¿Qué la Izquierda(política) y la Derecha(política). Una crítica, desde el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno, al llamado diagrama(o test) de Nolan al respecto. Un análisis de los mitos de las izquierdas y los mitos de las derechas.

Proyecto de Filosofía en Español: Programa Teatro Crítico (sección de Hispanoamérica), en vinculación con la Fundación Gustavo Bueno y el sistema del Materialismo Filosófico

Análisis y exposición de motivos sobre el secuestro judicial de un libro sobre el narco tráfico en Galicia ( España). Un comentario del profesor de Filosofía y escritor Ernesto Castro

Narco: entre Cártel de Sinaloa y el de Jalisco (México), según agente de la DEA (EEUU, en Arizona)

Notas sobre el Imperio del Caos, en torno al libro del mismo título, del francés Alain Joxe, subtitulado como Las repúblicas frente a la dominación estadounidense en la posguerra fría( publicado en español en 2003)

En la página 202( Alain Joxe, El Imperio del Caos; Ed. FCE España, 2003)Leemos estos fragmentos, del capítulo 5 del libro, titulado( el capítulo 5: La militarización del Imperio, de Clinton a Bush Jr.), correspondientes al sub apartado de dicho capítulo que lleva este subtítulo: Coalición experimental y alianza tradicional

Donde las dan las toman, broma sobre el nuevo Emperador plutócrata amante de las fake news y de la Era de la Post-verdad

FRAGMENTO 1: (…)Y el problema, para Europa, es saber si los Estados Unidos todavía razona estratégicamente en términos de alianzas políticas

FRAGMENTO 2: (…)Los Balcanes, como el Machrek( o el Gran Medio Oriente que anexaba el Asia central), constituyen en efecto un espaciobalcanizado libanizable, producto del estallido de los imperios tradicionales en Estados naciones que, a su vez, pueden estallar en segmentos étnicos, lingüísticos y religiosos de la escala inferior, tratando de afirmarse en caso de crisis del Estado como escala de poder violento legítimo, por lo tanto como Estados potenciales.

En este contexto, para los Estados Unidos, la noción de alianza duradera entre potencias más o menos homólogas para administrar el desorden no presenta casi interés, porque creen que pueden garantizar esta gestión por sí mismos. En efecto, se admite que la constitución e un imperio universal (estadounidense) mediante la economía de mercado provoca galvanizaciones-libanizaciones por destrucción de las prerrogativas de los Estados tradicionales, pero también , a la inversa, propone una forma de desbalcanización, de reunificación del mundo del caos, todavía no consumada, orientada por el “globalismo” económico. La ampliación de la de mercado es considerada a la vez como un fin en sí misma y como una condición d ella democracia y, recíprocamente, la extensión de la democracias considerada a la vez como un fin en sí misma y una condición de la economía de mercado.


La conclusión de ambos párrafos es que los Estados Unidos están actuando del mismo modo en que actuaba el Imperio Romano, tras superar su fase de República.

DESDE INTROFILOSOFIA CONSIDERAMOS ESTE LIBRO DE Joxe como de importancia para el análisis y la crítica de la evolución de la política y la economía internacional en este año 2020, aun siendo el libro de cierta “antigüedad”, pues se publicaba en su primera edición francesa en el año 2002. Han pasado 18 años, pero el curso de las relaciones económicas, militares, políticas a nivel internacional, nos indican que muchos de sus análisis son de utilidad para la naciente década de los años treinta desligo XXI. Desde luego la presencia de China es un factor a tener muy presente y de hecho muy complejo, pero es tema para otro momento.

Para el análisis y la crítica sobre la ultra violencia y la estructura mafiosa en México y el mundo. La estructura mafiosa: 1- La política; 2- La empresarial; 3- Los sicarios; 4- Los fiscales y jueces. Entrevistas. : 1-Anabel Hernández y 2-Buscaglia

Buscaglia, explica las estructuras esenciales de las mafias y la lucha contra el crímen organizado, en este caso: México bajo expresidente López Obrador.

¿Cómo está llevando a cabo el combate a la corrupción el gobierno de López Obrador? ¿Alejandro Gertz Manero, una piedra en el zapato de la 4T? La estructura mafiosa: 1- La política; 2- La empresarial; 3- Los sicarios; 4- Los fiscales y jueces. Ernesto Ledesma, director de Rompeviento TV, entrevista al Dr. Edgardo Buscaglia, presidente del Instituto de Acción Ciudadana.

FUENTE : RompevientoTV https://www.rompeviento.tv


Libro complementario de Los señores del narco, de Anabel Hernández
Entrevista completa a Anabel Hernández. Explica cómo opera la Mafia narco desde dentro de un cártel , el de Sinaloa (México). Anabel explica la estructura , apoyada directamente en el relato – a través de su abogado – del hijo del más poderoso mafioso del mundo. El hijo – Vicentillo – del Mayo Zambada, desde la cárcel estadounidense .

Del sitio de youtube :

No te pierdas la reveladora entrevista que Ernesto Ledesma, director de Rompeviento TV realiza a la periodista Anabel Hernández sobre su más reciente libro:EL TRAIDOR – EL DIARIO SECRETO DEL HIJO DEL MAYO Una investigación y trabajo cultivado en varios años, con testimonios inéditos escritos a puño y letra por Vicente Zambada Niebla, alias El Vicentillo.Un giro de tuerca sobre la dimensión del Mayo Zambada, el Cártel de Sinaloa… y otros demonios.

FUENTE https://www.rompeviento.tv/el-traidor-entrevista-a-anabel-hernandez-perspectivas/


LIBRO (VVAA) SOBRE TERRORISMO Y VIOLENCIA EN MEXICO . DE NARCOS Y MAFIAS: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/10/4505/25.pdf

El gobierno de Fox recibió 3 millones de dólares de “El Mayo” Zambada, revela Anabel Hernández en su nuevo libro #PrimerosCapítulos – Aristegui Noticias

En su investigación la periodista da voz al Vicentillo para detallar la operación del Cártel de Sinaloa.

