HyperNormalization, Adam Curtis: viviendo en un mundo irreal

INFORMACION BASICA SBRE EL ASUNTO Y EL TRABAJO DE ADAM CURTIS:

El poder de las pesadillas

El poder de las pesadillas (del inglés The Power of Nightmares) es un documental de la BBC, escrito y producido por Adam Curtis, parte de la serie de documentales titulada El ascenso de la política del miedo (Inglés: The Rise of the Politics of Fear). El filme consta de tres partes, cada una tiene una hora de duración, y fue transmitido por primera vez a finales de 2004 en el Reino Unido y posteriormente en varios países y exhibido en varios festivales de cine.

El documental compara el ascenso del movimiento neoconservador en los Estados Unidos con el del movimiento radical islamista, sugiriendo que hay una fuerte conexión entre los dos. Mas aún, éste argumenta que la amenaza del islamismo radical como una siniestra masiva fuerza de destrucción, especialmente en la forma de Al-Qaeda, es en realidad un mito perpetrado por los políticos de varios países y en particular por los neoconservadores de Estados Unidos con el objetivo de unir e inspirar a la gente ante el fracaso de otras ideologías utópicas.

El poder de las pesadillas ha sido alabado por críticos en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Su mensaje y contenido también han sido objeto de crítica por los sectores conservadores y progresistas.

Excelente material para el análisis y discusión críticos , no idealistas, de los modelos que se imponen desde las cúpulas oligárquicas neoliberales a los ex ciudadanos, hoy meros consumidores PARA otros materiales de Adam Curtis, entrar en este lugar: https://archive.org/details/ThePowerOfNightmares-AdamCurtis

DEMOCRACIAS POSMODERNAS (DEBILES), SEGURIDAD DEL ESTADO Y MILITARIZACION . Análisis del caso mexicano , por Carlos Fazio

Posted on octubre 27, 2016 Uncategorized

FUENTE: https://clasefazio.wordpress.com/2016/10/27/la-emboscada-el-desgaste-militar-y-los-derechos-humanos/?blogsub=confirming#blog_subscription-3
La emboscada, el desgaste militar y los derechos humanos
24 de octubre de 2016
A 23 días de los hechos de Culiacán, Sinaloa, en los que según la narrativa de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) un convoy militar fue emboscado por un grupo armado con saldo de cinco soldados muertos y 10 heridos, no existen datos periciales, de balística ni criminológicos de una autoridad competente que permitan saber qué ocurrió y cómo, ni quiénes fueron los atacantes y cuál fue el móvil.
Si bien el pasado 22 de octubre, en presencia del comandante de la novena Zona Militar, general Rogelio Terán, el titular de la Subprocuraduría Especializada en Investigación y Delincuencia Organizada (Seido), Gustavo Salas Chávez, aseveró que se tiene claramente establecido el móvil, la cadena de decisiones y acciones ilícitas que motivaron la emboscada, así como el número de delincuentes que participaron y a qué organización pertenecen, se reservó nombres y motivos. Asimismo, dijo que hay varias personas detenidas, pero no especificó cuántas ni quiénes son. Por lo que desde el punto de vista informativo no aportó ningún dato nuevo y todo queda sujeto a la especulación.

No obstante, a partir de un video filtrado a un medio televisivo por mandos castrenses, sobre un evento anterior en el poblado de Bacacoragua, municipio de Badiraguato, donde se observa a dos soldados que asisten a una persona herida (que en el relato de la Sedena y la PGR es identificada como Julio Óscar Ortiz Vega, presunto delincuente), se construyó y desencadenó toda una trama, que, con base en un encendido discurso del titular de la Defensa, general Salvador Cienfuegos −quien definió el ataque como alevoso y cobarde y a los ejecutores de la emboscada como enfermos, insanos, bestias criminales−, llevó a un grupo de columnistas de Estado a impulsar una campaña de intoxicación mediática con una matriz de opinión que puso el acento en el hartazgo y el fastidiocastrense, la sordera civil y el supuesto abandono en que se tiene al Ejército. Lo que sumado al desgaste del instituto armado, descrito en un discurso posterior del jefe de la Sedena, puso en la agenda político-parlamentaria la necesidad de regular ya la intervención militar en tareas de seguridad pública.

La sucesión de hechos en apariencia inconexos: la emboscada, el malestar castrense, el renovado patriotismo de los formadores de opinión pública y la consecuente necesidad de una nueva legislación sobre seguridad interior, el estado de excepción (o de emergencia) con suspensión de derechos humanos y garantías, y la prolongación de la intervención de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública (o policiales) que lleva ya 10 años, tiene en su origen algunos puntos oscuros.

El evento de Badiraguato, la construcción narrativa sobre el enigmático y elusivo “alias Kevin” (Julio Óscar Ortiz Vega, supuestamente rescatado por las bestias criminales), quien vestía un uniforme similar al de los dos soldados que presuntamente le salvan la vida en el video y con quienes sostiene un diálogo inusual (por humanitario) entre un delincuente y elementos del Ejército tras un enfrentamiento −mismos que además después murieron en una emboscada de precisión militar que rompe la tendencia y el modus operandi−, con todo y su dramatismo real o ficticio, puede ser una cortina de humo (la fabricación de una noticia que cause el impacto esperado desplazando a la anterior) para pasar a una nueva fase de militarización del país, en momentos en que más de un centenar de organizaciones de la sociedad civil demandan al gobierno de Enrique Peña Nieto que cumpla con las 14 recomendaciones formuladas al Estado mexicano por el Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU, Zeid Ra’ad Al Hussein, y se adopte un cronograma para el retiro de las fuerzas armadas de las funciones de seguridad pública.

La emboscada que profundizó el desgaste del Ejército (general Cienfuegos dixit) y reactivó en los círculos parlamentarios la discusión sobre la ley de seguridad interior, en particular sobre la ley reglamentaria del artículo 29 constitucional, podría resultar muy peligrosamente tentadora para la imposición de un régimen autoritario de nuevo tipo.

Cabe consignar que, en su origen, la intervención militar en el combate a las drogas, se dio en el contexto de una doctrina de seguridad hemisférica impulsada por Estados Unidos desde los años 90 del siglo pasado. Desde entonces, la tendencia hacia una militarización y trasnacionalización de la guerra a las drogas contribuyó al reforzamiento y a la relegitimación del papel doméstico de las fuerzas armadas y de cuerpos policiales militarizados, estrategia diseñada por Washington en detrimento de las tendencias regionales hacia la democratización de sus sociedades, la desmilitarización y una mayor protección de los derechos humanos.

Desde entonces, también, el estado de derecho en países como México se fue transformando en un cascarón vacío, donde las funciones y las instituciones garantes de un sistema democrático siguieron existiendo como estructura, pero en lugar de cumplir con sus mandatos constitucionales, se pusieron al servicio de los intereses de la plutocracia y sus administradores civiles, borrando cualquier garantía constitucional, erigiendo la impunidad a regla de convivencia civil, en un proceso de contaminación y resquebrajamiento que se ha venido profundizando hasta nuestros días.

A todas luces México no es un Estado democrático de derecho. Durante el sexenio de Peña Nieto la descomposición del principio de legalidad y la vulneración flagrante de los derechos humanos se han profundizado. Así lo revela el más reciente estudio del World Justice Project 2015, de Washington, DC, que ubica a México en el lugar 79 de 102 países estudiados, reprobado con una calificación de 0.47, debajo de Burkina Faso, Tanzania, China y Túnez.

En ese contexto, el actual dictamen de la Ley Reglamentaria del Artículo 29 constitucional, cuyo contenido forma parte de las garantías individuales, es una pieza jurídica propia de un Estado autoritario.

Varoufakis/Chomsky video and transcript

April 26, 2016, LIVE from the New York Public Library, http://www.nypl.org/live, Celeste Bartos Forum

YANIS VAROUFAKIS: Good evening, we don’t have anyone to introduce us, so I’ve been asked to kick off by saying firstly that isn’t this wonderful that we are all here just to subvert the notion that nothing good can come out of the public sector? (laughter) Noam.

NOAM CHOMSKY: Well, the fact that I’m here, barely, actually has a relationship to that comment. I came from Boston, my wife and I came from Boston, it took seven hours, and any society that hasn’t been smashed by neoliberal policies of the kind you describe, it would have taken maybe an hour and a half, two hours. (laughter) There is a train, the pride of the public sector, which I took for the first time in 1950, and it’s about fifteen minutes faster now than it was then, (laughter) when it makes the schedule, which is a chancy situation, so we decided to come by airplane and spent most of the afternoon on the runway.

YANIS VAROUFAKIS: Well, Noam, what shall we talk about?

NOAM CHOMSKY: Well, we can talk about the neoliberal assault on the world’s population in the last generation, which you’ve written so brilliantly about.

YANIS VAROUFAKIS: What strikes me given the last quite eventful year of my life, what really strikes me is the major disconnect between the philosophy and ideology of neoliberalism and that which I encountered when negotiating, inverted commas negotiating, when being dictated by the greater good of the neoliberal international financial establishment. Think about it. If you take the great libertarians, the great neoliberals, who castigate all tax-funded activities, and you consider the reason why I’m here today and I’m not still the minister of finance of Greece. Why? It’s because I refused another hundred billion smackers, dollars, of tax-backed loan to my insolvent government, which the creditors insisted that I should take.

NOAM CHOMSKY: The three-year loans.

YANIS VAROUFAKIS: It’s astonishing, so here it is, here you have the international monetary fund, the European Central Bank, and the European commission insisting that our bankrupt state takes on another hundred billion, under conditions that guarantee we will not be able to repay the taxpayers of Europe that will be granting us that money, and that comes from neoliberals, who supposedly are against all tax-funded loans to government, and who supposedly believe that an insolvent entity doesn’t have the moral right to take on more loans.

NOAM CHOMSKY: But as you point out, what is it, 90 percent of those loans go to French and German bankers.

YANIS VAROUFAKIS: That was the first loan. This loan it would go from the one pocket of the creditors to another pocket of the creditors so they would maintain the pretense that Greece was not bankrupt. But effectively what I’m trying to say is the intense hypocrisy of the neoliberal establishment, which is not really even interested in sticking to its own neoliberal ideology. This is just nineteenth-century power politics of crushing anyone who dares stand up to them and say a simple word, “No.”

NOAM CHOMSKY: But I think that’s actually traditional. One of the paradoxes of neoliberalism is that it’s not new and it’s not liberal.

(applause)

YANIS VAROUFAKIS: Exactly. Exactly.

NOAM CHOMSKY: If you look at what you describe is a form of hypocrisy but the same is true of saying that we should not support tax-funded institutions. The financial sector is basically tax-funded.

YANIS VAROUFAKIS: Of course.

NOAM CHOMSKY: You recall the IMF study of the leading American banks, which determined that virtually all their profits come from their implicit government insurance policy, cheap credit, access to higher credit ratings, incentives to take risky transactions which are profitable but then if it’s problematic, you guys pay for it, or just take the basis of the contemporary economy, which actually I’ve been privileged to see developing in government-subsidized laboratories for decades. MIT, where I’ve been since the 1950s, is one of the institutions where the government, the funnel in the early days was the Pentagon, was pouring in money to create the basis for the high-tech economy of the future and the profitmaking of the institutions that are regarded as private enterprises. It was decades of work under public funding with a very anticapitalist ideology. So according to capitalist principles, if someone invests in a risky enterprise over a long period and thirty years later it makes some profit, they’re supposed to get part of the profit, but it doesn’t work like that here. It was the taxpayer who invested for decades. The profit goes to Apple and Microsoft, not to the taxpayer.

YANIS VAROUFAKIS: Indeed, indeed. If you take an iPhone apart, every single technology in it was developed by some government grant, every single one.

NOAM CHOMSKY: And for long periods.

YANIS VAROUFAKIS: And some of them by government grants from other countries, like WiFi from the Australian Commonwealth.

NOAM CHOMSKY: And it’s—you see an interesting picture of it from a place like MIT, or other major research institutions. So if you walked around the building where I work fifty years ago, you would have seen electronic firms, Raytheon, ITech, others, IBM, there to essentially rob the technology that’s being developed at public expense and seeing if they can turn it into something applicable for profits. You walk around the institution today, you see different buildings, you see Novartis, Pfizer, other pharmaceutical, big pharmaceutical corporations. Why? Because the cutting edge of the economy has shifted from electronics based to biology based, so therefore the predators in the so-called private sector are there to see what they can pick up from the taxpayer-funded research in the fundamental biological sciences, and that’s called free enterprise and a free-market system. So speak of hypocrisy, it’s pretty hard to go beyond that.

YANIS VAROUFAKIS: Quite right. This hypocrisy is fundamental to the whole enterprise culture of capitalism from 250 years ago.

NOAM CHOMSKY: From the beginning.

YANIS VAROUFAKIS: I mean the whole notion that there can be a market system which is at an arm’s length separated from a state, which is the enemy, is the sickest joke in the history of humankind. If you think that this narrative of private wealth creation which is appropriated by the big bad wolf, the state, on behalf of trade unions and the working class that need a social welfare net, is just a preposterous reversal of the truth that wealth is being created collectively and appropriated privately but right from the beginning. I mean, the enclosures in Britain would never have happened without the king’s army and without state brutality for pushing peasants off their ancestors’ land and creating the commodification of labor, the commodification of land which then gave rise to capitalism. Just half an hour ago, we were being shown, some of us, the magnificent collection of maps of the city of New York in this wonderful building and you could see in one of the maps of Alabama, the precise depiction of the theft of land from Native Americans, the way in which it was parceled up, commodified. Now that would never have happened without the brutal intervention of the state and created the process of privatization of land and therefore of commodification.

NOAM CHOMSKY: Actually one of my favorite passages from Adam Smith is where he gives advice to the new colonies, to the newly liberated colonies, as to how they should pursue sound economics, which is pretty much what the IMF tells the third world today. What he said is the advice was you should concentrate on what was later called comparative advantage, produce agricultural products, you’re good at that, export furs, fish, and so on, but don’t try to produce manufacturing goods, because Britain, England has superior manufacturing goods, so therefore you should import them from England, they’re good at that, you’re good at cotton and corn. Incidentally, the cotton was hardly by free enterprise. And you should certainly not try to monopolize the resources that you have, and if you pursue those practices, then everybody will be better off, economic theory proves that.

Well, the United States happened to be free of English control so therefore they were able to do the opposite, just as England had done. High tariffs to block English goods, enabled them to create a textile industry, the beginning of the industrial revolution. Later in the century a steel industry blocking superior British steel, and right up to the present, as I’ve mentioned, with high tech.

As far as monopolization is concerned, the United States made a major effort to monopolize the basic resource for the early industrial revolution, namely cotton. That’s the oil of the nineteenth century, and the U.S. had most of it, not all of it, and the conquest of Mexico, which was not exactly by free enterprise, was largely undertaken to try to contain, to gain a monopoly of cotton which would overcome the major enemy in those days, which was Britain. Britain was the big force, the enemy, and the Jacksonian presidents, Tyler, Pierce, the mid-nineteenth century, their position was that if we could monopolize cotton, we could bring England to her feet, that way we could really defeat them. Didn’t quite make it, but made a lot. Incidentally, that effort was what Saddam Hussein was charged with in 1990, the charge was ludicrous, but the charge was he was going to try to monopolize oil and bring us all to his feet, which was crazy, but the U.S. try to monopolize cotton and that’s part of the way in which power shifted from England to the United States, and I think that’s a pretty good record of the way sound economics has worked over the years.

There have been places where sound economics was applied, liberal policies. It was called the third world and it’s not an accident. You take a look at the global south. One country developed, Japan, the one colony that was not colonized. Take a look at East Asia, the tigers of East Asia, with one exception, the one that was conquered by the United States, 1898, with a couple hundred thousand people killed and stays semicolonized, not part of the Asian Tiger explosion of industrialization. The pattern is just uniform but somehow hasn’t entered economic theory. I wonder why. You’re an economist.

YANIS VAROUFAKIS: Well, the reason why it never entered economic theory is because economics in universities was—began to evolve from the 1950s onwards as the queen of the social sciences, and what gave discursive power and monopoly power within the academic environment to economics was the claim that it was the only social theory which was peddling universal truths to be proven by mathematical means and it succeeded, so when a sociologist, an anthropologist, and an economist applied for a grant, it was always the economist who got it on the basis of this discursive monopoly.

However, in order to close the model mathematically, the only way to solve the equations is by making assumptions that distance the model from really existing capitalism. So for instance you have to assume that there’s no time and there’s no space, because if you allow time to interfere with your model, or space to enter, you end up with indeterminism. In other words, you end up with a system of equations that cannot be solved or that have an infinity of possible solutions and then you have no predictive power. You can’t say, “well, this is what’s going to happen.”

So you have a very interesting inverse Darwinian process. The more successful economists were at creating models that said precisely nothing about capitalism, the greater their success in the academy, so they became the opposite of the public intellectuals that you’ve been writing about. They create wonderful abstractions, aesthetically pleasing models that I spent quite a few years studying in the same way that you go to a museum and you look at a piece of abstract art but you don’t expect to find the truth of capitalism in its form. So this is the interesting sociology of knowledge within the economics profession.

But then there is a parallel shift, the end of Bretton Woods, which unleashed banking. Remember, Roosevelt made sure that in the Bretton Woods Conference, which designed the postwar—the first postwar phase between the 1940s and 1971, 1973. He had stipulated that one kind of person should not be allowed into the Bretton Woods conference. You know who these people were. Bankers. Not one banker attended the Bretton Woods Conference and that was at the explicit order of FDR.

NOAM CHOMSKY: And it showed.

YANIS VAROUFAKIS: So you had boring banks between 1944 and 1971, but after 1971 and we can discuss why that is, suddenly banking was unleashed and their capacity effectively to mint private money became unlimited and essential to the second postwar phase of global capitalism, of American capitalism, of American hegemony. During this unleashing there was a need for a theoretical and ideological cover, so I don’t blame my fellow economists for pulling the trigger that created so much devastation in 2008 and before that and after that, but I blame them for providing the economic, the mathematical models, the sermons which steadied the hand of the financiers and allowed them to believe that what they were doing was perfectly okay, consistent with science, provable mathematically that it was riskless, and therefore allowed them the mental and emotional strength to do a lot more damage than they would have done otherwise.

NOAM CHOMSKY: Actually one of the more interesting moments in the history of science and scholarship was actually in 2008. For, as you know, for decades economists had been claiming with extreme arrogance that they completely understood how to control and manage an economy. There were fundamental principles, like the efficient market hypothesis, rational expectations, and anyone who didn’t accept this was dismissed as a kind of a, some strange kind of moron. The whole system collapsed, the whole intellectual edifice collapsed in a most amazing fashion and had no effect on the profession.

YANIS VAROUFAKIS: None at all. Well, it did have. It had the effect that sometimes when we’re driving on a freeway, and I usually go well above the speed limit, condemn me if you will, and I get stopped by the police, for the next twenty minutes I drive below the speed limit, but it doesn’t last for more than twenty minutes. After a while, I just go back to where I was. This is exactly like the economics profession. They had a brief moment of—

NOAM CHOMSKY: Some did.

YANIS VAROUFAKIS: Some, some or at least of being a bit humble and keeping their heads under the parapet for a bit, but then within twenty minutes they forgot about it and they carried on teaching the same rubbish to their students. But what is interesting, Noam, is two small points. It’s not that the economists went headlong into this mathematicized religion, because that’s what it is, a religion with equations and a bit of bad statistics. What happened was two things.

Firstly, there was a kind of ethnic cleansing of anybody that had retained their wits about the economy. So there were economists who challenged this view and who were simply not reproduced by the system. They never got the grants, they never got the PhD students, their PhD students never got lectureships, never got assistant professorships. So there was a purge of this type. The second, which is a far more interesting phenomenon, is that the wonderful minds that created the general equilibrium models, the highest, the popes of the Catholic Church, were not believers. So take for instance Ken Arrow. Ken Arrow is, you know, and Gerard Débreu, they are the ones that, John Nash, they established the mathematical theorems upon which all this hypocrisy is based.

Now, these people, Ken Arrow, I remember in the early 1990s, he was giving a talk at NYU. There were about twenty people. It was a highly mathematized paper. Okay, so he was enthusiastically going through the equations and one of the professors there interrupted him at some point and said, “Professor Arrow, equation 3.3 reminds me of the argument in favor of this kind of taxes opposed to that kind of tax,” and Ken stopped him immediately and said, “My dear boy,” he was a bit condescending, I think rightly so, he said, “You are confusing that which is interesting with that which is useful. (laughter) This is interesting. If you try to apply it to anything real, it is dangerous.”

So the gurus, the popes, understood that this theory was examining a postcapitalist world, a world without labor markets, a world without the, you know, labor exploitation, without monopolies, without even the slightest of capacities to alter prices on the behalf of employers, of entrepreneurs, of conglomerates, a world without firms. Because what is a company? A company is a market-free zone, it’s a hierarchy, it’s a small Soviet Union with Gosplan and central planning. If you look at Google, if you look at Microsoft, that’s what it is.

NOAM CHOMSKY: Then you have Coase’s theorem, that’s a big help.

YANIS VAROUFAKIS: Yes, but the Coase’s theorem is taught for five seconds and then forgotten, in order to—to make them feel that they’ve said something about the reason why firms exist. But then in those models that produced the macroeconomic policies that were applied even under Clinton, especially under Clinton, there are no firms, there is no times, no firms, no space, everybody resides at the same point in space, so that there are no costs of transport or anything like that, so imagine a world in which economic policy is predicated upon models that assume there is no time, space, firms, profit, or economic event.

NOAM CHOMSKY: Or monopolies.

YANIS VAROUFAKIS: It’s time to get really scared.

NOAM CHOMSKY: You know, there’s a question that I’m sure you know the answer to from your own experience which has kind of puzzled me about contemporary economists. It has to do with the IMF and your experience as Greek finance minister. From what I could see from the outside, it looked as if the IMF economists were pretty harshly criticizing the austerity policies of the troika, but the IMF itself was strongly supporting them. What was going on in there?

YANIS VAROUFAKIS: Well, this is exactly what was happening and is happening to this very moment. Wikileaks leaked a wonderful conversation between my old friend Poul Thomsen who made his name by crushing the Greek economy and as a result being promoted to IMF chief in Europe, (laughter) and a Romanian lady going by the name of Delia Velculescu. Read this exchange, just read it, it came out a few weeks ago, Wikileaks, go and look at it. It’s fantastic, because they’re telling the truth, and they’re telling exactly what you’re saying. They are admitting that which they—Poul Thomsen and I had this conversation.

The first time I met the IMF chief in Europe was in a hotel in Paris, and I was elected with a mandate to negotiate a debt write-down for the Greek debt against the troika of lenders, against the wishes of the creditors, but at the same time, because I had a mandate to negotiate, not to clash, with the creditors. I was prepared to clash if I had to, but my intention was not to clash, my intention was to come to an honorable agreement between us. Because I knew that the German government had a very serious political problem going to the federal parliament in Berlin, to the Bundestag, and admitting that the money they had given to the Greeks was not money for the Greeks but for the Deutsche Bank, and therefore that they were never really expecting to get it back, so this is why we are going to give the Greeks a restructure. That’s what Mrs. Merkel should have said to the Bundestag, but of course this is not something she could have said and remained chancellor of Germany.

So I knew that the Germans had a political problem admitting to what they had done, in the sense of having given money to the Greeks so that effectively the German taxpayer and the Slavic taxpayer, because they spread the risk like good financiers do to the other Europeans. Effectively they were bailing out their banks a second time in twelve months. Of course I knew that and I was trying to find a formula that would allow our debt to become more manageable and less toxic for the Greek people while at the same time achieving a kind of political arrangement with Berlin that would make it palatable for them to say yes to it.

So first meeting with Poul Thomsen I come to him with a proposal for a kind of debt swaps, financial engineering, that Wall Street is very good at. Not the kind of thing the one expects from a left-wing minister of finance, but I wanted to make things work at that point, not so much to go and clash with him. Do you know what he said? “This is too mild. We need to take a large chunk of your debt and write it off, immediately.” I said, “Well, that’s music to my ear, Poul. How are you going to convince Wolfgang Schäuble to do this?” “This is a problem, you know, but we’ll find a way.”

So at this level of bilateral discussions even with the leadership of the IMF, you got the idea that they understood what they had done. They knew that they had done a nasty deed. They were subterfuging with what they had done. There was a bailout for banks presented as solidarity to a suffering nation and they were trying to do something about it. But then when it came to the final settlement, as creditors, they stuck to one another, they remained loyal to one another. They spread the rumor that our government was putting forward impossible demands, that we didn’t want to reform, that we had no proposals.

We came to them with financial engineering proposals from Wall Street, they had nothing to suggest except for the signals that they were emitting. But I think that the most important discussion I had was with somebody really high up in the IMF. The name will not be mentioned. Higher up than Poul Thomsen, you can imagine.

(laughter)  

After ten hours of negotiations when we got into the nitty-gritty, these were extremely boring meetings with aides, with advisers, with experts, with committee on pensions and another committee on VAT, in the end we ended up together and we had a discussion, confidential discussion, tête-à-tête. I heard the following words, “Yanis, of course you’re right. These policies we’re trying to impose upon you can’t work.” I thought, “Oh, no.” I don’t know whether you have this. You probably don’t, you’re Noam Chomsky, you wouldn’t. I’m less experienced in this game of clashing with powers that be at that level.

And deep down, if I think, if I psychoanalyze myself, I really wanted to think that the adults know what they are doing, and that I am a child that is recalcitrant, kicking and screaming, but deep down, the adults, the people in power, at the top of the IMF, know what they are doing, and my complaints and protestations, maybe they are not completely accurate. Maybe they know more than I think they do, but when these big people turn around to me and say, “You’re right, it can’t work. What we are trying to impose on your nation can’t work. But, Yanis, you must understand we have invested so much political capital in this program, we can’t go back, and your credibility,” my credibility, “depends on accepting it.” I think that answers your question.

NOAM CHOMSKY: Well, how do they—how do the participants in the troika deliberations react to the technical papers that are coming out from the IMF economists saying, their own economists, Blanchard, others, saying, these policies of austerity under recession are just destructive.

YANIS VAROUFAKIS: It’s very simple. They ignore them.

NOAM CHOMSKY: What do they say?

YANIS VAROUFAKIS: In the Eurogroup, these were never mentioned. I mentioned them. I quoted chapter and verse from their own statisticians and economists, like Olivier Blanchard and those people. I quoted. There was also a remarkable study from the IMF showing that the liberalization of labor markets, the removal of the protection of labor, of trade union protection, of trade union rights, protection from unfair dismissal and all that, that that in the end is counterproductive when it comes to competitiveness and productivity. The IMF came out with this in the spring of 2014. A beautiful report. It could have been written by a progressive economist from the New School.

NOAM CHOMSKY: What exactly did it conclude—what did it conclude exactly?

YANIS VAROUFAKIS: It concluded that these labor market reforms that the IMF had been pushing down the throat of countries from Africa to Asia to Europe, they don’t work, they do not enhance competitiveness, especially when investment is acute. Which is always my argument. So I quoted that as well in the Eurogroup. I might as well have been singing the national anthem of Sweden. (laughter) It was exactly the same thing. Because you’ve got to understand that these meetings are quite brutal. They have already decided what they are going to do. The ministers are treated like vermin by their own minders and by the representatives of the troika. Something very few people know is that the Eurogroup is actually led by the troika, not by the finance ministers, the elected representatives of the nations. So you’ve got the head of the Eurogroup, who is usually, let’s face it, appointed by Dr. Wolfgang Schäuble. Then next to him there is the real ruler of the European Union, a gentleman named Thomas Wieser, nobody’s heard of him, he holds the real power.

NOAM CHOMSKY: What is his position?

YANIS VAROUFAKIS: He is the head of the Euro Working Group, which is the cabinet under the Eurogroup.

NOAM CHOMSKY: The nonexistent group.

YANIS VAROUFAKIS: They are the shadow cabinet of the nonexistent Eurogroup. And this gentleman has been around now—

NOAM CHOMSKY: How does the Eurogroup get established? You don’t discuss this in your book, you just say it’s there.

YANIS VAROUFAKIS: I think it just sprung out, out of the shell like, you know, Aphrodite in Cyprus. (laughter) Look, when we created in our infinite wisdom, a common currency and we had a common central bank but without a state to correspond to this central bank, and with a couple states that did not have a central bank, because that common central bank was created on the proviso that it would not come to the assistance ever of any of the states of which it would be the central bank. They decided that well, every now and then, these finance ministers of these nations that now don’t have a central bank but have created a common central bank should get together and discuss economic policy to coordinate. This is how it emerged. It’s not in any treaty. Do you know how I found that out?

NOAM CHOMSKY: So the Eurogroup consists of the finance ministers?

YANIS VAROUFAKIS: Yes, well, that was the initial idea, the finance ministers, and one of them chairs it. Before Dijsselbloem, who is now the president, it was the head of the largest tax haven in the world, Luxembourg, a certain Jean-Claude Juncker.

NOAM CHOMSKY: The United States is getting close.

