Clase sobre el coronavirus, por el profesor de filosofía de la Ciencia y la Técnica, Lino Camprubí, desde la Universidad de Sevilla

Pandemia de Coronavirus Covid 19. Año cero de la distopía global

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Año cero. De la distopía a la realidad
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OPINIÓN

Año cero. De la distopía a la realidad

26 MARZO, 2020 byRAÚL MARTÍNEZ0

Nos dijeron que no había que caer en el alarmismo, pero un catorce de marzo declararon el estado de alarma. Comenzaron las medidas de confinamiento. Muchos trabajadores tuvieron que seguir en sus puestos de trabajo, incluso sin medida de protección alguna. Al principio se tomó la cosa a broma, parecía una situación pasajera. Por las tardes salíamos a los balcones, primero en apoyo a los trabajadores de la sanidad y, más tarde, cada cual a lo suyo, dependiendo del barrio.

Al poco tiempo, nos dijeron que estábamos en guerra. Y se hicieron habituales las comparecencias de militares en los medios de comunicación. El enemigo era el virus y todos debíamos convertirnos en soldados. Comenzaron a hablar de unidad de mando, de primeras líneas de combate, de valor y disciplina social. Los militares aparecieron en las calles. Pusieron en marcha operaciones psicológicas, de esas que la OTAN denomina PSYOPS y ya venía aplicando en tiempos de paz, crisis y guerra. En el siglo IV antes de nuestra era, el general chino Sun Tzu ya decía que en materia bélica la suprema excelencia consiste en ganar batallas sin luchar, pues el arte de la guerra está basado en el uso del engaño. 

Nos engañaron, ¡vaya si lo hicieron! Apelaron a la unidad nacional y exigieron posponer las reivindicaciones para cuando todo pasase. Al principio pedían mano dura contra quienes se saltaban las medidas decretadas. Más tarde se comenzó a aplaudir desde los balcones algún abuso policial que se iba conociendo. Luego se promovió la delación masiva. Finalmente se prohibió y persiguió toda disidencia. Nos convertimos en enemigos de nuestros propios vecinos, nadie confiaba ya en nadie. 

Las comunicaciones fueron sometidas a un estricto control y la red se convirtió en un nuevo campo de batalla. Miles y miles de webs y de cuentas en redes sociales fueron censuradas. No se consiente ninguna crítica. Nada que vaya contra los planes de guerra anunciados en medidas y estudiadas comparecencias en las que se filtran las preguntas de los periodistas. Decretaron tolerancia cero.

Millones de personas terminaron perdiendo su trabajo. Nos prometieron levantar un escudo social, pero después de los ERTEs llegaron los despidos en masa. Se terminaron las prestaciones de desempleo y, con ello, los ingresos. Muchas familias comenzaron a endeudarse utilizando las tarjetas de crédito, luego con préstamos rápidos y usureros ofrecidos en anuncios de televisión. La cosa se fue agravando en la medida en que desaparecía la generación más golpeada por el virus, a la que no se quiso o no se pudo atender. Con ellos desaparecieron también las pensiones. Dejamos de contar con la solidaridad de padres y abuelos, que tanta hambre quitó en la anterior crisis. 

La guerra contra el virus se convirtió poco a poco en mundial. Muchos países, incluido el nuestro, cerraron las fronteras a las personas. Pero las fronteras se mantuvieron abiertas para los capitales y para las mercancías, que cargan, transportan y descargan personas. Hacía tiempo que nos venían hablando de la posibilidad de una crisis por no sé qué enfrentamientos entre Estados Unidos y China. Y la crisis llegó, vaya si llegó. Alguien escribió que la sobreproducción se manifestó, más que nunca, como una grave enfermedad. 

Primero comenzaron a escasear algunos productos. En los primeros días fruto del acaparamiento, pero después sencillamente porque no había. Y lo que había no se podía pagar. Los precios subieron exponencialmente, sobre todo los de aquellos productos de los que nadie puede prescindir. Vinieron los cortes en las comunicaciones y en los suministros. Al principio nos pidieron calma y nos hablaron de una crisis en V, pero la V pronto se convirtió en una U y, finalmente, en una L. Ahora, tras varios meses de confinamiento, nos hablan de un guion bajo. 

El año 2020 pasará a la historia como el “año cero”, porque ahí comenzó todo. Sólo tenían razón en una cosa: la curva se aplanó y en unos meses los hospitales ya no estaban tan saturados. Pero se mantuvieron las medidas de confinamiento y enviaron a más trabajadores a producir. Vinieron nuevos contagios, dientes de sierra y nuevas curvas en diferentes países, mientras que la economía continuó en guion bajo. Y así sucesivamente. Millones de trabajadores van de casa al trabajo, del trabajo al hospital y, de ahí… al crematorio.

Las cosas nunca volvieron a ser como antes. Seguramente ya no podían serlo. Desde mi ventana veo a los trabajadores dirigirse a sus puestos de trabajo. Quienes pueden pagarlo van con mascarilla y guantes de látex, de uno en uno, como mínimo a un metro y medio de distancia. Ya nadie habla con nadie. Somos un inmenso ejército de hormigas obreras. Al dirigirse al trabajo se pasan controles policiales o militares, en los que se debe mostrar un salvoconducto que entregan los empresarios. En los centros de trabajo las cosas también han cambiado. Ya no se permiten reuniones y mucho menos manifestaciones, los locales sindicales están cerrados y la acción sindical terminantemente prohibida. Primero lo justificaron con el estado de alarma, pero luego se generalizó la excepción. 

