El libro El Poder y la Gloria, del inglés Graham Greene, sobre la llamada Guerra de los Cristeros, o Guerra Cristera, de 1926 a 1929, en México. Un análisis crítico, desde transductores, o intérpretes mexicanos.

Cristianos católicos mexicanos en la Guerra de los Cristeros, o La Cristiada

Fragmento del artículo sobre Graham Greene y su versión literaria de México:

“Greene, quien, todavía en su último volumen de memorias (Ways of Scape) sigue insistiendo en la veracidad de su irreal visión de México”

Adaptación teatral por Televisión Española, de la novela de Graham Greene

FUENTE : https://www.proceso.com.mx/145355/caminos-sin-ley-de-graham-greene-nunca-circulo-en-mexico

“Caminos sin ley”, de Graham Greene, nunca circuló en México

Reportaje sobre la Cristiada o Guerra de los Cristeros. Hecho por el canal de TV mexicano Televisa
Segunda parte del documental sobre la Guerra Cristera en México. Hecho por el canal mexicano de TV Televisa. Segunda parte.
Tercera parte del reportaje documental sobre la Guerra de los Cristeros ( 1926-1929) en México. Hecho por Televisa, TV mexicana.
Cuarta parte del documental sobre la Guerra de los Cristeros, México, 1926-1929

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“Caminos sin ley”, de Graham Greene, nunca circuló en México
Se filmó “Los caminos de Greene”, producida por el gobierno de Tabasco
Federico Campbell
Graham Greene llegó a México en “la primavera de 1938” El escritor inglés tenía entonces 34 años Cruzó el río Bravo por Nuevo Laredo, se detuvo en San Luis Potosí para entrevistar al general Saturnino Cedillo que se había rebelado contra el gobierno de Lázaro Cárdenas, conoció la ciudad de México y de aquí pasó a Veracruz a fin de trasladarse por barco a Frontera, Tabasco, el “estado sin Dios” que habría de ser escenario crucial del tema que sus editores le habían encomendado: la persecución religiosa, elaborado primero como reportaje en Caminos sin ley y recreado más tarde, en 1940, en la dimensión novelesca de El poder y la gloria
—Pero Greene llegó un poco tarde; ése es el dato esencial Ya había pasado la guerra de los cristeros y Tomás Garrido Canabal, luego de haber formado parte del gabinete de Cárdenas, se había exiliado en Costa Rica —dice Hugo Hiriart, guionista de Los caminos de Greene, la película de 1 hora 26 minutos que Guita Schyfter acaba de filmar para la televisión en la selva tabasqueña
Producida por el gobierno de Tabasco, la 30 Zona Militar (que prestó caballos mientras varios soldados contribuían con su trabajo), la Unión Ganadera (que facilitó camiones de carga), Lorente Torruco (el capturador de camarón que generosamente permitió el uso de su barco), la Comisión Federal de Electricidad y la Secretaría de Agricultura, Los caminos de Greene aspira a “recrear El poder y la Gloria, contrastarla con la experiencia de Greene en Tabasco y, de esta manera, intentar dilucidar cómo es posible que Greene haya podido, a partir de la incomprensión, el aborrecimiento y el anticlímax, escribir una indiscutible obra maestra”
¿Aborrecimiento y Anticlímax?
Sí Uno de los relatos más escépticos, malhumorados, despectivos que se han escrito sobre los mexicanos es sin duda alguna Caminos sin ley: “Creo que ese día empecé a odiar a los mexicanos”, dice Greene luego de una pelea de gallos en San Luis Potosí, “¿Por qué ponerse sombreros enormes y pantalones ajustados y hacer tocar a una banda?”
Si la depresión es un vocablo usurpado a la climatología, al estudio de los ciclones, en Greene tiene un sentido inequívoco de melancolía o de lo que Robert Burton llamaba la bilis negra: “Quizá sea la atmósfera de violencia, quizá sólo sea la altura, dos mil cien metros sobre el mar; pero después de unos días muy pocas personas se salvan de la depresión de la ciudad de México”
Con ser uno de los testimonios más sinceros que se han escrito sobre México, y que en su momento, 1938, vino a paliar un poco al excesivo sentimentalismo que se prodigaba respecto al país en el extranjero, Caminos sin ley (Ed Criterio; Buenos Aires, 1953) nunca se ha encontrado en las librerías mexicanas, a pesar de la curiosidad y la demanda de los lectores Una versión insinúa que su venta fue prohibida durante los regímenes de Manuel Avila Camacho y Miguel Alemán, puesto que los demás volúmenes de la colección Criterio circularon en México sin problemas
The Lawless Roads, en la edición inglesa, o Another México, en la edición neoyorkina, Caminos sin ley fue traducido por J R Wilcock y es un libro de viajes una —”novela de trayecto” en el sentido clásico— expuesto en una narración extraordinaria, sobre todo en los capítulos que llevan al personaje narrador de Frontera a Villahermosa, y de allí (en un aeroplano rojo, un Waspt de los años 30) a Salto, para pasar después en mula a Palenque, y otra vez en avión de Santo de Agua a Yajalón, hasta San Cristóbal de las Casas, donde el novelista inglés —tras haber perdido sus lentes y padecido una diarrea espantosa, entre guías que no hablaban una palabra de inglés— fue recibido con la animadversión o la franca hostilidad que en esos días de la expropiación petrolera se le dirigía a los ingleses o a los norteamericanos
“No me parecía un país donde se pudiera vivir, con ese calor y esa desolación; era un país donde sólo se podía morir, y dejar tras ruinas tras de sí”

