www.facebook.com/AlvisePerez/videos/976913339422064/

¿Qué la Izquierda(política) y la Derecha(política). Una crítica, desde el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno, al llamado diagrama(o test) de Nolan al respecto. Un análisis de los mitos de las izquierdas y los mitos de las derechas.

Proyecto de Filosofía en Español: Programa Teatro Crítico (sección de Hispanoamérica), en vinculación con la Fundación Gustavo Bueno y el sistema del Materialismo Filosófico

Libertad Constituyente para acabar con la corrupta y seudo demócrata partitocracia de la monarquia española

www.youtube.com/watch

Análisis clave para el estudio y crítica de la situación económica y social en la España(y otros Estados)actual, en tiempos de Soros y sus tentáculos globales, que dirigen a los actuales gobernantes de España. Presidente (PSOE) y Vicepresidente(Unidas-Podemos) han sido becados de las Fundaciones del Sr Georges Soros. Depredar España, lo llaman “vuelta controlada a la “nueva normalidad”. España en venta de saldo total.

Contra la oligarquía amafiada de partidos que hay en España(partitocracia), hay que abrir un periodo de Libertad Constituyente que cambie el Estado putrefacto que nos somete al interés de la oligarquía política dominada por los líderes de los partidos anti democráticos.

Ruben Gisbert

El abogado, activista social y ‘youtuber’ Rubén Gisbert.POLÍTICA

Rubén Gisbert: «Vivimos en un sistema político que es un residuo del fascismo»

21/05/2020 20:16 AUTOR :  por Paco Núñez Comparte este artículo:

FUENTE https://ellibre.es

Rubén Gisbert is The Man. Este licenciado en Derecho por la Complutense de Madrid, y discípulo de Antonio García Trevijano, lidera un movimiento social que cristalizará próximamente en una asociación civil que luchará con denuedo por cambiar el sistema de partidos en España

En esta primera parte de la entrevista con EL LIBRE, este joven activista revolucionario de 30 años de edad arremete con fuerza contra el Gobierno y explica de forma didáctica el futuro esperanzador de nuestro país en materia política, que pasa por la destrucción de la partitocracia.

-¿Cree usted que toda esta tragedia servirá verdaderamente para cambiar las cosas?

-La polarización ideológica y la fractura social son el sustento de la partidocracia desde su fundación, en 1978. Ahora, para sobrevivir, los neopartidos tienen que seguir alimentando, con más esfuerzo si cabe, esta fractura social. Por eso, están haciendo una acentuación en la polarización ideológica. También porque hay más competencia entre los partidos que se llaman a sí mismos de izquierdas o de derechas, que realmente no lo son (todos son socialdemócratas). Entonces, tienen que ser más agresivos a la hora de polarizar la sociedad y aprovecharse de esa fractura social que han creado ellos.

-¿Dónde está el resorte que pueda lanzar a la sociedad española a las calles para clamar esa transformación del sistema?

El cambio social vendrá por la solución que aportemos, que sea una antítesis a esa maquinaria de la que vive el Estado de partidos. Y esa solución solo puede venir desde un mensaje de unidad en el que sea indiferente la ideología, credo o religión de cada español y que todos estemos unidos bajo una misma bandera: la de conseguir la democracia formal. El español medio tiene que ver que la causa de sus males no es de ningún partido sino del régimen que tenemos, porque el empobrecimiento y la inoperancia de la que hace gala el Estado de partidos a la hora de gestionar la pandemia es característico de este sistema. Los políticos se centran, en primer término y en último, en conservar su puesto, porque es su medio de vida. Lo dijo recientemente Manuel Castells, actual ministro de Universidades.https://www.youtube.com/embed/F6K6ub3qVdQ?start=117&feature=oembed

-¿Qué solución ofrece el movimiento que usted lidera?

-Solo hay una manera de hacer que los políticos que se preocupan por su cargo actúen en beneficio de la sociedad: que estén sujetos a los intereses del distrito electoral que lo elige. Solo así se puede garantizar que el político, para mantener su cargo, tenga que atender obligatoriamente a los intereses que le exige su distrito electoral. Si su distrito vive del turismo, ese diputado tendrá que preocuparse de las medidas que afectan a ese sector. Si es un distrito de trabajadores, tendrá que preocuparse de las medidas sociales y de las ayudas a los trabajadores.

-¿Por qué en España se nos llena la boca de hablar de democracia si no tenemos esa democracia real?

-España no es un régimen representativo ni democrático. Es un Estado de partidos, definido en su día por el presidente del Tribunal Constitucional de Alemania, Gerhard Leibholz. El Estado de partidos trabaja para que los españoles elijamos a nuestros políticos de acuerdo con un principio de identificación. Pero en cuanto a estructura de poder, no hay ningún tipo de feed back ni reciprocidad entre el gobernante y el gobernado. En cambio, con la representación uninominal sí hay un feed back directo entre el diputado y su distrito. Esto sucede en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. En el Parlamento inglés, cada diputado tiene que ir a defender los intereses políticos de su distrito electoral independientemente de la ideología de su partido.

–¿Estados Unidos sería un buen ejemplo?

-Un diputado de Virginia, sea republicano o demócrata, nunca podrá apoyar una ley en contra del tabaco, porque Virginia vive, en gran parte, del tabaco. Si vota esa ley, lo echan. Es el distrito electoral, la comunidad, la vecindad, la que tiene el control de lo que tienen que hacer los políticos. Y así se hacen las leyes, atendiendo a las necesidades sociales.https://www.youtube.com/embed/YOJMmRp_QO0?feature=oembed

-En Inglaterra, cualquier ciudadano tiene hilo directo con el diputado de su distrito, ¿no es así?

-Efectivamente. Hay un diálogo directo, constante y permanente entre las necesidades del pueblo y el cargo electo, que tiene esa función. Aquí no existe esa función.

-¿Por qué tenemos que mantener a tantos diputados? ¿Es totalmente necesario para el buen gobierno de nuestro país?

-En España, si se suprimieran los diputados, no cambiaría nada, porque los que tienen la hegemonía para hacer la ley, hacer gobierno y nombrar a los jueces son los jefes de cada partido, que pactan entre ellos o bien tienen mayoría absoluta, como hemos visto en los años 80 y 90. Por eso, lo que hay en España se llama Estado de partidos o partitocracia. Lo que yo quiero es una democracia, que significa el poder del pueblo.

-¿Es el bipartidismo un mal endémico?

-No tiene por qué serlo. En Estados Unidos hay bipartidismo (demócratas versus republicanos), pero, al haber un principio representativo y elecciones separadas entre el presidente y los miembros de la Cámara de representantes, el Congreso, los partidos son lo que tienen que ser y lo que nacieron para ser: asociaciones civiles. El gran problema que tenemos en España, y en la gran mayoría de Europa, es que vivimos en un sistema que es un residuo del totalitarismo y del fascismo: partidos estatales y sindicatos estatales, pagados por el Estado. Eso es una antítesis. ¿Cómo un partido que tiene que defender los intereses de la sociedad civil va a ser pagado por el Estado? Los partidos tienen que ser instrumentos, no un fin en sí mismo.

-¿Está la gente suficientemente hastiada con esta pandemia pata que haya una verdadera revolución?

-El español medio es muy pesimista y está muy anquilosado en este sistema. Pero se van a dar una serie de circunstancias económicas, de fractura social, de empobrecimiento masivo de los españoles, que van a provocar un descontento y un descrédito muy grande hacia el sistema. Y, los que nos hemos estado preparando políticamente para esto, tenemos la responsabilidad de no hacer un discurso catastrofista sino ofrecer una solución, una alternativa, un mensaje de unidad y esperanza para salir del hoyo en el cual nos ha metido este Estado de partidos.https://www.youtube.com/embed/Z8mjuL3hjG0?start=765&feature=oembed

-¿Cree que los medios de comunicación, en líneas generales, tienen demasiados intereses creados como para ejercer un periodismo libre?