Se trabaja en función de las necesidades de la empresa, unos días sí y otros muchos no. Pero cuando te llaman hay que ir. Al terminar la jornada cada cual vuelve a su casa, de nuevo de uno en uno, de nuevo sin hablar con nadie. Cada trabajador ha tenido que descargar una aplicación telefónica en la que la empresa te dice cuándo vas a trabajar y si tienes que hacerlo en casa o en el centro de trabajo. En esa aplicación también te dicen lo que vas a cobrar por la hora de trabajo. Primero prohibieron los sindicatos, luego dejaron sin efecto los convenios colectivos. Dicen que comenzó Bolsonaro en Brasil, aunque no sé si es cierto. Ahora es la empresa la que impone las condiciones de trabajo de acuerdo con el Gobierno. Al principio lo justificaron hablándonos de flexibilidad interna, decían que querían evitar despidos. Así empezó todo. 

Salvo para ir al trabajo, hace muchos meses que nadie sale de su casa. Al principio nos permitían salir para hacer la compra, pero luego cerraron los supermercados. Ahora compramos a través de aplicaciones y rige el racionamiento. Las horas de conexión a internet también están limitadas, lo llaman conectividad restringida. Hay un tiempo para el ejercicio físico, siguiendo programas de entrenamiento ofrecidos por las antiguas marcas deportivas. Los niños y niñas reciben sus clases por internet, aunque la mayor parte de los profesores fueron despedidos. Lo que antes llamábamos relaciones sociales ahora se establecen por videoconferencia, a las que puede acceder sólo una parte de la población. El resto se conforma con mensajes telefónicos y con alguna fotografía. Durante un tiempo, nuestro único respiro fueron los balcones. Pero luego regularon su uso y, en cada calle, se sigue por video vigilancia lo que hace o dice cada cual. La indisciplina social se castiga prohibiendo temporalmente el trabajo, o sea, con hambre.

Pero no todo el mundo vive igual. En las primeras semanas del año cero, los ricos se encerraron en mansiones y urbanizaciones privadas. Pueden salir a sus fincas y practicar deportes en sus instalaciones privadas. Para entrar a sus actividades sociales deben presentar un certificado que les acredita como libres de contagio, que expiden un puñado de clínicas privadas. Sus urbanizaciones están protegidas por contratas militares, la más conocida es Blackwater. Su influencia creció después de los ejercicios militares de la OTAN. A España llegaron cuando se renovaron los acuerdos militares con Estados Unidos. Las sedes de esas compañías se encuentran en las bases militares que los americanos tienen en España, que comenzaron a ampliar en el año cero. 

En lo único en que las cosas son parecidas para todos es en el uso de mascarillas y guantes. Los ricos también los usan en sus actos sociales. De hecho, ayer en televisión anunciaban la nueva colección de otoño de Louis Vuitton. Nosotros cada vez más hormigas, ellos cada vez más cigarras.

Han prohibido muchas películas y casi es imposible encontrar en la red determinadas lecturas. Comenzaron por The Matrix, The Matrix Reloaded y The Matrix Revolutions, porque la gente comenzaba a establecer paralelismos y decían que se alarmaba innecesariamente a la opinión pública. La verdad es que a nosotros no nos dieron siquiera la opción de elegir el color de la pastilla, nos hicieron tragar la azul.

Como decía, en los primeros meses tumbaron muchas cuentas en redes sociales y portales de internet, especialmente a quienes se dirigían a las hormigas. Prohibieron los hashtag que incluyesen determinadas palabras: obrero y obrera, trabajador y trabajadora, derechos, lucha, resistencia… Luego vinieron medidas mucho más duras, prohibieron los sindicatos e ilegalizaron partidos que se negaron a incluir en su programa el asunto de la unidad nacional. Fue cuando el Gobierno se amplió y se convirtió en Gobierno de salvación.

No sé si algún día alguien podrá leer estas líneas. Si es así, puede que quede esperanza. Parece ser que, en alguna parte, hubo personas que escupieron la pastilla azul. Se dice que viven y trabajan en clandestinidad. Nadie les conoce, pero cada vez más gente dice que están ahí. En los pocos momentos en que es posible evadir la vigilancia y el control social, corren rumores en portales, oficinas, talleres y fábricas. Está terminando el año cero y en los centros de trabajo surge de nuevo una chispa de ilusión. En la inmensa hilera de hormigas que vuelven del trabajo a sus casas, en ese ejército de rostros cansados y cubiertos por mascarillas, cada vez hay más ojos que desprenden un brillo especial. Nadie sabe dónde están ni cómo se llaman. Yo sigo buscándoles y, cuando les encuentre, les llamaré… camaradas. Entonces, todo irá bien.TAGS:CORONAVIRUS

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Cuando fallan y traicionan las élites, el Estado queda en manos del pueblo llano, si es que se debe guerrear con valor para sobrevivir.A pesar de sus nefastas élites, esto ha sido históricamente así, y lo sigue siendo en el momento del presente con el virus corona atacando sin tregua ni cuartel.

