Indigenismo, populismo, conquista española de América, desde el punto de vista del Nobel de Literatura , el escritor Vargas Llosa. Entrevista de marzo de 2019

El escritor peruano, nacionalizado español, Vargas Llosa, hace referencia a la polémica carta del presidente de México, López Obrador, en la que solicitaba al rey de España, Felipe VI, que pidiera perdón por la agresiva conquista y colonización de lo que hoy conocemos como México…y por derivada, toda la Hispanoamérica en el presente.

La ideología del llamado indigenismo, entendida como populismo o construcción metafísica, falsaria y demagógica, es criticada por el célebre escritor, quien en un momento de su vida fue candidato a la presidencia del Perú, sin lograr el objetivo, derrotado por el peruano , semi japonés, Fujimori

La destructividad humana. Erich Fromm contra el psicoanálisis (y contra Marcuse). Un interesante artículo de la revista El Basilisco, Nº 10, 1980

Estuve recordando un libro muy interesante de Erich Fromm, titulado en español como Anatomía de la destructividad humana, a raíz de una conversación con un amigo historiador, acerca de la polémica desatada por la petición, hecha por el presidente de México al rey de España, en la que el mexicano solicitaba que el rey español pida perdón por la Conquista y el supuesto genocidio y maltrato de los nativos de lo que era la actual tierra de México.

En la muerte de Fromm, artículo de Guillermo R Olmedo

Encontré un artículo publicado en la revista El Basilisco, fundada por el filósofo español, Gustavo Bueno, en el que se expone un análisis comparativo entre las tesis de Fromm y Herbert Marcuse.

http://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdfhttp://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdf

Posmodernismo y hermenéutica como veneno para la Educación. Cuando el sistema educativo cae en manos del posmodernismo , se cae en un decadente nihilismo basado en el disimulo y la hipocresía. SE Propone la alternativa desde el pensamiento FUERTE incluido en el sistema del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno

Cuando el llamado pensamiento débil, o el comunismo débil o el comunismo hermenéutico se van imponiendo en una sociedad , acabamos hundiendo el sistema educativo . El ejemplo es la propia Metafísica de corte krausista decadente, bajo la apariencia de profundos y rigurosos modelos filosóficos. En España encontramos con facilidad casos que demuestran este hecho. Sin embargo, este “triunfo” del pos moderno nihilismo, podría ser causado por la dificultad de mostrar los mecanismos que subyacen y sostienen esta serie de mentiras, por tratarse, acaso, de mentiras “perfectas”, difíciles de desactivar. Mentiras que, siguiendo la tesis de Gustavo Bueno, acaban siendo realmente videncias.

El italiano Vattimo, ( epígono admirador del idealista heredero de Kant , Gadamer) uno de los grandes profetas de este pensamiento débil ( auténtico dogma metafísico actualmente dominante) que parece anegar todo el campo educativo, con implicaciones en los problemas sociales y políticos de nuestras sociedades globalizadas . Y aquí vemos claramente cómo desde una Universidad de tal peso y de tal presupuesto como la UNED, en manos de estos VIDENTES, que controlan instituciones que son auténticas fabricas de Ideologías y dogmas pos modernos al uso. Las implicaciones políticas de estas mentiras disfrazadas sutilmente de “progreso”, son muy graves y venenosas , encanto al mantenimiento de la EUTAXIA política , no sólo en España, sino en cualquier Estado donde estas cofradías de VIDENTES controlan lo que podemos denominar , en general, como la Filosofía, o acaso habría que decir más bien, la Pedagogía entendida como una “Ciencia aplicada” que se coloca en el lugar de la “vieja Filosofía Moderna, ya superada en todos los ámbitos por la nueva pedagogía y por la nueva hermenéutica.

Toda esta papilla ideológica es el peor veneno que se puede administrar a una sociedad en lo que se refiere a mantener un mínimo de libertad , que implica la capacidad de llevar a cabo un análisis y una acción social y política CRITICA , NO idealista ni metafísica.

La única opción que nos ofrece el presente, desde la FILOSOFIA, a mi juicio, procede de un sistema filosófico nacido en las últimas décadas del siglo XX en España, a saber: el Materialismo Filosófico. El sistema que forjara el filósofo español Gustavo Bueno, incluye una Teoría de las Ciencias, nominada Teoría del Cierre Categorial. Todo esto nos aporta , en el polo totalmente contrario al pensamiento pos moderno, o pensamiento débil o hermenéutica , metafísica donde las haya, una serie de tesis , basadas en un pensamiento FUERTE, no idealista ni metafísico .

TRANSFORMACION DEL MENTIROSO EN VIDENTE . MENTIRA Y VIDENCIA EN FILOSOFIA Y EN POLITICA . DE LOS FILOSOFOS POS MODERNOS COMO ACTORES DE TEATRO

Las variedades de la mentira. (Aplicable a la hermenéutica pos moderna : Gadamer, Vattimo y su inmenso séquito de políticos, ministros de educación, pedagogos, metafísicos, intelectuales, periodistas, psicólogos, etcétera)

El Mito de la Cultura, al servicio de la Leyenda Negra anti española, y de paso anti hispanoamericana. Versión francófona del mito, en palabras de un Nobel de Literatura

Cuando nos acercamos a la obra de un escritor que ha alcanzado la fama , tras recibir el Premio Nobel, como es el caso de Le Clézio, comprobamos el poder de la ficción como una arma que utilizan los Estados , en sus relaciones con otros Estados. Uno de los más manidos instrumentales de esta batalla de las ideas y las palabras, es la Idea de Cultura. Recomendamos la lectura cuidadosa del libro de Gustavo Bueno : El mito de la cultura, para poder llevar a cabo una crítica y el correspondiente análisis de lo que el Nobel francés Le Clézio expone en este artículo publicado por el diario francés más conocido , el Le Monde ( que opera en este tema como un auténtico transductor o intérprete , en el sentido que da al concepto Jesús G Maestro en su obra : Crítica de la Razón Literaria).

Otro de los más utilizados medios para forjar las armas de los Estados tradicionalmente enfrentados con España y su parte Hispanoamericana durante siglos, es la denominada Leyenda Negra. Leyenda que , transformada, o disimulada mediante la ficción histórico poetizante, novelesca, ensayística, sigue minando no sólo a la actual España, sino a todas y coaduna de las Repúblicas que fueron parte de la España Hispanoamericana hasta la Independencia y a día de hoy.

Mexique, la magie de la mémoire, par J.M.G. Le Clézio

Le Prix Nobel de littérature rend hommage à une “extraordinaire fédération de cultures“.

Par J.M.G. Le Clézio Publié le 12 mars 2009 à 12h26 – Mis à jour le 13 mars 2009 à 10h23

FUENTE :https://www.lemonde.fr/livres/article/2009/03/12/mexique-la-magie-de-la-memoire-par-j-m-g-le-clezio_1166892_3260.html

El árbol de la noche triste, en México. Icono de la lucha contra los españoles


Je suis venu la première fois à Mexico en août 1967. J’arrivais de Thaïlande où j’avais connu quelques ennuis, pour avoir parlé du trafic de jeunes filles que faisait un mien propriétaire à Bangkok – c’était vrai, mais les vérités sont-elles bonnes à dire ? Toujours est-il que je débarquai à l’aéroport de Mexico par un gros orage, et je fus immédiatement frappé par la ressemblance avec la Thaïlande. Non pas dans les bâtiments ni les rues, mais par l’aspect très exotique des gens, la couleur de leur peau, la beauté des femmes, la grâce des enfants. Je découvrais tout à coup que quatre-vingts pour cent des habitants de Mexico étaient des Indiens, descendants de ceux qui avaient régné jadis sur les hauts plateaux. Quelque temps après, dans le métro je fus étonné et assez ému d’entendre un couple de jeunes gens parler nahuatl – la langue des anciens Aztèques, l’une des plus belles langues du monde par ses allitérations et son accent chantant.