YANIS VAROUFAKIS: Not as badly as Luxembourg, not as badly as Luxembourg.

NOAM CHOMSKY: A couple of states are getting there.

YANIS VAROUFAKIS: It’s close but not as bad—

NOAM CHOMSKY: Not at that level.

YANIS VAROUFAKIS: But ever since this Eurozone, which by the way the euro is a carbon copy of the gold standard of the 1920s. It was created in the image of the gold standard of the 1920s. So you know what happened to the gold standard of the 1920s. It gave rise to the roaring twenties, to immense financialization, immense concentration of industrial power, funded by the consolidation of the financial sector and then Wall Street 1929.

NOAM CHOMSKY: And enormous inequality.

YANIS VAROUFAKIS: Of course enormous inequality which is the result of this easy private money minting by the financial sector and when the chickens came home to roost in 1929, the common currency of that era, the gold exchange standard, collapsed, started fragmenting, very soon, the Germans hated the French, the French hated the Germans, everybody hated the Greeks, (laughter) and we descended into the abyss of the 1930s and 1940s.

After our generation’s 1929, which took place in 2008, guess what happened? The gold standard started fragmenting, it was called the euro in Europe, and very soon after that, the Germans started pointing moralizing fingers at the Greeks, the Greeks remembered the Nazi occupation, everybody hated the French, and we are now in a state of disintegration where refugees are the problem.

NOAM CHOMSKY: Actually you should bring up 1953, the London Agreement.

YANIS VAROUFAKIS: Of course.

NOAM CHOMSKY: Which most people don’t know about, that’s rather critical maybe you want to say a few words about that?

YANIS VAROUFAKIS: Of course. But let me just complete the story about the Eurogroup. I’ll just tell you the story about how the Eurogroup doesn’t exist in law. By the way, one more point, after our country started failing—

NOAM CHOMSKY: Is it inconsistent with European law or just orthogonal to it?

YANIS VAROUFAKIS: No, it doesn’t exist in law.

NOAM CHOMSKY: It’s kind of orthogonal, no connection.

YANIS VAROUFAKIS: It’s outside the framework of European law.

NOAM CHOMSKY: Now, do its decisions impact—how do its decisions impact—

YANIS VAROUFAKIS: It makes all the important decisions that determine the future of Europe. Every single one of them.

NOAM CHOMSKY: How are those decisions transmitted to the official decision-making bodies, to the Brussels bureaucracy?

YANIS VAROUFAKIS: Oh, yes! What happens is first there is the Eurogroup meeting, and then afterwards there is an Ecofin meeting. The Ecofin meeting—Ecofin does exist. It’s the meeting of all the European Union finance ministers, including the ones who are not using the euro. So George Osborne from Britain is there, the Danish finance minister is there, and what happens is it’s a rubber-stamping process. So whatever the Eurogroup has decided, Ecofin says, “okay, we’ll do it.” There is never any debate.

NOAM CHOMSKY: No debate. No debate.

YANIS VAROUFAKIS: Let me tell you, this is quite interesting. How I came to understand that this is a paralegal group. At some point, the troika inside the Eurogroup, because it’s not just the finance ministers, it’s the IMF, Lagarde is sitting there, Thomsen is sitting there, the European Central Bank is sitting there, the Commission is sitting there, they set the scene and then the vermin, us, the finance ministers, simply nod, happy.

NOAM CHOMSKY: And the IMF has no reaction to the Eurogroup decisions?

YANIS VAROUFAKIS: Well, it’s in the Eurogroup, the IMF is part of the Eurogroup. It’s astonishing, isn’t it?

NOAM CHOMSKY: So they’re represented in the Eurogroup.

YANIS VAROUFAKIS: Well, let me give you an example. When the ultimatum was presented to me on the 25th of June, on a take-it-or-leave-it basis, and what that meant was that if I said, “No, I’m leaving it,” our banks would have been closed, as they were, five days later. So that’s a pretty powerful ultimatum, it’s like making me an offer that I can’t refuse, even though we refused it. For a while.

NOAM CHOMSKY: For a while.

YANIS VAROUFAKIS: Until we caved in and then I resigned. But this is interesting. I was presented with this ultimatum. It comprised three chapters. One was the fiscal policy that we would have to follow for the next twenty years. Interesting. It’s interesting given that our mandate from the Greek people was only for four years.

NOAM CHOMSKY: This is spelled out.

YANIS VAROUFAKIS: Spelled out. In black and white, what the primary surplus should be, what the tax take should be, what measures we should use, what the VAT rate should be in order to get that primary surplus. Chapter 1. Chapter 2—

NOAM CHOMSKY: And this is specifically for Greece.

YANIS VAROUFAKIS: Only for Greece.

NOAM CHOMSKY: Has there been something similar for Spain, or Italy?

YANIS VAROUFAKIS: Yes. Portugal. This colonization is at full blast. It started with Greece, all bad things start with Greece. (laughter) And then they spread out. Greece is the laboratory of misanthropy.

NOAM CHOMSKY: How do they deal with France?

YANIS VAROUFAKIS: France of course is a final destination.

NOAM CHOMSKY: Is that beginning, to give orders to France?

YANIS VAROUFAKIS: Of course.

NOAM CHOMSKY: That is. From the Eurogroup.

YANIS VAROUFAKIS: Noam. The beauty of those five, six months in power. Power. Not, what power. In office—

NOAM CHOMSKY: Watching power.

(laughter/applause)

YANIS VAROUFAKIS: In office. The beauty of it was, you know, we academics all our lives we theorize about things. Okay, we try to get evidence, but we theorize. During those five months I didn’t have to theorize, and to answer your question about France, at some point I was having a very interesting conversation. I had many interesting conversations with the finance minister of Germany, Dr. Wolfgang Schäuble, at some point when I showed him this ultimatum and I said to him, it’s a long story, but I’ll cut it short.

I said to him, “Would you sign this?” I said, “Let’s take off our hats as finance ministers for a moment. I’ve been in politics for five months. You’ve been in politics for forty years, you keep barking in my ear that I should sign it. Stop telling me what to do. As human beings. You know that my people now are suffering a grave depression. We have children at school who faint as the result of malnutrition. Advise me on what to do, don’t tell me what to do, as somebody with forty years, a Europeanist, somebody who comes from a democratic country, Wolfgang to Yanis, not finance minister to finance minister.”

To his credit, he looked out of the window for a while, and he turned to me and he said—Well, the question that I’d actually asked him was, “Would you sign this?” And he turned around and said, “As a patriot, I wouldn’t.” Of course the next question was, “So why are you forcing me to do it?” He said, “Don’t you understand? I did this in the Baltics, in Portugal, in Ireland, you know. We have discipline to look after, and I want to take the troika to Paris.”

NOAM CHOMSKY: He said that.

YANIS VAROUFAKIS: Yes, so I don’t need to theorize. It starts with Greece. Greece is a pipsqueak country, it’s not that important. With that small problem you impose these unsustainable loans, which give creditors huge power and then you start cutting, cutting, cutting, because the final intention, and I try to explain this in this book, is to curtail the Parisian elite’s long-standing ambition to usurp the power of the Deutsche Mark for the purpose of expanding the French nation-state’s reach and control of Europe.

NOAM CHOMSKY: And also I presume for the Bundesbank to be able to control the French budget.

YANIS VAROUFAKIS: Absolutely, not so much the Bundesbank, but the finance minister himself. And I don’t blame the Germans for that. If you go back to 1992, when the euro was first created, the Maastricht Treaty, to convince the French to vote for it, the French conservative newspaper Le Figaro had a headline that was offensive to human beings. It read, as an encouragement to the French to love the Maastricht Treaty, “Maastrict,” and underneath, “A New Versailles Treaty without a shot being fired.” Now that is offensive to the German people, it is offensive to anyone who understands the pain of the Second World War. It is offense to all well-intentioned human beings.

NOAM CHOMSKY: And do you think French elites actually believed that at Maastricht?

YANIS VAROUFAKIS: Absolutely. And this was the intention. The goal in 1965, in response to a journalist, who asked him don’t you worry that with this European Economic Union, Germany is going to become the powerful country here, and his response was, “They’re going to be the horse and we are going to be the carriage driver.” It’s clear.

NOAM CHOMSKY: The Brussels bureaucrats.

YANIS VAROUFAKIS: The French graduates of the great Grandes Écoles who would be populating the Brussels bureaucracy. We should not be anti-German, anti-French, we just must understand that the elites of Europe have made a complete and utter mess of the project of European union.

NOAM CHOMSKY: Yes but when you get to Maastricht, the French elites still believed that they were controlling German power in the Maastricht Treaty?

YANIS VAROUFAKIS: Yes.

NOAM CHOMSKY: That’s pretty astonishing.

YANIS VAROUFAKIS: It’s an astonishing error on their part. But so was the German elite’s estimation that—Helmut Kohl for instance, who was a Europeanist, who was a federalist deep down, that you create a currency union first and when it gets in trouble, the political union would follow. What an error. When you create a gold standard and it starts fragmenting, you’re not going to end up with a political union, you’re going to end up with an abyss. You’re going to end up with Le Pen in government in France, the Golden Dawn in Greece, the AfD there in Germany and the fragmentation.

NOAM CHOMSKY: Do you think he understood say Nicholas Kaldor’s prediction?

YANIS VAROUFAKIS: He never did.

NOAM CHOMSKY: Never?

YANIS VAROUFAKIS: No. None of them did.

NOAM CHOMSKY: Including Kohl?

YANIS VAROUFAKIS: Including Kohl. He didn’t understand it and he didn’t believe it. He really genuinely thought and in a rather simpleminded manner that we are creating this monetary union. Its fragmentation is going to bring about humungous costs for Europeans, so our successors, when this fragmentation begins, must fix it by creating a political union. Well, yes, they must, but they are not doing it. And they are not doing it because they are falling prey to this self-reinforcing negative feedback mechanism between authoritarianism and bad austerity policies.

NOAM CHOMSKY: How did the Fed respond to Maastricht?

YANIS VAROUFAKIS: The Fed?

NOAM CHOMSKY: Yeah.

YANIS VAROUFAKIS: It is interesting. Remember Alan Greenspan was not the most astute of central bankers.

(laughter)

NOAM CHOMSKY: He was in some ways. He understood why the economy was working so well. Remember his testimony to Congress where explained how magnificent the economy was that he was administering. He said it was based on growing worker insecurity.

YANIS VAROUFAKIS: True.

NOAM CHOMSKY: That was a good remark.

YANIS VAROUFAKIS: Yes, so he was a real class warrior, but he did not understand finance.

NOAM CHOMSKY: Yeah.

YANIS VAROUFAKIS: Unlike Paul Volcker.

NOAM CHOMSKY: But he understood power.

YANIS VAROUFAKIS: Yes, he understood power, but Paul Volcker, his predecessor, understood both power and the pitfalls of overreliance on markets.

NOAM CHOMSKY: Yeah, okay, so what was the reaction to Maastricht by the Fed?

YANIS VAROUFAKIS: None.

NOAM CHOMSKY: None? They didn’t pay attention?

YANIS VAROUFAKIS: Yeah, there was—well, I did not know of any substantial reaction. I haven’t seen any, I’ve done some research, they were just going along. They would be making comments about the specifics, technicalities, but not any—Paul Volcker did make some very interesting comments.

NOAM CHOMSKY: What was his reaction?

YANIS VAROUFAKIS: All very critical. He was very critical of the lack of checks and balances and shock-absorbing mechanisms. But Alan Greenspan and the Fed under Alan Greenspan indulged in autolobotomy regarding these structural aspects of global capitalism.

NOAM CHOMSKY: Actually I want to bring up the 1953 story. That’s quite critical.

YANIS VAROUFAKIS: Well, it’s part of a broader story of American hegemony after the Second World War, which has two dimensions that are of course interwoven. One is the Cold War story, which is a very important story, and the increasing authoritarianism of the United States after Truman.

NOAM CHOMSKY: Yeah.

YANIS VAROUFAKIS: Beginning with the Truman Doctrine, again, Greece, remember, everything bad starts in Greece, like the Cold War, which began in the streets of Athens in December 1944, not in Berlin, then spread to Berlin, with the first attempts by the CIA, successful attempts, to overthrow governments that they considered inimical to the interests of the global empire. Like the Mosaddegh government, then later our government. I grew up in the dictatorship that the CIA managed to create before the Pentagon had its own coup with the generals.

You know, there was a wonderful race between the Pentagon on the one hand and the CIA as to who was going to stage the Greek coup in 1967 first, and they were working quite separately from one another, the Pentagon with generals and the king, the CIA with the colonels, and the colonels got in first, they were more agile, so they moved in first, then you had Pinochet, you had the Latin American brutality and so on, so that’s one story. We all know about American imperialism post 1944.

But the second dimension, which is much more interesting and much more benign. Because if you look at—it starts with Bretton Woods, an attempt to prevent by the New Dealers in power, and by some very good people, to prevent another Great Depression in the states. The great fear of course was in 1944, they could see that the war would end, they could see that the wonderful factories that were churning out the aircraft carriers, the tanks, the bullets, the jeeps, and so on, even if they were reconfigured to produce white goods and cars and consumer durables, there would not be sufficient demand within America for all those products that these factories could potentially make, so eventually they would scale down investment at a time when the American GIs, the American soldiers would be coming back from the front and that would spear—and they called it “the 1949 moment,” they feared that the 1949—that twenty years after 1929 there would be another crash.

NOAM CHOMSKY: The famous dollar gap.

YANIS VAROUFAKIS: Exactly. So they sat down and designed a magnificent global plan to prevent this from happening. They also knew—there was the Cold War of course, there was the pressing agenda of making sure that Europe doesn’t fall to the communists and Asia doesn’t fall to the communists, so the two dimensions were combined and the global plan of which the Bretton Woods system was just one part, entailed just to put it as succinctly as I can, the following characteristics and dimensions.

Europe would be dollarized, so that Europeans could buy the gleaming cars and the gleaming aircraft and washing machines from Westinghouse and so on and so forth that America would not be able to absorb on American soil. Europeans were in ashes after the war, so they needed to be dollarized. So they would be allowed to recreate all their own currencies, but their currencies would be pegged to the dollar, effectively they would have the dollar in different form. And that was a fixed-exchange-rate regime.

It was very similar to the gold exchange standard but with a very great difference. The New Dealers who had felt the Great Depression in their bones, most of them, if you look at their biography, had actually suffered during the Great Depression, and they were very keen to avoid it again, understood that what was missing in the gold exchange standard, was a system of surplus recycling, of taking surpluses from jurisdictions where they were being created through a political mechanism and siphoning them in the form of productive investments or some kind of investment into the deficit areas, in order to be able to generate the income in the deficit areas that were necessary to keep purchasing stuff from the surplus countries, so the surplus countries could remain surplus countries, like America for instance. To keep recycling surpluses and deficits to maintain this global plan. If you think about the—This is an extension of the New Deal.

NOAM CHOMSKY: It’s worth bringing out the role of reconstructing Germany—

YANIS VAROUFAKIS: Of course. 

NOAM CHOMSKY: —in this system, which was quite critical.

YANIS VAROUFAKIS: I have looked at Senate papers from 1946 talking exactly about that, because this global plan had to rely on a European pillar and an Asia pillar, and they had to have a strong European currency and a strong Asian currency to act as shock absorbers. There are these amazing documents where they say, “American capitalism is going to going to go through a spasm like capitalism always does,” that shows a kind of understanding that today on the last twenty years is absent from policymakers. So they could see that there would be a recession.

And the question that we’re asking, if we only have one currency after the war, because Europe was destroyed and we would be dollarizing them. If we only had the dollar, any crisis in the dollar zone, in America, would be transmitted very quickly both to Asia and Europe and maybe those shocks would be magnified instead of being dampened. So we need shock absorbers, we need the European currency and the Asian currency that would do the shock absorbing. But in order for those currencies to be sufficiently strong they would have to have—

NOAM CHOMSKY: They’d have to be subordinate—

YANIS VAROUFAKIS: Industry. Industry.

NOAM CHOMSKY: And crucially subordinate to the dollar. Not—

YANIS VAROUFAKIS: Exactly. Exactly. So they would have to be net exporters in their vicinity. Germany within the rest of Europe, Japan within China.

NOAM CHOMSKY: Within the global system managed and run—

YANIS VAROUFAKIS: Within the global system under the tutelage—

NOAM CHOMSKY: That’s the Keynes/White dispute.

YANIS VAROUFAKIS: The Battle of Bretton Woods, which is an amazing episode in intellectual and financial history. At that point the problem they had when they were thinking about this in 1946, late ’45, early ’46, is they already had agreed with the French to turn Germany into a pastoral land, to deindustrialize Germany. So they had to go back to the French and say, “We changed our minds,” and they did, and they offered them a bargain. “You will agree to the reindustrialization of Germany. You will agree to a write-down of German debt, otherwise the German economy will never be able to recover if it is in a dark cloud of unsustainable debt. And in return what we’re going to give you is the leadership of Europe.” This is the goal idea, that they are the drivers of the carriage and Germany is the horse that powers it, and indeed this is what happened. If you think of—where is the OECD? It’s in Paris. What is the OECD? The OECD is a relic of the Marshall Plan. So the French were distributing Marshall aid in Europe. Think about Brussels. Brussels was completely and utterly designed by the French elite.

NOAM CHOMSKY: Yeah.

YANIS VAROUFAKIS: Think about the IMF. Why is Christine Legarde the managing director of the IMF? Why was Strauss-Kahn the manager —this is still the relic, the leftover of this deal with the French and the Germans. Interestingly, so going to ’53. Fifty-three is where the Americans grabbed the heads of the British, of the French, of the Italians, and of the Greeks, incidentally, and banged them together and said, “You are going to write down German debt.” So Greece was owed money by Germany that it throws off so that Germany could reindustrialize in the 1950s.

NOAM CHOMSKY: And that illustrates the title of your book. The French got something in return, the Greeks didn’t, the weak suffer as they must.

YANIS VAROUFAKIS: Yes, indeed. But of course I always like to leave a degree of optimism hanging in the air (laughter) so you may have noticed that my book ends with—the title ends with a question mark, and the emphasis is on the question mark and the dedication is to my mother and it says that my mother would have slaughtered with immense kindness anyone who dared say that the weak suffered what they must. And even the original expression comes from Thucydides in the History of the Peloponnesian War, when he recounts as an Athenian—remember, Thucydides is an Athenian historian and soldier and general who is recounting the story of when Athens sent a fleet with troops, the marines, the Athenian marines, to the island of Melos to crash the local society, the local city-state. Why? Because Melos refused to take sides in the cold war, or actually the hot war at the time, between Athens and Sparta. And Athens had its own NATO in the archipelago of the Aegean and it was very worried that if the Melians were allowed to be independent, then the rest might get ideas that they want to exit NATO, the NATO of the time, so they sent the troops to crush them. And there is this interesting meeting when the Athenian generals meet the Melian representatives, delegates to announce to them, but you know, your life is over, surrender quietly and we will sell you as slaves. If you resist, we are going to crush you. And the Melians gave them a Kantian argument that you should never treat human beings as a means to an end, you should treat them as an ends in themselves. Not exactly but more or less this.

NOAM CHOMSKY: They hadn’t read Kant yet, remember.

YANIS VAROUFAKIS: Of course, but it was more or less that kind of Kantian argument. You should treat those in a position of weakness in the same way you would want to be treated in a position of weakness, because one day you will be in a position of weakness, as of course the Athenians of course did become—

NOAM CHOMSKY: Very soon.

YANIS VAROUFAKIS: Shortly afterwards when they lost the war to Sparta, and the Athenian general responded, no, you’ve got it just wrong, the strong do what they can, and the weak suffer what they must. But Thucydides is telling us this story in order to allow us to criticize it. Thus the question.

NOAM CHOMSKY: Well, I think the real optimistic element in the book is the Condorcet quote about power really being in the hands of the masses if they take it.

YANIS VAROUFAKIS: In the mind of the masses.

NOAM CHOMSKY: In the mind, and in fact that goes back to and he was probably quoting David Hume, who in “The First Principles of Government” makes that point very clearly. He says it’s surprising to see the easiness with which the great mass of the population is subordinate to their governors, because power is in the hands of the governed, and if we inquire into the means by which this wonder is achieved we see that it is by consent alone that the powerful are able to govern. Meaning that if the governed refused to consent, to use your words, the game is over.

YANIS VAROUFAKIS: That’s exactly right. That’s exactly right. And I and Danae, my wife, we felt that on the third of July last year. And that was a magnificent moment. Because you’ve got to remember our government won the election in January 2015 with a mandate to speak truth to the powerful, to say no to them and, “do your worst, we are not accepting any more of your toxic loans under conditions that will shrink our economy and our people further.” And we won this election, but because of the system of disproportional representation, we won government with 36 percent of the vote. The previous governing party received something like 25 percent, so we had enough seats in parliament to form a government, but that’s 36 percent of the vote, and we had the whole media of Greece and the world completely and utterly, militantly against us.

We had the central bank, third day I was in my office, the president of the Eurogroup visited me to say, “Either you accept the existing policies,” the ones we were elected to challenge, “or your banks will be closed within a month.” So this is the—you can’t be weaker than that. We did have a strategy, we did have a secret weapon, we can talk about this later when we open this up, but when they closed our banks down, I believed that it was just a matter of days before our support would wane. And we had called for a referendum to support us to carry on fighting.

So remember, we had only won 36 percent. The banks were closed, people didn’t have access to their money. Pensioners were fainting in line in front of closed banks to get some money out in order to feed themselves. The press is bombarding, terrorizing people in their living rooms on their television sets, saying to them that if they went with us against the troika, Armageddon is going to come, and we’ll be expelled from the universe, not just Europe. (laughter) And those crazy, magnificent Greeks gave us 62 percent. Why? Because the one deficit they could not bear was the deficit of dignity. And they had a Condorcet moment.

(applause)

NOAM CHOMSKY: So what happens to Greece now?

YANIS VAROUFAKIS: Well, unfortunately, that very night of the referendum, our government, my prime minister, surrendered.

NOAM CHOMSKY: But now.

YANIS VAROUFAKIS: Well, to answer your question. That surrender meant that that we have the worst possible combination. We have a neoliberal ideology with completely anti-neoliberal policies. They increased the corporate tax rate, they increased the VAT rate, they increased the income tax rate, they reduced pensions, they reduced wages. So they did—

NOAM CHOMSKY: Even harsher conditions than the ones you refused.

YANIS VAROUFAKIS: Even harsher conditions. The Greek economy is fading, all business plans are going haywire, in a sense remember “liquidate, liquidate, liquidate” under President Hoover, Mellon, I think was the name of the U.S. treasury secretary that said that. That is what’s happening. Complete liquidation of Greek business, the Greek state, and the Greek people. And all that is happening in the context of the nineteenth-century gunboat diplomacy, the purpose of which is not so much Greece, it is how to keep France, Spain, Portugal.

After my prime minister’s surrender on the 13th of July, he signed the document of surrender, and you know what happened, the Spanish right-wing prime minister came out of the room wielding this document like this in front of the cameras, and speaking in Spanish to the Spanish media he said, “this is what you get if you vote for the Syriza of Spain,” for Podemos.

NOAM CHOMSKY: Podemos.

YANIS VAROUFAKIS: Well, thankfully, the Spanish voted him out but didn’t vote Podemos in, so they now have a hand parliament in Spain, no government.

NOAM CHOMSKY: No government.

YANIS VAROUFAKIS: Well, actually that’s much better than having that government.

NOAM CHOMSKY: So what do you think the future is for the peripheral—when you say “liquidate,” do you mean liquidate into German hands primarily?

YANIS VAROUFAKIS: No what I mean is, what’s going to happen is there’s going to have hundreds of thousands of small businesses, people who will lose their shops, they will lose their pharmacies, they will become homeless, they will leave the country, with their kids, who are well educated, they will go to Germany, they will go to Spain—Spain, no, because the Spaniards are leaving—they will come here, they will go Canada, they will go to Australia, they will go to South America, somewhere to find a way of making ends meet. You are going to have the liquidation of households with foreclosures and foreclosures in Greece are worse than here, because here you can take the keys to your house and go to the bank and say, “Take it. Bye.” In Greece, you can’t do that. Even if you lose your house, you still have the debt, you carry it with you, like Mephistopheles walking around with hell around him, you are walking around the world with that same debt, even though you no longer have the house.

NOAM CHOMSKY: It’s kind of like student debt here.

(applause)

YANIS VAROUFAKIS: Exactly. So in answer to your question, what is now the prospect of progressive politics and of hope in Greece? I think that now we had a window of opportunity in Greece to reboot this loan agreement and to reboot Europe, because had we succeeded there, then it would have really spread to Spain and to Italy and throughout the rest of Europe, we missed that. This is why I and some other utopians and recalcitrants throughout Europe, we have created what we call DiEM, the Democracy in Europe Movement, with our manifesto that Noam Chomsky signed, making me the happiest person in Europe.

(applause)

For the same very simple reason, I think we are in a 1930 moment. Shortly after the collapse of Wall Street, the great financial crisis, and just before the slide into a postmodern abyss of xenophobia, misanthropy, failed economic policies, austerity, debt deflation that will become a major source of uncertainty, of misanthropy, of pain and unnecessary not just for Europe but for the rest of the world. Allow me at this point, I have a pin that I’ve brought with me for DiEM to give to you which I am wearing, and this is a bit of propaganda for our Democracy in Europe Movement, and I can’t not give this to Noam Chomsky since he signed our manifesto.

(applause)

NOAM CHOMSKY: Thank you very much.

YANIS VAROUFAKIS: And I’m being signaled to that we have to open this up to Q and A.

NOAM CHOMSKY: It’s a good point, good point.

Q: Mr. Chomsky, Mr. Varoufakis my question is about European integration policy, the then and now. We know that in 1992 the leaders of the day signed the Maastricht Treaty, which stipulated those convergence criteria to measure well, I guess, the similarity between economies such that if they were able to fulfill those criteria, they qualified for the initial round of euro membership. Are EU policymakers only looking at those criteria now, those deficit criteria, or are they looking at other measures of integration given what we know about what’s—is that their only policy focus?

YANIS VAROUFAKIS: Well, let me say that they never looked at those criteria. These were bogus criteria. Greece didn’t meet those criteria. Italy didn’t meet those criteria. Far from it. The criterion was 60 percent of debt over GDP as a maximum. Italy had 100 percent. But of course the whole point of creating the Eurozone was in order to stop Fiat producing cars that would remain competitive vis-à-vis Volkswagens through devaluation of the lira. So they needed Italy, so they violated their own criteria. They just ignored them, and they brought Italy, Greece in. And you know how Greece got in? We had some smart people in the finance ministry, in the central bank of Greece, and they copied exactly the same tricks that they used to let Italy in. They said, “Well, we know what you’ve been up to. So if you let Italy in, we were doing the same tricks, we will present the same data, so either you have to kick the Italians out or allow us in as well.” So this is how we got caught up.

You’ve got to understand that it’s a very hypocritical concept, the whole thing, the whole process, so it was never a question of integration, really. It was a question of expanding the limits of predatory financialization. What did Greece have to offer the Eurozone? Can I tell what we had? We had no oil, we had really—we were not a traditional colony that had natural resources to—what we brought to the Eurozone was a population with minimal debt and a lot of equity. Because Greeks loathe debt. My parents’ generation didn’t have credit cards, personal loans, mortgages. They worked for thirty years, put some money aside, borrowed some money from an aunt or an uncle and bought a house, okay? So we were a dream come true for German and French bankers. We had a Protestant almost ethic in terms of debt, and there was very little debt. And a capacity, once extended, once the Deutsche Mark was extended to Greece, okay, we had the capacity to borrow and borrow and borrow on the basis of very sound collateral.

So this edifice was never designed to sustain an economic crisis. You know which were the two countries that violated the Maastricht criteria first, before anybody else? Germany and France. So these rules were written not to be respected, but were written to be used as a club by which to beat the weak and the ones who dare speak out against the irrationality of the system.

Q: Thank you.

YANIS VAROUFAKIS: Thank you.

(applause)

 Q: Hello. My question is for Mr. Chomsky. In the past you’ve been very critical of the way in which the West has engaged in political and economic imperialism around the world behind closed doors, kind of smoke and mirrors. How do you believe that transparency and democratizing the Eurozone—

NOAM CHOMSKY: And democratizing the Eurozone.

Q: How it will kind of affect or possibly deter this behavior?

NOAM CHOMSKY: Well, actually one of the things that Yanis discusses in his book is that the Eurozone—in the Eurozone, democracy has declined arguably even faster than it has in the United States. During this past generation of neoliberal policies there has been a global assault on democracy, that’s kind of inherent in the principles. And in the Eurozone it’s reached a remarkable level. I mean, even the Wall Street Journal, hardly a critical rag, (laughter) pointed out that no matter who gets elected in a European country, whether it’s communist, fascist, anybody else, the policies remain the same. And the reason is they’re all set in Brussels, by the bureaucracy, and the citizens of the national states have no role in this, and when they try to have a role, as in the Greek referendum, they get smashed down. That’s a rare step. Mostly they are sitting by passively as victims of policies over which they have nothing to say, and what Yanis said about the Eurogroup is quite striking. This is a completely unelected work group. Not in any remote way related to citizens’ decisions, but it’s basically making the decisions, the choices and decisions. That’s even beyond what happens here. Here it’s bad enough, but that’s more extreme.

