Rubén Darío: Letanía de Nuestro Señor Don Quijote

El gran poeta nicaragüense Rubén Darío escribía este poema el año 1905. En el marco de la obra Cantos de Vida y Esperanza.

Leyendo el poema, se puede constatar que, efectivamente, como el profesor Jesús G Maestro – autor de la magna obra Crítica de la Razón Literaria – ha propuesto, la poesía es filosofía en verso. De hecho en este poema vemos (entre otras cuestiones relacionadas con la filosofía) una referencia a Nietzsche, como el nefasto forjador del nihilismo, que abarca poco más allá de los últimos cien años, hasta nuestros tiempos que muchos definen como posmodernos.

Jesús G Maestro , acerca de un poema de Rubén Darío.

En cuanto al análisis crítico de Nietzsche, desde INTROFILOSOFIA, nos permitimos sugerir el importante artículo del profesor Jesús González Maestro titulado El irracionalismo de las teorías de Nietzsche sobre la tragedia griega. http://www.nodulo.org/ec/2008/n081p13.htm

Ponemos a continuación un fragmento de dicho artículo, a modo de incentivo para continuar la lectura completa , pues nos parece un texto realmente fundamental para entender qué implicaciones sociales, políticas, antropológicas, e históricas, puede generar el actual pensiero débole – el pensamiento débil – , característico del posmodernismo que nos tiene sitiados férrea y a un tiempo, sutilmente.

FRAGMENTO INCIAL DEL ARTÍCULO DE JESUS MAESTRO SOBRE NIETZSCHE:

JESUS G MAESTRO :

Nietszche ha sido siempre un escritor muy valorado por quienes desde la impotencia, la cobardía o la sofística, han tratado una y otra de vez de renunciar al uso de la razón para explicar la verdad de los hechos, imponiendo, incluso a través de sistemas educativos estatales y académicos, esta renuncia a todo tipo de racionalismo al mayor número posible de personas. Los escritos nietzscheanos, pletóricos de metáforas psicologistas y de aberraciones autológicas, constituyen el principal arsenal de la inflamable sofística posmoderna. Algo muy semejante sucedió respecto al nazismo. Nietzsche representó para el fanatismo y la superchería hitlerianas toda una carta de navegación y de justificación genealógicas y teleológicas. El delirio racista persistente en todos sus textos, el irracionalismo fantasmagórico de sus prejuicios, y la destrucción o deconstrucción sistemática de la Lógica de la Filosofía por la tropología de la Retórica, han legalizado para muchos incautos la posibilidad de justificar cualquier disparate sólo por ser el «hecho de conciencia» de un individuo o de un gremio. Nietzsche es el más enfermizamente teológico de los escritores europeos. Es el Lutero del psicologismo decimonónico. Un místico del yo contra todo y contra todos. Un teólogo que sólo concibe la razón identificada con dios, de modo tal que si dios muere, la razón muere con él, privando así al género humano de cualquier posibilidad de ser un ser racional (Die fröhliche Wissenschaft, 1882: § 125). Nietzsche condena el mundo de la razón del mismo modo que un dios veterotestamentario castiga eternamente al ser humano que accede al conocimiento. Nietzsche no quiere que el hombre use la razón. De hecho, no lo concibe como una animal racional, sino simplemente como un animal. Nietzsche pretende en sus escritos la destrucción o deconstrucción de nuestro mundo racional, de modo que en su lugar sólo habiten la locura, la sinrazón y las más violentas pasiones, sin límite alguno. Nietzsche no quiere un mundo civilizado: quiere un mundo animal y místico, donde el ser humano sea una bestia onírica e inconsciente. He ahí el mito del superhombre. Los sueños, las imaginaciones y las supercherías alcanzan el mismo estatuto de realidad que los hechos de la vigilia, la verdades científicas o los axiomas filosóficos. Con Nietzsche, el psicologismo irracionalista y el autismo de la conciencia dispuesta a negar todas las evidencias se precipitan hacia la funesta cima de un orgasmo disparatado. Sólo con Nietzsche en la mente se puede tener la desvergüenza de afirmar la existencia de interpretaciones cuyos hechos causales y consecuentes no han existido jamás. No cabe mayor idealismo. Afirmar que no hay hechos, sino sólo interpretaciones, equivale a afirmar con todo descaro que no se tiene ni la más mínima idea de los hechos que se dice estar interpretando. Así actúa la posmodernidad, digna heredera de un tropoturgo de la talla de Nietzsche. FUENTE http://www.nodulo.org/ec/2008/n081p13.htm

Texto del ensayista y poeta cubano Roberto Fernández Retamar sobre y contra la Leyenda Negra anti española

FUENTE : https://es.unesco.org/courier/aout-septembre-1977/desacreditando-leyenda-negra

Desacreditando a la “leyenda negra”

Una mirada crítica al papel histórico de España en América Latina.