J’avais été chargé à l’Institut français d’Amérique latine (c’était mon affectation de service civil) de classer les livres et de mettre à jour le fichier de la bibliothèque. Au lieu de cela, je passais toutes mes journées, à l’étage de la bibliothèque, à lire tous les livres que je pouvais trouver sur le Mexique. Les chroniqueurs de la Nouvelle-Espagne dans la collection Porrua “Sepan cuantos…” – Bernal Diaz del Castillo, Sahagun, Motolinia, Duran, Beaumont, Mendieta, Izcazbalceta, Ixtlilxochitl, José de Acosta, les historiens aussi, Clavijero, et les récits des géographes, Humboldt, Lumholtz.

C’était une découverte étonnante : lorsque les premiers voyageurs venus d’Occident débarquent sur les côtes du Mexique, ils sont devant une architecture immense, complexe, délicate, élevée, où la religion, la pensée philosophique, la conviction magique s’équilibrent dans l’art de construire des pyramides selon un schéma cosmique, de policer des villes immenses, de faire régner une politique à la fois compartimentée et interdépendante, selon un système théocratique où les rois sont élus et où les forces vives de la nation peuvent exprimer leurs revendications, demander des comptes aux élites, et destituer sans révolution les princes abusifs. Cette architecture était-elle fragile ? Les conquérants, obnubilés par leur mission civilisatrice, se sont employés à présenter les sociétés indiennes comme l’émanation du démon. Elles étaient loin d’être parfaites, puisqu’elles pratiquaient l’esclavage et les sacrifices sanglants. Mais leur injustice n’était pas foncièrement plus condamnable que celle de l’Europe du XVIe siècle, esclavagiste et violente. Fragile, cette architecture l’était certainement puisqu’une poignée d’aventuriers sans scrupule la mit à bas, en pratiquant une guerre à outrance sans respect des codes humains, comparable par sa brutalité à celles que l’on peut observer aujourd’hui chez les nations les plus civilisées. Cortés, Montejo, Cristobal de Olid vinrent à bout facilement de ces peuples, parce qu’en arrivant dans le Nouveau Monde ils ne se sentaient plus entravés par aucune loi. Ce qui disparut et fut anéanti par la conquête n’est pas mesurable, hormis le fait que la population indigène fut réduite au sixième de ce qu’elle était en l’espace d’une génération, et que toutes ses structures furent anéanties par la guerre, les maladies et cette sorte de lavage de cerveau lent et acharné qui fut organisé par les conquérants espagnols.

Les dimanches après midi, j’allais voir le musée d’anthropologie de Chapultepec, la grande sauterelle de porphyre exposée sous la pluie devant la porte, et dans la grande salle de la roue du temps, la petite statue en bois de la déesse de la fertilité, les mains en coupe sous ses seins et sa chevelure tressée nouée au sommet de sa tête, qui a inspiré Frida Kahlo. Mais mon vrai musée d’anthropologie, c’était dans le métro qui allait vers la villa de Guadalupe. Voir à la dérobée les jeunes femmes du peuple, vêtues comme des employées de bureau ou des serveuses, mais leurs visages semblant sortis d’un bas-relief ou d’une peinture de codex, nez aquilin, pommettes hautes où le rouge se mêlait au bronze de la peau, et les lourdes chevelures d’un noir presque bleu, coiffées en chignon, montrant l’éclat des demi-lunes de métal doré aux oreilles.

Sur la place – l’affreux sanctuaire de béton n’avait pas été encore construit -, la vieille basilique chancelante, pareille à un navire échoué, avec les milliers de fidèles venus de tous les coins de l’Amérique, certains les genoux et les coudes en sang à force de se traîner sur les marches, les concheros emplumés en train de battre sur le teponaxtle, le grand tambour de bois qui avait résonné aux oreilles des conquérants abasourdis lors de la “Nuit triste”.

C’était l’époque des grands travaux. On n’avait pas encore exhumé les restes de la grande pyramide, dont la pointe perçait encore le carrefour de Pino Suarez et servait de refuge aux chiens errants, et pour cela on l’avait baptisée Isla de los Perros, l’Ile aux Chiens. Pour voir les monuments préhispaniques dans toute leur regalia, il fallait prendre un bus et aller dans les alentours de Mexico, jusqu’à Teotihuacan, le Domaine des Dieux, escalader les marches de la pyramide du Soleil d’où le regard embrassait la plaine aride semée de cactus orgue et parcourue par les colonnes de fourmis des touristes populaires.

Mon premier voyage en terre indienne, je le fis en compagnie de mon ami Jean Meyer, à travers la sierra volcanique transversale, à dos de mulet, jusqu’au village huichole de Santa Catalina. Les Huicholes étaient des Indiens sauvages -non pas tels que les imaginerait Indiana Jones, mais insoumis, orgueilleux, arrogants, vêtus de leurs habits blancs brodés au point de croix, coiffés de leurs chapeaux à plumes d’aigle, et armés jusqu’aux dents de fusils, escopettes et revolvers à barillet. Avec eux, nous avons partagé les bières apportées par une caravane de marchands ambulants, et nous sommes restés dans la sierra pour la semaine sainte, regardant sans bien les comprendre les rites anciens, écoutant les prières. Nous avons goûté à la soupe de peyotl, nous avons vu les petits arcs avec lesquels ils décochent des flèches au soleil. Nous avons été témoins de l’ancien rituel où les Indiens percent leur langue avec une épine de maguey pour arroser la terre de leur sang. Tout cela donnait un sens nouveau aux livres que j’avais lus, montrait la vérité de la relation des hommes avec le monde qu’ils habitent. A Tezompa, les métis lorgnaient les hautes montagnes des Huicholes, mais ils ne s’en approchaient pas. Le curé de Tezompa servait d’intermédiaire, un grand homme robuste qui portait un revolver au côté. Dans la sierra, les mulets tressaillaient en sentant les crottes des loups. Le ciel était d’un bleu d’encre, les montagnes âpres comme le cristal. Nous dormions à la belle étoile, dans l’air glacé. Nous buvions l’eau des ruisseaux.

Quand je suis revenu au Mexique avec ma femme, après une absence de deux ou trois ans, c’est une autre dimension qui m’attendait. J’avais reçu, grâce au poète Jaime Terres, une bourse du Fondo de Cultura pour étudier la littérature mexicaine contemporaine. J’ai découvert au hasard de mes lectures le Mexique de l’époque révolutionnaire, si fertile et contradictoire. Les poètes de la revue Contemporaneos, Bernardo Ortiz de Montellano, Gilberto Owen, Xavier Villaurrutia ; Manuel Maples Arce, le fondateur du stridentisme et de la revue Irradiador ; Octavio Paz, Enrique Krauze et la magnifique Vuelta. Je percevais cette sorte de génie du supraréalisme qui émane naturellement du monde mexicain, de sa culture, de son histoire, de sa puissance physique, comme un instinct – rien à voir avec André Breton. Je parcourais les rues du centre, les rues Uruguay, Argentina, Moneda, l’Alameda où le soir s’attardent les amoureux et les vieux hommes solitaires. Je voulais suivre la piste d’Artaud dans la sierra Tarahumara. Je suis allé au Yucatan, attiré par la beauté des noms de lieux, Dzindzantun, Uxmal, Chicxulub, Oxkutzcab avec ses montagnes d’oranges sur la place publique, Tizimin, Rio Lagartos où se réunissent les colonies de flamants.