-Por supuesto. Tenemos suerte de tener las redes sociales. Primero, porque la gente intuye que, en los medios de comunicación habituales, que están comprados por el Estado, no encuentran respuestas ni debate ni pensamiento ninguno. Son contenidos vacíos. Gracias a internet, existe la posibilidad de cambio. Porque el Estado ya tiene un control absoluto de todos los medios. En las redes lo está intentando, como dijo el ministro Castells. El paso 1 es que los españoles difundamos los aspectos básicos por los cuales no tenemos una democracia y cómo esto repercute directamente en la pobreza y en la miseria absoluta en la que nos estamos viendo hundidos.

-¿Hay demasiados estómagos agradecidos como para echar abajo la partitocracia?

-El Estado de partidos está preocupado, ante todo, de conservar la estructura institucional del régimen que supone, en duplicidades administrativas y en cargos puestos a dedo (2 millones de personas), un gasto superfluo de 100.000 millones de euros anuales, el 10% del PIB. En época de bonanza, nadie se mueve, pero ahora, que hay muchos españoles que tienen que ir al Banco de Alimentos y que no les pagan los ERTE y que el Gobierno no quiere recortar en el gasto político, se va a propiciar que la gente vea la corrupción institucional existente.

-Para que se vote una nueva Constitución, ¿cuáles son los pasos a seguir?

-Haría falta una manifestación masiva y una abstención voluntaria, en las próximas elecciones, de más del 50%. Eso desligitima al régimen y le deja únicamente con la ley. En el momento en el que haya manifestaciones para provocar un periodo de libertad constituyente, si hubiera cargas policiales, el Estado perdería su legitimidad. Ese es el camino.

-¿Se postularía usted como candidato al nuevo Gobierno?

-Yo no persigo entrar en el Estado, no me interesa. A mí lo que me interesa es vivir en libertad y en una democracia. Para eso, solo necesitamos la abstención masiva, la movilización civil y la apertura de un proceso de libertad constituyente que no es ninguna tragedia. Se mantendrían las funciones básicas del Estado (sanidad, educación, limpieza, seguridad…) mientras, durante un año, habría un periodo de libertad de información como nunca en la Historia de España, en el que se podrían enseñar las diferentes opciones: monarquía presidencialista o república constitucional, principalmente. Y que los españoles elijan.

SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA:

Gisbert 02

El jurista y politólogo valenciano Rubén Gisbert.POLÍTICA

Gisbert: «Hay que plantar cara a este Estado que nos divide socialmente»

22/05/2020 22:27  por Paco Núñez Comparte este artículo:

En esta segunda y última parte de la entrevista con EL LIBRE, el jurista Rubén Gisbert analiza qué podría pasar con la Corona en un futuro sin Estado de partidos, repasa los sistemas políticos de Francia y Alemania y propugna la supresión del Tribunal Constitucional

Tiene un canal en YouTube con más de 45.000 suscriptores que se denomina La guarida del zorro, en el que da rienda suelta a todos sus postulados de una manera fresca, amena y documentada. El valenciano Rubén Gisbert, jurista y politólogo revolucionario de 30 años de edad y adalid del movimiento por una democracia formal, desgrana qué futuro le espera al rey Felipe VI en una posible nueva realidad de libertad política.

-Si se acaba la partitocracia en España y el pueblo elige la república constitucional como sistema de Gobierno, adiós al rey, ¿no?

-Por supuesto. Cuando Don Juan, el abuelo de Felipe VI, recibe la notificación, el 16 de julio de 1969, de que quieren nombrar rey a Juan Carlos (su hijo), no acepta y le escribe una carta, redactada por Antonio García Trevijano, a su hijo diciéndole que es «una monarquía sin honor», haciendo la analogía de Montesquieu en El espíritu de las leyes: «Una monarquía sin honor es como una república sin virtud», porque la república se debe estructurar en la virtud de la ley y en la separación de poderes. Y la monarquía se debe fundamentar en la honorabilidad del monarca. Por eso, don Juan apoyó la junta democrática, sabiendo que, si él iba a ser rey, solo podía serlo bajo la elección de los españoles. Entonces, si el rey Felipe VI quiere seguir siendo rey, tendrá que someterse a la decisión de los españoles.

-¿Funciona bien el sistema político en Francia? Porque el conflicto de la inmigración amenaza con fracturar la sociedad desde hace tiempo…

-La sociedad francesa es una comunidad muy reivindicativa y muy activa a la hora de reivindicar derechos sociales desde antes de la Revolución Francesa. Y es lógico que esté en su ADN y en su aspecto sociológico intrínseco la movilización ante cualquier vulneración de un derecho fundamental. Pero, ¿qué sucede? Que los franceses saben que las movilizaciones civiles no son como aquí, que hubo una huelga general en tiempos de Felipe González y no pasó absolutamente nada. En Francia esto es impensable, porque existe el principio representativo y los políticos están sujetos al mandato imperativo y a la elección de su distrito electoral.

La Asamblea Nacional de Francia.

-¿Sería el modelo a seguir?

-Yo no propugno un modelo como el francés, la Quinta República, porque es una semidemocracia, no es plena. Sí que hay un régimen representativo (De Gaulle introdujo la doble vuelta inteligentemente para garantizar la mayoría absoluta en la elección del representante), pero no hay separación de poderes. El Ejecutivo, aunque los miembros de la Asamblea Nacional son elegidos separadamente, no tiene la potestad ni la facultad autónoma para nombrar sin la autorización del Parlamento. Y eso va en contra de la separación de poderes, lo decía Montesquieu: «Elegidme un colegio legislativo para hacer el Ejecutivo y habéis acabado con la libertad política».

-Alemania tampoco es un buen ejemplo a seguir…

-Claro que no. Alemania es un sistema mixto, partitocrático. Además, la realidad sustantiva y sustancial de la nación alemana no tiene nada que ver con la española, porque España es una nación, como Francia, Inglaterra o Portugal, que se caracteriza y se configura mucho antes. En cambio, la nación alemana es de muy reciente configuración, es una Federación de diferentes territorios. España jamás podría ser una república federal.

«No considero que Pablo Iglesias sea una persona inteligente ni formada. Lo que pasa es que es un listillo»

-En el caso de que se pudiera instaurar una democracia formal, nuestros representantes deberían estar más preparados que los de ahora, ¿no?

-Cuando existe principio representativo y libertad política, la formación del político es absolutamente indiferente. Porque la inoperancia y la corrupción del Estado de partidos, lo que tenemos hoy en día, no tiene nada que ver con la formación, sino con la obediencia ciega a la estructura del partido y al jefe del partido. Son capaces de vender a su madre únicamente por escalar en los escalafones del partido. Ahí está el ejemplo de Manuel Castells, actual ministro de Universidades. La sofocracia o la tecnocracia es otra forma de oligarquía, es un sistema tan antidemocrático como el Estado de partidos. Los candidatos del futuro sistema uninominal tienen que tener la asertividad política de conocer cuáles son los intereses de su distrito electoral y ser honestos, no corruptibles. Y eso depende de las capacidades personales de cada persona, no de la formación académica. Hace poco, una señorita, cajera de un supermercado con dos hijos, ocupó el escaño de Massachusetts por sensibilidad política, porque supo vehicular cuáles eran las necesidades de su distrito y fue elegida congresista.

-¿Habría un límite de candidatos por distrito?

-Hay distritos en Estados Unidos en los que se presentan cientos de personas como candidatos. Ahí entra la verdadera lucha política en el aspecto sustantivo del término. La gente va a elegir a la persona que sepa identificar mejor cuáles son los problemas de su distrito, que los sepa exponer mejor y que tenga un criterio crítico y analítico. Todo lo que realmente cuenta en política, aspectos intrínsecos de la naturaleza humana, y todo lo que ahora es suprimido y denostado en el Estado de partidos. Porque en España, el que entra dentro de un partido intentando ser honesto, es repudiado, despreciado y defenestrado del partido. Porque el Estado de partidos se basa en el escalafón y en atender únicamente a lo que dicta el jefe del partido.https://www.youtube.com/embed/LoUMaVeo0hA?feature=oembed

-Claro ejemplo de ello es Podemos…

-Efectivamente. Pablo Iglesias, para mantenerse en la cúspide, no ha dudado en quitarse de en medio de un plumazo a los que han sido sus amigos durante años. Porque eso no cuenta para él, solo cuenta la obediencia ciega a sus órdenes y a su manera de pensar para mantenerse en el poder. Esa es la partitocracia.