De haberlo escrito en 1986, Graham Greene hubiera sido considerado como agente de la “campaña de desprestigio” en contra de México Al serle presentados tabasqueños de apellidos ingleses como Bartlett o incluso Greene, escribió:
“Y luego pasaron por el desfile las señoritas Greene: cabello azabache, dientes de oro, y ojos negros y estúpidos de mexicana”
Graham Greene también incurre en la estrechez de criterio, la mala fe y la arrogancia británica de Evelyn Waugh, que pergeñó en Robo bajo la ley, la mejor diatriba contra México, resentido asimismo por la expropiación de las compañías inglesas El que también Caminos sin ley haya aparecido en 1939 hizo correr la idea, nunca comprobada, de que tanto Greene como Waugh en realidad habían venido a México como agentes del Servicio Secreto de su Majestad (de hecho, durante la Segunda Guerra Mundial Greene trabajó para el M16 en Sierra Leona, en la misma oficina de Kim Philby, dicho sea entre paréntesis)
A Greene no le caían bien los mexicanos:
“Ninguna esperanza en ninguna parte; nunca estuve en un país donde uno tenga más conciencia, en todo momento, del odio Aquí la amistad es a flor de piel, un gesto de protección Ese ademán de saludo que uno ve en todas partes en la calle, las manos tendidas para tomar los brazos del otro, el medio-abrazo, ¿qué es si no el ademán de abrazar al otro para impedirle que saque la pistola? Siempre imperó el odio en México, supongo, pero ahora es la eseñanza oficial; ha desplazado al amor en los programas en las escuelas”
En la sinopsis de Los Caminos de Greene Hugo Hiriart y Guita Schyfter escriben que aparte de los dos libros, Greene escribió una serie de reportajes para revistas inglesas y dos cuentos “Al otro lado del puente” y “El billete de lotería”, recogidos en El espía o Nineteen Stories “Sin embargo, Greene entendió poco, y con frecuencia equivocadamente, la historia, la sociedad y los problemas políticos de nuestro país (hacia el que sentía, según sus propias palabras, un “odio patológico”)”
Tres objetivos se plantean el guionista y la directora:
1 Dar una versión televisiva, con actores y en los escenarios tabasqueños, de El poder y la gloria (adaptada, naturalmente, y reducida a sus líneas más significativas)
2 Mostrar algunos de los hechos de la visita del escritor a Tabasco (tomados de Caminos sin ley) y vincularlos con escenas de la novela para entender cómo tradujo Greene su experiencia a literatura
3 Precisar algunos de los errores de Greene en su interpretación de la realidad mexicana
Según Hiriart y Schyfter, estos errores se manifiestan así:
Greene confunde anticlericalismo con ateísmo e irreligiosidad porque ignora el papel negativo y retrogradante desempeñado a menudo por la jerarquía eclesiástica en nuestra historia
Extrapola los hechos de la guerra cristera a Tabasco porque desconoce o minimiza las enormes diferencias culturales, geográficas e históricas que separan al sureste de, por ejemplo, Jalisco o el Bajío
Y circunscribe la Revolución mexicana al conflicto religioso; no entiende, por tanto, ni los hechos políticos ni a los revolucionarios Su incomprensión de Garrido Canabal, por ejemplo, es total; la expropiación petrolera le pareció un hecho repugnante
“Sin embargo, El poder y la gloria es una gran novela Estos hechos aparentemente incompatibles plantean de manera clara, precisa y profunda, los problemas de la creación artística Por otra parte, es necesario hacer precisiones a Greene, quien, todavía en su último volumen de memorias (Ways of Scape) sigue insistiendo en la veracidad de su irreal visión de México”

