La destructividad humana. Erich Fromm contra el psicoanálisis (y contra Marcuse). Un interesante artículo de la revista El Basilisco, Nº 10, 1980

Estuve recordando un libro muy interesante de Erich Fromm, titulado en español como Anatomía de la destructividad humana, a raíz de una conversación con un amigo historiador, acerca de la polémica desatada por la petición, hecha por el presidente de México al rey de España, en la que el mexicano solicitaba que el rey español pida perdón por la Conquista y el supuesto genocidio y maltrato de los nativos de lo que era la actual tierra de México.

En la muerte de Fromm, artículo de Guillermo R Olmedo

Encontré un artículo publicado en la revista El Basilisco, fundada por el filósofo español, Gustavo Bueno, en el que se expone un análisis comparativo entre las tesis de Fromm y Herbert Marcuse.

http://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdfhttp://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas11005.pdf

IMPRESCINDIBLE España: un análisis desde el Materialismo Filosófico. Exposición de Gustavo Bueno. Obligado estudio para Hispanistas, Hispanoamericanistas, Historiadores, Filósofos, Literatos y Politólogos, y de paso para Economistas.

Lecturas de obras de Gustavo Bueno recomendadas, como complemento , necesario, para comprender y estudiar con más calado, la conferencia sobre España , en el vídeo :

ESPAÑA FRENTE A EUROPA http://www.fgbueno.es/gbm/gb1999es.htm

PRIMER ENSAYO SOBRE LAS CATEGORIAS DE LAS CIENCIAS POLITICAS http://www.fgbueno.es/gbm/gb91ccp.htm

Escudo actual de España

NOTA de INTROFILOSOFIA: Este vídeo del fundador del Materialismo Filosófico, el filósofo español Gustavo Bueno, resulta realmente IMPRESCINDIBLE por varias razones que se pueden comprobar sin dificultad al escuchar atenta y críticamente las tesis en él expuestas.

HISPANOAMERICA

Su importancia para el análisis y la crítica de España, como problema complejo, y por sus conexiones con Europa y las concepciones históricas y filosóficas que el estudio de España como Imperio Católico, de alcance universal, etc.es una importancia que en absoluto resulta exagerada.

El Emperador Constantino se alía con la Iglesia Católica
España como Imperio se gesta en la lucha de los reinos cristianos contra los musulmanes
Símbolos del Islam
La Cruz de Lutero

Otros de los más peligrosos y recalcitrantes enemigos de España como Imperio generador, y por tanto de Hispanoamérica, son: 1) tanto la Leyenda Negra alimentada por los enemigos de España y de su Imperio ( los holandeses, ingleses, franceses, luego la variante estadounidense en cierta manera ), como 2- las distintas manifestaciones que se han generado desde el llamado indigenismo ( Filosofía de la Liberación , Teología de la Liberación, etc.)

Indigenismo e hispanofobia como elementos esenciales de las ideologías metafísicas del presente

A nuestro juicio se trata de una de las más valiosas e importantes conferencias pronunciadas a lo largo de la vida del profesor de la Universidad de Oviedo, Don Gustavo Bueno. Importancia que deducimos de la serie de implicaciones sociales, políticas, económicas, tanto para España como para los Estados de Hispanoamérica, en el presente y como parte de los planes y proyectos de Hispanoamérica y España ante el futuro que ya opera desde estos primeros años del siglo XXI.

GUSTAVO BUENO MARTINEZ , FILOSOFO ESPAÑOL ,

DEL ARTICULO ESPAÑA:

Introducción

“Me parece que muy pocos podrán negar que en un día como hoy, en el que coincide el aniversario, tan importante para la Historia de España, de la proclamación de la Segunda República Española con la presencia en Oviedo de un concurso tan distinguido de miembros de la Asociación de Hispanismo Filosófico (no necesariamente republicanos) y con los actos de «presentación pública» de nuestra Fundación (instituida precisamente desde la perspectiva de una filosofía en español), es una ocasión incomparable, y aún podría añadirse, inexcusable, para reflexionar «de frente» sobre España.” ( Cita de Gustavo Bueno )


En el enlace siguiente podemos entrar a la lectura del artículo de Gustavo Bueno, publicado en la revista El Basilisco titulado precisamente ESPAÑA.

http://www.fgbueno.es/gbm/gb1998es.htm

La Marseillaise – Le Canard républicain

RUBRIQUE
— Leer en www.xn--lecanardrpublicain-jwb.net/spip.php

Buonarroti : « On n’est pas soldats du gouvernement, mais du peuple » – Le Canard républicain

« Soldats, le moment approche de sauver ou de perdre à jamais la patrie. Ce peuple, fatigué sous le poids de ses maux, indigné contre l’oppression, (…)
— Leer en www.xn--lecanardrpublicain-jwb.net/spip.php

Poema a un intelectual mexicano, Enrique Krauze, amigo del Nobel Octavio Paz, y no tan amigo del historiador y periodista argentino Gregorio Selser

Perseguido, Mandela; perseguido, Trotsky; perseguido, Assange. Éste es un simple lavador de fraudes electorales que se quedó sin contratos. pic.twitter.com/0tVwc8fss9— Pedro Miguel (@Navegaciones) March 17, 2019

PINCHAR EN EL ENLACE PARA VER EL POEMA , contra Krauze. Podíamos titular esta entrada como: El soneto a un mentiroso


SONETO A UN PALAFRENERO
Octavio PAZ, premio Nobel de Literatura

La importancia de las palabras, por su implantación en las relaciones sociales y políticas , queda aquí de manifiesto, cuando comprobamos cómo a partir de una sola palabra, PALAFRENERO, se desarrolla toda una polémica entre intelectuales, periodistas, y los lectores de prensa , dentro de la dialéctica de clases, de Estados y de grupos internacionales de poder.

