¿Qué es el Estado? Notas sobre la Transición a la democracia , tras la muerte de Franco en España. Un estudio, desde el Materialismo Filosófico, por Pablo Huerga .

FUENTE: http://www.theoria.eu/nomadas/54.2018.1/pablohuerga_notassobrelaTransicion.pdf Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 04 (54.2018.1)

NOTAS SOBRE LA TRANSICIÓN DESDE LA IDEA MATERIALISTA DEL ESTADO AUTOR: Pablo HuergaMelcón

Universidad de Oviedo

Resumen.- Se analiza el papel de la filosofía marxista en el proceso de transformación del Estado español desde el inicio de la transición. Tomando como referencia la interpretación de la idea de Estado que ofrecen autores como Manuel Sacristán, o Jaime Pastor. Concretamente, cómo la idea de la eliminación del estado ha ido configurando un proceso de privatizaciones que ha resultado determinante en el debilitamiento objetivo del estado.

Palabras clave: Teoría del estado, Marxismo, filosofía política, Materialismo filosófico, Transición, España.

Notes on the transition from the state materialist idea

Abstract.- The role of Marxist philosophy in the process of transformation of the Spanish State since the beginning of the transition is analyzed. Taking as reference the interpretation of the idea of State offered by authors such as Manuel Sacristán, or Jaime Pastor. Specifically, how the idea of the elimination of the state has been configuring a privatization process that has been decisive in the objective weakening of the state.

Keywords: State theory, Marxism, political philosophy, philosophical materialism, transition, Spain.

El Materialismo filosófico como filosofía de la Transición

La Transición española a la democracia es, desde luego, un tópico en la literatura politológica actual. Por su cercanía, sigue siendo motivo de discusión, aunque el consenso alcanza a su propia interpretación. Según este consenso España vivió un tránsito modélico a la Democracia con mayúsculas. Hubo resistencias de los extremos radicales, pero se han superado con una moderación ejemplar. Delimitar el período comprendido como la Transición también resulta muy complicado, tal parece que estamos aún en ella, y seguramente es así, al menos por la inestabilidad que se respira en la política nacional, sin embargo, creo que no sería inapropiado concebir la transición como el período que se abre y se cierra con la monarquía de Juan Carlos I. Seguramente su reinado se superpone con el mismo proceso de transición española, salvo que el nuevo período del reinado de Felipe VI desemboque en un cambio de régimen, en una República por ejemplo, en cuyo caso cabría entender como Transición todo el período abierto desde la herencia monárquica de Franco, hasta la instauración de una III República. Pero, de momento, podríamos delimitarlo con el fin del reino de Juan Carlos I.

Mi perspectiva es la de un español que vivió estos años de transición “en sus propias carnes”. La muerte de Franco me cogió con 9 años. Fue mi madre quien me sentó ante el televisor para ver a Arias Navarro transmitir la noticia del___________________________________________________________________________________________________________________

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fallecimiento de Francisco Franco, el Gran Dictador. En el pueblo, los vecinos se pasaron los días viendo por la televisión la interminable cola de españoles que iban a despedir a Franco. Una cosa que siempre me sorprendió y nunca he olvidado es que este político muriera atendido en un hospital público, el de La Paz. En eso, las cosas sí han cambiado. Al rey lo hemos visto siempre ir a las clínicas más pijas y privadas de Madrid. Por lo demás, yo estudié en Universidades Laborales, de modo que para mí España era un país muy bien organizado y con una capacidad impresionante para gestionar recursos. No obstante, el hecho de haber vivido en ese momento histórico no da seguramente ningún privilegio para comprenderlo. De hecho, la impresión que hemos tenido de la Transición a través de los medios de comunicación no puede haber sido más confusa, más acomodaticia, ni más mediatizada. Revisando alguna literatura de la época, se observa cómo las categorías históricas de análisis dirigen machaconamente los acontecimientos por sendas interpretativas estériles que no hacen más que oscurecer el fenómeno.

Se hace necesario, pues, tomar como referencia algún sistema de ideas que permita organizar este fenómeno histórico y comprenderlo desde una perspectiva crítica, capaz, entre otras cosas, de organizar y comprender en su dimensión histórica, política y geoestratégica, los acontecimientos que conforman lo que históricamente se ha dado en llamar la Transición española. Nosotros tomamos como referencia el Materialismo filosófico de Gustavo Bueno, un sistema filosófico surgido a su vez en el mismo trasiego de la transición española, siendo posible pues afirmar que Gustavo Bueno es el filósofo español de la Transición. De hecho, aunque este sistema filosófico trasciende el marco histórico concreto en el que surge no puede dejar de tomarse en consideración el hecho de que efectivamente este sistema de ideas ha surgido y se ha alimentado de las propias contradicciones y de los numerosos acontecimientos y conflictos que han tenido lugar en España en el proceso de despliegue de la democracia constitucional monárquica que nace en 1975. Todas las obras de Gustavo Bueno, además de proyectarse como un sistema de ideas filosóficas, han nacido en el contexto de los conflictos presentes y actuales que, sin duda, iban planteándole a Bueno nuevos retos filosóficos. Las obras de Bueno han nacido en medio de la batalla por las ideas, porque la Transición ha sido, también, una batalla permanente por las ideas, y en ella ha demostrado que el trabajo filosófico riguroso puede dar frutos magníficos.

Bueno ha escrito desde las trincheras, siempre contra las tendencias y las modas, contra la pereza intelectual, contra la impostura y contra la traición; ha trabajado tomando como referencia a España, y su pensamiento ha sido siempre un pensamiento político rigurosamente marcado por la problemática que la Transición española ha puesto ante la disciplina filosófica. Así pues, es un privilegio disponer de este arsenal magnífico de ideas y, desde luego, un reto inabarcable para cualquiera, tratar de comprender y articular cómo ese arsenal filosófico ha ido jalonándose en la lucha diaria y en el compromiso permanente con España y su situación histórica y política en el mundo tal y como se define en este presente histórico. Sin duda, por otro lado, creo que se puede decir que el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno no sería como es de no haber mediado en su despliegue ideológico, la insistente premura de la acción política, del compromiso y la responsabilidad que ha suscitado la llamada “Transición española a la

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democracia”. Y a su vez, no creo que sea posible alcanzar una comprensión completa y seria de la Transición sin haber estudiado a fondo la obra de Gustavo Bueno, pero no como un fenómeno más de la transición, sino como quizá el único sistema de referencia capaz de permitir comprender y articular el panorama filosófico e ideológico español como efectivamente un entramado de fenómenos todos ellos determinados y terminados en su propio papel como actores de la Transición.

El marxismo entiende el Estado desde una perspectiva metafísica

Las categorías que suelen usarse para comprender la transición se nutren, a nuestro parecer, de una importante confusión ideológica, procedente principalmente de la ideología marxista, más concretamente de una interpretación de la idea de Estado que podemos considerar, desde la perspectiva del materialismo filosófico, como una interpretación metafísica. Consideramos metafísica esta interpretación marxista del Estado porque se entiende el Estado como una coyuntura histórica que está necesariamente al servicio de las clases poseedoras y cuyo origen y sentido radica solamente en esa condición de instrumento de represión de las “clases populares”, o del proletariado. Un instrumento al servicio de la lucha de clases que, necesariamente, debe ser derribado en el final de la historia de la humanidad. Así lo decía, por ejemplo, Jaime Pastor, en 1977, en plena transición española, en un texto titulado precisamente así, El estado1: “El Estado surgió en el momento de la aparición de las clases y no tiene por lo tanto ningún carácter “natural” sino que deberá “extinguirse” cuando desaparezcan las clases”2.

Según Pastor el Estado tiene siempre por definición un “carácter conservador” y represivo y el fin último de la revolución socialista debe ser la extinción del Estado como tal: “Como señalan Marx y Engels, la diferencia con los anarquistas no sehalla en el deseo de que el Estado desaparezca sino en la consideración de la necesidad de una época de transición que permita esa desaparición. Así, frente a la “abolición” por decreto del Estado propugnada por los anarquistas, Marx yEngels defendieron la creación de un nuevo Estado que, sobre las ruinas del viejo aparato estatal burgués, la transición a una sociedad sin clases en la cual el Estado no sería “abolido”, o suprimido, sino que se “extinguiría” como tal.”3

Como se ve, estamos ante una idea metafísica y, por tanto, confusa de la idea de Estado, pues se considera que es un instrumento de algún modo “creado” en el proceso de represión de una clase por otra, tal que sólo su abolición puede dar lugar a la desaparición de la lucha de clases, pero al mismo tiempo se considera que su estructura es esencialmente la misma en todo tiempo y lugar, y no cabe reforma alguna. “Porque la particularidad de la revolución proletaria es la de que, por ser la clase obrera una clase destinada a desaparecer, no puede heredar el viejo aparato de Estado, reflejo de una sociedad de clases y por tanto incapaz de

1 Jaime Pastor, El estado, editorial Mañana, Madrid 1977. He visto en Wikipedia que Jaime Pastor está actualmente en el Consejo Ciudadano de Podemos, partido del que es también uno de los fundadores.
2 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 29.

3 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 31.___________________________________________________________________________________________________________________

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abrir la vía hacia una nueva sociedad. El momento de la crisis revolucionaria ha de servir a los trabajadores, no para someterse a la “soberanía” de las instituciones del Estado burgués sino, al contrario, para crear otras nuevas basadas en larepresentación directa de la población.”4

No es posible una representación directa de “la población” en el Estado

Según este enfoque, lo esencial del Estado (que siempre habrá de ser burgués, puesto que está al servicio de la lucha de clases) es el hecho de que no hay representación directa de la población, sino el ejercicio del poder por una minoría. Aunque estos análisis resultan ser demasiado simples, recogen también la idea básica de la ideología marxista que lleva incluso a Marx a denunciar en el Programa de Gotha la escuela pública como instrumento de represión de las clases dominantes5. Aquí está una clave importante para comprender todo el confusionismo ideológico marxista acerca del Estado. El mismo Manuel Sacristán, en su famoso panfleto por la eliminación de la enseñanza de la filosofía, defendía efectivamente que la eliminación de la filosofía en la enseñanza universitaria es un factor necesario para la eliminación del propio estado, porque, según él, la enseñanza de la filosofía está al servicio de los intereses del estado burgués6. Es curioso, sin embargo, notar que una vez criticado por reduccionista Sacristán en su alegato contra la filosofía, cuando el Gobierno de Zapatero se inventa aquella asignatura de Educación para la ciudadanía, el propio Bueno sale a la palestra criticando dicha propuesta por ser una herramienta de domesticación por parte de las instituciones del Estado, y por tanto, al servicio de sus intereses ideológicos, como si la asignatura de Educación para la ciudadanía condujera necesariamente a la formación de individuos en lo que Bueno llamaba el “Pensamiento Alicia”7, algo tan absurdo, como absurdo era por parte de Manuel Sacristán alegar contra la Filosofía porque según él sólo servía para transmitir el espíritu nacional franquista y la filosofía escolástica y tomista que lo sustentaba. Absurdo sobre absurdo. Pero si el fin de la filosofía era necesario para el fin del Estado, según Sacristán, la eliminación de la enseñanza de la filosofía no traería mayores consecuencias políticas, lo que obviamente es más sensato, aunque no sé por qué necesariamente debe ser mejor que no se enseñe filosofía, como también ahora desea el –dicho con todos los respetos- desorientado Gabriel Albiac.

Atengámonos por el momento al asunto de la representación del “pueblo” en el Estado. Es lógico que el Estado surja como instrumento para el ejercicio del poder de unos grupos sobre otros, pero no porque ello sea efectivamente una alternativa

4 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 30.

5 Jaime Pastor lo simplifica muy bien: “Un ejemplo claro –dice- de lo que significan estos cambios se

halla en la crisis de la escuela y de la Universidad: obligadas a transmitir un saber cada vez más

desvirtuado por los valores burgueses dominantes y por la necesaria formación de una fuerza de

trabajo adecuada a las necesidades de producción, se encuentran cada vez más sometidas a los

imperativos de rentabilización capitalista y del control estricto del Estado.” (pág. 17).

6 Véase nuestro ensayo, “Notas para un análisis materialista de la noción de Filosofía de Manuel

Sacristán”, en El Catoblepas, no 48 (febrero de 2006). http://www.nodulo.org/ec/2006/n048p13.htm.

7 Gustavo Bueno, Zapatero y el Pensamiento Alicia. Un presidente en el País de las Maravillas, Temas

de Hoy, Madrid 2006

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posible desde el punto de vista no solo político sino incluso antropológico. Efectivamente los estados se caracterizan por eso no por azar, ni por razones estrictamente sociológicas, ni por la prevalencia de los intereses de clase, sino que todo ello es posible precisamente porque las condiciones materiales de las sociedades en las que va fraguando esta nueva forma de organización social que llamamos Estado son tales que es materialmente imposible eso que Jaime Pastor llama la “representación directa de la población”, o la llamada “democracia directa”. Y ello no solamente porque estamos ante un aumento particular de la población, elemento sin duda fundamental, sino porque la propia sociedad aparece organizada de un modo más complejo y diverso desde el punto de vista de la producción social de la vida. De modo que es precisamente esta forma nueva de organización de las sociedades que llamamos los estados, la que ha permitido la conformación de sociedades cada vez más complejas, capaces de albergar un número creciente de población que puede sobrevivir en dichas condiciones precisamente porque existe algún tipo de mecanismo de redistribución de la riqueza, mecanismo que, materialmente, define precisamente al estado, frente a modelos sociales anteriores. Y ello nos obliga, necesariamente, a hacer referencia a esa supina tontería que es lo que en los términos marxistas clásicos se llama el “comunismo primitivo”.

El comunismo primitivo como nota resultante de la idea metafísica de Estado

El comunismo primitivo no sería más que una forma de organización social previa al estado “basado en un escaso desarrollo de las fuerzas productivas”, se dice. Pero si el comunismo primitivo se entiende como un tipo de organización social en el que no hay prácticamente desarrollo de las fuerzas productivas, no sé qué añade a ello el llamarlas comunismo, y menos aun si lo que las caracteriza como comunismo es esto: “En la sociedad primitiva no existía el Estado. Ese tipo de sociedad, basada en la caza y la agricultura rudimentaria –con relaciones de producción que partían de la organización cooperativa del trabajo-, se regía sobre la base de una democracia “gentilicia” (de la “gens”), es decir, de un funcionamiento democrático del conjunto de la comunidad. Las funciones administrativas eran realizadas por todos los ciudadanos: todos ellos llevaban armas, todos participaban en las asambleas, las cuales decidían sobre todo lo concerniente a la vida colectiva y a las relaciones de la comunidad con el exterior. Del mismo modo los conflictos internos eran resueltos por el conjunto de los miembros.”8

Ese comunismo por ser primitivo es irrecuperable, y precisamente han sido las sociedades complejas, por su propia estructura, las que lo hacen absolutamente imposible. Pero tampoco eso merece consideraciones positivas acerca de las sociedades pre-estatales. Ya Marvin Harris estudió con atención “los asesinatos en el paraíso” 9 , aludiendo al hecho de que las sociedades pre-estatales se caracterizan por procesos de control de la población muy eficaces pero intratables desde el punto de vista ético. No obstante, el hecho es que sólo cuando determinadas sociedades primitivas comienzan a desarrollar

8 Jaime Pastor, Op. Cit., pág. 9.
9 Marvin Harris, Caníbales y Reyes, Alianza editorial, Madrid 2011.

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procedimientos de supervivencia del grupo ajenos a los controles de población basados en el infanticidio selectivo o en el gerontocido sistemático, comienzan a crecer y en su acumulación material se van conformando las condiciones materiales para la organización de formas de vida más complejas desde el punto de vista material.

Y es ahí donde debe situarse el Estado, no solamente visto como instrumento al servicio de las clases dominantes, sino al contrario. Surgen clases dominantes porque existe ya una organización social suficientemente compleja como para ser articulada mediante el ejercicio del poder por parte de unos grupos frente a otros. Precisamente porque los grupos son divergentes. Aunque el Estado efectivamente ha sido un instrumento de dominación entre grupos, no por ello podemos reducir el Estado a esa función. Más allá de ese enfoque reduccionista, debe entenderse como una estructura organizativa capaz de permitir el aumento de población y por tanto el desarrollo de la diversificación de los procesos productivos y de las fuerzas productivas de la sociedad, así como el aumento y complejización de las contradicciones. De hecho, el carácter fundamental de una sociedad política según la teoría de Gustavo Bueno10, radica en el hecho de que está constituida por grupos divergentes, siendo la política el arte de hacer posible la articulación del orden social en medio de esta complejidad de intereses contrapuestos. Y, aunque efectivamente los estados proceden de un modo esencialmente amoral en lo que se refiere a la consecución de sus propios fines, particularmente su conservación en el tiempo (su eutaxía, en palabras de Bueno), también puede decirse que el conflicto entre el individuo y la sociedad, entre los fines personales y los planes generales de la sociedad sólo en el Estado comienza a resolverse sin la conculcación de aquellos fines y, por tanto, podemos decir que sólo en el ámbito de esta nueva figura antropológica y ontológica que es el Estado, como modo de organización de las sociedades humanas (de algunas, no de todas), cabe el surgimiento de lo que llamamos la Ética, frente a la Moral. Puesto que es a través del Estado con todas sus contradicciones, como surge la reflexión sobre el conflicto entre los fines personales y los planes generales de la sociedad, y la propia posibilidad de establecer trayectorias divergentes dentro de la sociedad.

Hablamos de Ética y Moral en un sentido materialista también11. Ética se refiere al conjunto de disposiciones orientadas a la supervivencia del individuo, mientras que la Moral se refiere a los grupos, de manera que las virtudes éticas pueden entrar, y entran necesariamente, en conflicto con las virtudes morales. La virtud ética por excelencia es la Fortaleza, que se manifiesta como “Firmeza” cuando se refiere a la virtud que dirige la vida de un individuo para conservarse en el tiempo, y como “Generosidad”, que se refiere a la virtud que dirige la vida de un individuo cuando busca la conservación de la vida de sus semejantes. La profesión ética por excelencia sería la Medicina. Sin embargo, en la Moral la virtud de la Fortaleza se refiere a la conservación del grupo, lo que en muchos casos puede suponer el sacrificio de los individuos, contradiciendo los principios de la Ética. El conflicto entre Ética y Moral surge en el ámbito de las Ciudades, de los Estados, donde los

10 Véase, Gustavo Bueno, Primer ensayo de las categorías de las “ciencias políticas”, Biblioteca

Riojana, Logroño 1991. http://www.fgbueno.es/gbm/gb91ccp.htm

11 Para estas cuestiones, consultar la obra de Gustavo Bueno, El sentido de la vida. Seis lecturas de

filosofía moral, Ed. Pentalfa, Oviedo 1996. http://fgbueno.es/gbm/gb96sv.htm___________________________________________________________________________________________________________________

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fines personales pueden entrar en conflicto con los planes generales de la sociedad y desarrollarse dentro de ella. En las sociedades naturales, por así decir, los fines personales siempre aparecen subordinados a los planes generales de la sociedad, a la supervivencia del grupo, de ahí que prácticas como el infanticidio o el gerontocidio sistemático son síntoma de que estamos todavía en el seno de sociedades pre-estatales, dirigidas por los principios de la Moral. Y cuando estas prácticas, por ejemplo, comienzan a ponerse en entredicho es precisamente porque el conflicto entre el individuo y el grupo comienza a tener cabida, y es posible la modificación de las costumbres mediante las leyes escritas, etc.

