Crítica de la RazónLiteraria. Exposición sobre la Libertad humana y la prostitución en la obra La Celestina.Curso de Verano de la Universidad de Lérida,España. Verano de 2019

Curso de Verano , 2019, Universidad de Lérida, España.

Exposición sobre el asunto mencionado, por parte del profesor de la Universidad de Vigo , España, Jesús González Maestro, desde las coordenadas de la obra Crítica de la Razón Literaria, de la cual es autor el profesor Maestro. En este sentido, el papel del profesor y crítico, es el de traductor o intérprete de la obra de Rojas.

Materialismo Filosófico y Crítica de la Razón Literaria. El Arte , la Filosofía, actividades inocuas cuando están vacías de dialéctica.

Este es uno de los asuntos que, a mi juicio, implican una gran importancia, tanto para el estudio de la Literatura, como para la Filosofía. Podemos utilizar estos planteamientos para otros estudios en torno a las demás Artes.

Estas cuestiones , que el profesor Jesús G Maestro analiza en torno a lo que es el Arte , puede ser puesta en coordinación con el análisis que planteaba Gustavo Bueno en un artículo sobre Teorías de la Cultura, y Filosofías de la Cultura, para el análisis del alcance filosófico materialista en cuanto a su potencia crítica frente a otras “teorías y filosofías del arte ( y de la cultura )

El modo en que Gustavo Bueno expuso las cuestiones gnoseológicas y ontológicas que giran en torno al estudio crítico de la Idea de Cultura, como mito oscurantista ( auténtica hematología, operante a toda vela hoy en día) pero de gran utilidad para determinadas ideologías que podemos incluir en el término posmodernismo ( con sus múltiples derivadas en el presente , ya entrando casi a la tercera década del siglo XXI), desde el sistema del Materialismo Filosófico, lo podemos encontrar en una conferencia que fue dada con motivo de la presentación de la traducción alemana del libro , clave en el sistema del MF, El mito de la Cultura.

En este enlace se puede consultar el mencionado texto de G Bueno. http://nodulo.org/ec/2002/n004p02.htm

Este es el título :

Espiritualismo y materialismo
en filosofía de la cultura.
Ciencia de la cultura y filosofía de la cultura

Gustavo Bueno

Conferencia pronunciada en la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia,
el día 14 de mayo de 2002, al presentar Der Mythos der Kultur.

Sección primera Ciencia de la cultura y filosofía de la cultura. La Tabla I como tabla gnoseológica. 
Sección segunda Espiritualismo y materialismo en filosofía de la cultura. La Tabla II como tabla ontológica.

Revista Berceo y Teoría del Cierre Categorial en el homenaje a Gustavo Bueno en Santo Domingo de la Calzada, La Rioja. España

Interesantes aportes en este homenaje a Gustavo Bueno.

IMPRESCINDIBLE, para analizar y criticar tanto los referentes del idealismo alemán como de los lazos de esta corriente, dominante por años, con los estudios críticos de la Literatura. Un aporte de gran relevancia, desde el Materialismo Filosófico y desde la Crítica de la Razón Literaria. Clase del profesor Ramón Rubinat.

CLASE Y DEBATE POSTERIOR DEL PROFESOR RAMON RUBINAT

Un asunto de gran interés, planteado por el profesor Rubinat, es el relativo al concepto de filosofía oracular, que Gustavo Bueno había a su vez desarrollado . Citaremos un artículo de G Bueno, que incluye un video extenso, en el formato de las teselas que ha ido publicando la Fundación Gustavo Bueno.

FRAGMENTO ( del artículo de Bueno sobre la filosofía oracular): ” Sin embargo, la historia de los oráculos filosóficos está por hacer. Hay que entrar más a fondo en el análisis de los oráculos que hablaron en el cisma de Occidente, a través de Lutero, de Calvino, de Servet o de Newton; y, si se quiere, de Kant o de Nietzsche.”

Gustavo Bueno Sobre la filosofía oracular y la historia oracular de la filosofía http://nodulo.org/ec/2016/n167p02.htm

Texto de Franz Brentano : Propuesta de una reforma de la teoría de las categorías

fuente: http://dadun.unav.edu/bitstream/10171/36851/1/Documento%20Brentano%2047-2.pdf

DOCUMENTO

Este dictado de Brentano, de fecha desconocida, lle- vaba como título original “Teoría de las categorías, última versión” (Kategorienlehre, letzte Fassung) y fue publicado por vez primera con el título que ahora lleva (Versuch zur Reform der Aristotelischen Katego- rienlehre) por Alfred Kastil en su recopilación de los escritos y dictados brentanianos sobre las categorías: Franz Brentano, Kategorienlehre. Mit Einleitung und Anmerkungen herausgeben von Alfred Kastil (Felix Meiner Verlag, Hamburg, 1933) 113-129. A pesar del título original, ciertas tesis que en este escrito se defienden fueron luego abandonadas o puestas en tela de juicio por su autor, por lo que el editor alemán, confrontándolo con otros escritos posteriores, piensa que tuvo que ser dictado antes del mes de septiembre de 1914. El ensayo constituye una muestra excelente del ingente esfuerzo que llevó a cabo Brentano por repensar la doctrina aristotélica de las categorías, tra- tando de purificarla y corregirla de cuantos errores creyó advertir en ella.

J.J. G. N. y R. R.

PROPUESTA DE UNA REFORMA DE LA TEORÍA DE LAS CATEGORÍAS

Propuesta de una reforma de la teoría aristotélica de las categorías

Traducción de Juan José García Norro y Rogelio Rovira

FRANZ BRENTANO

Universidad de Münster

C omo le ocurre a otros términos científicos, a lo largo de la his- toria el término categoría ha experimentado múltiples trans- formaciones de su significado. Por lo común, estas transfor-

maciones están relacionadas con cambios en la teoría, como, por ejemplo, la polarización de la luz. Pero algunas veces el desconoci- miento del sentido usual previo conduce a un nuevo uso arbitrario en el que apenas hay parecido o relación entre lo que ahora se llama así y lo que antes recibía ese nombre. Precisamente es patente que esto es lo que ha ocurrido con el nombre de categoría.

Especialmente Kant trastocó completamente su sentido. Que se daba en él un desconocimiento del sentido originario se muestra en que Kant mismo se engañó al creer que la lista aristotélica de las categorías servía al mismo proyecto que la suya. Según él, Aristóteles estaba tratando de reunir los conceptos primitivos (Stammbegriffe) del entendimiento puro, cuando la verdad era que Aristóteles nada sabía de tales conceptos y, por el contrario, atribuía a las categorías, como al resto de los conceptos, un origen empírico.

Los filósofos anteriores se habían desviado poco en el uso de la palabra categoría de su significado originario, aunque la lista de los diez miembros mencionados por Aristóteles (si bien es verdad que

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solo ofrece la enumeración completa una o dos veces) había apare- cido ya en una forma más abreviada en la Ética a Eudemo. Posterior- mente se halla una enumeración más resumida en los estoicos1 y en Plotino, que dirige numerosas observaciones críticas contra algunos de los miembros de la serie aristotélica2.

Con todo, no es aconsejable tener exclusivamente presente a Aristóteles si se pretende hacer comprensible la división completa.

2. Es cierto que Aristóteles creía que en cada categoría se presentaba un ente en un determinado sentido, de manera que, al hacer la divi- sión, pretendía distinguir otros tantos sentidos del ente.

También es cierto que no aspiraba a agotar, en su enumera- ción, todos los sentidos del ente.

Así cree conveniente hablar de la división de las categorías solo después de haber tratado de los múltiples sentidos del ente y tras haber puesto de relieve los otros equívocos del nombre.

Que el ente se diga de muchas maneras, en cierto sentido ya había sido enseñado por Platón, que había separado el ente (o)/n) del no ente (mh\ o)/n) y también de este había dicho que era. De esta manera, según Platón, el no ente aparece también como un o)/n, pero naturalmente en otro sentido.

Aristóteles lleva en este punto la investigación mucho más allá hasta reconocer una multiplicidad de sentidos inapropiados del término.

Sostiene que a veces una cosa es nombrada no con relación a su propio ser, sino con relación a un ser distinto casualmente asociado con ella. Como cuando se dice que un cuerpo está aquí, cerca de mí. Pero este “estar cerca de mí” no es un ser por virtud del cual él es en tanto que cuerpo. Aristóteles denomina a este caso de un ente impropio el caso de un o)/n kata\ sumbebhko/j. Este sentido queda excluido cuando pasa a la división de las categorías.

  1. Su designación de las categorías como ta\ geniw/tata dista de ser inadecuada. Sin embargo, cuando convierten a la materia en la primera categoría y a la materia informada en la segunda, muestran ya con ello una comprensión imperfecta de la finalidad de Aristóteles. Cf. Trendelenburg, Zur Geschichte der Kategorienlehre.
  2. Cf., sobre su desafortunado intento de mezclar la teoría aristotélica con el pensa- miento platónico, Trendelenburg, op. cit.

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Asimismo afirmó que a veces ocurre que nos servimos de la ex- presión “es” cuando queremos decir que un juicio es verdadero. En vez de decir que es verdadero que un cuadrado redondo no puede existir, decimos que hay o existe la imposibilidad de un cuadrado redondo. Aristóteles denomina a este ente en sentido impropio uno)/n w(j a)lhqe/j. También este sentido queda excluido cuando se pone a dividir las categorías.

Igualmente Aristóteles encuentra que, de la misma manera que a veces decimos de una persona que ve, aunque en este momento tenga los ojos cerrados, en oposición a una persona ciega, a la que le falta también la capacidad de ver además del ver actualmente exis- tente, así, generalizando, podemos denominar ente a algo a causa de su mera capacidad de ser. A esto lo denomina un duna/mei o)/n. También los duna/mei o)/nta quedan excluidos de lo que debe ser considerado como una de las categorías, si bien cada duna/mei o)/n, por su relación al ente para el que es capaz, se sitúa en el lugar que a este le corresponde en la división categorial.

