"Cuando un actor engaña hace su trabajo, cuando un político engaña, lo que hace es traicionar a su país". (Un análisis de la situación actual de España frente a los secesionistas , por Pablo Huerga Melcón)

PABLO HUERGA MELCÓN 
04/09/2017 05:00 H

FUENTE https://www.lavozdeasturias.es/noticia/opinion/2017/09/04/tomo-partido/00031504476200501607692.htm?fbclid=IwAR3ssADrOJMbw-HdZJsuPFnBDL0ppFPv-M_GYGKNlN1LhBtNsaSiBulsZak

Retórica en la Política: es una actividad llena de riesgos, muchas veces graves y de nefastas consecuencias. Especialmente si va unida a la ruindad política, y a la vileza ético-política.

YO TOMO PARTIDO

Quiero referir aquí algunas ideas que han surgido en una conversación entre amigos, preocupados abiertamente por el problema de España, en relación con el asunto de Cataluña, por su pudiera resultar de interés. Aunque han surgido espontáneamente, creo que son cuestiones que merece la pena tener en cuenta.

¿Por qué la defensa del Estado ha pasado a ser materia política sólo de los partidos de derechas en España? Los partidos tradicionalmente definidos como pertenecientes a las corrientes ideológicas consideradas de izquierda han renunciado a España. Es cierto que, como advierte Bueno en su libro El mito de la izquierda, no todas las ideologías de izquierda son iguales. Admitamos que en la izquierda cabe distinguir al menos dos grandes corrientes con respecto a la propia idea de Estado: las que llama Bueno definidas, y las que llama indefinidas. Indefinidas son aquellas corrientes ideológicas de izquierda que gestionan sus ideales al margen del estado, e incluso contra el estado, como el Anarquismo. Podemos e Izquierda Unida practican ideales que les mantienen siempre en una posición ética que les induce a considerar al estado como algo accesorio, o incluso necesariamente represivo. El PCE, desde luego, al alimentarse de la ideología marxista podría situarse en esta línea, toda vez que el marxismo aspira a la abolición de todo estado. Pero la práctica comunista está matizada por el ejemplo soviético del llamado «socialismo en un solo país», tal y como quedó definido por el estalinismo. Precisamente por eso las izquierdas marxistas trotskistas siguen siendo izquierdas indefinidas, y por lo tanto, resulta de todo punto imposible en ese ambiente encontrar una clara posición patriótica. En estas corrientes de izquierda indefinida, incluso marxista, la concepción de la historia como lucha de clases ha hecho muy difícil contemplar la evidencia de que la lucha de clases sólo puede tener lugar en el entorno del estado, y sólo en él es posible el ejercicio de la emancipación de la clase trabajadora. Sin embargo, el día 12 de mayo de 1941 escribía Dimitrov: «Entre el nacionalismo correctamente entendido y el internacionalismo proletario no existe y no puede existir contradicción alguna. El cosmopolitismo sin patria, que niega el sentimiento nacional y la idea de patria, no tiene nada en común con el internacionalismo proletario». Claro que citar a Stalin es un anatema. No obstante, es necesario reconocer que entre los partidos de izquierda españoles ha sido el PSOE el que ha mantenido una posición definida, lo que explicaría, quizás, más allá del oportunismo estratégico, su renuncia al marxismo como doctrina ideológica nuclear.

El estado moderno es el instrumento que permite la redistribución de la riqueza, la justicia social y la igualdad de oportunidades. Pero todo estado está en dialéctica con otros, y en ese conflicto entre estados se configuran los verdaderos problemas de la libertad, la justicia, la igualdad, etc., porque no todos los estados tienen la misma fortaleza. La fortaleza de cada estado depende fundamentalmente de la organización de lo que llama Bueno la capa basal, es decir, el entramado técnico y productivo que conforma la vida de una sociedad. La capa basal de cada estado es diferente y está definida por el territorio y su organización productiva, también por el idioma, y todos aquellos elementos culturales objetivos e intersubjetivos que conforman la conciencia, etc. (Por supuesto, la capa cortical que conforma las fronteras y los ejércitos determina también la fortaleza de cada estado, así como la organización social, lo que Bueno llama la capa conjuntiva.) La fortaleza de un estado garantiza la libertad de los individuos que lo conforman, con respecto a la fortaleza de otros estados con los que está en permanente conflicto. El territorio y su conformación productiva es fundamental para el ejercicio de la justicia social y la redistribución de la riqueza.

Pero la capa basal no se desarrolla de modo uniforme, porque está determinada por el estado de desarrollo de las técnicas y las ciencias de cada época, por el desarrollo de los medios de producción. Por ello, en cada territorio se producen por así decir, focos de desarrollo que son fundamentales para el conjunto y cuya riqueza, por la solidaridad que los mantiene unidos frente a otros estados, se redistribuye y acrecienta. Ocurre que, en España, Cataluña ha sido uno de esos territorios, no el único afortunadamente, que ha recibido toda la fuerza del estado para acrecentar su capacidad productiva: medios de producción y fuerzas productivas, porque ha sido enriquecida con el trabajo de miles de hijos de España que dejaron allí su vida, sus capacidades, sus esfuerzos, su trabajo durante décadas, como ha ocurrido también en otras regiones.

Pero ocurre siempre y eso no es nuevo, que algunos políticos e ideólogos, bajo determinadas condiciones, haciendo ejercicio de un idealismo simplista, pueden comenzar a considerar que el mayor despliegue económico y productivo de algunas de estas regiones es fruto de su propio ser, de su idiosincrasia particular, -incluso de sus genes, ha dicho algún político nefasto. No cabe duda de que este idealismo es expresión de una posición de estirpe fascista que niega la evidencia de que su éxito procede de la contribución del conjunto de la sociedad y debe ser precisamente aprovechado para el conjunto de la sociedad. Se trata de una ideología típica procedente de la clase dominante, en este caso, de esta región determinada. El estado, un estado social, debe ejercer la fortaleza que le otorga su carácter solidario y redistributivo, su función como instrumento de la justicia distributiva, para socavar, y aplacar lo antes posible estas actitudes insolidaridas con el resto de la nación, después de haberse beneficiado del esfuerzo común.

Tradicionalmente habrían de ser los partidos políticos de izquierda quienes se encargasen de defender y sostener el estado como instrumento de la justicia social, para mitigar y afrontar la inevitable lucha de clases dada en su seno. Sin embargo, no entienden que la dialéctica entre la ideología nacionalista esgrimida por el gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña y España es precisamente expresión de esa misma lucha de clases, en la cual una élite política, amparada por el abuso sistemático de sus propias atribuciones de autogobierno, pretende adueñarse y apropiarse de una parte sustantiva del entramado productivo de la capa basal de España, ¡pero también de parte de su territorio y, lo que es peor, de parte de su población!, contraviniendo el principio de redistribución de la riqueza y la justicia social.

Aparentemente es un conflicto de tipo político e ideológico basado en la idea espuria del sentimiento nacional alimentado por criterios racistas y xenófobos, que ha sido promocionado por los medios a su disposición, entre ellos la escuela pública estatal «nacionalizada» al servicio de sus intereses, y los medios de comunicación. Pero en realidad se trata de una expresión particular de la lucha de clases que se lidia en el seno de España, entre una élite económica y política que pretende adueñarse de parte de la riqueza nacional ubicada por razones históricas y productivas en esa parte del territorio español y el resto de la nación española que ha contribuido a esa riqueza y desarrollo con el fin de promocionar y mejorar la vida de todos los españoles. Esa lucha de clases tiene consecuencias nefastas tanto para la región de Cataluña como para el resto de España, porque en caso de dar lugar a la separación en dos países, habríamos perdido en fortaleza ambos, y por tanto también en libertad, y en justicia social.

La pregunta siguiente es a quién podría beneficiar semejante secesión. Sin duda, a esas mismas élites económicas y políticas que lo han promocionado en Cataluña, a nadie más. Ningún otro español se beneficiará de esa secesión. Sin embargo, fuera del territorio español, claramente, y teniendo en cuenta que España es una nación en conflicto con otras, y que esa dialéctica de estados es la que regula las relaciones internacionales, sólo podría beneficiar a aquellos países con respecto a los cuales España puede ser un difícil contrincante, o un contrincante con el que hay que andarse con ciertas prevenciones y respeto. ¿Qué países podrían estar detrás del secesionismo catalán? -no lo sabemos, y por supuesto no lo sabrán todos aquellos que verdaderamente, y de modo incauto, dan su apoyo sin reservas a esta traición, por las calles y las plazas, pero desde luego sí lo sabrán aquellos que gobiernan actualmente en Cataluña. Por tanto, no cabe duda: el Gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña está traicionando a la patria, como ya lo denunció el presidente de la II República, Don Juan Negrín, cuando en medio de la Guerra Civil se encontraron con el mismo problema. No hay otro modo de definirlo.