Mais ce n’étaient pas seulement les monuments du passé qui m’attiraient. Pendant six mois, j’ai voyagé de village en village, par bus, ou sur les plateformes des camions (et souvent à pied) avec mon sac, un hamac, et deux livres qui me servaient de guide : l’un la version en anglais des livres du Chilam Balam par Ralph Roys, l’autre la traduction en espagnol de La guerra de castas, de Nelson Reed. C’étaient mes viatiques. J’ai rencontré les survivants des insurgés du Quintana Roo, à Tulum, à Chan Santa Cruz, à Tixcacal Guardia. A Chun Pom, j’ai assisté à la Misa milpera, la Messe du maïs, où les fidèles communient sous les espèces de la tortilla de maïs et de la soupe de graines de calebasse. Les croix dans les églises étaient vêtues de robes de femme, je croyais entendre la voix de la pythonisse de Tulum, ou encore les croix parlantes qui commandaient aux derniers Mayas Cruzoob de résister aux troupes du général Bravo.

Il y a quelque chose d’émouvant dans la volonté du Mexique de résister aux empires et aux asservissements. Ce fut, quelques années plus tard, un choc semblable à Morelia (Etat du Michoacan), lors d’une réunion organisée par le poète Homero Aridjis, sur le thème de la protection des ressources naturelles. Devant la salle où se tenaient les débats, un groupe d’Indiens Purhépechas de la région de Patzcuaro est venu présenter ses doléances, dénoncer le pillage de la forêt par les scieries sauvages, et la pollution des lacs. Le spectre de la centrale nucléaire de Laguna Verde était encore présent. Afin d’être entendus, les Purhépechas avaient dressé un crucifix devant la porte du théâtre, et l’un d’eux y était attaché comme crucifié. Les bannières portaient, écrit en grandes lettres rouges, le nom de Zapata. C’était le début des années 1980, l’insurrection zapatiste venait de commencer, non pas au Chiapas, mais là, dans ce coin du Michoacan. Plus tard, à Cheran, j’ai ressenti la même volonté de résistance chez les Purhépechas de la Meseta, le besoin de puiser dans la mémoire de la Relation de Michoacan, ce testament de leurs ancêtres, pour faire revivre leur langue et leur culture.

RELACION DE MICHOACAN Elaborada alrededor de 1540 a petición del primer virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza muy probablemente hecho por el franciscano fray Jerónimo de Alcalá con información seleccionada que fue parcialmente proporcionada por purepechas
El árbol genealógico de los uacúsecha emerge de Hireti Thicátame, fundador del linaje. En la parte superior, en medio de sus dos hijos, se ve al cazonci Tzintzicha Tangaxoan envuelto en llamas, lo que indica su muerte. Relación de Michoacán, lám. XXVII. Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces

NOTA DE INTROFILOSOFIA: En este enlace a la revista Arqueología Mexicana, podemos ver cómo las cosas no sucedían de ese modo tan idílico, tipo poesía pastoril europea, que quisiera mostrar como si fuese verdadero y no una mentira semi poética, Le Clézio. Las luchas fratricidas entre los dirigentes michoacanos antes , y después, de la llegada de los españoles, eran bastante cruentas como para pensar que las cosas que pasaban allí no eran tan utópicamente idílicas. https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/las-intrigas-del-gobernador-tarasco-don-pedro-cuiniharangari https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/las-intrigas-del-gobernador-tarasco-don-pedro-cuiniharangari


Au Mexique, ce qui est encore plus admirable que la mémoire des grandes civilisations à jamais effacées, c’est que ce pays s’est reconstitué peu à peu, dans les limites de ses anciens Etats, pour parvenir à faire fonctionner un renouveau. Il n’y a pas d’autre exemple dans le monde de peuples à ce point détruits et réduits à l’esclavage, qui ont su se retrouver, prendre leur liberté et recommencer leur histoire. Sans doute n’y a-t-il pas non plus d’exemple d’un pays à la fois si riche et si puissant victime des démons de la modernité. Au début du XXe siècle, le Mexique est pratiquement supérieur à son voisin du nord, en termes de développement, de justice et de richesse. Aujourd’hui, il connaît une des époques les plus difficiles de son histoire. La corruption du pouvoir en place depuis des générations, l’emprise des narcotrafiquants et la mainmise du capitalisme nord-américain au travers des industries offshore et du tristement célèbre traité de libre commerce enferment le Mexique dans une situation de dépendance et d’endettement d’où il sera difficile de sortir. Les principales victimes de cette situation sont les populations rurales, confrontées à la misère et obligées de s’expatrier. Au Michoacan, pour ne prendre que cet exemple, les trois quarts des hommes des villages (Indiens de la Meseta ou métis des Bajios) sont allés vivre aux Etats-Unis. La plupart quittent leur famille à l’âge de 18 ans, sans avoir pu faire d’études, et ne donnent plus signe de vie. Même si aujourd’hui la crise économique et la montée du chômage aux Etats-Unis inversent la tendance, les aspirations de la jeunesse ne pourront plus se contenter du mode de vie ancien. Le risque est de constituer une masse simili-urbaine vivant dans l’expectative d’une réouverture des frontières, en proie aux dangers de l’immigration clandestine et au banditisme. Devant cette menace, alors que se poursuit le projet de construction d’une muraille de la honte s’étendant du Pacifique à l’Atlantique afin de tenter de maîtriser l’invasion barbare, l’empire nord-américain s’enferme dans un protectionnisme que la nouvelle administration aura du mal à contredire.

En fin de compte, c’est en lui-même que le Mexique devra trouver la solution. A chaque époque de crise majeure – au lendemain de la Conquête, puis au temps de la dictature de Porfirio Diaz -, c’est ce qu’il a fait. Il est difficile de prédire comment ce changement s’opérera, dans la violence comme en 1910, ou dans un mouvement populaire de prise de conscience comparable à celui des zapatistas. Ce mouvement a été traité avec dédain par la classe dirigeante, mais il a le mérite d’un total réalisme dans ses revendications. Il ressource la politique dans les régions les plus démunies du monde rural (indien mais pas uniquement). Ce que montre clairement cette insurrection, qui a étonné toute la classe politique, c’est la capacité de renouvellement du Mexique dans son fond populaire. Cette extraordinaire fédération de cultures, unique dans l’histoire du monde, porte en elle le message du futur, métissé et interculturel, contre le monoculturalisme de l’ancien monde et les diktats du capitalisme international.

Llegada de los españoles a Tzintzuntzan

Et puis il y a tout ce que le Mexique a apporté et donne encore au monde, dans la quotidienneté. La douceur de la vie rurale, et même parfois, de façon surprenante, dans la plus grande métropole du globe, malgré l’insécurité, la contamination de l’air, malgré la pauvreté des quartiers de Naucalpan ou d’Iztapalapa, les baraques insalubres et le manque d’eau potable. Il y a toutes ces constellations extrêmement brillantes qui illuminent l’humaine conscience. Une mémoire magique peut-être. Le souvenir des héros éternels de la révolte des humbles tels qu’Emiliano Zapata à Cuernavaca ou Pascual Barrera et Juan de la Cruz Ceh, les “Séparés” de Chan Santa Cruz, ou encore Aurelio Acevedo, Anatolio Partida, les insurgés Cristeros des Altos du Jalisco. Le souvenir des rues fréquentées par Frida Kahlo et Diego Rivera, autour du Zocalo, ou à l’intérieur des murs indigo de la maison de Coyoacan. La beauté lumineuse de Maria Felix, photographiée par l’un des plus grands écrivains du roman contemporain, Juan Rulfo. L’audace créatrice de l’architecte contemporain Barragan, ou le savoir-faire millénaire des femmes tisserandes de la Meseta tarasque, l’imaginaire des artistes de la Sierra Huichol. La ferveur des fêtes populaires à Ocumichu, à San Juan Parangaricutiro, à Tarecuato, à Ichan, à Patamban.