De modo que el Estado aparece como una forma de organización social más compleja que surge de la propia canalización de los conflictos, de manera que no solamente es una estructura que reprime y explota, favorece a las clases poseedoras, etc., sino que a su vez, es el marco necesario para la conformación de los ideales políticos, para la lucha de clases, y para el surgimiento y defensa de los ideales políticos más diversos. Es una plataforma objetiva que permite canalizar las fuerzas transformadoras y el nacimiento y despliegue de los ideales políticos más elevados. Una plataforma que marca precisamente los límites ideológicos posibles de la política: el límite de la disolución del Estado, que ahora podemos ver como la disolución de la plataforma en la que es posible la configuración de los ideales políticos que regulan el conflicto permanente entre individuos y sociedad, y el límite de un estado “totalitario” que regularía la vida de los individuos conforme a los principios de la moral. Ambos límites son, en rigor, humanamente imposibles, son ideales de la razón, ideas reguladoras de imposible ejecución por el carácter conflictivo y anómalo de la vida de los pueblos. Porque no hay posibilidad objetiva de que un Estado pueda someter a la población sistemáticamente a la neutralización de sus fines personales, en una sociedad compleja, por más sistemática y expeditiva que sea la eliminación física de todo disidente posible (hoy en Turquía se aspira a una limpieza de estas características), y porque en una sociedad compleja es imposible el anarquismo sistemático.

Tal vez otros modelos híbridos, que recojan apariencias de los dos límites aquí señalados están en la mente de los poderosos: en la película Wall-E de Andrew Stanton (EEUU, 2008), por ejemplo, se habla de un mundo así organizado, también en Un mundo feliz de Huxley, no así en 1984 de George Orwell, aunque el ideal con el que culmina la novela parece obedecer a ese mismo proyecto: un modelo en el que la población entienda su existencia como totalmente libre, pero cuya realidad es estar sometidos a un poder omnímodo y basado en el abastecimiento sistemático de un soma que puede ser sexual, tecnológico, o una mezcla que contribuya a la idiotización de la sociedad. Algo parecido a los rebaños de animales bípedos implumes de El Político de Platón. Pero, es evidente que ese tipo de sociedad no sería ya una sociedad humana en el sentido político, y nuevamente, consideramos que se trata de un exabrupto de la imaginación. No obstante, las tecnologías de los big data que investigan con pasión en el MIT están abriendo horizontes muy interesantes, como por ejemplo, la posibilidad de regular la vida de los individuos más allá de la voluntad consciente ejercida en las urnas, a partir de los datos estadísticos resultantes de las decisiones cotidianas que los individuos toman, a pesar o contra su propia voluntad o ideario político. Pero esto

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Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 04 (54.2018.1) es otro asunto que requiere un estudio particular y que convendría que se

convirtiera en objeto de investigación sistemática por algún doctorando español.

Sobre el origen del Estado

De hecho, como hemos analizado ya en otro lugar12, el origen del Estado puede identificarse como aquella situación social en la que ya es posible la acumulación de trayectorias personales divergentes en la sociedad sin que ello “te cueste la vida” –por así decirlo. Y por tanto, el estado, las ciudades, constituyen un entramado institucional suficientemente complejo como para albergar dentro de sus límites trayectorias personales divergentes, conflictos sociales que no pueden resolverse absolutamente mediante los procesos represivos, aunque sin duda se utilicen sistemáticamente, pero teniendo en cuenta que estos procesos represivos dejan de ser completamente eficaces, si se quiere decir así. Frente a las sociedades pre-estatales, cuya nota particular consiste en delimitar de modo irrevocable las trayectorias personales de cada individuo en su función social, de manera tal que resulta imposible para cualquier individuo contravenir las costumbres establecidas. El conflicto entre el campo y la ciudad estudiado por muchos marxistas, recoge algunos aspectos de esta división esencial entre la vida pre-estatal y la vida estatal o en ciudades.

El estado no es natural, pero tampoco, por ser cultural, es menos necesario, de la misma manera que lo es la rueda, o la palanca. Es un artefacto resultante de la propia complejidad de determinadas sociedades. De manera que invocar hoy por hoy el fin del Estado sólo puede hacerse por una aspiración a recuperar utópicamente el comunismo primitivo -cosa absurda-, o bien dando por hecho que el estado se desvanecerá de por sí en una especie de sopa germinal de seres humanos interconectados. Si además a eso añadimos que el proceso de desaparición del estado debe ser mundial, según la tesis procedimental del marxismo, pero surgiendo a partir de un estado que comience él mismo por auto- inmolarse, resulta de todo punto absurdo concebir así la cuestión, habida cuenta de que la prudencia política nunca llevará a una nación a auto-disolverse esperando que las demás hagan lo mismo. Lo que harán las demás naciones será absorber a la nación que se disuelve, y sin problemas. Es lo que ocurre con España y sus independentismos periféricos. El hecho de que existan grupos divergentes en el Estado es sin duda síntoma del vigor de nuestro estado, pero también un peligro, porque requiere precisamente de un arte de la política muy afinado. Cuando Cataluña pretendió independizarse en la Segunda República lo hizo entregándose a Gran Bretaña, y lo mismo hizo el País Vasco (esto lo estudia muy bien, por ejemplo, Enrique Moradiellos en su impresionante biografía de Juan Negrín13). De la misma manera que ahora el nuevo independentismo catalán pretende entregar la defensa de su territorio al ejército francés, a cambio de dinero. La URSS, perfectamente consciente de estas contradicciones no solamente no se inmoló en aras de la revolución mundial, sino que practicó un patriotismo magnífico que le dio la victoria en la Segunda Guerra Mundial, denominada en la URSS, con toda lapage8image1231154144page8image1231154432

Nota para una fundamentación antropológica de la Globalización” en 13 Enrique Moradiellos, Don Juan Negrín, Ed. Península, Barcelona 2006page8image1231166832

12
Eikasia: revista de filosofía, No. 52, 2013, págs. 133-142. http://www.revistadefilosofia.org/52-09.pdf

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razón, la Gran Guerra Patriótica. El éxito del socialismo cubano y de la ideología política de Fidel Castro está en su patriotismo sin fisuras. Los Estados no es que sean naturales, es que son la forma natural de organización de una sociedad compleja, compuesta de grupos divergentes que hay que integrar y dirigir por medio del arte de la política. De hecho, es en el seno del estado en el que ha surgido todo el conjunto de ideas (justicia, igualdad, libertad, autonomía, soberanía, patria, internacionalismo, humanidad) que han contribuido a transformar y reorganizar la vida de los hombres conforme a normas, como forma de regulación del conflicto sistemático que lo caracteriza entre los fines personales y los planes generales de la sociedad, que es lo que constituye, más allá de la lucha de clases, el verdadero motor de la historia14.

Sobre la metafísica separación entre Estado y Sociedad

Otro de los argumentos que sitúa esta idea de Estado en el terreno de la metafísica monista, es el hecho de que se interpreta como una entidad, una institución “separada” formalmente de la “sociedad”. De hecho, así comienza el propio Jaime Pastor su libro: “El Estado, en tanto que institución separada respecto al resto de la sociedad que asume unas funciones propias, es producto de la división social del trabajo, de la aparición de las distintas clases sociales.”15 La cuestión es qué puede significar Estado como institución separada de la sociedad, o cómo es concebible una sociedad “dividida en clases”, al margen del Estado. Es un absurdo, porque el Estado es la forma en que una sociedad compleja, dividida en clases, se organiza para dar cabida a esa misma complejidad. No hay un Estado al margen de la sociedad política en la que surge, sino que el Estado es una forma de organización de las propias sociedades cuando alcanzan un grado de complejidad creciente, esto es, cuando comienzan a surgir grupos divergentes en conflicto. Entenderlo como algo separado es concebir el Estado como un aparato represor, o entender la sociedad como compuesta de lo que ahora sellama “la ciudadanía”, o “el pueblo”, como si el pueblo no estuviera conformado por distintos relieves y capas, articuladas entre sí y conformando un Estado. Qué puede significar una sociedad sin estado: sería solamente una masa informe de sujetos, y ahí está precisamente un error fundamental del análisis no del marxismo, sino de estudios como este de Pastor. ¿O tal vez se refiere al hecho de que por naturaleza los hombres tienden a organizarse conforme al patrón del comunismo primitivo y que precisamente cuando unos malvados se hacen con el poder imponen a esa sociedad que naturalmente tiende al comunismo, un orden extraño, artificial, ajeno y totalmente injusto? De ahí que luego se entienda como una posibilidad real la eliminación del Estado. Sin embargo, este planteamiento tan ingenuo es el que se desprende de la ideología del buen salvaje de Rousseau, que no tiene, por supuesto, mayor recorrido, a día de hoy, por lo que no vamos a discutirlo más.

Sólo si entendemos el Estado como una entidad independiente de la Sociedad, es posible concebir la idea marxista y anarquista en función de la cual se entiende que el fin último de la revolución socialista es la eliminación del estado, o como

14 Véase nuestro ensayo, El fin de la educación, ed. Eikasía, Oviedo 2009. 15 Op. Cit., pág. 9.

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dice Pastor citando el Anti-Dühring de Engels: “la vía de solución de las nuevas contradicciones que surgen será la de la aceleración de las condiciones de desaparición de las clases con el fin de que el Estado se “extinga” progresivamente y “en lugar del gobierno sobre las personas aparezca la administración de las cosas y la dirección de los procesos de producción (Engels, “Anti-Dühring”)”16. Pero esto significa que estaríamos ante un tipo de relaciones entre Estado y Sociedad que llamamos, desde la perspectiva del materialismo filosófico, como yuxtaposición metamérica, según la teoría de los conceptos conjugados que ha desarrollado Gustavo Bueno17. En ella, la sociedad “civil” se enfrenta a otra estructura institucional, el Estado, que reprime, somete, explota y asfixia la libertad de los pueblos. Pero esta concepción adolece precisamente de una concepción metafísica monista del Estado y de una concepción también monista y metafísica de la sociedad. Sin embargo, eso no significa que no se pueda hablar del Estado como idea filosófica, o de la Sociedad. Diríamos que entre Estado y Sociedad habría que ensayar distintas formas de comprensión de sus relaciones, lo que permitiría organizar distintas teorías acerca del Estado.

Si el Estado es la forma que adquieren distintas sociedades a lo largo de la historia en función de su propio crecimiento demográfico que requiere y supone no solamente la división del trabajo sino la aparición de todo tipo de estructuras jerárquicas y organizativas y la división de la sociedad en clases, estamentos, grupos, etc., entonces sería posible tratar de analizar las relaciones entre Estado y Sociedad en términos de su composición diamérica, teniendo en cuenta que la Sociedad no es solamente una masa de individuos atómicos, sino una estructura compleja compuesta de partes, familias, grupos de presión, gremios, partidos, fratrías, etc., y teniendo en cuenta también que los Estados están compuestos de partes, instituciones, funcionarios, etc. La articulación diamérica de las partes componentes de la sociedad y las partes componentes del estado permite comprender que los estados son esencialmente la forma en la que se articula una sociedad compleja. Y a su vez, que esa forma de organización ha podido pasar por diferentes fases en función de diferentes factores, como son la población, el propio desarrollo técnico y las transformaciones internas que tienen que ver con la regulación de los conflictos entre los grupos y de los individuos con los grupos y con el Estado, así como los conflictos que unos estados mantienen con otros a lo largo del tiempo.

Más allá de los Estados impera la ley del más fuerte

De hecho, no ha sido el estado la única forma de organización social que los hombres han alcanzado una vez que han superado, para decirlo con Morgan, el estado de barbarie, sino que los estados, a su vez han dado lugar a nuevas figuras, particularmente, a los imperios, que surgen cuando un estado se comienza a organizar como la forma del todo que integra nuevos territorios o incluso estados. Y desde el punto de vista histórico tal vez con el siglo XX y más aún en el siglo XXI se están efectivamente ensayando nuevas ideas acerca de formas de vida post-

16 Pastor, Op. Cit., pág. 45.
17 Gustavo Bueno, “Conceptos conjugados”, El Basilisco, no 1, 1978; págs. 88-92.

http://www.filosofia.org/rev/bas/bas10109.htm

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estatales, con más o menos acierto. Existen organismos internacionales como el tribunal internacional de la Haya, o la ONU, etc., pero todas estas instituciones están hoy por hoy sometidas de hecho al poder de los estados más fuertes, dando por buena para los estados la tesis que Trasímaco defendía en La República de Platón. Entre los estados, desde luego, la ley del más fuerte es lo único que rige. ¿Es posible un poner supranacional? A esta cuestión, hoy por hoy, sólo podemos contestar con un sí condicional, esto es, cuando un estado o un grupo de estados se impone al resto de los estados “del mundo”, por las armas. Sólo cuando una organización, como por ejemplo, la OTAN, sea capaz militarmente de someter a todas las naciones según sus planes políticos, podremos contestar afirmativamente a esta cuestión, porque un gobierno supranacional efectivo de otro modo sólo podría alcanzarse como lo pretendían cándidamente los marxistas trostkistas, esto es, cuando cada estado haya alcanzado el socialismo y se encuentre en la antesala de la superación de la transición desde la política a “la administración de las cosas”, como se solía decir.

La cuestión que se discute actualmente mucho entre los ideólogos de la izquierda, sobre todo, es la que se refiere al asunto de la existencia de poderes supranacionales, que no son exactamente políticos, pero que son capaces de dirigir a las naciones, como es el caso del llamado capitalismo financiero. Un tópico muy propio del pensamiento de izquierdas que llamamos divagante, siguiendo las enseñanzas de Gustavo Bueno en su libro El Mito de la izquierda18, es que las multinacionales financieras son ajenas a los intereses de los estados en los que surgen, y las naciones y pueblos no tienen nada que ver con ellos. Consideramos ingenua esta apreciación, habida cuenta de que la articulación de intereses entre multinacionales y estados es tal que no se entienden separados. No todos los estados hacen la pascua a los demás, ni tienen el poder suficiente para promocionar a sus empresas más allá de sus fronteras, defenderlas, o incluso convertirlas en verdaderos poderes financieros a base de derrocar gobiernos y usurpar recursos naturales, como se viene haciendo por parte de EEUU desde 1991 con la Guerra del Golfo contra Irak hasta la actual guerra civil de Siria. Otra cosa es que la “gente normal de la calle”, en un país cualquiera, esté en contra de esas malvadas prácticas de sus estados, pero esto no permite concluir que los estados y las multinacionales no están involucradas sobre todo por la coincidencia de planes políticos y económicos. Así pues, por más impoluto, moderno, sofisticado, y atractivo que sea, por más elegante, moderado y canoso que sea un presidente de una institución supranacional como la ONU o del FMI, no dejará de estar al servicio de intereses nacionales, o imperiales, y ello aunque un presidente de la nación que pretende ejercer mayor poder sobre el resto reciba con todos los honores el Premio Nobel de la Paz.

Estado como forma de organización universal de la vida en el presente

Actualmente, todo hombre pertenece a algún estado, es ciudadano de alguna nación política, independientemente de que quiera o no pertenecer a ella. Los pueblos indígenas, las sociedades bárbaras que perviven hasta el presente,

18 Gustavo Bueno, El mito de la izquierda, ediciones B, Barcelona 2003. http://fgbueno.es/gbm/gb2003mi.htm

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pueden poblar grandes territorios y reservas, pero al fin y al cabo, son ciudadanos de alguna nación política, más allá de su “nación étnica”19. No hay hombre sin estado, ni existe territorio habitado que no forme parte de algún estado. Los estados incluso se hacen cargo de su espacio aéreo, y de sus zonas marítimas. Los más poderosos se reparten territorios deshabitados del continente antártico, para llevar a cabo diferentes experimentos, pero sobre todo para ampliar su propia soberanía frente a otras naciones. Y es que los estados están en conflicto mutuo permanente. Los orígenes de estos conflictos, por supuesto, tienen que ver con cuestiones fundamentales que pocas veces se tienen en cuenta en los análisis políticos que se hacen, por ejemplo, sobre la transición española: me refiero obviamente a la cuestión de la escasez y las carencias que todos los estados deben afrontar. No son autosuficientes. Y esta situación de desigualdad entre los estados, es una fuente constante de conflictos. Los estados nacen, de hecho, del conflicto. La conformación de las fronteras de las naciones suelen surgir de conflictos bélicos, de guerras y escaramuzas varias, que poco a poco han ido afianzando y reafirmando las diferentes fronteras. La guerra no solo es la continuación de la política por otras vías, sino también el origen mismo de la política, de las polis, de los estados. Por esta particular debilidad constitutiva de los estados, están en conflicto permanente. Ahora bien, los conflictos no siempre son susceptibles de ser soportados por los estados, por lo que parece obvio que la propia debilidad de diversos estados hace que muchos alcancen pactos y uniones que les fortalecen frente a terceros. Pero también suele ocurrir que los estados débiles se ven sometidos a la presión de otros estados más fuertes, viéndose obligados a asumir pactos e integrarse en programas que tal vez no les beneficien objetivamente, aunque al menos esto pueda garantizar un estado de equilibrio o de paz más o menos estable. Decía Rousseau que el fin de todo estado es su conservación en el tiempo todo lo posible. Y esto supone, sin duda, el sostenimiento de planes y programas capaces de hacerlos perdurar, teniendo en cuenta su particular estado de debilidad relativa frente a otros estados y su tendencia inevitable hacia la corrupción.