Origen: El gobierno de Fox recibió 3 millones de dólares de “El Mayo” Zambada, revela Anabel Hernández en su nuevo libro #PrimerosCapítulos – Aristegui Noticias

Para entender cómo operan los partidos políticos, algunos sindicatos, etc. Es prácticamente imprescindible estudiar a fondo el modus operandi de las Mafias

Sin Permiso

‘Nos están marginando los cines’. Entrevista a Martin Scorsese

Martin Scorsese

24/11/2019

En esta extensa entrevista, recogida por Luca Celada, periodista de il manifesto radicado en los Ángeles, Martin Scorsese habla de su nueva película, The Irishman, de sus recientes comentarios sobre las películas de superhéroes y su preocupación por el futuro.  

El vigesimoquinto largometraje de Martin Scorsese es, en varios sentidos, su Réquiem. The Irishman está basado en el libro de Charles Brandt, I Heard You Paint Houses acerca de Frank “The Irishman” Sheeran y su papel en el asesinato, todavía por esclarecer, del líder de los camioneros, Jimmy Hoffa. Es una película que trata del crimen y el castigo, la moralidad y la conciencia, la vida e, inevitablemente, su opuesto.

La película es a la vez íntima y algo a mayor escala en lo que toca a esa historia norteamericana (que enlaza los asesinatos de los Kennedy y otros acontecimientos del siglo XX con luchas de clase y raza y el papel central de la Mafia). Se trata de una película directamente del linaje de Scorsese, temáticamente relacionada tanto con Goodfellas como con Silence, llena de pesar y melancolía por vidas vividas y malgastadas y por el mal que hacen los hombres. Trata de la arrogancia del Siglo Norteamericano, así como del final de la vida. Y de la amistad y la inexorable marcha del tiempo que nos convierte a todos en polvo.

Resulta imposible perder de vista que la película reúne a históricos colaboradores de Scorsese, una generación virtual de cineastas que cambiaron la forma tal como la conocíamos y revolucionaron las películas con una serie singular de obras maestras. De manera que se trata de una película, en última instancia, sobre las películas y los colaboradores a los que el director ha dedicado su vida, y que hoy contempla desde la privilegiada perspectiva de la madurez. Y ahí estamos con él, empatizando con su introspección, porque así es la vida, ya sea que “pintes casas” o, simplemente, que ames el cine.  

El director habló recientemente del aura de nostalgia que impregna la película en un encuentro desenvuelto y extenso con la prensa en Los Angeles. [Nota de la redacción: hemos editado la entrevista en beneficio de la extensión y la claridad].

Scorsese: “Nostalgia”, aunque pueda ser acaso demasiado superficial. Algo de eso hay, en cierto modo, creo que mucho de ello tenía que ver conmigo, Bob, Al y Joe, si hubiera nostalgia, se refiere a nosotros. Si la hubiera, se refiere a que nos miramos unos a otros y nos decimos: “Ay, Harvey Keitel, ay…” No tengo ni que decir nada, le miro y es como si me recordara algo que hice hace 45 años. Y así se convierte en una familia — no se olviden, mi madre solía aparecer en estas películas —, así se convierte en algo parecido a la gente que llega al final de su vida, a lo que es estar juntos, en realidad es una bendición poder crear algo así juntos, fue verdaderamente extraordinario que pasara esto.

Este mundo de sus películas resulta muy familiar, pero como si se viera a través de una lente distinta.  

Bueno, creo que la lente distinta es la edad y la acumulación de experiencia, los cambios vitales en uno mismo y en la gente que te rodea, los que han desaparecido. Era una forma de expresar algo de eso. Me di cuenta de que en esta película era una forma de expresar esta contemplación, y dudo si usar la palabra meditación, pero en cierto modo es una reflexión sobre la vida. Si se toma uno su tiempo y ve la película, creo que podría ser enriquecedor para nuestra vida. Y lo que no quería era reproducir, y no tener más que otra versión, sobre todo porque el medio al que nos enfrentamos es el medio de los bajos fondos. Se podría decir que es Casino, que es Goodfellas, y aquí están de nuevo de vuelta, con los mismos actores. De manera que quería tomar, por completo, otro enfoque. La clave era entonces el tiempo y, en última instancia, la mortalidad, que tenía que ir en esa dirección. Quiero decir que tuvimos que hacer malabares con algunas escenas,  pero básicamente sabíamos por dónde entrábamos. No era una historia sobre la corrupción política de los bajos fondos, es la historia de un ser humano.

No hay aquí nada del glamur que hemos visto en sus anteriores películas sobre la mafia.

Porque habiendo pasado por el otro lado, concretamente en Casino, que fue una película espectáculo, no había otro cosa que hacer más que ir al poder de verdad. Y el poder de verdad es sosegado y obscuro, las fuerzas obscuras de la historia. 

Y así, para mí, vayamos al corazón de ello, y el corazón de eso eran dos o tres personas sentadas en un bar, o un restaurante, o un coche, no tienen ni que decir lo que van a hacer. Es una mirada. (No significa esto) que sepamos que a Jimmy Hoffa lo mataran de esta manera, pero yo sé lo que le pasó a  Jimmy Hoffa gracias a las escenas de diálogo, a las discusiones. Fue a dar con la gente equivocada. Y la subestimó. Y cuando alguien se convierte en un obstáculo de ese modo, se lo quitan de encima, se lo quitan de encima, muy sencillamente.

No es solo la mafia, es el empeño humano. Es como el poder y la usurpación del poder, y a veces, cómo lo diría, a veces, como Julio César, que se puso en una situación en la que tuvo que quitarle de en medio Bruto, su hijo adoptivo. ¿Lo hacía Bruto realmente por la República, cuando se estaba deshaciendo la República, o lo hacía en parte por él mismo? César se iba a convertir en dictador, no cabe duda. ¿Era un gran hombre? Sí, pero fue demasiado lejos, se lo quitaron de encima.

No había trabajado usted con De Niro desde Casino en 1995. Esta película se gestó durante casi 20 años. Ha declarado que esto le empujó a rejuvenecer los rostros de los actores para los “flashbacks”, y a trabajar con Netflix, ¿cómo?