El profesor de la Universidad de Vigo, España, Jesús González Maestro, nos aporta en este video, su análisis, breve, conciso y muy sustancial, sobre el problema, gavísimo de la pandemia del coronavirus que está asolando España, Italia, etc.

Robert Jay Lifton. Sobre el uso de la violencia como instrumento para la democracia de mercado (neoliberalismo y globalización)

Conferencia del siquiatra Robert Ray Lifton

(Tomado del sitio donde se encuentra el video , en youtube): Robert Jay Lifton (born May 16, 1926) is an American psychiatrist and author, chiefly known for his studies of the psychological causes and effects of war and political violence and for his theory of thought reform. He was an early proponent of the techniques of psychohistory. Lifton was born in 1926, in Brooklyn, New York, the son of Harold A. (a businessman) and Ciel (Roth) Lifton. He was fifteen when the United States declared war on Japan and Nazi Germany (December 1941). In 1942, he enrolled at Cornell University at the age of 16 and was admitted to New York Medical College in 1944, graduating in 1948.[1] He interned at the Jewish Hospital of Brooklyn in 1948-49, and had his psychiatric residence training at the Downstate Medical Center, Brooklyn, New York in 1949-51. From 1951 to 1953 he served as an Air Force psychiatrist in Japan and Korea, to which he later attributed his interest in war and politics. He has since worked as a teacher and researcher at the Washington School of Psychiatry, Harvard University, and the John Jay College of Criminal Justice, where he helped to found the Center for the Study of Human Violence. He married the children’s writer Betty Jean Kirschner in 1952 and has two children. She died in Boston on November 19, 2010, from complications of pneumonia. Lifton calls cartooning his avocation; he has published two books of humorous cartoons about birds. He is a member of Collegium International, an organization of leaders with political, scientific, and ethical expertise whose goal is to provide new approaches in overcoming the obstacles in the way of a peaceful, socially just and an economically sustainable world. Totalism, a word first used in Thought Reform, is Lifton’s term for the characteristics of ideological movements and organizations that desire total control over human behavior and thought. Lifton’s usage differs from theories of totalitarianism in that it can be applied to the ideology of groups that do not wield governmental power. In Lifton’s opinion, though such attempts always fail, they follow a common pattern and cause predictable types of psychological damage in individuals and societies. He finds two common motives in totalistic movements: the fear and denial of death, channeled into violence against scapegoat groups that are made to represent a metaphorical threat to survival, and a reactionary fear of social change. In his later work, Lifton has focused on defining the type of change to which totalism is opposed, for which he coined the term the protean self. In the book of the same title, he states that the development of a “fluid and many-sided personality” is a positive trend in modern societies, and that mental health now requires “continuous exploration and personal experiment”, which requires the growth of a purely relativist society that’s willing to discard and diminish previously established cultures and traditions. Lifton is featured in the 2003 documentary Flight From Death, a film that investigates the relationship of human violence to fear of death, as related to subconscious influences. In 2006, Lifton appeared in a documentary on cults on the History Channel: “Decoding the Past”, along with fellow psychiatrist Peter A. Olsson.[8] On May 18, 2008 Lifton delivered the commencement address at Stonehill College and discussed the apparent “Superpower Syndrome” experienced by the United States in the modern era.

Sugerencias para el análisis y la crítica en torno al problema de la pandemia del coronavirus.

Cómo ayudar a detener el problema del coronavirus Manifiesto de Gretchen Larouche

 

El Capo del Gobierno de España, anunciando medidas para el problema del coronavirus en España

 

CÓMO PARAR EL CORONAVIRUS:

¡Cuarentena a Wall Street!

 

Videoconferencia internacionalpara abordar los temas que plantea 

Helga Zepp-LaRouche en su llamado, que estamos circulando en todo el mundo.

Lealo más abajo

 

La videoconferencia se difundirá por Internet en:

www.LaRouchePub.com/spanish


Jueves 19 de marzo, 2020

 

4:30pm Hermosillo, México

5:30pm Ciudad de México, y Querétaro, México

6:30pm Lima, Perú

7:30pm Washington, D.C.

 

– o – o – o –

 

Llamado urgente al Presidente Trump, al Presidente Xi, al Presidente Putin, al Primer Ministro Modi, y a los dirigentes de los demás países para la implementación de emergencia de las CuatroLeyes de Lyndon LaRouche

 

Por Helga Zepp-LaRouche, presidente del Instituto Schiller

 

          La mayoría de los expertos en salud ya están calificando oficialmente al coronavirus como pandemia, y solo unos cuantos evaden este término con el fin de no sacudir los mercados y las inversiones en los “bonos pandémicos”. Ya parece ser que esta pandemia será el golpe mortal para el sistema financiero, que de cualquier modo ya está en bancarrota, de lo cual son señales alarmantes e indiscutibles, el hecho del mayor desplome en las bolsas de valores desde 2008, el hundimiento sin precedentes en los intereses de los Certificados de Tesorería de Estados Unidos a 10 años, y el anuncio del presidente de la Reserva Federal de Boston, Eric Rosengren, de lanzar “dinero del helicóptero” a los bancos. 