Pero también pueden ser cómplices aquellos que lo apoyan o lo animan, aunque sea por razones humanitarias, por un cosmopolitismo indefinido, mientras que los valores básicos de la clase obrera: un trabajo digno y asegurado, adecuado a la profesión de cada cual, la vivienda, la asistencia médica, la educación y la instrucción de los hijos, la seguridad personal, las pensiones de vejez e invalidez, los ideales básicos que alimentaron los proyectos socialistas, que requieren de un estado fuerte y solvente, se dejan en un segundo plano.

¿Qué deberían hacer los partidos políticos de izquierda en España en este momento, ante el problema generado ideológicamente por el nacionalismo, pero materialmente por la lucha de clases? Utilizar toda la fuerza del estado para reducir esa traición. Unirse contra el enemigo de clase, por la justicia social. Reducirlos y desarmarlos y eliminar los instrumentos políticos que han estado utilizando para la traición, entre ellos, eliminar las competencias educativas, reconduciendo la enseñanza hacia un modelo emancipador, socialista y universal. Si los partidos de izquierda no lo hacen, y la secesión y la traición se consuma, en esa dialéctica de clases habrá vuelto a perder la clase trabajadora. El partido hegemónico de la izquierda en España actualmente, el PSOE, es sin duda quien más responsabilidad tiene en este asunto y en su conciencia política deberá recaer toda la responsabilidad que le corresponde por no haber asumido de un modo claro y distinto su papel histórico en este momento, enfangado como está en luchas intestinas absurdas.

Decía Platón en el Gorgias que la retórica es solamente una forma de adulación. Los políticos españoles han practicado la adulación en todos los ámbitos de la acción política, siempre con nefastos resultados. Cuando el discurso es verdadero no tiene por qué adular, puede incluso doler, molestar, incordiar. Cuando un actor engaña hace su trabajo, cuando un político engaña, lo que hace es traicionar a su país. El PSOE ha intentado salirse por la tangente del problema aduciendo la absurda fórmula de «nación de naciones», una majadería que no sirve para nada, que nadie entiende y a nadie le importa. Sólo muestra inmadurez, y falta de responsabilidad. Saben perfectamente que el problema de Cataluña no se resuelve con circunloquios. Saben que deben pactar con el PP y con Ciudadanos y ser firmes, aunque resulte ser una paradoja. En gran medida, podemos decir que la clave para resolver el problema de Cataluña está hoy en manos del PSOE. Sólo este partido tiene por un lado la perspectiva histórica referida a España, y por otro lado, la capacidad de determinar cambios políticos serios en España, no en la dirección de atender las pasiones emocionales alimentadas por los medios, sino los principios básicos de una vida digna y sin complejos.

Sobrevivir en Madrid, tercermundismo en el supuesto primer mundo , Sur de Europa. Para que lo vean sicólogos, periodistas, filósofos y cualquiera que quiera conocer parte de lo que genera la sociedad posmoderna. 2019

Las raíces de los hispanoamericanos contienen la Décima y sus variantes. La DECIMA, tradición nacida en España y viva en toda Hispanoamérica. Explicaciones por el cantautor Jorge Drexler

√Jorge Drexler, habla sobre lo que implica la décima, poesía únicamente posible en el hablar hispanoamericano: en el idioma español, y en los cantares populares de toda Hispanoamérica, hasta los comienzos del siglo XXI

https://es.wikipedia.org/wiki/Décima

El Islam y Europa, difundir ideología, nematología, nebulosas tras las cuales ocultar la verdadera Real Politik islamista , a nivel global. Con el apoyo de la Comisión Europea, y de varios países árabes, obviamente en un modo de aparente pacifismo irenista , al modo kantiano: La Paz perpetua , o al modo John Lenon. Y la Universidad de Oxford en primera línea apoyando esta sutileza, tan musulmana, por cierto. Pero tan sospechosa también.

En Europa, desde varios centros de difusión de “análisis científico sociales”, se encuentra , una y otra vez al conocido , y auto definido como musulmán moderado, Tariq Ramadan.

Dese varias instituciones europeas y de otros Estados no europeos , se apoya la idea que se lee en el texto que sigue inmediatamente a este párrafo.

El profesor Tariq Ramadan y los académicos de estas nuevas instituciones abogan por el uso de la razón y la lógica para comprender el Islam. Enfatizan cómo el Islam, la razón y el espíritu liberal occidental no solo pueden coexistir, sino que el Islam ha contribuido y puede contribuir al desarrollo de Occidente.

La fuente de donde hemos tomado el texto que resume la “filosofía” del islamismo moderado, cuyo máximo exponente en Europa, aparecen, es Tariq Ramadan. Y podemos ir analizando su juego aparentemente muy dialéctico, muy abierto a un diálogo que ayude a mejorar el entendimiento, pacífico,”civilizado”, entre musulmanes y el resto de la población, en Europa sobre todo, pero no únicamente.

La última frase del texto , que habla desde las tesis de Tariq, es , si nos detenemos cuidadosamente a analizarlo, expresivo, a mi juicio, como si nos diera una pista de las verdaderas intenciones POLITICAS , del llamado, islamismo moderado. ME REFIERO A ESTAS PALABRAS: (…) el Islam ha contribuido y puede contribuir al desarrollo de Occidente (…)

Puede contribuir- el Islam – al desarrollo de Occidente, dice Ramadan, pero no queda nada claro el modo en que se supone que va a contribuir. Y creo que muchas personas e instituciones europeas, tampoco lo deben de tener nada claro. Incluso algunos pensamos que es una especie de cebo envenenado, tras el cual hay un cazador al acecho de Europa. La Historia lo muestra bastante claramente, desde tiempos de las Guerras de Grecia contra los Persas- ya antes de Mahoma trataban de dominar territorios europeos- , pasando por invasiones en oleadas – ya mahometanos – de la Península Ibérica, salvo un reducto en lo que es hoy la parte montañosa de Asturias y León, Norte de la actual España. Etcétera.

En el caso de España, en la España de 2019, tenemos uno de los centros asociados con este proyecto ampliamente “estudiado” desde las universidades , en sus departamentos e institutos especializados de estudios árabes , etc.( Veremos los sitios , más adelante)

Alqueria de Rosales

Alqueria de Rosales

Ubicada en las montañas al norte de Granada en el sur de España, Alqueria de Rosales es una de las primeras madrasas en Europa occidental en ofrecer un plan de estudios basado en el renacimiento del pensamiento intelectual islámico.
Establecida hace casi 20 años, y abriendo sus puertas por primera vez a los estudiantes en 2002, esta iniciativa educativa y cultural está dirigida por un pequeño grupo de conversos españoles que están trabajando para revivir la rica tradición intelectual asociada con la herencia islámica de Andalucía.

La enseñanza en la actualidad se centra en el estudio intensivo del idioma árabe, aunque hay planes para expandirlo a otras disciplinas islámicas. Alqueria también ofrece una biblioteca de investigación con una de las mayores colecciones privadas de manuscritos andaluces en manos musulmanas en España. Hay cursos residenciales disponibles, así como estudios en línea.

Si bien la Fundación tiene como objetivo avanzar hacia el establecimiento de programas de educación más formales, actualmente ofrece retiros de una a dos semanas diseñados para centrarse en el resurgimiento de una beca racionalista en el Islam. Dos de sus retiros anuales más populares se centran en el trabajo de Al-Ghazali y en el credo (aquida). Estos retiros reúnen a musulmanes de todos los ámbitos de la vida y son enseñados por dos conversos y académicos musulmanes extremadamente influyentes de Cambridge y Chicago, respectivamente, Abdul Hakim Murad y el Dr. Umar Faruq Abdullah. Proporcionan programas intensivos de inmersión que se centran en la razón y la reforma intelectual dentro del Islam en Occidente y que crean vínculos estrechos entre los participantes. Además de sus propios retiros, Alqueria también alberga los programas ofrecidos por otras instituciones musulmanas durante todo el año.


Para más información sobre esta temática, sugerimos entrar en el enlace siguiente

https://www.csia-oxford.org/institutions-studied


Desde luego, el asunto aquí propuesto, no sólo es una plataforma pro islamización de Occidente, bajo apariencia de cooperación entre religiones de modo racionalista y todo ese discurso retórico . También se muestra bajo apariencia de estudios de alto nivel académico, para el uso de Gobiernos, ONGs , etc. Y puede ser sin duda de utilidad consultar todas las investigaciones que en la Universidad de Oxford encontramos ( verle enlace y su contenido, ampliamente explicado )


Ponemos un ejemplo – de los varios que hay – como muestra de lo dicho en el párrafo inmediatamente anterior a este.

Hanane Bendai

FUENTE https://www.csia-oxford.org/hanane-bendai

Hanane Bendai

Project Research Collaborator

Hanane Benadi is a PhD candidate in the Department of Social Anthropology, University of Manchester. Combining ethnographic fieldwork and textual analyses, her PhD dissertation explores Islamic discourses on state-formation, political ethics and sovereignty in the aftermath of the military coup in Egypt. Her other research interests include Islamic history, contemporary religious hermeneutics, and morality and ethics in Islam.