La Historia como fundamento de la capa basal de todo Estado

De modo que en todo estado tenemos unas fronteras que delimitan un territorio en el que vive una población organizada conforme a leyes escritas. El hecho de tener fronteras requiere por parte de los estados una capacidad de defensa del territorio, que la da el ejército, sin duda. Territorio, fronteras, y población conforman los elementos básicos de cualquier estado, por grande o pequeño que sea. Ahora bien, a estos elementos es necesario añadirles al menos otro: la historia. Cuando se afronta la historia de los pueblos se insiste en el conjunto de acontecimientos políticos que han tenido lugar, las guerras, conflictos internos y detalles de diversos tipos, pero cuando hablamos de historia de las naciones no nos referimos al conjunto de acontecimientos que jalonan su paso por el tiempo, sino a otro asunto mucho más profundo: a la conformación de su propio entramado territorial, material. Una de las propiedades objetivas de la Materia es precisamente la

19 Para estos conceptos puede consultarse el libro de Gustavo Bueno, España frente a Europa, Alba editorial, Barcelona 1999. http://www.fgbueno.es/gbm/gb1999es.htm

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Memoria. De todo queda rastro. Y eso mismo ocurre con el territorio. Un estado se conforma en el tiempo a través de los procesos de transformación material que los habitantes van realizando, de modo que ese territorio adquiere el aspecto de una estructura, un entramado tecnológico y productivo articulado, un entramado que acaba regulando la vida y las acciones de los individuos en ese territorio. La regulación de la vida es la que confiere un patrón diferencial que constituye lo que podemos llamar la nación política. Una nación no es un invento y no se puede establecer constitucionalmente, si no hay una intervención constante en el territorio y una transformación del mismo de modo cerrado. Porque el entramado tecnológico que llamamos “basal” está organizado de modo cerrado dentro de sus fronteras. Cuando las constituciones definen naciones y pueblos, mucho tiempo atrás ya esos pueblos y naciones han ido conformándose, y si ello no es así la situación es inestable y puede que explosiva. Es lo que ocurre por ejemplo con la instauración del estado de Israel en Palestina. Una masa de población impone un nuevo orden estatal sobre otro ya organizado y necesariamente tiene que intervenir no solamente a escala conjuntiva, a la escala de las relaciones de producción, tiene que intervenir en la transformación del territorio, poblamiento, destrucción de poblaciones anteriores, eliminación de pobladores del anterior estado, destrucción de sus infraestructuras y recomposición de otras nuevas orientadas al sostenimiento de la población hegemónica. Muros, fronteras, colonias, y destrucción del entramado basal previo, todo es poco para reconfigurar el territorio en una nueva nación.

La profundidad de la huella que se deja en el territorio define gran parte de la

propia estabilidad y fortaleza de una nación política. Así, por ejemplo, diríamos

que la URSS era un estado fuerte en muchos tramos de su estructura, pero su

intervención en la capa basal se hizo de un modo tan apresurado que no alcanzó

a la consolidación de una capa basal capaz de sobreponerse a las herencias

previas de los territorios que después se alzaron como naciones a poco más de los

70 años de su existencia histórica. El entramado de la capa basal alcanzó a Rusia,

quizá a Bielorusia, Kazajstan, y a la parte oriental de la actual Ucrania, pero no a

su parte occidental y central, o no de manera suficiente. Por supuesto que esto no

explica el fin de la URSS, pero es importante. No obstante, su intervención si dio

para que de ese inmenso territorio surgieran nuevas naciones políticas más o

menos capacitadas para autosostenerse. Desgraciadamente, estas naciones no

son lo suficientemente fuertes para sobreponerse a la presión que puede ejercer

sobre ellas Rusia, pero también son los suficientemente débiles como para

convertirse en un verdadero problema para Rusia, había cuenta de que otras

naciones, particularmente EEUU, están tratando de socavar el estado ruso,

atacando a través de los “eslabones débiles” que la protegen, así Georgia,

Armenia, Azerbaiyán, Ucrania, o Bielorrusia, y poco a poco el Imperio americano,

consciente de su necesidad de expandirse por ese vasto territorio cargado de

recursos y estratégicamente esencial para el dominio final del mundo, irá

horadando, como un rompehielos esas plataformas estatales y rompiéndolas para

abrirse paso hacia Rusia. Es cuestión de tiempo y oportunidad, porque sólo así

puede atribuirse alguna finalidad al disparatado imperio del caos que ha

sembrado la administración estadounidense en todo el territorio que rodea a la

antigua Unión Soviética. El caos en Yugoslavia, Grecia, Ucrania, Siria, Libia,

Afganistán, Irak, Palestina, Líbano, Turquía, Azerbaiyán, Georgia, todo contribuye

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poco a poco a abrir brechas que permitirán posteriormente avanzar hacia Rusia. Y en la resolución de ese conflicto está la consecución de los objetivos imperiales de EEUU.

De la misma manera, los independentismos periféricos en España que pretenden desgajar parte de su territorio tienen en la capa basal su principal dificultad, porque la capa basal de esos territorios está articulada en el contexto de la organización general de España, de manera que resulta prácticamente imposible ejercer la soberanía sobre la capa basal de territorios como Galicia el País Vasco, Cataluña o Andalucía. Y por ello mismo, se insiste en estas regiones en la capa conjuntiva, esto es, en la dimensión política y social del independentismo como ideología, como símbolo, como emoción; haciendo a lo sumo instituciones regulativas como por ejemplo “embajadas”, medios de comunicación, etc., instituciones conjuntivas que no tienen suficiente fuerza para la ruptura efectiva del Estado.

Sobre el carácter anómalo de la población

El aspecto de la organización política, lo que Bueno llama la capa conjuntiva, aquella que tiene que ver con las relaciones de producción, es decir, la regulación de las relaciones que organizan la vida de las poblaciones dentro del estado sin duda afecta también a la fortaleza del estado. Pero su carácter generacional y anómalo hace mucho más difícil la sostenibilidad de los estados a escala conjuntiva si no hay una suficientemente convincente masa ideológica que sostenga la unidad política. El idioma es fundamental, eso bien lo sabemos, por eso las regiones separatistas españolas se preocupan mucho de renegar del Español y promocionar de modo oligofrénico sus idiomas locales. Pero también, los símbolos y el contexto de la interpretación histórica, la ideología envolvente en la que se forja la cosmovisión de los ciudadanos. Es más difuso y débil porque las poblaciones tienen un existir anómalo e indeterminado por las generaciones, y por el ritmo biológico de la vida. Es así como ha sido posible transformar la mentalidad de los habitantes de Cataluña desde la implantación de la LOGSE, y convertir a una importante cantidad de población en nacionalistas xenófobos, pero a esta escala conjuntiva estas situaciones son reversibles.

No obstante, es en la capa conjuntiva donde se establecen la mayor parte de los debates acerca del Estado y en donde se sitúa, seguramente, la discusión marxista del Estado, porque en ella se perfilan los gobiernos, y las instituciones regulativas de las relaciones entre los individuos, códigos, leyes, sistemas de gobierno y representación, etc. La discusión política centrada en la capa conjuntiva, sin hacer alusión a la capa basal y cortical suele dar lugar a reflexiones ideológicas y políticas formalistas que pierden por ello todo fundamento político materialista, de manera que resulta de todo punto imposible una discusión filosófica seria sobre las formas de gobierno que no tenga en cuenta la intervención y la necesidad de la presencia de la capa basal y cortical.

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Sobre la fortaleza de los estados

Si el fin de todo estado es su permanencia en el tiempo, esta permanencia sólo depende de la fortaleza de cada estado, y la fortaleza de los estados depende, sin duda, de las relaciones de producción, pero particularmente, de la consolidación de estas relaciones a través del entramado basal productivo tecnológico que conforma, canaliza y articula la vida de la población. Eso es lo fundamental. Una mayor cantidad de población, incluso juvenil y productiva, no da la fortaleza a un estado si no tiene un entramado productivo capaz de canalizar esta población: el ejemplo es China, o Bangladesh. Igualmente, si ese entramado basal deja de estar sostenido por una población decreciente, estamos igualmente ante una crisis del estado.

No obstante, la fortaleza de los estados es siempre relativa a la fortaleza de sus vecinos, y con ellos se tiene que medir y se mide necesariamente. Los estados están en permanente conflicto. Cuando su fortaleza relativa es equiparable, estamos ante equilibrios inestables, esto es lo que favorece estados de tolerancia mutua. Los estados son tolerantes entre sí en función de su fortaleza. Si son demasiado fuertes con respecto a sus vecinos pueden ser perfectamente intolerantes. Históricamente los estados más fuertes se han impuesto sobre otros, conformando situaciones de transformación histórica objetiva, en lo que suelen llamarse los imperios. No todos los imperios actúan del mismo modo y proceden con los mismos criterios de organización política, aunque en sus componentes basales coincidan. La explotación de los recursos puede hacerse de muchas maneras, y requiere una organización social que puede tener distintas perspectivas, pero en la medida en que nos referimos al trato de unas naciones con otras, unas poblaciones con otras, habría dos modos de tratar, al menos, este conflicto: cuando la población imperial entiende como inferior y explotable a la población imperiada, o cuando la población imperial se articula con la imperiada identificándose mutuamente. Esto es lo que Bueno ha definido con la distinción entre imperios generadores e imperios depredadores. El imperio de Alejandro Magno, el Imperio Romano, el Imperio español, fueron imperios generadores, el Imperio de la Unión soviética. El imperio británico ha sido un imperio depredador, el imperio belga, el imperio francés, el imperio alemán (en todas sus vertientes), y el imperio anglosajón norteamericano. También la Liga de Delos hegemonizada por los atenienses. De hecho, creo que la liga de Delos se parece peligrosamente a la OTAN, siendo la Atenas moderna EEUU, y Pericles el ideal de todo presidente norteamericano. La diferencia fundamental es que los imperios depredadores por esencia tienden a perpetuarse y crecer exponencialmente, por ello es más propio de los imperios depredadores la destrucción de naciones. El imperio del caos que actualmente siempre EEUU por países como Afganistán, Irak, Siria, o Libia ha tenido un claro interés depredador, aunque se adorne con el discurso acerca de la democracia, pero eso no es creíble. Irak, Afganistán, Siria o Libia hubieran podido recorrer, igual que España un proceso de transición política si las políticas intervencionistas de sus respectivos gobiernos hubieran podido seguir adelante, y el propio islamismo radical hubiera sido una mera anécdota dentro de estos territorios, pero EEUU ha abandonado sus proyectos originales para entregarse a su estrategia depredadora tal vez inspirada por megaproyectos multinacionales de alcance impreciso. Mientras que los imperios generadores responderían a un

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proceso cíclico generacional en virtud del cual, en un determinado momento de su desarrollo los nuevos territorios comienzan antes o después a organizarse de manera circular interna, y segregarse del resto, aunque ello suponga crisis y conflictos irremediables, porque nadie puede anteponerse a los procesos históricos.

II El caso de España

Si analizamos el fenómeno de la transición española desde la perspectiva de la teoría del estado que ofrece Gustavo Bueno en su importante obra, Primer ensayo sobre las categorías de las “ciencias políticas”, creo que podemos extraer algunas interesantes precisiones que no se suelen tener en cuenta en los estudios tradicionales. Al fin y al cabo, el tema de la transición sólo se enfoca desde un punto de vista político, y ello, en efecto, contribuye a ocultar importantes aspectos de España, que simplifican y convierten en leyenda la transición como una especie de estado de gracia de España.

España es un país resultante de ese proceso de desmembramiento de un imperio generador, el imperio español. De su matriz surgieron diferentes naciones políticas, entre ellas España; que es el país que se instituyó como forma del todo durante el proceso de su despliegue como imperio. Nadie responda a la pregunta de por qué fue imperio, si no contesta simplemente, “porque pudo hacerlo”, pues otra razón no hay más profundamente histórica. Es muy difícil hablar de voluntad de Estado, de Imperio, pero el ortograma del catolicismo es el que canaliza esa pujanza histórica que adquiere el reino de Castilla. Está claro que el siglo XIX y todos sus conflictos están en relación con la destrucción de esa idea que guiaba a la nación desde tiempos de los Católicos. El fin del imperio supone una reorganización sangrienta de la nación, plagada de intentos y proyectos en conflicto que desembocaron en un período histórico magnífico, la llamada Edad de plata, en la que se alcanzó de algún modo el renacimiento de la nación española ya como nación canónica, replegada a sus fronteras “naturales”, una vez que la guerra con EEUU desmembró los últimos territorios nacionales ultramarinos. Ese período sin embargo no consiguió estabilizar los conflictos que se realimentaron con las nuevas ideologías fascistas y marxistas, dando lugar a la Guerra civil española. El triunfo de Franco significó la reorganización objetiva de la nación española conforme a una idea de unidad de estilo francés, basada en el desarrollo del entramado productivo basal, un desarrollo inusitado y eficaz. Durante ese período se alcanzó una reorganización efectiva de toda la trama basal del estado, una actualización sistemática de los factores productivos y una modernización productiva generalizada de la nación.

El resultado de la guerra permitió el fortalecimiento del estado, con empresas públicas muy poderosas para la distribución de la energía, transportes y comunicaciones, la industria extractiva y de transformación. De esta manera España llegó a 1975 como un estado fortalecido por la propiedad pública de los factores productivos fundamentales, y con unos índices de desarrollo extraordinarios. El cambio de régimen es, como dice Bueno, una metamorfosis de esa propia crisálida. Pero el sistema político español se orientó de un modo perverso. En gran medida el fin del período de Franco está marcado por una cada ___________________________________________________________________________________________________________________

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vez más ostensible debilidad, a consecuencia de una clara definición del relevo político y una enorme presión exterior de países como EEUU, y los países europeos como Francia o Alemania, que ven con recelo la fortaleza de este estado. Todos ellos intervienen, pero particularmente EEUU. Antes de nada arrebata Marruecos a España la provincia del Sáhara, con aprobación norteamericana. El rey necesita consolidar su poder, y ello será a costa de la nación. Los partidos políticos nacientes necesitan consolidar su poner, y ello también será a costa de la nación. Demasiadas fuerzas actúan sobre España con intereses contrapuestos, lo que contribuye a su debilitamiento ostensible.

Dice Eslava Galán en su libro Historia de España contada para escépticos20 que a partir de los años setenta comienza a actuar en nuestra historia un nuevo factor que él prefiere llamar simplemente “el gran hermano”. Y así es. Desde la muerte de Carrero Blanco, hasta el Golpe de estado de Tejero, así como otros luctuosos acontecimientos que han jalonado la historia reciente de España, encontramos siempre la sombra de una duda, que resulta preocupante. Pero sin echar culpas a nadie, lo acontecido responde claramente a un programa bastante preciso que consiste, fundamentalmente, en el debilitamiento sistemático del estado. Un debilitamiento que permite en primer lugar la entrada en la OTAN y en la Unión europea, hasta la entrega irreversible que supone la renuncia a la soberanía monetaria con la entrada en el marco-euro. El debilitamiento se ha producido, sin duda, en la capa basal mediante un desmantelamiento sistemático. La reconversión industrial permitió la privatización y el cierre de gran parte de la industria nacional; la entrada en la Unión europea, y el tratado de Maastricke supuso la renuncia por parte de España a su propia cabaña ganadera, la reconversión del sector agrario y pesquero. Se privatizaron las empresas nacionales de energía eléctrica (con la consabida puerta giratoria), y las de telecomunicaciones, las empresas energéticas, transportes como Iberia, industrias tan solventes y poderosas como la fábrica Pegaso, o Seat, vendidas a empresas extranjeras, y particularmente la industria siderúrgica. En aquellas primeras y salvajes oleadas se argumentaba siempre sobre la base de que la privatización mejoraría los servicios y haría más rentables las empresas, y por tanto, resultarían más baratos los servicios prestados, pero nada de eso era cierto y, aunque lo fuera a corto plazo, a la larga los españoles nos veríamos privados de la fortaleza necesaria para afrontar nuestro destino político.

La entrada en la Unión europea trajo consigo una inflamación del cuerpo del estado con dinero rápido y fácil, que enriqueció a los españoles disolviendo poco a poco su capacidad de resistencia. Es el mecanismo de las arañas que tienen que tragarse una presa demasiado voluminosa. Le insuflan los jugos gástricos primero, antes de comerse a la víctima, y cuando el cuerpo está licuado, simplemente se lo beben poco a poco. Así ocurrió con España en Europa. Se nos inundó de dinero a golpe de financiación y subvenciones para paliar el cierre sistemático de empresas nacionales, de industria extractiva, y de industria pesada y media. Todo iba bien. Parecía que la reconversión no nos afectaba, cada vez vivíamos mejor, y trabajábamos menos. Programas de prejubilación, y bancos cada vez más agresivos facilitaban el dinero líquido y vivíamos, como dicen los

20 Juan Eslava Galán, Historia de España contada para escépticos, Planeta, Barcelona 2004.___________________________________________________________________________________________________________________

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políticos, por encima de nuestra posibilidades. El sistema de banca pública que en España era muy poderoso y había jugado un papel esencial en la organización productiva del país durante el franquismo, comenzó a privatizarse poco a poco a favor de bancos privados. El banco de Bilbao se hizo con la Caja Postal, el banco público que repartía el salario de todos los funcionarios del estado durante muchos años, y que por supuesto no facilitaba la posibilidad de que algún banco privado pudiera lucrarse en los mercados financieros con la gestión de estos sueldos. Argentaria fue el instrumento de transición hacia la privatización. Hoy por hoy, todos los funcionarios reciben su dinero en su banco desde el banco de Bilbao, y en los mercados financieros cada segundo cuenta. Las cajas se entregaron a los políticos regionales que hicieron de ellas su propio negocio hasta que la gestión politizada hizo que todos deseáramos que se privatizaran.

Muchas de las grandes empresas estatales que todavía perduran han eliminado a sus funcionarios, reconvertidos en personal laboral, evitando con ello que por su naturaleza pública se evite cualquier tipo de presión contra los trabajadores. Ahora tampoco la naturaleza pública de una empresa garantiza la estabilidad laboral, y menos aún la independencia del criterio del funcionario. Volvemos poco a poco hacia el viejo sistema clientelar, hoy reconvertido y purificado por los mass media. Y todos nos alegramos de que los funcionarios públicos sean reducidos en sus condiciones laborales, “porque es una injusticia”.

