenas de empresas de ese país han ratificado sus compromisos de reducir emisiones en el marco de dicho acuerdo.

Quizás el otro aspecto positivo en este oscuro panorama es que la comunidad internacional parece decidida a mantener el esfuerzo colectivo para mitigar el calentamiento global y sus efectos. Ojalá no resulte ser demasiado tarde, porque sólo faltan 19 años y 50 días.

Twitter: @anadaloficial

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informe del Foro Económico Mundial 2016

http://reports.weforum.org/global-risks-2016/

Previsiones para 2030, escenarios probables en el mundo que nos espera

so30

Global risk report 2016 Walled Cities,Strong regions, War & Peace scenarios

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30 The Global Risks Report 2016
Part 1 Part 2 Part 3 Part 4
Natural Resources, Climate Change
and International Security
Climate change is expected to amplify
existing security problems and create
new ones. As explored in Part 1, the
world will increasingly feel its effects:
extreme weather events including
prolonged high temperatures and
droughts, freak storms and floods, and
rising sea levels threatening coastal
cities and island countries are expected
to occur more frequently and at greater
scale, touching many countries,
especially those already grappling
with poverty, fragility and ineffective
governance.
The likely impact of climate change
on food security, explored in depth in
Part 3, is another channel of impact on
the international security landscape.
As wells dry up, crops and fisheries
fail, and people lose their livelihoods,
simmering tensions between social
groups are more likely to boil over into
community violence. Armed non-state
actors, including insurgencies and
terrorist groups, will be able to leverage
this new source of insecurity as an
additional grievance on which to build
their narratives, finding new recruits
among those made destitute.
Stresses on water and food could
contribute to rising tensions among
states. Trade may be interrupted by
the hoarding of commodities, local
populations can object to foreign
control of arable land, and arguments
may erupt over rights to draw water
from rivers and aquifers that cross
borders.
Box 2.5: Scenarios Methodology
What are the most pressing issues leaders should address? What trends are driving transformations? To be as prepared as
possible for the future, leaders need to think broadly and consider the worst that could happen.
Strategic foresight enables assessments of what the future context might look like through carefully researched and validated
scenarios. Scenarios extrapolate existing trends to provide insights that can inform more robust decision-making. The three
scenarios presented here (Figure 2.5.1) describe how the seven driving forces of international security could interact and how
prominent actors might respond. The collaborative process of developing and using scenarios can generate the relationships
necessary to drive change.
During a year-long initiative, launched at the Annual Meeting in 2015,1 over 250 members of the World Economic Forum’s
network participated in consultations to build the scenarios. To ensure a broad perspective, our team conducted 10 workshops
in six regions, with participants from government, the security sector, academia, civil society, youth, and the business sector,
which together comprised 41% of the total number of participants (see Figure in the Acknowledgements section). A full list of
contributors is included in the Acknowledgements.
Note
1 Eide and Kaspersen 2015c.
Figure 2.5.1: Illustrations of the Scenarios
Walled cities Strong regions War and peace
The Global Risks Report 2016 31
Part 1 Part 2 Part 3 Part 4
Interstate tensions are also likely to be
stoked by an increase in migration into
countries less affected by the changing
climate. Environmental stresses will
accelerate migration across borders
and also to cities, putting additional
stress on urban infrastructure in many
countries. Cities will need to find new
tools and policies to manage security
risks.
Security Outlook 2030:
Three Alternative
Scenarios
The potential for rapid and radical
change, even though the form it
takes is unknown, raises fundamental
questions about planning and
preparedness. In this section, three
scenarios describe potential evolutions
of the international security landscape
to 2030 (see Box 2.5 for a description
of the methodology used). These are
not intended to be predictions, but
plausible trajectories that can usefully
challenge current thinking and serve as
a call to action for the development of
more adaptable and resilient response
systems.
Future 1: Walled Cities
As greater penetration of information
and communications technology
broadens the horizons of citizens in
many countries, raising expectations
in areas such as health, education,
infrastructure and quality of
governance. At the same time, fiscal
challenges are reducing governments’
ability to meet citizens’ expectations
– and citizens become disillusioned
by their exposure to public sector
corruption, poor service delivery and
ineffective institutions.
This scenario foresees widening
inequalities of wealth, income,
health, environment and opportunity
continuing to pull communities apart.
In wealthier nations, the middle classes
are hollowed out by declining wages
and dwindling public goods. Those
who can afford it are increasingly
retreating to gated communities and
turning to the private sector for what
were once public services, divorcing
