Educación primaria y secundaria en España. Enseñanza de religión islámica y problemas relacionados. Tesis planteadas por el filósofo español Gustavo Bueno, fundador de la Teoría del Cierre Categorial y el Materialismo Filosófico

¿POR QUÉ NO ES PRUDENTE , POLITICAMENTE, QUE SE INTRODUZCA LA ENSEÑANZA DEL MAHOMETISMO EN LAS ESCUALES ESPAÑOLAS EN EL PRESENTE( 2019)EN ESPAÑA?

En este vídeo y conferencia imprescindible en el actual momento político y social, en España y Europa, entre otros lugares del mundo, se analizan , desde las coordenadas del Materialismo Filosófico, las implicaciones que conlleva el insistente y recalcitrante empeño de los islamistas en España, de que en los colegios españoles se enseñe el islamismo, con profesores pagados por el Estado.Este empeño está presente de modo notorio en pleno mes de elecciones generales en España, mayo de 2019.

Sobre la enseñanza del islam en la educación pública, en España
Sevilla : El Cristo de la Salud de los Gitanos saliendo de la Catedral 

Historiador de la Universidad de Oviedo reivindica la obra del filósofo español Gustavo Bueno.

Recuerdo y reivindicación de Gustavo Bueno

Santiago Álvarez, José María Laso, Adolfo Sánchez Vázquez, Francisco Erice, , Azuela y Gustavo Bueno en el homenaje en Oviedo a Wenceslao Roces | Febrero 1993

FRANCISCO ERICE 14/08/2016

FUENTE: http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=6061&fbclid=IwAR3ZaEzk3wcw03XdkOV6qtMvNyYXbKh1ZgiVZPmwdEwMZKaSNrzd_EcQkIk

Conocí a Gustavo Bueno en mi primer año de estudiante en la Facultad de Filosofía y Letras de la universidad de Oviedo. Por entonces, junto con lamentables ejemplos de mediocridad académica e intelectual, tuve ocasión de tratar a algunos profesores estimables, preferentemente jóvenes. Pero lo de Bueno formaba parte, sin duda, de otra dimensión. Escucharlo en sus clases o asistir a sus seminarios era como presenciar el infrecuente espectáculo de la inteligencia en estado puro. Porque a Bueno se le escuchaba, no se le discutía. El desnivel entre el maestro y los oyentes era tan evidente y la pasión expositiva de don Gustavo tan afilada, que solamente quedaban dos opciones: asentir embelesado a sus discursos, subyugado por la fuerza de un pensamiento expresado en un estilo entrecortado y lleno de paréntesis y digresiones, que acentuaban la impresión de reproducir el esquema vivo e improvisado de su propio proceso interior; o bien aceptar resignado que no estabas a la altura ni siquiera para plantear tímidas objeciones, cuando lo que oías te generaba incomodidad o podías intuir que había en ello algo que no coincidía con tus expectativas. Esa incomodidad la he vuelto a sentir muchas veces, superada ya la admiración beata e incondicional de mi juventud.

No puedo decir que mi pobre marxismo de entonces, débil envoltura del deseo de racionalizar una incipiente rebeldía juvenil, se gestara en las clases o las charlas de Gustavo Bueno, puesto que se alimentaba de otras lecturas y procedencias. Lo que sucedió es que pronto me vi forzado a confrontar mis primeros balbuceos críticos con lo que el maestro me ofrecía o yo me imaginaba ver en él. Y con el tiempo creí entender, desde mi posición de lego en materias filosóficas, que Bueno suministraba un soporte materialista más potente que el vejo y enroñecido Diamat de los manuales al uso, para una concepción de la historia más compleja y razonablemente marxista. No era la mía la posición de un “saber mundano” que precisara de un “saber académico” y crítico para depurarse, por utilizar la distinción reelaborada en ese sentido por Bueno; más bien mi conciencia rebelde se alimentaba de materiales académicos y mundanos de aluvión, que necesitaban ser reevaluados y reconstruidos con cierta sistematicidad. Leí entonces al filósofo con pasión en cierto modo militante. Devoraba con fruición algunas de las que todavía forman parte de mis lecturas favoritas de Bueno: los Ensayos materialistas, El papel de la filosofía en el conjunto del saber, Etnología y Utopía, el Ensayo sobre las categorías de la Economía Política; y, por supuesto, sus artículos sobre el papel de los Grundrisse en la interpretación del marxismo, sobre las “fuerzas de la cultura”, etc.

Yo sabía, por supuesto, que Bueno había sido, casi desde su llegada a Oviedo, admirador de las luchas mineras, compañero de viaje del PCE –muy moderado para mis convicciones de entonces de infantil izquierdismo-, colaborador en sociedades y proyectos culturales de la izquierda antifranquista y formador –se quiera o no- de sucesivas generaciones de intelectuales críticos, muchos de ellos militantes en el PCE o cercanos al mismo.

Con el paso de los años, los malhadados derroteros de nuestra triste historia reciente nos fueron cambiando a todos, y Gustavo Bueno moduló y luego invirtió sus preferencias políticas, pero no –o así lo creo- sus sólidas convicciones filosóficas. Así se fue creando la imagen, en parte verdadera, pero falsa en algunos puntos sustanciales, de Bueno como una especie de gurú neoconservador o ideólogo de la derecha, algunos de cuyos sectores lo jaleaban impúdicamente como azote de una izquierda a la que el filósofo flageló una y otra vez, tal vez por considerar que no estaba a la altura de las circunstancias. Probablemente esta deriva de su etapa reciente tenga que ver con la crisis y la caída de la Unión Soviética, a la que Bueno (para mi incomodidad de entonces) siempre vinculó con el destino del marxismo; acaso por eso ya no volvió a hablar –que yo sepa- del socialismo como realización de la filosofía. Pero es cierto que Bueno nunca renegó de partes importantes del legado marxiano, aunque quisiera –como Marx con Hegel- volver del revés algunos de sus fundamentos, pero sin considerar en absoluto a Marx “perro muerto”, como se llegó a hacer en su día con el viejo maestro idealista.

En esta nueva etapa confieso no haber seguido tan de cerca al creador del “materialismo filosófico”, lo cual no significa que dejara de leerlo. Tal vez me repugnaban los aplausos de quieren lo coronaron como pensador conservador o anti-izquierdista, disculpándole incluso su materialismo y ateísmo impenitente. Me interesaron menos sus trabajos sobre la telebasura, sus diatribas contra el zapaterismo y la “memoria histórica” o algunos textos sobre la religión; leí con placer sus ensayos sobre la ciencia política o el sentido de la vida y marqué algunas distancias y subrayé mis cautelas con sus escritos acerca de España o sus teorías sobre los tipos de imperialismo… En cambio me aproveché de algunas de sus pequeñas joyas divulgativas (Que es filosofía, Qué es una ciencia) o disfruté críticamente y de manera cómplice con su ensayo sobre El mito de la cultura. Me sitúe, en definitiva, en un “buenismo” crítico y abierto que me permitía –o así lo creo- separar el grano de la paja y valorar su filosofía materialista como una aportación más que relevante a la reconstrucción de un marxismo renovado. Me encantaba detectar los guiños “leninianos” –no siempre compartidos- de sus escritos sobre El mito de la izquierda, El fundamentalismo democrático o el más lejano Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas. Los escritos de Bueno han seguido siendo para mí un antídoto contra el utopismo vacuo o la autocomplacencia; además de un recurso contra las concesiones al pensamiento débil y el avasallador irracionalismo postmoderno. Aun en los textos más incómodos –por su complejidad o por sus contenidos- he creído encontrar perlas que, además, me vuelven a suscitar el deseo de releer al primer Bueno, al que me deslumbró en mis años juveniles.

Sospecho que, con el paso de los años, el pensamiento materialista que germinó con Bueno y que se alimentó de los mejores cambios históricos del pasado siglo, producirá mayores frutos. Y, como con Hegel, los “buenistas de izquierda” harán su necesario trabajo, contribuyendo con su lectura crítica a la reconstrucción de un patrimonio intelectual políticamente implantado que vuelva a situar en el socialismo (genéricamente entendido, como en los Ensayos materialistas) la realización de la filosofía y el pensamiento racional. Para ello, claro está, es necesario que sepamos separar el grano de la paja y no nos empeñemos en la autocomplacencia de las viejas certezas cerrando los ojos, mientras –como en el viejo tango- el mundo sigue andando.

Un texto muy importante, fundamental; tanto para el análisis como para la crítica, sobre la Teoría del Cierre Categorial y la Crítica de la Razón Literaria. MetodologíaS alfa y beta operatorias y cierre categorial, como asuntos problemáticos en las Ciencias “sociales o humanas”.

NOTA DE INTROFILOSOFIA: Nos hemos permitido copiar un texto del profesor Jesús G Maestro, sobre una serie de problemas relativos a cuestiones de gnoseología y teoría de las Ciencias, y de las metodologías alfa y beta operatorias, y otro de los puntos clave del Materialismo Filosófico como Teoría de las Ciencias: el cierre categorial.

Situaciones alfa y beta operatorias . Ideas y Categorías. La symploké y las Ciencias

AUTOR : JESÚS G. MAESTRO

FUENTE : https://jesusgmaestro.weebly.com/critica-razon-literaria-recepcion/mas-alla-de-la-teoria-del-cierre-categorial#

Recepción e influencia
de la 
Crítica de la razón literaria​

Más allá de la Teoría del Cierre Categorial
4/22/2019 
Una interpretación no dogmática de la Filosofía de la Ciencia
del Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno
Jesús G. Maestro
Apostilla núm. 8 a la Crítica de la razón literariaI
Ignorar la Literatura es tan grave como ignorar un asesinato, del mismo modo que ignorar la Teoría de la Literatura es tan grave como ignorar una enfermedad.

Hablo en estos términos porque es imprescindible dejar claras cuestiones absolutamente fundamentales respecto al futuro de la Teoría del Cierre Categorial construida por Gustavo Bueno, y que, sin duda alguna, constituye un antes y un después en la Historia de la Filosofía de la Ciencia, si bien este después está pendiente, decisivamente pendiente, de hechura y elaboración, es decir, está por hacer. Pero hay que hacerlo.

Y hay que hacerlo porque la Teoría del Cierre Categorial, que Bueno deja incompleta ―por inacabada o inconclusa―, es objeto de importantes discusiones entre los propios discípulos de Bueno, que no se ponen de acuerdo respecto a muchas cuestiones fundamentales. Esto supondrá que serán otros, otros intérpretes, no necesariamente discípulos directos de Gustavo Bueno, los que, con el paso del tiempo, reinterpretarán la Teoría del Cierre Categorial, esto es, la Teoría de la Ciencia, del Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento, desde criterios más uniformes.

​En este contexto, la Teoría del Cierre Categorial no puede reducirse a una hermenéutica gremial o endogámica, la de sus discípulos directos ―por dialéctica que ésta pueda resultar entre ellos―, ni tampoco a una hermenéutica exogámica, protagonizada por intérpretes posteriores, o venideros. No es una cuestión de hermenéutica. Ni de especulación. Es un trabajo de aplicación práctica, de proyección y ejercicio de la Teoría del Cierre Categorial en el curso operatorio y ejecutivo de las diferentes ciencias, y de todo cuanto estas ciencias utilizan y movilizan.

