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Pandemia de Coronavirus Covid 19. Año cero de la distopía global

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Año cero. De la distopía a la realidad
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OPINIÓN

Año cero. De la distopía a la realidad

26 MARZO, 2020 byRAÚL MARTÍNEZ0

Nos dijeron que no había que caer en el alarmismo, pero un catorce de marzo declararon el estado de alarma. Comenzaron las medidas de confinamiento. Muchos trabajadores tuvieron que seguir en sus puestos de trabajo, incluso sin medida de protección alguna. Al principio se tomó la cosa a broma, parecía una situación pasajera. Por las tardes salíamos a los balcones, primero en apoyo a los trabajadores de la sanidad y, más tarde, cada cual a lo suyo, dependiendo del barrio.

Al poco tiempo, nos dijeron que estábamos en guerra. Y se hicieron habituales las comparecencias de militares en los medios de comunicación. El enemigo era el virus y todos debíamos convertirnos en soldados. Comenzaron a hablar de unidad de mando, de primeras líneas de combate, de valor y disciplina social. Los militares aparecieron en las calles. Pusieron en marcha operaciones psicológicas, de esas que la OTAN denomina PSYOPS y ya venía aplicando en tiempos de paz, crisis y guerra. En el siglo IV antes de nuestra era, el general chino Sun Tzu ya decía que en materia bélica la suprema excelencia consiste en ganar batallas sin luchar, pues el arte de la guerra está basado en el uso del engaño. 

Nos engañaron, ¡vaya si lo hicieron! Apelaron a la unidad nacional y exigieron posponer las reivindicaciones para cuando todo pasase. Al principio pedían mano dura contra quienes se saltaban las medidas decretadas. Más tarde se comenzó a aplaudir desde los balcones algún abuso policial que se iba conociendo. Luego se promovió la delación masiva. Finalmente se prohibió y persiguió toda disidencia. Nos convertimos en enemigos de nuestros propios vecinos, nadie confiaba ya en nadie. 

Las comunicaciones fueron sometidas a un estricto control y la red se convirtió en un nuevo campo de batalla. Miles y miles de webs y de cuentas en redes sociales fueron censuradas. No se consiente ninguna crítica. Nada que vaya contra los planes de guerra anunciados en medidas y estudiadas comparecencias en las que se filtran las preguntas de los periodistas. Decretaron tolerancia cero.

Millones de personas terminaron perdiendo su trabajo. Nos prometieron levantar un escudo social, pero después de los ERTEs llegaron los despidos en masa. Se terminaron las prestaciones de desempleo y, con ello, los ingresos. Muchas familias comenzaron a endeudarse utilizando las tarjetas de crédito, luego con préstamos rápidos y usureros ofrecidos en anuncios de televisión. La cosa se fue agravando en la medida en que desaparecía la generación más golpeada por el virus, a la que no se quiso o no se pudo atender. Con ellos desaparecieron también las pensiones. Dejamos de contar con la solidaridad de padres y abuelos, que tanta hambre quitó en la anterior crisis. 

La guerra contra el virus se convirtió poco a poco en mundial. Muchos países, incluido el nuestro, cerraron las fronteras a las personas. Pero las fronteras se mantuvieron abiertas para los capitales y para las mercancías, que cargan, transportan y descargan personas. Hacía tiempo que nos venían hablando de la posibilidad de una crisis por no sé qué enfrentamientos entre Estados Unidos y China. Y la crisis llegó, vaya si llegó. Alguien escribió que la sobreproducción se manifestó, más que nunca, como una grave enfermedad. 

Primero comenzaron a escasear algunos productos. En los primeros días fruto del acaparamiento, pero después sencillamente porque no había. Y lo que había no se podía pagar. Los precios subieron exponencialmente, sobre todo los de aquellos productos de los que nadie puede prescindir. Vinieron los cortes en las comunicaciones y en los suministros. Al principio nos pidieron calma y nos hablaron de una crisis en V, pero la V pronto se convirtió en una U y, finalmente, en una L. Ahora, tras varios meses de confinamiento, nos hablan de un guion bajo. 

El año 2020 pasará a la historia como el “año cero”, porque ahí comenzó todo. Sólo tenían razón en una cosa: la curva se aplanó y en unos meses los hospitales ya no estaban tan saturados. Pero se mantuvieron las medidas de confinamiento y enviaron a más trabajadores a producir. Vinieron nuevos contagios, dientes de sierra y nuevas curvas en diferentes países, mientras que la economía continuó en guion bajo. Y así sucesivamente. Millones de trabajadores van de casa al trabajo, del trabajo al hospital y, de ahí… al crematorio.

