Distinción importantísima: república de indios y república de españoles en los virreinatos

Pintura De Diego de Rivera, muralista mexicano, para la edición de Canto General, el poema de Pablo Neruda

Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.23 Valparaíso  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552001002300009  

REPÚBLICA DE INDIOS Y REPÚBLICA DE ESPAÑOLES  
EN LOS REINOS DE INDIAS

Abelardo Levaggi  
Universidad de Buenos Aires1

Sobre todo, los textos de la segunda mitad del siglo XVI y los del siglo XVII dicen, con frecuencia, que en las Indias españolas hay varias repúblicas indígenas o, por lo menos, dos repúblicas: una, la de los naturales, y otra, la de los españoles. No siempre la palabra “república” se usó con el mismo significado y, aunque la historiografía se hizo eco de esas expresiones, no se detuvo a analizar lo que significaban en cada caso2. A intentar aclarar la cuestión tiende este trabajo, que es sólo una primera aproximación al tema. 

I. EL CONCEPTO DE REPÚBLICA EN FUENTES CLÁSICAS 

El concepto griego de república estuvo presente en la América española. Me refiero al concepto de república como sociedad política dotada de los medios necesarios para gobernarse, cualquiera fuese su forma de gobierno, o sea, como sinónimo de Estado. 

Por otra parte, una república podía ser bien o mal gobernada, sin que esa circunstancia influyese en su condición de tal. Según Platón, empeñado en diseñar la república ideal, “formando una república, no nos hemos propuesto nosotros por objeto la felicidad de un cierto orden de ciudadanos, sino la de la república entera; porque hemos creído poder encontrar la justicia en una república gobernada de este modo, y la injusticia en la mal administrada”3. Por ende, “procuremos al presente descubrir por qué mal pecado no están hoy día las repúblicas bien gobernadas, y qué pequeña mudanza se debería hacer en el gobierno para hacerle perfecto”4

Su solución fue que “a menos que los filósofos gobiernen, de suerte que la autoridad política y la filosofía se encuentren juntas en el mismo sujeto, […] no hay remedio para los males que arruinan los Estados, ni tampoco para los que afligen al género humano; ni jamás esta república perfecta, cuyo plan hemos levantado, parecerá sobre la faz de la tierra”5

Hay que tener presente la advertencia que hace Giovanni Lobrano acerca del título de la obra de Platón, traducido tradicionalmente con la palabra República, como consecuencia de la “mediación” ciceroniana, pero cuyo verdadero nombre es politeia, o sea, ordenamiento de la polis6

Cicerón, a diferencia del griego, reservó el término república, exclusivamente, para las sociedades regidas por leyes justas, conformes a la ley natural, que persiguen la común utilidad, y en las que el titular del poder político es el pueblo. No para las sociedades inicuas, a las que negó el nombre de repúblicas7.  Res publica _dice Lobrano_ parece indicar el ordenamiento del populus, entendido por los romanos como el sujeto colectivo del conjunto de los cives8

Cicerón puso en boca de Escipión el Africano los siguientes conceptos: “teniendo que hablar de la república, veamos primeramente qué es esto de que vamos a ocuparnos […]república es cosa del pueblo; pueblo no es toda reunión de hombres congregados de cualquiera manera, sino sociedad formada bajo la garantía de las leyes y con objeto de utilidad común”9; “todo pueblo o toda reunión establecida bajo estos principios que acabo de exponer; toda ciudad, es decir, toda constitución de un pueblo, toda república, que, como ya he dicho, es cosa del pueblo, necesita para no desaparecer que sea gobernada con inteligencia y con autoridad10. […] La autoridad puede ejercerse por uno solo, por algunos hombres escogidos o por la muchedumbre misma”11

Y en boca de Lelio: “a ningún Estado negaré más terminantemente el nombre de república que a ése en que impera como soberana la multitud; si hemos asegurado que en Siracusa no existía república, ni en Agrigento, ni en Atenas bajo la dominación de los tiranos, ni aquí cuando mandaban los decenviros, no sé cómo puede encontrarse bajo el despotismo de la multitud; porque no llamo yo pueblo […] sino a aquella sociedad en que todos los miembros participan del derecho común”12

A juicio de Lobrano, el uso ciceroniano de res publica se caracteriza, por un lado, por la contraposición al regnum y, por otro, por su relación con las categorías políticas griegas. La contraposición al regnum se expresó en Roma, cuando menos en el período post regibus exactis, en la persecución como crimen de la adfectatio regni, y en la diferencia establecida, por lo concerniente a los foedera, del tipo de la relación, según fuera la parte contrayente un populus o un rex. En cuanto a la relación con las categorías políticas griegas, señala su carácter problemático, a causa del uso admitido de que una  res publica tanto podía ser regalis, optimatum, popularis o mixta, además de sinónimo de democracia, pero, sin que pueda hablarse de ella a propósito de las formas constitucionales degenerativas. La res publica es esencialmente democrática: contrato de sociedad y pueblo-universi cives13.

Según el distinguido romanista italiano, el texto que permite acceder de forma más directa a la noción romana de pueblo es el pasaje donde Cicerón dice que “res publica id est res populi“. El fundamento del discurso ciceroniano no lo ubica en la definición de república sino en la de pueblo, ya citada: “populus autem non omnis hominum coetus quoquo modo congregatus, sed coetus multitudinis iuris consensu et utilitatis communione sociatus14. El principio de la reflexión de Cicerón es que el populus es el producto de un “contrato de sociedad”. Hay, pues, una interrelación esencial entre la noción de populus (-societas) y la de  civitas (ciudad, derecho de ciudadanía y universitas civium). La novedad republicana de Roma fue, en opinión de Lobrano, la superación de la dimensión ciudadana griega y el pasaje del Estado-ciudad al Estado municipal, destacando como elemento esencial al pueblo, y contraponiendo su estructura horizontal y voluntarista a aquella vertical y genéticamente determinada15

San Agustín, en su análisis del tratado de Cicerón, subraya la relación que éste establece entre sociedad política y moral. Recuerda que define a la república como “cosa del pueblo”, y “el pueblo, diciendo que era una junta compuesta de muchos, trabada y enlazada con el amparo del Derecho, manifestando que sin la justicia no se puede administrar ni gobernar rectamente de república […]. Así, pues, donde no hay verdadera justicia, no puede haber unión ni congregación de hombres establecida bajo la garantía del Derecho, y por lo mismo tampoco pueblo, como Escipión y Cicerón lo definen; y si no puede haber pueblo, tampoco cosa del pueblo, sino de una multitud, que no merece el nombre de pueblo. Vemos, finalmente, que si la república es cosa del pueblo, y no es pueblo el que no está enlazado y unido bajo la garantía del Derecho, y no hay Derecho donde no hay justicia, sin duda se colige que allí donde no hay la justicia no hay república”16

Sin embargo, el obispo de Hipona admite la existencia de repúblicas imperfectas, esto es, en que la “cosa del pueblo” no sea virtuosa, al eliminar de la definición de república o ciudad la referencia ciceroniana a la justicia17. Así, “si dijésemos: el pueblo es una congregación de muchas personas, unidas entre sí con la comunión y conformidad de los objetos que ama; sin duda para averiguar que hay un pueblo será menester considerar las cosas que ama y necesita. Pero sea lo que fuere lo que ama, si es congregación compuesta de muchos, no bestias, sino criaturas racionales, y unidas entre sí con la comunión y concordia de las cosas que ama, sin inconveniente alguno se llamará pueblo, y tanto mejor cuanto la concordia fuese en cosas mejores, y tanto peor cuanto en peores”18

Pasando del plano especulativo al jurídico positivo, encontramos expresado el concepto república, en el sentido de persona jurídica, titular de derechos, en algunas leyes del Código de Justiniano, ante todo en las cuatro que constituyen el libro XI, título 29: “Del derecho de la república”. Por la primera de esas leyes, “si se resolvió algo contra la república, hallándose indefensa en un asunto en el que ni se le hubieren nombrado defensores, ni se le hubiere dispuesto que se le nombrasen, en nada se perjudicó a sus acciones”, porque, como aclara la ley tercera, “es de costumbre, que la república sea auxiliada fuera de lo ordinario, como una pupila”. 