Artículo del periodista Eduardo R Huchim, titulado El debate que no pudo ser. Donde se exponen detalladamente los hechos que dieron lugar a un duro enfrentamiento entre Enrique Krauze y Gregorio Selser, en el que intervino el Nobel mexicano Octavio Paz, y otros influyentes y conocidos escritores mexicanos.

http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/3907/pdfs/35-43.pdfhttp://www.revistadelauniversidad.unam.mx/3907/pdfs/35-43.pdf

Uno de los libros de Gregorio SELSER

Agregamos a continuación el texto completo del artículo mencionado de Eduardo R Huchim publicado en 2007 por Revista de la Universidad de México :

Paz, Krauze, Selser… 

El debate que 

no pudo ser 

AUTOR Eduardo R. Huchim 

FUENTEhttp://www.revistadelauniversidad.unam.mx/3907/pdfs/35-43.pdf

(Publicación del año 2007)

Eduardo R. Huchim hace aquí una minuciosa y valiosa recons- trucción de aquella reveladora polémica entre Enrique Krauze, Gregorio Selser y Octavio Paz en 1991. Rescate periodístico que, entre otras cosas, nos permite comprender cómo, a menudo, una pequeña errata provoca el desbordamiento de la pasión por encima de las ideas. 

El lunes 21 de enero de 1991, como a las 7:30 de la mañana, desperté sobresaltado, tras de haber dormido tres o cuatro horas. 

—No revisé la prueba “dura” —me dije y me agre- gué—: Si no la revisaste, a esta hora no hay nada que hacer. Ya el periódico está circulando. 

Y me volví a dormir. Pero en alguna parte estaba es- crito que aquella no sería una mañana tranquila. Apro- ximadamente a las once, mi esposa me despertó y me entregó la bocina del teléfono. 

—Te llaman del periódico —me dijo, y entonces supe que mi temor de las 7:30 tenía fundamento. 

—Señor Huchim… —me dijo una voz un tanto malhumorada. 

—¡Don Carlos, no me diga que se publicó lo de “palafrenero mayor”!1 

1 El Diccionario de la Real Academia Española define así esta pala- bra: Palafrenero. (De palafrén).m. Criado que lleva del freno el caballo. 2. Mo zode caballos. 3. Criado que monta el palafrén. En las caballerizas reales, picador, jefe de la regalada, que tenía de la cabezada el caballo cuando montaba el rey. 

—Sí le digo, y no sabe la que se ha armado. Ya nos hablaron Octavio Paz, Enrique Krauze y también algu- nos escritores de casa. 

—Hace unas horas desperté sobresaltado. Mi sub- consciente ha de haberme avisado que no revisé esa parte de la primera plana en papel, antes de mandarla al taller. Sin embargo, al menos dos personas revisamos el original electrónico y la corrección estaba hecha, igual que en la página del pase, en Mundo. 

—Pues no, se publicó lo de “palafrenero”, y la bronca ya se armó, y bueno hay que afrontarla. 

—Pues no sé si decirle que lo lamento, puede darse un debate interesante. 

—Si, así es. Ya veremos —se despidió Carlos Payán Velver, director general deLa Jornada, diario de la Ciu- dad de México del que yo era coordinador de edición. 

Gregorio Selser, nacido en Argentina el 2 de julio de 1922, era para entonces un reconocido periodista, historiador, conferenciante y profesor universitario. Autor de cuarenta y siete libros, ha sido descrito por Roberto Bardini como: 

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Un voraz autodidacta que creció en un orfanato para niños judíos en el que su única posesión fue un diccio- nario, trabajó como aprendiz de relojero y oficinista en una fábrica de cajas de cartón, realizó estudios secunda- rios en colegios nocturnos e ingresó a la Universidad en 1956, a los treinta y cuatro años. Para entonces, Selser estaba casado, habían nacido dos de sus tres hijas y co- menzaba a trabajar como reportero del diario La Prensa, de Buenos Aires, así que sólo pudo cursar menos del primer año de Sociología. 

Selser —añade Ba rdini— se transformó en uno de los escritores más prolíficos de su tiempo, sin equivalentes en América. Durante décadas dedicó —con la ayuda de su esposa Marta Ventura— casi dieciséis horas diarias a la recolección de la más variada información histórico- política y a la redacción de artículos que publicaba en diarios, revistas y agencias de noticias, además de la pre- paración de numerosos libros, clases universitarias y con- ferencias en México, América Central, los Estados Uni- dos y Europa. 

EL RESPETO A LOS ARTICULISTAS 

La historia había comenzado la noche del domingo anterior, 20 de enero de 1991, con un artículo de Gre- gorio Selser, destinado a publicarse en la primera pági- na de La Jornada del lunes 21. 

Cuando leí el artículo, me percaté de que tres o cua- tro veces el autor calificaba a Enrique Krauze como “palafrenero de Octavio Paz”. El artículo, como la gene- ralidad de los escritos por Selser, era interesante, bien informado y estaba redactado con buena prosa, a la que la innecesaria calificación a Krauze restaba seriedad y pulcritud. 