Nos preocupaba que en un cierto momento, como en torno a 2011, si rodábamos de cierta forma, tendríamos que hacer que Bob, Joe y Al actuaran pareciendo más jóvenes con maquillaje. Conforme pasaron los años, lo echábamos de menos, ya no había vuelta atrás, no. Y cuando estaba en el plató de Silence y filmando en Taiwán, y vino (el supervisor de efectos especiales) Pablo (Helman) y me dijo que podíamos aplicar el (rejuvenecimiento) digital, yo dije: “Ah, no le puedes poner cascos y pelotas de tenis a Joe Pesci”. La verdad es que no teníamos más opción que hacer una prueba. Y al hacer esa prueba, e hizo falta un par de días, y luego cerca de un mes, dos meses, lo que fuera, vimos los resultados y nos dio la impresión de que era experimental, pero podíamos intentar hacerlo de veras.

Así que, en última instancia, no sé cómo pasó todo. Silence estaba terminada, y me olvido ahora, había otra cosa que continuaba y Netflix tenía interés. Y lo pensé, pensé en un montón de cosas, pensé en Bob y en mí. El personaje es sólido, el guión va a estar perfecto, sé cómo hacer que funcione. Y ya tenemos 75 años. Y nos dice Netflix: “Les daremos apoyo financiero y también total libertad creativa. La compensación es que se emitirá primordialmente en televisión, pero podrá verse en los cines durante algunas semanas”. Con lo que, sabiendo cuál es la compensación, tengo que hacer la película. Fue una situación extraordinaria, la verdad.

Ha acabado usted en el centro del debate acerca de la naturaleza del cine y el papel de los grandes taquillazos espectaculares.

Volvemos al cine. El cine se creó aquí, en este país, y en Francia al mismo tiempo. Pero el arte del cine, el montaje, el arte de cine salió de aquí y creó ua maravillosa y extraordinaria forma de arte. Y ya ha durado más de cien años, el mundo ha cambiado, ha cambiado la comunicación, y la forma del arte está cambiando. Lo que me preocupa era la posibilidad de, debería decir, la oportunidad de mostrar cine, películas, pelis, como quiera que lo llames, y películas comerciales — no es mal término, las comerciales son arte — pero un producto acaso diferente, ya ves. .

Así que, ¿dónde queda ahora espacio en los cines para una película que trate de gente, dónde está ese espacio? Por lo que he ido viendo en estos últimos años, las películas de superhéroes están proliferando y, en cierto sentido, invadiendo la experiencia del cine. Con todo, eso no significa que sean películas malas. Lo que digo, en mi opinión, es que cuando éramos jovencitos, nos encantaba ir a un parque de atracciones, iba la familia y todo eso. Bueno, pues ahora, en el parque de atracciones tendrías una película, y eso es parte de la diversión, es parte de la experiencia. Es una forma nueva, pero no debería dejarnos fuera. Tuvimos Singing in the Rain, y tenemos Moonlight: eso es cine. Si quieres superhéroes, adelante, estupendo, vete a cualquier parque temático. Ahora puedes tener el parque temático ahí mismo porque hay un cine. Y eso se convierte en cierto sentido en montarse en el parque, en montarse en el parque temático. Pero no nos confundamos. Cuando la gente dice: “Oh, esta película de superhéroes ha sido la noche de estreno más grande de la historia, ha hecho historia en el cine”. Pues no, no ha hecho nada de eso, ha hecho historia en la taquilla. 

Así pues, ¿qué pasa con el arte? Hoy cuando preguntas qué pasa con el arte, te dicen “Ah, que es un viejo”. Pero, ¿qué pasa con nuestros niños, veamos, qué le estamos enseñando a los niños? Alguien mencionaba a Hitchcock: las películas de Hitchcock estaban hechas para deleitar a las masas. Cuando iba yo, sobre todo en los 50… incluso vi Psycho la tercera noche, en un pase de medianoche en el cine De Mille en Nueva York, fue una locura. Así que íbamos todos y era una experiencia increíble, casi de parque temático, pero, ¿cuál es la diferencia entre las películas de Hitchcock y las de superhéroes? Con las películas de Hitchcocke diez años después aprendes algo más. Y veinte años más tarde, todavía sientes la conexión. ¿Por qué? Porque tratan de la humanidad, tratan de nuestras rarezas, tratan de nuestros fracasos. Tratan de nuestros conflictos y dilemas morales. No tratan del tipo bueno que llega y le da a una paliza al malo. Ahora, eso se puede hacer bien, ya se entiende. Pero para enriquecer la experiencia humana para nuestra gente joven, tienen que aprender a respetar esa clase de películas, las películas que hemos tratado de hacer a lo largo de los años y que tenemos la esperanza de seguir haciendo. 

Nos están marginando los cines, ya ven. Nos están echando de los cines.

¿Qué necesitan los cineastas jóvenes para empezar?

Bueno, creo que lo que de veras necesitan es que tienen que expresarse creativamente con el cine, el relato narrativo, lo visual, porque no tienen elección, porque se ven impulsados a ello. No pueden dormir, no pueden comer, se les va la vida a menos que puedan bucear en este mundo. Y buceas en él y puede que salgas vacío, pero es lo que hay. Hay multitud de grandes novelistas que han escrito libros, ¿y son grandes todas sus novelas? Pues no. ¿Sabe lo que le digo? Los hay que escriben libros terribles, pero es lo que hacen, no pueden hacer otra cosa. Y pintar es lo mismo, o la música. Y así, una vez que está ahí la chispa, eso es lo que tienes que alimentar. Y eso hay que seguirlo a lo largo de todo el camino, sobre todo si empiezas a tener cierto éxito.

El éxito es una bendición, pero, por otro lado, tienes que aprender a manejarlo, porque puede acabar contigo cuando se trata de tu siguiente película, en términos de lo que tú crees que se espera de ti. Fue Orson Welles el que dijo que por lo que respecta al cine, puedes aprender todo lo que te hace falta sobre la cámara en el estudio en unas cuatro horas. Ahora bien, lo que hagas con eso, ya depende del estudiante, ya depende del cineasta conforme van pasando veinte años en los que tendrás varios éxitos y tres o cuatro películas que no se considerarán éxitos, que años más tarde serán consideradas clásicos. Pero mientras tanto, es una lucha, es un combate, es una lucha y no puedes perder ese entusiasmo.

¿Le preocupa el futuro en general, le preocupan las próximas generaciones?