II. LOS USOS DEL VOCABLO REPÚBLICA  
CON RELACIÓN A LOS REINOS ESPAÑOLES DE INDIAS 

En el vocabulario indiano, frecuentemente, se usó la palabra república con el significado clásico griego de sociedad política o Estado, cualquiera fuese su forma de gobierno. Rafael Altamira y Crevea dice, en tal sentido, que se puede “suponer con alguna justificación que la voz República expresó el concepto de Estado, conforme a su origen latino (respublica), cuya acepción aceptó el idioma castellano”19. Sin embargo, la relación que establece con el concepto latino merece ser contestada a la luz de los estudios de Lobrano. 

Francisco de Vitoria es uno de los autores que emplean como sinónimos república y comunidad política. Según el teólogo vasco, quien vivió la experiencia del imperio de Carlos V, es “república o comunidad perfecta aquella que es por sí misma todo, o sea, que no es parte de otra república, sino que tiene leyes propias, consejo propio, magistrados propios, como son los reinos de Castilla y el de Aragón, el principado de Venecia y otros semejantes. Y no es ningún inconveniente que haya muchos principados y repúblicas perfectos bajo un mismo príncipe”20

Pero no necesariamente la república ha de ser perfecta, pese a que al principio expresara Vitoria que “república se llama una comunidad perfecta”. Admite que haya “régulos o príncipes que no rigen una república perfecta, sino que forman parte de otra”, dando como ejemplos al duque de Alba y al conde de Benavente, que eran parte del reino de Castilla21

Es decir, que la perfección de la república se relaciona en Vitoria, no con la idea de virtud, sino con la de plenitud del poder político, de modo que será más o menos perfecta según sea mayor o menor ese poder en el imperio. 

Por su parte, el agustino fray Jerónimo Román y Zamora, de la segunda mitad del siglo XVI, autor de Repúblicas de Indias, menciona “tres géneros de repúblicas, que son monarquía, democracia y oligarquía”, y distingue, entre las comunidades indígenas, unas que llama “poco repúblicas”  de otras “más repúblicas”, caracterizando a las primeras por tener “menos conocimiento de Dios”. Reaparece, pues, la idea agustiniana de clasificar a las repúblicas por su mayor o menor grado de virtud, entendida en el sentido cristiano, o, al menos, en el sentido de virtud natural, que Román y Zamora verificó tenían algunas sociedades indígenas desde antes de su evangelización. 

Entre las “más repúblicas” sobresalen en su libro las de la Nueva España. “Mirando la buena gobernación de esta gente _dice_, me parece que no se diferenciaba nada de una muy buena República, pues en todas las cosas tenían orden natural y en todo mostraban tener gran policía, principalmente en lo que toca a […] permitir algunos vicios, los cuales no eran en daño de la República en común, aunque lo eran en particular de aquél o de mí”22.

Sebastián de Covarrubias, a principios del siglo XVII, destaca la libertad como cualidad de la república, al definirla “Latine respublica, libera civitas, status, liberae civitatis23. Diego de Saavedra Fajardo habla, por su parte, de la república en términos de comunidad política o Estado24

Con ese mismo alcance de comunidad política es utilizada la voz en la ley de la Recopilación de Indias III, 3, 64: “los virreyes, y presidentes gobernadores hagan recoger, y reconocer las ordenanzas, que hubieren hecho sus antecesores para el bueno y político gobierno de las Repúblicas, y Comunidades de los Indios, y se informen del modo y forma con que se han guardado, y guardan…”25 Y lo mismo en la ley VI, 1, 40: “los principales, y caciques de las cuatro Cabeceras de Tlaxcala nos suplicaron por merced, que se les guardasen sus antiguas costumbres para conservación de aquella Provincia, Ciudad, y República […] Y porque son muy justas, y convenientes, y hasta ahora han estado en observancia, y mediante ellas son bien gobernadas, y la Ciudad se halla quieta, y pacífica, de nuevo las aprobamos y confirmamos…”

En el siglo XVIII, el Diccionario de autoridades da por primera acepción “el gobierno del público“, relacionándola con Saavedra Fajardo. La segunda acepción es para el mismo “la causa pública, el común o su utilidad“, y la tercera, por extensión, “algunos Pueblos26. En ese orden. 

III. DE LAS REPÚBLICAS INDÍGENAS A LA “REPUBLICA DE LOS INDIOS”  
FRENTE A LA “REPÚBLICA DE LOS ESPAÑOLES” 

Román y Zamora se ocupaba de la América prehispánica. Juan de Solórzano Pereira, en 1647, y con respecto a la constitución indiana, indicó que comprendía dos repúblicas: de españoles y de naturales. Ya Juan de Matienzo, en 1567, en su exposición sobre el gobierno del virreinato peruano, había tratado en partes separadas el gobierno de los indígenas y el de los españoles, y propuesto leyes particulares para cada uno27. Luego, la Relación dejada por el virrey de la Nueva España, Martín Enríquez, en 1580, a su sucesor, advierte de la existencia de “dos Repúblicas que hay que gobernar […] que son indios y españoles”. Y un documento similar del virrey del Perú, marqués de Montesclaros, de 1615, ilustra acerca de que “generalmente se ha entendido que la conservación de ambas [repúblicas] está encontrada y que por los medios que una crece, viene a menos la otra”, mas en su opinión era “fácil acudir a la conveniencia de todos, si los favores y prerrogativas de cada una no pasan la raya de la necesidad que tiene de ser socorrida y amparada”.

Según Solórzano, las dos repúblicas “así en lo espiritual, como en lo temporal, se hallan hoy unidas, y hacen un cuerpo” (libro II, cap. 5, nº 11), aludiendo más adelante a “dos Repúblicas, que mezcladas ya, constituyen Españoles e Indios” (lib. II, cap. 15, nº 3). 

Dicha unión o mezcla puede interpretarse, no en el sentido aparente de que hubiesen desaparecido ambas repúblicas para formar una sola, sino como que ambas compartían ya la misma Iglesia y la misma Monarquía, sin perjuicio de sus demás particularidades, que justificaban el seguir hablando de dos repúblicas y no de una. O sea, que la idea de Solórzano no habría sido otra que destacar el mayor grado de integración que, a esa altura de los tiempos, exhibía la sociedad indiana, comparada con el momento inicial de la conquista, mas sin llegar a la fusión total. Es de notar que el jurista no sólo habla de repúblicas, en plural; también se refiere a la república de las Indias, en singular, es decir, como sinónimo de monarquía indiana. 