EnLa Jornada se respetaba escrupulosamente lo que los articulistas querían decir, incluso los títulos que le colocaban a sus textos. Contra las prácticas de muchos periódicos que atribuían a “la redacción” el derecho a definir los títulos, en ese diario se consideraba que éstos formaban parte indisoluble de los textos y, en conse- cuencia, debían ser respetados. Sin embargo, por excep- ción, se hacía alguna modificación de estilo al texto o se cambiaba el título para mejorarlo a criterio del editor. “Consúltele” o “Avísele” al autor era la instrucción que en esos casos emergía habitualmente de Carlos Payán. Casi todos los colaboradores de ese periódico aceptaban debuengradoyagradecíantalesmodificacionesexcep- cionales, pero si el resultado de la consulta era la nega- tiva y él o ella insistían, entonces el texto se publicaba tal cual. 

Convencido de que la calificación ofensiva empo- brecía el artículo y hacía descender el nivel del debate sobre la Guerra del Golfo Pérsico, busqué a Gregorio 

Selser por medio de Socorro Valadez Morales, la efi- ciente secretaria de Payán, a quien particularmente yo agradecía su presencia los domingos por la noche, por- que me ayudaba a resolver muchos de esos pequeños- enormes problemas que cotidianamente se presentan en las redacciones de los periódicos. Aunque no tenía la obligación de estar también los domingos, Socorro iba a trabajar y a hacerse cargo —además de los apoyos al editor— de su sección (que coordina hasta la fecha),Elcorreoilustrado,lacualafrontasuspropiosproblemas d e r i vados, principalmente, de que siempre hay muchas más cartas de las que admite el espacio de la página dos de La Jornada, plana que las cartas enviadas por los lec- tores comparten con el editorial de la casa. 

Los domingos —que en toda mi carrera periodística han sido laborables para mí— eran días singulares por- que yo me quedaba a cargo del diario —igual que los lunes—, aunque el director frecuentemente se comu- nicaba por teléfono. 

—Sin embargo —decía don Carlos—, el responsa- ble de la edición es usted. Si La Jornada comete un error, aunque yo se lo haya propuesto, la responsabili- dad será suya y no mía, porque usted es quien está, no yo. Así que no deje resbalar a su director. 

Y la prevención se cumplía a cabalidad, aun cuando generalmente coincidíamos, pues a veces Payán y yo di- feríamos y no siempre pre valecía la opinión del director. 

—Si cree que eso es lo correcto, órale. Adelante —decía don Carlos.

AUTOR NO LOCALIZABLE 

Y bueno, aquel domingo Socorro no encontró a Gre- gorio Selser, de modo que, como ocurría raras veces, le pedí que buscáramos a don Carlos para consultarle. Tele- fónicamente le expliqué el contenido del artículo y la dureza de algunas adjetivaciones, la peor de las cuales era la calificación de “palafre n e ro” que le asestaba a Krauze. Payán estuvo de acuerdo en que tal calificación abara- taba el texto y enterado de que el autor no estaba loca- lizable, lo pensó unos segundos y me dijo: 

—Quítele esa palabra todas las veces que aparezca, siempre que no le cambie el sentido a la opinión de Selser. —No tiene problema, don Carlos, la palabreja no le 

quita nada al texto, excepto la ofensa. —Bien, quítela y yo mañana hablo con Gregorio. 

Estoy seguro de que lo entenderá e incluso lo agradecerá. Procedí a la minisupresión en el primer párrafo del a rtículo y en las dos o tres veces más que aparecía la pala- bra “palafrenero”. El artículo tenía entrada en la pri- mera plana, con pase a la sección internacional. De la p o rtada se encargaba aquel domingo el periodista Héctor Zamarrón, quien luego habría de ser editor de la sec- 

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ción Ciudad del periódico Reforma y actualmente es el subdirector editorial del diario El Centro

Con Héctor hicimos la supresión de la primera pági- na en la computadora del sistema Crosfield y luego ha- blé con el editor de internacionales para hacer lo mismo en la página correspondiente. Horas después, revisé en la computadora —en la primera plana y en la dieciséis— que estas correcciones hubieran sido hechas, como efec- tivamente lo habían sido. Hice otra comprobación en la “p rueba dura” o de papel de la página dieciséis, corre s- pondiente a la sección internacional. La verificación era conveniente porque a veces, a pesar de hacer todo lo necesario, el disco duro no registraba los cambios. Esto fue lo que ocurrió en la primera página. A pesar de que en la pantalla la corrección estaba hecha, la computa- dora no la guardó aun cuando en presencia mía se le dio la instrucción correspondiente. 

Cuando me fue llevada la prueba en papel de la pri- mera página, revisé la cabeza principal, los créditos, el pie de foto, las cabezas de los artículos y otros detalles, p e rono verifiqué que la palabreja hubiera desapare c i d o del texto de Selser. De ahí mi sobresaltado despertar de horas después. Es posible que haya dejado de verificar la supresión porque mi atención se concentró en revi- sar la cabeza, bajadas y sumarios relativos a la llamada Guerra del Golfo Pérsico, cuya información —coordi- nada por Guillermina Álvarez y Marcela Aldama— fue muy elogiada por su amplitud, precisión y objetividad (la opinión era otra cosa). En aquellos días, el periódico tuvo tirajes extraordinarios (en torno a los cien mil ejem- plares), de los mayores en toda su historia, los que repe- tiría tres años después, con la rebelión del Ejército Za p a- tista de Liberación Nacional en Chiapas. 