Nacido en 1904, el autor de El revés de la trampa y El tercer hombre, se convirtió al catolicismo en 1926 Ahora tiene 82 años
De México le llaman la atención los dentistas, los aviadores y los sacerdotes El proceso creador que va de Caminos sin ley a El poder y la gloria ilustra el antiguo dilema entre el periodista que quiere escribir una novela pero, por la inercia de su oficio, se siente paralizado ante la falta de información, y el novelista a quien unas cuantas imágenes, unos olores, dos o tres rostros, unas frases oídas aquí o allá, le bastan para desencadenar su impulso imaginativo “Como Greene demostró, una estancia breve puede revelar a un escritor profundas intuiciones acerca de una cultura, que pueden no ser experimentadas por quienes se familiarizan demasiado con ella”, dice D Wyane Gunn en Escritores norteamericanos y británicos en México, editado por el FCE (Otro buen estudio sobre México y la novela inglesa, también publicado por el Fondo, es Paraíso infernal, de Ronald G Walker) Y Greene estuvo apenas ocho semanas en México, de finales de febrero al 31 de abril de 1938
“Todos los curas eran perseguidos y matados, excepto uno que subsistió durante diez años en las selvas y los pantanos, aventurándose sólo de noche Ahora Garrido está en Costa Rica, pero su política continúa”, anota Greene en su libro de viajes, prefigurando al sacerdote de su novela Y añade otro párrafo que podría leerse como el apunte de un escritor para una obra aún no concebida: “En Tabasco no quedaba un solo cura, dijo, ninguna iglesia en pie, excepto una a ocho leguas de allí, utilizada ahora como escuela Antes había un cura del otro lado de la frontera de Tabasco, en Chiapas, pero los pobladores le habían dicho que se fuera, porque ya no podían seguir protegiéndolo”
Hugo Hiriart recuerda los años que precedieron a la visita de Greene, la época de los socialistas del sureste: Adalberto Tejeda, Salvador Alvarado, Tomás Garrido Canabal, Felipe Carrillo Puerto
—La Revolución llegó al sureste, no se hizo allí La Revolución se hizo en el norte, pero alcanzó su punto de radicalización en el sureste En el norte nunca alcanzó esa radicalidad —dice Hiriart—
Si Greene hubiera llegado antes habría sido espectador de la guerra cristera en que había desembocado el conflicto entre la Iglesia y el Estado revolucionario
Entre otros estados del sureste, el Tabasco de Garrido Canabal fue El laboratorio de la Revolución (ED Siglo XXI), según lo estudia en su libro Carlos Martínez Assad
En Ways of scape, de 1980, Graham Greene refrenda la visión que tenía de México: “Me dicen que las cosas han cambiado, pero me di una vuelta por la casa del jefe de la policía”
—Su visión es equivocada —añade Hiriart— Pensar que el conflicto religioso fue por razones teológicas y no políticas El Estado mexicano no tenía tesis teológicas opuestas a las de la Iglesia, sino que le disputaba ciertos territorios políticos, como el de la educación
Guita Schyfter cuenta, por su parte, que Greene alcanzó a percibir la inercia, la escuela de Garrido Canabal y vio cosas que no entendía
—Pierde los anteojos, recorre varios tramos en mula, se enferma del estómago, lo tratan mal en San Cristóbal El misterio es que con esos elementos haya hecho una obra maestra —dice Guita Schyfter
En Los caminos de Greene el actor Martin Aylett hace los papeles de Tench y del doctor Winters Alejandro Parodi es el cura, y Eduardo Caña, el teniente, la contraparte del sacerdote, en cierto modo el idealista Garrido Canabal María Rojo interpreta a la mujer del cura
Filmada en Tiapa, Frontera, Macuspana, Guatacalca, Redención de Campesinos y Tenocique, Los caminos de Greene contiene, pues, elementos del viaje de Greene por Tabasco, las “fuentes de su creatividad”, que le sirvieron para la realización de El poder y la gloria, y el hilo argumental de la novela se va entrelazando con algunas escenas de Caminos sin ley
Ya había habido una versión fílmica de El poder y la gloria: la de John Ford en 1947, El fugitivo, fotografiada por Gabriel Figueroa y actuada por Henry Fonda, Dolores del Río y Pedro Armendáriz
—Para Ford, católico irlandés, el cura es un santo y el teniente un salvaje —dice Hiriart