La noción clásica de república, cuando no se trataba de la república ideal, estuvo asociada a comunidades, ciudades o pueblos identificados con nombre propio, distinguibles unos de otros, y en el mismo sentido comenzó a ser usada en América. Así, fue aplicada a cada una de las culturas aborígenes: república de los aztecas, república de los tlaxcaltecas, república de los mayas, república de los chibchas. 

Es el significado con que la emplea Margarita Menegus Bornemann, quien parece adoptar, además, otro más amplio, cuando se refiere a las tratativas de los españoles para organizar a los naturales dentro de un “régimen político en común, o sea en república”. En todo caso, requiere cierta condición de orden: “fue tarea del Estado español promover la república entre los indios, entendiéndose por ello, la vida urbana, política y ordenada”, sin extenderse más en la definición, y dejando en la oscuridad un concepto más preciso28

Quizá a impulsos de la política integradora de la Corona castellana, cuyo objetivo último era la conformación de una sola sociedad indiana, en la que se fundiese el elemento indígena con el español, se fue desplazando el uso del vocablo hacia el conjunto de la población indígena y, por analogía, por identidad de razón, al conjunto de la población española, como se pudo comprobar en Solórzano. 

La ampliación del objeto “república”, abarcador, en esa nueva etapa, de la totalidad de las culturas indígenas, demandó un esfuerzo de abstracción de sus rasgos peculiares. Tan racional o ideal fue la, así creada, “república de los indios”, que difícilmente pudo ser reconocida por sí misma, atendidas las notables diferencias que presentaban sus componentes, como un sector definido de la gran sociedad indiana. Unicamente por comparación, y contraste, con la población española fue posible definirla, quedando más como una creación intelectual que como realidad observable. 

Explica Alfonso García-Gallo que el conjunto de la comunidad o pueblo presentó en las Indias una complejidad de que carecía en España. Las diferencias que separaban a españoles e indígenas eran muy profundas en carácter y en cultura. No se podía hablar, pues, de una sola comunidad, sino de dos. Pese a sus profundos contrastes, que justificaban hasta un tratamiento legislativo distinto, ambas repúblicas estaban llamadas a unirse. Su situación respectiva no era, sin embargo, la misma. Si la de los españoles tenía cierta homogeneidad, la de los naturales carecía de ella, al abarcar desde las formas más rudimentarias de organización social, de tipo familiar, hasta las más desarrolladas, de carácter propiamente estatal29

La comunidad de españoles, en su vinculación política con el rey -escribe Carlos J. Díaz Rementería-, se basaba, para los conquistadores y nuevos pobladores, en la idea de contrato o pacto. Por su lado, la unión de los naturales con el monarca se quiso hacer derivar del libre acatamiento y elección, lo que, de por sí, llevó también cierta impronta de pactismo, que nos acercaría a la idea romana. Libertad, vasallaje, pues, pero, además, mantenimiento de la ancestral institución del cacique, así como puesta en práctica de una política de reducción a pueblos, fueron las bases sobre las que se construyó la república, comunidad o sociedad política de los indígenas. Ello, con independencia de que más adelante, en el siglo XVIII, dejara de utilizarse el concepto de república, porque en la realidad sus características subsistieron hasta el final del período hispánico30

La dos repúblicas compartieron las mismas autoridades superiores y el mismo Derecho indiano, incluida la misma constitución política, y, bajo ese orden jurídico-político común, cada una tuvo sus propias autoridades locales y su propio ordenamiento jurídico. Las comunidades indígenas mantuvieron _como se recordó_ a sus caciques y algunas llegaron a contar con cabildos exclusivos. Además, la Corona castellana reconoció la vigencia de sus buenas leyes y costumbres, anteriores y posteriores a su incorporación a ella, ordenando que fueran aplicadas en subsidio de las leyes de Indias. A su vez, los españoles formaron sus propios cabildos y, en subsidio del Derecho indiano, se rigieron por el de Castilla31

IV. CONCLUSIONES 

Cabe concluir, por lo dicho hasta aquí -o sea, de forma provisional, en una primera aproximación al tema-, que en la América española prevaleció el uso de la palabra república con la acepción clásica, mas no romana, de Estado o sociedad política, que podía o no estar sujeta a un orden racional, como era el caso de las comunidades aborígenes, tan diversas unas de otras. Una vez fundada la monarquía indiana, las repúblicas de naturales pasaron a compartir con los españoles la misma república mayor, con una constitución y unas autoridades superiores comunes. Es decir, repúblicas imperfectas, según la clasificación vitoriana, reunidas en una república perfecta. 

En una segunda etapa, la voz república se aplicó, además, al conjunto de las comunidades indígenas, como si todas constituyeran una sola, persiguiendo el mismo fin, hecha abstracción, pues, de sus hondas diferencias culturales. De modo paralelo a la llamada “república de los indios” se habló, por analogía, de la “república de los españoles”, en consideración a que, comparadas entre sí esas dos repúblicas, representaban dos realidades socio-políticas distintas, aunque ese paralelismo ocultara el hecho de que a la homogeneidad relativa de la población española se contraponía la heterogeneidad profunda de las culturas aborígenes. 

Al margen de esas conclusiones, se ha podido comprobar la existencia de una cierta desorientación en los autores a la hora de abordar el tema. Tal interpretación puede hacerse, partiendo de la constatación de que faltan verdaderas definiciones operativas de la palabra república. Creo que es esta una razón poderosa para seguir las indagaciones en torno suyo, hasta arribar a conclusiones más definitivas, una necesidad que resulta de la importancia que tuvo el concepto en el vocabulario indiano.  


1 Investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina, con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales Ambrosio L. Gioja de la Universidad de Buenos Aires. Profesor titular consulto de Historia del Derecho. 

2 Iris Gareis, que sitúa en el virreinato de Francisco de Toledo en el Perú los orígenes de la separación entre la <república de indios> y la <república de españoles> e interpreta esa separación en el sentido de una negativa de éstos a aquéllos a participar en el Estado, no se plantea el problema ni analiza el concepto de república (Gareis, Inés,  República de indios – República de españoles. Reinterpretación actual de conceptos andinos coloniales, en Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas 30 (Köln, 1993), pp. 262 – 263). Tau Anzoátegui, Víctor, Nuevos horizontes en el estudio histórico del Derecho Indiano (Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho, Buenos Aires 1997) no incluye este tema en la lista de los que considera necesario estudiar.         [ Links ]

3 Platón, Republica lib. IV, 1 (420 b). 

4 Platón, Republica lib. V, 17 (473 a). 

5 Platón, Republica lib. V, I8 (473 d). Para la traducción de los textos citados hemos usado: Platón, La república o coloquios sobre la justicia. Traducción por José Tomás y García (Perlado, Páez y Cía., Madrid, 1910), 2 vols. Aristóteles atribuyó a la palabra república dos acepciones: cuando gobierna la multitud en el sentido del interés general, se da al gobierno el nombre de república, [y] nombre común de todos los gobiernos. O sea, una acepción estricta y otra lata (Política  libro III, cap. V, nº 2: Aristóteles, La política. Versión castellana de Nicolás Estévanez (Garnier Hnos., París s/d). 