their interests from the common
good.23 Fertile soil, fresh water and
even clean air become increasingly
commoditized and traded between
those who can afford them. With
economic and political elites feeling
ever more identical and distant from
citizens, states lose their ability to
bring people together around a shared
narrative or identity. Trust is eroded, as
is the social contract between citizens
and government.
The vitality of many states is challenged
by demographic trends. In some
regions, large youth populations come
of age with few opportunities for stable,
well-paid employment. In other regions,
the demographic bulge is of the elderly,
creating ever greater needs for finance
for pensions and healthcare; this puts
pressure on declining working-age
populations and limits the resources
available for states to address security
issues.
Social cohesion is further weakened
by mass migration, as youth seek
economic opportunities and
humanitarian or environmental
catastrophes displace people. In the
absence of narratives that foster a
shared identity and common cause,
mismanaged migration flows and poor
integration of migrant communities
create tensions. Anxiety over migration
fuels the rise of extremist, xenophobic
and ethno-nationalist political
parties that advocate for a return of
authoritarian government and national
identities based on culture, ethnicity or
religion, effectively exploiting narratives
of “us” vs. “them”.
As younger populations spend more
of their lives online, they fill the need
for shared narratives and a sense of
community with like-minded people,
sometimes in faraway geographies.
Meanwhile, millions of children are
coming of age in refugee camps,
often under duress, and with no
natural sense of belonging. Rootless
and disillusioned, often traumatized
by growing up amid civil wars or
community violence, more young
people become anti-system and
vulnerable to recruitment by violent
groups or gangs.
Insurgencies, terrorist groups, and
criminal organizations all exploit
the security deficit, leveraging new
technologies to strengthen their hands
against strained security forces.
Overwhelmed by internal threats,
states double down on internal
security issues and disengage from
multilateral collaboration, reducing the
effectiveness of global institutions and
mechanisms.
In some areas, lines between states
and violent non-state actors blur.
Terrorist or criminal groups, often in
opaque alliances, seize control of more
territories and run them like states,
threatening nations and even regions
with collapse. The corridor between
South America and Mexico, Iraq and
the Levant, and swathes of West and
Central Africa are among the areas now
under pressure from combinations of
civil wars, humanitarian crises, violent
extremist activity, crime and gangs.
More and more frequently, legitimate
non-state actors and organizations fill
some of the spaces left by weakened
national governments, often with
social support. Companies and private
charities fill the void and manage what
were once public services. With their
operations located near desperate
communities, many companies are
drawn into addressing the social
consequences of insecurity and
violence. Eroding state power also
increases city power, with cities coming
to be regarded as the most practical,
functional unit of governance.24
The world divides into islands of
order in a sea of disorder. As large
numbers of people are displaced
by environmental change and
social violence, still-functioning
states seek to protect themselves,
often deploying private military and
intelligence apparatus to minimize risks
of involvement in protracted conflict.
In this scenario, by 2030 the world
resembles medieval times, when the
citizens of thriving cities built walls
around them to protect themselves
from the lawless chaos outside.
Future 2: Strong Regions
An alternative scenario envisages the
volatile and competitive interregnum
paving the way for the emergence of a
stable world by 2030 with several seats
of power.
32 The Global Risks Report 2016
Part 1 Part 2 Part 3 Part 4
In this future, as wealth accumulates
in the South and East, more players
are able to make strategic economic
investments in diplomacy, critical
technologies and infrastructures. The
balance of power adjusts, creating a
new order of mostly regionally based
spheres of influence and interests
that are generally accepted, as are
newly evolved norms of engagement
over political disputes and shared
resources.
Far from their power being eroded,
states in this world are strong – at
times authoritarian. Strong leaders rise
to power on promises to refocus on
narrowly defined national interests, with
minimum diversity and high solidarity
for citizens. Narratives recalling
(imagined) past glories and comforting
homogeneity of ethnicity and creed
become a strategy to compensate
for the uncertainty of the future. As
in the 1930s, leaders persuade their
citizens to “escape from freedom”:
these leaders strictly control borders,
forcefully curb migration, invest more
in military and police, and persuade
people to accept mass surveillance
as the only way to be protected from
deadly threats.
Overwhelmed by mistrust among
states, governments invest their
political, financial and diplomatic capital
in bilateral and regional processes.
Effective regional powers emerge,
as do new alliances of convenience
where shared interests transcend
the regional perimeter. Global
governance mechanisms continue
to lose credibility. New forms of