Las cosas nunca volvieron a ser como antes. Seguramente ya no podían serlo. Desde mi ventana veo a los trabajadores dirigirse a sus puestos de trabajo. Quienes pueden pagarlo van con mascarilla y guantes de látex, de uno en uno, como mínimo a un metro y medio de distancia. Ya nadie habla con nadie. Somos un inmenso ejército de hormigas obreras. Al dirigirse al trabajo se pasan controles policiales o militares, en los que se debe mostrar un salvoconducto que entregan los empresarios. En los centros de trabajo las cosas también han cambiado. Ya no se permiten reuniones y mucho menos manifestaciones, los locales sindicales están cerrados y la acción sindical terminantemente prohibida. Primero lo justificaron con el estado de alarma, pero luego se generalizó la excepción. 

Se trabaja en función de las necesidades de la empresa, unos días sí y otros muchos no. Pero cuando te llaman hay que ir. Al terminar la jornada cada cual vuelve a su casa, de nuevo de uno en uno, de nuevo sin hablar con nadie. Cada trabajador ha tenido que descargar una aplicación telefónica en la que la empresa te dice cuándo vas a trabajar y si tienes que hacerlo en casa o en el centro de trabajo. En esa aplicación también te dicen lo que vas a cobrar por la hora de trabajo. Primero prohibieron los sindicatos, luego dejaron sin efecto los convenios colectivos. Dicen que comenzó Bolsonaro en Brasil, aunque no sé si es cierto. Ahora es la empresa la que impone las condiciones de trabajo de acuerdo con el Gobierno. Al principio lo justificaron hablándonos de flexibilidad interna, decían que querían evitar despidos. Así empezó todo. 

Salvo para ir al trabajo, hace muchos meses que nadie sale de su casa. Al principio nos permitían salir para hacer la compra, pero luego cerraron los supermercados. Ahora compramos a través de aplicaciones y rige el racionamiento. Las horas de conexión a internet también están limitadas, lo llaman conectividad restringida. Hay un tiempo para el ejercicio físico, siguiendo programas de entrenamiento ofrecidos por las antiguas marcas deportivas. Los niños y niñas reciben sus clases por internet, aunque la mayor parte de los profesores fueron despedidos. Lo que antes llamábamos relaciones sociales ahora se establecen por videoconferencia, a las que puede acceder sólo una parte de la población. El resto se conforma con mensajes telefónicos y con alguna fotografía. Durante un tiempo, nuestro único respiro fueron los balcones. Pero luego regularon su uso y, en cada calle, se sigue por video vigilancia lo que hace o dice cada cual. La indisciplina social se castiga prohibiendo temporalmente el trabajo, o sea, con hambre.

Pero no todo el mundo vive igual. En las primeras semanas del año cero, los ricos se encerraron en mansiones y urbanizaciones privadas. Pueden salir a sus fincas y practicar deportes en sus instalaciones privadas. Para entrar a sus actividades sociales deben presentar un certificado que les acredita como libres de contagio, que expiden un puñado de clínicas privadas. Sus urbanizaciones están protegidas por contratas militares, la más conocida es Blackwater. Su influencia creció después de los ejercicios militares de la OTAN. A España llegaron cuando se renovaron los acuerdos militares con Estados Unidos. Las sedes de esas compañías se encuentran en las bases militares que los americanos tienen en España, que comenzaron a ampliar en el año cero. 

En lo único en que las cosas son parecidas para todos es en el uso de mascarillas y guantes. Los ricos también los usan en sus actos sociales. De hecho, ayer en televisión anunciaban la nueva colección de otoño de Louis Vuitton. Nosotros cada vez más hormigas, ellos cada vez más cigarras.

Han prohibido muchas películas y casi es imposible encontrar en la red determinadas lecturas. Comenzaron por The Matrix, The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions, porque la gente comenzaba a establecer paralelismos y decían que se alarmaba innecesariamente a la opinión pública. La verdad es que a nosotros no nos dieron siquiera la opción de elegir el color de la pastilla, nos hicieron tragar la azul.

Como decía, en los primeros meses tumbaron muchas cuentas en redes sociales y portales de internet, especialmente a quienes se dirigían a las hormigas. Prohibieron los hashtag que incluyesen determinadas palabras: obrero y obrera, trabajador y trabajadora, derechos, lucha, resistencia… Luego vinieron medidas mucho más duras, prohibieron los sindicatos e ilegalizaron partidos que se negaron a incluir en su programa el asunto de la unidad nacional. Fue cuando el Gobierno se amplió y se convirtió en Gobierno de salvación.