6 Lobrano, Res publica res populi. La legge e la limitazione del potere, (G. Giappichelli Editore, Torino, 1996), p. 115. 

7 Truyol y Serra, Antonio, Historia de la filosofía del Derecho y del Estado. De los orígenes a la Baja Edad Media (3ª edic., Revista de Occidente, Madrid, 1961), p. 187.         [ Links ]

8 Lobrano (n. 6), p. 59. 

9 Cicerón, de republica I, 25, 39. 

10 Cicerón, de republica I, 26, 41. 

11 Cicerón, de republica I, 26, 42. 

12 Cicerón, de republica III, 39, 45. Para las traducciones hemos usado: Cicerón, Marco Tulio, Tratado de la república. Tratado de las leyes. Catilinarias. Versiones castellanas de Francisco Navarro y Calvo y Juan Bautista Calvo (7ª edic., Porrúa, México, 1991). 

13 Lobrano (n. 6), pp. 59 – 62 y 111. 

14 Cicerón, de republica I, 25, 39. 

15 Ibíd., pp. 113 – 116. 

16 Agustín de Hipona, De civitate Dei lib. XIX, cap. 21. 

17 Truyol y Serra (n. 6), p. 265. 

18 Agustín de Hipona, De civitate Dei lib. XIX, cap. 24. La traducción usada es: San Agustín, La ciudad de Dios. Traducción por José Cayetano Díaz de Beyral (Viuda de Hernando y Cía., Madrid, 1893), 4 vols. 

19 Altamira y Crevea, Diccionario castellano de palabras jurídicas y técnicas tomadas de la Legislación Indiana ( UNAM, México, 1987), p. 289. 

20 Según Jaime Brufau Prats, uno de los elementos más característicos de la doctrina internacional de Francisco de Vitoria es el concepto de orbis como cuerpo social universal. Si bien es cierto que las respublicae perfectae por el mismo hecho de ser perfectas son plenamente independientes entre sí y dotadas de poder supremo en su orden, sin embargo ello no es obstáculo para que sean partes de la gran respublica del orbe, la cual tiene poder sobre los Estados que la componen (Brufau Prats, El pensamiento político de Domingo de Soto y su concepción del poder (Universidad de Salamanca, Salamanca, 1960), pp. 173 – 174). 

21 Vitoria, Relección de los indios o del derecho de guerra de los españoles en los bárbaros, en El mismo, Derecho natural y de gentes. Introducción por Eduardo de Hinojosa (Emecé, Buenos Aires, 1946), pp. 220 – 221. En esto Vitoria no coincidía con Santo Tomás de Aquino, quien en su opúsculo Sobre el gobierno de los príncipes había reservado el vocablo república para designar una de las formas de gobierno, como Aristóteles stricto sensu: un gobierno justo. Si lo administra una multitud de ciudadanos, se llama república, así como, si el régimen injusto es ejercido por muchos, suele llamarse democracia (lib. I, cap. 1) (Tomás de Aquino, Tratado de la Ley. Tratado de la Justicia. Opúsculo sobre el gobierno de los príncipes. Traducción y estudio introductivo por Carlos Ignacio González, S.J. (5ª edic., Porrúa, México, 1996). 

22 Román y Zamora, Repúblicas de Indias. Idolatrías y gobierno en México y Perú antes de la conquista. Colección de Libros Raros o Curiosos que tratan de América, XIV. I (Victoriano Suárez, Madrid, 1897), pp. 48, 238 – 239 y 272. 

23 Covarrubias, Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Según la impresión de 1611, con las adiciones de Benito Remigio Noydens publicadas en la de 1674. Edición preparada por Martín de Riquer (Herta, Barcelona 1943. Reedic. facsimilar de Editorial Alta Fulla, Barcelona, 1993), p. 906. 

24 Saavedra Fajardo, Empresas políticas, o idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas, empr. LXVI (Juan Oliveres, Editor, Barcelona, 1845), II, pp. 129 – 140. 

25 Según Lira, Andrés, La voz comunidad en la Recopilación de 1680, Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias. Estudios histórico-jurídicos.  Coordinación: Francisco de Icaza Dufour (M. A. Porrúa, México, 1987), p. 416, hay una despolitización de la voz comunidad en la Recopilación; nunca se confunde pueblo o república, como orden social y político de los indígenas, con comunidad, que es, precisamente, el orden económico de sus bienes, en general, y, en particular, de sus cajas o recursos monetarios. Pese a esta opinión autorizada, en la presente ley es inequívoco el empleo de la palabra comunidad con un sentido de orden social y político, y no precisamente económico. 

26 Real Academia Española,  Diccionario de autoridades (edic. facsímil de la de 1737, Editorial Gredos, Madrid, 1963), O – Z, p. 586. 

27 Matienzo, Gobierno del Perú, 1567. Edition et étude préliminaire par Guillermo Lohmann Villena (Institut Français d´Etudes Andines, Paris – Lima, 1967). 

28 Menegus Bornemann, Del señorío indígena a la república de indios. El caso de Toluca, 1500 – 1600  (2ª edic., Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1994), p. 163. 

29 García – Gallo, La constitución política de las Indias españolas, en El mismo, Estudios de historia del Derecho Indiano (Instituto Nacional de Estudios Jurídicos, Madrid, 1972), pp. 508 – 511. 

30 Sánchez Bella, Ismael – Hera, Alberto de la – Díaz Rementería, Carlos, Historia del Derecho Indiano (Mapfre, Madrid, 1992), pp. 184 – 185. 

31 Manzano Manzano, Juan, Las leyes y costumbres indígenas en el orden de prelación de fuentes del Derecho Indiano, en Revista del Instituto de Historia del Derecho Ricardo Levene 18 (Buenos Aires, 1967), pp. 65 – 71; Salvat Monguillot, Manuel, Los representantes de la república, en Revista Chilena de Historia del Derecho, 6 (Santiago de Chile, 1970), pp. 120 – 128; Díaz Rementería, Carlos J., El cacique en el Virreinato del Perú. Estudio histórico – jurídico (Universidad de Sevilla, Sevilla, 1977); González de San Segundo, Miguel Angel, Pervivencia de la organización señorial aborigen (Contribución al estudio del cacicazgo y su ordenación por el Derecho Indiano), en Anuario de Estudios Americanos, XXIX (Sevilla, 1982), pp. 47 – 92; El mismo, El elemento indígena en la formación del Derecho Indiano, en Revista de Historia del Derecho 11 (Buenos Aires, 1983), pp. 401 – 453; Zorraquín Becú, Ricardo, Los derechos indígenas, en Revista de Historia del Derecho 14 (1986), pp. 427 – 451; Esteva Fabregat, Claudio, La Corona Española y el indio americano (Asociación Francisco López de Gómara, Valencia, 1989), II, pp. 95 – 124; Peña Peñalosa, Roberto, La república de los indios y el Derecho Común, en  Revista Chilena de Historia del Derecho 15 (1989), pp. 129 – 146; Levaggi, Abelardo, Notas sobre la vigencia de los Derechos indígenas y la doctrina indiana, en Revista Complutense de Historia de América 17 (Madrid, 1991), pp. 79 – 91; Menegus Bornemann, Margarita, La costumbre indígena en el Derecho Indiano: 1529 – 1550, en Anuario Mexicano de Historia del Derecho 4 (México, 1992), pp. 151 – 159; y Dougnac Rodríguez, Antonio, Manual de Historia del Derecho Indiano(UNAM, México, 1994), pp. 313 – 397. 

