David Alvargonzález, Biólogo y filósofo, profesor de la Universidad de Oviedo y autor de varios libros y artículos, nos ofrece este riquísimo artículo sobre un tema CLAVE del sistema del Materialismo Filosófico, aunque agrega algunas cuestiones , con el fin de delimitar con mayor precisión cualquier posible resquicio que algunos estudiosos del Materialismo Filosófico, o público interesado en la Teoría de la Ciencia(Teoría del Cierre Categoral) pudieran considerar de su interés y del interesara los estudios de las Ciencias y de la Filosofía Materialista


La idea de cierre categorial. Intervención en Santo Domingo de la Calzada el día 15 de marzo de 2019 con motivo de la presentación del número 175 de la revista 
Berceo dedicada a Gustavo Bueno

AUTOR: David Alvargonzález

Introducción

En esta exposición voy a intentar presentar la idea de cierre categorial del filósofo Gustavo Bueno (1924.2016). Para ello voy a explicar brevemente cuáles son los contenidos centrales de esa teoría y, a continuación, reivindicaré la importancia que puede tener para cualquier filosofía del presente. Gustavo Bueno es un filósofo español que tiene decenas de miles de seguidores en Internet y que, en Google Académico, tiene un valor treinta para el índice h. La teoría del cierre categorial es una de las partes más originales y nucleares de la filosofía de Bueno, y es de esperar que la importancia de esta teoría vaya en aumento, aunque solo sea a efectos polémicos, porque la idea de ciencia es relevante para cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, como voy a tratar de mostrar. La teoría del cierre categorial es una rectificación de la teoría de las categorías de Aristóteles y supone establecer una conexión interna entre la ontología y la filosofía de la ciencia, entre las categorías ontológicas y los campos de las ciencias.

Es una idea temprana y nuclear de la filosofía de Bueno, pero también de cualquier filosofía del presente que se precie ya que es una idea que tiene que ver con la verdad científica: es un intento de determinar qué es la verdad científica, en qué se diferencia la verdad científica de las verdades del sentido común, y qué es una ciencia. Este es un asunto central desde el origen de la filosofía, pues ya Platón y Aristóteles estaban discutiendo, precisamente, qué era la geometría. En la época moderna también se discutió profusamente acerca de lo que es una ciencia, y se sigue discutiendo en la actualidad. Las verdades científicas son el tipo de verdades más sólidas que tenemos, y sobre las que hay que construir cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, ya que es imposible hacer un sistema filosófico de espaldas a las verdades científicas. Por eso, hace falta tener un criterio muy sólido y muy discriminativo para saber qué son las verdades científicas porque los científicos, cuando hablan y escriben, lo hacen muchas veces en calidad de ciudadanos y es relevante poder distinguir cuándo están hablando como ciudadanos, o como literatos, o como filósofos espontáneos, y cuándo están hablando como científicos de cosas que son auténticas verdades científicas. La teoría del cierre categorial es la filosofía de la ciencia asociada a una ontología hiperrealista, materialista. Esto es una novedad dado que los filósofos materialistas del siglo XIX y XX no llegaron a desarrollar una filosofía de la ciencia específica, sino que se contentaron con seguir a grandes rasgos la filosofía de la ciencia del positivismo.

Gustavo Bueno expuso su teoría en un tratado en cinco volúmenes con más de mil cuatrocientas páginas, y siguiendo la teoría del cierre categorial se han realizado más de una docena de tesis doctorales monográficas (Lafuente 1973, Fernández, T.R. 1980, López 1983, Fuentes 1985, Alvargonzález 1989a, Hidalgo, 1990, Iglesias 1992, Fernández Treseguerres1993, Baños 1993, Fernández, S. 1995, Huerga 1997, Álvarez 2002, Madrid 2009, Barbado 2015).