Qu’on pense seulement à l’art de la cuisine au Mexique : à tous les ingrédients qui ont été créés ici et répandus dans le monde, de la cacahuète au chocolat, des haricots et du maïs au piment et à ses trente variétés, à la tomate, à l’avocat, au pulque et au tequila. A ces simples génies de la terre que sont les femmes des villages, qui ont su préparer les délices arrachés à la pauvreté du sol, et ont offert ces trésors aux premiers aventuriers européens. Qu’on pense encore à ces femmes audacieuses qui se battent aujourd’hui pour secourir les plus démunis, telle Rosa Verduzco à Zamora, qui a donné un nom, un toit et une éducation à des centaines d’enfants arrachés à la rue et aux prisons. Ce sont ceux-là, ces enfants du peuple, qui construiront la durée et la vraie puissance du Mexique à venir.

Février 2009Le Clezio

Artículo sobre la relación entre la Etica y la Política, que explica y analiza las tesis del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno sobre asuntos clave para entender los procesos socio políticos del presente de la Globalización en curso

FUENTE © PENSAMIENTO, ISSN 0031-4749 PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280, pp. 509-519

pen.v74.i280.y2018.010

El peso de la ética en la política

David Alvargonzález

Universidad de Oviedo

Resumen: Las relaciones entre los principios de la ética y los requerimientos de la política no siempre

son armónicas. En este artículo, en primer lugar, se propone una definición de los ámbitos propios

de la ética y de la política. A continuación, se analizan dos ámbitos en los que se aprecia un conflicto

inevitable, estructural, entre ética y política de modo que el bien político requiere el mal ético: los

conflictos armados y las políticas de inmigración. A continuación, se hace referencia a conflictos que

pretenden estar justificados en la idiosincrasia histórica o cultural de ciertas naciones. Por último,

se citan contextos donde la ética y la política persiguen fines comunes o, simplemente, se ignoran

mutuamente.

Palabras clave: ética; política; Estado; guerra; inmigración.

The influence of ethics on politics

Abstract: The relationships between ethical principles and political requirements have proven

to be controversial. In this paper, firstly I will propose a definition of ethics and politics. Then, I will

analyze two illustrations of the unavoidable structural conflict between ethics and politics: wars and

immigration policies. In those cases political goods require ethical evils. Then, I will refer to conflicts

which claim to be rooted on the cultural and historical idiosyncrasies of certain nations. Finally, I will

refer to several situations in which ethics and politics share common objectives and other ones in

which they just follow independent courses.

Key words: ethics; politics; State; war; immigration.

Introducción

El tema de este artículo, el análisis de las relaciones entre los principios o normas

éticas y los requerimientos de la política, es un asunto muy controvertido y sujeto

a muchas valoraciones. Ahora bien, con el fin de poder tratar este problema con la

serenidad que merece, mi propósito aquí va a ser el de evitar, en todo momento,

las referencias más próximas para poder tratar el asunto de un modo abstracto,

filosófico y, en la medida de lo posible, presentar lo que sería la estructura de un

problema objetivo. La tradición en la que yo quisiera inscribir mi análisis en esta

lección es la que reivindica Spinoza cuando, en su Tratado político,dice:

Y, a fin de investigar todo lo relativo a esta ciencia [se refiere Spinoza a la

política] con la misma libertad de espíritu con que solemos tratar los temas matemáticos,

me he esmerado en no ridiculizar ni lamentar ni detestar las acciones

humanas, sino en entenderlas. Yo por eso he contemplado los afectos humanos

como son el amor, el odio, la ira, la envidia, la gloria, la misericordia y las demás

afecciones del alma, no como vicios de la naturaleza humana, sino como propiedades

que le pertenecen como el calor, el frío, la tempestad, el trueno y otras cosas

por el estilo le pertenecen a la naturaleza de aire. […]1

1Spinoza, B., Tratado político, I, §4.

510d. alvarg onzález, El peso de la ética en la política

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

Atendiendo estas indicaciones, en lo que sigue tan solo haré una propuesta

de lo que se puede entender por ética y por política para poder analizar algunas

situaciones prácticas existentes que ilustran su relación mutua, tanto cuando ésta

es armónica como, sobre todo, cuando resulta conflictiva.

1. Presentación de las definiciones de ética y política que se van a utilizar

Como es común cuando tratamos de ideas filosóficas, hay muchas maneras

posibles y diferentes de definir la ética y la política. Yo voy a pedir al lector que, a lo

largo de este artículo, me acompañe en un determinado modo de entenderlas que

se inscribe en una tradición ampliamente ejercitada en la historia de la filosofía.

Esta tradición arranca de la Ética a Nicómaco, la Ética a Eudemo y la Política de

Aristóteles y es seguida por Spinoza en su famosa Ética, en su Tratado político y

en su Tratado teológico-político. Entre nosotros, Gustavo Bueno ha formulado con

especial claridad los diferentes usos de estos términos y ha propuesto unas ideas y

unas definiciones que tomaré aquí como referencia2.

Hay muchas maneras de entender la Ética. En los países de habla hispana, la

manera usual viene siendo la de considerar la Ética como el «tratado de la moral»: así

como se distingue el terreno frente a la Geografía, que sería la disciplina que estudia

el terreno, así también se distinguiría entre las normas morales dadas de un modo

empírico (social, histórico) y la Ética, que sería la disciplina académica encargada

de estudiar esas normas. Yo voy a separarme aquí de esa tradición, por otra parte

tan justificada y tan consolidada académicamente entre nosotros. Siguiendo en esto

también a Spinoza, entenderé la ética como el conjunto de normas que tienen que

ver directamente con la «perseverancia en el ser» del individuo corpóreo humano

que es también, en la situación canónica, una persona. Todo aquello que contribuye

a la fortaleza y la firmeza del sujeto humano individual corpóreo será considerado

ético: así, por ejemplo, todos los comportamientos dirigidos a conservar su salud,

y a lograr su correcto desarrollo serán considerados «éticos». Por consiguiente,

la fortaleza y la firmeza serían las virtudes éticas cardinales. Todas las personas

integradas en una cultura tienen un conocimiento práctico mundano de las normas

que contribuyen a su firmeza y a la generosidad con los demás, con independencia de

que desconozcan la Ética académica, del mismo modo que son capaces de hablar su

lengua materna sin tener una representación explícita de las reglas de su gramática.

Según este modo de entender la ética ligada a la preservación y la buena marcha

del sujeto, la medicina será, estructuralmente, una disciplina ética pues trata de

hacer que el individuo corpóreo enfermo se transforme en sano, devolviéndole la

firmeza que la enfermedad socaba; la educación también sería en muchos casos

una actividad ética pues trataría de ayudar a crecer de un modo recto al individuo y

2Bueno, G., «Lectura primera: Ética y moral y derecho», en: Bueno, G., El sentido

de la vida, seis lecturas de filosofía moral. Oviedo: Pentalfa, 1996. http://fgbueno.es/med/dig/

gb96sv1.pdf

Bueno, G., «En nombre de la ética», El Catoblepas. Revista crítica del presente, 16 (jun

2003): 2. http://nodulo.org/ec/2003/n016p02.htm

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

d. alvarg onzález, El peso de la ética en la política 511

de constituirlo como persona permitiendo que desarrolle sus aptitudes, ayudándole

a constituir su propia firmeza y fortaleza. Al contrario, todo lo que atenta contra

el sujeto corpóreo individual y contra la persona será anti-ético: el asesinato, el

homicidio, la esclavitud, la mutilación, la violación, el abuso, la tortura, los daños

físicos, la difamación, la denigración, el escarnio, la extorsión, el acoso, etc. Del

mismo modo, toda acción que el individuo realice en su propio perjuicio, como

pueda ser, en el límite, el suicidio, pero también el abuso de drogas o de alcohol, o

los hábitos alimenticios perniciosos, será también una acción antiética de acuerdo

con el criterio que estoy defendiendo aquí.

La ética, vista desde esta perspectiva toma en consideración un sujeto humano

abstracto con independencia de su raza, su lengua, su religión, su sexo, y su edad.