YANIS VAROUFAKIS: Let me add to this just to clarify something. Actually I will go further than Noam about Europe. The European Union doesn’t suffer or the Eurogroup from a democratic deficit. It’s like saying that we are on the moon and there is an oxygen deficit. There is no oxygen deficit on the moon. There is no oxygen, full stop. (laughter)And this is official in Europe.

At my first Eurogroup, as the rookie around, I was given the floor to set out our policies and to introduce myself, which is nice, and I gave the most moderate speech that I thought it was humanly possible to make. I said, “I know that you are annoyed I’m here. Your favorite guy didn’t get elected, I got elected, I’m here, but I’m here in order to work with you, to find common ground, there is a failed program that you want to keep insisting on implementing in Greece, we have our mandate, let’s sit down and find common ground.” I thought that was a pretty moderate thing to say. They didn’t.

And then after me, after I had expounded the principle of continuity and the principle of democracy, and the idea of having some compromise between the two, Doctor Wolfgang Schäuble puts his name tag forward and demands the floor and he comes up with a magnificent statement, verbatim I’m going to give you what he said, “Elections cannot be allowed to change the economic policies of any country.” (laughter) At which point I intervened and said, “this is the greatest gift to the Communist Party of China, because they believe that too.” (laughter)

Now, while I was in there at the twelve Eurogroup meetings that I attended before I resigned, I noticed in those very lengthy, incredibly intense and depressing sequences of discussions, some of them lasted more than twelve hours. The room was full of cameras, microphones, you know, these screens, we had thirty of them, we were in the same room with people and I was watching them on television. Because, you know, this is the power of the screen. You don’t watch the person speaking, you watch him on the screen, or her. Yeah?

And at some point it hit me, “We don’t need a revolution here, somebody in the control booth just press a button and connect all these cameras to the Internet.” Just imagine if that were to happen, huh? You don’t need a treaty change, a constitution, a revolution, nothing. Somebody just press a button, like in a science fiction movie, you press a button and suddenly have a new universe. What would happen? Would Schäuble say this? I don’t know, maybe he would, but you know what, it would make a difference for the Germans, the French, the Portuguese, to hear him say those words, instead of reading the Financial Times where people like Peter Spiegel were simply saying that Yanis Varoufakis was resisting reform in his country and he demanded more money for it. So transparency is everything. It’s a first step. It’s a huge revolutionary step that takes nothing more than the press of a button so this is why on our side again, I’m a salesperson here tonight.

In DiEM25.org, there’s a transparency in Europe now campaign where we’re demanding the livestreaming of all these meetings. We’re demanding that the ECB publishes its minutes. (applause) We’re demanding that all the TTIP negotiating. Do you know that as the minister of state for finance in Greece in order to look at the TTIP documents of the negotiations between the European Union to which I was a finance minister and the United States I had to sign a nondisclosure agreement? In other words, the price of looking at those documents was that I promised not to tell my electorate. So if you can, get into our site and sign the petition for transparency. It’s a small step, just to make it difficult for them. Even if they have to answer the question why are they not livestreaming the meetings, that’s a small step, because you are putting them in a difficult position.

PAUL HOLDENGRÄBER: I just want to say that we are also livestreaming, (laughter)and that I’m not going to tell you how many questions we’re going to take, but we’re going to end at 8:59, so next question.

YANIS VAROUFAKIS: 8:59, you and your precision.

PAUL HOLDENGRÄBER: 9:01.

Q: Hi, it’s a little bit follow-up question to the previous one to Varoufakis. You wrote that Wolfgang Schäuble wants to kind of have a superminister of all of the Eurozone. Nonelected, will just kind of decide on national—that’s his plan. But I’m just wondering what do you propose instead because sometimes it’s a bit unclear to me if you also want kind of a superminister, just an elected one, or if you want more power taken back to the national countries? And also—

YANIS VAROUFAKIS: You have a second question?

PAUL HOLDENGRÄBER: Just one question.

Q: But also just that Eurozone, if you want to keep the euro in the long term or if it should be maybe slowly—

YANIS VAROUFAKIS: It’s the same question.

Q: Yes.

YANIS VAROUFAKIS: Let me be brief. What Schäuble wants and I know that because he’s written about it and we’ve discussed it, is a semblance of federation where the Eurogroup becomes a—he doesn’t feel good that it’s not legal. He wants to legalize it. And he wants to turn the president of the Eurogroup the fiscal leviathan of the Eurozone. He doesn’t call him that, but he wants him to be if you want the fiscal representative of—or the treasurer, the treasurer of the Eurozone. But he wants to give this person a tiny little budget, tiny federal budget, 1 percent of GDP, nothing, in other words, and the main function of this person will be to have a veto power over national budgets.

Now this is a monstrous notion. Let me give you an example. On the one hand you have a parliament, the French National Assembly, voting in a budget. OK? The budget of the French government is 50 percent of GDP; half of the economy of France is controlled by the state. Now you’re going to have a fiscal overlord in Europe, that has a 1 percent budget, in other words has absolutely no capacity to affect surplus recycling within Europe and stabilize European capitalism, but he is going to have—I was going to say he or she but we know it’s going to be a he, don’t we? He is going to have the right to veto the budget that National Assembly of France voted. And why? To keep countries within the fiscal constraints of the Maastricht Treaty, which has so spectacularly and abundantly failed.

And let me give you an example of why this is just mad, and makes absolutely no sense, even from a neoliberal perspective. Take Ireland, Ireland before 2008 was the blue-eyed boy or girl of the international neoliberal Washington consensus. They had turned their markets so elastic that they, you know, they resembled the circus. They had a debt-to-GDP ratio of 25 percent. Half that of Germany. They were never above budget, they had a surplus, actually they had a surplus in their, they call it their federal budget, I call it their state budget. So they were the model country, the model citizen of the neoliberal mantra, okay?

Now, of course, if you look at what was happening in the private sector, they had gone crazy with, there was a frenzy of indebtedness like here in Wall Street and so on and so forth. The moment the credit crunch begun after Lehman Brothers, the developers went bust, the developers’ loans to the Anglo-Irish Bank and the various other shady banks in Ireland went bad, they became nonperforming, those banks immediately became insolvent, and then the president of the Central Bank, a certain Mr. Jean-Claude Trichet, called the Irish prime minister, “transfer all the losses of the private sector onto the public books, onto the taxpayers, or else, or I will close down your banks.” Remember that happened to me a few years later too. And at that point suddenly Irish publish debt went from 25 percent to 120 percent.

Now, what would the fiscal overlord do then? Nothing. Would he veto this? No, because it was the Central Bank’s direct directive that pushed all the losses of the private sector onto the taxpayer. So this system that Dr. Schäuble is proposing is just an attempt to legitimize the illegitimate current informal system. It has absolutely no capacity to stabilize European capitalism. The only thing it will do, it will formalize the current impasse.

You’re asking me what I want. I would like a federal democracy. I would like a European parliament, I would like a federal government with a substantial budget and proper surplus recycling and I would like to have a European Union constitution that is fifteen, twenty pages and not written by a failed former president of France that scripts the preface, that happened 2005, beginning with the rights of capital. You knew that one, didn’t you? That there was an attempt to write the European Union that began, the preface, the bill of rights was all about the rights of capital. You can’t make it up.

NOAM CHOMSKY: Schäuble’s comment about elections.

Q: Hi, first of all, I’m very honored to be here in front of both of you. I wanted to ask a quick question for Yanis. To what extent do you agree with the notion that the Greek government was caught in a tragic circumstance, and they did what their options allowed them to do at the time, given that the other option might have been an exit from the euro combined with the refugee crisis that they have now. And for Mr. Chomsky, I wanted to ask a little bit your evaluation on the Bernie Sanders phenomenon in American politics and how do you evaluate that for the future of American politics?

NOAM CHOMSKY: Sorry, say it again?

YANIS VAROUFAKIS: Bernie Sanders.

NOAM CHOMSKY: Oh, Bernie.

YANIS VAROUFAKIS: Bernie. You start with Bernie.

NOAM CHOMSKY: Well, Bernie Sanders is an extremely interesting phenomenon. He’s a decent, honest person. It’s pretty unusual in the political system. (laughter) Maybe there are two of them in the world. (applause) But he’s considered a radical, an extremist, which is a pretty interesting characterization, because he’s basically a mainstream New Deal Democrat. His positions would not have surprised President Eisenhower, who said, in fact, that anyone who does not accept New Deal programs doesn’t belong in the American political system. That’s now considered very radical.

The other interesting aspect of Sanders’s positions is that they’re quite strongly supported by the general public and have been for a long time. That’s true on taxes, it’s true on health care. So take, say, health care. His proposal for a national health care system, meaning the kind of system that just about every other developed country has, at half the per capita cost of the United States and comparable or better outcomes. That’s considered very radical, but it’s been the position of the majority of the American population for a long time. So if you go back say to the Reagan—Right now, for example, latest polls about 60 percent of the American population favor it.

When Obama put forward the Affordable Care Act, there was you recall a public option, but that was dropped. It was dropped even though it was supported by about almost two thirds of the population. You go back earlier, say to the Reagan years, about 70 percent of the population thought that national health care should be in the constitution because it’s such an obvious right, and in fact about 40 percent of the population thought it was in the constitution, (laughter) again because it’s such an obvious right. And the same is true on tax policy and others.

So we have this phenomenon where someone is taking positions that would have been considered pretty mainstream during the Eisenhower years, that are supported by a large part or from a considerable majority of the population, but he’s dismissed as radical and extremist. That’s an indication of how the spectrum has shifted to the right during the neoliberal period, so far to the right that the contemporary Democrats are pretty much what used to be called moderate Republicans. And the Republicans are just off the spectrum. (laughter) They’re not a legitimate parliamentary party anymore.

And Sanders has the—significant part of the—he has pressed the mainstream Democrats a little bit towards the progressive side. You see that in Clinton’s statements. But he has mobilized a large number of young people. These young people who are saying, “look, we’re not going to consent anymore,” and if that turns into a continuing organized mobilized, mobilized force, that could change the country. Maybe not for this election but in the longer term.

(applause)

YANIS VAROUFAKIS: I’m going to answer your question by saying, and I hope you don’t consider this to be too harsh a judgment of your question. I will say that embedded in your question is the most toxic form of TINA, of the proposition that there is no alternative. The idea that in the end we had to surrender because the alternative would be worse effectively denigrates the 62 percent of Greeks who ordered us not to surrender. And it denigrates those of us who actually won government, because if what you said is right, we wouldn’t leave. We walked in there and thought that with the power of our rationality and the force of our personality we would convince the troika of lenders to be kind to us, we were relying on the kindness of creditors. No, we were not naïve. From 2012 to 2013 I had long conversations with our team, the team that eventually became the negotiating team, the government, the inner cabinet, the war cabinet as we called it, and we were talking about how are we going to respond to the threat of bank closures that would happen on the first day of our government. And we had worked out a plan of what our retaliation would be. I won’t bore you know, we don’t have the time, I have spoken about this extensively, we would have to haircut the bonds that the ECB held that were in Greek law. It was perfectly simple to do it and we would not end up as Argentina because it was Greek law, the ECB would have to come to a Greek court to contest it, they would not be dragging us to Luxembourg to London or to New York and that would have crippled QE, it would have brought down with a very high probability the euro, so if they closed down our banks, we had a weapon by which to retaliate. We were planning a parallel payment system in case the banking system was in disrepair, could not be used for transaction.

We had that agreement. It’s the only reason I stood in front of the Greek people and asked them to vote me in. I didn’t ask them to do this in order for me to go in there and go in to the Eurogroup and give nice speeches and hope for the best. And we did not see this through. To say that it was inevitable that we would surrender and that the alternative would be worse is effectively to confirm that there is no alternative to barbarism, and I shall not confirm this.

Q: Thank you.

(applause)

PAUL HOLDENGRÄBER: If this would be okay for you, may I suggest that we take, we bundle three questions together and so you ask three brief questions, you ask one question, you ask one question, and that gentleman there asks one question, and the others of you there I applaud you for being so hopeful.

(laughter)

Q: Thank you very much for this conversation and I would like to ask my question to both of you. You have discussed the situation in Spain and we have just found today that after four months without being able to form a government there will be new general elections on the 26th of June so my question would be which would be your message in this critical juncture in the battle of ideas in Europe for the Spanish people and also for Podemos? Thank you.

PAUL HOLDENGRÄBER: Question number 1. Question number 2?

Q: Yes, thank you for a fascinating evening. Austerity is bankrupt. It’s bankrupt empirically, it’s bankrupt intellectually, it continues to be imposed on the people of Europe. You have framed this tonight as primarily a political conflict, primarily between Germany and France. Can’t we interpret this as an agenda by people who have no particular political or national allegiances to impose Reagan- and Thatcher-style capitalism on the core of Europe, including Germany, what happens to German pensions at the end of this game?

PAUL HOLDENGRÄBER: And the last question.

Q: My question was concerning some of the other peripheral countries in Europe—Ireland, Spain, and Italy and their national governments did not support you last year during the crisis. Now would you comment on that and also what do you think the prospects for those countries are now, economically?

NOAM CHOMSKY: Well, the message for the people of Spain I think should be this,(applause) that’s what they should be voting for, and they can achieve it. Go back to David Hume. Power is in the hands of the people if they don’t consent, and that’s critical.

YANIS VAROUFAKIS: I have nothing to add to this. I’ll try to combine with the last question, because what applies to the people of Spain applies to the people of Italy, to the people of France but indeed also to the people of Germany, and that brings us to the other question as well. We’re in it together.

The notion that Europe is split between north and south and that north is populated by all the ants whereas the grasshoppers have congregated to the south and to Ireland is a very strange idea. There are ants and there are grasshoppers everywhere. What happened before 2008 was the grasshoppers of the south and the grasshoppers of the north got together into a splendid alliance of debt-driven frenzy. They were the bankers. They were the spivs, they were those who predicated their growth on transfers from the European Union budget to create motorways that went to nowhere, Olympic Game sites in Greece, and so on and so forth, and they became fabulously rich. This was the alliance of the grasshoppers. The ants were working very hard and were finding it very hard to make ends meet during the good times. And then when the grasshoppers’ empire collapsed, it was the ants of the north and the ants of the south that had to bail them out, and it’s time for the ants of the north and the ants of the south to unite in Europe to change that crazy regime.

(applause)

PAUL HOLDENGRÄBER: Any final words?

NOAM CHOMSKY: I think—

YANIS VAROUFAKIS: I want to pay my respects to this institution, and I want to thank you and to your staff—I met some of them before—for the diligence and the dedication and the enthusiasm. If only our rulers had a modicum, a percentage, a small percentage to public service, the world would have been a much better place.

PAUL HOLDENGRÄBER: Continue, continue a little more. (laughter) Thank you very much!

(applause)

 

Orígen y auge de las lumpenburguesías Lationoamericanas

NOTA DE INTROFILOSOFIA: Estos hechos reflejan un modelo que opera no sólo en
 Latinoamérica, en España muy similar: la etapa más reciente, ocho años de 
gobierno de la
 Derecha (PP) y los anteriores ocho de un Partido Socialista Obrero Español,
 ex socialista y hoy y hace varias décadas,
 socialfascista, prueban la analoga manera de saquear 
lumpenburguesc38da-lumpendesarrollo-andrc3a9gunderfrank-portada-1971

+++"[...]unos pocos, entre los que me encuentro, llegamos a la conclusión 
de que buscar una coherencia estratégica general en esas decisiones no 
era una tarea fácil pero tampoco difícil sino sencillamente imposible. 
La llegada de la derecha al gobierno no significa el reemplazo del 
modelo anterior (desarrollista, neokeynesiano o como se lo quiera 
calificar) por un nuevo modelo (elitista) de desarrollo, sino 
simplemente el inicio de un gigantesco saqueo donde cada banda de 
saqueadores obtiene el botín que puede obtener en el menor tiempo 
posible y luego de conseguido pugna por más a costa de las víctimas pero 
también si es necesario de sus competidores. La anunciada libertad del 
mercado no significó la instalación de un nuevo orden sino el despliegue 
de fuerzas entrópicas, el país burgués no realizó una reconversión 
elitista-exportadora sino que se sumergió en un gigantesco proceso 
destructivo."ORIGEN Y AUGE DE LAS LUMPENBURGUESÍAS LATINOAMERICANAS

por Jorge Beinstein

A raíz de la llegada Mauricio Macri a la presidencia se desató en 
algunos círculos académicos argentinos la reflexión en torno del “modelo 
económico” que la derecha estaba intentando imponer. Se trató no solo de 
hurgar en los curriculum vitae de ministros, secretarios de estado y 
otros altos funcionarios sino sobre todo en la avalancha de decretos que 
desde el primer día de gobierno se precipitaron sobre el país. Buscarle 
coherencia estratégica a ese conjunto fue una tarea ardua que a cada 
paso chocaba con contradicciones que obligaban a desechar hipótesis sin 
que se pudiera llegar a un esquema mínimamente riguroso. La mayor de 
ellas fue probablemente la flagrante contradicción entre medidas que 
destruyen el mercado interno para favorecer a una supuesta ola 
exportadora evidentemente inviable ante el repliegue de la economía 
global, otra es la suba de las tasas de interés que comprime al consumo 
y a las inversiones a la espera de una ilusoria llegada de fondos 
provenientes de un sistema financiero internacional en crisis que lo 
único que puede brindar es el armado de bicicletas especulativas.



Algunos optaron por resolver el tema adoptando definiciones abstractas 
tan generales como poco operativas (“modelo favorable al gran capital”, 
“restauración neoliberal”, etc.), otros decidieron seguir el estudio 
pero cada vez que llegaban a una conclusión satisfactoria aparecía un 
nuevo hecho que les tiraba abajo el edificio intelectual construido y 
finalmente unos pocos, entre los que me encuentro, llegamos a la 
conclusión de que buscar una coherencia estratégica general en esas 
decisiones no era una tarea fácil pero tampoco difícil sino 
sencillamente imposible. La llegada de la derecha al gobierno no 
significa el reemplazo del modelo anterior (desarrollista, neokeynesiano 
o como se lo quiera calificar) por un nuevo modelo (elitista) de 
desarrollo, sino simplemente el inicio de un gigantesco saqueo donde 
cada banda de saqueadores obtiene el botín que puede obtener en el menor 
tiempo posible y luego de conseguido pugna por más a costa de las 
víctimas pero también si es necesario de sus competidores. La anunciada 
libertad del mercado no significó la instalación de un nuevo orden sino 
el despliegue de fuerzas entrópicas, el país burgués no realizó una 
reconversión elitista-exportadora sino que se sumergió en un gigantesco 
proceso destructivo.



Si estudiamos los objetivos económicos reales de otras derechas 
latinoamericanas como las de Venezuela, Ecuador o Brasil encontraremos 
similitudes sorprendentes con el caso argentino, incoherencias de todo 
tipo, autismos desenfrenados que ignoran el contexto global así como las 
consecuencias desestabilizadoras de sus acciones o “proyectos” 
generadores de destrucciones sociales desmesuradas y posibles efectos 
boomerang contra la propia derecha[1]. Es evidente que el cortoplacismo 
y la satisfacción de apetitos parciales dominan el escenario.



En la década de 1980 pero sobre todo en los años 1990 el discurso 
neoliberal desbordaba optimismo, el “fantasma comunista” había implotado 
y el planeta quedaba a disposición de la única superpotencia: los 
Estados Unidos, el libre mercado aparecía con su imagen triunfalista 
prometiendo prosperidad para todos. Como sabemos esa avalancha no era 
portadora de prosperidad sino de especulación financiera, mientras la 
tasas de crecimiento económico real global seguían descendiendo 
tendencialmente desde los años 1970 (y hasta la actualidad) la masa 
financiera comenzó a expandirse en progresión geométrica. Se estaban 
produciendo cambios de fondo en el sistema, mutaciones en sus 
principales protagonistas que obligaban a una reconceptualización. En el 
comando de la nave capitalista global comenzaban a ser desplazados los 
burgueses titulares de empresas productoras de objetos útiles, inútiles 
o abiertamente nocivos y su corte de ingenieros industriales, militares 
uniformados y políticos solemnes, y empezaban a asomar especuladores 
financieros, payasos y mercenarios despiadados, la criminalidad anterior 
medianamente estructurada comenzaba a ser remplazada por un sistema 
caótico mucho más letal. Se retiraba el productivismo keynesiano 
(heredero el viejo productivismo liberal) y comenzaba a instalarse el 
parasitismo neoliberal.



El concepto de lumpenburguesía



Existen antecedentes de ese concepto, por ejemplo en Marx cuando 
describía a la monarquía orleanista de Francia (1830-1848) como un 
sistema bajo la dominación de la aristocracia financiera señalando que 
“en las cumbres de la sociedad burguesa se propagó el desenfreno por la 
satisfacción de los apetitos más malsanos y desordenados, que a cada 
paso chocaban con las mismas leyes de la burguesía , desenfreno en el 
que, por la ley natural, va a buscar su satisfacción la riqueza 
procedente del juego, desenfreno por el que el placer se convierte en 
crápula y en que confluyen el dinero, el lodo y la sangre. La 
aristocracia financiera, lo mismo en sus métodos de adquisición, que en 
sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpenproletariado en 
las cumbres de la sociedad burguesa”[2]. La aristocracia financiera 
aparecía en ese enfoque claramente diferenciada de la burguesía 
industrial, clase explotadora insertada en el proceso productivo. Se 
trataba, según Marx, de un sector instalado en la cima de la sociedad 
que lograba enriquecerse “no mediante la producción sino mediante el 
escamoteo de la riqueza ajena ya creada”[3]. Ubiquemos dicha descripción 
en el contexto del siglo XIX europeo occidental marcado por el ascenso 
del capitalismo industrial donde esa aristocracia navegando entre la 
usura y el saqueo aparecía como una irrupción históricamente anómala 
destinada a ser desplazada tarde o temprano por el avance de la 
modernidad. Marx señalaba que hacia el final del ciclo orleanista “La 
burguesía industrial veía sus intereses en peligro, la pequeña burguesía 
estaba moralmente indignada, la imaginación popular se sublevaba. París 
estaba inundado de libelos. “La dinastía de los Rothschild”, “Los 
usureros, reyes de la época”, etc. en lo que se denunciaba y 
anatematizaba, con más o menos ingenio, la dominación de la aristocracia 
financiera” [4].



Resulta notable ver aparecer a los Rothschild como “usureros”, imagen 
claramente precapitalista, cuando en las décadas que siguieron y hasta 
la Primera Guerra Mundial simbolizaron al capitalismo más sofisticado y 
moderno. Karl Polanyi los idealizaba como pieza clave de la Haute 
Finance europea instrumento decisivo, según él, en el desarrollo 
equilibrado del capitalismo liberal, cumpliendo una función armonizadora 
poniéndose por encima de los nacionalismos, anudando compromisos y 
negocios que atravesaban las fronteras estatales calmando así la 
disputas interimperialistas. Describiendo a la Europa de las últimas 
décadas del siglo XIX Polanyi explicaba que: “los Rothschild no estaban 
sujetos a un gobierno; como una familia, incorporaban el principio 
abstracto del internacionalismo; su lealtad se entregaba a una firma, 
cuyo crédito se había convertido en la única conexión supranacional 
entre el gobierno político y el esfuerzo industrial en una economía 
mundial que crecía con rapidez”[5].



Lo que para Marx era una anomalía, un resto degenerado del pasado, para 
Polanyi era una pieza clave de la “Pax Europea”, del progreso liberal de 
Occidente quebrado en 1914.  La permanencia de los Rothschild y de sus 
colegas banqueros durante todo el largo ciclo del despegue y 
consolidación industrial de Europa demostró que no se trataba de una 
anomalía sino de una componente parasitaria indisociable (aunque no 
hegemónica en ese ciclo) de la reproducción capitalista. Por otra parte 
el estallido de 1914 y lo que siguió desmintió la imagen de cúpula 
armonizadora, estableciendo acuerdos, negocios que imponían equilibrios. 
Sus refinamientos y su aspecto “pacificador” formaban parte de un doble 
juego peligroso pero muy rentable, por un lado alentaban de manera 
discreta toda clase de aventuras coloniales y ambiciones nacionalistas 
como por ejemplo las carreras armamentistas (y de inmediato pasaban la 
cuenta) y por otro las calmaban cuando amenazaban producir desastres, 
pero esa sucesión de excitantes y calmantes aplicadas a monstruos que 
absorbían drogas cada vez más fuertes terminó como tenía que terminar: 
con un gigantesco estallido bajo la forma de Primera Guerra Mundial.



El concepto de “lumpenburguesía” aparece por primera vez hacia fines de 
los años 1950 a través de algunos textos de “Ernest Germain” seudónimo 
empleado por Ernest Mandel haciendo referencia a la burguesía de Brasil 
que el autor consideraba una clase semicolonial, “atrasada”, no 
completamente “burguesa” (en el sentido moderno-occidental del término). 
Fue retomado más adelante, en los años 1960-1970 por André Gunder Frank 
generalizándolo a las burguesías latinoamericanas[6]. Tanto Mandel como 
Gunder Frank establecían la diferencia entre las burguesías centrales: 
estructuradas, imperialistas, tecnológicamente sofisticadas y las 
burguesías periféricas, subdesarrolladas, semicoloniales, caóticas, en 
fin: lumpenburguesas (burguesías degradadas).



Pero ese esquema empezó a ser desmentido por la realidad desde los años 
1970 con la declinación del keynesianismo productivista y sus 
acompañantes reguladores e integradores.  Se desató el proceso de 
transnacionalización y financierización del capitalismo global que desde 
comienzos de los años 1990 (con la implosión de la URSS y la aceleración 
del ingreso de China en la economía de mercado) adquirió un ritmo 
desenfrenado y una extensión planetaria. Mientras se desaceleraba la 
economía productiva crecía exponencialmente la especulación financiera, 
una de sus componentes principales, los productos financieros derivados 
equivalían a unas dos veces el Producto Bruto Mundial en el 2000 y 
representaban en 2008 unas 12 veces el Producto Bruto Mundial, por su 
parte la masa financiera global (derivados y otros papeles) equivalía en 
ese momento a una 20 veces el Producto Bruto Mundial. Hegemonía 
financiera apabullante que transformó completamente la naturaleza de la 
elites económicas del planeta, la desregulación (es decir la violación 
creciente de todas las normas), el cortoplacismo, las dinámicas 
depredadoras, fueron los comportamientos dominantes produciendo veloces 
concentraciones de ingresos tanto en los países centrales como en los 
periféricos, marginaciones sociales, deterioros institucionales 
(incluidas las crisis de representatividad).



Todo ello se ha agravado desde la crisis financiera de 2008 confirmando 
la existencia de una lumpenburguesía global dominante (resultado de la 
decadencia sistémica general) cuyos hábitos de especulación y saqueo 
enlazan con ascensos militaristas que potencian su irracionalidad, los 
Estados Unidos se encuentran en el centro de esa peligrosa fuga hacia 
adelante. Escalada militar en el Este de Europa, Medio Oriente y Asia 
del Este acompañada por claros síntomas de descontrol financiero donde 
por ejemplo el Deustche Bank acumula actualmente unos 75 billones de 
dólares en productos financieros derivados[7], papeles altamente 
volátiles que representaban en 2015 unas 22 veces el Producto Bruto 
Interno de Alemania y unas 4,6 veces el Producto Bruto Interno de toda 
la Unión Europea, del otro lado del Atlántico solo cinco grandes bancos 
norteamericanos (Citigroup, JP Morgan, Goldman Sachs, Bank of America y 
Morgan Stanley) acumulaban derivados por cerca de 250 billones de 
dólares[8], equivalentes a 3,4 veces veces el Producto Bruto Mundial o 
bien unas 14 veces el Producto Bruto Interno de los Estados Unidos. 
Imaginemos las consecuencias económicas globales del muy probable 
desplome de esa masa de papeles, mientras tanto los grandes lobos de 
Wall Street juegan alegremente al poker admirados por pequeñas aves 
carroñeras de la periferia deseosas de “abrirse al mundo” y participar 
del festín.



América Latina



América Latina no ha quedado fuera de esa mutación de carácter global. 
Existe un consenso bastante amplio en cuanto a la configuración de las 
elites económicas latinoamericanas durante las dos primeras etapas de la 
“modernización” regional (es decir su integración plena al capitalismo) 
entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX: la 
agro-minera-exportadora con sus correspondientes “oligarquías” seguida 
por el llamado período (industrializante) de sustitución de 
importaciones con la emergencia de burguesías industriales locales. 
Especificidades nacionales de distinto tipo muestran casos que van desde 
la inexistencia de  “segunda etapa” en pequeños países casi sin 
industrias hasta desarrollos industriales significativos como en Brasil, 
Argentina o México con burguesías y empresas estatales poderosas. Desde 
prolongaciones industriales de las viejas oligarquías hasta irrupciones 
de clases nuevas , advenedizos no completamente admitidos por las viejas 
elites hasta integraciones de negocios donde los viejos apellidos se 
mezclaban con los de los recién llegados.