She is working on two articles for CSIA in collaboration with Masooda Bano. The first article examines how Al-Azhar retains its authority as a seat of Islamic learning when taking controversial political positions. The paper particularly examines Al-Azhar’s support for the Al-Sisi government and its treatment of the Muslim Brotherhood.

The second article draws on fieldwork with two new Egyptian institutions that have been inspired by a desire to revive what they view as the ‘real Al-Azhari tradition’. In examining their idealised image of Al-Azhar, the paper highlights where – in the popular imagination – Al-Azhar has been compromised due to its close association with the Egyptian state.


Exposición de motivos en favor del partido de Evo Morales, del pueblo boliviano, por parte dela revista estadounidense NACLA, de la izquierda intelectual de ese país de Norte América

FUENTE, Y PARA LEER EL ORIGINAL EN INGLÉS: https://nacla.org/news/2019/11/13/nacla-statement-coup-bolivia-solidarity-bolivians-resisting-military-intervention
Declaración de NACLA sobre el golpe de estado en Bolivia: en solidaridad con la resistencia a la intervención militar y la violencia de derecha

(NOTA de INTROFILOSOFIA: Esta es una traducción vía google translate)


la si-hala andina , de Bolivia:. Existen variantes de la wiphala. La más extendida es la usada en la actualidad como símbolo étnico del pueblo aimara, la cual fue reconocida como símbolo del Estado Boliviano por la Constitución de 2008.

En la tarde del 10 de noviembre de 2019, el presidente boliviano Evo Morales anunció que renunciaría. La renuncia se produjo en medio de un conflicto en curso que surgió a raíz de las elecciones del 20 de octubre. Evo Morales había declarado la victoria en la primera ronda. La oposición, una amalgama de fuerzas y posiciones políticas, argumentó, aunque sin evidencia clara, que el voto se vio empañado por el fraude. Se produjeron tres semanas de intensos enfrentamientos entre los grupos pro y anti-Evo, con acusaciones mutuas de culpabilidad por la violencia. Un equipo de la OEA completó una auditoría de la votación y anunció el 10 de noviembre que había muchas irregularidades. Sin embargo, no hay evidencia contundente que respalde las acusaciones de fraude mayorista. En la mañana del 10 de noviembre, a raíz de la declaración de la OEA, Morales convocó a nuevas elecciones. Más tarde ese día, con la violencia intensificándose, el alto mando militar hizo una declaración “sugiriendo” que Evo debería renunciar. Algunos sectores de izquierda, indígenas y progresistas en Bolivia, desilusionados con la lenta erosión de las aspiraciones progresistas bajo Evo, también hicieron declaraciones públicas pidiendo a Evo que renunciara, o que considerara hacerlo. El 12 de noviembre, un puñado de legisladores declaró inconstitucionalmente a un senador opositor en ausencia de quórum. Es importante reconocer la multiplicidad de factores que llevaron a la agitación actual, incluido el propio papel del MAS y una historia de errores de cálculo políticos. Sin embargo, el patrón que se desarrolla del revanchismo de derecha, el papel de las fuerzas oligárquicas y los actores externos, y el papel de arbitraje final desempeñado por los militares, sugiere que estamos presenciando un golpe de estado.

Como grupo de pensadores de izquierda, educadores, periodistas, académicos y activistas, escribimos esta carta en solidaridad con el pueblo boliviano. Hacemos un llamado al apoyo continuo de los movimientos sociales progresistas y la resistencia continua contra la violencia revanchista y la represión estatal. Estamos con el pueblo de Bolivia que permanece vigilante contra el surgimiento de las fuerzas políticas neofascistas y el regreso de los regímenes políticos colonialistas, dependientes y racistas del pasado. Rechazamos los esfuerzos de los medios y el gobierno de los EE. UU. Para demonizar al MAS. Al mismo tiempo, reconocemos las limitaciones del MAS como partido político y del sistema político patriarcal y prebendal que no ha podido o no ha querido cambiar. En la actualidad, un desarrollo particularmente preocupante es la amenaza a las vidas de aquellos bolivianos que se resisten al golpe. El regreso de las fuerzas conservadoras de derecha, fusionadas con el simbolismo cristiano evangélico anti-indígena, amenaza con desbaratar los esfuerzos legítimos de muchos ciudadanos bolivianos para pluralizar, democratizar y renovar el sistema de partidos. El uso generalizado de los ataques incendiarios, atribuidos mutuamente a ambos lados, aunque de autoría poco clara, ha creado una atmósfera de miedo, terror y caos sin precedentes que claramente juega con los intereses de la élite reaccionaria. El saqueo de la casa de Evo Morales, la quema de símbolos indígenas como la wiphala y el lenguaje racista y deshumanizante en las redes sociales sugieren tácticas destinadas a destruir absolutamente a Evo y al MAS como una fuerza política viable. Frente a estos desafíos, nos encontramos con aquellos movimientos en Bolivia que buscan rearticular una visión progresista del futuro. Nos oponemos a la restauración del neoliberalismo y la hegemonía del FMI y el Banco Mundial, especialmente porque la lucha por los recursos de gas de Bolivia da paso a una nueva lucha por el futuro del litio de Bolivia. Apoyamos los movimientos antirracistas que resisten el racismo y el fascismo de la derecha. Apoyamos los movimientos de mujeres y LGBTQIA + que han estado luchando por la liberación sexual, por el derecho de las mujeres a elegir, contra las formas patriarcales de gobierno político y por el fin de la impunidad frente a los crecientes niveles de violencia de género y sexual. Apoyamos los movimientos indígenas que buscan restaurar una visión del verdadero plurinacionalismo, la autodeterminación y la autonomía territorial contra la violencia sin restricciones del capital extractivo. Apoyamos a los trabajadores que buscan empleo digno y apoyo estatal ante las condiciones laborales precarias. Apoyamos a los agricultores que trabajan por un futuro no dominado por el capital agroindustrial. Apoyamos a quienes trabajan por un futuro más igualitario y ecológicamente sostenible.Escribimos esta carta en nombre de NACLA (Congreso de América del Norte sobre América Latina) y pedimos a la comunidad internacional que brinde solidaridad y apoyo a la diversidad de los movimientos sociales que existen en Bolivia en este momento histórico. Hacemos un llamado a la comunidad internacional a respetar la soberanía de los movimientos sociales bolivianos. NACLA fue fundada a raíz de la invasión de los Estados Unidos en 1966 a la República Dominicana. NACLA ofrece informes progresivos sobre América Latina a audiencias con sede en los Estados Unidos y tiene una larga historia de resistencia al imperialismo estadounidense en América Latina. -NACLA Consejo Editorial


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La Crítica de la Razón Literaria y el Materialismo Filosófico como armas para defendernos del nihilismo pánfilo de estos tiempos pos modernos decadentes

Capítulo 6: Análisis de ‘La más bella niña’ y ‘Amarrado a un duro banco’, de Luis de Góngora. Lecturas de Selectividad. Aula de Literatura, de Ramón de Rubinat. Aplicaciones prácticas de la Crítica de la Razón literaria, de Jesús G. Maestro

NOTA DE INTROFILOSOFIA: Consideramos que el análisis de estos dos versos de Luis de Góngora, desde las coordenadas donde se sitúa el profesor de Literatura Comparada y de Teoría de la Literatura, Ramón de Rubinat, resulta de enorme relevancia para el tiempo presente, año 2019 dC., sobre todo si estos análisis se llevan a cabo en una zona geográfica de lo que aquí, siguiendo propuestas de Gustavo Bueno, se denomina “La Europa sublime”. Dado el auge del islamismo prácticamente a lo ancho de toda Europa,es obligado razonar sobre este hecho, no por una cuestión o asunto de intelectuales, filósofos o historiadores, politólogos , etc. Sino que se trata de una cuestión de puro y simple CONATUS; (en el sentido del filósofo de origen sefardí, Espinosa) :Conatus, es, resumiendo

El conatus es, en y por sus efectos, un esfuerzo en acto, una potencia activa de afirmación y resistencia de una cosa frente a cualquier otra cosa externa que pudiere vulnerar su perseverancia indefinida. Es el apetito de afirmación y resistencia inmanente que juega en la relación de potencias. En este sentido, el esfuerzo de perseverancia de la cosa está siempre en conformidad con los afectos que expresan su grado de potencia y, además, la determinan.


29 de julio de 2019 por Ramon de Rubinat

AUTOR: Ramón de Rubinat

En este capítulo analizamos los dos poemas de Góngora que entrarán en las Pruebas de Acceso a la Universidad 2019-2020.

La cuestión sobre la que más incidiremos es el trato que en ellos se hace de la guerra contra el Islam, concretamente -y a partir de Gustavo Bueno-, veremos que esta guerra fue la garante de nuestra libertad, ¡de nuestra libertad de entonces y de nuestra libertad de hoy!, que sobre la victoria cristiana sobre el turco (batalla de Lepanto) descansa la Europa de los Derechos Humanos, el aconfesionalismo, la economía de mercado y todas las libertades con que tanto nos llenamos la boca. 