AUTOR Roberto Fernández Retamar

A estimulante discusión, reverdecida estos años, en torno a la cultura latinoamericana ha llevado a destacar la genuinidad de nuestras herencias indígenas indoamericanas o africanas y a señalar las distancias o, si se quiere, las “simpatías” y las “diferencias” con “Occidente”. Esto último es imprescindible, pues si no somos europeos, sí somos en cambio, como dijo el chileno Alejandro Lipschuptz, “europoides”. Pero hay otra fuerte herencia que casi nos atrevemos a llamar intermedia : ni indígena ni, en rigor, “occidental”, sino a lo más “paleoccidental”:la herencia ibérica. Que una parte de nuestra cultura proviene de fuente española, es obvio. Aun que hablar de “fuente” implica usar una metáfora, y aunque no pueda exagerarse el peso de aquella parte en la elaboración ulterior de nuestra cultura, tampoco puede minimizarse, y todavía menos pretenderse borrarla de un plumazo. Es mucho más que la lengua lo que recibimos de España. Pero incluso en la lengua se revela la forma peculiar como ocurrió esa recepción. Ramón Menéndez Pidal, al hablar de la unidad del idioma, explicó : “Hay, podemos decir, dos tipos de lengua española culta, como hay dos tipos de inglés : uno europeo y otro americano, distintos fundamentalmente por algunas peculiaridades de pronunciación”. Esa diferencia visible (o, mejor, audible), que también puede llamarse riqueza, no implica, por suerte, riesgo de fragmentación de nuestro idioma, ya que “los pueblos en que se fraccionó el Imperio español se comunican hoy entre sí mucho más que cuando formaban un solo Estado”. La unidad de nuestro idioma, pues, sin mengua de los enriquecimientos que cada zona le aporta, se ha conservado.

Más allá de la lengua la situación es, desde luego, mucho más compleja. A los hispanoamericanos nos gusta repetir, en relación con los españoles, que no descendemos de los que quedaron, sino de los que vinieron, cuyos hijos dejaron ya de ser españoles para hacerse, primero, criollos y luego, mezclados con otras etnias, latinoamericanos. Este planteo es lógico : hace más de siglo y medio que la América española inició su separación política del maltrecho y decadente Imperio español, el cual perdería sus últimas posesiones americanas, Cuba entre ellas, en 1898. Y, por otra parte, la primera definición de Hispanoamérica se hace en contrapunto con España y supone, necesariamente, señalar las diferencias con ésta : señalamiento complejo, en el que el énfasis en destacar lo que nos distingue de la vieja metrópoli, sin generar soluciones verdaderamente propias, ayudó a que muchos sucumbieran ante las propuestas de nuevas y voraces metrópolis : como si cambiar de amo, según advirtiera Martí, equivaliera a ser libres. La asunción de tales propuestas “occidentales”, que fascinaban a ciertos grupos hispanoamericanos ávidos de modernización, fue facilitada por el estado lamentable en que se encontraba España y la explotación inicua a que sometía a estas tierras donde surgían nuevas naciones ; pero a ello coadyuvó también el hecho de que España y lo español habían estado marcados, desde el siglo XVI, por una feroz campaña adversa que se ha dado en llamar la Leyenda Negra.

En apariencia, esta Leyenda Negra fue provocada por el compartible rechazo a los crímenes monstruosos cometidos en este Continente por los conquistadores españoles. Pero el menor respeto a la verdad histórica muestra que esto es sencillamente falso. Los crímenes existieron, sí, y fueron monstruosos. Pero, vistos desde la perspectiva de los siglos transcurridos desde entonces, no más ( monstruosos que los cometidos por las metrópolis occidentales que sucedieron con entusiasmo a España en esta pavorosa tarea y sembraron la muerte y la desolación en todos los continentes. Si algo distingue a la conquista española no es la proporción de crímenes, en los que ninguna de aquellas naciones se deja aventajar, sino la proporción de escrúpulos. Las conquistas realizadas por tales países tampoco carecieron de asesinatos ni de destrucciones ; de lo que sí carecieron fue de hombres como Bartolomé de las Casas, y de polémicas internas como las que encendieron los dominicos y sacudieron al Imperio español, sobre la legitimidad de la conquista : lo que no quiere decir que tales hombres, siempre minoritarios, lograran imponer sus criterios, pero sí que llegaron a defenderlos ante las más altas autoridades, y fueron escuchados y en cierta forma atendidos. El ya citado Alejandro Lipschutz estima que “tal leyenda negra es ingenua; y. peor que eso, es maliciosa propaganda. Es ingenua, porque los conquistadores y primeros pobladores no son exponentes de la cultura moral del pueblo español ; y es maliciosa propaganda, porque en forma igualmente tremenda se han realizado, y todavía están realizándose, todas las conquistas de tipo señorial”.