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Entrevista sobre el problema de la nación y la geopolítica en el contexto español y europeo

Barbara Loyer: “El desafío separatista catalán es un problema europeo y no sólo español”

CATEDRÁTICA DE GEOPOLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD DE PARÍS 8. DIRECTORA DEL INSTITUTO FRANCÉS DE GEOPOLÍTICA (IFG)

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Barbara Loyer es una reputada catedrática francesa nacida en 1961, que ejerce su labor docente e investigadora en el Instituto Francés de Geopolítica de la Universidad Paris 8. Está especializada en geopolítica de España y, particularmente, en todo lo concerniente a los nacionalismos vasco y catalán. Conoce profundamente nuestro país y utiliza nuestro idioma con una pericia que ya quisiéramos tener muchos españoles.

Sus reflexiones también abarcan todo lo referente a la Unión Europea, cuestión sobre la que recientemente ha publicado L’Union européenne, un territoire en construction y Réflexions sur la crise des réfugiés de 2015 en la revista francesa Hérodote.

Ya en el año 2000 publicó Géopolitique du Pays Basque, un fino análisis de los fundamentos históricos y culturales del País Vasco, y unos años más tarde, en 2006, Géopolitique de L’Espagne, obra en la que analizó los complejos fundamentos de la nación española, así como las tensiones provocadas por la presión contante de los nacionalistas vascos y catalanes, al mismo tiempo que repasaba los factores de unidad y solidaridad que unen a los ciudadanos de nuestro país.

Barbara Loyer 2 - Juan Luis Fabo

Portada de L´Espagne en crise (s): Une géopolitique au XXIe siècle (ARMAND COLIN, 2015)

Más recientemente, junto con la profesora Nacime Baron, ha publicado L’Espagne en crise(s), obra en la que, desde una visión global de los problemas europeos, se analiza la situación actual de España a partir de 2008, momento de inicio de la crisis económica y en el que se ponen claramente de manifiesto las debilidades de nuestro sistema político establecido en la Transición. Es a partir de este último gran trabajo de análisis y reflexión sobre el que hemos realizado esta entrevista.

En tu libro España en crisis, prologado por Fernando Aramburu, éste comenta que en los años duros de la postguerra y a la largo de la dictadura franquista, en la clase obrera del país se gestó una fuerza impulsora de progreso basada en la voluntad colectiva de que sus hijos accediesen a una vida mejor, lo cual facilitó una transición modélica a la democracia y, a la postre, convirtió a España en un país que nuestros antepasados no hubieran imaginado ni siquiera en sus sueños más audaces. Sin embargo, también considera que hoy en día aquel espíritu se ha perdido y que de nuevo apuntan “nubes negras” en el horizonte político y social de España. ¿Compartes esta opinión y, en su caso, cómo crees que los españoles podríamos recuperar un impulso positivo hacia el futuro? Sí, pero la crisis de confianza no es exclusiva de España. Las consecuencias de la mundialización contemporánea desestabilizan nuestras sociedades europeas de la abundancia. El capitalismo financiero exacerba la competición por el trabajo, las migraciones nos transforman. Hoy, en la mayor parte de los países de Europa, muchos padres temen que sus hijos no puedan tener una vida mejor que la suya. Estas nubes negras de la incertidumbre y de la frustración son una amenaza colectiva. Nuestro porvenir común debe, sin embargo, construirse sobre los cimientos particulares de la historia de cada una de las naciones que componen la Unión Europea.

Negociar, situando un territorio en el centro del diálogo, es muy complicado. La izquierda se niega a tomarlo en cuenta, se sitúa en la utopía

España es un Estado que muestra signos evidentes de fragilidad. En francés, el título del libro, L’Espagne en crises, tiene la palabra crisis en plural. La conjunción de dificultades económicas y políticas es más preocupante porque las rivalidades en España son territoriales. Negociar, situando un territorio en el centro del diálogo, es muy complicado. La izquierda se niega a tomarlo en cuenta, se sitúa en la utopía. Me sorprende a menudo la violencia verbal expresada entre españoles de ideas opuestas. La retórica política se funda muchas veces en la evocación de las culpabilidades ajenas en el pasado. Los discursos de Pablo Iglesias son un ejemplo de que esto funciona en el electorado de izquierda. Quieren unir a los suyos dando la sensación de que combaten enemigos y no adversarios políticos. Y recurren a la Historia para reclamar la razón. El futuro tendría que construirse sobre la consolidación de la figura del adversario indispensable. Y también sobre un debilitamiento filosófico de los nacionalismos de trincheras.

En el libro, escrito junto a tu compañera Nacima Baron, decís que vuestro propósito es explicar la secuencia de acontecimientos que llevaron a la crisis actual de España, y también la espiral de desequilibrios y conflictos en las esferas política, social y económica. Todo ello lo hacéis con la intención de arrojar luz sobre el presente y encontrar las claves para comprender los problemas actuales de España. ¿Si tuvieras que priorizar, cuáles señalarías como las causas, los desequilibrios y los conflictos más graves? He sido formada por Yves Lacoste, geógrafo francés que ha contribuido, con la revista Hérodote, fundada por él, a la reintroducción de la palabra «geopolítica» en Francia. Lo ha hecho basándose en una reflexión sobre el concepto de nación. Lacoste defiende que la nación es «la idea fuerte de la geopolítica», porque en torno a este concepto se estructuran cada vez más conflictos contemporáneos. Perdóname el desvío que alumbra mi respuesta: pienso que hay pocos debates geopolíticos sobre la nación española, y que es una fragilidad.

Napoleón provocó en España un momento de unión nacional, pero ésta fue rota por Fernando VII cuando volvió del exilio, con la ayuda de las fuerzas europeas del absolutismo (los Cien Mil Hijos de San Luis). La democracia española ya era en el siglo XIX un problema de alcance europeo. El general Franco hizo lo mismo que Fernando VII: tomar todo el poder e imponer una concepción patrimonial de España. Paradójicamente, los dos grandes partidos que monopolizan, democráticamente, el gobierno desde los años ochenta tampoco han desarrollado un pensamiento sobre la nación española. Es bien sabido que el PP y el PSOE han pactado con los partidos nacionalistas vascos y catalanes para asegurarse el poder a corto plazo, pero sin fomentar reflexiones sobre el alcance a largo plazo de estos pactos. De hecho, existen dos naciones en los territorios del País Vasco y Cataluña. Los demócratas españoles lo han aceptado, reconociendo los derechos históricos e introduciendo el término «nacionalidad» en la Constitución, pero no han explicado a los ciudadanos los problemas que plantea esta superposición compleja. Han actuado como si la nación española fuese una evidencia que jamás sería cuestionada, como si fueran a ser eternamente los más fuertes, sin hacer nada, en nombre de la Historia. En consecuencia, sólo los nacionalistas catalanes y vascos han defendido «su» territorio.