¿Alguien que haya viajado a la Europa sublime (Dinamarca, Alemania, Bélgica, Francia…) puede negar que en muchas partes de estos territorios ya rige la Sharía, la ley islámica? Léanse estos dos poemas. Y que no se engañe nadie: aquí no se está haciendo apostolado de ninguna idea, no hace falta profesar ninguna fe para entender lo que aquí se cuenta y admirar su dimensión, su trascendencia histórica. Pasee quien lo dude por ciertas calles de Dinamarca, Alemania, Bélgica o Francia… 

A partir de la idea aristotélica de que la paz es el resultado de la guerra, contrastaremos estos dos poemas con unos versos del grupo musical El último de la fila que profesan un irenismo muy posmodernamente papanatas

Y para indicar la vigencia de este conflicto nos remitiremos, también, a la novela Sumisión, de Michel Houellebecq, puesto que en ella se narra la llegada de los Hermanos Musulmanes al gobierno de Francia y cómo vive este cambio el típico intelectual francés, en concreto: el profesor universitario de Letras.

LA MAS BELLA NIÑA (GÓNGORA)

La más bella niña 
De nuestro lugar, 
Hoy viuda y sola 
Y ayer por casar, 
Viendo que sus ojos 
A la guerra van, 
A su madre dice, 
Que escucha su mal:
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


Pues me disteis, madre, 
En tan tierna edad 
Tan corto el placer, 
Tan largo el pesar, 
Y me cautivasteis 
De quien hoy se va 
Y lleva las llaves 
De mi libertad,
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


En llorar conviertan 
Mis ojos, de hoy más, 
El sabroso oficio 
Del dulce mirar, 
Pues que no se pueden 
Mejor ocupar, 
Yéndose a la guerra 
Quien era mi paz,
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


No me pongáis freno 
Ni queráis culpar, 
Que lo uno es justo, 
Lo otro por demás. 
Si me queréis bien, 
No me hagáis mal; 
Harto peor fuera 
Morir y callar,
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


Dulce madre mía, 
¿Quién no llorará, 
Aunque tenga el pecho 
Como un pedernal, 
Y no dará voces 
Viendo marchitar 
Los más verdes años 
De mi mocedad?
Dejadme llorar 
Orillas del mar.


Váyanse las noches, 
Pues ido se han 
Los ojos que hacían 
Los míos velar; 
Váyanse, y no vean 
Tanta soledad, 
Después que en mi lecho 
Sobra la mitad.
Dejadme llorar 
Orillas del mar.

AMARRADO AL DURO BANCO (GÓNGORA)

Amarrado al duro banco 
de una galera turquesca, 
ambas manos en el remo 
y ambos ojos en la tierra, 

un forzado de Dragut 
en la playa de Marbella 
se quejaba al ronco son 
del remo y de la cadena: 

¡Oh sagrado mar de España, 
famosa playa serena, 
teatro donde se han hecho 
cien mil navales tragedias!, 

pues eres tú el mismo mar 
que con tus crecientes besas 
las murallas de mi patria, 
coronadas y soberbias, 

tráeme nuevas de mi esposa, 
y dime si han sido ciertas 
las lágrimas y suspiros 
que me dice por sus letras; 

porque si es verdad que llora 
mi captiverio en tu arena, 
bien puedes al mar del Sur 
vencer en lucientes perlas. 

Dame ya, sagrado mar, 
a mis demandas respuesta, 
que bien puedes, si es verdad 
que las aguas tienen lengua, 

«pero, pues no me respondes, 
sin duda alguna que es muerta, 
aunque no lo debe ser, 
pues que vivo yo en su ausencia. 

¡Pues he vivido diez años 
sin libertad y sin ella, 
siempre al remo condenado 
a nadie matarán penas!» 

En esto se descubrieron 
de la Religión seis velas, 
y el cómitre mandó usar 
al forzado de su fuerza.

QUERIDA MILAGROS ( DE EL ÚLTIMO DE LA FILA )

...por ahora la suerte me ha sonreído;
necesito verte, aquí no hay amigos;
no estaría de más que alguien me explicara,
qué tiene esto que ver contigo y conmigo.

Querida Milagros, queda tanto por vivir.
sería absurdo dejarse la piel aquí...

PARA ESCUCHAR EL COMENTARIO Y LA CRITICA DE RUBINAT, HAY QUE ENTRAR EN EL ENLACE Y PINCHAR EN DONDE APARECE EL AUDIO DE LA MISMA , DESPUES DE LOS TEXTOS ESCRITOS: https://www.auladeliteratura.com/2019/07/29/gongora-selectividad/


SUGERIMOS, (INTROFILOSOFIA) LA LECTURA DE ESTA ENTREVISTA A HOULLEBECQ, SOBRE EL LIBRO TITULADO SUMISIÓN:

FUENTE : https://elpais.com/cultura/2015/04/23/babelia/1429802066_046042.html

EL PAÍS EN PORTADA

Michel Houellebecq: “La élite está asesinando a Francia”

El autor dispara su munición contra lo que considera el silencio de los hombres, contra las clases dirigentes y la pérdida de libertades. ‘Sumisión’ retrata una Francia al borde de la guerra

AUTOR DE LA ENTREVISTA GONZALO GARCÉS 23 ABR 2015 – 17:14 CEST

Michel Houellebecq: “La élite está asesinando a Francia”

Michel Houellebecq tiene escolta oficial. Después del atentado contra Charlie Hebdo el pasado 7 de enero, el Gobierno francés prefiere no arriesgarse: como otras personalidades locales, el autor de Plataforma va ahora a todas partes flanqueado por dos policías de civil. Bromea con ellos y parece cómodo con la situación. Aunque no deja de resultar algo irreal entrevistarlo en esta brasserie de Saint-Germain, bebiendo vino blanco, mientras Houellebecq (Saint Pierre, Isla Reunión, 1958) habla con entusiasmo de los cuentos de Borges y sus custodios echan discretos vistazos a los edificios cercanos en busca de francotiradores.

Parece una escena de una mala película, pero es sólo uno más en la sucesión de malentendidos que han rodeado la publicación de Sumisión (Anagrama). En la actualidad, Houellebecq es tan importante en su país que el primer ministro habla de su nuevo libro como si fuera un asunto de Estado; un efecto colateral es que nadie lo toma como una novela. Se lo compara con El suicidio francés, de Éric Zemmour, o El gran reemplazo, de Renaud Camus, best sellers estridentes que machacan dos ideas obsesivas: el Occidente judeocristiano está en retirada, los bárbaros musulmanes se aprestan a tomar el poder. PUBLICIDADinRead invented by Teads

No se trata de negar la dimensión social de Sumisión, que pinta una Francia al borde de la guerra civil. En esta fábula política el conflicto se resuelve con el triunfo electoral de Mohammed Ben Abbes, candidato de la imaginaria Fraternidad Musulmana, y la conversión de Francia en Estado islámico, pero el libro está lejos de presentar el hecho como un desastre. Al contrario: para el protagonista, solitario profesor experto en el escritor decadente Joris-Karl Huysmans, lo urgente es encontrar una fe. “¿Cuánto tiempo puede una sociedad subsistir sin una religión cualquiera?”, se leía ya en Las partículas elementales (1998). Ahora el adjetivo “cualquiera” resulta sugerente: si ya no es posible ser cristiano, ¿por qué no abrazar otra religión más vigorosa?

PREGUNTA. Sumisión es una sorpresa para sus lectores. Aunque la inquietud religiosa aparece en todo lo que ha escrito, es la primera vez que describe a un personaje que busca una fe y que, además, la encuentra. ¿Cómo se le ocurrió esta historia?

RESPUESTA. Jugó un papel el hecho de que mi protagonista, François, sea un profesor experto en Huysmans; en su obra, esa búsqueda que menciona juega un papel crucial. Huysmans tiene novelas enteras dedicadas a su relación con el catolicismo. Ahí tenemos el caso de una conversión religiosa relatada en la ficción.

P. ¿Es usted creyente?

R. Tiendo a creer cuando voy a misa; pero apenas salgo, se me pasa. Así que ahora lo evito, porque el bajón es desagradable. Pero la misa en sí misma es muy convincente; es una de las cosas más perfectas que conozco. Y mejor todavía son los entierros, porque ahí se habla mucho de la supervivencia después de la muerte, y con una apariencia de convicción total. La verdad es que mi ateísmo no salió indemne de la muerte de mis padres y de mi perro Clément.

P. Pero entonces, ¿todo es cuestión de querer creer?

R. Pues sí. Porque, en realidad, la razón no se opone a la fe de una manera tan clara. Si nos fijamos en la comunidad científica, los ateos se cuentan sobre todo entre los biólogos. Los astrónomos, en cambio, son cristianos sin mayor dificultad. Esto tiene una explicación, y es que el universo está bien organizado. Cuando se trata de seres vivos, la cosa es más dudosa. Los seres vivos no están bien organizados, y son un poco repugnantes. Un matemático no tiene mayor dificultad para creer en Dios; al contrario, trabajar con ecuaciones pega bien con la idea de un orden, y por ende un creador de orden.