Es curioso cómo funciona el subconsciente, porque éste sí registró la omisión y me la recordó horas después, cuando ya no había nada qué hacer. 

“EL PALAFRENERO MAYOR”: SELSER 

La cabeza principal del lunes 21 de enero de 1991 in- formaba que “Irak ataca otra vez a Saudiarabia”, comple- 

mentada con un “balazo” de que misiles iraquíes habían sido interceptados por cohetes de los Estados Unidos. Junto a ese título y a una fotografía del acorazado Wis consin disparando un misilTomahawk,estaba el artículo de Gregorio Selser, titulado “De falsificadores e hipó- critas” y cuyo largo primer párrafo decía: 

De haber dispuesto este cronista de la abundancia de espacio de que disfruta en el mensuario Vuelta el palafre- nero mayor de Octavio Paz, y de haber podido contar con el permiso para reproducir la abundante información que en la prensa europea volcaron los periodistas Pierre Salinger y Eric Laurente —entre otros— a propósito de parte de la administración de Bush, para provocar e inducir a Saddam Hussein a la invasión y ocupación de Kuwait, es probable que Enrique Krauze se hubiera medido antes de incurrir en las falsificaciones históricas y en las impu- taciones injuriosas que nos ha flagelado en La Jornada a quienes no compartimos la nueva muestra de barbarie internacional a que se han lanzado los Estados Unidos y sus países cortesanos, con la increíble e imperdonable bendición de la Organización de las Naciones Unidas, en su guerra petrolero —estratégica contra Irak. 

Selser se refería a un texto que Enrique Krauze había publicado un día antes, el domingo 20 de enero, tam- bién en la primera página de La Jornada, con el título “El transgresor y sus apóstoles”, dedicado a Aarón y Shabty Sulkes, donde el historiador consideraba inevi- table la guerra después de las acciones de Saddam Hussein y criticaba a “buena parte de la prensa que leen los uni- versitarios de México”, de la cual decía que “frente a los cambios copernicanos de fin de siglo, (…) ha renunciado a pensar: le basta condenar u homenajear, le basta decre- tar quiénes son de antemano los buenos y los malos”. 

Krauze también opinó: 

El velo ideológico distorsiona la línea editorial de varios periódicos que sólo ven en el conflicto la perenne respon- sabilidad de los Estados Unidos. Hemos llegado a tal extre- mo de hipocresía, simplificación y maniqueísmo, que nos cuesta trabajo disociar, matizar, distinguir fenómenos cuya 

A pesar de que en la pantalla la corrección estaba hecha, la computadora no la guardó aun cuando en presencia mía se le dio la instrucción correspondiente. 

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PAZ, KRAUZE, SELSER… 

Señor director y amigo: En La Jornada de ayer el señor Gregorio Samsa Selser llamó a Enrique Krauze “mi palafrenero mayor”. No, yo no tengo palafreneros porque no tengo establo pero, si lo llegara a tener, Gregorio Selser ocuparía 

su pequeño lugar en el pesebre de los burros. 

especificidad es obvia para cualquier observador de buena fe. Mirar con los ojos abiertos los crímenes de Hussein y condenarlos, no implica ninguna adhesión incondicio- nal ni permanente a los gringos, ni supone cerrar los ojos a las innumerables instancias históricas —Panamá es la más reciente— en las que los Estados Unidos ha burlado la legalidad internacional que ahora defiende. Pe rorecor- dar esos casos no debería bloquear la consideración espe- cífica de los momentos en que la acción norteamericana ha contribuido a la paz global y a la libertad. Las dos guerras mundiales y la actual en el Pérsico pertenecen a ese género. 

Krauze criticó con dureza las contradicciones de la izquierda, cuyos militantes, que “siempre caen parados”, no parten de la realidad ni les interesan las ideas, “par- ten de la doctrina y cuentan con el decidido y seguro aplauso de sus sectas (al cliente lo que pida)”. Añade que “están enfermos de ideología, pero su enfermedad es una máscara de un malestar moral más profundo e inconfesable: el resentimiento. A continuación, Krauze escribió el fragmento que probablemente provocó la ira de Selser: 

La animosidad contra Israel, cada vez más presente en nuestros diarios citadinos, es otra prueba del adocenamien- to intelectual que nos envenena y aletarga… La doble moral se ha vuelto característica de nuestra prensa en éste y otros temas. En el caso particular de la guerra del Pérsico, ningún diario de consumo universitario consi- deró siquiera elogiar el inusitado autocontrol israelí tras el ataque de Irak. Israel encabeza la lista de los malos y eso basta… Para colmo, en la actitud contra Israel se per- cibe un tema de fondo que muchos creíamos liquidado tras el Holocausto: me refiero al antisemitismo, prejuicio ajeno a un pueblo como el mexicano, formado en nociones profundas de igualdad natural, respetuoso de la diversi- 

dad, tolerante al extremo de haberse constituido siempre en puerto de abrigo para el perseguido de otras tierras. 

Es claro que al hablar de “la prensa que leen los uni- versitarios”, Krauze se refería fundamentalmente a La Jornada, cuya circulación era la más importante en ese ámbito y cuya línea editorial era abiertamente antiesta- dounidense, de modo que resultaba natural que Gregorio Selser, quien por esos días escribía más de una vez por semana sobre el tema, se sintiera aludido. La respuesta inmediata de Selser, cuyo inicio ya fue transcrito, decía en lo relativo al antisemitismo: 

Krauze expone exabruptos viscerales pero no argumen- tos documentales que no dudo que están a su disposición y que pudo tener en cuenta con un mínimo de buena fe. Ha optado por imputar “hipocresía, simplificación y mani- queísmo” a los numerosos editoriales deLa Jornada —periódico que le ha concedido un espacio queVuelta no otorga a sus leprosados— y tras conceder una tibia ecua- nimidad de cinco líneas en el espacio de una plana com- pleta para reconocer que con su salvajada en Panamá “los Estados Unidos ha burlado la legalidad internacional que ahora defiende”, nos propina la hijodeputez mayor de imputarnos motivaciones antisemitas. 