 

          En vez de haber aprendido de China, que según la Organización Mundial de la Salud ha establecido un nuevo estándar para hacer frente a ese tipo de crisis, la mayoría de los gobiernos (con las excepciones de Italia y Japón) no aprovecharon los tres meses de advertencia que tuvieron gracias a la eficaz intervención de China, para empezar a funcionar en la modalidad de crisis. Es impresionante, pero no sorprendente, lo absolutamente incapaz que se ha mostrado la dirigencia liberal y sus instituciones, para reflexionar sobre el hecho de que su política ha sido la causa de una amenaza sin precedentes a toda la civilización humana, e incapaz de sacar las conclusiones necesarias para cambiar su conducta. 

 

          Ya en 1974, Lyndon LaRouche estableció un Equipo de Trabajo sobre el Holocausto Ecológico y Biológico, para investigar el efecto de la  política del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, de recortar el consumo de alimentos y de energía, así como recortar el gasto en salubridad en los países en desarrollo, el cual mostró que esto conduciría a una catástrofe biológica, al surgimiento de nuevas y antiguas enfermedades y pandemias. En las décadas siguientes, LaRouche y su movimiento publicaron muchas más advertencias, y al mismo tiempo ofrecieron programas de desarrollo concretos para todos los continentes, cuya implementación hubiera evitado que la crisis actual se saliera de control. 

 

          De seguro, quizás los llamados países industrializados puedan de algún modo hacer frente a la crisis, pero ¿a qué precio? Debido a la privatización del sector de la salud (es decir, orientado por la ganancia) ahora hay muchas menos camas para tratamiento en unidades de cuidado intensivo (UCI). El dirigente del sindicato de doctores belgas, el doctor en cuidado crítico Phillipe Devos, acaba de advertir que esta escasez va a generar un triaje de las personas de edad avanzada a favor de los más jóvenes, en el momento en que el número de casos supere el número de UCI disponibles, cosa que él espera que sucederá eventualmente. ¿Vamos a regresar al peligroso camino de acabar con las “vidas que no merecen vivir”, que se condenó en los juicios de Nuremberg?

 

          ¿Y qué de los países más pobres, que ni siquiera tienen la capacidad para hacer las pruebas, mucho menos para el tratamiento?  ¿Qué de los países como Haití, Nigeria y Bangladesh? ¿Qué con Irán, donde las sanciones impuestas que le niegan los suministros médicos ya están causando claramente la pérdida de muchas vidas innecesariamente?

 

          ¿Qué de la plaga de langostas en los países africanos y asiáticos, un peligro que se ha conocido desde hace muchos meses, y donde no se ha proporcionado ni la ayuda financiera ridículamente pequeña de $76 millones de dólares, de tal modo que ahora el peligro existe de que la nube de langostas se vuelva una plaga total, y se vuelva una amenaza para las vidas de millones de personas en un corto período de tiempo?

 

          ¿Qué de las bárbaras escenas en la frontera turco-griega, donde la policía de ambos lados utilizan gases lacrimógenos contra los refugiados, en donde uno de los bandos utiliza a estas personas que no tienen absolutamente nada, pero donde el otro bando no es menos bárbaro cuando trata de mantener “protegidas” las fronteras de la Unión Europea? ¿Piensa realmente la dirigencia de la Unión Europea que pueden levantar fronteras como en el imperio romano por toda Europa, mientras que el sudoeste de Asia y África hacen implosión con una pandemia de coronavirus, una plaga de langostas, hambruna y desesperación?

 

          Esta dirigencia se ha hecho de la vista gorda ante las guerras intervencionistas de los gobiernos de Bush y de Obama, las cuales, después de todo, fueron la causa principal de la crisis de refugiados. No han tenido ningún interés en construir infraestructura en África durante las últimas décadas, principalmente debido a su ideología neo-malthusiana. ¿Habrán en realidad aceptado la idea de dejar que esta pandemia y esta plaga de langostas, sigan su “curso natural”? ¿No se ajusta esto con la ideología verde, la cual predica que entre menos gente haya es mejor para el medio ambiente?

 

          Hay una solución para esta crisis existencial; pero cuando las mentadas “élites” no son moralmente aptas para introducir las reformas necesarias, necesitamos una movilización amplia de la población, como verdaderos ciudadanos. Tiene que haber un amplia demanda popular de que los principales países del mundo –empezando con Estados Unidos, China, Rusia e India, con el apoyo de otros— tienen que implementar las siguientes medidas para reorganizar el actual sistema financiero: 

 

          1. Se tiene que implementar de inmediato un sistema global de separación bancaria, según el modelo exacto de la ley Glass-Steagall  del 16 de junio de 1933, de Franklin Roosevelt. Bajo este sistema, la banca comercial debe estar bajo protección del Estado, y debe estar completamente separada, con un cortafuegos, de los especulativos bancos de inversión, a los cuales no se les debe permitir ya el acceso a los activos de la banca comercial, ni el privilegio de los rescates financieros con el dinero de los contribuyentes. El papel tóxico de estos bancos, tales como los contratos de derivados pendientes, se tienen que dar por perdidos. Los reclamos legítimos, que tienen que ver con la economía real o con las pensiones u otros activos de los trabajadores, se tienen que reconocer como válidos en el nuevo sistema. Algunas categorías de demanda de pagos se tienen que congelar por el momento, para ser evaluados por las instituciones del Estado en términos de su validez.