El islam siempre evitó pronunciarse sobre cuestiones como si la Tierra giraba alrededor del Sol. No había nada en juego en ello”

P. De todos modos, su cristianismo es selectivo. Le interesa la vida eterna, pero no tanto, digamos, el perdón o la caridad.

R. Sí, eso me importa menos. Pero san Pablo lo dice con toda claridad: si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana. Así que Cristo, mal que mal, vino por eso. Para prometernos que la muerte había sido vencida. La caridad, bueno, no es algo específico del cristianismo. Y en cuanto al perdón de los pecados, es algo que le importa más a los protestantes. Antes, en el catolicismo, el perdón de los pecados era algo casi automático. Ego te absolvo, y ya está.

P. Su protagonista, François, afirma que tampoco hay oposición entre la ciencia y la fe musulmana.

R. Yo diría incluso menos. El islam siempre evitó pronunciarse acerca de cuestiones del tipo de: “¿Gira la Tierra alrededor del Sol?”. Evitó meterse en dificultades que el catolicismo, por su parte, podría haber evitado. No había nada en juego para la fe cristiana en el hecho de que la Tierra gire en torno al Sol.

P. François tiene otro argumento a favor del islam: dice que es la única religión que acepta el mundo tal como es.

R. Es que es un muy buen argumento. Incluso los yihadistas, que no aceptan el orden político del mundo, aceptan el mundo natural tal como es. Si lees a Darwin te das cuenta de que, en el fondo, lo que lo aleja de Dios —porque Darwin no creía en Dios, aunque haya fingido lo contrario— son las consideraciones morales. Por ejemplo, en una carta analiza el ciclo de vida de no recuerdo qué parásito que vive dentro del ojo, y exclama: ¡No, un Dios de bondad no puede ser el autor de este mundo! Podemos arriesgar un teorema: cuanto más se observa a los ácaros, más disminuye la fe en Dios. En mi caso, desgraciadamente, estudié biología, así que empecé con mal pie.

P. François busca a Dios a través de ciertas figuras femeninas. Hay dos momentos clave: primero, cuando François pierde a su amante, y después, cuando entra a la iglesia de Rocamadour y parece a punto de recuperar la fe, pero fracasa. La pérdida de su amor y la pérdida de la fe representan una misma clausura en su vida.

R. Es muy cierto, esos son los dos momentos clave. Mas en general, te diría que la construcción de este libro es bastante simple: pongo en escena a este personaje y progresivamente le quito todo. Empiezo por lo más grave, le quito el amor. Después, y ya es menos importante, le quito a sus padres. Después, en esa escena en la iglesia de Rocamadour, le quito la posibilidad de creer en Dios. Y para terminar le quito su relación con Huysmans, que califico como la más antigua de su vida. Porque es verdad —y yo lo sé por haber dedicado todo un libro a Lovecraft— que escribir de manera profunda acerca de un escritor significa, en la práctica, privarse de releerlo. Pasado cierto punto, no puedes más. Así que a este pobre personaje yo le quito todo, hasta que sólo le queda convertirse.

P. En su libro, una vez que el régimen islámico se instala en Francia, las mujeres adoptan el velo, dejan de trabajar y se dedican a la familia. ¿No hay en esto algo de expresión de los deseos del protagonista? Después de todo, perdió a su chica porque era demasiado independiente.

El escritor Michel Houellebecq.
El escritor Michel Houellebecq. PHILIPPE MATSAS

R. Sí, él personalmente no tiene motivo para solidarizarse con el régimen laico. La solución que le proponen, mal que bien, funciona.

P. Como dice al final: “No tendré nada que lamentar”.

R. Esa frase puede entenderse como usted dice, pero también al revés: tendrá mucho que lamentar. Haber perdido a Myriam, para empezar. Y también haber perdido a la Virgen de Rocamadour. Aunque cueste creerlo, mi proyecto inicial era que él se convirtiera al catolicismo. Lo cual habría dado lugar a un libro bastante gracioso; mi personaje se habría convertido a un catolicismo que ha cambiado mucho desde la época de Huysmans. Un catolicismo, por decirlo de algún modo, un poco bobo.

P. ¿Y por qué no lo escribió?

R. Porque no pude. A ver: supongamos que la Virgen de Rocamadour hubiera funcionado, que François hubiera recuperado la fe. Después de eso, yo ¿cómo sigo mi libro? (ríe). En cambio, en Sumisión no hay verdaderos creyentes, ni cristianos ni musulmanes. Incluso para Ben Abbes se trata de una opción política. Esto ya estaba a mi alcance.

P. Ben Abbes aparece como un salvador, en un momento en que el sistema político ya no funciona…

R. Esa parte es real. Viví 10 años fuera de Francia, y cuando volví me impresionó el desprecio total de los franceses por sus élites dirigentes y mediáticas. Quizá el periodismo sea la única profesión más despreciada que la de los políticos. Hay que decir que la situación es relativamente alucinante. Ya en 2012, Hollande fue elegido presidente, a pesar de que Francia se había volcado a la derecha. Y ahora no es imposible —como imagino en mi libro— que Hollande sea reelegido en 2017, aunque Francia está aún más a la derecha. La estrategia del Partido Socialista, que es impulsar al Frente Nacional para excluir al centroderecha, ha llevado las cosas a un lugar insalubre. Y el hecho es que la vida en Francia se ha deteriorado. Hay muchos más pobres que antes. Hay cada vez más gente que no cree lo que dicen los medios. Y lo que te muestra que somos un país extraño es que, pese a todo, los franceses se siguen reproduciendo: salvo Irlanda, tenemos la natalidad más alta de Europa.

P. Es un argumento contra la idea del “suicidio francés”.

R. Es que no es un suicidio, es un asesinato.

P. ¿Cometido por quién?

R. Por nuestras clases dirigentes.

P. Es usted muy duro con los políticos de su país.

R. Es que se les fue la mano. El caso más impresionante que conocí fue el referéndum de 2005 sobre la Constitución europea. Los franceses votaron claramente por el no. Y semanas más tarde el Gobierno lo hizo aprobar por vía parlamentaria. Es un desprecio muy claro a la democracia. Así que la hostilidad de la gente contra los dirigentes es muy fuerte, y eso en un momento de crisis económica y desempleo alto. Y tenga en cuenta que el paro en Francia es desempleo de verdad: no hay trabajo en negro, como en España o América Latina, y tampoco hay solidaridad familiar, eso desapareció. La gente está totalmente desvalida.

En Occidente la palabra masculina ha desaparecido. Lo que los varones piensan, nadie lo sabe. El varón ya no habla, la mujer sí”

P. Hablemos del proyecto político de Ben Abbes. ¿Podría funcionar su idea de expandir la Unión Europea hacia el sur, de convertirla en una Unión Mediterránea?

R. No es ninguna tontería. Para empezar, muchos países mediterráneos lo percibirían como una garantía —aunque quizá se equivoquen— contra sus islamistas radicales. Europa del Norte pasaría a segundo plano. Pero, para ser honestos, la principal interesada en esto sería Francia. La verdad es que Francia nunca aceptó el hecho de perder el liderazgo. Por eso tenemos una relación extraña con Alemania; nos gusta flagelarnos diciendo que somos menos que ellos. Malestar que, dicho sea de paso, es una de las claves del éxito de Marine Le Pen.

P. Muchas veces ha hablado contra el patriotismo. Pero después del atentado contra Charlie Hebdo, parecería que está dispuesto a defender ciertos valores franceses. Como dicen en Rambo III: esta vez, es personal.

R. Es que es personal: han matado a alguien a quien yo quería, a Bernard Maris. Y además está la cuestión de la libertad de expresión, que me concierne. Esa libertad la hemos perdido. Cuando yo era adolescente, en los años setenta, había más cosas permitidas. En la actualidad, el debate de ideas se limita a la detección de los derrapes. Una vez que el derrape ha sido cometido, el responsable puede disculparse; a eso se limitan sus derechos.

P. Su protagonista se define como machista. ¿Cree que en esto François es representativo?

R. Lo que pasa es que en Occidente la palabra masculina ha desaparecido. Lo que los varones piensan, nadie más lo sabe. Una hipótesis horrible, pero verosímil, es que no han cambiado; sólo han aceptado cerrar la boca. El varón occidental ya no habla; la mujer sí. La vida mental masculina ahora es algo desconocido, y por eso es verosímil pensar que el varón estaría dispuesto, si se presentara el caso, a una vuelta inmediata al patriarcado.

P. ¿Sus novelas serían las últimas noticias de esa vida mental masculina?

R. Pues sí, las mujeres pueden leerlas para enterarse de lo que realmente piensan los hombres.

P. ¿Cree realmente que Europa, al perder la religión, la reemplazó con el patriotismo, y que terminará por volver a la religión?

R. Sí, aunque para mí es absurdo imaginar que el patriotismo pueda reemplazar a la religión. La cristiandad duró más de mil años; el patriotismo, un poco más de cien, desde la Revolución Francesa hasta la Primera Guerra Mundial. También podemos decir las cosas de una manera más siniestra: el patriotismo, para alcanzar la incandescencia, necesita enemigos.