La idea de cierre operatorio

La idea de cierre categorial tiene dos partes, la idea de cierre operatorio y la idea de categoría. Por lo que hace a la idea de cierre, todo el mundo tiene un conocimiento práctico de lo que es cerrar una puerta, todo el mundo conoce el concepto técnico de cerrar algo. Un concepto más específico es el concepto algebraico de cierre operatorio: en álgebra, una operación es cerrada cuando, dados dos términos de un conjunto, los operamos, y el término resultante pertenece al mismo conjunto. Por ejemplo, si tomamos los números naturales y aplicamos la suma, los resultados son siempre otros números naturales: esa es una operación cerrada. La operación no cerrada es cuando, dados dos números naturales, por ejemplo, el uno y el tres, los dividimos y obtenemos un tercio que ya no es un número natural. Esta es la idea de cierre operatorio, es decir, dos términos de un conjunto que operados dan elementos del mismo conjunto. Gustavo Bueno tomó está idea y la amplió, aplicándola no solamente a las ciencias formales, a las matemáticas, o al álgebra, sino a todas las ciencias. Si cogemos dos compuestos químicos y los operamos, nos resulta otro compuesto químico, no resulta una célula o un elefante, ya que esos son términos del campo de la biología. Si operamos con términos del campo de la química obtenemos términos del campo de la química y, sin embargo, si cogemos dos organismos biológicos y los cruzamos pues aparece otro organismo biológico, no nos da como resultado, digamos, ácido sulfúrico. Esa es la idea de cierre operatorio: cuando estamos en un campo y operamos dentro de ese campo, obtenemos nuevos términos de ese mismo campo. De este modo, a través del propio proceso de las operaciones, el campo se va ordenando y se va cerrando espontáneamente (cuando esto ocurre). 

Las categorías de Aristóteles

El adjetivo “categorial” viene del nombre “categoría”. “Categorial” es lo que tiene que ver con las categorías. Con antecedentes en Platón y Parménides, la idea de categoría es un invento de Aristóteles quien propuso una tabla famosa de categorías. “Categorein”, en griego, significa “predicar”, y las categorías son las cosas que se pueden decir del sujeto. Aristóteles supuso que de un sujeto se pueden predicar cosas acerca de su sustancia, de su cantidad, de su cualidad, de su relación, del lugar en donde está, del tiempo en el que está, de la posición, etcétera. Aristóteles hizo una lista y a esas cosas que se predican del sujeto las llamó categorías. Las categorías desde entonces, por la propia concepción de la filosofía aristotélica, se entendieron como una especie de géneros ontológicos máximos. Es un poco parecido, por poner un ejemplo proporcionado, a lo que ocurre en biología cuando se habla de los géneros máximos de los organismos biológicos. En ese caso, los géneros máximos son los reinos: vegetal, animal, los hongos, las moneras, las protoctistas (si nos referimos a la célebre clasificación, hoy ya superada, de Whitacker). Pues bien, si nos preguntamos ahora por los géneros máximos, no sólo de la biología, sino de todo lo existente, de toda la realidad, esos géneros máximos serían las categorías, y su determinación tiene mucha importancia porque se supone que esas categorías nos informan acerca de la manera cómo la realidad está estructurada. Decía Platón que el buen carnicero es el que corta al animal por las junturas naturales frente al mal carnicero que lo corta de cualquier manera (Fedro 265a-266c). Pues bien, lo que Aristóteles se estaba preguntando es cuáles son las junturas naturales, los géneros máximos, para dividir todo lo real, y esos géneros máximos son las categorías. El asunto de saber cuáles son las categorías, es decir, los círculos máximos, los géneros máximos de la realidad, es un asunto central de todo sistema filosófico: toda filosofía que aspire a cierta sistematicidad tiene que comprometerse con esta tarea pues necesita tener cierto mapa que establezca por dónde están las junturas naturales de la realidad.

¿Por qué Bueno interpreta el cierre operatorio de las ciencias como un cierre “categorial”?

La teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno supone una “vuelta del revés” de la teoría de Aristóteles, en especial de la interpretación que la filosofía escolástica cristiana hizo de esa teoría aristotélica. Un fraile dominico, Nicolás Bonetti, sostuvo que, si las categorías eran géneros máximos, cada uno de esos géneros tendría que ser estudiado por una ciencia diferente: habría una ciencia de la cantidad, otra de la cualidad, otra del tiempo, del lugar, etcétera. Es decir, propuso la idea de que habría tantas ciencias como categorías. Gustavo Bueno dio la vuelta del revés a este planteamiento: no es que cada ciencia estudie una categoría determinada previamente por no se sabe qué procedimiento, sino que lo que ocurre es que cada ciencia realmente existente puede interpretarse como una categoría ontológica. Existe, pues, una categoría física, una categoría química, una categoría biológica, una categoría psicológica, histórica, lingüística, etcétera, y esas son las junturas naturales que dividen la realidad en partes. Ahora bien, la cuestión es justificar por qué se puede dar este paso. Para explicarlo voy a poner una analogía meteorológica que, manejada con el debido cuidado, puede resultar de utilidad. Imaginemos un ambiente atmosférico que está cargado de humedad y supongamos que, en un momento dado, baja la temperatura, se atraviesa el punto de rocío, y entonces la humedad se condensa y da lugar a una nube. Si no hay viento y está el ambiente en calma, la nube que se forma es un estrato, es una nube homogénea de estructura horizontal, pero, si hay movimientos de aire ascendentes y descendentes, por ejemplo, porque hay un calentamiento diferencial del suelo y una parte de ese suelo tiene un albedo más alto o más bajo que otra, ese calentamiento diferencial hace que se formen, por ejemplo, cumulus humilis, los llamados cúmulos de buen tiempo, que son la típica nube blanca de base plana y parte superior redondeada. Pues bien, nuestra especie lleva operando con las cosas del mundo más o menos desde el paleolítico medio, y lleva haciendo cosas, y transformando cosas, y mezclando, y separando, calentando, destilando, componiendo, descomponiendo, rompiendo y volviendo a unir, y cuando nosotros operamos con las cosas del mundo, lo que ocurre es que se forman “nubes” operatorias, que son los cierres operatorios. No se forma una estructura homogénea como la del estrato, o una estructura regular, como podría ser un diamante de carbono que tuviera todos sus átomos perfectamente alineados y a la misma distancia, con la misma disposición geométrica. Lo que se forman son torbellinos operatorios, y torbellinos que empiezan a tener una independencia unos de otros: el torbellino de la biología frente al de la física, o frente al de la química. En el ejemplo meteorológico, el sol tiene que estar calentando, pero no es el único responsable de que se formen las nubes porque éstas se forman por el calentamiento diferencial del suelo y por las diferencias de humedad y de energía cinética. En el caso de las ciencias, nosotros tenemos que estar operando, pero no tenemos control sobre los resultados de los torbellinos operatorios, sobre las ciencias que se forman, no sabemos por qué se forman esos y no otros. Esto es así porque nosotros no podemos estipular los resultados de las operaciones y esos resultados de esos torbellinos operatorios dan lugar a estructuras que no dependen de nosotros. Cuando nosotros mezclamos ácido sulfúrico con hidróxido de sodio para obtener el sulfato de sodio, el resultado no depende nosotros, ya que ese resultado depende de la estructura de la materia, de la estructura de la realidad. Cuando nosotros operamos, los resultados de las operaciones y el modo cómo se organizan los “cúmulos operatorios”, depende de la estructura de la realidad, es un resultado “anantrópico”. Nosotros no podemos decir “vamos a hacer una ciencia aquí” pues no podemos tener la seguridad de que vaya a resultar así. Tampoco podemos proponernos juntar dos ciencias existentes. Los físicos llevan dos siglos intentando unificar la física de partículas con la física de Einstein y muchos dudan incluso de que ello sea posible. Muchísimo menos podemos unificar la física con la biología, es decir, explicar todos los procesos biológicos desde los principios de la física. La realidad no funciona así: las leyes de la biología son otras, hay otros principios diferentes de los de la física, porque la biología es otra categoría, es otra región de la realidad distinta. Nosotros no podemos dictar la estructura de la realidad; nosotros operamos, vamos transformando cosas; en el propio proceso de las transformaciones se van organizando esos cúmulos operatorios; y esos cúmulos operatorios pueden ser interpretados como categorías ontológicas porque nos proporcionan las junturas naturales por las que se divide la realidad cuando se transforma. Este es el interés de la teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno: las ciencias, esos cúmulos operatorios, son el único criterio para conocer las junturas naturales por donde se rompe la realidad al codeterminarse sus partes, ya que nosotros no controlamos los cierres de las ciencias puesto que esos cierres son resultados anantrópicos. Las ciencias cierran de acuerdo con la estructura operatoria y con la estructura de los resultados de lo que se está operando: por eso el cierre operatorio puede interpretarse como un cierre categorial, es decir, el cierre de las ciencias nos da la pista de cómo está estructurado el mundo en categorías. Esto que parece tan sencillo, supone la vuelta del revés de la teoría de Nicolás Bonetti y de Aristóteles, y tiene muchísima importancia porque las categorías son algo así como el “mapa” de la estructura del mundo: las relaciones entre las ciencias, entre sus fronteras y entre sus cierres operatorios son las que nos informan que la legalidad biológica es distinta de la legalidad física, de la química, de la histórica, de la psicológica, de modo que esas categorías no se reducen unas a otras. Por mucho que los físicos pretendan hacer teorías del todo y reducirlo todo a física, la terca realidad es que el mundo no tiene esa estructura unificada. Es necesario reconocer un pluralismo gnoseológico y ontológico lo que significa reconocer que unas áreas de la realidad son irreductibles a otras. Ahora bien, podríamos preguntarnos: ¿por qué la estructura de la realidad es así? ¿por qué hay física, y química, y biología, como ciencias distintas, inconmensurables entre sí? La respuesta es que no lo sabemos ya que el mapa de las ciencias es un resultado anantrópico, es un resultado que se nos impone. La historia de las ciencias hace que se decanten unas determinadas ciencias y, en la medida en que esos cierres se imponen al sujeto, no queda más remedio que interpretarlos como la estructura de la realidad, como categorías ontológicas.

