Bienvenido a la Global Viallage. Una reseña al libro de H Kurnitzky, Retorno al destino

Kurnitzky ve el periclitar de las naciones, el declive de la sociedad democrática y el emerger de la resistencia inútil de las etnias y de los proyectos comunitarios. “La vuelta a las raíces son sueños infantiles de impotentes”, dice. “Una cultura étnica es siempre totalitaria”.

http://www.jornada.com.mx/2001/10/14/sem-blanco.html

Retorno al destino, el deterioro de la sociedad en el neocapitalismo globalizado 

José Blanco
el estado de las cosasUn retorno a los
maestros de la
sospecha

Aunque José Blanco, autor de este lúcido ensayo, dice no compartir el pesimismo de Horst Kurnitzky ni “su visión de lo que llama ‘la constitución actual de la sociedad’ y la dirección de su destino”, es imposible no coincidir con el autor de Retorno al destino cuando, según palabras del propio Blanco, Kurnistzki “describe el paisaje desolado del kitschgringo extendiéndose como moho por el planeta […] Con el triunfo final de la economía sobre la sociedad, que pasa por la destrucción del Estado de bienestar, surge el hombre moderno, el hombre ‘flexible’ de nuestros días, fácil de persuadir, a merced del capital de las trasnacionales, aterrado de perder su trabajo, un softy sometido y adaptado”… Freud, Nietszche, Adam Smith, Paul Ricoeur y varios pensadores más andan por estas líneas, útiles para enriquecer el necesario análisis del estado actual de las cosas.Horst Kurnitzky ha escrito un texto apasionado en el que a grandes trancos revisa el sentido del camino de los hombres: Retorno al destino (Ed. Colibrí, México, 2001), es el título de su libro. Según mi lectura, Kurnitzky ha puesto al frente las miradas de Sigmund Freud y Friedrich Nietzsche para penetrar ese destino. 

A propósito de Freud y Nietzsche, Paul Ricoeur, al explicar lo que para él significó el descubrimiento freudiano, apunta que con el psicoanálisis “no es tal o cual tema de reflexión filosófica lo que es puesto en cuestión, sino el conjunto del proyecto filosófico. El filósofo contemporáneo encuentra a Freud en los mismos parajes que a Nietzsche y a Marx; los tres se erigen delante de él como protagonistas de la sospecha, los que arrancan las máscaras. Ha nacido un problema nuevo; el de la mentira de la conciencia, el de la conciencia como mentira.” (Hermenéutica y Psicoanálisis, cursivas en el original).

Frente al conjunto del texto de Kurnitzky cito ahora nuevamente a Paul Ricoeur cuando, en un texto anterior (Le conflit des interprétations. Essais d’herméneutique, 1969), habla de la hermenéutica de los símbolos. Dice Ricoeur:

Es preciso, quizás, haber experimentado la decepción que se asocia a la idea de una filosofía sin supuestos para acceder a la problemática que vamos a evocar. Al contrario de las filosofías del punto de partida, una meditación sobre los símbolos parte plenamente del lenguaje y del sentido que está siempre ahí: parte del medio del lenguaje que ya ha tenido lugar y en el que todo se ha dicho ya de alguna manera; quiere ser el pensamiento, no sin presuposiciones, sino en y con todos sus presupuestos. Para esta meditación, la primera tarea no es la de comenzar, sino que es, en medio de la palabra, recordarse… 

“El símbolo da que pensar”: esta sentencia que me encanta dice dos cosas; el símbolo da; no soy yo quien le pone el sentido, es él quien lo da; pero aquello que da es un dar que pensar, dar un qué pensar. A partir de esta donación o posición, la sentencia sugiere, a la vez, que todo está ya dicho en enigmas y que es preciso volver a comenzar y recomenzar en la dimensión del pensar. Aquello que yo quisiera sorprender y comprender es esta articulación del pensamiento que se da a sí mismo al reino de los símbolos y del pensamiento que se pone y piensa.

El trabajo de Kurnitzky se inscribe en ese plan de pensamiento. A través de la lectura de los símbolos, va primero al encuentro de ese tránsito de la hominización a la humanización en la que el alma humana se parte y ofusca al sacrificar los hombres a la naturaleza en sí mismos. A ese encuentro fue al final de su vida el Freud de El malestar en la cultura, ahí acude Kurnitzky a examinar minuciosamente el rito del sacrificio del que penderá en adelante, según su propia hermenéutica de los símbolos, la historia humana. 

Del sacrificio del deseo pulsional al mito ­a los mitos­, de la represión del incesto al egoísmo, en el proceso de la puesta en acto de los fundamentos de la civilización y su primera racionalización. 

Después los contenidos de este tránsito se repetirán hasta nuestros días. “El sacrificio no desaparece cuando es sustituido por otro ­dice Kurnitzky en frase circular­, tampoco cuando la variedad de sustitutos finalmente diluye la presencia del sacrificio como tal”, porque aparecerá como sacrificio simbólico. “Solo la repetición de lo mismo es posible”, escribe nuestro autor en sentencias nietzscheanas. “Todo tipo de sociedad humana se funda en el sacrificio, concretamente en la renuncia de lo pulsional. Las formas primarias de organización económica surgen de esta renuncia, surgen del sometimiento de los deseos libidinales incestuosos…”

Con paso largo Kurntizky va también del intercambio al dinero. “Todo depende y todo se impulsa hacia el dinero […]; el dinero revoluciona todo y hace posible lo imposible, así también puede conducir a la sociedad al Apocalipsis.” Aquí nuestro autor recobra a Adam Smith, quien “percibió cómo la tendencia al intercambio está fundada en la naturaleza humana e hizo al egoísmo responsable del deseo de intercambio”.