Todos los individuos están sujetos a esas normas éticas (contra el homicidio, la

violación, la mutilación, etc.) con independencia de su etnia, sexo, religión, edad,

o lengua. Las razas, las lenguas, y todo lo demás se consideran ecualizadas en un

sujeto humano individual genérico, abstracto, distributivo. Ese sujeto sin religión

ni raza, ni sexo, ni edad no existe como sujeto empírico, como individuo de carne

y hueso, sino que sólo existe como sujeto abstracto porque la perspectiva ética

pasa por encima de esas determinaciones concretas del individuo. Podríamos decir

que ese individuo abstracto se parece al dado equi-probable de los matemáticos

que, aunque no existe como dado empírico, sí existe como construcción abstracta

matemática resultado de lanzar un mismo dado un gran número de veces.

Por lo que se refiere a la política, voy a distinguir dos usos de la palabra política:

uno amplio y otro más restringido. En un sentido amplio, se habla de política en

contextos muy diversos como cuando se hace referencia a la política de un equipo

de futbol o de una empresa. Frans de Waal llegó a hablar incluso de la política

de los chimpancés, refiriéndose a las relaciones de poder dentro de un grupo de

chimpancés del zoo de Harnhem en Holanda3. Este es el uso amplio, laxo, reconocido

en muchos idiomas modernos de nuestro entorno. En su uso restringido o estricto,

el término “política” se refiere a todo aquello que tiene que ver con el Estado. El

Estado es una institución histórica que tiene sus orígenes allí donde los pone en

cada momento la investigación arqueológica. Según esto las sociedades tribales o

pre-estatales no son sociedades políticas sino pre-políticas. Gustavo Bueno, en una

de sus obras, comparó los Estados con las biocenosis que estudian los biólogos:

en los Estados habría un conjunto de grupos muy heterogéneos enfrentados unos

con otros, lo mismo que en las biocenosis se enfrentan entre sí diversos grupos

de organismos4. La virtud política fundamental, aquella que debe tener el buen

mandatario, es la de conservar el Estado: lograr que sea más seguro, que esté más

unido, mejor estructurado, y que sea más fuerte y con más capacidad de actuar

en el ámbito internacional. El buen mandatario político recibe el Estado en una

situación dada y tiene que lograr que, a lo largo de su gobierno, el Estado se conserve

y mejore en su seguridad interior y exterior, en su unión y cohesión interna, en su

riqueza económica y su poder geoestratégico, y consiga estar más preparado para

hacer frente a las amenazas que vienen de dentro y de fuera. El mal mandatario,

3Waal, F., La política de los chimpancés. Madrid: Alianza, 1982.

4Bueno, G., Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas, Logroño, Cultural

Rioja, 1991. http://www.fgbueno.es/gbm/gb91ccp.htm

512d. alvarg onzález, El peso de la ética en la política

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

aquel que traiciona sus funciones, por el contrario, es aquel que devuelve el Estado

roto, hecho jirones, inestable, débil, hipotecado, sin presencia ni importancia en

el ámbito internacional, exhausto, dependiente, con su soberanía amenazada,

expuesto a la voluntad de sus enemigos internos y externos. El gobernante de un

Estado no ocupa ese puesto para lograr la paz mundial ni la concordia universal,

ni para lograr la mejoría de los Estados vecinos, sino para que mejore su Estado

y gane en potencia de obrar, en soberanía, en fortaleza y en seguridad. Spinoza

caracteriza del siguiente modo el Estado bien constituido:

Cuál sea la mejor constitución de un Estado cualquiera se deduce fácilmente

del fin del Estado político que no es otro que la paz y la seguridad de la vida. Aquel

Estado es, por tanto, el mejor, en el que los hombres viven en concordia y en el

que los derechos comunes se mantienen ilesos. Ya que no cabe duda que las sediciones,

las guerras y el desprecio o infracción de las leyes no deben ser imputados

tanto a la malicia de los súbditos cuanto a la mala constitución del Estado […]

Efectivamente, un Estado político que no ha eliminado los motivos de sedición y

en el que la guerra es una amenaza continua y las leyes, en fin, son con frecuencia

violadas, no difiere mucho del mismo estado natural, en el que cada uno vive según

su propio sentir y con gran peligro de su vida. 5

Y, en otro lugar del Tratado político, dice Spinoza “En efecto, la libertad de

espíritu o fortaleza es una virtud privada [diríamos nosotros, individual, “ética”],

mientras que la virtud del Estado es la seguridad”6. Por tanto, según lo propuesto,

de un lado están las normas éticas que regulan la marcha del sujeto individual,

y, por otra parte, están las normas políticas que son aquellas a las que tiene que

atenerse el gobernante (con independencia del procedimiento que se haya utilizado

para su elección) para velar por la buena marcha del Estado, por su seguridad, por

su unidad, por su cohesión interna, y por su crecimiento pues esa es la tarea en la

el mandatario tiene que poner su empeño.

2. Sobre la incompatibilidad estructural entre ética y política en general

Una vez aclarado lo que voy a entender por ética y por política en el contexto

de este artículo, pasaré a analizar dos ejemplos de incompatibilidad estructural

entre estos dos ámbitos. Desde cierto fundamentalismo ético, existe una tendencia

a considerar que el asunto de las relaciones entre ética y política es muy sencillo

porque se postula que la política tiene que estar siempre subordinada a la ética.

De este modo, las leyes éticas tendrían que respetarse siempre pues el Estado

tendría que estar al servicio de la ética, al servicio de los sujetos individuales y de

sus necesidades. Yo voy a defender aquí que esta idea no se corresponde con lo

que sabemos acerca de los Estados realmente existentes (tanto históricos como

actuales), y que existen razones estructurales para que esto sea sí.

En el ámbito del derecho, y hablando en general, se suele entender que los delitos

contra la propiedad son más leves que los delitos contra la integridad física de las

5Spinoza, B., op.cit., V, §2.

6Spinoza, B., op.cit., I, §6.

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

d. alvargonzález, El peso de la ética en la política 513

personas, y así lo contemplan la mayor parte de los ordenamientos jurídicos de los

países de nuestro entorno: por ejemplo, se considera más grave matar, mutilar, o

violar que robar. Efectivamente, hay razones serias para considerar que los delitos

contra la propiedad, en la medida en que ésta es separable del sujeto corpóreo

individual, son menos graves que aquellos otros cometidos contra la integridad

del sujeto corpóreo mismo. Por esta razón, los problemas más graves cuando se

considera la colisión entre política y ética se dan cuando, por razones políticas, se

atenta contra la integridad física de los individuos corpóreos humanos o contra su

integridad personal: contra su vida, contra su salud, contra su seguridad, o contra

su honor.

Un caso límite, pero frecuente, es el caso de la guerra: cuando el Estado se

ve involucrado en una guerra defensiva, sabe que sus nacionales morirán en el

combate, pero ese mal ético (la muerte y la mutilación de personas inocentes) se

considera necesario para lograr un bien político (la defensa del Estado), y esto

por no hablar de los muertos infligidos en el bando contrario que también son

individuos humanos. Quisiera hacer notar que, a estos efectos, da lo mismo que el

Estado que lanza las bombas sea un Estado democrático o no lo sea: democrático

fue el Estado que lanzó dos bombas atómicas contra la población civil indefensa en

Hiroshima y Nagasaki. En este caso, los requerimientos políticos pasan por encima

de los éticos, y se considera un honor (moral y político) el sacrificio que los soldados

hacen por el bien de su Estado cuando reciben el tratamiento de héroes. Sería puro

idealismo histórico pensar que ya hemos alcanzado la situación de la Paz Perpetua

de Kant y suponer que las guerras fueran una cosa del pasado pues los conflictos

armados han ocurrido en el pasado desde los orígenes de los estados prístinos,

ocurren en el presente y, con el permiso de Kant, no hay ningún indicio racional

para suponer que vayan a dejar de ocurrir en el futuro. Aunque Kant parecía saber

de buena tinta que esto no sería así en el futuro, no llegó a hacernos partícipes

de las fuentes de su evidencia7. La guerra, como “continuación de la política por

otros medios” (usando la acertada fórmula de Clausewitz8), es siempre el modo

último de resolver los conflictos entre los Estados políticos y conlleva de un modo

estructural la muerte de individuos humanos. Los ejércitos han sido siempre partes

constitutivas irrenunciables de los Estados desde sus inicios, ya que un Estado

que carezca de ejército tendrá siempre su independencia y su soberanía nacional

subrogadas.