La importancia de la teoría del cierre categorial y el hiperrealismo

El desarrollo de las ciencias de los últimos cuatro siglos nos permite saber, con certeza absoluta, que lo que ven nuestros ojos, lo que oyen nuestros oídos, y lo que perciben los órganos de nuestros sentidos, es decir, nuestro mundo fenoménico entorno, no es ni la centésima parte de lo que existe. Más allá de las ondas de luz están las ondas ultravioletas, los infrarrojos, las ondas de radio, todo el espectro electromagnético. Todo está lleno de cosas y de transformaciones que no podemos ver porque son minúsculas, o porque tienen unos tamaños gigantescos o están a grandes distancias. Tampoco podemos ver los procesos evolutivos de la historia natural, aunque están ahí actuando, por sus resultados, en nuestros cuerpos. Y lo mismo ocurre con toda la historia política que está presente en nosotros, ejercitada en el idioma, en las tradiciones, en la cultura. Todo eso son cosas que no se pueden ver porque son muy pequeñas o muy grandes, porque están en otras longitudes de onda, en otras longitudes acústicas, o porque están en el pasado al que no se puede viajar. Sin embargo, están determinando nuestro presente. La mayor parte de lo que sabemos que existe es “hiperreal”, es decir, es una realidad que está ahí, que nos está determinando íntegramente, que determina nuestras enfermedades y nuestro nacimiento y nuestra muerte, y que no podemos percibir pues no está a la escala de nuestras sensaciones. La realidad es mucho más densa de lo que aparece ante nuestros sentidos: esa es la idea del hiperrealismo. A todo ese mundo hiperrealista sólo se accede por la ciencia, única y exclusivamente. Por eso el asunto sobre el que gira la teoría del cierre categorial es un tema central de cualquier sistema filosófico del presente y del futuro, porque ese mundo hiperrealista, hiperdenso, que no podemos ver, cada vez crece más, cada vez aumenta más, cada vez se amplía más, y cada vez es más importante desde un punto de vista práctico. Y sólo es accesible por las ciencias. 

Si admitimos la tesis de que las ciencias son el único modo de acceder a toda esa hiperrealidad, a toda esa realidad ampliada, tenemos que dejar de ver las ciencias como si fuesen un mapa de un terreno que pudiéramos recorrer directamente. En cartografía, nosotros hacemos unas operaciones sobre el terreno y unas operaciones con lápiz y papel sobre el mapa, de modo que se puede establecer una correspondencia entre las primeras y las segundas, y esa correspondencia es la que nos permite hablar de un mapa verdadero. En la mayoría de las ciencias que van referidas a esa hiperrealidad, no podemos proceder de ese modo precisamente porque los contenidos de sus teoremas (las partículas, las ondas, los procesos geológicos y evolutivos, las estructuras geométricas, etc.) no están dados a la escala de nuestros órganos sensoriales. No podemos comparar el “mapa” (las teorías científicas) con el terreno (la realidad de las cosas) porque no hay otra manera de acceder a esa realidad que no sea a través de esas mismas teorías. Por tanto, la verdad científica no puede entenderse ya nunca más como una adecuación entre las teorías y los hechos: es aquí donde la teoría del cierre categorial es capaz de ofrecer una alternativa que, cuando menos, es necesario discutir.

Referencias bibliográficas

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Bueno, G. (1995): ¿Qué es la ciencia? Oviedo, Pentalfa. http://www.filosofia.org/aut/gbm/1995qc.htm

Fernández Tresguerres, Alfonso (1992): Naturaleza filosófica de las teorías sobre la agresión, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Fernández, Secundino (1995): Estatuto gnoseológico de la Scienza Nuova de Giambattista Vico, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Fernández, Tomás R. (1980): Gnoseología de las ciencias de la conducta, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Fuentes, Juan Bautista (1985): El problema de la construcción científica en psicología: análisis epistemológico del campo de la psicología científica, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid.