Y Laurette Séjourné confiesa : “Nos hemos dado cuenta también de que la acusación sistemática a los < españoles desempeña un papel pernicioso en este vasto drama, porque sustrae la ocupación de América a la perspectiva universal a la cual pertenece, puesto que la colonización constituye el pecado mortal de toda Europa (…) Ninguna nación lo hubiera hecho mejor. (…) Por el contrario, España se singulariza por un rasgo de importancia capital : hasta nuestros días ha sido el único país de cuyo seno se hayan elevado poderosas voces contra la guerra de conquista”. Tales observaciones ayudan a entender las verdadera^ razones por las cuales se urdió y difundió contra España la Leyenda Negra, la cual, en efecto, “sustrae la ocupación de América a la perspectiva universal a la cual pertenece”. Se ve así con toda claridad que, “en definitiva, la conquista y la colonización de América en el siglo XVI forman parte del fenómeno de aparición y consolidación del capitalismo”.

No es extraño, dado su origen, que la Leyenda Negra antiespañola encontrara lugar entre las formas variadas, y siempre inaceptables, del racismo. Quizás sea útil recordar una frase cuya formulación clásica se atribuye a Alejandro Dumas : “Africa empieza en los Pirineos”. El sacrosanto Occidente muestra así su repugnancia por lo otro que no es él : y ese otro lo encuentra encarnado por excelencia en África. Aquí también la España tradicional se embarulla sin remedio. A la tonta simplificación según la cual “la España eterna” fue ocupada durante varios siglos por . los infieles árabes, a quienes al cabo logró arrojar de la Península, preservando la pureza de la fe cristiana y evitándole a Europa el contagio de la barbarie, mahometana, se sobrepone una verdad mucho más rica : en España convivieron durante siglos, y se influyeron mutuamente, fructuosamente, cristianos, moros y judíos, españoles todos. – La influencia de aquella sociedad árabe, “la más alta civilización existente en el mundo entre los siglos IX y XII”, de aquella “cultura árabe que era muy superior a la latina”, penetra, en efecto, en Europa a través de España, y vivifica el mortecino mundo cultural europeo : ‘se hace sentir en su filosofía, en su literatura, , en su ciencia, en su técnica, en sus cultivos, en sus hábitos ; en Santo Tomás, en Dante. Pero España no sólo resulta ser, así, “eslabón entre la Cristiandad y el Islam” sino que, debido a la vastedad del mundo islámico, esta función de puente viene a ser aún más importante para Europa, al aportarle contribuciones, ya asimiladas por los árabes, de origen griego, y también indio o indopersa. Si se tiene en cuenta todo esto, se verá hasta qué punto es cierto no sólo que Africa sí empieza, felizmente, en los Pirineos sino que también empieza Asia ; y, además, cómo este hecho fertiliza (junto a muchos otros) a la entonces crepuscular cultura europea. Se verá en qué medida la idea que Occidente propone de sí mismo como un nuevo pueblo de elección es tan falsa como todas las otras ¡deas similares a lo largo de la historia.

A Alejo Carpentier le gusta evocar el triste destino del pueblo caribe, una comunidad orgullosa y peleadora que ascendió desde la hoya del Orinoco hacia el mar al que daría su nombre y sus huesos al grito “Sólo el caribe es hombre”, y, cuando empezaba a expandirse por el gran mar, se topó con las orgullosas y peleadoras velas españolas, cuyas cruces y espadas no decían otra cosa que lo que decían los caribes. Esas velas, esas cruces y esas espadas, a su vez, resultaron tan frágiles como las flechas, los gritos y las canoas aborígenes, cuando empezó a desarrollarse en plenitud el implacable mundo capitalista, que echaría de lado a España y a su historia, a la que tanto debía sin embargo : desde creaciones filosóficas, artísticas, jurídicas o técnicas, hasta la entrada europea en América y la sangrienta extracción del oro y la plata que irían a parar a las ávidas manos de esos banqueros genoveses o alemanes que llamaban a los arrogantes nobles españoles, sarcástícamente, “nuestros indios”.

“Sin embargo Pierre Vilar la España de Velázquez es todavía prestigiosa ; inspira al ‘gran siglo’ francés. Hacia 1650, el castellano es la lengua noble en todas partes. En la Isla de los Faisanes los tapices de Versalles la vieja distinción de la corte castellana anula el lujo sin gusto de Luis XIV y de su séquito. Tendrá que pasar mucho tiempo para que las otras potencias europeas perdonen esa superioridad”. La “perdonarán” con la Leyenda Negra. ! ¿Será menester insistir en lo entrañable que nos es y nos será siempre esa otra España, la España popular y democrática, la España donde Las Casas y los grandes dominicos del siglo XVI, “el momento más brillante del pensamiento anticolonialista hispánico”, defendieron noblemente a los primeros americanos ; la España donde pensaron (aunque algunos se vieran obligados a hacerlo fuera del país) Vives y los erasmistas del siglo XVI, Servet, Suárez, Feijoo, Jovellanos, Blanco White e, incluso más allá de la independencia de casi toda Hispanoamérica, Larra, Pi y Margall, Costa, Iglesias, Cajal, algunos hombres del 98 y sobre todo Antonio Machado ; la España cuyo pueblo, en un proceso dramático, engendró descendientes rebeldes en nuestra América?