Otro ejemplo de actualidad que muestra la colisión entre la ética y la política

lo tenemos a propósito del control de las fronteras que todos los Estados tienen

que realizar si no quieren que su propia viabilidad se vea puesta en peligro. Si

nos instaláramos en una perspectiva puramente ética, todas las personas por igual

deberían tener los mismos derechos para circular libremente por el planeta y para

establecerse donde mejor les pareciera, pero, de hecho, la libertad de circulación

y de residencia es muy diferente según se sea ciudadano de uno u otro Estado: las

alambradas, las patrulleras, la policía, y las deportaciones condenan a millones de

personas a vivir en situaciones inhumanas en sus países de origen, y a esclavizarse

7Kant, I., Sobre la paz perpetua, 1795.

8Clausewitz, C. von, De la guerra, OP escrito en el periodo 1818-1830.

514d. alvargonzález, El peso de la ética en la política

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

y prostituirse, o directamente a morir, intentando entrar en un Estado que les

permita vivir con cierta dignidad. En la agenda política de los Estados asediados

por esta inmigración está ya, de un modo explícito, la estrategia de ayudar a los

países de donde procede esa marea humana a cambio de que sean ellos mismos los

que cierren sus propias fronteras e impidan la salida de los desposeídos, de modo

que el problema quede alejado de las sociedades del bienestar que no desean ver

niños ahogados yaciendo en sus playas. Este enfrentamiento entre ética y política,

en este caso, como en el caso de la guerra, es estructural: si uno de esos Estados del

bienestar abriera de par en par sus fronteras en virtud de un tratamiento igualitario

hacia todas las personas y de una generosidad ética universal, se pondría en riesgo

ese Estado y el bienestar de sus nacionales. El Estado quedaría invadido por

pueblos con otras culturas, otras lenguas y otras religiones, colapsaría el sistema de

seguridad social, de pensiones, de cobertura sanitaria y de educación, y se destruiría

su estabilidad interna. Se pueden discutir muchos asuntos relativos al mejor modo

de gestionar las fronteras pero, en último término, toda nación tiene que tener

unas fronteras puesto que el Estado implica, desde sus inicios, la apropiación de un

determinado territorio por parte de una población dada. También en este ejemplo se

aprecia que es una cuestión de hecho que las naciones priman su viabilidad política

frente a lo que serían los requerimientos de la generosidad ética universal, y están

dispuestos a sacrificar la vida y los intereses más básicos de millones de personas

con tal de conservar su buena marcha. Los argumentos expuestos sugieren que este

proceder anti-ético puede considerarse estructural ya que, de no llevarse a cabo

esa política restrictiva, la viabilidad del Estado anfitrión quedaría comprometida,

y también sugieren que esta contradicción entre requerimientos éticos y viabilidad

política afecta a todos los estados con independencia del procedimiento por el que

se elijan sus dirigentes.

Aunque se podrían poner otros ejemplos, sirvan estos dos para ilustrar el

modo cómo los mandatos éticos colisionan con los políticos, y para mostrar, con

hechos y con argumentos generales más abstractos, las razones por las que hemos

afirmado hace un momento que la política no está siempre, ni pueda llegar a estar,

subordinada a la ética. Si la política estuviese siempre regida por la ética los Estados

serían inviables: ni habrían aparecido los estados prístinos ni existirían los estados

actuales. Quiero reiterar una vez más que mi intención en este artículo no es hacer

una condena ética en nombre de Dios, del pueblo o de la Historia de un determinado

estado de cosas, ni mucho menos hacer una apología de la violencia inherente a las

guerras y a los procedimientos policiales de control de las fronteras, sino analizar

la estructura de un problema objetivo de modo que esas políticas antiéticas no sean

vistas tanto como vicios de un gobernante malvado que se regocija con el dolor

ajeno, sino como contenidos inherentes a la propia naturaleza del Estado, como

políticas que son necesarias para que el Estado mismo exista.

El planteamiento explícito de este conflicto entre ética y política conduce al

reconocimiento de situaciones tan duras y tan desalmadas que los propios Estados

movilizan todos los recursos lenitivos a su alcance para disimular ese conflicto y

tranquilizar a la opinión pública, procedimientos entre los que están todo tipo de

mitos irenistas y de quiliasmos soteriológicos.

A la vista de estos ejemplos, la idea de que la política debe estar siempre

subordinada a la ética o bien es un desideratum o, de otra forma, habría que

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

d. alvargonzález, El peso de la ética en la política 515

considerarla como una idea propia de una concepción idealista del Estado político

que es incapaz de entender que la custodia de un territorio previamente apropiado

es condición sine qua non de cualquier Estado realmente existente.

Quisiera añadir una consideración más acerca de las relaciones entre la ética

(o, en este caso, la moral) y la política en otro momento histórico ya que estas

relaciones no siempre tuvieron la morfología que presentan en la actualidad: en la

Edad Media europea, y en los inicios de la Edad Moderna, se consideraba que el

poder de los reyes de los Estados católicos venía de Dios y, por tanto, el rey católico,

en ciertos asuntos de Estado, estaba obligado por la moral teológica católica: por

ejemplo, tenía prohibido pactar con los protestantes o con los musulmanes para ir

en contra de otro reino católico porque se entendía que esa política iba contra el

propio Dios. En el límite, algunos de los proyectos políticos del rey católico estaban

guiados por el mandato religioso de hacer llegar el Evangelio a todos los rincones

del mundo: este fue el proyecto del imperio español cuando cristianizó y convirtió

a los nativos americanos en ciudadanos españoles católicos. La moral católica era

concebida como universal y, por tanto, desde un punto de vista emic, era entendida

como algo parecido a lo que nosotros conocemos hoy como “ética”. Fernando

II de Habsburgo, por ejemplo, en coherencia con su moral católica, suprimió el

protestantismo en los territorios que estaban bajo su mandato lo que precipitó la

llamada “Guerra de los Treinta Años” (1616-1646). En 1629, en vez de detener la

guerra y buscar un pacto, promulgó el Edicto de Restitución para devolver a los

católicos las propiedades eclesiásticas secularizadas desde la paz de Passau. El

Príncipe de Maquiavelo, publicado en 1513, pasa por ser la primera obra moderna

en la que el fin político se pone por delante del bien ético (o moral) de un modo muy

explícito. Eso le valió a Maquiavelo la circunstancia de que su propio apellido diera

lugar al sustantivo “maquiavelismo” que suele ir acompañado de connotaciones

peyorativas. Dice Maquiavelo:

Y hay que tener bien en cuenta que el príncipe, y máxime uno nuevo, no puede

observar todo lo que hace que los hombres sean tenidos por buenos, ya que a

menudo se ve forzado, para conservar el Estado, a obrar contra la fe, contra la

caridad, contra la humanidad, contra la religión. Por eso tiene que contar con

ánimo dispuesto a moverse según los vientos de la fortuna y la variación de las

circunstancias se lo exijan, y como ya dije antes, no alejarse del bien, si es posible,

pero sabiendo entrar en el mal si es necesario. […]9

Y aquí se debe señalar que el odio se gana tanto con las buenas como con las

malas obras; así que, como ya dije antes, un príncipe que quiera mantener su Estado

se ve a menudo forzado a no ser bueno porque, cuando aquella colectividad,

ya sean pueblos soldados o grandes señores, que tú juzgues necesaria para mantenerte,

esté corrompida, te conviene seguir su humor para satisfacerla, con lo que,

entonces, las buenas obras son tus enemigas10.