Los caminos de Greene se filmó a finales del año pasado en 19 días
Fotografía: Mario Luna
Sonido: Carlos Aguilar
Producción: Leonor Alvarez y Josefina Caparroso (hija de Amado Caparroso, secretario privado de Garrido Canabal)
Ambientación: Brigitte Broch
Vestuario: Angela Dodson
Musicalización: Joaquín Gutiérrez Heras
Años después de la publicación de El poder y la gloria, Graham Greene recordó que durante su estancia en México “nada estaba más lejos de mis pensamientos que una novela” Pero en Caminos sin ley había anotado: “Era como si México fuese algo que no pudiese sacudirme de encima, un estado mental

Gustavo Bueno, filósofo español. Fragmento de su conferencia,ESPAÑA. Se plantea el tema de España y el catolicismo, frente a los protestantes y frente al islamismo.
Corrido cantado para la presentación del libro de Manuel Garibay : Cuando se acabaron las misas.

Corrido del padre Pedroza, cristero mexicano fusilado por los federales.

Otra película sobre la Guerra Cristera en México, que no se basa en la novela el Poder y la Gloria , de Greene. (Trailer)

Indigenismo, populismo, conquista española de América, desde el punto de vista del Nobel de Literatura , el escritor Vargas Llosa. Entrevista de marzo de 2019

El escritor peruano, nacionalizado español, Vargas Llosa, hace referencia a la polémica carta del presidente de México, López Obrador, en la que solicitaba al rey de España, Felipe VI, que pidiera perdón por la agresiva conquista y colonización de lo que hoy conocemos como México…y por derivada, toda la Hispanoamérica en el presente.

La ideología del llamado indigenismo, entendida como populismo o construcción metafísica, falsaria y demagógica, es criticada por el célebre escritor, quien en un momento de su vida fue candidato a la presidencia del Perú, sin lograr el objetivo, derrotado por el peruano , semi japonés, Fujimori

La Regenta, una crítica literaria y filosófica. Capítulo 16. Profesor Jesús G Maestro. Universidad de Vigo. España

Teatro español del Siglo de oro audio exposición Presentación de radio Universidad Veracruzana en Xalapa Veracruz México

La cueva de Salamanca obra teatral en versión radiofónica

http://www.uv.mx/radio/radio-teatro-la-cueva-de-salamanca/

El Mito de la Cultura, al servicio de la Leyenda Negra anti española, y de paso anti hispanoamericana. Versión francófona del mito, en palabras de un Nobel de Literatura

Cuando nos acercamos a la obra de un escritor que ha alcanzado la fama , tras recibir el Premio Nobel, como es el caso de Le Clézio, comprobamos el poder de la ficción como una arma que utilizan los Estados , en sus relaciones con otros Estados. Uno de los más manidos instrumentales de esta batalla de las ideas y las palabras, es la Idea de Cultura. Recomendamos la lectura cuidadosa del libro de Gustavo Bueno : El mito de la cultura, para poder llevar a cabo una crítica y el correspondiente análisis de lo que el Nobel francés Le Clézio expone en este artículo publicado por el diario francés más conocido , el Le Monde ( que opera en este tema como un auténtico transductor o intérprete , en el sentido que da al concepto Jesús G Maestro en su obra : Crítica de la Razón Literaria).

Otro de los más utilizados medios para forjar las armas de los Estados tradicionalmente enfrentados con España y su parte Hispanoamericana durante siglos, es la denominada Leyenda Negra. Leyenda que , transformada, o disimulada mediante la ficción histórico poetizante, novelesca, ensayística, sigue minando no sólo a la actual España, sino a todas y coaduna de las Repúblicas que fueron parte de la España Hispanoamericana hasta la Independencia y a día de hoy.

Mexique, la magie de la mémoire, par J.M.G. Le Clézio

Le Prix Nobel de littérature rend hommage à une “extraordinaire fédération de cultures“.