Con los ojos de esta España contemplamos una impresionante y compleja familia : el arte hispanoárabe, el Poema del Cid, el Arcipreste, La Celestina, el romancero y la novela picaresca, Garcilaso, Santa Teresa, Cervantes, San Juan, Góngora, Quevedo, Calderón; El Greco, Velázquez, Goya, Galdós, Unamuno, Baroja, Valle Inclán, Machado, Juan Ramón Jiménez, Picasso, Miró, Falla, Lorca, Alberti, Buñuel… ¿A santo de qué los inficionados por la Leyenda Negra van a venir a decirnos que los errores y los horrores de la conquista, española deben hacernos olvidar que esa es también una herencia (o una línea paralela) nuestra, o hacernos avergonzar de ella? ¿Tiene algún sentido declarar inhabilitada la creación cultural de un país por los espantos que en un momento dado hayan cometido sectores de aquel país? ¿Acaso no admiramos, pese a la historia del colonialismo y del imperialismo, la obra de Shakespeare y de Virginia Woolf, de Whitman y de Hemingway, de Rabelais y de Malraux, de Pushkin y de Dostoyevski, de Goethe y de Brecht, de Dante y de Pavese? La verdad es que-nos llena de orgullo saber que aquella España también es nuestra, y que prescindir de ella no nos enriquecería : nos empobrecería lamentablemente.

Roberto Fernàndez Retamar

Poeta y ensayista cubano, es profesor de la Universidad de La Habana y director de la revista Casa de las Americas. Antologías de su poesía se han publicado en francés, ruso, italiano, inglés y serbo-croata. Su ensayo Callban. Apuntes sobre la cultura en nuestra América ha sido traducido al francés, inglés, italiano, portugués y húngaro. En Poesía reunida y A quien pueda interesar ha recogido sus poemas desde 1943 hasta 1970. Entre sus otros libros cabe citar Ensayo de otro mundo (La Habana, 1967) y Lectura de Martí (México, 1972). Sobre el tema del artículo que aquí publicamos ha aparecido un ensayo mucho más extenso en Casa de las Americas.

Análisis del poema del poeta mexicano José Juan Tablada: Misa negra

FRAGMENTO de http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/83-033-jose-juan-tablada

La obra poética de José Juan Tablada (1871-1945) ha sido dividida en tres épocas: “Poemas de Juventud (1892-1918)”, “Época Media (1901-1918)” y “Época Moderna (1919-1930)”. Los poemas juveniles pertenecen a la segunda edición de El florilegio,1904; la Época Media contiene poemas de Al sol y bajo la luna, 1918, y La feria, 1928; la Época Moderna es la más rica y abarca distintos libros del poeta: Un día…, 1919; Li-Po y otros poemas, 1920; El jarro de flores, 1922, y La feria, 1928. Los poemas de esta Época Moderna que aparecen en Los mejores poemas de José Juan Tablada (UNAM, Biblioteca del Estudiante Universitario, 96) y que no están en las obras antes citadas, iban a formar parte de proyectos de libros que no llegaron a hacerse realidad: Intersecciones, El bestiario piadoso, Los ojos de la máscara, Puentes rotos, El alma en pena, títulos que sólo son una sugerencia y que parecen palabras, frases, versos cogidos al azar entre la vasta obra poética de Tablada.

Poesía y política. Los resistentes fusilados por los nazis en Francia. Paul Celan y Louis Aragon escribieron sobre los héroes muertos en Francia , durante la II Guerra Mundial

Cartel nazi contra los resistentes asesinados por los alemanes en Francia, el año 1944

Este es el enlace al artículo donde se explica el tema de los resistentes extranjeros en Francia, fusilados por los nazis en 1944. https://www.franceculture.fr/histoire/aragon-eluard-hommage-groupe-manouchian-poesie

Le 21 février 1944, vingt-deux résistants du groupe Manouchian sont fusillés par les nazis. C’étaient des Francs-Tireurs et Partisans (FTP) de la Main d’œuvre immigrée (MOI). Des étrangers, communistes, qui luttaient contre l’occupant allemand. Ils sont restés célèbres car la propagande nazie avait placardée dans toute la France une affiche, sur fond rouge, censée les discréditer. Quatre d’entre eux étaient Ivryens : Celestino Alfonso, Roger Rouxel, Robert Witchiz et Wolf Wajsbrot. Le 21 février 2010, lors dune cérémonie leur rendant hommage au cimetière parisien d’Ivry, l’un des derniers témoins du groupe, Henri Karayan, a accordé une interview à l’Hebdo.net.
REPORTAJE audiovisual. El cartel nazi contra los resistentes anti nazis que fueron fusilados por los alemanes, en la Francia ocupada, durante la II Guerra Mundial

IMPRESCINDIBLE, para analizar y criticar tanto los referentes del idealismo alemán como de los lazos de esta corriente, dominante por años, con los estudios críticos de la Literatura. Un aporte de gran relevancia, desde el Materialismo Filosófico y desde la Crítica de la Razón Literaria. Clase del profesor Ramón Rubinat.