Algo similar se puede decir de lo que designamos con un nombre abstracto a diferencia de lo que designamos con un nombre concreto. Tiene una relación con él. Si lo designado con el nombre concreto es el ente actualmente efectivo, entonces el acto (Wirklichkeit), como el duna/mei o)/n, también es, por así decir, en él, y son ambos entes en sentido impropio. Y será clasificado, cuando el ente en acto sea clasificado, y quedarán situados en relación a cada uno de los miembros de la división bajo el que se encuentra el correspon- diente ente en acto.

3. Después de haber dejado a un lado todos estos entes en sentido impropio, Aristóteles prosigue realizando una nueva distinción de los múltiples sentidos del ser, que es precisamente la distinción de las categorías. Enumera diez clases: quididad (Wesen), cualidad (bajo la que incluye cualidad sensible, figura, hábito y disposición, y fuerza [du/namij]), cantidad, dónde, cuándo, hacer, padecer, relación, po- sición y llevar puesto (e//(cij o e)/xein). La posición es ejemplificada mediante: está de pie, está sentado; el llevar puesto, mediante: está calzado, está armado.

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Es evidente que aquí se está tratando con determinaciones que están dadas en acto y que se atribuyen a un sujeto. Pero el sujeto al que se atribuyen es un individuo de la primera categoría, una qui- didad. Pertenecen a la primera categoría, además de las quididades individuales, las determinaciones generales que pertenecen a sus de- finiciones. Todas ellas son entes en sentido propio. Los entes que pertenecen a las restantes categorías, por el contrario, solo pueden llevar el nombre de entes en sentido impropio, en tanto en cuanto que son algo que corresponde al ente en sentido propio. En su indi- vidualidad, están condicionados por este, pero no a la inversa.

De las nueve clases que contienen al ente en el sentido impro- pio, dice Aristóteles que unas son entes en sentido más impropio que otras. Esto es porque en algunas la referencia (Beziehung) es más lábil que en otras, por ejemplo, la relación con otra cosa puede dejar de ser si cambia algo, no en la sustancia, sino solo en aquella otra cosa.

Vemos también que a veces Aristóteles reúne varias categorías en un concepto clasificatorio más amplio. A veces, une las nueve bajo el nombre de sumbebhkoj/ ; otras veces, el dónde y el cuándo comota\ en/) tini. En otras ocasiones, la cantidad y la cualidad como acci- dentes inherentes, hacer y padecer, como movimiento. También parece que reúne distintas clases como metacu\ o)/nta, y especialmente el hacer y el padecer, y también el hábito, los cuenta aquí. También pensó quizá que la relación y la posición pertenecían a este tipo.

A la vista de todo esto, parece innegable que considera las nueve clases accidentales como determinaciones concretas actual- mente existentes que corresponden a la sustancia sin pertenecer a su quididad, de manera que pueden desaparecer sin que esta quididad individual aparezca como otra.

4. Si contemplamos ahora la amplitud de todo lo que aquí está en cuestión, vemos fácilmente que Aristóteles no podía culminar su tarea porque su concepción de lo que es una sustancia actualmente existente estaba lastrada por varios errores. Se equivocaba al afir- mar que la cualidad sensible de un cuerpo, al igual que su lugar, tiempo, cantidad y figura no constituyen distinciones sustanciales. Se equivocó además cuando pensó que ninguna parte de una reali-

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dad actualmente existente podía ser llamada tampoco una realidad actualmente existente. Como es natural, todo esto tuvo su influjo en la división.

5. Teniendo presentes estos errores, a los que pertenece también el que no pueda haber un accidente que sea sujeto de otro accidente, y sin perder de vista, por lo demás, el ámbito completo que Aristóteles tenía ante sí, renovemos su intento divisivo.

Como hizo Aristóteles, dejamos a un lado los casos en los que el sujeto último no es una sustancia, sino una carencia de sustancias3. No obstante, no debemos pasar por alto aquellos casos en los que el sujeto es una sustancia unitaria que puede dividirse en una multi- plicidad de sustancias actualmente existentes, como hizo Aristóteles cuando no las tuvo en cuenta simplemente porque no creía que las hubiera. Como descubriremos, estas dan lugar a clases especiales de predicados actualmente existentes.

6. La primera categoría está constituida evidentemente también, según nosotros, por la sustancia. A las determinaciones sustanciales pertenecen, como ya se ha dicho, mucho de lo que Aristóteles consi- dera como un accidente. Así, la cualidad sensible, el lugar4, el tiempo continuamente cambiante.

Pero, si el lugar es una diferencia sustancial, también la canti- dad espacial, la figura y la posición han de ser consideradas, en cierto modo, como determinaciones sustanciales. Y es que tan pronto como el lugar de un cuerpo queda determinado exactamente, parte por parte, entonces quedan nombradas todas las demás determina-

  1. Parece, sin embargo, que no fue consecuente, pues consideró el número como un tipo de cantidad.
  2. Tenemos que distinguir entre la determinación local como tal y la determinación relativa de tal lugar en referencia a otros lugares, ya conocidos, de ciertos cuerpos distintos del sujeto, como, por ejemplo, si digo que alguien está en cierta ciudad, en una determinada casa. Si se eliminase la casa, permanecería su lugar todavía exactamente el mismo. El lugar solo desaparecería cuando la persona se moviese, y cambiaría también cada vez que la persona se detiene o se mueve en una deter- minada dirección con una velocidad dada. Algo similar acontece respecto de la determinación temporal.

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ciones sustanciales, tales como la cualidad mediante su unidad con el lugar parte por parte, y se dan ya todas a la vez implícitamente. Se podría hablar, sin embargo, igualmente de las relaciones que se dan entre las partes reales de un todo real y que dan lugar a una cierta denominación intrínseca de dicho todo. Volveremos a este punto más adelante.

Naturalmente nunca se debe olvidar que las determinaciones sustanciales corpóreas que aquí he citado como presentes en nuestra percepción, solo se nos dan fenoménicamente5 y está en cuestión su existencia actual como realidades. Pero esto no debe impedirnos considerarlas como determinaciones de la primera categoría.

7. Después de la primera categoría, la de la sustancia, vienen los accidentes en sentido estricto, que son los que expresan algo de la sustancia absolutamente (no de forma meramente relativa a otra cosa) e intrínsecamente (no meramente designándola desde el exterior).

A tales accidentes parece pertenecer, por ejemplo, el hábito de un saber o de una virtud, que nunca es aprehendido intuitivamente, sino, más bien, deducido cuando experimentamos el ejercicio de los actos correspondientes. Pues nosotros no tenemos una intuición de los hábitos, de modo que solo disponemos de sus determinaciones subrogativas como, por ejemplo, cuando decimos que este hábito hace posible el ejercicio perfecto, frecuente y no entorpecido por ninguna dificultad, de los actos correspondientes. Aristóteles los in- cluye en su categoría de la cualidad.

8. Distinguimos esta clase de accidentes absolutos de una segunda clase de accidentes que, en cierto modo, competen imperfectamente

5. Igual que hay modos de juicios y modos de sentir emocional, hay asimismo modos de la representación. A estos pertenecen los modos temporales (presente, pasado, fu- turo con múltiples distinciones) y la diferencia entre el modus rectus y los modi obliqui.Cuando nos representamos a un sintiente en el modus rectus, nos representamos lo sentido por él en el modus obliquus. Cuando conocemos a un sintiente in modo recto,conocemos lo sentido in modo obliquo. Esto también se puede expresar diciendo que se le adscribe un ser fenoménico, como aquello que se conoce en un modus praeteritifuturi, un ser pasado o futuro. Como a estos, tampoco al ser fenoménico hay que denominarlo “ser” en el sentido propio de la palabra.

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al sujeto. Mientras que los que hemos mencionado antes son sus- tentados exclusivamente por el sujeto y, por así decir, inhieren en él hasta el punto de que, para ser eliminados, deben ser destruidos mediante alguna causa, en otros accidentes, en cambio, se pone de manifiesto que solo se dan en el sujeto mientras una causa actual- mente existente los mantenga en él. En el mismo momento en que aquella cesa de actuar, cesan también los accidentes en el sujeto. Encontramos estos accidentes, por ejemplo, en el sentir y también en todo tipo de pensamiento superior. Queremos designar a estos accidentes, siguiendo a Aristóteles, como un pa/sxein (padecer). Si bien el hábito no pertenece a este tipo de accidente, sí pertenece a él el surgimiento del hábito, pues también para este surgimiento es necesaria una causa actualmente existente fuera del sujeto.

En la medida en que tal pa/sxein es sustentado por el sujeto de modo menos perfecto, la sustancia que actúa aparece siempre como un apoyo y, en cierto sentido, como un sustentador, de aquel pade- cer y, por tanto, en cierto modo, le corresponde ese padecer también a ella y, en alguna forma, está también en ella. Aparece también como un accidente de la sustancia actuante, aunque en un sentido esencialmente distinto. Lo que hemos llamado un padecer respecto de la sustancia receptora, lo denominamos un hacer (poiei=n) res- pecto de la sustancia que actúa.

A partir de las explicaciones dadas, se comprende por qué Aris- tóteles con buenas razones no quiso considerar el pa/sxein ni elpoiei=n como relaciones. Se tienen en este caso en la sustancia un sustentador absoluto, aunque por sí solo no sea suficiente y se re- quiera otro sustentador para que se dé el accidente.