-¿Considera que el actual ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030 es un hombre formado y preparado para gobernar?

-No considero que Pablo Iglesias sea una persona inteligente ni formada. Desde aquí le reto a un debate que sé que, por su falta de valores y de conocimiento del derecho político y constitucional, jamás me aceptará. Yo he visto algunas clases que ha dado como profesor y dan risa. Lo que pasa es que es un listillo, que es muy diferente. Sabe aprovecharse de otras personas y utilizarlas en su propio beneficio.

-Hablar de Pablo nos lleva a Pedro. Usted, que es experto en Esgrima Escénica (estudió Arte Dramático), ¿le gustaría batirse en duelo con Sánchez? ¿Tampoco le duraría ni cinco minutos?

-Pues no sé cómo andará de coordinación ni físicamente cómo está, pero agilidad mental no parece tener mucha. Y eso es capital para un combate en esgrima, en política y en la vida.

-Los tentáculos del Estado de partidos llegan a todas partes. También a la Universidad, ¿verdad?

-La endogamia y el Estado de partidos han creado que la clase intelectual española ya no responda a los aspectos de mérito y capacidad, sino a los mismos aspectos de la endogamia universitaria, de los departamentos, las cátedras…https://www.youtube.com/embed/Va3ZNh6zkHE?feature=oembed

-¿Qué papel jugarían los partidos políticos en la nueva realidad que usted va a promover con esta movilización social masiva?

-Cualquiera que quiera hacer un partido, podría hacerlo, pero no podría percibir, bajo ningún concepto, ninguna subvención estatal. Porque así se garantiza que sea una asociación civil que responda a los intereses de sus militantes y el que quiera puede presentarse como candidato. Y entonces sí defenderán la ideología de su partido y no se dejarán comprar ni por el Ibex-35 ni por la banca ni por las corporaciones mercantiles. Porque la estructura que lo sostiene son sus militantes. Por eso decimos que, en la democracia formal, la libertad política es la condición sine qua non para que una persona que se considere de derechas o de izquierdas pueda llamarse a sí misma de derechas o de izquierdas. En un Estado de partidos, donde todos piensan lo mismo y son pagados por el Estado, todos son socialdemócratas.

-¿Está calando su mensaje a través de su canal de Yotube, La guarida del zorro?

-La verdad es que sí. Cuando uno le ofrece al pueblo verdades esenciales como es la libertad de toda nación a elegir a sus políticos y hacer sus propias leyes, la gente lo entiende. No tenemos que pecar de tecnócratas, de entrar en tecnicismos, que es natural que la gente desconozca, porque el ciudadano ya tiene bastante en el día a día con mantener su pareja y su trabajo. Lo que tiene que instituirse es una separación entre los poderes para que, como dijo Madison, un poder vigile a otro poder (el Gobierno al legislativo y viceversa) y usted y yo podamos dormir tranquilos.

-A nivel judicial, también habría mucho saneamiento con este sistema de democracia real…

-Por supuesto. Yo defiendo la supresión absoluta del Tribunal Constitucional y que todos los órganos judiciales se integraran en un Consejo de Justicia, donde los políticos no tuvieran ni voz ni voto. La independencia absoluta del poder judicial. Se quedaría como órgano principal el Tribunal Supremo, como sucede en Estados Unidos, donde sus miembros serían elegidos por todos los efectivos de la carrera judicial (jueces, abogados, secretarios judiciales, funcionarios, forenses…). Y el Tribunal Constitucional, que es un órgano creado para la corrupción por Napoleón, hay que suprimirlo.

La fiscal general del Estado, Dolores Delgado.

-¿Qué pasa con el politizado Ministerio Fiscal?

-Los fiscales tienen que integrarse en la carrera judicial sin ningún tipo de dependencia con el Ejecutivo. Que la policía judicial atienda únicamente a lo que le digan los jueces, no a lo que dice el Ministerio Fiscal, «que obedece órdenes del Gobierno», en palabras del propio Pedro Sánchez. Eso es un Estado parapolicial.

-¿Cuándo empieza oficialmente este movimiento social?

-Vamos a crear una asociación civil para aglutinar a todos los ciudadanos españoles en cada pueblo, en cada ciudad, en cada región, en cada vecindario, donde cada persona, independientemente de su credo, religión o ideología política, se una a sus vecinos y amigos para exigir un periodo de libertad constituyente. Porque los españoles estamos ya bastante cansados de votar a unos y a otros viendo que no sirve para nada. Hay que plantar cara de una vez a este Estado que, durante tantos años, nos está dividiendo socialmente y expoliando económicamente. Y no podemos seguir mirando hacia otro lado. Si los habitantes de la India consiguieron la independencia del Imperio Británico, esto se puede lograr seguro.

Teatro Crítico, desde la Fundación Gustavo Bueno en Oviedo(España). Comentarios críticos sobre el libro de Iván Vélez : Nuestro hombre en la CIA. Guerra fría, antifranquismo y federalismo

Primer video(de dos)
Segundo video ( de dos)

REDACCIÓN 25/04/2020 11:57

Cuenca, 25 abr (EFE).- La figura del dramaturgo Pablo Martí Zaro, su vinculación con la Fundación Juan March, y su paso “por algunos de los despachos más importantes de la guerra fría cultural”, centra la investigación del conquense Iván Vélez, publicada ahora en el libro “Nuestro hombre en la CIA. Guerra fría, antifranquismo y federalismo”.

Tras indagar varios años en los papeles de la Fundación Pablo Iglesias, y en concreto en el Fondo ‘Martí Zaro’, esas averiguaciones se recogen en un ensayo de 322 páginas, con prólogo de Gustavo Bueno, publicado por Ediciones Encuentro.

Documentos necesarios, en parte, “para entender la historia de España del último medio siglo”, y que se complementan con la información extraída de entrevistas realizadas por Vélez a Ramón Tamames, Raúl Modoro, Juan Velarde, o Enrique Múgica, este último fallecido recientemente.

En la obra, este investigador aborda cómo organizaciones estadounidenses estimularon en los años sesenta del siglo pasado una corriente antifranquista, que a la vez pretendía alejar a España de la órbita comunista.

La “ordenada y meticulosa labor” de Martí Zaro ha permitido reconstruir las actividades impulsadas entonces por el Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC), que ayudan a entender la socialdemocracia actual.

En entrevista con Efe, Vélez (Cuenca, 1972), reconoce que el Museo de Arte Abstracto Español (Fundación Juan March), creado en 1966 en las populares Casas Colgadas de la ciudad de Cuenca, es un ejemplo de cómo Estados Unidos incitó “el expresionismo abstracto” frente a “la pintura figurativa soviética”.

En el anexo documental de la publicación, Vélez apunta, entre otras cosas, que Pablo Martí Zaro (1920-2000), quien asistió al Contubernio de Múnich, recibió de la Fundación Juan March “una pensión literaria dotada con 75.000 pesetas” en 1958.

Cuenca también vio nacer a Federico Muelas (1909-1974), quien también aparece en las páginas de esta obra, que plasma además la relación entre fundaciones americanas como la Ford y el Banco Urquijo o la conexión entre CLC y la CIA.

Además, pone en el contexto de la época nombres propios como Julián Gorkin, el exalcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, el escritor José Luis Sampedro o el falangista Dionisio Ridruejo.