Las ciencias son científicas si las metodologías son científicas…No hay ciencias, sino metodologías.Las ciencias no pueden reducirse solamente a las metodologías alfa.IITodo aquel que se vea obligado a meter las manos en la masa de la Historia, de la Medicina, de la Teoría de la Literatura, de la Ginecología, de la Lingüística, de la Termodinámica, del Derecho, de la Astrofísica, de la Economía o de la Oncología, es decir, toda aquella persona que trabaje con los materiales de estos campos ―sistematizados en los terrenos de tales nomenclaturas―, que hoy día resultan organizados desde instituciones políticas o estatales y desde proyectos empresariales o industriales, sabe que lo que hace está contenido en las realidades materiales de sus posibilidades empresariales e institucionales, es decir, en los límites de sus condiciones industriales y políticas.

Las ciencias, hoy, son construcciones empresariales e institucionales. Son resultado de configuraciones políticas e industriales, sistematizadas por las metodologías que tales ciencias ejecutan de hecho, es decir, ontológicamente. Esto no es incurrir en sociología de la ciencia: esto es reconocer la realidad y la verdad del contenido de las ciencias. ¿Qué importa el cierre categorial de la Criminología, del Derecho o de la Jurisprudencia, si se tiene delante a un juez con una investigación que usa metodologías (alfa y beta operatorias) que van desde las pruebas de adn o el carbono-14 hasta el informe pericial de un psiquiatra, un guardia civil de tráfico o un lingüista forense, por ejemplo?

Más de una persona ha metido las manos en la masa de la Historia y se ha dado cuenta de que la Teoría del Cierre Categorial, tal como está, acaso no basta, porque puede dejar a merced de las ideologías posmodernas la interpretación de hechos históricos indiscutibles. Desde luego, la Historia como ciencia, ante la Teoría del Cierre Categorial, requiere una interpretación de la Teoría del Cierre Categorial mucho más amplia y menos dogmática de la que algunas personas han hecho pública.

La Teoría del Cierre Categorial no es una cosa especulativa. No es un formalismo. No es una tabla de verificación. No es un preceptiva gnoseológica. No es una retórica de las ciencias. No es una filosofía dogmática, desde la que determinar qué actividades humanas son científicas y qué otras no lo son. Esas determinaciones, a los científicos, les traen absolutamente sin cuidado, y sólo interesan, por el momento, a algunos filósofos materialistas. Los médicos que ejercen la Medicina, los matemáticos que ejercen la Matemática, los lingüistas que trabajan en Lingüística, ignoran hoy que hay una Teoría del Cierre Categorial. Y no necesitan conocerla para ejercer sus respectivas ciencias. La Teoría del Cierre Categorial es, hoy, más una necesidad del filósofo materialista que de nadie más. Y esa limitación es lo que hay que superar. El debate real es exogámico, no endogámico. Hay que exteriorizar las ideas.
IIIAhora bien, lo difícil no es justificar el cierre categorial de las Matemáticas o de la Geometría. Algo así es hablar entre vencedores y para vencedores. Algo así es gobernar para los ricos. Lo difícil, lo verdaderamente desafiante, es enfrentar a la Teoría del Cierre Categorial las ciencias que se basan casi exclusivamente en las denominadas metodologías beta, es decir, aquellas en las que las operaciones de los seres humanos están presentes y no se pueden neutralizar o segregar como ocurre en las metodologías alfa. Lo difícil, pues, es meter las manos en la masa de las ciencias cuyos materiales no son inertes, porque son ―como los denominaron los seductores idealistas alemanes, con quienes nada tenemos que ver― humanos.

Lo difícil es, en suma, justificar lo científico desde las metodologías beta. A esto hay que enfrentarse, porque lo que no podemos asumir es que algo deje de ser científico (béticamente) porque no es categorialmente cerrable en los mismos términos en que sí lo es algo cerrable alfabéticamente. Dicho de otro modo: la Teoría del Cierre Categorial exige distinguir y reconocer grados o franjas de verdad y, también, umbrales de cientificidad. Y para reconocer estos grados o umbrales hay que estar dispuesto a asumir algo terrible (para algunos): que la idea de categoría es una idea insuficiente, aunque sea fundamental. La idea de categoría no basta. 

​Repito: la idea de categoría científica no basta. Decir que las ciencias son categorías no es suficiente. Y no basta, y no es suficiente, porque no todas las ciencias se explican desde una idea única y cerrada, uniforme y ortodoxa, preceptiva o intacta, de cierre categorial. Directamente: hay ciencias que no se explican, sin más, desde un cierre categorial.

El propio Bueno distinguió inmediatamente entre cierre y clausura. Nosotros tendremos que hacer muchas más distinciones. Nosotros tendremos que enfrentar la Teoría del Cierre Categorial a muchas más cosas de las que pudo enfrentarse Bueno. Si pensamos en la Matemática, o en la Geometría, todo casa fácilmente, en comparación con lo que ocurre con la Historia o con la Teoría de la Literatura. Es cierto que Bueno pensó en la Historia. Pero no es menos cierto que Bueno nunca pensó en la Teoría de la Literatura cuando redactó su Teoría del Cierre Categorial. Nosotros sí estamos obligados a hacerlo.

La Teoría del Cierre Categorial es fundamental, y marca un antes y después sobre el modo de hacer filosofía de la ciencia, pero este después está por hacer. Y este después no puede ser ―desde luego― ni una reiteración del antes, ni ―por supuesto― una dogmática del ahora. La Teoría del Cierre Categorial no es el final, sino el principio, la premisa, el fundamento, de toda una Filosofía de la Ciencia, la del Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento construido por Gustavo Bueno, que dispone de un muy fértil futuro por delante. 

Un futuro que excluye interpretaciones dogmáticas y preceptivas ortodoxas. Diré más: el futuro de la Teoría del Cierre Categorial depende, de forma decisiva, de las ciencias que se sirven sobre todo de las denominadas metodologías beta. Y depende de ellas porque las ciencias basadas en metodologías alfa no tienen nada que demostrar (por el momento). 

Y porque tampoco respecto a ellas la Teoría del Cierre Categorial ha sido extraordinariamente original. Ya he dicho que afirmar que la Matemática o que la Geometría son ciencias es hablar entre vencedores. Es predicar, o gobernar, para los ricos. El desafío lo constituyen materias como la Historia o la Teoría de la Literatura. 

No es la Teoría del Cierre Categorial la que desafía a la Teoría de la Literatura, o a la Historia, sino que son estas últimas, las realidades de la Historia o de la Teoría de la Literatura las que desafían a quienes puedan reducir la Teoría del Cierre Categorial a una Filosofía de la Ciencia destinada a interpretar solamente las ciencias de cuyo estatuto científico nadie duda desde la escritura y publicación de la Crítica de la razón pura, en 1781. Y Bueno no escribió, evidentemente ni de lejos, la Teoría del cierre categorial (1992) para publicar confirmaciones kantianas. 

En la Teoría del Cierre Categorial de Bueno hay mucho más de lo que se ha dicho ―y mucho más de lo que se ha interpretado― hasta el momento. Y en esas interpretaciones, las ciencias béticas (las basadas en metodologías β) tienen más futuro, y tienen más que decir ―porque sus exigencias son mayores―, que las ciencias alfabéticas (las capaces de articularse en metodologías α, las cuales, partiendo fenomenológicamente de las metodologías β, neutralizan, segregan o superan a estas últimas).
IVHay aspectos que requieren una revisión importante en la Teoría del Cierre Categorial, no para cuestionarla, sino para desarrollar sus competencias y posibilidades. La Teoría del Cierre Categorial no es un punto de llegada, sino de partida. No es una meta, ni una preceptiva, sino una premisa, un sistema abierto.

En primer lugar, hay que advertir algo muy revelador: desde 1992, en que se publican los 5 tomos de la Teoría del cierre categorial, hasta 2016, en que por desgracia se produce la muerte de Bueno, transcurren 24 años. 24 años es tiempo suficiente para ultimar la Teoría del Cierre Categorial. Pero Bueno no lo hace. Bueno no concluye la Teoría del Cierre Categorial. Dice que no interesa. Escribe libros sobre política, la felicidad, España, el pensamiento Alicia, etc… Pero algo tan decisivo como la Teoría del Cierre Categorial no se concluye. ¿Por qué? 

​No me convence la razón según la cual Bueno considera que no interesa. Basta que le interese a Bueno. No se escribe en función de los intereses de los demás. Mi interpretación: Bueno no concluye la Teoría del Cierre Categorial porque no ve claro el final. Porque constata demasiadas cosas. No lo ve claro. Y por eso no ultima la Teoría del Cierre Categorial. El desarrollo de la Teoría del Cierre Categorial ―a él debida― rebasa las posibilidades humanas de un único ser humano. La Teoría del Cierre Categorial es algo mucho más grande y poderoso de lo que inicialmente él pudo prever.

En segundo lugar, no podemos negar que la Teoría del Cierre Categorial está concebida inicialmente desde la placenta de las ciencias exactas, de las ciencias alfabéticas o alfaoperatorias, concretamente desde el conocimiento del patrón de determinadas ciencias exactas: Matemáticas y Geometría, esencialmente. Las basadas en las metodologías alfa. A partir de ahí, todo se despliega como una suerte de degeneración de las ciencias, objetivada esta degeneración en el uso de metodologías béticas (β operatorias), fundamentadas en una genealogía de las técnicas en las que es imposible disociar al ser humano. Por este camino desembocamos en las llamadas metodologías beta.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que la idea de cierre, que funciona muy bien en las metodologías alfa, no se logra a medida que nos aproximamos hacia los terrenos en los que operan las metodologías beta, y perdemos la capacidad de remontarnos hacia momentos o procesos alfa. De este modo, se tiende, en primer lugar, a identificar, con idealismo imperceptible, con formalismo próximo a un teoreticismo incompatible con el Materialismo Filosófico, las categorías y los cierres, y, en segundo lugar, a considerar que las ciencias de verdad, o son alfa, o son usos imperfectos de alfa. De ahí las «ciencias» béticas (β operatorias), que serían usos imperfectos de la idea de ciencia, procedimientos miméticos, degenerados o incluso paródicos de las ciencias alfabéticas (α operatorias).

Pero ocurre, en cuarto lugar, que una vez construida toda la Teoría del Cierre Categorial ―toda tal como la conocemos hoy―, resulta que el peso, el centro de gravedad de todo, no recae en las ciencias, sino en las metodologías. Y eso es algo imprevisto. Algo que, incluso, aún no se ha examinado con la debida atención. Algo sobre lo que no se ha pensado desde el punto de vista de sus consecuencias… que son muy graves. Porque resulta que la Teoría del Cierre Categorial de Bueno plantea, en última instancia, que no hay ciencias, sino metodologías (alfa y beta), usadas por diferentes ciencias, y no de forma exclusiva ni excluyente por cada una de ellas. 

El transporte de metodologías (alfa y beta) entre ciencias es innegable. Y en esta translatio methodologicae están muchas claves. La Jurisprudencia, la Ecdótica y la Historia pueden usar metodologías alfa en pruebas de adn para identificar a un criminal, para disponer un gráfico de estemas o para datar la antigüedad de un manuscrito. Y si la Jurisprudencia, la Ecdótica o la Historia se consideran ciencias es porque institucionalmente, o incluso industrialmente, utilizan metodologías alfaoperatorias, de las que resultan neutralizadas operaciones y sujetos humanos, que han intervenido en operaciones y fenómenos de partida, donde han coexistido con metodologías betaoperatorias. 