Horst Kurnitzky. Foto achivo La Jornada/Alejandro MelendezMás adelante: “Lo que son las reglas del culto de sacrificio para las sociedades tribales, son para la sociedad moderna las reguladas relaciones sociales y de trabajo, el contrato social y las garantías del estado del bienestar.” En la visión de Kurnitzky, es así como la sociedad había regulado a la economía. Pero cuando, como hoy, esa relación se invierte ­nos advierte­ y es la economía la que manda, la sociedad “va a ser liquidada como sujeto autónomo y se va a desintegrar. Esta es una tendencia que se impone hoy en día por todo el mundo capitalista.”

Nuestro autor emerge después a la superficie: Welcome to Global Village. El mundo globalizado de nuestros días o, como él lo llama, “el final de la utopía de un mundo humano”.

A golpes de martillo, describe el paisaje desolado del kitsch gringo extendiéndose como moho por el planeta. El hundimiento de las culturas nacionales, la tendencia hacia una cultura global standard, con sus malls, su world music, sus gadgets y sus fruslerías plastic bien representadas por la cultura chatarra que ocupa con vastedad el ancho espacio de los sitios .com

Con el triunfo final de la economía sobre la sociedad, que pasa por la destrucción del estado del bienestar ­señala Kurnitzky­, surge el hombre moderno, el hombre “flexible” de nuestros días, fácil de persuadir, a merced del capital de las transnacionales, aterrado de perder su trabajo; un softy sometido y adaptado a los hechos “irremediables” del mundo, que han sido hechos, sin embargo, por los hombres mismos.

Kurnitzky ve el periclitar de las naciones, el declive de la sociedad democrática y el emerger de la resistencia inútil de las etnias y de los proyectos comunitarios. “La vuelta a las raíces son sueños infantiles de impotentes”, dice. “Una cultura étnica es siempre totalitaria”.

Al final, después de pasar por una nota teórica sobre el azar, la casualidad y el destino, Kurnitzky mira “la liquidación de la sociedad por la sociedad misma”. Nuestro mundo de hoy, dice, “parece obedecer a una de las rupturas históricas más radicales ocurridas en los últimos quinientos años”. Ha aparecido la sociedad de riesgo mediante la extirpación del contrato social de la comunidad solidaria. La soberanía ha sido trasladada a los mercados financieros. La política ya no está regulada por las leyes del derecho sino por las del free market. Las decisiones han sido transferidas a la casualidad. 

Para Kurnitzky, en suma, el último retorno, en el que juntos todos hoy viajamos sin saberlo, consiste en el hundimiento de los hombres en el oscuro pantano planetario de una edición corregida y aumentada del Medioevo. 

Coincido con nuestro autor en muchas de sus tesis tanto sobre el mundo simbólico como sobre el mundo sensible, pero no comparto su pesimismo y su visión de lo que llama “la constitución actual de la sociedad” y la dirección de su destino. 

Nuestro autor nos presenta a un hombre definitivamente predestinado a repetir ad infinitum un camino decidido para siempre por la escisión del alma humana, expresada en el sacrificio. La entera civilización se define por esa ecuación: hombre = sacrificio de la naturaleza, que es operado a través de la represión del deseo pulsional. Los mitos no hacen sino hablar en signos de este drama de origen en actividad permanente.

A mediados del siglo recién fenecido, Isaiah Berlin escribió un ensayo extraordinariamente lúcido sobre el Tolstoi de La guerra y la paz1 . Berlin recuerda ahí un verso enigmático del poeta griego Arquíloco que dice: “La zorra sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una importante.” “En sentido figurado ­dice Berlin­, tal vez dichas palabras pretendan señalar una de las diferencias más profundas no sólo entre los grandes escritores y pensadores, sino entre los seres humanos en general. Pues hay un gran abismo entre, por una lado, quienes lo relacionan todo con una única visión central, con un sistema más o menos congruente e integrado, en función del cual comprenden, piensan y sienten ­un principio único, universal y organizador, que por sí solo da significado a cuanto son y dicen­, y, por otro, quienes persiguen muchos fines distintos, a menudo inconexos y hasta contradictorios, ligados, si acaso, por alguna razón de facto, alguna causa psicológica o fisiológica, sin intervención de ningún principio moral ni estético… Los erizos tienen la personalidad intelectual y artística de los primeros. La zorra, la de los segundos.” Berlin nos expone casos ejemplares: “Dante pertenece a la primera categoría y Shakespeare a la segunda; Platón, Lucrecio, Pascal, Hegel, Dostoievski, Nietzsche, Ibsen y Proust son, en distinto grado, erizos. Herodoto, Aristóteles, Montaigne, Erasmo, Molière, Goethe, Pushkin, Balzac y Joyce son zorras.”

A lo largo de su libro, Berlin elabora larga y profundamente sobre las filosofías de la historia para trabajar a Tolstoi. Termina dando la razón a las zorras ­y, por tanto, él mismo así se ubica­ y demuestra que Tolstoi es una avezadísima zorra que, no obstante, pugna a toda costa… por ser erizo. Berlin, como otros pensadores, argumenta de modo convincente en contra de un determinismo histórico inexorable apoyado en un principio único determinante de la totalidad histórica del mundo humano y aboga a favor de una multiplicidad de métodos atingentes al carácter de los problemas que hayan de ser analizados y comprendidos. A mí Berlin me convence plenamente en este punto ­aunque debo confesar mi fuerte simpatía íntima por la pugna interna de Tolstoi.