Con esta clase de sucias descalificaciones todo debate se torna fútil, a partir del elemental irrespeto hacia la opi- nión disidente contra la que manipula el imperio mayor del orbe. En lo personal puedo alegarle que en mis cuaren- ta años de periodista he escrito bastante más contra los nazis, contra el fascismo y contra el antisemitismo, que todo lo que haya producido Krauze a favor del liberalismo, la libert a d, la propiedad privada, la libre empresa y otras bienaventuranzas del imperialismo, el neocolonialismo y el hegemonismo expansionista de los Estados Unidos, del cual es servidor. Pero respeto demasiado a mis colegas de 

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La Jo rnada y de El NacionalExcélsior, El Día, unomásuno y Proceso, entre otros, para suponerles movidos por “el socia- lismo de los imbéciles”, como calificó Ma rx al antisemitis- mo, en sus análisis sobre el conflicto del Golfo Pérsico. 

Es tan falsa de toda falsedad su descalificación de “anti- semita” contra quienes no compartimos los crímenes de la medieval y feroz teocracia de Tel Aviv, como su olím- pica afirmación de que “Gorbachov no dudó en respon- sabilizar a Hussein de la guerra”. Como lo es por su incom- probabilidad su hipotética elucubración de que “después de Kuwait habría caído quizás Arabia Saudita y, tras ellas, uno a uno, los estados árabes que se hubiesen resistido a su hegemonía. El botín de petróleo y la destrucción de Israel se darían entonces, por añadidura (…) Hussein hu- biese estrenado un nuevo juguete: el botoncito rojo apun- tando a las ‘satánicas’ capitales de Occidente”. O sea la “teoría del dominó” dullesiana que sirvió de argumento para la genocida guerra de los Estados Unidos contra Vietnam, Laos y Camboya, reactualizada. 

Hasta para sostener esta conseja demuestra Krauze que es un pésimo lector de la historia reciente. Le des- mienten desde hace décadas pacifistas —humanistas israe- líes como Amós Oz, dirigente del Movimiento de Paz Ahora, y su conmovedora crónica publicada en The New Yo rk Times a continuación de la matanza de Rishon Letzion, cuando un oficial israelí puso en fila a dieciocho palestinos desarmados, a principios de 1990, y los asesinó utilizando el mismo método que Al Capone utilizó en Chicago cuando la masacre de San Valentín. Lo desmintió en el mismo periódico neoyo rquino el actor judío Woody Allen, cuando se preguntó acongojado cómo era posible que las piedras de los niños de la intifada fuesen retalia- das con ráfagas de ametralladoras. 

GREGORIO SAMSA SELSER: PAZ 

La reacción fue inmediata. Octavio Paz mandó una breve y contundente carta que se publicó el martes 22 en primera plana, en el mismo sitio que el artículo de Selser. Decía: 

Señor director y amigo: En La Jornada de ayer el señor Gregorio Samsa Selser llamó a Enrique Krauze “mi pala- frenero mayor”. No, yo no tengo palafreneros porque no tengo establo pero, si lo llegara a tener, Gregorio Selser o c uparía su pequeño lugar en el pesebre de los burros. 

Un párrafo y dos insultos aderezados con la caracte- rización de pequeñez. Uno implícito y literario (insecto, por la obvia alusión al personaje de Kafka) y otro explí- cito y asnal (burro). 

En la misma primera página, flanqueado por sen- dos textos de Pablo Gómez y Eduardo Galeano, Selser 

escribía de nuevo sobre la Guerra del Golfo Pérsico bajo el título “Cuando Hussein era un cumplido caballero árabe”, aludiendo a la venta de armas que un grupo de países había hecho a Irak en la década de los ochenta. Citando a The Independent de Londres, el periodista argentino comentaba que “el gobierno socialista de Fr a n- cia se había negado a proveer información sobre un sis- tema vendido a Irak, destinado a proteger a los aviones cazas contra los misiles estadounidenses”, lo cual resul- taba contradictorio por el alineamiento de Francia con los Estados Unidos, aunque probablemente se explica- ba por el deseo de mantener su imagen de “vendedora confiable”. 

El mismo día, en El correo ilustrado, se publicó la si- guiente carta de Carlos Monsiváis: 

SOBRE KRAUZE Y SELSER 

Señor director: Al responderle a Enrique Krauze por lo que considera sus hipocresías y falsificaciones, Gregorio Selser (La Jornada, 21 de enero) recurre a la descalifica- ción perentoria: “El palafrenero mayor de Octavio Paz” lo llama, y luego afirma: “(Krauze) propina la hijade- p utez mayor de imputarnos motivaciones antisemitas”. Lamento tales exclamaciones en un artículo en donde, por lo demás, se manejan información y razones. Precisa- mente en este momento, en medio de la gigantesca cam- paña de los massmedia que acompaña (y festeja) a la mons- truosidad belicista, es preciso redoblar esfuerzos para liberar el debate de los ataques ad hominem. Ya desde hace tiempo lo sabemos: recurrir al insulto, reducir al adversario a los límites de una frase feliz o desdichada, es permitir que se adueñe del escenario la prepotencia, aunque la intención sea muy diferente. 