9. Tras las determinaciones absolutas actualmente existentes, las in- herentes y las que son sustentadas con la ayuda de otro sujeto, vienen las determinaciones relativas de una sustancia en relación a otra. Estas no expresan nada que no esté totalmente incluido en la reu- nión de ciertas determinaciones absolutas que corresponden a una u otra sustancia. Ofrecen la determinación que en una puede ser considerada un correlato in recto, mientras que en la otra lo es in obliquo. Esto es por lo único por lo que no cabe decir que el sujeto

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de la predicación no es ya una sustancia, sino un colectivo de sustan- cias. Y, como un colectivo de sustancias puede cesar de ser sin que una sustancia de ellas cese de ser o sea alterada de algún modo, así también una determinación relativa puede perderse sin que cambie algo en la cosa que la tenía. Como Aristóteles dice, estas determina- ciones actualmente existentes pertenecen todavía mucho menos a la realidad de una sustancia.

10. Con estas determinaciones relativas están estrechamente rela- cionadas otra clase de determinaciones. Esta es la clase de las de- nominaciones que vienen de fuera (denominationes extrinsecae). Es fácil hacer intuitiva la división mediante ejemplos. Si digo que una sustancia es similar a otra, el ser similar de la primera sustancia co- rresponde al ser similar de la segunda. Pero si digo que una sustancia es similar a otra sustancia que piensa o que quiere algo, en este caso se nombran determinaciones accidentales de aquello que es similar a lo llamado similar, que, como tales, no caracterizan ni absoluta ni relativamente algo que se encuentre en él. Y así también, cuando digo que un cuerpo está junto a un abeto o a un perro caniche. Si hubiera dicho que está junto a algo que se encuentra junto a él, entonces habría afirmado una relación. Pero en este caso pretendo, de algún modo, ofrecer distintas determinaciones absolutas, no del sujeto del que trato, sino de aquel que yo pongo en relación con él.

Si digo: “A es menor que B”, entonces al ser menor de A co- rresponde el ser mayor de B. Pero si digo que una persona está en el mercado, entonces se fijan una serie de determinaciones de aquello con lo que pongo a la persona en relación local que, como tales, no tienen nada que ver con el lugar, sino que ofrecen propiedades absolutas de otra cosa y que no tienen ni siquiera un significado rela- tivo atribuidas a esa persona. Si considerase solo el correlato propio, entonces desaparecería mucho de lo que he expresado, pero lo que puramente yo le atribuyo a esa persona le es totalmente extrínseco. Asimismo si digo que A se parece a cierta persona que estuvo con- migo ayer, que tiene una fortuna de 100.000 táleros, una familia de cinco hijos y que está a punto de ser nombrado ministro, esto no es una simple relación de semejanza, sino que se trata de una serie de

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determinaciones que nada tienen que ver con la semejanza, y que pertenecen más a aquel con el que comparo el sujeto que al sujeto mismo del que hago una afirmación. Para este son meras denomina- tiones extrinsecae.

Ya he observado anteriormente que, gracias a una cierta analo- gía con estas denominationes extrinsecae, cabe hablar asimismo de unadenominatio intrinseca, cuando se trata de una sustancia real que está compuesta de varias sustancias actualmente existentes. Por ejemplo, si digo que alguien está cabeza abajo, o sentado, o tumbado. Se trata, en este caso, de determinaciones relativas de unas sustancias par- ciales con otras que son expresadas mediante un atributo predicado del todo.

11. Para completar lo dicho, hay que tener también en cuenta el hecho de que no solo la sustancia puede ser sujeto de un accidente absoluto, sino también un accidente absoluto puede ser sujeto de otro accidente absoluto.

Este hecho guarda relación, además, con diversas consecuen- cias respecto de las determinaciones relativas, que son fáciles de deducir6.

12. Adviértase también que Aristóteles asignó, en cierto modo no sin razón, ciertos tipos de pa/sxein a otra categoría. Una cualidad que se genera es, en su generarse, una pasión, pero, no obstante, pertenece también en cierto modo a la categoría de la cualidad.

Si es correcto que Dios conserva en su ser a todas las sustancias creadas mientras subsisten, entonces ello muestra que estas sustan- cias, al igual que el pensar en nosotros, están sostenidas en cierto

6. También las determinaciones relativas se dan en la sustancia, en parte, inmedia- tamente y, en parte, por medio de uno o incluso varios accidentes absolutos. Es más, también las determinaciones relativas pueden fundarse en determinaciones relativas. Si digo que un león es idéntico por esencia a otro león, entonces el fun- damento inmediato es la sustancia del león; si digo que se asemeja en fiereza a otro león, entonces el fundamento es la actividad de la fiereza. Si digo que un león se asemeja por completo al otro león respecto de la fiereza del mismo modo en que uno de los dos ciervos que persiguen se asemeja al otro en el miedo, entonces una relación constituye el fundamento de la otra.Ω

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modo por una causa y, por ello, en alguna medida habría que llamar a toda sustancia creada un pa/sxein. Esto puede mostrar qué hay de verdad en la observación de Descartes según la cual solo Dios es sustancia en el pleno sentido de la palabra.

13. Hasta donde alcanza nuestra experiencia, en el ámbito de los fe- nómenos físicos no encontramos ni un accidente absoluto inherente ni un accidente absoluto sustentado con ayuda y por influjo de otro sujeto. En cambio, hallamos por doquier, naturalmente, accidentes relativos, con la única diferencia de que lo físico, debido a la falta de evidencia de la percepción externa, se nos da inmediatamente solo de modo fenoménico. Pero tenemos toda la razón en admitir que en la realidad existen, se generan y perecen cosas espaciales, cualitativamente análogas también a nuestros fenómenos físicos cualitativamente determinados, que estas cosas están en reposo y se mueven, y que en ambos casos padecen un cambio temporal real, y que por ello no falta tampoco un pa/sxein, aun cuando este haya quizá que asignarlo igualmente a la categoría de la sustancia. También serían pensables análogos a los accidentes psíquicos en el ámbito corpóreo, mientras que nuestros accidentes psíquicos son inequívocamente espirituales.

14. De accidentes absolutos que están en otros accidentes absolutos ofrece muchos ejemplos nuestro ámbito psíquico. Así, cuando yo primero solo me represento un objeto y luego también lo acepto o lo rechazo, o lo amo o lo odio. Asimismo, cuando solo nos está realmente presente en el espíritu el resultado de una prueba mate- mática, pero no el argumento, el juicio antes hecho con evidencia permanece, con la pérdida de esta evidencia, como convicción. Pa- rece individualmente la misma convicción, que solo ha perdido un accidente, a saber, su evidencia. Cuando se infiere una conclusión, el término de la inferencia está determinado, para el conocimiento de la conclusión, por el conocimiento de las premisas, y de ahí que en el conocimiento de la conclusión tengamos una pasión, y el co- nocimiento de las premisas aparezca como sujeto de una acción. Si el conocimiento de la conclusión permanece, mientras que ya no

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se piensan las premisas, entonces este conocimiento no puede ser ya, como es claro, un pa/sxein en virtud de las premisas, y queda por investigar si no hay que llamarlo en absoluto un pa/sxein, sino un accidente inherente al espíritu o un pa/sxein en virtud de otra causa. En general, toda la investigación sobre los accidentes de ac- cidentes se ha de llevar a cabo con gran cuidado. Pues hay múltiples peligros de errar, como lo muestra claramente el que no en todos los casos en que algo es a la vez representado, juzgado y objeto de una emoción, puede ser la representación correspondiente el sujeto del juicio y de la emoción. Así ocurre en el afecto de sensación, donde la representación interna, la percepción y las emociones se interpenetran.

15. Todo lo que en algo real se realiza conjuntamente de modo in- terno pertenece a su realidad, y, por tanto, la sustancia pertenece a la realidad de su accidente, con todas sus determinaciones, así como con su determinación general como sustancia. Pero no sería correcto si alguien dijera que el accidente es algo real en el sentido de la sus- tancia. Contiene el concepto general de la sustancia en su realidad no de otro modo a como contiene las determinaciones sustanciales últimas individualizadoras de la sustancia en su realidad. No es una sustancia, sino algo que, cuando la sustancia se enriquece con nuevas determinaciones, al abarcarla, se da con ella. Puede muy bien com- pararse con el todo de un continuo real unitario, que en sus mitadescontiene algo real, pero que él mismo no es este algo real. La única diferencia es que, en el continuo, también la segunda mitad que hay que añadir a la primera mitad es algo real que constituye conjun- tamente la realidad del todo, mientras que en este caso a las deter- minaciones reales de la sustancia solo se le añaden determinaciones tales que incluyen las determinaciones sustanciales, pero no añaden un segundo algo real completamente nuevo y propio. El concepto supremo bajo el que cae el accidente como tal no es, por tanto, la sustancia, sino un concepto más complejo que incluye el concepto de la sustancia. Así, por ejemplo, el concepto supremo de alguien que rechaza apodícticamente con evidencia, como algo absurdo, un cuadrado redondo es el concepto de un espíritu que juzga, no

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el concepto de un espíritu. De este modo, Aristóteles parece tener razón cuando dice que un accidente no es un ente en el mismo sen- tido en el que una sustancia es un ente. Y también se muestra que, dentro de los accidentes, el concepto del ente es diverso de muchas maneras. Todo accidente que es sujeto de otro accidente no puede ser tampoco, y por la misma razón, con su accidente, un ente en el mismo sentido en que la sustancia puede ser un ente, en el mismo sentido, con el accidente. Por tanto, en este caso los significados y, con ello, las categorías son todavía considerablemente más que lo que ha creído el propio Aristóteles.