No soy un político, pero sigo siendo, desde la última vez en que me fijé, un ser humano. Tengo tres hijas y una nieta. Me preocupa lo que les hemos dejado. Me sorprenden las cosas que vi cuando crecía en los años 50 y 60, contra el totalitarismo, por ejemplo, o viendo una película como A Face in the Crowd o Network, en la que una personalidad de la televisión se vuelve tan poderosa. Estas cosas pensaba yo que eran casi como ciencia ficción. Pensaba que todo el mundo estaba ya de acuerdo en todo esto y que íbamos a avanzar, pero las cosas han vuelto atrás.  

Y creo que han vuelto porque mucha gente no se acuerda. Y hay ciertas necesidades, y hay desigualdad, por supuesto, en términos de los que tienen y los que no. Hay una falta de compasión, la verdad, y una falta de dignidad en relación a otras personas, de respeto y dignidad con otras personas y sus culturas. Antes de luchar contra ellos, conócelos un poco y mira a ver de dónde vienen y quiénes son.    En los años 50 y 60 el mundo se me abrió gracias al cine, me abrió a  la India y el Japón, a todas partes, y no sólo me volvió curioso sino que me hizo aceptar mucho más otras culturas y formas de pensar. No estoy diciendo que tengas que ser como ellos. Sólo estoy diciendo que nos demos cuenta de que tienen derecho a existir.Martin Scorsesees uno de los clásicos vivos del cine norteamericano contemporáneo. 

Traducción  

Lucas Antón Temática:  Capitalismo contemporáneoCineHistoriaFuente: il manifesto, 7 de noviembre de 2019 URL de origen (Obtenido en 26/11/2019 – 00:01):http://sinpermiso.info/textos/nos-estan-marginando-los-cines-entrevista-a-martin-scorsese

“¿La historia dejó de tener memoria? Memoriosos somos… las personas”

Importante entrevista por el periodista de la revista mexicana Milenio, Fernando del Collado, de 10 de noviembre de 2019, donde se trata de analizar, directa y críticamente, la actual situación social y política de México– tras el primer año del gobierno del presidente Andrés López Obrador-, tal como lo considera esta conocida académica e historiadora mexicana: Soledad Loaeza.

https://www.milenio.com/politica/amlo-polariza-y-desmantela-soledad-loaeza?fbclid=IwAR0XTjPqavvZSHoUzZuqiqxy4APrBTokBVxBJVS8DY1SiI0Rq8MR6QIdH1M

Soledad Loaeza, historiadora, politóloga. Especial , de la revista mexicana Milenio. Fuente de la foto Milenio
Soledad Loaeza, en entrevista del periodista de Milenio, (medio de análisis y noticias mexicano), Fernando del Collado , el 10 de noviembre de 2019.

“El afán de controlar su imagen está presente en las conferencias de prensa diarias: a través de ellas pone la agenda y orienta la atención de la opinión pública en la dirección que le conviene. La suya no es la popularidad de un presidente, sino la de un actor que crea tendencias de opinión.”

Soledad Loaeza, sobre el presidente mexicano , AMLO,López Obrador, de la colación de partidos MORENA, Movimiento por la Renovación Nacional.


El proyecto de López Obrador es el más ambicioso que ha tenido algún presidente y por esa misma razón es inquietante: aspira a escribir una nueva historia patria, a crear una nueva cultura política desde una interpretación binaria y muy suya de nuestro pasado.

Pero en realidad, nada sabemos de ella. El presidente habla poco del mundo que quiere crear, mientras que su discurso desborda denuncias y acusaciones contra la mafia del poder y el neoliberalismo.”

” ©”

Fragmentos del articulo de Soledad Loaeza, historiadora y académica mexicana, publicado por el diario estadounidense, The Washington Post, que forma parte de un especial sobre Las promesas de la Nueva Transformación prometida por el presidente de México, en su primer Informe a la Nación, tras ser elegido presidente para el sexenio 2019-2025.

FUENTE DE ESTE MONOGRÁFICO Y DEL ARTÍCULO DE LOAEZA: The Washington Post https://www.washingtonpost.com/es/post-opinion/2019/08/28/amlo-y-la-promesa-de-la-transformacin/?arc404=true

Fuente de la imagen: The Washington Post

Conversación y análisis sobre la situación social y económica, enmarcada en la política, entre el ex ministro griego de Economía, Yanis Varoufakis, y Noam Chomsky. Video del año 2016

Metástasis del terror. Reflexiones sobre las mafias del poder en México y sus impactos en la sociedad

Texto: Alejandro Castillejo-Cuéllar Foto: Héctor Guerrero / Archivo Pie de Página 

19 de marzo de 2018

La metástasis del terror: meditaciones intempestivas sobre la violencia en México

A inicios de este año, el antropólogo colombiano Alejandro Castillejo estuvo en México compartiendo con periodistas y académicos su experiencia en las narraciones de la violencia. Este texto reúne las impresiones de Castillejo sobre esos encuentros que sucedieron en Ciudad de México y la Sierra de Puebla. Sobre la importancia de la escucha como un acto político y la reivindicación del silencio

Me siento a escribir este texto, entre la reflexión académica y la meditación personal, movido por mi última visita a México, a la Ciudad de México y a la Sierra Norte en Puebla. No es la primera vez que voy a este país. De hecho, durante los últimos cuatro años he ido con frecuencia, a veces para cumplir compromisos académicos en universidades y centros de derechos humanos, y en una ocasión fallida con el objeto de profundizar mi trabajo de campo sobre los procesos de búsqueda de personas desaparecidas, explorando lo que llamo “la vida social de la búsqueda”[1]. Un intento por crear una relación de más largo aliento, y no una mera práctica pasajera de “trabajo de campo” y sus respectivas geo-políticas extractivas de testimonios, con una realidad concreta y sus historias de heroísmo y tragedia. Digo “fallida” porque una cosa es lo que uno se imagina haciendo como investigador (aunque suene obvio) y otra lo que realmente podemos hacer en medio de violencias concretas. Ahora, al releer esto de manera retrospectiva, retomo mi propia experiencia de trabajo etnográfico cuando comencé a estudiar el terror, la corporalidad y el desplazamiento en Colombia hace dos décadas: en medio de la guerra, la ausencia de “datos” (lo que eso quiera decir) es el “dato” más relevante. La “imposibilidad” o lo “fallido” son de hecho centrales para entender la manera como la violencia se entreteje con el “paisaje existencial” de los seres humanos que lo habitan.