Hidalgo, Alberto (1990): Gnoseología de las ciencias de la organización administrativa (la organización de la ciencia y la ciencia de la organización), tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Huerga, Pablo (1997): Filosofía, ciencia y sociedad en el materialismo filosófico: análisis filosófico de Las raíces socioeconómicas de la Mecánica de Newton de Boris Hessen, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Iglesias, Carlos (1991): El nacimiento de las ciencias filológicas: análisis gnoseológico, tesis doctoral, Universidad de Oviedo. 

Lafuente, M. Isabel (1973): Causalidad y conocimiento según Piaget, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

López, José Antonio (1983): Gnoseología e historia de la prueba automática de teoremas lógicos, tesis doctoral, Universidad de Oviedo.

Madrid, Carlos (2009): La equivalencia matemática entre mecánicas cuánticas y la impredecibilidad en las teorías del caos: dos casos de estudio para el debate realismo-instrumentalismo, tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid.

El materialismo Filosófico, forjado por el filósofo español Gustavo Bueno, aporta muy interesantes apoyos para ayudar en la investigación , hecha por científicos (biólogos, médicos especializados en varias ramas de la Medicina, sociólogas, especialistas en estudios de género, en igualdad y equidad, etc.) Con conceptos como metodologías alfa y beta operatorias, como symploké, como etic y emic, entre otros , se aclararía mucho el panorama. Recomendamos recurrir, en un primer acercamiento al sistema, al Diccionario Filosófico de Pelayo García

Un enlace al Diccionario Filosófico , de Pelayo García , hecho plenamente a partir de la magna obra del filósofo riojano ( de La Rioja, España) Gustavo Bueno ( 1924-2016)


El Hombre: ese animal ceremonioso.
Para muestra , un botón vale. Una de las muchas Teselas que nos ha legado Gustavo Bueno, y que gracias a la Fundación Gustavo Bueno, la podemos ver on Line sin coste alguno. Aquí explica , con brevedad, pero con la precisión de un cirujano, el asunto clave sobre lo que son la Ideas y los Conceptos y su relevancia , a tener muy presente en los estudios sobre las igualdades y diferencias entre hombres y mujeres, tal como el tema de actualidad se está planteando , realmente de modo muy borroso, derivado de la carencia de ideas claras y distintas sobre lo que es la Ciencia y lo que distingue unas Ciencias de otras. Y la carencia absoluta de un criterio para entender que no todo está relacionado con todo, tal como lo expone Platón en su Idea de symploké, que Bueno adapta a su sistema del Materialismo Filosófico y a su Teoría de la Ciencia : el Cierre Categorial y las Metodologías alfa y beta operatorias, entre otros temas conexos con esta problemática tan importante, tanto desde una perspectiva gnóstica, es decir, académica, como desde la implantación política de la Filosofía y de las Ciencias ( su impacto social, digamos )

¿Cual es el papel de la Filosofía en una sociedad política?¿Para qué sirve la Filosofía?Breve video donde el filósofo español Gustavo Bueno(Santo Domingo de la Calzada , 2014- Niembro, Asturias, 2016)expone sus argumentos con precisión de cirujano. Breve extracto de un video más extenso. Fijarse en especial desde el minuto 4.0

La filosofía en el conjunto del saber…y del hacer. Exposición desde el sistema del Materialismo Filosófico (ojo, no es el Materialismo Histórico de Marx, ni el Materialismo Dialéctico de Engels)

COMENTARIO DE INTROFILOSOFIA: Este breve comentario sobre qué es y para qué sirve la Filosofía, resulta vital para sobrevivir en esta Era de la Post-Verdad a donde nos quieren conducir , las mafia políticas ,periodísticas, sindicales y financieras, como corderos al matadero, o al esquiladero. La Filosofía sirve , como dice en la célebre metáfora expresada a través de El Mito de la Caverna, Platón, en su libro tuitulado La República, para quitarnos las cadenas de la ignorancia y tratar, con mucho esfuerzo de lograr ver la realidad de las cosas que conforman el mundo en que vivimos, con la mayor claridad posible, para ,precisamente , no ser esclavos de la opinión, del subjetivismo que cae en la oscuridad más vil. Por esto hemos presenciado en estos tiempos de posmodernismo, globalización, de cualquiera de sus partes y segmentos diversos, permanentes ataques contra la introducción de los estudios serios y rigurosos d ella Historia de la Filosofía, y de una Introducción a la Filosofía como un saber de segundo grado, no idealista ,ni metafísica, sino fuertemente arraigada en un materialismo gnoseológico, que parte de los saberes de las demás Ciencias, y del conocimiento de las tecnologías, para buscar desarmar las nebulosas que sirven a los que manipulan con engaños y recursos a la inteligencia emocional y otras lindezas posmodernas , para mantener a la mayor parte posible de gente en el fondo de la caverna platónica, atado s por las cadenas de la ignorancia y creyendo que las meras sombras de sombras , las apariencias que oscurecen y ocultan la realidad que es nuestro mundo material, puedan seguir sacando de nosotros todo lo que pude a cambio de unos mendrugos y migajas de sus festines.Esto es la decadencia de una sociedad. Por eso es importante la Filosofía.El arte de separar, de cribar, de triturar para ver mejor cada parte de los todos complejos que enfrentamos a lo largo de la vida. En resumen : triturar y denunciar los mitos de todo tipo que son perjudiciales para ser más libres, en el sentido de la palabra que le da el filósofo sefardí Espinosa