16. Aristóteles concibió toda definición de una sustancia de manera uniseriada o monostoijética (monostoichetisch) y vio en la unicidad de la serie descendente el fundamento de la unidad de la definición y de la esencia. Pero esta concepción fracasa debido a la imposibilidad de llegar de este modo a la individuación, y los fenómenos físicos nos hacen intuitiva la individuación recíproca de las últimas diferencias específicas. En Aristóteles, a consecuencia de la homogeneidad de la última diferencia específica, solo había un género de corrupción sustancial (aunque en este caso no se pudo proseguir la doctrina de manera satisfactoria). Una vez que hemos reconocido que las sustan- cias se pueden definir de manera pluriseriada o pleiostoijética (pleios- toichetisch), encontramos que hay muchos y muy diferentes modos de transformación sustancial, y que de ellos forma parte la transforma- ción local tanto como la cualitativa, e incluso propiamente también la temporal. De manera correspondiente, también para el accidente puede haber un múltiple modo de generación y corrupción, de los cuales uno es heteroseriado o heterostoijético (heterostoichetisch) res- pecto del otro. Y en este caso Aristóteles ya había reconocido la verdad. Pues enseñó que un accidente no solo puede ser producido y destruido en el modo accidental que le es propio, sino también por la producción y la destrucción de la sustancia que le subyace.

Que también de determinaciones relativas puede ser propio una generación y una corrupción múltiples, la una por corrupción del término, la otra por corrupción del fundamento, es cosa manifiesta.

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PROPUESTA DE UNA REFORMA DE LA TEORÍA DE LAS CATEGORÍAS

OBSERVACIONES ULTERIORES

17. Lo que he dicho en el número 15 parece requerir una múlti- ple corrección. Si bien es cierto que la relación de la sustancia y el accidente es la de una parte con su todo y que, por tanto, tiene semejanza con la de una parte real del continuo con su todo, existe, sin embargo, una profunda diferencia. Esta diferencia se ha reco- nocido en ese lugar, pero no se ha hecho valer suficientemente. Las determinaciones accidentales que se añaden a las sustanciales tienen semejanza, en cierto aspecto, no tanto con ulteriores partes de un continuo, que se agregan a una parte, cuanto con determinaciones lógicas heteroseriadas o heterostoijéticas, que se encuentran en la definición junto con las de otra serie de diferencias. Lo distintivo es solo que, en las series de diferencias pertenecientes a la defini- ción sustancial, ninguna de ellas puede proporcionar de suyo un individuo, sino que, más bien, solo dan lugar a uno en su unión, mientras que el accidente, que incluye todas las series sustanciales de diferencias y aun une a ellas otras, puede distinguir dos grupos dentro de las series lógicas que le pertenecen. El grupo sustancial, que representa de suyo un individuo, y un grupo accidental, que no lo hace, sino que solo puede llegar a la individualización mediante la unión con las series sustanciales. El individuo al que se llega con ello no es, naturalmente, el mismo que al que ya se había llegado mediante la totalidad de las series sustanciales. Y puede suceder in- cluso sin contradicción que se de un universal por la adición de una serie accidental a la totalidad de las series sustanciales, mientras que las series sustanciales en su totalidad ya habían llegado a una indi- viduación completa. No resulta esto más sorprendente que cuando mediante la adición, no de una serie accidental entera, sino de la diferencia suprema de ella, se da algo universal. Es un universal, con la restricción de que pertenece a una cierta sustancia individual. La individualización del universal dado mediante una serie accidental, que se añade a la totalidad de la serie de las diferencias sustanciales, se produce mediante nuevas series de diferencias accidentales, y esta individualización se muestra heteroseriada o heterostoijética tanto respecto de todas las series de diferencias sustanciales como de esta serie de diferencias accidentales. Si se llega de este modo a un nuevo

ANUARIO FILOSÓFICO 47/2 (2014) 277-293 291

FRANZ BRENTANO

individuo que incluye al individuo sustancial como sujeto, entonces puede ocurrir que él mismo esté unido todavía con nuevas deter- minaciones universales, de modo semejante a como están unidas en él las determinaciones sustanciales con las accidentales, y que estas luego se individualicen mediante nuevas diferencias en tanto que accidentes de un accidente, y así sucesivamente.

Así como de las series sustanciales heteroseriadas o heterostoi- jéticas puede pensarse cada especie hasta la última sin pensar una de las otras según todas sus diferencias, así también pueden pensarse series accidentales hasta su última diferencia específica sin pensar a la vez las series sustanciales de otro modo que según su concepto máximamente universal, o quizás incluso según sus diferencias es- pecíficas superiores. Cuando esto sucede, del accidente no se ob- tiene nunca una individuación, incluso si incluye en el concepto todas sus diferencias accidentales bajando hasta la última especie. En caso contrario, aun a las diferencias accidentales habría que lla- marlas más bien determinaciones sustanciales de una segunda sus- tancia, que se uniría en un todo con la primera de modo semejante a como se componen las distintas partes de un continuo real con una sustancia mayor.

18. Tras lo dicho es claro
a) que el concepto del ente es uno y el mismo para la sustancia,

para todos los accidentes e incluso también para los accidentes de accidentes,

b) que sustancia no dice tanto como “ente en general”, sino un ente tal al que no le corresponden ningunas otras diferencias que las que son imprescindibles para que él mismo, o siquiera solo una parte suya, siga existiendo como individuo.

c) Para el concepto del accidente vale lo contrario: las diferen- cias que contiene son tales que, con su eliminación, el todo, pero no cada parte del todo, quedaría privado de la determinación individual.

d) Lo que de ello resulta para el concepto de un accidente del accidente, no requiere mayores explicaciones.

e) Aunque el accidente es un ente en el mismo sentido en que lo es la sustancia, de la comunidad del concepto supremo no se sigue que

PROPUESTA DE UNA REFORMA DE LA TEORÍA DE LAS CATEGORÍAS

Un texto muy importante, fundamental; tanto para el análisis como para la crítica, sobre la Teoría del Cierre Categorial y la Crítica de la Razón Literaria. MetodologíaS alfa y beta operatorias y cierre categorial, como asuntos problemáticos en las Ciencias “sociales o humanas”.

NOTA DE INTROFILOSOFIA: Nos hemos permitido copiar un texto del profesor Jesús G Maestro, sobre una serie de problemas relativos a cuestiones de gnoseología y teoría de las Ciencias, y de las metodologías alfa y beta operatorias, y otro de los puntos clave del Materialismo Filosófico como Teoría de las Ciencias: el cierre categorial.

Situaciones alfa y beta operatorias . Ideas y Categorías. La symploké y las Ciencias

AUTOR : JESÚS G. MAESTRO

FUENTE : https://jesusgmaestro.weebly.com/critica-razon-literaria-recepcion/mas-alla-de-la-teoria-del-cierre-categorial#

Recepción e influencia
de la 
Crítica de la razón literaria​

Más allá de la Teoría del Cierre Categorial
4/22/2019 
Una interpretación no dogmática de la Filosofía de la Ciencia
del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno
Jesús G. Maestro
Apostilla núm. 8 a la Crítica de la razón literariaI
Ignorar la Literatura es tan grave como ignorar un asesinato, del mismo modo que ignorar la Teoría de la Literatura es tan grave como ignorar una enfermedad.

Hablo en estos términos porque es imprescindible dejar claras cuestiones absolutamente fundamentales respecto al futuro de la Teoría del Cierre Categorial construida por Gustavo Bueno, y que, sin duda alguna, constituye un antes y un después en la Historia de la Filosofía de la Ciencia, si bien este después está pendiente, decisivamente pendiente, de hechura y elaboración, es decir, está por hacer. Pero hay que hacerlo.

Y hay que hacerlo porque la Teoría del Cierre Categorial, que Bueno deja incompleta ―por inacabada o inconclusa―, es objeto de importantes discusiones entre los propios discípulos de Bueno, que no se ponen de acuerdo respecto a muchas cuestiones fundamentales. Esto supondrá que serán otros, otros intérpretes, no necesariamente discípulos directos de Gustavo Bueno, los que, con el paso del tiempo, reinterpretarán la Teoría del Cierre Categorial, esto es, la Teoría de la Ciencia, del Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento, desde criterios más uniformes.

​En este contexto, la Teoría del Cierre Categorial no puede reducirse a una hermenéutica gremial o endogámica, la de sus discípulos directos ―por dialéctica que ésta pueda resultar entre ellos―, ni tampoco a una hermenéutica exogámica, protagonizada por intérpretes posteriores, o venideros. No es una cuestión de hermenéutica. Ni de especulación. Es un trabajo de aplicación práctica, de proyección y ejercicio de la Teoría del Cierre Categorial en el curso operatorio y ejecutivo de las diferentes ciencias, y de todo cuanto estas ciencias utilizan y movilizan.

Las ciencias son científicas si las metodologías son científicas…No hay ciencias, sino metodologías.Las ciencias no pueden reducirse solamente a las metodologías alfa.IITodo aquel que se vea obligado a meter las manos en la masa de la Historia, de la Medicina, de la Teoría de la Literatura, de la Ginecología, de la Lingüística, de la Termodinámica, del Derecho, de la Astrofísica, de la Economía o de la Oncología, es decir, toda aquella persona que trabaje con los materiales de estos campos ―sistematizados en los terrenos de tales nomenclaturas―, que hoy día resultan organizados desde instituciones políticas o estatales y desde proyectos empresariales o industriales, sabe que lo que hace está contenido en las realidades materiales de sus posibilidades empresariales e institucionales, es decir, en los límites de sus condiciones industriales y políticas.

Las ciencias, hoy, son construcciones empresariales e institucionales. Son resultado de configuraciones políticas e industriales, sistematizadas por las metodologías que tales ciencias ejecutan de hecho, es decir, ontológicamente. Esto no es incurrir en sociología de la ciencia: esto es reconocer la realidad y la verdad del contenido de las ciencias. ¿Qué importa el cierre categorial de la Criminología, del Derecho o de la Jurisprudencia, si se tiene delante a un juez con una investigación que usa metodologías (alfa y beta operatorias) que van desde las pruebas de adn o el carbono-14 hasta el informe pericial de un psiquiatra, un guardia civil de tráfico o un lingüista forense, por ejemplo?

