Grabado y pintura . Entrevista al artista Joaquín Capa

JOAQUÍN CAPA / ENTREVISTA Fuente : joaquincapa-obragrafica.es

“Mi historia con el grabado es una historia extraña.

Estudié Bellas Artes en Madrid e hice la especialidad de pintura, acabé en el año 1970 y empecé a hacer una serie de dibujos en negro con tinta china. Los amigos artistas me dijeron que eso iría muy bien en grabado, entonces yo no tenía ni idea de lo que era, pero me dijeron que estaba en Madrid un grabador griego, Dimitri Papageorgiu, que tenía un taller y fui con él. El hombre se volcó, porque Dimitri conoce muy bien la técnica pero además te lo cuenta, así que empecé ahí con el grabado y estuve casi 14 años dedicándome sólo a ello.

Después, en el 75-76, estuve en París en taller de Hayter y me costó mucho volver a la pintura, hasta el año 86 no volví a pintar.

¿Por qué, qué tenía el grabado para que te enganchara tanto tiempo?

En el grabado hay una cosa que para mí es muy clara, digamos que el problema de un artista es que es a la vez protagonista y espectador de la obra, al crearla hay que mirar con cierta distancia. En el grabado trabajo la plancha, la muerdo, la rasco, la lijo, utilizo punta seca, etc, y a partir de ahí empiezo a meter el color y fríamente sé si funciona o no, entonces cambio, pongo, quito… pero el soporte ya está hecho; y pintando el cuadro me lleva donde no quiero.

Otro problema que tenía es que los lienzos, acostumbrado a trabajar las planchas, se me quedaban muy blandos, entonces lo que hacía era poner lienzos sobre maderas y pintaba pero aquello pesaba enormemente así que desde hace de unos años lo que hago es pintar sobre la madera con el lienzo puesto, después quito las grapas y lo monto sobre bastidor.

Hago grabado o pintura, no hago las dos cosas a la vez nunca, porque son dos oficios distintos. En grabado lo que está a la derecha sale a la izquierda, lo que sube, baja, lo que entra sale, hay que tener la cabeza para eso porque el planteamiento del espacio hay que hacerlo sabiendo que es a la inversa. Lo que hago es que estoy tres o cuatro meses pintando, luego otros tres o cuatro meses haciendo grabado, más o menos, ahora últimamente he estado haciendo mucho grabado, he estado casi diez meses y llevo dos meses pintando; aunque siempre entre medias hay algún encargo, alguna edición.

¿Y entre una cosa y otra, no haces una parada como transición? Porque pienso que eso de cambiar la visión espacial del derecho al revés o viceversa, debe ser un ejercicio mental nada fácil…

Pues es que no sé estarme quieto, pero con el tiempo coges práctica. Hay una anécdota divertida de Picasso: el primer grabado que hace es un picador y se llama El picador zurdo porque lo hizo como si dibujara y claro, sale picando hacia la izquierda.

Cuando volví de París en el año 77, tenía mi propio taller y estuve estampando hasta el año 81, afortunadamente los grabados funcionaban con fluidez y el problema era que no podía estamparlo todo, así que tenía trabajando tres y cuatro talleres a la vez. Hago muchas ediciones y actualmente trabajo con tres talleres, pero la plancha la trabajo yo solo, hago la prueba, quito, pongo… disfruto mucho con la preparación.

En alguna parte he leído que también has dado clases

No, desde el principio no quise dar ni un día de clase, este es un oficio ya bastante complicado como para encima distraerlo. La enseñanza te puede dar una cierta seguridad, pero te ocupa mentalmente. Lo que si hago es dar talleres de una o dos semanas, y lo hago por medio mundo. A India voy con frecuencia, este último mes de agosto he dado uno en Oxaca y otro en Ciudad de México, en septiembre di en Tánger, tengo preparado uno para Hanoi, y por primera vez en mi vida he dado clases en Bellas Artes en Madrid, me llamaron hace unas semanas; he dado en Betanzos y en Fuendetodos, lo que busco es que haya una buena selección de gente con mucho interés porque muchas veces en la enseñanza digamos estándar hay mucha gente que está allí y no sabe muy bien porqué está.

En Fuendetodos trabajábamos 10 horas diarias, era un taller de verdad, eran dos meses y estábamos 4 artistas dando un taller quincenal, en esos dos meses hicieron como 80 grabados todos, te vas a una facultad y en la especialidad de grabado hacen 3 o 4 al año.

Esto sí me gusta porque es más activo, no es que enseñes, es que aprendes mucho, contrastas, comentas, ves, por ejemplo, ahora me ha sorprendido en el taller que he dado aquí en la facultad en Madrid que vi que ya no se emplea el zinc, se usa cobre y determinados ácidos, cosas que no contaminan tanto.