CLASE Y DEBATE POSTERIOR DEL PROFESOR RAMON RUBINAT

Un asunto de gran interés, planteado por el profesor Rubinat, es el relativo al concepto de filosofía oracular, que Gustavo Bueno había a su vez desarrollado . Citaremos un artículo de G Bueno, que incluye un video extenso, en el formato de las teselas que ha ido publicando la Fundación Gustavo Bueno.

FRAGMENTO ( del artículo de Bueno sobre la filosofía oracular): ” Sin embargo, la historia de los oráculos filosóficos está por hacer. Hay que entrar más a fondo en el análisis de los oráculos que hablaron en el cisma de Occidente, a través de Lutero, de Calvino, de Servet o de Newton; y, si se quiere, de Kant o de Nietzsche.”

Gustavo Bueno Sobre la filosofía oracular y la historia oracular de la filosofía http://nodulo.org/ec/2016/n167p02.htm

El Poema de Mío Cid, España y los reinos musulmanes en la Península Ibérica. Un reportaje de TVE

Rodrigo Díaz de Vivar, Mío Cid.

Kundera: desaparecer detrás de una obra. La importancia del humor y la risa en la Literatura ( frente a la seriedad e incapacidad de humor y de risa de los filósofos ) Comparar estas tesis de Kundera con las que sostiene el profesor Jesús G Maestro en su Crítica de la Razón Literaria, resulta un enriquecedor ejercicio de razonamiento dialéctico y crítico, no idealista.

Un análisis para el ejercicio de la Literatura Comparada, a partir de Cervantes y El Quijote

NOTA DE INTROFILOSOFIA: En esta entrada proponemos el análisis de las propuestas de Milan Kundera en este breve texto, con las propuestas hechas por el profesor Jesús G Maestro. Ambos hacen referencia a uno de los asuntos más importantes que , a nuestro juicio, implica el estudio de la Literatura , y de sus conexiones con la Filosofía.

Ambos autores coinciden, nos parece, en ciertos puntos de su análisis, por lo que consideramos muy útil buscar una conexión dialéctica, crítica , a partir de sus propuestas.


Milán Kundera

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ESTE ES EL TEXTO INTRODUCTORIO , PERTENECE A LOS EDITORES DE HJCK :

Para el escritor checo, la literatura es un asunto que debe superar el ego y los novelistas deben ser todo, menos personalidades públicas. En su cumpleaños 90 recordamos uno de los discursos más famosos que ha dado.

Eterno candidato al Nobel de Literatura, autor de la reconocida novela La Insoportable levedad del ser es uno de los pocos escritores que ha publicado su obra en la colección francesa La Pléiade. Se ha destacado no sólo por sus novelas sino también por su trabajo dedicado al ensayo, la poesía y el teatro. Nos referimos al escritor checo Milan Kundera, nacido el 1° de abril de 1929 en Brno, Checoslovaquia.

Las historias de Kundera han marcado a toda una generación: La vida está en otra parte, La despedida, El libro de la risa y el olvido, La inmortalidad y La lentitud…

Hoy cuando se celebran sus 90 años, reproducimos el discurso que pronunció en 1985 al recibir el Premio Jerusalén de Literatura, que los han recibido autores como Simone de Beauvoir, Octavio Paz, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa o Haruki Murakami.

La risa de Dios

Autor: Milan Kundera


El hecho de que el premio más importante que otorga Israel esté destinado a la literatura internacional no es, me parece a mí, una consecuencia del azar, sino de una larga tradición. En efecto, son las grandes personalidades judías las que, alejadas de su tierra de origen, educadas por encima de las pasiones nacionalistas, han mostrado siempre una sensibilidad excepcional hacia una Europa supranacional concebida no como territorio, sino como cultura. Si los judíos, incluso después de haber sido trágicamente decepcionados por Europa, han permanecido, sin embargo, fieles a ese cosmopolitismo europeo, Israel, su pequeña patria al fin reencontrada, surge ante mis ojos como el verdadero corazón de Europa, un extraño corazón situado más allá del cuerpo.

Con una gran emoción recibo hoy el premio que lleva el nombre de Jerusalén y la marca de ese gran espíritu cosmopolita judío. Lo recibo como novelista. Subrayo, novelista; no digo escritor. Novelista es aquel que, según Flaubert, desea desaparecer detrás de su obra. Desaparecer detrás de su obra: esto quiere decir renunciar al papel de personalidad pública. Ello no es fácil en la actualidad, en la que todo lo importante, por poco que sea, debe pasar por la escena insoportablemente iluminada de los mass media; los cuales, contrariamente a la intención de Flaubert, hacen desaparecer la obra detrás de la imagen de su autor. En esta situación, a la que nadie puede escapar por entero, la observación de Flaubert se me presenta casi como una puesta en guardia: prestándose al papel de personalidad pública, el novelista pone en peligro su obra, que corre el riesgo de ser considerada como un simple apéndice de sus gestos, de sus declaraciones, de sus tomas de posición. Pues bien, el novelista no sólo no es el portavoz de nadie, sino que yo llegaría a decir que ni siquiera es el portavoz de sus propias ideas. Cuando Tolstoi escribió el primer esbozo de Ana Karenina, Ana era una mujer antipática y estaba justificado y se merecía su fin trágico.