Los partidarios de la unidad española han sido abandonados. El Estado se ha ausentado

Los partidarios de la unidad española han sido abandonados. El Estado se ha ausentado. Los dirigentes españoles han creído que el dinero de los años de bonanza haría desaparecer los problemas políticos. La economía es, sin embargo, cíclica y no se puede fundar una cohesión social duradera sobre una realidad tan volátil. La ligereza con que algunos dirigentes se han dejado sobornar revela el carácter superficial de la política española de los últimos treinta años. Veo en ello una suerte de ceguera que ha agravado los desequilibrios en Cataluña y en el País Vasco. La violencia de ETA también ha contribuido a esta ceguera. La defensa de la democracia frente al terrorismo ha ocupado todo el espacio político. El heroísmo de los cargos electos, profesores, periodistas, funcionarios asesinados o amenazados, la organización de la respuesta judicial, política, filosófica, el fallo ético del GAL, han silenciado los debates serenos sobre el pasado y el futuro de España. Me parece que es necesario distinguir entre el nacionalismo, que es un movimiento sentimental, y la nación. La nación es un cuadro conceptual ineludible. Debemos hablar de la nación para superar el nacionalismo.

Calificáis la crisis española de multiforme y señaláis que desafía los fundamentos del pacto político firmado en el momento de la Transición, de modo que se cuestiona la unidad del país, la representación democrática y el progreso de los últimos 30 años. ¿Crees que hemos tocado fondo y que, tras la intervención de la Generalitat de Cataluña por parte del Gobierno, cambiará el rumbo de los acontecimientos o lo peor está todavía por llegar? Cualquier cosa puede suceder, ya que una mitad de la población catalana no otorga ninguna legitimidad a los representantes del Estado español. Lo peor sería que una parte de los independentistas abandonase la estrategia no violenta adoptada desde el principio del famoso procés, o que los constitucionalistas de Cataluña perdiesen la paciencia y se enfrentasen violentamente a los separatistas. Cuando la violencia física sale del cajón, es difícil volver a encerrarla.

Albert Boadella dice que el empobrecimiento hará tocar el fondo y acabará con el separatismo. Por eso le parece positivo el resultado del 21 D. Opino que el sentimiento nacionalista es un pozo sin fondo, la expresión de solidaridades primarias que pueden llegar a ser racismo. Nuestros sistemas políticos deben regular este sentimiento, porque dudo que pueda desaparecer. Lo más complicado está aún por llegar: fomentar reformas en el contexto revolucionario de Cataluña es una aporía, una dificultad lógica irresoluble.

Una reforma de la Constitución debería abrir controversias -asequibles para un amplio público- acerca del poder, de su control, del concepto de lealtad, y no sólo sobre las libertades de unos y otros

También afirmáis que la virtud principal de la Constitución de 1978 es haber creado un espacio de negociación en un país que había conocido una espantosa guerra civil y 37 años de dictadura, pero que los compromisos que la hicieron posible son tales que el texto no puede evolucionar, mientras que el propio desarrollo de las autonomías en España ha provocado una transformación radical de la estructura del Estado. ¿Crees que será posible encontrar mediante el debate político y parlamentario bases renovadas que afiancen la unidad del país, o los españoles estamos abocados a nuevos enfrentamiento? Los acontecimientos de 2017 demuestran que la democracia española es sólida. En 1978, apenas había clase política local; sólo en Euskadi y Cataluña. Hoy las discusiones tendrán que comprometer a la clase política y mediática de las diecisiete comunidades autónomas y no únicamente al gobierno del Estado y a la Generalitat. Una reforma de la Constitución debería abrir controversias -asequibles para un amplio público- acerca del poder, de su control, del concepto de lealtad, y no sólo sobre las libertades de unos y otros. UPyD planteó la cuestión de la reforma de la ley electoral. En Francia, el sistema electoral mayoritario no es mejor, pero sigue siendo más o menos legítimo, tal vez porque nos ha protegido de la debilidad francesa: la extrema derecha. En España, la ley electoral amplifica los conflictos territoriales. Se sabe que su reforma dependerá del rumbo de las discusiones internas del PSOE, cuya política sobre los nacionalismos regionales me parece errática. La reforma constitucional es percibida como una amenaza por el PP y el PSOE. Es sin duda arriesgada en el contexto actual, pero no llevarla a cabo puede ser todavía más peligroso. Dejaría el monopolio de la palabra a los activistas de las causas simples.

La crisis económica de 2008 la situáis como un elemento desencadenante de la crisis política y social actual. Es como si la situación anterior caracterizada por la abundancia de dinero en casi todas las esferas económicas hubiese servido para mitigar y aplazar en el tiempo las tensiones políticas. ¿Una hipotética confirmación de la salida de la crisis económica sería la solución para superar en España los conflictos políticos actuales? La bonanza económica no ha impedido el afianzamiento del nacionalismo catalán. La crisis ha ensanchado la influencia del discurso independentista hasta llegar a los sectores que se sintieron traicionados por los grandes partidos. El choque de 2008 también amplía, con discursos victimistas, la audiencia de los separatistas en la pequeña y mediana empresa. Era muy difícil de concebir que, en pos de una quimera, una parte tan amplia de la población aceptase correr un riesgo económico considerable. La lección que todos debemos retener es que el nacionalismo puede dar paso a una mística irracional y llevar a la clase burguesa a actuar en contra de sus intereses. Esto podría ocurrir en cualquier país de Europa. La economía no se sobrepone a la ideología nacionalista. No somos Serbia ni Bosnia, pero tampoco tan diferentes como para creernos inmunes a la irracionalidad.

Me llama la atención que haya más extrema izquierda anti-todo por sistema que ecologistas enfrentándose a uno de los mayores retos de la humanidad. España es uno de los países directamente amenazados por el calentamiento global

Las tensiones separatistas y el reto catalán, las consecuencias del terrorismo nacionalista vasco, el desempleo masivo y el trabajo precario, la desigualdad económica territorial y entre los propios individuos, el recorte de las políticas sociales, el envejecimiento de la población y los jóvenes que abandonan el país, la corrupción política y la privatización de los servicios públicos, la fragilidad del sistema industrial y las características del modelo productivo son algunos de los elementos que analizáis en el libro para entender mejor la situación de España y sus problemas actuales. Todos ellos explicitados uno tras otro propician una percepción bastante pesimista. Sin embargo, el país tiene también sus puntos fuertes. En este sentido ¿cuáles son los que destacarías como especialmente favorables y capaces de aportar soluciones hacia el futuro? Hasta hoy, ni los crímenes de ETA, ni los atentados islamistas, ni la corrupción, ni la pobreza, ni el desafío separatista catalán han dado paso al fortalecimiento de un partido de extrema derecha al lado del PP. Esto revela una fuerza moral colectiva que muchos europeos pueden envidiar a los españoles. Considero que la democracia está muy anclada en la mayor parte de España, a pesar de la confusión que generan las identidades colectivas utilizadas políticamente. Pero me llama la atención que haya más extrema izquierda anti-todo por sistema que ecologistas enfrentándose a uno de los mayores retos de la humanidad. España es uno de los países directamente amenazados por el calentamiento global. La representación del franquismo como argumento falaz es un lastre para la izquierda española.