¿Cómo leer a Cervantes en las Universidades del siglo XXI?Un análisis y propuestas para la crítica , por el profesor Jesús G Maestro

Análisis y crítica del papel de las Universidades en Europa, con especial enfoque en España, y refiriéndose a la obra de Cervantes. Tesis planteadas por el profesor de la Universidad de Vigo(España), autor de la obra Crítica de la Razón Literaria

El papel de la Literatura en la dialéctica entre la Europa de los pueblos y la Europa de los Estados.

Un video que nos parece realmente imprescindible para el análisis y el estudio de lo que es en estos momentos ( año 2020 dC) realmente Europa y su conjunto de Estados nacionales y de Pueblos de esa Europa, entendido desde la dialéctica de Estados y de clases

Presentación de la 5ª edición de la Crítica de la Razón Literaria, del profesor Gustavo Bueno, en video con traducción del español al alemán , en diálogo del autor, Jesús González Maestro, y la profesora de Alemán Maxi Pauser, ambos de la Universidad de Vigo(España)

Presentación de la quinta edición de la obra (en tres volúmenes): Crítica de la Razón Literaria

“Cuando un actor engaña hace su trabajo, cuando un político engaña, lo que hace es traicionar a su país”. (Un análisis de la situación actual de España frente a los secesionistas , por Pablo Huerga Melcón)

PABLO HUERGA MELCÓN 
04/09/2017 05:00 H

FUENTE https://www.lavozdeasturias.es/noticia/opinion/2017/09/04/tomo-partido/00031504476200501607692.htm?fbclid=IwAR3ssADrOJMbw-HdZJsuPFnBDL0ppFPv-M_GYGKNlN1LhBtNsaSiBulsZak

Retórica en la Política: es una actividad llena de riesgos, muchas veces graves y de nefastas consecuencias. Especialmente si va unida a la ruindad política, y a la vileza ético-política.

YO TOMO PARTIDO

Quiero referir aquí algunas ideas que han surgido en una conversación entre amigos, preocupados abiertamente por el problema de España, en relación con el asunto de Cataluña, por su pudiera resultar de interés. Aunque han surgido espontáneamente, creo que son cuestiones que merece la pena tener en cuenta.

¿Por qué la defensa del Estado ha pasado a ser materia política sólo de los partidos de derechas en España? Los partidos tradicionalmente definidos como pertenecientes a las corrientes ideológicas consideradas de izquierda han renunciado a España. Es cierto que, como advierte Bueno en su libro El mito de la izquierda, no todas las ideologías de izquierda son iguales. Admitamos que en la izquierda cabe distinguir al menos dos grandes corrientes con respecto a la propia idea de Estado: las que llama Bueno definidas, y las que llama indefinidas. Indefinidas son aquellas corrientes ideológicas de izquierda que gestionan sus ideales al margen del estado, e incluso contra el estado, como el Anarquismo. Podemos e Izquierda Unida practican ideales que les mantienen siempre en una posición ética que les induce a considerar al estado como algo accesorio, o incluso necesariamente represivo. El PCE, desde luego, al alimentarse de la ideología marxista podría situarse en esta línea, toda vez que el marxismo aspira a la abolición de todo estado. Pero la práctica comunista está matizada por el ejemplo soviético del llamado «socialismo en un solo país», tal y como quedó definido por el estalinismo. Precisamente por eso las izquierdas marxistas trotskistas siguen siendo izquierdas indefinidas, y por lo tanto, resulta de todo punto imposible en ese ambiente encontrar una clara posición patriótica. En estas corrientes de izquierda indefinida, incluso marxista, la concepción de la historia como lucha de clases ha hecho muy difícil contemplar la evidencia de que la lucha de clases sólo puede tener lugar en el entorno del estado, y sólo en él es posible el ejercicio de la emancipación de la clase trabajadora. Sin embargo, el día 12 de mayo de 1941 escribía Dimitrov: «Entre el nacionalismo correctamente entendido y el internacionalismo proletario no existe y no puede existir contradicción alguna. El cosmopolitismo sin patria, que niega el sentimiento nacional y la idea de patria, no tiene nada en común con el internacionalismo proletario». Claro que citar a Stalin es un anatema. No obstante, es necesario reconocer que entre los partidos de izquierda españoles ha sido el PSOE el que ha mantenido una posición definida, lo que explicaría, quizás, más allá del oportunismo estratégico, su renuncia al marxismo como doctrina ideológica nuclear.