Ese es mi referente general para estar en desacuerdo con el máximo alcance explicativo que Kurnitzky otorga al sacrificio en su texto. También estoy en desacuerdo con su entendimiento sobre el retorno continuo al sacrificio: la sustitución de un modo de sacrificio por otro, y aun la eliminación de éste por su reproducción simbólica son, para Kurnitzky, todo lo mismo: la esencia del drama originario que pare al hombre es el sacrificio, y en adelante se expresará de modos distintos, sería la tesis. En un afamado ejemplo, Sócrates reduce a un mismo núcleo esencial los juegos de azar, los juegos olímpicos y el juego bursátil. De modo análogo, nuestro autor reduce a la misma esencia el intercambio de ideas, de pasiones y de mercancías. Tratándose de actividades humanas tan diversas, reducirlas a una misma esencia no parece productivo, pienso. Los primeros homínidos, el pitecántropo y el homo sapiens, los hombres, todos interactúan entre sí y con la naturaleza, pero cada uno lo hace de un modo diferente en distintos periodos o en distintas culturas. El interés por el conocimiento está, me parece, justamente en ese modo distinto y no en el hecho de la interacción continua. Esto, que para mí es lo aceptable, conlleva la necesidad de aceptar el mundo aparente como el mundo auténtico, el único mundo. O, como dijera el viejo Feuerbach, “sólo lo particular es real”.

En el manejo de la idea de una esencia, el riesgo adicional es resbalar en la hipostatización, apunto al paso2 . 

El enfoque de nuestro autor lo lleva a afirmar: “El valor de uso surge del valor de cambio”, y en pié de página: “El marxismo y la teoría económica invirtieron esta relación.” El marxismo, en efecto, hizo esta inversión, pero justamente para ponerla sobre sus pies. Cuando se atiende a la especificidad del intercambio de mercancías, el valor de uso es, en el concepto y en la historia, anterior al valor de cambio. No hay valor de cambio si el objeto del intercambio no es en primer término valor de uso. En la comunidad primitiva hay valores de uso pero no valores de cambio, porque no hay intercambio de mercancías en esa comunidad. El comercio fue, como el propio Kurnitzky lo ha registrado, en su primer tiempo, comercio de larga distancia, es decir, externo a la comunidad. Bajo un cariz distinto aparecen las cosas cuando se parte de lo concreto específico, particular.

Cuando se parte de lo particular específico, el dinero y el capital no se confunden como ocurre en el capítulo que nuestro autor dedica al dinero. En realidad Kurnitzky habla del capital, no del dinero en sentido estricto, aun cuando en los primeros párrafos es el dinero el punto de referencia. No todo dinero es capital; no todo capital es dinero. Los conceptos, en este caso, hacen referencia a las funciones que, en cada situación, cumplen las mercancías y la fuerza de trabajo. 

Desde este mirador, la teoría económica no aparece como mito, ni los valores de los bienes aparecen tampoco medidos por las necesidades de quienes intercambian, ni el precio aparece como algo ajeno al cálculo racional porque sea fijado por la oferta y la demanda, como lo ve Kurnitzky. La curva de la oferta no es otra cosa sino exactamente la curva de los costos marginales del producto que se intercambia. Por ello puede informar de la lista de los distintos precios a que puede vender el productor, según la cantidad que del producto se demande. Si, por ejemplo, el productor produce en cantidad mayor a las necesidades sociales expresadas como demanda en el mercado, el exceso de producto no es valor de uso porque no puede ponerse en relación con las necesidades humanas y, en consecuencia, tampoco es valor de cambio. Es así el mundo de la racionalidad económica en una sociedad de mercado. Y al pasar al precio de monopolio la racionalidad cambia porque el productor está en la capacidad de fijar el volumen de ventas en el punto de la curva de costos marginales que hace óptima la ganancia. 

Desde este ángulo, Adam Smith sufre evidente confusión cuando inventa al homo oeconomicus, de tanta fama en la literatura económica. Smith opera por abstracción a partir del capitalista o del productor simple de mercancías, ambos actuando en un mercado capitalista, y crea una imagen en la que el egoísmo y la proclividad al intercambio de mercancías son sus distintivos dominantes. La racionalidad de su conducta no es aplicable al resto de los mortales, pero Smith la generaliza a todos, para todas las épocas históricas. 

Pero ascendamos también rápidamente a la superficie de la Global Village, y hagamos un contraste.

El capitalismo domina hace siglos la escena del mundo. Pero es, de origen, una empresa europea. No es difícil acercarse a mirar, a la salida del Medioevo, las condiciones históricas, y sus antecedentes, que llevaron a la conformación de una sociedad organizada sobre un tipo particular y específico de conflicto social, profundamente distinto a las relaciones de servidumbre. El conflicto de interés entre las clases sociales y entre los capitalistas a través de la competencia mercantil, específico de la sociedad burguesa, fue un invento social, por nadie planeado, el medio más poderoso, que hizo de Europa una sociedad dinámica: desarrollo de la economía, desarrollo de la cultura, de la ciencia y la tecnología, desarrollo de la organización política, desarrollo sans phrases. Estados Unidos, en este sentido, no fue sino una extensión de Europa; la más sobresaliente. Con una ventaja para este país desde el punto de vista del desarrollo de la economía: estuvo libre de la carga del pasado feudal y aristocrático.

Con la ventaja histórica de apoyarse en sociedades dinámicas y en desarrollo acelerado, Europa no sólo realiza extensiones de sí misma sino también organiza el sistema colonial del mundo. Ocurre, sin embargo, que en el caso del área que llegaría a ser América Latina, esa empresa es encabezada por los núcleos más atrasados del centro capitalista: España y Portugal. 

Un sistema colonial trabajando a favor del desarrollo capitalista europeo, pero sin hacer de las colonias mismas espacios capitalistas, sino espacios de nuevas formas de servidumbre y esclavitud, es decir, espacios sociales donde el conflicto social era uno muy distinto al que dominaba la escena en el núcleo central capitalista de Europa. 