cooperation initially run in parallel with
the established global architecture,
gradually taking over roles including
development, trade, finance, security
and the internet. Counterintuitively, this
proves to reduce competition between
states: with contentious issues taken
off the global table, states are able
to rebuild enough trust to maintain
stability at the international level.
For example, in this world cyberspace
is neither open nor global. States
establish further controls over the
internet, sometimes in collaboration
with allies, building their own
capabilities in data storage, search,
and infrastructure – and using security
threats and the promise of better
public services through big data to
win popular support.25 Climate change
is another example: as its effects
become clearer, states increasingly
shift attention from cumbersome global
efforts to more functional regional
ones. The goal of saving all humanity
from catastrophic climate change gives
way to states and regions working
together to adapt and protect “their
own” citizens.
With bad memories of recent foreign
interventions and increasing domestic
polarization over foreign affairs, the
United States refocuses its priorities
and abandons its ambition to be the
centre of the global stage, allowing
others to fill the void on major political
issues. China’s “peaceful rising” no
longer raises apprehensions among
other powers; its prominence in East
Asia becomes an accepted fact.
ASEAN goes into a comfortable orbit
around its giant neighbour, while
Japan focuses on maintaining good
trade relations. The United States and
China mutually accept their economic
relevance and shared roles and
responsibilities in a new world order.
Sweeping aside any last resistance,
Russia consolidates its sphere of
influence in Central Europe and
Eurasia. Europe – having rebuilt its
economic partnership with Russia
and consolidated links with the United
States – develops several levels of
integration and remains functional as
a coherent regional trade bloc. Latin
America and the Caribbean leverage
their abundant resources and strategic
location to consolidate into a regional
bloc. The push for African integration
continues apace, with two subregional
integration blocs emerging
as twin poles of influence. Following
years of fruitless proxy conflicts in the
Middle East and North Africa, two
carefully balanced security alliances of
functioning states restore some degree
of order to the region.
Fifteen years into the future, this
balance of regions and alliances is
only beginning to consolidate as a new
global order. Former rivals and enemies
are tempted to test the boundaries,
leading to strong pushbacks and
reconfirmations from regional powers
that the new order is here to stay.
Security issues are handled by regional
allies or relevant players, rather than at
the global level.
Inevitably, there are losses for the
global economy: geopolitical interests
take predominance over economic
ones, with corresponding inefficiencies
as globalization goes into reverse.
However, with the revolution in
manufacturing and automation making
it possible to produce goods closer to
the consumer, there is less need for
global trade in goods and less need
to outsource production to low-wage
countries. Companies must make
costly and complex arrangements to
be able to operate across regions; in
many cases, abandoning international
strategies, localizing or breaking up into
smaller regional entities, prove to be
more effective strategies.
Future 3: War and Peace
The final scenario envisages the world
drifting into a major conflict during the
next 15 years, which ultimately leads to
a reworking of the global system.
In this future, established powers
remain in denial about the major
shifts of economic, demographic and
political power that have taken place.
Growing strategic competition between
states erodes their trust in each
other, and therefore their capacity to
collaboratively resolve disagreements
about the role of certain countries in
certain regions: for example, the United
States in the Asia-Pacific; Russia in
Central Asia; and China in South-East
Asia.
Meaningful progress slows on issues
such as climate change, with global
solutions blocked by states that
calculate that taking action would
be too problematic domestically, or
that they could gain from new lands
becoming suitable for crop production
or resource exploitation. There is no
longer consensus over the normative
foundations or rules of the international
system, which is not able to manage
the rising tensions.
With stagnant growth and the rise of
isolationist movements in established
powers, space opens up for emerging
powers to test the status quo.
Meanwhile, internal pressures grow
The Global Risks Report 2016 33
Part 1 Part 2 Part 3 Part 4
in many countries: to varying extents,
social turmoil erupts as emerging
technologies put many people out
of work and extreme weather events
overwhelm the responsive capacity
of governments. In some countries,
upheavals feed into virulent nationalism,
drawing on historical grievances
against powerful neighbours.
Eventually, in this scenario, a major
conflict erupts between two leading
powers. One state experiences
a massive cyberattack on critical
infrastructure, causing loss of life. It
accuses another state of complicity,
and launches a conventional attack in
retaliation. Denying any involvement,
the second state considers it has been
attacked without cause. Outraged
populations on both sides demand
further action; nervous leaders