El cierre categorial viene dado por el uso alfabético de las metodologías, y no por el uso bético de las ciencias, porque en Jurisprudencia, Ecdótica e Historia, como en otras muchas ciencias, el cierre y la categoría no son determinantes de casi nada. En las ciencias béticas (β), el cierre y la categoría no están en sincretismo, como sí ocurre con las ciencias alfabéticas (α), sino que en ellas su cierre y su categoría dependen de las exigencias institucionales y de las posibilidades industriales.

En quinto lugar, hay que asumir que, de aceptar lo expuesto en el punto 4, no hay ciencias, sino metodologías. Y algo más grave: que la idea misma de categoría entra en crisis, y que por ello mismo exige inmediatamente una reconsideración o reinterpretación. Y a continuación la idea misma de cierrepuede resultar más irrelevante de lo que se piensa, porque deja de ser un imperativo de exigencia científica para convertirse en un indicativo de umbrales de cientificidad o de franjas de verdad. Y porque si cuanto se acaba de exponer es como es, entonces:

El cierre es metodológico, no científico, porque no es categorial, salvo cuando ciencia y metodología coinciden o están en sincretismo: es el caso de la Geometría. También es el caso de la Matemática. Cuando no hay ese sincretismo entre ciencia y metodología, el cierre no funciona bien… hay que hacer enmiendas, excepciones, introducir los desenlaces beta, y de nuevo hay que hacer más enmiendas, más correcciones, y moverse una y otra vez en la interinidad de las soluciones béticas. Las categorías, o ciencias, son construcciones que responden a exigencias no científicas (alfa o beta operatorias, así funcionan las metodologías, no las ciencias, que ya serían resultado de metodologías), sino a exigencias políticas, hedonistas, bélicas, informáticas, económicas, desde el confort hasta la guerra, pasando por la ordenación de datos o territorios hasta la navegación interestelar, por ejemplo. 
Hay razones para suponer que la Teoría del Cierre Categorial está in medias res. Creo que Bueno no la concluyó porque no supo cómo hacerlo de forma satisfactoria. Las insatisfacciones de la Teoría del Cierre Categorial vienen de la mano de las artes, de las Letras… y, sobre todo, de la Literatura, acaso la más cínica de todas las artes. Hoy, al enfrentarnos a la Teoría del Cierre Categorial no podemos ignorar el desafío que suponen las artes. La solución más fácil es negar el estatuto de ciencia a estas materias, y asunto resuelto. Pero eso es como curar el dolor de cabeza mediante la decapitación del personal: una persona sin cabeza es una persona sin dolores de cabeza.

Hoy no podemos negarnos a resolver problemas esenciales propios del funcionamiento de aquellas actividades humanas que no son exactas, como es el caso de la Geometría y la Matemática. Un intérprete del Materialismo Filosófico que no supere estas limitaciones es un intérprete que está negando al Materialismo Filosófico posibilidades esenciales de estructuración y desarrollo en un «presente en marcha». 

Dicho de otro modo: la Literatura no puede ser un muro de contención para el Materialismo Filosófico. O de otra manera, si se prefiere: la Literatura no puede ser el terreno donde el irracionalismo posmoderno campee por sus respetos. Algo que, desde Platón, ha ocurrido en cierto modo con los irracionalismos de todos los tiempos, que prostituyeron la literatura como a los ignorantes de cada época y lugar les ha dado la gana. La Literatura no puede ser el estercolero de las ideologías, de los irracionalismos y de las necedades. Ni la Teoría de la Literatura puede ni debe ser la sala vip de los idealistas más insipientes. 
VUn problema importante al que hoy ha de enfrentarse el intérprete de cualquier cosa, y el intérprete del Materialismo Filosófico no es una excepción, es la inflación de interpretaciones: todo son interpretaciones. Debates, artículos, vídeos, entrevistas, declaraciones, páginas de internet, blogs, redes sociales, réplicas y contrarréplicas, etc. Se habla más que se escucha, se escribe más que se lee, se discute más que se piensa, se debate más de lo que se vale. Y a veces se olvida que cuantas más personas hablen contigo acerca de lo que escribes, menos vale lo que dices, lo que haces y lo que escribes.

Si Bueno dice que la literatura es una materia que puede y debe analizarse mediante conceptos, unos entendemos que «mediante conceptos científicos», y otros entienden que «mediante conceptos técnicos». Si unos en Bueno entendemos esto, otros, en el mismo texto del mismo Bueno, entienden lo contrario. Y compruebo que esta hermenéutica se generaliza a casi todo lo escrito por Bueno, especialmente en relación con la Teoría del Cierre Categorial. 

No significa esto que Bueno no sea claro y distinto cuando escribe, sino que una Filosofía de la Ciencia como es la Teoría del Cierre Categorial es algo que da lugar a interpretaciones conflictivas, incluso entre sus propios discípulos directos. Lejos de lograrse un consenso, la complejidad de las interpretaciones crece. Sus consecuencias son aún imprevisibles, pero, sin duda, no serán estériles. Ahora bien, que las consecuencias sean fértiles no significa que todos los debates que tiene lugar sean, también, fértiles. 

Las discusiones excesivas, inadecuadas o simplemente reiterativas, son signos de impotencia e incluso de ignorancia. Cuanta mayor es la frecuencia de una misma discusión más se aproximan sus contenidos al kitsch, al incurrir una y otra vez en recurrencia de temas y en recursividad de procedimientos. En más de una ocasión he tenido la impresión de que ante la Teoría del Cierre Categorial no hay hechos, sino debates, y que las interpretaciones de la Teoría del Cierre Categorial no dejan ver la Teoría del Cierre Categorial.

De cualquier modo, quiero insistir actualmente en algo que me parece muy importante, y es lo siguiente.

En primer lugar, observo que la Teoría del Cierre Categorial está sin rematar, sin concluir, y que lo está en varios puntos esenciales. Su planteamiento esencial está hecho, pero no se puede pretender que un solo hombre, aunque este hombre haya sido un gigante como lo fue Gustavo Bueno, pueda concluirla, y pueda prever todos los enfrentamientos dialécticos a los que ha de sujetarse, confrontarse y concurrir una Filosofía de la Ciencia como la Teoría del Cierre Categorial. 

Esta Teoría de la Ciencia requiere la intervención de más de una persona. Y requiere la intervención de profesionales ―de varios profesionales, no de uno sólo― de ámbitos científicos no previstos inicialmente por Bueno en la redacción inicial de la Teoría del Cierre Categorial. Porque sólo desde las ciencias alfabéticas o alfaoperatorias (α) no se puede dar cuenta de lo que es la Teoría del Cierre Categorial. Porque la Teoría del Cierre Categorial es superior e irreductible a las metodologías α operatorias. Sorprende cómo esta obviedad se ignora de forma tan frecuente como portentosa. Si alguien cree que la Teoría del Cierre Categorial se puede presentar en sociedad, es decir, exponer académicamente en cualquier foro nacional o internacional, de espaldas a las artes en general, y muy en particular de espaldas a la literatura, que se retire ahora mismo del panorama académico. Y que abra una página en internet para contar en ella sus cuitas (no le faltarán fracasados que le acompañen). Porque la realidad es otra cosa. Y la realidad de la literatura es otra cosa pero que muy diferente. 

Dicho de forma directa: sin Literatura y sin Teoría de la Literatura la Teoría del Cierre Categorial no pasa su prueba de fuego. Para decir que la Matemática, o que la Geometría, es una ciencia, no necesitamos la Teoría del Cierre Categorial. Eso ya lo sabíamos antes de Bueno. Y antes de Kant. Y antes de Platón también. Si lo que hacemos no sirve para ganar terreno al irracionalismo, entonces lo que hacemos no sirve para nada (salvo para entretenerse como niños o adolescentes en debates de internet, sucedáneo de videojuegos). Si la Teoría del Cierre Categorial no sirve para delimitar y definir, así como para explicar y defender, el estatuto gnoseológico de las denominadas por los idealistas «ciencias humanas», entonces no habrá servido para nada.

En segundo lugar, no podemos usar la Teoría del Cierre Categorial para explicar obviedades que todos sabemos y que nadie discute a estas alturas de la Historia (por el momento…): que las ciencias basadas en metodologías alfa son ciencias, y que las otras «ciencias» ―las basadas en las metodologías beta― no son ciencias. Eso ya se decía y ya se sabía antes de 1992, y mucho antes de que Bueno concibiera y redactara la Teoría del cierre categorial. Y porque por ese camino, al distinguir solamente entre ciencias béticas (β) y ciencias alfabéticas (α), volvemos al dualismo de partida, del que precisamente siempre quisimos huir, para superarlo y evitarlo, por idealista, simplista y retórico: ciencias humanas / ciencias naturales.

En tercer lugar, es innegable que la Teoría del Cierre Categorial ignora la ontología de la literatura. No tiene por qué incluirla inicialmente. Pero que Bueno no la haya tenido en cuenta ―por muchas razones― no nos exime a nosotros de ello: no se justifica hoy esta ignorancia. La Teoría del Cierre Categorial, originariamente, no hace ninguna referencia a la literatura. Ni a la Teoría de la Literatura. Hay menciones a la Lingüística. Hay interpretaciones sobre la Historia. Pero el examen de la Literatura es inexistente. Y de la Teoría de la Literatura se ignora absolutamente todo. 

En consecuencia, Bueno nos deja una Filosofía de la Ciencia desde la que, en principio, no se sabe cómo afrontar gnoseológicamente lo que la Literatura es y exige. Y reitero: que Bueno no se haya referido a la Literatura en su Teoría del Cierre Categorial no significa que nosotros debamos ignorarla, ni que tengamos que defender una Filosofía de la Ciencia de espaldas a la Literatura, una Teoría de la Ciencia nihilista respecto a la Teoría de la Literatura, o simplemente ignorante respecto a los materiales literarios. Insisto: que nadie espere que la Teoría del Cierre Categorial triunfe de espaldas al arte y a la literatura.

En cuarto lugar, se ha constatado, sobre todo tras la elaboración y publicación de la Crítica de la razón literaria (2017), que si aplicamos a la Ontología de la Literatura los criterios gnoseológicos de cierre y de categoría, según la Teoría del Cierre Categorial, el resultado, en unos casos, se acepta como un acierto y, en otros casos, se rechaza como un error[1]. Pero ocurre que quien tilda de error esta aplicación responsabiliza a la literatura del fracaso de este resultado, pero no a la Teoría del Cierre Categorial, tal como esta Teoría del Cierre Categorial está planteada por estos mismos intérpretes. Y algo así es incurrir en teoreticismo puro: si la teoría no puede funcionar ―en este caso la Teoría del Cierre Categorial―, es porque la realidad ―la Literatura― está mal. 

Utilizar la Teoría del Cierre Categorial como una preceptiva gnoseológica es privarla de roturar terrenos que, al negarlos, se ceden impunemente a los irracionalismos más contemporáneamente posmodernos: desamparamos la Historia, que resulta engullida por la mitología nacionalista; abandonamos la Lingüística y la Filología, que quedan en manos de culturalistas nostálgicos de toda barbarie, donde las lenguas inútiles e inventadas reemplazan una realidad verbal construida durante siglos históricos y decisivos; ignoramos la Literatura, y desautorizamos ―con Jacques Derrida y Terry Eagleton― la Teoría de la Literatura, junto con la interpretación científica de la Literatura, a la par que entregamos la Literatura Española a la disolución histórica, literaria e ideológica del mundo académico anglosajón, el cual, sin duda, estará encantado de aceptar que el Quijote de Cervantes no vale más que el código de barras de un envase de mantequilla, porque todo es texto: el código, la mantequilla y el Quijote. Con el beneplácito, incluso, de un Materialismo Filosófico que, de este modo, nace muerto. No es mi caso: queda advertido.