Por otra parte, nunca está de más abordar el tema-pro- blema del antisemitismo. Creo que así surjan reacciones de antisemitas en nuestro medio, el antisemitismo en modo alguno forma parte de la vida social y política de México salvo en el caso de la ultraderecha, de los treinta al día de hoy. La devastadora experiencia del nazismo, el desarrollo de la tolerancia y la internacionalización cultural nos han librado, como sociedad, de ese oprobio. Aquí, el racismo que nos aflige es el practicado contra los grupos indígenas.

También, ni tiene sentido tachar de “antisemitas” a todas las críticas al comportamiento del gobierno israelí en los territorios ocupados (que ha merecido justas con- denas en todas partes), ni son admisibles las generaliza- ciones que sólo confunden. Por eso no entiendo esta frase de un escritor del prestigio y la trayectoria de Eduardo Galeano (La Jornada, 15 de enero): “¿Para que Israel pueda seguir haciendo a los palestinos lo que Hitler hizo a los judíos?”. 

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PAZ, KRAUZE, SELSER… 

A las opiniones de Monsiváis se sumó al día siguiente, miércoles 23 de enero de 1991, Miguel Ángel Grana- dos Chapa, con estas palabras aparecidas también en El correo ilustrado

SUSCRIBE GRANADOS CHAPA LAS OPINIONES DE CARLOS MONSIVÁIS 

Señor director: Casi siempre suscribo, mentalmente, lo que escribe Carlos Monsiváis. Ahora quiero sin embargo hacer explícita mi coincidencia plena con sus opiniones sobre los artículos de Enrique Krauze y Gregorio Selser, manifestados en la carta que ayer apareció en esta sección. 

También Homero Aridjis censuró la violencia verbal en los siguientes términos: 

SOBRE GUERREROS SANTOS Y PAX AMERICANA 

Señor director: Como hombre y como escritor, protesto ante expresiones y posiciones antisemitas de algunos de sus colaboradores, quienes aprovechándose de la Guerra en el Golfo Pérsico, emiten opiniones como verdaderos Sturm Abtelung (tropas de asalto) de la palabra. 

Lo que dice Eduardo Galeano sobre Israel, que está haciendo con los palestinos lo que Hitler con los judíos, me parece infame y exagerado. La violencia verbal utilizada por Gregorio Selser en su respuesta a Enrique Krauze cuan- do enumera los crímenes cometidos por el Estado judío contra los guerreros santos, es impropia y tendenciosa. 

Creo que en un conflicto como el que está ocurriendo en el Golfo Pérsico, con tantos odios desatados, y tantos daños que están sufriendo la humanidad y el medio ambien- te, la mejor posición es la que ha asumido un diario tan respetable como el suyo, que ha dado una información imparcial y mesurada, sobre todo en esta otra guerra de los medios y de las opiniones. 

Recordemos que el respeto a los individuos y a las naciones es la mejor manera de preservar la paz social y global. Porque la guerra no es santa, aunque lo digan los p rofetas de la violencia y sus cre yentes, ni lapax americana, aunque la ejerzan con las armas sus propugnadores. 

El mismo día se publicó esta breve carta de Carlos L. Wagner E., subdirector del semanario GUÍA: 

SE AGOTAN LOS ARGUMENTOS, OPINA 

Señor director: Desde el pasado domingo sigo con inte- rés el debate que en torno al conflicto del Golfo Pérsico 

sostienen Enrique Krauze, Gregorio Selser y Octavio Paz. Al respecto, sólo dos líneas: 

Cuando los argumentos se agotan, los epítetos y ofen- sas brotan. 

EN DEFENSA DE SELSER 

En el marco de una opinión pública polarizada sobre la Guerra del Pérsico, era natural que Gregorio Selser tam- bién recibiera manifestaciones de solidaridad. El pro- pio miércoles 23 de enero de 1991, se publicaron dos cartas de respaldo al escritor argentino. Sus textos fue- ron los siguientes: 

REIVINDICA BARDINI LA TRAYECTORIA DE GREGORIO SELSER 

Estimado Carlos: Se degrada Octavio Paz al insultar a Gregorio Selser. 

Conocí a Selser hace veinte años, cuando fui su alumno en la Facultad de Periodismo (lo conocía como lector, y lo admiraba, desde mucho antes). Creo que varias genera- ciones de estudiantes aprendimos de él, en sus clases y fuera de ellas, nociones de ética profesional y objetividad. Y sobre todo, nos enseñó a interesarnos tempranamente por América Latina en una época hermética en que Argen- tina se parecía mucho a Sudáfrica y no al país en vías de extinción que es hoy. 

Después di clases en esa misma facultad y acostum- braba a bromear con mis alumnos, casualmente, acerca de que si existiera el Premio Nobel de Periodismo, Selser era uno de los más sólidos candidatos. El chiste circuló en algunas salas de redacción, con un añadido: si se unieran todas las cuartillas que él ha escrito, se podría envolver al mundo. 

Gregorio es una de las personas más inteligentes y cultas que he conocido, y uno de los mejores periodistas latinoamericanos. Su honestidad y valentía rayan muchas veces en la temeridad. 

Gracias por el espacio, Carlos, y un saludo cordial. 

Roberto Bardini. 