Viniendo de Colombia, además, me interesaba explorar algo que he terminado por llamar la gubernamentalidad del terror y sus desprotecciones e indiferencias estructurales como modos de organización de la experiencia social. Una especie de necro-política por indiferencia, porque genera cuerpos en tanto ruinas, cuerpos considerados irrelevantes: los cuerpos de los botaderos y casas de pique en Buenaventura en Colombia (cuerpos negros), los cuerpos de los vertederos de Tamaulipas o Ciudad Juárez (de jóvenes o mujeres), generados masivamente ante la indiferencia instalada en tanto forma de operación de la llamada Estatalidad. No puedo ser más escéptico con la figura del Estado, que más que una entelequia conceptual, es un conjunto de formas de hacer y ser Estado. Y todo esto en medio del “evangelio global del perdón y la reconciliación”, de la instauración de la víctima como sujeto político (al menos en el abstracto legal y moral) y la aplicación de criterios internacionales de justicia, verdad y reparación en los contextos sociales más disimiles posibles.

Con esto en mente, nos reunimos en un dialogo colectivo con una grupo de colegas provenientes del periodismo (Periodistas de a Pie y otr@s), del mundo de acompañamiento a víctimas, y el trabajo académico. El tema central de esos tres largos e intensos días de reflexión fue el acto de testimoniar la violencia y sus encuadres textuales, visuales y sonoros. “Implosionar” el testimonio era lo que yo quería proponer, sacarlo de sus dimensiones orales, cuestionar sus modos de recolección y poner en perspectiva sus modos de circulación social. Implosionar el testimonio y la palabra hablada en tanto certificación del dolor quiere decir poner en tela de juicio las condiciones de su enunciación, y quizás de su domesticación. El nuestro fue un gesto que a todos y todas nos sirvió para hacer un alto en el camino, un gesto similar al del Ángelus Novus de Walter Benjamin (1940), el ángel del tiempo y la historia, quien (sacudido por los vientos del futuro) voltea su rostro hacia atrás,  hacia el pasado, para divisar con espanto sus ruinas y el silencio que conllevan.

En lo que sigue, además, retomo un encuentro muy conmovedor con un grupo amplio de escuelantes (aquellos, yo creo, quienes retornamos a la escuela) del Colectivo de Prácticas Narrativas reunidos en el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural y su Universidad con los Pueblos. También tejo este texto con un breve encuentro con colegas de la Universidad Ibero y mis impresiones durante el conversatorio de lanzamiento de uno de mis libros en la Casa Refugio Citlaltépetl, ambos en Ciudad de México[2]. Todos a una, sin distingo de contexto, se mezclan en los párrafos que vienen.  Finalmente, el carácter de este texto —escrito en primera persona y asumiendo sus riesgos— es provisional y parcial, por lo que todos los errores son mi entera responsabilidad.

¿Y qué es el terror?

México es una sociedad aterrorizada. Paralizada. Enmudecida. Anestesiada. Esto no obstante sus momentos de movilización y el trabajo continuo de muchos. El terror ha adquirido una carácter metastásico: las noticias locales giran en torno a la criminalidad rampante, al abaleo entre vecinos, a la ingobernabilidad de regiones enteras controladas por mafias de narcotraficantes en colusión con agentes estatales. Ese secreto a voces, o a grito herido. Metastásico por que junto con los medios, el rumor, el chisme, la historia, y el relato grotesco circulan como pólvora encendida, sobre todo para quienes estos temas son parte de su trabajo profesional. Los mensajes de los barones de la muerte se escuchan y su violenta forma de signar, o imponer un signo al Otro, viene acompañada de una cierta indiferencia institucional que emerge como condición de posibilidad.   

En otras palabras, las clásicas fronteras entre el orden y el desorden, entre la legalidad y la ilegalidad, entre las márgenes externas e internas del Estado se han vuelto porosas, si no lo han sido siempre, incluso en las llamadas “democracias maduras”. Es más, la misma idea del Estado como principio de realidad organizativo está en entre dicho, como centro cognitivo de autoridad y la protección. Se ha vuelto torturador administrativo, que se anestesia ante el sufrimiento de otros. Hay lugares, como en Colombia,  que como huecos negros absorben la capacidad social de significar y muestran dicha porosidad de manera evidente: Tamaulipas, Coahuila, Ciudad Juárez, Ayotzinapa, por mencionar unos “lugares” en medio de esa vastísima cartografía de la muerte Mexicana reciente.

Y aquí quisiera tomar un atajo: cuando digo que como antropólogo estudio la violencia entonces me concentro en tres cosas interrelacionadas: en las inscripciones del poder (entendido de manera amplia) sobre el cuerpo del Otro (ser humano), produciendo ciertas corporalidades; las inscripciones del poder sobre el espacio, creando territorialidades; y sobre los modos de nominar la realidad, es decir sobre los modos como se producen las metáforas que habitamos en nuestra vida diaria. La violencia es entonces una forma de “negación” de la projimidad de ese Otro, o literalmente del Otro, que se ejerce en estas tres dimensiones de lo humano en interacción con campos de poder más amplios. Obviamente, nada de esto habita el vacío histórico. Por ejemplo, si hablara de la dimensión corporal de la violencia se podría afirmar que a veces puede ser literal, como la signatura violenta en los casos de violencia contra las mujeres, quienes han sido vistas en Colombia como territorios, instrumentos o la guerra misma. A veces menos literal, como las signaturas que deja el hambre crónica administrada estatalmente sobre los cuerpos macerados de los niños.

Sin embargo, la experiencia del terror emerge, a mi modo de ver, no sólo cuando se tejen estas “signaturas” (como la metáfora Kafkiana en la Colonia Penitenciaria)[3], sino cuando las estructuras del mundo de la vida, nuestras experiencias del tiempo, de la continuidad y la ritualidad humanas, y el orden de la vida cotidiana, se trastocan radicalmente, cuando las categorías que estructuran la vida diaria se sobreponen, se transgreden, se hacen simultáneamente excluyentes e incluyentes. Es el reino de la alteridad radicalizada, posiblemente de la ininteligibilidad, donde lo radicalmente extrañado cohabita con lo familiar, lo que Freud llamaría en su ensayo de 1919 Das Unheimliche y que traducimos, con ambivalencias semánticas, como lo siniestro. Por supuesto, como antropólogo también me dedico a estudiar, a través de éticas del hacer y epistemologías colaborativas, las maneras como las personas habitan y sobreviven creativamente en momentos de violencia y en momentos de post-violencia. Como antropólogo, paradójicamente, no me dedico a entender la cultura, el orden social o sus estructuras de significado, sino lo que los derrumba, a la posibilidad misma de las ausencias del sentido[4].