La reconversión en la capa basal ha sido tremenda, ha permitido la entrada masiva de multinacionales que se han hecho con los despojos del estado y que han reducido las condiciones laborales, endurecido la explotación y la inestabilidad, la desigualdad, y el abuso de poder. Han debilitado al estado. Las multinacionales ahora apelan a la deslocalización y en el mercado mundial el trabajo de los españoles vale menos que nada, por lo tanto, se puede explotar y reducir sus garantías laborales hasta límites insospechados hace algunos años. Como el estado no tiene fuerza para bloquear esta presión de las multinacionales, y no tiene capacidad para afrontar la renacionalización de sectores estratégicos o simplemente no tiene programa político alguno que se atenga a estos sanos preceptos consistentes en el fortalecimiento del estado, los españoles no tenemos capacidad ni individualmente ni en sindicatos o partidos para afrontar las oleadas de explotación laboral y precariedad en el empleo que caen sobre nosotros como el maná del cielo de las finanzas internacionales. En el proceso de privatización de las empresas públicas se ha llegado incluso a declarar el estado de alarma (2010), por parte de Rubalcaba y Zapatero, para hacer frente a la huelga de controladores aéreos que protestaban contra la privatización de AENA. Tales fueron los intereses en conflicto en esta operación financiera el gobierno no dudó en intervenir a escala militar para facilitar la privatización hoy ya realizada, mientras que los trabajadores de AENA, y los controladores aéreos en particular, se convirtieron poco menos que en monstruos dispuestos a destruir la felicidad de nuestros compatriotas que necesitaban a toda costa viajar a sus lugares de vacaciones para seguir siendo felices mientras que estos aguafiestas paraban a capricho el tráfico aéreo en el “puente de la Constitución” precisamente. Una vergüenza.

En el proceso de transición, faltaba atacar a la capa cortical y conjuntiva. Faltaba reconvertir a la sociedad, eso era en principio cuestión de tiempo, de cambio___________________________________________________________________________________________________________________

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generacional. Y se hizo muy bien. Se aprovechó la circunstancia de la adustez, respetabilidad, sacrificio y capacidad de trabajo, responsabilidad de nuestros mayores, la generación de nuestros padres y abuelos, para ir abriendo el camino a la democracia con la ilusión de la libertad sin ira. Y fue bueno, pero nadie entendía entonces que la libertad sin ira era sobre todo, la libertad sin fuerza, sin tejido productivo, la libertad neoliberal. De momento era solo la libertad sin ira, y los españoles obviamente votaron sí. Pero ahora había que ir abriendo nuevas brechas y sobre todo evitar que nos diéramos cuenta de que bajo nuestros pies alguien segaba nuestra libertad esquilmando nuestro tejido productivo nacional. Era necesario que fuéramos mirando hacia otra parte: y así nació la movida madrileña, el gran escaparate de escapismo y buen rollo que nos despistó mucho a todos los jóvenes que no habíamos caído en el abismo de la heroína que pululaba a raudales por ahí, desahuciando vidas a mansalva. Por si fuera poco con estas salvas cargadas de rock and rollo, del buen rollo british que nos mostraba el Mike Jagger de turno, pagado por sus enormes servicios a la City de Londres con el nombramiento como caballero británico. A mí siempre me gustó el Rock, sin embargo, reconozco que no pude por menos de sonrojarme cuando vi en la ceremonia de relevo de las Olimpiadas de Pekín al guitarrista de Led Zeppelin, Jimmy Page tocar con su guitarra aquel tema de Whole Lotta Love, comprendiendo casi de golpe la importancia que el Rock ha tenido como disolvente de la soberanía nacional. Claro que en China resultaba tan ridículo que daba vergüenza ajena, y al mismo tiempo uno se sentía en cierto modo estafado, ahora nos dábamos cuenta de qué iba todo aquello del Sex, and Drugs and Rock and Roll, el gran ortograma anarco-neoliberal anglosajón. También producía cierta sensación de ridículo: qué podían pensar los chinos viendo semejante escena. Pensarían acaso: ¿es así como el imperio anglosajón se ha comido todas las tostadas? Pues casi sí. Bien fácil ha sido.

Y cuando esto ya no era suficiente, vino la gran revolución cultural que supuso la

LOGSE a primeros de los años noventa. La LOGSE eliminó sistemáticamente lo

poco que quedaba en la capa conjuntiva de un modelo de estado basado en la

necesidad de la fortaleza productiva. Algunos simplemente lo llamaban una

reforma educativa para evitar el modelo desarrollista franquista que quería formar

trabajadores al servicio de Franco. Tonterías: lo importante era eliminar la

formación profesional y se hizo bien. Se adujo que era una vergüenza que se

discriminara a los jóvenes por su capacidad, que todos eran iguales y todos

debían tener el mismo sistema educativo, la temible ESO. “Y si te va mal estar

sentado en un pupitre seis horas al día durante cuatro años, pues estás cinco, o

seis, y si tienes dificultades te ponemos un psicólogo, o dos, o tres, uno para cada

uno si hace falta, con el fin de mantenerte en el sistema. Si luego a los 16 años, o

17, ya bien cargado de frustración y abatimiento quieres hacer un módulo de

grado medio, ya puedes, pero antes, la ESO. Y no contestos con eso, para evitar

que la discriminación fuera mayor, si luego querías pasar a un módulo de grado

superior, debes pasar por el bachillerato. Esta última barbaridad se ha atenuado

últimamente, pero el sistema es igual. La ESO son cuatro años para todos. Se

eliminaron todos los centros de formación profesional, se les obligó a integrarse en

la ESO, se eliminó el cuerpo de profesores de Formación Profesional, se

equipararon todos los cuerpos, porque todo aquello era discriminatorio. Siempre

sobre el prejuicio ideológico absurdo según el cual la formación profesional en un

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oficio era algo peyorativo, frustrante y denigrante, que generaba una sociedad desigual e injusta. ¿Qué queda de esa palabrería hoy, cuando la desigualdad ha aumentado a límites intolerables, la precariedad laboral campea, y los trabajadores además reciben una formación nefasta?

En la LOGSE primaban otros criterios. No formamos a trabajadores que sostengan el entramado productivo de un estado fuerte, sino a ciudadanos que buscan la felicidad, y cuyo fin último es ser felices, como dice el intragable Marina una y otra vez. La felicidad personal, la satisfacción, el sentirse bien, estar a gusto, disfrutar de la vida, olvidarse de los problemas, gozar. Lo otro era condenar a los españoles a una vida austera dedicada al trabajo al servicio del gran Leviatán. Ahora lo cambiamos por sentirse bien, aunque tu libertad quede reducida a tu libertad personal individual. Vale. (En uno de los últimos capítulos de El Ministerio del Tiempo, se especula sobre la posibilidad de que Felipe II se hubiera convertido en emperador no solamente del espacio y su tiempo, sino también del futuro, y cómo sería la vida de los españoles entonces. Resulta interesante ver qué modelo de vida se habría establecido, según los guionistas.)

El otro gran factor de reconversión de la capa conjuntiva vino del sector audiovisual. Aquí se produjo, como en el resto de los sectores productivos una transformación brutal y muy definida. Es lo que relata Sidney Lumet en Network: un mundo implacable. Una película de 1976 que aborda el asunto de la transformación de la televisión en EEUU, cuando la audiencia y el éxito económico se imponen sobre el ideal de servicio público que todavía perduraba en las cadenas de televisión. William Holden y Faye Dunawey caracterizan respectivamente dos modos de entender la televisión en conflicto. El respetable periodista, maestro de periodistas, que defiende la responsabilidad del medio televisivo como un servicio público, y la empresaria agresiva capaz de inventarse un nuevo modelo televisivo (que por cierto es el que está establecido en la Sexta, en España, sin ninguna duda) basado en el espectáculo, en la búsqueda de audiencia y en la persecución de las ganancias, sobre la consigna que Charles Foster Kane dejó establecida en Ciudadano Kane: cuando el viejo director del Inquirer se quejaba porque se estaban publicando noticias de “comadres”, que no tenían importancia, Kane le responde, si la noticia va en portada se hace importante. La Sexta hace lo mismo. Utiliza el descontento, lo azuza, lo amplifica, se regodea en él desde todos los puntos de vista, con el único fin de aumentar la audiencia y mantener a los televidentes pendientes de rasgarse las vestiduras unas cuantas veces a diario, a la hora de comer, de cenar, y después de comer, y después de cenar, y a cualquier hora, con sátiras “guayóminas”, o con debates teatrales, da lo mismo.

El último gran hito en el proceso de desarticulación del estado en su entramado productivo, era ya la capa cortical, y esta tuvo dos grandes etapas. La primera, cuando el Golpe de estado de Tejero reforzó el poder del rey que para sostenerse en su trono necesitaba el apoyo sistemático de EEUU, y por ello o por gusto, no se sabe, o por prudencia “monárquica”, quería entrar en la OTAN a toda costa, incluso haciendo dimitir a Suárez, que nunca quiso que España entrara en la OTAN, cuando aun España era suficientemente fuerte para decir que no, pero Suárez

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dimitió (esto lo dice Pilar Urbano21), y el golpe de estado dio permiso al rey para entrar en la OTAN. Con ello, de entrada, ya la capa cortical quedaba mediatizada por poderes militares internacionales y la debilidad del estado era más que notoria. Pero aun teníamos la milicia nacional, todos los jóvenes españoles iban a la “mili”, y allí se hacían cargo de que algo de la defensa de la patria tenía que ver con las escopetas y la marcialidad militar. Pero el movimiento de objeción de conciencia, alimentado por la ideología de la felicidad personal, y el individualismo liberal, junto con el ideal del buen salvaje roussoniano y la doctrina marxista y anarquista del fin del estado represor, de fuerza arrolladora, llevó a una situación que aunque hubiera podido resolverse de otro modo, se resolvió del modo más inesperado y solvente: Aznar eliminó la “mili”, profesionalizó el ejército y ahora mismo su estructura nacional está totalmente entretejida por el entramado militar de la OTAN como fuerza bélica defensiva de los intereses occidentales en general, europeos en particular, y verdaderamente correspondientes con los planes generales del imperio de EEUU y sus diversas estrategias internacionales: Irak, Afganistán, Libia, Siria, Yugoslavia, Rusia… La eliminación de la milicia nacional fue recibida con júbilo por todos los españoles que ya no tenían el más mínimo interés por pasar un año haciendo el tonto en un cuartel, mientras que podían dedicar ese año a disfrutar de la felicidad en cualquiera de sus modos magníficos de ser consumida con un poquillo de la pasta que venía de Europa a raudales.

Lo último ya es ver cómo funciona todo este mecanismo. Ahora que hemos convertido a la nación española en una marioneta anclada por los temibles hilos de acero de las multinacionales, la moneda única marco-euro, los bancos privados y el sistema financiero internacional, y la OTAN; ahora que la tenemos amarrada por los cuatro costados, vamos a ver cómo se comporta. Montamos una crisis financiera y procedemos a extraer a manos llenas de ese país toda su riqueza, porque a todo van a contribuir los diferentes gobiernos de turno, entregados ya a la lógica de no hacer nada que atente contra los intereses del capital. La debilidad del estado es también la debilidad moral de nuestra sociedad.

La privatización va alcanzando paradójicamente los ideales a los que aspiraba el marxismo y el anarquismo en su doctrina del fin del estado. Efectivamente, la disolución del entramado productivo nacional favorece el debilitamiento del estado, que cada vez, como en un círculo vicioso, irá perdiendo más fuerza. Incluso, las nuevas ideologías de la izquierda neoliberal pedirán la desaparición del aparato represor del estado, esto es: la policía, la guardia civil y el ejército, con el fin de contribuir a la disolución del estado represor, dando cabida así a la universalización de las iniciativas privadas de seguridad que ya se llevan ensayando muchos años. La privatización sistemática, de hecho, favorecerá la posibilidad del desmembramiento de la capa basal del estado, precisamente aquello que por ahora sostiene la efectiva y material unidad territorial del Estado, por lo que los intereses de los partidos independentistas, más si son de izquierdas divagantes, pero también si son de derechas, por razones obvias, coincidirán con los intereses de las multinacionales, y aun de otras naciones, a costa de la libertad

21 Pilar Urbano, La gran desmemoria, Planeta, Barcelona 2014.___________________________________________________________________________________________________________________

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y la soberanía de España. Esos intereses pueden coincidir o pueden actuar conjuntamente, mientras que el Estado pierde poco a poco capacidad de intervención para sostener la soberanía nacional.

Cuando todo esté preparado, el acuerdo TTIP traerá consigo el fin de eso a lo que se aferran los socialdemócratas “más radicales”: los servicios públicos, la educación y la sanidad. Como si eso fuera lo único para lo que debe servir el Estado. Pero bien, incluso esos servicios quedarán disueltos en el proceso de privatización y disolución del Estado, y esto, obviamente, también interesa al secesionismo. La debilidad del Estado es también la debilidad de la sociedad que acaba convirtiéndose a su vez en eso a lo que aspiran las ideologías divagantes de la izquierda: una sociedad civil, disuelta, sin fuerza, sin dominio propio, sin soberanía sobre su territorio y su destino. Que ya no tendrá nada sobre lo que decidir y cuyas decisiones no tendrán trascendencia alguna en el destino de la sociedad. Es el credo que Jeremy Rifkin, el asesor de Clinton, puso de moda para los ideólogos de la socialdemocracia europea, en su libro El fin del Trabajo22: los Estados deben desaparecer en aras de la sociedad civil, el tercer sector, la voluntad de servicio de las personas que por voluntad anarquista quieren ayudar, pero todo ello, articulado por el implacable dominio de la única verdad recogida en las bombas que tiran los aviones de la OTAN allí donde haya la más mínima resistencia.

En definitiva, la privatización del entramado productivo trae consigo la debilidad manifiesta del estado, y con ella, su dependencia del exterior. De hecho, en la visita que Obama ha hecho a España este verano ya se puede observar que su papel no es el de representante de un estado amigo, sino el de emperador visitando sus colonias. EEUU garantiza, en palabras de su presidente, la unidad de España, si y sólo si, seguimos proporcionándole territorio y cobertura para el despliegue de su estrategia imperial en Occidente. Desde sus bases militares recibe, pues, a los representantes políticos españoles, conscientes hoy más que nunca de su secundario papel en cualquier proceso político en España.

Y este es el resultado más vistoso de la transición española: un estado debilitado y dependiente, entregado a la soberanía europea y norteamericana, cuyo destino y unidad sólo están garantizados por el interés que nuestro país hegemónico tenga en conservarlo como tal. Ciertamente, el contexto geopolítico tal vez excluyera cualquier otra posibilidad, porque los países que se han resistido a la presión imperial no han tenido precisamente buena suerte, y tal vez la prudencia política ha dirigido de modo menos traumático nuestro destino presente teniendo en cuenta cómo se comportan los ejércitos de la OTAN y las cosas que han ocurrido por aquí. Pero dentro de los márgenes que la prudencia política nos permite, creo que los partidos políticos españoles no han tenido en cuenta las más mínimas y discretas razones prudenciales que permitieran, dentro de los márgenes que se nos ofrecen, mantener una mínima dignidad nacional, tal vez por eso definirse como españoles resulte ser hoy prácticamente clandestino y disidente.

Benavides de Órbigo, 4 de agosto de 2016
22 Jeremy Rifkin, El fin del trabajo, Paidós ibérica, Barcelona 2010.

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Escuela de Filosofía de Oviedo, Lección de Carlos Madrid casado en la sede de la Fundación Gustavo Bueno sobre la Teoría del Cierre Categorial aplicada a las diversas “Filosofías de la Física”. Un desarrollo para el análisis y la crítica propuesto desde el sistema forjado por Gustavo Bueno(2024-2016), se trata del Materialismo Filosófico

http://fgbueno.es/act/efo214.htm

EL MITO DEL LIBRE MERCADO. Un análisis desde las coordenadas del Materialismo Filosófico, por Daniel López Rodríguez

FUENTE: https://www.posmodernia.com/el-mito-del-libre-mercado/?fbclid=IwAR0Y60PDR7E__nTRjZ3HjSangQdEkuGJNQk5CYI73szPHd00stM0HVKy_ec

AUTOR Daniel López Rodríguez

Daniel López Rodríguez

La Idea (o más bien paraidea) de un «libre mercado» se remonta a los orígenes de la modernidad. A finales del siglo XVI Alberto Struzzi escribía que «por ley natural de las gentes el comercio deber ser libre por todo el mundo generalmente, sin limitación de naciones ni de leyes, por cuanto es imposible que un reino o país esté proveído de todo lo que ha menester» (citado por Juan Ignacio Gutiérrez, El renacimiento y los orígenes del mundo moderno, Editorial Planeta, Barcelona 1975, Pág. 140).

Los debates entre librecambismo y proteccionismo de la época de Adam Smith y David Ricardo siguen en vigor en nuestros días, con todas las variantes que la complejidad de nuestro presente supone. Pero la suposición de una libertad de mercado llevada a su plenitud -digamos, la libertad absoluta de mercado, es más, de un mercado pletórico– no es propia del liberalismo clásico, sino más bien del anarcoliberalismo. Según los anarcocapitalistas, el Estado debe ser abolido y sustituido por la iniciativa social privada de los propietarios, constituyéndose un mercado libre de las garras del Estado; es decir, este liberalismo radical y exacerbado toma partido por las personas individuales frente a cualquier hipóstasis de las corporaciones o sociedades en tanto «personas jurídicas». En última instancia, el liberalismo aspira a construir una sociedad regulada mercantilmente y no políticamente. Pero ya el mismo padre del liberalismo y, en palabras de Marx, «el fundador de la economía política moderna», Adam Smith, al que el joven Engels llamó en los Anales franco-alemanes el «Lutero económico» y el joven Lenin el «gran ideólogo de la burguesía progresista» (Lenin, Obras completas, Tomo II, Versión de Editorial Progreso, Editorial Ayuso Akal, Madrid 1974, Pág. 512), reconocía que la libertad completa de mercado era imposible: «Está claro que esperar que algún día se restaure completamente en Gran Bretaña la libertad de comercio es tan absurdo como esperar que se establezca en ella una Oceana o Utopía» (Adam Smith, Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, Traducción de Carlos Rodríguez Braum, Alianza Editorial, Madrid 2008, Págs. 560-561). Así pues, según Smith el Estado es al fin y al cabo necesario para el negocio de la circulación de mercancías. Sin Estado sencillamente no hay mercado (así como tampoco hay libertades ni derechos), y decir «más mercado menos Estado»es una forma solemne de no saber lo que se dice. La configuración del mercado está históricamente determinada por la acción política y militar. El mercado depende del Estado del mismo modo que el alma depende del cuerpo (aunque desde la doctrinade los tres géneros de materialidad de la ontología del materialismo filosófico postulamos que M1 no brota de Msino que, junto a M3,más que dependencia o subordinación de unos géneros a otros lo que hay que hablar es de codeterminaciónsinexión, además de la codeterminación con la Materia ontológico-general que desborda a los géneros al no agotarse en ellos).