Par J.M.G. Le Clézio Publié le 12 mars 2009 à 12h26 – Mis à jour le 13 mars 2009 à 10h23

FUENTE :https://www.lemonde.fr/livres/article/2009/03/12/mexique-la-magie-de-la-memoire-par-j-m-g-le-clezio_1166892_3260.html

El árbol de la noche triste, en México. Icono de la lucha contra los españoles


Je suis venu la première fois à Mexico en août 1967. J’arrivais de Thaïlande où j’avais connu quelques ennuis, pour avoir parlé du trafic de jeunes filles que faisait un mien propriétaire à Bangkok – c’était vrai, mais les vérités sont-elles bonnes à dire ? Toujours est-il que je débarquai à l’aéroport de Mexico par un gros orage, et je fus immédiatement frappé par la ressemblance avec la Thaïlande. Non pas dans les bâtiments ni les rues, mais par l’aspect très exotique des gens, la couleur de leur peau, la beauté des femmes, la grâce des enfants. Je découvrais tout à coup que quatre-vingts pour cent des habitants de Mexico étaient des Indiens, descendants de ceux qui avaient régné jadis sur les hauts plateaux. Quelque temps après, dans le métro je fus étonné et assez ému d’entendre un couple de jeunes gens parler nahuatl – la langue des anciens Aztèques, l’une des plus belles langues du monde par ses allitérations et son accent chantant.

J’avais été chargé à l’Institut français d’Amérique latine (c’était mon affectation de service civil) de classer les livres et de mettre à jour le fichier de la bibliothèque. Au lieu de cela, je passais toutes mes journées, à l’étage de la bibliothèque, à lire tous les livres que je pouvais trouver sur le Mexique. Les chroniqueurs de la Nouvelle-Espagne dans la collection Porrua “Sepan cuantos…” – Bernal Diaz del Castillo, Sahagun, Motolinia, Duran, Beaumont, Mendieta, Izcazbalceta, Ixtlilxochitl, José de Acosta, les historiens aussi, Clavijero, et les récits des géographes, Humboldt, Lumholtz.

C’était une découverte étonnante : lorsque les premiers voyageurs venus d’Occident débarquent sur les côtes du Mexique, ils sont devant une architecture immense, complexe, délicate, élevée, où la religion, la pensée philosophique, la conviction magique s’équilibrent dans l’art de construire des pyramides selon un schéma cosmique, de policer des villes immenses, de faire régner une politique à la fois compartimentée et interdépendante, selon un système théocratique où les rois sont élus et où les forces vives de la nation peuvent exprimer leurs revendications, demander des comptes aux élites, et destituer sans révolution les princes abusifs. Cette architecture était-elle fragile ? Les conquérants, obnubilés par leur mission civilisatrice, se sont employés à présenter les sociétés indiennes comme l’émanation du démon. Elles étaient loin d’être parfaites, puisqu’elles pratiquaient l’esclavage et les sacrifices sanglants. Mais leur injustice n’était pas foncièrement plus condamnable que celle de l’Europe du XVIe siècle, esclavagiste et violente. Fragile, cette architecture l’était certainement puisqu’une poignée d’aventuriers sans scrupule la mit à bas, en pratiquant une guerre à outrance sans respect des codes humains, comparable par sa brutalité à celles que l’on peut observer aujourd’hui chez les nations les plus civilisées. Cortés, Montejo, Cristobal de Olid vinrent à bout facilement de ces peuples, parce qu’en arrivant dans le Nouveau Monde ils ne se sentaient plus entravés par aucune loi. Ce qui disparut et fut anéanti par la conquête n’est pas mesurable, hormis le fait que la population indigène fut réduite au sixième de ce qu’elle était en l’espace d’une génération, et que toutes ses structures furent anéanties par la guerre, les maladies et cette sorte de lavage de cerveau lent et acharné qui fut organisé par les conquérants espagnols.

Les dimanches après midi, j’allais voir le musée d’anthropologie de Chapultepec, la grande sauterelle de porphyre exposée sous la pluie devant la porte, et dans la grande salle de la roue du temps, la petite statue en bois de la déesse de la fertilité, les mains en coupe sous ses seins et sa chevelure tressée nouée au sommet de sa tête, qui a inspiré Frida Kahlo. Mais mon vrai musée d’anthropologie, c’était dans le métro qui allait vers la villa de Guadalupe. Voir à la dérobée les jeunes femmes du peuple, vêtues comme des employées de bureau ou des serveuses, mais leurs visages semblant sortis d’un bas-relief ou d’une peinture de codex, nez aquilin, pommettes hautes où le rouge se mêlait au bronze de la peau, et les lourdes chevelures d’un noir presque bleu, coiffées en chignon, montrant l’éclat des demi-lunes de métal doré aux oreilles.