Así pues, el político que no sabe hacer el mal ético “si es necesario” no puede ser

un buen político porque, a veces, el Estado requiere el mal ético. El cardenal católico

francés Richelieu, enfrentado a Fernando II en la citada Guerra de los Treinta

Años, pasa por ser el primero que, de un modo explícito, justificó la separación

9Maquiavelo, N, El príncipe, XVIII.

10Maquiavelo, N, op.cit., XIX.

516d. alvargonzález, El peso de la ética en la política

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

de la moral católica frente a la praxis política del Estado francés, llevando a la

práctica la idea expuesta por Maquiavelo en El príncipe, resumida en la famosa

fórmula de la “raison d’état” (que los ingleses tradujeron por “national interest”).

Para Richelieu, la razón de Estado, los intereses del Estado francés, estaban por

encima de cualquier otra consideración, estaban por encima incluso de cualquier

norma moral o religiosa, lo que le permitió aliarse con otomanos y protestantes

en contra del rey católico Fernando II, incluso siendo Richelieu, como era, un

príncipe de la iglesia católica. A partir de ese momento, en la política internacional

europea, la moral religiosa asociada a la teoría del origen divino del poder pasó a

un segundo plano eclipsada por el interés del propio Estado, de esos Estados que

luego se convertirían progresivamente en naciones en sentido moderno. La teoría

política según la cual los Estados son los actores políticos más importantes sobre

los que no existe ningún poder ni norma superior que regule sus relaciones (al

margen de los tratados que ellos mismos, en el ejercicio de su soberanía, decidan

asumir) es lo que se conoce como “realismo político”; la práctica política asociada

a esa teoría es la llamada “Realpolitik”, término alemán acuñado por Ludwig von

Rochau en su conocido libro Principios de Realpolitik11. Por supuesto, con esto no

estoy intentando decir que en la Edad Media no hubiera conflictos o tensiones

entre lo que ahora llamamos requerimientos éticos y la realidad política pero,

como digo, algunos de estos conflictos tenían una morfología diferente en la que

la moral religiosa jugaba un papel importante pues el papa estaba ungido por Dios

y, por tanto, tenía un estatus especial. La Edad Moderna y la ulterior caída del

Antiguo Régimen se suele caracterizar por la pérdida relativa del poder moderador

político por parte de la iglesia católica, un poder político que, en la escolástica

medieval y moderna, forma parte de un sistema teológico y antropológico en el que

los principios morales católicos tienen una papel cardinal (como lo tuvieron en el

derecho de gentes).

En el mundo sin Dios posterior a la Revolución Francesa, la moral y la política

religiosa dejan paso a la Realpolitik: ya no es posible apelar a una ética o una moral

dadas por Dios que estén por encima del Estado y de la política. Muchos juzgarán

esta situación como aberrante, pero deberían recordar que, desde una antropología

no teológica, el sujeto individual personal, su libertad, su seguridad, la igualdad,

su educación y, en general, su constitución como ciudadano y como persona,

sería imposible fuera del Estado. Los derechos que un ciudadano europeo tiene

y que salvaguardan su integridad personal no los tiene en cuanto que ciudadano

del mundo sino en cuanto inglés, francés, o español. Tiene que haber un Estado

que haga valer esos derechos pues hay muchos lugares del mundo en los que esos

mismos derechos no significan nada, donde no existen. Si en ciertos lugares se

respetan es gracias a un determinado Estado y si ese Estado deja de existir entonces

inmediatamente dejan de existir esos derechos y la ética que está detrás de esos

derechos. Esa ética es ella misma también una construcción histórica dentro de

un Estado realmente existente. Una vez que el poder supraterrenal moderador ha

dejado de existir, es la propia confrontación entre los Estados la que determina el

poder relativo de cada uno con respecto a los demás, y el poder y la soberanía de

11Rochau, L. von, Grundsätze der Realpolitik, Stuttgart, Göpel, 1853.

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

d. alvargonzález, El peso de la ética en la política 517

algunos Estados para hacer valer ciertos principios éticos dentro de sus fronteras y

en el trato recibido por sus nacionales en el exterior.

3. L a identidad cultural e histórica de ciertos Estados como justificación

de la violación de los principios éticos

Los principios éticos que salvaguardan la integridad del individuo humano y que

presuponen la igualdad distributiva entre las personas, a pesar de estar construidos

como principios universales en cuanto a su esencia, sin embargo no son universales

en cuanto a su implantación práctica política, en cuanto a su existencia. No me

refiero ahora a la incompatibilidad inevitable entre ética y política exigida por la

misma viabilidad de todo Estado y que he considerado en el epígrafe anterior, ni se

trata tampoco de considerar la eventualidad de que alguna persona particular actúe

de un modo antiético pues esto podrá ocurrir en cualquier Estado ya que es imposible

erradicar por completo los asesinatos, los asaltos violentos, las violaciones y tantas

otras conductas delictivas que atentan contra la individualidad física y moral de

las personas. Lo que quiero tratar en este epígrafe es la existencia de Estados que,

amparándose en su identidad histórica o cultural, permiten o incluso promueven

conductas antiéticas institucionalizadas que, en principio, podrían evitarse.

Este es el caso de aquellos Estados en los que está tolerada la mutilación genital

pues toda mutilación es una violación grave de la integridad física individual.

Nuestros conocimientos médicos confirman sin ningún género de dudas el carácter

dañino y perjudicial de esas prácticas y su absoluta falta de justificación. Otro caso

frecuente de violación institucionalizada de las normas éticas más básicas es el

de las restricciones graves y gratuitas que sufren las mujeres en muchos Estados:

limitaciones en la libertad de movimientos, y en el acceso al estudio, al trabajo y a

multitud de actividades públicas y privadas. Todas estas restricciones atentan contra

el desarrollo personal de esas mujeres y, por tanto, socavan su firmeza y su fortaleza

pues las convierten en personas de segunda categoría sin posibilidad alguna de

redención. Ciertas restricciones severas en los hábitos del vestir de las mujeres

también cumplen esta función de sometimiento a los hombres y de afirmación de

lo que los antropólogos llaman un “complejo de supremacía masculina”.

Por supuesto, hay que citar también aquí los Estados que tienen institucionalizada

la tortura o la toleran de un modo sistemático. Por otra parte, es universalmente

admitido en todos los Estados que ciertos delitos graves deben llevar asociada una

pena de privación de libertad. Esa pena tiene muchas funciones no siendo la menor

la de permitir al reo redimir su falta ante la sociedad, y redirigirle hacia la conducta

correcta para integrarle en la sociedad como un ciudadano más. Suele entenderse

que esa restricción temporal de la libertad tiene una clara intención ética pues

cumple esa función correctora y rehabilitadora. Sin embargo, la función redentora,

“elevante”, de las condenas desaparece cuando nos referimos a la mal llamada “pena

de muerte”. La expresión “pena de muerte” es casi un oxímoron ya que el penado no

puede sufrir pena alguna si es que se le mata. Por esta razón, Gustavo Bueno propone

que se designe como “eutanasia procesal”, es decir, una muerte producida adrede

de un modo piadoso como consecuencia de un proceso judicial justo, y que estaría

reservada para los convictos y confesos de crímenes horrendos en los que resultaría

518d. alvargonzález, El peso de la ética en la política

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

repugnante pensar siquiera en la posibilidad de una redención y rehabilitación del

criminal12. Lo mismo que los médicos pueden desahuciar a un enfermo terminal y

evitar el ensañamiento terapéutico, se diría que un Estado podría desahuciar a ciertos

autores de crímenes horrendos, al considerarlos como una especie de “enfermos

éticos incurables”, promoviendo su eliminación eutanásica. Gustavo Bueno mantiene

que el Estado no cometería crimen ético alguno puesto que el reo habría dejado de

ser persona y resultaría irrecuperable. Esa supuesta despersonalización total es, sin

embargo, muy controvertida, lo que lleva a pensar que la eutanasia procesal en tiempo

de paz implica atentar directamente contra la vida de una persona (por patológica que

sea o desintegrada que esté), y que entonces supone un acto antiético institucionalizado

y no necesario. La pena de muerte en tiempo de guerra tiene un significado distinto

pues, como ha quedado expuesto en el epígrafe anterior, el crimen ético se reconoce

de modo explícito aunque se le da una justificación política.