En torno de los años 1960-1970 el proceso de industrialización fue 
siendo acorralado por la debilidad de los mercados internos y su 
dependencia tecnológica y de las divisas proporcionadas por las 
exportaciones primarias tradicionales, apabullado por un capitalismo 
global que impuso ajustes y destruyó o se apoderó de tejidos productivos 
locales. La transnacionalización y financierización globales se 
expresaron en la región como desarrollo del subdesarrollo, firmas 
occidentales que pasaron a dominar áreas industriales decisivas mientras 
bancos europeos y norteamericanos hacía lo propio con el sector 
financiero, al mismo tiempo se agudizaba la exclusión social urbana y 
rural. La llamada etapa de industrialización por sustitución de 
importaciones había significado el fortalecimiento del Estado y en 
varios casos importantes la “nacionalización” de una porción 
significativa de las elites dominantes con la emergencia de burguesías 
industriales nacionales inestables, pero eso comenzó a ser revertido 
desde los años 1960-1970 y el proceso de colonización se aceleró en los 
años 1990.



Lo que ahora constatamos son combinaciones entre asentamientos de 
empresas transnacionales dominantes en la banca, el comercio, los medios 
de comunicación, la industria, etc. rodeados por círculos multiformes de 
burgueses locales completamente transnacionalizados en sus niveles más 
altos rodeados a su vez por sectores intermedios de distinto peso. Los 
grupos locales se caracterizan por una dinámica de tipo “financiero” 
combinando a gran velocidad toda clase de negocios legales, semilegales 
o abiertamente ilegales, desde la industria o el agrobusiness hasta el 
narcotráfico pasando por operaciones especulativas o comerciales más o 
menos opacas. Es posible investigar a una gran empresa industrial 
mexicana, brasileña o argentina y descubrir lazos con negocios turbios, 
colocaciones en paraísos fiscales, etc. o a una importante cerealera 
realizando inversiones inmobiliarias en convergencia con blanqueos de 
fondos provenientes de una red-narco a su vez asociada a un gran grupo 
mediático. Las elites económicas latinoamericanas aparecen como una 
parte integrante de la lumpenburguesía global, son su sombra periférica, 
ni más ni menos degradada que sus paradigmas internacionales. Muy por 
debajo de todo ese universo sobreviven pequeños y medianos empresarios 
industriales, agrícolas o ganaderos que no forman parte de las elites 
pero que si consiguen ingresar al ascensor de la prosperidad 
inevitablemente son capturados por la cultura de los negocios confusos, 
si no lo hacen se estancan en el mejor de los casos o emprenden el 
camino del descenso.



Aunque cuando estudiamos a esas elites rápidamente descubrimos que su 
dinámica puramente “económica” solo existe en nuestra imaginación, un 
negocio inmobiliario de gran envergadura seguramente requiere conexiones 
judiciales, políticas, mediáticas, etc., por su parte para llegar a los 
niveles más altos de la mafia judicial es necesario disponer de buenas 
conexiones con círculos de negocios, políticos, mediáticos, etc. y ser 
exitoso en la carrera política requiere fondos y coberturas mediáticas y 
judiciales. En suma, se trata en la práctica de un complejo conjunto de 
articulaciones mafiosas, grupos de poder transectoriales vinculados a, 
más o menos subordinados a (o formando parte de) tramas extra-regionales 
a través de canales de diverso tipo: el aparato de inteligencia de los 
Estados Unidos, un mega banco occidental, una red clandestina de 
negocios, alguna empresa industrial transnacional, etc.



A comienzos del siglo XX la elites latinoamericanas formaban parte de 
una división internacional del trabajo donde la periferia 
agropecuaria-minera exportadora se integraba de manera colonial a los 
capitalismos centrales industrializados, en aquellos tiempos Inglaterra 
era el polo dominante[9]. Luego llegó el siglo XX y su recorrido de 
crisis, guerras, revoluciones y contrarrevoluciones, keynesianismos, 
fascismos, socialismos… pero al final de ese siglo todo ese mundo 
quedaba enterrado, triunfaba el neoliberalismo y el capitalismo 
globalizado y cuando este entró en crisis en América Latina emergieron y 
se instalaron las experiencias progresistas que intentaron resolver las 
crisis de gobernabilidad con políticas de inclusión social a sistemas 
que eran más o menos reformados buscando hacerlos más productivos, menos 
sometidos a los Estados Unidos, más igualitarios y democráticos. Las 
elites dominantes se pusieron histéricas, aunque no habían sido 
seriamente desplazadas perdían posiciones de poder, se les escapaban de 
las manos negocios suculentos y su agresividad fue en aumento a medida 
que la crisis global dificultaba sus operaciones. Por su parte los 
Estados Unidos en retroceso geopolítico global acentuó sus presiones 
sobre la región intentando su recolonización. Al comenzar el año 2016 
los progresismos han  sido acorralados como en Brasil o Venezuela o 
derrocados como en Paraguay o Argentina, Obama se frota las manos y sus 
buitres se lanzan al ataque, los capriles y macris cantan victoria 
convencidos de que estamos retornando a la “normalidad” (colonial), pero 
no es así; en realidad estamos ingresando en una nueva etapa histórica 
de duración incierta marcada por una crisis deflacionaria global que se 
va agravando acompañada por señales alarmantes de guerra.



Las éĺites dominantes locales no son el sujeto de una nueva 
gobernabilidad sino el objeto de un proceso de decadencia que las 
desborda, peor aún esas lumpenburguesías aportan crisis a la crisis más 
allá de sus manipulaciones mediáticas que tratan de demostrar lo 
contrario, creen tener mucho poder pero no son más que instrumentos 
ciegos de un futuro sombrío. Aunque la declinación real del sistema abre 
la posibilidad de un renacimiento popular, seguramente difícil, 
doloroso, no escrito en manuales, ni siguiendo rutas bien pavimentadas y 
previsibles.



-----------------

Este texto ha sido publicado en el número 6 de la revista Maíz, Facultad 
de Periodismo y Ciencias de la Comunicación – Universidad Nacional de La 
Plata, Argentina, mayo de 2016.

- Jorge Beinstein es economista argentino, docente de la Universidad de 
Buenos Aires.

jorgebeinstein@gmail.com


[1]   Jorge Beinstein, "Serra contra o Mercosul: o auge das direitas 
loucas na América Latina" 
http://cartamaior.com.br/?/Editoria/Internacional/Serra-contra-o-Mercosul-o-auge-das-direitas-loucas-na-America-Latina
/6/15507

[2]   Carlos Marx, “Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850”, en 
Carlos Marx-Federico Engels, Obras Escogidas, Tomo I, páginas 128-129, 
Editorial Progreso, Moscú 1966.
[3]   Ibid.
[4]   Ibid.
[5]   Karl Polanyi, “The Great Transformation.The Political and Economic 
Origins of Our Time”, Bacon Press, Boston, Massachusetts, 2001.
[6]   Andre Gunder Frank, “Lumpenburguesía: lumpendesarrollo”, Colección 
Cuadernos de América, Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo, 1970.
[7]   Tyler Durden, "Is Deutsche Bank The Next Lehman?", Zero Hedge, 
http://www.zerohedge.com/news/2015-06-12/deutsche-bank-next-lehman

[8]   Michael Snyder, "Financial Armageddon Approaches", INFOWARS, 
http://www.infowars.com/financial-armageddon-approaches-u-s-banks-have-247-trillion-dollars-of-exposure-to-derivatives/

[9]   "La inversión de las naciones industriales, en especial de 
Inglaterra, fluyó hacia América Latina. Entre 1870 y 1913, el valor de 
las inversiones británicas aumentó de 85 millones de libras esterlinas a 
757 millones, una multiplicación casi por nueve en cuatro décadas. Hacia 
1913, los inversores británicos poseían aproximadamente dos tercios del 
total de la inversión extranjera". Skidmore, Thomas E. y Smith, Peter 
H., "Historia contemporánea de América Latina. América Latina en el 
siglo XX", Ed. Grijalbo. 4a. edición, España, 1996.

URL de origen: http://www.alainet.org/es/articulo/177207


			

revisiones…y revisiones…acerca del DIAMAT soviético

Reproducimos este texto, íntegro, en el que se comenta , pensamos, con fineza dialéctica acerca de la revisión que se planea hacer desde la Fundación Gustavo Bueno ( es decir, desde el denominado materialismo filosófico) de lo que siginificó el DIAMAT soviético

Estas cuestiones resultan más importantes de lo que pudiera parecer , y desde luego no son meras cosas de filósofos: en tiempos de crisis , seria, muy profunda, del capitalismo en la fase de globalización presente, es interesante hacer un balance pero CRÍTICO Y DIALECTICO acerca de lo que está sucediendo con el neoliberalismo y posibles alternativas concretas.

Quisera mencionar, como sugerencias para el análisis y la crítica, además del texto que sugiero más abajo, autores como :

Wolfgang Streeck   http://newleftreview.es/authors/wolfgang-streeck 

William Robinson   http://www.soc.ucsb.edu/faculty/robinson/Assets/pdf/Una%20teoria%20sobre%20cap%20global.pdf

ortada :: Opini
03-06-2015
Gustavo Bueno y el rigor filosófico
Sobre “el estalinismo radical” de Manuel Sacristán
“El filósofo y su Fundación revisan el materialismo dialéctico a los 25 años del hundimiento de los soviets”. Es un titular de La Nueva España, de 2 junio de 2015. La información es de Rubén Ibáñez. En ella se da cuenta de un encuentro, de una conferencia de prensa en la que Gustavo Bueno Martínez, padre, confesó que “no me atreví a hablar en público contra la URSS nunca”. La revelación “no pretendía ser una disculpa, ni una concesión al psicologismo, ni mucho menos un reniego, sino una descripción del inmenso peso del Diamat, el Materialismo Dialéctico, o sistema filosófico impulsada por el “imperio de la URSS durante 80 años”. La apostilla: “Un impulso que, además, fue particularmente “difundido en España e Hispanoamérica por voluntad expresa del PC soviético”, anotó por su parte Gustavo Bueno Sánchez”.

Los dos Gustavo Bueno, Martínez y Sánchez, prosigue Ibáñez, “cerraron ayer el curso 2014-2015 de la Escuela de Filosofía de Oviedo y pusieron las bases para el trabajo del próximo periodo, el Seminario Diamat-Materialismo filosófico, o confrontación de ambos sistemas”, algo que el propio Gustavo Bueno padre había trazado ya en 1970, cuando publicó en Ciencia Nueva El papel de la filosofía en el conjunto del saber, libro que polemizó con otro anterior de Manuel Sacristán en Nova Terra, Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores.

Las razones esgrimidas para el nuevo seminario: “Se cumplen 25 años del derrumbamiento de la Unión Soviética, con lo que hay una distancia para reflexionar, pero, además, hay jóvenes profesores y sovietólogos con importantes trabajos en los últimos años”. Respecto al pasado del Diamat y a su crítica, Bueno aclaró que “en aquellos años había una especie de censura ambiental, “una realidad que te envolvía”. Puso el ejemplo, positivo, de José María Laso. Sin embargo, y pese al ambiente, Bueno polemizó en el libro con Manuel Sacristán, “representante del estalinismo radical” (el periodista está citando al autor de Ensayos materialistas).

Dejo la restante información de lado (y hago mal) porque uno puede encontrarse con “perlas” como la siguiente: “En cuanto a la degradación de la política, da testimonio el tramo actual postelectoral, “de puestos, pactos, concejales…, de gallinitas picoteadoras”, sentenció Bueno. “Es algo que carece de interés, salvo por cuestiones sociológicas o psicológicas”, agregó. Y en términos semejantes, en los partidos de izquierda “no saben ni lo que dicen”, ya que “tras el derrumbamiento de la URSS les quedan unas pocas ideas retenidas como dogmas”. ¡Pocas ideas retenidas como dogmas! ¿De qué izquierda estarán hablando? O esta otra perla también: “el Diamat cumplía con los requisitos de los grandes sistemas filosóficos. A saber, contenía “un sistema de conceptos claros y distintos y un conjunto de ideas basados en unas disciplinas”. Además, y fundamental, “detrás tenía una organización totalizadora, un imperio”. Al calor de imperios como los de “Alejandro Magno, Roma, España o los soviets”, se han acrisolado las grandes filosofías”. ¿Una gran filosofía necesita siempre un Imperio detrás? ¡Vaya por Dios y la filosofía!

Vuelvo al punto anterior. Unas observaciones sobre la afirmación-acusación y la justificación del silencio.

Gustavo Bueno padre confesó, como se ha indicado, que “no me atreví a hablar en público contra la URSS nunca”. Vale, no se atrevió. No pasa nada pero otros sí. Por ejemplo, en esta carta de Manuel Sacristán, “el estalinista radical”, de 1968, cinco días después de la invasión de Praga por las tropas del Pacto de Varsovia, se afirma:

“Tengo que bajar a Barcelona el jueves día 29. Pasaré por tu casa antes de que esté cerrado el portal. Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra “indignación” me dice poco. El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación de las hipótesis que siempre me resistí a considerar. La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia. Hasta el jueves. Manolo.

Para completar la aproximación pueden leerse por ejemplo, hay más, los siguientes textos, todos ellos publicados en el volumen III de sus “Panfletos y Materiales”, Intervenciones políticas: “Cuatro notas sobre los documentos del abril del P.C. de Checoslovaquia” (1969), “Checoslovaquia y la construcción del socialismo” (1969) y “Entrevista con las Juventudes Comunistas de Cataluña sobre Checoslovaquia” (1978). Un ejemplo, es del primer texto:

Los países socialistas (pre-socialistas, propiamente) se lanzaron, nada más expropiados los expropiadores, a un trabajo social basado en el entusiasmo imputado a toda la población…; intentaron, pues, construir un “hombre nuevo” (una nueva sensibilidad moral colectiva) por vía idealista, en vez de por vía materialista. Lo pagaron con el precio clásico del idealismo: con una falsedad “trascendental” que diría el filósofo, construyendo una “sociedad escindida” que habría dicho Marx (por intentar entender con conceptos de éste lo que ha pasado hasta ahora en la construcción del socialismo). En efecto, aunque tal vez Stajanov sea un héroe, los stajanovistas fueron pronto una pandilla de esquiroles hablando en plata obrera, ayudantes de la naciente política social, encubridores de la contradicción entre la retórica del “hombre nuevo” (del “citoyen” decía Marx) y el continuado imperio de la economía política (del “homme”, decía Marx). Así se reprodujo “la sofística del estado” (Marx). No hay humanidad nueva en serio mientras haya mercancía. Hay sólo, mientras tanto, la relativa nueva pobreza de la vanguardia revolucionaria, novedad voluntarista, no básica.

Hay más ilustraciones. En los compases iniciales de uno de sus grandes artículos políticos (“A propósito del ‘eurocomunismo”, Intervenciones políticas, ed cit, p. 197), señalaba Sacristán con acierto (e ironía):

[…] Los rusos pecan de incautos cuando contraponen el carácter “real” de su “socialismo” al movimiento animado por el Partido Comunista Italiano, o el francés, o el de España, porque alguien les replicará que es más realidad social el 30% (no menos del 50% del proletariado) de un electorado como el italiano que la policía política checa y las tropas blindadas de ocupación. Fuera del bloque de hegemonía rusa y del Extremo Oriente, los tres principales partidos “eurocomunistas”, si no ya también el japonés, integran la mayor realidad político-social precedente del movimiento que se originó por reacción al abandono del internacionalismo proletario por la socialdemocracia, al voto nacionalista de los créditos de guerra de 1914.

En Observaciones 72, un documento para la discusión interna del PSUC, se pueden encontrar varias reflexiones de Sacristán sobre algunos de los procesos revolucionarios de orientación socialista del pasado siglo. Sacristán señala que la construcción del socialismo en la URSS y en todos los otros países donde la burguesía había sido derrotada por el ejército Rojo, así como en China y en Cuba, la planificación económica seguía el camino que en las sociedades capitalistas desarrolladas había conducido a un callejón sin salida, no sólo en el plano económico sino también en los terrenos del propio modo de vida y en el del asentamiento de la especie humana en la tierra. Y añadía:

Esto no se refiere sólo al pesadismo soviético tradicional, sino también a la elección de los multiplicadores económicos ya utilizados por las economías imperialistas, con la consiguiente decisión implícita acerca de los modos de vida. Por ejemplo, el 15-III-1972, Tele/Express reproducía una entrevista concedida al New York Times por el Dr. Agnelli, presidente de la FIAT, en la que este enemigo principal de la clase obrera en el estado italiano valoraba la intervención de su sociedad en la economía soviética. Entre otras cosas, decía. “No hemos tenido ningún interés económico en este negocio [la instalación del monstruoso centro de producción de automóviles para propiedad personal (¿o no se la puede llamar ya privada?) de Togliattigrad], pero hemos obtenido beneficios de otras muchas clases”.

En efecto, comentaba MSL, el principal beneficio obtenido por lo que Agnelli representa es el haber remachado la coincidencia de la dinámica económica soviética con la capitalista-imperialista. La dificultad ilustrada por este ejemplo tenía incluso alcance teórico, porque probablemente obligaba a reinterpretar, revisar o negar la opinión de Marx (expresada en su defensa de Ricardo contra la crítica romántica del capitalismo) sobre la función de “la producción por la producción”. En segundo lugar, MSL apuntaba por la vía de reinterpretación del papel de los partidos comunistas, vía que debía incluir los nuevos problemas post-leninianos, y que si bien debía partir de lo pensado por los clásicos de la tradición respecto de la objetividad comunista, tenía también que reconocer el fracaso de la revolución cultural en la URSS, “al no pasar de ser un fenómeno, aunque de gran amplitud, sólo cuantitativo, no productor de una cultura nueva… y por la inseguridad o los muchos puntos dudosos de los hechos conocidos de lo que en China se ha llamado, tal vez con demasiado ambición, ’primera revolución cultural’”. Concluía Sacristán con el interrogante de si los problemas que para la teoría marxista representaban algunos de los nuevos fenómenos sociales no obligaba a preguntarse sobre si el denominado extremismo de izquierda comunista de los años veinte y treinta (Korsch, Pannekoek) no llevaba algo de razón, sugiriendo por ello el replanteamiento de las cuestiones que esta tendencia marxista había suscitado. También, en Apuntes 74, otro documento para la discusión del programa del PSUC, Sacristán comentaba críticamente la concepción defendida en el “avant-projecte [anteproyecto] de programa del PSUC” sobre la época histórica que se estaba viviendo en aquellos años. En el documento se sigue pensando en clave de la fase de “esperanza democrática antifascista” del final de la II Guerra Mundial. En su opinión, esta fase había pasado hacía ya tiempo y fue sustituida, primero, por la guerra fría, y luego por el “entendimiento entre los gobiernos de Washington y Moscú (¿Y Pekín?), o sea, entre la gran burguesía capitalista norteamericana, la casta dominante rusa (¿y la casta dominante china?)” Además, la identidad del modo de desarrollo civilizatorio entre la sociedad capitalista norteamericana y la soviética no excluía pugnas entre unos y otros. Pero “sí excluye todo optimismo acerca de un desarrollo histórico espontáneo -en la política internacional- en el sentido de la democratización de la vida política”.

En cuanto al estalinismo hay una conferencia del “estalinista radical” sobre el tema recogida en Manuel Sacristán, Seis conferencias, Barcelona, El Viejo Topo, 2005, con un prólogo que no hay que perderse de Francisco Fernández Buey. Pocas críticas como ésta. La intervención está fechada en 1978. Un fragmento:

(…) de todas maneras hay que añadir en seguida que no faltan diferencias muy visibles entre el leninismo histórico y el stalinismo histórico, entre el leninismo real, digamos, que existió y el stalinismo real. Por limitar este breve repaso a cosas que todos tenemos obviamente más o menos presentes, concentraría las diferencias más visibles en torno a éstas. Por una parte, la cantidad de poder acumulado en el sistema stalinista… Este sería el primer rasgo diferenciador de los muy visibles, de los que se aprecian ya a primera vista: la diferente concentración de poder. (…) Diría que otro rasgo diferencial es que aunque sin duda la Cheka se haya fundado bajo Lenin, aunque sin duda haya habido ya bajo Lenin, en el leninismo clásico, fenómenos tan dolorosos como el de Kronstadt, por ejemplo, y muchos otros, sin embargo el terror bajo la época de Stalin se diferencia en que tiene como principal orientación el ser un terror contra la vieja guardia bolchevique, contra el mismo partido (…) El tercer rasgo sería, en mi opinión, el apoyo del stalinismo en el nacionalismo ruso. (…) Todo ello está relacionado con un último rasgo que yo diría muy diferenciador de cualesquiera que hayan podido ser las durezas y violencias de la época del poder soviético en vida de Lenin. Ese cuarto rasgo se desprende un poco de los anteriores. Es el cinismo ideológico… Para él, la ideología y la teoría es una pura cobertura de cada momento de las necesidades prácticas, con un desprecio por la teoría que el equipo leninista jamás había sentido (más bien el equipo leninista si en algo había pecado en eso era de todo lo contrario. De una costumbre, muy de intelectuales por lo demás, de estar siempre fijándose en todos los detalles de la teoría) (…) Incluso la noción de socialismo ha quedado falseada desde entonces. En la tradición socialista se llamaba “socialismo” a una determinada forma de vida. A partir del stalinismo y durante muchos años -yo recuerdo cuando lo hacía- hemos usado “socialismo” para significar sólo la obtención de algunos instrumentos de lo que creíamos que era el socialismo; por ejemplo, estatalización económica, etc. La misma palabra “socialismo” ha quedado prácticamente afectada en ese período.

En el coloquio, por si hubiera alguna duda, señaló “el estalinista radical”, es decir, el antiestalinista radical:
¿Cuáles eran las otras preguntas? ¿Si el estalinismo ha sido una forma de dictadura del proletariado? Aquí discrepo a pesar de que has hecho el sutil inciso salvador, para que yo pudiera agarrarme, de que ha habido muchas formas de dictadura burguesa y así yo podía decir que también ésta había sido una forma de dictadura del proletariado. Digo que no: el estalinismo ha sido una tiranía sobre la población soviética, una tiranía asesina sobre el proletariado soviético y conservar la nostalgia de eso es estúpido y criminal…

Un paso complementario que demuestra sensibilidad, conocimiento y ausencia de ceguera política:
Lo que yo sí consideraría poco inteligente, y también criminal, sería intentar alimentar una nostalgia estaliniana que no fuera la nostalgia por los combatientes del estalinismo. Cuando antes he hecho la alusión a los militantes a los que yo he visto llorar, está claro que no estaba riéndome de ellos. Sé la cantidad de autenticidad de lucha comunista que hay debajo del estalinismo. Debajo de aquella época, pero debajo. Los que estaban debajo no sólo merecen todos los respetos sino admiración y a muchos los quiero profundamente. Pero a los que estaban debajo. Es decir, el sistema mismo no puede ser objeto de nostalgia. De ninguna de las maneras, ni puedo admitir que eso fuera dictadura del proletariado. En absoluto.

La apostilla final, para rematar la posición de nuestro “estalinista radical”:

Eso fue un sistema de acumulación de capital, con crueldades incluso innecesarias. Pero en ningún caso una acumulación de capital para empezar una industrialización es dictadura del proletariado. Si eso hay que llamarlo “dictadura del proletariado”, la revisión del marxismo que hay que hacer entonces es muchísimo más enérgica, incluso ya prescindiendo de los rasgos tiránicos, limitándome sólo a los contenidos sociales de aquello. Una acumulación de capital no se ha llamado nunca dictadura del proletariado en nuestra tradición, en nuestro vocabulario.

Así, pues, a la manera euclidiana, como si fuera el compás final de una demostración de un libro de los Elementos: como está demostrado, todo un estalinista radical. Excelente ejemplo de rigor, la filosofía en estado puro de Gustavo Bueno.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter

 

agonía del capitalismo según Wolfgang Streecker

nlres95

El artículo , publicado en New Left Review, expone con detalle las tesis con que el argumento expuesto por Wolfgang Streeck argumenta sobre el modo en que está muriendo el capitalismo .

Este artículo resulta interesante si complementamos su fondo crítico con datos para el análisis que encontramos en estos sitios:

I – Le Monde Diplomatique:

http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=2dea492b-db8d-4d34-a23c-844915d6e6ab 

http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=869ae474-8dda-4277-bf86-cf11bc19ae11 

II- Davos 2016 Reporte situación mundial :

https://webcasts.weforum.org/widget/1/risksreport2016?p=1&pi=1&th=2&hl=english&id=risksreport-2016&auto=0

http://reports.weforum.org/global-risks-2016/

so30

 

III- William I Robinson:

http://www.soc.ucsb.edu/faculty/robinson/Assets/pdf/Una%20teoria%20sobre%20cap%20global.pdf


Global Capitalism and the Crisis of Humanity Paperback – October 9, 2014

Global Capitalism and the Crisis of Humanity

This exciting new study provides an original and provocative exposé of the crisis of global capitalism in its multiple dimensions – economic, political, social, ecological, military, and cultural. Building on his earlier works on globalization, William I. Robinson discusses the nature of the new global capitalism, the rise of a globalized production and financial system, a transnational capitalist class, and a transnational state and warns of the rise of a global police state to contain the explosive contradictions of a global capitalist system that is crisis-ridden and out of control. Robinson concludes with an exploration of how diverse social and political forces are responding to the crisis and alternative scenarios for the future.
WILLIAM I. ROBINSON is a professor of sociology at the University of California, Santa Barbara, where he is also affiliated with the Latin American and Iberian Studies Program and with the Global and International Studies Program. He has previously published seven books, including the award-winning Promoting Polyarchy (Cambridge University Press, 1996), A Theory of Global Capitalism (2004), and the award-winning Latin America and Global Capitalism (2008). He has published some fifty articles in academic journals such as Sociological Forum, Theory and Society, International Studies Review, International Sociology, Cambridge Review of International Affairs, International Relations, Global Society, Globalizations, Race and Class, New Political Economy, Third World Quarterly, and Radical Philosophy and hundreds of essays, book chapters, and articles in the popular press. He is a member of the editorial board of fifteen academic journals. In 2013 Robinson was elected chair of the Political Economy of the World-System section of the American Sociological Association (ASA). He is a member of the ASA, the Latin American Studies Association, the Global Studies Association, and the International Studies Association. He was a founding writer for and editor of Pensamiento Propio, a monthly journal of the Coordinadora Regional de Investigaciones Economicas y Sociales.

Global Capitalism and the Crisis of Humanity

William I. Robinson

University of California, Santa Barbara
CAMBRIDGE UNIVERSITY PRESS
32 Avenue of the Americas, New York, NY 10013-2473, USA
Cambridge University Press is part of the University of Cambridge.
It furthers the University’s mission by disseminating knowledge in the pursuit of education, learning, and research at the highest international levels of excellence.
© William I. Robinson 2014
This publication is in copyright. Subject to statutory exception and to the provisions of relevant collective licensing agreements, no reproduction of any part may take place without the written permission of Cambridge University Press.
First published 2014
Printed in the United States of America
A catalog record for this publication is available from the British Library.
Library of Congress Cataloging in Publication Data
Robinson, William I.
Global capitalism and the crisis of humanity / William I. Robinson.
pages cm
Includes bibliographical references and index.
ISBN 978-1-107-06747-9 (hardback) – ISBN 978-1-69111-7 (paperback)
1. Capitalism – History – 21st century. 2. Power (Social sciences) 3. Social
classes. 4. Globalization. I. Title.
HB501R624 2014
330.12′2–dc23 2014019656
ISBN 978-1-107-06747-9 Hardback
ISBN 978-1-107-69111-7 Paperback
Cambridge University Press has no responsibility for the persistence or accuracy of URLS for external or third-party Internet websites referred to in this publication and does not guarantee that any content on such websites is, or will remain, accurate or appropriate.