Más de una persona ha metido las manos en la masa de la Historia y se ha dado cuenta de que la Teoría del Cierre Categorial, tal como está, acaso no basta, porque puede dejar a merced de las ideologías posmodernas la interpretación de hechos históricos indiscutibles. Desde luego, la Historia como ciencia, ante la Teoría del Cierre Categorial, requiere una interpretación de la Teoría del Cierre Categorial mucho más amplia y menos dogmática de la que algunas personas han hecho pública.

La Teoría del Cierre Categorial no es una cosa especulativa. No es un formalismo. No es una tabla de verificación. No es un preceptiva gnoseológica. No es una retórica de las ciencias. No es una filosofía dogmática, desde la que determinar qué actividades humanas son científicas y qué otras no lo son. Esas determinaciones, a los científicos, les traen absolutamente sin cuidado, y sólo interesan, por el momento, a algunos filósofos materialistas. Los médicos que ejercen la Medicina, los matemáticos que ejercen la Matemática, los lingüistas que trabajan en Lingüística, ignoran hoy que hay una Teoría del Cierre Categorial. Y no necesitan conocerla para ejercer sus respectivas ciencias. La Teoría del Cierre Categorial es, hoy, más una necesidad del filósofo materialista que de nadie más. Y esa limitación es lo que hay que superar. El debate real es exogámico, no endogámico. Hay que exteriorizar las ideas.
IIIAhora bien, lo difícil no es justificar el cierre categorial de las Matemáticas o de la Geometría. Algo así es hablar entre vencedores y para vencedores. Algo así es gobernar para los ricos. Lo difícil, lo verdaderamente desafiante, es enfrentar a la Teoría del Cierre Categorial las ciencias que se basan casi exclusivamente en las denominadas metodologías beta, es decir, aquellas en las que las operaciones de los seres humanos están presentes y no se pueden neutralizar o segregar como ocurre en las metodologías alfa. Lo difícil, pues, es meter las manos en la masa de las ciencias cuyos materiales no son inertes, porque son ―como los denominaron los seductores idealistas alemanes, con quienes nada tenemos que ver― humanos.

Lo difícil es, en suma, justificar lo científico desde las metodologías beta. A esto hay que enfrentarse, porque lo que no podemos asumir es que algo deje de ser científico (béticamente) porque no es categorialmente cerrable en los mismos términos en que sí lo es algo cerrable alfabéticamente. Dicho de otro modo: la Teoría del Cierre Categorial exige distinguir y reconocer grados o franjas de verdad y, también, umbrales de cientificidad. Y para reconocer estos grados o umbrales hay que estar dispuesto a asumir algo terrible (para algunos): que la idea de categoría es una idea insuficiente, aunque sea fundamental. La idea de categoría no basta. 

​Repito: la idea de categoría científica no basta. Decir que las ciencias son categorías no es suficiente. Y no basta, y no es suficiente, porque no todas las ciencias se explican desde una idea única y cerrada, uniforme y ortodoxa, preceptiva o intacta, de cierre categorial. Directamente: hay ciencias que no se explican, sin más, desde un cierre categorial.

El propio Bueno distinguió inmediatamente entre cierre y clausura. Nosotros tendremos que hacer muchas más distinciones. Nosotros tendremos que enfrentar la Teoría del Cierre Categorial a muchas más cosas de las que pudo enfrentarse Bueno. Si pensamos en la Matemática, o en la Geometría, todo casa fácilmente, en comparación con lo que ocurre con la Historia o con la Teoría de la Literatura. Es cierto que Bueno pensó en la Historia. Pero no es menos cierto que Bueno nunca pensó en la Teoría de la Literatura cuando redactó su Teoría del Cierre Categorial. Nosotros sí estamos obligados a hacerlo.

La Teoría del Cierre Categorial es fundamental, y marca un antes y después sobre el modo de hacer filosofía de la ciencia, pero este después está por hacer. Y este después no puede ser ―desde luego― ni una reiteración del antes, ni ―por supuesto― una dogmática del ahora. La Teoría del Cierre Categorial no es el final, sino el principio, la premisa, el fundamento, de toda una Filosofía de la Ciencia, la del Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento construido por Gustavo Bueno, que dispone de un muy fértil futuro por delante. 

Un futuro que excluye interpretaciones dogmáticas y preceptivas ortodoxas. Diré más: el futuro de la Teoría del Cierre Categorial depende, de forma decisiva, de las ciencias que se sirven sobre todo de las denominadas metodologías beta. Y depende de ellas porque las ciencias basadas en metodologías alfa no tienen nada que demostrar (por el momento). 

Y porque tampoco respecto a ellas la Teoría del Cierre Categorial ha sido extraordinariamente original. Ya he dicho que afirmar que la Matemática o que la Geometría son ciencias es hablar entre vencedores. Es predicar, o gobernar, para los ricos. El desafío lo constituyen materias como la Historia o la Teoría de la Literatura. 

No es la Teoría del Cierre Categorial la que desafía a la Teoría de la Literatura, o a la Historia, sino que son estas últimas, las realidades de la Historia o de la Teoría de la Literatura las que desafían a quienes puedan reducir la Teoría del Cierre Categorial a una Filosofía de la Ciencia destinada a interpretar solamente las ciencias de cuyo estatuto científico nadie duda desde la escritura y publicación de la Crítica de la razón pura, en 1781. Y Bueno no escribió, evidentemente ni de lejos, la Teoría del cierre categorial (1992) para publicar confirmaciones kantianas. 

En la Teoría del Cierre Categorial de Bueno hay mucho más de lo que se ha dicho ―y mucho más de lo que se ha interpretado― hasta el momento. Y en esas interpretaciones, las ciencias béticas (las basadas en metodologías β) tienen más futuro, y tienen más que decir ―porque sus exigencias son mayores―, que las ciencias alfabéticas (las capaces de articularse en metodologías α, las cuales, partiendo fenomenológicamente de las metodologías β, neutralizan, segregan o superan a estas últimas).
IVHay aspectos que requieren una revisión importante en la Teoría del Cierre Categorial, no para cuestionarla, sino para desarrollar sus competencias y posibilidades. La Teoría del Cierre Categorial no es un punto de llegada, sino de partida. No es una meta, ni una preceptiva, sino una premisa, un sistema abierto.

En primer lugar, hay que advertir algo muy revelador: desde 1992, en que se publican los 5 tomos de la Teoría del cierre categorial, hasta 2016, en que por desgracia se produce la muerte de Bueno, transcurren 24 años. 24 años es tiempo suficiente para ultimar la Teoría del Cierre Categorial. Pero Bueno no lo hace. Bueno no concluye la Teoría del Cierre Categorial. Dice que no interesa. Escribe libros sobre política, la felicidad, España, el pensamiento Alicia, etc… Pero algo tan decisivo como la Teoría del Cierre Categorial no se concluye. ¿Por qué? 

​No me convence la razón según la cual Bueno considera que no interesa. Basta que le interese a Bueno. No se escribe en función de los intereses de los demás. Mi interpretación: Bueno no concluye la Teoría del Cierre Categorial porque no ve claro el final. Porque constata demasiadas cosas. No lo ve claro. Y por eso no ultima la Teoría del Cierre Categorial. El desarrollo de la Teoría del Cierre Categorial ―a él debida― rebasa las posibilidades humanas de un único ser humano. La Teoría del Cierre Categorial es algo mucho más grande y poderoso de lo que inicialmente él pudo prever.

En segundo lugar, no podemos negar que la Teoría del Cierre Categorial está concebida inicialmente desde la placenta de las ciencias exactas, de las ciencias alfabéticas o alfaoperatorias, concretamente desde el conocimiento del patrón de determinadas ciencias exactas: Matemáticas y Geometría, esencialmente. Las basadas en las metodologías alfa. A partir de ahí, todo se despliega como una suerte de degeneración de las ciencias, objetivada esta degeneración en el uso de metodologías béticas (β operatorias), fundamentadas en una genealogía de las técnicas en las que es imposible disociar al ser humano. Por este camino desembocamos en las llamadas metodologías beta.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que la idea de cierre, que funciona muy bien en las metodologías alfa, no se logra a medida que nos aproximamos hacia los terrenos en los que operan las metodologías beta, y perdemos la capacidad de remontarnos hacia momentos o procesos alfa. De este modo, se tiende, en primer lugar, a identificar, con idealismo imperceptible, con formalismo próximo a un teoreticismo incompatible con el Materialismo Filosófico, las categorías y los cierres, y, en segundo lugar, a considerar que las ciencias de verdad, o son alfa, o son usos imperfectos de alfa. De ahí las «ciencias» béticas (β operatorias), que serían usos imperfectos de la idea de ciencia, procedimientos miméticos, degenerados o incluso paródicos de las ciencias alfabéticas (α operatorias).

Pero ocurre, en cuarto lugar, que una vez construida toda la Teoría del Cierre Categorial ―toda tal como la conocemos hoy―, resulta que el peso, el centro de gravedad de todo, no recae en las ciencias, sino en las metodologías. Y eso es algo imprevisto. Algo que, incluso, aún no se ha examinado con la debida atención. Algo sobre lo que no se ha pensado desde el punto de vista de sus consecuencias… que son muy graves. Porque resulta que la Teoría del Cierre Categorial de Bueno plantea, en última instancia, que no hay ciencias, sino metodologías (alfa y beta), usadas por diferentes ciencias, y no de forma exclusiva ni excluyente por cada una de ellas. 