La Innombrabilidad del mundo

Y con esto retorno a México. Quizás uno de los elementos más sobresalientes en los diálogos sostenidos fue el tema de la innombrabilidad de lo que acontece en el país, es decir, asignarle un nombre a esa especie de tsunami permanente de violencias. Pareciera que las palabras le quedaran chicas a la realidad: violencia, impunidad y desaparición no contienen o parecieran no representar lo que buscan representar. Para comenzar, asignar un nombre o nombrar el mundo es situar la experiencia en un orden de categorías, en un sistema de clasificación: son una serie de modos de codificación y edición de la realidad. Formas de ordenar y procesar información. Es uno de los mecanismos sociales a través de los cuales los seres humanos navegamos la vida. Bien podría uno preguntarse entonces qué quiere decir para una sociedad que ciertas experiencias sean innombrables, in-clasificables, in-ordenables, in-codificables (o que sobrepongan todas las clasificaciones posibles), y que encarnen la posibilidad de lo abyecto, como escribiera Julia Kristeva en los Poderes del Horror.

 En esa misma línea, aunque explorando otra arista, veo en esa innombrabilidad algo más fundacional. El acto primigenio que constituye lo humano, en algunas sociedades, es el hecho social de asignar un nombre al recién nacido a través de un ritual. Asignar un nombre, nombrar el mundo, implica el ingreso a una comunidad moral, a una historia que se materializa incluso en el nombre como tal, que en algunas ocasiones son relatos históricos en sí mismos además de trayectorias familiares,  o formas sociales de contar el tiempo. Asignar un nombre es también acoger, llevar de la mano por un camino concreto, es habitar el mundo de una forma particular, es incluso trasegar por un territorio pedagógico donde las líneas entre lo posible y lo no posible se instauran. Esa asignación, para bien o para mal, viene acompañada de una distribución social de su administración y en cierta medida crea las condiciones para un tipo de futuro a recorrer, como creyente, como parte de una comunidad.

En las religiones del Libro (por mencionar unas), el bautizo católico o el aqiqah en el Islam son parte de ese lazo primigenio que significa nombrar. Incluso la marca de esa communitas moral, también en el Judaísmo y en el Islam, se sella con la circuncisión en los niños. Me reservo el tema de la distribución social del trabajo de la memoria para otro momento. En el mundo de lo humano, nuestras relaciones con lo sagrado, y con lo no sagrado, están atravesadas por esta “nombrabilidad”. Hay en la herida una forma de la memoria, hay en ese dolor que se incrusta en el cuerpo como recuerdo, un signo y una forma de la comunidad y la continuidad: el dolor es constitutivo del relato de origen.

A la luz de esto, ¿qué implica para una sociedad esa innombrabilidad? ¿En qué escalas podría verla? ¿Qué se derrumba, que se disgrega, qué communitas se fractura? Se rompen los órdenes de clasificación de la experiencia, el mapa con el que se recorre el tiempo y el espacio, y se rompe un sentido de unidad. Un mundo innombrable es un mundo colonizado por el terror, que se hace metastásico. Sin embargo, como la circuncisión, el dolor colectivo tiene una dimensión productiva. Creo que la sensación de vacío de muchos de mis colegas se debe a que no sabíamos cómo conectar dolor, con la idea de la nación y con la posibilidad de la narración. ¿Cómo se podría contar en pequeña y en gran escala, para el beneficio de nuestros hijos, lo que acontece en México (o en Colombia, o en Guatemala, o en el Salvador)? Por supuesto, me refiero a cómo hacer nombrable el dolor colectivo, ¿en qué registro, en qué escala, en qué lenguaje?. Que dice esa relación de un “nosotros”? ¿Qué es la herida y a quién exactamente le duele? ¿Dónde se localiza el dolor? ¿Qué quiere decir, si es que lo dicen, que a una “nación” le duelan sus desaparecidos, o que a la “patria” le duelen sus muertos?. Estos fueron y han sido temas recurrentes en mi trabajo etnográfico en Sudáfrica, en Perú y en Colombia. En México me parece toman una dimensión particular.

La “reducción” de la experiencia
 

Sin embargo, hay un término que parece colapsarlo todo, “desaparecido” o “desaparecida”, y por supuesto la palabra “víctima”. Digo “colapsar” en el sentido de “agregar” una variedad de experiencias en una unidad (como cuando se crea un corpus), incrustada en la relación entre dos términos: víctima-desaparición. De hecho, durante los encuentros se hizo obvio. Eran colegas acompañantes de familiares de desaparecidos o que escribían sobre sus diferentes mutaciones en la contemporaneidad del “capitalismo gore”, según la sugerente provocación de Sayak Valencia: escribían por ejemplo sobre jóvenes capturados y capturadas por la “institucionalidad” y que nunca regresaron (a los confines del mundo familiar), mujeres que luego de vivir el limbo de la ausencia forzada y la agresión sádica “aparecían” tiradas o abandonados sus cuerpo en una autopista, o jóvenes que ni siquiera habían dejado rastros y cuyas ausencias se convertían en moneda de cambio entre expertos. En fin, incluso, bastaba con ir al cualquier librería (mientras leía los repostajes de Daniela Pastrana y Marcela Turati) y solicitar lo publicado sobre violencia en México. Sobre la mesa llegaban Procesos de la Noche de Diana Ángel; Ni Vivos ni Muertos de Federico Mastrogiovanni, Una Historia Oral de la Infamia de John Gibler y Nadie les Pidió Perdón de Daniela Rea. Claro que lo que aparece depende del mercado, de sus modos de circulación. Por su puesto, también llegaban los reportajes sobre las Maras y los Zetas, es decir, sobre lo grotesco, creando una continuidad con el carácter metastásico del terror. Claramente, son los periodistas quienes están frente al cañón, literalmente, junto a organizaciones locales de acompañamiento y derechos humanos. Se podría construir un mapa del país basado en esta red de instituciones y localidades. El mapa de lo humanitario se sobrepone siempre sobre al mapa del terror.