También explicáis cómo en España ha habido dos partidos políticos que se han alternado en el poder desde la Transición y han sido favorecidos por el sistema electoral, sistema que también favorece fuertemente la capacidad de influencia de los partidos nacionalistas periféricos para determinar de forma esencial la política española. Sin embargo, en 2015 se dio una fuerte agitación electoral, de la que ya había algún precedente en 2011. ¿Consideras que se confirmará definitivamente el cambio del mapa político a pesar de que no se haya modificado el sistema electoral? Para confirmarse tal cambio, que no me atrevería a pronosticar como definitivo, Ciudadanos debería reforzarse localmente. Se podría tal vez negociar solamente una nueva ley electoral para el Senado, cuya mayoría está fundada en una representación no proporcional de los territorios (cuatro senadores por provincia) y bloquea las reformas, incluso parciales, de la Constitución. La excepcionalidad de las nacionalidades debilita al conjunto español sin mejorar la democracia. Dicha excepcionalidad no ha impedido el desgaste mediático de España en el extranjero. A pesar de ser el Estado europeo más descentralizado, España sigue descrita como una prisión para sus pueblos.

En vuestras conclusiones afirmáis que en 2006 muy pocos observadores de la vida pública imaginaban todo lo que una conjunción de dificultades internas y externas sacudiría a España y a los españoles en los años siguientes hasta dibujar un futuro repleto de incertidumbres. ¿Crees que ahora los observadores de la vida pública serán capaces de imaginar con más acierto qué pasará en los siguientes 10 años? La incertidumbre es la normalidad. Los observadores no tienen otra opción que arriesgarse. Hay que darles esta libertad. Lo que acaba de suceder en España revela que los partidos políticos no concibieron que la burguesía catalana, con la que trataban desde hace décadas, no bajaría del tren antes del choque. Los nacionalistas catalanes tampoco concibieron que estarían peor considerados en Europa que los españoles que despreciaban, o que acabarían con sus huesos en la cárcel. Es difícil de contrarrestar la metonimia que transforma un espacio en actor político: Cataluña sufre, Madrid actúa…

El episodio de la sentencia del 2010 revela la imprudencia del PSOE. Llenó el barril de pólvora con unos artículos claramente proclives a la exclusión del Estado de Cataluña, sabiendo que el PP encendería la mecha

En 2005 escribí que Cataluña era el eslabón débil de España. Yo veía que la resistencia contra ETA había forjado en Euskadi una opinión pública española mucho más estructurada que en Cataluña. El catalanismo es, por el contrario, una ideología mal definida que legitima cualquier política en nombre de la cultura. Cataluña es, además, un territorio mucho más fácil de conquistar que las siete provincias de la Euskal Herria de los nacionalistas vascos. Antes del 2008, imaginaba que la chispa desencadenante de una crisis territorial en España podría llegar desde Bélgica, si los nacionalistas flamencos capitalizaban sus logros políticos con una Declaración Unilateral de Independencia. La chispa ha sido el hundimiento financiero en los Estados Unidos y sus consecuencias en cadena en España. Como causa interna, el episodio de la sentencia del 2010 revela la imprudencia del PSOE. Llenó el barril de pólvora con unos artículos claramente proclives a la exclusión del Estado de Cataluña, sabiendo que el PP encendería la mecha. El procés empieza cuando Jordi Pujol está en apuros judiciales, y permite borrar del mapa a su partido corrupto, CDC. Era imposible prever todo ello, pero los gobernantes españoles sí tenían mucha información. Hoy la complejidad del panorama tampoco permite pronósticos muy seguros, pero el despertar de una opinión pública más orgullosa del valor de España es un resultado calamitoso desde el punto de vista separatista. No sé con qué saña los dirigentes del PP y del PSOE van a intentar frenar el auge de Ciudadanos, y a qué precio, para protegerse entre ellos.

Fernando Savater ha insistido en la importancia que para cualquier país tiene la educación en todos los órdenes político, económico, social y cultural. Y la ha señalado como una de las claves que mejor explican la situación actual de España, al menos en lo referente a las tensiones nacionalistas. ¿En vuestro análisis qué consecuencias consideras que ha tenido para España su actual política educativa con la transferencia de las competencias a las comunidades autónomas, y qué consecuencias se pueden derivar de todo lo referente al trato que se ha dado a la lengua común, es decir, al uso o a la falta de uso del español en las escuelas de varias comunidades autónomas? La nación francesa se consolidó gracias a una derrota contra Alemania en 1871. Los políticos de la época consideraron que quienes habían ganado eran los profesores alemanes por haber formado soldados patriotas. El sistema escolar francés, tan centralizado y homogéneo, se creó después de aquel hito, en los años ochenta del siglo XIX. Se construyeron escuelas en más de 36.000 municipios (hay algo más de 8.000 municipios en España), donde los niños aprendían que íbamos a recuperar Alsacia y Lorena. Después de la Primera Guerra Mundial, cada municipio ha edificado su monumento con la lista de los muertos del pueblo, y el 14 de julio se celebra un desfile conmemorativo.

Donde hay nacionalismo, la escuela es nacionalista. Parece aberrante que en España se hayan delegado tantas competencias educativas en un contexto de potentes nacionalismos regionales

Donde hay nacionalismo, la escuela es nacionalista. Parece aberrante que en España se hayan delegado tantas competencias educativas en un contexto de potentes nacionalismos regionales. Escribí que España estaba llegando a una suerte de postnacionalismo del cual todos los europeos podríamos aprender, pero quizá hubiera que teorizarlo. Se ha dejado todo el espacio a los nacionalistas periféricos cuya ideología es muy estructurante para ellos. ETA sobrevivió a sus escisiones gracias al cemento nacionalista. El bilingüismo sólo se analiza como una cuestión sociológica o cultural, y no como un fenómeno geopolítico que provoca rivalidades de poderes dentro de los territorios. La revista Hérodotepublicó en 2002 un número titulado “Lenguas y territorios”. Vi que los sociolingüistas describían cada idioma, pero no encontraba a nadie que analizase las rivalidades que surgen en torno a sus usos. La cultura es otra cosa, debe estar libre de consideraciones políticas, por importantes que sean. Cuando escribí mi tesis doctoral de Geopolítica sobre el País vasco español, me gustó mucho estudiar euskera diariamente en el euskaltegide Hernani. Era una alegría íntima, muy alejada de consideraciones geopolíticas.

Concluís que el Estado de las autonomías ha contenido el problema del separatismo durante un tiempo, pero que, a largo plazo, es una solución costosa que ha generado una burocracia sobredimensionada, agravios comparativos entre regiones, duplicidades institucionales y una jungla normativa y competencial. ¿Cuáles serían los modelos teóricos y las claves principales para una salida satisfactoria hacia una nueva estructuración territorial del poder político? El modelo teórico tendría que ser jurídico. No soy jurista. Es importante comprender que la democracia es un ideal cuando uno vive en una dictadura, pero donde existen libertades es un sistema de poder. Cuanta más democracia, más rivalidades de poderes entre ciudadanos. Por eso, la clave es que los ciudadanos no se dejen guiar como en Cataluña por un misticismo del ideal democrático, como si España fuese una dictadura. Todo sistema futuro será el resultado de compromisos. ¿Cuáles son los compromisos aceptables por unos y otros? Esta pregunta ha sido la clave en 1977. Hoy, los compromisos son más complicados: los líderes nacionalistas no los quieren. También hay un sector importante de jóvenes electores politizados en 2011 que no otorga ningún valor al pacto constitucional posfranquista. El afán de Podemos en deslegitimar la Transición me parece muy problemático. Socavándolo, no se puede mejorar el sistema. Pretender conquistarlo a toda costa no dibuja un porvenir común. Se añaden nuevos defectos a las grandes limitaciones del PP y del PSOE.