Sabemos, en quinto lugar, que la Teoría del Cierre Categorial organiza las ciencias en función de las metodologías alfa y beta. De este modo, la ontología de las ciencias resulta articulada y reorganizada desde la gnoseología de las metodologías alfa y beta. La operatoriedad de las ciencias es, en suma, la operatoriedad de las metodologías alfa y beta. En consecuencia, las ciencias resultan ser sistemas o conjuntos sistemáticos de metodologías, las cuales metodologías se organizan según intenciones diversas, pero siempre determinadas estas intenciones ―industrial o institucionalmente― por una ontología que las coordina, es decir, por unos materiales que constituyen el campo ontológico y gnoseológico desde el que opera esa ciencia, y sobre el que el sujeto gnoseológico pone a trabajar, pone a operar, a las metodologías alfa y beta. 

De este modo, la ontología es la base de gnoseología, y no la dejamos fuera en ningún momento. Ahora bien, más allá del formalismo y del teoreticismo desde el que a veces se tiende a concebir la Teoría del Cierre Categorial, como una configuración inmanente de las propias ciencias, ajenas a todo lo demás, y cerradas en sí mismas por sus campos categoriales ―campos que en realidad se cierran y se abren con la llave de las metodologías alfa y beta operatorias―, hay que tener en cuenta que tanto el concepto de cierre como el de categoría dependen operatoriamente de actividades empresariales o industriales ―que hacen posible la operatoriedad científica― y de realidades políticas o institucionales ―que las promueven o proscriben―. 

El Derecho no existe porque sus contenidos sean científicos, sino porque se juzga políticamente en nombre de un Estado, y para ello se concitan múltiples metodologías, alfa y beta operatorias, desde las pruebas de adn hasta informes periciales del más variado pelaje científico. En consecuencia, el «cierre categorial» del Derecho tiene más que ver con cualquier cosa antes que con la «ciencia» que presuntamente pueda o no llegar a ser. Sin una Academia, la Geometría no sería algo más que una técnica de demarcación agrícola. 

El cierre categorial de la Geometría no se produce en los labradíos, sino en la Academia platónica. El cierre categorial de la Química tiene más que ver con la Universidad que con los laboratorios de alquimia. Sin instituciones políticas y sin empresas o industrias, ni las ciencias, ni sus cierres categoriales, serían posibles. Las ciencias, por sí mismas, no cierran nada: son las metodologías alfa y beta las que, formalmente, y siempre de modo provisional, demarcan los posibles cierres de cada campo categorial, que sólo desde la actividad industrial, previa o simultáneamente desarrollada, la realidad política o institucional del momento tiene poder para sancionar o silenciar, promover o condenar. Esto no es sociología de la ciencia: esto es la realidad de las ciencias.

En sexto lugar, se constata que el peso de la Teoría del Cierre Categorial está en las metodologías alfa y beta operatorias, en sus distintos grados, franjas y umbrales de cientificidad, y en sus recorridos de progreso y de regreso por los terrenos de la ontología delimitadora de cada campo categorial. Pero, si bien quienes ponen los límites y los cierres a estas categorías son, desde un punto de vista inmanente, las metodologías alfa y beta, ocurre, sin embargo, que, por lo que se refiere al ejercicio científico de hecho, son las empresas y las instituciones políticas humanas las que agrupan y organizan ontológicamente, según funciones industriales y políticas, los usos de estas metodologías alfa y beta operatorias, funciones que, en última instancia, hacen que las ciencias funcionenoperen de hecho y de derecho

De ahí la importancia no de la sociología de la ciencia, sino de la industria y de la política de las ciencias. Dicho de otro modo: la literatura puede usar metodologías alfa y beta (desde el carbono-14 o el adn hasta los estemas y la métrica), pero también la criminología puede usar el adn y el carbono-14, cuando la ontología literaria nada tiene que ver con la ontología jurídica. Luego las categorías literarias y las categorías jurídicas no se ordenan ni delimitan en función de sus presuntos cierres categoriales, sino en función de las metodologías alfa y beta operatorias en ellas concurrentes, metodologías que se usan y se trasladan de unas categorías a otras, no como si nada, no gratuitamente, sino en función de una realidad ontológica determinada por razones muy diferentes entre sí y muy poderosas ante otras alternativas que quedarán relegadas, como pueden ser conflictos civiles, bélicos, económicos, hedonistas, etc., pero sobre todo por razones de tipo empresarial e industrial y político o institucional. 

​La mayor parte de las ciencias deben su nomenclatura y denominación, y su razón misma de ser, a razones empresariales y políticas, y no metodológicas ni realmente científicas.

En consecuencia, y en séptimo lugar, la Teoría del Cierre Categorial requiere una revisión y acaso una atenuación del criterio de categoría, no por razones ontológicas, que no se discuten, ni por razones gnoseológicas, que tampoco se discuten, sino simplemente por razones funcionales, de orden institucional y político, estatal, es decir, por razones de Estado, porque un mismo material (ontológico) puede ser intervenido (gnoseológicamente) por varias metodologías alfa y beta operatorias, con total independencia, y con total indiferencia, de que tales materiales ontológicos sean literarios, zoológicos, humanos, jurídicos, carboníferos o marinos, es decir, con total independencia de su posible cierre categorial

Los cierres no son categoriales, sino metodológicos. Las ciencias son construcciones políticas, estatales, institucionales, industriales, empresariales. Y las metodologías (alfa y beta), aunque delimiten los cierres y campos categoriales, están en función de las actividades empresariales e industriales, y bajo la jurisdicción de las instituciones políticas y estatales. Las ciencias sólo son modos basales, conjuntivos y corticales de organizar estas metodologías (alfa y beta operatorias).VI​Podríamos afirmar que no hay ciencias, sino metodologías (alfa y beta). También podemos afirmar que hay umbrales de verdad o franjas de verdad, y no ciencias exactas (en realidad no hay ninguna ciencia exacta, la idea de ciencia exacta es resultado formalista de una hipermiopía gnoseológica). Las ciencias mismas son construcciones diaméricas, no metaméricas: no son todos enterizos, completamente identificables con metodologías alfa o beta, sin más. 

En realidad, ocurre justo lo contrario: en todas las ciencias hay metodologías alfa operatorias y metodologías beta operatorias, porque tales metodologías operan en un auténtico traslado categorial, de unas ciencias a otras. La Historia usa el carbono-14 con el auxilio de la Química, del mismo modo que para el mismo fin puede servirse de la Filología o de la Lingüística forense con objeto de determinar que un documento como la donación de Constantino es apócrifo. La Química, por sí sola, no puede datar la fecha de un manuscrito. Eso sólo puede hacerse desde la Historia, convocando desde la propia Historia metodologías alfa procedentes de la Química.

Además, cuando hablamos de cierre categorial usamos una metáfora ―concretamente una metáfora de genitivo (cierre de categorías)―, porque la categoría no cierra, pues lo que se cierra en realidad son operaciones metodológicas alfa, ya que se ha decidido que las beta no cierran nada, ¿no es cierto? Además, sólo hay cierre cuando las categorías son puras operaciones metodológicas: las ciencias son científicas cuando las metodologías son científicas. 

Lo que llamamos ciencia es una propiedad de las metodologías. Algunos limitan esta propiedad científica exclusivamente a las metodologías alfa (α), como si las ciencias basadas en metodologías beta (β) no fueran ciencias en absoluto. Sólo cuando el sincretismo entre categoría (en tanto que ciencia) y metodologías sistemáticas (en tanto que metodologías alfa) es prácticamente absoluto (como ocurre con la Matemática y la Geometría) entonces el cierre metodológico es también categorial o científico. 

​Pero ocurre que la gestión de las ciencias no es científica, en realidad, sino empresarial o política, institucional o estatal, porque sólo las empresas y los Estados tienen poder y / o dinero para gestionar y ejecutar una operación científica relevante. ¿Puede un materialista filosófico soslayar este hecho? Si hablamos de Literatura, es porque hay literaturas nacionales. Al margen del Estado, no hay Literatura. Si hablamos de ciencias, es porque hay empresas y Estados que hacen posible las ciencias, y que gestionan sus operaciones, sus ejecuciones y sus construcciones.VII​A mi juicio, Bueno trabaja, entre otras, con al menos cuatro variantes esenciales en su Teoría del Cierre Categorial:
 Impugnación de las clasificaciones dicotómicas o binarias de las Ciencias (Culturales / Naturales).Metodologías α-operatorias y Metodologías β-operatorias.Procesos de Progresión (progressus) y Regresión (regressus) de las Ciencias.Principio de Neutralización o segregación de las Operaciones. 
A mi entender, la interpretación que en varios casos se ha hecho de la Teoría del Cierre Categorial incurre en confundir ciencias y metodologías, y en subordinar casi todo a la supresión total o metamérica del sujeto, es decir, a neutralizar las operaciones en términos absolutos, sin reconocer umbrales de cientificidad o franjas de verdad, es decir, sin considerar la realidad diamérica de las ciencias. Por otro lado, la Teoría del Cierre Categorial se ha aplicado con éxito y convicción a la Matemática y la Geometría, con ejemplos recurrentes, pero más propios de una clase de bachillerato o de Universidad que de una Filosofía de la Ciencia que se proponga competir con Kuhn o Lakatos, por ejemplo. 

​Y esos límites hay que superarlos. Los ejemplos de identidades sintéticas fuera de la Matemática o de la Geometría escasean, y, cuando se proponen, de inmediato se niegan y discuten, inhabilitando de este modo el uso de la Teoría del Cierre Categorial en las categorías y actividades humanas que, como la Historia o la Teoría de la Literatura, usan metodologías alfa operatorias importadas de otras ciencias, como la Química o la Estadística.