Esta unidad semántica víctima-desaparición (acompañada de lo grotesco) también emergió en escenarios “académicos”, no sólo en esta sino en otras ocasiones. Por ejemplo, invitar a las “víctimas” es por definición invitar a los “familiares” (de desaparecidos), que con frecuencia, al menos en Colombia y en Sudáfrica, emergen en lo público como ilustraciones del dolor, “víctimas iconizadas” les llamo yo, cuando tienen suerte. Digo “ilustraciones” porque con frecuencia sus voces habitan una epistemología del dolor que no entendemos quienes no la habitamos. Hay una economía política de la experiencia del dolor, por (igualmente) grotesco que parezca. En ocasiones incluso ese fenómeno de desterritorialización que llamamos migración forzada (por condiciones estructurales y amenazas) y otras formas de tráfico propios de algunas zonas fronterizas, también se colapsaban en la triada desaparición-víctima-grotesco. En últimas, muchos “traficados” y “traficadas” entran a ese espacio gris que es la frontera-desierto con Estados Unidos (y supongo que al sur también) dejando apenas rastros de su tránsito, restos, ruinas del recorrido, residuos, botellas, y plásticos. Este tema de “la tierra de nadie” donde las personas entran y no se sabe cuándo ni cómo salen es algo que también vivimos en Colombia, en particular en la región del Pacífico y en la frontera con Panamá. Víctima-desaparición-lo-grotesco como núcleo estético vienen aunados. No creo que sean, como dice mi amigo Gabriel Gatti, “nuevas” formas de desaparición.

Pero ese hueco negro de la desaparición absorbe y ha absorbido las energías vitales de una sociedad: sólo las estadísticas por si mismas dan un sentido de la magnitud, al impacto humano, al punto que el número como tal parece carecer de sentido. Todos los días se encuentran fosas y restos de personas sometidas ya al olvido. El listado de atrocidades, de maltratos del cuerpo y la persona, de historias de árboles tiznados de tortura,  las gestas heroicas de las buscadoras, de la creatividad para la muerte administrada parecen que no tuvieran parangón. Una sociedad avasallada por lo inimaginable es una sociedad aterrorizada. Hasta en Colombia, auto-proclamados campeones de la excepcionalidad de la violencia (que los relatores de eso no hemos encargado de hacer visible y amplificar), vemos a México con compasión, con un amos histórico y con tristeza. Paradójicamente, México pareciera que mirara más hacia el Norte. 

Y para sumarle ambivalencia a estos hechos facticos, también tenemos el tema de las responsabilidades, y por tanto de la impunidad ya hecha estructural: con frecuencia, el principio explicativo del mal es el “narco” (cuestión que justifica una política de seguridad donde la frontera entre la policía y el ejército se desvanece y el Estado de excepción se hace permanente). Conozco que quiere decir habitar esa (E)stado. De los responsables se dice que son todos y ninguno a la vez.  Carteles grandes y pequeños, colusión del Estado en diversas escalas con su (I)legalidad, con agentes de seguridad involucrados a niveles locales y federales producto de sus compleja arquitectura de seguridad. Drogas, crímenes de estado, traficantes, maras, políticos, policías, paramilitares (término polisémico en América Latina), en fin, la amalgama es interminable y los matices regionales complejos. Y eso sin entrar a debatir la genealogía de algunos de estos grupos conformados por armados desocupados de la guerra fría y conflictos regionales anteriores. Dicho de otra forma: es apenas obvio que la figura de la “víctima” y la “desaparición” se constituyan en huecos negros (que canibaliza las energía gravitacional de lo humano) al punto de ser la única violencia visible a través de las historias recurrentes de lo grotesco.

Como en Colombia, y me atrevería a decir que en el marco de nuestras formas globales de recordar la violencia, el maltrato sobre el cuerpo (la tortura, el asesinato, y la  desaparición)  tiene una centralidad incuestionable. ¿Y de las otras violencias “invisibles” (…)? Digo esto con cierta sorpresa ante lo obvio: la palabra “víctima” es polisémica, tiene contenidos diversos no obstante la estandarización implícita en los criterios internacionales de justicia. En Sudáfrica, por ejemplo, excombatientes del ala militar del Congreso Nacional Africano, fueron considerados víctimas del apartheid  mientras que en Colombia los mismos excombatientes de las FARC (indistintamente de si tienen o no responsabilidades ante el Derecho Internacional en algunos casos) son considerados globalmente como “perpetradores”. En otras palabras, una enunciación de la violencia hace ilegible otras formas de violencia, las hace “invisibles”. ¿Qué constituyen entonces las condiciones para la visibilidad o audibilidad de la violencia?: la violencia no es solamente un acto sobre un cuerpo, sino una serie de relaciones entre corporalidades, territorialidades y modos de nominar el mundo.

Y claro, emergen las preguntas necesarias: ¿qué otras violencias son canibalizadas por lo grotesco?, ¿es “testimoniable” o “mediatizable” lo que no es grotesco, como nos ha pasado en Colombia? ¿Qué tal el desplazamiento forzado, que por no implicar cruces nacionales y fronterizos, parece no capturar la imaginación local?. ¿Qué implica adjudicar la responsabilidad de la violencia al “narco”? ¿Qué es lo que no se dice cuando se dice eso? Y ¿cuál es la relación entre las economías políticas regionales, los llamados proyectos de desarrollo y la desaparición?, ¿ entre las operaciones armadas, la militarización de la vida cotidiana y las formas contemporáneas de acumulación de riqueza? Y es casualidad que algunos de los estados ingobernables (o gobernados por efectos de la necro-política por indiferencia en complemento a lo grotesco) queden justo en el andén pacífico del país? ¿Cuál sería la cartografía de la violencia si sobrepusiéramos todos estos niveles? ¿Cómo sería ese mapa, y como cambiaría el sentido de las relaciones de nombrabilidad de lo que acontece en México? La unidad semántica desaparición-víctima-grotesco constituyen y limitan la estructura de significados a través de los cuales se lee el presente, y posiblemente el pasado. En cierta forma, creo que es el drama de lo que oí y sentí esos días.    