Señaláis que la democracia no puede permitirse que España sea un país fracturado y, en todo caso, consideráis que, a pesar de la profundidad de las desigualdades, es una democracia política sólida. ¿Cómo valoras el papel que ha tenido España en Europa hasta ahora? Y, en el futuro, ¿crees que puede llegar a ser una fuente de inestabilidad para otros países en la medida de que no fuese capaz de superar los impulsos separatistas de sus nacionalismos internos? El desafío separatista catalán es un problema europeo y no sólo español. Los liberales de la Constitución de Cádiz inscribían sus acciones dentro de un movimiento europeo de liberalización que fue cortado de raíz. Hoy en día, la nación es una base simbólica muy importante, al mismo tiempo que se transforma por las cesiones de parte de esta soberanía nacional a la Unión Europea. Esto provoca zozobra y resistencia, sobre todo por los temas de la inmigración, fronteras, desigualdad. España participa de esta evolución y sus fragilidades internas deberían nutrir una didáctica europea sobre las futuras relaciones entre democracia y soberanía. Las reivindicaciones de los nacionalistas sin Estado se expresan al viejo estilo: un pueblo, un territorio, una soberanía. El que tengan tan poco poder sobre las realidades económicas no les ha hecho dudar.

Es difícil saber lo que hacen los españoles en la UE. Escribí, hace años, un artículo sobre el balance de la presidencia del Consejo por José Luis Rodríguez Zapatero y me costó mucho encontrar algo sustancioso. Aun así, la participación en los comicios europeos se sitúa siempre un poco por encima de la media. En un contexto de euroescepticismo creciente, no es algo baladí

Emmanuel Macron habla de soberanía europea y no reconoce el derecho a la soberanía de las naciones regionales. Yanis Varoufakis habla de soberanía global contra el capitalismo y apoyó al movimiento separatista catalán. Hay que ayudar al ciudadano a opinar basándose en una reflexión sobre los poderes concretos que derivan de estas proposiciones. A mi juicio, la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el estatuto catalán tendría que ser traducida al inglés y al francés para ser estudiada en los demás países de la UE. Es muy larga (470 páginas), contiene muchos votos particulares que demuestran el difícil equilibrio entre libertades y lealtad. Si el procés deslegitimase el modelo rupturista revolucionario de los separatistas a favor de la reforma, sería un avance interesante. Por eso, aunque no sea una solución mágica, me parece importante que la reforma constitucional no siga bloqueada por la connivencia del PP y del PSOE. España no parece tener una influencia particular en la UE. Salvo durante la presidencia de José María Aznar, que quería darle mayor rango (cuando las negociaciones del tratado de Niza, y, luego, participando en la segunda guerra del Golfo), es difícil saber lo que hacen los españoles en la UE. Escribí, hace años, un artículo sobre el balance de la presidencia del Consejo por José Luis Rodríguez Zapatero y me costó mucho encontrar algo sustancioso. Aun así, la participación en los comicios europeos se sitúa siempre un poco por encima de la media. En un contexto de euroescepticismo creciente, no es algo baladí.

El sistema de la Unión Europea es demasiado burocrático. No sé si podrá transformarse antes de que ganen partidos pro exit en otros países. La información se esconde detrás de una jerga técnica que me parece un atentado a la democracia

Desgraciadamente, no sólo en España se dan problemas graves, también en otros países europeos las cosas no van precisamente bien. ¿Cómo ves en estos momentos la situación de Europa y dinos si consideras que la Unión Europea tiene capacidad suficiente para superar los retos que tiene por delante? Chocan muchos acontecimientos de gran calado: crisis de la deuda griega, Brexit, éxitos electorales de la extrema derecha, atentados, guerra en Siria y Libia, DUI en Cataluña…. Apagar el fuego en cada lugar es contribuir a controlar un incendio europeo. El sistema de la Unión Europea es demasiado burocrático. No sé si podrá transformarse antes de que ganen partidos proexit en otros países. La información se esconde detrás de una jerga técnica que me parece un atentado a la democracia. Los partidos de extrema izquierda y de extrema derecha dicen lo mismo. Se les llama populistas porque proponen a los ciudadanos soluciones simples ante problemas complejos. Pienso que hay que tomarse en serio el deseo de los ciudadanos de tener más poder frente a la potencia de los grandes actores económicos. Dejando de lado el racismo, muchas ideas contienen una parte de verdad. El problema reside en las amalgamas tácticas de los políticos para ensanchar su audiencia. Por ejemplo, Yanis Varoufakis apoya a los separatistas catalanes. Su programa propone una Unión Europea más resistente ante el capitalismo, pero hace campaña por una Europa “pluralista de las regiones, etnias, confesiones, naciones, lenguas y culturas”. Igualmente, el economista Thomas Piketty ha dado su apoyo a Podemos, obviando la gravedad de la cuestión territorial española. Podría haber dicho que ciertas propuestas económicas le parecían relevantes y ser prudente en lo demás. Tal vez tanto el uno como el otro piensan que los Estados son un estorbo. En las próximas elecciones europeas habrá debates de mucho alcance. Los relatos contrapuestos sobre los conflictos españoles y las estrategias políticas de sus actores son, desde ahora mismo, parte de la capacidad europea para superar los retos que tiene por delante.

Fotografías: Francisco Javier Irazoki

La Conquista de México, radiodrama, donde opera la mezcla de Historia y Ficción literaria. Es la versión emic, de un periodista mexicano. Para la crítica y el análisis, excelente.

Propuesta de introfilosofia para la crítica y el análisis del planteamiento histórico literario de este asunto de la Conquista de México: desde el Materialismo Filosófico elaborado por Gustavo Bueno , y desde la Crítica de la Razón Literaria de Jesús González Maestro, manejando el concepto de ficción literaria, y el concepto de Literatura programática o imperativa, tenemos la posibilidad de llevar a cabo una crítica , no idealista, mediante el análisis filosófico materialista, del asunto de referencia: la Conquista de México por España

Relaciones (de poder) internacionales, en la lucha por el control de las ex colonias europeas en Africa. Parámetro : Guinea Ecuatorial. Entrevista Nº 9 de la serie con Cruz Melchor Eya Nchama y Gustavo Bueno Sánchez

El canal fgbuenotv nos ofrece una serie de vídeo entrevistas, que contienen una información muy valiosa , tanto para el análisis como para la crítica, en torno a los procesos de colonización , y posterior descolonización de Africa.

Los conocimientos del entrevistado son de gran interés para conocer de modo crítico y materialista la Historia y el presente de los Estados Africanos, etc.

Lo negro del negro Durazo. El origen de la narco democracia mexicana

SEGUNDA PARTE . ANABEL HERNANDEZ, LOS SEÑORES DEL NARCO, VIOLENCIA Y ASESINATOS DE PERIODISTAS EN MEXICO

Visión de los vencidos ( relaciones de los indígenas de la Conquista Española), visto desde el siglo XXI