El estado moderno es el instrumento que permite la redistribución de la riqueza, la justicia social y la igualdad de oportunidades. Pero todo estado está en dialéctica con otros, y en ese conflicto entre estados se configuran los verdaderos problemas de la libertad, la justicia, la igualdad, etc., porque no todos los estados tienen la misma fortaleza. La fortaleza de cada estado depende fundamentalmente de la organización de lo que llama Bueno la capa basal, es decir, el entramado técnico y productivo que conforma la vida de una sociedad. La capa basal de cada estado es diferente y está definida por el territorio y su organización productiva, también por el idioma, y todos aquellos elementos culturales objetivos e intersubjetivos que conforman la conciencia, etc. (Por supuesto, la capa cortical que conforma las fronteras y los ejércitos determina también la fortaleza de cada estado, así como la organización social, lo que Bueno llama la capa conjuntiva.) La fortaleza de un estado garantiza la libertad de los individuos que lo conforman, con respecto a la fortaleza de otros estados con los que está en permanente conflicto. El territorio y su conformación productiva es fundamental para el ejercicio de la justicia social y la redistribución de la riqueza.

Pero la capa basal no se desarrolla de modo uniforme, porque está determinada por el estado de desarrollo de las técnicas y las ciencias de cada época, por el desarrollo de los medios de producción. Por ello, en cada territorio se producen por así decir, focos de desarrollo que son fundamentales para el conjunto y cuya riqueza, por la solidaridad que los mantiene unidos frente a otros estados, se redistribuye y acrecienta. Ocurre que, en España, Cataluña ha sido uno de esos territorios, no el único afortunadamente, que ha recibido toda la fuerza del estado para acrecentar su capacidad productiva: medios de producción y fuerzas productivas, porque ha sido enriquecida con el trabajo de miles de hijos de España que dejaron allí su vida, sus capacidades, sus esfuerzos, su trabajo durante décadas, como ha ocurrido también en otras regiones.

Pero ocurre siempre y eso no es nuevo, que algunos políticos e ideólogos, bajo determinadas condiciones, haciendo ejercicio de un idealismo simplista, pueden comenzar a considerar que el mayor despliegue económico y productivo de algunas de estas regiones es fruto de su propio ser, de su idiosincrasia particular, -incluso de sus genes, ha dicho algún político nefasto. No cabe duda de que este idealismo es expresión de una posición de estirpe fascista que niega la evidencia de que su éxito procede de la contribución del conjunto de la sociedad y debe ser precisamente aprovechado para el conjunto de la sociedad. Se trata de una ideología típica procedente de la clase dominante, en este caso, de esta región determinada. El estado, un estado social, debe ejercer la fortaleza que le otorga su carácter solidario y redistributivo, su función como instrumento de la justicia distributiva, para socavar, y aplacar lo antes posible estas actitudes insolidaridas con el resto de la nación, después de haberse beneficiado del esfuerzo común.

Tradicionalmente habrían de ser los partidos políticos de izquierda quienes se encargasen de defender y sostener el estado como instrumento de la justicia social, para mitigar y afrontar la inevitable lucha de clases dada en su seno. Sin embargo, no entienden que la dialéctica entre la ideología nacionalista esgrimida por el gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña y España es precisamente expresión de esa misma lucha de clases, en la cual una élite política, amparada por el abuso sistemático de sus propias atribuciones de autogobierno, pretende adueñarse y apropiarse de una parte sustantiva del entramado productivo de la capa basal de España, ¡pero también de parte de su territorio y, lo que es peor, de parte de su población!, contraviniendo el principio de redistribución de la riqueza y la justicia social.