Acknowledgments

All intellectual labor is collective, part of the social labor process. The collective labor behind this study includes literally thousands of people who have contributed to my own intellectual and political development, many of whom I do not know personally. The best I can do to acknowledge my debt is to mention here those people who more immediately provided invaluable assistance in the research and preparation of this study and those who were the most proximate sources of inspiration. To start, I cannot thank enough Mario Barrera and Kent Norsworthy, both of whom carefully read and commented on every chapter. My former undergraduate student Anaiya Mussolini, a bright and multitalented young woman, read the entire manuscript, suggested where I could improve it, and helped me format the notes. Xuan Santos provided important comments on a draft of Chapter 5.
I do not think my graduate students in the doctoral program at the University of California – some of whom have defended their dissertations and are now colleagues – realize just what an inspiration they have been. Among them, I want to extend special thanks (in alphabetical order) to Yousef Baker, Veronica Montes (now Dr. Montes, Research Fellow at the University of Southern California), Steven Osuna, Cesar “Che” Rodiguez, Amandeep Sandhu (now Dr. Sandhu), Xuan Santos (now Dr. Santos, assistant professor of sociology at California State University–San Marcos), Jeb Sprague, and James Walsh (now Dr. Walsh). There are many more, both graduate and undergraduate, whom I cannot mention here.
I would also like to thank friends and colleagues in several professional associations to which I belong. These include the Political Economy of the World-System section of the American Sociological Association; the Global Studies Association (North American chapter); and the Network for Critical Studies of Global Capitalism (this network has a website, http://netglobalcapitalism.wordpress.com/). Among the many colleagues active in these three and other professional associations who have supported my own career over the years, generously extended to me invitations, and stimulated the development of my ideas (even when they are in disagreement), I want to pay special thanks to Christopher Chase-Dunn, who now directs the Institute for Research on World-Systems at the University of California at Riverside; Jerry Harris, organizational secretary of the Global Studies Association (North America); Leslie Sklair, professor emeritus of the London School of Economics; Mark Hrubec, the director of the Center for Global Studies of the Czech Academy of Sciences; Immanuel Wallerstein at Yale University; and the late Giovanni Arrighi. A special thanks to Juan Manual Sandoval and my friends and comrades from the Red Mexicana de Accíon Frente al Libre Comercio (REMALC) and the Seminario Permanente de Estudios Chicanos y de Fronteras (SPECHF) of the National Insitute of Anthropology and History (INAH) of Mexico.
Thanks also, in alphabetical order, to Berch Bergeroglu, Jesse Diaz, Linda Elder of the Foundation for Critical Thinking, FLACSO (Latin American Social Science Faculty) offices in Costa Rica and Guatemala, Sam Gindin, Asafa Jalata, Adam David Morton, Georgina Murray, Radmila Nakarada of Belgrade University, Dawn Paley, Leo Panitch, Marielle Robinson-Mayorga, Manuel Rozental, Saskia Sassen, Jason Struna, Lilian Vega and friends and colleagues at the Central American University in El Salvador, and Deniz Yukseker. My apologies to anyone I have inadvertently failed to include here. Thanks to three anonymous reviewers for Cambridge University Press; to my editor at the Press, Lewis Bateman; to assistant to the editor Shaun Vigil; and to copy editor Russell Hahn. I gratefully acknowledge the Academic Senate Committee on Research of the University of California at Santa Barbara for its generosity in funding, through two grants, important portions of the research involved in this study.

Acronyms

ALEC American Legislative Exchange Council
APEC Asia Pacific Economic Cooperation forum
BRICS Brazil, Russia, India, China, and South Africa
CAFTA Central American Free Trade Agreement
CCA Corrections Corporation of America
CIT computer and information technology
DHS Department of Homeland Security
EU European Union
G-7 Group of Seven, referring to the United States, Canada, England, Germany, Italy, France, and Japan (Russia is sometimes included in an expanded “Group of Eight” or G-8)
G-20 Group of Twenty, referring to Argentina, Australia, Brazil, Canada, China, the European Union, France, Germany, India, Indonesia, Italy, Japan, Mexico, Russia, Saudi Arabia, South Africa, South Korea, Turkey, the United Kingdom, and the United States
GATS General Agreement on Trade in Services
ICC International Chamber of Commerce
IMF International Monetary Fund
IT information technology
MENA Middle East and North Africa
MNC multinational corporation
NAFTA North American Free Trade Agreement
OECD Organization of Economic Cooperation and Development
OWS Occupy Wall Street
R&D research and development
SB1070 Senate Bill 1070 (Arizona anti-immigrant law)
TCC transnational capitalist class
TNC transnational corporation
TNS transnational state
TRIPS Trade Related Intellectual Property Rights
UN United Nations
UNCTAD United Nations Conference on Trade and Development
WB World Bank
WEF World Economic Forum
WSF World Social Forum
WTO World Trade Organization

Introduction

A Crisis of Humanity
All men will see what you seem to be; only a few will know what you are.
Machiavelli1
Our world is burning. We face a global crisis that is unprecedented in terms of its magnitude, its global reach, the extent of ecological degradation and social deterioration, and the scale of the means of violence. This is a time of great upheavals, momentous changes, and uncertain outcomes; fraught with dangers, including the very real possibility of collapse as well as the growing threat of repressive social control systems that serve to contain the explosive contradictions of a global capitalism in crisis. Certainly the stakes bound up in the raging conflicts of our day are too high for the usual academic complacency. I believe that the most urgent task of any intellectual who considers him or herself organic or politically engaged is to address this crisis. If nothing else, we will all agree that global capitalism is a highly unstable and crisis-ridden system. If we are to avert disastrous outcomes we must understand both the nature of the new global capitalism and the nature of its crisis. This book is an attempt to contribute to such an understanding.
In this book I aspire to analyze and theorize the global crisis from the perspective of global capitalism theory. Wide-ranging debate continues on the nature of the twenty-first-century global order and its contemporary crises. I have been centrally concerned with these matters for over two decades, seeking above all to construct a theoretical framework for situating them – specifically, a theory of global capitalism.2 The world in which Karl Marx analyzed capital has radically changed. The global capitalism perspective offers a powerful explanatory framework for making sense of the crisis. Analysis of capitalist globalization not only says something about the nature of the crisis but is also a template for probing a wide range of social, political, cultural, and ideological processes in this twenty-first century. Following Marx, we want to focus on the internal dynamics of capitalism in order to understand the crisis. And following the global capitalism perspective, we want to see how capitalism has qualitatively evolved in recent decades. The systemwide crisis we face is not a repeat of earlier such episodes such as that of the the 1930s or the 1970s precisely because world capitalism is fundamentally different in the twenty-first century.
How, specifically, is world capitalism different now than during previous episodes of crisis? In my view globalization constitutes a qualitatively new epoch in the ongoing and open-ended evolution of world capitalism, marked by a number of qualitative shifts in the capitalist system and by novel articulations of social power. I have highlighted four aspects unique to this epoch. First is the rise of truly transnational capital and a new global production and financial system into which all nations and much of humanity have been integrated, either directly or indirectly. We have gone from a world economy, in which countries and regions were linked to each other via trade and financial flows in an integrated international market, to a global economy, in which nations are linked to each other more organically through the transnationalization of the production process, of finance, and of the circuits of capital accumulation. No single nation-state can remain insulated from the global economy or prevent the penetration of the social, political, and cultural superstructure of global capitalism.
Second is the rise of a Transnational Capitalist Class (TCC), a class group that has drawn in contingents from most countries around the world, North and South, and has attempted to position itself as a global ruling class. This TCC is the hegemonic fraction of capital on a world scale. I will have more to say about the TCC in Chapter 1. Third is the rise of Transnational State (TNS) apparatuses. The TNS is constituted as a loose network made up of trans- and supranational organizations together with national states that functions to organize the conditions for transnational accumulation and through which the TCC attempts to organize and institutionally exercise its class power. I will have more to say about the TNS in Chapters 2 and 3. Fourth are novel relations of inequality, domination, and exploitation in global society, including an increasing importance of transnational social and class inequalities relative to North-South inequalities that are geographically or territorially conceived. I discuss these novel relations in several chapters.
Capitalist globalization is an ongoing, unfinished, and open-ended process, one that is contradictory and conflict-ridden, driven by social forces in struggle; it is structure in motion, emergent, with no consummated end state. In the dialectic, emergent means there is never a finished state, only open-ended process driven by contradictions, in this case by ongoing struggles among contradictory social forces worldwide. If we are to understand global capitalism and its crisis we must in the first instance train our focus on configurations of these contradictory social forces; such a focus must be analytically prior to focusing on the ways in which they become institutionalized and expressed in political, cultural, and ideological processes.
I began writing about globalization in the early 1990s. My ideas have developed through a series of concrete, historical investigations involving much induction rather than more abstract, formalized methods of derivation. Informing my theory of global capitalism is the idea that we cannot understand this new epoch through extant nation-state-centric paradigms that purport to explain world political and economic dynamics as interactions among nation-states and competition among national classes in an interstate system. I have continued to debate with many colleagues and companions the merits of my theoretical claims, demonstrating their explanatory utility through two major empirical-historical studies, both on Latin America, and in diverse journal articles and commentaries focusing on the crisis-ridden nature of the global system.3
In 2008, when world capitalism lurched into its most severe recession since the 1930s depression – what some refer to as the Great Recession – I turned my attention more fully to the topic of global crisis, specifically, to the occurrence and significance of accumulation and legitimation crises in the global system – both of which will be explained in what follows. While the present study discusses my theory of global capitalism including the specific thesis of the TCC and the TNS, I would direct readers to my earlier works for a fuller exposition of this theory. My central objective in this book is to elaborate on and apply this theory in relation to the global crisis. The idea for this book grew out of three essays on the topic of global crisis. The first, published in 2007, Beyond the Theory of Imperialism, challenged the notion that resurgent U.S. interventionism in the wake of the September 11, 2001, attacks on the World Trade Center and the Pentagon could be explained as a “new U.S. imperialism” aimed at competing with rivals for Middle Eastern resources and restoring U.S. hegemony in the international system. Instead, I saw this interventionism as a response to the crisis of global capitalism – in particular, a drive to violently integrate new regions into the global capitalist system and to militarize accumulation in the face of stagnation tendencies. The second, The Crisis of Global Capitalism: Cyclical, Structural, Systemic?, published in 2010, argued that underneath the 2008 collapse was a structural crisis of overaccumulation that threatens to become systemic and that the TCC had turned to three mechanisms – militarized accumulation, the raiding and sacking of public finance, and frenzied financial speculation – as outlets to unload surplus as productive outlets dried up. The third, Global Crisis and Twenty-First Century Fascism: A U.S. Case Study, written together with Mario Barrera, was published in 2012. We identified three responses to the global crisis in the midst of rising political conflict and polarization worldwide: resurgent leftist, popular, and radical response from below; a reformist impulse from global elites; and a neo-fascist response.4 These are, stated in broad strokes, the themes I develop at greater length in this book.
The crisis is much talked about these days. Most commentators refer to the economic crisis that they date to the U.S. subprime loan debacle that began in mid-2007 and was followed by the global financial collapse of September 2008 and the Great Recession. The crisis that exploded in 2008 with the collapse of the global financial system springs from contradictions in global capitalism that are expressed in immanent crisis tendencies and in a series of displacements over the past three decades that had served to postpone a “day of reckoning.”
A key focus in this book is on what I see as the underlying and causal social-economic (or material) elements in the crisis, or what in Marxist lexicon we call the internal contradictions of the capitalist system. Moreover, because the system is now global, crisis in any one place tends to represent crisis for the system as a whole. I attempt in this work to analyze the causal origins of the global crisis in overaccumulation and also in contradictions of state power. The system cannot expand because the marginalization of a significant portion of humanity from direct productive participation, the downward pressure on wages and popular consumption worldwide, and the polarization of income have reduced the ability of the world market to absorb world output. At the same time, given the particular configuration of social and class forces and the correlation of these forces worldwide, national states are hard-pressed to regulate transnational circuits of accumulation and offset the explosive contradictions built into the system.
Yet I want to evoke here the concept of global crisis in a broader sense. There are multiple and mutually constitutive dimensions of global crisis – economic, social, political, cultural, ideological, and ecological, not to mention the existential crisis of our consciousness, our values, and even our very being. There is a crisis of social polarization, that is, of social reproduction. The system cannot meet the needs or assure the survival of millions of people, perhaps a majority of humanity. There are crises of state legitimacy and political authority, or of hegemony and domination. National states face spiraling crises of legitimacy as they fail to meet the social grievances of local working and popular classes experiencing downward mobility, unemployment, heightened insecurity, and greater hardships. The legitimacy of the system has increasingly been called into question by millions, perhaps even billions, of people around the world and is facing expanded counter-hegemonic challenges. Global elites have been unable to counter this erosion of the system’s authority in the face of worldwide pressures for a global moral economy. And as a canopy that envelops all these dimensions, there is a crisis of sustainability rooted in an ecological holocaust that has already begun, expressed in climate change, peak oil, and the impending collapse of centralized agricultural systems in several regions of the world, among other indicators. Beyond the economic situation we want to explore these different dimensions and to identify how they are interconnected. My notion of global crisis is best captured in the notion of a crisis of humanity, by which I mean a crisis that is approaching systemic proportions, threatens the ability of billions of people to survive, and raises the specter of a collapse of world civilization and degeneration into a new “Dark Ages.”

Global Capitalism Theory and Its Critics: A Response

There has been a great deal written from a critical and an historical materialist perspective about the crisis of world capitalism.5 What demarcates my arguments in this book is that they are advanced from the perspective of global capitalism theory as just summarized. Part of my aim here is to take issue with works on crisis that come from extant critical approaches. My propositions on global capitalism have met with debate and criticism from a range of theoretical and political quarters, among them traditional Marxists, world-system theorists, international relations scholars, and colleagues coming from my own critical globalization perspective. Critics have charged, among other things, that: I do away with the nation-state; I do not acknowledge uneven accumulation; I dismiss imperialism and its practice by the U.S. state; I ignore local, national, and regional variation by attributing everything causally to global capitalism and overstate the extent to which globalization has equalized the conditions for the production and exchange of value across space in the global system. These critiques and my responses have been published as exchanges in several journal symposia.6
Some critiques cannot be taken seriously, given their misrepresentation and even ignorance of my work, the ideological nature of the criticism, or the zeal to defend paradigms into which critics are deeply invested irrespective of historical and empirical evidence.7 Some critics, moreover, base their objections on the very conceptual categories and frameworks whose assumptions I challenge, so that the critique remains tautological. Nonetheless, others have put forward important concerns that I attempt to address in the present study. In Chapter 1, I revisit some general themes with regard to global capitalism and transnational capitalists. In Chapter 2 I revisit the topic of TNS apparatuses. These first two chapters are not meant to reiterate the theory of the TCC and the TNS but to serve as complements to what I have previously written on these themes. Chapter 3 takes up the matter of imperialism and the U.S. state as well as that of uneven accumulation. Chapter 4 analyzes the 2008 collapse and its aftermath from a global capitalism perspective. Chapter 5 explores evolving twenty-first-century modalities of domination and social control in the face of challenges to global capitalism from below. Chapter 6 draws some general conclusions and prospects for the future. Readers will find that there are several themes that at the risk of redundancy I have interwoven throughout the book: the transnationalization of capital; the importance of the concept of the TNS; the uneven accumulation of capital; imperialism and the U.S. state; the pitfalls of a nation-state-centric framework of analysis; and the historical nature of the world capitalist system. While the reader who wants the full story must read the book from beginning to end, I have designed each chapter so that profit may be gained by reading any one of them on its own.
In what remains of this introduction I will dispense with several of the more common criticisms of my work and address some methodological and epistemological issues. Those readers wanting to jump right to the topic of crisis with may wish to proceed at this point directly to Chapter 1.

End of the Nation-State?

Perhaps the most most frequently raised criticism of my work is that I view the nation-state as fading away or as irrelevant to global capitalism. Typical of this charge is the position of British political scientist Paul Cammack, who in one diatribe says that my theory posits “the end of the state,” “the end of the national state altogether,” “the demise of national states,” and that the nation-state is “fated to depart the historic stage at this particular point in time.”8 He advises that I “accept that national states have a changing but continuing role in the global capitalist system” and abandon the idea that capital has become “extra-terrestrial rather than spread across numerous territories” (emphasis in original). I have never used the term “extra-terrestrial.” In fact, my argument is precisely that as capital has transnationalized it has become spread across numerous national territories through globalized circuits of production. The phrase “supranational space” that I have often evoked refers not to the supersession of space but to supranational space as accumulation across many national territories. Hence, the relation between transnationalizing capital and particular national territories needs to be reconceived. More generally, we need to rethink the spatiality of capital. In previous epochs capitalists were largely based in particular national territories and turned to “their own” national states in pursing their class interests. These interests were as much in organizing the conditions for accumulation within their respective national territories and disciplining labor within these territories as in competition with national capitalists from other countries for markets and resources around the world. As capital has gone global the leading groups among national capitalist classes have interpenetrated across national borders through an array of mechanisms and arrangements. This emergent TCC operates across borders in numerous countries and has attempted to convert the whole world into a single unified field for global accumulation.
Another charge frequently raised by my critics is that I believe that transnational capitalists “have no interest in the local state in any territory in which they are active.”9 What I have argued is that as transnational capitalists operate in numerous countries they turn to local (national) states of the countries in which they operate. Just as in previous epochs, they require that these local (national) states provide the conditions for accumulation within their respective territories, including disciplining labor. Reciprocally, local managers of the national capitalist state are compelled, just as they were in the past, by the structural power of the capitalist system. The legitimacy of these states and the reproduction of the status of state elites as privileged strata depend on their ability to attract and retain now-globalized accumulation to the territories over which they exercise political authority. Competition among national states to attract transnationally mobile capital becomes functional to global capital and to its ability to exercise a structural power over the direct power of states – that is, over the policymaking process of national states, in the same way that national capital previously exercised what some referred to as the “veto power” of capital over the state. In this way, the continued existence of the nation-state and the interstate system appear to be a central condition for the class power of transnational capital and for the reproduction of global capitalism. Transnational corporations during the early 1990s, for example, were able to utilize the institutions of different nation-states in order to continuously dismantle regulatory structures and other state restrictions on the operation of transnational capital in a process of “mutual deregulation.” These are topics that I take up later on; they are central to an understanding of the global crisis, which in part involves the disjuncture between a globalizing economy and a nation-state-based system of political authority.
William Carroll, a sociologist who studies the transnational interlocking of corporate boards of directors, echoes another frequent criticism of my theory. He charges that in my theory locality is transcended and that I do away with place. I advance, he says, an “abstract dualism” between the global and the national/local; I see the global and the national/local as “mutually exclusive.”10 Yet I have harshly criticized global–national/local dualisms and insisted that the global emerges out of contradictions arising within the local/national and the system of nation-states, that it is nested in the national. “Far from the ‘global’ and ‘national’ as mutually-exclusive fields,” I have asserted, “the global becomes incarnated in local social structures and processes.”11 I have shown how the global and the local/national are interpenetrated and mutually constitutive, how trajectories of integration into global capitalism are conditioned by and emerge from particular local, national, and regional histories and by contingency, and how local agents and processes shape the trajectory of global processes in dialectic interplay as much as the global affects the local or the national. Regarding local variation in the global system, I stated in my 2003 study of Central America, among other places:
The transition from the nation-state to the transnational phase of capitalism involves changes that take place in each individual country and region reciprocal [emphasis in original] to, and in dialectical interplay with, changes of systemic importance at the level of the global system. A critical focus of a renewed transnational studies should be exploration into the dynamic of change at the local, national, and regional levels in tandem with movement at the level of the global whole. The concern should be about how movement and change in the global whole are manifest in particular countries or regions, but with the focus on the dialectical reciprocity between the two levels. . . . [G]lobalization is characterized by related, contingent and unequal transformations. To evoke globalization as an explanation for historic changes and contemporary dynamics does not mean that the particular [emphasis in original] events or changes identified with the process are happening all over the world, much less in the same way. . . . It does mean that events or changes are understood as a consequence of globalized power relations and social structures. [I]n the study of development and social change in Central America . . . the locus of analysis is the mediation of distinct social forces in the dialectic of transformations taking place at the level of the global system and transformations in particular nations and regions. It is not possible to understand anything about global society without studying a concrete region and its particular circumstances; a part of a totality, in its relation to that totality. All knowledge is historically situated and . . . requires a synthesis of nomothetic and ideographic. The general is always (and only) manifested in the specific; the universal in the particular.12
The charge that I dismiss the nation-state is usually reactive – a response to my critique of nation-state centrism or a nation-state framework of analysis. Nation-state centrism refers to both a mode of analysis and a conceptual ontology of world capitalism. In this ontology, which dominates the disciplines of international relations and political science, world-systems theory, and most Marxist approaches to world dynamics, world capitalism is made up of national classes and national states existing in a flux of competition and cooperation in shifting alliances. These nation-state paradigms see nations as discrete units within a larger system – the world-system or the international system – characterized by external exchanges among these units. The key units of analysis are the nation(al) state and the international or interstate system. Nation-state/interstate paradigms place a particular template over complex reality. Everything has to fall into place within the template – its logic, the picture it portrays. Explanations cannot be outside the template. In this sense, nation-state-centric paradigms are blinders. Facts, we know, don’t “speak for themselves.” These blinders prevent us from interpreting facts in new ways that provide greater explanatory power with regard to novel developments in the late twentieth- and early twenty-first-century world.
The template also organizes how we collect and interpret data. Most data on the global economy, for instance, comes from national data collection agencies and has been disaggregated from a larger totality (the global economy) and then reaggregated into nation-state boxes. This is precisely the mistake made by Hirst and Thompson in their oft-cited study, Globalization in Question (they also make the mistake of defining globalization in terms of trade rather than production relations).13 As Dicken observes:
The conventional unit of analysis of the global economy is the country. Virtually all the statistical data on production, trade, investment and the like are aggregated into national ‘boxes.’ Indeed, the word ‘statistics’ originally denoted facts collected about the ‘state.’ However, such a level of statistical aggregation is less and less useful in light of the changes occurring in the organization of economic activity. . . . [B]ecause national boundaries no longer ‘contain’ production processes in the way they once did, we need to find ways of getting both below and above the national scale – to break out of the constraints of the ‘national boxes’ – in order to understand what is really going on in the world. One way is to think in terms of production circuits and networks. These cut through, and across, all geographic scales, including the bounded territory of the state.14
The critique of nation-state-centrism does not refer to evocation of the evident political organization of world capitalism into discrete nation-states that engage with each other in the interstate system. What is the nature or meaning of these discrete units and of their engagement, and has the meaning of that engagement changed? To say that globalization involves the supersession of the nation-state as the organizing principle of capitalist development does not mean the end of the nation-state or that the state is now irrelevant. What it does mean is that we need to return to an understanding of the nation-state as an historical rather than an immanent category, an institution that came about as a result of the particular form in which capitalism as an historical system developed. The kind of categorical thinking that plagues nation-state paradigms ends up reifying the nation-state, so that, for instance, the categories of core and periphery, as the opposite ends of polarized accumulation, must necessarily correspond to territorially defined nation-states. Nation-state paradigms are unable to grasp the transnational character of many contemporary processes and events such as world trade, international conflicts, and uneven development – processes that I analyze in this volume from a global capitalist perspective – because they box transnational phenomena into the nation-state/interstate framework.
These paradigms face the pitfall of theoreticism. What I mean by theoreticism is developing analyses and propositions to fit theoretical assumptions. Since received nation-state paradigms establish as their frame an interstate system made up of competing national states, economies, and capitals, twenty-first-century reality must then be interpreted so that it fits into this frame one way or another. As I will discuss in Chapter 3, such theoreticism in the study of globalization has forced many, at best, to follow Harvey’s schizophrenic dualism of economic and political logics: capital is economic and globalizes, while states are political and pursue territorially based political-state logic.15 Theory needs to illuminate reality, not make reality conform to it. Theories shape researchers’ thinking processes, lay the foundations for their analytical frameworks, guide their research propositions and hypotheses. They lead researchers to adopt certain methodologies, to focus on certain data sets and empirical facts and to bypass others, or to interpret these data sets in particular ways. Critical inquiry involves the ability to step out of or beyond established paradigms that may be taken for granted even as the social and historical conditions that gave rise to them undergo transformation.
Nation-state-centric approaches reify institutions by substituting them for social forces and then giving them a fixed character in causal explanations, so that, for instance, national states are bestowed with agency in explaining global political and economic dynamics. Institutions such as states, however, are not actors with an independent life of their own; they are the products of social forces that reproduce as well as modify them and that are causal in historical explanations. Social forces operate through multiple institutions in complex and shifting webs of conflict and cooperation. We need to focus not on states as fictitious macro-agents but on historically changing constellations of social forces operating through multiple institutions, including state apparatuses that are themselves in a process of transformation as a consequence of collective agencies.
Deductive reasoning and the logical exposition and critique of theoretical concepts and propositions is only half of the process of scientific theory production. The other half is inductive empirical research. When empirical data and historical events do not correspond to the predictions of theories, we need to question the validity of our theories. For instance, according to the predictive logic of world-system, Marxist, and other critical theories of world political dynamics, we should have witnessed in recent years inter-imperialist rivalry and growing protectionism, yet we have seen neither. Similarly, these theories are at a loss to explain why the United States in the aftermath of its occupation of Iraq opened up that country to investors from all over the world rather than sealing it off under the canopy of occupation to investors from the United States. My main point of contention with these theories and other radical interpretations of the world historic moment is that they take historically contingent and specific categories such as nation-state, national capital, and imperialism and make of them a fixed, immutable structure, in the process reifying them.
To get beyond nation-state-centric ways of thinking we need to keep in mind that a study of globalization is fundamentally historical analysis. When we forget that the nation-state is a historically bound phenomenon, we reify the nation-state and by extension the interstate system or the world system founded on nation-states. To reify something is to attribute a thinglike status to what should more properly be seen as a complex and changing set of social relations that our practice has created, one that has no ontological status independent of human agency. When we forget that the reality to which these concepts refer is our own sets of social relations that are themselves in an ongoing process of transformation and instead attribute some independent existence to them, then we are reifying. States are sets of institutionalized practices and power relations; “congealments” of class/social relations, to evoke Poulantzas’s terminology. The question is, how do we understand the social and class relations embedded in the states? How may these social and class relations become embedded in institutions or networks beyond national states, in institutions and networks that are trans- or supranational? How do social and class groups that operate transnationally or globally pursue their interests through institutions?
As global capitalism now sinks into its most serious crisis in decades, an accurate understanding of the nature of the system has become a burning political matter if we are to respond effectively to the depredations that the crisis has unleashed on broad swaths of humanity. Such an understanding requires a paradigmatic break with nation-state-centric modes of conception, and warrants brief comments here on the matter of methodology and conception or ontology.

The Need for a Holistic Approach and Novel Concepts: Structural and Conjunctural Analysis

Reality is multidimensional; our study of it must involve many different levels of analysis. The goal of our study should be to simplify complex reality in a way that helps explain patterns and outcomes, so long as we take into account the problems of inference that may result from our simplifications. As Chase-Dunn puts it, “there is no point in making a map which is as complicated as the territory.”16 Global capitalism, like social reality in general, is always a complex synthesis of multiple determinations and of historical conjunctures. By “conjunctures” I mean historical moments, all of which are unique, that bring together particular and contingent circumstances, including human agency and consciousness, in an infinite variety of mixtures with underlying structural processes. The world capitalist system is structure in motion, constantly evolving in an open-ended way that involves as much the pulse of cycles, patterns, and regularities as contingency and agency. Structure and agency is not an antagonistic binary but a unity that must be brought together in our methodologies and ontologies of inquiry into the world through historical and conjunctural analysis. The conjunctural specificity of much of what goes on in the world does not negate but is informed by the deeper structures that stamp and circumscribe conjunctures. We want to distinguish between structural and conjunctural dimensions in a given situation within the internal unity of that situation. The structural is that which cannot be altered by a given agent or set of agents during a given time period – ceteris paribus – while the conjunctural is that which can be altered by a given agent or set of agents during that period.17
Social outcomes (the concrete) are the complex synthesis of multiple determinations, and the “laws” of capitalism are abstract principles subject to complex mediations. This is to say, as I have insisted throughout my work, the general is manifest only in the particular, or the real historical, so that causal tendencies (the spread of capitalist relations, dynamics of accumulation, etc.) located beneath surface appearance are manifested through complex mediations and contingencies that are not predetermined and are driven by agency interacting with structure. There is reciprocal movement between the general and the particular – for example, we can find similar transformations wrought by globalized capitalism in various countries and regions, such as the rise of transnationally oriented fractions of the elite, the transnationalization of the state, novel economic activities tied to the global economy, social polarization, and so on. But such movement does not obey laws as much as historical conjunctures through which laws are manifested in limitless possible and unpredictable ways. For instance, striving to maximize profit is a law of accumulation, but what this striving actually means in a particular historical context can take on an infinite number of forms. In our analysis of such historical situations we want to avoid the conflation of conjunctural and structural elements.
Contingency, agency, and conjunctures involving the coming together in unique ways in each historical circumstance of multiple causal chains make historical outcomes open-ended and not as predictable as positivists assume. However, at the level of deep structure there is an underlying determination, that is, the process of social production and reproduction that is our “species being” and the material foundation of our existence. More generally, historical materialism as method attempts to understand the dialectical relationship between the particularities of our existence (as a species, as a collective inhabiting the planet) and the underlying structural conditions and processes that link these to the general and the universal. We want to understand how concrete particulars are constituted by more general and abstract social forces. The global economy – that is, globalized processes of social production and reproduction – does exercise an underlying structural determination at this level of deep structure. To study deep structure means to study capitalism, its underlying laws and dynamics, which at the abstract level of analysis have not changed in this epoch of globalization. The task of good macro–social science is to uncover the kaleidoscope of articulations between deep structure, structure, and conjuncture as distinct levels of analysis that are causal to open-ended social change.
It is not an easy task to identify the dialectic of structure and agency. It is important to avoid treating political and ideological processes as the outcome of relations among subjects endowed with consciousness and free will to the neglect of the social (structural) relations that drive these political and ideological practices and that constitute subjects engaged in them. To focus only on the conjunctural is to mistake surface appearance for essence; to focus only on the structural is reductionism.18 My own approach has emphasized multiple determinations and distinct levels of analysis – in particular, the articulation of structural and conjunctural (that is behavioral/agency) levels via a mediating structural-conjunctural level of analysis that mediates “forward” to agency and “backward” to structure.19 The agency of individuals and groups is shaped and enabled by social structures. In the present study, as elsewhere, I strive to center the analysis at the structural-conjunctural level and to move “backward” and “forward” from that center.
This must be an historical undertaking, in the sense not that there are no underlying structural regularities but that they are always and only manifest in real historical circumstances in which contingency and agency come into play. World capitalism is a singular process. A holistic approach starts with the global system and sees subparts or smaller units, such as the nation-state, as part of the larger whole. We also need to distinguish between the existence of a unit (in an historical and empirical sense as well as in an analytical sense) and the varied ways which that unit fits into the larger whole over time. As I have pointed out previously, a biological analogy is useful to illustrate how a particular attribute or feature of a system may continue to exist as it changes its functions, for example, nation-states and the interstate system. The task is to analyze not only the social and class forces and agencies that operate through these subunits, without reifying the state, but also changes in the larger system at the level of world capitalism or the global whole that frame (and limit) the possible constellations of social and class forces.
It is during moments not of equilibrium but of crisis that the intervention of agency can be most effective in bringing about structural change. Crises are key conjunctures when significant structural – and in rare historic moments, systemic – change becomes possible, that is, when all things are not equal as the fault lines of structure are revealed. Exploration of the global crisis involves conjunctural analysis nested in an historical approach and informed by structural analysis. Our undertaking requires the new conceptual tools of the TCC, the TNS, and global (as distinct from world) capitalism in order to grasp the evolution of capitalism in recent years, comprehend the twenty-first-century global system and the transnational processes at work, and intervene as effectively as possible to avert catastrophe.
Finally, one caveat: this is not intended to be an exhaustive study of the global crisis. That would involve much more than can be accomplished in this brief work; indeed, it would require many volumes and many years. I am forced as a result into inevitable simplifications. There is as well much literature that I am unable to engage with. My hope is to make a modest contribution to our understanding of, and to advance a very broad collective research agenda on, the contemporary crisis.