Sur la place – l’affreux sanctuaire de béton n’avait pas été encore construit -, la vieille basilique chancelante, pareille à un navire échoué, avec les milliers de fidèles venus de tous les coins de l’Amérique, certains les genoux et les coudes en sang à force de se traîner sur les marches, les concheros emplumés en train de battre sur le teponaxtle, le grand tambour de bois qui avait résonné aux oreilles des conquérants abasourdis lors de la “Nuit triste”.

C’était l’époque des grands travaux. On n’avait pas encore exhumé les restes de la grande pyramide, dont la pointe perçait encore le carrefour de Pino Suarez et servait de refuge aux chiens errants, et pour cela on l’avait baptisée Isla de los Perros, l’Ile aux Chiens. Pour voir les monuments préhispaniques dans toute leur regalia, il fallait prendre un bus et aller dans les alentours de Mexico, jusqu’à Teotihuacan, le Domaine des Dieux, escalader les marches de la pyramide du Soleil d’où le regard embrassait la plaine aride semée de cactus orgue et parcourue par les colonnes de fourmis des touristes populaires.

Mon premier voyage en terre indienne, je le fis en compagnie de mon ami Jean Meyer, à travers la sierra volcanique transversale, à dos de mulet, jusqu’au village huichole de Santa Catalina. Les Huicholes étaient des Indiens sauvages -non pas tels que les imaginerait Indiana Jones, mais insoumis, orgueilleux, arrogants, vêtus de leurs habits blancs brodés au point de croix, coiffés de leurs chapeaux à plumes d’aigle, et armés jusqu’aux dents de fusils, escopettes et revolvers à barillet. Avec eux, nous avons partagé les bières apportées par une caravane de marchands ambulants, et nous sommes restés dans la sierra pour la semaine sainte, regardant sans bien les comprendre les rites anciens, écoutant les prières. Nous avons goûté à la soupe de peyotl, nous avons vu les petits arcs avec lesquels ils décochent des flèches au soleil. Nous avons été témoins de l’ancien rituel où les Indiens percent leur langue avec une épine de maguey pour arroser la terre de leur sang. Tout cela donnait un sens nouveau aux livres que j’avais lus, montrait la vérité de la relation des hommes avec le monde qu’ils habitent. A Tezompa, les métis lorgnaient les hautes montagnes des Huicholes, mais ils ne s’en approchaient pas. Le curé de Tezompa servait d’intermédiaire, un grand homme robuste qui portait un revolver au côté. Dans la sierra, les mulets tressaillaient en sentant les crottes des loups. Le ciel était d’un bleu d’encre, les montagnes âpres comme le cristal. Nous dormions à la belle étoile, dans l’air glacé. Nous buvions l’eau des ruisseaux.

Quand je suis revenu au Mexique avec ma femme, après une absence de deux ou trois ans, c’est une autre dimension qui m’attendait. J’avais reçu, grâce au poète Jaime Terres, une bourse du Fondo de Cultura pour étudier la littérature mexicaine contemporaine. J’ai découvert au hasard de mes lectures le Mexique de l’époque révolutionnaire, si fertile et contradictoire. Les poètes de la revue Contemporaneos, Bernardo Ortiz de Montellano, Gilberto Owen, Xavier Villaurrutia ; Manuel Maples Arce, le fondateur du stridentisme et de la revue Irradiador ; Octavio Paz, Enrique Krauze et la magnifique Vuelta. Je percevais cette sorte de génie du supraréalisme qui émane naturellement du monde mexicain, de sa culture, de son histoire, de sa puissance physique, comme un instinct – rien à voir avec André Breton. Je parcourais les rues du centre, les rues Uruguay, Argentina, Moneda, l’Alameda où le soir s’attardent les amoureux et les vieux hommes solitaires. Je voulais suivre la piste d’Artaud dans la sierra Tarahumara. Je suis allé au Yucatan, attiré par la beauté des noms de lieux, Dzindzantun, Uxmal, Chicxulub, Oxkutzcab avec ses montagnes d’oranges sur la place publique, Tizimin, Rio Lagartos où se réunissent les colonies de flamants.