Durante el primer tramo de desarrollo capitalista, la experimentación social sobre las formas del dinero llega a su fin porque se halla en los metales preciosos, en especial en el oro, el equivalente general, más aún el equivalente universal para el intercambio de mercancías. Para el caso de la futura América Latina no es para nada extraño que la formación del sistema colonial coincida en el tiempo con ese hallazgo: el oro y la plata, equivalente universal, son la razón de ser fundamental de los lazos coloniales.

Basado en su novísima conflictualidad social, pero también en los apoyos formidables del sistema colonial, el sistema capitalista crece y se desarrolla: capitalista el núcleo central dominante, no capitalista desde el punto de vista del tipo de conflicto social dominante, la periferia colonial. Así hasta el siglo XIX para América Latina, y hasta el siglo XX para Asia y África, siglos durante los cuales se agotó el modelo colonial de dominación territorial directa. 

Durante el siglo XIX y, en algunos casos, buena parte del  XX, América Latina consolida en cada país pequeños centros capitalistas que se constituyen como extensiones del capitalismo de los centros (enclaves), conservando en gran medida, en lo interno, las relaciones coloniales del pasado. El siglo XX conoció además la experiencia comunista y socialista, que al final del siglo pasado mostró haber sido una brecha de acceso al desarrollo capitalista. 

Por su parte, ciertamente los centros desarrollados, unos u otros, pasaron por las grandes crisis, por las grandes guerras, por la prueba desgarradora y bárbara del fascismo y el nazismo. Pero el Estado de derecho, el desarrollo de la democracia, las garantías sociales e individuales del Estado del bienestar, que Kurnitzky ve en declive, no son una experiencia humana universal, sino también una experiencia social de los núcleos centrales del desarrollo capitalista: una proporción pequeña de la población del planeta. El mundo subdesarrollado y dependiente siguió otros rumbos específicos que, comparados con el rumbo histórico de los centros, aparecen “distorsionados” de mil maneras. Una constante en estos siglos en el área periférica será la pobreza profunda extendida y la desigualdad acentuada; el amplio segmento pobre e indigente de la sociedad, con siglos de existencia, presenta tan extrema debilidad social que la posibilidad de acceder a formas de organización social que reproduzcan a su modo el tipo de conflicto social que dinamizó a Europa desde los inicios del siglo XVI, aparece como muy remota. África en el extremo.

El siglo XX fue para los centros capitalistas de un desarrollo prodigioso, apoyado en una revolución tecnológica casi permanente. Pero es crucial distinguir dos momentos. Hacia fines de los años sesenta, con rapidez asombrosa tiende a agotarse el perfil tecnológico que nace con la Revolución Industrial de fines del siglo XVIII, y que durante el XX se apoyó visiblemente en la industria metalmecánica y en el petróleo de bajo costo. Con rapidez aún mayor, a partir de los años setenta del pasado siglo XX comienza a nacer un nuevo perfil tecnológico cuyo desarrollo se halla hoy en los prolegómenos, basado en la electrónica y los procesos informáticos. 

En estos años también se agota el sistema de pagos internacionales ideado apenas en la posguerra, basado en el patrón dólar. Lo sustituye un dinero virtual operado a través del signo monetario estadunidense: los movimientos contables de los depósitos bancarios, ahora a escala planetaria. La banca y el sistema financiero se internacionalizan. Los procesos productivos se vuelven también crecientemente planetarios al modo de una red articulada. Las fuerzas productivas del mundo se vuelven inconmensurables, cuando el nuevo perfil tecnológico está apenas en estado naciente. Ha nacido la Aldea Global

Marx debe estar sonriendo en su tumba: el desarrollo de las fuerzas productivas planetarias de hoy y del futuro previsible no cabe en las formas institucionales de los Estados nacionales del presente. El capital hace su trabajo y avanza cada día desarticulando lo que el propio Marx llamó esquemáticamente superestructura. La desregulación neoliberal es una de sus formas.

Pero muchos de los riesgos y tendencias señaladas por Kurnitzky hacia el final de su trabajo, ciertamente están presentes. Y lo están, de manera visible, para los centros del sistema capitalista mundial y, en alguna medida, en sus enclaves de la periferia. Falta aún medir las consecuencias de la desigualdad para el sistema mundial. A lo largo de todo el siglo XX la brecha entre la riqueza de los centros capitalistas y la periferia se amplió constantemente. Con la globalización la brecha se ha tornado un abismo cuya ampliación no tiene freno. 

Kurnitzky ha hecho una dura crítica del actual surgimiento, bajo mil modalidades, de las identidades y comunidades étnicas. Abrigo dudas diversas respecto a sus razones y a su generalización del fenómeno; se trata, sin embargo, de una fuerte tendencia sin retorno, que presenta múltiples dilemas. Desde el siglo XVI, allí donde llegó el capital, disgregó y disolvió a la comunidad. Ninguna cultura del mundo ha dejado de lamentar ese naufragio, ni ha dejado de cantar en lánguidas notas melancólicas la disolución de lo que estuvo junto. Pero la peor catástrofe ocurrió en la periferia. Fue dilacerada inhumanamente la comunidad, pero no fue después integrada al desarrollo capitalista. Los centros capitalistas carecieron siempre y carecen hoy de mecanismos integradores. La idea del multiculturalismo de hoy como reclamo de reconocimiento de la diferencia, ciertamente corre el grave riesgo de ser o convertirse en un nuevo mecanismo de marginación social. Pero en el naufragio institucional del mundo de hoy, puede ser también un nuevo mecanismo de defensa y, acaso, de incorporación e integración, un instrumento para pelear por una mayor justicia social, aunque ciertamente no para instituir métodos democráticos. Este último tema quizá va a tener que esperar aún.