seek to shore up their positions
and miscalculate the gravity of the
consequences.
Other states are dragged into the
escalating conflict and forced to
choose sides. Armed non-state actors
on both sides seek to leverage the
conflict for their own ends, forcing the
parties to the war not only to fight each
other, but also to engage in hybrid
conflicts against third parties.
Ultimately, the conflict stops short
of all-out mutual destruction, but
not before imposing high costs on
both sides – human, economic, and
infrastructure. The “nuclear taboo”
– that states abstain from using the
ultimate weapons, even if they possess
them, still proves to hold true – but
belligerents did begin to prepare for
their application. There is no clear
victor. In this scenario, the aftermath
of the conflict leads to a sense of
determination to prevent a repeat
interruption to business as usual. The
commonly accepted argument is
that the lesson to be learned from the
failure of previous global mechanisms
to mediate conflicts is that those
mechanisms were not only excessively
ambitious but also largely ineffective.
States set about identifying the
few basic practicalities that truly
demand global cooperation: norms,
for example, relating to the seas,
air corridors, and finance. Because
of their economic relevance, many
of these norms are looked after by
multistakeholder organizations, rather
than intergovernmental organizations.
Civil society and business leaders
take on management roles in global
arrangements. Other areas previously
of interest to global governance
institutions, from human rights and free
trade to international development and
control of the internet, are set aside
as non-essential to the basic aim of
preventing conflicts. The UN nominally
retains a peacekeeping function in
protracted conflicts, but is not able
to regulate relations between leading
states.
The result is a stripped-down global
system in which the liberal ideals of
freedom, democracy, justice and
equality are no longer put forward as
a paradigm to which all should aspire.
A new entente emerges on respect for
differences of political and economic
approach, though this means
accepting a degree of entrenched
global inequality and disintegration,
and a parcelling up of the global
commons. Where they can, people and
companies move to places that suit
their objectives best.
Implications and
Outcomes
Though none of the three scenarios
presented here will occur exactly as
described, the security landscape
of the future may manifest multiple
elements from one or more of the
scenarios, probably simultaneously.
Indeed, it can be argued that we have
already entered the period of “walled
cities”, as the refugee crisis seems to
lead some nations to the reflex reaction
of closing borders – both physical and
political – as described in Part 1.
The three scenarios may come across
as somewhat dystopian, because they
are extrapolations of existing, negative
trends. The world does not need to
arrive at these dystopias, however. Our
collective knowledge, connectedness,
technological advances and
social innovations present endless
opportunities to change the outcome
and shape a more secure world,
given strong leadership and the
right decisions being taken at the
international level. This last point brings
us back to the purpose of this Report:
to cast new light on decisions that need
to be taken today. The following set of
recommendations is intended to aid in
envisaging possible futures and to help
change control the trajectory we are on
and improve the outcome.
Overhauling the Social Contract
Above all, these three scenarios point
to the need to overhaul the social
contract between citizen and state.
Re-establishing trust in governance,
improving the accountability of
institutions and leaders, reducing
social and economic divergences and
delivering better services should be
top objectives for policy-makers. In
these areas,26 technology is not only
a potential disruptor but also a key
enabler.
More effective governance alone may
not suffice, however, without also
building greater social cohesion. The
fabric that binds citizens to the state
and to each other is fraying. A critical
task for the state is to reinforce notions
of citizenship and narratives of inclusion
within national discourse, which can
pave the way for reconciling political
and theological differences both
domestically and internationally.
Rewiring Global Governance
All three scenarios reflect uncertainty
around the future role and ability of
global governance institutions to
deliver on security. In an ideal world,
a strong global body would have the
tools and standing to mitigate conflicts
involving either terrorism or competition
between great powers, and to contain
and resolve peripheral conflicts. At
present, however, the multilateral
system appears overwhelmed by the
number and complexity of issues, and
international mechanisms are often
fragmented, co-opted or undermined
by the special interests of chosen
member states.
If states want to strengthen their ability
to take collective decisions on key
international security matters, they
need to improve the efficiency of the
multilateral apparatus. Progress on
meaningful reform of the United Nations
and the Bretton Woods Institutions to
reflect current political and economic
34 The Global Risks Report 2016
Part 1 Part 2 Part 3 Part 4
realities has been slow and unfocused.
Piecemeal reform of the system itself
will not suffice: the choice is between
implementing comprehensive reform