El transporte de metodologías (alfa y beta) entre ciencias es innegable. Y en esta translatio methodologicae están muchas claves. La Jurisprudencia, la Ecdótica y la Historia pueden usar metodologías alfa en pruebas de adn para identificar a un criminal, para disponer un gráfico de estemas o para datar la antigüedad de un manuscrito. Y si la Jurisprudencia, la Ecdótica o la Historia se consideran ciencias es porque institucionalmente, o incluso industrialmente, utilizan metodologías alfaoperatorias, de las que resultan neutralizadas operaciones y sujetos humanos, que han intervenido en operaciones y fenómenos de partida, donde han coexistido con metodologías betaoperatorias. 

El cierre categorial viene dado por el uso alfabético de las metodologías, y no por el uso bético de las ciencias, porque en Jurisprudencia, Ecdótica e Historia, como en otras muchas ciencias, el cierre y la categoría no son determinantes de casi nada. En las ciencias béticas (β), el cierre y la categoría no están en sincretismo, como sí ocurre con las ciencias alfabéticas (α), sino que en ellas su cierre y su categoría dependen de las exigencias institucionales y de las posibilidades industriales.

En quinto lugar, hay que asumir que, de aceptar lo expuesto en el punto 4, no hay ciencias, sino metodologías. Y algo más grave: que la idea misma de categoría entra en crisis, y que por ello mismo exige inmediatamente una reconsideración o reinterpretación. Y a continuación la idea misma de cierrepuede resultar más irrelevante de lo que se piensa, porque deja de ser un imperativo de exigencia científica para convertirse en un indicativo de umbrales de cientificidad o de franjas de verdad. Y porque si cuanto se acaba de exponer es como es, entonces:

El cierre es metodológico, no científico, porque no es categorial, salvo cuando ciencia y metodología coinciden o están en sincretismo: es el caso de la Geometría. También es el caso de la Matemática. Cuando no hay ese sincretismo entre ciencia y metodología, el cierre no funciona bien… hay que hacer enmiendas, excepciones, introducir los desenlaces beta, y de nuevo hay que hacer más enmiendas, más correcciones, y moverse una y otra vez en la interinidad de las soluciones béticas. Las categorías, o ciencias, son construcciones que responden a exigencias no científicas (alfa o beta operatorias, así funcionan las metodologías, no las ciencias, que ya serían resultado de metodologías), sino a exigencias políticas, hedonistas, bélicas, informáticas, económicas, desde el confort hasta la guerra, pasando por la ordenación de datos o territorios hasta la navegación interestelar, por ejemplo. 
Hay razones para suponer que la Teoría del Cierre Categorial está in medias res. Creo que Bueno no la concluyó porque no supo cómo hacerlo de forma satisfactoria. Las insatisfacciones de la Teoría del Cierre Categorial vienen de la mano de las artes, de las Letras… y, sobre todo, de la Literatura, acaso la más cínica de todas las artes. Hoy, al enfrentarnos a la Teoría del Cierre Categorial no podemos ignorar el desafío que suponen las artes. La solución más fácil es negar el estatuto de ciencia a estas materias, y asunto resuelto. Pero eso es como curar el dolor de cabeza mediante la decapitación del personal: una persona sin cabeza es una persona sin dolores de cabeza.

Hoy no podemos negarnos a resolver problemas esenciales propios del funcionamiento de aquellas actividades humanas que no son exactas, como es el caso de la Geometría y la Matemática. Un intérprete del Materialismo Filosófico que no supere estas limitaciones es un intérprete que está negando al Materialismo Filosófico posibilidades esenciales de estructuración y desarrollo en un «presente en marcha». 

Dicho de otro modo: la Literatura no puede ser un muro de contención para el Materialismo Filosófico. O de otra manera, si se prefiere: la Literatura no puede ser el terreno donde el irracionalismo posmoderno campee por sus respetos. Algo que, desde Platón, ha ocurrido en cierto modo con los irracionalismos de todos los tiempos, que prostituyeron la literatura como a los ignorantes de cada época y lugar les ha dado la gana. La Literatura no puede ser el estercolero de las ideologías, de los irracionalismos y de las necedades. Ni la Teoría de la Literatura puede ni debe ser la sala vip de los idealistas más insipientes. 
VUn problema importante al que hoy ha de enfrentarse el intérprete de cualquier cosa, y el intérprete del Materialismo Filosófico no es una excepción, es la inflación de interpretaciones: todo son interpretaciones. Debates, artículos, vídeos, entrevistas, declaraciones, páginas de internet, blogs, redes sociales, réplicas y contrarréplicas, etc. Se habla más que se escucha, se escribe más que se lee, se discute más que se piensa, se debate más de lo que se vale. Y a veces se olvida que cuantas más personas hablen contigo acerca de lo que escribes, menos vale lo que dices, lo que haces y lo que escribes.

Si Bueno dice que la literatura es una materia que puede y debe analizarse mediante conceptos, unos entendemos que «mediante conceptos científicos», y otros entienden que «mediante conceptos técnicos». Si unos en Bueno entendemos esto, otros, en el mismo texto del mismo Bueno, entienden lo contrario. Y compruebo que esta hermenéutica se generaliza a casi todo lo escrito por Bueno, especialmente en relación con la Teoría del Cierre Categorial. 

No significa esto que Bueno no sea claro y distinto cuando escribe, sino que una Filosofía de la Ciencia como es la Teoría del Cierre Categorial es algo que da lugar a interpretaciones conflictivas, incluso entre sus propios discípulos directos. Lejos de lograrse un consenso, la complejidad de las interpretaciones crece. Sus consecuencias son aún imprevisibles, pero, sin duda, no serán estériles. Ahora bien, que las consecuencias sean fértiles no significa que todos los debates que tiene lugar sean, también, fértiles. 

Las discusiones excesivas, inadecuadas o simplemente reiterativas, son signos de impotencia e incluso de ignorancia. Cuanta mayor es la frecuencia de una misma discusión más se aproximan sus contenidos al kitsch, al incurrir una y otra vez en recurrencia de temas y en recursividad de procedimientos. En más de una ocasión he tenido la impresión de que ante la Teoría del Cierre Categorial no hay hechos, sino debates, y que las interpretaciones de la Teoría del Cierre Categorial no dejan ver la Teoría del Cierre Categorial.

De cualquier modo, quiero insistir actualmente en algo que me parece muy importante, y es lo siguiente.

En primer lugar, observo que la Teoría del Cierre Categorial está sin rematar, sin concluir, y que lo está en varios puntos esenciales. Su planteamiento esencial está hecho, pero no se puede pretender que un solo hombre, aunque este hombre haya sido un gigante como lo fue Gustavo Bueno, pueda concluirla, y pueda prever todos los enfrentamientos dialécticos a los que ha de sujetarse, confrontarse y concurrir una Filosofía de la Ciencia como la Teoría del Cierre Categorial. 

Esta Teoría de la Ciencia requiere la intervención de más de una persona. Y requiere la intervención de profesionales ―de varios profesionales, no de uno sólo― de ámbitos científicos no previstos inicialmente por Bueno en la redacción inicial de la Teoría del Cierre Categorial. Porque sólo desde las ciencias alfabéticas o alfaoperatorias (α) no se puede dar cuenta de lo que es la Teoría del Cierre Categorial. Porque la Teoría del Cierre Categorial es superior e irreductible a las metodologías α operatorias. Sorprende cómo esta obviedad se ignora de forma tan frecuente como portentosa. Si alguien cree que la Teoría del Cierre Categorial se puede presentar en sociedad, es decir, exponer académicamente en cualquier foro nacional o internacional, de espaldas a las artes en general, y muy en particular de espaldas a la literatura, que se retire ahora mismo del panorama académico. Y que abra una página en internet para contar en ella sus cuitas (no le faltarán fracasados que le acompañen). Porque la realidad es otra cosa. Y la realidad de la literatura es otra cosa pero que muy diferente. 

Dicho de forma directa: sin Literatura y sin Teoría de la Literatura la Teoría del Cierre Categorial no pasa su prueba de fuego. Para decir que la Matemática, o que la Geometría, es una ciencia, no necesitamos la Teoría del Cierre Categorial. Eso ya lo sabíamos antes de Bueno. Y antes de Kant. Y antes de Platón también. Si lo que hacemos no sirve para ganar terreno al irracionalismo, entonces lo que hacemos no sirve para nada (salvo para entretenerse como niños o adolescentes en debates de internet, sucedáneo de videojuegos). Si la Teoría del Cierre Categorial no sirve para delimitar y definir, así como para explicar y defender, el estatuto gnoseológico de las denominadas por los idealistas «ciencias humanas», entonces no habrá servido para nada.

En segundo lugar, no podemos usar la Teoría del Cierre Categorial para explicar obviedades que todos sabemos y que nadie discute a estas alturas de la Historia (por el momento…): que las ciencias basadas en metodologías alfa son ciencias, y que las otras «ciencias» ―las basadas en las metodologías beta― no son ciencias. Eso ya se decía y ya se sabía antes de 1992, y mucho antes de que Bueno concibiera y redactara la Teoría del cierre categorial. Y porque por ese camino, al distinguir solamente entre ciencias béticas (β) y ciencias alfabéticas (α), volvemos al dualismo de partida, del que precisamente siempre quisimos huir, para superarlo y evitarlo, por idealista, simplista y retórico: ciencias humanas / ciencias naturales.

En tercer lugar, es innegable que la Teoría del Cierre Categorial ignora la ontología de la literatura. No tiene por qué incluirla inicialmente. Pero que Bueno no la haya tenido en cuenta ―por muchas razones― no nos exime a nosotros de ello: no se justifica hoy esta ignorancia. La Teoría del Cierre Categorial, originariamente, no hace ninguna referencia a la literatura. Ni a la Teoría de la Literatura. Hay menciones a la Lingüística. Hay interpretaciones sobre la Historia. Pero el examen de la Literatura es inexistente. Y de la Teoría de la Literatura se ignora absolutamente todo. 