P. ¿Mientras que el único enemigo de la religión es la muerte?

R. Y es un enemigo más confiable.

AUTOR DE LA ENTREVISTA: Gonzalo Garcés es escritor argentino, autor de la novela Los impacientes (Seix Barral).ARCHIVADO EN:

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How A Few ‘Renegade’ Thinkers Helped Usher In A New Era Of Anthropology August 20, 2019 2:02 PM ET Heard on Fresh Air

NOT de Introfilosofia recomienda esta audio entrevista, en inglés, con las transcripción escrita de la misma, por considerarla de gran importancia e interés, por su contenido sobre asuntos clave de la Antropología , así como sus referencias a Franz Boas, Margaret Mead y Ruth Benedict, y las respuestas del autor del libro de referencia para la entrevista sobre la implantación social y política de estos autores clave de la Antropología como Ciencia en sus primeros y fundamentales años.

FUENTE: https://www.npr.org/programs/fresh-air/

AUTHOR INTERVIEWS

https://www.npr.org/2019/08/20/752630522/how-a-few-renegade-thinkers-helped-usher-in-a-new-era-of-anthropology

TRANSCRIPT

DAVE DAVIES, HOST: 

This is FRESH AIR. I’m Dave Davies in for Terry Gross, who’s off this week. Americans are talking a lot about race these days and whether immigrants from certain regions should be welcomed into the country. Our guest, Charles King, writes about a time a little more than 100 years ago when he says educated people in the U.S. believed it was established science that there is a natural hierarchy of cultures, with Western civilization at the top, and that people’s abilities and potential were defined by their race and gender.

His new work chronicles the work of a group of trailblazing anthropologists who undermined those ideas in the first half of the 20th century. They were students of German American professor Franz Boas. And some, particularly Margaret Mead, became widely read authors. Their work studying cultures around the world challenged fixed ideas about race and nationality and changed the way many Americans saw themselves and others.

Charles King is a professor of international affairs and government at Georgetown University and the author of six previous books. His newest is “Gods Of The Upper Air: How A Circle Of Renegade Anthropologists Reinvented Race, Sex And Gender In The 20th Century.”

Well, Charles King, welcome to FRESH AIR. You know, we think of anthropologists as people who give us insight into human societies, sometimes very distant ones. And it can be kind of an intellectual, you know, tourism satisfying our curiosity. In this story, the stakes are really quite high, and they’re rooted in, you know, what was a common understanding about societies and their relationship to biology, especially racial categories, in the early 20th century. What were some of the prevailing ideas in the United States before the work of Franz Boas and his followers?

CHARLES KING: Before Franz Boas and the whole school of thought that he brought to the fore came on the scene, people had a great deal of agreement on some pretty fundamental issues having to do with the structure of human society. That is, that global society could be ranked according to primitive and civilized according to savage, barbaric and civilized, that all societies went through this kind of set of stages, and that Western society – the United States, Western Europe – was at the end point of some process of evolution, that race was deep and inheritable and biological, that people came in natural gender categories, and that these would be the same across all societies and for all time.

And whatever museum you went into, whatever biology class you took, whatever university human geography class you happened to sit in on, these were ideas that were accepted and widespread at the time. And beyond all of this, there was the common idea that your – the physical structure of your body was a kind of set of clues as to where you fit into this natural global hierarchy – from skin tone to femur length to head shape – and that the forefront of science was the idea of figuring out which people fit into which categories with greater and greater precision.

DAVIES: Right, and the idea was that there were these clear, immutable, inheritable qualities that come from your biology, especially your race, and that what we see in terms of human achievement and in gender roles were rooted in the biology, right?

KING: That’s right, that the best science of humanity, the most forward thinking science of humanity, will tell us the things that are true and immutable, and that this is somehow just around the corner. I mean, we’re talking about the early – the late 19th century, early 20th century, that there was a great deal of optimism about the degree to which science would show us which categories people naturally fit into and which categories entire societies naturally fit into, and that this was a liberating idea, you know? You can figure out if you’re farther behind on the train journey towards civilization. We’ll figure out exactly how to speed that train up for you. Or if you are in a racial or gender or ethnic or national category that is somehow backward, you know, the progressive idea was that with enough flush toilets and the Ford Motor Company, you name it, we’ll be able to inject the right amount of civilization to get you farther down the line.

The more conservative view at the time was that people were somehow inevitably stuck on these – in these positions, and no amount of injecting culture or injecting exactly the right amount of civilization would change that.

DAVIES: Right, and the belief was that this was all empirically demonstrated by science. For example, you know, women weren’t politicians. They weren’t political leaders. Therefore, this reveals a lack of capacity of initiative, of leadership, in the female gender.

KING: Yeah, it sort of – it didn’t occur to lots of people I think at the time, especially those in the social sciences or to the – in the natural sciences, that the reality that you were observing in the world was a product of circumstance, culture, history, not of something that was innate and biological.

The place that people naturally went, especially people in power, was to naturalize, to justify the hierarchy of the world as they found it. And this was an early insight of Franz Boas himself, that, you know, if you happen to be in a position of power, if you’re benefiting from the structure of the world as you find it, you have a huge incentive to root that in nature or in God or in biology because otherwise, you might have to face up to the fact that it was accident or circumstance or some historical process that put you where you are rather than all of that being determined by the natural order of things.

DAVIES: Yeah, or a willingness to exploit others.

KING: Right, that you – right, you had to sort of open your eyes to the way in which your circumstance in the world was down to something other than your own desert, that is, your own superiority. And that was a very, very hard thing, and it still is a very hard thing for people who occupy positions of power to understand.

DAVIES: And what’s striking, as you describe this in the opening of the book, is that, you know, ideas of racial bias and gender bias are not new and clearly are with us today, but that the most educated people believed this stuff. I mean, it was believed to be the scientific consensus at the time.

KING: Well, that’s right. And especially in the United States, this is the way school education was structured, how university classes were structured. Every museum of natural history you went into, you know, told you this sort of natural story of progress. And you know, and of course today, we haven’t eliminated all of that. You know, if you go to the American Museum of Natural History in New York or many other museums of natural history, you will see displays on human evolution and even the cultures of what used to be called primitive peoples on display in the same building with dioramas of animals, you know?

And in New York, you can go across Central Park to the Met to sort of see what real civilization produces. You know, so the very geography of museums replayed, and even to a degree today still replays, this sense of natural hierarchy.

DAVIES: Right, so the man at the center of this story is Franz Boas – spent decades as a professor at Columbia and kind of nurtured this group of anthropologists, particularly – most of them women. So he did this early research on Baffin Island up in, like, near the Arctic Circle – right? – with…

KING: That’s right.

DAVIES: …The Inuit population there. What did he experience there that changed his thinking about societies and social order?

KING: Well, of course, Boas had come from a reasonably well-to-do middle class family in Germany. He had gone off on this expedition hoping to do some work on weather patterns and on migration of indigenous peoples on Baffin Island. But the longer he spent there, the longer he realized that in this – the more he realized that in this particular environment, he was stupid. He didn’t know how to survive. He didn’t know what was good to eat. He didn’t know how to be a proper person in social relations with people. And from that little germ of an insight, he took away the idea that the degree to which you are civilized, if you like, the degree to which you’re educated, is dependent on circumstance. Here on Baffin Island, he could die of frostbite. He could die of exposure. He had no idea how you rig a dog sled.

And from that, I think he came to realize increasingly that the idea of being civilized, or educated or in power is not a human universal. It’s very much dependent on circumstance. And part of being a person aware in the world is coming to understand the degree to which you are a product of a history. You, yourself, are a product of a set of circumstances. There is nothing – you know, your position in the world is not given by God or nature.

DAVIES: We’re speaking with Charles King. His new book is “Gods Of The Upper Air: How A Circle Of Renegade Anthropologists Reinvented Race, Sex, And Gender In The Twentieth Century.” We’ll talk more after a short break. This is FRESH AIR.

(SOUNDBITE OF MUSIC)

DAVIES: This is FRESH AIR, and we’re speaking with Charles King. His new book is about how a group of anthropologists in the first half of the 20th century, including France Boas and Margaret Mead, challenged what were then the dominant views in the United States that there was a natural order of human potential and achievement which put white men at the top and Western civilization as the highest form of social organization. His new book is called “Gods Of The Upper Air.”

Now, before we talk about this remarkable group of anthropologists that Franz Boas nurtured, I want to talk a little bit more about how these ideas of, you know, white superiority and the superiority of Western civilization actually impacted the world. You write about a guy, named Madison Grant, who wrote a book in 1916 called “The Passing Of The Great Race.” Tell us about him and his influence.

KING: Well, so Madison Grant was exactly the kind of person that Franz Boaz is, as an itinerant scholar without a permanent job, felt that he was really doing battle with because Grant represented the scientific and cultural establishment of the day. From a wealthy New York family, he had been involved with the founding of the Bronx Zoo. He was a great conservationist and traveled throughout the American West doing studies of bison and elk. In fact, had it not been for Grant and his lobbying with Congress, the American bison might well be extinct. He believed deeply that the noble species of the American West had to be preserved by allowing them to have dominance over their natural – the natural range, the natural landscape that they inhabited.