Lo interesante de los talleres es el intercambio. Yo aprendí mucho con Dimitri que de técnica lo sabe todo, pero lo espectacular no es que lo supiera sino que te lo contara, hay artistas que ocultan, me acuerdo que en los años 60 gente que daba clase en las escuelas de Artes y Oficios enseñando litografía el profesor se volvía para que los alumnos no vieran cómo hacía las mezclas. Dimitri tiene trucos espectaculares, lo cuento por ahí y paso por BecKham durante unas horas … trabajar las resinas con la tinta litográfica y puedes hacer mil tonos de una movida, como si fuera una acuarela.

¿Y dónde te sientes más cómodo, en el grabado o en la pintura?

Siempre he dicho que soy un pintor que hace grabado, porque meto mucho color, pero me encuentro más a gusto haciendo grabado porque domino un poco más la situación y tiene cosas de la pintura, de la escultura, y luego cosas como una resina, una aguatinta intensa, que cogen un color que no lo coge ningún soporte. Y el papel que es una maravilla, yo creo que es uno de los grandes inventos de la humanidad, entre el papel y la aspirina está la cosa … es algo extraordinario como soporte, tiene una cierta rugosidad, el grosor, la manera de absorber.

En tu caso, ¿son lenguajes muy diferentes el grabado y la pintura?

Yo creo que no, es más, después de tantos años de grabado y cuando logré un poco la tranquilidad o las ganas para volver a la pintura, me di cuenta que había muchas cosas del grabado que iban a la pintura y de cosas de la pintura al grabado. Cada artista tiene un mundo, tienes tus mundos personales, una manera de componer, de colocar los colores, de relacionarlos, y este mundo va al grabado, a la pintura o a la escultura.

Pero, ¿cambiar de técnica te supone expresar cosas diferentes o planteamientos distintos?

No, lo que pasa es que en grabado hago una composición neutra que luego interpreto con colores mientras que en pintura al hacer la composición la interpreto ya con colores, en el grabado me puedo distanciar un poco más.

Yo siempre he sido abstracto, y lo que tengo cada vez más claro es que la pintura es color, colores y “colorines”, y qué pasa con los colores, que son enormemente relativos, dependen del que tengan al lado, del que esté superpuesto. A veces poniendo muchos colorines se anulan entre ellos, fíjate que uso en pintura y en grabado colores fluorescentes, pero hay que administrarlos bien.

Hay series de grabados en las que he aprovechado a veces las planchas, interpretándolas con distintos colores o invirtiéndolas.

Como yo he estampado mucho, intento facilitar la labor de la estampación, procuro que los colores estén suficientemente aislados para que no se manchen, si es que no conviene que se manchen,

…Y mientras seguimos hablando, Joaquín va ilustrando la charla con sus pinturas, sus grabados, sacando lienzos y papeles de aquí y de allá. Me explica técnicas, me pide que compruebe el tacto de terciopelo que tiene un grabado, en otro sentir la vibración de un relieve, me enseña el comportamiento de los colores según estén tratados… pero sobre todo es emocionante ver el entusiasmo con el que va desvelando lo que, para los demás, constituye los misterios del arte, como un alquimista que ha descubierto cómo transformar el mundo en color.

Literatura como negación de todo dios

La literatura es la negación de todo dios

interview with a muslim in a radio station from Von Mises Circle in the USA


libro crítico y con interesante sugerencias sobre las religiones


sobre el ateísmo en Heidegger

enlace de una tesis doctoral de utilidad para el tema del ateismo,estos son materiales que podemos manejar para ver el modo en que Heidegger lo explicaba en su obra…
nota: aquí sólo se han copiado unas pocas líneas de ese capítulo en que trata el autor sobre el ateísmo según Heidegger
ENLACE A FUENTE http://frank.darwiche.free.fr/philosophie/chapitre2final.pdf
Chapitre 2 : Der unbekannte Gott, Le dieu inconnu
I. Connaître et comprendre
1. Connaître le dieu
L’homme a toujours cherché à connaître ce dieu qui hante son histoire et sa vie quotidienne.
Il lui a cherché les lois, les règles, la manifestation, la révélation, la présence et le nom. En
voulant le connaître, il a voulu savoir ce qu’il est, de quoi et comment il est constitué dans les
écrits et les monuments divers consacrés à lui et au saisi de son essence par l’esprit. Mais
connaître le dieu c’est aussi le cerner, c’est l’entourer par des lices, c’est le protéger des
concepts étrangers, c’est le sauvegarder dans des concepts répondant à ce que l’esprit ou l

el derecho al ateismo, según M Onfray

FUENTE http://www.lemonde.fr/idees/article/2011/02/05/du-droit-a-l-atheisme_1475617_3232.html
L’athéisme est une idée neuve en Europe, tellement neuve qu’elle semble encore à naître… A travers les siècles, les tenants du pouvoir clérical ont traité d’athées un agnostique comme Protagoras, un polythéiste comme Epicure, un fidéiste comme Montaigne, un panthéiste comme Spinoza, ou un déiste comme Rousseau parce qu’ils ne croyaient pas bien dans le bon dieu, autrement dit : dans le dieu qui fait la loi du lieu et du moment. L’épithète fut longtemps une insulte, avant disparition de l’effet injurieux dans la seconde moitié du XXe siècle, puis, récemment, retour à l’offense qu’elle fut pendant des siècles.