to create the right mechanisms and
responses for future global cooperation
on security, and allowing the “death
by a thousand cuts” of the global
governance system – an outcome that
would not favour international security.
Fostering Global Leadership
Today’s world is in clear need of
strong leadership, new compromises,
innovative ideas and a capacity for
long-term thinking. This is not limited
to government and international
organizations but also applies to
civil society and the business sector.
Because power is distributed among
many sectors, multistakeholder
cooperation is more important for
tomorrow’s security than ever before.
The digital revolution, at times a
source of disruption, can also be a
tool for enhanced transparency – and
transparency, if genuine, offers the
potential to rebuild trust.
As suggested by the “strong regions”
scenario, beginning that process at a
regional level, with new architectures
that are parallel to the existing
international system, could ultimately
strengthen rather than undermine
global stability.
Enhancing the Role of Cities
Refocusing some security efforts at
the level of the city could be another
contribution. As urbanization gathers
pace, cities will increasingly rival states
as the most natural level of government
for harnessing technology to deliver
public services and security. Cities
have also proven their advantages
as sites of innovation, employment
creation and higher productivity,
because they, at times, prove to be
more focused on practical problem
solving than on the “status and
prestige” issues that tend to obscure
interstate relations. Devolving resources
from national to municipal levels and
creating new ways for city leaders
to collaborate on security matters
may also be faster than reforming
established mechanisms for multilateral
collaboration among states.
Promoting Private Sector
Engagement
A strong argument could be made
for increasing the participation of the
private sector as a stakeholder in
international security.27 The implications
of security risks affect companies
assessing where to invest and do
business as much as they affect
governments engaged in trade,
diplomacy and maintaining the security
of their citizens. Yet the potential of
the private sector to contribute to
peace and security is not reflected in
global security mechanisms or at the
multilateral level.
Businesses often see global security
as a risk management and compliance
issue. Limited understanding of
one’s own global, regional and local
impact might sometimes even lead to
inadvertently reproducing or confirming
negative patterns in society and
governance. The traditional business
response to geopolitical skirmishes
has been to view them essentially as
intractable externalities: companies
seek to minimize downside risks
while waiting for a crisis to blow
over. However, in a hyperconnected
world, volatility in one place can have
immediate repercussions on the other
side of the globe. Avoiding investment
in known or potentially volatile places
does not insulate companies from the
impacts of volatility. In today’s world,
companies might be well advised
to understand their own potential to
influence international developments.
Many companies are already
dealing with the root causes of
insecurity, directly or indirectly. From
inefficient governance to corruption,
environmental degradation, social
disparity and unrest in surrounding
communities, many companies
have policies in place to protect their
interests while also addressing these
drivers of insecurity within their core
areas of operations. For example, a
mining company seeking to minimize
environmental impacts on local
communities, a telecommunications
company training local workers in
the skills they require and thereby
also empowering those workers, and
an infrastructure company working
with local government to improve
quality and transparency around
public tenders may all be contributing
towards addressing the drivers of
geopolitical instability. Another way
the private sector can contribute is
through company norms that forbid
involvement with corrupt practices; this
may, over time, spur better governance
and reduce social resentment.
Encouraging New Behaviour
Multistakeholder cooperation might
also be conducive to mitigating the
security implications of technological
innovation. Ethical frameworks and
norms guiding technological innovation
could be elaborated between those
actually involved rather than relying only
on regulators, which will struggle to
keep up with the pace of change in the
Fourth Industrial Revolution. Likewise,
common understandings about the
security dimension of an increasingly
connected world could involve key
private and public stakeholders from
both the emerging technology and
international security spheres.
Viewing climate change through
an international security lens also
suggests several policy options
where multistakeholder action is
critical. These include the search
for new mechanisms to reflect
externalities related to resource
scarcity or environmental effects, while
simultaneously safeguarding social
stability by guaranteeing affordable
access to the necessities for survival.
Public-private partnerships established
to identify technological solutions to
improve the efficiency and resilience
of food production and water use is
another example.
Conclusion: A Call for a
Resilience Imperative
If the “new status quo” implies such
a high presence of global geopolitical
risks and realignment around interests
rather than values, then a wider range