​Se observa, además, que cuando se trata de huir del punto 1 (impugnación de las clasificaciones dicotómicas o binarias de las Ciencias), es para caer en la reducción del punto 2: dicotomía Metodologías α-operatorias y Metodologías β-operatorias. ¿Qué sentido tiene negar un dualismo (idealista) para incurrir en otro (materialista)? Y finalmente se niega, de forma dogmática incluso, que las metodologías beta sean ciencias, con lo cual, ¿en dónde está la coherencia respecto a la discriminación de Bueno entre Metodologías α-operatorias y Metodologías β-operatorias? ¿En dónde queda, llegados a este nihilismo gnoseológico, el título y la obra de Bueno sobre el estatuto gnoseológico de las denominadas ciencias humanas?[2]

Y aún hay más: Bueno habla siempre de umbrales de verdad o de franjas de verdad, como si se tratara de un espectro que va desde las metodologías alfa 1 a las beta 2, es decir, de una gradación de cientificidad articulada en su clasificación hexagonal de las ciencias, a las que yo he dado en la Crítica de la razón literaria, simplemente para hacerlas más comprensibles a los filólogos, la siguiente nomenclatura, respetando siempre la formulación y el contenido de Bueno:
 Ciencias Naturales o ciencias de regresión extrema (Metodologías α-1).Ciencias Computacionales o ciencias de progresión media-genérica (Metodologías α-2-I).Ciencias Estructurales o ciencias de progresión media-específica (Metodologías α-2-II).Ciencias Reconstructivas o ciencias de regresión media-genérica (Metodologías β-1-I).Ciencias Demostrativas o ciencias de regresión media-específica (Metodologías β-1-II).Ciencias Políticas o ciencias de progresión extrema (Metodologías β-2). 
Ciencias son las 6, pero los umbrales de cientificidad más intensos están en el 1 y los menos intensos en el 6, es decir, desde las alfa 1 hasta las beta 2. Éste es el planteamiento de la Crítica de la razón literaria aplicado a los materiales literarios, y que, como se ve, es, literalmente, el planteamiento de Bueno, tal cual. Interpretación que hoy ratifico y suscribo por completo. He dicho con anterioridad que con el Materialismo Filosófico de Bueno, sin más, no se puede interpretar la Literatura. Bueno no hizo, ni lo pretendió nunca, una Teoría de la Literatura. Nunca fue su objetivo. Su obra contiene páginas muy importantes sobre literatura y sobre filosofía de la literatura, pero su obra no es, ni quiso serlo jamás, una obra de Teoría de la Literatura. Con la Crítica de la razón literaria sí se puede usar el Materialismo Filosófico de Bueno para interpretar la Literatura.VIIIEn conclusión, me atrevo a proponer:

Que las ciencias no pueden reducirse sólo a las metodologías alfa.Que hay umbrales o franjas de verdad, es decir, gradaciones o grados de cientificidad. 
Y me atrevo a ir acaso más allá de la Teoría del Cierre Categorial, y postular:

Que el núcleo de la Teoría del Cierre Categorial no está tanto en la idea de ciencia cuanto en la idea de metodología.Que gnoseológicamente no hay ciencias ―porque las ciencias son productos institucionales e industriales, políticos y empresariales―, sino metodologías alfa y beta operatorias.Que la idea de categoría queda rebasada de hecho en el ejercicio científico, es decir, en la práctica de las ciencias, porque resulta reorganizada empresarial e institucionalmente desde realidades más amplias que engloban, articulan y gestionan todas estas categorías, como son las empresas y las instituciones políticas, es decir, la Industria y el Estado. 
Esto no es una puesta del revés o una eversión de la Teoría del Cierre Categorial, sino sólo una interpretación que pretende abrir nuevas aplicaciones de esta Filosofía de la Ciencia, absolutamente fundamental para el racionalismo crítico, y cuyo artífice, desde el Materialismo Filosófico como sistema de pensamiento, ha sido Gustavo Bueno.
 
 
 
Bibliografía

Bueno, Gustavo (1992), Teoría del cierre categorial, Oviedo, Pentalfa (5 vols.)Maestro, Jesús G. (2017), Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría, Crítica y Dialéctica de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (3 vols.)Notas

[1] No entro aquí a valorar ni una ni otra postura, pues la mayor parte de quienes hasta el momento se han pronunciado sobre este aspecto ―tanto a favor como en contra― no han leído la Crítica de la razón literaria, sino que juzgan por lecturas parciales de algunos de mis trabajos publicados en internet, de vídeos docentes que he grabado, o simplemente por celos, envidia ―la forma más siniestra de admiración― o amistad. Por lo demás, tengo que reconocer que me importa un pito lo que la gente haga respecto a lo que yo hago. Lo que yo pienso y escribo no depende de lo que los demás piensen o escriban. Hace muchísimos años que ―con mi trabajo― he comprado mi libertad.

[2] Véase en este enlace la documentación correspondiente a las conferencias sobre el Estatuto Gnoseológico de las Ciencias Humanas, impartidas en la Fundación Juan March en 1973, y disponibles en 6 volúmenes mecanografiados y policopiados, desde 1976, hoy accesibles desde esta página web gracias a la Fundación Gustavo Bueno: http://fgbueno.es/gbm/egch.htm
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Categorías de las Ciencias Políticas, desde el Materialismo Filosófico. Sobre la capa cortical del cuerpo político.

Gustavo Bueno desarrolla una propuesta innovadora, materialista, acerca de lo que se conoce como Ciencias Políticas y sobre la llamada Filosofía Política.

Superando la clásica teoría de los tres poderes y su división o “supuesta independencia”, derivada de John Locke, y su modelo de democracia parlamentaria, y luego de las repúblicas liberales al estilo de la que dio lugar a los actuales Estados Unidos de Norteamérica. Gustavo Bueno plantea una serie de conceptos e ideas que expuso , en una primera obra ( Primer Ensayo sobre las categorías de las Ciencias Políticas ) y en posteriores libros y artículos, además de en varios videos, las táselas, o filmados a partir de conferencias, cursos en la Escuela de Filosofía de Oviedo o Universidad de La Rioja , etc.

Es muy importante tener en cuenta que las tres capas del cuerpo de las sociedades políticas, o Estados, forman parte de una estructura esencial que envuelve al núcleo mismo del cuerpo político: dado éste en el eje circular del Espacio Antropológico. CITA del libro de G Bueno mencionado:

” La capa basal, que en sí es económica, se hace política (económico- política) cuando se representa como objetivo de los planes y pro- gramas de la sociedad política; y no hay sociedad política, por liberal que ella sea, que pueda dejar de incluir una capa basal “

Consulta fundamental para el análisis y la crítica del concepto de CAPA CORTICAL, desde las tesis del Materialismo Filosófico acerca de las categorías de las Ciencias Políticas: Una exposición muy útil la encontramos en el Diccionario Filosófico, de Pelayo García en esta entrada http://www.filosofia.org/filomat/df597.htm RAMAS Y CAPAS DEL PODER POLITICO . MODELO CANÓNICO GENÉRICO DE LA SOCIEDAD POLITICA

Teoría de la Ciencia del Materialismo Filosófico, explicada para su uso en el campo categorial de la Literatura y el análisis crítico de ideas filosóficas implicadas.

Este es un video de gran relevancia para el estudio crítico y materialista de la Literatura, ya que en él explica con detalle, el profesor Jesús G Maestro, cómo se aplica la Teoría de la Ciencia del Materialismo Filosófico, para uso de estudiantes y estudiosos de la Teoría científica , materialista, de la Literatura.

Es muy importante dejar muy claro que el Materialismo Filosófico plantea un tema fundamental, a saber: que las Ciencias , sean alfa o beta operatorias, están , además de forjadas a partir de conceptos categoriales , (basados en los materiales del campo de cada Ciencia), se dan de modo tal que incluyen de una u otra manera, y de modo necesario, material, lo que se conoce como Ideas – filosóficas- (que desde el griego de Platón y Aristóteles, equivale a conceptos como “modelos” o arquetipos, términos usados desde la filología)

Esta relación entre Ideas y Conceptos, en tanto conceptos conjugados, es fundamental en la Teoría del Cierre Categorial , que es el nombre de una de las varias teorías de la Ciencia, que se enfrenta, dialécticamente, a otros tres grupos de teorías de la Ciencia: teoreticismo ( por ejemplo, Karl Popper y el llamado falsacionismo), descriptivismo ( Hempel) y adecuacionismo ( Aristóteles o Bunge). La Teoría del cierre categorial podemos también nombrarla como circularismo.

No resulta sencillo , hay que estudiar y trabajar mucho, pero sin duda, soy testigo de ello, los videos, libros, artículos que ha escrito el profesor Maestro, son de una ayuda muy valiosa para esta labor ardua, pero muy fructífera, sin duda alguna.

FILOSOFÍA Y DERECHO EN LAS DEMOCRACIAS “CONSTITUCIONALES”, DENTRO DEL SISTEMA POLÍTICO ECONÓMICO DE LA GLOBALIZACION. TEXTOS DEL TEORICO DEL DERECHO LUIGI FERRAJOLI

LUIGI FERRAJOLI FILOSOFÍA DEL DERECHO Y DEMOCRACIA CONSTITUCIONAL

http://www.cervantesvirtual.com/obras/autor/ferrajoli-luigi-1940-8430/1

Ideología y Filosofía de la Democracia, tesis de Gustavo Bueno.

ESPAÑA: ¿Leyenda Negra, o Madre Patria? Un análisis y propuestas desde el Materialismo Filosófico y en base a varias tesis fundamentales propuestas por el filósofo español, Gustavo Bueno. Relaciones con el presente en curso.


España
: Leyenda Negra o Madre Patria

Autor Eliseo Rabadán Fernández

NOTA: El siguiente artículo fue publicado en El Basilisco(Oviedo), segunda época, nº 31 (julio-diciembre 2001) págs. 83-88

Los términos que vamos a considerar son los Estados o sociedades políticas a través de sus relaciones nacionales e internacionales.

Y esas relaciones deben ser consideradas desde los sujetos gnoseológicos y sujetos operatorios.

Hispanoamérica inmersa en la Globalización, in medias res

NOTA DE Introfilosofia : Por considerarlo de crucial interés, agregamos el enlace a esta reseña, que se conecta con los temas tratados en el video. Reseña del libro de Manuel Bartlett y Rosío Vargas analizando las consecuencias sociales y políticas de la Reforma energética implantada por México, bajo presiones de los EEUU y otros Estados interesados en los recursos mexicanos. http://www.scielo.org.mx/pdf/igeo/n92/2448-7279-igeo-92-00019.pdf

¿Quiénes son los sujetos gnoseológicos que se ocupan de establecer las relaciones entre los Estados, tanto nacional como internacionalmente?

La respuesta esperada sería aquella que afirma que los sociólogos, los politólogos, periodistas, e incluso los políticos, cuando tratan de explicar las relaciones dadas en este contexto.

¿Quiénes son en este contexto los sujetos operatorios?

Podemos considerar como tales a los elementos de las tres capas del cuerpo político, a saber: la capa basal, la cortical y la conjuntiva, esto es, los productores, los políticos y los militares y diplomáticos.

No es en vano que dedicaremos un espacio a este tema,ya que resulta crucial para establecer los criterios para delinear el mapa desde el cual nos podremos guiar en este laberinto de propuestas políticas que se observa tanto en nuestro país, España, como en el contexto de las relaciones internacionales.

Vamos a utilizar cuatro referentes que consideramos cruciales para nuestro propósito. Se trata de los siguientes estudios publicados a lo largo del siglo XX, los cuales, sin embargo,contienen multitud de referencias a hechos pasados.Todos tienen una fuerte implicación social y política.Todos se refieren a las sociedades políticas más importantes, en cuanto a su peso específico, sea este derivado de su población, de su situación geográfica o de la lengua y religión que representan como tales sociedades políticas, entendidas como cuerpos políticos, en el sentido de Bueno en su Primer Ensayo sobre las Categorías de las Ciencias políticas.

Los trabajos fundamentales que manejaremos son los siguientes:

1 – La libertad creadora, del médico y filósofo argentino Alejandro Korn

2 – España frente a Europa, del filósofo español Gustavo Bueno. Este libro ha sido publicado por primera vez en octubre de 1999 y lleva hasta mayo del 2001 tres ediciones, lo cual me parece un interesante dato,y permítanme ustedes hacer este breve comentario, dado el actual contexto en el que se sigue, por parte de intelectuales españoles, anclados en dos posiciones bastante definidas, como son las de consideran a España como esa Madre Patria que sólo dejara en Hispanoamérica las lacras más detestables de una católica España, oscurantista e intelectual y científicamente anti ilustrada y decadente; o la que nos considera hoy como avocados sin remedio a formar parte de ese Imperio que sería el dirigido por los anglosajones, y ello en todos los ámbitos políticos, económicos, militares y científicos. No quisiera parecer malicioso, pero debo señalar que dos de estos intelectuales son empleados por célebres universidades norteamericanas, dentro de las políticas culturales del nuevo orden mundial.