EXPRESAN SU “DESAGRADO” POR LOS “INSULTOS” DE OC TAVIO PAZ A SELSER 

Señor director: Somos lectores asiduos de “la prensa que leen los universitarios de México” y queremos manifes- tar nuestro completo desagrado con la actitud adoptada por el laureado Nobel de Literatura, Octavio Paz, para asumir la defensa imposible del artículo del señor Krauze frente al trabajo de Gregorio Selser. Creemos que el señor 

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REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MÉXICO | 41

PAZ, KRAUZE, SELSER… 

Paz no debe disfrutar de impunidad para pretender dis- minuir, mediante insultos y ardides literarios, la valía de quien con pruebas y razones ha contribuido a desentra- ñarnos el complejo panorama internacional del que somos espectadores. 

María Novoa Po rtela, Alejandro de la Paz Toledo, Arturo Román Figueroa, Bernardor Dewers, Jorge Eduardo Carballo Arévalo, Juan Pedro Paniagua Escandón, Sergio Hernández, Antonio Zarur Osorio, Fernando Shultz, María de Lourdes Melgarejo A., profesores de la Universidad Autónoma Metro – politana (Azcapotzalco). 

NOSTRADAMUS Y EL AYATOLAH 

El mismo miércoles 23 de enero de 1991, junto a su cabeza principal que voceaba “Tel Aviv, atacada de nuevo por Irak”, La Jornada publicó en su primera pá- gina dos artículos: la respuesta de Enrique Krauze a Gregorio Selser y un texto solidario de Miguel Bonasso con el periodista argentino. 

Bajo el título “El ayatolah Selser”, Krauze comenzó escribiendo: 

Líbreme Dios de haber pretendido “flagelar” a quienes comparten el monoteísmo temático de Gregorio Selser. Aunque yo sí sentí el duro “flagelo” de sus anatemas (rabioso, doloso, palafrenero, servidor del imperialismo- neocolonialismo —hegemonismo— expansionismo y hasta proferidor de hijodeputeces), encontré consuelo en las simplezas de su propio artículo. Primero, su curiosa obsesión por el espacio, el lebensraum editorial: él que publica siete días a la semana en La Jornada y otros tantos en El Día, se queja del “poco espacio de que dispone”. En cambio, me reprocha el haber concedido sólo “cinco líneas en el espacio de una plana completa” a la invasión yanqui a Panamá. Por lo visto, Selser tiene una noción topográ- fica de las ideas: mide el pensamiento en líneas ágata. Como 

mi artículo sobre la Guerra del Pérsico era sobre la Guerra del Pérsico y no sobre Panamá, remito a Selser al número 159 de Vuelta, donde critiqué la invasión, en un texto de ciento cincuenta y seis líneas ágata. 

En el tercero de los cuatro párrafos de su texto, Krauze añadió: 

Es evidente que desde el siglo XIX los estadounidenses han desplegado una conducta imperialista que con frecuencia traiciona y contradice los ideales que los fundaron como nación. Es claro que el racismo y el ignorante desprecio a lo que está más allá de la “Fortress America” son rasgos profundos y detestables en esa cultura. Pero todo mi punto es que esta conducta ha tenido excepciones deci- sivas —como las dos guerras mundiales— y que negarse a verlas nubla la comprensión cabal de la historia moderna. El ayatolah Selser no las ve porque El ayatolah Selser no ve: El ayatolah Selser cree. Su monótona obsesión es alzar el dedo flamígero contra el Satán yanqui y los “jefes medievales y teocráticos de Tel Aviv”. ¿Qué es, entonces, Sadam Hussein? ¿Un jefe moderno y democrático? 

Por su parte, con el título “Nostradamus Krauze”, Bonasso escribió: 

Coincido con todos y cada uno de los conceptos ver- tidos por Gregorio Selser en su fulminante respuesta a Enrique Krauze, que La Jornada publicó en su edición de ayer. 

No voy a abundar, entonces, en una línea de argu- mentación que Selser ha sostenido con elocuencia y eru- dición. Es bien sabido que el Estado terrorista de Israel descalifica a todos sus críticos con el viejo mote de “anti- semitas”, omitiendo con mala fe que muchos de esos crí- ticos son analistas y observadores de origen judío. Me interesa más, como latinoamericano y como periodista, d e t enerme en otros aspectos del artículo de Krauze, pu- 

El artículo, como la generalidad de los escritos por Selser, era interesante, bien informado y estaba redactado con buena prosa, a la que la innecesaria calificación a Krauze restaba seriedad y pulcritud. 

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blicado también por La Jornada hace dos días, en los que este historiador insiste en distorsionar la verdad histórica para descalificar a sus oponentes… 

Conforme a mis pesquisas hemerográficas, el debate se cerró el jueves 24 de enero de 1991, con dos cartas de respaldo al periodista argentino y de rechazo a Octavio Paz y Enrique Krauze: “Los pueblos oprimidos necesi- tan de Selser”, de José Gabriel Alcocer Muñoz, y “La- mentable que los articulistas se cuelguen epítetos”, de Omar Sánchez Narváez. 

EN LA HORA DE LA MUERTE 

Esta historia no termina con la re c o n s t rucción resumida del debate sobre la Guerra del Golfo Pérsico, por más que éste contribuyó a arrojar luz —una luz múltiple, poliédrica— sobre lo que acontecía en aquellos lejanos sitios del orbe y que, no obstante, estaba tan cerca como la pantalla de televisión. La historia se prolonga unos meses más de aquel 1991, porque el recuerdo de tal episodio de esgrima intelectual que sin duda hizo mati- zar las percepciones en ambos bandos, acompañó lite- ralmente hasta la muerte a Gregorio Selser. 