1 Niccolo Machiavelli, The Prince (New York: Bantam Books, 1981 [1513]), 63–64. To understand this quote is to understand the distinction between the inner sanctum of power and the outward appearance of power.

2 See, in particular, William I. Robinson, A Theory of Global Capitalism (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2004), William I. Robinson, Latin America and Global Capitalism (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2008), Chapter 1.

3 See, inter alia, William I. Robinson: Transnational Conflicts: Central America, Social Change, and Globalization (London: Verso, 2003); William I. Robinson, Latin America and Global Capitalism, Chapter 1; William I. Robinson, “The Crisis of Global Capitalism: Cyclical? Structural? Systemic?,” in Martinj Konings, ed., The Great Credit Crash (London: Verso, 2010); William I. Robinson, “Beyond the Theory of Imperialism: Global Capitalism and the Transnational State,” Societies without Borders (2007), 2: 5–26; William I. Robinson, “Aqui Estamos y No Nos Vamos!: Global Capitalism and the Struggle for Immigrant Rights, Race and Class (2006), 48(2): 4–29; William I. Robinson and Mario Barrera, “Global Capitalism and Twenty-First Century Fascism: A U.S. Case Study,” Race and Class (2012), 53(3): 4–29; William I. Robinson, “Global Capital Leviathan,” Radical Philosophy (2011), no. 165: 2–6; William I. Robinson, “Globalizacion, Crisis, y Escenarios de Futuro,” Estudios Centroamericanos (2009), 63(715–716): 331–344; William I. Robinson, “What to Expect from U.S. ‘Democracy Promotion’ in Iraq,” New Political Science (2004), 26(3): 441–447.

4 See the previous note for full references to these articles.

5 These works are too numerous to list here. Among those that I have found useful (despite my disagreement with their interpretations) are Konings, ed., The Great Credit Crash; Chris Harman, Zombie Capitalism: Global Crisis and the Relevance of Marx (Chicago: Haymarket Books, 2010); Michel Chossudovsky and Andrew Gavin Marshall, eds., The Global Economic Crisis: The Great Depression of the XXI Century (Quebec: Global Research Publishers, 2010); Christian Marazzi, The Violence of Financial Capitalism (Los Angeles: Semiotext(e), 2011); Istvan Meszaros and John Bellamy Foster, The Structural Crisis of Capital (New York: Monthly Review Press, 2010); David McNally, Global Slump: The Economics and Politics of Crisis and Resistance (Oakland, CA: PM Press, 2010); William K. Tabb, The Restructuring of Capitalism in Our Time (New York: Columbia University Press, 2012).

6 See symposia in the following journals: Theory and Society, (2001), 30(2); Science and Society (2001–02), 65(4); Critical Sociology (2012), 38(3); Historical Materialism (2007), 15; Cambridge Review of International Affairs (2006), 19(3).

7 See, e.g., my exchange with the international relations scholar Paul Cammack in Geopolitics, History and International Relations (2009), 1(2) (more on this exchange below); my exchange with the political scientist Ellen M. Wood in Historical Materialism (2007), 15 (William I. Robinson, “The Pitfall of Realist Analysis of Global Capitalism,” 71–93, and Ellen M. Wood, “A Reply to Critics,” 143–170); or the sociologist Juan Corradi’s ideologically driven discussion of my work, “Review of Latin America and Global Capitalism,” Contemporary Sociology (2009), 28(5): 396–398. Diane Barahona observes in her review-essay of my oeuvre that many of my critics may have read some of my theoretical essays but not my empirical works. “His methodology,” she writes, “is to study historical facts, filtering them for their significance through the lens of Marx and Gramsci, and formulate inductive theory from them. Once the theory has been universalized, he goes back and does more research to test how well the theory works, ‘unpacking’ the theory to see if it ‘fits’ new sets of facts. In the process of reading these books the reader is confronted with much information to support Robinson’s theoretical arguments. The main problem with critics of Robinson’s theory is that they have failed to address his supporting case studies.” Diane Barahona “The Capitalist Globalization of Latin America,” Critical Sociology (2011), 37(6): 889–895, quote from p. 892.

8 Paul Cammack, “Forget the Transnational State,” Geopolitics, History and International Relations (2009), 1(2): 85–98.

9 See, e.g., Cammack, “Forget the Transnational State.”

10 William Carrol, “Global, Transnational, Regional, National: The Need for Nuance in Theorizing Global Capitalism,” Critical Sociology (2012), 38(3): 365–373.

11 Robinson, A Theory of Global Capitalism, 110.

12 William I. Robinson, Transnational Conflicts: Central America and Global Change (London: Verso, 2003), 55–56.

13 Paul Hirst and Graheme Thompson, Globalization in Question, 3rd ed. (Cambridge: Polity, 2009).

14 Peter Dicken, Global Shift, 5th ed. (New York: Guilford, 2007), 13.

15 See David Harvey, The New Imperialism 2nd ed. (New York: Oxford University Press, 2005).

16 Christopher Chase-Dunn, Global Formation: Structures of the World-Economy (Lanham, MD: Rowman and Littlefield, 1998), 215.

17 On this point, see the discussion by Jessop in The Capitalist State (Oxford: Martin Robertson, 1982), 253.

18 We cannot conflate the determinacy of the real world with determinacy as a property of a given theoretical system, as Jessop observes, lest we explain the former in terms of the latter. This error forms the basis, in Jessop’s view, for three methodological miscarriages: reductionism, or invoking one axis of theoretical determination to explain everything about the state and politics; empiricism, or mistaking a synchronic description or historiographic account of an actual event for an explanation of that event; and subsumption, or subsuming a particular description or history of this kind under a general principle of explanation as one of its many instantiations (see Jessop’s excellent discussion in The Capitalist State, 211–220).

19 See my discussion on methodology in the introduction to William I. Robinson, Promoting Polyarchy: Globalization, U.S. Intervention, and Hegemony (Cambridge: Cambridge University Press, 1996).

1 Global Capital and Global Labor

[Foxconn] has a workforce of over one million worldwide and as human beings are also animals, to manage one million animals gives me a headache.
Terry Gou, chairman of Foxconn, talking to Chin Shih-Chien, director of the Taipei Zoo, regarding how animals should be managed, and prior to announcing plans to replace one million workers with robots1
The solution to the sanitation crisis – at least as conceived by certain economics professors sitting in comfortable armchairs in Chicago and Boston – has been to make urban defecation a global business. Indeed, one of the great achievements of Washington-sponsored neoliberalism has been to turn public toilets into cash points for paying off foreign debts – pay toilets are a growth industry throughout the Third World slums.
Mike Davis, in Planet of Slums2
Capitalism goes through regular crises about once a decade, what we call cyclical crises. But the crisis that exploded in 2008 with the global financial collapse and the Great Recession points to a deeper structural crisis, such as we faced in the 1970s, and before that in the 1930s, meaning that the system can no longer continue to function in the way that it is structured. These types of crises are therefore restructuring crises. They must result in a restructuring of the system if there is to be any resolution to the crisis. Yet in such a conjucture the structural crisis has the potential to become systemic, depending on how social agents respond to the crisis and on the unpredictable element of contingency that always plays some role in historical outcomes. A systemic crisis is one in which only a change in the system itself will resolve the crisis.
The twenty-first-century global crisis shares a number of aspects with earlier structural crises of the world economy of the 1970s and the 1930s, but there are also several features unique to the current situation:
1. The system is fast reaching the ecological limits of its reproduction. We may have already reached a point of no return – what environmental scientists refer to as a “tipping point” beyond which the planet becomes destabilized. The ecological holocaust under way cannot be underestimated – peak oil, climate change, the extinction of species, the collapse of centralized agricultural systems in several regions of the world, and so on.3
2. The magnitude of the means of violence and social control is unprecedented, as is the concentration of the means of global communication and symbolic production and circulation in the hands of a very few powerful groups. Computerized wars, drones, bunker-buster bombs, Star Wars defense systems, and so forth, have changed the face of warfare. Warfare has become normalized and sanitized for those not directly at the receiving end of armed aggression. At the same time we have arrived at the panoptical surveillance society and the age of thought control by those who manage global flows of communication, images, and symbolic production.
3. Capitalism is reaching apparent limits to its extensive expansion. There are no longer any new territories of significance that can be integrated into world capitalism, de-ruralization is now well advanced, and the commodification of the countryside and of pre- and noncapitalist spaces has intensified; that is, they are being, converted in hothouse fashion into spaces of capital, so that intensive expansion is reaching depths never before seen. Capitalism must continually expand or collapse. How or where will it now expand?
4. There is the rise of a vast surplus population inhabiting a “planet of slums,”4 alienated from the productive economy, thrown onto the margins, and subject to sophisticated systems of social control and to destruction – to a mortal cycle of dispossession–exploitation–exclusion.
5. There is a disjuncture between a globalizing economy and a nation-state-based system of political authority. The incipient transnational state (TNS) apparatuses have not been able to play the role of what social scientists refer to as a “hegemon,” or a leading nation-state that has enough power and authority to organize and stabilize the system.


End of this sample Kindle book.
Enjoyed the preview?
Buy with 1-Click
or
See details for this book in the Kindle Store


ARTICULO DE W. STREECK

 

FUENTE : http://newleftreview.es/article/download_pdf?language=es&id=3072

Wolfgang Streeck cbb140ec-8bb1-4d65-8a5b-c7733ba58efc

¿CÓMO TERMINARÁ EL CAPITALISMO?

Existe actualmente la sensación generalizada de que el capita­lismo pasa por una situación más crítica que nunca desde el final de la Segunda Guerra Mundial1. En retrospectiva, el derrumbe de 2008 fue solo el último de una larga serie de problemas políticos y económicos que tienen su origen en el final de la prosperidad de la pos­guerra a mediados de la década de 1970. Las sucesivas crisis han sido cada vez más graves, extendiéndose más amplia y rápidamente por una econo­mía global cada vez más interrelacionada. La inflación global en la década de 1970 fue seguida de un aumento de la deuda pública en la década de 1980, y la consolidación fiscal en la década de 1990 llegó acompañada de un aumento elevado de la deuda del sector privado2. Hace ya cuatro décadas que la falta de equilibrio ha sido más o menos la situación normal del mundo industrial «avanzado», tanto a nivel nacional como global. De hecho, con el tiempo, las crisis del capitalismo de posguerra de los países de la ocde se han generalizado de tal modo que se perciben cada vez más como algo cuya naturaleza está por encima de la economía, lo que tiene como consecuencia el redescubrimiento de la antigua noción de sociedad capitalista: el capita­lismo como orden social y forma de vida, que depende de manera vital del progreso ininterrumpido de la acumulación de capital privado. video (English)

Los síntomas de la crisis son muchos, pero entre ellos destacan tres ten­dencias a largo plazo en las trayectorias de los países capitalistas ricos y altamente industrializados, o mejor dicho, crecientemente desindus­trializados. La primera es el declive persistente de la tasa de crecimiento económico, agravado recientemente por los acontecimientos de 2008 (Figura 1). La segunda, asociada a la primera, es un crecimiento igualmente persistente de la deuda global en los principales Estados capitalistas, donde

1 Una versión de este texto constituyó el discurso de la Anglo-German Foundation, pronunciado en la British Academy el 23 de enero de 2014.

2 He analizado este tema en profundidad en Buying Time: The Delayed Crisis of Democratic Capitalism, Londres y Nueva York, 2014.

Streeck: Capitalismo 39

los Gobiernos, los hogares y las empresas financieras y no financieras lle­van más de cuarenta años apilando obligaciones financieras (para el caso de Estados Unidos, véase la Figura 2). La tercera, la desigualdad econó­mica, tanto de ingresos como de riqueza, lleva varias décadas aumentando (Figura 3), junto con el aumento de la deuda y el declive del crecimiento.

Figura 1: Tasas de crecimiento medio anual de 20 países de la ocde, 1972-2010*.

* media móvil de 5 años. Fuente: Perspectivas Económicas de la ocde: Estadísticas y Proyecciones.

Figura 2: Deuda como porcentaje del pib de Estados Unidos por sectores, 1970-2011

Fuente: Cuentas nacionales, ocde. 1972 1976 1980 1984 1988 1992 1996 2000 2004 2008 %543210 -1 Empresas nancieras Hogares Empresas no nancieras Gobierno 1970 1975 1980 1985 1990 1995 2000 2005 2010 1.000 900 700 600 800 500 400 300 200 1000

40 nlr 87

Figura 3: Aumento del coeficiente de Gini, media de la ocde.

Fuente: Base de datos de la distribución de las rentas de la ocde.

El crecimiento constante, la moneda sólida y un mínimo de equidad social, que extienda algunos de los beneficios del capitalismo a los que no tienen capital, se han considerado desde hace mucho tiempo los prerrequisitos para que una economía política capitalista obtenga la legitimación que necesita. Lo que resulta más alarmante es que las tres tendencias críticas que he mencionado pueden reforzarse mutuamente. Cada vez hay más evidencia de que la desigualdad creciente puede ser una de las causas del declive del crecimiento, ya que la desigualdad obstaculiza las mejoras de productividad y debilita la demanda. El bajo crecimiento, a su vez, fortalece la desigualdad al intensificar el problema de la distribución, ofreciendo concesiones a los pobres que son más costosas para los ricos y obligando a estos a insistir más que antes en el respeto estricto del «principio de Mateo», que gobierna el libre mer­cado: «Porque a todo el que tiene, más se le dará, y tendrán abundancia; pero al que no tiene aun lo que tiene se le quitará»3. Es más, la deuda creciente, además de no detener el declive del crecimiento económico, agrava la desigualdad por medio de los cambios estructurales asociados a la financiarización, que a su vez tenía por objetivo compensar a los asalariados y a los consumidores por la creciente desigualdad de ingre­sos provocada por el estancamiento de los salarios y los recortes de los servicios públicos.

3 Mateo 25:29. Fue descrito por primera vez como mecanismo social por Robert Merton en «El efecto Mateo en la ciencia», Science, vol. 159, núm. 3810, pp. 56-63. El término técnico es ventaja acumulativa. 1985 1990 1995 2000 2005 2010 110 105 100 2007Streeck: Capitalismo 41

¿Puede continuar indefinidamente lo que parece ser un círculo vicioso de tendencias dañinas? ¿Existen fuerzas contrarias que puedan romperlo y qué ocurrirá si estas no se materializan, tal como ha sucedido durante casi cuatro décadas? Los historiadores señalan que las crisis en el capitalismo no son nada nuevo y de hecho pueden ser necesarias para su salud a largo plazo. Pero se refieren a movimientos cíclicos o sucesos puntuales, tras los cuales las economías capitalistas entran en un nuevo equilibrio, por lo menos, temporalmente. Lo que observamos actualmente, sin embargo, parece representar, si lo miramos en retrospectiva, un proceso continuo de declive gradual, aplazado, pero a pesar de ello aparentemente inexorable. La recuperación de una Reinigungskrise [crisis de purgamiento] ocasional es una cosa, interrumpir la concatenación de tendencias a largo plazo interrelacionadas es algo bien distinto. Asumiendo que la perpetuación de un crecimiento cada vez menor, una desigualdad cada vez mayor y una deuda paulatinamente creciente no es un escenario sostenible de modo indefinido, que puede desembocar además en una crisis de natura­leza sistémica cuyas características son difíciles de imaginar, ¿se pueden atisbar señales de una marcha atrás inminente?

Otro parche

Las noticias no son buenas. Han pasado seis años desde 2008, el punto álgido hasta ahora de la secuencia de crisis de la posguerra. Mientras el recuerdo del abismo estaba todavía fresco, abundaron las peticiones y los planes de acción para una «reforma» que protegiera al mundo de una repetición. Los congresos internacionales y las cumbres de todo tipo se sucedieron, pero media década más tarde no ha salido prácticamente nada de ellas. Mientras tanto, la industria financiera, de donde partió el desastre, ha escenificado una recuperación completa: los beneficios, los dividendos, los sueldos y los bonos han vuelto donde estaban, mientras que la nueva regulación se enfangaba en negociaciones internacionales y grupos de presión nacionales. Los Gobiernos, el primero y principal, el de Estados Unidos, han seguido estando manejados con firmeza por las industrias de hacer dinero. Estas a su vez reciben generosamente dinero en efectivo barato, que sus amigos de los bancos centrales (entre los que destaca el antiguo hombre de Goldman Sachs, Mario Draghi, al timón del bce) crean de la nada para ellos, un dinero que inmovilizan o invierten en deuda de los Gobiernos. El crecimiento sigue siendo ané­mico, como los mercados de trabajo; una enorme liquidez carente de precedentes no ha podido relanzar la economía; y la desigualdad está 42 nlr 87

alcanzando cotas cada vez más sorprendentes, mientras que el 1 por 100 de los rentistas se ha apropiado del poco crecimiento que existe: la parte del león para la fracción más pequeña4.

Parecería que, desde luego, hay pocas razones para ser optimista. Durante bastante tiempo el capitalismo de los países de la ocde ha seguido ade­lante gracias a generosas inyecciones de dinero fiduciario, siguiendo una política de expansión monetaria cuyos diseñadores saben mejor que nadie que no puede continuar indefinidamente. De hecho, en 2013 se hicie­ron varios intentos de romper con esa costumbre en Japón y en Estados Unidos, pero cuando, como consecuencia de ellos, las cotizaciones bur­sátiles se derrumbaron, las «reducciones» (tapering), como se las vino a llamar, se pospusieron. A mediados de junio el Bank for International Settlements (bis) de Basilea (la madre de todos los bancos centrales) declaró que la quantitive easing [flexibilización cuantitativa] debía termi­narse. En su informe anual, el Banco señalaba que los bancos centrales, como reacción a la crisis y a la lenta recuperación, habían expandido sus balances, «que se encuentran ahora colectivamente a un nivel aproxima­damente tres veces superior al que tenían antes de la crisis: y subiendo»5. Aunque esto había sido necesario para «evitar el colapso financiero», ahora el objetivo tenía que ser «reconducir a unas economías muy debili­tadas a un crecimiento fuerte y sostenible». Sin embargo, esto estaba por encima de la capacidad de los bancos centrales, que:

no pueden aprobar las reformas estructurales económicas y financieras necesarias para que las economías recuperen la senda del crecimiento auténtico que tanto las autoridades como los ciudadanos quieren y espe­ran. Lo que los acuerdos de los bancos centrales han conseguido durante la recuperación es ganar tiempo […]. Pero ese tiempo no se ha aprovechado bien, ya que los tipos bajos de interés persistentes y las políticas poco convencionales aplicadas han facilitado que el sector privado posponga la reducción de su endeudamiento, que los Gobiernos financien los déficits y las autoridades retrasen las reformas necesarias en la economía real y en el sistema financiero. Al fin y al cabo, el dinero barato hace que sea más fácil beneficiarse de un préstamo que ahorrar, gastar que introducir impuestos, permanecer igual que cambiar.

4 Véase Emmanuel Saez, «Striking It Richer; The Evolution of Top Incomes in the United States», 2 de marzo de 2012, disponible por medio de la página web personal de Saez en uc Berkeley; y Facundo Alvaredo, Anthony Atkinson, Thomas Piketty y Emmanuel Saez, «The Top 1 per cent in International and Historical Perspective», Journal of Economic Perspectives, vol. 27, núm. 3, 2013, pp. 3-20.

5 bis, 83rd Annual Report, 1 April 2012-31 March 2013, Basilea, 2013, p. 5.Streeck: Capitalismo 43

Aparentemente este punto de vista era compartido incluso por la Reserva Federal con Bernanke al mando. A finales de verano de 2013, parecía intuirse una vez más que la época del dinero fácil se estaba acabando. Sin embargo, en septiembre, la esperada vuelta a tipos de interés más altos fue de nuevo pospuesta. El motivo aducido fue que «la economía» parecía menos «fuerte» de lo que se esperaba. Las cotizaciones bursá­tiles globales subieron inmediatamente. Por supuesto, una institución internacional como el bis tiene más libertad que un banco central nacio­nal, que (por ahora) está más expuesto políticamente, para desvelar la verdadera razón por la que una vuelta a políticas monetarias más con­vencionales es tan difícil: tal como están las cosas, la única alternativa al mantenimiento del capitalismo mediante el incremento ilimitado de la oferta monetaria es intentar reanimarlo por medio de reformas econó­micas neoliberales, como se desprende con toda precisión del segundo subtítulo del informe anual del bis de 2012-2013: «Mejorar la flexibili­dad: la clave para el crecimiento». En otras palabras, remedios amargos para la mayoría, combinados con mayores incentivos para unos pocos6.

Un problema con la democracia

Al llegar a este punto, el análisis de la crisis y del futuro del capitalismo moderno debe recurrir a la política democrática. El capitalismo y la demo­cracia se han considerado adversarios durante mucho tiempo, hasta que el acuerdo de la posguerra pareció lograr su reconciliación. Bien entrado el siglo xx, los propietarios capitalistas habían temido que las mayorías democráticas abolieran la propiedad privada, mientras que los trabajadores y sus organizaciones temían que los capitalistas financiaran la vuelta a un régimen autoritario que defendiera sus privilegios. Solo durante la Guerra Fría parecieron alinearse juntos el capitalismo y la democracia, cuando el progreso económico hizo posible que la mayoría de la clase trabajadora aceptara un régimen de libre mercado y propiedad privada, resaltando a su vez que la libertad democrática era inseparable, y de hecho dependiente, de la libertad de los mercados y la búsqueda de beneficios. Sin embargo, hoy en día, han vuelto con fuerza las dudas sobre la compatibilidad de una economía capitalista con un sistema de gobierno democrático. Entre la gente corriente existe ahora una sensación omnipresente de que la polí­tica no puede ya cambiar sus vidas, tal como se refleja en las percepciones comunes de estancamiento, incompetencia y corrupción entre una clase

6 Puede ser aún menos prometedor en países como Estados Unidos y el Reino Unido, donde es difícil señalar qué «reformas» neoliberales pueden quedar todavía por aplicarse.44 nlr 87

política que parece crecientemente egoísta y autosuficiente, unida en su proclama de que «no hay alternativa» para ellos y sus políticas. El resultado es el descenso en la participación electoral combinado con una volatilidad mayor del voto, que tiene como consecuencia una fragmentación electoral mayor, debido a la subida de partidos de protesta «populistas», y una ines­tabilidad general del gobierno7.

La legitimidad de la democracia de posguerra se basaba en la premisa de que los Estados tenían capacidad para intervenir en los mercados y corre­gir sus resultados en beneficio de los ciudadanos. Décadas de desigualdad creciente han sembrado dudas sobre esta capacidad, como también lo ha hecho la impotencia de los Gobiernos antes, durante y después de la cri­sis de 2008. Como respuesta a su creciente irrelevancia en una economía de mercado global, los Gobiernos y los partidos políticos en las democra­cias de los países de la ocde se dedicaron a observar con mayor o menor complacencia cómo la «lucha de clases democrática» se convertía en entre­tenimiento político posdemocrático8. Mientras tanto, la transformación de la economía política capitalista del keynesianismo de la posguerra al haye­kianismo neoliberal progresaba con fluidez: de una fórmula política para el crecimiento económico por medio de la redistribución desde arriba hacia abajo, a una que esperaba que se produjera crecimiento por medio de una redistribución desde abajo hacia arriba. La democracia igualitaria, conside­rada por el keynesianismo como productiva económicamente, se convierte en una carga para la eficacia según el hayekianismo contemporáneo, en el que el crecimiento proviene del aislamiento de los mercados (y de la ventaja acumulativa que supone) frente a las distorsiones políticas redistributivas.

Un tema fundamental de la retórica antidemocrática actual es la crisis fiscal del Estado contemporáneo, tal como queda reflejada en el extraordinario aumento de la deuda pública desde la década de 1970 (Figura 4). El creciente endeudamiento público se achaca a la mayoría del electorado que vive por encima de sus posibilidades a base de aprovecharse del «fondo común» de la sociedad, y a los políticos oportunistas que compran el apoyo de los votan­tes miopes con dinero que no tienen9. Sin embargo, puede constatarse que

7 Véase Armin Schäfer y Wolfgang Streeck (eds.), Politics in the Age of Austerity, Cambridge, 2013.

8 Walter Korpi, The Democratic Class Struggle, Londres, 1983; y Colin Crouch, Post- Democracy, Cambridge, 2004 [ed. cast.: Posdemocracia, Madrid, Taurus, 2004].

9 Esta es la teoría de public choice [elección pública] de la crisis fiscal, tal como la presentan con fuerza James Buchanan y su escuela; véase, por ejemplo, James Buchanan y Gordon Tullock, The Calculus of Consent. Logical Foundations of Constitutional Democracy, Ann Arbor, 1962 [ed. cast.: El cálculo del consenso. Fundamentos lógicos de la democracia constitucional, Madrid, Espasa, 1980]. Streeck: Capitalismo 45

es improbable que la crisis fiscal haya sido causada por un exceso de demo­cracia redistributiva, ya que la acumulación de la deuda pública coincidió con un descenso de la participación electoral, especialmente en los extre­mos inferiores de la escala de renta, y progresó al hilo del debilitamiento del sindicalismo, la desaparición de las huelgas, los recortes del Estado del bienestar y la explosión de la desigualdad de los ingresos. El deterioro de las finanzas públicas estaba relacionado con las bajadas generales de los niveles de tributación (Figura 5) y las características cada vez más regresivas de los sistemas tributarios, como resultado de las «reformas» de los tipos imposi­tivos aplicados a las rentas más altas y a las empresas (Figura 6). Además, al reemplazar los ingresos tributarios por la deuda, los Gobiernos contribu­yeron todavía más a la desigualdad, al ofrecer oportunidades de inversión seguras a aquellos cuyo dinero no querían o podían ya confiscar, a los que, en cambio, tenían que pedir prestado. Al contrario que los contribuyentes, los compradores de bonos públicos siguen siendo propietarios de lo que pagan al Estado, y de hecho reciben intereses sobre ello, generalmente pro­venientes de una imposición cada vez menos progresiva; también pueden legárselos a sus hijos. Además, el aumento de la deuda pública puede ser, y de hecho está siendo, utilizada políticamente para justificar los recortes en el gasto estatal y la privatización de los servicios públicos, constriñendo aún más la intervención democrática redistributiva en la economía capitalista.

Figura 4: Deuda de los Gobiernos como porcentaje del pib, 1970-2011*.

* Países incluidos con medias no ponderadas: Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Noruega, Países Bajos, Reino Unido, Suecia. Fuente: Perspectivas Económicas de la ocde: Estadísticas y Proyecciones. 1970 1980 1990 2000 2010 100 90 80 70 60 50 4046 nlr 87

Figura 5: Ingresos fiscales totales en porcentaje del pib, 1970-2011†.