Il fallut, au XVIIe siècle, les travaux d’un Pierre Bayle pour qu’on envisage enfin l’hypothèse d’un athée vertueux, tant le sans-Dieu passait naturellement pour un homme sans loi, puisque sans foi. Or on sait depuis que la foi n’interdit pas d’être aussi sans loi car, Simon de Montfort en témoigne : la croyance en Dieu est dialectiquement l’occasion de meurtres en son nom. Nombre de croyants postmodernes sacrifient en effet au cri de guerre du massacreur de cathares, qui affirmait : “Tuez-les tous, Dieu reconnaîtra les siens” ! (En fait Arnaud Amaury, légat du pape, je suis au courant, pas besoin d’assaillir le courrier des lecteurs…)

Qu’on le veuille ou non, la France est bien “la fille aînée de l’Eglise” car, au sens éthologique, l’imprégnation judéo-chrétienne de notre civilisation pendant plus d’un millénaire n’est plus à démontrer. La Déclaration des droits de l’homme et du citoyen, relisons le prologue, s’effectue “en présence et sous les auspices de l’Etre Suprême”, et non selon les principes mécréants d’un Jean Meslier, pour nommer le premier athée français – un prêtre, soit dit en passant, dont il faut lire de toute urgence le Testament, découvert à sa mort, en 1729, la Bible des athées, si je puis me permettre…

La mode, ces temps-ci, est à la laïcité. Mais cette laïcité est bien souvent un fourre-tout qui permet aux judéo-chrétiens de conserver les nombreux acquis de l’ancienne religion longtemps dominante, et aux musulmans de revendiquer une place dans le concert monothéiste pour défendre leur religion, le tout au détriment de l’athéisme.

Le service public, par exemple, diffuse la messe le dimanche matin, et France-Culture s’acquitte de cette tâche sans que personne ne juge bon, et c’est heureux, d’initier une pétition pour interdire l’antenne à cette liberté d’expression – pétition que la milice freudienne avait en son temps lancée contre moi au nom… “de la liberté d’expression” !

Bien qu’athée déclaré, il ne me viendrait pas à l’idée de demander un droit de réponse, enveloppé dans une pétition, pour interdire la retransmission d’un office dominical ! La laïcité d’une Marine Le Pen est hémiplégique : elle est combat contre les prétentions sociétales de l’islam, certes, mais au nom du christianisme. A la manière dont le foin des charrettes dans les westerns cache les carabines des insurgés, cette laïcité dissimule une arme de guerre contre ce que son père nommait jadis “l’immigration” et pour les valeurs chrétiennes, européennes, blanches, conservatrices et réactionnaires. Autrement dit, cette néolaïcité jure sur la Bible qu’il faut en finir avec le Coran. Or on peut ne vouloir ni l’un ni l’autre de ces livres dits sacrés et déplorer tout autant croisades et contre-croisades.

Contrairement à ce qui se dit beaucoup, bien qu’athée, je ne suis pas anticlérical. Par exemple, je trouve que les gesticulations de prétendus mécréants qui veulent absolument se faire débaptiser accréditent la thèse que cette banale cérémonie assimilable au thermalisme est plus que ça, donc qu’elle est bien ce que prétendent les prêtres, puisqu’il faudrait absolument effacer la trace de ce qu’ils considèrent comme une infamie. Etre ou ne pas être sur la liste des baptisés compte autant que figurer sur celle des titulaires d’une carte de fidélité dans un supermarché – la vraie vie athée est ailleurs… Pas plus je ne m’interdis de franchir le seuil d’une église pour le mariage d’un ami, le baptême de la progéniture de copains ou l’enterrement d’un proche, sous prétexte qu’entrer dans une église serait pactiser avec… le diable, qui n’existe pas plus que Dieu ! Mon père a été enterré il y a un an dans l’église de son village natal, qui est aussi le mien, et la cérémonie était concélébrée, à ma demande, par un ami dominicain de Bordeaux et un autre ami prêtre-ouvrier, parce que je savais que mon père n’envisageait pas de quitter ce monde sans une cérémonie dans le lieu où il avait vécu sa spiritualité dans la tradition de son pays – tel Montaigne, qui se disait catholique en France comme il aurait été protestant en Suisse ou musulman en Perse… Geste d’un fils athée pour son père fidéiste.

Michel Onfray, philosophe
Article paru dans l’édition du 06.02.11