El martes 27 de agosto de 1991, desde su residencia, Gregorio Selser “ejerció, a los sesenta y nueve años de edad, su derecho a morir” —como escribió La Jornada en el pie que acompañó a la foto publicada en el mismo sitio que siete meses atrás ocupó su artículo “De falsifi- cadores e hipócritas”—, aviso que anunció la muerte de quien “vivió con dignidad y valentía, y con los mis- mos atributos afrontó la muerte (…) como un hombre sin sombra de debilidad, se hizo cargo de su destino” (editorial de primera página “La humildad del sabio”, 28 de agosto de 1991). 

Un día antes de su muerte, el 26 de agosto, Selser escribió a mano una carta conmovedora, dirigida a Carlos Payán. He aquí su transcripción: 

Qu i e rosin embargo dejar constancia por escrito de mi gratitud a México, que me brindó sin condiciones techo, trabajo y tribuna (las tres T de que hablaba Genaro Car- nero Checa). Los casi quince años que viví aquí fueron quizá los más felices y productivos como periodista y profesor universitario. A cambio, siempre fui respetuoso de las leyes de México, a cuyo pueblo amé y al que deseé servir con mis trabajos. Me voy con la conciencia cabal de haber cumplido con el país y con su pueblo. 

Reciba usted, don Carlos, las expresiones más hon- das de amistad, atentamente, 

Gregorio Selser. 

Por su parte, enterado de la muerte de su antagonista y de la evocación a los insultos que le endilgó, Enrique Krauze escribió el 29 de agosto, en El correo ilustrado una carta que decía: 

Querido Carlos: Lamento mucho la muerte de Gregorio Selser. No lo conocí ni sabía que estaba enfermo. Me con- mueve su mención a la polémica. Selser perteneció al viejo y noble árbol de socialismo judío exiliado en América. En México debió vivir el exilio en exilio. ¿Cómo decirle ahora que no había razón para sus disculpas y su pesa- dumbre? 

***

Unas breves palabras finales sobre el debate que pudo no ser. 

Han pasado dieciséis años desde aquel 1991. El ata- que de los Estados Unidos a Irak se ha repetido, si bien de una forma más cruenta para ambos bandos. En este 2007 no sé si, de no haber mediado la falla informática que dejó la calificación de “palafrenero mayor de Octa- vio Paz” adjudicada a Enrique Krauze, no sé —digo— si la omisión de tal frase hubiera evitado el debate que se dio, porque de todos modos el cuestionamiento de Selser a Krauze era muy fuerte. 

Sí sé, en cambio, que el debate fue enriquecedor, pese a los excesos y furias ya descritos, y que esta historia acaso pueda ser aleccionadora para que la sociedad mexicana —en particular los actores políticos y socia- les, editores, conductores de medios electrónicos… — practiquen genuinamente la tolerancia y, rechazando la exclusión, busquen sin tregua la ocasión de escuchar y dar foro a quienes piensan distinto. 

También podría ser motivo, esta historia, para re f l e- xionar en que, fuere quien fuere el que lo profiera, el insulto debe ser evitado. No se trata de restar énfasis y pasión al debate, pero sí de evitar desbordamientos que empobrecen la discusión y pueden ser tan nocivos como el no analizar los argumentos del adversario. 

A Carlos Payán 

La Jornada 

México, 26 de agosto de 1991. 

Estimado Don Carlos: Le envío estas líneas para agradecerle por sus atenciones. Me he sentido muy orgulloso de pertenecer al equipo de La Jornada y sólo me queda la pesadumbre de haber in- sultado a Alponte y a Krauze. Ése nunca fue mi estilo y creo que me dejé llevar por la ira antes que por el cerebro. ¡Ojalá ambos tengan la tolerancia de disculparme! 

Tengo ya metástasis ósea y no deseo abrumarle con detalles, pero siento que los dolores varios que me produce me están quitando los deseos de escribir, es decir, de vivir. 

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Más información sobre la polémica actual ( marzo de 2019) relacionada con el papel de Krauze como intelectual al frente de una campaña contra el actual presidente de México, López Obrador aquí: https://www.infobae.com/america/mexico/2019/03/15/el-intelectual-mexicano-enrique-krauze-acuso-a-tatiana-clouthier-de-difamarlo/

https://www.infobae.com/america/mexico/2019/03/15/el-intelectual-mexicano-enrique-krauze-acuso-a-tatiana-clouthier-de-difamarlo/

El historiador y periodista Enrique KRAUZE

Teatro , Nación, formación de la Nación mexicana. Video en torno a la figura del autor Rodolfo Usigli y su teatro

El teatro como teatro antihistórico, un artículo ensayo sobre Usigli ,desde la obra Corona de sombra http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/rodolfo-usigli-y-corona-de-sombra-un-cuento-de-hadas-del-siglo-romantico/html/c9bcef08-d2b3-4baa-9f7f-98b6c27f9040_2.htmlhttp://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/rodolfo-usigli-y-corona-de-sombra-un-cuento-de-hadas-del-siglo-romantico/html/c9bcef08-d2b3-4baa-9f7f-98b6c27f9040_2.html

Una muy aceptable introducción al famoso filósofo Zizek

https://www.academia.edu/36368294/Marxismo_psicoana_lisis_y_Hegel_.pdf