El proyecto de la razón más ambicioso que los hombres hayan imaginado nunca es la sociedad sin clases. Este proyecto está hoy indefinidamente pospuesto, pero no cancelado ni enterrado, porque sigue siendo el proyecto de la razón más ambicioso. Pero es posible por ahora, tal vez, pensar y trabajar en una utopía más asequible: la regulación de la Aldea Global. Para que la sociedad vuelva a mandar sobre la economía, como lo reclama Horst Kurnitzky. 

Tlalpan, 29 de marzo, 2001. 

1 Isaiah Berlin, El erizo y la zorra, Ed. Océano, septiembre, 2000. El Tolstoi vitalista y religioso del final de su vida es otro Tolstoi. 2 Un ejemplo entre otros; dice nuestro autor: “El hecho de que el proceso civilizatorio quiera domesticar la pulsión y busque orientarla por el camino de la sociabilización…” (p. 17) (Negritas mías). Adviértase la personificación del “proceso civilizatorio”: el proceso “quiere” y “busca”. 

Mc Luhan sobre el impacto de los mass media o medios de comunicación de masas

Marshall Mc Luhan es el más importante estudioso de la manera en que nos influyen los medios de comunicación
Hay un video en que es expuesto lo más fundamental de sus tesis.
Aun cuando el modus operando de estos medios ha cambiado , más bien debido a causas de tipo tecnológico que a razones de tipo social o político, hay que estudiar y continuar estudiando los temas ,problemas, tesis o hipótesis que Mc Luhan había propuesto o encontrado y que siguen sin resolverse o se han ido haciendo más complejas
http://www.youtube.com/watch?v=w3cqoQM0ats

Medios de comunicación según las tesis de Mc Luhan

Sin alguna duda Marshal Mc Luhan es el  más célebre investigador sobre el papel de los grandes medios de comunicación en el siglo XX. La cadena de radio Canadá aporta una serie de grabaciones tanto en formato video (4) como radio (7), y aunque estén en francés, las vamos a enlazar a continuación. Sugiero este breve artículo , en español http://www.nodulo.org/ec/2005/n038p16.htm

 

McLuhan, prophète des temps modernes

Le sociologue canadien Herbert Marshall McLuhan a étudié les techniques modernes de diffusion et leur incidence sur la société. Figure médiatique des années 1960 et 1970, il acquiert une renommée internationale pour ses travaux sur la communication de masse. Son analyse des médias, révolutionnaire pour l’époque, fait de lui l’un des grands penseurs du XXe siècle.

Le médium, c’est le message

Date de diffusion : 30 décembre 1967

Dans ses travaux, McLuhan étudie le rapport qui s’établit entre le contenu et le canal qui l’achemine. Le résultat de ses recherches, sur lesquelles il fonde l’essentiel de sa théorie, repose sur cette phrase : «  the medium is the message ». Qu’est-ce à dire?

Selon McLuhan, le moyen de transmission par lequel nous recevons le message, c’est-à-dire le média, exerce autant, sinon plus d’influence sur nous que le contenu lui-même. La manière dont nous percevons l’information est transformée par le média qui nous la transmet.

D’après McLuhan, notre façon de percevoir les messages est transformée par les médias. Comme l’explique le cinéaste André Martin, nous ne comprenons pas Shakespeare de la même manière qu’il était compris jadis, car les perceptions sont modifiées.

La manière d’aborder les sujets, les notions fondamentales, telles l’espace ou le temps, ont évolué elles aussi, et cette évolution influe sur notre civilisation qui, a fortiori, se transforme.

Le média, c’est-à-dire le canal qui permet la transmission (radio, télévision, journaux, téléphone, etc.) crée un milieu qui agit sur nos perceptions sensorielles.

Nos sens : le goût, le toucher, l’ouïe, l’odorat et la vue, réagissent différemment selon le média. McLuhan explique que les médias sont des extensions de nous-mêmes : le livre est le prolongement de l’œil, le téléphone et la télévision sont l’extension du système nerveux…

Les travaux de McLuhan dans le domaine des communications sont comparés à ceux du psychanalyste Sigmund Freud (1856-1939) et du naturaliste Charles Darwin (1809-1882) pour leur caractère universel. Son dernier ouvrage, écrit en collaboration avec Barrington Nevitt, s’intitule Take today : The Executive as Dropout.

• McLuhan a enseigné à l’université du Wisconsin, à l’université Saint-Louis et à l’Assumption College, devenu l’Université de Windsor.

• Il est l’auteur de centaines d’articles et de plusieurs ouvrages dont, notamment, The Mechanical Bride : Folkore of Industrial Man(1951), La Galaxie Gutenberg (1962), Pour comprendre les médias (1964), Message et massage (1967), War and Peace in the Global Village et Through the Vanishing Point (1968).

McLuhan : prophète des temps modernes?

Date de diffusion : 30 décembre 1967

Contesté, McLuhan l’est, comme tous ceux qui ont des idées novatrices qui bouleversent les schémas traditionnels. Fondateur, avec d’autres, de la théorie de la communication de masse, sa réflexion se pose sur divers supports – langage, écriture phonétique, radio, télévision…

Cet extrait radiophonique réunit André Martin, cinéaste et auteur d’un film sur McLuhan, Jean Paré, traducteur des œuvres du penseur, et Gordon Sheppard, cinéaste et critique littéraire.

Alors, McLuhan est-il un prophète ou un fumiste? Chacun tente à sa manière de répondre à cette question.

Dans, Pour comprendre les médias, McLuhan écrit: « l’homme n’est pas conscient de l’influence qu’exercent sur lui les médias, ou s’il la découvre, il la découvrira trop tard et ne se rendra pas compte qu’il est passé de l’âge de Gutenberg à l’âge de l’électricité qu’une fois qu’il aura quitté l’âge de l’électricité ».