Países con medias no ponderadas: Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Japón, Noruega, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, Suecia, Suiza. Fuente: Cuadros comparativos. Base de datos de estadísticas fiscales de la ocde.

Figura 6: Tipos impositivos marginales máximos sobre la renta, 1900-2011.

Fuente: Facundo Alvaredo et al., «The Top 1 per cent in International and Historical Perspective». 39 37 35 33 31 29 27 % 1972 1976 1980 1984 1988 1992 1996 2000 2004 2008 1900 1910 1920 1930 1940 1950 1960 1970 1980 1990 2000 2010 100 90 70 60 80 50 40 30 20 100 % Alemania Francia USA GBStreeck: Capitalismo 47

La protección institucional de la economía de mercado frente a las inter­ferencias democráticas ha avanzado mucho en las últimas décadas. Los sindicatos están de capa caída en todas partes y en muchos países prácti­camente han desaparecido, especialmente en Estados Unidos. La política económica se ha entregado en muchos Estados a bancos centrales inde­pendientes (es decir, sin responsabilidad democrática) preocupados sobre todo por la buena salud y el fondo de comercio de los mercados financieros10. En Europa, las políticas económicas nacionales, incluso el establecimiento de los salarios y la elaboración del presupuesto, están cada vez más gobernadas por agencias supranacionales, como la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, que están por encima del alcance de la democracia popular. Esto supone la des-democratización del capitalismo europeo, sin, por supuesto, despolitizarlo.

Aun así, las clases que viven de la obtención de beneficios no están segu­ras de que la democracia (incluso en su versión castrada contemporánea) permita las «reformas estructurales» neoliberales necesarias para que su régimen se recupere. Como los ciudadanos corrientes, aunque por motivos opuestos, las elites están perdiendo la fe en los gobiernos demo­cráticos y su idoneidad para reestructurar la sociedad de acuerdo con los imperativos del mercado. La desdeñosa concepción de la public choice de la política democrática como una corrupción de la justicia del mercado, al servicio de políticos oportunistas y su clientela, ha sido completamente adoptada por las elites: igual que la creencia de que el capitalismo de mercado, liberado de políticas democráticas, no solo será más eficiente, sino que también será virtuoso y responsable11. Países como China reci­ben parabienes porque sus sistemas políticos autoritarios están mucho mejor equipados para lidiar con lo que se supone que son los desafíos de la «globalización» que la democracia mayoritaria, con su tendencia igualitaria: una retórica que comienza a parecerse manifiestamente a los elogios de las elites capitalistas, durante los años de entreguerras, a los

10 A menudo se olvida que la mayoría de los bancos centrales, incluyendo el bis, han pertenecido durante mucho tiempo o todavía pertenecen parcialmente al sector privado. Por ejemplo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Francia fueron nacionalizados después de 1945. La «independencia» de los bancos centrales, tal como se formalizó en muchos países en la década de 1990, puede ser considerada como una forma de reprivatización.

11 Por supuesto, tal como Colin Crouch ha señalado, el neoliberalismo en su forma realmente existente es una oligarquía, muy afianzada políticamente, de empresas multinacionales gigantes; véase Colin Crouch, The Strange Non-Death of Neoliberalism, Cambridge, 2011.48 nlr 87

fascismos italiano y alemán (incluso al comunismo estalinista) por su gestión económica aparentemente superior12.

Hasta ahora, la utopía política predominante en el neoliberalismo es una «democracia adaptada al mercado», desprovista de poder de corrección del mismo y que apoye la redistribución «compatible con los incentivos» desde abajo hacia arriba13. Aunque ese proyecto está ya muy avanzado tanto en Europa Occidental como en Estados Unidos, sus promotores siguen preocupándose de que las instituciones políticas heredadas del compromiso de posguerra puedan en algún momento volver a ser domi­nadas por mayorías populares, en un intento de última hora de bloquear el avance hacia una solución neoliberal de la crisis. Por consiguiente, no han disminuido en lo más mínimo las presiones de las elites a favor de la neutralización económica de la democracia igualitaria; en Europa, esto se lleva a cabo por medio de una reubicación permanente de la toma de decisiones político-económicas en las instituciones supranacionales como el Banco Central Europeo y las cumbres de los líderes gubernamentales.

¿El capitalismo al borde del precipicio?

¿Ha llegado el final del capitalismo? En la década de 1980 se abandonó la idea de que el «capitalismo moderno» podía ser gestionado como una «eco­nomía mixta», dirigida tecnocráticamente y controlada democráticamente. Más tarde, con la revolución neoliberal, el orden económico y social fue

12 Véase Daniel A. Bell, Beyond Liberal Democracy. Political Thinking for an East Asian Context, Princeton, 2006; y Nicolas Berggruen y Nathan Gardels (eds.), Intelligent Governance for the 21st Century. A Middle Way between West and East, Londres, 2012 [ed. cast.: Gobernanza inteligente para el siglo xxi. Una vía intermedia entre Occidente y Oriente, Madrid, Taurus, 2012].

13 La expresión «democracia adaptada al mercado» es de Angela Merkel. La retórica pú­blica de la canciller parece diseñada deliberadamente para confundir y embaucar. Cito su declaración de septiembre de 2011 sobre el tema en la lengua materna de Merkel: «Wir leben ja in einer Demokratie und sind auch froh darüber. Dast is eine parla­mentarische Demokratie. Deshalb ist das Budgetrecht ein Kernrecht des Parlaments. Insofern werden wir Wege finden, die parlamentarische Mitbestimmung so zu ges­talten, daß sie trotzdem auch marktkonform ist, also das sich auf den Märkten die entsprechenden Signale ergeben». Una traducción aproximada sería: «Desde luego, vivimos en democracia y también estamos contentos de ello. Es una democracia par­lamentaria. Por consiguiente, el derecho al presupuesto es un derecho fundamental del Parlamento. En este sentido encontraremos formas de modular la co-decisión parlamentaria de tal manera que esté, sin embargo, también adaptada al mercado, para que las señales respectivas emerjan en el mercado».Streeck: Capitalismo 49

concebido de nuevo como algo que surge benevolentemente del «libre juego de las fuerzas del mercado». Pero con el crac de 2008 la promesa de que los mercados autorregulados alcanzaran el equilibrio por su cuenta quedó en evidencia también, sin que apareciera en el horizonte una fórmula nueva verosímil de gobierno político-económico. Puede considerarse como el síntoma de una crisis que se ha hecho sistémica, y más cuanto más dure.

En vista de las décadas de caída del crecimiento, de aumento de la desigual­dad y de endeudamiento creciente (así como de la agonía constante de la inflación, de la deuda pública y de la implosión financiera desde la década de 1970), considero que ya es hora de definir el capitalismo como un fenó­meno histórico, que no solo tiene un comienzo, sino también un final. Para ello, necesitamos apartarnos de modelos engañosos de cambio social e ins­titucional. Mientras sigamos imaginando que el final del capitalismo sea decretado, al estilo de Lenin, por un gobierno o comité central, no pode­mos más que considerarlo eterno. (El comunismo, por estar centralizado en Moscú, es el que de hecho podía ser y fue terminado por decreto). La cuestión es diferente si, en lugar de imaginar que el capitalismo es susti­tuido por medio de una decisión colectiva, por algún orden nuevo diseñado providencialmente al efecto, dejamos que el capitalismo se derrumbe solo.

Sugiero que nos acostumbremos a pensar en el final del capitalismo sin asumir la responsabilidad de contestar a la pregunta de qué proponemos poner en su lugar. Es un prejuicio marxista (o en realidad: moderno) que el capitalismo como época histórica solo terminará cuando una sociedad nueva y mejor esté lista, y un sujeto revolucionario preparado para ponerla en marcha en pro del progreso de la humanidad. Esta idea implica un grado de control político sobre nuestro destino común que no podemos ni siquiera soñar tras la destrucción, en la revolución neoliberal global, de la acción colectiva y, desde luego, de la esperanza de recuperarla. Para validar la tesis de que el capitalismo se enfrenta a su Götterdämmerung [crepúsculo de los dioses] no debería ser necesario ni una visión utópica de un futuro alternativo ni una previsión sobrehumana. Estoy dispuesto a plantear exactamente esa tesis, aunque soy consciente de la cantidad de veces que el capitalismo ha sido dado por muerto en el pasado. De hecho, todos los principales teóricos del capitalismo han pronosticado su defun­ción inminente desde que el concepto se comenzó a utilizar a mediados del siglo xix. No solo críticos radicales como Marx o Polanyi, sino también pensadores burgueses como Weber, Schumpeter, Sombart y Keynes14.

14 Así que, si la historia demuestra que me equivoqué, por lo menos estaré en buena compañía.50 nlr 87

Que algo no haya sucedido a pesar de previsiones razonables de que sucedería no quiere decir que no vaya a suceder nunca; no es una prueba inductiva. Creo que esta vez es diferente y síntoma de ello es que ni siquiera los tecnócratas máximos del capitalismo tienen la más remota idea hoy en día de cómo recomponer el sistema de nuevo: véase, por ejemplo, las actas recientemente publicadas de las deliberaciones de la junta de la Reserva Federal en 200815, o la búsqueda a la desesperada de los presidentes de los bancos centrales, mencionada anteriormente, para encontrar el momento adecuado de terminar con la quantitative easing. Sin embargo, esto solo representa la superficie del problema. Por debajo de ella está el tozudo hecho de que el avance capitalista ha des­truido ya prácticamente todas las agencias que pudieran estabilizarlo a base de limitarlo; la clave está en que la estabilidad del capitalismo como sistema socio-económico depende de que se contenga su Eigendynamik [dinámica interna] por medio de fuerzas compensatorias: por intere­ses e instituciones colectivas que sometan la acumulación de capital a controles y equilibrios sociales. La idea es que el capitalismo puede autodebilitarse por un exceso de éxito. Presentaré esta cuestión con más profundidad a continuación.

La imagen que tengo del final del capitalismo (un final que creo que ya está de camino) es la de un sistema social con un fallo crónico, por sus propias causas y al margen de la ausencia de una alternativa viable. Aunque no podamos saber con exactitud cuándo y cómo desaparecerá el capitalismo y qué vendrá después, lo que importa es que no existe ninguna fuerza disponible de la que pueda esperarse que cambie las tres tendencias en caída libre: el crecimiento económico, la igualdad social y la estabilidad financiera, y termine con su mutuo reforzamiento. Al contrario que en la década de 1930, no existe hoy en día ninguna fórmula político-económica a la vista, de izquierda o derecha, que pudiera proporcionar a las socieda­des capitalistas un régimen nuevo de regulación coherente, o régulation. La integración social así como la integración sistémica parecen dañadas sin remisión y propicias a deteriorarse aún más16. Con el paso del tiempo lo más probable es que se produzca una acumulación continua de

15 Comentadas por Gretchen Morgenson, «A New Light on Regulators in the Dark», The New York Times, 23 de abril de 2014. El artículo describe «una imagen alarmante de un banco central que estaba en la inopia de cada uno de los desastres que se avecinaban a lo largo de 2008».

16 Sobre estos términos, véase David Lockwood, «Social Integration and System Integration», en George Zollschan y Walter Hirsch (eds.), Explorations in Social Change, Londres, 1964, pp. 244-257.Streeck: Capitalismo 51

disfunciones pequeñas y no tan pequeñas; ninguna de ellas necesaria­mente mortal por sí sola, pero la mayoría sin solución, especialmente cuando lleguen a ser demasiadas para su consideración individual. En el proceso, las partes del todo se engarzarán cada vez peor; se multiplicarán todo tipo de fricciones; las consecuencias inesperadas se extenderán por causas cada vez más difíciles de explicar. Proliferará la incertidumbre; las crisis de todo tipo (de legitimidad, de productividad o ambas) se sucederán rápidamente a la vez que la previsibilidad y la gobernabilidad disminui­rán aún más (tal como llevan décadas haciendo). Al final, la miríada de parches provisionales diseñados para la gestión a corto plazo de la crisis reventarán bajo la presión de los desastres cotidianos producidos por un orden social en una situación de total desorganización anómica.

Concebir el final del capitalismo como proceso en lugar de como aconteci­miento plantea la cuestión de cómo definir el capitalismo. Las sociedades son entidades complejas que no mueren de la misma manera que los organismos: salvo las raras excepciones de extinción total, la discontinui­dad siempre arraiga en algún tipo de continuidad. Si decimos que una sociedad ha terminado, queremos decir que ciertas características de su organización que consideramos consustanciales a ella han desaparecido; otras pueden haber sobrevivido. Propongo que para determinar si el capi­talismo está vivo, moribundo o muerto, lo definamos como una sociedad moderna17 que asegura su reproducción colectiva como un efecto colateral no intencionado de la optimización racional individualizada de los bene­ficios competitivos en busca de la acumulación de capital, por medio de un «proceso de trabajo» que combina capital de propiedad privada con fuerza de trabajo mercantilizada, cumpliendo la promesa de Mandeville de convertir los vicios privados en beneficios públicos18. Sostengo que esta

17 O, tal como postula Adam Smith, una sociedad «progresiva», cuyo objetivo es en principio el crecimiento sin límites de la productividad y la prosperidad, según la medición del tamaño de su economía monetaria.

18 Otras definiciones del capitalismo destacan, por ejemplo, la naturaleza pacífica del intercambio mercantil y comercial capitalista: véase Albert Hirschman, «Rival Interpretations of Market Society: Civilizing, Destructive or Feble?», Journal of Economic Literature, vol. 20, núm. 4, 1982, pp. 1.463-1.484. Esta definición olvida el hecho de que el «libre mercado» no violento está generalmente limitado al núcleo del sistema capitalista, mientras que en su periferia histórica y espacial la violencia es rampante. Por ejemplo, mercados ilegales (drogas, prostitución, armas, etcétera) regidos por la violencia privada recolectan enormes cantidades de dinero para inver­siones legales: una versión de la acumulación primitiva. Además, la violencia pública legítima y la violencia privada ilegal a menudo se funden entre sí, no solo dentro de los límites del capitalismo, sino también en el apoyo proporcionado por los países del 52 nlr 87

es la promesa que el capitalismo contemporáneo ya no puede cumplir: la de terminar su existencia histórica como un orden social que se autorepro­duce, sostenible, previsible y legítimo.

Es poco probable que la desaparición del capitalismo así definido siga el camino marcado por alguien. Cuanto más avanza el declive, más provo­cará protestas políticas e intentos múltiples de intervención colectiva. Pero durante mucho tiempo es probable que sean de tipo ludita: locales, dispersas, descoordinadas, «primitivas», que incrementen el desorden sin ser capaces de crear un orden nuevo, ayudando en el mejor de los casos de manera no intencionada a que llegue. Se podría pensar que una crisis duradera de este tipo abriría no pocas puertas a la posibilidad de acciones reformistas o revolucionarias. Parece, sin embargo, que la desorganización del capitalismo no solo le está afectando a él mismo, sino también a sus opo­sitores, privándoles de la capacidad de derrotarlo o de rescatarlo. Entonces, para que el capitalismo termine debe procurar su propia destrucción: que es, diría yo, exactamente lo que estamos observando hoy en día.

Una victoria pírrica

Pero, por muchas que sean sus deficiencias, ¿por qué tiene que estar en crisis el capitalismo si ya no tiene ninguna oposición digna de ese nombre? Cuando se produjo la implosión del comunismo en 1989, se consideró el triunfo final del capitalismo, el «fin de la historia». Incluso ahora, después de 2008, la Vieja Izquierda sigue al borde de la extin­ción en todas partes, y una nueva Nueva Izquierda sigue sin aparecer. Las masas, tanto las pobres y sin poder como las que son relativamente pudientes, parecen estar firmemente atrapadas por el consumismo; y los bienes colectivos, la acción colectiva y la organización colectiva, completamente pasadas de moda. Puesto que el capitalismo es el único superviviente, ¿por qué no va a continuar aunque solo sea por defecto? A primera vista existen muchas razones para no declarar muerto al capi­talismo, a pesar de todas las señales históricas de mal agüero. Respecto a la desigualdad, la gente puede acostumbrarse a ella, especialmente con la ayuda de diversiones públicas y represión política. Además, abun­dan los ejemplos de Gobiernos que son reelegidos tras recortar el gasto social y privatizar los servicios públicos con el objetivo de aplicar una

centro a sus colaboradores en la periferia. También es necesario incluir en un lugar primordial la violencia pública contra los disidentes y contra los sindicatos, cuando todavía existían y tenían relevancia. Streeck: Capitalismo 53

Respecto al deterioro medioambiental, tiene lugar con lentitud en compolítica monetaria ortodoxa beneficiosa para los propietarios del dinero. paración con la duración de la vida humana individual, así que se puede negar mientras se aprende a convivir con el mismo. Los avances tecnoló­gicos con los que se compra tiempo, como el fracking, nunca pueden ser descartados, y si la capacidad pacificadora del consumismo tiene lími­tes, está claro que estamos lejos de alcanzarlos. Además, la adaptación a regímenes de trabajo que ocupan más tiempo y consumen más vida puede ser interpretada como un desafío competitivo, una oportunidad para el desarrollo personal. Las definiciones culturales de la vida buena han sido siempre muy maleables y pueden perfectamente estirarse aún más para estar a la altura del progreso de la mercantilización, por lo menos mientras los desafíos radicales o religiosos a la reeducación pro­capitalista puedan ser suprimidos, ridiculizados o marginados de alguna forma. Para terminar, la mayoría de las teorías del estancamiento actual se aplican solo a Occidente, o solo a Estados Unidos, no a China, Rusia, India o Brasil: países a los que puede estar a punto de migrar la frontera del crecimiento económico, con extensas tierras vírgenes esperando a convertirse en los receptores del progreso capitalista­. 19

Mi respuesta es que para el capitalismo el hecho de no tener oposición puede constituir más un pasivo que un activo. Los sistemas sociales progresan gracias a la heterogeneidad interna, al pluralismo de los principios organizativos que los protegen de la dedicación exclusiva a un objetivo único, excluyendo otros que también deben ser perse­guidos para que el sistema sea sostenible. El capitalismo tal como lo conocemos se ha beneficiado enormemente del ascenso de los movi­mientos contrarios al dominio del beneficio y el mercado. El socialismo y el sindicalismo, al poner un freno a la mercantilización, evitaron que el capitalismo destruyera sus fundamentos no capitalistas: la confianza, la buena fe, el altruismo, la solidaridad dentro de las familias y las comu­nidades y otras cosas similares. Con el keynesianismo y el fordismo, la

19 Aunque las últimas evaluaciones de su funcionamiento y perspectivas económicas son mucho menos entusiastas que hace dos o tres años. Últimamente, el análisis eufórico de los «bric» ha sido sustituido por el cuestionamiento angustioso de las perspectivas económicas de los «cinco frágiles» (Turquía, Brasil, India, Sudáfrica e Indonesia; The New York Times, 28 de enero de 2014). También se han hecho más frecuentes los informes sobre los problemas que se acumulan en el capitalismo chino, que señalan, entre otras cosas, el endeudamiento generalizado de los Gobiernos locales y regionales. Desde la crisis de Crimea, también hemos empezado a enterarnos de la debilidad estructural de la economía rusa. 54 nlr 87

oposición más o menos leal al capitalismo aseguró y ayudó a estabilizar la demanda agregada, especialmente durante las recesiones. Cuando las circunstancias eran favorables, las organizaciones de la clase obrera servían incluso como un «acicate a la productividad» al forzar al capi­tal a embarcarse en conceptos de producción más avanzados. En esta misma línea, Geoffrey Hodgson ya ha defendido que el capitalismo solo puede sobrevivir mientras no sea completamente capitalista; ya que ni el capitalismo ni la sociedad que lo alberga se han desprendido de las «impurezas necesarias»20. Desde este punto de vista, la derrota de la oposición al capitalismo puede que haya sido una victoria pírrica, que le libra de fuerzas de contrapeso que, aunque sean molestas a veces, lo habían apoyado en la práctica. ¿Podría ser que el capitalismo triunfante se haya convertido en su propio peor enemigo?

Fronteras de la mercantilización

Al explorar esta posibilidad, podríamos desear volver a la idea de los límites sociales contra la expansión del mercado de Karl Polanyi, subya­cente a su concepto de las tres «mercancías ficticias»: el trabajo, la tierra (o la naturaleza) y el dinero21. Una mercancía ficticia se define como un recurso al que las leyes de la oferta y la demanda se le aplican solo de manera parcial y difícilmente, si es que se le aplican; por lo tanto solo, puede ser tratado como una mercancía de una manera regulada cuida­dosa y limitadamente, ya que una mercantilización total la destruiría o la haría inutilizable. Sin embargo, los mercados tienen una tendencia inherente a expandirse más allá de su dominio original –el comercio con bienes materiales– a todas las otras esferas de la vida sin tener en cuenta si son apropiadas para la mercantilización: o dicho en términos

20 «Cada sistema socioeconómico debe basarse en por lo menos un subsistema estructuralmente distinto para funcionar. Debe existir siempre una pluralidad coe­xistente de modos de producción para que la formación social en su conjunto tenga la variedad estructural necesaria para enfrentarse al cambio»: Geoffrey Hodgson, «The Evolution of Capitalism from the Perspective of Institutional and Evolutionary Economics», en Geoffrey Hodgson et al. (eds.), Capitalism in Evolution: Global Contentions, East and West, Cheltenham, 2001, pp. 71ss. Para una formulación menos funcionalista de la misma idea, véase mi concepto de «restricción benefi­ciosa»: «Beneficial Constraints on the Economic Limits of Rational Voluntarism», en Rogers Hollingsworth y Robert Boyer (eds.), Contemporary Capitalism: The Embeddedness of Institutions, Cambridge, 1997, pp. 197-219.

21 Karl Polanyi, The Great Transformation: The Political and Economic Origins of Our Time [1944], Boston, 1957, pp. 68-76 [ed. cast.: La gran transformación, Madrid, La Piqueta, 1989]. Streeck: Capitalismo 55

marxistas, la subsunción bajo la lógica de la acumulación de capital. La expansión del mercado, si no es retenida por las instituciones restricti­vas, está así en riesgo permanente de autodebilitarse, y poner en peligro la viabilidad del sistema capitalista económico y social.

De hecho, las señales indican que la expansión del mercado ha alcan­zado ya un umbral crítico respecto a las tres mercancías ficticias de Polanyi, al haber sido erosionadas en una variedad de frentes las salvaguardas institucionales que servían para protegerlas de la mercan­tilización total. Es la justificación de la búsqueda actual de un nuevo régimen en todas las sociedades capitalistas avanzadas con respecto al trabajo, especialmente una nueva distribución del tiempo entre las relaciones e intereses sociales y económicos; la búsqueda de un régi­men energético sostenible en relación con la naturaleza; y la búsqueda de un régimen financiero estable para la producción y distribución del dinero. En las tres áreas, las sociedades tantean hoy en día unas limi­taciones más eficaces a la lógica de la expansión22, institucionalizada como lógica del enriquecimiento privado, fundamental para el orden social capitalista. Estas limitaciones se centran en las exigencias cada vez más duras que el sistema de empleo impone al trabajo humano, que los sistemas de producción y consumo capitalista imponen sobre los recursos naturales finitos, y que el sistema financiero y bancario impone a la confianza de las personas en pirámides de dinero, crédito y deuda cada vez más complejas.

Analizando cada una de las tres áreas de crisis de Polanyi, podemos obser­var que fue la excesiva mercantilización del dinero lo que derrumbó la economía global en 2008: la transformación de una provisión ilimitada de crédito barato en «productos» financieros cada vez más sofisticados dio lugar a una burbuja inmobiliaria de un tamaño inimaginable en aquel momento. Desde la década de 1980, la desregulación de los mer­cados financieros de Estados Unidos había eliminado las restricciones a la producción y la comercialización privada de dinero diseñadas tras la Gran Depresión. La «financiarización», que es como se denominó el proceso, parecía la única forma disponible para que la economía de la desbordada potencia hegemónica del capitalismo global recuperase el crecimiento y la rentabilidad. Sin embargo, una vez desregulada, la industria de hacer dinero invirtió buena parte de sus enormes recursos

22 O incluso «transgresión», si nos atenemos al alemán: Steigerungslogik [lógica del incremento].56 nlr 87

en presionar para conseguir todavía una mayor desregulación, por no mencionar la inversión efectuada para burlar las pocas normas que que­daban. A posteriori, es fácil ver los enormes riesgos implícitos en el paso del antiguo régimen de D-M-D’ al nuevo de D-D’, así como la tendencia hacia una desigualdad siempre en aumento asociada con el crecimiento desproporcionado del sector bancario23.

Respecto a la naturaleza, hay un malestar creciente por la tensión, per­cibida ahora con claridad, entre el principio capitalista de expansión infinita y la provisión finita de recursos naturales. El neomaltusianismo de varios tipos se hizo popular en la década de 1970. Al margen de lo que se piense de ellos, y aunque algunos estén considerados ahora prema­turamente alarmistas, nadie puede negar que los modelos de consumo energético de las sociedades capitalistas ricas no pueden ampliarse al resto del mundo sin destruir condiciones esenciales de la vida humana. Lo que parece que se está produciendo es una carrera entre el agota­miento progresivo de la naturaleza, por una parte, y la innovación tecnológica, por otra: sustituyendo con materiales artificiales los natu­rales, previniendo o arreglando los daños medioambientales, diseñando refugios contra la inevitable degradación de la biosfera. Una pregunta que nadie parece ser capaz de responder es cómo se logran los enormes recursos colectivos teóricamente necesarios para todo esto, en socieda­des gobernadas por lo que C. B. Macpherson denominó «individualismo posesivo»24. ¿Qué agentes e instituciones van a asegurar el bien colectivo de un medio ambiente habitable en un mundo de producción y con­sumo competitivo?

En tercer lugar, la mercantilización del trabajo humano puede haber alcanzado un punto crítico. La desregulación de los mercados de trabajo por la competencia internacional ha anulado cualquier posi­bilidad que pudiera haber existido nunca de una limitación general de las horas de trabajo25. También ha precarizado el empleo de una

23 Donald Tomaskovic-Debey y Ken-Hou Lin, «Income Dynamics, Economic Rents and the Financialization of the us economy», American Sociological Review, vol. 76, núm. 4, 2011, pp. 538-559.

24 C. B. Macpherson, The Political Theory of Possessive Individualism: Hobbes to Locke, Oxford, 1962 [ed. cast.: La teoría política del individualismo posesivo. De Hobbes a Locke, Madrid, Trotta, 2005].

25 Considérese el ataque a lo que quedaba de la semana de 35 horas en Francia, bajo los auspicios de un presidente socialista y su partido.Streeck: Capitalismo 57

parte creciente de la población26. Con el aumento de la participación de las mujeres en el mercado laboral, debido en parte a la desapari­ción del «complemento familiar», las horas al mes vendidas por las familias a los empresarios han aumentado, mientras que los salarios han caído respecto a la productividad, y de manera más radical en el corazón del capitalismo, Estados Unidos (véase la Figura 7). Al mismo tiempo, a pesar de la desregulación y de la destrucción de los sindicatos, los mercados de trabajo no consiguieron mejorar y el desempleo residual del orden del 7 al 8 por 100 se ha convertido en la nueva normalidad, incluso en un país como Suecia. Los centros de trabajo esclavo se han extendido por muchos sectores industriales, incluyendo a los servicios, pero principalmente en la periferia global, lejos del alcance de las autoridades y de lo que queda de los sindicatos en el centro capitalista, y fuera de la vista de los consumidores. Como el trabajo esclavo compite con los trabajadores de países con protecciones laborales históricamente fuertes, las condiciones de trabajo para los primeros se deterioran mientras que para los segundos el desempleo se hace endémico. Al mismo tiempo, se multiplican las quejas sobre la invasión del trabajo en la vida familiar, en línea con las presiones de los mercados de trabajo para alinearse con una competición inter­minable para mejorar el «capital humano» de cada uno. Además, la movilidad global permite a los empresarios reemplazar trabajadores locales poco dispuestos a la flexibilidad por trabajadores migrantes dispuestos a todo. También compensa una tasa de natalidad nega­tiva para reemplazar trabajadores, debida en parte al cambio en el equilibrio entre trabajo retribuido y no retribuido y entre el consumo mercantil y no mercantil. El resultado es el debilitamiento secular de los movimientos de protesta social, provocado por la pérdida de la solidaridad de clase y social y acompañado de conflictos políticos catastróficos debidos a la diversidad étnica, incluso en países tradicio­nalmente liberales como los Países Bajos, Suecia o Noruega.

26 Desde la frontera capitalista se informa de que los principales bancos de inversio­nes han comenzado a sugerir a sus empleados de los niveles más bajos que «deben intentar pasar cuatro días laborables al mes fuera de la oficina, como parte de un proyecto más amplio de mejorar las condiciones de trabajo»: «Wall St Shock: Take a Day Off, Even A Sunday», The New York Times, 10 de enero de 2014.58 nlr 87

Figura 7: El contrato social roto, Estados Unidos, 1947-presente.

Fuente: Thomas Kochan, «The American Jobs Crisis and the Implications for the Future of Employment Policy», International Labor Relations Review, vol. 66, núm. 2, 2013.