3 – La violación de los Derechos humanos en los Estados Unidos, del periodista y politólogo argentino Gregorio Selser, autor de una extensa obra sobre la Historia política de Hispanoamérica en el siglo XX.

4 – El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, del norteamericano Samuel Huntington,quien ha sido miembro del influyente Consejo de Seguridad nacional de los Estados Unidos.

Podemos comenzar por plantear una evidente contradicción entre lo que leemos en el libro de Huntington y lo que encontramos tanto en Bueno como en Korn.

Una mirada al libro de Huntington llevada a cabo panorámicamente, sin entrar en demasiados detalles, nos presenta a Occidente enfrentado a una decadencia y a una serie de peligros. Los peligros más relevantes para Occidente son, según el profesor de Harvard, la explosión demográfica del Islam y la creciente potencia económica de los países de Asia. Respecto de Latinoamérica, ésta es considerada como fuera de Occidente.

Veamos, por otra parte, cómo consideran los argentinos, ya en las primeras décadas del siglo XX ,a su país, a través de una cita del prólogo al libro de Korn, escrito por Eugenio Pucciareli:

” Por pertenecer al orbe de la cultura occidental era lógico que nuestros hombres dirigentes, al luchar por europeizarnos, por elevarnos al nivel que exigía la cultura de la época, utilizaran el caudal de ideas que el viejo mundo les ofrecía.”

Ortega y Gasset, por otra parte, planteaba en La rebelión de las masas que Europa había sido en la modernidad la directora del mundo.Y ello bajo el supuesto de que “la dirección de unos hombres por otros no descansa en la fuerza”. La dirección, la regla, decía Ortega, es el normal ejercicio de la autoridad, y ésta está fundada siempre en la opinión pública.

Hace ya setenta años las cosas habían cambiado respecto de la época directora, rectora, de Europa, como vemos al leer La rebelión de las masas, porque Europa se adentraba en una decadencia muy preocupante. Ortega comentaba que si los europeos viven acostumbrados a no ser dirigentes, será bastante una generación y media para llevar a todo el continente europeo y con él a todo el mundo, hasta una inercia moral, a una esterilidad intelectual y en suma, a la barbarie universal.

De Ortega y Gasset habría que sacar algunas enseñanzas de utilidad para nuestro presente como españoles y para el presente de los millones de hispanohablantes en América.

Considero un grave error suyo decir que los animales humanos habitantes en las regiones tropicales son inferiores a los europeos.

Esto es una auténtica barbaridad, y no ayuda en nada para que el proyecto de rescatar la Idea de Imperio Español – en el sentido de la propuesta de Gustavo Bueno – como alternativa para enfrentar ese Occidentedel que habla Huntington, en el cual los anglosajones son los únicos capaces de evitar la decadencia de Occidente, en los términos actuales tal como son expresados por el citado Huntington. Otro de los temas clave de la obra de Ortega, en este ámbito de la Europa como directora, se refiere a su afirmación de que “se nos dice que Europa está cesando de dirigir y que no sabe nadie quién va a ocupar su lugar”, para aclarar a continuación que entendemos por Europa, primaria y propiamente Francia, Inglaterra y Alemania.

El papel rector del mundo, tras la Segunda Guerra, quedó en manos de las dos superpotencias, EEUU y la URSS, hasta la fecha oficial del gran cambio y fin de la Guerra Fría : 1989.

Para Hispanoamérica, una especie de quimera que se pretendió similar al Plan Marshall para Europa, la llamada Alianza para el Progreso, fue el espejismo de la supuesta ayuda de su poderoso vecino del Norte. Los años 70 suponen el fracaso de un intento de desarrollo económico para América Latina que culmina con la entrada al GATT de la mayor parte de los países de esa zona excluida de Occidente, recordémoslo, por el señor Huntington, quien llega a afirmar que Latinoamérica se verá libre de la pobreza y desórdenes sociales y políticos en la medida en que sea capaz de abandonar el catolicismo y desarrollar el modelo protestante, en su versión evangélica, por cierto.

España, por otra parte, hasta su – internamente – polémica entrada a la OTAN, era un apéndice de la Europa rica y del poderoso Estado norteamericano, y a ello contribuyó, quiero resaltarlo aquí, la masiva emigración que provocó la derrota de la IIª República manos de Franco y sus aliados – y no deberíamos olvidar a los “neutros benévolos”, de que se ha venido ocupando el historiador español Moradiellos -.

Desde luego, un dato relevante para nuestra cuestión de la Leyenda Negra, es el papel de estos científicos, literatos, sociólogos, historiadores, filósofos españoles del exilio. Porque, ¿cómo es posible que una sociedad atrasada pudiera dar esos frutos? Este asunto no podemos ahora tratarlo con más detalle, pero es relevante y hay que anotarlo, al menos.

En el contexto de una Argentina – hacia los años veinte del siglo XX – deseosa de acertar en el rumbo político como nueva República ya en marcha, encontramos a Alejandro Korn, filósofo y médico, que nos expresa algo muy interesante, similar, a mi juicio, a propuestas clave de la obra de Gustavo Bueno.

“Todos los sistemas son lógicos, pero su abigarrada multiplicidad patentiza la ineficacia de la argumentación lógica. Es que cada filosofía distinta es la expresión de una valoración distinta. Luego ha de correr la suerte fluctuante de las valoraciones. Toda filosofía sistematiza en un alegato la voluntad que la inspira. Alguna vez, también, en épocas de decadencia, la ausencia de una voluntad, la ausencia de una convicción viva, fueron sustituidas por las pobres y vacías lucubraciones de la cátedra”.

Lo interesante de estas ideas de Korn, nos parece, se encuentra en el hecho de que ” la selección – de las valoraciones propuestas a la sociedad – la verifica el proceso histórico; prevalecen las que triunfan”. Pero hay que tener presente la advertencia de Korn de que” no siempre triunfan las más justas propuestas,es decir, las nuestras”. “Para propiciarlas acudimos al raciocinio, a la persuasión, a la coincidencia de los intereses o a la autoridad si la poseemos”.

Korn estaba convencido de que la formación de valoraciones sociales necesita de la pedagogía, entendida como lo que podemos definir al modo de la educación de los miembros de la sociedad, desde el seno familiar, hasta la educación institucional en las escuelas y universidades.

Me parece, sin embargo, que en la época actual, es preciso tener en cuenta el papel “educador” o transmisor de valoraciones que corresponde a los llamados medios de comunicación de masas.

Sobre el papel de la televisión, me permito recordar aquí la importante aportación de Bueno en su libroTelevisión: apariencia y verdad.

Pero no es el de los medios el único ámbito donde se forja la llamada opinión pública, o como la denomina la experta alemana – muy bien criticada, por cierto, por el profesor Felicísmo Valbuena, desde las coordenadas del materialismo filosófico, en su libro Teoría general de la información – Noëlle-Neumann, “nuestra piel social”, sino que se forja en universidades, congresos, conferencias, encuentros, centros de educación de todos los niveles y, cómo no, en los templos, todavía.

Pero aquí nos ceñiremos a los ámbitos del tipo de libro , dirigido a un público amplio, pero muy específico, que es el receptor de la obra de Huntington y de Bueno.

Lo que se constata al estudiar estos dos libros de fuerte implantación política, es el hecho de queexiste una Leyenda Negra sobre la España que forjó un Imperio y un Imperio Universal Civil (no “heril”).

Se niega la tesis que Bueno defiende, no sólo por parte de Huntington, sino por historiadores de enorme influencia en Hispanoamérica, como el célebre Leopoldo Zea.

Bueno plantea lo siguiente:

“Teniendo en cuenta todas estas distinciones, cabría reivindicar la estirpe hispánica de la Idea deImperio de Carlos I, reivindicación que fue propuesta ya, como es sabido, por Ramón Menéndez Pidal, con argumentosemicmuy sólidos y que reciben, nos parece, una enérgica reevaluación desde la perspectivaeticen que nos hemos situado. La Idea de Imperio de Carlos I, sin perjuicio de constituirse en torno a la Universitas Christiana(como condición general previa), habría tenido desde el principio una conformación estrictamente política (no religioso-positiva), incluso gibelina, como la tuvo la Idea de Imperio de Alfonso X el Imperio Universal Civil (no “heril”) sólo puede ser un Imperio conformado sobre reinos cristianos ya existentes o por crear;no puede ser un Imperio conformado por sociedades bárbaras o idólatras, ni tampoco un Imperio de dominación sobre pueblos cismáticos (musulmanes y, acaso también, protestantes). Según esto, si el Imperio debe ser cristiano no es tanto como medio de lograr la más plena unificación política (es la interpretación ordinaria), sino como el único modo de lograr la unificación política misma de los pueblos de un modo no depredador o tiránico “.

Podemos, siguiendo el hilo de las propuestas de Huntington, pensar que lo que él llama Occidente, ha de realizar planes (prolépticos) para conseguir la consolidación del Imperio no depredador, en cuanto a Latinoamérica, hacer que se hagan protestantes, para no verlos como enemigos, esto es, en términos de Bueno, no actuar como Imperio depredador respecto a esos países que forman lo que se conoce como Latinoamérica.

Pero es necesario y de gran importancia para el análisis,ver las limitaciones gnoseológicas graves que el concepto de Occidente manejado por Huntington encierra. De tal manera que Occidente podría ser interpretado, si seguimos las alternativas del libro España frente a Europa, como ese organismo transnacional que se conoce como Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, hasta ahora mantenida en su aspecto militar prácticamente por el núcleo tecnológico de la industria norteamericana, con todos los vínculos de Poder (político, económico, &, que esto implica).

Las dificultades para llevar a cabo la propuesta de Gustavo Bueno son enormes. No sólo por cuestiones históricas, pasadas, como el hecho de que los políticos y en general los habitantes de los distintos países iberoamericanos han sido educados en cierta medida, nada desdeñable en la mayoría de los casos, en la tradición de la Leyenda Negra respecto a España.¿Qué significa esto? Podemos afirmar que es un escollo enorme, al cual habría de prestársele una importante atención si se quiere desarrollar el proyecto alternativo, frente a las opciones de ir perdiendo nuestra propia referencia al período Imperial católico- en el sentido planteado por Bueno- en beneficio, como se ha señalado, de nuestros tradicionales enemigos políticos, los que sí han desarrollado Imperios, sean éstos depredadores , sean generadores.

Además de los componentes históricos, que por cierto, desde la perspectiva política y social iberoamericana, afectan de modo semejante a anglosajones y otros europeos, sobre los que podemos considerar que España tiene una clara ventaja, al ser reconocido, a pesar de todo, por la contundencia de los mismos hechos históricos, que España en cuanto Imperio, sí fue efectivamente generador.

Otros problemas pueden verse en los aspectos económicos, concretamente, la ya larga crisis que afecta a los países de toda Iberoamérica.

El problema derivado de la llamada globalización, incluidos los cambios que afectan el campo político que supone, según los analistas, una descomposición de los llamados Estados-Nación, derivada de los cambios económicos inducidos por las nuevas tecnologías y la creciente “mediatización” de lo político, en una situación de, podemos decirlo así, imperialismo mediático, en el sentido de que los intereses de los grandes consorcios financieros japoneses, norteamericanos y europeos, controlan los mensajes a través de esa red de grupos multimedia.