Mais ce n’étaient pas seulement les monuments du passé qui m’attiraient. Pendant six mois, j’ai voyagé de village en village, par bus, ou sur les plateformes des camions (et souvent à pied) avec mon sac, un hamac, et deux livres qui me servaient de guide : l’un la version en anglais des livres du Chilam Balam par Ralph Roys, l’autre la traduction en espagnol de La guerra de castas, de Nelson Reed. C’étaient mes viatiques. J’ai rencontré les survivants des insurgés du Quintana Roo, à Tulum, à Chan Santa Cruz, à Tixcacal Guardia. A Chun Pom, j’ai assisté à la Misa milpera, la Messe du maïs, où les fidèles communient sous les espèces de la tortilla de maïs et de la soupe de graines de calebasse. Les croix dans les églises étaient vêtues de robes de femme, je croyais entendre la voix de la pythonisse de Tulum, ou encore les croix parlantes qui commandaient aux derniers Mayas Cruzoob de résister aux troupes du général Bravo.

Il y a quelque chose d’émouvant dans la volonté du Mexique de résister aux empires et aux asservissements. Ce fut, quelques années plus tard, un choc semblable à Morelia (Etat du Michoacan), lors d’une réunion organisée par le poète Homero Aridjis, sur le thème de la protection des ressources naturelles. Devant la salle où se tenaient les débats, un groupe d’Indiens Purhépechas de la région de Patzcuaro est venu présenter ses doléances, dénoncer le pillage de la forêt par les scieries sauvages, et la pollution des lacs. Le spectre de la centrale nucléaire de Laguna Verde était encore présent. Afin d’être entendus, les Purhépechas avaient dressé un crucifix devant la porte du théâtre, et l’un d’eux y était attaché comme crucifié. Les bannières portaient, écrit en grandes lettres rouges, le nom de Zapata. C’était le début des années 1980, l’insurrection zapatiste venait de commencer, non pas au Chiapas, mais là, dans ce coin du Michoacan. Plus tard, à Cheran, j’ai ressenti la même volonté de résistance chez les Purhépechas de la Meseta, le besoin de puiser dans la mémoire de la Relation de Michoacan, ce testament de leurs ancêtres, pour faire revivre leur langue et leur culture.

RELACION DE MICHOACAN Elaborada alrededor de 1540 a petición del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza muy probablemente hecho por el franciscano fray Jerónimo de Alcalá con información seleccionada que fue parcialmente proporcionada por purepechas
El árbol genealógico de los uacúsecha emerge de Hireti Thicátame, fundador del linaje. En la parte superior, en medio de sus dos hijos, se ve al cazonci Tzintzicha Tangaxoan envuelto en llamas, lo que indica su muerte. Relación de Michoacán, lám. XXVII. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

NOTA DE INTROFILOSOFIA: En este enlace a la revista Arqueología Mexicana, podemos ver cómo las cosas no sucedían de ese modo tan idílico, tipo poesía pastoril europea, que quisiera mostrar como si fuese verdadero y no una mentira semi poética, Le Clézio. Las luchas fratricidas entre los dirigentes michoacanos antes , y después, de la llegada de los españoles, eran bastante cruentas como para pensar que las cosas que pasaban allí no eran tan utópicamente idílicas. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/las-intrigas-del-gobernador-tarasco-don-pedro-cuiniharangari https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/las-intrigas-del-gobernador-tarasco-don-pedro-cuiniharangari