Este último, relata Vélez, fue protagonista de un destacado encuentro celebrado en L’Ametlla del Vallès (Barcelona), en la masía de Félix Millet, que sirvió para consolidar “un proyecto cuya meta era la España federal (…), que tenía como elementos a unas regiones en las cuales había arraigado un nacionalismo de fuerte impregnación católica”, reza el texto.

Décadas después, según Vélez, el actual sistema autonómico, “sustentado ideológicamente por colectivos como los analizados en esta obra”, ha mostrado hasta qué punto “debilitan la acción de la nación española”, como se ha podido observar en la crisis sanitaria que vivimos.

Sin embargo, para Vélez, el fuerte europeísmo de los que aparecen en sus páginas ha tenido un “rotundo éxito”, puesto que España, hasta ahora, “es el país con mayor fe europeísta”, si bien, opina, la pandemia del coronavirus “hará mella en este credo”.

A lo largo de una veintena de capítulos, titulados por ejemplo “Curas rojos, verdes dólares” o “Fastos machadianos”, aparecen multitud de documentos sobre ese mecenazgo. También nombres como el de Vicente Gállego, uno de los fundadores de la Agencia Efe, además de una batería de diarios y revistas, como Arriba, Ateneo o Triunfo. FUENTE: EFE

Entrevista (2018) a Julio Anguita, ex lider del Partido Comunista (PCE) de España y fundador de Izquierda Unida(IU).

¿Será o ha sido ya, fagocitada IU por el actual partido llamado UNIDAS-PODEMOS liderado por Pablo Iglesias? ¿ O ambas , acaso, por el PSOE?

Julio Anguita(a la izquierda en la imagen) con Felipe González, ex presidente de España y líder del PSOE

DIEM 25 y las propuestas políticas del ex ministro de Economía griego(defenestrado por la TROIKA de la UE), sobre lo que es y lo que no es y podría ser la Unión Europea y los Estados usando el euro como moneda.

Democracia ( o ¿ demofascismo disfrazado? ) sacrificada en el altar de las oligarquías cleptómanas europeas ¿Es posible tratar de detener a esta oligarquía que domina plutocráticamente la UE? Manda el dinero sobre todo lo demás , sin piedad alguna.

El ex ministro de Economía griego, Yanis Varoufakis, quien fue, como recordamos, defenestrado obligatoriamente, a causa de que sus posiciones como ministro molestaban a la TROIKA de la UE, sigue a pesar de ello, intentando formar una plataforma política para hacer cambios radicales en la forma de operar, de facto, de la UE y la TROIKA europea claramente neoliberal, con todo lo que ello implica para la mayoría de los que vivimos en la Europa del EURO. La clave está en el uso de una moneda ajena a los propios Bancos Centrales de los Estados miembros que utilizan tal moneda .

Aquí un extenso artículo de Varoufakis, que consideramos de gran interés para analizar lo que es realmente la Real Politik de la UE y sus instituciones democráticas al servicio d ellas oligarquías euro y transnacionales, que utilizan la UE para su propio beneficio, eso sí, bajo la fachada de la sacrosanta democracia, que en realidad podemos , me parece, sin error, definir más bien con el término de demofascismo.

DiEM25’s Vision of Europe for the post-Pandemic Era: Some personal thoughts

Campaigning Democratise The Euro! DiEM25 DiEM25’S Covid-19 Policy Response English Essays European CrisisEuropean New Deal EUROPEAN SPRING Politics And Economics PROGRESSIVE INTERNATIONAL Webmaster YanisVaroufakis558 Views0 Comment April 23, 2020

DiEM25 was created in February 2016 because Europe was disintegrating as a result of a pseudo-technocratic takeover of the EU that was imposing austerity everywhere in response to the financial crisis caused by the EU pseudo-technocracy’s controllers. Today, now that a mindless virus has placed European capitalism in suspended animation, it is time to re-assess our analysis and to re-purpose our policies.

Our 2016 Manifesto offered a pertinent analysis of why Europe was disintegrating, why the xenophobic Nationalist International was rising, how the nationalists and the EU technocracy were, essentially, the opposite sides of the same coin. A year or so later, to give policy substance to the Manifesto, DiEM25 put together, with the help of countless Europeans, our Green New Deal for Europe. In the May 2019 European Parliament election, along with political allies, we run in several countries promoting this Green New Deal policy agenda.

Bankers and fascists never let a ‘good’ crisis go to waste. They unite across borders and pursue their putrid agenda transnationally. This time round progressive Europeanists must not waste the opportunity to come together under a common analysis and policy agenda reflecting the new facts on the ground. The last thing we should want is a return to normality. If DiEM25 was right, there was nothing ‘normal’ about what was happening in Europe, and indeed the world, prior to Covid-19.

Just like the great wars, so too the Black Death, the Spanish Flu, all epidemics force humanity an opportunity to re-think its ways. The powers-that-be will do their utmost to force us back to business-as-usual. We must ensure they do not get their way. For two reasons: Business cannot go back to its usual ways, even if we all wanted it to. Secondly, those ‘usual ways’ were inefficient and detrimental to the interests of humanity.

Last year, in May 2019, a week or so before the European Parliament elections, DiEM25 published a delightful edited book entitled A Vision of Europe (edited beautifully by David Adler and Rosemary Blecher). A second volume is now ready since the past twelve months demanded of us to re-think our Vision of Europe, even though it was fresh of the printers.

Last week I had to write the introduction to A Vision of Europe Vol.2. It turned quickly into an exercise in re-thinking DiEM25’s manifesto and policy agenda for the post-pandemic era.

Over the next few months, DiEM25 will have to revisit its foundational texts and main policy papers. Already from last November, at our Prague get-together, we set a course toward a more radical agenda. The following thoughts are, in this context, intended to warm up this discussion both within DiEM25 and also with progressives out there interested in a dialogue on what must be done in Europe and beyond now.

“Europe will be democratised. Or it will disintegrate!”, was our prognosis in 2016. Well, Europe did not democratise its EU institutions and is now disintegrating. What should we now say and do?

The European paradox at the heart of the EU’s disintegration

A year is a long time in politics but would, ordinarily, be too short a time to make a difference to our vision of the future. Alas, last year was no ordinary year. By ensuring that the future no longer is what it used to be, the last twelve months made necessary a revised Vision of Europe. You are now, dear reader, holding the result.

In the May 2019 European Parliament elections, our Green New Deal for Europe, the Manifesto based on our Vision of Europe, was comprehensively trounced. Even though DiEM25 and our European Spring allies managed to gather one and a half million votes, we failed to elect a single MEP. Judging by that sorry result, some might plausibly say that our Vision of Europe sank like a lead balloon, at least electorally.

One explanation of our electoral failure is, indeed, this: Our analysis and policies were poor or at odds with Europe’s electorates. However, there is a second explanation: Even though many Europeans are ready to adopt DiEM25’s analysis and to support our policy agenda, Europe’s politics reproduces the dominance of unpopular institutions and the power of its functionaries. Judging by the evolution of conventional wisdom, especially among younger Europeans, this second explanation seems quite plausible. Indeed, since our electoral defeat in Germany, France etc., both the analysis in the Vision of Europe and the policies in DiEM25’s Green New Deal for Europe have gained incredible traction.

This paradox lies at the heart of Europe’s disintegration; a process that began in 2010 with the euro crisis, accelerated in 2015 with the crushing of the Greek Spring, gathered pace with Brexit’s triumphs in 2016 and 2019 and was turbocharged in 2020 by Covid-19 and the European Union’s pathetic response to the pandemic. The structure of the paradox is easy to dissect.

On the one hand, there is the widespread consensus that the European Union’s monetary and economic union is not merely flawed but the source of unnecessary recessions, environmental degradation, and avoidable pain for a majority of Europeans. On the other hand, Europe’s politics guarantee that this consensus is paid lip service by the dominant political forces while being kept brutally and ruthlessly away from Europe’s decision-making centres.