Ya en 1845 decía en joven Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra: «La libre competencia no quiere ningún freno, ninguna intromisión del Estado; el Estado le es un estorbo; estaría a sus anchas en un estado de cosas privado de cualquier ordenación coordinadora, donde cada uno pudiera explotar al otro a su gusto, como, por ejemplo, en la “Unión” del amigo Stirner. Pero como la burguesía no puede tener frenado al proletariado sin el Estado, que le es necesario, entonces lo vuelve contra aquél y trata de tenerlo alejado de sí lo más posible» (Friedrich Engels, La situación de la clase obrera en Inglaterra, Akal Editor, Madrid 1976, Pág. 313).

En la doctrina fisiocrática del laissez faire, laissez aller, la libertad de comercio de la intervención estatal, en la que quedarían excluidos los monopolios que puedan entorpecer el proceso industrial, el Estado sigue viviendo en los poros de la sociedad, «al modo como Epicuro hacia vivir a sus dioses en los poros del mundo» (Karl Marx, Teorías de la plusvalía, Alberto Editor, Madrid 1974, Pág. 33).  

Pues bien, la relación del Estado con el mercado es de codeterminación y dependencia mutua, pues un mercado sin Estado es tan imposible como un Estado sin mercado, un Estado sin comercio de importación y exportación. La relación de Estado y mercado vendría a ser no ya de subordinación de uno a otro sino más bien de conjugación. Es la capa cortical del Estado, es decir, su ejército y su cuerpo diplomático, la que hace posible el funcionamiento del mercado, siendo además la capa decisiva para la adquisición de riquezas frente a otros Estados en incesante dialéctica, contra los que se disputan mediante la guerra las riquezas de diferentes capas basales (las riquezas de cada territorio) cuando ya no es posible hacerlo por el comercio o la diplomacia. Por ejemplo: el funcionamiento de las flotas mercantes sólo es posible por el respaldo de las marinas de guerra. Para los liberales o los neoliberales más ultramontanos la guerra no es -como decía Clausewitz- la continuación de la política por otros medios, sino la continuación del libre mercado. Por lo demás, sí es cierto que la guerra es una continuación de la economía.  

Para los liberales el gobierno que gobierna mejor es el que menos gobierna, el gobierno que deja hacer. Y así los liberales apoyan la menor cuota de gobierno posible. Pero la necesidad del Estado así la reconocía el padre del liberalismo, para el cual, por cierto, la defensa de la nación es más importante que su opulencia: «Según el sistema de la libertad natural, el soberano sólo tiene tres deberes que cumplir, tres deberes de sobresaliente importancia pero que están al alcance y compresión de una inteligencia corriente. Primero, el deber de proteger a la sociedad de la violencia e invasión de otras sociedades independientes. Segundo, el deber de proteger, en cuanto sea posible, a cada miembro de la sociedad frente a la injusticia y opresión de cualquier otro miembro de la misma, o el deber de establecer una exacta administración de la justicia. Y tercero, el deber de edificar y mantener ciertas obras públicas y ciertas instituciones públicas que jamás será del interés de ningún individuo o pequeño número de individuos el edificar y mantener, puesto que el beneficio nunca podría reponer el coste que representarían para una persona o un reducido número de personas, aunque frecuentemente lo reponen con creces para una gran sociedad» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 660). 

Es decir, es el Estado el que garantiza la propiedad privada, el orden público, la producción de obras e infraestructuras, la seguridad social de los trabajadores y su misma educación. De hecho el Estado liberal se definió como sinónimo de Estado de derecho, porque los ciudadanos estaban sometidos al imperio de la ley. No hay propiedad sin Estado así como no hay vida sin cuerpo o anverso sin reverso.  

Además, sin un control mínimo por parte de los diferentes Estados dentro de sus respectivas capas basales «muchas empresas (acaso venidas de otros países) arrasarían y depredarían, en su búsqueda de los máximos beneficios económicos por encima de cualquier otra consideración -entre otras cosas porque muchas de estas grandes empresas están movidas por una junta de accionistas que amenaza continuamente con llevarse su dinero a otra parte si no obtienen los beneficios esperados-, los recursos del medio ambiente en poco tiempo, o volverían en ocasiones, si por ella fuera -por ejemplo las empresas que no quieren seguir la tesis de Ford de que el bienestar de los trabajadores forma parte del bienestar de la empresa-, a las condiciones de los obreros en la escandalosa situación de la Revolución Industrial inglesa, con la esperanza de maximizar los beneficios a costa de minimizar los costes salariales. Sin embargo, con la progresiva pauperización de la sociedad civil dejaría de haber sociedad de mercado, al hundirse el consumo interno, así como trabajadores cualificados para puestos de trabajos que requieren conocimientos científicos. Una sociedad así, pauperizada a nivel social, y deforestada, contaminada y desertizada a nivel ambiental, sólo podría encontrar en el negocio de las exportaciones a países con medidas de protección social estatales su principal modo de subsistencia. Por lo que si el liberalismo económico se universalizase, hasta sus últimas consecuencias, implicaría su propia aniquilación» (Javier Pérez Jara, La filosofía de Bertrand Russell, Pentalfa Ediciones, Oviedo 2014, Pág. 425).  

Para el buen funcionamiento del comercio, tanto de importación como de exportación, más importante que la libertad es la seguridad. Y no es que lo diga yo: «El comercio y la industria rara vez florecen durante mucho tiempo en un estado que no disfruta de una administración regular de la justicia, donde el pueblo no se siente seguro en la posesión de sus propiedades, donde el cumplimiento de los contratos no está amparado por la ley, y donde la autoridad del estado no se ocupa regularmente de obligar a que paguen sus deudas todos aquellos que pueden pagarlas. En suma, el comercio y la industria no pueden progresar en ningún estado donde no hay un cierto grado de confianza en la justicia. La misma confianza que predispone a los grandes comerciantes e industriales en condiciones normales a confiar sus propiedades a la protección del estado, los predispone en circunstancias extraordinarias a confiarle al estado el uso de sus propiedades. Al prestar dinero al gobierno ni por un momento disminuye su capacidad de llevar adelante su comercio o industria. Al contrario, habitualmente la aumentan. La necesidad hace que el estado de la mayoría de las ocasiones esté dispuesto a pedir prestado en términos sumamente ventajosos para el prestamista. La seguridad que otorga al acreedor original es transferible a cualquier otro acreedor, y a partir de la confianza universal en la justicia estatal los títulos generalmente se venden en el mercado por más que su valor de emisión. El comerciante o persona acaudalada gana dinero cuanto le presta al estado, y en vez de disminuir su capital de giro lo aumenta. De ahí la inclinación o disposición a prestar de los súbditos de un estado comercial» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 781).

Desde las coordenadas críticas del materialismo filosófico, es imposible referirse a una economía política sin una moneda de curso legal y obligatorio. Pues «sólo el Estado establece esa moneda, determina las unidades monetarias, las reconoce e impone su utilización en el mercado. Y solamente los acuerdos entre Estados pueden lograr que las monedas de un Estado se confundan con las monedas de otros Estados… El Estado no sólo establece la moneda como parte formal del sistema económico. También, en su papel de Estado gendarme, hace posible que se mantengan a salvo los mercados de los asaltos de los que permanecen fuera de las cadenas de producción o distribución. Mediante la escolarización obligatoria hace posible la conformación de los individuos como productores y consumidores; mediante la política de seguridad social permite la subsistencia (incluyendo el panem et circenses) de una población que de otro modo causaría el desplome del sistema. El Estado crea además las infraestructuras (ferrocarriles, autopistas, líneas de alta tensión) sin las cuales la economía de mercado no podría funcionar» (Gustavo Bueno, La vuelta a la caverna. Terrorismo, guerra y globalización, Ediciones B, Edición de bolsillo, Barcelona 2005, Págs. 269-270). «Parece evidente que sólo en un estado de paz será posible que los vendedores distribuyan las mercancías entre los compradores y que las mercancías lleguen regularmente al mercado por caminos sin fronteras, sin asaltos, en paz y libertad. Pero las plazas de los mercados y los caminos tranquilos sólo se mantienen en paz cuando la circulación de mercancías se mantiene en equilibrio dinámico. Y por ello hace falta, ante todo, el Estado. Por ello, decir que el comercio genera la paz es una simple petición de principio, porque la paz está ya implicada en el mismo proceso de circulación, cuando este proceso está en marcha. Pero, ¿cómo ponerlo en marcha? ¿Acaso no había habido previamente una guerra que había despejado el campo de malhechores y de competidores? Y lo más importante, ¿cómo mantenerlo en marcha? ¿Acaso los mismo flujos comerciales, cada vez más abundantes, no rompieron de vez en cuando el equilibrio dinámico de la corriente de circulación, dando lugar a colapsos o a turbulencias?» (Bueno, La vuelta a la caverna, Págs. 386-387).

Por tanto, eso que llaman «Estado liberal» o «libre mercado» llevado a su límite ni existe ni puede existir (sin perjuicio de que existan los liberales y aún todavía los libertarios), y se trata simplemente de una ficción comparativa con respecto a los Estados llamados «intervencionistas» o  «socialistas» en el contexto de los grados de involucración de las categorías políticas en las económicas. «La diferencia entre un Estado liberal y un Estado socialista no es una diferencia entre economía libre y economía intervenida; más bien es una diferencia entre “economías intervenidas”, según determinadas proporciones… la diferencia entre una economía liberal y una economía con planificación central, tipo soviético, no será tanto una diferencia económica cuanto una diferencia política… La apariencia de una economía libre que funciona entregada a las leyes puras del mercado es una ilusión derivada de que esa economía, en el marco de la economía política, se comporta como si estuviera sometida a leyes naturales» (Bueno, La vuelta a la caverna, Págs. 270-271). «Si el Estado liberal propugna un intervencionismo mínimo y una privatización máxima en materia económica, cultural, etc. no es porque carezca de una perspectiva globalizadora, sino porque la burguesía dominante, dueña del control económico, y con sindicatos débiles, no necesita que nadie, fuera de ella misma, intervenga en sus planes y programas. Pero cuando ese Estado de equilibrio se rompe por motivos internos o por una coyuntura internacional, entonces es el mismo “Estado burgués” el que pedirá la intervención “totalitaria”» (Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las «ciencias políticas», Biblioteca Riojana, http://www.fgbueno.es/med/dig/gb91ccp2.pdf, Logroño 1991, Pág. 203).                

Aparte de garantizar la existencia del mercado y la seguridad de la clase burguesa que lleva ese mercado, el Estado también garantiza la seguridad de los más débiles. Antes que Marx, ya el padre del liberalismo dijo: «El gobierno civil, en la medida en que es instituido en aras de la seguridad de la propiedad, es en realidad instituido para defender a los ricos contra los pobres, o a aquellos que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 681). Así, Adam Smith postula, frente a Locke e influenciando en Marx, que el Estado no es neutral, sino un instrumento de los ricos o propietarios frente a los pobres o no propietarios.

La idea de Smith era que Gran Bretaña renunciase al dominio de sus colonias e inmediatamente después entablase un comercio libre que resultaría más ventajoso para la mayoría del pueblo, terminando así con los monopolios de los grandes magnates: «Al separarnos así como buenos amigos, el afecto natural de las colonias hacia la madre patria, que acaso se haya extinguido por nuestras recientes disensiones, podría revivir rápidamente. La dispondría no solamente a respetar durante siglos enteros el tratado comercial acordado con nosotros al separarnos, sino a apoyarnos tanto en la guerra como en el comercio, y a convertirse en los aliados más fieles, afectuosos y generosos, en vez de súbditos turbulentos y facciosos; y quizás pueda renacer entre Gran Bretaña y sus colonias el mismo tipo de afectos paternal de una parte, y de respeto filial de la otra, como el que solía existir entre las de la antigua Grecia y la metrópoli de la que descendían» (Smith, La riqueza de las naciones, Pág. 609-610).

En resumen: esa libertad de la que disponen los capitalistas para comprar maquinaria, materias primas y fuerza de trabajo y vender mercancías sólo es posible a través del Estado de referencia y de la dialéctica de Estados (sin olvidar que ésta está constantemente codeterminada con la dialéctica de clases). Sin Estado sencillamente no hay mercado, por lo tanto la libertad de los burgueses depende del poder del Estado. Ya lo dejó dicho Marx en 1845: «Poder y libertad son idénticos» (Karl Marx y Friedrich Engels, La sagrada familia, Akal, Traducción de Carlos Liacho, Madrid 2013, Pág. 163). Por tanto, es el Estado el que garantiza los límites del mercado, las vías de comunicación, el orden público y la protección ante otros Estados a través de la capa cortical (en los tiempos del primer capitalismo contra los piratas y más tarde contra las empresas competidoras extranjeras). Sin Estado el libre mercado es un mito. Compartir

David Alvargonzález, Biólogo y filósofo, profesor de la Universidad de Oviedo y autor de varios libros y artículos, nos ofrece este riquísimo artículo sobre un tema CLAVE del sistema del Materialismo Filosófico, aunque agrega algunas cuestiones , con el fin de delimitar con mayor precisión cualquier posible resquicio que algunos estudiosos del Materialismo Filosófico, o público interesado en la Teoría de la Ciencia(Teoría del Cierre Categoral) pudieran considerar de su interés y del interesara los estudios de las Ciencias y de la Filosofía Materialista


La idea de cierre categorial. Intervención en Santo Domingo de la Calzada el día 15 de marzo de 2019 con motivo de la presentación del número 175 de la revista 
Berceo dedicada a Gustavo Bueno

AUTOR: David Alvargonzález

Introducción

En esta exposición voy a intentar presentar la idea de cierre categorial del filósofo Gustavo Bueno (1924.2016). Para ello voy a explicar brevemente cuáles son los contenidos centrales de esa teoría y, a continuación, reivindicaré la importancia que puede tener para cualquier filosofía del presente. Gustavo Bueno es un filósofo español que tiene decenas de miles de seguidores en Internet y que, en Google Académico, tiene un valor treinta para el índice h. La teoría del cierre categorial es una de las partes más originales y nucleares de la filosofía de Bueno, y es de esperar que la importancia de esta teoría vaya en aumento, aunque solo sea a efectos polémicos, porque la idea de ciencia es relevante para cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, como voy a tratar de mostrar. La teoría del cierre categorial es una rectificación de la teoría de las categorías de Aristóteles y supone establecer una conexión interna entre la ontología y la filosofía de la ciencia, entre las categorías ontológicas y los campos de las ciencias.

Es una idea temprana y nuclear de la filosofía de Bueno, pero también de cualquier filosofía del presente que se precie ya que es una idea que tiene que ver con la verdad científica: es un intento de determinar qué es la verdad científica, en qué se diferencia la verdad científica de las verdades del sentido común, y qué es una ciencia. Este es un asunto central desde el origen de la filosofía, pues ya Platón y Aristóteles estaban discutiendo, precisamente, qué era la geometría. En la época moderna también se discutió profusamente acerca de lo que es una ciencia, y se sigue discutiendo en la actualidad. Las verdades científicas son el tipo de verdades más sólidas que tenemos, y sobre las que hay que construir cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, ya que es imposible hacer un sistema filosófico de espaldas a las verdades científicas. Por eso, hace falta tener un criterio muy sólido y muy discriminativo para saber qué son las verdades científicas porque los científicos, cuando hablan y escriben, lo hacen muchas veces en calidad de ciudadanos y es relevante poder distinguir cuándo están hablando como ciudadanos, o como literatos, o como filósofos espontáneos, y cuándo están hablando como científicos de cosas que son auténticas verdades científicas. La teoría del cierre categorial es la filosofía de la ciencia asociada a una ontología hiperrealista, materialista. Esto es una novedad dado que los filósofos materialistas del siglo XIX y XX no llegaron a desarrollar una filosofía de la ciencia específica, sino que se contentaron con seguir a grandes rasgos la filosofía de la ciencia del positivismo.

Gustavo Bueno expuso su teoría en un tratado en cinco volúmenes con más de mil cuatrocientas páginas, y siguiendo la teoría del cierre categorial se han realizado más de una docena de tesis doctorales monográficas (Lafuente 1973, Fernández, T.R. 1980, López 1983, Fuentes 1985, Alvargonzález 1989a, Hidalgo, 1990, Iglesias 1992, Fernández Treseguerres1993, Baños 1993, Fernández, S. 1995, Huerga 1997, Álvarez 2002, Madrid 2009, Barbado 2015).

La idea de cierre operatorio

La idea de cierre categorial tiene dos partes, la idea de cierre operatorio y la idea de categoría. Por lo que hace a la idea de cierre, todo el mundo tiene un conocimiento práctico de lo que es cerrar una puerta, todo el mundo conoce el concepto técnico de cerrar algo. Un concepto más específico es el concepto algebraico de cierre operatorio: en álgebra, una operación es cerrada cuando, dados dos términos de un conjunto, los operamos, y el término resultante pertenece al mismo conjunto. Por ejemplo, si tomamos los números naturales y aplicamos la suma, los resultados son siempre otros números naturales: esa es una operación cerrada. La operación no cerrada es cuando, dados dos números naturales, por ejemplo, el uno y el tres, los dividimos y obtenemos un tercio que ya no es un número natural. Esta es la idea de cierre operatorio, es decir, dos términos de un conjunto que operados dan elementos del mismo conjunto. Gustavo Bueno tomó está idea y la amplió, aplicándola no solamente a las ciencias formales, a las matemáticas, o al álgebra, sino a todas las ciencias. Si cogemos dos compuestos químicos y los operamos, nos resulta otro compuesto químico, no resulta una célula o un elefante, ya que esos son términos del campo de la biología. Si operamos con términos del campo de la química obtenemos términos del campo de la química y, sin embargo, si cogemos dos organismos biológicos y los cruzamos pues aparece otro organismo biológico, no nos da como resultado, digamos, ácido sulfúrico. Esa es la idea de cierre operatorio: cuando estamos en un campo y operamos dentro de ese campo, obtenemos nuevos términos de ese mismo campo. De este modo, a través del propio proceso de las operaciones, el campo se va ordenando y se va cerrando espontáneamente (cuando esto ocurre). 