Si McLuhan se livre à cette réflexion sur les médias, c’est pour convaincre l’homme de leurs effets sur son comportement et pour qu’il ne soit plus la victime des instruments qu’il invente et qu’il utilise.

L’un des reproches les plus récurrents à l’encontre de Marshall McLuhan concerne son manque de clarté. Comme disait Nicolas Boileau, poète français du XVIe siècle « ce que l’on conçoit bien s’énonce clairement », mais McLuhan n’a pas fait cette maxime sienne, et la lecture de ses écrits semble aride et ardue pour beaucoup.

Selon Jean Paré, traducteur de ses travaux, il éprouve de la difficulté à écrire, à s’exprimer avec clarté et simplicité, et il en a conscience. Il aime frapper les esprits et use d’arguments osés, parfois exagérés, rendant sa pensée confuse. D’après Gordon Sheppard, McLuhan écoute rarement, préférant de loin parler, s’écouter et penser en parlant.

La Galaxie Gutenberg

Date de diffusion : 30 décembre 1967

Qu’est-ce que « La Galaxie Gutenberg »? Ce que McLuhan nomme ainsi, c’est l’univers de la presse imprimée, développée grâce à la découverte de l’imprimerie par Gutenberg au Moyen-Âge, qui révolutionna la société.

Mais ce triomphe, cette « dictature de l’imprimé », comme le dit McLuhan, est avant tout celle de l’Occident.

Selon McLuhan, «  avec Gutenberg, toute l’histoire est devenue simultanée. Dans l’espace de la bibliothèque de l’honnête homme, le livre mobile a placé l’univers des morts » (tiré de La Galaxie Gutenberg).

La révolution de l’imprimerie a bouleversé le monde. Selon McLuhan, l’une des conséquences de ce bouleversement est la fragmentation de la société.

Le livre, en raison de sa malléabilité, incite les hommes à lire et à penser individuellement, à se centrer sur eux-mêmes. Dans La Galaxie Gutenberg, Mc Luhan écrit: «  Printing, a ditto device, confirmed and extended the new visual stress. It created the portable book, which men could read in privacy and isolation from others ». Selon lui, l’imprimé a entraîné une scission entre la pensée de l’humain et son action, entre sa tête et son cœur, car il l’a habitué à dépendre de sa vue, excluant les autres sens.

Alors que notre civilisation est audio-tactile, l’ère de l’imprimerie était visuelle. D’après les réflexions de McLuhan, la presse a permis le tirage de l’imprimé à grande diffusion dans toutes les langues et dans tous les dialectes, ce qui a donné naissance au nationalisme.

L’individu se replie sur lui, devient « linéaire », «  unidimensionnel  », terme employé par James Joyce, romancier fort apprécié de McLuhan, et repris par Herbert Marcuse dans son ouvrage, L’Homme unidimensionnel, écrit en 1964.

Médias chauds et médias froids

Date de diffusion : 30 décembre 1967

La distinction entre médias «   chauds  » et médias « froids » fait référence au degré de participation requis par l’individu.

Les médias «  chauds  », précis et denses, tels l’imprimé et la radio, transmettent un flux important d’informations dont la compréhension ne nécessite pas d’implication de l’individu.

Les médias dits «  froids », imparfaits et de faible intensité, comme la télévision et le téléphone, sont des médias peu explicites, qui diffusent un message inachevé et exigent une participation plus importante du sujet afin de comprendre le contenu.

Cette remarque remet en cause les théories antérieures selon lesquelles le téléspectateur est passif devant son écran. McLuhan bouleverse les idées reçues en affirmant que l’individu qui regarde la télévision joue un rôle actif, il doit compléter l’information qui lui est transmise afin de la comprendre.

En revanche, la radio diffuse des messages à jet continu, parmi lesquels l’auditeur n’a pas besoin de choisir, car la transmission est linéaire, elle ne fait appel qu’à un sens : l’audition.

L’avenir de la communication est lié au développement des technologies électriques, selon McLuhan. Le média de nature électrique, tel que le téléphone ou encore Internet aujourd’hui, sont des « cool media », capables de resocialiser l’individu.

Celui qui participe à une communication de cette nature a accès à une communauté d’individus. C’est à partir de cette analyse que McLuhan établit le concept de «  village global ».

Pour comprendre McLuhan…

Date de diffusion : 22 octobre 1993

À l’occasion de la réédition de Pour comprendre les médias, Florian Sauvageau, professeur à l’Université Laval et auteur de la préface, s’entretient avec Christiane Charette au sujet de McLuhan.

Homme de paradoxes, personnalité médiatique qui dénonçait le « star system », mais utilisait les médias pour répandre le fruit de ses recherches, McLuhan était aussi un visionnaire qui connaissait finement les médias.

Ses critiques adressées aux chercheurs traditionnels et à leurs méthodes obsolètes lui valaient de nombreuses inimitiés au sein du monde universitaire.

Selon McLuhan, «  l’homme n’est pas conscient de l’influence qu’exercent sur lui les médias, ou s’il la découvre, il la découvrira trop tard et ne se rendra pas compte qu’il est passé de l’âge de Gutenberg à l’âge de l’électricité qu’une fois qu’il aura quitté l’âge de l’électricité  ».

Si McLuhan se livre à cette réflexion sur les médias, c’est pour convaincre l’homme de leurs effets sur son comportement et pour qu’il ne soit plus la victime des instruments qu’il invente et qu’il utilise.

Pour McLuhan, les nouvelles techniques de diffusion collective que sont la presse, la radio, la télévision, le cinéma, et maintenant Internet, sont des prolongements et des outils de l’être humain.

Dénommés « mass media » par les sociologues, ce sont des instruments de la culture de masse qui exercent une certaine influence sur l’homme.