of stakeholders needs to be involved in
setting the direction of the new global
security paradigm and implementing
solutions.
A first step is for private sector leaders
to place international security firmly on
their radar screen. International security
and geopolitical trends are likely to have
The Global Risks Report 2016 35
Part 1 Part 2 Part 3 Part 4
more influence on the global economy
in the future, thus demanding greater
strategic attention from business
leaders. With a stronger understanding
of the issues and their own evolving role
in the geopolitical and global security
landscape, the private sector can be
a constructive partner in addressing
many global security challenges and
mitigating their driving forces.
A second step is to have the traditional
security actors – including international
organizations and governments –
adjust their own frameworks and
processes to build in more publicprivate
participation at the most
appropriate levels. The Extractive
Industries Transparency Initiative, action
taken by technological and social
media companies to block terrorist
and violent extremist activity, and
business alliances for action on climate
change are promising examples of
public-private arrangements that can
strengthen security.
Third, a renewed focus on prevention,
preparedness and resilience, rather
than reaction and compliance, would
likely improve security actors’ ability to
manage known and unknown security
risks. There exists important know-how
and resources in the private sector
that can improve preparedness and
mission-critical planning processes in
a global security context – using data
to track the progress of risk factors,
sharing information on where and
when crimes occur, and establishing
mechanisms for harnessing industry
supply chains during complex
emergencies – are a few examples of
how security arrangements could be
updated.
Rather than wait for crises to happen,
or sleepwalk into the dystopian
scenarios described above, it is
critical to identify potential inflection
points and focus on finding solutions
rather than just containing problems,
and adapt relevant structures
accordingly. Prompting greater pliability
through a genuine, forward-looking
multistakeholder process in order
to ensure against complacency and
improve the outcomes in a fast-paced
and interconnected world may be the
best way to prevent the described
dystopian futures from materializing.
Endnotes
1 “Non-state actors” is a term widely used to describe everything from non-for-profit
or commercial providers, non-governmental organizations across all thematics,
community-based organizations and faith-based organizations. Their characteristics
include sufficient power to shape and cause change, although they are not part
of the established institutions of a state and are thus not accountable to the same
standards as a state. In the global security context, however, the term is often used
to refer to violent, criminal, terrorist and militarized groups or individuals with no ties
to a state or state-like structures but who, through the use of asymmetric strategies
of warfare, declare war on states and state actors. Non-state actors can also be
a force of good in terms of their significant role and emphasis on a specific area of
focus, usually on common goods, for the advancement and promotion of issues.
2 Williams 2008.
3 IISS 2015.
4 UNHCR 2015.
5 Institute for Economics and Peace 2015.
6 Kaspersen and Shetler Jones 2015.
7 See UN Security Council Report S/2015/358, at http://www.un.org/en/sc/ctc/
docs/2015/N1508457_EN.pdf. Letter dated 19 May 2015 from the Chair of the
Security Council Committee pursuant to resolutions 1267 (1999) and 1989 (2011)
concerning Al-Qaida and associated individuals and entities addressed to the
President of the Security Council dated 19th May 2015.
8 Kaspersen 2015a.
9 See Davis, Dusek, and Kaspersen 2015.
10 Argueta de Barillas and Cassar 2015.
11 Vision of Humanity 2015.
12 Stoltenberg 2015.
13 Schwab 2015.
14 Blanke and Kaspersen 2015.
15 George 2013.
16 Kaspersen and Hagan 2015.
17 Kaspersen 2015c.
18 Eide and Kaspersen 2015b.
19 Eide and Kaspersen 2015a.
20 Hybrid threats and warfare refers to the blend of conventional, irregular means
of combat and asymmetric tools, often with a strong cyber element, in military
strategies facing indistinct adversaries and aggressors in a complex battle domain,
complicating matters such as attribution and retribution.
21 The term “cy-ops” refers to militarized cyber operations; “psy-ops” refers to
military operations usually aimed at influencing the adversary mindset through
noncombative means.
22 Kaspersen 2015b.
23 Nye 2014.
24 Sally 2014.
25 Beckstrom 2014.
26 See also the World Economic Forum 2015b.
27 De Sola and Kaspersen 2015.

Ecuador y su petróleo. Relaciones internacionales y respeto o falta del mismo

El asunto de la explotación del yacimiento petrolífero ecuatoriano en el Parque Nacional Yasuní es un excelente estudio de caso para tratar de ver , desde una perspectiva materialista, el modo en que operan las llamadas relaciones internacionales, en un contexto neoliberal, diríamos, llevado casi al límite en el presente proceso de globalización.

http://www.elcomercio.com/negocios/petroleo-ambiente-Yasuni_ITT-politicas-Rafael_Correa_ECMFIL20130818_0002.pdf PARA INFOGRAFIA

http://www.elcomercio.com/negocios/Correa-petroleo-Yasuni-ITT-Alemania-Ecuador-RafaelCorrea_0_978502244.html

 

El análisis , desde NACLA https://nacla.org/article/ecuador-extractivism-twenty-first-century