No sé si algún día alguien podrá leer estas líneas. Si es así, puede que quede esperanza. Parece ser que, en alguna parte, hubo personas que escupieron la pastilla azul. Se dice que viven y trabajan en clandestinidad. Nadie les conoce, pero cada vez más gente dice que están ahí. En los pocos momentos en que es posible evadir la vigilancia y el control social, corren rumores en portales, oficinas, talleres y fábricas. Está terminando el año cero y en los centros de trabajo surge de nuevo una chispa de ilusión. En la inmensa hilera de hormigas que vuelven del trabajo a sus casas, en ese ejército de rostros cansados y cubiertos por mascarillas, cada vez hay más ojos que desprenden un brillo especial. Nadie sabe dónde están ni cómo se llaman. Yo sigo buscándoles y, cuando les encuentre, les llamaré… camaradas. Entonces, todo irá bien.TAGS:CORONAVIRUS

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Bob Dylan saca una nueva canción ( 17 minutos) sobre el asesinato de John Kennedy en 1963(ver video en inglés, agregamos la letra aparte, en inglés)

“Murder Most Foul” Twas a dark day in Dallas, November ’63 A day that will live on in infamy President Kennedy was a-ridin’ high Good day to be livin’ and a good day to die Being led to the slaughter like a sacrificial lamb He said, “Wait a minute, boys, you know who I am?” “Of course we do. We know who you are.” Then they blew off his head while he was still in the car Shot down like a dog in broad daylight Was a matter of timing and the timing was right You got unpaid debts; we’ve come to collect We’re gonna kill you with hatred; without any respect We’ll mock you and shock you and we’ll put it in your face We’ve already got someone here to take your place The day they blew out the brains of the king Thousands were watching; no one saw a thing It happened so quickly, so quick, by surprise Right there in front of everyone’s eyes Greatest magic trick ever under the sun Perfectly executed, skillfully done Wolfman, oh wolfman, oh wolfman howl Rub-a-dub-dub, it’s a murder most foul Hush, little children. You’ll understand The Beatles are comin’; they’re gonna hold your hand Slide down the banister, go get your coat Ferry ‘cross the Mersey and go for the throat There’s three bums comin’ all dressed in rags Pick up the pieces and lower the flags I’m going to Woodstock; it’s the Aquarian Age Then I’ll go to Altamont and sit near the stage Put your head out the window; let the good times roll There’s a party going on behind the Grassy Knoll Stack up the bricks, pour the cement Don’t say Dallas don’t love you, Mr. President Put your foot in the tank and step on the gas Try to make it to the triple underpass Blackface singer, whiteface clown Better not show your faces after the sun goes down Up in the red light district, they’ve got cop on the beat Living in a nightmare on Elm Street When you’re down in Deep Ellum, put your money in your shoe Don’t ask what your country can do for you Cash on the ballot, money to burn Dealey Plaza, make left-hand turn I’m going down to the crossroads; gonna flag a ride The place where faith, hope, and charity died Shoot him while he runs, boy. Shoot him while you can See if you can shoot the invisible man Goodbye, Charlie. Goodbye, Uncle Sam Frankly, Miss Scarlett, I don’t give a damn What is the truth, and where did it go? Ask Oswald and Ruby; they oughta know “Shut your mouth,” said the wise old owl Business is business, and it’s a murder most foul Tommy, can you hear me? I’m the Acid Queen I’m riding in a long, black limousine Riding in the backseat next to my wife Heading straight on in to the afterlife I’m leaning to the left; got my head in her lap Hold on, I’ve been led into some kind of a trap Where we ask no quarter, and no quarter do we give We’re right down the street from the street where you live They mutilated his body, and they took out his brain What more could they do? They piled on the pain But his soul’s not there where it was supposed to be at For the last fifty years they’ve been searchin’ for that Freedom, oh freedom. Freedom cover me I hate to tell you, mister, but only dead men are free Send me some lovin’; tell me no lies Throw the gun in the gutter and walk on by Wake up, little Susie; let’s go for a drive Cross the Trinity River; let’s keep hope alive Turn the radio on; don’t touch the dials Parkland hospital, only six more miles You got me dizzy, Miss Lizzy. You filled me with lead That magic bullet of yours has gone to my head I’m just a patsy like Patsy Cline Never shot anyone from in front or behind I’ve blood in my eye, got blood in my ear I’m never gonna make it to the new frontier Zapruder’s film I seen night before Seen it 33 times, maybe more It’s vile and deceitful. It’s cruel and it’s mean Ugliest thing that you ever have seen They killed him once and they killed him twice Killed him like a human sacrifice The day that they killed him, someone said to me, “Son The age of the Antichrist has only begun.” Air Force One coming in through the gate Johnson sworn in at 2:38 Let me know when you decide to thrown in the towel It is what it is, and it’s murder most foul What’s new, pussycat? What’d I say? I said the soul of a nation been torn away And it’s beginning to go into a slow decay And that it’s 36 hours past Judgment Day Wolfman Jack, speaking in tongues He’s going on and on at the top of his lungs Play me a song, Mr. Wolfman Jack Play it for me in my long Cadillac Play me that “Only the Good Die Young” Take me to the place Tom Dooley was hung Play St. James Infirmary and the Court of King James If you want to remember, you better write down the names Play Etta James, too. Play “I’d Rather Go Blind” Play it for the man with the telepathic mind Play John Lee Hooker. Play “Scratch My Back.” Play it for that strip club owner named Jack Guitar Slim going down slow Play it for me and for Marilyn Monroe Play “Please Don’t Let Me Be Misunderstood” Play it for the First Lady, she ain’t feeling any good Play Don Henley, play Glenn Frey Take it to the limit and let it go by Play it for Karl Wirsum, too Looking far, far away at Down Gallow Avenue Play tragedy, play “Twilight Time” Take me back to Tulsa to the scene of the crime Play another one and “Another One Bites the Dust” Play “The Old Rugged Cross” and “In God We Trust” Ride the pink horse down the long, lonesome road Stand there and wait for his head to explode Play “Mystery Train” for Mr. Mystery The man who fell down dead like a rootless tree Play it for the Reverend; play it for the Pastor Play it for the dog that got no master Play Oscar Peterson. 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Keep coming.” We’ll get them as well Love Field is where his plane touched down But it never did get back up off the ground Was a hard act to follow, second to none They killed him on the altar of the rising sun Play “Misty” for me and “That Old Devil Moon” Play “Anything Goes” and “Memphis in June” Play “Lonely At the Top” and “Lonely Are the Brave” Play it for Houdini spinning around his grave Play Jelly Roll Morton, play “Lucille” Play “Deep In a Dream”, and play “Driving Wheel” Play “Moonlight Sonata” in F-sharp And “A Key to the Highway” for the king on the harp Play “Marching Through Georgia” and “Dumbarton’s Drums” Play darkness and death will come when it comes Play “Love Me Or Leave Me” by the great Bud Powell Play “The Blood-stained Banner”, play “Murder Most Foul”