DiEM25’s Manifesto, our Green New Deal for Europe and, yes, the first volume of A Vision of Europe acknowledged this paradox as well as its capacity to undermine the European Union and progressive, radical Europeanism more broadly. However, I believe now that our language, our texts and the way we phrased our campaign speeches were far too timid. It was simply not enough to say “Europe will either be democratised or it will disintegrate”. Though correct as a prediction, our political campaign needed something more powerful than a prediction: It needed a more radical statement of what was happening and what we should be about.

What we are really up against

VAROUFAKIS, EN 2016: LA DEMOCRACIA SERÁ DEVORADA POR EL CAPITALISMO

Re-reading A Vision of Europe recently, I realised that it was missing something crucial: A class analysis of the true reasons Europe’s establishment are turning down sensible, moderate policies and institutional changes that would be mutually advantageous across Europe.

If I am right that DiEM25’s Green New Deal for Europe, including its smart public debt and investment financing technical proposals, would lift all boats at once (German and Italian, Dutch and Greek) why were the German and Dutch governments so hostile to the idea?

A Vision of Europe did not answer the question, leaving it to the reader mistakenly to think that either we are wrong or that the political agents of the northern establishment are inane. Neither is true. Our analysis is correct and the northern establishment is pursuing its self-interest smartly. Can it be so? How?

The events of 2020 settled this question. For example, it is clear that even the most hard-nosed fiscal conservative living in Northern Europe can see that, in the face of a gigantic recession caused by the pandemic, leaving each member-state to fend for itself will lead, sooner or later, to the euro’s disintegration. They are certainly smart enough to recognise that, given Italy’s state of affairs, forcing Rome to borrow billions at a time of collapsing national incomes will lead to default and exit from the eurozone with a very high probability. Or, that it will, alternatively, cause such a depression that a neofascist government will rise up to do what the recession failed: Bring on a fatal clash between Rome and Brussels.

But, if I am right, why has the EU establishment killed off the only alternative to crippling increases in national debt; i.e. Eurobonds? Why have they ignored DiEM25’s technically astute proposal for a European Central Bank bond issue, an ECB-bond, of thirty-years maturity by which to raise €1 trillion in order to absorb the catastrophic rise in national debt that will, inevitably, cause Italy’s default, then Spain’s, eventually France’s etc.?

Given that the establishment running the EU knows full well that Italy and the rest of Europe’s South are great contributors to the surpluses of the North (e.g. by keeping down their exchange rate and the interest rates of their Treasuries below zero), why are they taking great risks with the euro’s disintegration? Why are they not using the pandemic as an opportunity to solidify the North’s advantages from Europe’s monetary union by embracing DiEM25’s proposals both for an ECB-bond and a large pan-European investment drive financed by an alliance of the European Investment Bank (EIB) and the ECB? Who would benefit more from such an investment program than, say, Siemens and Volkswagen?

The answer that A Vision of Europe Vol. 1 lacked begins with a realisation: Yes, the politicians representing the oligarchy-without-frontiers recognise all of the above as well as you and I, dear reader. But they also see something that most progressives don’t: That the architecture of the eurozone is unique in the history of capitalism in the way it has empowered the oligarchy that those politicians represent.

Having created a gargantuan central bank without a state to control or to support it, nineteen states (those using the euro) have been left without a central bank to support them directly. Once bereft of the power to control money and interest rates, soon these states hit the limits of their spending. Once on the fiscal ropes, no government, independently of its political and ideological colours, can do much in the sphere of income and wealth re-distribution.

Having removed control of money and interest rates from the states, the designers of the eurozone did something that had never been accomplished before: They robbed every democratically elected Prime Minister or President of the instruments by which to transfer significant amounts of wealth from the rich to the poor who constitute the majority – or, in Aristotle’s definition, the Demos. In short, they surreptitiously took the Demos out of European Democracy. Whether they did this intentionally or not is neither here nor there.

The only fact that matters is that, with the creation of the euro, democratically elected governments could no longer shift large quantities of value from the oligarchy to the majority. Future economic historians will surely mark this as a momentous development.

Compare and contrast the German Chancellor with the Prime Minister of the UK. Even though Germany is far richer, its trade surplus is enormous, and the country is better run than the UK, the German Chancellor, even if she wanted to, could not shift large amounts of income and wealth from rich to poor Germans. Why? Because she is constrained not to run large deficits and has no control of the central bank. In contrast, the UK’s Prime Minister, backed by the Bank of England, can run large deficits in pursuit of public investment or even simply to transfer large amounts of wealth to poorer residents, e.g., in Northern England.

We are now ready to see what we are up against. Yes, the EU oligarchy can see that the implementation of our Green New Deal for Europe would do wonders to end the euro crisis that began in 2009 and which turned ballistic, courtesy of Covid-19, in 2020. They can see as well as you and I, dear reader, that their profits would rise, not fall, as a result. However, they also realise that DiEM25’s policy proposals usher in new instruments, like ECB-bonds and a Green Investment Fund empowered by an EIB-ECB alliance.

These new instruments will, surreptitiously, re-enable elected politicians in Germany, in France, in Italy etc. to re-distribute large chunks of income and wealth from the European oligarchy to poorer people living both in Europe’s North and South. Is it not understandable that this is not something the oligarchy will consent to lightly?

In summary, A Vision of Europe erred in not explaining to the reader two key points: First, that our proposed policies for transforming Europe are policies that even the oligarchs see as mutually beneficial for Europeans in Central, Northern, Southern and Eastern Europe. Secondly, they don’t care. Understandably!

Indeed, the oligarchy-without-borders fears European disintegration far less than they fear the instruments of public finance that we propose because of their potential to re-distribute some of their ill-gotten wealth. They are, thus, prepared to push Europe to the brink rather than allow these instruments to be forged.

Why not just accept that this EU must end?

We are faced by an EU oligarchy willing and able to push the EU to the brink rather than acquiesce to financial instruments that democratically elected governments can use against them and in the interests of a majority of Europeans in every EU member-state. A Vision of Europe failed sufficiently to stress this reality, letting readers surrender to the mistaken belief that our task was one of persuasion. How can you persuade all-powerful people already convinced by, but wholly uninterested in, your argument?

No, our task was never to persuade the powers-that-be. It was to confront them. No, our task was never to reform the EU by winning arguments in the Eurogroup or the European Council. It was to transform the EU through fierce confrontation taking the form of, what at DiEM25 we refer to as, Constructive Disobedience: Constructive proposals like our Green New Deal for Europe coupled with a readiness to say NO, to disobey, until the cows come home.

Lexiteer friends, leftists who have given up on the EU long ago and campaigned in favour of existing the EU, have been admonishing us for the ‘constructive’ part of our Constructive Disobedience and our refusal to campaign for exiting the EU. “Why make pie-in-the-sky proposals that the EU establishment will never consider?”, they ask us. “Why maintain the false hope that this EU can be transformed?”, they continue. “Why not do the honest thing and campaign to bring our countries out of this toxic EU?”, they conclude. Our answers were, and remain, solid for at least three reasons:

  1. Any campaign to exit the EU, even if it is meant for good progressive reasons, will alienate middle-of-the-road, relatively apolitical, Europeans that progressives must attract. They will ask: “Won’t the dissolution of the EU, however terrible the EU might be, come at a huge cost for common people?” “Won’t the end of the EU boost nationalism thus jeopardising peaceful coexistence on our Continent?” The only honest answers to both questions are affirmative.
  2. Any campaign to exit the EU will devastate activists in Germany and other surplus countries where the conservative establishment is unassailable. I recall happily the excited faces of audiences of young activists in Hanover or Hamburg every time I recite DiEM25’s call to unity across the continent, not as Germans or as Greeks, but as progressive Europeans forming a transnational movement aiming at a transnational European Demos that will eventually construct a genuine European Democracy. Do you know, dear reader, what these same young Germans would feel if the message was “To hell with the EU, let’s all go back to our nation-states and collaborate via our governments”? Let me tell you how they would feel: Devastated! They would immediately think to themselves: “We are alone. Us and the ironclad German oligarchy!” No, this is not something I would ever do. The call for a transnational movement to build a transnational European Democracy was right and, given the existence of this EU, uniquely consistent with progressive politics.
  3. Any campaign to exit the EU, even if motivated by a left-wing agenda, will only be appended by the Nationalist International which will lose no time weaponising the tumult caused by the EU’s rupture to build tall walls, to demonise foreigners, to turn European peoples and communities against one another, and to reinforce the alliance between an increasingly authoritarian state and an unfettered oligarchic corporate cartel.