La generosidad de la palabra

En medio de una sociedad aterrorizada nos quedan las palabras, la projimidad, y el amor (a veces un mezcal). Siempre he dicho, hasta la saciedad, que sólo hay dos temas sobre los que vale la pena escribir y hablar: la muerte y el amor. En México entendí que la generosidad para oír viene acompañada con la generosidad para hablar, y viceversa. Para tener una voz se requiere oír.

Me encontré con un grupo de “escuelantes” (es la mejor palabra que se me ocurre ahora), hombres y mujeres cuyas vidas se encuentran en momentos biográficos descoyuntados, llevados a la Sierra en Puebla por diversas razones. Querían aprender a narrar en las palabras de otros, creo. Luego de un largo viaje desde Ciudad de México, la fiebre -efecto de la somatización de días de dialogo sobre el testimonio- llegó a su culmen. Lo que comenzó por ser un par de horas de dialogo se convirtieron en muchas. Perdí el control de mí mismo (lo confieso, deliré), perdimos el control de la escucha. Hablamos durante muchas horas y más horas. Y luego llegó la noche, y luego llegó el frio, que era como el Bogotano, donde vivo. Algunos venían de Colombia, otros de Chile, y muchos otros y otras de México. Jamás me había sentado a inspeccionar mi trabajo hasta ese día. Oyeron, conversamos, compartimos. Luego, inesperadamente, se juntan en grupos a interpelar, de cara a sus intereses, lo que habíamos conversado.   Hablaron, grabaron en audio, discutieron. Cuando llegó el momento leyeron lo que habían conversado.

Al comienzo no puse mucha atención. Luego oí. Los académicos, los que nos jugamos una vida íntimamente pública, estamos acostumbrados al control del auditorio. Al final, ese encuentro se me salió de las manos. Uno a uno me dijeron, me leyeron a voz en cuero, en mi cara, lo que pensaban y lo que sentían.  “Puta!!”, pensé, “se me aguaron los ojos!”. Ahora digo: “Aquí les devuelvo lo que hicieron conmigo, pinches mexicanos!”. Me acuerdo de dos amigos, discutiendo mientras grababan en audio. Un hombre con aspecto indígena (todos tenemos ese aspecto), preocupado al tuétano por el “silencio”. Qué había ahí, no sé. “Tú me contarás algún día compa”, pienso. Otro con una historia de trabajo comunitario, ansioso, angustiado. Me acuerdo además de una señora, de pelo canoso, que pide permiso para abrazarme al final de la sesión. Yo lo hago, y en segundos, una cascada de palabras increíbles. Queríamos seguir hablando, como si fuera nuestro último instante, como si “ahora o nunca” fuera el lema. Me acuerdo de la risa desparpajada de la colega feminista que manejó hasta allá, y al día siguiente me llevó de regreso al DF (sin musitar queja) con una copilota que no sabía conducir. Mentes segases, eternas conversadoras. Me acuerdo, por último, de una mujer que me contó su historia con las abejas. No supe si me enamoré de ella o de su historia, “reconectándose con la espacie”.  Al día siguiente, luego se semejante periplo, llegamos al lanzamiento del libro. No paramos de hablar con mis amigos, con aquellas (porque muchas en el mundo humanitario eran mujeres) y con ellos, con l@s que estaban y con los que no. Espero que sepan que los llevo conmigo, aunque la vida académica (o la vida) nos desvíe y nos desencuentre.     

En este retorno, entendí además que allá, en México, cohabitan diversas formas del silencio: el silencio que es producto del miedo y que es un verbo: silenciar. Segundo, el silencio como protección de la subjetividad, de la integridad. Y finalmente, el silencio como testimonio, como modo de articulación de la experiencia. No en vano fue uno de los temas que vertebraron nuestras conversaciones de Ciudad de México hasta la Sierra.

Recuerdo aún las palabras de afecto que me traje a Colombia donde la guerra también rompió con la solidaridad, con la empatía, con aquello intangible que constituye el lazo social. Creo que han sido las palabras, a golpe de verbo, lo que nos ha permitido vivir.[5] 

Colinas de Colombia, Febrero 8 del 2018

 Consulta también:

“La memoria es un campo de poderes muy jodido” 

[1] Castillejo Cuéllar, Alejandro. 2018. Del Ahogado el Sombrero, a manera de manifiesto: Esbozos a una Crítica al Discurso Transicional  En: Gramáticas da [pós] violência: identidades, guerras, corpos e fronteiras” Vibrant: Virtual Brazilian Anthropology (Universidad Federal de Rio de Janeiro)volumen 15.

[2] Castillejo Cuéllar, Alejandro. 2017. Poética de lo Otro: una antropología de la guerra, el exilio interno y la soledad en Colombia (Bogotá: Universidad de los Andes), 2ª Edición ampliada.

[3] En la Colonia (1920), Kafka describe la manera como la pena en un universo penitenciario es literalmente impuesta sobre el cuerpo del confinado a través de una máquina. Sobre su cuerpo se inscribe la ley que ha violado. En el centro de su cuento emerge la idea de la violencia de la ley, la violencia de la llamada civilización elemento que conecta con el gesto de Benjamin mencionado anteriormente.

[4] Castillejo, Alejandro. 2013. Los Archivos del Dolor: Ensayos sobre la Violencia y el Recuerdo Colectivo en la Sudáfrica Contemporánea (Bogotá: Universidad de los Andes), 1ª reimpresión.

[5] Con agradecimientos a Daniela, a Atala y a Ingrid. Por ayudarme a volver.


Se autoriza su reproducción siempre y cuando se cite claramente al autor y la fuente. 

“Este trabajo forma parte del proyecto Pie de Página, realizado por la Red de Periodistas de a Pie. Conoce más del proyecto aquí: http://www.piedepagina.mx“.

Categoría: Análisis.  Memoria /Masacres. Memoria /Desaparecidos 



Alejandro Castillejo-Cuéllar


Profesor Asociado, Director del Programa de Estudios Críticos de las Transiciones Políticas, Departamento de Antropología, Universidad de los Andes, Colombia.  Co-Investigador del Arts and Humanities Research Council de Inglaterra.

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Héctor Guerrero

Es fotoperiodista Mexicano ha participando en festivales como el festival internacional de fotoperiodismo Visa Pour L´ Image en Perpignan Francia, Festival de fotografía.

mexicoleaks.mx

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