 

          2. Cada país debe crear un banco nacional, según la tradición del Banco de Estados Unidos de Alexander Hamilton, o el Kreditanstalt für Wiederaufbau de la posguerra en Alemania, a fin de que el Estado pueda proporcionar los fondos necesarios de crédito para las inversiones productivas en la economía física. La emisión de estos créditos se debe guiar por los principios de la alta densidad de flujo energético y de un aumento óptimo de la productividad de las capacidades productivas y de las facultades del trabajo, poniendo el acento en el avance científico y tecnológico. 

 

          3. Se debe establecer entre los países participantes un sistema de tipos de cambio fijo, y se deben establecer tratados de cooperación entre los Estados soberanos con el propósito de llevar a cabo proyectos de desarrollo y de infraestructura bien definidos. Estos tratados en conjunto representan de hecho un Nuevo Sistema de Bretton Woods, como el que se proponía Roosevelt, con la intención explícita de proporcionar crédito para el desarrollo industrial del sector en desarrollo. 

 

          4. El aumento urgente en la productividad de la economía mundial para que pueda alojar a una población mundial de casi 8 mil millones de personas actualmente, se debe facilitar mediante un programa internacional de urgencia para la realización de la energía de fusión termonuclear y otras tecnologías avanzadas, tal como la biofísica óptica y ciencias de la vida, a fin de encontrar soluciones a los desafíos como el coronavirus; así mismo, con el mismo objetivo se debe facilitar la cooperación internacional en la tecnología espacial y los viajes espaciales, lo cual puede establecer la necesaria plataforma económica superior siguiente, como lo ha desarrollado el economista Lyndon LaRouche.

 

          La Iniciativa de la Franja y la Ruta que inició el Presidente Xi Jinping, a la que ya se han unido 157 países, ofrece una perspectiva concreta para llevar el desarrollo industrial tan urgentemente necesario al sudoeste de Asia y a África. China ha ofrecido cooperar con todos los países del planeta en una cooperación en la que todos ganan, para extender la Nueva Ruta de la Seda al sudoeste de Asia y a África, y proporcionar de este modo una perspectiva de desarrollo concreta, que es el única forma humana de resolver la crisis de refugiados. Estados Unidos y todas las naciones europeas tienen que cooperar con este plan. 

 

          Nosotros, los abajo firmantes, hacemos este llamado urgente a los gobiernos mencionados, para que actúen en este momento de extraordinario desafío para la seguridad y existencia de toda la humanidad, para corregir los errores del sistema actual, que llevaron a esta crisis presente, y para retornar a los principios del bien común, de la soberanía de los Estados nacionales, y de la seguridad alimentaria y energética, al tiempo que adoptamos una visión por las metas comunes de la humanidad y una comunidad del futuro compartido de la humanidad. 

 

Firman:

 

 

 

Para mayor información puede escribir apreguntas@larouchepub.com o aisabelalcega@larouchepub.com

David Alvargonzález, Biólogo y filósofo, profesor de la Universidad de Oviedo y autor de varios libros y artículos, nos ofrece este riquísimo artículo sobre un tema CLAVE del sistema del Materialismo Filosófico, aunque agrega algunas cuestiones , con el fin de delimitar con mayor precisión cualquier posible resquicio que algunos estudiosos del Materialismo Filosófico, o público interesado en la Teoría de la Ciencia(Teoría del Cierre Categoral) pudieran considerar de su interés y del interesara los estudios de las Ciencias y de la Filosofía Materialista


La idea de cierre categorial. Intervención en Santo Domingo de la Calzada el día 15 de marzo de 2019 con motivo de la presentación del número 175 de la revista 
Berceo dedicada a Gustavo Bueno

AUTOR: David Alvargonzález

Introducción

En esta exposición voy a intentar presentar la idea de cierre categorial del filósofo Gustavo Bueno (1924.2016). Para ello voy a explicar brevemente cuáles son los contenidos centrales de esa teoría y, a continuación, reivindicaré la importancia que puede tener para cualquier filosofía del presente. Gustavo Bueno es un filósofo español que tiene decenas de miles de seguidores en Internet y que, en Google Académico, tiene un valor treinta para el índice h. La teoría del cierre categorial es una de las partes más originales y nucleares de la filosofía de Bueno, y es de esperar que la importancia de esta teoría vaya en aumento, aunque solo sea a efectos polémicos, porque la idea de ciencia es relevante para cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, como voy a tratar de mostrar. La teoría del cierre categorial es una rectificación de la teoría de las categorías de Aristóteles y supone establecer una conexión interna entre la ontología y la filosofía de la ciencia, entre las categorías ontológicas y los campos de las ciencias.