DiEM25 was, for the three reasons above, right to reject the Lexiteers’ strategy of calling for a campaign to disintegrate the EU via Brexit, Grexit, Italexit, Fraxit etc.

Moreover, DiEM25 was not at all naïve to put forward a Vision of Europe that begins with specific policy recommendations for the short and medium term – our Green New Deal for Europe which provides a sensible, moderate blueprint that could, tomorrow morning, and under the current EU rules, cure all sorts of ills: the public and private debt crisis, how to fund the Green Transition, a job’s guarantee scheme to end precarity, a universal basic dividend to deal with inequality and automation etc.

No, DiEM25 did not naïvely think that the EU establishment would be so impressed by our Green New Deal for Europe that they would begin to implement it under the pressure of its logic. We knew full well that they would rather blow up the Continent than allow its implementation. So why promote it as an EU-healer when we knew that those in control of the EU would prefer the EU’s disintegration to our policies’ implementation? The answer is: Because it is the only way to win the hearts and minds of a majority of Europeans.

Let’s be clear on this: There are two types of Europeans. A large minority ready do become convinced that this EU must end, people we are bound to lose to the Matteo Salvinis and Boris Johnsons of Europe. And a majority comprising people who know that there is something rotten in the EU but who, also, roll their eyes when hearing progressives repeat empty slogans such as ‘Another Europe is Possible’, especially when we tell them that this ‘Other Europe’ will come only if we end the existing EU. If we tell them “this EU must end” all we achieve is to make them feel oddly sympathetic to the EU functionaries. To abandon their apathy and to withdraw their tacit consent to the EU establishment’s ways, they need first to experience rational rage against the EU establishment.

How do we instil rational rage in the majority’s souls and minds against the EU establishment? First, we need to answer their legitimate question: “Precisely how could things be done differently within the existing institutional framework?” If we do not provide them with a definitive, convincing answer, we shall lose them either to the racist Nationalist International or to the illiberal establishment. In particular, telling them that nothing good can happen within this EU is the death knell of every progressive political force. Euro-TINA (the doctrine that there is no alternative within this EU) is a right-wing, reactionary mantra that DiEM25 sensible rejected from Day 1; that is, on the 9th of February 2016 when we founded our transnational movement, the first ever, in Berlin.

DiEM25’s analysis was right: The only way to generate rational rage amongst Europeans is to demonstrate to them how easy it is to end every single crisis destroying the life prospects of most Europeans. To show them how much good could be done to so many even within the awful rules and Treaties of the EU. Once they see that, they will automatically ask the pertinent question: “If all that good could be done today, why are those in power not doing it?” Since the only answer is that the authorities are in the pockets of an oligarchy ready and willing to destroy not only their lives but the EU as well, helping them ask this question is the first step to making possible generalised civil disobedience to the EU’s rulers. That’s the essence of DiEM25’s Constructive Disobedience: Demonstrate what could be done and let even the politically apathetic feel rational rage that it is not being done.

In conclusion, DiEM25 rejected, and continues to reject, Lexit because there is no point in campaigning for the end of the EU. Progressives, we believe, must take a leaf out of the EU oligarchy’s manual. Look at the oligarchy’s political agents: They wrap themselves up in the EU flag pretending to be Europeanists so as to exploit the gut feeling of most Europeans that the EU’s disintegration will cost common folk dearly and, also, help hatch the serpent’s egg in every country. But, at the same time, they are ready and willing to destroy the EU to serve their interests. We should do something very similar on behalf of the suffering many.

What should we do? Like the oligarchy, we must remain tuned to the prescient gut feeling of most Europeans that ending the EU will inflict most costs upon the weakest while, at the same time, strengthening only the neofascists. This rules out a Lexit campaign. However, like the oligarchy, we must be prepared to take the EU to the brink in pursuit of the minimum policies that are necessary to serve the interests of the many against those of the oligarchy. To put it bluntly, just like the Dutch and German finance ministers, we must be prepared to blow up the EU in order to protect the interests of our people; i.e. the vast majority of Europeans.

Re-reading A Vision of Europe, my self-criticism is that we put too much emphasis on the ‘constructive’ part of Constructive Disobedience and not enough on the ‘disobedient’ part – and the necessity of contemplating, and even planning for, the EU’s ending.

The obvious case-study: Brexit

Covid-19 hit hardest people living in countries, like Italy and Spain, with the least capacity to spend the monies necessary to save lives and jobs. Faced with the EU’s determination to insist on lending the victims money, with interest, instead of accepting the logic of fiscal union as a prerequisite for a stable and civilised monetary union, I wrote in The Guardian the following:

“The message today to Italians, Spaniards, Greeks etc. is: Your government can borrow large amounts from Europe’s bailout fund. No conditions. You will also receive help to pay for unemployment benefits from countries where employment holds up better. But, within a year or two, as your economies are recovering, huge new austerity will be demanded to bring your government’s finances back into line, including the repayment of the monies spent on your unemployment benefits. This is equivalent to helping the fallen get up but striking them over the head as they begin to rise.”

On 25th March 2020, Ambrose Evans-Pritchard reported in The Telegraph on a conversation we had thus:

“The Greek socialist said he had always tried to keep the European faith – even in his worst clashes with Brussels – but has finally given up. “I don’t think the EU is capable of doing anything to us other than harm. I opposed Brexit but I have now reached the conclusion that the British did the right thing, even if they did it for the wrong reason,” he said.”

Those were, I can confirm, my words. Interestingly, they impressed immensely many Brexiteers who welcomed my ‘conversion’. Some Lexiteers went further by mixing approval of my ‘new’ stance with scorn that it took me too long, that when I was finance minister I had not enacted Grexit, that DiEM25 had wasted energy by sticking to a Remain-and-Reform agenda.

Did I have a Road-to-Damascus moment after the EU’s Covid-19 moment? No, I did not. For decades I have admonished the EU with strong arguments exposing its vicious misanthropy. Since the euro crisis began, I spoke of its ‘fiscal waterboarding’ practices (that were recently referred to as ‘torture devices’ even by Heiko Mass, the current German Foreign Minister). I even referred to Brussels as a democracy-free zone. So, telling Evans-Pritchard that the EU is only capable of dishing out pain to our people was nothing new.

What was new was my assessment that, in the end, by opting for Brexit Britons made the right choice for the wrong reasons. This is a statement that requires some unpacking if only because it has an important bearing on, at least, my vision of Europe.

First, let me explain why I said that Britons were, in the end, right to get out of the EU. The eurozone is often described as a union within a union, or a club within a club. While this description is formally correct, it fails to capture the centrifugal forces that the euro’s creation unleashed. Once the single currency was created, in the designed absence of common debt instruments and a common banking system, the EU train was put on a track leading inexorably to a junction. There, it could turn sharply toward unification or continue on the same route until, running out of track, it disintegrated. That junction was reached with the euro crisis but the EU establishment, for reasons explained earlier, are resisting unification – thus forcing the EU off its rails. Under these circumstances, it is not wrong for the people of Britain to bail out of this slow-motion train wreck.

Secondly, why did I say, seemingly condescendingly, that the British got out for the wrong reasons? That should be obvious to progressives: The lies about the billions of pounds that would be saved and re-channelled to the National Health Service; the demonisation of EU migrants as having been the cause of stressed social services (when it was all down to Tory austerity); the jingoistic projections of a liberated free-market Britain sailing the oceans of enterprise and re-constituting its Empire; the role of dark networks of disinformation targeting those vulnerable to hate speech.