La sabiduría de la novela

La versión definitiva de la novela es muy diferente. Pero no creo que Tolstoi, de una versión a otra, cambiara de ideas morales; yo diría más bien que, mientras la escribía, escuchaba una voz distinta de la de su propia convicción moral. Escuchaba lo que a mí me gustaría llamar la sabiduría de la novela. Todos los verdaderos novelistas están a la escucha de esa sabiduría suprapersonal, lo que explica que las grandes novelas sean siempre un poco más inteligentes que sus autores. Los novelistas que son más inteligentes que sus obras deberían cambiar de oficio.

Pero ¿qué es esta sabiduría, ¿qué es la novela? Hay un proverbio judío admirable: “El hombre piensa, Dios ríe”. Inspirado por esta sentencia, me gusta imaginar que François Rabelais oyó un día la risa de Dios y que fue así como nació la idea de la primera gran novela europea. Me complazco en pensar que el arte de la novela vino al mundo como el eco de la risa de Dios.

Pero ¿por qué se ríe Dios contemplando al hombre que piensa? Porque el hombre piensa y la verdad se le escapa. Porque cuanto más piensan los hombres, más se aleja el pensamiento del uno del pensamiento del otro. En fin, porque el hombre nunca es lo que imagina ser. Es en el alba de los tiempos modernos cuando se revela esta situación fundamental del hombre salido de la Edad Media: Don Quijote piensa, Sancho piensa, y no sólo se les escapa la verdad del mundo, sino también la verdad de su propio yo. Los primeros novelistas europeos vieron y entendieron esta nueva situación del hombre, y sobre ella fundaron el arte nuevo, el arte de la novela.

François Rabelais inventó muchos neologismos que luego entraron a formar parte de la lengua francesa y de otras lenguas, pero una de esas palabras ha permanecido olvidada, y ello es de lamentar. Es la palabra agélaste; está tomada del griego y quiere decir el que no ríe, el que no tiene sentido del humor. Rabelais detestaba a los agélastes. Tenía miedo de ellos. Se quejaba de que fuesen tan atroces con respecto a él que a causa de los mismos había estado a punto de dejar de escribir, y para siempre.

No existe paz posible entre el novelista y el agélaste. No habiendo escuchado nunca la risa de Dios, los agélastes están persuadidos de que la verdad es clara, de que todos los hombres deben pensar lo mismo y que ellos son exactamente lo que imaginan ser. Pero es precisamente al perder la certidumbre de la verdad y, el consentimiento unánime de los otros cuando el hombre deviene individuo. La novela es un paraíso imaginario de los individuos. Es el territorio donde nadie está en posesión de la verdad, ni Ana ni Karenina. Ha sido en el arte de la novela donde, durante cuatro siglos, se confirmaba, se creaba, se desarrollaba el individualismo europeo.

En el tercer libro de Gargantúa y Pantagruel, Panurgo, el primer gran personaje novelesco que ha conocido Europa está atormentado por la pregunta: ¿debe casarse o no? Consulta a médicos, a videntes, a profesores, a poetas, a filósofos, quienes a su vez le citan a Hipócrates, Aristóteles, Homero, Heráclito, Platón. Pero después de todas esas enormes investigaciones eruditas, que ocupan todo el libro, Panurgo sigue ignorando si debe o no debe casarse. Nosotros, los lectores, tampoco lo sabemos, pero en cambio hemos explorado desde todos los puntos de vista posibles la situación, tan cómica como elemental, de aquel que no sabe si debe casarse o no.

La erudición de Rabelais, tan grande como era, tiene, pues, un sentido distinto que la de Descartes. La sabiduría de la novela es diferente de la de la filosofía. La novela no nace del espíritu teórico, sino del espíritu del humor. Uno de los fracasos de Europa es el de no haber comprendido nunca el arte más europeo: la novela; ni su espíritu, ni sus inmensos conocimientos y descubrimientos, ni la autonomía de su historia. El arte inspirado por la risa de Dios es, por esencia, no tributario, sino contradictor de las certezas ideológicas. A imitación de Penélope, deshace durante la noche la tapicería que los teólogos, los filósofos, los sabios han tejido la víspera.

El siglo XVIII

En los últimos tiempos se ha tomado la costumbre de hablar mal del siglo XVIII, habiéndose llegado hasta el siguiente tópico: la desdicha del totalitarismo ruso es obra de Europa, de su filosofía, especialmente del racionalismo ateo del Siglo de las Luces, de su creencia en la omnipotencia de la razón. No me siento capacitado para polemizar con los que hacen a Voltaire responsable del Gulag. En cambio, sí me siento capacitado para decir: el siglo XVIII no es sólo el de Rousseau, de Voltaire, de Holbach, sino también (¡sino sobre todo!) el de Fielding, de Sterne, de Goethe, de Laclos.