Las categorías de Aristóteles

El adjetivo “categorial” viene del nombre “categoría”. “Categorial” es lo que tiene que ver con las categorías. Con antecedentes en Platón y Parménides, la idea de categoría es un invento de Aristóteles quien propuso una tabla famosa de categorías. “Categorein”, en griego, significa “predicar”, y las categorías son las cosas que se pueden decir del sujeto. Aristóteles supuso que de un sujeto se pueden predicar cosas acerca de su sustancia, de su cantidad, de su cualidad, de su relación, del lugar en donde está, del tiempo en el que está, de la posición, etcétera. Aristóteles hizo una lista y a esas cosas que se predican del sujeto las llamó categorías. Las categorías desde entonces, por la propia concepción de la filosofía aristotélica, se entendieron como una especie de géneros ontológicos máximos. Es un poco parecido, por poner un ejemplo proporcionado, a lo que ocurre en biología cuando se habla de los géneros máximos de los organismos biológicos. En ese caso, los géneros máximos son los reinos: vegetal, animal, los hongos, las moneras, las protoctistas (si nos referimos a la célebre clasificación, hoy ya superada, de Whitacker). Pues bien, si nos preguntamos ahora por los géneros máximos, no sólo de la biología, sino de todo lo existente, de toda la realidad, esos géneros máximos serían las categorías, y su determinación tiene mucha importancia porque se supone que esas categorías nos informan acerca de la manera cómo la realidad está estructurada. Decía Platón que el buen carnicero es el que corta al animal por las junturas naturales frente al mal carnicero que lo corta de cualquier manera (Fedro 265a-266c). Pues bien, lo que Aristóteles se estaba preguntando es cuáles son las junturas naturales, los géneros máximos, para dividir todo lo real, y esos géneros máximos son las categorías. El asunto de saber cuáles son las categorías, es decir, los círculos máximos, los géneros máximos de la realidad, es un asunto central de todo sistema filosófico: toda filosofía que aspire a cierta sistematicidad tiene que comprometerse con esta tarea pues necesita tener cierto mapa que establezca por dónde están las junturas naturales de la realidad.

¿Por qué Bueno interpreta el cierre operatorio de las ciencias como un cierre “categorial”?

La teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno supone una “vuelta del revés” de la teoría de Aristóteles, en especial de la interpretación que la filosofía escolástica cristiana hizo de esa teoría aristotélica. Un fraile dominico, Nicolás Bonetti, sostuvo que, si las categorías eran géneros máximos, cada uno de esos géneros tendría que ser estudiado por una ciencia diferente: habría una ciencia de la cantidad, otra de la cualidad, otra del tiempo, del lugar, etcétera. Es decir, propuso la idea de que habría tantas ciencias como categorías. Gustavo Bueno dio la vuelta del revés a este planteamiento: no es que cada ciencia estudie una categoría determinada previamente por no se sabe qué procedimiento, sino que lo que ocurre es que cada ciencia realmente existente puede interpretarse como una categoría ontológica. Existe, pues, una categoría física, una categoría química, una categoría biológica, una categoría psicológica, histórica, lingüística, etcétera, y esas son las junturas naturales que dividen la realidad en partes. Ahora bien, la cuestión es justificar por qué se puede dar este paso. Para explicarlo voy a poner una analogía meteorológica que, manejada con el debido cuidado, puede resultar de utilidad. Imaginemos un ambiente atmosférico que está cargado de humedad y supongamos que, en un momento dado, baja la temperatura, se atraviesa el punto de rocío, y entonces la humedad se condensa y da lugar a una nube. Si no hay viento y está el ambiente en calma, la nube que se forma es un estrato, es una nube homogénea de estructura horizontal, pero, si hay movimientos de aire ascendentes y descendentes, por ejemplo, porque hay un calentamiento diferencial del suelo y una parte de ese suelo tiene un albedo más alto o más bajo que otra, ese calentamiento diferencial hace que se formen, por ejemplo, cumulus humilis, los llamados cúmulos de buen tiempo, que son la típica nube blanca de base plana y parte superior redondeada. Pues bien, nuestra especie lleva operando con las cosas del mundo más o menos desde el paleolítico medio, y lleva haciendo cosas, y transformando cosas, y mezclando, y separando, calentando, destilando, componiendo, descomponiendo, rompiendo y volviendo a unir, y cuando nosotros operamos con las cosas del mundo, lo que ocurre es que se forman “nubes” operatorias, que son los cierres operatorios. No se forma una estructura homogénea como la del estrato, o una estructura regular, como podría ser un diamante de carbono que tuviera todos sus átomos perfectamente alineados y a la misma distancia, con la misma disposición geométrica. Lo que se forman son torbellinos operatorios, y torbellinos que empiezan a tener una independencia unos de otros: el torbellino de la biología frente al de la física, o frente al de la química. En el ejemplo meteorológico, el sol tiene que estar calentando, pero no es el único responsable de que se formen las nubes porque éstas se forman por el calentamiento diferencial del suelo y por las diferencias de humedad y de energía cinética. En el caso de las ciencias, nosotros tenemos que estar operando, pero no tenemos control sobre los resultados de los torbellinos operatorios, sobre las ciencias que se forman, no sabemos por qué se forman esos y no otros. Esto es así porque nosotros no podemos estipular los resultados de las operaciones y esos resultados de esos torbellinos operatorios dan lugar a estructuras que no dependen de nosotros. Cuando nosotros mezclamos ácido sulfúrico con hidróxido de sodio para obtener el sulfato de sodio, el resultado no depende nosotros, ya que ese resultado depende de la estructura de la materia, de la estructura de la realidad. Cuando nosotros operamos, los resultados de las operaciones y el modo cómo se organizan los “cúmulos operatorios”, depende de la estructura de la realidad, es un resultado “anantrópico”. Nosotros no podemos decir “vamos a hacer una ciencia aquí” pues no podemos tener la seguridad de que vaya a resultar así. Tampoco podemos proponernos juntar dos ciencias existentes. Los físicos llevan dos siglos intentando unificar la física de partículas con la física de Einstein y muchos dudan incluso de que ello sea posible. Muchísimo menos podemos unificar la física con la biología, es decir, explicar todos los procesos biológicos desde los principios de la física. La realidad no funciona así: las leyes de la biología son otras, hay otros principios diferentes de los de la física, porque la biología es otra categoría, es otra región de la realidad distinta. Nosotros no podemos dictar la estructura de la realidad; nosotros operamos, vamos transformando cosas; en el propio proceso de las transformaciones se van organizando esos cúmulos operatorios; y esos cúmulos operatorios pueden ser interpretados como categorías ontológicas porque nos proporcionan las junturas naturales por las que se divide la realidad cuando se transforma. Este es el interés de la teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno: las ciencias, esos cúmulos operatorios, son el único criterio para conocer las junturas naturales por donde se rompe la realidad al codeterminarse sus partes, ya que nosotros no controlamos los cierres de las ciencias puesto que esos cierres son resultados anantrópicos. Las ciencias cierran de acuerdo con la estructura operatoria y con la estructura de los resultados de lo que se está operando: por eso el cierre operatorio puede interpretarse como un cierre categorial, es decir, el cierre de las ciencias nos da la pista de cómo está estructurado el mundo en categorías. Esto que parece tan sencillo, supone la vuelta del revés de la teoría de Nicolás Bonetti y de Aristóteles, y tiene muchísima importancia porque las categorías son algo así como el “mapa” de la estructura del mundo: las relaciones entre las ciencias, entre sus fronteras y entre sus cierres operatorios son las que nos informan que la legalidad biológica es distinta de la legalidad física, de la química, de la histórica, de la psicológica, de modo que esas categorías no se reducen unas a otras. Por mucho que los físicos pretendan hacer teorías del todo y reducirlo todo a física, la terca realidad es que el mundo no tiene esa estructura unificada. Es necesario reconocer un pluralismo gnoseológico y ontológico lo que significa reconocer que unas áreas de la realidad son irreductibles a otras. Ahora bien, podríamos preguntarnos: ¿por qué la estructura de la realidad es así? ¿por qué hay física, y química, y biología, como ciencias distintas, inconmensurables entre sí? La respuesta es que no lo sabemos ya que el mapa de las ciencias es un resultado anantrópico, es un resultado que se nos impone. La historia de las ciencias hace que se decanten unas determinadas ciencias y, en la medida en que esos cierres se imponen al sujeto, no queda más remedio que interpretarlos como la estructura de la realidad, como categorías ontológicas.

La importancia de la teoría del cierre categorial y el hiperrealismo

El desarrollo de las ciencias de los últimos cuatro siglos nos permite saber, con certeza absoluta, que lo que ven nuestros ojos, lo que oyen nuestros oídos, y lo que perciben los órganos de nuestros sentidos, es decir, nuestro mundo fenoménico entorno, no es ni la centésima parte de lo que existe. Más allá de las ondas de luz están las ondas ultravioletas, los infrarrojos, las ondas de radio, todo el espectro electromagnético. Todo está lleno de cosas y de transformaciones que no podemos ver porque son minúsculas, o porque tienen unos tamaños gigantescos o están a grandes distancias. Tampoco podemos ver los procesos evolutivos de la historia natural, aunque están ahí actuando, por sus resultados, en nuestros cuerpos. Y lo mismo ocurre con toda la historia política que está presente en nosotros, ejercitada en el idioma, en las tradiciones, en la cultura. Todo eso son cosas que no se pueden ver porque son muy pequeñas o muy grandes, porque están en otras longitudes de onda, en otras longitudes acústicas, o porque están en el pasado al que no se puede viajar. Sin embargo, están determinando nuestro presente. La mayor parte de lo que sabemos que existe es “hiperreal”, es decir, es una realidad que está ahí, que nos está determinando íntegramente, que determina nuestras enfermedades y nuestro nacimiento y nuestra muerte, y que no podemos percibir pues no está a la escala de nuestras sensaciones. La realidad es mucho más densa de lo que aparece ante nuestros sentidos: esa es la idea del hiperrealismo. A todo ese mundo hiperrealista sólo se accede por la ciencia, única y exclusivamente. Por eso el asunto sobre el que gira la teoría del cierre categorial es un tema central de cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, porque ese mundo hiperrealista, hiperdenso, que no podemos ver, cada vez crece más, cada vez aumenta más, cada vez se amplía más, y cada vez es más importante desde un punto de vista práctico. Y sólo es accesible por las ciencias. 

Si admitimos la tesis de que las ciencias son el único modo de acceder a toda esa hiperrealidad, a toda esa realidad ampliada, tenemos que dejar de ver las ciencias como si fuesen un mapa de un terreno que pudiéramos recorrer directamente. En cartografía, nosotros hacemos unas operaciones sobre el terreno y unas operaciones con lápiz y papel sobre el mapa, de modo que se puede establecer una correspondencia entre las primeras y las segundas, y esa correspondencia es la que nos permite hablar de un mapa verdadero. En la mayoría de las ciencias que van referidas a esa hiperrealidad, no podemos proceder de ese modo precisamente porque los contenidos de sus teoremas (las partículas, las ondas, los procesos geológicos y evolutivos, las estructuras geométricas, etc.) no están dados a la escala de nuestros órganos sensoriales. No podemos comparar el “mapa” (las teorías científicas) con el terreno (la realidad de las cosas) porque no hay otra manera de acceder a esa realidad que no sea a través de esas mismas teorías. Por tanto, la verdad científica no puede entenderse ya nunca más como una adecuación entre las teorías y los hechos: es aquí donde la teoría del cierre categorial es capaz de ofrecer una alternativa que, cuando menos, es necesario discutir.

Referencias bibliográficas

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Lafuente, M. Isabel (1973): Causalidad y conocimiento según Piaget, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

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Madrid, Carlos (2009): La equivalencia matemática entre mecánicas cuánticas y la impredecibilidad en las teorías del caos: dos casos de estudio para el debate realismo-instrumentalismo, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid.

El materialismo Filosófico, forjado por el filósofo español Gustavo Bueno, aporta muy interesantes apoyos para ayudar en la investigación , hecha por científicos (biólogos, médicos especializados en varias ramas de la Medicina, sociólogas, especialistas en estudios de género, en igualdad y equidad, etc.) Con conceptos como metodologías alfa y beta operatorias, como symploké, como etic y emic, entre otros , se aclararía mucho el panorama. Recomendamos recurrir, en un primer acercamiento al sistema, al Diccionario Filosófico de Pelayo García

Un enlace al Diccionario Filosófico , de Pelayo García , hecho plenamente a partir de la magna obra del filósofo riojano ( de La Rioja, España) Gustavo Bueno ( 1924-2016)


El Hombre: ese animal ceremonioso.
Para muestra , un botón vale. Una de las muchas Teselas que nos ha legado Gustavo Bueno, y que gracias a la Fundación Gustavo Bueno, la podemos ver on Line sin coste alguno. Aquí explica , con brevedad, pero con la precisión de un cirujano, el asunto clave sobre lo que son la Ideas y los Conceptos y su relevancia , a tener muy presente en los estudios sobre las igualdades y diferencias entre hombres y mujeres, tal como el tema de actualidad se está planteando , realmente de modo muy borroso, derivado de la carencia de ideas claras y distintas sobre lo que es la Ciencia y lo que distingue unas Ciencias de otras. Y la carencia absoluta de un criterio para entender que no todo está relacionado con todo, tal como lo expone Platón en su Idea de symploké, que Bueno adapta a su sistema del Materialismo Filosófico y a su Teoría de la Ciencia : el Cierre Categorial y las Metodologías alfa y beta operatorias, entre otros temas conexos con esta problemática tan importante, tanto desde una perspectiva gnóstica, es decir, académica, como desde la implantación política de la Filosofía y de las Ciencias ( su impacto social, digamos )

¿Cual es el papel de la Filosofía en una sociedad política?¿Para qué sirve la Filosofía?Breve video donde el filósofo español Gustavo Bueno(Santo Domingo de la Calzada , 2014- Niembro, Asturias, 2016)expone sus argumentos con precisión de cirujano. Breve extracto de un video más extenso. Fijarse en especial desde el minuto 4.0

La filosofía en el conjunto del saber…y del hacer. Exposición desde el sistema del Materialismo Filosófico (ojo, no es el Materialismo Histórico de Marx, ni el Materialismo Dialéctico de Engels)

COMENTARIO DE INTROFILOSOFIA: Este breve comentario sobre qué es y para qué sirve la Filosofía, resulta vital para sobrevivir en esta Era de la Post-Verdad a donde nos quieren conducir , las mafia políticas ,periodísticas, sindicales y financieras, como corderos al matadero, o al esquiladero. La Filosofía sirve , como dice en la célebre metáfora expresada a través de El Mito de la Caverna, Platón, en su libro tuitulado La República, para quitarnos las cadenas de la ignorancia y tratar, con mucho esfuerzo de lograr ver la realidad de las cosas que conforman el mundo en que vivimos, con la mayor claridad posible, para ,precisamente , no ser esclavos de la opinión, del subjetivismo que cae en la oscuridad más vil. Por esto hemos presenciado en estos tiempos de posmodernismo, globalización, de cualquiera de sus partes y segmentos diversos, permanentes ataques contra la introducción de los estudios serios y rigurosos d ella Historia de la Filosofía, y de una Introducción a la Filosofía como un saber de segundo grado, no idealista ,ni metafísica, sino fuertemente arraigada en un materialismo gnoseológico, que parte de los saberes de las demás Ciencias, y del conocimiento de las tecnologías, para buscar desarmar las nebulosas que sirven a los que manipulan con engaños y recursos a la inteligencia emocional y otras lindezas posmodernas , para mantener a la mayor parte posible de gente en el fondo de la caverna platónica, atado s por las cadenas de la ignorancia y creyendo que las meras sombras de sombras , las apariencias que oscurecen y ocultan la realidad que es nuestro mundo material, puedan seguir sacando de nosotros todo lo que pude a cambio de unos mendrugos y migajas de sus festines.Esto es la decadencia de una sociedad. Por eso es importante la Filosofía.El arte de separar, de cribar, de triturar para ver mejor cada parte de los todos complejos que enfrentamos a lo largo de la vida. En resumen : triturar y denunciar los mitos de todo tipo que son perjudiciales para ser más libres, en el sentido de la palabra que le da el filósofo sefardí Espinosa

Profesor David Alvargonzález (Universidad de Oviedo, España) : Proposal of a Classification of Analogies. Desarrollos planteados a partir del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno

CONSIDERAMOS — INTROFILOSOFIA — EL PRESENTE TEXTO, UN ARTICULO ESENCIAL PARA ENTENDER LAS POSIBILIDADES IMPLICITAS EN LA OBRA DEL FILOSOFO ESPAÑOL GUSTAVO BUENO, DE AHI QUE LO RECOMENDAMOS ENCARECIDAMENTE POR SU IMPORTANTE SERIE DE APORTES AL MATERIALISMO FILOSOFICO EN CURSO

Gustavo Bueno, a la izquierda de la imagen, con David Alvargonzález, posiblemente uno de los más cualificados para seguir desarrollando temas fundamentales a partir del sistema del Materialismo Filosófico creado por su maestro G Bueno, fundador de dicho sistema filosófico

 Proposal of a Classification of Analogies 

FUENTE: https://informallogic.ca/index.php/informal_logic/article/view/5082?fbclid=IwAR23BCze4dHf8-0GQbBjL9ICnxikEPYLcy9Lv84saPotooChmXGE8W-DF2Y

DAVID ALVARGONZÁLEZ 

Department of Philosophy 

University of Oviedo Campus de Humanidades, 33011 Oviedo 

Spain 

dalvar@uniovi.es 

Abstract: In this paper, I will propose a classification of analogies based on their internal structure. Selecting the criteria used in that classification first requires discussing the minimal constitutive parts of any analogy. Accordingly, I will discuss the differ-ences between analogy and similarity and between analogy and “synalogy,” and I will stress the importance of the analogy of operations and procedures. Finally, I will set forth a classification of the different types of analogies, which lends itself to a further under-standing of the differences between certain modulations of the general idea of analogy, such as archetypes, prototypes, models, simulations, parables, paradigms, canons, maps, thought experiments, myths, utopias, dystopias and fables. 

Résumé: Dans cet article, je pro-poserai une classification des analo-gies en fonction de leur structure interne. La sélection des critères utilisés dans cette classification nécessite d’abord de discuter des parties constantes essentielles de toute analogie. En conséquence, je vais discuter des différences entre l’analo-gie et la similitude et entre l’analogie et la synalogie, et je vais souligner l’importance de l’analogie des opé-rations et des procédures. Enfin, je vais présenter une classification des différents types d’analogies, qui permet une meilleure compréhension des différences entre certaines modu-lations de l’idée générale d’analogie, telles que les archétypes, les proto-types, les modèles, les simulations, les paraboles, les paradigmes, canons, cartes, expériences de pensée, mythes, utopies, dystopies et fables. 