And when he came back to New York, it dawned on Grant that he was experiencing exactly the same kind of problem in his hometown. You know, he saw these invasive species, as he might have put it, coming from Eastern and southern Europe, the height of immigration to the United States, and he worried increasingly that the noble race that had founded the United States, in his view, people of Northern European, particularly Anglo-Saxon heritage, were being swamped by these invaders just as the domain of the bison or the elk or the wolf would have experienced a similar thing in the West.

And so he wrote this book, called, “The Passing Of The Great Race,” the great race being people like him, warning of the rise and fall of civilizations based on the degree of purity that they maintained in their own environment across their own landscape. And that book went on to have great influence in contemporary debates about immigration to the United States. It was frequently cited in debates on halting immigration, particularly by the middle of the 1920s, when new immigration laws came into effect. And that was the view of the world, this purity-focused view of the world, that Boas wanted to counter.

DAVIES: And that book was read by presidents, right? I mean, leaders of the United States.

KING: Sure. It was one of those sort of big-think books, you know, that, if you were an educated, aware American, you would want to have read. It makes its way, in a fictionalized way, into “The Great Gatsby” because one of the characters there has read it and now has a view on the perils of immigration. It was translated into German in 1925, and Adolf Hitler, just completing the final edits on “Mein Kampf,” read it. In fact, he described it as, my Bible, because it gave this sort of racial account of European history, of the rise and fall of empires, based on the purity that those states maintained within their core populations.

In fact, you can go to the Library of Congress in the rare books room now and hold Adolf Hitler’s copy of the German edition of Grant’s “Passing Of The Great Race.” It was collected by the library after the Second World War. And holding it, you realize, of course, that the Germans, that the Nazis were not so much, you know, creating from whole cloth a racialized system that would, of course, find its expression in the Third Reich. They were part of a global consensus among many states about the natural hierarchy of the world and the importance of racial purity.

DAVIES: Wow. That’s kind of chilling.

KING: Well, it is. And you know, there’s now – there’s more and more really terrific historians who are writing about the connections between eugenicists in the United States and in Britain, and in what would become Nazi Germany. You know, no country in the world had a more perfect system than the United States of racial hierarchy and racial segregation. The Nazis were actively studying the Jim Crow system in the United States, a system in which, you know, you inherited a race, in which the state had a real interest in categorizing you by race and in which that category had a deep impact on every aspect of your life – you know, from what school you went to, what swimming pool you could go to, what what gravesite you could be buried in.

You know, the international congresses of eugenics before the Second World War were held around the world, some of them held in New York at the American Museum of Natural History. American eugenicists were given, you know, state medals and awards by Germany even after 1933, after the coming to power of the Nazis. So the story of the ’20s and ’30s, of the time that Boas and his students were very active, is about battling the obviousness, the consensus about racial and gender and sexual hierarchy that a lot of people at the time agreed on. This was not part of the fringe, you know? This was really the establishment.

DAVIES: Right, so Boas took these folks on in talks and articles and letters. It’s interesting that he himself engaged in this practice of measuring people, anthropometry. Is that how you say this?

KING: That’s right. Anthropometry, yeah.

DAVIES: And in fact, he got a commission. There was a congressional commission, the Dillingham Commission, which wanted to look, well, at the physical attributes of European immigrants. Maybe you can explain what its goal was and what Boas did for them.

KING: Right, so the Dillingham Commission was established by Congress as a scientific study, massive, massive scientific and social scientific study of the effects of immigration on American society. Of course, this was the height of immigration – late 19th, early 20th century, immigration particularly from eastern and southern Europe.

And they wanted to understand how this was transforming American society. And they commissioned a huge array of scholars and specialists to work on various studies. And Boas’s contribution to this was to try to answer the question – what is the literal, physical effect of immigration on the bodies of people who immigrate to the United States?

And he knew at the time that he was taking on a really fundamental idea because if you believed in the inheritability, the inheritability of race as an idea – and of course, at the time, race didn’t just mean the categories we might have on the U.S. Census now. Race was a term that that also referred to Slovaks or Jews or Poles or Italians. The word race sort of applied to each of these categories as well. If you believed that those things were real and biological and could be inherited, passed down from a parent to a child, then there should be some measurable difference, it was believed, in your anthropometric features – head shape and femur length and so forth.

So he asked this question. He sent students and research assistants all across New York measuring people. And what he found was that once children were born in the United States, raised in the United States regardless of their racial background, if you like, they had more in common physically with other Americans than they had with groups from their old homelands.

And today, that strikes us, of course, as pretty obvious. It’s, you know, neonatal nutrition and all sorts of other environmental factors that would go into shaping your body. But the finding was revolutionary because if there’s no stability in this idea of race, there’s no stability to it in terms of your physical features of your body, how could you then attribute other things to it? How could you attribute civilizational level or intelligence or these other things that folks wanted to marry to the idea of race?

DAVIES: Right, and this congressional commission, did they get his point – aha, race isn’t what we thought it was?

KING: Well, unfortunately, the study was buried in this long, huge set of volumes that comprised the the Dillingham Commission’s final report. And then once you get to about a decade later in 1924, of course, those old ideas about race and the natural hierarchy of human societies is the thing that informs the very restrictive immigration policies that come in then, that are designed explicitly to increase the percentage of people of Northern European ancestry.

DAVIES: Charles King’s new book is “Gods Of The Upper Air.” After a break, he’ll talk about Margaret Mead and other women in Boas’ circle of anthropologists, whose field in popular writings opened new ways of thinking about race and gender. Also, linguist Geoff Nunberg reflects on how we’ve learned to express emotional nuance in emails and social media. I’m Dave Davies, and this is FRESH AIR.

(SOUNDBITE OF AARON GOLDBERG’S “YOYO”)

DAVIES: This is FRESH AIR. I’m Dave Davies, in for Terry Gross, who’s off this week. We’re speaking with author Charles King. His new book “Gods Of The Upper Air” is about how a group of anthropologists in the first half of the 20th century, trained by Franz Boas, challenged the view among intellectual leaders in the U.S. that there was a natural order of human potential and achievement, which put white men at the top and Western civilization as the highest form of social organization. King says those racist and sexist views were embraced by political leaders of the early 20th century and embedded in public policy.

What were some of the other ways that laws and practice embraced these ideas of racism and cultural superiority?

KING: Well, of course, this is the constant of American history. The reality of this braided history is a thing that I think, you know, any American has to understand. That on the one hand, the country has a set of foundational documents that are written in a kind of enlightenment era universalism, about free – about liberty and the essential equality of all people. But at the same time, it was a society founded on the idea of human chattel, of enslavement, of the natural God-given and, later, scientifically demonstrable hierarchy of different racial types, that, you know – and so we’re the inheritors of both of those ideas.

The era that Boas and his students were working in, this was all around you, of course. This is the era of Jim Crow, of segregated schools, of segregated swimming pools and cemeteries. You know, that your racial difference was so rooted in your person that you couldn’t be buried alongside people of a different racial category.

DAVIES: So Franz Boas develops this group of anthropologists. It was a new field. One of them was a brilliant woman named Ruth Benedict, who went and did fieldwork among the Zuni tribe in the Southwest. Do I that right?

KING: That’s right. She did a lot of work in the Southwest and elsewhere.

DAVIES: Yeah. So what did she find among their customs about sex and gender, which were eye-opening?

KING: Ruth Benedict was a very fine field worker. She was also – perhaps even better than that, she was an incredible synthesizer of the work of other people in the circle, and particularly on issues of sexuality, sex and gender. She understood that those things in every society didn’t get clustered in the way that they might in our own society.

You know, she discovered among a number of plains tribal groups the idea of an intersex category, where a person could have some of the biological, the outward biological features of one sex, but occupy a social role that was very different from that, occupy a social role that was on the opposite side. So you could have some biological features of a woman, but have the role of a man in society, or vice versa. And the cultures that she studied seemed to have a place for this, that that type of person was socially placed, as Benedict put it. They had a clear role, and people didn’t seem to be much bothered by it.

And for Benedict, this was, in a way, personally important to her because, of course, she, in her own life and in her own career, constantly battled the limitations placed on her simply because of the gender to which she was assigned. She had a long and loving relationship with another member of the Boas circle, Margaret Mead. You know, she was a professor at Columbia but couldn’t go to the faculty club because that was restricted to male faculty.

And so in – as with so many of the elements of fieldwork that these folks did, you know, when they would go to a different society, a very, very different way of organizing things just sort of revealed itself to them, and that, in turn, cast a very important light back on their own society.

DAVIES: Right, Margaret Mead was probably the most famous of Franz Boas’ followers. And I guess her first big trip was to Samoa, where she lived among villagers there. What was she interested in researching? What did she discover?