De todas las novelas de esa época, Tristram Shandy, de Laurence Sterne, es mi preferida. Una novela curiosa. Sterne la comienza con la evocación de la noche en que fue concebido Tristram; pero apenas empieza a hablar de ello cuando en seguida le seduce otra idea, y esta idea, mediante una libre asociación, le recuerda otra reflexión distinta, luego otra anécdota diferente, de suerte que una digresión sigue a la otra y Tristram, el héroe del libro, se ve olvidado durante un buen centenar de páginas. Esta forma extravagante de narrar la novela podría aparecer como un simple juego formal. Pero en el arte la forma es siempre algo más que una forma. Cada novela, de grado o por fuerza, propone una respuesta a la pregunta ¿qué es la existencia humana y dónde reside su poesía? Los contemporáneos de Sterne -Fielding, por ejemplo- supieron sobre todo saborear el extraordinario encanto de la acción y la aventura. La respuesta que se sobreentiende en la novela de Sterne es diferente: la poesía, según él, no reside en la acción, sino en la interrupción de la acción.

Es posible que indirectamente se haya entablado aquí un gran diálogo entre la novela y la filosofía. El racionalismo del siglo XVIII se apoya en la famosa frase de Leibniz nihil est sine ratione. Nada de lo que es lo es sin razón. La ciencia, estimulada por esta convicción, examina con encarnizamiento el porqué de todas las cosas, de manera que todo lo que es parece explicable y, por consiguiente, calculable. El hombre que quiere que su vida tenga un sentido renuncia a cada gesto que no tuviera su causa y su finalidad. Todas las biografías están escritas así. La vida aparece como una trayectoria luminosa de causas, efectos, fracasos y éxitos, y el hombre, fijando su mirada impaciente en el encadenamiento causal. de sus actos, acelera todavía más su loca carrera hacia la muerte.

Frente a esta reducción del mundo a la sucesión causal, de acontecimientos, la novela de Sterne, únicamente con su forma, afirma: la poesía no está en la acción, sino allí donde la acción se detiene; allí donde el puente entre una causa y un efecto se ha roto y donde el pensamiento vagabundea en una dulce libertad ociosa. La poesía de la existencia dice la novela de Sterne, está en la digresión. Está en lo incalculable. Está al otro lado de la causalidad. Es una poesía sine ratione, sin razón. Está al otro lado de la frase de Leibniz.

No se puede, pues, juzgar el espíritu de un siglo exclusivamente por sus ideas, sus conceptos teóricos, sin tomar en consideración el arte y, en particular, la novela. El siglo XIX inventó la locomotora, y Hegel estaba seguro de haber aprehendido el espíritu mismo de la historia universal. Flaubert descubrió la necedad. Me atrevo a decir que éste es el descubrimiento más grande de un siglo tan orgulloso de su razón científica.

Por supuesto, incluso antes de Flaubert no se dudaba de la existencia de la necedad, pero se la entendía de manera un poco diferente: estaba considerada corno una simple carencia de conocimientos, un defecto corregible mediante la educación. Pues bien, en las novelas de Flaubert, la necedad es una dimensión inseparable de la existencia humana. Acompaña a la pobre Emma a través de su vida hasta su lecho de amor y hasta su lecho de muerte, por encima del cual dos agélastes famosos, Homais y Bournisien, van a seguir intercambiando largamente sus inepcias como una especie de oración fúnebre. Pero lo más chocante, lo más escandaloso en la visión flaubertiana de la necedad es esto: la necedad no se disipa ante la ciencia, la técnica, el progreso, la modernidad; por el contrario, con el progreso, ¡ella también progresa!

Con una pasión perversa, Flaubert coleccionaba las fórmulas estereotipadas que alrededor de él pronunciaban las gentes para parecer inteligentes y demostrar que estaban al día. Con ellas compuso un célebre Diccionario de las ideas recibidas. Sirvámonos de este título para decir: la necedad moderna no significa ignorancia, sino falta de reflexión sobre las ideas recibí das. El descubrimiento de Flaubert es más importante para el porvenir del mundo que las más inquietantes ideas de Marx o de Freud. Porque es posible imaginar el futuro sin la lucha de clases o sin el psicoanálisis, pero no sin la irresistible ascensión de las ideas recibidas, que, inscritas en los ordena dores, propagadas por los mass media, amenazan con llegar pronto a ser una fuerza que aplaste todo el pensamiento original e individual y ahogue así la esencia misma de la cultura europea de los tiempos modernos.

Enemigo de lo ‘kitsch’