Es una idea temprana y nuclear de la filosofía de Bueno, pero también de cualquier filosofía del presente que se precie ya que es una idea que tiene que ver con la verdad científica: es un intento de determinar qué es la verdad científica, en qué se diferencia la verdad científica de las verdades del sentido común, y qué es una ciencia. Este es un asunto central desde el origen de la filosofía, pues ya Platón y Aristóteles estaban discutiendo, precisamente, qué era la geometría. En la época moderna también se discutió profusamente acerca de lo que es una ciencia, y se sigue discutiendo en la actualidad. Las verdades científicas son el tipo de verdades más sólidas que tenemos, y sobre las que hay que construir cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, ya que es imposible hacer un sistema filosófico de espaldas a las verdades científicas. Por eso, hace falta tener un criterio muy sólido y muy discriminativo para saber qué son las verdades científicas porque los científicos, cuando hablan y escriben, lo hacen muchas veces en calidad de ciudadanos y es relevante poder distinguir cuándo están hablando como ciudadanos, o como literatos, o como filósofos espontáneos, y cuándo están hablando como científicos de cosas que son auténticas verdades científicas. La teoría del cierre categorial es la filosofía de la ciencia asociada a una ontología hiperrealista, materialista. Esto es una novedad dado que los filósofos materialistas del siglo XIX y XX no llegaron a desarrollar una filosofía de la ciencia específica, sino que se contentaron con seguir a grandes rasgos la filosofía de la ciencia del positivismo.

Gustavo Bueno expuso su teoría en un tratado en cinco volúmenes con más de mil cuatrocientas páginas, y siguiendo la teoría del cierre categorial se han realizado más de una docena de tesis doctorales monográficas (Lafuente 1973, Fernández, T.R. 1980, López 1983, Fuentes 1985, Alvargonzález 1989a, Hidalgo, 1990, Iglesias 1992, Fernández Treseguerres1993, Baños 1993, Fernández, S. 1995, Huerga 1997, Álvarez 2002, Madrid 2009, Barbado 2015).

La idea de cierre operatorio

La idea de cierre categorial tiene dos partes, la idea de cierre operatorio y la idea de categoría. Por lo que hace a la idea de cierre, todo el mundo tiene un conocimiento práctico de lo que es cerrar una puerta, todo el mundo conoce el concepto técnico de cerrar algo. Un concepto más específico es el concepto algebraico de cierre operatorio: en álgebra, una operación es cerrada cuando, dados dos términos de un conjunto, los operamos, y el término resultante pertenece al mismo conjunto. Por ejemplo, si tomamos los números naturales y aplicamos la suma, los resultados son siempre otros números naturales: esa es una operación cerrada. La operación no cerrada es cuando, dados dos números naturales, por ejemplo, el uno y el tres, los dividimos y obtenemos un tercio que ya no es un número natural. Esta es la idea de cierre operatorio, es decir, dos términos de un conjunto que operados dan elementos del mismo conjunto. Gustavo Bueno tomó está idea y la amplió, aplicándola no solamente a las ciencias formales, a las matemáticas, o al álgebra, sino a todas las ciencias. Si cogemos dos compuestos químicos y los operamos, nos resulta otro compuesto químico, no resulta una célula o un elefante, ya que esos son términos del campo de la biología. Si operamos con términos del campo de la química obtenemos términos del campo de la química y, sin embargo, si cogemos dos organismos biológicos y los cruzamos pues aparece otro organismo biológico, no nos da como resultado, digamos, ácido sulfúrico. Esa es la idea de cierre operatorio: cuando estamos en un campo y operamos dentro de ese campo, obtenemos nuevos términos de ese mismo campo. De este modo, a través del propio proceso de las operaciones, el campo se va ordenando y se va cerrando espontáneamente (cuando esto ocurre). 

Las categorías de Aristóteles

El adjetivo “categorial” viene del nombre “categoría”. “Categorial” es lo que tiene que ver con las categorías. Con antecedentes en Platón y Parménides, la idea de categoría es un invento de Aristóteles quien propuso una tabla famosa de categorías. “Categorein”, en griego, significa “predicar”, y las categorías son las cosas que se pueden decir del sujeto. Aristóteles supuso que de un sujeto se pueden predicar cosas acerca de su sustancia, de su cantidad, de su cualidad, de su relación, del lugar en donde está, del tiempo en el que está, de la posición, etcétera. Aristóteles hizo una lista y a esas cosas que se predican del sujeto las llamó categorías. Las categorías desde entonces, por la propia concepción de la filosofía aristotélica, se entendieron como una especie de géneros ontológicos máximos. Es un poco parecido, por poner un ejemplo proporcionado, a lo que ocurre en biología cuando se habla de los géneros máximos de los organismos biológicos. En ese caso, los géneros máximos son los reinos: vegetal, animal, los hongos, las moneras, las protoctistas (si nos referimos a la célebre clasificación, hoy ya superada, de Whitacker). Pues bien, si nos preguntamos ahora por los géneros máximos, no sólo de la biología, sino de todo lo existente, de toda la realidad, esos géneros máximos serían las categorías, y su determinación tiene mucha importancia porque se supone que esas categorías nos informan acerca de la manera cómo la realidad está estructurada. Decía Platón que el buen carnicero es el que corta al animal por las junturas naturales frente al mal carnicero que lo corta de cualquier manera (Fedro 265a-266c). Pues bien, lo que Aristóteles se estaba preguntando es cuáles son las junturas naturales, los géneros máximos, para dividir todo lo real, y esos géneros máximos son las categorías. El asunto de saber cuáles son las categorías, es decir, los círculos máximos, los géneros máximos de la realidad, es un asunto central de todo sistema filosófico: toda filosofía que aspire a cierta sistematicidad tiene que comprometerse con esta tarea pues necesita tener cierto mapa que establezca por dónde están las junturas naturales de la realidad.