Au Mexique, ce qui est encore plus admirable que la mémoire des grandes civilisations à jamais effacées, c’est que ce pays s’est reconstitué peu à peu, dans les limites de ses anciens Etats, pour parvenir à faire fonctionner un renouveau. Il n’y a pas d’autre exemple dans le monde de peuples à ce point détruits et réduits à l’esclavage, qui ont su se retrouver, prendre leur liberté et recommencer leur histoire. Sans doute n’y a-t-il pas non plus d’exemple d’un pays à la fois si riche et si puissant victime des démons de la modernité. Au début du XXe siècle, le Mexique est pratiquement supérieur à son voisin du nord, en termes de développement, de justice et de richesse. Aujourd’hui, il connaît une des époques les plus difficiles de son histoire. La corruption du pouvoir en place depuis des générations, l’emprise des narcotrafiquants et la mainmise du capitalisme nord-américain au travers des industries offshore et du tristement célèbre traité de libre commerce enferment le Mexique dans une situation de dépendance et d’endettement d’où il sera difficile de sortir. Les principales victimes de cette situation sont les populations rurales, confrontées à la misère et obligées de s’expatrier. Au Michoacan, pour ne prendre que cet exemple, les trois quarts des hommes des villages (Indiens de la Meseta ou métis des Bajios) sont allés vivre aux Etats-Unis. La plupart quittent leur famille à l’âge de 18 ans, sans avoir pu faire d’études, et ne donnent plus signe de vie. Même si aujourd’hui la crise économique et la montée du chômage aux Etats-Unis inversent la tendance, les aspirations de la jeunesse ne pourront plus se contenter du mode de vie ancien. Le risque est de constituer une masse simili-urbaine vivant dans l’expectative d’une réouverture des frontières, en proie aux dangers de l’immigration clandestine et au banditisme. Devant cette menace, alors que se poursuit le projet de construction d’une muraille de la honte s’étendant du Pacifique à l’Atlantique afin de tenter de maîtriser l’invasion barbare, l’empire nord-américain s’enferme dans un protectionnisme que la nouvelle administration aura du mal à contredire.

En fin de compte, c’est en lui-même que le Mexique devra trouver la solution. A chaque époque de crise majeure – au lendemain de la Conquête, puis au temps de la dictature de Porfirio Diaz -, c’est ce qu’il a fait. Il est difficile de prédire comment ce changement s’opérera, dans la violence comme en 1910, ou dans un mouvement populaire de prise de conscience comparable à celui des zapatistas. Ce mouvement a été traité avec dédain par la classe dirigeante, mais il a le mérite d’un total réalisme dans ses revendications. Il ressource la politique dans les régions les plus démunies du monde rural (indien mais pas uniquement). Ce que montre clairement cette insurrection, qui a étonné toute la classe politique, c’est la capacité de renouvellement du Mexique dans son fond populaire. Cette extraordinaire fédération de cultures, unique dans l’histoire du monde, porte en elle le message du futur, métissé et interculturel, contre le monoculturalisme de l’ancien monde et les diktats du capitalisme international.

Llegada de los españoles a Tzintzuntzan

Et puis il y a tout ce que le Mexique a apporté et donne encore au monde, dans la quotidienneté. La douceur de la vie rurale, et même parfois, de façon surprenante, dans la plus grande métropole du globe, malgré l’insécurité, la contamination de l’air, malgré la pauvreté des quartiers de Naucalpan ou d’Iztapalapa, les baraques insalubres et le manque d’eau potable. Il y a toutes ces constellations extrêmement brillantes qui illuminent l’humaine conscience. Une mémoire magique peut-être. Le souvenir des héros éternels de la révolte des humbles tels qu’Emiliano Zapata à Cuernavaca ou Pascual Barrera et Juan de la Cruz Ceh, les “Séparés” de Chan Santa Cruz, ou encore Aurelio Acevedo, Anatolio Partida, les insurgés Cristeros des Altos du Jalisco. Le souvenir des rues fréquentées par Frida Kahlo et Diego Rivera, autour du Zocalo, ou à l’intérieur des murs indigo de la maison de Coyoacan. La beauté lumineuse de Maria Felix, photographiée par l’un des plus grands écrivains du roman contemporain, Juan Rulfo. L’audace créatrice de l’architecte contemporain Barragan, ou le savoir-faire millénaire des femmes tisserandes de la Meseta tarasque, l’imaginaire des artistes de la Sierra Huichol. La ferveur des fêtes populaires à Ocumichu, à San Juan Parangaricutiro, à Tarecuato, à Ichan, à Patamban.

Qu’on pense seulement à l’art de la cuisine au Mexique : à tous les ingrédients qui ont été créés ici et répandus dans le monde, de la cacahuète au chocolat, des haricots et du maïs au piment et à ses trente variétés, à la tomate, à l’avocat, au pulque et au tequila. A ces simples génies de la terre que sont les femmes des villages, qui ont su préparer les délices arrachés à la pauvreté du sol, et ont offert ces trésors aux premiers aventuriers européens. Qu’on pense encore à ces femmes audacieuses qui se battent aujourd’hui pour secourir les plus démunis, telle Rosa Verduzco à Zamora, qui a donné un nom, un toit et une éducation à des centaines d’enfants arrachés à la rue et aux prisons. Ce sont ceux-là, ces enfants du peuple, qui construiront la durée et la vraie puissance du Mexique à venir.

Février 2009Le Clezio