Thirdly, and most importantly: Have I regretted that DiEM25, and me personally, campaigned against Brexit? No, I have not. Anyone who witnessed our 2016 campaign will realise that it was two-pronged: Against Brexiteers who were blowing, willingly or unwillingly, fresh wind into the sails of nationalism. And, with equal ferocity, against Remainers who were portraying the EU as the best thing since sliced bread.

As for the charge of my British Lexiteer friends that, when I was Greece’s finance minister, I was not prepared to pull the trigger and exit the eurozone, this is simply a lie. I was prepared and I would have done it, if my own government had not buckled. Indeed, the reason I was so hated by the EU establishment was that I was not a Lexiteer but that would not (and the troika knew this well) stop me from pulling the trigger and issuing a new drachma. Had I been a Lexiteer, they would have not minded me, since the majority of Greeks would not have followed me. What made 2015 a moment when the EU establishment feared for its dominance, even only for a few short months, was that they were facing a Europeanist foe ready and willing to do as they did: To take matters to the brink by being ready even to blow up the euro, the EU itself, rather than betray the interests of his people (i.e. the majority of Europeans, not just of Greeks).

Our Vision of Europe demands new radicalism, new alliances, new ruptures

Our constantly evolving Green New Deal for Europe is crucial. But it is not enough. Covid-19 has created new facts on the ground. The sums our Green New Deal proposed for funding the Green Transition (€500 billion annually) were ridiculed in 2019 but, today, appear utterly understated.

Capitalism has been, temporarily, suspended. Our Vision of Europe can no longer rely only on the constructive proposals that are the ‘constructive’ part of our Constructive Disobedience strategy. This is the time to envision a Post-capitalist Europe. In this context, the Green New Deal must be recognised as the first stepping stone to a vastly different future. We must now inspire people with a vision of what follows both capitalism and our Green New Deal. What should that Vision be? Here are some ideas: An economic democracy where companies are ran on a one-person-one-non-tradeable-share-one-vote principle; where there are no private banks but, instead, the central bank provides free digital accounts to every citizen; a society that grants a trust fund to every baby born.

Turning to alliances, the original Vision of Europe got it right when warning xenophobes and crypto-fascists that we shall fight them everywhere. But it was remiss when it failed to warn the remnants of what was once social democracy that we shall treat them too as toxic agents of a recalcitrant establishment. Let’s be clear on this: The social democratic establishment forces have done the most damage to the progressive cause in Europe.

Who gave the EU’s oligarchy the greatest effective support and legitimacy over the past decade? No, it was not the conservative parties. It was the German and Austrian SPDs, the Socialists in France, the Democratic Party in Italy, Greece’s PASOK and SYRIZA parties that signed up to every piece of troika nastiness, the new socialist Eurogroup President from Portugal etc. etc. While many progressive people are still entangled in the poisonous web of those parties, and need to be rescued, our Vision of Europe will only stand a chance if DiEM25 has nothing to do with their leadership.

In contrast, the rift between us, DiEM25, and Lexiteers must now end. We must agree to disagree on whether the right tactic is to demand an exit from the EU or, as DiEM25 believes, to continue to envision a democratic union. But we must move beyond this disagreement and plan ahead for an internationalist, post-capitalist Europe. DiEM25 is about bringing European progressives together independently of the EU. Europe, we must scream from the rooftops, is NOT the EU. Like bankers and fascists unite across EU and non-EU borders, so should we.

Finally, to make our Vision of Europe consistent with our internationalism, we need to embed it within the Vision for the World – exactly as DiEM25 is currently struggling to do by building the Progressive International together with wonderful progressives from all over the planet.

There is no doubt that to make any of this remotely feasible there is a lot of work to be done. Work that is physically exhausting, mentally gruelling, emotionally destructive. But work that, nevertheless, we can’t even imagine giving up on. The best way to carry on is to take breaks during which to develop further our Vision of Europe, our Vision of the World.

ESTE BREVE VIDEO PUEDE AYUDAR A ABRIR LOS OJOS ANTE LOS PLANES DE CHAVIZACION DE ESPAÑA ¿Dictadura del proletariado en España?NO. Es El demofascismo a la Unidas -Podemos del líder comunistoide Pablo Iglesias, vicepresidente primero del Gobierno español, producto de la cohabitación PSOE( Pedro Sánchez) y Podemos(Iglesias)

“Cuando un actor engaña hace su trabajo, cuando un político engaña, lo que hace es traicionar a su país”. (Un análisis de la situación actual de España frente a los secesionistas , por Pablo Huerga Melcón)

PABLO HUERGA MELCÓN 
04/09/2017 05:00 H

FUENTE https://www.lavozdeasturias.es/noticia/opinion/2017/09/04/tomo-partido/00031504476200501607692.htm?fbclid=IwAR3ssADrOJMbw-HdZJsuPFnBDL0ppFPv-M_GYGKNlN1LhBtNsaSiBulsZak

Retórica en la Política: es una actividad llena de riesgos, muchas veces graves y de nefastas consecuencias. Especialmente si va unida a la ruindad política, y a la vileza ético-política.

YO TOMO PARTIDO

Quiero referir aquí algunas ideas que han surgido en una conversación entre amigos, preocupados abiertamente por el problema de España, en relación con el asunto de Cataluña, por su pudiera resultar de interés. Aunque han surgido espontáneamente, creo que son cuestiones que merece la pena tener en cuenta.

¿Por qué la defensa del Estado ha pasado a ser materia política sólo de los partidos de derechas en España? Los partidos tradicionalmente definidos como pertenecientes a las corrientes ideológicas consideradas de izquierda han renunciado a España. Es cierto que, como advierte Bueno en su libro El mito de la izquierda, no todas las ideologías de izquierda son iguales. Admitamos que en la izquierda cabe distinguir al menos dos grandes corrientes con respecto a la propia idea de Estado: las que llama Bueno definidas, y las que llama indefinidas. Indefinidas son aquellas corrientes ideológicas de izquierda que gestionan sus ideales al margen del estado, e incluso contra el estado, como el Anarquismo. Podemos e Izquierda Unida practican ideales que les mantienen siempre en una posición ética que les induce a considerar al estado como algo accesorio, o incluso necesariamente represivo. El PCE, desde luego, al alimentarse de la ideología marxista podría situarse en esta línea, toda vez que el marxismo aspira a la abolición de todo estado. Pero la práctica comunista está matizada por el ejemplo soviético del llamado «socialismo en un solo país», tal y como quedó definido por el estalinismo. Precisamente por eso las izquierdas marxistas trotskistas siguen siendo izquierdas indefinidas, y por lo tanto, resulta de todo punto imposible en ese ambiente encontrar una clara posición patriótica. En estas corrientes de izquierda indefinida, incluso marxista, la concepción de la historia como lucha de clases ha hecho muy difícil contemplar la evidencia de que la lucha de clases sólo puede tener lugar en el entorno del estado, y sólo en él es posible el ejercicio de la emancipación de la clase trabajadora. Sin embargo, el día 12 de mayo de 1941 escribía Dimitrov: «Entre el nacionalismo correctamente entendido y el internacionalismo proletario no existe y no puede existir contradicción alguna. El cosmopolitismo sin patria, que niega el sentimiento nacional y la idea de patria, no tiene nada en común con el internacionalismo proletario». Claro que citar a Stalin es un anatema. No obstante, es necesario reconocer que entre los partidos de izquierda españoles ha sido el PSOE el que ha mantenido una posición definida, lo que explicaría, quizás, más allá del oportunismo estratégico, su renuncia al marxismo como doctrina ideológica nuclear.