La cuestión de cómo y dónde debe restringirse la acumulación de capital para proteger las tres mercancías ficticias de la mercantilización total ha sido debatida a lo largo de toda la historia del capitalismo. Pero el actual desorden mundial en las tres áreas al mismo tiempo es algo diferente: es la consecuencia de una arremetida de los mercados espectacularmente exitosa, expandiéndose más rápidamente que nunca, en una amplia variedad de instituciones y agentes que, bien heredados del pasado o establecidos por medio de prolongadas disputas políticas, habían mante­nido el avance del capitalismo socialmente arraigado hasta cierto punto. El trabajo, la tierra y el dinero se han convertido simultáneamente en áreas de crisis después de que la «globalización» haya dotado a las rela­ciones y a las cadenas de producción del mercado de una capacidad sin precedentes para traspasar los límites de las jurisdicciones políticas y jurídicas de las naciones. El resultado es una desorganización funda­mental de los agentes que, en la época moderna, han domesticado más o menos exitosamente los «espíritus animales» del capitalismo, en bene­ficio de la sociedad en general, así como del propio capitalismo.

La acumulación de capital podría estar llegando a su límite no solo con respecto a las mercancías ficticias. En apariencia, el consumo de bienes y servicios continúa creciendo y la premisa implícita de la eco­nomía moderna (que el deseo y la capacidad humana de consumo son Productividad Ingresos medios por hora Renta por hogar 1950 1960 1970 1980 1999 2000 2010 400 350 250 200 300 150 100 500Streeck: Capitalismo 59

ilimitadas) parecería confirmarse con facilidad con una simple visita a cualquier gran centro comercial. Sin embargo, los temores de que los mercados para los bienes de consumo lleguen a saturarse en algún momento (quizá en el curso de un desenganche posmaterialista de las aspiraciones humanas con respecto a la adquisición de mercancías) son endémicos entre los productores que dependen de los beneficios. Esto refleja por sí mismo el hecho de que el consumo en las sociedades capitalistas avanzadas hace mucho tiempo que se ha disociado de las necesidades materiales27. La mayor parte del gasto en consumo hoy en día, que sigue creciendo con rapidez, no se gasta en el valor de uso de los bienes, sino en su valor simbólico, su aura o halo. Es la causa de que los productores tengan que pagar más que nunca por el marketing, que incluye no solo la promoción, sino también el diseño del producto y la innovación. Sin embargo, a pesar de la sofisticación creciente de las cam­pañas de ventas, los aspectos intangibles de la cultura hacen que el éxito comercial sea difícil de pronosticar: desde luego, mucho más que en la época en la que se podía conseguir el crecimiento a base de proporcionar gradualmente una lavadora a todos los hogares de un país28.

Cinco problemas

El capitalismo, cuando no tiene oposición, campa a sus anchas, sin auto­rrestricciones. La búsqueda del beneficio capitalista no tiene límites, ni los puede tener. La idea de que menos pueda ser más no es un principio que pueda adoptar una sociedad capitalista; hay que imponérsela o, si no, no habrá límite para su progreso, aunque a la larga sea autodestructivo. Considero que actualmente ya hemos llegado a una situación en la que

27 Consideremos el gigantesco festín que montan cada año antes de Navidad las industrias de los bienes de consumo y al por menor; o el día después del día de Acción de Gracias, denominado de manera inquietante en Estados Unidos «viernes negro» por las rebajas de precios omnipresentes y la histeria colectiva de compras que promueve. ¡Imaginen la desesperación si no se presentara nadie!

28 No se puede subestimar la importancia vital de la cultura del consumismo para la reproducción del capitalismo contemporáneo. Los consumidores son los autén­ticos aliados del capital en su conflicto de distribución con los productores, incluso a pesar de que los productores y los consumidores suelen ser las mismas personas. En la caza de la mejor ganga, los consumidores se derrotan a sí mismos como productores, empujando al extranjero sus propios empleos; al apuntarse al crédito al consumo para aumentar su reducida capacidad de compra, complementan los incentivos consumistas con una obligación legal de trabajar, en la que entran como deudores, y que los prestamistas les hacen cumplir. Véase Lendol Calder, Financing the American Dream: A Cultural History of Consumer Credit, Princeton, 1999. 60 nlr 87

podemos observar al capitalismo a punto de fallecer por haber eliminado a su oposición: muriendo, como si dijéramos, de una sobredosis de sí mismo. Para ilustrar esta afirmación señalaré cinco problemas sistémi­cos del capitalismo avanzado de nuestros días; todos ellos consecuencia de la debilitación de las tradicionales restricciones institucionales y políticas al avance capitalista. Los llamo: estancamiento, redistribución oligárquica, saqueo del dominio público, corrupción y anarquía global.

Seis años después de Lehman, las predicciones de un estancamiento económico duradero están en vogue. Un ejemplo destacado es un ensayo muy discutido de Robert Gordon, que defiende que las innovaciones prin­cipales que han impulsado la productividad y el crecimiento económico desde el siglo xix solo podían tener lugar una vez, como el aumento de la velocidad del transporte o la instalación de agua corriente en las ciuda­des29. Comparado con ellas, el reciente desarrollo de la tecnología de la información solo ha producido efectos menores en la productividad, si es que ha producido alguno. Aunque el análisis de Gordon pueda parecer determinista desde el punto de vista tecnológico, es lógico pensar que el capitalismo solo puede aspirar a alcanzar el nivel de crecimiento necesario para compensar a una clase trabajadora no capitalista que ayuda a que otros acumulen capital si la tecnología descubre nuevas posibilidades de aumentar la productividad indefinidamente. En cualquier caso, en lo que parece una idea de última hora, Gordon apoya su predicción sobre el cre­cimiento reducido o nulo, enumerando seis factores no tecnológicos (los llama «vientos en contra») que producirían un estancamiento duradero «incluso si la innovación continuara […] al ritmo de las dos décadas ante­riores a 2007»30. Incluye dos factores que en mi opinión hace tiempo que se hallan relacionados con el bajo crecimiento: la desigualdad y «el exceso de la deuda del consumidor y del Gobierno»31.

29 Robert Gordon, «Is us Economic Growth Over? Faltering Innovation Confronts the Six Headwinds», nber Working Paper, núm. 18.315, agosto de 2012.

30 En opinión de Gordon, ese ritmo suponía el 1,8 por 100 anual. El impacto de las seis fuerzas adversas le haría caer hasta el 0,2 por 100 anual para el 99 por 100 inferior de la población estadounidense: Ibid., pp. 18ss. (El crecimiento para el 1 por 100 es una cuestión distinta, por supuesto). Obsérvese que Gordon cree que, en la práctica, la tasa de crecimiento básico será inferior al 1,8 por 100.

31 Las predicciones de Gordon han sido y siguen siendo ampliamente debatidas. En es­pecial se han puesto en duda en relación al progreso tecnológico futuro en inteligencia artificial y robótica. Aunque el progreso en este campo parece posible es, sin embargo, poco probable que sus frutos sean compartidos equitativamente. Sin protección social, los avances tecnológicos en estos campos destruirán empleo y aumentarán aún más la polarización social. Lo que el progreso tecnológico pueda aportar al crecimiento será probablemente anulado por lo que puede añadir a la desigualdad. Streeck: Capitalismo 61

Lo más sorprendente es lo cercanas que están las teorías actuales sobre el estancamiento de las teorías marxistas del bajo consumo de las décadas de 1970 y 198032. Recientemente, nada menos que Lawrence Larry Summers (amigo de Wall Street, principal diseñador de la desregulación finan­ciera con Clinton, y primer candidato de Obama para presidir la Reserva Federal, hasta que tuvo que ceder ante la oposición del Congreso)33 se ha sumado a los teóricos del estancamiento. El 8 de noviembre de 2013, en el Foro Económico del fmi, Summers confesó haber perdido la esperanza de que los tipos de interés cercanos a cero fueran a producir crecimiento económico significativo en el futuro inmediato, en un mundo que en su opinión padecía un exceso de capital34. La predicción de Summers de que el «estancamiento secular» será la «nueva normalidad» encontró una aprobación sorprendentemente amplia entre sus colegas economis­tas, incluyendo a Paul Krugman35. Lo que Summers mencionó solo de pasada fue que el evidente fracaso de los tipos de interés, que en reali­dad eran incluso negativos, para reavivar la inversión, coincidió con un aumento duradero de la desigualdad, en Estados Unidos y en otros luga­res. Como Keynes habría explicado, la concentración de los ingresos en lo más alto menoscaba la demanda efectiva y hace que los propietarios del capital busquen oportunidades de ganancias especulativas al margen de la «economía real». De hecho, esta puede haber sido una de las causas de la «financiarización» del capitalismo que comenzó en la década de 1980.

32 Véase, entre muchos otros, Harry Magdoff y Paul Sweezy, Stagnation and the Financial Explosion, Nueva York, 1987 [ed. cast.: Estancamiento y explosión financiera, Madrid, Siglo xxi, 1988]. Para una evaluación interesante de la aplicabilidad de la teoría del bajo consumo al capitalismo posterior a 2008, véase John Bellamy Foster y Fred Magdoff, The Great Financial Crisis. Causes and Consequences, Nueva York, 2009 [ed. cast.: La gran crisis financiera. Causas y consecuencias, Madrid, fce, 2009].

33 Presumiblemente también porque habría tenido que declarar los sustanciosos ingresos que recibió de empresas de Wall Street tras su dimisión del gobierno de Obama a finales de 2010. Véase «The Fed, Lawrence Summers and Money», The New York Times, 11 de agosto de 2013.

34 La misma idea había sido expuesta en 2005 cuando Ben Bernanke, que iba a suceder muy pronto a Alan Greenspan en la Reserva Federal, invocó un «exceso de ahorro» para justificar el fracaso de la estrategia de la Reserva Federal de «inundar los merca­dos de liquidez» para estimular la inversión. Casualmente, Summers suscribe ahora el punto de vista de los teóricos del estancamiento de izquierdas de que el «boom» de la década de 1990 y primeros años de la de 2000 era una quimera: «Demasiado dinero fácil, demasiados créditos, demasiada riqueza. ¿Hubo un gran boom? La utilización de la capacidad no sufría una gran presión, el desempleo no estaba destacadamente por debajo de ningún nivel. La inflación estaba absolutamente inactiva. Así que ni siquiera una gran burbuja era suficiente para producir algún exceso en la demanda agregada». Un video del discurso de Summers está disponible en la página web del fmi.

35 Paul Krugman, «A Permanent Slump?», The New York Times, 18 de noviembre de 2013.62 nlr 87

Las elites de poder del capitalismo global parecerían resignarse al cre­cimiento bajo o nulo total en el futuro inmediato, lo que no excluye ganancias altas en el sector financiero, básicamente por medio del comer­cio especulativo con dinero barato proporcionado por los bancos centrales. Pocos parecen temer que el dinero generado para prevenir que el estan­camiento se convierta en deflación llegue a causar inflación, ya que los sindicatos que podrían reivindicar que se compartiese ya no existen36. De hecho, ahora la preocupación se centra en que la inflación sea demasiado baja en lugar de demasiado alta, ya que la supuesta sabiduría emergente es que una economía sana necesita una tasa de inflación anual de, por lo menos, el 2 por 100, o quizá más. La única inflación en el horizonte, sin embargo, es la de las burbujas del precio de los activos, y Summers se esforzó en preparar a su público para unas cuantas de ellas.

Para los capitalistas y sus lacayos, el futuro parece deparar un itinerario con muchos baches. El crecimiento bajo les denegará recursos adicionales con los que solucionar los conflictos de distribución y apaciguar el descontento. Las burbujas están esperando a explotar, sin previo aviso, y no está claro que los Estados recuperen la capacidad de ocuparse de las víctimas a tiempo. La economía estancada que se está formando estará lejos de ser una economía estacionaria o estable; al descender el crecimiento y aumentar los riesgos, la lucha por la supervivencia será más intensa. En lugar de restaurar los lími­tes protectores de la mercantilización que la globalización dejó obsoletos, se buscarán nuevas maneras de explotar la naturaleza, se ampliará e intensifi­cará el horario laboral, y se apoyará lo que la jerga llama finanzas creativas, en un intento desesperado de mantener altos los beneficios y que continúe la acumulación de capital. El pronóstico de «estancamiento con posibilidad de burbujas» puede ser recreado muy probablemente como una batalla de todos contra todos, aderezado con situaciones de pánico ocasionales y con la interpretación de finales de partida convertida en un pasatiempo popular.

Plutócratas y saqueo

Pasando al segundo problema, no hay ninguna señal de que la tenden­cia duradera hacia una mayor desigualdad económica sea modificada en el futuro cercano, o, en realidad, nunca. La desigualdad deprime el crecimiento, por causas keynesianas y otras. Pero el dinero fácil que pro­porcionan actualmente los bancos centrales para recuperar el crecimiento

36 Por supuesto, su ausencia fue una de las causas de que, en primer lugar, se diera el exceso de beneficios que deprimió la demanda. Streeck: Capitalismo 63

(fácil para el capital, pero no, por supuesto, para los trabajadores) aumenta aún más la desigualdad, al inflar el sector financiero e invitar a la inversión especulativa en lugar de a la productiva. Así, la redistribución hacia arriba se hace oligárquica: en lugar de servir a un interés colectivo de progreso económico, como prometía la economía neoclásica, se centra en la extrac­ción de los recursos de unas sociedades cada vez más empobrecidas y en declive. Los países que vienen a la mente en este caso son Rusia y Ucrania, pero también Grecia y España, y cada vez más Estados Unidos. Bajo la redistribución oligárquica, se rompe el lazo keynesiano que unía los bene­ficios de los ricos con los salarios de los pobres, separando el destino de las elites económicas del destino de las masas37. Esto ya se anticipó en los infames memorándums de la «plutonomía» distribuidos por Citibank en 2005 y 2006 a un selecto círculo de sus clientes más ricos, para asegurar­les que su prosperidad ya no dependía de la de los asalariados38.

La redistribución oligárquica y la tendencia hacia la plutonomía, incluso en países que todavía se consideran democracias, invocan la pesadilla de las elites convencidas de que sobrevivirán al sistema social que les está haciendo ricos. Los capitalistas plutonómicos puede que ya no ten­gan que preocuparse por el crecimiento económico nacional, porque sus fortunas transnacionales crecen sin el mismo; de ahí la salida de los mul­timillonarios de países como Rusia o Grecia, que cogen su dinero (o el de sus conciudadanos) y corren, preferiblemente a Suiza, Gran Bretaña o Estados Unidos. La posibilidad de rescatarte a ti mismo y a tu familia escapando junto con tus posesiones, proporcionada por el mercado glo­bal de capital, ofrece la tentación más fuerte para el rico de apuntarse al estilo de vida de final de partida: sacar el dinero, quemar los puentes y no dejar nada detrás salvo la tierra quemada.

37 En Estados Unidos y en otros lugares, los ricos se movilizan contra los sindicatos y las normas del salario mínimo, aunque los salarios bajos debilitan la demanda agregada. Aparentemente, pueden hacerlo porque la provisión abundante de dinero fresco sustituye a la capacidad de compra de las masas, al permitir a los que tienen acceso al mismo obtener su ganancia en el sector financiero. La demanda desde abajo haría atractiva para los «ahorros» de los ricos la inversión en servicios y productos manufacturados. Véase, en este contexto, la petición a finales del año pasado del director general de la Confederación de la Industria Británica, que representa a las empresas de productos manufacturados, para que sus socios pagaran mejor a sus trabajadores, puesto que demasiada gente está atascada en el empleo mal pagado. Véase «Companies urged to spread benefits widely», Financial Times, 30 de diciembre de 2013.

38 Citigroup Research, «Plutonomy: Buying Luxury, Explaining Global Imbalances», 16 de octubre de 2005; «Revisiting Plutonomy: The Rich Getting Richer», 5 de mar­zo de 2006. 64 nlr 87

El saqueo del dominio público por medio de la infrafinanciación y la priva­tización, es decir, el tercer problema, está muy relacionado con lo anterior. En otro lugar he rastreado su origen en la transición en dos fases desde la década de 1970: del Estado fiscal al Estado endeudado y de este finalmente al Estado de consolidación o de austeridad. Entre las causas de este cambio, se encuentra en primer lugar la nueva posibilidad ofrecida por los mercados globales de capital desde la década de 1980 para la evasión fiscal, la huida fiscal, los impuestos diseñados a medida y la extorsión de recortes fiscales a los Gobiernos realizada por las empresas y los individuos que reciben gran­des ingresos. Los intentos de disminuir los déficits públicos se basaron casi exclusivamente en recortes del gasto gubernamental: tanto en la seguridad social como en la inversión en infraestructuras físicas y en capital humano. Al mismo tiempo que los aumentos de los ingresos se acumulan cada vez más en el 1 por 100 de la población, el dominio público de las economías capitalistas se encoge, a menudo de forma radical, brutalmente reducido en beneficio de la riqueza oligárquica internacionalmente móvil. Parte del proceso ha sido la privatización, llevada a cabo sin tener en cuenta la contri­bución que la inversión pública en productividad y cohesión social podría haber supuesto para el crecimiento económico y la equidad social.

Incluso antes de 2008 se asumía de manera general que la crisis fiscal del Estado de posguerra tenía que ser solucionada a base de disminuir el gasto en lugar de subir los impuestos, especialmente a los ricos. La con­solidación de las finanzas públicas por medio de la austeridad ha sido y sigue siendo impuesta a las sociedades incluso aunque sea probable que vaya a deprimir el crecimiento. Esto parecería ser otra indicación de que la economía de los oligarcas ha sido desligada de la economía de la gente corriente, ya que los ricos ya no piensan pagar un precio por maxi­mizar sus ingresos a costa de los no ricos o por perseguir sus intereses a costa de la economía en general. Lo que podría estar saliendo aquí a la luz es la tensión fundamental descrita por Marx entre, por una parte, la naturaleza cada vez más social de la producción en una sociedad y una economía avanzadas y, por otra parte, la propiedad privada de los medios de producción. Puesto que el crecimiento de la productividad precisa más provisión pública, tiende a hacerse incompatible con la acumula­ción privada de beneficios, forzando a las elites capitalistas a elegir entre las dos. La consecuencia es lo que ya observamos hoy en día: estanca­miento económico combinado con redistribución oligárquica39.

39 Nota bene que el capitalismo se basa en el beneficio, no en la productividad. Aunque ambos puedan ir juntos a veces, es probable que se separen cuando el Streeck: Capitalismo 65

La corrosión de la jaula de hierro

Junto con el declive del crecimiento económico, la desigualdad creciente y la transferencia del dominio público a la propiedad privada, la corrup­ción es el cuarto problema del capitalismo contemporáneo. En su intento de rehabilitarlo recordando sus fundamentos éticos, Max Weber trazó una línea nítida entre capitalismo y codicia, señalando lo que pensaba que eran sus orígenes en la tradición religiosa del protestantismo. En opinión de Weber, la codicia había existido en todas partes siempre; no solo no era distintiva del capitalismo, sino que era capaz de pervertirlo. El capitalismo no se basaba en un deseo de hacerse rico, sino en la auto­disciplina, el trabajo metódico, la dirección responsable, la dedicación serena a una tarea y una organización racional de la vida. Weber preveía que los valores culturales del capitalismo se difuminarían a medida que este madurase y se convirtiera en una «jaula de hierro» en la que la regu­lación burocrática y las restricciones de la competencia ocuparan el lugar de las ideas culturales que habían servido originalmente para desligar la acumulación de capital tanto del consumo materialista-hedonista como de los instintos primitivos de acaparamiento. Lo que no pudo prever, sin embargo, fue la revolución neoliberal del último tercio del siglo xx y las oportunidades sin precedentes que proporcionó para hacerse muy rico.

Pace Weber, el fraude y la corrupción han acompañado siempre al capita­lismo. Pero hay buenas razones para creer que con el ascenso del sector financiero a los puestos de mando se han vuelto tan dominantes que la reivindicación ética del capitalismo de Weber parece ahora referirse a un mundo totalmente distinto. La finanzas son una «industria» donde la inno­vación es difícil de distinguir del retorcimiento o el infringimiento de las normas; donde los beneficios por actividades semilegales e ilegales son especialmente altos; donde el gradiente en conocimiento experto y pago entre las empresas y las autoridades reguladoras es extremo; donde las puertas giratorias entre ambos ofrecen oportunidades sin fin para la corrup­ción sutil y no tan sutil40; donde las empresas más grandes no solo son

crecimiento económico comienza a necesitar una expansión desproporcionada del dominio público, tal como se anticipó con gran antelación en la «Ley de Wagner»: Adolph Wagner, Grundlegung der politischen Oekonomie, 3ª ed., Leipzig, 1892. Las preferencias capitalistas por el beneficio en vez de por la productividad, y con ellas el régimen de la propiedad privada capitalista en su conjunto, pueden entonces obstaculizar el progreso económico y social.

40 Incluso al más alto nivel: tanto Blair como Sarkozy trabajan actualmente para fondos de inversión, y su periodo de líderes nacionales elegidos es considerado apa­rentemente por ellos y por sus nuevos patronos como una especie de aprendizaje hacia un puesto mucho mejor retribuido en el sector financiero.66 nlr 87

demasiado grandes para caer, sino también demasiado grandes para ser encarceladas, dada su importancia para la política económica nacional y la recaudación tributaria; y donde la línea roja entre las compañías privadas y el Estado está más borrosa que en ningún otro sector, tal como lo demuestra el rescate de 2008 o el gran número de empleados antiguos y futuros de las empresas financieras en el Gobierno estadounidense. Después de Enron y de WorldCom, se señaló que el fraude y la corrupción habían alcanzado los niveles más altos de la historia de la economía de Estados Unidos. Pero lo que salió a la luz después de 2008 lo superó todo: agencias de evaluación que recibían pagos de los productores de bonos tóxicos para que les conce­dieran las notas más altas; operaciones bancarias opacas en el extranjero, blanqueo de dinero y asesoría para la evasión de impuestos a gran escala como actividades normales de los bancos más grandes emplazados en los mejores lugares; la venta a clientes incautos de valores elaborados de tal forma que otros clientes podrían apostar contra ellos; los bancos más impor­tantes del mundo entero fijando de manera fraudulenta los tipos de interés y el precio del oro, y así sucesivamente. En los últimos años, varios grandes bancos han tenido que pagar miles de millones de dólares de multa por actividades de este tipo, y otros procesos similares parecen estar a punto de aparecer. Sin embargo, lo que a primera vista pueden parecer sancio­nes bastante significativas, son minúsculas cuando se las compara con los balances de los bancos: para no mencionar el hecho de que todas ellas han sido acuerdos al margen de los tribunales sobre casos que los Gobiernos no querían o no se atrevían a encausar41.

El deterioro moral del capitalismo puede tener relación con su declive económico y así la lucha por las últimas oportunidades de beneficios que quedan está haciéndose más sucia cada día y convirtiéndose en un pillaje de activos realizado a una escala verdaderamente gigantesca. Sea como sea, la percepción pública del capitalismo es ahora profundamente cínica, ya que todo el sistema se percibe generalmente como un mundo de trucos sucios para asegurar el enriquecimiento extraordinario de los que ya son ricos. Ya nadie cree en un renacimiento moral del capita­lismo. El intento de Weber de evitar que se confundiera con la codicia ha fracasado finalmente, puesto que más que nunca se ha convertido en sinónimo de corrupción.

41 Informes sobre las multas que tienen que pagar los bancos por malas prácticas de diversos tipos aparecen casi a diario en la prensa de calidad. El 23 de marzo de 2014, el Frankfurter Allgemeine Zeitung señaló que, desde el comienzo de la crisis financiera, los bancos estadounidenses por sí solos han sido multados con aproximadamente cien mil millones de dólares. Streeck: Capitalismo 67

Un mundo fuera de quicio

Para terminar, llegamos al quinto problema. El capitalismo global necesita un centro para asegurar su periferia y proporcionarle un régimen mone­tario creíble. Hasta la década de 1920, este papel lo asumía Gran Bretaña y desde 1945 hasta la década de 1970, Estados Unidos; los años interme­dios, cuando no existió un centro y diferentes potencias aspiraban a jugar ese papel, fueron una época de caos, tanto económica como políticamente. Las relaciones estables entre las divisas de los países que participan en la economía del mundo capitalista son esenciales para el comercio y para los trasvases de capital entre las fronteras nacionales, que a su vez son esen­ciales para la acumulación de capital; tienen que ser respaldadas por un banquero global de último recurso. Un centro eficaz se necesita también para apoyar regímenes en la periferia dispuestos a aprobar el bajo precio de extracción de las materias primas. Además, se necesita la colaboración local para someter a la oposición tradicionalista al Landnahme [acapara­miento de tierras] capitalista fuera del mundo desarrollado.

El capitalismo contemporáneo padece cada vez más la anarquía global, al no ser ya capaz Estados Unidos de cumplir con su papel de posguerra, y no aparecer en el horizonte un orden mundial multipolar. Aunque (¿todavía?) no hay enfrentamientos entre las grandes potencias, la fun­ción del dólar como divisa de referencia internacional se cuestiona: y no puede ser de otro modo, dados los resultados declinantes de la economía estadounidense, sus crecientes niveles de deuda pública y privada y la reciente experiencia de varias crisis financieras altamente destructivas. La búsqueda de una alternativa internacional, quizá bajo la fórmula de una cesta de monedas, no está dando resultado, ya que Estados Unidos no puede renunciar al privilegio de endeudarse en su propia moneda. Además, las medidas estabilizadoras tomadas por las organizaciones internacionales a instancias de Washington han tendido cada vez más a tener efectos desestabilizadores en la periferia del sistema, como en el caso de las burbujas inflacionistas provocadas en países como Brasil y Turquía por la quantitative easing en el centro.

Desde el punto de vista militar, Estados Unidos ha sido ya derrotado o neutralizado en tres importantes guerras en tierra desde la década de 1970, y en el futuro será probablemente más reacio a intervenir en conflictos locales con «las botas sobre el terreno». Nuevos y sofis­ticados medios de violencia se están desplegando para reasegurar a los 68 nlr 87

Gobiernos colaboradores e inspirar confianza en Estados Unidos como protector global de los derechos de propiedad de la oligarquía y como un refugio seguro para las familias oligárquicas y sus tesoros. Incluyen el uso de «fuerzas especiales» altamente secretas que descubran a ene­migos potenciales para su destrucción individualizada; los aviones no tripulados capaces de matar a cualquiera en casi cualquier lugar del globo; el encarcelamiento y la tortura de un número desconocido de per­sonas en un sistema mundial de campos de confinamiento secretos; y la vigilancia completa de la oposición potencial en todas partes con la ayuda de la tecnología de big data. Sin embargo, cabe dudar si todo esto será suficiente para restaurar el orden global, especialmente en vista del ascenso de China como rival económico real y, en menor grado, como rival militar de Estados Unidos.

En resumen, el capitalismo, como orden social sostenido por la pro­mesa del progreso colectivo sin límite, está en una situación crítica. El crecimiento está dando paso al estancamiento secular; el progreso eco­nómico que pueda quedar es menor y menos compartido; y la confianza en la economía monetaria capitalista se apoya en una montaña creciente de promesas que cada vez es menos probable que se cumplan. Desde la década de 1970, el centro capitalista ha sufrido tres crisis sucesivas, una inflacionaria, otra de sus finanzas públicas y otra más del endeu­damiento privado. Actualmente, en una complicada fase de transición, su supervivencia depende de que los bancos centrales le proporcionen liquidez sintética ilimitada. Paso a paso, el matrimonio a la fuerza del capitalismo con la democracia vigente desde 1945 se está rompiendo. En las tres fronteras de la mercantilización (el trabajo, la naturaleza y el dinero) las instituciones reguladoras que restringen el avance del capi­talismo para su propio bien se han derrumbado, y tras la victoria final del capitalismo sobre sus enemigos no se vislumbra ninguna agencia política capaz de reconstruirlas. El sistema capitalista está actualmente afectado, por lo menos, por cinco problemas que empeoran y de los que no existe una cura inmediata: descenso del crecimiento, oligarquía, liqui­dación de la esfera pública, corrupción y anarquía internacional. Lo que se puede esperar, si nos atenemos al historial reciente del capitalismo, es un periodo largo y doloroso de decadencia acumulativa: de fricciones cada vez más intensas, de fragilidad e incertidumbre y de una sucesión regular de «accidentes normales», no necesariamente, pero con bastante probabilidad, a escala del desmoronamiento global de la década de 1930.

 

fin del socialismo real (soviético)y capitalismo

Confusionismo sembrado desde el capitalismo y su marejada de ideoólogos sobre lo que significa socialismo y lo que es realmente el que fue llamado socialismo real ( soviético ) .

En esta conferencia , las aclaraciones sagaces, aceradas  y llenas de “Ilustración, o Esclarecimiento”, del Dr. Adolfo Sánchez Vázquez, son, a mi juicio,de un enorme valor crítico materialista en el momento actual , que implica el avance soberbio , implacable,del neocapitalismo, en el seno d euna globalización despótica y rampante