Keywords: Analogy, model, myth, simulation, thought experiment, utopia 

1. Introduction 

Years back, Jorge Luis Borges described the division of animals as it appeared in a certain Chinese encyclopedia: 

Animals (a) belonging to the emperor, (b) embalmed, (c) tame, (d) sucking pigs, (e) sirens, (f) fabulous, (g) stray dogs, (h) included 110 Alvargonzález 

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in the present classification, (i) frenzied, (j) innumerable, (k) drawn with a very fine camelhair brush, (l) et cetera, (m) having just broken the water pitcher, (n) that from a long way off look like flies” (Borges 1993, pp. 104). 

This whimsical classification differs significantly from the phylo-genetic taxonomies of animals based on the theory of evolution, just as there is an epistemic difference between the early alche-mists’ lists of substances and the current periodic table of ele-ments: the first being laundry lists and the second coherent, essen-tial classifications stemming from scientific principles. Classifying triangles or levers by color or material is extrinsic to geometry and physics, whereas classifying triangles by relative length of side (equilateral, isosceles and scalene) and categorizing levers into three classes by the relative position of their constituent parts are intrinsic to geometry and physics. When seeking to establish a classification of internal structure, as occurs with the parts of triangles (sides, angles) and levers (load, effort and fulcrum) in the foregoing examples, identifying the relevant parts of the structures being classified is key. Once the minimal constitutive parts of a given structure have been correctly detected, it is possible to attain a certain degree of completeness in the classification. Conversely, the potency of a structure-based classification may serve to evalu-ate the suitability of the foregoing constitutive parts. The structure of this paper rests on the co-implication of these two tasks (classi-fying and characterizing) as applied to the idea of analogy. 

In addition to the overarching goal of coming to a structure-based classification of analogies, in this paper I will first discuss the constituent parts of any analogy. In the first section, I contend that the idea of analogy arises not only from logic, argumentation theory, linguistics, and perception psychology, but that it is also necessary to take into account the existence of analogies appearing in other contexts such as techniques, technologies, arts, religions, laws, and sciences. The second section deals with the differences between analogy and similarity. In the third section, I discuss the difference between analogy and “synalogy.” In the fourth and fifth sections, I comment on why asymmetry and same-level relation-ship are constitutive features of any analogy. In the section sixth, I stress the importance of analogies that compare operations and Proposal of a Classification of Analogies 111 

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procedures. Finally, in the seventh section, I put forward a pro-posal for classifying analogies according to their previously dis-cussed internal structure. 

2. The sources of the idea of analogy 

By drawing from certain examples, this section looks to show that a full understanding of the idea of analogy cannot be reached by only considering the contents of logic, argumentation theory, linguistics, and perception psychology, and that the existence of analogies in other contexts, such as in techniques, in the arts, in the rest of the sciences, in technologies, in religion and in ethical, political, moral and juridical practice to name but a few, must also be taken into account. Specifically, analogy cannot be reduced to a variety of argumentation since there are many circumstances in which analogies do not have a primarily argumentative function. 

The use of analogies to resolve practical problems can be traced throughout human phylogenies and ontogenesis. Ethologists have recognized the presence of some kind of analogical behavior and reasoning among non-human primates (Thompson and Oden 2000; Oden et al. 2001), while prehistorians and archaeologists have taken for granted the human use of analogies of relations and operations to develop and improve on the most primitive pristine techniques of the Stone Age (Shelley 1999). Furthermore, there is a widespread and well-grounded agreement among cognitive psychologists regarding the central role played by analogy in the learning process of newborns, toddlers, infants, children, adoles-cents and adults (Gentner and Holyoak 1997). 

In historical times, analogy and the proportion between particu-lar beings and situations were recognized as a way to address practical problems (in techniques, engineering, law, rhetoric, war, and policies), and as a tool to assay explanations (in science and philosophy) and discuss practical issues (in politics, philosophy, morality and religion). In legal reasoning, the study of cases (usu-ally actual precedents) has been standard procedure since antiquity both in common law systems (the stare decisis doctrine) where prior cases are the primary source of law and analogies are con-sistently drawn from such cases, and in civil law systems where 112 Alvargonzález 

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case analogies are necessary to fill the gaps when the issue at stake is not explicitly dealt with in written law (Weinreb 2005). The central role of metaphor and allegory in persuasion and rhetoric seems incontrovertible. In military studies, ancient battles have frequently been taken as analogues of future confrontations so as to develop new tactics and strategies and evaluate new war scenar-ios; the same goes for the implementation of new practical policies in peacetime. 

Equally incontrovertible is the fertility of certain analogical models and counter-models in the natural sciences. The most well-known examples of the scientific use of analogies and thought experiments include Galileo’s discussion of falling bodies, Ste-vin’s inclined plane, Newton’s bodies projected in lines parallel to the horizon, Newton’s rotating water bucket, Laplace’s genius, Maxwell’s demon, impossible thermodynamic “machines,” Poin-caré’s and Reichenbach’s flatland, Einstein’s chasing a light beam, Einstein’s trains and elevators, and Schrödinger’s cat, to name but a few. Reduced to a variety of argumentation, the pragmatic and material contents of these scientific analogies may go unnoticed. Indeed, certain analogies and thought experiments have become so familiar that they have shaped our thinking and significantly struc-tured our discourse on relevant issues in science (Brown 1991). 

Metaphors, allegories, myths, thought experiments, utopias, parables, fables, models and counter-models have also been fre-quently used throughout the history of philosophy: Plato’s philo-sophical myths (the ring of Gyges, the Amazons, Atlantis, the androgynes, the cave, etc.), Avicenna’s floating man, Buridan’s ass, Descartes’s evil genius, Leibniz’s mill, Locke’s prince migrat-ed into the body of a cobbler, Hobbes’ Leviathan, renaissance utopias, Putnam’s brain-in-a-vat and Twin Earth, Davidson’s swamp man, Searle’s Chinese room, the Gettier belief argument, and modern dystopias such as Aldous Huxley’s Brave New World, may serve as an cursory list of the presence of such procedures in philosophy. Perelman, among others, has highlighted the critical role of analogy in the history of Western philosophy (Perelman 1969). Furthermore, as regards the three great religions of the book, the parables and allegories contained in the holy texts are Proposal of a Classification of Analogies 113 

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also based on analogies, which serve as a canon of righteous be-havior (which means righteous operations and procedures). 

As illustrated, analogies may be guided by a wide variety of purposes: they can serve to address practical problems (in tech-niques, technologies, engineering, law, rhetoric, war, and policies), to assay theoretical explanations (in science and philosophy), to structure new phenomena (in science), and to discuss arguments of varying natures (in politics, philosophy, morality and religion). 

The idea of analogy, though, does not boil down to a problem of formal (or informal) logic or argumentation theory since it cuts across a wide variety of human activities. The aforementioned illustrations show that discussing this idea requires that a wide range of disciplines and human activities be taken into considera-tion. Acknowledging this fact is of vital importance to understand-ing the argument for the analogy of operations and procedures that I will make below in the sixth section and to generalizing certain findings reached in the theory of argumentation. 

3. The difference between analogy and mere similarity 

The purpose of this section is to state the differences between analogy and mere similarity. Attending to this issue is imperative when discussing the scope of the idea of analogy and the outer edges of the classification of analogies, as proposed below. As found in most treatises, the lexical definitions of analogy always include as their chief feature the comparison and similarity be-tween two or more elements, and, therefore, may induce a confla-tion of the two concepts. The word “analogy” comes from the Latin analogia, which itself comes from the Greek analogia: the prefix ana- meaning “over” (which is related to the Indo-European root an meaning “over,” “up”), the word logos meaning ratio, and the suffix -ia, meaning quality. The etymological structure of the word, with the root “logos,” already suggests the quality of a ratio among two or more things or concepts. Sufficient in ordinary conversational contexts, such lexical and etymological characteri-zations fall short when trying to understand the structure of the underlying idea as it has been forged in philosophy. 114 Alvargonzález 

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Certain cognitive psychologists contend that analogy should be distinguished from mere similarity since “analogy is a clever, sophisticated process used in creative discovery, whereas similari-ty is a brute perceptual process that we share with the entire ani-mal kingdom” (Gentner and Markman 1997, pp. 45-46). Gentner and Toupin argue that analogy implies some manner of systema-ticity and is not “a mere assortment of independent facts” (Gentner and Toupin 1986, pp. 280). Developed by cognitive scientists, the higher-level perception theory of analogy states a clear differentia-tion between perceptual similarity and the higher-level construc-tion of analogies (Mitchell 1993; Hofstadter 1995). From the tenets of structure-mapping theory, Gentner, Rattermann, and Forbus have concluded that similarity-based access to memory depends on what they call “similarity,” while similarity of a match (something very close to “analogy”) depends on the degree of shared higher-order structures, including causal bindings (Gentner et al. 1993). Irrespective, the perception of similarities between elements and processes can be understood as a constitutive, albeit not distinctive, feature of analogies. Analogies imply similarities between their parts; nevertheless, mere similarity between images, things or processes may also appear amid non-human animals, apart from analogical constructions. In the same vein, in research concerning data analysis, Barbosa and others have argued that similarity refers to instances within the same class while analogy involves different classes (Barbosa et al 2007). 

In line with those findings I assume that: 

1. Similarity, likeness and resemblance and the related antonyms dissimilarity, unlikeness, and difference are dyadic relationships grounded on direct perceptions. Consequently, the apprehension of similarity and difference is present in actu exercito in the behav-ioral repertoire of a wide range of non-human animals since it is a capacity humans share with other organisms endowed with a psychological makeup. 

2. Analogy, though, is a more complex relationship implying the determination of the relevant constituents of certain wholes and the representation of proportions between them. Consequently, constructing analogical relationships is a distinctive feature of human beings endowed with a language of words—a feature that Proposal of a Classification of Analogies 115 

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might be shared by certain trained-in-captivity great apes (Thomp-son and Oden 2000). The pragma-dialectical philosophy of Frans H. van Eemeren defines comparison in terms of relevant similarity (Eemeren and Garssen 2014, pp. 45-49). In structure-mapping theory, analogy implies the existence of shared structural relation-ships in the mapping of the elements of source and target (Gentner 1983). 

In analogy, the relationships of similarity between things and processes are always partial. Were a total similarity to exist be-tween them, we would speak of univocal terms, which are not differentiable. An absolute differentiation and lack of any related-ness is a feature of equivocal terms; analogous terms, for their part, feature a certain similarity and a certain differentiation, with some kind of relatedness. Accordingly, analogy could be under-stood as an intermediate position between univocity and equivoci-ty. In her meta-psychological theory of analogy, Dedre Gentner characterizes analogy based on its intermediate place between literal similarity (something very close to univocity) and anomaly (which could be seen as a soft version of equivocity) (Gentner 1983, p. 161). Partial likeness is a constitutive feature of analogy but is also a distinctive quality compared to literal similarity, univocity, anomaly, and equivocity. 

3. The difference between analogy and “synalogy” 

The purpose of this section is to argue that certain types of analo-gies (mainly the so-called analogies of attribution) are not truly analogies and, consequently, should be excluded from the classifi-cation of analogies sensu stricto

In Aquinas, the idea of analogy played an important role since theological anthropology implied that human beings were, in certain features, analogous to God (Lyttkens 1952). By means of analogical arguments, theologians tried to understand both human nature as made in the image of God, and God’s attributes as de-duced from those of humans. Inspired by Aristotle and partially following Aquinas, Thomas de Vio (also known as Cajetan for having been born in Gaeta, Naples) wrote his famous treatise On the Analogy of Names (1498), from which I will take the distinc-116 Alvargonzález 

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tion of three kinds of analogies, since the structure of his analogy of attribution is still taken into consideration in certain present-day studies. The three kinds move from stronger to weaker: 

1. The analogy of proper proportionality, which entails propor-tionality between terms and relations and the symmetric relation-ship between the analogues. 

2. The analogy of improper proportionality or metaphoric propor-tionality. In this case, the analogy refers only to the terms, and the relationship between the analogues is not symmetrical: there is a properly used noun and the other analogues are constructed meta-phorically based on their relationship to the proper noun. 

3. The analogy of attribution, which is the weakest, most improp-er, non-symmetrical analogy since it implies the existence of a first analogue or main analogue to which the others refer obliquely, weakly and indirectly (by symbolic or causal relation). Aquinas called this situation an “analogy because of diverse attributions” (De Veritate 21, 4 ad 4 and Principles of Nature Ch. 6, No. 38). 

In this case, there is always a main analogue, and the other ana-logues acquire their meaning through very indirect reference to it. For instance, an animal can, in the proper sense, be said to be “healthy” (“a healthy animal”), but it can also be predicated indi-rectly on urine (“healthy urine”) to mean that it is a sign of health, on medicine (“healthy medicine”) to signify that it causes health, and on a diet (“healthy diet”) to show that it preserves health. The main analogue is the animal’s health, and the other analogues (urine, medicine, diet) acquire their meaning through it (as signs or causes of health). The first analogue is intrinsic, whereas the oth-ers are said to arise by “extrinsic denomination.” 

However, in this paper I maintain that Cajetan’s analogy of at-tribution is not a proper analogy governed by relations of similari-ty, but is rather a relationship constructed through spatial/temporal or causal contiguity: medicine, urine and diet are called “healthy” by means of “contagion” with the healthy animal. Analogies nec-essarily imply certain relations of similarity (not contiguity) and, consequently, Cajetan’s analogy of attribution is not a true analo-gy. The relationships characterizing Cajetan’s analogies of attribu-tion (Aristotle’s four causes) imply a “contiguity adjustment.” Taking cues from Gustavo Bueno, I will call this kind of relation-Proposal of a Classification of Analogies 117 

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ship “synalogy” taken from the Greek “sinalage” meaning “join-ing” (Bueno 1999). Examples of synalogies include the key and the lock, and the sexual organs during reproduction. Hardly novel, the differences between analogy and synalogy were already at work in Hume’s philosophy when he distinguished, in his Treatise on Human Nature, three principles of association: similarity, contiguity, and cause/effect. Similarity relates to analogy while contiguity and cause/effect imply synalogy. The opposition be-tween synalogy and analogy was also acting in Frazer’s distinction of sympathetic magic into two types: contagious magic, acting by contiguity, and homoeopathic or imitative magic, acting by simi-larity, as explained in his famous book The Golden Bough. 

The distinction between synalogy and analogy is at work in cer-tain biological and linguistic distinctions. Evolutionary biologists clearly distinguish between analogy and homology. When struc-tures pertaining to organisms of two different species share mor-phology and perform the same function, they are analogous. If they share a common ancestry, they are homologous even if they are morphologically and functionally different, as is the case in the extremities of whales, horses and monkeys. I understand homolo-gy as a sort of processual, temporal contiguity. Two analogous structures may be also homologous (such as the eyes of fishes and birds), but when two structures perform the same function and have different ancestries, biologist use the term “homoplasty,” as with the wings of birds and insects. In linguistics, I contend that the distinction between metaphor and metonymy is another modu-lation of the differences between analogy and synalogy. The struc-ture of metaphors is clearly analogical as I will discuss in section seven below. In the metonymy, though, a thing or concept is des-ignated by the name of a different thing with which it shows cer-tain temporal, spatial or causal contiguity. This occurs when the content is designed with the name of the continent, the product with the name of its origin, and the effect by the name of the cause (and vice versa). 

The difference between analogy and synalogy, between similar-ity and contiguity, affects the relationships between analogates (the “horizontal” one-to-one correspondence between analogates to use Juthe’s terminology in Juthe 2016, pp. 83, 109, 431), but it 118 Alvargonzález 

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does not affect the relationships between their elements (Juthe’s “vertical” relationship, Juthe 2016, pp. 83, 109, 431). The parts of each of the analogates can be linked by contiguity (by causality, supervenience, resultance, genus to species etc.), which can be compatible with the correspondence by similarity between analo-gates, with the similarity of their parts, and with the similarity of the contiguity relationships between their parts. For instance, when establishing the analogy between a map and the terrain, the map has its own parts linked by contiguity, as does the terrain, even though the relationship between the two analogates (the map and the terrain) is not by causality or contiguity. The terrain does not cause the map, and does not adjust by contiguity to the map, alt-hough there is a proportional correspondence between the parts of the map and the terrain, and between the contiguity relations of their parts. At this juncture, I follow Holyoak’s definition of anal-ogy whereby “two situations are analogous if they share a com-mon pattern of relationships among their constituents even though the elements themselves differ across the two situations” (Holyoak 2005, p. 117). 

Interestingly, the conflation of analogy and synalogy is not a mere misunderstanding by medieval philosophers, but still occurs today. Guarini and his team include homology among the relations of similarity (Guarini et al. 2009, p. 94). André Juthe (2016, pp. 60-62) has proposed a certain correspondence between the medie-val analogy of attribution and other present-day concepts such as Sacksteder’s qualitative analogy (Sacksteder 1974), Michalos’ analogy based on analogous properties (Michalos 1969), Hesse’s analogical types A and B (Hesse 1965 and 1966), Gentner’s and Markman’s mere appearance matches (Gentner and Markman 1997) and Holyoak’s and Thagard’s attribute mapping (Holyoak and Thagard 1995). Nevertheless, this correspondence is disputa-ble since, in the analogy of attribution, the relationship between the analogates is grounded on causes, ends, and agencies, alt-hough it is established by contiguity, while in the cases studied by Juthe, the relationship between analogates is always a one-to-one correspondence grounded on partial similarity. Proposal of a Classification of Analogies 119 

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5. Analogy and asymmetry 

In what follows, I will argue that asymmetry is a core feature of any analogy. The idea is not new, as the issue was already dis-cussed among Thomistic philosophers. As already stated, Cajetan, following Aquinas (De Veritate, q.2 a11), stated that the most perfect analogy is the analogy of proper proportionality whereby there is complete symmetry between the analogues. Cajetan con-tended that in this kind of symmetric analogy “no analogue is defined by another, since the definition of one is proportionally the same as that of another” (Cajetan 1498, 1953, p. 77). In his Meta-physical Disputations (1596, d. XXVIII, s.3/11), the famous 16th century Spanish philosopher Francisco Suárez argued that analogy always implies asymmetry and criticized Cajetan’s analogy of proper proportionality. According to Suárez, one of the sides of the analogy has to support the weight of the relationship. Follow-ing this criticism, I hold that asymmetry is a core feature of true analogy. Perfect symmetry between the analogues makes it possi-ble to explain two or more particular cases using the same underly-ing principles, but this implies a much closer relationship between the particular cases than mere analogy. The solar system as com-pared with other multi-planetary systems sharing the universal principles of gravity, and similar triangles sharing the same pro-portions serve as illustrations of this symmetrical pattern. In such cases, the supposed analogues are instead illustrations of a general law or proportion. In this paper, I hold that asymmetry is a distinc-tive attribute of analogy. Perfect, symmetric proportionality be-tween two (or more) different objects or situations is but an ex-treme or “degenerated” modulation of asymmetric analogy. In this context, I use the adjective “degenerated” denotatively, not axio-logically, such as when mathematicians characterize the empty set as an extreme, “degenerated set” since it has no elements. 