En consecuencia, Bueno nos deja una Filosofía de la Ciencia desde la que, en principio, no se sabe cómo afrontar gnoseológicamente lo que la Literatura es y exige. Y reitero: que Bueno no se haya referido a la Literatura en su Teoría del Cierre Categorial no significa que nosotros debamos ignorarla, ni que tengamos que defender una Filosofía de la Ciencia de espaldas a la Literatura, una Teoría de la Ciencia nihilista respecto a la Teoría de la Literatura, o simplemente ignorante respecto a los materiales literarios. Insisto: que nadie espere que la Teoría del Cierre Categorial triunfe de espaldas al arte y a la literatura.

En cuarto lugar, se ha constatado, sobre todo tras la elaboración y publicación de la Crítica de la razón literaria (2017), que si aplicamos a la Ontología de la Literatura los criterios gnoseológicos de cierre y de categoría, según la Teoría del Cierre Categorial, el resultado, en unos casos, se acepta como un acierto y, en otros casos, se rechaza como un error[1]. Pero ocurre que quien tilda de error esta aplicación responsabiliza a la literatura del fracaso de este resultado, pero no a la Teoría del Cierre Categorial, tal como esta Teoría del Cierre Categorial está planteada por estos mismos intérpretes. Y algo así es incurrir en teoreticismo puro: si la teoría no puede funcionar ―en este caso la Teoría del Cierre Categorial―, es porque la realidad ―la Literatura― está mal. 

Utilizar la Teoría del Cierre Categorial como una preceptiva gnoseológica es privarla de roturar terrenos que, al negarlos, se ceden impunemente a los irracionalismos más contemporáneamente posmodernos: desamparamos la Historia, que resulta engullida por la mitología nacionalista; abandonamos la Lingüística y la Filología, que quedan en manos de culturalistas nostálgicos de toda barbarie, donde las lenguas inútiles e inventadas reemplazan una realidad verbal construida durante siglos históricos y decisivos; ignoramos la Literatura, y desautorizamos ―con Jacques Derrida y Terry Eagleton― la Teoría de la Literatura, junto con la interpretación científica de la Literatura, a la par que entregamos la Literatura Española a la disolución histórica, literaria e ideológica del mundo académico anglosajón, el cual, sin duda, estará encantado de aceptar que el Quijote de Cervantes no vale más que el código de barras de un envase de mantequilla, porque todo es texto: el código, la mantequilla y el Quijote. Con el beneplácito, incluso, de un Materialismo Filosófico que, de este modo, nace muerto. No es mi caso: queda advertido.

Sabemos, en quinto lugar, que la Teoría del Cierre Categorial organiza las ciencias en función de las metodologías alfa y beta. De este modo, la ontología de las ciencias resulta articulada y reorganizada desde la gnoseología de las metodologías alfa y beta. La operatoriedad de las ciencias es, en suma, la operatoriedad de las metodologías alfa y beta. En consecuencia, las ciencias resultan ser sistemas o conjuntos sistemáticos de metodologías, las cuales metodologías se organizan según intenciones diversas, pero siempre determinadas estas intenciones ―industrial o institucionalmente― por una ontología que las coordina, es decir, por unos materiales que constituyen el campo ontológico y gnoseológico desde el que opera esa ciencia, y sobre el que el sujeto gnoseológico pone a trabajar, pone a operar, a las metodologías alfa y beta. 

De este modo, la ontología es la base de gnoseología, y no la dejamos fuera en ningún momento. Ahora bien, más allá del formalismo y del teoreticismo desde el que a veces se tiende a concebir la Teoría del Cierre Categorial, como una configuración inmanente de las propias ciencias, ajenas a todo lo demás, y cerradas en sí mismas por sus campos categoriales ―campos que en realidad se cierran y se abren con la llave de las metodologías alfa y beta operatorias―, hay que tener en cuenta que tanto el concepto de cierre como el de categoría dependen operatoriamente de actividades empresariales o industriales ―que hacen posible la operatoriedad científica― y de realidades políticas o institucionales ―que las promueven o proscriben―. 

El Derecho no existe porque sus contenidos sean científicos, sino porque se juzga políticamente en nombre de un Estado, y para ello se concitan múltiples metodologías, alfa y beta operatorias, desde las pruebas de adn hasta informes periciales del más variado pelaje científico. En consecuencia, el «cierre categorial» del Derecho tiene más que ver con cualquier cosa antes que con la «ciencia» que presuntamente pueda o no llegar a ser. Sin una Academia, la Geometría no sería algo más que una técnica de demarcación agrícola. 

El cierre categorial de la Geometría no se produce en los labradíos, sino en la Academia platónica. El cierre categorial de la Química tiene más que ver con la Universidad que con los laboratorios de alquimia. Sin instituciones políticas y sin empresas o industrias, ni las ciencias, ni sus cierres categoriales, serían posibles. Las ciencias, por sí mismas, no cierran nada: son las metodologías alfa y beta las que, formalmente, y siempre de modo provisional, demarcan los posibles cierres de cada campo categorial, que sólo desde la actividad industrial, previa o simultáneamente desarrollada, la realidad política o institucional del momento tiene poder para sancionar o silenciar, promover o condenar. Esto no es sociología de la ciencia: esto es la realidad de las ciencias.

En sexto lugar, se constata que el peso de la Teoría del Cierre Categorial está en las metodologías alfa y beta operatorias, en sus distintos grados, franjas y umbrales de cientificidad, y en sus recorridos de progreso y de regreso por los terrenos de la ontología delimitadora de cada campo categorial. Pero, si bien quienes ponen los límites y los cierres a estas categorías son, desde un punto de vista inmanente, las metodologías alfa y beta, ocurre, sin embargo, que, por lo que se refiere al ejercicio científico de hecho, son las empresas y las instituciones políticas humanas las que agrupan y organizan ontológicamente, según funciones industriales y políticas, los usos de estas metodologías alfa y beta operatorias, funciones que, en última instancia, hacen que las ciencias funcionenoperen de hecho y de derecho

De ahí la importancia no de la sociología de la ciencia, sino de la industria y de la política de las ciencias. Dicho de otro modo: la literatura puede usar metodologías alfa y beta (desde el carbono-14 o el adn hasta los estemas y la métrica), pero también la criminología puede usar el adn y el carbono-14, cuando la ontología literaria nada tiene que ver con la ontología jurídica. Luego las categorías literarias y las categorías jurídicas no se ordenan ni delimitan en función de sus presuntos cierres categoriales, sino en función de las metodologías alfa y beta operatorias en ellas concurrentes, metodologías que se usan y se trasladan de unas categorías a otras, no como si nada, no gratuitamente, sino en función de una realidad ontológica determinada por razones muy diferentes entre sí y muy poderosas ante otras alternativas que quedarán relegadas, como pueden ser conflictos civiles, bélicos, económicos, hedonistas, etc., pero sobre todo por razones de tipo empresarial e industrial y político o institucional. 

​La mayor parte de las ciencias deben su nomenclatura y denominación, y su razón misma de ser, a razones empresariales y políticas, y no metodológicas ni realmente científicas.

En consecuencia, y en séptimo lugar, la Teoría del Cierre Categorial requiere una revisión y acaso una atenuación del criterio de categoría, no por razones ontológicas, que no se discuten, ni por razones gnoseológicas, que tampoco se discuten, sino simplemente por razones funcionales, de orden institucional y político, estatal, es decir, por razones de Estado, porque un mismo material (ontológico) puede ser intervenido (gnoseológicamente) por varias metodologías alfa y beta operatorias, con total independencia, y con total indiferencia, de que tales materiales ontológicos sean literarios, zoológicos, humanos, jurídicos, carboníferos o marinos, es decir, con total independencia de su posible cierre categorial

Los cierres no son categoriales, sino metodológicos. Las ciencias son construcciones políticas, estatales, institucionales, industriales, empresariales. Y las metodologías (alfa y beta), aunque delimiten los cierres y campos categoriales, están en función de las actividades empresariales e industriales, y bajo la jurisdicción de las instituciones políticas y estatales. Las ciencias sólo son modos basales, conjuntivos y corticales de organizar estas metodologías (alfa y beta operatorias).VI​Podríamos afirmar que no hay ciencias, sino metodologías (alfa y beta). También podemos afirmar que hay umbrales de verdad o franjas de verdad, y no ciencias exactas (en realidad no hay ninguna ciencia exacta, la idea de ciencia exacta es resultado formalista de una hipermiopía gnoseológica). Las ciencias mismas son construcciones diaméricas, no metaméricas: no son todos enterizos, completamente identificables con metodologías alfa o beta, sin más. 

En realidad, ocurre justo lo contrario: en todas las ciencias hay metodologías alfa operatorias y metodologías beta operatorias, porque tales metodologías operan en un auténtico traslado categorial, de unas ciencias a otras. La Historia usa el carbono-14 con el auxilio de la Química, del mismo modo que para el mismo fin puede servirse de la Filología o de la Lingüística forense con objeto de determinar que un documento como la donación de Constantino es apócrifo. La Química, por sí sola, no puede datar la fecha de un manuscrito. Eso sólo puede hacerse desde la Historia, convocando desde la propia Historia metodologías alfa procedentes de la Química.

Además, cuando hablamos de cierre categorial usamos una metáfora ―concretamente una metáfora de genitivo (cierre de categorías)―, porque la categoría no cierra, pues lo que se cierra en realidad son operaciones metodológicas alfa, ya que se ha decidido que las beta no cierran nada, ¿no es cierto? Además, sólo hay cierre cuando las categorías son puras operaciones metodológicas: las ciencias son científicas cuando las metodologías son científicas. 