4. Ética y política en situaciones en las que no hay contradicción

Me he referido a dos situaciones (las guerras y las políticas de fronteras) en las

que cualquier Estado, si quiere conservarse en el ser, tiene que sacrificar el bien

ético para lograr su supervivencia como Estado político. He mencionado después

la existencia de estados particulares que, en virtud de su estructura idiosincrática

conculcan sistemáticamente principios éticos apelando a su identidad histórica

o cultural. Sin embargo, la buena marcha de un Estado realmente existente, en

muchas circunstancias, no colisiona con los principios de la ética, e incluso, en

ocasiones, el Estado persigue, también por motivos estructurales, los mismos

objetivos que la ética: al Estado le interesa que sus ciudadanos estén sanos y tengan

una formación cualificada pues eso, en general, contribuye a la buena marcha de la

nación, a su fortaleza y a su seguridad; en todo caso, ese mismo Estado debe velar

por los contenidos de esa educación pues sería suicida que se dedicase a promover

la formación de terroristas o de traidores y sediciosos que atentaran luego contra

su propia seguridad.

Hay otros asuntos en los que la política se desentiende de las normas éticas

que velan por la firmeza de las personas: así, por ejemplo, las prácticas de fumar,

abusar de la bebida y de las drogas o tener una conducta excesivamente promiscua

pueden ser perjudiciales para la salud del individuo si es que ponen en riesgo su

firmeza y, sin embargo, muchos Estados evitan censurarlas. Unas veces la pasividad

del Estado se justifica por la imposibilidad de controlar efectivamente ciertas

conductas, otras por el carácter contraproducente de su persecución (como ocurrió

con la ley seca), y otras, en fin, apelando a la doctrina según la cual el Estado no

debe entrometerse en cuestiones que se consideran íntimas o propias de la vida

privada. Desde la concepción de la ética bosquejada en el epígrafe primero de

este artículo, el aborto provocado de embriones humanos sanos implantados es

censurable ya que significa matar a un individuo humano en sus fases tempranas

12Bueno, G., Panfleto contra la democracia realmente existente, Madrid, La esfera de los

libros, 2004.

PENSAMIENTO, vol. 74 (2018), núm. 280 pp. 509-519

d. alvargonzález, El peso de la ética en la política 519

de formación. Sin embargo, la oportunidad política de las leyes restrictivas en

materia de aborto es un asunto que se discute con otros argumentos: por una parte,

con las tecnologías médicas actuales, y en el contexto de un tráfico internacional

generalizado de personas, el aborto temprano resulta casi imposible de perseguir

y, por otra parte, hay estudios que sugieren que las legislaciones restrictivas en esta

materia no hacen disminuir las tasas de aborto.13No obstante, la circunstancia de

que, desde las administraciones, se trate de reducir algunas de las prácticas referidas

en este párrafo, utilizando, por ejemplo campañas de información y propaganda,

probablemente se justifica porque el Estado las considera dañinas para el individuo

y, por tanto, desde nuestras coordenadas, antiéticas.

También se dan situaciones en las que una conducta punible es neutral desde

el punto de vista ético y, sin embargo, es censurable desde un punto de vista

político: la conculcación de las leyes que regulan la imposición tributaria suele ser,

en principio, éticamente neutra (pues no atenta de un modo inmediato contra la

firmeza o fortaleza de otra persona) pero tiene un significado político muy claro ya

que, puesto que los tributos contribuyen directamente al sostenimiento del Estado,

el que defrauda al Estado está cometiendo un crimen político. A los efectos de

las situaciones consideradas hasta el momento en este epígrafe la cuestión de las

formas de gobierno de cada Estado puede considerarse accidental.

Un caso sujeto a muchas contingencias y con una estructura más compleja es el

de la llamada corrupción política. Si el lector sigue acompañándome en el uso de

los modos de caracterizar la ética y la política que he introducido en el apartado

primero de este trabajo, entonces se debería admitir que la corrupción política es

un mal que puede ir acompañado de valores negativos, éticos y políticos a la vez.

Desde luego, es un mal eminentemente político si se están robando directamente

los bienes del Estado, y es también un mal político en la medida en que desprestigia

las instituciones de gobierno y socava su credibilidad induciendo inestabilidad

política. Pero también puede ser un mal ético cuando utiliza la extorsión y la

mentira pues éstas afectan directamente a la firmeza de las personas particulares

implicadas, sin importar a estos efectos si esas otras personas aceptan la extorsión

de un modo voluntario ya que, aunque así fuera, su firmeza no dejaría por ello de

quedar igualmente comprometida.

Universidad de Oviedo DavidAlvargonzález

Departamento de Filosofía

dalvar@uniovi.es

[Artículo aprobado para publicación en diciembre de 2016]

13Alvargonzález, D.,«The constitution of the human embryo as substantial change»,

Journal of Medicine and Philosophy, 2016. doi:10.1093/jmp/jhv062

Alvargonzález, D., «Towards a non-ethics-based consensual public policy on abortion»,

International Journal of Health Planning and Management, 2015.

doi: 10.1002/hpm.2320

DE0B88C708F3ACA2DE21.f03t01?userIsAuthenticated=false&deniedAccessCustomisedMes

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El Proyecto de una Etica para el siglo XXI y las tesis de Hans Küng sobre tal asunto: ¿bazofia intelectual o parte de un proyecto incluído en la Globalización neolierbal ?

Dios cibernético , el mito de la armonía de la Paz Perpetua globalmente avalada por el diálogo armónico de las religiones. Demagogia del siglo XXI: el fin de la Historia hegeliano es hoy el laicismo falsario de la ideología de la Globalización como Idea aureolar

Si está usted interesado en este asunto de la Globalización y la compleja red de nebulosas ideológicas que le sirven de apoyo propagandístico, podría resultarle interesante y de cierta utilidad para el análisis y la crítica de los cambios y procesos en marcha que presenciamos, un tanto perplejos acaso, en nuestros respectivos ámbitos sociales, laborales, etc.

Como muestra más o menos sencilla de entender sugiero leer esta breve reseña sobre los planes de la plataforma económica y política del neoliberalismo, en una de sus facetas: la ideológico metafísica, uno de cuyos representantes más conocidos y venerados, es el teólogo y filósofo alemán Hans Küng, apoyado , además de por grupos financieros muy potentes e influyentes como es el BBVA, recibe el apoyo logístico de una institución tan poderosa en estos terrenos de la “cultura” como la ONU.

Este es el texto que sugiero consultar , para ir entrando en materia. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3408556

la ideología de la Globalización incluye la idea metafísica , oscura y confusionista, de corte idealista kantiano, de Solidaridad. Clase impartida por el filósofo Gustavo Bueno sobre estos problemas y sus implicaciones para las sociedades del siglo XXI

Este video es complementario de otros que analizan el problema, el fenómeno de la Globalización en curso , forjada desde el desarrollo del Capitalismo de las democracias neoliberales y sus constructos de nebulosas e ideas aureolares, podríamos decir: ideologías, en el sentido de Carlos Marx.