Dicho en otros términos, ¿de qué modo se puede llevar a la práctica el proyecto alternativo propuesto por Bueno?

Podemos pensar que este proyecto debiera, necesariamente, estar dado in medias res. Ello significa que, si el capitalismo es el único modo de organización social realmente existente, y cuya duración no parece verse comprometida, de momento, habrá que actuar en el intento de una coalición Iberoamericana, no sólo en el ámbito de la lengua y el pensamiento en español, sino , además, en el modelo económico. Quizá esa sea la idea que el actual presidente español, Aznar, ha tenido en mente, al proponer una Fundación para relaciones con Iberoamérica, a la que ha invitado a los dirigentes de la Banca y las principales empresas españolas.

El proyecto quizá esté no sólo en este libro de Bueno, sino que acaso esté ya en marcha, y no sólo por parte de España, sino que se observa, cuando a esta Fundación se decide invitar como miembros, al anterior presidente de México y a otro ex presidente Hispanoamericano.

Y, me parece, si hay posibilidades de que dicho proyecto sea algo más que una quimera metafísica, como algún intelectual, encerrado en la ya citada Leyenda Negra, y aún más, obcecado en el marxismo dogmático ya agotado sin duda, que esas posibilidades de un proyecto político y social para el cual la Idea de Imperio, en el sentido de Bueno, sí tiene raíces muy sólidas en Hispanoamérica, que lo permitan al menos convertirse en una alternativa para enfrentar tanto a la Europa en la que se nos pretende dejar siempre como meros comparsas, como enfrentar a la América en la que se pretende dejar a países como México (en el seno del Tratado de Libre Comercio, NAFTA, por sus siglas en inglés) como meros comparsas o socios menores de un proyecto en el que se los trataría de neutralizar como miembros del mismo, achacándoles, precisamente- tal es la idea manejada por Huntington – de ser bárbaros, respecto de los norteamericanos y occidentales.

Volviendo a las propuestas de Huntington, cuando a Iberoamérica se la deja fuera de Occidente, se está tratando de convertir en un hecho, algo que es una absoluta impostura, un engaño histórico tal que es urgente denunciar. Porque si se deja a Iberoamérica fuera de Occidente, se tiene que dejar además fuera, necesariamente – de acuerdo a la lógicade Huntington – tanto a Portugal como a España, y perdón por la insistencia, esta es la razón del empeño recalcitrante de seguir alimentando la Leyenda Negra.

No quiero dejar de recordar un tema que, desde México y por la influencia y potenciación que ha gozado, desde esferas políticas, ha sido de gran relevancia para este asunto, y porque si se va a trabajar por un determinado proyecto como el propuesto en el libro España frente a Europa, hay que ser conscientes de que se va a encontrar este escollo, pero de manera tal que no resultará sencillo superarlo.

Me refiero a la extensa obra del historiador -esa es su formación fundamental – yfilósofo mexicano, Leopoldo Zea, para quien incluso mereció la pena escribir un libro concreto,en el que se trata de mostrar que tanto Rusia como España jamás han formado parte de Europa, de tal manera, además, que ese hecho sería causa directa de la barbarie que engendran esas naciones. Esto explica la incapacidad de Latinoamérica, desde la perspectiva de Zea, para lograr estabilidad democrática y económica, en suma, para ser civilizados y no seguir en la barbarie; barbarie que nace en el seno de un Imperio Español bárbaro en sí, por la presencia de Inquisidores, de clérigos sumidos en la barbarie del catolicismo, como decía un intelectual al que me he referido, debido a que el Imperio era sólo retro feudal-militar y exclusivamente expoliador.

Hay mucho que discutir a este respecto, desde luego, pero sobre todo me interesa en este momento , entrar a la cuestión de la lucha entre los distintos Estados europeos, por el dominio de los nuevos territorios de América.

El aspecto militar es inseparable de todo Estado político.Y este mismo aspecto esinseparable, como es bien sabido, de la diplomacia. Como es sabido, todos estos factores están presentes en la Historia de los Estados implicados.

Esto supone que, en el actual momento histórico, cada una de las diferentes naciones políticas o Estados, tienen esa perspectiva etic, que podemos relacionar con los usos que hace Bueno como filósofo de los conceptos emic y etic.

Para el asunto concerniente a la posibilidad de, primero, poner en marcha el ortograma imperial y que los Estados de Iberoamérica lo comprendan, es naturalmente necesario hacerlo con la más lograda claridad y teniendo muy en cuenta esos factores emica que nos hemos referido.

Sin duda la propuesta, hecha desde España, puede resultar en cierto modo halagadora, pues se reconoce que los pueblos de Hispanoamérica son por derecho propio parte de la “civilización” de Occidente.

Pero por otra parte es preciso tener presente el llamado problema indígena, tan manipulado por unos y otros, por cierto. Este problema también puede enfocarse desde las coordenadas del materialismo filosófico, me parece, con buenas perspectivas prácticas, ya que coincide con planteamientos de algunos de los más relevantes antropólogos mexicanos, de los que quiero recordar especialmente a Gamio y a Aguirre Beltrán, quienes querían incorporar a los indios que no lo habían sido por las circunstanciasque fuere, a la cultura europea (es decir, a la implantada por España en la Nueva España).

La propuesta de Bueno podrá parecer descabellada, o inclusive, en términos progres, hasta una especie de vuelta a ese rancio nacional catolismo de la Patria imperial católica, &,&.

Lo que propongo es que no es así como se ayuda a establecer unas coordenadas seguras para manejar los problemas de España en Europa y de España en el mundo actual.

Creo que en Hispanoamérica se ha seguido una línea de continuidad en muchos aspectos de la vida social y política que han permitido, hasta la fecha, no ser engullidos por la cultura anglosajona, a pesar de los múltiples intentos de los principales – cuidado a este detalle: no los únicos- países que han tratado de ocupar el vacío de ese Imperio Español; primero Gran Bretaña, y luego, los Estados Unidos. Los dos han trabajado, respecto de América Latina, en una línea más depredadora que generadora, hasta fechas más omenos recientes. Pero sí se está notando un creciente empeño en apuntalar su dominio – económico y político – a través de la “generación de ideas, de pensamiento, de maneras de ser y de estar”, becando a jóvenes, implantando modelos educativos y religiosos, con todo el poder económico y político disponible.

Y España, hasta la fecha, por multitud de circunstancias históricas, no pudo llevar a cabo esa tarea, perolo que está sembrado, tras esa época Imperial, no se ha podido aún eliminar o neutralizar.

La propuesta tiene muchos matices, muchos hilos, pero no me parece desdeñable, y como he dicho alguna vez, puede llegar a “preocupar” a los otros europeos, y claro está, a los otros americanos, a los anglosajones del Norte.

¿Qué puede aportar el filósofo Ortega y Gasset a estos debates? Me parece que encontramos muy interesantes asuntos de utilidad. Pongamos por caso su idea sobre las masas implicadas en un proceso de ascenso político de una nación, que según plantea Ortega, implica que dichas masas no ven mal el ser dirigidas por una cierta élite, ya que verían en ese proyecto beneficio para sí mismas.

Cuando no hay auge sino se vive un proceso de descomposición política, de decadencia de un proyecto como miembros de una sociedad política nacional o estatal, las masas no aceptan ser dirigidas y esto produce, según Ortega, el caos, o lo que viene a ser equivalente, se realimenta la decadencia de tal sociedad. Lo que se observa es una especie de decadencia, en este sentido, en muchos países de Iberoamérica. Los proyectos puestos en marcha por dirigentes políticos de los años sesenta, han fracasado todos, y los votantes se muestran, en algunos casos, como en el actual Perú, desencantados, porque hay una decadencia que se vive en el deterioro de las condiciones de vida. No se tiene “fe” en los políticos. Se promueve el voto en blanco. En otros casos, como en México, la sociedad, las masas (en el sentido de Ortega), estaban tan cansadas de la decadencia a que el PRI las arrastró desde los años setenta, que han buscado la salvación en un líder político que les presentó un proyecto, pero el riesgo es que ese proyecto sea fagocitado, digamos, por el de sus vecinos, los poderosos EEUU imperiales.

Y aquí vemos cómo el tema planteado por Bueno es de la más urgente relevancia en este momento histórico.

Por otra parte, el hecho de que España forme parte tanto de la OTAN como de la UniónEuropa, hace aún más compleja la cuestión de la propuesta de Bueno. Quiero decir que debe ser llevado a cabo con mucha “diplomacia”(cosa que espero seamos capaces de hacer, si de hecho este proyecto se va llevando a la práctica con la envergadura que precisaría), para evitar llevarlo a un posible fracaso prematuro.

Quizá un error, ya en marcha, derivado acaso de falta de apoyo filosófico, lo encontramos en el actual modo de empezar el llamado Instituto Cervantes, desde España, dejando a un lado la participación de hispanoamericanos.

Creo que Bueno debe hacer un esfuerzo más para que desde España e Iberoamérica desarrollen estas propuestas.Ya existe y es un enorme esfuerzo, la Fundación Gustavo Bueno, que trabaja en esta línea, pero no esperemos todo de una sola persona, creo que es preciso el apoyo de quienes vemos valiosa la propuesta alternativa, como la vengo denominando, y más que demoler antes de edificar, tratemos de mirar los planos del proyecto y discutir si vale la pena o no seguir construyendo algo, o reformar los planos, o empezar por demoler los primeros ladrillos, antes de saber qué se pretende construir.

Las posibilidades que se abren, desde la plataforma en que se ha situado Gustavo Bueno, a la América Hispana, se reducirían a tres, a saber:

1-“Ser el “reverso” de la América anglosajona: mano de obra barata del capitalismo del dólar; abrirse a la influencia de su organización económica, de su filosofía analítica, sus religiones evangelistas o calvinistas y su tecnología y su modo de vida”.

Por cierto, señalaré muy brevemente que esto no son palabras, sino que, al vivir (de nuevo) la realidad mexicana durante un año (entre el verano del 99 y el del 2000) pude constatar cómo esta “posibilidad” se está extendiendo de hecho, pero además, en el caso de la filosofía, de una manera totalmente “degenerada”, en cuanto a su aplicación académica y política, respecto al modo en que los norteamericanos lo llevan a la práctica.

2-“Tratar de alcanzar una independencia efectiva, buscando la unidad o la identidad común mediante su “liberación” del capitalismo anglosajón, pero también del capitalismo europeo y ,en particular, de España. Los promotores de la llamada “filosofía de la liberación” van por ese camino

Habría que comentar sobre este asunto que además están, en concreto el filósofo argentino-mexicano Enrique Dussel (y lógicamente todos sus discípulos), haciendo el juego a los alemanes de la “ética del discurso” y de la “hermenéutica”, porque pretenden lograr con ello su aval filosófico. Realmente es fantástico este asunto, en el sentido de la ficción literaria y su fantasía.

Por cierto, merece la pena señalar en este momento la importancia de ofrecer alguna filosofía sistemática “fuerte” para entrar en la dialéctica que existe, con alguna alternativa que tuviera cuando menos posibilidades serias de enfrentar esta situación con éxito. Me parece que la Teoría del Cierre Categorial podría jugar este papel, no sólo en América, sino en la propia Europa.

3-“Tratar de construir la “liberación”, respecto de América del Norte, no en el sentido de la inmersión en los abismos de la Pachamama, sino en el sentido del desarrollo de la cultura y lengua que les es más común(…)”.