¿Por qué Bueno interpreta el cierre operatorio de las ciencias como un cierre “categorial”?

La teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno supone una “vuelta del revés” de la teoría de Aristóteles, en especial de la interpretación que la filosofía escolástica cristiana hizo de esa teoría aristotélica. Un fraile dominico, Nicolás Bonetti, sostuvo que, si las categorías eran géneros máximos, cada uno de esos géneros tendría que ser estudiado por una ciencia diferente: habría una ciencia de la cantidad, otra de la cualidad, otra del tiempo, del lugar, etcétera. Es decir, propuso la idea de que habría tantas ciencias como categorías. Gustavo Bueno dio la vuelta del revés a este planteamiento: no es que cada ciencia estudie una categoría determinada previamente por no se sabe qué procedimiento, sino que lo que ocurre es que cada ciencia realmente existente puede interpretarse como una categoría ontológica. Existe, pues, una categoría física, una categoría química, una categoría biológica, una categoría psicológica, histórica, lingüística, etcétera, y esas son las junturas naturales que dividen la realidad en partes. Ahora bien, la cuestión es justificar por qué se puede dar este paso. Para explicarlo voy a poner una analogía meteorológica que, manejada con el debido cuidado, puede resultar de utilidad. Imaginemos un ambiente atmosférico que está cargado de humedad y supongamos que, en un momento dado, baja la temperatura, se atraviesa el punto de rocío, y entonces la humedad se condensa y da lugar a una nube. Si no hay viento y está el ambiente en calma, la nube que se forma es un estrato, es una nube homogénea de estructura horizontal, pero, si hay movimientos de aire ascendentes y descendentes, por ejemplo, porque hay un calentamiento diferencial del suelo y una parte de ese suelo tiene un albedo más alto o más bajo que otra, ese calentamiento diferencial hace que se formen, por ejemplo, cumulus humilis, los llamados cúmulos de buen tiempo, que son la típica nube blanca de base plana y parte superior redondeada. Pues bien, nuestra especie lleva operando con las cosas del mundo más o menos desde el paleolítico medio, y lleva haciendo cosas, y transformando cosas, y mezclando, y separando, calentando, destilando, componiendo, descomponiendo, rompiendo y volviendo a unir, y cuando nosotros operamos con las cosas del mundo, lo que ocurre es que se forman “nubes” operatorias, que son los cierres operatorios. No se forma una estructura homogénea como la del estrato, o una estructura regular, como podría ser un diamante de carbono que tuviera todos sus átomos perfectamente alineados y a la misma distancia, con la misma disposición geométrica. Lo que se forman son torbellinos operatorios, y torbellinos que empiezan a tener una independencia unos de otros: el torbellino de la biología frente al de la física, o frente al de la química. En el ejemplo meteorológico, el sol tiene que estar calentando, pero no es el único responsable de que se formen las nubes porque éstas se forman por el calentamiento diferencial del suelo y por las diferencias de humedad y de energía cinética. En el caso de las ciencias, nosotros tenemos que estar operando, pero no tenemos control sobre los resultados de los torbellinos operatorios, sobre las ciencias que se forman, no sabemos por qué se forman esos y no otros. Esto es así porque nosotros no podemos estipular los resultados de las operaciones y esos resultados de esos torbellinos operatorios dan lugar a estructuras que no dependen de nosotros. Cuando nosotros mezclamos ácido sulfúrico con hidróxido de sodio para obtener el sulfato de sodio, el resultado no depende nosotros, ya que ese resultado depende de la estructura de la materia, de la estructura de la realidad. Cuando nosotros operamos, los resultados de las operaciones y el modo cómo se organizan los “cúmulos operatorios”, depende de la estructura de la realidad, es un resultado “anantrópico”. Nosotros no podemos decir “vamos a hacer una ciencia aquí” pues no podemos tener la seguridad de que vaya a resultar así. Tampoco podemos proponernos juntar dos ciencias existentes. Los físicos llevan dos siglos intentando unificar la física de partículas con la física de Einstein y muchos dudan incluso de que ello sea posible. Muchísimo menos podemos unificar la física con la biología, es decir, explicar todos los procesos biológicos desde los principios de la física. La realidad no funciona así: las leyes de la biología son otras, hay otros principios diferentes de los de la física, porque la biología es otra categoría, es otra región de la realidad distinta. Nosotros no podemos dictar la estructura de la realidad; nosotros operamos, vamos transformando cosas; en el propio proceso de las transformaciones se van organizando esos cúmulos operatorios; y esos cúmulos operatorios pueden ser interpretados como categorías ontológicas porque nos proporcionan las junturas naturales por las que se divide la realidad cuando se transforma. Este es el interés de la teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno: las ciencias, esos cúmulos operatorios, son el único criterio para conocer las junturas naturales por donde se rompe la realidad al codeterminarse sus partes, ya que nosotros no controlamos los cierres de las ciencias puesto que esos cierres son resultados anantrópicos. Las ciencias cierran de acuerdo con la estructura operatoria y con la estructura de los resultados de lo que se está operando: por eso el cierre operatorio puede interpretarse como un cierre categorial, es decir, el cierre de las ciencias nos da la pista de cómo está estructurado el mundo en categorías. Esto que parece tan sencillo, supone la vuelta del revés de la teoría de Nicolás Bonetti y de Aristóteles, y tiene muchísima importancia porque las categorías son algo así como el “mapa” de la estructura del mundo: las relaciones entre las ciencias, entre sus fronteras y entre sus cierres operatorios son las que nos informan que la legalidad biológica es distinta de la legalidad física, de la química, de la histórica, de la psicológica, de modo que esas categorías no se reducen unas a otras. Por mucho que los físicos pretendan hacer teorías del todo y reducirlo todo a física, la terca realidad es que el mundo no tiene esa estructura unificada. Es necesario reconocer un pluralismo gnoseológico y ontológico lo que significa reconocer que unas áreas de la realidad son irreductibles a otras. Ahora bien, podríamos preguntarnos: ¿por qué la estructura de la realidad es así? ¿por qué hay física, y química, y biología, como ciencias distintas, inconmensurables entre sí? La respuesta es que no lo sabemos ya que el mapa de las ciencias es un resultado anantrópico, es un resultado que se nos impone. La historia de las ciencias hace que se decanten unas determinadas ciencias y, en la medida en que esos cierres se imponen al sujeto, no queda más remedio que interpretarlos como la estructura de la realidad, como categorías ontológicas.