Espace, temps et village planétaire

Date de diffusion : 29 octobre 1972

Après l’ère tribale puis l’ère mécanique, nous serions au seuil d’un nouvel âge, celui de l’ère électronique. Selon Guy Allard, professeur à l’Université de Montréal, les nouveaux médias électroniques font appel à tous nos sens.

Cette redécouverte de l’intégrité sensorielle, de la simultanéité, renvoie aux sociétés primitives qui existaient avant la découverte de l’écriture, à «  un monde où le sujet est réconcilié avec l’objet  », un monde unifié.

Mais, comme le souligne Guy Allard, dans cette nouvelle totalité, il existe un organisme cybernétique régulateur  : l’ordinateur, sorte de thermostat qui contrôlerait la température affective de la planète.

Le village planétaire de McLuhan concerne non seulement l’espace mais aussi le temps. Le professeur affirmait dans une entrevue «  Le futur est ici, il n’y a pas d’avenir. Tout ce qui peut se produire dans les cent prochaines années s’est déjà produit  ».

Une telle affirmation entraîne une suppression de l’histoire, une négation de la temporalité. Est-ce notre véritable présent dont McLuhan nous brosse le portrait, et dont nous n’avons pas conscience?

La galaxie Marconi propose un message simplifié mais global reconstituant la famille humaine en une seule tribu mondiale. Comme le dit McLuhan dans Pour comprendre les médias: «  Pendant l’âge mécanique nous avons prolongé notre corps dans l’espace. Aujourd’hui, après plus d’un siècle de technologie de l’électricité, c’est notre système nerveux central lui-même que nous avons jeté comme un filet sur l’ensemble du globe, abolissant ainsi l’espace et le temps  ».

Le village global : mythe ou réalité?

Date de diffusion : 23 février 1991

«  De toutes parts nous parvient l’information à vitesse accélérée, à vitesse électronique. On dirait que nous faisons tous partie (…) d’un petit village mondial   » (McLuhan).

Au sujet du village global, Arthur C. Clarke (1917) pensait que les nouvelles technologies induiraient une transparence dans la communication entre États, nations et pays, et seraient vecteur de la mondialisation des systèmes.

Or, force est de constater qu’une scission entre pays riches et pays en voie de développement ne place pas tout le monde sur le même pied d’égalité au sein de cette tribu mondiale.

Ce «  village global  », créé par la transmission d’informations électroniques instantanées, nous ouvre au monde et s’accompagne d’une prise de conscience face aux problèmes contemporains.

Cette notion de conscience planétaire est annoncée par Teilhard de Chardin et reprise par McLuhan. Nous devenons spectateurs et témoins des événements internationaux médiatisés qui entrent dans notre univers en direct.

Mais ce village nous entraîne-t-il vers un monde plus humain ou constitue-t-il une nouvelle forme de colonialisme technologique?

McLuhan, celui qu’on surnommait «  la comète intellectuelle canadienne  » a anticipé, trente ans plus tôt, ce que serait la société actuelle: «  nous approchons rapidement de la phase finale des prolongements de l’homme : la simulation technologique de la conscience  ».

Avec l’arrivée du réseau tentaculaire Internet qui tisse sa toile à travers le globe, abolissant toutes les frontières, le monde est devenu un immense système nerveux où règnent les nouvelles technologies.

Umberto Eco y Mc Luhan sobre wikileaks

No hay duda de que Eco es un gran conocedor de los mecanismos de la comunicación. A diferencia de Mc Luhan, quien no pudo conocer el funcionamiento de internet, Eco sí lo ha podido estudiar. Sinembargo, creemos, Mc Luhan no habría simplificado del modo en que lo hace Eco en este artículo periodísitico las cosas que tienen que ver con el manejo y difusión de la información denominada secreta , de alto secreto, de secreto de Estado ,etc.
Mc Luhan proponía entre otras cuestiones, una diferencia importantísima en el modo de operar entre unos medios y otros, a lo que se refería con el concepto de medios fríos y de medios cálidos.¿ Es internet un medio frío o es cálido?
Otra cuestión fundamental que Mc Luhan planteaba es la siguiente: en un sistema de comunicación, el exceso de información puede producir interferencias o ruidos en el momento de la emisión, lo que implicará que el receptor de los mensajes puede ser en uno u otro grado, sujeto de problemas para descifrar los códigos enviados por el emisor
No son tan simples las cuestiones que Umberto Eco analiza tan burdamente, a mi juicio.

FUENTE de la entrevista a Umberto Eco

http://www.presseurop.eu/es/content/article/414691-hackers-vengadores-y-espias-en-diligencia
Para el célebre novelista e intelectual Umberto Eco, el asunto Wikileaks, o “Cablegate”, subraya la hipocresía que domina las relaciones entre los Estados, los ciudadanos y la prensa, y anuncia un retorno a los métodos arcaicos de comunicación.

Umberto Eco
El caso WikiLeaks tiene un doble valor. Por un lado, no es más que un escándalo aparente, un escándalo que sólo parece tal por la hipocresía que gobierna las relaciones entre los Estados, los ciudadanos y la prensa. Por otro lado, anuncia cambios profundos a nivel internacional y prefigura un futuro dominado por la regresión.

Pero vayamos por orden. El primer aspecto de WikiLeaks es la confirmación del hecho de que cada dossier abierto por un servicio secreto (de cualquier país) está compuesto exclusivamente de recortes de prensa. Las “extraordinarias” revelaciones americanas sobre los hábitos sexuales de Berlusconi no hacen más que informar de lo que desde hace meses se puede leer en cualquier periódico (salvo aquellos cuyo propietario es Berlusconi), y el perfil siniestramente caricaturesco de Gadafi era desde hace tiempo un tema corriente entre los artistas de cabaret.