Es importantísimo, en el contexto de toda la argumentación sobre la oposición “Madre Patria/Leyenda Negra”, tener muy en cuenta lo que Bueno advierte sobre la relación entre los actuales Estados de la América Hispana (Iberoamérica) y España.

No se trata de ninguna manera de propuestas panhispánicas que desde España fueran vistas como una re españolización de América, que “serían vistas, desde América como un movimiento intelectual y económico “que no dejaría de ser imperialismo”.

Y esta es la tesis, que por lo que puedo comprobar, no ha sido entendida por los críticos o comentaristas del libro de Bueno. Una tesis fundamental que se puede enunciar de este modo :

“Aquí partimos de la soberanía y de la independencia, no sólo política, sino cultural, de los pueblos hispánicos americanos y de los intereses que ellos puedan tener en vivir dentro de una comunidad hispánica frente al imperialismo yanki. Pero lo que afirmamos es que el fundamento de estos intereses, si existen, aunque nada tenga que ver con un actual “imperialismo” español, no podría ser desconectado del “imperialismo generador” pretérito”.

A continuación nos encontramos, en el libro de Bueno, una serie de propuestas para llevar a la realidad, en el caso de elegirse la opción tercera de las anteriormente propuestas, con las dificultades, muy serias, que encontraría su posible puesta en marcha. En especial, cuando de economía se trata, los intereses agrícolas europeos (especialmente franceses y los propios españoles).

Si tenemos en cuenta que la opción es muy difícil, ya que, como Bueno señala, las “Cumbres” Iberoamericanas recientes y las proyectadas, se han venido limitando a meros acuerdos en campos muy acotados: intercambios culturales, de cooperación (vía ONG´s) e inclusive en asesoría para temas de “seguridad ciudadana”, lo que parece quedar como más efectiva realidad, es que el imperio anglosajón se fortalece y que España sigue enfrentando sus propios problemas acerca del papel que le queda en este contexto -respecto de América Hispana y de Europa – .

Me parece que Bueno no es, ni mucho menos, tan ingenuo como para promover, como algunos quieren presentarlo, una alternativa tan descabellada como si fuera “la vía” a seguir. Lo que ha hecho en este libro es, por una parte, advertir de las falacias derivadas de ese relativismo cultural, que tanto daño ha venido haciendo (y seguramente seguirá) en los países de América. (Por cierto, no creo que sea en absoluto algo casual o inocente, el hecho de la cantidad apabullante de cátedras especializadas en los llamados “estudios de género ” y de “identidad”. Se busca potenciar, desde EEUU sobre todo (ojo, también se está trabajando de este modo en Europa, sobre todo últimamente en la Europa ex comunista) una antropología y sociología de las identidades culturales.

Por otra parte, se señala el enorme riesgo, no de desaparecer como “naciones” en el seno del bloque yanki, sino de conformar la parte de reserva de mano de obra barata manejada con la ayuda de las élites criollas de siempre (desde la Independencia es notorio).

La razón de que Bueno “insista”, al menos eso podemos pensar, que hay una cierta insistencia, o mejor aún, una apuesta por la posibilidad de una relación España / Iberoamérica frente a Europa y frente a los Estados Unidos de Norteamérica, la encontramos en sus tesis sobre el proyecto “europeo” de Europa, el proyecto actualmente en marcha que, como muy bien ha mostrado el propio Bueno, es un “arrojado histórico” que determina las posibilidades de construcción de ese proyecto de Europa.

Pero es precisamente en este punto, donde se ve reforzada la apuesta, que en otro contexto no determinado desde las citadas coordenadas históricas que diseñan la actual Europa en construcción, podía parecernos muy difícil de explicar y hasta descabellado o hasta, llegando al límite, reaccionaria (como ha definido dicha apuesta de Bueno, Fuentes Ortega, por ejemplo).

Consideremos a continuación dos aspectos muy relevantes para la propuesta de una Comunidad (sea de un tipo u otro) de Estados Iberoamericanos.

En primer lugar, el hecho de que España pertenece a la Unión Europea, lo cual condiciona las propias relaciones políticas españolas con los Estados Iberoamericanos, por ejemplo, en cuanto a la llamada doble nacionalidad. Que España acepte que un súbdito argentino pueda ser español, no implica que el argentino que hubiese adquirido, desde las legislaciones argentina y española derechos de doble ciudadanía, tenga por ello, los derechos como “europeo”.

En este ámbito, la consideración de Bueno acerca de la Comunidad o Unión Europea como una biocenosis, es aplicable también al caso de América. Un ejemplo muy conocido: el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en el que México, Canadá y Estados Unidos forman una “comunidad”. Allí el concepto de biocenosis que maneja Bueno es prácticamente evidente.

En segundo lugar, y estrechamente relacionado con el concepto de biocenosis – en el citado sentido de Gustavo Bueno – podemos considerar dos aspectos :

1- Los distintos Estados de Iberoamérica, cuando firman Tratados, no lo hacen en nombre de esa “ideológica” noción de solidaridad entre pueblos “hermanos”, de la que se llenan los labios los políticos, sino que se hacen teniendo que establecer estrategias prolépticas de fines y medios , dados en una “lucha por la vida”,en la que no se puede hablar de fraternidad latinoamericana. Esto, por una parte, y sin perjuicio de reconocer que la misma idea de biocenosis, aplicada a este tema, resulta ser factor de uniones efectivamente benéficas para los Estados que las construyen; pues ellos mismos, a su vez, deben cooperar para mantener la vida de sus poblaciones, la eutaxia, en el sentido que de Bueno a este concepto de las Ciencias Políticas .

2 – La relación de estos Estados Iberoamericanos, que forman biocenosis determinadas, como es lógico, por el propio medio: cercanía física, fronteras comunes, problemas similares, posibilidades de establecer políticas de colaboración aacdémica, &, con otros grupos o biocenosis.

Mencionaré, a modo de ejemplo, el caso de México. Cuando México forma parte de ese tratado con Canadá y EEUU, se produce un cambio en su modo de relacionarse con sus vecinos al Sur, en especial con Centroamérica, que empiezan a ver cómo la distancia económica, política, demográfica, que los separaba, parece acrecentarse enormemente, ya que ellos mismos ven muy difícil poder ser socios de ese Tratado(el TLC).Intentará México, sin embargo, de mantener las mejores relaciones con sus vecinos centroamericanos, pero teniendo a su vez que actuar en el seno del TLC. Le sucedería a México un poco lo mismo que a España en sus relaciones con Iberoamérica, radicalmente diferentes antes y después de ser miembros de la Unión Europea.

Otro aspecto de México, por ser además el país más emblemático en este sentido, es el de sus relaciones con el mundo anglosajón.

En México, las cuestiones a que Bueno hace referencia sobre el Imperio Católico español en cuanto que se enfrenta tanto al Islam como al cristianismo luterano y calvinista y sus “variantes evangélicas”, las encontramos especialmente desde que los gobernantes de EEUU comenzaron a prestar atención a la problemática de cómo consolidar y desarrollar su proyecto imperial depredador en fase de paso a imperio generador – lo cual por cierto, supone la desaparición de la cultura anterior, vía sustitución, que es lo que propone claramente Huntington -.

Enfrentaron el problema de que el cristianismo católico se transformaba en lo que la Iglesia (el Vaticano) consideraba una herejía, a saber: la teología de la liberación, pero más bien por la apropiación que los políticos marxistas (en concreto en Nicaragua) llevaron a la práctica real, abortada militarmente por las “contras” dirigidas por EEUU, como es bien sabido.Y este es el tema que Bueno advierte: cómo, tras la derrota político militar a la que ayudó el papa polaco, de esa opción marxista católica, totalmente contraria a los intereses capitalistas de EEUU, se presenta una situación completamente diferente, en la que el único modo de enfrentar al luteranismo (es decir, al imperio anglosajón) en Iberoamérica (y en España de diversa manera, pero con rasgos genéricos comunes, respecto de Iberoamérica), sería potenciar el catolicismo.

Es aquí donde encuentro un problema, acaso derivado de la falta de espacio – me refiero al libro España frente a Europa, pues un libro que se centra en la relación de España y Europa, el asunto de Iberoamérica, creo, no ha tenido la posibilidad “física” necesaria : hubiera sido necesario otro libro mucho más extenso.

Me refiero a lo siguiente: lo primero que saldrá a la luz, es la crítica que plantea que la España Católica no ayudó a mejorar las expectativas de las Naciones Iberoamericanas, tras la Independencia, porque era una España que censuró las Ideas de la Ilustración y por tanto, mantuvo a Iberoamérica en desventaja respecto a sus vecinos del Norte, que sí lograron avanzar social, económica y políticamente. Es la tesis de Zea sobre Ariel y Calibán, tan extendida en las universidades de Iberoamérica.

El hecho es que los dirigentes Iberoamericanos buscaron a lo largo del siglo XIX adaptar a sus Repúblicas el modelo europeo del liberalismo político. Pero aquí hay un periodo histórico de crucial importancia para comprender los problemas de Iberoamérica y sus relaciones con los Imperios europeos y el norteamericano.

No podemos extendernos en este tema, pero sí quiero prácticamente ya para terminar comentar que México, en el momento actual, está vinculado cada vez más, en todos los aspectos del comercio, la academia, el arte, la banca y la industria, a la vida estadounidense, en especial todo el Norte del país.Y la cuestión, en cuanto a la propuesta de Bueno, será la de saber si a los mexicanos les interesa realmente establecer esa relación con España o les interesa más seguir la relación ya en vías de una muy fuerte consolidación con los yankis.

Me interesa recordar la idea de un especialista mexicano en las relaciones de México y EEUU- por cierto, nada partidario de ellas, en el modo en que se vienen desarrollando, precisamente por la enorme asimetría de las culturasmexicana y estadounidense – de que existe una “absorción benevolente de México, por parte de su vecino anglosajón”. Para desarrollar un plan en el sentido de la propuesta de Bueno, hay que trabajar, me parece, en dos sentidos (entre otros temas) que son básicamente los siguientes:

Enfrentar la Leyenda negra o su mito fabricado por los enemigos de España, desde luego los ingleses y sus primos yankis, por medio de la “contraleyenda”. En este sentido es en el que he querido presentar a ustedes el libro de Gregorio Selser sobre la violación de los derechos humanos en Estados Unidos.

Mostrar cómo, a través de la manera en que el catolicismo puede manejar la filosofía, se puede obtener el beneficio de no ser “absorbidos” por ese Imperio que para generar pasa necesariamente por una fase depredadora a la que parece ser que no se le ha dado la importancia en el actual momento, pues muy hábilmente se presenta como el socio solidario, y esto también se puede demostrar recurriendo a autores como Selser que no es, por cierto, ni mucho menos utilizado en las universidades privadas de México, que miran a los EEUU o a los alemanes, para construir un capitalismo protestante, es decir, un capitalismo que beneficia a los alemanes, ingleses, norteamericanos y a sus socios en Iberoamérica.Y ese problema también quiero advertirlo aquí, porque, me parece, la Iglesia Católica puede adoptar tantas pieles como sea necesario a sus intereses. Pacta con los anglosajones cuando le interesa,y este es un muy gran escollo para lograr algo.

Por lo tanto, y creo que Bueno lo ha visto con mucha claridad, hay que dedicar una atención especial al estudiar el concepto de Imperio español, cuando advierte el autor de España frente a Europa que los Reyes españoles no aceptaban un Imperio sometido a la Iglesia.

Autor

Eliseo Rabadán Fernández

erabadan@yahoo.com