La importancia de la teoría del cierre categorial y el hiperrealismo

El desarrollo de las ciencias de los últimos cuatro siglos nos permite saber, con certeza absoluta, que lo que ven nuestros ojos, lo que oyen nuestros oídos, y lo que perciben los órganos de nuestros sentidos, es decir, nuestro mundo fenoménico entorno, no es ni la centésima parte de lo que existe. Más allá de las ondas de luz están las ondas ultravioletas, los infrarrojos, las ondas de radio, todo el espectro electromagnético. Todo está lleno de cosas y de transformaciones que no podemos ver porque son minúsculas, o porque tienen unos tamaños gigantescos o están a grandes distancias. Tampoco podemos ver los procesos evolutivos de la historia natural, aunque están ahí actuando, por sus resultados, en nuestros cuerpos. Y lo mismo ocurre con toda la historia política que está presente en nosotros, ejercitada en el idioma, en las tradiciones, en la cultura. Todo eso son cosas que no se pueden ver porque son muy pequeñas o muy grandes, porque están en otras longitudes de onda, en otras longitudes acústicas, o porque están en el pasado al que no se puede viajar. Sin embargo, están determinando nuestro presente. La mayor parte de lo que sabemos que existe es “hiperreal”, es decir, es una realidad que está ahí, que nos está determinando íntegramente, que determina nuestras enfermedades y nuestro nacimiento y nuestra muerte, y que no podemos percibir pues no está a la escala de nuestras sensaciones. La realidad es mucho más densa de lo que aparece ante nuestros sentidos: esa es la idea del hiperrealismo. A todo ese mundo hiperrealista sólo se accede por la ciencia, única y exclusivamente. Por eso el asunto sobre el que gira la teoría del cierre categorial es un tema central de cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, porque ese mundo hiperrealista, hiperdenso, que no podemos ver, cada vez crece más, cada vez aumenta más, cada vez se amplía más, y cada vez es más importante desde un punto de vista práctico. Y sólo es accesible por las ciencias. 

Si admitimos la tesis de que las ciencias son el único modo de acceder a toda esa hiperrealidad, a toda esa realidad ampliada, tenemos que dejar de ver las ciencias como si fuesen un mapa de un terreno que pudiéramos recorrer directamente. En cartografía, nosotros hacemos unas operaciones sobre el terreno y unas operaciones con lápiz y papel sobre el mapa, de modo que se puede establecer una correspondencia entre las primeras y las segundas, y esa correspondencia es la que nos permite hablar de un mapa verdadero. En la mayoría de las ciencias que van referidas a esa hiperrealidad, no podemos proceder de ese modo precisamente porque los contenidos de sus teoremas (las partículas, las ondas, los procesos geológicos y evolutivos, las estructuras geométricas, etc.) no están dados a la escala de nuestros órganos sensoriales. No podemos comparar el “mapa” (las teorías científicas) con el terreno (la realidad de las cosas) porque no hay otra manera de acceder a esa realidad que no sea a través de esas mismas teorías. Por tanto, la verdad científica no puede entenderse ya nunca más como una adecuación entre las teorías y los hechos: es aquí donde la teoría del cierre categorial es capaz de ofrecer una alternativa que, cuando menos, es necesario discutir.

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