El estado moderno es el instrumento que permite la redistribución de la riqueza, la justicia social y la igualdad de oportunidades. Pero todo estado está en dialéctica con otros, y en ese conflicto entre estados se configuran los verdaderos problemas de la libertad, la justicia, la igualdad, etc., porque no todos los estados tienen la misma fortaleza. La fortaleza de cada estado depende fundamentalmente de la organización de lo que llama Bueno la capa basal, es decir, el entramado técnico y productivo que conforma la vida de una sociedad. La capa basal de cada estado es diferente y está definida por el territorio y su organización productiva, también por el idioma, y todos aquellos elementos culturales objetivos e intersubjetivos que conforman la conciencia, etc. (Por supuesto, la capa cortical que conforma las fronteras y los ejércitos determina también la fortaleza de cada estado, así como la organización social, lo que Bueno llama la capa conjuntiva.) La fortaleza de un estado garantiza la libertad de los individuos que lo conforman, con respecto a la fortaleza de otros estados con los que está en permanente conflicto. El territorio y su conformación productiva es fundamental para el ejercicio de la justicia social y la redistribución de la riqueza.

Pero la capa basal no se desarrolla de modo uniforme, porque está determinada por el estado de desarrollo de las técnicas y las ciencias de cada época, por el desarrollo de los medios de producción. Por ello, en cada territorio se producen por así decir, focos de desarrollo que son fundamentales para el conjunto y cuya riqueza, por la solidaridad que los mantiene unidos frente a otros estados, se redistribuye y acrecienta. Ocurre que, en España, Cataluña ha sido uno de esos territorios, no el único afortunadamente, que ha recibido toda la fuerza del estado para acrecentar su capacidad productiva: medios de producción y fuerzas productivas, porque ha sido enriquecida con el trabajo de miles de hijos de España que dejaron allí su vida, sus capacidades, sus esfuerzos, su trabajo durante décadas, como ha ocurrido también en otras regiones.

Pero ocurre siempre y eso no es nuevo, que algunos políticos e ideólogos, bajo determinadas condiciones, haciendo ejercicio de un idealismo simplista, pueden comenzar a considerar que el mayor despliegue económico y productivo de algunas de estas regiones es fruto de su propio ser, de su idiosincrasia particular, -incluso de sus genes, ha dicho algún político nefasto. No cabe duda de que este idealismo es expresión de una posición de estirpe fascista que niega la evidencia de que su éxito procede de la contribución del conjunto de la sociedad y debe ser precisamente aprovechado para el conjunto de la sociedad. Se trata de una ideología típica procedente de la clase dominante, en este caso, de esta región determinada. El estado, un estado social, debe ejercer la fortaleza que le otorga su carácter solidario y redistributivo, su función como instrumento de la justicia distributiva, para socavar, y aplacar lo antes posible estas actitudes insolidaridas con el resto de la nación, después de haberse beneficiado del esfuerzo común.

Tradicionalmente habrían de ser los partidos políticos de izquierda quienes se encargasen de defender y sostener el estado como instrumento de la justicia social, para mitigar y afrontar la inevitable lucha de clases dada en su seno. Sin embargo, no entienden que la dialéctica entre la ideología nacionalista esgrimida por el gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña y España es precisamente expresión de esa misma lucha de clases, en la cual una élite política, amparada por el abuso sistemático de sus propias atribuciones de autogobierno, pretende adueñarse y apropiarse de una parte sustantiva del entramado productivo de la capa basal de España, ¡pero también de parte de su territorio y, lo que es peor, de parte de su población!, contraviniendo el principio de redistribución de la riqueza y la justicia social.

Aparentemente es un conflicto de tipo político e ideológico basado en la idea espuria del sentimiento nacional alimentado por criterios racistas y xenófobos, que ha sido promocionado por los medios a su disposición, entre ellos la escuela pública estatal «nacionalizada» al servicio de sus intereses, y los medios de comunicación. Pero en realidad se trata de una expresión particular de la lucha de clases que se lidia en el seno de España, entre una élite económica y política que pretende adueñarse de parte de la riqueza nacional ubicada por razones históricas y productivas en esa parte del territorio español y el resto de la nación española que ha contribuido a esa riqueza y desarrollo con el fin de promocionar y mejorar la vida de todos los españoles. Esa lucha de clases tiene consecuencias nefastas tanto para la región de Cataluña como para el resto de España, porque en caso de dar lugar a la separación en dos países, habríamos perdido en fortaleza ambos, y por tanto también en libertad, y en justicia social.

La pregunta siguiente es a quién podría beneficiar semejante secesión. Sin duda, a esas mismas élites económicas y políticas que lo han promocionado en Cataluña, a nadie más. Ningún otro español se beneficiará de esa secesión. Sin embargo, fuera del territorio español, claramente, y teniendo en cuenta que España es una nación en conflicto con otras, y que esa dialéctica de estados es la que regula las relaciones internacionales, sólo podría beneficiar a aquellos países con respecto a los cuales España puede ser un difícil contrincante, o un contrincante con el que hay que andarse con ciertas prevenciones y respeto. ¿Qué países podrían estar detrás del secesionismo catalán? -no lo sabemos, y por supuesto no lo sabrán todos aquellos que verdaderamente, y de modo incauto, dan su apoyo sin reservas a esta traición, por las calles y las plazas, pero desde luego sí lo sabrán aquellos que gobiernan actualmente en Cataluña. Por tanto, no cabe duda: el Gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña está traicionando a la patria, como ya lo denunció el presidente de la II República, Don Juan Negrín, cuando en medio de la Guerra Civil se encontraron con el mismo problema. No hay otro modo de definirlo.

Pero también pueden ser cómplices aquellos que lo apoyan o lo animan, aunque sea por razones humanitarias, por un cosmopolitismo indefinido, mientras que los valores básicos de la clase obrera: un trabajo digno y asegurado, adecuado a la profesión de cada cual, la vivienda, la asistencia médica, la educación y la instrucción de los hijos, la seguridad personal, las pensiones de vejez e invalidez, los ideales básicos que alimentaron los proyectos socialistas, que requieren de un estado fuerte y solvente, se dejan en un segundo plano.

¿Qué deberían hacer los partidos políticos de izquierda en España en este momento, ante el problema generado ideológicamente por el nacionalismo, pero materialmente por la lucha de clases? Utilizar toda la fuerza del estado para reducir esa traición. Unirse contra el enemigo de clase, por la justicia social. Reducirlos y desarmarlos y eliminar los instrumentos políticos que han estado utilizando para la traición, entre ellos, eliminar las competencias educativas, reconduciendo la enseñanza hacia un modelo emancipador, socialista y universal. Si los partidos de izquierda no lo hacen, y la secesión y la traición se consuma, en esa dialéctica de clases habrá vuelto a perder la clase trabajadora. El partido hegemónico de la izquierda en España actualmente, el PSOE, es sin duda quien más responsabilidad tiene en este asunto y en su conciencia política deberá recaer toda la responsabilidad que le corresponde por no haber asumido de un modo claro y distinto su papel histórico en este momento, enfangado como está en luchas intestinas absurdas.

Decía Platón en el Gorgias que la retórica es solamente una forma de adulación. Los políticos españoles han practicado la adulación en todos los ámbitos de la acción política, siempre con nefastos resultados. Cuando el discurso es verdadero no tiene por qué adular, puede incluso doler, molestar, incordiar. Cuando un actor engaña hace su trabajo, cuando un político engaña, lo que hace es traicionar a su país. El PSOE ha intentado salirse por la tangente del problema aduciendo la absurda fórmula de «nación de naciones», una majadería que no sirve para nada, que nadie entiende y a nadie le importa. Sólo muestra inmadurez, y falta de responsabilidad. Saben perfectamente que el problema de Cataluña no se resuelve con circunloquios. Saben que deben pactar con el PP y con Ciudadanos y ser firmes, aunque resulte ser una paradoja. En gran medida, podemos decir que la clave para resolver el problema de Cataluña está hoy en manos del PSOE. Sólo este partido tiene por un lado la perspectiva histórica referida a España, y por otro lado, la capacidad de determinar cambios políticos serios en España, no en la dirección de atender las pasiones emocionales alimentadas por los medios, sino los principios básicos de una vida digna y sin complejos.