La regla según la cual los dossiers secretos no deben contener más que noticias ya conocidas es esencial para la dinámica de los servicios secretos, y no únicamente los de este siglo. Si va usted a una librería consagrada a publicaciones esotéricas, verá que cada obra repite (sobre el Grial, el misterio de Rennes-le-Château, los Templarios o los Rosacruces) exactamente lo mismo que dicen las obras anteriores. No se trata únicamente de que el autor de textos ocultos sea reacio a embarcarse en nuevas investigaciones (o que no sepa dónde buscar información sobre lo inexistente), sino de que quienes se consagran al ocultismo sólo creen aquello que ya saben, aquello que les confirma lo que ya les habían dicho.

Mucho ruido y pocas nueces
Es el mismo mecanismo que explica el éxito de Dan Brown. Y lo mismo pasa con los dossiers secretos. El informador es perezoso, y también es perezoso (o estrecho de miras) el jefe de los servicios secretos (si no lo fuera, podría ser, pongamos, redactor de Libération) que sólo da por cierto lo que reconoce como tal. Las informaciones top secret sobre Berlusconi que la embajada americana enviaba de Roma al Departamento de Estado eran las mismas que Newsweek había publicado la semana anterior.

Pero entonces, ¿por qué han hecho tanto ruido las revelaciones sobre estos dossiers? Por un lado, sólo dicen lo que cualquier persona cultivada ya sabe, esto es, que las embajadas, por lo menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial y desde que los jefes de Estado pueden llamarse por teléfono o tomar un avión para almorzar juntos, han perdido su función diplomática y que a excepción de algunas funciones representativas menores se han convertido en centros de espionaje. Cualquier aficionado a las películas policiales lo sabe perfectamente, y sólo por hipocresía se hace ver que no se sabe.

Sin embargo, el hecho de repetirlo públicamente viola el deber de la hipocresía y pone en mal lugar a la diplomacia americana. En segundo lugar, la idea de que un hacker cualquiera pueda captar los secretos más secretos del país más poderoso del mundo supone un golpe nada menor para el prestigio del Departamento de Estado. En este sentido, el escándalo no pone tanto en crisis a las víctimas como a los “verdugos”.

El Gran Hermano es parte del pasado
Pero pasemos a la naturaleza profunda de lo que ha ocurrido. Antes, en tiempos de Orwell, cualquier poder podía ser visto como un Gran Hermano que controlaba cada gesto de sus súbditos. La profecía orwelliana se vio totalmente confirmada desde el momento en que el ciudadano pasó a ser la víctima total del ojo del poder, que ahora podía controlar gracias al teléfono cada uno de sus movimientos, cada una de sus transacciones, los hoteles que visitaba, la autopista que había tomado y así sucesivamente.

Pero ahora que se ha demostrado que ni siquiera las criptas de los secretos del poder pueden escapar al control de un hacker, la relación de control deja de ser unidireccional y se convierte en circular. El poder controla a cada ciudadano, pero cada ciudadano, o al menos el hacker —elegido como vengador del ciudadano— puede conocer todos los secretos del poder.

¿Cómo puede sostenerse un poder que ya no es capaz de conservar sus propios secretos? Es verdad que Georg Simmel ya decía que un auténtico secreto es un secreto vacío (el secreto vacío nunca podrá ser desvelado); es verdad, también, que todo saber sobre la personalidad de Berlusconi o de Merkel es efectivamente un secreto vacío de todo secreto, pues es de dominio público; pero revelar, como ha hecho WikiLeaks, que los secretos de Hillary Clinton eran secretos vacíos es robarle todo su poder.

Volver al espionaje a la antigua
WikiLeaks no ha perjudicado en absoluto a Sarkozy o a Merkel, y sí en cambio a Clinton y a Obama. ¿Cuáles serán las consecuencias de esta herida infligida a una potencia tan importante? Es evidente que en el futuro, los Estados no podrán poner online ninguna información reservada, pues eso sería como publicarla en un cartel pegado en la calle. Pero también es evidente que con las tecnologías actuales, es vano esperar que se puedan mantener conversaciones confidenciales por teléfono. Nada más fácil que descubrir si y cuándo un jefe de Estado se ha desplazado en avión y ha contactado con alguno de sus colegas.

¿Cómo podrán mantenerse contactos privados y reservados en el futuro? Sé bien que por el momento mi previsión no parece más que ciencia-ficción y resulta por lo tanto novelesca, pero no me queda otra opción que imaginar a los agentes del gobierno desplazándose en diligencia por itinerarios incontrolables, llevando únicamente mensajes aprendidos de memoria o, a lo sumo, escondiendo en el talón del zapato las raras informaciones escritas. Las informaciones se guardarán en copia única en cajones cerrados con llave: en el fondo, la tentativa de espionaje de Watergate tuvo menos éxito que WikiLeaks.

¿Quién informa a quién?
Ya había tenido ocasión de escribir antes que la tecnología avanza como un cangrejo, es decir, hacia atrás. Un siglo después de que el telégrafo sin hilos revolucionara las comunicaciones, Internet ha restablecido un telégrafo con hilos (telefónicos). Los vídeos (analógicos) habían permitido a los estudiosos del cine investigar una película paso a paso, haciendo avanzar y retroceder la película y descubriendo todos los secretos del montaje, mientras que ahora los CDs (digitales) sólo permiten saltar de capítulo en capítulo, es decir, por grandes secciones.

Con los trenes de alta velocidad se puede ir de Roma a Milán en tres horas, mientras que en avión, incluidos los desplazamientos que requiere, son tres horas y media. No tiene pues nada de sorprendente que la política y las técnicas de comunicación vuelvan a los carruajes.

Una última observación. Antes, la prensa se esforzaba por descubrir lo que se tramaba en el secreto de las embajadas. Hoy, son las embajadas las que piden informaciones confidenciales a la prensa.