Unos 80 años después de que Flaubert imaginara su Emina Bovary, en los años treinta de nuestro siglo, un gran novelista, el vienés Hermann Broch, escribiría: “La novela moderna intenta heroicamente oponerse a la ola kitsch, pero acabará por verse abatida por lo kitsch”. La palabra kitsch, nacida en Alemania a mediados del siglo pasado, designa la actitud del que quiere agradar a cualquier precio y al mayor número posible de personas. Para agradar es necesario confirmar lo que todo el mundo quiere oír, estar al servicio de las ideas recibidas. Lo kitsch es la traducción de la necedad de las ideas recibidas al lenguaje de la belleza y de la emoción. Nos arranca lágrimas de enternecimiento por nosotros mismos, por las trivialidades que pensamos y sentimos. Hoy, después de 50 años, la frase de Broch deviene todavía más cierta. Vista la imperativa necesidad de agradar y de obtener así la atención del mayor número posible de personas, la estética de los mass media es inevitablemente la de lo kitsch; y a medida que los mass media cercan e infiltran nuestra vida, lo kitsch se va convirtiendo en nuestra estética y nuestra moral cotidianas. Las personalidades políticas son juzgadas por los votos de la popularidad; los libros, por las listas de los best sellers. Hasta una época reciente, el modernismo significaba una rebelión no conformista contra las ideas recibidas y lo kitsch. Hoy, la modernidad se confunde con la inmensa vitalidad mediática, y ser moderno significa un esfuerzo desenfrenado por estar al día, por estar conforme, por estar todavía más conforme que los demás. La modernidad se ha vestido con la ropa de lo kitsch.

Los agélastes, la no-reflexión de las ideas recibidas, lo kitsch, son el único y el mismo enemigo tricéfalo del arte nacido como el eco de la risa de Dios, y que ha sabido crear ese fascinante espacio imaginario en el que nadie está en posesión de la verdad y en el que cada uno tiene el derecho de ser comprendido. Este espacio imaginario de la tolerancia nació con la Europa moderna, es la imagen de Europa, o al menos nuestro sueño de Europa, sueño traicionado muchas veces, pero, no obstante, lo suficientemente fuerte como para unirnos a todos en la fraternidad que rebasa con mucho el pequeño continente europeo. Pero sabemos que el mundo de la tolerancia (la tolerancia, imaginaria, de la novela y la tolerancia, real, de Europa) es frágil y perecedero. Se ven en el horizonte los ejércitos de agélastes que nos acechan. Y precisamente en estos tiempos de guerra no declarada y perpetua, y en esta ciudad de destino tan dramático y cruel, yo me he decidido a no hablar más que de la novela. Posiblemente hayan comprendido ustedes que no se trata de una forma de evasión por mi parte ante las cuestiones llamadas graves. Porque si la cultura europea me parece hoy amenazada, si lo está desde el exterior y desde el interior en lo que tiene de más valor -su respeto por el individuo, por su pensamiento original y su vida privada-, me parece que esta valiosa esencia del individualismo europeo está depositada, como en una caja de plata, en la sabiduría de la novela. Es a esa sabiduría a la que quería rendir homenaje en este discurso de agradecimiento. Pero ha llegado el momento de detenerme. Estaba olvidando que Dios se ríe cuando me ve pensar.


Jesús González Maestro

 “Frente al humor despreciativo que utilizan sus contemporáneos (Quevedo, López de Úbeda, etc.), el cervantino (como indicó Close 2000) une de algún modo a burladores y burlados, y hace que los burlados, más que convertirse en objeto de escarnio, provoquen simpatía y compasión” (Martínez Mata, 2008: 109). Una concepción relativamente afín la hallamos en Francisco Márquez Villanueva: “Cervantes no era un espíritu superficial como Lope, ni un conservador como Quevedo, ni un ortodoxo maquiavélico como los jesuitas” (Márquez, 1975: 284). NOTA 1 de la definición de risa como concepto de la Literatura, propuesta por Jesús G Maestro : http://www.academiaeditorial.com/web/colecciones/biblioteca-cervantes/critica-de-los-generos-literarios-en-el-quijote/

Para una presentación más amplia de lo que es la risa en el contexto de la Crítica , la Teoría y la Gnoseología de la Literatura, en relación con el concepto de “lo cómico”, ver este texto en el siguiente enlace http://jesus-g-maestro.blogspot.com/2014/06/la-risa.html

FRAGMENTO tomado de la definición de la risa y su conexión con lo cómico, como un concepto clave de la Literatura, tal como lo explica Jesús G Maestro en el enlace inmediatamente superior :

” La risa, además, está destinada a iluminar un mundo en absoluto inocente. Donde hay risa hay inteligencia y libertad. Y donde habitan la inteligencia y la libertad, la inocencia no es posible.

Hay inteligencia en la risa porque verdaderamente nadie se ríe de lo que desconoce, ignora o no alcanza a entender. Nos reímos de lo que comprendemos y hasta donde somos capaces de comprenderlo. Los límites de la risa son los límites de nuestro conocimiento y de nuestra capacidad crítica. La risa revela la frontera de una facultad crítica y cognoscitiva, así como advierte de la audacia de nuestro atrevimiento. Por discutible que parezca, los tontos no se ríen: son objeto de risa. Por otra parte, un tonto puede dejar de serlo en cualquier momento, algo que los “listos” olvidan con demasiada frecuencia. Paralelamente, donde hay risa hay también libertad. La risa es uno de los impulsos y expresiones más espontáneos del ser humano. Su desarrollo y manifestación revela una libertad que las diferentes formas de humor e ironía permiten definir y comprender según épocas, sociedades y culturas.”

NOTA : (autor del texto seleccionado : profesor Jesús G Maestro, de la Universidad de Vigo. España)

Jesús G Maestro