J.E. Adler has defended the significance of asymmetry in ana-logical arguments, saying that the widely admitted difference between the source and the target of any analogy stands as an indication of the importance of this feature (Adler 2007). The distinction made by William R. Brown between “analans” and 120 Alvargonzález 

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analandum” also suggests the asymmetric relationship between the two poles of any analogy (Brown 1989, p. 164). 

6. Same-level relationship 

In the Aristotelian and scholastic tradition, analogical arguments are always understood as from particular to particular. When moving from the universal to the particular, the argument is deemed deductive. In such cases, the particular may serve as an example or illustration of the universal, although examples and illustrations are different from analogical arguments. The deriva-tion of the universal from particular cases is deemed as an induc-tive procedure. Aristotle, in his treatise On Sophistical Refutations (part 15), discusses the cases where no universal is available: “In cases where there is no term to indicate the universal, still you should avail yourself of the resemblance of the particulars to suit your purpose; for resemblance often escapes detection” (174a37-40). Typical Aristotelian analogies are inspired by the mathemati-cal proportionality A/B=C/D. Aristotle used the following exam-ple to illustrate a typical analogy: as is a calm in the sea so is windlessness in the air (Topics, I, 17, 108a, 7-11). Consequently, deductive and inductive arguments, although including similarities between premises and conclusions, are clearly differentiated from analogical arguments. André Juthe defends the existence of genu-ine arguments by analogy that are not reducible to any other type of argument since “their inferences are always from particular to particular, never from general to particular or from particular to general” (Juthe 2005, p. 19). Ionel Apostolatu, in looking at cer-tain dictionaries, concludes that analogy, in its broad sense, im-plies partial similarity between circumstances, things, and situa-tions moving from particular to particular (Apostolatu 2012, p. 332). Digging further, Juthe, in two later works, characterizes analogical arguments as material/pragmatic same-level reasoning via comparison either from particular to particular or from general to general. Analogies moving from universal to universal are common in ethical analogical argumentation (Juthe 2015, p. 383; 2016, p. 125). In this paper, I assume that this material/pragmatic Proposal of a Classification of Analogies 121 

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same-level relationship between analogates is a core feature of every analogy (not only of analogical arguments). 

7. Analogy of relations and analogy of operations and proce-dures 

In this section, I should like to touch on the nature of the terms and elements being compared in any analogy. Taking cues from the multiconstraint theory of Holyoak and Thagard (Holyoak and Thagard 1995 and 1997) and from Gentner’s structure-mapping theory (Gentner 1983), I assume that the analogy of individual predicates or attributes of objects is not sufficient when character-izing analogies. While analogies do indeed include comparison between objects and attributes of objects, they also require that the relationships between those terms and objects be similar (Perel-man 1969). The analogy between the solar system and the atom entails similarity between the relationship of the Sun with the planets and the relationship of the nucleus with electrons (I am citing this illustration salva veritate), although it also implies similarity between the nucleus of the atom and the Sun and a comparison between planets and electrons. In the typical four-term proportions that underlie metaphors, the comparison is not be-tween the terms, but rather between the relationships of the first pair and those of the second. The presence of analogies between relationships is sometimes obscured by the fact that objects and situations have a complex structure and, consequently, comparing certain attributes of complex objects implicitly presupposes com-paring the relationships between their parts or attributes. The nature of the compared relationships may be highly diverse involv-ing causality, spatial or temporal adjustment, equality, congruence, kinship, correlation, dependence, to cite but a few possibilities. 

As stated, analogy of things includes objects and relations be-tween objects (for instance, situations); however, mention should also be made of the analogy of operations (for instance, the analo-gy of procedures and processes). In any given language, there may be an “analogy of nouns” (as in Cajetan’s treatise), but there may also be an analogy of relations (the analogy of prepositions) and of operations (analogy of actions, analogy of verbs). 122 Alvargonzález 

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Esa Itkonen has proposed a distinction between an analogy un-derstood as a structure, defined by a static relation between sys-tems, and an analogy as the dynamic process that produces those analogical structures (Itkonen 2005). The distinction is most rele-vant since analogies are human constructions and, consequently, are always the result of synthetic human procedures. While I subscribe to Itkonen’s proposal, my argument for the existence of analogies of procedures implies a different idea: the materials being compared proportionally in certain analogies are operations or behaviors of humans and other animals. In such cases, the analogy’s core may depend on the comparison between operations. 

In the oft-quoted analogy between the State and the ship (“the governor is to the Republic as the helmsman is to the ship”), the sameness between the two different domains (political and nauti-cal) can be understood as an analogy of relationships. The rela-tionship between the governor and the citizens is deemed similar to the relationship between the helmsman and the seamen. How-ever, a comparison of the operations involved could also be apro-pos since the operations performed by the prince of the Republic in political praxis are, in certain aspects, like the operations of the helmsman with respect to seamanship. In the analogy between artificial selection and natural selection, the results of the selective operations performed by the human breeder (a farmer or a garden-er) are compared with the results obtained by the operations of organisms in the wild. In the famous analogy of Thomson’s violin-ist, the operations of the aborting woman are compared with those of the woman unplugging the violinist. In those cases, the analogy implies the relative proportionality between two (or more) differ-ent courses of operations. The same occurs in the analogies be-tween two wars separated by many centuries. Operations, proce-dures and processes are always directed by a certain finality; they are teleological (either teleonomic, teleoclinical, or teleomorphic) wholes. Consequently, analogy between operations and processes implies a discussion of the proportionality between goals and ends, which does not occur when taking into account the analogy of relationships alone. 

Interestingly, most present-day studies have failed to discuss the analogy of operations and procedures. In characterizing analo-Proposal of a Classification of Analogies 123 

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gies, Paul Bartha, Dedre Gentner and Kenneth J. Kurtz, Marcello Guarini, André Juthe and many others do not even mention them (Bartha 2016, Gentner 1981, Gentner and Kurtz 2006, Guarini 2009, Juthe 2016, p. 62). I suspect certain reasons for this lack of interest about operations. On one hand, research about analogy frequently focuses on theoretical reasoning and argumentation and consequently centers on the analogy of relationships between analogates. Operations are not directly reflected in sentences and propositions since their meaning is circumscribed to performance thereof and, consequently, they may go unnoticed. On the other hand, cognitive psychologists often understand human behavior from a computational perspective that gives priority to the analogy of relationships over the analogy among operations (see, for in-stance, Gentner et al. 2001). 

8. A classification of the different types of analogies based on their internal structure 

I have hitherto defined analogy as an asymmetrical proportionality stablished among situations, relationships, or operations of relative similar level. Identifying those constituent parts of any analogy makes it possible to construct an internal classification based on three criteria. 

The first criterion, arising from the asymmetric relationship be-tween analogates, could be defined as a “directionality criterion” whereby the route linking their similar items can be traveled in two opposite directions. I term the direction from the familiar source to the less known target “extrapolative” moving from the most known to the relatively unknown, from the actual to the possible. In this case, the analogy has an explorative function: the better-known case (source) serves as a platform from which to clarify the structure of the less known, unfamiliar case (target). An illustration of this extrapolative direction of analogies is the analo-gy between the relatively well-known liquid flow and the unfamil-iar electric current that was introduced in the 19th century. Alt-hough people did not then know exactly what an electric current was, they made an extrapolation and imagined it as a liquid flow such that voltage was immediately aligned with flow pressure. The 124 Alvargonzález 

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cases studied by Adler fulfill this explorative function (Adler 2007). In their theories, Ross (Ross 1983, p. 208), Gentner and Holyoak characterize analogies by reference to this explorative or extrapolative function and do not take the opposite direction into separate consideration (Gentner and Holyoak 1997, p. 33). 

However, the opposite direction has also been frequented. Wil-liam R. Brown taking cues from the distinction between explanan-dum and explanans, as it is used in the philosophy of science, introduces the words “analandum,” (which is the phenomenon to be analyzed), and “analans” (which is the phenomenon taken to analyze the analandum) (Brown 1989, p. 164). I term this direc-tion “analytical,” and although it may appear paradoxical at first glance, it has played an important role in the history of analogies. In such cases, the analans is perhaps still the less known and less familiar part of the analogy—although it is nevertheless under-stood as an instrument used to identify and analyze the relevant constituents of the analanandum since it is supposed to be easier to manipulate or to understand—perhaps because it is more sche-matic in certain relevant aspects. When moral philosophers resort to bizarre analogies and thought experiments such as Thomson’s violinist (1971) or Parfit’s transmogrifying humans (1984) in order to discuss real moral problems, they are invoking bizarre situations (the involuntarily plugged-in violinist or the transmogrified hu-man) to shed light on a real situation (in this case, abortion). Dan-cy, Jackson, Smith and Burns, among others, have discussed the role of analogy in moral deliberation (Dancy 1985, Jackson 1992, Smith 2002 and Burns 2006). 

Although semantical and structural in nature, the directionality criterion introduced in the foregoing classification of analogies implies that analogies may serve two general purposes: the explo-ration of new domains (targets) or the analysis of a familiar do-main (analandum) by taking cues from other analogous contexts (analans). In the first case, the analogy is evaluated by taking into account the fertility of the familiar source so as to organize and structure the target as appropriate. In the second case, the evalua-tion looks into the analytical utility of the patterns suggested by the “artificial” analans. André Juthe has summarized the classifi-cations proposed by different authors based on the function or Proposal of a Classification of Analogies 125 

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purpose of analogies as used in argumentation (Juthe 2016, p. 32-37). His predictive and creative functions coordinate with the proposed exploratory analogies, while classificatory and heuristic functions can be understood as analytical. An important difference should be highlighted: Juthe is classifying the purposes of analogi-cal argumentation, while I am interested in classifying analogies in any context (logic, techniques, technology, politics, law etc.). Accordingly, he concludes that the purpose of argumentation is probative and consequently finds that the various testing proce-dures are the primary criterion when classifying analogical argu-ments. (Juthe 2016, p. 69). 

The proposed directionality criterion is reminiscent of Bartha’s classification of analogies based on the direction of the determin-ing relation. He distinguished four analogical modes: the first two, “predictive” and “explanatory,” approximately correspond to my proposal (extrapolative and analytical). He also introduces a “func-tional” mode linking the analogates in both directions, and a “cor-relative” mode in the absence of directions (Bartha 2010, pp. 95-99). I dispense with those last two modes since they fail to meet the above-proposed criterion of asymmetry between analogates. 

Directionality between analogates should not be confused with other criteria, such as those used in the distinctions between a posteriori and a priori analogies (Govier 1989, 2002, 2010), induc-tive versus deductive analogies (Barker 1989), and empirical versus normative analogies (Langenbucher 1998; Eemeren and Garssen 2014). These distinctions may be of interest while classi-fying analogical arguments but are scantly relevant while classify-ing analogies in general. When taking into consideration certain analogies (and not just arguments by analogy), their a priori and a posteriori aspects, their inductive and deductive character, and their empirical and normative contents are so inextricably con-nected that such classification criteria are not of much use. An example may serve to illustrate this claim. In the analogy between the brain and the computer, both analogates are quite well known (a priori and a posteriori), both include deductive and inductive suppositions, and both involve normative and empirical contents. Consequently, it is not possible to assess whether this analogy is a priori or a posteriori, inductive or deductive, empirical or norma-126 Alvargonzález 

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tive. The same can be said about the majority of the illustrations presented in table 1 below. 

The second criterion of classification depends on the domain constraints of the analogates. This criterion takes advantage of André Juthe’s distinction between a same-domain analogy and a different-domain analogy (Juthe 2005, 2015, and 2016), and it equally affects the internal structure of analogies. In the same-domain analogy, the two elements belong to the same domain. The analogy between a real plane flying in the air and a scale model plane in a wind tunnel remains in the same domain (aerodynamics) although the results cannot be automatically transferred from one scale to the other. In the different-domain analogy, the components of the analogy belong to wholly different domains. The aforemen-tioned analogy between liquid flow and electric current may serve as an example. 

Metaphors can be defined as different-domain analogies, as in Cajetan’s analogy of metaphoric proportionality. In those cases, there is one name which is used properly and, from its use, certain other analogues can be constructed in which the name is used improperly or metaphorically. As an illustration, Cajetan cites the following example: laughter is to the face as flowers are to the field and as fortune is to human life. As such, metaphorically one can say that flowers are the laughter of the field, and fortune is the laughter of life. In this kind of analogy, as can be seen, the analogy falls mainly on the terms (laughter = flowers = fortune). The met-aphor occurs when the terms of two (or more) different domains are interchanged. Lakoff and Johnson, in their famous book Meta-phors We Live By, have shown the extensive presence of a wide variety of metaphors in our daily lives (Lakoff and Johnson 1980). The etymology of the word “metaphor” is consistent with this interpretation of metaphors as different-domain analogies, since the Greek word metaphorá is formed from the suffix “meta-” meaning “after” or “across,” and the root “phero” meaning “to carry.” Although metaphors usually imply different-domain analo-gies, not all different-domain analogies have the structure of meta-phor as I will show below. 

André Juthe has discussed certain previous distinctions that can be coordinated with his proposal for the difference in domains Proposal of a Classification of Analogies 127 

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(Juthe 2016, pp. 46-47). These include Santibáñez’s distinction between analogical argumentation and metaphor (Santibáñez 2010), Weitzenfeld’s and Weingartner’s difference between ho-meomorphs and paramorphs (Weitzenfeld 1984, Weingartner 1979), Ruiz’s and Luciano’s division of within-domain and cross-domain analogies (Ruiz and Luciano 2011), Kokinov’s classifica-tion of intra- and inter-domain analogies (Kokinov 2013), Gars-sen’s literal versus figurative analogies (Garssen 2009), and Bowdle’s and Gentner’s differentiation between domain-specific and cross-domain analogies (Bowdle and Gentner 2005). 

In this paper, I will argue that different-domain analogies, in turn, can be divided into two subtypes based on the ontological status of the different domains involved. In fact, when evaluating the domains of a given analogy, two situations may happen. Either both domains are real, or one of them is real and the other ficti-tious. In the first case, we do not abandon the real existing world. For example, the analogy between brains and computers is a dif-ferent-domain analogy since biology and cybernetics are, in prin-ciple, different categories, but both domains are real. In the second case, one of the analogy domains is not real and exists only as something imagined or “sketched,” as a product of fantasy. Certain thought experiments with fantastic beings, such as Laplace’s genius or Maxwell’s demon, may serve as illustrations of analo-gies having an unreal component. 

The last criterion of classification focuses on the elements of comparison of the analogy, which can be either exclusively rela-tional or both relational and operational. An analogy can be cen-tered on domains stated outside the influence of any operational being. For example, the aforementioned analogies between the real plane and the scale model or between liquid flow and electric current focus on comparing certain objects and relations between objects, and such analogies can be understood as independent from the operations of subjects (technicians, scientists, etc.). The analo-gy between artificial and natural selection, and the analogy of Thomson’s violinist mentioned above serve as illustrations of the comparison among operations. The analogy between a utopia and the real world implies analogies between objects and relations; however, it must involve analogies of human operations since the 128 Alvargonzález 

© David Alvargonzález. Informal Logic, Vol. 40, No. 1 (2020), pp. 109–137 

core of the analogy requires a comparison of the individual actions and operations of people in the imagined world with those in the real world. In the fields of natural sciences, analogies usually have a relational nature, while in the field of human and ethological sciences, operational analogies are frequent since those sciences need to take into account the behaviors of certain human and non-human animals. 

To summarize: 

1. Based on their function, analogies are extrapolative when they move from a familiar source so as to explore a relatively unknown target. Conversely, they are analytical if they make use of certain features of an artificial analans to shed light on the analandum

2. The analogates domains can be similar or different. When dif-ferent, they can either both be real, or one of them can be real (positive) and the other fictitious. 

3. In certain cases, comprehending analogies only requires taking into consideration the similarities between terms and relationships of the analogates, while in other cases the similarities between the elements of comparison include the operations of certain involved subjects. 

To conclude this paragraph, the following table lays out the three criteria and shows the extent to which they may be useful in understanding the differences and similarities of a wide-ranging sample of analogies. It includes some of the components of the resulting types of analogies and makes careful use of the most suitable words while attending to their lexical structure and ety-mology. Proposal of a Classification of Analogies 129 

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TABLE 1: TYPES OF ANALOGIES ACCORDING TO THEIR INTERNAL STRUCTURE 
1. DIRECTION  2. DOMAINS EXTRAPOLATIVE  from source to target ANALYTICAL  from analans to analandum 
SAME-DOMAIN ANALO-GY  source as archetype or exemplar  Oken’s vertebrate archetype II  source as precedent, prototype  stare decisis doctrine  qiyas III  same-domain model,  morphism  scale model plane in the wind tunnel IV  same-domain simulation  learning simulator 
DIFFERENT-DOMAIN ANALOGY BOTH REAL  source as paradigm  liquid flow/electric current,  Plato’s line analogy VI  source as canon  artificial selection/ natural selection VII  different-domain model  mapping,  brain/computer analogy VIII  different-domain simulation  game simulation,  parables, Thomson’s violinist 
ONE REAL (POSITIVE) AND ANOTHER FICTITIOUS IX  extrapolative thought experiment in natural sciences,  myth  Einstein riding on a beam of light,  Plato’s Timaeus  extrapolative  thought experiments in social sciences,  utopia,  soteriological myths  More’s Utopia,  Skinner’s Walden Two XI  analytical thought experiments in natural sciences, myth  EPR paradox,  Plato’s myth of the cave XII  analytical thought experiments in social sciences,  myth, fable,  dystopia  Lessing’s “Three rings parable”,  Buridan’s ass,  Ethics thought experiments 
3. ELEMENTS OF COM-PARISON TERMS & RELATIONS ONLY TERMS, RELATIONS & OPERATIONS TERMS &  RELATIONS ONLY TERMS, RELATIONS & OPERATIONS 

Publiée 2020-02-28 NuméroVol. 40 No 1 (2020) RubriqueArticlesCopyright for each article published in Informal Logic belongs to its author(s). Informal Logic has the right of first publication. Permission to reprint any article that appears in Informal Logic MUST be obtained in writing from the author(s). In addition to any form of acknowledgement required by the author(s), the following notice must be added to the statement of copyright permission made in the reprint (with the appropriate numbers replacing the ellipses): [Article Title] was originally published in Informal Logic, [year], Volume …, Number …, pp. …-… .