Aparentemente es un conflicto de tipo político e ideológico basado en la idea espuria del sentimiento nacional alimentado por criterios racistas y xenófobos, que ha sido promocionado por los medios a su disposición, entre ellos la escuela pública estatal «nacionalizada» al servicio de sus intereses, y los medios de comunicación. Pero en realidad se trata de una expresión particular de la lucha de clases que se lidia en el seno de España, entre una élite económica y política que pretende adueñarse de parte de la riqueza nacional ubicada por razones históricas y productivas en esa parte del territorio español y el resto de la nación española que ha contribuido a esa riqueza y desarrollo con el fin de promocionar y mejorar la vida de todos los españoles. Esa lucha de clases tiene consecuencias nefastas tanto para la región de Cataluña como para el resto de España, porque en caso de dar lugar a la separación en dos países, habríamos perdido en fortaleza ambos, y por tanto también en libertad, y en justicia social.

La pregunta siguiente es a quién podría beneficiar semejante secesión. Sin duda, a esas mismas élites económicas y políticas que lo han promocionado en Cataluña, a nadie más. Ningún otro español se beneficiará de esa secesión. Sin embargo, fuera del territorio español, claramente, y teniendo en cuenta que España es una nación en conflicto con otras, y que esa dialéctica de estados es la que regula las relaciones internacionales, sólo podría beneficiar a aquellos países con respecto a los cuales España puede ser un difícil contrincante, o un contrincante con el que hay que andarse con ciertas prevenciones y respeto. ¿Qué países podrían estar detrás del secesionismo catalán? -no lo sabemos, y por supuesto no lo sabrán todos aquellos que verdaderamente, y de modo incauto, dan su apoyo sin reservas a esta traición, por las calles y las plazas, pero desde luego sí lo sabrán aquellos que gobiernan actualmente en Cataluña. Por tanto, no cabe duda: el Gobierno de la comunidad autónoma de Cataluña está traicionando a la patria, como ya lo denunció el presidente de la II República, Don Juan Negrín, cuando en medio de la Guerra Civil se encontraron con el mismo problema. No hay otro modo de definirlo.

Pero también pueden ser cómplices aquellos que lo apoyan o lo animan, aunque sea por razones humanitarias, por un cosmopolitismo indefinido, mientras que los valores básicos de la clase obrera: un trabajo digno y asegurado, adecuado a la profesión de cada cual, la vivienda, la asistencia médica, la educación y la instrucción de los hijos, la seguridad personal, las pensiones de vejez e invalidez, los ideales básicos que alimentaron los proyectos socialistas, que requieren de un estado fuerte y solvente, se dejan en un segundo plano.

¿Qué deberían hacer los partidos políticos de izquierda en España en este momento, ante el problema generado ideológicamente por el nacionalismo, pero materialmente por la lucha de clases? Utilizar toda la fuerza del estado para reducir esa traición. Unirse contra el enemigo de clase, por la justicia social. Reducirlos y desarmarlos y eliminar los instrumentos políticos que han estado utilizando para la traición, entre ellos, eliminar las competencias educativas, reconduciendo la enseñanza hacia un modelo emancipador, socialista y universal. Si los partidos de izquierda no lo hacen, y la secesión y la traición se consuma, en esa dialéctica de clases habrá vuelto a perder la clase trabajadora. El partido hegemónico de la izquierda en España actualmente, el PSOE, es sin duda quien más responsabilidad tiene en este asunto y en su conciencia política deberá recaer toda la responsabilidad que le corresponde por no haber asumido de un modo claro y distinto su papel histórico en este momento, enfangado como está en luchas intestinas absurdas.

Decía Platón en el Gorgias que la retórica es solamente una forma de adulación. Los políticos españoles han practicado la adulación en todos los ámbitos de la acción política, siempre con nefastos resultados. Cuando el discurso es verdadero no tiene por qué adular, puede incluso doler, molestar, incordiar. Cuando un actor engaña hace su trabajo, cuando un político engaña, lo que hace es traicionar a su país. El PSOE ha intentado salirse por la tangente del problema aduciendo la absurda fórmula de «nación de naciones», una majadería que no sirve para nada, que nadie entiende y a nadie le importa. Sólo muestra inmadurez, y falta de responsabilidad. Saben perfectamente que el problema de Cataluña no se resuelve con circunloquios. Saben que deben pactar con el PP y con Ciudadanos y ser firmes, aunque resulte ser una paradoja. En gran medida, podemos decir que la clave para resolver el problema de Cataluña está hoy en manos del PSOE. Sólo este partido tiene por un lado la perspectiva histórica referida a España, y por otro lado, la capacidad de determinar cambios políticos serios en España, no en la dirección de atender las pasiones emocionales alimentadas por los medios, sino los principios básicos de una vida digna y sin complejos.