KING: So Mead is, of course, the – you know, the member of this circle that many people will have heard of, and she lived longer than, of course, Boas and Benedict and other members of this group that I talk about in the book. And so she’s the person, you know, who would become one of the great public scientists in the 20th century and carry many of these ideas into popular culture and the counterculture of the 1960s and so on.

She began her fieldworking career when she was 23 years old – went to American Samoa to do independent dissertation research on the problem of adolescence. She asked, you know, is this angst that attends being a teenager – a transition from childhood to adulthood – is this something that’s universal? Is it simply a result of biological changes that are happening in the human body? Or can you imagine a world in which the transition is less fraught? Can you find a world in which the transition is less anxiety-ridden than it seemed to be in the 1920s in the United States?

And that’s the issue that she was investigating. And similar – how do people come to understand sex, relationships, their relationship to their parents? How do they become full adults, in other words?

DAVIES: And in fact, she found, while some might regard the Samoan civilizations as, quote-unquote, “primitive,” they were very much, in some ways, like modern folks living in New York, in terms of their attitudes towards sex and things like that.

KING: Well, that’s right. I mean, Mead’s book, which came out of this research – “Coming Of Age In Samoa” – in 1928, was very controversial at the time, and it continued to be controversial throughout the 20th century. I mean, people always seemed to be attacking Margaret Mead for some reason because, I don’t know, she was very – she was extremely outspoken. She relished being a target, especially later in life.

But if you read “Coming Of Age In Samoa,” you know, it’s really a book about the United States in the 1920s because she’s saying you can take lessons from how other places, other cultures, other societies, have organized themselves that might be useful to us. And this was, I think, for all the members of the Boas circle, a core idea when they were going away to do their fieldwork.

Just like the the cure for some disease might lie in a as yet undiscovered plant somewhere, we might, by looking at other societies, find some clues as to how better to construct, how better to answer the core questions that face us.

DAVIES: You know, you have a phrase in the book – I don’t know where it comes from – but it’s, getting over yourself is bound to be hard, but the payoff is getting smarter about the world, about humanity, about the many possible ways of living a meaningful life.

KING: Yeah. You know, Boas and his students were – they were asking Americans of the early and mid-20th century, they were asking Americans today to do a very, very hard thing; that is, to look at the world in which you are on top, in which your politicians say you’re the greatest country that has ever existed, in which your power seems to be unconstrained in the world, and say that that is not due to your own – you know, a thing that you deserve in the world. It’s not due purely to your own hard work. It’s not due to the will of God. It is due to history and circumstance and a fair amount of accident.

And that’s a very hard thing, I think, for any – historically, it’s a hard thing for any group or nation or society in power to do. But for Boas, there was no way of doing science without first rejecting that idea.

DAVIES: Margaret Mead lived a long and eventful life. And I have to say, her romantic life was just remarkable to read about. Your book is biography as well as an explanation – you know, explication of the ideas. I mean, I’m sure you’re not the first to chronicle this. But I’m wondering, you know, there was a point where, you know, I guess she was with her second husband on a expedition in New Guinea, and she just falls madly in love with Gregory Bateson, another guy who was in the same business. And the three of them are – spend enormous amounts of time together, where there must have been crazy tension.

And I’m wondering, I don’t know – can’t tell the whole story here – but how her personal relationships in some way affected or were affected by her views of society and gender roles, as she explored them.

KING: Yeah. Well, I mean, the book is about, of course, ideas, but it’s really important to me as well that we realize that ideas are made by people, and those people are just regular people like all of us, with their own foibles and their own blind spots, their own passions and loves and so on. And I think for each member of this group, they – you know, they were all outsiders in one form or another.

I mean, Boas is this German Jewish immigrant to the United States. Ruth Benedict and Margaret Mead in this lifelong loving relationship between the two of them at the same time they were married to men and, in Mead’s case, multiple men. The two women having a relationship that at the time was unnamable. And other members who – of the circle who at some point all realized that the tensions, the frictions, the difficulties they were having in their lives. For the women, you know, being a female scientist in the 1920s, battling this male establishment, where – who simply wouldn’t take their work seriously, you know, largely because it happened to be written by women.

They all realized at some point that, either I’m broken, you know, something is deeply wrong with me. I’m a deviant. I’m abnormal, which is what the science of the time would have told them. Or, I’m OK. I’m a perfectly fine, coherent person. But there’s something about the relationship between who I am as a person and the social categories that define the world around me, and maybe I need to understand something more about how those social categories work.

DAVIES: Charles King’s new book is “Gods Of The Upper Air: How A Circle Of Renegade Anthropologists Reinvented Race, Sex, And Gender In The 20th Century.” We’ll continue our conversation in just a moment. This is FRESH AIR.

(SOUNDBITE OF AHMAD JAMAL’S “THE LINE”)

DAVIES: This is FRESH AIR. And we’re speaking with Charles King. His new book is about how a group of anthropologists in the first half of the 20th century, including Margaret Mead and Franz Boas, challenged what were then the dominant views in the United States, that there was a natural order of human potential and achievement which put white men at the top and Western civilization as the highest form of social organization. Charles King’s book is called “Gods Of The Upper Air.”

Another member of the Boas community was Zora Neale Hurston, an African American writer who kind of came into his – their orbit. Tell us something of her work and contributions.

KING: Well, we know Hurston, of course, as a novelist, you know, one of the great figures of the Harlem Renaissance. “Their Eyes Were Watching God” is – you know, it’s one of those things that, to be an informed American, you should read and that school kids now read as part of their introduction to American literature, something that I think she never could have imagined would be the case.

But another side of Hurston that many people don’t know is really her role as a social scientist. And I have to say, even though Boas is the kind of intellectual polestar of this group, Hurston is the person who to me most embodied some of the core ideas that Boas, Mead, Benedict and others were trying to get across. You know, we might say that Hurston was a person who really – she jumped off the high dive when it comes to trying to understand a different culture or a different society, a different way of seeing the world and really inhabit it.

DAVIES: Did Boas and, you know, others in his community take her less seriously because she was African American? Was it easier to be fascinated by the Samoans than an African American from the South?

KING: Oh, I think so. And you know what? There’s a long segment of the book about the relationship between, you know, how these anthropologists were studying Papua New Guinea or American Samoa or the Northwest coast versus how African Americans were studied in the early years of what would become African American studies. You know, I think even for people like Boas, it was easier to see Samoa, Baffin Island, Papua New Guinea as a coherent culture. When many of these white anthropologists looked at the American South, the Gulf Coast, the Caribbean, what they mainly saw were either a broken version of white culture as they would see it, or they were kind of doing a kind of social archeology to try to find the remnants of old African cultures that had somehow survived the passage to the Caribbean or survived the experience of slavery.

And you know, what Hurston said was wait a minute, there is a coherent, beautiful, observable and study-able society here in its own right with its own songs and ways of speech and ways of being that you have to understand kind of on its own terms. And that’s why, you know, when we read her ethnographies today, they’re so incredibly rich because she’s not treating her informants or the society she’s studying as the leftover of something. She’s treating them right here, right now, as real, living, purposive beings with their own unique ways of seeing the world.

DAVIES: You know, the book is about how there was, you know, a little over a hundred years ago, a generally understood intellectual framework that upheld, you know, a natural order of society in which races were separate and distinct, and Western civilization was dominant, and gender roles were fixed. And you know, these people, particularly the women and the anthropologists in the book, had done enormous work and had written a lot of books, many of them best-sellers, you know, disputing these notions. How much impact did they have if things were such a mess?

KING: Well, I think they – I think over time, their impact grew. You know, when “Coming Of Age In Samoa” came out in 1928, Mead was almost instantly famous. And she was, it has to be said, very good as a self-promoter. But I think they laid the foundation for a way of seeing the world that we now, you know, describe as sort of modern and open-minded.

The revolution that they sought to create is in no sense finished. But, you know, if you go into a university classroom now, you know, you will sort of discuss issues about the constructedness of race. You will not be given a textbook in which there is an obvious set of categories and a racial hierarchy. The idea of gender fluidity – that, you know, gender is not fixed but is also a thing that can exist in lots and lots of different forms on lots and lots of different spectrums. Similarly about, you know, about sexual attraction and what constitutes marriage and all of these issues that are so present in our society today, they were pioneers in our way of thinking about them.

You know, at the same time, I think they would recognize the pushback that we’re experiencing on all of these issues, from gender fluidity to immigration to even, you know, genetics testing companies that while showing that we’re all mixed will still somehow give you down to a percentage figure what your, you know genetic ethnicity, whatever that means, is supposed to be. So I think they would say, you know, we were happy to be there at the beginning of the revolution, but it is in no way finished.

DAVIES: Charles King, thanks so much for speaking with us.

KING: Thank you very much. It’s really nice to be with you. Thanks.

DAVIES: Charles King’s new book is “Gods Of The Upper Air: How A Renegade Circle Of Anthropologists Reinvented Race, Sex And Gender In The 20th Century.” After a break, linguist Geoff Nunberg reflects on how language has evolved in email and on social media. This is FRESH AIR.

(SOUNDBITE OF ALABAMA SHAKES SONG, “GIMME ALL YOUR LOVE”)

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