Robert Jay Lifton. Sobre el uso de la violencia como instrumento para la democracia de mercado (neoliberalismo y globalización)

Conferencia del siquiatra Robert Ray Lifton

(Tomado del sitio donde se encuentra el video , en youtube): Robert Jay Lifton (born May 16, 1926) is an American psychiatrist and author, chiefly known for his studies of the psychological causes and effects of war and political violence and for his theory of thought reform. He was an early proponent of the techniques of psychohistory. Lifton was born in 1926, in Brooklyn, New York, the son of Harold A. (a businessman) and Ciel (Roth) Lifton. He was fifteen when the United States declared war on Japan and Nazi Germany (December 1941). In 1942, he enrolled at Cornell University at the age of 16 and was admitted to New York Medical College in 1944, graduating in 1948.[1] He interned at the Jewish Hospital of Brooklyn in 1948-49, and had his psychiatric residence training at the Downstate Medical Center, Brooklyn, New York in 1949-51. From 1951 to 1953 he served as an Air Force psychiatrist in Japan and Korea, to which he later attributed his interest in war and politics. He has since worked as a teacher and researcher at the Washington School of Psychiatry, Harvard University, and the John Jay College of Criminal Justice, where he helped to found the Center for the Study of Human Violence. He married the children’s writer Betty Jean Kirschner in 1952 and has two children. She died in Boston on November 19, 2010, from complications of pneumonia. Lifton calls cartooning his avocation; he has published two books of humorous cartoons about birds. He is a member of Collegium International, an organization of leaders with political, scientific, and ethical expertise whose goal is to provide new approaches in overcoming the obstacles in the way of a peaceful, socially just and an economically sustainable world. Totalism, a word first used in Thought Reform, is Lifton’s term for the characteristics of ideological movements and organizations that desire total control over human behavior and thought. Lifton’s usage differs from theories of totalitarianism in that it can be applied to the ideology of groups that do not wield governmental power. In Lifton’s opinion, though such attempts always fail, they follow a common pattern and cause predictable types of psychological damage in individuals and societies. He finds two common motives in totalistic movements: the fear and denial of death, channeled into violence against scapegoat groups that are made to represent a metaphorical threat to survival, and a reactionary fear of social change. In his later work, Lifton has focused on defining the type of change to which totalism is opposed, for which he coined the term the protean self. In the book of the same title, he states that the development of a “fluid and many-sided personality” is a positive trend in modern societies, and that mental health now requires “continuous exploration and personal experiment”, which requires the growth of a purely relativist society that’s willing to discard and diminish previously established cultures and traditions. Lifton is featured in the 2003 documentary Flight From Death, a film that investigates the relationship of human violence to fear of death, as related to subconscious influences. In 2006, Lifton appeared in a documentary on cults on the History Channel: “Decoding the Past”, along with fellow psychiatrist Peter A. Olsson.[8] On May 18, 2008 Lifton delivered the commencement address at Stonehill College and discussed the apparent “Superpower Syndrome” experienced by the United States in the modern era.

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