Lo que llamamos ciencia es una propiedad de las metodologías. Algunos limitan esta propiedad científica exclusivamente a las metodologías alfa (α), como si las ciencias basadas en metodologías beta (β) no fueran ciencias en absoluto. Sólo cuando el sincretismo entre categoría (en tanto que ciencia) y metodologías sistemáticas (en tanto que metodologías alfa) es prácticamente absoluto (como ocurre con la Matemática y la Geometría) entonces el cierre metodológico es también categorial o científico. 

​Pero ocurre que la gestión de las ciencias no es científica, en realidad, sino empresarial o política, institucional o estatal, porque sólo las empresas y los Estados tienen poder y / o dinero para gestionar y ejecutar una operación científica relevante. ¿Puede un materialista filosófico soslayar este hecho? Si hablamos de Literatura, es porque hay literaturas nacionales. Al margen del Estado, no hay Literatura. Si hablamos de ciencias, es porque hay empresas y Estados que hacen posible las ciencias, y que gestionan sus operaciones, sus ejecuciones y sus construcciones.VII​A mi juicio, Bueno trabaja, entre otras, con al menos cuatro variantes esenciales en su Teoría del Cierre Categorial:
 Impugnación de las clasificaciones dicotómicas o binarias de las Ciencias (Culturales / Naturales).Metodologías α-operatorias y Metodologías β-operatorias.Procesos de Progresión (progressus) y Regresión (regressus) de las Ciencias.Principio de Neutralización o segregación de las Operaciones. 
A mi entender, la interpretación que en varios casos se ha hecho de la Teoría del Cierre Categorial incurre en confundir ciencias y metodologías, y en subordinar casi todo a la supresión total o metamérica del sujeto, es decir, a neutralizar las operaciones en términos absolutos, sin reconocer umbrales de cientificidad o franjas de verdad, es decir, sin considerar la realidad diamérica de las ciencias. Por otro lado, la Teoría del Cierre Categorial se ha aplicado con éxito y convicción a la Matemática y la Geometría, con ejemplos recurrentes, pero más propios de una clase de bachillerato o de Universidad que de una Filosofía de la Ciencia que se proponga competir con Kuhn o Lakatos, por ejemplo. 

​Y esos límites hay que superarlos. Los ejemplos de identidades sintéticas fuera de la Matemática o de la Geometría escasean, y, cuando se proponen, de inmediato se niegan y discuten, inhabilitando de este modo el uso de la Teoría del Cierre Categorial en las categorías y actividades humanas que, como la Historia o la Teoría de la Literatura, usan metodologías alfa operatorias importadas de otras ciencias, como la Química o la Estadística.

​Se observa, además, que cuando se trata de huir del punto 1 (impugnación de las clasificaciones dicotómicas o binarias de las Ciencias), es para caer en la reducción del punto 2: dicotomía Metodologías α-operatorias y Metodologías β-operatorias. ¿Qué sentido tiene negar un dualismo (idealista) para incurrir en otro (materialista)? Y finalmente se niega, de forma dogmática incluso, que las metodologías beta sean ciencias, con lo cual, ¿en dónde está la coherencia respecto a la discriminación de Bueno entre Metodologías α-operatorias y Metodologías β-operatorias? ¿En dónde queda, llegados a este nihilismo gnoseológico, el título y la obra de Bueno sobre el estatuto gnoseológico de las denominadas ciencias humanas?[2]

Y aún hay más: Bueno habla siempre de umbrales de verdad o de franjas de verdad, como si se tratara de un espectro que va desde las metodologías alfa 1 a las beta 2, es decir, de una gradación de cientificidad articulada en su clasificación hexagonal de las ciencias, a las que yo he dado en la Crítica de la razón literaria, simplemente para hacerlas más comprensibles a los filólogos, la siguiente nomenclatura, respetando siempre la formulación y el contenido de Bueno:
 Ciencias Naturales o ciencias de regresión extrema (Metodologías α-1).Ciencias Computacionales o ciencias de progresión media-genérica (Metodologías α-2-I).Ciencias Estructurales o ciencias de progresión media-específica (Metodologías α-2-II).Ciencias Reconstructivas o ciencias de regresión media-genérica (Metodologías β-1-I).Ciencias Demostrativas o ciencias de regresión media-específica (Metodologías β-1-II).Ciencias Políticas o ciencias de progresión extrema (Metodologías β-2). 
Ciencias son las 6, pero los umbrales de cientificidad más intensos están en el 1 y los menos intensos en el 6, es decir, desde las alfa 1 hasta las beta 2. Éste es el planteamiento de la Crítica de la razón literaria aplicado a los materiales literarios, y que, como se ve, es, literalmente, el planteamiento de Bueno, tal cual. Interpretación que hoy ratifico y suscribo por completo. He dicho con anterioridad que con el Materialismo Filosófico de Bueno, sin más, no se puede interpretar la Literatura. Bueno no hizo, ni lo pretendió nunca, una Teoría de la Literatura. Nunca fue su objetivo. Su obra contiene páginas muy importantes sobre literatura y sobre filosofía de la literatura, pero su obra no es, ni quiso serlo jamás, una obra de Teoría de la Literatura. Con la Crítica de la razón literaria sí se puede usar el Materialismo Filosófico de Bueno para interpretar la Literatura.VIIIEn conclusión, me atrevo a proponer:

Que las ciencias no pueden reducirse sólo a las metodologías alfa.Que hay umbrales o franjas de verdad, es decir, gradaciones o grados de cientificidad. 
Y me atrevo a ir acaso más allá de la Teoría del Cierre Categorial, y postular:

Que el núcleo de la Teoría del Cierre Categorial no está tanto en la idea de ciencia cuanto en la idea de metodología.Que gnoseológicamente no hay ciencias ―porque las ciencias son productos institucionales e industriales, políticos y empresariales―, sino metodologías alfa y beta operatorias.Que la idea de categoría queda rebasada de hecho en el ejercicio científico, es decir, en la práctica de las ciencias, porque resulta reorganizada empresarial e institucionalmente desde realidades más amplias que engloban, articulan y gestionan todas estas categorías, como son las empresas y las instituciones políticas, es decir, la Industria y el Estado. 
Esto no es una puesta del revés o una eversión de la Teoría del Cierre Categorial, sino sólo una interpretación que pretende abrir nuevas aplicaciones de esta Filosofía de la Ciencia, absolutamente fundamental para el racionalismo crítico, y cuyo artífice, desde el Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento, ha sido Gustavo Bueno.
 
 
 
Bibliografía

Bueno, Gustavo (1992), Teoría del cierre categorial, Oviedo, Pentalfa (5 vols.)Maestro, Jesús G. (2017), Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría, Crítica y Dialéctica de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (3 vols.)Notas

[1] No entro aquí a valorar ni una ni otra postura, pues la mayor parte de quienes hasta el momento se han pronunciado sobre este aspecto ―tanto a favor como en contra― no han leído la Crítica de la razón literaria, sino que juzgan por lecturas parciales de algunos de mis trabajos publicados en internet, de vídeos docentes que he grabado, o simplemente por celos, envidia ―la forma más siniestra de admiración― o amistad. Por lo demás, tengo que reconocer que me importa un pito lo que la gente haga respecto a lo que yo hago. Lo que yo pienso y escribo no depende de lo que los demás piensen o escriban. Hace muchísimos años que ―con mi trabajo― he comprado mi libertad.

[2] Véase en este enlace la documentación correspondiente a las conferencias sobre el Estatuto Gnoseológico de las Ciencias Humanas, impartidas en la Fundación Juan March en 1973, y disponibles en 6 volúmenes mecanografiados y policopiados, desde 1976, hoy accesibles desde esta página web gracias a la Fundación Gustavo Bueno: http://fgbueno.es/gbm/egch.htm
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Categorías de las Ciencias Políticas, desde el Materialismo Filosófico. Sobre la capa cortical del cuerpo político.

Gustavo Bueno desarrolla una propuesta innovadora, materialista, acerca de lo que se conoce como Ciencias Políticas y sobre la llamada Filosofía Política.

Superando la clásica teoría de los tres poderes y su división o “supuesta independencia”, derivada de John Locke, y su modelo de democracia parlamentaria, y luego de las repúblicas liberales al estilo de la que dio lugar a los actuales Estados Unidos de Norteamérica. Gustavo Bueno plantea una serie de conceptos e ideas que expuso , en una primera obra ( Primer Ensayo sobre las categorías de las Ciencias Políticas ) y en posteriores libros y artículos, además de en varios videos, las táselas, o filmados a partir de conferencias, cursos en la Escuela de Filosofía de Oviedo o Universidad de La Rioja , etc.

Es muy importante tener en cuenta que las tres capas del cuerpo de las sociedades políticas, o Estados, forman parte de una estructura esencial que envuelve al núcleo mismo del cuerpo político: dado éste en el eje circular del Espacio Antropológico. CITA del libro de G Bueno mencionado:

” La capa basal, que en sí es económica, se hace política (económico- política) cuando se representa como objetivo de los planes y pro- gramas de la sociedad política; y no hay sociedad política, por liberal que ella sea, que pueda dejar de incluir una capa basal “

Consulta fundamental para el análisis y la crítica del concepto de CAPA CORTICAL, desde las tesis del Materialismo Filosófico acerca de las categorías de las Ciencias Políticas: Una exposición muy útil la encontramos en el Diccionario Filosófico, de Pelayo García en esta entrada http://www.filosofia.org/filomat/df597.htm RAMAS Y CAPAS DEL PODER POLITICO . MODELO CANÓNICO GENÉRICO DE LA SOCIEDAD POLITICA